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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Manifestaciones gastrointestinales de la diabetes mellitus]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Hospital Militar Central Medicina interna y gastroenterología ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The diabetes mellitus has a big importance for your pandemic characteristic, in diabetes 2 relationship. Is a multiorganic illness with organ target must be to bear in mind, this compromise the gastrointestinal tract for functional disturbance for autonomic naturopathic, infectious and autoimmune compromise. The liver is sensible target for diabetes 2 in context for non alcoholic fatty liver disease. The diabetes mellitus in context of Hepatitis C may be a partner event. The cirrhosis may be development diabetes hepatogenic. The pancreas can be committed by autoimmune phenomena. In addition to the chronic pancreatitis may be development diabetes mellitus for multiple mechanisms with special physiopathology and clinic behavior the diabetic ketoacidotic may be to carry acute pancreatitis. The diabetes mellitus is promoter for neoplasic lesion for risk factor in relationship diabetes 2 mainly colon cancer. The hyperinsulinemia is big important factor for proliferator aptitude. The autoimmune gastropathy is associated with diabetes 1 and may be to carry development adenocarcinoma and carcinoid tumors. This review has as objective to describe the main effects of diabetes mellitus in gastrointestinal tract, include liver and pancreas in to besides outlining other less well-known associations.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font size="+1" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Manifestaciones    gastrointestinales de la diabetes mellitas</font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Víctor    Adolfo Marulanda Sierra MD. (1)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">(1)    M&eacute;dico internista gastroenter&oacute;logo. Hospital Militar Central.    Bogot&aacute;, Colombia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Fecha    recibido: 15-02-06 / Fecha aceptado: 15-03-06</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>RESUMEN</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    diabetes mellitus viene cobrando gran importancia dado su carácter actual de    pandemia principalmente en relación a la tipo 2. Su carácter de enfermedad multisistémica    por compromiso de órganos blancos no puede dejar de lado al tracto gastrointestinal,    en donde se involucran las alteraciones funcionales por neuropatía autonómica,    compromiso infeccioso y afección de tipo autoinmune cuando se está en presencia    de diabetes tipo 1. El hígado es un órgano particularmente sensible al compromiso    por diabetes tipo 2 por hígado graso. En el contexto de la hepatitis C puede    ser un evento asociado a tener en cuenta por múltiples mecanismos. La cirrosis    puede desarrollar diabetes hepatógena como se expondrá en esta revisión; el    páncreas puede ser comprometido por fenómenos autoinmunes, y la pancreatitis    crónica puede desarrollar diabetes mellitus y presenta características especiales    en cuanto a su fisiopatología y a su comportamiento clínico. Además, la cetoacidosis    diabética puede llevar a pancreatitis aguda. Es también de anotar el carácter    de inductora a lesiones neoplásicas dados los factores de riesgo que presenta    la diabetes mellitus tipo 2 principalmente relacionados con cáncer de colon,    sin dejar de lado los efectos proliferativos de la hiperinsulinemia generada    como consecuencia de la resistencia a la misma. La gastropatía autoinmune asociada    a diabetes mellitus tipo 1 puede conllevar a desarrollo de adenocarcinoma y    tumores carcinoides. Esta revisión tiene como objetivo describir los principales    efectos de la diabetes mellitus a nivel del tracto gastrointestinal incluyendo    páncreas e hígado, además de plantear otras asociaciones menos conocidas, y    generar una mayor comprensión de esta enfermedad. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ABSTRACT</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">The    diabetes mellitus has a big importance for your pandemic characteristic, in    diabetes 2 relationship. Is a multiorganic illness with organ target must be    to bear in mind, this compromise the gastrointestinal tract for functional disturbance    for autonomic naturopathic, infectious and autoimmune compromise. The liver    is sensible target for diabetes 2 in context for non alcoholic fatty liver disease.    The diabetes mellitus in context of Hepatitis C may be a partner event. The    cirrhosis may be development diabetes hepatogenic. The pancreas can be committed    by autoimmune phenomena.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">In    addition to the chronic pancreatitis may be development diabetes mellitus for    multiple mechanisms with special physiopathology and clinic behavior the diabetic    ketoacidotic may be to carry acute pancreatitis. The diabetes mellitus is promoter    for neoplasic lesion for risk factor in relationship diabetes 2 mainly colon    cancer. The hyperinsulinemia is big important factor for proliferator aptitude.    The autoimmune gastropathy is associated with diabetes 1 and may be to carry    development adenocarcinoma and carcinoid tumors. This review has as objective    to describe the main effects of diabetes mellitus in gastrointestinal tract,    include liver and pancreas in to besides outlining other less well-known associations.</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    diabetes mellitus afecta aproximadamente el 6% de la población en EUA, prediciéndose    un aumento del 50% en los países desarrollados. Dado que el tiempo transcurrido    entre el inicio de la enfermedad y el diagnóstico puede tomar hasta 8 años,    es probable que un 30% de los enfermos no estén identificados (1). Es clara    la asociación entre síndrome metabólico y la DM tipo 2 generada a través de    la resistencia a la insulina, que al promover la hiperinsulinemia, induce el    aumento de la producción del factor de crecimiento derivado de la insulina a    nivel hepático y posteriormente, con el agotamiento de las células beta, se    presenta la caída en la secreción de insulina. Con respecto a la DM tipo 1,    que es mediada por fenómenos autoinmunes contra la célula Beta, implica además    factores genéticos ligados al HLA y factores ambientales menos conocidos. La    mayoría de las manifestaciones gastrointestinales están en relación a fenómenos    autonómicos secundarios a compromiso neuropático de la enfermedad, los cuales    se incrementan en severidad con la edad, el tiempo de duración de la enfermedad    y la presencia de neuropatía periférica (2). Esta revisión tiene como objetivo    describir los principales efectos de la diabetes mellitus a nivel del tracto    gastrointestinal incluyendo páncreas e hígado, además de plantear otras asociaciones    menos conocidas y generar una mayor comprensión de esta enfermedad, enfocada    en el campo de la gastroenterología. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>DIABETES    MELLITUS Y SÍNTOMAS RELACIONADO</b>S </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Muchos    estudios han encontrado que los pacientes afectados por la diabetes mellitus    presentan mayor cantidad de síntomas gastrointestinales que los individuos controles    (4). Los síntomas más prevalentes son: diarrea, constipación, plenitud gástrica,    pirosis e incontinencia fecal, la mayoría de estos exacerbados por episodios    de estrés (5). Algunos medicamentos también se han visto relacionados con la    exacerbación de síntomas. La metformina puede producir o aumentar la intensidad    de la diarrea y llevar a incontinencia fecal (7). Con respecto al control glucémico,    los estudios son contradictorios en evidenciar una relación entre ésta y la    intensidad de los síntomas. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>DIABETES    MELLITUS Y ASOCIACIÓN A NEOPLASIAS GASTROINTESTINALES</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Cáncer    gástrico</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los    datos sobre el incremento del riesgo de desarrollar neoplasias malignas en pacientes    diabéticos son conflictivos. En cuanto a la tipo 1, la asociación de ésta con    el desarrollo de cáncer gástrico fue evidenciada en el estudio de Zendehdel    y cols., en una cohorte de población sueca (9); sin embargo, en la cohorte británica    del estudio de Swerdlow, esta asociación no fue documentada (10).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Cáncer    colorrectal </b></font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El    aumento del riesgo de desarrollar cáncer del colon en pacientes con diabetes    mellitus se relaciona con la obesidad, la inactividad y los malos hábitos dietarios    que son factores de riesgo comunes para el cáncer de colon y la diabetes mellitus    tipo 2. Otro factor involucrado, y que podría ejercer un papel fundamental,    es la hiperinsulinemia y los altos valores de péptido C observados en pacientes    con diabetes mellitus tipo 2 (3), lo cual explicaría el porqué la terapia exógena    con insulina puede aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de colon, dado que    ésta y los factores de crecimiento derivados de la misma inducen la proliferación    celular y del endotelio vascular, al igual que un incremento en la generación    de criptas aberrantes lo cual ha sido demostrado en estudios in vitro (10, 11).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En    cuanto al cáncer rectal la asociación es mucho menos clara y podría ser explicado    por que los altos índices de masa corporal y la obesidad, que como se comentó    anteriormente juegan un papel importante en el cáncer del colon, no están relacionados    con el desarrollo de neoplasias rectales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Cáncer    pancreático</b> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    relación entre diabetes mellitus y el cáncer de páncreas ha sido bien estudiada.    Dos metanálisis mostraron un riesgo relativo de desarrollar cáncer de páncreas    en pacientes diabéticos que varió de 1,8 a 2,1 (14, 15). Entre los factores    de riesgo estarían los altos niveles de insulina y el crecimiento derivado de    la misma, los cuales promueven la proliferación celular, especialmente en el    páncreas exocrino, rico en suplencia arterial (16). </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Igualmente,    el cáncer de páncreas puede inducir el desarrollo de diabetes mellitus, demostrado    por el hecho de que al remover el tumor, la tolerancia a la glucosa mejora de    forma sustancial. Los mecanismos por los cuales se puede generar diabetes mellitus    son entre otros, la destrucción de células de los islotes pancreáticos, el efecto    inhibidor del polipéptido amiloide del islote pancreático, cuyos niveles se    encuentran elevados en el páncreas afectado por la neoplasia (17) y el probable    efecto del daño autoinmune generado por los anticuerpos contra los islotes que    han sido encontrados hasta en el 50% de los pacientes afectados con el cáncer    pancreático (1). En conclusión, una relación en ambos sentidos se encuentra    entre estas 2 patologías sin aclarar de forma definitiva los mecanismos involucrados.    </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Hepatocarcinoma</b>    </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    diabetes mellitus aumenta el riesgo de desarrollar hepatocarcinoma, sobre todo    si se presenta asociada a hepatitis, B, C o consumo de alcohol (12). Este efecto    se da principalmente en el contexto de la tipo 2, dado por el efecto proliferativo    de la insulina y del factor de crecimiento relacionados a la misma, que favorece    el crecimiento y la proliferación de los hepatocitos, promoviendo el desarrollo    de lesiones premalignas (1). También se ha observado un aumento del riesgo de    cáncer hepático al presentar mayor incidencia de esteatohepatitis no alcohólica    con eventual evolución a cirrosis a largo plazo (13). Al progresar a hepatocarcinoma    se observan que los niveles de factores de crecimiento derivados de la insulina    se encuentran disminuidos. Además entre el 15 y 20% de los pacientes que desarrollan    hepatocarcinoma cursarán en algún momento con diabetes mellitus, cuya fisiopatología    está con relación a la diabetes secundaria con la cirrosis (diabetes hepatógena)    y que será revisada posteriormente, al igual que otra asociación menos común    que favorece el desarrollo de hepatocarcinoma en el contexto de diabetes como    es la hemocromatosis.</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>DIABETES    MELLITUS Y ENFERMEDADES AUTOINMUNES</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Esprúe    celiaco (18)</b></font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    diabetes mellitus tipo 1 y la enfermedad celiaca comparten un mecanismo autoinmune.    La prevalencia de enfermedad celiaca en pacientes con diabetes tipo 1, varía    entre 1 a 7 % según los estudios de Rewers y cols, en comparación a la prevalencia    de la misma en la población general del hemisferio norte que varía entre 0,4    y 1%. A su vez, en pacientes con diabetes mellitus, la prevalencia de esprúe    celiaco es de 5-10 %, la cual es detectada en promedio 4 años posterior al diagnóstico    de la diabetes. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El    desarrollo de esta enfermedad en general es asintomático. Otros pacientes evolucionan    con dolor abdominal, en la mayoría de los casos leve, deficiencias nutricionales    manifestadas en osteopenia, deficiencias en el desarrollo pondo estatural y    edemas por la hipoproteinemia. La prueba más sensible desde el punto de vista    inmunológico para detectar el esprúe celiaco son los anticuerpos antitransglutaminasa    titular IgA, aunque se debe tener en cuenta que del 1 al 3% de los pacientes    afectados por diabetes mellitus presentan deficiencia de esta inmunoglobulina.    Es interesante anotar que, con la supresión del gluten de la dieta, mejora el    control glucémico del paciente y lleva a la negativización de los anticuerpos.    Esto además puede servir para verificar el cumplimiento en la dieta. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Diabetes    mellitus y gastropatía autoinmune (20, 21)</b></font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    presencia de anticuerpos contra las células parietales es encontrada entre el    15 y 21% de los pacientes con diabetes tipo 1, en comparación al rango de la    población general que varía entre 2 y 10%. Del mismo modo 20 a 40% de las personas    con presencia de estos anticuerpos presentan diabetes mellitus tipo 1. Los anticuerpos    contra células parietales están dirigidos contra la bomba sodio potasio ATPasa,    la cual es requerida para la secreción ácida. Su inhibición o destrucción lleva    a hipo y posteriormente aclorhidria. Estos pacientes presentan una alta incidencia    de gastritis atrófica que lleva al desarrollo de hipergastrinemia por la pérdida    de inhibición ácida de las células G del antro gástrico, aumentando el riesgo    de desarrollo de tumores carcinoides. Una asociación importante a la gastropatía    autoinmune es la deficiencia de hierro, que está relacionada con la pérdida    de ácido clorhídrico necesario para remover la unión proteica del hierro y permitir    de esta forma su absorción. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los    pacientes con diabetes mellitus y gastropatía autoinmune presentan comúnmente    anticuerpos contra el factor intrínseco, lo cual altera la absorción de la vitamina    B12 produciendo anemia megaloblástica, enfermedad conocida como anemia perniciosa.    Es de resaltar que la gastritis atrófica y la anemia perniciosa aumentan el    riesgo de desarrollar adenocarcinoma gástrico, al igual que tumores carcinoides.    </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>DIABETES    MELLITUS Y COMPROMISO DE LA CAVIDAD ORAL</b></font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    cavidad oral de los pacientes con diabetes mellitus es propicia para la colonización    bacteriana. El principal factor predisponente es la deficiencia de la inmunidad    celular que conlleva a alteración de la función de neutrófilos y macrófagos,    propiciando niveles bajos niveles de lisozima o lactoferrina en la cavidad oral    y glucosilación de las mismas, impidiendo su acción antibacteriana (1). La enfermedad    periodontal se presenta con mayor prevalencia en pacientes con diabetes mellitus    y se relaciona estrechamente con el pobre control glucémico (24). Igualmente,    la secreción salival está en relación inversa con los niveles de hemoglobina    glicosilada (22). La xerostomía notada en pacientes diabéticos no sólo estaría    condicionada por pobre control glucémico, sino también por los cambios en la    composición de la saliva (alto contenido proteico y de potasio), la neuropatía    autonómica que deteriorará la secreción glandular y la presencia de síndrome    Sicca en pacientes con diabetes tipo 1, en quienes se detectan anticuerpos anti    RO, sugiriendo la existencia de síndrome de Sjogren (23). Los efectos de la    baja secreción salival, el bajo pH de la misma, la infección y los efectos de    la microangiopatía con hipoxia tisular consecuente, genera queilitis crónica,    atrofia, leucoplaquia y a largo plazo aumenta el riesgo de desarrollar tumores    orales (1).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Diabetes    mellitus y esófago</b></font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El    compromiso esofágico en pacientes con diabetes mellitus está principalmente    relacionado con las alteraciones en la motilidad que se encuentran en cerca    del 50% de los pacientes diabéticos. Estas incluyen, ondas multipico, contracciones    espontáneas, peristalsis fallida y ondas de baja amplitud que conllevan a una    disminución del aclaramiento esofágico (25). Se cree que el mecanismo que permite    esta disfunción está vinculado con la neuropatía vagal, dado que el compromiso    motor mejora con medicamentos anticolinérgicos y a que en estudios histopatológicos    se encuentra la destrucción del nervio vago o sus ramas (1). La alteración autonómica    se ha demostrado igualmente en estudios cardíacos correlacionando las alteraciones    de motilidad con la pérdida de la variabilidad del RR en el electrocardiograma    (26). Otros eventos asociados son: la neuropatía periférica que ha sido demostrada    por estudios de neuroconducción (27) y el estado neuropsiquiátrico del paciente.    Es de anotar que el control glucémico juega un rol, aunque es controversial,    dado que altos niveles de glucosa se relacionan con la disminución en el tono    del esfínter esofágico inferior y en la velocidad de la peristalsis esofágica.    Sin embargo, niveles moderados de hiperglicemia pueden aumentar la velocidad    peristáltica. La prevalencia de síntomas en pacientes con alteraciones de la    motilidad varían entre el 2 al 27 % (28).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otra    patología asociada en el esófago en pacientes diabéticos es la enfermedad por    reflujo gastroesofágico. La pirosis es el síntoma más prevalente, y ha sido    encontrada en el 25% de los pacientes. En individuos asintomáticos el 28% evidenció    la presencia de reflujo ácido significativo en los estudios de pHmetria de 24    horas. Esto no se correlaciona con alteraciones en el vaciamiento gástrico ni    en el tránsito esofágico, sugiriendo que el mecanismo del reflujo en pacientes    diabéticos está relacionado con la obesidad, la disminución en la secreción    de las glándulas parótidas y la composición de esta secreción que alterara el    aclaramiento ácido esofágico. Es de resaltar que la eritromicina aumenta el    tránsito esofágico y dada su acción como agonista de los receptores de la motilina,    se podría inferir que esta última juega un papel capital en la patofisiología    de los trastornos esofágicos (29).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otra    asociación está dada con la esofagitis por cándida. Esta generalmente se presenta    con disfagia y odinofagia y se debe realizar el diagnostico diferencial con    las complicaciones de la enfermedad por reflujo, principalmente la estenosis,    por medio de una esofagoscopia. Su tratamiento está basado en el uso de fluconazol    200 mgr día por 2 semanas. Otros antimicóticos no absorbibles como la nistatina    o el clotrimoxazol también son efectivos (1). </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>DIABETES    MELLITUS Y ESTÓMAGO</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Gastroparesia    diabética</b> </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    gastroparesia es la principal complicación desde el punto de vista motor de    la diabetes mellitus en el tracto gastrointestinal. En diferentes estudios se    ha observado alteración del vaciamiento para sólidos y líquidos en aproximadamente    el 50% de los pacientes diabéticos (30).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las    alteraciones en la motilidad gástrica son principalmente: deterioro en la relajación    del fondo gástrico alterando de esta manera la acomodación del contenido, cambios    en la motilidad en sí dada por taqui o bradigastria e hipomotilidad antral posterior    a la contracción duodenal, secundario a la ausencia de la fase 3 del complejo    motor migratorio. A menudo se observa píloro-espasmo que también contribuye    a deteriorar el vaciamiento gástrico (1).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las    causas de la gastroparesia son multifactoriales. Ejerce un papel importante    la neuropatía autonómica por daño vagal, demostrada por la atenuación de la    secreción ácida en respuesta al estímulo, lo cual no se observa al estimular    directamente las células parietales con gastrina. El óxido nítrico, disminuido    por la alteración en la función del óxido nítrico sintetasa, induce al espasmo    pilórico y la hipomotilidad antral, llevando a un trastorno de vaciamiento similar    a lo que ocurre en la acalasia en el esófago (32). Otras mecanismos postulados    son: la isquemia generada por el compromiso microangiopático lo cual lleva a    un aumento de prostaglandinas que producen taquigastria, la pérdida de células    de Cajal y los elevados niveles posprandiales de glucagon que favorecen el retardo    del vaciamiento gástrico (33). Es importante tener en cuenta el adecuado control    glucémico, ya que los altos niveles de glucosa favorecen las alteraciones en    la función del marcapasos gástrico permitiendo la aparición de taqui o bradigastria,    alterando la respuesta a la motilina y por ende a la eritromicina, encontrándose    asociado igualmente píloro-espasmo, el cual favorece el flujo retrógrado y las    alteraciones en el acomodamiento del fondo por aumento de relajación del mismo    (33).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    gastroparesia diabética es más común en el sexo femenino y no se encuentra una    relación entre ésta y el índice de masa corporal. La secreción ácida, afectada    como vimos en algunos pacientes con diabetes tipo 1 no parece involucrada en    el vaciamiento gástrico y aunque hay pocos estudios de seguimiento, éste no    parece deteriorarse con el paso del tiempo (1).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los    síntomas más frecuentes son: plenitud gástrica temprana y meteorismo más que    náuseas o vómitos y generalmente se correlacionan con alteraciones severas en    el vaciamiento gástrico. Debe practicarse una endoscopia de vías digestivas    altas en la presencia de dichos síntomas, a fin de descartar otros diagnósticos    como enfermedad úlcero péptica, bezoares como complicación de gastroparesia,    obstrucción al tracto de salida por causas benignas o neoplásicas. Igualmente    deben considerarse trastornos metabólicos (uremia), hidroelectrolítico (hipocalcemia    o hipercalcemia), enfermedades cerebro vasculares, enfermedades psiquiátricas,    enfermedades del tejido conectivo (escleroderma), medicamentos (tricíclicos,    opiáceos, fenotiazinas, estrógenos, calcio antagonistas, beta-adrenérgicos)    y enfermedades biliares (1). Una vez descartadas dichas patologías, debe realizarse    una gamagrafía de vaciamiento para sólidos, siendo ésta más sensible que la    gamagrafía con fase líquida. Deberán suspenderse los proquinéticos 48-72 horas    antes de su realización. El paciente ingiere un alimento, usualmente huevos    revueltos, que proporciona 300 kilocalorías, marcados con radionúcleos. El resultado    es reportado como el porcentaje de comida evacuada o retenida luego de 2 horas,    que es el 50% del tiempo requerido para la evacuación gástrica. Esta medición    no se ha estandarizado completamente, así que la técnica y la duración varía    según el protocolo utilizado; sin embargo, lo recomendado es que debe realizarse    durante 4 horas (34). Otros estudios a considerarse, pero que no están ampliamente    difundidos en nuestro país y en muchos casos están ligados a estudios de laboratorio    en los países desarrollados son: el electrogastrograma realizado con el fin    de demostrar fenómenos de taqui y bradigastria pero que se correlacionan pobremente    con el vaciamiento gástrico, la manometría antroduodenal que puede ayudar a    diferenciar entre compromiso neuropático o muscular pero que es invasivo y requiere    gran experticia, la ecografía transabdominal que provee información sobre la    contracción antroduodenal y que al igual que la manometría requiere de personal    altamente entrenado para su realización e interpretación, la resonancia magnética,    el barostat, el test de absorción de acetaminofén y las cápsulas radio-opacas    de Sitzmark (1).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las    consecuencias de la gastroparesia diabética son múltiples incluyendo trastornos    hidroelectrolíticos, deficiencias nutricionales, pérdida de peso, pobre control    glucémico que a su vez altera la motilidad gástrica, los bezoares que son una    rara complicación generados por la retención de productos alimentarios no digeridos,    aumento del tiempo de contacto de algunos medicamentos y un aumento en el riesgo    de broncoaspiración en los procedimientos que requieran anestesia para estos    pacientes. En ocasiones ocurre aceleración del vaciamiento gástrico principalmente    en las fases iniciales de la evolución de la enfermedad que puede llevar a hipotensión    posprandial. Un vaciamiento gástrico retardado también puede llevar a hipoglicemia    en pacientes que usan insulina dado que hay una disminución en las necesidades    de la misma. Las náuseas y emesis encontradas en el contexto de la cetoacidosis    diabética se deben en primera instancia a estasis del contenido, siendo la dilatación    de la cámara gástrica una rara complicación (1). </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El    tratamiento tiene como metas principales mantener un adecuado estado nutricional,    optimizar el efecto de la terapia hipoglicemiante, principalmente de la insulina    y mejorar los síntomas asociados. Esto conllevará a mantener adecuados valores    de glicemia pre y posprandiales, mantenimiento de índices de masa corporal normales    y por ende disminuirá el compromiso de órganos blanco. En primer lugar, la dieta    que debe utilizar, se prefiere que contenga bajas cantidades de grasas, alimentos    con baja capacidad de generar residuos gástricos y fraccionar la dieta para    así minimizar el riesgo de formación de bezoares. Puede ser necesaria la utilización    de suplementos calóricos en forma líquida, que en general son mejor tolerados    que los alimentos sólidos y de mutivitamínicos. Las caminatas posprandiales    puede ayudar a mejorar el vaciamiento gástrico, pero en algunos pacientes podría    empeorarlo (1-40). </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El    uso de proquinéticos ha sido ampliamente estudiado, aunque la mayoría de los    estudios son abiertos y no doble ciegos, con sólo un metanálisis el cual fue    realizado por Sturm y cols, quien sólo encontró un estudio con una escala de    valoración de síntomas, pero que sugiere que la eritromicina es más efectiva    que otros proquinéticos (38). La metoclopramida, usada desde hace largo tiempo,    actúa antagonizando los efectos de la dopamina a nivel central y periférico    y tiene un efecto colinergicomimético por inhibición de la colinesterasa, además    de efectos sobre los receptores de serotonina 3 y 4, mejoría de la contracción    antroduodenal, la función pilórica, el peristaltismo yeyunal y la acomodación    fúndica dependiente de acetilcolina, fuera de su conocido efecto antiemético    por acción central (36). Su limitación principal son los efectos secundarios    como reacciones distónicas vistas más frecuentemente en jóvenes, la diskinesia    tardía en ancianos que es dependiente de la dosis utilizada y los cambios generados    por la hiperprolactinemia derivada del antagonismo de los receptores dopaminérgicos    (D2). Su uso principal está dado en el paciente hospitalizado con náuseas y    emesis dada su presentación intravenosa. Si es utilizado en forma enteral se    prefiere la presentación en suspensión dado que es mejor tolerado que las grageas.    La domperidona, con un mecanismo de acción similar a la metoclopramida ejerce    un efecto similar a esta sin los colaterales de tipo central, dado que no cruza    la barrera hematoencefálica, pero sin desprenderse de los causados por la hiperprolactinemia,    además se han reportado efectos colinérgicos como boca seca y otros como cefalea.    Su dosis debe iniciarse con 10 mgr 4 veces al dia y maxino 120 mgr dia repartido    en 4 tomas y se debe esperar al menos un mes para inferir falla del tratamiento    (1-83). El itopride con mecanismo de acción sobre los receptores D2 y con efecto    colinérgico por acción sobre la colinesterasa es prometedor pero se encuentra    en estudios de fase III en Norteamérica (84).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    cisaprida, como antagonista 5-HT4 y antagonista 5 HT-3, estimula la liberación    de acetilcolina, mejorando así la motilidad en todo el tracto gastrointestinal.    Su efecto sobre los síntomas es variable y no mejora con el control glucémico.    Sin embargo, su uso se ha visto limitado por los efectos cardiovasculares ampliamente    conocidos consistentes en la prolongación del intervalo QT favoreciendo la aparición    de taquicardia ventricular helicoidal (torsades de pointes). Se recomienda no    utilizarse en paciente con intervalo QT corregido mayor de 0,45 segundos así    como con macrólidos, fenotiazinas y antifúngicos, dado que pueden aumentar los    niveles séricos de cisapride (35). La aparición de la mosaprida, con idéntico    mecanismo de acción, pero sin los efectos cardíacos observados en la cisaprida    ya que no actúa sobre los canales de potasio, puede variar el resultado con    este tipo de medicamentos (83)</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    eritromicina, como tratamiento en la gastroparesia diabética ha sido ampliamente    difundido, actúa como agonista de la motilina, que induce la fase 3 del complejo    motor migratorio con las contracciones antrales. Las dosis recomendadas para    uso oral son 250 mgr cada 6 horas e intravenosa 50 a 100 mgr cada 6 horas. Sin    embargo, presenta importantes inconvenientes como la taquifilaxia vista en el    tratamiento crónico, la resistencia antibacteriana que induciría y los síntomas    de meteorismo y disconfort abdominal que les produce a los pacientes, por lo    cual si se utiliza, su uso debe restringirse a períodos cortos de tiempo (39).    Se deberá esperar la aparición de nuevos agonistas del receptor de motilina    para avalar su utilización de este mecanismo como tratamiento para la gastroparesia    diabética. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otros    medicamentos estudiados son: el tegaserod como agonista 5HT-4, mejora la motilidad    gástrica al igual que la colónica aunque los estudios con este medicamento para    el uso en gastroparesia diabética todavía se encuentran en fase III y su beneficio    está limitado por los cuadros diarreicos que induce. El sindelnafil como inhibidor    de la 5-fosfodiestarsa e inductor de la formación de óxido nítrico ha demostrado    alguna utilidad pero su uso no ha sido avalado para esta patología. La clonidina,    igualmente parecer tener un efecto benéfico sobre las náuseas y la emesis aunque    no sobre el vaciamiento gástrico. Los agentes similares a la ghrelina, una hormona    que aumenta el vaciamiento de la cámara gástrica podrían tener un futuro prometedor,    pero faltan más estudios para avalar su uso, al igual que los antagonistas del    receptor de colecistokinina (83). </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otros    manejos estudiados que se utilizan en pacientes refractarios a los tratamientos    mencionados son: inyección de toxina botulínica en el píloro (42), marcapasos    gástrico de alta frecuencia y baja amplitud con electrodos instaurados en el    músculo gástrico y que redundan en una mejoría sustancial en el estado nutricional    del paciente al igual que en el control glucémico; en casos severos puede llegar    a requerirse la colocación de sondas de yeyunostomía para lograr una adecuada    nutrición y evitar los episodios eméticos. Las sondas de gastrostomía sólo tienen    utilidad para lograr la descompresión gástrica en los casos que se requiera    (1). En casos más severos y dependiendo del contexto del paciente puede llegarse    a la realización de gastrectomías para manejo de la gastroparesia. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>DIABETES    MELLITUS E INTESTINO DELGADO</b></font></p>     <p align="justify" ><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Diarrea    crónica </font></b></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    prevalencia de diarrea crónica en pacientes diabéticos varía del 3,7 al 22%    según las series de Lysy, Celik y cols (45). Generalmente se presenta en pacientes    de mediana edad, particularmente en hombres y en aquéllos en quien existe pobre    control glucémico. Los episodios de diarrea en general son no dolorosos y de    predominio nocturno y deben ser diferenciados de la incontinencia fecal que    parece ser más frecuente. Los cuadros de esteatorrea son los más habituales    y son vistos en el 75% de los casos de diarrea crónica. Son muchas las etiologías    planteadas siendo el sobrecrecimiento bacteriano una de las más comunes. La    flora intestinal, que desconjuga las ácidos biliares y causan daño de la mucosa    intestinal, genera malabsorción, alteraciones en la motilidad y translocación    bacteriana (43). Dentro de los estudios que se han utilizado para evaluar el    sobrecremiento bacteriano se encuentran los test de aliento luego de una carga    de glucosa o glicopyrrolato. Su sensibilidad y especificidad varía entre el    62 y 91% y entre el 75 y 100% respectivamente, con respecto al gold estándar,    que es el aspirado duodenal, en el cual se demuestra más de 10<sup>6</sup> unidades    formadoras de colonia por mililitro (48).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es    de anotar la importancia de la neuropatía autonómica. Se ha demostrado en estudios    histopatológicos la severa disminución en la densidad de axones no mielinizados    y en las ramas vagales de pequeño calibre. El sistema nervioso simpático también    presenta cambios en relación a la disminución en la densidad de sus fibras (44).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otra    causa común de diarrea en pacientes diabéticos es el uso de medicamentos tales    como la metformina que reduce la absorción ileal de sales biliares (46) y los    endulzantes artificiales por medio de un mecanismo osmótico visto principalmente    con el sorbitol en ingesta superior a los 20 gramos y aunque sólo una mínima    proporción no es absorbido, éste es desdoblado por la flora intestinal que produce    hidrógeno y ácidos grasos de cadena corta los cuales son los causantes de los    cuadros diarreicos asociados a esta sustancia (1). Otros mecanismos a tener    en cuenta son: malabsorción de sales biliares que ocurre en el 15% de los pacientes    diabéticos y está en relación a un tránsito intestinal rápido por neuropatía    autonómica y puede ser detectado por la prueba de medicina nuclear conocida    como test de retención de 75-sc-HCAT (75 sc ácido homocólico taurina), el cual    es administrado por vía oral y al ser absorbido es detectado gamagráficamente    (44); el hipertiroidismo, esprúe celiaco e insuficiencia pancreática pueden    estar asociados a la diabetes mellitus tipo 1. Otras posibilidades más raras    serían los tumores productores de glucagon, de péptido intestinal vasoactivo    y de somatostina (1). </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No    hay un tratamiento específico para la diarrea crónica en pacientes diabéticos.    Las terapias podrían diferir entre prokinéticos si se considera tránsito lento    u opiáceos si el cuadro está a favor de un tránsito rápido. El uso de análogos    de la somatostatina que inhibe la secreción de agua, aumenta la capacidad absortiva    y suprime la liberación de hormonas con acción gastrointestinal; están indicados    en el fracaso de terapias convencionales. La clonidina que estimula los receptores    alfa 2 en el intestino puede tener un efecto benéfico pero su uso está limitado    por los cuadros de hipotensión ortostática que se pueden presentar durante la    terapia. No hay clara evidencia sobre el uso de antibiótico-terapia empírica    en los cuadros diarreicos crónicos de los pacientes diabéticos (1).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>DIABETES    MELLITUS Y COLON </b></font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El    principal problema relacionado con el intestino grueso en los pacientes diabéticos    es la constipación. Al evaluar el tránsito intestinal se ha documentado que    el tránsito colónico puede ser normal o lento independiente del control glucémico.    Algunos pacientes pueden presentar disfunción del piso pélvico el cual puede    ser manejado por medio de biofeedback. En general, la presencia de constipación    se ha relacionado con neuropatía autonómica. La hiperglicemia es capaz de inhibir    la respuesta gastrocólica, las ondas peristálticas colónicas y la percepción    rectal (49-51). Sin embargo, los estudios de Maleki y cols, y Sims y cols, no    pudieron demostrar dicha asociación (52, 53). Otros estudios como el de Battle    y cols, demostraron el deterioro en la respuesta mioeléctrica del colon izquierdo    con el alimento, donde la motilidad colónica posprandial se encontró disminuida.    Estas anormalidades fueron revertidas por el uso de metoclopramida y neostigmina    indicando que el músculo liso es funcional, postulándose que el defecto se encontraría    en el sistema nervioso autónomo (50). Otras hipótesis están en relación a la    disminución de la sustancia P a nivel rectal. Esta estimula la secreción de    la mucosa de agua y electrolitos, al igual que aumenta la motilidad intestinal,    permitiendo en su ausencia, el desarrollo de constipación (54).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En    cuanto a la enfermedad anorrectal, la patología más frecuentemente encontrada    es la incontinencia fecal, con mayor prevalencia en el sexo femenino y en pacientes    con un tiempo más largo de evolución de la enfermedad. La etiología de la disfunción    podría estar ubicada en el esfínter anal interno, el esfínter anal externo o    el recto. La incontinencia fecal en pacientes diabéticos es encontrada más a    menudo en aquellos que presentan neuropatía autonómica. Dado que el esfínter    anal interno provee el 85% de la presión basal y está principalmente inervado    por el sistema nervioso autónomo, su disfunción puede causar el deterioro del    tono del esfínter anal. El esfínter anal externo que es inervado por el sistema    nervioso periférico, ha sido estudiado, encontrado hallazgos variables entre    la pérdida de las contracciones fásicas y la normalidad de las mismas. La sensibilidad    rectal está reducida al ser evaluada por estudios con balón rectal, siendo independiente    del volumen rectal o la distensibilidad muscular, postulándose como mecanismo    la disfunción autonómica, la cual puede mejorar con biofeedback. El diagnóstico    puede ser sospechado por una disminución en el tono del esfínter anal al tacto    rectal y la confirmación se realiza por medio de la manometría anorrectal (55).    </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>DIABETES      MELLITUS   Y   ENFERMEDADES HEPÁTICAS </b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Diabetes    mellitus e hígado graso no alcohólico (HGNA) (56, 57) </b></font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">HGNA    es definido como la presencia de esteatosis macrovesicular en la ausencia de    otros desencadenantes de enfermedad hepática. Es la hepatopatía más frecuentemente    diagnosticada en Estados Unidos, siendo encontrada en más del 50% de pacientes    con diabetes mellitus tipo 2 y en cerca del 100% de pacientes con diabetes mellitus    y obesidad asociada. De todos los pacientes afectados, el 50% presenta esteatohepatitis    y el 20% cirrosis en series de biopsias hepáticas. La mayoría de estos pacientes    es asintomático mientras que otros sólo experimentan plenitud gástrica o disconfort    en el hemiabdomen superior. Al examen físico, el hígado es normal o ligeramente    aumentado de tamaño, no lobular ni endurecido. Bioquímicamente se encuentra    una ligera elevación de las enzimas hepáticas principalmente de la alanino trasferasa    (ALT). El encontrar elevación predominante de la aspartato trasaminasa (AST)    orienta a la presencia de cirrosis. En estudios endosonográficos transabdominales    se observa característicamente un patrón ecogénico “brillante”. Este hallazgo    presenta una sensibilidad del 89% y una especificidad del 9 % y se observa con    un contenido graso de más del 33% del parénquima hepático. Otros exámenes radiológicos    como la imagen por resonancia magnética por espectroscopia puede correlacionarse    mejor con el contenido graso, pero los métodos de medición no están estandarizados    y no está ampliamente difundido. En el examen histológico se observan hallazgos    que recuerdan los encontrados en la esteatohepatitis alcohólica como cuerpos    de mallory, degeneración balonizante de los hepatocitos, infiltrado inflamatorio    y acúmulos lipídicos de características macrovesiculares. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    esteatosis es causada por la resistencia a la insulina. Los radicales libres    de oxígeno generan peroxidación lipídica e inducen la expresión de citoquinas    inflamatorias, particularmente el factor de necrosis tumoral alfa. Este último    provoca la activación de las células estelares, también dependiente de la estimulación    de la leptina y que promueven la síntesis de colágeno, llevando a la fibrosis.    Es desconocido el porqué algunos individuos progresan a cirrosis y otros no,    al parecer hallazgo correlacionado con los niveles de leptina, según lo evidenciado    en experimentos animales. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    base fundamental del tratamiento está encaminada a la modificación de estilo    de vida y de los hábitos alimentarios que lleven a una disminución promedio    de 1,5 kg a la semana, ya que una disminución más pronunciada puede generar    empeoramiento y puede encaminar a un aumento de ácidos grasos circulantes para    permitir la gluconeogénesis. Agentes como las tiazolindionas, la vitamina E,    el acido ursadesoxicólico y los fibratos también pueden ser útiles en el manejo    de estos pacientes, efectos vistos principalmente en la disminución de las enzimas    hepáticas con resultados contradictorios en cuanto a la actividad histológica    de la inflamación. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Diabetes    mellitus y hepatitis C </b></font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es    conocida la asociación de diabetes mellitus y hepatitis C (58). Los estudios    de corte transversal a través del mundo, demuestran que los pacientes con un    Elisa HCV positivo presentan un riesgo de desarrollar diabetes mellitus de 2    a 10 veces mayor con respecto a otras enfermedades hepáticas, incluyendo a la    hepatitis B (1). La explicación de dicha asociación permanece en la oscuridad    aunque se plantean hipótesis como la inducción de resistencia a la insulina    causada por altos niveles de factor de necrosis tumoral alfa y una disfunción    a nivel de las células beta del islote pancreático probablemente por inducción    de autoanticuerpos y el efecto citopático directo por la replicación del virus    en el parénquima pancreático (1). Un aumento de riesgo de esteatohepatitis no    alcohólica se evidencia en pacientes con diabetes mellitus e infección con el    virus de hepatitis C, principalmente por la infección con el genotipo 3 donde    la esteatosis es mediada por efecto directo del virus y que se correlaciona    con los niveles de RNA, observándose la disminución de los índices de inflamación    con el tratamiento antiviral. Con respecto a los otros genotipos, se plantean    los mismos factores de riesgo que para los pacientes diabéticos no infectados    (60). El desarrollo de cirrosis en pacientes infectados con el virus de la hepatitis    C y en presencia de diabetes mellitus, presenta diferencias raciales en cuanto    a la evolución, observándose una progresión más rápida en individuos de raza    negra (59).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es    interesante el aumento de los niveles de ferritina en pacientes diabéticos infectados    con el virus de la hepatitis C, observándose además acumulación de hierro a    nivel hepático aunque generalmente leve. Esto es explicado por la característica    inflamatoria hepática de estas 2 enfermedades. Los niveles de ferritina se correlacionan    con el grado de fibrosis y es predictor de mala respuesta al tratamiento antiviral    (61). </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El    tratamiento antiviral también es un factor para el desarrollo de diabetes mellitas;    en la revisión de Fabris y cols (62), se describe que el interferón puede llevar    al desarrollo de autoanticuerpos contra el islote pancreático en 3 a 7 % de    los pacientes tratados. Se postula como explicación que los efectos inmunomoduladores    del interferón aumentarán la respuesta inmune TH 2. Se han reportado 31 casos    de pacientes que durante o postratamiento para hepatitis C desarrollaron diabetes    mellitus tipo 1. En estudios pretratamiento, al menos el 50% de estos pacientes    presentaron marcadores de autoinmunidad y 9 de los 31 pacientes presentaban    historia familiar de diabetes mellitus, aunque algunos grupos plantean la detección    de autoanticuepos pancreáticos al inicio del tratamiento; es más costo-efectivo    la medición de glicemia en ayunas antes de iniciar tratamiento, durante el mismo    y al terminarlo. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Diabetes    mellitus y anormalidad en las pruebas hepáticas (63) </b></font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El    hallazgo más frecuentemente encontrado en los pacientes diabéticos es una elevación    leve de las transaminasas y de la gama glutamil traspeptidasa (GGT), particularmente    en la diabetes mellitus tipo 2. Dentro de las causas planteadas está el estrés    oxidativo de radicales, producto de la peroxidación lipídica, el efecto tóxico    directo de los ácidos grados libres y el efecto inflamatorio visto en la esteatohepatitis.    La elevación de la ALT se debe principalmente a la alteración en la señal de    trascripción del gen que es mediado por la insulina. Las elevaciones de ALT    y GGT no se correlacionan con el grado de inflamación ni de fibrosis; además,    los niveles tienden a disminuir con la mejoría en el control glucémico, la disminución    de peso y el control lipídico. La elevación de las enzimas hepáticas por encima    de 3 veces del valor normal no es contraindicación para el inicio de hipoglicemiantes    orales tales con biguanidas o tiazolindionas dado que el mejor control glucémico    favorecerá la disminución de los índices inflamatorios hepáticos. De todas maneras,    los pacientes diabéticos con elevación de las enzimas hepáticas deberán ser    estudiados para otras causas de hepatopatía principalmente hepatitis C y hemocromatosis.    </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Elevaciones    transitorias de las transaminasas son observadas en el curso de crisis hiperglicémicas    principalmente en la cetoacidosis diabética posterior al inicio de tratamiento    con insulina. Son comunes los niveles elevados de glicemia, de hemoglobina glicosilada    y de triglicéridos, requiriendo importantes cantidades de insulina para normalizar    las enzimas hepáticas. Los hallazgos ultrasonográficos sugieren que dichas anormalidades    están en relación a esteatosis.</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Diabetes    mellitus y cirrosis</b></font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    cirrosis hepática es una de las principales causas de muerte en los pacientes    diabéticos. Está asociada con el deterioro en la tolerancia de la glucosa en    el 60% de los pacientes y con el desarrollo de diabetes mellitus (diabetes hepatogénica)    en un 20%. Desde otro punto, la esteatohepatitis no alcohólica puede conllevar    al desarrollo de cirrosis en el 15 a 20% de los pacientes. Otras causas a tener    en cuenta como factores asociados son la presencia de infección por hepatitis    C y hemocromatosis (1).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    diabetes hepatogénica es caracterizada por una marcada resistencia a la insulina.    Se asocia con una baja frecuencia en complicaciones vasculares, tal vez por    el bajo índice de masa corporal, la menor incidencia de hipertrigliceridemia    y de hipertensión arterial que presentan estos pacientes. Además, los pacientes    fallecen frecuentemente por complicaciones derivadas de la cirrosis, antes que    desarrollen complicaciones por la diabetes. Sólo un pequeño porcentaje de estos    pacientes tienen historia familiar de diabetes mellitus. Dado el fenómeno de    hiperesplenismo que lleva a la hemólisis y el aumento de pérdidas de sangre    por tracto gastrointestinal, los valores de hemoglobina glicosilada pueden estar    falsamente disminuidos. No se indican restricciones dietarias dado el alto nivel    de desnutrición que presentan frecuentemente estos pacientes y sólo se recomienda    evitar alimentos con altos índices glucémicos con el fin de limitar los incrementos    de los niveles de glucosa durante el día. El riesgo de presentar hipoglicemia    es mayor dado las bajas reservas de glucógeno en el hígado, la alta rata catabólica    por el estado hiperdinámico que conlleva la cirrosis y el consumo de alcohol    que puede sobreponerse a estas entidades (64).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    presencia de diabetes mellitus antes del transplante hepático está asociada    con una alta incidencia de desarrollo de complicaciones en el período postoperatorio    y a un incremento en la mortalidad. Por otra parte, algunos pacientes pueden    desarrollar diabetes de novo y muchos de ellos requerirán el uso de insulina.    La supervivencia del hígado transplantado es menor que en pacientes no diabéticos.    Los medicamentos inmunosupresores utilizados como los corticoides y los inhibidores    de la calcineurina (tacrolimus y ciclosporina) pueden deteriorar de forma importante    el control de las cifras de glicemia en el diabético transplantado. Debe recalcarse    en estos pacientes el control de peso, los niveles de triglicéridos y las cifras    de tensión arterial, además de desarrollar un programa de ejercicio adecuado    (65). </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Un    capítulo interesante es el uso de hipoglicemiantes orales en el paciente diabético    que presenta cirrosis hepática. Las meglitinidas y las biguanidas no causan    hepatotoxicidad, pero la acidosis láctica ligada al uso de metformin puede verse    agravada por la enfermedad hepática al igual que por el uso de alcohol. Las    tiazolindionas (roziglitazona y pioglitazona) pueden causar elevaciones transitorias,    y a menudo leves de las enzimas hepáticas. Es de recordar que la troglitazona    fue retirada del mercado por ser vinculada como causa de fallas hepáticas agudas.    Los inhibidores de la alfa glucosidasa (acarbosa) se han asociado con elevaciones    leves de las transaminasas y en raros casos con disfunción hepática severa.    Las sulfonilureas son los agentes más asociados con hepatotoxicidad y el cuadro    clínico más común es el patrón de colestasis. Es de anotar que la presencia    de disfunción hepática asociada con medicamentos no se incrementa por la presencia    de hepatopatía previa (1). </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Diabetes    mellitus y sobrecarga de hierro</b></font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    diabetes mellitus tipo 2 es frecuentemente encontrada en las entidades que cursan    con sobrecarga de hierro tales como exceso de terapia transfusional por talasemia    o hemocromatosis hereditaria vinculada a la mutación homocigota principalmente    del gen C282Y. En esta última, la prevalencia de la diabetes mellitus puede    ser tan alta como del 70%, existiendo una relación directamente proporcional    entre la magnitud de la sobrecarga de hierro y el riesgo de desarrollar diabetes,    la cual se produce en las etapas avanzadas de la enfermedad cuando los niveles    de ferritina aumentan (ésta puede ser normal al inicio de la misma y sólo presentarse    elevado el porcentaje de saturación de la transferrina) y se correlacionan con    la presencia de cardiopatía y cirrosis. La terapia quelante de hierro y las    flebotomías mejoran la tolerancia a la glucosa y disminuye el riesgo de desarrollar    diabetes si se inician a tiempo (68, 69).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    fisiopatología del por qué la sobrecarga de hierro produce diabetes mellitus    ha sido revisada y postulada por los estudios de Wilson y cols, y Fernández-Real    y cols (66, 67). Primero, el daño directo del depósito de hierro en el páncreas    lleva a disminuir la secreción de insulina y posteriormente, por la hiperplasia    generada en las células beta se genera hiperinsulinemia con un efecto similar    al síndrome metabólico y segundo, el efecto inflamatorio del depósito de hierro    a nivel hepático que implica un desarrollo de resistencia a la insulina por    efecto de citoquinas tales como el factor de necrosis tumoral. El hierro como    catalizador de la formación de radicales libres, promueve el desarrollo de complicaciones    en el contexto de la diabetes. La glucosilación no enzimática de las LDL, hace    a esas sustancias más susceptibles a la oxidación por el hierro, induciendo    de una forma acelerada la transformación de los macrófagos en células espumosas    promoviendo la arteriosclerosis. Además, la glucosilación de la elastina también    la hace más susceptible al estrés oxidativo generado por el hierro y el riesgo    de desarrollar nefropatía y retinopatía diabética se aumenta con la sobrecarga    férrica. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Diabetes    mellitus y vesícula biliar </b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los    cambios en la función de la vesícula biliar son los más estudiados en el compromiso    de ésta por la diabetes mellitus. El empleo de gamagrafía y métodos ultrasonográficos    han evaluado el vaciamiento de la vesícula (fracción de eyección) y demostrado    una disminución del volumen eyectado en el estado posprandial (70) que es independiente    del índice de masa corporal y de las variaciones en el perfil lipídico, siendo    más frecuente en la diabetes mellitus tipo 2 que en la tipo 1 (72). Como consecuencia    de la estasis posprandial de bilis, se produce un aumento en la incidencia de    formación de cristales de colesterol. No está documentado que dicha disfunción    de la vesícula biliar se relacione con la presencia de complicaciones vasculares,    neuropáticas, tiempo de duración de la diabetes y el control de la glicemia    (71). Dentro de los mecanismos por los cuales se produce esta disfunción se    encuentran: </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">a.      Neuropatía autonómica, con un “up regulation “de los receptores colinérgicos,    y que no mejora con el uso de metoclopramida, aunque sí con eritromicina y cisapride.    </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">b.     Reducción del tono alfa adrenérgico, demostrado por la respuesta en el vaciamiento    vesicular con la clonidina. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">c.      Deficiencia de receptores colecistoquinina, evidenciado en estudios de piezas    quirúrgicas de vesículas biliares de pacientes diabéticos. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">d.     Disfunción muscular como resultado de la isquemia generada por la enfermedad    microvascular. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">e.      La hiperglicemia en sí, que reduce la respuesta vesicular a la colecistoquinina    liberada en el período posprandial. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">f.      La hiperinsulinemia que conlleva al aumento de la actividad de la hidroximetil    glutaril coenzima A (1).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    asociación de la diabetes mellitus con el desarrollo de cálculos biliares es    controversial. Además, los factores de riesgo asociados comúnmente al desarrollo    de colelitiasis (obesidad, hipertrigliceridemia, edad avanzada, sexo femenino    y multiparidad) son más prevalentes en la población diabética y probablemente    no sean importantes en algunas poblaciones indoamericanas en donde la etiología    de la colelitiasis se relaciona más frecuentemente con las características litogénicas    de la bilis. La asociación evidenciada en los chinos taiwaneses está sesgada    por la alta prevalencia de hepatitis B en esta población, que puede conllevar    a cirrosis y al aumento de pigmentos biliares que finalmente causarán colelitiasis    (73, 74).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    historia natural de la enfermedad calculosa de la vesícula biliar en pacientes    diabéticos es similar a la de los pacientes no diabéticos. Cuando es asintomática,    en los pacientes con diabetes mellitus tipo 2 seguidos a 5 años en la serie    de del Favero y cols (75), se encontró que la migración de la colelitiasis a    fase sintomática era del 15%, similar a la población de pacientes no diabéticos.    La tasa de complicaciones de la colecistectomía en pacientes diabéticos puede    verse afectada, con tendencia a un aumento significativo según algunas series,    dado el aumento en la prevalencia de enfermedades cardiovasculares y renales    que presentan estos pacientes y al aumento de la incidencia de infecciones nosocomiales    como resultado del deterioro de los mecanismos de defensa (76). Otra complicación    de la vesícula biliar es la colecistitis acalculosa, una rara enfermedad, en    donde la microangiopatía que presentan los diabéticos predispone a isquemia    y necrosis de la vesícula permitiendo la proliferación de organismos anaerobios.    Presenta una alta mortalidad y requiere manejo con antibióticos de amplio espectro    y cubrimiento para gérmenes anaerobios, abordaje quirúrgico con colecistectomía    o colecistostomía si el paciente se encuentra en un estado critico que impida    ser llevado a cirugía (1). </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>DIABETES    MELLITUS Y PÁNCREAS</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" ><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pancreatitis    crónica y diabetes mellitus </font></b></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para    entender los procesos fisiopatológicos que se encuentran en la pancreatitis    crónica y su relación con la diabetes mellitus se debe conocer la distribución    de las células endocrinas en el páncreas: las células beta se encuentran distribuidas    en toda la extensión de la glándula. Las células alfa productoras de glucagón    se encuentran principalmente en la cola mientras las células que producen el    polipéptido pancreático están localizadas en la cabeza del páncreas. La diabetes    mellitus idiopática, presenta altos niveles de glucagón, mientras que la diabetes    pancreatógena secundaria a pancreatitis crónica, al ser un proceso generalizado,    presenta disminución generalizada de las células endocrinas, con bajos niveles    de glucagón, mostrando una deficiente recuperación de los episodios de hipoglicemia    al igual que un aumento de la incidencia de cetoacidosis en la diabetes pancreatógena.    Los episodios de hipoglicemia pueden ser más frecuentes en los pacientes con    diabetes pancreatógena, dado el alto consumo de alcohol que presentan estos    pacientes, que a su vez es la principal causa de pancreatitis crónica, las deficiencias    vitamínicas con que cursan y la baja reserva de glucógeno en el hígado. La resistencia    hepática a la insulina se debe en parte a la deficiencia de polipéptido pancreático,    que regula la expresión del gen del receptor de la insulina. Al parecer también    ocurre una respuesta exagerada al glucagón a nivel hepático, lo cual suprime    la producción endógena de glucosa a través de la gluconeogénesis. Además, estos    pacientes presentan una mayor susceptibilidad a dosis bajas de insulina, dada    la hipersensibilidad periférica que ocurre en ellos (77). </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las    complicaciones inherentes a la diabetes mellitus son menos frecuentes en la    diabetes pancreatógena y puede estar en relación a los bajos índices de masa    corporal que presentan los pacientes afectados. Además, es probable que ellos    fallezcan antes por complicaciones asociadas a la pancreatitis crónica. Sin    embargo, se debe recalcar el estricto control glucémico para disminuir el riesgo    de compromiso de órganos blanco (78).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otros    pacientes con pancreatitis crónica y de etiología autoinmune pueden desarrollar    diabetes mellitus. El compromiso exocrino y endocrino en la pancreatitis autoinmune    responderá al empleo de esteroides. Otras asociaciones de enfermedades inmunológicas    como diabetes mellitus tipo 1 y pancreatitis autoinmune son extremadamente infrecuentes    (1).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Insuficiencia    pancreática exocrina y diabetes mellitus</b></font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los    pacientes con diabetes mellitus presentan algún grado de insuficiencia pancreática    exocrina demostrado por estudios donde evidencian una prevalencia aumentada    de esteatorrea y una disminución en la elastasa fecal. Estudios de colangiopancreatografía    retrógrada endoscópica, demuestran igualmente anormalidades ductales pancreáticas,    siendo los hallazgos de insuficiencia pancreática exocrina más prevalentes en    la tipo diabetes tipo 1. Aunque la mayoría de pacientes son asintomáticos, el    desarrollo de síntomas se correlacionan con un deterioro en el control glucémico,    planteándose que la función pancreática, tanto endocrina como exocrina declinan    paralelamente (79, 80).</font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se    han desarrollado múltiples hipótesis con el fin de explicar la insuficiencia    pancreática exocrina en el paciente con diabetes mellitus, la principal podría    ser la pérdida de los efectos tróficos de la insulina en el acino pancreático    y el estímulo generado por ésta para la liberación de la colecistoquinina en    el duodeno, que no es reversado por la administración exógena de la misma. Podría    contribuir la hipoperfusión pancreática generada por la microangiopatía que    presentan los pacientes diabéticos. Alternativamente y como se planteó previamente    existe la probabilidad de que el paciente curse con pancreatitis autoinmune    que destruya tanto las células endocrinas como células del acino pancreático    con función exocrina (1).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>CETOACIDOSIS    DIABÉTICA, PANCREATITIS AGUDA E HIPERAMILASEMIA (81, 82) </b></font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La    cetoacidosis diabética se presenta en el contexto de una deficiencia extrema    de insulina concomitante con un aumento de las hormonas contrarreguladoras principalmente    glucagón, el cual estimula la lipólisis dando como resultado la liberación de    ácidos grasos que se transforman en lipoproteínas de muy baja densidad y por    inhibición de la lipoproteína lipasa periférica, produciendo cifras extremadamente    elevadas de triglicéridos (mayor de 1000), que por mecanismos desconocidos puede    desencadenar pancreatitis aguda, la cual se presenta hasta en el 11% de los    paciente diabéticos según el estudio de la cohorte de Nair y cols, de 100 pacientes    que presentaron cetoacidosis diabética. Clínicamente, el dolor abdominal es    leve o ausente y el incremento de la amilasa es mayor de 3 veces por encima    del límite superior del plasma. La lipasa pancreática presenta un similar patrón    en la elevación. Los criterios de Ranson se encuentran sobreestimados, dado    por la hiperglicemia, la acidosis y la hipovolemia concomitante. Se recomienda    la realización de un TAC abdominal para precisar el diagnóstico ante un paciente    con cetoacidosis diabética, elevación de triglicéridos y amilasa por encima    de los valores mencionados. Aumentos menores de 3 veces de la amilasa o de la    lipasa sérica pueden ser encontrados en el 16 al 25 % de los pacientes que cursan    con cetoacidosis diabética. La elevación de la amilasa sérica puede ser debida    a un aumento de la amilasa salival, a la disminución de la depuración renal    de la misma y a las pérdidas derivadas de la lesión del acino pancreático por    hipoperfusión, disfunción autonómica o alteraciones metabólicas. </font></p>     <p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>REFERENCIAS</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1.     Ellen C. Ebert. Gastrointestinal complications of diabetes mellitus: disease    of month. Lancet 2005; 51: 620-653.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-9957200600010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2.     Stumvoll M, Goldstein BJ, van Haeften TW. Type 2 diabetes: principles of pathogenesis    and therapy. Lancet 2005; 365: 1333-46.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-9957200600010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3.     Sandhu MS, Dunger DB, Giovannucci EL. Insulin, insulin-like growth factor-I    (IGF-I), IGF binding proteins, their biologic interactions, and colorectal cáncer.    J Natl Cancer Inst 2002; 92(13): 972-80.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-9957200600010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4.     Maleki D, Locke GR III, Camilleri M, et al. Gastrointestinal tract symptoms    among persons with diabetes mellitus in the community. Arch Intern Med 2000;    160: 2808-16.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-9957200600010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">5.     Bytzer P, Talley NJ, Leemon M, et al. Prevalence of gastrointestinal symptoms    associated with diabetes mellitus: a population-based survey of 15,000 adults.    Arch Int Med 2001; 161(16): 1989-96.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-9957200600010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">6.     Talley SJ, Bytzer P, Hammer J, et al. Psychological distress is linked to gastrointestinal    symptoms in diabetes mellitus. Am J Gastroenterol 2001; 96(4): 1033-8.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-9957200600010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">7.     Bytzer P, Talley NJ, Jones MP, et al. Oral hypoglycaemic drugs and gastrointestinal    symptoms in diabetes mellitus. Aliment Pharmacol Ther 2001; 15(1): 137-42.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-9957200600010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">8.     Annese V, Bassotti G, Caruso N, et al. Gastrointestinal motor dysfunction, symptoms,    and neuropathy in noninsulin-dependent (Type 2) diabetes mellitus. J Clin Gastroenterol    1999; 29: 171-7.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-9957200600010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">9.     Zendehdel K, Nyren O, Ostenson CG, et al. Cáncer incidence in patients with    type 1 diabetes mellitus: a population-based cohort study in Sweden. J Natl    Cancer Inst 2003; 95(23): 1797-800.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-9957200600010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">10. Swerdlow    AJ, Laing SP, Qiao Z, et al. Cancer incidence and mortality in patients with    insulin-treated diabetes: a UK cohort study. Br J Cancer 2005; 92(11): 2070-5.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-9957200600010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">11. Yang    U-X, Hennessy S, Lewis JD. Insulin therapy and colorectal cancer risk among    type 2 diabetes mellitus patients. Gastroenterology 2004; 127: 1044-50.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-9957200600010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">12. Yuan    J-M, Govindarajan S, Arakawa K, et al. Synergism of alcohol, diabetes, andviral    hepatitis on the risk of hepatocellular carcinoma in blacks and whites in the    U.S. Cancer 2004; 101: 1009-17.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-9957200600010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">13. Davila    JA, Morgan RO, Shaib Y, et al. Diabetes increases the risk of hepatocellular    carcinoma in the United States: a population based case control study. Gut 2005;    54: 533-9.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-9957200600010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">14. Huxley    R, Ansary-Moghaddam A, Berrington de Gonzalez A, et al. Type-II diabetes and    pancreatic cáncer: a meta-analysis of 36 studies. Br J Cancer 2005; 92(11):    2076-83.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-9957200600010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">15. Gullo    L, Pezzilli R, Morselli-Labate AM. Diabetes and the risk of pancreatic cancer.    Italian Pancreatic Cáncer Study Group. N Engl J Med 1994; 331: 81-4.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-9957200600010000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">16. Fisher    WE, Boros LG, Schirmer WJ. Insulin promotes pancreatic cancer: evidence for    endocrine influence on exocrine pancreatic tumours. J Surg Res 1996; 63: 310-3.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-9957200600010000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">17. Pembert    J, Sarsson J, Westermark GT, et al. Islet amyloid polypeptide in patients with    pancreatic cáncer and diabetes. N Engl J Med 1994; 330: 313.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-9957200600010000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">18. Rewers    M, Liu E, Simmons J, et al. Celiac disease associated with type 1 diabetes mellitus.    Endocrinol Metab Clin N Am 2004; 33: 197-214.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-9957200600010000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">19. Mohn    A, Cerruto M, Lafusco D, et al. Celiac disease in children and adolescents with    type 1 diabetes: importance of hypoglycemia. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2001;    32: 37-40.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-9957200600010000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">20. Freemark    M, Levitsky LL. Screening for celiac disease in children with type 1 diabetes.    Two views of the controversy. Diabetes Care 2003; 26: 1932-9.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-9957200600010000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">21. De    Block CE, De Leeuw IH, Van Gaal LF. High prevalence of manifestations of gastric    autoimmunity in parietal cell antibody-positive type 1 (insulin-dependent) diabetic    patients. The Belgian Diabetes Registry 1999; 84(11): 4062-7.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-9957200600010000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">22. Darwazeh    AM, MacFarlane TW, McCuish A, et al. Mixed salivary glucose levels and candidal    carriage in patients with diabetes mellitus. J Oral Pathol Med 1991; 20(6):    280-3.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-9957200600010000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">23. Binder    A, Maddison PJ, Skinner P, et al. Sjogren’s syndrome: association with type-1    diabetes mellitus. Br J Rheumatol 1989; 28(6): 518-20.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-9957200600010000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">24. Darwazeh    AM, MacFarlane TW, McCuish A, et al. Mixed salivary glucose levels and candidal    carriage in patients with diabetes mellitus. J Oral Pathol Med 1991; 20(6):    280-3.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-9957200600010000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">25. Loo    FD, Dodds WJ, Soergel KH, et al. Multipeaked esophageal peristaltic pressure    waves in patients with diabetic neuropathy. Gastroenterology 1985; 88: 485-91.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-9957200600010000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">26. Vannini    P, Ciavarella A, Corbelli C, et al. Oesophageal transit time and cardiovascular    autonomic neuropathy in type 1 (insulin-dependent) diabetes mellitus. Diabetes    Res 1989; 11: 21-5.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-9957200600010000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">27. Hollis    JB, Castell DO, Braddom RL. Esophageal function in diabetes mellitus and its    relation to peripheral neuropathy. Gastroenterology 1977; 73: 1098-102.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-9957200600010000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">28. Holloway    RH, Tippett MD, Horowitz M, et al. Relationship between esophageal motility    and transit in patients with type I diabetes mellitus. Am J Gastroenterol 1999;    94: 3150-7.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-9957200600010000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">29. Lluch    I, Ascaso JF, Mora F, et al. Gastroesophageal reflux in diabetes mellitus. Am    J Gastroenterol 1999; 94: 919-24.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-9957200600010000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">30. Horowitz    M, O’Donovan D, Jones KL, et al. Gastric emptying in diabetes: clinical significance    and treatment. Diabetes Med 2002; 19(3): 177-94.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-9957200600010000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">31. Koch    KL. Diabetic gastropathy. Gastric neuro-muscular dysfunction in diabetes mellitus.    A review of symptoms, pathophysiology, and treatment. Dig Dis Sci 1999; 44:    1061-75.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-9957200600010000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">32. Samsom    M, Jebbink RJ, Akkermans LM, et al. Abnormalities of antroduodenal motility    in type I diabetes. Diabetes Care 1995; 19(1): 21-7.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-9957200600010000800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">33. He    C-L, Soffer EE, Ferris CD, et al. Loss of interstitial cells of Cajal and inhibitory    innervation in insulin-dependent diabetes. Gastroenterology 2001; 121: 427-34.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0120-9957200600010000800033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">34. Stotzer    PO, Fjalling M, Gretarsdottir J, et al. Assessment of gastric emptying: comparison    of solid scintigraphic emptying and emptying of radiopaque markers in patients    and healthy subjects. Dig Dis Sci 1999; 44: 729-34.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-9957200600010000800034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">35. Braden    B, Enghofer M, Schaub M, et al. Long-term cisapride treatment improves diabetic    gastroparesis but not glycaemic control. Aliment Pharmacol Ther 2002; 16: 1341-6.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0120-9957200600010000800035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">36. Jellish    WS, Kartha V, Fluder E, et al. Effect of metoclopramide on gastric fluid volumes    in diabetic patients who have fasted before elective surgery. Anesthesiology    2005; 102: 904-9.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-9957200600010000800036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">37. Bouras    EP, Scolapio JS. Gastric motility disorders: management that optimizes nutritional    status. J Clin Gastroenterol 2004; 38(7): 549-57.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-9957200600010000800037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">38. Sturm    A, Holtmann G, Goebell H, et al. Prokinetics in patients with gastroparesis:    a systematic analysis. Digestion 1999; 60: 422-27.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-9957200600010000800038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">39. Maganti    K, Onyemere K, Jones MP. Oral erythromycin and symptomatic relief of gastro-paresis:    a systematic review. Am J Gastroenterol 2003; 98: 259-63.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-9957200600010000800039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">40. Talley    NJ. Diabetic gastropathy and prokinetics. Am J Gastroenterol 2003; 98(2): 264-71.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-9957200600010000800040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">41. Ueno    N, Inui A, Asakawa A, et al. Erythromycin improves glycaemic control in patient    with Type II diabetes mellitus. Diabetologia 2000; 43: 411-5.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-9957200600010000800041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">42. Lacy    BE, Crowell MD, Schettler-Duncan A, et al. The treatment of diabetic gastroparesis    with botulinum toxin injection of the pylorus. Diabetes Care 2004; 27: 2341-7.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-9957200600010000800042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">43. Valdovinos    MA, Camilleri M, Zimmerman BR. Chronic diarrhea in diabetes mellitus: mechanisms    and an approach to diagnosis and treatment. Mayo Clin Proc 1993; 68: 691-702.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-9957200600010000800043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">44. Werth    B, Meyer-Wyss B, Spinas GA, et al. Non-invasive assessment of gastrointestinal    motility disorders in diabetic patients with and without cardiovascular signs    of autonomic neuropathy. Gut 1992; 33(9): 1199-203.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-9957200600010000800044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">45. Lysy    J, Israeli E, Goldin E. The prevalence of chronic diarrhea among diabetic patients.    Am J Gastroenterol 1999; 94: 2165-70.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-9957200600010000800045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">46. Scarpello    JH, Hodgson E, Howlett HC. Effect of metformin on bile salt circulation and    intestinal motility in type 2 diabetes mellitus. Diabetic Med 1998; 15(8): 651-6.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-9957200600010000800046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">47. Virally-Monod    M, Tielmans D, Kevorkian JP, et al. Chronic diarrhea and diabetes mellitus:    prevalence of small intestinal bacterial overgrowth. Diabetes Metab 1998; 24:    530-6.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-9957200600010000800047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">48. Scarpello    JHB, Hague RV, Cullen DR, et al. The 14C-glycocholate test in diabetic diarrhea.    BMJ 1976; 2: 673-5.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-9957200600010000800048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">49. Maleki    D, Camilleri M, Burton DD, et al. Pilot study of pathophysiology of constipation    among community diabetics. Dig Dis Sci 1998; 43(11): 2373-8.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-9957200600010000800049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">50. Battle    WM, Snape WR, Alavi A, et al. Colonic dysfunction in diabetes mellitus. Gastroenterology    1980; 79: 1217-21.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-9957200600010000800050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">51. Avsar    E, Ersoz O, Kansik E, et al. Hyperglycemia-induced attenuation of rectal perception    depends upon pattern of rectal balloon inflation. Dig Dis Sci 1997; 42: 2206-12.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0120-9957200600010000800051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">52. Maleki    D, Camilleri M, Zinsmeister AR, et al. Effect of acute hyperglycemia on colorectal    motor and sensory function in humans. Am J Physiol 1997; 273: G859064.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-9957200600010000800052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">53. Sims    MA, Hasler WL, Chey WD, et al. Hyperglycemia inhibits mechanoreceptormediated    gastrocolic responses and colonic peristaltic reflexes in healthy humans. Gastroenterology    1995; 108: 350-9.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0120-9957200600010000800053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">54. Lysy    J, Karmeli F, Sestieri M, et al. Decreased substance P content in the rectalmucosa    of diabetics with diarrhea and constipation. Metabolism 1997; 46: 730-4.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-9957200600010000800054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">55. Schiller    LR, Santa ANA CA, Schmulen AC, et al. Pathogenesis of fecal incontinence in    diabetes mellitus: evidence for internal-anal-sphincter dysfunction. N Engl    J Med 1982; 307: 1666-71.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0120-9957200600010000800055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">56. Angulo    P. Medical progress: nonalcoholic fatty liver disease. N Engl J Med 2002; 346:    1221-31.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-9957200600010000800056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">57. Tolman    KG, Fonseca V, Tan MH, et al. Narrative review: hepatobiliary disease in type    2 diabetes mellitus. Ann Intern Med 2004; 141: 946-56.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0120-9957200600010000800057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">58. Zein    CO, Levy C, Basu A, et al. Chronic hepatitis C and type II diabetes mellitus:    a prospective cross-sectional study. Am J Gastroenterol 2005; 100: 48-55.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-9957200600010000800058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">59. Thuluvath    PJ, John PR. Association between hepatitis C, diabetes mellitus, and race, a    case-control study. Am J Gastroenterol 2003; 98: 438-41.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0120-9957200600010000800059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">60. Zekery    A, McHutchison JG, Diehl AM. Insulin resistance and steatosis in hepatitis C    virus infection. Gut 2005; 54: 903-6.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0120-9957200600010000800060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">61. Lecube    A, Hernandez C, Genesca J, et al. Diabetes is the main factor accounting for    the high ferritin levels detected in chronic hepatitis C virus infection. Diabetes    Care 2004; 27: 2669-75.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0120-9957200600010000800061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">62. Fabris    P, Florean A, Tositti G, et al. Review article: type 1 diabetes mellitus in    patients with chronic hepatitis C before and after interferon therapy. Aliment    Pharmacol Ther 2003; 18: 549-58.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0120-9957200600010000800062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">63. Harris    EH. Elevated liver function tests in Type 2 diabetes. Clin Diabetes 2005; 23:    115-9.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0120-9957200600010000800063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">64. Holstein    A, Hinze S, Thieben E, et al. Hepatogenous diabetes in liver cirrhosis. Clinical    implications of hepatogenous diabetes in liver cirrhosis. J Gastroenterol Hepatol    2002; 17: 677-81.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0120-9957200600010000800064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">65. Mora    PF. Post-transplantation diabetes mellitus. Am J Med Sci 2005; 329: 86-94.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0120-9957200600010000800065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">66. Wilson    JG, Lindquist JH, Grambow SC, et al. Potential role of increased iron stores    in diabetes. Am J Med Sci 2003; 325(6): 332-9.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0120-9957200600010000800066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">67. Fernández-Real    JM, Lopez-Bermejo A, Ricart W. Cross-talk between iron metabolism and diabetes.    Diabetes 2002; 51: 2348-54.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0120-9957200600010000800067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">68. Dinneen    SF, Silverberg JD, Batts KP, et al. Liver iron stores in patients with non-insulin-dependent    diabetes mellitus. Mayo Clin Proc 1994; 69: 13-5.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0120-9957200600010000800068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">69. Haap    M, Fritsche A, Mensing HJ, et al. Association of high serum ferritin concentration    with glucose intolerance and insulin resistance in healthy people. Ann Intern    Med 2003; 139: 869-71.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0120-9957200600010000800069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">70. Pazzi    P, Scagliarini R, Gamberini S, et al. Review article: gall-bladder motor function    in diabetes mellitus. Aliment Pharmacol Ther 2000; 14: 62-5.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0120-9957200600010000800070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">71. The    Rome Group for Epidemiology and Prevention of Cholelithiasis. The epidemiology    of gallstone disease in Rome, Italy. Part II. Factors associated with the disease.    Hepatology 1988; 8: 907-13.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0120-9957200600010000800071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">72. Haffner    SM, Diehl AK, Mitchell BD, et al. Increased prevalence of clinical gallbladder    disease in subjects with non-insulin-dependent diabetes mellitus. Am J Epidemiol    1990; 132: 327-35.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0120-9957200600010000800072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">73. Lu    S-N, Chang W-Y, Wang L-Y, et al. Risk factors for gallstones among Chinese in    Taiwan. A community sonographic survey. J Clin Gastroenterol 1990; 12: 542-6.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0120-9957200600010000800073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">74. Trotman    BW, Soloway RD. Pigment vs cholesterol cholelithiasis: clinical and epidemiological    aspects. Am J Dig Dis 1975; 20: 735-40.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0120-9957200600010000800074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">75. Del    Favero G, Caroli A, Meggiato T, et al. Natural history of gallstones in non-insulin-dependent    diabetes mellitus. A prospective 5-year follow-up. Dig Dis Sci 1994; 39(8):    1704-7.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0120-9957200600010000800075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">76. Sandler    RS, Maule WF, Baltus ME. Factors associated with postoperative complications    in diabetics after biliary tract surgery. Gastroenterology 1986; 91: 157-62.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0120-9957200600010000800076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">77. Bretzel    RG, Zekhorn T, Klor HU. Pancreatic exocrine function in patients with type 1    and type 2 diabetes mellitus. Acta Diabetol 2000; 37(3): 105-10.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0120-9957200600010000800077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">78. Levitt    NS, Adams G, Salmon J, et al. The prevalence and severity of microvascular complications    in pancreatic diabetes and IDDM. Diabetes Care 1995; 18(7): 971-4.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0120-9957200600010000800078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">79. Hardt    PD, Hauenschild A, Jaeger C, et al. High prevalence of steatorrhea in 101 diabetic    patients likely to suffer from exocrine pancreatic insufficiency according to    low fecal elastase 1 concentration: a prospective multicenter study. Dig Dis    Sci 2003; 48: 1688-92.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0120-9957200600010000800079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">80. Nakanishi    K, Kobayashi T, Miyashita H, et al. Exocrine pancreatic ductograms in insulin-dependent    diabetes mellitus. 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