<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0121-1617</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Historia Crítica]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[hist.crit.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0121-1617</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0121-16172003000100004</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA HISTORIA COLONIAL EN HISTORIA CRÍTICA: UN BALANCE]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[garrido]]></surname>
<given-names><![CDATA[Margarita]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad de Oxford  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2003</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2003</year>
</pub-date>
<numero>25</numero>
<fpage>43</fpage>
<lpage>57</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0121-16172003000100004&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0121-16172003000100004&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0121-16172003000100004&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font size="4"><b>LA HISTORIA COLONIAL EN HISTORIA CR&Iacute;TICA: UN BALANCE</b></font></p>      <p><b>Margarita garrido    <br> </b>Ph. D. en historia moderna de la Universidad de Oxford.</p> <hr size="1">      <p>Quiz&aacute;s una de las preocupaciones que dirigen o deben dirigir  el trabajo de los historiadores es la de contribuir con su trabajo a una  representaci&oacute;n de la sociedad de la que se ocupan en un per&iacute;odo hist&oacute;rico.  Contribuir a la representaci&oacute;n implica entender las m&uacute;ltiples dimensiones de la  econom&iacute;a, la sociedad y la cultura.</p>      <p>Las representaciones que producimos de las sociedades del  pasado cambian porque las preguntas que les hacemos desde el presente var&iacute;an por  corresponder en alguna medida a las inquietudes que el presente proyecta sobre  el pasado. As&iacute;, la otra preocupaci&oacute;n que estimula el trabajo de los  historiadores es la de contribuir, de manera indirecta, sin simplificaciones ni  extrapolaciones, a entender cuestiones humanas, econ&oacute;micas, sociales, &eacute;tnicas,  pol&iacute;ticas, intelectuales, religiosas, &eacute;ticas o est&eacute;ticas, que de alguna manera  ocupan a la sociedad en la que viven.</p>      <p>Los quince art&iacute;culos de historia colonial publicados en  Historia Cr&iacute;tica responden, aunque no todos de la misma manera, a estas dos  motivaciones. Quieren contribuir a la representaci&oacute;n de la sociedad colonial, y,  al mismo tiempo, enfocar rasgos de ella que iluminan la comprensi&oacute;n de la  sociedad de hoy.</p>      <p>Estos art&iacute;culos responden a preocupaciones diversas, se  encaminan por muy distintos tipos de an&aacute;lisis, con niveles de profundidad y  resultados variados y desiguales. Podemos decir que en muchos sentidos  constituyen una muestra de la historiograf&iacute;a colonial colombiana de los &uacute;ltimos  a&ntilde;os. Algunos de estos trabajos surgieron en el seno de un seminario y son  desarrollos incipientes, casi todos declaran ser partes de investigaciones  mayores, ya sea para tesis de maestr&iacute;a o doctorado o proyectos postdoctorales.  Otros, sabemos, est&aacute;n vinculados a trabajos de toda una vida.</p>      <p>En primer lugar, podr&iacute;amos se&ntilde;alar que su distribuci&oacute;n a&uacute;n  responde a la concentraci&oacute;n en la segunda mitad del siglo XVIII, se&ntilde;alada ya  hace alg&uacute;n tiempo, para la historiograf&iacute;a colonial y no s&oacute;lo para la colombiana.  De los quince art&iacute;culos de la muestra, ocho de ellos se centran en ese per&iacute;odo y  dos m&aacute;s pasan al siglo XIX temprano. Los otros cinco art&iacute;culos corresponden,  uno, al siglo XVI, otro al XVI y al XVII, y tres al XVII. Debemos resaltar la  aparici&oacute;n de trabajos sobre el siglo XVII, el gran olvidado, en una proporci&oacute;n  de 20&#37; o 25&#37; de la misma.</p>      <p>En segundo lugar, debemos tratar de agrupar los temas.  Podr&iacute;amos decir, en primera instancia, siguiendo una clasificaci&oacute;n bastante  tradicional que encontramos un art&iacute;culo sobre historia del poblamiento y el  territorio &#40;Marta Herrera Angel&#41;, dos art&iacute;culos sobre temas de historia de la  familia &#40;Pablo Rodr&iacute;guez&#41;, cuatro art&iacute;culos que podr&iacute;an calificar como  etnohistoria, relativa especialmente a creencias y pr&aacute;cticas &quot;espirituales&quot;  &#40;Adriana Maya, Carolina Giraldo, Diana Ceballos, Mar&iacute;a Cristina Navarrete&#41;, dos  sobre discursos religiosos cat&oacute;licos &#40;Mercedes L&oacute;pez y Catalina Mu&ntilde;oz&#41;, uno de  historia pol&iacute;tica &#40;Jaime Jaramillo Uribe&#41; y cinco que podemos agrupar como  historia intelectual o historia de la ciencia &#40;Oscar Rodr&iacute;guez, quien tiene dos  art&iacute;culos, Mauricio Nieto, Jos&eacute; Antonio Amaya y Adriana Alzate&#41;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una clasificaci&oacute;n m&aacute;s fina nos llevar&iacute;a a diferenciar m&aacute;s los  temas, algunos en siglos distantes como los dos art&iacute;culos sobre discursos  religiosos cat&oacute;licos, uno del siglo XVI y otro de inicios del XIX; o a  distinguir entre actores y grupos sociales estudiados, como sucede con los  art&iacute;culos que en primera instancia agrupamos como etnohistoria, los cuales  coinciden en el siglo XVII, pero mientras dos de ellos se ocupan de la poblaci&oacute;n  afrocolombiana, otro se centra en los mestizos e intermediarios culturales y  otro, finalmente, en los judaizantes.</p>       <p>No seguiremos estas clasificaciones, sino una quiz&aacute;s m&aacute;s  gruesa, que nos conduce a proponer dos grandes bloques, que corresponden a lo  que, en gracia de discusi&oacute;n, podr&iacute;amos llamar dos corrientes fuertes de  pensamiento y representaci&oacute;n del mundo: la Inquisici&oacute;n y la Ilustraci&oacute;n. La  primera es una instituci&oacute;n y un instrumento de la Iglesia cat&oacute;lica que sirvi&oacute;  para mantener su poder; la segunda, una filosof&iacute;a secular que abarc&oacute; dimensiones  econ&oacute;micas, sociales, pol&iacute;ticas y cient&iacute;ficas de gran envergadura. Ambas son  estructuras simb&oacute;licas de larga duraci&oacute;n y fuertes ideolog&iacute;as que contribuyeron  a marcar el &quot;esp&iacute;ritu del siglo&quot;. Entonces los dos grandes bloques en que  repartimos los art&iacute;culos de la muestra no son arbitrarios sino que surgen al  agruparlos por temas y pos siglos.</p>      <p>    <br> <b>Los actores, los discursos y las pr&aacute;cticas bajo el influjo de la inquisici&oacute;n</b></p>      <p>No comenzamos con un mapa claro de jurisdicciones, de regiones  o al menos de gobiernos vigentes en el siglo XVII, sino con el mapa del reino de  Dios. El &uacute;nico art&iacute;culo de los de la muestra que se ocupa del siglo XVI, el de  Mercedes L&oacute;pez, no se inscribe en la Inquisici&oacute;n, sino en la Contrareforma. Nos  deja ver, ante todo, la ambig&uuml;edad de la distancia entre la metr&oacute;poli y la  colonia en el siglo XVI. Si por un lado esta lejan&iacute;a imped&iacute;a la afluencia de  curas y el control sobre los que hab&iacute;a, por otro, la vida colonial estaba tan  conectada con Espa&ntilde;a que en ella se daban versiones propias de las ri&ntilde;as de  jurisdicci&oacute;n entre los poderes civil y eclesi&aacute;stico, y al interior de &eacute;ste,  conflictos de competencia entre cl&eacute;rigos y frailes por el control de las almas,  los cargos y los bienes. Es interesante el contraste entre los documentos de  probanza de m&eacute;ritos y servicios de los curas aspirantes a cargos y las  acusaciones de la implicaci&oacute;n de los peticionarios en hechos que contradec&iacute;an  esos dechados de virtudes. Creo que esos primeros a&ntilde;os de la Audiencia de Santa  Fe tienen a&uacute;n fuertes caracter&iacute;sticas de sociedad de frontera. La documentaci&oacute;n  existente para la sociedad del siglo XVI bien merece ser revisitada con nuevas  preguntas sobre los valores que la reg&iacute;an, sobre las motivaciones de individuos  y grupos, sobre complejas relaciones entre los poderes, sobre resistencia y  asimilaci&oacute;n ind&iacute;gena. Los trabajos existentes de historias regionales, sobre  encomiendas y mita, sobre esclavitud y doctrinas, sobre pueblos y parroquias,  constituyen una excelente base para afinar preguntas sobre las posibilidades de  reconstrucci&oacute;n de tejido social despu&eacute;s de una conquista militar, sobre  tipolog&iacute;as de comportamiento &#40;como lo hace L&oacute;pez con los curas&#41; e identidades,  sobre formas de buscar reconocimiento y convivencia entre vencedores y entre  vencedores y vencidos.</p>      <p>En el siglo XVII, la Inquisici&oacute;n, derivada de la instituci&oacute;n  medieval para combatir la herej&iacute;a, se convirti&oacute;, en Cartagena, en el instrumento  que, basado en el sigilo y secreto de las informaciones &#40;y por tanto, en la  imposibilidad de control social sobre su jurisdicci&oacute;n&#41;, vigilaba las pr&aacute;cticas  religiosas o m&aacute;gicas de esclavos y mulatos especialmente, y de inmigrantes  portugueses y cualquier otro sospechoso de conservar los ritos jud&iacute;os. La  Inquisici&oacute;n fue un factor disociador, sembr&oacute; desconfianza, tipific&oacute;  antagonismos, arruin&oacute; fortunas, demoniz&oacute; a algunos grupos &eacute;tnicos o de  nacionales, volvi&oacute; a unos vigilantes de otros.</p>      <p>Los art&iacute;culos de las cuatro autoras &#40;Adriana Maya, Carolina  Giraldo, Diana Ceballos, Mar&iacute;a Cristina Navarrete&#41;, no se centran en la  Inquisici&oacute;n, aunque todas se sirven de sus archivos. Al respecto, Diana Ceballos  ofrece unas definiciones que van m&aacute;s all&aacute; de un glosario, e insiste en la  interacci&oacute;n entre diversos grupos e individuos, lo cual permite esbozar un  contexto para ubicar las pr&aacute;cticas concretas. Algunas de las preguntas de las  autoras surgen especialmente de la historia cultural, obteniendo de la  documentaci&oacute;n informaci&oacute;n impl&iacute;cita sobre la sociedad, aunque ajena a la  intenci&oacute;n de los documentos mismos. &iquest;Qu&eacute; imagen de los afroamericanos se  construy&oacute; en las colonias? &iquest;Qu&eacute; sentido se atribu&iacute;a a sus pr&aacute;cticas curativas,  de magia amorosa, sexuales o de yerbater&iacute;a? &iquest;Qui&eacute;nes las practicaban y qui&eacute;nes  las solicitaban? &iquest;Cu&aacute;les eran los motivos profundos de la demonizaci&oacute;n de  actores y pr&aacute;cticas? &iquest;De qu&eacute; forma la demonizaci&oacute;n pod&iacute;a resultar favoreciendo a  los negros? &iquest;Se produjo un sincretismo, una criollizaci&oacute;n, una mimetizaci&oacute;n u  otro tipo de asociaci&oacute;n de creencias? Finalmente, &iquest;c&oacute;mo pod&iacute;an los jud&iacute;os  practicar no s&oacute;lo sus propios ritos sino tambi&eacute;n los ritos cat&oacute;licos que les  eran impuestos?</p>      <p>Las respuestas que obtienen sobre la interacci&oacute;n social en  esos &aacute;mbitos de persecuci&oacute;n y exclusi&oacute;n constituyen una excelente entrada a la  cultura pol&iacute;tica del siglo XVII, especialmente para la sociedad de la Provincia  de Cartagena y algunos distritos mineros de Antioquia. La representaci&oacute;n de  Cartagena y su hinterland aparece desde all&iacute; como la de un abigarrado  asentamiento humano en torno a un puerto donde hay gente de todos los reinos que  intercambia mercanc&iacute;as variadas, entre las cuales parecen de especial  importancia los humanos, convertidos en esclavos, as&iacute; como las creencias y  pr&aacute;cticas de que eran portadores. El largo brazo de la Inquisici&oacute;n se extendi&oacute;  hasta all&iacute; para adue&ntilde;arse de los bienes de los portugueses judaizantes y para  evitar la contaminaci&oacute;n de las colonias con pr&aacute;cticas que le restaban poder a  las jerarqu&iacute;as eclesiales y disminu&iacute;an el n&uacute;mero de fieles y los diezmos. La  sociedad parece dividida entre las fuerzas del mal y las del bien.</p>      <p>&iquest;Es suficiente esa representaci&oacute;n de la sociedad de la costa  Caribe en siglo XVII? Creo que esa es una representaci&oacute;n relativamente adecuada.  Aunque sabemos algo de pr&aacute;cticas y creencias, as&iacute; como los nombres y oficios de  los actores, sabemos muy poco de sus vidas en los variados aspectos que las  constituyen y de los entornos intermedios para cada caso a los que los art&iacute;culos  hacen referencia, no obstante, nos hacen falta muchos datos para poder imaginar  estos individuos en sus contextos. Por otra parte, &iquest;ser&iacute;a posible encontrar este  tipo de actores y pr&aacute;cticas &#40;por ejemplo esclavos o negros libres con actitudes  irreverentes, jud&iacute;os/cristianos nuevos alternando ritos&#41; en Santa F&eacute;, en Tunja o  en Popay&aacute;n? O, con mayor probabilidad, &iquest;en Caracas, en Guayaquil o en Lima?  Comparando con lo que suced&iacute;a en las distintas colonias iberoamericanas, &iquest;hasta  qu&eacute; punto la presencia f&iacute;sica de la Inquisici&oacute;n hizo que en la ciudad y sus  alrededores su lenguaje moldeara las relaciones entre gobernantes y gobernados?  Sobre todo, ser&iacute;a interesante poder fortalecer la representaci&oacute;n de estas  sociedades con la articulaci&oacute;n de estas historias de excluidos, con historias de  incluidos y su interacci&oacute;n con sociedades vecinas.</p>      <p>Tambi&eacute;n ser&iacute;a interesante poner en una perspectiva hist&oacute;rica  m&aacute;s amplia las interacciones descritas por Maya, Ceballos, Giraldo y Navarrete  entre actores sociales del siglo XVII. &iquest;C&oacute;mo se transformar&iacute;an en el siglo  XVIII? &iquest;C&oacute;mo se guardaron las creencias y pr&aacute;cticas del siglo XVII para ser  encontradas hoy en el Baud&oacute;? &iquest;Eran las mismas entre distintos grupos, en  regiones distantes? &iquest;Fueron conservadas o fueron olvidadas y revividas en la  segunda mitad del siglo XVIII, cuando el poder de la Inquisici&oacute;n disminuy&oacute;?</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entonces, &iquest;se reconstruir&iacute;an identidades y alteralidades?  &iquest;Cu&aacute;les ser&iacute;an los matices de nuevas formas de reconocimiento entre los miembros  de distintas etnias? &iquest;Lograron o no una mayor inclusi&oacute;n y visibilidad los  excluidos? &iquest;Se construyeron nuevos espacios de confianza para expresar las  creencias cuando ya hubo una relativa libertad de conciencia? &iquest;C&oacute;mo se  transform&oacute; la econom&iacute;a de pasiones a la que Maya alude?</p>      <p>Los art&iacute;culos hacen aportes muy interesantes gracias a los  cuales es posible plantear preguntas como las anteriores. No es posible  pretender que ellos mismos tuvieran esas respuestas que por supuesto exceden el  alcance de lo que se propon&iacute;an. Estos interrogantes est&aacute;n encaminados, m&aacute;s bien,  a mostrar las posibilidades de desarrollo de estas l&iacute;neas de investigaci&oacute;n y a  invitar a fortalecer relaciones. En algunos casos, las mismas autoras se han  ocupado de temas afines o relacionados en otros trabajos suyos, que no aparecen  en esta muestra de la revista a la que se circunscribe este balance.</p>      <p>Necesitamos saber mucho m&aacute;s del siglo XVII. Si traslad&aacute;ramos  las respuestas que sobre vida cotidiana, discursos eruditos y pol&iacute;tica tenemos  para el XVIII, para referirnos solamente a los que hacen parte de esta muestra  de diez art&iacute;culos, nos dar&iacute;amos cuenta c&oacute;mo han sido de diferentes las preguntas  para este per&iacute;odo y cu&aacute;n poco sabemos en esos aspectos del XVII. Construir las  preguntas para el XVII y sus respuestas requieren un esfuerzo de nuestra parte,  especialmente para construir los acervos documentales, para descubrir otros  actores, im&aacute;genes, literaturas, vestigios de todo orden que nos ayuden a  producir un mejor entendimiento de todo lo que se dec&iacute;a, se produc&iacute;a, circulaba,  transaba y consum&iacute;a en esa sociedad. Y, en el otro sentido, c&oacute;mo suger&iacute; arriba,  los temas tratados para el XVII deben prolongarse hacia delante para reconstruir  procesos y hacer balances m&aacute;s completos de los legados de un siglo a otro. Ser&iacute;a  muy interesante descubrir desde las micro y las mesohistorias &#40;y no solamente  desde la historia de la metr&oacute;poli y sus pol&iacute;ticas&#41; cu&aacute;ndo y c&oacute;mo se paso del  discurso dominante del orden del mundo en t&eacute;rminos de bien y mal, cuyo baluarte  fue la Inquisici&oacute;n, al discurso del orden secular que preconiza la Ilustraci&oacute;n.</p>      <p>Tambi&eacute;n necesitamos fortalecer nuestros cuerpos conceptuales,  especialmente desde la historia cultural. El concepto de cimarronaje cultural  que propone Adriana Maya es sumamente interesante y creo que merece un  tratamiento m&aacute;s detenido, una discusi&oacute;n contrastada con otros conceptos,  especialmente, me parece a m&iacute;, con el de resistencia-asimilaci&oacute;n, trabajado  entre otros, para Am&eacute;rica colonial, por Steve Stern<sup><a   name="s1"  href="#1">1</a></sup>. En el  planteamiento de la autora aparece la ambig&uuml;edad de la resistencia y la  asimilaci&oacute;n: la conservaci&oacute;n de lo sagrado africano &#40;aun demonizado&#41; era una  forma de resistir por parte de los esclavos a la negaci&oacute;n cultural que sufr&iacute;an  por la esclavitud, y al tiempo, sus pr&aacute;cticas demonizadas, una forma de  insertarse en la sociedad a trav&eacute;s del manejo de deseos y miedos de los otros.  De hecho, en los estudios sobre cimarrones, entendidos en la forma tradicional  como grupos de esclavos que huyen para formar una sociedad libre aparte, se han  encontrado muchas formas de asimilaci&oacute;n, siendo quiz&aacute;s la m&aacute;s notable de las  conocidas, la del palenque de El Castigo, en el valle del Pat&iacute;a, estudiada hace  a&ntilde;os por Francisco Zuluaga.</p>      <p>En el caso del concepto de intermediarios culturales que Diana  Ceballos usa de paso, es a&uacute;n m&aacute;s necesario el debate. Ya se han realizado varios  encuentros con representantes de todos los continentes sobre este concepto de  passeurs culturels, mediadores culturales, el cual parece dif&iacute;cil de despachar  con una acepci&oacute;n simple<sup><a   name="s2"  href="#2">2</a></sup>. Merece discusi&oacute;n, sobretodo para evitar que  se propague, como sucede a veces, como uno m&aacute;s de esos conceptos que se ponen de  moda, y se usan sin precisi&oacute;n.</p>      <p>En casi todos los casos, ser&iacute;a interesante trabajar con el  concepto de reconocimiento y de b&uacute;squeda de reconocimiento a trav&eacute;s de las  pr&aacute;cticas y los discursos de los actores, buscando su sentido posible como  actos. Tzvetan Todorov, quien en reciente obra presenta la historia de este  concepto, plantea que &quot;La necesidad del reconocimiento es el hecho humano  constitutivo&quot;<sup><a   name="s3"  href="#3">3</a></sup>.</p>       <p><b>    <br> Los actores, discursos y pr&aacute;cticas bajo la &eacute;gida de la  ilustraci&oacute;n</b></p>      <p>La Ilustraci&oacute;n en Espa&ntilde;a dio lugar sobre todo a nuevos  programas de gobierno que, para el caso de las colonias, estaban orientados a su  reactivaci&oacute;n con el fin de hacerlas m&aacute;s productivas para la metr&oacute;poli. Los  discursos y algunas medidas llegaron a afectar virtualmente todos los aspectos  de la vida en las colonias.</p>      <p>Las medidas estuvieron orientadas a controlar mejor la  administraci&oacute;n y el gobierno, fortalecer la autoridad real, reforzar el sistema  de defensa, reconocer los recursos naturales para obtener beneficios  farmac&eacute;uticos, aumentar la rentabilidad fiscal y el comercio, reformar la  educaci&oacute;n y las instituciones asistenciales. En el curso del siglo, el &eacute;nfasis  en uno u otro aspecto cambi&oacute; y es ampliamente aceptado que el reformismo tendi&oacute;  a profundizarse.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entre los art&iacute;culos sobre el siglo XVIII que aparecen en la  muestra de la que debemos hacer este balance, contamos en este bloque para  iniciar, con un mapa de divisiones pol&iacute;tico administrativas, todav&iacute;a impreciso,  pero mucho m&aacute;s &quot;aterrizado&quot; que el del siglo XVI que divid&iacute;a espa&ntilde;oles entre los  de Dios y los del siglo, y a los indios entre los de los frailes y los de los  cl&eacute;rigos. Marta Herrera nos aporta precisiones sobre jerarqu&iacute;as gubernamentales  y jurisdiccionales, poblaciones y l&iacute;mites territoriales, de acuerdo con los  informes m&aacute;s importantes de la segunda mitas del siglo XVIII. Los informes  mismos revelan la preocupaci&oacute;n por el reordenamiento del territorio, que fue una  de las caracter&iacute;sticas de la reasunci&oacute;n de las colonias por parte de los  Borbones. Vale la pena recordar que la creaci&oacute;n del virreinato de Santa Fe,  primero en 1717-23, y definitivamente en 1739, fue una de las primeras medidas  de reordenamiento para la defensa y el control del contrabando.</p>      <p>Pablo Rodr&iacute;guez nos introduce en la vida cotidiana de hombres  y mujeres comunes y corrientes, de las sociedades urbanas y pueblerinas,  debati&eacute;ndose en el mercado matrimonial entre sus sentimientos y los valores del  honor, las jerarqu&iacute;as sociales, los recursos econ&oacute;micos y las restricciones de  parentesco impuestos para los matrimonios por la Iglesia y la corona. Los dos  trabajos suyos que hacen parte de las publicaciones de Historia Cr&iacute;tica nos  acercan a contextos sociales complejos. Es interesante notar en el trasfondo de  estos casos de parejas que hab&iacute;a ciertas posibilidades de movilidad social entre  los de piel m&aacute;s clara, y que ni el honor ni la conservaci&oacute;n de la calidad &eacute;tnica  alcanzada eran monopolio de las elites. Los vecinos libres, blancos pobres,  mestizos, mulatos o pardos se diferenciaban a s&iacute; mismo de indios y esclavos. En  la Nueva Granada, a partir de la Pragm&aacute;tica Real de 1776, que devolv&iacute;a a los  padres la autoridad sobre los hijos en materia de matrimonio, se produjeron m&aacute;s  litigios por los matrimonios entre mestizos y mulatos que entre las elites y  tambi&eacute;n en las clases subalternas, aunque los j&oacute;venes gozaban de mayor libertad  para los juegos amorosos, &eacute;sta se ve&iacute;a limitada en el momento de formalizar las  relaciones en matrimonio<sup><a   name="s4"  href="#4">4</a></sup>.</p>      <p>Con este marco provisorio de territorio y sociedad, seguimos  con los dem&aacute;s art&iacute;culos de la revista para encontrar una gran coincidencia en un  campo que podr&iacute;amos denominar historias de intelectuales: los naturalistas  expedicionarios, un cient&iacute;fico sueco que provee libros, un intelectual criollo  &#40;que es uno de los economistas coloniales&#41; que se apropia el discurso sobre el  nuevo orden hospitalario, unos economistas coloniales y de la rep&uacute;blica  naciente, un bur&oacute;crata colonial ilustrado encargado de llevar a cabo algunas de  las reformas de Carlos III y un cura patriota que construye, desde los fil&oacute;sofos  espa&ntilde;oles de la soberan&iacute;a popular, la condena de la conquista para ser usada  como justificaci&oacute;n de la independencia.</p>      <p>En su art&iacute;culo sobre la apropiaci&oacute;n cient&iacute;fica del Nuevo  Mundo, Mauricio Nieto parte del contexto de la pol&iacute;tica ilustrada y  mercantilista de los espa&ntilde;oles y europeos, dejando en claro que se trataba de  una conquista mucho m&aacute;s profunda que la sola apropiaci&oacute;n de territorios y de  pr&aacute;cticas de naturalistas estimuladas por algo m&aacute;s que curiosidad cient&iacute;fica. Su  presentaci&oacute;n de las Expediciones Bot&aacute;nicas a Am&eacute;rica muestra los intereses que  las animaron, la competencia europea por el conocimiento en que estaban  envueltas, sus alcances y sus l&iacute;mites. Es innegable que la Ilustraci&oacute;n espa&ntilde;ola  propici&oacute;, por una parte, nuevas aproximaciones al conocimiento, a la naturaleza  y a la sociedad, inspiradas en las pol&iacute;ticas imperiales borb&oacute;nicas, y por otra,  formas de asociaci&oacute;n del tipo de sociedades del pensamiento<sup><a   name="s5"  href="#5">5</a></sup>. En  algunos casos, estas asociaciones e instituciones fueron convertidas por los  criollos en baluartes del movimiento emancipador con discursos propios de una  especie de patriotismo cient&iacute;fico y reforzadas por un sentimiento de comunidad  imaginada<sup><a   name="s6"  href="#6">6</a></sup>.</p>      <p>El trabajo de Jos&eacute; Antonio Amaya presenta un excelente ejemplo  de circulaci&oacute;n erudita de los nuevos saberes de las Ciencias Naturales, al  descubrirnos a un diplom&aacute;tico sueco, Hans Jacob Gahn, como el mejor consejero  bibliogr&aacute;fico de la Expedici&oacute;n Bot&aacute;nica y de la secci&oacute;n de Historia Natural de  la Biblioteca de Jos&eacute; Celestino Mutis. Esta temprana colaboraci&oacute;n cient&iacute;fica  recontada con extraordinario cuidado por Amaya nos hace pensar de nuevo en la  importancia que el conocimiento de estos territorios ten&iacute;a para la nueva mirada  a la naturaleza y sus beneficios, como la base de grandes desarrollos  cient&iacute;ficos y comerciales.</p>      <p>Un buen ejemplo de la apropiaci&oacute;n del discurso ilustrado en un  campo espec&iacute;fico es el que nos aporta Adriana Alzate en su estudio sobre la  propuesta de Pedro Ferm&iacute;n de Vargas para organizar el hospital de Zipaquir&aacute;.  Alzate da cuenta de las fuentes europeas de donde se sirvi&oacute; Vargas para elaborar  su Plan. Llama la atenci&oacute;n la coincidencia entre la importancia que Vargas  otorga, como lo destaca la autora, a la formaci&oacute;n de bot&aacute;nicos y m&eacute;dicos para el  reconocimiento de tantas plantas que nos brinda la naturaleza y la relaci&oacute;n de  los jardines bot&aacute;nicos con los boticarios y m&eacute;dicos que nos muestra Mauricio  Nieto para Espa&ntilde;a.</p>      <p>El cambio del concepto de caridad al de beneficencia en la  concepci&oacute;n de los hospitales que se&ntilde;ala Alzate tiene que ver con que la idea de  la pobreza como una opci&oacute;n bendita por Dios, profesada por siglos por la  Iglesia, hab&iacute;a quedado atr&aacute;s. En el Papel Peri&oacute;dico de Santa Fe, como en otros  papeles de las dos Am&eacute;ricas, se presentaron los debates sobre qui&eacute;nes eran los  verdaderos pobres a quienes se deb&iacute;a ayudar, se valoriz&oacute; cualquier tipo de  trabajo honrado aunque fuera manual, como preferible a la pobreza, y se propuso  el concepto de beneficencia. Los esfuerzos por reorganizar los hospitales con  rentas propias estuvieron presentes en muchas colonias y respond&iacute;an a esta nueva  visi&oacute;n ilustrada. Su contraparte fueron los reglamentos de polic&iacute;a destinados a  perseguir a &quot;vagos y malentretenidos&quot;.</p>      <p>Vargas fue uno de los m&aacute;s brillantes &quot;economistas&quot; coloniales  de quien, junto con Pombo y Narv&aacute;ez, se ocupa Oscar Rodr&iacute;guez en su art&iacute;culo  sobre el pensamiento econ&oacute;mico. Tenemos aqu&iacute; otro buen ejemplo de los nuevos  discursos, en este caso sobre teor&iacute;as econ&oacute;micas, se&ntilde;alando detenida y  cr&iacute;ticamente las fuentes fisiocr&aacute;ticas y mercantilistas que inspiraron de una  parte, algunas de las reformas ilustradas y, de otra, la cr&iacute;tica de los  pensadores coloniales por la forma en que se manejaba la econom&iacute;a. Algunas de  ellas dirigieron las primeras medidas tomadas en la joven rep&uacute;blica. Se trata de  una apropiaci&oacute;n que en este caso sirvi&oacute; no s&oacute;lo para los planes sino,  principalmente, para lo que Juan Carlos Chiaramonte llam&oacute; la Cr&iacute;tica Ilustrada  de la realidad. En todas las colonias hispanoamericanas la cr&iacute;tica ilustrada a  las formas de aprovechamiento de los recursos naturales, a la precariedad de la  infraestructura vial, a la ausencia de medidas de fomento de la poblaci&oacute;n y de  la riqueza, dio lugar a la formulaci&oacute;n de un nuevo paradigma de felicidad de los  pueblos, lo que implicaba medidas efectivas para el aumento de la poblaci&oacute;n, la  producci&oacute;n, las comunicaciones y el comercio. Las propuestas que adelantaron  algunos criollos iban, por supuesto, mucho m&aacute;s all&aacute; de las acostumbradas  fervorosas declaraciones de los soberanos sobre su preocupaci&oacute;n por la felicidad  de sus vasallos, que sol&iacute;an preceder medidas de orden urbano, de control moral y  pol&iacute;tico y los nuevos impuestos. No obstante, en las Audiencias y en el Supremo  Consejo de Indias, las pr&aacute;cticas consagradas y las rutinas administrativas bien  probadas tuvieron m&aacute;s peso que las propuestas innovadoras, por lo que &eacute;stas  fueron frecuentemente tratadas con displicencia.<sup><a   name="s7"  href="#7">7</a></sup></p>      <p>Nuestro muy distinguido y apreciado profesor Jaime Jaramillo  Uribe examina la actuaci&oacute;n de Francisco Antonio Moreno y Escand&oacute;n, un bur&oacute;crata  criollo ilustrado, agente central de las medidas reformadoras de los Borbones en  Nueva Granada, con el objetivo de balancear la novedad de algunas de las  reformas borb&oacute;nicas, especialmente aquellas destinadas a disminuir la  participaci&oacute;n de los clanes de criollos notables en los altos cargos del  gobierno colonial, la concentraci&oacute;n y eliminaci&oacute;n de pueblos de indios y la  pol&iacute;tica fiscal. Jaramillo Uribe nos hace notar que casi todas ellas se basaron  en antiguas normas de gobierno colonial y concluye que la pol&iacute;tica borb&oacute;nica fue  menos innovadora de lo que se ha supuesto. Cuestiona directamente la propuesta  de John Phelan del abandono de la &quot;tradicional Constituci&oacute;n del Reino&quot; y su  reemplazo por decisiones autoritarias e inapelables explicando que, antes bien,  en las d&eacute;cadas finales de r&eacute;gimen colonial, los memoriales de queja y  representaciones de parte de todos los grupos aumentaron y fueron tenidos en  cuenta para sopesar la forma en que se aplicaban las directrices venidas de la  corona. En su apoyo, podr&iacute;amos poner como ejemplo el hecho de que en la Nueva  Granada, con excepci&oacute;n de la propuesta de Cuenca, no se cre&oacute; el sistema  intendencial, posiblemente por no causar mayor inquietud a la elite criolla, al  interior de la cual muchos miembros destacados ya hab&iacute;an manifestado su  descontento al participar de una manera m&aacute;s o menos soslayada en el movimiento  Comunero de 1781. La escasez de recursos fiscales y la oposici&oacute;n del Arzobispo  Virrey debieron influir en el tratamiento diferencial de la Nueva Granada<sup><a   name="s8"  href="#8">8</a></sup>.  La Nueva Granada fue una excepci&oacute;n, pues en cada Virreinato y cada Capitan&iacute;a  General se cre&oacute; un sistema de Intendencias &#40;Cuba en 1764, Caracas en 1776, R&iacute;o  de la Plata en 1782, Per&uacute; en 1784, M&eacute;xico, Guatemala y Chile en 1786&#41;. No  obstante, creemos que fue el Movimiento de los Comuneros el que caus&oacute; la  morigeraci&oacute;n, especialmente en la Nueva Granada, de las medidas borb&oacute;nicas  tendientes a un mayor control. De hecho, Jaramillo Uribe admite muy claramente  que lo que se innov&oacute; en lo fiscal fue en &quot;la organizaci&oacute;n, control y forma de  recaudo de las rentas virreinales y este aspecto de su gesti&oacute;n fue quiz&aacute;s el que  mayores resistencias gener&oacute;&quot; y coincide con Phelan al decir que fue lo m&aacute;s  repudiado por los Comuneros.</p>      <p>De todas maneras, la revisi&oacute;n del conjunto de reformas para  Nueva Granada, de sus semejanzas y diferencias con las otras unidades coloniales  y el debate sobre el llamado segundo pacto colonial propuesto por los Borbones,  debe retomarse y profundizarse para que arroje luz sobre las especificidades de  nuestra cultura pol&iacute;tica.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Finalmente, la muestra nos ofrece un trabajo sobre un miembro  de la Iglesia cat&oacute;lica en el per&iacute;odo de la Independencia. Si durante el siglo  XVII, la Iglesia se hab&iacute;a caracterizado por una pastoral conservadora y  rutinaria, por la consolidaci&oacute;n de las instituciones eclesi&aacute;sticas, entre ellas  la Inquisici&oacute;n, y el endurecimiento hacia las pr&aacute;cticas religiosas ind&iacute;genas y  de otros grupos, el siglo XVIII se caracteriz&oacute; por el cuestionamiento a la  piedad barroca realizado por religiosos, m&aacute;s o menos inspirados en la  Ilustraci&oacute;n.</p>      <p>No obstante, el discurso de Fern&aacute;ndez de Sotomayor no parece  inspirarse en los ilustrados. El art&iacute;culo sobre el catecismo pol&iacute;tico del Padre  Fern&aacute;ndez de Sotomayor se inscribe tambi&eacute;n en este terreno de la cultura y la  pol&iacute;tica. Su autora plantea la diferencia de las fuentes y del discurso de este  autor con respecto a los m&aacute;s conocidos en defensa de la Independencia y muestra  c&oacute;mo Fern&aacute;ndez de Sotomayor se centra en desconocer la legitimidad de los  llamados t&iacute;tulos de la conquista, tomando como fuente los juristas espa&ntilde;oles que  defendieron la soberan&iacute;a popular como fuente del poder del rey y la usa como  base para justificar el derecho de los americanos para darse su propio gobierno.</p>      <p>Vemos, pues, c&oacute;mo la investigaci&oacute;n sobre estos actores  &#40;agentes&#41; ilustrados parece haber sido la veta m&aacute;s explotada por los  articulistas sobre historia colonial en la revista, y podemos decir que la  ideolog&iacute;a y acciones de los personajes estudiados cuenta en la muestra con el  tel&oacute;n de fondo que ofrece Mauricio Nieto, al hacer una exposici&oacute;n juiciosa y  ponderada sobre la dial&eacute;ctica de la Ilustraci&oacute;n, resaltando sus dimensiones  pol&iacute;ticas y con la iglesia del imperio espa&ntilde;ol. En casi todos los casos ser&iacute;a  interesante trabajar con el concepto de sujetos coloniales, tal y como lo  plantea Rolena Adorno, el sujeto que es colonizado y colonizador al mismo tiempo<sup><a   name="s9"  href="#9">9</a></sup>.</p>      <p>No podemos dejar de notar, sin embargo, que es necesario  preguntarnos sobre los actores comunes de la sociedad colonial tard&iacute;a, tal como  lo hace en sus trabajos Pablo Rodr&iacute;guez en relaci&oacute;n con las uniones familiares y  como debemos hacerlo respecto a muchos otros aspectos.</p>      <p>    <br> <b>&iquest;Hasta d&oacute;nde es conveniente la inscripci&oacute;n de la historia colonial en estos  grandes relatos, como lo son la inquisici&oacute;n y la ilustraci&oacute;n?</b></p>      <p>Nos preguntamos, al finalizar esta corta visita a los  art&iacute;culos que hemos agrupado en estos dos grandes bloques -actores y pr&aacute;cticas  bajo la Inquisici&oacute;n y bajo la ilustraci&oacute;n- por las reales continuidades y  discontinuidades entre el XVII y el XVIII. Probablemente, no es tan desatinada  su agrupaci&oacute;n por cuanto ambas, Inquisici&oacute;n e Ilustraci&oacute;n, pueden ser  consideradas, como hemos dicho, estructuras simb&oacute;licas de larga duraci&oacute;n, tanto  como lenguajes pol&iacute;ticos y sociales dominantes o como grandes relatos del mundo  que le daban sentido al orden y a la cr&iacute;tica, y fueron indiscutiblemente signos  importantes de sus respectivos siglos en las colonias iberoamericanas. No se nos  escapa la relaci&oacute;n que estas dominancias tienen con las preocupaciones de hoy,  del mundo de hoy y de la historiograf&iacute;a actual. &#40;Uno se pregunta si habr&iacute;a un  resultado semejante al incluir los art&iacute;culos sobre el siglo XIX: es decir, &iquest;la  mayor&iacute;a de ellos estar&aacute; marcada por el lenguaje del liberalismo y la  construcci&oacute;n del estado moderno?&#41;</p>      <p>Para el primer bloque, la relaci&oacute;n de las causas de Fe es casi  el &uacute;nico tipo de documento citado, contrastado en algunos art&iacute;culos con  registros etnogr&aacute;ficos contempor&aacute;neos y en todos con las aproximaciones  conceptuales de cient&iacute;ficos sociales, mayoritariamente franceses, con lo que  generalmente se logran lecturas novedosas de los mismos. Para el art&iacute;culo sobre  los curas en el siglo XVI, los documentos son probablemente del archivo de Curas  y Obispos y del Concilio de Trento. Documentos todos inscritos en un registro  religioso institucional dominante aunque, afortunadamente en el caso de los de  la Inquisici&oacute;n, como sucede con casi todos los documentos de archivos de  tribunales de justicia, se registran las voces de acusados y de testigos &#40;de  alguna forma&#41;.</p>      <p>Los formatos de los documentos por su forma de preguntar,  informan m&aacute;s sobre las preocupaciones institucionales que sobre los sujetos que  se quiere historizar. Sus vidas, obras e ideas quedan de alguna manera  transvasados en moldes ajenos. Eso no lo podemos cambiar pero s&iacute; contrastar,  complejizar, en fin CONTEXTUALIZAR.</p>      <p>En el segundo bloque, los documentos son m&aacute;s variados: Estados  de la geograf&iacute;a y censos, en un primer grupo, tipo registro de informaci&oacute;n  factual; disensos y testamentos, en un segundo grupo, como formas de registro  jur&iacute;dico de vidas de individuos, moldeados en formatos, pero con mayor espacio  para la expresi&oacute;n de sentido y sentimientos individuales; y, en un tercer grupo,  estar&iacute;an las Memorias, planes, observaciones, pensamientos, instrucciones,  reflexiones que son instrumentos propios de la divulgaci&oacute;n de ideas y la  correspondencia propia ya de una circulaci&oacute;n m&aacute;s personal de &eacute;stos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De hecho, se registra una mayor riqueza documental. &iquest;Podr&iacute;amos  buscar este tipo de documentos para el XVII? &iquest;Podr&iacute;amos esforzarnos en usar los  documentos de tribunales judiciales para el XVIII? &iquest;Y de otros tribunales,  distintos a los de la Inquisici&oacute;n, para el XVII? &iquest;Nos dar&iacute;an otras entradas a la  sociedad? &iquest;Encontrar&iacute;amos as&iacute; continuidades y discontinuidades? Es posible que  de este ejercicio resultaran evidencias de destiempos de las ideas &#40;&iquest;ideas fuera  de lugar?<sup><a   name="s10"  href="#10">10</a></sup>&#41; con respecto a los grandes relatos como la Inquisici&oacute;n  o la Ilustraci&oacute;n o sus valores acompa&ntilde;antes. Creo que s&iacute;, y creo tambi&eacute;n que  ser&iacute;a urgente hacer todo ello para la primera mitad del XVIII, que aparece como  un enorme vac&iacute;o.</p>      <p>Ha sido interesante descubrir las estrategias de algunos  grupos a lo largo del tiempo para lograr su asimilaci&oacute;n o expresar su  resistencia. Es de notar que las preguntas &#40;m&aacute;s que las explicaciones&#41; de los y  las historiadores &#40;as&#41; que conforman esta muestra ya no se agotan en la  definici&oacute;n de las actuaciones de clases u otra categor&iacute;a de agrupaci&oacute;n para  contar la historia, sino que han comenzado a dar espacio a la subjetividad.  Ser&iacute;a interesante ahora ampliar la mirada a familias, parentelas y comunidades.  As&iacute; mismo, al mirar m&aacute;s de cerca las trayectorias personales de gente com&uacute;n  descubriremos las pr&aacute;cticas de autonom&iacute;a y libertad de los individuos guiadas  por deseos de lograr reconocimiento y espacios personales en sociedades que los  reconoc&iacute;an s&oacute;lo precariamente. Estamos de acuerdo con lo que hace poco afirmara  Roger Chartier: &quot;El objeto de la historia no es pues, o ya no debe ser, aquel de  las estructuras y los mecanismos que organizan, por fuera de toda intervenci&oacute;n  subjetiva, las relaciones sociales, sino m&aacute;s bien las racionalidades y las  estrategias que ponen en marcha las comunidades, las parentelas, las familias,  los individuos&quot;<sup><a   name="s11"  href="#11">11</a></sup>. Es decir, que la historia &quot;desde abajo&quot; y toda  nuestra historia social debe preguntarse por sus sujetos, no solamente con la  identidad que le asignamos de indios o de esclavos, de hechiceros o jud&iacute;os, de  comerciantes o cient&iacute;ficos, de obreros o de mujeres en general, sino tambi&eacute;n por  trayectorias y estrategias de estos individuos y sus redes de relaciones m&aacute;s  amplias y m&uacute;ltiples, en varios campos de acci&oacute;n, para lograr ver un nivel  intermedio de escala de an&aacute;lisis. O&iacute;r voces, aguzar nuestras preguntas y  nuestros sentidos para captar registros esquivos que nos den una representaci&oacute;n  m&aacute;s encarnada, m&aacute;s humana, m&aacute;s inteligible de quienes vivieron en las sociedades  que nos antecedieron. Esa sem&aacute;ntica y esa gram&aacute;tica diversa y m&uacute;ltiple ser&aacute; la  que nos permita seguir contraponiendo otros relatos a los grandes relatos, como  el de la Inquisici&oacute;n o el de la Ilustraci&oacute;n, hacer un balance m&aacute;s preciso desde  nuestro lugar cultural y evitar la inscripci&oacute;n c&oacute;moda que de nuestra historia se  ha hecho en las historias globales, descubriendo los destiempos y las  diferencias, tanto como las coincidencias; y las identidades no siempre opuestas  ni alineadas, y las posibilidades de elecci&oacute;n, de negociaci&oacute;n y de creaci&oacute;n que  en su momento tuvieron.</p>      <p>Tenemos, pues, la tarea de seguir construyendo historias en  las que los sujetos, ya sean individuos o comunidades, grupos, sociedades  regionales, mujeres, elites o subalternos, no est&eacute;n aislados en sus &aacute;mbitos, ni  negadas sus identidades al interior de una generalizaci&oacute;n por lugar, etnia,  g&eacute;nero u oficio. Debemos evitar que se atribuya una conciencia cr&iacute;tica por su  sola condici&oacute;n de subalternos. Debemos propiciar que se construyan historias con  sentidos diversos, pero relacionados con varios mundos, como en &quot;un sistema de  mensajes en el cual es importante identificar &laquo;qui&eacute;n dice qu&eacute; a qui&eacute;n&raquo;&quot;<sup><a   name="s12"  href="#12">12</a></sup>.  Es decir, historias hechas tanto de diferencias como de interconexiones  complejas de actores, eventos, pr&aacute;cticas, lenguajes y procesos, todo ello en  contexto no s&oacute;lo inmediato sino amplio, compartiendo hasta cierto punto un marco  social discursivo. Ello nos ayudar&aacute; a conectar los micro y los macro an&aacute;lisis  por unos espacios intermedios en estas escalas de observaci&oacute;n que no podemos  suponer transparentes ni vac&iacute;os.</p>      <p>La muestra de art&iacute;culos es bastante valiosa. Se centra en  actores concretos y en sus pr&aacute;cticas inscritas en instituciones o en movimientos  que las moldean y organizan, y tratan de analizarlas tomando diversas opciones  ante la incertidumbre frente a teor&iacute;as y metodolog&iacute;as, y la migraci&oacute;n de  paradigmas propias de la Ciencias Sociales hace ya algunos a&ntilde;os.</p>  <hr size="1">      <p><b>Comentarios</b></p>      <p><sup><a   href="#s1"   name="1">1</a></sup> STEIN, Steve J. &#40;comp.&#41;, Resistencia, rebeli&oacute;n y  conciencia campesina en los Andes, siglos XVIII al XX, Lima, Instituto de  Estudios Peruanos, 1990.</p>      <p><sup><a   href="#s2"   name="2">2</a></sup> Serge Gruzinski ha estado organizando varios  simposios sobre el tema.</p>      <p><sup><a   href="#s3"   name="3">3</a></sup> TODOROV, Tzvetan, La vida en com&uacute;n, Madrid,  Santillana S.A., Taurus, 1995, p. 42.</p>      <p><sup><a   href="#s4"   name="4">4</a></sup> TWINAM, Ann, &quot;Honor, Sexuality and Illegitimacy  in Colonial Spanish America&quot;, en LAVTN, Asunci&oacute;n &#40;&eacute;d.&#41;, Sexuality &amp; Marriage in  Colonial Latin America, University of Nebraska Press, 1989, pp. 118-155.  RODRIGUEZ, Pablo, Seducci&oacute;n, amancebamiento y abandono en la colonia, Bogot&aacute;,  Fundaci&oacute;n Simian y Lola Guberek, 1991.</p>      <p><sup><a   href="#s5"   name="5">5</a></sup> Las tertulias literarias, logias mas&oacute;nicas y  sociedades patri&oacute;ticas que precedieron a la Revoluci&oacute;n Francesa fueron llamadas  por Agust&iacute;n Cochin y por Fran&ccedil;ois Furet, sociedades de ideas &#40;soci&eacute;t&eacute;s de  pens&eacute;e&#41;; estos autores resaltaron su valor por ser formas asociativas que no se  hac&iacute;an por posici&oacute;n social o por ocupaci&oacute;n, sino por la relaci&oacute;n de los  individuos con las ideas, con el pensamiento. Ver BASTIAN, Jean-Pierre &#40;comp.&#41;,  Protestantes, liberales y francmasones, Sociedades de ideas y modernidad en  Am&eacute;rica Latina, M&eacute;xico, Siglo XIX, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1993, pp. 7-8.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a   href="#s6"   name="6">6</a></sup> La expresi&oacute;n de &quot;comunidad imaginada&quot; se la  debemos a Benedict Anderson, Imagined Communities: Reflections on the Origin and  Spread of Nationalism, Londres, Verso, 1983. Al patriotismo cient&iacute;fico me  refiero en &quot;Precursores de la Independencia&quot;, en Gran Enciclopedia de Colombia,  Tomo 1, Bogot&aacute;, C&iacute;rculo de Lectores, 1991, pp. 211-222.</p>      <p><sup><a   href="#s7"   name="7">7</a></sup> GARRIDO, Margarita, &quot;Am&eacute;rica y Espa&ntilde;a en el  concierto de naciones&quot;, en GARRIDO, Margarita &#40;ed.&#41;, Historia de Am&eacute;rica Andina,  Vol. 3: El sistema Colonial Tard&iacute;o, Quito, Universidad Andina Sim&oacute;n Bol&iacute;var,  2001, pp. 23-58.</p>      <p><sup><a   href="#s8"   name="8">8</a></sup> RIVERA, Juli&aacute;n, &quot;Reformismo local en el Nuevo  Reino de Granada&quot;, Leipzig, Conferencia de AHILA, 1993.</p>      <p><sup><a   href="#s9"   name="9">9</a></sup> ADORNO, Rolena, &quot;Nuevas perspectivas en los  estudios literarios coloniales hispanoamericanos; del mismo autor, &quot;El sujeto  colonial y la construcci&oacute;n cultural de la alteridad&quot;, en Revista de cr&iacute;tica  literaria latinoamericana, a&ntilde;o XIV, no. 28, Lima, 1988, pp. 11-27. Al respecto,  es interesante ver tambi&eacute;n los trabajos de Edward W. Said, especialmente,  Cultura e Imperialismo, Barcelona, Anagrama, 1996.</p>      <p><sup><a   href="#s10"   name="10">10</a></sup> SCHWARZ, Roberto, Ao Vencedor as Batatas, Sao  Paulo, Dos Cidades, 1981, pp. 13-23; el autor dedica un excelente cap&iacute;tulo a las  &quot;ideas fuera de lugar&quot;, impuestas o adaptadas de Europa, las cuales, una vez  sometidas a la influencia del lugar, tomaban un rumbo particular, generalmente  marcado por ambig&uuml;edades, ilusiones e impropiedades, y suscitaban tambi&eacute;n  resistencias a ellas.</p>      <p><sup><a   href="#s11"   name="11">11</a></sup> &quot;L&#39;historie entre r&eacute;cit et connaissance&quot; &#40;1994&#41;,  en Au bord de la falaise. L&#39;Historie entre certitudes et inqui&eacute;tudes, Editions  Albin Michel, 1998. &#40;Traducci&oacute;n preliminar de Ren&aacute;n Silva. Material de uso  exclusivo de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad del Valle, Cali,  Colombia.&#41;</p>       ]]></body>
</article>
