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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Santa Fe Ralito: Avatares e Incongruencias de un Conato de Negociación]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article proposes a revision of the paramilitarism phenomena starting from two key elements: power and land. Unlike other analysts and social researchers that center the explanation of paramilitarism in the disputes around the agrarian property, the author considers that the question of the land is tied to the definition of a political project of local character. To illustrate it, the examples of the emerald zone and Barrancabermeja , where the paramilitary territorial control is defined in function of a vocation for local and regional powers are presented. Is this conjunction which keeps the cohesion of such groups in spite of fissures and tensions and even of the real or virtual disappearance of Carlos Castaño.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[    <font face="Verdana"size="2">   <b>    <p align="right">Dossier: Paramilitarismo en Colombia </p> </b>     <br>  <font face="Verdana"size="4">     <p align="center"><b>Santa Fe Ralito: Avatares e Incongruencias de un Conato de Negociaci&oacute;n </b></p></font>  <font face="Verdana"size="3">     <p align="center"><b>Santa Fe De Ralito: Vicissitudes And Incongruities Of A Negotiation Attempt </b></p>  </font>       <p><b>Fernando Cubides Cipagauta </b></p>       <p>Profesor Titular de la Universidad Nacional , Departamento de Sociolog&iacute;a, ha sido investigador asociado al IEPRI. </p>   <hr size="1">       <p><b>Resumen </b></p>       <p>Este art&iacute;culo propone una revisi&oacute;n del fen&oacute;meno del paramilitarismo a partir de la consideraci&oacute;n de dos elementos claves: poder y tierra. A diferencia de otros analistas e investigadores sociales que centran la explicaci&oacute;n del paramilitarismo en las disputas en torno a la propiedad agraria, el autor considera que la cuesti&oacute;n de la tierra esta vinculada a la definici&oacute;n de un proyecto pol&iacute;tico de car&aacute;cter local. Para ilustrarlo se presentan los ejemplos de la zona esmeraldifera y de Barrancabermeja, en donde el control territorial paramilitar esta definido en funci&oacute;n de una vocaci&oacute;n por los poderes locales y regionales. Es esta conjunci&oacute;n la que mantiene la cohesi&oacute;n de tales grupos pese a sus fisuras y tensiones, e incluso a la desaparici&oacute;n, real o virtual, de Carlos Casta&ntilde;o. </p>       <p><b>Palabras claves:</b> paramilitarismo, poder, territorio, Colombia. </p>   <hr size="1">       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Summary </b></p>       <p>This article proposes a revision of the paramilitarism phenomena starting from two key elements: power and land. Unlike other analysts and social researchers that center the explanation of paramilitarism in the disputes around the agrarian property, the author considers that the question of the land is tied to the definition of a political project of local character. To illustrate it, the examples of the emerald zone and Barrancabermeja , where the paramilitary territorial control is defined in function of a vocation for local and regional powers are presented. Is this conjunction which keeps the cohesion of such groups in spite of fissures and tensions and even of the real or virtual disappearance of Carlos Casta&ntilde;o. </p>       <p><b>Keywords </b>: paramilitarism, power, territory, Colombia . </p>   <hr size="1">       <p>Una de las cosas que saca a la luz el actual conato de negociaci&oacute;n con los paramilitares es su ans&iacute;a de poder. Y queda de presente que durante demasiado tiempo los analistas e investigadores sociales anduvimos despistados y terminamos subestimando el fen&oacute;meno por referirlo de manera exclusiva a la propiedad agraria. Como si la clave del asunto hubiera de ser tan s&oacute;lo superponer al mapa de la propiedad agraria adquirida con recursos de la droga, el mapa de la presencia de los distintos grupos de autodefensa. El ejercicio, elemental, es indispensable; necesario pero no suficiente resulta saber cu&aacute;nta tierra han acumulado los integrantes de la c&uacute;pula paramilitar, pero siempre que no se pretenda que todo lo que han buscado con &quot;su&quot; guerra es acumular tierra, y proteger con sentido de grupo sus patrimonios individuales. Ser&iacute;a tomar el efecto por la causa, y desconocer la metamorfosis que se ha estado produciendo. Esa pudo ser la mejor de las pistas en un comienzo, pero ya no es LA explicaci&oacute;n por antonomasia. Las palabras claves hoy son territorio y poder; es decir el control territorial en funci&oacute;n de una definida vocaci&oacute;n por los poderes locales y regionales, y aquello que los mantiene cohesionados despu&eacute;s de que salieran a la luz todas sus fisuras y tensiones y tras la desaparici&oacute;n, real o virtual, de Casta&ntilde;o, es la expectativa de una negociaci&oacute;n que los favorezca, y entienden la favorabilidad como la consolidaci&oacute;n del dominio alcanzado y el logro de la impunidad para algunas de sus acciones esto es como un problema de poder. </p>       <p>Decir, como afirma Dar&iacute;o Fajardo: &quot;la guerra ha precipitado una alta concentraci&oacute;n de la tierra&quot; es formular un enunciado a primera vista incontrovertible, constatar uno de los efectos de esta guerra singular; sin embargo &quot;la guerra&quot; es una enunciaci&oacute;n t&aacute;n gen&eacute;rica como en su momento lo fue &quot;la violencia&quot; y de lo puro gen&eacute;rica tiende a soslayar a sus protagonistas y a encubrir con un manto tambi&eacute;n gen&eacute;rico responsabilidades concretas. Y en cuanto a la g&eacute;nesis del engendro paramilitar las responsabilidades son m&uacute;ltiples, y a la guerrilla le cabe su cuota, tambi&eacute;n. En un asunto tan intrincado, las atribuciones unilaterales, o las simplificaciones oscurecen el panorama. Por lo dem&aacute;s quienes m&aacute;s deciden, quienes m&aacute;s poder demuestran en la c&uacute;pula de los paramilitares, dejaron atr&aacute;s hace tiempo su etapa de latifundistas, ya no miden su importancia en hect&aacute;reas de tierra: basta oir a &quot;Don Berna&quot; - que de seguro no ha o&iacute;do nada de Mao, ni siquiera su aforismo: <b> &quot;e <i>l poder nace del fusil&quot; </i></b>- hablar de los 20.000 fusiles, y de las zonas que les permiten controlar. Se pudieron dar el lujo, como Fidel y Carlos Casta&ntilde;o en su momento, de renunciar a parte de ese patrimonio a cambio del prestigio que da el aparecer como benefactores. Lo que est&aacute; presenci&aacute;ndose es el efecto de un largo aprendizaje en el curso de una guerra singular, los dividendos que produce copiar unas orientaciones estrat&eacute;gicas de la guerrilla, aprendidas sobre el terreno. </p>       <p>Creo que hoy y a la luz de los hechos y evidencias acumulados, es posible ponerse de acuerdo en que la intensidad, y la diversidad de las violencias, est&aacute;n creando una nueva concepci&oacute;n del territorio. Algunos te&oacute;ricos de la estrategia militar llegan a formular como principio, y de una manera axiom&aacute;tica la importancia del conocimiento geogr&aacute;fico: combatiente que no conozca bien el territorio en el que act&uacute;a, est&aacute; condenado a perderlo. La discusi&oacute;n clausewitziana y postclausewitiziana, ha reformulado los t&eacute;rminos de esa discusi&oacute;n, y subraya la primac&iacute;a de la poblaci&oacute;n sobre el territorio en su importancia estrat&eacute;gica, pero sin que llegue a minimizar al segundo de los componentes. Clausewitz sigue siendo un autor estudiado en todas las escuelas de los estados mayores, regulares e irregulares. No obstante, de hecho, en la situaci&oacute;n colombiana de las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas como un rasgo sobresaliente parece obrado una inversi&oacute;n de dicho postulado : nos encontramos con que en un momento dado los actores armados y ante todo los paramilitares, parecen guiarse por la m&aacute;xima: &quot;si no cuentas con el apoyo de la poblaci&oacute;n, busca dominar el territorio, que lo otro vendr&aacute; por a&ntilde;adidura &quot;, as&iacute; es que el nuestro resulta ser un territorio fragmentado y la nuestra una sociedad segmentada . </p>       <p>Una mirada simple al mapa de su presencia territorial nos comprueba que el par&aacute;metro que ha registrado una variaci&oacute;n m&aacute;s dr&aacute;stica entre 1987, cuando el entonces j&oacute;ven Ministro de Gobierno de la administraci&oacute;n Barco, C&eacute;sar Gaviria, hac&iacute;a el primer reconocimiento oficial de la existencia del fen&oacute;meno, y registraba la existencia de al menos 140 organizaciones ilegales de autodefensa, dispersas en el territorio, y el panorama que se ofrece hoy a los negociadores gubernamentales en Santaf&eacute; de Ralito, es que las que han subsistido de aquellas, se han propuesto y consiguieron expandirse y junto con el territorio, han adquirido bases sociales por segmentarias que sean. </p>       <p><b><i>Lo inevitable de una cierta recapitulaci&oacute;n. </i></b></p>       <p>En tiempos, ya lejanos, en que se daba una confrontaci&oacute;n directa con el Cartel de Medell&iacute;n, el general Maza al frente del DAS dio a conocer ( o mejor: se produjo una filtraci&oacute;n, pues esto del manejo velado o indirecto de la informaci&oacute;n s&iacute; que ha sido una constante en trat&aacute;ndose del paramilitarismo ) un diagn&oacute;stico completo para la fecha, algo as&iacute; como todo lo que Ud. quisiera saber sobre el paramilitarismo y no se hab&iacute;a atrevido a preguntar ( ver: &quot; <i>El Dossier paramilitar. SEMANA revela documentos secretos del gobierno sobre c&oacute;mo son, c&oacute;mo act&uacute;an y qui&eacute;nes financian a los paramilitares&quot; </i>- SEMANA, Edici&oacute;n 362, Abril 17 de 1989. ) Y all&iacute; aparec&iacute;an como reflejados en un espejo c&oacute;ncavo, concentrados en un punto, para el caso Puerto Boyac&aacute;, los factores recurrentes, junto con principales protagonistas, y, siguiendo la met&aacute;fora teatral, con ellos los actores que apenas se insin&uacute;an tras la escena, adem&aacute;s de un cierto coro. De ah&iacute; en adelante, con leves retrocesos, la evoluci&oacute;n ha sido cont&iacute;nua. En el susodicho <b><i>dossier </i></b> aparecen de bulto, debidamente documentados y en una secuencia cronol&oacute;gica que es a la vez l&oacute;gica: </p>       <p>a) el dinero de los narcotraficaficantes que organizan los primeros grupos con la motivaci&oacute;n exclusiva, en efecto, de defender la tierra adquirida, </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>b) la participaci&oacute;n de oficiales de alto rango- coroneles, comandantes de batall&oacute;n- proveyendo log&iacute;stica, informaci&oacute;n de inteligencia, asesor&iacute;a en el entrenamiento a los grupos ya formados. </p>       <p>c) la connivencia de las autoridades locales que ya sea por acci&oacute;n o por omisi&oacute;n favorecen la consolidaci&oacute;n de dichos grupos. </p>       <p>d) el t&aacute;cito avenimiento de autoridades departamentales y de funcionarios del orden nacional </p>       <p>e) ramas o capitulos locales de gremios nacionales, o nuevas organizaciones gremiales que se convierten en piezas de una estrategia de expansi&oacute;n </p>       <p>f) por &uacute;ltimo y lo m&aacute;s importante en la implantaci&oacute;n del engendro, un sector de la poblaci&oacute;n que los apoya expl&iacute;citamente y como reacci&oacute;n a una campa&ntilde;a de exacciones indiscriminadas y a los diversos excesos cometidos por las FARC en un municipio como Puerto Boyac&aacute; en donde el Partido Comunista dominaba la escena pol&iacute;tica legal (&quot;  <i>el Telet&oacute;n del Magdalena Medio&quot;). </i></p>       <p>Tiene mucho valor que haya sido un investigador con sensibilidad de izquierda como Carlos Medina Gallego quien despu&eacute;s de un trabajo de campo detallado que llev&oacute; a cabo justo en el momento que todos esos componentes se estaban aglutinando, haya mostrado su din&aacute;mica, las consecuencias perdurables de esa interacci&oacute;n. De ah&iacute; que su libro de 1990 Autodefensas, paramilitares y narcotr&aacute;fico en Colombia siga siendo antol&oacute;gico, la referencia obligada para entender la g&eacute;nesis del &quot;modelo Puerto Boyac&aacute;&quot; que luego se ir&aacute; a replicar en otras regiones. Nos muestra en detalle, con sobra de evidencias, las consecuencias inesperadas y perversas de &quot;la l&oacute;gica combinatoria&quot;, o &quot;la combinaci&oacute;n de todas las formas de lucha&quot;, practicada desde los dos extremos del espectro ideol&oacute;gico; como por una suerte de fatalismo, si recurres a la legalidad como mero instrumento t&aacute;ctico y tu prop&oacute;sito genuino es abolirla, tender&aacute;s a hallar alguien que se te oponga con los mismos recursos. En un contexto tan intrincado, m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano surgir&aacute;n partidarios del sistema que adoptar&aacute;n como orientaci&oacute;n estrat&eacute;gica y a favor de &eacute;l, la &quot;  <b><i>combinaci&oacute;n de todas las formas de lucha </i></b>&quot; </p>       <p>En gracia a discusi&oacute;n se puede aceptar la hip&oacute;tesis m&aacute;s pesimista: la denuncia que en su momento hizo Jos&eacute; Miguel Vivanco de Human Rights Watch seg&uacute;n la cual en 9 de las 18 brigadas en las que estaba organizado el ej&eacute;rcito colombiano se encontraron evidencias de v&iacute;nculos de oficiales con mando de tropa y grupos irregulares, n&uacute;cleos o embriones de lo que ser&iacute;an m&aacute;s tarde frentes ya organizados. Un dato que ning&uacute;n investigador podr&iacute;a pasar por alto, desconocer en la gravedad que implica, pero que por s&iacute; solo no explicar&iacute;a la rapidez en el crecimiento, la expansi&oacute;n territorial del fen&oacute;meno paramilitar, su cobertura, su grado de implantaci&oacute;n. </p>       <p>Podr&iacute;an sorprender al lector del libro-autoreportaje <b>Mi confesi&oacute;n </b> de Carlos Casta&ntilde;o pareci&eacute;ndole una impostura, las m&uacute;ltiples referencias elogiosas a la Constituci&oacute;n del 91, los gui&ntilde;os de corte santanderista a la norma de normas, a simple vista alegatos interesados para consumo externo. Pero no eran del todo impostados y reexaminar ese cap&iacute;tulo contribuye a mostrar c&oacute;mo llevaron a cabo su aprendizaje de la pol&iacute;tica y de sus encrucijadas determinantes; a prop&oacute;sito un acertijo: &iquest;Alguien recuerda hoy por hoy con cu&aacute;les alianzas regionales y de la mano de qu&eacute; grupos pol&iacute;ticos llegaron los paramilitares a tener &quot;su&quot; representaci&oacute;n en la Constituyente del 91 ?. Una cierta relectura de la  <b>Gazeta Constituyente </b> no estar&iacute;a de m&aacute;s. </p>       <p>Y el otro dato fundamental que ha variado desde aquel balance que presentara C&eacute;sar Gaviria como ministro, es el grado de ingerencia internacional en el asunto. La omnipresencia alerta de Mr. William Wood en cada una de las instancias de este incipiente proceso ha sido marcada, por ejemplo. Por todo ello es que tiene mucho de fariseo el tono sensacionalista, de novedad absoluta o de hallazgo de &uacute;ltima hora que le han dado varios medios al tema de &quot;la paramilitarizaci&oacute;n del pa&iacute;s&quot; : no sin cierta perplejidad en un comienzo y tras derrochar una buena cantidad de energ&iacute;as en una actitud nominalista, en una suerte de org&iacute;a sem&aacute;ntica (&quot;&iquest; Qu&eacute; nombre le pondremos? &quot;) a partir de las evidencias accesibles, la investigaci&oacute;n social la ha venido registrando, las bases de datos que se han venido construyendo la se&ntilde;alan con nitidez; as&iacute; mismo la propia investigaci&oacute;n social encendi&oacute; las alertas acerca de los diversos nexos locales, regionales y nacionales y las redes m&aacute;s o menos t&aacute;citas con las que los paramilitares han contado, y sobre el papel fundamental del narcotr&aacute;fico en su expansi&oacute;n. Aun cuando hay analistas que le encuentran sentido todav&iacute;a a la disquisici&oacute;n sem&aacute;ntica, al registro de todas las variantes de denominaci&oacute;n que los propios grupos se dan, a cual m&aacute;s ostentosos, (caricaturescos algunos a fuer de ostentosos ) a la vez se ha comprobado lo indispensable de pensar el problema con categor&iacute;as universales en procura de una genuina explicaci&oacute;n; comparar con casos afines, discernir las similitudes, la confluencia en cuanto a las l&oacute;gicas de acci&oacute;n con los &quot;irregulares de estado&quot; de otras latitudes. Si es que hay una l&oacute;gica en la guerra irregular, intentar dilucidarla para el caso es un insumo clave del tratamiento. Hay que reiterarlo, y una mirada al panorama de la producci&oacute;n intelectual sobre el problema lo comprueba, la investigaci&oacute;n social ha hecho lo suyo, y para hacerlo ha asumido los riesgos correspondientes: afrontando amenazas m&aacute;s o menos veladas, formas varias de intimidaci&oacute;n, no tan acusadas como las que afrontan los periodistas, pero no menos reales y ominosas, sobre todo en la provincia y cuando el investigador se atreve a hablar con nombres propios. </p>       <p>Por cierto que esos mismos medios que hoy se rasgan las vestiduras en su momento contribuyeron a la magnificaci&oacute;n del fen&oacute;meno paramilitar mediante entrevistas descontextualizadas a sus l&iacute;deres en las que se les daba el trato de estadistas o en el modo en que difundieron en su momento ( fines del gobierno Samper ) el flamante &quot;Acuerdo del Nudo de Paramillo&quot;, para no hablar de ciertos editoriales <sup>1 -3</sup> <a href="#(1)">(1)</a>. Y habr&aacute; que decirlo aunque suene hereje a o&iacute;dos castos, de todos los actores armados colombianos han sido los paramilitares los m&aacute;s medi&aacute;ticos, quienes mejor han entendido los dividendos que pueden obtener del uso de los medios electr&oacute;nicos e impresos. Hay que dudar que hayan sido lectores de Umberto Eco ( por aquello de &quot;la guerrilla semiol&oacute;gica&quot; en La estrategia de la ilusi&oacute;n ) u observadores, menos a&uacute;n seguidores, del subcomandante Marcos y su guerrilla medi&aacute;tica, en ese aspecto el suyo ha sido un aprendizaje intuitivo, vern&aacute;culo, pero que se pone de presente desde sus primeros balbuceos ideol&oacute;gicos. Amplificar su mensaje y tratar de sintonizarlo con ciertas motivaciones colectivas subyacentes ha sido un prop&oacute;sito sistem&aacute;tico en su caso, en contraste con Alfonso Cano quien hace suya la afirmaci&oacute;n del marxista franc&eacute;s &quot; <b><i>la opini&oacute;n p&uacute;blica no existe&quot; </i></b> para desestimar manifestaciones coyunturales en aras del largo plazo, e insiste en la cuadratura del c&iacute;rculo: un partido pol&iacute;tico de masas…pero en la clandestinidad, cual profeta milenarista guiando a su peque&ntilde;a tribu por el desierto en b&uacute;squeda perpetua de la tierra prometida: para el caso la insurrecci&oacute;n de masas. En contraste los paramilitares han obrado con la prgam&aacute;tica presunci&oacute;n de que s&iacute; existe una especie de magma primario al que se puede llamar opini&oacute;n p&uacute;blica, que se halla muy estratificado, y que es menester adaptar el mensaje seg&uacute;n las circunstancias a las inclinaciones de uno u otro estrato, principalmente al del m&aacute;s amorfo: una cierta clase media de provincia, y su percepci&oacute;n de la seguridad y junto con los abogados penalistas que los asesoran en sus declaraciones y comunicados, es l&iacute;cito deducir, que en el entorno de cualquiera de los jefes paramilitares uno de los cargos fijos ha de ser el de asesor de imagen. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>Modos de control territorial: algunos ejemplos </i></b></p>       <p>Fueron muy valiosos en su momento los trabajos de Alejandro Reyes y su grupo de asistentes, en que daban cuenta minuciosa de la inversi&oacute;n de dinero del narcotr&aacute;fico en tierras, inauguraron una l&iacute;nea de an&aacute;lisis y siguen siendo, hoy por hoy, un insumo ineludible del an&aacute;lisis <sup>4</sup>. M&aacute;s importante a&uacute;n el corolario que el propio Alejandro postul&oacute; como una de las conclusiones en las que resum&iacute;a toda una etapa previa de su trabajo pues a la vez daba cuenta de toda una inflexi&oacute;n estrat&eacute;gica del problema, o como dir&iacute;an los dial&eacute;cticos, el <i>momentum </i> en que la cantidad se convierte en cualidad, obs&eacute;rvese lo sentencioso, lo categ&oacute;rico del tono: <b><i>&quot; </i></b><i>En Colombia los conflictos sociales por la tierra han sido sustituidos por las luchas por el dominio territorial &quot;</i><sup>5</sup>. Tambi&eacute;n en esa direcci&oacute;n Alejandro Reyes desbroz&oacute; un terreno que, mal que bien, otros hemos seguido. </p>       <p>Y dado de una de las claves de esa r&aacute;pida expansi&oacute;n, y de ese crecimiento en el n&uacute;mero total de efectivos ha sido la capacidad de adaptarse a contextos regionales diversos, conviene examinar ejemplos regionales. </p>       <p><i>Primer Ejemplo </i>: De cuando en cuando respecto de lo que significa el control territorial por grupos armados privados, el de la zona esmerald&iacute;fera en el occidente de Boyac&aacute; ha sido invocado como un arquetipo. Su cercan&iacute;a a Puerto Boyac&aacute;, adem&aacute;s ha dado lugar a la presunci&oacute;n ( no corroborada por suficientes evidencias ) de que el que se adopt&oacute; all&iacute; como modelo proven&iacute;a de la zona esmerald&iacute;fera en donde ha habido una larga tradici&oacute;n de poderes armados particulares, habi&eacute;ndose desencadenado, secuencialmente, varias guerras entre ellos por el control del negocio<sup>6</sup>. Lo problem&aacute;tico de dicha presunci&oacute;n es que si algo caracteriz&oacute; las dos guerras entre esmeralderos fue lo cricunscrito y facilmente delimitable del territorio en donde se produjeron, y si algo ha sido una constante, y un rasgo caracter&iacute;stico tanto de los grupos armados organizados por los patrones de las esmeraldas, como de los que organizan de modo m&aacute;s espont&aacute;neo las &quot;cuerdas&quot; de guaqueros ha sido su nula trashumancia, su total adscripci&oacute;n en torno a la mina o veta que protegen. (Dada la singularidad de la situaci&oacute;n en que fracas&oacute; el modelo de explotaci&oacute;n directa del recurso minero por un ente p&uacute;blico, as&iacute; como el sistema de licitaci&oacute;n) En contrapartida: si algo caracteriza a los paramilitares. desde fines de la d&eacute;cada del 80 por lo menos, es su capacidad de expandirse, su movilidad, su trashumancia y ubicuidad en una regi&oacute;n geogr&aacute;fica amplia. Pero sin duda que en el caso de la regi&oacute;n esmerald&iacute;fera y en su evoluci&oacute;n reciente, se registran tangencias y traslapes con las otras variantes del paramilitarismo. Y por otra parte es conocido, y est&aacute; bien documentado el hecho del aprendizaje que llevan a cabo aqu&iacute; en torno a las minas, quienes llegar&aacute;n a ser capos del narcotr&aacute;fico como Rodriguez Gacha. Una observaci&oacute;n sobre el terreno que llevamos a cabo a comienzos del 2003, y en varias de las entrevistas a personajes representativos nos condujeron a una conclusi&oacute;n provisional: en efecto en la regi&oacute;n no hay guerra, la paz est&aacute; en boca de todos, pero no hay duda que se siguen armando a buen ritmo, se mueven todos los aprestos para la guerra, y no hay duda que quienes est&aacute;n al frente de las organizaciones, por rudimentarios estrategas que sean, tienen una &quot;hip&oacute;tesis de guerra&quot;, se preparan, no han dejado de armarse y sobre todo, hay visos de que los hombres de su organizaci&oacute;n est&aacute;n sometidos a un entrenamiento intensivo. Un entrenamiento en t&aacute;cticas de guerrilla, una puesta a punto de todos los dispositivos necesarios, junto con un uso sistem&aacute;tico de las formas de comunicaci&oacute;n electr&oacute;nicas y satelitales m&aacute;s avanzadas en la forma de una red regional y en funci&oacute;n preventiva. Es indudable que el control que han tenido sobre el territorio, incluyendo sus rencillas y las demarcaciones que lo subdividen, se ha ido refinando.Terminada la guerra entre esmeralderos hace diez a&ntilde;os, y solemnizados los pactos a los que dio lugar con la bendici&oacute;n del obispo de Chiquinquir&aacute; (que desde entonces ha asumido el papel de &aacute;rbitro de las diferencias que ocasionalmente surgen) la vehemencia, la reiteraci&oacute;n de una ret&oacute;rica de la paz, nos habla m&aacute;s bien de lo cerca que ha estado, y que est&aacute;, la guerra. Y a diferencia de esa presunci&oacute;n seg&uacute;n la cual aqu&iacute; habr&iacute;a surgido el arquetipo de dispositivo paramilitar, el catalizador de esa visi&oacute;n m&aacute;s expansiva, m&aacute;s trashumante y m&oacute;vil de los grupos armados particulares organizados por los patrones de las esmeraldas, y su actuaci&oacute;n coordinada ha sido, de una parte el prop&oacute;sito de replicar el modo de organizaci&oacute;n de los grupos paramilitares de otras regiones y de otra parte la incursi&oacute;n de la guerrilla en la regi&oacute;n: una de las columnas de las FARC que hab&iacute;a incursionado por los lados de Muzo y luego intent&oacute; implantarse entre Marip&iacute; y Pauna, fue pr&aacute;cticamente aniquilada. Con posterioridad, y en sinton&iacute;a con el contexto nacional, el grado de coordinaci&oacute;n se ha consolidado, as&iacute; como la disposici&oacute;n a proyectarse o expandirse a las regiones adyacentes, aun cuando en ning&uacute;n momento la organizaci&oacute;n existente en &eacute;sta regi&oacute;n ha admitido v&iacute;nculos con los restantes que integran esa &quot;federaci&oacute;n de grupos regionales&quot; de la que hablaron Casta&ntilde;o y Mancuso, y mucho menos se ha dejado encuadrar en su organigrama. El grado de autonom&iacute;a que preservan los grupos formados ac&aacute;, el arraigo con el que cuentan y el aprendizaje adquirido, son las que determinan su tipicidad. </p>        <p><i>Segundo Ejemplo. </i>En torno al caso de la ciudad de Barrancabermeja, enclave petrolero, se ha producido multitud de denuncias, pero est&aacute; en mora una monograf&iacute;a regional que abarque la etapa m&aacute;s reciente. Barranca es un ejemplo flagrante de lo que en cuanto a control territorial hace posible la m&aacute;xima brutalidad ejercida con m&eacute;todo. Que a una ciudad de la importancia estrat&eacute;gica del puerto petrolero y con su reconocida tradici&oacute;n de movilizaci&oacute;n social, de epicentro de luchas sindicales, hayan llegado los paramilitares y en breve tiempo hayan conseguido implantarse, y suplantar las redes que a su favor hab&iacute;a construido el ELN en muchas de las comunas urbanas y mantengan hoy una presencia ostensible, es dif&iacute;cil de entender a propios y extra&ntilde;os. No se trata de que los paramilitares ejerzan aqu&iacute; un poder incontestado, o que no exista una genuina resistencia civil, mayoritaria en su contra, pero el caso es que se mantienen a la luz del d&iacute;a, gravitan de un modo determinante sobre la vida municipal, y lo claro es que no lo podr&iacute;an hacer si tan solo fuesen un aparato militar, si no contaran con apoyos locales y regionales. Lo singular del caso es que se trata de una implantaci&oacute;n en un contexto urbano complejo, un conglomerado urbano de cerca de 300.000 personas, mal contadas, propiciando algunas obras que se pretenden emblem&aacute;ticas (&quot;Parque Fidel Casta&ntilde;o&quot; ) y coaligados con fuerzas pol&iacute;ticas legales ( algunos de quienes asumen su vocer&iacute;a fueron concejales y tuvieron otros cargos de representaci&oacute;n). Una larga serie de asesinatos colectivos de dirigentes comunales ( varias masacres y m&aacute;s de 250 v&iacute;ctimas ) y de seguro el conocimiento detallado de las redes preexistentes, fueron las acciones que precedieron el arribo expl&iacute;cito. Como lo narra una monograf&iacute;a en elaboraci&oacute;n que tal vez aclare muchos de los interrogantes que se suscitan <a href="#(2)">(2)</a>, quien aparece como comandante de toda la campa&ntilde;a de implantaci&oacute;n (&quot;Camilo Morantes&quot;, muerto en un operativo) era un desertor de las FARC, y adem&aacute;s de su experiencia combativa y de su curtida formaci&oacute;n en la guerra irregular, siendo oriundo de la regi&oacute;n explota a su favor las rencillas y la rivalidad de larga data entre el ELN y las FARC, en particular la que exist&iacute;a en el entorno rural adyacente a la ciudad. En el presente, hay una intrincada puja por el control de las formas de representaci&oacute;n comunitaria y la violencia directa ha disminuido un tanto, manteni&eacute;ndose sin embargo un ambiente de intimidaci&oacute;n, expectante. </p>       <p>Aqu&iacute;, como en aquellas &aacute;reas que hac&iacute;an parte de la &quot;retaguardia profunda&quot; de las FARC en lo que fuera la zona de despeje de los Departamentos del Meta y Caquet&aacute; es ineludible el interrogante acerca de la solidez de las redes que la guerrilla ten&iacute;a a su favor y en cuya construcci&oacute;n invirti&oacute; muchos a&ntilde;os de trabajo pol&iacute;tico, y acerca del grado de hegemon&iacute;a que en verdad hab&iacute;a adquirido en las bases sociales que reclamaba como suyas en los territorios bajo su control. </p>       <p><b><i>Ralito I, Ralito II y lo por venir </i></b></p>       <p>&quot; <b><i>Matan ni&ntilde;os a media noche </i></b>&quot; dec&iacute;a Jes&uacute;s Antonio Bejarano, alma bendita, en una expresi&oacute;n muy suya, y por desgracia con fundamento en los hechos, para subrayar los dilemas de cualquier negociaci&oacute;n con los paras, el car&aacute;cter patol&oacute;gico de la mayor&iacute;a de lo que ellos mismos llaman sus &quot; acciones de guerra&quot;, lo &eacute;ticamente inadmisible de que en el curso de cualquier negociaci&oacute;n se llegare a pactar la impunidad. Y a la vez, en su formidable intento de objetivar, de fundamentar con el m&aacute;ximo de raciocinio los temas ineludibles de una &quot;Agenda para la paz&quot;, establec&iacute;a la secuencia: el paramilitarismo ha surgido y se ha logrado expandir en funci&oacute;n de la expansi&oacute;n guerrillera, ergo su erradicaci&oacute;n definitiva depende de que se logre llegar a un tipo de negociaci&oacute;n productiva, genuinamente pol&iacute;tica, con la insurrecci&oacute;n. No se puede invertir la secuencia hist&oacute;rica en la que han surgido, los t&eacute;rminos reales en los que se ha planteado el problema, pues, advert&iacute;a admonitorio, se llegar&aacute; a un punto de estancamiento. Pero a&uacute;n si se tratara de meros &quot;escarceos preliminares para llegar m&aacute;s tarde a una paz verdadera&quot; ( o, si se mira con un sentido del largo plazo, s&oacute;lo de un plante, del amago de un jugador que est&aacute; ca&ntilde;ando en tanto es propicia &quot;la otra&quot; negociaci&oacute;n ) y excluyendo el nudo gordiano de la extradici&oacute;n que gravita de tal modo sobre las cabezas de muchos de quienes integran la c&uacute;pula, y que por razones crudamente geopol&iacute;ticas ( <b><i>Respice Polum </i></b> ; &iexcl;Manes de Don Marco Fidel Su&aacute;rez &iexcl;) no es negociable, las sinuosas tratativas que se llevan a cabo en Santafe de Ralito y que si se suman a &quot;amenazas cre&iacute;bles del uso de la fuerza &quot; servir&iacute;an al menos para desmovilizar a parte de sus efectivos, y para sacar de una vez por todas a la luz p&uacute;blica, y m&aacute;s all&aacute; del c&iacute;rculo de analistas, la magnitud real del fen&oacute;meno, sus dimensiones territoriales. Y han servido para constatar tambi&eacute;n las fisuras, las tendencias centr&iacute;fugas, los innegables signos de descomposici&oacute;n, en abierto contraste con la guerrilla, la endeblez del aparato que han construido, el escaso grado de convicci&oacute;n de quienes se hallan encuadrados en &eacute;l. Vehementes, vociferantes y cada vez m&aacute;s col&eacute;ricos, es cierto que entre el primer conato de acuerdo (Ralito I ) y el segundo (Ralito II) han aumentado sus exigencias de impunidad y se muestran prepotentes, pero a la vez se hacen patentes las discordias internas, lo endeble del flamante organigrama, la inveterada tendencia a resolver sus disputas acudiendo al gatillo. Entre tanto hemos tenido que asistir a hechos que s&oacute;lo se pueden calificar de estramb&oacute;ticos, como las intervenciones en el Capitolio de dos de sus jefes y comulgar con la rueda de molino de sus buenas intenciones y de su pretendida desvinculaci&oacute;n del negocio de la droga. Una vez m&aacute;s se pone de presente que su organizaci&oacute;n es una precaria amalgama de componentes dis&iacute;miles, que a su contingente, un aut&eacute;ntico vertedero, han ido a parar toda clase de tr&aacute;nsfugas: exmilitares que huyen de la justicia, exguerrilleros, narcotraficantes activos o en receso, v&iacute;ctimas de la guerrilla y del secuestro extorsivo en plan de vindicta personal, funcionarios corruptos huyendo de investigaciones preliminares- incluyendo a aquellos que han drenado el r&eacute;gimen subsididado de salud-, reclutados por la fuerza as&iacute; como soldados criollos de fortuna, combatientes cuya profesi&oacute;n, o incluso cuya vocaci&oacute;n es la guerra. Y si los conatos falllidos de negociaci&oacute;n- una negociaci&oacute;n que en sus temas sustantivos no va, no puede ir, a parte alguna- inducen una desmovilizaci&oacute;n de al menos parte de ese contingente, ya de por s&iacute; &eacute;se ser&iacute;a un efecto valioso. Todo lo que sea restarle combatientes a esta guerra no puede ser sino positivo. </p>       <p>El paramilitarismo es un engendro con muchos padres, y digamos para aprovechar la imagen cl&aacute;sica, una hidra de muchas cabezas. Degradaci&oacute;n evidente, y a la vez aprendizaje, los problemas de la negociaci&oacute;n se han planteado como problemas de poder. Al menos sirven para volver a la vieja pregunta: &iquest;Qu&eacute; es pues lo pol&iacute;tico? </p>   <hr size="1">       <p><b>COMENTARIOS</b></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="(1)"></a>    <p>1. &quot; <i>En las Autodefensas, el gobierno de Ernesto Samper ser&aacute; siempre bien recordado, ni nos percatamos que pas&oacute; por el palacio de Nari&ntilde;o, solo estuvimos pendientes de su juicio </i>&quot;, afirm&oacute; Carlos Casta&ntilde;o.</p>       <p><a name="(2)"></a>    <p>2. Buena parte de la informaci&oacute;n para ilustrar este ejemplo ha sido tomada de una exposici&oacute;n preliminar de una monograf&iacute;a en curso auspiciada por la Corporaci&oacute;n Nuevo Arco Iris. </p>   <hr size="1">       <p><b>REFERENCIAS</b></p>        <!-- ref --><p>1. <i>Mi confesi&oacute;n, Carlos Casta&ntilde;o revela sus secretos </i>, Editorial La Oveja Negra , 2001. p.175. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0121-4705200500010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. &quot;Asesinatos pol&iacute;ticos 1978-1998 seg&uacute;n la Comisi&oacute;n Colombiana de Juristas y CINEP &amp; Justica y Paz <i>&quot;.</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0121-4705200500010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. &quot;Homicidios cometidos por las autodefensas seg&uacute;n fuentes 1988- 2000 <i>&quot; , </i>en <i>Colombia, Conflicto armado, Regiones, Derechos Humanos y DIH, 1998-2002, </i> Vicepresidencia de la Rep&uacute;blica, Observatorio del Programa Presidencial de derechos Humanos y DIH, Bogot&aacute;, julio de 2002, p&aacute;ginas 46 y 47, y la cartograf&iacute;a que las acompa&ntilde;a. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0121-4705200500010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. &quot;Colombia no sabe cuanta tierra tienen los narcos&quot;, &quot;La compra de tierras por narcotraficantes&quot; y &quot;Paramilitares: otro &aacute;ngulo del narcotr&aacute;fico&quot;, en <i>Panorama Observatorio del narcotr&aacute;fico </i> , N&deg;s 1,2, y 3 , respectivamente, enero/abril, mayo/agosto y septiembre/diciembre de 1994, IEPRI, Bogot&aacute;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0121-4705200500010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. &quot;Conflicto y territorio en Colombia <i>&quot;, </i>en <i>Colonizaci&oacute;n del bosque h&uacute;medo tropical </i>, Varios Autores, Bogot&aacute;, Corporaci&oacute;n Araracuara, 1989, p.55. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0121-4705200500010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Mar&iacute;a Victoria Uribe, <i> Limpiar la tierra-Guerra y poder entre esmaralderos </i>, Ed. CINEP. Bogot&aacute;, 1992. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0121-4705200500010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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