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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Trastornos del dolor sexual femenino: una revisión de su definición, etiología y prevalencia]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="Verdana">     <p align="left"><font size="4"><b>Editorial</b></font></p> <hr>     <p align="center"><font size="3"><b>Trastornos del dolor sexual femenino: una    <br> revisi&oacute;n de su definici&oacute;n, etiolog&iacute;a y prevalencia</b></font></p>      <p align="right"><i>Yuneidy Alejandra Becerra-Alfonso<sup>*</sup></i></p>      <p align="justify"><sup>*</sup>Estudiante de Medicina de X nivel. Editora Asociada y Miembro del Consejo Editorial de la Revista M&Eacute;DICAS UIS. Escuela de Medicina. Facultad de Salud. Universidad Industrial de Santander. Bucaramanga. Santander. Colombia.</p>      <p align="justify"><b>Correspondencia:</b> Srta. Yuneidy Alejandra Becerra-Alfonso. Direcci&oacute;n: Calle 94 No. 47-76. Bucaramanga. Santander. Colombia. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:alejabeal@gmail.com">alejabeal@gmail.com</a></p> <hr>     <p align="right"><b>&iquest;C&oacute;mo citar este art&iacute;culo?:</b> Becerra-Alfonso YA. Trastornos del dolor sexual femenino: una revisi&oacute;n de su definici&oacute;n, etiolog&iacute;a y prevalencia. M&Eacute;D UIS. 2015;28(3):267-72.</p> <hr>      <p align="justify">La definici&oacute;n de sexualidad constituye dentro de s&iacute; misma un tema amplio y controvertido, que ha variado como la ciencia con el paso del tiempo, complement&aacute;ndose o modific&aacute;ndose en la medida que su complejo funcionamiento dentro del hombre se estudia desde una perspectiva de integralidad. La posibilidad de entender la sexualidad como un conjunto de procesos psicobiol&oacute;gicos dependientes de la cultura entre otros factores, dificulta la capacidad de clasificar las respuestas sexuales dentro de un marco de normalidad o anormalidad. Dicha dificultad presenta mayor grado de complejidad en el contexto de la mujer, debido a que continua siendo un tema de discusi&oacute;n dependiente tanto de factores biol&oacute;gicos como sociales, al considerar el sin n&uacute;mero de tab&uacute;es que rodean a lo femenino y al ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos por parte de estas<sup>1</sup>.</p>      <p align="aligin">El estudio multic&eacute;ntrico SWAN realizado en Estados Unidos que busc&oacute; determinar el estado de salud de las mujeres a lo largo del pa&iacute;s, logr&oacute; demostrar que para el 75&#37; de las f&eacute;minas en edad reproductiva encuestadas desde 1994 hasta el 2004, el sexo constituye un importante par&aacute;metro de bienestar imprescindible para la vida, raz&oacute;n por la cual el ejercicio saludable y satisfactorio del mismo ha impulsado un importante aumento en las investigaciones de la sexualidad femenina en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas<sup>1</sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sin embargo, la reciente consideraci&oacute;n de la multifactorialidad en las respuestas sexuales genera que la interpretaci&oacute;n del concepto deba acomodarse con el desarrollo y la percepci&oacute;n sociocultural de cada pa&iacute;s<sup>2</sup>. En Am&eacute;rica Latina por ejemplo, el goce del &quot;sexo seguro&quot; se ha limitado desde siempre a la prevenci&oacute;n, de enfermedades sexualmente transmisibles, del embarazo adolescente, de c&aacute;ncer ginecol&oacute;gico, de la enfermedad materno-infantil y a la planificaci&oacute;n familiar; en adicional a ello se ha excluido casi que por completo el desarrollo de programas que promuevan el placer y la satisfacci&oacute;n sexual como componentes igualmente importantes en el ejercicio del sexo responsable y su correcta aplicaci&oacute;n en los derechos sexuales y reproductivos; lo anterior ha contribuido a limitar la disponibilidad de informaci&oacute;n relacionada con trastornos sexuales femeninos en la poblaci&oacute;n latinoamericana hasta la fecha<sup>3</sup>.</p>      <p align="justify">La prevenci&oacute;n y evaluaci&oacute;n de trastornos sexuales en la mujer en edad f&eacute;rtil, no logra ocupar ni un segundo plano en la consulta ginecol&oacute;gica. Los estudios en Colombia y la literatura cient&iacute;fica relacionada con el reporte de los efectos en la calidad de vida de las mujeres con este tipo de trastornos son casi inexistentes y siguen releg&aacute;ndose aun cuando en pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados, con pol&iacute;ticas claras de garant&iacute;a en la calidad de vida de la mujer, generan reportes afirmando que &quot;los des&oacute;rdenes sexuales como la dispareunia o el coito doloroso, constituyen los trastornos sexuales m&aacute;s comunes en la poblaci&oacute;n femenina&quot;<sup>3</sup>. </p>      <p align="justify">El tema resulta preocupante considerando que para el 2010 en Colombia, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses inform&oacute; que de la totalidad de casos que reportaban maltrato de pareja en el 88,43&#37; de los casos, las v&iacute;ctimas fueron mujeres; de las cuales el 63,8&#37; se encontraban en edad reproductiva siendo aquellas entre los 25 a 29 a&ntilde;os las m&aacute;s afectadas. El reporte del Observatorio de Asuntos de G&eacute;nero de la Alta Consejer&iacute;a Presidencial para la Equidad de la Mujer, generado en el 2010, afirma que aunque la violencia f&iacute;sica de pareja en Colombia puede presentarse desde los 10 a&ntilde;os, las mujeres entre los 25 y 29 a&ntilde;os representan el mayor n&uacute;mero de casos ya que es a esta edad el momento en el que comienzan a consolidar sus relaciones de pareja, en medio de ambientes regidos por el poder y el dominio masculino, las conductas violentas son normalizadas por la cultura machista de sus territorios<sup>4</sup>. Siendo consecuentes con los datos y considerando el alto riesgo piscosocial al cual se encuentran expuestas desde tan temprana edad, no ser&iacute;a extra&ntilde;o esperar que para algunas de las mujeres colombianas la ausencia parcial o total de placer, lubricaci&oacute;n u orgasmos durante una relaci&oacute;n sexual sea interpretada como una respuesta sexual normal o incluso conciban la idea de que sentir dolor &quot;en medio de&quot; pueda o tenga que hacer parte del ejercicio cotidiano de su sexualidad.</p>      <p align="justify">Considerando que en M&eacute;xico el 8&#37; de las mujeres que viven o han vivido con una pareja sexual han sido obligadas a tener relaciones sexuales cuando no lo deseaban, una de cada 19 mujeres entre los 25 y 54 a&ntilde;os reducen el n&uacute;mero de relaciones sexuales que habr&iacute;an deseado tener por persistencia de trastornos sexuales en sus vidas y solo uno de cada cinco mujeres con problemas de disfunci&oacute;n sexual ha hablado con su m&eacute;dico al respecto<sup>3</sup>, en Colombia podr&iacute;a esperarse un panorama similar o incluso peor, sin embargo no se conoce; y la verdad es que en tanto se siga subvalorando la importancia de reportar los trastornos sexuales femeninos en nuestro pa&iacute;s, no se estar&aacute; educando y orientando correctamente a las mujeres en el ejercicio de una vida sexual con la responsabilidad y libertad que este asunto amerita.</p>      <p align="justify">La disfunci&oacute;n sexual femenina constituye una serie de trastornos altamente prevalentes, por definici&oacute;n refiere las distintas formas en las que una mujer es incapaz de participar en una relaci&oacute;n sexual de la forma como lo desear&iacute;a, por alteraciones en el deseo o en los cambios psicofisiol&oacute;gicos que se necesitan al momento del coito. A nivel mundial afecta del 20&#37; al 50&#37; de las mujeres, mientras que en Estados Unidos el 40&#37; de la poblaci&oacute;n femenina se ha visto involucrada y seg&uacute;n datos de Salud Nacional y Social &quot;un tercio de las mujeres no sienten inter&eacute;s sexual y casi un cuarto no experimentan orgasmos; el 20&#37; de los reportes se deben a dificultad en la lubricaci&oacute;n y un 20&#37; adicional por dejar de encontrar placentera la relaci&oacute;n sexual&quot;<sup>5,6</sup>. La prevalencia de trastornos sexuales mantiene una relaci&oacute;n proporcional con la edad, encontr&aacute;ndose que para las mujeres entre los 18 a 44 a&ntilde;os durante el 2008 en Estados Unidos, se report&oacute; un 10,8&#37; y entre los 45 a 64 a&ntilde;os un 14,8&#37; de prevalencia de alg&uacute;n trastorno sexual<sup>6</sup>.</p>      <p align="justify">Debido a que la respuesta sexual involucra una secuenciaci&oacute;n y coordinaci&oacute;n multifac&eacute;tica de orden fisiol&oacute;gico, un trastorno sexual puede verse desarrollado en diferentes categor&iacute;as generando superposici&oacute;n diagn&oacute;stica, sin embargo seg&uacute;n el reporte del a&ntilde;o 2000 por el panel de expertos de la Conferencia Internacional para el Desarrollo del Consenso en Disfunci&oacute;n Sexual Femenina, la clasificaci&oacute;n manejada tanto para el CIE-10 como para DMS-IV incluye cuatro categor&iacute;as de trastornos sexuales femeninos: del deseo, de la excitaci&oacute;n, del orgasmo y del dolor sexual, siendo la angustia personal un criterio de inclusi&oacute;n de disfunci&oacute;n sexual y el principal s&iacute;ntoma subjetivo de dichos trastornos, as&iacute; pues, se afirma que la disfunci&oacute;n sexual femenina puede darse por causas tanto org&aacute;nicas como psic&oacute;genas<sup>2,5,6</sup>.</p>      <p align="justify">Aunque gran parte de los trastornos sexuales como la dispareunia y el vaginismo en la mayor&iacute;a de los casos son debidos a problemas org&aacute;nicos, es posible diagnosticarlos independientemente de su etiolog&iacute;a y simplemente se hace necesario conocer de su existencia. El presente art&iacute;culo tiene como objetivo principal informar acerca de la definici&oacute;n y prevalencia de las patolog&iacute;as netamente org&aacute;nicas que se engloban dentro de la categor&iacute;a de trastornos del dolor sexual, proporcionando al lector las bases te&oacute;ricas que lo incentiven al reconocimiento, b&uacute;squeda y reporte de los mismos durante la consulta m&eacute;dica incluso de primer nivel. Se espera que en un futuro se pueda establecer el estado epidemiol&oacute;gico de nuestra poblaci&oacute;n, permitiendo la correcta promoci&oacute;n de una vida sexual satisfactoria y plena.</p>      <p align="justify">Con base a lo anterior se realiz&oacute; una b&uacute;squeda bibliogr&aacute;fica sin restricci&oacute;n de a&ntilde;o de publicaci&oacute;n, en las bases de datos PubMed, SciELO, OVID, MEDSCAPE y UpToDate en los idiomas ingl&eacute;s y espa&ntilde;ol utilizando las palabras claves &quot;sexualidad&quot;, &quot;disfunci&oacute;n sexual&quot; y &quot;dolor sexual&quot; seg&uacute;n DeCS y MeSH. Se seleccionaron 13 art&iacute;culos con disponibilidad fulltext que inclu&iacute;an dentro de su estructura definiciones, etiolog&iacute;as y datos epidemiol&oacute;gicos del dolor sexual, obteniendo publicaciones desde el 2000 hasta el presente a&ntilde;o con la siguiente distribuci&oacute;n: nueve revisiones de tema, dos art&iacute;culos originales, un informe multidisciplinario y un consenso internacional de expertos. Solo una de las revisiones de tema fue excluida al poner en manifiesto dudas sobre la inclusi&oacute;n del vaginismo y la dispareunia como patolog&iacute;as causantes de dolor sexual. La siguiente revisi&oacute;n se bas&oacute; en un total de 12 art&iacute;culos para el cumplimiento de sus objetivos.</p>      <p align="center"><font size="3"><b><u>TRASTORNOS DEL DOLOR SEXUAL</u></b></font></p>      <p align="justify">En Estados Unidos se estima que dentro del 40&#37; de los problemas relacionados con el coito, el 12&#37; son secundarios a Trastornos del Dolor Sexual (TDS). Los TDS o desordenes de dolor genito-p&eacute;lvico, son definidos como la presencia de dolor persistente o recurrente durante las actividades sexuales, ya sean las involucradas durante la penetraci&oacute;n vaginal o simplemente las relacionadas con estimulaci&oacute;n t&aacute;ctil de la vulva y el vest&iacute;bulo; el reporte del Consenso en Disfunci&oacute;n Sexual Femenina incluy&oacute; en el a&ntilde;o 2000 dentro de los TDS al Trastorno del Dolor Sexual No Coital (TDSNC), como su nombre lo indica, el producido ante cualquier tipo de estimulaci&oacute;n sexual sin involucrar penetraci&oacute;n. Las mujeres con TDS experimentan dolor localizado en el &aacute;rea genital antes, durante o despu&eacute;s de las relaciones sexuales; esta condici&oacute;n logra repercutir en su salud mental y f&iacute;sica, modificando las relaciones interpersonales, el desempe&ntilde;o laboral, etc&eacute;tera<sup>5,7-11</sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los TDS pueden clasificarse seg&uacute;n el antecedente de aparici&oacute;n, en primarios si se manifiestan con la primera relaci&oacute;n sexual, o secundarios si la sintomatolog&iacute;a se experimenta por primera vez luego de previas relaciones sexuales sin dolor. Una clasificaci&oacute;n adicional involucra la frecuencia de aparici&oacute;n del trastorno en completos, si se presentan con cada encuentro sexual o situacionales, si solo ocurren en algunas ocasiones o con algunas parejas pero no en todas las oportunidades<sup>7</sup>. Sin embargo seg&uacute;n el consenso de expertos en el 2000, a cada paciente debe evalu&aacute;rsele su cuadro cl&iacute;nico dentro de las siguientes categor&iacute;as:</p>  <ul>      <li>Categor&iacute;a A: de por vida o adquirido.</li>      <li>Categor&iacute;a B: generalizados o situacionales.</li>      <li>Categor&iacute;a C: org&aacute;nicos, psic&oacute;genos, mixtos o de etiolog&iacute;a desconocida<sup>5,11</sup>.</li>      </ul>      <p align="justify">Los TDS se reconocen como una forma heterog&eacute;nea de dolor cr&oacute;nico y dentro de las causas org&aacute;nicas relacionadas est&aacute;n incluidas la dispareunia superficial y profunda, el vaginismo, la vulvodinia, la vestibulitis y el TDSNC<sup>11</sup>. Es com&uacute;n encontrar que las mujeres toleran el dolor sexual sujetas al pensamiento del sexo como una obligaci&oacute;n marital, ignorando que la carga emocional adquirida frente a este trastorno conduce a efectos como la disminuci&oacute;n de la actividad sexual y distanciamiento e incomprensi&oacute;n de pareja. Por otra parte un estudio realizado en Suecia inform&oacute; que solo el 28&#37; de las mujeres con antecedentes de dolor sexual prolongado y severo consultaron al m&eacute;dico por esta sintomatologia<sup>8,11</sup>.</p>      <p align="center"><font size="3"><b><u>ETIOLOG&Iacute;A DEL TDS</u></b></font></p>      <p align="justify">Los TDS incluyen un espectro etiol&oacute;gico desde el &aacute;mbito anat&oacute;mico hasta modificaciones fisiol&oacute;gicas, psicol&oacute;gicas y psicosociales; el vest&iacute;bulo vulvar, la uretra y la vejiga comparten origen embriol&oacute;gico por lo cual una afecci&oacute;n espec&iacute;fica en alguna de estas zonas podr&iacute;a desencadenar concurrencia de dolor. El dolor sexual puede ser de car&aacute;cter nociceptivo producto de una enfermedad o lesi&oacute;n en curso y neurop&aacute;tico cuando ocurre por da&ntilde;os directos del nervio o actividad neuronal anormal, este tipo de dolor sexual persiste incluso en ausencia de un compromiso org&aacute;nico especifico<sup>7</sup>.</p>      <p align="justify">Dentro de las principales causas org&aacute;nicas que se han encontrado relacionadas con los TDS se describen las infecciones vaginales recurrentes, uso de anticonceptivos orales, endometriosis, deficiencias estr&oacute;genicas, prolapso de los &oacute;rganos p&eacute;lvicos y malformaciones anat&oacute;micas entre otros (Ver <a href="#t01">Tabla 1</a>)<sup>11</sup>.</p>      <p align="center"><a name="t01"></a><img src="img/revistas/muis/v28n3/v28n3a01t1.jpg"></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Algunos estudios han demostrado que los factores psicol&oacute;gicos pueden condicionar la localizaci&oacute;n del dolor sexual. Se ha reportado una mayor incidencia de vulvodinia en mujeres con historial de abuso sexual y f&iacute;sico en la infancia, as&iacute; como relaci&oacute;n entre depresi&oacute;n y ansiedad en la aparici&oacute;n de dolor vulvar cr&oacute;nico y dispareunia; adicionalmente se ha comenzado a describir c&oacute;mo la experiencia de dolor durante la penetraci&oacute;n, conlleva a sensaciones de temor que inhiben la excitaci&oacute;n genital lo cual se refleja en una lubricaci&oacute;n insuficiente. Con lo anterior se configura un c&iacute;rculo vicioso de miedo-dolor que autoinduce la aparici&oacute;n y el aumento del dolor durante el coito<sup>10,11</sup>. Sin embargo, la relaci&oacute;n de las causas psic&oacute;genas con los TDS no son objeto de la presente revisi&oacute;n.</p>      <p align="center"><font size="3"><b><u>DISPAREUNIA</u></b></font></p>      <p align="justify">Se define de forma clara como la presencia de dolor genital recurrente o persistente durante el coito; descrita en la literatura predominantemente en femeninas con una incidencia mundial reportada por la OMS entre un 8&#37; a 22&#37; mientras otros autores presentan variaciones entre un 10&#37; y 15&#37; quiz&aacute; relacionados con factores socioculturales propios de cada pa&iacute;s investigado<sup>7,9</sup>. Lo que realmente resulta interesante es su marcada prevalencia del 13&#37; en edades reproductivas entre los 20 y 29 a&ntilde;os, con descensos directos por cada d&eacute;cada subsiguiente<sup>7</sup>.</p>      <p align="justify">La dispareunia puede clasificarse dependiendo de la localizaci&oacute;n anat&oacute;mica del dolor, de esta forma la dispareunia superficial es descrita cuando el dolor se produce con la penetraci&oacute;n inicial del introito vaginal, mientras que la dispareunia profunda se relaciona con la penetraci&oacute;n vaginal tal como su nombre lo indica<sup>11</sup>.</p>      <p align="center"><font size="3"><b><u>VAGINISMO</u></b></font></p>      <p align="justify">Los m&aacute;s recientes informes describen el vaginismo como la aversi&oacute;n a cualquier forma de penetraci&oacute;n vaginal, sin embargo de manera tradicional y casi desde la implementaci&oacute;n del t&eacute;rmino en el siglo XIX, se define como un espasmo involuntario de la musculatura y el piso p&eacute;lvico que rodea el orificio vaginal<sup>7,8,13</sup>, aun cuando la reproducci&oacute;n del mecanismo fisiol&oacute;gico de las fibras vaginales en esta patolog&iacute;a no concuerden con el espasmo muscular normal. Por esta raz&oacute;n, es preferible considerar el vaginismo como la dificultad persistente o recurrente a la penetraci&oacute;n bien sea genital, digital o instrumental a pesar del deseo expresado de la mujer para hacerlo, acompa&ntilde;ado del sentimiento de angustia personal<sup>5,9,11</sup>. El vaginismo puede considerarse por algunos autores como un mecanismo de defensa f&oacute;bico, en la mayor&iacute;a de las veces secundario a experiencias psicosexuales negativas.</p>      <p align="justify">El vaginismo primario puede estar relacionado con factores predominantemente psic&oacute;genos mientras que el secundario por lo general representa una respuesta condicionada al dolor f&iacute;sico o propio de una nueva relaci&oacute;n sexual. Recientes estudios han demostrado que las mujeres que padecen este trastorno presentan un mayor reconocimiento de sensaciones y emociones negativas como molestia, asco y ansiedad ante est&iacute;mulos sexuales como pel&iacute;culas er&oacute;ticas e im&aacute;genes de contenido sexual<sup>12,13</sup>. Un estudio que analiz&oacute; a 2979 mujeres report&oacute; una prevalencia del 0,4&#37; con una variaci&oacute;n entre el 1 y el 7&#37; entre otros autores<sup>7,12</sup>.</p>      <p align="center"><font size="3"><b><u>VULVODINIA</u></b></font></p>      <p align="justify">Denota la sensaci&oacute;n de incomodidad o malestar ubicado en cualquier parte de la vulva en ausencia de hallazgos f&iacute;sicos de infecci&oacute;n o inflamaci&oacute;n y en algunas ocasiones &uacute;nicamente atribuida a secuelas neurol&oacute;gicas; la molestia que generalmente es descrita como un dolor quemante tambi&eacute;n puede presentarse como escozor o sensaci&oacute;n de irritaci&oacute;n. Realmente no se ha logrado esclarecer su etiolog&iacute;a, sin embargo puede clasificarse en subtipos dependiendo de si se ubica o no en un determinado punto; recibe el nombre de vulvodinia localizada, m&aacute;s com&uacute;nmente cuando la molestia se sit&uacute;a en el vest&iacute;bulo donde tambi&eacute;n recibe el nombre de vestibulodinia o vestibulitis vulvar. La vulvodinia generalizada tal como su nombre lo indica, no involucra un punto fijo y es t&iacute;picamente descrita como un dolor cr&oacute;nico persistente. El dolor producido se considera cr&oacute;nico cuando alcanza una duraci&oacute;n de al menos tres a seis meses. La vulvodinia puede estar relacionada con el uso de tampones y ropa ce&ntilde;ida, la evidencia actual indica que el tiempo de vida de incidencia acumulada de la vulvodinia es cerca del 15&#37;, lo que sugiere que cerca de 14 millones de mujeres estadounidenses en alg&uacute;n momento de sus vidas han experimentado s&iacute;ntomas de ardor vulvar cr&oacute;nico y dolor<sup>7-9,11</sup>.</p>      <p align="justify">La vestibulodinia o vestibuitis, se describe como el dolor inducido al tacto del vest&iacute;bulo o en un intento de generar penetraci&oacute;n, se caracteriza por hallazgos f&iacute;sicos propios de inflamaci&oacute;n como eritema<sup>7,8,11</sup>. De manera similar, el TDSNC puede definirse como el dolor recurrente o persistente generado mediante estimulaci&oacute;n sexual distinta al coito y localizado en la zona genital<sup>5,7,11</sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font size="3"><b><u>DISCUSI&Oacute;N</u></b></font></p>      <p align="justify">De acuerdo con el an&aacute;lisis de la literatura consultada es posible detectar una continua dificultad en la clasificaci&oacute;n y diferenciaci&oacute;n entre una y otra entidad comprendida dentro de la categor&iacute;a de TDS. Si bien es posible que el n&uacute;mero reducido de art&iacute;culos limita la ampliaci&oacute;n de las definiciones tratadas, resulta interesante rescatar que los reportes m&aacute;s recientes contin&uacute;an basando sus estudios en datos epidemiol&oacute;gicos de larga data. Lo anterior permite deducir que el inter&eacute;s o el desarrollo de la comprensi&oacute;n de la disfunci&oacute;n sexual femenina continua siendo reducido y de poca importancia m&eacute;dica a nivel mundial, relegando este tipo de estudios y sus consecuentes avances a la poblaci&oacute;n masculina. Los grandes estudios citados logran soportar la evidencia encontrada para el periodo de su realizaci&oacute;n pero muy seguramente se quedaran cortos en el momento de reflejar el panorama actual.</p>      <p align="justify">La investigaci&oacute;n epidemiol&oacute;gica sobre la prevalencia, factores predictivos y resultados de la disfunci&oacute;n sexual en las mujeres es una necesidad urgente en el pa&iacute;s y constituye un predictor de calidad de vida que contin&uacute;a siendo ignorado. Debido a la alta incidencia de actos violentos y factores de riesgo piscosociales, se considera igualmente importante una futura revisi&oacute;n de las principales etiolog&iacute;as psic&oacute;genas relacionadas con trastornos de dolor sexual y disfunci&oacute;n sexual femenina, as&iacute; como su incidencia en la aparici&oacute;n de estas patolog&iacute;as<sup>5</sup>.</p>      <p align="center"><font size="3"><b><u>CONCLUSIONES</u></b></font></p>      <p align="justify">Analizando el contexto nacional, la casi nula informaci&oacute;n relacionada con el tema m&aacute;s que un problema de apat&iacute;a, se evidencia como una situaci&oacute;n de desconocimiento de las tem&aacute;ticas y desinformaci&oacute;n de su influencia en el bienestar integral de la mujer y la relaci&oacute;n de pareja. En tanto el libre ejercicio de la sexualidad no sea reconocido como una funci&oacute;n vital individual y la promoci&oacute;n del placer sexual con responsabilidad, el di&aacute;logo en pareja y la educaci&oacute;n entorno a estos temas sigan siendo desvirtuados, el sexo no abandonar&aacute; su m&aacute;s reconocido sentido reproductivo y la mujer continuar&aacute; considerando el placer y el goce sexual como un privilegio de pocas, m&aacute;s no como un derecho de todas.</p>      <p align="justify">Por &uacute;ltimo, tal y como fue planteado por Basson y cols., los estudios del m&eacute;dico y sus competencias en cuanto a disfunci&oacute;n sexual femenina hoy por hoy se necesitan con mayor urgencia, sin embargo al igual que en aquella &eacute;poca la mayor&iacute;a de los profesionales de la salud reciben poco o ning&uacute;n entrenamiento en estas &aacute;reas. Es claro que la presente revisi&oacute;n identifica lagunas de conocimiento respecto al estado de las respuestas sexuales de nuestra poblaci&oacute;n, por tanto se plantea la necesidad de creaci&oacute;n de nuevas l&iacute;neas de investigaci&oacute;n que incentiven el desarrollo del conocimiento de la disfunci&oacute;n sexual femenina en el territorio nacional.</p>      <p align="center"><font size="3"><b><u>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</u></b></font></p>      <!-- ref --><p align="justify">1. Magon N, Chauhan M, Malik S, Shah D. Sexuality in midlife: Where the passion goes? J Midlife Health. 2012;3(2):61-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0121-0319201500030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">2. Rosen R, Brown C, Heiman J, Leiblum S, Meston C, Shabsigh R, et al. The Female Sexual Function Index (FSFI): A Multidimensional Self-Report Instrument for the Assessment of Female Sexual Function. J Sex Marital Ther. 2000;26(2):191-208.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0121-0319201500030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">3. Garcia-P&eacute;rez H, Harlow SD. Cuando el coito produce dolor: una exploraci&oacute;n de la sexualidad femenina en el noreste de M&eacute;xico. Salud p&uacute;blica M&eacute;x. 2010;52:148-55&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0121-0319201500030000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Observatorio de Asuntos de G&eacute;nero. Alta Consejer&iacute;a Presidencial para la Equidad de la Mujer. Seguimiento a Indicadores Poblacionales, con enfoque de g&eacute;nero &#91;intenet&#93;. 2010 &#91;Citado 16 nov 2015&#93;. Disponible en: <a href="http://www.equidadmujer.gov.co/OAG/Documents/Violencia-contra-Mujeres-2010.pdf" target="_blank">http://www.equidadmujer.gov.co/OAG/Documents/Violencia-contra-Mujeres-2010.pdf</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0121-0319201500030000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">5. Basson R, Berman J, Burnett A, Derogatis L, Ferguson D, Fourcroy J, et al. Report of the International Consensus Development Conference on Female Sexual Dysfunction: Definitions and Classifications. J Urol. 2000;163(3):888-93.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0121-0319201500030000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">6. Shifren JL, Monz BU, Russo PA, Segreti A, Johannes CB. Sexual problems and Distress in United States women, prevalence and correlates. Obstet Gynecol. 2008;112(5):970-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0121-0319201500030000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">7. Gunther E. Approach to the Woman with Sexual Pain &#91;Internet&#93;. 2014 &#91;Citado 16 nov 2015&#93;. Disponible en: <a href="http://www.uptodate.com/contents/approach-to-the-woman-with-sexualpain#PATIENT_INFORMATION" target="_blank">http://www.uptodate.com/contents/approach-to-the-woman-with-sexualpain#PATIENT_INFORMATION</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0121-0319201500030000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">8. Gunther E. Differential diagnosis of sexual pain in women &#91;Internet&#93;. 2015 &#91;Citado 16 nov 2015&#93;. Disponible en: <a href="http://www.uptodate.com/contents/differential-diagnosis-of-sexual-pain-inwomen" target="_blank">http://www.uptodate.com/contents/differential-diagnosis-of-sexual-pain-inwomen</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0121-0319201500030000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">9. Simoneli C, Eleuteri S, Petruccelli F, Rossi R. Female sexual pain disorders: dyspareunia and vaginismus. Curr Opin Psychiatry. 2014;27(6):406-12.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0121-0319201500030000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">10. Dewitte M, Van Lankveld J, Crombez G. Understanding sexual pain: A cognitive-motivational account. PAIN. 2011;152(2):251-3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0121-0319201500030000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">11. Boardman LA, Stockdale CK. Sexual Pain. Clin Obstet Gynecol. 2009;52(4):682-90.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0121-0319201500030000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">12. Pacik PT. Veginismus: review of current concepts and treatment using botox injections, bupivacaine injections, and progressive dilation with the pain under anesthesia. Aesthetic Plast Surg. 2011;35(6):1160-4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0121-0319201500030000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
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