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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Miedo, rumor y rebelión: la conspiración esclava de 1693 en Cartagena de Indias]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Fear, rumor and rebellion: the slave conspiracy of 1693 in Cartagena de Indias]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper examines the reality of slave resistance, particularly rebellion, through a study of the oppressors’ fear and the dominant discourse, focusing on the effects of the rumor of a slave conspiracy in 1693. The article also explores the conditions that could have helped slaves, runaway slaves and even free-blacks to struggle against colonial oppression. Ultimately, it attempts to demonstrate how the events surrounding the conspiracy are proof that the colonial society recognized the capability of blacks to resist and transgress the established order.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><b><font size="4">Miedo, rumor y rebeli&oacute;n: la conspiraci&oacute;n esclava de 1693 en Cartagena de Indias<a href="#*" name="p*"><sup>*</sup></a></font></b></p>     <p align="center"><b><font size="3">Fear, rumor and rebellion: the slave conspiracy of 1693 in Cartagena de Indias</font></b></p>     <p>Sandra Beatriz S&aacute;nchez L&oacute;pez</p>     <p>Fil&oacute;sofa con opci&oacute;n en Historia, Universidad de los Andes; maestr&iacute;a en Historia y Cultura Modernas, Universidad de York, Inglaterra; profesora de c&aacute;tedra, Universidad del Rosario.</p> <hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Este art&iacute;culo pretende evidenciar la realidad de la resistencia esclava, en particular de la rebeli&oacute;n,   a partir del estudio del miedo de los opresores y del discurso dominante, enfoc&aacute;ndose en los   efectos del rumor de la conspiraci&oacute;n negra de 1693. Explora, a su vez, las condiciones de   los negros, esclavizados, cimarrones e incluso libres, que pudieron favorecer la lucha contra   la opresi&oacute;n colonial. En &uacute;ltimas, intenta demostrar que el desarrollo de los sucesos de la   conspiraci&oacute;n constituye una prueba fehaciente del reconocimiento de la sociedad colonial de la capacidad que ten&iacute;a el negro de resistir y de transgredir el orden establecido.</p>     <p><b>Palabras clave</b>: Cartagena de Indias, cimarrones, conspiraci&oacute;n, palenques, rebeli&oacute;n, resistencia esclava.</p> <hr size="1">     <p><b>Abstract</b></p>     <p>This paper examines the reality of slave resistance, particularly rebellion, through a study of   the oppressors&rsquo; fear and the dominant discourse, focusing on the effects of the rumor of a slave   conspiracy in 1693. The article also explores the conditions that could have helped slaves,   runaway slaves and even free-blacks to struggle against colonial oppression. Ultimately, it   attempts to demonstrate how the events surrounding the conspiracy are proof that the colonial society recognized the capability of blacks to resist and transgress the established order.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Key words</b>: Cartagena de Indias, runaway slaves (maroons), conspiracy, maroon communities,   rebellion, slave resistance. <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p>El 30 de abril de 1693 no fue un d&iacute;a como cualquier otro en Cartagena de Indias.   La ciudad estaba a&uacute;n m&aacute;s agitada que de costumbre y, esta vez, no por su din&aacute;mica   actividad comercial. Los habitantes de este importante puerto negrero invadieron   las calles, saliendo de sus casas con armas en las manos, como quien est&aacute; listo para   una confrontaci&oacute;n abierta y violenta. Trataron desesperadamente de llegar a las   fortificaciones con la intenci&oacute;n de defender su ciudad y de luchar contra los agresores.   Los disturbios se iniciaron cuando los habitantes del puerto se enteraron del rumor   de una gran conspiraci&oacute;n esclava. Seg&uacute;n el teniente general don Pedro Mart&iacute;nez   de Montoya &ndash;quien se ocupaba del manejo de los asuntos jur&iacute;dicos de la provincia   de Cartagena de Indias&ndash;, el rumor que corr&iacute;a ahora en las calles anunciaba que los   cimarrones de las proximidades, junto a los esclavizados de la ciudad, y con la ayuda   de unos cuantos esp&iacute;as, pretend&iacute;an atacar y ocupar el puerto. Su prop&oacute;sito era invadir   Cartagena usando la puerta de Santa Catalina, una de las entradas de su muralla:</p>     <p align="center">[&hellip;] se dezia que los negros simarrones venian para la ciudad a entrarse   por la puerta de Santa Cathalina para unirse con los negros esclavos que estavan dentro de los muros con quien se sonava tenian alianza ycomuni[ca]cion para todos juntos moverse a fuerza contra la ciudad y que para la facilidad de la entrada tenian puestas espias [&hellip;]<a href="#1" name="p1"><sup>1</sup></a>.</p>     <p>El rumor de la conspiraci&oacute;n surgi&oacute; en un momento crucial, causando ansiedad e   incluso furia en los habitantes del puerto. La informaci&oacute;n que circulaba coincid&iacute;a   con la idea de que exist&iacute;a una resistencia esclava latente, perturbando as&iacute; el &aacute;nimo de   la gente. La reacci&oacute;n violenta a este rumor revela que los cartageneros cre&iacute;an posible   que los esclavizados y los cimarrones pudieran sublevarse, manteniendo comunicaci&oacute;n   entre ellos y planeando y organizando una insurrecci&oacute;n abierta. El an&aacute;lisis del caso de   la conspiraci&oacute;n de 1693 constituye un hecho importante que brinda la oportunidad de   considerar la realidad de la resistencia esclava, particularmente de la resistencia abierta contra el sistema de dominaci&oacute;n esclavista en Cartagena de Indias en el siglo xvii.</p>     <p>La conspiraci&oacute;n ha sido poco estudiada. Los primeros en darla a conocer fueron Roberto   Arr&aacute;zola en Palenque, primer pueblo libre de Am&eacute;rica (1970) y Mar&iacute;a del Carmen Borrego Pl&aacute;   en Los palenques de negros en Cartagena de Indias a finales del siglo XVII (1973)<a href="#2" name="p2"><sup>2</sup></a>. Ambos textos   resultan valiosos a la hora de reconstruir los sucesos del 30 de abril. El de Arr&aacute;zola, por   ejemplo, ofrece la trascripci&oacute;n de buena parte de las fuentes primarias concernientes   a estos eventos. Por su parte, el libro de Borrego Pl&aacute; constituye un soporte narrativo   general que aclara mucha de la informaci&oacute;n que se encuentra en el material de archivo.   Tanto Arr&aacute;zola como Borrego Pl&aacute; son referencias obligatorias a la hora de estudiar   la conspiraci&oacute;n. Vale se&ntilde;alar, sin embargo, que ninguno de los dos profundiza en las   conclusiones hist&oacute;ricas a las que &eacute;sta puede conducir, al haber producido recuentos   muy descriptivos de los sucesos, que dejan de lado el an&aacute;lisis de los hechos.</p>     <p>La conspiraci&oacute;n no fue tema exclusivo de estudio despu&eacute;s de estas dos publicaciones   mencionadas sino hasta el 2002, a&ntilde;o en el que la acad&eacute;mica norteamericana Jane   Landers produjo el brev&iacute;simo art&iacute;culo &lsquo;Conspiradores esclavizados en Cartagena de Indias en el siglo xvii&rsquo;<a href="#3" name="p3"><sup>3</sup></a>. En este texto la autora promete analizar la sublevaci&oacute;n, peroa la larga s&oacute;lo enfatiza aquellos elementos que son recurrentes en las explicaciones sobre las comunidades cimarronas. Landers abandona el tema central de su art&iacute;culo e incluso ofrece informaci&oacute;n inconsistente con las fuentes primarias: los nombres de los implicados en el caso y el desarrollo de los hechos, entre otros. Anthony McFarlane es el &uacute;ltimo en haberse referido a la conspiraci&oacute;n. En su art&iacute;culo &lsquo;Autoridad y poder en Cartagena de Indias: La herencia de los Austrias&rsquo;, utiliza los sucesos relativos al 30 de abril para analizar la estructura pol&iacute;tica de la ciudad al finalizar el siglo XVII<a href="#4" name="p4"><sup>4</sup></a>.   McFarlane sostiene que la conspiraci&oacute;n fue el resultado de maniobras de orden pol&iacute;tico,  &ldquo;artima&ntilde;as&rdquo; que muestran la disposici&oacute;n de las redes de poder en el puerto caribe&ntilde;o.   As&iacute;, la conspiraci&oacute;n aparece en su art&iacute;culo como un suceso ficticio que responde a   intereses pol&iacute;ticos. Su tesis, ciertamente, est&aacute; basada en una interpretaci&oacute;n valiosa   de fuentes; no obstante, &eacute;sta deja de lado un elemento fundamental, evidentemente   presente en ellas: el miedo de los opresores. McFarlane argumenta que ya se ha escrito   suficiente sobre este miedo, y de ah&iacute; su decisi&oacute;n de pensar la conspiraci&oacute;n en otros   t&eacute;rminos. Pero esto tendr&iacute;a que reformularse, o, por lo menos, matizarse. Como   se ha mencionado anteriormente, los escritos que hay sobre la conspiraci&oacute;n, aun   cuando se refirieren al miedo, no articulan una hip&oacute;tesis particular sobre este asunto.   De modo pues que no todo est&aacute; dicho. Vale aclarar, sin embargo, que el estudio de   McFarlane merece ser destacado &ndash;y mucho&ndash;, pues es ejemplo de una historia cr&iacute;tica   y de un an&aacute;lisis detallado.</p>     <p>El presente estudio de la conspiraci&oacute;n se concentra en el surgimiento gradual del rumor   sobre la revuelta de los esclavizados y los cimarrones, as&iacute; como en las reacciones de   los habitantes ese 30 de abril de 1693. Tambi&eacute;n se detiene en las ambivalencias del   discurso de dominaci&oacute;n esclavista y en las condiciones pr&aacute;cticas necesarias para que   los esclavizados y los cimarrones planearan y llevaran a cabo una insurrecci&oacute;n en la   ciudad. El texto sugiere que, a partir de un an&aacute;lisis de las reacciones de la comunidad   ante dicho rumor, se pueden explorar las posibilidades de la resistencia esclava   misma, en particular, de una resistencia abierta. En ese sentido, este trabajo pretende   mostrar c&oacute;mo desde el examen de la experiencia de los dominantes se obtienen   conclusiones reveladoras sobre las posibilidades que ten&iacute;an los esclavizados de luchar   contra la subordinaci&oacute;n en el r&eacute;gimen colonial. Las fuentes primarias utilizadas   en este art&iacute;culo son en su mayor&iacute;a manuscritos del Archivo General de Indias de   Sevilla: correspondencia oficial y privada entre agentes del gobierno, autos y actas oficiales. Parece importante destacar el hecho de que la informaci&oacute;n presentada en los documentos de archivo es sumamente intrincada, sobre todo, en la medida en que una parte considerable de ella se refiere a una cadena de chismes de compleja reconstrucci&oacute;n: fulano le dijo a perencejo y perencejo le dijo a tales, y as&iacute; sucesivamente. Adicionalmente, se presentan dificultades a la hora de indicar ciertas fechas en las que se sucedieron algunos de los hechos relacionados con la conspiraci&oacute;n, pues no son especificadas en el material primario: se conoce la secuencia de los eventos, lo que aconteci&oacute; antes y despu&eacute;s del surgimiento del rumor de la conspiraci&oacute;n, pero no siempre el d&iacute;a exacto en que se sucedieron.</p>     <p><b><font size="3">1. Los esclavizados y cimarrones: un constante peligro</font></b></p>     <p>El 30 de abril de 1693 no fue, ciertamente, la primera ocasi&oacute;n en que la ciudad se sinti&oacute;   amenazada. En 1686, el gobernador de la provincia, don Juan de Pando y Estrada, al   dar un reporte de la situaci&oacute;n general de Cartagena, explic&oacute; c&oacute;mo en 1683 la milicia   se vio obligada a combatir a algunos esclavizados que intentaban apoderarse de la   ciudad, irrumpiendo en sus fortificaciones. En esta oportunidad, la lucha finaliz&oacute; cuando las autoridades forzaron a los rebeldes a huir, luego de una breve contienda<a href="#5" name="p5"><sup>5</sup></a>. A esta amenaza se debe agregar el hecho de que durante todo el siglo XVII se hab&iacute;an presentado constantes problemas con los cimarrones de la regi&oacute;n, cosa que contribu&iacute;a al sentimiento de susceptibilidad de los habitantes del puerto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ya en los primeros a&ntilde;os del siglo XVII los palenques preocupaban a las autoridades   de Cartagena. La proliferaci&oacute;n de estas comunidades cimarronas se inici&oacute;,   fundamentalmente, con la fundaci&oacute;n del palenque La Matuna en 1600, bajo el   mandato del m&iacute;tico Benkos o Domingo Bioho. Las acciones de este rebelde, quien   ya hab&iacute;a escapado antes en una primera oportunidad y hab&iacute;a sido enviado a galeras   y puesto una vez m&aacute;s bajo la tutela de un amo, motivaron a otros esclavizados de la   ciudad y su eje rural a huir de sus due&ntilde;os. Bioho escap&oacute; con su mujer y otro n&uacute;mero   de esclavizados, se instalaron en los montes cercanos al puerto y establecieron una   comunidad aut&oacute;noma, organizada militar, econ&oacute;mica y pol&iacute;ticamente. Las autoridades   de la provincia intentaron destruir La Matuna y traer de vuelta a los subversivos   cimarrones. En 1603, por ejemplo, se llev&oacute; a cabo la primera gran expedici&oacute;n contra   Bioho. Los esfuerzos fueron en vano. El palenque segu&iacute;a en pie y para el a&ntilde;o 1605   las acciones belicosas de los cimarrones hab&iacute;an tra&iacute;do tantas consecuencias negativas para la regi&oacute;n que el gobernador, don Jer&oacute;nimo de Suazo y Cassola, se vio obligado aceder y firmar la paz con los insubordinados. De este modo, los cimarrones lograron acorralar a las autoridades e imponer sus condiciones, lo que acentuaba su car&aacute;cter amenazante dentro de Cartagena de Indias6<a href="#6" name="p6"><sup>6</sup></a>.</p>     <p>La problem&aacute;tica de los cimarrones contin&uacute;o a lo largo del siglo XVII. As&iacute;, en la d&eacute;cada   de 1630 hubo nuevos intentos de pacificaci&oacute;n y destrucci&oacute;n de los palenques, otra vez   con resultados no muy satisfactorios para las autoridades<a href="#7" name="p7"><sup>7</sup></a>. Luego, a finales de siglo,   en las d&eacute;cadas de 1680 y 1690, la situaci&oacute;n se agudiz&oacute;. El objetivo central de la elite   cartagenera era exterminar definitivamente las comunidades cimarronas, iniciativa   respaldada por la Real C&eacute;dula de 1688, en la que la Corona apoyaba a las autoridades   para que terminara de una vez por todas con los palenques de la regi&oacute;n, aun utilizando   la violencia<a href="#8" name="p8"><sup>8</sup></a>. Se adelantaban, pues, nuevos ataques a los palenques que buscaban acabar   con los actos de rebeld&iacute;a de los cimarrones y su amenaza permanente. Para la &eacute;poca   en que se present&oacute; el rumor de la conspiraci&oacute;n ya hab&iacute;an existido ocho palenques en   la provincia de Cartagena, y al finalizar el siglo XVII, ya se registraba un total de trece comunidades cimarronas, como se se&ntilde;ala a continuaci&oacute;n, en la tabla n&deg; 1.</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/rhc/n31/n31a03tbl1.gif"></center></p>     <p>El levantamiento de los esclavizados y los cimarrones, anunciado por el rumor del 30   de abril de 1693, parec&iacute;a sumamente grave. No se trataba solamente, como en 1683, de   una insurrecci&oacute;n de los esclavizados, ni s&oacute;lo de acciones belicosas de los cimarrones,   sino de una lucha conjunta. Los esclavizados de la ciudad, se dec&iacute;a, se hab&iacute;an aliado   con quienes ya se hab&iacute;an atrevido a desafiar el establecimiento de la Colonia escapando   de sus amos, y quienes ten&iacute;an cierta pericia para llevar a cabo acciones rebeldes que   estropearan continuamente los intereses de la elite cartagenera. En &uacute;ltima instancia,   seg&uacute;n el rumor, se trataba de la primera alianza manifiesta de estos dos grupos. Esto   era suficiente para agitar profundamente a la ciudad, sobre todo en un momento en   el que algunos sucesos hab&iacute;an afectado el sentimiento de seguridad de que gozaban   los habitantes de Cartagena. Desde el 23 de abril de 1693, el gobernador actual de la   provincia, don Mart&iacute;n de Cevallos y la Zerda, hab&iacute;a decidido ponerse personalmente   al frente de la expedici&oacute;n contra los cimarrones<a href="#9" name="p9"><sup>9</sup></a>. Con su partida la ciudad parec&iacute;a ser   susceptible a un ataque, m&aacute;s que en cualquier otro momento: la autoridad m&aacute;xima no   estaba presente y la fuerza militar del puerto era insuficiente, pues se hab&iacute;a marchado   con &eacute;l a la zona rural. Cevallos y la Zerda cumpl&iacute;a con las exigencias de los porte&ntilde;os   de la elite, quienes apoyaban la Real C&eacute;dula de 1688, pues luego de muchos a&ntilde;os   de conflicto con los cimarrones, demandaban a este problema una soluci&oacute;n radical.   Los cimarrones hab&iacute;an generado innumerables da&ntilde;os en la provincia y constitu&iacute;an   una de las causas m&aacute;s palpables del miedo que se viv&iacute;a en las haciendas de la regi&oacute;n   e incluso en el puerto mismo, donde se sufr&iacute;an por igual las consecuencias de su   insurrecci&oacute;n. En las zonas rurales, robaban productos alimenticios, joyas y mujeres,   y deterioraban el estatus social de sus amos al librarse de su yugo y al escapar a los   montes; adem&aacute;s, debilitaban la econom&iacute;a de la ciudad con sus ataques sistem&aacute;ticos a   las fincas y hatos que prove&iacute;an el &aacute;rea urbana<a href="#10" name="p10"><sup>10</sup></a>. La noticia de la lucha oficial contra   las comunidades cimarronas y, m&aacute;s a&uacute;n, el hecho de que el mismo gobernador hab&iacute;a   dejado el puerto para coordinar en persona el ataque a los cimarrones produjeron un   ineludible sentimiento de vulnerabilidad, un sentimiento que alentaba el rumor que   corr&iacute;a ese 30 de abril de 1693 en Cartagena de Indias. Ciertamente, un levantamiento   generalizado de los cimarrones y de los esclavizados de la ciudad no era completamente   inconcebible: ambos grupos hab&iacute;an representado siempre un peligro para la estabilidad de la sociedad colonial, sobre todo, el de los cimarrones.</p>     <p><b>2. La ciudad en caos: el rumor y el temor de los cartageneros</b></p>     <p>Joseph S&aacute;nchez, monje del convento de San Agust&iacute;n en Cartagena, parec&iacute;a haber   descubierto el plan de una inminente rebeli&oacute;n esclava, d&iacute;as antes del 30 de abril. El   religioso reg&oacute; subrepticiamente la informaci&oacute;n entre algunos otros miembros de las  &oacute;rdenes presentes en la ciudad, quienes a su vez la compartieron con otros, hasta   llegar a o&iacute;dos de las autoridades. Seg&uacute;n el reporte oficial, el monje aseguraba que los   implicados en la conspiraci&oacute;n eran cuatro esclavizados africanos y un negro libre de   la ciudad, a quien hab&iacute;a escuchado decir: &ldquo;[&hellip;] no es tiempo aora de esso yo avisare a   ustedes [&hellip;]&rdquo;<a href="#11" name="p11"><sup>11</sup></a>. M&aacute;s tarde se confirm&oacute; con una carta escrita por el mismo religioso que,   de sus acusados, dos eran las figuras claves de la sublevaci&oacute;n: el barbero Francisco de   Vera, mulato libre, y Francisco de Santaclara, perteneciente a las monjas del convento   de Santa Clara, quien trabajaba como despensero recorriendo las calles del puerto<a href="#12" name="p12"><sup>12</sup></a>.   La informaci&oacute;n que el monje circul&oacute; caus&oacute; gran preocupaci&oacute;n entre quienes se hab&iacute;a   filtrado: ciertos religiosos, algunos porte&ntilde;os de la elite y las autoridades de la ciudad.   Al tener el respaldo de un miembro de la iglesia, una rebeli&oacute;n esclava en el puerto parec&iacute;a inminente y m&aacute;s que una mera posibilidad.</p>     <p>Con base en los comentarios de S&aacute;nchez, esos d&iacute;as anteriores al 30 de abril, las   autoridades del puerto hab&iacute;an iniciado las investigaciones para constatar los posibles   planes de rebeli&oacute;n de los esclavizados. El panorama, sin embargo, era confuso y la   tensi&oacute;n iba en aumento. Las piezas del caso no estaban completas y la ciudad parec&iacute;a   correr peligro. La falta de milicia en el puerto, causada por la guerra contra los   cimarrones de las cercan&iacute;as, y la lucha misma contra los palenques, dejaban a Cartagena   en estado de indefensi&oacute;n. La informaci&oacute;n que el monje hab&iacute;a dado produjo en efecto   el nerviosismo de la elite, agravado por las circunstancias del momento.</p>     <p>As&iacute;, el sargento mayor, don Alonso Cort&eacute;s, a quien el gobernador hab&iacute;a designado   como autoridad m&aacute;xima durante su ausencia, presionado por esta atm&oacute;sfera de   ansiedad y preocupaci&oacute;n, sostuvo una reuni&oacute;n extraordinaria el 30 de abril en la   ma&ntilde;ana, antes de que se iniciaran los disturbios en la ciudad. En ella las autoridades   tomaron una serie de medidas que apuntaban a evitar la rebeli&oacute;n esclava anunciada   por S&aacute;nchez. La milicia del puerto deb&iacute;a preparar la mayor cantidad de munici&oacute;nposible y reforzar su guardia, ubicando patrullas en lugares estrat&eacute;gicos de la muralla.   Adem&aacute;s, era preciso que las restricciones impuestas a los esclavizados se aplicaran   con severidad, tal y como lo ordenaban los decretos de gobierno de la ciudad:</p>     <p align="center">[&hellip;] sin dilacion ninguna se amunicione toda la ynfanteria que se entiende   en el vatallon y que de todas las vanderas salga una ronda con un cabo   de toda satisfaction (&hellip;) y si pareciere combeniente para mas seguridad   se les se&ntilde;alen puestos en las murallas [&hellip;] que se corrobore el vando que   el se&ntilde;or governador y capitan general tiene hechado sobre que de noche   no ande ningun esclavo por las calles ni que traigan armas algunas y que no se les permita hacer corrillos [&hellip;]<a href="#13" name="p13"><sup>13</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A pesar de que la informaci&oacute;n sobre la revuelta esclava s&oacute;lo era conocida por algunas   personas en el momento de la reuni&oacute;n extraordinaria, la ansiedad que se viv&iacute;a en el   puerto era evidente. El miedo de un ataque de los esclavizados hab&iacute;a surgido, por   lo menos, entre los pobladores que ya ten&iacute;an noticia de los comentarios del monje   S&aacute;nchez. La reuni&oacute;n extraordinaria sostenida por las autoridades y, sobre todo, las   disposiciones que se ordenaron en ella, constituyen una prueba de que las autoridades   tem&iacute;an un levantamiento generalizado dentro de las fortificaciones de la ciudad. Sin   duda, si una revuelta no hubiera sido inminente para los porte&ntilde;os de la elite, no   hubiera sido necesario que se alarmaran e iniciaran una investigaci&oacute;n. Sin embargo,   as&iacute; se hizo. Si los esclavizados no hubieran sido considerados sujetos capaces de   cometer acciones subversivas, no se hubiesen tomado estas medidas que ratificaban   la imperiosa necesidad de un refuerzo en la seguridad del puerto. De este modo, tanto   el aumento en la guardia como la exigencia en el cumplimiento de ciertas leyes para   los esclavizados &ndash;que en el d&iacute;a a d&iacute;a eran notoriamente flexibles&ndash; son muestra del   temor a una rebeli&oacute;n de los subordinados y evidencia de que la elite consideraba la posibilidad real de la resistencia esclava.</p>     <p>Pero la situaci&oacute;n de la ciudad se complic&oacute; a&uacute;n m&aacute;s. El d&iacute;a de la reuni&oacute;n extraordinaria,   el nerviosismo de la elite de Cartagena invadi&oacute; r&aacute;pidamente a los dem&aacute;s habitantes   del puerto. Ese mismo d&iacute;a, en la tarde, la captura de tres esclavizados, Juan Congo,   Manuel Congo y Juan Arar&aacute;, alarm&oacute; a la ciudad. El rumor se esparci&oacute; por todo el   puerto, tom&aacute;ndose las calles de Cartagena, e incluso mut&oacute;: se trataba ahora de un asalto   cimarr&oacute;n. Se dec&iacute;a que los tres esclavizados capturados eran esp&iacute;as que intentaban   ayudar a los cimarrones en el ataque a la ciudad. Tambi&eacute;n, que los esclavizados del puerto hac&iacute;an parte del grupo insubordinado. El rumor alborot&oacute; a la poblaci&oacute;n. El   teniente general Mart&iacute;nez de Montoya lo describi&oacute; de esta manera:</p>     <p align="center">[&hellip;] de esta voz y rumor se alvoroto la ciudad saliendo todos sus vezinos   de sus casas con las harmas que cada uno tubo y como pudo y se coxieron las bocacalles por la ynfanteria y vezinos y se acudio a las murallas [&hellip;]<a href="#14" name="p14"><sup>14</sup></a>.</p>     <p>Las autoridades no fueron las &uacute;nicas en temer un levantamiento de los esclavizados.   Los habitantes de la ciudad tambi&eacute;n, y sus reacciones son evidencia de ello. La gente   del puerto, al o&iacute;r la informaci&oacute;n que circulaba, se encontraba lista para defenderse de   los cimarrones y de los a&uacute;n esclavizados. La ciudad estaba en caos. Tal era el miedo   de los habitantes que incluso asesinaron a unos cuantos en las calles. De acuerdo con   lo que narra del teniente Mart&iacute;nez de Montoya, actuaron de esta manera por orden expl&iacute;cita del sargento mayor, don Alonso Cort&eacute;s:</p>     <p align="center">[&hellip;] yendo hacia Gigimani encontre dos cuerpos de negros y otro que   traian de Giginani y los reconoci con Diego de Vaena escribano publico   y preguntado como se habian hecho aquellas muertes me dijeron que   con orden del sagento mayor que habia dado para que todos los negros que se encontrassen los matassen [&hellip;]<a href="#15" name="p15"><sup>15</sup></a></p>     <p>La elite de la ciudad, al igual que los dem&aacute;s habitantes del puerto, estaba sumamente   ansiosa ante la idea de enfrentar una rebeli&oacute;n esclava, en la que se presum&iacute;a que los   cimarrones tambi&eacute;n participaban. El miedo que padec&iacute;an incentiv&oacute; sus reacciones, y   el s&oacute;lo hecho de pensar en la posible rebeli&oacute;n de sus esclavizados y en la alteraci&oacute;n   del orden colonial establecido, sacudi&oacute; la ciudad hasta el punto de ocasionar varias   muertes. Aqu&iacute;, adem&aacute;s, cabr&iacute;a mencionar que no es sorprendente que el gobernador   Cevallos y la Zerda, al tener noticia de lo sucedido en el puerto, justificara las medidas   de las autoridades y la muerte de los esclavizados. En la carta que dirigi&oacute; al teniente general Mart&iacute;nez de Montoya, el gobernador asegur&oacute;:</p>     <p align="center">  [&hellip;] que nada puede importar tanto como sujetar los negros que hay   en la ziudad si se le conozieren ynquietudes pasandolos a cuchillo pues   es menor yncombeniente que ellos perezcan que no el que perezcamos   nosotros o seamos sus esclabos [&hellip;]<a href="#16" name="p16"><sup>16</sup></a></p>     <p>Para el gobernador, de esta manera, una rebeli&oacute;n generalizada de los esclavizados   significaba el fin tanto de la subordinaci&oacute;n de &eacute;stos como de la dominaci&oacute;n de la elite,   y esto era inaceptable. Los esclavizados, ciertamente, representaban una amenaza, de   ah&iacute; el hecho de que tuvieran que ser controlados. Prenderlos o asesinarlos parec&iacute;an   ser las medidas m&aacute;s apropiadas para evitar las consecuencias que una insurrecci&oacute;n traer&iacute;a para la sociedad colonial de Cartagena.</p>     <p>  El 2 de mayo el temor persist&iacute;a en la ciudad. La captura del barbero Francisco de Vera,   una de las piezas claves de la sublevaci&oacute;n, se llev&oacute; a cabo con la mayor precauci&oacute;n; se   tomaron medidas extremas para su cuidado, que destacan una vez m&aacute;s el sentimiento   de vulnerabilidad de quienes dominaban y su conciencia de la posible resistencia   abierta de los esclavizados:</p>     <p align="center">[&hellip;] [las autoridades] an acordado se le ponga [a Francisco de Vera] en   prision mas segura y quitado de toda comunicacion y [&hellip;]se ponga en   un cepo con un par de grillos en uno de los cuartos de esta casa del   govierno devaxo de dos puertas y con centinela en la ultima para toda   su guardilla y custodia [&hellip;]<a href="#17" name="p17"><sup>17</sup></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>3. No todos son incapaces: el esclavizado puede resistir</b></p>     <p>A diario, en Cartagena de Indias, el discurso de opresi&oacute;n prevalec&iacute;a. Al esclavizado   se lo consideraba como un simple bien que serv&iacute;a para prop&oacute;sitos econ&oacute;micos   y sociales, tal como cualquier otra mercanc&iacute;a. Se le ten&iacute;a como una propiedad y   era completamente oprimido. Pero dentro de este mismo esquema esclavista, que   evidentemente subordinaba a los esclavizados, hab&iacute;a un elemento que se destacaba   y que compromet&iacute;a la estabilidad del discurso de dominaci&oacute;n. Aunque eran bienes,   los esclavizados no pod&iacute;an equipararse con un nav&iacute;o. En efecto, gozaban de vida   y precisaban por ello de un control especial. Se mov&iacute;an, pod&iacute;an escapar, y el l&aacute;tigo   pretend&iacute;a asegurar la anulaci&oacute;n de esta facultad. El esclavizado no era, sin embargo,   un simple animal que como un tigre de circo necesitara de la supervisi&oacute;n constante   de su domador. No era su condici&oacute;n de ser vivo lo que lo convert&iacute;a en una mercanc&iacute;a   distinta. A pesar de lo que el discurso de dominaci&oacute;n les atribu&iacute;a, los esclavizados   pod&iacute;an atacar y seguir estrategias, y esta circunstancia los diferenciaba de cualquier otro bien de que pudiera disponer la elite cartagenera. Pod&iacute;an pensar y actuar.</p>     <p>A pesar de que el discurso de dominaci&oacute;n esclavista perpetuaba la ret&oacute;rica opresiva en   la que los esclavizados aparec&iacute;an como propiedades sin m&aacute;s, para la sociedad colonial   era evidente, aunque a menudo no lo aceptara expl&iacute;citamente, que el esclavizado   era una mercanc&iacute;a especial. El discurso padec&iacute;a de una ambivalencia, y la religi&oacute;n   contribu&iacute;a a esta condici&oacute;n. Con los esclavizados suced&iacute;a algo similar a lo que   pasaba con los indios, a pesar de sus diferencias: deb&iacute;an ser evangelizados, tratados   como personas a quienes Dios consideraba y a quienes por su barbarie se les deb&iacute;a   catequizar<a href="#18" name="p18"><sup>18</sup></a>. Como en otras colonias regidas por la Corona espa&ntilde;ola, la provincia   y el puerto de Cartagena de Indias se encontraban sumergidos en una atm&oacute;sfera   impregnada de catolicismo, fe obligatoria y oficial<a href="#19" name="p19"><sup>19</sup></a>. Las normas de religi&oacute;n recrearon   all&iacute; la misma panor&aacute;mica de otras zonas de Am&eacute;rica, e incluso de la Pen&iacute;nsula. Los   infieles no pod&iacute;an permanecer en los territorios del Nuevo Mundo, de manera que   jud&iacute;os y musulmanes, infieles por excelencia a los ojos de los espa&ntilde;oles, ten&iacute;an acceso   restringido a estas &aacute;reas. A los africanos paganos tampoco les era permitida la entrada   a las colonias, a menos que fueran bautizados con anterioridad; incluso dos veces,   una vez en las costas de su continente y otra a su llegada a las Indias Occidentales.   Adem&aacute;s, los esclavizados, como cualquier otro hombre originalmente no cat&oacute;lico,   precisaban de una instrucci&oacute;n religiosa que les permitiera seguir las pr&aacute;cticas impuestas   por el catolicismo. Claramente, objetos o propiedades sin vida no hubiesen requerido   de estas normas y cuidados religiosos. A la vez, la categor&iacute;a de &ldquo;el otro&rdquo;, donde el   esclavizado se pod&iacute;a situar, y bajo la cual estaban todos los no europeos, cristianos,   con costumbres y racionalidad distintas, estaba condicionada por un talante moral: exig&iacute;a la educaci&oacute;n religiosa que lo humanizaba y limpiaba del pecado<a href="#20" name="p20"><sup>20</sup></a>.</p>     <p>Los jesuitas, en particular, resaltaron la necesidad de cristianizar a los esclavizados,   argumentando en favor su capacidad intelectual. El jesuita espa&ntilde;ol Alonso de   Sandoval, tratando de persuadir a la sociedad colonial de la importancia del proceso de   cristianizaci&oacute;n, afirmaba que los esclavizados &ldquo;[&hellip;] tienen capacidad y entendimiento   a&uacute;n para mucho m&aacute;s de lo que se les dice y ense&ntilde;a [&hellip;]&rdquo;<a href="#21" name="p21"><sup>21</sup></a>. Para Sandoval, el esclavizado era indudablemente inferior al espa&ntilde;ol, pero no por ello era est&uacute;pido. &Eacute;ste ten&iacute;a   la habilidad de aprender exitosamente la instrucci&oacute;n religiosa y, como cualquier   peninsular, deb&iacute;a practicar las creencias de la Iglesia Cat&oacute;lica. Esto significa, en &uacute;ltimas,   el reconocimiento de que eran gente igualmente apta para ejercer la fe cristiana: &ldquo;[&hellip;]   yo confieso que son bozales, pero no todos son incapaces (&hellip;) y a quienes corre   obligacion de comulgar, como a los espa&ntilde;oles [&hellip;]&rdquo;<a href="#22" name="p22"><sup>22</sup></a>.</p>     <p>Los misioneros no eran los &uacute;nicos interesados en llevar a cabo la cristianizaci&oacute;n de los   esclavizados en Cartagena de Indias. Algunas instituciones fueron establecidas en la   sociedad colonial con el prop&oacute;sito de fomentar la religi&oacute;n obligatoria. As&iacute;, se crearon   las cofrad&iacute;as de negros en el territorio americano &ndash;evocando, de cierta manera, las   que ya hab&iacute;an existido en la Pen&iacute;nsula. Las cofrad&iacute;as eran grupos religiosos civiles   dedicados al culto de santos o figuras representativas de la Iglesia, al Sant&iacute;simo, a las   virtudes de Cristo y a la Virgen, entre otros. Estaban regidas por la ley indiana, lo   que les proporcionaba una organizaci&oacute;n interna y un car&aacute;cter oficial dentro de las   din&aacute;micas coloniales. En ellas se ense&ntilde;aban a sus cofrades las oraciones que deb&iacute;an   rezar y se impart&iacute;a la doctrina y el dogma cat&oacute;licos. Las cofrad&iacute;as buscaban asegurar   la instrucci&oacute;n cristiana y salvaguardar la moral cat&oacute;lica de los esclavizados, junto con   la del resto de la poblaci&oacute;n negra<a href="#23" name="p23"><sup>23</sup></a>.</p>     <p>El hecho de que los esclavizados fueran presionados, y no s&oacute;lo por &oacute;rganos clericales   sino tambi&eacute;n por la creaci&oacute;n de instituciones civiles, a participar en las din&aacute;micas   religiosas de la provincia, siendo bautizados, asistiendo a la Iglesia y celebrando las fiestas   cat&oacute;licas, implica la aceptaci&oacute;n de su condici&oacute;n especial: no eran mera mercanc&iacute;a. En   efecto, s&oacute;lo alguien considerado m&aacute;s que simple propiedad puede recibir, aprender y   practicar la instrucci&oacute;n de la fe. Parece evidente, pues, el hecho de que era una exigencia   atribuirles ciertas capacidades intelectuales, por m&iacute;nimas que fueran. Eventualmente,&eacute;stas pod&iacute;an conducir a calcular los medios necesarios para un determinado fin, planear conspiraciones y poner en marcha estrategias de resistencia.</p>     <p>Adicionalmente, la cristianizaci&oacute;n del esclavizado implicaba, de suyo, la familiarizaci&oacute;n   con la religi&oacute;n cat&oacute;lica, esto es, el acercamiento a unos par&aacute;metros morales y unos   esquemas de pensamiento que inclu&iacute;an la consideraci&oacute;n del bien, el mal, la igualdad y la   libertad, entre otros. As&iacute;, resulta razonable asegurar que la empresa de la catequizaci&oacute;n   trajo una consecuencia parad&oacute;jica: ense&ntilde;&oacute; la fe cat&oacute;lica al mismo tiempo que ofreci&oacute; las bases para impulsar la insubordinaci&oacute;n de los adoctrinados. La instrucci&oacute;n religiosa,   que profesaba la bondad de Dios y la igualdad de los seres humanos, junto con la   obligaci&oacute;n de seguir los mandamientos divinos, se present&oacute;, entonces, como una de   las claves que inspiraran la lucha esclava contra la dominaci&oacute;n. La catequizaci&oacute;n a   la que fue expuesto el esclavizado brindaba las herramientas discursivas necesarias   para justificar y fortalecer sus deseos de resistencia: no constitu&iacute;a exclusivamente su   total aculturaci&oacute;n y dominaci&oacute;n. En este sentido, la ense&ntilde;anza cat&oacute;lica, que pretend&iacute;a   sumergir a los esclavizados en las din&aacute;micas coloniales, trajo resultados inesperados   para los amos y la sociedad colonial.</p>     <p>Las pr&aacute;cticas cotidianas de dominaci&oacute;n que reg&iacute;an normalmente las relaciones entre   amos y esclavizados reflejaban la configuraci&oacute;n del discurso de los opresores al exaltar   la hegemon&iacute;a del primero y la subordinaci&oacute;n del segundo. As&iacute; lo reflejan las pol&iacute;ticas del   cuerpo esclavizado, por ejemplo, en lo que ata&ntilde;e al vestido, un aspecto aparentemente   simple, pero de gran poder simb&oacute;lico en las relaciones de dominaci&oacute;n: los harapos   m&aacute;s ordinarios, las telas m&aacute;s fuertes y molestas serv&iacute;an de ropa a los esclavizados,   contraponi&eacute;ndose al atuendo de los amos<a href="#24" name="p24"><sup>24</sup></a>. James Scott, quien analiza las din&aacute;micas   de dominaci&oacute;n e insubordinaci&oacute;n, haciendo con frecuencia referencia a los modelos   esclavistas en Am&eacute;rica, afirma que existe un &lsquo;gui&oacute;n oficial&rsquo; que, en el plano superficial   y m&aacute;s visible, constituye la base de una actuaci&oacute;n en la que se enfatiza el poder de   los opresores y la subordinaci&oacute;n de los dominados. A su vez, afirma que este &lsquo;gui&oacute;n   oficial&rsquo; no es el &uacute;nico; existe otro, el &lsquo;gui&oacute;n escondido&rsquo; de los subordinados, que   convive paralelamente con el primero y puede desarrollarse y manifestarse de manera   subrepticia. Este &lsquo;gui&oacute;n escondido&rsquo; es la base de la resistencia de los dominados, y   una latente amenaza para los opresores<a href="#25" name="p25"><sup>25</sup></a>.</p>     <p>Cuando aparec&iacute;a en escena la alarma de una rebeli&oacute;n, la hegemon&iacute;a prevaleciente,   destacada y perpetuada a trav&eacute;s de las estrategias de dominaci&oacute;n del d&iacute;a a d&iacute;a, se sent&iacute;a   amenazada. Los esclavizados no eran propiedades sin m&aacute;s, tanto as&iacute; que constitu&iacute;an   m&aacute;s que nunca el temor de todos los habitantes de una provincia. A la voz de una   sublevaci&oacute;n era, entonces, cuando en mayor medida se hac&iacute;a expl&iacute;cito aquello que   la cristianizaci&oacute;n, a&uacute;n sin ser su prop&oacute;sito central, cristalizaba: los esclavizados eran una mercanc&iacute;a singular. El rumor de una conspiraci&oacute;n esclava y las reacciones a &eacute;ste   evidencian la conciencia de que los esclavizados constitu&iacute;an un problema real, al   tiempo que revelan el reconocimiento de su capacidad de luchar contra la dominaci&oacute;n.   El miedo y el descontrol, que se vio acentuado con los disturbios del 30 de abril en   Cartagena de Indias, es la materializaci&oacute;n de la dicotom&iacute;a de la percepci&oacute;n sobre   el esclavizado, contemplada, sin quererse, en el discurso opresor: se trata de una   propiedad, pero una muy especial, una que es capaz de pensar, planear y actuar contra   quienes lo dominan.</p>     <p><b>4. Movilidad, comunicaci&oacute;n y solidaridad: claves de la insubordinaci&oacute;n esclava</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Luego de los disturbios del 30 de abril, las autoridades del puerto intensificaron las   investigaciones iniciadas con anterioridad, cuando corri&oacute; el rumor por cuenta del   monje Joseph S&aacute;nchez. Ahora se buscaba capturar y castigar a quienes pudieran   estar implicados en la presunta conspiraci&oacute;n. Con informaci&oacute;n adicional en mente,   seg&uacute;n la cual esclavizados y cimarrones se hab&iacute;an unido, se intent&oacute; develar, pues, los   eventuales v&iacute;nculos entre los dos grupos. Se iniciaron las detenciones, y con ellas, las declaraciones y los testimonios de los supuestos implicados.</p>     <p>El mismo 30 de abril, las autoridades interrogaron a los presuntos esp&iacute;as Juan Congo,   Manuel Congo y Juan Arar&aacute;, capturados ese d&iacute;a, sobre sus conexiones con los   cimarrones. Su respuesta negaba cualquier v&iacute;nculo con los residentes de los montes   cercanos al puerto. Comentaron, simplemente, que estaban en la ciudad porque quer&iacute;an   notificar a su due&ntilde;o, don Joseph de Messa, que los cimarrones hab&iacute;an invadido y   atacado su hacienda, en las inmediaciones de la ciudad<a href="#26" name="p26"><sup>26</sup></a>.</p>     <p>Las declaraciones dadas el 1 de mayo por Francisco de Santaclara &ndash;quien hab&iacute;a sido   acusado por el monje, junto con el barbero Francisco de Vera&ndash; tampoco arrojaron   luz alguna sobre el plan de rebeli&oacute;n de los esclavizados. Al igual que los otros   detenidos, &eacute;ste declar&oacute; no haber tenido contacto con los cimarrones. Dijo, adem&aacute;s,   que no se hab&iacute;a comunicado en ning&uacute;n momento con el mulato Francisco de Vera,   en contra de lo que la informaci&oacute;n de las autoridades aseguraba. El testimonio del   barbero, tomado el 7 de mayo, tambi&eacute;n negaba su conexi&oacute;n con los cimarrones; sin   embargo, en contraste con la declaraci&oacute;n de Santaclara, aceptaba haber tenido una   breve conversaci&oacute;n con este &uacute;ltimo, aunque insist&iacute;a en el hecho de que el monje la malinterpret&oacute;, pues no hab&iacute;an discutido nada relacionado con una rebeli&oacute;n. El barbero   explic&oacute; que Santaclara se hab&iacute;a quejado de su condici&oacute;n de esclavizado y que &eacute;l le   hab&iacute;a respondido que no ten&iacute;a necesidad de hacerlo:</p>     <p align="center">[&hellip;] anda no seais pataratero tu no tienes necesidad de eso teneis buen   amo [&hellip;] calla la boca, no hableis de eso, mira Dios da la fortuna a cada   uno y a los libres los hace esclavos quando conviene y a los esclavos libres   si esta Dios o con plata o sin ella se es libre y sino por mas diligencias que   hagas porque hasta que no llegue el casso no teneis que andar [&hellip;]<a href="#27" name="p27"><sup>27</sup></a></p>     <p>Algunos monjes declararon, pero sus testimonios s&oacute;lo sirvieron para alimentar   la confusi&oacute;n y acrecentar el rumor. Ninguna de las declaraciones condujo a las   autoridades a una conclusi&oacute;n satisfactoria sobre la rebeli&oacute;n de los esclavizados. Como   resultado, Santaclara y los dem&aacute;s capturados permanecieron en prisi&oacute;n, junto con el   barbero Francisco de Vera, quien logr&oacute; escapar en mayo de 1694, un a&ntilde;o despu&eacute;s de   haber sido encarcelado<a href="#28" name="p28"><sup>28</sup></a>.</p>     <p>Justamente por la imprecisi&oacute;n de estos testimonios, resulta dif&iacute;cil confirmar que   esclavizados y cimarrones hubiesen planeado una revuelta generalizada. Sin embargo,   no existe, por su parte, raz&oacute;n alguna para pensar que la conspiraci&oacute;n de hecho no   se diera. La pregunta que debe plantearse ahora es si fue posible para esclavizados y   cimarrones confabularse en contra del sistema, si tuvieron acceso a ciertos espacios que   propiciaran su resistencia y si en alg&uacute;n momento se dieron las condiciones adecuadas   para la insubordinaci&oacute;n. Es importante, pues, examinar las condiciones de posibilidad   de una conspiraci&oacute;n: la movilidad, la comunicaci&oacute;n y la solidaridad. Un aspecto   especialmente relevante en el esclarecimiento de la posibilidad misma del complot es   el demogr&aacute;fico: la estructura, cantidad y densidad de la poblaci&oacute;n esclava<a href="#29" name="p29"><sup>29</sup></a>.</p>     <p>En lo que respecta a la poblaci&oacute;n esclava, los c&aacute;lculos de los acad&eacute;micos sobre la   cantidad de esclavizados que hab&iacute;a a principios del siglo xvii difieren ostensiblemente. Adem&aacute;s, s&oacute;lo ofrecen cifras de los residentes en el puerto, dejando de lado la informaci&oacute;n sobre la cantidad de esclavizados en el resto de la provincia<a href="#30" name="p30"><sup>30</sup></a>. Los datos, en este sentido, no pueden ser totalmente confiables. El n&uacute;mero de esclavizados en el territorio de la Gobernaci&oacute;n de Cartagena de Indias parece ser m&aacute;s claro cuando se trata de los &uacute;ltimos a&ntilde;os del siglo. De acuerdo con un censo de la provincia, realizado por las autoridades en 1686, el n&uacute;mero total de esclavizados era de 5.700. Tan s&oacute;lo en el puerto el n&uacute;mero era de 1.952, como se se&ntilde;ala en la tabla n&deg; 2. Ahora, el n&uacute;mero total de habitantes del puerto era de 7.341<a href="#31" name="p31"><sup>31</sup></a>; es probable que esta cifra incluyera, adem&aacute;s de esclavizados, no s&oacute;lo blancos, sino mestizos, nativos, y negros y mulatos libres. Seg&uacute;n estas cifras, la poblaci&oacute;n esclava no era despreciable, cerca del 27%, una cuarta parte del total de habitantes de la ciudad, de modo que pod&iacute;a representar una amenaza real para la sociedad colonial de Cartagena de Indias. Debe, adem&aacute;s, tenerse en cuenta que la conspiraci&oacute;n no fue un asunto exclusivamente relacionado con los esclavizados, sino que tambi&eacute;n inclu&iacute;a a los cimarrones y, con el barbero, al resto de una poblaci&oacute;n constituida por negros y mulatos libres de la ciudad. El n&uacute;mero de esclavizados, si se consideran a su vez las cifras hipot&eacute;ticas de la poblaci&oacute;n de cimarrones de la provincia y de los negros libres del puerto, pudo haber sido suficiente, si no para una rebeli&oacute;n duradera, al menos para un ataque exitoso contra la ciudad, en especial si consideramos la d&eacute;bil situaci&oacute;n militar que el puerto encaraba en los d&iacute;as cercanos al 30 de abril con la partida del gobernador y la carencia de milicia.</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/rhc/n31/n31a03tbl2.gif"></center></p>     <p>En la zona rural de la provincia de Cartagena, los esclavizados se dedicaban,   fundamentalmente, a labores agr&iacute;colas, a la cr&iacute;a de ganado y al transporte de   mercanc&iacute;as. En el puerto, un gran n&uacute;mero de esclavizados desempe&ntilde;aba labores   remuneradas. Trabajaban usualmente en la construcci&oacute;n de las fortificaciones de la   ciudad, como artesanos; tambi&eacute;n eran vendedores en el mercado y en la calle. Otros   eran despenseros, como Francisco de Santaclara, y se ocupaban de los recados y   diligencias, desplaz&aacute;ndose por toda la ciudad. La mayor&iacute;a de los esclavizados ten&iacute;a   la oportunidad de abandonar durante el d&iacute;a las casas de sus amos, con el fin de   desempe&ntilde;ar sus obligaciones y de obtener el dinero que luego deb&iacute;an entregar a sus   due&ntilde;os. La movilidad era, en efecto, estrictamente necesaria para el desempe&ntilde;o de   sus labores. Adem&aacute;s, estando ausentes sus amos de los lugares de trabajo, gozaban   de cierto grado de independencia y ten&iacute;an la posibilidad de interactuar con negros   y mulatos libres que se dedicaran a tareas similares<a href="#32" name="p32"><sup>32</sup></a>. Los esclavizados pod&iacute;an, pues,   establecer conexiones e incluso fuertes lazos de amistad con aquellos que se ocupaban   de las mismas labores, pero cuya condici&oacute;n era distinta al no estar sometidos a un   due&ntilde;o. Aquellos que vend&iacute;an diferentes productos en las calles, de casa en casa y en   el mercado, pod&iacute;an comunicarse con otros esclavizados y negros y mulatos libres   mientras recorr&iacute;an la ciudad<a href="#33" name="p33"><sup>33</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Adicionalmente, los esclavizados ten&iacute;an la posibilidad de reunirse en sus cabildos:   grupos en los que se congregaban negros libres y esclavizados que compart&iacute;an unas   mismas ra&iacute;ces culturales africanas &ndash;hab&iacute;a cabildos Congo, Arar&aacute; y Mandinga, entre   otros. Seg&uacute;n Nina de Friedemann, estos cabildos se destacan por haber sido &ldquo;refugios de African&iacute;a&rdquo;, espacios donde se presentaron y desarrollaron, frecuentemente con algunas variaciones, elementos africanos que influyeron en la fiesta, la religi&oacute;n y la cultura funeraria de la poblaci&oacute;n negra en Colombia. Para Friedemann, &ldquo;[&hellip;] Dondequiera que existi&oacute;, el cabildo negro sirvi&oacute; para difundir creencias, m&uacute;sica, instrumentos musicales, costumbres y ritos de los grupos originarios de aquellos reci&eacute;n llegados [&hellip;]&rdquo;<a href="#34" name="p34"><sup>34</sup></a>. Precisamente, al ser esferas en las que se conserv&oacute; lo africano, los cabildos se convirtieron en espacios de resistencia por no aceptar la cultura opresora, predominante e impuesta. Pero m&aacute;s all&aacute; de esto &ndash;que es lo que con mayor frecuencia es subrayado por los autores que trabajan el tema de los esclavizados en Colombia&ndash;<a href="#35" name="p35"><sup>35</sup></a>, y para efectos de comprensi&oacute;n de la resistencia esclava, es preciso enfatizar un hecho: estos cabildos fueron, claramente, el sitio en el que los esclavizados, y en general la poblaci&oacute;n negra, desarroll&oacute; y consolid&oacute; un fuerte sentimiento de comunidad y de solidaridad, condici&oacute;n necesaria para la insubordinaci&oacute;n. Los cabildos tambi&eacute;n favorecieron la comunicaci&oacute;n entre negros, esclavizados y libres, y la discusi&oacute;n de proyectos en contra de su situaci&oacute;n<a href="#36" name="p36"><sup>36</sup></a>.</p>     <p>Los esclavizados de la ciudad, a pesar de su opresi&oacute;n, se encontraban en una situaci&oacute;n   en la que ten&iacute;an a su alcance mecanismos que facilitaban la planeaci&oacute;n de distintas   formas de insubordinaci&oacute;n. Los cimarrones, por su parte, establec&iacute;an redes de   comunicaci&oacute;n y gozaban de libertad de movimiento, dos elementos fundamentales   para llevar a cabo cualquier rebeli&oacute;n. Manten&iacute;an contactos con la poblaci&oacute;n negra   de las haciendas, tanto con esclavizados como con libres, sosten&iacute;an con ellos un   comercio incipiente y compart&iacute;an labores cuando en ciertas temporadas trabajaban   en dichas haciendas<a href="#37" name="p37"><sup>37</sup></a>. Adem&aacute;s del contacto con los esclavizados de las zonas rurales,   los cimarrones tambi&eacute;n ten&iacute;an conexiones con los de la ciudad; de ellos obten&iacute;an, en   efecto, bienes como alcohol y tabaco. Finalmente, es pertinente enfatizar una condici&oacute;n   importante de los cimarrones, una condici&oacute;n que claramente los convert&iacute;a en una amenaza: ten&iacute;an acceso a las armas, gracias a sus continuos asaltos<a href="#38" name="p38"><sup>38</sup></a>.</p>     <p>Como se ha se&ntilde;alado antes, los testimonios de los esclavizados, el barbero y los monjes   no fueron concluyentes. Sin embargo, las declaraciones de los cimarrones capturados   durante la guerra que el gobernador sostuvo contra ellos pueden arrojar alguna luz   en el caso. De acuerdo con estos testimonios, ellos manten&iacute;an comunicaci&oacute;n con los   esclavizados locales de la ciudad, en especial con Francisco Santaclara, y con algunos   de los esclavizados de las diferentes haciendas, entre los cuales se encontraban los de   don Joseph de Messa. Todo esto se se&ntilde;ala a continuaci&oacute;n.</p>     <p>Un cimarr&oacute;n mulato de nombre Nicol&aacute;s declar&oacute;, por ejemplo, que ellos ten&iacute;an   relaciones y conexiones con esclavizados de diferentes haciendas:</p>     <p align="center">[&hellip;] los dichos negros [los cimarrones] se comunicaban con los negros de las estanzias de Don Andres Perez Don Joseph de Messa Don Diego Durango Don Pedro de Anaya y otros; que en la estanzia de Messa tenian espezial trato con el capitan Diego Mandinga en la estanzia de Don Andres Perez con Mathias Gomez y en la estanzia de Diego Durango con todos [&hellip;]<a href="#39" name="p39"><sup>39</sup></a></p>     <p>Nicol&aacute;s tambi&eacute;n afirm&oacute; que ellos eran especialmente cercanos a los esclavizados de   don Joseph de Messa y que supieron por ellos las noticias del ataque de las autoridades   a la comunidad cimarrona. Adem&aacute;s, afirm&oacute; que esta hacienda era el centro de la   informaci&oacute;n y el lugar donde se enteraban de todos los eventos que usualmente   ten&iacute;an lugar en el puerto: &ldquo;[&hellip;] tubieron dicha noticia porque se la dieron los esclavos   negros de la estanzia de Don Joseph de Messa y que en ella se savia quanto pasaba en Cartagena [&hellip;]&rdquo;<a href="#40" name="p40"><sup>40</sup></a>.</p>     <p>Con respecto a las relaciones entre los cimarrones y los esclavizdos de las inmediaciones,   la cimarrona Mar&iacute;a Antonia declar&oacute;: &ldquo;[&hellip;] tenian trato con un baquero o capataz   del hato de Do&ntilde;a Maria Baca nombrado Juan de Sanabria que estaba junto a Santa   Cathalina [una de las principales entradas de la muralla] y este les daba carnes saladas   tabaco y quesso [&hellip;]&rdquo;<a href="#41" name="p41"><sup>41</sup></a>.</p>     <p>Finalmente, hubo dos testimonios adicionales que afirmaban espec&iacute;ficamente que   uno de los miembros de esta comunidad cimarrona ten&iacute;a contacto con Francisco   Santaclara, quien pod&iacute;a moverse f&aacute;cilmente por la ciudad, al tener que hacer los   encargos de las monjas y del suministro de alimentos:</p>     <p align="center">[&hellip;] un negro nombrado Francisco Ayana que estava en dicho palenque   fue en muchas ocasiones al texar del capintan Anaya a verse con un negro   de Cartaxena nombrado Francisco Arara que es de las monjas y este le daba machetes y otras cosas [&hellip;]<a href="#42" name="p42"><sup>42</sup></a></p>     <p align="center">[&hellip;] Francisco Ayana le dixo a este declarante que tenia conozienzia con   Francisco el de las monjas y que le dijo que en dos ocasiones vino y entro   en Cartagena por la puerta de la media luna [&hellip;]<a href="#43" name="p43"><sup>43</sup></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A&uacute;n con estos testimonios, la rebeli&oacute;n esclava no fue m&aacute;s que un evento posible.   En realidad, no hab&iacute;a una manera precisa de confirmarlo<a href="#44" name="p44"><sup>44</sup></a>. No obstante, algunas   indicaciones suger&iacute;an que los esclavizados locales del puerto se comunicaban con los   cimarrones y, adem&aacute;s, que los esclavizados de las zonas rurales pod&iacute;an haber estado   involucrados en la planeaci&oacute;n de una rebeli&oacute;n, al menos como esp&iacute;as. El rumor   propagaba lo que pudo ser una historia ficticia, pero sin duda basada en la realidad.   Una historia que era la representaci&oacute;n tanto del miedo de la elite como el de los   habitantes del puerto, y que causaba a&uacute;n m&aacute;s ansiedad entre estos grupos. Una historia   que, adem&aacute;s, permit&iacute;a a los habitantes expresar sus sentimientos de vulnerabilidad,   acentuados por los recientes sucesos en la provincia: la partida de gobernador, la   escasez de milicia y la lucha contra los cimarrones. En la ciudad de Cartagena de Indias   los esclavizados ten&iacute;an la oportunidad de aprovechar su movilidad para establecer   conexiones entre ellos. Tambi&eacute;n pod&iacute;an hacer uso de ciertos espacios para discutir   ideas que los identificaran como un grupo que se distinguiera del c&iacute;rculo de los due&ntilde;os.   Las autoridades y los amos percib&iacute;an que la conspiraci&oacute;n y la rebeli&oacute;n pod&iacute;an haber   sido reales, y sus respuestas son evidencia de ello; de hecho, los esclavizados, como   cualquier otra persona, pod&iacute;an organizarse y planear estrategias para minar abierta y   p&uacute;blicamente el poder de sus opresores. Ten&iacute;an la capacidad intelectual de hacer esto,   y sus amos lo sab&iacute;an; los due&ntilde;os hab&iacute;an tenido experiencias previas que demostraban   que los esclavizados pod&iacute;an resistir y que en efecto resist&iacute;an. Una rebeli&oacute;n habr&iacute;a   sido simplemente la forma m&aacute;s dr&aacute;stica de transgredir el orden establecido. Este   temor estaba justificado, pues a lo largo del siglo XVII los esclavizados ya hab&iacute;an   resistido en diferentes formas y niveles, huyendo, estableciendo palenques en regiones   inaccesibles para las autoridades, usando sus cuerpos como lugares de trasgresi&oacute;n   y manipulando el discurso de dominaci&oacute;n, formas de resistencia que completan el cuadro de la insubordinaci&oacute;n esclava.</p> <hr size="1">     <p><b>Notas al pie</b></p>     <p><a name="*" href="#p*"><sup>*</sup></a> Art&iacute;culo recibido el 11 de enero de 2006 y aprobado el 7 de marzo de 2006.</p>     <p><a name="1" href="#p1"><sup>1</sup></a> Archivo General de Indias (AGI), Santa Fe, 212, Auto del teniente general Pedro Mart&iacute;nez de Montoya, Cartagena,   30 de abril de 1693, Autos de entrada de los cimarrones en Cartagena. Dado que no todos los documentos del AGI cuentan con un n&uacute;mero de folio, se indica el folio s&oacute;lo cuando &eacute;ste aparece.</p>     <p><a name="2" href="#p2"><sup>2</sup></a> ARR&Aacute;ZOLA, Roberto, Palenque, primer pueblo libre de Am&eacute;rica, Cartagena, Ediciones Hern&aacute;ndez, 1970; Borreg o   pl&aacute;, Mar&iacute;a del Carmen, Los palenques de negros en Cartagena de Indias a finales del siglo XVII, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla, 1973.</p>     <p><a name="3" href="#p3"><sup>3</sup></a> LANDERS, Jane, &ldquo;Conspiradores esclavizados en Cartagena de Indias en el siglo XVII&rdquo;, en MOSQUERA,   Claudia, PARDO, Mauricio y HOFFMAN, Odile (eds.), Afrodescendientes en las Am&eacute;ricas. Trayectorias sociales e   identitarias: 150 a&ntilde;os de la abolici&oacute;n de la esclavitud en Colombia, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia, IRD, ILSA, 2002, pp. 93-101.</p>     <p><a name="4" href="#p4"><sup>4</sup></a> McFARLANE, Anthony, &ldquo;Autoridad y poder en Cartagena de Indias: La herencia de los Austrias&rdquo;, en CALVO,   Haroldo y MEISEL ROCA, Adolfo (eds.), Cartagena de Indias en el siglo XVIII, Cartagena, Banco de la Rep&uacute;blica, 2005, pp. 221-259.</p>     <p><a name="5" href="#p5"><sup>5</sup></a> GUTI&Eacute;RREZ, Ildefonso, Historia del negro en Colombia: &iquest;sumisi&oacute;n o rebeld&iacute;a?, Bogot&aacute;, Nueva Am&eacute;rica, 1986, p.    <br>   38, y Arr&aacute;zola, Roberto, op. cit., p. 83.</p>     <p><a name="6" href="#p6"><sup>6</sup></a> Una descripci&oacute;n detallada de las actividades de insubordinaci&oacute;n de Bioho, se encuentra en Fals Borda ,   Orlando, Historia doble de la Costa: Mompox y Loba, Tomo I, 2a edici&oacute;n, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia,   Banco de la Rep&uacute;blica, El &Aacute;ncora Editores, 2002, pp. 52A-59A, y NAVARRETE, Mar&iacute;a Cristina, Cimarrones y palenques en el siglo XVII, Cali, Universidad del Valle, 2003, pp. 60-80.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="7" href="#p7"><sup>7</sup></a> Para un recuento de la lucha contra los palenques en la d&eacute;cada de 1630, ver NAVARRETE, Mar&iacute;a Cristina, op. cit., pp. 81-96 y RUIz, Juli&aacute;n, &ldquo;El cimarronaje en Cartagena de Indias: siglo XVII&rdquo;, en Memoria, no. 8, Bogot&aacute;, Archivo General de la naci&oacute;n, 2001, pp. 10-35.</p>     <p><a name="8" href="#p8"><sup>8</sup></a> McFARLANE, Anthony, op. cit., pp. 223-229.</p>     <p><a name="9" href="#p9"><sup>9</sup></a> Ibid, p. 228.</p>     <p><a name="10" href="#p10"><sup>10</sup></a> RUIZ, Juli&aacute;n, op. cit., pp. 10-35.</p>     <p><a name="11" href="#p11"><sup>11</sup></a> AGI, Santa Fe, 212, Autos de Junta de Guerra, Cartagena, 30 de abril de 1693, Autos criminales contra Francisco de Vera.</p>     <p><a name="12" href="#p12"><sup>12</sup></a> AGI, Santa Fe, 212, Carta del religioso Joseph S&aacute;nchez al sargento mayor don Alonso Cort&eacute;s, 1&ordm; de mayo de 1693, Autos criminales contra Francisco de Vera.</p>     <p><a name="13" href="#p13"><sup>13</sup></a> AGI, Santa Fe, 212, Autos de Junta de Guerra.</p>     <p><a name="14" href="#p14"><sup>14</sup></a> AGI, Santa Fe, 212, Auto del teniente general Pedro Mart&iacute;nez de Montoya.</p>     <p><a name="15" href="#p15"><sup>15</sup></a> AGI, Santa Fe, 212, Carta del teniente general don Pedro Mart&iacute;nez de Montoya al Rey, Cartagena, 25 de mayo de 1693.</p>     <p><a name="16" href="#p16"><sup>16</sup></a> AGI, Santa Fe, 212, Trascripci&oacute;n oficial de las cartas escritas por el gobernador don Mart&iacute;n de Cevallos y la zerda a su Licenciado don Pedro Mart&iacute;nez de Montoya, Cartagena, 22 de mayo de 1693.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="17" href="#p17"><sup>17</sup></a> AGI, Santa Fe, 212, Autos de Junta de Guerra.</p>     <p><a name="18" href="#p18"><sup>18</sup></a> Un estudio sobre algunos principios de interpretaci&oacute;n en la Conquista, aplicados a los indios, pero que podr&iacute;an ser eventualmente extendidos a los esclavizados, guardando ciertas proporciones, se halla en BARonA BECERRA, Guido, &ldquo;El otro en las hermen&eacute;uticas del nuevo mundo&rdquo;, en Memoria y Sociedad, Vol. 8, no. 16, Bogot&aacute;, Departamento de Historia y Geograf&iacute;a, Pontificia Universidad Javeriana, 2004, pp. 17-39. </p>     <p><a name="19" href="#p19"><sup>19</sup></a> NAVARRETE, Mar&iacute;a Cristina, Historia social del negro en la colonia: Cartagena, siglo XVII, Cali, Universidad del Valle, 1995, pp. 115-117.</p>     <p><a name="20" href="#p20"><sup>20</sup></a> Para una descripci&oacute;n sobre &ldquo;el otro&rdquo;, consultar BARonA BECERRA, Guido, op. cit., pp. 18, 23 y 25.</p>     <p><a name="21" href="#p21"><sup>21</sup></a> DE SANDOVAL, Alonso, De Instauranda Aethiopum Salute: El mundo de la esclavitud negra en Am&eacute;rica [1627], Bogot&aacute;, Empresa nacional de Publicaciones, 1956, p. 341. </p>     <p><a name="22" href="#p22"><sup>22</sup></a> Ibid, p. 198.</p>     <p><a name="23" href="#p23"><sup>23</sup></a> Un recuento breve sobre las cofrad&iacute;as de negros en Am&eacute;rica es presentado en GUTI&Eacute;RREZ, Ildefonso, La poblaci&oacute;n negra en Am&eacute;rica: Geograf&iacute;a, historia y cultura, Bogot&aacute;, El B&uacute;ho, 2000, pp. 70-73.</p>     <p><a name="24" href="#p24"><sup>24</sup></a> Para una descripci&oacute;n del cuerpo y del vestido del esclavizado en Cartagena en el siglo XVII, ver NAVARRETE, Mar&iacute;a Cristina, &ldquo;Cotidianidad y cultura material de los negros de Cartagena en el siglo XVII&rdquo;, en Am&eacute;rica Negra: A la zaga de la Am&eacute;rica oculta, No. 7, Bogot&aacute;, Instituto de Gen&eacute;tica Humana, Pontificia Universidad Javeriana, 1994, pp. 67-68.</p>     <p><a name="25" href="#p25"><sup>25</sup></a> SCOTT, James, Domination and the Arts of Resistance: Hidden Transcripts, new Haven y Londres, Yale University Press, 1994, pp. 136-201.</p>     <p><a name="26" href="#p26"><sup>26</sup></a> AGI, Santa Fe, 212, Auto del teniente general Pedro Mart&iacute;nez de Montoya.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="27" href="#p27"><sup>27</sup></a> AGI, Santa Fe, 212, Declaraci&oacute;n de Francisco de Vera, Cartagena, 7 de mayo de 1693, Autos criminales contra Francisco de Vera.</p>     <p><a name="28" href="#p28"><sup>28</sup></a> La descripci&oacute;n de la fuga de de Vera es narrada en BORREGO PL&aacute;, Mar&iacute;a del Carmen, op. cit., pp. 102-104.</p>     <p><a name="29" href="#p29"><sup>29</sup></a> Eugene Genovese incluye algunos de estos elementos en una extensa lista que resalta las condiciones que podr&iacute;an haber alentado o mantenido el desarrollo de rebeliones en diferentes sociedades esclavistas. Ver GENOVESE, Eugene, From Rebellion to Revolution: Afro-American Slave Revolt in the Making of the Modern World, Baton Rouge, Louisiana State University Press, 1979, p. 14.</p>     <p><a name="30" href="#p30"><sup>30</sup></a> Para observar figuras num&eacute;ricas de la poblaci&oacute;n esclava en Cartagena de Indias, consultar nAVARRETE, Mar&iacute;a Cristina, Historia..., op. cit., p. 25 y &ldquo;Cotidianidad&rdquo;&hellip;, pp. 67-68. Tambi&eacute;n, MEISEL ROCA, Adolfo; &ldquo;Esclavitud, mestizaje y haciendas en la Provincia de Cartagena: 1533-1851&rdquo;, en Desarrollo y Sociedad, no. 4, Bogot&aacute;, CEDE, Universidad de los Andes, 1980, pp. 242 y 244.</p>     <p><a name="31" href="#p31"><sup>31</sup></a> MEISEL ROCA, Adolfo, op. cit., p. 242.</p>     <p><a name="32" href="#p32"><sup>32</sup></a> La descripci&oacute;n de los trabajos m&aacute;s com&uacute;nmente desempe&ntilde;ados por los esclavizados aparece en GUTI&Eacute;RREZ, Ildefonso, La poblaci&oacute;n..., op. cit, pp. 83-103 y NAVARRETE, Mar&iacute;a Cristina, Historia..., op. cit., pp. 29-41. </p>     <p><a name="33" href="#p33"><sup>33</sup></a> Para informaci&oacute;n sobre las redes de comunicaci&oacute;n de cimarrones y esclavizados, ver LANDERS, Jane, op. cit., p. 185.</p>     <p><a name="34" href="#p34"><sup>34</sup></a> FRIEDEMANN, nina de, Cabildos de negros: refugios de African&iacute;a en Colombia, Caracas, Universidad Cat&oacute;lica Andr&eacute;s Bello, 1988, p. 11. </p>     <p><a name="35" href="#p35"><sup>35</sup></a> Durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, ha sido sumamente com&uacute;n que dentro de los estudios de negros y esclavizados en Colombia se llame la atenci&oacute;n sobre la resistencia ejercida a partir del ethos cultural, abandonando, tal vez, otros aspectos de la insubordinaci&oacute;n esclava. Un ejemplo de literatura que apoya el desarrollo de la resistencia esclava desde la perspectiva del ethos cultural, es MAYA, Adriana, &ldquo;Paula de Eguiluz y el arte del bien querer. Apuntes para el estudio del cimarronaje femenino en el Caribe, siglo XVII&rdquo;, en Historia Cr&iacute;tica, Bogot&aacute;, no. 24, julio-diciembre de 2002, pp. 101-124. Por su parte, un ejemplo de literatura que pretende analizar algunos aspectos de la resistencia esclava desde otro punto, distinto al cultural, es VALENCIA, Carlos, Alma en boca y huesos en costal: una aproximaci&oacute;n a los contrastes socio-econ&oacute;micos de la esclavitud. Santafe, Mariquita y Mompox, 1610-1660, Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia, 2003. </p>     <p><a name="36" href="#p36"><sup>36</sup></a> Como las fiestas y festivales esclavos del Caribe Brit&aacute;nico y del llamado Antebellum South en los Estados Unidos, los cabildos negros en Cartagena de Indias han sido explicados bajo los par&aacute;metros de la aproximaci&oacute;n conocida como &ldquo;la v&aacute;lvula de seguridad&rdquo;. Com&uacute;nmente, esta interpretaci&oacute;n defiende el hecho de que en estas actividades &mdash;en las que los esclavizados pod&iacute;an disfrutar del baile, la comida y la conversaci&oacute;n&mdash; constitu&iacute;an parte de las estrategias usadas por los opresores para relajar tensiones entre subordinados y dominantes. De acuerdo con esta aproximaci&oacute;n, las fiestas, festivales y reuniones eran espacios en los que los esclavizados revert&iacute;an el orden establecido porque sus amos as&iacute; se los permit&iacute;an. El prop&oacute;sito de los due&ntilde;os era, entonces, distraer las ansiedades creadas por las relaciones de dominaci&oacute;n, con el fin de mantener a los esclavizados, en lo sucesivo, bajo los habituales constre&ntilde;imientos. Esta interpretaci&oacute;n no da cuenta de uno de los elementos de la din&aacute;mica de su divertimento: mientras los amos prove&iacute;an el espacio y el tiempo para estas actividades, no pod&iacute;an sin embargo controlar completamente sus c&oacute;digos, expresiones y movimientos al interior de dichas actividades. Los esclavizados, en &uacute;ltimas, pod&iacute;an en este sentido hacer uso de las celebraciones para resistir. Los amos, por su parte, fracasaban, pues, en su prop&oacute;sito. Para literatura que sigue la tendencia de la &ldquo;v&aacute;lvula de seguridad&rdquo;, ver BoRREGo PLA, Mar&iacute;a del Carmen, Cartagena de Indias en el siglo xvi, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1983. Tambi&eacute;n FRIEDEMANN, nina de, Cabildos..., op. cit. Vale anotar que Friedemann defiende esta postura, pero luego aceptando, parad&oacute;jicamente, que los miembros de los cabildos &ldquo;[&hellip;] ten&iacute;an acceso no solamente a informaciones sociales y militares, sino tambi&eacute;n a la adquisici&oacute;n de provisiones y p&oacute;lvora [&hellip;]&rdquo;, p. 13, con lo cual los cabildos se convierten no s&oacute;lo en &ldquo;refugios de African&iacute;a&rdquo;, en espacios de resistencia cultural, sino en esferas de insubordinaci&oacute;n general. Para bibliograf&iacute;a que, por el contrario, apoya la posibilidad de la insubordinaci&oacute;n esclava en las fiestas, consultar GUTI&Eacute;RREZ, Ildefonso, La poblaci&oacute;n..., op. cit. e Historia..., op. cit. Y para los casos del Antebellum South y el Caribe Brit&aacute;nico, ver FEnn, Elizabeth; &ldquo;A Perfect Equality Seems to Reign: Slave Society and John Canoe&rdquo;, en North Carolina Historical Review, Vol. lxv, Raleigh, North Carolina Office of Archives and History, 1998, pp. 127-152 y McD BECkLES, Hilary, &ldquo;War Dances: Slaves Leisure and Anti-Slavery in the British-colonised Caribbean&rdquo;, en SHEPHERD, Verene (ed.), Working Slavery, Pricing Freedom, kingston, Ian Randle, 2002, pp. 223-246.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="37" href="#p37"><sup>37</sup></a> CARVAJAL, Beatriz y RoDR&Iacute;GUEz, Pablo, &ldquo;La vida cotidiana en las haciendas coloniales&rdquo;, en CARVAJAL, Beatriz (ed.), Historia de la vida cotidiana en Colombia, Bogot&aacute;, norma Editorial, 1996, pp. 79-102.</p>     <p><a name="38" href="#p38"><sup>38</sup></a> GUTI&Eacute;RREZ, Ildefonso, La poblaci&oacute;n&hellip;, op. cit., pp. 58-60 y RUIz, Juli&aacute;n, op. cit., pp. 10-35.</p>     <p><a name="39" href="#p39"><sup>39</sup></a> AGI, Santa Fe, 213, Declaraci&oacute;n del mulato Nicol&aacute;s, Timiriguaco, 4 de mayo de 1693, Testimonios obrados por el gobernador de Cartagena de Indias, f. 329.</p>     <p><a name="40" href="#p40"><sup>40</sup></a> AGI, Santa Fe, 213, Declaraci&oacute;n del mulato Nicol&aacute;s, Timiriguaco, 4 de mayo de 1693, f. 330. </p>     <p><a name="41" href="#p41"><sup>41</sup></a> AGI, Santa Fe, 213, Declaraci&oacute;n de Mar&iacute;a Antonia de Casta Mina, Timiriguaco 5 de mayo de 1693, Testimonios obrados por el gobernador de Cartagena de Indias, f. 345. </p>     <p><a name="42" href="#p42"><sup>42</sup></a> AGI, Santa Fe, 213, Declaraci&oacute;n de mulato Nicol&aacute;s, f. 331.</p>     <p><a name="43" href="#p43"><sup>43</sup></a> AGI, Santa Fe, 213, Declaraci&oacute;n de Domingo Padilla, Cartagena, 11 de mayo de 1693, Testimonios obrados por el gobernador de Cartagena de Indias, f. 390.</p>     <p><a name="44" href="#p44"><sup>44</sup></a> Una argumentaci&oacute;n en contra de la realidad de la conspiraci&oacute;n es desarrollada en McFARLANE, Anthony, op. cit., pp. 221-259.</p> <hr size="1">     <p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     <p><i>Fuentes primarias</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Archivo:    <br> Archivo General de Indias (AGI), Santa Fe, 212 y 213.</p>     <p>Libros:    <!-- ref --><br>   de sandoval , Alonso, De Instauranda Aethiopum Salute: El mundo de la esclavitud negra en   Am&eacute;rica [1627], Bogot&aacute;, Empresa nacional de Publicaciones, 1956.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-1617200600010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp;</p>     <p><i>Fuentes Secundarias</i></p>     <!-- ref --><p>ARR&Aacute;ZOLA, Roberto, Palenque, primer pueblo libre de Am&eacute;rica, Cartagena, Ediciones Hern&aacute;ndez,   1970.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-1617200600010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>BARONA BECERRA, Guido, &ldquo;El otro en las hermen&eacute;uticas del nuevo mundo&rdquo;, en Memoria   y Sociedad, Vol. 8, No. 16, Bogot&aacute;, Departamento de Historia y Geograf&iacute;a, Pontificia   Universidad Javeriana, 2004, pp. 17-39.</p>     <!-- ref --><p>BORREGO PL&Aacute;, Mar&iacute;a del Carmen, Los palenques de negros de en Cartagena a finales del siglo   XVII, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-1617200600010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>___________, Cartagena de Indias en el siglo xvi, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos,   1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-1617200600010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>CARVAJAL , Beatriz y RODR&Iacute;GUEZ, Pablo, &ldquo;La vida cotidiana en las haciendas coloniales&rdquo;,   en CARVAJAL, Beatriz (ed.), Historia de la vida cotidiana en Colombia, Bogot&aacute;, Norma   Editorial, 1996, pp. 79-102.</p>     <!-- ref --><p>FALS BORDA Orlando, Historia doble de la Costa: Mompox y Loba, Tomo I, 2da edici&oacute;n,   Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, Banco de la Rep&uacute;blica, El &Aacute;ncora   Editores, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-1617200600010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>FENN, Elizabeth; &ldquo;A Perfect Equality Seems to Reign: Slave Society and John Canoe&rdquo;, en   North Carolina Historical Review, Vol. lxv, Raleigh, North Carolina Office of Archives   and History, 1998, pp. 127-152.</p>     <!-- ref --><p>FRIEDEMANN, Nina de, Cabildos de negros: refugios de African&iacute;a en Colombia, Universidad   Cat&oacute;lica Andr&eacute;s Bello, Caracas, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-1617200600010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>_____________, La saga del negro en Colombia, Bogot&aacute;, Instituto de Gen&eacute;tica Humana,   1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-1617200600010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GENOVESE, Eugene, From Rebellion to Revolution: Afro-American Slave Revolt in the Making of   the Modern World, Baton Rouge, Lousiana State University Press, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-1617200600010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GUTI&Eacute;RREZ, Ildefonso, Historia del negro en Colombia: &iquest;sumisi&oacute;n o rebeld&iacute;a?, Bogot&aacute;, Nueva   Am&eacute;rica, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-1617200600010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>___________, La poblaci&oacute;n negra en Am&eacute;rica: Geograf&iacute;a, historia y cultura, Bogot&aacute;, El B&uacute;ho, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-1617200600010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>LANDERS, Jane, &lsquo;Conspiradores esclavizados en Cartagena de Indias en el siglo XVII&rsquo;, en MOSQUERA,   Claudia, PARDO, Mauricio y HOFFMAN, Odile (eds.), Afrodescendientes en las Am&eacute;ricas.   Trayectorias sociales e identitarias: 150 a&ntilde;os de la abolici&oacute;n de la esclavitud en Colombia, Bogot&aacute;,   Universidad Nacional de Colombia, Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia,   IRD, ILSA, 2002, pp. 93-101.</p>     <p>MAYA, Adriana, &ldquo;Paula de Eguiluz y el arte del bien querer. Apuntes para el estudio del   cimarronaje femenino en el caribe, siglo XVII&rdquo;, en Historia Cr&iacute;tica, Bogot&aacute;, revista del   Departamento de Historia de la Universidad de los Andes, No. 24, julio-diciembre   de 2002, pp. 101-124.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>MCD BEC KLES, Hilary, &ldquo;War Dances: Slaves Leisure and Anti-Slavery in the British-colonised   Caribbean&rdquo;, en SHEPHERD, Verene (ed.), Working Slavery, Pricing Freedom, Kingston,   Ian Randle, 2002, pp. 223-246.</p>     <p>Mcfarla ne, Anthony, &ldquo;Autoridad y poder en Cartagena de Indias: La herencia de los   Austrias&rdquo;, en CALVO, Haroldo y MEISEL ROCA, Adolfo (eds.), Cartagena de Indias   en el siglo XVIII, Cartagena, Banco de la Rep&uacute;blica, 2005, pp. 221-259.</p>     <p>MEISEL ROCA, Adolfo, &ldquo;Esclavitud, mestizaje y haciendas en la Provincia de Cartagena:   1533-1851&rdquo;, en Desarrollo y Sociedad, No. 4, Bogot&aacute;, CEDE, Universidad de los Andes,   1980, pp. 227-278.</p>     <p>NAVARRETE, Mar&iacute;a Cristina, &ldquo;Cotidianidad y cultura material de los negros de Cartagena en   el siglo XVII&rdquo;, en Am&eacute;rica Negra: A la zaga de la Am&eacute;rica oculta, No. 7, Bogot&aacute;, Instituto   de Gen&eacute;tica Humana, Pontificia Universidad Javeriana, 1994, pp. 65-80.</p>     <!-- ref --><p>_____________, Historia social del negro en la colonia: Cartagena, siglo XVII, Cali, Universidad   del Valle, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-1617200600010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>_____________, Cimarrones y palenques en el siglo XVII, Cali, Universidad del Valle, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-1617200600010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>RUIZ, Juli&aacute;n, &ldquo;El cimarronaje en Cartagena de Indias: siglo XVII&rdquo;, en Memoria, No. 8, Bogot&aacute;,   Archivo General de la Naci&oacute;n, 2001, pp. 10-35.</p>     <!-- ref --><p>SCOTT, James, Domination and the Arts of Resistance: Hidden Transcripts, New Haven y Londres,   Yale University Press, 1994, pp. 136-201.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-1617200600010000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>VALENCIA, Carlos, Alma en boca y huesos en costal: una aproximaci&oacute;n a los contrastes socio-econ&oacute;micos   de la esclavitud. Santafe, Mariquita y Mompox, 1610-1660, Bogot&aacute;, Instituto Colombiano   de Antropolog&iacute;a e Historia, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-1617200600010000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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