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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Cincuenta años del sufragio femenino en Colombia 1954: Por la conquista del voto 2004: Por la ampliación de la ciudadanía de las mujeres]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Fifty Years Of Female Suffrage In Colombia 1954: For The Conquest Of The 2004 Vote: For The Extension Of Female Citizenship]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article makes a memory reconstruction and a balance of the steps taken by Colombian women in the last decades in regards to the commemoration of 50 years of female suffrage. This paper presents the main reflections and conclusions of the forums organized by a group of regions and Bogota , congresswomen, national institutions, female collective groups and international funds for development which took place in August, 2004. The first forum was dedicated to memory and history; the second to the participation and construction of democracy; and the last one proposed a consolidation agenda of female citizenship viable for the country.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[    <font size="2" face="Verdana">      <p align="right"><b>Art&iacute;culo/Democracia</b></p>      <br>  <font face="Verdana"size="4">     <p align="center"><b>Cincuenta a&ntilde;os del sufragio femenino en Colombia 1954:    <br> Por la conquista del voto 2004: Por la ampliaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a de las mujeres <a href="#(1)">(1)</a> </b></p> </font>    <font size="3" face="Verdana">     <p align="center"><b>Fifty Years Of Female Suffrage In Colombia 1954: For The Conquest Of The 2004 Vote:    <br> For The Extension Of Female Citizenship </b></p></font>      <p><b>Maria Emma Wills </b><b> Obreg&oacute;n </b></p>  Docente del IEPRI, Universidad Nacional de Colombia  <hr size="1">       <p><b>Resumen </b></p>       <p>Este art&iacute;culo realiza una reconstrucci&oacute;n de la memoria y hace un balance de los pasos adelantados por las colombianas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas a prop&oacute;sito de la conmemoraci&oacute;n de los 50 a&ntilde;os del voto femenino. El texto presenta las principales reflexiones y conclusiones de los foros organizados por grupos de las regiones y de Bogot&aacute;, mujeres parlamentarias, instituciones nacionales, colectivos feministas y fondos internacionales para el desarrollo, que se realizaron en agosto de 2004. El primer foro estuvo dedicado a la memoria y la historia; el segundo a la participaci&oacute;n y la construcci&oacute;n de la democracia; y el &uacute;ltimo, propuso una agenda de consolidaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a femenina viable para el pa&iacute;s. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras claves:</b> mujeres, voto, democracia, Colombia.</p>   <hr size="1">       <p><b>Summary </b></p>       <p>This article makes a memory reconstruction and a balance of the steps taken by Colombian women in the last decades in regards to the commemoration of 50 years of female suffrage. This paper presents the main reflections and conclusions of the forums organized by a group of regions and Bogota , congresswomen, national institutions, female collective groups and international funds for development which took place in August, 2004. The first forum was dedicated to memory and history; the second to the participation and construction of democracy; and the last one proposed a consolidation agenda of female citizenship viable for the country. </p>       <p><b>Keywords </b>: women, suffrage, democracy, Colombia.</p>   <hr size="1">       <p>A pesar de la poca resonancia que la conmemoraci&oacute;n de los 50 a&ntilde;os del voto de las mujeres obtuvo en los medios de comunicaci&oacute;n, grupos femeninos de las regiones y de Bogot&aacute;, mujeres parlamentarias, instituciones nacionales, colectivos feministas y fondos internacionales para el desarrollo organizaron eventos de celebraci&oacute;n y reflexi&oacute;n sobre lo que represent&oacute; esta conquista. Esta alianza de entidades aprovech&oacute; esta fecha para devolver la mirada hacia atr&aacute;s, reconstruir memoria, hacer un balance de los pasos adelantados por las colombianas durante estas d&eacute;cadas y elaborar metas compartidas que permitan llevar a la pr&aacute;ctica los derechos ciudadanos femeninos. Con tal fin, esta coalici&oacute;n realiz&oacute; tres foros en el Sal&oacute;n El&iacute;ptico del Capitolio Nacional, el primero sobre memoria e historia; el segundo que tuvo como prop&oacute;sito hacer un balance del recorrido y de la participaci&oacute;n de las colombianas durante estos 50 a&ntilde;os en la construcci&oacute;n de democracia; y el &uacute;ltimo, que se llev&oacute; a cabo el mismo d&iacute;a en que fue aprobado el acto legislativo que consagr&oacute; el sufragio femenino, el 25 de agosto, y que reuni&oacute; a voces femeninas de distintas orillas para proponerle al pa&iacute;s una agenda viable de consolidaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a femenina. Las siguientes p&aacute;ginas son un primer recuento de los dos primeros foros <a href="#(2)">(2)</a> conmemorativos realizados en Bogot&aacute; <a href="#(3)">(3)</a>. </p>       <p><b>Las ideas marco</b></p>       <p>&iquest;Por qu&eacute; un grupo de mujeres de distintas procedencias sociales y pol&iacute;ticas decidieron sumar energ&iacute;as e imaginaci&oacute;n y darle cuerpo a la iniciativa de conmemorar los 50 a&ntilde;os de la ciudadan&iacute;a de las mujeres en Colombia? </p>       <p>En t&eacute;rminos generales, hoy, cuando las libertades y derechos civiles y pol&iacute;ticos de las mujeres se han convertido en emblema de las virtudes y ventajas que ofrecen las democracias de Occidente, tiene una gran relevancia celebrar, pero tambi&eacute;n reflexionar cr&iacute;ticamente, sobre lo que realmente represent&oacute; la consagraci&oacute;n del sufragio femenino. Adem&aacute;s, las promotoras de la celebraci&oacute;n, a pesar de sus diferencias pol&iacute;ticas y sus diversas procedencias sociales, religiosas y regionales, convergieron en torno a los siguientes lemas: &quot;sin las mujeres, la democracia no va&quot; o &quot;lo que le pasa a las mujeres le pasa a la democracia&quot;. Por otra parte, quienes impulsaron los eventos asumieron que una fecha como &eacute;stas ten&iacute;a implicaciones no s&oacute;lo para las colombianas, sino para el pa&iacute;s entero. A trav&eacute;s de los foros conmemorativos se trataba entonces de posicionar el tema de la ciudadan&iacute;a de las mujeres como un asunto, no s&oacute;lo femenino, de y para mujeres, sino por sobre todo como una cuesti&oacute;n de agenda p&uacute;blica. </p>       <p>Adem&aacute;s de este prop&oacute;sito general, a trav&eacute;s de estos eventos se quer&iacute;an alcanzar las tres siguientes metas. En primer lugar, se pretend&iacute;a lograr la <i>visibilizaci&oacute;n </i> de las mujeres en los recuentos hist&oacute;ricos sobre la construcci&oacute;n de la democracia y de las instituciones colombianas. En general la fecha del 25 de agosto de 1954 ha pasado inadvertida en las grandes narrativas sobre la historia del pa&iacute;s. Ante este silencio las organizaciones convocantes quisieron darle visibilidad y relieve a este suceso: en Colombia, las mujeres, esa mal llamada minor&iacute;a, obtuvieron hace apenas 50 a&ntilde;os el derecho al sufragio, a elegir y ser elegidas. En el fondo, el proyecto de la celebraci&oacute;n part&iacute;a del reconocimiento de que reclamar plenos derechos y abogar por la dignidad femenina pasa por exigir que se otorgue voz y presencia a las mujeres, tanto en las memorias sociales como en la historia oficial. De esta manera, la conmemoraci&oacute;n se propon&iacute;a lograr que las luchas emprendidas por las colombianas para alcanzar su ciudadan&iacute;a plena dejaran de ser consideradas t&oacute;picos de segundo orden, adendas que a &uacute;ltimo momento gobiernos, academia u Organismos No Gubernamentales (ONG) agregan a sus discursos para ser vistos como ‘pol&iacute;ticamente correctos&#39; y quedar bien ante agencias internacionales. As&iacute; como la democracia, sin las mujeres no va, la historia, sin el registro de los aportes femeninos, tampoco es un recuento genuinamente democr&aacute;tico. </p>       <p>En segundo lugar, los eventos pretend&iacute;an ser una manifestaci&oacute;n p&uacute;blica de gratitud a las pioneras que, con su empe&ntilde;o y tes&oacute;n, lograron abrirle puertas y afianzar derechos a sus conciudadanas. Sin ellas, sin su esfuerzo, las conquistas alcanzadas por las mujeres hubiesen sido inimaginables. Por eso, y sobre todo en el primer foro, se les rindi&oacute; tributo. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por &uacute;ltimo, la celebraci&oacute;n quer&iacute;a tambi&eacute;n convertirse en una oportunidad para esbozar un mapa de las metas que todos, (hombres y mujeres unidos), se deber&iacute;an trazar para que la ciudadan&iacute;a femenina sea una realidad tangible en nuestro pa&iacute;s. Las organizadoras asumieron adem&aacute;s que para mirar hacia delante, primero era necesario evaluar los pasos recorridos por la democracia en materia de derechos y pr&aacute;cticas frente a las mujeres. De esta manera, la celebraci&oacute;n de los 50 a&ntilde;os del voto femenino fue entendida como una oportunidad para que las colombianas, de frente a la opini&oacute;n p&uacute;blica del pa&iacute;s, hicieran un balance ponderado que tuviera en cuenta, tanto las conquistas que han alcanzado en su ruta hacia la construcci&oacute;n de una ciudadan&iacute;a plena, como los l&iacute;mites, las situaciones de discriminaci&oacute;n y las barreras que a&uacute;n enfrentan. Se parti&oacute; entonces de reconocer que la democracia en Colombia, as&iacute; como ha sido capaz de abrir puertas a las mujeres, todav&iacute;a est&aacute; en muchos otros aspectos en deuda con ellas. </p>       <p><b>Primer Foro: Historia y memoria </b><sup>1</sup> <a href="#(4)">(4)</a></p>       <p>El prop&oacute;sito expl&iacute;cito de este primer evento era el de &quot;recuperar la historia en la que se desenvuelve el debate sobre la ciudadan&iacute;a de las mujeres en Colombia&quot;, teniendo en cuenta que &quot;parad&oacute;jicamente, (en esta conquista) jug&oacute; un papel importante un r&eacute;gimen militar<sup>2</sup></a>&quot;, el del General Rojas. Esta paradoja –r&eacute;gimen militar promueve conquista democr&aacute;tica—dio pie para que este primer evento se convirtiera en espacio de debate entre distintas protagonistas femeninas. Por los testimonios que all&iacute; se expresaron, sabemos que, mientras para unas el interludio rojista represent&oacute; una dictadura, para otras fue de estirpe populista autoritaria y a&uacute;n para otras, esos a&ntilde;os encarnaron un pacto pol&iacute;tico democr&aacute;tico-popular a secas. Estas posiciones encontradas suscitadas por el mismo hecho pusieron una vez m&aacute;s en evidencia que la historia se interpreta, y que su interpretaci&oacute;n responde no tanto a criterios objetivos y definiciones aparentemente neutrales, como a trayectorias de vida donde la ubicaci&oacute;n frente al poder juega un papel fundamental. Adem&aacute;s, la evocaci&oacute;n que varias de estas mujeres hicieron de la &eacute;poca puso de manifiesto como la pol&iacute;tica, a pesar de haberlas formalmente excluido por tanto tiempo, suscit&oacute; en ellas encontrados puntos de vista, defendidos con pasi&oacute;n. As&iacute;, si la pol&iacute;tica no las involucraba a ellas formal y directamente, ellas, desde sus convicciones, s&iacute; se involucraban plenamente con la pol&iacute;tica. </p>       <p>Adem&aacute;s de escuchar a Mar&iacute;a Elena de Crovo, Mar&iacute;a Eugenia Rojas, Rosita Turizo y Beatriz Aya Currea, protagonistas directas, se oyeron las voces de historiadoras e historiadores debatiendo sobre el sentido de estos acontecimientos. Gracias a todos estos aportes en conjunto, qued&oacute; claro que el reconocimiento formal de la ciudadan&iacute;a de las mujeres fue el resultado de varios procesos que confluyeron en 1954: &quot;en primer lugar, de la lucha que libraron las mujeres en ese contexto y que recog&iacute;a los esfuerzos femeninos emprendidos desde la d&eacute;cada de los treinta del siglo pasado; en segundo lugar, la decisi&oacute;n pol&iacute;tica del gobierno, manifiesta en el nombramiento de dos mujeres a la constituyente; en tercer lugar, de la capacidad de incidencia de las mujeres sobre los constituyentes y los medios de comunicaci&oacute;n; y en cuarto lugar, el contexto internacional de Guerra Fr&iacute;a y la necesidad que ten&iacute;an los pa&iacute;ses occidentales y la Iglesia cat&oacute;lica de defender la civilizaci&oacute;n occidental y cristiana frente a los valores del Oriente Comunista&quot;<sup>3</sup>. </p>       <p>Adem&aacute;s de relevar las voces de las protagonistas y rendirles tributo, en el primer foro tambi&eacute;n se pretendi&oacute; ubicar la consecuci&oacute;n del voto femenino en Colombia de manera comparada y responder a las siguientes preguntas: &iquest;Fue la aprobaci&oacute;n del sufragio en el pa&iacute;s tard&iacute;a o por el contrario pronta en comparaci&oacute;n con lo ocurrido en otros Estados? &iquest;Qu&eacute; nos dicen las distintas fechas de aprobaci&oacute;n del voto femenino sobre la relaci&oacute;n democracia y mujeres? Para responder a estos interrogantes, se prepararon los cuadros que se presentan a continuaci&oacute;n y que enmarcaron las discusiones adelantados en esa jornada. </p>       <p><b>La conquista del sufragio femenino en distintos pa&iacute;ses</b> </p>       <p>En primer lugar, es importante recalcar un hecho que la mayor&iacute;a de las veces pasa desapercibido. En general, se tiende a pensar que la democracia colombiana fue el &uacute;nico r&eacute;gimen que por tanto tiempo neg&oacute; el voto a las mujeres. Sin embargo, la exclusi&oacute;n en raz&oacute;n del sexo de las personas no fue un hecho parroquial distintivo de Colombia sino que es un rasgo constitutivo de todas las democracias modernas. </p>       <p>De hecho, la comunidad moderna de ciudadanos se constituy&oacute;, en Am&eacute;rica Latina como en Europa o Norte Am&eacute;rica, sobre la base de fronteras de inclusi&oacute;n y exclusi&oacute;n fundadas en criterios de clase, sexo, raza, generaci&oacute;n, nivel educativo y opci&oacute;n sexual. Los gritos de &quot;Igualdad! Libertad! Fraternidad!&quot; no se dirigieron a las mujeres, los ni&ntilde;os, los ancianos, los solteros, a las poblaciones colonizadas o esclavizadas, ni a los pobres, todos ellos sin posibilidad alguna de pagar impuestos o demostrar propiedad. </p>       <p>Como lo muestran estos hechos, las mujeres, en raz&oacute;n de su sexo y de manera universal en Occidente, fueron consideradas no aptas para la vida p&uacute;blica. Asimiladas a menores de edad, consideradas sin uso de raz&oacute;n, las mujeres fueron catalogadas como &quot;dependientes&quot;, es decir personas incapaces de tomar decisiones por si mismas. Fue este tipo de estereotipos femeninos los que se interpusieron en el camino de la ciudadan&iacute;a de las mujeres y fue justamente contra ellos que se levantaron los primeros movimientos feministas, los de las sufragistas. Sus luchas alcanzaron distintos grados de eficacia pol&iacute;tica pues mientras algunos estados federales de Estados Unidos aprobaron el derecho de las mujeres a sufragar y ser elegidas a finales del siglo XIX, en Suiza s&oacute;lo hasta 1971 se consagraba plenamente este derecho. </p>       <p>Los ejemplos de esta renuencia a admitir a las mujeres en la comunidad pol&iacute;tica son variados. Francia, cuna de una de las m&aacute;s importantes revoluciones democr&aacute;ticas, se resisti&oacute; durante d&eacute;cadas a consagrar el sufragio femenino. A pesar de que durante la Revoluci&oacute;n Francesa , varias mujeres reclamaron sus derechos civiles y pol&iacute;ticos y muchas se movilizaron en defensa de las nuevas instituciones democr&aacute;ticas y participaron en barricadas y milicias armadas, los pactos y arreglos pol&iacute;ticos negaron a las francesas el derecho a sufragar y a ser elegidas <i>. </i>S&oacute;lo a finales de la segunda guerra mundial, en 1944, el gobierno en el exilio del General de Gaulle, declar&oacute; aprobado el sufragio femenino <sup>4</sup></a>. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el Reino Unido, la oposici&oacute;n de los representantes pol&iacute;ticos inspirar&iacute;a las primeras luchas de las sufragistas: a principios del siglo XX, exactamente en 1903, se crea, entre otras la Uni&oacute;n Social y Pol&iacute;tica de Mujeres que presiona al gobierno e impulsa acciones, que van desde asistir a las barras del parlamento ingl&eacute;s hasta huelgas de hambre en prisi&oacute;n. En 1918, las sufragistas inglesas obtienen por fin el derecho a votar y a ser elegidas, pero s&oacute;lo para aquellas mujeres mayores de 30 a&ntilde;os. Ser&aacute; s&oacute;lo diez a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1928, que las brit&aacute;nicas obtendr&aacute;n el sufragio a partir de los 21 a&ntilde;os<sup>5</sup>. </p>       <p>En Espa&ntilde;a, la cuesti&oacute;n tampoco fue f&aacute;cil. En esta pa&iacute;s, como en otros como el nuestro con una fuerte presencia de la Iglesia Cat&oacute;lica, los partidos secularizantes adujeron por mucho tiempo que no apoyaban el voto femenino por razones de c&aacute;lculo pol&iacute;tico: seg&uacute;n estas corrientes pol&iacute;ticas, el sufragio femenino pod&iacute;a inclinar la balanza partidista en su contra puesto que las mujeres se segu&iacute;an pensando como seres dependientes, sobre todo de la autoridad del sacerdote. Seg&uacute;n sus c&aacute;lculos, ellas, estando bajo la &eacute;gida de la Iglesia Cat&oacute;lica, votar&iacute;an como los sacerdotes se los ordenaran. S&oacute;lo en 1931 las espa&ntilde;olas pudieron obtener el sufragio, pero luego, con la Guerra Civil seguida de la dictadura de Franco, las mujeres no pudieron ejercer su reciente conquista<sup>6</sup>. </p>       <p>Haciendo un esfuerzo de periodizaci&oacute;n aparecen cuatro grandes momentos de conquista del voto femenino: de finales del siglo XIX hasta finales de la primera guerra mundial (1860s hasta 1918), entre las dos guerras mundiales (entre 1919 y 1944), durante la primera ola de descolonizaci&oacute;n (1945-1955), y luego en la &uacute;ltima ola de descolonizaci&oacute;n hasta nuestros d&iacute;as. </p>       <p><b>Las cuatro olas de la historia por los derechos de las mujeres al sufragio</b> </p>       <p>Como se puede observar en el cuadro no. 1, el primer estado que le concedi&oacute; el derecho al voto a la mujer, fue el estado de Wyoming en Estados Unidos. El segundo fue Colorado. El primer pa&iacute;s que otorg&oacute; el derecho al voto a las mujeres fue Nueva Zelanda y despu&eacute;s Australia. Seguidamente, las mujeres conquistan este derecho en un bloque de pa&iacute;ses n&oacute;rdicos: Finlandia, Noruega, Dinamarca e Islandia. Tambi&eacute;n en este primer periodo, concluida la primera Guerra Mundial , pa&iacute;ses europeos como el Reino Unido, Alemania, Hungr&iacute;a, Polonia y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica otorgaron el derecho al sufragio a las mujeres. Es de recalcar que las ex-colonias brit&aacute;nicas son los primeros pa&iacute;ses en consagrar el derecho al sufragio de las mujeres, seguidas por los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos. <a href="#cu1">(Cuadro 1)</a></p>       <p>    <center><a name="cu1"><img src="img/revistas/anpol/v18n53/v18n53a03cu1.gif"> </a></center></p>       <p>Como se aprecia en el cuadro N &deg; 2, en el segundo per&iacute;odo, que se inicia a finales de la II Guerra Mundial , aparecen los pa&iacute;ses asi&aacute;ticos y latinoamericanos adem&aacute;s de Europa y Norteam&eacute;rica. En 1920, Estados Unidos aprueba la enmienda constitucional XIX que otorga a nivel federal este derecho a las mujeres. En Am&eacute;rica Latina, Ecuador abre la lista, seguido de Uruguay y Brasil. <a href="#cu2">(Cuadro 2)</a></p>  </a>       <p>    <center><a name="cu2"><img src="img/revistas/anpol/v18n53/v18n53a03cu2.gif"></a></center></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es durante el tercer per&iacute;odo (cuadro N&deg; 3) que la aprobaci&oacute;n del sufragio se extiende a pa&iacute;ses que est&aacute;n luchando por su independencia en &Aacute;frica, Asia y Medio Oriente. Colombia se ubica en este tercer per&iacute;odo, luego de que pa&iacute;ses latinoamericanos como Guatemala, Panam&aacute;, Venezuela, Argentina, M&eacute;xico, Surinam, Chile, Costa Rica y Bolivia ya hubieran aprobado el sufragio femenino. En contraste con otras naciones latinoamericanas, Colombia no se distingue entonces por ser de los que m&aacute;s prestamente aprobaron el sufragio. Adem&aacute;s, siguiendo la tendencia continental <sup>7 - 10</sup> <a href="#(5)">(5)</a>, como se vio en p&aacute;ginas anteriores, este derecho es adem&aacute;s por fin aprobado durante la Asamblea Nacional Constituyente (ANAC), un intento de reforma constitucional promovida por el General Rojas durante su gobierno militar-populista, cuatrienio excepcional dentro de la tradici&oacute;n civilista que ha caracterizado a las &eacute;lites en Colombia .<a href="#cu3">(Cuadro 3)</a> </p>       <p>    <center><a name="cu3"><img src="img/revistas/anpol/v18n53/v18n53a03cu3.gif"></a></center></p>       <p>Finalmente en el &uacute;ltimo per&iacute;odo (1955-1994) (cuadro 4) ingresan al listado de pa&iacute;ses aquellos pertenecientes al continente africano, con excepciones tan sorprendentes como las de Suiza que s&oacute;lo en 1971 consagra el sufragio de las mujeres en todas las elecciones, tanto las nacionales como las locales.<a href="#cu4">(Cuadro 4)</a> </p>       <p>    <center><a name="cu4"><img src="img/revistas/anpol/v18n53/v18n53a03cu4.gif"></a></center></p>       <p align="left">Como lo muestran estos cuadros, la inclusi&oacute;n de las mujeres a la comunidad pol&iacute;tica con derechos plenos en general fue lenta y no sigui&oacute; un patr&oacute;n de evoluci&oacute;n predecible. El sufragio femenino no se conquist&oacute; primero en los pa&iacute;ses de m&aacute;s alto desarrollo econ&oacute;mico o en los m&aacute;s urbanizado y letrados. En otras palabras, a mayores grados de modernizaci&oacute;n econ&oacute;mica y social no le correspondi&oacute; necesariamente una incorporaci&oacute;n m&aacute;s temprana de mujeres a la ciudadan&iacute;a pol&iacute;tica. Pa&iacute;ses con largas tradiciones democr&aacute;ticas y altos &iacute;ndices de desarrollo se resistieron, como Francia hasta 1944, o Suiza hasta 1971. Por su parte, Colombia fue de los &uacute;ltimos pa&iacute;ses del continente latinoamericano en consagrar los derechos pol&iacute;ticos de las mujeres. </p>       <p><b>Segundo Foro: Balance cr&iacute;tico de la trayectoria de las colombianas hacia la pol&iacute;tica </b><a href="#(6)">(6)</a> </p>       <p>Si bien el I Foro se dedic&oacute; a la recuperaci&oacute;n de la memoria hist&oacute;rica de las luchas emprendidas por las sufragistas colombianas, el segundo evento se propuso hacer un balance de los resultados arrojados por la inclusi&oacute;n pol&iacute;tica de las mujeres en Colombia. </p>       <p>Para lograr la evaluaci&oacute;n de la trayectoria de las mujeres durante estos cincuenta a&ntilde;os se tuvo en cuenta que su exclusi&oacute;n pol&iacute;tica, en Colombia como en otros pa&iacute;ses, vino inextricablemente acompa&ntilde;ada de otras expresiones de injusticia: las excluidas tuvieron que simult&aacute;neamente hacer frente a la denigraci&oacute;n cultural de su diferencia, a la discriminaci&oacute;n econ&oacute;mica y a la subordinaci&oacute;n social. En otras palabras, para las mujeres el <i>quedar fuera </i>de la comunidad pol&iacute;tica implic&oacute; simult&aacute;neamente <i>ser vistas como seres de menor val&iacute;a que los varones </i>y hacer frente a situaciones de inequidad econ&oacute;mica. Con el fin de llevar a cabo un balance ponderado de la trayectoria de las colombianas hacia su plena ciudadan&iacute;a, el foro se dividi&oacute; en tres segmentos que abordan las dimensiones m&aacute;s relevantes de estas situaciones de discriminaci&oacute;n. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Vida privada, mundo p&uacute;blico </p>       <p>Por lo general, en sus or&iacute;genes, las democracias modernas excluyeron a las mujeres de la comunidad pol&iacute;tica de ciudadanos plenos; y simult&aacute;neamente asignaron imperativamente el hogar y la crianza de los hijos como espacios de realizaci&oacute;n de la feminidad. Adem&aacute;s de esta asignaci&oacute;n obligatoria, las primeras democracias asumieron que aquello que acontec&iacute;a detr&aacute;s de las cuatro paredes del hogar no era de naturaleza pol&iacute;tica. El mundo privado y sus l&oacute;gicas quedaron por fuera del escrutinio p&uacute;blico y fueron supuestamente ajenos a la intervenci&oacute;n estatal, aun cuando el Estado s&iacute; intervino en este &aacute;mbito a favor de la supremac&iacute;a del padre por la v&iacute;a de c&oacute;digos civiles y penales que otorgaron ventajas econ&oacute;micas y sociales a los varones cabeza de hogar. </p>       <p>Adem&aacute;s, con este tipo de separaciones, el cuerpo y por sobre todo el cuerpo femenino, qued&oacute; relegado al lugar de la naturaleza, la religi&oacute;n y la medicina, &aacute;mbitos asumidos como prepol&iacute;ticos o apol&iacute;ticos. As&iacute; el cuerpo femenino, sin&oacute;nimo de pasiones desbocadas, emociones incontrolables e intuiciones misteriosas, fue visto con sospecha, objeto a ser domesticado y dominado. Por contraste, la Raz&oacute;n, atributo necesario para participar del debate p&uacute;blico, fue asumida como imparcial, et&eacute;rea, desatada de las particularidades del mundo f&iacute;sico y de las exigencias de la naturaleza, aun cuando parad&oacute;jicamente su ejercicio se le asign&oacute; &uacute;nica y exclusivamente al sexo masculino.</p>      <p>Adem&aacute;s, mientras el espacio p&uacute;blico se rigi&oacute; bajo principios democr&aacute;ticos de deliberaci&oacute;n entre pares racionales, el terreno privado qued&oacute; bajo una regulaci&oacute;n autoritaria, que pod&iacute;a imponer la ley y el orden hasta de manera violenta: el padre, en su condici&oacute;n de <i>pater familia </i>, gobern&oacute;, a las buenas o a las malas y con el respaldo activo o impl&iacute;cito de las instituciones, las relaciones y la vida de los otros miembros de la unidad dom&eacute;stica. </p>      <p>Teniendo en cuenta estas consideraciones, durante esta parte del Foro, se adujo que la manera c&oacute;mo en sus or&iacute;genes las democracias concibieron la separaci&oacute;n de esfera p&uacute;blica y vida privada tuvo las siguientes consecuencias para las mujeres: fundament&oacute; su exclusi&oacute;n de la vida p&uacute;blica; ocult&oacute; la violencia ejercida en el &aacute;mbito privado contra mujeres, ni&ntilde;os y ancianos; y despolitizo el cuerpo femenino a pesar de que sobre &eacute;l se ejercieron pol&iacute;ticas de regulaci&oacute;n ejercidas por trabajadores sociales, m&eacute;dicos y sacerdotes. </p>       <p>Gracias a procesos de secularizaci&oacute;n y a las luchas feministas de segunda ola <a href="#(7)">(7)</a>, se desencadenaron transformaciones de gran envergadura. Bajo diversos influjos, entre ellos el de fil&oacute;sofas feministas, hoy, para ciertas corrientes epistemol&oacute;gicas la raz&oacute;n deja de ser vista como el opuesto de la naturaleza y el cuerpo. Adem&aacute;s, al cuerpo se le ve implicado en los pactos pol&iacute;ticos y en decisiones de Estado: sobre &eacute;l, se ejerce regulaci&oacute;n pero no en t&eacute;rminos religiosos sino de salud p&uacute;blica, de derechos ciudadanos, de identidad y autonom&iacute;a. El debate sobre el cuerpo adquiere entonces estatus pol&iacute;tico y las mujeres reivindican su derecho a tener voz y voto sobre las pol&iacute;ticas concernientes a su salud y a sus derechos reproductivos. . </p>       <p>Por otra parte, en las discusiones m&aacute;s contempor&aacute;neas sobre democracia se conserva la distinci&oacute;n entre mundo privado y esfera p&uacute;blica pero se reconocen las mutuas imbricaciones que caracterizan las relaciones entre ambos &aacute;mbitos. Gracias a estos cambios institucionales y de perspectiva, los arreglos sexuales y las relaciones entre hombres y mujeres en el terreno de la intimidad son percibidos ya no como naturales sino como producto de unos pactos sociales y pol&iacute;ticos cuyo contenido puede ponerse en discusi&oacute;n p&uacute;blica y ser revisado en el &aacute;mbito pol&iacute;tico. </p>       <p>Con este marco general, durante este segmento se evalu&oacute; c&oacute;mo ha sido el proceso de democratizaci&oacute;n de la esfera privada en Colombia: qu&eacute; derechos, leyes, decretos se han expedido en este campo, qu&eacute; tanto este tipo de esfuerzos legislativos han logrado transformar las relaciones cotidianas de los y las colombianas, cu&aacute;les son los escollos que a&uacute;n se enfrentan, c&oacute;mo el cuerpo femenino ha sido asumido como el lugar donde se consagran una serie de derechos de las mujeres, cu&aacute;nto camino falta a&uacute;n por recorrer para alcanzar la plena autonom&iacute;a femenina en el campo de los derechos sexuales y reproductivos. </p>       <p>E n particular se se&ntilde;al&oacute; como en Colombia a partir de 1991, la suerte del Estado deja de estar inextricablemente unida a las vicisitudes de la Iglesia Cat&oacute;lica. Por otra parte, la Constituci&oacute;n de 1991 avala, a trav&eacute;s de la consagraci&oacute;n del libre desarrollo de la personalidad y de su definici&oacute;n de la naci&oacute;n como multicultural y plurireligiosa, varias definiciones de buena vida en el &aacute;mbito personal. Este pluralismo social tiene sin embargo sus l&iacute;mites: sea cual sea el arreglo en lo privado, no es aceptable el ejercicio de la violencia y el autoritarismo en casa. Por esta raz&oacute;n, a pesar de que la constituci&oacute;n admita distintas maneras de buscar una buena vida en la intimidad, el nuevo concepto de ciudadan&iacute;a exige &quot; <i>la democracia en la cama, en la casa y en la plaza </i>&quot; <a href="#(8)">(8)</a>. </p>       <p>A pesar de estos avances tambi&eacute;n se se&ntilde;alaron limitaciones al pleno ejercicio de los derechos de las mujeres. Se tuvieron en cuenta cifras (tabla N&deg; 5) que muestran que el uso y abuso de la violencia en el &aacute;mbito dom&eacute;stico y contra las mujeres, en lugar de disminuir, aumenta. Se oyeron tambi&eacute;n testimonios de mujeres lesbianas que abogaron por el reconocimiento de sus derechos, sobre todo los civiles, y se escucharon voces tan trasgresoras como las de las &quot;cat&oacute;licas por el derecho a decidir&quot; que desafiando los lineamientos trazados por la Iglesia Cat&oacute;lica consideran que el Estado debe garantizar todos los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, incluido el derecho a determinar las pol&iacute;ticas a seguir en temas tan espinosos como la despenalizaci&oacute;n del aborto. <a href="#tab1">Tabla 1</a></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="tab1"><img src="img/revistas/anpol/v18n53/v18n53a03tab1.gif"></center></a> </p>       <p><b>Discriminaci&oacute;n Econ&oacute;mica y la B&uacute;squeda de la Equidad en este Terreno</b></p>      <p>Como ya se afirm&oacute;, la exclusi&oacute;n pol&iacute;tica vino acompa&ntilde;ada de subordinaci&oacute;n social e inequidad econ&oacute;mica. Por lo general, a las poblaciones que quedaron relegadas a un afuera les toc&oacute; hacer frente a condiciones de desigualdad, tanto en las oportunidades como en el acceso a los recursos. Por esta raz&oacute;n, las luchas de las mujeres se han orientado hacia la inclusi&oacute;n pol&iacute;tica pero tambi&eacute;n hacia la consecuci&oacute;n de la equidad econ&oacute;mica. </p>       <p>Se record&oacute; como las colombianas, al igual que las mujeres en otras democracias, no tuvieron derechos patrimoniales y no pod&iacute;an decidir sobre su propiedad o su salario sino hasta la d&eacute;cada de los a&ntilde;os treinta del siglo pasado. </p>       <p>A pesar del reconocimiento formal de estos derechos, se demostr&oacute; como a&uacute;n hoy el acceso de las mujeres a la propiedad, al cr&eacute;dito, a los circuitos comerciales en general no se da en condiciones de igualdad con los hombres. Esta situaci&oacute;n discriminatoria se traduce por ejemplo en un porcentaje menor de mujeres que de hombres accediendo a cr&eacute;ditos, a unas tasas de desempleo femenino superiores a las masculinas <a href="#gr1">(gr&aacute;fico N&deg; 1) </a>y a diferencias salariales a&uacute;n importantes. </p>       <p>    <center><a name="gr1"></a><img src="img/revistas/anpol/v18n53/v18n53a03gr1.gif"></center></a></p>       <p>Por esta raz&oacute;n, varias de las ponentes hicieron hincapi&eacute; en que el reconocimiento de la ciudadan&iacute;a plena de las mujeres pasa necesariamente por la redistribuci&oacute;n de recursos materiales y simb&oacute;licos. Respetar los derechos de las mujeres exige entonces pensar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que ataquen concretamente la inequidad econ&oacute;mica fundada en el g&eacute;nero. </p>       <p><b>Participaci&oacute;n pol&iacute;tica y conflicto armado </b></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El proceso de construcci&oacute;n ciudadana no ha sido lineal y armonioso. Bien por el contrario: tanto en Norteam&eacute;rica, Am&eacute;rica Latina como en algunos pa&iacute;ses europeos, los caminos hacia la democracia fueron violentos hasta el punto que hubo fronteras muy fr&aacute;giles entre ciudadanos, milicianos y patriotas. </p>       <p>A pesar de que las mujeres participaron activamente tanto de los debates, las asociaciones ciudadanas, como de las milicias, en el momento de establecer pactos constitucionales ellas fueron expulsadas de la comunidad pol&iacute;tica y de los ej&eacute;rcitos. Poco a poco y gracias a sus luchas, las mujeres se han ido abriendo paso en ambos terrenos, el de la comunidad ciudadana, los partidos y las elecciones, como en el de las armas y las confrontaciones violentas. </p>       <p>En Colombia, por la particularidad de la historia de la formaci&oacute;n del Estado y la democracia, el proceso de distinci&oacute;n entre urnas y balas no se ha logrado consolidar. En esta parte del foro, no s&oacute;lo se quiso suscitar interrogantes sobre las razones de esa perniciosa combinaci&oacute;n de violencias y elecciones, sino tambi&eacute;n por la manera c&oacute;mo la pol&iacute;tica, ya sea como competencia electoral o como uso de la fuerza, ha involucrado y afectado la vida de las colombianas. </p>       <p><b>Las mujeres y el conflicto armado</b> </p>       <p>Para evaluar como las confrontaciones armadas internas han afectado y han involucrado a las colombianas se abri&oacute; esta parte del foro con distintos testimonios de mujeres, unas enroladas en alguno de los ej&eacute;rcitos en conflicto, otras movilizadas contra la guerra y muchas v&iacute;ctimas del conflicto. A trav&eacute;s de este mosaico de voces femeninas se busc&oacute; se&ntilde;alar de entrada la dificultad de hacer generalizaciones respecto a las relaciones concretas que las mujeres han ido tejiendo o han sido obligadas a asumir frente al conflicto armado en Colombia. Por otra parte se se&ntilde;al&oacute; como a medida que las mujeres adquieren mayor visibilidad y protagonismo en el campo pol&iacute;tico, ellas se convierten m&aacute;s expl&iacute;citamente en objetivo militar de los actores armados. </p>       <p>Desde el punto de vista del enrolamiento femenino en las filas armadas, se recalc&oacute; que hasta mitad del siglo XX, las mujeres tomaban partido por distintas causas –patri&oacute;ticas armadas o pacifistas—y hac&iacute;an presencia en los campos de batalla cumpliendo funciones m&eacute;dicas o administrativas pero las que se un&iacute;an directamente al combate como soldados eran realmente una excepci&oacute;n. </p>       <p>Esta divisi&oacute;n de tareas por g&eacute;nero empez&oacute; a derruirse en los a&ntilde;os setenta del siglo pasado, bajo el influjo de los movimientos feministas de segunda ola. Adem&aacute;s, las exigencias a nombre de la igualdad expresadas por algunas de estas corrientes correspondieron a una serie de cambios al interior de la estructura organizativa de las Fuerzas Armadas en los pa&iacute;ses de Occidente que crearon un clima propicio para que estas instituciones abrieran sus puertas a la presencia femenina. El porcentaje femenino reclutado en cuerpos armados oficiales ha ido ascendiendo a tal punto que hay quienes hablan de una &quot;feminizaci&oacute;n de los ej&eacute;rcitos&quot;. </p>       <p>Por ejemplo, en 1998, en Estados Unidos, aproximadamente 200.000 mujeres han sido reclutadas y constituyen el 14 % del personal en servicio activo<sup>11</sup>. Por su parte, en Canad&aacute;, &quot;las mujeres en las Fuerzas Armadas pasaron de representar una cuota controlada de 1.500 en 1971 a 7.100 en 1999, n&uacute;mero que representa el 10.6% de las fuerzas regulares. Para el 2003 este porcentaje ha ascendido hasta el 12.3% ubicando a Canad&aacute; en el segundo rango de los pa&iacute;ses de la OTAN, luego de Estados Unidos&quot;<sup>12</sup>. En Francia, las mujeres se integran a distintas especialidades pero, a diferencia de otros pa&iacute;ses miembros de la OTAN, su reclutamiento tiene topes m&aacute;ximos<sup>13</sup> <a href="#(9)">(9)</a>. En Espa&ntilde;a, tambi&eacute;n se habla de la feminizaci&oacute;n del ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol, &quot;donde en menos de veinte a&ntilde;os las mujeres pasaron de 1% a un 8%. (Adem&aacute;s) mientras en 1996 el 10% de los aspirantes eran mujeres, para fines de 1997 esta cifra era ya del 20.47%&quot; en momentos donde se produc&iacute;a un descenso general de aspirantes. Por esta raz&oacute;n, hay quienes aducen que &quot;la afluencia de las mujeres salva la profesionalizaci&oacute;n de las Fuerzas Armadas&quot; <sup>14</sup>. </p>       <p>Para Am&eacute;rica Latina, los datos de incorporaci&oacute;n de las mujeres a las filas de las Fuerzas Armadas son escasos. En Chile y Colombia, gobiernos recientes han nombrado mujeres como ministras de la Defensa pero no existen bases de datos consistentes sobre el n&uacute;mero de mujeres incorporadas a las filas, pol&iacute;ticas orientadas hacia la igualdad de oportunidades en estos campos, o cifras que den cuenta de la distribuci&oacute;n entre hombres y mujeres en la oficialidad. </p>       <p>En contraste con este silencio, s&iacute; sabemos que las mujeres participaron activamente en las guerras civiles centroamericanas y que muchas de ellas decidieron incorporarse a las fuerzas armadas revolucionarias. De igual manera, se calcula que en las FARC, del 35 al 40% de los reclutados son mujeres. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien el que las mujeres se est&eacute;n abriendo paso en instituciones armadas asociadas a la virilidad no significa que tengan un acceso paritario a las instancias de mando y decisi&oacute;n. Adem&aacute;s, el arribo de cuerpos femeninos a espacios de poder reservados antes exclusivamente a los hombres puede convertirse en una trampa si no viene acompa&ntilde;ada de otra serie de estrategias que cuestionen, no solo la exclusi&oacute;n femenina sino tambi&eacute;n su subordinaci&oacute;n y denigraci&oacute;n en todos los campos de realizaci&oacute;n del ser humano. </p>       <p>Por eso, las mujeres que buscan abrirse paso en estos cuerpos exclusivamente masculinos orientados por estereotipos de virilidad, se enfrentan a ambientes supremamente hostiles. No sorprende entonces que en 1997, en un informe del propio ej&eacute;rcito norteamericano se estableciera que el 22% de las soldadas hab&iacute;an sido acosadas durante el a&ntilde;o anterior. La violencia sexual y dom&eacute;stica parece tambi&eacute;n ser com&uacute;n en estas corporaciones. En Colombia, por algunas investigaciones que empiezan a salir a la luz p&uacute;blica, se sabe que las pol&iacute;ticas de planeaci&oacute;n familiar que aplican las FARC son perentorias y se aplican a&uacute;n sobre menores de edad, y que a pesar de que los abusos sexuales est&aacute;n penalizados en sus c&oacute;digos, los casos de violencia sexual no son pocos. En las AUC se habla en algunos informes de esclavitud sexual. En la Polic&iacute;a por una investigaci&oacute;n en curso, la pol&iacute;tica de integraci&oacute;n femenina ha dado un reversazo ‘informal&#39; porque los &iacute;ndices de embarazo estaban disparados entre las mujeres, y en lugar de emprender una investigaci&oacute;n sobre los comportamientos sexuales de la tropa, hombres y mujeres por igual, se ha preferido pasar de agache ante la situaci&oacute;n y excluir discretamente al personal femenino de sus filas. </p>       <p>Por esta raz&oacute;n, incluir no es sin&oacute;nimo de alcanzar la paridad, sobre todo una paridad entendida como equivalencia de valor. Las mujeres hoy est&aacute;n siendo reclutadas por los cuerpos armados pero su presencia en las filas est&aacute; lejos de generar un clima de respeto y paridad democr&aacute;tica entre hombres y mujeres. </p>       <p>Si cada vez m&aacute;s se hacen visibles los abusos y acosos sexuales que ocurren en todos las instituciones armadas, sean ellas oficiales o no oficiales, las atrocidades que se cometen sobre el cuerpo de las mujeres en los campos de batalla ya empiezan a ser motivo de preocupaci&oacute;n en los informes sobre derechos humanos y derecho internacional humanitario en Colombia. A ra&iacute;z del uso sistem&aacute;tico de la violaci&oacute;n como arma de guerra en casos de conflictos &eacute;tnicos/nacionalistas como los ocurridos en &Aacute;frica o en los Balcanes, Naciones Unidas ha incorporado este crimen dentro de aquellos denominados de &quot;lesa humanidad&quot;. En Colombia, aun cuando el pa&iacute;s no est&eacute; sumido en una confrontaci&oacute;n &eacute;tnica, la dominaci&oacute;n territorial de los actores se establece a trav&eacute;s de variadas pr&aacute;cticas de terror, incluidas aquellas que, con un car&aacute;cter espec&iacute;fico, se ejercen sobre los cuerpos femeninos por el s&oacute;lo hecho de ser mujeres. </p>       <p>El abuso sexual que padecen las mujeres reclutadas y la violencia sexual ejercida por la tropa contra &quot;mujeres enemigas&quot; pone de manifiesto como, a pesar de los esfuerzos emprendidos y las transformaciones constitucionales, en el pa&iacute;s, a&uacute;n hoy, en condiciones de violencia exacerbada, el cuerpo de las mujeres es visto m&aacute;s como objeto de dominaci&oacute;n y en el peor de los casos depredaci&oacute;n masculina, que como lugar de expresi&oacute;n de autonom&iacute;a y dignidad femeninas. </p>       <p><b>Mujeres en el campo de la competencia electoral y en los cargos de decisi&oacute;n del Estado </b></p>       <p>Durante esta secci&oacute;n, para el debate, se aportaron cifras comparadas sobre la presencia de mujeres en la arena pol&iacute;tica. Desde la teor&iacute;a feminista, la tesis m&aacute;s difundida sobre la relaci&oacute;n mujer y pol&iacute;tica aduce que este &aacute;mbito, a diferencia de otros escenarios como el econ&oacute;mico o el acad&eacute;mico, despliega resistencias particulares y muy profundas frente a las mujeres. En comparaci&oacute;n con la velocidad con la que las mujeres fueron integradas al mercado laboral o a procesos de profesionalizaci&oacute;n, su incorporaci&oacute;n al mundo de las altas decisiones pol&iacute;ticas ha sido lento <sup>15</sup>y en muchos casos se confronta al estancamiento, producto de un &quot; <i>techo de cristal </i>&quot; <sup>16</sup> invisible que impide un aumento sostenido de la presencia femenina en este &aacute;mbito. En algunos pa&iacute;ses, la resistencia se ha roto gracias a la aplicaci&oacute;n de cuotas femeninas en los partidos; por lo dem&aacute;s, como parece sugerirlo la experiencia de los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos, una vez se rompe la compuerta, el proceso es irreversible<sup>17</sup>. Sin embargo, en muchas naciones, la presencia de las mujeres en pol&iacute;tica sigue siendo escandalosamente baja<sup>18</sup> <a href="#(10)">(10)</a>. Frente a otras experiencias hist&oacute;ricas &iquest;en qu&eacute; punto se encuentra Colombia? &iquest;Estamos frente al fen&oacute;meno del <i>techo de cristal </i> o por el contrario las cifras indican un aumento gradual de mujeres en todos los &aacute;mbitos de la pol&iacute;tica? &iquest;D&oacute;nde hay m&aacute;s resistencias y por qu&eacute;? &iquest;Cu&aacute;les han sido las rutas de acceso a la pol&iacute;tica m&aacute;s proclives a la presencia femenina? </p>       <p><b>Mujeres y presidencia </b></p>       <p>En agosto de 1999, hab&iacute;a &uacute;nicamente diez pa&iacute;ses en que los cargos de jefe de Estado o Primer Ministros eran desempe&ntilde;ados por mujeres<sup>19</sup>. La llegada de las mujeres a la primera magistratura en Am&eacute;rica Latina ha sido muy tard&iacute;a. &quot;Durante los a&ntilde;os noventa la m&aacute;s alta magistratura estuvo ocupada por mujeres en cuatro pa&iacute;ses: Hait&iacute;, Guyana, Ecuador y Panam&aacute;…En Ecuador, Rosal&iacute;a Arteaga detent&oacute; ese cargo solo por tres d&iacute;as, por mandato del Congreso Nacional, en medio de la crisis ocasionada por la inhabilitaci&oacute;n y destituci&oacute;n de Abdal&aacute; Bucaram. Finalmente en las elecciones realizadas en 1999 fue elegida Mireya Moscoso, viuda de Arnulfo Arias, del partido Arena de gran arraigo popular. Al igual que en el caso de Violeta Chamorro, el capital pol&iacute;tico del que dispuso hab&iacute;a sido acumulado por su c&oacute;nyuge&quot;<sup>20</sup>. </p>       <p>Como ocurre en otras partes del mundo, las primeras mujeres en abrirse paso en la arena pol&iacute;tica latinoamericana tienen conexiones de sangre o familiares con jefes pol&iacute;ticos que les transfieren su capital electoral. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Varios partidos han nominado mujeres como candidatas a la Presidencia. As&iacute; , en las elecciones presidenciales en Bolivia, el 1 de junio de 1997, el partido Conciencia de Patria (CONDEPA) nomin&oacute; a Remedios Loza como candidata presidencial<sup>21</sup>. Desde el punto de vista comparado, las candidaturas en Colombia de Noem&iacute; San&iacute;n a la presidencia y de Mar&iacute;a Emma Mej&iacute;a a la vicepresidencia en la campa&ntilde;a de 1998, y de Noem&iacute; San&iacute;n, Ingrid Betancour o Cecilia L&oacute;pez para las elecciones presidenciables del 2002, son parte entonces de una tendencia continental. Sin embargo a diferencia de los casos de Violeta Chamorro o Mireya Moscoso, no todas las candidatas provienen de familias pol&iacute;ticas que requieren relevos femeninos. Todas, eso s&iacute;, se inscriben dentro de redes pol&iacute;ticas liberales o conservadoras <a href="#(11)">(11)</a>. </p>       <p>En Colombia, el arribo de mujeres a la baraja de presidenciables se acelera sobre todo en los noventa, luego de aprobada la Constituci&oacute;n de 1991, y viene de la mano de los partidos tradicionales.<a href="#tab2">Tabla 2</a></p>        <p>    <center><a name="tab2"></a><img src="img/revistas/anpol/v18n53/v18n53a03tab2.gif"></a></center></p>      <p>Como se observa en la tabla anterior, si exceptuamos las islas del Caribe (Aruba, Bahamas y Dominica), en 1999 Colombia se ubicaba despu&eacute;s de Ecuador, Panam&aacute; y Honduras. Es en ese mismo a&ntilde;o que en el pa&iacute;s se empieza a producir un salto cuantitativo gracias a la aplicaci&oacute;n de una ley que obliga a las autoridades p&uacute;blicas a nombrar en los m&aacute;ximos niveles decisorios como m&iacute;nimo un 30% de mujeres <a href="#(12)">(12)</a>. Para el 2001, bajo la presidencia de Andr&eacute;s Pastrana, en el gabinete, de 16 ministerios hay cuatro en manos femeninas (salud, cultura, comercio exterior y comunicaciones) alcanzando a representar el 25% de los cargos. Como esta cifra se encuentra por debajo de la exigencia legal, la Confluencia de Redes con otras expresiones de los movimientos feministas emprenden una acci&oacute;n de cumplimiento que obtiene una muy d&eacute;bil respuesta por parte del Ejecutivo. Luego, con la elecci&oacute;n de &Aacute;lvaro Uribe en el 2002, los ministerios en manos femeninas aumentan a seis <a href="#(13)">(13)</a> de trece. </p>       <p>Estos datos son del nivel central. Se conoce menos lo que ocurre en las regiones y en los municipios. Sin embargo, y s&oacute;lo a manera de hip&oacute;tesis, se podr&iacute;a plantear que as&iacute; como las din&aacute;micas electorales se resisten m&aacute;s a incorporar mujeres a nivel regional y municipal, de igual manera, en las n&oacute;minas de alcald&iacute;as y departamentos tambi&eacute;n la presencia femenina desciende considerablemente. </p>       <p>De este sucinto recuento de las cifras que arrojan los cargos de designaci&oacute;n surge adem&aacute;s una pregunta hist&oacute;rica: &iquest;por qu&eacute; se aplica una ley de cuotas en el nivel donde no existe un desequilibrio de g&eacute;nero tan grave por contraste con lo que ocurre en las din&aacute;micas electorales? Adem&aacute;s de la respuesta obvia que remite a los arreglos que quedaron enmarcados en la Constituci&oacute;n aprobada en 1991 <a href="#(14)">(14)</a>, las razones seguramente tienen que ver con el tipo de mujeres que acceden a estos cargos en Colombia: mujeres profesionales frecuentemente provenientes de familias prestigiosas con amplias conexiones con el mundo de la alta pol&iacute;tica. </p>       <p><b>Mujeres parlamentarias </b></p>       <p>El porcentaje de curules en manos femeninas en Am&eacute;rica Latina es casi el mismo de Asia y de Europa, pero est&aacute; lejos de alcanzar aquel de los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos y es a su vez mucho m&aacute;s alto que el de los pa&iacute;ses &aacute;rabes.<a href="#tab3">Tabla 3</a></p>       <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><a name="tab3"><img src="img/revistas/anpol/v18n53/v18n53a03tab3.gif"></a></center></p>       <p>Fuente: Marc Bou: &quot;La participaci&oacute;n de las mujeres en pol&iacute;tica. El caso de Am&eacute;rica Latina.&quot; En <a href="http://www.iigov.org/dhial/?p=48_01"target="blank">http://www.iigov.org/dhial/?p=48_01 </a> cifras tomadas de: Uni&oacute;n Interparlamentaria, septiembre 2003, Women in Parliaments, <a href="http://www.ipu.org"target="blank">www.ipu.org</a>&nbsp;El promedio para Am&eacute;rica Latina ha sido calculado por Marc Bou. </p>       <p>En general, lo que confirman estas cifras es la dificultad de las mujeres de acceder a altos cargos de elecci&oacute;n. Comparando las cifras colombianas s&oacute;lo con las que arrojan otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, en 1997, Colombia se encontraba en una posici&oacute;n intermedia (11.7%), lejos a&uacute;n de alcanzar el 25% de mujeres en la C&aacute;mara Argentina o del 22.8% de Cuba, pero tambi&eacute;n revelando un porcentaje mucho m&aacute;s alto que las cifras venezolanas (5.9%) o brasileras (6.6%). </p>       <p>El lugar que ocupaba Colombia en el concierto latinoamericano se ha modificado con los resultados de elecciones posteriores, pero no en el sentido de mejorar su posici&oacute;n comparativamente con otros pa&iacute;ses, sino para descender de rango. Como se observa en la tabla siguiente, Colombia ocupaba un sexto lugar (1997) y para el 2002 Colombia ha descendido a un doceavo puesto, mientras Cuba y Argentina siguen siendo los pa&iacute;ses con m&aacute;s altos porcentajes de la regi&oacute;n, ahora acompa&ntilde;ados por Costa Rica. M&eacute;xico en ese mismo lapso de tiempo ha duplicado la presencia de las mujeres. De 14.2 % en 1997 en el 2002 ha aumentado a 22.6%. Por contraste Colombia apenas si ha conocido un m&iacute;nimo aumento de 11.7% a 12% en el 2002.<a href="#tab4"> (Tabla N&deg;4)</a></p>       <p>    <center><a name="tab4"><img src="img/revistas/anpol/v18n53/v18n53a03tab4.gif"></a></center></p>       <p>Comparativamente con las cifras de la regi&oacute;n, y sobre todo con los adelantos hechos por algunos pa&iacute;ses entre 1997 y el 2003, Colombia se encuentra rezagada y la lentitud con la que el n&uacute;mero de mujeres crece en el parlamento hasta sugiere la existencia de barreras que es necesario explorar m&aacute;s a fondo. Algunas cifras ya compiladas insin&uacute;an que la barrera no se encuentra en el proceso electoral sino m&aacute;s bien en los mecanismos de nominaci&oacute;n y de reclutamiento de los partidos pol&iacute;ticos. <a href="#(15)">(15)</a></p>       <p><b>Mujeres en el poder local </b></p>       <p>Si las cifras a nivel parlamentario no son alentadoras, las del nivel local lo son a&uacute;n menos. A pesar de que en teor&iacute;a las mujeres acceden m&aacute;s f&aacute;cilmente a cargos con menor poder, Colombia, como en la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, muestra unos &iacute;ndices de presencia femenina en cargos de elecci&oacute;n popular a nivel local a&uacute;n muy bajos<sup>22</sup>. De los 18 pa&iacute;ses latinoamericanos comparados, Colombia ocupaba para 1994 el d&eacute;cimo lugar con un 5.4% de mujeres en el cargo de Alcaldesas.<a href="#tab5">Tabla 5</a> y <a href="#tab6">Tabla 6</a> </p>       <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><a name="tab5"><img src="img/revistas/anpol/v18n53/v18n53a03tab5.gif"></a></center></p>       <p>    <center><a name="tab6"><img src="img/revistas/anpol/v18n53/v18n53a03tab6.gif"></a></center></p>       <p>Por esta raz&oacute;n se puede afirmar que la situaci&oacute;n a nivel local no es alentadora pues la tasa promedio de mujeres elegidas como alcaldesas en las cuatro elecciones que hubo entre 1988 y 1994, fue s&oacute;lo de 5.4% <sup>23</sup> y en 1997 el porcentaje apenas si aument&oacute; a 6.11% y en el 2001 a 7.13%. </p>       <p>Recapitulando, el an&aacute;lisis de las cifras disponibles sobre presencia de las mujeres en pol&iacute;tica en Am&eacute;rica Latina permite establecer dos tipos de de-sincron&iacute;as en el proceso colombiano: la primera en el nivel nacional, entre las proporciones de mujeres en cargos de designaci&oacute;n y las que arrojan los cargos de elecci&oacute;n. Los porcentajes muestran <i>un aumento lento pero significativo </i> de las mujeres designadas a cargos ministeriales y subministeriales, mientras que en los cargos de elecci&oacute;n a nivel nacional el aumento es bastante m&aacute;s lento y en menor porcentaje. La segunda de-sincron&iacute;a se da entre el nivel nacional y el nivel local: los porcentajes muestran proporciones muy bajas de mujeres para la elecci&oacute;n popular de alcaldes y fluctuaciones err&aacute;ticas para los resultados de asambleas departamentales y concejos municipales. </p>       <p>Adem&aacute;s las reformas pol&iacute;ticas promovidas en los ochenta y luego la adopci&oacute;n de una nueva constituci&oacute;n han producido efectos diferenciados sobre los cargos de designaci&oacute;n (aumentos importantes gracias a la aplicaci&oacute;n de la ley de cuotas), la composici&oacute;n femenina del Congreso (lento pero sostenido aumento), y unas sorpresivas resistencias en los reci&eacute;n creados espacios de elecci&oacute;n de alcald&iacute;as y gobernaciones (porcentajes m&aacute;s bajos). Por el contrario, los porcentajes femeninos en asambleas y consejos no reaccion&oacute; a los nuevos dise&ntilde;os institucionales: en los concejos, a pesar de un leve aumento en 1988, las cifras luego descendieron, y en las asambleas a partir de 1993 las mujeres son mucho menos. </p>       <p>Estas inferencias no solo se aplican al caso colombiano. Con base en los datos compilados en las tablas comparadas, se aprecia c&oacute;mo las mujeres han ganado m&aacute;s terreno en los cargos de designaci&oacute;n o en la C&aacute;mara de Representantes que a nivel de alcald&iacute;as. Cuba, Costa Rica, Argentina, M&eacute;xico, Nicaragua alcanzan a tener m&aacute;s de un 20% de representantes en manos femeninas (36%, 35.1%, 30.7%, 22.6%, 20.7% respectivamente), mientras que los pa&iacute;ses con mayor n&uacute;mero de alcaldesas no sobrepasan el 20% (Nicaragua con 20.6%, Panam&aacute; con 13.7% y Honduras con 12.7%). </p>       <p>Adem&aacute;s de que las cifras pusieron en evidencia las barreras que las mujeres a&uacute;n enfrentan para simplemente ingresar al campo pol&iacute;tico el testimonio de varias dirigentas aport&oacute; puntos de vista que hacen m&aacute;s compleja la lectura de los datos escuetos. Por un lado, varias voces recalcaron como la trayectoria hacia la pol&iacute;tica no es la misma para todas las mujeres. La clase y la raza pesan y pesan de manera determinante. </p>       <p>La ruta de una mujer profesional con acceso a conexiones y respaldo en el trabajo dom&eacute;stico de otra mujer no es asimilable al camino que siguen las l&iacute;derezas comunitarias en su esfuerzo por abrirse paso en el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica local. Las primeras no tienen que asumir el peso de la triple jornada de trabajo <a href="#(16)">(16)</a> mientras las segundas no la pueden eludir. </p>       <p>Tampoco el camino es el mismo para una mujer chocoana de raza negra que el de una bogotana blanca, ya sea de estrato 6 o de estrato 3. Por esta raz&oacute;n, las dirigentas provenientes de minor&iacute;as &eacute;tnicas o raciales enfrentan dilemas propios: definirse en el campo pol&iacute;tico, o por su filiaci&oacute;n a un g&eacute;nero o por su lealtad a su comunidad racial o &eacute;tnica. As&iacute; como hubo voces que abogaron por una articulaci&oacute;n, dif&iacute;cil pero posible, entre g&eacute;nero, clase y raza, tambi&eacute;n hubo quienes opinaron que hay una jerarqu&iacute;a en las determinaciones de la identidad y que primero vienen las luchas contra las discriminaciones basadas en la raza que adem&aacute;s generan profundas desigualdades sociales, y s&oacute;lo luego vienen las iniciativas contra las injusticias de g&eacute;nero. En otras palabras, primero luchamos como negras pobres y nos identificamos como parte de las negritudes, y s&oacute;lo luego como mujeres discriminadas. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Para redondear… </b></p>       <p>Aun cuando el prop&oacute;sito de este recuento no era el de emprender una evaluaci&oacute;n sistem&aacute;tica de estas jornadas, si se puede cerrar esta descripci&oacute;n registrando uno de los aciertos de los tres foros: a pesar de la baja incidencia que se tuvo sobre los medios masivos de comunicaci&oacute;n, se logr&oacute; el concurso de mujeres provenientes de distintas trayectorias sociales y regionales, y de distintas opciones pol&iacute;ticas. Todas ellas se reunieron a dialogar y debatir sobre lo que, desde su punto de vista, represent&oacute; la conquista del sufragio femenino en Colombia. Se escucharon voces elogiosas as&iacute; como opiniones m&aacute;s esc&eacute;pticas sobre lo que represent&oacute; la conquista de este derecho pol&iacute;tico. Avances, limitaciones y frustraciones, errores y aciertos hicieron parte del repertorio de ideas que se discutieron en el sal&oacute;n el&iacute;ptico. M&aacute;s que suscitar posiciones un&aacute;nimes o consensos, los Foros mostraron la diversidad de experiencias femeninas y la manera c&oacute;mo las mujeres se han ido politizando en medio de un pa&iacute;s atravesado por la guerra y por m&uacute;ltiples iniciativas que pretenden &quot;democratizar la democracia colombiana&quot;. Que los disensos se lograran expresar, que las distintas posiciones afloraran fue realmente uno de los aciertos m&aacute;s invaluables de estos d&iacute;as. M&aacute;s all&aacute; de generalizaciones y estereotipos simplistas sobre las colombianas y su ciudadan&iacute;a, lo que se expres&oacute; en el Sal&oacute;n El&iacute;ptico fue la variedad de visiones y expresiones femeninas. </p>       <p>No obstante las tensiones y los conflictos que all&iacute; se enunciaron , un punto de encuentro fue emergiendo de estos di&aacute;logos: si bien en Colombia la conquista del sufragio solucion&oacute; en parte el problema de exclusi&oacute;n pol&iacute;tica, este avance democr&aacute;tico no ha garantizado en si mismo que las otras dimensiones que atentan contra la plena vigencia de la ciudadan&iacute;a femenina, como la denigraci&oacute;n cultural y la discriminaci&oacute;n econ&oacute;mica, hayan sido superadas. Aun cuando en estos cincuenta a&ntilde;os las colombianas hemos logrado avances en t&eacute;rminos de inclusi&oacute;n, a&uacute;n quedan por saldar muchas deudas en t&eacute;rminos de visibilizaci&oacute;n de las mujeres, reconocimiento de la diferencia femenina y equidad de g&eacute;nero. </p>   <hr size="1">       <p><b>COMENTARIOS </b></p>       <p><a name="(1)">1.</a> Toda la elaboraci&oacute;n de este proyecto de celebraci&oacute;n de los 50 a&ntilde;os del voto femenino fue producto de un trabajo colectivo entre las entidades convocantes: Observatorio de Mujeres y Participaci&oacute;n Pol&iacute;tica, conformado por el Grupo Mujer y Sociedad, la Escuela de G&eacute;nero y el Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional de Colombia, la Asociaci&oacute;n de Concejalas y Exconcejalas de Cundinamarca, la Red Nacional de Mujeres de Bogot&aacute;, la Red Nacional de Mujeres Campesinas, La Red Nacional de Mujeres Rurales, la Red Mujer y Participaci&oacute;n Pol&iacute;tica, la Escuela de Liderazgo Femenino de la Central Unitaria de Trabajadores de la CUT, el Movimiento Pol&iacute;tico Mujeres 2000 y Fescol; un grupo de parlamentarias; la Consejer&iacute;a Presidencial para la Equidad de la Mujer, Prodepaz-GTZ, Registradur&iacute;a Nacional del Estado Civil, UNIFEM y acad&eacute;micas de distintas universidades . En especial, Ang&eacute;lica Bernal, Magdala Vel&aacute;squez, Beatriz Quintero, Fresia Guacaneme, Carmenza Mondrag&oacute;n, Zully Moreno aportaron ideas, matices, datos y sugerencias muy valiosas. Sin embargo, el resumen que sigue a continuaci&oacute;n es de mi entera responsabilidad. </p>       <p><a name="(2)">2.</a> El &uacute;ltimo foro, el prop&oacute;sitivo, se describir&aacute; en una siguiente entrega por razones de espacio y de tiempo. Adem&aacute;s, se aclara que el siguiente texto, m&aacute;s que una rese&ntilde;a basada en un balance cr&iacute;tico de los alcances de los Foros, es un recuento en el que se describen los prop&oacute;sitos que se trazaron las organizaciones que impulsaron la celebraci&oacute;n. M&aacute;s adelante, se podr&aacute; llevar a cabo una evaluaci&oacute;n que, por un lado mida el impacto de estos eventos, teniendo en cuenta la resonancia que alcanzaron los foros en distintos c&iacute;rculos gubernamentales y sociales, como en partidos pol&iacute;ticos y movimientos sociales; y que por otra parte, se interrogue y explore las razones que explican estos resultados. </p>       <p><a name="(3)">3.</a> Simult&aacute;neamente, en muchas ciudades del pa&iacute;s, grupos de mujeres llevaron a cabo celebraciones. </p>       <p><a name="(4)">4. </a>La direcci&oacute;n acad&eacute;mica de este primer evento estuvo a cargo de Magdala Vel&aacute;squez, historiadora, qui&eacute;n adem&aacute;s redact&oacute; el documento marco de los tres foros.</p>       <p><a name="(5)">5.</a> Las mujeres en muchos pa&iacute;ses latinoamericanos obtuvieron el sufragio como parte de la estrategia de reg&iacute;menes populistas por expandir su base. M&aacute;s recientemente, en Per&uacute;, Fujimori incorpor&oacute; a las mujeres a su gobierno en calidad de asesoras y funcionarias p&uacute;blicas de alto rango. Luna, Lola y Villareal, Norma. Historia, G&eacute;nero y Pol&iacute;tica. Movimientos de Mujeres y Participaci&oacute;n Pol&iacute;tica en Colombia, 1930-1991.</p>       <p><a name="(6)">6.</a> La coordinaci&oacute;n acad&eacute;mica de este segundo foro estuvo en manos de una comisi&oacute;n a la que pertenec&iacute;an Ang&eacute;lica Bernal, Zully Moreno y Beatriz Quintero, y yo. Adem&aacute;s contamos con las anotaciones y sugerencias de Magdala Vel&aacute;squez. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="(7)">7.</a>Los feminismos de primera ola abarcan todos los movimientos sufragistas que se concentraron en ganar los derechos pol&iacute;ticas para las mujeres: Los feminismos de segunda ola emergen en la d&eacute;cada de los sesenta y tienen como prop&oacute;sito cuestionar las definiciones de la diferencia femenina que encierran a las mujeres en destinos centrados exclusivamente en la maternidad y la crianza de los hijos, y despojan a las mujeres de otras capacidades necesarias para hacerse a vidas distintas. </p>       <p><a name="(8)">8.</a> El lema divulgado durante las transiciones democr&aacute;ticas del Cono Sur a finales de los setenta del siglo pasado era realmente: democracia en la casa y en la plaza&quot; pero como bien lo dijo Rosita Turizo durante el primer foro, luego de la aprobaci&oacute;n de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres como derechos humanos, la democracia realmente comienza en el lugar de mayor intimidad entre dos seres humanos: la cama. </p>       <p><a name="(9)">9. </a>Sbre Katia Sorin: : <i>Femmes en armes : une place introuvable ? Le cas de la f&eacute;minisation de l&#39;arm&eacute;e fran&ccedil;aise </i>, tesis de doctorado en sociolog&iacute;a, Universidad de Paris 1 Panth&eacute;on-Sorbonne, febrero 2002. </p>       <p><a name="(10)">10.</a> Para 1995, en Estados Unidos, s&oacute;lo hab&iacute;a un 10% de mujeres en el parlamento y un 15% en el gobierno; en B&eacute;lgica, 9% en el parlamento y 11% en el gobierno; en Francia, 6% en el parlamento y 7% en el gobierno; en el Reino Unido, 9% en parlamento y gobierno. Ver Uriarte, Edurne y Arantxa Elizondo (coordinadas): Mujeres en pol&iacute;tica, Barcelona: Editorial Ariel, mayo 1997.330-331. Las cifras, en Francia, se han modificado a partir de la aplicaci&oacute;n de una ley de cuotas en las &uacute;ltimas elecciones. </p>       <p><a name="(11)">11.</a> Noem&iacute; Sanin se posiciona como &quot;candidata independiente&quot;. Sin embargo en sus comienzos, ella proviene del partido conservador. Cecilia L&oacute;pez y Mar&iacute;a Emma Mej&iacute;a comienzan sus trayectorias en el partido liberal. La &uacute;ltima busca abrirse de &eacute;l y presentarse como independiente a la alcald&iacute;a de Bogot&aacute; y pierde. Ingrid Betancour es quiz&aacute;s la que ha ido conformando el perfil m&aacute;s independiente. </p>        <p><a name="(12)">12.</a> En Marzo del 2000 la Corte Constitucional declar&oacute; esta ley &quot;de cuotas&quot; constitucional y especific&oacute; que el 30% se aplicar&iacute;a a cada categor&iacute;a de cargos del m&aacute;ximo nivel decisorio: 30% de los ministerios, 30% de los Departamentos Administrativos, 30% de las Superintendencias, etc., deben estar ocupados por mujeres. Sentencia Corte Constitucional C-371 de 2000. Dos meses despu&eacute;s la ley obtendr&iacute;a la sanci&oacute;n presidencial. Ley 581 del 31 de mayo de 2000. </p>       <p><a name="(13)">13. </a>Defensa, Cultura, Educaci&oacute;n, Ambiente, Comunicaciones y Relaciones Exteriores. En octubre del 2003 el Presidente pidi&oacute; la renuncia de la Ministra de Defensa as&iacute; como la de Comunicaciones. </p>       <p><a name="(14)">14.</a> Art&iacute;culo 40 de la constituci&oacute;n nacional: (sobre derechos pol&iacute;ticos)…Las autoridades garantizar&aacute;n la adecuada y efectiva participaci&oacute;n de la mujer en los niveles decisorios de la Administraci&oacute;n P&uacute;blica. </p>       <p><a name="(15)">15.</a> Parece que las barreras no se encuentran en la competencia electoral per s&eacute;. Seg&uacute;n las cifras de mujeres que se presentan a elecciones y que salen elegidas en el Senado en el 2002, se encuentran que &quot;de 31 mujeres, 11 salieron electas, es decir, el 35% de las mujeres que se candidatizaron. Para los hombres este &iacute;ndice es del 31%, ya que de 280 candidatos, 98 fueron electos. En Ang&eacute;lica Bernal y Mar&iacute;a Emma Wills: &quot;Mujeres y pol&iacute;tica: en qu&eacute; punto estamos?&quot; pr&oacute;ximo a aparecer. </p>       <p><a name="(16)">16.</a> La triple jornada de trabajo se refiere a la combinaci&oacute;n de las tres jornadas laborales que deben asumir las mujeres populares cuando se incorporan al trabajo barrial o comunitario: la que emprenden para garantizar recursos familiares, ya sea como asalariadas o como trabajadoras informales, la que se refiere a las tareas dom&eacute;sticas y la que finalmente asumen comunitariamente. Las tres exigen tiempo, dedicaci&oacute;n y energ&iacute;a, y estas exigencias compiten entre s&iacute;. </p>   <hr size="1">       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>REFERENCIAS</b></p>        <!-- ref --><p>1. &quot;Celebraci&oacute;n de los 50 a&ntilde;os de aprobaci&oacute;n del derecho al voto de las mujeres&quot;. en <a href="http://www.fescol.org.co/Doc%20PDF/MUJERES-50A%D1OS.pdf" target="_blank">http://www.fescol.org.co/Doc%20PDF/MUJERES-50A%D1OS.pdf</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-4705200500010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. &quot;Celebraci&oacute;n de los 50 a&ntilde;os de aprobaci&oacute;n del derecho al voto de las mujeres&quot;. en <a href="http://www.fescol.org.co/Doc%20PDF/MUJERES-50A%D1OS.pdf" target="_blank">http://www.fescol.org.co/Doc%20PDF/MUJERES-50A%D1OS.pdf</a>. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-4705200500010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. &quot;Celebraci&oacute;n de los 50 a&ntilde;os de aprobaci&oacute;n del derecho al voto de las mujeres&quot;. en  <a href="http://www.fescol.org.co/Doc%20PDF/MUJERES-50A%D1OS.pdf" target="_blank">http://www.fescol.org.co/Doc%20PDF/MUJERES-50A%D1OS.pdf</a><i>.</i> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-4705200500010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 4.<a href="http://hypo.ge-dip.etat-ge.ch/www/cliotexte/html/vote.femmes.html"target="_blank">http://hypo.ge-dip.etat-ge.ch/www/cliotexte/html/vote.femmes.html</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-4705200500010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5. <a href="http://hypo.ge-dip.etat-ge.ch/www/cliotexte/html/vote.femmes.html"target="_blank">http://hypo.ge-dip.etat-ge.ch/www/cliotexte/html/vote.femmes.html</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-4705200500010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 6. <a href="http://www.almendron.com/historia/contemporanea/sufragismo/sufragismo_2.htm" target="_blank">http://www.almendron.com/historia/contemporanea/sufragismo/sufragismo_2.htm</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-4705200500010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Universidad de Barcelona: Comisi&oacute;n Interministerial de Ciencia y Tecnolog&iacute;a. CICYT, Barcelona , 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-4705200500010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Jacquette, Jane y Sharon L. Wolchick editoras: Women and Democracy: Latin American and Central and Eastern Europe. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-4705200500010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0121-4705200500010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Waylen, Georgina: &quot;Rethinking Women&#39;s Political Participation and Protest: Chile 1970- 1990&quot; en Political Studies, XL, febrero de 1992, p. 299-314. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-4705200500010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 11. <a href="http://www.womensmemorial.org/"target="_blank"> www.womensmemorial.org</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-4705200500010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 12. <a href="http://www.forces.gc.ca/site/newsroom/view_news_f.asp?id=1022" target="_blank">http://www.forces.gc.ca/site/newsroom/view_news_f.asp?id=1022</a>. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-4705200500010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 13. Katia Sorin : <i>Les femmes dans les forces arm&eacute;es fran&ccedil;aises : int&eacute;gration versus conflit </i>. Ponencia presentada a Inter-University Seminar on Armed Forces and Society. Challenge and Change for the Military Institution: The Military Profession and Military Leadership in the 21st Century, 25-27 octobre 2002, publicada en: <a href="http://www.rmc.ca/academic/conference/iuscanada/papers/sorin_femmespaper.doc" target="_blank">http://www.rmc.ca/academic/conference/iuscanada/papers/sorin_femmespaper.doc</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0121-4705200500010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Bedregal Ximena: &quot;La feminizaci&oacute;n de los ej&eacute;rcitos: &iquest;Triunfo de la paridad o trampa del patriarcado?&quot; En <i>La Jornada </i>, mayo 5 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-4705200500010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 15. Sonia Alvarez, <i>Engendering Democracy in Brazil . Women&#39;s movements in Transition Politics </i>, Princeton : Princeton University Press, 1990. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-4705200500010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16.Margaret Reid, Brinck Kerr y William Miller, &quot;A Study of the Advancement of Women in Municipal Government Bureaucracies: Persistence of Glass Ceilings?&quot;, en <i>Women and Politics </i>, vol. 21, no. 1, 2000, p. 35-50: 48. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-4705200500010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Anne Phillips, <i>G&eacute;nero y Teor&iacute;a Democr&aacute;tica </i>, M&eacute;xico: UNAM, 1996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-4705200500010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Uriarte, Edurne y Arantxa Elizondo (coordinadas): Mujeres en pol&iacute;tica, Barcelona: Editorial Ariel, mayo 1997.330-331. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-4705200500010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Bangladesh, Guyana, Irlanda, Letonia, Nueva Zelandia, Panam&aacute;, San Marino, Sri Lanka (Presidenta y Primera Ministra) y Suiza. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-4705200500010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 20. &quot;Participaci&oacute;n, Liderazgo y equidad de g&eacute;nero en Am&eacute;rica Latina&quot;, CEPAL, Santiago de Chile, LC/L1302, diciembre de 2003 en <a href= "http://www.eclac.cl/publicaciones/UnidadMujer/2/LcL1302/LcL1302e.pdf"target="_blank">www.eclac.cl/publicaciones/UnidadMujer/2/LcL1302/LcL1302e.pdf</a>/ &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-4705200500010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 21. Instituto de Relaciones Europeo-Latinoamericanas, (IREAL), &quot;La representaci&oacute;n pol&iacute;tica de las mujeres en Europa y Am&eacute;rica latina: Barreras y oportunidades&quot;, en <i>Dossier, </i> N&deg;. 63, 1997, p. 8. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-4705200500010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 22. Ib&iacute;d., p. 13. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-4705200500010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 23. Ileana Kure, Mar&iacute;a Fernanda S&aacute;nchez, Cristina Querub&iacute;n, &quot;Cu&aacute;ntos elegimos a nuestros gobernantes?&quot;, mimeo, documento preparado para el Departamento de Planeaci&oacute;n Nacional, Bogot&aacute;, 1997. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-4705200500010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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