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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Filosofía, Universidad de Antioquia.]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Hospitalidad y tolerancia como modos de pensar el encuentro con el otro. Una lectura derrideana]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Hospitality and tolerance as ways of seeing the encounter with the other. A Derridean reading]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article attempts to trace the historical genealogy of Derrida's notion of 'hospitality' the end of inquiry. It is for this reason that, at the beginning of our work, we will briefly address some features of ancient hospitality from the Odyssey, and then move to an analysis of the concept of tolerance in modernity, through three of its greatest defenders: John Locke, Voltaire, and John Stuart Mill. With these ideas in mind we then try to sketch the problem of hospitality from a Derridean perspective and from the influence of Emmanuel Levinas' philosophy, in order to emphasize the importance of ethical and political thought of the other as other.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">     <p align="right"> <b>ART&Iacute;CULOS</b></p>      <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4">Hospitalidad y tolerancia como modos de pensar el encuentro con el otro. Una lectura derrideana<a href="#0" name="0b">*</a></font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="3">   Hospitality and tolerance as ways of seeing the encounter   with the other. A Derridean reading.</font></b></p>      <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b> Gabriela Balcarce</b></p> Departamento de Filosof&iacute;a Facultad de Filosof&iacute;a y Letras. Universidad de Buenos Aires-CONICET. Buenos Aires, Argentina E-mail: <a href="mailto:gabriela.balcarce@gmail.com">gabriela.balcarce@gmail.com</a>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p align="center"><i>Fecha de recepci&oacute;n: 19 de febrero de 2014    <br> Fecha de aprobaci&oacute;n: 22 de mayo de 2014</i></p>     <p>&nbsp;</p> <hr noshade size="1">     <p><b> RESUMEN</b></p>     <p> <i>El presente art&iacute;culo intenta realizar, por un lado, una genealog&iacute;a hist&oacute;rica que hace de la noci&oacute;n   derrideana de 'hospitalidad' el fin de la indagaci&oacute;n. Es por ello que, al inicio de nuestro trabajo   abordaremos someramente algunos rasgos de la hospitalidad antigua desde la Odisea, para pasar luego a   un an&aacute;lisis de la noci&oacute;n de tolerancia en la modernidad, a trav&eacute;s de tres de sus grandes defensores: John   Locke, Voltaire y John Stuart Mill. Frente a dichos pensamientos, por otro lado, intentaremos esbozar   la problem&aacute;tica de la hospitalidad desde el pensamiento derrideano y la influencia de la filosof&iacute;a de Emmanuel Levinas, a fin de se&ntilde;alar la importancia de un pensamiento &eacute;tico y pol&iacute;tico del otro como otro. </i></p>     <p> <b>Palabras clave:</b> <i>hospitalidad, tolerancia, alteridad</i></p> <hr noshade size="1">     <p> <b>ABSTRACT</b></p>     <p> <i>This article attempts to trace the historical genealogy of Derrida's notion of 'hospitality' the end of   inquiry. It is for this reason that, at the beginning of our work, we will briefly address some features of   ancient hospitality from the Odyssey, and then move to an analysis of the concept of tolerance in modernity,   through three of its greatest defenders: John Locke, Voltaire, and John Stuart Mill. With these   ideas in mind we then try to sketch the problem of hospitality from a Derridean perspective and from   the influence of Emmanuel Levinas' philosophy, in order to emphasize the importance of ethical and political thought of the other as other.</i></p>     <p> <b>Key words:</b> <i>hospitality, tolerance, otherness  </i></p> <hr noshade size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p> 1. La cuesti&oacute;n de la relaci&oacute;n con el otro, con el extranjero, con el diferente,   data de tiempos muy remotos, all&iacute; donde la hospitalidad era para los antiguos   una ley compartida. En la <i>Odisea</i> puede encontrarse uno de los primeros textos   que da testimonio de ello: un relato de viajes, all&iacute; donde el hospedaje, la acogida   hospitalaria, es la &uacute;nica posibilidad de supervivencia que tiene un viajero. Los   viajeros no van y vienen en el d&iacute;a, sino que sus viajes duran meses, transitando   por tierras extranjeras para llegar a su morada, siendo el viaje de Odiseo uno de los viajes m&aacute;s largos que recogen los cantos de la antig&uuml;edad.</p>     <p>   Si intentamos trazar una l&iacute;nea hist&oacute;rica de la cuesti&oacute;n del otro, del encuentro   con el diferente &#8211;y de lo que denominaremos 'hospitalidad', unas veces, y   'tolerancia', en otras&#8211;, nos encontramos en la Edad Media con un documento muy   interesante, a saber, el ''Edicto de tolerancia de Nicomedia'', del a&ntilde;o 311, que puso   punto final a las medidas represivas del Imperio Romano contra los cristianos por   el emperador Diocleciano. El edicto fue promulgado por el emperador Galerio,   quien inicialmente habr&iacute;a sido uno de los instigadores de la pol&iacute;tica de Diocleciano   en este aspecto y como tal, seg&uacute;n las fuentes cristianas de la &eacute;poca, uno de los   m&aacute;s decididos enemigos del cristianismo. Galerio muri&oacute; cinco d&iacute;as despu&eacute;s de la promulgaci&oacute;n del edicto. El comienzo del texto evoca a la raz&oacute;n y al ''buen sentido'':</p>     <blockquote>   Entre todo lo otro que por el bien y la prosperidad de la cosa p&uacute;blica dispusimos, quisimos   en el pasado armonizar todas las cosas con el derecho y el orden p&uacute;blico romano tradicional.   Tambi&eacute;n buscamos que, incluso los cristianos, que hab&iacute;an abandonado la religi&oacute;n de sus ancestros, se reintegrasen a la raz&oacute;n y al buen sentido.<sup><a href="#1" name="1b">1</a></sup></blockquote>     <p>   Sin embargo, la tolerancia encuentra su desarrollo hist&oacute;rico (pr&aacute;ctico y   conceptual) en la modernidad, pero como corolario de la Edad Media y del problema   de la convivencia entre confesiones religiosas, esto es, como un corolario de las   guerras religiosas desarrolladas en Europa desde aproximadamente 1524 al 1697,   luego del comienzo de la Reforma Protestante. Si bien la tolerancia ya no ser&aacute; el   recibimiento fiel al hu&eacute;sped extranjero, sino un modo de tolerar al otro que profesa   otra religi&oacute;n, el entramado es a&uacute;n m&aacute;s que complejo: encrucijadas entre la religi&oacute;n   y el pensamiento, la secularizaci&oacute;n se desarrolla quiz&aacute;s como una continuidad   dislocada, antes que como un mero abandono de lo anterior; como puede observarse   en varios de los textos fundantes sobre esta tem&aacute;tica, <i>la tolerancia es una virtud cristiana</i>. El t&eacute;rmino deriva del lat&iacute;n <i>tolerare</i> (sostener, soportar) y define el grado      de aceptaci&oacute;n frente a un elemento contrario a una regla moral (RAE).<sup><a href="#2" name="2b">2</a></sup> El cristiano debe tolerar al no cristiano.</p>     <p>   En el presente art&iacute;culo intentaremos esbozar una breve genealog&iacute;a en torno   a la problem&aacute;tica de la relaci&oacute;n con el otro (el otro como extranjero, el otro como   practicante de otro culto religioso o ateo) que atravesar&aacute; dos nociones centrales,   a saber, la de tolerancia y hospitalidad, en vistas a pensar el posible debate   contempor&aacute;neo que encarnan ambas nociones. Como veremos, si bien es evidente   que estas no pertenecen en un principio a un mismo campo de intervenci&oacute;n te&oacute;rica   y <i>pr&aacute;ctica</i> &#8211;dado que la tolerancia se encontrar&aacute;, en primer t&eacute;rmino, al interior de la   problem&aacute;tica de los cultos religiosos y <i>el fen&oacute;meno de la secularizaci&oacute;n</i>, mientras   que la hospitalidad responder&aacute; desde el inicio al recibimiento del extranjero&#8211;   creemos que el camino delimitado por ambas nociones puede encontrarse all&iacute;   donde el pensamiento de occidente ha intentado delimitar, cifrar y consignar las   posibilidades e imposibilidades del encuentro con el otro. Esto resulta m&aacute;s claro en   el pensamiento contempor&aacute;neo, donde hospitalidad y tolerancia parecen acercarse   al debate &eacute;tico-pol&iacute;tico como dos miradas de una misma problem&aacute;tica. Nuestra tesis   ser&aacute;, entonces, que la tolerancia es deudora de un basamento hist&oacute;rico moderno que   reproduce a&uacute;n hoy en d&iacute;a el encuentro con el otro como igual, anulando, de este   modo, las diferencias que deber&iacute;a respetar. Por su parte, la hospitalidad constituye una apuesta de mayor apertura al respeto a la alteridad.</p>      <p>   2. Hist&oacute;ricamente, John Locke fue quien elabor&oacute; una de las m&aacute;s famosas y   cl&aacute;sicas defensas de la tolerancia y public&oacute; en 1667 su <i>Ensayo sobre la tolerancia</i>.   En esa obra se manifiesta a favor de la tolerancia para con los disidentes religiosos.   El argumento de fondo es la necesidad de separaci&oacute;n de la Iglesia y el Estado,   separaci&oacute;n que se presenta como posible sobre el fondo de un desplazamiento   crucial: el traspaso de la esfera de experiencia religiosa al foro interno. La   secularizaci&oacute;n &#8211;<i>y sus consecuencias&#8211; ser&aacute; verdaderamente</i> el terreno sobre el cual podremos encontrar las defensas de la tolerancia modernas.</p>     <p>   Desde el punto de vista de Locke, la falta de libertad religiosa obligar&iacute;a a   los puritanos a emigrar, perdiendo el estado una parte de su poblaci&oacute;n, as&iacute; como   la riqueza asociada a ellos. A su vez, consideraba que el contacto entre distintas   religiones s&oacute;lo pod&iacute;a enriquecer a ambas. Esta misma argumentaci&oacute;n fue recogida y ampliada en la <i>Carta sobre la tolerancia</i> publicada en 1689, un a&ntilde;o despu&eacute;s dela revoluci&oacute;n liberal que derroc&oacute; al rey Jacobo Estuardo. En esa segunda obra, publicada primero en lat&iacute;n y traducida ese mismo a&ntilde;o al franc&eacute;s y al holand&eacute;s, Locke abord&oacute; la problem&aacute;tica desde una perspectiva netamente pol&iacute;tica. Establec&iacute;a que la tolerancia religiosa s&oacute;lo era inadmisible en el caso de perjudicar los derechos de otro individuo o atentar contra la existencia misma del estado. Esta libertad religiosa, como dec&iacute;amos antes, se vincula de modo directo con el traspaso de la esfera religiosa y de la fe al foro interno: separaci&oacute;n entre Iglesia y Estado, entre el Trono y el Altar. La defensa de la tolerancia hecha por Locke deriva de su filosof&iacute;a pol&iacute;tica, la cual propugna por un modelo de estado cuyas funciones son las de preservar la vida, la libertad y las propiedades de sus ciudadanos. El camino para ser feliz o adorar a Dios que cada quien escoja no pertenece al &aacute;mbito de la regulaci&oacute;n estatal: ''El cuidado de las almas no corresponde al magistrado'' (Locke, 2011: 26). ''No se puede salvar a los hombres contra su voluntad y, adem&aacute;s, la mayor&iacute;a de las veces las discrepancias lo son en cuestiones fr&iacute;volas. Cu&aacute;l sea el camino correcto lo dilucida cada hombre en privado. Sea o no por consejo de una Iglesia, si no hay &iacute;ntima convicci&oacute;n, no hay salvaci&oacute;n. ''Solamente la fe y la sinceridad interior procuran la aceptaci&oacute;n de Dios'' (Locke, 2011: 33).</p>     <p>   Otro de los grandes autores de la tolerancia en la modernidad que cabe   aqu&iacute; mencionar es Voltaire. A trav&eacute;s de su <i>Tratado de la tolerancia</i> y en los   art&iacute;culos ''Fanatismo'' y ''Tolerancia'' de su <i>Diccionario filos&oacute;fico</i> es posible hallar   argumentos que confirman y complementan la defensa de la tolerancia hecha   por Locke. Tambi&eacute;n, aunque de menor importancia, Voltaire escribi&oacute; un extenso   poema sobre la tolerancia: ''La Henriade'', en 1723, donde critica el fanatismo y   sus tr&aacute;gicas consecuencias. <i>En el Tratado</i>, Voltaire parte del ''asunto de Calas'',   un caso real de persecuci&oacute;n desatada contra una familia de calvinistas franceses.   En 1762 fue ejecutado el comerciante Juan Calas, bajo la falsa acusaci&oacute;n de haber   asesinado a su hijo porque &eacute;ste pretend&iacute;a convertirse al catolicismo. Voltaire narra   una trama de sucesos, poniendo de manifiesto la intolerancia y el fanatismo de   estas acciones. La raz&oacute;n y la libertad como autonom&iacute;a vendr&aacute;n a liberar al hombre   de estos yugos intelectuales. Mientras existan pueblos y gobernantes intolerantes,   habr&aacute; guerras, tumultos y, por tanto, desgracia. Por el contrario, la tolerancia   proporciona paz y prosperidad a la sociedad: ''Esa tolerancia jam&aacute;s produjo guerras   civiles; la intolerancia ha convertido la tierra en una carnicer&iacute;a'' (Voltaire, 1998:   33). La tolerancia se presenta como principio para la convivencia, como &uacute;nico   modo de vivir pac&iacute;fico y libre: ''y el gran principio, el principio universal de uno   y otro, est&aacute; en toda la tierra: 'No hagas lo que no quieras que te hagan'''. Voltaire   representa el ala radical de la Ilustraci&oacute;n francesa y, por ello, su obra significa la   &uacute;ltima consecuencia del esp&iacute;ritu cr&iacute;tico ilustrado que se debate entre el optimismo y la confianza en el ser humano, por un lado, y la desesperaci&oacute;n ante la estupidez   humana que lo contradice. Esta estupidez s&oacute;lo podr&aacute; curarse con la Ilustraci&oacute;n, esto   es, con la supresi&oacute;n del prejuicio y la aplicaci&oacute;n de la raz&oacute;n cr&iacute;tica a las costumbres   sociales, la pol&iacute;tica y el conocimiento. En esta l&iacute;nea se desarrolla la defensa de la   tolerancia que esboza en su tratado. La tolerancia se presenta como principio para   la convivencia, como &uacute;nico modo de vivir en paz y libremente:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>     <blockquote> Y el gran principio, el principio universal de uno y otro, est&aacute; en toda la tierra: 'No hagas     lo que no quieras que te hagan'. Pues bien, si se sigue este principio no se advierte c&oacute;mo     un hombre puede decir a otro: 'Cree lo que yo creo y que t&uacute; no puedes creer o morir&aacute;s'     (Voltaire, 1998: 39).</blockquote> </p>     <p>   La intolerancia se opone a cuanto de racional hay en el hombre y nos acerca   a las fieras: ''&#91;...&#93; el derecho de intolerancia es absurdo y b&aacute;rbaro; es el derecho de   los tigres; es mucho m&aacute;s horrible a&uacute;n, porque los tigres no se destrozan sino para   comer, y nosotros nos hemos exterminado por unas frases'' (Voltaire, 1998: 40).   Voltaire apela a la Historia para demostrar que ''&#91;...&#93; de todos los pueblos civilizados   de la antig&uuml;edad, ninguno cohibi&oacute; la libertad de pensamiento'' (Voltaire, 1998:   41). Argumenta, como ya hab&iacute;a hecho Locke, que la persecuci&oacute;n intolerante es   <i>incoherente con el verdadero esp&iacute;ritu cristiano</i>, lo que contradice la trayectoria   del fanatismo que la Iglesia ha mantenido durante siglos: ''Si no me enga&ntilde;o, hay   muy pocos pasajes en los Evangelios, de los que el esp&iacute;ritu perseguidor haya   podido inferir que la intolerancia y la coacci&oacute;n son leg&iacute;timas'' (Voltaire, 1998: 85).   Voltaire comenta y cita numerosos episodios b&iacute;blicos que apoyan esta idea. En el   <i>Diccionario filos&oacute;fico</i> afirma: ''De todas las religiones, la cristiana es, sin duda,   la que tiene que inspirar m&aacute;s tolerancia, aunque hasta aqu&iacute; los cristianos hayan   sido los m&aacute;s intolerantes de todos los hombres'' (Voltaire, 1950: 497).<i> Donde no   hay raz&oacute;n, abunda la intolerancia</i>. Existe, por tanto, una estrecha relaci&oacute;n entre   la tolerancia y el esp&iacute;ritu cr&iacute;tico y racional que nos conduce al conocimiento del   mundo y de nosotros mismos. Como conclusi&oacute;n de su <i>Tratado</i>, Voltaire lo afirma:</p>     <p>     <blockquote> S&oacute;lo los esp&iacute;ritus razonables piensan noblemente; cabezas coronadas, almas dignas de su     rango, han dado grandes ejemplos en esta ocasi&oacute;n. Sus nombres ser&aacute;n se&ntilde;alados en los     fastos de la filosof&iacute;a, que consiste en el horror a la superstici&oacute;n, y en esa caridad universal     que Cicer&oacute;n recomienda: <i>Charitas humani generis</i>. Esa caridad, cuyo nombre se ha     apropiado la teolog&iacute;a, como si s&oacute;lo a ella perteneciese, pero cuya realidad ha proscrito con     frecuencia. Caridad, amor al g&eacute;nero humano; virtud desconocida de los embaucadores,     de los pedantes que argumentan y de los fan&aacute;ticos que persiguen (Voltaire, 1998: 171).</blockquote> </p>     <p>   Por &uacute;ltimo, aunque sin &aacute;nimos de agotar esta breve genealog&iacute;a hist&oacute;rica del   concepto de tolerancia, cabe destacar a John Stuart Mill, quien escribi&oacute; tambi&eacute;n una   excelente defensa de la tolerancia y la libertad de pensamiento. Se trata del escrito   <i>Sobre la libertad</i>, elaborado en 1859. Mill desarrolla <i>in extenso</i> una defensa de la libertad de pensamiento. Esta libertad se basar&iacute;a en el respeto a las opiniones ajenas   y a la expresi&oacute;n de las mismas. Se opone a todo tipo de censura, que no conduce   sino a la <i>conversi&oacute;n de lo defendido en dogma, a una cristalizaci&oacute;n o congelamiento   del pensamiento, cuya consecuencia es el alejamiento de la verdad, ya que &eacute;sta   requiere la batalla con sus contrarios para ser profundizada.</i> La censura, como   manifestaci&oacute;n de la intolerancia, no s&oacute;lo no es buena para el progreso, sino que es   causante de terribles errores, ya que aleja del aut&eacute;ntico modo de conocer las cosas.   Para que la verdad prospere ha de darse la discusi&oacute;n libre (''La especulaci&oacute;n libre y   audaz sobre los problemas m&aacute;s elevados'') y el respeto a todas las opiniones. ''S&oacute;lo   a trav&eacute;s de la diversidad de opiniones puede abrirse paso la verdad'' (Mill, 1977:   114). Para el libre desenvolvimiento del genio, por tanto, es preciso garantizar la   libertad, de manera que la diversidad sea tolerada e integrada en el com&uacute;n debate que   garantiza la paz y el progreso. En los cap&iacute;tulos posteriores de su obra, Mill apunta   a una serie de consideraciones que giran en torno a la problem&aacute;tica acerca de los   l&iacute;mites de la tolerancia: &iquest;hasta d&oacute;nde se puede permitir la libertad de acci&oacute;n por parte   de los individuos? <i>&iquest;Hasta qu&eacute; punto debemos tolerar y cu&aacute;ndo no?</i> La respuesta   de nuestro autor es que siempre podemos actuar, mientras no perjudiquemos los   intereses del otro. En lo que concierne exclusivamente a uno mismo, nadie debe   intervenir. La intervenci&oacute;n del Estado s&oacute;lo se justifica cuando una acci&oacute;n tiene   repercusiones en otras personas. <i>Se puede y debe tolerar todo, siempre y cuando   lo tolerado no se muestre, a su vez, intolerante.</i> Es en ese punto donde ubicamos   los l&iacute;mites de la tolerancia.</p>     <p>   3. El riesgo de un pensamiento del otro, del otro como otro y ya no, como   en la modernidad, del 'igual a m&iacute;' (en potencia o en acto), nos lleva muchas veces   a la alucinaci&oacute;n ingenua de que el encuentro con el otro puede ser verdaderamente   pac&iacute;fico, m&aacute;s a&uacute;n, de que s&oacute;lo all&iacute;, cuando hay paz, hay encuentro. <i>Creemos que a   veces la paz es el espacio privilegiado para los cementerios y que el vivir-con-otros   conlleva una dimensi&oacute;n de conflicto inherente, pol&iacute;tica.</i> Porque:</p>     <p>     <blockquote> &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a aceptarse la tolerancia excepto como una tregua intranquila, aceptable como     alternativa al perpetuo derramamiento de sangre, pero aun as&iacute;, como una necesidad que es     de lamentar? La tolerancia pura parece haberse escapado de nosotros (Scanlon, 2003: 189).</blockquote> </p>     <p>   La tem&aacute;tica de la hospitalidad en el debate filos&oacute;fico contempor&aacute;neo parte de   ese conflicto original e inerradicable que todo pensamiento de la alteridad conlleva.   En las pocas referencias al concepto de tolerancia en la obra derrideana, el autor   siempre alude a la connotaci&oacute;n cristiana del mismo y a su fuerte componente   paternalista (Derrida, 2004: 184). Debemos agregar que, en la mayor&iacute;a de los casos,   subyace a esta noci&oacute;n una concepci&oacute;n del otro como igual, como alter-ego. La igualaci&oacute;n en las perspectivas de lo inter-subjetivo (como en el caso de las &eacute;ticas   universalistas) elimina la diferencia y el otro deviene un igual cuando no en acto,   al menos en potencia. En otras palabras, siendo el otro diferente de m&iacute; desde una   situaci&oacute;n contingente &#8211;porque el otro es sustancialmente igual&#8211;, las diferencias   radicar&iacute;an en una situaci&oacute;n de asimetr&iacute;a que, en &uacute;ltima instancia, representar&iacute;a el   intento de perpetuaci&oacute;n de ciertas diferencias por sobre otras. Por lo tanto, una &eacute;tica   de la tolerancia se revelar&iacute;a &#8211;por la patentizaci&oacute;n de la diferencia como un elemento   constitutivo de toda subjetividad e intersubjetividad&#8211; como la sobrevaloraci&oacute;n de   ciertas diferencias por sobre otras:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>     <blockquote>     La tolerancia <i>es ante</i> todo un acto de caridad. Caridad cristiana, por consiguiente, incluso     si puede parecer que jud&iacute;os y musulmanes se apropian de ese lenguaje. La tolerancia est&aacute;     siempre del lado de ''la raz&oacute;n del m&aacute;s fuerte''; es una marca suplementaria de soberan&iacute;a;     es la cara amable de la soberan&iacute;a que dice, desde sus alturas, al otro: yo te dejo vivir, t&uacute;     no eres insoportable, yo te abro mi casa, pero no lo olvides: yo estoy en mi casa &#91;...&#93;     (Derrida, 2004: 185).</blockquote> </p>     <p>   Quiz&aacute;s una de las m&aacute;s interesantes &eacute;ticas universalistas en estos tiempos   sea la del fil&oacute;sofo alem&aacute;n J&uuml;rgen Habermas, donde la tem&aacute;tica de la alteridad es   abordada exhaustivamente en obras como <i>La inclusi&oacute;n del otro. Estudios de teor&iacute;a   pol&iacute;tica</i> (1998). Por algunos motivos que iremos se&ntilde;alando en esta parte de nuestro   trabajo, podr&aacute; comprenderse el rechazo de Derrida a este tipo de &eacute;ticas. As&iacute; como   la concepci&oacute;n de la tolerancia es deudora de la noci&oacute;n del sujeto moderno, del   otro como un sujeto enfrentado a otro sujeto que soy yo mismo, en el caso de la   hospitalidad nos encontramos con un pensamiento en consonancia con la tem&aacute;tica   de la alteridad, del otro como otro. La hospitalidad representar&iacute;a la apertura   incondicionada a la otredad, es decir, su afirmaci&oacute;n radical. Siendo que el otro resulta   opaco y, por tanto, asim&eacute;trico a m&iacute;, la hospitalidad constituir&iacute;a la afirmaci&oacute;n de ese   otro y su respeto, pese a la condici&oacute;n inevitable de la incomprensi&oacute;n. Un resto nodialectizable,   una p&eacute;rdida que no querr&iacute;amos resignar. Pero, &iquest;c&oacute;mo es posible ser   hospitalario all&iacute; donde el otro no s&oacute;lo no es un igual-a-m&iacute;, sino que se resiste a la   identificaci&oacute;n? Pareciera que justamente la diferencia imposibilita la hospitalidad   dado que <i>desplaza</i> cualquier intento de acercamiento con el otro, de cuidado   para-con el otro. Pareciera no ser posible una hospitalidad plena, que persiguiera   el absoluto acondicionamiento de un espacio destinado al <i>confort</i> del habitar del   hu&eacute;sped. Evocamos las primeras palabras de <i>La Hospitalidad: La pregunta del   extranjero, &iquest;no es una pregunta de extranjero? &iquest;Venida del extranjero? La pregunta   del otro, &iquest;no viene del otro?</i> Antes de decir ''la pregunta'' habr&iacute;a entonces tal vez   que precisar pregunta ''del extranjero'' es decir, notar la ambig&uuml;edad del genitivo.   C&oacute;mo entender esta diferencia de acento entre lo que ser&iacute;a una metaf&iacute;sica de la   alteridad y la efectividad de que la pregunta venga del otro. ''La pregunta del extranjero'' antes de ser una pregunta es una pregunta <i>del extranjero</i>, es decir,   antes de que nosotros teoricemos, pensemos, conceptualicemos, la pregunta viene   a traerla el extranjero, el otro y, por ello, la filosof&iacute;a, aquello que pensamos, es   ya siempre una respuesta. <i>Una pregunta venida del extranjero y una pregunta   dirigida al extranjero, como si el extranjero fuese ante todo aquel que plantea la   primera pregunta o aquel a quien uno dirige. Como si el extranjero fuera el ser   en cuesti&oacute;n que pone la pregunta:</i></p>     <p>     <blockquote> La pregunta de la hospitalidad comienza ah&iacute;: &iquest;debemos exigir al extranjero comprendernos,     hablar nuestra lengua, en todos los sentidos del t&eacute;rmino, en todas sus extensiones posibles,     antes y a fin de poder acogerlo entre nosotros? Si ya hablase nuestra lengua, con todo lo     que esto implica, si ya comparti&eacute;semos todo lo que se comparte con una lengua &iquest;ser&iacute;a el     extranjero todav&iacute;a un extranjero y podr&iacute;amos hablar respecto de &eacute;l de asilo o de hospitalidad?     (Derrida, 2000: 21).</blockquote> </p>     <p>   4. Una de las continuidades m&aacute;s profundas entre la filosof&iacute;a levinasiana   y la derrideana ha sido la centralidad de la problem&aacute;tica de la alteridad en el   pensamiento filos&oacute;fico, m&aacute;s a&uacute;n, entendida como la condici&oacute;n misma de todo   pensamiento. La direcci&oacute;n del pensamiento como una dimensi&oacute;n mesi&aacute;nica   que rompe con su misma previsi&oacute;n, que se abre al otro como <i>promesa</i>, el otro,   que es promesa del pensar. Porque es en la <i>exposici&oacute;n</i> y la precedencia donde   la totalidad se quiebra, se <i>perfora</i> ante cualquier horizonte de previsibilidad, y   por ello mismo, donde el otro no resulta apresable de ning&uacute;n modo. Una cita de   <i>Entre nosotros</i> de Levinas:</p>     <blockquote>   Es una relaci&oacute;n con un ser que, en cierto modo, no existe en relaci&oacute;n a m&iacute; &#91;...&#93;. Un ser situado   m&aacute;s all&aacute; de todo atributo que tuviera como efecto el cualificarle, es decir, el reducirle a   aquello que tiene en com&uacute;n con otros seres, el hacer de &eacute;l un concepto. (Levinas, 2001: 46).<sup><a href="#3" name="3b">3</a></sup></blockquote>     <p>   La otredad, a juicio de estos autores, se resiste al intento de ser englobada   o identificada bajo una totalidad (concepto), porque el otro se presenta bajo una   relaci&oacute;n de asimetr&iacute;a / disimetr&iacute;a, develando toda b&uacute;squeda de la simetr&iacute;a como   algo derivado, una suerte de neutralizaci&oacute;n de esa alteridad inicial en pos de una   igualaci&oacute;n. Y esta desproporci&oacute;n, la condici&oacute;n misma de la <i>extranjeridad</i> en   tanto precedencia, representa una responsabilidad originaria, imposible de ser   expugnada o dispensada. As&iacute;, si la tolerancia se presentaba como una respuesta   &eacute;tica y pol&iacute;tica a un <i>factum</i> de 'igualdad entre los hombres', el pensamiento de   la hospitalidad parece correr el velo de esa ilusi&oacute;n: la igualdad s&oacute;lo es ideal,   <i>t&eacute;los</i>, y por ello, la igualaci&oacute;n es, en &uacute;ltima instancia, lo que se pone en juego en la tolerancia. En otras palabras: violencia sobre el otro en nombre de lo mismo.   Sin embargo, tanto Levinas como Derrida insisten: el otro es anterior a m&iacute; y me   interpela desde siempre:</p>     <p>     <blockquote> Cuesti&oacute;n de la cuesti&oacute;n, c&oacute;mo dirigirse al otro y desde el otro, al otro del otro, cuesti&oacute;n     de una cuesti&oacute;n que, ciertamente no es la primera (llega tras el <i>s&iacute;</i> al otro y el <i>s&iacute; del otro</i>)     pero nada la precede. Nada, y sobre todo, nadie (Derrida 1998, 50).</blockquote> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Contra la tesis hegeliana de incluir al otro a partir de una negatividad apresable   &#8211; sintetizable &#8211; dialectizable en una totalidad, encontramos aqu&iacute; la postulaci&oacute;n   de una alteridad no reductible a lo mismo, un otro que se presenta en la forma   sensible del rostro, en el cara-a-cara. La fenomenolog&iacute;a encuentra as&iacute; su l&iacute;mite en   la apresentaci&oacute;n que no puede asumir el car&aacute;cter de anclaje fenom&eacute;nico para una   empat&iacute;a analogizante (como en la <i>Quinta meditaci&oacute;n cartesiana</i> de Husserl), sino   como la <i>experiencia del otro como otro</i>.</p>     <p>   La irreductibilidad del otro a una negatividad, el rebasamiento de la ontolog&iacute;a   que se presenta en la inaprensibilidad del otro, del rostro del otro en su epifan&iacute;a &#8211;y   que permanece como condici&oacute;n originaria&#8211;, es lo que constituye la hospitalidad.<sup><a href="#4" name="4b">4</a></sup> La   hospitalidad es, pues, la situaci&oacute;n de puesta en contacto con un otro no tematizable   que se patentiza como precedencia y que, por tanto, exige una responsabilidad no   deslindable. La hospitalidad es este <i>s&iacute;</i> al otro, en tanto significa la pura afirmaci&oacute;n   de una patencia originaria e inescindible. El s&iacute; a lo otro no es m&aacute;s que la afirmaci&oacute;n   de una alteridad que me precede y con la cual me encuentro desde siempre en una   situaci&oacute;n de deuda no saldable, aun cuando la niegue o quiera capturarla bajo un   horizonte intersubjetivo.</p>     <p>   5. Volvamos, no obstante, al cuestionamiento que se&ntilde;al&aacute;bamos anteriormente:   &iquest;C&oacute;mo es posible ser hospitalario all&iacute; donde el otro no s&oacute;lo no es un igual-a-m&iacute;, sino   que se resiste a la identificaci&oacute;n? Pareciera que justamente la diferencia imposibilita   la hospitalidad dado que <i>desplaza</i> cualquier intento de acercamiento con el otro,   de cuidado para-con el otro. Pareciera no ser posible una hospitalidad plena, que   persiguiera el absoluto acondicionamiento de un espacio destinado al <i>confort</i> del   habitar del hu&eacute;sped. En otras palabras: la acogida del otro supone la irrupci&oacute;n. Sin   embargo, en este juego que manifiesta la anterioridad del otro aparece el desaf&iacute;o   l&oacute;gico que ya Heidegger hab&iacute;a tematizado con relaci&oacute;n a la problematicidad de la relaci&oacute;n entre la revelabilidad y la revelaci&oacute;n o lo revelado (<i>Cf</i>. Heidegger, 1994). La   revelabilidad parece no poder ser anterior a lo revelado sino, antes bien, manifestarse   en el mismo momento de la revelaci&oacute;n. Quiz&aacute;s debamos adoptar una postura similar   al caracterizar la cuesti&oacute;n de la hospitalidad en tanto irrupci&oacute;n de la alteridad: si   no podemos hablar de una condici&oacute;n o disposici&oacute;n previa a la irrupci&oacute;n del otro,   dado que la condici&oacute;n de irrupci&oacute;n se manifiesta en el mismo momento en que   la irrupci&oacute;n se cumple, la hospitalidad se revela como una situaci&oacute;n que en cierta   medida no se encuentra a disposici&oacute;n del anfitri&oacute;n (y, por ello mismo, el anfitri&oacute;n   se revela hu&eacute;sped, e incluso reh&eacute;n &#8211;recordando la famosa cita levinasiana&#8211;). Si la   hospitalidad s&oacute;lo es hospitalidad en tanto <i>experiencia</i> de la alteridad, suponer que la   hospitalidad fuera una cierta disposici&oacute;n subjetiva en alg&uacute;n sentido ser&iacute;a suponer que   la condici&oacute;n de la hospitalidad es anterior a la acogida del hu&eacute;sped. Esta situaci&oacute;n   un tanto problem&aacute;tica, al menos si lo pensamos en t&eacute;rminos de la exigencia de   algo as&iacute; como una <i>receta para la praxis</i>, de una ense&ntilde;anza para conducirnos con   respeto al otro puede ser comprendida y sustentada fundamentalmente a partir de   dos elementos.</p>     <p>   En primer lugar, y como ya lo hemos se&ntilde;alado, porque el otro no es un igual.   Si el otro es algo distinto de m&iacute;, cualquier disposici&oacute;n previa al contacto con el   otro s&oacute;lo podr&iacute;a representar una <i>modalizaci&oacute;n</i> del otro, un intento de identificaci&oacute;n   del otro que neutralizar&iacute;a la diferencia misma que en este contacto pone en   juego. Radicalizando este punto, predisponer un espacio para el otro supondr&iacute;a   concebir que el otro no es algo diferente de m&iacute;, en todo, casi una negatividad   hegeliana que s&oacute;lo moment&aacute;neamente ser&iacute;a otredad pero cuyo destino ser&iacute;a la   reincorporaci&oacute;n del elemento heterog&eacute;neo (supuestamente heterog&eacute;neo) bajo la   forma de la dial&eacute;ctica.</p>     <p>   El segundo punto est&aacute; estrechamente vinculado con la cuesti&oacute;n del estatuto   del anfitri&oacute;n y la presunta situaci&oacute;n de privilegio que, en tanto propietario de la   casa, creer&iacute;a tener para hospedar al hu&eacute;sped. Sin embargo, esa acogida, lejos   de representar la disposici&oacute;n m&aacute;s c&aacute;lida de un anfitri&oacute;n que recibe al otro en su   morada, describe el movimiento mismo de la desapropiaci&oacute;n y revela, de este   modo, la extranjeridad a s&iacute;. Ya que si no existe, como hemos visto previamente,   un espacio incontaminado para la subjetividad, si la mismidad est&aacute; asediada por el   otro, no existe una casa para el anfitri&oacute;n de la cual &eacute;ste pueda disponer en forma   independiente del otro. No hay una casa de la mismidad o, m&aacute;s a&uacute;n &#8211;si la inversi&oacute;n   nos permite delimitar la figura anhelada&#8211;, <i>el anfitri&oacute;n es acogido en la morada del   hu&eacute;sped</i>. </p>     <p>6. En lo ilocalizable del otro, en su imprevisibilidad, incluso en la   imposibilidad de su legibilidad, hallamos el n&uacute;cleo de la indagaci&oacute;n sobre la   hospitalidad y el desaf&iacute;o consecuente de una articulaci&oacute;n entre una apertura   incondicionada (imposible) y lo que Derrida llam&oacute; 'lo posible'. La paradoja de   una hospitalidad absoluta en el terreno de lo pol&iacute;tico se evidencia inmediatamente,   dado que la irrupci&oacute;n de la alteridad precede a cualquier propiedad, siendo la l&oacute;gica   del don, del don de la ley, su misma condici&oacute;n (Derrida, 1998: 66). Sin embargo,   aun aceptando la heterogeneidad existente entre una &eacute;tica de la hospitalidad y el   &aacute;mbito de la pol&iacute;tica y de lo jur&iacute;dico, volvemos a preguntarnos acerca del v&iacute;nculo   posible entre ambas esferas, incluso cuando desistamos de la posibilidad de que la   &eacute;tica pueda fundar una pol&iacute;tica.<sup><a href="#5" name="5b">5</a></sup> Si la justicia en tanto hospitalidad absoluta es una   afirmaci&oacute;n de car&aacute;cter pr&aacute;ctico, pero en cuanto tal no es practicable (o realizable),   &iquest;qu&eacute; estatuto podr&iacute;amos asignarle a tal noci&oacute;n y, en todo caso, qu&eacute; relaci&oacute;n posee   con el &aacute;mbito pol&iacute;tico-jur&iacute;dico? Atendamos a la distinci&oacute;n que ya en la obra   derrideana aparece de manera expl&iacute;cita, a saber, la distinci&oacute;n entre una Ley de la   hospitalidad, es decir, una hospitalidad absoluta, incondicionada, y las leyes de la   hospitalidad. Por un lado, en el &aacute;mbito de lo imposible, una justicia parad&oacute;jicamente   impracticable; y por el otro, el derecho en el plano de lo posible, el lugar del c&aacute;lculo.   Las leyes de la hospitalidad, que remiten a este &aacute;mbito, estas leyes en plural, ser&iacute;an   leyes condicionales, es decir, leyes que por penetrar en el plano de lo posible no   podr&iacute;an sino presentar ciertas condiciones o condicionamientos para ponerse en   pr&aacute;ctica. Es la ''la hospitalidad circunscripta por el derecho y el deber'', condicional   y jur&iacute;dico-pol&iacute;tica (Derrida, 2000: 135). Pero, &iquest;qu&eacute; relaci&oacute;n mantienen con aquella   Ley de la hospitalidad? ''La tragedia, porque es una tragedia del destino, es que   los dos t&eacute;rminos antagonistas de esta antinomia no son sim&eacute;tricos. Hay en ellos   una extra&ntilde;a jerarqu&iacute;a. <i>La ley est&aacute; por encima de las leyes</i>'' (Derrida, 2000: 83).   Claramente, la postura derrideana nos acerca a una suerte de idea de degradaci&oacute;n   de las leyes, una suerte de <i>pervertibilidad</i> que posibilita la postulaci&oacute;n de las leyes. Sin embargo, la relaci&oacute;n sigue sin estar clara, &iquest;por qu&eacute; postular ambos &aacute;mbitos?</p>     <p>     <blockquote> Pero manteni&eacute;ndose al mismo tiempo por encima de las leyes de la hospitalidad, <i>la</i> ley     incondicional de la hospitalidad necesita <i>de las</i> leyes, las requiere. Esta exigencia es     constitutiva. No ser&iacute;a efectivamente incondicional, la ley, si no <i>debiera devenir</i> efectiva,     concreta, determinada, si &eacute;se no fuera su ser como deber-ser. Correr&iacute;a el riesgo de ser     abstracta, ut&oacute;pica, ilusoria y por lo tanto transformarse en su contrario. Para ser lo que es, <i>la</i> ley necesita as&iacute; <i>de las</i> leyes que sin embargo la niegan, en todo caso, la amenazan, a veces la corrompen o la pervierten. Y deben siempre poder hacerlo (Derrida, 2000: 83).</blockquote> </p>     <p>Esta &uacute;ltima cita parecer&iacute;a condensar lo fundamental de la problem&aacute;tica. En   primer lugar, Derrida se&ntilde;ala una dependencia de la hospitalidad absoluta respecto   de las leyes de hospitalidad o, lo que es lo mismo, de la hospitalidad condicional   (jur&iacute;dica). &iquest;Por qu&eacute; la hospitalidad absoluta necesita de la condicional? Para devenir   posible-efectiva. Aparentemente, la &uacute;nica manera de devenir efectiva es a trav&eacute;s de   la hospitalidad condicional. El riesgo de no lograr tal conexi&oacute;n entre lo imposible y   lo posible parece ser, para Derrida, el riesgo de caer en una afirmaci&oacute;n meramente abstracta, ilusoria, es decir, irrealizable.</p>     <p>   A partir de lo desarrollado y citado hasta aqu&iacute;, podemos al menos llegar a   una conclusi&oacute;n: <i>la conexi&oacute;n entre hospitalidad absoluta y condicionada es una   relaci&oacute;n de mutua necesidad, que posibilita de alg&uacute;n modo la realizaci&oacute;n de lo   imposible en lo posible</i>. Ahora bien, pareciera ser que el precio de tal realizaci&oacute;n   ser&iacute;a la perversi&oacute;n o degradaci&oacute;n de la hospitalidad absoluta y es en este sentido   que Derrida habla de una asimetr&iacute;a o de una jerarqu&iacute;a extra&ntilde;a, en tanto supone la   heterogeneidad de sus elementos y, por lo tanto, un salto de car&aacute;cter ontol&oacute;gico. En   otros t&eacute;rminos, la degradaci&oacute;n no ser&iacute;a meramente cuantitativa sino que supondr&iacute;a   un cambio <i>sustancial</i>. Las leyes de la hospitalidad representar&iacute;an una degradaci&oacute;n   de la hospitalidad absoluta en la medida en que toda incorporaci&oacute;n de condiciones   (que representa el precio mismo de la posibilidad de devenir efectiva) representar&iacute;a   un ejercicio de violencia a la alteridad, en tanto estas condiciones implicar&iacute;an   cierta anulaci&oacute;n de la diferencia, frente a la acogida indiscriminada que postulaba la hospitalidad absoluta.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   &iquest;Qu&eacute; funci&oacute;n cumple, entonces, la hospitalidad absoluta en relaci&oacute;n con   las leyes condicionales? Y la sospecha aqu&iacute; se acercar&iacute;a m&aacute;s a la cuesti&oacute;n de si   esta Ley no es en &uacute;ltima instancia algo as&iacute; como un ideal regulativo kantiano. En   &uacute;ltima instancia, la pregunta ser&aacute; entonces si podemos encontrarnos sobre la base   de un cierto marco regulativo para la praxis o de una completa desvinculaci&oacute;n   de ambos &aacute;mbitos, a saber, el posible, donde se sit&uacute;an en analog&iacute;a al plano de lo   jur&iacute;dico las leyes de la hospitalidad; y del &aacute;mbito de lo imposible, donde La ley de la hospitalidad se presentar&iacute;a como un sue&ntilde;o irrealizable:</p>     <p>     <blockquote>Nos preguntar&iacute;amos, por ejemplo, si la &eacute;tica de la hospitalidad, que vamos a intentar   analizar en el pensamiento de Levinas, puede o no fundar un derecho y una pol&iacute;tica,   m&aacute;s all&aacute; de la morada familiar, en un espacio social, nacional, estatal o estado-nacional (Derrida, 1998a: 38).</p>     <p>   La hospitalidad incondicional, inseparable de un pensamiento sobre la propia justicia,   resulta sin embargo impracticable como tal. No se la puede inscribir dentro de unas reglas   o de una legislaci&oacute;n. Si alguien quisiera traducirla inmediatamente en una pol&iacute;tica, correr&iacute;a el riesgo de suscitar efectos perversos (Derrida, 1999b: 124).</p></blockquote>     <p>Y esta imposibilidad se funda b&aacute;sicamente en la heterogeneidad existente   entre lo imposible y lo posible. La l&oacute;gica de la hospitalidad es la l&oacute;gica de lo   imposible, siendo por ello mismo heterog&eacute;nea a la esfera del c&aacute;lculo del que lo pol&iacute;tico y lo jur&iacute;dico forman parte.</p>     <p>   En <i>Canallas</i>, Derrida aborda la primea de estas opciones resisti&eacute;ndose a   considerar a lo imposible bajo la modalidad de una idea regulativa. Si bien la noci&oacute;n   all&iacute; explorada es la de ''democracia por venir'', creemos que podr&iacute;a servirnos para   evaluar el estatuto de la hospitalidad absoluta en tanto &aacute;mbito de lo imposible. A   juicio de nuestro autor, una idea regulativa formar&iacute;a parte del plano de lo posible,   un ''posible ideal probablemente y reenviado al infinito'' que tender&iacute;a de este modo   una teleolog&iacute;a en una concepci&oacute;n hist&oacute;rica infinita. Frente a esta concepci&oacute;n, Derrida   opone dos motivos fundamentales por los cuales manifiesta ciertas reticencias   respecto de considerar lo imposible como una noci&oacute;n cuyo estatuto metaf&iacute;sico   pudiera pensarse en sinton&iacute;a con una suerte de ideal regulativo en sentido amplio. En   primer lugar, porque todo lo que Derrida concibe bajo la modalidad de lo imposible   (entre otros, la hospitalidad absoluta o justicia)<sup><a href="#6" name="6b">6</a></sup> resulta extranjero en cierta medida   al plano de lo posible, plano en el cual Derrida ubica al ''yo puedo'', a la ''ipseidad'',   a lo ''te&oacute;rico'', a lo ''descriptivo'', a lo ''constatativo'' y a lo ''performativo'' (Cf.   Derrida, 2005: 171 y ss.). La idea regulativa, en &uacute;ltima instancia, permanecer&iacute;a en   el plano de lo posible, ''un posible ideal sin duda que remite al infinito pero que   participa de lo que, al t&eacute;rmino de una historia infinita, pertenecer&iacute;a a&uacute;n al plano de   lo posible, de lo virtual y de la potencia, de lo que est&aacute; en el poder de alguien, de   alg&uacute;n 'yo puedo' alcanzar, en teor&iacute;a y bajo una forma que no est&aacute; exenta de todo fin   teleol&oacute;gico'' (Derrida, 2004: 193). El plano de lo imposible remite directamente al   acontecimiento (<i>&eacute;v&eacute;nement</i>) y, por tanto, a la venida imprevisible del otro ''de una   heteronom&iacute;a, de la ley venida del otro, de la responsabilidad y la decisi&oacute;n del otro''   (Derrida, 2004: 193). Lo imposible como la venida del otro, y en ese sentido como   aquello que rebasa cualquier ''yo puedo''. Sin embargo, no por ello lo imposible, y   por tanto, la justicia, debe ser pensada bajo una concepci&oacute;n de car&aacute;cter privativo. El   im de lo im-posible no es privativo sino que remite a la <i>inyunci&oacute;n</i><sup><a href="#7" name="7b">7</a></sup> que no puede ser   reabsorbida en una idealizaci&oacute;n, al acontecimiento que no puede ser neutralizado bajo una totalidad de la cual el sujeto dispone:</p>     <p>       <blockquote>Este im-posible no es pues una <i>idea</i> (regulativa) o un <i>ideal</i> (regulador). Es aquello que existe     el m&aacute;s innegablemente real de los modos. Y sensible. Como el otro. Como la diferencia     (<i>diff&eacute;rance</i>) irreductible y no reapropiable del otro (Derrida, 2005: 99).</blockquote> </p>     <p>   La hospitalidad en tanto acontecimiento de la venida del otro no puede ser   pensada bajo la forma de un ideal regulativo en la medida en que la venida del otro   no es regulable, anticipable, su irrupci&oacute;n es <i>mesi&aacute;nica</i>. Es por ello que, en segundo   lugar, la responsabilidad hacia el otro, mi deuda con &eacute;l, no puede ser cuantificada ni   calculada y, por tanto, no es pasible de ser realizada bajo la aplicaci&oacute;n una norma   determinada o bajo un cierto modelo determinado. En &uacute;ltima instancia lo imposible   para Derrida no puede ser comprendido como el final de una teleolog&iacute;a infinita   que nunca toma contacto con lo real o que s&oacute;lo al final de su recorrido <i>pudiera</i> realizars,<sup><a href="#8" name="8b">8</a></sup> antes bien, la hospitalidad (y lo imposible) es lo primero en tanto el otro,   la venida del otro es el <i>factum</i>, a lo que debo responder. Porque ''esta idea no es   sin embargo una idea en el sentido kantiano, a la vez reguladora y alejada hasta el infinito. Gobierna la necesidad m&aacute;s perentoria, aqu&iacute; y ahora'' (Derrida, 1999b: 125).</p>     <p>   La hospitalidad absoluta no puede pensarse bajo el estatuto de un ideal   regulativo, en tanto su car&aacute;cter de imposible revela su estrecha conexi&oacute;n con   el acontecimiento, es decir, con lo que no puede preverse ni anunciarse, sin   horizonte posible de espera, sin <i>t&eacute;los</i> ni preformaci&oacute;n teleol&oacute;gica. Todo contenido   anticipado no ser&aacute; m&aacute;s que en detrimento o neutralizaci&oacute;n del car&aacute;cter advenidero   de la hospitalidad misma. En otras palabras, anticipar al otro (aunque sea desde   una teleolog&iacute;a infinita) es neutralizar al otro. Adem&aacute;s, el otro en cierta medida no   necesita ser anticipado porque ya est&aacute; desde siempre aqu&iacute; y, en este sentido, la   hospitalidad absoluta e incondicionada, m&aacute;s que una hospitalidad de la invitaci&oacute;n   (cuyo car&aacute;cter Derrida le atribuye a la hospitalidad condicionada y posible) es una   hospitalidad de visitaci&oacute;n, del don de lo m&aacute;s singular que no puede ser englobado en una totalidad de car&aacute;cter ideal (Derrida, 2004: 184).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Aun cuando la hospitalidad no revista el car&aacute;cter de una idea regulativa, no   obstante, permanece la pregunta acerca del posible contacto entre la hospitalidad   incondicional y la hospitalidad condicionada. Derrida parece no aclarar cu&aacute;l   es la relaci&oacute;n entre ambos planos. Si la hospitalidad no es un infinito malo, es decir, no realizable en lo finito, deber&iacute;amos dar cuenta de cu&aacute;l es entonces el contacto entre lo imposible y lo posible en nuestro caso de la justicia, sobre todo si recordamos la necesidad de la hospitalidad absoluta de devenir efectiva a partir de la hospitalidad condicional. Pero, &iquest;c&oacute;mo deviene efectiva? &iquest;cu&aacute;l es la relaci&oacute;n entre ambas? &iquest;en qu&eacute; sentido deviene posible la hospitalidad absoluta?: ''las leyes condicionales dejar&iacute;an de ser leyes de la hospitalidad si no estuviesen <i>guiadas, inspiradas, aspiradas</i>, incluso requeridas, por la ley de la hospitalidad incondicional'' (Derrida, 2000: 83).</p>     <p>   Guiadas, inspiradas, aspiradas. Figuras de la inspiraci&oacute;n que no hacen m&aacute;s   que se&ntilde;alar un movimiento ciertamente parad&oacute;jico. &iquest;Qu&eacute; significa esta inspiraci&oacute;n,   esta direcci&oacute;n que parece indicar la hospitalidad absoluta si no es un ideal que s&oacute;lo   hace se&ntilde;as desde lo lejos? Quiz&aacute;s la &uacute;nica manera de pensar esta relaci&oacute;n desde otra   perspectiva sea considerar la posibilidad de que la hospitalidad absoluta <i>habite</i> de   alg&uacute;n modo las leyes de la hospitalidad condicionales. Para salir de un idealismo   de la idea de justicia y poder considerar entonces un v&iacute;nculo entre la hospitalidad   absoluta y las leyes condicionales, tendremos quiz&aacute;s que pensar que ese v&iacute;nculo   no puede ser un agregado o una conexi&oacute;n puramente externa, sino antes bien, un   contacto primitivo entre ambas que posibilite esta eficacia, esta <i>inspiraci&oacute;n</i> que   de alguna manera realiza la hospitalidad absoluta, pudiendo entonces las leyes de   la hospitalidad llevar todav&iacute;a, aunque quiz&aacute;s solo en forma degradada, el nombre   de hospitalidad.</p>     <p>   &iquest;Y en qu&eacute; sentido o de qu&eacute; manera podr&iacute;a habitar la justicia, siendo ella   imposible en la hospitalidad condicional? Quiz&aacute;s podamos en este punto establecer   una analog&iacute;a con la cuesti&oacute;n del otro y la din&aacute;mica mismo-otro que hemos   caracterizado anteriormente, quiz&aacute;s sea posible pensar que la justicia es lo otro   del derecho, es lo otro de las leyes de hospitalidad condicional pero que habita en   ellas; pero, &iquest;de qu&eacute; manera? Una cierta espectralidad parece delimitar el espacio   del deveni r-carne de aquello que se sustrae, una cierta <i>inspiraci&oacute;n poseedora</i> de   todo lo posible.</p>     <p>   7. En un texto bastante temprano que puede ser hallado en <i>La escritura y la   diferencia</i><sup><a href="#9" name="9b">9</a></sup>, el fil&oacute;sofo franco-argelino se detiene por un momento a contemplar   la noci&oacute;n de ''inspiraci&oacute;n'', a prop&oacute;sito de las consideraciones de Blanchot sobre   la poes&iacute;a de Artaud, H&ouml;lderlin y Mallarm&eacute;. Aqu&iacute; Derrida parecer&iacute;a continuar esta   tradici&oacute;n, tematizando la categor&iacute;a de inspiraci&oacute;n a trav&eacute;s de dos nociones que   resultan evidentemente cercanas a nuestra tem&aacute;tica. En primer lugar, la cercan&iacute;a de la inspiraci&oacute;n a la noci&oacute;n de lo <i>dem&oacute;nico</i>, que, como mencion&aacute;bamos, ser&iacute;a parte   de una tradici&oacute;n iniciada quiz&aacute;s con el <i>I&oacute;n</i> de Plat&oacute;n<sup><a href="#10" name="10b">10</a></sup>, considerando la inspiraci&oacute;n   como una suerte de ''presencia dem&oacute;nica'', como una posesi&oacute;n, donde la presencia   de una voz ajena domina el propio juicio y posibilita cierta creaci&oacute;n:</p>     <p>       <blockquote>     Soplada, esto es, entendamos al mismo tiempo <i>inspirada</i> a partir de <i>otra</i> voz, que lee     ella misma un texto m&aacute;s antiguo que el poema de mi cuerpo, que el teatro de mi gesto.     La inspiraci&oacute;n es, con diversos personajes, el drama del robo &#91;...&#93; (Derrida, 1989: 242).</blockquote> </p>     <p>   Desde una voz que susurra al autor desde lo ilocalizable hasta la posesi&oacute;n   misma, la inspiraci&oacute;n presenta el rasgo de lo ajeno en lo mismo, la intrusi&oacute;n de   una existencia ilocalizable que se entromete en el propio intelecto dando lugar a   la configuraci&oacute;n de nuevos pensamientos o formas art&iacute;sticas. En cualquiera de los   casos, en cualquiera de los puntos de esta tensi&oacute;n entre el susurro y la absoluta   posesi&oacute;n, nos resulta interesante observar la apertura inevitable que se presenta en   la tem&aacute;tica de la inspiraci&oacute;n, apertura que da lugar a pensamientos inesperados o   inclusive <i>imposibles</i>.</p>     <p>   &iquest;Pero, de qui&eacute;n es esta voz? La pregunta m&aacute;s leg&iacute;tima se torna absurda   cuando nos damos cuenta de que el ladr&oacute;n no puede ser identificado. S&oacute;lo   podemos decir que esa voz &#8211;y esta es la segunda caracter&iacute;stica que quer&iacute;amos   mencionar&#8211; es la voz del otro, de aquel otro que no puede ser atrapado, fagocitado   ni reabsorbido por la mismidad. La eficacia de la alteridad se juega justamente en   esta capacidad de no ser apresable y de iniciar un juego en alguna medida libre   de las reglas del mismo:</p>     <p>       <blockquote> Por el contrario, es la inspiraci&oacute;n misma: fuerza de un vac&iacute;o, torbellino del aliento de     alguien que sopla y aspira hacia s&iacute;, y que me sustrae aquello mismo que deja llegar a m&iacute;     y que yo creo poder decir en mi nombre (Derrida, 1989: 242).</blockquote> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Ambas caracterizaciones de la inspiraci&oacute;n, del <i>agente</i> de la inspiraci&oacute;n   que hemos mencionado, a saber, ''presencia dem&oacute;nica'' y ''otro'', se combinan   de manera evidente con cierta espectralidad: un ''visitante intempestivo'',<sup><a href="#11" name="11b">11</a></sup> que   existe en la modalidad del asedio, y que en su asedio no s&oacute;lo abre lo posible   (mismo), sino que tambi&eacute;n en la apertura misma posibilita nuevas configuraciones de lo posible (otras), que en el proceso mismo de reproducci&oacute;n de lo posible se   presentan como imposibles. El acontecer de una voz que se presenta pero que en   el momento mismo de su localizaci&oacute;n se desvanece, que nunca termina de irse   y siempre est&aacute; por venir.</p>     <p>   &iquest;Y c&oacute;mo podr&iacute;amos conectar esta noci&oacute;n de ''inspiraci&oacute;n'' con la relaci&oacute;n   entre la hospitalidad absoluta y aquellas leyes de la hospitalidad con min&uacute;sculas,   pertenecientes al &aacute;mbito de lo jur&iacute;dico y, por tanto, al plano de lo posible? As&iacute;   como la alteridad resulta indisociable de la mismidad, as&iacute; como el espectro asedia   lo mismo <i>inyungi&eacute;ndolo</i><sup><a href="#12" name="12b">12</a></sup>, y resultando al mismo tiempo tanto ilocalizable como   irreductible a lo mismo, la hospitalidad absoluta ser&iacute;a el espectro de lo jur&iacute;dico,   operando sobre &eacute;l, deconstruy&eacute;ndolo, posey&eacute;ndolo por momentos y posibilitando   su continua deconstrucci&oacute;n, imposibilitando que se detenga, que se cierre sobre   s&iacute; mismo: ''Este anfitri&oacute;n extranjero se presenta como un espectro'' (Derrida,   2000: 43). La noci&oacute;n de inspiraci&oacute;n, en tanto patentizaci&oacute;n de esta presencia   espectral que de alg&uacute;n modo habita el derecho, se presenta para Derrida como   algo absolutamente necesario, como la urgencia siempre presente de una apertura   del derecho. As&iacute; como es necesario que la justicia (que es el otro nombre de la   hospitalidad) est&eacute; presente en el derecho para que &eacute;ste no se cierre sobre un   horizonte determinista-totalizador, es necesario el derecho para que la justicia   tenga lugar, aun cuando este espacio sea habitado por esta &uacute;ltima de una manera   extra&ntilde;a, aquel asedio que es excedencia e inspiraci&oacute;n: ''Es necesaria esta posible   hospitalidad con lo peor para que la buena hospitalidad tenga su oportunidad,   la oportunidad de dejar venir al otro, el s&iacute; del otro, no menos que el <i>s&iacute;</i> al otro''   (Derrida, 1998a: 54). Y la apuesta ser&iacute;a justamente la siguiente:<i> Frente a la   imposibilidad de disponer de un espacio para el otro, en tanto todo espacio se   halla desde siempre contaminado por la alteridad, no obstante, es necesario   insistir en la posibilidad de una apertura hospitalaria al otro en tanto compromiso   con el otro, respeto de la diferencia, aun cuando la apertura solo pueda ser   deficiente y provisional, o justamente por ello</i>.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p><font size="3"> <b>Notas </b></font></p>     <p><a href="#0b" name="0">*</a> El Art&iacute;culo est&aacute; vinculado a los siguientes Proyectos de Investigaci&oacute;n: PICT Agencia: ''Comunidades de   vida: lo pre-personal, lo animal, lo neutro'' y PIP Conicet: ''El tr&aacute;nsito del 'qui&eacute;n' al 'qu&eacute;': lo viviente   en la filosof&iacute;a postnietzscheana contempor&aacute;nea'', bajo la direcci&oacute;n de la Dra. M&oacute;nica B. Cragnolini, Instituto de Filosof&iacute;a, Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, UBA.</p>     <p><a href="#1b" name="1">1</a> El edicto fue promulgado por el emperador Galerio, quien inicialmente habr&iacute;a sido uno de los instigadores   de la pol&iacute;tica de Diocleciano en este aspecto y como tal, seg&uacute;n las fuentes cristianas de la   &eacute;poca, uno de los m&aacute;s decididos enemigos del cristianismo. Galerio muri&oacute; cinco d&iacute;as despu&eacute;s de la promulgaci&oacute;n del edicto.</p>     <p><a href="#2b" name="2">2</a> En <i>The Difficulty of Tolerance</i> (2003), Scanlon establece una genealog&iacute;a de la idea de tolerancia a   la luz de una primera expresi&oacute;n relevante, ''tolerancia religiosa'', noci&oacute;n que ser&iacute;a el legado de las guerras de religi&oacute;n de occidente.</p>     <p><a href="#3b" name="3">3</a> Otra alusi&oacute;n al car&aacute;cter inaferrable del Otro puede leerse tambi&eacute;n: ''El encuentro con el otro consiste   en el hecho de que, no importa cu&aacute;l sea la extensi&oacute;n de mi dominaci&oacute;n sobre &eacute;l y de su sumisi&oacute;n, no lo poseo'' (Derrida, 1998: 21).</p>     <p><a href="#4b" name="4">4</a> Cabe se&ntilde;alar que el t&eacute;rmino ''rostro'' es utilizado por Levinas para nombrar de alg&uacute;n modo la presentaci&oacute;n   sensible del Otro, de aquel ser que se me presenta como anterior e inapresable a la conceptualizaci&oacute;n.   Es la presencia de un ser independiente de mi existencia, ''la identidad misma de un ser. Se manifiesta   en ella a partir de s&iacute; mismo, sin concepto'' (Levinas, 2001: 46). Y tambi&eacute;n: &quot;Oponemos la significaci&oacute;n del rostro a la comprensi&oacute;n y significaci&oacute;n que se captan a partir del horizonte&quot; (Levinas, 2001: 22).</p>     <p><a href="#5b" name="5">5</a> Quiz&aacute;s &eacute;ste sea el rasgo m&aacute;s antihegeliano (e inclusive antiabsolutista) de Derrida. No hay un paso   directo de la moralidad a la eticidad porque si esto fuera posible, entonces podr&iacute;a fundarse estado a partir de una idea absoluta.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#6b" name="6">6</a> Recordemos tambi&eacute;n las nociones de ''democracia por venir'', ''amistad'' y ''perd&oacute;n imposible''.</p>     <p>   <a href="#7b" name="7">7</a> Utilizamos la traducci&oacute;n sugerida por De Peretti y otros traductores sobre el t&eacute;rmino franc&eacute;s <i>injonction</i>.   El t&eacute;rmino inyunci&oacute;n no figura en los diccionarios de la lengua castellana, pero figura el verbo <i>inyungir</i> derivado (lo mismo que su correspondiente italiano) el verbo latino injungere que significa dar una   orden, mandar, imponer y que permite pensar la interpelaci&oacute;n del otro desde cierta l&iacute;nea levinasiana   que rompe con el nominativo y el paradigma epist&eacute;mico como escena privilegiada de encuentro con el otro.</p>     <p><a href="#8b" name="8">8</a> En este sentido es que Derrida se encarga de explicar cu&aacute;l ser&iacute;a el estatuto de lo imposible en relaci&oacute;n   a la noci&oacute;n de ''democracia por venir'': '''Democracia por venir' no quiere decir democracia futura   que un d&iacute;a ser&aacute; 'presente': no es presentable, y tampoco es una idea regulativa en el sentido kantiano.   Pero hay lo imposible, cuya promesa inscribe la democracia &#8211;que arriesga y debe arriesgar siempre con pervertirse en una amenaza&#8211;. Hay lo imposible'' (Derrida, 2004: 176).</p>     <p><a href="#9b" name="9">9</a> Nos referimos a ''La palabra soplada'' (Derrida, 1989).</p>     <p><a href="#10b" name="10">10</a> No pretendemos agotar esta tem&aacute;tica en el presente trabajo. La cuesti&oacute;n de la inspiraci&oacute;n reviste una   gran importancia en el &aacute;mbito de la filosof&iacute;a del arte, y nuestra extrapolaci&oacute;n de dicho concepto para   pensar la filosof&iacute;a pol&iacute;tica podr&iacute;a enriquecerse con otros abordajes modernos sobre el asunto, como el   rom&aacute;ntico, el cual busc&oacute; rescatar este di&aacute;logo temprano de Plat&oacute;n en oposici&oacute;n a un clasicismo que, a partir de la <i>Po&eacute;tica</i> de Arist&oacute;teles, pretend&iacute;a limitar la creaci&oacute;n art&iacute;stica a mera t&eacute;cnica.</p>     <p>   <a href="#11b" name="11">11</a> Un trabajo muy interesante para analizar las caracter&iacute;sticas del espectro es el que presenta De Peretti (2003: 27-46).</p>     <p><a href="#12b" name="12">12</a> Cf. Nota 7 supra.</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"> <b>REFERENCIAS </b></font></p>     <!-- ref --><p> BDE PERETTI, C. (ed.) (2003) <i>Espectrograf&iacute;as</i>. <i>Desde Marx y Derrida</i>. Madrid: Trotta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0121-3628201400020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   DERRIDA, J. (1998a) <i>Adi&oacute;s a Emmanuel Levinas seguido de Palabra de acogida</i>. Madrid, Trotta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0121-3628201400020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>DERRIDA, J. (2005) <i>Canallas</i>. Dos ensayos sobre la raz&oacute;n. Trad. de Cristina De Peretti, Madrid, Trotta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0121-3628201400020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   DERRIDA, J. (1997a) <i>El monoling&uuml;ismo del otro</i>. Trad. de H. Pons, Buenos Aires, Manantial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0121-3628201400020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   DERRIDA, J. (1997b) <i>Fuerza de ley</i>. Trad. de A. Barbera y P. Pe&ntilde;alver, Madrid, Tecnos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0121-3628201400020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   DERRIDA, J. (2004) <i>La filosof&iacute;a en una &eacute;poca de terror</i>. <i>Di&aacute;logos con J&uuml;rgen   Habermas y Jacques</i> Derrida. Trad. de J.J. Botero y L.E. Hoyos, Buenos Aires, Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0121-3628201400020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   DERRIDA, J., Dufourmantelle, A. (2000) <i>La hospitalidad</i>. Trad. de M. Segoviano, Buenos Aires, De la Flor.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0121-3628201400020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   DERRIDA, J. (1989) <i>La Escritura y la Diferencia</i>. Trad. de P. Pe&ntilde;alver, Barcelona, Anthropos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0121-3628201400020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   DERRIDA, J. (1999b) <i>No escribo sin luz artificial</i>. Trad. de R. Iba&ntilde;ez y M.J. Pozo, Valladolid, Cuatro.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0121-3628201400020001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   DERRIDA, J. (1998b) <i>Pol&iacute;ticas de la Amistad seguido de El o&iacute;do de Heidegger</i>. Trad. de P. Pe&ntilde;alver. Madrid, Trotta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0121-3628201400020001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   DERRIDA, J. (1999a) ''Sobre la hospitalidad'', en: <i>Sur parole</i>. <i>Instantan&eacute;s philosophiques</i>. Paris, Ã‰ditions de l'Aube / France Culture.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-3628201400020001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   GALERIUS AND CONSTANTINE (311/313) <i>Edicts of Toleration</i>. The Center for Medieval Studies, Medieval Sourcebook.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-3628201400020001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   GRELL, O., Roy P.R, (ed.) (2000). <i>Toleration in Enlightenment Europe</i>. Cambridge, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-3628201400020001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   HABERMAS, J. (1989) <i>El discurso filos&oacute;fico de la modernidad. (Doce lecciones)</i>. Trad. de M. Jim&eacute;nez Redondo, Madrid, Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-3628201400020001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   HABERMAS, J. (1996) <i>La inclusi&oacute;n del otro. Estudios de teor&iacute;a pol&iacute;tica</i>. Buenos Aires, Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-3628201400020001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   HEIDEGGER, M. (1994) ''Po&eacute;ticamente habita el hombre'', en: <i>Conferencias y Art&iacute;culos</i>. Trad. de Eustaquio Barjau, Barcelona, Serbal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-3628201400020001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   LEVINAS, E. (2001) <i>Entre Nosotros. Ensayos para pensar en otro</i>. Valencia, Pre-Textos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-3628201400020001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>LEVINAS, E. (1991) &Eacute;tica e infinito. Madrid, Machado Libros.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-3628201400020001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   LEVINAS, E. (1999) <i>Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad</i>. Valencia, S&iacute;gueme.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-3628201400020001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   LOCKE, J. (2011) <i>Ensayo sobre la tolerancia y otros escritos sobre &eacute;tica y   obediencia civil</i>. Trad. de B. Rodr&iacute;guez L&oacute;pez y D.A. Fern&aacute;ndez Peychaux, Madrid, Biblioteca Nueva.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-3628201400020001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> MILL, J. S. (1977) <i>Sobre la libertad</i>. 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Trad.de Thomas Murau, La Plata, Terramar.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-3628201400020001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   PENCHASZADEH, A. P. (2009) ''Hospitalidad y soberan&iacute;a. Reflexiones pol&iacute;ticas:   en torno de la filosof&iacute;a de Jacques Derrida'', en: ISEGORÃA. <i>Revista de Filosof&iacute;a Moral y Pol&iacute;tica</i>, NÂº 40, enero-junio, pp. 177-190.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-3628201400020001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>   SCANLON, T. 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