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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA MATERIALIDAD DE LA MEMORIA EN LAS CARTAS QUE NO LLEGARON DE MAURICIO ROSENCOF &#40;URUGUAY, 1930-2000&#41;]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[THE MATERIALITY OF MEMORY IN MAURICIO ROSENCOF&#39;S LAS CARTAS QUE NO LLEGARON &#40;URUGUAY, 1930-2000&#41;]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article examines the way that Uruguayan author Mauricio Rosencof reconstructs family genealogy and self identity in Las cartas que no llegaron. The materiality of memory has an important place in the novel: the superimposed stories take shape through spaces and objects tied to the protagonist&#39;s childhood and the family history. The author employs a double entendre in which referential immediacy is combined with complex, fictionalizing strategies. The latter, corresponding to the three most important elements regarding memory in the novel, are analyzed separately: the family album, the cards, and the word.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font size="4"> <b>LA MATERIALIDAD DE LA MEMORIA EN LAS CARTAS QUE NO LLEGARON DE MAURICIO ROSENCOF    <br>  &#40;URUGUAY, 1930-2000&#41;</b><sup><a   name="s*" href="#*">*</a></sup></font></p>      <p><b> Anna Forn&eacute;</b>    <br> Anna Forn&eacute; se doctor&oacute; por la Universidad de Lund, Suecia, en 2001 con una tesis  sobre la reescritura hipertextual en Son vacas  somos puercos  de Carmen Boullosa. Actualmente tiene un cargo de posdoctorado en la Universidad  de  Gotemburgo,  Suecia, financiado por La Real Academia de Letras, Historia y Antig&uuml;edades. Su  proyecto de investigaci&oacute;n actual trata de la inscripci&oacute;n literaria de las  memorias de la dictadura en el Cono Sur. Tambi&eacute;n dirige junto con la doctora  Rossana Nofal, Universidad Nacional de Tucum&aacute;n/coNicET &#40;Argentina&#41; y el doctor M&aacute;ximo Badar&oacute; conicet/&uuml;sam/idaes  un proyecto internacional sobre &quot;La gravitaci&oacute;n de la memoria: Testimonios  literarios, sociales e institucionales de las dictaduras en el Cono Sur&quot;  financiado por stint  &#40;The Swedish Foundation  for  International Cooperation in Research and Higher Eduacation&#41;. Entre sus  publicaciones recientes se encuentran: &quot;El desdoblamiento de identidades en El  Bataraz de Mauricio Rosencof&quot;, Hipertexto 9 &#40;Invierno 2009&#41;: 95-105, en  <a target="_blank"  href="http://www.utpa.edu/dept/modlang/hipertexto/hiper9Indice.htm"> http://www.utpa.edu/dept/modlang/hipertexto/hiper9Indice.htm</a>;  &quot;Literatura y testimonio en &quot;Punto Estrella&quot; de Mirtha Fern&aacute;ndez Pucurull&quot;, en Caminos de  lectura. Antolog&iacute;a de textos y aproximaciones anal&iacute;ticas al texto literario, ed. Eva L&otilde;fquist  y Victoria  Th&otilde;rnryd  &#40;Lund: Studentlitteratur&#41;, en prensa; &quot;La autoficci&oacute;n testimonial: Oblivion de  Edda Fabbri&quot;, Telar  7, en prensa; y &quot;La escritura de la experiencia carcelaria en el Uruguay  posdictatorial&quot;, Revista de la  Biblioteca Nacional,  Montevideo, Uruguay, en prensa.  <a  href="mailto:anna.forne@gu.se"> anna.forne@gu.se</a>.</p>  <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b></p>      <p> El objetivo del presente trabajo consiste en indagar sobre la reconstrucci&oacute;n de  la genealog&iacute;a familiar y de la identidad propia que realiza el autor uruguayo  Mauricio Rosencof en Las cartas que  no llegaron.  La materialidad de la memoria tiene un lugar destacado en la novela; las  historias sobrepuestas se configuran con base en espacios y objetos vinculados  con la infancia del  protagonista  adem&aacute;s de la historia familiar. En la novela se instala un juego doble en el que  la inmediatez referencial se combina con unas estrategias de ficcionalizaci&oacute;n  complejas analizadas en tres partes, correspondientes a las piezas  memorial&iacute;sticas m&aacute;s importantes en la novela: el &aacute;lbum de familia, las cartas y  la palabra.</p>      <p><b>PALABRAS CLAVE</b>    <br> Uruguay,  dictadura, memoria, identidad, literatura.</p>  <hr size="1">     <p align="center" ><font size="3"> <b>THE MATERIALITY  OF MEMORY IN MAURICIO ROSENCOF&#39;S LAS CARTAS QUE NO LLEGARON    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  &#40;URUGUAY,  1930-2000&#41;</b></font></p>      <p><b>ABSTRACT</b></p>      <p> This article examines the way that Uruguayan author Mauricio Rosencof  reconstructs family genealogy and self identity in Las cartas que  no llegaron. The materiality of memory has an important place in the novel: the superimposed  stories take shape through spaces and objects tied to the protagonist&#39;s  childhood and the family history. The author employs a double entendre in which  referential immediacy is combined with complex, fictionalizing strategies. The  latter, corresponding to the three most important elements regarding memory in  the novel, are analyzed separately: the family album, the cards, and the word.</p>      <p><b>KEY WORDS</b>    <br> Uruguay,  dictatorship, memory, identity, literature.</p>       <p> Art&iacute;culo recibido:  30  de julio de  2009;  aprobado:  15  de diciembre de  2009;  modificado:  13  de enero de  2010.</p> <hr size="1">       <p> En Uruguay, a diferencia del caso argentino, la vuelta a la democracia se  caracterizaba por un silencio oficialmente instalado con respecto a los cr&iacute;menes  de lesa humanidad cometidos durante la &uacute;ltima dictadura c&iacute;vico-militar  &#40;1973-1985&#41;. En forma de una reacci&oacute;n contra la ausencia de medidas jur&iacute;dicas  naci&oacute; la prosa carcelaria, un g&eacute;nero literario que se form&oacute; como un efecto  secundario del encarcelamiento masivo y prolongado de presos pol&iacute;ticos que  distingui&oacute; a la dictadura uruguaya. Las primeras expresiones del g&eacute;nero se  configuraron seg&uacute;n el protocolo desarrollado en Am&eacute;rica Latina en relaci&oacute;n con  la pol&iacute;tica cultural de la Revoluci&oacute;n Cubana, la novela testimonial o  novela-testimonio,  institucionalizada en 1970 cuando la Casa de las  Am&eacute;ricas  instal&oacute; un premio literario para la categor&iacute;a  testimonio.  En l&iacute;neas generales, el g&eacute;nero en su forma  fundacional  se caracteriza por priorizar la funcionalidad de la prosa como un espejo  ver&iacute;dico de una realidad, representada de manera inmediata. En el Uruguay de la posdictadura el g&eacute;nero  inicialmente lleg&oacute; a cumplir la funci&oacute;n que el testimonio jur&iacute;dico podr&iacute;a haber  hecho en el caso de haberse iniciado un proceso legal contra los  responsables de los cr&iacute;menes de lesa humanidad. Por lo tanto, la narraci&oacute;n de la  prosa carcelaria inicial se organiz&oacute; de tal manera que las experiencias  personales podr&iacute;an leerse como una evidencia objetivamente comprobable<sup><a   name="s1" href="#1">1</a></sup>  Con el tiempo y el desplazamiento de los  l&iacute;mites de lo decible<sup><a   name="s2" href="#2">2</a></sup>,  se hizo posible  reformular  y  reconfigurar  las experiencias y las memorias de la c&aacute;rcel con un toque m&aacute;s personal y con  base en un repertorio narrativo m&aacute;s amplio.</p>      <p> En calidad de uno de los l&iacute;deres de la organizaci&oacute;n guerrillera  mln-t  &#40;Tupamaros&#41;<sup><a   name="s3" href="#3">3</a></sup>, Mauricio Rosencof, junto con ocho presos m&aacute;s, fue  declarado reh&eacute;n de la dictadura en 1973 y bajo amenazas constantes pas&oacute; doce  a&ntilde;os aislado en diferentes calabozos, pozos y celdas de los cuarteles uruguayos.  En su prosa escrita en la &eacute;poca posdictatorial Rosencof retorna una y otra vez a  sus memorias de los tiempos de la dictadura que pas&oacute; encarcelado en condiciones  extremadamente duras<sup><a   name="s4" href="#4">4</a></sup> En 1987 public&oacute; junto con Eleuterio Fern&aacute;ndez  Huidobro, otro de los rehenes, el testimonio  Memorias del calabozo.  En esta narraci&oacute;n dialogada, los autores no solamente testimonian sobre las  condiciones inhumanas a las que fueron sometidos durante doce a&ntilde;os de  aislamiento en los calabozos de los cuarteles militares del Uruguay, sino que  tambi&eacute;n narran acerca de las diferentes cosas que les permitieron sobrevivir en  medio de la eternidad del abandono y la banalidad del mal. En uno de los  apartados iniciales de  Memorias del calabozo,  &quot;Las leyes de la irrealidad&quot;, Rosencof y Fern&aacute;ndez Huidobro describen c&oacute;mo el  silencio total y la oscuridad de los ba&uacute;les de los veh&iacute;culos en los que fueron  transportados, o el fr&iacute;o y la soledad de los calabozos, convirtieron el espacio  reducido en un lugar irreal e ilusorio en el que se borraron los l&iacute;mites  temporales.  En di&aacute;logo con Rosencof, Fern&aacute;ndez Huidobro cuenta que:</p>  <ul> &quot;En las condiciones en que nosotros est&aacute;bamos, comenzamos a introducirnos, sin  saberlo a&uacute;n, en el universo en el cual vamos a vivir: un universo que est&aacute;  construido por nuestra propia imaginaci&oacute;n y nuestros propios c&aacute;lculos. Si es  real o no es real, no importa mucho. Operaba como si fuera real&quot;<sup><a   name="s5" href="#5">5</a></sup>    </ul>      <p> Es en estos mundos alternativos de la imaginaci&oacute;n donde Mauricio Rosencof, como  tantos otros presos, busca refugio cuando la realidad llega a ser insoportable.  En algunas ocasiones la b&uacute;squeda es consciente; en otras, es una consecuencia  de las dur&iacute;simas condiciones f&iacute;sicas y ps&iacute;quicas que obligan a los presos a  entrar en mundos paralelos imaginarios.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En el momento de la publicaci&oacute;n de  Memorias del calabozo,  prevalece  la funcionalidad del texto como testimonio. Por tanto, los autores solamente  mencionan la existencia e importancia de los mundos alternativos de la  imaginaci&oacute;n, poniendo el acento en la descripci&oacute;n de los espacios concretos,  los acontecimientos, los hechos y los verdugos. Mientras que Fern&aacute;ndez Huidobro  sigue cultivando la prosa documental en textos como por ejemplo  Historia de los Tupamaros  &#40;1986-87&#41;,  La tregua armada  &#40;1987&#41; o  La fuga de Punta Carretas  &#40;1990&#41;, Mauricio Rosencof abandona el g&eacute;nero testimonial despu&eacute;s de la  publicaci&oacute;n de  Memorias del calabozo<sup><a   name="s6" href="#6">6</a></sup>  En cambio, recurre a la ficci&oacute;n y al poema en prosa con el fin de  reconfigurar  sus memorias del calabozo, con un &eacute;nfasis especial en los aspectos que no caben  en el marco del testimonio documental. El hipotexto de estas narraciones de  ficci&oacute;n es el testimonio dado en  Memorias del calabozo,  que de diferentes maneras se integra y se reescribe en las tres obras de Rosencof. &Eacute;stas podr&iacute;an agruparse bajo el concepto de la  serie carcelaria:  las novelas  El bataraz  &#40;1997&#41; y  Las cartas que no llegaron  &#40;2000&#41;, y el poema en prosa  Conversaciones con la alpargata  &#40;1989&#41;.</p>      <p> En trabajos anteriores analic&eacute; c&oacute;mo algunas estrategias narrativas tomo el  desdoblamiento y la animalizaci&oacute;n del narradorprotagonista se emplean en El Bataraz,  con el fin de representar los mundos alternativos a los que recurren los presos  de los calabozos de la dictadura<sup><a   name="s7" href="#7">7</a></sup> En este trabajo estudiar&eacute; la  materialidad de la memoria en otra de las f&aacute;bulas carcelarias de Mauricio  Rosencof,  Las cartas que no llegaron.  Partir&eacute; de la hip&oacute;tesis de que esta obra presenta un nuevo tipo de testimonio  literario, de  car&aacute;cter autoficcional, que con base en un acercamiento personal, creativo e imaginativo  a las evidencias hist&oacute;ricas transgrede los alcances convencionales tanto de la  novela testimonial como de la autobiograf&iacute;a, instal&aacute;ndose narrativamente a  caballo entre la referencia y la imaginaci&oacute;n y entre la verificabilidad y la  creatividad. En esta novela Mauricio Rosencof intenta reinterpretar y reelaborar  los sentidos del pasado, reconstruyendo la genealog&iacute;a familiar a partir de un  inventario de los restos materiales de la familia jud&iacute;a exterminada en los  campos de concentraci&oacute;n nazis, empresa iniciada en la soledad de los calabozos  de la dictadura uruguaya. En funci&oacute;n de la realizaci&oacute;n de la resignificaci&oacute;n y  revaloraci&oacute;n de los sentidos del pasado, se instala en la escritura de la  memoria un juego doble en el que la inmediatez referencial de las evidencias  materiales se combina con unas estrategias de ficcionalizaci&oacute;n complejas, que  se analizar&aacute;n en tres partes, correspondientes a las piezas memorial&iacute;sticas m&aacute;s  importantes en la novela: el &aacute;lbum de familia, las cartas y la palabra.</p>       <p><b>     <br> 1. La maternidad e la memoria</b></p>      <p> En  Las cartas que no llegaron  los relatos superpuestos, que se desarrollan en diferentes tiempos y espacios,  se configuran con base en sitios y objetos vinculados con la infancia del  protagonista y con la historia familiar que el narrador &#40;id&eacute;ntico al  protagonista&#41; revisita o inventa, con el fin de recomponer la genealog&iacute;a  familiar. En este sentido, emplear&eacute; el concepto de  la materialidad de la  memoria.  Es decir, la b&uacute;squeda identitaria relatada en la novela ancla en las evidencias  materiales para enmendar el vac&iacute;o memorial&iacute;stico, consecuencia de una historia  familiar fracturada y causa de un vac&iacute;o identitario. Tanto en los casos en que  la reconstrucci&oacute;n arraiga en un objeto tangible y real, como cuando faltan las  evidencias materiales, la instancia narrativa recurre a las estrategias  recreadoras de la ficci&oacute;n y reconstruye la historia familiar en b&uacute;squeda de la  identidad propia. La b&uacute;squeda identitaria narrada en  Las cartas que no llegaron,  por tanto, se realiza como una arqueolog&iacute;a de los objetos perdidos y de los  lugares abandonados, que al ubicarse podr&iacute;an permitir una reconexi&oacute;n con el  pasado familiar y una resignificaci&oacute;n de la historia e identidad propias. El  relato de este viaje se inicia en los calabozos de la dictadura uruguaya<sup><a   name="s8" href="#8">8</a></sup>  y se teje a&ntilde;os m&aacute;s tarde en una habitaci&oacute;n con ventana como un homenaje a los  padres:</p>  <ul> &quot;Y estas son las cartas, mi Viejo, que te quise escribir desde donde escribir no  se pod&iacute;a, y que te escribo hoy, mi Viejo, desde donde s&iacute; puedo, junto a una  ventana que durante tantas eternidades no tuve, con vista a un patio, peque&ntilde;o,  de entre casa, donde se mezclan los racimos de glicinas, y estallan los jazmines  del cielo y los del pa&iacute;s aroman, y pienso en mam&aacute;, su patio de las mil  macetas...&quot;<sup><a   name="s9" href="#9">9</a></sup>    </ul>      <p> El punto de partida de Pierre Nora, al introducir el concepto de  lieux de m&eacute;moire  o  sitios de memoria,  es que actualmente se habla tanto de la memoria porque queda tan poco de ella;  ya no existen los verdaderos ambientes o entornos de memoria  &#40;milieux de m&eacute;moire&#41;,  desvanecidos  como consecuencia de las alteraciones de los modos de vida y el cambio de los  n&uacute;cleos de transmisi&oacute;n memorial&iacute;stica tradicionales<sup><a   name="s10" href="#10">10</a></sup> Esta  transformaci&oacute;n en los modos de concebir y pensar el pasado se&ntilde;alada por Nora  conlleva una distinci&oacute;n entre la memoria verdadera &mdash;vivida&mdash;, de car&aacute;cter social  y espont&aacute;neo, y la  historia,  producto de una pr&aacute;ctica intelectual de reconstruir, organizar y representar las  huellas del pasado: &quot;Con la aparici&oacute;n de la huella, de la mediaci&oacute;n, de la  distancia, no estamos en el reino de la  memoria  verdadera sino de la historia&quot;<sup><a   name="s11" href="#11">11</a></sup> A continuaci&oacute;n Nora sostiene que la  memoria es material y espacial, a diferencia de la historia que es temporal y  relacional:  &quot;La memoria arraiga en lo concreto, en espacios, gestos, im&aacute;genes y objetos; la  historia se vincula estrictamente con las continuidades temporales, las  progresiones y las relaciones entre cosas&quot;<sup><a   name="s12" href="#12">12</a></sup> En consecuencia, los  sitios de memoria de los tiempos modernos emergen como una suerte de  compensaci&oacute;n por la p&eacute;rdida de la memoria espont&aacute;nea, y a causa de su car&aacute;cter  archiv&iacute;stico la reconstituci&oacute;n de la memoria depende de la materialidad de la  huella y de la visibilidad de la imagen<sup><a   name="s13" href="#13">13</a></sup> Adem&aacute;s, apunta Nora, este  pasaje de la memoria a la historia ha llevado a que cada grupo social necesite  redefinir  su identidad a trav&eacute;s de la revitalizaci&oacute;n de su propia historia, de buscar sus  or&iacute;genes y la identidad propia<sup><a   name="s14" href="#14">14</a></sup> Sin embargo, la distancia y la  fragmentariedad convierten el proceso de reconstituir el pasado en un acto de  representaci&oacute;n, en el sentido original de la palabra seg&uacute;n Nora<sup><a   name="s15" href="#15">15</a></sup>  Esta reconstrucci&oacute;n representacional del pasado, anclada en las huellas  materiales del archivo y de la imagen, al fin y al cabo, es la expresi&oacute;n de una  b&uacute;squeda identitaria: &quot;&#91;...&#93; es diferencia lo que buscamos, y en la imagen de  esta diferencia, el espect&aacute;culo ef&iacute;mero de una identidad irrecuperable. Ya no es  g&eacute;nesis lo que buscamos sino el desciframiento de lo que somos a la luz de lo  que ya no somos&quot;<sup><a   name="s16" href="#16">16</a></sup></p>      <p> En  Las cartas que no llegaron,  como veremos, la reconstituci&oacute;n de la memoria  propia  y de la genealog&iacute;a familiar depende, por un lado, de la materialidad de la  huella y de la visibilidad de la imagen. Por otro lado, es la inversi&oacute;n afectiva  y creativa que complementa y completa el proceso de representaci&oacute;n, iniciada en  el momento en que la reconstrucci&oacute;n intelectual de la historia fracasa a causa  de la fragmentariedad de las evidencias hist&oacute;ricas materiales. De hecho, el  sentido etimol&oacute;gico de representaci&oacute;n es la acci&oacute;n y efecto de representar, y  el de representar, evocar algo que la imaginaci&oacute;n retiene. El vocablo de  representaci&oacute;n adem&aacute;s connota el hacer presente algo  o  sustituir a la realidad por medio de una figura, una imagen o una idea<sup><a   name="s17" href="#17">17</a></sup>  Recordemos que seg&uacute;n la hip&oacute;tesis, a partir de un acercamiento personal,  creativo e imaginativo a las evidencias hist&oacute;ricas, esta novela transgrede los  alcances gen&eacute;ricos convencionales por medio de una combinaci&oacute;n representacional  de los documentos archiv&iacute;stivos y los residuos de la memoria &mdash;imaginarios e  imaginados&mdash;, rescatados a partir de la labor arqueol&oacute;gica configurada en la  novela a trav&eacute;s de las partes memorial&iacute;sticas del &aacute;lbum de familia, las cartas y  la palabra, que demuestran un grado decreciente de materialidad concreta,  compensada por la ficcionalizaci&oacute;n mediante la imaginaci&oacute;n.</p>      <p> A prop&oacute;sito de la relaci&oacute;n entre un lugar y su sentido, Nora acent&uacute;a la  importancia de la carga simb&oacute;lica para que un sitio se convierta en un  lieu de m&eacute;moire:  &quot;Hasta un sitio puramente material, como un archivo, se convierte en un  lieu de m&eacute;moire  solamente si la imaginaci&oacute;n lo inviste de un aura simb&oacute;lica&quot;<sup><a   name="s18" href="#18">18</a></sup>, o  sea, el prop&oacute;sito fundamental de los sitios de memoria es materializar lo  inmaterial e inmortalizar la muerte. En este sentido, la b&uacute;squeda emprendida y  representada por Mauricio Rosencof en  Las cartas que no llegaron  podr&iacute;a leerse como un viaje heur&iacute;stico que inviste de sentidos tanto las  evidencias del archivo, como los silencios del pasado gracias al poder de la  imaginaci&oacute;n. Como ha advertido Andreas Huyssen, entre otros, hoy en d&iacute;a con el  reconocimiento de la laguna semi&oacute;tica entre la realidad y su representaci&oacute;n,  tambi&eacute;n es preciso admitir una variedad de posibilidades representacionales de  lo real y de sus memorias<sup><a   name="s19" href="#19">19</a></sup></p>       <p><b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 2.  E</b><b>l  &aacute;lbum de familia</b></p>      <p> La materialidad de la memoria tiene un lugar destacado en las historias que se  superponen en forma de un palimpsesto en  Las cartas que no llegaron.  Es el protagonista quien desde el calabozo intenta reconstruir su identidad con  base en objetos, personajes y espacios vinculados con su propia infancia en  Montevideo, adem&aacute;s de la historia de los descendientes jud&iacute;os en Polonia, desde  el tiempo antes de que sus padres  emigraran  hasta el exterminio unos pocos a&ntilde;os despu&eacute;s. Puesto que el protagonista no tiene  un idioma en com&uacute;n con sus propios padres ni con sus familiares polacos, y  asimismo carece de una memoria geneal&oacute;gica debido a los muchos silencios  familiares, ser&aacute; en la materialidad de la memoria &mdash;lugares, nombres, palabras  espec&iacute;ficas, cartas y fotos&mdash; donde anclar&aacute; su b&uacute;squeda identitaria.</p>      <p> La historia contada en  Las cartas que no llegaron  empieza y termina en el espacio maternal, la cocina y el patio de la casa  montevideana donde la madre de Moishe crea un mundo cerrado de memorias,  anal&oacute;gico a la caja de zapatos donde guarda las fotos de los familiares  aniquilados en los campos de exterminio nazis. A este espacio cerrado regresa  Moishe/Mauricio &mdash;imaginativamente&mdash; en su aislamiento carcelario en un intento  por conectar el tiempo y el espacio en la b&uacute;squeda de una identidad a la cual  aferrarse para resistir las tentativas de los militares por quebrarlo. El  espacio de la madre es el nutritivo; all&iacute; se cuidan las plantas del patio, all&iacute;  se preparan los platos tradicionales y all&iacute; se preserva la memoria material de  la familia perdida y del hijo fallecido, el hermano mayor de Moishe.</p>      <p> En la primera parte de la novela, &quot;D&iacute;as de barrio y guerra&quot;, el Moishe narra su  infancia en el Montevideo de los a&ntilde;os treinta y cuarenta, una historia que  circula alrededor del espacio cerrado de la madre, en cuya cocina se leen los  domingos las cartas que el padre recibe de su hermana del gueto y del campo de  concentraci&oacute;n polacos. Estas cartas se encuentran incorporadas en el relato,  pero permanece encubierto si son reales o ficticias. Estos escritos ap&oacute;crifos,  en la encrucijada de lo fabulado y lo aut&eacute;ntico, llegan a tener una funci&oacute;n  significativa en la reconstrucci&oacute;n de la identidad propia representada en la  novela.</p>      <p> En el recinto cerrado de la madre, el objeto-espacio m&aacute;s  significativo  es la caja de zapatos que contiene sus memorias de Polonia.</p>      <p> En la caja, que saca de vez en cuando para mostr&aacute;rsela a Moishe, est&aacute;n las fotos  de su madre y sus hermanas que quedaron en Polonia:</p>  <ul> &quot;Mi madre tiene una pila de fotos as&iacute; de grandes en una caja de zapatos. Las  cajas son para guardar cosas. En las cajas hay de todo. Y mi mam&aacute;, en la caja de  zapatos tiene a las hermanas de ella, a la m&aacute;mele, que es la mam&aacute; de ella, de mi  mam&aacute;; y mi mam&aacute; me llama, y con un dedo dice: &#39;Esta es Irene y esta es Anna, que  tiene dos ni&ntilde;os&#39;&mdash;pero que en la foto no hay nadie&mdash;, &#39;y que son como vos&#39;; y  &#39;&iquest;por qu&eacute; no vienen?&#39;; y mi mam&aacute;, &#39;&iquest;y c&oacute;mo van a venir?&#39; &#91;...&#93;&quot;<sup><a   name="s20" href="#20">20</a></sup>    </ul>      <p> La inserci&oacute;n de un &aacute;lbum de fotos al final de la novela como un detalle concreto  en forma de fotograf&iacute;as archiv&iacute;sticas de los propios familiares de Mauricio  Rosencof, adem&aacute;s de su instalaci&oacute;n como un elemento narrativo, es un repertorio  art&iacute;stico que en el contexto posdictatorial del Cono Sur se asocia con la  circulaci&oacute;n de las fotos de los desaparecidos en las acciones de aparici&oacute;n con  vida iniciadas por las madres de Plaza de Mayo. En la m&uacute;ltiple contextualidad de Las cartas que no llegaron,  esta instalaci&oacute;n adem&aacute;s se inscribe en la b&uacute;squeda identitaria de los hijos de  los sobrevivientes del Holocausto, pues como se&ntilde;ala Nora con respecto a la  reconstrucci&oacute;n representacional del pasado arraigada en el archivo y la imagen,  se trata de la expresi&oacute;n de una b&uacute;squeda identitaria t&iacute;pica de la  contemporaneidad cuando carecen las memorias vividas y espont&aacute;neas<sup><a   name="s21" href="#21">21</a></sup>  Podr&iacute;amos a&ntilde;adir, junto con Andreas Huyssen, que m&aacute;s all&aacute; del  marketing  de la memoria de la industria cultural occidental, en algunas partes del mundo  como por ejemplo en las sociedades posdictatoriales del Cono Sur, la cultura de  la memoria tiene una carga pol&iacute;tica acentuada e involucra debates sobre los  Derechos Humanos, la justicia y la responsabilidad colectiva, lo cual tiene  implicaciones  importantes  a la hora de interpretar los trabajos de la memoria<sup><a   name="s22" href="#22">22</a></sup></p>      <p> En este sentido, el concepto de  posmemoria  de Marianne Hirsch resulta  particularmente  revelador a la hora de pensar las materialidades de la memoria en forma de  im&aacute;genes en  Las cartas que no llegaron.  En  Family Frames: Photography, Narrative, and Postmemory  Hirsch  destaca  la complejidad de la interpretaci&oacute;n de las fotos de &aacute;lbum de parientes que han  pasado por los campos de concentraci&oacute;n; por un lado las im&aacute;genes de &aacute;lbum en s&iacute;  no se&ntilde;alan esta conexi&oacute;n, y por otro lado producen una carga simb&oacute;lica fuerte en  el contexto presente: &quot;&#91;...&#93; un mensaje tan sencillo, y al mismo tiempo, tan  cargado de sentido que parece suplicar por una narraci&oacute;n y por un oyente, por  una historia de un sobreviviente&quot;<sup><a   name="s23" href="#23">23</a></sup> Hirsch subraya la presencia  simult&aacute;nea de vida y muerte en los retratos fotogr&aacute;ficos, resultado de su  naturaleza ind&eacute;xica; es el contexto de lectura  y  no el contenido lo que determina el significado, ya que el espectador reemplaza  o complementa lo que la imagen omite. En este sentido Hirsch establece una  distinci&oacute;n entre el pasado y el futuro, entre padres e hijos, entre la memoria  del sobreviviente y la posmemoria de los hijos de los sobrevivientes. La  posmemoria se distingue de la memoria por una diferencia generacional y de la  historia por una conexi&oacute;n personal. En el caso de la posmemoria, destaca Hirsch,  la conexi&oacute;n con el objeto o la fuente es la inversi&oacute;n imaginativa y la creaci&oacute;n<sup><a   name="s24" href="#24">24</a></sup></p>      <p> En  Las cartas que no llegaron  Rosencof dibuja una ficci&oacute;n sobre s&iacute; mismo, una autoficci&oacute;n en la que las  im&aacute;genes en forma de retratos de un &aacute;lbum de familia se&ntilde;alan motivos cotidianos  que sin embargo se inscriben en una historia familiar de persecuci&oacute;n, prisi&oacute;n,  sufrimiento y muerte. Esta genealog&iacute;a de motivos familiares inscritos en una  historia colectiva de partidas constituye la configuraci&oacute;n narrativa de la  identidad fragmentada de Moishe. Solamente es por medio de la creaci&oacute;n  imaginativa que es posible acceder a las memorias familiares, y a trav&eacute;s de  ellas a constituir la identidad propia. La novela puede leerse como una  reconstrucci&oacute;n de qui&eacute;n podr&iacute;a haber sido, dirigida hacia el futuro y las  generaciones venideras; la dedicatoria es a la nieta de Rosencof: &quot;Esta palabras  son para tu naciente memoria, In&eacute;s, eslaboncito &uacute;ltimo rielado de sonrisas,  hijita de la hija y de todas estas sangres. EL ABUELO&quot;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Las cartas que no llegaron  se inscribe en el campo narrativo que Leonor Arfuch ha denominado el  espacio biogr&aacute;fico,  en el cual la subjetividad &iacute;ntima se representa m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites  gen&eacute;ricos establecidos, en un juego doble en el que la inmediatez  referencial  se combina con distintas estrategias de ficcionalizaci&oacute;n. En el espacio  biogr&aacute;fico es imposible equivocarse de la intenci&oacute;n de trazar huellas  autobiogr&aacute;ficas, si bien &eacute;stas se proyectan de modo ambiguo<sup><a   name="s25" href="#25">25</a></sup> Para  Arfuch la referencialidad inmediata del &aacute;lbum de fotos enlaza el mundo visual de  la temprana infancia y la fase preverbal de las memorias infantiles, una suerte  de topograf&iacute;a interna de memorias  desconectadas,  propensas a despertar delante del material cotidiano del &aacute;lbum de fotos<sup><a   name="s26" href="#26">26</a></sup>  En el contexto hist&oacute;rico en el que se abre el &aacute;lbum de Rosencof, se trasmite  quiz&aacute;s ante todo una imagen de la intrusi&oacute;n violenta en la esfera privada, &quot;una  fractura irreparable de las genealog&iacute;as que no se salda con el paso del tiempo y  las generaciones&quot;<sup><a   name="s27" href="#27">27</a></sup> Tambi&eacute;n Marianne Hirsch se&ntilde;ala al respecto:</p>  <ul> &quot;Las fotograf&iacute;as con su conexi&oacute;n &quot;umbilical&quot; perdurable a la vida son  precisamente el medio que conecta la primera y de la segunda generaci&oacute;n, la  memoria y la posmemoria. Son los sobrantes, las fuentes fragmentarias y los  bloques constructivos, acribillados, de la labor de la posmemoria. Afirman la  existencia del pasado y, en su bidimensionalidad plana, se&ntilde;alan su distancia  infrangible&quot;<sup><a   name="s28" href="#28">28</a></sup>    </ul>      <p > El &aacute;lbum de fotos en el contexto posmemorial evocado en  Las cartas que no llegaron  evidencia la fragmentariedad y tortuosidad de una genealog&iacute;a truncada y alejada,  reconstruida imaginariamente por medio de la ficcionalizaci&oacute;n de las memorias  familiares. Por medio de la materialidad de los pedazos y huellas sobrantes es  posible conectar con y recrear el pasado, una labor que sin embargo depende de  la imaginaci&oacute;n, puesto que &eacute;sta le permite al narrador-protagonista tejer una  narraci&oacute;n del pasado en los espacios de una historia fracturada, y a partir de  all&iacute; tambi&eacute;n tramar una autoficci&oacute;n.</p>      <p > En sus trabajos sobre la producci&oacute;n social de identidades en situaciones l&iacute;mite,  Michel Pollak ha demostrado que la necesidad de narrar sobre una experiencia  extrema est&aacute; vinculada no solamente al acto de testimoniar, sino tambi&eacute;n al  deseo y a la necesidad de reestablecer los lazos sociales, de recuperar la  comunidad emocional perdida a causa de las experiencias y los acontecimientos  monstruosos. Los registros testimoniales m&aacute;s formalizados e institucionalizados  como el judicial y el hist&oacute;rico no dan cabida a una representaci&oacute;n plena de la  experiencia traum&aacute;tica por excluir de sus protocolos representacionales las  facetas individuales e &iacute;ntimas de la experiencia traum&aacute;tica, lo que &quot;toca a la  identidad de una persona&quot;<sup><a   name="s29" href="#29">29</a></sup> La narraci&oacute;n emotiva de las experiencias  l&iacute;mite, por tanto, se articula m&aacute;s all&aacute; del registro testimonial, adoptando  repertorios narrativos diversos.</p>      <p > En su an&aacute;lisis de  Atravesando la noche. 79 sue&ntilde;os y testimonio acerca del genocidio  de Andrea Su&aacute;rez C&oacute;rica, Miguel Dalmaroni destaca la importancia de la mezcla  de g&eacute;neros en la formaci&oacute;n de sentidos nuevos e imprevistos, resultados de un  proceso que desengancha del ideario revolucionario del patr&oacute;n testimonial para  inscribir en el marco de estas narrativas las historias biogr&aacute;ficas &iacute;ntimas, sin  llegar a reducir la significaci&oacute;n colectiva del relato:</p>  <ul> &quot;&#91;...&#93; esa plasticidad que abre el g&eacute;nero a una construcci&oacute;n no prevista de  sentidos que puede deberse a varios factores, pero uno que resulta decisivo est&aacute;  en la intervenci&oacute;n inevitable de las biograf&iacute;as privadas, de la esfera de la m&aacute;s  rec&oacute;ndita intimidad, en un relato de extrema significaci&oacute;n colectiva&quot;<sup><a   name="s30" href="#30">30</a></sup>    </ul>      <p > Seg&uacute;n Dalmaroni, se usan los mismos materiales que los testimonios y los  discursos pol&iacute;ticos pero en vez de presentar una versi&oacute;n coherente, reproductora  de &quot;los sentidos rituales de un discurso heredado&quot;<sup><a   name="s31" href="#31">31</a></sup>, ofrecen a base  de la voz narrativa subjetiva un discurso de significados inacabados e  inestables, sin llegar a renunciar la propia posici&oacute;n pol&iacute;tica e ideol&oacute;gica  clara.</p>      <p > En la obra de Mauricio Rosencof no es hasta un decenio despu&eacute;s de la ca&iacute;da de la  dictadura, y despu&eacute;s de haber publicado un testimonio y varios ensayos sobre sus  experiencias carcelarias, que el autor puede acercarse en el disfraz de la  ficci&oacute;n a las dimensiones m&aacute;s personales e &iacute;ntimas de sus experiencias. En Las cartas que no llegaron  se representa la historia familiar de persecuci&oacute;n, partidas, sufrimientos y  muerte que constituyen su identidad y que definen sus lazos emotivos. En el  espacio biogr&aacute;fico se pueden representar los aspectos &iacute;ntimos en el acto ambiguo  en el que la ficcionalizaci&oacute;n sirve para restituir y narrar un relato  autobiogr&aacute;fico con marcas referenciales &mdash;materiales&mdash; evidentes. Por medio de la  imaginaci&oacute;n y con el fin de reconstituir una historia perdida a trav&eacute;s de sus  objetos, se formula un relato complejo en la frontera entre lo factual y lo  ficcional.</p>       <p ><b>     <br> 3. </b><b> Las Cartas</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > Por medio de las cartas imaginarias que los familiares escriben en el gueto y en  Treblinka, fabuladas en la primera parte de la novela, y las cartas &quot;reales&quot;, en  forma de un sustituto de las conversaciones nunca tenidas con el padre, Mauricio  intenta unir el tiempo y el espacio, el entonces y el ahora, en la b&uacute;squeda de  una identidad la que confiar a su nieta. &quot;El silencio es el verdadero crimen de  lesa humanidad&quot; dice la t&iacute;a/hermana que escribe las cartas que no llegaron<sup><a   name="s32" href="#32">32</a></sup>  Con el fin de espiar este crimen ajeno, Rosencof en un intento por revisar la  memoria de los perdidos, ficcionaliza la genealog&iacute;a familiar y la memoria  colectiva de los miles de inmigrantes al Cono Sur que escaparon de las c&aacute;maras  de la muerte de la Alemania nazi, para una generaci&oacute;n posterior perder a sus  hijos en las m&aacute;quinas de horror de las dictaduras. Las cartas imaginarias de  Treblinka son el eco de los gritos que emanan de los galpones del campo de  concentraci&oacute;n, y m&aacute;s tarde de los cuarteles y c&aacute;rceles de las dictaduras:  &quot;Es la forma, tal vez la &uacute;nica, que tiene un hombre de dejar una huella, de  decir a los dem&aacute;s c&oacute;mo vivi&oacute; y muri&oacute;. Con sus gritos hace valer su derecho a la  vida, env&iacute;a un mensaje al mundo exterior pidiendo ayuda y exigiendo resistencia.  Si ya no queda nada, uno debe gritar&quot;<sup><a   name="s33" href="#33">33</a></sup></p>      <p > El grito desvanece y las cartas no llegan m&aacute;s, cuando la hermana y sus  compa&ntilde;eras reciben un jab&oacute;n en el que ven la inscripci&oacute;n que hace que lo &uacute;nico  que queda es rezar el  Kadish,  el rezo jud&iacute;o en memoria los muertos. Es hasta este momento que vuelve Mauricio  Rosencof cuando en su reconstrucci&oacute;n de la genealog&iacute;a familiar por medio de la  imaginaci&oacute;n formula las cartas que no llegaron. Tiempo y espacio, entonces y  ahora se unen en las cartas de Treblinka, las voces silenciadas del campo de  concentraci&oacute;n se enlazan con las del narrador preso:</p>  <ul> &quot;Estas cartas nunca te van a llegar, Isaac. 0 te van a llegar cuando ya no  estemos, y entonces ser&aacute; para nosotros una forma de estar. Tal vez estas cartas  las escriban otros. Que Moishe sepa que tambi&eacute;n son nuestras, para que sepa qu&eacute;  fue de sus t&iacute;os, de sus primos, de sus abuelos. Queremos formar parte de su  memoria, Isaac&quot;<sup><a   name="s34" href="#34">34</a></sup>    </ul>      <p > El grito que le llega a Mauricio en el calabozo le hace iniciar el viaje al  pasado, en b&uacute;squeda de las palabras perdidas en el camino. Los silencios de la  infancia y palabras extraviadas, vestigio de la confusi&oacute;n de lenguas de la  inmigraci&oacute;n y la incapacidad de los padres de nombrar las experiencias, es lo  que impela a Rosencof a recorrer el camino de vuelta no solamente a la infancia,  que en el horror del calabozo parece ser el para&iacute;so perdido<sup><a   name="s35" href="#35">35</a></sup>, sino  adem&aacute;s todo el camino hacia la historia de la familia polaca, una traves&iacute;a que  lleva a cabo tanto por la palabra escrita y la imaginaci&oacute;n, como en forma de un  viaje a Polonia en busca de las huellas materiales de la familia  exterminada.  En Varsovia busca el apellido de la familia en la gu&iacute;a telef&oacute;nica, en las  vitrinas de Auschwitz rastrea una valija con el apellido de la familia, un pelo  perteneciente a un miembro de la familia, o una brocha de afeitar:</p>  <ul> &quot;&#91;...&#93; afirm&eacute; los pies en la tierra maldita bendecida por tantos que la  anduvieron, y entr&eacute; a mirar y leer me-ti-cu-lo-sa-men-te valija por valija &#91;...&#93;  eran valijas y valijas estibadas con el nombre al frente, una pir&aacute;mide de  valijas que hab&iacute;an llegado a destino, pap&aacute;, mir&aacute; qu&eacute; destino, y te lo juro,  Viejo, las mir&eacute; una por una, una por una, y nada, all&iacute; no estaban, all&iacute; no  est&aacute;bamos, ni en esa gu&iacute;a, mi viejo, est&aacute;bamos vos y yo&quot;<sup><a   name="s36" href="#36">36</a></sup>    </ul>      <p > El &uacute;nico rastro concreto que encuentra es la similitud entre la forma de la  apertura  de las c&aacute;maras de gas y la de la plancha que su madre trajo de Polonia a  Uruguay. El destino final es el pueblo, Belzitse, donde el padre trabajaba de  sastre. All&iacute; tampoco nadie quiere reconocer la existencia de la familia  Rosencof. Cuando todas las huellas materiales, menos la caja de fotos de la  madre, han sido  exterminadas,  resta la reconstrucci&oacute;n ficticia que en  Las cartas que no llegaron  encuentran su forma en el g&eacute;nero epistolar. Al abrir  imaginariamente  la caja de zapatos de la madre y fabular las cartas de la historia final de los  familiares a partir de la concreticidad de las fotos, el narrador reconstruye  por medio de la imaginaci&oacute;n la genealog&iacute;a familiar y su propia identidad. &quot;&#91;...&#93;  la fantas&iacute;a, &iquest;sabes?, es la &uacute;nica cualidad humana que no est&aacute; sujeta a las  miserias de la realidad&quot;, dice la hermana que cartea desde Treblinka<sup><a   name="s37" href="#37">37</a></sup></p>      <p > Al iniciar la reconstrucci&oacute;n en la infancia, la etapa de la vida en que la  identidad se forma con ellenguaje, Rosencof repone en el molde de la autoficci&oacute;n  la genealog&iacute;a familiar, tal como podr&iacute;a haber sido: &quot;&#91;...&#93; experimentar  significa necesariamente volver a acceder a infancia como patria tracedental de  la historia&quot;, dice Agamben en  Infancia e historia<sup><a   name="s38" href="#38">38</a></sup>  En este sentido  Las cartas que no llegaron  es, como se&ntilde;ala Victoria Daona, un  libro bisagra  que intenta rellenar las lagunas de una historia marcada por la violencia de los  reg&iacute;menes totalitarios, en contrapunto con la felicidad cotidiana e inocente de  la infancia<sup><a   name="s39" href="#39">39</a></sup> Daona destaca las cartas como la frontera que marca el  l&iacute;mite entre lo interior y lo exterior, lo propio y lo ajeno; solamente por  medio de la ficcionalizaci&oacute;n del pasado desconocido este l&iacute;mite puede  fracturarse y traspasarse. El l&iacute;mite entre lo interior y lo exterior no  solamente consiste en el concreto de las paredes carcelarias, sino que tambi&eacute;n  tiene una dimensi&oacute;n imaginaria en el tiempo y en el espacio. En tanto que el  &aacute;lbum de fotos quiz&aacute;s es el cronotopo m&aacute;s completo y reconocible de nuestra  identidad familiar<sup><a   name="s40" href="#40">40</a></sup>, parece que el cronotopo de la novela es m&aacute;s  complejo en su reconstrucci&oacute;n de lo que ha sido a partir de las palabras  ausentes de los protagonistas<sup><a   name="s41" href="#41">41</a></sup></p>      <p > En correspondencia con el padre Rosencof intenta reconstruir la genealog&iacute;a  familiar, la memoria colectiva y su propia identidad. &quot;&iquest;Por qu&eacute; hablamos tan  poco?&quot;<sup><a   name="s42" href="#42">42</a></sup>, Mauricio le pregunta al padre desde la c&aacute;rcel haci&eacute;ndole  saber lo poco que acuerda, lo poco que sabe, &quot;quiero m&aacute;s memorias&quot;<sup><a   name="s43" href="#43">43</a></sup>,    dice. El deseo, la petici&oacute;n de memorias los formula Mauricio desde la celda de    dos por tres metros que durante doce a&ntilde;os va a constituir su espacio real. En    estas circunstancias empieza a tejer la historia familiar y le pide al padre que    comparta sus memorias, palabras e im&aacute;genes de la vida en Polonia.    A posteriori    recompone el tejido en un cuarto con ventana, en el cual piensa su padre al    contarle    que viaj&oacute; a Polonia siguiendo sus huellas, pero que regres&oacute; a Montevideo con las    manos vac&iacute;as y el coraz&oacute;n espeso<sup><a   name="s44" href="#44">44</a></sup> Solamente es por medio de las    palabras del padre, y gracias a la imaginaci&oacute;n, como es posible recomponer la    historia familiar: &quot;Creo, pap&aacute;, que te escribo para escribirme. Me escribo como  si me hablara.&quot;<sup><a   name="s45" href="#45">45</a></sup></p>     <p >   En la novela la lectura de las cartas tiene un car&aacute;cter ritual<sup><a   name="s46" href="#46">46</a></sup>,    asimismo la insistencia de la madre en que Moishe aprenda los nombres de los    familiares que aparecen en las fotos de la caja de zapatos. Cuando cesan de    llegar las cartas que el padre sol&iacute;a leer en la mesa de la cocina los domingos,    las manos vac&iacute;as del cartero llegan a simbolizar el vac&iacute;o y el silencio que se    instala en el espacio maternal de la cocina. Para llenar la laguna Moishe adulto    &#40;Mauricio&#41; fabula las cartas que no llegaron desde el silencio del calabozo. De    esta manera se forma el cronotopo de la novela a partir de la palabra ausente,  recreada de un vac&iacute;o en un espacio cerrado de otro tiempo.</p>       <p ><b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 4. </b><b> La palabra</b></p>      <p > La tercera y &uacute;ltima parte de la novela, &quot;D&iacute;as sin tiempo&quot;, circula en torno a la  palabra m&aacute;gica e incomprensible. Por medio de la palabra una parte de la  genealog&iacute;a familiar se reconstruye, pues por medio de aquella el protagonista  finalmente llega a su padre, m&aacute;s all&aacute; de los silencios familiares.</p>      <p > La familia Rosencof no solamente carece de un sitio en com&uacute;n, sino tambi&eacute;n de un  idioma compartido. Moishe no puede comunicarse bien con sus padres porque no  habla yiddish. En  Las cartas que no llegaron  los medios de comunicaci&oacute;n de la madre son materiales, las memorias trasmitidas  por la madre enlazan lo inmediato de la visualidad de la fotograf&iacute;a con un ciclo  preverbal de olores, sabores, visiones y experiencias t&aacute;ctiles, evocados por  Mauricio cuando en Varsovia siente el olor de la cocina de la madre al pasar por  una panader&iacute;a. El lenguaje del padre, por otra parte, se relaciona con lo  inmaterial, lo que inevitablemente se pierde cuando se silencian las memorias y  las experiencias en la mesa de la cocina montevideana. Como demuestra Giorgio  Agamben, la experiencia est&aacute; fuertemente relacionada con la manifestaci&oacute;n  ling&uuml;&iacute;stica, y los  primeros  acercamientos a la lengua se realizan en la infancia, y es durante &eacute;sta cuando  tiene lugar por primera vez el descubrimiento trascendental de la diferencia  entre  langue  y  parole.  Por eso, sostiene Agamben, Babel &#40;la salida de la lengua pura y paradis&iacute;aca y la  entrada en el balbuceo infantil&#41; es el origen trascendental de la historia. Por  eso tambi&eacute;n es necesario volver a la infancia para poder experimentar, alcanzar  la historia<sup><a   name="s47" href="#47">47</a></sup> En  Las cartas que no llegaron,  es durante los d&iacute;as sin tiempo en la c&aacute;rcel cuando el narrador alcanza la  palabra y puede, a partir de ella, recomponer la historia. El cap&iacute;tulo se inicia  con las palabras: &quot;Lo que no recuerdo es la palabra. Era una sola palabra y no  la recuerdo. Al despertar s&iacute;. Cuando despert&eacute; ten&iacute;a la palabra que jam&aacute;s hab&iacute;a  o&iacute;do, dicha en un idioma ins&oacute;lito, inexistente, alguna lengua muerta, antigua,  qu&eacute; s&eacute; yo&quot;<sup><a   name="s48" href="#48">48</a></sup></p>      <p > La palabra que escucha el protagonista es la palabra que marca el inicio de la  genealog&iacute;a familiar, una historia que &quot;no es literatura, aunque nada, nadie me  obliga compele, exige la fidelidad de los hechos que, por lo general, una vez  narrados, pierden fidelidad&quot;<sup><a   name="s49" href="#49">49</a></sup> A partir de esta palabra originaria  la novela pone en evidencia el doble juego narrativo que re&uacute;ne documento  y  ficci&oacute;n en un contrapunto de palabras enlazadas, si bien independientes. En este  movimiento en el espacio biogr&aacute;fico es posible reconstituir la genealog&iacute;a  familiar gracias a la fuerza de la palabra y la magia de la ficci&oacute;n.</p>      <p > La palabra que percibe Moishe en su aislamiento nunca la logra pronunciar, si  bien despierta con la convicci&oacute;n de que la palabra la pronunci&oacute; el padre y a  pesar de no poderla repetir, capta el significado. En el espacio reducido del  calabozo Moishe inicia las conversaciones imaginarias con el padre, que derivan  en la recreaci&oacute;n ficcionalizada de la genealog&iacute;a familiar y de la propia  identidad. La palabra que percibe Moishe es el &quot;&aacute;brete s&eacute;samo&quot;<sup><a   name="s50" href="#50">50</a></sup> de  su reconstrucci&oacute;n de la memoria, y por medio de la palabra finalmente se  encuentran padre e hijo, m&aacute;s all&aacute; de las fronteras de los muros carcelarios;  por medio de la palabra Moishe puede volver a la experiencia y la historia:  &quot;Todas las palabras tienen sortilegio; algunas, misterio&quot;<sup><a   name="s51" href="#51">51</a></sup></p>       <p ><b>     <br> Conclusiones</b></p>      <p > En  Las cartas que no llegaron,  la reconstrucci&oacute;n de la memoria y la recreaci&oacute;n de una identidad propia ancla en  las materialidades de la memoria. Las fotos  guardadas  de los familiares exterminados en los campos de concentraci&oacute;n producen una  diseminaci&oacute;n compleja de significados, desapercibidos por el ni&ntilde;o narrador pero  recuperados por el narrador-protagonista adulto desde los calabozos de la  dictadura uruguaya. A partir de una conexi&oacute;n creativa con los residuos  materiales fragmentarios el narrador-protagonista de  Las cartas que no llegaron  empieza a armar la memoria geneal&oacute;gica de su familia jud&iacute;a-polaca. Esta  reconstrucci&oacute;n se instala en el espacio biogr&aacute;fico, en el que la ambig&uuml;edad  creada por la combinaci&oacute;n inesperada de la subjetividad y la referencialidad  crea nuevos sentidos imprevistos. En este  sentido,  la novela estudiada transgrede los alcances convencionales tanto de la novela  testimonial como de la autobiograf&iacute;a, al instalarse narrativamente entre la  referencia  y la imaginaci&oacute;n y entre la verificabilidad y la creatividad. Esta  reconstrucci&oacute;n de la genealog&iacute;a familiar, de car&aacute;cter autoficcional en su  expresi&oacute;n de b&uacute;squeda identitaria, se inicia evocando, tanto narrativa como  visualmente, las piezas memorial&iacute;sticas m&aacute;s concretas a las que tiene acceso el  narrador: las fotos de los familiares exterminados en Polonia. La falta de otras  huellas materiales, evidenciada en el viaje realizado en busca de posibles  trazos de los familiares polacos, obliga al narrador-protagonista a recurrir a  la imaginaci&oacute;n para poder recrear la historia. De esta manera la historia tejida  en  Las cartas que no llegaron  conlleva una resignificaci&oacute;n de los sentidos del pasado, configurados en forma  de cartas ap&oacute;crifas, imaginadas para traer a la memoria la  historia  familiar con el in de encontrar la identidad propia.</p>  <hr size="1">       <p><b>Comentarios</b></p>      <p><sup><a href="#s*"  name="*">*</a></sup>  El art&iacute;culo es el resultado del proyecto de investigaci&oacute;n &quot;En la frontera entre  el documento y la ficci&oacute;n. Testimonios de las &uacute;ltimas dictaduras militares en  Argentina y Uruguay&quot;, que ha tenido el apoyo de La Real Academia de Letras,  Historia y Antig&uuml;edades, Suecia, y el proyecto de intercambio &quot;La gravitaci&oacute;n  de la memoria: testimonios literarios, sociales e institucionales de las  dictaduras en el Cono Sur&quot;, financiado por el programa International Grants for  Younger  Researchers  de The Swedish Foundation for International Cooperation in Research and Higher  Education.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s1"  name="1">1</a></sup>  A prop&oacute;sito de los testimonios que constitu&iacute;an la base evidencial durante los  juicios contra los comandantes en Argentina en 1985, Elizabeth Jelin ha se&ntilde;alado  que las circunstancias de enunciaci&oacute;n conllevaron a que el testimoniante se  viera obligado a transformar en evidencia las experiencias, las emociones y las  ideolog&iacute;as, de modo que tuvieran aprobaci&oacute;n como declaraci&oacute;n legal. Elizabeth  Jelin, &quot;Los derechos humanos entre el Estado y la sociedad&quot;, en  Nueva historia argentina. Tomo 10. Dictadura y democracia &#40;1975-2001&#41;,  ed. Juan Soriano &#40;Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 2005&#41;, 541-542.</p>      <p><sup><a href="#s2"  name="2">2</a></sup>  Michel Pollak,  Memoria, olvido, silencio. La producci&oacute;n social de identidades frente a  situaciones l&iacute;mite  &#40;La Plata: Ediciones Al Margen, 2006&#41;, 55.</p>      <p><sup><a href="#s3"  name="3">3</a></sup>  Movimiento de Liberaci&oacute;n Nacional, fue la guerrilla urbana activa en  Uruguay  en los a&ntilde;os sesenta y setenta. El actual presidente electo del Uruguay, Jos&eacute;  Mujica, fue uno de los l&iacute;deres del movimiento y uno de los rehenes de la  dictadura.</p>      <p><sup><a href="#s4"  name="4">4</a></sup>  Rosencof fue un dramaturgo reconocido antes de caer preso. En tiempos  posdictatoriales adem&aacute;s ha escrito obras teatrales que podr&iacute;an leerse como  expresiones de las experiencias carcelarias, como por ejemplo  El saco de Antonio  &#40;1985&#41; y  El combate del establo  &#40;1985&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s5"  name="5">5</a></sup>  Eleuterio Fern&aacute;ndez Huidobro y Mauricio Rosencof,  Memorias del calabozo  &#40;Montevideo: Banda  Oriental,  2005&#41;, 15-16.</p>      <p><sup><a href="#s6"  name="6">6</a></sup> Maur&iacute;cio Rosencof  tambi&eacute;n tiene una producci&oacute;n period&iacute;stica-ensay&iacute;st&iacute;ca importante. Algunos  textos est&aacute;n  compilados  en  Las agujas del tiempo  &#40;Montevideo: Aguilar, 2003&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s7"  name="7">7</a></sup>  Anna Forn&eacute;, &quot;El testimonio en quiebra: Repertorios  narrativos  y l&oacute;gicas discursivas en  El Bataraz  de Mauricio Rosencof&quot;, en  Actas de las V Jornadas Nacionales &quot;Espacio, Memoria e Identidad&quot;  &#40;Rosario: Universidad Nacional de Rosario, 2009&#41;; &quot;El desdoblamiento de  identidades en  El Bataraz  de Mauricio Rosencof&quot;,  Hipertexto  9 &#40;invierno 2009&#41;: 95-105.</p>      <p><sup><a href="#s8"  name="8">8</a></sup> &quot;Y fue en el retorno al interminable territorio de dos por uno del calabozo,  que comenzaron mis conversaciones con pap&aacute;&quot;. Mauricio Rosencof,  Las cartas que no llegaron  &#40;Buenos Aires: Suma de Letras,  2005&#41;, 112.</p>      <p><sup><a href="#s9"  name="9">9</a></sup>  Mauricio Rosencof,  Las cartas,  87.</p>      <p><sup><a href="#s10"  name="10">10</a></sup>  Pierre Nora, &quot;Between Memory and History: Les Lieux de M&eacute;moire&quot;,  Representations  26 &#40;Primavera 1989&#41;: 7.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s11"  name="11">11</a></sup>  &quot;With the appearance of the trace, of mediation, of distance, we are not in the  realm of true memory but of history&quot;. Pierre Nora,  Between Memory and History,  8. &#40;La traducci&oacute;n es m&iacute;a&#41;</p>      <p><sup><a href="#s12"  name="12">12</a></sup>  &quot;Memory takes root in the concrete, in spaces, gestures, images, and objects;  history binds itself strictly to temporal continuities, to progressions and to  relations between things&quot;. Pierre  Nora,  Between  Memory and History, 9. &#40;La  traducci&oacute;n  es  m&iacute;a&#41;</p>      <p><sup><a href="#s13"  name="13">13</a></sup>  Pierre Nora,  Between Memory and History,  13.</p>      <p><sup><a href="#s14"  name="14">14</a></sup>  Pierre Nora,  Between Memory and History,  15.</p>      <p><sup><a href="#s15"  name="15">15</a></sup>  Pierre Nora,  Between Memory and History,  17.</p>      <p><sup><a href="#s16"  name="16">16</a></sup>  &quot;&#91;...&#93; it is difference that we are seeking, and in the image of this  difference, the ephemeral spectacle of an unrecoverable identity. It is no  longer genesis that we seek but instead the decipherment of what we are in the  light of what we are no longer&quot;. Pierre  Nora,  Between  Memory and History, 18.  &#40;La traducci&oacute;n es m&iacute;a&#41;</p>      <p><sup><a href="#s17"  name="17">17</a></sup> Diccionario  de la  Real Academia Espa&ntilde;ola.  Vig&eacute;sima segunda edici&oacute;n.  <a target="_blank"  href="http://buscon.rae.es/drael/"> http://buscon.rae.es/drael/</a>.</p>      <p><sup><a href="#s18"  name="18">18</a></sup>  &quot;Even a purely material site, like an archive, becomes  a  lieu de m&eacute;moire  only if the imagination invests it with a symbolic aura&quot;Pierre Nora  Between  Memory  and History,  19. &#40;La  traducci&oacute;n  es  m&iacute;a. Subrayado  en el original&#41;</p>      <p><sup><a href="#s19"  name="19">19</a></sup>  Andreas Huyssen,  Present Pasts. Urban Palimpsests and the Politics of Memory  &#40;Stanford: Stanford University Press, 2003&#41;, 19.</p>      <p><sup><a href="#s20"  name="20">20</a></sup> Mauricio Rosencof, Las  cartas,  23.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s21"  name="21">21</a></sup>  Pierre  Nora,  Between Memory and History,  18.</p>      <p><sup><a href="#s22"  name="22">22</a></sup> Andreas Huyssen,  Present pasts,  15.</p>      <p><sup><a href="#s23"  name="23">23</a></sup>  &quot;&#91;...&#93;  a message so simple and, at the same time, so overlaid with meaning that it  seems to beg for a narrative and for a listener, for a survivor&#39;s tale&quot;.  Marianne  Hirsch,  Family Frames: Photography, Narrative, and  Postmemory  &#40;Cambridge: Harvard UP,  1997&#41;, 19.  &#40;La traducci&oacute;n es m&iacute;a&#41;</p>      <p><sup><a href="#s24"  name="24">24</a></sup>  Marianne Hirsch,  Family  Frames,  20-22.</p>      <p><sup><a href="#s25"  name="25">25</a></sup> Leonor Arfuch,  Cr&iacute;tica cultural entre pol&iacute;tica y po&eacute;tica  &#40;Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica,  2007&#41;, 45.</p>      <p><sup><a href="#s26"  name="26">26</a></sup> Leonor Arfuch,  Cr&iacute;tica cultural,  50.</p>      <p><sup><a href="#s27"  name="27">27</a></sup> Leonor Arfuch,  Cr&iacute;tica cultural,  53.</p>      <p><sup><a href="#s28"  name="28">28</a></sup>  Photographs in their enduring &#39;umbilical&#39; connection to life are precisely the  medium connecting first-and second generation, memory and postmemory. They are  the leftovers, the fragmentary sources and building blocks, shot through with  holes, of the work of postmemory. They affirm the past&#39;s existence and, in their  flat two-dimensionality, they signal its unbridgeable distance&quot;. Marianne  Hirsch,  Family  Frames, 23. &#40;La  traducci&oacute;n  es  m&iacute;a&#41;</p>      <p><sup><a href="#s29"  name="29">29</a></sup>  Michel Pollak,  Memoria, olvido, 104.</p>      <p><sup><a href="#s30"  name="30">30</a></sup>  Miguel Dalmaroni,  La  palabrajusta.  Literatura, cr&iacute;tica y memoria en la Argentina  1960-2002.  &#40;Santiago de Chile:  ril  editores,  2004&#41;, 119.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s31"  name="31">31</a></sup> Miguel Dalmaroni,  La palabra justa, 121.</p>      <p><sup><a href="#s32"  name="32">32</a></sup>  Mauricio Rosencof,  Las cartas,  29.</p>      <p><sup><a href="#s33"  name="33">33</a></sup>  Mauricio Rosencof,  Las cartas,  29.</p>      <p><sup><a href="#s34"  name="34">34</a></sup> Mauricio Rosencof, Las  cartas,  39.</p>      <p><sup><a href="#s35"  name="35">35</a></sup> Ruben  A. Chababo, &quot;Las casas de la memoria&quot;, en  Memoria y Representaci&oacute;n. Configuraciones culturales y literarias en el  imaginario jud&iacute;o latinoamericano,  ed. Ariana  Huberman y Alejandro Meter. &#40;Rosario: Beatriz  Viterbo,  2006&#41;, 79.</p>      <p><sup><a href="#s36"  name="36">36</a></sup> Mauricio Rosencof,  Las cartas,  103.</p>      <p><sup><a href="#s37"  name="37">37</a></sup> Mauricio Rosencof, Las  cartas,  40.</p>      <p><sup><a href="#s38"  name="38">38</a></sup> Giorgio Agamben.  1978.  Infancia  e  historia.  &#40;Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora,  2007&#41;, 74.</p>      <p><sup><a href="#s39"  name="39">39</a></sup> Victoria Daona, &quot;Testimonio y Literatura: La escritura de Mauricio Rosencof&quot;  &#40;Tesis de licenciatura en Letras, Universidad Nacional de Tucum&aacute;n,  2009&#41;, 95.</p>      <p><sup><a href="#s40"  name="40">40</a></sup> Leonor Arfuch,  Cr&iacute;tica cultural,  47.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s41"  name="41">41</a></sup> Victoria Daona,  Testimonio y  literatura,  97.</p>      <p><sup><a href="#s42"  name="42">42</a></sup> Mauricio Rosencof,  Las cartas,  62.</p>      <p><sup><a href="#s43"  name="43">43</a></sup> Mauricio Rosencof,  Las cartas,  62.</p>      <p><sup><a href="#s44"  name="44">44</a></sup>  Mauricio Rosencof,  Las cartas,  89.</p>      <p><sup><a href="#s45"  name="45">45</a></sup>  Mauricio Rosencof,  Las cartas,  89.</p>      <p><sup><a href="#s46"  name="46">46</a></sup>  Victoria Daona,  Testimonio y  literatura,  99.</p>      <p><sup><a href="#s47"  name="47">47</a></sup>  G&iacute;or&iacute;gio  Agamben,  Infancia  e  historia,  73.</p>      <p><sup><a href="#s48"  name="48">48</a></sup>  Mauricio Rosencof,  Las  cartas,  107.</p>      <p><sup><a href="#s49"  name="49">49</a></sup>  Mauricio Rosencof,  Las cartas,  108.</p>      <p><sup><a href="#s50"  name="50">50</a></sup> Mauricio Rosencof,  Las cartas, 108, 120.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s51"  name="51">51</a></sup> Mauricio Rosencof,  Las cartas, 120.</p>   <hr size="1">      <p><b>Referencias</b></p>      <p ><b> Fuentes Primarias</b></p>      <!-- ref --><p > Fern&aacute;ndez Huidobro, Eleuterio y Mauricio Rosencof.  Memorias del calabozo.  Montevideo: Banda Oriental,  2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-1617201000010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p > Rosencof, Mauricio.  Las cartas que no llegaron.  Buenos Aires: Suma de Letras,  2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-1617201000010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b> Fuentes secundarias</b></p>      <!-- ref --><p> Agamben, Giorgio.  Infancia  e  historia.  Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora,  2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-1617201000010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Arfuch, Leonor.  Cr&iacute;tica cultural entre pol&iacute;tica y po&eacute;tica.  Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-1617201000010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Chababo,  Ruben  A. &quot;Las casas de la memoria&quot;. En  Memoria y Representaci&oacute;n. Configuraciones culturales y literarias en el  imaginario jud&iacute;o latinoamericano,  editado  por Ariana  Huberman y Alejandro Meter. Rosario: Beatriz  Viterbo,  2006, 79-89.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-1617201000010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Dalmaroni, Miguel.  La palabra justa. Literatura, cr&iacute;tica y memoria en la Argentina  1960-2002. Santiago de Chile:  RIL  editores,  2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-1617201000010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Daona, Victoria. &quot;Testimonio y Literatura: La escritura de Mauricio Rosencof&quot;.  Tesis de licenciatura en Letras. Universidad Nacional de Tucum&aacute;n,  2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-1617201000010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Forn&eacute;,  Anna.  &quot;El testimonio en quiebra: Repertorios narrativos y l&oacute;gicas discursivas en El Bataraz  de Mauricio Rosencof&quot;. En  Actas  de las  V¡ornadas Nacionales &quot;Espacio, Memoria  e  Identidad&quot; Rosario: Universidad Nacional de Rosario,  2009,  sin paginar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-1617201000010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Forn&eacute;,  Anna.  &quot;El desdoblamiento de identidades en  El Bataraz  de Mauricio Rosencof&quot;.  Hipertexto 9  &#40;invierno  2009&#41;: 95-105.  Disponible en  <a target="_blank"  href="http://www.utpa.edu/dept/modlang/hipertexto/hiper9Indice.htm"> http://www.utpa.edu/dept/modlang/hipertexto/hiper9Indice.htm</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-1617201000010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Hirsch,  Marianne.  Family  Frames: Photography, Narrative,  and  Postmemory.  Cambridge: Harvard  UP, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-1617201000010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Huyssen, Andreas.  Present Pasts.  Urban  Palimpsests and The Politics of Memory.  Stanford: Stanford  University  Press,  2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-1617201000010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Jelin,  Elizabeth.  &quot;Los derechos humanos entre el Estado y la sociedad&quot;. En  Nueva historia argentina. Tomo  10.  Dictadura y democracia  &#40;1975-2001&#41;,  editado  por  juan  Soriano.  Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 2005, 507-557.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-1617201000010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Nora, Pierre. &quot;Between Memory and History: Les Lieux de M&eacute;moire&quot;.  Representations  26 &#40;Primavera  1989&#41;: 7-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-1617201000010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Pollak,  Michel.  Memoria, olvido, silencio. La producci&oacute;n social de identidades frente a  situaciones l&iacute;mite.  La Plata: Ediciones Al Margen, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-1617201000010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Rosencof, Mauricio.  Las agujas del tiempo.  Montevideo: Aguilar, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-1617201000010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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