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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los Herederos del Pasado. Indígenas y pensamiento criollo en Colombia y Venezuela, 2 Vols. Bogotá: Universidad de los Andes - Facultad de Ciencias Sociales - Departamento de Antropología - CESO, 2009, Tomo I: 394 pp.; Tomo II: 336 pp]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p> Langebaek Rueda,  Carl Henrik.    <br> <b><i>Los  Herederos del Pasado. Ind&iacute;genas y pensamiento criollo en Colombia y Venezuela, </i>2 Vols.</b> <b>Bogot&aacute;:  Universidad de los Andes - Facultad de Ciencias Sociales - Departamento de  Antropolog&iacute;a - CESO, 2009, Tomo I: 394 pp.; Tomo II: 336 pp.</b></p>      <p><b> Martha Lux</b>    <br> Psic&oacute;loga  con especializaci&oacute;n en Psicolog&iacute;a Cl&iacute;nica de la Universidad de los Andes,  Bogot&aacute;, Colombia. Mag&iacute;ster en Historia y estudiante del Doctorado en Historia de  la misma universidad. Editora de la revista <i>Historia Cr&iacute;tica </i>del  Departamento de Historia de la Universidad del los Andes. Miembro del grupo de  investigaci&oacute;n <i>Historia Colonial </i>&#40;Categor&iacute;a B en Colciencias&#41;.<a  href="mailto:mlux@uniandes.edu.co">mlux@uniandes.edu.co</a>.</p> <hr size="1">      <p> Los dos tomos que  dan cuenta del trabajo de Carl Langebaek son resultado de una larga  investigaci&oacute;n que tuvo como prop&oacute;sito entender las formas en que los criollos se  han imaginado al indio y su pasado, y c&oacute;mo a partir de esa idea, tanto  colombianos como venezolanos se han representado a s&iacute; mismos y a los otros. La  idea central que atraviesa todo el trabajo tiene que ver con la apropiaci&oacute;n que  el criollo ha hecho del ind&iacute;gena, que m&aacute;s que reflejar su realidad, evidencia la  imagen idealizada que el criollo tiene sobre su propio pasado. En este sentido  el autor se propuso demostrar que el criollo reiteradamente ha pensado su  presente como un residuo del pasado, en donde la realidad y su representaci&oacute;n no  solamente no coinciden entre s&iacute;, sino que el pasado ha sido persistentemente  manipulado como lecci&oacute;n moralizadora desde el presente. Los resultados del  trabajo del investigador Langebaek se reparten en dos vol&uacute;menes que contienen  una introducci&oacute;n, tres grandes cap&iacute;tulos divididos por periodos y finalmente  unas conclusiones. El primer cap&iacute;tulo abarca de la Conquista a la Independencia,  el segundo presenta el siglo XIX, y el tercero el siglo XX y lo que el autor  llama &quot;el elogio de la diversidad&quot;. No obstante esta cronolog&iacute;a, la presentaci&oacute;n  de la informaci&oacute;n no es necesariamente lineal, lo que permiti&oacute; al autor  organizar la evoluci&oacute;n de los procesos que dan cuenta de la representaci&oacute;n que  el criollo ha hecho de s&iacute; mismo, situando oportunamente los elementos que le  permitieron sustentar la hip&oacute;tesis planteada.</p>      <p> Son varios los  aspectos del trabajo <i>Los Herederos del Pasado </i>que merecen ser comentados  y procederemos a referirnos a algunos de ellos. Como soporte te&oacute;rico explicativo  Langebaek utiliz&oacute; la categor&iacute;a de &quot;civilizaci&oacute;n&quot; que le permiti&oacute; abordar los  complejos y contradictorios discursos  sobre el indio y su pasado. A su vez, construcciones sociales como la raza,  permitieron por un lado situar el &quot;salvaje&quot; como un estado anterior a lo  &quot;civilizado&quot;, y por otro, encarnar un pensamiento ut&oacute;pico sobre la condici&oacute;n  humana previa. Adicionalmente, al asumir el autor la civilizaci&oacute;n como proceso,  le confiri&oacute; vigencia hasta el siglo XXI &#40;tomo I, p. 21&#41;. Las nociones de  criollismo e indigenismo en toda su complejidad son consideradas por el  investigador, que en su exploraci&oacute;n revis&oacute; m&uacute;ltiples fuentes a fin de abarcar  tendencias y representantes variados del pensamiento de sus &eacute;pocas. Historias  nacionales, prensa, pasquines, monedas, poes&iacute;a y textos, permitieron mostrar la  representaci&oacute;n del pensamiento criollo sobre el &quot;ellos&quot; y el &quot;nosotros&quot;, y lo  que tiene que ver con la exclusi&oacute;n, que como dice el autor, no se ha producido  s&oacute;lo desde afuera, sino tambi&eacute;n desde adentro, por medio de discursos y  pr&aacute;cticas excluyentes; para un contexto externo entre lo privado y lo p&uacute;blico, y  en un contexto interno, en los discursos de las elites sobre el pueblo.  Langebaek en este sentido se&ntilde;ala c&oacute;mo la exclusi&oacute;n del &quot;otro&quot; no ocurre  necesariamente por medio de pr&aacute;cticas abiertamente excluyentes, sino a partir de  discursos positivos que no se corresponden con la realidad del indio, de su  pasado y de su territorio &#40;tomo I, p. 27&#41;.</p>      <p> Para lograr una  muestra significativa de fuentes, Carl Langebaek consult&oacute; bibliotecas y archivos  colombianos y espa&ntilde;oles. En Espa&ntilde;a, por ejemplo, investig&oacute; en el Jard&iacute;n  Bot&aacute;nico, el Palacio Real, los Museos de Am&eacute;rica y Nacional de Ciencias  Naturales, el Instituto Gonzalo Fern&aacute;ndez de Oviedo del CSIC, la Universidad de  Salamanca y el Archivo General de Indias. En Venezuela, a un nivel menor,  trabaj&oacute; a partir de archivos de universidades y de la colecci&oacute;n Arcaya de la  Biblioteca Nacional en Caracas. Otro aspecto relevante que no queremos pasar por  alto es que el trabajo se public&oacute; en dos tomos de lujo en gran formato, papel  fino y abundancia de im&aacute;genes ilustrativas, pertinentes y adecuadamente ubicadas  que hacen placentera la lectura, adem&aacute;s de servir como fuentes de apoyo tanto  para los entendidos como para los no especialistas. La informaci&oacute;n exhaustiva  que ofrecen los libros y la riqueza de sus im&aacute;genes tiene a su vez la  particularidad de servir al lector que desea realizar consultas puntuales.</p>      <p> En la Introducci&oacute;n  el investigador se&ntilde;ala que el ind&iacute;gena y su pasado &quot;no han sido invisibles&quot;  &#40;tomo I, p. 12&#41;, debido a que el criollo ha necesitado hacer una representaci&oacute;n  positiva del indio como parte del discurso valorativo sobre su identidad y su  pasado. Igualmente nos muestra c&oacute;mo las distintas lecturas que se hacen sobre el  &quot;otro&quot;, el indio, no son el resultado de una cuidadosa reflexi&oacute;n, sino que son  producto de los intereses cambiantes de los criollos. Los resultados de las  investigaciones de la historiadora Rebecca Earle<sup><a    name="s1" href="#1">1</a></sup> van en el mismo  sentido de lo propuesto por Carl Langebaek, cuando a partir de la revisi&oacute;n de  discursos tanto coloniales como decimon&oacute;nicos, de espa&ntilde;oles y criollos, ha  se&ntilde;alado c&oacute;mo &eacute;stos m&aacute;s que describir la realidad de los pueblos prehisp&aacute;nicos  han personificado al individuo de manera positiva y  negativa, de acuerdo a las circunstancias. Lo anterior refleja el lugar asignado  a los ind&iacute;genas por las elites locales, que han preferido valorar de forma  positiva el pasado de estos pueblos mientras desestiman el papel del indio  contempor&aacute;neo, regularmente vistos como problem&aacute;ticos para el Estado.</p>      <p> A su vez se ha  recurrido a los aspectos positivos del ind&iacute;gena para resaltar lo propio como  ant&iacute;tesis de lo extranjero, cuando lo for&aacute;neo se percibe como amenazante. De  esta manera el indio recibe una valoraci&oacute;n positiva, que sirve para distanciarse  de contrincantes nacionales o extranjeros, y una negativa, excluyente de  &quot;pueblo&quot;, que se refiere principalmente al mestizo y al campesino, que por sus  condiciones pueden ser considerados como una amenaza al orden establecido. En  esta l&iacute;nea de ideas la historiadora Margarita Garrido<sup><a    name="s2" href="#2">2</a></sup> ha mostrado  c&oacute;mo el pensamiento criollo ilustrado mantuvo una mirada ambigua del pueblo, de  quienes necesitaban su apoyo legitimador, pero cuya &quot;irracionalidad y  emotividad&quot; era considerada por los ilustrados contraria a su pensamiento. En  este sentido el imaginario criollo, o el criollismo, ha necesitado tanto al  indio &quot;bueno&quot; como al &quot;malo&quot;. El criollismo en su formato colonial, en su  versi&oacute;n republicana, y de los siglos XX en adelante han construido una tradici&oacute;n  hist&oacute;rica de contextos cambiantes, que en ning&uacute;n momento ha tenido como objetivo  la igualdad.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En el cap&iacute;tulo I,  titulado &quot;De la Conquista a la Independencia&quot;, el autor se&ntilde;ala c&oacute;mo desde 1492  tanto europeos como americanos han entendido el Descubrimiento y la Conquista a  partir de sus propios deseos, de sus propias doctrinas, tradiciones, y su propio  mundo conocido. Muestra Langebaek que parte de la ambig&uuml;edad que presentaron los  conquistadores al momento de referirse a las nuevas tierras se debi&oacute; a que por  un lado les conven&iacute;a reclamar dominio sobre territorios considerados valiosos,  al tiempo que exhib&iacute;an sus m&eacute;ritos, pero por el otro no renunciaban a comprender  el Nuevo Mundo a partir de la dicotom&iacute;a civilizaci&oacute;n/barbarie &#40;tomo I, p. 57&#41;.  Si bien se reconoci&oacute; que todas las sociedades ind&iacute;genas no eran iguales -desde  la perspectiva europea y siempre bajo los c&oacute;digos del Viejo Mundo-, se  establecieron distinciones que los llevaron a se&ntilde;alar que unas sociedades  estaban m&aacute;s desarrolladas que otras, algunas escogiendo &quot;formas superiores de  comportamiento humano&quot;, mientras otras manten&iacute;an &quot;los h&aacute;bitos de la bestia&quot;,  pero en su conjunto se trataba de un continente d&eacute;bil, en lo pol&iacute;tico y lo moral  &#40;tomo I, p. 118&#41;. A partir del siglo XVII y XVIII se pasa de la demonizaci&oacute;n del  culto ind&iacute;gena y de sus artesan&iacute;as a su conservaci&oacute;n. Se deja de pensar en el  indio como encarnaci&oacute;n del paganismo y se establece &quot;la raz&oacute;n&quot; como par&aacute;metro de  comparaci&oacute;n y diferenciaci&oacute;n. Con estos presupuestos lo que se les opusiera era  considerado por ellos como un error.</p>      <p> El cap&iacute;tulo II  introduce el siglo XIX y el tema de las razas, con la defensa que hace el  criollo del indio, buscando soportar la posibilidad  de civilizaci&oacute;n, teniendo como base las maravillosas riquezas naturales del pa&iacute;s  &#40;tomo I, p. 222&#41;. Mientras buscaban confirmar en los antepasados muiscas los  valores de la raz&oacute;n humana, la imagen del indio salvaje confirmaba lo perdido en  pos de la civilizaci&oacute;n. Sobre la importancia de la tarea cristianizadora no se  dudaba, pero en aras del esp&iacute;ritu nacionalista era necesario exaltar las  bondades del pueblo muisca, la obediencia a sus jefes y su habilidad como  agricultores y comerciantes. No obstante, una cosa era el pasado y otra el  dilema de su presencia cuando se buscaba alcanzar el ideal de naci&oacute;n ilustrada.  Para estos fines la mezcla de razas comenz&oacute; a formar parte de la ideolog&iacute;a  criolla de mediados de siglo XIX, como una opci&oacute;n que hiciera predominantes los  atributos morales superiores de los blancos sobre la raza pura del indio. Sin  embargo, hab&iacute;a que defender el pasado ind&iacute;gena y su nivel de civilizaci&oacute;n, donde  lo andino era lo civilizado, lo r&uacute;stico correspond&iacute;a a las tierras bajas y la  degradaci&oacute;n del ind&iacute;gena era el resultado de la Conquista &#40;tomo I, pp. 280-288&#41;.  La raza se convirti&oacute; en fuente de explicaci&oacute;n del progreso o atraso, y se hizo  inseparable de las caracter&iacute;sticas intelectuales y morales de los pueblos. Estas  posiciones fueron dando paso hacia finales del siglo XIX a una perspectiva  cultural para explicar la inferioridad del nativo &#40;tomo I, p. 329&#41;. Los alemanes  que estudiaron el pasado ind&iacute;gena desarrollaron la escuela del difusionismo y  buscaron demostrar que la civilizaci&oacute;n era &quot;el resultado de las mezclas, la  difusi&oacute;n y la influencia del medio&quot; &#40;tomo I, p. 360&#41;. Lentamente se fueron  abriendo camino posiciones que defend&iacute;an que cada cultura ten&iacute;a costumbres y  creencias propias, dejando de lado la relaci&oacute;n raza, medio ambiente y cultura, y  la superioridad de unas sobre otras &#40;tomo I, p. 382&#41;.</p>      <p> En relaci&oacute;n al  tercer cap&iacute;tulo, que abarca el siglo XX y que se titula &quot;El siglo XX: de las  razas al elogio de la diversidad&quot;, el autor se&ntilde;ala que el tema de las razas fue  central para que los criollos se imaginaran en relaci&oacute;n a lo externo. Se  desarrollaban argumentos a favor y en contra de los resultados de las mezclas  raciales, pero el deseo colectivo era que prevalecieran las virtudes de cada una  de ellas, se disminuyeran sus defectos y que la mezcla permitiera terminar con  los prejuicios raciales y se impusiera la civilizaci&oacute;n &#40;tomo II, p. 25&#41;. En ese  contexto hace su aparici&oacute;n el sello de &quot;raza latina&quot;.</p>      <p> Se reval&uacute;a la  actitud criolla sobre la Conquista y se considera que los primeros pobladores  hab&iacute;an ayudado a civilizar el suelo colombiano. Se establecen comparaciones con  las razas sajonas del Norte y se revisa constantemente el efecto de las mezclas  en los territorios nacionales, buscando encontrar su &eacute;xito o su decadencia. El  indigenismo no obstante sus &quot;m&uacute;ltiples defectos&quot; pod&iacute;a ser un valioso factor  contra la intromisi&oacute;n extranjera, los muiscas fueron entonces considerados como  un pueblo heroico que desafortunadamente careci&oacute; de un idioma como el espa&ntilde;ol y  de los preceptos cristianos &#40;tomo II, p. 107&#41;. Las inmigraciones extranjeras  generaban debates y temores y  se deb&iacute;an considerar las condiciones &eacute;tnicas y sociales e incluso las  &quot;est&eacute;ticas&quot; &#40;tomo II, pp. 134-138&#41;. Hacia 1930 y desde diferentes perspectivas,  todav&iacute;a continuaba rondando la pregunta sobre las bondades o inconvenientes de  la relaci&oacute;n entre raza, naturaleza y cultura. Mientras el indio del pasado era  el s&iacute;mbolo de una sociedad mejor, el del presente mostraba la perversidad del  sistema capitalista y la opresi&oacute;n &#40;tomo II, p. 205&#41;. A finales del siglo XX y  principios del XXI aparecen las ideas de la multiculturalidad y el discurso de  la diversidad donde la diferencia era la clave para la sobrevivencia &#40;tomo II,  p. 258&#41;. As&iacute;, el mestizaje -no como mezcla racial- como &quot;s&iacute;ntesis de culturas&quot;  continuar&iacute;a motivando y exaltando las pasiones.</p>      <p> Sin que de ninguna  manera tengamos como prop&oacute;sito demeritar los indudables logros del trabajo, y el  valioso an&aacute;lisis que logra Carl Langebaek de la representaci&oacute;n que han hecho los  criollos de los ind&iacute;genas en los diferentes momentos hist&oacute;ricos, es necesario  se&ntilde;alar que nos hubiera gustado contar con unas conclusiones parciales, que  debido a la extensi&oacute;n del trabajo y a la presentaci&oacute;n de tan variada  informaci&oacute;n, recogieran los aspectos principales y sirvieran de pre&aacute;mbulo para  el siguiente cap&iacute;tulo -despu&eacute;s de la profusi&oacute;n de pasajes minuciosos que  describen la percepci&oacute;n sobre el ind&iacute;gena, Am&eacute;rica, la naturaleza y sus  cambiantes representaciones, esenciales todas para establecer las conexiones que  permitieron desarrollar las principales inquietudes planteadas-. Otro punto al  que nos queremos referir es que, si bien el autor justifica el estudio del  pensamiento criollo de Colombia y Venezuela -como una unidad caracterizada al no  ser ni Mesoam&eacute;rica ni Andes centrales-, aclarando que su conocimiento sobre  Venezuela es a&uacute;n fragmentado, s&iacute; extra&ntilde;amos m&aacute;s informaci&oacute;n y an&aacute;lisis sobre el  caso venezolano, y deseamos que en el futuro podamos contar con ideas m&aacute;s  elaboradas sobre este criollismo.</p>      <p> Para concluir  consideramos que las diversas referencias, de varios contextos y momentos  hist&oacute;ricos sobre las civilizaciones del Per&uacute;, M&eacute;xico, Bolivia y Norteam&eacute;rica  -como lugares oportunos para la reflexi&oacute;n sobre el criollo-, enriquecen la  lectura que no se circunscribe a la percepci&oacute;n de quienes han descrito las  civilizaciones y vida cultural de los habitantes del territorio granadino, sino  que a su vez se enmarcan en un debate m&aacute;s amplio sobre Am&eacute;rica, que ha influido  en las apreciaciones ambiguas y cambiantes que se han hecho los criollos. El  autor incluye un pasaje de una carta escrita por Bol&iacute;var en 1813, que  reflexivamente expresa lo que a su entender podr&iacute;a ser el pensamiento ind&iacute;gena  sobre los criollos: &quot;&#91;E&#93;xtranjeros intrusos, que, aunque vengadores de su  sangre, siempre son descendientes de los que aniquilaron su imperio&quot; &#40;tomo I, p.  207&#41;. Dice Carl Langebaek con s&oacute;lidos argumentos que la lectura del indio y su  pasado han pasado siempre por el filtro de las emociones, de forma que las  discusiones sobre temas materiales han retornado una y otra vez al mundo de lo  moral.</p>      <p> A la entrega de  esta rese&ntilde;a nos enteramos que Carl Henrik Langebaek Rueda acaba de recibir de la  Fundaci&oacute;n Alejandro &Aacute;ngel Escobar el m&aacute;s alto galard&oacute;n cient&iacute;fico que se otorga  anualmente a las ciencias en Colombia, en la categor&iacute;a Ciencias Sociales y  Humanas, por el libro que rese&ntilde;amos. Lo felicitamos por este reconocimiento e  invitamos a los lectores a consultar este valioso trabajo.</p>  <hr size="1">       <p><b>Comentarios</b></p>      <p><sup><a href="#s1" name="1">1</a></sup>  Rebecca Earle, &quot;Algunos pensamientos sobre el &#39;indio borracho&#39; en el imaginario  criollo&quot;, <i>Revista de Estudios Sociales </i>29 &#40;abril 2008&#41;: 18-27.</p>      <p><sup><a href="#s2" name="2">2</a></sup>  Margarita Garrido, &quot;Convocando al pueblo, temiendo a la plebe&quot;, <i>Historia y  Espacio </i>V: 14 &#40;junio 1991&#41;: 79-97.</p> </font>     ]]></body>
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