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<journal-title><![CDATA[Estudios de Filosofía]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los marcos doctrinales y la apertura fenomenológica. Vías de la exploración kantiana]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Central de Venezuela Facultad de Humanidades y Educación Departamento de Filosofía Teorética]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The article is a reflection that presupposes a long journey with Kant's texts; it provides guidance for reading the philosophical work. First by attending to its incompleteness, as it is part of its nature that we continue to reflect on the problems that it addresses. In the specific case of Kant's philosophy, it emphasizes the versatility of its fundamental concepts as well as their worldliness.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">     <p align="right"><b>ART&Iacute;CULOS DE INVESTIGACI&Oacute;N</b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4">Los marcos doctrinales y la apertura fenomenol&oacute;gica.   V&iacute;as de la exploraci&oacute;n kantiana</font></b></p>     <p>&nbsp;  </p>     <p align="center"><b><font size="3">Doctrinal and phenomenological opening frames.   Routes of Kantian exploration </font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Por: Ezra Heymann</b></p>     <p>  Departamento de Filosof&iacute;a Teor&eacute;tica</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Facultad de Humanidades y Educaci&oacute;n</p>     <p>   Universidad Central de Venezuela</p>     <p>   Caracas, Venezuela</p>     <p>   E-mail: <a href="mailto:ezra.heymann@gmail.com">ezra.heymann@gmail.com</a></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>   Fecha de recepci&oacute;n: 8 de julio de 2013</p>     <p>   Fecha de aprobaci&oacute;n: 27 de septiembre de 2013</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1" />     <p><b>Resumen.</b> </p>     <p>El art&iacute;culo trata de una reflexi&oacute;n que presupone un largo trajinar con los textos de Kant, ofrece pautas   para la lectura de la obra filos&oacute;fica. En primer lugar, atender a su incompletud, dado que es de su ser el   ser continuada en la reflexi&oacute;n de los problemas que trata. En el caso espec&iacute;fico de la filosof&iacute;a de Kant, se enfatiza en la polivalencia de sus conceptos fundamentales, as&iacute; como en la mundaneidad de los mismos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <b>Palabras claves:</b> Kant, fenomenolog&iacute;a, filosof&iacute;a, obra de arte, raz&oacute;n, deducci&oacute;n trascendental.</p> <hr size="1" />     <p>   <b>Abstrtact.</b> </p>     <p>The article is a reflection that presupposes a long journey with Kant's texts; it provides guidance for   reading the philosophical work. First by attending to its incompleteness, as it is part of its nature that   we continue to reflect on the problems that it addresses. In the specific case of Kant's philosophy, it   emphasizes the versatility of its fundamental concepts as well as their worldliness.</p>     <p>   <b>Key words:</b> Kant, phenomenology, philosophy, work of art, reason, transcendental deduction.</p> <hr size="1" />     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b>I</b></p>     <p>Nuestro sentido hist&oacute;rico es ambivalente, a punto de perder toda consistencia. Cuesta   sustraernos al sentimiento -que se presenta como una evidencia- de que las grandes   obras de arte: en pintura y en escultura, la arquitectura monumental, la m&uacute;sica   perdurable y la gran obra po&eacute;tica y dram&aacute;tica, pertenecen todas a otros tiempos. De   la misma manera, quien est&aacute; acostumbrado a entender las obras filos&oacute;ficas ante todo   como <i>obras</i>, esto es, como construcciones concluidas en s&iacute; mismas, an&aacute;logas a la   obra de arte y con su propia forma de perfecci&oacute;n, considerar&aacute; como un hecho que   ha pasado el tiempo de la gran filosof&iacute;a. Eventualmente agregar&aacute;: de los grandes   sistemas filos&oacute;ficos. Sin embargo es improbable que quien se dedica al trabajo   filos&oacute;fico vea la historia de la filosof&iacute;a como un museo en el cual est&aacute;n uno al lado   del otro, para ser admirados, una clase particular de prodigios del genio humano. La   noci&oacute;n de sistema de filosof&iacute;a ha perdido por cierto su actualidad, pero nos damos   cuenta tambi&eacute;n que es un desatino hablar del sistema de Plat&oacute;n, o del sistema de   Arist&oacute;teles, as&iacute; como tampoco son sistemas las Sumas tomistas. &Eacute;stas tratan de   muchas cuestiones espec&iacute;ficamente teol&oacute;gicas, y en parte importante tambi&eacute;n de   cuestiones puramente filos&oacute;ficas, y las tratan a medida que se presentan. Se ubican   dentro de un orden de divisiones previamente establecidas, pero esto no quiere decir   que el surgimiento de los temas est&eacute; predeterminado por este orden, y su relevancia   filos&oacute;fica es reconocible para nosotros con independencia de la orientaci&oacute;n   teol&oacute;gica general del autor y de su posible funci&oacute;n doctrinal. Merecen admiraci&oacute;n   precisamente porque en la secuencia de sus art&iacute;culos much&iacute;simas posibilidades de   pensamiento son examinadas por sus m&eacute;ritos propios, con independencia de su   eventual aporte para la defensa de tesis y art&iacute;culos de fe preestablecidos. La prueba   de ello est&aacute; en el hecho de que su apreciaci&oacute;n cr&iacute;tica sigue siendo actual y puede ser efectuada de nuevo por los que no compartimos los compromisos del autor.</p>     <p>Se se&ntilde;ala con toda raz&oacute;n que es propio de la obra de arte suscitar reflexiones   imprevisibles y permitir de este modo recepciones diferentes. Obviamente, esto es   cierto tambi&eacute;n con respecto a las obras filos&oacute;ficas, pero cabe notar la diferencia. El   destino m&aacute;s propio de la escritura filos&oacute;fica no es de ser contemplada, y tampoco   de ser considerada como constituy&eacute;ndose por su parte en un objeto de estudio. M&aacute;s   bien se encuentra el lector solicitado a atender los se&ntilde;alamientos y desarrollos de   pensamiento para examinarlos paso a paso con toda la libertad de que es capaz, y de   este modo entra inevitablemente en di&aacute;logo con lo que est&aacute; leyendo, con todos los   extra&ntilde;amientos, las desavenencias, negociaciones y reconciliaciones que un di&aacute;logo   suele comportar. La aceptaci&oacute;n o el rechazo global tienen entonces poco que decir; s&oacute;lo indican la buena disposici&oacute;n (o su ausencia) para entrar en materia. De la obra de arte pudo decir Gadamer que frente a ella la actitud cr&iacute;tica es secundaria: lo primario es el exponerse a ella y a la manera en la cual -en alg&uacute;n sentido precario de la palabra- la obra de arte nos habla; alternativamente podemos decir que ella es sugerente y nos interpela en su misma mudez. Esto claramente no vale para la obra filos&oacute;fica. En su caso, el lector no se pone frente a ella para dejarse atrapar por su magia. No es &eacute;ste el temple que la escritura filos&oacute;fica requiere del lector. El historiador puede estudiarla como un objeto cultural y ponerla en relaci&oacute;n con otras manifestaciones del momento hist&oacute;rico o con la vida del autor; a su vez el interesado en t&eacute;cnicas literarias, o eventualmente filos&oacute;ficas, tomar&aacute; igualmente la obra como un objeto de estudio. &#91;El nombre que Martial Gu&eacute;roult dio a su c&aacute;tedra en el Coll&egrave;ge de France ha sido ''Arquitectura y tecnolog&iacute;a de los sistemas filos&oacute;ficos''&#93;. Pero si es en los asuntos tratados que se interesa el lector, entonces no har&aacute; de la obra su objeto de estudio y menos tomar&aacute; bajo lupa al autor con sus intenciones manifiestas o secretas, sino m&aacute;s bien retomar&aacute; la reflexi&oacute;n y las discusiones que el autor inici&oacute;, haci&eacute;ndose con ello part&iacute;cipe de la b&uacute;squeda de aclaraciones que &eacute;ste emprende. Trat&aacute;ndose de Kant su trabajo principal no ser&aacute; investigar a Kant, sino investigar con Kant, no Kantforschung, sino mit-Kant-Forschung, una investigaci&oacute;n que responde a la iniciada por el autor y la contin&uacute;a.</p>     <p>De ah&iacute; se desprende la actitud apropiada ante la historia de la recepci&oacute;n   de la obra filos&oacute;fica, de la discusi&oacute;n a la que a trav&eacute;s de siglos ha dado lugar. Es   una discusi&oacute;n abultada, tanto m&aacute;s cuanto m&aacute;s advertida y minuciosa se vuelve,   y pone en juego muy diversos recursos de pensamiento, con lo que puede llegar   a ser sentida como una masa abrumadora. Buscando alivio y renovada frescura   nos gusta entonces volver a la comparativa ingenuidad de la obra original. Pero   no nos enga&ntilde;emos, y no desconozcamos todo lo que nuestra propia capacidad de   comprensi&oacute;n le debe a la secuencia de discusiones y reflexiones que la obra s&oacute;lo   ha iniciado, un trabajo del pensamiento de generaciones cuya polifon&iacute;a constituye   el fondo sobre el cual puede dibujarse un pensamiento personal. En este orden nos   tiene sin cuidado la distinci&oacute;n entre los grandes y los ep&iacute;gonos, aquellos de los cuales   Georg Simmel dec&iacute;a que si no tienen la grandeza que va unida a la unilateralidad,   pueden consolarse con no tener tampoco la unilateralidad de la grandeza. Esto ser&iacute;a   de nuevo ver la filosof&iacute;a como obra, esto es, como obra de arte, y al fil&oacute;sofo como   genio y figura &uacute;nica. Ha sido admirada por muchos siglos la creaci&oacute;n po&eacute;tica del   reino de las ideas, pero el <i>fil&oacute;sofo</i> Plat&oacute;n entra en escena cuando hace detalladamente   ver su insuficiencia, y se vuelve el primero dedicado a esta actividad epigonal que   es la discusi&oacute;n cr&iacute;tica, que es en realidad lo que Plat&oacute;n ha hecho desde el primer momento en los di&aacute;logos socr&aacute;ticos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="3">II</font></b></p>     <p>El autor por su parte sabe por lo menos impl&iacute;citamente lo que Montaigne expresaba:   que sus palabras pertenecen por partes iguales a &eacute;l y a sus lectores, y que por lo tanto   nadie est&aacute; en su plena posesi&oacute;n. No puede ignorar su movilidad y polivalencia. Qu&eacute;   prueba mejor cabe de ello que la multiplicidad de cuasi-definiciones que Kant da,   libremente y con magn&iacute;fica despreocupaci&oacute;n, de su palabra m&aacute;s solemne, <i>Vernunft</i>,   de la que algunas resonancias, aunque no todas, quedan bien captadas por la voz   romance <i>raz&oacute;n</i>. Inicialmente, en la <i>Cr&iacute;tica</i>, la raz&oacute;n se caracteriza por la b&uacute;squeda   de completitud y de lo incondicional, del <i>anhypotheton</i> plat&oacute;nico; luego como   facultad de los principios, ahora ya en plural; es luego la facultad de las ideas a   las cuales no les puede corresponder ning&uacute;n objeto; se caracteriza tambi&eacute;n como   la facultad del silogismo (des <i>Schlusses</i>), luego como la disposici&oacute;n a dar cuentas,   el socr&aacute;tico <i>l&oacute;gon d&iacute;donai</i>, como en A614/B642: ''...pues en esto mismo consiste   la raz&oacute;n, en que podamos dar cuenta de nuestros conceptos, nuestras opiniones y   aseveraciones''. Por fin, con animaci&oacute;n y elocuencia nueva, en La Doctrina del   M&eacute;todo la raz&oacute;n es caracterizada como disposici&oacute;n a someter aun lo m&aacute;s sagrado   al libre examen, sensible a la reserva mental y al eventual veto de cualquiera   (A738/B766 dice: ''En esta libertad se basa la existencia misma de la raz&oacute;n''): un   pensamiento francamente incompatible con todo af&aacute;n de incondicionalidad, de   modo que el final del recorrido de sus significados en la primera Cr&iacute;tica llega a ser   bien lo opuesto de su comienzo. Ocurre que la noci&oacute;n de raz&oacute;n se mueve entre un   sentido normativo, una medida ideal consensuable que buscamos sin poder nunca   decir que la poseemos, y una facultad y tendencia real, que como toda propensi&oacute;n   efectiva es capaz de excesos y de cierta ceguera, de malentenderse a s&iacute; misma, y es por ello necesitada de autocr&iacute;tica y comedimiento.</p>     <p>Para apreciar la espec&iacute;fica capacidad alusiva de <i>Vernunft</i>, y tambi&eacute;n de <i>ratio</i>,   conviene tener en cuenta la inversi&oacute;n de la tradicional relaci&oacute;n jer&aacute;rquica que ha mantenido con el entendimiento, el <i>intellectus</i>.</p>     <p>Como el nous de la &Eacute;tica a Nic&oacute;maco, el <i>intellectus</i> es la intuici&oacute;n y captaci&oacute;n   inmediata de los principios (<i>tingein</i> en Arist&oacute;teles, una met&aacute;fora t&aacute;ctil a diferencia   de la visual del <i>intuere</i>); la raz&oacute;n en cambio es entendida como un conjunto   de actividades discursivas que se despliegan en el tiempo, de circunspecci&oacute;n y   ponderaci&oacute;n que no tienen por qu&eacute; responder a un &uacute;nico principio. Es la actividad   de reflexi&oacute;n, de sacar cuentas y dar cuenta, de confrontar y resumir consideraciones   m&uacute;ltiples para examinar su pertinencia y sus alcances para lo que est&aacute; en discusi&oacute;n, lo que llegar&aacute; m&aacute;s tarde a ser calificado por Kant como capacidad de juicio. Medida, sensatez y moderaci&oacute;n est&aacute;n incluidas particularmente en la comprensi&oacute;n usual de <i>Vernunft</i>, y todas estas nociones expresan una toma de distancia ante principios que se presentan con visos de ser &uacute;nicos y absolutos. Kant no se cansa de se&ntilde;alar que no tenemos intuici&oacute;n intelectual, en cambio no dir&aacute; jam&aacute;s que no podemos tener Anschauungen, intuiciones m&aacute;s abarcadoras o m&aacute;s puntuales, que sean muy acordes con el entendimiento discursivo propio de la raz&oacute;n humana. La intuici&oacute;n aislada y puntual es ciega, pero no es su cometido quedarse aislada, si es que existe alguna vez en esta forma. Algunos fil&oacute;sofos del siglo XIX lamentaron la inversi&oacute;n de la jerarqu&iacute;a tradicional, en particular Schelling, ya anciano y cascarrabias: <i>Verstand</i>, <i>intellectus</i>, dec&iacute;a, es de reyes, mientras que <i>Vernunft</i> es de cualquiera. La primac&iacute;a dada a la Vernunft en el curso del siglo XVIII representa para &eacute;l un triunfo de la mentalidad plebeya.</p>     <p>Con la negaci&oacute;n de un <i>tingein</i>, de una captaci&oacute;n intelectual inmediata,   la noci&oacute;n de intuici&oacute;n, de Anschauung, ahora con connotaciones visuales muy   destacadas, queda vinculada infaltablemente con la de sensibilidad, pero lo que &eacute;sta   representa tampoco es un&iacute;voca y definitivamente fijada. Es introducida inicialmente   en conexi&oacute;n con la capacidad de ser afectado en presencia de objetos, y vale la   pena destacar que la noci&oacute;n de afecci&oacute;n as&iacute; insertada no disimula su ambientaci&oacute;n   robustamente emp&iacute;rica y realista. Nada justifica la opini&oacute;n de que en este inicio   Kant estuviera hablando en un lenguaje que es s&oacute;lo una concesi&oacute;n al sentido com&uacute;n.   Ubicarse en un nivel m&aacute;s distinguido y elevado, <i>einen vornehmen Ton erheben</i>, no   es precisamente lo que nuestro fil&oacute;sofo quiere y pretende. Tampoco encontramos   aqu&iacute;, en la Est&eacute;tica Transcendental, una sugerencia de que la afecci&oacute;n proviniera   de una enigm&aacute;tica cosa en s&iacute;. Kant ve al sujeto conocedor y pr&aacute;ctico de antemano   en un contexto de relaciones de interacci&oacute;n; la concepci&oacute;n de relaciones causales   -aqu&iacute; s&oacute;lo evocada- no sale de un sujeto que estuviera ajeno al entramado mundano   causal en el que se desempe&ntilde;a. Es un concepto puro, pero no del puro intelecto, ya   que, como lo se&ntilde;ala Kant, sin percepci&oacute;n el puro pensamiento no sabr&iacute;a nada de un   acontecer y de un cambio. Es un concepto fundamental del intelecto en tanto que   se hace cargo de nuestra inserci&oacute;n sensible en una red de relaciones interactivas.   Sobre esto he de volver, pero aqu&iacute; es el momento de recordar como habla Kant al   presentar su primer argumento a favor del car&aacute;cter a priori de la representaci&oacute;n del   espacio. Relaciono ciertas sensaciones con algo que ubico en otro lugar del espacio   que aquel que yo ocupo, lo que no ser&iacute;a posible si no poseyera ya la representaci&oacute;n   del espacio. Yo estoy aqu&iacute;, y aqu&iacute; es donde me alcanza una afecci&oacute;n, y sin embargo   la refiero a algo que est&aacute; all&aacute;, en otro lugar. La rana lanza su lengua hacia afuera, y no busca el est&iacute;mulo dentro de s&iacute;. Kant no adscribe la representaci&oacute;n espacial a un ser inespacial e incorporal, sino a uno que ocupa un lugar en el espacio y desde all&iacute; se relaciona con otros lugares. Tengo la noci&oacute;n de espacio s&oacute;lo encontr&aacute;ndome y ubic&aacute;ndome en &eacute;l, esbozando relaciones a partir de all&iacute; con otros lugares, concebidos a su vez como centros e inicios de recorridos posibles.</p>     <p>De este modo, junto con expresar la afectabilidad, el momento pasivo de   la capacidad de obtener representaciones, Kant asocia con la sensibilidad desde   el inicio la noci&oacute;n muy distinta de <i>intuici&oacute;n</i>, que consiste en el logro de una   configuraci&oacute;n espacial y temporal (<i>Ausdehnung und Gestalt</i>), un logro a partir de   una actividad de esbozar trazados, recorridos y contornos, por lo que finalmente   intuici&oacute;n e imaginaci&oacute;n llegan a ser tratados en la CdJ como sin&oacute;nimos, al ser   considerada la imaginaci&oacute;n como la capacidad de la composici&oacute;n de lo m&uacute;ltiple en   la intuici&oacute;n (par&aacute;gr. 9) y luego llamada rotundamente ''la facultad de las intuiciones'' (par&aacute;gr. 35).</p>     <p>Nos encontramos aqu&iacute; con un conjunto de t&eacute;rminos con funciones y   capacidades evocadoras diferentes: afecci&oacute;n, impresi&oacute;n, sensaci&oacute;n, y no por &uacute;ltimo,   con la de intuici&oacute;n. El t&eacute;rmino de impresi&oacute;n (Eindruck), af&iacute;n al de afecci&oacute;n, va   a servir para expresar la intensidad, mayor o menor, de un efecto sentido; por su   parte la <i>Empfindung</i> cumple su papel espec&iacute;fico por su calidad bifronte, que se   pierde en su traducci&oacute;n usual como sensaci&oacute;n. En cambio si la traducimos, a los   efectos que nos interesan en el momento, como <i>el sentir</i>, notamos la doble faz   de la <i>Empfindung</i> que Kant registra en el par&aacute;gr.1 de la Cr&iacute;tica del Juicio: ''Toda   relaci&oacute;n (o referencia) de las representaciones, a&uacute;n de las <i>Empfindungen</i>, puede   ser objetiva (y entonces significa ella lo real de una representaci&oacute;n emp&iacute;rica);   &uacute;nicamente no es as&iacute; la relaci&oacute;n con el sentimiento de placer y displacer, por el   cual no se designa nada en el objeto, sino el modo como se siente a s&iacute; mismo el   sujeto seg&uacute;n la manera como es afectado por la representaci&oacute;n.'' De acuerdo con   esta observaci&oacute;n de Kant, ''Siento calor'' es un enunciado de dos vertientes. Puede   significar predominantemente que detecto una fuente de calor, el agua que comienza   a calentarse o un aire que denota la presencia de una hornilla encendida, as&iacute; como   puede predominar el sentido en el cual se da expresi&oacute;n a un estado propio: <i>me</i>  acaloro, <i>je m'&eacute;chauffe</i>, en el ejemplo de las Meditaciones de Descartes. El ejemplo   preferido de Kant es el de los colores. Aqu&iacute; notamos tambi&eacute;n las dos vertientes,   aunque de manera diferente: ''Veo algo rojo'' pretende informar objetivamente acerca   de la caracter&iacute;stica de una cosa en el &aacute;mbito de mi alcance (por m&aacute;s que se trate de   una cualidad que las cosas adquieren s&oacute;lo en relaci&oacute;n con una sensibilidad &oacute;ptica)   pero si decimos ''Tengo una sensaci&oacute;n de rojo'', entonces hacemos la salvedad de que se podr&iacute;a tratar s&oacute;lo de un estado subjetivo. <i>Empfindung</i> nos habla entonces de la sensibilidad en su doble funci&oacute;n: como un sensorio, destinado a detectar las cosas con sus cualidades, y nos habla de nuestro ser modificable, afectable por la presencia de las cosas, de tal manera que, en el caso extremo, esta modificaci&oacute;n ya no nos ense&ntilde;a nada acerca de c&oacute;mo son las cosas.</p>     <p>Diferente es la <i>Anschauung</i>, m&aacute;s bien una novata en la arena filos&oacute;fica. Ella   involucra una extensi&oacute;n en s&iacute; misma diferenciada que es sin embargo abarcada en   su conjunto, es decir que presenta una unidad en alguno de los sentidos huidizos de   esta palabra. La palabra se&ntilde;ala algo explayado delante de nosotros, que puede ser   visto u o&iacute;do como una configuraci&oacute;n determinada (de <i>Gestalt</i> habla aqu&iacute; Kant), y sin   embargo no necesariamente caracterizada en un orden conceptual; una figura que   invita a una visi&oacute;n compartida m&aacute;s que a una descripci&oacute;n comunicable. Pero hay   algo m&aacute;s. Nuestra expresi&oacute;n 'intuici&oacute;n' sugiere algo captado de una vez. Estamos   tentados a decir que es r&aacute;pida, en vivace, mientras que la <i>Anschauung</i> es en tiempo   lento. Esto podr&iacute;a ser s&oacute;lo una asociaci&oacute;n subjetiva, pero lo certero es que en la   Anschauung tenemos algo presente, ofrecido a la mirada, algo abarcado, que sin   embargo invita a centraciones y recorridos m&uacute;ltiples, y esto ser&aacute; decisivo en la   argumentaci&oacute;n kantiana. En un conocido pasaje de la Deducci&oacute;n Transcendental   Kant sostiene que en un solo momento no puede darse sino una unidad absoluta, y no   una multiplicidad diferenciada como le es propio a la <i>Anschauung</i>. Debo recorrerla   sucesivamente, reteniendo en cierta forma de compresencia lo ya recorrido para   que se produzca la caracter&iacute;stica integraci&oacute;n. Pero &iquest;c&oacute;mo puede sostener Kant que   ''en tanto contenida en un solo instante, una representaci&oacute;n no puede jam&aacute;s ser otra   cosa que unidad absoluta'' (A 99)? &iquest;Acaso no abarcamos frecuentemente con una   sola mirada configuraciones de tama&ntilde;o apropiado? Kant no lo puede ignorar. Pero   la distinci&oacute;n de partes orientadas y de dimensiones que constituyen propiamente la   espacialidad, las secuencias de los ''m&aacute;s all&aacute; y m&aacute;s all&aacute;'', este sentido de lo espacial   implica la concepci&oacute;n de movimientos posibles. Es lo que destaca el se&ntilde;alamiento   kantiano de que no podemos concebir una recta sin trazarla sucesivamente en el   pensamiento, y trazar algo en el pensamiento significa concebir la posibilidad de un recorrido efectivo.</p>     <p>Ya al formar la noci&oacute;n de sensibilidad como capacidad de recibir impresiones   y sensaciones, esta afectabilidad es algo muy diferente de la capacidad pasiva de un   objeto de quedar marcado por impactos. En el Conflicto de las Facultades lo formula   Kant diciendo: ''Cosas exteriores act&uacute;an sobre un cuerpo capaz de acci&oacute;n, y lo   excitan a la acci&oacute;n. El producto de ello es vida.'' Tomar nota de algo ya es reaccionar,   y sentir algo implica el ejercicio de una capacidad diferenciadora de cualidades, que puede ser m&aacute;s precisa y delimitada o m&aacute;s incierta, pero la <i>Anschauung</i> como composici&oacute;n espec&iacute;ficamente espacial o temporal, presupone una actividad m&aacute;s cualificada: el esbozo imaginativo de movimientos que involucran una concepci&oacute;n de direcciones y sentidos. Que <i>existan</i> movimientos, esto lo sabemos solamente por la experiencia, como todo lo que ata&ntilde;e a una existencia, pero la <i>concepci&oacute;n</i> de un movimiento resulta ser inseparable de lo que Kant llama la intuici&oacute;n del espacio y del tiempo, y esta reflexi&oacute;n realimenta la misma noci&oacute;n kantiana de una intuici&oacute;n, de una <i>Anschauung</i>. Estos t&eacute;rminos kantianos aluden primero a una presencia, a una presencia inmediata a nuestros sentidos, o a una imaginaria, que va a ser esencial a la hora de calificar al espacio y al tiempo, meramente como tales, como <i>entes imaginarios</i>. Ahora bien, al extenderse la noci&oacute;n de intuici&oacute;n a lo imaginario, como lo anticipa la Est&eacute;tica Transcendental al hablar del ilimitado progreso (<i>Fortgang</i>) de la intuici&oacute;n, y al ser visto el objeto como figura en un indefinido entorno espacial y temporal, asimismo al caracterizarse la espacialidad por la indefinida posibilidad de distinci&oacute;n de partes, la <i>Anschauung</i> deja de implicar la pura presencia de un objeto, la presencia de algo que simple y tercamente est&aacute; ante nuestras narices, para cargarse de potencialidades que van a ser las que la definen: el extenderse hacia un lado o hacia el otro, la distinci&oacute;n entre lo m&aacute;s cercano, lo que le sigue y lo m&aacute;s lejano, lo inmediato frente a lo que, en cambio, permite medir distancias, lo que ya se nos viene encima, y lo que nos da todav&iacute;a un tiempo de gracia. La idea misma de una presencia se matiza y aten&uacute;a al llegar a significar mayor o menor accesibilidad, un espacio que se ve obstruido o se abre, de constricci&oacute;n o de libertad de movimiento, como influido o no por Kant, lo destaca en particular Andr&eacute;s Bello en su <i>Filosof&iacute;a del Entendimiento</i>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esto no debe entenderse necesariamente en el sentido de un &eacute;nfasis en   los aspectos subjetivos del espacio y del tiempo. El punto cero del sistema de   coordenadas puede ubicarse alternadamente en la posici&oacute;n que uno mismo ocupa   y en cualquier otro punto que llega a ser objeto de nuestra consideraci&oacute;n. Toda   configuraci&oacute;n que es objeto de una intuici&oacute;n centra el espacio, delimita <i><u>un</u></i> espacio,   y lo puede hacer s&oacute;lo transgrediendo al mismo tiempo imaginativamente estos   l&iacute;mites as&iacute; como todos los nuevos puntos de referencia necesarios para dar a su   vez determinaci&oacute;n al espacio circundante, estableciendo en &eacute;l un nuevo lugar. La   ilimitaci&oacute;n y la limitaci&oacute;n; la percepci&oacute;n real -o posible pero determinada- y la   imaginaci&oacute;n de un progreso transgresor se presuponen mutuamente. As&iacute; puede   Kant decir en la Est&eacute;tica que todo espacio determinado representa una delimitaci&oacute;n   dentro del espacio &uacute;nico (&uacute;nico porque todo lugar en &eacute;l puede ubicarse en relaci&oacute;n   con cualquier otro, perteneciendo al mismo sistema de referencias), y se&ntilde;alar por otra parte en la Anal&iacute;tica, como principio de los ''axiomas de la intuici&oacute;n'', que no podemos concebir el espacio sino a partir de la s&iacute;ntesis sucesiva de partes.</p>     <p>En la intuici&oacute;n el movimiento es entrevisto como potencial y partiendo   desde un punto arbitrariamente elegido, y por esta raz&oacute;n mientras hablamos s&oacute;lo   de <i>Anschauung</i>, las relaciones din&aacute;micas entre las partes del espacio y entre las   extensiones temporales son s&oacute;lo virtuales, s&oacute;lo esbozadas en su posibilidad. De   la distinci&oacute;n entre lo real-efectivo y lo meramente concebido como posible, entre   lo comprobado en la percepci&oacute;n (o inferible en el contexto de interacciones al   cual la percepci&oacute;n pertenece) y lo solamente imaginado, de esta distinci&oacute;n tan   fundamental para Kant como lo es para el sentido com&uacute;n no se hace cargo la noci&oacute;n   de intuici&oacute;n, sino la de experiencia. En el plano de la intuici&oacute;n y de las categor&iacute;as   correspondientes - que Kant llama matem&aacute;ticas a diferencia de las din&aacute;micas- no   se plantea una noci&oacute;n de existencia. Ella se reserva para las categor&iacute;as de relaci&oacute;n y   de modalidad que expresan lo que distingue la experiencia del mero tener presente una configuraci&oacute;n percibiendo o imagin&aacute;ndola, que es la <i>Anschauung</i>.</p>     <p>Con ello tampoco se plantea en este orden de la mera representaci&oacute;n de   configuraciones espacio-temporales una distinci&oacute;n entre el &aacute;mbito de nuestras   representaciones y de un &aacute;mbito exterior a ellas y a ser atendido por ellas, y   que al ofrecerse a ser conocido, tambi&eacute;n ofrece resistencia a la arbitrariedad del   sujeto. Es en el orden de la experiencia que atendemos la resistencia de las cosas   y la necesidad de acordarnos con ellas, con lo que ellas permiten y requieren,   contrariamente por cierto a la f&oacute;rmula demasiado simple asociada con la noci&oacute;n de revoluci&oacute;n copernicana.</p>     <p>La idea del objeto como lo que se opone a la arbitrariedad del sujeto pensante   se encuentra expresada inicialmente en A104. Comienza el p&aacute;rrafo diciendo:   ''Hallamos empero que el pensamiento de una relaci&oacute;n de todo conocimiento a   su objeto tiene algo de necesario, ya que &eacute;ste &#8211;el objeto- es considerado como   siendo aquello que se opone a que nuestros conocimientos se determinen al azar   o arbitrariamente...'' y contin&uacute;a se&ntilde;alando que as&iacute; los conocimientos tienen que   determinarse de alg&uacute;n modo a priori, siendo que tienen que concordar entre s&iacute; en   su relaci&oacute;n al objeto. Con ello esta reflexi&oacute;n de Kant se mantiene todav&iacute;a dentro   del marco del pensamiento central en la Deducci&oacute;n Transcendental, de que la   unidad de la conciencia y la unidad convergente, foco imaginario que representa   la noci&oacute;n de un objeto, son cada una la condici&oacute;n de la otra. De este modo no   queda todav&iacute;a exclu&iacute;da la frecuente lectura internalista de Kant, que encierra todo   el proceso cognoscitivo en la conciencia, cualquiera que sea en este contexto el oscuro significado expresado con 'en', o 'dentro de'.</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="3">III</font></b></p>     <p>La f&oacute;rmula de ''la relaci&oacute;n de todo conocimiento a su objeto'' es una variante de la   que aparece en la c&eacute;lebre carta a Marcus Hertz del 21 de febrero de 1772, en la cual   Kant anuncia el proyecto de la Cr&iacute;tica. Nos va a ser &uacute;til ver m&aacute;s de cerca c&oacute;mo se articula en la carta esta noci&oacute;n.</p>     <p>Kant le cuenta al que ha sido su compa&ntilde;ero en la disputa reglamentaria acerca   de su disertaci&oacute;n dos a&ntilde;os antes, que desde entonces sus pensamientos han girado   ''&#91;acerca&#93; del fundamento sobre el cual descansa la relaci&oacute;n de lo que se suele   llamar en nosotros representaci&oacute;n, con el objeto''. A continuaci&oacute;n explica: cuando   la representaci&oacute;n no contiene m&aacute;s que el modo en el cual el sujeto queda afectado   por el objeto, entonces la relaci&oacute;n se comprende f&aacute;cilmente, ya que el efecto ha   de ser conforme con su causa, y as&iacute; tienen las representaciones pasivas o sensibles   una relaci&oacute;n comprensible con sus objetos. Igualmente no requiere explicaci&oacute;n la   concordancia cuando se trata de un entendimiento que <i>produce</i> sus objetos. Esto   ser&iacute;a el caso de un entendimiento divino creador, pero m&aacute;s adelante en la carta Kant   hace valer lo mismo para la matem&aacute;tica, pues all&iacute; ''los objetos son magnitudes y   pueden ser representados como magnitudes porque producimos su representaci&oacute;n   al tomar lo uno m&uacute;ltiples veces.'' En este terreno los objetos no son algo diferente   de la composici&oacute;n cuantitativa producida por nosotros mismos. Pero cuando   nuestro entendimiento no es ni la causa del objeto a trav&eacute;s de sus representaciones,   ni el objeto la causa de las relaciones que concibe el entendimiento, entonces la   correspondencia merece una investigaci&oacute;n, ante todo cuando no nos conformamos   con la respuesta perezosa de que Dios lo dispuso as&iacute;, de que se da una armon&iacute;a preestablecida, o con la admisi&oacute;n de un misterioso <i>influxus hyperphysicus</i>.</p>     <p>De manera un&aacute;nime se se&ntilde;ala la correspondencia de la pregunta formulada   en la carta con el planteamiento de la Cr&iacute;tica, y en particular con las formulaciones   del par&aacute;gr. 14, pero se se&ntilde;alan tambi&eacute;n diferencias, y B&eacute;atrice Longuenesse, quien   ha hecho contribuciones renovadoras a la comprensi&oacute;n de la Cr&iacute;tica, acude en   este punto a un lenguaje harto tradicional. Comprueba primero que la carta encara   una relaci&oacute;n causal entre el objeto y su representaci&oacute;n (refiri&eacute;ndose sin duda a la   representaci&oacute;n sensible), una relaci&oacute;n causal entre dos entidades heterog&eacute;neas, un   objeto fuera de la mente y una representaci&oacute;n en el alma. En cambio ''...la Cr&iacute;tica   internaliza la relaci&oacute;n entre la representaci&oacute;n y el objeto dentro de la representaci&oacute;n   misma, de modo que el problema adquiere un nuevo significado.'' (<i>Kant and the   Capacity to Judge</i>, p.17). Longuenesse tiene desde luego en cuenta que la carta considera que el problema realmente interesante aparece cuando ni el objeto es causa de la representaci&oacute;n, ni &eacute;sta la causa del objeto. Tiene asimismo en cuenta que el lenguaje causal &#8211; afecci&oacute;n, receptividad, pasividad- en la caracterizaci&oacute;n de la representaci&oacute;n emp&iacute;rica est&aacute; presente tambi&eacute;n en la Est&eacute;tica Transcendental. Pero parece sumarse a aquellos que ven este lenguaje inicial de la Cr&iacute;tica s&oacute;lo como una presentaci&oacute;n preliminar cercana al sentido com&uacute;n, una presentaci&oacute;n que cargar&iacute;a el inconveniente de usar la categor&iacute;a de causalidad fuera del &aacute;mbito de la experiencia en el cual es leg&iacute;tima. Parece aceptar entonces la opini&oacute;n difundida de que all&iacute; Kant presenta la sensaci&oacute;n, y con ella la intuici&oacute;n emp&iacute;rica, como causada por una cosa en s&iacute;.</p>     <p>Comencemos por despejar esta &uacute;ltima duda. Nos afectan muchas cosas. El   conocimiento humano, recuerda B72, depende de la existencia del objeto, al tratarse   de un ser ''dependiente en su existencia tanto como en su intuici&oacute;n (que determina su   existencia en relaci&oacute;n con objetos dados)''. En nada sugieren estos se&ntilde;alamientos que   se tratara de una dependencia de cosas misteriosas, de cosas en s&iacute;; por el contrario,   lo que conocemos m&aacute;s propiamente es el juego de acciones y de padecimientos   en el cual estamos enlazados, un juego inseparable de las interacciones que las   cosas mantienen entre s&iacute; y en continuidad con &eacute;stas. Averiguamos su manera de   interactuar, su estilo, dicho en t&eacute;rminos husserlianos, y como lo destaca en particular   Longuenesse, lo articulamos en la forma del juicio hipot&eacute;tico vinculando una   condici&oacute;n antecedente con una consecuente, extrayendo as&iacute; del flujo del acontecer   una regla siempre susceptible a ser refinada, ya en la experiencia cotidiana, ya en la m&aacute;s anal&iacute;tica e idealizada que constituye el conocimiento cient&iacute;fico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La ontolog&iacute;a kantiana, si es que queremos usar este t&eacute;rmino abusado, es   una ontolog&iacute;a de la relaci&oacute;n, de relaciones espaciales y temporales en el plano de   la intuici&oacute;n, y de relaciones din&aacute;micas en el plano de la experiencia, y tanto en el   orden meramente espacio-temporal como en el m&aacute;s realizado que es el din&aacute;mico   son esenciales, junto con el identificar un objeto, una relaci&oacute;n de alteridad con   otro lugar, otro tiempo, otro objeto. A&uacute;n lo interior de un objeto de experiencia   lo concebimos s&oacute;lo en t&eacute;rminos de una relaci&oacute;n entre alteridades. Es lo que Kant   destacar&aacute; en la Anfibolog&iacute;a: ''En un objeto del intelecto puro es interior s&oacute;lo lo   que no tiene ninguna relaci&oacute;n (seg&uacute;n su existencia) con algo diferente de &eacute;l. En   cambio las determinaciones de una <i>substantia phaenomenon</i> en el espacio no son   m&aacute;s que proporciones, un conjunto de puras relaciones. La sustancia en el espacio   la conocemos solamente por las fuerzas que son efectivas en ellas para atraer a   otras o para resistirse a la penetraci&oacute;n (repulsi&oacute;n e impenetrabilidad). No tenemos   conocimiento de otras propiedades que fueran constituyentes de la noci&oacute;n de la sustancia que aparece en el espacio y que llamamos materia'' (A265/B321).</p>     <p>Determinaciones puramente internas, definidas intr&iacute;nsecamente y no por   una acci&oacute;n y manifestaci&oacute;n transitiva constituir&iacute;an una cosa en s&iacute;. Pero no s&oacute;lo   nos es imposible <i>conocer</i> tal cosa; tampoco estamos en condiciones para afirmar   que tal cosa fuera posible (A255/B310). Nuestra noci&oacute;n de conocimiento se aplica   a la situaci&oacute;n en la cual el entramado de acciones, en las cuales se manifiestan las   fuerzas caracter&iacute;sticas de las sustancias, llega a nuestra orilla y nos involucra. Es   la Tercera Analog&iacute;a la que explica la comunidad de las sustancias como condici&oacute;n   de posibilidad de la experiencia, y Kant aclara que por comunidad entiende en   este contexto el <i>commercium</i> de las cosas, las formas particulares en las cuales   interact&uacute;an. Es entonces plenamente justificado el se&ntilde;alamiento (admitido tambi&eacute;n   por Longuenesse) de que el sujeto conocedor conoce en tanto que por su condici&oacute;n   corporal pertenece a esta comunidad interactiva. El texto kantiano mismo lo apunta:   ''A nuestras experiencias se les nota f&aacute;cilmente que s&oacute;lo las influencias continuas   en todos los lugares del espacio pueden guiar nuestro sentido de un objeto al otro,   que la luz que juega entre nosotros y los cuerpos del mundo efect&uacute;a una comunidad mediata entre nosotros y &eacute;stos, y demuestra su simultaneidad...'' (A213/B260).</p>     <p>Es sin embargo caracter&iacute;stico del proceder de Kant, el vaiv&eacute;n entre la   perspectiva transcendental f&iacute;sica que acabamos de o&iacute;r expresada, y una psicol&oacute;gicotranscendental.   El p&aacute;rrafo que sigue inmediatamente opera este cambio de   discurso. A214/B261: ''Para la aclaraci&oacute;n puede servir lo siguiente. En nuestro   &aacute;nimo todas las apariciones, en tanto contenidas en una posible experiencia, deben   estar en la comunidad (<i>communio</i>) de la apercepci&oacute;n, y en tanto que los objetos   son representados como existiendo conexos simult&aacute;neamente, deben determinar   mutuamente su lugar en el tiempo, y formar as&iacute; un todo.'' A continuaci&oacute;n se&ntilde;ala   Kant que si esta comunidad subjetiva de las representaciones ha de descansar sobre   un fundamento objetivo, entonces ha de ser referida a <i>apariciones como sustancias</i>  que forman una comunidad real, un <i>commercium</i> de sustancias. Este pasaje es uno de   aquellos que muestra la complementariedad de la deducci&oacute;n objetiva y la subjetiva,   dando prioridad (en el orden objetivo, desde luego) a la primera, y uno de los pocos   pasajes que expresan n&iacute;tidamente la notoria ambig&uuml;edad de la noci&oacute;n de aparici&oacute;n   (<i>Erscheinung</i>) entre algo que se da en el &aacute;nimo, y el acontecer y manifestarse algo que pertenece al contexto f&iacute;sico que constituye la experiencia.</p>     <p>En este respecto se vuelve imprescindible una acotaci&oacute;n. La castellana   'experiencia', y mucho m&aacute;s todav&iacute;a '<i>experience</i>' en el ingl&eacute;s actual, participan de   esta ambig&uuml;edad, siendo entendida muchas veces -quiz&aacute;s las m&aacute;s veces- '<i>experience</i>'   como vivencia. Pero la <i>Erfahrung</i> kantiana no puede ser entendida como un estado an&iacute;mico, sino s&oacute;lo como la andanza en la que uno logra pericia en su encuentro con las cosas: primero pericia pr&aacute;ctica, y luego discursivamente articulable, esto es, con entendimiento.</p>     <p>Es en la experiencia, y s&oacute;lo por la experiencia que llegamos a saber c&oacute;mo son   las cosas, aunque rara vez lo diga Kant tan brutalmente como en el ap&eacute;ndice a los   Proleg&oacute;menos. ''El principio que rige en todas partes mi idealismo y lo determina es   en cambio: Todo conocimiento por el mero puro entendimiento o por la raz&oacute;n pura   es s&oacute;lo un espejismo, y s&oacute;lo en la experiencia hay verdad''. Para nosotros se trata   ante todo de despejar la apariencia de que los principios sint&eacute;ticos a priori nos har&iacute;an   saber c&oacute;mo son las cosas. Ellos formulan las preguntas b&aacute;sicas que nos planteamos   en toda experiencia, y no anticipan las respuestas que han de dar las cosas al ser   examinadas. Qu&eacute; permanece y qu&eacute; cambia, es decir, c&oacute;mo determinar el cambio,   qu&eacute; factores intervienen en los sucesos y qu&eacute; consecuencias cabe esperar, cu&aacute;l es   el contexto dentro del cual se pueden destacar tales variables, &eacute;stas son preguntas   que regulan toda experiencia, sin que haya garant&iacute;a de que encontraremos siempre   respuesta. Son preguntas que articulan nuestra ignorancia y nos ponen en camino   para encontrar, con suerte, respuestas. Perm&iacute;tanme recordar en este respecto que   tambi&eacute;n las categor&iacute;a aristot&eacute;licas se formulan mediante pronombres interrogativos:   el &iquest;qu&eacute;?, el &iquest;c&oacute;mo?, el &iquest;cu&aacute;nto y de qu&eacute; tama&ntilde;o?, &iquest;d&oacute;nde?, &iquest;cu&aacute;ndo?, &iquest;en qu&eacute;   relaci&oacute;n? Son preguntas y no respuestas. Tanto para Arist&oacute;teles como para Kant,   con la enumeraci&oacute;n de los interrogantes quedan indicadas clases de respuestas,   los diferentes sentidos que adquiere la predicaci&oacute;n en la subsunci&oacute;n gen&eacute;rica,   la cualificaci&oacute;n, la cuantificaci&oacute;n y la puesta en relaci&oacute;n, siendo las apropiadas   especificaciones lo que se trata de averiguar, lejos de la pretensi&oacute;n de conocerlas de antemano por el mero pensamiento.</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="3">IV</font></b></p>     <p>Si le damos su peso al se&ntilde;alamiento de Arist&oacute;teles de que se trata de las formas   de <i>decir</i> el ser, de las formas de la predicaci&oacute;n, no lo reclutamos para engrosar sin   su consentimiento las filas del kantismo; se trata de su propia formulaci&oacute;n. Pero   interesa entonces la pregunta por el espec&iacute;fico aporte kantiano al respecto, para lo cual puede ser oportuno un breve excurso.</p>     <p>Los escritos aristot&eacute;licos que se nos han conservado no tratan de la relaci&oacute;n   entre la l&oacute;gica formal de los Primeros anal&iacute;ticos, la teor&iacute;a del enunciado de <i>Peri   Hermeneias</i>, y los escritos sobre las categor&iacute;as. Es notorio que la fundamental   distinci&oacute;n entre sujeto y predicado, <i>onoma</i> y <i>rhema</i>, de <i>Peri hermeneias</i> desaparece en la silog&iacute;stica que conoce una sola clase de t&eacute;rminos, mientras que sigue teniendo importancia decisiva en la teor&iacute;a de las categor&iacute;as. Igualmente no queda examinada la correspondencia entre la categor&iacute;a de relaci&oacute;n (<i>pros ti</i>) y la forma del juicio hipot&eacute;tico y disyuntivo, que tan importante ser&aacute; para Kant, como tampoco queda tratada la relaci&oacute;n entre la cuantidad l&oacute;gica y la categor&iacute;a de cuantidad (<i>poson</i>, <i>posajos</i>: cu&aacute;ntos y de qu&eacute; tama&ntilde;o). No deja de ser un problema, o m&aacute;s bien una perplejidad para el antiguo alumno de Plat&oacute;n la relaci&oacute;n entre las formas matem&aacute;ticas y el <i>eidos</i>, la forma-especie, que determina los &oacute;rdenes de las cosas. Kant har&aacute; de esta secuencia: la l&oacute;gica formal, las formas matem&aacute;ticas (que ata&ntilde;en tanto las magnitudes extensivas como las intensivas), y las determinaciones din&aacute;micas fundamentales la gu&iacute;a que estructura la Anal&iacute;tica Transcendental. Con las formas l&oacute;gicas no queda todav&iacute;a nada pensado, con las categor&iacute;as matem&aacute;ticas, las de la <i>Anschauung</i>, se elabora un sistema de mediciones, pero no aparece todav&iacute;a lo real que ha de ser medido. La bivalencia l&oacute;gica, as&iacute; como la distinci&oacute;n entre la forma del enunciado universal y la del particular (que introduce una diversidad indeterminada) se transforman, aplicados al mundo sensible en sistemas de conteo y de medici&oacute;n extensiva e intensiva aptos a ser aplicados a la realidad emp&iacute;rica graduable y multidimensional: un sistema de medici&oacute;n que anticipa la gradualidad de la realidad en general y el refinamiento, la subdivisi&oacute;n matem&aacute;ticamente siempre posible de las escalas, y no el valor que habr&aacute; que adjudicar al objeto a conocer en el sistema de medici&oacute;n construido.</p>     <p>Lo real efectivo se articula con la pregunta acerca de la sustancia material,   con la pregunta acerca de las relaciones causales con las que el acontecer se   inserta en una secuencia temporal, y con el planteamiento disyuntivo que abre el   campo de las posibilidades pertinentes y tiene m&aacute;s indisimuladamente una forma   interrogativa: &iquest;eso, o aquello, o aquestotro, as&iacute; o as&aacute;, aqu&iacute;, o m&aacute;s all&aacute;? Mientras que   el principio causal nos invita a seleccionar dentro del sinn&uacute;mero de las circunstancias   coexistentes una, o algunas pocas que interesan, una selecci&oacute;n imprescindible a   los efectos de un examen experimental, y en definitiva a los efectos de cualquier   pr&aacute;ctica humana, la Tercera Analog&iacute;a nos recuerda precisamente esto: que hablar   de <i>una</i> causa y de <i>un</i> efecto es proceder a una selecci&oacute;n dentro de la universal   conexi&oacute;n din&aacute;mica. Limitados al reconocimiento de la interacci&oacute;n de todo con   todo, evocada en la Tercera Analog&iacute;a, no hay conocimiento ni vida posible; a su vez   el principio enunciado en la Segunda, de que en todo cambio interviene una causa   nos hace olvidar, si no es corregido por la Tercera Analog&iacute;a, que es v&aacute;lido s&oacute;lo en el   supuesto artificial del <i>ceteribus paribus</i>, de que todo lo dem&aacute;s o se mantiene igual   o es irrelevante. El principio de que (en circunstancias suficientemente propicias) podemos encontrar la causa relevante de un suceso, obviamente v&aacute;lido en contextos limitados, queda puesto en su lugar por la realidad del marem&aacute;gnum que nos recuerda la Tercera, lo que ha de curarnos de nuestros delirios cognoscitivos y de la pretensi&oacute;n de tener todo bajo control.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="3">V</font></b></p>     <p>Desde su juventud, las inquietudes metaf&iacute;sicas de Kant, en la forma que les dio la   escuela leibniziana, estaban compensadas con la del <i>influxus physicus</i> del comercio   de las sustancias, y Susan Shell tiene plena raz&oacute;n al ver tambi&eacute;n en la filosof&iacute;a moral   kantiana un tema an&aacute;logo, el del nexo sistem&aacute;tico de las sustancias pr&aacute;cticas que   son los fines en s&iacute; mismos. S&oacute;lo quiero apuntar brevemente la no menos esencial   incompletitud de los conceptos &eacute;ticos kantianos, la necesidad en que est&aacute;n de ir   corrigi&eacute;ndose discursivamente y la ruta de una experiencia del pensamiento moral, de un aprendizaje que se abre.</p>     <p>La Fundamentaci&oacute;n de la Metaf&iacute;sica de las Costumbres comienza con   la celebraci&oacute;n de la buena voluntad como &uacute;nico bien incondicional. &iquest;Hemos   encontrado aqu&iacute; por fin lo incondicional que se nos perdi&oacute; en la Cr&iacute;tica de la   Raz&oacute;n Pura? Los m&uacute;ltiples e inacabados ensayos de dar un sentido apropiado a   la idea de libertad que Kant efect&uacute;a en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo nos puede ense&ntilde;ar que   el proyecto, el af&aacute;n por un incondicional pr&aacute;ctico, tambi&eacute;n requiere correcci&oacute;n.   Pero ya el comienzo de la lectura nos pone en un vaiv&eacute;n entre lo que para nosotros   son intuiciones morales diferentes. &iquest;C&oacute;mo entendemos la noci&oacute;n misma de buena   voluntad? El adjetivo 'buena' podr&iacute;a apuntar a una excelencia que es propia de la   voluntad como tal y que hace que se corresponda plenamente con su concepto, que es   toda voluntad, toda actividad, sin resto de pasividad, libre de toda inclinaci&oacute;n, y as&iacute;   puede ser entendida como expresi&oacute;n de un voluntarismo que ser&iacute;a espec&iacute;ficamente   moderno, como voluntad de voluntad, como lo quiere entender Heidegger. Pero si   &eacute;ste fuera el sentido definitivo de la palabra, Kant no hubiera logrado la sinton&iacute;a   con el lector con la cual contaba. La expresi&oacute;n ''buena voluntad'' no es entendida   espont&aacute;neamente como voluntad excelente, perfecta en s&iacute; misma, sino como   voluntad favorable a su objeto, algo m&aacute;s cercano a una voluntad de bondad que a   una voluntad de voluntad, algo no totalmente ajeno a lo que el italiano expresa con   ''<i>ti voglio bene</i>''. Las dotes del esp&iacute;ritu, como las cualidades del temperamento y   los dones de la fortuna, dice el texto, son buenos s&oacute;lo cuando son corregidos por   una buena voluntad que vuelve el principio de la acci&oacute;n <i>allgemein-zweckm&auml;ssig</i>,   apropiado a un fin general. Pero entonces la voluntad dejar&iacute;a de ser buena si en lugar de atender un bien humano s&oacute;lo se apreciase a s&iacute; misma.</p>     <p>De esta manera, tanto el conocimiento como la pr&aacute;ctica viven de la   complementariedad entre el atender a su objeto, cuidarlo, y el cuidado de s&iacute; mismo,   de poner orden en la propia casa; entre auto-centraci&oacute;n y la libertad que permite   una feliz descentraci&oacute;n. Este doble movimiento, de atenci&oacute;n al objeto y de libertad   recuperada frente a &eacute;l, es a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil de desconocer en el &aacute;mbito est&eacute;tico, pero   por el momento basta con la evidencia de que la revoluci&oacute;n copernicana viene   acompa&ntilde;ada de los necesarios complementos, contrarrevolucionarios en los ojos   del fan&aacute;tico, que vuelven a restituirles a los objetos de los cuidados humanos sus derechos, y disuelven los tristes sue&ntilde;os de autosuficiencia subjetiva.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Bibliograf&iacute;a.</font></b></p>     <!-- ref --><p>   1. ABELA, P. (2002) Kant's Empirical Realism. Oxford U. Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0121-3628201400010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>   2. AL-AZM, S. (1967) Kant's Theory of Time. Phil.Library.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0121-3628201400010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   3. ALLISON, H. (2004) Kant's Transcendental Idealism. An Interpretation and   Defense. 2 ed. Yale U. Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0121-3628201400010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   4. BRANDT, R. (2000) Table of Judgments. Ridgway.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0121-3628201400010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   5. CRAMER, K. (1985) Nicht-reine synthetische Urteile a priori. Winter.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0121-3628201400010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   6. GUYER, P. (1987) Kant and the Claims of Knowledge. Cambridge U. Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0121-3628201400010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>   7. HEIDEGGER, M. (1951) Kant und das Problem der Metaphysik. 2. ed.   Klostermann.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0121-3628201400010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   8. HENRICH, D. (1976) Identit&auml;t und Objektivit&auml;t. Winter.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0121-3628201400010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   9. LANGTON, R. (1998) Kant's Humility. Oxford U. Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0121-3628201400010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   10. LONGUENESSE, B. (2001) Kant and the Capacity to Judge. Princeton U.   Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0121-3628201400010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   11. LONGUENESSE, B. (2009) Kant on the Human Standpoint. Cambridge U.   Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0121-3628201400010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>   12. ROUSSET, B. (1967) La doctrine kantienne de l'objectivit&eacute;. Vrin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0121-3628201400010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   13. STRAWSON, P. (1975) Los l&iacute;mites del sentido. Revista del Occidente.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0121-3628201400010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   14. TORRETTI, R. (1980) Manuel Kant. 2.ed. Editorial Charcas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0121-3628201400010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   15. WATKINS, E. (2005) Kant and the Metaphysics of Causality. Cambridge   U. Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0121-3628201400010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
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