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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[HERIDAS EN LA MEMORIA: LA GUERRA CIVIL SALVADOREÑA EN EL RECUERDO DE NIÑEZ DE UN PANDILLERO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyzes the childhood memory of a gang member who grew up, from the mid-1970s through the 1980s, in the middle of El Salvador&#39;s civil war. Hector, the pseudonym I gave him, was a guerillero, soldier, emigrant, and also, when he became a teenager, a gang member. His story reflects a large number of historical processes. The aim of this article is to analyze this simultaneity of processes as a totality present in the life story of this person. To do so, I present Hector&#39;s testimony, framed in the context of the civil war. Then I use various concepts &#40;like memory, violence, and institutionalization&#41; to understand the story within the network of social relations in El Salvador.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font size="4"><b>HERIDAS EN LA MEMORIA: LA GUERRA CIVIL SALVADORE&Ntilde;A EN EL RECUERDO DE NI&Ntilde;EZ DE UN PANDILLERO</b></font><sup><a   name="s*" href="#*">*</a></sup></p>      <p><b>  Mario Z&uacute;&ntilde;iga N&uacute;&ntilde;ez</b>    <br> Antrop&oacute;logo  por la  Universidad  de Costa Rica  &#40;ucr&#41; y  Maestro  en Ciencias Sociales  por  flacso, Guatemala,  El Salvador  y Costa  Rica. Candidato a  doctor en el programa de Estudios  de la  Sociedad y la Cultura  de la  ucr.  Investigador  del  Departamento Ecum&eacute;nico  de  Investigaciones &#40;dei&#41;,  del  Instituto de  Investigaciones Sociales  &#40;iis&#41;  y Profesor del la Escuela  de Antropologa &#40;ucr&#41;,  Costa Rica.  Trabaja temas relacionados  con  violencia, econom&iacute;a, subjetividad y juventud. Como producto de investigaciones  public&oacute;:  Cartograf&iacute;a de  otros mundos posibles: el rock y reggae costarricense seg&uacute;n sus met&aacute;foras &#40;Costa Rica: euna,  2006&#41;;  &quot;Las dos familias: la sustituci&oacute;n de las relaciones primarias en tres relatos de  vida de miembros de pandillas salvadore&ntilde;as&quot;,  Revista  Digital de la maestr&iacute;a en Ciencias Penales de la Universidad de Costa Rica 1 &#40;2009&#41;: 307-356, disponible en  <a target="_blank"  href="http://www.revistacienciaspenales.ucr.ac.cr/images/articulos/1_2009/simposio/jovenes_y_violencia/Mario%20Zuniga%20Nunez.pdf"> http://www.revistacienciaspenales.ucr.ac.cr/images/articulos/1_2009/simposio/jovenes_y_violencia/Mario%20Zuniga%20Nunez.pdf</a>,  y &quot;Las &quot;maras&quot; salvadore&ntilde;as como problema de investigaci&oacute;n para las Ciencias  Sociales&quot;,  Anuario de  Estudios Centroamericanos &#40;2010&#41;,  en prensa.  <a  href="mailto:zn.mario@gmail.com"> zn.mario@gmail.com</a>.</p>  <hr size="1">      <p><b>RESUMEN</b></p>      <p> En este  art&iacute;culo pretendo analizar la memoria de ni&ntilde;ez de un pandillero que llamar&eacute;  H&eacute;ctor, quien vivi&oacute; este per&iacute;odo de su vida entre mediados de los a&ntilde;os setenta y  los a&ntilde;os ochenta en medio de la guerra civil que afect&oacute; a su pa&iacute;s, El Salvador.  H&eacute;ctor fue guerrillero, soldado, emigrante y, finalmente, en la llegada de su  adolescencia, pandillero; su historia condensa gran cantidad de procesos  hist&oacute;ricos. El objetivo de este trabajo es analizar esta simultaneidad de  procesos como una totalidad presente en el relato de la vida de esta persona.  Para ello expongo el testimonio de H&eacute;ctor, enmarcado en el contexto de guerra  civil, y posteriormente se aplican algunos conceptos &#40;como memoria,  violencia e  institucionalizaci&oacute;n&#41; para entender  el relato en el entramando de relaciones sociales de El Salvador.</p>      <p><b>PALABRAS CLAVES</b>    <br> Memoria,  pandillas, ni&ntilde;ez, guerra civil, El Salvador.</p> <hr size="1">      <p align="center" ><font size="3"> <b>WOUNDED MEMORY:  EL SALVADOR&#39;S CIVIL WAR IN THE CHILDHOOD MEMORY OF A GANG MEMBER</b></font></p>      <p><b>ABSTRACT</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> This article  analyzes the childhood memory of a gang member who grew up, from the mid-1970s  through the 1980s, in the middle of El Salvador&#39;s civil war. Hector, the  pseudonym I gave him, was a guerillero, soldier,  emigrant, and also, when he became a teenager, a gang member. His story reflects  a large number of historical processes. The aim of this article is to analyze  this simultaneity of processes as a totality present in the life story of this  person. To do so, I present Hector&#39;s testimony, framed in the context of the  civil war. Then I use various concepts &#40;like memory, violence, and  institutionalization&#41; to understand the story within the network of social  relations in El Salvador.</p>      <p><b>KEY WORDS</b>    <br> Memory, gangs,  childhood, civil war, El Salvador.</p>        <p> Art&iacute;culo recibido:  21  de julio de  2009;  aprobado:  15  de diciembre de  2009;  modificado:  14  de enero de  2010.</p> <hr size="1">     <p><b> Introducci&oacute;n</b></p>     <p>   Conoc&iacute; a    H&eacute;ctor<sup><a   name="s1" href="#1">1</a></sup> en enero de 2008 por medio de un amigo que me lo present&oacute; en    una colonia empobrecida de la periferia de San Salvador. H&eacute;ctor es un hombre de    habla pausada, peque&ntilde;o, de piel curtida y de unos cuarenta a&ntilde;os. Yo ten&iacute;a    inter&eacute;s en que me contara su vida, tal como la recordaba. En ese primer    encuentro le expuse mi investigaci&oacute;n y mi inter&eacute;s de que participara en el    proyecto. H&eacute;ctor accedi&oacute; de buena gana y, en medio de esa tarde calurosa,    comenz&oacute; a contarme su historia. Trat&eacute; de hacer preguntas m&iacute;nimas, de manera que    el testimonio fluyera con la menor cantidad de intervenciones. Hablamos esa    tarde tal vez unas cuatro horas y quedamos con el compromiso de volver a    juntarnos d&iacute;as despu&eacute;s. As&iacute; lo hicimos en el mismo sitio. El testimonio de    H&eacute;ctor forma parte de otros nueve relatos de vida con los que estoy concretando    un trabajo de investigaci&oacute;n sobre el tema de institucionalizaci&oacute;n de pandilleros    y pandilleras en El Salvador. He seleccionado este testimonio para el presente    art&iacute;culo porque realiza un asombroso &mdash;y doloroso&mdash; recorrido por las principales    problem&aacute;ticas sociales que se yuxtaponen en la historia reciente de El Salvador.    H&eacute;ctor fue guerrillero y soldado durante la guerra civil<sup><a   name="s2" href="#2">2</a></sup>    &#40;1980-1992&#41;, de donde escap&oacute; a mitad de los a&ntilde;os ochenta, y se convirti&oacute; en un    emigrante exiliado en los Estados Unidos, pa&iacute;s en el que se uni&oacute; a la Mara  Salvatrucha &#40;tambi&eacute;n llamada ms o ms-13&#41;.</p>      <p> El relato de  vida de H&eacute;ctor pone de manifiesto una buena cantidad de heridas presentes en  su memoria, producidas por los patrones de relaci&oacute;n social predominantes en El  Salvador. Los recuerdos y omisiones que hacen parte del proceso de la memoria  nos introducen en la problem&aacute;tica que se vive en este pa&iacute;s centroamericano.  As&iacute;, el recuerdo de H&eacute;ctor da cuenta de un proceso social de interacciones  complejas entre las problem&aacute;ticas de la guerra civil, las pandillas y la  migraci&oacute;n. La literatura de ciencias sociales tiende a dividir en estancos estos  procesos, fragmentando los acontecimientos hist&oacute;ricos y presentando los  acontecimientos de la guerra civil separados del problema de las pandillas, y  mediante otra separaci&oacute;n se trata el problema de la migraci&oacute;n. Contrario a esta  tendencia, desde el testimonio de H&eacute;ctor los acontecimientos y procesos sociales  est&aacute;n concatenados en un proceso vital total. En la vida de este pandillero  existe de manera indisoluble la vida de un guerrillero, un soldado, un emigrante  y un exiliado. Lo que nos brinda una visi&oacute;n de totalidad de la  problem&aacute;tica  social.</p>      <p> Quisiera hacer  una precisi&oacute;n metodol&oacute;gica antes de comenzar. El testimonio de H&eacute;ctor fue  recolectado en una estrategia de investigaci&oacute;n cualitativa, donde predomin&oacute; la  t&eacute;cnica de relato de vida<sup><a   name="s3" href="#3">3</a></sup> Mediante &eacute;sta,  se ha procurado un relato de la vida desde el punto de vista del sujeto &#40;sus  presentaciones, omisiones, giros ling&uuml;&iacute;sticos, etc.&#41;. Una vez obtenido el  relato, se ha intentado interpretar de la mano con la literatura existente sobre  estos  fen&oacute;menos,  de manera que se puedan obtener an&aacute;lisis que articulen las estructuras micro y  macro, accediendo mediante el recuerdo a al reflexi&oacute;n de los procesos sociales  en la sociedad salvadore&ntilde;a<sup><a   name="s4" href="#4">4</a></sup> De tal suerte que el centro de atenci&oacute;n  de la t&eacute;cnica de relatos de vida es la memoria, en el sentido de que se atiende  el pasado del sujeto desde el punto de vista de su recuerdo y no como &quot;lo que  realmente ha ocurrido&quot;<sup><a   name="s5" href="#5">5</a></sup></p>      <p> Mi inter&eacute;s en  este art&iacute;culo se centra en reflexionar una peque&ntilde;a parte del testimonio de  H&eacute;ctor, que va desde sus  primeros  recuerdos hasta su integraci&oacute;n a la Mara Salvatrucha en su adolescencia. Esta  &eacute;poca de su vida, que tuvo lugar entre  mediados  de los a&ntilde;os setenta y la d&eacute;cada de los ochenta, coincide con la polarizaci&oacute;n de  fuerzas y el inicio del conflicto en El Salvador. Su testimonio es el de un  &quot;ni&ntilde;o de la guerra&quot; como lo denominara Ignacio Mart&iacute;n-Bar&oacute;<sup><a   name="s6" href="#6">6</a></sup> Para dar  esta discusi&oacute;n dividir&eacute; el art&iacute;culo en varias secciones. En la primera har&eacute; un  recuento sumario de los principales hechos hist&oacute;ricos que afectaron a El  Salvador en el periodo de guerra civil, que servir&aacute; como marco para leer el  testimonio. En la segunda parte me extender&eacute; sobre el testimonio de ni&ntilde;ez de  H&eacute;ctor en el contexto antes descrito. En la tercera parte echar&eacute; mano de algunos  conceptos para hacer una reflexi&oacute;n sobre la interacci&oacute;n entre memoria e  institucionalizaci&oacute;n, a la luz del testimonio. El art&iacute;culo cerrar&aacute; con algunas  conclusiones.</p>       <p><b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 1. U</b><b>n </b><b> recuento de la guerra civil y </b><b> sus </b><b> efectos en la ni&ntilde;ez salvadore&ntilde;a</b></p>      <p> La guerra  civil dio inicio en  1980.  Se puede entender como la concreci&oacute;n armada del enfrentamiento heredado de  1932 en  torno a la mala repartici&oacute;n de la tierra, penalizaci&oacute;n de la esfera p&uacute;blica  plural y explotaci&oacute;n intensiva de la mano de obra. En sus inicios se dio una  dura lucha por el poder entre una facci&oacute;n civil &#40;representada mayormente por el  Partido de la Democracia Cristiana&#41;, que abogaba por la desmilitarizaci&oacute;n del  ejercicio del gobierno<sup><a   name="s7" href="#7">7</a></sup> junto con una serie de reformas sociales  incluida la reforma agraria, y una facci&oacute;n militar, que era partidaria de la  imposici&oacute;n del orden por la fuerza &#40;encabezada por el anticomunista Roberto  D&#39;Abuisson, l&iacute;der de distintos escuadrones de la muerte y fundador del partido  Alianza Republicana Nacionalista&#41;<sup><a   name="s8" href="#8">8</a></sup> El pa&iacute;s se encontraba regido por  una junta militar que gobernaba despu&eacute;s de la destituci&oacute;n, un a&ntilde;o antes, del  general Romero. Por otro lado, los sectores populares se organizaban fuera del  marco oficial de mediaciones en el Frente Farabundo Mart&iacute; para la Liberaci&oacute;n  Nacional, una aglutinaci&oacute;n de organizaciones progresistas que se conformaron en  un ej&eacute;rcito guerrillero tendiente a transformar la estructura de mediaciones  mediante la toma del poder<sup><a   name="s9" href="#9">9</a></sup></p>      <p> Los primeros  tres a&ntilde;os de guerra<sup><a   name="s10" href="#10">10</a></sup> son especialmente  traum&aacute;ticos  dada la inmensa cantidad de asesinatos inscritos en el conflicto y la  recurrencia a la masacre como estrategia de lucha utilizada por el ej&eacute;rcito  salvadore&ntilde;o. El primer gran enfrentamiento entre el  FMLN y Fuerzas  Armadas &#40;FFAA&#41;<sup><a   name="s11" href="#11">11</a></sup>  se conoce como la Ofensiva  Final, lanzada por la  guerrilla en enero de 1981, en la cual, la reci&eacute;n constituida fuerza insurgente  intent&oacute; aprovechar el descontento y el rechazo por las formas  coercitivas  del estado salvadore&ntilde;o para derrocar al r&eacute;gimen antes de que Ronald Reagan  asumiera su cargo como presidente de los Estados Unidos<sup><a   name="s12" href="#12">12</a></sup> El  decidido apoyo externo y diferentes errores militares hicieron que &eacute;sta no se  concretara y, posterior a ello, recrudeci&oacute; la ola de represi&oacute;n contra  comunidades campesinas y organizaciones populares. En este marco la Comisi&oacute;n de  la Verdad documenta las tristemente c&eacute;lebres masacres del r&iacute;o Sumpul &#40;mayo  1980&#41;, del r&iacute;o Lempa &#40;octubre de 1981&#41; y El Mozote &#40;diciembre de 1981&#41;<sup><a   name="s13" href="#13">13</a></sup>,  adem&aacute;s de otros hechos que conmocionaron al mundo entero como el asesinato de  monse&ntilde;or Romero &#40;marzo de 1980&#41;, que puso en evidencia la pasividad con que el  Poder Judicial actuar&iacute;a durante toda esta d&eacute;cada ante las campa&ntilde;as de asesinatos  que los escuadrones de la muerte organizar&iacute;an contra l&iacute;deres populares  &#40;dirigentes de cooperativas, sindicalistas, estudiantes, etc.&#41;. Las  manifestaciones de fuerza de la guerrilla hicieron tambalear a la oficialidad,  que no cay&oacute; por la ayuda exterior. El cambio de administraci&oacute;n en Estados Unidos  fue clave para esto. Pasando del gobierno de Carter al de Ronald Reagan, la  derecha salvadore&ntilde;a, a&uacute;n  desorganizada,  recibi&oacute; un apoyo sostenido a nivel econ&oacute;mico y estrat&eacute;gico durante todo el  tiempo que dur&oacute; el conflicto. El apoyo de Reagan fue decisivo frente a la  legitimidad que adquir&iacute;a la causa del  FMLN en el  extranjero, visible, por ejemplo en la declaraci&oacute;n de los gobiernos de Francia  y M&eacute;xico, que reconoc&iacute;an a la guerrilla como una fuerza beligerante leg&iacute;tima<sup><a   name="s14" href="#14">14</a></sup></p>      <p> La violencia  tom&oacute; dimensiones nacionales &#40;fue m&aacute;s all&aacute; del occidente del pa&iacute;s controlado por  el FMLN&#41;  y se expres&oacute; con impunidad, combinando mecanismos de estado de  excepci&oacute;n con la  operaci&oacute;n de escuadrones de la muerte en todo el territorio. Por si fuera poco,  cuando las comunidades campesinas se ve&iacute;an en la obligaci&oacute;n de desplazarse hacia  Honduras para escapar del conflicto, eran atacadas por las fuerzas del  ej&eacute;rcito. Fue una constante en todo este per&iacute;odo que el ej&eacute;rcito la emprendiera  en contra de comunidades campesinas totalmente o parcialmente desarmadas,  argumentando que eran colaboradoras de las fuerzas guerrilleras<sup><a   name="s15" href="#15">15</a></sup> La  continuaci&oacute;n de la estrategia de intimidaci&oacute;n de comunidades provoc&oacute; inmensas  legiones de desplazados internos y refugiados que hu&iacute;an hacia pa&iacute;ses vecinos o  hacia Estados Unidos<sup><a   name="s16" href="#16">16</a></sup></p>      <p> En 1984 se  realizaron elecciones generales, en las que gan&oacute; el candidato Jos&eacute; Napole&oacute;n  Duarte &#40;Democracia Cristiana &#91;dc&#93;&#41;  frente a Roberto D&#39;Abuisson &#40;Alianza Republicana Nacionalista &#91;arena&#93;&#41;.</p>      <p> Los sucesos en  torno a esta campa&ntilde;a pol&iacute;tica muestran el nivel de la disputa. Por un lado, dc y arena se enfrentaban  con programas opuestos en t&eacute;rminos de beligerancia contra la guerrilla y reforma  social; por otro, el fimln saboteaba las  elecciones tras el fracaso de los acuerdos de paz de 1983. La elecci&oacute;n de Duarte  destaca entre otras cosas por ser la primera en que un candidato civil llegaba a  la presidencia  aproximadamente  en medio siglo<sup><a   name="s17" href="#17">17</a></sup></p>      <p> En agosto de  1987 los cinco presidentes centroamericanos firmaron el acuerdo de Esquipulas  II, &quot;&#91;...&#93; en donde se contempla la creaci&oacute;n de comisiones de reconciliaci&oacute;n  nacional en cada pa&iacute;s<sup><a   name="s18" href="#18">18</a></sup>, una &#39;Comisi&oacute;n Internacional de Verificaci&oacute;n&#39;  y &#39;leyes de amnist&iacute;a&#39;&quot;<sup><a   name="s19" href="#19">19</a></sup> Este acuerdo, por un lado, parec&iacute;a abrir un  canal para el di&aacute;logo, pero por otro, permiti&oacute; la declaraci&oacute;n de la Ley de  Amnist&iacute;a para Alcanzar la Reconciliaci&oacute;n Nacional, denunciada por las  organizaciones populares y de Derechos Humanos por dejar en la impunidad  absoluta  a quienes hubiesen cometido toda clase de atentados contra los  ddhh<sup><a   name="s20" href="#20">20</a></sup>  Un segundo problema de las negociaciones que siguieron a Esquipulas II deriv&oacute;  de la comparaci&oacute;n entre &quot;La Contra&quot; nicarag&uuml;ense &#40;financiada y entrenada por  Estados Unidos&#41; y el  fimln,  elemento que se convirti&oacute; en una victoria pol&iacute;tica para la derecha a nivel  internacional y, a la larga, influenci&oacute; en el recrudecimiento del conflicto.</p>      <p> Para las  elecciones de 1989 se presentaron como  candidatos  Alfredo Cristiani &#40;por  arena&#41;,  quien poco tiempo antes hab&iacute;a substituido a D&#39;Abuisson en la direcci&oacute;n del  partido; Fidel Ch&aacute;vez Mena por la dc; y Guillermo  Manuel Ungo por el Frente Democr&aacute;tico Revolucionario &mdash;fdr<sup><a   name="s21" href="#21">21</a></sup>&mdash;.  La elecci&oacute;n la ganar&iacute;a Cristiani por amplio margen de veinte mil votos, frente  al contendiente de la dc.  Ungo, representando a la izquierda, obtendr&iacute;a apenas un 5&#37; de los votos<sup><a   name="s" href="#22">22</a></sup>  En noviembre de ese mismo a&ntilde;o, tras no ser atendida la propuesta del fimln de retrasar  las elecciones &#40;de marzo a noviembre&#41; como condici&oacute;n para un cese al fuego, el fimln laz&oacute; otra ofensiva final de dimensiones  nacionales, que llev&oacute; a decretar el estado de  excepci&oacute;n<sup><a   name="s23" href="#23">23</a></sup> La acci&oacute;n  b&eacute;lica extendi&oacute; el teatro de la guerra a la capital y potenci&oacute; el aumento de las  detenciones arbitrarias, las torturas, los asesinatos y las desapariciones.  Entre ambos bandos se propinaron dos mil bajas. Pero adem&aacute;s, las poblaciones  civiles se vieron severamente afectadas, dado que la guerrilla se &quot;&#91;...&#93; escud&oacute;  en sectores densamente poblados&quot; que el Ej&eacute;rcito no tard&oacute; en bombardear<sup><a   name="s24" href="#24">24</a></sup>  En medio de esta ofensiva, el 16 de noviembre de 1989 fueron asesinados seis  sacerdotes jesuitas junto con una trabajadora dom&eacute;stica y su hija de quince a&ntilde;os<sup><a   name="s25" href="#25">25</a></sup>  Los asesinatos ocurrieron en la Universidad Centroamericana Jos&eacute; Sime&oacute;n Ca&ntilde;as, y  evidentemente se inscrib&iacute;an en una acci&oacute;n contra las posiciones cr&iacute;ticas a la  derecha que emit&iacute;an estos sacerdotes. Producto de este mes de fuertes combates  &quot;&#91;...&#93; las partes reconocieron la imposibilidad de una victoria militar decisiva  y se retom&oacute; con mayor ah&iacute;nco el proceso de negociaci&oacute;n que llev&oacute; a la firma de  los acuerdos de paz&quot;<sup><a   name="s26" href="#26">26</a></sup></p>      <p> Entre 1990 y  1991, se realizaron una serie de reuniones de negociaci&oacute;n en Caracas, M&eacute;xico y  Costa Rica con miras a establecer los Acuerdos para la Paz. Se posibilit&oacute;,  entre otros, la Misi&oacute;n de Verificaci&oacute;n y la creaci&oacute;n de la Comisi&oacute;n de la  Verdad. En agosto de 1991, tras una petici&oacute;n sovi&eacute;tico-estadounidense, el propio  Secretario General de las Naciones Unidas, Javier P&eacute;rez de Cu&eacute;llar, asumi&oacute; el  papel de mediador entre Gobierno y el fimln. Todo este  proceso permiti&oacute; la creaci&oacute;n de una institucionalidad que contemplaba la  posibilidad de ejecutar los nacientes acuerdos &#40;reflejados en organismos como la  Comisi&oacute;n para la Consolidaci&oacute;n de la Paz, Copaz&#41;. Finalmente, luego de un largo  proceso de negociaci&oacute;n, los Acuerdos de Paz se firmaron en Chapultepec, M&eacute;xico,  en febrero de 1992<sup><a   name="s27" href="#27">27</a></sup> A partir de este momento y como parte de lo  negociado, el fimln pas&oacute; a ser un  partido pol&iacute;tico y disput&oacute; el escenario electoral como segunda fuerza pol&iacute;tica,  por debajo de arena en las  siguientes tres elecciones.</p>      <p> Ahora bien  &iquest;c&oacute;mo afect&oacute; este proceso a las ni&ntilde;as y los ni&ntilde;os que viv&iacute;an en ese momento en  El Salvador? &iquest;Qu&eacute; efectos tuvo en sus vidas y en sus formas de socializaci&oacute;n?  &iquest;Qu&eacute; dilemas plante&oacute; para sus vidas? Varios estudios, durante y despu&eacute;s de la  guerra civil, han profundizado en los efectos, sobre todo para las y los ni&ntilde;os<sup><a   name="s28" href="#28">28</a></sup>  El despliegue de actos de violencia, as&iacute; como el recrudecimiento de la misma a  nivel simb&oacute;lico y estructural, tuvieron consecuencias psicosociales en la vida  de las personas. Joaqu&iacute;n Samayoa<sup><a   name="s29" href="#29">29</a></sup> insisti&oacute; en que la guerra ten&iacute;a un  efecto en la promoci&oacute;n de patrones  aberrantes  de pensamiento y conducta social tales como: la desatenci&oacute;n selectiva de ciertas  poblaciones por parte del estado y el aferramiento a prejuicios fundados en la  din&aacute;mica del conflicto armado; la absolutizaci&oacute;n de las ideas y acciones seg&uacute;n  la rigidez ideol&oacute;gica que impon&iacute;an los bandos en contienda; el escepticismo  evasivo que aplicaban algunas personas como fuga a esta realidad; la posici&oacute;n  defensiva paranoide que desarrollaban las poblaciones civiles golpeadas una y  otra vez por el conflicto; y los sentimientos de odio y venganza, que inhib&iacute;an  las relaciones sociales fundadas en la confianza. Ignacio Mart&iacute;n-Bar&oacute;,  coincidiendo con el diagn&oacute;stico de Samayoa, formul&oacute; el concepto de &quot;trauma  psicosocial&quot; para referirse a las  heridas que la guerra  en El Salvador estaba abriendo a nivel subjetivo. El autor insiste en que el  concepto de trauma psicosocial puede dar cuenta de las heridas creadas en un  momento hist&oacute;rico espec&iacute;fico, donde las relaciones sociales han cristalizado de  una forma determinada. As&iacute; mismo, esta herida tiene una manifestaci&oacute;n  individual, pero se crea esencialmente a nivel social intersubjetivo<sup><a   name="s30" href="#30">30</a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En el relato  de H&eacute;ctor tenemos evidencia suficiente de los traumas psicosociales que ha  acarreado esta guerra y podremos ver con claridad la vida de un ni&ntilde;o atrapada  entre las opciones teorizadas por Mart&iacute;n-Bar&oacute;<sup><a   name="s31" href="#31">31</a></sup>: pelear o huir  &#40;acci&oacute;n-huida&#41;, identificarse con uno de los bandos o alienarse  &#40;identidad-alienaci&oacute;n&#41;; polarizarse o desgarrar su trama de relaciones sociales  &#40;polarizaci&oacute;n-desgarramiento&#41;. S&oacute;lo para dar una idea de la dimensi&oacute;n disruptiva  de este conflicto en la subjetividad, un estudio de posguerra realizado con  j&oacute;venes que en su infancia participaron en el conflicto armado planteaba que,  para esta poblaci&oacute;n, &quot;&#91;...&#93; los efectos sociales de la militancia se expresaban  en la disrupci&oacute;n afectiva generalizada &#40;angustia y nerviosismo&#41; asociada con  alteraciones del sue&ntilde;o &#40;pesadillas e insomnio&#41;, estados depresivos, cansancio  f&iacute;sico, orientaci&oacute;n temporal hacia el pasado &#40;pensamientos recurrentes y  reminiscencias de la guerra&#41; e irritabilidad &#40;facilidad para enojarse&#41;&quot;<sup><a   name="s32" href="#32">32</a></sup></p>      <p> Ahora que  hemos hecho un recuento sumario del proceso, podemos preguntarnos &iquest;c&oacute;mo se  observa este devenir desde la memoria de un sujeto? El relato de vida de H&eacute;ctor  permite acceder a esta trama compleja de relaciones sociales desde sus propias  palabras.</p>       <p><b>     <br> 2. E</b><b>l  relato de h&eacute;ctor</b></p>      <p> El relato de  H&eacute;ctor puede dividirse en tres partes que transcurren de forma  cronol&oacute;gica.  Hay un primer momento de narraci&oacute;n id&iacute;lica en el que se hacen patentes los  recuerdos de la primera infancia. Posteriormente se encuentra la narraci&oacute;n de  eventos  de ruptura, venidos sobre todo de la situaci&oacute;n de guerra. Y en un tercer  momento, se narra una erosi&oacute;n de la relaci&oacute;n familiar y su sustituci&oacute;n por una  nueva institucionalidad: la pandilla  ms-13.</p>      <p><b> 2.1.  </b><b> Momento id&iacute;lico</b></p>      <p> Al ser  interpelado respecto los primeros recuerdos de su infancia, H&eacute;ctor recurri&oacute; al  relato id&iacute;lico de ni&ntilde;ez, caracterizado por la contenci&oacute;n y la asistencia de las  figuras adultas &#40;no s&oacute;lo los padres y las madres, sino tambi&eacute;n vecinos u otros  familiares&#41;.</p>      <p> H&eacute;ctor narr&oacute;  al inicio de la entrevista una serie de traslados de residencia que vivi&oacute; con su  familia porque su hermano, que era luchador de &quot;lucha libre&quot;, se met&iacute;a en  problemas constantemente, lo que obligaba una y otra vez la peregrinaci&oacute;n entre  diferentes  puntos de San Salvador. Sin embargo, en un momento determinado el padre decid&oacute;  que la familia se mudar&iacute;a al campo, a partir de lo cual la ni&ntilde;ez es narrada como  un idilio en la relaci&oacute;n con la naturaleza:</p>  <ul> &quot;&#91;...&#93; si era  una ni&ntilde;ez bonita &#91;...&#93; despu&eacute;s que nos movimos de all&iacute; a aqu&iacute; mismo en San  Salvador, compramos un terreno all&aacute; en &#91;lugar al que se trasladaron&#93; como mi  jefe<sup><a   name="s33" href="#33">33</a></sup>no quer&iacute;a que nosotros estuvi&eacute;ramos aqu&iacute; en la capital, que  creci&eacute;ramos as&iacute;, &eacute;l quer&iacute;a que creci&eacute;ramos como &eacute;l, con terrenos con animales y  &aacute;rboles de fruta y una vida m&aacute;s sana pues &#91;...&#93; entonces nos fuimos para all&aacute;  &#91;...&#93; ¡Uy! all&aacute; ten&iacute;amos una vida color de rosa, hab&iacute;a una cascada de agua donde  yo me iba a ba&ntilde;ar, con agua bien celestita, bien cristalina &#91;.&#93;, ten&iacute;amos animales, ten&iacute;amos  varios tipos de flores alrededor de la casa, una casa grande, &aacute;rbol de frutas,  de todo&#91;...&#93;. &#91;.&#93; era primera vez en  mi vida que ten&iacute;amos de todo, que yo miraba de todo y para mi era chivo<sup><a   name="s34" href="#34">34</a></sup>  Si m&aacute;s &#91;...&#93; las flores se miraban bien chulas<sup><a   name="s35" href="#35">35</a></sup> puya<sup><a   name="s36" href="#36">36</a></sup>  muy bonito, vida bien de que uno iba a la escuela, pasaba una vereda, por unos  aguacates, la escuela en una pradera, bien bonito&quot;<sup><a   name="s37" href="#37">37</a></sup>    </ul>      <p> El traslado al  campo es el detonante de un relato idealizado donde predomina la descripci&oacute;n de  elementos de la naturaleza como el agua, los animales, las flores, la casa  grande. Las flores que son evocadas dos veces y traen al relato el elemento de  la belleza, la vida bella donde se tiene de todo con holgura. En el relato el  padre es el proveedor de todo esto, mediante la decisi&oacute;n de mudarse, y as&iacute;  traslada su infancia a la de sus hijos. Es de  resaltar  que el padre de H&eacute;ctor aparece de forma difusa y &uacute;nicamente en la etapa de la  ni&ntilde;ez. No se narra como parte del ambiente de la casa, al contrario de la madre,  que aparecer&aacute; ligada a los  elementos  de belleza y al ambiente buc&oacute;lico del campo: &quot;&#91;...&#93; s&iacute;, en la casa, ella &#91;la  madre&#93; nos cuidaba, tambi&eacute;n costureaba, entonces ten&iacute;amos una vida bien bonita,  ten&iacute;amos una chiva, dos cabritos que daban leche me acuerdo, como sesenta  gallinas, treinta patos, perros, gatos&quot;<sup><a   name="s38" href="#38">38</a></sup> En los a&ntilde;os posteriores  ser&aacute; la madre un pilar  fundamental  de su sobrevivencia a momentos dif&iacute;ciles como su paso por la c&aacute;rcel en Estados  Unidos, mientras el padre desaparece por completo del relato. Durante este  tiempo, varios de sus familiares se hab&iacute;an sumado a las filas de la guerrilla,  pero &eacute;l permanec&iacute;a ajeno al conflicto.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b> 2.2. Eventos  de ruptura</b></p>      <p> Las  circunstancias id&iacute;licas son ubicadas por H&eacute;ctor en un momento previo a ciertas  rupturas tr&aacute;gicas en su vida. Los  eventos  de ruptura arrasan por completo con las figuras paternas y, en general, con las  figuras primarias &#40;el c&iacute;rculo de crianza de H&eacute;ctor&#41;, que no vuelven a aparecer  hasta su llegada a Los &Aacute;ngeles varios a&ntilde;os despu&eacute;s:</p>  <ul> &quot;&#91;...&#93; mira yo  ingres&eacute; a la guerrilla a los diez a&ntilde;os, cuando &#91;...&#93; a huevo pues me hicieron  guerrillero &#91;.&#93;, a esa edad porque  llegaron &#91;los del ej&eacute;rcito&#93; y barrieron todo &#91;...&#93;. Porque hicieron un desmadre,  en ese tiempo s&oacute;lo estaba yo, mi hermano y mi hermana en la casa, mis pap&aacute;s  andaban por el mercado o estaban trabajando. Puta &#91;.&#93; ven&iacute;an matando todos los de all&iacute;  &#91;la comunidad donde viv&iacute;a&#93; loco, pero dando corte parejo<sup><a   name="s39" href="#39">39</a></sup>, todas las  casas corte parejo. El dicho era muerto el  perro se acab&oacute; la rabia<sup><a   name="s40" href="#40">40</a></sup>, y corrimos  nosotros porque de ah&iacute; ten&iacute;amos una casa como a casi medio kil&oacute;metro quiz&aacute;s  &#91;...&#93; entonces corrimos. De all&iacute; llegaron a donde otros vecinos de nosotros;  agarraron al se&ntilde;or, a la se&ntilde;ora, los hijos pa&#39; bajo<sup><a   name="s41" href="#41">41</a></sup>, ya la se&ntilde;ora  como de unos setenta y cinco, ochenta a&ntilde;os, morritos<sup><a   name="s42" href="#42">42</a></sup> como de unos  quince a&ntilde;os pa&#39; bajo tambi&eacute;n, todo muerto el  perro se acab&oacute; la rabia dec&iacute;a el  dicho, all&iacute; ven&iacute;an barriendo.    <br> &#91;...&#93; nosotros nos logramos ir, a mi hermano lo agarraron all&aacute; por donde mi  cu&ntilde;ado, por la casa de &eacute;l. Lo mataron a &eacute;l y a mi cu&ntilde;ado&quot;<sup><a   name="s43" href="#43">43</a></sup>    </ul>      <p> Luego de esta  escena apocal&iacute;ptica, donde H&eacute;ctor presenci&oacute; el asesinato masivo de las personas  de su comunidad y de sus propios familiares a manos del ej&eacute;rcito, el v&iacute;nculo  primario existente es arrancado de forma abrupta. El paisaje que queda despu&eacute;s  de esto es el de un desierto:</p>      <p> &quot;&#91;...&#93; yo,  nosotros, toda la gente del valle nos internamos en el monte, todos tuvimos que  correr pa&#39;l monte, a los quince d&iacute;as que salimos. ¡Uy! la casa de nosotros toda  balaceada, la puerta toda abierta balaceada, la ropa de nosotros llena de  sangre, no hab&iacute;a ning&uacute;n animal, todo estaba desierto, ni el perro ni el gato, desierto,  desierto. Y la matanza  que hab&iacute;a por todos lados, entonces nosotros tuvimos que salir as&iacute; como  and&aacute;bamos&quot;<sup><a   name="s44" href="#44">44</a></sup></p>      <p> El contraste  es evidente entre la tierra abundante, los r&iacute;os, las monta&ntilde;as y los animales que  motivaron la evocaci&oacute;n id&iacute;lica de la ni&ntilde;ez y el desierto que nombra la muerte,  tanto de la naturaleza que rodeaba el paisaje, como de las relaciones  primarias  que le daban sentido -vida&mdash; a &eacute;ste. En el desierto el agua se ha secado, no  pueden crecer las flores ni pueden vivir los animales. Seg&uacute;n parece,  desierto es una palabra  que describe simult&aacute;neamente una realidad externa e interna del sujeto. En el  relato, este episodio es la antesala de la entrada a la guerrilla. Como vemos,  H&eacute;ctor dice que se hizo guerrillero &quot;a huevo&quot;, es decir, no fue una opci&oacute;n  racional &#40;que dif&iacute;cilmente podr&iacute;a haber tomado un ni&ntilde;o en sus condiciones&#41;, sino  su &uacute;nica opci&oacute;n luego de  presenciar  esta masacre.</p>      <p> Despu&eacute;s de un  periodo de integrar las filas de la guerrilla, H&eacute;ctor narra que fue seleccionado  junto con otros compa&ntilde;eros para infiltrar al ej&eacute;rcito. Seg&uacute;n dice, el FMLN los escogi&oacute;  porque dif&iacute;cilmente le traicionar&iacute;an, dada la cantidad de mal que les hab&iacute;a  hecho el ej&eacute;rcito: &quot;&#91;...&#93; como vieron lo que a m&iacute; me hab&iacute;an hecho, la historia  de mi familia, vieron toda mi historia ellos confiaban en nosotros&quot;<sup><a   name="s45" href="#45">45</a></sup>  Se puede decir entonces que la organizaci&oacute;n que hab&iacute;a acogido a H&eacute;ctor luego de  la desaparici&oacute;n de su familia ve&iacute;a su desgracia como una oportunidad de tomar  ventaja del enemigo. La contenci&oacute;n que el ni&ntilde;o  pudiera o no tener en este contexto quedaba en segundo plano respecto de la  disputa de ej&eacute;rcitos contrarios, lo que determin&oacute;, en efecto, que H&eacute;ctor se  infiltrara en el ej&eacute;rcito. En el relato, cuando infiltra las FFAA narra sus  primeros asesinatos mediados por una l&oacute;gica de venganza, cimentada en la ruptura  de su v&iacute;nculo primario y enmarcada en el juego de violencias entre las dos  fuerzas militares. Recuerda una serie de acciones de sabotaje que ten&iacute;an que ver  con el puesto que consigui&oacute; de radio operador, una vez que le tomaron confianza  en las FFAA.  Todos estos sabotajes estaban disfrazados de descuidos y entre ellos se cuela la  primera referencia expl&iacute;cita a un asesinato cara a cara, fue &eacute;sta:</p>  <ul> &quot;Y as&iacute; un  chingo<sup><a   name="s46" href="#46">46</a></sup> de desmadres, al final les hac&iacute;amos accidentes adentro &#91;de  las FFAA&#93;, puros  accidentes, en veces en los embarques de helic&oacute;pteros, que sal&iacute;amos a las cuatro  de la ma&ntilde;ana en veces, se hac&iacute;a que se disparaba que trababa el M60 cuando uno  en grupo sal&iacute;a corriendo al helic&oacute;ptero, all&iacute; en veces se hac&iacute;a como que se  disparaba el M60; dos, tres quedaban tirados y ya nos &iacute;bamos.    <br> &#91;...&#93; hab&iacute;a un camarada &#91;...&#93; que estaba arriba de un palo de mango, que  aspiraba el hijueputa el quer&iacute;a ser grande, y estaba viendo en un palo de mango  a su mam&aacute; cuando su mam&aacute; iba ya para su casa, que lo hab&iacute;a ido a visitar cuando  vino le dije: &#39;sent&eacute;monos aqu&iacute; hombre&#39; y aquel que estaba all&aacute; arriba viendo a  su mam&aacute; en la calle, y nos sentamos debajo del palo y con el M16. El M16 tu le  pegas as&iacute; &#91;golpea el suelo simulando la culata con el codo&#93; y se dispara en  r&aacute;faga el solo. &#39;Hey sent&eacute;monos aqu&iacute; hombre&#39;, y cuando hice as&iacute; &#91;repite el  adem&aacute;n&#93; cuando bajo as&iacute; y as&iacute; catorce cuetazos<sup><a   name="s47" href="#47">47</a></sup> le pegue a este  loco, aqu&iacute;, cay&oacute; como pajarito el hijueputa. Yo lo guache<sup><a   name="s48" href="#48">48</a></sup> &#91;...&#93; que  se me qued&oacute; viendo as&iacute; con la vista as&iacute; como diciendo puta ya no puedo hacer  nada &#91;...&#93; Y el intestino afuera, todo el intestino bien rosadito&quot;<sup><a   name="s49" href="#49">49</a></sup>    </ul>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Resalta,  adem&aacute;s de la caricaturizaci&oacute;n del acontecimiento &#40;o banalizaci&oacute;n del  asesinato&#41;, que el relato haga &eacute;nfasis en que el compa&ntilde;ero asesinado estaba  despidi&eacute;ndose de su madre &#40;elemento que contrasta fuertemente con la ausencia de  figuras primarias en la vida de H&eacute;ctor&#41;. Adem&aacute;s de las aspiraciones del  compa&ntilde;ero que asesin&oacute;, seg&uacute;n H&eacute;ctor, era alguien que &quot;quer&iacute;a ser grande&quot;, lo que  podr&iacute;a significar, fortalecer la estructura militar.</p>      <p> Eventualmente  H&eacute;ctor fue descubierto como infiltrado junto con otros y fue  condenado  a muerte. All&iacute; llega a la narraci&oacute;n un segundo evento de ruptura, cuando fue  torturado duramente antes de ser mandado a fusilar:</p>  <ul> &quot;&#91;...&#93; ya  llev&aacute;bamos un mes as&iacute; &#91;siendo torturados&#93;, yo ya echaba pus as&iacute;, bien feo en la  manita, nos estaban dando con electricidad tipo gusanos nos despertaban.  Nosotros en la noche men nos d&aacute;bamos  duro, &#91;...&#93; porque nosotros los esper&aacute;bamos a cada rato que llegaban a  vergasearnos<sup><a   name="s50" href="#50">50</a></sup> con fusiles en la cabeza en la noche, y a ponernos la  electricidad, en la lengua, en los huevos, puta dec&iacute;a yo &#91;a mis compa&ntilde;eros de  celda&#93; &#39;sabe qu&eacute;, men, si vamos a  morir, v&aacute;monos a morir peleando&#39;. Sim&oacute;n<sup><a   name="s51" href="#51">51</a></sup>, pues va, d&eacute;monos verga  pues, acostumbr&eacute;monos &#91;.&#93;.    <br> &#91;.&#93; entre nosotros mismos &#91;nos golpe&aacute;bamos&#93;, ya est&aacute;bamos locos, es que  nosotros est&aacute;bamos esperando nada m&aacute;s que nos mataran, simplemente nosotros  quer&iacute;amos morir, o sea, peleando, quer&iacute;amos estar preparados para eso, y nos  pon&iacute;amos uno a otro en la noche y al que no, le d&aacute;bamos verga entre todos y lo  levant&aacute;bamos a patadas&quot;<sup><a   name="s52" href="#52">52</a></sup>    </ul>      <p> El evento de  tortura se prolong&oacute;, seg&uacute;n el testimonio, durante un mes, lo que quiere decir  que fue un largo proceso de sufrimiento para una  persona que rondar&iacute;a en ese momento los 15 &oacute; 16 a&ntilde;os. Resalta &mdash;por  doloroso&mdash;  el dato de que la tortura se volvi&oacute; parte de la vida cotidiana de los presos a  tal punto que en un momento comenzaron a infring&iacute;rsela ellos mismos. Era un  momento de absoluta desesperanza, no se ve&iacute;a salida posible. Ante eso hace  aparici&oacute;n una  especie  de &eacute;tica del guerrero: &quot;Si vamos a morir, lo vamos a hacer peleando&quot;. &Eacute;sta  degenera en una prolongaci&oacute;n y apropiaci&oacute;n de los m&eacute;todos de tortura por los  mismos  torturados.  Esta segunda ruptura culmina con un escape repentino y sorpresivo, cuando un  oficial superior se compadeci&oacute; de los torturados y dej&oacute; abierta la puerta de la  celda. H&eacute;ctor narra que luego de escapar cruz&oacute; la frontera con Guatemala y pidi&oacute;  asilo en la embajada de los Estados Unidos, hacia donde parti&oacute; tiempo despu&eacute;s.</p>      <p><b> 2.3.  Vinculaci&oacute;n a la pandilla</b></p>      <p> La narraci&oacute;n  posterior a las rupturas o heridas tiene dos momentos. Uno que  describe  la ruptura con la relaci&oacute;n primaria, lo cual desemboca en un momento crisis del  sujeto. Simult&aacute;neamente se describe un segundo momento en el que H&eacute;ctor fue  atra&iacute;do hacia otra relaci&oacute;n de pares. Curiosamente esa atracci&oacute;n es narrada como  una seducci&oacute;n en la cual el  estilo &mdash;utilizado en  t&eacute;rminos de la escuela de Birmingham<sup><a   name="s53" href="#53">53</a></sup>&mdash; juega un papel fundamental,  haci&eacute;ndose presente como indumentaria, que seduce a los sujetos en medio de su  crisis.</p>      <p> Hemos podido  leer que la ruptura de H&eacute;ctor arras&oacute; del todo con sus figuras de relaci&oacute;n  primaria, en algunos casos por asesinatos cometidos por el ej&eacute;rcito de El  Salvador &#40;como su hermano y su cu&ntilde;ado&#41;, en otros casos por separaciones que se  reflejan en ausencias en el relato &#40;como el padre o la madre que aparecen mucho  despu&eacute;s&#41;. Su llegada a Los &Aacute;ngeles signific&oacute; un reencuentro con una &uacute;nica figura  de las que hab&iacute;an desaparecido cinco a&ntilde;os atr&aacute;s: su hermana; pero adem&aacute;s dio la  posibilidad de establecer nuevas relaciones. H&eacute;ctor evoca esto con una serie de  di&aacute;logos donde intervienen personajes de este momento de su vida:</p>  <ul> &quot;&#91;...&#93; ya  entr&eacute; en asilo pol&iacute;tico en Estados Unidos, llegando all&aacute; me dijo mi hermana a  los tres d&iacute;as:    <br>  &mdash;mir&aacute; que ah&iacute;  est&aacute; un parque a la vuelta para que no te aburras, aqu&iacute; a la vuelta &#91;de la  casa&#93;.    <br> Cuando llegu&eacute;  &#91;al parque&#93; veo un vergo<sup><a   name="s54" href="#54">54</a></sup> de gente as&iacute; pelo largo, sus pantalones  Levi&#39;s, sus Vanz, sus camisas de Heavy Metal &iquest;me entiendes? Pelo largo y yo  llegu&eacute; pel&oacute;n<sup><a   name="s55" href="#55">55</a></sup> pues va, porque iba pel&oacute;n de ac&aacute;.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &#91;.&#93; toda mi familia estaba aqu&iacute; &#91;en  El Salvador&#93;, s&oacute;lo &#91;.&#93; mi  hermana  es la &uacute;nica que estaba all&aacute; &#91;en Estados Unidos&#93;. Despu&eacute;s llegu&eacute; yo, entonces  llegu&eacute; all&aacute; a ver los peludos y me dijeron:    <br> -&iquest;Qu&eacute; onda vos pel&oacute;n?, qu&eacute; onda &iquest;de d&oacute;nde ven&iacute;s?    <br> -de El Salvador, dije.    <br> -¡Ah! Sos salvadore&ntilde;o.    <br> -Sim&oacute;n.    <br> -&iquest;Has estado all&aacute;? -Sim&oacute;n.    <br> -&iquest;Qu&eacute; has sido all&aacute;? -He sido combatiente. -De la guerrilla tambi&eacute;n.    <br> -Ah pues mira, aquel es guerrillero tambi&eacute;n, aquel es guerrillero, aquel es  soldado, aquel es soldado, aquel es polic&iacute;a &#91;...&#93;. Mira, nosotros  men aqu&iacute; somos la  Mara Salvatrucha, y aqu&iacute; estamos protegiendo contra todos los pelones de aqu&iacute;,  nosotros cuid&aacute;ndonos a  nosotros, por el flujo de migrantes, &#91;...&#93; y les volamos verga a esos majes &#91;los  mexicanos&#93; y a los chinos tambi&eacute;n, porque se andan pasando de listos con la  gente, andan golpeando a la gente.    <br> -A pues no hay cuete, yo le entro tambi&eacute;n, matemos pues.    <br> -&iquest;Matas?    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> -Sim&oacute;n pues.    <br> -Vamos a ver que lo vamos probando, hoy en la noche vamos con los chinos, a ver  qu&eacute; onda&quot;<sup><a   name="s56" href="#56">56</a></sup>    </ul>      <p> Lo primero que  habr&iacute;a que resaltar es que estos &quot;peludos&quot; tienen un estilo definido en  el interior de la industria cultural: m&uacute;sica Heavy Metal, pantalones Levi&#39;s y  tenis Vanz. Eso es lo primero que H&eacute;ctor recuerda de la  Mara  Salvatrucha. A partir de ac&aacute; el estilo servir&aacute; en la entrevista para ubicar  muchas de las figuras que rondan su socializaci&oacute;n y para hacer diferenciaciones  fundamentales, como la que existe entre &quot;peludos&quot; y &quot;pelones&quot;. Seg&uacute;n H&eacute;ctor, la  Mara  Salvatrucha se identificaba  inicialmente por su cabello  largo y la mafia mejicana impon&iacute;a m&aacute;s bien la utilizaci&oacute;n del cabello corto  entre los suyos. Por eso, H&eacute;ctor recuerda con alguna hilaridad haber estado  &quot;pel&oacute;n&quot; cuando conoci&oacute; a los miembros de su pandilla, dado que esto  significar&iacute;a, de all&iacute; en m&aacute;s, un signo que identificaba al que podr&iacute;amos llamar nuevo enemigo.</p>      <p> El otro  elemento a rescatar es la disoluci&oacute;n de las diferencias que implica el primer  encuentro con la ms. Hemos le&iacute;do en el relato que antes de su llegada a Estados  Unidos la vida de H&eacute;ctor estuvo cruzada fuertemente por la guerra civil  salvadore&ntilde;a; su vida se mov&iacute;a necesariamente en un paradigma binario &#40;entre  insurgencia y contrainsurgencia&#41;. El conocimiento de la ms implica la  disoluci&oacute;n de este paradigma, fundiendo todas las fuerzas en una, diferencias  tan importantes en el pasado &#40;como la que hay entre &quot;guerrillero&quot; y  &quot;soldado&quot;&#41;  se disuelven en pro de un objetivo com&uacute;n: &quot;La protecci&oacute;n de las comunidades  salvadore&ntilde;as&quot; de los &quot;los pelones&quot; y &quot;los chinos&quot;.</p>      <p> En general la  invenci&oacute;n de las pandillas pasa por una ret&oacute;rica de defensa de un colectivo  determinado, aunque las actividades de defensa impliquen la puesta en peligro  de este colectivo<sup><a   name="s57" href="#57">57</a></sup> Lo interesante de este caso es que esta  inversi&oacute;n implica la disoluci&oacute;n de anteriores roles que jugaron los sujetos, y  por lo tanto anuncian una reorganizaci&oacute;n del relacionamiento social. La  transici&oacute;n entre &oacute;rdenes de H&eacute;ctor es narrada con un banquete de por medio:</p>  <ul> &quot;Esa tarde  hicimos carne asada a la parrilla, arroz, ensalada, jugamos f&uacute;tbol. Ya despu&eacute;s  en la noche qu&eacute; onda, ya vamos a ir para all&aacute; arriba, ya nos mov&iacute;amos de de ese  parque a la otra esquina donde se vend&iacute;a droga porque se vend&iacute;a en ese tiempo  puro &aacute;cido, ya en la noche, tipo diez ya &iacute;bamos por la otra esquina por donde  hay una tienda grande y all&iacute; se vend&iacute;a la droga tambi&eacute;n, vamos con los chinos,  vamos por balas, alistamos los cuetes,    <br> &mdash;Mire, mire, all&iacute; est&aacute; el chino, p&eacute;gale al chino pues, me dijeron. &mdash;Sim&oacute;n.  ¡Pum!, hecho.    <br> &mdash;No, a este hijueputa &#91;H&eacute;ctor&#93; no le tiembla, dec&iacute;an&quot;<sup><a   name="s58" href="#58">58</a></sup>    </ul>      <p> Una fiesta  sirve como bisagra entre dos &oacute;rdenes sociales. Por una parte, disuelve el orden  social anterior, distendiendo las  relaciones  que antes fueron determinantes. Por otra, prepara el terreno para una nueva  sociabilidad. Ac&aacute; hay un sujeto a caballo entre dos estructuras de regulaci&oacute;n.  Lo que no hay que perder de vista es que los dos &oacute;rdenes se mueven de acuerdo al  mismo mandato: la eliminaci&oacute;n del otro. Lo que en apariencia se transforma es  el orden social, pero en realidad lo que cambia es el rostro del otro.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b> 3.  Memoria, institucionalizaci&oacute;n </b><b> y </b><b> violencia: elementos conceptuales para analizar las memorias de ni&ntilde;ez de h&eacute;ctor</b></p>      <p> El recuerdo de  la ni&ntilde;ez de H&eacute;ctor es un ejercicio de memoria, que parte de su realidad actual y  su presente. Es un relato entre muchos que recuerdan este tiempo hist&oacute;rico. El  terreno de la memoria, como bien lo afirman diversos autores, es una arena de  lucha, en la cual los diferentes grupos sociales se disputan la hegemon&iacute;a de la  representaci&oacute;n<sup><a   name="s"59 href="#59">59</a></sup> Por ello la memoria se disputa en un campo de poder  donde existe una representaci&oacute;n oficial de los acontecimientos de la guerra  civil que ha sido  hegemonizada por  arena, en su gobierno  ininterrumpido entre  1989 y  2009.  Una y otra vez  arena utiliza esta  memoria oficial como un instrumento pol&iacute;tico, por ejemplo, en la propaganda  electoral que amenazaba a la poblaci&oacute;n con que la llegada del FMLN al poder ser&iacute;a  el retorno al escenario de guerra. Pero otras memorias tambi&eacute;n est&aacute;n presentes  en el escenario pol&iacute;tico salvadore&ntilde;o, por ejemplo la memoria del FMLN, que reivindica  su beligerancia de izquierda y sus actuaciones en medio de la guerra civil<sup><a   name="s60" href="#60">60</a></sup>  Fuera del escenario de la pol&iacute;tica electoral, existe tambi&eacute;n la memoria de los  acad&eacute;micos que han hechos esfuerzos por reentender este momento hist&oacute;rico<sup><a   name="s61" href="#61">61</a></sup>;  o la de los y las integrantes de movimientos sociales y comunidades eclesiales  de base que reivindican su posici&oacute;n en este conflicto<sup><a   name="s62" href="#62">62</a></sup></p>      <p> Pero ninguna  de estas memorias coincide con el punto de vista de H&eacute;ctor. Podr&iacute;amos dar dos  hip&oacute;tesis complementarias para entender esta diferenciaci&oacute;n. La primera, porque  &eacute;stas son memorias de quienes enfrentaron el conflicto como adultos/as j&oacute;venes  o adultos, no como ni&ntilde;os. La perspectiva es totalmente diferente, dado que la  vivencia generacional marca decididamente el punto de vista de cualquier  conflicto<sup><a   name="s63" href="#63">63</a></sup> La memoria, en este caso, es privilegio de quien la  sistematiza y la escribe &#40;en libros, cartas, discursos, etc.&#41; y son quienes  fueron adultos, y adem&aacute;s letrados, los que tienen este privilegio en El  Salvador. De tal suerte que la memoria oficial tiene un signo de edad &#40;la  adultez&#41; y uno de clase &#40;haber sido alfabetizado&#41;,  despojando  de legitimidad a memorias, como la de H&eacute;ctor, que carecen de estos elementos. En  segundo lugar, porque la memoria de H&eacute;ctor, a diferencia de las anteriores, no  intenta conscientemente una  disputa  en el escenario pol&iacute;tico. No es una memoria de la esperanza o  mesi&aacute;nica<sup><a   name="s64" href="#64">64</a></sup>, sino una  memoria de la violencia desnuda, que se inscribe en la cultura de las pandillas  de Los &Aacute;ngeles, caracterizadas por una ausencia de visi&oacute;n de futuro. Las  pandillas transnacionales como la  Mara  Salvatrucha no son organizaciones mesi&aacute;nicas, en la medida en que no miran en el  futuro la esperanza de redenci&oacute;n del presente; en cambio, dirimen su imaginario  en el escenario inmediato que implica la lucha por la eliminaci&oacute;n del otro &#40;sea  este polic&iacute;a o miembro de una pandilla contraria&#41;<sup><a   name="s65" href="#65">65</a></sup> Por ello,  cuando H&eacute;ctor vuelve la mirada a su ni&ntilde;ez, no lo hace con la perspectiva de un  futuro que transformar, sino con la angustia de un pasado lleno de  heridas.</p>      <p> El recuerdo de  la Guerra Civil en la vida de este integrante de la  Mara  Salvatrucha da cuenta de una serie de heridas corporales y ps&iacute;quicas, por medio  de las cuales tuvo que enfrentar la masacre de su pueblo, su incorporaci&oacute;n a la  guerrilla y el ej&eacute;rcito, y finalmente su exilio hacia Los &Aacute;ngeles. En la  memoria de H&eacute;ctor se encuentra de forma patente esta dificultosa forma de  socializaci&oacute;n, que se cristaliza en las heridas que le fueron infringidas: la  desaparici&oacute;n de sus familiares y del entorno donde crec&iacute;a &#40;que se convirti&oacute;  eventualmente  en un  desierto&#41;, la ausencia de  familia como unidad de institucionalizaci&oacute;n primaria y la necesidad de  incorporaci&oacute;n a al guerrilla y posteriormente al ej&eacute;rcito para salvar la vida<sup><a   name="s66" href="#66">66</a></sup>  Todo esto hace que la ni&ntilde;ez de H&eacute;ctor est&eacute; cruzada tanto por el drama de la acci&oacute;n-hu&iacute;da, pues tuvo que  enfrentar en su infancia la angustia de la muerte que le acechaba; como el  dilema de la  polarizaci&oacute;n-desgarramiento mediante los  cuales se vio en la necesidad de integrarse en las dos fuerzas beligerantes y  vivir el dif&iacute;cil dilema de ser un infiltrado de las FFAA.  H&eacute;ctor hab&iacute;a sido v&iacute;ctima y victimario en el teatro de la guerra civil desde  antes de llegar a su adolescencia. Para ese momento conoc&iacute;a las heridas del la  ausencia, conoc&iacute;a la sensaci&oacute;n de matar y experiment&oacute; la tortura en su cuerpo.  Hab&iacute;a sufrido gran cantidad de heridas ps&iacute;quicas y f&iacute;sicas.</p>      <p> Estas heridas  ocupan un lugar fundamental en la memoria de H&eacute;ctor, dado que son ellas las que  generan rupturas o transformaciones en su personalidad. Cada una de las  transformaciones en el devenir de su relato depende de una ruptura en el orden  anterior.  Estas rupturas son provocadas por fen&oacute;menos exteriores a &eacute;l, o dicho de otra  forma, que &eacute;l no controla. En los primeros a&ntilde;os de la ni&ntilde;ez las rupturas le son  impuestas por instituciones  secundarias  como las  FFAA o el FMLN.  La primera ruptura del relato tiene que ver con una masacre del pueblo donde  viv&iacute;a, que convirti&oacute; en ruinas lo que fue imaginado como id&iacute;lico. En una segunda  ruptura es torturado por las FFAA.  Este proceso degenera en la aplicaci&oacute;n de la propia tortura entre compa&ntilde;eros. La  violencia opresiva fue internalizada a tal punto que H&eacute;ctor y sus compa&ntilde;eros de  celda la tomaron por su propia cuenta. Este proceso de rupturas le lleva  finalmente al exilio de su pa&iacute;s, le expulsa decididamente del  sistema  de relaciones sociales bajo amenaza de asesinato.</p>      <p> Al mismo  tiempo las rupturas que son narradas como heridas ponen en evidencia la  sustituci&oacute;n institucional que se da  abruptamente  en la vida de H&eacute;ctor. Las teor&iacute;as sobre los procesos de institucionalizaci&oacute;n dan  cuenta de que, en tanto seres humanos, tendemos hacia la creaci&oacute;n de acuerdos  intersubjetivos que objetivan las conductas sociales, institucionaliz&aacute;ndolas de  manera que &eacute;stas  contengan nuestro  accionar<sup><a   name="s67" href="#67">67</a></sup> La memoria de infancia de H&eacute;ctor muestra el fracaso de  esta contenci&oacute;n de diferentes  instituciones sociales &#40;familia, sistema educativo, mercado de trabajo, etc.&#41;<sup><a   name="s68" href="#68">68</a></sup>  Por ello las rupturas narradas son marcadores de dos elementos: por un lado  se&ntilde;alan el fracaso de contenci&oacute;n de un sistema de relaciones sociales y por otro  la adscripci&oacute;n a un sistema venidero.</p>      <p> Pero &iquest;c&oacute;mo  entender este complejo proceso de institucionalizaci&oacute;n? Agreguemos para ello  cuatro categor&iacute;as. Cuando hablamos de instituciones, podemos pensar en oficiales &#40;dependencias  del estado y el mercado&#41; y alternativas<sup><a   name="s69" href="#69">69</a></sup> &#40;guerrilla,  pandillas&#41;, que expresan la relaci&oacute;n de sujeto respecto de la hegemon&iacute;a  dominante en una sociedad. As&iacute; mismo, las instituciones pueden entenderse como primarias &#40;referente a  la contenci&oacute;n familiar&#41; y secundarias &#40;referente a  estructuras que van m&aacute;s all&aacute; de la familia como la escuela, el trabajo, el  ej&eacute;rcito&#41;<sup><a   name="s70" href="#70">70</a></sup>, que designan una socializaci&oacute;n diferencial del orden  intersubjetivo. Las cuatro categor&iacute;as pueden mezclase en todas sus  posibilidades: oficial  primaria, oficial secundaria, alternativa primaria y alternativa  secundaria.</p>      <p> La memoria de  H&eacute;ctor da cuenta de una ruptura con la institucionalizaci&oacute;n primaria  representada en su familia nuclear, que es arrasada por una institucionalidad  secundaria  de tipo oficial, representada en las  FFAA.  Es all&iacute; donde se narra la primera herida. Posteriormente H&eacute;ctor engrosa las  filas del FMLN, adscribi&eacute;ndose  a una institucionalizaci&oacute;n secundaria  alternativa,  asumiendo el  rol de guerrillero e involucr&aacute;ndose de lleno &#40;&quot;a huevo&quot; dir&iacute;a &eacute;l&#41; en el  conflicto armado. Ese v&iacute;nculo le lleva a ser uno de los peones de guerra, y la  guerrilla ve que su ruptura anterior puede ser lo suficientemente  dolorosa  como para que se infiltre en el ej&eacute;rcito sin traicionar a las fuerzas  insurgentes. El sufrimiento es convertido en medio para lograr un fin en el  juego pol&iacute;tico-militar. Habi&eacute;ndose infiltrado en el ej&eacute;rcito, H&eacute;ctor da cuenta  de sus primeros actos de sabotaje y primeros asesinatos. Al aparecer esta  institucionalizaci&oacute;n le permite desarrollar una importante  deshumanizaci&oacute;n<sup><a   name="s71" href="#71">71</a></sup> de su  comportamiento, dado la amplia aceptaci&oacute;n del asesinato como forma de mediaci&oacute;n  institucional. La narraci&oacute;n desenfadada del asesinato y la descripci&oacute;n detallada  de c&oacute;mo mat&oacute; al soldado que se desped&iacute;a de su madre da cuenta de una  institucionalizaci&oacute;n oficial altamente  deshumanizante. Eventualmente  le descubrir&aacute;n como infiltrado y ser&aacute; torturado a tal punto que desear&aacute; su  propia muerte. Por un golpe de suerte salva su vida y vive una experiencia de  exilio y emigraci&oacute;n hacia los Estados Unidos. All&aacute; se encuentra nuevamente con  su n&uacute;cleo primario representado en su hermana, pero adem&aacute;s se presenta la  oportunidad de iniciar un nuevo proceso de institucionalizaci&oacute;n: el de la  Mara  Salvatrucha. Para ingresar a la  ms H&eacute;ctor  reconoce  inicialmente  que las  diferencias  institucionales construidas en el pasado deben ser eliminadas y de esto toma  cuenta en ese parque de Los &Aacute;ngeles, donde se encuentran mezclados los antiguos  enemigos &#40;guerrilleros, soldados y polic&iacute;as&#41;; todos ellos se han sacudido sus  identidades anteriores y han accedido a una nueva: &quot;Nosotros somos la  Mara  Salvatrucha&quot;. Esta nueva identidad tiene a su vez nuevos enemigos marcados por  la diferenciaci&oacute;n &eacute;tnica y no ideol&oacute;gica: chinos y negros. As&iacute;, H&eacute;ctor se  institucionaliza en su adolescencia en una organizaci&oacute;n que tiene  caracter&iacute;sticas primarias &#40;hermandad&#41; como secundarias &#40;manutenci&oacute;n mediante  comercio de drogas&#41;. En todo caso se presenta como una institucionalizaci&oacute;n  alternativa a las que hab&iacute;a conocido y al r&eacute;gimen de instituciones impuesto en  el pa&iacute;s que lo acog&iacute;a. En la memoria de H&eacute;ctor hay una sucesi&oacute;n de  instituciones recordadas mediante  heridas, que son  revividas peri&oacute;dicamente.</p>      <p> Una nota final  acerca del tema de la violencia. Es evidente que todo lo que se ha mencionado  hasta ac&aacute; sobre rupturas y heridas hacen referencia al tema de la violencia.  Est&aacute; muy presente en el relato en forma de masacres, torturas y c&aacute;lculos  institucionales. Pero &iquest;qu&eacute; podr&iacute;amos decir sobre el car&aacute;cter espec&iacute;fico de esta  violencia en los tr&aacute;nsitos institucionales? La violencia en el relato de H&eacute;ctor  tiene muchos rostros, es acto de violencia<sup><a   name="s72" href="#72">72</a></sup> &#40;los asesinatos  descritos y las torturas&#41;, es tambi&eacute;n violencia simb&oacute;lica<sup><a   name="s73" href="#73">73</a></sup>  &#40;evidente en el marco  categorial  que justifican y promueve los actos&#41;  y adem&aacute;s es  violencia estructural<sup><a   name="s74" href="#74">74</a></sup> &#40;un orden institucional opresivo que condena  los grupos empobrecidos a una existencia cruzada por las masacres&#41;. &iquest;Tienen  todas estas violencias una din&aacute;mica general? Al parecer s&iacute;. Desde mi modo de  ver, todas estas violencias se organizan desde lo que Rene  Girard  denomina  crisis  sacrificial<sup><a   name="s75" href="#75">75</a></sup>, por medio de  la cual las comunidades humanas pierden la capacidad de orientaci&oacute;n unitaria y  estructuradora y se sumen en una crisis de diferencias. La din&aacute;mica de la  violencia en el relato de H&eacute;ctor parece seguir esta l&oacute;gica, en el cual la  ausencia de un orden com&uacute;n en la comunidad, los distintos ordenes asumen una  posici&oacute;n beligerante &#40;FFAA, FMLN,  escuadrones de la muerte, etc.&#41;, y la totalidad de relaciones sociales es  arrastrada hacia esa espiral de violencia. El caso de H&eacute;ctor es revelador, dado  que por su condici&oacute;n de ni&ntilde;o es arrastrado por esta espiral sin que mediaran  decisiones conscientes al respecto. Ahora bien, en la memoria de H&eacute;ctor la  crisis sacrificial &mdash;o bien, la presencia de comunidades en eterno conflicto&mdash;, es  vivida como guerrillero y como soldado, pero adem&aacute;s es revivida como miembro de  la Mara  Salvatrucha. Luego de su emigraci&oacute;n forzada a Los &Aacute;ngeles, H&eacute;ctor tiene la  oportunidad de alejarse del la crisis sacrificial que se vive en su pa&iacute;s. Sin  embargo, el dato revelador es que la comunidad salvadore&ntilde;a en Los &Aacute;ngeles  resucita la crisis sacrificial en otro formato, disolviendo las diferencias  anteriores e integr&aacute;ndose a un colectivo que nuevamente inicia una batalla por  un orden imposible de  hegemonizar.  El aprendizaje de la crisis sacrificial en la vida de H&eacute;ctor tiene ra&iacute;ces tan  profundas que presumo que &eacute;sta es la &uacute;nica forma de institucionalizaci&oacute;n que  reconoce: una institucionalizaci&oacute;n siempre inconclusa, una guerra permanente.</p>       <p><b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> C</b><b>onclusiones</b></p>      <p> El testimonio  de H&eacute;ctor pone en evidencia la concatenaci&oacute;n de procesos hist&oacute;ricos de El  Salvador contempor&aacute;neo. A trav&eacute;s de sus recuerdos se da cuenta de una forma de  institucionalizaci&oacute;n que se construye a trav&eacute;s de heridas y rupturas, que se  superponen unas a otras y que conforma una subjetividad gestada en medio de una crisis  sacrificial permanente.</p>      <p> El devenir  hist&oacute;rico del pasado reciente de El Salvador, doloroso a simple vista, adquiere  tintes dram&aacute;ticos cuando se mira desde los recuerdos de H&eacute;ctor. Este tipo de  testimonio es diferente del construido para reivindicar una posici&oacute;n pol&iacute;tica en  medio del conflicto, o para justificar acciones de guerra. El de H&eacute;ctor es un  testimonio de la violencia desnuda que es recordada en la vida de una persona  como un proceso de violencia interminable.</p>      <p> En estas  circunstancias, la migraci&oacute;n no se recuerda como un &quot;volver a empezar&quot;, sino  como un proceso en el cual se configuran las rupturas para iniciar una nueva  institucionalizaci&oacute;n inconclusa. La guerra vivida y aprendida en la ni&ntilde;ez, es  revivida como conflicto entre pandillas en Los &Aacute;ngeles. El mundo conocido es  entonces la guerra, la crisis sacrificial, la violencia interminable. Y ello  revela adem&aacute;s otro dato fundamental: cuando se habla de institucionalizaci&oacute;n,  las formas de relacionamiento social aprendidas durante el periodo de la guerra  civil son las estructuras fundamentales de la personalidad que permiten a  H&eacute;ctor recrear el conflicto de las pandillas. El conflicto de las pandillas  tiene como antecedente la guerra civil, que tiene a su vez el antecedente del  conflicto por tenencia de tierra, explotaci&oacute;n de la mano de obra y penalizaci&oacute;n  de la esfera p&uacute;blica, rastreable incluso hasta  1932.  En otras palabras: la condici&oacute;n de posibilidad de la socializaci&oacute;n de las  pandillas es una forma de relaciona-miento social en el que las heridas  provocadas por las rupturas emanadas desde fuera del sujeto son fundamentales,  tanto a nivel primario como secundario, penetrando hasta su subjetividad y su  recuerdo.</p>      <p> El testimonio  de H&eacute;ctor es una forma de mirar el pasado no como &quot;verdaderamente ha sido&quot;, sino  como esa &quot;llama que flamea en el instante de peligro&quot;<sup><a   name="s76" href="#76">76</a></sup> Peligro  marcado por el miedo, la ansiedad, la angustia, ante la posibilidad de p&eacute;rdida  de la vida personal y de sus v&iacute;nculos familiares. No es una memoria evidente en  el escenario del recuerdo salvadore&ntilde;o. En cambio, se manifiesta como lo negado  en las relaciones sociales: en asesinatos, robos, peleas callejeras. La cultura  de las pandillas revive una y otra vez la premisa de H&eacute;ctor en la celda cuando  era torturado:  &quot;&#91;...&#93;  sabe qu&eacute;,  men, si vamos a  morir, v&aacute;monos a morir peleando&quot;. Ante una vida que se recuerda como  institucionalizaci&oacute;n inconclusa, como violencia desnuda, la escenificaci&oacute;n de  la agresi&oacute;n representa lo negado de manera grotesca.</p> <hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>      <p><sup><a href="#s*"  name="*">*</a></sup>  Este art&iacute;culo es resultado de la investigaci&oacute;n &quot;Cultura, sujeto e institucionalizaci&oacute;n: el caso de &#39;las maras&#39; en El Salvador contempor&aacute;neo&quot;,  desarrollada como proyecto de tesis doctoral y como investigaci&oacute;n en el  Departamento Ecum&eacute;nico de Investigaciones &#40;dei&#41;  y en el Instituto de Investigaciones Sociales &#40;iis&#41;  de Costa Rica. El financiamiento del trabajo de campo y la sistematizaci&oacute;n se  han realizado con ayuda de dos pasant&iacute;as, una otorgada por el dei en 2006 y otra  que me diera el iis en forma de  &quot;Estancia de Investigaci&oacute;n&quot; para acad&eacute;micos, desarrollada en el a&ntilde;o 2008.</p>      <p><sup><a href="#s1"  name="1">1</a></sup>  H&eacute;ctor es el nombre ficticio de mi informante. As&iacute; como el nombre, algunos de  sus datos personales han sido omitidos o cambiados para  proteger  su integridad e identidad.</p>      <p><sup><a href="#s2"  name="2">2</a></sup>  El enfrentamiento armado salvadore&ntilde;o recibe muchos nombres: &quot;la guerra&quot;, a  secas, como se utiliza en su acepci&oacute;n popular, o bien los t&eacute;rminos que remiten a  partes del espectro pol&iacute;tico como &quot;el conflicto armado&quot;, utilizado por la  derecha para eliminar la categor&iacute;a  guerra; por su parte  los sectores de izquierda utilizan el  significante  &quot;guerra revolucionaria&quot; o &quot;guerra popular&quot; para reivindicar el car&aacute;cter  ideol&oacute;gico de la disputa. Este art&iacute;culo nombrar&aacute; el conflicto como &quot;guerra  civil&quot;, t&eacute;rmino que rescata la palabra &quot;guerra&quot; para dar justa dimensi&oacute;n al  conflicto vivido &mdash;en el cual perdieron la vida m&aacute;s de setenta mil personas&mdash;,  pero adem&aacute;s utiliza el significante &quot;civil&quot;, que remarca el car&aacute;cter fratricida  del enfrenta-miento, as&iacute; como su dimensi&oacute;n de rebeld&iacute;a ciudadana. Agradezco al  historiador Knut Walter su ayuda en la clarificaci&oacute;n de los t&eacute;rminos.</p>      <p><sup><a href="#s3"  name="3">3</a></sup>  Atendemos la divisi&oacute;n que realiza Rojas citando a Dezin entre  biograf&iacute;as,  historias de vida y relatos de  vida, y consideramos  las primeras como ejercicios institucionalizados que se realizan con personajes  de la vida p&uacute;blica a manera de ejemplificaci&oacute;n. Las segundas, como un esfuerzo  de recolecci&oacute;n de una vida que implica adem&aacute;s el complemento de documentos sobre  esa vida &#40;art&iacute;culos de peri&oacute;dico, fotograf&iacute;as, etc.&#41;. En cambio los relatos de  vida, se dedican a: &quot;&#91;...&#93; examinar una vida o parte significativa de esta, tal  como es contada por los individuo. &#91;es decir&#93;. una invenci&oacute;n concebida como  construcci&oacute;n o reconstrucci&oacute;n de las vivencias individuales&quot;.  Martha  Luz Rojas Wiesner, &quot;Lo biogr&aacute;fico en sociolog&iacute;a. Entre la diversidad de  contenidos y la necesidad de  especificar  conceptos&quot;, en  Observar,  Escuchar y Comprender sobre la tradici&oacute;n cualitativa en la investigaci&oacute;n  social, coord. Mar&iacute;a  Luisa Tarr&eacute;s &#40;Ciudad de M&eacute;xico: flacs&uuml;-  M&eacute;xico/Colegio de M&eacute;xico, 2001&#41;, 182.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s4"  name="4">4</a></sup>  Carmen Ascanio S., &quot;Biograf&iacute;a etnogr&aacute;fica&quot;, en  Etnograf&iacute;a:  Metodolog&iacute;a cualitativa en la investigaci&oacute;n socio-cultural, ed. &Aacute;ngel  Aguirre Baztan &#40;Barcelona: Boixareu Universitaria, 1995&#41;, 212-213; Ram&oacute;n  Res&eacute;ndiz Garc&iacute;a, &quot;Biograf&iacute;a: Proceso y nudos te&oacute;rico-metodol&oacute;gicos&quot;, en Observar,  Escuchar y Comprender, 158 y ss;  Martha  Luz Rojas Wiesner, &quot;Lo biogr&aacute;fico en sociolog&iacute;a&quot;, en  Observar,  Escuchar y Comprender, 182; Peter  Berger y Thomas Luckmann, La  construcci&oacute;n social de la realidad &#40;Buenos Aires:  Amorrurtu Editores, 1972&#41;, 87.</p>      <p><sup><a href="#s5"  name="5">5</a></sup>  Atiendo la reflexi&oacute;n sobre memoria que planteara Benjamin en su tesis n&uacute;mero vi:  &quot;Articular hist&oacute;ricamente el pasado no significa conocerlo como &#39;verdaderamente  ha sido&#39;. Significa apoderarse de un recuerdo tal como &eacute;ste relampaguea en un  instante  de peligro&quot;. Walter Benjamin,  La dial&eacute;ctica  en suspenso. Fragmentos sobre historia &#40;Santiago: l&uuml;m/arsis,  2002&#41;, 51.</p>      <p><sup><a href="#s6"  name="6">6</a></sup>  Ignacio Mart&iacute;n-Bar&oacute;, &quot;Guerra y trauma psicosocial en el ni&ntilde;o salvadore&ntilde;o&quot;, en Psicolog&iacute;a  social de la guerra, ed.  Mart&iacute;n-Bar&oacute; Ignacio &#40;San Salvador: uca Editores,  2000&#41;, 235 y ss.</p>      <p><sup><a href="#s7"  name="7">7</a></sup>  Entre 1932 y 1984 la administraci&oacute;n del poder gubernamental y la conducci&oacute;n del  estado salvadore&ntilde;o fue realizada por c&uacute;pulas militares. Rafael Menjivar Ochoa, Tiempos de  locura. El Salvador 1979-1981 &#40;San Salvador: flacs&uuml; El  Salvador/&Iacute;ndole editores, 2008&#41;, 103-121.</p>      <p><sup><a href="#s8"  name="8">8</a></sup>  James Dunkerley, &quot;El Salvador desde 1930&quot;, en  Historia de  Am&eacute;rica Latina &#40;Am&eacute;rica  Central desde 1930&#41;, ed. Leslie Bethell &#40;Cambridge:  Cambridge University Press/ Barcelona: Editorial Cr&iacute;tica, 2001&#41;, 100-101; Comisi&oacute;n de la  Verdad,  De la locura a  la esperanza: La guerra de 12 a&ntilde;os en El Salvador &#40;San Jos&eacute;: dei,  1993&#41;, 200 y ss.</p>      <p><sup><a href="#s9"  name="9">9</a></sup>  Las organizaciones militares que compon&iacute;an el  FMLN se gestaron en  la d&eacute;cada de los setenta y se denominaban: Fuerzas Populares de Liberaci&oacute;n  Farabundo Mart&iacute; &#40;fpl&#41;,  Ej&eacute;rcito Revolucionario del Pueblo &#40;eep&#41;,  las Fuerzas Armadas de Resistencia Nacional &#40;faen&#41;,  el Partido Revolucionario de los Trabajadores &#40;petc&#41;  y las Fuerzas Armadas de Liberaci&oacute;n &#40;fal&#41;.  Y sus frentes de lucha civil eran: Bloque Popular Revolucionario &#40;bpe&#41;  para las fpl,  Ligas Populares, 28 de febrero &#40;lp-28&#41;  para el eep y Frente de  Acci&oacute;n Popular Unificada &#40;fapu&#41;  para las faen.</p>      <p><sup><a href="#s10"  name="10">10</a></sup>  Voy a realizar una descripci&oacute;n somera de los principales acontecimientos de la  guerra civil. Para ello utilizar&eacute; la divisi&oacute;n temporal de cuatro periodos que  establece la Comisi&oacute;n de la Verdad para comprender el conflicto armado:  1980-1983, 1983-1987, 1987-1989, 1989-1991. Comisi&oacute;n de la Verdad,  De la locura a  la esperanza, 47 y ss.</p>      <p><sup><a href="#s11"  name="11">11</a></sup>  &quot;Fuerzas armadas&quot; y &quot;ej&eacute;rcito&quot; se utilizar&aacute;n como sin&oacute;nimos.</p>      <p><sup><a href="#s12"  name="12">12</a></sup> Rafael  Menjivar Ochoa,  Tiempos de  locura, 22  y ss.</p>      <p><sup><a href="#s13"  name="13">13</a></sup> Comisi&oacute;n de la Verdad,  De la locura a  la esperanza, 48  y ss.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s14"  name="14">14</a></sup> Carlos  Figueroa Ibarra, &quot;Centroam&eacute;rica: Entre la crisis y la esperanza &#40;1978-1990&#41;&quot;,  en  Historia  General de Centroam&eacute;rica, vol.  6  &quot;Historia Inmediata&quot;, ed. Edelberto Torres-Rivas &#40;San Jos&eacute;:  flacs&uuml;,  1993&#41;, 45.</p>      <p><sup><a href="#s15"  name="15">15</a></sup>  Phillip  Bourgois, &quot;M&aacute;s all&aacute; de la pornograf&iacute;a de la violencia. Lecciones desde El  Salvador&quot;, en  J&oacute;venes sin  tregua. Culturas y pol&iacute;ticas de la violencia, eds. Francisco  Ferr&aacute;ndiz y Carles Feixa &#40;Barcelona: Anthrophos&#41;,  11-34.  Esta forma de operaci&oacute;n revive el uso de la fuerza en la masacre de  1932.  Roque Dalton,  Miguel M&aacute;rmol:  Los sucesos de  1932 en  El Salvador  &#40;San Salvador: uca Editores, 2007&#41;;  Jeffrey  Gould y Aldo  LauriaSantiago,  1932.  Rebeli&oacute;n en la oscuridad  &#40;San Salvador:  Museo de la Palabra y la Imagen, 2008&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s16"  name="16">16</a></sup>  Se calculan en medio mill&oacute;n de personas.Comisi&oacute;n de la Verdad,  De la locura a  la esperanza, 57-58.</p>      <p><sup><a href="#s17"  name="17">17</a></sup>  Rafael Menjivar Ochoa,  Tiempos de  locura, 223-229.</p>      <p><sup><a href="#s18"  name="18">18</a></sup>  Es importante recordar que,  paralelamente  a este conflicto armado, se desarrollaba otro en Guatemala, que habr&iacute;a comenzado  en 1960, y uno de &quot;baja intensidad&quot; que los Estados Unidos financiaban en contra  del gobierno del Frente Sandinista de Liberaci&oacute;n Nacional &#40;fsln&#41;  en  Nicaragua  desde inicios de la d&eacute;cada de los ochenta. Carlos Figueroa Ibarra,  &quot;Centroam&eacute;rica: Entre la crisis y la esperanza&quot;.</p>      <p><sup><a href="#s19"  name="19">19</a></sup>  Comisi&oacute;n de la Verdad,  De la locura a  la esperanza, 66.</p>      <p><sup><a href="#s20"  name="20">20</a></sup>  Comisi&oacute;n de la Verdad,  De la locura a  la esperanza, 66-67.</p>      <p><sup><a href="#s21"  name="21">21</a></sup>  Este &uacute;ltimo hab&iacute;a podido entrar legalmente al pa&iacute;s luego de la firma de  Esquipulas II. Carlos Figueroa  Ibarra,  &quot;Centroam&eacute;rica: Entre la crisis y la esperanza&quot;, 47.</p>      <p><sup><a href="#s22"  name="22">22</a></sup>  Comisi&oacute;n de la Verdad,  De la locura a  la esperanza, 70; Carlos  Figueroa Ibarra,  &quot;Centroam&eacute;rica: Entre la crisis y la esperanza&quot;, 47.</p>      <p><sup><a href="#s23"  name="23">23</a></sup>  Edelberto Torres-Rivas, &quot;La  sociedad:  La din&aacute;mica poblacional, efectos sociales de la crisis, aspectos culturales y  &eacute;tnicos&quot;, en  Historia  General de Centroam&eacute;rica, vol. 6  &quot;Historia Inmediata&quot;, ed. Edelberto Torres-Rivas &#40;San Jos&eacute;: flacso,  1993&#41;, 225.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s24"  name="24">24</a></sup>  Comisi&oacute;n de la Verdad,  De la  locura a la  esperanza,  69.</p>      <p><sup><a href="#s25"  name="25">25</a></sup> Los  asesinados/as fueron: Ignacio Ellacur&iacute;a, Rector  de la  uca;  Segundo Montes, Ignacio Mart&iacute;n- Bar&oacute;, Amado L&oacute;pez, Juan Ram&oacute;n Moreno, Joaqu&iacute;n  Lopez,  Elba Ramos y Celina Ramos.</p>      <p><sup><a href="#s26"  name="26">26</a></sup>  Comisi&oacute;n de la Verdad,  De la locura a  la esperanza, 69.</p>      <p><sup><a href="#s27"  name="27">27</a></sup>  Comisi&oacute;n de la Verdad,  De la locura a  la esperanza, 73-74;  Edelberto Torres-Rivas, &quot;La sociedad: La din&aacute;mica poblacional&quot;, 225-226.</p>      <p><sup><a href="#s28"  name="28">28</a></sup>  Destacan entre otros: Joaqu&iacute;n Sama-yoa, &quot;Guerra y deshumanizaci&oacute;n: una  perspectiva  psicosocial&quot;,  en  Psicolog&iacute;a  social de la guerra, ed. Ignacio  Mart&iacute;n-Bar&oacute; &#40;San Salvador: uca Editores,  2000&#41;, 41-66; Ignacio Mart&iacute;n-Bar&oacute;, &quot;Guerra y trauma  psicosocial&quot;,  234251;  Ignacio Mart&iacute;n-Bar&oacute;, &quot;Violencia pol&iacute;tica y guerra como causas del trauma  psicosocial en El Salvador&quot;, en  Psicolog&iacute;a  social de la guerra, ed. Ignacio  Mart&iacute;n-Bar&oacute; &#40;San Salvador: uca Editores,  2000&#41;, 66-83; Ignacio Mart&iacute;n-Bar&oacute;. &quot;Guerra y salud  mental&quot;,  en  Psicolog&iacute;a  social de la guerra, 24-21;  Nelson  Portillo, &quot;Juventud y trauma psicosocial en El Salvador&quot;, en  Psicolog&iacute;a  social en la posguerra: teor&iacute;a y aplicaciones en El Salvador, eds. Nelson  Portillo, Mauricio Gaborit y Jos&eacute; Miguel Cruz &#40;San Salvador: uca Editores,  2006&#41;, 249-290.</p>      <p><sup><a href="#s29"  name="29">29</a></sup>  Joaqu&iacute;n Samayoa, &quot;Guerra y deshumanizaci&oacute;n&quot;, 51 y ss.</p>      <p><sup><a href="#s30"  name="30">30</a></sup> Ignacio  Mart&iacute;n-Bar&oacute;, &quot;Violencia pol&iacute;tica y guerra&quot;,  78.</p>      <p><sup><a href="#s31"  name="31">31</a></sup> Ignacio  Mart&iacute;n-Bar&oacute;, &quot;Guerra y trauma  psicosocial&quot;,  245.</p>      <p><sup><a href="#s32"  name="32">32</a></sup> Nelson  Portillo, &quot;Juventud y trauma psicosocial&quot;,  278-279.</p>      <p><sup><a href="#s33"  name="33">33</a></sup> Jefe: forma de  referirse al padre.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s34"  name="34">34</a></sup> Chivo: del lenguaje  popular salvadore&ntilde;o para caracterizar algo &#40;evento, situaci&oacute;n, cosa&#41; como  emocionante.</p>      <p><sup><a href="#s35"  name="35">35</a></sup> Chula/o: tiene varias  acepciones, en esta parte del relato est&aacute; utilizada para designar algo que es  bonito: &quot;las flores son chulas&quot;. Pero en otras formulaciones que encontraremos  en otras partes del relato como chul&oacute;n o chulona se utiliza  para designar la desnudez: &quot;qued&oacute; chul&oacute;n&quot;.</p>      <p><sup><a href="#s36"  name="36">36</a></sup> Puya: no es  utilizada ac&aacute; en su acepci&oacute;n de lanza o asta, m&aacute;s bien hace  referencia a una variante de pucha o puchica, que a su vez  es una forma de suavizar una expresi&oacute;n considerada vulgar: ¡puta!</p>      <!-- ref --><p><sup><a href="#s37"  name="37">37</a></sup>  Entrevista a H&eacute;ctor, San Salvador, 2 de febrero de 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-1617201000010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><sup><a href="#s38"  name="38">38</a></sup>  Entrevista a H&eacute;ctor, San Salvador, 2 de febrero de 2008.</p>      <p><sup><a href="#s39"  name="39">39</a></sup> Corte parejo: es una  expresi&oacute;n muy com&uacute;n en el lenguaje popular salvadore&ntilde;o, en este caso est&aacute;  utilizada para expresar que se mataba por igual a todas las personas que el  ej&eacute;rcito encontraba, no se diferenciaba por sexo o edad.</p>      <p><sup><a href="#s40"  name="40">40</a></sup>  La formulaci&oacute;n del refr&aacute;n popular  muerto el  perro se acab&oacute; la rabia tiene mucho  sentido el contexto de la guerra civil en El Salvador. En los primeros a&ntilde;os de  la lucha contrainsurgente &#40;inicios de los ochenta&#41; las fuerzas represivas  determinaron que, tanto en Guatemala como en El Salvador, antes de atacar a la  guerrilla  misma era prioritario atacar a las poblaciones civiles que serv&iacute;an de apoyo  log&iacute;stico,  emocional y estructural al movimiento guerrillero.  Matar al perro hace alusi&oacute;n a  esta pol&iacute;tica de exterminio de civiles que eran acusados de ser causantes  directos de la rabia, es decir, el  movimiento insurgente. Las masacres de civiles realizadas bajo esta pol&iacute;tica  contrainsurgente fueron  documentadas  por los recuentos de las violaciones a los Derechos Humanos en ambos pa&iacute;ses, as&iacute;  como en los testimonios sobre la guerra y en los trabajos acad&eacute;micos realizados  sobre este proceso. Al respecto se puede consultar sobre el tema de  ddhh: Proyecto  Interdiocesano de Recuperaci&oacute;n de la Memoria Hist&oacute;rica, Guatemala  Nunca m&aacute;s &#40;Ciudad de  Guatemala: Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, 1998&#41;, y  Comisi&oacute;n de la Verdad, De la locura a  la esperanza. Sobre lo  testimonial: Jos&eacute; Ignacio Lopez Vigil, Las mil y una  historias de Radio Venceremos &#40;San  Salvador: uca Editores,  1993&#41;. Respecto de los trabajos acad&eacute;micos Phillip Bourgois, &quot;M&aacute;s all&aacute; de la  pornograf&iacute;a&quot;, 11-34; Sergio Tishler Visquerra, Tiempo,  memoria y sujeto &#40;Ciudad de  Guatemala: FyG editores, 2005&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s41"  name="41">41</a></sup> Pa bajo: refiere  directamente a que fueron asesinados o &quot;se los bajaron&quot;.</p>      <p><sup><a href="#s42"  name="42">42</a></sup> Morritos: forma de  designar a los ni&ntilde;os peque&ntilde;os en el leguaje popular salvadore&ntilde;o. Es una  formulaci&oacute;n que evoca ternura y cari&ntilde;o.</p>      <p><sup><a href="#s43"  name="43">43</a></sup>  Entrevista a H&eacute;ctor, San Salvador, 2 de febrero de 2008.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s44"  name="44">44</a></sup>  Entrevista a H&eacute;ctor, San Salvador, 2 de febrero de 2008.</p>      <p><sup><a href="#s45"  name="45">45</a></sup>  Entrevista a H&eacute;ctor, San Salvador, 2 de febrero de 2008.</p>      <p><sup><a href="#s46"  name="46">46</a></sup> Un chingo: hace  referencia a gran cantidad de alguna cosa.</p>      <p><sup><a href="#s47"  name="47">47</a></sup> Cuetazos: sin&oacute;nimo de  disparos.</p>      <p><sup><a href="#s48"  name="48">48</a></sup> G&uuml;ach&eacute;: es un  anglicismo del lenguaje popular centroamericano que transforma el verbo watch que en ingl&eacute;s  significa &#39;ver&#39; en el verbo &#39;g&uuml;achar&#39;.</p>      <p><sup><a href="#s49"  name="49">49</a></sup>  Entrevista a H&eacute;ctor, San Salvador, 2 de febrero de 2008.</p>      <p><sup><a href="#s50"  name="50">50</a></sup> Vergasear o dar verga: se utiliza en  el lenguaje popular salvadore&ntilde;o para designar la acci&oacute;n de golpear a una persona  o cosa.</p>      <p><sup><a href="#s51"  name="51">51</a></sup> Sim&oacute;n: se utiliza  como una forma estilizada de decir s&iacute;. Es com&uacute;n en el lenguaje popular, sobre  todo en el juvenil.</p>      <p><sup><a href="#s52"  name="52">52</a></sup>  Entrevista a H&eacute;ctor, San Salvador, 2 de febrero de 2008.</p>      <p><sup><a href="#s53"  name="53">53</a></sup>  Stuart Hall  et al., &quot;Subcultures,  cultures and class: a theoretical overview&quot;, en Resistance  through rituals. Youth subcultures in post-war Britain, eds. Stuart Hall  y Tony Jefferson &#40;Nueva York: Routledge, 2000&#41;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s54"  name="54">54</a></sup> Vergo: en lenguaje  popular  salvadore&ntilde;o alude a  una  gran cantidad de algo &#40;gente, carros, sillas, etc.&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s55"  name="55">55</a></sup> Pel&oacute;n: con el cabello  rapado.</p>      <p><sup><a href="#s56"  name="56">56</a></sup>  Entrevista a H&eacute;ctor, San Salvador, 2 de febrero de 2008.</p>      <p><sup><a href="#s57"  name="57">57</a></sup> Ampl&iacute;a  cantidad literatura sobre el fen&oacute;meno da cuenta de esta forma de organizaci&oacute;n:  Alonso  Salazar,  No nacimos  pa&#39;semilla. La Cultura de las bandas juveniles de  Medell&iacute;n  &#40;Bogot&aacute;:  Planeta,  2002&#41;;  eric, ides&uuml;-&uuml;ca, idies-&uuml;rl, iuDop-ucA, vol. i, Maras y  Pandillas en  Centroam&eacute;rica  &#40;Managua: uca Publicaciones,  2001&#41;;  Mauro Cerb&iacute;no,  Pandillas  juveniles. Cultura y conflicto de la calle &#40;Quito: Abya  Yala/El Conejo,  2004&#41;;  Marcela Smutt y Lissette Miranda, &quot;El Salvador: socializaci&oacute;n y violencia  juvenil&quot;, en  Am&eacute;rica  Central en los noventa: Problemas de juventud, ed. Carlos  Guillermo Ramos &#40;San Salvador: flacso-  Programa El Salvador,  1998&#41;, 151-188;  Jose Manuel  Valenzuela  Arce, &quot;La mara es mi familia&quot;, en  Las maras:  identidades juveniles al l&iacute;mite, ed. Jose  Manuel Valenzuela  Arce, Alfredo Nateras Dom&iacute;nguez y Rossana Reguillo Cruz &#40;M&eacute;xico:  uAivi/Colegio  de la Frontera Norte,  2007&#41;, 33-61.</p>      <p><sup><a href="#s58"  name="58">58</a></sup>  Entrevista  a H&eacute;ctor, San Salvador,  2 de  febrero de 2008.</p>      <p><sup><a href="#s59"  name="59">59</a></sup>  Benjamin hace hincapi&eacute; en esta problem&aacute;tica cuando finaliza su tesis VI: &quot;Solo  tiene el don de encender en el pasado la chispa de la esperanza  aquel historiador  que est&eacute; traspasado por &#91;la idea de que&#93; tampoco los muertos estar&aacute;n a salvo  del enemigo cuando &eacute;ste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer&quot;. Walter  Benjamin, La dial&eacute;ctica, 51 &#40;subrayado  del original&#41;. Tishler en consonancia con Benjamin habla de la diferenciaci&oacute;n  entre La Memoria y los ejercicios de reivindicaci&oacute;n de las memorias populares y  diversas. Sergio Tishler Visquerra, Tiempo, memoria  y sujeto,  104-107. Virno  hace referencia a la lucha existente entre el &quot;recuerdo del presente&quot; y el  &quot;falso reconocimiento&quot;. Paolo Virno, Recuerdo del  presente. Ensayo sobre el tiempo hist&oacute;rico &#40;Buenos Aires:  Paid&oacute;s, 2003&#41;, 37-41. Todorov refiere a la lucha pol&iacute;tica que implica la  recuperaci&oacute;n de la memoria y los usos que se le da a &eacute;sta. Tzvetan Todorov, Los abusos de  la memoria &#40;Barcelona:  Paid&oacute;s, 2000&#41;, 11 y ss.</p>      <p><sup><a href="#s60"  name="60">60</a></sup>  Jos&eacute; Ignacio Lopez Vigil,  Las mil y una  historias.</p>      <p><sup><a href="#s61"  name="61">61</a></sup>  Rafael Menjivar Ochoa,  Tiempos de  locura.</p>      <p><sup><a href="#s62"  name="62">62</a></sup>  Mar&iacute;a L&oacute;pez Vigil,  Piezas para un  retrato &#40;San Salvador: uca Editores,  1993&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s63"  name="63">63</a></sup>  Hinkelammert apoya la tesis de la vivencia generacional diferenciada: &quot;Cada  generaci&oacute;n hace su presente. Viendo desde su presente, tiene su propio futuro y  su propio pasado. Como cada presente tiene su propia historia, tambi&eacute;n tiene su  propio pasado. Al cambiar con el presente el futuro, cambia igualmente el  pasado. No solamente cada generaci&oacute;n escribe su propia historia, tiene tambi&eacute;n  su propio pasado. Precisamente por eso tiene su propio futuro&quot;. Franz  Hinkelammert, &quot;La reconstituci&oacute;n del pensamiento cr&iacute;tico.&quot; &#40;2008&#41; <a target="_blank"  href="http://www.pensamientocritico.info/"> http://www.pensamientocritico.info</a> &#40;consultada 23  de abril de 2008&#41;, 18.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s64"  name="64">64</a></sup>  La segunda tesis de Benjamin abunda en esta visi&oacute;n mesi&aacute;nica: &quot;&#91;...&#93; en la  representaci&oacute;n de la felicidad oscila inalienablemente la redenci&oacute;n. Con la  representaci&oacute;n del pasado que la historia hace asunto suyo ocurre de igual modo.  El pasado lleva consigo un secreto &iacute;ndice, por el cual es remitido a la  redenci&oacute;n &#91;.&#93;. Entonces nos ha sido dada, tal como cada generaci&oacute;n que nos  precedi&oacute;, una  d&eacute;bil fuerza  mesi&aacute;nica, sobre la cual el pasado reclama derecho. No es f&aacute;cil  atender a esta reclamaci&oacute;n. El materialista hist&oacute;rico lo sabe&quot;. Walter Benjamin, La dial&eacute;ctica, 48 &#40;el  subrayado es m&iacute;o&#41;. V&eacute;ase tambi&eacute;n: Sergio Tishler Visquerra, Tiempo,  memoria y sujeto, 104-107.</p>      <p><sup><a href="#s65"  name="65">65</a></sup> Al  respecto ver John M. Hagedorn,  A World  of Gangs: Armed Young Men and Gangsta Culture  &#40;Minneapolis: University of Minnesota Press,  2008&#41;, 3-10; Rossana  Reguillo Cruz, &quot;La mara:  contingencia y afiliaci&oacute;n con exceso &#40;re-pensando los l&iacute;mites&#41;&quot;, en  Las maras:  identidades juveniles al l&iacute;mite, ed. Jose  Manuel  Valenzuela Arce, Alfredo  Nateras Dom&iacute;nguez y Rossana Reguillo Cruz &#40;M&eacute;xico:  uam/ Colegio de la  Frontera Norte,  2007&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s66"  name="66">66</a></sup> Ignacio  Mart&iacute;n-Bar&oacute;, &quot;Guerra y trauma psicosocial del ni&ntilde;o&quot;,  244.</p>      <p><sup><a href="#s67"  name="67">67</a></sup>  La tesis de la contenci&oacute;n est&aacute; apoyada tanto por Peter Berger y Thomas Luckmann,  &quot;La construcci&oacute;n social&quot;, 87-90; como por el trabajo de Ignacio Mart&iacute;n-Bar&oacute;, Sistema, grupo  y poder. Psicolog&iacute;a Social desde Centroam&eacute;rica &#40;II&#41; &#40;San  Salvador: uca Editores,  2004&#41;, 238 y ss.</p>      <p><sup><a href="#s68"  name="68">68</a></sup>  Lo visto en la historia de H&eacute;ctor es tambi&eacute;n corroborado por otros estudios  sobre pandillas. Mauricio Gaborit, &quot;Los c&iacute;rculos de la violencia: sociedad  excluyente y pandillas&quot;,  RevistaECA 685-586 &#40;Nov-Dic:  LX 2005&#41;: 1145-1154; Dennis Rodgers y Jos&eacute; Luis Rocha, Br&oacute;deres  descobijados y vagos alucinados. Una d&eacute;cada con las  pandillas nicarag&uuml;enses 1997-2007  &#40;Managua:  Revista Env&iacute;o, 2008&#41;; Alonso Salazar, No nacimos  pa&#39;semilla, 44; Mar&iacute;a  Santacruz Giralt, y Alberto Concha-Eastman, Barrio  adentro: La solidaridad violenta de las pandillas &#40;San Salvador: uca Editores/ops/ Homies Unidos,  2001&#41;; Wim Savenije, &quot;Las pandillas transnacionales Mara Salvatrucha y Barrio  18st.: Una tensa combinaci&oacute;n de exclusi&oacute;n social, delincuencia y respuestas  represivas&quot;, en Intra  caribbean Migration and the Conflict nexos, eds.  T. Lesser, et al. &#40;Ottawa:  University of the West Indies/oiM, 2006&#41;, 205-228.</p>      <p><sup><a href="#s69"  name="69">69</a></sup>  La categor&iacute;a de  alternativo est&aacute; utilizada  en su acepci&oacute;n de &quot;opci&oacute;n diferente&quot; a una cultura de la dominaci&oacute;n. Se basa en  al distinci&oacute;n que realiza Williams entre cultura de la  dominaci&oacute;n y hegemon&iacute;a  alternativa. Raymond  Williams, Marxismo y  Literatura  &#40;Barcelona:  Pen&iacute;nsula, 1997&#41;. Lo que ac&aacute; se entiende por alternativo, va desde una  organizaci&oacute;n como el FMLN,  que se plante&oacute; en los a&ntilde;os de la guerra civil como una alternativa al esquema de  relaciones sociales de corte progresista mesi&aacute;nico, hasta las pandillas que se  alejan de la oficialidad rompiendo la ley pero sin mostrar rasgos mesi&aacute;nicos  &#40;dicho sea de paso: sin tener proyecto  hist&oacute;rico&#41;.  Es decir, la palabra  alternativo en esta  acepci&oacute;n no es sin&oacute;nimo de mesianismo o progresismo.</p>      <p><sup><a href="#s70"  name="70">70</a></sup>  Las nociones de institucionalizaci&oacute;n dividida en  primaria y secundaria son trabajadas  por Peter Berger y Thomas Luckmann, &quot;La construcci&oacute;n social&quot;, 177 y ss. As&iacute;  mismo Mart&iacute;n-Bar&oacute; da cuenta de un an&aacute;lisis a profundidad del concepto de grupo  primario. Ignacio Mart&iacute;n- Bar&oacute;, Sistema, grupo  y poder, 262 y ss.</p>      <p><sup><a href="#s71"  name="71">71</a></sup>  Ignacio Mart&iacute;n- Bar&oacute;, &quot;Guerra y trauma psicosocial del ni&ntilde;o&quot;, 244.</p>      <p><sup><a href="#s72"  name="72">72</a></sup>  Concepci&oacute;n Fern&aacute;ndez  Villanueva,  J&oacute;venes  Violentos. Causas psicosociol&oacute;gicas de la violencia en grupo &#40;Barcelona:  Icaria, 1998&#41;, 38.</p>      <p><sup><a href="#s73"  name="73">73</a></sup> Bourdieu,  Pierre,  La dominaci&oacute;n  masculina &#40;Barcelona:  Anagrama, 2005&#41;, 49 y ss.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s74"  name="74">74</a></sup> Ignacio, Mart&iacute;n-Bar&oacute;,  Acci&oacute;n e  Ideolog&iacute;a. Psicolog&iacute;a Social desde Centroam&eacute;rica &#40;San Salvador:  UCA Editores,  2004&#41; , 406.</p>      <p><sup><a href="#s75"  name="75">75</a></sup> &quot;La crisis  sacrificai,  esto es, la  p&eacute;rdida del sacrificio, es p&eacute;rdida de diferencia entre violencia impura y  violencia  purificadora  &#91;...&#93;  Se trata de un &uacute;nico e id&eacute;ntico proceso de invasi&oacute;n de la reciprocidad violenta.  La  crisis  sacrificial debe ser  definida como crisis de las  diferencias, es decir del  orden cultural en su conjunto. En efecto, este orden cultural no es otra cosa  que un sistema organizado de diferencias; son las distancias diferenciales las  que proporcionan a los individuos su &#39;identidad&#39;, y les permite situarse a unos  en relaci&oacute;n con otros&quot;. Ren&eacute;  Girard,  La violencia y  lo sagrado &#40;Barcelona:  Anagrama, 2005&#41; , 56.  &#40;subrayado del original&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s76"  name="76">76</a></sup>  Walter  Benjam&iacute;n,  La  dial&eacute;ctica en suspenso,  51.</p>  <hr size="1">      <p><b>Referencias</b></p>      <p> <b>Fuentes primarias</b></p>      <p> Entrevista a  H&eacute;ctor, San Salvador, 2 de febrero de 2008.</p>      <p> <b>Fuentes secundarias</b></p>      <!-- ref --><p> Ascanio S,  Carmen. &quot;Biograf&iacute;a etnogr&aacute;fica&quot;. En Etnograf&iacute;a:  Metodolog&iacute;a cualitativa en la investigaci&oacute;n sociocultural, editado por  &Aacute;ngel Aguirre Baztan. Barcelona: Boixareu Universitaria, 1995, 209-217.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0121-1617201000010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Benjamin, Walter. La  dial&eacute;ctica en suspenso. Fragmentos sobre historia.  Santiago: lom/arsis, 2002.  Berger,  Peter y  Thomas  Luckmann.  La  construcci&oacute;n social de la realidad. Buenos Aires:  Amorrurtu Editores,  1972.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-1617201000010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0121-1617201000010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Bourdieu, Pierre. La dominaci&oacute;n  masculina. Barcelona:  Anagrama,  2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-1617201000010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Bourgois,  Phillip.  &quot;M&aacute;s all&aacute; de la pornograf&iacute;a de la violencia. Lecciones desde El Salvador&quot;. En J&oacute;venes sin  tregua. Culturas y pol&iacute;ticas de la violencia, editado por  Francisco Ferr&aacute;ndiz y Carles Feixa.  Barcelona: Anthrophos,  2007, 11-34.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0121-1617201000010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Cerbino,  Mauro. Pandillas  juveniles. Cultura y conflicto de la calle. Quito: Abya  Yala/El Conejo,  2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0121-1617201000010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Comisi&oacute;n de la  Verdad. De la locura a  la esperanza: La guerra de  12 a&ntilde;os  en El Salvador.  San jos&eacute;: dei, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0121-1617201000010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Dalton, Roque. Miguel M&aacute;rmol:  Los sucesos de  1932 en  El Salvador.  San Salvador: uca Editores,  2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0121-1617201000010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Dunkerley,  james. &quot;El Salvador desde  1930&quot;.  En  Historia de  Am&eacute;rica Latina &#40;Am&eacute;rica  Central desde  1930&#41;,  editado por Leslie Bethell. Cambridge: Cambridge  University  Press/ Barcelona:Editorial  Cr&iacute;tica,  2001, 87-114.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0121-1617201000010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> eric,  ideso-uca, idies-url, iudop-uca. Maras y  Pandillas en Centroam&eacute;rica, vol.  I. Managua:  uca Publicaciones,  2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0121-1617201000010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Figueroa  Ibarra, Carlos. &quot;Centroam&eacute;rica: Entre la crisis y la esperanza  &#40;1978-1990&#41;&quot;.  En  Historia General de  Centroam&eacute;rica, vol. 6,  &quot;Historia Inmediata&quot;, editada por Edelberto Torres-Rivas. San jos&eacute;: flacso, 1993, 35-89.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0121-1617201000010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Fern&aacute;ndez  Villanueva, Concepci&oacute;n. J&oacute;venes  Violentos. Causas psicosociol&oacute;gicas de la violencia en grupo. Barcelona:  Icaria,  1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0121-1617201000010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Gaborit,  Mauricio. &quot;Los c&iacute;rculos de la violencia: sociedad excluyente y pandillas&quot;. Revista ECA 685-686  &#40;Nov- Dic: LX,  2005&#41;: 1145-1154.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0121-1617201000010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Girard, Ren&eacute;. La violencia y  lo sagrado. Barcelona:  Anagrama,  2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0121-1617201000010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Gould, jeffrey  y Aldo Lauria-Santiago. 1932.  Rebeli&oacute;n en la oscuridad.  San Salvador:  Museo de la Palabra y la  Imagen,  2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0121-1617201000010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Hall Stuart, et  al.  &quot;Subcultures, cultures and  class: a  theoretical  overview&quot;.  En  Resistance  through rituals. Youth subcultures  in  post-war Britain,  editado por  Stuart  Hall y Tony jefferson. Nueva York: Routledge,  2000, 9-75.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0121-1617201000010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Hagedorn john M. A World of  Gangs: Armed Young Men and Gangsta Culture Minneapolis: University  of Minnesota Press,  2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0121-1617201000010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Hinkelammert,  Franz. &quot;La reconstituci&oacute;n del pensamiento cr&iacute;tico&quot;.  <a target="_blank"  href="http://www.pensamientocritico.info/"> http://www.pensamientocritico.info</a>  &#40;consultada 23 de abril de 2008&#41;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0121-1617201000010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> L&oacute;pez Vigil,  Ignacio. Las mil y una  historias de Radio Venceremos. San Salvador: uca Editores,  1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0121-1617201000010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Lopez  Vigil, Mar&iacute;a.  Piezas para un  retrato. San Salvador: uca Editores,  1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0121-1617201000010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Mart&iacute;n-Bar&oacute;,  Ignacio. &quot;Guerra y trauma  psicosocial  en el ni&ntilde;o salvadore&ntilde;o&quot;. En  Psicolog&iacute;a  social de la  guerra,  editado por  Ignacio Mart&iacute;n-Bar&oacute;. San Salvador: uca Editores,  2000, 234-251.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0121-1617201000010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Mart&iacute;n-Bar&oacute;,  Ignacio. &quot;Violencia pol&iacute;tica y guerra como causas del trauma  psicosocial  en El Salvador&quot;. En Psicolog&iacute;a  social de la guerra, editado por  Ignacio Mart&iacute;n-Bar&oacute;. San Salvador: uca Editores,  2000, 66-83.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0121-1617201000010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Mart&iacute;n-Bar&oacute;,  Ignacio. &quot;Guerra y salud mental&quot;. En Psicolog&iacute;a  social de la guerra, Editado por Ignacio  Mart&iacute;n-Bar&oacute;. San Salvador: uca Editores,  2000, 24-21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0121-1617201000010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Mart&iacute;n-Bar&oacute;,  Ignacio. Sistema, grupo  y poder. Psicolog&iacute;a Social desde Centroam&eacute;rica &#40;II&#41;. San Salvador: uca Editores,  2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0121-1617201000010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Mart&iacute;n-Bar&oacute;,  Ignacio. Acci&oacute;n  e  Ideolog&iacute;a. Psicolog&iacute;a Social desde Centroam&eacute;rica.  San Salvador: uca Editores,  2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0121-1617201000010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Menjivar  Ochoa, Rafael. Tiempos de  locura. El Salvador  1979-1981.  San Salvador: flacso El Salvador/  &Iacute;ndole editores,  2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0121-1617201000010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Portillo,  Nelson.  &quot;Juventud y trauma  psicosocial  en El Salvador&quot;. En  Psicolog&iacute;a  social en la posguerra: teor&iacute;a y aplicaciones en El Salvador, editado  por Nelson  Portillo, Mauricio Gaborit y Jos&eacute;  Miguel Cruz. San Salvador:  uca Editores,  2006, 249-290.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0121-1617201000010000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Proyecto  Interdiocesano de Recuperaci&oacute;n de la Memoria Hist&oacute;rica. Guatemala  Nunca m&aacute;s. Ciudad de Guatemala: Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala,  1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0121-1617201000010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Reguillo  Cruz, Rossana.  &quot;La mara: contingencia y afiliaci&oacute;n con exceso &#40;re-pensando los l&iacute;mites&#41;&quot;. Las maras:  identidades juveniles al l&iacute;mite, editada por  Alfredo Nateras Dom&iacute;nguez y  Rossana Reguillo Cruz. M&eacute;xico:  UAM/Colegio  de la Frontera Norte,  2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0121-1617201000010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Res&eacute;ndiz  Garc&iacute;a, Ram&oacute;n. &quot;Biograf&iacute;a: Proceso y nudos te&oacute;rico-metodol&oacute;gicos&quot;. En Observar, Escuchar y  Comprender sobre la tradici&oacute;n cualitativa en la investigaci&oacute;n social, coordinado por Maria  Luisa Tarr&eacute;s. Ciudad de M&eacute;xico:  flacso- M&eacute;xico/Colegio  de M&eacute;xico,  2001, 135-171.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0121-1617201000010000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Rodgers Dennis  y Rocha, Jos&eacute; Luis.  Br&oacute;deres  descobijados y vagos alucinados. Una d&eacute;cada con las pandillas nicarag&uuml;enses  1997-2007.  Managua:  Revista Env&iacute;o,  2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0121-1617201000010000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Rojas  Wiesner, Martha  Luz. &quot;Lo biogr&aacute;fico en sociolog&iacute;a. Entre la diversidad de contenidos y la  necesidad de especificar conceptos.&quot; En  Observar,  Escuchar y Comprender sobre la tradici&oacute;n cualitativa en la investigaci&oacute;n social,  coordinado por  Maria Luisa Tarr&eacute;s. Ciudad de M&eacute;xico: flacso- M&eacute;xico/Colegio de M&eacute;xico,  2001, 171-200.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0121-1617201000010000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Salazar,  Alonso. No nacimos  pa&#39;semilla. La Cultura de las bandas juveniles de Medell&iacute;n. Bogot&aacute;:  Planeta, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0121-1617201000010000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Samayoa,  Joaqu&iacute;n &quot;Guerra y deshumanizaci&oacute;n: una perspectiva  psicosocial&quot;.  En  Psicolog&iacute;a  social de la  guerra,  editado por  Ignacio Mart&iacute;n-Bar&oacute;. San Salvador: uca Editores,  2000, 41-66.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0121-1617201000010000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Santacruz  Giralt, Mar&iacute;a y Alberto Concha-Eastman. Barrio  adentro: La solidaridad violenta de las pandillas.  San Salvador: uca Editores/ops/Homies  Unidos,  2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0121-1617201000010000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Smutt, Marcela  y Lissette Miranda. &quot;El Salvador: socializaci&oacute;n y violencia juvenil&quot;. En Am&eacute;rica Central en los  noventa: Problemas de juventud, editado por  Carlos Guillermo Ramos. San Salvador: flacso- Programa El  Salvador,  1998, 151-188. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0121-1617201000010000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Todorov, Tzvetan. Los  abusos de la  memoria.  Barcelona: Paid&oacute;s,  2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0121-1617201000010000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Torres-Rivas,  Edelberto.  &quot;La  sociedad: La  din&aacute;mica poblacional, efectos sociales  de la  crisis, aspectos culturales y &eacute;tnicos&quot;. En  Historia  General de Centroam&eacute;rica, vol.  6,  &quot;Historia Inmediata&quot;, editada por  Edelberto  Torres-Rivas. San Jos&eacute;:  flacso, 1993, 163-204.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0121-1617201000010000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Virno,  Paolo.  Recuerdo del  presente. Ensayo sobre el tiempo hist&oacute;rico. Buenos Aires:  Paid&oacute;s,  2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0121-1617201000010000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Valenzuela  Arce, Jos&eacute; Manuel. &quot;La mara es mi familia&quot;. En  Las maras:  identidades juveniles al l&iacute;mite, editada por  Alfredo Nateras Dom&iacute;nguez y  Rossana  Reguillo Cruz. M&eacute;xico:  UAM/Colegio  de la Frontera Norte,  2007, 33-61.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0121-1617201000010000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Wim,  Savenije. &quot;Las pandillas transnacionales  Mara  Salvatrucha y Barrio i8<sup>st</sup>: Una tensa combinaci&oacute;n de exclusi&oacute;n  social, delincuencia y respuestas represivas&quot;. En  Intra  caribbean  Migration  and the  Conflict nexus,  editado por T.  Lesser, et  al. Ottawa: University  of the West  Indies/om 2006, 205-228.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0121-1617201000010000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Williams,  Raymond.  Marxismo y  Literatura. Barcelona:  Pen&iacute;nsula,  1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0121-1617201000010000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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