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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Abstract: In the paper it is presented a conceptual defense of a liberal and democratic conception of education. Since the main function of individual’s education consists in his socialization and the existence of educated individuals is the minimal guarantee for a social creative and enriched process, then the development of democracy is internally bounded with the development of education in general and of civic education in particular. Therefore the politician, in a democratic system, should be a pedagogue. The reflection, principally conceptual, ends with the presentation of an example of the recent political history of Colombia.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[          <p align="center"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans&shy;serif" size="4"><b>Educaci&oacute;n y democracia<a href="#_ftn1" name="_ftnref1" title="">*</a></b></font></p>     <p align="center"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans&shy;serif" size="3"><b>Education and Democracy</b></font></p>  <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans&shy;serif" size="2">     <p><b>Por: Luis Eduardo Hoyos</b></p>     <p>Departamento de Filosof&iacute;a</p>     <p> Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogot&aacute;</p>     <p>Bogot&aacute;, Colombia</p>     <p><a href="mailto:estudiosdefilosofia@quimbaya.udea.edu.co">lehoyos@gmail.com</a></p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: 25 de septiembre de 2010</p>     <p>Fecha de aprobaci&oacute;n: 19 de octubre de 2010</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Resumen: </b><i>El art&iacute;culo propone una defensa conceptual de una concepci&oacute;n liberal y democr&aacute;tica de la educaci&oacute;n. Por cuanto la principal funci&oacute;n de la educaci&oacute;n del individuo consiste en su socializaci&oacute;n y la existencia de individuos educados es la garant&iacute;a m&iacute;nima de un proceso social creativo y rico, el desarrollo de la democracia est&aacute; &iacute;ntimamente ligado al desarrollo de la educaci&oacute;n en general y al de la educaci&oacute;n ciudadana en particular. Por esa raz&oacute;n el pol&iacute;tico, en un sistema democr&aacute;tico, debe ser un pedagogo. La reflexi&oacute;n, eminentemente conceptual, termina con la presentaci&oacute;n de un ejemplo de la historia pol&iacute;tica reciente de Colombia.</i></p>     <p><b>Palabras clave: </b><i>Educaci&oacute;n, democracia, persona, normatividad, ciudadan&iacute;a, Álvaro Uribe</i></p>     <p><b>Abstract: </b><i>In the paper it is presented a conceptual defense of a liberal and democratic conception of education. Since the main function of individual’s education consists in his socialization and the existence of educated individuals is the minimal guarantee for a social creative and enriched process, then the development of democracy is internally bounded with the development of education in general and of civic education in particular. Therefore the politician, in a democratic system, should be a pedagogue. The reflection, principally conceptual, ends with the presentation of an example of the recent political history of Colombia.</i></p>     <p><b>Key words: </b><i>Education, democracy, self, normativity, citizenship, Álvaro Uribe</i></p>  <hr size="1">      <p>De los animales que conocemos, el ser humano es el &uacute;nico que puede ser educado. A los otros, a los perros, a los gatos, a los delfines, a los caballos, los adiestramos. Y los adiestramos nosotros, los seres humanos. Tambi&eacute;n se sabe del aprendizaje animal entre los animales, y que juega con seguridad un definitivo papel evolutivo. Aunque no puede ser llamado ni educaci&oacute;n, ni adiestramiento. No puede ser llamado educaci&oacute;n, porque &eacute;sta requiere, como m&iacute;nimo, del andamiaje normativo del lenguaje proposicional; y no puede ser llamado adiestramiento porque &eacute;ste siempre se infunde para que el adiestrado alcance prop&oacute; sitos diferentes a los que determina su naturaleza, o a los que son establecidos por sus fines adaptativos, y que son usualmente impuestos por el adiestrador. No consideramos adiestrada a una vaca por dar leche pero s&iacute; a un tigre por saltar por entre un c&iacute;rculo de goma, o a un elefante cuando en el circo levanta la pata para &#8211;creemos&#8211; decir “adi&oacute; s”. El aprendizaje entre los animales parece basarse en la imitaci&oacute;n y el condicionamiento. El juego, por ejemplo, sirve a los felinos para aprender a cazar. Se dice, tambi&eacute;n, que las aves aprenden a volar y los patos a nadar. Lo hacen por imitaci&oacute;n y condicionamiento, y obedeciendo a f&eacute;rreas determinaciones adaptativas.</p>     <p>Con todo, aunque sea cierto que s&oacute; lo el ser humano <i>puede</i> ser, en estricto sentido, educado,  no lo es menos el que &eacute;l tenga que ser educado. As&iacute; lo vio con raz&oacute;n Kant en su breve tratado de pedagog&iacute;a: “El ser humano &#8211;dice &#8211; es la &uacute;nica criatura que tiene que ser educada” (Kant, 1923: 441). Casi todo lo del ser humano le llega y tiene que llegar por educaci&oacute;n. Indagar sobre esta necesidad, la de la educaci&oacute;n, es una buena manera de averiguar cosas esenciales sobre el hombre; y tambi&eacute;n, evidentemente, sobre la educaci&oacute;n. En otras palabras: tratar de comprender por qu&eacute; el ser humano no s&oacute; lo puede sino que tiene que ser educado, nos tendr&iacute;a que decir mucho sobre la esencia del hombre y sobre la esencia de la educaci&oacute;n.</p>     <p> La siguiente es una reflexi&oacute;n en cuatro pasos: primero que todo quisiera decir algo sobre lo que considero constituye la esencia y la funci&oacute;n de la educaci&oacute;n. En segundo lugar quisiera sugerir algo acerca de la funci&oacute;n e importancia de la educaci&oacute;n ciudadana. En la tercera parte me interesa adelantar la tesis seg&uacute;n la cual el modo de educaci&oacute;n democr&aacute;tico es el m&aacute;s adecuado a la funci&oacute;n y esencia de la educaci&oacute;n, tal como propongo que &eacute;sta debe ser entendida. Por &uacute;ltimo, intentar&eacute; examinar un ejemplo concreto a la luz de mi reflexi&oacute;n.</p>     <p>Quisiera con esta contribuci&oacute;n arriesgar la idea de que en cuanto la principal funci&oacute;n de la educaci&oacute;n del individuo consiste en su socializaci&oacute;n y la existencia de individuos educados es la garant&iacute;a m&iacute;nima de un proceso social creativo y rico, la actividad pol&iacute;tica &#8211;que consiste en que la sociedad de los hombres pueda persistir del mejor modo y no destruirse&#8211; debe ser en alg&uacute;n sentido una forma de educar. Considero que esta idea se refiere a algo muy fundamental de la convivencia ciudadana. Lo que ocurri&oacute;  en Colombia durante el &uacute;ltimo año del gobierno de Álvaro Uribe, despu&eacute;s de ocho años de acumulaci&oacute;n de poder de parte de un hombre y un grupo de hombres, nos ha llevado a plantearnos preguntas cruciales sobre los fundamentos de la democracia y de la convivencia social. Por eso quisiera ligar mi preocupaci&oacute;n sobre la funci&oacute;n pedag&oacute; gica de la pol&iacute;tica con una consideraci&oacute;n sobre las, en mi opini&oacute;n, devastadoras consecuencias que trajo consigo el gobierno de Uribe para el desarrollo de una cultura ciudadana pol&iacute;ticamente madura y democr&aacute;tica. No me interesa hacer aqu&iacute; una rendici&oacute;n de cuentas coyuntural y cr&iacute;tica del gobierno de Uribe, sino que quiero servirme de &eacute;l como ejemplo para dar una base intuitiva a mi an&aacute;lisis, que pretende ser eminentemente conceptual.</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans&shy;serif" size="3"><b> 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De la educaci&oacute;n en general</b></font></p>     <p>El individuo humano tiene que ser educado porque tiene que poder integrarse a un proceso social complejo y esta integraci&oacute;n no se da de forma meramente instintiva o natural, sino que tiene un car&aacute;cter esencialmente normativo. Es justamente la complejidad del proceso social, as&iacute; como la de la integraci&oacute;n del individuo a ella, la que hace que &eacute;sta no pueda darse de una manera, por as&iacute; decir, autom&aacute;tica y natural. La integraci&oacute;n de la abeja individual al panal s&iacute; que se da de esa forma, as&iacute; como la del animal de rebaño a su rebaño. Estas son cosas obvias y bien conocidas. No creo que valga la pena insistir en ellas. Lo que, en cambio, no siempre parece tan obvio es el hecho de que sean justamente el car&aacute;cter complejo del proceso social y el de la integraci&oacute;n del individuo a ese proceso, los que explican que dicha integraci&oacute;n obedezca a criterios normativos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  Por medio de la educaci&oacute;n, el individuo humano aprende a seguir una norma. Ahora bien, este evento no se presenta las m&aacute;s de las veces de forma pasiva y obediente. Antes bien, por medio de la educaci&oacute;n, el individuo aprende no s&oacute; lo a respetar la norma, sino a aplicarla, o mejor, aprende a respetarla y a obedecerla, aplic&aacute;ndola. Y aplicar una norma significa saber en qu&eacute; casos ella ha de ser cumplida, y en qu&eacute; otros casos no, cu&aacute;ndo un caso debe estar cobijado por ella y cu&aacute;ndo no, o cu&aacute;ndo es una excepci&oacute;n. Tal aplicaci&oacute;n requiere, por tanto, de una m&iacute;nima dosis de creatividad y deliberaci&oacute;n, y  no puede ser el resultado de un proceso de adaptaci&oacute;n conductual sin una al menos b&aacute;sica injerencia consciente. El individuo que ha de seguir la norma en un proceso educativo ha de apropiar conscientemente la norma. De ah&iacute; que no sea ajeno al aprendizaje consciente de las normas la formaci&oacute;n de un juicio cr&iacute;tico sobre ellas. Este es uno de los rasgos que distingue a la educaci&oacute;n del adiestramiento. Otro tambi&eacute;n muy importante es que el adiestrado no s&oacute; lo no apropia conscientemente las normas, sino que en lo fundamental sigue &oacute; rdenes de modo irreflexivo y condicionado.</p>     <p> Nos podemos hacer a una buena idea del modo como tiene lugar esta apropiaci&oacute;n consciente de las normas observando lo que ocurre cuando un niño adquiere en la escuela competencias b&aacute;sicas, como matem&aacute;tica y lenguaje. El niño va acomodando las diferentes entradas (<i>inputs</i>) en su estructura mental, sirvi&eacute;ndose para ello de un esquema de normas y reglas, de f&oacute; rmulas, que le permiten solucionar problemas, proponer estrategias, etc. El seguimiento y aplicaci&oacute;n de las reglas del c&aacute;lculo aritm&eacute;tico permiten al niño resolver los problemas matem&aacute;ticos que se le ponen y culminar con &eacute;xito las operaciones. Para entender el papel esencial del seguimiento y observaci&oacute;n de normas en los procesos educativos no es esencial despejar la vieja inc&oacute; gnita acerca de si lo m&aacute;s conveniente para estabilizar un proceso determinado de aprendizaje es, primero, inducir al educando la norma para ponerlo posteriormente a resolver y solucionar casos, o si es m&aacute;s adecuada a los fines del aprendizaje la v&iacute;a contraria: llevar al educando a la necesidad de la observaci&oacute;n de la norma a trav&eacute;s de la confrontaci&oacute;n con los casos. Seguramente los procesos de aprendizaje tienen tanto de lo uno como de lo otro y en ellos se deben complementar ambas v&iacute;as. Todos sabemos de la importancia del uso en el aprendizaje del lenguaje; pero el contacto directo con el uso del lenguaje no puede servir para desconocer el hecho de que la buena explicitaci&oacute;n de una norma es usualmente muy &uacute;til para dominar un uso corriente.  Lo cierto, en todo caso, y que es relevante para mi argumentaci&oacute;n, es que la educaci&oacute;n, en uno de sus momentos cruciales, el del aprendizaje del lenguaje,  consiste en un proceso de apropiaci&oacute;n consciente de normas, de suerte que ella haga posible su aplicaci&oacute;n creativa.</p>     <p> Parte de los problemas del educando surge tambi&eacute;n de que el lenguaje, como sistema normativo, no le pertenece, ni pertenece a nadie; pero lo que &eacute;l haga con &eacute;l, una vez adquiridas las competencias b&aacute;sicas, es un asunto enteramente suyo. El despliegue individual y creativo en el uso del lenguaje no s&oacute; lo no se opone, sino que supone necesariamente la obediencia al sistema normativo impersonal. Es como si la individualidad y creatividad en el uso del lenguaje se dieran forzosamente a trav&eacute;s del contacto muy &iacute;ntimo con un medio institucional. La individualidad y creatividad en el uso del lenguaje no se podr&iacute;an dar ni  comprender si el usuario del lenguaje no dispusiera de sus habilidades para su uso dentro de un &aacute;mbito institucional. As&iacute; como no ser&iacute;a posible ni se podr&iacute;a comprender que un pez nade por fuera del agua; aunque &#8211;por supuesto&#8211; no sea el agua misma la que brinda la mayor o menor destreza de un pez para nadar.</p>     <p>Lo m&aacute;s crucial de la educaci&oacute;n consiste tal vez en lograr que el individuo despliegue sus capacidades de adaptaci&oacute;n y creaci&oacute;n a trav&eacute;s de un medio institucionalizado y normado. Ese medio establece en dos sentidos las condiciones b&aacute;sicas de dicho despliegue: por una parte limita o determina el campo de acci&oacute;n, pero por otra parte la hace posible. Es, en efecto, esencial a un medio normado e institucionalizado el que no todo dentro de &eacute;l valga. Pero, al mismo tiempo, es esencial al desenvolvimiento creativo y libre de capacidades el que &eacute;l no sea incondicionado.</p>     <p> Adem&aacute;s de ser esenciales para sortear la complejidad de las relaciones humanas, los sistemas normativos e institucionales son indispensables en las transacciones sociales porque brindan a &eacute;stas estabilidad y previsibilidad. Nada es m&aacute;s caracter&iacute;stico de la realidad social (y, visto bien, de cualquier realidad) que su dinamismo. Esto tambi&eacute;n se puede hacer ver por medio del ejemplo del uso del lenguaje. Las transacciones lingü&iacute;sticas entre los hombres son complejas, van desde elementales y un&iacute;vocas transmisiones de informaci&oacute;n, como cuando le decimos a alguien: “¿Es cierto que quieres ir a Medell&iacute;n en autom&oacute; vil desde Bogot&aacute;?  Pues mira, me enter&eacute; por la televisi&oacute;n que hay unos derrumbes en la carretera a consecuencia de las lluvias. Quiz&aacute;s deber&iacute;as pensar en tomar un avi&oacute;n”; hasta  expresiones po&eacute;ticas dif&iacute;ciles de seguir, como, por ejemplo: “Cual hier&aacute;ticos bardos prisioneros, / los &aacute;lamos de sangre se han dormido. / Rumian arias de yerba al sol ca&iacute;do, / las greyes de Bel&eacute;n en los oteros” (Vallejo, 1998: 87)<a href="#_ftn2" name="_ftnref2" title=""><sup><sup>[1]</sup></sup></a> O hasta formulaciones filos&oacute; ficas del siguiente tenor: “La anal&iacute;tica ontol&oacute; gica del ‘ser ah&iacute;’ como un poner en libertad el horizonte para una ex&eacute;gesis del sentido del ser en general” (Heidegger, 1977: 25).</p>     <p>Todas estas transacciones lingü&iacute;sticas tienen diversos grados de complejidad y obedecen a diferentes prop&oacute; sitos. Aunque el dominio de una lengua brinda lo que algunos llaman “libertad expresiva” (Brandom, 1979: 187&#45;196) o tambi&eacute;n “libertades lingü&iacute;sticas” (Hare, 1965: 7), ser&aacute; f&aacute;cil ponerse de acuerdo en que &eacute;stas no pueden ser ni ilimitadas ni incondicionadas. Si lo que un usuario del lenguaje pretende es establecer una transacci&oacute;n lingü&iacute;stica debe suponer como parte de sus competencias el respeto a diferentes normas: requisitos de orden sint&aacute;ctico, l&oacute; gico&#45;sint&aacute;ctico, sem&aacute;ntico y hasta estil&iacute;stico. A ciertas academias de la lengua (muy particularmente a las de nuestra lengua castellana) se les va ciertamente la mano en la regulaci&oacute;n del idioma e imponen unas normas que en ocasiones contradicen de la manera m&aacute;s palmaria las realidades del uso. Eso no parece lo m&aacute;s saludable para la vida de un idioma. Con todo, no es aceptable desconocer por ello que la regulaci&oacute;n posee una imprescindible funci&oacute;n estabilizadora y cohesionadora. De no ser por la regulaci&oacute;n sobrevendr&iacute;an la atomizaci&oacute;n e incluso hasta el deterioro de la lengua. Aunque las academias, los diccionarios anal&iacute;ticos y las gram&aacute;ticas cumplan la importante funci&oacute;n de establecer los c&aacute;nones, la estabilizaci&oacute;n normativa es algo que no puede darse por fuera del uso y de la din&aacute;mica social.</p>     <p>Si ahora aplicamos esta reflexi&oacute;n al tema de las normas sociales y a su funci&oacute;n reguladora de conductas y comportamientos de los individuos en la sociedad, podemos apreciar que aquellas garantizan la estabilidad del proceso social y permiten que &eacute;ste mantenga su car&aacute;cter din&aacute;mico sin por ello desintegrarse. Las normas son estabilizadoras e integradoras y el proceso social es, de suyo, din&aacute;mico y complejo. Sin las normas, el car&aacute;cter din&aacute;mico y complejo del proceso social podr&iacute;a llevarlo a su desintegraci&oacute;n. Esto es algo que tambi&eacute;n diferencia a los procesos sociales de los procesos que son s&oacute; lo naturales.  Estos &uacute;ltimos est&aacute;n sometidos a leyes (naturales) y no est&aacute;n amenazados internamente por la desintegraci&oacute;n. Los procesos sociales deben su estabilidad a normas y su din&aacute;mica no es pocas veces el resultado de la tensi&oacute;n entre fuerzas desintegradoras y tendencias cohesionadoras. En los procesos naturales  hay y tiene que haber leyes (sean &eacute;stas estrictas o estad&iacute;sticas); en los sociales ha de haber normas y &eacute;stas deben ser seguidas. Se trata de dos tipos de necesidad diferente: la necesidad de la ley (<i>genitivus objectivus</i>) y la necesidad de la norma (<i>genitivus subjectivus</i>). Si no fuera por la instituci&oacute;n y la norma esta tensi&oacute;n entre fuerzas desintegradoras y tendencias a la cohesi&oacute;n podr&iacute;a perder el equilibrio. El desequilibrio entre poderes desintegradores y principios de cohesi&oacute;n es un riesgo latente en todo proceso social. La educaci&oacute;n no es el &uacute;nico pero, en mi opini&oacute;n, s&iacute; el principal factor integrador en una sociedad porque es el recurso institucional que han creado las sociedades para que el desarrollo de los individuos se articule con el del proceso social. Esa articulaci&oacute;n se da en dos direcciones: en cuanto un individuo es educado, &eacute;l se apropia del instrumentario que le brinda la cultura en la que se desenvuelve su vida para procurarse un lugar en ella y afirmarse a s&iacute; mismo como algo (un rol) dentro de esa cultura y esa sociedad. Pero, por otra parte, en cuanto un individuo es educado, &eacute;l se convierte en un interventor del proceso social y en una clave dinamizadora de &eacute;l. Dicho en otras palabras: en el primer sentido, el individuo debe su identidad y su individuaci&oacute;n al recurso institucional que la sociedad y la cultura le han brindado por medio de la educaci&oacute;n. En el segundo sentido, la din&aacute;mica social debe su vitalidad y buen desarrollo a lo que los individuos educados han podido revertir a su sociedad y su cultura. La educaci&oacute;n es una prioridad del desarrollo social moderno porque al fomentarla, se fortalece un recurso institucional que tiene el prop&oacute; sito de contribuir esencialmente a que el individuo <i>vuelva</i> sobre el proceso social al que tanto le debe para enriquecerlo y mejorarlo. Estas dos direcciones en las que se presenta la articulaci&oacute;n del individuo y la sociedad por medio de la educaci&oacute;n constituyen un genuino c&iacute;rculo virtuoso.</p>     <p>Adem&aacute;s de su car&aacute;cter esencialmente normativo, el proceso de integraci&oacute;n de un individuo a la sociedad es tambi&eacute;n altamente complejo porque la socializaci&oacute;n de los individuos se da en virtud de su individualizaci&oacute;n, y &eacute;sta &uacute;ltima, a su vez, a trav&eacute;s de su socializaci&oacute;n. Éste es para m&iacute; uno de los temas fundamentales de la filosof&iacute;a social.  Voy a servirme de dos ideas, la una propuesta por George Herbert Mead y la otra por Norbert Elias, para ilustrar este punto.</p>     <p>Mead sostiene que la formaci&oacute;n de un individuo como un yo (self) o una persona no es posible ni pensable sino a trav&eacute;s de un proceso social. La individuaci&oacute;n es posible necesariamente a trav&eacute;s de la socializaci&oacute;n. Aunque su trabajo es eminentemente conceptual y no emp&iacute;rico, Mead procura hacer una descripci&oacute;n de ese proceso. Son esenciales a esa descripci&oacute;n los conceptos de “I” (yo) y de “me” (mi, yo).  Se trata, por supuesto, de expresiones artificiales con las que Mead pretende destacar, por as&iacute; decir, dos partes (o aspectos) de una persona. La primera designa la parte activa, creativa y, por as&iacute; decir, contribuyente de una persona. Ese aspecto resulta del intercambio activo de la persona con el mundo social y tiene como su caracter&iacute;stica b&aacute;sica el hecho de que &eacute;sta procura sobresalir en alg&uacute;n aspecto por sobre los dem&aacute;s. No es f&aacute;cil precisar de d&oacute;nde surge esta tendencia pero podemos conjeturar que est&aacute; afincada en valores culturales en los que sobresale lo que usualmente llamamos individualismo. Esos valores han tenido un notable poder de influjo en la cultura moderna occidental. La segunda parte del “self”, el “me”,  se refiere m&aacute;s bien a cierto car&aacute;cter receptivo de la persona respecto del mundo social. Desde este punto de vista, la persona es m&aacute;s bien un beneficiario que un contribuyente. Mead piensa que en la conformaci&oacute;n social de una persona no es posible privilegiar ninguna de estas dos caras de la condici&oacute;n de ser un sujeto. Ambas constituyen dos mitades de una misma esfera (Cfr. Mead, 1992: 173&#45;222).</p>     <p>Muy en consonancia con esta idea, Norbert Elias acuñ&oacute;  un t&eacute;rmino  en el que se compendia su visi&oacute;n de una formaci&oacute;n social de la individualidad. Habl&oacute;  en un texto magistral de 1939 de una “sociedad de los individuos”. Para Elias la oposici&oacute;n individuo&#8211;sociedad no es ni real, ni conceptualmente aceptable. Y esto es as&iacute; debido a que el grado de individuaci&oacute;n de una persona no puede ser separado de su proceso de adaptaci&oacute;n y de interrelaci&oacute;n social. Dicho de una manera radical: s&oacute; lo porque el hombre vive en sociedad puede diferenciarse de los otros e individualizarse. La experiencia de ser diferente <i>de los</i> otros &#8211;sostiene Elias&#8211; es inseparable de la experiencia de ser diferente <i>para los otros</i>. Y añade: “S&oacute; lo porque los seres humanos viven en la sociedad de otros hombres pueden ellos experimentarse (sich erleben) como individuos distintos respecto de otros seres humanos. Y esa vivencia de s&iacute; (Selbsterlebnis) como un ser humano distinto de otros no puede separarse de la conciencia de que tambi&eacute;n uno es experimentado por los otros seres humanos no solamente como un ser humano como ellos mismos, sino al mismo tiempo como un ser humano que en determinado sentido es diferente de los otros” (Elias, 1987: 261&#45;262; Cfr. Hoyos, 2009: 86 y ss.).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Todo el razonamiento previo puede ser llevado ya a una conclusi&oacute;n parcial: lo principal del ser humano, especialmente la individualizaci&oacute;n a trav&eacute;s de la socializaci&oacute;n, se produce gracias a la educaci&oacute;n. Una sociedad de individuos educados tiene, por su parte, m&aacute;s posibilidades de ingresar en un proceso de desarrollo productivo, creativo e integrador, que una sociedad en la que prima la falta de educaci&oacute;n y la mala educaci&oacute;n. Todo lo principal de la realidad institucional de la educaci&oacute;n es, a su vez, normativo.</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans&shy;serif" size="3"><b>2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Educaci&oacute;n ciudadana</b></font></p>     <p>Lo propio de la educaci&oacute;n ciudadana consiste en la continua explicitaci&oacute;n consciente sobre la funci&oacute;n integradora de la normatividad social. Por supuesto que desde una perspectiva democr&aacute;tica y liberal, como la que aqu&iacute; doy por supuesta, no ser&iacute;a posible dicha explicitaci&oacute;n, ni tampoco ser&iacute;a pensable la funci&oacute;n integradora de la normatividad, sin la formaci&oacute;n del juicio moral aut&oacute;nomo y sin el car&aacute;cter auto&#45;reflexivo del sistema normativo. Los conceptos de “persona” (self) y de “ciudadano” no son sin&oacute;nimos, as&iacute; como tampoco tienen una significaci&oacute;n equivalente las nociones de “ser humano” y “persona”. Los seres humanos son tales desde su nacimiento, e incluso desde unos meses antes. No as&iacute; las personas. Éstas se forman como tales a trav&eacute;s de un proceso de intercambio con el medio social, al punto de convertirse en seres humanos a los cuales les corresponden tanto derechos fundamentales como deberes b&aacute;sicos. El ser humano que no es persona, o que a&uacute;n no ha llegado a serlo, tiene los mismos derechos de las personas, pero no los mismos deberes. Puede incluso no tener ninguno, como es el caso del reci&eacute;n nacido, o del ser humano que sufre radicalmente de discapacidad mental y, en cambio, gozar de todos los derechos como cualquier otro hombre. Lo principal del proceso de llegar a ser persona est&aacute; en la caracterizaci&oacute;n muy general que hice en el ac&aacute;pite anterior y que, nuevamente, puede quedar bien capturada mediante el concepto: “individualizaci&oacute;n a trav&eacute;s de la socializaci&oacute;n” (Habermas, 1988: 187&#45;241)<a href="#_ftn3" name="_ftnref3" title=""><sup><sup>[2]</sup></sup></a>. Un ciudadano es, adicionalmente, una persona con derechos y deberes que afectan expl&iacute;citamente su participaci&oacute;n en el proceso social. Las sociedades modernas han estipulado que se puede trazar una l&iacute;nea en el desarrollo de un ser humano que marca el momento en que &eacute;ste empieza a ser un ciudadano: los 18 o los 21 años, seg&uacute;n sea el caso. No es que ese ser humano, que ya desde mucho antes de los 18 años ha cumplido con las condiciones de la personalidad, deje por ello de ser una persona, sino que pasa de ser una persona menor a ser una persona mayor de edad, un ciudadano. Es de suyo evidente, como ya he sugerido atr&aacute;s, que esta l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n descansa sobre el presupuesto de una concepci&oacute;n liberal y moderna de la educaci&oacute;n ciudadana. No obstante, si mi argumentaci&oacute;n es aceptable y concluyente, tendr&iacute;a que seguirse de ella una explicitaci&oacute;n conceptual de la fortaleza del modelo democr&aacute;tico liberal de la educaci&oacute;n c&iacute;vica. En el ac&aacute;pite 3 de este escrito pretendo presentar puntualmente dicha explicitaci&oacute;n.</p>     <p>La educaci&oacute;n ciudadana es un crucial elemento no s&oacute; lo en la integraci&oacute;n social, sino tambi&eacute;n en el dinamismo cultural. Gracias a la educaci&oacute;n ciudadana, o c&iacute;vica, el individuo toma conciencia de sus derechos,  pero tambi&eacute;n de sus obligaciones, y procura que la relaci&oacute;n de su vida con el proceso social est&eacute; marcada por un equilibrio entre derechos y obligaciones.</p>     <p> La educaci&oacute;n ciudadana no es, ni tiene que ser, educaci&oacute;n pol&iacute;tica; entendida &eacute;sta &uacute;ltima en el sentido de formaci&oacute;n de cuadros y activistas de partido. El ciudadano educado asume dentro de su respectiva &oacute; rbita de acci&oacute;n la obligaci&oacute;n de cuidar lo p&uacute;blico sin que ello implique compromisos pol&iacute;ticos ni creencias pol&iacute;ticas concretas sobre el bien com&uacute;n. A ese tipo de acci&oacute;n c&iacute;vica no pol&iacute;tica pertenecen, por ejemplo, el cuidado del espacio y los bienes p&uacute;blicos y el pago de impuestos. Aunque para algunos pueda ser obvio, a mi me parece muy importante subrayar el car&aacute;cter no necesariamente pol&iacute;tico de la educaci&oacute;n ciudadana. Como ya lo he dicho en otra parte (Hoyos, 2008), no creo (pol&iacute;ticamente) justificada la idea de que todas las esferas de la vida cultural y social sean pol&iacute;ticas. Aqu&iacute; quisiera ir a&uacute;n m&aacute;s lejos y sostener que la separaci&oacute;n de una sociedad civil y una estructura pol&iacute;tica es esencial a la democracia y al desarrollo cultural. Por fortuna, al menos en lo que a la democracia se refiere, no estoy aqu&iacute; solo (Touraine, 2006).</p>     <p> En Colombia (como en muchos otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina) los ciudadanos han perdido la confianza en las instituciones debido a la nefasta influencia desintegradora de la corrupci&oacute;n y al car&aacute;cter poco incluyente que tiene el acceso a las oportunidades. Esto ha hecho que se tornen, por igual, muy urgentes los mecanismos de control de la corrupci&oacute;n, las pol&iacute;ticas sociales para el estimulo y acompañamiento de las pequeñas y medianas empresas, la b&uacute;squeda de mecanismos que frenen la inconcebible inequidad en el campo, y la educaci&oacute;n ciudadana. Es ciertamente muy dif&iacute;cil, si no imposible, que un trabajo de concientizaci&oacute;n ciudadana sobre obligaciones para con la sociedad y derechos fundamentales individuales traiga consigo alg&uacute;n fruto sin que al mismo tiempo se le muestre al ciudadano eficiencia en el control de la corrupci&oacute;n y aumento en el acceso a las oportunidades para el desarrollo humano. Sin embargo, tambi&eacute;n es de notar que la inequidad y la corrupci&oacute;n est&aacute;n &iacute;ntimamente ligadas a la falta de educaci&oacute;n ciudadana. Un ejemplo llamativo: las pol&iacute;ticas sobre el espacio p&uacute;blico en Bogot&aacute; durante las alcald&iacute;as de Antanas Mockus y Enrique Peñalosa ten&iacute;an el claro prop&oacute; sito de mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos y no la de unos pocos. Enti&eacute;ndase: se trataba de ampliar las oportunidades con el prop&oacute; sito de que hubiera mayor acceso al espacio p&uacute;blico, no de medidas que obligaran al disfrute de &eacute;ste. Por supuesto que una ampliaci&oacute;n tal no se puede hacer sin una reducci&oacute;n del inter&eacute;s privado, pero las pol&iacute;ticas sobre espacio p&uacute;blico no supusieron ninguna extremada restricci&oacute;n a la libertad individual. Y, con todo, esa idea de socializar y cuidar el espacio p&uacute;blico, de hacerlo digno, ha requerido de una campaña paralela de educaci&oacute;n c&iacute;vica m&aacute;s larga e intensa, incluso, que la imaginada por sus ejecutores. Resulta que la pol&iacute;tica de cuidado y apropiaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico ha sufrido en Bogot&aacute; la m&aacute;s incisiva resistencia: de parte de los promotores del veh&iacute;culo particular, de los gremios de vendedores ambulantes  y de los socios de clubes privados (que nunca han necesitado del espacio p&uacute;blico), para s&oacute; lo mencionar tres de los m&aacute;s declarados enemigos de aquellas pol&iacute;ticas. En todos los tres casos se trataba de manifestaciones de una mentalidad ego&iacute;sta, miope y poco c&iacute;vica a la que le costaba concebir la ecuaci&oacute;n de que lo que es bueno para todos puede serlo tambi&eacute;n para cada uno.</p>     <p>  Si echamos una mirada a la aparente oposici&oacute;n entre los ideales del llamado “republicanismo” pol&iacute;tico y los de la concepci&oacute;n “liberal” de la democracia y el orden social, podr&iacute;amos quiz&aacute;s concluir que la educaci&oacute;n en general y la educaci&oacute;n ciudadana en particular, tal como he sugerido que deben expresamente ser concebidas, dan una clave para que se tome lo mejor de cada uno de aquellos.</p>     <p>Algo muy caracter&iacute;stico del ideal pol&iacute;tico republicano es el concepto de un ciudadano comprometido con la participaci&oacute;n activa. Y algo muy propio del liberalismo pol&iacute;tico es la prevalencia normativa de la libertad individual (negativa) respecto del Estado, de la sociedad y de toda tendencia integradora basada en una idea del bien. Ambas visiones conllevan riesgos si no pueden limitarse mutuamente. Un republicanismo exagerado podr&iacute;a conducirnos a la desmedida invasi&oacute;n de la pol&iacute;tica en todas las esferas de la vida social y cultural. El republicanismo exagerado podr&iacute;a llevar a la exigencia de que los ciudadanos se conviertan en guardianes pol&iacute;ticos de la sociedad. El guardi&aacute;n de la revoluci&oacute;n es un resultado aberrado de ese ideal republicano. El liberalismo extremo, por su parte, corre el riesgo de desembocar en una sobrevaloraci&oacute;n del individualismo que, a su vez, har&iacute;a prevalecer el indiferentismo pol&iacute;tico.</p>     <p>Pienso que la idea de una educaci&oacute;n ciudadana, y la de la educaci&oacute;n en general, podr&iacute;a contribuir a conjurar esos dos peligros y a disolver esa oposici&oacute;n. El ciudadano educado ha de vivir lo m&aacute;s activa y conscientemente su vida social y esto es lo que lo prepara para la participaci&oacute;n pol&iacute;tica. Tal cosa no supone que viva y tenga que vivir en permanente actividad pol&iacute;tica. El ciudadano educado tendr&iacute;a que ser sensible a los problemas de su vereda, su barrio, su ciudad, su departamento o provincia y su pa&iacute;s, y elegir a sus representantes en conformidad con esa sensibilidad y tras un proceso bien pensado y bien informado. Éste es, por lo dem&aacute;s, el mejor ant&iacute;doto en contra de la pol&iacute;tica espect&aacute;culo y en contra de la manipulaci&oacute;n del voto, males end&eacute;micos de nuestras sociedades. Es obvio que un supuesto importante de esta postura es el de la independencia de la sociedad civil respecto del sistema pol&iacute;tico. No todo en la vida de los hombres es, o tiene que ser pol&iacute;tico. La esfera de lo social es de mayor extensi&oacute;n que la esfera de lo pol&iacute;tico. Ésta es para m&iacute; una de las claves de la democracia. Bueno, y s&iacute;, de la democracia liberal. El sistema pol&iacute;tico est&aacute; en ella al servicio de la sociedad civil, pero no al rev&eacute;s.</p>     <p>Es por esto que, aunque el ciudadano educado no tenga porqu&eacute; ser pol&iacute;tico, el pol&iacute;tico (el representante o aspirante a representante de los ciudadanos) s&iacute; tiene que ser, en cambio, un ciudadano ejemplar y sus actos de incidencia y significaci&oacute;n p&uacute;blica deben ser demostraciones de pedagog&iacute;a ciudadana. Es &eacute;se el sentido en que debe tomarse la advertencia hecha al principio de este escrito: la actividad pol&iacute;tica debe ser en alg&uacute;n sentido una forma de educar.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans&shy;serif" size="3"><b>3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Educaci&oacute;n y democracia</b></font></p>     <p>La tesis es muy simple: puesto que la educaci&oacute;n, como la concibo, es el recurso institucional que hace posible la articulaci&oacute;n del individuo y la sociedad, y la educaci&oacute;n ciudadana es la parte de dicho proceso de integraci&oacute;n social por medio de la cual los miembros de una sociedad se cualifican como ponderadores de derechos y obligaciones y dinamizan la sociedad civil, de tal modo que ella no sea el crudo marem&aacute;gnum de emociones y manipulaciones, entonces el sistema democr&aacute;tico liberal es el m&aacute;s adecuado al ideal de educaci&oacute;n aqu&iacute; presentado, pues la democracia liberal contiene en s&iacute; una propuesta normativa para que en la sociedad se d&eacute; una proporci&oacute;n directa entre el grado de individuaci&oacute;n y el de desarrollo social. A mayor individuaci&oacute;n, mayor desarrollo social y viceversa. Con esto no estoy pretendiendo descubrir el agua tibia. Esta es una idea claramente expuesta por la psicolog&iacute;a social de Mead, y por la filosof&iacute;a social y de la educaci&oacute;n de John Dewey. Por lo dem&aacute;s, si se lo mira con cuidado, compendia ella uno de los m&aacute;s decisivos ideales de la Ilustraci&oacute;n europea. El ideal de autonom&iacute;a individual, ciertamente, debe ser considerado, por un lado, en relaci&oacute;n con la capacidad de seguir activa y conscientemente la norma, de criticarla tambi&eacute;n, pero, por el otro, con el sistema de valores que conf&iacute;a en los mecanismos institucionales para que esa capacidad se despliegue. La idea de la democracia liberal es la idea de ese sistema de valores.</p>     <p>Se me hace que para que esta argumentaci&oacute;n goce de alguna plausibilidad es forzoso sacar a flote la idea de democracia que est&aacute; en ella presupuesta. Son caracter&iacute;sticas definitorias de la concepci&oacute;n de democracia aqu&iacute; presupuesta el pluralismo (y, por tanto, el respeto a las minor&iacute;as), la visi&oacute;n din&aacute;mica de la sociedad, la no concentraci&oacute;n del poder, que implica la alternaci&oacute;n, la divisi&oacute;n de los poderes y la garant&iacute;a del juego equilibrado de los llamados pesos y contrapesos; pero, sobre todo, la abolici&oacute;n del car&aacute;cter absoluto del poder y la soberan&iacute;a. No es democr&aacute;tico creer que se le quita el poder absoluto a un soberano particular para d&aacute;rselo al pueblo. Es ante todo democr&aacute;tica la abolici&oacute;n del car&aacute;cter absoluto del poder y de cualquier soberan&iacute;a, a&uacute;n de la popular, legitimada en el sufragio. Finalmente, considero indispensables al modo de vida democr&aacute;tico la no sujeci&oacute;n de la sociedad civil respecto del sistema pol&iacute;tico y del Estado.</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans&shy;serif" size="3"><b>4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Álvaro Uribe, la educaci&oacute;n ciudadana y la democracia.</b></font></p>     <p>El ex&#45;presidente Álvaro Uribe es, entre otras cosas, conocido por ser un batidor de records pol&iacute;ticos sin precedentes en la historia de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas en Colombia. Entre esos records se pueden contar el n&uacute;mero de consejos comunitarios realizados (lo que implica un igual n&uacute;mero de viajes por las m&aacute;s apartadas regiones de la geograf&iacute;a colombiana), el indiscutible esfuerzo para que el Estado recupere el monopolio de la violencia (y los consiguientes resultados) en un pa&iacute;s en el que hasta hace pocos años s&oacute; lo se pod&iacute;a viajar en avi&oacute;n (y eso tambi&eacute;n con miedo), y los golpes militares a las guerrillas de las Farc. Tambi&eacute;n, si se quiere, se pueden sumar a esa lista de records las cifras sobre confianza inversionista y recuperaci&oacute;n macro&#45;econ&oacute; mica. Por supuesto, y eso no puede ser pasado por alto, el gobierno de Uribe tambi&eacute;n bati&oacute;  varias marcas importantes en corrupci&oacute;n y tr&aacute;fico de influencias.</p>     <p>Sin embargo, de todas estas marcas triunfales hay una muy notable, en la que no se insiste demasiado y que a mi modo de ver es de las m&aacute;s preocupantes. Me refiero al atraso en la cultura pol&iacute;tica y ciudadana que trajo consigo el gobierno de Uribe. Los ejemplos son demasiados. No alcanzar&iacute;a a mencionarlos todos en esta presentaci&oacute;n. Est&aacute; la campaña de colaboraci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a con las autoridades a cambio de dinero, la pol&iacute;tica de delaciones por recompensas y por anulaci&oacute;n de penas (que ha tra&iacute;do beneficios inmediatos en el combate a las guerrillas y al paramilitarismo), y el programa de fomento y est&iacute;mulo a las carreras de los militares a cambio de resultados positivos contra el crimen (principalmente cuantitativos: n&uacute;meros de bajas); pol&iacute;tica &eacute;sta que ha dado lugar a lo que en Colombia se conoce como “falsos positivos”. El gobierno de Uribe V&eacute;lez promovi&oacute;  &#8211;sin vergüenza y pr&aacute;cticamente sin mirar a los lados&#8211; el crimen. Hay, como dije, muchos m&aacute;s ejemplos; ejemplos que muestran que el mensaje pedag&oacute; gico del gobierno Uribe promovi&oacute;  el machismo, el revanchismo, la matoner&iacute;a (“si lo veo, le pego en la cara, ¡marica!” &#8211; le grit&oacute;  Uribe a un colaborador que &#8211;al parecer&#8211; lo hab&iacute;a calumniado, y ese mensaje fue difundido por la radio. Trascendi&oacute;  a los medios que en la cumbre de Rio de febrero de 2010, en Canc&uacute;n, Uribe le dijo a Hugo Ch&aacute;vez entre manoteos: “Sea var&oacute;n, qu&eacute;dese a responder a las preguntas”). Todos estos son comportamientos que calan muy bien en la cultura popular colombiana, pero que no contribuyen en absoluto a cualificarla ni a enriquecerla, pues son comportamientos esencialmente poco imaginativos que no se proponen  salir del circuito maldito de la violencia social. A todos ellos habr&iacute;a que agregar como muy caracter&iacute;stico el desd&eacute;n por la normatividad constitucional. Si existe alg&uacute;n asunto importante que debe ser objeto preferencial de la pedagog&iacute;a c&iacute;vica a la que est&aacute; obligado un gobierno, es &eacute;ste el de la promoci&oacute;n y esclarecimiento de las normas constitucionales como factor crucial para la cohesi&oacute;n social. El gobierno de Uribe, en cambio, dio muestras de estar dispuesto a modificar (no siempre legalmente) y a amañar la norma constitucional con el objeto de responder a aparentes necesidades hist&oacute; ricas del momento. Todos los costos de esta disposici&oacute;n a violar la normatividad constitucional est&aacute;n a&uacute;n por verse, pero uno podr&iacute;a anticipar sin jugar al mago que ser&aacute;n muy altos, pues pocas cosas generan m&aacute;s incertidumbre e inestabilidad en el proceso social que el acomodamiento de las normas a los intereses del momento y a las coyunturas.</p>     <p> Pero de todos los ejemplos de mala pedagog&iacute;a ciudadana y de des&#45;incentivaci&oacute;n del progreso democr&aacute;tico, cultural y pol&iacute;tico, el peor &#8211;desde el punto de vista de sus consecuencias estrictamente pol&iacute;ticas, y no tanto morales como en algunos de los casos mencionados&#8211;, el peor de esos ejemplos, digo, es el que se dio durante un buen tiempo con la proclamaci&oacute;n de la consigna: “El estado de opini&oacute;n es la fase superior del estado de derecho”.</p>     <p>Seg&uacute;n Uribe, el “estado de opini&oacute;n no es democracia plebiscitaria, pero s&iacute; es el equilibrio entre la participaci&oacute;n y la representaci&oacute;n” (Citado por Posada Carb&oacute; , 2009) Para Ernesto Yamhure, conocido columnista partidario del gobierno de Uribe, el estado de opini&oacute;n es “un equilibrio entre los modelos representativo y plebiscitario que pretende privilegiar el derecho ciudadano de plasmar su opini&oacute;n a trav&eacute;s del voto universal sobre asuntos relevantes que requieran contar con el respaldo de las mayor&iacute;as” (Yamhure). Obdulio Gaviria, ex&#45;asesor de la Presidencia y quien funge p&uacute;blicamente como uno de los ide&oacute; logos del uribismo, defiende que una de las claves de lo que &eacute;l llama el “estado comunitario” est&aacute; en los consejos comunales; es decir, en las reuniones semanales que Uribe sostuvo con las comunidades y en las que se enteraba de algunos de sus problemas, repart&iacute;a p&uacute;blicamente tareas entre ministros y sub&#45;alternos (y los regañaba), y hac&iacute;a uso de subsidios.</p>     <p> No hay duda de que Uribe encarn&oacute;  como ning&uacute;n pol&iacute;tico colombiano del momento aquello que, seg&uacute;n Herbert Braun, diferenci&oacute;  a Gait&aacute;n de los pol&iacute;ticos de su tiempo.  De acuerdo con Braun, Gait&aacute;n &#8211;en contraste con sus contempor&aacute;neos de la &eacute;lite pol&iacute;tica&#8211; no hablaba al pueblo, sino que hablaba con el pueblo. Eso es lo que hac&iacute;a bien Uribe. Conoce como pocos la mentalidad del colombiano, su catolicismo, su aprecio por la hombr&iacute;a y el trabajo f&iacute;sico. Supo conectarse permanentemente con la gente mediante estos consejos comunales y construy&oacute;  a trav&eacute;s de ellos un consenso mayoritario a su favor. La presencia del santo &#8211;dicen&#8211; hace milagros. Pero los consejos comunales fueron m&aacute;s muestra de paternalismo gubernamental, de pol&iacute;tica espect&aacute;culo y de populismo que de democracia participativa. No niego que en ellos haya habido participaci&oacute;n ni que sea buen m&eacute;todo de gobierno el de buscar el contacto con la comunidad. Despu&eacute;s de todo, es funci&oacute;n important&iacute;sima del sistema pol&iacute;tico, y del pol&iacute;tico, en las democracias, la de servir de intermediario entre el Estado y la sociedad. Pero es m&aacute;s o menos evidente que el principal efecto (y quiz&aacute;s prop&oacute; sito) de los consejos comunales no fue la participaci&oacute;n ciudadana sino la construcci&oacute;n de un s&iacute;mbolo mitol&oacute; gico: la investidura presidencial, en un pa&iacute;s acostumbrado a la displicencia de sus gobernantes y a la arrogancia de una clase pol&iacute;tica plutocr&aacute;tica y elitista, se dirige con su lenguaje al hombre de la calle y la vereda, y se hace accesible a ellos. Tal cosa, por supuesto, caus&oacute;  desconcierto y admiraci&oacute;n. Quiz&aacute;s para entender el fen&oacute; meno Uribe necesitemos por ello m&aacute;s psicoanalistas que polit&oacute; logos. Colombia tuvo, por fin, padre. Un padre que no es borracho, que no le pega a su mujer (aunque de eso yo no estar&iacute;a tan seguro) y que trabaja d&iacute;a y noche para sus hijos. Sobre ese emblema estuvo construido el estado de opini&oacute;n. La enorme influencia de Uribe y de su estilo de gobierno no ha servido, principalmente, para convencer de las bondades de una pol&iacute;tica, sino para perpetuar la imagen de un <i>pater imprescindibile</i>. Y &eacute;ste no es el mejor de los mensajes pedag&oacute; gicos porque cuando Uribe asumi&oacute;  el poder por vez primera, en 2002, era el momento perfecto para una gran concertaci&oacute;n en Colombia, para una concertaci&oacute;n social y pol&iacute;tica contra el crimen (y no s&oacute; lo el de las Farc), para motivar a la ciudadan&iacute;a y al sistema pol&iacute;tico hacia la creaci&oacute;n de una sociedad din&aacute;mica e institucionalizada.  A Colombia nunca le ha faltado dinamismo, pero s&iacute; dispositivos institucionales para encausarlo. Y esa es la oportunidad que no supo aprovechar Uribe por estar convencido de que un r&eacute;gimen presidencialista y un gobierno altamente personalista como el suyo podr&iacute;an perpetuarse por unas mayor&iacute;as en torno a un s&iacute;mbolo; en lugar de haberse servido de su influencia y de su capacidad para conectar con la gente con el prop&oacute; sito de enseñar que la fortaleza real y duradera de un estado descansa en el respeto al derecho y a la norma constitucional sancionada en derecho. Y eso es pol&iacute;ticamente muy pernicioso, no propiamente democr&aacute;tico y muy des&#45;institucionalizador.  Pero como si el desperdicio de semejante oportunidad no fuera ya suficiente y algo de suyo grav&iacute;simo, la pedagog&iacute;a ciudadana y pol&iacute;tica del gobierno de Uribe envi&oacute;  los mensajes que no son, en un pa&iacute;s donde se sigue constatando de modo muy preocupante que el crimen s&iacute; paga.</p>     <p>Es muy lamentable que para una persona aparentemente bastante inteligente, como Uribe, se haya convertido en “encrucijada del alma” la necesidad de conciliar el car&aacute;cter provisorio de un gobierno y una persona en el poder, con la perdurabilidad de un proyecto pol&iacute;tico y con la estabilidad institucional. La Corte Constitucional Colombiana declar&oacute;  inexequible el proyecto de referendo que permitir&iacute;a cambiar la Constituci&oacute;n de 1991 para facilitar la re&#45;elecci&oacute;n de Álvaro Uribe por segunda vez en las votaciones de 2010. Y el Presidente acat&oacute;  inmediatamente, aunque a regañadientes, la decisi&oacute;n. Es lo &uacute;nico bueno que en materia de educaci&oacute;n c&iacute;vica y pol&iacute;tica ha hecho Álvaro Uribe. En su discurso de acatamiento del fallo de la Corte dijo que “el estado de opini&oacute;n debe someterse al estado de derecho”. El daño pudo ser mayor, fatal, de haber sido otro el desenlace de este episodio de nuestra historia pol&iacute;tica. Pero tambi&eacute;n hay que decir que, despu&eacute;s de varios años de indecisi&oacute;n, de par&aacute;lisis pol&iacute;tica por cuenta de este devaneo con el caudillismo, el daño a la cultura democr&aacute;tica ya estuvo de todas maneras hecho. Hay que recoger los platos rotos y botarlos, y lavar bien los que quedaron enteros para seguir us&aacute;ndolos. Da la impresi&oacute;n que el nuevo gobierno, presidido por Juan Manuel Santos para el per&iacute;odo constitucional 2010&#45;2014, pese a haberse incubado en el seno mismo del uribismo en el poder (Santos fue Ministro de Defensa de Uribe durante su segundo gobierno), tiene la expresa intenci&oacute;n de ser m&aacute;s respetuoso del orden institucional. Todav&iacute;a es pronto para decir algo medianamente seguro sobre el tema. Y aunque no lo fuera, tampoco es &eacute;ste el lugar adecuado para referirme a &eacute;l. He dicho que en esta &uacute;ltima secci&oacute;n de este escrito s&oacute; lo me interesaba presentar un ejemplo para darle cuerpo intuitivo y visible al an&aacute;lisis conceptual que he propuesto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El desarrollo de la democracia est&aacute; &iacute;ntimamente ligado al desarrollo de la educaci&oacute;n en general y al de la educaci&oacute;n ciudadana en particular. El acceso de los individuos a la educaci&oacute;n b&aacute;sica y superior, a una formaci&oacute;n t&eacute;cnica adecuada, no s&oacute; lo es el factor que mejor garantiza la articulaci&oacute;n entre el individuo y la sociedad, sino el que hace que el proceso social se nutra de ingredientes activos y creativos. Pues, finalmente, los poderes creativos del ser humano residen en &eacute;l como individuo. Pero los individuos, con sus poderes creativos y sus capacidades, han de contar con los marcos institucionales que, justamente, permiten desplegar la creatividad. Los poderes y las habilidades humanas, sin marcos institucionales para su despliegue, se pueden comparar al torrente de un r&iacute;o sin cauce. Por eso la inversi&oacute;n social en educaci&oacute;n es una inversi&oacute;n que la sociedad hace en s&iacute; misma y todo lo que deja de hacer una sociedad para educar a sus miembros es una contribuci&oacute;n a su desintegraci&oacute;n. La educaci&oacute;n ciudadana es, a su vez, un elemento definitivo de y para la democracia, pues la institucionalidad democr&aacute;tica, con sus mecanismos de elecci&oacute;n, de participaci&oacute;n, de representaci&oacute;n y deliberaci&oacute;n, con sus sistemas de control mutuo de poderes y de vigilancia y control, de respeto a las minor&iacute;as, es en lo fundamental el resultado de un complejo proceso de acci&oacute;n colectiva. Y ninguna acci&oacute;n colectiva lleva a un lugar fijo y deseable, promotor del bienestar social, si no es resultado de una articulaci&oacute;n entre las acciones individuales, o de grupo, cualificadas (lo que algunos llaman “el inter&eacute;s propio ilustrado”). La educaci&oacute;n ciudadana es el m&eacute;todo m&aacute;s expedito para cualificar la acci&oacute;n individual, o de grupo, y reconducirla con todo su poder creativo hacia el proceso social.</p>      <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans&shy;serif" size="3"><b>Referencias</b></font><br clear=all> </p>      <p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1" title="">*</a>     Texto presentado en el VI Simposio Internacional de Econom&iacute;a y Filosof&iacute;a: “Filosof&iacute;a y crisis mundial”, que tuvo lugar en Medell&iacute;n del 16 al 19 de febrero de 2010. Agradezco a los participantes del simposio por sus observaciones y cr&iacute;ticas, as&iacute; como tambi&eacute;n a un dictaminador an&oacute;nimo de Estudios de Filosof&iacute;a por sus comentarios.</p>      <p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2" title=""><sup><sup>[1]</sup></sup></a>  El poema completo sigue as&iacute;: “El anciano pastor, a los postreros / martirios de la luz, estremecido, / en sus pascuales ojos ha cogido / una casta manada de luceros. // Labrado en orfandad baja el instante / con rumores de entierro, al campo orante; / y se otoñan de sombra las esquilas. // Supervive el azul urdido en hierro, / y en &eacute;l, amortajadas las pupilas, / traza su aullido pastoral un perro” (Vallejo, 1998: 87)</p>       <p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3" title=""><sup><sup>[2]</sup></sup></a> La expresi&oacute;n es de Habermas, y no tiene nada de gratuito que la use en el contexto de su interpretaci&oacute;n de Mead.</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans&shy;serif" size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p>1. Brandom, R. (1979). Freedom and Constraint by Norms. <i>American Philosophical Quarterly</i>, 16, 187&#45;196.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0121-3628201000020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Elias, N. (1987). <i>Die Gesellschaft der Individuen</i>. Frankfurt: Suhrkamp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0121-3628201000020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Habermas, J. (1988). Individuierung durch Vergesellschaftung. Zu George H. Meads Theorie der Subjektivität. En <i>Nachmetaphysisches Denken</i> (p&aacute;gs. 187&#45;241). Frankfurt: Suhrkamp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0121-3628201000020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Hare, R. M. (1965). <i>Freedom and Reason</i>. Oxford: Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0121-3628201000020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Heidegger, M. (1977). <i>Ser y tiempo</i>. (J. Gaos, Trad.) M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute; mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0121-3628201000020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Hoyos, L. E. (2009). Autoconciencia y autoconocimiento. En <i>Intersubjetividad. Ensayos filos&oacute;ficos sobre autoconciencia, sujeto y acci&oacute;n</i>. Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0121-3628201000020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Hoyos, L. E. (2008). <i>Democracia y Universidad</i>. Obtenido de Universidad Nacional de Colombia: http://www.humanas.unal.edu.co/cms.php?id=1557&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0121-3628201000020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Kant, I. (1923). <i>Über Pädagogik</i>. Berlin: Walter de Gruyter.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0121-3628201000020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Mead, G. H. (1992). <i>Mind, Self and Society</i>. Chicago: Chicago University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0121-3628201000020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10.  Posada Carb&oacute; , E. (20 de agosto de 2009). ¿Tiran&iacute;a de opini&oacute;n? <i>El Tiempo</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0121-3628201000020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Touraine, A. (2006). <i>¿Qu&eacute; es la democracia?</i> (H. Pons, Trad.) M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute; mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0121-3628201000020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Vallejo, C. (1998). <i>Poemas completos</i>. (R. Gonz&aacute;lez V., Ed.) Lima: Cop&eacute;.Yamhure, E. Revista Ahora (2).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0121-3628201000020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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