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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Based on historian Cario M. Cippola's criticism of certain historiographic trends in the suggestive text Allegro ma non troppo, this article presents viewpoints about new ways of interpreting history based on the linguistic turn, the critical turn, and the postmodern influence, all of which put the historian on trial as a reconstructor of reality.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center" ><font size="4"><b>HISTORIA Y MODAS INTELECTUALES</b></font></p>    <br>      <p>Javier Ortiz Cassiani<sup><a href="#***">***</a></sup>    <br>     <br> Si nada es cierto, entonces todo est&aacute; perdido.    <br> F. Dostoievski    <br> </p>       <p ><sup><a name="***">***</a></sup> Historiador de la Universidad de Cartagena;  actualmente es estudiante la Maestr&iacute;a en Historia de la Universidad de los  Andes.  </p>     <p >Este texto fue presentado como ponencia en la  3&ordf; Jornada de Muestra Estudiantil de Historia, 26 de agosto de 2004, Universidad  de los Andes, Departamento de Historia.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p >Art&iacute;culo recibido en agosto de 2004; aprobado en octubre de 2004.  </p> <hr size="1"> <b>RESUMEN</b>    <br>     <br> Partiendo de las cr&iacute;ticas que el historiador Carlo M. Cipolla hace a  ciertas tendencias historiogr&aacute;ficas en el sugestivo texto Allegro ma non  troppo, el art&iacute;culo expone puntos de vista alrededor de las nuevas formas de  hacer historia, fundamentadas en el giro ling&uuml;&iacute;stico, el giro cr&iacute;tico y la  influencia posmoderna, que colocan en tela de juicio el papel del  historiador como reconstructor de la realidad.    <br>     <br> <b>PALABRAS CLAVES:</b>    <br> giro cr&iacute;tico, giro ling&uuml;&iacute;stico, econometr&iacute;a, l&oacute;gica social del  texto, posmodernidad, microhistoria.</p> <hr size="1">     <p align="center" ><font size="3"><b><i> HISTORY AND INTELLECTUAL FASHIONS</i></b></font></p>     <p><b> ABSTRACT</b></p>     <p> Based on  historian Cario M. Cippola&#39;s criticism of certain historiographic trends in the suggestive  text <i>Allegro ma non troppo, </i>this article presents viewpoints about new  ways of interpreting history  based on the linguistic turn, the critical turn, and the postmodern influence, all of which put the historian on trial as a  reconstructor of <i>reality.</i></p>     <p> <b> Key words: </b><i> Critical turn, linguistic turn, econometrics, social logic of the text,  postmodernity, microhistory.</i></p>   <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p > Un amigo que hace alg&uacute;n tiempo curs&oacute; una licenciatura en Ciencias Sociales en la  Universidad del Atl&aacute;ntico, me contaba una an&eacute;cdota sobre un profesor al que le  gustaba bromear defendiendo una hip&oacute;tesis explicativa de las razones de la  conquista de Am&eacute;rica por parte de los españoles. El docente, en una pose  trascendental, argumentaba que el problema de la conquista hab&iacute;a sido un  problema sexual, pues al primer contacto con los españoles, las ind&iacute;genas,  acostumbradas a una vida sexual pasiva, a la monoton&iacute;a de la posici&oacute;n del monje  (aunque no fueran conscientes de lo que eso significaba), a la exigencia  de sus parejas de que guardaran una quietud extrema, se volvieron locas  con los encantos sexuales de los españoles, y terminaron por volverse sus m&aacute;s  fieles c&oacute;mplices. La sexualidad de los españoles, redomada en los  lupanares europeos, el conocimiento de varias t&eacute;cnicas amatorias dentro de las  que se encontraba el Kama Sutra gracias a los viajes marinos que para esa  &eacute;poca se ven&iacute;an desarrollando, alter&oacute; sustancialmente la &quot;quietud&quot; de las  ind&iacute;genas. Cuando volv&iacute;an donde sus aburridos y nada recursivos maridos, las  traicionaban las anteriores faenas de contorsionista, de manera que los  ind&iacute;genas, pose&iacute;dos por infinitos celos, las golpeaban hasta el  cansancio. Aburridas de tantas golpizas, las mujeres terminaron por  vengarse de sus maridos, y el envenenamiento fue la principal arma. Esto redujo  ostensiblemente el n&uacute;mero de guerreros que, junto a la complicidad de las  mujeres, y el hecho de que los mestizos que nacieron producto de las  uniones terminaron asumi&eacute;ndose culturalmente m&aacute;s como españoles que como  ind&iacute;genas, terminaron por inclinar la balanza del lado ib&eacute;rico.    <br>     <br> Esto es s&oacute;lo lo que mi mente, luego de varios años, puede recordar,  pero estoy seguro que la &quot;hip&oacute;tesis&quot; ten&iacute;a muchos m&aacute;s detalles que le daban  una aparente coherencia. Imagin&eacute;monos que este interesante profesor, ayudado por  herramientas conceptuales de la antropolog&iacute;a simb&oacute;lica, refina su teor&iacute;a y  termina publicando un libro bajo el sugestivo t&iacute;tulo de El efecto de la  posici&oacute;n. La conquista sexual de Am&eacute;rica, cuyo fundamento ser&iacute;a demostrar c&oacute;mo  el sexo, m&aacute;s all&aacute; de la econom&iacute;a, la pol&iacute;tica, las hambrunas, las guerras,  determina la ca&iacute;da de imperios, sociedades y comunidades. Para ser m&aacute;s  atractivo, atrevido y provocador, su trabajo negar&iacute;a toda la  producci&oacute;n anterior y establecer&iacute;a un claro punto de quiebre con la  tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica alrededor del tema, a trav&eacute;s de la redefinici&oacute;n de  conceptos y el uso de un lenguaje en extremo original. Con toda seguridad,  su libro se convertir&iacute;a en un best seller, se har&iacute;an varias  reediciones, lo invitar&iacute;an a conferencias, tendr&iacute;a disc&iacute;pulos que  aplicar&iacute;an su modelo a otros espacios y otros per&iacute;odos, y dejar&iacute;a de ser un  modesto profesor de una universidad de provincia.    <br>     <br> Carlo M. Cipolla, uno de los historiadores econ&oacute;micos m&aacute;s  referenciados y respetados, en un pequeño libro de una inteligencia y gracia  refinada, titulado Allegro ma non troppo, se burla de todas esa modas  intelectuales que terminan desvirtuando la historia y convirtiendo a los  autores, m&aacute;s que en historiadores, en estrellas de la far&aacute;ndula<sup><a href="#1">1</a></sup>. El  texto fue publicado por primera vez en lengua inglesa en 1973, en una  edici&oacute;n restringida que, al parecer, s&oacute;lo circul&oacute; entre sus conocidos  m&aacute;s allegados. Justo para esa &eacute;poca, en los Estados Unidos, cuya historiograf&iacute;a  con relaci&oacute;n a las historio graf&iacute;as francesa e inglesa se hab&iacute;a mantenido en una  posici&oacute;n subordinada, hac&iacute;an furor libros sobre ferrocarriles y sobre la  esclavitud, escritos por Robert William Fogel y Stanley L. Engerman<sup><a href="#2">2</a></sup>  (quienes recibir&iacute;an el N&oacute;bel de econom&iacute;a), desarrollados bajo las t&eacute;cnicas de la  cliometr&iacute;a, esto es, &quot;el estudio de la historia econ&oacute;mica por medio de la  aplicaci&oacute;n de la teor&iacute;a econ&oacute;mica y los m&eacute;todos estad&iacute;sticos&quot;<sup><a href="#3">3</a></sup>. No es  fortuito que las citas consignadas a pi&eacute; de p&aacute;gina por Cipolla de los  supuestos soci&oacute;logos, historiadores que sustentan su escrito, sean  norteamericanos. Los mismos que necesitaron -como &eacute;l mismo lo anota-  &quot;veintisiete p&aacute;ginas de anotaciones algebraicas (generosamente subvencionadas  por una academia de las ciencias)&quot; para aclarar sus afirmaciones. Con el texto,  Cipolla reforzaba su alejamiento de este tipo de historia econ&oacute;mica, y distingue  entre lo que &eacute;l considera la historia econ&oacute;mica y la historia de la teor&iacute;a o de  las doctrinas econ&oacute;micas. Si bien ambas se ocupan de modelos te&oacute;ricos, la  diferencia estriba en que el n&uacute;mero de variables que usa la historia  econ&oacute;mica es mucho m&aacute;s amplio que el reduccionismo de la segunda.    <br>     <br> La cr&iacute;tica de Cipolla tambi&eacute;n se extiende a la tendencia &quot;ex&oacute;tica&quot; de los  Annales despu&eacute;s del 68, al rebusque de citas, la generalizaci&oacute;n en busca de  causalidades fuera de lo com&uacute;n y la renuncia al an&aacute;lisis estructural. La  tercera generaci&oacute;n de Annales, con la influencia de mayo del 68  cambia las preguntas a la historia; en tanto se entiende  este movimiento como una transformaci&oacute;n cultural, la historia empezar&aacute; a  interrogarse por las mentalidades. Se renuncia a la historia econ&oacute;mica y social,  y al intento de construcci&oacute;n de una historia global. Quiz&aacute; en ninguna &eacute;poca los  Annales lograron posicionarse tanto, pero quiz&aacute; tampoco en ninguna &eacute;poca  recibir&iacute;an tantas cr&iacute;ticas. El boom editorial fue enorme y, por  primera vez, los libros de historia se convert&iacute;an en best seller.  As&iacute;, mientras Annales se alejaba del marxismo, su producci&oacute;n se  convert&iacute;a en libros de cabecera de señoras para animar conversaciones en el club  o en lectura de distracci&oacute;n mientras se aguarda el turno en el sal&oacute;n  de belleza. No hay que desconocer la importancia de esta propuesta  historiogr&aacute;fica, abrir un mercado para la historia ya es un logro nada  desdeñable; sin embargo, una de las criticas m&aacute;s certeras que ha recibido la  historia de las mentalidades, es la manera indiferenciada del manejo de la  noci&oacute;n de mentalidad colectiva, algo que irradia la sociedad y que est&aacute; por  encima de las diferencias de clase, raza, g&eacute;nero. Ello se ha convertido en un  elemento en su contra, al punto de que en los actuales tiempos son muy pocos  los historiadores que se atreven a seguir calificando sus  trabajos como historia de las mentalidades. En la actualidad, como  renuncia al concepto de mentalidades, acuñan el concepto de pr&aacute;ctica cultural, a  partir de all&iacute; se abren a la antropolog&iacute;a, pero tambi&eacute;n, y reivindicando a  Braudel, a la econom&iacute;a, la geograf&iacute;a y la sociolog&iacute;a, en la b&uacute;squeda  del &quot;cruzamiento y multiplicaci&oacute;n de perspectivas y de principios  explicativos&quot;. La idea de interdisciplinariedad que manejan es volver operativas las ciencias sociales  en funci&oacute;n de la historia, no como meros compartimentos, sino como  instancias que ofrecen mutua influencia.    <br>     <br> Se nota adem&aacute;s en Cipolla una inconformidad por la tendencia  a aplicar conceptos indiscriminadamente sin un verdadero conocimiento  de la realidad de los espacios que se estudian. Lo &uacute;nico que el  norteamericano William Paul McGreevey, tributario de la cliometr&iacute;a, sab&iacute;a de  Colombia –para poner un ejemplo local- antes de venirse a desarrollar la  investigaci&oacute;n que dio como resultado el libro Historia econ&oacute;mica de Colombia,  1845-1930, era que ten&iacute;a como capital a la ciudad de Bogot&aacute; y que produc&iacute;a caf&eacute;;  saber m&aacute;s no era necesario, pues bastaba con su modelo cient&iacute;fico, la  cliometr&iacute;a. As&iacute; las cosas, entre esto, y buscar comunismo en la sociedad Chibcha o Inca, creo que no existe mayor diferencia.    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Con la licencia que le permite el prestigio acad&eacute;mico y los años, Eric Hobsbawm  parece reflejar las mismas preocupaciones de Cipolla, mostrando c&oacute;mo  infortunadamente la historia de hoy es escrita por personas que no &quot;desean  conocer la verdad, sino aquella que se acomode a sus objetivos&quot;<sup><a href="#4">4</a></sup>.  Esto genera lo que &eacute;l llama una renuncia a la universalidad del universo  discursivo y a la no distinci&oacute;n entre el hecho y la ficci&oacute;n. La historia, ahora  m&aacute;s que nunca, parece una serie de parcelas, que han terminado por fragmentar no  solamente lo que se escribe, sino a quienes lo escriben y a quienes lo leen. Por  su condici&oacute;n de ciudadano del mundo Hobsbawm considera que a esta  fragmentaci&oacute;n han contribuido el apego del discurso historiogr&aacute;fico a  las fronteras del estado naci&oacute;n y la aparici&oacute;n cada d&iacute;a m&aacute;s de discursos  identitarios sumamente particulares, al punto que la historiograf&iacute;a termina  respondiendo solamente a los intereses espec&iacute;ficos de estos grupos, como tambi&eacute;n  a las modas posmodernistas que desplazaron el an&aacute;lisis de la estructura  econ&oacute;mica y social por la cultura, y al hecho por la sensaci&oacute;n.    <br>     <br> La historia ha reducido su campo de acci&oacute;n, la preocupaci&oacute;n est&aacute; en la mirada  hacia la localidad, hacia nuevos sujetos, que ponen en entredicho el  parroquianismo de los supuestos universales<sup><a href="#5">5</a></sup>, pero de alguna manera  esto implica otra forma de parroquianismo en el que cada cual se refugia y  cultiva la parcela productiva de su marco conceptual; nos lleva a  estudios demasiado especializados en donde se pierde la conexi&oacute;n de esas  historias con procesos m&aacute;s amplios. La met&aacute;fora del m&eacute;dico supremamente  especializado al que se le olvida c&oacute;mo remediar un dolor estomacal  puede servir de ejemplo. No es raro ver en departamentos de historia  a supuestos colegas que s&oacute;lo hablan de los hijos, el costo de la vida,  restaurantes, el clima, los supermercados y las mascotas, porque si tuvieran un  di&aacute;logo acad&eacute;mico, por la excesiva especializaci&oacute;n de sus campos de inter&eacute;s, no  se entender&iacute;an y la conversaci&oacute;n ser&iacute;a un completo fracaso. Se podr&iacute;a decir que  en la actualidad el historiador cada d&iacute;a es m&aacute;s mezquino no s&oacute;lo con su objeto  de an&aacute;lisis sino con las causas que defiende. Ante esto, Hobsbawm propone para  las nuevas generaciones un mayor compromiso con las causas  mundiales, lo que se podr&iacute;a empezar por un mayor reconocimiento,  como lo intent&oacute; su generaci&oacute;n, por las estructuras mundiales, que nos permita  salir de un provincianismo y un esenialismo que no es mas  que el fiel reflejo del desconocimiento.    <br>     <br> En ning&uacute;n momento estamos sugiriendo que la historia de las localidades, de las  minor&iacute;as y de las cortas duraciones no tenga sentido; de hecho,  en nuestro medio, por conveniencia metodol&oacute;gica o por intereses  espec&iacute;ficos, cada d&iacute;a nos identificamos m&aacute;s con ese tipo de historia. A lo que  apuntamos, siguiendo a Hobsbawm, es a la desconexi&oacute;n que se presenta en muchas  de estas historias con contextos mucho m&aacute;s amplios, los discursos terminan  siendo unos discursos &quot;originales&quot;, exclusivos, sin precedentes, y  marginados de referentes que le podr&iacute;an dar otra dimensi&oacute;n, tan grave como  la visi&oacute;n de un feminismo extremo que termina por explicar todos los problemas  de la humanidad como estragos del falocentrismo de un mundo  patriarcal. Definitivamente, &quot;la historia de la identidad no es  suficiente&quot;<sup><a href="#6">6</a></sup>, ha dicho Hobsbawm. En este sentido, la  reducci&oacute;n de la escala de observaci&oacute;n como lo hace la microhistoria  no implica la renuncia a buscar la explicaci&oacute;n de fen&oacute;menos m&aacute;s amplios, los  casos analizados pueden arrojar luces sobre contextos mucho m&aacute;s  abarcadores desde el punto de vista espacial, pues desde el punto de  vista anal&iacute;tico, en ning&uacute;n momento se pierde de vista la  macrohistoria, lo que equivaldr&iacute;a a decir que la microhistoria no se  puede definir por las micro dimensiones de sus temas, y que la  reducci&oacute;n de la escala no implica la reducci&oacute;n del an&aacute;lisis. El  continuo movimiento entre macro y microhistoria, &quot;entre close-ups y tomas largas  o largu&iacute;simas, capaces de poner en cuesti&oacute;n la visi&oacute;n de conjunto del proceso  hist&oacute;rico mediante excepciones aparentes y causas de corta duraci&oacute;n&quot;<sup><a href="#7">7</a></sup>,  se muestra como una opci&oacute;n historiogr&aacute;fica importante.    <br>     <br> La pretensi&oacute;n de historia total siempre est&aacute; presente, de hecho uno de los  aciertos de Ginzburg, a quienes los posmodernos, que siempre andan viendo  aliados donde no los hay, colocan como un claro ejemplo de ruptura con una vieja  forma de hacer historia, es explicitar el contexto social, econ&oacute;mico y  pol&iacute;tico en el que es posible la aparici&oacute;n del pensamiento de  Menocchio<sup><a href="#8">8</a></sup>, explicaciones con las que adem&aacute;s intenta mitigar  el car&aacute;cter excepcional que pueda tener su molinero. A pesar de reconocer  que Menocchio no ser&iacute;a el caso m&aacute;s t&iacute;pico de la cultura popular, el autor  hace todos los esfuerzos posibles para mostrarnos que, no obstante,  &eacute;ste no puede escapar a los l&iacute;mites de su cultura, es decir, se tiene que  mover dentro de los m&aacute;rgenes que le da su cultura, lo que constituye de alguna  manera una &quot;libertad condicionada&quot;. El uso de la escala micro permite, adem&aacute;s,  una mayor aproximaci&oacute;n a la historia global, porque posibilita un barrido m&aacute;s  efectivo de todas los elementos que constituyen el espacio designado.    <br>     <br> La propuesta de la microhistoria no se relaciona con la met&aacute;fora  vegetal desarrollada por el holand&eacute;s Ankersmit, seg&uacute;n la cual &quot;en el  pasado los historiadores se ocupaban del tronco del &aacute;rbol o de las ramas;  sus sucesores posmodernos se ocupan &uacute;nicamente de las hojas, o sea de  fragmentos min&uacute;sculos del pasado que investigan de forma aislada  independientemente del contexto m&aacute;s o menos amplio (las ramas del tronco) del  que formaban parte&quot;<sup><a href="#9">9</a></sup>. Ginzburg, a pesar de que Ankersmit lo incluy&oacute; como uno de sus m&aacute;s  aventajados representantes, mostr&oacute; su distanciamiento de esta tendencia  que maneja una clara idea de historia fragmentada; junto a Giovanni  Levi, han sido fuertes polemizadores de &quot;las posiciones relativistas,  entre ellas la calurosamente asumida por Ankersmit, que reduce la  historiograf&iacute;a a una dimensi&oacute;n textual, priv&aacute;ndola de cualquier valor  cognoscitivo&quot;, han sido reiterativos en afirmar que una de las  caracter&iacute;sticas principales de sus investigaciones es &quot;la insistencia  sobre el contexto, es decir exactamente lo contrario de la contemplaci&oacute;n  aislada del fragmento elogiada por Ankersmit&quot;<sup><a href="#10">10</a></sup>.    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> El tipo de historia que se viene haciendo y que tanto le preocupa  a Cipolla y a Hobsbawm aparece aproximadamente en los años setenta; a partir  de all&iacute;, la historia parece volver por una antigua senda, la filosof&iacute;a.  Quienes han puesto en boga la importancia de la filosof&iacute;a en la  historia pertenecen a dos tendencias, que a su vez revelan c&oacute;mo lo nacional, en  pleno apogeo de la globalizaci&oacute;n, a&uacute;n sigue teniendo peso dentro del discurso  acad&eacute;mico. Por un lado, est&aacute;n los Estados Unidos en lo que se conoce  como el giro ling&uuml;&iacute;stico y, por otro lado, Francia como espacio del  giro cr&iacute;tico. Estos movimientos est&aacute;n conectados a lo que en  filosof&iacute;a se conoce como posmodernidad y/o posestructuralismo, cuyo argumento  es la cr&iacute;tica al sistema filos&oacute;fico de la modernidad, el fin de la raz&oacute;n  universal y el fin de los meta relatos ordenadores.    <br>     <br> El giro ling&uuml;&iacute;stico, fundamentado en la cr&iacute;tica literaria y la filosof&iacute;a, asume  a la historia como un relato, de manera que su an&aacute;lisis no escapa a las f&oacute;rmulas  y a las herramientas para el an&aacute;lisis de la literatura; en tanto relato,  siguiendo a Hyden White, la historia es ficci&oacute;n, y se descarta la  &quot;vieja&quot; historia social y sus &quot;ingenuas&quot; pretensiones de verdad y objetividad.  En su generalizado relativismo, el autor es s&oacute;lo un sujeto m&aacute;s con su idea de  verdad, y los lectores cobran mayor estatus, difuminando la funci&oacute;n del autor,  pues lo que tiene sentido, a partir del avance de las teor&iacute;as de recepci&oacute;n, es  el lector o receptor. Si todo es lenguaje, y el lenguaje no hace referencia a  una realidad extraling&uuml;&iacute;stica, entonces la verdad no existe. De manera que no  tiene sentido que los historiadores sigan en b&uacute;squeda de la verdad.    <br>     <br> La vuelta a la filosof&iacute;a tal vez se explique por esa tendencia retro de la  posmodernidad, por la vuelta al lenguaje premoderno, del mito en sacrificio del  logo. La propuesta se fundamenta en mantener el lenguaje como un sistema  cerrado y aut&oacute;nomo de signos capaces de producir sentido, de manera  que la realidad social se entiende como una construcci&oacute;n del lenguaje,  independientemente de referencias objetivas y externas<sup><a href="#11">11</a></sup>. Esta  tendencia se construye a partir de indicios a veces no claramente explicitados,  sino expuestos como meras sugerencias o puntos de discusi&oacute;n; la estrategia es  mostrar el hecho como si ya hubiera tenido lugar, lo que act&uacute;a como mecanismo de  presi&oacute;n para las comunidades de historiadores, y como construcci&oacute;n o invenci&oacute;n  de una tradici&oacute;n. Por ejemplo, en el estudio de Mart&iacute;n Jay, publicado en 1982,  el giro ling&uuml;&iacute;stico es presentado en forma de interrogante, como algo que podr&iacute;a  representar una posibilidad para el futuro de la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica, cinco  años despu&eacute;s, en los trabajos que se ocupan del tema, se subraya la amplitud del  proceso, y la nueva etiqueta aparece con visos de universalidad<sup><a href="#12">12</a></sup>. A  pesar de que tienen poca producci&oacute;n, se valen de revistas de prestigio acad&eacute;mico  internacional para posicionar su discurso.    <br>     <br> Estas nuevas tendencias, que se auto asumen como giros, lo que generan es una  fragmentaci&oacute;n y una atomizaci&oacute;n de la disciplina hist&oacute;rica, pues parten del  supuesto de que sus postulados van a cambiar el paradigma, y aqu&iacute; hay una  contradicci&oacute;n, pues supuestamente una de las cosas a las que renuncian quienes  la nutren te&oacute;ricamente es al principio de regla universal. Ahora bien, estos  giros se entienden, para decirlo en los t&eacute;rminos de Thomas Khun, como anomal&iacute;as,  que son las que despu&eacute;s de un per&iacute;odo determinado terminar&aacute;n acabando con el  paradigma y sustituy&eacute;ndolo por otro. Lo que hasta ahora se puede  observar es que no se vislumbra la posibilidad de la construcci&oacute;n de un  paradigma rector de los estudios hist&oacute;ricos, en buena parte porque la misma  tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica ha demostrado que en historia los modelos y las  escuelas &uacute;nicas no han sido la constante, lo m&aacute;s parecido podr&iacute;a ser  Annales, y tampoco se puede hablar de una primac&iacute;a absoluta. Lo que s&iacute; es  cierto es que nunca como ahora los discursos, los presupuestos te&oacute;ricos entre  historiadores hab&iacute;an sido tan dis&iacute;miles.    <br>     <br> Respaldados por publicaciones peri&oacute;dicas, sellos editoriales e  importantes instituciones acad&eacute;micas, estas tendencias juegan un papel  importante y marcan el rumbo de las pr&aacute;cticas historiogr&aacute;ficas de los  pa&iacute;ses perif&eacute;ricos, lo que puede generar dificultades en el camino de  maduraci&oacute;n de sus procesos historiogr&aacute;ficos, es decir, cuando empiezan  a descubrir cosas interesantes aparecen discursos que plantean que eso ya no  tiene sentido. &quot;Superado&quot;, parece ser la palabra preferida de los abanderados  del discurso. Se crea adem&aacute;s un di&aacute;logo de sordos entre los historiadores, a  partir de la construcci&oacute;n de lenguajes ininteligibles. Esto inclusive  tiene connotaciones pol&iacute;ticas interesantes, pues el exacerbado  individualismo, la renuncia a toda historia social implica la renuncia a  todo proyecto pol&iacute;tico colectivo, lo que nos puede llevar a un relativismo  paralizante.    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Si algo tienen estas nuevas tendencias historiogr&aacute;ficas es el af&aacute;n  por la originalidad, en ese sentido el rebusque de conceptos -pues se  supone que los existentes se quedan cortos para explicar la realidad-  es lo m&aacute;s com&uacute;n, el carnaval de prefijos est&aacute; a la orden del d&iacute;a.  Infortunadamente en los enconados debates que se sostienen, la que  menos se beneficia es la disciplina hist&oacute;rica, pues el lenguaje que se  habla, los conceptos, la terminolog&iacute;a que se usa, le es ajeno a la historia. Se  discute en t&eacute;rminos de la filosof&iacute;a, y se recrean las discusiones filos&oacute;ficas  desde los tiempos de Plat&oacute;n. Estamos de acuerdo en que los conceptos y nociones  de la filosof&iacute;a y de otras ciencias sociales han sido fundamentales para el  desarrollo de la historiograf&iacute;a y tal vez nos ha librado de un empirismo  positivista llano y simple, y de una err&oacute;nea apolog&iacute;a al documento.  Pero precisamente recurrimos a ellos para interrogar mejor al pasado,  para pulir mejor nuestro prisma con la paciencia de un pescador de cordel, que  nos permita intentar develar el pasado metodol&oacute;gica y &eacute;ticamente m&aacute;s cre&iacute;ble, no  para construir abstracciones que terminan, como dec&iacute;a E. P. Thompson,  &quot;engullendo&quot; la realidad<sup><a href="#13">13</a></sup>. No debemos dejar que &quot;la filosof&iacute;a trate de abstraer los conceptos respecto de las  pr&aacute;cticas&quot;, pues los resultados no siempre son alentadores para la  disciplina hist&oacute;rica; un ejemplo interesante es el debate a prop&oacute;sito  de la historia de g&eacute;nero entre J. Scott y Laura Downs, en el que,  &quot;como era de esperarse (no aprendimos) absolutamente nada acerca de la  historia concreta (real) de las mujeres y el g&eacute;nero&quot;<sup><a href="#14">14</a></sup>.    <br>     <br> El giro cr&iacute;tico, por su parte, se ubica en lo que Carlos Antonio Aguirre  presenta como la cuarta generaci&oacute;n de Annales<sup><a href="#15">15</a></sup>, expuesto a  trav&eacute;s de una edici&oacute;n de la revista de Annales bajo la direcci&oacute;n  del malogrado Bernard Lepetit. No obstante las diferencias con  las anteriores generaciones, el giro cr&iacute;tico no renuncia al objetivo  fundamental de las ciencias sociales, el estudio de la sociedad. En eso,  muy a pesar de los acercamientos (Roger Chartier por ejemplo, fue incluido  dentro de publicaciones norteamericanas del llamado giro  ling&uuml;&iacute;stico), hay importantes diferencias. Chartier, -a prop&oacute;sito del  giro ling&uuml;&iacute;stico- propone que &quot;ante estas formulaciones radicales,  estructuralistas o postestructuralistas, es necesario recordar la  legitimidad de la reducci&oacute;n de las pr&aacute;cticas constitutivas del mundo  social a la l&oacute;gica que gobierna la producci&oacute;n de los discursos&quot;<sup><a href="#16">16</a></sup>,  pues las representaciones y las significaciones son construidas en el  &quot;reencuentro entre una proposici&oacute;n y una recepci&oacute;n, entre las formas  y los motivos que le dan su estructura y las competencias y  expectativas de los p&uacute;blicos que se adueñan de ellas&quot;<sup><a href="#17">17</a></sup>. Lo  que podemos decir es que por mucha l&oacute;gica interna que tengan los  textos, &eacute;stos necesariamente &quot;ocupan espacios sociales concretos, y  como tales son, a la vez, productos del mundo, con el que suelen mantener  relaciones complejas y contestatarias&quot;<sup><a href="#18">18</a></sup>. Para decirlo en palabras de  Spiegel, todo texto tiene una l&oacute;gica social, y as&iacute; sea a trav&eacute;s de la negaci&oacute;n o  de la impugnaci&oacute;n de la realidad, los textos nos dan informaci&oacute;n del espacio  social en el que se inscriben. &quot;La mentira no est&aacute; en las palabras, est&aacute; en las  cosas&quot;, dijo Italo Calvino a prop&oacute;sito de la descripci&oacute;n de las ciudades<sup><a href="#19">19</a></sup>.    <br>     <br> Se entiende, de alguna manera, la radicalidad del giro ling&uuml;&iacute;stico  con relaci&oacute;n al giro cr&iacute;tico, porque el primero no descansa sobre ninguna  tradici&oacute;n, aparentemente lo est&aacute; inventando todo, mientras que el giro cr&iacute;tico  tiene que lidiar con una instituci&oacute;n poderosa y posicionada como lo es Annales,  y nadie que pretenda construir dentro de la tradici&oacute;n de Annales puede  desconocer a los padres fundadores. Mientras el giro ling&uuml;&iacute;stico hace la  cr&iacute;tica desde los m&aacute;rgenes hacia el centro, el giro cr&iacute;tico lo hace  desde el mismo centro. Uno podr&iacute;a preguntarse qu&eacute; relaci&oacute;n se  encuentra entre la obra de Chartier y la de Braudel m&aacute;s all&aacute; de  que supuestamente ambos se inscriben en la tradici&oacute;n de la historia  social; la disputa es con los Annales de la anterior generaci&oacute;n  (1968-1989), mas no en sentido expl&iacute;cito con los padres fundadores.    <br>     <br> El efecto Fito P&aacute;ez parece cobrar cada d&iacute;a m&aacute;s seguidores, pues muchos giran y  giran bajo el sol, lo complicado es el tipo de vida que algunos est&aacute;n  proyectando en sus escritos. Influenciados por un relativismo desbocado,  cuando todav&iacute;a no nos ha abandonado el hedor de los muertos,  abandonamos la indagaci&oacute;n por las causas del hecho, por el n&uacute;mero de  v&iacute;ctimas, por los responsables, por la manera en que fueron asesinados  y nos perdemos en una maraña de conjeturas sobre la manera en que los  sobrevivientes de la masacre relatan los acontecimientos, su importancia simb&oacute;lica y la representaci&oacute;n de la masacre.  La renuncia al tipo de preguntas que involucran las ideas de causa-efecto parece  explicarse f&aacute;cilmente: si no existe realidad por fuera del discurso &iquest;para  qu&eacute; hacerse tales preguntas que remiten a un positivismo superado? Las  preguntas estar&aacute;n encaminadas hacia &quot;los modos de representaci&oacute;n y no a los  conflictos&quot;<sup><a href="#20">20</a></sup>. A prop&oacute;sito de &eacute;sto, Gabrielle Spiegel anota:    <br>     <br> Con la concentraci&oacute;n en el significado en vez de en la experiencia,  lo que se pierde es el sentido de la acci&oacute;n social, el de las luchas de  hombres y mujeres con las circunstancias y las complejidades de sus vidas frente  a las suertes que les depara la historia, y el de su capacidad de transformar  los mundos que heredan y transmiten a las generaciones futuras<sup><a href="#21">21</a></sup>.    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Es como si dentro de cincuenta años a los historiadores s&oacute;lo les interesara la  representaci&oacute;n de la masacre de Bojay&aacute;, y no las v&iacute;ctimas y la indagaci&oacute;n por  los responsables, o que del terremoto del eje cafetero s&oacute;lo nos quedara  la representaci&oacute;n de la tragedia y no las v&iacute;ctimas y la corrupci&oacute;n en  el manejo de recursos que demostr&oacute; que los yuppies eran tan corruptos como los  pol&iacute;ticos clientelistas de vieja data. De acuerdo, la representaci&oacute;n es  importante, pero no basta. El mundo anda tan mal y necesita tanto de los  cientistas sociales, y esto nos lleva a la necesaria relaci&oacute;n entre  epistemolog&iacute;a y &eacute;tica, que ciertos modelos nos parecen demasiado sutiles.    <br>     <br> Por fortuna para la historia algunos a&uacute;n no se atreven a girar  tanto, saben que el exceso de relativismo y de vueltas puede dislocar la  historia. Sabemos, y cito a Gervasio Luis Garc&iacute;a un historiador puertorriqueño,  que ning&uacute;n historiador sensato reclama mostrar toda la compleja verdad  del pasado porque trabaja con fragmentos cargados y sesgados. Por lo  tanto, el pasado objetivo total es inalcanzable, pero no por elusivo  renunciamos a armarlo y descifrarlo, rastreando las intenciones y los  mecanismos no evidentes. En otras palabras, todo conocimiento –  hist&oacute;rico, cient&iacute;fico, literario- es relativo y, a la vez objetivo;  es decir, verificable y defendible por su coherencia l&oacute;gica y su  correspondencia con las evidencias a la mano<sup><a href="#22">22</a></sup>.    <br>     <br> La funci&oacute;n del cientista social es decodificar las acciones de los grupos  humanos para tratar de hacerlos inteligibles a la comunidad de investigadores y  al espacio social al cual se debe, sin que ello impida el constante  cuestionamiento de las bases epistemol&oacute;gicas con las que produce su  conocimiento. Sin embargo, quedarse en la mera enunciaci&oacute;n de la  imposibilidad de los presupuestos epistemol&oacute;gicos para acceder al conocimiento  no beneficia ni a la disciplina ni a la sociedad.    <br>     <br> En vez de refugiarnos en &quot;sahumerios verbales&quot;, los historiadores debemos ayudar  a definir las fronteras entre la ficci&oacute;n y la historia, apoy&aacute;ndonos en  algunos soportes de la literatura. El an&aacute;lisis y la profundidad no  descartan la buena escritura; nada es m&aacute;s revelador, interesante y apasionante  que la vida misma, entonces podemos mostrarla con fortaleza y  emoci&oacute;n, sin necesidad de neologismos pedantes y brumosos. De lo que  se trata -y vuelvo a Garc&iacute;a- es de &quot;construir una historia con  certezas y dudas, hecha por historiadores con las manos un poco sucias  de barro del que est&aacute;n hechos los seres humanos y mundanos que intentamos  comprender, con simpat&iacute;a e imaginaci&oacute;n&quot;<sup><a href="#23">23</a></sup>.</p> <hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>     <p ><sup><a name="1">1</a></sup> CIPOLLA, Carlo M., Allegro ma non troppo,  Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1998.  </p>     <p ><sup><a name="2">2</a></sup> Robert Fogel escribi&oacute; Railroads and American  Economics Growth: Essays in Econometric History (1964), m&aacute;s adelante con  Stanley Engerman escribieron Tiempo en la cruz, la econom&iacute;a esclavista  en los Estados Unidos, Madrid, Siglo XXI, 1974.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ><sup><a name="3">3</a></sup> MEISEL ROCA, Adolfo, &quot;La cliometr&iacute;a en  Colombia: una vocaci&oacute;n interrumpida&quot;, en Revista Estudios Sociales, Universidad  de los Andes, Facultad de Ciencias Sociales, nº 9, Bogot&aacute;, junio de 2001.  </p>     <p ><sup><a name="4">4</a></sup> HOBSBAWM, Eric, &quot;Entre historiadores&quot;, en  Años interesantes una vida en el siglo XX, Barcelona, Cr&iacute;tica, 2003, p. 273.  </p>     <p ><sup><a name="5">5</a></sup> APPLLEBAY, J., HUNT, L., JACOBS, M.,  &quot;Verdad y objetividad&quot;, en La verdad sobre la historia, Santiago,  Editorial Andr&eacute;s Bello, 1998.  </p>     <p ><sup><a name="6">6</a></sup> HOBSBAWM, Eric &quot;La historia de la identidad  no es suficiente&quot;, en Sobre la historia, Barcelona, Cr&iacute;tica, 1998, pp. 266-276.  </p>     <p ><sup><a name="7">7</a></sup> GINZBURG, Carlo, &quot;Microhistoria: dos o tres  cosas que s&eacute; de ella&quot;, en Manuscritos, Revista de Historia Moderna, No. 12,  Barcelona, 1994, p. 33.  </p>     <p ><sup><a name="8">8</a></sup> GINZBURG, Carlo, El queso y los  gusanos. El cosmos, seg&uacute;n un molinero del siglo XVI, Barcelona,  Muchnik Editores, 2000.  </p>     <p ><sup><a name="9">9</a></sup> GINZBURG, &quot;Microhistoria...&quot;, p. 39.  Esta tendencia es explicada por Frank R. Ankersmit  en el ensayo &quot;Historiography and pstmodernism&quot;, en History and Theory,  Middletown, , Vol, 28, Wesleya University, 1989, pp. 137-153.  </p>     <p ><sup><a name="10">10</a></sup> Ibid., pp. 39-40.  </p>     <p ><sup><a name="11">11</a></sup> V&eacute;ase CHARTIER, Roger, El mundo como  representaci&oacute;n, Barcelona, Gedisa, 1999.  </p>     <p ><sup><a name="12">12</a></sup> NORIEL, G&eacute;rard, Sobre la crisis de la  historia, Valencia, Editorial Fr&oacute;nesis, 1997, p. 129.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ><sup><a name="13">13</a></sup> THOMPSON, Dorothy (editora), Edward Palmer  Thompson. Obra esencial, Barcelona, Cr&iacute;tica, 2001, p. 518.  </p>     <p ><sup><a name="14">14</a></sup> NORIEL, G&eacute;rard, p. 130  </p>     <p ><sup><a name="15">15</a></sup> AGUIRRE, Carlos Antonio, La escuela de los  Annales ayer, hoy y mañana, Barcelona, Montesinos, cap&iacute;tulo 7.  </p>     <p ><sup><a name="16">16</a></sup> CHARTIER, Roger, &quot;Introducci&oacute;n&quot;, (el  &eacute;nfasis es nuestro)  </p>     <p ><sup><a name="17">17</a></sup> Ibid.  </p>     <p ><sup><a name="18">18</a></sup> SPIEGEL, Gabriel, &quot;Historia,  historicismo y l&oacute;gica social del texto en la Edad Media, en PERUS,  Françoise (compìladora), Historia y literatura, M&eacute;xico, Antolog&iacute;a Universitaria,  Instituto Mora, 1994, p. 150.  </p>     <p ><sup><a name="19">19</a></sup> CALVINO, Italo, Las ciudades invisibles,  Barcelona, Editorial Siruela, 1992.  </p>     <p ><sup><a name="20">20</a></sup> SPIEGEL, Gabriel, p. 13.  </p>     <p ><sup><a name="21">21</a></sup> Ibid., p. 146.  </p>     <p ><sup><a name="22">22</a></sup> GARC&Iacute;A, Gervasio Luis, &quot;Historia y  hechicer&iacute;a&quot;, en Revista Op. Cit., Universidad de Puerto Rico, Recinto de  Riopiedras, nº. 11, 1999, p. 64.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ><sup><a name="23">23</a></sup> Ibid., p. 69.  </p>  </font>      ]]></body>
</article>
