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</front><body><![CDATA[ <HTML> <HEAD> <TITLE></TITLE> </HEAD>     <P align="center"><font size="3" face="Verdana"><B>Dolor abdominal cr&oacute;nico. Esencia de la pr&aacute;ctica gastroenterol&oacute;gica</B></font></P>     <P align="center"><font size="2" face="Verdana">Paulo Emilio Archila, MD. (1)</font></P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>     <P>(1) Ex presidente Asociaci&oacute;n Colombiana de Gastroenterolog&iacute;a. Especialista adscrito en Medicina Interna y Gastroenterolog&iacute;a. &#9;Cl&iacute;nica del Country – Bogot&aacute;</P>     <P>Fecha recibido: 26-11-07 / Fecha aceptado: 30-11-07</P>     <P>En la primera mitad del siglo XX, el estudio del dolor abdominal cr&oacute;nico se limitaba a las ense&ntilde;anzas semiol&oacute;gicas de las diferentes escuelas europeas, que partiendo de una rigurosa anamnesis y un cuidadoso examen f&iacute;sico conduc&iacute;a a disquisiciones fisiopatol&oacute;gicas que pudieran explicar los hallazgos, y aun sin diagn&oacute;stico claro permitieran formular una hip&oacute;tesis terap&eacute;utica no basada en la evidencia. Los resultados de este ejercicio no fueron los mejores, pero nos dejaron descripciones de signos y s&iacute;ntomas con una utilidad que un siglo despu&eacute;s no podemos desconocer.</P>     <P>No distaban mucho de las ense&ntilde;anzas que dejaron Galeno en Grecia y posteriormente de Maim&oacute;nides en Egipto, precursores de la Medicina Occidental, dotados de una gran imaginaci&oacute;n y de una prodigiosa astucia cl&iacute;nica.</P>     <P>El dolor abdominal cr&oacute;nico siempre constituy&oacute; una de las primeras causas de consulta y su abordaje siempre fue complicado. Se consideraba que los dolores proced&iacute;an de &oacute;rganos intraabdominales, y por falta de recursos diagn&oacute;sticos, ante el fracaso terap&eacute;utico deb&iacute;a acudirse de la experticia de los cirujanos. As&iacute; fue como naci&oacute; la Gastroenterolog&iacute;a, una ciencia cuya soluci&oacute;n depend&iacute;a del acto quir&uacute;rgico y as&iacute; se mantuvo hasta la mitad del siglo XX. Algunos autores comenzaron a distinguir entre el dolor de origen visceral y el dolor de la pared abdominal, describiendo signos semiol&oacute;gicos que hicieran una diferenciaci&oacute;n aproximadamente cierta.</P>     <P>Los gastroenter&oacute;logos de los a&ntilde;os 70 tuvimos la fortuna de ser entrenados con esos conceptos que fueron despareciendo con la introducci&oacute;n de nuevos s&iacute;ndromes explicativos del dolor abdominal cr&oacute;nico como el Colon irritable, hoy denominado s&iacute;ndrome de Intestino irritable basado en las explicaciones neuroendocrinas propias del fin de siglo. Se han desarrollado innumerables medicamentos para el control de los s&iacute;ntomas y de la enfermedad, sin haber logrado avances verdaderamente eficaces, como s&iacute; sucedi&oacute; con las enfermedades viscerales, ejemplo cl&aacute;sico el de la enfermedad ulcerosa p&eacute;ptica, para la cual contamos hoy en d&iacute;a con herramientas diagn&oacute;sticas de la mayor precisi&oacute;n y con conocimientos fisiopatol&oacute;gicos que llevar&aacute;n a la erradicaci&oacute;n de la enfermedad.</P>     <P>Los conceptos de intestino irritable, gastritis, dispepsia no ulcerosa, dolor abdominal cr&oacute;nico idiop&aacute;tico, etc., han distra&iacute;do la atenci&oacute;n sobre el estudio del dolor abdominal cr&oacute;nico de causas concretas no viscerales. Incluso llevan a recurrir a la psiquiatr&iacute;a y a las medicinas alternativas, sin una noci&oacute;n clara de qu&eacute; es lo que le sucede al paciente. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Este recorrido hist&oacute;rico nos lleva al trabajo ganador del Premio J&aacute;come Valderrama 2007, denominado <I>Dolor cr&oacute;nico de la pared abdominal: una entidad poco reconocida con gran impacto en la pr&aacute;ctica m&eacute;dica,</I> de los doctores William Otero, Xiomara Ruiz, Elder Otero, Mart&iacute;n G&oacute;mez, Luis Fernando Pineda y V&iacute;ctor Arbel&aacute;ez, publicado a continuaci&oacute;n en este n&uacute;mero.</P>     <P>El m&eacute;rito de este trabajo no est&aacute; s&oacute;lo en la rigurosidad del m&eacute;todo cient&iacute;fico con el cual fue desarrollado, sino en la capacidad de evocar y reeditar la pr&aacute;ctica de la semiolog&iacute;a dentro de la medicina moderna, era de la biolog&iacute;a molecular, dando herramientas para comprobaci&oacute;n cient&iacute;fica y verificaci&oacute;n de evidencias a partir de la simple utilizaci&oacute;n de una buena anamnesis y el conocimiento de un simple signo cl&iacute;nico. Los resultados terap&eacute;uticos no dejan de sorprender, pero se podr&aacute;n ir implementando t&eacute;cnicas de tratamiento cada vez m&aacute;s eficaces, sin caer en la distracci&oacute;n de los exhaustivos ex&aacute;menes diagn&oacute;sticos a &oacute;rganos sanos, que tienen un enorme costo en tiempo y dinero para nuestros pacientes y para el sistema de salud. No quiere esto decir que debamos omitir estudios que descarten enfermedades que requieran tratamiento m&eacute;dico o quir&uacute;rgico especializado cuando la sospecha cl&iacute;nica lo demande.</P>     <P>Quiere decir que antes de complicar un diagn&oacute;stico con exceso de conocimientos sofisticados, es prioritario el ejercicio del pensamiento.</P>     <P>¡Felicitaciones al grupo investigador por recordarnos la importancia de pensar!</P> </FONT>     </body> </HTML>      ]]></body>
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