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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[MARÍN LEOZ, JUANA. GENTE DECENTE: LA ÉLITE RECTORA DE LA CAPITAL. 1797-1810.BOGOTÁ: ICANH, 2009, 276 PP]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Instituto Colombiano de Antropología e Historia  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font size="4"><b> MAR&Iacute;N LEOZ, JUANA.  GENTE DECENTE.    <br> LA &Eacute;LITE RECTORA DE LA CAPITAL.    <br>  1797-1810.BOGOT&Aacute;: ICANH,  2009, 276 PP.</b></font></p>      <p ><b> Guillermo Sosa    <br> </b>Investigador del Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia &#40;ICANH&#41;.  Bogot&aacute;, Colombia.  <a  href="mailto:gsosa@icanh.gov.co"> gsosa@icanh.gov.co</a></p> <hr size="1">     <p >Como si faltaran m&aacute;s elementos para dar cuenta de la grave situaci&oacute;n de la  Corona espa&ntilde;ola en el concierto internacional de la segunda mitad  del siglo  XVM, la toma de Cuba por parte de Inglaterra en 1762 evidenci&oacute; la vulnerabilidad  militar de los dominios americanos y aceler&oacute; la  implementaci&oacute;n de reformas que garantizaran su efectiva defensa.</p>      <p >Simult&aacute;neamente, con los cambios que se proyectaron  en el ej&eacute;rcito y la armada espa&ntilde;ola, otra serie de transformaciones avanzaban.  Las razones eran muy variadas: porque le daban continuidad a medidas promulgadas  muchos a&ntilde;os atr&aacute;s, porque implementaban en Am&eacute;rica acciones ya probadas en la  pen&iacute;nsula, porque reactivaban otras que hab&iacute;an quedado en suspenso o porque  surg&iacute;an como f&oacute;rmulas novedosas al servicio de una monarqu&iacute;a, que requer&iacute;a con  urgencia cambios que le permitieran hacer frente al avance que experimentaban  sus competidores europeos.</p>      <p >Las reformas borb&oacute;nicas, m&aacute;s all&aacute; de la diversidad de perspectivas que las  caracteriza, de los ciclos que en su implementaci&oacute;n  se descubren, de la adaptaci&oacute;n que de ellas se hizo &mdash;de acuerdo a las  condiciones de cada reino y cada provincia&mdash; y de las interpretaciones que ellas  susciten, dieron lugar a una importante din&aacute;mica social e implementaron ciertos  criterios referentes a la naturaleza del Estado. Aunque se entiendan, en  palabras de John Lynch, como una Reconquista&#91;<a    name="s1" href="#1">1</a>&#93;  o como la continuidad en la aplicaci&oacute;n de viejas  medidas a un continente que la Corona jam&aacute;s hab&iacute;a perdido o que nunca hab&iacute;a  conquistado plenamente, como para tener que retomarlo, las reformas dieron  lugar a situaciones pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y culturales de significativa  importancia.</p>      <p >En ese contexto se sit&uacute;a la obra que hoy se rese&ntilde;a. Si bien los a&ntilde;os a los que  se refiere muestran un declive con relaci&oacute;n al impulso inicial dado durante el  reinado de Carlos III, ciertos criterios y pautas de acci&oacute;n gubernamental se  mantuvieron y fueron irreversibles. Por otro lado, los sujetos a los que se  refiere el libro, antes de ocupar sus cargos en el Nuevo Reino de Granada,  fueron art&iacute;fices directos de las reformas en el campo militar, &aacute;mbito espec&iacute;fico  en el que desarrollaban sus respectivas carreras: conoc&iacute;an la realidad  estrat&eacute;gica del Caribe y valoraban en su justa medida la disputa entre Espa&ntilde;a e  Inglaterra.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p >As&iacute;, de una u otra forma los criterios, normas y acciones respecto al Estado y  la sociedad que se fueron decantando durante cerca de  un siglo de dominio borb&oacute;nico, se hicieron presentes en un &aacute;mbito relativamente  marginal como el del Nuevo Reino, cediendo en algunos casos o adapt&aacute;ndose en  otros, a las condiciones locales.</p>      <p >La autora centra su atenci&oacute;n en la administraci&oacute;n del  virrey Pedro Mendinueta e indaga acerca de la composici&oacute;n social de las  principales instituciones afincadas en la ciudad de Santaf&eacute;. Se propone  reconstruir las plantillas de cada uno de estos cuerpos y definir las  estrategias relacionales de sus miembros, todo con el objetivo de aproximarse a  la din&aacute;mica pol&iacute;tica y social de la &eacute;lite santafere&ntilde;a y a sus mecanismos de  perpetuaci&oacute;n. A trav&eacute;s de cinco cap&iacute;tulos, el lector descubre el tipo de  entramado social que est&aacute; en la base del poder virreinal. La Real Audiencia, el  cabildo, el palacio virreinal y el cabildo eclesi&aacute;stico son analizados a la luz  de problemas centrales, objeto de atenci&oacute;n por parte de la historiograf&iacute;a que  trata sobre la naturaleza del imperio espa&ntilde;ol.</p>      <p >Al estudiar la composici&oacute;n de la Real Audiencia,  relativiza nociones que como &quot;criollizaci&oacute;n&quot; o &quot;descriollizaci&oacute;n&quot; han servido  para distinguir en Hispanoam&eacute;rica dos momentos en la historia de este alto  tribunal. A diferencia de otros lugares, en el Nuevo Reino fue m&iacute;nima la compra  de cargos de justicia por parte de los criollos, y el predominio de los  peninsulares fue constante. Sin embargo, su larga permanencia en los empleos  terminaba por integrarlos a la sociedad local. Adicionalmente, la n&oacute;mina de  oficiales subalternos de la Real Audiencia, monopolizada por unas pocas familias  criollas, da cuenta de una instituci&oacute;n no tan espa&ntilde;olizada como se podr&iacute;a creer  si s&oacute;lo se observaran los cargos mayores.</p>      <p >El estudio del cabildo muestra un cuerpo compuesto mayoritariamente por  neo-granadinos, y los pocos peninsulares que ingresan lo hacen despu&eacute;s de una  larga residencia en la ciudad, de por lo menos quince a&ntilde;os. La autora muestra  con claridad la l&oacute;gica que impera en la composici&oacute;n  de dicho cuerpo. Existe un n&uacute;cleo de criollos que se perpet&uacute;a en los cargos, ya  sea mediante la compra o por la renuncia y sucesiva transferencia de &eacute;stos,  decidiendo adicionalmente qui&eacute;nes, entre los nuevos sujetos que se postulan,  pueden acceder a una vacante. Al tiempo que se da una renovaci&oacute;n en la  periferia, el n&uacute;cleo de benem&eacute;ritos se mantiene en sus empleos.</p>      <p >El virrey cont&oacute; para su tarea administrativa con una plantilla b&aacute;sica, cuya formalizaci&oacute;n y funcionamiento obedeci&oacute; al esp&iacute;ritu  reformista de los Borbones. De nuevo, nos encontramos con que a pesar de que los  cargos m&aacute;s importantes fueron desempe&ntilde;ados por peninsulares, sus trayectorias  muestran una larga permanencia en el reino. Para ilustrar este hecho basta  observar lo que ocurri&oacute; con el secretario de C&aacute;mara, el peninsular Ram&oacute;n de  Leyva: tras diecisiete a&ntilde;os en el cargo, en 1810 se incorpora a las filas  comandadas en Santaf&eacute; por Antonio Nari&ntilde;o, con quien hace la campa&ntilde;a del sur. A  la entrada de Pablo de Morillo en 1816 ser&aacute; apresado y ejecutado por la espalda  como se&ntilde;al de que se trata de un traidor al rey. Pero adem&aacute;s de que los  inmediatos colaboradores peninsulares del virrey terminan m&aacute;s o menos  integrados a las realidades locales, un grupo de criollos complementa la n&oacute;mina  y recibe los favores de su jefe. Se trataba de sujetos pertenecientes a las m&aacute;s  poderosas familias, que igual que en otras instituciones hicieron del cargo su  patrimonio personal y familiar.</p>      <p >La autora encuentra que los miembros del Cabildo eclesi&aacute;stico  son mayoritariamente neogranadinos, con una amplia experiencia tras de s&iacute; que  garantiza la administraci&oacute;n de la di&oacute;cesis y la dota de estabilidad. Por  supuesto, todos pertenecen a las familias benem&eacute;ritas o aquellas de peninsulares  radicados desde un tiempo tal que su integraci&oacute;n es una realidad. Todo esto la  lleva a concluir, contra lo que en algunos trabajos se ven&iacute;a sosteniendo, que no  hubo una espa&ntilde;olizaci&oacute;n del cabildo eclesi&aacute;stico ni enfrentamientos entre los  pocos peninsulares que por &eacute;l pasaron y los criollos, que eran mayor&iacute;a. Las  frecuentes disputas con el obispo no se definieron a partir de una divisi&oacute;n  entre peninsulares y americanos. Por otro lado, los largos periodos de sede  vacante otorgaron al cabildo y a sus miembros una libertad adicional.</p>      <p >Las reformas borb&oacute;nicas, al tiempo que buscaban centralizar y racionalizar la  acci&oacute;n de los funcionarios, tambi&eacute;n pretend&iacute;an que &eacute;stos, en las m&aacute;s altas  esferas, fueran de origen peninsular. El trabajo de  Juana Mar&iacute;n pone en evidencia las limitaciones de tal pol&iacute;tica, pero tambi&eacute;n las  variantes que utiliz&oacute; la Corona al poner en cargos de importancia a criollos que  le merec&iacute;an la m&aacute;s alta confianza. Sin embargo, lo que el trabajo que se comenta  resalta con mayor vigor es el poder de los criollos santafere&ntilde;os y neogranadinos  para permanecer en sus cargos y consolidar su presencia. Esto fue posible  mediante un h&aacute;bil manejo de las relaciones de parentesco, las que constitu&iacute;an la  matriz sobre la cual se organizaba el poder en la &eacute;poca estudiada.</p>      <p >Por su parte, el factor que dinamizaba dichas  relaciones y las pon&iacute;a al servicio de diferentes intereses era el matrimonio. A  trav&eacute;s de un adecuado empleo del mismo, las familias criollas descendientes de  los primeros pobladores peninsulares actualizaron sus t&iacute;tulos de dominio  uni&eacute;ndose entre s&iacute;, y con los peninsulares llegados durante el siglo  XVIN, que aportaban valores simb&oacute;licos y econ&oacute;micos. El trabajo de Juana Mar&iacute;n muestra  la intrincada red que, en funci&oacute;n de las relaciones de parentesco, las &eacute;lites criollas tejieron en su empe&ntilde;o por conservar su  supremac&iacute;a. Con gran rigor la autora le sigue la pista a estos encadenamientos  de poder, auscultando un enorme volumen de fuentes primarias y haciendo  evidentes los intereses de grandes propietarios de tierras y de comerciantes  ansiosos por formar parte de las m&aacute;s poderosas familias.</p>      <p >Gente Decente  suscita una serie de preguntas y da pistas acerca de c&oacute;mo contestarlas. Visto en  el largo plazo, &iquest;cu&aacute;les fueron los l&iacute;mites de esas estructuras de poder fundadas  en relaciones de parentesco? Algunas respuestas se pueden explorar. La lucha  constante por un n&uacute;mero limitado de cargos civiles y eclesi&aacute;sticos, entre las  cada vez m&aacute;s extensas redes familiares, debi&oacute; introducir fisuras y choques que  eventualmente condujeron a su parcial disoluci&oacute;n. Las relaciones de amistad y  aquellas fundadas en or&iacute;genes geogr&aacute;ficos comunes se dieron simult&aacute;neamente con  las de parentesco, y aunque subordinadas, pudieron en determinados casos  suscitar conflicto; las redes de parentesco tendieron a crecer en un sentido tal  que los linajes se cruzaron y el control sobre sus miembros debi&oacute; ser cada vez  m&aacute;s dif&iacute;cil. Esto en cuanto algunos factores que, desde dentro, pudieron haber  puesto en peligro la solidez de dichas estructuras seculares. Habr&iacute;a que  analizar los factores que desde fuera hicieron otro tanto, por ejemplo, el  crecimiento de los intercambios comerciales y sus nuevas formas de  operar,  la implementaci&oacute;n en las nuevas rep&uacute;blicas de una legislaci&oacute;n liberal, una menor  influencia de la Iglesia, etc. Lo anterior nos lleva  a pensar en lo esclarecedor que ser&iacute;a comparar las estructuras que  Gente Decente  estudia con las que se dieron a lo largo del siglo  XIX  y verificar en qu&eacute; medida se trasformaron, qu&eacute; de ellas permaneci&oacute; y qu&eacute; desapareci&oacute;  definitivamente.</p>      <p >En el a&ntilde;o 1814 el cl&eacute;rigo realista Jos&eacute; Antonio de Torres y Pe&ntilde;a cuestion&oacute;  firmemente la supuesta rivalidad entre criollos y peninsulares, y se refiri&oacute; a  ella como &quot;una malicia&quot; de &uacute;ltima hora generada por &quot;aquellos americanos que  m&aacute;s inmediatamente proceden de los europeos&quot;&#91;<a   name="s2" href="#2">2</a>&#93;.  Historiadores como Georges Lomn&eacute;&#91;<a   name="s3" href="#3">3 </a> &#93; consideran muy pol&eacute;mico afirmar que un enfrentamiento entre criollos y  peninsulares fuera el factor que desencaden&oacute; el movimiento  independentista, y la obra que rese&ntilde;amos nos muestra que por lo menos las  estructuras de gobierno eran ajenas a una polaridad de tal naturaleza.</p> <hr size="1">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Comentarios</b></p>     <p>&#91;<a  href="#s1"  name="1">1</a>&#93;.  John Lynch,  La Espa&ntilde;a del siglo  XVM &#40;Barcelona:  Editorial Cr&iacute;tica, 1991&#41;.</p>      <p>&#91;<a  href="#s2"  name="2">2</a>&#93;.  Jos&eacute; Antonio de Torres y Pe&ntilde;a,  Memorias sobre los or&iacute;genes de la Independencia  Nacional de Jos&eacute; Antonio de Torres y Pe&ntilde;a,  transcripci&oacute;n, pr&oacute;logo y notas por Guillermo Hern&aacute;ndez de Alba &#40;Bogot&aacute;: Kelly,  1960&#41;, 49.</p>      <p>&#91;<a  href="#s3"  name="3">3</a>&#93;.  Georges  Lomn&eacute;, &quot;Una &#39;palestra de  gladiadores&#39;. Colombia de 1810 a 1828: &iquest;guerra de emancipaci&oacute;n o guerra  civil?&quot;, en  Museo, Memoria y Naci&oacute;n. Misi&oacute;n de los museos nacionales para los ciudadanos del  futuro,  comps. Gonzalo S&aacute;nchez y Mar&iacute;a Emma Wills &#40;Bogot&aacute;: Museo Nacional de Colombia,  2000&#41;, 285-312.</p>  </font>      ]]></body>
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