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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font size="4"> Meschkat, Klaus y Jos&eacute; Mar&iacute;a  Rojas, compiladores.<b><i>Liquidando  el pasado. La izquierda colombiana en los archivos de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica.</i></b> <b>Bogot&aacute;: FESCOL-Taurus,  2009, 845 pp.</b></font></p>      <p><b> C&eacute;sar Torres Del R&iacute;o</b>    <br> Doctor en Historia,  Universidad de Brasilia, Brasil. Profesor Titular, Facultad de Ciencias  Sociales, Departamento de Historia, Pontificia Universidad Javeriana, Bogot&aacute;,  Colombia.  <a  href="mailto:ctorresd@javeriana.edu.co"> ctorresd@javeriana.edu.co</a></p>  <hr size="1">      <p><i> Liquidando el pasado </i> es un libro de batalla, como debe  ser todo libro de historia. En especial cuando de experiencias heroicas de  confrontaci&oacute;n al Pr&iacute;ncipe se trata. Klaus Meschkat y Jos&eacute; Mar&iacute;a Rojas han  publicado, desde ya, un texto cl&aacute;sico. La historia del movimiento  obrero-artesanal y social de los a&ntilde;os veinte y comienzos de los treinta vista a  trav&eacute;s de los archivos de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica nos ofrece una visi&oacute;n distinta de  las actividades de los l&iacute;deres y de las pol&iacute;ticas program&aacute;ticas del Partido  Socialista Revolucionario; diferente tambi&eacute;n, y sobre todo estremecedor, es el  panorama que se nos ofrece del surgimiento del Partido Comunista de Colombia  &#40;PCC&#41;, estalinista de los pies a la cabeza y dirigido desde Mosc&uacute; con mano  f&eacute;rrea por la Internacional Comunista.</p>      <p> La objetividad, ense&ntilde;amos, es  aquello que m&aacute;s se acerca a su objeto de estudio. Pues bien, los compiladores  superan con creces tal postulado epistemol&oacute;gico. La selecci&oacute;n de las fuentes, su  ordenamiento tem&aacute;tico y en especial su interpretaci&oacute;n -la savia de la historia  como dice Edward Carrdel contexto social y pol&iacute;tico de la &eacute;poca son muestra de  un trabajo cient&iacute;fico, paciente y profesional. Mejor a&uacute;n, diremos que su  interpretaci&oacute;n del pasado les ha permitido una cuidadosa selecci&oacute;n y  ordenamiento de las fuentes. La verdad hist&oacute;rica, as&iacute; trabajada, sale a la luz y  se corrobora que, a pesar de la escuela posmoderna, ella, la verdad si se puede  conocer.</p>      <p> Los once cap&iacute;tulos con que  Meschkat y Rojas construyeron el libro corresponden a documentos hist&oacute;ricos; son  &eacute;stos los que nos hablan. La Introducci&oacute;n cumple la &uacute;nica y necesaria funci&oacute;n de  orientar al lector por los meandros de la historia, de aclarar uno que otro  t&oacute;pico -la aclaraci&oacute;n de todos ser&aacute; tarea del historiador profesional- relativo  a las intensas y agrias confrontaciones pol&iacute;ticas entre los dirigentes del  partido que se extingu&iacute;a y aquellos que pasaban a ocupar los cargos claves del  comunismo estalinista criollo. De esta Introducci&oacute;n surge con fuerza la tesis de  que hubo una ruptura te&oacute;rica, pol&iacute;tica y program&aacute;tica entre el socialismo  revolucionario de los a&ntilde;os veinte y el naciente partido &quot;moscovita&quot; de Guillermo  Hern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez, Gilberto Vieira y otros, lo que va en contrav&iacute;a de la  difundida versi&oacute;n de los comunistas colombianos sobre la &quot;reconstrucci&oacute;n  leninista&quot; del partido. Ni reconstrucci&oacute;n ni  leninismo; lo que hubo fue destrucci&oacute;n estalinista pues de las fuentes surge  otra realidad. Para se&ntilde;alar un caso, recordemos que en un dram&aacute;tico y escabroso  documento de autocr&iacute;tica fechado en Berl&iacute;n en marzo de 1931 - y cuyo t&iacute;tulo es  el mismo del libro que rese&ntilde;amos- el propio Ignacio Torres Giraldo afirma que  hab&iacute;a que liquidar el pasado, ajustar cuentas con la acci&oacute;n pol&iacute;tica del Partido  Socialista Revolucionario &#40;PSR&#41; pues ¡nada menos! era un &quot;bloque oportunista y  putchista&quot; en el que predominaba la peque&ntilde;a burgues&iacute;a influida pol&iacute;tica y  program&aacute;ticamente por la burgues&iacute;a; por el &quot;putchismo&quot; de Tom&aacute;s Uribe M&aacute;rquez,  Torres Giraldo llega al absurdo de acusar como traidor a ese partido por su  conducci&oacute;n de la huelga de las bananeras en 1928.</p>      <p> En el mismo sentido de la ruptura  obran las actas del decisivo e hist&oacute;rico pleno ampliado del Comit&eacute; Ejecutivo  Nacional del PSR de julio de 1930, compiladas en el Cap&iacute;tulo VII del libro;  recordemos que fue en esa reuni&oacute;n en la que el nombre del partido fue cambiado  al de Partido Comunista de Colombia, secci&oacute;n de la Tercera Internacional. En la  reuni&oacute;n participaron dirigentes probados como Jos&eacute; Gonzalo S&aacute;nchez, l&iacute;der  ind&iacute;gena, y Tom&aacute;s Uribe M&aacute;rquez, secretario general del PSR, acusados  especialmente por Guillermo Hern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez &#40;Guill&eacute;n&#41; -el cual pasar&iacute;a a  ocupar la secretar&iacute;a del nuevo partido estalinista y quien posteriormente ser&iacute;a  v&iacute;ctima de los mismos m&eacute;todos impulsados por Gilberto Vieira, como se advierte  en el cap&iacute;tulo relativo a &quot;La ca&iacute;da de Guill&eacute;n&quot;-. Quienes conocen la historia de  las luchas del movimiento obrero colombiano y lean ese cap&iacute;tulo seguramente  tendr&aacute;n el mismo sentimiento de ira y la misma sensaci&oacute;n de angustia que tuvo el  que esta rese&ntilde;a escribe. Ira, por el m&eacute;todo utilizado para liquidar la  dirigencia y la tradici&oacute;n de la movilizaci&oacute;n callejera y veredal: acusaciones  falsas, incluidas imputaciones por manejos corruptos de dineros; maniobras  pol&iacute;ticas bajas, propias de los que no tienen argumentos; panificaciones en  nombre del leninismo y de la Internacional Comunista acerca de la &quot;l&iacute;nea  pol&iacute;tica justa&quot;; llamamientos a la &quot;autocr&iacute;tica revolucionaria&quot; para poder  construir un partido &quot;proletario de combate&quot;, testimonios ama&ntilde;ados de miembros  directivos, etc. Y angustia, porque se evidencia la debilidad pol&iacute;tica y  program&aacute;tica de los acusados; porque se aprecia su impotencia frente a la  maquinaria ofcialista del estalinismo internacional; porque saltan a la vista  sus errores pol&iacute;ticos; porque desconoc&iacute;an la lucha pol&iacute;tica y program&aacute;tica  internacional entre la fracci&oacute;n estalinista, organizadora de derrotas, y la  Oposici&oacute;n de Izquierda, corriente dirigida por Le&oacute;n Trotsky, en torno al Frente  &Uacute;nico, a las alianzas t&aacute;cticas, al r&eacute;gimen del partido, al curso econ&oacute;mico  dentro de la URSS, a la independencia pol&iacute;tica de clase, a la estrategia  revolucionaria de toma del poder, al car&aacute;cter de la capa burocr&aacute;tica nacida en  el Estado sovi&eacute;tico que ya comenzaba a instaurar la &quot;dictadura sobre el  proletariado&quot;, etc.</p>      <p> Pero tambi&eacute;n el lector del libro  podr&aacute; constatar que de los documentos referidos surge la entereza personal y  pol&iacute;tica de quienes estaban en el pared&oacute;n soportando las descargas. Para solo citar  a dos de sus m&aacute;s importantes protagonistas Tom&aacute;s Uribe M&aacute;rquez declaraba en el  pleno ampliado -ese estrado judicial montado para asestar el golpe final- que  &quot;&#91;...&#93; me han convertido en el trapo sucio del Partido. Yo quiero que se  establezca la verdad hist&oacute;rica &#91;...&#93;. No todo lo que dijo Guill&eacute;n encuadra con la  verdad. Se ha inspirado en mis mas ardientes calumniadores &#91;...&#93;. Yo ser&eacute; mi  fiscal, &#40;y&#41; ante todo declaro &#40;que&#41; soy un soldado de la Internacional  Comunista&quot; &#40;p. 456&#41;; y Jos&eacute; Gonzalo S&aacute;nchez reafirmaba estar de acuerdo con la  obra pol&iacute;tica de Uribe M&aacute;rquez y defend&iacute;a al PSR en cuanto al trabajo con los  ind&iacute;genas haciendo, adem&aacute;s, una cr&iacute;tica mortal a Quint&iacute;n Lame cuando de &eacute;ste  dijo que &quot;&#91;...&#93; no tiene nada que ver con nosotros &#91;...&#93; que no &iacute;bamos a una  revoluci&oacute;n burguesa, sino a nuestra revoluci&oacute;n &#91;...&#93;. Quint&iacute;n Lame estafa a los  pobres ind&iacute;genas &#91;...&#93;. &#40;p. 483&#41;.</p>      <p> Ahora bien, hemos hablado de  ruptura; ella no podr&iacute;a entenderse sin el contexto internacional. Me parece que,  entre otros, el m&eacute;rito del libro es el de haber sabido vincular los  acontecimientos mundiales con los hechos sociopol&iacute;ticos y econ&oacute;micos nacionales.  Lastimosamente en Colombia las investigaciones cient&iacute;ficas sobre historia  pol&iacute;tica han privilegiado una visi&oacute;n nacional; una atenta mirada historiogr&aacute;fica  lo puede comprobar. En cuanto al PSR, la Komintern y el Partido Comunista mucha  tela hay que cortar, y <i>Liquidando el pasado </i>apenas si hace un certero y  primer corte.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Lo primero que hay que poner de  relieve es que tanto en Colombia como en Europa y Asia la actualidad de la  revoluci&oacute;n era un hecho, y las fuentes aportadas lo confirman, sin que con ello  se quiera decir que en nuestro pa&iacute;s estuvieran dadas todas las condiciones para  que el acontecimiento se produjera, sobre todo si consideramos la debilidad del  factor subjetivo. No obstante, la corriente estalinista deduc&iacute;a de aquella  consideraci&oacute;n la existencia de una situaci&oacute;n revolucionaria &#40;!&#41; en Colombia,  absurdo pol&iacute;tico que se aprecia en varias comunicaciones e informes redactados  por Guill&eacute;n -ya como Secretario General del PCC- para la Internacional  Comunista. Un segundo aspecto para subrayar es el del car&aacute;cter internacionalista  y antiimperialista del PSR y de sus miembros; tanto la solidaridad con las  luchas de trabajadores de Am&eacute;rica Latina, con Nicaragua por ejemplo al crear el  Comit&eacute; Sandinista &quot;Manos fuera de Nicaragua&quot; o con la lucha adelantada contra la  United Fruit Company en la zona bananera, como el ingreso a la Komintern es  prueba suficiente y confirma que Tom&aacute;s Uribe M&aacute;rquez, Mar&iacute;a Cano y Jos&eacute; Gonzalo  S&aacute;nchez ligaban la suerte de los trabajadores colombianos a la de los pueblos  explotados del mundo; traidores no eran. El problema hist&oacute;rico, de hecho la  tragedia hist&oacute;rica, reside en que en el momento en que el PSR era admitido ya  Stalin y sus seguidores, tras la muerte de Lenin, ten&iacute;an en sus manos buena  parte del control pol&iacute;tico en la Internacional y en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica; ello  hizo que los partidos miembros fueran sometidos a un fuerte control pol&iacute;tico  desde Mosc&uacute; para &quot;reconstruir la l&iacute;nea pol&iacute;tica justa&quot;, control que manten&iacute;a por  medio de los cuadros nacionales reeducados  previamente &#40;Guill&eacute;n&#41; o en formaci&oacute;n dentro de la escuela estalinista &#40;Gilberto  Vieira, por ejemplo&#41;.</p>      <p> De otra parte, hechos hist&oacute;ricos  nacionales ser&aacute;n reinterpretados. La huelga de las bananeras, por ejemplo. Todo  el primer cap&iacute;tulo &quot;El socialismo revolucionario hasta la huelga de las  bananeras&quot; es de tal riqueza que llevar&aacute; con seguridad a un replanteamiento  sobre el per&iacute;odo y a una revisi&oacute;n de los hechos que sosten&iacute;amos como verdades.  No solo en cuanto a los dirigentes involucrados, Alberto Castrill&oacute;n -quien  aparece como intrigante, individualista y oportunista-, Ra&uacute;l Eduardo Mahecha,  Tom&aacute;s Uribe o Mar&iacute;a Cano, sino en todo lo referido a la construcci&oacute;n del  socialismo revolucionario en directa asociaci&oacute;n con las luchas de los  trabajadores: m&eacute;todos organizativos, car&aacute;cter del partido, alianzas y membrec&iacute;a,  t&aacute;cticas pol&iacute;ticas, etc.; al respecto, deber&aacute; continuar discuti&eacute;ndose la  participaci&oacute;n de intelectuales liberales en el PSR, tipo Felipe Lleras Camargo o  la de los generales decimon&oacute;nicos, quienes ocupando cargos directivos no ten&iacute;an  v&iacute;nculos directos con los trabajadores. As&iacute; mismo, la huelga de las bananeras se  nos revela en otra dimensi&oacute;n; aparece en el contexto como una necesidad y una  obligaci&oacute;n y por eso haberse negado a dirigirla s&iacute; que hubiera equivalido a  traici&oacute;n; no obstante, la evaluaci&oacute;n que hizo la directiva del PSR, para  entonces dominada por los estalinistas, est&aacute; te&ntilde;ida de acusaciones personales y  pol&iacute;ticas a los promotores y l&iacute;deres y cruzada por misivas de ida y de vuelta a  la Internacional Comunista en especial por la denominada &quot;Carta de Febrero&quot;. En  este mismo nivel de reinterpretaci&oacute;n, nos parece, estar&iacute;a la preparaci&oacute;n del  levantamiento armado que fue aprobado y puesto en marcha por la direcci&oacute;n del  PSR; los documentos del cap&iacute;tulo IV &quot;Una insurrecci&oacute;n fracasada y las vertientes  antiputchistas&quot; ofrecen una visi&oacute;n compleja, y pol&eacute;mica, sobre tal determinaci&oacute;n  para el a&ntilde;o 1929. Seg&uacute;n Rafael Baquero, el nuevo secretario general, putchistas  fueron todos, desde Ignacio Torres Giraldo, Tom&aacute;s Uribe y Julio Buritic&aacute; hasta  Mar&iacute;a Cano y Ra&uacute;l E. Mahecha; por eso hab&iacute;a que impulsar la &quot;autocr&iacute;tica  revolucionaria&quot;.</p>      <p> En fin, <i>Liquidando el pasado </i>abre las puertas al conocimiento cient&iacute;fico y ofrece lecciones para los  historiadores y para los pol&iacute;ticos. A diferencia de su t&iacute;tulo, el pasado se nos  muestra con vitalidad suficiente para nuestro presente y nuestro futuro. La  crisis de la direcci&oacute;n pol&iacute;tica, nacional e internacional, y la necesidad de  superarla, a diferencia del planteamiento anarquista, aparece en toda su  magnitud en especial si evaluamos lo que en Colombia sucede hoy con la izquierda  parlamentaria. Como afirma Jos&eacute; Mar&iacute;a Rojas en su escrito introductorio,  &quot;Estamos &#91;...&#93; en los comienzos del rescate de una memoria hist&oacute;rica&quot;. Y la  memoria es tambi&eacute;n un campo de batalla.</p>  </font>      ]]></body>
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