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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Actualización sobre Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico en niños]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[GERD in children: an update]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad del Valle Grupo de Investigación GASTROHNUP ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Although the definition of Gastro-Esophageal Reflux Disease (GERD) has not changed much over the last ten years, GERD continues to cause high rates of morbidity and mortality. Probably, and in a practical way, it could be said that physiological GERD that is not pathological is usually accompanied by regurgitation, and that its main symptom is vomiting. As in acid peptic disease, in GERD we can talk about certain aggressive and protective factors that can cause damage depending on their prevalence. Signs and symptoms of GERD in children depend on the age of the group studied. Just as every wheezing child is not asthmatic, in gastroenterology not every child that vomits or regurgitates has GERD. Today, certain slowly evolving diseases and conditions are defined as refractory GERD because the natural history of these diseases and their association with increased morbidity and mortality result in prognoses that imply different therapeutic approaches. Sensitivity, specificity and reproducibility vary in accordance to the laboratory tests requested to study a child with GERD. Treatment of children with GERD includes anti-reflux measures, administration of medicine and surgery.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Actualización]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[enfermedad por reflujo gastroesofágico]]></kwd>
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<kwd lng="en"><![CDATA[Gastro-Esophageal Reflux Disease]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[children]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <FONT FACE="Verdana" SIZE=4>    <p align="center"><b>Actualizaci&oacute;n sobre Enfermedad por Reflujo Gastroesof&aacute;gico en ni&ntilde;os</b></p></FONT> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <p align="center">Carlos Alberto Velasco Ben&iacute;tez, MD. (1)</p>     <p>(1) MD. Pediatra. Gastroenter&oacute;logo y nutri&oacute;logo. Especialista en docencia universitaria. Magister en Epidemiolog&iacute;a. Profesor titular. Director Grupo de Investigaci&oacute;n GASTROHNUP. Universidad del Valle. Cali, Colombia.</p>     <p>Fecha recibido:    10-08-11    Fecha aceptado:  19-12-13</p>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>En los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os, la Enfermedad por Reflujo Gastroesof&aacute;gico (ERGE) no presenta muchas variaciones en cuanto a su definici&oacute;n se refiere. Sin embargo, contin&uacute;a causando una elevada morbilidad y mortalidad. Probablemente, de manera pr&aacute;ctica, se podr&iacute;a decir que el RGE fisiol&oacute;gico no patol&oacute;gico usualmente se acompa&ntilde;a de regurgitaci&oacute;n, y que en la ERGE, su s&iacute;ntoma principal de presentaci&oacute;n es el v&oacute;mito. En la ERGE, al igual que en la enfermedad &aacute;cido p&eacute;ptica, podr&iacute;amos hablar de ciertos factores agresores y protectores, que pueden ocasionar da&ntilde;o dependiendo del predominio de cada uno de ellos. Los signos y s&iacute;ntomas de la ERGE en ni&ntilde;os depender&aacute;n del grupo etario en estudio. As&iacute; como en neumolog&iacute;a no todo ni&ntilde;o que tiene sibilancias es un asm&aacute;tico, en gastroenterolog&iacute;a no todo ni&ntilde;o que vomita o regurgita es un RGE. Hoy en d&iacute;a, ya se conocen ciertas patolog&iacute;as y condiciones de t&oacute;rpida evoluci&oacute;n, que por su historia natural de la enfermedad y asociaci&oacute;n con una mayor morbimortalidad se catalogan como ERGE refractario, cuyo pron&oacute;stico implica una diferente orientaci&oacute;n terap&eacute;utica. La sensibilidad, especificidad y reproducibilidad es variable dependiendo del paracl&iacute;nico solicitado para el estudio del ni&ntilde;o con ERGE. El tratamiento del ni&ntilde;o con ERGE incluye las medidas antireflujo, el manejo medicamentoso y el tratamiento quir&uacute;rgico.</p>     <p><b>Palabras claves</b></p>     <p>Actualizaci&oacute;n, enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico, ni&ntilde;os.</p>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La Enfermedad por Reflujo Gastroesof&aacute;gico (ERGE), es la   devoluci&oacute;n del contenido g&aacute;strico dentro del es&oacute;fago (principalmente &aacute;cido,   pero que tambi&eacute;n puede ser alcalino), con repercusiones generales,   gastrointestinales y respiratorias. A diferencia del Reflujo Gastroesof&aacute;gico   (RGE) fisiol&oacute;gico no patol&oacute;gico, que se presenta entre un 90% y 95% de los   lactantes menores, la ERGE no presenta muchas variaciones en cuanto a   definiciones se refiere en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os (1). Sin embargo, contin&uacute;a   causando una elevada morbilidad y mortalidad. Esto se refleja en un estudio   descriptivo realizado por nosotros en el Hospital Universitario "Ram&oacute;n   Gonz&aacute;lez" de Bucaramanga, Colombia, en 31 ni&ntilde;os hospitalizados por ERGE en el   Servicio de Lactantes, donde la mortalidad fue del 26%, principalmente debida a   complicaciones de origen respiratorio como la broncoaspiraci&oacute;n masiva   irrecuperable (2). El objetivo de este art&iacute;culo es realizar una actualizaci&oacute;n   sobre ERGE en ni&ntilde;os con base en los art&iacute;culos publicados los &uacute;ltimos cinco   a&ntilde;os, mezclados en algunos apartes con nuestra experiencia en el &aacute;rea y la de otros autores colombianos.</p>     <p><b>DEFINICIONES</b></p>     <p>Probablemente, de manera pr&aacute;ctica, se podr&iacute;a decir que el RGE fisiol&oacute;gico no patol&oacute;gico usualmente se acompa&ntilde;a de regurgitaci&oacute;n, consistente en el retorno s&uacute;bito de cantidades peque&ntilde;as del contenido g&aacute;strico a la faringe y boca. Esto en ausencia de n&aacute;usea, arcada, s&iacute;ntomas auton&oacute;micos o de contracci&oacute;n muscular tor&aacute;cica o abdominal. Por otro lado, en la ERGE, su s&iacute;ntoma principal de presentaci&oacute;n es el v&oacute;mito; hay presencia de n&aacute;usea, arcada y s&iacute;ntomas auton&oacute;micos o de contracci&oacute;n muscular tor&aacute;cica o abdominal, sin que ello quiera decir que el ni&ntilde;o con RGE fisiol&oacute;gico no patol&oacute;gico no pueda presentar v&oacute;mito; y viceversa, que el ni&ntilde;o con ERGE no pueda presentar episodios de regurgitaci&oacute;n. En general, en principio, siempre en un lactante menor, se prefiere pensar en t&eacute;rminos de RGE, m&aacute;s que en ERGE; esto se puede reflejar en un estudio donde se siguieron longitudinalmente desde el nacimiento hasta el primer a&ntilde;o de vida a 216 lactantes menores que presentaron regurgitaci&oacute;n: a los 2 meses de edad, casi un 87% de ellos presentaban el s&iacute;ntoma, a los 4 meses cerca del 61% continuaban regurgitando, al sexto mes de vida el 46% lo ten&iacute;a, para al octavo mes de edad disminuy&oacute; la prevalencia a un 23%; finalmente, al a&ntilde;o de edad solo 8% de ellos continuaba con regurgitaci&oacute;n (3).</p>     <p><b>FISIOPATOLOG&Iacute;A</b></p>     <p>En la ERGE, al igual que en la enfermedad &aacute;cido p&eacute;ptica, podr&iacute;amos hablar de ciertos factores agresores y protectores que pueden ocasionar da&ntilde;o, dependiendo del predominio de cada uno de ellos (<a href="#tabla1">tabla 1</a>). Entre los factores agresores se encuentran los que tienen que ver tanto con el esf&iacute;nter esof&aacute;gico inferior como con el esf&iacute;nter esof&aacute;gico superior; con el es&oacute;fago como el est&oacute;mago; con lo refluido &aacute;cido como lo alcalino y con las presiones g&aacute;stricas como esof&aacute;gicas. Entre los factores protectores est&aacute;n los que tienen que ver con la anatom&iacute;a en s&iacute;, las presiones esfint&eacute;ricas, la fisiolog&iacute;a del peristaltismo esof&aacute;gico y del vaciamiento g&aacute;strico (4), la presencia del sistema "buffer" dado por la salivaci&oacute;n, la renovaci&oacute;n celular, y la resistencia esof&aacute;gica; tambi&eacute;n por el inicio de la bipedestaci&oacute;n, que va muy de la mano con los cambios de presiones intraabdominales e intrator&aacute;cicas (5).</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/rcg/v29n1/v29n1a08t1.jpg"><a name="tabla1"></a></p>     <p><b>HALLAZGOS CL&Iacute;NICOS</b></p>     <p>Los signos y s&iacute;ntomas de la ERGE en ni&ntilde;os depender&aacute;n del grupo etario en estudio. Pueden ser generales, digestivos y respiratorios (6). Frecuentemente est&aacute;n presentes en lactantes menores, entre ellos est&aacute;n la palidez mucocut&aacute;nea; el s&iacute;ndrome de Sandifer, que incluye la posici&oacute;n en opist&oacute;tonos, anemia y esofagitis por RGE (<a href="#figura1">figura 1</a>); la inapetencia, la anorexia, la irritabilidad, los disturbios del sue&ntilde;o y el retardo ponderoestatural. Un estudio reciente, de Pashankar et al., en 251 ni&ntilde;os americanos obesos entre los 7 y 16 a&ntilde;os de edad report&oacute; que los ni&ntilde;os obesos con un &iacute;ndice de masa corporal superior al 95%, para edad y sexo, tienen 7,3 m&aacute;s oportunidad de presentar ERGE que ni&ntilde;os no obesos (7).</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/rcg/v29n1/v29n1a08f1.jpg"><a name="figura1"></a></p>     <p>Los ni&ntilde;os con ERGE pueden presentar signos y s&iacute;ntomas digestivos como v&oacute;mitos, regurgitaci&oacute;n, hematemesis y/o melenas, pirosis, c&oacute;lico, epigastralgia, flatulencias, eructos, rumiaci&oacute;n, hipo, dolor retroesternal, enteropat&iacute;a perdedora de prote&iacute;nas, agrieras, distensi&oacute;n abdominal, disfagia, odinofagia y lesiones orales como caries dental, erosiones dentales, lesiones mucosas y placa bacteriana (8). Algunos de estos s&iacute;ntomas disp&eacute;pticos que est&aacute;n presentes en ni&ntilde;os con gastritis por Helicobacter pylori, definitivamente no se encuentran asociados solo a la ERGE (9, 10). Finalmente, entre los signos y s&iacute;ntomas respiratorios y otorrinolaringol&oacute;gicos (11), cuya presencia cataloga a la ERGE como de presentaci&oacute;n at&iacute;pica no usual, se encuentran la presencia de apnea (12, 13), tos, estridor, faringitis, disfon&iacute;a, otitis, sinusitis, laringitis, estenosis subgl&oacute;tica, granulomas vocales, bronquiolitis, broncoaspiraci&oacute;n y asma de dif&iacute;cil manejo (14).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al buscar alguna asociaci&oacute;n entre los s&iacute;ntomas digestivos y/o respiratorios en ni&ntilde;os con ERGE, el estado nutricional y los par&aacute;metros de la pH-metr&iacute;a intraesof&aacute;gica ambulatoria de 24 horas, no encontramos asociaci&oacute;n entre los par&aacute;metros de la pH-metr&iacute;a y los s&iacute;ntomas en ni&ntilde;os con ERGE. Sin embargo, los par&aacute;metros del grupo de ni&ntilde;os con s&iacute;ntomas respiratorios fue el m&aacute;s comprometido, al igual que su estado nutricional (15). Asimismo, quisimos buscar la asociaci&oacute;n en 18 ni&ntilde;os &lt;14 a&ntilde;os (mediana 3,83 a&ntilde;os) con s&iacute;ntomas at&iacute;picos otorrinolaringol&oacute;gicos de ERGE como otitis, sinusitis, CRUP, disfon&iacute;a y n&oacute;dulos de las cuerdas vocales; comparativamente con 19 ni&ntilde;os con s&iacute;ntomas digestivos de ERGE, a pesar de que el n&uacute;mero de episodios &aacute;cidos a nivel de la pH-metr&iacute;a intresof&aacute;gica ambulatoria de 24 horas fue comprometido en mayor medida, ninguno de los par&aacute;metros de la pH-metr&iacute;a fue estad&iacute;sticamente significativo (16).</p>     <p><b>DIAGN&Oacute;STICO DIFERENCIAL</b></p>     <p>As&iacute; como en neumolog&iacute;a no todo ni&ntilde;o que tiene sibilancias es un asm&aacute;tico, en gastroenterolog&iacute;a no todo ni&ntilde;o que vomita o regurgita es un RGE. La primera posibilidad para tomarse en cuenta es el RGE fisiol&oacute;gico no patol&oacute;gico, presente en lactantes denominados ‘vomitadores felices', con adecuado crecimiento y desarrollo ponderoestatural, con predominio de regurgitaci&oacute;n, y que van a mejorar r&aacute;pidamente con la ense&ntilde;anza y orientaci&oacute;n acerca de las medidas antireflujo. Una entidad que toma cada vez m&aacute;s relevancia es la alergia a los alimentos, tal vez por el abandono de h&aacute;bitos nutricionales saludables y la presencia cada vez mayor de noxas ambientales, sin olvidar la predisposici&oacute;n gen&eacute;tica de cada individuo (9). Si bien es cierto, cada paciente hay que individualizarlo, y que la historia cl&iacute;nica contin&uacute;a siendo fundamental para concluir un acertado diagn&oacute;stico, hay ciertas patolog&iacute;as que se pueden expresar con v&oacute;mito y que requieren de una mayor atenci&oacute;n, como la presencia del incremento de la presi&oacute;n intracraneana por efecto de masa, ciertas enfermedades metab&oacute;licas que debutan con v&oacute;mito persistente y trastorno &aacute;cido-b&aacute;sico como la galactosemia y glucogenosis; enfermedades renales o urol&oacute;gicas como infecci&oacute;n de v&iacute;as urinarias o reflujo vesicoureteral; y finalmente, anomal&iacute;as cong&eacute;nitas de correcci&oacute;n quir&uacute;rgica pronta como la atresia esof&aacute;gica, la acalasia, la hernia hiatal, los anillos vasculares, la hipertrofia del p&iacute;loro, las membranas duodenales o g&aacute;stricas, la malrotaci&oacute;n intestinal, la duplicaci&oacute;n intestinal, el quiste de col&eacute;doco, el p&aacute;ncreas anular y las bridas cong&eacute;nitas (17).</p>     <p><b>ERGE REFRACTARIA</b></p>     <p>Hoy en d&iacute;a, ya se conocen ciertas patolog&iacute;as y condiciones de t&oacute;rpida evoluci&oacute;n, que por la historia natural de la enfermedad y asociaci&oacute;n con una mayor morbimortalidad se catalogan como ERGE refractario, su pron&oacute;stico implica una orientaci&oacute;n terap&eacute;utica diferente (<a href="#tabla2">tabla 2</a>). Se considera ERGE refractaria a ciertas anomal&iacute;as cong&eacute;nitas, enfermedades metab&oacute;licas, anomal&iacute;as cromos&oacute;micas, alteraciones del sistema nervioso central y con ciertos antecedentes neonatales preponderantes (18).</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/rcg/v29n1/v29n1a08t2.jpg"><a name="tabla2"></a></p>     <p><b>DIAGN&Oacute;STICO PARACL&Iacute;NICO</b></p>     <p>La sensibilidad, especificidad y reproducibilidad de algunos de los paracl&iacute;nicos solicitados para el estudio del ni&ntilde;o con ERGE se visualizan en la <a href="#tabla3">tabla 3</a> (19). El est&aacute;ndar de oro para el diagn&oacute;stico de ERGE contin&uacute;a siendo la pH-metr&iacute;a intraesof&aacute;gica ambulatoria de 24 horas (20, 21); hoy d&iacute;a acompa&ntilde;ada de la impedanciometr&iacute;a, cuyo reporte permite hacer un diagn&oacute;stico m&aacute;s certero, bien sea si se trata de material reflu&iacute;do &aacute;cido o alcalino, as&iacute; como acerca de su progresi&oacute;n a trav&eacute;s del es&oacute;fago (22). Adem&aacute;s, informa si hay asociaci&oacute;n con s&iacute;ntomas digestivos y/o respiratorios/otorrinolaringol&oacute;gicos y los cambios de pH intraesof&aacute;gico; reporta cuatro par&aacute;metros como el &iacute;ndice de reflujo (n&uacute;mero de episodios &aacute;cidos/tiempo de duraci&oacute;n del procedimiento), el n&uacute;mero de episodios &aacute;cidos, el n&uacute;mero de episodios &aacute;cidos &gt;5 y la duraci&oacute;n del episodio m&aacute;s prolongado, que se consideran anormales si se encuentran por encima del percentil 50% de las tablas de referencia para la edad (23) (<a href="#figura2">figura 2</a>). Actualmente la colocaci&oacute;n transendosc&oacute;pica del cat&eacute;ter de Bravo permite estudiar a los ni&ntilde;os con una pH-metr&iacute;a intraesof&aacute;gica ambulatoria de 24 horas inhal&aacute;mbrica (24). La gammagraf&iacute;a de v&iacute;as digestivas altas permite conocer el &iacute;ndice de reflujo (normal, &lt;4%), el vaciamiento g&aacute;strico a l&iacute;quidos (normal, &gt;50%) y la presencia de microaspiraciones pulmonares. Las v&iacute;as digestivas altas con mecanismo de succi&oacute;n/degluci&oacute;n son un m&eacute;todo imagenol&oacute;gico excelente para la detecci&oacute;n de anomal&iacute;as anat&oacute;micas como estrechez, f&iacute;stulas, hernia hiatal, etc., mas no para hacer el diagn&oacute;stico radiol&oacute;gico de RGE (<a href="#figura3">figura 3</a>).</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/rcg/v29n1/v29n1a08t3.jpg"><a name="tabla3"></a></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/rcg/v29n1/v29n1a08f2.jpg"><a name="figura2"></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="img/revistas/rcg/v29n1/v29n1a08f3.jpg"><a name="figura3"></a></p>     <p>La endoscopia digestiva alta, adem&aacute;s de visualizar la motilidad y distensibilidad del es&oacute;fago, las posibles anomal&iacute;as anat&oacute;micas y la presencia de esofagitis macrosc&oacute;pica, permite la toma de biopsias para definir si la esofagitis es por RGE o eosinof&iacute;lica/al&eacute;rgica (25) (<a href="#figura4">figura 4</a>). Nosotros, buscando mejorar la sensibilidad de pruebas como la pH-metr&iacute;a intraesof&aacute;gica de 24 horas junto con los hallazgos endosc&oacute;picos de esofagitis realizamos un estudio en 49 ni&ntilde;os entre los 4 meses y los 13 a&ntilde;os de edad (edad promedio 5,3 a&ntilde;os &plusmn; 3,6 a&ntilde;os) con diagn&oacute;stico de ERGE y con predominio de s&iacute;ntomas respiratorios en el 26,5% y de s&iacute;ntomas digestivos en el 8,2%. Sin embargo, no logramos encontrar asociaci&oacute;n entre los hallazgos histopatol&oacute;gicos y el resultado de la pH-metr&iacute;a (26).</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/rcg/v29n1/v29n1a08f4.jpg"><a name="figura4"></a></p>     <p>Con el lavado broncoalveolar se identifican sider&oacute;fagos cargados de material refluido hacia los pulmones o en estudios m&aacute;s recientes, cargados de dipalmitolifosfatidicolina (principal componente del surfactante) (27). Incluso, actuales estudios demuestran que la presencia de &aacute;cidos biliares y pepsina broncoalveolar est&aacute;n asociados a broncoaspiraci&oacute;n por RGE en ni&ntilde;os con enfermedad pulmonar cr&oacute;nica (28). La videofluoroscopia, examen din&aacute;mico, permite analizar las diferentes fases del mecanismo de la succi&oacute;n/degluci&oacute;n ante las diferentes consistencias ofrecidas, como lo describe Salazar et al. al estudiar 68 ni&ntilde;os entre 1 y 60 meses de edad del Hospital Universitario San Vicente de Paul de Medell&iacute;n, Colombia, con diagn&oacute;stico de trastornos deglutivos, quienes presentaban, en el 84% de los casos, alteraciones gastrointestinales, principalmente RGE (29). Con la manometr&iacute;a se hace el diagn&oacute;stico diferencial de las diferentes anomal&iacute;as de la motilidad esof&aacute;gica. La laringoscopia directa identifica problemas otorrinolaringol&oacute;gicos asociados al RGE (30). La ecograf&iacute;a es un m&eacute;todo no invasivo que cada vez toma mayor importancia dentro del diagn&oacute;stico de la ERGE, sin embargo, se requiere de una persona experimentada para su realizaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n.</p>     <p><b>MANEJO</b></p>     <p>El tratamiento del ni&ntilde;o con ERGE incluye las medidas antireflujo (31), el manejo medicamentoso y el tratamiento quir&uacute;rgico (32), incluso en ni&ntilde;os con ERGE asociada al asma (33); sin olvidar el acompa&ntilde;amiento que se debe ofrecer por parte de los profesionales de la salud al ni&ntilde;o con ERGE y a sus padres o tutores, como lo reportado por nosotros luego de realizar un estudio descriptivo observacional en las familias de 11 lactantes menores de 24 meses de edad (edad promedio 9 &plusmn; 6 meses) con diagn&oacute;stico de ERGE por cl&iacute;nica, endoscopia y pH-metr&iacute;a intraesof&aacute;gica ambulatoria de 24 horas. All&iacute;, se describieron caracter&iacute;sticas psicol&oacute;gicas inherentes al proceso de la enfermedad, la conclusi&oacute;n principal fue que el conocimiento por parte del m&eacute;dico pediatra tanto de las capacidades psicol&oacute;gicas del ni&ntilde;o y su familia (defensas yoicas frente a la enfermedad) como el reconocimiento de la amenaza emocional que esta implica para los padres resulta en un apoyo extra para salvaguardar la salud y hacer del proceso algo m&aacute;s tolerable (34).</p>     <p><b>Medidas antireflujo</b></p>     <p>Entre las medidas antireflujo se encuentra el manejo nutricional; que involucra, entre otros, el incremento de la densidad cal&oacute;rica mediante el espesamiento (35); el fraccionamiento de la alimentaci&oacute;n, vigilando el riesgo de sobrepeso (36), y evitar ciertos alimentos como las grasas, los c&iacute;tricos, el tomate, las bebidas carbonatadas, las bebidas &aacute;cidas, el caf&eacute; y el chocolate (37). Otras medidas incluyen la posici&oacute;n en dec&uacute;bito supino a 30°, para evitar el riesgo de muerte s&uacute;bita; preferiblemente del lado izquierdo para mejorar el vaciamiento g&aacute;strico. Se recomienda evitar algunos medicamentos como los anticolin&eacute;rgicos, los adren&eacute;rgicos, las xantinas, los bloqueadores de los canales del calcio, las prostaglandinas y la nicotina; finalmente, no se recomienda el uso de ropas ajustadas ni comidas copiosas antes de dormir.</p>     <p>Con relaci&oacute;n al uso de f&oacute;rmulas antiregurgitaci&oacute;n, mal llamadas en Colombia antireflujo; nosotros, en un ensayo cl&iacute;nico controlado del tipo cruzado, realizado en 21 lactantes menores (edad promedio 3,5 &plusmn; 2,4 meses) con diagn&oacute;stico de ERGE por cl&iacute;nica y gammagraf&iacute;a, y seguidos cl&iacute;nica y paracl&iacute;nicamente con una pH-metr&iacute;a intraesof&aacute;gica ambulatoria de 24 horas logramos demostrar que estos ni&ntilde;os con la ingesta de una f&oacute;rmula antiregurgitaci&oacute;n espesada con amilopectinas no presentaron mejor&iacute;a estad&iacute;sticamente significativa en los cuatro par&aacute;metros medidos en la pH-metr&iacute;a intraesof&aacute;gica ambulatoria de 24 horas (38).</p>     <p><b>Manejo medicamentoso</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Vale la pena recordar que anteriormente los anti&aacute;cidos eran una buena alternativa farmacol&oacute;gica, como lo demostramos al utilizarlos por v&iacute;a oral comparativamente en 60 lactantes menores (edad promedio 5,4 &plusmn; 3,5 meses) con ERGE diagnosticada por cl&iacute;nica y pH-metr&iacute;a intraesof&aacute;gica ambulatoria de 24 horas. Usamos antagonista los receptores histam&iacute;nicos H2 como la ranitidina m&aacute;s un procin&eacute;tico como la cisaprida (grupo 1); un anti&aacute;cido s&oacute;lo como la hidrotalcita (grupo 2), y la cisaprida m&aacute;s la hidrotalcita oral (grupo 3) a 1 g/1,73 m2 de superficie corporal dividida en 4 tomas por 8 semanas. Los resultamos mostraron que el grupo con hidrotalcita sola o acompa&ntilde;ada con procin&eacute;tico mejoraron en el 94% sus s&iacute;ntomas cl&iacute;nicos, requiriendo probablemente un tiempo mayor de tratamiento a 8 semanas para su mejor&iacute;a histopatol&oacute;gica (39). Hoy en d&iacute;a, se prefieren los bloqueadores H2 y los inhibidores de la bomba de protones, m&aacute;s que los anti&aacute;cidos, debido a que sus dosis terap&eacute;utica est&aacute;n muy cercanas a la dosis t&oacute;xica; tambi&eacute;n, para que tengan un resultado efectivo se necesita que sean administrados cada 4 a 6 horas diariamente, eventualidad dif&iacute;cil de ejecutar en la mayor&iacute;a de las veces. Otros medicamentos utilizados en el manejo de ni&ntilde;os con ERGE son los procin&eacute;ticos como la domperidona (40), y menos la metoclopramida, ya que por su mecanismo de acci&oacute;n a nivel central atraviesa la barrera hematoencef&aacute;lica y frecuentemente ocasiona efectos extrapiramidales, adem&aacute;s que su presentaci&oacute;n comercial en gotas facilita equ&iacute;vocos que pueden conllevar a intoxicaci&oacute;n. Para evitar la esofagitis ocasionada por la devoluci&oacute;n del alimento &aacute;cido o alcalino dentro del es&oacute;fago est&aacute;n indicados los bloqueadores H2 como la ranitidina (41) y la famotidina; tambi&eacute;n los inhibidores de la bomba de protones, como el omeprazol (42), el lanzoprazol (43-45) y el pantoprazol; medicamentos ya aprobados en ni&ntilde;os por la FDA de los Estados Unidos, al igual que, recientemente, el esomeprazol, S-is&oacute;mero del omeprazol con dosis oral en ni&ntilde;os entre 1 y 17 a&ntilde;os de edad, entre 5 y 10 mg/d&iacute;a para ni&ntilde;os que pesen menos de 20 kilogramos y dosis oral entre 10 y 20 mg/d&iacute;a para ni&ntilde;os que pesen m&aacute;s de 20 kilogramos (46).</p>     <p>Las dosis y efectos adversos de los medicamentos m&aacute;s frecuentemente utilizados en ni&ntilde;os con ERGE se encuentran en las tablas 4 y 5 (47). No hay que olvidar que la domperidona debe ser ofrecida entre 15 y 20 minutos antes de las comidas para favorecer su mecanismo de absorci&oacute;n y de acci&oacute;n. Los inhibidores de la bomba de protones en su presentaci&oacute;n de microgr&aacute;nulos, que permite ser diluidos en soluciones &aacute;cidas, al igual que la domperidona en suspensi&oacute;n, permiten ser ofrecidos por sondas de alimentaci&oacute;n; sin olvidar, que cuando se utilizan en dosis &uacute;nica esta debe ser indicada en ayunas, y que deben ser intercambiados entre ellos cada 8 a 12 semanas de utilizaci&oacute;n.</p>     <p><b>Tratamiento quir&uacute;rgico</b></p>     <p>El manejo quir&uacute;rgico, que hace un par de d&eacute;cadas era la conducta terap&eacute;utica m&aacute;s utilizada, ha venido en desuso a ra&iacute;z del mayor entendimiento de la fisiopatolog&iacute;a de la entidad por m&eacute;todos diagn&oacute;sticos, de la aparici&oacute;n de mejores medicamentos y de la persistencia en la morbimortalidad postquir&uacute;rgica. Las indicaciones quir&uacute;rgicas de los ni&ntilde;os con ERGE est&aacute;n bien definidas; se limitan tal vez a la fundoplicatura, incluso por laparoscopia (48,49), a la gastrostom&iacute;a (50) y a la piloroplastia, para lo cual se requiere antes de la cirug&iacute;a de la toma de pH-metr&iacute;a/impedanciometr&iacute;a, manometr&iacute;a, y gammagraf&iacute;a de v&iacute;as digestivas (51).</p>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. Velasco CA, Acevedo CP, Cort&eacute;s EP, Castiblanco LA. Enfermedad por reflujo gastro-esof&aacute;gico en ni&ntilde;os. Rev IATREIA 1997;10:120-126.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0120-9957201400010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>2. Velasco CA, Acevedo CP, Cort&eacute;s EP, Contreras C, Guti&eacute;rrez LA. Enfermedad por reflujo gastro-esof&aacute;gico en lactantes del Hospital Universitario Ram&oacute;n Gonz&aacute;lez Valencia de Bucaramanga 1995-1996. Rev Gastrohnup 2001;3:12-17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0120-9957201400010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>3. Osatakul S, Sriplung H, Puetpaiboon A, Junjana C, Chamnongpakdi S. Prevalence and natural course of gastroesophageal reflux symptoms: a 1-year cohort study in Thai infants. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2002;34(1):63-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0120-9957201400010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>4. Argon M, Duygun U, Daglioz G, Omür O, Demir E, Aydogdu S. Relationship between gastric emptying and gastroesophageal reflux in infants and children. Clin Nucl Med. 2006;31(5):262-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0120-9957201400010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>5. Gold BD. Epidemiology and management of gastro-oesophageal reflux in children. Aliment Pharmacol Ther 2004; 19 (Suppl. 1): 22–27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0120-9957201400010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>6. Størdal K, Johannesdottir GB, Bentsen BS, Sandvik L. Gastroesophageal reflux disease in children: association between symptoms and pH monitoring. Scand J Gastroenterol. 2005;40(6):636-40.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0120-9957201400010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>7. Pashankar DS, Corbin Z, Shah SK, Caprio S. Increased prevalence of gastroesophageal reflux symptoms in obese children evaluated in an academic medical center. J Clin Gastroenterol. 2009;43(5):410-3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0120-9957201400010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>8. Alfaro EV, Aps JKM, Martens LC. Oral implications in children with gastroesophageal reflux disease. Curr Opin Pediatr. 2008;20(5):576-83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0120-9957201400010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>9. Nielsen RG, Bindslev-Jensen C, Kruse-Andersen S, Husby S. Severe gastroesophageal reflux disease and cow milk hypersensitivity in infants and children: disease association and evaluation of a new challenge procedure. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2004;39(4):383-91.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0120-9957201400010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>10. Pollet S, Gottrand F, Vincent P, Kalach N, Michaud L, Guimber D, et al. Gastroesophageal reflux disease and Helicobacter pylori infection in neurologically impaired children: inter-relations and therapeutic implications. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2004;38(1):70-4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-9957201400010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>11. Velepic MM, Velepic MS, Starcevic R, Manestar D, Rozmanic V. Gastroesophageal reflux and sequelae of chronic tubotympanal disorders in children. Acta Otolaryngol. 2004;124(8):914-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-9957201400010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>12. Misra S, Macwan K, Albert V. Transpyloric feeding in gastroesophageal-reflux-associated apnea in premature infants. Acta Paediatr. 2007;96(10):1426-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-9957201400010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>13. Mousa H, Woodley FW, Metheney M, Hayes J. Testing the association between gastroesophageal reflux and apnea in infants. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2005;41(2):169-77.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-9957201400010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>14.  Gold BD. Asthma and gastroesophageal reflux disease in children: exploring the relationship. J Pediatr. 2005;146(3 Suppl):S13-20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-9957201400010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>15. Velasco CA, Valencia AG, S&aacute;nchez MP. Asociaci&oacute;n entre s&iacute;ntomas digestivos y/o respiratorios y par&aacute;metros de la pHmetr&iacute;a intraesof&aacute;gica ambulatoria de 24 horas en ni&ntilde;os. Rev Colomb Med 2007;38(Supl 1):14-18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-9957201400010000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>16. Velasco CA, P&eacute;rez ML, S&aacute;nchez MP. pHmeter in children with gastroesophageal relfux and otolaringology symptoms. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2006;43:E17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-9957201400010000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>17. Hassall E. Decisions in diagnosing and managing chronic gastroesophageal reflux disease in children. J Pediatr. 2005;146(3 Suppl):S3-12.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-9957201400010000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>18. Dhillon AS, Ewer AK. Diagnosis and management of gastro-oesophageal reflux in preterm infants in neonatal intensive care units. Acta Paediatr. 2004;93(1):88-93.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-9957201400010000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>19. Salvatore S, Hauser B, Vandemaele K, Novario R, Vandenplas Y. Gastroesophageal reflux disease in infants: how much is predictable with questionnaires, pH-metry, endoscopy and histology? J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2005;40(2):210-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-9957201400010000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>20. Velasco CA. Acerca de la pHmetr&iacute;a intraesof&aacute;gica ambulatoria de 24 horas. Actualizaciones Pedi&aacute;tricas FSFB 2000;10:2-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-9957201400010000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>21. Velasco CA. pH-metr&iacute;a en el diagn&oacute;stico de enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico pedi&aacute;trico. Rev Col Gastroenterol 1996;11:59-62.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-9957201400010000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>22. Wenzl TG, Moroder C, Trachterna M, Thomson M, Silny J, Heimann G, et al. Esophageal pH monitoring and impedance measurement: a comparison of two diagnostic tests for gastroesophageal reflux. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2002;34(5):519-23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-9957201400010000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>23. Harris P, Mu&ntilde;oz C, Mobarec S, Brockmann P, Mesa T, S&aacute;nchez I. Relevance of the pH probe in sleep study analysis in infants. Child Care Health Dev. 2004;30(4):337-44.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-9957201400010000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>24. Gunnarsd&oacute;ttir A, Stenstr&ouml;m P, Arnbj&ouml;rnsson E. Wireless esophageal pH monitoring in children. J Laparoendosc Adv Surg Tech A. 2008;18(3):443-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-9957201400010000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>25. Cleghorn G. Eosinophilic esophagitis: an emerging condition. In: Velasco CA, editor. Topics in Pediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition. Distribuna Editorial: Bogot&aacute; 2007:33-42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-9957201400010000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>26. Velasco CA, S&aacute;nchez MP. Esophagitis and 24-hour pHmeter on children with gastroesophageal reflux disease. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2005;41:501.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-9957201400010000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>27. Chang AB, Hills YC, Cox NC, Cleghorn GJ, Valery PC, Lewindon PJ, et al. «Free» surfactant in gastric aspirates and bronchoalveolar lavage in children with and without reflux oesophagitis. Intern Med J. 2006;36(4):226-30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-9957201400010000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>28. Starosta V, Kitz R, Hartl D, Marcos V, Reinhardt D, Griese M. Bronchoalveolar pepsin, bile acids, oxidation, and inflammation in children with gastroesophageal reflux disease. Chest. 2007;132(5):1557-64.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-9957201400010000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>29. Salazar OF, Serna D, M&uacute;nera A, Mej&iacute;a MM, &Aacute;lvarez P, Cornejo W, et al. Caracter&iacute;sticas cl&iacute;nicas y videofluorosc&oacute;picas de la disfagia orofar&iacute;ngea en ni&ntilde;os entre un mes y cinco a&ntilde;os de vida. Hospital Universitario San Vicente de Pa&uacute;l, Medell&iacute;n, Colombia, 2004. Rev IATREIA 2008;21:13-20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-9957201400010000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>30. Carr MM, Nagy ML, Pizzuto MP, Poje CP, Brodsky LS. Correlation of findings at direct laryngoscopy and bronchoscopy with gastroesophageal reflux disease in children: a prospective study. Arch Otolaryngol Head Neck Surg. 2001;127(4):369-74.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-9957201400010000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>31. Carroll AE, Garrison MM, Christakis DA. A systematic review of nonpharmacological and nonsurgical therapies for gastroesophageal reflux in infants. Arch Pediatr Adolesc Med. 2002;156(2):109-13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-9957201400010000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>32. McPherson V, Wright ST, Bell AD. Clinical inquiries. What is the best treatment for gastroesophageal reflux and vomiting in infants? J Fam Pract. 2005;54(4):372-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-9957201400010000800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>33.  Scarupa MD, Mori N, Canning BJ. Gastroesophageal reflux disease in children with asthma: treatment implications. Paediatr Drugs. 2005;7(3):177-86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-9957201400010000800033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>34. Velasco CA, Jim&eacute;nez AM. Psychological characteristics in families with gastroesophageal reflux disease. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2005;41:501-2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-9957201400010000800034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>35. Aggett PJ, Agostoni C, Goulet O, Hernell O, Koletzko B, Lafeber HL, et al. Antireflux or antiregurgitation milk products for infants and young children: a commentary by the ESPGHAN Committee on Nutrition. 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Rev Salud UIS. 1997;25:122-3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-9957201400010000800037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>38. Velasco CA, Cort&eacute;s EP, Cort&eacute;s JG. Par&aacute;metros de la pHmetr&iacute;a intraesof&aacute;gica ambulatoria de 24 horas ante una f&oacute;rmula antiregurgitaci&oacute;n en lactantes con enfermedad por reflujo gastroesof&aacute;gico. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2001;33:420.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-9957201400010000800038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>39. Velasco CA, Herr&aacute;n OF. Enfermedad por reflujo gastro-esof&aacute;gico en ni&ntilde;os tratados con hidrotalcita y cisaprida. Hosp Pract. 1998;2:60-3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-9957201400010000800039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>40. Pritchard DS, Baber N, Stephenson T. Should domperidone be used for the treatment of gastro-oesophageal reflux in children? Systematic review of randomized controlled trials in children aged 1 month to 11 years old. Br J Clin Pharmacol. 2005;59(6):725-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-9957201400010000800040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>41. Salvatore S, Hauser B, Salvatoni A, Vandenplas Y. Oral ranitidine and duration of gastric pH &gt;4.0 in infants with persisting reflux symptoms. Acta Paediatr. 2006;95(2):176-81.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-9957201400010000800041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>42. Marier J-F, Dubuc M-C, Drouin E, Alvarez F, Ducharme MP, Brazier J-L. Pharmacokinetics of omeprazole in healthy adults and in children with gastroesophageal reflux disease. Ther Drug Monit. 2004;26(1):3-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-9957201400010000800042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>43. Springer M, Atkinson S, North J, Raanan M. Safety and pharmacodynamics of lansoprazole in patients with gastroesophageal reflux disease aged &lt;1 year. Paediatr Drugs. 2008;10(4):255-63.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-9957201400010000800043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>44. Croom KF, Scott LJ. Lansoprazole: in the treatment of gastro-oesophageal reflux disease in children and adolescents. Drugs. 2005;65(15):2129-37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-9957201400010000800044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>45. Fiedorek S, Tolia V, Gold BD, Huang B, Stolle J, Lee C, et al. Efficacy and safety of lansoprazole in adolescents with symptomatic erosive and non-erosive gastroesophageal reflux disease. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2005;40(3):319-27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-9957201400010000800045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>46. Croxtall JD, Perry CM, Keating GM. Esomeprazole: in gastroesophageal reflux disease in children and adolescents. Paediatr Drugs. 2008;10(3):199-205.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-9957201400010000800046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>47. Vandenplas Y. Gastroesophageal reflux: medical treatment. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2005;41 Suppl 1:S41-42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-9957201400010000800047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>48. Allal H, Captier G, Lopez M, Forgues D, Galifer RB. Evaluation of 142 consecutive laparoscopic fundoplications in children: effects of the learning curve and technical choice. J Pediatr Surg. 2001;36(6):921-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-9957201400010000800048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>49. Esposito C, Langer JC, Schaarschmidt K, Mattioli G, Sauer C, Centonze A, et al. Laparoscopic antireflux procedures in the management of gastroesophageal reflux following esophageal atresia repair. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2005;40(3):349-51.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-9957201400010000800049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>50. Gatti C, di Abriola GF, Villa M, De Angelis P, Laviani R, La Sala E, et al. Esophagogastric dissociation versus fundoplication: Which is best for severely neurologically impaired children? J Pediatr Surg. 2001;36(5):677-80.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-9957201400010000800050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>51. Di Lorenzo C, Benninga MA, Forbes D, Morais MB, Morera C, Rudolph C, et al. Functional gastrointestinal disorders, gastroesophageal reflux and neurogastroenterology: Working Group report of the second World Congress of Pediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition. 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