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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Elementos para una renovación de las estrategias de desarrollo rural]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In the framework of structural adjustments, this paper deals with rural development determinants. Taking into account social, sectorial, temporal, institutional and spatial (urban rural links) aspects, it is outlined a new rural development approach which may be summarized in the territorial rural development model]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">                <p align="center"><font size="4"><b>Elementos para una renovaci&oacute;n de las estrategias de desarrollo rural</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>Elements for Rural Development Strategies Renewal</b></font></p>      <p align="center"><i>Alexander Schejtman<sup>1</sup></i></p>      <p><sup>1</sup> Investigador principal, Rimisp. Santiago (Chile).    <br> Correspondencia: <a href="mailto:aschejtman@rimisp.org">aschejtman@rimisp.org</a></p>  <hr>      <p><b>RESUMEN</b></p>       <p>En el marco de los ajustes estructurales, el art&iacute;culo aborda los condicionantes del desarrollo rural. A partir de ello se plantea una reformulaci&oacute;n del enfoque tradicional de desarrollo rural que tenga en cuenta lo social, lo sectorial, lo temporal, lo institucional y lo espacial (v&iacute;nculos urbanos rurales) y que sintetiza en el modelo de desarrollo territorial rural.</p>       <p><b>Palabras clave</b>: desarrollo territorial rural, pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, ruralidad, transformaci&oacute;n institucional y productiva.</p>       <p><b>ABSTRACT</b></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>In the framework of structural adjustments, this paper deals with rural development determinants. Taking into account social, sectorial, temporal, institutional and spatial (urban rural links) aspects, it is outlined a new rural development approach which may be summarized in the territorial rural development model.</p>       <p><b>Key words</b>: rural territorial development, public policies, rurality, institutional and productive transformation.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>       <p>En la &uacute;ltima d&eacute;cada han surgido, desde diversos &aacute;ngulos, una serie de propuestas para la renovaci&oacute;n de los enfoques tradicionales del desarrollo rural en Am&eacute;rica Latina. En la mayor&iacute;a de los casos, dichas propuestas tienen en com&uacute;n un abordaje territorial de las pol&iacute;ticas destinadas a mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la poblaci&oacute;n del mundo plural de las sociedades rurales. En este art&iacute;culo se presentan los elementos principales de dicho abordaje. Una vez examinados los desaf&iacute;os y lecciones aprendidas del desarrollo rural, se profundiza en los que se podr&iacute;an denominar vectores del desarrollo rural y se concluye con las caracter&iacute;sticas fundamentales del modelo de desarrollo territorial rural. Este nuevo modelo recoge los elementos centrales que renuevan las estrategias tradicionales de desarrollo rural.</p>  <b>    <p><font size="3">Desaf&iacute;os condicionantes y lecciones aprendidas del desarrollo rural</font></p>       <p>Los desaf&iacute;os</p></b>       <p>Ha cambiado el contexto en que se desenvolv&iacute;a la agricultura en las etapas de desarrollo basadas en la sustituci&oacute;n de importaciones, y con ello tambi&eacute;n las exigencias a la que &eacute;sta actividad est&aacute; sometida. A las demandas tradicionales de aportar alimentos, materias primas y divisas, se plantea ahora la necesidad de que la agricultura sea competitiva –como consecuencia de la apertura comercial y del abandono de los subsidios; que sea sustentable, no s&oacute;lo por imposiciones de los mercados externos, sino por la creciente presi&oacute;n social en torno a los problemas del medio ambiente; que contribuya a la equidad y a la seguridad alimentaria. El combate a la persistente pobreza e indigencia rural ha adquirido una alta prioridad en las agendas de los gobiernos de la regi&oacute;n. Estos asuntos constituyen el centro de las reflexiones que aqu&iacute; se hacen.</p>       <p>En estos momentos resulta innecesario argumentar que la superaci&oacute;n de la pobreza trasciende a una pol&iacute;tica sectorial concebida en t&eacute;rminos estrechos y reducida al &aacute;mbito de la producci&oacute;n, y por lo tanto, al instrumental de pol&iacute;ticas propio de los ministerios de agricultura, por amplio que aquel sea. Lo que se plantea, m&aacute;s bien, es la urgente necesidad de un dise&ntilde;o que abarque tanto a la totalidad del &aacute;mbito de lo que com&uacute;nmente entendemos como rural, como a los v&iacute;nculos entre lo rural y lo urbano, cuyos l&iacute;mites, sobretodo en t&eacute;rminos de empleo, empiezan a desdibujarse cada vez m&aacute;s, pues no s&oacute;lo ha ido aumentando con m&aacute;s velocidad el empleo rural no agr&iacute;cola que el agr&iacute;cola, sino que una parte creciente del empleo agr&iacute;cola ha pasado a residir en n&uacute;cleos urbanos.</p>       <p>Esta forma de enfocar el desarrollo rural y el empleo no niega la centralidad de la actividad agr&iacute;cola, pues basta imaginar lo que ocurre, cuando esta actividad decae, con el conjunto de las actividades productivas, sociales, culturales, etc., en regiones donde una de las fuentes principales de empleo sigue siendo la agricultura. Se trata m&aacute;s bien de fortalecer los v&iacute;nculos de la agricultura con la agroinduss de las medidas englobadas en el llamado "Washington Consensus". tria, los servicios, la educaci&oacute;n y el desarrollo tecnol&oacute;gico, con &eacute;nfasis en aquellas &aacute;reas en que predomina la peque&ntilde;a propiedad para permitir, por esta v&iacute;a, tanto el fortalecimiento de las condiciones de vida de los productores agropecuarios, como el desarrollo de opciones de empleo no agr&iacute;cola mejores que aquellas que hoy complementan sus escasos ingresos agr&iacute;colas.</p>       <p>Las reformas estructurales han hecho que muchos de los antiguos instrumentos de la pol&iacute;tica sectorial, cualquiera sea la opini&oacute;n que se tenga sobre su eficiencia, hayan sido abandonados sin que su espacio haya sido cubierto por otros agentes o por el mercado. Es as&iacute; como se constata una carencia de mecanismos de financiamiento o de comercializaci&oacute;n para la peque&ntilde;a agricultura; una reducci&oacute;n del financiamiento a los institutos de investigaci&oacute;n y de transferencia tecnol&oacute;gica, no compensada con la venta de servicios o con la transferencia de esta funci&oacute;n a entes privados; una apertura comercial no acompa&ntilde;ada de una mayor eficiencia en informaci&oacute;n y sistemas de apoyo a la inserci&oacute;n internacional; una insuficiente capacidad para satisfacer las mayores exigencias en sanidad agropecuaria, calidad e inocuidad de los alimentos; una apertura de mercados de tierra y expectativas puestas en una reforma agraria v&iacute;a mercado que no han ido acompa&ntilde;adas de un proceso masivo de titulaci&oacute;n y de consolidaci&oacute;n de registros de propiedad, etc.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estos desaf&iacute;os est&aacute;n poniendo en tensi&oacute;n a la vieja institucionalidad sectorial, por lo que el tema de la reforma de las instituciones agrarias aparece en el primer plano de las tareas pendientes. Los procesos de descentralizaci&oacute;n y de desconcentraci&oacute;n son s&oacute;lo una primera manifestaci&oacute;n de respuesta a este requerimiento; pero reducidos al &aacute;mbito estricto de la burocracia estatal –centrados s&oacute;lo en elevar la eficiencia gerencial de la gesti&oacute;n p&uacute;blica– no lograr&aacute;n los objetivos esperados, pues elevar la efectividad y eficiencia de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas supone su correcta adecuaci&oacute;n a las idiosincrasias locales, lo que exige el desarrollo del capital social, entendido como el acervo de normas de reciprocidad y de redes de compromiso c&iacute;vico entre el Estado y las organizaciones sociales que supere el paternalismo y el autoritarismo.</p>       <p>Quienes sostienen la necesidad de una segunda o tercera fase de ajustes estructurales hacen hincapi&eacute; en la necesidad de reformas de las instituciones, entendidas como las reglas formales e informales que asignan el control de recursos a los agentes y determinan la forma como se establecen las relaciones entre &eacute;stos. Bajo &eacute;sta &oacute;ptica, corregir las desigualdades en materia de acceso a activos productivos y/o a las condiciones para un cabal aprovechamiento de los que se poseen, pasa a convertirse en un &aacute;mbito necesario de la acci&oacute;n de las pol&iacute;ticas que tengan como norte la superaci&oacute;n de la pobreza (o el crecimiento con equidad). Aceptada la conveniencia de una reforma de las instituciones, es necesario explorar cu&aacute;l es el significado de ello en el &aacute;mbito del desarrollo rural o si se quiere, cu&aacute;les son las orientaciones de estrategia o de pol&iacute;ticas que se derivan de dicha necesidad, cuando se ha establecido como objetivo nacional de alta prioridad la reducci&oacute;n de la pobreza rural en un horizonte determinado. El prop&oacute;sito del resto del documento es precisamente intentar dicha exploraci&oacute;n.</p>  <b>    <p><font size="3">Los condicionantes del desarrollo rural</font></p>      <p>Condicionantes externos al sector rural</p></b>       <p>Como consecuencia de la aplicaci&oacute;n en los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n de las reformas constitutivas de lo que se llam&oacute; el "Consenso de Washington", las pol&iacute;ticas sectoriales han quedado subordinadas a las macroecon&oacute;micas y al libre juego de las reglas del mercado. En efecto, la disciplina fiscal, la unificaci&oacute;n de los tipos de cambio, el fortalecimiento de los derechos de propiedad, la desregulaci&oacute;n de los mercados internos, la privatizaci&oacute;n, la liberalizaci&oacute;n comercial, la eliminaci&oacute;n de barreras a la inversi&oacute;n extranjera y la liberalizaci&oacute;n financiera, han sido aplicadas, en distintos momentos y con diferente grado de profundidad, en cada uno de los pa&iacute;ses; en consecuencia, muchos de los instrumentos sectoriales del pasado como los subsidios, los tipos de cambio diferenciados, las franquicias, los poderes de compra de las empresas estatales, las fijaciones de precios a productos b&aacute;sicos, etc., han pr&aacute;cticamente desaparecido. El surgimiento de nuevos instrumentos como los est&iacute;mulos al riego y a la forestaci&oacute;n, los pagos directos a los productores, las desgravaciones progresivas a productos b&aacute;sicos sensibles, los fondos de tierra, entre otros, independientemente de sus virtudes, no parecen, sin embargo, suficientes para abordar la magnitud y complejidad de las demandas en materia de reducci&oacute;n de la pobreza rural y para generar capacidad competitiva entre los peque&ntilde;os productores cuyo potencial est&aacute; subutilizado.</p>       <p>En la medida en que no se ha visto satisfecha la expectativa de que las pol&iacute;ticas de ajuste estructural, adem&aacute;s de reestablecer los equilibrios macroecon&oacute;micos b&aacute;sicos, permitieran retomar la senda del crecimiento de un modo sostenido y que por esta v&iacute;a tuvieran un impacto significativo en la reducci&oacute;n de la pobreza, han surgido voces cuestionando la suficiencia e incluso la pertinencia de algunas de las medidas englobadas en el llamado "Washington ConsensusDetr&aacute;s de dicha expectativa y de la idea de "establecer precios correctos" estuvo el supuesto de que los mercados, liberados de toda interferencia, asegurar&iacute;an una asignaci&oacute;n &oacute;ptima de recursos (&oacute;ptimo de Pareto), sin considerar que aquello ocurre s&oacute;lo bajo condiciones muy particulares, si es que no excepcionales, (informaci&oacute;n perfecta de los agentes, competencia perfecta y sobre todo, mercados plenos) en circunstancias que en el mundo real y en el &aacute;mbito rural especialmente, donde la informaci&oacute;n es asim&eacute;trica, los mercados o no existen, o son incompletos o fallan, y surgen en su reemplazo los m&aacute;s diversos arreglos institucionales no necesariamente conducentes a un crecimiento equitativo y sostenible. Como si todo lo anterior no fuera suficiente, la reciente crisis financiera ha terminado de echar por tierra el supuesto de la capacidad incontestable de los mercados como un mecanismo infalible de regulaci&oacute;n econ&oacute;mica (Krugman, 1995).</p>       <p>Otro de los factores condicionantes es el proceso acelerado de concentraci&oacute;n de capital en las industrias agroalimentarias que han inducido la globalizaci&oacute;n de los sistemas agroalimentarios, a lo que se agregan los v&iacute;nculos que dichos procesos tienen con la determinaci&oacute;n de las normas y est&aacute;ndares de los alimentos. Las posibilidades de regulaci&oacute;n de dichas tendencias en funci&oacute;n de objetivos nacionales supone la necesidad de crear una masa cr&iacute;tica de poder de negociaci&oacute;n en las instancias centrales que se apoye en y d&eacute; apoyo a los sectores que se movilizan para frenar los efectos que los monopolios no regulados suelen tener sobre los niveles de bienestar de la poblaci&oacute;n. A dicho proceso se agregan los de determinaci&oacute;n de grados y est&aacute;ndares de los productos alimentarios, influidos crecientemente por los niveles establecidos por la agroindustria transnacional y convertidos en criterios de aceptabilidad en el comercio internacional.</p>       <p><b>Condicionantes internos</b></p>       <p>En el sector agropecuario, las nuevas condiciones han sido aprovechadas por empresas con tierras de mayor potencial para la producci&oacute;n de productos exportables, con capacidad de acceder al cr&eacute;dito, a la tecnolog&iacute;a y a la informaci&oacute;n sobre las condiciones de los mercados interno y externo, logrando que los beneficios se concentren en determinados productos, en algunas regiones, y en los productores medianos y grandes. Esto ha dado lugar a un significativo crecimiento de las exportaciones, sobre todo no tradicionales. Sin negar los elementos positivos de esta din&aacute;mica, ella tiene el riesgo potencial de acentuar el car&aacute;cter excluyente y polarizador caracter&iacute;stico del proceso de modernizaci&oacute;n agraria de la regi&oacute;n, con el agravante de que la apertura acelerar&aacute; dicho proceso.</p>       <p>Los cambios en el entorno internacional y en las reglas del juego internas en las econom&iacute;as de la regi&oacute;n, determinan que el incremento sostenido de la competitividad y su corolario, la amplia difusi&oacute;n del progreso t&eacute;cnico, hayan pasado a ser condici&oacute;n necesaria para el crecimiento y para la viabilidad de las unidades productivas. El caso de las pol&iacute;ticas orientadas hacia los peque&ntilde;os productores con poca o ninguna posibilidad de impulsar su "competitividad" en el actual contexto, supone generar incentivos y fortalecer capacidades o activos de &eacute;stos para que puedan avanzar en el mejoramiento de sus condiciones de trabajo y de vida. Para ello, las estrategias de desarrollo rural deber&aacute;n considerar en su dise&ntilde;o dos de los principales determinantes estructurales del funcionamiento del sector rural en la gran mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n: la heterogeneidad de la estructura productiva y de la propia pobreza rural, y la presencia de fallas en los mercados de cr&eacute;dito seguro, tecnolog&iacute;a, informaci&oacute;n, trabajo, o su franca inexistencia.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Las lecciones aprendidas</b></font></p>       <p>Al entender por estrategias de desarrollo rural el conjunto de acciones orientadas a mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la poblaci&oacute;n rural, en particular de los peque&ntilde;os productores y de los trabajadores con poca o ninguna tierra, es posible advertir una serie de limitaciones en los enfoques tradicionales de dichas estrategias, entre otros:</p>   <ol>     <li>Hacer caso omiso del alto grado de heterogeneidad del mundo de la peque&ntilde;a agricultura y, por tanto, de la necesidad de pol&iacute;ticas diferenciales por tipo de productor.</li>       <li>Estar centradas en la actividad agr&iacute;cola sin considerar el empleo rural no agr&iacute;cola, a pesar de que ha crecido en casi todos los pa&iacute;ses a ritmos mayores que la agr&iacute;cola, ni el creciente trabajo a domicilio con participaci&oacute;n de las mujeres.</li>       <li>No intervenir o hacerlo s&oacute;lo fragmentariamente a la hora de corregir las fallas o ausencias de mercado en el &aacute;mbito de los peque&ntilde;os productores (informaci&oacute;n, tecnolog&iacute;a, mercados de insumos y de productos, cr&eacute;dito seguro, etc.).<sup><a name="nr2"></a><a href="#2">2</a></sup></li>       <li>No considerar, salvo excepciones, la posibilidad de inducir a la agroindustria a asumir el papel de difusor de tecnolog&iacute;a hacia segmentos de peque&ntilde;os productores.<sup><a name="nr3"></a><a href="#3">3</a></sup></li>       <li>No adecuar las propuestas estrat&eacute;gicas a las potencialidades y restricciones de cada localidad.</li>       <li>No considerar los efectos potenciales que un determinado desarrollo del n&uacute;cleo urbano pudiera tener tanto en la transformaci&oacute;n productiva de la actividad agr&iacute;cola, como en las condiciones de vida y de trabajo de la poblaci&oacute;n rural.<sup><a name="nr4"></a><a href="#4">4</a></sup></li>     </ol>      <p>Los cambios en los determinantes contextuales; la constataci&oacute;n de ciertos procesos relevantes y la insatisfacci&oacute;n con los resultados de los enfoques tradicionales, han estimulado la reformulaci&oacute;n de los enfoques del desarrollo rural. Estas notas forman parte de dicha reformulaci&oacute;n.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Vectores de una reformulaci&oacute;n estrat&eacute;gica del desarrollo rural</b></font></p>       <p>En el enfoque alternativo se pretender&iacute;a abordar el desarrollo rural como desarrollo de un espacio o territorio determinado, que supone construir una nueva especificidad rural al calor de la globalizaci&oacute;n, integrando las siguientes categor&iacute;as:</p>       <p><b>El vector social</b></p>       <p>Tradicionalmente, el grueso de las acciones est&aacute; enfocado a las familias como productores agr&iacute;colas. As&iacute;, pobre rural y productor pobre aparecen identificados. Debe tenerse presente, en primer lugar, que el conjunto de familias con acceso a tierras no es por lo general un conjunto homog&eacute;neo en t&eacute;rminos de sus activos en tierras, educaci&oacute;n, migrantes, relaci&oacute;n pasivos/activos, pues, por limitada que sea el &aacute;rea del proyecto, ser&aacute; un universo heterog&eacute;neo que incluya desde productores excedentarios y autosustentables, hasta productores con muy poca o sin tierra que dependen principalmente del trabajo extraparcelario. Las diferencias en el potencial agroecol&oacute;gico y en acceso a mercados constituyen otro rasgo de diferenciaci&oacute;n para la definici&oacute;n de opciones.</p>       <p>En segundo lugar, s&oacute;lo una de las fuentes de ingreso de los pobres rurales se deriva de su condici&oacute;n de productores agr&iacute;colas. El empleo agr&iacute;cola extra parcela y el rural no agr&iacute;cola no s&oacute;lo complementa al derivado del empleo parcelario, sino que son para algunos un mecanismo de superaci&oacute;n de la pobreza que la sola actividad agr&iacute;cola no ofrece. El empleo rural no agr&iacute;cola, en particular, permite estabilizar los ingresos compensando la estacionalidad de la producci&oacute;n y del empleo agr&iacute;cola; permite diversificar las fuentes de ingreso reduciendo los efectos de los riesgos inherentes a la agricultura o, en algunos casos, asumir innovaciones de mayor riesgo pero mejor rentabilidad que los cultivos tradicionales. Incorporar la multiactividad supone pasar de la finca al hogar rural –y a familia ampliada– como unidad de an&aacute;lisis.</p>       <p><b>El vector sectorial</b></p>       <p>Tradicionalmente, al seleccionar el &aacute;rea y definir las actividades, se supone que la pobreza es atribuible al potencial agropecuario subutilizado de las familias y que la tarea del proyecto es contribuir a superar los factores que determinan esta subutilizaci&oacute;n, frenar dicho deterioro o recuperar su potencial. Por ello, el &eacute;nfasis de las medidas es principalmente agropecuario o de sustentabilidad ambiental.</p>       <p>Otra limitaci&oacute;n tiene que ver con el papel de los encadenamientos hacia adelante (con la agroindustria o el agrocomercio) y hacia atr&aacute;s (con los proveedores de insumos, medios de producci&oacute;n y servicios) en el desarrollo de la actividad agropecuaria. Los diagn&oacute;sticos tradicionales se limitan a constatar su ausencia o a destacar la insatisfacci&oacute;n con la situaci&oacute;n prevaleciente, y en respuesta establecen mecanismos ad hoc, en donde el propio proyecto provee insumos y financiamiento. Las posibilidades de explorar la articulaci&oacute;n de la actividad parcelaria a la agroindustria o al agrocomercio, ayudar&iacute;an a romper la dependencia del proyecto cuya duraci&oacute;n es siempre limitada. Otro tanto ocurre con las posibilidades de institucionalizar formas de ahorro y de cr&eacute;dito a partir de los flujos financieros que, a&uacute;n en regiones pobres, pueden adquirir magnitudes interesantes. El enfoque plantea la necesidad de considerar expl&iacute;citamente los v&iacute;nculos de la actividad agr&iacute;cola con aquellos sectores que inciden en su comportamiento actual o potencial. Las posibilidades de crecimiento de los espacios rurales pasan a depender de la forma en que est&eacute;n articulados la actividad agr&iacute;cola, industrial y los servicios.</p>       <p><b>El vector temporal</b></p>       <p>La duraci&oacute;n de los proyectos, entendida como su presencia activa en el terreno, es muy variable. Un n&uacute;mero significativo se mueve en torno a los cinco a&ntilde;os, sin perjuicio de posteriores renovaciones, pero, independientemente de su duraci&oacute;n, la evaluaci&oacute;n de su impacto se suele hacer en t&eacute;rminos de lo obtenible y obtenido en ese lapso. La percepci&oacute;n de los tiempos por parte de los distintos participantes (los t&eacute;cnicos, los pol&iacute;ticos y los propios beneficiarios) no suele coincidir. Para los primeros el horizonte est&aacute; definido por la duraci&oacute;n del proyecto, al cabo del cual esperan lograr los resultados programados; para los segundos, por la duraci&oacute;n de su mandato (tres o cuatro a&ntilde;os), tiempo en el que quieren mostrar logros que a juicio de sus electores, es el necesario para que de forma autosustentada, se mejoren las condiciones de vida y de trabajo de las familias. Hay por lo tanto una tensi&oacute;n entre el tiempo del proyecto, el tiempo de los pol&iacute;ticos electos y el tiempo de maduraci&oacute;n de las medidas en el comportamiento de los beneficiarios.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como se se&ntilde;ala m&aacute;s adelante, la forma en que se concilien estos distintos tiempos depender&aacute; de las caracter&iacute;sticas que tenga el vector institucional.</p>       <p><b>El vector institucional</b></p>       <p>La "arquitectura institucional"<sup><a name="nr5"></a><a href="#5">5</a></sup> y los t&eacute;rminos en que en ella se integra la participaci&oacute;n del sector p&uacute;blico, del privado y del sector voluntario (sector p&uacute;blico no estatal) constituyen un factor cr&iacute;tico en la calidad de los resultados de sus programas y en su apropiaci&oacute;n por la poblaci&oacute;n involucrada.</p>       <p>Con este prop&oacute;sito han surgido muchas f&oacute;rmulas de espacios de participaci&oacute;n como las plataformas p&uacute;blicoprivadas, mesas, consejos. Sin embargo, una abundante experiencia muestra que la gran mayor&iacute;a de los casos terminan en experiencias frustradas, en la medida en que no toman decisiones sobre la orientaci&oacute;n concreta de los recursos de inversi&oacute;n.</p>       <p>En alguna medida, esta incapacidad de convertirse en herramienta de orientaci&oacute;n de la actividad productiva no es ajena al hecho de que hasta la reciente crisis financiera, la pol&iacute;tica p&uacute;blica estuvo inspirada en el consenso de Washington, con el mercado como la instituci&oacute;n orientadora, y donde era anatema la idea de una pol&iacute;tica inductora de determinadas actividades por parte del Estado, como la pol&iacute;tica de desarrollo productivo, que hoy es retomada por m&aacute;s de un pa&iacute;s de la regi&oacute;n.</p>       <p>Con este nuevo esp&iacute;ritu, reivindicando sus mejores tradiciones, la CEPAL acaba de publicar el libro de Devlin y Moguillansky (2009) "Alianzas p&uacute;blico-privadas para una nueva visi&oacute;n estrat&eacute;gica del desarrollo". A partir de una revisi&oacute;n sistem&aacute;tica y una generalizaci&oacute;n de elementos claves del proceso de transformaci&oacute;n productiva en Europa y en Asia, los autores llegan a la formulaci&oacute;n de once principios que apuntan a dar sentido a las potencialidades transformadoras de las alianzas entre los sectores p&uacute;blico y privado.</p>       <p>Le&iacute;dos desde la perspectiva del Desarrollo Territorial Rural (DTR) algunos de dichos principios ser&iacute;an los siguientes:</p>   <ol>     <li>Formulaci&oacute;n de una estrategia territorial consensuada basada en pol&iacute;ticas proactivas de desarrollo productivo (ejemplo: Pol&iacute;tica agropecuaria e industrial).</li>     <li>Concertaci&oacute;n entre agentes del sector p&uacute;blico y privado como elemento clave tanto para la formulaci&oacute;n, como la implementaci&oacute;n de la estrategia.</li>     <li>Liderazgo del proceso en los ministerios y organismos encargados de actividades y sectores en la econom&iacute;a real (industria, agricultura, servicios, innovaci&oacute;n); los encargados de las finanzas vigilan la congruencia con los equilibrios macroecon&oacute;micos, pero no pueden, so pretexto de ello, subordinar las orientaciones del desarrollo productivo.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Superar la cultura "corto-placista" a trav&eacute;s de la promoci&oacute;n de una cultura de pensamiento estrat&eacute;gico a mediano y largo plazo que sea movilizadora de las fuerzas vivas de los espacios rurales.</li>     <li>Consolidar un servicio civil (en el sentido anglosaj&oacute;n de un civil service) altamente competente y alejado de las pr&aacute;cticas patrimonialistas y de prebendas.</li>     <li>Evaluaci&oacute;n sistem&aacute;tica y regular de la estrategia definida desde el inicio, con instrumentos que den cuenta de la coherencia del proceso.</li>     </ol>       <p>Una alianza p&uacute;blico-privada representativa de todos los sectores, en especial de los m&aacute;s vulnerables, puede "minimizar el riesgo de que el gobierno se vea capturado por el sector privado" y superar la contradicci&oacute;n entre los plazos pol&iacute;ticos de los gobiernos locales y los plazos medianos o largos requeridos para un proceso de desarrollo inclusivo. Es necesario se&ntilde;alar que dichas alianzas estar&iacute;an dotadas del poder de definir la orientaci&oacute;n de recursos concretos transformados en verdaderos pactos, contratos o convenios que comprometen a las partes.</p>       <p><b>El vector espacial y los v&iacute;nculos urbano-rurales</b></p>       <p>Al identificar el espacio rural con el agropecuario se reducen las potencialidades de las pol&iacute;ticas de desarrollo rural y de combate a la pobreza. Primero, por no considerar los factores de dinamizaci&oacute;n de la propia agricultura que resultan del fortalecimiento de sus v&iacute;nculos con los n&uacute;cleos urbanos inmediatos y mediatos. Un examen de las demandas rec&iacute;procas (actuales y potenciales) entre dicho(s) n&uacute;cleo(s) y el hinterland de peque&ntilde;os productores agr&iacute;colas pueden dar pistas sobre aquellas demandas cr&iacute;ticas que no est&aacute;n siendo satisfechas (o lo est&aacute;n con altos costos de transacci&oacute;n). Segundo, en el caso de las familias con poca o ninguna tierra, se debe mejorar sus oportunidades y/o capacidades de acceso a empleos mejor remunerados, con la reducci&oacute;n de sus costos de transacci&oacute;n en una gama amplia de actividades. Tercero, para aquellas familias que no descubran alternativas de incremento de ingresos, se pueden mejorar sus condiciones de vida al reducir los costos (monetarios y de transacci&oacute;n) de acceso a algunos bienes b&aacute;sicos.</p>       <p>Sin embargo, diversos analistas coinciden en sostener que el fortalecimiento urbano-industrial beneficia al desarrollo agr&iacute;cola; se&ntilde;alan que las ciudades han constituido un punto importante de origen y de difusi&oacute;n de la tecnolog&iacute;a agr&iacute;cola, y que los mercados de capital, de insumos, de trabajo y de productos, tienden a ser menos imperfectos en el entorno de n&uacute;cleos urbano-industriales, y como una "dispersi&oacute;n" la agricultura adyacente pueda disfrutar de mayor mecanizaci&oacute;n, menos trabajo excedente, mejores precios a sus productos y, por tanto, mejor remuneraci&oacute;n. Seg&uacute;n Shultz: "El desarrollo econ&oacute;mico suele darse en una matriz de localizaci&oacute;n espec&iacute;fica; pueden haber una o m&aacute;s de estas matrices en una determinada econom&iacute;a lo que implica que el proceso de desarrollo no se da del mismo modo, al mismo tiempo o al mismo ritmo en distintos lugares.</p>       <p>Estas matrices son, en primer lugar, de car&aacute;cter urbanoindustrial como centros en los que se da el desarrollo econ&oacute;mico, o se ubican principalmente en &aacute;reas agr&iacute;colas aun cuando algunas de ellas pueden estar m&aacute;s favorablemente ubicadas que otras en relaci&oacute;n a dichos centros; la organizaci&oacute;n econ&oacute;mica funciona mejor en aquellas partes de actividad agr&iacute;cola situadas favorablemente en relaci&oacute;n a dichos centros, y ocurre lo contrario en las situadas en la periferia de dicha matriz".</p>       <p>En una estimaci&oacute;n hecha para el Estado de Sao Paulo de la correlaci&oacute;n entre el valor agregado per c&aacute;pita en la manufactura y ciertos cambios en la estructura agr&iacute;cola, Nicholls constata, para dos per&iacute;odos, que dicha correlaci&oacute;n es positiva con: el porcentaje de tierra arable utilizada, el n&uacute;mero de tractores y camionetas, el uso de fertilizantes y pesticidas por hect&aacute;rea, la densidad de maquinaria por trabajador, la producci&oacute;n por hect&aacute;rea y por trabajador; y que es negativa o neutra respecto a la tierra por trabajador (o sea no parece afectar el grado de concentraci&oacute;n).</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para M&eacute;xico, al analizar los determinantes del crecimiento del empleo en servicios y manufacturas en municipalidades rurales y semi-urbanas, destacan la tendencia de los salarios rurales a converger con los urbanos, lo que indica las ventajas de la proximidad del hinterland rural a los n&uacute;cleos urbanos (Janvry y Sadoulet, 2004).</p>       <p>Nadie pone en duda que la hiperurbanizaci&oacute;n tiene implicaciones no deseables y que es correcto plantear estrategias que reduzcan su crecimiento, pero si la hip&oacute;tesis es que el desarrollo urbano estimula o puede, bajo determinadas circunstancias, estimular el desarrollo rural, se requiere entonces examinar cr&iacute;ticamente si el actual patr&oacute;n de poblamiento urbano contribuye efectivamente a estimular el rural,<sup><a name="nr6"></a><a href="#6">6</a></sup> o puesto en un sentido positivo, qu&eacute; medidas son necesarias impulsar para que los potenciales efectos ben&eacute;ficos se materialicen.</p>  <b>    <p><font size="3">El Desarrollo Territorial Rural (DTR)</font></p>       <p>El modelo de DTR</p></b>       <p>A parir de la integraci&oacute;n de los cinco vectores (social, sectorial, temporal, institucional y espacial) Schejtman y Berdegu&eacute; (2004), han definido al DTR como "Un proceso de transformaci&oacute;n productiva e institucional en un espacio rural determinado, cuyo fin es reducir la pobreza y la desigualdad rural". Dicha conceptualizaci&oacute;n estaba construida sobre dos pilares interdependientes y necesarios: transformaci&oacute;n productiva entendida como la incorporaci&oacute;n de innovaciones en procesos, productos o formas de gesti&oacute;n, para acceder a mercados m&aacute;s din&aacute;micos que los propios de los territorios rezagados; y la transformaci&oacute;n institucional, entendida como un proceso de creaci&oacute;n de plataformas p&uacute;blico-privadas que conduzcan a la inclusi&oacute;n de los pobres en los beneficios de la transformaci&oacute;n productiva. En dicho documento se se&ntilde;alaban un conjunto de criterios o condiciones del DTR que en lo fundamental apuntaban a:</p>   <ol>     <li>Destacar los v&iacute;nculos urbano-rurales como constitutivos del territorio.</li>       <li>Enfatizar la intersectorialidad de las actividades econ&oacute;micas (lo rural es m&aacute;s que lo agr&iacute;cola).</li>     <li>Convocar a la diversidad de agentes del territorio (los pobres requieren de alianza con terceros para superar su condici&oacute;n).</li>     <li>Gestar una compleja arquitectura institucional que d&eacute; cuenta de la gobernanza del territorio. En t&eacute;rminos esquem&aacute;ticos, el modelo detr&aacute;s de la formulaci&oacute;n correspond&iacute;a a una variante del sugerido por Rodrick (2003) en "In search of prosperity".</li>     </ol>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el modelo aparecen destacados los dos procesos: la transformaci&oacute;n productiva y el desarrollo institucional como pilares del proceso conducente al crecimiento con inclusi&oacute;n social (menor pobreza, m&aacute;s equidad) y sustentabilidad ambiental del territorio rural (<a href="#f1">fig. 1</a>).</p>       <p align="center"><a name="f1"></a><img src="img/revistas/agc/v28n3/v28n3a11f1.JPG"></p>        <p>En el espacio A, que representa la trama productiva del territorio, la cuesti&oacute;n central apunta a la necesidad de crear capacidades por la v&iacute;a de mejorar la calidad y cantidad de GEOGRAFIA los activos de la poblaci&oacute;n (capital humano, natural, f&iacute;sico, social), cuyo rendimiento y distribuci&oacute;n estar&aacute;n determinados por las oportunidades que abra el desarrollo institucional. El cambio social ser&iacute;a la resultante, en t&eacute;rminos de inserci&oacute;n social, del aprovechamiento de las capacidades y oportunidades por aquellas familias rurales que suelen excluir ciertos patrones de crecimiento.</p>       <p>En el espacio B se destacan los mercados y en el C, las instituciones. Ambos son desarrollos semiaut&oacute;nomos en el sentido de tener determinantes intra y extra territoriales (representados por la intersecci&oacute;n parcial de los componentes). En general, el tipo de mercados internos de los territorios suelen no ser lo suficientemente din&aacute;micos para constituir motores de transformaci&oacute;n productiva, ya sea por escala o baja elasticidad ingreso de su demanda, condiciones que pueden ser superadas al acceder a mercados extra territoriales.</p>       <p>El factor institucional hace referencia a los v&iacute;nculos entre la matriz de instituciones econ&oacute;micas (derechos de propiedad, tenencia de la tierra, credibilidad de los contratos,convenios de colaboraci&oacute;n, est&aacute;ndares) con las instituciones pol&iacute;ticas, sociales y culturales (participaci&oacute;n, transparencia, accountability vs paternalismo, clientelismo, corrupci&oacute;n).</p>       <p>Finalmente, fuera de A, B y C la geograf&iacute;a aparece como un determinante ex&oacute;geno de las ventajas y desventajas derivadas de la localizaci&oacute;n del territorio dados sus recursos naturales, distancia a mercados, accesibilidad, etc. La circularidad de las relaciones entre los componentes aparece destacada por la reversibilidad de los v&iacute;nculos y apunta a se&ntilde;alar que no existe una causalidad lineal o la primac&iacute;a de un factor sobre otros. Cualquiera sea la causa interna o externa que rompe un estado inicial, &eacute;ste genera una din&aacute;mica de causalidad circular hasta un hipot&eacute;tico nuevo estado cuya orientaci&oacute;n y grados de estabilidad dependen del tipo y magnitud de los shocks externos que lo afecten.</p>       <p>Las fuentes te&oacute;ricas para la investigaci&oacute;n en DTR La literatura sobre Desarrollo Econ&oacute;mico Local (DEL), en sus diversas versiones, construye sus fundamentos y sus propuestas de pol&iacute;tica a partir de una integraci&oacute;n de los elementos presentados m&aacute;s arriba y que apuntan al car&aacute;cter localizado del desarrollo econ&oacute;mico<sup><a name="nr7"></a><a href="#7">7</a></sup>. Est&aacute;, en primer lugar, la referencia a las teor&iacute;as sobre la aglomeraci&oacute;n que buscan explicar las din&aacute;micas diferenciadas entre territorios. Nos limitamos en lo que sigue a la enumeraci&oacute;n de vertientes y aportes que sirvieron para la conceptualizaci&oacute;n del DTR, y que aparecen detallados en Schejtman y Berdegu&eacute; (2004). En el <a href="#f2">fig. 2</a> se integran los aportes referidos.</p>      <p align="center"><a name="f2"></a><img src="img/revistas/agc/v28n3/v28n3a11f2.JPG"></p>      <p>Una vertiente est&aacute; centrada en las externalidades que generan econom&iacute;as de escala externas a la empresa, pero internas al territorio y que constituyen el eje de los trabajos sobre aglomeraci&oacute;n industrial (Hirschman, 1961; Krugman, 1995), clusters (Porter, 1998; Schmitz y Nadvi, 1999), nuevos distritos industriales (Bagnasco, 1977; Camagni, 2000). En segundo lugar est&aacute; la literatura sobre entornos (territorios o regiones) de aprendizaje (milieu o learning regions) que defi nen el conocimiento y el aprendizaje colectivo generadores de la innovaci&oacute;n como ejes de la competitividad (Maillat, 1995; Storper y Salais, 1997; Scott, 1998). En tercer lugar est&aacute;n las consideraciones sobre gobernancia (governance)8 que hacen referencia a las rutinas, reglas, costumbres, valores, englobados en los activos institucionales de una regi&oacute;n o territorio (North, 1998; Mayntz, 2001; Stiglitz, 2002).</p>       <p>Como puede apreciarse por la bibliograf&iacute;a referida, con la sola excepci&oacute;n de Marshall, se trata de elaboraciones que empiezan a proliferar en la d&eacute;cada de los noventa y son precisamente esos escritos los que influir&aacute;n en la reflexi&oacute;n que sobre desarrollo econ&oacute;mico local empez&oacute; a formularse en Am&eacute;rica Latina en la misma &eacute;poca. Lo anterior no quiere decir que la preocupaci&oacute;n por el desarrollo regional no hubiera estado presente con anterioridad entre algunos economistas de la regi&oacute;n9, sino que los t&eacute;rminos en que dichas preocupaciones pasaron a ser formuladas cambiaron, a nuestro juicio significativamente, al pasar a expresarse en t&eacute;rminos de desarrollo econ&oacute;mico local.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la mayor&iacute;a de los trabajos sobre DEL que se elaboran a lo largo de la &uacute;ltima d&eacute;cada, el eje sigue siendo fundamentalmente urbano-industrial, con una particular preocupaci&oacute;n por la competitividad de empresas peque&ntilde;as y medianas y con la descentralizaci&oacute;n (en algunos casos municipalizaci&oacute;n) como marco pol&iacute;tico-administrativo, lo que no impidi&oacute; que temas como el vinculo entre el DEL y la pobreza estuvieran presentes en m&aacute;s de alg&uacute;n trabajo. 10 Sin perjuicio de lo anterior, los trabajos realizados en y fuera del ILPES por Boisier (1997, 2001), Alburquerque (1996); y los presentados al seminario internacional "Hacia la construcci&oacute;n de territorios competitivos innovadores" en Quito (2002), en particular los de Carlos L&oacute;pez, Leandro Sep&uacute;lveda, Luis Lira y Sergio Boisier, muestran el interesante nivel alcanzado, y se evidencia la influencia de los trabajos relacionados con nuevos distritos industriales y en particular a la experiencia italiana (Bagnasco, Sarraceno, Camagni).</p>       <p><font size="3"><b>Conclusiones</b></font></p>       <p>En s&iacute;ntesis, se plantea avanzar hacia una estrategia de desarrollo territorial rural que supone pasar:</p>   <ul>     <li>del espacio agr&iacute;cola al rural que incluya a n&uacute;cleos urbanos de distinto rango, junto con su hinterland agr&iacute;cola y de recursos naturales;</li>     <li>del peque&ntilde;o productor agropecuario a la familia rural ampliada;</li>     <li>del empleo agr&iacute;cola al multiempleo (agr&iacute;cola, rural no agr&iacute;cola, migraci&oacute;n);</li>     <li>de la pol&iacute;tica agr&iacute;cola a pol&iacute;ticas diferenciadas por tipos de unidades familiares y de territorios;</li>     <li>de la producci&oacute;n agr&iacute;cola a los encadenamientos con la agroindustria y los servicios;</li>     <li>de la ant&iacute;tesis entre mercado/estado como mecanismo de regulaci&oacute;n a la combinaci&oacute;n de formas en funci&oacute;n de la naturaleza de los bienes en un contexto en que se ha fortalecido la capacidad de gesti&oacute;n de los poderes y agentes locales.</li>     </ul>  <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Foot pages</b></font></p>      <p><sup><a href="#nr2">2</a><a name="2"></a></sup>Los proyectos de desarrollo rural suelen reemplazar las fallas de mercado con la provisi&oacute;n directa de financiamiento, informaci&oacute;n o asistencia tecnol&oacute;gica, sin alterar las condiciones que los beneficiarios enfrentar&aacute;n cuando se termine el proyecto.    <br>  <sup><a href="#nr3">3</a><a name="3"></a></sup> Ver al respecto la serie de trabajos sobre Agroindustria y transformaci&oacute;n productiva de la peque&ntilde;a agricultura, elaborados por el convenio CEPAL/FAO/GTZ para varios pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, sintetizados en Schejtman (1998) y Dirven (2001).    <br> <sup><a href="#nr4">4</a><a name="4"></a></sup> Incluso las estrategias del llamado desarrollo rural integral se han circunscrito a la actividad de los peque&ntilde;os productores como trabajadores agr&iacute;colas y s&oacute;lo a los v&iacute;nculos que, en cuanto tales, tienen con su entorno y en los trabajos sobre "estrategias de sobrevivencia", aunque se incorpora lo urbano en el an&aacute;lisis de las opciones de empleo e ingreso, el examen de las potencialidades de la referida articulaci&oacute;n queda reducido a ese &aacute;mbito.    <br>  <sup><a href="#nr5">5</a><a name="5"></a></sup> Conjunto compuesto por las instituciones o "reglas formales e informales que asignan el control de recursos –a trav&eacute;s de derechos y obligaciones– a las personas individuales" y por las organizaciones, entendidas como grupos de personas que trabajan juntas con un determinado prop&oacute;sito.    <br>  <sup><a href="#nr6">6</a><a name="6"></a></sup> Refiri&eacute;ndose a Per&uacute;, Vergara (1992) se&ntilde;ala al respecto: "... en realidad la gran cat&aacute;strofe migratoria de la regi&oacute;n (fue que) los campesinos de la Sierra no migraron hacia sus ciudades sino hacia las de la costa. En consecuencia, el efecto modernizador que genera la urbanizaci&oacute;n fue monopolizado por la costa. Las rentas de localizaci&oacute;n favorecieron a los campesinos coste&ntilde;os y no a los serranos; la oferta de los servicios existi&oacute; para los coste&ntilde;os y no para los serranos; la modernizaci&oacute;n de las mentalidades, de las relaciones sociales de producci&oacute;n y de la tecnolog&iacute;a fue ajena al espacio andino. Sin ciudades, el espacio andino veget&oacute; en el pasado".    <br>  <sup><a href="#nr7">7</a><a name="7"></a></sup>Helmsig (2001) en lo que describe como "nuevas perspectivas del desarrollo econ&oacute;mico local", se&ntilde;ala tres factores que explican el car&aacute;cter localizado de dicho desarrollo: las externalidades, el aprendizaje y la gobernancia (governance).    <br>   <hr>      <p><font size="3"><b>Literatura citada</b></font></p>       <!-- ref --><p>Alburquerque, F. 1996. Desarrollo econ&oacute;mico local y distribuci&oacute;n del progreso t&eacute;cnico: Una respuesta a las exigencias del ajuste estructural. Documento LC/R 174. Direcci&oacute;n de Pol&iacute;ticas y Proyectos Sociales, ILPES, Santiago.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-9965201000030001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bagnasco, A. 1977. Tre Italie. La problematica territoriale dello sviluppo italiano. II Mulino, Bolonia, Italia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-9965201000030001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Boisier, S. 1981. Chile: continuity and change. Variations of centredown strategies under different political regimes. pp. 401-426. En: Stohr W. y D.F.R. Taylor (eds.). Development from above or below? J. Wiley and Sons, Londres.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-9965201000030001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Boisier, S. 1997. Sociedad civil, participaci&oacute;n, conocimiento y gesti&oacute;n territorial. Estudios Sociales 94, 33-54.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-9965201000030001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Boisier, S. 2001. Sociedad del conocimiento, conocimiento social y gesti&oacute;n territorial. Estudios Sociales 107, 95-140.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-9965201000030001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Boisier, S., F. Sabatini, V. Silva, A. Sojo y P. Vergara. 1991. La descentralizaci&oacute;n: el eslab&oacute;n perdido de la cadena transformaci&oacute;n productiva con equidad y sustentabilidad. Cuaderno No. 36. ILPES, Santiago.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-9965201000030001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Camagni, R. 2000. Rationale, principles and issues for development policies in an era of globalisation and localization: spatial perspectives. pp. 17-26. En: Seminar Spatial development policies and territorial governance in an era of globalisation and localization. OECD, Paris.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-9965201000030001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Devlin, R. y G. Moguillansky. 2009. Alianzas publico-privadas: para una nueva visi&oacute;n estrat&eacute;gica del desarrollo. ONU, Santiago.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-9965201000030001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dirven, M. 2001. Apertura econ&oacute;mica y (des)encadenamientos productivos. Reflexiones sobre el complejo l&aacute;cteo en Am&eacute;rica Latina. CEPAL, Santiago.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-9965201000030001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hirschman, A.O. 1961. La estrategia del desarrollo econ&oacute;mico. Fondo de Cultura econ&oacute;mica. M&eacute;xico DF.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-9965201000030001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Janvry, A. de y E. Sadoulet. 2004. Fitting the facts and capitalizing on new opportunities to redesign rural development programs in Latin America. Rev. Econ. Sociol. Rural 42(3), 399-429.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-9965201000030001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Krugman, P. 1995. Development, geography and economic theory. MIT Press. 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