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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Torres, Ana Teresa.: La herencia de la tribu (Del mito de la Independencia a la Revolución Bolivariana) Caracas: Editorial Alfa, 2009, 287 pp.]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center" ><font size="4"><b>Torres, Ana Teresa.</b> <b><i>La herencia de la tribu (Del mito de la Independencia a la Revoluci&oacute;n Bolivariana). </i> Caracas: </b>Editorial Alfa, 2009, 287 pp.<b> </b></font></p>     <p><b>Luis Fernando Castillo Herrera</b></p>     <p>Docente en el &aacute;rea de Historia en el Liceo Bolivariano Julio Bustamante (Caracas, Venezuela). Profesor con menci&oacute;n en Geograf&iacute;a e Historia por la Universidad Pedag&oacute;gica Experimental Libertador - Instituto Pedag&oacute;gico de Caracas (Caracas, Venezuela). <a href="mailto:godaigo@hotmail.com">godaigo@hotmail.com</a></p>  <hr size="1">     <p>La caraque&ntilde;a Ana Teresa Torres, Individuo de N&uacute;mero de la Academia Venezolana de la Lengua, nos presenta esta obra, conformada por tres cap&iacute;tulos: &quot;Fundamentalismo heroico&quot;, &quot;Fractura de la modernidad&quot; y &quot;La Revoluci&oacute;n Bolivariana como alegor&iacute;a nost&aacute;lgica de la Independencia&quot;, cargada de un contenido extremadamente contempor&aacute;neo que genera un interesante debate en torno a la agitada y actual vida pol&iacute;tica venezolana.</p>     <p>En esta rese&ntilde;a, nos atrevemos a dividir la obra en dos bloques fundamentales; el primero de ellos engloba la reflexi&oacute;n de Torres sobre el impacto de la historia patria y el uso de la misma a lo largo del camino pol&iacute;tico de Venezuela. En este sentido, la autora busca de manera insistente dar con la causa del nacimiento del llamado <i>mito bolivariano </i>y el resquebrajamiento del <i>mito democr&aacute;tico. </i>En el segundo segmento, nos enfocaremos en el an&aacute;lisis de Ana Teresa Torres en torno al surgimiento de la <i>Revoluci&oacute;n Bolivariana.</i></p>     <p>La autora plantea que en el pueblo venezolano coexiste un <i>binomio mitol&oacute;gico: </i>el <i>mito bolivariano </i>y <i>el mito democr&aacute;tico. </i>El llamado <i>mito bolivariano </i>nace de un n&uacute;cleo fundamental, la Independencia. De all&iacute; surgieron los h&eacute;roes que el pueblo aclam&oacute; y aclama, de all&iacute; emergieron los l&iacute;deres pol&iacute;ticos del siglo XIX y son ellos quienes se encargan de mitificar la Independencia teniendo en cuenta su participaci&oacute;n en aquella gesta. Hombres como Jos&eacute; Antonio P&aacute;ez, Santiago Mari&ntilde;o, Jos&eacute; Tadeo Monagas, y m&aacute;s tarde Antonio Guzm&aacute;n Blanco, usar&aacute;n la bandera de la epopeya emancipadora con fines pol&iacute;ticos, personalistas y revolucionarios, unificando sus gestiones gubernamentales, no tan eficaces, con la historia patria, vali&eacute;ndose de un discurso heroico que alimentaba el imaginario colectivo del pa&iacute;s.</p>     <p>Para la autora, el <i>mito bolivariano </i>no desaparece en los siglos XX y XXI; por el contrario, se diversifica, se amplia y se convierte en una creencia s&oacute;lida. De esta manera, aparece el libertador Sim&oacute;n Bol&iacute;var como el s&iacute;mbolo de una naci&oacute;n, siendo el legendario pr&oacute;cer pilar para los nuevos proyectos pol&iacute;ticos, sociales y econ&oacute;micos de Venezuela. El <i>mito bolivariano </i>seduce el imaginario colectivo del pa&iacute;s, al punto de formar nuevos <i>paradigmas mitol&oacute;gicos, </i>tales como <i>el mito hist&oacute;rico marxista, el mito cristiano, el mito filos&oacute;fico, el mito psicoanal&iacute;tico </i>y <i>el mito socialista. </i>En cada uno de ellos se magnifica la imagen de Bol&iacute;var y, seg&uacute;n la autora, se impone una historia m&iacute;tica que impide observar la esencia del pensamiento bolivariano.</p>     <p>El <i>mito democr&aacute;tico </i>cumple las mismas funciones del <i>mito bolivariano, </i>es decir, se establece como una esperanza de cambio y progreso, pero no logra satisfacer los deseos y aspiraciones de la colectividad. La autora plantea: &quot;La democracia venezolana ocup&oacute; aproximadamente medio siglo XX durante el cual encarn&oacute; el imaginario de la modernidad pero, al igual que ocurri&oacute; con la Independencia, termin&oacute; siendo un mito inconcluso&quot; (p. 133).</p>     <p>De esta manera, se plantea en la obra la insatisfacci&oacute;n que termin&oacute; dejando el <i>mito democr&aacute;tico, </i>fundamentalmente por el car&aacute;cter populista de los distintos mandatarios de aquel per&iacute;odo de la historia contempor&aacute;nea de Venezuela, sin contar con el factor de la corrupci&oacute;n que demoli&oacute; los cimientos de un proyecto democr&aacute;tico que luc&iacute;a prometedor. Luego de la ca&iacute;da del dictador Marcos P&eacute;rez Jim&eacute;nez el 23 de enero de 1958, Venezuela quedaba a las puertas de la democracia; partidos pol&iacute;ticos como Acci&oacute;n Democr&aacute;tica y el Partido Social Cristiano (COPEl) avanzaron portando la bandera democr&aacute;tica y empleando un discurso de integridad y progreso que sustitu&iacute;a al ya agotado discurso heroico del siglo XIX.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Partiendo de las observaciones y planteamientos de Andr&eacute;s Stambouli y su obra <i>La pol&iacute;tica extraviada. Una historia de Medina a Ch&aacute;vez </i>(Caracas: Fundaci&oacute;n para la Cultura Urbana, 2005), Ana Teresa Torres establece cu&aacute;l ha sido la estructura democr&aacute;tica en Venezuela, donde se destacan: la integraci&oacute;n nacional (1900-1936), la modernizaci&oacute;n del Estado (1936-1941) y la apertura pol&iacute;tica (1941-1945); en este sentido, entre 1900-1945 Venezuela se manten&iacute;a en un proceso que a&uacute;n no se pod&iacute;a catalogar como democr&aacute;tico, sino de transici&oacute;n entre el autoritarismo y la renovaci&oacute;n o evoluci&oacute;n pol&iacute;tica. Seguidamente, la autora contempla el desarrollismo militar (1948-1958), per&iacute;odo donde concluye un r&eacute;gimen dictatorial para enrumbar al pa&iacute;s por el camino democr&aacute;tico.</p>     <p>El per&iacute;odo dem&oacute;crata, comprendido entre 1958 y 1998, conocido como la Cuarta Rep&uacute;blica, sufri&oacute; el desgaste de un discurso populista y aislado de los sectores humildes que termin&oacute; drenando sus frustraciones, con el subsiguiente apoyo a un nuevo proyecto pol&iacute;tico personificado en un militar golpista, el teniente coronel Hugo Rafael Ch&aacute;vez Fr&iacute;as, quien, como lo comenta la autora, fue el responsable de fracturar la modernidad venezolana, al desestabilizar el modelo pol&iacute;tico establecido desde 1958, donde el binomio Acci&oacute;n Democr&aacute;tica y COPEI copaba el universo electoral del pa&iacute;s.</p>     <p>El segundo bloque en el cual hemos dividido la obra encuentra el planteamiento de Torres sobre el origen de la <i>Revoluci&oacute;n Bolivariana. </i>Los hechos del 4 de febrero de 1992 son calificados por la autora como el origen pol&iacute;tico del para entonces teniente coronel Hugo Ch&aacute;vez Fr&iacute;as; para ello emplea obras tales como la de &Aacute;ngela Zago, <i>La rebeli&oacute;n de los &aacute;ngeles </i>(Caracas: Editorial Fuentes, 1992), que exponen el impacto que tuvo Ch&aacute;vez en el pueblo a partir de aquella fecha. Para la escritora, el pueblo se identific&oacute; con el militar alzado, al mismo tiempo que &eacute;ste planteaba la supuesta cercan&iacute;a entre su proyecto y la Independencia venezolana.</p>     <p>Con el agotamiento del llamado <i>mito democr&aacute;tico </i>eran necesarios una alternativa pol&iacute;tica, un proyecto y una visi&oacute;n nuevos del pa&iacute;s. En 1992, un grupo de militares se hab&iacute;an levantado en armas durante el gobierno del presidente Carlos Andr&eacute;s P&eacute;rez; aunque fue un alzamiento fallido y anticonstitucional, el pueblo venezolano vio en aquella revuelta una especie de esperanza. La madrugada del 4 de febrero de 1992 devel&oacute; a un militar que pasar&iacute;a del total anonimato a ocupar las primeras p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos nacionales e internacionales; sus palabras luego del fracasado golpe fueron televisadas, y qued&oacute; en las retinas de los venezolanos aquel discurso que reflejaba las generalizadas quejas de todo un pueblo: &quot;se le ha atribuido una gran significaci&oacute;n al hecho de que sus palabras se transmitieran por televisi&oacute;n en vivo. De los numerosos intentos golpistas ocurridos en Venezuela, esta era la primera vez que el protagonista de un alzamiento fracasado se dirig&iacute;a directamente al pa&iacute;s&quot; (p. 168).</p>     <p>De esta manera, la autora ratifica el origen de la <i>Revoluci&oacute;n Bolivariana </i>a partir del 4 de febrero de 1992, teniendo en cuenta que ese momento signific&oacute; el primer acto pol&iacute;tico de Ch&aacute;vez, quien representaba el descontento nacional. El militar alzado ahora se convert&iacute;a en h&eacute;roe, en el palad&iacute;n de los sectores oprimidos. En la obra rese&ntilde;ada se le cataloga de <i>mes&iacute;as </i>o <i>h&eacute;roe, </i>en ocasiones con un sentido sarc&aacute;stico, pero indiscutiblemente el militar desconocido de 1992 terminar&iacute;a arrollando la vieja historia pol&iacute;tica venezolana en las elecciones de 1998: &quot;A juzgar por los resultados de la elecci&oacute;n presidencial de 1998, el pa&iacute;s se inclin&oacute; a apoyar el golpe, aunque quiz&aacute; el hecho mismo del golpismo no era tan importante para la opini&oacute;n p&uacute;blica, sino las condiciones del h&eacute;roe y la esperanza que despert&oacute;&quot; (p. 177).</p>     <p>Torres sostiene en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo que el discurso de Hugo Ch&aacute;vez termina siendo envolvente y ataviado con los colores de la Independencia, creando una simbiosis entre la historia patria y el nacimiento de la revoluci&oacute;n. Para la autora, tanto la imagen como el discurso de Hugo Ch&aacute;vez se han construido en dos vertientes; &quot;&#91;...&#93; el vengador del pueblo y portador de la ira colectiva y, posteriormente, la de redentor que encarna una esperanza&quot; (p. 177). De esta manera, Ch&aacute;vez represent&oacute; el deseo oprimido contra la clase gobernante el d&iacute;a del golpe de Estado, y al mismo tiempo encarn&oacute; la esperanza de renovaci&oacute;n y resurgimiento del pa&iacute;s tras la victoria en las elecciones de 1998.</p>     <p>Finalmente, Ana Teresa Torres expone la manera como durante la gesti&oacute;n de Hugo Ch&aacute;vez la historia de Venezuela ha sido uno de los mecanismos para justificar y avalar la denominada Revoluci&oacute;n Bolivariana. Seg&uacute;n la autora, el uso constante de la historia en el discurso pol&iacute;tico es el com&uacute;n denominador del gobierno de Ch&aacute;vez; esto se evidencia en las denominaciones que reciben las <i>misiones</i><sup> <a  name="s1" href="#1">1</a></sup>, pero muy particularmente, Torres resalta la manera como son expuestas las campa&ntilde;as presidenciales de Hugo Ch&aacute;vez, al usar los nombres de las distintas batallas que sellaron la Independencia del pa&iacute;s; as&iacute; como el constante recordatorio del antepasado de Ch&aacute;vez, el caudillo Pedro P&eacute;rez Delgado, mejor conocido como &quot;Maisanta&quot;. Desde la &oacute;ptica de la autora, aquello posee varias lecturas; en primer lugar, unificar la historia y el proceso de la Revoluci&oacute;n Bolivariana, y en segundo lugar, mantener vivas la lucha y batalla entre clases sociales. Para Ana Teresa Torres, la imagen del Libertador tambi&eacute;n se ha convertido en el s&iacute;mbolo de la revoluci&oacute;n liderada por Hugo Ch&aacute;vez; cada alocuci&oacute;n del Presidente se encuentra cargada de los pensamientos y extractos de los discursos del Libertador, moldeando en el imaginario colectivo la idea de que Bol&iacute;var, la Independencia y la Revoluci&oacute;n Bolivariana forman parte del mismo hilo hist&oacute;rico ideol&oacute;gico.</p>     <p><i>La herencia de la tribu (Del mito de la Independencia a la Revoluci&oacute;n Bolivariana) </i>se caracteriza por ser una obra de corte pol&iacute;tico-hist&oacute;rico, con m&aacute;s elementos pol&iacute;ticos que hist&oacute;ricos, a pesar de la presencia de algunas herramientas historiogr&aacute;ficas. Se evidencian an&aacute;lisis desde el punto de vista cr&iacute;tico-pol&iacute;tico hasta psicol&oacute;gico. Sin embargo, la principal debilidad que debemos apuntar es el excesivo uso de citas textuales, que por momentos esconden las verdaderas opiniones de la creadora. Pero m&aacute;s all&aacute;, es una obra para el debate y que requiere un constante an&aacute;lisis, p&aacute;gina tras p&aacute;gina.</p>  <hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>     <p><sup> <a  href="#s1" name="1">1</a></sup> Programas de gobierno destinados a subsanar distintos problemas presentes en el pa&iacute;s; abarcan sectores como salud, trabajo y educaci&oacute;n. Generalmente poseen nombres alusivos a episodios hist&oacute;ricos de la guerra por la independencia de Venezuela.  </p> </font>     ]]></body>
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