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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sexualidad después de los 60 años]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The noticeable increase in the portion of the population that is over 60 years of age leads us to think in those aspects that have incidence in the quality of life of those adults and not just on morbidity and mortality figures. Sexuality of senior adults, as a quality of life indicator, requires greater understanding of those factors that have impact, over and beyond those changes in morphology and physiology. This article invites one to think of those factors and to contribute in eliminating myths regarding sexuality of humans in general and of senior adults in particular.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face= "verdana" size= "2">     <p><b>    <center>Sexualidad  despu&eacute;s de los 60 a&ntilde;os</center></b></p>     <p><b>    <center>Sexuality  after 60 years of age</center></b></p>     <p>IRENE  ESGUERRA VELANDIA<SUP>1</SUP> </p>     <p><SUP>1</SUP>Profesora asociada, Facultad de Enfermer&iacute;a, Universidad Nacional de Colombia,  sede Bogot&aacute;. Mag&iacute;ster en Investigaci&oacute;n y Docencia Universitaria. Especialista  en Educaci&oacute;n Sexual. email: <a href="mailto:iesguerrav@unal.edu.co">iesguerrav@unal.edu.co </a></p>     <p>Recibido:  23-11-06 Aprobado:15-06-07 </p> <hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>      <p>El notorio incremento de la franja poblacional  de personas mayores de 60 a&ntilde;os lleva a pensar en todos aquellos aspectos que  inciden en la calidad de vida de estos y no solamente sobre las cifras de  morbimortalidad. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La  sexualidad de las personas mayores, como indicador de calidad de vida, requiere  una mayor comprensi&oacute;n sobre todos aquellos factores que la afectan, m&aacute;s all&aacute; de  los cambios morfofisiol&oacute;gicos. </p>     <p>Este  art&iacute;culo invita a reflexionar sobre estos factores y a contribuir en la  desmitificaci&oacute;n de la sexualidad del ser humano en general y de las personas  mayores en particular. </p>     <p><b>Palabras  clave:</b> anciano, sexualidad, gerontolog&iacute;a, calidad de vida (fuente: DeCS,  BIREME). </p>     <p><b>Abstract </b></p>     <p>The noticeable increase in the portion of the  population that is over 60 years of age leads us to think in those aspects  that have incidence in the quality of life of those adults and not just on  morbidity and mortality figures. Sexuality  of senior adults, as a quality of life indicator, requires  greater understanding of those factors that have impact, over and beyond those  changes in morphology and physiology. This  article invites one to think of those factors and to contribute in eliminating  myths regarding sexuality of humans in general and of senior adults in  particular. </p>     <p><b>Key  words:</b> Aged, Sexuality, Geriatrics, Quality of life.</p> <hr size="1">     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N </b></p>     <p>En  todos los pa&iacute;ses del mundo, la proporci&oacute;n de personas ancianas ha aumentado en  los &uacute;ltimos decenios. Se espera que los distintos Estados provean las  condiciones necesarias para que esta poblaci&oacute;n disfrute de las mejores  condiciones de vida y de mecanismos para consolidar la convivencia  intergeneracional, cada vez m&aacute;s apremiante. Poder garantizar que las personas  alcancen un envejecimiento exitoso s&oacute;lo ser&aacute; posible si se emprenden acciones  de promoci&oacute;n de la salud y prevenci&oacute;n de la enfermedad desde etapas tempranas  del ciclo vital. </p>     <p>En  Colombia, al igual que en la mayor parte de los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, se  aprecia un notorio incremento de la poblaci&oacute;n mayor de 60 a&ntilde;os, al igual que  una tendencia universal al aumento de la expectativa de vida, como consecuencia  del desarrollo socioecon&oacute;mico y por los destacados avances que se han dado en  la ciencia y la tecnolog&iacute;a; estos han favorecido el descenso en las tasas de  mortalidad y una disminuci&oacute;n de los nacimientos. De acuerdo con el &uacute;ltimo Censo  Nacional de Poblaci&oacute;n, realizado en el a&ntilde;o 2005, la poblaci&oacute;n en nuestro pa&iacute;s  supera los 43 millones, de los cuales el 9% corresponde a mayores de 60 a&ntilde;os,  encontr&aacute;ndose una expectativa de 72 a&ntilde;os para los hombres y 77 a&ntilde;os para las  mujeres, seg&uacute;n los datos aportados por el Departamento Nacional de Estad&iacute;stica,  DANE. </p>     <p>Los  alarmantes datos anteriores, con una evidente inversi&oacute;n de la pir&aacute;mide  poblacional, no s&oacute;lo hacen &eacute;nfasis en el envejecimiento poblacional sino en  una serie de problemas socioecon&oacute;micos derivados del desempleo, del deterioro  de la salud, de la falta de oportunidades y del marginamiento social de las  personas mayores de 60 a&ntilde;os. Tal situaci&oacute;n ha conducido a los Estados y a todos  los organismos sociales y de salud a buscar estrategias apropiadas para proveer  salud, seguridad social y bienestar en todos los aspectos a la poblaci&oacute;n  envejeciente, soluciones que, en muchos casos, s&oacute;lo han logrado minimizar en  parte el problema y que requieren pol&iacute;ticas m&aacute;s efectivas que den respuesta a  las demandas de atenci&oacute;n sociosanitaria de este segmento de la poblaci&oacute;n. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De  la misma manera es importante tener en cuenta que en la calidad de vida del  anciano se deben reconocer no solamente las cifras de morbilidad, mortalidad y  supervivencia, sino eventos m&aacute;s destacables, como son su estado funcional  (f&iacute;sico, ps&iacute;quico y social), su participaci&oacute;n en las actividades de la vida  cotidiana y la percepci&oacute;n de bienestar de las personas de edad avanzada. En  esta l&iacute;nea de ideas se hace necesario contemplar la sexualidad de las personas  mayores de 60 a&ntilde;os como uno de los indicadores de calidad de vida. </p>     <p>A  pesar de los conocimientos b&aacute;sicos adquiridos por los j&oacute;venes en relaci&oacute;n con  los cambios morfofisiol&oacute;gicos, psicol&oacute;gicos, culturales y sociales del ser humano  a lo largo de la vida, es evidente que hay poca comprensi&oacute;n de los cambios  sexuales que ocurren en la vejez y sobre la influencia negativa que ejercen los  mitos y las creencias en el disfrute de la sexualidad en las personas mayores  de 60 a&ntilde;os. Muchas personas j&oacute;venes y adultas est&aacute;n convencidas de que la  actividad sexual despu&eacute;s de los 50 a&ntilde;os no tiene cabida, creencia que ha sido  afianzada por los medios de comunicaci&oacute;n en donde el mensaje que prevalece es  que &quot;el sexo s&oacute;lo es para los j&oacute;venes&quot;, que &quot;en los a&ntilde;os dorados no tiene cabida  la sexualidad&quot;. </p>     <p>Pero,  &iquest;acaso estos j&oacute;venes se han preguntado c&oacute;mo ser&aacute; su futuro?, &iquest;c&oacute;mo ser&aacute; su  actividad sexual en &eacute;pocas posteriores de su vida?, &iquest;c&oacute;mo afectar&iacute;a una  disfunci&oacute;n sexual su vida, su productividad, su autoestima y en general su  calidad de vida? Adicional a la angustia que vive el anciano ante las  distintas p&eacute;rdidas que lo rodean, &iquest;es justo que adem&aacute;s pierda la posibilidad  de compartir su sexualidad con su pareja? Es importante que se identifiquen  estos y otros muchos interrogantes, y que se busquen las mejores alternativas  de soluci&oacute;n en bien de un futuro mejor para los j&oacute;venes de hoy que ser&aacute;n los  ancianos del ma&ntilde;ana y de los mismos ancianos en el medio donde se encuentren. </p>     <p>Seg&uacute;n  lo contemplado en la literatura, existe un consenso acerca de la sexualidad de  los mayores rodeada por el &quot;mito de la vejez asexuada&quot;, en el que se aprecian  diferentes expresiones en donde la sociedad discrimina la sexualidad por  parte de las personas viejas. Son pocos los documentos que profundizan en el  tema del ejercicio de la sexualidad en las personas mayores como un componente  importante en la calidad de vida de estas; m&aacute;s bien se encuentra literatura  relacionada con las disfunciones sexuales y las alteraciones morfofisiol&oacute;gicas  derivadas del proceso de envejecimiento. </p>     <p>En  el presente art&iacute;culo se destacan algunos aspectos relevantes encontrados al  hacer una exhaustiva revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica sobre el tema de la sexualidad de  las personas mayores de 60 a&ntilde;os, con el &aacute;nimo de contribuir a un cambio en la  mirada que se tiene sobre esta dimensi&oacute;n del ser humano, desmitificando la  sexualidad del ser humano en general y de las personas mayores en particular,  adem&aacute;s de promover desde edades tempranas acciones y pr&aacute;cticas saludables que favorezcan,  por una parte, la vivencia de una sexualidad satisfactoria, y por otra, la  adopci&oacute;n de estilos de vida saludable que permitan tener una vejez exitosa&hellip;  generar cambios que estimulen una forma satisfactoria de envejecer. </p>     <p><b>LA  SEXUALIDAD EN LOS ADULTOS MAYORES</b> </p>     <p>La  historia de la humanidad, en lo que ata&ntilde;e a la sexualidad, ha oscilado por  largos per&iacute;odos entre la restricci&oacute;n y la permisi&oacute;n. Sin embargo, a partir de  la d&eacute;cada de los a&ntilde;os treinta del siglo pasado  se aprecia un cambio significativo en el estudio y la divulgaci&oacute;n de aspectos  relacionados con la sexualidad humana. Freud fue el primero que aport&oacute;  estudios trascendentales sobre la interpretaci&oacute;n de la conducta humana y de  c&oacute;mo &eacute;sta es influida por la sexualidad, destacando la presencia de la  vivencia sexual desde el nacimiento hasta la muerte, con lo que logr&oacute;, este  m&eacute;dico psiquiatra, atraer la atenci&oacute;n sobre la sexualidad como un elemento  fundamental de la existencia humana.</p>     <p>Un  hecho que a trav&eacute;s de la historia ha permanecido y que no se puede desconocer  es el reconocimiento de que el ser humano es un ser sexuado. Lo somos desde el  nacimiento hasta la muerte. Sin embargo, es preciso diferenciar el sexo de la  sexualidad: mientras el primero tiene una connotaci&oacute;n biol&oacute;gica, el segundo se  relaciona con una forma de interrelaci&oacute;n del ser humano. El comportamiento  sexual humano no es igual en todas las personas ni en todas partes; est&aacute;  moldeado por la cultura y las normas que caracterizan la sociedad y que se han  ido transmitiendo de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. Adem&aacute;s, la vida sexual humana  est&aacute; influida ampliamente por el aprendizaje que se brinda en el contexto  social y por las experiencias personales. </p>     <p>Si  enfocamos nuestra mirada en la vejez desde un punto de vista social, debemos  reconocer que es un fen&oacute;meno complejo, &quot;que s&oacute;lo puede ser entendido como  totalidad; no es s&oacute;lo un hecho biol&oacute;gico, sino m&aacute;s bien un evento cultural y  socioambiental&quot; (1). Las personas de edad, los ancianos, comprometen el  proceso de desarrollo y son afectadas por &eacute;l socialmente, as&iacute; como por los  cambios en la estructura familiar, por las  costumbres, el medio ambiente, las tradiciones, e igualmente por los procesos  de urbanizaci&oacute;n, industrializaci&oacute;n, modernizaci&oacute;n y por la movilizaci&oacute;n  social, que cada vez es m&aacute;s marcada en nuestro pa&iacute;s por las situaciones de  descomposici&oacute;n sociofamiliar y de violencia que prevalecen en nuestra sociedad.   </p>     <p>Los  temas del envejecimiento, la vejez y la sexualidad han adquirido mayor  relevancia en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, pues se aprecia que antes eran temas tab&uacute;,  alrededor de los cuales se tej&iacute;an muchos mitos y creencias y s&oacute;lo eran  tratados someramente en algunos c&iacute;rculos sociales. No obstante, hablar de la  sexualidad en la vejez se constituye en algo novedoso, y la gerontolog&iacute;a ha  desempe&ntilde;ado un papel preponderante al tratar de dar el valor que se merece a  la actividad sexual de las personas mayores en cuanto a lo que representa en  calidad de vida.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para  estudiar el envejecimiento y la sexualidad es necesario entenderlos como un  conjunto de fen&oacute;menos som&aacute;ticos, psicol&oacute;gicos y culturales relacionados con las  diferencias entre generaciones. El concepto de vejez es un concepto cultural  que tiene que ver con las formas de parentesco, con la econom&iacute;a, la salud, la  capacidad de automantenimiento, con determinados modelos de conducta, de  religi&oacute;n, de marginaci&oacute;n, con la moral, la pol&iacute;tica y otros &aacute;mbitos culturales  y sociales (1). </p>     <p>En  el abordaje de la sexualidad en la tercera edad persisten actitudes  retr&oacute;gradas, que pueden relacionarse con la asociaci&oacute;n incorrecta que se ha  establecido entre sexualidad y reproducci&oacute;n; de all&iacute; que se considere  que la actividad sexual s&oacute;lo es normal durante la edad reproductiva y que, por  tanto, en los ancianos es una conducta &quot;anormal&quot;. Por otra parte, estas  actitudes se explican por la existencia del prejuicio relacionado con el  deterioro de todas las funciones en la vejez; en especial se aprecia que los  j&oacute;venes siguen viendo la actividad sexual como una facultad que se va  deteriorando con la edad hasta perder todo inter&eacute;s en las personas mayores de  60 a&ntilde;os. </p>     <p>Los  j&oacute;venes tienden a asimilar la vejez con el declinamiento de la potencia  sexual. Para ellos, esta p&eacute;rdida de energ&iacute;a sexual va unida a una ausencia de  deseo, a una p&eacute;rdida de inter&eacute;s sexual. De todas maneras, la evocaci&oacute;n de las  manifestaciones er&oacute;ticas les inspira casi siempre un sentimiento de reprobaci&oacute;n  y de desagrado cuando tiene que ver con las personas de edad avanzada (2). </p>     <p>Existen  conceptos equivocados en que se plantea que la actividad sexual debe  desaparecer en la vejez como un apagamiento fisiol&oacute;gico inevitable y, por  tanto, desear o hacer en materia sexual en personas mayores no es natural,  fisiol&oacute;gico, ni moral, y por lo mismo no es socialmente bien visto. De ah&iacute; que  esta idea de &quot;muerte sexual&quot; se convierta para muchas personas de ambos sexos  en un factor de ansiedad cuando llegan a la edad madura y ven aproximarse esa  etapa cr&iacute;tica, lo que provoca el comienzo de trastornos en la funci&oacute;n sexual  de &iacute;ndole puramente ps&iacute;quica (3). </p>     <p>Son  ampliamente reconocidas las manifestaciones que indican el tr&aacute;nsito de la  madurez a la vejez y que estas suceden a diferente edad y en distinta forma en  cada persona, es decir que &quot;cada cual envejece a su manera&quot;, con un patr&oacute;n  espec&iacute;fico, diferente a los dem&aacute;s. Mientras el envejecimiento se considera  como una evoluci&oacute;n o un fen&oacute;meno vital com&uacute;n a todas las formas de vida, la  vejez responde a una edad determinada caracterizada por una serie de cambios  que muchas veces son irreversibles. Todos envejecemos desde que nacemos, y  llegamos a viejos con diferentes capacidades, logros y limitaciones. </p>     <p>Muchas  personas j&oacute;venes est&aacute;n convencidas &ndash;en especial las mujeres&ndash; de que m&aacute;s all&aacute; de  los 40 o 50 a&ntilde;os el sexo se acaba, que la actividad sexual no tiene cabida,  bien sea porque simplemente decae con la edad,  o porque ser&iacute;a una manifestaci&oacute;n rid&iacute;cula. La sociedad de consumo ense&ntilde;a que el  sexo es para los j&oacute;venes y bellos. Tal como se ha expresado, los mitos y  tab&uacute;es en edades avanzadas en relaci&oacute;n con el sexo son muchos. Los chistes  sexuales relacionados con el &quot;no poder&quot; por raz&oacute;n de la vejez se escuchan a  diario y reafirman estereotipos falsos que se tienen al respecto (4). Es  frecuente encontrar frases de rechazo contra las manifestaciones de cari&ntilde;o de  las personas mayores, como por ejemplo: &quot;Hay que comportarse de acuerdo con la  edad&quot;, &quot;Ustedes ya no est&aacute;n para eso&quot;, &quot;Eso es propio de los viejos verdes&quot;,  etc.</p>     <p>Algunas  personas se ven abocadas, por las circunstancias que rodean su vida en esta  etapa, a permanecer solas, bien sea por una solter&iacute;a prolongada, la separaci&oacute;n  o la viudez, y les es dif&iacute;cil encontrar una pareja o una compa&ntilde;&iacute;a sexual. Sin  embargo, estas personas pueden decidir permanecer sin actividad sexual o  recurrir a otras fuentes de placer. </p>     <p>El  miedo a la ausencia o a la p&eacute;rdida de la capacidad de obtener sensaciones  sexuales satisfactorias por raz&oacute;n de la vejez debe desecharse. Existen estudios  en los que se comprueba que en adultos mayores hay actividad sexual  satisfactoria, y en algunos casos se registra un incremento en ella. En este  sentido, los estudios de Kinsey y colaboradores (1948) demostraron que la  actividad sexual prosegu&iacute;a hasta bien avanzada la madurez, y adem&aacute;s  encontraron &quot;una estrecha correlaci&oacute;n entre los niveles de actividad sexual de  una persona en la adultez temprana y su actividad sexual en la vejez&quot; (5), se&ntilde;alando  as&iacute; c&oacute;mo la individualidad de cada persona es un factor determinante de la  actividad sexual en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. La vivencia de la sexualidad en la vejez  es un reflejo de la formaci&oacute;n y de las experiencias recibidas durante toda la  vida. </p>     <p>Masters  y Johnson confirmaron lo anterior y adem&aacute;s manifestaron que la regularidad de  la expresi&oacute;n sexual a lo largo de la edad adulta es un factor  determinanteenlaconservaci&oacute;ndeunfuncionamientosexual satisfactorio m&aacute;s all&aacute;  de la juventud y la mediana edad. Las personas que se mantienen activas  sexualmente experimentan una menor disminuci&oacute;n en su capacidad de actuaci&oacute;n  sexual que quienes dejan de tener sexo (5).</p>     <p>Investigaciones  realizadas en Cuba sobre la sexualidad de las personas mayores de 60 a&ntilde;os  muestran que &eacute;stas son capaces de mantener su actividad sexual cuando existe  una relativa buena salud y persiste el gusto por el sexo. Adem&aacute;s reconocieron  que existe mayor experiencia sexual, mayor entendimiento en la interacci&oacute;n  con la pareja, mayor ternura y sabidur&iacute;a en la vejez o en los denominados &quot;a&ntilde;os  dorados&quot;. Con los a&ntilde;os se agudiza el criterio de la realidad, se toma mayor  conciencia de lo que puede y no puede hacerse con el sexo, el erotismo est&aacute;  vigorizado en comparaci&oacute;n con el acto sexual propiamente dicho, con una mayor  consolidaci&oacute;n de la pareja, y al desaparecer las preocupaciones  reproductivas, la sexualidad tiene como &uacute;nico fin dar y recibir placer (3). Un  ejemplo de esto se describe a continuaci&oacute;n: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando  me cas&eacute; hace 47 a&ntilde;os, mi esposo y yo ten&iacute;amos 29 a&ntilde;os. Me hab&iacute;an educado con la  idea de que el sexo serv&iacute;a s&oacute;lo para procrear, de modo que nuestra adaptaci&oacute;n  no fue sencilla. Los a&ntilde;os en que tuvimos a los beb&eacute;s, la educaci&oacute;n de los hijos  y el establecimiento de mi esposo en su profesi&oacute;n, se llevaron mucho tiempo y  energ&iacute;a, y el sexo entonces era una parte poco importante de nuestra vida.  Ahora tenemos 76 a&ntilde;os y con el regalo del tiempo, la buena salud y la  seguridad financiera, nuestra vida sexual es maravillosa y una parte muy  importante de la plenitud de nuestra existencia &ndash;en verdad, los mejores a&ntilde;os de  nuestra existencia (5).</p>     <p>Es  necesario destacar que en la actividad sexual de la persona mayor influyen  muchos factores, como la ausencia de pareja, por solter&iacute;a, separaci&oacute;n o viudez;  el deterioro en la relaci&oacute;n matrimonial debido a disfunci&oacute;n sexual, falta de  inter&eacute;s sexual, rutinizaci&oacute;n y monoton&iacute;a en la relaci&oacute;n; presencia de  innumerables enfermedades f&iacute;sicas o mentales, en especial enfermedades  debilitantes o incapacitantes; las condiciones de la vivienda en donde el  anciano tiene que compartir la habitaci&oacute;n con otros; un cambio en el rol  social por la jubilaci&oacute;n puede actuar en forma negativa en las relaciones  sexuales cuando no se est&aacute; preparado para afrontarlo. De acuerdo con lo  anterior se puede decir que la valoraci&oacute;n de la  actividadsexualenelanciano,enambos sexos, debe hacerse desde un enfoque  m&uacute;ltiple, pues m&aacute;s que una alteraci&oacute;n intr&iacute;nseca de la sexualidad, lo que puede existir  es una acumulaci&oacute;n de factores f&iacute;sicos, psicol&oacute;gicos o sociales que influyen de  forma negativa sobre la actividad sexual.</p>     <p>En  las encuestas de Butler y Lewis,la mayor&iacute;a de las personas mayores de 60 a&ntilde;os que  participaron en sus estudios reconocieron la importancia de la sexualidad y  expresaron que su ejercicio sexual era completamente satisfactorio en  comparaci&oacute;n con la juventud. Y que si bien la frecuencia hab&iacute;a disminuido, no  as&iacute; la calidad de los coitos, y que en ocasiones hab&iacute;an encontrado orgasmos  m&aacute;s intensos y duraderos que en &eacute;pocas anteriores (4).</p>     <p>Recordemos  que en las personas mayores se producen ciertos cambios en la fisiolog&iacute;a  sexual, pero queesteaspecto,comparado condos cambios que ocurren en otros  sistemas del organismo, se mantiene mucho mejor. Es as&iacute; como se aprecia que la  capacidad de respuesta sexual se conserva en sus cuatro fases principales:  excitaci&oacute;n, meseta, orgasmo y evoluci&oacute;n.</p>     <p>Por  otra parte, hay que tener presente que en las personas mayores la actividad  sexual no es entendida necesariamente como genitalidad, sino en un sentido  mucho m&aacute;s amplio: se trata del placer del contacto corporal global, la  interacci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n, as&iacute; como la seguridad emocional que da el  sentirse querido. En esta etapa de la vida hay m&aacute;s tiempo para compartir en  pareja y la intimidad puede hallarnuevasformasdeexpresi&oacute;n,esas&iacute; como las  caricias, los piropos, los besos y los abrazos cobran un mayor significado. Hay  m&aacute;s inter&eacute;s por la calidad y la riqueza de la relaci&oacute;n que por la cantidad de  experiencias sexuales. </p>     <p>La  sexualidad geri&aacute;trica puede ser definida como una &quot;expresi&oacute;n psicol&oacute;gica de  emociones y compromisos, que requiere mayor cantidad y calidad de comunicaci&oacute;n entre  compa&ntilde;eros, en una relaci&oacute;n de confianza, de amor, de compartir placer con  coito o sin &eacute;l&quot; (6). En este sentido la sexualidad incluye todas las formas de  expresi&oacute;n, desde la aproximaci&oacute;n, el tacto, la intimidad emocional, la  compa&ntilde;&iacute;a, el di&aacute;logo amoroso, la masturbaci&oacute;n y no solamente la relaci&oacute;n  sexual.</p>     <p><b>Cambios  fisiol&oacute;gicos en la mujer en la tercera edad </b></p>     <p>La  mujer que se acerca a los 50 a&ntilde;os ve con preocupaci&oacute;n las transformaciones que  se van produciendo en su cuerpo como consecuencia de los cambios hormonales y  del inexorable proceso de envejecimiento. Es consciente de que dicho proceso se  puede hacer m&aacute;s lento pero no se puede detener. En la medida que haya tenido  m&aacute;s cuidado con su salud f&iacute;sica y mental, podr&aacute; vivir este cambio con menos  incertidumbre, con m&aacute;s disposici&oacute;n para enfrentar los cambios y con m&aacute;s  alegr&iacute;a de vivir. </p>     <p>Para  algunos autores los cambios hormonales que ocurren en la mujer menop&aacute;usica,  debidos a la disminuci&oacute;n de la funci&oacute;n ov&aacute;rica, no son causas necesariamente  importantes de su actividad sexual si no van acompa&ntilde;ados de trastornos  ps&iacute;quicos, mala informaci&oacute;n sobre la fisiolog&iacute;a sexual o de patrones  culturales y educacionales err&oacute;neos (7).</p>     <p>El  d&eacute;ficit estrog&eacute;nico puede producir en los primeros a&ntilde;os de la posmenopausia  una sintomatolog&iacute;a vasomotora, que incluye los sofocos y sudores, como  consecuencia de desequilibrios secundarios producidos en el centro  termorregulador del hipot&aacute;lamo. Por otra parte se pueden presentar alteraciones  de la esfera ps&iacute;quica de la mujer, caracterizados por ansiedad, depresi&oacute;n e  insomnio. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A  medida que los &oacute;rganos genitales se ven privados de est&iacute;mulo estrog&eacute;nico, se  produce una atrofia de los mismos, que afecta las estructuras internas (&uacute;tero,  estructuras ligamentosas de apoyo de los &oacute;rganos p&eacute;lvicos y vagina) y externas  (vulva). Esta atrofia en vagina y vulva tiene enorme importancia por la  repercusi&oacute;n que puede tener sobre la sexualidad de la mujer e indirectamente  de la pareja. La vulvovaginitis atr&oacute;fica conduce a cambios en la vagina, que  se acorta y pierde elasticidad, al mismo tiempo que la mucosa pierde sus  rugosidades naturales y presenta un aspecto p&aacute;lido y delgado, siendo frecuente  encontrar zonas de irritaci&oacute;n y sangrado. En la vulva, los labios mayores y  menores se adelgazan, produci&eacute;ndose p&eacute;rdida de elasticidad y estrechamiento  del introito vulvar. Las consecuencias para la mujer son la percepci&oacute;n de  sequedad y picor en la vagina y labios, as&iacute; como dolor durante  la penetraci&oacute;n (dispareunia), especialmente si la misma se realiza sin esperar  a una lubricaci&oacute;n vaginal suficiente, que tarda m&aacute;s tiempo en producirse que  en etapas anteriores. Estos cambios son progresivos a partir de la menopausia,  pero variables en intensidad en cada mujer, dependiendo no s&oacute;lo de los niveles  estrog&eacute;nicos, sino del uso de estas estructuras, de tal forma que una  actividad sexual mantenida estimula el trofismo de estas zonas dificultando los  cambios involutivos (8).</p>     <p>En  la mujer anciana la excitaci&oacute;n es m&aacute;s lenta y la lubricaci&oacute;n es menos abundante  que en la joven. Aun cuando se presente excitaci&oacute;n, la vagina suele permanecer  r&iacute;gida y seca por debilitamiento de la musculatura de este &oacute;rgano; adem&aacute;s se  presentan menos contracciones de la vagina durante la fase org&aacute;smica y una  menor elevaci&oacute;n uterina, situaciones que pueden causar una relaci&oacute;n dolorosa.  Sin embargo, es evidente que el orgasmo en las mujeres de cualquier edad, aun  en las m&aacute;s avanzadas, permanece, aunque puede ser menos explosivo y de menor  duraci&oacute;n. Lo anterior hace pensar que estos eventos no eliminan el orgasmo ni  suprimen la sensaci&oacute;n de placer en la mujer mayor de 50 a&ntilde;os.</p>     <p>La  terapia de sustituci&oacute;n de hormonas les proporciona una mejor calidad de vida,  a algunas mujeres, favoreciendo la salud f&iacute;sica y mental, as&iacute; como restituci&oacute;n  de la belleza y el encanto femeninos. Esta terapia elimina sensiblemente las  oleadas de calor, la lumbalgia, las cefaleas, los dolores osteomusculares, e  igualmente disminuye el nerviosismo, la depresi&oacute;n, la ansiedad y las crisis de  llanto, de tal suerte que la mujer enfrenta una perspectiva m&aacute;s serena, activa,  feliz y productiva. </p>     <p>Muchas  mujeres, en especial quienes han asimilado que la sexualidad es eminentemente  reproductiva, consideran indebida cualquier manifestaci&oacute;n sexual despu&eacute;s de la  menopausia. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que la menopausia por s&iacute;  misma no parece tener efecto negativo mayor sobre el inter&eacute;s sexual.  Contrariamente a la mitolog&iacute;a de la menopausia, un gran n&uacute;mero de mujeres  posmenop&aacute;usicas experimentan un aumento de la libido, que en parte puede  deberse al efecto &ndash;sin contrarrestar el de los andr&oacute;genos por la deficiencia  estrog&eacute;nica propia de esta etapa&ndash;,  del declinamiento del temor a un embarazo no planeado y de la madurez dada por  la experiencia (9). El incremento del inter&eacute;s sexual en los a&ntilde;os posteriores a  la menopausia ha sido referenciado, entre otros expertos, por Masters y  Johnson, Kaplan y Star y Weiner.</p>     <p>Kinsey  afirmaba que la aparente disminuci&oacute;n de la frecuencia coital y la capacidad de  respuesta que se atribuy&oacute; a las mujeres casadas de mayor edad, bien pod&iacute;a  deberse m&aacute;s a la decadencia fisiol&oacute;gica de sus maridos que a ellas mismas (4).  Es una realidad que en nuestro medio ha prevalecido el papel activo del hombre  en la relaci&oacute;n, siendo ellos los que imponen sus patrones sexuales dentro del  matrimonio a las mujeres, sin tener en cuenta las motivaciones de estas. Tal  situaci&oacute;n en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha ido cambiando, gracias a un mejor  conocimiento de la sexualidad humana y al reconocimiento de los derechos y  valores de la mujer en la mayor parte de los pa&iacute;ses.</p>     <p>Un  estudio realizado por Stimson sugiere que los aspectos de la sexualidad que  contribuyen a un sentimiento general de bienestar entre las personas de edad  son distintos para hombres y mujeres. Mientras que para los varones tanto el  desempe&ntilde;o sexual como el atractivo para con el otro sexo parecen ser medulares  en ese sentimiento de bienestar, en el caso de las mujeres el sentirse  sexualmente atractivas para el otro sexo era m&aacute;s importante que su desempe&ntilde;o  sexual. De ah&iacute; que cuando las mujeres de edad avanzada dejan de sentirse  atractivas, disminuyen sus sentimientos generales de bienestar en la relaci&oacute;n  (5). </p>     <p>Con  respecto a la doble norma del envejecimiento y sexualidad en las mujeres, la  escritora Susan Sontag propone la siguiente alternativa: </p>     <p>Las  mujeres cuentan con otra opci&oacute;n. Pueden aspirar a la sabidur&iacute;ayno s&oacute;lo  alabelleza; aser competentesyno sencillamente &uacute;tiles; a la fortaleza y no s&oacute;lo  a la gracia; a ser ambiciosas por ellas mismas, no s&oacute;lo en relaci&oacute;n con los  hombres y los hijos. Pueden dejarse envejecer de manera natural y sin pena,  protestando y desobedeciendo activamente a las convenciones que provienen de  esta doble norma de la sociedad sobre el envejecimiento. M&aacute;s que ser chicas,  j&oacute;venes tanto como sea posible, que luego maduran en forma humillante y se  vuelven mujeres de mediana edad y despu&eacute;s mujeres obscenamente viejas, pueden  volverse mujeres m&aacute;s tempranamente &ndash;y permanecer como adultas activas,  disfrutando por m&aacute;s tiempo de la larga y er&oacute;tica carrera de la que son capaces  las mujeres. Las mujeres pueden hacer que su rostro muestre la vida que han  vivido (5).</p>     <p><b>Cambios  fisiol&oacute;gicos en el hombre que envejece </b></p>     <p>Alrededordeun5%delos  hombresque pasandelos 60 a&ntilde;os experimentan lo que se conoce con el nombre de  &quot;climaterio masculino&quot;, etapa relacionada directamente con la baja producci&oacute;n  de testosterona, que al contrario de la menopausia no presenta s&iacute;ntomas  cl&iacute;nicos espec&iacute;ficos; sin embargo en algunos casos se relaciona con cansancio,  disminuci&oacute;n del deseo y la potencia sexual, irritabilidad y falta de  concentraci&oacute;n. Tales manifestaciones no deben ser consideradas como  permanentes y mucho menos como augurantes de un cese definitivo de la actividad  sexual.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En  el aspecto f&iacute;sico se aprecian algunos cambios que se relacionan con el comienzo  de la vejez y al mismo tiempo de la andropausia, como es el caso del aumento  de infiltraci&oacute;n de grasa en el abdomen, la presencia de barba y bigotes m&aacute;s &aacute;speros,  la aparici&oacute;n de pelos m&aacute;s hirsutos en pecho, antebrazos y piernas, el  incremento de pelos en las orejas y las narices, a lo cual se suman las  cefaleas frecuentes, los dolores articulares, las neuralgias y el v&eacute;rtigo.</p>     <p>En  el plano ps&iacute;quico se ha encontrado que, al igual que ocurre con las mujeres,  algunos hombres presentan irritabilidad, impaciencia, facilidad de enojo,  cambios de humor y, en ocasiones, depresi&oacute;n, adem&aacute;s de un incremento notorio  de la sensibilidad, que puede llevar incluso a la hiperemotividad en algunos  casos, lleg&aacute;ndose a veces a interpretar este hecho como una debilidad o una  p&eacute;rdida de su masculinidad.</p>     <p>La  disminuci&oacute;n gradual de la libido en el hombre durante la vejez puede  relacionarse con la reducci&oacute;n de la secreci&oacute;n de testosterona debido a la  fibrosis global del test&iacute;culo y a una disfunci&oacute;n nerviosa y vascular del pene  que se manifiesta no s&oacute;lo como una disminuci&oacute;n en la sensibilidad peneana, sino  tambi&eacute;n como una lentitud en el tiempo de respuesta a los est&iacute;mulos  ambientales. Aun cuando la alteraci&oacute;n nerviosa puede tener  m&uacute;ltiples causas, la principal se asocia con el deterioro normal del proceso  de envejecimiento y con el aumento gradual de enfermedades cr&oacute;nicas, muchas de  las cuales debilitan la eficiencia neuronal. Entre las enfermedades que  com&uacute;nmente afectan al var&oacute;n anciano y que pueden debilitar la funci&oacute;n sexual  en general, est&aacute;n la artritis, la hipertensi&oacute;n arterial, la enfermedad  vascular y la diabetes.</p>     <p>Otro  aspecto que hay que tener en cuenta en la respuesta sexual del hombre tiene  que ver con erecciones menos firmes, menor fuerza para eyacular, disminuci&oacute;n  del volumen eyaculado y declinaci&oacute;n de la urgencia eyaculatoria, las cuales  pueden generar en muchos hombres angustia y temor, que puede manifestarse en  una impotencia psicol&oacute;gica u org&aacute;nica. Como se dijo anteriormente, ninguno de  estos cambios basta para anular la respuesta y el deseo sexual. Ambos persisten  en el ser humano hasta edad muy avanzada. </p>     <p>En  este proceso de cambio la mujer desempe&ntilde;a un papel importante al tratar de  entender y tolerar los cambios, sin observaciones que puedan generar mayor  angustia en su compa&ntilde;ero sexual. La disminuci&oacute;n de la urgencia eyaculatoria  promueve la capacidad de continuar el juego amoroso o de prolongar la relaci&oacute;n  sexual para satisfacer a su pareja. Sin embargo, la declinaci&oacute;n del deseo del  cl&iacute;max puede ser interpretado por la esposa anciana como que ella ya no es  estimulante para su compa&ntilde;ero. De ah&iacute; la importancia de la ense&ntilde;anza previa  sobre el envejecimiento y la sexualidad, el reaprendizaje y la terapia sexual. </p>     <p>Otro  aspecto que cabe mencionar es la prolongaci&oacute;n del periodo refractario, en el  que el hombre mayor requiere m&aacute;s tiempo de reposici&oacute;n antes de tener un nuevo  coito. En contraste con el joven que apenas necesita unos minutos de reposo  para reanudar su actividad sexual, el viejo requiere a veces hasta una semana.  Esta prolongaci&oacute;n gradual del periodo refractario puede llevar a una  disminuci&oacute;n de las relaciones sexuales al envejecer. </p>     <p>Aunque  no es parte del envejecimiento normal, algunos hombres pueden sentirse menos  interesados en el sexo debido a trastornos de la salud, como es el caso de  enfermedades coronarias, la diabetes, la hipertensi&oacute;n arterial, los tumores,  las enfermedades debilitantes, las del sistema  nervioso, las metab&oacute;licas y endocrinas; estas pueden causar trastornos en la  respuesta sexual y, por consiguiente, disfunci&oacute;n sexual. As&iacute; mismo algunos  tratamientos medicamentosos (hipotensores, antipsic&oacute;ticos, sedantes y  antidepresivos) o quir&uacute;rgicos, el consumo de sustancias psicoactivas o de  alcohol, pueden limitar o inhibir la actividad sexual temporal o  definitivamente. </p>     <p>A lo  anterior se suman otros factores como falta de est&iacute;mulos sexuales derivados de  una vida sexual mon&oacute;tona, una menor intensidad en las relaciones sociales y la  p&eacute;rdida de atractivos corporales de la pareja, que pueden ir conduciendo  progresivamente a una p&eacute;rdida de inter&eacute;s en la actividad sexual. El agotamiento  f&iacute;sico y ps&iacute;quico propios de la etapa pueden influir ampliamente en el inter&eacute;s  por el contacto sexual y crear temores por la fatiga que pueda producir y sus  consecuencias f&iacute;sicas. </p>     <p>Es  importante mencionar que, si bien se presenta en la mayor&iacute;a de los hombres una  reducci&oacute;n de la actividad y del inter&eacute;s sexual, por las razones anteriormente  expuestas, tambi&eacute;n se puede presentar, en algunos casos, lo contrario, es  decir, un aumento de las pulsiones sexuales, apreci&aacute;ndose la tendencia a  expresarlas en relaciones extraconyugales con mujeres m&aacute;s j&oacute;venes, y en otros  casos se ha reportado la aparici&oacute;n de tendencias homosexuales en un hombre  normal. Al respecto Kinsey estima que mientras hay un 40 a 50% de hombres  casados que han tenido relaciones extraconyugales en un momento de su vida,  solamente un 22% de hombres mayores de 50 a&ntilde;os buscan relaciones  extramaritales (2). </p>     <p>La  impotencia no es un fen&oacute;meno propio de la vejez; sin embargo hay que reconocer  que aunque se encuentra presente en hombres j&oacute;venes, &eacute;sta se incrementa con el  correr de los a&ntilde;os; es as&iacute; como un aumento en la consulta por impotencia se  observa despu&eacute;s de los60a&ntilde;os. En lascifrasproporcionadaspor Kinsey y  colaboradores se advierte la ca&iacute;da de la actividad sexual hacia los 70 a&ntilde;os,  cuando se pasa de una tasa de impotencia de 17% a una de 70% a los 80 a&ntilde;os  (2). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los  cambios propios de la andropausia son vivenciados en forma diferente por cada  persona; mientras que para algunos, estos se constituyen en una verdadera  crisis, para otros es algo que se vive como una realidad a la cual hay que  adaptarse y enfrentar con entereza para lograr  una vida m&aacute;s agradable y armoniosa consigo mismo y con su pareja. </p>     <p>Como  vemos, la sexualidad est&aacute; presente en todas las etapas de la vida, y la  actividad sexual en el adulto mayor forma parte de su calidad de vida. El mito  de que &quot;los ancianos no est&aacute;n interesados en el sexo ni son capaces de  comprometerse en actividad sexual&quot; ha ido cambiando, pero a&uacute;n deben realizarse  acciones por parte de los profesionales de la salud y de la conducta humana  para contribuir en forma eficaz a la eliminaci&oacute;n de tab&uacute;es y prejuicios sobre  la sexualidad en la tercera edad. Debe formarse a la persona a lo largo de la  vida para que asuma su sexualidad en forma responsable y placentera, para que  desarrolle una autoimagen positiva, y para que mejore su capacidad de sentir,  gozar y amar. </p>     <p><b>Cambios  psicosociales relacionados con la sexualidad en la vejez </b></p>     <p>Como  se expres&oacute;, existe un negativismo cultural hacia el sexo en las personas  mayores de 60 a&ntilde;os y, tal como lo expresan Masters y Johnson, esto sucede como  reflejo de una actitud llamada &quot;ancianismo&quot;, es decir, un prejuicio contra el  individuo por el hecho de ser mayor, como lo son en otro terreno m&aacute;s familiar  el racismo y el machismo. El &quot;ancianista&quot; tiene formado un clis&eacute; de la persona  de edad avanzada; la considera intransigente, pesada, charlatana, senil,  carente de capacidades, apenas sin valor social que compense sus defectos, y  en lo que respecta al sexo, la consideran una persona acabada (10). </p>     <p>Un  estudio citado por Masters y Johnson, realizado por Zeiss en 1982, corrobora  lo anterior al detectar en un grupo de universitarios la percepci&oacute;n de que la  pareja casada, con m&aacute;s de 60 a&ntilde;os, realizaba el coito una vez al mes y los  mayores de 70 con mucha menor frecuencia, apreciaciones que, desde luego, no  corresponden a la realidad y que inciden negativamente en la percepci&oacute;n que se  tiene de la persona mayor. Sin embargo, se reconoce que existen algunas  variaciones derivadas del proceso de envejecimiento, que si bien afectan la  frecuencia de la actividad sexual, no as&iacute; el deseo sexual, el cual se mantiene  si se cuenta con una pareja que facilite la relaci&oacute;n. </p>     <p>La  clave del envejecimiento con &eacute;xito, competente o  satisfactorio, radica indudablemente en la &quot;capacidad de adaptaci&oacute;n&quot; de la  persona de edad avanzada a los cambios f&iacute;sicos que se van produciendo y a los  agentes externos estresantes (factores psicosociales) que se presentan, y esto  nos conduce a aceptar que estos cambios y la adaptaci&oacute;n a ellos var&iacute;an de una  persona a otra. En este sentido vale la pena mencionar la expresi&oacute;n de  Neugarten, quien afirma: </p>     <p>No  existe un solo patr&oacute;n por el cual las personas envejecen satisfactoriamente,  y&hellip; las personas mayores, como los j&oacute;venes, elegir&aacute;n las combinaciones y las  actividades que les ofrecen el mayor desarrollo personal y que est&aacute;n  m&aacute;senconsonancia con sus valores y patrones de su autoconcepto. La vejez no nivela  las diferencias individuales excepto, quiz&aacute;, en el mismo final de la vida  (11). </p>     <p>De  acuerdo con estos postulados no es raro encontrar &quot;j&oacute;venes que se sienten  viejos&quot; y &quot;viejos que se mantienen din&aacute;micos y joviales&quot;. </p>     <p>Podemos  concluir que la toma de conciencia que se hace sobre el proceso de  envejecimiento es variable y est&aacute; influida por muchos factores, dentro de los  cuales juegan un papel importante las modificaciones en la figura corporal y  las capacidades f&iacute;sicas, los cambios en el sistema familiar, la toma de  conciencia de la vulnerabilidad de la vida y el balance de los logros  alcanzados. </p>     <p>Pese  a que la figura corporal tiene una importancia decisiva para ambos sexos en  todas las edades, es en la vejez cuando dichos cambios se hacen m&aacute;s evidentes y  por lo mismo suelen verse como amenazantes, puesto que no corresponden al  modelo impuesto por una sociedad de consumo donde prima el atractivo de una  persona joven, llena de vitalidad y belleza. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La  presencia de canas, de arrugas, la p&eacute;rdida de masa corporal, la calvicie en el  var&oacute;n, los cambios en las mamas, etc., comunes a partir de los 40 a&ntilde;os, son  signos que no pueden pasar desapercibidos para la persona que los sufre ni  para quienes la rodean. Aceptar estos cambios sin que necesariamente disminuya  su autoestima general y sexual, es fundamental para que las personas mayores se  sientan capaces de desear, atraer y amar. Mantener diferentes formas de  actividad f&iacute;sica apropiadas para la edad, junto con horarios regulares y  largos de sue&ntilde;o y descanso y una alimentaci&oacute;n  balanceada, pueden constituir la soluci&oacute;n para mantener las capacidades por  muchos m&aacute;s a&ntilde;os (8).</p>     <p>Con  relaci&oacute;n a la influencia del aspecto f&iacute;sico, cabe mencionar el estudio  realizado por los rehabilitadores orales Jimmy Matiz y Rodrigo Berm&uacute;dez  (1998), dirigido a identificar modificaciones en el comportamiento sexual en  pacientes de tercera edad que utilizan pr&oacute;tesis dentales removibles. Para este  se trabaj&oacute; con un grupo de 49 personas mayores de 60 a&ntilde;os, residentes en la  ciudad de Popay&aacute;n, quienes expresaron su temor a ser observadas sin pr&oacute;tesis  por la pareja; un 67% reconoce ser querido y bien tratado por su pareja y que  la expresi&oacute;n sexual puede verse limitada por el estado oral (12). </p>     <p>Otro  aspecto que indudablemente contribuye a la toma de conciencia del paso de los  a&ntilde;os la constituye &quot;el s&iacute;ndrome de nido vac&iacute;o&quot;, es decir, cuando los hijos  adquieren su independencia y abandonan el hogar. Esta situaci&oacute;n necesariamente  crea cambios en los roles familiares y en las relaciones sociales, y muchas  veces est&aacute; acompa&ntilde;ada de soledad, depresi&oacute;n, aislamiento social y conflictos de  pareja, que pueden ahondar a&uacute;n m&aacute;s la crisis y desembocar en separaci&oacute;n o  divorcio. </p>     <p>Mantener  durante la vida adulta una red de relaciones sociales, disfrutar de  actividades l&uacute;dicas, dar sentido a la propia vida, a la vez que se atiende y  cuida la de los dem&aacute;s, es fundamental para no sentirse en el vac&iacute;o, sino con la  sensaci&oacute;n del deber cumplido y la satisfacci&oacute;n de disponer de m&aacute;s tiempo y  oportunidades para gozar. Reconstruir la red de relaciones sociales, aprender a  disfrutar de actividades l&uacute;dicas, cultivar los v&iacute;nculos existentes o abrirse a  otros, es esencial si no se ha podido prever adecuadamente este momento (8). </p>     <p>Por  otra parte, si a los signos de deterioro corporal se suman la enfermedad, la  muerte de familiares o amigos, los cambios en los roles familiares, etc., se  incrementa la toma de conciencia de la temporalidad de la vida. Esa cercan&iacute;a  con la enfermedad y la muerte de personas cercanas hacen pensar con mayor  intensidad en la vulnerabilidad del ser humano y preguntarse m&aacute;s por el sentido  de la vida. </p>     <p>Reconocerse  como &quot;ser temporal&quot; y aceptar este hecho con madurez, sin que acabe negando la  posibilidad de  encontrar sentido al presente, no siempre es f&aacute;cil, pero s&iacute; deseable. Contar  con una red emocional de apoyo, mantenerse activo, abrirse nuevos v&iacute;nculos si  estos se necesitan, est&aacute;n entre las condiciones que m&aacute;s favorecen el adecuado  afrontamiento de estas experiencias dolorosas&hellip; La enfermedad, salvo  situaciones l&iacute;mite, debe intentar compaginarse con la mejor calidad de vida  posible, convirti&eacute;ndose este criterio de calidad en contenidos de la vida  cotidiana y en motivos para tomar unas decisiones u otras. No se trata  &uacute;nicamente de pretender vivir m&aacute;s, sino de vivir &ndash;tambi&eacute;n, y seguramente, sobre  todo&ndash; mejor (8).   </p>     <p>Un  &uacute;ltimo aspecto presente en la toma de conciencia del proceso de envejecimiento  lo constituye el balance que la persona hace de sus logros y realizaciones. En  la vejez, la visi&oacute;n que se tiene del futuro es limitada y debe enfrentarse a  esa realidad de su pasado y su presente como lo &uacute;nico que tiene como verdad. La  persona debe tratar de hacer ese autoan&aacute;lisis en forma objetiva, serena,  realista y benevolente, acept&aacute;ndose con todas sus cualidades y limitaciones,  para, de acuerdo con esta reflexi&oacute;n, buscar las mejores opciones para sus a&ntilde;os  venideros. </p>     <p>Simult&aacute;neamente  con esta toma de conciencia del proceso de envejecimiento se vive la toma de  conciencia de los cambios en su sexualidad, la cual podr&aacute; ser vivenciada con  mayor satisfacci&oacute;n cuando la pareja permanece junta y se reafirma en su afecto,  cuando se dispone de m&aacute;s tiempo para &quot;ser&quot; y &quot;estar&quot; con el otro, aumentando su  gozo y teniendo la posibilidad de seguir dando sentido a la vida. Sin embargo  hay que tener en cuenta que cuando se ha perdido la pareja por muerte o  separaci&oacute;n, la persona se ve enfrentada a otra realidad con p&eacute;rdidas cada vez  mayores tanto en su funcionalidad como en su entorno social; p&eacute;rdidas que  derivan muchas veces en soledad emocional, sentimientos de inseguridad, de  desamparo y sensaci&oacute;n de abandono de las personas m&aacute;s cercanas. </p>     <p>En  este periodo es fundamental tener v&iacute;nculos con los hijos, hermanos, familiares  o amigos. En ese momento, m&aacute;s que nunca, es necesario tener una red de apoyo  con la que cuente en todo momento. Adem&aacute;s hay que tener presente que ante la  viudez o la separaci&oacute;n, la persona puede, una vez superado el duelo, buscar  compa&ntilde;&iacute;a y afecto en otra pareja, situaci&oacute;n que puede  observarse con mayor frecuencia en los hombres, pues las mujeres mayores que  han enviudado tienden a permanecer solas. </p>     <p>Si  bien es cierto que la viudez afecta tanto a los hombres como a las mujeres,  produciendo efectos en la salud f&iacute;sica y psicol&oacute;gica, tambi&eacute;n es cierto que los  hombres son quienes viven m&aacute;s traum&aacute;ticamente esta situaci&oacute;n. Son ellos quienes  manifiestan mayores dificultades de adaptaci&oacute;n y quienes sufren un mayor  impacto psicofisiol&oacute;gico; por esa raz&oacute;n la probabilidad de enfermar y morir se  incrementa en los meses siguientes a la muerte del c&oacute;nyuge. Muchos de ellos al  sentirse solos buscan el apoyo de otra pareja, y no es raro que se vuelvan a  casar, a pesar de los reparos que puedan interponer los hijos y dem&aacute;s  familiares. Aunque el estado de viudez afecta a las mujeres, ellas se adaptan  con mayor facilidad que el hombre debido a su capacidad para establecer relaciones  con sus hijos, familiares o personas en su misma situaci&oacute;n, y muy pocas buscan  el apoyo en otra pareja. Esta adaptaci&oacute;n se hace m&aacute;s f&aacute;cil cuando la mujer  desde el comienzo de su vida matrimonial mantiene su independencia, sus metas  e iniciativas personales. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque  una viuda (o un viudo) de 65 a&ntilde;os puede tener inter&eacute;s por la actividad sexual,  las presiones del entorno social y familiar pueden impedir que se den las  oportunidades necesarias, o las limitan con expresiones sarc&aacute;sticas. Dado que  en la ancianidad la abstenci&oacute;n de la actividad sexual degenera en la atrofia de  los &oacute;rganos sexuales, la persona de edad se enfrenta con un aut&eacute;ntico dilema  sexual: &quot;Usa tu sexualidad o renuncia a ella&quot; (10). </p>     <p>Otra  situaci&oacute;n que merece mencionarse es la de los ancianos institucionalizados,  pues son personas que pueden llegar al centro geri&aacute;trico con su pareja o que a  trav&eacute;s de la relaci&oacute;n con los habitantes de este pueden conformar una pareja, y  que por su condici&oacute;n necesitan cierta privacidad y en lo posible se les debe  proveer de una habitaci&oacute;n individual. La tendencia preexistente en algunos  hogares geri&aacute;tricos a mantener en habitaciones separadas a los hombres de las  mujeres debe ser abolida en pro de la calidad de vida integral de las personas  mayores y de los derechos que les asiste. All&iacute; prevalece la tendencia a que los  viejos sean vistos como personas disminuidas o enfermas, que  por su misma condici&oacute;n son incapaces de tomar decisiones, a hacer uso de sus  libertades y a planificar su vida. Se les trata como ni&ntilde;os y se les limita en  su intimidad. </p>     <p>Es  preciso disponer condiciones de vida que proporcionen un espacio privado,  c&oacute;modo y agradable, que facilite el desplazamiento de la persona mayor y  permita la posibilidad de organizarse con ciertos grados de libertad y  autonom&iacute;a. Que cuente con espacios mixtos, a los cuales puedan acceder los  hombres y las mujeres que as&iacute; lo deseen, de tal manera que cada uno pueda  decidir con libertad compartir o no la habitaci&oacute;n con su pareja. </p>     <p>Se  debe respetar la individualidad y la privacidad de las parejas, y adem&aacute;s  facilitar los espacios adecuados para el encuentro interpersonal en donde los  mayores puedan fomentar el encuentro, la diversi&oacute;n, el afecto, etc. Se trata de  satisfacer derechos elementales de la poblaci&oacute;n y que no deben limitarse a los  viejos por el mero hecho de ser viejos. Estas libertades, evidentemente, deben  ir acompa&ntilde;adas de normas que faciliten la  convivenciaylaorganizaci&oacute;ndelavidaenlainstituci&oacute;n (8). </p>     <p><b>Factores  que condicionan la actividad sexual en la vejez </b></p>     <p>Como  se ha mencionado, existen m&uacute;ltiples factores que influyen sobre la sexualidad  en esta etapa de la vida, algunos de ellos derivados de los cambios  fisiol&oacute;gicos propios del proceso de envejecimiento y otros relacionados con  aspectos psicosociales. </p>     <p>Dentro  de los primeros, no se puede desconocer la influencia del estado f&iacute;sico general  en la tercera edad y los problemas de salud preexistentes. En cuanto al estado  de salud, hay que tener en cuenta que la actividad sexual se puede ver afectada  por aspectos generales, como son el cansancio, el consumo de alcohol y tabaco,  la falta de higiene, el sedentarismo, la mala alimentaci&oacute;n, etc. </p>     <p>Aun  cuando la actividad sexual en la vejez es muy variable en frecuencia y en  general no se deteriora por el estado de salud, es importante tener presentes  las limitaciones impuestas por algunas enfermedades o por los f&aacute;rmacos con los  cuales la persona est&aacute; siendo tratada. En el caso de la cardiopat&iacute;a isqu&eacute;mica,  la diabetes y  procesos oncol&oacute;gicos y enfermedades debilitantes, es necesario valorar las  manifestaciones que producen en el comportamiento sexual, para poder establecer  un esquema terap&eacute;utico integral, en donde se contemple el cambio de actitud  hacia la propia sexualidad en esa situaci&oacute;n particular, y se le reste peso a  los temores derivados de &eacute;sta, y por el contrario se refuercen los beneficios  que una expresi&oacute;n sana de la sexualidad les puede reportar en materia de  calidad de vida para la persona y para la pareja, al facilitar la liberaci&oacute;n de  angustia, mejorar la autoestima y fortalecer la relaci&oacute;n. </p>     <p>La  correlaci&oacute;n entre los diferentes problemas de salud y la sexualidad tambi&eacute;n han  sido objeto de investigaci&oacute;n. L&oacute;pez y Olaz&aacute;bal (1990) confirmaron lo anterior  y adem&aacute;s recomendaron que la actividad sexual no deber&iacute;a limitarse por los  problemas de salud (infarto, diabetes, hipertensi&oacute;n arterial, etc.), quit&aacute;ndole  as&iacute; peso al mito de que &quot;la actividad sexual en la vejez es mala para la salud&quot;  (8). Es m&aacute;s, en dicho estudio y otros similares se lleg&oacute; a sustentar el  beneficio de la actividad sexual sobre dichas enfermedades y sobre la calidad  de vida de las personas que las padecen. </p>     <p>Tanto  en el hombre como en la mujer diversos s&iacute;ndromes neurol&oacute;gicos, endocrinos y  vasculares pueden alterar la fase de respuesta sexual; entre ellos se  encuentran laslesionesdelam&eacute;dulaespinal,ladiabetesmellitus, el hipogonadismo,  la cirrosis hep&aacute;tica, el s&iacute;ndrome de Cushing y la oclusi&oacute;n de la arteria  iliaca. Adem&aacute;s, cualquier enfermedad que debilite, incapacite, provoquedolor  omolestiaalapersona podr&aacute;causarapat&iacute;asexual o falta de inter&eacute;s, como es el  caso de la artritis, problemas cardiopulmonares, insuficiencia renal, al igual  que padecimientos menos graves y de menor duraci&oacute;n, como gripe, esguince,  migra&ntilde;a, etc. (13). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con  respecto a los f&aacute;rmacos hay que tener presente, en especial, aquellos que  afectan el deseo y la potencia sexual, con el fin de proveer la informaci&oacute;n  necesaria a las personas que los consumen y contribuir en lo posible en la  atenci&oacute;n del trastorno provocado. Es importante mencionar aquellos cuyo uso es  m&aacute;s frecuente en estas edades y que son causa de deterioro de la sexualidad:  los tranquilizantes mayores y menores, los antihipertensivos, los diur&eacute;ticos,  los antidepresivos tric&iacute;clicos,  los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), los antipsic&oacute;ticos y los  anticolin&eacute;rgicos. </p>     <p>Igualmente,  cabe se&ntilde;alar que diversos procedimientos quir&uacute;rgicos pueden modificar la  respuesta sexual; por ejemplo, la apat&iacute;a sexual en el posoperatorio de  personas sometidas a ostom&iacute;as. En la mujer suele presentarse apat&iacute;a sexual  despu&eacute;s de ser sometida a mastectom&iacute;a o a histerectom&iacute;a; esta apat&iacute;a est&aacute; m&aacute;s  relacionada con factores psicol&oacute;gicos derivados de la mutilaci&oacute;n y de la  alteraci&oacute;n de la imagen corporal, que en la alteraci&oacute;n de sus &oacute;rganos sexuales.  En el hombre se ha informado con frecuencia la p&eacute;rdida del deseo sexual como  secuela de la prostatectom&iacute;a. En todos estos casos se requiere una preparaci&oacute;n  psicol&oacute;gica pre y posoperatoria muy bien orientada, en donde se incluya a la  pareja y a la familia. </p>     <p>En  la esfera psicosocial es preciso mencionar la influencia que &eacute;sta puede tener sobre  la conducta sexual del adulto mayor, y que se hace manifiesta por la  limitaci&oacute;n en la informaci&oacute;n sexual recibida y por la rigidez en la formaci&oacute;n  que la persona ha tenido y que ha transmitido a sus hijos, caracterizada por la  represi&oacute;n sexual. De igual forma, la historia sexual previa influye en el  comportamiento sexual: si las relaciones fueron satisfactorias a lo largo de la  vida, se aprecia que as&iacute; ser&aacute;n en la vejez. </p>     <p>Un  factor que igualmente puede afectar la sexualidad de las personas mayores tiene  que ver con el rechazo o la resistencia de los hijos hacia la sexualidad de  los viejos, en especial cuando estos han sido educados dentro de una cultura  represiva en lo relativo a la sexualidad. Se aprecia c&oacute;mo los hijos y los  familiares adultos no s&oacute;lo rechazan la sexualidad de los viejos, sino que  muchas veces los maltratan o ridiculizan en este aspecto. </p>     <p>La  limitaci&oacute;n de la actividad sexual al matrimonio influye en las personas de  ambos sexos, pero m&aacute;s con relaci&oacute;n alamujer alolargo de la vida.Por tradici&oacute;n,  est&aacute; mal visto que una mujer tenga actividad sexual si no est&aacute; casada. Esto es  a&uacute;n m&aacute;s criticado cuando se trata de mujeres viejas. Es verdad que est&aacute; mal  visto que un var&oacute;n viejo intente conocer mujeres y establecer relaciones con  ellas, pero se considera m&aacute;s inapropiado cuando se trata de una mujer mayor, e  incluso se piensa que esto es simplemente  imposible que ocurra. La mera idea de ello suele parecer rid&iacute;cula, absurda y  vergonzosa (13). </p>     <p>Otro  aspecto que afecta la sexualidad en la vejez es la situaci&oacute;n socioecon&oacute;mica,  pues de ella depende la calidad de vida. La salud, la alimentaci&oacute;n, el estilo  de vida y las condiciones de la vivienda guardan una estrecha relaci&oacute;n con la  situaci&oacute;n socioecon&oacute;mica, y como se dijo anteriormente, estos aspectos pueden  afectar el deseo sexual tanto en el hombre como en la mujer. El hecho de  disponer de una solvencia econ&oacute;mica derivada del trabajo, el ahorro y la  seguridad social, reporta tranquilidad y mejores posibilidades para vivir una  vejez satisfactoria, mientras que ante carencias econ&oacute;micas se incrementan los  temores a quedar desamparados y las limitaciones en su vivienda y calidad de  vida. Al respecto, es preciso destacar el significado que tiene para  laspersonasla&quot;jubilaci&oacute;n&quot;: mientras para algunasrepresenta el reconocimiento a  los esfuerzos realizados durante toda la vida, el descanso y tranquilidad, para  otras significa la p&eacute;rdida de ingresos econ&oacute;micos, una disminuci&oacute;n de la  actividad f&iacute;sica y mental y la ruptura con su red de relaciones sociales y  laborales. En lo relacionado con la sexualidad, para los primeros representa  el afianzamiento de la pareja, un espacio para compartir otras actividades  l&uacute;dicas, sociales y culturales, mientras que para los segundos puede significar  un deterioro f&iacute;sico y psicol&oacute;gico, y por lo mismo un declinar de su  sexualidad. Por otra parte, la jubilaci&oacute;n puede desencadenar nuevos conflictos  para la pareja, sobre todo cuando sus integrantes no estaban acostumbrados a compartir  muchas horas juntos. Muchas mujeres que hab&iacute;an logrado cierta independencia se  ven obligadas a compartir &quot;todo ocasitodoeltiempo&quot; consumaridojubiladoy,con  ello, a cambiar aspectos importantes de su estilo de vida (8). </p>     <p>La  oportunidad de disponer de tiempo de ocio casi ilimitado para las diferentes aficiones  o actividades brinda la posibilidad de pasar m&aacute;s tiempo con su pareja, de poder  compartir conjuntamente labores que antes les eran vedadas por el trabajo, como  pensar en lo que ha significado la vida en com&uacute;n, hacer proyectos para los a&ntilde;os  venideros, hacer ejercicio juntos, caminar, viajar, asistir a conciertos,  tomar cursos de manualidades, compartirlos gustos porlalectura oelcine,  poderdedicar m&aacute;s tiempo para estar con los hijos y nietos, y sobre todo  poder sentir la tranquilidad de contar con un compa&ntilde;ero o compa&ntilde;era que los  comprende y que est&aacute; cerca en todos los momentos de alegr&iacute;a y de tristeza, de  salud y de enfermedad, hasta que la muerte los separe, como se expresa en el  rito del matrimonio. Esta primera etapa de la jubilaci&oacute;n puede vivirse con  plenitud, en especial cuando la pareja cuenta con unas buenas relaciones de  apego, de amistad, de intimidad sexual y adem&aacute;s de cuidado mutuo; cuando  cuenta con salud, con energ&iacute;as para continuar en sus metas de autorrealizaci&oacute;n  disponiendo de un grado razonable de bienestar econ&oacute;mico, y sobre todo con  ganas de seguir manteni&eacute;ndose activa, de dedicarse a otras labores y de querer  disfrutar de lo quesehace. </p>     <p>Por  el contrario, cuando no se cuenta con un proyecto de vida para la vejez, el  desarraigo de la vida laboral se vive con dolor, con soledad emocional y  tristeza. Cuando las personas se acostumbran a dar valor a sus vidas en raz&oacute;n  del trabajo que desempe&ntilde;an y a considerarse &uacute;tiles s&oacute;lo mientras reciban  reconocimiento laboral, es posible que no acepten el cambio, y que en lugar de  enfrentarlo con actitud positiva lo vivan como un castigo, como una p&eacute;rdida de  la cual es dif&iacute;cil reponerse. En esta situaci&oacute;n se hace m&aacute;s relevante el contar  con su pareja, as&iacute; como con otras figuras de apoyo, como los hijos, hermanos y  amigos, para que le brinden compa&ntilde;&iacute;a, afecto y motivaci&oacute;n para realizar otras  actividades, para buscar otro significado alavidayparaafianzarsupropiointer&eacute;s  porsurelaci&oacute;n de pareja, para que la persona sienta que no est&aacute; sola y que, a  pesar de no estar trabajando, sigue siendo un individuo valioso. </p>     <p>La  inactividad, la soledad y el aburrimiento, junto con la sensaci&oacute;n de  marginaci&oacute;n que puede producir la jubilaci&oacute;n, predicen un r&aacute;pido deterioro  f&iacute;sico y psicol&oacute;gico que afecta a la persona como ser integral (8). Al  respecto vale la pena recordar la frase que Sim&oacute;n Bol&iacute;var dijo a Antonio Jos&eacute;  de Sucre: &quot;Una vida pasiva e inactiva es el abandono de la vida; es anticipar  la nada antes de que llegue&quot; (14). </p>     <p>En  el hombre dedicado en amplia medida al trabajo, la jubilaci&oacute;n puede  representar un cambio dr&aacute;stico, para el cual muchas veces no se ha preparado.  De tener un mundo centrado en su actividad laboral, pasa de pronto a la  inactividad, a la falta de reconocimiento </p>   profesional  y social; no es f&aacute;cil de un momento a otro adoptar nuevos intereses y rutinas,  sobre todo cuando no se hab&iacute;an cultivado desde antes. &iquest;C&oacute;mo desarrollar en la  vejez el gusto por la lectura, la pintura, la m&uacute;sica, el teatro, los viajes,  etc., si antes no lo hab&iacute;a hecho? </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Diferentes  estudios permiten ver c&oacute;mo los propios viejos consideran que sus problemas  principales son, por este orden, los econ&oacute;micos (46,3%), los m&eacute;dicos (43%), los  de soledad (26,6%) y el rechazo familiar (11,5%). En otros estudios sobre  necesidades individuales, el afecto se coloc&oacute; en tercer lugar. Estos estudios  permiten ver que lo quepod&iacute;a seruna etapadelavidalibre de preocupaciones  econ&oacute;micas, se convierte en bastantes casos en un per&iacute;odo de escasez, problemas  de salud y soledad (14). Se observa que el rechazo y la soledad son mayores  cuando las personas no tienen familia, cuando han perdido su pareja ocuandodemandanmucho  cuidadopor su condici&oacute;n f&iacute;sica o mental. </p>     <p><b>MITOS  Y CREENCIAS ACERCA DE LA SEXUALIDAD DEL ANCIANO </b></p>     <p>Dentro  de estos factores condicionantes de la sexualidad en la vejez no se pueden  dejar de mencionar los mitos, las falsas creencias que se han perpetuado en  nuestra sociedad, y en especial en los j&oacute;venes, los cuales no hacen ning&uacute;n  bien a la imagen que se tiene del anciano, y mucho menos a su calidad de vida.  Teniendo en cuenta la relevancia de estos, se har&aacute; referencia especial a  continuaci&oacute;n. </p>     <p>En  la literatura existente sobre la sexualidad en la vejez se aprecia una marcada  connotaci&oacute;n negativa hacia que las personas mayores experimenten adecuada y  libremente su sexualidad. Entre los mitos y las falsas creencias destacados  por L&oacute;pez y Olaz&aacute;bal, en su libro Sexualidad en la vejez, se encuentran los  siguientes: </p>     <p>&bull;  Los viejos no tienen capacidad  fisiol&oacute;gica que les permita tener conductas sexuales. Se considera que debido a  los cambios en los distintos &oacute;rganos y sistemas, y en especial los derivados  del d&eacute;ficit hormonal, las personas mayores no se encuentran en condiciones  favorables para mantener relaciones sexuales. </p>     <p>&bull;  Los viejos no tienen intereses  sexuales. No es raro encontrar expresiones relacionadas con esta creencia; es  as&iacute; como algunos dicen: &quot;Ellos ya no tienen motivaciones,  ya vivieron lo suyo&quot;, &quot;ya no est&aacute;n como para eso&quot;, etc. Esta falsa creencia se  encuentra m&aacute;s arraigada con relaci&oacute;n a las mujeres, a quienes se les considera  con una sexualidad acabada despu&eacute;s de la menopausia.</p>     <p>&bull;  Los viejos que se interesan por la  sexualidad son perversos, indecentes o inmaduros.Sisetiene en cuenta la  connotaci&oacute;n negativa que se da a la sexualidad en la vejez, tiende a verse  cualquier manifestaci&oacute;n sobre la sexualidad como algo &quot;anormal&quot; o &quot;perverso&quot;.  El hecho de que el viejo diga un piropo, mire con insistencia a una persona  m&aacute;s joven, o que entable una relaci&oacute;n establecon unaparejadalugar aque se le  denomine &quot;viejo verde&quot;, pues se considera de mal gusto que los viejos tengan  inter&eacute;s por la sexualidad.</p>     <p>&bull;  Las mujeres viejas que se interesan  por la sexualidad suelen haber sido ninf&oacute;manas en su juventud. Desde el punto  de vista cultural tradicional se le ha permitido a la mujer la expresi&oacute;n de su  sexualidad dentro del v&iacute;nculo matrimonial y generalmente con el fin de la  reproducci&oacute;n. Cualquier manifestaci&oacute;n de su sexualidad en la edad madura es  considerada como &quot;inadecuada&quot; o como la continuidad de una conducta,  preexistente, excesivamente marcada hacia la sexualidad. Es m&aacute;s criticado y  mal visto que una mujer mayor entable relaciones con un joven, a que un hombre  se organice con una joven.</p>     <p>&bull;  Las desviaciones sexuales son m&aacute;s  frecuentes en la vejez, especialmente el exhibicionismo y los abusos de  menores. Aun cuando estas conductas se han asignado a la vejez, por una  generalizaci&oacute;n mal intencionada de los medios de comunicaci&oacute;n, no hay  estad&iacute;sticas que demuestren esta tendencia.</p>     <p>&bull;  La actividad sexual es mala para la  salud, especialmente en la vejez.Secreeque al practicarlalapersona mayor sufre  un desgaste de energ&iacute;a que la debilita y la hace m&aacute;s vulnerable a las  enfermedades.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&bull;  La vida sexual puede prolongarse  con la abstinencia y la inactividad. Esta creencia va en contrav&iacute;a de los  estudios que demuestran que la actividad sexual previa y la  regularidad en &eacute;sta favorece la conducta sexual satisfactoria en la vejez, mientras  que la abstenci&oacute;n impone dificultades fisiol&oacute;gicas m&aacute;s severas.  </p>     <p>&bull;  La masturbaci&oacute;n es una actividad  que desaparece en la vida adulta y s&oacute;lo se da en los viejos si sufren  trastornos importantes.Esta conducta se ha ido aceptando, poco a poco, como una  conducta normal en los j&oacute;venes que empiezan a explorar su sexualidad, y si se  presenta en la persona mayor se le considera una conducta inadecuada. Sin  embargo, algunos estudios contemplan el autoerotismo y otras formas de  expresi&oacute;n sexual como una alternativa para los ancianos.</p>     <p>&bull;  Las personas de edad no son  deseables, no tienen deseo sexual y no son sexualmente capaces.Esta creencia  se ha afianzado socialmente por el culto existente &quot;al cuerpo joven&quot;, &quot;al  cuerpo bello&quot;, &quot;al cuerpo activo y vital&quot;. Las mujeres sufren m&aacute;s el estigma  social de la asociaci&oacute;n entre vejez y fealdad, porque a lo largo de la vida se  le hacen mayores exigencias en materia de belleza corporal; por esta raz&oacute;n las  arrugas, los pechos ca&iacute;dos, las canas, etc., suelen ser identificados como  signos de fealdad y de poco atractivo sexual.</p>     <p>&bull;  Los hombres viejos s&iacute; tienen  inter&eacute;s por la sexualidad, pero las mujeres no. Este mito se relaciona con la  creencia que se tiene con respecto a la influencia del cambio hormonal, propio  de la menopausia, con la disminuci&oacute;n del deseo sexual y adem&aacute;s por la doble  represi&oacute;n social a que est&aacute; sometida la mujer: &quot;el hecho de ser mujer y  vieja&quot;. Se le suma la influencia de las tendencias machistas de considerar al  hombre como activo, independiente y menos deteriorado en sus funciones  durante un mayor n&uacute;mero de a&ntilde;os.</p>     <p>&bull;  Es indecente y de mal gusto que los  viejos tengan inter&eacute;s por la sexualidad (8). Existe una extra&ntilde;a tendencia a  desexualizar a los mayores, a considerar el deseo sexual en las personas  mayores como algo morboso o pecaminoso.</p>     <p>Como  se expres&oacute; anteriormente, muchas de estas creencias se han ido arraigando entre  los j&oacute;venes y aun en los adultos. Sin embargo, no es raro encontrar que en la  sociedad actual sean los propios viejos quienes se encarguen de dar una  connotaci&oacute;n negativa a la vejez y la sexualidad. Se aprecia c&oacute;mo las ense&ntilde;anzas  represivas sobre la sexualidad que dieron a los hijos luego son trasladadas a  la sexualidad de los viejos, llegando a rechazar cualquier forma de  manifestaci&oacute;n sexual en estos. Incluso los hijos m&aacute;s liberales pueden expresar rechazo  a las libertades sexuales de los padres ancianos, y el rechazo es m&aacute;s evidente  cuando las relaciones que se establecen se dan fuera del matrimonio. </p>     <p>Los  ancianos asimilan los mensajes emitidos por estos mitos y creencias como una  norma social que se debe cumplir, y desde luego tienden a guardar para s&iacute; sus  deseos sexuales y sus sentimientos amorosos. Les cuesta mucho trabajo hablar  sobre este tema, aun con los profesionales de la salud; por eso no es raro  encontrar rechazo a explorar los aspectos relacionados con la sexualidad en el  examen f&iacute;sico o en las entrevistas con fines investigativos. </p>     <p>Estos  mitos y creencias han prevalecido a pesar de los resultados de las  investigaciones realizadas, del abordaje de esta tem&aacute;tica por diferentes medios  de comunicaci&oacute;n y de los cambios que se han dado en los procesos de  ense&ntilde;anza aprendizaje sobre la sexualidad y sobre la gerontolog&iacute;a. Es  importante trabajar sobre ellos para erradicarlos, para generar una mejor  actitud hacia la vejez y la sexualidad en los j&oacute;venes, los adultos y en los  mismos viejos. </p>     <p>En  este sentido el m&eacute;dico sex&oacute;logo Alonso Acu&ntilde;a y otros en el libro Sexo y edad:  de la madurez a la vejez, expone aspectos relevantes para tener en cuenta sobre  la sexualidad en la vejez, en el dec&aacute;logo que se enuncia a continuaci&oacute;n (4): </p>     <p>1.  El ejercicio de la sexualidad es una libre opci&oacute;n que estoy en capacidad de  tomar. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>2.  Mi expresi&oacute;n sexual es permanente y no depende de la edad. Es una faceta vital  que var&iacute;a con cada persona. </p>     <p>3.  Tengo el mismo deseo y derecho a recibir y dar caricias, tal como suced&iacute;a en mi  ni&ntilde;ez y mi juventud. </p>     <p>4.  Estoy en capacidad de expresar sanamente el afecto hacia las personas que me  atraen. </p>     <p>5.  Puedo constituir pareja y compartir mis sentimientos sin l&iacute;mite de edad. </p>     <p>6.  Soy capaz de trabajar, de producir, de hacer deporte y divertirme. Mi  situaci&oacute;n de retiro o pensi&oacute;n no me lo impide, antes bien, lo facilita. </p>     <p>7.  Como persona mayor puedo tener el don de la elementariedad, como sucede en la  ni&ntilde;ez. Soy capaz de gozar de la transparencia del aire, del aroma de la flor,  el color de las lib&eacute;lulas, el roce de una mano amiga, la ternura  de una caricia, el murmullo de un manantial. Cada vez m&aacute;s en virtud de mi  experiencia. </p>     <p>8.  Me aferro a la vida porque s&eacute; de su valor y percibo el placer de vivirla,  aunque en ocasiones disfrute en la soledad de mis recuerdos y parezca persona  hura&ntilde;a. </p>     <p>9.  Tengo derecho a cuidar y mejorar mi imagen exterior, a transmitir a los dem&aacute;s  la belleza interior que brota de mi cuerpo y gozar de toda clase de sensaciones  que de &eacute;l provengan. </p>     <p>10.  Llegar a la vejez significa que he sobrevivido y triunfado sobre la enfermedad  y la muerte. Puedo transmitir con orgullo estas ideas a mis hijos, nietos,  amigos, para que si ellos a su vez logran alcanzar la vejez, tengan entonces  el privilegio de transmitirlas, tambi&eacute;n, a sus hijos, nietos y amigos. </p>     <p><b>CONCLUSIONES </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al  preguntarnos sobre qu&eacute; se sabe acerca de la conducta sexual de los viejos, es  importante tener en cuenta que, como ya se ha dicho en otros apartes, no son  muchos los estudios realizados sobre la sexualidad en la vejez y que muchas de  las investigaciones existentes est&aacute;n influidas por los prejuicios sobre la  sexualidad en dicha etapa, o limitadas a valorar el aspecto genital de la  sexualidad en los viejos. </p>     <p>En  general, los propios viejos son conscientes de que &quot;con los a&ntilde;os la cosa del  sexo baja mucho&quot;, refiri&eacute;ndose sin duda, principalmente, a los aspectos  fisiol&oacute;gicos. Se confirma que la actividad sexual se mantiene hasta edades  avanzadas, pero se reconoce que desciende de manera gradual a partir de los 50  a&ntilde;os, tanto en el hombre como en la mujer. Esta afirmaci&oacute;n general es  compartida por casi todos los estudiosos del tema, pero no ocurre lo mismo  cuando se habla en concreto del deseo, pues un buen porcentaje considera que a  cualquier edad hay inter&eacute;s por el sexo, si se dan las condiciones apropiadas  para ello. Adem&aacute;s, se reconoce que con los a&ntilde;os otras formas de expresi&oacute;n  adquieren mayor relevancia como son los besos, las caricias, el di&aacute;logo, etc. </p>     <p>El  inter&eacute;s desencadenado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os por la gerontolog&iacute;a y por la  sexualidad debe afianzarse y realizar esfuerzos conjuntos por una mejor  preparaci&oacute;n hacia la vejez y por una mejor educaci&oacute;n sexual a lo largo de  la vida,detal manera queselogre unamejor calidad de vida en las distintas  etapas del desarrollo humano, y en especial una vejez m&aacute;s activa, m&aacute;s  satisfactoria y gratificante, en la que se reconozca a los viejos el derecho a  vivir su sexualidad sin temores por los efectos del proceso de envejecimiento,  sin miedo al rechazo o a la burla de los j&oacute;venes o de los miembros de su propia  familia. Una sexualidad libre, llena de placer, de comunicaci&oacute;n y de afecto. </p>     <p>La  preparaci&oacute;n para la vejez y para mantener unas relaciones sexuales  satisfactorias debe iniciarse desde la ni&ntilde;ez. Adem&aacute;s de dar a conocer los  cambios normales esperables con el envejecimiento corporal, se deben brindar  oportunidades para el crecimiento personal y la adaptaci&oacute;n a los cambios de  distinta &iacute;ndole, para erradicar los mitos y las falsas creencias, de manera que  la persona est&eacute; m&aacute;s preparada para enfrentarlos, para aprender de las vivencias  propias y ajenas y para reorientar sus propias expectativas. </p>     <p>Ante  la pregunta de si se puede llevar una vida feliz y satisfactoria sin actividad  sexual en la vejez, la posible respuesta es que s&iacute;, siempre y cuando &eacute;sta sea  una decisi&oacute;n personal, plenamente aut&eacute;ntica y sin presiones o prejuicios. Si  la persona opta por una actividad sexual limitada o ausente debe respetarse su  decisi&oacute;n y recibir el apoyo del caso. </p>     <p>Es  importante reconocer que el ser humano necesita durante toda su vida de  estimulaci&oacute;n f&iacute;sica, psicol&oacute;gica y social para su desarrollo y satisfacci&oacute;n  personal. A toda costa hay que evitar que en el anciano se perpet&uacute;e el vac&iacute;o  que produce el ocio, la inactividad y el sentimiento de impotencia. Por el  contrario, la persona debe &quot;aprender a aprender&quot; c&oacute;mo utilizar su tiempo libre  en forma creativa y placentera, de manera que afiance su autoestima y  contribuya al mejoramiento de la calidad de vida. </p>     <p>El  reto de la educaci&oacute;n es aprender a vivir, aprender a aprender, de forma que se  puedan ir adquiriendo nuevos conocimientos a lo largo de toda una vida;  aprender a pensar de forma libre y cr&iacute;tica; aprender a amar el mundo y a  hacerlo m&aacute;s humano; aprender a realizarse en y mediante el trabajo creador (4).  Este reto es v&aacute;lido para una educaci&oacute;n que se d&eacute; en la ni&ntilde;ez y a lo largo de  toda la vida, en la que se promueva una formaci&oacute;n  integral basada en valores humanos, y se prepare para aceptar los cambios y  para enfrentar la vida con un esp&iacute;ritu libre y din&aacute;mico. Este es un reto v&aacute;lido  para vivir cada etapa de la vida con un sentido de realidad, y poder  disfrutarla en todo lo que es y representa para el ser humano y en especial  para prepararnos para ser viejos.</p>     <p>A  pesar del inter&eacute;s que ha surgido sobre la vejez como situaci&oacute;n demogr&aacute;fica y de  salud, hacen falta mayores estudios sobre la sexualidad en el anciano y m&aacute;s  acciones para desmitificar esta dimensi&oacute;n de la vida. Hoy m&aacute;s que nunca, cuando  el n&uacute;mero de personas de tercera edad se ha incrementado en todo el mundo, se  debe investigar m&aacute;s y explorar este tema como componente b&aacute;sico de la calidad  de vida de estas personas, as&iacute; como tambi&eacute;n divulgar los resultados que  arrojen los estudios que se desarrollen en tal sentido. </p><hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS  BIBLIOGR&Aacute;FICAS </b></p>     <!-- ref --><p>(1)  DE BEAVOIR,Simone. La vejez.BuenosAires,Editorial Suramericana, 1980, pp. 20,  39. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0121-4500200700020001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>(2)  GALIER, PierreHenri. La sexualidad despu&eacute;s de los 50 a&ntilde;os. Barcelona, Ed.  A.T.E., pp. 11, 64, 68. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-4500200700020001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>(3)  CIBELES, Lorenzo. &quot;Sexualidad y vejez&quot;, La Habana, Cuba, Centro Universitario  Jos&eacute; Mart&iacute;, p. 4. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-4500200700020001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>(4)  ACU&Ntilde;A,Alonso, NADER,Luc&iacute;a yotros. Enciclopedia del sexo y de la educaci&oacute;n  sexual. Tomo 2, Bogot&aacute;, Editorial Zamora, 1996, pp. 246, 247, 249, 253, 25. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-4500200700020001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>(5)  CROOKS,Roberty BAUR,Karla. Nuestra sexualidad.7&ordf;. ed. M&eacute;xico, Thomson Editores,  2000, pp. 431, 429, 430. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0121-4500200700020001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>(6)  CARRASCO, V&iacute;ctor Hugo. Salud del anciano: sexualidad del anciano. En: <a href="http://www.saludalia.com/docs/Salud" target="_blank">http://www.saludalia.com/docs/Salud</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-4500200700020001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>(7)  SARMIENTO,Vicente, PAGOLA,Javiery ORAMAS, Lissette. &quot;La sexualidad en el adulto  mayor&quot;, En: Revista Sexolog&iacute;a y Sociedad, 1999. En:  <a href="http://www.bvs.sld.cu/revistas/ssoc/vol5" target="_blank">http://www.bvs.sld.cu/revistas/ssoc/vol5</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-4500200700020001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>(8)  L&Oacute;PEZ,F&eacute;lix y OLAZ&Aacute;BAL, Juan Carlos. Sexualidad en la vejez, Madrid, Ediciones  Pir&aacute;mide, 1998, pp. 32, 48, 5152, 5455, 134, 86, 103104. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-4500200700020001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>(9)  MULLIGAN, Thomas. &quot;Cambios f&iacute;sicos que afectan la sexualidad en la vejez&quot;,  art&iacute;culo publicado en Colombia M&eacute;dica Universidad del Valle, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-4500200700020001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>(10)  MASTERS, William, JOHNSON,Virginia y KOLODNY,Robert. La sexualidad humana,  tomo 2, pp. 294, 298. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-4500200700020001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>(11)  FERN&Aacute;NDEZBALLESTEROS, Roc&iacute;o y otros. Qu&eacute; es la psicolog&iacute;adelavejez, Madrid,  Editorial Biblioteca Nueva, 1999, p.  205. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-4500200700020001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>(12)  ASOCIACI&Oacute;N COLOMBIANA DE GERONTOLOG&Iacute;A Y GERIATR&Iacute;A. Revista de la Asociaci&oacute;n,  Vol. 12, No. 34, juliodiciembrede1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-4500200700020001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>(13)  &Aacute;LVAREZ, Juan Luis, S&Aacute;NCHEZ,Delia y LARA,Francisco. Sexoterapia integral.  M&eacute;xico, Editorial El Manual Moderno, 1986, pp. 74, 118, 110. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-4500200700020001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>(14)  ARANGO, Mar&iacute;a Clara y otros, &quot;Cosas de la edad... Ensayo sobre la tercera edad&quot;.  Bogot&aacute;, Comit&eacute; Regional de Educaci&oacute;n Sexual para Am&eacute;rica Latina y el Caribe,  1983, pp. 20, 21. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-4500200700020001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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