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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">     <p><font size="4" face="Verdana">    <center><b>Los premios Nobel de Medicina y Ciencias fisiol&oacute;gicas</b></center></font></p>     <p><font size="3" face="Verdana">    <center><b>Nobel Medicine and Physiological Sciences Prizes</b></center></font></p>     <p>     <center>Efra&iacute;n Otero, MD.<sup>(1)</sup></center></p>     <p><sup>(1)</sup> Academia Nacional de Medicina, Bogot&aacute;, Colombia.</p>     <p> Recibido: 25/09/2013. Aceptado: 25/09/2013.</p> <hr size="1">     <p> Quiero hacer algunas reflexiones para los cardi&oacute;logos y los internistas en general a prop&oacute;sito del reci&eacute;n publicado libro &quot;Premios Nobel de Medicina y Ciencias Fisiol&oacute;gicas&quot; (1) del lexic&oacute;logo y acad&eacute;mico &Aacute;lvaro Rodr&iacute;guez Gama, merecedor &eacute;l mismo de muchos galardones intelectuales de la altura de los que se resaltan en esta publicaci&oacute;n.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El libro, de 248 p&aacute;ginas, pasta dura, pulcramente editado en azul, blanco y negro por Nomos Editores y bajo el patrocinio de la fundaci&oacute;n Instituto de Inmunolog&iacute;a de Colombia (FIDIC), comprende las biograf&iacute;as resumidas de los 199 individuos a quienes se ha otorgado el Premio Nobel entre 1902 y 2011 con sus correspondientes fotograf&iacute;as y una nota destacada para cada uno a mitad de p&aacute;gina, en la que se se&ntilde;ala brevemente lo esencial de su investigaci&oacute;n. Los nombres y las fotos aparecen de entrada en la tabla de contenido (p&aacute;ginas 5 a 29), con lugar y fecha de nacimiento y/o de desaparici&oacute;n &ndash;para los ya fallecidos- y tambi&eacute;n, destacada en tipo azul, la frase breve que resume su contribuci&oacute;n investigativa y que no excede de las treinta palabras en el mejor de los casos. Es significativo que a partir de los galardonados en los a&ntilde;os 70 y 80, las fechas de desaparici&oacute;n se hacen ya excepcionales, salvo para aquellas personas galardonadas en edad provecta o que ya presentaban problemas severos de salud al momento de recibirlo (una circunstancia dolorosa se present&oacute; en el 2011 con el fallecimiento del profesor Steinman el mismo d&iacute;a que se anunciaba el otorgamiento del premio). Ello habla muy bien de la supervivencia prolongada de los cient&iacute;ficos o quiz&aacute;s se deba, como algunos lo han sugerido, al hecho de que el otorgamiento cambia el estilo de vida de los galardonados, aminorando o concluyendo el estr&eacute;s y la competitividad que demanda el progreso de las investigaciones y pasando m&aacute;s bien al &quot;lecture tour&quot; o gira continua de conferencias y visitas a universidades y centros acad&eacute;micos, con un vivir algo m&aacute;s acomodado y m&aacute;s tranquilo para el resto de su fruct&iacute;fera existencia.</p>       <p>En las p&aacute;ginas 32 a 38, adem&aacute;s del Testamento de 1895 como Introducci&oacute;n y de las instituciones escandinavas y el jurado actualmente involucrados, se se&ntilde;alan el pa&iacute;s de origen de los premiados (25, ocupando los seis primeros lugares Estados Unidos, Gran Breta&ntilde;a, Alemania, Francia, Australia y Suecia); sus principales profesiones (Medicina, Bioqu&iacute;mica, Biolog&iacute;a y Fisiolog&iacute;a entre las cuatro primeras), los siete premiados por aparatos o procedimientos diagn&oacute;sticos, y, en las p&aacute;ginas 34 a 37, los premiados por &aacute;reas como: investigaciones terap&eacute;uticas, aspectos inmunol&oacute;gicos y gen&eacute;ticos, microorganismos causantes de enfermedades, sistema nervioso y &oacute;rganos sensoriales, c&aacute;ncer y &aacute;reas de la conducta y la psiquiatr&iacute;a, adem&aacute;s de nueve mujeres y seis cient&iacute;ficos de origen iberoamericano. El libro termina con una bibliograf&iacute;a de 17 referencias colombianas e internacionales incluyendo las m&aacute;s recientes accesibles on-line y con un impecable &iacute;ndice alfab&eacute;tico y onom&aacute;stico de f&aacute;cil localizaci&oacute;n.</p>       <p>Esta publicaci&oacute;n sucede a otra que nos expuso aqu&iacute; mismo el a&ntilde;o pasado, con el t&iacute;tulo de &quot;Ep&oacute;nimos neuropsiqui&aacute;tricos&quot; (2) el cual sigue a dos importantes vol&uacute;menes aqu&iacute; presentados en 2003 en la Academia Nacional de Medicina para su ingreso como Miembro de N&uacute;mero: uno, de 446 p&aacute;ginas titulado &quot;Manual de etimolog&iacute;a y estilo m&eacute;dicos&quot; con 4 cap&iacute;tulos y 7 anexos el cual, al final y como anexo 7, ya inclu&iacute;a el primer listado de los Premios Nobel en Fisiolog&iacute;a y Medicina entre 1902 y 1998 (3). Y otro, el &quot;Diccionario de especialidades m&eacute;dicas&quot;, de 361 p&aacute;ginas, con los glosarios o l&eacute;xicos de 24 especialidades desde la Anestesiolog&iacute;a hasta la Urolog&iacute;a, seguidas de 12 especialidades biom&eacute;dicas, incluyendo como cap&iacute;tulo especial un &quot;Glosario de Laboratorio Cl&iacute;nico&quot; (4). A ellos se sigui&oacute; en el 2009 la edici&oacute;n del cartel plastificado de los Premios Nobel hasta 2008, repartido a academias, universidades y bibliotecas. Todo esto destaca la intensa dedicaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica y lexicol&oacute;gica del Acad&eacute;mico Rodr&iacute;guez que, a sus dotes de connotado psiquiatra y profesor universitario, une su vocaci&oacute;n por la biograf&iacute;a y el reconocimiento de quienes nos han precedido y nos siguen precediendo en la construcci&oacute;n de una medicina cient&iacute;fica.</p>       <p>El libro es una invaluable ayuda de cabecera, f&aacute;cil de transportar y llevar incluso a donde no llega la Internet. Adem&aacute;s de las razones y las disciplinas que condujeron a los premios, ofrece una panor&aacute;mica evolutiva de la ciencia biom&eacute;dica de los XX y XXI cuando, a decir de muchos, se ha progresado m&aacute;s en el conocimiento que en los 6 milenios que nos precedieron, as&iacute; en ellos se sentaran las bases de lo que hoy conocemos como civilizaci&oacute;n, como lo ha planteado Stephen Hawking en su monumental y reciente libro &quot;A hombros de gigantes&quot; (5).</p>       <p>Esa curiosidad nos acompa&ntilde;a a todos desde la Universidad y para muchos se nos fue acrecentando desde los a&ntilde;os de postgrado en los Estados Unidos o en Europa, donde fuimos conociendo y roz&aacute;ndonos con figuras que, en el trato diario, iban adquiriendo una figura m&aacute;s humana y m&aacute;s sencilla de la gigantesca que se nos antojaba al leer biograf&iacute;as como las que hoy nos presenta el Acad&eacute;mico Rodr&iacute;guez Gama. Y nos aceleraba el prurito de emularlos, si no en su magnitud intelectual y descubridora, s&iacute; por lo menos en su dimensi&oacute;n ben&eacute;vola, capaz de mezclarse con nosotros en las colas o en las mesas de las cafeter&iacute;as universitarias, &quot;sin temor de cometer errores y sin darles pena reconocer que no saben frente a una pregunta dif&iacute;cil&quot; como lo se&ntilde;ala &Aacute;lvaro en su hept&aacute;logo de caracter&iacute;sticas de los Nobel en la p&aacute;gina 38.</p>       <p>Esa dimensi&oacute;n humana recorre la historia de los Premios desde el momento de su incepci&oacute;n por el mismo Alfred Nobel. El invento que llev&oacute; a la creaci&oacute;n del mismo nace en un laboratorio familiar, casi casero, &quot;sin ser producto ni de un Laboratorio de Investigaci&oacute;n ni de un Ministerio de Defensa&quot;, como lo anotara con sarcasmo John Ziman (6). Su misma historia personal, que nos ha narrado Albero G&oacute;mez Guti&eacute;rrez en su &quot;Historia de la Medicina Cient&iacute;fica&quot; (7), va desde una gran desconfianza de los m&eacute;dicos hasta, ya en v&iacute;speras de morirse, querer ocultar que lo estaban tratando &ndash;para una angina inestable- con nitroglicerina (el eje de su invento) por v&iacute;a oral a la que, &quot;por no asustar a los pacientes de que puedan explotar, le han cambiado el nombre por el de trinitrina&quot;, como les dec&iacute;a en privado a sus amigos. Esa dimensi&oacute;n se va prolongando in crescendo a trav&eacute;s de todos y cada uno de los grandes premiados, quiz&aacute;s m&aacute;s discretamente en Medicina y Fisiolog&iacute;a que en las otras ciencias o disciplinas que cubre el galard&oacute;n. Parte de ello se debe al mismo retraso en el desarrollo de alternativas diagn&oacute;sticas o terap&eacute;uticas que al principio se consideraban promisorias. &iquest;Qui&eacute;n se acuerda hoy, por ejemplo, de Finsen y su luz (1906), precursora de los rayos ultravioleta en ciertas lesiones cut&aacute;neas y en otras m&aacute;s perjudicial que curativa? O de Barany (1914), el debatido austroh&uacute;ngaro del aparato vestibular, que ni siquiera figura en los ep&oacute;nimos neuropsiqui&aacute;tricos de nuestro autor? A veces se debi&oacute; tambi&eacute;n a la falta de una adecuada perspectiva hist&oacute;rica por parte de los egregios jurados del Karolinska, como cuando deciden otorgarle el premio a Egas Moniz por la lobotom&iacute;a pre-frontal de 1936 cuando su contribuci&oacute;n m&aacute;s importante hab&iacute;a sido la angiograf&iacute;a cerebral, desarrollada nueve a&ntilde;os atr&aacute;s, en 1927.</p>       <p>La otra dimensi&oacute;n, no por humana menos pat&eacute;tica, es la de la frustraci&oacute;n de aquellos que, a la luz de s&iacute; mismos y a la de muchos, eran acreedores al Premio pero por caprichos del destino o las circunstancias no lo obtuvieron y fallecieron en plena productividad. Algo similar a lo que ha ocurrido en la literatura con Borges y con Fuentes en tiempos recientes. Libros como &quot;Genius talk&quot; (&quot;Los genios hablan&quot;) de Denis Brian (8), en que entrevista a algunos de ellos, tratan de compensar esa injusticia. Aqu&iacute;, como en toda la historia de la humanidad, intervienen dos factores esenciales, la pol&iacute;tica y las guerras. Estas &uacute;ltimas, como lo se&ntilde;ala muy bien el autor, hicieron que de 1915 a 1918 y del 40 al 42 del siglo pasado no se concedieran los Premios. En el interim de la Primera Guerra Mundial y su inmediata postguerra hubo al menos tres casos, a los que nos hemos referido Alfredo J&aacute;come y yo (9, 10) en algunos de nuestros escritos, todos relacionados con la insulina: el otorgado en 1923 a McLeod y Banting con exclusi&oacute;n de Charley Best &ndash;su estudiante graduado a cargo de los experimentos- y de Collip, quien prepar&oacute; los primeros extractos. Ante el clamor y la protesta general los dos primeros decidieron repartir el dinero del Premio con los dos &uacute;ltimos. Y el no otorgado por su aislamiento a Paulesco, que en 1916 y publicado en 1921, en Rumania, hab&iacute;a descubierto y aislado una substancia id&eacute;ntica que denomin&oacute; &quot;pancre&iacute;na&quot;. Y tampoco, por su arrogancia, al eminente fisi&oacute;logo parisino Profesor Gley, -cuyo texto era obligatorio en Colombia hasta 1950- quien, habiendo llegado a los mismos en 1916, decidi&oacute; sellar sus hallazgos en la Academia de Ciencias y solo hacerlos abrir cuando vio que el Premio ya iba a ser otorgado en 1923 &ndash; ello le vali&oacute; la censura p&uacute;blica del profesor Naunyn, quien le dijo que &quot;si eso era cierto, Gley era responsable de la muerte de centenares de miles de pacientes que habr&iacute;an muerto sin tratamiento entre 1916 y 1922&quot; (10). Estas injusticias se seguir&aacute;n repitiendo como en el caso de Sigmund Freud, de Hans Selye o de Rosalind Franklin frente a Watson y Crick; o ya en a&ntilde;os m&aacute;s recientes por razones de aguda competitividad se har&aacute;n evidentes ya en v&iacute;speras (como en el caso de Gallo -no otorgado- y Montaignier en 2006 por el VIH) o en el acto mismo del otorgamiento (como cuando Schally y Guillemin por las hormonas tr&oacute;ficas hipotal&aacute;micas se sentaron de espaldas sin mirarse el uno al otro en plena Academia Sueca en 1977).</p>       <p>Las pol&iacute;ticas y los impulsos regionales tambi&eacute;n han sido de gran influencia pero ellos; en los primeros 10 &oacute; 12 a&ntilde;os, han podido deberse a la concentraci&oacute;n de cient&iacute;ficos y de instituciones de excelencia en determinadas &aacute;reas de Europa. As&iacute;, si miramos los Premios otorgados entre 1902 y 1912, los 14 nombres (a excepci&oacute;n de los insignes Pavlov, Carrel, Cajal y Golgi) se circunscriben a un c&iacute;rculo cuya periferia no va a m&aacute;s de 100 &oacute; 120 kil&oacute;metros de los estrechos del Mar B&aacute;ltico. Tambi&eacute;n, a medida que el siglo progresa, van adquiriendo preponderancia las razas n&oacute;rdicas y, entre ellas, el origen semita de los galardonados, pero sin llegar a extremos como a los que llegaron la Qu&iacute;mica y la F&iacute;sica con el advenimiento del partido nazi en Alemania en los a&ntilde;os 30, donde lleg&oacute; a hablarse de una f&iacute;sica jud&iacute;a&quot; (la einsteniana) y de una &quot;f&iacute;sica aria&quot; (la lenardiana), para detrimento de las dos comunidades y cuyas consecuencias las habr&iacute;an de pagar bien caro los pueblos m&aacute;s racistas. Otro factor influyente que se observa de manera creciente es la adjudicaci&oacute;n previa de premios que bien pueden considerarse pre-novelianos; tal ha sucedido con el Premio Montyon, en Francia, desde el siglo XIX y ya en el XX con el Lasker Award o los premios del I.O.M. o de la Academia de Ciencias en los Estados Unidos. En cuanto a las nacionalidades, tambi&eacute;n habr&iacute;a que mirar con cuidado si el nacer en determinada ciudad o pa&iacute;s es meramente circunstancial (como en el caso de Medawar en el Brasil o de Benacerraf en Venezuela) o si corresponde en realidad a aquel pa&iacute;s o lugar donde crearon un centro de pensamiento y desarrollaron sus actividades conducentes al Premio Nobel. En ello han sido ejemplos sobresalientes Ram&oacute;n y Cajal en Espa&ntilde;a y Bernardo Houssay en Argentina (10), para mencionar solo los dos que nos sacuden de coraz&oacute;n a los hispanoamericanos.</p>       <p>Otro factor ligado a lo anterior que deber&iacute;a investigarse en el mundo es el de la relaci&oacute;n profesor-alumno o alumnos que crearon esas escuelas de pensamiento o &quot;familias de Nobel&quot;, tal como se ha hecho para los campos de la f&iacute;sica y de la qu&iacute;mica. Entre m&uacute;ltiples ejemplos se citan Birdgman, Bardeen y Wigner en Europa o Compton, Lawrence, Seaborg, McMillan y Libby en los Estados Unidos (11). As&iacute; lo he sugerido para la bot&aacute;nica hispano-americana en el comentario al libro de 1911 &quot;Academia Mutisiana&quot; de Alberto G&oacute;mez y colaborador recientemente presentado en la Academia (12). Cada uno de nosotros deber&iacute;a hacer un esfuerzo recordando los premios Nobel que conoci&oacute; y escribir c&oacute;mo ellos influyeron en aquellos que han seguido su disciplina para destacarse a trav&eacute;s de los a&ntilde;os o de los continentes.</p>       <p>La esencia del libro hoy presentado resume el factor genuino que comparten todos estos cient&iacute;ficos y es el de que, al decir de Ziman (6), la investigaci&oacute;n original y creativa es un arte muy sutil que no es innato sino adquirido en la mayor&iacute;a de las personas y que, por tanto, requiere excesiva inteligencia, imaginaci&oacute;n y persistencia. Esa persona al tiempo de ser esc&eacute;ptica y autocr&iacute;tica debe tambi&eacute;n confiar en s&iacute; misma lo suficiente como para perseguir y alcanzar ideas que valgan la pena. Y para que esas ideas desemboquen en una contribuci&oacute;n sustancial a la ciencia hay que, primero, saber plantearse una pregunta verdaderamente significativa y despu&eacute;s saber escoger o inventar aquello que pueda ofrecer una respuesta adecuada. As&iacute; y todo, sigue vigente la advertencia de Wilson que cit&aacute;bamos en 1986 a prop&oacute;sito de nuestra revisi&oacute;n sobre la investigaci&oacute;n m&eacute;dica en Colombia: &quot;Son las verdades reci&eacute;n descubiertas y no la verdad por s&iacute; sola &ndash;en sentido abstracto- las que constituyen la meta final y el rasero de la cultura cient&iacute;fica. Nadie recompensa a un cient&iacute;fico por lo que sabe. Los Premios Nobel y otros galardones se otorgan por los nuevos datos y teor&iacute;as que &eacute;l aporta a la tribu&quot; (13). Pero, como dijera Alberto G&oacute;mez: &quot;Ning&uacute;n premio en el mundo ha logrado el renombre de los que cre&oacute; Alfred Nobel en su testamento&quot;.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esperamos que este mensaje sirva para estimular a las promisorias generaciones j&oacute;venes de Colombia, de Am&eacute;rica y del mundo.</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>       <!-- ref --><p>1.	Rodr&iacute;guez GA. Los Premios Nobel de Medicina y Ciencias Fisiol&oacute;gicas Bogot&aacute;: Nomos; 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000025&pid=S0120-5633201300050001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>2.	Rodr&iacute;guez GA. Ep&oacute;nimos neurosiqui&aacute;tricos. Bogot&aacute;: Corcas Ed.; 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000027&pid=S0120-5633201300050001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>3.	Rodr&iacute;guez GA. Manual de Etimolog&iacute;a y Estilo M&eacute;dicos. Vol. 1. Universidad Nacional. Bogot&aacute;: Unibiblos; 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000029&pid=S0120-5633201300050001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>4.	Rodr&iacute;guez GA. Diccionarios de Especialidades Biom&eacute;dicas. Vol. II. Universidad Nacional. Bogot&aacute;: Unibiblos; 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000031&pid=S0120-5633201300050001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>5.	Hawfking S. A hombros de gigantes. Las grandes obras de la f&iacute;sica y la astronom&iacute;a. Barcelona: Ed. Cr&iacute;tica; 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000033&pid=S0120-5633201300050001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>6.	Ziman J. The force of knowledge. The scientific dimension of society. Cambridge Univ. Press; 1976.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000035&pid=S0120-5633201300050001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>7.	G&oacute;mez GA. Del macroscopio al microscopio. Historia de la Medicina Cient&iacute;fica (Pr&oacute;logo de Efra&iacute;n Otero Ruiz). Bogot&aacute;: Ed. Javergraf; 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000037&pid=S0120-5633201300050001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>8.	Brian D. Genius talk. Conversations with Nobel scientists and other luminaries. New York: Plenum Press; 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S0120-5633201300050001300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>9.	J&aacute;come RA. Historia de las hormonas. Bogot&aacute;: Prismagraf; 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000041&pid=S0120-5633201300050001300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>10.	Otero-Ruiz E. Pr&oacute;logo al libro &quot;Precursores de la Medicina Ibero-Americana&quot; del Prof. Amador Neghme. Bogot&aacute;: Ed. Guadalupe; 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S0120-5633201300050001300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>11.	Otero-Ruiz E. La Medicina Nuclear. Temprana historia y reminiscencias personales. Bogot&aacute;: Ed. Kimpres; 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S0120-5633201300050001300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>12.	Otero-Ruiz E. Pr&oacute;logo al libro &quot;Academia Mutisiana&quot; de Alberto G&oacute;mez, G., Jorge T. Uribe, Pedro Ortiz Valdivieso SJU. y Jaime E. Bernal. Medicina. Bogot&aacute;: PUJ Editorial; 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0120-5633201300050001300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>13.	Wilson EO. El camino al descubrimiento. Facetas 1985; 70: 64.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0120-5633201300050001300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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