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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p><b>RESE&Ntilde;A</b></p>     <p align="center"><B><font size="4">Castells, Manuel. Redes de indignaci&oacute;n y esperanza: los movimientos sociales en la era de Internet</font></b><sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>.    <br> <b>Madrid: Alianza Editorial, 2012. 296 pp.</b></p>     <p align="center"><b>Isabel Duque Franco</b>    <br> Universidad Nacional de Colombia    <br> Doctora en Geograf&iacute;a Humana de la Universidad de Barcelona </p> <hr>     <p align="right"><img src="img/revistas/rcdg/v22n2/v22n2a15f1.jpg"></p>     <p>EL 2011 HA PASADO a ocupar un lugar central en la historia. Ser&aacute; recordado como un a&ntilde;o m&aacute;s en la crisis econ&oacute;mica global, pero, fundamentalmente, como el a&ntilde;o de la primavera &aacute;rabe, de la indignaci&oacute;n, de las revoluciones, de las protestas multitudinarias y del surgimiento de nuevos movimientos sociales. Al ser uno de los temas pol&iacute;ticos m&aacute;s asombrosos y fascinantes de nuestro tiempo, ha motivado la publicaci&oacute;n de una buena cantidad de art&iacute;culos, libros y reportajes que abordan las causas, implicaciones y consecuencias de esta oleada de manifestaciones y movilizaciones. Uno de ellos es el libro de Manuel Castells, <I>Redes de indig</I><I>naci&oacute;n y esperanza: los movimientos sociales en la era de Internet</I>, en el que se analiza el papel de la Internet y las nuevas tecnolog&iacute;as en la formaci&oacute;n, din&aacute;mica y perspectivas de cambio social de dichos movimientos. </p>      <p>En este trabajo Castells hace un an&aacute;lisis de plena actualidad, y casi que en tiempo real, en el que conjuga las que han sido sus l&iacute;neas de investigaci&oacute;n durante d&eacute;cadas, y que est&aacute;n presentes en su grandiosa y prol&iacute;fica obra<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>: los movimientos sociales (1986), la sociedad red global (1997; 1998; 2001) y las relaciones de poder y los medios de comunicaci&oacute;n (2009). El objetivo de Castells es, a su jucio, modesto: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p>&#91;...&#93; proponer algunas hip&oacute;tesis, basadas en la observaci&oacute;n, sobre la naturaleza y perspectivas de los movimientos sociales en red con la esperanza de identificar los nuevos caminos del cambio social en nuestra &eacute;poca y  estimular el debate sobre las repercusiones pr&aacute;cticas (y, en &uacute;ltima instancia, pol&iacute;ticas) de dichas hip&oacute;tesis &#91;...&#93;. (2012, 22) </p></blockquote>      <p>Para ello se sustenta, primero, en el marco anal&iacute;tico de la teor&iacute;a del poder, formulada en su anterior libro, <I>Comunicaci&oacute;n y poder </I>(2009); segundo, en un exahustivo ejercicio de indagaci&oacute;n sobre diferentes movimientos sociales y tambi&eacute;n en la experiencia y conocimiento directo que gracias a sus visitas a las acampadas de Barcelona, Madrid y Londres y a su apoyo en la elaboraci&oacute;n de propuestas del movimiento ha obtenido. </p>      <p>El libro se estructura en ocho apartados, a trav&eacute;s de los cuales Castells explora tanto el papel de la Internet como la diversidad cultural y el poder pol&iacute;tico de los movimientos. La introducci&oacute;n presenta los planteamientos te&oacute;ricos en torno a las relaciones de poder y las redes de comunicaci&oacute;n. La siguiente secci&oacute;n est&aacute; dedicada a las revueltas de T&uacute;nez e Islandia, que sirvieron de inspiraci&oacute;n a los movimientos posteriores, los cuales son analizados en detalle en los siguientes cuatro apartados del libro: la revoluci&oacute;n egipcia, la primavera &aacute;rabe, las indignadas en Espa&ntilde;a y el movimiento Occupy Wall Street en Estados Unidos. En las dos &uacute;ltimas secciones de su obra, Castells analiza los elementos de convergencia de los diferentes movimientos y su capacidad transformadora y generadora de cambio social. </p>     <p>Dos cuestiones son centrales en la reflexi&oacute;n de Castells: de un lado, determinar cu&aacute;les fueron los factores que incitaron las revueltas en diferentes lugares del mundo; y del otro, establecer la perspectiva de cambio social de esta nuevas formas de participaci&oacute;n y acci&oacute;n pol&iacute;tica. La respuesta, seg&uacute;n Castells, es simple: </p>    <blockquote>     <p>No fue solo la pobreza, o la crisis econ&oacute;mica, o la falta  &#91;...&#93; fue fundamentalmente la humillaci&oacute;n causada por el cinismo y la arrogancia de los poderosos, tanto del &aacute;mbito financiero como pol&iacute;tico y cultural &#91;...&#93;. (2012, 20) </p></blockquote>     <p>Fueron las redes sociales del Internet inal&aacute;mbrico, "la difusi&oacute;n viral de im&aacute;genes e ideas", las que hicieron que estos sentimientos de ira, indignaci&oacute;n y esperanza se extendieran por el mundo como una forma de contagio. </p>      <p>Castells es enf&aacute;tico al se&ntilde;alar que, si bien el papel de la Internet y la comunicaci&oacute;n inal&aacute;mbrica han sido fundamentales en estos movimientos sociales, en ning&uacute;n caso pueden ser consideradas como sus referentes causa-les: "Ni Internet ni ninguna otra tecnolog&iacute;a, para el caso, puede ser origen de una causalidad social &#91;...&#93;" (2012, 218). Asumir que los movimientos han sido creados por la Internet implicar&iacute;a caer en lo que algunos denominan el <I>determinismo tecnol&oacute;gico</I>. Las revueltas surgen por las contradicciones y conflictos de diferente tipo que existen en cada una de las sociedades &mdash;bien sea por los reg&iacute;menes autoritarios, por las crisis econ&oacute;micas o por la connivencia entre la pol&iacute;tica y el capital&mdash;, pero es a trav&eacute;s de la redes interactivas de comunicaci&oacute;n como la gente logra conectarse entre s&iacute; y compartir su indignaci&oacute;n. En este sentido, la Internet es un soporte material, un instrumento de acci&oacute;n de estos movimientos, en la medida en que les permite "movilizar, organizar, deliberar, coordinar y decidir" (2012, 19). </p>     <p>Seg&uacute;n Castells, esta relaci&oacute;n entre la Internet y los movimientos sociales en red no es meramente instrumental, sino que, adem&aacute;s, da lugar a una &lsquo;cultura de la autonom&iacute;a&rsquo;, entendida como la "&#91;...&#93; capacidad de un actor social para convertirse en sujeto definiendo su acci&oacute;n alrededor de proyectos construidos al margen de las instituciones de la sociedad, de acuerdo con los valores e intereses del actor social &#91;...&#93;" (2012, 220). Castells asegura que existe un c&iacute;rculo virtuoso entre las nuevas tecnolog&iacute;as y la autonom&iacute;a, pues a trav&eacute;s de la conexi&oacute;n en red actores individuales construyen su autonom&iacute;a con personas de similares ideas a trav&eacute;s de las redes que prefieran. Esta idea de la autonom&iacute;a est&aacute; relacionada tambi&eacute;n con su noci&oacute;n de la &lsquo;autocomunicaci&oacute;n de masas&rsquo;, basada en redes horizontales, en las que se procesan mensajes de muchos para muchos y sobresalen rasgos como la autoconvocatoria, la cooperaci&oacute;n, la instantaneidad o el dinamismo. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, &iquest;es posible que se est&eacute; sobredimensionando el papel de la Internet en los movimientos sociales? &iquest;Qu&eacute; ocurre con las formas y espacios "tradicionales" de movilizaci&oacute;n social? A este respecto, Castells mantiene que las "redes de comunicaci&oacute;n son un elemento indispensable en la pr&aacute;ctica y la organizaci&oacute;n de estos movimientos", pero tambi&eacute;n reconoce que "son un elemento necesario aunque no suficiente de la acci&oacute;n colectiva" (2012, 219), y que, adem&aacute;s de la Internet, los movimientos tambi&eacute;n viven y act&uacute;an gracias a la comunicaci&oacute;n cara a cara, a las redes sociales <I>offline </I>preexistentes y a la ocupaci&oacute;n del espacio urbano. Justamente, el trabajo de Wilson y Dunn (2011) contribuye a matizar &mdash;al menos en t&eacute;rminos cuantitativos&mdash; el protagonismo de la comunicaci&oacute;n inal&aacute;mbrica en el levantamiento egipcio. Seg&uacute;n los resultados preliminares de la encuesta aplicada a los manifestantes de la plaza Tahrir, la interacci&oacute;n cara a cara fue la forma m&aacute;s importante de comunicaci&oacute;n para los activistas (93%), seguida de medios tradicionales como el tel&eacute;fono, la televisi&oacute;n v&iacute;a sat&eacute;lite y los medios impresos. El medio digital m&aacute;s mencionado fueron los SMS (46%), seguidos de Facebook (42%), los correos electr&oacute;nicos (27%), el Twitter (13%) y los blogs (12%) (Wilson y Dunn 2011, 1252). No obstante, estos datos de ninguna manera restan importancia al papel de las tecnolog&iacute;as en la difusi&oacute;n en tiempo real de las im&aacute;genes de lo que estaba ocurriendo durante las revueltas en los diferentes pa&iacute;ses &aacute;rabes, que resultaron determinantes para el efecto de contagio viral entre pa&iacute;ses, pero tambi&eacute;n para denunciar la dura represi&oacute;n de las protestas, para generar una opini&oacute;n p&uacute;blica y, en algunos casos, para lograr los objetivos inmediatos. </p>     <p>Detr&aacute;s del protagonismo concedido a la Internet y a la comunicaci&oacute;n inal&aacute;mbrica en los movimientos sociales del 2011, hay una cuesti&oacute;n clave: la relaci&oacute;n entre el espacio de los flujos y el espacio de los lugares, en los propios t&eacute;rminos empleados por Castells. Como muestra en todos los casos estudiados, las redes de comunicaci&oacute;n sirvieron para convocar e informar sobre las revueltas, pero el desarrollo de las movilizaciones y las grandes deliberaciones tuvieron lugar en el espacio p&uacute;blico. Las calles de Sidi Buzid y la Place du Gouvernement de la capital en T&uacute;nez, la Plaza Tahrir en Egipto, la Plaza de La Perla en Bahr&eacute;in, la Plaza del Sol en Madrid, la Plaza Catalunya en Barcelona, Zuccotti Park en Nueva York o Finsbury Square en Londres fueron los espacios urbanos donde convergieron las movilizaciones, haci&eacute;ndose evidente la diversidad de los manifestantes. El espacio p&uacute;blico fue el lugar de encuentro, visibilizaci&oacute;n y resistencia de las revueltas. </p>     <p>En este sentido, es claro que los movimientos sociales en la era de la Internet conservan al espacio p&uacute;blico como el lugar para la expresi&oacute;n pol&iacute;tica y el di&aacute;logo polif&oacute;nico de las visiones del mundo. A este respecto, Castells sostiene: "&#91;...&#93; la revoluci&oacute;n de Internet no invalida el car&aacute;cter territorial de las revoluciones a lo largo de la historia. M&aacute;s bien lo extiende del espacio de los lugares al espacio de los flujos &#91;...&#93;" (2012, 72). </p>     <p>Castells va mucho m&aacute;s all&aacute; sobre esta cuesti&oacute;n al se&ntilde;alar que, aunque los movimientos sociales comenzaron en las redes de la Internet, se convirtieron en movimiento al ocupar el espacio urbano, bien fuera de manera permanente o por manifestaciones continuadas. El espacio de los movimientos se construye a trav&eacute;s de las interacciones entre el espacio de los flujos y el espacio de los lugares ocupados, generando, seg&uacute;n Castells, un h&iacute;brido, un tercer espacio, al que denomina <I>espacio de la autonom&iacute;a. </I>La explicaci&oacute;n es que la autonom&iacute;a, como se mencion&oacute; antes, solo puede darse mediante la capacidad de organizaci&oacute;n de las redes de comunicaci&oacute;n, de la misma manera que solo se convierte en fuerza transformadora desafiando el orden institucional y recuperando el espacio p&uacute;blico para los ciudadanos. </p>     <p>Esta recuperaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico como el lugar de ejercicio de la ciudadan&iacute;a plena tiene que ver con el proceso de conquista y redefinici&oacute;n de la democracia; objetivo compartido por los diferentes movimientos estudiados por Castells. Los manifestantes tunecinos, al igual que los egipcios, y, en general, los de los pa&iacute;ses &aacute;rabes reivindicaron la total democratizaci&oacute;n de sus pa&iacute;ses, que pasaban necesariamente por el abandono del poder o el derrocamiento de los gobiernos &mdash;que durante d&eacute;cadas se hab&iacute;an mantenido como dictaduras o como pseudodemocracias&mdash;, y la posterior definici&oacute;n de nuevos reg&iacute;menes electorales y la celebraci&oacute;n de elecciones libres y limpias. Efectivamente, tanto en T&uacute;nez como en Egipto se llevaron a cabo procesos electorales y se reformaron las respectivas constituciones. Sin embargo, a juzgar por las nuevas manifestaciones ocurridas durante los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, parte del malestar y del inconformismo que motivaron las revueltas no han sido superados del todo. </p>     <p>La experiencia de Islandia, como lo ilustra Castells, mostr&oacute; que era posible acabar con la subordinaci&oacute;n del gobierno y de los partidos pol&iacute;ticos al sector financiero, mediante la transformaci&oacute;n del sistema pol&iacute;tico. La celebraci&oacute;n de un proceso constituyente que armonizara la democracia representativa con la democracia participativa &mdash;esta &uacute;ltima ejercida a trav&eacute;s de la Internet&mdash; permiti&oacute; la construcci&oacute;n "colaborativa" de una nueva Constituci&oacute;n, cuyos principios, valores y formas pol&iacute;ticas estuvieran hechos a medida de las demandas y aspiraciones de los ciudadanos. </p>     <p>Castells define las indignadas en Espa&ntilde;a como un movimiento pol&iacute;tico contra el sistema pol&iacute;tico, el cual denunciaba la falta de una democracia real, cuestionando el sistema de representaci&oacute;n pol&iacute;tica, pues se consideraba que los principales partidos serv&iacute;an a los intereses de los bancos y no eran sensibles a las demandas de los ciudadanos. Con la celebraci&oacute;n de unas elecciones municipales como tel&oacute;n de fondo, los manifestantes ocuparon las plazas de Madrid y Barcelona y, posteriormente, las de otras ciudades del Estado, para debatir el significado de la democracia real, los problemas que las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas hab&iacute;an ignorado, la injusta gesti&oacute;n de la crisis econ&oacute;mica, y tambi&eacute;n para manifestar su rechazo al sistema de participaci&oacute;n electoral. Las mismas asambleas realizadas en los espacios ocupados se convirtieron en una especie de laboratorios de repertorios de democracia participativa y deliberativa, trasladando las pr&aacute;cticas de la Internet al espacio p&uacute;blico. Los manifestantes se representaban a s&iacute; mismos, sin intermediaciones, ni l&iacute;deres o portavoces reconocidos, primando la pluralidad y la horizontalidad como norma, la deliberaci&oacute;n y la generaci&oacute;n de consensos, la flexibilidad (ajustes sobre la marcha a la din&aacute;mica a partir de los aprendizajes) y la descentralizaci&oacute;n (comisiones y asambleas por barrios o ciudades). Como indica Castells, este mismo modo de funcionar se replicar&iacute;a y enriquecer&iacute;a posteriormente en Occupy Wall Street con nuevos esquemas para la organizaci&oacute;n, deliberaci&oacute;n y toma de decisiones como una forma de aprender haciendo, lo que se considera la democracia real. </p>     <p>Las cuestiones aqu&iacute; resaltadas, y otras igualmente sugerentes, hacen parte del an&aacute;lisis de Castells sobre las perspectivas del cambio social de los movimientos sociales en la era de la Internet. Como bien lo se&ntilde;ala el autor, al momento de redactar el libro estaban todav&iacute;a muy frescos los acontecimientos y era demasiado pronto para elaborar "una interpretaci&oacute;n m&aacute;s sistem&aacute;tica y acad&eacute;mica sobre estos movimientos sociales", adem&aacute;s algunos de ellos continuaban de alguna manera como si se tratara de revoluciones inconclusas y otros hab&iacute;an derivado en sangrientos conflictos, que a&uacute;n hoy d&iacute;a se mantienen, como en el caso de Siria. </p>     <p>De todas maneras, a partir del trabajo de Castells quedan planteadas algunas cuestiones que ameritar&iacute;an nuevas reflexiones, especialmente a la luz de la evoluci&oacute;n que, durante los a&ntilde;os transcurridos, han tenido los movimientos sociales estudiados. En primer lugar, valora los movimientos no solo en t&eacute;rminos de proceso social sino tambi&eacute;n de su efectividad pol&iacute;tica y capacidad transformadora de las instituciones; que, aunque no es un tema ajeno en el an&aacute;lisis de Castells, requerir&iacute;a de mayores precisiones. Por ejemplo, en qu&eacute; medida los debates en torno a la forma y alcances de la democracia real han permeado o no la agenda program&aacute;tica y la l&oacute;gica de los partidos pol&iacute;ticos o los sistemas electorales, y c&oacute;mo han actuado los movimientos sociales ante cualquiera de esos escenarios. En el caso de las indignadas en Espa&ntilde;a, a pesar de su rechazo al modelo de representaci&oacute;n pol&iacute;tica y de que, seg&uacute;n el an&aacute;lisis de Castells, los movimientos sociales "expresan sentimientos y agitan el debate, pero no crean partidos ni apoyan gobiernos" (2012, 217), algunos de los seguidores del movimiento han creado recientemente el partido X, una nueva formaci&oacute;n pol&iacute;tica con una &uacute;nica propuesta, "democracia y punto"<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>, y cuatro mecanismos para su realizaci&oacute;n: refer&eacute;ndum, transparencia, voto permanente y wikigobierno. Se trata de una experiencia a la que valdr&iacute;a la pena seguirle la pista, en la medida en que intenta articular dos aspectos presentes en la reflexi&oacute;n de Castells: la construcci&oacute;n de la democracia real y el uso de la Internet. </p>      <p>En segundo lugar, Castells refiri&eacute;ndose a la primavera &aacute;rabe, se&ntilde;ala que aquellos pa&iacute;ses que no tienen una sociedad civil equipada con una plataforma digital son mucho menos propensos a generar movimientos sociales a favor de la democracia; en esa medida pareciera establecer una relaci&oacute;n directa: a mayor acceso a la Internet, m&aacute;s democracia. Es preciso matizar el papel que puede desempe&ntilde;ar la Internet en la profundizaci&oacute;n de la democracia, en la medida que si bien las redes de comunicaci&oacute;n permiten compartir informaci&oacute;n y movilizar la acci&oacute;n, en muchos casos se trata de redes d&eacute;biles, reactivas, instant&aacute;neas, construidas por afinidades pero que no aportan significativamente en t&eacute;rminos de construcci&oacute;n de proyectos pol&iacute;ticos en el mediano y largo plazo. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En tercer lugar, tanto las indignadas en Espa&ntilde;a como los movimientos Occupy debatieron en torno a la crisis econ&oacute;mica, al poder del sector financiero, al drama de las hipotecas y a la desigualdad en los ingresos, entre otros. Sin embargo, seg&uacute;n se&ntilde;ala Castells, no se plantearon posiciones abiertamente anticapitalistas, para el caso de Nueva York, sosteniendo que la mayor&iacute;a de partidarios del movimiento "&#91;...&#93; no critican abiertamente al capitalismo, &#91;...&#93; la cr&iacute;tica se centra en el capitalismo financiero y en su influencia en el gobierno, no en el capitalismo en s&iacute; &#91;...&#93;" (2012, 195). Un asunto bien interesante, si se tiene en cuenta que los actuales movimientos sociales antiglobalizaci&oacute;n son en su mayor&iacute;a decididamente anticapitalistas. &iquest;Es posible que con respecto al sistema econ&oacute;mico se configuren diferentes tipos de movimientos sociales en la era de la Internet? </p>     <p>Finalmente, como se ha intentado presentar en esta rese&ntilde;a, la obra m&aacute;s reciente de Manuel Castells presenta algunas de las claves para comprender uno de los fen&oacute;menos sociales y pol&iacute;ticos m&aacute;s apasionantes de los &uacute;ltimos a&ntilde;os e ilustra el paso de la indignaci&oacute;n a la esperanza y la ruta del cambio social a partir de los movimientos sociales en la era de la Internet. </p> <hr>     <p><b><font size="3">Pie de p&aacute;gina</font></b></p>     <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>El libro fue publicado originalmente en ingl&eacute;s como <I>Net</I><I>works of Outrage and Hope: Social Movements in the Internet Age. </I>Cambridge: Polity Press, 2012.    <br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Una relaci&oacute;n detallada del curriculum vitae y de la producci&oacute;n acad&eacute;mica de Manuel Castells con informaci&oacute;n sobre traducciones y ediciones puede consultarse en <a href="http://www.manuelcastells.info/es/cv_index.htm" target="_blank">http://www.manuelcastells.info/es/cv_index.htm</a>.    <br> <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Para mayor informaci&oacute;n sobre esta iniciativa v&eacute;ase <a href="http://partidodelfuturo.net/programa/" target="_blank">http://partidodelfuturo.net/programa/</a>. </p> <hr>     <p><B><font size="3">Referencias</font></b></p>      <!-- ref --><p>Castells, Manuel. 1986. <I>La ciudad y las masas: sociolog&iacute;a de los movimientos sociales urbanos.</I> Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000040&pid=S0121-215X201300020001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Castells, Manuel. 1997-1998. <I>La era de la informaci&oacute;n: econom&iacute;a, sociedad y cultura. </I>1<Sup>ed</Sup>. Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000042&pid=S0121-215X201300020001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Castells, Manuel. 2001. <I>La galaxia Internet: reflexiones sobre Internet, empresa y sociedad.</I> Barcelona: Plaza &amp; Jan&eacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000044&pid=S0121-215X201300020001500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Castells, Manuel. 2009. <I>Comunicaci&oacute;n y poder.</I> Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000046&pid=S0121-215X201300020001500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Castells, Manuel. 2012. <I>Redes de indignaci&oacute;n y esperanza: los  movimientos sociales en la era de Internet. </I>Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0121-215X201300020001500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Wilson, Christopher y Alexandra Dunn. 2011. Digital Media in the Egyptian Revolution: Descriptive Analysis from the Tahrir Data Sets. <I>International Journal of Communi</I><I>cation </I>5:1248-1272.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0121-215X201300020001500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>  </font>      ]]></body><back>
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