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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ASTRAPOTERIOS Y DIENTES DE SABLE: RELACIONES DE PODER EN EL ESTUDIO PALEONTOLÓGICO DE LOS MAMÍFEROS SURAMERICANOS]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[ASTRAPOTHERIUM AND SABER-TOOTHED CATS: POWER RELATIONS IN THE PALEONTOLOGICAL STUDY OF SOUTH AMERICAN MAMMALS]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[At the end of the nineteenth century, Florentino Ameghino, a well-known naturalist in Argentinean history, started an international scientific controversy by declaring that Patagonia was the center of origin of all mammals. This article studies the history of Ameghino&#39;s theories and the urgency with which various U.S. paleontologists opposed them. This story allows us to better understand the role that science played in the powerful expansion of the United States in Latin America over the nineteenth and twentieth centuries. It also illuminates the influence that Argentina&#39;s economic and political context had on the development of Ameghino&#39;s ideas and his scientific career.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="3"><b> ASTRAPOTERIOS Y DIENTES DE SABLE: RELACIONES DE PODER EN EL ESTUDIO PALEONTOL&Oacute;GICO DE LOS MAM&Iacute;FEROS SURAMERICANOS</b></font><sup><a    name="s*" href="#*">*</a></sup></p>      <p><b> Camilo Quintero  Toro    <br> </b>Historiador de la Universidad de los Andes, Bogot&aacute;. M.A. y Ph.D. en Historia de  la Ciencia, Universidad de Wisconsin, Madison, Estados Unidos. Profesor  Asistente en el Departamento de Historia de la Universidad de los Andes, Bogot&aacute;,  Colombia. Miembro del Grupo de Investigaci&oacute;n <i>Historia y Sociolog&iacute;a de la  Ciencia </i>&#40;Categor&iacute;a B en Colciencias&#41;. Sus intereses investigativos giran  alrededor del estudio de las relaciones cient&iacute;ficas y ambientales entre Estados  Unidos y Am&eacute;rica Latina. Entre sus publicaciones recientes se encuentra: &quot;La  ciencia norteamericana se vuelve global: el Museo Americano de Historia Natural  de Nueva York en Colombia&quot; en <i>Revista de Estudios Sociales</i>, 31 &#40;2008&#41;:  48-59 y &quot;&iquest;En qu&eacute; anda la historia de la ciencia y el imperialismo? Saberes  locales, din&aacute;micas coloniales y el papel de los Estados Unidos en la ciencia en  el siglo XX&quot;, Historia Cr&iacute;tica 31 &#40;2006&#41;: 151-171.  <a  href="mailto:cquinter@uniandes.edu.co"> cquinter@uniandes.edu.co</a>.</p> <hr size="1">     <p>  <b>RESUMEN</b></p>      <p> A finales del siglo  XIX Florentino Ameghino, un reconocido naturalista en la historia argentina,  desat&oacute; una controversia cient&iacute;fica internacional al declarar que la Patagonia  era el centro de origen de todos los mam&iacute;feros. El art&iacute;culo estudia la historia  de las teor&iacute;as de Ameghino y el af&aacute;n de diversos paleont&oacute;logos estadounidenses  por oponerse a dichas teor&iacute;as. Esta historia permite entender mejor el papel que  jug&oacute; la ciencia en la poderosa expansi&oacute;n de los Estados Unidos sobre Am&eacute;rica  Latina en el paso del siglo XIX al XX, as&iacute; como la influencia del contexto  econ&oacute;mico y pol&iacute;tico de Argentina en el desarrollo de las ideas y la carrera  cient&iacute;fica de Ameghino.</p>      <p><b> PALABRAS CLAVE</b><i>    <br> Historia de la  ciencia, Estados Unidos, Argentina, imperialismo, paleontolog&iacute;a.</i></p>  <hr size="1">     <p align="center"><font size="3"><b>ASTRAPOTHERIUM AND  SABER-TOOTHED CATS: POWER RELATIONS IN THE PALEONTOLOGICAL STUDY OF SOUTH  AMERICAN MAMMALS</b></font></p>      <p><b> ABSTRACT</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> At the end of the  nineteenth century, Florentino Ameghino, a well-known naturalist in Argentinean  history, started an international scientific controversy by declaring that  Patagonia was the center of origin of all mammals. This article studies the  history of Ameghino&#39;s theories and the urgency with which various U.S.  paleontologists opposed them. This story allows us to better understand the role  that science played in the powerful expansion of the United States in Latin  America over the nineteenth and twentieth centuries. It also illuminates the  influence that Argentina&#39;s economic and political context had on the development  of Ameghino&#39;s ideas and his scientific career.</p>      <p><b> KEY WORDS</b><i>    <br> History of science,  United States, Argentina, Imperialism, Paleontology.</i></p>  <hr size="1">     <p> En a&ntilde;os recientes  algunos art&iacute;culos y libros han empezado a enriquecer nuestro entendimiento  acerca del rol que jug&oacute; la ciencia en la expansi&oacute;n y consolidaci&oacute;n del poder&iacute;o  estadounidense a finales del siglo XIX y a lo largo del siglo XX<sup><a    name="s1" href="#1">1</a></sup>  Sin embargo, falta mucho camino por recorrer a&uacute;n. Este art&iacute;culo busca  complementar este esfuerzo haciendo un estudio sobre los debates que tuvieron  estadounidenses y argentinos alrededor del estudio paleontol&oacute;gico de los  mam&iacute;feros suramericanos a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. En  particular, el art&iacute;culo se centra en la controversia que gener&oacute; Florentino  Ameghino, una de las figuras cient&iacute;ficas m&aacute;s reconocidas en la historia de  Argentina, al proponer la Patagonia como cuna de los mam&iacute;feros, as&iacute; como los  esfuerzos que llevaron a cabo los norteamericanos para refutar tal teor&iacute;a.</p>      <p> Tres aspectos  centrales guiar&aacute;n la discusi&oacute;n de este estudio de caso. En primer lugar, a pesar  de lo fruct&iacute;feros que han sido los estudios sobre ciencia e imperialismo en las  &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas, se ha prestado muy poca atenci&oacute;n al rol imperial de la  ciencia estadounidense. En general, cuando investigadores y estudiosos hacen  referencia al estudio de la ciencia en un contexto imperial, tienen en mente los  imperios europeos y sus colonias en Am&eacute;rica Latina, Asia o &Aacute;frica. Se ha omitido  el caso de los Estados Unidos como un caso importante dentro de estas relaciones  coloniales de la ciencia. Sin embargo, diversos acad&eacute;micos han sostenido de  manera convincente que los Estados Unidos deber&iacute;an tener una presencia mucho m&aacute;s  concreta en los estudios sobre poscolonialsmo<sup><a    name="s2" href="#2">2</a></sup> Aunque no pretendo  argumentar que el imperialismo estadounidense tuvo caracter&iacute;sticas similares al  imperialismo formal europeo &#40;aunque no debemos  olvidar que los Estados Unidos tuvieron a las Filipinas, Cuba y Puerto Rico como  colonias formales&#41;, es &uacute;til entender a los Estados Unidos como un imperio  informal, en especial cuando de relaciones cient&iacute;ficas se trata.</p>      <p> En segundo lugar,  los historiadores que buscan entender mejor las relaciones entre ciencia e  imperio deben comprender mejor la ciencia dentro de una econom&iacute;a pol&iacute;tica que  tenga en cuenta el flujo de bienes y mano de obra. A lo largo del siglo XIX, los  pa&iacute;ses latinoamericanos se integraron a la econom&iacute;a mundial dentro de un sistema  en el que la producci&oacute;n y exportaci&oacute;n de materias primas fue su motor principal  de desarrollo econ&oacute;mico. Las naciones industrializadas procesaban entonces estas  materias primas y las convert&iacute;an en productos manufacturados que los pa&iacute;ses  latinoamericanos compraban e importaban. De esta manera, la mano de obra en  Am&eacute;rica Latina por lo general se orient&oacute; hacia la extracci&oacute;n de recursos  naturales, mientras que la mano de obra en pa&iacute;ses como Estados Unidos se  concentr&oacute; fuertemente en el desarrollo de productos industriales y  manufacturados<sup><a    name="s3" href="#3">3</a></sup>.</p>      <p> Sin embargo, y en  &uacute;ltimo lugar, hay que tener cuidado con la manera en que nos aproximamos al  estudio de ciencia dentro de esta perspectiva de imperialismo y macroeconom&iacute;a.  En a&ntilde;os recientes algunos historiadores han elaborado la idea de que aunque es  importante reconocer una presencia hegem&oacute;nica de los Estados Unidos en nuestra  comprensi&oacute;n de Latinoam&eacute;rica, tambi&eacute;n es clave entender que los latinoamericanos  no han sido simples marionetas de los intereses estadounidenses. M&aacute;s que ver los  encuentros entre Estados Unidos y el mundo como una historia de la relaci&oacute;n  entre conquistadores y subordinados o explotadores y v&iacute;ctimas, nuevos estudios  han argumentado que es importante entender los diversos niveles que han  caracterizado las relaciones internacionales norteamericanas. En el caso  latinoamericano, el imperialismo norteamericano fue en buena parte un  imperialismo invitado que le convino a muchos sectores de la sociedad. Tanto  latinoamericanos como norteamericanos sacaron provecho de esta relaci&oacute;n y son  estos matices los que le dan complejidad a la relaci&oacute;n entre ambas regiones<sup><a    name="s4" href="#4">4</a></sup>.</p>      <p> Estas tres  perspectivas son &uacute;tiles para entender la interacci&oacute;n cient&iacute;fica entre Estados  Unidos y Argentina a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Como  tratar&eacute; de argumentar en este escrito, los cient&iacute;ficos estadounidenses, sobre  todo dentro de las ciencias biol&oacute;gicas, ve&iacute;an importancia en el trabajo de sus  colegas argentinos siempre y cuando &eacute;ste estuviera limitado a la extracci&oacute;n de  espec&iacute;menes o datos cient&iacute;ficos b&aacute;sicos.</p>      <p> El rol de producir un producto  terminado, es decir, una teor&iacute;a cient&iacute;fica, era a ojos de los norteamericanos un  trabajo reservado para los naturalistas de los pa&iacute;ses industrializados del  Norte. En un mundo caracterizado por un fuerte imperialismo, la balanza de poder  claramente deber&iacute;a inclinarse del lado estadounidense. Los argentinos, por otro  lado, usaron la extracci&oacute;n de materias primas cient&iacute;ficas como un medio para  obtener prestigio dentro de sus comunidades locales, as&iacute; como para obtener un  reconocimiento inicial dentro de la comunidad cient&iacute;fica internacional.</p>       <p><b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 1.La Patagonia y El  trabajo de los hermanos Ameghino</b></p>      <p> George Gaylord  Simpson, uno de los paleont&oacute;logos estadounidenses m&aacute;s reconocidos de la primera  mitad del siglo XX, le dio el cr&eacute;dito a Charles Darwin de reconocer en la  Patagonia un lugar que podr&iacute;a resolver misterios paleontol&oacute;gicos ancestrales. En  1833, mientras llevaba a cabo su famoso viaje en el Beagle, Darwin recolect&oacute;  varios espec&iacute;menes en esta regi&oacute;n que el anatomista ingl&eacute;s Richard Owen  posteriormente identific&oacute; como animales extintos que no ten&iacute;an ning&uacute;n parecido  con otros animales en la Tierra. Para Simpson fue ese el momento en que la  Patagonia cobr&oacute; importancia en el estudio de la vida animal<sup><a    name="s5" href="#5">5</a></sup> Sin  embargo, la Patagonia no se convirti&oacute; en un lugar reconocido internacionalmente  para la investigaci&oacute;n paleontol&oacute;gica hasta finales del siglo XIX. Mucha de su  fama como un lugar clave para el trabajo de campo en paleontolog&iacute;a -fama que  perdura hasta el d&iacute;a de hoy- se deriva del trabajo de Florentino Ameghino. En  1890 Ameghino desat&oacute; una controversia internacional al afirmar que la Patagonia  era el hogar de los mam&iacute;feros m&aacute;s antiguos y el centro de la evoluci&oacute;n y la  distribuci&oacute;n de los vertebrados. El trabajo de Ameghino desafi&oacute; las  interpretaciones que hab&iacute;an existido hasta ese momento en las cuales se afirmaba  que Europa y Norteam&eacute;rica eran los centros originarios de la distribuci&oacute;n de los  grupos de vertebrados m&aacute;s importantes<sup><a    name="s6" href="#6">6</a></sup> El reto propuesto por  Ameghino llev&oacute; a que la fauna suramericana se convirtiera en una parte  fundamental para comprender mejor la bioestratigraf&iacute;a y la biogeograf&iacute;a del  momento.</p>     <p> Florentino Ameghino  naci&oacute; en 1854<sup><a    name="s7" href="#7">7</a></sup> Todav&iacute;a no es claro si naci&oacute; en Italia antes de que  sus padres migraran a Argentina o si naci&oacute; en Argentina. Atendi&oacute; la escuela  primaria entre 1862 y 1867 y despu&eacute;s de eso no tuvo ning&uacute;n tipo de educaci&oacute;n  formal. Un autodidacta de la paleontolog&iacute;a, la geolog&iacute;a y la antropolog&iacute;a,  Ameghino comenz&oacute; a recolectar f&oacute;siles alrededor de 1869. En 1878 con sus propios recursos  decidi&oacute; presentar su colecci&oacute;n en la exposici&oacute;n internacional que se realiz&oacute; en  Par&iacute;s en ese a&ntilde;o. All&iacute; logr&oacute; vender su colecci&oacute;n, lo que le dio los recursos  necesarios para quedarse en Europa por poco m&aacute;s de tres a&ntilde;os, viajando y  conociendo museos y universidades en Francia, B&eacute;lgica e Italia. All&iacute; tambi&eacute;n  conoci&oacute; paleont&oacute;logos de renombre mundial como Paul Gervais, Albert Gaudry,  William Henry Fowler y Edward Drinker Cope. De regreso en Argentina, Ameghino  llev&oacute; a cabo su trabajo m&aacute;s importante entre 1883 y 1906 cuando, con la valiosa  ayuda de su hermano Carlos, clasific&oacute; y analiz&oacute; cientos de f&oacute;siles de la  Patagonia, en particular f&oacute;siles de mam&iacute;feros, de especies desconocidas hasta  ese momento. Aunque Ameghino desarroll&oacute; otros proyectos geol&oacute;gicos y  antropol&oacute;gicos entre 1906 y 1911, fue su trabajo inicial el que provoc&oacute; una  fuerte reacci&oacute;n en la comunidad paleontol&oacute;gica internacional, en especial en los  estadounidenses.</p>      <p> Florentino Ameghino  no habr&iacute;a podido llevar a cabo su trabajo sin la ayuda de su hermano menor,  Carlos. Carlos Ameghino naci&oacute; en Argentina en 1865. Aunque no recibi&oacute; educaci&oacute;n  formal de ning&uacute;n tipo, desarroll&oacute; grandes habilidades para hacer trabajo de  campo en paleontolog&iacute;a. En enero de 1887 comenz&oacute; lo que ser&iacute;an 16 a&ntilde;os de  trabajo pr&aacute;cticamente ininterrumpido en la Patagonia. Una divisi&oacute;n en el  trabajo, pues, se present&oacute; entre los dos hermanos Ameghino a lo largo de sus  carreras. Carlos recolect&oacute; la mayor parte de los f&oacute;siles y dirigi&oacute; el trabajo de  campo, mientras que Florentino permaneci&oacute; en La Plata y en Buenos Aires  consiguiendo el dinero para poder continuar con las expediciones en la  Patagonia, as&iacute; como analizando todos los f&oacute;siles que su hermano le enviaba<sup><a    name="s8" href="#8">8</a></sup>.</p>      <p> Las contribuciones  m&aacute;s importantes de los Ameghino a la disciplina de la paleontolog&iacute;a fueron de  dos tipos. Tanto Carlos como Florentino pensaron que las camas de los f&oacute;siles de  mam&iacute;feros en la Patagonia eran mucho m&aacute;s viejas de lo que se cre&iacute;a en Europa y  los Estados Unidos. M&aacute;s importante, sin embargo, Florentino se obsesion&oacute; con la  idea de que Argentina era el centro de origen de todos los grupos de mam&iacute;feros  incluido el hombre<sup><a    name="s9" href="#9">9</a></sup> Esta visi&oacute;n choc&oacute; con las ideas antropol&oacute;gicas y  paleontol&oacute;gicas predominantes en Europa y Estados Unidos, que afirmaban que era  en las regiones del Norte donde se deb&iacute;a ubicar el origen de los mam&iacute;feros.</p>      <p> Los hermanos  Ameghino no eran los &uacute;nicos paleont&oacute;logos o ge&oacute;logos argentinos de ese momento.  De hecho, eran parte de una comunidad que inclu&iacute;a asociaciones e instituciones  acad&eacute;micas como la Universidad de C&oacute;rdoba, el Museo Antropol&oacute;gico y  Paleontol&oacute;gico de C&oacute;rdoba, el Museo de La Plata y el Museo Nacional en Buenos  Aires, entre otros<sup><a    name="s10" href="#10">10</a></sup> La b&uacute;squeda de f&oacute;siles por parte de los  argentinos comenz&oacute; en las  d&eacute;cadas de 1840 y 1850<sup><a    name="s11" href="#11">11</a></sup> y la paleontolog&iacute;a fue una disciplina muy  activa en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX. Junto con los Ameghino, otras  figuras como Hermann Burmeister, Francisco Javier Muniz y Francisco Moreno  realizaron trabajo de campo y descubrieron y describieron especies desconocidas  en la ciencia<sup><a    name="s12" href="#12">12</a></sup> Argentina, sin embargo, no era el &uacute;nico pa&iacute;s  latinoamericano que desarrollaba trabajos investigativos en el campo de la  paleontolog&iacute;a. Naturalistas brasileros, en particular bajo la direcci&oacute;n de  Hermann von Ihering, adelantaban investigaciones sobre or&iacute;genes humanos y  animales. Como lo han demostrado Maria Margaret Lopes e Irina Podgrony, los  museos de historia natural en Sao Paulo y La Plata se convirtieron no s&oacute;lo en  lugares propios para la investigaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n en monumentos de gloria  nacional. Los museos brasileros y argentinos crearon una integraci&oacute;n entre estos  dos pa&iacute;ses, y lejos de imitar discursos cient&iacute;ficos del momento, usaron la  ciencia como una empresa para promover nuevas identidades nacionales<sup><a    name="s13" href="#13">13</a></sup>.</p>      <p> Es importante  resaltar que las ideas de los Ameghino surgieron en un contexto particular en la  historia de Argentina. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX, especialmente  despu&eacute;s de 1870, Argentina presenci&oacute; cambios importantes. En primer lugar, el  pa&iacute;s vivi&oacute; un boom econ&oacute;mico. Como muchos otros pa&iacute;ses en Am&eacute;rica Latina al  final del siglo XIX, Argentina se integr&oacute; a la econom&iacute;a mundial con un sistema  en el que la producci&oacute;n y exportaci&oacute;n de materias primas a naciones  industrializadas impuls&oacute; su desarrollo econ&oacute;mico. En 1880, gracias en parte a la  fertilidad de las Pampas, Argentina entr&oacute; en un periodo de crecimiento econ&oacute;mico  sostenido y se convirti&oacute; en un importante proveedor de carne y granos para el  mundo industrial del Atl&aacute;ntico Norte. Varias de estas naciones industrializadas  comenzaron tambi&eacute;n a invertir en Argentina. Inglaterra en primer lugar, y m&aacute;s  adelante los Estados Unidos, destinaron grandes cantidades de dinero en crear  una infraestructura adecuada para ayudar a consolidar esta econom&iacute;a exportadora.  En segundo lugar, Argentina presenci&oacute; importantes cambios en su estructura  social. La falta de mano de obra en el pa&iacute;s precipit&oacute; una ola de inmigrantes de  distintos pa&iacute;ses europeos entre 1870 y 1914. La poblaci&oacute;n del pa&iacute;s se expandi&oacute;  r&aacute;pidamente de 1.800.000 habitantes en 1870 a aproximadamente 7.800.00 en 1914.  El efecto demogr&aacute;fico de la inmigraci&oacute;n en Argentina fue el m&aacute;s dr&aacute;stico de  todos los pa&iacute;ses del hemisferio occidental. Como lo afirm&oacute; el historiador Thomas  Skidmore, &quot;&#91;e&#93;l resultado le dio a Argentina una cualidad claramente europea,  con una tensi&oacute;n resultante entre los argentinos sobre su verdadera identidad  nacional&quot;<sup><a    name="s14" href="#14">14</a></sup>.</p>      <p> Un cambio en las  ideas pol&iacute;ticas tambi&eacute;n acompa&ntilde;&oacute; este cambio econ&oacute;mico y social. El liberalismo,  en particular, se convirti&oacute; en la corriente de pensamiento m&aacute;s importante entre  la clase que dirig&iacute;a el pa&iacute;s en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, sociales y culturales. Ideas  de figuras como Charles Darwin y Herbert Spencer empezaron a influenciar a la  clase dirigente. Para ellos, si la aristocracia dirig&iacute;a el pa&iacute;s, esto era un  resultado claro de selecci&oacute;n natural. M&aacute;s a&uacute;n, era precisamente la influencia  europea y no la de la raza latina la que llevar&iacute;a a Argentina a la estabilidad y  el desarrollo. Esto llev&oacute; a que al mismo tiempo que se desarroll&oacute; una clara  admiraci&oacute;n por la cultura de ciertos pa&iacute;ses europeos, se consolid&oacute; tambi&eacute;n un  patriotismo y un nacionalismo argentino<sup><a    name="s15" href="#15">15</a></sup>.</p>      <p> Las &eacute;lites  promovieron una imagen internacional de Argentina como un caso &uacute;nico entre los  distintos pa&iacute;ses latinoamericanos. Buenos Aires se convirti&oacute; en el Par&iacute;s de  Suram&eacute;rica y en los ojos de europeos y norteamericanos Argentina se convirti&oacute; en  el pa&iacute;s m&aacute;s desarrollado de la regi&oacute;n. Para Rub&eacute;n Dar&iacute;o, una de las figuras  literarias m&aacute;s prominentes en Am&eacute;rica Latina en ese entonces, Argentina era el  modelo que otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n deber&iacute;an emular<sup><a    name="s16" href="#16">16</a></sup> Entre 1889 y  1900, cuando Argentina particip&oacute; en las exposiciones universales en Par&iacute;s, el  pa&iacute;s se present&oacute; como un caso at&iacute;pico en la regi&oacute;n. La aristocracia no quer&iacute;a  que Argentina fuera relegada a una posici&oacute;n &quot;pre-nacional&quot; y no quer&iacute;an que  equipararan su experiencia con la de otros pa&iacute;ses latinoamericanos<sup><a    name="s17" href="#17">17</a></sup>  Fue precisamente en la exposici&oacute;n de Par&iacute;s en 1889 cuando Ameghino present&oacute; por  primera vez su <i>Contribuci&oacute;n al conocimiento de los mam&iacute;feros f&oacute;siles de la  Rep&uacute;blica de Argentina</i>, probablemente su obra m&aacute;s influyente. Financiada en  parte por el gobierno argentino y la Academia Nacional de Ciencias, gan&oacute; una  medalla de oro en este evento<sup><a    name="s18" href="#18">18</a></sup>.</p>      <p> Las ideas de  Ameghino, por lo tanto, surgieron en un contexto en donde el crecimiento del  sector exportador argentino estaba en uno de sus puntos m&aacute;s altos, una fuerte  influencia europea estaba teniendo lugar en el pa&iacute;s, un fuerte patriotismo  estaba presente y la b&uacute;squeda por obtener un reconocimiento por fuera del  contexto latinoamericano era una meta importante.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Pero, &iquest;c&oacute;mo  Florentino Ameghino pas&oacute; de ser un <i>amateur </i>autodidacta a ser una figura  cient&iacute;fica en Argentina? En primer lugar, la experiencia de Ameghino en Europa  entre 1878 y 1881 le permiti&oacute; tener contacto con reconocidos naturalistas  europeos y estadounidenses. Esto cambi&oacute; la manera en que la comunidad cient&iacute;fica  argentina percibi&oacute; el trabajo de Ameghino una vez regres&oacute; de Europa. Entre  otras, Ameghino coste&oacute; sus viajes con la plata que obtuvo de vender f&oacute;siles y su  colecci&oacute;n de f&oacute;siles gan&oacute; una medalla de bronce en la  exposici&oacute;n de Par&iacute;s de 1878. As&iacute; mismo, Ameghino pudo publicar su trabajo en  revistas como la <i>Revue d&#39;Anthropologie </i>a finales de la d&eacute;cada de 1870, y  cuando volvi&oacute; a Buenos Aires mantuvo correspondencia con algunos de los famosos  paleont&oacute;logos que conoci&oacute;, un aspecto que en ese momento se consideraba como un  logro importante<sup><a    name="s19" href="#19">19</a></sup> Su primer reconocimiento dentro de la comunidad  argentina vino de Adolfo Doering, quien en enero de 1882 le mand&oacute; una carta  felicit&aacute;ndolo por sus publicaciones en la formaci&oacute;n de las Pampas<sup><a    name="s20" href="#20">20</a></sup>  En 1882 Ameghino exhibi&oacute; parte de sus colecciones en la Exposici&oacute;n Continental  Sudamericana en Buenos Aires. La comunidad cient&iacute;fica local recibi&oacute; sus  colecciones de manera positiva, otorg&aacute;ndole el Gran Premio de la exposici&oacute;n. En  junio de 1882 el Instituto Geogr&aacute;fico Argentino nombr&oacute; a Ameghino como miembro  ofcial<sup><a    name="s21" href="#21">21</a></sup> Desde ese momento en adelante, Ameghino comenz&oacute; a  intercambiar correspondencia y f&oacute;siles con miembros de la comunidad cient&iacute;fica  local. Finalmente en 1884 Oscar Doering, el presidente de la Academia Nacional  de Ciencias, le ofreci&oacute; a Ameghino una plaza como profesor en la Universidad de  C&oacute;rdoba<sup><a    name="s22" href="#22">22</a></sup>.</p>      <p> La manera como  Ameghino obtuvo reconocimiento dentro de la comunidad de naturalistas en  Argentina muestra c&oacute;mo algunos cient&iacute;ficos utilizaron lo que podemos llamar los  lazos informales del imperialismo de finales del siglo XIX para seguir sus  propios intereses. La recolecci&oacute;n de f&oacute;siles, la materia prima de la  paleontolog&iacute;a, y su venta en Europa le trajeron dos cambios importantes a  Ameghino en su carrera. Primero, le permitieron viajar por Europa, conocer  paleont&oacute;logos importantes del momento y trabajar en colecciones de f&oacute;siles  europeas. Segundo, de regreso en Argentina, esta experiencia en Europa y el  trabajo que hab&iacute;a llevado a cabo en estos a&ntilde;os le permiti&oacute; ganar reconocimiento  dentro de la comunidad local, la cual lo acept&oacute; finalmente como miembro.</p>      <p> Durante las &uacute;ltimas  dos d&eacute;cadas del siglo XIX y la primera d&eacute;cada del siglo XX, Ameghino tuvo varios  trabajos en diversas instituciones argentinas, incluyendo director del Museo  Nacional de Buenos Aires, as&iacute; como profesor en la Universidad de Buenos Aires y  la Universidad de La Plata. Ameghino public&oacute; sus trabajos en revistas como el <i> Bolet&iacute;n de la Academia Nacional de Ciencias de C&oacute;rdoba</i>, la <i>Revue  Scientifque </i>y el <i>American Naturalist</i>. Para 1911, el a&ntilde;o de su muerte,  ya ten&iacute;a un gran reconocimiento a nivel nacional<sup><a    name="s23" href="#23">23</a></sup>.</p>      <p> El hecho de que fue  Florentino y no Carlos Ameghino el que se convirti&oacute; en una figura nacional  revela mucho sobre la manera en que los cient&iacute;ficos latinoamericanos en general  son reconocidos dentro de sus  comunidades, as&iacute; como sobre la jerarqu&iacute;a del trabajo cient&iacute;fico. No es una  coincidencia que Florentino viv&iacute;a en Buenos Aires publicando su trabajo,  mientras que Carlos llevaba a cabo el trabajo de campo en el desierto. El  reconocimiento dentro de una comunidad acad&eacute;mica por lo general se obtiene no  s&oacute;lo con investigaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n con publicaciones. A los acad&eacute;micos que  publican se les da cr&eacute;dito por su intento de ir m&aacute;s all&aacute; de la simple extracci&oacute;n  de datos para producir nuevas teor&iacute;as. As&iacute; mismo, en pa&iacute;ses latinoamericanos  como Argentina, por lo menos a finales del siglo XIX y durante la primera mitad  del siglo XX, los cient&iacute;ficos m&aacute;s reconocidos eran aquellos que publicaban en  revistas internacionales y que de una u otra manera hab&iacute;an ganado reconocimiento  internacional, al mismo tiempo que hab&iacute;an encontrado una posici&oacute;n valiosa dentro  de sus propias comunidades<sup><a    name="s24" href="#24">24</a></sup> M&aacute;s a&uacute;n, el hecho de que Florentino  fuera quien dio nombre a los f&oacute;siles y public&oacute; los resultados en revistas  francesas y estadounidenses fue en parte lo que a la larga lo convirti&oacute; en un  h&eacute;roe cient&iacute;fico nacional, mientras que Carlos permaneci&oacute; y a&uacute;n permanece, de  alguna manera, invisible.</p>       <p><b>     <br> 2. Suram&eacute;rica En la  paleontolog&iacute;a estadounidense</b></p>      <p> Las teor&iacute;as de  Ameghino contrastaban de manera clara con las teor&iacute;as de los paleont&oacute;logos en  los Estados Unidos. En el paso del siglo XIX al XX la bioestratigraf&iacute;a y la  biogeograf&iacute;a dominaron la investigaci&oacute;n estadounidense en la paleontolog&iacute;a de  mam&iacute;feros. As&iacute; mismo, la investigaci&oacute;n en lo referente a bioestratigraf&iacute;a se  apoyaba en investigaciones geol&oacute;gicas. Desde mediados del siglo XIX la  paleontolog&iacute;a se convirti&oacute; en una importante aliada de la paleontolog&iacute;a para  determinar la edad de la tierra, y el estudio de los f&oacute;siles fue de gran ayuda  para determinar la edad de ciertos estratos geol&oacute;gicos. La bioestratigraf&iacute;a  part&iacute;a de la idea que los f&oacute;siles en estratos m&aacute;s altos eran m&aacute;s recientes que  aquellos en estratos inferiores, y la b&uacute;squeda de una equivalencia temporal en  las unidades estratigr&aacute;ficas en diferentes lugares del mundo era una de las  herramientas m&aacute;s &uacute;tiles que tanto ge&oacute;logos como paleont&oacute;logos pod&iacute;an desarrollar  en sus respectivos campos<sup><a    name="s25" href="#25">25</a></sup>.</p>      <p> Dentro de la  bioestratigraf&iacute;a se desarroll&oacute; una peque&ntilde;a controversia que se convirti&oacute; en un  aspecto clave para la recepci&oacute;n de las ideas de los Ameghino en Estados Unidos.  Para los paleont&oacute;logos la l&iacute;nea divisoria entre los periodos Cret&aacute;ceo y  Terciario gan&oacute; una importancia particular, pues ayud&oacute; a definir la demarcaci&oacute;n  entre dos de las m&aacute;s importantes eras geol&oacute;gicas: el Mesozoico &#40;la era de los  reptiles&#41; y el Cenozoico &#40;la era de los mam&iacute;feros&#41;. Diversos naturalistas  estadounidenses como W. B. Scott y J. B. Hatcher cre&iacute;an que la fauna  septentrional era m&aacute;s vieja, es decir, sus f&oacute;siles se encontraban en estratos  inferiores a los de las faunas del resto del mundo, incluida la suramericana. De  esta manera, argumentaban ellos, era posible concluir que la fauna suramericana  era descendiente de la fauna del Norte<sup><a    name="s26" href="#26">26</a></sup> Una de las controversias  que los Ameghinos desataron comenz&oacute; cuando argumentaron que la formaci&oacute;n de  Santa Cruz en la Patagonia ten&iacute;a una unidad que hac&iacute;a parte del Cret&aacute;ceo.  Florentino, apoyado en el trabajo de campo de Carlos, argument&oacute; que camas como  la del <i>Notostylops </i>y la del <i>Pyrotherium </i>se encontraban en el  per&iacute;odo Cret&aacute;ceo y eran mucho m&aacute;s viejas que el resto de las camas de mam&iacute;feros  conocidas en ese momento en Europa y los Estados Unidos<sup><a    name="s27" href="#27">27</a></sup>.</p>      <p> Edward Drinker Cope  &#40;1840-1897&#41;, un paleont&oacute;logo estadounidense que gan&oacute; reconocimiento en los  Estados Unidos como uno de los fundadores de la escuela neo-lamarckiana de  pensamiento evolutivo, hizo mucho por difundir en un principio las ideas de  Florentino Ameghino. Cope conoci&oacute; a Ameghino en Par&iacute;s en 1878 y se interes&oacute; por  su trabajo en la d&eacute;cada de 1880, un par de a&ntilde;os antes de que Carlos comenzara  sus expediciones a la Patagonia. En una rese&ntilde;a breve publicada en la revista <i> American Naturalist </i>en agosto de 1885, Cope analiz&oacute; un trabajo que Ameghino  hab&iacute;a publicado en el <i>Bolet&iacute;n de la Academia Nacional de Ciencias de C&oacute;rdoba</i>,  en el cual el naturalista estudiaba los mam&iacute;feros del Oligoceno cerca de Buenos  Aires. Cope comenz&oacute; su rese&ntilde;a escribiendo: &quot;Esta memoria, por M. Ameghino, es de  mucha importancia para la historia de los mam&iacute;feros, y especialmente para la  historia de la fauna pampeana y reciente del mundo neo-tropical &#91;...&#93; y con ello  &#91;Ameghino&#93; ha puesto a nuestra disposici&oacute;n un registro de gran inter&eacute;s para los  estudiosos de los mam&iacute;feros y su evoluci&oacute;n&quot;<sup><a    name="s28" href="#28">28</a></sup> Los comentarios  positivos de Cope sobre el trabajo de Ameghino no pararon ah&iacute;. En 1891 rese&ntilde;&oacute; lo  que probablemente es el trabajo m&aacute;s importante de Ameghino sobre los f&oacute;siles de  mam&iacute;feros: su <i>Contribuci&oacute;n al conocimiento de los mam&iacute;feros f&oacute;siles de la  Rep&uacute;blica de Argentina</i>. Para Cope, &eacute;ste era un trabajo monumental que le  mostraba al mundo la extraordinaria riqueza de la Patagonia en t&eacute;rminos  paleontol&oacute;gicos. Cope termin&oacute; su rese&ntilde;a escribiendo: &quot;Felicitamos a M. Ameghino  por la culminaci&oacute;n de este gran trabajo. Tambi&eacute;n felicitamos al pa&iacute;s que lo  produjo. Son trabajos de este car&aacute;cter los que le dan a una naci&oacute;n prestigio  intelectual en el mundo. Por lo tanto Argentina ser&aacute; conocida para la ciencia  como un pa&iacute;s que ha a&ntilde;adido una de las m&aacute;s largas e importantes contribuciones a  su templo de vida&quot;<sup><a    name="s29" href="#29">29</a></sup>.</p>      <p> Sin embargo, la  visi&oacute;n positiva que ten&iacute;a la academia estadounidense sobre Ameghino pronto  empez&oacute; a cambiar. Para 1892 la revista <i>Science </i>argument&oacute; que era  importante atenuar el entusiasmo por el  trabajo de Ameghino con un poco de vacilaci&oacute;n, en particular sus ideas sobre la  Patagonia como la cuna de los primeros primates, as&iacute; como del precursor  inmediato del hombre<sup><a    name="s30" href="#30">30</a></sup> Otro art&iacute;culo en 1895 tambi&eacute;n cuestion&oacute; las  ideas de Ameghino sobre su clasificaci&oacute;n de los mam&iacute;feros<sup><a    name="s31" href="#31">31</a></sup>, y en  1896 un art&iacute;culo escrito por el mismo Cope cuestionaba el trabajo de Ameghino  argumentando que &quot;M. Ameghino probablemente ha fijado una edad demasiado grande  a sus camas tempranas&quot;<sup><a    name="s32" href="#32">32</a></sup> Para 1896 diversos paleont&oacute;logos  estadounidenses comenzaron a ver las teor&iacute;as de Ameghino como inaceptables, en  particular porque no estaban de acuerdo con las teor&iacute;as predominantes en la  paleontolog&iacute;a de mam&iacute;feros en Europa y Estados Unidos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> De esta manera,  hacer un estudio cuidadoso de las camas descubiertas por Carlos y descritas por  Florentino se convirti&oacute; en una prioridad para varios paleont&oacute;logos en Estados  Unidos. Es as&iacute; como entre 1896 y 1899 la Universidad de Princeton organiz&oacute; dos  expediciones a la Patagonia bajo la direcci&oacute;n de J. B. Hatcher, acompa&ntilde;ado por  W. B. Scott, con el fin de investigar las afirmaciones de los Ameghino. A. E.  Ortmann tambi&eacute;n estudi&oacute; los resultados de las expediciones en Princeton. Para  1900, Hatcher y sus colegas hab&iacute;an presentado ya una refutaci&oacute;n completa de las  teor&iacute;as de Ameghino sobre la edad de los mam&iacute;feros f&oacute;siles de la Patagonia. En  un art&iacute;culo publicado en la revista <i>Science</i>, Hatcher, despu&eacute;s de explicar  algunas de sus ideas sobre las camas en disputa, argument&oacute; que las camas del <i> Pyrotherium </i>no eran tan viejas como Ameghino pensaba, y por el contrario  eran m&aacute;s j&oacute;venes que varias de las camas de mam&iacute;feros f&oacute;siles en Norteam&eacute;rica<sup><a    name="s33" href="#33">33</a></sup>  Ameghino trat&oacute; de responder a los argumentos de Hatcher publicando varios  art&iacute;culos entre 1900 y 1903. Sin embargo, un art&iacute;culo publicado por R. F. Scharf  en 1909 en la revista <i>American Naturalist </i>da luces sobre el resultado  general de la disputa dentro de la academia estadounidense. Como el mismo Scharf  lo explic&oacute;: &quot;El profesor Ameghino aun sostiene que los ahora famosos estratos de  Santa Cruz &#91;...&#93; son de la era del Eoceno. La mayor parte de los ge&oacute;logos, por  otra parte, sostienen la opini&oacute;n que los dep&oacute;sitos santacruzanos pertenecen al  periodo del Mioceno&quot;<sup><a    name="s34" href="#34">34</a></sup>.</p>      <p> No obstante, el  aspecto m&aacute;s interesante de la posici&oacute;n que Hatcher y sus colegas sostuvieron  sobre el trabajo de los Ameghino est&aacute; expresado claramente en el primer volumen  de los <i>Reports of the Princeton Expeditions to Patagonia</i>, el reporte  oficial de las expediciones. En la introducci&oacute;n Hatcher escribi&oacute;:</p>  <ul>    <p> &quot;Los  descubrimientos de los Ameghino fueron de tal importancia que despertaron el  inter&eacute;s de paleont&oacute;logos y ge&oacute;logos en todas partes &#91;...&#93; aunque al mismo tiempo  se reconoci&oacute; la necesidad de hacer un estudio cuidadoso de los dep&oacute;sitos del  Terciario y del Cret&aacute;ceo de la Patagonia junto con los  f&oacute;siles all&iacute; contenidos, siguiendo los m&eacute;todos m&aacute;s cuidadosos y meticulosos que  se han desarrollado en el hemisferio norte por medio siglo por un gran n&uacute;mero de  observadores educados y calificados, pertenecientes a dos generaciones. Se cre&iacute;a  que, cuando la luz de todo lo que se ha descubierto en lo referente a la  secuencia geol&oacute;gica y el desarrollo de la vida animal tal y como se ha elaborado  en el hemisferio norte, se hubiera lanzado con toda su fuerza sobre aquellos del  sur, se demostrar&iacute;a que muchas de las observaciones y teor&iacute;as aparentemente  conflictivas expuestas por los Ameghino eran inv&aacute;lidas, y se encontrar&iacute;a que los  hechos principales armonizaban con aquellas ya establecidas en el norte&quot;<sup><a    name="s35" href="#35">35</a></sup>.</p>    </ul>      <p> Tres aspectos son  de vital importancia en esta cita. Primero, es claro que la expedici&oacute;n parti&oacute;  con el prop&oacute;sito de demostrar que las ideas de los Ameghino eran incorrectas.  Segundo, Hatcher y sus colegas asumieron que los m&eacute;todos usados por  paleont&oacute;logos estadounidenses eran superiores en contraposici&oacute;n a aquellos  usados por naturalistas en Suram&eacute;rica. Para Hatcher era claro que el hemisferio  norte tiene una evidente supremac&iacute;a, por lo menos en t&eacute;rminos cient&iacute;ficos, sobre  el hemisferio sur. Tercero, la idea de lanzar ideas producidas en el Norte con  toda la fuerza sobre el Sur es expl&iacute;cita y tiene implicaciones imperiales, un  aspecto que reflejaba la pol&iacute;tica de los Estados Unidos sobre Am&eacute;rica Latina en  el paso del siglo XIX al XX.</p>      <p> Las &uacute;ltimas d&eacute;cadas  del siglo XIX presenciaron un crecimiento econ&oacute;mico sin precedentes en la  historia estadounidense. Desde el final de la Guerra Civil en 1865 una  combinaci&oacute;n entre industrias, corporaciones e innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica llev&oacute; a los  Estados Unidos a convertirse en uno de los m&aacute;s grandes productores de  manufacturas a nivel mundial. La creaci&oacute;n de grandes imperios corporativos como  la General Electric, la Standard Oil Company o la U.S. Steel, entre muchos  otros, no s&oacute;lo crearon grandes magnates como lo fueron Thomas Alva Edison, John  D. Rockefeller o Andrew Carnegie, sino que tambi&eacute;n cambiaron la estructura  econ&oacute;mica de los estadounidenses. Para finales del siglo XIX cerca del 70&#37; de la  poblaci&oacute;n de los Estados Unidos depend&iacute;a directa o indirectamente de alguna  corporaci&oacute;n. En poco tiempo, sin embargo, estas corporaciones empezaron a  producir muchas m&aacute;s manufacturas de las que se pod&iacute;an consumir en el mercado  interno norteamericano. La necesidad de buscar nuevos mercados llev&oacute; a que tanto  los dirigentes pol&iacute;ticos como las elites del mundo corporativo empezaran a  buscar nuevos mercados, en especial en Am&eacute;rica Latina y el Pac&iacute;fico. Un  crecimiento comercial hacia el Caribe, los pa&iacute;ses de Centro y Suram&eacute;rica, as&iacute;  como islas y pa&iacute;ses con puertos sobre el Pac&iacute;fico se convirti&oacute; en la mejor  alternativa para vender el excedente de productos manufacturados en Estados  Unidos<sup><a    name="s36" href="#36">36</a></sup>.</p>      <p> As&iacute; mismo, Estados  Unidos empez&oacute; a ver a Latinoam&eacute;rica como una excelente fuente de materias  primas. En ese entonces los gobiernos latinoamericanos hab&iacute;an enfocado sus  econom&iacute;as en la producci&oacute;n y exportaci&oacute;n de bienes naturales y por lo general  ten&iacute;an que importar bienes manufacturados e industriales. Estados Unidos vio en  esta coyuntura la oportunidad ideal para convertirse en el socio comercial m&aacute;s  importante de la regi&oacute;n, reemplazando a los europeos, sobre todo a los ingleses  y franceses, quienes hab&iacute;an tenido esa posici&oacute;n desde comienzos del siglo XIX.  La Guerra Hispano-Estadounidense de 1898, en la cual Estados Unidos asumi&oacute; un  control colonial sobre Puerto Rico, Cuba y las Filipinas, las &uacute;ltimas colonias  del agonizante imperio espa&ntilde;ol, no s&oacute;lo debe entenderse en este contexto, sino  que tambi&eacute;n demostr&oacute; claramente que Estados Unidos ten&iacute;a intereses  expansionistas de tipo econ&oacute;mico y pol&iacute;tico sobre regiones latinoamericanas y  asi&aacute;ticas<sup><a    name="s37" href="#37">37</a></sup>.</p>      <p> En los a&ntilde;os que  siguieron a la guerra entre Espa&ntilde;a y Estados Unidos, los estadounidenses  ampliaron de manera dr&aacute;stica su influencia sobre Am&eacute;rica Latina. En 1904 el  presidente Theodore Roosevelt declar&oacute; de manera abierta una pol&iacute;tica  imperialista sobre la regi&oacute;n al pronunciar el corolario a la doctrina Monroe.  Para Roosevelt, Estados Unidos ten&iacute;a el derecho de vigilar a los  latinoamericanos y se reservaba el derecho de intervenir en cualquier pa&iacute;s  latinoamericano si lo consideraba conveniente. El legado del &quot;Destino  Manifest&oacute;&quot;, la misi&oacute;n civilizadora que la divina providencia supuestamente le  hab&iacute;a encomendado al pueblo estadounidense para liberar al continente americano  y que tuvo gran resonancia a comienzos del siglo XIX, segu&iacute;a vigente a comienzos  del siglo XX. As&iacute; mismo, la intervenci&oacute;n de Estados Unidos en la independencia  de Panam&aacute; de Colombia en 1903, la creaci&oacute;n de la Zona del Canal de Panam&aacute; como  territorio de los Estados Unidos y la construcci&oacute;n de un canal interoce&aacute;nico que  conectara de manera r&aacute;pida las costas este y oeste estadounidenses con  Latinoam&eacute;rica y Asia ser&iacute;an otro paso importante para consolidar una posici&oacute;n  dominante por parte de los norteamericanos, tanto en Centro como en Suram&eacute;rica<sup><a    name="s38" href="#38">38</a></sup>.</p>      <p> Al finalizar la  Primera Guerra Mundial, Estados Unidos ten&iacute;a una supremac&iacute;a innegable en la  regi&oacute;n. A trav&eacute;s de iniciativas tanto privadas como estatales mediante las  cuales los norteamericanos invirtieron grandes cantidades de dinero en varios  pa&iacute;ses, los constantes pr&eacute;stamos de los bancos estadounidenses a los gobiernos  latinoamericanos y la presencia de diversas corporaciones como la United Fruit  Company y la Tropical Oil Company, entre otras, se consolid&oacute; una hegemon&iacute;a  norteamericana en la regi&oacute;n. La presencia no fue s&oacute;lo econ&oacute;mica o pol&iacute;tica y un lado  cultural acompa&ntilde;&oacute; esta expansi&oacute;n. Desde las pel&iacute;culas de Hollywood hasta las  expediciones cient&iacute;ficas que llevaron a cabo los museos de historia natural como  el American Museum en Nueva York, el Smithsonian Institution en Washington o el  Field Museum de Chicago, fueron herramientas con las que los estadounidenses  lograron una intervenci&oacute;n en la vida cotidiana y el mundo natural de los  latinoamericanos<sup><a    name="s39" href="#39">39</a></sup> Las expediciones de J. B. Hatcher, entre otras  expediciones que llevar&iacute;an a cabo los estadounidenses en territorio argentino al  final del siglo XIX y en las primeras d&eacute;cadas del siglo XX, hicieron parte de  esta expansi&oacute;n cultural norteamericana.</p>      <p> Las relaciones de  poder entre paleont&oacute;logos estadounidenses y los Ameghino tambi&eacute;n se reflejaron  en las teor&iacute;as sobre biogeograf&iacute;a del momento. A comienzos del siglo XX exist&iacute;an  dos grandes teor&iacute;as sobre la migraci&oacute;n y distribuci&oacute;n de animales en la Tierra.  Una minor&iacute;a segu&iacute;a la teor&iacute;a de Alfred Wegener sobre deriva continental, la cual  argumentaba que los continentes no s&oacute;lo se mov&iacute;an, sino que con el paso del  tiempo &eacute;stos se conectar&iacute;an y permitir&iacute;an una migraci&oacute;n de sus respectivas  faunas. La mayor parte de los paleont&oacute;logos, por el contrario, sosten&iacute;a que los  continentes estaban est&aacute;ticos y nunca se hab&iacute;an movido. Dentro de esta corriente  algunos cre&iacute;an que los istmos actuales, como Centroam&eacute;rica o el estrecho de  Bering, eran los &uacute;nicos que hab&iacute;an permitido una migraci&oacute;n de faunas en la  historia. Otros cre&iacute;an que en el pasado existieron puentes que conectaron  continentes que hoy en d&iacute;a est&aacute;n separados. En particular, muchos cre&iacute;an que  Ant&aacute;rtica hab&iacute;a sido un puente que hab&iacute;a conectado Suram&eacute;rica, &Aacute;frica y  Australia<sup><a    name="s40" href="#40">40</a></sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Los Ameghino vieron  en la teor&iacute;a de la Ant&aacute;rtica la soluci&oacute;n perfecta a su teor&iacute;a sobre el origen de  los mam&iacute;feros en la Patagonia. Entre los paleont&oacute;logos estadounidenses, sobre  todo entre W.D. Matthew y G.G. Simpson, los paleont&oacute;logos m&aacute;s reconocidos en el  Museo Americano de Historia Natural, esta teor&iacute;a no ten&iacute;a fundamento. Matthew  argumentaba que las controversias de la correlaci&oacute;n de las formaciones ten&iacute;an  que ser estudiadas junto con problemas de distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica y migraci&oacute;n.  Igualmente sosten&iacute;a que los continentes eran permanentes y aseguraba que  aquellos que apoyaban la teor&iacute;a de los puentes como el de la Ant&aacute;rtica o el  movimiento de los continentes estaban interpretando mal los datos que prove&iacute;an  los f&oacute;siles<sup><a    name="s41" href="#41">41</a></sup>.</p>      <p> Las ideas de  Matthew estaban influenciadas fuertemente por el trabajo del famoso ge&oacute;logo  estadounidense T.C. Chamberlin. Chamberlin sostuvo que la historia de la Tierra  ten&iacute;a condiciones variables: algunas partes terrestres se sumerg&iacute;an bajo agua  cuando el clima era calido y h&uacute;medo, mientras que algunas partes de la tierra se  elevaban por encima del agua cuando el clima era fr&iacute;o y &aacute;rido<sup><a    name="s42" href="#42">42</a></sup>  Matthew adopt&oacute; esta teor&iacute;a y la us&oacute;  para apoyar una visi&oacute;n de la biogeograf&iacute;a con continentes inm&oacute;viles en donde la  migraci&oacute;n de los animales ocurr&iacute;a solamente cuando hab&iacute;a variaciones clim&aacute;ticas.  Matthew tambi&eacute;n sostuvo la idea de que el foco principal de la evoluci&oacute;n de los  mam&iacute;feros y los vertebrados en general hab&iacute;a ocurrido en los continentes del  Norte. Sin embargo, a&ntilde;adi&oacute; que fueron las especies menos aptas las que tuvieron  que migrar al Sur, utilizando a Centroam&eacute;rica y el estrecho de Bering como  istmos<sup><a    name="s43" href="#">43</a></sup> Como el mismo Matthew lo explic&oacute;: &quot;Ha sido reconocido desde  hace tiempo que la distribuci&oacute;n actual de los mam&iacute;feros se debe a la migraci&oacute;n  de gran masa terrestre del norte &#91;...&#93; En per&iacute;odo cualquiera, las especies m&aacute;s  avanzadas y progresistas de la raza son aquellas que habitan en esta zona; las  m&aacute;s primitivas y atrasadas ser&aacute;n aquellas lejanas de este centro&quot;<sup><a    name="s44" href="#44">44</a></sup>  Para Matthew claramente todos los seres vivos que habitaban el continente  suramericano eran inferiores que aquellos que se encontraban en los Estados  Unidos y Europa.</p>      <p> Para G.G. Simpson,  las teor&iacute;as de los Ameghino tampoco ten&iacute;an ning&uacute;n fundamento desde la  perspectiva de la biogeograf&iacute;a<sup><a    name="s45" href="#45">45</a></sup> Simpson cre&iacute;a que la Patagonia y  Suram&eacute;rica en general presentaban un caso especial en la evoluci&oacute;n de los  mam&iacute;feros. De acuerdo con sus ideas, durante la Era de los Mam&iacute;feros, es decir,  durante los &uacute;ltimos sesenta millones de a&ntilde;os cuando evolucionaron la mayor parte  de los animales actuales, Norteam&eacute;rica, Europa, Asia y &Aacute;frica estuvieron unidas,  por lo menos la mayor parte del tiempo. Suram&eacute;rica, sin embargo, era un  continente completamente apartado. Por lo tanto, por millones de a&ntilde;os los  animales suramericanos evolucionaron en un aislamiento geogr&aacute;fico. La fauna de  Am&eacute;rica del Norte, explicar&iacute;a Simpson, era completamente diferente a la de  Am&eacute;rica del Sur, lo cual a comienzos del siglo XX se convirti&oacute; en un problema de  mucho inter&eacute;s para paleont&oacute;logos que quer&iacute;an estudiar la evoluci&oacute;n de los  mam&iacute;feros. Mientras que los elefantes, los rinocerontes y los dientes de sable  eran comunes en Norteam&eacute;rica, las especies de mam&iacute;feros en Suram&eacute;rica eran  completamente diferentes y no dejaron descendientes ni parientes cercanos. Como  Simpson lo explic&oacute;:</p>  <ul>    <p> &quot;No eran como los  animales extintos de otras partes del mundo. Para describirlos usted tendr&iacute;a que  partir de cero, o compararlos con media docena de animales diferentes al mismo  tiempo, y luego a&ntilde;adir unos toques originales, como las bestias fant&aacute;sticas en  las historias de ni&ntilde;os. Un astrapoterio, por ejemplo, era como del tama&ntilde;o de un  rinoceronte pero no se parec&iacute;a en nada a uno. Ten&iacute;a cuatro patas y un cuerpo de  apariencia extra&ntilde;a como si su inventor no hubiera podido pintar bien&quot;<sup><a    name="s46" href="#46">46</a></sup>.</p>    </ul>      <p> Cuando el Istmo de  Panam&aacute; se form&oacute;, los animales que hab&iacute;an estado aislados previamente migraron a  trav&eacute;s de los continentes. Los mam&iacute;feros suramericanos murieron en su mayor&iacute;a en  esta invasi&oacute;n ecol&oacute;gica. Para Simpson, siguiendo tambi&eacute;n el legado de Chamberlin<sup><a    name="s47" href="#47">47</a></sup>,  la fauna suramericana hab&iacute;a estado aislada por tanto tiempo que nunca  desarrollaron cualidades que les permitieran sobrevivir en un ambiente  competitivo. Los animales de Am&eacute;rica del Norte ya hab&iacute;an competido con animales  asi&aacute;ticos, europeos y africanos y estaban listos para competir de nuevo. Despu&eacute;s  de un tiempo, los mam&iacute;feros del Sur no pudieron pelear de vuelta y se  extinguieron. Simpson escribi&oacute;:</p> <ul>    <p> &quot;Los grupos suramericanos que se estaban  contrayendo, o que estaban destinados a contraerse pronto, en ese continente  fueron incapaces de llegar o, en casos excepcionales, llegaron pero no pudieron  sobrevivir en el continente septentrional. Incluso algunos animales que no se  contrajeron en Suram&eacute;rica fueron incapaces de mantenerse en Norteam&eacute;rica despu&eacute;s  de llegar all&iacute;. Por lo general, el intercambio de faunas estuvo lejos de ser  igual. A la larga las dos faunas no se mezclaron y m&aacute;s bien una invadi&oacute; la otra.  Los mam&iacute;feros norteamericanos fueron m&aacute;s potentes y m&aacute;s expansivos que los  suramericanos, tanto en su habilidad para migrar como en su habilidad para  sobrevivir&quot;<sup><a    name="s48" href="#48">48</a></sup>.</p>    </ul>      <p> De esta manera,  Simpson, siguiendo las ideas de Matthew, tambi&eacute;n se apoy&oacute; en la idea de que los  animales suramericanos eran inferiores a aquellos que se encontraban en  Norteam&eacute;rica. M&aacute;s a&uacute;n, la referencia a los mam&iacute;feros norteamericanos como  animales m&aacute;s h&aacute;biles que en &uacute;ltimas lograron invadir Suram&eacute;rica parecer&iacute;a  reflejar las relaciones de poder pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y culturales entre  Estados Unidos y Latinoam&eacute;rica que marcaron las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX y  las primeras d&eacute;cadas del siglo XX.</p>       <p><b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Conclusi&oacute;n</b></p>      <p> El contexto  intelectual que gir&oacute; alrededor del estudio de la paleontolog&iacute;a en Suram&eacute;rica en  el cambio del siglo XIX al XX presenta un estudio de caso que permite explorar  algunas de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s importantes en las relaciones cient&iacute;ficas  entre Estados Unidos y Am&eacute;rica Latina, en particular Argentina. Varias ideas nos  permiten concluir el texto. En las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas los Estados Unidos ha  estado ausente, por lo general, de los estudios sobre ciencia e imperialismo.  Las investigaciones sobre la relaci&oacute;n entre el conocimiento cient&iacute;fico y los  imperios se han centrado en el caso europeo y sus colonias en Asia, &Aacute;frica y  Latinoam&eacute;rica. Algunos trabajos han empezado ha rellenar este vac&iacute;o, pero a&uacute;n  falta mucho por investigar en este tema. Despu&eacute;s de todo, en las d&eacute;cadas  posteriores a 1880 Gran Breta&ntilde;a perdi&oacute; su supremac&iacute;a en Am&eacute;rica Latina y los  Estados Unidos se convirtieron en la nueva potencia en la regi&oacute;n. La influencia  econ&oacute;mica estadounidense cre&oacute; v&iacute;nculos de dependencia que tuvieron influencia  sobre las pol&iacute;ticas dom&eacute;sticas de los latinoamericanos. Este proyecto  expansionista fue apoyado por expediciones y teor&iacute;as cient&iacute;ficas relacionadas  con Am&eacute;rica Latina y llevadas a cabo por instituciones estadounidenses, tales  como universidades y museos de historia natural. La expedici&oacute;n de Hatcher y las  teor&iacute;as de Matthew y Simpson sobre la biogeograf&iacute;a de mam&iacute;feros suramericanos  deben entenderse en este contexto.</p>      <p> Sin embargo, no  podemos estudiar esta historia exclusivamente desde una posici&oacute;n imperial por  parte de los estadounidenses. Hacerlo omitir&iacute;a una parte importante del caso.  Tomando en cuenta estudios recientes en las relaciones culturales entre Estados  Unidos y Latinoam&eacute;rica, este art&iacute;culo tambi&eacute;n sostuvo que debemos evitar  discursos hegem&oacute;nicos en Am&eacute;rica Latina. Los cient&iacute;ficos locales tambi&eacute;n se  beneficiaron de las relaciones de poder con estadounidenses para ganar  reconocimiento dentro de sus comunidades, as&iacute; como en la comunidad cient&iacute;fica  internacional. Mirar el flujo de materias primas y bienes manufacturados entre  ambas regiones es un buen punto de partida para entender estas relaciones  cient&iacute;ficas. Los cient&iacute;ficos latinoamericanos se beneficiaron de la extracci&oacute;n  de datos primarios y de este modo ganaron reconocimiento a nivel local e  internacional. Los cient&iacute;ficos estadounidenses, por otra parte, percibieron sus  teor&iacute;as como productos manufacturados y asumieron que el rol de los  latinoamericanos era el de ser simples recolectores.</p>      <p> Florentino Ameghino  es el ejemplo perfecto de un cient&iacute;fico que se favoreci&oacute; de los v&iacute;nculos que  hab&iacute;an entablado los argentinos con Europa y Estados Unidos. Las colecciones de  f&oacute;siles de Ameghino le permitieron conocer a reconocidos paleont&oacute;logos europeos  y estadounidenses, as&iacute; como viajar por Europa por varios a&ntilde;os. De regreso a  Argentina, esta experiencia le permiti&oacute; ganar una posici&oacute;n privilegiada en la  comunidad cient&iacute;fica local y le dio un gran reconocimiento nacional antes y  despu&eacute;s de su muerte. Florentino, sin embargo, tambi&eacute;n trat&oacute; de producir teor&iacute;as  cient&iacute;ficas que no s&oacute;lo generaron una controversia internacional, sino tambi&eacute;n  una profunda desconfianza entre los paleont&oacute;logos estadounidenses. Mientras que  figuras como Cope en un principio le dieron la bienvenida a Ameghino como  recolector, para la d&eacute;cada de 1890 y las primeras d&eacute;cadas del siglo XX sus  teor&iacute;as se vieron como inaceptables y se enviaron varias expediciones para  demostrar que estaba equivocado. M&aacute;s a&uacute;n, las teor&iacute;as paleontol&oacute;gicas  estadounidenses se enfocaron cada vez m&aacute;s en demostrar que los seres vivos  suramericanos eran inferiores a los norteamericanos. La habilidad de los  norteamericanos, argumentar&iacute;an estos paleont&oacute;logos, era por naturaleza superior  a la de los habitantes de Suram&eacute;rica.</p>      <p> Finalmente, espero  que futuras investigaciones puedan entender mejor un aspecto que no hizo parte  de este art&iacute;culo. &iquest;Qu&eacute; papel jugaron los nativos de la Patagonia en la  construcci&oacute;n de los estudios paleontol&oacute;gicos de los mam&iacute;feros? Tanto Florentino  y Carlos Ameghino, as&iacute; como J.B. Hatcher y G.G Simpson usaron asistentes de  campo en las expediciones que llevaron a cabo en el sur de Argentina. Sin  embargo, y a pesar de su importancia, la labor de los asistentes de campo  desapareci&oacute; una vez los naturalistas volvieron al laboratorio o a los museos  para analizar aquello que encontraron. Entender mejor la manera en que tanto  argentinos como estadounidenses percibieron el trabajo de estos ayudantes ser&iacute;a  de gran beneficio para seguir construyendo la historia de las relaciones  cient&iacute;ficas entre los Estados Unidos y Am&eacute;rica Latina.</p>  <hr size="1">      <p><b>Comentarios</b></p>      <p><sup><a href="#s*" name="*">*</a></sup>  Este art&iacute;culo hace parte del proyecto &quot;Entre buen vecino e imperio: historia de  las relaciones cient&iacute;ficas entre Estados Unidos y Am&eacute;rica Latina&quot;, financiado  actualmente por el Centro de Estudios Socioculturales e Internacionales-CESO de  la Universidad de los Andes.</p>      <p><sup><a href="#s1" name="1">1</a></sup>  Ver por ejemplo: Warwick Anderson, <i>Colonial Pathologies: American Tropical  Medicine and Race Hygiene</i> <i>in the Philippines </i> &#40;Durham: Duke University Press, 2006&#41;; Marcos Cueto,  ed., <i>Missionaries of Science: the Rockefeller Foundation and Latin America </i>&#40;Bloomington: Indiana University Press, 1994&#41;; Stuart George McCook, S<i>tates  of Nature: Science, Agriculture, and Environment in the Spanish Caribbean,  1760-1940 </i>&#40;Austin: University of Texas Press, 2002&#41;; Camilo Quintero, &quot;&iquest;En qu&eacute; anda  la historia de la ciencia y el imperialismo? Saberes locales,  din&aacute;micas coloniales y el papel de los Estados Unidos en la ciencia en el siglo  XX&quot; <i>Historia Cr&iacute;tica </i>31 &#40;2006&#41;: 151-171; Paul S. Sutter, &quot;Nature&#39;s Agents  or Agents of Empire? Entomological Workers  and Environmental Change during the Construction of the Panama Canal&quot;, Isis 98,  no. 4 &#40;2007&#41;: 724-754.</p>      <p><sup><a href="#s2" name="2">2</a></sup>  Las colecciones y libros m&aacute;s representativos son: Amy Kaplan, <i>The Anarchy of  Empire in the Making of U.S. Culture </i>&#40;Cambridge: Harvard University Press,  2002&#41;; Amy Kaplan and Donald E. Pease, <i>Cultures of United States Imperialism </i>&#40;Durham: Duke University Press, 1993&#41;; Mary A. Renda, <i>Taking Haiti:  Military Occupation and the Culture of U.S. Imperialism, 1915-1940 </i>&#40;Chapel  Hill: University of North Carolina Press, 2001&#41;; Ann Laura Stoler, ed., <i> Haunted by Empire: Geographies of Intimacy in North American History </i> &#40;Durham: Duke University Press, 2006&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s3" name="3">3</a></sup>  Ver por ejemplo: V. Bulmer-Thomas, <i>The Economic History of Latin America  Since Independence</i>, 2nd ed. &#40;Cambridge: Cambridge University Press, 2003&#41;;  David Bushnell and Neill Macaulay, <i>The Emergence of Latin America in the  Nineteenth Century</i>, 2nd ed. &#40;New York: Oxford University Press, 1994&#41;; Aldo  Olano Alor, ed., <i>Am</i><i>&eacute;rica  Latina: herencias y desaf&iacute;os </i> &#40;Bogot&aacute;: Universidad  Externado de Colombia, 2003&#41;; Richard J. Salvucci, ed., <i>Latin America and the  World Economy: Dependency and Beyond </i>&#40;Lexington: D.C. Heath, 1996&#41;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s4" name="4">4</a></sup>  Algunas colecciones recientes de gran importancia son: Gilbert Joseph, Catherine  LeGrand, and Ricardo Donato Salvatore, <i>Close Encounters of Empire: Writing</i> <i>the Cultural History of U.S.-Latin American  Relations </i>&#40;Durham: Duke University Press,  1998&#41;; Ricardo Donato Salvatore, ed., <i>Culturas imperiales: experiencia y  representaci</i><i>&oacute;n  en Am&eacute;rica, Asia y Africa </i> &#40;Rosario, Argentina:  Beatriz Viterbo, 2005&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s5" name="5">5</a></sup>  George Gaylord Simpson, <i>Attending Marvels: a Patagonian Journal</i>.  &#40;Chicago: University of Chicago Press, 1982 &#91;1934&#93;&#41;, 61.</p>      <p><sup><a href="#s6" name="6">6</a></sup>  Ronald Rainger, <i>An Agenda for Antiquity: Henry Fairfeld Osborn &amp; Vertebrate  Paleontology at the American Museum</i> <i>of Natural History, 1890-1935, History of American  science and technology series </i>&#40;Tuscaloosa:  University of Alabama Press, 1991&#41;, 93.</p>      <p><sup><a href="#s7" name="7">7</a></sup>  Hay varios trabajos que estudian la vida de Ameghino. Uno de los m&aacute;s completos  en lo referente a la relaci&oacute;n de Ameghino con la comunidad cient&iacute;fica argentina  de su tiempo es: Irina Podgorny, <i>El argentino despertar de las faunas y de  las gentes prehist&oacute;ricas: coleccionistas, estudiosos y museos y universidad en  la creaci&oacute;n del patrimonio paleontol&oacute;gico y arqueol&oacute;gico nacional, 1875-1913 </i> &#40;Buenos Aires: Eudeba, 2000&#41;. Ver tambi&eacute;n: H&eacute;ctor Francisco Felice, <i>La obra  de un gigante: Florentino Ameghino </i>&#40;Luj&aacute;n: Talleres Print &amp; Laser, 1992&#41;;  Luis Alberto Tognetti, &quot;El apoyo de la Academia Nacional de Ciencia a la  publicaci&oacute;n de la obra <i>Contribuci&oacute;n al conocimiento de los mam&iacute;feros f&oacute;siles  de la Republica de Argentina</i>&quot;, <i>Saber y Tiempo </i>11 &#40;2001&#41;: 33-49.</p>      <p><sup><a href="#s8" name="8">8</a></sup>  A diferencia de Florentino, no hay muchas referencias bibliogr&aacute;fcas de Carlos  Ameghino.  Probablemente el trabajo biogr&aacute;fco m&aacute;s importante es: George Gaylord Simpson, <i> Discoverers of the Lost World: an Account of some of those Who Brought Back to  Life South American Mammals Long Buried in the Abyss of Time </i>&#40;New Haven:  Yale University Press, 1984&#41;, 59-74.</p>      <p><sup><a href="#s9" name="9">9</a></sup>  Jos&eacute; Ingenieros, <i>Las doctrinas de Ameghino </i>&#40;Buenos Aires: Ediciones L.J.  Rosso, 1939&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s10" name="10">10</a></sup>  Irina Podgorny, <i>El argentino despertar de las faunas y de las gentes prehist</i><i>&oacute;ricas:  coleccionistas, estudiosos y museos y universidad en la creaci&oacute;n del patrimonio  paleontol&oacute;gico y arqueol&oacute;gico nacional</i>,  1875-1913, 15.</p>      <p><sup><a href="#s11" name="11">11</a></sup>  Irina Podgorny, &quot;Desde la tierra donde los monstruos aun no tienen nombre: el  ordenamiento de la naturaleza a trav&eacute;s de los museos y de la  ciencia en la Confederaci&oacute;n Argentina&quot;, <i>Quipu </i>12, no. 2 &#40;1999&#41;: 169.</p>      <p><sup><a href="#s12" name="12">12</a></sup>  Para una descripci&oacute;n detallada del trabajo de Moreno ver Horacio Camacho,  &quot;Francisco Moreno y su contribuci&oacute;n al conocimiento geol&oacute;gico de la Patagonia&quot;, <i>Saber y Tiempo </i>9 &#40;2000&#41;: 5-32.</p>      <p><sup><a href="#s13" name="13">13</a></sup>  Maria Margaret Lopes and Irina Podgorny, &quot;The Shaping of Latin American Museums  of Natural History, 1850-1990&quot;, en <i>Nature and Empire: Science and the  Colonial Enterprise</i>, ed. Roy M. MacLeod &#40;Chicago: University of Chicago  Press, 2000&#41;, 108-18.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s14" name="14">14</a></sup>  Thomas E. Skidmore and Peter H. Smith, <i>Modern Latin America</i>, 3<sup>rd</sup>  ed. &#40;New  York: Oxford University Press, 1992&#41;, 72. El trabajo de Skidmore y Smith es un  buen punto de partida para ubicar a Argentina de manera general en el contexto  latinoamericano. Para entender las tendencias generales de Argentina en los  siglos XIX y XX ver Leslie Bethell, ed., <i>Argentina Since Independence </i> &#40;Cambridge: Cambridge University Press, 1993&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s15" name="15">15</a></sup>  Ezequiel Gallo, &quot;Society and Politics, 1880-1916&quot;, en <i>Argentina Since  Independence</i>, ed. Leslie Bethell &#40;Cambridge: Cambridge University Press,  1993&#41;, 79-111.</p>      <p><sup><a href="#s16" name="16">16</a></sup>  Ver Gabriela Nouzeilles and Graciela R. Montaldo, <i>The Argentina Reader </i> &#40;Durham: Duke University Press, 2002&#41;, en especial el cap&iacute;tulo 4.</p>      <p><sup><a href="#s17" name="17">17</a></sup>  Alvaro Fern&aacute;ndez Bravo, &quot;Latinoamericanismo y representaci&oacute;n: iconograf&iacute;as de la  nacionalidad en las exposiciones universales &#40;Par&iacute;s 1889 y 1900&#41;&quot;, en <i>La  ciencia en la Argentina entre siglos: textos, contextos e instituciones</i>, ed.  Marcelo Montserrat &#40;Buenos Aires: Manantial, 2000&#41;, 171-85.</p>      <p><sup><a href="#s18" name="18">18</a></sup>  Luis Alberto Tognetti, &quot;El apoyo de la Academia Nacional de Ciencia&quot;, 34.</p>      <p><sup><a href="#s19" name="19">19</a></sup>  Para poder estudiar una colecci&oacute;n de la correspondencia de Ameghino con otros  paleont&oacute;logos ver los vol&uacute;menes 20- 23 de: Alfredo J. Torcelli, ed., <i>Obras  completas y correspondencia cient&iacute;fca de Florentino Ameghino</i>, 24 vols. &#40;La  Plata: Taller de Impresiones Ofciales, 1913&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s20" name="20">20</a></sup>  Carta de Adolfo Doering a Florentino Ameghino, enero 6, 1882 citado en Alfredo  J. Torcelli, ed., <i>Obras completas y correspondencia cient</i><i>&iacute;fica  de Florentino Ameghino</i>,  v. 20, 225.</p>      <p><sup><a href="#s21" name="21">21</a></sup>  Carta de Estanislao Zeballos a Florentino Ameghino, junio 26, 1882, citado en  Alfredo J. Torcelli, ed., <i>Obras completas y correspondencia cient</i><i>&iacute;fica  de Florentino Ameghino</i>,  v. 20, 277-78.</p>      <p><sup><a href="#s22" name="22">22</a></sup>  Carta de Oscar Doering a Florentino Ameghino, junio 19, 1884, citado en Alfredo  J. Torcelli, ed., <i>Obras completas y correspondencia cient</i><i>&iacute;fica  de Florentino Ameghino</i>,  v. 20, 296.</p>      <p><sup><a href="#s23" name="23">23</a></sup>  Para ver una colecci&oacute;n de la respuesta del p&uacute;blico general a la muerte de  Ameghino ver Alfredo J. Torcelli, ed., <i>Obras completas y correspondencia  cient&iacute;fica de Florentino Ameghino</i>, v. 1, 171-372.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s24" name="24">24</a></sup>  Para ver un estudio de caso particular sobre la formaci&oacute;n de una comunidad  cient&iacute;fica en Am&eacute;rica Latina ver Diana Obreg&oacute;n Torres, <i>Sociedades cient&iacute;ficas  en Colombia: la invenci&oacute;n de una tradici&oacute;n </i>1859-1936 &#40;Bogot&aacute;: Banco de la  Rep&uacute;blica, 1992&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s25" name="25">25</a></sup>  Martin Rudwick ha estudiado el origen del uso de los f&oacute;siles en la  estratigraf&iacute;a. M. J. S. Rudwick, <i> The Great Devonian Controversy: the Shaping of Scientifc Knowledge Among  Gentlemanly Specialists </i>&#40;Chicago: University of Chicago Press, 1985&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s26" name="26">26</a></sup>  J.B. Hatcher, &quot;On the Geology of Southern Patagonia&quot;, <i>American Journal of  Science </i>4 &#40;1897&#41;: 327-54; J.B. Hatcher, &quot;The Titanotherium Beds&quot;, <i> American Naturalist </i>27 &#40;1893&#41;: 204-21; W.B. Scott, &quot;The Mammalia of the  Unita Formation&quot;, <i>Transactions of the American Philosophical Society </i>16  &#40;1890&#41;: 461-504; W.B. Scott, &quot;The Mammalian Fauna of the Santa Cruz Beds of  Patagonia&quot;, <i>Science </i>12 &#40;1900&#41;: 937-940.</p>      <p><sup><a href="#s27" name="27">27</a></sup>  Ver por ejemplo Florentino Ameghino, &quot;Premi&egrave;re Contribution &agrave; la Connaissance de  la Faune Mammalogique des Couches a Pyrotherium&quot;, <i>Bolet&iacute;n del Instituto  Geogr&aacute;fico Argentino </i>15 &#40;1895&#41;: 603-660.</p>      <p><sup><a href="#s28" name="28">28</a></sup>  E.D. Cope, &quot;The Mammalia of the Oligocene of Buenos Ayres&quot;, <i>American  Naturalist </i>19 &#40;1885&#41;: 789-790. La traducci&oacute;n es  m&iacute;a.</p>      <p><sup><a href="#s29" name="29">29</a></sup>  E.D. Cope, &quot;Ameghino on the Extinct Mammalia of Argentina&quot;, <i>American  Naturalist </i>25 &#40;1891&#41;: 725-727.</p>      <p><sup><a href="#s30" name="30">30</a></sup>  &quot;Current notes on Anthropology&quot;, <i>Science </i>19, no. 475 &#40;1892&#41;: 146.</p>      <p><sup><a href="#s31" name="31">31</a></sup>  &quot;Scientifc Notes and News&quot;, <i>Science </i>2, no. 32 &#40;1895&#41;: 158-159.</p>      <p><sup><a href="#s32" name="32">32</a></sup>  E.D. Cope, &quot;Ameghino on the Evolution of Mammalian Teeth&quot;, <i>American  Naturalist </i>30, no. 359 &#40;1896&#41;: 937-941.</p>      <p><sup><a href="#s33" name="33">33</a></sup>  J. B. Hatcher, &quot;Die Conchylien der patagonischen Formation&quot;, <i>Science </i>11,  no. 268 &#40;1900&#41;: 263-266.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s34" name="34">34</a></sup>  R. F. Scharf, &quot;On an Early Tertiary Land-Connection between North America and  South America&quot;, <i>American Naturalist </i>43, no. 513 &#40;1909&#41;: 513-531.</p>      <p><sup><a href="#s35" name="35">35</a></sup>  J.B. Hatcher, <i>Reports of the Princeton University Expeditions to Patagonia,  1896-1899 </i>&#40;Princeton: The University, 1903&#41;, v. 1, 3.</p>      <p><sup><a href="#s36" name="36">36</a></sup>  Ver por ejemplo: Walter LaFeber, <i>The New Empire: an Interpretation of  American Expansion, 1860-1898 </i>&#40;Ithaca: Cornell University Press, 1967&#41;;  William Appleman Williams, The Tragedy of American Diplomacy, 2nd ed. &#40;New York: Dell  Pub. Co., 1972&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s37" name="37">37</a></sup>  Dos estudios recientes sobre las relaciones entre Estados Unidos y Am&eacute;rica  Latina son: Mark T. Gilderhus, &quot;US-Latin American Relations, 1898-1941: A  Historiographical Review&quot;, en <i>A Companion to  American Foreign Relations</i>, ed. Robert D. Schulzinger  &#40;Malden: Blackwell Publishing, 2003&#41;; Darlene Rivas, &quot;United States-Latin  American Relations, 1942-1960&quot;, en <i>A Companion to American Foreign Relations</i>,  ed. Robert D. Schulzinger &#40;Malden: Blackwell Publishing, 2003&#41;. Sobre la guerra  Hispano-Estadounidense y las relaciones entre el Caribe y los Estados Unidos ver  Louis A. P&eacute;rez, <i>Cuba and the United States: Ties of Singular Intimacy </i> &#40;Athens: University of Georgia Press, 1990&#41; y The War of 1898: <i>the United  States and Cuba in History and Historiography </i>&#40;Chapel Hill: University of  North Carolina Press, 1998&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s38" name="38">38</a></sup>  Algunas de las biograf&iacute;as m&aacute;s importantes de Theodore Roosevelt son: H. W.  Brands, T. R.: <i>the Last Romantic </i>&#40;New York: Basic Books, 1997&#41;; Edmund  Morris, <i>Theodore Rex </i>&#40;New York: Random House, 2001&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s39" name="39">39</a></sup>  Camilo Quintero, &quot;La ciencia norteamericana se vuelve global: el Museo Americano  de Historia Natural de Nueva York en Colombia&quot;, <i>Revista de Estudios Sociales </i>31 &#40;2008&#41;: 48-59.</p>      <p><sup><a href="#s40" name="40">40</a></sup>  Para ver una descripci&oacute;n de la historia del debate paleobiogeogr&aacute;fico ver H.  Frankel, &quot;The paleobiogeographical debate over the problem of disjunctively  distributed life forms&quot;, <i>Studies in the History and Philosophy of Science </i> 12, no. 3 &#40;1981&#41;: 211-59.</p>      <p><sup><a href="#s41" name="41">41</a></sup>  W.D. Matthew, &quot;Climate and Evolution&quot;, <i>Annals of the New York Academy of  Sciences </i>24 &#40;1915&#41;: 311.</p>      <p><sup><a href="#s42" name="42">42</a></sup>  T.C. Chamberlin, &quot;A Group of Hypotheses Bearing on Climatic Changes&quot;, <i>Journal  of Geology </i>5 &#40;1897&#41;: 653-683.</p>      <p><sup><a href="#s43" name="43">43</a></sup>  Matthew, &quot;Climate and Evolution&quot;, 308.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s44" name="44">44</a></sup>  Matthew, &quot;Climate and Evolution&quot;, 178, 201.</p>      <p><sup><a href="#s45" name="45">45</a></sup>  Ver George Gaylord Simpson, &quot;Mammals and Land Bridges&quot;, <i>Journal of the  Washington Academy of Sciences </i>30, no. 4 &#40;1940&#41;: 137-63. Joseph Cain y Leo  Laporte han explicado la visi&oacute;n de Simpson sobre la biogeograf&iacute;a y su influencia  en las ideas evolutivas que Simpson desarroll&oacute; en las d&eacute;cadas de 1940 y 1950. Ver Joseph Cain,  &quot;Building a Temporal Biology: Simpson&#39;s Program for Paleontology&quot;, <i>Earth  Sciences History </i>11, no. 1 &#40;1992&#41;: 30-36; Leo Laporte, &quot;Wrong for the Right  Reasons: Simpson and Continental Drift&quot;, en <i>Geologists and Ideas: a History  of North American Geology</i>, ed. Ellen T. Drake and William M. Jordan  &#40;Boulder: Geological Society of America, 1985&#41;, 273-285.</p>      <p><sup><a href="#s46" name="46">46</a></sup>  Simpson, <i>Attending Marvels: a Patagonian Journal</i>, 65.</p>      <p><sup><a href="#s47" name="47">47</a></sup>  Es importante aclarar que el provincialismo de los mam&iacute;feros suramericanos y la  idea de un conflicto violento entre mam&iacute;feros del Norte y del Sur ya hab&iacute;a sido  propuesta por Chamberlin. Ver Thomas C.  Chamberlin, <i>A College Text-book of Geology </i>&#40;New York: H. Holt and  company, 1909&#41;, 842-843. Para un breve an&aacute;lisis de las teor&iacute;as de Chamberlin en  lo referente a las interacciones ambientales ver Gregg Mitman, <i>The State of  Nature: Ecology, Community, and American Social Thought</i>, 1900-1950 &#40;Chicago:  University of Chicago Press, 1992&#41;, 15.</p>      <p><sup><a href="#s48" name="48">48</a></sup>  Simpson, &quot;Mammals and Land Bridges&quot;, 161.</p>  </font>      ]]></body>
</article>
