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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[CÓDIGO POSTAL 9409 Y LA GUERRA DE LAS MALVINAS: ENTRE LA CORRESPONDENCIA DE LOS SOLDADOS-HIJOS Y LA CARTA A UN SOLDADO DESCONOCIDO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article examines the letters exchanged between young conscripts and their parents during the Falklands War and those that people anonymously wrote "to an Argentine soldier." The wartime separation generated an extraordinary amount of letter-writing in order to, on a personal level, record and recompose the relationships suspended by distance, and, at the national level, to reestablish spaces of consensus and horizontality. In this way, we describe how individual actors and their private accounts were giving shape to a microscopic history that has its dissentions and accords with the history generally written in capital letters.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font size="4"> <b>C&Oacute;DIGO POSTAL 9409 Y LA GUERRA DE LAS MALVINAS. ENTRE LA CORRESPONDENCIA DE  LOS SOLDADOS-HIJOS Y LA CARTA A UN SOLDADO DESCONOCIDO<sup><a   name="s*"  href="#*">*</a></sup></b></font></p>      <p><b>Valentina Orellana Guarello</b>    <br> Licenciada en Historia de la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de  Chile (Santiago de Chile, Chile). Actualmente cursa el Magister en Historia,  gracias a la beca del c&uuml;nicyt (Santiago de chile, Chile). Entre sus &aacute;reas de  inter&eacute;s se encuentran la Historia Global a partir de la escritura privada, la  historia del anticomunismo en Am&eacute;rica Latina y la did&aacute;ctica de la Historia.  Entre otros art&iacute;culos publicados destaca "El cronista literario en la historia:  La visi&oacute;n &#39;decadentista&#39; de Hern&aacute;n D&iacute;az Arrieta (Alone)", Seminario Simon  Collier 2007 (Santiago: Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile, 2008), 78-103. <a href="mailto:vlorella@uc.cl"> vlorella@uc.cl</a></p> <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b></p>      <p>En el presente art&iacute;culo se estudian las cartas que durante la Guerra de las  Malvinas se intercambiaron los j&oacute;venes conscriptos con sus padres, y las que  personas an&oacute;nimas escribieron "a un soldado argentino". Este evento separador  provoc&oacute; un extraordinario impulso epistolar para, desde una dimensi&oacute;n m&aacute;s  &iacute;ntima, registrar y recomponer las relaciones suspendidas por la distancia, y  para restablecer espacios de consenso y horizontalidad a nivel nacional.  Describiremos c&oacute;mo los actores m&iacute;nimos y sus relatos privados fueron conformando  una historia microsc&oacute;pica que tiene sus disensos y acuerdos con aquella m&aacute;s  general escrita con may&uacute;sculas.</p>      <p><b>PALABRAS CLAVE</b>    <br> Malvinas, cartas, juventud, Naci&oacute;n.</p> <hr size="1">     <p align="center" ><font size="3">  <b>POSTAL CODE 9409 AND THE FALKLANDS WAR. FROM CORRESPONDENCE TO SOLDIER-SONS AND  A LETTER TO AN UNKNOWN SOLDIER</b></font></p>      <p><b>ABSTRACT</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>This article examines the letters exchanged between young conscripts and  their parents during the Falklands War and those that people anonymously wrote  "to an Argentine soldier." The wartime separation generated an extraordinary  amount of letter-writing in order to, on a personal level, record and recompose  the relationships suspended by distance, and, at the national level, to  reestablish spaces of consensus and horizontality. In this way, we describe how  individual actors and their private accounts were giving shape to a microscopic  history that has its dissentions and accords with the history generally written  in capital letters.</p>      <p><b>KEYWORDS</b>    <br> Falkland Islands, letters, youth, Nation.</p>      <p>Art&iacute;culo recibido: 3 de mayo de 2010; aprobado: 6 de septiembre de 2010;  modificado: 23 de septiembre de 2010.</p> <hr size="1">     <p>La Guerra del Atl&aacute;ntico Sur o Guerra de las Malvinas que enfrent&oacute; a Gran Breta&ntilde;a y Argentina entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, se mantiene en la memoria p&uacute;blica trasandina<sup><a   name="s1"  href="#1">1</a></sup>. Por ello, la resonancia emotiva de dicha coyuntura es el punto central desde el cual se debe comprender tanto la virulencia del patriotismo propalado por aquel entonces, como la gravitaci&oacute;n con que &eacute;sta ha permanecido en diversos sectores de la sociedad. En este sentido fue clave la reelaboraci&oacute;n colectiva de los testimonios y registros que se llevaron los soldados desde el frente de batalla. Cartas, diarios de vida, memorias e im&aacute;genes han sido algunos de los soportes culturales fundamentales en la construcci&oacute;n de diversas representaciones de la causa nacional, al mismo tiempo que han coadyuvado a que se identifique el proceso desde un sello generacional representado por "los chicos de la guerra"<sup><a   name="s2"  href="#2">2</a></sup>. En este conjunto -por su significado en la experiencia de los soldados y por su riqueza documental- resalta, la relaci&oacute;n entre epistolaridad y guerra. De ah&iacute; que el foco de nuestro inter&eacute;s sean los v&iacute;nculos, ideas y emociones presentes en la correspondencia que durante la guerra intercambiaron los "colimbas" con sus familias nucleares, por una parte, y las cartas que ten&iacute;an por destinatario "a un soldado argentino", por otra<sup><a   name="s3"  href="#3">3</a></sup>.</p>     <p>A causa de la naturaleza misma de las fuentes, el presente art&iacute;culo no pretende dar un punto final al debate historiogr&aacute;fico sobre la Guerra de las Malvinas; por el contrario, buscamos darle al bosquejo del conflicto los relieves de sus actores hist&oacute;ricos. Esta dimensi&oacute;n anal&iacute;tica nos parece pertinente, pues si bien las ciencias sociales han realizado avances en el estudio de la Guerra del Atl&aacute;ntico Sur, a grandes rasgos, &eacute;sta se sigue tratando a partir de dos visiones hegem&oacute;nicas en las que se exaltan los intereses del poder y la b&uacute;squeda de legitimidad en cada uno de los bandos en pugna. As&iacute;, por una parte, se ha entendido la guerra como el resultado de los intentos de la dictadura militar por encontrar nuevas bases de legitimidad y consenso ante la cr&iacute;tica situaci&oacute;n por la que atravesaba el r&eacute;gimen, tanto en el contexto mundial &#40;aislamiento&#41; como nacional &#40;p&eacute;rdida del control social&#41;. Y, por otra parte, ha sido extendida la figura de la usurpaci&oacute;n de las islas, motivada por el desgaste de Gran Breta&ntilde;a como potencia colonialista e imperialista en el contexto de la Guerra Fr&iacute;a<sup><a   name="s4"  href="#4">4</a></sup>.</p>     <p>Ante este panorama, el presente art&iacute;culo busca aportar desde la subjetividad de actores comunes, cuyas historias m&iacute;nimas e &iacute;ntimas fueron plasmadas en tinta y papel. Para sostener tal prop&oacute;sito hemos debido sortear ciertas dificultades que vienen dadas, por una parte, por el car&aacute;cter privado de la fuente, y por otra, a causa de nuestra lejan&iacute;a de los centros que han sistematizado en parte su estudio. Es interesante que, en su mayor&iacute;a, las cartas siguen manteni&eacute;ndose en los cajones familiares, guardadas como tesoros de una historia &iacute;ntima que, si bien opera dentro de una m&aacute;s amplia, se mantiene distante de aquella historia oficial cargada de may&uacute;sculas. Lo anterior permite mirar el proceso desde lo microsc&oacute;pico de la experiencia de sus actores sociales, aunque no excluye, claro, que &eacute;sta participe y se utilice como registro para ciertas narraciones p&uacute;blicas. Es ilustrativo en cuanto a este fen&oacute;meno que las instituciones que m&aacute;s han rescatado su valor documental han sido aquellas ligadas a las demandas de los ex combatientes y a la lucha por los derechos humanos atropellados durante la dictadura de la &eacute;poca<sup><a   name="s5"  href="#5">5</a></sup>.</p>     <p>Como consecuencia, memoria, registro privado y discurso p&uacute;blico se encuentran tensionados en las cartas de Malvinas. En &eacute;stas quedaron congelados los imaginarios, las experiencias y percepciones que inundaron a los soldados y sus familias, en particular, y a la sociedad argentina, en general. Y es que las cartas tienen la capacidad de fijar con cierta inmediatez elementos de la microhistoria que la memoria tiende a confundir, seleccionar, omitir u olvidar<sup><a   name="s6"  href="#6">6</a></sup>. Dicha posibilidad le viene dada por su propia naturaleza, en cuanto experimenta menores mediaciones entre lo vivido y lo narrado que otras -como los testimonios orales, por ejemplo-, dando paso a un registro inmediato y simple, aunque no por ello menos complejo, como lo indican su capacidad de difundir sentido y su car&aacute;cter performativo.</p>     <p>En este marco, los criterios con que el historiador Antonio Gibelli ha analizado a la escritura como pr&aacute;ctica de masas en los procesos migratorios y b&eacute;licos de los siglos xix y xx, se aplican de sobremanera a la Guerra del Atl&aacute;ntico Sur. Se&ntilde;ala el autor: "&#91;...&#93; las formas, las ocasiones y los sujetos de la escritura son muy variados, y responden a una gama bastante amplia de funciones"<sup><a   name="s7"  href="#7">7</a></sup>. En el caso de los soldados de Malvinas, las cartas operaron como herramientas estabilizadoras en diversos sentidos, muchas veces convergentes: reclamar existencia, fijar la identidad, registrar la memoria para la posteridad, reactualizar los lazos que desde lejos segu&iacute;an su curso anterior, solicitar favores y encomiendas, y plasmar sus pareceres sobre la guerra<sup><a   name="s8"  href="#8">8</a></sup>. Por consiguiente, como indica Gibelli, la escritura no tiene como &uacute;nico motor el "asegurar la comunicaci&oacute;n a distancia", sino que adem&aacute;s, en su origen importante son "necesidades m&aacute;s profundas e &iacute;ntimas, de naturaleza psicol&oacute;gica y cultural, y entre ellas, aunque en forma embrionaria, un aut&eacute;ntico impulso autobiogr&aacute;fico y memorial&iacute;stico"<sup><a   name="s9"  href="#9">9</a></sup>.</p>     <p>A pesar de la precariedad del formato en el que qued&oacute; congelada la experiencia de los diversos remitentes y destinatarios, durante la Guerra del Atl&aacute;ntico Sur el intercambio epistolar adquiri&oacute; proporciones extraordinarias. Las cartas de Malvinas tuvieron una gran difusi&oacute;n, constituyendo un nuevo soporte a las informaciones que circulaban en la televisi&oacute;n, los peri&oacute;dicos o la radio. No bastaba con ver el frente, hab&iacute;a que leer el relato de sus soldados, aunque no fueran cercanos. Y es que recibir una carta de Malvinas se transformaba en un difusor de pertenencia. De ah&iacute; se desprende que tener un pariente, un conocido o un amigo en Malvinas era vivir tambi&eacute;n la guerra. En caso contrario, hab&iacute;a que apelar a alguna otra filiaci&oacute;n compartida &#40;la vecindad y la nacionalidad, entre otras&#41;. Por ello, el intercambio epistolar se volvi&oacute; una pr&aacute;ctica fundamental durante los setenta y cuatro d&iacute;as que dur&oacute; la guerra, hasta el punto que incluso "la se&ntilde;ora del perro salchicha de Lan&uacute;s Elsa"<sup><a   name="s10"  href="#10">10</a></sup> se sinti&oacute; interpelada a escribirle a Marcelo, un combatiente de Malvinas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Durante la Guerra del Atl&aacute;ntico Sur, el bols&oacute;n del correo se rebalsaba por las cartas de amor, amistad y familiaridad y por las que personas comunes -interpeladas por las c&uacute;pulas militares, los medios de masivos comunicaci&oacute;n y las escuelas- enviaron a los j&oacute;venes combatientes individualizados como "soldado argentino", "soldado de la patria" o "hermano argentino". Y es que las cartas no s&oacute;lo fueron una herramienta para resarcir los v&iacute;nculos afectivos suspendidos, sino que tambi&eacute;n constituyeron mecanismos que estrechaban los lazos de una comunidad que se imaginaba como nacional<sup><a   name="s11"  href="#11">11</a></sup>. En esta l&iacute;nea, fue recurrente escribir desde el parentesco, fuera &eacute;ste real o imaginado, puesto que se mandaba a los "hijos" de la patria a combatir, mientras sus "hermanos" aguardaban en el continente.</p>     <p>Para entonces la t&eacute;cnica de la escritura estaba ampliamente extendida en Argentina, mientras que la comunicaci&oacute;n telef&oacute;nica segu&iacute;a constituyendo un privilegio de ciertas regiones: "En la guerra de Malvinas hubo una &uacute;nica manera de mantener contacto con el continente: a trav&eacute;s de las cartas"<sup><a   name="s12"  href="#12">12</a></sup>, recuerda Marcelo Lapajufker. As&iacute;, la correspondencia se transform&oacute; en una experiencia cotidiana del soldado, ello expresado en que desde el 2 de abril de 1982, cuando los argentinos retomaron el servicio postal en las islas, hasta el inicio de los bombardeos el primero de mayo del mismo a&ntilde;o, se recib&iacute;an diariamente cinco mil cartas simples, dos mil certificados y cuatrocientas encomiendas<sup><a   name="s13"  href="#13">13</a></sup>. Pese a que posteriormente la regularidad de las cartas se vio afectada, la correspondencia sigui&oacute; llegando y saliendo de las islas, sorteando los embates del bloqueo y las prioridades de transporte.</p>     <p>En vista de la envergadura que alcanz&oacute; el intercambio epistolar, llama la atenci&oacute;n la franqueza y libertad con que las diversas cartas estudiadas se comunicaban. En este aspecto fue decisivo que la censura y el veto sobre la correspondencia no alcanzaran a constituir pr&aacute;cticas sistem&aacute;ticas en el transcurso del conflicto, como s&iacute; ocurri&oacute; durante la Primera Guerra Mundial, por ejemplo. Lo anterior permiti&oacute; que las cartas malvineras fueran documentos con menores mediaciones que sus hom&oacute;logas en contextos similares, considerando que los mecanismos de disuasi&oacute;n desde los altos mandos militares resultaron ineficaces, y la filtraci&oacute;n y el control sobre la correspondencia fueron inusuales. De hecho, los mismos soldados despachaban en el correo sus cartas, sin presentar su contenido a un superior. En contraposici&oacute;n, las cartas que enviaban las personas "a un soldado argentino" en Malvinas, s&iacute; estuvieron sujetas a mayores restricciones, toda vez que formaban parte de una campa&ntilde;a b&eacute;lica m&aacute;s oficial y p&uacute;blica, aunque no por ello la censura perdi&oacute; su car&aacute;cter artesanal.</p>     <p>A continuaci&oacute;n mostraremos algunas de las relaciones emotivas e ideol&oacute;gicas presentes en las cartas analizadas, a partir de las contrastan por las caracter&iacute;sticas de su origen. As&iacute;, en una primera instancia indagaremos en la faceta m&aacute;s &iacute;ntima y sensible del intercambio epistolar de Malvinas, ocupado por las cartas que enviaban los soldados a sus padres, mostr&aacute;ndonos algunos rasgos decisivos de c&oacute;mo fue percibida y registrada la guerra por los "colimbas". Asimismo, nos concentrarnos en aquellas que fueron escritas desde el otro frente de la guerra, es decir, aquellas que enviaron los padres a sus hijos mientras &eacute;stos defend&iacute;an Malvinas. En una segunda instancia, presentaremos algunos aspectos de las cartas que argentinos enviaron "a un soldado argentino", &eacute;stas pese a responder a una campa&ntilde;a oficial, contienen aspectos interesantes, toda vez que las fronteras de lo p&uacute;blico y lo privado fueron sumamente porosas.</p>     <p>    <br><b>1. CARTAS ENTRE PADRES E HIJOS. LA CORRESPONDENCIA ENTRE DOS "FRENTES" DE GUERRA</b></p>     <p>La historia de la Guerra de las Malvinas se construye a partir de varios relatos min&uacute;sculos. Y es que mientras miles de argentinos eran bombardeados por informaciones confusas y el anhelo de triunfar, para cientos de familias la guerra ten&iacute;a un rostro concreto y el peligro de las verdaderas bombas se bat&iacute;a en las islas. La guerra fue vivida de un modo diferente por los padres, familiares y amigos de los soldados, y tambi&eacute;n por &eacute;stos. Los soldados en su mayor&iacute;a eran j&oacute;venes que ten&iacute;an entre dieciocho y veinte a&ntilde;os de edad, y por lo tanto pertenecientes a las clases de 1962 y 1963<sup><a   name="s14"  href="#14">14</a></sup>. En consecuencia, como bien indica Federico G. Lorenz, la mayor&iacute;a de ellos hab&iacute;a cursado la secundaria a partir de 1976, es decir, el mismo a&ntilde;o del golpe militar. Su adolescencia se vio atravesada por la incorporaci&oacute;n de la guerra y la violencia pol&iacute;tica al vocabulario cotidiano<sup><a   name="s15"  href="#15">15</a></sup>. Sin embargo, ello no implic&oacute; para ellos una preparaci&oacute;n suficiente para la guerra, puesto que en el mejor de los casos quienes contaban con veinte a&ntilde;os al momento de ser convocados hab&iacute;an terminado el servicio militar; en cambio, quienes ten&iacute;an diecinueve a&ntilde;os reci&eacute;n hab&iacute;an ingresado al servicio militar -entre enero y febrero de 1982-, y en menos de tres meses debieron aprender a utilizar fusiles y sobrellevar el frente de batalla.</p>     <p>Convocados mediante patrulleros en sus casas o por los telegramas que llegaron a sus cuarteles en abril de 1982, para estos "colimbas" la experiencia de la guerra constituy&oacute; uno de los m&aacute;s dram&aacute;ticos "eventos separadores" de sus vidas. Como describe Quinto Antonelli en I dimenticati della Grande Guerra. La memoria dei combattenti trentini &#40;1914-1920&#41; &#40;2008&#41;, para el caso de los soldados trentinos durante la Gran Guerra, esta separaci&oacute;n de la comunidad provocaba un colapso emotivo y, como consecuencia, la necesidad inmediata de la escritura epistolar. Por esta v&iacute;a, la letra era llamada a reemplazar al coloquio, a trav&eacute;s de un reporte familiar que reasegurara los lazos suspendidos<sup><a   name="s16"  href="#16">16</a></sup>. Dicha experiencia adquiere expresividad en las palabras que F. F. escribi&oacute; a sus padres algunas semanas despu&eacute;s del inicio de la guerra: "Querido pap&aacute;: nuevamente les vuelvo a escribir. Uds. Dir&aacute;n que soy media hincha pelotas pero lo que pasa es que no puedo estar lejos de Uds."<sup><a   name="s17"  href="#17">17</a></sup>.</p>     <p>En la b&uacute;squeda de superar dicha separaci&oacute;n, la carta constituye un sistema de comunicaci&oacute;n en la que el tiempo y el espacio son diferidos. Se trata de un intercambio entre ausentes, en el que la necesidad/seguridad de un destinatario genera ciertas autocensuras. As&iacute;, en la mayor&iacute;a de las cartas estudiadas existe una estructura inevitable al momento de escribir, en la cual se satura al primer p&aacute;rrafo de palabras tranquilizadoras. De esta manera, la carta no s&oacute;lo se convierte en una se&ntilde;al de existencia, sino tambi&eacute;n de "estar bien". Incluso en el intento por demostrarlo, los soldados acud&iacute;an a reiteraciones e hip&eacute;rboles como las que F. F. enviaba a su familia, mientras que junto a otros soldados -al igual que todo el mes de abril- cavaban las posiciones, recorr&iacute;an el terreno y preparaban la defensa a la espera del ataque armado:</p> <ul>"Hola familia! Buen d&iacute;a, c&oacute;mo est&aacute;n? Yo muy bien, no es joda, muy muy bien. Hace m&aacute;s de dos d&iacute;as pero menos de 4 que estoy por escribirles, no crean que estoy en harag&aacute;n, pero lo que pasa es que rompen las bolas con guardias, limpieza de armamentos y alguna alerta roja &#40;ataque a&eacute;reo, correr a los pozos&#41;. Mi estado de &aacute;nimo supera los 10 puntos y por eso no puedo escribir cosas boludas. Es decir quiero que se imaginen como estoy"<sup><a   name="s18"  href="#18">18</a></sup>.    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Existe, entonces, una comunicaci&oacute;n digerida, en la que la espontaneidad del mensaje se domestica a trav&eacute;s de la escritura, para conferir tranquilidad y seguridad al destinatario. Tambi&eacute;n se trata de traer "m&aacute;s ac&aacute;" aquello que en t&eacute;rminos concretos se encontraba tan distante. Esto explica la necesidad de utilizar reiteraciones y un lenguaje coloquial, casi c&oacute;mplice -expresado en la frase "lo que pasa es que me rompen las bolas"-, que simulen la idea de "estar ah&iacute;". En consecuencia, la carta asume otros significados m&aacute;s all&aacute; de ser un simple canal tecnol&oacute;gico del mensaje: se transforma en el mensaje, en el acto, y de ah&iacute; su valor performativo<i><sup><a   name="s19"  href="#19">19</a></sup></i>. Tanto fue as&iacute; que cuando la madre de Marcelo Lapajufker recibi&oacute; la primera "se&ntilde;al de vida" de su hijo, la primera carta, se la mostr&oacute; inmediatamente a su padre y enseguida respondi&oacute; se&ntilde;alando que recibir una carta, "para nosotros en este momento es mejor que comer"<sup><a   name="s20"  href="#20">20</a></sup>.</p>     <p>No s&oacute;lo en el frente de batalla se viv&iacute;a este evento separador. Tambi&eacute;n las familias de los soldados se vieron impulsadas a escribir lo que sent&iacute;an como parte fundamental de sus vidas. Chiquitita, como le llamaban a la madre de Marcelo, en una carta enviada el 14 de mayo de 1982 expresa el impacto cotidiano que tiene esta nueva relaci&oacute;n epistolar de su hijo con su familia:</p> <ul>"Nunca me imagin&eacute; que tuviera que comunicarme con vos a trav&eacute;s de hojas de papel y l&aacute;piz. Quiz&aacute;s alg&uacute;n d&iacute;a, pero ser&iacute;a mucho m&aacute;s adelante y m&aacute;s alegremente ya que so&ntilde;abas con viajar; cuando yo sea grande me gustar&iacute;a &#91;...&#93; No te imaginas cuanto te extra&ntilde;amos y como cambi&oacute; Norbi pobrecito no sabe lo que hacer con nosotros, aparte ya no tengo que incistirle que te escriba, ya lo hace por su propia cuenta segun le indican sus sentimientos hacia vos. y despues me lo comenta, sabes mam&aacute; le mand&eacute; telegrama o cartas a Mare"<sup><a   name="s21"  href="#21">21</a></sup>.    </ul>     <p>A Marcelo sus parientes le ped&iacute;an que no le contara a su madre todo lo que estaba viviendo. En esta l&iacute;nea, si bien la autocensura por resguardo del destinatario fue uno de los mecanismos que m&aacute;s disuadieron la pr&aacute;ctica epistolar en Malvinas desde ambos frentes, mediante una lectura m&aacute;s aguda de las cartas se perciben las fisuras y contradicciones con las que "los chicos de la guerra" percib&iacute;an el conflicto; una vez pasado el peligro y digerida la experiencia, se pod&iacute;a relatar. Tal es el caso de la carta enviada por un conscripto desde Puerto Isla Malvinas a su mam&aacute; en C&oacute;rdoba, cuando los encuentros armados comenzaron a reventar:</p> <ul>"A esta fecha ya habras recibido mis cartas anteriores y con respecto a la ultima la del 29/4/82 No la tomen tan en serio, es que estaba deprimido y aburrido por eso es tan melodramatica. Con respecto al diario que mande en mi primer carta desde aqui. Le faltan cosas que no puse por miedo a angustiarlos, pero ahora que todo paso, les voy a contar: Cuando entramos en la ciudad nos recibieron con disparos, a lo que nosotros respondimos con gran arenga, le Tiramos con un ob&uacute;s y iso pleno impacto en la casa destruy&eacute;ndolo, se rindieron me ordenan, palpar de armas a prisioneros, cuando estaba haciendo eso intento sacar un pu&ntilde;al pero antes me hab&iacute;a dado cuenta y le pegue con la culata del fusil en la cabeza dej&aacute;ndolo inconciente. Despues de eso hubo tiros por todos lados y picaban cerca. Pero en eso momentos no sentis nada, ni miedo, ni emoci&oacute;n, lo unico que sentis es mas amor a tu bandera"<sup><a   name="s22"  href="#22">22</a></sup>.    </ul>     <p>El combate fue vivido por el conscripto como un momento dram&aacute;tico, que deb&iacute;a traducir desde los c&oacute;digos en los que hab&iacute;a sido formado durante a&ntilde;os por el aparato estatal y educacional, y las memorias argentinas compartidas. De este modo, a la espontaneidad y las contradicciones de las primeras palabras, le sigue una f&oacute;rmula inculcada -el amor a la patria-, para resolver la tensi&oacute;n que le generaba una experiencia desconocida: la guerra<sup><a   name="s23"  href="#23">23</a></sup>. En este esfuerzo, resulta sugerente observar que el enfrenta-miento b&eacute;lico es un ejemplo de c&oacute;mo las "ficciones orientadoras" de un estado-naci&oacute;n "son necesarias para darle a los individuos un sentimiento de naci&oacute;n, comunidad, identidad colectiva y un destino com&uacute;n nacional"<sup><a   name="s24"  href="#24">24</a></sup>. Se transforman as&iacute; en constructos racionales que operan en un nivel emotivo, donde "toda narraci&oacute;n ha de tener una &#39;resonancia&#39; emotiva tanto como un &#39;contenido de verdad&#39;"<sup><a   name="s25"  href="#25">25</a></sup>. S&oacute;lo, entonces, es posible comprender la virulencia que alcanz&oacute; la lucha por la supuesta "recuperaci&oacute;n" de la soberan&iacute;a de Malvinas, Sandwich Sur y Georgias Sur, y la forma como sus combatientes "resolvieron" el dolor e incertidumbre en el frente de batalla.</p>     <p>La misma estructura tranquilizadora y el mecanismo de decodificaci&oacute;n de la experiencia a partir de f&oacute;rmulas patri&oacute;ticas se encuentran presentes en las cartas de V&iacute;ctor Hugo Bertoni a su familia. Singularmente expresivo es el siguiente extracto de una carta que envi&oacute; el 14 de abril de 1982:</p> <ul>"Qu&eacute;rida familia: Espero qu&eacute; al recibir estas lineas se encuentren todos bien como lo estoy yo.    <br>Seguimos, aqu&iacute; en nuestras queridas &#39;Islas Malvinas&#39;, no se sabe cuando nos vamos, pero estoy seguro de qu&eacute; no nos iremos hasta qu&eacute;, se aclare todo con los Ingleses, pero pase lo qu&eacute; pase las islas seguiran siendo nuestras, y mas ahora, qu&eacute; las defenderemos como buen soldado, qu&eacute; somos.    <br>El 24 a las 14:15 hs hicimos algo, qu&eacute; fue la primera vez qu&eacute; soldados del Ej&eacute;rcito Argentinos, lo hacen aqui&eacute;n las islas, yo algo qu&eacute; no olvidare jamas, eso tan importante es la jura de la &#39;<u>Bandera</u>&#39;"<sup><a   name="s26"  href="#26">26</a></sup>.    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En esta carta hay varios elementos interesantes para el an&aacute;lisis. En primer lugar, llama la atenci&oacute;n el esfuerzo que realiz&oacute; el autor para expresar su experiencia. Y aunque maneja la t&eacute;cnica de la escritura, incurre en una serie de errores gramaticales y ortogr&aacute;ficos b&aacute;sicos. Aqu&iacute;, a diferencia de los soldados anteriormente citados, la espontaneidad y la necesidad de expresi&oacute;n del emisor debieron necesariamente lidiar con la ausencia de una t&eacute;cnica depurada y para ello acudi&oacute; a ciertos recursos estil&iacute;sticos como las may&uacute;sculas y el subrayado, marcando inflexiones en su relato. En este sentido, los conceptos destacados -"Islas <u>Malvinas</u>" y "Bandera"- coinciden con la simbolog&iacute;a nacionalista propagada.</p>     <p>La noci&oacute;n de estar participando de un "hecho fundamental" de su vida<sup><a   name="s27"  href="#27">27</a></sup>, ilustrativo de una experiencia com&uacute;n a los soldados investigados, es evidente en la expresi&oacute;n "fue la primera vez qu&eacute; soldados del Ej&eacute;rcito Argentinos, lo hacen aqui &eacute;n las islas, yo algo qu&eacute; no olvidare jamas, eso tan importante es la jura de la &#39;<u>Bandera</u>&#39;"<sup><a   name="s28"  href="#28">28</a></sup>. De aqu&iacute; se deduce que el soldado se siente parte de una historia m&aacute;s amplia, entroncada con la trayectoria de la naci&oacute;n. La misma experiencia de sentirse parte de un momento hist&oacute;rico lo impulsa a escribir, no s&oacute;lo para comunicarse con otros, sino tambi&eacute;n para no olvidar. Este tercer rasgo, la escritura como "auxilio pr&aacute;ctico de la memoria", es fundamental en las cartas estudiadas<sup><a   name="s29"  href="#29">29</a></sup>.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, un elemento determinante para entender el valor de la escritura epistolar en el frente de guerra viene dado por la "fetichizaci&oacute;n" de las cartas. V&iacute;ctor Hugo, al finalizar la carta, cuenta que se alegr&oacute; porque le escribi&oacute; su amigo Alberto y de esta manera pod&iacute;a constatar que lo recordaban, que no hab&iacute;a desaparecido de su comunidad. En las cartas existe un deseo de acumulaci&oacute;n y correspondencia para superar la incertidumbre de la guerra. Funcionan como una herramienta que permite que los v&iacute;nculos no se corten y como un difusor de identidad y sentido.</p>     <p>En el caso de la Guerra del Atl&aacute;ntico Sur, la jerarqu&iacute;a militar puso en pr&aacute;ctica una censura limitada dado su car&aacute;cter artesanal y poco sistem&aacute;tico. De ah&iacute; que entre el territorio continental y el frente de guerra se intercambiaran cartas en extremo francas, donde m&aacute;s que el miedo a la represi&oacute;n o al castigo militar se encontraba la autocensura, por consideraci&oacute;n al destinatario o para digerir la experiencia. Aunque entre las cartas estudiadas las que fueron censuradas constituyen un n&uacute;mero menor, es diciente que incluso en dichas condiciones la cr&iacute;tica a la improvisaci&oacute;n de las Fuerzas Armadas y las dif&iacute;ciles condiciones de vida, entre otros, fueran t&oacute;picos comunes en la escritura epistolar de Malvinas. Como lo indica la carta del soldado Jos&eacute; Luis Hierro a su familia el 7 de junio de 1982:</p> <ul>"Me imagino lo preocupados que ustedes estar&aacute;n por las &uacute;ltimas noticias. Es cierto que los ingleses est&aacute;n muy cerca, pero a mi puesto de combate les juro no me ha venido ninguno a &#39;visitar&#39; y espero no lo hagan.    <br>Hay que seguir rezando y pidiendo a la Virgen para que esto se arregle en &#39;paz&#39; y se acabe ya. Cada vez tenemos m&aacute;s ganas de volver cada uno a su casa sea como sea, ganando o perdiendo, pero volver y pronto. Al final se nos qued&oacute; en el tintero el viaje, pobre pap&aacute;, tanto juntar y organizar y yo le tir&eacute; abajo todo, aunque deslindo responsabilidades en el loco de nuestro presidente y su desvelo de grandeza. Ac&aacute; todos, pero todos, lo agarrar&iacute;amos del fundillo de los pantalones y lo pondr&iacute;amos como nosotros 55 d&iacute;as en estos pozos. Y yo con &eacute;l a todos esos patriotas de ciudad que por lo que ustedes dicen all&aacute; est&aacute; minado. Acab&eacute; el discurso. Ja. Ja. Ja.    <br>Espero yo llegar de esto, antes que la carta, as&iacute; no los preocupo m&aacute;s con esto, pero es hora que sepan lo que pensamos nosotros de Malvinas"<sup><a   name="s30"  href="#30">30</a></sup>.    </ul>     <p>Las palabras de Jos&eacute; Luis muestran agudamente c&oacute;mo pese a la propaganda oficial propalada por d&eacute;cadas en Argentina y durante meses en los cuadros militares, la individualidad no se disolv&iacute;a e incluso se pod&iacute;a lanzar desde las cartas los propios pareceres sobre la guerra. Los &aacute;nimos de deserci&oacute;n, las cr&iacute;ticas a Galtieri y a los "patriotas de ciudad", se entremezclan con la nostalgia del hogar, el remordimiento del viaje familiar suspendido, con las iron&iacute;as y "Ja. Ja. Ja". Otras tensiones tambi&eacute;n se pueden observar desde lo que se omite. As&iacute;, Jos&eacute; Luis elud&iacute;a mencionar el sustantivo "guerra", esquiv&aacute;ndolo con el uso reiterativo de "esto". Recurso, este &uacute;ltimo, muy presente en la escritura epistolar revisada.</p>     <p>La pluma cr&iacute;tica de Jos&eacute; Luis se debe entender por el momento de su escritura, el m&aacute;s &aacute;lgido del conflicto -que se inaugur&oacute; durante los &uacute;ltimos d&iacute;as de mayo-, cuando los ataques nocturnos de los brit&aacute;nicos, su concentraci&oacute;n del fuego y superioridad tecnol&oacute;gica y num&eacute;rica resultaban evidentes para los soldados. La cr&iacute;tica y el tono esc&eacute;ptico fueron en aumento a medida que m&aacute;s se acercaba la rendici&oacute;n argentina. Las cartas, entonces, se comenzaron a te&ntilde;ir de la desaz&oacute;n, las dudas y las frustraciones que acompa&ntilde;aran a los soldados en su retorno a casa. Estas experiencias afectivas alcanzaron gran profundidad en los cerca de diez mil soldados argentinos que fueron tomados prisioneros por las fuerzas brit&aacute;nicas. &Eacute;ste fue el caso de N&eacute;stor, quien escribi&oacute; a sus padres el 14 de junio de 1982:</p> <ul>"PD: Lamento much&iacute;simo no poder poner Su Hijo N&eacute;stor que regresa victorioso pero ya saben m&aacute;s o menos c&oacute;mo se defini&oacute; la situaci&oacute;n. Es doloroso y triste decirlo pero en un momento determinado del combate pens&eacute; en ustedes y supuse que estar&iacute;an m&aacute;s contentos teniendo un hijo vivo que un h&eacute;roe muerto. No piensen que fu&iacute; cobarde, no podr&iacute;a hacer nada contra tantos invasores que se ven&iacute;an desesperadamente al asalto, s&oacute;lo Dios sabe por qu&eacute; no ca&iacute; en el combate al igual que cayeron casi todos los soldados argentinos que estuvieron en la Tr&aacute;gica &#39;Mountain London&#39; la noche de la gran matanza. S&oacute;lo El sabe por qu&eacute;; agradezcan en todo momento"<sup><a   name="s31"  href="#31">31</a></sup>.    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las palabras de N&eacute;stor ilustran de manera conmovedora c&oacute;mo a la imagen optimista con la que durante las primeras semanas de la guerra se revisti&oacute; a los soldados y con la que estos mismos se representaron, le sigui&oacute; otra atravesada por el signo del sacrificio, la inocencia y la falta de albedr&iacute;o que perdurar&aacute; hasta nuestros d&iacute;as. Adem&aacute;s, hasta qu&eacute; punto con la derrota se revierte el pasaje a la adultez, cuyo ritual habr&iacute;a sido por semanas la experiencia militar en Malvinas.</p>     <p>Con relaci&oacute;n a este &uacute;ltimo aspecto es importante se&ntilde;alar que la guerra fue entendida como una verdadera prueba a la masculinidad de sus combatientes. En las cartas estudiadas, una forma muy com&uacute;n como los padres motivaron a sus hijos fue explicitando que hab&iacute;an dejado el hogar y las comodidades familiares, cambi&aacute;ndolas por la defensa de la patria. As&iacute; lo expres&oacute; la madre de Marcelo en una misiva enviada el 28 de abril de 1982: "Las Cartas que Recibimos no es de 1 chico de 19 a&ntilde;os sino de 1 Hombre que Sabe Bien Donde Tiene Los Pies Puestos en la Tierra"<sup><a   name="s32"  href="#32">32</a></sup>. Se volv&iacute;a entonces com&uacute;n asociar lo masculino a ciertas convenciones como la protecci&oacute;n, las armas, el arrojo o el no llorar. &Eacute;stos, igualmente, se alternaban con una gran preocupaci&oacute;n sobre si pasaban fr&iacute;o, hambre o miedo. Sin embargo, con el fin de la guerra, los aspectos viriles y adultos fueron reemplazados por un "infantilizaci&oacute;n" de los "colimbas".</p>     <p>    <br><b>2. CARTAS "A UN SOLDADO ARGENTINO". LA TENSI&Oacute;N ENTRE EL DISCURSO P&Uacute;BLICO, LA ESCRITURA PRIVADA Y EL DESTINATARIO DESCONOCIDO</b></p>     <p>Entre abril y junio de 1982 la figura de los "colimbas" alcanz&oacute; singular publicidad, monopolizando las portadas de la prensa y las informaciones de los medios de comunicaci&oacute;n. Alzados como baluarte de la patria joven, de la regeneraci&oacute;n y del triunfo por la convicci&oacute;n, los soldados argentinos se opon&iacute;an a la caricatura de una Gran Breta&ntilde;a vieja y en decadencia, simbolizada por la Primer Ministro Margaret Thatcher. Al mismo tiempo, al ser connotados a partir de s&iacute;mbolos y "virtudes" militares, operaban como un espejo invertido de aquellos "j&oacute;venes descarriados" que participaban de la "subversi&oacute;n" y el "terrorismo"<sup><a   name="s33"  href="#33">33</a></sup>.</p>     <p>En este contexto, escuelas y medios de comunicaci&oacute;n promovieron una pr&aacute;ctica difundida durante la &eacute;poca de la Gran Guerra: la de las madrinas de guerra que escrib&iacute;an "a un soldado argentino"<sup><a   name="s34"  href="#34">34</a></sup>. Asimismo, ni&ntilde;os, adolescentes, religiosos y particulares interpelados enviaban cartas a soldados desconocidos para acompa&ntilde;arlos. Esta campa&ntilde;a epistolar de car&aacute;cter simb&oacute;lico estuvo acompa&ntilde;ada de otras m&aacute;s "f&aacute;cticas" para que la comunidad enviara elementos materiales que sostuvieran la guerra. La alta convocatoria que &eacute;stas tuvieron ilustra la profundidad con la que el discurso belicista estrechaba a una comunidad que se imaginaba como nacional a tal punto que quienes asum&iacute;an el frente m&aacute;s all&aacute; de las islas -ya sea a trav&eacute;s del env&iacute;o de bufandas, chocolates o de cartas- compart&iacute;an junto a los soldados una experiencia &uacute;nica y emotiva, y por lo tanto transversal y cohesiva.</p>     <p>Si bien la campa&ntilde;a de escribir a un soldado desconocido ten&iacute;a como principal destinatario a aquellos j&oacute;venes que no recib&iacute;an cartas de sus familias, la inmensa cantidad que lleg&oacute; hizo que otros m&aacute;s afortunados las recibieran tambi&eacute;n. En esta &uacute;ltima situaci&oacute;n se encontraba Guillermo, quien no estuvo en el frente de guerra, sino en R&iacute;o Grande, Provincia de Tierra del Fuego. Hasta ah&iacute; le llegaron una gran cantidad de cartas, en su totalidad escritas por mujeres, como la de Luc&iacute;a, Ana y Mariana, esta &uacute;ltima escrita el 24 de abril de 1982:</p> <ul>"Querido soldado que defiendes mi Patria: te escribimos porque sentimos la necesidad de hacerlo, somos tres chicas argentinas que vivimos junto a vos y con todo el Pa&iacute;s, los momentos actuales. Queremos ayudarte para que te sientas bien moralmente, y puedas defender, concientemente de que toda la Argentina est&aacute; con vos, nuestra querida Patria, a la que tanto amamos.    <br>Tenemos la misma edad que vos y podemos comprender lo que est&aacute;s sintiendo, pero es tu deber como argentino defender lo que es nuestro y que nos pertenece<sup><a   name="s35"  href="#35">35</a></sup>".    </ul>     <p>Como se aprecia, este tipo de carta contiene una alta carga nacionalista y, a diferencia de las que se intercambiaban los soldados con sus familias, el punto de arranque no es la afectividad sino el patriotismo. De ah&iacute; que m&aacute;s adelante se utilicen conceptos rimbombantes como &#39;Argentina, mi pa&iacute;s, un gran pa&iacute;s fabuloso&#39;. Todo ello formaba parte de un conjuro en el que el desconocimiento y la distancia eran sorteados por una identidad y f&oacute;rmula compartida: la argentinidad. Esta horizontalidad era reforzada por otro elemento com&uacute;n: la pertenencia a una misma generaci&oacute;n. En esta l&iacute;nea, el discurso que identificaba a la juventud con la guerra y los s&iacute;mbolos militares y chovinistas que lo acompa&ntilde;aban hab&iacute;an sido completamente interiorizados por las emisoras. Prueba de ello es que al borde superior de la primera hoja las autoras pintaron los colores de la bandera argentina.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entre los aspectos interesantes que proporciona esta carta debemos indicar, adem&aacute;s, el trueque que se produce entre las emisoras y el azaroso destinatario. En esta l&iacute;nea, Luc&iacute;a, Ana y Mariana proponen: "&#39;Proteger es querer&#39;. Vos nos proteges y nosotras te queremos". Hay una sublimaci&oacute;n del poder afectivo, al punto que lo equiparan al de las armas. Y es que estas "amigas" evaluaban su afecto como otro mecanismo de protecci&oacute;n. De esta manera, sus rezos y llevar al soldado en la mente le conferir&iacute;an a &eacute;ste la alegr&iacute;a y el valor necesarios para defender la soberan&iacute;a. Hay, de cierta forma, una construcci&oacute;n fant&aacute;stica del soldado de Malvinas, que oscila entre el h&eacute;roe y el m&aacute;rtir. En esta tensi&oacute;n se establece un v&iacute;nculo afectivo que permite que lo lejano &#40;la guerra entendida como combate&#41;, se vuelva pr&oacute;ximo y, en consecuencia, Luc&iacute;a, Ana y Mariana se transforman en sujetos activos de &eacute;sta. Se produce, as&iacute;, una transacci&oacute;n entre el ritual afectivo y espiritual, por una parte, y la defensa a trav&eacute;s de las armas, por otra, que refleja cierto continuismo con la correspondencia de este mismo g&eacute;nero intercambiada durante la Guerra de las Malvinas.</p>     <p>A diferencia de las cartas "&iacute;ntimas" enviadas por los soldados a sus familias, las cartas "a un soldado argentino" presentan un discurso m&aacute;s estandarizado, marcado por la argentinidad, el deber ser y la alusi&oacute;n a los s&iacute;mbolos patrios. Sin embargo, dicha estandarizaci&oacute;n de la estructura del mensaje no evita que se trasluzcan ciertos rasgos de sincera emotividad. En algunas cartas, de hecho, se puede leer la inseguridad y expectaci&oacute;n que generaba escribirle a un soldado desconocido, toda vez que &eacute;ste se encontraba rodeado de un aura heroica. La carta enviada por Patricia Caporale el 11 de mayo de 1985 da cuenta de este fen&oacute;meno:</p> <ul>"Creo que llegado el momento no s&eacute; que ponerte. No quiero que esta carta sea como algunas que seguro recibiste anteriormente. Todos decian algo parecido a agradecerte porque luches por la patria porque ella te necesita y cosas similares.    <br>Yo te digo que tengas fuerzas para pensar que ellos &#40;te digo "los ingleses"&#41; no pueden con nosotros; detr&aacute;s de ti est&aacute; la juventud Argentina apoyandote.    <br>Nosotros los queremos sin conocerlos y nos defendemos porque somos una misma generaci&oacute;n. No s&eacute; cu&aacute;ntos a&ntilde;os tendras calculo 18, 19 o 20 a&ntilde;os mas o menos"<sup><a   name="s36"  href="#36">36</a></sup>.    </ul>     <p>Junto con resaltar la existencia de elementos comunes a la carta anteriormente analizada -fervor patri&oacute;tico, identificaci&oacute;n generacional y ritual afectivo-, la carta nos presenta ciertas im&aacute;genes con las que se asociaba al soldado de Malvinas. Patricia imaginaba que quien recibiera su escrito tendr&iacute;a entre dieciocho y veinte a&ntilde;os. Por lo tanto, como las remitentes anteriores, asum&iacute;a el discurso p&uacute;blico que identificaba al combatiente con la juventud. Adem&aacute;s, introduce un elemento muy com&uacute;n en este tipo de cartas: la representaci&oacute;n del soldado argentino como una figura m&iacute;tica cuya acci&oacute;n en la batalla formaba parte de una gran gesta. Como ella, tambi&eacute;n Luc&iacute;a y Ana en una carta de respuesta a la que les envi&oacute; Guillermo, plasmaron por medio de un dibujo los imaginarios sobre el soldado argentino que circulaban: un joven sonriente, sano, amigable y dispuesto.</p>     <p>Asimismo, en el contenido de &eacute;sta es potente el deseo de correspondencia y reciprocidad por parte de Patricia. Desde el inicio advierte: "No quiero que esta carta sea como algunas que seguro recibiste anteriormente", acusando los estereotipos con los que otros como ella componen la carta. Pese a este esfuerzo, no puede evitar comunicarse fuera de ellos. Como manera de soslayarlo, incluye informaciones personales e interpelaciones al receptor, como las que al final escribe reiteradamente: "Tambien quisiera que no dejes esta carta con todas las que seguro te hayan mandado porque me gustar&iacute;a poder saber que haces y como estas. Contestame si podes". Su deseo es el de no caer en olvido, que el destinatario "real" de su carta le confiera identidad y existencia. Esta misma necesidad de pertenencia o de visibilidad se manifiesta una carta que azarosamente recibi&oacute; Marcelo Lapajufker bajo el t&iacute;tulo "Para un Soldado de la Aeron&aacute;utica Argentina":</p> <ul>"Te mando estampillas para que me mandes una carta para que los compa&ntilde;eros de mi Instituto sepan que a mi tambien me mandan cartas Perdon por la molestia y Gracias"<sup><a   name="s37"  href="#37">37</a></sup>.    </ul>     <p>    <br><b>3. C&Oacute;DIGO POSTAL 9409 Y LA GUERRA DE LAS MALVINAS. ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A lo largo de este art&iacute;culo hemos utilizado los colores y ritmos de aquella historia escrita por la gente com&uacute;n que vivi&oacute; y plasm&oacute; con tinta y papel sus percepciones, experiencias y emociones durante la Guerra del Atl&aacute;ntico Sur. Mediante el estudio de la escritura epistolar, hemos observado la capacidad que tuvo la carta malvinera para difundir sentido e identidad ah&iacute; donde las bases se encontraban "desestabilizadas". Y con esto nos referimos al deseo de los soldados por recomponer las relaciones suspendidas por la distancia y a la necesidad de una sociedad fracturada por encontrar espacios de consenso y horizontalidad. Sin duda, 1982 constituy&oacute; el momento m&aacute;s dram&aacute;tico y visible de un largo proceso de entroncamiento del papel de la naci&oacute;n, el patrioterismo y la memoria, por lo que la experiencia de los soldados en el frente y todo el imaginario que la acompa&ntilde;&oacute; no pudo escapar de sus lenguajes y representaciones.</p>     <p>En consecuencia, a trav&eacute;s de las cartas hemos podido aterrizar las formas como la experiencia &iacute;ntima dialoga, enfrenta y traslapa con los discursos y memorias que circulan en una sociedad. En este proceso, sin embargo, tan fascinante como el grado en que la esfera p&uacute;blica afecta las percepciones &iacute;ntimas, ha sido la manera como los actores m&iacute;nimos y sus relatos privados van conformando una historia microsc&oacute;pica que tiene sus disensos y acuerdos con aquella tan narrada desde las may&uacute;sculas.</p>     <p>Nuestro an&aacute;lisis se concentr&oacute; en dos tipos de cartas: por un lado, las que intercambiaron los "colimbas" con sus padres; y por otro, las que personas "an&oacute;nimas" escribieron "a un soldado argentino". Ubicadas en las ant&iacute;podas del material epistolar privado de la guerra, nos han permitido contrastar ciertos elementos decisivos en la pr&aacute;ctica de la escritura de masas. En esta l&iacute;nea, hemos postulado que ambos tipos de cartas nacieron de distintos impulsos. As&iacute;, mientras las primeras arrancaban del deseo de superar la "separaci&oacute;n" traum&aacute;tica de la guerra y resarcir los lazos suspendidos, las segundas lo hac&iacute;an instigadas por el fervor patri&oacute;tico, aunque no por ello artificial. Este fen&oacute;meno se comprende a la luz de la relaci&oacute;n que exist&iacute;a entre el remitente y el destinatario, toda vez que en el caso de las cartas que los soldados enviaban a sus familias hab&iacute;a una tensi&oacute;n y preocupaci&oacute;n por el destinatario, al que se conoc&iacute;a y extra&ntilde;aba; en cambio, las cartas "a un soldado argentino" ten&iacute;an un destinatario azaroso, al que se defini&oacute; a partir de los imaginarios p&uacute;blicos. Lo anterior no excluye, claro, que en ambos casos existieran deseos de no ser olvidado y de superar la comunicaci&oacute;n diferida.</p>     <p>No s&oacute;lo las motivaciones para escribir eran diferentes, sino que tambi&eacute;n vari&oacute; la versatilidad del mensaje. En las cartas "a un soldado argentino" encontramos una escritura m&aacute;s estandarizada, que recurre a ciertos clich&eacute;s sociales y p&uacute;blicos, haci&eacute;ndose parte de toda una ret&oacute;rica nacionalista y belicista. Si bien las cartas de los soldados a sus padres tambi&eacute;n se insertaron en estos rasgos, llama la atenci&oacute;n la diversidad de sus lenguajes y c&oacute;digos. En esta l&iacute;nea, la familiaridad y la empatia resultaban vitales para el nivel de franqueza con que se expresaba la interioridad de los remitentes.</p>     <p>A pesar de dicha versatilidad en las cartas de los "chicos de la guerra" podemos encontrar ciertas funciones comunes: confirmar la supervivencia, reafirmar el "estar bien", reforzar la memoria y desafiar la distancia, recreando un coloquio que aproximara aquello que se encontraba distante. Y es que frente a un "evento desestabilizador" como la guerra, el soldado se vio empujado a escribir, pues la carta tiene la capacidad de fijar lo inmediato en un material precario. De este modo, la conjunci&oacute;n de temporalidades operaba en el documento al que el soldado le ped&iacute;a difundir identidad, sentido y compa&ntilde;&iacute;a. A tal nivel, el intercambio epistolar constituy&oacute; un rasgo cotidiano de la vida de los "colimbas" que uno de nuestros protagonistas comentaba a su familia: "&#91;...&#93; aqui nos dan papel y sobre para escribir a la familia, no los pueden dar para escribir todos los dias si no se la pasarian escribiendo todo el dia"<sup><a   name="s38"  href="#38">38</a></sup>.</p>     <p>La atenci&oacute;n sobre las cartas no s&oacute;lo se daba desde el acto de escribir. Tambi&eacute;n los soldados esperaban ser recordados y reintegrados a su comunidad desde la correspondencia. As&iacute;, se gener&oacute; un cierto &aacute;nimo de acumulaci&oacute;n entre los "chicos de la guerra", al considerarse que a mayor cantidad de cartas, m&aacute;s queridos eran. Por lo mismo, la correspondencia enviada "a un soldado argentino" se present&oacute; tanto en c&oacute;digos patri&oacute;ticos como afectivos, toda vez que no bastaba con compartir la argentinidad o la generaci&oacute;n: era necesario tener resortes emotivos comunes. Este elemento permiti&oacute; que desde el frente o la ciudad, tanto remitentes como destinatarios se sintieran actores de un hecho fundamental que inclu&iacute;a a sus propias biograf&iacute;as dentro de una historia m&aacute;s amplia, pues finalmente desde estos soplos &iacute;ntimos la historia adquir&iacute;a sus matices y pulsos card&iacute;acos.</p> <hr size=1 >     <p><b>Comentarios</b></p>     <p><a href="#s*"  name="*"><sup>*</sup></a> El presente art&iacute;culo se realiz&oacute; como resultado del curso "Le pratiche sociali di scrittura e la storia contemporanea. Esperienze di ricerca e di studio", del profesor Antonio Gibelli, dictado en el Mag&iacute;ster en Historia de la Pontifica Universidad Cat&oacute;lica de Chile &#40;Santiago de Chile, Chile&#41; durante el primer semestre de 2009. Agradezco al historiador Gibelli por ense&ntilde;arnos esta renovada manera de historizar a los sujetos comunes, y a los historiadores chilenos Fernando Purcell y Alfredo Riquelme por sus comentarios al trabajo que aqu&iacute; se publica.</p>     <p><a href="#s1"  name=1><sup>1</sup></a>. A lo largo del art&iacute;culo trataremos indistintamente la forma como las ciencias sociales argentinas han llamado a este conflicto: Guerra del Atl&aacute;ntico Sur o Guerra de las Malvinas.</p>     <p><a href="#s2"  name=2><sup>2</sup></a>. Expresi&oacute;n de ello fue la alta difusi&oacute;n que alcanzaron las obras de Dalmiro M. Bustos, El otro frente de la guerra. Los padres de las Malvinas &#40;Buenos Aires: Ramos Americana Editora, 1982&#41;; y de Daniel Kon, Los chicos de la guerra &#40;Buenos Aires: Editorial Galerna, 1983&#41;. Ambos recopilaron testimonios de los j&oacute;venes que protagonizaron el conflicto, convirti&eacute;ndose en &eacute;xitos de venta durante la posguerra.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s3"  name=3><sup>3</sup></a>. Se conoc&iacute;a popularmente como "colimbas" &#40;corre-limpia-barre&#41; a los j&oacute;venes varones mayores de dieciocho a&ntilde;os que prestaban el servicio militar en alguna de las tres ramas de las Fuerzas Armadas, pero sobre todo en el Ej&eacute;rcito. Luego este concepto se har&aacute; extensivo a los soldados de Malvinas.</p>     <p><a href="#s4"  name=4><sup>4</sup></a>. Frente a ello, nuevas investigaciones han complejizado estos relatos, incorporando elementos metodol&oacute;gicos que ayudan al an&aacute;lisis de las mixturas &iacute;ntimas, locales y globales que participaron en la Guerra de las Malvinas. Dentro de ellas, especialmente importantes para los alcances de nuestro estudio, han sido los aportes de Vicente Palermo y su obra Sal en las heridas: las Malvinas en la cultura argentina contempor&aacute;nea &#40;Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 2007&#41;; Federico G. Lorenz a trav&eacute;s de dos trabajos, el primero y m&aacute;s copioso, Las guerras por Malvinas &#40;Buenos Aires: Edhasa, 2006&#41; y, el segundo, de gran relevancia para nuestro estudio ha sido el art&iacute;culo "&#39;Es hora que sepan&#39;. La correspondencia de la guerra de Malvinas: otra mirada sobre la experiencia b&eacute;lica de 1982", Revista P&aacute;ginas 1 &#40;mayo-agosto 2008&#41;; y, por &uacute;ltimo, el estudio de Rosana Guber, De chicos a Veteranos. Naci&oacute;n y Memorias de la Guerra de Malvinas &#40;Buenos Aires: Ediciones Al Margen, 2009&#41;.</p>     <p><a href="#s5"  name=5><sup>5</sup></a>. En cuanto a los embates que representaba nuestra la lejan&iacute;a de centros en los que se preserva la documentaci&oacute;n de nuestro objeto de estudio, han sido superados a trav&eacute;s de cartas disponibles en libros e internet. En relaci&oacute;n a las fuentes bibliogr&aacute;ficas, esenciales fueron: Dalmiro M. Bustos, El otro frente de la guerra. Los padres de las Malvinas, Buenos Aires: Ramos Americana Editora, 1982; Germ&aacute;n Marcelo Ferrero, ed., Cartas de Malvinas &#40;C&oacute;rdoba: Editorial Brujas, 2004&#41;; y Marcelo Lapajufker, Hay dos cartas sin abrir &#40;Buenos Aires: publicaci&oacute;n por el autor, 2007&#41;. En relaci&oacute;n a las fuentes que obtuvimos de internet, de singular importancia ha sido el sitio del Centro de Documentaci&oacute;n Epistolar &#40;<a href="http://www.cartas.org.ar/" target="_blank">www.cartas.org.ar</a>&#41; en el que se encuentra digitalizada la totalidad de la correspondencia sostenida por Guillermo entre mayo de 1981 y diciembre de 1982, per&iacute;odo en el cual este joven de diecinueve a&ntilde;os prest&oacute; el servicio militar obligatorio y particip&oacute; de la Guerra del Atl&aacute;ntico Sur. Estas dos &uacute;ltimas obras y las fuentes adquiridas por internet, han resultado decisivas para nuestro an&aacute;lisis la posibilidad de acceder a su materialidad, pues desde el trazo, la disposici&oacute;n del espacio, los tachados, los dibujos y recursos caligr&aacute;ficos, la experiencia vivida y percibida se registra en toda su tensi&oacute;n documental.</p>     <p><a href="#s6"  name=6><sup>6</sup></a>. Mateo Niro, "Las pruebas de vida: cartas que quedaron de la guerra de Malvinas", Dossier Malvinas, en  <a href="http://www.no-retornable.comar/v2/dossier/niro.html" target="_blank">http://www.no-retornable.comar/v2/dossier/niro.html</a> Consultado el 20 de marzo de 2010.</p>     <p><a href="#s7"  name=7><sup>7</sup></a>. Antonio Gibelli, "Emigrantes y soldados. La escritura como pr&aacute;ctica de masas en los siglos xix y xx", en ed. Antonio Castillo G&oacute;mez, La conquista del alfabeto. Escrituray clases populares &#40;Trea: Gij&oacute;n, 2002&#41;, 193.</p>     <p><a href="#s8"  name=8><sup>8</sup></a>. En cuanto a la escritura epistolar como herramienta para solicitar favores y encomiendas bastar&aacute; con se&ntilde;alar para los objetivos de este art&iacute;culo, que es un rasgo sumamente presente en las cartas estudiadas, sobre todo, a ra&iacute;z de ciertas condiciones del frente - como el fr&iacute;o y el hambre-, que no previeron ni supieron manejar las Fuerzas Armadas. As&iacute;, los soldados ped&iacute;an desde bufandas, calcetines y chalecos a chocolates y whisky, entre otros. En este &uacute;ltimo aspecto, creemos que dichas solicitudes materiales est&aacute;n en parte relacionadas con las necesidades afectivas de los soldados.</p>     <p><a href="#s9"  name=9><sup>9</sup></a>. Antonio Gibelli, "Emigrantes y soldados", 199.</p>     <p><a href="#s10"  name=10><sup>10</sup></a>. Elsa Lan&uacute;s, "Carta del 27 de abril de 1982", en Marcelo Lapajufker, Hay dos cartas sin abrir, 117.</p>     <p><a href="#s11"  name=11><sup>11</sup></a>. Esta campa&ntilde;a epistolar no s&oacute;lo se promovi&oacute; dentro de lo que se entend&iacute;a como la &#39;naci&oacute;n argentina&#39;, sino que tambi&eacute;n trascendi&oacute; a niveles globales mediante la campa&ntilde;a oficial "Cartas al Mundo". &Eacute;sta incitaba a los argentinos a escribir cartas est&aacute;ndar en castellano u otros idiomas que corroboraran que el apoyo a la Guerra de las Malvinas era total en Argentina. Tambi&eacute;n se insist&iacute;a en que las cartas fueran acompa&ntilde;adas de fotos de sus remitentes o sus familias, de manera que el conflicto b&eacute;lico adquiriera rostros concretos que despertaran cotidianeidad y empat&iacute;a a nivel internacional.</p>     <p><a href="#s12"  name=12><sup>12</sup></a>. Marcelo Lapajufker, Hay dos cartas, 11.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s13"  name=13><sup>13</sup></a>. Esto seg&uacute;n lo indicado por Federico Lorenz, "&#39;Es hora que sepan&#39;. La correspondencia de la guerra de Malvinas: otra mirada sobre la experiencia b&eacute;lica de 1982", Revista P&aacute;ginas 1 &#40;mayo-agosto 2008&#41;: 114.</p>     <p><a href="#s14"  name=14><sup>14</sup></a>. Esta afirmaci&oacute;n no se aplica a la Fuerza A&eacute;rea, que present&oacute; fundamentalmente personal de cuadros. Tal situaci&oacute;n explica, en parte, la desastrosa actuaci&oacute;n de Argentina durante la guerra. De hecho, entre las filas del Ej&eacute;rcito se encontraban j&oacute;venes en algunos casos con menos de dos meses de instrucci&oacute;n. Si a ello sumamos la superioridad tecnol&oacute;gica y la formaci&oacute;n profesional de los cuadros brit&aacute;nicos, se puede entender la asim&eacute;trica relaci&oacute;n de sus combatientes.</p>     <p><a href="#s15"  name=15><sup>15</sup></a>. Federico Lorenz, Las guerras por Malvinas &#40;Buenos Aires: Edhasa, 2006&#41;, 34.</p>     <p><a href="#s16"  name=16><sup>16</sup></a>. Quinto Antonelli, I dimenticati della Grande Guerra. La memoria dei combattenti trentini &#40;1914-1920&#41; &#40;Trento: Il Margine, 2008&#41;, 12.</p>     <p><a href="#s17"  name=17><sup>17</sup></a>. F.F., carta del jueves 22 de abril de 1982, en Dalmiro M. Bustos, El otro frente, 157.</p>     <p><a href="#s18"  name=18><sup>18</sup></a>. F.F., carta del jueves 22 de abril de 1982. Las cursivas son de la autora.</p>     <p><a href="#s19"  name=19><sup>19</sup></a>. Mateo Niro, "Las pruebas de vida".</p>     <p><a href="#s20"  name=20><sup>20</sup></a>. Chiquitita, Avellaneda, carta del 23 de abril de 1982, en Marcelo Lapajufker, Hay dos cartas, 15.</p>     <p><a href="#s21"  name=21><sup>21</sup></a>. Mam&aacute;, Avellaneda, carta del 14 de mayo de 1982, en Marcelo Lapajufker, Hay dos cartas, 145.</p>     <p><a href="#s22"  name=22><sup>22</sup></a>. Carta del 13 de mayo de 1982, en  <a href="http://membres.lycos.fr/erdo-sain05/Fotos/malvinas6.jpg" target="_blank">http://membres.lycos.fr/erdo-sain05/Fotos/malvinas6.jpg</a>. Consultado el 22 de marzo del 2010. Las cursivas son de la autora.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s23"  name=23><sup>23</sup></a>. Si bien los "colimba" crecieron en un ambiente de violencia y represi&oacute;n, la guerra constitu&iacute;a una experiencia desconocida. No pod&iacute;a ser de otro modo. El enfrenta-miento con Gran Breta&ntilde;a fue la &uacute;nica guerra convencional que tuvo Argentina durante el siglo xx.</p>     <p><a href="#s24"  name=24><sup>24</sup></a>. Nicola Shumway, La invenci&oacute;n de Argentina &#40;Buenos Aires: Emec&eacute;, 1995&#41;, 14-15.</p>     <p><a href="#s25"  name=25><sup>25</sup></a>. Anthony Smith, Nacionalismo, Teor&iacute;a, Ideolog&iacute;a, Historia &#40;Madrid: Editorial Alianza, 2000&#41;, 102.</p>     <p><a href="#s26"  name=26><sup>26</sup></a>. Germ&aacute;n Marcelo Ferrer&ograve;, ed., Cartas de Malvinas &#40;C&oacute;rdoba: Editorial Brujas, 2004&#41;, 18-19. El subrayado es del original.</p>     <p><a href="#s27"  name=27><sup>27</sup></a>. Fabio Gaffarena, "il fronte delle parole. Scriture della grande guerra", en P. Conti, G. Franchini, A. Gibelli eds. Storie di gente comune nelV Archivio Ligure della Scrittura Popolare &#40;Genova: Universit&agrave; degli Studi di Genova -Di.S.M.E.C, 2002&#41;, 92.</p>     <p><a href="#s28"  name=28><sup>28</sup></a>. Fabio Gaffarena, "Il fronte delle parole", 18.</p>     <p><a href="#s29"  name=29><sup>29</sup></a>. Antonio Gibelli, "Emigrantes y soldados", 193.</p>     <p><a href="#s30"  name=30><sup>30</sup></a>. Estas palabras las escribi&oacute; Jos&eacute; Luis Hierro una semana antes de morir. La noticia del deceso se la dio la Cruz Roja Internacional a su padre en Ginebra nueve meses despu&eacute;s. Como Jos&eacute; Luis, 649 argentinos murieron en la guerra. Jos&eacute; Luis Hierro, carta del 7 de junio de 1982, en  <a href="http://abc.gov.ar/docentes/efemerides/2deabril/descargas/guerra/carta_hierro.pdf" target="_blank">http://abc.gov.ar/docentes/efemerides/2deabril/descargas/guerra/carta_hierro.pdf</a>.</p>     <p><a href="#s31"  name=31><sup>31</sup></a>. N&eacute;stor, carta del 14 de junio de 1982, en Dalmiro M. Bustos, El otro frente de la guerra, 158-159.</p>     <p><a href="#s32"  name=32><sup>32</sup></a>. Norby y Chiquitita, carta del 28 de abril de 1982, en Marcelo Lapajufker, Hay dos cartas, 20.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s33"  name=33><sup>33</sup></a>. Federico Lorenz, Las guerras por, 34.</p>     <p><a href="#s34"  name=34><sup>34</sup></a>. Federico G. Lorenz, "&#39;Es hora que&#39;", 114.</p>     <p><a href="#s35"  name=35><sup>35</sup></a>. Luc&iacute;a Carlavan, Ana Mar&iacute;a Carla-van y Mariana Sabater, carta del 24 de abril de 1982, en  <a href="http://www.cartas.org.ar/images/cartasde-verdad/willicasivaalasmalvinas/ver-wil-luc-25-04-82-2-gr.jpg" target="_blank">http://www.cartas.org.ar/images/cartasde-verdad/willicasivaalasmalvinas/ver-wil-luc-25-04-82-2-gr.jpg</a>. Consultado el 12 de marzo de 2010.</p>     <p><a href="#s36"  name=36><sup>36</sup></a>. Patricia Caporale, carta del 11 de mayo de 1982, en  <a href="http://www.cartas.org.ar/images/cartasdever-dad/willicasivaalasmalvinas/ver-wil-pat-11-05-82-1-gr.jpg" target="_blank">http://www.cartas.org.ar/images/cartasdever-dad/willicasivaalasmalvinas/ver-wil-pat-11-05-82-1-gr.jpg</a>. Consultado el 12 de marzo de 2010.</p>     <p><a href="#s37"  name=37><sup>37</sup></a>. "Para un Soldado de la Aeron&aacute;utica Argentina", en Marcelo Lapajufker, Hay dos cartas, 50.</p>     <p><a href="#s38"  name=38><sup>38</sup></a>. Germ&aacute;n Marcelo Ferrero, ed., Cartas de Malvinas, 19.</p>  <hr size="1">     <p><b>Referencias</b></p>      <p><b>Fuentes primarias</b></p>      <!-- ref --><p>Centro de Documentaci&oacute;n Epistolar, <a target=_blank href="http://www.cartas.org.ar/"> http://www.cartas.org.ar</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0121-1617201100020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Fuentes secundarias</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Antonelli, Quinto. I dimenticati della Grande Guerra. La memoria dei  combattenti trentini (19141920). Trento: Il Margine, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0121-1617201100020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bustos, Dalmiro M. El otro frente de la guerra. Los padres de las Malvinas.  Buenos Aires, Ramos Americana Editora, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-1617201100020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gaffarena, Fabio. "Il fronte delle parole. Scriture della grande guerra". En  Storie di gente comune nell&#39; Archivio Ligure della Scrittura Popolare, editado  por P. Conti, G. Franchini, A. Gibelli. Genova: Universit&agrave; degli Studi di Genova  - DI.S.M.E.C, Acqui Terme, E.I.G., 2002, 81-111.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-1617201100020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gavshon, Arthur L. El hundimiento del Belgrano. Buenos Aires: Emec&eacute;, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-1617201100020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gibelli, Antonio. "Introduzione. Scriture e storie de gente comune". En  Storie di gente comune nell&#39; Archivio Ligure della Scrittura Popolare, editado  por P. Conti, G. Franchini, A. Gibelli. Genova: Universit&agrave; degli Studi di Genova  - DI.S.M.E.C, Acqui Terme, E.I.G., 2002, 5-13.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-1617201100020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gibelli, Antonio. "Emigrantes y soldados. La escritura como pr&aacute;ctica de masas  en los siglos xix y xx". En La conquista del alfabeto. Escritura y clases  populares, editado por Antonio Castillo G&oacute;mez. Trea: Gij&oacute;n, 2002, 189-223.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-1617201100020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Guber, Rosana. De chicos a Veteranos. Naci&oacute;n y Memorias de la Guerra de  Malvinas. Buenos Aires: Ediciones Al Margen, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-1617201100020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kon, Daniel. Los chicos de la guerra. Buenos Aires: Editorial Galerna, 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-1617201100020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lapajufker, Marcelo. Hay dos cartas sin abrir: huellas y heridas de una  guerra. Buenos Aires: El autor, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-1617201100020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lavagnino, Nicol&aacute;s. "Malvinas: relato, ritual y agon&iacute;a hist&oacute;rica", Dossier  Malvinas. <a target=_blank href="http://www.no-retornable.com.ar/v2/dossier/lavagnino.html"> http://www.no-retornable.com.ar/v2/dossier/lavagnino.html</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-1617201100020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lorenz, Federico. "&#39;Es hora que sepan&#39;. La correspondencia de la guerra de  Malvinas: otra mirada sobre la experiencia b&eacute;lica de 1982". Revista P&aacute;ginas 1  (mayo-agosto 2008).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-1617201100020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lorenz, Federico. Las guerras por Malvinas. Buenos Aires: Edhasa, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-1617201100020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Marcelo Ferrero, Germ&aacute;n (editor). Cartas de Malvinas. C&oacute;rdoba: Editorial  Brujas, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-1617201100020000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Niro, Mateo. "Las pruebas de vida: cartas que quedaron de la guerra de  Malvinas", Dossier Malvinas. <a target=_blank href="http://www.no-retornable.com.ar/v2/dossier/niro.html"> http://www.no-retornable.com.ar/v2/dossier/niro.html</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-1617201100020000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Palermo, Vicente. Sal en las heridas: las Malvinas en la cultura argentina  contempor&aacute;nea. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-1617201100020000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Romero, Luis Alberto. Breve historia contempor&aacute;nea de la Argentina. Buenos  Aires: Buenos Aires Ed., 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-1617201100020000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Shumway, Nicola. La invenci&oacute;n de Argentina. Buenos Aires: Emec&eacute;, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-1617201100020000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Smith, Anthony. Nacionalismo, Teor&iacute;a, Ideolog&iacute;a, Historia. Madrid: Editorial  Alianza, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-1617201100020000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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