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</front><body><![CDATA[  <FONT FACE="Verdana" SIZE=3>    <P align="center"><B>C&aacute;ncer g&aacute;strico: el enigma colombiano</B></P></font> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P align="center">Pelayo Correa, MD (1), M. Blanca Piazuelo, MD (2)</P>     <P>(1) Anne Potter Wilson Professor of Medicine, Division of Gastroenterology, Department of Medicine, Vanderbilt University School of Medicine, Nashville, TN. USA.</P>     <P>(2) Research Instructor, Division of Gastroenterology, Department of Medicine, Vanderbilt University School of Medicine, Nashville, TN. USA</P>     <P>Fecha recibido:    15-09-10  Fecha aceptado:  15-10-10</P>     <P><B>Carga social</B></P>     <P>El c&aacute;ncer g&aacute;strico ha sido por muchos a&ntilde;os una considerable carga social de salud en Colombia. Varios estudios epidemiol&oacute;gicos lo han se&ntilde;alado como la primera causa de mortalidad por c&aacute;ncer (1, 2). El Registro Poblacional de Cali en 1962-1964 registr&oacute; las m&aacute;s altas tasas anuales ajustadas en hombres: incidencia de 50,9 y mortalidad de 50,7 por 100.000 habitantes (3). Durante el mismo per&iacute;odo, el c&aacute;ncer g&aacute;strico ocup&oacute; el segundo lugar en mortalidad en mujeres, despu&eacute;s del c&aacute;ncer de c&eacute;rvix, y el tercer lugar en incidencia, despu&eacute;s del c&aacute;ncer de c&eacute;rvix uterino y de mama. Desde entonces, las tasas de incidencia y mortalidad por c&aacute;ncer g&aacute;strico han bajado paulatinamente. En la <a href="#figura1">Figura 1</a> se observan las tendencias de incidencia para hombres y mujeres entre los a&ntilde;os 1962 y 2002.</P>     <P align="center"><img src="img/revistas/rcg/v25n4/a01f1.JPG"><a name="figura1"></a></P>     <P><a href="#figura1">Figura 1</a>. Tendencias en la incidencia de c&aacute;ncer g&aacute;strico en hombres y mujeres. Cali, Colombia, 1962-2002. Trabajo realizado por el Dr. Luis E. Bravo, Registro Poblacional de C&aacute;ncer, Universidad del Valle, Cali, Colombia. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>El Atlas de Mortalidad por C&aacute;ncer en Colombia (1) se&ntilde;al&oacute; una correlaci&oacute;n directa entre la altura sobre el nivel del mar y las tasas de mortalidad por c&aacute;ncer g&aacute;strico en Colombia: las tasas m&aacute;s altas se observan en las zonas de alta cordillera y descienden progresivamente hasta llegar a las m&aacute;s bajas en las costas, los llanos orientales y las cuencas de los principales r&iacute;os. </P>     <P>Nuestros estudios en el departamento de Nari&ntilde;o, Colombia, han demostrado una correlaci&oacute;n clara entre la incidencia de c&aacute;ncer g&aacute;strico y la altura sobre el nivel del mar. En las zonas m&aacute;s altas de la cordillera Andina, alrededor de T&uacute;querres y La Cruz, la tasa anual de incidencia se estim&oacute; en 150 por 100.000 habitantes en 1976. En la cuenca del r&iacute;o Guaitara se estim&oacute; en 40 por 100.000 y en la costa Pac&iacute;fica en 6 por 100.000 habitantes (4). Un previo estudio de morbilidad por c&aacute;ncer en Cartagena indic&oacute; la incidencia anual en 2 por 100.000 habitantes, confirmando la creencia general de que el c&aacute;ncer g&aacute;strico es raro en las costas colombianas (5). </P>     <P><B>El enigma geogr&aacute;fico</B></P>     <P>En 1994 la Agencia Internacional para Investigaci&oacute;n en C&aacute;ncer determin&oacute; que la infecci&oacute;n por<I> Helicobacter pylori</I> (<I>H. pylori</I>) era carcinog&eacute;nica(6). Hoy en d&iacute;a se reconoce esta infecci&oacute;n como la causa primaria del c&aacute;ncer g&aacute;strico. Sin embargo, se sabe que m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n mundial est&aacute; infectada con <I>H. pylori</I> y solo una minor&iacute;a de personas infectadas llega a desarrollar c&aacute;ncer g&aacute;strico. Se ha descrito una incongruencia entre la distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica de estas dos entidades. En &Aacute;frica, la prevalencia de la infecci&oacute;n por <I>H. pylori</I> es muy elevada pero el c&aacute;ncer g&aacute;strico es poco frecuente. A este fen&oacute;meno se ha dado el nombre de &quot;Enigma africano&quot; (7). Nuestros estudios en Colombia indican que la infecci&oacute;n por<I> H. pylori </I>es muy prevalente tanto en las poblaciones de la monta&ntilde;a como en la costa. En los habitantes de Tumaco, en la costa Pac&iacute;fica, la infecci&oacute;n es pr&aacute;cticamente universal pero las tasas de incidencia y mortalidad por c&aacute;ncer g&aacute;strico son bajas, tal como sucede en &Aacute;frica. Este &quot;Enigma colombiano&quot; no tiene hasta ahora una explicaci&oacute;n adecuada. Las diferencias entre los habitantes de la monta&ntilde;a y la costa son m&uacute;ltiples. Los habitantes de la monta&ntilde;a son predominantemente mestizos y los de la costa son mulatos. La dieta en la monta&ntilde;a es pobre en prote&iacute;nas animales y en frutas y vegetales frescos, y el consumo de sal es excesivo. En la costa, el consumo de pescado fresco es cotidiano. El parasitismo intestinal, sobre todo por helmintos, es mucho m&aacute;s frecuente en la costa que en la monta&ntilde;a. Hay estudios que demuestran que el parasitismo por helmintos modifica la respuesta inmune a la infecci&oacute;n por <I>Helicobacter </I>hacia una reacci&oacute;n de tipo antiinflamatorio o al&eacute;rgico mediado por c&eacute;lulas T ayudadoras tipo 2 (T-helper 2 o Th2), contrastando con la repuesta inmunol&oacute;gica en ausencia de helmintos, que es de tipo proinflamatorio (Th1) (8). Este tipo de respuesta se asocia con menor grado de atrofia de la mucosa g&aacute;strica (8). Los niveles s&eacute;ricos de inmunoglobulina E, indicadores de la respuesta al&eacute;rgica, son varias veces m&aacute;s altos en individuos de la costa Pac&iacute;fica que en los de la monta&ntilde;a (9). Esta respuesta inmunol&oacute;gica se refleja en el infiltrado por eosin&oacute;filos en la mucosa g&aacute;strica infectada con <I>H. pylori</I>, varias veces m&aacute;s elevado en los individuos de la costa que en los de la monta&ntilde;a (10). No est&aacute; claro si la modulaci&oacute;n de la respuesta inmune como consecuencia del parasitismo explica la diferencia tan marcada entre las tasas de incidencia de c&aacute;ncer g&aacute;strico, 25 veces m&aacute;s altas en la poblaci&oacute;n de la monta&ntilde;a que en la de la costa. </P>     <P><B>El ancestro bacteriano</B></P>     <P>Recientemente se ha descrito una t&eacute;cnica denominada &quot;multi-locus sequence typing&quot; (MLST) (11) basada en el an&aacute;lisis de la secuencia de ADN en genes constitutivos, la cual ha mostrado un alto grado de poder discriminatorio entre pat&oacute;genos de una misma especie. En <I>H. pylori</I>, variaciones en la composici&oacute;n de siete genes constitutivos permite identificar el ancestro de las colonias bacterianas, al distinguir cepas asi&aacute;ticas de cepas europeas o africanas. Usando esta t&eacute;cnica, recientemente hemos comparado 64 cepas de <I>H. pylori</I> obtenidas por cultivo a partir de biopsias g&aacute;stricas de pacientes de la monta&ntilde;a y de la costa de Nari&ntilde;o con varios cientos de cepas de referencia previamente analizadas y publicadas (12). Todas las cepas de la monta&ntilde;a (obtenidas de 35 individuos) se agrupan filogen&eacute;ticamente con las cepas de referencia de origen europeo. Otros investigadores han descrito que las cepas del continente americano se agrupan con las cepas de origen europeo. Se especula que esto se debe a recombinaci&oacute;n gen&eacute;tica, por medio de la cual las cepas amerindias originales (que son parte del grupo de cepas asi&aacute;ticas) adquieren factores de virulencia de las cepas europeas (13). Aproximadamente un tercio (10 de 29) de las cepas aisladas en la costa Pac&iacute;fica colombiana se agrupan filogen&eacute;ticamente con las cepas europeas, posiblemente reflejando el mecanismo de recombinaci&oacute;n gen&eacute;tica mencionado. El resto de cepas de la costa (19 de 29) se agrupan con cepas de referencia de origen africano (14). Esto parece indicar que los inmigrantes de origen africano trajeron consigo las cepas de <I>H. pylori</I>, las cuales han sido conservadas en esta poblaci&oacute;n a trav&eacute;s de los siglos. Esta explicaci&oacute;n parece indicar que el &quot;Enigma africano&quot; se refleja en la situaci&oacute;n observada en la costa Pac&iacute;fica colombiana. Nuestros recientes estudios han demostrado que las cepas de origen africano est&aacute;n asociadas con menor grado de alteraci&oacute;n histol&oacute;gica en la mucosa g&aacute;strica y menor da&ntilde;o al ADN de las c&eacute;lulas epiteliales que las cepas de origen europeo (14). Estos resultados apoyan la hip&oacute;tesis de que las cepas con ancestro africano son menos cancer&iacute;genas que las cepas con ancestro europeo.</P>     <P><B>La cascada precancerosa</B></P>     <P>La infecci&oacute;n por<I> H. pylori</I> generalmente se adquiere en la ni&ntilde;ez, pero el diagn&oacute;stico de c&aacute;ncer g&aacute;strico generalmente se hace despu&eacute;s de la sexta d&eacute;cada de la vida. La infecci&oacute;n no se cura espont&aacute;neamente e inicia un prolongado proceso precanceroso con las siguientes etapas bien caracterizadas: gastritis atr&oacute;fica multifocal - metaplasia intestinal completa - metaplasia intestinal incompleta - displasia - adenocarcinoma (15). En Colombia, con cierta frecuencia, los resultados de patolog&iacute;a de biopsias g&aacute;stricas informan de la presencia de metaplasia intestinal y presentan un dilema para el gastroenter&oacute;logo en cuanto al manejo del paciente. Aunque se considera una lesi&oacute;n precancerosa, la gran mayor&iacute;a de los pacientes con metaplasia intestinal nunca desarrolla c&aacute;ncer g&aacute;strico. Se requiere, por lo tanto, identificar aquellos pacientes con un alto riesgo de desarrollar c&aacute;ncer. Hay varios marcadores de riesgo: </P>     <P>1. El tipo de metaplasia intestinal: la metaplasia incompleta (col&oacute;nica), f&aacute;cilmente identificable en las preparaciones histol&oacute;gicas por su falta de &quot;borde en cepillo&quot; y por la irregularidad de las vacuolas de mucina en el citoplasma, es un indicador de riesgo elevado. </P>     <P>2. La extensi&oacute;n de la metaplasia, la cual es directamente proporcional al riesgo de c&aacute;ncer. Se puede considerar que la metaplasia es extensa cuando m&aacute;s de una de las biopsias de mucosa g&aacute;strica obtenidas durante un procedimiento endosc&oacute;pico contienen metaplasia, o cuando gran parte de una biopsia tiene metaplasia intestinal. La extensi&oacute;n tambi&eacute;n se puede evaluar con los niveles s&eacute;ricos de pepsin&oacute;genos: los niveles de pepsin&oacute;geno I disminuyen a medida que incrementa la extensi&oacute;n de la metaplasia. Los pacientes con alguna de estas caracter&iacute;sticas deben someterse a evaluaci&oacute;n endosc&oacute;pica repetida con toma de biopsias de antro, cuerpo e incisura angularis. Con base en estas consideraciones, nosotros hemos propuesto recientemente un algoritmo para el manejo de la metaplasia intestinal g&aacute;strica (16). </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>3. La presencia de displasia es un indicador de riesgo elevado. Es recomendable que los tejidos con displasia o sospecha de displasia g&aacute;strica sean evaluados y clasificados por dos pat&oacute;logos con experiencia en lesiones del tracto gastrointestinal. Los pacientes con displasia de alto grado deben llevarse a resecci&oacute;n quir&uacute;rgica (o endosc&oacute;pica, si est&aacute; disponible) debido al alto riesgo de presentar carcinoma invasivo coexistente o metacr&oacute;nico (17, 18). El manejo de los pacientes con displasia de bajo grado no est&aacute; claramente definido. Se ha sugerido seguimiento con endoscopia g&aacute;strica y toma de biopsias a intervalos entre 3 a 12 meses (19, 20). La resecci&oacute;n endosc&oacute;pica de los focos de displasia o de c&aacute;ncer incipiente puede salvar la vida del paciente. Los tratamientos existentes para c&aacute;ncer invasivo no ofrecen mucha esperanza de curaci&oacute;n: la sobrevida a 5 a&ntilde;os es generalmente menor al 20%.</P>     <P><B>La tormenta perfecta</B></P>     <P>Nuestros estudios en Nari&ntilde;o han revelado que varios factores causales contribuyen simult&aacute;neamente al riesgo elevado de c&aacute;ncer g&aacute;strico en las monta&ntilde;as Andinas:</P>     <P>1. La susceptibilidad gen&eacute;tica de los habitantes es alta. El alelo 511T del gen que codifica la interleuquina-1&#946; es muy frecuente en la poblaci&#963;n. Hay estudios en otras poblaciones que muestran la asociaci&oacute;n de este polimorfismo con aumento del riesgo para c&aacute;ncer g&aacute;strico (21).</P>     <P>2. El exceso de sal en la dieta aumenta el riesgo.</P>     <P>3. El consumo de frutas y vegetales frescos es insuficiente para obtener la protecci&oacute;n antioxidante asociada a estos alimentos.</P>     <P>4. Las cepas de <I>H. pylori</I> con reconocidos factores gen&eacute;ticos de virulencia (<I>cagA</I>-positivas y <I>vacA s1m1</I>) son m&aacute;s frecuentes en la zona monta&ntilde;osa que en la costa Pac&iacute;fica.</P>     <P>5. El ancestro de las cepas de <I>H. pylori</I> es europeo. Estas cepas parecen tener mayor potencial oncog&eacute;nico que las cepas de ancestro africano.</P>     <P><B>Conclusi&oacute;n</B></P>     <P>Puesto que la &uacute;nica estrategia eficaz para controlar el c&aacute;ncer g&aacute;strico es la prevenci&oacute;n, se debe identificar a los pacientes con alto riesgo: historia familiar de c&aacute;ncer g&aacute;strico, origen de una zona de alto riesgo, y s&iacute;ntomas g&aacute;stricos cr&oacute;nicos no aclarados. Siempre debe tratarse de documentar la presencia de infecci&oacute;n por <I>H. pylori</I> y tratar el paciente si ese es el caso. Las biopsias de mucosa g&aacute;strica deben evaluarse de acuerdo a los criterios previamente se&ntilde;alados y someter a vigilancia endosc&oacute;pica a los pacientes que la necesitan. Como regla general, se debe limitar el uso de sal en las comidas, eliminar el h&aacute;bito de fumar (si &eacute;se es el caso) y promover la ingesta adecuada de frutas y vegetales frescos.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><B>Agradecimientos</B></P>     <P>Nuestros estudios de investigaci&oacute;n han sido financiados por el Instituto Nacional de C&aacute;ncer de los Estados Unidos de Am&eacute;rica (NIH grant P01- CA28842).</P>     <P><B>Referencias</B></P>     <P>1. Murillo Moreno R, Pi&ntilde;eros Petersen M, Hern&aacute;ndez Su&aacute;rez G. Atlas de mortalidad por c&aacute;ncer en Colombia: Instituto Nacional de Cancerolog&iacute;a e Instituto Geogr&aacute;fico Agust&iacute;n Codazzi. Imprenta Nacional de Colombia; 2003.</P>     <P>2. Puffer RR, Griffith GW. Cap&iacute;tulo VI: C&aacute;ncer. En: Caracter&iacute;sticas de la mortalidad urbana. Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud. Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud; Washington D.C., 1968. p. 101-151.</P>     <P>3. Correa P, Llanos G. Morbidity and mortality from cancer in Cali, Colombia. J Natl Cancer Inst 1966; 36: 717-745.</P>     <P>4. Correa P, Cuello C, Duque E, et al. Gastric cancer in Colombia. III. Natural history of precursor lesions. J Natl Cancer Inst 1976; 57: 1027-1035.</P>     <P>5. Llanos G, Correa P. Morbilidad por c&aacute;ncer en Cartagena. Antioquia M&eacute;dica 1969; 19: 377-388.</P>     <P>6. IARC. Monographs on the evaluation of carcinogenic risks to humans. Schistosomes, liver flukes and <I>Helicobacter pylori.</I> Vol 61. International Agency for Research on Cancer; Lyon, France, 1994.</P>     <P>7. Holcombe C. <I>Helicobacter pylori</I>: the African enigma. Gut 1992; 33: 429-431.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>8. Fox JG, Beck P, Dangler CA, et al. Concurrent enteric helminth infection modulates inflammation and gastric immune responses and reduces <I>helicobacter</I>-induced gastric atrophy. Nat Med 2000; 6: 536-542.</P>     <P>9. Whary MT, Sundina N, Bravo LE, et al. Intestinal helminthiasis in Colombian children promotes a Th2 response to <I>Helicobacter pylori</I>: possible implications for gastric carcinogenesis. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev 2005; 14: 1464-1469.</P>     <P>10. Piazuelo MB, Camargo MC, Mera RM, et al. Eosinophils and mast cells in chronic gastritis: possible implications in carcinogenesis. Hum Pathol 2008; 39: 1360-1369.</P>     <P>11. Maiden MC, Bygraves JA, Feil E, et al. Multilocus sequence typing: a portable approach to the identification of clones within populations of pathogenic microorganisms. Proc Natl Acad Sci U S A 1998; 95: 3140-3145.</P>     <P>12. Falush D, Wirth T, Linz B, et al. Traces of human migrations in <I>Helicobacter pylori</I> populations. Science 2003; 299: 1582-1585.</P>     <P>13. Dominguez-Bello MG, Perez ME, Bortolini MC, et al. Amerindian <I>Helicobacter pylori</I> strains go extinct, as European strains expand their host range. PLoS One 2008; 3: e3307.</P>     <P>14. de Sablet T, Piazuelo MB, Schaffer CA, et al. European phylogenetic origin of <I>Helicobacter pylori</I> strains as a risk factor for premalignant gastric lesions in Colombia. Electronic publication of the 111th Annual Meeting of AGA Institute, DDW-2010, New Orleans, LA. 2010.</P>     <P>15. Correa P, Haenszel W, Cuello C, et al. A model for gastric cancer epidemiology. Lancet 1975; 2: 58-60.</P>     <P>16. Correa P, Piazuelo MB, Wilson KT. Pathology of gastric intestinal metaplasia: clinical implications. Am J Gastroenterol 2010; 105: 493-498.</P>     <P>17. Farinati F, Rugge M, Di Mario F, et al. Early and advanced gastric cancer in the follow-up of moderate and severe gastric dysplasia patients. A prospective study. I.G.G.E.D.--Interdisciplinary Group on Gastric Epithelial Dysplasia. Endoscopy 1993; 25: 261-264.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>18. Hirota WK, Zuckerman MJ, Adler DG, et al. ASGE guideline: the role of endoscopy in the surveillance of premalignant conditions of the upper GI tract. Gastrointest Endosc 2006; 63: 570-580.</P>     <P>19. Kyrlagkitsis I, Karamanolis DG. Premalignant lesions and conditions for gastric adenocarcinoma: diagnosis, management and surveillance guidelines. Hepatogastroenterology 2003; 50: 592-600.</P>     <P>20. Lauwers GY, Srivastava A. Gastric preneoplastic lesions and epithelial dysplasia. Gastroenterol Clin North Am 2007; 36: 813-829.</P>     <P>21. Camargo MC, Mera R, Correa P, et al. Interleukin-1beta and interleukin-1 receptor antagonist gene polymorphisms and gastric cancer: a meta-analysis. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev 2006; 15: 1674-1687.</P> </FONT>      ]]></body>
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