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<journal-title><![CDATA[Historia Crítica]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Comportamientos al margen de la ley: contrabando y sociedad en Buenos Aires en el siglo XVII]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this work we look into the origins of illegal commerce to analyze how contraband was conducted in the port of Buenos Aires in the early seventeenth-century. To do this, we will analyze the political and economic context in which contraband arose and gained importance in order to reflect whether this economic practice -conducted by government officials, vecinos (official residents) and settlers of the port of Buenos Aires- can be considered corrupt in the context of the period studied. We will situate the behavior of these social actors within an intertwined complex of political beliefs and ideologies, and conjunctures, to explain how a practice like colonial-era contraband has multiple, tightly related causes.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p><b><font size="4">    <center>Comportamientos al margen de la ley:   contrabando y sociedad en Buenos Aires   en el siglo XVII</center></font></b> </p>     <p><b><font size="3">    <center>Illicit Behavior: Smuggling and Society in Seventeenth- Century Buenos Aires</center></font></b></p>     <p>Macarena Perusset Veras<sup>1</sup></p>     <p><sup>1</sup>Licenciada en Ciencias Antropol&oacute;gicas, Secci&oacute;n Etnohistoria, Instituto de Ciencias Antropol&oacute;gicas de la Facultad   de Filosof&iacute;a y Letras, Universidad de Buenos Aires. Estudiante de doctorado en Ciencias Antropol&oacute;gicas de la   Facultad de Filosof&iacute;a y Letras en la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina. <a href="mailto:macarena.perusset@gmail.com">macarena.perusset@gmail.com</a></p> <hr size="1">     <p><i><b>Resumen</b></i></p>     <p>En este trabajo indagaremos los or&iacute;genes del comercio il&iacute;cito para analizar el proceso del contrabando   realizado por el puerto de Buenos Aires en el temprano siglo XVII. Para ello analizaremos el contexto   pol&iacute;tico y econ&oacute;mico dentro del cual el contrabando se origin&oacute; y tom&oacute; fuerza, con el fin de reflexionar   sobre si esta pr&aacute;ctica econ&oacute;mica -realizada por funcionarios, vecinos y pobladores del puerto bonaerensepuede   considerarse como un accionar corrupto en el contexto estudiado. Situaremos el comportamiento   de estos actores sociales dentro de un complejo entramado de creencias e ideolog&iacute;a pol&iacute;tica, y situaciones   coyunturales, para dar cuenta de que una pr&aacute;ctica como el contrabando realizado en el per&iacute;odo colonial reconoce una multiplicidad de causas estrechamente relacionadas unas con otras.</p>     <p><b>Palabras claves:</b><i> Contrabando, corrupci&oacute;n, siglo XVII, legislaci&oacute;n, tolerancia, Buenos Aires</i>.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i><b>Abstract</b></i></p>     <p>In this work we look into the origins of illegal commerce to analyze how contraband was conducted   in the port of Buenos Aires in the early seventeenth-century. To do this, we will analyze the political   and economic context in which contraband arose and gained importance in order to reflect whether   this economic practice -conducted by government officials, vecinos (official residents) and settlers of   the port of Buenos Aires- can be considered corrupt in the context of the period studied. We will   situate the behavior of these social actors within an intertwined complex of political beliefs and   ideologies, and conjunctures, to explain how a practice like colonial-era contraband has multiple, tightly related causes.</p>     <p><b>Keywords:</b> <i>Contraband, corruption, seventeenth-century, legislation, tolerance, Buenos Aires.</i></p> <hr size="1">      <p>En un trabajo anterior analizamos el proceso de conformaci&oacute;n y consolidaci&oacute;n de   la elite que domin&oacute; la escena pol&iacute;tica y econ&oacute;mica del R&iacute;o de la Plata, durante las   d&eacute;cadas de 1610 y 1630, considerando las distintas etapas que formaron parte del   proceso y los principales medios de influencia y de acumulaci&oacute;n de riquezas<sup><a href="#1">1</a></sup>. En esa   ocasi&oacute;n nos detuvimos en dos cuestiones: por un lado, en los mecanismos de acceso   al poder por parte de los comerciantes que se instalaron en el puerto de Buenos Aires   a partir de 1590. Pudimos observar c&oacute;mo &eacute;stos -luego denominados &quot;confederados&quot;-   desplegaron la coerci&oacute;n, la presi&oacute;n, el miedo, la influencia y la violencia para alcanzar   sus objetivos, as&iacute; como la constante evasi&oacute;n de las normas emanadas del Rey u otras   autoridades. Por otro lado, dimos cuenta de las respuestas de algunos miembros   del grupo de los benem&eacute;ritos de la Conquista para mantenerse en el poder y no ser   desplazados por los primeros. La alianza entre ambos grupos fue acompa&ntilde;ada por   el fortalecimiento de una pr&aacute;ctica econ&oacute;mica de car&aacute;cter ilegal: el contrabando. Por   lo tanto, nos detuvimos en el origen y modalidad del comercio de ultramar, realizado   a espaldas de la Corona, y su relaci&oacute;n con el proceso de consolidaci&oacute;n de la elite   rioplatense del per&iacute;odo estudiado. Analizamos en esa oportunidad las estrategias utilizadas por los comerciantes para acceder al espacio pol&iacute;tico y de prestigio local.</p>     <p>Mostramos c&oacute;mo sus pretensiones de poder generaron conflictos con los primeros   pobladores de Buenos Aires, que detentaban los principales cargos en el Cabildo   y c&oacute;mo el grupo de los benem&eacute;ritos opt&oacute; por aliarse con los &quot;confederados&quot; para   no quedar relegados del poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico, como ocurri&oacute; con quienes no   aceptaron pactar con &eacute;stos. La imposici&oacute;n de los confederados sobre los benem&eacute;ritos   evidenci&oacute; el triunfo de la riqueza sobre el prestigio de los conquistadores que ve&iacute;an   frustrados sus deseos de mantener una &quot;vida aristocr&aacute;tica&quot; basada en el usufructo de las encomiendas<sup><a href="#2">2</a></sup>.</p>     <p>   Los comerciantes que llegaron en una segunda oleada migratoria, en su mayor&iacute;a,   vinieron con capitales y recursos para sumarse al r&eacute;dito del tr&aacute;fico comercial que se   realizaba desde Buenos Aires. El cierre del Puerto en 1594, lejos de frenar la actividad   la incentiv&oacute;, pues las ganancias obtenidas a espaldas de la Corona comenzaban a ser   significativas. Como principal riqueza de la elite porte&ntilde;a, el comercio ilegal cobr&oacute;   fuerza propia, involucrando cada vez m&aacute;s a las principales familias, a funcionarios   locales, virreinales e imperiales, y tambi&eacute;n a un sector de la Iglesia. Con el tiempo   el comercio ilegal conocido como &quot;contrabando&quot; se &quot;institucionaliz&oacute;&quot;, adquiriendo   una organizaci&oacute;n y normas propias y atraves&oacute; a toda la sociedad porte&ntilde;a de manera   directa o indirecta<sup><a href="#3">3</a></sup>. Como principal medio de acceso a la riqueza y de conservaci&oacute;n   del poder pol&iacute;tico fue indestructible y tuvo una vida activa hasta que los &uacute;ltimos   Borbones decretaron, a fines del siglo XVIII, el libre comercio.</p>     <p>   Nos interesa en este trabajo indagar en los or&iacute;genes del comercio ilegal, para lograr   una interpretaci&oacute;n acerca del contrabando que nos permita dar cuenta de la pluralidad   de causas y factores que intervinieron en el mismo. Para ello, haremos uso de la   perspectiva antropol&oacute;gica, que nos permitir&aacute; rescatar las ambig&uuml;edades expresadas   en discursos y pr&aacute;cticas entre los miembros de la red de contrabando, teniendo en   cuenta el contexto en el que los actores se hallaban insertos. Adem&aacute;s, nos permitir&aacute;   dar una nueva mirada a las fuentes utilizadas<sup><a href="#4">4</a></sup>, al interpretar el doble juego entre   la configuraci&oacute;n de formas de intervenci&oacute;n en campos pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos, y   las adaptaciones, interpretaciones y desviaciones a nivel de los comportamientos   individuales.</p>     <p><b>1. El contrabando en sus or&iacute;genes</b></p>     <p>La ciudad de Buenos Aires naci&oacute; en medio de una serie de contradicciones pol&iacute;ticas   y econ&oacute;micas que influyeron en las concepciones y conductas de sus habitantes. El   papel econ&oacute;mico de la ciudad, como el de todas las colonias hispanoamericanas, iba   de la mano de las ideas mercantilistas que acompa&ntilde;aban las monarqu&iacute;as de la &eacute;poca<sup><a href="#5">5</a></sup>.   De esa manera, los intereses de la Corona determinaron la circulaci&oacute;n mercantil   dentro del Virreinato del Per&uacute;, donde las imposiciones monop&oacute;licas operaban desde   el siglo XVI. Este monopolio comercial intentaba garantizar que los metales preciosos   extra&iacute;dos de Am&eacute;rica circularan &uacute;nicamente hacia Espa&ntilde;a<sup><a href="#6">6</a></sup>. As&iacute;, el oro y la plata se   concentraban en Lima, la &uacute;nica ciudad del Virreinato autorizada a ejercer el comercio   con Espa&ntilde;a. En consecuencia Buenos Aires quedaba al margen del sistema y deb&iacute;a   recurrir a Lima para sus intercambios ultramarinos, &quot;por estar prohibida la entrada   y salida por aquel puerto de todo g&eacute;nero de ropas y mercader&iacute;as&quot;<sup><a href="#7">7</a></sup>. Esta situaci&oacute;n se   convirti&oacute; en un problema para la ciudad de Buenos Aires a partir de 1594, ya que   desde 1580 el Puerto hab&iacute;a sido escala de una ruta alternativa a la oficial<sup><a href="#8">8</a></sup>. De la ciudad   sal&iacute;an distintos productos -entre ellos plata de Potos&iacute;- e ingresaban como contrapartida   esclavos y otros productos europeos que ven&iacute;an v&iacute;a Brasil. Esta ruta alternativa que   se encontraba en uso desde la fundaci&oacute;n del Puerto fue tolerada durante catorce   a&ntilde;os por las autoridades, pero a partir de 1594 el Monarca, bas&aacute;ndose en informes   del Virrey del Per&uacute;, y en defensa de sus intereses y de los comerciantes de Sevilla y   Lima, convirti&oacute; a Buenos Aires en un puerto cerrado. Un informe del Virrey daba cuenta de la situaci&oacute;n previa al cierre:</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center>&quot;Avisado he a S.M. de la importancia y consideraci&oacute;n que va siendo lo   del R&iacute;o de la Plata y el recato que conviene poner, as&iacute; en los que por   all&iacute; entran en esta tierra, como en los derechos que ha de llevar V.M. en   las mercader&iacute;as que traen, por que aquel paso y puerta es tan grande y   la tierra hasta Potos&iacute; tan larga y ancha, que puesto en la tierra firme es   imposible estorbar el pasaje a nadie, aunque yo lo tenga prohibido, como se habr&aacute; visto por una copia que yo envi&eacute; a V.M. &hellip;&quot;<sup><a href="#9">9</a></sup>.</center></p>     <p>A trav&eacute;s de esta carta el Virrey reiteraba al Rey la situaci&oacute;n que se viv&iacute;a en relaci&oacute;n   con Buenos Aires, y a partir de entonces, el Monarca decidi&oacute; cerrar el Puerto y   prohibir la entrada de esclavos y mercader&iacute;as procedentes del Brasil. S&oacute;lo autorizaba   el intercambio con Espa&ntilde;a a trav&eacute;s de nav&iacute;os que contaran con licencia para ello<sup><a href="#10">10</a></sup>.   As&iacute;, este sistema comercial exclu&iacute;a a Buenos Aires del tr&aacute;fico mar&iacute;timo y la obligaba   a depender de Lima para su subsistencia. Sin embargo, pese a la clausura del Puerto   y a las medidas decretadas, el Rey cedi&oacute; frente a los reclamos de los vecinos para   evitar que se repitiera el despoblamiento del lugar. De esa forma dict&oacute; una nueva   Ordenanza Real, en la cual se indicaba al presidente y dem&aacute;s miembros de la Casa de Contrataci&oacute;n de Sevilla que:</p>     <p>    <center>&quot;Es menester que haya all&iacute; [en el R&iacute;o de la Plata] alguna contrataci&oacute;n de   muchas cosas que faltaren, para que puedan vivir los que all&iacute; residieren   con m&aacute;s comodidad, por que de otra manera no se podr&iacute;a poblar aquella   tierra y los que est&aacute;n en ella se ir&iacute;an a Potos&iacute; y a otras partes del Per&uacute;,   quedando aquello desamparado [...] ser&iacute;a necesario que vayan a esta   ciudad hasta dos nav&iacute;os medianos cada a&ntilde;o, despachados en esa Casa   [de Contrataci&oacute;n de Sevilla], y que en ellos se lleven las mercader&iacute;as y   cosas necesarias&quot;<sup><a href="#11">11</a></sup>.</center></p>     <p>   Continuando con estas excepciones -pese a las prohibiciones dictadas- otra Real C&eacute;dula   emitida en 1595 otorgaba a Pedro G&oacute;mez Reynell un permiso para introducir esclavos   por Buenos Aires<sup><a href="#12">12</a></sup>. De esta forma la ciudad lograr&iacute;a robustecer su econom&iacute;a interna   -limitada por la falta de fuerza de trabajo- y disponer de una mercanc&iacute;a muy demandada   en Charcas y Tucum&aacute;n, cuyo tr&aacute;fico a Buenos Aires ya resultaba provechoso.</p>     <p>   Sin embargo, a pesar de los env&iacute;os realizados por la Casa de Contrataci&oacute;n, se iniciaron   los reclamos de los vecinos y los procuradores de la ciudad en la Corte -en relaci&oacute;n   con la pobreza e insatisfacci&oacute;n de sus necesidades-: &quot;que atento a la necesidad y   pobreza de la tierra y falta de servicio que tenemos nos conceda y haga merced de   algunas licencias de esclavos de Guinea...&quot;<sup><a href="#13">13</a></sup>. De la misma manera los vecinos del   Puerto se&ntilde;alaban que:</p>     <p>    <center>&quot;El a&ntilde;o pasado dimos cuenta a Vuestra Majestad del estado en que est&aacute;   esta ciudad y puerto [&hellip;] y quedamos tan pobres y necesitados que no se puede encarecer m&aacute;s de que certificamos que aramos y cavamos con nuestras manos pasando mucha desnudez y calamidad por hab&eacute;rsenos quitado lo que de nuestras cosechas de labranza y crianza que enviamos al Brasil, en recompensa de lo cual nos tra&iacute;an con que poder vestir nuestras mujeres e hijos&quot;<sup><a href="#14">14</a></sup>.</center></p>     <p>Estos pedidos revelaron la necesidad de reanudar el intercambio con Brasil para   conseguir los suministros necesarios para el sustento. De esta manera el Rey decidi&oacute;   otorgar ciertas facilidades a sus habitantes para mantenerlos en calma, pronunciando la C&eacute;dula Real de 1602, la cual establec&iacute;a que el Monarca ten&iacute;a por bien:</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center>&quot;darles licencia y permisi&oacute;n [a los vecinos] para que por tiempo de seis   a&ntilde;os [&hellip;] en los frutos de su cosecha y en nav&iacute;os suyos y por su cuenta,   puedan sacar cada a&ntilde;o de las dichas provincias del R&iacute;o de la Plata hasta   2000 fanegas de harina y 500 quintales de cecina y otras 500 arrobas de   sebo y llevarlo al Brasil y Guinea y otras islas circunvecinas de vasallos   m&iacute;os y para que en retorno de ello puedan llevar las cosas de que tuvieren   necesidad para sus cosas&hellip;&quot;<sup><a href="#15">15</a></sup>.</center></p>     <p>   Este permiso respond&iacute;a en realidad a que con el cierre del Puerto la pobreza   ocasionada afectar&iacute;a las rentas Reales y la defensa de la ciudad se ver&iacute;a perjudicada,   pues los pobladores al no poder satisfacer sus necesidades abandonar&iacute;an el lugar,   quedando la regi&oacute;n a merced de los intrusos extranjeros, que encontrar&iacute;an libre   camino al Alto Per&uacute;.</p>     <p>   Las particularidades se&ntilde;aladas indican que Buenos Aires naci&oacute; envuelta en un juego   de contradicciones. La Corona sigui&oacute; una actitud pendular y antag&oacute;nica, pues a pesar   de decretar el cierre del puerto no se les permiti&oacute; a sus habitantes abandonar el lugar,   como as&iacute; tampoco se les otorg&oacute; una soluci&oacute;n a sus problemas de subsistencia. Si   bien se despachaban dos nav&iacute;os anuales al Puerto, estos no alcanzaban a cubrir las   necesidades de sus habitantes. Adem&aacute;s la Corona continuaba con su pol&iacute;tica de no   autorizar el comercio y prohib&iacute;a la importaci&oacute;n de esclavos a los vecinos, a pesar   de que se otorgaban permisos para ello a diferentes concesionarios portugueses.   Fueron estas caracter&iacute;sticas ambiguas y contradictorias, as&iacute; como el hecho de que los   comerciantes hab&iacute;an invertido una importante suma de dinero en la organizaci&oacute;n del   tr&aacute;fico de esclavos, las que influyeron en la determinaci&oacute;n del comportamiento de   los vecinos de Buenos Aires.</p>     <p>Esta pr&aacute;ctica econ&oacute;mica -el tr&aacute;fico de esclavos- hab&iacute;a surgido como respuesta al cierre   del Puerto en 1594 y fue puesto en marcha por el entonces gobernador de la provincia, Fernando de Z&aacute;rate. Esta pr&aacute;ctica econ&oacute;mica operaba de la siguiente manera:</p>     <p>    <center>&quot;&hellip; la traza y orden que ten&iacute;a en el desembarcar los negros, que ven&iacute;an   de arribada para que no se vendiesen, era que llegaban los nav&iacute;os   fronteros de este puerto, diciendo que hab&iacute;an llegado de arribada y que   hac&iacute;an mucha agua, que ten&iacute;an necesidad de pertrecharse. Habiendo   dado ellos propios barre&ntilde;os al nav&iacute;o. Y con esto los mandaban ir al   Riachuelo y desembarcaban all&iacute; para aderezar el dicho nav&iacute;o. Y con   ocasi&oacute;n de haberse desembarcado, ven&iacute;an los maestres a este puerto, y   los armadores y trataban con los alguaciles mayores, que quer&iacute;an vender   algunas piezas, y que les avisar&iacute;an cuando las vend&iacute;an, y d&oacute;nde estaban,   para que denunciasen de ellas y de las dem&aacute;s&quot;<sup><a href="#16">16</a></sup>.</center></p>     <p>   En sus inicios el contrabando involucraba una cantidad reducida de actores, pero a   medida que los r&eacute;ditos del tr&aacute;fico ilegal se fueron incrementando y haciendo visibles,   cobr&oacute; una dimensi&oacute;n superior y alberg&oacute; una mayor cantidad de sujetos.</p>     <p>En t&eacute;rminos generales la historiograf&iacute;a colonial ha caratulado los comportamientos   pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos al margen de las normas como parte de una corrupci&oacute;n   generalizada de la sociedad colonial. El principal exponente de esta idea ha sido Horst   Pietschmann en su c&eacute;lebre art&iacute;culo &quot;Burocracia y corrupci&oacute;n en Hispanoam&eacute;rica   colonial: una aproximaci&oacute;n tentativa&quot;<sup><a href="#17">17</a></sup>, cuyas ideas reactualiz&oacute; en el a&ntilde;o 2003<sup><a href="#18">18</a></sup>. En cambio, parte de la literatura reciente<sup><a href="#19">19</a></sup> ha intentado reinterpretar las razones por las cuales esas pr&aacute;cticas cobraron una dimensi&oacute;n estructural dentro de la sociedad colonial. Es dentro de esta l&iacute;nea que buscamos retomar el tema de la corrupci&oacute;n para finalmente dar una interpretaci&oacute;n que no quede estancada en su sola definici&oacute;n. Para ello haremos un primer recorrido por la historiograf&iacute;a que abord&oacute; el tema, para luego preguntarnos &iquest;c&oacute;mo podemos interpretar la extensi&oacute;n de las pr&aacute;cticas ilegales en el contexto rioplatense temprano? y &iquest;c&oacute;mo el fortalecimiento e impunidad de un grupo dentro de la elite porte&ntilde;a frente a cualquier intento -interno o externo- de desarticular al mismo?</p>     <p><b>2. La &quot;corrupci&oacute;n&quot; en la historiograf&iacute;a colonial</b></p>     <p>Uno de los principales referentes a la hora de citar una tipolog&iacute;a sobre corrupci&oacute;n   pol&iacute;tica es el trabajo de Heidenheimer, quien present&oacute; en Political Corruption<sup><a href="#20">20</a></sup> tres   esferas de conducta corrupta: 1) las centradas en la funci&oacute;n p&uacute;blica, 2) las focalizadas   en el mercado y 3) las centradas en el inter&eacute;s p&uacute;blico. Si bien esta tipolog&iacute;a fue   desarrollada para el mundo contempor&aacute;neo, la misma puede aplicarse al estudio de   las sociedades coloniales, ya que la evasi&oacute;n del pago de los impuestos internos, tales   como la saca ilegal de plata sin sellar ni registrar y de cueros sin marcar, as&iacute; como la   introducci&oacute;n ilegal de g&eacute;neros europeos y esclavos del &Aacute;frica logran inscribirse en la tercera definici&oacute;n de corrupci&oacute;n se&ntilde;alada por el autor.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Hacia la d&eacute;cada de 1960 van Klaveren<sup><a href="#21">21</a></sup> fue el primero en ocuparse del tema de   forma sistem&aacute;tica, al focalizarse tanto en lo que ocurr&iacute;a en la Pen&iacute;nsula como al otro   lado del Atl&aacute;ntico. En sus art&iacute;culos, le otorg&oacute; un lugar destacado y la tom&oacute; como un   componente fundamental de la historia econ&oacute;mica de Espa&ntilde;a, reintroduciendo el   fen&oacute;meno de la corrupci&oacute;n administrativa en los debates historiogr&aacute;ficos acerca de la   naturaleza de la dominaci&oacute;n colonial<sup><a href="#22">22</a></sup>. A partir de sus estudios muchos investigadores comenzaron a reconsiderar el rol que jug&oacute; la corrupci&oacute;n en la sociedad americana,   y concluyeron que no era un s&iacute;ntoma de decadencia pol&iacute;tica de la Corona en las   colonias, como lo planteaban autores como Ots Capdequ&iacute;<sup><a href="#23">23</a></sup> y Parry<sup><a href="#24">24</a></sup>. Al contrario,   la corrupci&oacute;n pasaba a ser considerada como una pr&aacute;ctica necesaria y hasta positiva   en la vida pol&iacute;tica americana.</p>     <p>   De acuerdo con las investigaciones de Phelan<sup><a href="#25">25</a></sup> y Vicens Vives<sup><a href="#26">26</a></sup> y siguiendo con   el modelo de corrupci&oacute;n existente en Espa&ntilde;a e Indias, se consideraba su principal   raz&oacute;n de existencia el hecho de que la administraci&oacute;n imperial intentaba dominar   la realidad econ&oacute;mica indiana con legislaci&oacute;n que no se ajustaba a ella. Vicens   Vives se&ntilde;alaba que en Espa&ntilde;a, a pesar de las leyes vigentes, la administraci&oacute;n   p&uacute;blica tuvo que poner en funcionamiento el comercio americano utilizando   diversas estrategias, a partir de las cuales habr&iacute;an surgido las pr&aacute;cticas corruptas<sup><a href="#27">27</a></sup>.   Por su parte, Phelan postulaba que la corrupci&oacute;n result&oacute; de la descentralizaci&oacute;n   pol&iacute;tica del gobierno colonial, en la que la autoridad se divid&iacute;a en una serie de   organizaciones administrativas privadas y p&uacute;blicas. Los oficiales gubernamentales   en este &quot;sistema patrimonial&quot; carec&iacute;an de una serie bien establecida de tareas, y   de la misma manera, la relaci&oacute;n entre superiores y subordinados era una relaci&oacute;n   informal y no se encontraba reglamentada por las leyes<sup><a href="#28">28</a></sup>. Ambos autores conclu&iacute;an   que la corrupci&oacute;n institucionalizada, durante ciertos per&iacute;odos hist&oacute;ricos deven&iacute;a   en una &quot;v&aacute;lvula de escape&quot; para los mecanismos de dominaci&oacute;n que la metr&oacute;poli   ejerc&iacute;a sobre sus colonias, al incrementar la participaci&oacute;n pol&iacute;tica de los colonos   americanos y al ayudar a mantener el equilibrio del poder<sup><a href="#29">29</a></sup>.</p>     <p>Pietschmann<sup><a href="#30">30</a></sup> -retomando a Vicens Vives- a&ntilde;ad&iacute;a que la corrupci&oacute;n deb&iacute;a considerarse   como sistem&aacute;tica y ser explicada como una tensi&oacute;n permanente entre el Estado   espa&ntilde;ol, la burocracia real y la sociedad colonial; &aacute;reas que, a su vez, deber&iacute;an vincularse   con la distribuci&oacute;n de poder y riqueza. Este autor fue un pionero al se&ntilde;alar que la   transgresi&oacute;n de normas no se produc&iacute;a s&oacute;lo por los miembros de la administraci&oacute;n,   sino que tambi&eacute;n lo hac&iacute;a el &quot;p&uacute;blico en general&quot; que requer&iacute;a de los servicios de la burocracia<sup><a href="#31">31</a></sup>.</p>     <p>   Teniendo en cuenta a los oficiales de la burocracia, Andrien<sup><a href="32">32</a></sup> considera que la   corrupci&oacute;n ocup&oacute; un lugar destacado en las colonias a partir de la venta de cargos,   lo que contribuy&oacute;, a su turno, a erosionar el control ejercido sobre estos oficiales,   quienes se vieron cada vez m&aacute;s relacionados con las colonias que con su tierra natal.   Igualmente este autor sostiene que la corrupci&oacute;n permiti&oacute; a las elites locales ganar   y consolidar su influencia y poder. Tanto Pietschmann<sup><a href="#33">33</a></sup> como Andrien<sup><a href="#34">34</a></sup> buscaron   examinar c&oacute;mo los miembros del aparato administrativo abusaron de sus poderes, y   c&oacute;mo el abuso de los mismos por parte de una elite local ayud&oacute; a socavar el aparato   del Estado colonial.</p>     <p>   <b>3. La &quot;corrupci&oacute;n&quot; en el Antiguo R&eacute;gimen</b></p>     <p>  La mayor&iacute;a de los autores antes mencionados no han reflexionado sobre la   aplicabilidad del t&eacute;rmino &quot;corrupci&oacute;n&quot; para designar una realidad del mundo del   Antiguo R&eacute;gimen. Reflexi&oacute;n necesaria, puesto que como bien advierte Quarleri<sup><a href="#35">35</a></sup>, la   analog&iacute;a de comportamientos al margen de la ley de algunos funcionarios coloniales   con la corrupci&oacute;n contempor&aacute;nea puede afectar nuestra visi&oacute;n sobre las pr&aacute;cticas pasadas<sup><a href="#36">36</a></sup>.</p>     <p>Una distinci&oacute;n entre la sociedad pol&iacute;tica del Antiguo R&eacute;gimen y la actual es que en   las primeras el inter&eacute;s privado y el p&uacute;blico no estaban separados como en teor&iacute;a se   encuentran en el presente. Adem&aacute;s, en las sociedades antiguas la pol&iacute;tica no surg&iacute;a   como una actividad distinta de la acci&oacute;n social de los actores, sino que traspasaba   todas las relaciones que los sujetos sociales entablaban entre s&iacute; en su vida diaria<sup><a href="#37">37</a></sup>.   Una relaci&oacute;n pol&iacute;tica implicaba una interacci&oacute;n social que conllevaba el despliegue de   diversas t&aacute;cticas con el fin de inclinar las voluntades ajenas y regir sus comportamientos   hacia un objetivo preestablecido<sup><a href="#38">38</a></sup>. Al respecto, resulta ilustrativo el accionar de Juan de Vergara, uno de los principales contrabandistas del puerto de Buenos Aires:</p>     <p>    <center>&quot;Lo que no alcanza [Vergara] por amistad, favor o amor, lo acaba con sus   trazas y por el temor que todos le tienen por no verse perseguidos de &eacute;l   y metidos en pleitos e inquietudes con que los destruye [&hellip;] La presi&oacute;n   en que su poder y trazas los ha tenido y tiene [a los vecinos] busc&aacute;ndoles causas coloreadas&quot;<sup><a href="#39">39</a></sup>.</center></p>     <p>  Los actores sociales del Antiguo R&eacute;gimen eran actores colectivos, conjuntos   estructurados y permanentes, formados por individuos que desarrollaban una acci&oacute;n   unitaria. Pose&iacute;an sus propias formas de autoridad, sus reglas de funcionamiento y   articulaci&oacute;n interna, sus lugares y formas de sociabilidad y de comportamiento, sus   valores e imaginarios. Por lo tanto, al estar basadas en el grupo, las relaciones entre   los actores se fundamentaban en las de la asociaci&oacute;n. Las rivalidades o alianzas en   la cima de las mismas implicaban y compromet&iacute;an a todos sus miembros. La acci&oacute;n   pol&iacute;tica de estos sujetos buscaba conseguir para s&iacute; o para parientes y allegados cargos   directivos en los cuerpos y en los que produjeran los mayores beneficios o influencia<sup><a href="#40">40</a></sup>.   Cada uno de los grupos que conformaban este tipo de sociedades tradicionales,   actuaba en funci&oacute;n de preservar y acrecentar sus privilegios, su capacidad de acci&oacute;n y, por lo tanto, su poder.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por &uacute;ltimo, en relaci&oacute;n con el uso del concepto &quot;corrupci&oacute;n&quot; nos interesa recalcar   que para comprender el fen&oacute;meno en el contexto estudiado, no debemos centrarnos   s&oacute;lo en la trasgresi&oacute;n de los oficiales p&uacute;blicos, pues las acciones &quot;corruptas&quot; no eran   desplegadas &uacute;nicamente por los mandatarios, sino tambi&eacute;n por quienes se sirvieron   de &eacute;stos para obtener sus propios beneficios econ&oacute;micos o sociales, como algunos miembros de la elite del lugar.</p>     <p>  El empleo que hacemos de ciertas categor&iacute;as en contextos espec&iacute;ficos somete a los   significados culturales a revalorizaciones pr&aacute;cticas. &iquest;Qu&eacute; queremos decir? Que pese a   que ciertas variables de an&aacute;lisis y algunas inferencias sobre la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica en la   actualidad coinciden con las elaboradas para dar cuenta de ciertos comportamientos   dentro de la administraci&oacute;n p&uacute;blica colonial<sup><a href="#41">41</a></sup>, nada garantiza que los actores sociales   coloniales, con distintos intereses y biograf&iacute;as, hayan estimado las categor&iacute;as existentes de   manera similar a como las utilizamos actualmente. Por lo tanto, s&oacute;lo puede comprenderse   la corrupci&oacute;n colonial cuando es estudiada bajo la luz de la tradici&oacute;n cultural de la cual   formaba parte, y no desde los valores que maneja el investigador. Es ah&iacute; cuando nos   preguntamos si es correcto utilizar el t&eacute;rmino corrupci&oacute;n para referirnos a las pr&aacute;cticas   no s&oacute;lo de la burocracia, sino tambi&eacute;n de algunos miembros de la elite colonial. &iquest;Podemos   afirmar que exist&iacute;an pr&aacute;cticas corruptas -en el sentido que maneja Laporta<sup><a href="#42">42</a></sup>, es decir, que   un agente investido de autoridad obten&iacute;a una ganancia personal evadiendo un cuerpo de normas o bajo condiciones formalmente legales?</p>     <p>  Creo que si bien esta definici&oacute;n es admisible de ser aplicada, es probable que   encontremos algunas divergencias de acuerdo a cada caso en particular. En las   siguientes p&aacute;ginas buscamos dar cuenta del contexto pol&iacute;tico y econ&oacute;mico m&aacute;s   amplio dentro del cual el contrabando rioplatense se origin&oacute; y fortaleci&oacute;, con el fin   de reflexionar sobre la inclusi&oacute;n de esta pr&aacute;ctica dentro del concepto de corrupci&oacute;n.   Nuestro objetivo es situar a los actores y sus pr&aacute;cticas dentro de un entramado de concepciones, ideolog&iacute;a pol&iacute;tica, situaciones coyunturales y normativas.</p>     <p><b>4. El contrabando en el contexto pol&iacute;tico-jur&iacute;dico colonial</b></p>     <p>  Bajo la monarqu&iacute;a de los Austrias la legislaci&oacute;n elaborada represent&oacute; una incesante   acumulaci&oacute;n de disposiciones, generando como resultado que en Indias gran parte   de esa legislaci&oacute;n se volviera confusa y contradictoria. El contacto de la tradici&oacute;n   jur&iacute;dica espa&ntilde;ola con la realidad americana produjo un reajuste de las instrucciones   peninsulares para amoldarse a las necesidades locales. De acuerdo con ella, los   mecanismos estipulados para levantar expedientes con testigos diversos, con consultas   a autoridades de distinta jerarqu&iacute;a, con informaciones a los superiores, ten&iacute;a como   consecuencia la prolongaci&oacute;n de la soluci&oacute;n de los pleitos entablados. Adem&aacute;s, este sistema se dedicaba a estudiar una realidad legal frecuentemente ambigua o   contradictoria y al estudio de cada caso y problema en forma individual<sup><a href="#43">43</a></sup>. Por lo tanto,   esta legislaci&oacute;n daba lugar a que las distintas jerarqu&iacute;as administrativas o judiciales   opinaran de forma diversa, lo cual resultaba en interpretaciones contrapuestas entre s&iacute; y con la realidad legal<sup><a href="#44">44</a></sup>.</p>     <p>Sin embargo, el ordenamiento jur&iacute;dico-pol&iacute;tico del Antiguo R&eacute;gimen dejaba amplios   m&aacute;rgenes e infinitos intersticios fuera del texto escrito de la ley y en esos espacios se   insertaban usos, costumbres y pr&aacute;cticas que llenaban los vac&iacute;os legales, o se entramaban   con las leyes en el momento de su aplicaci&oacute;n: &quot;&hellip;las justicias, gobernadores y lugar   tenientes [&hellip;] ni cumplen provisiones ni c&eacute;dulas reales, d&aacute;ndoles el sentido que les   parece para conseguir sus fines&quot;<sup><a href="#45">45</a></sup>. La acci&oacute;n pol&iacute;tica en el R&iacute;o de la Plata colonial, como   la estamos delineando, implicaba, entonces, un &quot;ilegalismo tolerado&quot;, en t&eacute;rminos   de Michel Foucault (citado por Tau Anzo&aacute;tegui), pues la inobservancia de ciertos   preceptos legales formaba parte de la vida pol&iacute;tica y econ&oacute;mica<sup><a href="#46">46</a></sup>. Este &quot;ilegalismo&quot;   ten&iacute;a su propia coherencia y consist&iacute;a tanto en privilegios como en inobservancias masivas de normas que no llegaban jam&aacute;s a aplicarse o cumplirse<sup><a href="#47">47</a></sup>.</p>     <p>  Las constantes denuncias de los habitantes del Puerto sobre que &quot;han sucedido   tantas cosas en esta ciudad y puerto en raz&oacute;n de 675 esclavos negros que por el se   han navegado contrabando y con registro de un nuevo contratador [&hellip;] sin traer   licencia [&hellip;] para poderlos navegar por este puerto&quot;<sup><a href="#48">48</a></sup>; as&iacute; como que &quot;esta ciudad y   puerto esta perdida con el contrato [&hellip;] y las justicias que han sido as&iacute; gobernadores   que han sido como sus lugartenientes hacen lo que quieren y gozan de su particular   inter&eacute;s y no acuden a lo que es su carga y obligaci&oacute;n&quot;<sup><a href="#49">49</a></sup>, demostraron la ineficacia de   las medidas tomadas para evitar las pr&aacute;cticas corruptas, raz&oacute;n por la cual en 1618 el Rey decidi&oacute; crear una aduana en C&oacute;rdoba, paso obligado de Buenos Aires al Alto   Per&uacute;<a href="#50">50</a>. Sin embargo, a trav&eacute;s de diversos procedimientos dilatorios efectuados por los   gobernantes y vecinos del Puerto, la misma no hab&iacute;a sido establecida. Por esa causa fue   enviado -en 1623- el oidor Alonso P&eacute;rez de Salazar, encargado de su cumplimiento e   instalaci&oacute;n. La creaci&oacute;n de esta aduana evidencia que la Corona estaba al corriente de   los &quot;delitos&quot; que se produc&iacute;an en el Puerto, y al ordenar su instalaci&oacute;n -que implicaba   pagar el cincuenta por ciento de los derechos de las mercanc&iacute;as- demostraba una suerte de tolerancia hacia los comportamientos que ella misma prohib&iacute;a a sus habitantes.</p>     <p>Los actores sociales coloniales eran conscientes de que la rigidez textual de la ley ten&iacute;a   una funcionalidad, en t&eacute;rminos de Ag&uuml;ero ad terrorem<sup><a href="#51">51</a></sup>. Es decir, que s&oacute;lo en casos   excepcionales el Rey plasmaba ese terror en sus acciones y que cotidianamente, por el   contrario, proteg&iacute;a su conciencia actuando con cierta tolerancia, lo que les permit&iacute;a a los   sujetos coloniales continuar con sus pr&aacute;cticas ilegales. Esta tolerancia hacia los delitos   practicados por los comerciantes del Puerto, pone en escena la facultad de disimulo,   estrategia pol&iacute;tica utilizada por el Rey como compensaci&oacute;n hacia los servicios prestados   por los colonos de ultramar y para recomponer su relaci&oacute;n con ellos frente a situaciones   espec&iacute;ficas de necesidad o de inobediencia sistematizada<sup><a href="#52">52</a></sup>. Este accionar de la Corona   -de no poner un punto final al comercio ilegal por el Puerto- puede presentarse como   expresi&oacute;n de la relaci&oacute;n existente entre &quot;gracia y justicia&quot; que conformaba la mentalidad   de la &eacute;poca, y que consent&iacute;a que los s&uacute;bditos se movieran entre la obediencia y la inobservancia de la legislaci&oacute;n, seg&uacute;n las condiciones de cada caso<sup><a href="#53">53</a></sup>.</p>     <p>  Por otro lado, con el fortalecimiento del Imperio espa&ntilde;ol tambi&eacute;n se evidenci&oacute; el   surgimiento de una burocracia especializada, compuesta por un cualificado estrato   de legistas. Con la especializaci&oacute;n de la misma se confi&oacute; el gobierno de Indias a   funcionarios nombrados por el Rey, que actuaban durante un tiempo limitado y   estaban sometidos a las &oacute;rdenes y vigilancia de las autoridades superiores. Sin embargo,   la administraci&oacute;n p&uacute;blica creci&oacute; desmesuradamente y transform&oacute; su car&aacute;cter y su   funci&oacute;n, ayudando a la formaci&oacute;n y consolidaci&oacute;n del poder de oligarqu&iacute;as opuestas   a los intereses reales. De esta manera, los funcionarios de la burocracia pasaron a participar activamente en la pol&iacute;tica americana.</p>     <p>En cuanto se conocen mejor los mecanismos de funcionamiento de los grupos de poder y sus intentos de influir sobre los funcionarios de la administraci&oacute;n p&uacute;blica para lograr decisiones burocr&aacute;ticas o legales en su favor, resulta evidente que estos pleitos de competencia no eran s&oacute;lo originados por funcionarios deseosos de promover su posici&oacute;n social, sino que en muchos casos se trataba de luchas de poder en el seno de la misma burocracia. Este comportamiento es clave debido a que la mayor&iacute;a de los funcionarios que encontramos desenvolvi&eacute;ndose en este contexto eran corruptos, y se mezclaban con los intereses locales de los l&iacute;deres y miembros de la red de contrabando. Por ejemplo, el accionar del tesorero real -quien en teor&iacute;a custodiaba los bienes de la Hacienda Real-:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center>&quot;En todos los nav&iacute;os que entraron, el tesorero Sim&oacute;n de Valdez, cuando   iba a visitarlos, apartaba a los maestres y les hablaba al o&iacute;do [...] y oy&oacute;   decir muchas veces al dicho tesorero, a los dichos maestres y cargadores,   que le llevasen mercader&iacute;as, de ropa, lienzo, vino y otras cosas. Y se las vio llevar este tesorero muchas veces, a la dicha su casa&quot;<sup><a href="#54">54</a></sup>.</center></p>     <p>Asimismo, encontramos gobernadores con comportamientos deshonestos: &quot;Yendo el   dicho gobernador [Franc&eacute;s de Beaumont y Navarra] a ver el dicho nav&iacute;o [...] sacaban   en un batel cantidad de esclavos, por mandato del dicho gobernador Don Franc&eacute;s&quot;<sup><a href="#55">55</a></sup>.   Igualmente el caso del gobernador G&oacute;ngora: &quot;Todos estos excesos cometidos por   los gobernadores, ayudados y aconsejados de Juan de Vergara [...] Don Diego de   G&oacute;ngora que se hizo con el dicho Juan de Vergara y el obispo de este obispado&quot;<sup><a href="#56">56</a></sup>.   A&ntilde;adamos que &quot;[Mateo Leal de Ayala teniente de gobernador] favorec&iacute;a a todos los   que entraban y sal&iacute;an, en que se fuesen y cargasen sus nav&iacute;os y en que hurtasen los   negros [&hellip;] muchas veces ha embarcado plata por este puerto&hellip;&quot;<sup><a href="#57">57</a></sup>. Los ejemplos son interminables.</p>     <p>  Por otra parte, la Contrarreforma cat&oacute;lica experimentada a mediados del siglo   XVI en Espa&ntilde;a, se convirti&oacute; en el fundamento que permiti&oacute; conservar la tradici&oacute;n   medieval de tipo escol&aacute;stico, convirti&eacute;ndose en la base justificadora, legal y &eacute;tica del   comportamiento pol&iacute;tico en Am&eacute;rica. Esta doctrina llevaba en boga la subordinaci&oacute;n   del derecho positivo a una ley natural o divina. Tal poder divino otorgaba al Monarca   un dominio que implicaba, entre otras cosas, gobernar bajo el pleno consentimiento de   sus s&uacute;bditos. Una ley injusta era inmoral y pod&iacute;a ser desobedecida siempre y cuando   tal resistencia no causara un da&ntilde;o irreparable al cuerpo de la &quot;naci&oacute;n&quot;. La teor&iacute;a   contractualista -de ra&iacute;z medieval- implicaba que la relaci&oacute;n de vasallaje con el Rey estaba sellada por un contrato de obligaciones y deberes mutuos<sup><a href="#58">58</a></sup>. Estos convenios se   expresaban a trav&eacute;s de pr&aacute;cticas consuetudinarias como tambi&eacute;n mediante estatutos   y privilegios escritos y conllevaban el derecho de resistir a la autoridad cuando &eacute;sta   era considerada desp&oacute;tica, o a desobedecer las leyes cuando eran injustas. Esta   teor&iacute;a pol&iacute;tica aunque perdi&oacute; fuerza en la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica tras la instauraci&oacute;n de las   monarqu&iacute;as absolutas, se difundi&oacute; en la Am&eacute;rica colonial, y frente a un hecho que los   sujetos consideraban como el quiebre de ese pacto, emerg&iacute;an distintas reacciones que   hac&iacute;an frente a las circunstancias. El obispo del R&iacute;o de la Plata, fray Mart&iacute;n Ignacio de Loyola se&ntilde;alaba:</p>     <p>    <center>&quot;El fin que tiene el Rey Nuestro Se&ntilde;or como cat&oacute;lico y cristian&iacute;simo   en las c&eacute;dulas que despacha es el servicio de Dios Nuestro Se&ntilde;or y   el bien y aumento de la rep&uacute;blica y de sus vasallos y si alguna c&eacute;dula   emanase contraria de este fin ser&iacute;a por falsa y siniestra informaci&oacute;n, y   los gobernadores la han de reverenciar pero no ejecutarla en cuanto es repugnante al dicho fin&hellip;&quot;<sup><a href="#59">59</a></sup>.</center></p>     <p>  Los hombres que conformaron la elite de Buenos Aires del siglo XVII temprano,   vinieron de Espa&ntilde;a con ideales de riqueza y preeminencia social; tambi&eacute;n tra&iacute;an   consigo los valores y la ideolog&iacute;a vigentes en la Pen&iacute;nsula y en especial la noci&oacute;n del   pacto medieval<sup><a href="#60">60</a></sup>. Pero la situaci&oacute;n real con la que se encontraron aquellos hombres   cuando llegaron a este lado del Atl&aacute;ntico fue muy diferente a la que fantaseaban. A   diferencia de Potos&iacute;, cuya riqueza se encontraba en las minas de plata y del Tucum&aacute;n   cuya riqueza se basaba en la explotaci&oacute;n de la mano de obra ind&iacute;gena y en las haciendas,   en el R&iacute;o de la Plata, sin centros mineros ni abundante poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, la riqueza   deber&iacute;a buscarse por otro lado. En este contexto el comercio fue el principal medio de   obtenci&oacute;n de bienes, y el comercio ilegal en particular, de enriquecimiento. Adem&aacute;s   estos hombres se encontraron, a partir de 1594, con la exclusividad del monopolio   sevillano-lime&ntilde;o que dejaba a Buenos Aires al margen de toda actividad comercial e   influ&iacute;a negativamente en sus aspiraciones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas al limitar su campo   de acci&oacute;n. Igualmente, el comportamiento de los funcionarios enviados a Indias estuvo reglamentado por una legislaci&oacute;n que les asignaba un sueldo fijo y prohib&iacute;a   ejercer otras actividades que proporcionaran ingresos adicionales. A continuaci&oacute;n   veremos algunos pedidos al Rey para intentar obtener una soluci&oacute;n a sus necesidades de subsistencia:</p>     <p>    <center>&quot;Todas las ocasiones que afligen y ponen en necesidad las rep&uacute;blicas   parecen han ocurrido a un mismo tiempo contra esta de Buenos Aires,   habi&eacute;ndose poblado y sustentado con sangre y trabajo de muchos pobres,   cuyos hijos y nietos, parientes y deudos lo est&aacute;n sin esperanza de remedio   seg&uacute;n el aprieto de la prohibici&oacute;n que se esta ejecutando con la falta   de moneda y permisiones de ropas y esclavos [...] las necesidades que   estamos experimentando muchas personas espa&ntilde;olas por falta de capa y manto, no oyen misas ni salen de sus posadas&quot;<sup><a href="#61">61</a></sup>.</center></p>     <p>  Y con respecto a las ideas de los actores sobre las concesiones que les correspond&iacute;an de acuerdo al pacto establecido con la Corona:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center>&quot;Tenemos esperanza se restaurar&aacute; alguna cosa y la mayor en la merced   que Vuestra Majestad ha de hacer a esta rep&uacute;blica que tan fielmente le ha   servido y le ha de servir, concedi&eacute;ndole de nuevo las permisiones que en   otros tiempos, las cuales tambi&eacute;n le han faltado desde antes que llegara   D. Diego de G&oacute;ngora, al cual Vuestra Majestad le mande favorezca   a esta pobre gente ayudando a todos como quien tiene presente las necesidades&quot;<sup><a href="#62">62</a></sup>.</center></p>     <p>A estas particularidades con las que se enfrentaron quienes se establecieron en la   ciudad a principios del siglo XVII y hasta mediados del mismo, a&ntilde;adamos la legislaci&oacute;n   emanada del Rey ambigua y contradictoria, las demoras debidas a la distancia y al   tiempo que transcurr&iacute;a antes de que las noticias de Europa llegaran a Buenos Aires y viceversa, y la distancia de los centros de poder pol&iacute;tico en el Per&uacute;.</p>     <p>  <b>5. Entre la ilegalidad tolerada y los l&iacute;mites de lo tolerable</b></p>     <p>  Volviendo a las definiciones que planteamos al comienzo nos preguntamos: &iquest;Cu&aacute;l es la   diferencia entre una pr&aacute;ctica corrupta y una pr&aacute;ctica ilegal? &iquest;Existe tal diferencia? Una   pr&aacute;ctica es ilegal cuando transgrede la ley que la regula, pero no necesariamente implica   la noci&oacute;n de corrupci&oacute;n. Una pr&aacute;ctica corrupta se refiere al mal uso o desempe&ntilde;o de ciertas pr&aacute;cticas. Aqu&iacute; comienzan a operar valores morales, y generalmente un   comportamiento corrupto resulta en un perjuicio al bien com&uacute;n. Por lo tanto, al dejar   de lado las valoraciones personales, podremos considerar que aqu&eacute;llo que com&uacute;nmente se considera como una pr&aacute;ctica corrupta es simplemente una pr&aacute;ctica ilegal.</p>     <p>&iquest;C&oacute;mo es posible saber qu&eacute; conducta pol&iacute;tica, entendida como forma de acceso al   poder, es buena o mala o aceptable en un sistema pol&iacute;tico en particular? S&oacute;lo mediante   el estudio del contexto en el cual se llevan a cabo estas pr&aacute;cticas. Taylor<sup><a href="#63">63</a></sup> concluye que   las nociones de &quot;bienestar general&quot; son construidas por cada sociedad de acuerdo con   sus patrones previos tanto morales como cosmovisionales; por lo tanto, siempre hay   un marco identitario referencial que hace que cada sociedad construya sus propios   significados y esto se encuentra vinculado con el espacio moral, que es tanto de lugar   como de tiempo<sup><a href="#64">64</a></sup>. &iquest;C&oacute;mo es posible evaluar, entonces, que un comportamiento determinado sea tolerable en un contexto pol&iacute;tico dado?</p>     <p>  Todo lo se&ntilde;alado evidenci&oacute; una Buenos Aires como una sociedad sin reglas, o que   pese a las normas que deb&iacute;an regir su vida social y econ&oacute;mica, sus habitantes no   cumpl&iacute;an con las mismas. Ahora bien, nos preguntamos cu&aacute;l es la raz&oacute;n para que   una sociedad no respete las normas destinadas a regular y ordenar su vida. Y es ah&iacute;   cuando es necesario tener presente, en conjunto, todas las caracter&iacute;sticas de la sociedad   espa&ntilde;ola que se traslad&oacute; al R&iacute;o de la Plata hacia el siglo XVII. Un aspecto interesante   de an&aacute;lisis es el de la legislaci&oacute;n destinada a Indias, cuya caracter&iacute;stica principal era   el casuismo, es decir, que el derecho se presentaba como una reuni&oacute;n de preceptos   de diversa naturaleza y alcance, que se invocaban y aplicaban seg&uacute;n los casos<sup><a href="#65">65</a></sup>. Las   condiciones de aplicaci&oacute;n de este derecho no eran iguales en todo el Imperio: en   las &aacute;reas perif&eacute;ricas, como el R&iacute;o de la Plata, se encontraba condicionado por las   costumbres locales, por lo cual la flexibilidad del mismo aumentaba pese a que el   derecho escrito fuera considerado como una gu&iacute;a importante que conven&iacute;a seguir, salvo que existieran motivos para lo contrario.</p>     <p>Cuando nos referimos a los usos consuetudinarios en el R&iacute;o de la Plata, debemos   se&ntilde;alar que eran especialmente fuertes en el siglo XVII. Ellos ilustran c&oacute;mo se creaba   una distancia entre las intenciones de la metr&oacute;poli -plasmadas en la legislaci&oacute;n- y las   de los colonos, donde los usos y pr&aacute;cticas mantuvieron una presencia jur&iacute;dica notoria,   que no se reduc&iacute;a a los l&iacute;mites de una fuente formal, acosada por la ley, sino que tend&iacute;a a ocupar los espacios normativos vac&iacute;os, y en mayor medida cuando era incipiente<sup><a href="#66">66</a></sup>.</p>     <p>Buenos Aires se constituy&oacute; en un &aacute;mbito donde los intereses locales modelaron   su fisonom&iacute;a definiendo un conjunto de comportamientos que contradijeron los   intereses de la Corona. Adem&aacute;s, su ubicaci&oacute;n lejos de Espa&ntilde;a y de los centros de   poder en Lima, y cerca de los portugueses en Brasil, hizo que fuera casi imposible   imponerle un control. Frecuentemente los gobernadores provinciales actuaban con   un grado de libertad que puede parecer inconsistente con su rol de intermediarios   del Rey. Adem&aacute;s, si bien ninguna comunidad pod&iacute;a actuar a su antojo, era posible   desobedecer al Rey cuando se creaba la situaci&oacute;n del r&eacute;gimen tirano; y ampar&aacute;ndose   en esta doctrina e interpretando a su gusto los intersticios dejados por la ley, surg&iacute;a   el comportamiento de obedecer pero no cumplir las leyes que iban contra el bien   com&uacute;n: &quot;que los escritos cartas y c&eacute;dulas del pr&iacute;ncipe dadas en perjuicio de partes que sean contra ley o derecho usado no traigan aparejada ejecuci&oacute;n ni se cumplan&quot;<sup><a href="#67">67</a></sup>. A&ntilde;adamos que en las zonas perif&eacute;ricas las pr&aacute;cticas culturales recientes ten&iacute;an tanta o m&aacute;s fuerza que la ley escrita. Debido a la abundancia de leyes, muchas entraban en contradicci&oacute;n y eran interpretadas por los miembros de la red de contrabando seg&uacute;n su conveniencia. Este comportamiento &quot;abusivo&quot; fue utilizado para tomar ventaja de las normas impuestas, con la intenci&oacute;n de satisfacer fines propios aun cuando ello frustrara los intereses de la Corona<sup><a href="#68">68</a></sup>.</p>     <p>  Entonces, observamos entre los miembros del grupo de comercio il&iacute;cito, la existencia de   un conjunto de normas propias que defin&iacute;an lo que era bueno y justo para sus intereses,   as&iacute; como la presencia de un c&oacute;digo social en el que se hac&iacute;a posible aplicar estas normas.   Por lo tanto, los actores sociales no s&oacute;lo respondieron por necesidades f&iacute;sicas sino   adem&aacute;s por las nociones que ten&iacute;an del pacto colonial, por cuestiones consideradas   injustas o que atentaban contra su bienestar. Estas pr&aacute;cticas que surgieron se encontraron   relacionadas con la ruptura de ese contrato impl&iacute;cito celebrado entre el Rey y sus s&uacute;bditos indianos, cuando el primero dej&oacute; de cumplir con las reglas del juego.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  As&iacute; podemos observar detr&aacute;s de la supuesta r&iacute;gida legislaci&oacute;n, las normas culturales   que operaban en ella. Por un lado encontramos pautas que respond&iacute;an a la cultura   de la &eacute;poca, a las retribuciones e intercambios de servicios por privilegios. Por el otro, las normas que correspond&iacute;an a una &quot;econom&iacute;a del dolor punitivo&quot;, es decir,   cuando los delincuentes eran numerosos no era necesario ser riguroso con todos   ellos, como tampoco lo era la severidad cuando el delito era ocasional<sup><a href="#69">69</a></sup>. La tolerancia   y el disimulo del Rey, a cambio de mantener poblada la ciudad y de la obediencia   de sus s&uacute;bditos indianos, influyeron en el establecimiento y naturalizaci&oacute;n de estas pr&aacute;cticas ilegales.</p>     <p>Todas las particularidades mencionadas confluyeron para que en la sociedad estudiada   se generase una tendencia recurrente, tanto de los funcionarios de gobierno como   de los miembros de la red de comercio ilegal, a la inobservancia de ciertas normas   jur&iacute;dicas y, por lo tanto, a la ilegalidad. El contrabando aparec&iacute;a, entonces, como   respuesta -o soluci&oacute;n- a las normas jur&iacute;dicas impuestas. Aparec&iacute;a como una pr&aacute;ctica   que comenzaba a desempe&ntilde;arse a la par de la ley, sin estar subordinada a ella, la cual   se encontr&oacute; en un &aacute;rea de fricci&oacute;n entre las leyes, el poder pol&iacute;tico de la Corona y la   pr&aacute;ctica econ&oacute;mica local. El surgimiento y fuerza de este comportamiento il&iacute;cito fue   posible, ya que se trataba de un sistema donde reinaba el casuismo, la variedad y la   flexibilidad. El contrabando puede ser entendido, as&iacute;, como una pr&aacute;ctica que en un   primer momento surgi&oacute; de la necesidad de subsistencia de los habitantes del Puerto,   pero que en una segunda instancia y como consecuencia de diversas situaciones, logr&oacute; naturalizarse y entr&oacute; en contradicci&oacute;n con las leyes vigentes.</p>     <p>  Al hacer hincapi&eacute; en tener presentes todas estas caracter&iacute;sticas, el punto que queremos   enfatizar es que el fen&oacute;meno del comercio ilegal reconoce una multiplicidad de   factores interpenetrados que se refuerzan entre s&iacute;, con lo cual se agrega a aquellas   hip&oacute;tesis que consideran el surgimiento del contrabando como funcional a la sociedad   colonial<sup><a href="#70">70</a></sup>, o como una v&aacute;lvula de escape con respecto al ahogo econ&oacute;mico impuesto por la Corona.</p>     <p>  As&iacute;, no s&oacute;lo las leyes escritas ten&iacute;an peso y fuerza de ley, tambi&eacute;n contaban con peso   propio los comportamientos que iban asent&aacute;ndose, y se iban naturalizando dentro de   ciertos sectores de poder, como lo era el contrabando realizado por los miembros de la   elite. Por este motivo resultaba dif&iacute;cil que los involucrados denunciaran o reprendieran   los comportamientos il&iacute;citos, que si bien se realizaban al margen de las leyes, al volverse   cotidianos dejaron de ser considerados reprensibles, a la vez que contaban con el   aval -indirecto- de la Corona. El reproche no ten&iacute;a sentido en un sistema donde el   env&iacute;o de jueces y visitadores, donde la difusi&oacute;n de leyes y prohibiciones, y donde el   disimulo operaban como parte de una estrategia destinada a fortalecer los v&iacute;nculos   de lealtad y obediencia de los s&uacute;bditos. A&ntilde;adamos adem&aacute;s, los avales que la Corona prestaba a estas pr&aacute;cticas<sup><a href="#71">71</a></sup>, que operaban como parte de una cultura que ten&iacute;a una   imagen negativa de los pleitos, en la medida en que eran la ant&iacute;tesis de la caridad y de la fidelidad cristiana<sup><a href="#72">72</a></sup>.</p>     <p>En el caso del R&iacute;o de la Plata, donde las leyes iban en direcci&oacute;n opuesta al bienestar   de la elite, algunos de sus miembros encontraron conveniente dejar de cumplir con   ellas. Detr&aacute;s de este proceder il&iacute;cito se encontraba una percepci&oacute;n sobre el da&ntilde;o   ocasionado si se cumpl&iacute;an, y los beneficios que segu&iacute;an de su inobservancia. El costo   de no obedecer las leyes era menor a su cumplimiento, que resultaba excesivamente   alto al implicar depender de Lima o Sevilla para la subsistencia y satisfacci&oacute;n de las   necesidades de la ciudad. Por lo tanto, el hecho de que esta sociedad no cumpliera   con sus leyes, responde a nuestro entender a que el incumplimiento de las mismas -   contrabando- se hab&iacute;a convertido en una ilegalidad naturalizada, una pr&aacute;ctica que hab&iacute;a   adquirido tanta o m&aacute;s fuerza que la ley escrita. Asimismo, era una respuesta tanto al   exceso de regulaciones en materia econ&oacute;mica que resultaban -seg&uacute;n las concepciones   de los actores- &eacute;ticamente ileg&iacute;timas, como a las contradicciones que por la misma raz&oacute;n la Corona ten&iacute;a con respecto a ciudad de Buenos Aires.</p>     <p>  Si aceptamos el surgimiento de la ilegalidad como respuesta a las condiciones creadas   por la Corona y a las condiciones de vida de la Colonia, esta puede arrojar luz sobre   las conductas ilegales como una demostraci&oacute;n de que el costo de cumplir con las   leyes era excesivamente alto y que el costo del incumplimiento de las mismas, era   redituable y sumamente ventajoso. Estos problemas a los que se vieron enfrentados   los miembros de la elite, los solucionaron pensando en t&eacute;rminos de necesidades e   intereses de grupo. Con esta explicaci&oacute;n podemos entender mejor por qu&eacute; la brecha   entre la ley escrita y su aplicaci&oacute;n en Am&eacute;rica iba en aumento tanto en la pr&aacute;ctica de   los vecinos como de los funcionarios coloniales en la esperanza de que junto con   la distancia y aislamiento a su favor, pudieran lograr sus objetivos. Y queda claro   tambi&eacute;n el papel que el contrabando jug&oacute; actuando positivamente como neutralizador   de las decisiones pol&iacute;ticas &quot;incorrectas&quot; de la Corona -seg&uacute;n las concepciones de   los integrantes de la red de comercio il&iacute;cito- y en revertir el descontento social,   interpretando las mismas de acuerdo a los intereses del grupo. En conclusi&oacute;n, el   comportamiento il&iacute;cito que se daba en el Puerto representaba el surgimiento de una   nueva pr&aacute;ctica -originada en una necesidad- que al establecerse y naturalizarse se   posicion&oacute; a la par de las leyes reales, y cobr&oacute; forma defensivamente en oposici&oacute;n a   los apremios y controles del Monarca. De esta manera es como podemos interpretar   desde una nueva mirada el surgimiento del comercio il&iacute;cito en el R&iacute;o de la Plata del   temprano siglo XVII. Sin embargo, queda por analizar qu&eacute; es lo que suced&iacute;a en un segundo momento cuando esta pr&aacute;ctica se naturaliz&oacute; y traspas&oacute; la satisfacci&oacute;n, por   amplios m&aacute;rgenes, de las necesidades por las cuales hab&iacute;a surgido. El contrabando   como comportamiento econ&oacute;mico y la necesidad de mantenerlo, desataron otros   mecanismos o comportamientos pol&iacute;ticos y sociales, que analizaremos a la luz de las concepciones de corrupci&oacute;n tratadas previamente.</p>     <p>Debemos tener presente que reducir a los individuos a su dimensi&oacute;n biol&oacute;gica, al   simple hecho de existir, no significa que debieran ser reducidos y limitados a su vida   biol&oacute;gica, ya que ten&iacute;an una vida social y pol&iacute;tica -que aunque desaparec&iacute;a en la   perspectiva de la Corona- subsist&iacute;a en la de los sujetos. En esta vida social entraba a   jugar tambi&eacute;n la noci&oacute;n de justicia, al considerar la situaci&oacute;n que les tocaba atravesar   como no justa (seg&uacute;n la ideolog&iacute;a que hab&iacute;an ido forj&aacute;ndose). La delimitaci&oacute;n de   esta ideolog&iacute;a se estableci&oacute; entre lo que los actores consideraban dentro de l&iacute;mites   tolerables y lo que consideraban como intolerable, donde se inscrib&iacute;an las realidades   vividas que ofend&iacute;an su conciencia e intereses. Fueron &eacute;stas las que definieron, en   gran medida, las pr&aacute;cticas que llevaron a cabo. Si tenemos presente las utop&iacute;as de   riqueza y preeminencia social de los comerciantes peninsulares, veremos que al entrar   en contradicci&oacute;n con la realidad en la que se vieron envueltos, se convirtieron en   un contraste entre lo que era la realidad concreta y lo que &quot;deber&iacute;a&quot; haber sido. Fue   ah&iacute; donde el concepto de utop&iacute;a cobr&oacute; su significado pol&iacute;tico, cuando estos sujetos,   guiados por una apasionada representaci&oacute;n de su bienestar y por una decidida voluntad   de acci&oacute;n -en la cual intentaban cambiar el orden de las cosas-, ocultaron algunos   aspectos de la realidad y dirigieron su actividad pol&iacute;tica hacia el cambio del orden existente, sin tener l&iacute;mites en su conducta.</p>     <p>  En la actividad pol&iacute;tica<sup><a href="#73">73</a></sup> de los miembros de la red de contrabando se involucraron   las creencias que tra&iacute;an desde sus lugares de origen. La ideolog&iacute;a pol&iacute;tica, en tanto una   compleja estructura de pensamiento -ideas, representaciones y creencias, con valores   enraizados en ellas-, obr&oacute; como factor de la actividad pol&iacute;tica de los integrantes de la   elite, tanto funcionarios como vecinos y empresarios comerciales. Lo que prevaleci&oacute;   en todo momento y en toda acci&oacute;n, fue esa compleja estructura de pensamiento   compuesta por utop&iacute;as, valores y creencias que operaron en pro del cambio de su   situaci&oacute;n social. Estos sujetos no ten&iacute;an escr&uacute;pulos y ten&iacute;an la plena convicci&oacute;n, al   ver la imposici&oacute;n de medidas que da&ntilde;aba sus intereses, de transformar las mismas   para lograr cumplir con sus prop&oacute;sitos. Cuando se enfrentaron a situaciones   limitantes, en lugar de renunciar a sus creencias, las transformaron de tal manera   que se convirtieron en el fundamento de sus pr&aacute;cticas. Asimismo, en este sistema de   exposici&oacute;n de penurias y carencias para lograr ciertas concesiones del Rey, el discurso y   los argumentos utilizados se vuelven de especial inter&eacute;s. Pero, pese a usar una ret&oacute;rica &quot;conmovible&quot;, se vieron en la necesidad de recurrir a ciertas pr&aacute;cticas, pues la Corona   no les otorgaba una soluci&oacute;n acorde. Estas pr&aacute;cticas pronto dejaron de tener como   objetivo la necesidad de sobrevivir, para pasar a satisfacer necesidades de otra &iacute;ndole,   que comenzaron a rozar tambi&eacute;n la corrupci&oacute;n. Este comportamiento se cristaliz&oacute;   en determinadas acciones pol&iacute;ticas que realizaron los miembros principales de la red   comercial, basado en representaciones formadas por un conjunto de normas y valores sobre cuya base este grupo consideraba lo que era bueno y justo.</p>     <p>&iquest;Por qu&eacute; consideramos estas pr&aacute;cticas como corruptas? Para dar una respuesta   debemos dar cuenta del proceder pol&iacute;tico que llevaron adelante los integrantes de la   red de contrabando y prestar atenci&oacute;n a las estrategias utilizadas. En este momento   es cuando vemos a los grupos de inter&eacute;s mutar a grupos de presi&oacute;n, en los que   desplegaron su acci&oacute;n para influir y coaccionar sobre otros sujetos con el fin de   lograr sus objetivos. Estos grupos de inter&eacute;s se volvieron grupos de poder, en el   sentido en que originariamente se formaron en torno de intereses comunes, con   la finalidad de defenderlos. Pero se tornaron en grupos de presi&oacute;n en el momento   en que, en cumplimiento de su propia finalidad, influyeron sobre los ocupantes del   Cabildo de la ciudad. No podemos dejar de considerar el acaparamiento del Cabildo   por violencia, apresamiento o amenazas, y las represalias y asesinatos cometidos, que   ser&iacute;an igualmente medios para alcanzar un fin, en tanto comportamientos corruptos<sup><a href="#74">74</a></sup>.   No hay contexto econ&oacute;mico o social que justifique o ampare el surgimiento y mantenimiento de estas pr&aacute;cticas.</p>     <p>  El contrabando fue utilizado como medio de acceso al poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico.   Uno pod&iacute;a involucrarse en sus filas y obtener riquezas considerables y contactos   sociales. La violencia ejercida para lograr la conquista del Cabildo y las represalias   realizadas por algunos integrantes de la red de contrabando implicaban relaciones   de poder. Pero &iquest;c&oacute;mo explicamos que una relaci&oacute;n de poder se vuelva una relaci&oacute;n   de violencia? Esto se generaba cuando exist&iacute;a una ideolog&iacute;a que lo permit&iacute;a, es decir,   que un sujeto que realizaba un cierto accionar, una cierta conducta abr&iacute;a un espacio para la violencia al entrar en contradicci&oacute;n con las propias pr&aacute;cticas realizadas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  La dimensi&oacute;n que no tenemos que perder de vista es que no hab&iacute;a una esencia de lo   intolerable, sino que &eacute;sta devino de una situaci&oacute;n hist&oacute;rica, en donde intervinieron las   condiciones antes descriptas. Tal caracter&iacute;stica -que viene de una historia particularse   manifest&oacute; en las pr&aacute;cticas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas. Pero los mismos actores que   defendieron estos principios se acomodaron f&aacute;cilmente en su inobservancia. Entonces,   la ideolog&iacute;a y la concepci&oacute;n que dichos actores sosten&iacute;an se articulaban con las   pr&aacute;cticas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas que realizaron. Era esta ideolog&iacute;a, que involucraba la   concreci&oacute;n de utop&iacute;as y el respeto al pacto con el Rey, la que fundaba y justificaba a la   vez las conductas pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas de los miembros de la elite. Estas dos l&oacute;gicas se encontraban en relaci&oacute;n dial&eacute;ctica, porque por un lado, la ideolog&iacute;a fundaba las   pr&aacute;cticas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas, pero al justificarlas, era secundaria a ellas, por el otro.   La necesidad se convirti&oacute; en la ret&oacute;rica de legitimaci&oacute;n para casi cualquier uso, pr&aacute;ctica   o derecho exigido; de ah&iacute; que el uso no codificado e, incluso, codificado y prohibido,   estuviera en constante flujo y fuese m&aacute;s fuerte en algunos casos que el derecho estatuido.   Una necesidad terminaba por adquirir -como el caso del comercio il&iacute;cito en el R&iacute;o de la Plata del siglo XVII- visas de derecho para los actores coloniales.</p>     <p>Esta explicaci&oacute;n del surgimiento del contrabando como pr&aacute;ctica econ&oacute;mica se bas&oacute;   en la superposici&oacute;n de dos estructuras; por un lado, una dimensi&oacute;n simb&oacute;lica que   expresaba una visi&oacute;n idealizada de la sociedad -mantenida por los miembros de la   red comercial- y por el otro, una dimensi&oacute;n operacional real que comprend&iacute;a las   pr&aacute;cticas concretas, los c&oacute;digos impl&iacute;citos de los sujetos en respuesta a las medidas   dictadas por el Monarca. La ilegalidad se gener&oacute; en la disonancia entre estas dos   dimensiones. El surgimiento del contrabando como incumplimiento de las leyes   se&ntilde;alaba la contradicci&oacute;n y ambig&uuml;edad emanada de las mismas, como as&iacute; tambi&eacute;n de   la disociaci&oacute;n existente entre los intereses de la Corona y las aspiraciones pol&iacute;ticas y   econ&oacute;micas de la elite y el camino para realizarlas. Lo que vemos es que esta estructura   de creencias e ideolog&iacute;as actu&oacute; como motor de las pr&aacute;cticas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas   anteriormente descritas de los miembros de la red comercial. &Eacute;stas no eran dos realidades diferentes, sino que iban de la mano.</p>     <p>  <b><font size="3">Conclusi&oacute;n</font></b></p>     <p>  En temprano siglo XVII rioplatense, los miembros de la red de comercio il&iacute;cito   marcaron claramente sus prioridades. Los mecanismos utilizados para acceder al   poder -basados en la acumulaci&oacute;n de capital principalmente- fueron la respuesta y la   soluci&oacute;n a un conjunto de decisiones tomadas por el Monarca, que intentaban marcar   el rumbo y los l&iacute;mites de las acciones de los habitantes de Buenos Aires, a trav&eacute;s de   la emanaci&oacute;n de una legislaci&oacute;n que limitaba sus aspiraciones y los perjudicaba. Los   miembros de la elite invirtieron su esfuerzo y recursos monetarios para satisfacer   sus ideales de riqueza y preeminencia social. Esta inversi&oacute;n y el contexto en el que   se encontraron produjeron un fen&oacute;meno que marc&oacute; un hito e inici&oacute; una serie de   comportamientos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos sin escr&uacute;pulos destinados a la obtenci&oacute;n de sus objetivos de riqueza y poder.</p>     <p>Seg&uacute;n Moutouk&iacute;as<sup><a href="#75">75</a></sup>, el contrabando (del siglo XVIII) no debe considerarse como un &quot;mundo delictivo&quot; sino como una frontera social entre las representaciones jur&iacute;dicas y las normas legales establecidas. As&iacute; explica la paradoja de que un sujeto se desempe&ntilde;ase como juez de contrabando y como juez y diputado de comercio al mismo tiempo. Es decir, siendo por un lado responsable de reprimir los delitos de contrabando y por el otro, agente de los mercaderes de C&aacute;diz, directamente vinculados a dicho delito.</p>     <p>En este trabajo no intentamos juzgar o establecer la verdad sobre los hechos que   estudiamos, sino que quisimos interpretar c&oacute;mo un grupo social atraves&oacute; la traici&oacute;n   a sus creencias y lleg&oacute; a sacar provecho de las condiciones impuestas en una situaci&oacute;n   adversa, para delinear su &quot;libertad de acci&oacute;n&quot;, y al mismo tiempo obtener un margen   de movilidad y as&iacute; lograr cumplir sus objetivos. Las ideolog&iacute;as se presentaron como   la interpretaci&oacute;n de una situaci&oacute;n concreta y reflejaron los cambios de las mismas; su   fin era el de asegurar y proporcionar una justificaci&oacute;n de las conductas desarrolladas por los sujetos.</p>     <p>  Toda cultura implica un modo de apropiaci&oacute;n, una toma de conciencia y una   transformaci&oacute;n personal, un cambio instaurado en un grupo social. Es este tipo   de &quot;puesta de la cultura&quot; lo que otorga a cada &eacute;poca su propia figura. Por lo tanto,   emprender una nueva lectura y an&aacute;lisis de los estudios cl&aacute;sicos sobre estos temas fue   un venerable ejercicio antropol&oacute;gico, que afin&oacute; nuestras capacidades anal&iacute;ticas y con   el aporte de diversas perspectivas nos permitieron emplear la riqueza cultural para reflexionar sobre ella.</p>   <hr size="1">       <p><a name="1">1</a> PERUSSET, Macarena, &quot;Elite y comercio en el temprano siglo XVII rioplatense&quot;, en Fronteras de la Historia,   No. 10, Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia, 2005, pp. 257-277.</p>       <p><a name="2">2</a> Ibid.</p>       <p><a name="3">3 </a>Por contrabando entiendo el ejercicio de un comercio prohibido o la introducci&oacute;n de mercanc&iacute;as sin pagar los     derechos de aduana correspondientes. MOLINER, Mar&iacute;a, Diccionario del Uso del espa&ntilde;ol, Madrid, Gredos, 1994,     p. 748.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="4">4</a> El presente art&iacute;culo se bas&oacute; en gran medida en las actas capitulares de Buenos Aires halladas en el Archivo     General de la Naci&oacute;n de Buenos Aires, Argentina, en cartas y memoriales pertenecientes a la Colecci&oacute;n Gaspar     Garc&iacute;a Vi&ntilde;as localizada en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, en documentaci&oacute;n editada disponible en     la Academia Nacional de Historia de Buenos Aires y en manuscritos procedentes del Archivo Nacional de Bolivia en Sucre-Bolivia.</p>       <p><a name="5">5 </a>VILAR, Pierre, Oro y moneda en la historia (1450-1920), Barcelona, Ariel, 1982, p. 42.</p>       <p><a name="6">6 </a>GELMAN, Jorge, &quot;Cabildo y &eacute;lite local: Buenos Aires en el siglo XVII&quot;, en Revista latinoamericana de Historia     econ&oacute;mica y social, No. 6, Lima, IFEA, 1985, pp. 3-20.</p>       <p><a name="7">7</a> Biblioteca Nacional de Buenos Aires (en adelante BNBA), Sala del Tesoro (en adelante ST), Colecci&oacute;n Gaspar     Garc&iacute;a Vi&ntilde;as, t. 173, doc. 3404.</p>       <p><a name="8">8</a> MOUTOUKIAS, Zacar&iacute;as &quot;Power, Corruption and Commerce: The making of the local administrative     structure in seventeenth century Buenos Aires&quot;, en Hispanic American Historical Review, Vol. 68, No. 4, Nueva     York, Duke University Press, 1988, pp. 771-801.</p>       <p><a name="9">9</a> Carta del Virrey, Marqu&eacute;s de Ca&ntilde;ete, con fecha en la ciudad de los Reyes en 23 de diciembre de 1593, en     MOLINA, Ra&uacute;l, &quot;Una historia desconocida sobre los nav&iacute;os de registro arribados a Buenos Aires en el siglo XVII&quot;, en Revista Historia, No.16, Buenos Aires, Sellares, 1959, p. 14.</p>       <p><a name="10">10</a> BNBA, ST, Colecci&oacute;n Gaspar Garc&iacute;a Vi&ntilde;as, t. 173, doc. 3404.</p>       <p><a name="11">11</a> Real C&eacute;dula fechada el 26 de junio de 1595, en MOLINA, Ra&uacute;l, op. cit., p. 68.</p>       <p><a name="12">12</a> BNBA, ST, Colecci&oacute;n Gaspar Garc&iacute;a Vi&ntilde;as, t. 173, doc. 3400.</p>       <p><a name="13">13</a> Carta - poder dada por el Cabildo de Buenos Aires a su procurador ante la Corte, Don Beltr&aacute;n Hurtado, en     LEVILLIER, Roberto, Correspondencia de la Ciudad de Buenos Aires con los Reyes de Espa&ntilde;a, Vol. I, Buenos Aires, Municipalidad de Buenos Aires, 1915, p. 360.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="14">14</a> Carta de la ciudad de Buenos Aires a S. M., en LEVILLIER, Roberto, op. cit., pp. 278-279.</p>       <p><a name="15">15</a> BNBA, ST, Colecci&oacute;n Gaspar Garc&iacute;a Vi&ntilde;as, t. 173, doc. 3404 y t. 186, doc. 3929.</p>       <p><a name="16">16</a> Testimonio de Juan G&oacute;mez, en MOLINA, Ra&uacute;l, Hernandarias el hijo de la tierra, Buenos Aires, Lancestremere,   1948, Ap&eacute;ndice documental, documento XI, p. 478.</p>       <p><a name="17">17</a> PIETSCHMANN, Horst, &quot;Burocracia y corrupci&oacute;n en Hispanoam&eacute;rica colonial: una aproximaci&oacute;n tentativa&quot;,     en Nova Americana, No. 5, Torino, Giulio Einaudi Editore, 1982, pp. 11- 37.</p>       <p><a name="18">18</a> PIETSCHMANN, Horst, &quot;Los principios rectores de la organizaci&oacute;n estatal en las Indias&quot;, en ANNINO,     Antonio y GUERRA, Francois Xavier (comps.), Inventando la Naci&oacute;n, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica,     2003, pp. 47-84.</p>       <p><a name="19">19</a> AGUIRRE LANARI, Juan, &Eacute;tica, pol&iacute;tica y derecho, Buenos Aires, Academia Nacional de Derecho y Ciencias - La     Ley, 2000, pp. 207-224; CASADO ARBONIES, Manuel, &quot;La carrera americana de un antiguo colegial mayor     y rector de la Universidad de Alcal&aacute; de Henares: don Dionisio P&eacute;rez Manrique&quot;, en Ensayos y documentos, Alcal&aacute;     de Henares, Universidad de Alcal&aacute; de Henares, 1993, pp. 7-332; GONZALVO AIZPURU, Pilar y RABELL,     Cecilia, Familia y vida privada en la historia de Iberoam&eacute;rica, M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM,     1996; GONZALVO AIZPURU Pilar y RABELL, Cecilia, La familia en el mundo iberoamericano, M&eacute;xico, Instituto     de Investigaciones Sociales, UNAM, 1994; HERZOG, Tamar, La administraci&oacute;n como un fen&oacute;meno social: Justicia penal     de la ciudad de Quito (1650-1750), Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1995; HESPANHA, Antonio,     La gracia del derecho. Econom&iacute;a de la cultura en la Edad Moderna, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales,     1993; MARILUZ URQUIJO, Jos&eacute; Mar&iacute;a, El agente de la administraci&oacute;n p&uacute;blica en Indias, Buenos Aires, Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano &ndash; Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, 1998;     MOUTOUKIAS, Zacar&iacute;as, &quot;Gobierno y sociedad en el Tucum&aacute;n y el R&iacute;o de la Plata, 1550-1800&quot;, en VV.     AA. Nueva Historia Argentina, t. II, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2000, pp. 355-412; MOUTOUKIAS,     Zacar&iacute;as, &quot;Negocios y redes sociales: modelo interpretativo a partir de un caso rioplatense (siglo XVIII)&quot;, en     Cahiers du monde hispanique et luso-br&eacute;silien (C.M.H.L.B.), No. 67, Toulouse, Caravelle, 1997, pp. 37-155; P&Eacute;REZ     HERRERO, Pedro, Comercio y mercados en Am&eacute;rica Latina colonial, Colecciones MAPFRE 1492, Madrid, MAPFRE,     1992; SAGUIER, Eduardo, &quot;La corrupci&oacute;n de la burocracia colonial borb&oacute;nica y los or&iacute;genes del federalismo:     el caso del Virreinato del R&iacute;o de la Plata&quot;, en Jahrbuch f&uuml;rt Lateinamerikas, No. 29, Band-Koln, G. Fischer, 1992, pp. 149-177.</p>       <p><a name="20">20</a> HEIDENHEIMER, Arnold, Political Corruption Readings in Comparative Analysis, Nueva York, Holt, Rinehart   and Winston, 1970.</p>       <p><a name="21">21</a> VAN KLAVEREN, Jacob, Europaische Wirtschaftsgeschichte saniens im 16 und 17, Stuttgart, Jahrhundert, G. Fischer,     1960.</p>       <p><a name="22">22</a> VAN KLAVEREN, Jacob, &quot;The Concept of Corruption&quot;, en HEIDENHEIMER, Arnold, JOHNSTON,     Michael y LEVINE, Victor T. (eds.), Political Corruption: A Handbook, Brunswick, Transaction Publishers, 1989, pp. 855-869; VAN KLAVEREN, Jacob, &quot;Corruption as an Historical Phenomenon&quot;, en HEIDENHEMER,     Arnold, op. cit., pp. 422- 426; VAN KLAVEREN, Jacob &quot;Fiskalismus-Merkantilismus-Korruption. Drei     Aspekte der Finanzund Wirtschaftspolitik w&auml;hrend des Ancien R&eacute;gime&quot;, en Vierteljahrschrift f&uuml;r sozial und Wirtschaftsgeschichte, Vol. 47, Wiesbaden, Van Klaveren ed., 1960, pp. 333-353.</p>       <p><a name="23">23</a> OTS CAPDEQUI, Jos&eacute; Mar&iacute;a, El Estado espa&ntilde;ol en las Indias, M&eacute;xico, FCE, 1941 (1957).</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <a name="24">24</a> PARRY, John, The sale of public office in the spanish Indies under the Habsburgs, Berkeley, University of California     Press, 1953.</p>       <p><a name="25">25</a> PHELAN, John Leddy, &quot;Authority and flexibility in the spanish imperial bureaucracy&quot;, en Administrative science     quarterly, N&uacute;mero especial, Lima, IFEA, 1960, pp. 47-65; PHELAN, John Leddy, El Reino de Quito en el siglo     XVII, Quito, Banco Central del Ecuador, 1995.</p>       <p><a name="26">26</a> VICENS VIVES, Jaime, Historia de Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica, Barcelona, Editorial Vicens Vives, 1968 (1977).</p>       <p><a name="27">27</a> Ibid.</p>       <p><a name="28">28</a> PHELAN, John, El Reino&hellip;, op. cit., p. 22.</p>       <p><a name="29">29</a> BARBIER, Jacques, &quot;Elites and cadres in Bourbon Chile&quot;, en Hispanic American Historical Review, Vol. 52, No. 3, Madison, The University of Wisconsin Press, 1972, pp. 416-435.</p>       <p><a name="30">30</a> PIETSCHMANN, Horst, &quot;Burocracia y&hellip;&quot;, op. cit., p. 12; PIETSCHMANN, Horst, &quot;Los principios rectores&hellip;&quot;,   op. cit., p. 49.</p>       <p><a name="31">31</a> PIETSCHMANN, Horst, &quot;Burocracia y&hellip;&quot;, op. cit., p. 16.</p>       <p><a name="32">32</a> ANDRIEN, Kenneth, &quot;The sale of fiscal offices and the decline of royal authority in the Viceroyalty of Peru,     1633-1700&quot;, en Hispanic American Historical Review, Vol. 62, No. 1, Madison, The University of Wisconsin Press,     1982, pp. 32-56; ANDRIEN, Kenneth, &quot;Corruption, inefficiency, and imperial decline in the seventeenth     century viceroyalty of Peru&quot;, en The Americas, No.4, Washington, Academy of American Franciscan History     (TAM), 1984, pp. 1-20.</p>       <p><a name="33">33</a> PIETSCHMANN, Horst &quot;Burocracia y &hellip;&quot;, op. cit., p. 25.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="34">34</a> ANDRIEN, Kenneth, &quot;Corruption, inefficiency&hellip;&quot; op. cit., p. 6; ANDRIEN, Kenneth, &quot;The sale&hellip;&quot;, op. cit.,     p. 47.</p>       <p><a name="35">35</a> QUARLERI, L&iacute;a, &quot;Elite local, burocracia y reformas borb&oacute;nicas: La administraci&oacute;n de temporalidades de la     Rioja&quot;, en Revista Poblaci&oacute;n y Sociedad, Nos. 8-9, Tucum&aacute;n, UNT, 2000-2002, pp. 177-210.</p>       <p><a name="36">36</a> Dentro de las definiciones actuales sobre este fen&oacute;meno, Bayley se&ntilde;ala que aunque la idea de corrupci&oacute;n     se encuentra unida al acto de cohecho, es un t&eacute;rmino general que se refiere al mal uso de la autoridad para     lograr una utilidad personal, no necesariamente monetaria. BAYLEY, David, &quot;The effects of corruption in a developing nation&quot;, en Western political quarterly, Salt Lake City, University of Utah, 1990, pp. 719-727. En     la misma l&iacute;nea, Nino considera la corrupci&oacute;n tanto en el &aacute;mbito p&uacute;blico y privado como en la conducta de     quien ejerce una funci&oacute;n social que implica ciertas obligaciones destinadas a satisfacer determinados fines.     El problema se presenta cuando no se cumple con las obligaciones, de modo de obtener un beneficio para     s&iacute; o para un tercero. Tambi&eacute;n considera que hay corrupci&oacute;n en la conducta del tercero que lo induce a, o se beneficia con, tal incumplimiento. NINO, Carlos, Un pa&iacute;s al margen de la ley, Buenos Aires, Emec&eacute;, 1992.</p>       <p><a name="37">37</a> GUERRA, Fran&ccedil;ois Xavier, &quot;Hacia una nueva historia pol&iacute;tica. Actores sociales y actores pol&iacute;ticos&quot;, en Anuario   IEHS, No. 4, Tandil, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, 1989, pp. 117-122.</p>       <p><a name="38">38</a> JUSTO L&Oacute;PEZ, Mario, Manual de Derecho Pol&iacute;tico, Buenos Aires, Kapelusz, 1973.</p>       <p><a name="39">39</a> Carta del ex procurador de las provincias del R&iacute;o de la Plata, Manuel Fr&iacute;as al Rey, fechada el 29 de junio de     1627. Archivo Nacional de Bolivia, Secci&oacute;n Colonia, Correspondencia, Buenos Aires, vol. II, leg. 8, f. 825.</p>       <p><a name="40">40</a> Tamar Herzog da cuenta del mismo accionar pol&iacute;tico realizado por los sujetos que habitaban la regi&oacute;n quite&ntilde;a colonial. HERZOG, Tamar, op. cit.</p>       <p><a name="41">4</a> QUARLERI, L&iacute;a, op. cit., p. 186.</p>       <p><a name="42">42</a> LAPORTA, Francisco, La corrupci&oacute;n pol&iacute;tica, Madrid, Alianza Editorial, 1997.</p>       <p><a name="43">43</a> El casuismo, como se denomina a este sistema de derecho, no se basaba en el dictado de reglas generales para     alcanzar una uniformidad abarcadora de todos los reinos del Imperio. Cada caso particular, el lugar y el tiempo     templaban ese objetivo. Era necesario amoldarse a las nuevas situaciones y casos espec&iacute;ficos en un proceso     din&aacute;mico de renovada creaci&oacute;n. TAU ANZO&Aacute;TEGUI, V&iacute;ctor, El poder de la costumbre, Buenos Aires, Instituto   de Investigaciones de historia del Derecho, 2001, p. 61.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="44">44</a> PIETSCHMANN, Horst, &quot;Los principios&hellip;&quot;, op. cit., p. 62.</p>       <p><a name="45">45</a> BNBA, ST, Colecci&oacute;n Gaspar Garc&iacute;a Vi&ntilde;as, t. 173, doc. 3405.</p>       <p><a name="46">46</a> TAU ANZO&Aacute;TEGUI, V&iacute;ctor, op. cit., p. 87.</p>       <p><a name="47">47</a> La creencia en el valor de las leyes como materializaci&oacute;n del derecho, y como gu&iacute;as que ordenaban el mundo,     reglamentando y gobernando la quietud de las colonias, domin&oacute; en la mentalidad de la &eacute;poca que estamos     estudiando (siglos XVI a XVIII). Sin embargo, esta idea de la ley no era absolutista ni excluyente, sino que     permit&iacute;a la imperfecci&oacute;n de sus preceptos y la consiguiente intervenci&oacute;n de los hombres en su aplicaci&oacute;n. TAU     ANZO&Aacute;TEGUI, V&iacute;ctor, La ley en Am&eacute;rica Hispana. Del descubrimiento a la emancipaci&oacute;n, Buenos Aires, Academia     Nacional de la Historia. 1992, p. 48.</p>       <p><a name="48">48</a> BNBA, ST, Colecci&oacute;n Gaspar Garc&iacute;a Vi&ntilde;as, t. 173, doc. 3405.</p>       <p><a name="49">49</a> Ibid., doc. 3403.</p>       <p><a name="50">50</a> MOLINA, Ra&uacute;l, &quot;La defensa del comercio del R&iacute;o de la Plata por el Licenciado D. Antonio de Le&oacute;n Pinelo&quot;,   en Revista Historia, No. 26, Buenos Aires, Crisol, 1962, pp. 37-112.</p>       <p><a name="51">51</a> AG&Uuml;ERO, Alejandro, &quot;Clemencia, perd&oacute;n y disimulo en la justicia criminal del Antiguo R&eacute;gimen. Su praxis en     C&oacute;rdoba del Tucum&aacute;n. Siglos XVII y XVIII&quot;, Separata de Revista de historia del Derecho, No. 32, Buenos Aires,     Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, 2003, pp. 3-42.</p>       <p><a name="52">52</a> Ibid.</p>       <p><a name="53">53</a> Ibid.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="54">54</a> BNBA, ST, Colecci&oacute;n Gaspar Garc&iacute;a Vi&ntilde;as, t. 196, doc. 4290.</p>       <p><a name="55">55</a> Ibid.</p>       <p><a name="56">56</a> Memorial de Fray Juan de Vergara. Buenos Aires, 16 de septiembre de 1628, en PE&Ntilde;A, Enrique, Don Francisco de     C&eacute;spedes. Noticias sobre su gobierno en el R&iacute;o de la Plata, 1624-1632, Buenos Aires, Editorial Coni, 1916, pp. 165-171.</p>       <p><a name="57">57</a> En MOLINA, Ra&uacute;l, Hernandarias&hellip;, op. cit., p. 477.</p>       <p><a name="58">58</a> Antonio Hespanha desarrolla claramente la ideolog&iacute;a que implicaba esta doctrina en HESPANHA, Antonio,   op. cit., pp. 171-172.</p>       <p><a name="59">59</a> Archivo General de la Naci&oacute;n, Buenos Aires - Argentina (en adelante AGN), Secci&oacute;n Colonia, Acuerdos del     Extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires, 1807, Municipalidad, Serie I, t. I, ff. 52-53.</p>       <p><a name="60">60</a> Es bien sabido que tanto la conquista como la posterior etapa de colonizaci&oacute;n de nuevos territorios se llev&oacute; a     cabo bajo empresas privadas. Carente como se hallaba de recursos para equiparar las expediciones y afrontar     su posible fracaso, la Corona prefiri&oacute; que los particulares realizaran las exploraciones a su costa. De esta     manera se celebraba entre ambas partes un contrato por el cual el particular prestaba ciertos servicios al Rey     o ejecutaba una determinada empresa, como la colonizaci&oacute;n. Estos contratos reglamentaban jur&iacute;dicamente     los nuevos descubrimientos y las concesiones o recompensas que se otorgar&iacute;an a los que los llevaran a cabo, si cumpl&iacute;an con sus obligaciones.</p>       <p><a name="61">61</a> Carta del Cabildo de Buenos Aires a S.M., Buenos Aires, 15 de mayo de 1616, en PE&Ntilde;A, Enrique, op. cit., pp.   130-134.</p>       <p><a name="62">62</a> Carta del Cabildo de Buenos Aires al Rey, quej&aacute;ndose de excesos de Hernandarias de Saavedra. Buenos Aires, 17 de febrero de 1620, en LEVILLIER, Roberto, op. cit., pp. 162-164.</p>       <p><a name="63">63</a> TAYLOR, Charles, La &eacute;tica de la autenticidad, Barcelona, Instituto de Ciencias de la Educaci&oacute;n, Paidos, 1995   (1966), p. 38.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="64">64</a> LORANDI, Ana, Facciones, poder y &eacute;tica en el siglo XVIII. Poder y &eacute;tica p&uacute;blica en el siglo XVIII en el Tucum&aacute;n colonial     (Homenaje a Pease), Lima, Pontificia Universidad Cat&oacute;lica del Per&uacute;, 2000, pp. 987-1000.</p>       <p><a name="65">65</a> TAU ANZO&Aacute;TEGUI, V&iacute;ctor, El poder&hellip;, op. cit., p. 71.</p>       <p><a name="66">66</a> Ibid.</p>       <p><a name="67">67</a> AGN, Secci&oacute;n Colonia, Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, Municipalidad, Serie I, t. I, ff. 69-73.</p>       <p><a name="68">68</a> De la misma manera, los funcionarios p&uacute;blicos una vez que llegaban a Am&eacute;rica trataban de maximizar los     beneficios que podr&iacute;an obtener de sus cargos: &quot;Mateo de Grado y Luis G&oacute;mez de Lescano, todos esos son     ladrones y dieron bilante a esa gente [&hellip;] y todos han hurtado, gobernadores, tenientes y todos&quot;. MOLINA,     Ra&uacute;l, Hernandarias&hellip;, op. cit, p. 478. Esto se produjo en parte debido a que exist&iacute;a una contradicci&oacute;n en las     actividades hacia la tenencia de oficios p&uacute;blicos, ya que la conducta de la mayor&iacute;a de los magistrados daba cuenta     de la persistencia de una tradici&oacute;n m&aacute;s antigua, cuyos or&iacute;genes eran claramente patrimoniales. Esto significaba     que el tenedor de oficios explotaba al m&aacute;ximo cada oportunidad que el oficio prestaba, y esto entraba en     contradicci&oacute;n con el ideal moderno de las magistraturas, caracterizado por un salario y con responsabilidades     delimitadas: &quot;lleg&oacute; a esta ciudad [Buenos Aires] Diego Mart&iacute;nez de Prado por juez de la Audiencia de La Plata [&hellip;] se confeder&oacute; y aun&oacute; con el reverendo obispo y los dem&aacute;s&quot;. PE&Ntilde;A, Enrique, op. cit., p. 168.</p>       <p><a name="69">69</a> AG&Uuml;ERO, Alejandro, op. cit, p. 26.</p>       <p><a name="70">70</a> MOUTOUKIAS, Zacar&iacute;as, &quot;Contrabando y&hellip;&quot;, op. cit., p. 56; y MOUTOUKIAS, Zacar&iacute;as, &quot;Power, corruption&hellip;&quot;, op. cit., p. 792.</p>       <p><a name="71">71</a> El perd&oacute;n real, entendido como el perd&oacute;n otorgado para celebrar eventos especiales de la familia real (nacimientos,     matrimonios, conmemoraciones religiosas, entre otros) constitu&iacute;a una parte importante en la din&aacute;mica de este   sistema. AG&Uuml;ERO, Alejandro, op. cit., p. 27 y HESPANHA, Antonio, op. cit., p. 176.</p>       <p><a name="72">72</a> AG&Uuml;ERO, Alejandro, op. cit., p. 27.</p>       <p><a name="73">73</a> Hablamos de actividad pol&iacute;tica cuando las acciones de los individuos buscan inclinar la voluntad ajena y regir     los comportamientos de otras personas hacia metas propuestas, y entendemos por din&aacute;mica pol&iacute;tica aqu&eacute;lla   que engendra el cambio social de las estructuras.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="74">74</a> PERUSSET, Macarena, op. cit., p. 264.</p>       <p><a name="75">75</a> MOUTOUKIAS, Zacar&iacute;as, &quot;Burocracia, control y auto transformaci&oacute;n de las elites: Buenos Aires en el siglo     XVII&quot;, en Anuario IEHS, No. 3, Tandil, Universidad Nacional del Centro de la provincia de Buenos Aires, 1988,     pp. 213-248; MOUTOUKIAS, Zacar&iacute;as, &quot;Redes, autoridad y negocios: racionalidad empresaria y consenso   colonial en Buenos Aires (Segunda mitad del siglo XVIII)&quot;, en Annales, &Eacute;conomie, Soci&eacute;t&eacute;, Civilisations, Vol. 47, No. 4-5, Par&iacute;s, Presses universitaires de France, julio-octubre 1992, pp. 889-915; MOUTOUKIAS, Zacar&iacute;as,    &quot;Negocios y &hellip;&quot;, op. cit., pp. 37-155.</p> <hr size="1">         <p><b><font size="3">Bibliograf&iacute;a</font></b></p>       <!-- ref --><p> Archivo General de la Naci&oacute;n, Buenos Aires - Argentina (AGN), Secci&oacute;n Colonia, Acuerdos del extinguido cabildo de Buenos Aires, municipalidad, serie I, tomo I.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0121-1617200700010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    Archivo Nacional de Bolivia, Sucre - Bolivia, Secci&oacute;n Colonia, Correspondencia, vol. II, leg. 8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-1617200700010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    Biblioteca Nacional de Buenos Aires (BNBA), Sala del Tesoro (ST), Colecci&oacute;n Gaspar Garc&iacute;a Vi&ntilde;as, Copia de manuscritos originales del Archivo General de Indias, tomos 1 a 230.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0121-1617200700010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    LEVILLIER, Roberto, Correspondencia de la Ciudad de Buenos Aires con los Reyes de Espa&ntilde;a, vols. I y II, Buenos Aires, Municipalidad de Buenos Aires, 1915, pp. 162-164 y 359-362.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-1617200700010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    MOLINA, Ra&uacute;l, Hernandarias el hijo de la tierra, Buenos Aires, Lancestremere, 1948.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0121-1617200700010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>PE&Ntilde;A, Enrique, Don Francisco de C&eacute;spedes. Noticias sobre su gobierno en el R&iacute;o de la Plata. 1624-1632, Buenos   Aires, Editorial Coni, 1916.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-1617200700010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> AG&Uuml;ERO, Alejandro, &quot;Clemencia, perd&oacute;n y disimulo en la justicia criminal del Antiguo R&eacute;gimen. Su   praxis en C&oacute;rdoba del Tucum&aacute;n. Siglos XVII y XVIII&quot;, en Separata Revista de Historia del Derecho,   No. 32, Buenos Aires, Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho 2003, pp. 3-42.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0121-1617200700010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    AGUIRRE LANARI, Juan, &Eacute;tica, pol&iacute;tica y derecho, Buenos Aires, Academia Nacional de Derecho y Ciencias de Buenos Aires - La Ley, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-1617200700010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    ANDRIEN, Kenneth, &quot;The sale of fiscal offices and the decline of royal authority in the Viceroyalty     of Peru, 1633-1700&quot;, en Hispanic American Historical Review, Vol. 62, No. 1, Madison, The University of Wisconsin Press, 1982, pp. 32-56.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0121-1617200700010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    ________&quot;Corruption, inefficiency, and imperial decline in the seventeenth century viceroyalty of     Peru&quot;, en The Americas, No. 4, Washington, Academy of American Franciscan history (TAm.) 1984, pp. 1-20.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0121-1617200700010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    BARBIER, Jacques, &quot;Elites and cadres in Bourbon Chile&quot;, en Hispanic American Historical Review Vol. 52, No. 3, Madison, The University of Wisconsin Press, 1972, pp. 416-435.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0121-1617200700010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    BAYLEY, David, The effects of corruption in a developing nation. The western political quarterly, Salt Lake City, University of Utah, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0121-1617200700010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    CASADO ARBONIES, Manuel, &quot;La carrera americana de un antiguo colegial mayor y rector de     la Universidad de Alcal&aacute; de Honres: don Dionisio P&eacute;rez Manrique en el Virreinato del Per&uacute;     (1629- 1678), en Ensayos y documentos, No. 16, Alcal&aacute; de Henares, Universidad de Alcal&aacute; de Henares, 1993, pp. 7-332.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0121-1617200700010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    GELMAN, Jorge, &quot;Cabildo y &eacute;lite local: Buenos Aires en el siglo XVII&quot;, en Revista latinoamericana de Historia econ&oacute;mica y social, No. 6, Lima, IFEA, 1985, pp. 3-20.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0121-1617200700010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    GONZALVO AIZPURU, Pilar y RABELL, Cecilia, La familia en el mundo iberoamericano, Instituto de investigaciones sociales, M&eacute;xico, UNAM, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0121-1617200700010000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    ________ Familia y vida privada en la historia de Iberoam&eacute;rica, Instituto de investigaciones sociales, M&eacute;xico, UNAM, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0121-1617200700010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    GUERRA, Francois Xavier, &quot;Hacia una nueva historia pol&iacute;tica. Actores sociales y actores pol&iacute;ticos&quot;,     en Anuario IEHS, No. 4, Tandil, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. 1989, pp. 117-122.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0121-1617200700010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    HEIDENHEIMER, Arnold, Political Corruption Readings in Comparative Analysis, New York, Holt, Rihenart and Winston, 1970.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0121-1617200700010000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    HERZOG, Tamar, La administraci&oacute;n como un fen&oacute;meno social. La justicia penal de la ciudad de Quito (1650- 1750), Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0121-1617200700010000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    HESPANHA, Antonio, La gracia del derecho. Econom&iacute;a de la cultura en la Edad Moderna, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0121-1617200700010000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    JUSTO L&Oacute;PEZ, Mario, Manual de Derecho Pol&iacute;tico, Buenos Aires, Kapelusz, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0121-1617200700010000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    LAPORTA, Francisco, La corrupci&oacute;n pol&iacute;tica, Madrid, Alianza Editorial, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0121-1617200700010000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    LORANDI, Ana Mar&iacute;a, Facciones, poder y &eacute;tica en el siglo XVIII. Poder y &eacute;tica p&uacute;blica en el siglo XVIII en el Tucum&aacute;n colonial (Homenaje a Pease), Lima, Pontificia Universidad Cat&oacute;lica del Per&uacute;, 2000, pp. 987-1000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0121-1617200700010000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MARILUZ URQUIJO, Jos&eacute; Mar&iacute;a, El agente de la administraci&oacute;n p&uacute;blica en Indias, Buenos Aires, Instituto     Internacional de Historia del Derecho Indiano - Instituto de Investigaciones de Historia del   Derecho, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0121-1617200700010000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    MOLINA, Ra&uacute;l, &quot;Una historia desconocida sobre los nav&iacute;os de registro arribados a Buenos Aires en el siglo XVII&quot;, en Revista Historia, No.16, Buenos Aires, Sellares, 1959, pp. 11- 100.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0121-1617200700010000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    ________, &quot;La defensa del comercio del R&iacute;o de la Plata por el Licenciado D. Antonio de Le&oacute;n Pinelo&quot;, en Revista Historia, No. 26, Buenos Aires, Crisol, 1962, pp. 37-112.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0121-1617200700010000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    MOUTOUKIAS, Zacar&iacute;as, &quot;Power, Corruption and Commerce: The making of the local administrative     structure in seventeenth century Buenos Aires&quot;, en Hispanic American Historical Review, Vol. 68, No. 4, Nueva York, Duke University Press, 1988, pp. 771-801.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0121-1617200700010000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    ________, &quot;Redes, autoridad y negocios: racionalidad empresaria y consenso colonial en Buenos Aires     (Segunda mitad del siglo XVIII)&quot;, en Annales, &Eacute;conomie, Soci&eacute;t&eacute;, Civilisations, Vol. 47, No.4-5, Par&iacute;s, Presses universitaires de France, julio-octubre 1992, pp. 889-915.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0121-1617200700010000700028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    ________, &quot;Negocios y redes sociales: modelo interpretativo a partir de un caso rioplatense (siglo     XVIII)&quot;, en Cahiers du monde hispanique et luso-br&eacute;silien (C.M.H.L.B.), No. 67, Toulouse, Caravelle, 1997, pp. 37-155.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0121-1617200700010000700029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    ________, &quot;Gobierno y sociedad en el Tucum&aacute;n y el R&iacute;o de la Plata, 1550-1800&quot;, en VV. AA., Nueva Historia Argentina, tomo II, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2000, pp. 355-412.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0121-1617200700010000700030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    ________, &quot;Burocracia, control y auto transformaci&oacute;n de las elites: Buenos Aires en el siglo XVII&quot;,     en Anuario IEHS, No. 3, Tandil, Universidad Nacional del Centro de la provincia de Buenos Aires, 1988, pp. 213-248.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0121-1617200700010000700031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    NINO, Carlos, Un pa&iacute;s al margen de la ley, Buenos Aires, Emec&eacute; editores, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0121-1617200700010000700032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>OTS CAPDEQUI, Jos&eacute; Mar&iacute;a, El Estado espa&ntilde;ol en las Indias, M&eacute;xico, Fondo de Cultura econ&oacute;mica,   1941 (1957).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0121-1617200700010000700033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    PARRY, John, The sale of public office in the spanish Indies under the Habsburgs, Berkeley, University of California Press, 1953.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0121-1617200700010000700034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    P&Eacute;REZ HERRERO, Pedro, Comercio y mercados en Am&eacute;rica Latina colonial, Colecciones MAPFRE 1492, Madrid, MAPFRE, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0121-1617200700010000700035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    PERUSSET, Macarena, &quot;Elite y comercio en el temprano siglo XVII rioplatense&quot;, en Fronteras de la Historia, No. 10, Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia, Bogot&aacute;, 2005, pp. 257-277.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0121-1617200700010000700036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    PHELAN, John Leddy, &quot;Authority and flexibility in the spanish imperial bureaucracy&quot;, en Administrative science quarterly, N&uacute;mero especial, Lima, IFEA, 1960, pp. 47-65.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0121-1617200700010000700037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    ________, El Reino de Quito en el siglo XVII, Quito, Banco Central del Ecuador, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0121-1617200700010000700038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    PIETSCHMANN, Horst, &quot;Burocracia y corrupci&oacute;n en Hispanoam&eacute;rica colonial: una aproximaci&oacute;n tentativa&quot;, en Nova Americana, No. 5, Torino, Giulio Einaidi editori, 1982, pp. 11-37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0121-1617200700010000700039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    ________, &quot;Los principios rectores de la organizaci&oacute;n estatal en las Indias&quot;, en GUERRA, Francois     y ANNINO, Antonio (comps.), Inventando la Naci&oacute;n, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2003, pp. 47-84.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0121-1617200700010000700040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    QUARLERI, L&iacute;a, &quot;Elite local, burocracia y reformas borb&oacute;nicas: La administraci&oacute;n de temporalidades     de la Rioja&quot;, en Revista Poblaci&oacute;n y Sociedad, Nos. 8-9, Tucum&aacute;n, Universidad Nacional de Tucum&aacute;n, 2000-2002, pp. 177-210.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0121-1617200700010000700041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SAGUIER, Eduardo, &quot;La corrupci&oacute;n de la burocracia colonial borb&oacute;nica y los or&iacute;genes del federalismo:     el caso del Virreinato del R&iacute;o de la Plata&quot;, en Jahrbuch f&uuml;r Geschichte von Staat, Wirtschaft und   Gesellschaft Lateinamerikas, No. 29, Band Koln, G. Fischer, 1992, pp. 149-177.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0121-1617200700010000700042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    TAU ANZO&Aacute;TEGUI, V&iacute;ctor, La ley en Am&eacute;rica Hispana. Del descubrimiento a la emancipaci&oacute;n, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0121-1617200700010000700043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    ________, El poder de la costumbre, Buenos Aires, Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0121-1617200700010000700044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    TAYLOR, Charles, La &eacute;tica de la autenticidad, Instituto de Ciencias de la Educaci&oacute;n, Barcelona, Paidos, 1995 (1966).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0121-1617200700010000700045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    VAN KLAVEREN, Jacob, Europaische Wirtschaftsgeschichte saniens im 16 und 17, Stuttgart, Jahrhundert G. Fischer, 1960.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0121-1617200700010000700046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    ________, &quot;Fiskalismus-Merkantilismus-Korruption. Drei Aspekte der Finanzund Wirtschaftspolitik     w&auml;hrend des Ancien R&eacute;gime&quot;, en Vierteljahrschrift f&uuml;r sozial und Wirtschaftsgeschichte, Vol. 47, Wiesbaden, Van Klaveren ed., 1960, pp. 333-353.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0121-1617200700010000700047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    ________, &quot;Corruption as an Historical Phenomenon&quot;, en HEIDENHEMER, Arnold, Political     Corruption Readings in Comparative Analysis, New York, Holt, Rihenart and Winston, 1970, pp. 422- 426.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0121-1617200700010000700048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    ________, &quot;The Concept of Corruption&quot;, en HEIDENHEIMER, Arnold, JOHNSTON, Michael y     LEVINE, Victor T. (eds.), Political Corruption: A Handbook, Brunswick, Transaction Publishers, 1989, pp. 855-869.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0121-1617200700010000700049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    VICENS VIVES, Jaime, Historia de Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica, Barcelona, Editorial Vicens Vives, 1968 (1977).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0121-1617200700010000700050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>    VILAR, Pierre, Oro y moneda en la historia (1450-1920), Barcelona, Ariel, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0121-1617200700010000700051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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