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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LAS VIEJAS Y LAS NUEVAS FORMAS DE PARTICIPACIÓN SOCIOPOLÍTICA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper presents a revision about the new and the old forms of sociopolitical participation. This comparative perspective reflects a revision about the literature of socio-political participation. The objective is generated different hypothesis and explanations about participation.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b> LAS VIEJAS Y LAS NUEVAS FORMAS DE PARTICIPACI&Oacute;N  SOCIOPOL&Iacute;TICA</b></font></p>      <p align="center"><b><font size="3">THE NEW AND  OLD FORMS OF SOCIO-POLITICAL PARTICIPATION</font></b></p>       <p align="center">&nbsp;</p>     <p><b>JOS&Eacute; GUILLERMO FOUCE</b></p>     <p>DOCTOR EN PSICOLOG&Iacute;A. PRESIDENTE DE PSIC&Oacute;LOGOS SIN FRONTERASMADRID    <br>   <a href="mailto:guiller@correo.cop.es">guiller@correo.cop.es</a>    <br> CORRESPONDENCIA: c/ GLORIA FUERTES, N.&deg; 11, 2.&deg; E. 28850 TORREJ&Oacute;N DE ARDOZ (MADRID)</p>     <p>FECHA DE RECEPCI&Oacute;N: SEPTIEMBRE 3 DE 2008    <br> FECHA DE ACEPTACI&Oacute;N: OCTUBRE 29 DE 2008</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>RESUMEN</b></p>     <p>En el presente art&iacute;culo, se plantea esquem&aacute;tica y brevemente la evoluci&oacute;n que est&aacute; sufriendo el &aacute;mbito de la participaci&oacute;n sociopol&iacute;tica comparando los principales ejes considerados por el autor de la participaci&oacute;n en el pasado con los ejes de la nueva participaci&oacute;n o de la participaci&oacute;n en la actualidad. Estos ejes o principios son extra&iacute;dos de una amplia revisi&oacute;n de la literatura desarrollada en el marco de la tesis doctoral del autor y se establecen como posibles hip&oacute;tesis explicativas de la evoluci&oacute;n de la participaci&oacute;n en nuestras sociedades contempor&aacute;neas.</p>     <p><b>PALABRAS CLAVE:</b> Participaci&oacute;n, movimientos sociales.</p> <hr>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     <p><i>This paper presents a revision about the new and the old forms of sociopolitical participation. This comparative perspective reflects a revision about the literature of socio-political participation. The objective is generated different hypothesis and explanations about participation.</i></p>     <p><b>KEY WORDS:</b><i>Socio political participation, social movements.</i></p> <hr>      <p><b>1. INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>Resultan abrumadoras las referencias que hoy podemos encontrar, tanto en el lenguaje cotidiano como en el lenguaje pol&iacute;tico o en la bibliograf&iacute;a especializada, sobre la crisis de la democracia y de la participaci&oacute;n en nuestras modernas sociedades (ver, por ejemplo, Offe & Scmitter, 1995; Offe, 1995; Lechner, 1995; Sartori, 1993).</p>     <p>Crisis de la democracia y de la pol&iacute;tica que se manifiesta en la separaci&oacute;n de una parte cada vez mayor de los ciudadanos de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica m&iacute;nima y del inter&eacute;s por la misma. La poblaci&oacute;n se encuentra inmersa en el cinismo pol&iacute;tico y las actitudes negativas ante la pol&iacute;tica (alienaci&oacute;n pol&iacute;tica). &quot;No encaja la representaci&oacute;n pol&iacute;tica tradicional, ni con los intereses, ni con los ideales de los representados&quot; (Mires, 1994, p.87).</p>     <p>&quot;Las identificaciones partidarias tradicionales, las restricciones que se imponen a s&iacute; mismos los individuos y los grupos, la confianza en las instituciones y la creencia en la legitimidad de los gobernantes han tendido a disminuir de forma notoria, ya sea que se midan por las actitudes en las encuestas de opini&oacute;n p&uacute;blica o por el comportamiento en las casillas de votaci&oacute;n o en las calles&quot; (Offe & Schmitter, 1995, p.25).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta crisis estar&iacute;a manifest&aacute;ndose, seg&uacute;n todos los autores, especialmente entre los m&aacute;s j&oacute;venes, protagonistas excepcionales de los nuevos tiempos y sujetos de los nuevos y profundos cambios que afectan al mundo. As&iacute; los j&oacute;venes son presentados como pasivos, sin valores, individualistas, poco participativos, materialistas, ego&iacute;stas, generaci&oacute;n X...</p>     <p>Esta imagen, sumamente extendida, se elabora, entre otras cosas, a partir de la valoraci&oacute;n de las modernas formas de participaci&oacute;n a trav&eacute;s de esquemas evaluativos pertenecientes al pasado.    <br>   Cabe pues tratar de clarificar cu&aacute;les son los referentes diferenciales entre las antiguas y las modernas formas de participaci&oacute;n para, de este modo, tratar de clarificar las comparaciones y valoraciones que se est&aacute;n desarrollando.     <p>Podr&iacute;a ocurrir que el supuesto rechazo a la pol&iacute;tica y a la participaci&oacute;n por parte de los j&oacute;venes no sea tal, sino, m&aacute;s bien, un rechazo a un tipo de pol&iacute;tica y un tipo de participaci&oacute;n poco adaptados a los nuevos tiempos; podr&iacute;a ser, incluso, que este rechazo frontal fuese m&aacute;s positivo que negativo ya que podr&iacute;a estar buscando una transformaci&oacute;n impl&iacute;cita o expl&iacute;cita de las formas, estilos y modelos de participaci&oacute;n vigentes; podr&iacute;a ser, en suma, un rechazo sano y saludable que abriese el camino a nuevas maneras de hacer las cosas, a nuevas formas de participaci&oacute;n m&aacute;s abiertas, menos dogm&aacute;ticas, m&aacute;s profundamente democr&aacute;ticas.</p>     <p>Los j&oacute;venes ser&iacute;an, entonces, los protagonistas, como siempre lo fueron en la historia, de una renovaci&oacute;n de las formas, de una ruptura con el pasado, de una construcci&oacute;n alternativa que responda a sus problemas y necesidades, a su mundo de vida.</p>     <p>Las nuevas formas y estilos participativos surgir&iacute;an, entonces, fruto de los profundos cambios sociales, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos a los que nos vemos expuestos y que vendr&iacute;an a cubrir el extenso vac&iacute;o generado por las antiguas y anquilosadas formas de participaci&oacute;n.</p>     <p>Podemos entender, como se hace en el discurso e interpretaci&oacute;n mayoritaria, la crisis como un fin de la pol&iacute;tica, de las ideolog&iacute;as, que, in&uacute;tiles, est&aacute;n agotadas en un mundo regido por la econom&iacute;a y en el que la pol&iacute;tica no tiene sentido; pero, tambi&eacute;n, podemos entender que lo que realmente se produce es el cambio y la renovaci&oacute;n positiva de la pol&iacute;tica y la participaci&oacute;n que as&iacute; se revalorizan y llevan a una revoluci&oacute;n silenciosa que mejora la democracia y la profundiza: &quot;no est&aacute; en crisis lo pol&iacute;tico, sino la actividad pol&iacute;tica tradicional que no da cuenta de lo pol&iacute;tico&quot; (Garret&oacute;n, 1996, p. 27).</p>     <p>Ser&iacute;a la emergencia de nuevos movimientos, nuevas formas de hacer pol&iacute;tica, nuevas divisiones sociales y la reivindicaci&oacute;n y construcci&oacute;n activa de un nuevo concepto de la pol&iacute;tica y de las formas de hacer pol&iacute;tica, junto a la emergencia de la sociedad civil como nuevo referente fundamental.</p>     <p>En &uacute;ltima instancia, aunque estas nuevas formas y estilos de participaci&oacute;n no sean un cambio tan profundo como el que aqu&iacute; se supone, son, sin duda, las formas y modelos participativos que hoy est&aacute;n en boga, los estilos participativos que hoy la gente adopta, y deben ser, por tanto, la ra&iacute;z constitutiva de cualquier renovaci&oacute;n democr&aacute;tica, de cualquier intento de recuperaci&oacute;n de un proyecto de progreso basado en la participaci&oacute;n de todos los ciudadanos porque, solo si trabajamos a partir de lo que tenemos podremos construir nuevas sendas de libertad, progreso y participaci&oacute;n.</p>     <p>En el presente trabajo se seguir&aacute; una l&oacute;gica que pretende al menos ser dial&eacute;ctica y esquem&aacute;tica de las caracter&iacute;sticas fundamentales de la vieja y nueva participaci&oacute;n, tratando de contraponer estilos, modos, filosof&iacute;as y formas de acci&oacute;n. Todo lo cual se plantea como instrumento de trabajo para sugerir hip&oacute;tesis y una novedosa interpretaci&oacute;n de la crisis o transformaci&oacute;n de la pol&iacute;tica y de la participaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es evidente que lo que ocurre en la realidad es mucho m&aacute;s plural y mixto que lo que ac&aacute; vamos a se&ntilde;alar, pero creemos que plantear los casos o caracteres puros puede servir para explicar mejor las diferencias, aunque este tipo de estrategia implique un cierto grado de simplificaci&oacute;n.</p>     <p>Que la gente adopte una serie de acciones participativas u otras, no puede ser un asunto balad&iacute;, sino que, sin duda, responde a un determinado contexto y razones; los desajustes interactivos que se producen entre las propuestas de las organizaciones o los h&aacute;bitos participativos disponibles y las necesidades de los sujetos o colectivos marcan que estos &uacute;ltimos desarrollen nuevas estrategias, pautas o formas de acci&oacute;n colectiva y participativa.    <br>   Estas nuevas formas de hacer las cosas pueden y deben explicarse y son importantes, pues nos est&aacute;n indicando asuntos fundamentales.     <p>Buscamos, por &uacute;ltimo, reabrir con el presente trabajo cierto debate generacional que considero tremendamente necesario en el momento de renovaci&oacute;n y cambio actual, especialmente para los intentos regeneradores de pol&iacute;tica y planteamientos de progreso (Monedero, 1999) que en este caso est&aacute;n protagonizados por las diferencias en las formas participativas mostradas por las distintas generaciones.</p>     <p><b>2. LAS VIEJAS FORMAS DE PARTICIPACI&Oacute;N</b></p>     <p>La participaci&oacute;n del pasado (entenderemos por pasado, el pasado reciente protagonizado por las tres generaciones anteriores, es decir, la participaci&oacute;n que tiene como referentes Mayo del 68, los viejos movimientos sociales, los partidos pol&iacute;ticos de masa, o los procesos de transici&oacute;n a la democracia como el espa&ntilde;ol) se caracteriz&oacute;, b&aacute;sicamente, por los siguientes elementos constitutivos:</p>     <p>a)&nbsp;Las interpretaciones de la realidad motor de las movilizaciones se basaban en una conceptualizaci&oacute;n ideol&oacute;gicamente fuerte y, por tanto, r&iacute;gida; se part&iacute;a de visiones globales, abstractas, que guiaban los procesos, estilos y m&eacute;todos de trabajo. La divisi&oacute;n izquierda-derecha, las grandes utop&iacute;as o los modelos generales eran los referentes.</p>     <p>b)&nbsp;La identificaci&oacute;n con el movimiento, la organizaci&oacute;n (partido, sindicato), era una identificaci&oacute;n colectivista, acr&iacute;tica, una identificaci&oacute;n que implicaba y compromet&iacute;a directa y profundamente los propios valores, las propias vivencias de vida. El partido, el movimiento, se sent&iacute;an como una parte constituyente y constitutiva de la identidad personal, eran referentes identitarios y definidores de los sujetos; as&iacute;, uno era comunista, obrero o progresista y eso le defin&iacute;a. Lindantes con este tipo de identificaciones encontramos las orientaciones comunitaristas de valores, la generaci&oacute;n de grupos primarios en las organizaciones y la aceptaci&oacute;n de ideas, estilos o formas con las que no se estaba de acuerdo, pero que se asimilaban porque as&iacute; lo hac&iacute;a el partido o movimiento con el que uno se identificaba. La militancia significaba sacrificio, compromiso absoluto, ausencia de cr&iacute;tica, identificaci&oacute;n primaria, era como pertenecer a una Iglesia o una gran familia con adscripciones y principios incuestionables.</p>     <p>c)&nbsp;La pol&iacute;tica se situaba en el centro del sistema social, guiaba los procesos y se mostraba como interesante. Los partidos pol&iacute;ticos eran los principales agentes en esta estructuraci&oacute;n de la realidad.</p>     <p>d)&nbsp;La vertiente b&aacute;sicamente instrumental, racionalista o materialista de las reivindicaciones marcaba su car&aacute;cter y forma.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>e)&nbsp;Las estructuras de participaci&oacute;n o estaban institucionalizadas con una serie de reglas de juego establecidas, o deb&iacute;an institucionalizarse y formalizarse si se quer&iacute;a obtener el logro de las reivindicaciones.</p>     <p>De acuerdo con el m&eacute;todo de an&aacute;lisis aqu&iacute; elegido, la dial&eacute;ctica, cabr&iacute;a se&ntilde;alar ahora los aspectos negativos y positivos de este estilo y forma de participaci&oacute;n.    <br>   En primer lugar, nos encontramos con la rigidez de los discursos, formas y estilos, la verdad es una: la ideolog&iacute;a; la identidad es compacta; los referentes, excluyentes: el partido o el movimiento, la identidad de clase; las estructuras de participaci&oacute;n est&aacute;n formalmente institucionalizadas de acuerdo con la c&eacute;lebre ley de hierro de Michels que imposibilita o dificulta los cambios, cualquier cambio; las normas de juego est&aacute;n establecidas; los procesos, burocratizados; los liderazgos son unipersonales y agrandados; los procesos de cambio, impedidos; los partidos intentan desesperadamente conquistar el centro deslegitim&aacute;ndose y perdiendo referentes, tratando de atraparlo todo; se aboga al mismo tiempo por entidades compactas, sin fisuras, con discursos coherentes, extremos y unitarios.     <p>No cabe dejar nada a la improvisaci&oacute;n, todo est&aacute; pautado, no se puede pensar fuera del partido, o el movimiento, los cuales marcan las pautas de acci&oacute;n y pensamiento.</p>     <p>La pol&iacute;tica se define de modo restringido, bajo la cl&aacute;sica y r&iacute;gida diferenciaci&oacute;n entre lo p&uacute;blico y lo privado, la pol&iacute;tica tiene que ver con el Estado y se basa en la conquista organizada y canalizada del poder pol&iacute;tico, de las estructuras de poder establecidas, unas conquistas que van de arriba abajo y que est&aacute;n perfectamente establecidas.</p>     <p>Los sujetos son colectivos, los individuos juegan un pobre papel salvo que ejerzan liderazgo, sus posibilidades reales de influir en los procesos son m&aacute;s bien m&iacute;nimas, sus posibilidades de pensar diferente reducidas ante el dogma transmitido por los partidos que presionan hacia la aceptaci&oacute;n unitaria y compacta de una serie completa de ideas globales que se relacionan en mucho con los sentimientos de los afiliados.</p>     <p>Estas formas de acci&oacute;n pol&iacute;tica sirvieron en un momento hist&oacute;rico determinado para responder a las necesidades que se presentaban; las cosas de este modo son m&aacute;s sencillas; la complejidad se simplifica; el compromiso es mayor y m&aacute;s intenso; la implicaci&oacute;n, m&aacute;s elevada; los procesos de participaci&oacute;n est&aacute;n claros; las formas, estructuras y canales de acci&oacute;n, tambi&eacute;n; el mundo se comprende y uno es capaz de interpretar unitaria y globalmente la realidad d&aacute;ndole un sentido comprensivo a la misma.</p>     <p>Posteriormente, estas formas de participar convierten la acci&oacute;n pol&iacute;tica en un ejercicio escler&oacute;tico, y a los sujetos en elementos pasivos; el mercadeo pol&iacute;tico aparece como m&aacute;s importante que la misma construcci&oacute;n de un sistema de valores o una construcci&oacute;n ideol&oacute;gica; los partidos son partidos de masa.</p>     <p>Otros autores han se&ntilde;alado esta profunda crisis de las viejas formas de hacer pol&iacute;tica, mencionando tem&aacute;ticas como las que siguen: (Colom, 1994; Garret&oacute;n, 1996; Lanz, 1996; Lechner, 1995; Offe, 1988; Vel&aacute;zquez, 1984):</p>     <p>&#9632;&nbsp;Vaciamiento y fin del discurso pol&iacute;tico de la Modernidad y desestructuraci&oacute;n de la matriz sociopol&iacute;tica cl&aacute;sica: fin del sujeto pol&iacute;tico de la Ilustraci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&#9632;&nbsp;Fin de los rituales del viejo teatro democr&aacute;tico y declive del hombre p&uacute;blico, lo p&uacute;blico pasa a ser privado.</p>     <p>&#9632;&nbsp;Desarticulaci&oacute;n y debilitaci&oacute;n de los actores sociales cl&aacute;sicos que pierden su capacidad de convocatoria.</p>     <p>&#9632;&nbsp;Ruptura de los mecanismos, canales e instituciones articula-dores de la representaci&oacute;n.</p>     <p>&#9632;&nbsp;Crisis de legitimidad y repliegue del Estado</p>     <p>&#9632;&nbsp;Pol&iacute;tica percibida por los ciudadanos como encerrada en s&iacute; misma, como un proceso autoreferenciado que no va con ellos.</p>     <p>&#9632;&nbsp;Crisis de los partidos: desidentificaci&oacute;n ciudadana y desmovilizaci&oacute;n. Ya no ofrecen referentes interpretativos que permitan estructurar y representar intereses, valores y realidad.</p>     <p>&#9632;&nbsp;Crisis de las viejas identidades pol&iacute;ticas. Resulta imposible que una sola contradicci&oacute;n y divisi&oacute;n social (izquierda o derecha) pueda servir en la diferenciaci&oacute;n pol&iacute;tica.</p>     <p>&#9632;&nbsp;Fin de la centralidad de la pol&iacute;tica y del monopolio mediador de los partidos entre la sociedad y el Estado.</p>     <p>&#9632;&nbsp;Paso de pol&iacute;ticas ideol&oacute;gicas a instrumentales, de programas pol&iacute;ticos a liderazgos personales. La pol&iacute;tica se transforma en un mercado con primac&iacute;a del inter&eacute;s y la lucha por el poder frente a la construcci&oacute;n valorativa de marcos de interpretaci&oacute;n o de programas de acci&oacute;n.</p>     <p>&#9632;&nbsp;Auge de la v&iacute;deo-democracia, o de la relevancia de la imagen, que convierte a la pol&iacute;tica en mera escenificaci&oacute;n fragmentada.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>3. LAS NUEVAS FORMAS DE PARTICIPAR</b></p>     <p>Con similar esquema de an&aacute;lisis, podr&iacute;amos analizar ahora las caracter&iacute;sticas fundamentales de las nuevas formas de participaci&oacute;n (nos referimos a otros movimientos sociales, al voluntariado social, o a las expresiones de participaci&oacute;n espor&aacute;dica y expresiva fundamentalmente protagonizadas por los j&oacute;venes).</p>     <p>a)&nbsp;Frente a la participaci&oacute;n de arriba/abajo, la participaci&oacute;n de abajo/arriba o actuar localmente y (tal vez) pensar globalmente, ya no hay interpretaciones absolutas de la realidad: no hay visiones absolutas, sino fraccionadas; el aumento de la complejidad, el crecimiento exponencial de los cambios, evita que podamos refugiarnos en la simplicidad ideol&oacute;gica interpretativa y unitaria. Ahora es posible que se den y convivan, al mismo tiempo, una idea y su contraria.</p>     <p>b)&nbsp;M&aacute;s pragmatismo y cercan&iacute;a, identificaciones m&uacute;ltiples y plurales, incluso contradictorias. Relativismo y escepticismo, que bien entendido es sumamente positivo porque transforma las participaciones en plurales y cr&iacute;ticas para con las estructuras.</p>     <p>c)&nbsp;Aparecen nuevos temas de inter&eacute;s que pasan a ocupar espacios significativos: la ecolog&iacute;a, la igualdad de g&eacute;neros, la solidaridad internacional son algunos de estos nuevos temas; as&iacute; mismo, la calidad de vida comienza a aparecer como referente fundamental.</p>     <p>d)&nbsp;Necesidad de buscar la eficacia y la cercan&iacute;a en las acciones que se desarrollan, lo que se hace tiene que ser percibido como eficaz, ya no sirve solo porque lo diga el partido o el l&iacute;der. Se potencia as&iacute; la capacidad de relaci&oacute;n cr&iacute;tica con la realidad pol&iacute;tica.</p>     <p>e)&nbsp;El sujeto vuelve a una posici&oacute;n central, de acuerdo con un individualismo positivo (el negativo llevar&iacute;a a la apat&iacute;a y ausencia de participaci&oacute;n); se recuperan valores y pautas tradicionalmente denominadas libertarias; las opiniones, acciones y planteamientos de cada una de las personas adquieren una nueva dimensi&oacute;n de importancia significativa frente a los colectivos o agentes globales.</p>     <p>f)&nbsp;La dimensi&oacute;n expresiva emerge con fuerza e incluso desplaza, por momentos, a la dimensi&oacute;n racional de la participaci&oacute;n, ambas se funden eliminando la confrontaci&oacute;n tradicional entre las dos. (Revilla, 1995).</p>     <p>g)&nbsp;Hay una mayor flexibilidad, una menor rigidez en las formas de participar, en las estructuras de participaci&oacute;n; se cambia m&aacute;s f&aacute;cilmente, adapt&aacute;ndose a las distintas realidades que tambi&eacute;n cambian con facilidad. Estos nuevos esquemas llevan a otras estructuras m&aacute;s horizontales, m&aacute;s participativas, m&aacute;s flexibles, con l&iacute;mites m&aacute;s borrosos; estructuras que a veces han llevado al desarrollo de nuevas propuestas de modelo de partido (Riechman, 1994) como el Partido Verde Alem&aacute;n con nuevas claves organizativas: limitaci&oacute;n de mandatos, control de los cargos, primarias... Otras veces estas formas fomentan el debate interno que regenera las viejas instituciones de participaci&oacute;n.</p>     <p>h)&nbsp;Los actores se fragmenten, ya no cuenta solo el partido o el sindicato.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>i)&nbsp;De la participaci&oacute;n dirigida por &eacute;lites a la participaci&oacute;n dirigida directora de &eacute;lites (Inglehart, 1988, 1991, 1994, 1998).</p>     <p>j) Los <i>cleaveages </i>o divisiones pol&iacute;ticas se vuelven m&uacute;ltiples perdiendo peso relativo la importancia de la tradicional divisi&oacute;n izquierda-derecha, incluso algunos autores defienden la p&eacute;rdida total de relevancia de estas divisiones tradicionales.</p>     <p>k) La definici&oacute;n de la pol&iacute;tica se convierte en un asunto con-flictivo (recordemos, por ejemplo, el c&eacute;lebre lema de las feministas: lo privado es pol&iacute;tico), mientras la vieja definici&oacute;n de la pol&iacute;tica que la identifica con el Estado, los partidos pol&iacute;ticos y otras formas institucionalizadas de participaci&oacute;n convencional se queda con la palabra pol&iacute;tica como tal, surgen nuevas acciones colectivas de influencia y modificaci&oacute;n de la p&uacute;blico (y, por tanto, pol&iacute;ticas en un sentido claro etimol&oacute;gico y de sentido) que llenan el espacio vac&iacute;o dejado por esta antigua conceptualizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica.</p>     <p>l) El escenario escogido para las revindicaciones y la participaci&oacute;n se desplaza a la sociedad (civil) o al terreno de lo cultural (lleg&aacute;ndose, incluso, que los movimientos sociales cambien su nombre y pasen a denominarse movimientos culturales como plantea Touraine, 1997, 1998). La sociedad civil ser&iacute;a as&iacute; un espacio de comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica abierta a la nueva gama de movimientos, aunque tambi&eacute;n hay quien interpreta este nuevo espacio como una alternativa al Estado bajo una l&oacute;gica de suma cero (Colom, 1994). Se pasa de la utop&iacute;a pol&iacute;tica a la social (Adell, 1993).</p>     <p>La principal ventaja de estas nuevas formas de participaci&oacute;n tiene que ver con su mayor adaptaci&oacute;n a la nueva realidad a la que tienen que enfrentarse, es l&oacute;gico que en una situaci&oacute;n de cambio, inestabilidad, fragmentaci&oacute;n y relativismo, la participaci&oacute;n se vuelva flexible, plural, m&uacute;ltiple y cambiante.</p>     <p>As&iacute; mismo, parece l&oacute;gico que en tiempos de individualismo emerja una participaci&oacute;n en la que los sujetos jueguen un papel mucho m&aacute;s relevante y preponderante. Los ciudadanos se presentan como poblaciones m&aacute;s &quot;m&oacute;viles, educadas, inconformes y, ciertamente, esc&eacute;pticas... mucho m&aacute;s conscientes de los sucesos que tienen lugar en otras partes y de los medios alternativos para alcanzar sus intereses y pasiones... Sus repertorios pol&iacute;ticos son comparativamente m&aacute;s variados&quot; ( Offe & Schmitter, 1995, p.25).</p>     <p>Esta fragmentaci&oacute;n y flexibilidad ofrece el reverso negativo de la menor implicaci&oacute;n, de cierta vivencia superficial de la acci&oacute;n participativa; la falta de comprensi&oacute;n unitaria y completa de la realidad, la ruptura de lo absoluto, introduce factores importantes de duda, p&eacute;rdida de sentido, pasividad o ausencia de compromiso. Lo que ser&iacute;a una participaci&oacute;n <i>light </i>o descafeinada o una seudo-participaci&oacute;n como algunos autores la llaman.</p>     <p>El individualismo en su sentido negativo lleva a olvidarse de lo pol&iacute;tico y lo p&uacute;blico &quot;conduce lenta y silenciosamente a la servidumbre, el despotismo social y pol&iacute;tico&quot; (Bejar, 1988, p.63); es &quot;un sujeto abstracto, asocializado, sin v&iacute;nculos ni ataduras morales... la persecuci&oacute;n individual de la felicidad y el &eacute;nfasis en las libertades individuales habr&iacute;an venido a separar al ciudadano de la persona&quot; (Colom, 1994, p.45); as&iacute; mismo se potencia la participaci&oacute;n acr&iacute;tica y la cesi&oacute;n de la propia voluntad pol&iacute;tica, la pasividad, en una palabra.</p>     <p>Esta fragmentaci&oacute;n que llega tambi&eacute;n hasta los actores hace que las cosas se compliquen a veces en exceso, y que las contradicciones se multipliquen.</p>     <p>Las reivindicaciones y acciones se vuelven, con frecuencia, parciales, locales, m&iacute;nimas y, en este sentido, dejan de ser aut&eacute;nticamente transformadoras de la realidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>4. CONCLUSI&Oacute;N</b></p>     <p>Creemos que una visi&oacute;n multifocal de las transformaciones acontecidas en la pautas y estilos de participaci&oacute;n puede ayudar a interpretar de manera m&aacute;s adecuada la realidad con la que nos enfrentamos: las visiones negativas deben acompa&ntilde;arse, desde este punto de vista, por visiones positivas que contrapongan a lo negativo, lo positivo, y traten de explicar los cambios.</p>     <p>Todo lo cual puede contribuir a generar una visi&oacute;n diferente, que no simplifique los profundos cambios en los que nos estamos viendo involucrados ni se quede con solo un polo de la realidad (normalmente el negativo o el que m&aacute;s conviene a unos determinados intereses que es necesario tratar de desvelar).</p>     <p>Los cambios que se producen, con solo ser obviamente esperados en un contexto de transformaciones globales, no han sido suficientemente explotados y explorados en su riqueza. Ellos mismos se producen, sin duda, como adaptaciones a las nuevas realidades por parte de los sujetos y de acuerdo con las nuevas respuestas que estos desarrollan en sus propios campos. Las cosas siempre ocurren por algo que est&aacute;, adem&aacute;s, por encima del nivel de an&aacute;lisis meramente psicol&oacute;gico y que integra lo psicol&oacute;gico con lo social.</p>     <p>La nueva participaci&oacute;n est&aacute; m&aacute;s fragmentada, simplifica m&aacute;s la realidad y dificulta la integraci&oacute;n en procesos unitarios pero, tambi&eacute;n, as&iacute; es m&aacute;s flexible y adaptativa, y abre nuevos canales de relaci&oacute;n cr&iacute;tica a los sujetos, que emergen como realidades a considerar, pues fueron olvidados en las antiguas formas de participaci&oacute;n.</p>     <p>La vieja participaci&oacute;n era m&aacute;s compacta, estaba m&aacute;s clara, era m&aacute;s global y potente, m&aacute;s gruesa y militante, pero, as&iacute;, tambi&eacute;n era m&aacute;s r&iacute;gida y acr&iacute;tica, m&aacute;s fundamentalista, eliminaba a los sujetos diluy&eacute;ndolos en el magma de la masa, de los referentes inden-titarios e ideol&oacute;gicos globales.</p>     <p>No obstante, si como hemos tratado de apuntar, la nueva participaci&oacute;n responde a una nueva realidad, no podemos tratar de dar pasos hacia atr&aacute;s abogando por las viejas formas de acci&oacute;n, en este caso (como en casi todos) ning&uacute;n tiempo pasado fue mejor; tampoco el futuro es que sea mejor, simplemente no cabe interpretar las realidades (ni las participativas, ni otras) y menos las pol&iacute;ticas, en t&eacute;rminos de mejores o peores: estas son simplemente (o nada m&aacute;s ni nada menos) diferentes porque se adaptan a situaciones y contextos distintos, completamente distintos.</p>     <p>Adem&aacute;s, puede afirmarse que &quot;merced al fracaso doloroso de aquellos esquemas (se refiere a los antiguos esquemas de participaci&oacute;n aqu&iacute; analizados), ha sido posible, cada vez m&aacute;s, reivindicar la actividad colectiva solidaria para la resoluci&oacute;n de problemas de nuestros pr&oacute;jimos... se ha reabierto la posibilidad de que gentes de la sociedad civil, sin perder su calidad de tales, emprenden actividades eficaces y libres de toda ideolog&iacute;a grandilocuente o totalizante... y recuperan la iniciativa perdida en el marasmo ap&aacute;tico en el que les sum&iacute;a una pol&iacute;tica acaparada por los partidos, en la que los ciudadanos existen solo extramuralmente como votantes ocasionales&quot; (Giner, 1995, p.19-20).</p>     <p>Estos nuevos movimientos, acciones y agentes de participaci&oacute;n manifiestan como &quot;junto a la pasividad, que, sin duda, es cierta, existen manifestaciones y discursos circundantes de signo contrario. En el caso espa&ntilde;ol, el movimiento asociativo ha aumentado considerablemente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la respuesta de la sociedad a las llamadas a la solidaridad en cuestiones puntuales es incuestionable... todo este tipo de manifestaciones hacen dif&iacute;cil seguir manteniendo que estamos ante una sociedad desmovilizada, insolidaria y sin capacidad de reacci&oacute;n&quot; (Funes, 1995, p.28).</p>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>ADELL, R. (1993). Movimientos sociales y participaci&oacute;n pol&iacute;tica. <i>Revista de Estudios Pol&iacute;ticos (Nueva &Eacute;poca), 82, </i>177-196.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0121-3261200800020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BEJAR, E. (1995). <i>El &aacute;mbito de lo &iacute;ntimo: privacidad, individualismo y modernidad. </i>Madrid: Alianza Editorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0121-3261200800020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>COLOM, F.G. (1994). Dilemas de regulaci&oacute;n moral en las sociedades democr&aacute;ticas. <i>Revista Internacional de Filosof&iacute;a Pol&iacute;tica, RIFP, 4, </i>41-60.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0121-3261200800020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FUNES, M.J. (1995). <i>La ilusi&oacute;n solidaria. </i>Madrid: UNED.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0121-3261200800020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FUNES, M.J. (1999). J&oacute;venes y acci&oacute;n voluntaria: la edad como factor condicionante en la acci&oacute;n participativa. <i>Estudios de Juventud, 45, </i>8792.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0121-3261200800020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GARRET&Oacute;N, M.A. (1996). Los partidos pol&iacute;ticos y su nuevo contexto en Am&eacute;rica Latina. <i>Relea. Revista Latinoamericana de Estudios Avanzados. </i>Facultad de ciencias econ&oacute;micas y sociales de la UCV, 1, 21-31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0121-3261200800020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GINER, S. (1985). <i>Sociolog&iacute;a. </i>Nexos. Barcelona: Ediciones Pen&iacute;nsula.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0121-3261200800020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>INGLEHART, R. (1988). Cultura pol&iacute;tica y democracia estable. <i>Revista Espa&ntilde;ola de Investigaciones Sociol&oacute;gicas. </i>REIS. CIS, 42, 45-70.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0121-3261200800020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>INGLEHART, R. (1991). <i>El cambio cultural en las sociedades industriales avanzadas. </i>Madrid: CIS, Editorial Siglo XXI.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0121-3261200800020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>INGLEHART, R. (1994). Modernizaci&oacute;n y postmodernizaci&oacute;n: la cambiante relaci&oacute;n entre el desarrollo econ&oacute;mico, cambio cultural y pol&iacute;tico. En D&iacute;ez Nicol&aacute;s, J. y R. Inglehart (Eds.), <i>Tendencias mundiales de cambio en los valores sociales y pol&iacute;ticos (pp.50-75). </i>Madrid: Fundesco.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0121-3261200800020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>INGLEHART, R. (1998). <i>Modernizaci&oacute;n y postmodernizaci&oacute;n. El cambio cultural, econ&oacute;mico y pol&iacute;tico en 43 sociedades. </i>Madrid: CIS.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0121-3261200800020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>LANZ, R. A. (1996). Lo que el fin de la pol&iacute;tica quiere decir. <i>Relea. Revista Latinoamericana de Estudios Avanzados. &quot;La encrucijada de lo pol&iacute;tico&quot;. </i>Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas y Sociales de la UCV, 1, 7-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0121-3261200800020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>LECHNER, N. (1995). La democracia entre la utop&iacute;a y el realismo. <i>Revista Internacional de Filosof&iacute;a Pol&iacute;tica, </i>RIFP, 6, 104-115.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0121-3261200800020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MIRES, F. (1994). La reformulaci&oacute;n de lo pol&iacute;tico. <i>Nueva Sociedad 134.</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0121-3261200800020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MONEDERO, J.C. (1999). El misterio de la transici&oacute;n embrujada. En Paniagua, J.L. y Monedero, J.C., <i>En torno a la democracia en Espa&ntilde;a (pp. </i>103-231) Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0121-3261200800020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>OFFE, C. (1988). <i>Partidos pol&iacute;ticos y nuevos movimientos sociales. </i>Madrid: Editorial Sistema.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0121-3261200800020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>OFFE, C. (1992). <i>La sociedad del trabajo. </i>Madrid: Alianza Editorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0121-3261200800020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>OFFE, C. (1994). Reflexiones sobre la autotransformaci&oacute;n institucional de la actividad pol&iacute;tica de los movimientos: un modelo provisional seg&uacute;n estadios. En Russeell, J., Dalton y Kruechler, M., <i>Los Nuevos movimientos sociales </i>(pp. 315- 339), Valencia: Ediciones Alfonso el Magnanum. Instituto Valencia D'estudios i investigacio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0121-3261200800020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>OFFE, C. & SCMITTER, P.C. (1995). Las paradojas y los dilemas de la democracia liberal. <i>Revista Internacional de Filosof&iacute;a pol&iacute;tica, 6, </i>5-30.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0121-3261200800020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>REVILLA, M. (1995). Participaci&oacute;n pol&iacute;tica: lo individual y lo colectivo en el juego de lo pol&iacute;tico&quot;. En Benedicto, J. y Mor&aacute;n, M. L. (Eds.), <i>Sociedad ypol&iacute;tica. Temas de sociolog&iacute;a pol&iacute;tica. </i>(pp. 150-175). Madrid: Alianza Universidad Textos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0121-3261200800020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RIECHMAN, J. & FERN&Aacute;NDEZ BUEY, F. (1994). <i>Redes que dan libertad. </i>Barcelona: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0121-3261200800020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SARTORI, G. (1993). <i>La democracia despu&eacute;s del comunismo. </i>Madrid: Alianza Editorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0121-3261200800020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>TOURAINE, A. (1997). <i>&iquest;Podremos vivir juntos? Iguales y diferentes. </i>Madrid: Ed. PPC.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0121-3261200800020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>TOURAINE, A. (1998). <i>De la sociolog&iacute;a de los sistemas a la sociolog&iacute;a de los actores. </i>Curso Magistral en la Universidad Internacional Men&eacute;ndez Pelayo. Del 7 al 12 de septiembre de 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0121-3261200800020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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