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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Atribuciones de culpa a partir del estatus del testigo y la intencionalidad]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The effect of the social status of the witnesses and the intent of the person, on the powers of guilt made by individuals were evaluated in this research. 178 college students participated and 4 stories that describe an event of fraud in a learning environment were used, varying the suspect's intentionality (intentional -not intentional) and social status of the witness (high -low). The results showed that there is an effect of social status and intentionality attributions of guilt. Results are interpreted in light of previous studies on attribution of blame in order to incorporate new elements as prior beliefs of the participants and accompanying information and highlight the status of witnesses to guide future research.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="right">doi: 10.14349/sumapsi2013.1239</p>      <p align="center"><font size="4"><b>Atribuciones de culpa a partir del estatus del testigo y la intencionalidad</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>Attributions of guilt from witness status and intentionality</b></font></p>      <p align="center">Karol Contreras; Harold Urue&ntilde;a</p>      <p><i>Fundaci&oacute;n Universitaria Konrad Lorenz, Colombia.</i></p>      <p>La correspondencia relacionada con este art&iacute;culo debe ser dirigida a Harold Urue&ntilde;a o Karol Contreras. Correos electr&oacute;nicos: <a href="mailto:harold.uruena@gmail.com">harold.uruena@gmail.com</a>; <a href="mailto:karolacontrerast@gmail.com">karolacontrerast@gmail.com</a>.</p>      <p><i>Recibido. 15 de marzo 2013 Aceptado. 28 de noviembre 2013</i>.</p>  <hr>      <p><b>Resumen</b></p>      <p><i>En esta investigaci&oacute;n se evalu&oacute; el efecto del estatus social de los testigos y la intencionalidad de la persona sobre las atribuciones de culpa que realizan los individuos. Participaron 178 estudiantes universitarios y se utilizaron 4 historias que describen un evento de fraude en un ambiente acad&eacute;mico, variando la intencionalidad del sospechoso (intencional - no intencional) y el estatus social del testigo (alto - bajo). Los resultados mostraron que no existe un efecto del estatus social y de la intencionalidad en las atribuciones de culpa. Los resultados son interpretados a la luz de estudios previos sobre atribuci&oacute;n de culpa con el prop&oacute;sito de incorporar elementos nuevos como las creencias previas de los participantes e informaci&oacute;n que acompa&ntilde;e y resalte el estatus de los testigos para guiar las investigaciones futuras.</i></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i><b>Palabras clave:</b> atribuci&oacute;n de culpa, percepci&oacute;n social, intencionalidad, estatus social, testigos</i>.</p>  <hr>      <p><b>Abstract</b></p>      <p><i>The effect of the social status of the witnesses and the intent of the person, on the powers of guilt made by individuals were evaluated in this research. 178 college students participated and 4 stories that describe an event of fraud in a learning environment were used, varying the suspect's intentionality (intentional -not intentional) and social status of the witness (high -low). The results showed that there is an effect of social status and intentionality attributions of guilt. Results are interpreted in light of previous studies on attribution of blame in order to incorporate new elements as prior beliefs of the participants and accompanying information and highlight the status of witnesses to guide future research.</i></p>      <p><i><b>Key words:</b> blame attribution, social perception, intentionality, social status, witnesses</i>.</p>  <hr>      <p>Para adaptarse a cualquier medio es fundamental que las personas logren entablar relaciones de causalidad entre los eventos que los rodean y as&iacute; asegurar una interacci&oacute;n favorable con el entorno. El aprendizaje de estas relaciones causales seg&uacute;n Kemp, Goodman y Tenenbaum (2010) representan uno de los procesos cognitivos m&aacute;s b&aacute;sicos e importantes que sustentan los procesos cognitivos de orden superior tales como la comprensi&oacute;n conceptual, la soluci&oacute;n de problemas y la toma de decisiones. Adem&aacute;s permite a los agentes -incluyendo a los humanos y animales- saber que dos eventos est&aacute;n conectados por alg&uacute;n tipo de enlace o mecanismo, de tal manera que la presencia o la ausencia de la causa son constantemente seguidas de la presencia o la ausencia del efecto. Esto permite predecir acontecimientos futuros a partir de la informaci&oacute;n actual (Hagmayer, Meder, von Sydow &amp; Waldmann, 2011).</p>      <p>Una de las posturas m&aacute;s importantes acerca del aprendizaje de relaciones causales afirma que estas pueden inferirse a partir de correlaciones. Sin embargo, es necesario aclarar que las correlaciones son bidireccionales, ya que ambos eventos covar&iacute;an en conjunto y no implica que uno de los dos sea la causa del otro. En contraste las relaciones causales son unidireccionales, de tal forma que las causas producen efectos pero los efectos no producen causas. De este modo, las posturas de aprendizaje de correlaciones deber&iacute;an postular alg&uacute;n mecanismo que permita a los organismos diferenciar las causas de las simples correlaciones. Por otra parte, hay otras posturas que se enmarcan dentro de un modelo computacional de la inferencia de las relaciones causales y postulan, dentro del marco de la teor&iacute;a del poder causal, que las inferencias causales se derivan a partir de ecuaciones que tienen en cuenta la independencia de todas las causas posibles, observadas y no observadas de un efecto, de manera que para un mismo efecto en donde pueden presentarse muchas causas candidatas, la selecci&oacute;n de una de ellas como causa depende de un an&aacute;lisis m&aacute;s exhaustivo por parte del agente o perceptor (Buehner &amp; Cheng, 2005). Es a partir de este modelo que se dise&ntilde;a la presente investigaci&oacute;n.</p>      <p>Se ha argumentado que el proceso que permite las inferencias de las relaciones causales promueve las atribuciones o juicios de responsabilidad y culpa. Los juicios de responsabilidad se refieren al grado en que los agentes reflejan ser ejecutores del resultado de algunas acciones, y los juicios de culpabilidad tienen que ver con la apreciaci&oacute;n de los observadores sobre un agente que es considerado como autor directo o indirecto de un acontecimiento socialmente negativo (Mantler, Glenn &amp; Stewart, 2003). Para que a una persona se le se&ntilde;ale como responsable y/o culpable de un suceso socialmente negativo (por ejemplo, atropellar a alguien), debe ser como requisito m&iacute;nimo un agente causal que haya provocado dicho acontecimiento negativo (en el ejemplo anterior, acelerar cuando no deb&iacute;a, pasarse un sem&aacute;foro en rojo u otros factores originados por el conductor) (Lagnado &amp; Channon, 2008). La importancia de estos juicios es que permiten a las personas ejercer alg&uacute;n tipo de control social para fomentar conductas altruistas y pro sociales. A manera de ejemplo, para las personas a quienes se les atribuye la responsabilidad de actos socialmente aceptados como el hero&iacute;smo en una situaci&oacute;n cr&iacute;tica (e.g. evitar un robo a un desconocido), existen diferentes formas de reconocimiento y premiaci&oacute;n, lo que afectar&aacute; la probabilidad de ocurrencia futura de su propio comportamiento y el de otras personas para quienes son un ejemplo de conducta en situaciones parecidas. Del mismo modo, permiten castigar aquellos comportamientos que no se ajustan a la normatividad de convivencia, pues las personas a las que se les atribuyen culpa o responsabilidad de un hecho reprochable en esa sociedad son vistas como transgresores de la ley, ya sea porque generaron o porque no evitaron que ocurriera el hecho, y se les castiga para evitar dicha transgresi&oacute;n (Denson, Lickel, Curtis, Strenstrom &amp; Ames, 2006). Sin embargo, aunque los juicios de causa y culpa est&aacute;n estrechamente relacionados, tienen algunas diferencias que hay que tener en cuenta, ya que por ejemplo, alguien puede causar un resultado desafortunado pero no ser culpable, como cuando alg&uacute;n ni&ntilde;o dispara un arma que se encontr&oacute; y como resultado mata a su amigo de juego, por lo tanto es causante y responsable de la muerte de su amigo. En este caso el ni&ntilde;o ser&iacute;a visto como culpable a diferencia de su padre, - el due&ntilde;o del arma, quien no ser&iacute;a visto como responsable de la tragedia, pero si como el culpable por el descuido de no guardar el arma en un lugar seguro (Chockler &amp; Halpern, 2004; Shafer, 2001).</p>      <p>Aun as&iacute;, se ha encontrado que existe una estrecha relaci&oacute;n entre las atribuciones de causa y culpabilidad. Lagnado y Channon (2008) evaluaron la influencia de la intencionalidad y los efectos de primac&iacute;a o recencia en las atribuciones de causa y culpa. Se llev&oacute; a cabo la evaluaci&oacute;n en 80 estudiantes universitarios a trav&eacute;s de 18 historias que conduc&iacute;an a un resultado socialmente negativo- como por ejemplo las muertes de algunas personas. En las historias se vari&oacute; la presentaci&oacute;n de actos intencionales, no intencionales y eventos f&iacute;sicos. Tambi&eacute;n se vari&oacute; la ubicaci&oacute;n de esos actos en la cadena causal, es decir si estaban inmediatamente anterior al evento negativo (recencia causal) o si estaban al principio de una serie de eventos que terminaban con el evento negativo (primac&iacute;a causal). En cada historia el participante de la investigaci&oacute;n (quien era al mismo tiempo el perceptor, o quien hizo los juicios) evalu&oacute; las acciones de los actores, seg&uacute;n unas historias ficticias que se le presentaban y que resaltaban el car&aacute;cter accidental o intencional de unos sucesos tr&aacute;gicos. Posterior a ello atribuyeron si el actor era causante y/o culpable de dichas consecuencias negativas a trav&eacute;s de una escala de 0 a 100, donde 100 significaba que el evento fue en absoluto fue causado por el actor, para los juicios de causa o es en absoluto culpable para los juicios de culpa. Se encontr&oacute; que se atribuye mayor culpabilidad y causaci&oacute;n cuando los eventos son intencionales que cuando no lo son, lo que es evidencia de que la intencionalidad es un criterio clave para la atribuci&oacute;n de culpa.</p>      <p>De igual modo, se ha propuesto que las personas tienden a comprender y dar explicaciones del comportamiento de los agentes vinculando sus acciones con las intenciones. Los estados intencionales se definen a grandes rasgos como la propiedad de los sujetos para representarse objetos, acciones, acontecimientos, posibilidades (Jorba-Grau, 2011), y estas sirven como herramienta para en primer lugar, identificar a aquellos entes en el mundo que tienen la intencionalidad para moverse de los que no (e.g. los operarios vs. las herramientas) (Kim, Soo Do &amp; Kim, 2001; Schweickert &amp; Zhuangzhuang, 2010), y en segundo lugar para explicar las acciones de los seres intencionales, atribuy&eacute;ndoles deseos, expectativas y creencias, pues el punto fundamental es que seg&uacute;n las personas las intenciones causan acciones y entre m&aacute;s fuerte es la intenci&oacute;n m&aacute;s exitosa debe ser una acci&oacute;n. Esto tiene una gran utilidad evolutiva puesto que permiti&oacute; a los seres humanos identificar quienes podr&iacute;an ser enemigos potenciales, amigos, compa&ntilde;eros, depredadores o presas (Preston, Ritter &amp; Wegner, 2011).</p>      <p>Cabe resaltar que las formas en que se producen las inferencias de culpabilidad se estudian bajo dos modelos diferentes. Por un lado, en los modelos prescriptivos o preceptivos se explica el proceso que sigue un agente ideal en la generaci&oacute;n de juicios de culpa. Por otra parte, los modelos descriptivos explican el proceso que siguen las personas realmente en la elaboraci&oacute;n de juicios de culpa. El presente trabajo se basa en el modelo descriptivo de control culpable de Alicke (2000), el cual tiene el supuesto de que la atribuci&oacute;n de culpa se ve influida por el control personal, que involucra la libertad del actor implicado al llevar a cabo comportamientos para lograr o evitar ciertas consecuencias. El control personal puede ser identificado mediante la evaluaci&oacute;n de la relaci&oacute;n entre tres elementos: primero, estados mentales (deseos, planes, motivos y conocimientos de la persona); en segundo lugar se tiene el elemento comportamental (acciones u omisiones de acciones), y por &uacute;ltimo las consecuencias (resultados inmediatos o extendidos en el tiempo). Estos elementos crean enlaces entre los estados mentales y el comportamiento, en donde se eval&uacute;a si las acciones fueron elegidas libremente o si el actor fue forzado a realizar ciertos comportamientos. Entre el comportamiento y la consecuencia, se eval&uacute;a el impacto &uacute;nico del actor sobre la consecuencia. Entre los estados mentales y la consecuencia, se eval&uacute;a si las consecuencias fueron deseadas y anticipadas.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tanto en los modelos normativos como en los descriptivos se plantea que las personas hacen atribuciones de culpa sobre criterios de intenci&oacute;n (deseo de alcanzar ciertas consecuencias de sus actos), causaci&oacute;n (probabilidad que el acto por si solo puede causar la consecuencia) y previsibilidad (anticipar las consecuencias de sus actos) (Varma, 2011). Sin embargo, las atribuciones de culpa y los juicios de control personal son influenciados por evaluaciones espont&aacute;neas que se realizan de forma inmediata acerca de los elementos mentales, comportamentales y de consecuencias. Las evaluaciones espont&aacute;neas son reacciones afectivas hacia las consecuencias y las personas involucradas, que se realizan a partir de factores evidentes como la intenci&oacute;n, motivaci&oacute;n, conocimiento comportamiento y consecuencias de la persona o factores extraevidenciales tales como el atractivo social de la persona, su reputaci&oacute;n o su estatus social (Alicke, 2000).</p>      <p>El estatus est&aacute; determinado por ciertas dimensiones como la educaci&oacute;n, la cantidad de ingresos, la ocupaci&oacute;n y el lugar de residencia, acompa&ntilde;ado por caracter&iacute;sticas como la raza, el g&eacute;nero y la edad (Hawkins, Best &amp; Coney, 1997). En el &aacute;mbito acad&eacute;mico el estatus est&aacute; definido por la percepci&oacute;n de popularidad, preferencia social y el n&uacute;mero de relaciones existentes (Garandeau, Ahn &amp; Rodkin, 2011; Jim&eacute;nez, Moreno, Murgui &amp; Musitu, 2008). Las principales caracter&iacute;sticas que definen a un individuo como popular son ser aplicado en sus estudios, tener actividades extracurriculares importantes (e.g. ser deportista), vestir con ropa de moda, tener altos logros acad&eacute;micos y tener amplios v&iacute;nculos sociales. Es importante aclarar que el individuo debe cumplir con todas o bien la mayor&iacute;a de las caracter&iacute;sticas nombradas para ser popular. S&oacute;lo cumplir una no basta, de hecho, si solo cumple una de estas caracter&iacute;sticas y/o tiene las caracter&iacute;sticas opuestas a las mencionadas, el individuo es juzgado por sus pares como raro, perdedor o nerd (J. Bishop, Bishop, Gelbwasser, Green &amp; Zuckerman, 2003).</p>      <p>Respecto a la relaci&oacute;n del estatus y las atribuciones de culpa en &aacute;mbitos acad&eacute;micos Gini (2006), busc&oacute; analizar el impacto del estatus del grupo en la percepci&oacute;n de ni&ntilde;os de 14 a&ntilde;os en un incidente de matoneo f&iacute;sico. Para este estudio se utiliz&oacute; una historia en la cual dos grupos se cruzaron en la clase de baloncesto y no pod&iacute;an coordinar cu&aacute;l de los dos grupos ten&iacute;a el turno para jugar. Acto seguido se present&oacute; un evento de agresi&oacute;n porque ambos grupos reclamaban derecho sobre la cancha. En las historias se manipul&oacute; el estatus del grupo, donde un alto estatus se relacionaba con ser muy buenos deportistas y haber ganado el torneo escolar, mientras que el bajo esta-tus se relacionaba con no ser muy buenos en este deporte y solo jugarlo por diversi&oacute;n, y se intercambiaron el papel de agresor y v&iacute;ctima de los actores en la historia. Se encontr&oacute; que los participantes juzgaron al grupo de alto estatus como m&aacute;s culpable que a los otros grupos y al grupo de bajo estatus lo juzgaban como menos culpable. Estos resultados se explican a la luz de que el estatus social, al parecer, juega un rol significativo en la atribuci&oacute;n de culpa cuando se trata de un grupo externo; es decir, un grupo diferente al que pertenece el perceptor. En relaci&oacute;n con el modelo de Alicke (2000), se podr&iacute;a inferir que el estatus funciona como evaluaci&oacute;n espontanea en la atribuci&oacute;n de culpa en ausencia de informaci&oacute;n concreta de intencionalidad, previsibilidad y causaci&oacute;n.</p>      <p>Por otra parte, tambi&eacute;n se usa el estudio de la atribuci&oacute;n de culpa en el estudio de las caracter&iacute;sticas de los testigos en &aacute;mbitos legales. Respecto a las caracter&iacute;sticas de los testigos, Swenson, Nash y Rods (1984) pusieron a prueba la credibilidad de los testigos seg&uacute;n el estatus, el sexo y la experiencia en un caso simulado de custodia de un menor, donde participaron 284 estudiantes universitarios. En dicho estudio se llev&oacute; a cabo una grabaci&oacute;n de audio previa a la declaraci&oacute;n, se present&oacute; al testigo mencionando su profesi&oacute;n, su experiencia y su sexo; adem&aacute;s se eval&uacute;o el recuerdo del testimonio y la credibilidad del mismo. Se encontr&oacute; que respecto al sexo se percibi&oacute; como m&aacute;s confiable el discurso del testigo cuando era mujer que cuando era hombre; respecto a la experiencia, result&oacute; m&aacute;s confiable el discurso del testigo que ten&iacute;a m&aacute;s experiencia, es decir m&aacute;s a&ntilde;os de labor; y finalmente respecto al estatus, se encontr&oacute; como m&aacute;s confiable la declaraci&oacute;n de los testigos cuando era un psic&oacute;logo o un trabajador social que cuando era un psiquiatra o un vecino, debido a que la profesi&oacute;n result&oacute; ser un indicador de fiabilidad y de estatus en ciertas condiciones como la adopci&oacute;n. Esto permite a&ntilde;adir que las caracter&iacute;sticas de los testigos influyen en su credibilidad, raz&oacute;n por la cual estas caracter&iacute;sticas pueden estar ligadas a las evaluaciones espont&aacute;neas.</p>      <p>Adem&aacute;s en la psicolog&iacute;a del testimonio, que abarca la credibilidad del relato de los testigos, Iba&ntilde;ez (2009) se&ntilde;ala que existen algunos sesgos que pueden influir en el discurso de los testigos, el sesgo de disponibilidad, el sesgo de confirmaci&oacute;n y el sesgo de creencia. El sesgo de disponibilidad se refiere a la inferencia de probabilidades o frecuencias en evaluaciones intuitivas utilizando heur&iacute;sticos que conducen a errores sistem&aacute;ticos. El sesgo de confirmaci&oacute;n se refiere a la tendencia de las personas a utilizar razones emocionales, motivacionales o fallos cognitivos para buscar informaci&oacute;n que confirmen sus creencias. El sesgo de creencia se refiere a la evaluaci&oacute;n err&oacute;nea de la evidencia bas&aacute;ndose en la concordancia con las creencias m&aacute;s que sobre un razonamiento l&oacute;gico.</p>      <p>Es as&iacute; como la atribuci&oacute;n de culpa requiere la evaluaci&oacute;n de la intencionalidad, la previsibilidad y la causaci&oacute;n que tiene el actor sobre las consecuencias. Adem&aacute;s se requiere la evaluaci&oacute;n de los estados mentales y comportamentales del actor, y los estados de la consecuencia y la interacci&oacute;n entre ellos; sin embargo las evaluaciones espont&aacute;neas pueden mediar la evaluaci&oacute;n de los criterios anteriores o de sus interacciones. Se ha analizado emp&iacute;ricamente la intencionalidad, la previsibilidad y la causaci&oacute;n seg&uacute;n el modelo de Alicke (2000) en estudios como los de Lagnado et al. (2008), donde se encontr&oacute; que estos criterios son suficientes para realizar una atribuci&oacute;n de culpa. Respecto a las evaluaciones espont&aacute;neas, no se han realizado investigaciones directamente relacionadas con el modelo de Alicke; sin embargo, se han realizado investigaciones como la de Gini (2006), en la que se encuentra que el estatus de los actores juega un rol importante en la atribuci&oacute;n de culpa.</p>      <p>Otro factor que est&aacute; enmarcado en el estudio de las atribuciones de culpa en el &aacute;mbito jur&iacute;dico, son las caracter&iacute;sticas de los testigos (Pickel &amp; Staller, 2012) pues una de las caracter&iacute;sticas que tiene relevancia para atribuir credibilidad es el estatus social de los testigos, lo cual permite inferir que las caracter&iacute;sticas de los testigos est&aacute;n relacionadas con las evaluaciones espont&aacute;neas. Sin embargo, las investigaciones emp&iacute;ricas sobre las caracter&iacute;sticas de los testigos son recientes, debido a que los estudios anteriormente citados se han centrado solo en el estatus social del actor de la infracci&oacute;n y no del testigo que brinda la informaci&oacute;n (Palmer, Flowe, Takarangi &amp; Humphries, 2013).</p>      <p>Con base en lo anterior, el objetivo de la presente investigaci&oacute;n fue evaluar el efecto de la intencionalidad del actor y el estatus social del testigo en la atribuci&oacute;n de culpa. Se intent&oacute; responder a la pregunta de si existen diferencias en las atribuciones de culpa entre el estatus social alto y el estatus social bajo del testigo. De igual forma, se pregunt&oacute; por las diferencias en las atribuciones de culpa entre la intencionalidad y no intencionalidad del actor, as&iacute; como por los efectos del estatus social del testigo y la intencionalidad del actor de una infracci&oacute;n, sobre las atribuciones de culpa que realizan las personas.</p>      <p><font size="3"><b>M&eacute;todo</b></font></p>      <p><b>Participantes</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el estudio participaron 178 estudiantes universitarios de psicolog&iacute;a con edades promedio de 19.8 a&ntilde;os. En cuanto al sexo, 147 fueron mujeres y 31 hombres. Se realiz&oacute; un muestreo no probabil&iacute;stico.</p>      <p><b>Dise&ntilde;o</b></p>      <p>Se utiliz&oacute; un dise&ntilde;o factorial de 2x2, en el cual uno de los factores fue el de intencionalidad del actor (intencionalidad y no intencionalidad) y el otro factor fue el de estatus social del testigo (alto y bajo). La asignaci&oacute;n a los grupos se realiz&oacute; de manera aleatoria.</p>      <p><b>Instrumentos</b></p>      <p>Se utiliz&oacute; una historia ficticia creada por los investigadores, y se dividi&oacute; en cuatro versiones seg&uacute;n los factores anteriormente expuestos en el dise&ntilde;o: intencionalidad y alto estatus, intencionalidad y bajo estatus, no intencionalidad y alto estatus, y por &uacute;ltimo no intencionalidad y bajo estatus. Cuatro historias en que se vari&oacute; la intencionalidad y no intencionalidad del actor, y el estatus del testigo (alto-bajo). La intencionalidad hace referencia a si el actor actu&oacute; deliberadamente o por accidente (Gantt &amp; Williams, 2013) y el estatus se refiere a las caracter&iacute;sticas de popularidad que tenga el testigo (Garandeau, Ahn &amp; Rodkin, 2011; Jim&eacute;nez, Moreno, Murgui &amp; Musitu, 2008). Se redactaron las historias tomando en cuenta no s&oacute;lo las variables que deb&iacute;an contener, sino tambi&eacute;n que narraran hechos cercanos a la vida cotidiana de los estudiantes universitarios.</p>      <p>Al final se les ped&iacute;a a los participantes que marcaran una X sobre una l&iacute;nea horizontal que se encontraba en la hoja de respuestas y que comprend&iacute;a en sus l&iacute;mites extremos los valores de 0 a 100. La marcaci&oacute;n expresaba que tan seguros estaban de que el actor hab&iacute;a cometido el acto, donde, 0 = "no es culpable en lo absoluto" y 100 = "completamente culpable".</p>      <p><b>Procedimiento</b></p>      <p>Se realiz&oacute; un pilotaje previo con 40 participantes, con el fin de asegurar que los participantes percibieran y categorizaran a trav&eacute;s de la lectura de la historia tanto la intencionalidad y no intencionalidad del actor, como el estatus alto y bajo del testigo. Luego, se seleccion&oacute; la muestra empleada para el estudio y se le solicit&oacute; a cada participante firmar el consentimiento informado, y una vez los participantes accedieron a hacer parte de la investigaci&oacute;n, se les entreg&oacute; uno de los cuatro cuadernillos que conten&iacute;a una de las cuatro historias, al azar. La aplicaci&oacute;n de la prueba se realiz&oacute; de manera individual. Al terminar la lectura, los participantes emitieron sus juicios de culpabilidad marcando una X sobre una escala continua de 0 ("no es culpable") hasta 100 ("completamente culpable"). Adicionalmente se solicit&oacute; a los participantes redactar los criterios del testigo que tuvieron en cuenta para realizar dicha atribuci&oacute;n de culpa.</p>      <p><font size="3"><b>Resultados</b></font></p>      <p>Se aplic&oacute; una ANOVA factorial para el an&aacute;lisis de los datos, teniendo en cuenta que se trat&oacute; de un dise&ntilde;o factorial de 2 (estatus social alto y bajo del testigo) <font face="Palatino Linotype">&chi;</font><sup>2</sup> (percepci&oacute;n de intencionalidad y no intencionalidad). Previamente se aplic&oacute; el test de Kolmogorov - Smirnov p = .065 el cual indica que la distribuci&oacute;n de las puntuaciones de la atribuci&oacute;n de culpa tienen una distribuci&oacute;n normal. Posteriormente se aplic&oacute; la prueba de Levene p = .191 lo cual indica que la distribuci&oacute;n de las puntuaciones de la atribuci&oacute;n de culpa es homog&eacute;nea.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los resultados de la ANOVA Factorial (<a href="#tab1">Tabla 1</a>) arrojaron que primero con un F (1.174) = 3.558, p = .061 &gt; .05, no existen diferencias significativas en la atribuci&oacute;n de culpa entre la intencionalidad alta y la no intencionalidad. En segundo lugar, con un F (1.174) = 3.135, p = .078 &gt;.05 no existen diferencias significativas en la atribuci&oacute;n de culpa entre el estatus alto y el estatus bajo del testigo. Finalmente, con un F (1,174) = 1.114, p = .293 &gt; .05) el estatus social del testigo y la intencionalidad del actor de una infracci&oacute;n no afectan las atribuciones de culpa que realizan las personas.</p>      <p align="center"><a name="tab1"></a><img src="img/revistas/sumps/v20n2/v20n2a08t1.jpg"></p>       <p><font size="3"><b>Discusi&oacute;n</b></font></p>      <p>El presente estudio evalu&oacute; el impacto de las caracter&iacute;sticas de testigos en la atribuci&oacute;n de juicios de culpa. Principalmente se indag&oacute; por el efecto del estatus social (alto - bajo) de los testigos como mediador de la intencionalidad (intencionalidad - no intencionalidad) en las atribuciones de culpa. Los resultados obtenidos indican que, a diferencia de los escenarios en que se presenta la intencionalidad, las personas no atribuyen culpa al actor cuando la informaci&oacute;n viene de un testigo y s&oacute;lo se conoce el estatus de este &uacute;ltimo. Aunque en los estudios de Lagnado et al. (2008) se encontr&oacute; que en los escenarios donde se present&oacute; la intencionalidad las atribuciones de culpa eran mayores, hay que tener en cuenta que en nuestro caso la intencionalidad no era captada o inferida directamente por los participantes del estudio, sino que fue comunicada, o mejor dicho mediada, por un testigo que se encontr&oacute; en la escena. Tal vez esta mediaci&oacute;n de la informaci&oacute;n de intencionalidad, del actor al testigo y luego del testigo al participante, pudo ocasionar que perdiera veracidad sobre si los actos del actor fueron deliberados o no, e hicieran pensar en nuestros participantes que sin una fuente directa de informaci&oacute;n, la informaci&oacute;n del testigo pudiere estar influida por sus propias percepciones o intereses (Porter &amp; ten Brinke, 2009). Lo que esto parece indicar es que las personas, por lo menos en los casos presentados en este estudio, necesitan tener informaci&oacute;n directa de las intenciones del actor que comete el crimen para poder hacer atribuciones de culpabilidad, caso que les permite tener m&aacute;s certeza sobre la relaci&oacute;n causal entre los eventos y el actor, as&iacute; como evidencia sobre la relaci&oacute;n causal entre los eventos. (Lagnado, Gerstenberg &amp; Zultan, 2013). Sin embargo, hay que resaltar que la intencionalidad en este estudio fue una caracter&iacute;stica del actor y no del testigo, de manera tal que se recomienda para pr&oacute;ximos estudios tener en cuenta tambi&eacute;n la intencionalidad del testigo, adem&aacute;s de sus deseos, creencias y actitudes, con el fin de evidenciar un cuadro m&aacute;s completo de como en conjunto estos atributos pueden afectar la veracidad de la informaci&oacute;n que se emita y si cambian las atribuciones de culpa.</p>      <p>Respecto al estatus de los testigos en las atribuciones de culpa, Swenson et al. (1984) evaluaron el efecto del estatus de los testigos en la credibilidad de su testimonio, encontrando que se atribu&iacute;a mayor credibilidad a los testigos con estatus social alto. De igual forma, se han comparado las opiniones acerca de las atribuciones de culpa y responsabilidad entre personas de grupos socialmente reconocidos, los blancos, en cuanto a etnia se refiere, con las atribuciones emitidas de grupos &eacute;tnico minoritarios, encontrando que mientras es m&aacute;s probable admitir como veros&iacute;miles las atribuciones de culpa y responsabilidad y mejor fundamentadas las argumentaciones que las sustentan, las atribuciones de los grupos minoritarios eran tomadas como quejumbrosas y mal fundamentadas (Rasinski &amp; Czopp, 2010). Adem&aacute;s, las personas consideran como m&aacute;s cre&iacute;bles a testigos que son percibidos como m&aacute;s seguros y precisos, siempre y cuando en la informaci&oacute;n dada no se evidencien errores posteriores (Tenney, MacCoun, Spellman &amp; Hastie, 2007).</p>      <p>Sin embargo, seg&uacute;n los resultados expuestos, parece que el estatus del testigo por s&iacute; s&oacute;lo no es lo suficientemente sensible como para generar atribuciones de culpa en los participantes. Varias pueden ser las razones de anterior. En primer lugar, en este estudio se us&oacute; como base central del estatus el reconocimiento acad&eacute;mico y la popularidad de la persona, y es posible que estos dos elementos necesiten estar acompa&ntilde;ados de otro tipo de informaci&oacute;n que debe quedar totalmente expl&iacute;cita, como por ejemplo la ocupaci&oacute;n de la persona, el rol que juega en un determinado grupo el testigo, los niveles de ingresos, el poder adquisitivo y la influencia que puede ejercer sobre los dem&aacute;s (Zimmerman &amp; Reyna, 2013). Adem&aacute;s, en los argumentos o <i>verbatims</i> de los participantes se encuentran contrastes marcados, como en el caso del alto estatus -lo est&aacute; diciendo una persona con un muy buen perfil "(altas notas, exitoso en lo que hace)", en la cual se hace evidente cierta simpat&iacute;a y credibilidad a una persona con alto estatus, y contrasta con afirmaciones c&oacute;mo "considero que Jos&eacute; dentro de su fachada de hombre con todas las habilidades, perfecto, entre otras cosas sinti&oacute; la necesidad de superioridad, hablar sobre lo que hab&iacute;a ocurrido y dejar satisfecha a las personas que lo interrogaron, superioridad y egocentrismo", en las cuales se notan actitudes de rechazo o estigma hacia una persona con alto estatus. Respecto al bajo estatus se encuentran argumentos que expresan simpat&iacute;a, c&oacute;mo "Jos&eacute; al tener poca relaci&oacute;n con sus compa&ntilde;eros tiene menos malicia, por eso le parece un gesto normal y corriente", que contrasta con expresiones que manifiestan actitudes de rechazo c&oacute;mo "Siento que Jos&eacute; no es una persona en la cual puedo confiar totalmente".</p>      <p>Estas argumentaciones en las puntuaciones obtenidas, son coherentes con el estudio de Lyons (2006), en el cual se examinaron los factores asociados a incidentes de cr&iacute;menes de odio que influyen en las percepciones, centr&aacute;ndose en la relaci&oacute;n entre el estatus social y las atribuciones de culpa a las v&iacute;ctimas y sus agresores, en 320 estudiantes universitarios con edades entre 18 y 23 a&ntilde;os. A los participantes se les solicit&oacute; que leyeran escenarios ficticios sobre acoso, intimidaci&oacute;n o violencia, y evaluar el grado en que la v&iacute;ctima y el delincuente eran culpables del incidente. Los aspectos que variaron entre las vi&ntilde;etas fueron el estatus del delincuente y de la v&iacute;ctima, donde el estatus bajo se refer&iacute;a a la minor&iacute;a de una poblaci&oacute;n, se variaba raza, g&eacute;nero y orientaci&oacute;n sexual, y el alto estatus a la poblaci&oacute;n mayoritaria respectiva. Se encontr&oacute; que se atribu&iacute;a mayor culpa a las v&iacute;ctimas y a los agresores cuando son minor&iacute;as (estatus bajo) respecto a la orientaci&oacute;n sexual y al sexo, es decir se presentaba un efecto de estigma hacia estas poblaciones, mientras que para la minor&iacute;a de la raza se presenta un efecto de simpat&iacute;a, en el cual se atribu&iacute;a menor culpa a los agresores y a las v&iacute;ctimas en contraste con las mayor&iacute;as de cada poblaci&oacute;n, concluyendo que el efecto de simpat&iacute;a o estigma depende de las actitudes que tienen los participantes hacia las poblaciones blanco.</p>      <p>Hay que tener en cuenta que los resultados evidenciaron que la interacci&oacute;n entre estatus e intencionalidad no evoca atribuci&oacute;n de culpa; esto quiere decir que la intencionalidad puede no estar mediada por las evaluaciones espont&aacute;neas acerca del estatus, sino por evaluaciones espont&aacute;neas de cualquier otro aspecto relativo a los actores o a las creencias de los participantes, por ejemplo: "La concentraci&oacute;n de Jos&eacute; al presentar la prueba, estaba como distra&iacute;do, habl&oacute; con mucho detalle, paso a paso de lo que Camilo hizo, quiz&aacute; &eacute;l pudo haber lanzado el papel" o "Me baso en experiencias personales para decir y afirmar que los gomelos no siempre tienen la raz&oacute;n ni un 100% de veracidad en lo que dicen". A partir de los resultados arrojados se hace evidente que no es necesaria la presencia de los tres criterios para realizar atribuciones de culpa, pues incluso Lagnado et al. (2008) mencionan que puede existir causalidad sin necesidad que exista culpabilidad, o bien que pod&iacute;a existir culpabilidad sin necesidad que exista causalidad, en este caso argumentando que el razonamiento contrafactual, aquel referido a inferencias realizadas bajo la suposici&oacute;n de que los eventos pudieron suceder de manera diferente, tenga una influencia mucho m&aacute;s poderosa sobre las atribuciones de culpabilidad (Gerstenberg &amp; Lagnado, 2012; Sloman, 2013).</p>      <p>Por otro lado, es posible que en la vida cotidiana no siempre se disponga de la informaci&oacute;n sobre la intencionalidad, previsibilidad y la relaci&oacute;n causal de un supuesto sospechoso, y que aun as&iacute; las personas se arriesguen a lanzar atribuciones de culpa o responsabilidad -como por ejemplo cuando despiden a una persona del trabajo, y se tiene informaci&oacute;n acerca de sus defectos como el ser perezoso o descuidado; las personas creen que la culpa de que lo despidieran es de la persona, as&iacute; no se conozca con certeza que ocurri&oacute;, y se ignoren otros factores externos y circunstanciales como alg&uacute;n recorte de personal, tal como lo describe el error fundamental de atribuci&oacute;n (Parales-Quenza, 2010).</p>      <p>Finalmente, se recomienda para pr&oacute;ximas investigaciones acerca de atribuci&oacute;n de culpa, continuar la evaluaci&oacute;n acerca de la influencia de la informaci&oacute;n proveniente de terceros y las caracter&iacute;sticas de los mismos, en la atribuci&oacute;n de culpa. Es importante considerar para la medici&oacute;n aplicar a otros contextos acad&eacute;micos, jur&iacute;dicos, sociales, entre otros, en donde se puedan realizar atribuci&oacute;n de culpa. Tambi&eacute;n es importante considerar para pr&oacute;ximos estudios no solamente ampliar el tama&ntilde;o de la muestra para lograr un mayor poder estad&iacute;stico, sino adem&aacute;s una evaluaci&oacute;n previa de las creencias de los participantes cerca del estatus social y establecer m&eacute;todos que permitan la evaluaci&oacute;n de otros aspectos que puedan mediar la atribuci&oacute;n de culpa, y se genere control de las inferencias que realizan los participantes.</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>Alicke, M. (2000). Culpable Control and the Psychology of Blame. <i>Psychological Bulletin</i>, 126(4), 556-574. doi: 10.1037W00332909.126.4.556.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0121-4381201300020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bishop, J., Bishop, M., Gelbwasser, L., Geen, S., &amp; Zuckerman, A. (2003). Nerds and freaks: A theory of student culture and norms. <i>Brookings Institution Press</i>, 6, 141-199.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0121-4381201300020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Buehner, M., &amp; Cheng, P. (2005). Causal Learning. En K. Holyoak &amp; R. Morrison (Eds.), <i>The Cambridge Handbook of Thinking and Reasoning</i> (pp. 143-168). Nueva York: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0121-4381201300020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Chockler, H., &amp; Halpern, J. (2004). Responsibility and Blame: A Structural - Model Approach. <i>Journal of artificial Intelligence Research</i>, 22(1), 93-115.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0121-4381201300020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Denson, T., Lickel, B., Curtis, M., Strenstrom, M., &amp; Ames, D. (2006). The roles of entitativity and essentiality in judgments of collective responsibility. <i>Group Process and Intergroup Relation</i>, 9(1), 43-61. doi: 10.1177/1368430206059857.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0121-4381201300020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Gantt, E. E., &amp; Williams, R. N. (2013). Psychology and the legacy of Newtonianism: Motivation, intentionality, and the ontological gap. <i>Journal of Theoretical and Philosophical Psychology</i>. Advance online publication. doi: 10.1037/a0031587.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0121-4381201300020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Garandeau, C., Ahn, H., &amp; Rodkin, P. (2011). The social status of aggressive students across contexts: The role of classroom status hierarchy, academic achievement, and Grade. <i>Developmental Psychology</i>, 47(6), 1699-1710. doi: 10.1037/a0031587.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0121-4381201300020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Gerstenberg, T., &amp; Lagnado, D. A. (2012). When contributions make a difference: Explaining order effects in responsibility attributions. <i>Psychonomic Bulletin &amp; Review</i>, 19(4), 729-736. doi: 10.3758/s13423-012-0256-4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0121-4381201300020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Gini, G. (2006). Who is Blameworthy? Social identity and inter-group bullying.<i> School Psychology International</i>, 28(1), 77-89. doi: 10.1177/0143034307075682.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0121-4381201300020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Hagmayer, Y., Meder, B., von Sydow, M., &amp; Waldmann, M. R. (2011). 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(2009). <i>Psicolog&iacute;a e investigaci&oacute;n criminal: el testimonio.</i> Madrid: Editorial Dykinson.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0121-4381201300020000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Jim&eacute;nez, T., Moreno, D., Murgui, S., &amp; Musitu, G. (2008). Factores psicosociales relacionados con el estatus social del alumno en el aula: el rol de la reputaci&oacute;n social, la amistad, la conducta violenta y la relaci&oacute;n con el profesor<i>. International Journal of Psychology and Psychological Therapy</i>, 8(2), 227-236.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0121-4381201300020000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Jorba-Grau, M. (2011) La intencionalidad: entre Husserl y la filosof&iacute;a de la mente contempor&aacute;nea. <i>Investigaciones Fenomenol&oacute;gicas</i>, 8, 79-91.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0121-4381201300020000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Kemp, Ch., Goodman, N. D., &amp; Tenenbaum, J. B. (2010). 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