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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p><b>Editorial</b></p>     <p align="center"><font size="4"><b> Contribuci&oacute;n de la academia a la democracia y la paz del pa&iacute;s</b></font></p>      <p>El pa&iacute;s vive momentos de expectativa e incertidumbre generados por el deseo de una paz duradera en todo el territorio nacional, generada por la firma de acuerdos y el desarrollo de proyectos y programas que permitan materializar la reconciliaci&oacute;n nacional a partir de la justicia y la verdad, a la vez que de cambios en el modelo socio econ&oacute;mico que conduzcan a una mayor equidad.</p>      <p>Surge entonces en el entorno universitario la pregunta por el compromiso de la Universidad con la paz y la democracia y la inquietud por el c&oacute;mo podemos contribuir desde la academia a su afianzamiento. Tratar&eacute; de esbozar algunas ideas al respecto.</p>      <p>Uno de los valores que la Universidad generalmente acepta en nuestra sociedad, es la defensa de la democracia, como forma racional de organizaci&oacute;n de una comunidad para la b&uacute;squeda del bienestar colectivo.  La mayor contribuci&oacute;n de la academia a la democracia, corresponde al desarrollo de la posibilidad y la capacidad para llegar a acuerdos sobre bases racionales. Es la racionalidad uno de los distintivos de su quehacer y a la vez, uno de los elementos m&aacute;s ausentes de la vida nacional, del conflicto que vivimos y del desarrollo de nuestra precaria democracia. Si la Universidad enfatiza este aspecto en la formaci&oacute;n de la comunidad universitaria estar&aacute; contribuyendo al desarrollo de la democracia.  M&aacute;s a&uacute;n, la instituci&oacute;n estar&aacute; en capacidad de colaborar (siempre parcialmente y en los terrenos que le son espec&iacute;ficos, como son el saber y la organizaci&oacute;n racional de la acci&oacute;n) en los procesos de cambio, di&aacute;logo y pacto social, &uacute;nicamente si concentra su esfuerzo en asegurar un cumplimiento con altura de su deber fundamental: contribuir a la formaci&oacute;n del ser humano para la vida, la ciencia y la cultura y promover niveles cada vez m&aacute;s altos de humanidad en el diario vivir.</p>      <p>En Grecia, la idea de democracia estuvo completamente ligada a la idea de LOGOS o sea al ejercicio de la palabra racional en el &aacute;gora, una plaza central donde la gente pod&iacute;a discutir y disentir pleg&aacute;ndose, no a la ciega confrontaci&oacute;n de intereses particulares, sino a la fuerza de argumentos racionales m&aacute;s contundentes. Sin este privilegio de la discusi&oacute;n racional no hay democracia en su sentido original. Lo esencial de la democracia no es pues el voto, no es la mayor&iacute;a, es la fuerza obligante del razonamiento.</p>      <p>Para contribuir a una democracia real verdaderamente participativa, es necesario formar al ciudadano para que se sienta vinculado, se considere obligado por exigencias de racionalidad. Y esta realidad debe vivirse desde la Universidad. En la ausencia de este v&iacute;nculo de pr&aacute;ctica, incluso la universidad como organizaci&oacute;n, se vuelve irremediablemente ca&oacute;tica: por un lado todo se puede discutir, pero por otro, a la hora de buscar argumentos afirmativos, f&aacute;cilmente puede suceder, que nadie resulte sensible a la fuerza de la argumentaci&oacute;n.  En nuestro contexto y en nuestras organizaciones, es frecuente que nos apropiemos de una sola de las caras de la cultura acad&eacute;mica: su poder de distanciamiento, su capacidad de poner todo en cuesti&oacute;n, pero nos olvidamos de la otra, la del acuerdo laboriosamente alcanzado, la del acuerdo que obliga, aunque implique una limitaci&oacute;n de intereses particulares a quienes han llegado a &eacute;l.</p>      <p>Una formaci&oacute;n seria en la cultura acad&eacute;mica significa necesariamente cambiar cosas: apertura a la cr&iacute;tica, al cuestionamiento, pero tambi&eacute;n compromiso con el proceso de argumentaci&oacute;n y con los acuerdos en que este proceso va desembocando.  Si esto se da al interior de la Universidad y genera cultura en sus miembros, la organizaci&oacute;n universitaria le estar&iacute;a prestando un buen servicio a la democracia y  a la paz. Si formamos para la cr&iacute;tica pero tambi&eacute;n para el acuerdo y el trabajo colectivo estaremos haciendo un proceso formativo de calidad al servicio de la sociedad.</p>      <p>La sociedad postmoderna es una sociedad caracterizada por el pluralismo, la secularizaci&oacute;n y la presi&oacute;n participativa de la llamada sociedad civil.  En este contexto, la universidad debe promover, como apoyo a la construcci&oacute;n de sociedad, una ense&ntilde;anza y una pr&aacute;ctica de una &eacute;tica civil, que congregue a extra&ntilde;os morales en tono a acuerdos m&iacute;nimos sobre bases racionales. No es posible desde una instituci&oacute;n acad&eacute;mica, promover visiones particulares de la moral, que aumenten la divisi&oacute;n en la sociedad y nos impidan construir comunidad. La defensa, interiorizaci&oacute;n, vivencia y apoyo a los principios &eacute;ticos b&aacute;sicos de respeto por la autonom&iacute;a (principio de permiso), no maleficencia, beneficencia y justicia, deben ser hilo conductor de la vida universitaria y la formaci&oacute;n en ellos, una importante contribuci&oacute;n universitaria a la paz. Esto es m&aacute;s evidente, en una sociedad como la nuestra, que no ha podido siquiera ponerse de acuerdo en el respeto al derecho internacional humanitario, que es lo m&iacute;nimo en una &eacute;tica civil.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La cultura acad&eacute;mica puede igualmente dar un buen aporte en la formaci&oacute;n de una sana relaci&oacute;n con una disciplina cient&iacute;fica, una cosmovisi&oacute;n o un proyecto pol&iacute;tico o social.  La formaci&oacute;n universitaria de calidad exige, por un lado, adherir intensamente al paradigma vigente en la disciplina, pero al mismo tiempo, adoptar una distancia critica, que no le permita convergir aquello en dogma generando posiciones fundamentalistas nocivas.</p>      <p>Una verdadera universidad en su proceso de crecimiento y consolidaci&oacute;n debe aprender a convivir con un alto nivel de reflexi&oacute;n cr&iacute;tica y cuestionamiento de toda su actividad, pero igualmente debe aprender a lograr el alineamiento de toda su comunidad acad&eacute;mica en torno a unos valores institucionales, a un ideal educativo y a una visi&oacute;n compartida de car&aacute;cter general. La cultura universitaria deber&aacute; consolidarse como una cultura reflexiva, anal&iacute;tica y capaz de congregar entorno a acuerdos colectivos a todos sus miembros. De esta forma lograremos formar no solo buenos profesionales sino ciudadanos &eacute;ticos y racionales en su actuar que puedan contribuir a una sociedad m&aacute;s pac&iacute;fica, equitativa y democr&aacute;tica.</p>      <p>Jos&eacute; Mar&iacute;a Maya Mej&iacute;a    <br>  Rector Universidad CES, Medell&iacute;n, Colombia.</p>  </font>      ]]></body>
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