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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Fiebre, ictericia y hepatitis: no siempre es infección viral]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Fever, Jaundice and Hepatitis: It is not always a Viral Infection]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Typhoid fever is a systemic infection caused by Salmonella enterica serotype Typhi as the result of ingestion of contaminated food (fecal-oral). It is a public health problem, especially in developing countries where it is very prevalent and where it is related to poor sanitation. Hepatitis occurs in 1% to 26% of patients with typhoid, so typhoid fever should be suspected when jaundice, fever and hepatitis coexist. Nevertheless, it is difficult to distinguish it from hepatotropic hepatitis virus. The key to diagnosis is that fever disappears in these viral infections while the patient still has jaundice. Final diagnosis requires the isolation of salmonella through blood and/or cultures, but most importantly cultures of bone marrow which have the highest diagnostic yield]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <FONT FACE="Verdana" SIZE=4>    <p align="center"><b>Fiebre, ictericia y hepatitis: no siempre es infecci&oacute;n viral</b></p></FONT> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <p align="center">Lina Paola Le&oacute;n S. MD. (1), William Otero MD. (2), Mart&iacute;n   G&oacute;mez MD. (3)</p>     <p>(1) Residente, Medicina Interna, Universidad Nacional de   Colombia. Bogot&aacute;, Colombia.</p>     <p>(2) Profesor titular, Medicina, Coordinador,   Gastroenterolog&iacute;a. Universidad Nacional de Colombia. Gastroenter&oacute;logo, Cl&iacute;nica   Fundadores. Bogot&aacute;, Colombia.</p>     <p>(3) Profesor, Medicina, Unidad de Gastroenterolog&iacute;a.   Universidad Nacional de Colombia. Gastroenter&oacute;logo, Hospital El Tunal. Bogot&aacute;,   Colombia.</p>     <p>Fecha recibido: 06-04-15    Fecha aceptado: 21-07-15</p>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>La fiebre tifoidea es una infecci&oacute;n sist&eacute;mica causada por Salmonella   ent&eacute;rica serotipo tiphy a trav&eacute;s de la ingesta de alimentos contaminados   (fecal-oral). Es un problema de salud p&uacute;blica, especialmente en pa&iacute;ses en v&iacute;as   de desarrollo, debido a su alta prevalencia, relacionada con deficiencias   sanitarias. En pacientes con fiebre tifoidea, la hepatitis se presenta en 1% a   26% de los pacientes y se debe sospechar cuando coexisten ictericia, fiebre y   hepatitis. No obstante ser dif&iacute;cil de distinguir de las hepatitis por virus   hepatotr&oacute;picos, la clave para el diagn&oacute;stico es que, en estas infecciones   virales, la fiebre desaparece cuando el paciente presenta ictericia. El   diagn&oacute;stico final de la entidad necesita el aislamiento de la Salmonella a   trav&eacute;s de coprocultivos y hemocultivos, especialmente de la m&eacute;dula &oacute;sea, que es   el sitio con mayor rendimiento para el diagn&oacute;stico.</p>     <p><b>Palabras clave</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hepatitis, Salmonella, fiebre ent&eacute;rica. </p>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>En pacientes con fiebre tifoidea, el perfil hep&aacute;tico se   encuentra alterado en el 21-60% de ellos (1). Sin embargo, un cuadro de   hepatitis aguda solo se encuentra en el 1-26% de los pacientes (1-3). Cuando   hay hepatitis aguda, es m&aacute;s frecuente la recurrencia de la enfermedad (2,4). A   pesar de que las manifestaciones cl&iacute;nicas de la hepatitis son indistinguibles   de aquellas que son causadas por virus hepatotropos (A, B, C, D, E) (2, 4, 5),   su diagn&oacute;stico puede sospecharse cuando un paciente tiene simult&aacute;neamente   fiebre, ictericia y hepatitis (aumento de las transaminasas). En las hepatitis producidas   por virus hepatropos, cuando aparece la ictericia desaparecen los sintomas   generales, incluida la fiebre (6). En esos casos, hay que descartar tambi&eacute;n   otras causas como fiebre amarilla, dengue, varicela o malaria (2, 6). Adem&aacute;s de   la coexistencia de la fiebre con ictericia y hepatitis, son claves para el   diagn&oacute;stico las caracter&iacute;sticas de la fiebre tifoidea per se. El diagn&oacute;stico   definitivo requiere del aislamiento microbiol&oacute;gico por cultivos, siendo el de   medula &oacute;sea el est&aacute;ndar de oro (2, 4, 5).</p>     <p>El compromiso hep&aacute;tico por Salmonella fue descrito por   primera vez en 1889 por William Osler, cuando report&oacute; 8 casos de hepatomegalia   e ictericia en 1500 pacientes con fiebre ent&eacute;rica (2). A este compromiso   hep&aacute;tico secundario de la infecci&oacute;n por Salmonella se le conoce como hepatitis   por Salmonella o hepatitis tifoidea. La hepatitis, en el escenario de infecci&oacute;n   por Salmonella, es una entidad de buen pron&oacute;stico cuando se inicia la   antibioticoterapia oportunamente; de lo contrario, la mortalidad puede llegar   al 20% cuando se retrasa el tratamiento en pacientes con manifestaciones   severas como perforaci&oacute;n intestinal y hemorragia (1, 2, 7). El compromiso   hep&aacute;tico ocurre m&aacute;s frecuentemente en pacientes con inmunosupresi&oacute;n previa,   siendo 15 a 100 veces m&aacute;s frecuente en aquellos con VIH (2, 7); de ah&iacute; la   importancia del diagn&oacute;stico temprano de esta manifestaci&oacute;n extraintestinal en   un paciente con fiebre ent&eacute;rica (2). </p>     <p><b>Epidemiolog&iacute;a e impacto </b></p>     <p>La fiebre tifoidea es una enfermedad sist&eacute;mica que se   produce con la ingesta de alimentos contaminados por Salmonella typhi o paratiphy   (2). Dada su forma de transmisi&oacute;n (fecal-oral), esta patolog&iacute;a es reconocida   como un importante problema de salud p&uacute;blica en pa&iacute;ses tropicales y en v&iacute;as de   desarrollo (3) y compromete aproximadamente de 12 a 33 millones de casos en el   mundo. En Colombia se reporta una incidencia de 0,22 casos por 100000   habitantes para el 2011, siendo una incidencia baja probablemente relacionada   con el subregistro de los casos (8), mientras que en Estados Unidos se reportan   aproximadamente 500 casos por a&ntilde;o con una mortalidad hasta del 32% en su   presentaci&oacute;n severa (7).</p>     <p>Por el compromiso multiorg&aacute;nico, la infecci&oacute;n por S. typhi   tiene diversas manifestaciones cl&iacute;nicas, de ah&iacute; su reconocimiento como "la gran   simuladora". Las manifestaciones m&aacute;s frecuentes son gastrointestinales, sin   embargo, las extraintestinales, que resultan como complicaciones secundarias de   la infecci&oacute;n por Salmonella, se producen entre el 10%-15% (4, 9), y pueden ser   sangrado, perforaci&oacute;n gastrointestinal, encefalopat&iacute;a tifoidea (3%-5%),   hepatitis con o sin colestasis (26%) que puede tener un curso fulminante (menos   del 5%) asociado frecuentemente con coinfecci&oacute;n por hepatitis A y E (10-12) y   compromiso hematol&oacute;gico (7, 10).</p>     <p><b>Fisiopatolog&iacute;a</b></p>     <p>La Salmonella typhi es un bacilo Gram negativo que hace   parte de la familia de las enterobacterias y puede ser ent&eacute;rica o Bongori (13).   Es una bacteria anaerobia facultativa, no formadora de esporas (5, 13). Dentro   de su estructura tiene ant&iacute;genos lipopolisac&aacute;ridos O9 y O12, ant&iacute;geno de la   prote&iacute;na flagelar Hd, y ant&iacute;geno polisac&aacute;rido capsular Vi, que le confieren su   capacidad virol&oacute;gica y que se han relacionado con la severidad del compromiso   hep&aacute;tico (2, 4).</p>     <p>El compromiso extraintestinal por Salmonella depende del   tama&ntilde;o del in&oacute;culo, la virulencia del serotipo, la respuesta inmune del hu&eacute;sped   y la presencia de factores locales protectores (7). El tama&ntilde;o del in&oacute;culo   determina la duraci&oacute;n del per&iacute;odo de incubaci&oacute;n y el inicio de la bacteriemia   que es, finalmente, la causa de las infecciones extraintestinales. Sin embargo,   no se conoce la cantidad de in&oacute;culo necesaria para causar un compromiso   extraintestinal espec&iacute;fico (2, 7, 14). La virulencia depende de la capacidad   del microorganismo (MO) para invadir las c&eacute;lulas reticuloendoteliales de   &oacute;rganos a distancia, la liberaci&oacute;n de endotoxinas, y la producci&oacute;n de invasina,   una prote&iacute;na necesaria para el reconocimiento de la bacteria por c&eacute;lulas no   fagoc&iacute;ticas (7, 15). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una vez ingerido el MO, se activan 2 mecanismos que le   permiten sobrevivir al &aacute;cido g&aacute;strico (7, 16): el primero corresponde a un   sistema inducible de homeostasis de pH que se activa con pH por debajo de 4,0;   el segundo involucra la s&iacute;ntesis de prote&iacute;nas de choque &aacute;cido que le permiten   sobrevivir a un pH de 3,3 (7, 16). Cuando llega al intestino delgado, la   bacteria es internalizada por las c&eacute;lulas M de las placas de Peyer, luego es   transportada al tejido linfoide intestinal, desde donde se disemina en forma   hemat&oacute;gena (4). Esta diseminaci&oacute;n permite la migraci&oacute;n bacteriana, siendo   reconocida por el sistema reticuloendotelial de &oacute;rganos distantes, en donde es   capaz de sobrevivir y multiplicarse por un per&iacute;odo de 7-14 d&iacute;as, despu&eacute;s del   cual se produce la fase de bacteriemia con el compromiso secundario de &oacute;rganos   como h&iacute;gado, bazo, medula &oacute;sea y ves&iacute;cula biliar (2, 4). Este &uacute;ltimo sitio es   el reservorio de portadores asintom&aacute;ticos hasta en el 5% de los pacientes (7,   17), situaci&oacute;n que se facilita por la producci&oacute;n de c&aacute;lculos biliares que   permiten la fijaci&oacute;n del microorganismo con formaci&oacute;n de biopel&iacute;cula, una   cubierta de exopolisac&aacute;ridos cuya funci&oacute;n es proteger las estructuras   bacterianas de la acci&oacute;n de antimicrobianos circulantes (17) (<a href="#figura1">figura 1</a>). No se   conocen con claridad los mecanismos involucrados en la lesi&oacute;n hep&aacute;tica, pero se   sabe que puede originarse por invasi&oacute;n directa del microorganismo o por da&ntilde;o   inmunol&oacute;gico asociado a la endotoxemia (2, 4, 14). La respuesta inmune del   hu&eacute;sped tambi&eacute;n es un factor determinante en la patog&eacute;nesis y la severidad de   la disfunci&oacute;n org&aacute;nica secundaria de infecci&oacute;n por Salmonella (4, 7, 15). La   consecuente liberaci&oacute;n de citocinas proinflamatorias por los macr&oacute;fagos es la   responsable de la fase sintom&aacute;tica de la fiebre tifoidea (4, 7, 15).</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/rcg/v30n3/v30n3a06f1.jpg" width="580" height="241"><a name="figura1"></a></p>     <p><b>Manifestaciones cl&iacute;nicas </b></p>     <p>Las manifestaciones cl&iacute;nicas de la hepatitis por Salmonella   son similares a las que se encuentran en la fiebre ent&eacute;rica, sin embargo, la   ictericia puede ser un marcador importante en el diagn&oacute;stico del compromiso   hep&aacute;tico secundario (2, 3, 7). Se encuentra aproximadamente en el 12,2% de los   pacientes (3), en general se produce al inicio de los s&iacute;ntomas, durante la   primera semana del cuadro febril, y se resuelve con el cuadro cl&iacute;nico, a   diferencia de la hepatitis viral, en la cual la fiebre desaparece cuando   sobreviene la ictericia, o en otras palabras, con la ictericia desaparecen los   s&iacute;ntomas prodr&oacute;micos (2, 13, 18, 19). La hepatomegalia se encuentra en todos   los pacientes con hepatitis por Salmonella (18-20), as&iacute; como pueden cursar con   esplenomegalia; estas visceromegalias pueden ser evidentes en el examen f&iacute;sico   o por ecograf&iacute;a abdominal (20). Adem&aacute;s de las manifestaciones sist&eacute;micas que   pueden apoyar el diagn&oacute;stico como miocarditis, insuficiencia renal, y   alteraciones hemorr&aacute;gicas y cut&aacute;neas (como la presencia de exantema &#91;30%&#93;) (7,   9, 15, 17), tambi&eacute;n es frecuente encontrar bradicardia, a pesar de la fiebre, y   esta situaci&oacute;n es una caracter&iacute;stica cl&aacute;sica de la entidad (1, 2, 4, 7). Las   manifestaciones neuropsiqui&aacute;tricas se presentan en 10%-40% de los casos y son   complicaciones importantes y discapacitantes, dado que se asocian con severidad   en la presentaci&oacute;n cl&iacute;nica; estas incluyen delirio, estupor, coma, meningitis   por tifoidea, encefalomielitis, s&iacute;ndrome de Guillan-Barr&eacute;, psicosis, man&iacute;a o   apat&iacute;a. Estas manifestaciones pueden confundirse con encefalopat&iacute;a hep&aacute;tica,   sin embargo, la presencia de asterixis permite hacer el diagn&oacute;stico diferencial   (2, 4, 7).</p>     <p><b>DIAGN&Oacute;STICO </b></p>     <p><b>Alteraciones bioqu&iacute;micas</b></p>     <p>Todos los pacientes con hepatitis por Salmonella muestran alteraciones   en el perfil hep&aacute;tico (1-3). La elevaci&oacute;n de transaminasas se encuentra hasta   en el 94% de los casos alcanzando valores entre 3 a 5 veces el l&iacute;mite superior   (2). A diferencia de la hepatitis viral, en la que se encuentran valores   superiores a 1000 UI, en la hepatitis por Salmonella los valores no superan las   300 UI (2). Otros hallazgos frecuentes son hiperbilirrubinemia, generalmente   entre 2 y 6 mg/dL, aunque puede llegar hasta 10 a 16 mg/dL con predominio de la   bilirrubina directa (1, 2, 7); la fosfatasa alcalina puede ser normal o   discretamente elevada, aunque se han descrito casos de hepatitis colest&aacute;sica   (10); la trombocitopenia se presenta hasta en el 25% de los pacientes (1, 2,   7); la relaci&oacute;n alanino-aminotransferasa/lactato deshidrogenasa (ALT/LDH) menor   de 4 puede ser un indicador &uacute;til para diferenciar la hepatitis por Salmonella   de la hepatitis viral, en donde la relaci&oacute;n es mayor de 5 (1, 2). En las   hepatitis virales, se hace evidente un pico de ALT, mayor elevaci&oacute;n de   bilirrubinas con discreta elevaci&oacute;n en la LDH, a diferencia de la hepatitis por   Salmonella, en la que predomina la elevaci&oacute;n de LDH con una menor elevaci&oacute;n de   transaminasas y bilirrubinas (1, 2). En el hemograma se puede encontrar   leucopenia, anemia y trombocitopenia, que son hallazgos menos frecuentes en   hepatitis viral (9).</p>     <p><b>M&eacute;todos diagn&oacute;sticos</b></p>     <p>Los s&iacute;ntomas que se presentan en la hepatitis por Salmonella   son inespec&iacute;ficos, por lo tanto, el cuadro cl&iacute;nico puede ser indistinguible de   otras causas de ictericia y fiebre, siendo las entidades m&aacute;s frecuentes las   mostradas en la <a href="#tabla1">tabla 1</a> (2, 11, 21-25).</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/rcg/v30n3/v30n3a06t1.jpg" width="430" height="244"><a name="tabla1"></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para el diagn&oacute;stico, se requiere del aislamiento de la Salmonella   en sangre, medula &oacute;sea, heces, secreci&oacute;n   del tubo digestivo o lesiones cut&aacute;neas (2, 4, 17). El hemocultivo es el m&eacute;todo   diagn&oacute;stico m&aacute;s usado, se encuentra positivo solo en el 60% a 80% de los   pacientes, y su sensibilidad es mayor en la primera semana de la presentaci&oacute;n   cl&iacute;nica (2, 4). El cultivo en medula &oacute;sea es la prueba de oro para el   diagn&oacute;stico, ya que es m&aacute;s sensible que el hemocultivo, con positividad en el   95% de los casos (2, 4). La utilidad del coprocultivo depende de la cantidad de   materia fecal cultivada, y es positivo solo en el 30% de los pacientes, por lo   que no es un examen de rutina (2, 4). La prueba de Widal, descrita en el siglo   XIX, es una t&eacute;cnica de aglutinaci&oacute;n de anticuerpos contra el lipopolisac&aacute;rido O   y el ant&iacute;geno H flagelar por diluci&oacute;n seriada (17, 21); es una prueba   serol&oacute;gica poco utilizada en la actualidad, ya que presenta reacci&oacute;n cruzada   con muchos otros ant&iacute;genos y requiere que las muestras se tomen en el per&iacute;odo   activo o en la convalecencia, por lo cual se considera que es una t&eacute;cnica metodol&oacute;gicamente dif&iacute;cil (17, 21).</p>     <p><b>Hallazgos histopatol&oacute;gicos</b></p>     <p>La biopsia hep&aacute;tica es un m&eacute;todo que puede ser &uacute;til para   establecer diagn&oacute;sticos diferenciales, sin embargo, no se realiza de forma   rutinaria (2-4, 16, 19, 26). En histolog&iacute;a, la hepatitis por Salmonella se   caracteriza por la presencia de n&oacute;dulos con c&eacute;lulas de Kupffer hiperpl&aacute;sicas,   cambios por infiltraci&oacute;n focal de c&eacute;lulas mononucleares e infiltraci&oacute;n grasa   (2-4, 16, 19, 26).</p>     <p><b>TRATAMIENTO</b></p>     <p>M&aacute;s del 90% de los pacientes con fiebre tifoidea podr&aacute;n ser   manejados de forma ambulatoria con antibi&oacute;ticos orales, sin embargo, un peque&ntilde;o   porcentaje requerir&aacute; de manejo intrahospitalario (4). Estos pacientes, adem&aacute;s   del adecuado cubrimiento antibi&oacute;tico, requerir&aacute;n de cuidados por enfermer&iacute;a,   nutrici&oacute;n adecuada y control de l&iacute;quidos y electrolitos (4, 27); esta   vigilancia estrecha permitir&aacute; el reconocimiento temprano de las complicaciones   asociadas con esta entidad (1, 27). La ampicilina, cloranfenicol y   trimetroprima-sulfametoxazol (TMP-SMX) fueron por muchos a&ntilde;os los antibi&oacute;ticos   de primera l&iacute;nea en el tratamiento de la fiebre ent&eacute;rica, pero su uso emp&iacute;rico   e indiscriminado facilit&oacute; la generaci&oacute;n de cepas resistentes (21, 28). En 1972   se aislaron cepas resistentes al cloranfenicol en pa&iacute;ses como M&eacute;xico, India,   Vietnam y Corea (29); en 1980 se aislaron cepas resistentes a los 3   medicamentos de primera l&iacute;nea, dando origen a las cepas conocidas como   resistentes a m&uacute;ltiples medicamentos (29).</p>     <p>Ante la necesidad de controlar la epidemia de dichas cepas   se comenzaron a utilizar fluoroquinolonas, espec&iacute;ficamente ciprofloxacina (5,   29), y por su efectividad en cepas resistentes, adem&aacute;s de su adecuada absorci&oacute;n   oral, buena tolerancia, m&iacute;nimos efectos secundarios y bajo costo, se introdujo   como el tratamiento de elecci&oacute;n en esta entidad (27, 30, 31). Las   fluoroquinolonas son antibi&oacute;ticos sint&eacute;ticos que act&uacute;an impidiendo la acci&oacute;n de   la ADN girasa y la topoisomerasa, prote&iacute;nas necesarias para la replicaci&oacute;n y   duplicaci&oacute;n del ADN (32). Tienen una adecuada penetraci&oacute;n tisular, y act&uacute;an   sobre las formas inm&oacute;viles intracelulares de S. typhi, logrando, adem&aacute;s,   adecuados niveles en la ves&iacute;cula biliar, a diferencia de otros antimicrobianos   (27); tambi&eacute;n producen una r&aacute;pida respuesta terap&eacute;utica con aclaramiento de la   fiebre en 3 a 5 d&iacute;as, con una tasa de recuperaci&oacute;n mayor al 96% en pacientes   infectados por cepas sensibles (4, 28). Hasta el momento, no se ha demostrado   diferencia en la eficacia entre de quinolonas de segunda y tercera generaci&oacute;n   (28). En un estudio realizado por Koirala y colaboradores, comparando   ofloxacina con gatifloxacina en el tratamiento de cepas resistentes a m&uacute;ltiples   medicamentos, no se demostr&oacute; superioridad en la prevenci&oacute;n de falla terap&eacute;utica   (33). No obstante, el uso de quinolonas de tercera y cuarta generaci&oacute;n se ha   relacionado con resistencia cruzada con otras quinolonas que se requieren para el   tratamiento de diversas patolog&iacute;as como tuberculosis (5). Por lo tanto, la   elecci&oacute;n del antibi&oacute;tico debe realizarse con base en la resistencia   antimicrobiana local (19, 29, 30). Las quinolonas parenterales son el   antibi&oacute;tico de elecci&oacute;n en el manejo de la fiebre tifoidea con complicaciones y   deben ser administradas m&iacute;nimo por 10 d&iacute;as (4, 27) (<a href="#tabla2">tabla 2</a>). Se debe descartar   meningitis por Salmonella en pacientes con manifestaciones neurol&oacute;gicas,   delirio, estupor y cambios agudos del comportamiento (2, 4). En esos pacientes,   la adici&oacute;n de esteroides disminuye la mortalidad (1, 4, 18).</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/rcg/v30n3/v30n3a06t2.jpg" width="430" height="365"><a name="tabla2"></a></p>     <p>Otros esquemas de tratamiento incluyen cefalosporinas de   tercera generaci&oacute;n (ceftriaxona, cefixima, cefotaxima, cefoperazona) y   azitromicina, ampliamente utilizada en poblaci&oacute;n pedi&aacute;trica, con una tasa de   curaci&oacute;n del 95% (5, 34). Antibi&oacute;ticos como aztreonam, imipenem y meropenem son   esquemas de tercera l&iacute;nea que se reservan para cepas con susceptibilidad   disminuida a quinolonas, definidas por la resistencia al &aacute;cido nalid&iacute;xico (28).</p>     <p><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></p>     <p>La fiebre tifoidea es una entidad patol&oacute;gica de alto impacto   en pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo. Es producida por Salmonella ent&eacute;rica, serotipo   typhi, con capacidad para invadir la mucosa intestinal y &oacute;rganos a distancia   por diseminaci&oacute;n hemat&oacute;gena. Las manifestaciones cl&iacute;nicas m&aacute;s frecuentes son   gastrointestinales, sin embargo puede presentar complicaciones   extraintestinales que, a pesar de ser poco frecuentes, pueden resultar   altamente mortales. La hepatitis por Salmonella es una complicaci&oacute;n poco   frecuente, cuyas manifestaciones cl&iacute;nicas y bioqu&iacute;micas pueden ser   indistinguibles de otras causas de hepatitis, frecuentes en pa&iacute;ses tropicales. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Dentro de los hallazgos cl&iacute;nicos m&aacute;s importantes se   encuentran la ictericia que coincide con el cuadro febril, a diferencia de la   hepatitis viral. Todos los pacientes con hepatitis por Salmonella tienen   alterado el perfil hep&aacute;tico. En general, las transaminasas alcanzan valores no   mayores a 300 UI, y en algunos casos se puede encontrar tambi&eacute;n hiperbilirrubinemia   con predominio de la bilirrubina directa y trombocitopenia. </p>     <p>Para el diagn&oacute;stico se deben considerar los hallazgos   cl&iacute;nicos y el aislamiento del microorganismo por cultivos, ya sea por   hemocultivo o cultivo de medula &oacute;sea. </p>     <p>El tratamiento de elecci&oacute;n en estos pacientes son las   quinolonas v&iacute;a parenteral por 10 a 14 d&iacute;as; aun as&iacute;, se deben considerar las   tasas de resistencia local para la elecci&oacute;n del antibi&oacute;tico. A pesar de ser una   entidad de buen un pron&oacute;stico, reviste serias dificultades para su diagn&oacute;stico,   de all&iacute; la importancia de ser reconocida de forma temprana como una   complicaci&oacute;n de la fiebre tifoidea en pacientes con fiebre, ictericia y   hepatitis. </p>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. Karoli R, Fatima J, Chandra A, Singh G.   K hepatitis: An uncommon complication of a common disease. J Fam Med   Prim care. 2012;1(2):160-2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0120-9957201500030000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Pramoolsinsap C, Viranuvatti V.   Salmonella hepatitis. J Gastroenterol Hepatol. 1998;13:745-50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0120-9957201500030000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Ahmed A, Ahmed B. Jaundice in typhoid   patients: Differentiation from other common causes of fever and jaundice in the   tropics. Ann Afr Med. 2010;9(3):135-40.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0120-9957201500030000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>4. Parry CM, Hien TT, Dougan G, White NJ,   Farrar JJ. Typhoid fever. N Engl J Med. 2002;347(22):1770-82.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0120-9957201500030000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Wain J, Hendrikse R, Mikoleit ML, Keddy KH, Ochiai R.   Typhoid fever. Lancet. Elsevier Ltd. 1981;79(panel 1):791-3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0120-9957201500030000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Otero W. Hepatitis con ictericia y fiebre. Syllabus 1er   Curso Internacional de Medicina Tropical y Enfermedades olvidadas. Universidad   Nacional de Colombia e Instituto Suizo de Medicina Tropical. 2007&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0120-9957201500030000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Huang DB, DuPont HL. Problem pathogens: Extra-intestinal   complications of Salmonella enterica serotype Typhi infection. Lancet Infect   Dis. 2005;5:341-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0120-9957201500030000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. Instituto Nacional de Salud. Comportamiento   epidemiol&oacute;gico de la vigilancia de fiebre tifoidea y paratifoidea en Colombia,   2011. Inf Quinc Epidemiol&oacute;gico Nac. 2013;18(16):164-74.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0120-9957201500030000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9. Parry CM, Thompson C, Vinh H, Chinh NT,   Phuong LT, Ho VA, et al. Risk factors for the development of severe   typhoid fever in Vietnam. BMC Infect Dis. 2014;14(1):73.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0120-9957201500030000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. Albayrak A, Gunbey SS, Aktas F.   Cholestatic hepatitis due to Salmonella typhi. Clin Pract.   2011;1(313):22-3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0120-9957201500030000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. Husain EH. Fulminant hepatitis in typhoid fever. J   Infect Public Health &#91;Internet&#93;. King Saud Bin Abdulaziz University for Health   Sciences. 2011;4(3):154-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-9957201500030000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12. Ratnayake EC, Shivanthan C,   Wijesiriwardena BC. Cholestatic hepatitis in a patient with typhoid   fever - A case report. Acta Gastroenterol Belg. BioMed Central Ltd.   2012;75(1):65.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-9957201500030000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>13. Longo D, Kasper D, Jameson JL, Fauci AS, Hauser SL,   Loscalzo J. Harrison Principios de Medicina Interna. 18.a edici&oacute;n. 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-9957201500030000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>14. Dougan G, Baker S. Salmonella enterica   Serovar Typhi and the pathogenesis of typhoid fever. Annu Rev Microbiol.   2014;68:317-36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-9957201500030000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. De Jong HK, Parry CM, Van der Poll T, Wiersinga WJ. Host-pathogen   interaction in invasive salmonellosis. PLoS Pathog. 2012;8(10):1-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-9957201500030000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. Waddington CS, Darton TC, Woodward WE,   Angus B, Levine MM, Pollard AJ. Advancing the management and control of   typhoid fever: A review of the historical role of human challenge studies. J   Infect.Elsevier Ltd. 2014;68(5):405-18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-9957201500030000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. Waddington CS, Darton TC, Pollard AJ. The   challenge of enteric fever. J Infect. Elsevier Ltd. 2014;68:S38-50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-9957201500030000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>18. Rungta N, Singhi S, Chaudhary D,   Varghese G, Bhalla A, Karthi N, et al. Tropical fevers: Management guidelines.   Indian J Crit Care Med. 2014;18:62.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-9957201500030000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>19. Khosla SN. Typhoid hepatitis. Postgraduated Med J.   1990;66:923-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-9957201500030000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20. Nadhim Younis S. The role of abdominal   ultrasound in the diagnosis of typhoid fever: An observational study. Travel   Med Infect Dis. Elsevier Ltd. 2013;1-4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-9957201500030000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>21. Darton TC, Blohmke CJ, Pollard AJ. Typhoid   epidemiology, diagnostics and the human challenge model. Curr Opin   Gastroenterol. 2014;30:7-17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-9957201500030000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>22. Bathia S, Prabhu M, Saravu M, Docherla   B. Spectrum of hepatic dysfunction in enteric fever. Int J Infect Dis.   2010;14:e214-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-9957201500030000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>23. Isa SE, Onyedibe KI, Okolo MO, Abiba AE, Mafuka JS,   Simji GS, et al. A 21-year-old student with fever and profound jaundice. PLoS   Negl Trop Dis. 2014;8(1):3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-9957201500030000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>24. Schindler M, Kreplak N, Acevedo L, Damis H, Marquez G, Ardaiz   M. Ictericia febril colest&aacute;sica como forma de presentacion de linfoma de   Hodgkin. Med Buenos Aires. 2014;74:60-1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-9957201500030000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. Zimhony O, Katz M. A patient with fever   and jaundice. QJM. 2012;105:381-2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-9957201500030000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>26. Madrid M, Huguet J. Enfermedades hep&aacute;ticas infecciosas. GH   Contin. 2006;5:218-21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-9957201500030000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>27. WHO. Background document&#8239;: The diagnosis,   treatment and prevention of typhoid fever. Commun Dis Surveill Response   Vaccines Biol. 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-9957201500030000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>28. Tatavarthy A, Luna V, Amuso PT. How multidrug resistance   in typhoid fever affects treatment options. Ann N Y Acad Sci. 2014;1323:76-90.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-9957201500030000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>29. Zaki S, Karande S. Multidrug-resistant   typhoid fever: A review. J Infect Dev Ctries. 2011;5(5):324-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-9957201500030000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>30. Thaver D, Zaidi AKM, Critchley J,   Azmatullah A, Madni SA, Bhutta Z. Fluoroquinolones for treating typhoid and   paratyphoid fever (enteric fever). 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Microbiol Mol Biol Rev.   1997;61:377.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-9957201500030000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>33. Koirala S, Basnyat B, Arjyal A,   Shilpakar O, Shrestha K, Shrestha R, et al. Gatifloxacin versus   ofloxacin for the treatment of uncomplicated enteric fever in nepal: an open-label,   randomized, controlled trial. PLoS Negl Trop Dis. 2013;7(10).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-9957201500030000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>34. Trivedi N, Shah P. A meta-analysis   comparing the safety and efficacy of azithromycin over the alternate drugs used   for treatment of uncomplicated enteric fever. J Postgr Med. 2012;58(2):112-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-9957201500030000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p></FONT>      ]]></body><back>
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<label>1</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
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