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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Cortés Rodas, Francisco y Pierdrahíta, Felipe, De Westfalia a Cosmópolis.Soberanía, ciudadanía, derechos humanos y justicia económica global, Medellín, Siglo del Hombre Editores / Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia, Bogotá, 2011]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="Verdana" size="4">Cort&eacute;s Rodas, Francisco y Pierdrah&iacute;ta, Felipe, <b><i>De Westfalia a Cosm&oacute;polis.Soberan&iacute;a, ciudadan&iacute;a, derechos humanos y justicia econ&oacute;mica global</i></b>, Medell&iacute;n, Siglo del Hombre Editores / Instituto de Filosof&iacute;a de la Universidad de Antioquia, Bogot&aacute;, 2011.</font></p>  <font face="Verdana" size="2">      <p>En alguna noche del siglo II de nuestra era, el emperador Marco Aurelio escrib&iacute;a lo que despu&eacute;s se conocer&iacute;a como sus <i>Meditaciones</i>. En uno de estos fragmentos dice lo siguiente: “Si la capacidad intelectiva nos es com&uacute;n, tambi&eacute;n la raz&oacute;n, por la que somos racionales, nos es com&uacute;n. Si es as&iacute;, tambi&eacute;n es com&uacute;n la raz&oacute;n que prescribe lo que debemos hacer o no. Si es as&iacute;, tambi&eacute;n la ley es com&uacute;n. Si es as&iacute;, somos ciudadanos. Si es as&iacute;, participamos de alguna clase de constituci&oacute;n pol&iacute;tica. Si es as&iacute;, el mundo es como una ciudad. Porque ¿de qu&eacute; otra constituci&oacute;n com&uacute;n se dir&iacute;a que participa todo el g&eacute;nero humano? Y de all&iacute;, de esa ciudad com&uacute;n, nos viene tambi&eacute;n la capacidad intelectiva, la racional y la legal. ¿O de d&oacute;nde?” </p>      <p>La ciudad com&uacute;n de la que habla Marco Aurelio nombraba en aquel entonces la posibilidad de una comunidad humana organizada pol&iacute;tica y jur&iacute;dicamente pero determinada en su calidad desde un punto de vista moral, a partir de un criterio normativo &#8211;dir&iacute;amos nosotros hoy. Dos milenios despu&eacute;s estamos nuevamente ante el mismo desaf&iacute;o. ¿Es posible hacer moralmente consistente un mundo que se ha convertido ya en una ciudad com&uacute;n? </p>      <p>Cosm&oacute;polis, la ciudad que abarca todo el orbe, es la perspectiva sobre la cual se desarrolla la sociedad contempor&aacute;nea, y el problema de su constituci&oacute;n, no el sentido de su formaci&oacute;n, sino del mecanismo regulador, es la pregunta base de la que parte el libro. Dicho m&aacute;s exactamente: la manera en que la sociedad internacional pas&oacute; del modelo de Estados-naci&oacute;n aut&oacute;nomos y separados, a ser un tejido supranacional donde la interdependencia es la caracter&iacute;stica m&aacute;s visible, as&iacute; como los problemas y oportunidades que de all&iacute; se derivan, son los asuntos principales de este trabajo. </p>      <p>El fen&oacute;meno de la globalizaci&oacute;n constituye uno de los mejores ejemplos de lo que se podr&iacute;a denominar una “jungla conceptual”. La cantidad de material bibliogr&aacute;fico, el c&uacute;mulo de nociones, teor&iacute;as, enfoques, perspectivas, temas, conceptos y dem&aacute;s instrumentos y procedimientos explicativos y evaluativos, conforman una masa tal que incluso para los mismos acad&eacute;micos se trata de una labor tit&aacute;nica la valoraci&oacute;n acertada de semejante constelaci&oacute;n. La com&uacute;n defensa frente a algo que es efectivamente un desaf&iacute;o te&oacute;rico-pr&aacute;ctico como la globalizaci&oacute;n, consiste en el desarrollo intuitivo de un sistema ciego de afirmaciones y de opiniones acomodadas a la circunstancia y amasadas seg&uacute;n el d&eacute;ficit de informaci&oacute;n de quien las formula. Dicho sistema ciego puede generalizarse hasta llegar a constituirse en la visi&oacute;n com&uacute;n de la cosa misma, para al fin terminar nutriendo los mismos sistemas individuales de opini&oacute;n. Se trata de una operaci&oacute;n de verdadera retroalimentaci&oacute;n.</p>      <p><i>De Westfalia a Cosm&oacute;polis</i> se puede leer como una gu&iacute;a para adentrarse en la jungla te&oacute;rica de la globalizaci&oacute;n. Ya desde ah&iacute; se constituye en un aporte valioso. El libro est&aacute; construido sobre dos de los ejes centrales del problema de la globalizaci&oacute;n: la justicia pol&iacute;tica y la justicia social. El subt&iacute;tulo da cuenta de ello al mencionar tres aspectos fundamentales en el problema de la justicia pol&iacute;tica, como son los conceptos de soberan&iacute;a, ciudadan&iacute;a y derechos humanos, mientras que el componente m&aacute;s propio de la justicia social est&aacute; contenido bajo la noci&oacute;n de justicia econ&oacute;mica global. El modo en que ambos aspectos se articulan y la manera en que se puede expresar su co-pertenencia se formula all&iacute; de la siguiente manera: si soberan&iacute;a, ciudadan&iacute;a y derechos humanos son conceptos claves a la hora de desarrollar una teor&iacute;a de la justicia pol&iacute;tica, es decir, de la distribuci&oacute;n equitativa y racional del poder y del acceso al poder, el problema de la justicia social, o de la equitativa distribuci&oacute;n de la riqueza, de los beneficios y de las cargas, se integra al tema de la justicia pol&iacute;tica de manera natural y necesaria en toda sociedad compleja y diversificada. Una garant&iacute;a de justicia social es el desarrollo de una distribuci&oacute;n equitativa del poder. Este doble eje, tanto te&oacute;rico como emp&iacute;rico, es analizado en el libro bajo los t&iacute;tulos de la <b>democracia cosmopolita </b> y del <b>constitucionalismo global</b>. Ambas perspectivas ofrecen alternativas convincentes a los modelos realistas, liberal-pol&iacute;ticos, al cosmopolitismo deliberativo y a las teor&iacute;as liberales de la justicia global. El concepto clave para lograr una tal articulaci&oacute;n, y &eacute;ste es como tal el n&uacute;cleo duro del libro, es el de constitucionalismo global-cosmpolita, lo cual equivaldr&iacute;a, seg&uacute;n los autores, a “domesticar jur&iacute;dica y pol&iacute;ticamente la globalizaci&oacute;n”. (245) </p>      <p>De manera bastante concreta los autores indican c&oacute;mo se ver&iacute;a un tal proceso de domesticaci&oacute;n: “redefinici&oacute;n de las reglas de financiaci&oacute;n de la inversi&oacute;n extranjera y de negociaci&oacute;n comercial, de las normas que definen los derechos de propiedad intelectual como las patentes y <i>copy rights</i>, de las reglas para definir una nueva pol&iacute;tica de empleo a escala mundial, de las normas de la pol&iacute;tica monetaria internacional y de las normativas para articular el crecimiento de la econom&iacute;a con el desarrollo sostenible del conjunto del planeta… exigir, por razones de justicia global, que haya una nueva formulaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas que determinan el funcionamiento de las instituciones que gobiernan el orden econ&oacute;mico internacional, como el FMI, el Banco Mundial y los acuerdos de tarifas y de comercio de la OMC” (221 s.) Otros &aacute;mbitos de posibles procesos de reestructuraci&oacute;n ser&iacute;an las relaciones de poder en el seno del capitalismo, como por ejemplo “la transformaci&oacute;n de la empresa, es decir, la nueva definici&oacute;n de las relaciones de poder entre los asalariados y los accionistas en el seno de la empresa. &#91;As&iacute; es&#93; necesario que el poder contractual de los asalariados se convierta nuevamente en colectivo y que los asalariados puedan apoyarse en organizaciones representativas de sus intereses econ&oacute;micos.” (223)</p>      <p>El libro consta de seis cap&iacute;tulos y un ep&iacute;logo. La estructura de la investigaci&oacute;n ofrece una muestra de las din&aacute;micas propias de la distribuci&oacute;n del trabajo que han hecho posible, entre muchos otros elementos, el fen&oacute;meno de la globalizaci&oacute;n. As&iacute;, mientras los tres primeros cap&iacute;tulos se ocupan de un barrido y tamizaje conceptual, del an&aacute;lisis cuidadoso de conceptos fundamentales para la comprensi&oacute;n del problema, los &uacute;ltimos tres cap&iacute;tulos ofrecen una lectura cr&iacute;tica de las propuestas te&oacute;ricas construidas sobre los conceptos analizados antes, añadiendo a ellos el tema de la justicia social global. </p>      <p>La contribuci&oacute;n del libro es doble. De un lado, para quien quiera conocer el desarrollo del fen&oacute;meno desde una perspectiva conceptual, la primera mitad del libro presenta de manera clara la manera como ciertas ideas crearon una nueva imagen del mundo, c&oacute;mo conceptos espec&iacute;ficos fundamentaron el orden westfaliano, y el modo como luego se transformaron hasta integrar un nuevo orden global. La segunda mitad examina las teor&iacute;as m&aacute;s relevantes acerca del fen&oacute;meno de la globalizaci&oacute;n, para, finalmente, esbozar las l&iacute;neas generales del proyecto denominado constitucionalismo global. As&iacute;, quien desee conocer las nociones centrales del tema, tanto como quien quiera conocer desde un punto de vista cr&iacute;tico las perspectivas te&oacute;ricas m&aacute;s importantes, encontrar&aacute; en el libro una gu&iacute;a adecuada. Adem&aacute;s de esto, el libro se inserta en la discusi&oacute;n al respecto, y cumple su objetivo en cuanto presenta una opci&oacute;n a la concepci&oacute;n exclusivamente economicista de la globalizaci&oacute;n. Pero no s&oacute;lo la cara injusta e injustificable de la globalizaci&oacute;n aparece all&iacute;, sino tambi&eacute;n las oportunidades que se insin&uacute;an para la humanidad: la posibilidad de una expansi&oacute;n de la democracia y de la idea del constitucionalismo se da precisamente gracias al hecho mismo de la globalizaci&oacute;n. As&iacute;, los autores podr&iacute;an al final suscribir la pregunta del viejo Marco Aurelio: ¿De d&oacute;nde nos vendr&iacute;an las respuestas sino de lo mismo de que estamos hechos?</p>      <p>Un aspecto que pertenece al argumento central, y que queda por explorar, es c&oacute;mo la relaci&oacute;n entre el poder del estado (soberan&iacute;a), el poder del individuo (ciudadan&iacute;a) y la salvaguarda de la justicia en el primero y de la calidad en el segundo (derechos humanos), que como tales son elementos de una teor&iacute;a de la justicia pol&iacute;tica, son posible gracias a y a la vez necesarios para el problema de la justicia econ&oacute;mica. Ello exigir&iacute;a el tratamiento por separado, y por lo tanto de manera artificial &#8211;puesto que emp&iacute;ricamente son fen&oacute;menos vinculados &iacute;ntimamente-, de los elementos de propios de la teor&iacute;a de la justicia pol&iacute;tica de aquellos que son propios de la teor&iacute;a de la justicia social, para luego determinar de manera m&aacute;s precisa el modo en que se dan influencias, soportes y tensiones entre ambas. En el nivel emp&iacute;rico se trata de estados de cosas que no se pueden separar, pero un tratamiento te&oacute;rico tan detallado como el que presentan los autores podr&iacute;a haber hecho expl&iacute;cita la diferencia y extraer de all&iacute; una propuesta m&aacute;s diversificada. As&iacute;, por ejemplo, a partir de la consideraci&oacute;n de que cosmopolitismo y democracia son modos de implementar la justicia pol&iacute;tica, y de que el mercado exige un tratamiento desde la &oacute;ptica de la justicia econ&oacute;mica, se puede llegar a la conclusi&oacute;n de que la justicia econ&oacute;mica no puede darse por s&iacute; sola, tal como se esperaba de una entidad supuestamente dotada de la capacidad de autorregulaci&oacute;n moralmente coherente, como se consider&oacute; inicialmente al mercado, sino que la justicia social, o econ&oacute;mica, depende de una concepci&oacute;n coherente de la justicia pol&iacute;tica. La justicia econ&oacute;mica est&aacute; determinada, entonces, por la injerencia y los rendimientos de la justicia pol&iacute;tica, es decir, por la interrelaci&oacute;n entre soberan&iacute;a, ciudadan&iacute;a y derechos humanos. La justa distribuci&oacute;n de la riqueza es un asunto que depende de condiciones equitativas de participaci&oacute;n, pero &eacute;stas a su vez s&oacute;lo son efectivas y reales si se dan ciertas condiciones materiales que s&oacute;lo una justa distribuci&oacute;n de la riqueza puede garantizar. Ello llevar&iacute;a quiz&aacute; a pensar incluso la posibilidad de una <b>socialdemocracia cosmopolita</b>. Pero esto, luego de los altos rendimientos explicativos y te&oacute;ricos del libro, resulta, de nuevo en palabras de los autores, una “tarea harto dispendiosa que tendr&aacute; que posponerse para ulteriores trabajos.” (245)</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Andr&eacute;s Eduardo Saldarriaga Madrigal</b></p>      <p><b>Instituto de Filosof&iacute;a</b></p>      <p><b>Universidad de Antioquia</b></p>      <p><a href="mailto:aesaldarriaga@gmail.com"><b>aesaldarriaga@gmail.com</b></a></p>     <p>&nbsp;</p>       <p align="center"><font face="Verdana" size="3">Paul Ricoeur. <b><i>Vivo hasta la muerte seguido de Fragmentos</i></b>, trad. Horacio Pons, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2008.</font></p>        <p>En los &uacute;ltimos años de su vida, Ricoeur, fil&oacute;sofo fundamental de la segunda parte del siglo XX, con sus trabajos desde la <i>fenomenolog&iacute;a </i>hasta<i> la</i> <i>hermen&eacute;utica</i> <i>del texto y de la acci&oacute;n</i>, se vuelca de manera prolija y a la vez amorosa, sobre cuestiones centrales que atraviesan su obra, y que en este breve texto cobran un sentido que liga su filosof&iacute;a de manera especial con su existencia concreta.</p>      <p>A&uacute;n cuando se trata de un conjunto de papeles y documentos incompletos, tal vez, aparentemente inconexos, exponen la potente lucidez de quien, en el ocaso de su vida, reafirma el valor de la existencia desde distintos y a veces distantes t&oacute;picos que pueden ser comprendidos como coordenadas centrales de su producci&oacute;n intelectual. Las directrices de este pensamiento invitan al lector a un estado de complicidad con los espacios reflexivos delineados. Ciertamente se trata de una complicidad muy &iacute;ntima,  que nos involucra desde el escenario-horizonte de nuestra  propia vida, su limitaci&oacute;n-finitud y el diseño simb&oacute;lico del <i>m&aacute;s all&aacute; de la muerte</i>.</p>        <p>Editado originalmente en franc&eacute;s por Catherine Goldstein  y Jean- Luis Schlegel en 2007,  con el t&iacute;tulo <i>Vivant jusqu´a la mort suivi de Fragments</i>, el texto expone dos grupos de documentos. El primero (1995-1996) titulado “Hasta la muerte. Del duelo y de la alegr&iacute;a”, y el segundo (2004-2005) “Fragmentos”. Este segundo corpus discursivo, contiene material con y sin t&iacute;tulo.</p>      <p>El trayecto y propuesta  de lectura  nos introduce a la obra, con un Prefacio de Olivier Abel que sit&uacute;a las problem&aacute;ticas desarrolladas por Ricoeur en los textos agrupados como ya indicamos. De este modo, aparecen señalizadas las reflexiones sobre  el tiempo de la escritura asociado al tiempo mortal y el tiempo de la publicaci&oacute;n desde donde arranca  el tiempo de la obra en una <i>perdurabilidad ignorante de la muerte</i>. Este t&oacute;pico parece suficiente para echar a andar un pensamiento filos&oacute;fico profundo cuya meditaci&oacute;n central se desarrolla en torno a la muerte. Las tres cuestiones o t&oacute;picos respecto a los cuales se desarrolla esta meditaci&oacute;n y que articulan los documentos de 1995-1996 son: <i>Las figuras de lo imaginario, Del duelo y de la alegr&iacute;a y ¿A&uacute;n soy cristiano?</i> Sobre estos tres elementos volveremos m&aacute;s adelante, ya que es necesario considerar previamente  que el tono de su escritura conserva la vitalidad de la <i>filosof&iacute;a de la voluntad</i> diseñada y desarrollada por Ricoeur desde la d&eacute;cada del 50´, plasmada finalmente en <i>La M&eacute;moire, l´histoire, l´oubli</i> (2000). La clave fundamental  de esta postura filos&oacute;fica  se traduce en el permanente estado <i>ag&oacute;nico</i> respecto de la vida, como <i>un hambre de vivir</i>  que involucra la <i>fraternidad</i> sin olvidar la b&uacute;squeda de <i>ser s&iacute; mismo</i>. Como señala Abel, Ricoeur opta sin cesar por el deseo de vivir. Desde esa actitud vital, el autor se hace cargo de los t&oacute;picos centrales señalados antes y que constituyen su meditaci&oacute;n sobre la muerte.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el conjunto de documentos titulados: “Hasta la muerte: Del duelo y de la alegr&iacute;a”, recoge tres grandes significaciones de la muerte, para tomar distancia de ellas y poder finalmente desligarse de sus cargas simb&oacute;licas. La primera de estas significaciones tiene que ver con la muerte de los otros  y las m&uacute;ltiples preguntas que los que siguen vivos hacen respecto a este hecho. Dicho cuestionamiento o conjunto de interrogantes deben ser exorcizadas, ya que toda significaci&oacute;n al respecto, es una significaci&oacute;n de <i>sobrevivientes que se preguntan si tambi&eacute;n los muertos siguen existiendo</i>. Se trata de una <i>obsesi&oacute;n</i> <i>del antefuturo</i> innecesaria, ya que aunque tendremos que morir, no sabemos ni cu&aacute;ndo ni c&oacute;mo (<i>mors certa, hora incerta</i>). La segunda significaci&oacute;n de la muerte  tiene que ver con la propia palabra muerte, en su sentido de pasar, finalizar o terminar. Sobre este segundo aspecto, el sobreviviente  debe hacer el duelo <i>de la separaci&oacute;n del difunto que se aparta del vivo para que &eacute;ste sobreviva</i>. Nuevamente el fil&oacute;sofo enfatiza en su reflexi&oacute;n  la condici&oacute;n del a&uacute;n vivos. Toda la capacidad de pensamiento debe orientarse a dicho estado, hacia <i>la movilizaci&oacute;n de los recursos m&aacute;s profundos de la vida para seguir afirm&aacute;ndose</i>. En ese contexto-trance recurre al concepto de <i>agonizante</i>, a&uacute;n vivo, que apela  a esos recursos profundos de la vida. All&iacute; se encuentra la epifan&iacute;a de lo  Esencial. La  lucha de la vida hasta la muerte. En el desarrollo de esta l&iacute;nea reflexiva Ricoeur recurre al testimonio de Jorge Sempr&uacute;n (<i>La escritura o  la vida</i> 1994) , como sobreviviente de los campos de deportaci&oacute;n, en donde narra la muerte de Maurice Halbwachs (Buchenwald 1944). De esta experiencia, lo significativo tiene que ver con la compañ&iacute;a que Sempr&uacute;n da a Halbwachs  y por tanto, de <i>la amistad en el morir acompañado</i>. En ese proceso aflora lo <i>Esencial</i>: la dignidad, la humanidad <i>vencida pero inc&oacute;lume</i>. La tercera configuraci&oacute;n imaginaria o significaci&oacute;n simb&oacute;lica tiene que ver con la muerte como <i>personaje activo</i>. Cuesti&oacute;n planteada por los sobrevivientes respecto de los muertos: <i>¿vive a&uacute;n, en otra parte, de otra manera?</i> Esta tercera reflexi&oacute;n-meditaci&oacute;n sobre la muerte se vincula con lo sucedido en los campos de concentraci&oacute;n y exterminio. En ese contexto, moribundos y muertos conforman una sola <i>Masa</i> indistinta (en t&eacute;rminos de Agust&iacute;n, una <i>massa perdita</i>). Ricoeur comprende  esta m&aacute;quina de la muerte, auxiliado por el testimonio de Sempr&uacute;n, como la oposici&oacute;n del Mal absoluto a la fraternidad. Hechos estos alcances, el pensador vuelve al eje central de su tercer imaginario o significaci&oacute;n simb&oacute;lica para sentenciar que <i>Toda muerte extermina</i>. Esta sentencia centrada en la modalidad del exterminio no puede ser entendida por el solo hecho de morir, sino que por la acci&oacute;n del Mal.</p>      <p>La meditaci&oacute;n de Ricoeur articulada sobre  los elementos que antes hemos sintetizado, debe ser entendida como proyecci&oacute;n de la imaginaci&oacute;n, proyecci&oacute;n simb&oacute;lica que se puede desdoblar  desde infinitos pliegues de sentido. No est&aacute; en juego en este ejercicio, la <i>experiencia</i> propia, sino el infinito desarrollo de sistemas de significaci&oacute;n, <i>siempre a destiempo, siempre inminente</i>. En tal sentido, el Duelo al que invita este pensador, es respecto a nuestra condici&oacute;n de v&iacute;ctimas de lo imaginario. Este es el exorcismo fundamental al que se nos llama y que finalmente ser&aacute; la motivaci&oacute;n central de todo el texto. El autor pone su esfuerzo en entender que la<i> nuda angustia de vivir</i>  se manifiesta  a la sombra  <i>de lo imaginario de la muerte</i>.</p>      <p>Hacia el final de este primer grupo de documentos (“Hasta la muerte: Del duelo y de la alegr&iacute;a”), el pensador orienta sus meditaciones sobre su muerte. Utilizando el concepto de <i>desapego</i> de  Eckhart, llega  <i>la renuncia a las proyecciones imaginarias del s&iacute; identitario tras la muerte propia</i>. Su reflexi&oacute;n comienza de esta forma, a tocar los l&iacute;mites del lenguaje, y por tanto, los l&iacute;mites del accionar del imaginario simbolizado y simbolizante. Afirmaciones como la siguiente lo ratifican: <i>la muerte es en verdad el fin de la vida en el tiempo com&uacute;n a m&iacute;, vivo, y a quienes me sobrevivir&aacute;n</i>. Las reflexiones posteriores adquieren el tono esencialmente humano de quien nos invita a transferir el amor por la vida al otro y tambi&eacute;n de amar al otro como nuestro sobreviviente. Esta l&iacute;nea de pensamiento que se va cerrando sobre el <i>s&iacute; mismo</i>, incluye la voz del ex&eacute;geta jesuita Xavier-Le&oacute;n Dufour expresada en su obra  Face &aacute; la mort: <i>J&eacute;sus et Paul</i> (1979).  Los an&aacute;lisis interpretativos de Dufour sirven a Ricoeur para plantearse la posibilidad de que el Reino de Dios  ya <i>est&aacute; entre nosotros</i> (Lucas 17,21),  para quienes viven en la fe  del Cristo resucitado, acto sublime de amor fraterno por el que se <i>ha pasado de la muerte a la vida</i> (Juan 5, 24).  En tal caso se tratar&iacute;a de un existir, tal vez en la memoria de Dios (idea tomada posiblemente de A.N. Whitehead), que el autor señala no merecer. Nada espera en este sentido para &eacute;l, para <i>despu&eacute;s de su muerte</i>, finalizando esta parte de la meditaci&oacute;n con una afirmaci&oacute;n rotunda: <i>Acepto no ser m&aacute;s.</i></p>      <p>Los documentos y papeles agrupados en la segunda parte del texto con el t&iacute;tulo “Fragmentos”, tocan variados t&oacute;picos, siempre de sumo inter&eacute;s para el autor. Su exposici&oacute;n se advierte o sospecha  inconclusa. Dentro de los t&oacute;picos tratados, destacan nuevamente sus reflexiones sobre el<i> tiempo de vida recortado en el tiempo hist&oacute;rico</i> y por otro lado, el <i>tiempo de la obra</i> perdurable m&aacute;s all&aacute; de la muerte. Esta reflexi&oacute;n tiene como referencia un cuadro de Watteau en el que se puede distinguir el nombre de la obra y su inmortalidad frente al per&iacute;odo acotado de la existencia del propio artista. Desde esa perspectiva  distingue el <i>tiempo inmortal de la obra, del tiempo mortal del existente vivo</i>, asociando este &uacute;ltimo al tiempo del <i>retiro</i>, al tiempo del <i>desaparecer</i>, de tener que desaparecer con la tristeza que ello implica. Sin embargo, en ese estado de precariedad absoluta, el fil&oacute;sofo vuelve su mirada hacia la obra y su tiempo inmortal o <i>ang&eacute;lico</i> que ser&aacute; recepcionada por otros seres vivos en su tiempo propio y con ello la experiencia de estar vivo cobrar&aacute; toda su plenitud y su potencia creadora.</p>      <p>Un segundo grupo de documentos destacable, (titulado Fragmento I), se refiere a su <i>elecci&oacute;n continua</i> respecto al cristianismo.  Esta elecci&oacute;n se presenta como una <i>adhesi&oacute;n</i>, m&aacute;s que como fe. Se trata, plantea el autor, de una adhesi&oacute;n al cristianismo, que implica  el apego a una <i>figura personal bajo la cual el Infinito, el Alt&iacute;simo se da a amar</i>. Ricoeur avanza un poco m&aacute;s en las ra&iacute;ces de esta adhesi&oacute;n, haciendo alusi&oacute;n a sus herencias culturales. De este modo, su relaci&oacute;n con la figura y persona de Jes&uacute;s se establece a partir del conocimiento de textos can&oacute;nicos, pertenecientes a la tradici&oacute;n evang&eacute;lica reformada. En este sentido señala finalmente: <i>Nada de fe inmediata</i>.</p>      <p>El resto de papeles y documentos son muy breves y podr&iacute;an ser la expresi&oacute;n de un fil&oacute;sofo debilitado f&iacute;sicamente. Sin embargo, hacia el final del texto hay una referencia a Jaques Derrida y su proyecto  filos&oacute;fico. Sobre este punto, se manifiesta de manera en&eacute;rgica para afirmar su distancia definitiva de  la <i>deconstrucci&oacute;n.</i> Cualquier adhesi&oacute;n hacia ella constituir&iacute;a, señala Ricoeur, <i>pedirme que muera</i>.   El autor no puede comprometer fidelidad alguna, con un proyecto filos&oacute;fico que, a su juicio, est&aacute; vinculado <i>a una revoluci&oacute;n desgarradora y total del lenguaje que expresa un signo de narcisismo verbal</i>. Esta afirmaci&oacute;n le sirve para reafirmar ya por &uacute;ltima vez, su inter&eacute;s de que su obra sea entendida como <i>huella</i> para los otros (<i>los m&iacute;os</i> en t&eacute;rminos del fil&oacute;sofo), sus sobrevivientes, forma de que dicha obra y legado viva en el tiempo inmortal. </p>      <p>A&uacute;n cuando el texto reseñado no tiene la extensi&oacute;n y desarrollo minucioso de los temas abordados en la obra m&aacute;s significativa de Ricoeur, no deja de constituir una reflexi&oacute;n, como siempre iluminadora, sobre  un tema que de una u otra forma est&aacute; en todo el pensamiento filos&oacute;fico, desarrollado de manera m&aacute;s o menos sistem&aacute;tico y tambi&eacute;n con mayor o menor obsesi&oacute;n. S&oacute;lo nos resta recordar, cu&aacute;l es el mensaje de este pensador, qu&eacute; nos quiere decir finalmente, m&aacute;s all&aacute; del esfuerzo discursivo y ret&oacute;rico. Al hacernos esta pregunta, no podemos dejar de pensar en Levinas, y con ello, interpretar este ejercicio expresado como conjunto de meditaciones sobre la muerte, en relaci&oacute;n directa con la vida, con el valor de la vida en su dimensi&oacute;n <i>ag&oacute;nica</i>, desde esa <i>hambre</i> de vivir individual y fraternal.  La postura de Ricoeur, como la de Levinas, corresponde a la de los<i> seres contra la muerte</i> que ven en esta la <i>imposibilidad de toda posibilidad</i>. El duelo al que nos invita Ricoeur tiene como correlato la retirada del armaz&oacute;n metaf&oacute;rico que da expresi&oacute;n al imaginario sobre la muerte, simplemente para vivir entendido como <i>lo esencial</i>. La muerte, la individual, no debe proyectarse como una  sombra simb&oacute;lica que oscurezca la plenitud de la vida, obstaculizando simult&aacute;neamente la posibilidad de entender el sentido del <i>s&iacute; mismo</i>  y de compartir con el pr&oacute;jimo la fraternidad m&aacute;s honesta del amor humano.</p>      <p><b>Jorge Brower Beltram&iacute;n</b></p>      <p><b>Universidad Santiago de Chile</b></p>    </font>       ]]></body>
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