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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Laringitis por reflujo: La perspectiva del otorrinolaringólogo]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Reflux laryngitis: an Otolaryngologist's perspective]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Reflux laryngitis is recognized as an extra-digestive manifestation of gastroesophageal reflux. It has become one of the most frequent reasons patients consult with otolaryngologists. In this review we present the otolaryngologist's point of view on this disease, and discuss the continuing controversy about its pathophysiology, diagnosis and treatment.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Laringitis]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <FONT FACE="Verdana" SIZE=3>    <P ALIGN="CENTER"><B>Laringitis por reflujo: La perspectiva del otorrinolaring&oacute;logo</B></P></FONT> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P ALIGN="CENTER">Luis Humberto Jim&eacute;nez Fandi&ntilde;o, MD (1), Natalia Mantilla Tarazona, MD (2), Javier Andr&eacute;s Ospina D&iacute;az MD (3)</P>     <P>(1) Otorrinolaring&oacute;logo. Director secci&oacute;n de Laringolog&iacute;a y Patolog&iacute;a de la voz. Unidad de Otorrinolaringolog&iacute;a y cirug&iacute;a m&aacute;xilofacial, Hospital Universitario San Ignacio, Pontificia Universidad Javeriana. Bogot&aacute;, Colombia. Mail. <a href"mailto:jimenez-luis@javeriana.edu.co">jimenez-luis@javeriana.edu.co</a></P>     <P>(2) Otorrinolaring&oacute;loga. Pontificia Universidad Javeriana. Bogot&aacute;, Colombia.</P>     <P>(3) Otorrinolaring&oacute;logo. Pontificia Universidad Javeriana. Bogot&aacute;, Colombia.</P>     <P>Fecha recibido:    29-03-11   Fecha aceptado:  02-08-11</P>     <P><B>Resumen</B></P>     <P>La laringitis por reflujo es una patolog&iacute;a reconocida como una de las manifestaciones extradigestivas del reflujo gastroesof&aacute;gico que se ha convertido en uno de los motivos de consulta m&aacute;s frecuentes en la pr&aacute;ctica del otorrinolaring&oacute;logo. En esta revisi&oacute;n buscamos exponer el punto de vista del otorrinolaring&oacute;logo frente a esta enfermedad y mostrar la controversia que a&uacute;n existe sobre su fisiopatolog&iacute;a, diagn&oacute;stico y tratamiento.</P>     <P><B>Palabras clave</B></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Laringitis, reflujo gastroesof&aacute;gico, reflujo laringofar&iacute;ngeo.</P>     <P><B>INTRODUCCION</B></P>     <P>La laringitis por reflujo, tambi&eacute;n conocida como reflujo laringofar&iacute;ngeo (RLF), es una de las manifestaciones extradigestivas del reflujo gastroesof&aacute;gico (RGE) que se produce por el flujo retr&oacute;grado del contenido g&aacute;strico (&aacute;cido, pepsina) o duodenal (sales biliares, enzimas pancre&aacute;ticas) hacia la laringe y la faringe (1). El RGE y el RLF se consideran parte del espectro de una misma enfermedad con etiolog&iacute;a multifactorial, pero que difieren en sus s&iacute;ntomas, manifestaciones cl&iacute;nicas y respuesta al tratamiento. </P>     <P>El reflujo de contenido g&aacute;strico puede afectar los &oacute;rganos y sistemas que se encuentran en la vecindad del sistema digestivo, prueba de ello es que se ha descrito una fuerte asociaci&oacute;n de reflujo con diferentes patolog&iacute;as inflamatorias de cabeza y cuello: rinosinusitis cr&oacute;nica, rinitis al&eacute;rgica, amigdalitis recurrentes, hipertrofia de am&iacute;gdalas y adenoides, SAHOS, asma, bronquiectasias, neumon&iacute;a, tos cr&oacute;nica, disfon&iacute;a, laringomalacia, faringitis, traque&iacute;tis, estenosis sublg&oacute;tica, entre otras (2-5). Incluso, se han encontrado niveles elevados de pepsina en el o&iacute;do medio y en las adenoides de pacientes con otitis media con efusi&oacute;n (OME). Se cree que la pepsina alcanza al o&iacute;do medio por el contenido g&aacute;strico que asciende hasta la nasofaringe y la trompa de Eustaquio, estableciendo una asociaci&oacute;n importante en la patog&eacute;nesis de la OME y otitis media cr&oacute;nica (6-8).</P>     <P>Existen datos de la existencia de reflujo g&aacute;strico con manifestaciones extradigestivas lar&iacute;ngeas en la literatura de otorrinolaringolog&iacute;a desde hace al menos cuatro d&eacute;cadas (9) pero fue descrita por Koufman como RLF al principio de los noventas (10); desde entonces ha sido una entidad cada vez m&aacute;s diagnosticada por el otorrinolaring&oacute;logo, en muchos casos sobrediagnosticada. En los Estados Unidos, desde 1990 hasta el 2001, la cantidad de consultas por enfermedades relacionadas a reflujo gastroesof&aacute;gico aument&oacute; en un 306% especialmente entre otorrinolaring&oacute;logos y 14 veces m&aacute;s la prescripci&oacute;n de inhibidores de bomba de protones (IBP) (11).</P>     <P>En este art&iacute;culo revisaremos los conceptos actuales del RLF, expondremos las controversias que existen sobre su existencia real, su diagn&oacute;stico y tratamiento, y cu&aacute;l debe ser el papel del otorrinolaring&oacute;logo en el manejo de estos pacientes.</P>     <P><B>EPIDEMIOLOGIA Y FISIOPATOLOGIA</B></P>     <P>La forma err&aacute;tica de presentaci&oacute;n de esta enfermedad as&iacute; como la incapacidad de contar en este momento con un m&eacute;todo de alta sensibilidad y especificidad para diagnosticar RGE y RLF hacen que no sea posible determinar el impacto real y la asociaci&oacute;n de estas patolog&iacute;as. </P>     <P>Para el otorrinolaring&oacute;logo, el RLF y el RGE juegan cada vez un papel m&aacute;s importante; la evidencia muestra un aumento significativo del diagn&oacute;stico y tratamiento de enfermedades relacionadas con reflujo (11). En Estados Unidos el costo directo de tratamiento antirreflujo (especialmente IBP) se estima que supera los 14 billones de d&oacute;lares al a&ntilde;o, esto sin incluir los costos de las consultas, los m&eacute;todos diagn&oacute;sticos y los costos indirectos relacionados con los efectos sobre la productividad laboral y la calidad de vida (12).</P>     <P>Algunos estudios muestran que hasta el 10% de los pacientes que acuden a la consulta de otorrinolaringolog&iacute;a presentan s&iacute;ntomas relacionados con RLF y en aproximadamente 50% de los pacientes con disfon&iacute;a existen signos de la existencia de una enfermedad por reflujo subyacente (10, 11).</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>En la actualidad no existe evidencia suficiente sobre la relaci&oacute;n entre RGE y RLF; esto se debe en parte a que los pacientes con RLF que consultan por s&iacute;ntomas otorrinolaringol&oacute;gicos no presentan los s&iacute;ntomas comunes relacionados con RGE como epigastralgia y regurgitaci&oacute;n (13). Adem&aacute;s, los pacientes con s&iacute;ntomas predominantes de RGE no son indagados sobre manifestaciones extradigestivas, por lo que se cree que la prevalencia de RLF en la poblaci&oacute;n de pacientes con RGE est&aacute; subestimada (14).</P>     <P>Un estudio en el que se entrevistaron a 1.383 pacientes con RGE determin&oacute; que el RLF aumenta de acuerdo con la severidad del reflujo (14) y otro estudio evidenci&oacute; que en pacientes con esofagitis por reflujo el 24% ten&iacute;an RLF (15). Un tercer estudio incluy&oacute; pacientes con laringitis cr&oacute;nica que fueron divididos en un grupo con RGE y sin RGE, los dos grupos fueron tratados con IBPs y se encontr&oacute; que los s&iacute;ntomas lar&iacute;ngeos y los signos de laringitis mejoraron de forma significativa &uacute;nicamente en el grupo con RGE (16).</P>     <P>El RLF es una enfermedad de etiolog&iacute;a multifactorial en la que intervienen factores determinantes como la funci&oacute;n de los esf&iacute;nteres esof&aacute;gicos (esf&iacute;nter esof&aacute;gico inferior en RGE y esf&iacute;nter esof&aacute;gico superior en RLF), la sensibilidad de los tejidos y el tiempo de exposici&oacute;n al contenido g&aacute;strico (1, 17).</P>     <P>La ubicaci&oacute;n de la laringe y su cercana proximidad al sistema digestivo hacen que sea un &oacute;rgano con alto riesgo de exposici&oacute;n al contenido proveniente del es&oacute;fago, es por esto que es l&oacute;gico pensar que cualquier tipo de reflujo que llegue hasta el es&oacute;fago proximal y sobrepase el esf&iacute;nter esof&aacute;gico superior pueda afectar tambi&eacute;n a la laringe. Aunque tambi&eacute;n se ha descrito otro mecanismo de lesi&oacute;n lar&iacute;ngea producida por reflujo en el que no es necesario que este tenga contacto directo con la laringe, y es el que se produce como un reflejo vagal por la acidificaci&oacute;n del es&oacute;fago distal, produciendo tos, carraspeo y laringoespasmo (13, 18).</P>     <P><B>EFECTOS SOBRE LA LARINGE</B></P>     <P>El epitelio de los pliegues vocales es un epitelio escamoso cil&iacute;ndrico estratificado conectado por complejos de uni&oacute;n apical que crean un mecanismo de barrera para los agentes agresores externos e internos, entre ellos el RLF (19).</P>     <P>Para evaluar estos mecanismos de barrera del epitelio, tanto en la laringe como en el es&oacute;fago se ha utilizado un marcador epitelial conocido como la resistencia transepitelial (Rt). La Rt mide la capacidad de barrera que tiene el tejido para restringir el movimiento de solutos y solventes a trav&eacute;s de la ruta paracelular o transcelular. Estudios experimentales han encontrado que la exposici&oacute;n a &aacute;cido y pepsina en pliegues vocales sanos disminuye la Rt y aumenta la permeabilidad del epitelio haci&eacute;ndolo m&aacute;s susceptible de lesi&oacute;n (19). </P>     <P>Otros estudios evidenciaron aumento de los espacios paracelulares en pacientes con RLF (20) y una marcada disminuci&oacute;n de E-Cadherina (mol&eacute;cula transmembrana de superficie que tiene un papel muy importante en la adhesi&oacute;n celular) en 37% de pacientes con RLF (21, 22).</P>     <P>Adem&aacute;s, en los pacientes con RLF se encontr&oacute; una depleci&oacute;n intracelular de la anhidrasa carb&oacute;nica III en la presencia de pepsina (esta se produce para estabilizar el pH celular al contacto con &aacute;cido generando una barrera de bicarbonato), esta disminuci&oacute;n en la respuesta protectora del tejido lar&iacute;ngeo se cree que juega un papel muy importante en la alteraci&oacute;n de la barrera intercelular asociado con un down-regulation</I> de la E-cadherina (22). As&iacute; mismo, se encontr&oacute; que la prote&iacute;na de estr&eacute;s epitelial de tejido escamoso (Sep70) que funciona como una prote&iacute;na de protecci&oacute;n epitelial, estaba disminuida tambi&eacute;n en estos pacientes (23). </P>     <P>Otro mecanismo que parece influir en las alteraciones de la protecci&oacute;n de la laringe es la disminuci&oacute;n de la sensibilidad de la glotis por la exposici&oacute;n al contenido g&aacute;strico; en un estudio conducido por Aviv y col se encontr&oacute; una reducci&oacute;n en los reflejos lar&iacute;ngeos de aducci&oacute;n en respuesta a la administraci&oacute;n de pulsos de aire en pacientes con RLF (24).</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Es importante resaltar que la laringe tiene una mayor susceptibilidad de lesionarse con la exposici&oacute;n al contenido g&aacute;strico que el tejido esof&aacute;gico como se ha demostrado en estudios experimentales en animales y en estudios cl&iacute;nicos. Un estudio demostr&oacute; que para producir cambios en el tejido lar&iacute;ngeo se requieren tan solo 3 episodios de RLF con un pH menor a 4 por semana, mientras que se requieren al menos 50 episodios a la semana de RGE para producir alg&uacute;n grado de lesi&oacute;n en el es&oacute;fago (22, 25).</P>     <P>En resumen, todas estas alteraciones en la barrera celular y en los mecanismos de protecci&oacute;n de la laringe hacen que el epitelio disminuya su resistencia y sea susceptible a futuras exposiciones al contenido g&aacute;strico.</P>     <P>Se cree que estas alteraciones epiteliales producen alteraciones estructurales en la laringe siendo la principal manifestaci&oacute;n cl&iacute;nica del RLF la laringitis por reflujo con o sin formaci&oacute;n de granulomas, y se ha relacionado tambi&eacute;n como causa principal de diferentes patolog&iacute;as lar&iacute;ngeas como las estenosis lar&iacute;ngeas, n&oacute;dulos lar&iacute;ngeos, degeneraci&oacute;n polipoide, laringomalacia, laringoespasmo y movimiento parad&oacute;jico de pliegues vocales (1, 26-29).</P>     <P> Adem&aacute;s de lo anterior, se cree que el reflujo es un factor determinante en la cicatrizaci&oacute;n de los pliegues vocales, afectando de forma negativa los resultados quir&uacute;rgicos en las cirug&iacute;as de laringe. Dos estudios experimentales en conejos sugieren que el &aacute;cido y la pepsina afectan significativamente la cicatrizaci&oacute;n de los pliegues vocales (30), as&iacute; como tambi&eacute;n la cicatrizaci&oacute;n del tejido en la subglotis bajo condiciones de medio &aacute;cidas (31).</P>     <P>Otro estudio realizado por Kantas y cols incluy&oacute; 112 pacientes con RLF que fueron llevados a cirug&iacute;a de laringe para tratamiento de edema de Reinke, p&oacute;lipos y n&oacute;dulos vocales, se aleatorizaron en dos grupos con y sin tratamiento con IBPs durante el pre y postoperatorio, el estudio encontr&oacute; que el RLF afectaba negativamente la reepitelizaci&oacute;n y aumentaba la recurrencia de las lesiones lar&iacute;ngeas (32).</P>     <P><B>SINTOMAS Y MANIFESTACIONES CLINICAS DE REFLUJO LARINGOFARINGEO</B></P>     <P>Para poder identificar esta patolog&iacute;a es indispensable realizar una excelente historia cl&iacute;nica, con una completa anamnesis, indagando sobre los s&iacute;ntomas comunes de reflujo y s&iacute;ntomas relacionados con patolog&iacute;as de cabeza y cuello, teniendo en cuenta que la ausencia de s&iacute;ntomas no descarta esta enfermedad. </P>     <P>Es importante resaltar que los pacientes con RLF usualmente no tienen las manifestaciones cl&iacute;nicas cl&aacute;sicas del RGE, se ha demostrado que muchos de los pacientes con RLF no tienen esofagitis asociada o epigastralgia, y en varios estudios se ha determinado que en pacientes con RLF la incidencia de epigastralgia es menor del 40% y menos del 25% tienen esofagitis (1, 10, 33, 34).</P>     <P>Dentro de las manifestaciones cl&iacute;nicas del RLF encontramos gran variedad de signos y s&iacute;ntomas de enfermedades otorrinolaringol&oacute;gicas como son disfon&iacute;a (71%), tos seca (51%), carraspeo (42%), globus far&iacute;ngeo (47%) y secreciones en hipofaringe. Tambi&eacute;n encontramos disfagia (35%), sensaci&oacute;n de escurrimiento posterior, saliva amarga, odinofagia de ardor y espasmos lar&iacute;ngeos. En algunos casos la tos puede llegar a ser cr&oacute;nica, con accesos de tos y volverse incapacitante, incluso despertando al paciente durante la noche (35).</P>     <P>Como vemos, la disfon&iacute;a es uno de los s&iacute;ntomas principales, y se encuentran signos de RLF hasta en el 50% de los pacientes con alteraciones de la voz o patolog&iacute;a lar&iacute;ngea (36). Sin embargo, en los ni&ntilde;os las manifestaciones cl&iacute;nicas de esta enfermedad pueden ser diferentes a las de los adultos. Los ni&ntilde;os pueden presentarse con episodios recurrentes de faringoamigdalitis, laringitis y traque&iacute;tis, consecuencia de la exposici&oacute;n anormal al &aacute;cido en el tracto respiratorio superior. En estos casos, la presencia de un pH &aacute;cido genera inflamaci&oacute;n que favorece cambios en la flora bacteriana y procesos infecciosos recurrentes (37). </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><B>&Iacute;NDICE DE SINTOMAS DE REFLUJO</B></P>     <P>Existen en la literatura &iacute;ndices que ayudan a cuantificar los s&iacute;ntomas de reflujo, dentro de los cuales est&aacute; el RSI (Reflux Symptoms Index) o &iacute;ndice de s&iacute;ntomas de reflujo (ISR), se trata de una tabla de 9 preguntas que buscan determinar la severidad de los s&iacute;ntomas relacionados con RFL; se debe realizar en el momento del diagn&oacute;stico y despu&eacute;s del tratamiento. Estas preguntas deben ser contestadas de 0 a 5 siendo 0 equivalente a &quot;no molesto&quot; y 5 a &quot;muy molesto&quot;. Alg&uacute;n grado de reflujo se encuentra en pacientes normales, por lo tanto se considera anormal un RSI mayor a 13 (38) (<a href="#tabla1">tabla 1</a>).</P>     <P align="center"><a href="#tabla1">Tabla 1</a>. &Iacute;ndice de s&iacute;ntomas de reflujo (IRS) o &quot;reflux sympton index&quot; (RSI).</P>     <P align="center"><img src="img/revistas/rcg/v26n3/a06t1.JPG"><a name="tabla1"></a></P>     <P>En un estudio realizado por Belafsky y cols para validar la escala de ISR, se evaluaron 25 pacientes con RLF. En todos los casos el diagn&oacute;stico se realiz&oacute; con pHmetr&iacute;a 24 horas. Cada paciente complet&oacute; el ISR en dos oportunidades antes de iniciar el tratamiento (al momento de la primera consulta y a los 8 d&iacute;as) y despu&eacute;s de 6 meses del tratamiento con IBPs dos veces al d&iacute;a, adicional a medidas antirreflujo. Se encontr&oacute; una alta reproducibilidad en los resultados del ISR en el pretratamiento, 19,9 en la primera medici&oacute;n contra 20,9 en la segunda (p &lt; 0,001). As&iacute; mismo, el estudio cont&oacute; con 25 pacientes del grupo de control de la misma edad y g&eacute;nero que el grupo con RFL, buscados a trav&eacute;s de una base de datos de pacientes asintom&aacute;ticos, sin evidencia de presentar RLF. El promedio de ISR pretratamiento en pacientes con RFL fue significativamente mayor que en los controles (21,2 vs. 11,6 p &lt; 0,001), logrando disminuirlo hasta 12,8 con seis meses de tratamiento, alcanzando una cifra estad&iacute;sticamente similar al del grupo asintom&aacute;tico. Los pacientes del grupo control no recibieron tratamiento ya que se encontraban asintom&aacute;ticos (38).</P>     <P><B>DIAGNOSTICO</B></P>     <P>La base del diagn&oacute;stico de esta patolog&iacute;a es una combinaci&oacute;n de s&iacute;ntomas cr&oacute;nicos o intermitentes que se correlacionan con hallazgos positivos en la laringe. Una historia cl&iacute;nica completa y un examen f&iacute;sico otorrinolaringol&oacute;gico exhaustivo son necesarios para identificar esta enfermedad. En el examen f&iacute;sico se deben tener en cuenta cambios en la mucosa oral, hiperemia de la pared far&iacute;ngea posterior, lengua saburral, cambios en am&iacute;gdalas linguales y los cambios lar&iacute;ngeos identificables con la laringoscopia indirecta (37).</P>     <P>Actualmente el algoritmo diagn&oacute;stico que usamos para estos pacientes consiste en identificar los s&iacute;ntomas sugestivos de reflujo g&aacute;strico con manifestaciones extradigestivas y realizar una fibronasolaringoscopia flexible, telelaringoscopia y/o videoestroboscopia lar&iacute;ngea para determinar si existen cambios estructurales identificables en la laringe o en los tejidos vecinos. La videoestroboscopia lar&iacute;ngea es un examen que cuenta con una fuente de luz intermitente, disparada en forma casi sincr&oacute;nica con la frecuencia de vibraci&oacute;n del pliegue vocal, lo cual permite apreciar &quot;un movimiento aparente&quot; en c&aacute;mara lenta del proceso de la vibraci&oacute;n de los pliegues vocales; este examen es especialmente &uacute;til en identificar las alteraciones que producen las lesiones lar&iacute;ngeas en el patr&oacute;n de vibraci&oacute;n de los pliegues.</P>     <P>Los hallazgos en la telelaringoscopia y en la estrobosc&oacute;pica lar&iacute;ngea que sugieren RLF son pseudosulcus (90%); estos pacientes tienen m&aacute;s de 2,5 veces la probabilidad de tener una pHmetr&iacute;a positiva (70% sensibilidad, 77% especificidad), secreciones espesas en glotis, (<a href="#figura1">figura 1</a>), bordes libres irregulares, eritema y edema de la mucosa interaritenoidea (<a href="#figura2">figura 2</a>), lesiones posteriores como &uacute;lceras y granulomas (65-74%) (<a href="#figura3">figuras 3A y 3B</a>), estenosis gl&oacute;tica y subgl&oacute;tica, movimiento parad&oacute;jico de pliegues vocales, entre otros (39, 40).</P>     <P align="center"><img src="img/revistas/rcg/v26n3/a06f1.JPG"><a name="figura1"></a></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="center"><a href="#figura1">Figura 1</a>. Imagen de telelaringoscopia de un paciente con s&iacute;ntomas de RLF, se evidencia aumento y espesamiento de las secreciones en la glotis, con aumento del patr&oacute;n vascular.</P>     <P align="center"><img src="img/revistas/rcg/v26n3/a06f2.JPG"><a name="figura2"></a></P>     <P align="center"><a href="#figura2">Figura 2</a>. Imagen de telelaringoscopia de un paciente con s&iacute;ntomas de RLF en la que se evidencia marcado edema del borde libre de los pliegues vocales con aumento del patr&oacute;n vascular, adem&aacute;s de edema y eritema de la mucosa interaritenoidea.</P>     <P align="center"><img src="img/revistas/rcg/v26n3/a06f3.JPG"><a name="figura3"></a></P>     <P align="center"><a href="#figura3">Figura 3</a>. A. Telelaringoscopia de paciente con s&iacute;ntomas de RLF en la que se evidencia una lesi&oacute;n de tipo granuloma en el borde libre tercio posterior del pliegue vocal derecho, sobre el proceso vocal del aritenoides. B. Telelaringoscopia del mismo paciente anterior 3 meses despu&eacute;s de iniciar tratamiento con IBPs y medidas de control antirreflujo. Se evidencia resoluci&oacute;n de la lesi&oacute;n tipo granuloma en la laringe posterior.</P>     <P>Un estudio en el que se entrevist&oacute; a 2.000 otorrinolaring&oacute;logos revel&oacute; que el signo cl&iacute;nico m&aacute;s utilizado para diagnosticar laringitis por reflujo era el eritema y el edema de la laringe (41). Estos signos son muy inespec&iacute;ficos y se ha determinado que muchos adultos sanos pueden tener este tipo de alteraciones lar&iacute;ngeas no asociadas a s&iacute;ntomas (42).</P>     <P>Un problema adicional para realizar un diagn&oacute;stico con mayor exactitud es la variabilidad que tiene la laringoscopia interobservador e intraobservador para el diagn&oacute;stico de manifestaciones extradigestivas de reflujo. Un estudio en donde otorrinolaring&oacute;logos evaluaron im&aacute;genes de 120 pacientes mostr&oacute; baja reproductibilidad de la laringoscopia (43).</P>     <P>En el caso en el que el paciente presente adicionalmente s&iacute;ntomas digestivos solicitamos una endoscopia de v&iacute;as digestivas altas y remisi&oacute;n a Gastroenterolog&iacute;a. Sin embargo, algunos autores recomiendan realizar endoscopia de v&iacute;as digestivas altas en todos los pacientes con manifestaciones extradigestivas de reflujo, debido a que se pueden descartar defectos anat&oacute;micos importantes que pueden estar en relaci&oacute;n con la enfermedad como un hiato incompetente o una hernia hiatal, adem&aacute;s de identificar lesiones como esofagitis, estenosis esof&aacute;gicas, es&oacute;fago de Barret, lesiones de la mucosa g&aacute;strica y tumores, entre otros (37). Adicionalmente, se ha reconocido que los s&iacute;ntomas de RLF son m&aacute;s prevalentes en pacientes con adenocarcinoma del es&oacute;fago que los s&iacute;ntomas t&iacute;picos de RGE, lo que apoya el uso de la endoscopia de v&iacute;as digestivas en la evaluaci&oacute;n de estos pacientes (44).</P>     <P>Adem&aacute;s de la endoscopia de v&iacute;as digestivas altas contamos con una bater&iacute;a de ex&aacute;menes diagn&oacute;sticos que se pueden utilizar en casos seleccionados para tratar de determinar la funci&oacute;n esof&aacute;gica, la respuesta al tratamiento y la necesidad de manejos adicionales. Entre estos ex&aacute;menes se encuentran la pHmetr&iacute;a esof&aacute;gica, gamagraf&iacute;a esof&aacute;gica, estudio radiol&oacute;gico con medio de contraste de v&iacute;as digestivas altas, la manometr&iacute;a y la impedanciometr&iacute;a esof&aacute;gica.</P>     <P>Aunque se utiliza cada vez m&aacute;s la pHmetr&iacute;a esof&aacute;gica de 24 horas con un sensor intrag&aacute;strico como una herramienta diagn&oacute;stica para determinar RGE y RLF, debe tenerse en cuenta que no es el &quot;gold standard&quot; en s&iacute;ndromes extradigestivos, debido a que en un alto porcentaje de pacientes con s&iacute;ntomas y signos t&iacute;picos extradigestivos, no revela eventos proximales anormales. Sin embargo, se ha determinado su utilidad en la evaluaci&oacute;n de la respuesta al tratamiento de estos pacientes (45).</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Debido a la baja especificidad de la laringoscopia y la baja sensibilidad que tiene la pHmetr&iacute;a de 24 horas para determinar RLF aparece la prueba terap&eacute;utica</I> como un m&eacute;todo diagn&oacute;stico aceptado en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica. Las recomendaciones actuales indican realizar una prueba terap&eacute;utica</I> en pacientes con sospecha cl&iacute;nica de RLF y hallazgos positivos en la laringoscopia (46), excepto en los pacientes con sangrado gastrointestinal, anemia, dolor abdominal y p&eacute;rdida de peso cuyas causas no hayan sido completamente estudiadas dado que se puede estar frente a un paciente con patolog&iacute;as complejas como neoplasias (37).</P>     <P><B>CLASIFICACION DE LOS HALLAZGOS DE REFLUJO</B></P>     <P>Se ha desarrollado una escala subjetiva para cuantificar la severidad de los cambios inflamatorios en la laringe, identificando los hallazgos endosc&oacute;picos asociados con RLF. Esto se cre&oacute; debido a que basar el diagn&oacute;stico de RLF en los s&iacute;ntomas de los pacientes o en una pHmetr&iacute;a 24 horas es muy impreciso (47).</P>     <P>Estos hallazgos subjetivos encontrados en pacientes con RLF son clasificados por el &iacute;ndice de hallazgos de reflujo &quot;Reflux Finding Score&quot; (RFS) desarrollado por Belafsky y cols (<a href="#tabla2">tabla 2</a>). En el RFS se le da un puntaje a los hallazgos laringosc&oacute;picos. El puntaje m&aacute;ximo es de 26 y un puntaje de 7 &oacute; mayor a 7 es considerado altamente sospechoso de RLF. Esta escala se estandariz&oacute; para que los Otorrinolaring&oacute;logos pudi&eacute;ramos realizar mejores diagn&oacute;sticos, documentar la severidad de los s&iacute;ntomas y evaluar la eficacia del tratamiento (48).</P>     <P align="center"><a href="#tabla2">Tabla 2</a>. &Iacute;ndice de hallazgos de reflujo o &quot;Reflux Finding Score&quot; (RFS). </P>     <P align="center"><img src="img/revistas/rcg/v26n3/a04t2.JPG"><a name="tabla2"></a></P>     <P>De los hallazgos mencionados en la <a href="#tabla2">tabla 2</a>, se ha encontrado que el eritema y la hiperemia aritenoidea y el edema de los pliegues vocales responden al manejo m&eacute;dico para el reflujo (49). Otros estudios confirman que el edema y eritema en los pliegues vocales, y en el espacio interaritenoideo son marcadores sensibles de RFL (50).</P>     <P>Un estudio en el que se evaluaron con el RFS a 40 pacientes con RLF confirmado por pHmetr&iacute;a antes del tratamiento y a los 2, 4 y 6 meses postratamiento vs. 40 laringes de pacientes sanos, encontr&oacute; que la media del &iacute;ndice del RFS para pacientes sanos fue de 5,2 mientras que el &iacute;ndice de RFS para pacientes con RLF fue de 11,5. Con este estudio, los autores consideran que este &iacute;ndice es reproducible, confiable y acertado para documentar la eficacia del tratamiento en pacientes con RLF, y concluyen que es una herramienta &uacute;til para describir los cambios en los tejidos lar&iacute;ngeos por esta enfermedad (50).</P>     <P><B>TRATAMIENTO</B></P>     <P>Las recomendaciones actuales buscan limitar el uso indiscriminado de medicamentos antirreflujo como manejo emp&iacute;rico para pacientes con disfon&iacute;a, especialmente en pacientes sin s&iacute;ntomas de RGE o sin alteraciones lar&iacute;ngeas producidas por reflujo, esto debido a los efectos adversos conocidos de estos medicamentos y a la escasa evidencia sobre su beneficio para el manejo de disfon&iacute;a. El manejo m&eacute;dico debe ser dirigido al control de los cambios inflamatorios de la laringe, cuando esta se documenta en la laringoscopia (eritema, edema, tejido redundante, irregularidades de la mucosa interaritenoidea, y aritenoidea, de la mucosa lar&iacute;ngea posterior y de los pliegues vocales) (51).</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>En los pacientes con s&iacute;ntomas cl&iacute;nicos de enfermedad por reflujo con manifestaciones extradigestivas se inician como primera medida modificaciones en la dieta (bajar de peso cuando sea necesario, evitar el consumo de exagerado de bebidas alcoh&oacute;licas, caf&eacute;, chocolate, mentolados, c&iacute;tricos, condimentos y comida picante), y medidas antirreflujo (elevar la cabecera de la cama, adoptar la posici&oacute;n en dec&uacute;bito lateral izquierdo al acostarse, no realizar siesta despu&eacute;s de haber comido, acostarse 3 horas despu&eacute;s de la &uacute;ltima comida, no realizar abdominales despu&eacute;s de comer, no utilizar fajas, cinturones o ropa apretada a nivel abdominal). Un estudio realizado por Steward y cols demostr&oacute; que los cambios en el estilo de vida por 2 meses con o sin manejo m&eacute;dico con IBPs mejoran significativamente los s&iacute;ntomas lar&iacute;ngeos cr&oacute;nicos (52).</P>     <P>Como se mencion&oacute; anteriormente, las &uacute;ltimas gu&iacute;as oficiales de la Asociaci&oacute;n Colombiana de Otorrinolaringolog&iacute;a (ACORL) para el manejo de manifestaciones extradigestivas de reflujo, as&iacute; como otras gu&iacute;as de manejo, recomiendan realizar una prueba terap&eacute;utica</I> con IBPs en pacientes con s&iacute;ntomas sugestivos de RLF y hallazgos positivos en la laringoscopia (53, 54). Con esta prueba se busca determinar la influencia del reflujo en los s&iacute;ntomas del paciente. La prueba consiste en iniciar manejo con IBP 2 veces al d&iacute;a, al menos 30 minutos antes del desayuno y la comida. El tratamiento se debe mantener con esas dosis durante 2 a 3 meses hasta evaluar de nuevo al paciente. A diferencia del manejo de pacientes con RGE, se ha determinado que los pacientes con RLF requieren un tratamiento m&aacute;s agresivo y prolongado (1). Con el manejo m&eacute;dico durante 2 a 3 meses la mayor&iacute;a de pacientes mejora significativamente sus s&iacute;ntomas, pero solo despu&eacute;s de 6 meses los cambios lar&iacute;ngeos tienden a resolver (39).</P>     <P>Si al evaluar al paciente se obtuvo una respuesta adecuada se mantiene el tratamiento durante 6 meses con disminuci&oacute;n progresiva de las dosis; si el paciente persiste sintom&aacute;tico se puede estar frente a dos situaciones cl&iacute;nicas, la primera es que el paciente tenga una respuesta inadecuada al tratamiento y la segunda es que la causa de los s&iacute;ntomas sea diferente a reflujo (37). Si nos enfrentamos a la primera situaci&oacute;n, se puede duplicar la dosis del IBP, cambiar la mol&eacute;cula, adicionar un AntiH2 como la ranitidina o asociar los alginatos. Si nos enfrentamos a la segunda debe completarse el estudio del paciente con una interconsulta a gastroenterolog&iacute;a y realizar una pHmetr&iacute;a de 24 horas con un sensor intrag&aacute;strico sin supresi&oacute;n de la medicaci&oacute;n para evaluar si los IBPs est&aacute;n siendo efectivos para suprimir la secreci&oacute;n &aacute;cida. </P>     <P>Los alginatos se emplean actualmente como alternativa en el manejo del RGE y se est&aacute; comenzando a utilizar en el RLF. Estos forman una barrera f&iacute;sica sobre los contenidos g&aacute;stricos, y protegen a la mucosa esof&aacute;gica del reflujo &aacute;cido. Mc Glashan y cols realizaron un estudio en 49 pacientes con diagn&oacute;stico de RFL, donde a un grupo se le suministr&oacute; una suspensi&oacute;n de alginato y al otro grupo placebo. Se encontr&oacute; una disminuci&oacute;n estad&iacute;sticamente significativa en los s&iacute;ntomas de los pacientes que recibieron alginatos (12).</P>     <P>Adem&aacute;s de esto, en este punto se pueden utilizar las otras herramientas disponibles para evaluar la presencia de reflujo no &aacute;cido como causa de los s&iacute;ntomas, la motilidad esof&aacute;gica y el vaciamiento g&aacute;strico. Se puede solicitar una impedanciometr&iacute;a esof&aacute;gica, manometr&iacute;a esof&aacute;gica, adicionar proquin&eacute;ticos ante la sospecha de trastornos del vaciamiento y considerar la posibilidad de cirug&iacute;a antirreflujo. </P>     <P>Con respecto a la cirug&iacute;a, no todos los pacientes con falla en el manejo m&eacute;dico son candidatos para manejo quir&uacute;rgico; de hecho, los mejores candidatos son los que responden adecuadamente a la terapia antisecretora. Para ser candidatos deben existir defectos anat&oacute;micos susceptibles de ser corregidos, como hernias hiatales grandes que tengan motilidad del tracto digestivo superior normal, pacientes que persisten con reflujo en hipofaringe a pesar de m&aacute;ximas dosis, abundante material refluido, pacientes con reflujo duodeno-g&aacute;strico o con complicaciones derivadas del reflujo (37, 54).</P>     <P><B>CONCLUSIONES</B></P>     <P>La laringitis por reflujo o el reflujo laringofar&iacute;ngeo es una de las manifestaciones extradigestivas del reflujo gastroesof&aacute;gico que se ha convertido en uno de los principales motivos de consulta para el otorrinolaring&oacute;logo; sin embargo, se ha sobrediagnosticado atribuyendo al reflujo la culpa de muchas manifestaciones cl&iacute;nicas que no siempre est&aacute;n relacionadas.</P>     <P>El RLF se considera una entidad cl&iacute;nicamente diferente al RGE porque tiene diferentes s&iacute;ntomas, manifestaciones cl&iacute;nicas y objetivos de tratamiento. Aunque varios estudios han demostrado que el reflujo se encuentra asociado al desarrollo de diferentes patolog&iacute;as lar&iacute;ngeas, persiste la controversia acerca de su patofisiolog&iacute;a, diagn&oacute;stico y tratamiento.</P>     <P>El otorrinolaring&oacute;logo debe reconocer las manifestaciones extradigestivas del reflujo porque estos pacientes pueden consultarlo inicialmente, y tener la capacidad de identificar esta enfermedad y conducir en conjunto con el gastroenter&oacute;logo su diagn&oacute;stico y tratamiento.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><B>REFERENCIAS</B></P>     <!-- ref --><P>1. Koufman JA, Aviv JE, Casiano RR, Shaw GY. Laryngopharyngeal reflux: position statement of the Committee on Speech, Voice, and Swallowing Disorders of the American Academy of Otolaryngology–Head Neck Surgery. Otolaryngol Head Neck Surg 2002; 127: 32-35.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-9957201100030000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>2. Payne RJ, Kost KM, Frenkiel S, Zeitouni AG, Sejean G, Sweet RC, Naor N, Hern&aacute;ndez L, Kimoff RJ. Laryngeal inflammation assessed using the reflux finding score in obstructive sleep apnea. Otolaryngol Head Neck Surg 2006; 134(5): 836-42.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-9957201100030000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>3. Pasic TR, Palazzi-Churas KL, Connor NP, Cohen SB, Leverson GE. Association of extraesophageal reflux disease and sinonasal symptoms: prevalence and impact on quality of life. Laryngoscope 2007; 117(12): 2218-28.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-9957201100030000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>4. Parsons JP, Mastronarde JG. Gastroesophageal reflux disease and asthma. Curr Opin Pulm Med 2010; 16(1): 60-3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-9957201100030000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>5. DelGaudio JM, Naseri I, Wise JC. Proximal pharyngeal reflux correlates with increasing severity of lingual tonsil hypertrophy. Otolaryngol Head Neck Surg 2008; 138(4): 473-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-9957201100030000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>6. Sone M, Yamamuro Y, Hayashi H, Niwa Y, Nakashima T. Otitis media in adults as a symptom of gastroesophageal reflux. Otolaryngol Head Neck Surg 2007; 136(1): 19-22.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-9957201100030000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>7. Crapko M, Kerschner JE, Syring M, Johnston N. Role of extra-esophageal reflux in chronic otitis media with effusion. Laryngoscope 2007; 117(8): 1419-23.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-9957201100030000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>8. Al-Saab F, Manoukian JJ, Al-Sabah B, Almot S, Nguyen LH, Tewfik TL, Daniel SJ, Schloss MD, Hamid QA. Linking laryngopharyngeal reflux to otitis media with effusion: pepsinogen study of adenoid tissue and middle ear fluid. J Otolaryngol Head Neck Surg 2008; 37(4): 565-71.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-9957201100030000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>9. Gupta R, Sataloff RT. Laryngopharyngeal reflux: current concepts and questions. Curr Opin Otolaryngol Head Neck Surg 2009; 17(3): 143-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-9957201100030000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>10. Koufman JA. The otolaryngologic manifestations of gastroesophageal reflux disease (GERD): a clinical investigation of 225 patients using ambulatory 24-hour pH monitoring and an experimental investigation of the role of acid and pepsin in the development of laryngeal injury. Laryngoscope 1991; 101(4 Pt 2 Suppl 53): 1-78. Review.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-9957201100030000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>11. Altman KW, Stephens RM, Lyttle SC, Weiss KB. Changing impact of gastroesophageal reflux in medical and otolaryngology practice. Laryngoscope 2005; 115: 1145-1153.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-9957201100030000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>12. Merati AL. Reflux and cough. Otolaryngol Clin North Am 2010; 43(1): 97-110.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-9957201100030000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>13. Poelmans J, Feenstra L, Demedts I, et al. The yield of upper gastrointestinal endoscopy in patients with suspected reflux-related chronic ear, nose and throat symptoms. Am J Gastroenterol 2004; 99: 1419-1426.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-9957201100030000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>14. Groome M, Cotton JP, Borland M, McLeod S, Johnston DA, Dillon JF. Prevalence of laryngopharyngeal reflux in a population with gastroesophageal reflux. Laryngoscope 2007; 117(8): 1424-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-9957201100030000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>15. Lai YC, Wang PC, Lin JC. Laryngopharyngeal reflux in patients with reflux esophagitis. World J Gastroenterol 2008; 14: 4523-4528.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-9957201100030000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>16. Qua CS, Wong CH, Gopala K, Goh KL. Gastro-oesophageal reflux disease in chronic laryngitis: prevalence and response to acid-suppressive therapy. Aliment Pharmacol Ther 2007; 25: 287-295.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-9957201100030000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>17. Cohen SM, Garrett CG. Hoarseness: is it really laryngopharyngeal reflux? Laryngoscope 2008; 118(2): 363-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-9957201100030000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>18. Shaker R, Dodds WJ, Ren J, et al. Esophagoglottal closure reflex: a mechanism of airway protection. Gastroenterology 1992; 102(3): 857-61.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-9957201100030000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>19. Erickson E, Sivasankar M. Simulated reflux decreases vocal fold epithelial barrier resistance. Laryngoscope 2010; 120(8): 1569-75.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-9957201100030000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>20. Franchi A, Brogelli B, Massi D, Santucci M, De Campora E, Gallo O. Dilation of intercellular spaces is associated with laryngopharyngeal reflux: an ultrastructural morphometric analysis of laryngeal epithelium. Eur Arch Otorhinolaryngol 2007; 264: 907-911.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-9957201100030000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>21. Johnston N, Bulmer D, Gill GA, et al. Cell biology of laryngeal epithelial defenses in health and disease: further studies. Ann Otol Rhinol Laryngol 2003; 112: 481-491.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-9957201100030000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>22. Gill G, Johnston N, Buda A, et al. Laryngeal epithelial defenses against laryngopharyngeal reflux: investigations of E-cadherin, carbonic anhydrase isoenzyme III, and pepsin. Ann Otol Rhinol Laryngol 2005; 114: 913-921.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-9957201100030000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>23. Johnston N, Dettmar PW, Lively MO, Postma GN, Belafsky PC, Birchall M, Koufman JA. Effect of pepsin on laryngeal stress protein (Sep70, Sep53, and Hsp70) response: role in laryngopharyngeal reflux disease. Ann Otol Rhinol Laryngol 2006; 115(1): 47-58.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-9957201100030000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>24. Aviv JE, Liu H, Parides M, et al. Laryngopharyngeal sensory deficits in patients with laryngopharyngeal reflux and dysphagia. Ann Otol Rhinol Laryngol 2000; 109: 1000- 1006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-9957201100030000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>25. Ylitalo R, Lindestad P, Ramel S. Symptoms, laryngeal findings, and 24-hour pH monitoring in patients with suspected gastroesophago-pharyngeal reflux. Laryngoscope 2001; 111: 1735-41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-9957201100030000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>26. Maronian NC, Azadeh H, Waugh P, Hillel A. Association of laryngopharyngeal reflux disease and subglottic stenosis. Ann Otol Rhinol Laryngol 2001; 110(7 Pt 1): 606-12.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-9957201100030000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>27. Kuhn J, Toohill RJ, Ulualp SO, et al. Pharyngeal acid reflux events in patients with vocal cord nodules. Laryngoscope 1998; 108: 1146-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-9957201100030000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>28. Manning&nbsp;SC,&nbsp;Inglis&nbsp;AF,&nbsp;Mouzakes&nbsp;J,&nbsp;et al.&nbsp;Laryngeal anatomic differences in pediatric patients with severe laryngomalacia. Arch Otolaryngol Head Neck Surg 2005;&nbsp;131: 340-343.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-9957201100030000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>29. Maschka&nbsp;DA,&nbsp;Bauman&nbsp;NM,&nbsp;McCray&nbsp;Jr&nbsp;PB,&nbsp;et al.&nbsp;A classification scheme for paradoxical vocal cord motion. Laryngoscope&nbsp;1997;&nbsp;107: 1429-1435.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-9957201100030000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>30. Roh JL, Yoon YH. Effect of acid and pepsin on glottic wound healing: a simulated reflux model. Arch Otolaryngol Head Neck Surg 2006; 132(9): 995-1000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-9957201100030000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>31. Roh JL, Lee YW, Park HT. Effect of acid, pepsin, and bile acid on the stenotic progression of traumatized subglottis. Am J Gastroenterol 2006; 101(6): 1186-92.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-9957201100030000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>32. Kantas I, Balatsouras DG, Kamargianis N, et al. The influence of laryngopharyngeal reflux in the healing of laryngeal trauma. Eur Arch Otorhinolaryngol 2009; 266: 253-259.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-9957201100030000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>33. Wiener GJ, Koufman JA, Wu WC, et al. Chronic hoarseness secondary to gastroesophageal reflux disease: documentation with 24-h ambulatory pH monitoring. Am J Gastroenterol 1989; 84: 1503-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-9957201100030000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>34. Belafsky PC, Postma GN, Koufman JA. Transnasal esophagoscopy (TNE). Otolaryngol Head Neck Surg 2001; 125: 588-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-9957201100030000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>35. Koufman JA, Amin MR, Panetti M. The prevalence of reflux in 113 consecutive patients with laryngeal and voice disorders. Otolaryngol Head Neck Surg 2000; 123: 385-388.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-9957201100030000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>36. Belafsky PC, Postma GN, Koufman JA. Laryngopharyngeal reflux symptoms improve before changes in physical findings. Laryngoscope 2001; 111: 979-981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-9957201100030000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>37. Campos G, Enfermedad por reflujo g&aacute;strico con manifestaciones extradigestivas, Manual de Otorrinolaringolog&iacute;a, cabeza y cuello, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-9957201100030000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>38. Belafsky PC, Postma GN, Koufman JA. Validity and reliability of the reflux sympton index (RSI). J Voice 2002; 16: 274-77.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-9957201100030000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>39. Belasky PC, Postma GN, Koufman JA, Laryngopharyngeal reflux symptoms improve before changes in physical findings. Laryngoscope 2001; 111: 979-81.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-9957201100030000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>40. Vaezi MF, Gastroesophageal Reflux Disease and the Larynx, J Clin Gastroenterol 2003; 36(3): 198-203.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-9957201100030000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>41. Ahmed TF, Khandwala F, Abelson TI, et al. Chronic laryngitis associated with gastroesophageal reflux: prospective assessment of differences in practice patterns between gastroenterologists and ENT physicians. Am J Gastroenterol 2006, 101: 470- 478.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-9957201100030000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>42. 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