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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De Nuremberg a la Haya: Los Crímenes de derechos humanos ante la justicia Problemas, avances y perspectivas a los 60 años del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[From Nuremberg her Have: The Crimes of straight humans before the justice. Problems, advances and perspectives at 60 years of the Military International Tribunal from Nuremberg]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This essay was written as an introduction to Von Nürnberg nach Haag, a book that assembled the contributions to the international conference organized in the city of Nuremberg to commemorate the 50th anniversary of the Nuremberg Trial. The consequences of the historical events that followed the Second World War can no longer be limited to a reflection on the war, on the defeat of fascism, and on the projects conceived for a new world order after the war. More and more they should discuss the postwar world: the ruptures and continuities that resulted, the lessons learned and not learned, in the context of persistent change. It must not be forgotten that the memory of those years that set such a decisive landmark in the Twentieth Century, has now become history.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Tribunal de Nuremberg]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[   <font face="Verdana"size="2">      <p align=right> <b>Coyuntura</b></p>        <p>&nbsp;</p>        <p>    <center><b><font size="4">De Nuremberg a la Haya: Los Cr&iacute;menes de derechos humanos ante la justicia    <br>       Problemas, avances y perspectivas a los 60 a&ntilde;os del     <br>   Tribunal Militar Internacional de  Nuremberg</font></b></center></p>      <p><b>    <center><font size="3"> From Nuremberg her Have: The Crimes of straight humans before the justice.     <br>Problems, advances and perspectives at 60 years of the Military International Tribunal from Nuremberg </font></center></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>      <p><b>Rainer Huhle </b></p>      <p>Centro de Derechos Humanos de Nuremberg</p>      <p align="right"><font size="2"><i>Quienes buscan leyes de impunidad, van a ser tan responsables     <br>   como los que apretaron el gatillo en el pasado. </i>    <br> _Sola Sierra, ex-Presidenta de la Agrupaci&oacute;n de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Chile </font></p>  <hr size="1">      <p><b>Resumen</b></p>      <p>Este ensayo fue escrito a manera de introducci&oacute;n para el libro Von Nürnberg nach Den Haag, que   reun&iacute;a los aportes a la conferencia internacional del mismo nombre, que se organiz&oacute; en la ciudad   de Nuremberg con ocasi&oacute;n del 50 aniversario del Tribunal de Nuremberg. La memoria de los sucesos   hist&oacute;ricos fundacionales para el mundo de postguerra despu&eacute;s de 1945 ya no puede limitarse a   la reflexi&oacute;n sobre la guerra, el fascismo y su derrota, y los proyectos concebidos para un nuevo orden   mundial en consecuencia de esos hechos. Debe incluir cada vez m&aacute;s una visi&oacute;n de la &eacute;poca de   la postguerra misma: las rupturas y continuidades que se han dado, las lecciones aprendidas y no   aprendidas, en un contexto en persistente cambio. No es de olvidar que la memoria misma de esos   a&ntilde;os que marcaron un hito tan decisivo en la historia del siglo xx, se ha hecho tambi&eacute;n historia.   Las maneras de hacer memoria son no s&oacute;lo diversas y controvertidas, son tambi&eacute;n hechos hist&oacute;ricos   de valor propio, muy dicientes de las vivencias de una &eacute;poca. </p>      <p><b>Palabras clave:</b> Tribunal de Nuremberg, Derecho Internacional Humanitario, derechos humanos,cr&iacute;menes.</p>  <hr size="1">      <p><b>Summary</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>This essay was written as an introduction to Von Nürnberg nach Haag, a book that assembled the     contributions to the international conference organized in the city of Nuremberg to commemorate     the 50th anniversary of the Nuremberg Trial. The consequences of the historical events that     followed the Second World War can no longer be limited to a reflection on the war, on the defeat     of fascism, and on the projects conceived for a new world order after the war. More and more they     should discuss the postwar world: the ruptures and continuities that resulted, the lessons learned     and not learned, in the context of persistent change. It must not be forgotten that the memory of     those years that set such a decisive landmark in the Twentieth Century, has now become history.</p>      <p><b>Keywords</b>: Nuremberg Trial, International Human Rights, Crimes. </p>  <hr size="1">      <p>Este ensayo fue escrito a manera de introducci&oacute;n para el libro Von <i>N&uuml;rnberg nach Den Haag, </i> que reun&iacute;a los aportes a la conferencia internacional del mismo nombre, que organizamos en la ciudad de Nuremberg en ocasi&oacute;n del 50 centenario del &quot;Tribunal de Nuremberg&quot;<sup>1</sup>. La memoria de los sucesos hist&oacute;ricos fundacionales para el mundo de Pos-guerra despu&eacute;s de 1945 ya no puede limitarse a la reflexi&oacute;n sobre la guerra, el fascismo y su derrota, y los proyectos concebidos para un nuevo orden mundial en consecuencia de esos hechos. Debe incluir cada vez m&aacute;s una visi&oacute;n de la &eacute;poca de la Pos-guerra misma: las rupturas y continuidades que se han dado, las lecciones aprendidas y no aprendidas, en un contexto en persistente cambio. No es de olvidar que la memoria misma de esos a&ntilde;os que marcaron un hito tan decisivo en la historia del siglo XX, se ha hecho tambi&eacute;n historia. Las maneras de hacer memoria son no s&oacute;lo diversas y controvertidas, son tambi&eacute;n hechos hist&oacute;ricos de valor propio, muy dicientes de las vivencias de una &eacute;poca. </p>      <p>En ese sentido hemos preferido para el presente art&iacute;culo, en acuerdo con los editores de la revista, dejar intacto la mayor parte del ensayo de 1995, que fue un documento que reflej&oacute; un momento hist&oacute;rico preciso, con las dos cortes penales <i>ad-hoc </i> de la ex-Yugoslavia y de Ruanda, reci&eacute;n establecidas, y una corte penal permanente apenas visible en el horizonte; adem&aacute;s, intercalamos algunos comentarios actuales sobre los desarrollo f&aacute;cticos acerca de la lucha contra la impunidad de cr&iacute;menes de lesa humanidad, y tambi&eacute;n se incluyen apreciaciones en la materia realizadas hace diez a&ntilde;os por un grupo selecto de expertos. </p>      <p>&quot;De Nuremberg a La Haya &quot; se refiri&oacute;, en 1995, por supuesto no a la Corte Penal Internacional sino al Tribunal Criminal Internacional, para juzgar los cr&iacute;menes cometidos en el contexto de las guerras en la ex-Yugoslavia (ICTY). El profesor de derecho internacional, Christian Tomuschat, miembro durante muchos a&ntilde;os de la Comisi&oacute;n de Derecho Internacional de las Naciones Unidas, y por lo tanto participante en la eterna labor de ese organismo para redactar un c&oacute;digo de derecho penal internacional, present&oacute; la ponencia de apertura del congreso en la hist&oacute;rica sala 600 del Palacio de Justicia de Nuremberg donde se hab&iacute;an desarrollado las sesiones del Tribunal Militar Internacional (TMI). Tomuschat expuso sus reflexiones acerca de la larga y, en muchos aspectos, decepcionante historia del derecho penal internacional despu&eacute;s de los primeros pasos fuertes dados en Nuremberg en una t&oacute;nica bastante esc&eacute;ptica. Recalc&oacute; que desde Nuremberg &quot;normalmente ning&uacute;n estado que no participa de manera directa en un conflicto se hace cargo de tomar medidas judiciales [contra los responsables de cr&iacute;menes cometidos en el conflicto]&quot;. Se&ntilde;al&oacute; los altos gastos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos que significa para la ONU &quot;inmiscuirse en los problemas del pasado&quot; de un pa&iacute;s e ilustr&oacute; con ejemplos las dificultades administrativas, log&iacute;sticas y financieras del ICTY que en ese momento no hab&iacute;a proferido ninguna sentencia. Subray&oacute; que el &eacute;xito del TMI de Nuremberg estaba garantizado ante todo por el poder militar que le permiti&oacute; ejercer la autoridad necesaria, la cual no tendr&iacute;a una corte internacional independiente. Termin&oacute; advirtiendo que el derecho penal puede ser solamente un elemento en la soluci&oacute;n del problema de los cr&iacute;menes de lesa humanidad y que las medidas pol&iacute;ticas ser&iacute;an tal vez m&aacute;s importantes. En el debate insinu&oacute; que no ve&iacute;a la posibilidad de que se concretara pronto una corte penal permanente y universal para esos cr&iacute;menes. </p>      <p>Tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en la ciudad de Roma se lleg&oacute;, con muchas dificultades y algunas concesiones lamentables, pero al final con un consenso amplio y una idea de independencia de la corte intacta, al famoso Estatuto de Roma. Quien lee la historia de las negociaciones entre las delegaciones reunidas en Roma<sup>2</sup>, se da cuenta que el escepticismo de Tomuschat estaba enteramente fundado. Hab&iacute;a muchos momentos en que la causa estaba a punto de morir, pero finalmente se impuso la voluntad de una mayor&iacute;a de estados de realizar, medio siglo despu&eacute;s del Tribunal de Nuremberg, esa promesa dada al mundo en 1945 y 1946 de que los criterios que reg&iacute;an ese Tribunal impuesto por cuatro potencias ser&iacute;an las de una justicia universal en el futuro. </p>      <p>Pero veamos primero c&oacute;mo naci&oacute; ese conjunto de normas que formaron el estatuto del Tribunal de Nuremberg y que despu&eacute;s iban a formar los &quot;Principios de Nuremberg&quot; aprobados por las Naciones Unidas. </p>      <p><b>I. Del crimen de guerra al crimen de lesa humanidad, o el parto dif&iacute;cil del derecho internacional de derechos humanos </b></p>      <p>Cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s del Tribunal Militar Internacional contra los principales criminales nazis en Nuremberg, en todo el mundo se habla nuevamente de ese proceso hist&oacute;rico. Sin embargo, &iquest;en qu&eacute; exactamente queda el significado hist&oacute;rico de este gigantesco proceso que los libros de historia reflejaron como &quot;El proceso de Nuremberg&quot;? </p>      <p>Las respuestas a esta pregunta depender&aacute;n en buena parte del aspecto del proceso en que uno pone el &eacute;nfasis. Tenemos que distinguir por lo menos tres aspectos, que adem&aacute;s se pueden correlacionar con tres distintas etapas del proceso: </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>1. El Por qu&eacute; del proceso, su raz&oacute;n de ser y su legitimidad. </i></p>      <p>En forma escrita, estos aspectos quedaron establecidos en dos documentos b&aacute;sicos: el Acuerdo de Londres (agosto 1945) y el Estatuto del Tribunal, aprobado en la misma Conferencia de Londres. Documentan la fase preparatoria del Tribunal. </p>      <p><i>2. El C&oacute;mo. </i></p>      <p>El desarrollo del proceso mismo, incluyendo sus normas procesales y toda la argumentaci&oacute;n pol&iacute;tico-jur&iacute;dica, que comenz&oacute; el 20 de noviembre de 1945, y termin&oacute; el 1 de octubre de 1946 con la sentencia. </p>      <p><i>3. La finalidad concreta del proceso. </i></p>      <p>La sentencia condenatoria contra 24 de los m&aacute;s altos representantes del r&eacute;gimen nazi, que puso un t&eacute;rmino simb&oacute;lico a ese nefasto r&eacute;gimen y, en el caso de las 12 sentencias a muerte, tambi&eacute;n un t&eacute;rmino real a la vida de aquellos representantes. </p>      <p>En la percepci&oacute;n p&uacute;blica, parece que el significado hist&oacute;rico del proceso de Nuremberg est&aacute; relacionado, m&aacute;s que todo, con el &uacute;ltimo de estos puntos: el cierre definitivo - real y simb&oacute;lico - de una etapa hist&oacute;rica. En esta perspectiva, el juicio era, para los nazis, la continuaci&oacute;n de la derrota militar en el escenario de la justicia. </p>      <p>Para nosotros hoy en d&iacute;a, sin embargo, este aspecto es el menos interesante. Como factor hist&oacute;rico, el nazismo ya estaba eliminado antes del juicio. El significado del proceso de Nuremberg para nosotros no queda tanto en su funci&oacute;n de cierre de una &eacute;poca, sino en la apertura de una nueva &eacute;poca, una &eacute;poca de un nuevo derecho humanitario internacional, una nueva vigencia de los principios universales de los derechos humanos. Es casi un lugar com&uacute;n hablar de &quot;Nuremberg&quot; en este sentido, pero muchas veces esto se hace sin conocer lo que realmente se hizo y se debati&oacute; en Nuremberg. </p>      <p>Si el Tribunal de Nuremberg realmente abri&oacute; camino para una nueva etapa del derecho internacional, para un derecho internacional humanitario, es una pregunta con muchos interrogantes y de ninguna manera f&aacute;cil de contestar. El hecho de que durante casi 50 a&ntilde;os el Tribunal no haya tenido una continuaci&oacute;n institucional, deber&iacute;a llamar la atenci&oacute;n y ser motivo de dudas. </p>      <p>En qu&eacute; medida el Tribunal de Nuremberg, ese evento singular, realmente pudo crear precedentes para el desarrollo del derecho, depend&iacute;a no s&oacute;lo de la historia pol&iacute;tica del mundo despu&eacute;s de la guerra, sino tambi&eacute;n de sus propias bases jur&iacute;dicas: </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>- De las normas sobre las que se constituy&oacute; el Tribunal.</p>      <p>- De la definici&oacute;n de los cr&iacute;menes que declaraba dentro de su jurisdicci&oacute;n. </p>      <p>Ambos elementos quedaron fuertemente impregnados por la situaci&oacute;n espec&iacute;fica que exist&iacute;a en el momento de la victoria sobre el sistema nazi. Es evidente este condicionamiento hist&oacute;rico en el caso de la constituci&oacute;n del Tribunal que qued&oacute; restringido a los representantes de los cuatro poderes principales de la alianza pol&iacute;tico-militar que hab&iacute;a ganado la guerra. Obviamente, esto no pudo trazar el camino para un orden institucional de la justicia en el mundo posguerra. Anotemos que esta deficiencia fue criticada ya en la &eacute;poca. Pero las propuestas de crear el TMI de Nuremberg como un Tribunal internacional de la naciente ONU, que datan incluso de 1943, resultaban prematuras. </p>      <p>Mucho m&aacute;s satisfactorias parecen las reglas procesales aplicadas en Nuremberg. No tienen, sin embargo, tanta relevancia en el contexto de este an&aacute;lisis. Lo que interesa m&aacute;s, desde la perspectiva del futuro de entonces, es la cuesti&oacute;n de la jurisdicci&oacute;n material del Tribunal Militar Internacional. &iquest;Cu&aacute;les eran los delitos que el Tribunal consideraba dentro de su competencia para juzgar? La respuesta se encuentra en el Estatuto ya referido, particularmente en los famosos tres incisos a), b) y c) del art&iacute;culo 6 de ese hist&oacute;rico documento. En ellos se hace referencia a las tres siguientes categor&iacute;as de cr&iacute;menes de derecho internacional: </p>      <p>a) Cr&iacute;menes contra la paz (en la terminolog&iacute;a cl&aacute;sica: violaciones al <i>ius ad bellum </i>). Los jueces ten&iacute;an que pronunciarse sobre si los acusados hab&iacute;an llevado a cabo una guerra prohibida por el derecho internacional. Esta cuesti&oacute;n de la &quot;guerra de agresi&oacute;n&quot; ni en Nuremberg ni en el medio siglo posterior ha sido solucionada a satisfacci&oacute;n de los juristas y pol&iacute;ticos. </p>      <p>b) Cr&iacute;menes de guerra (en la terminolog&iacute;a cl&aacute;sica: violaciones al <i>ius in bello </i>), es decir las faltas contra las reglas de conducta de la guerra, reglas ya bastante exactamente elaboradas en la &eacute;poca. </p>      <p>c) Cr&iacute;menes contra la humanidad. Desde una perspectiva ex-post, de hoy, la definici&oacute;n que dio el estatuto de estos cr&iacute;menes contra la humanidad parece sencilla y razonable; se entend&iacute;a por ellos: &quot;asesinato, exterminio, esclavizaci&oacute;n, deportaci&oacute;n u otras acciones inhumanas, cometidas contra una poblaci&oacute;n civil antes de, o durante la guerra, y la persecuci&oacute;n por motivos pol&iacute;ticos, raciales o religiosos&quot;. En otras palabras, se describieron aqu&iacute; - con la ausencia ostensible de la tortura - aquellos cr&iacute;menes que actualmente solemos llamar los &quot;cr&iacute;menes de lesa humanidad&quot; o las graves violaciones de derechos humanos, y que en los 50 a&ntilde;os desde el proceso de Nuremberg han sido definidos y prescritos en numerosos tratados y convenciones internacionales. </p>      <p>En los tiempos del proceso de Nuremberg, sin embargo, las cosas no eran tan sencillas. En primer lugar, hay que destacar que el t&eacute;rmino &quot;Derechos humanos&quot; no se usa en el Estatuto, y una revisi&oacute;n de los dem&aacute;s documentos del proceso (llenan veinte tomos gruesos en letra min&uacute;scula) tampoco arrojar&aacute; ese t&eacute;rmino tan importante para nosotros. Eso es as&iacute;, no obstante la presencia en el Tribunal de juristas provenientes de tres de los pa&iacute;ses que m&aacute;s m&eacute;ritos tienen en la historia del concepto de los derechos humanos: Inglaterra, Estados Unidos y Francia. </p>      <p>La ausencia del t&eacute;rmino &quot;derechos humanos&quot; en Nuremberg nos indica que este concepto, en la &eacute;poca, no hab&iacute;a ingresado todav&iacute;a en el &aacute;mbito del derecho internacional ni del derecho penal. Era exclusivo, todav&iacute;a, del reino de la filosof&iacute;a del derecho o a lo mejor del derecho constitucional. </p>      <p>Pero tambi&eacute;n con el t&eacute;rmino empleado, los &quot;cr&iacute;menes contra la humanidad&quot; hubo muchas dificultades, como lo demuestran, entre otras muchas cosas, las curiosas dificultades de traducci&oacute;n<sup>3, 4</sup><a href="#(1)">(1)</a>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Imagin&eacute;monos una acusaci&oacute;n en 1945 por &quot;violaciones de derechos humanos&quot;; habr&iacute;a sido sumamente problem&aacute;tica, t&eacute;cnicamente imposible. Simplemente no exist&iacute;a el derecho en que se pod&iacute;a fundamentar. Ante la singular atrocidad de los cr&iacute;menes nazis, los jueces quiz&aacute;s pudieron crear el derecho adecuado para condenar a los criminales nazis bajo el concepto de &quot;violaci&oacute;n de derechos humanos&quot;. Habr&iacute;an atentado, sin embargo, de manera aparatosa, contra el principio de la no retroactividad de las leyes, del <i>nullum crimen sine lege </i>. Se ha argumentado que esto tambi&eacute;n era el caso para los &quot;cr&iacute;menes contra la humanidad&quot;, y la lectura de los documentos de Nuremberg hace ver claramente que los mismos jueces y fiscales del Tribunal estaban muy conscientes del problema, y que buscaron desarrollar distintas estrategias para evitarlo. Hasta en el mismo art&iacute;culo del Estatuto que trata de los &quot;cr&iacute;menes contra la humanidad&quot;, se nota cierta inseguridad, cierta vacilaci&oacute;n ante lo novedoso del concepto, cuando, en una vuelta sorpresiva, el referido inciso c) concluye la enumeraci&oacute;n de los delitos que son &quot;cr&iacute;menes contra la humanidad&quot;, con la calificaci&oacute;n de que estos cr&iacute;menes ser&iacute;an &quot;cometidos en la ejecuci&oacute;n de un crimen o en conexi&oacute;n con un crimen que queda en la competencia del Tribunal, independientemente si el acto contraven&iacute;a el derecho del pa&iacute;s en que fue cometido&quot;. </p>      <p>Lo raro de esta condicionalidad es que justamente el art&iacute;culo 6 del estatuto es el que define las competencias, o la jurisdicci&oacute;n material del Tribunal. La referencia a la competencia del Tribunal en el inciso 6 c) resulta as&iacute; una autoreferencia. En t&eacute;rminos de la l&oacute;gica no tiene sentido. Su sentido se revela m&aacute;s bien como expresi&oacute;n, tal vez inconsciente, de la contradicci&oacute;n entre el deseo de los autores del estatuto de crear un nuevo sistema referencial para este tipo de cr&iacute;menes jam&aacute;s vividos en la historia de la humanidad, y su deseo de dar este paso sin abandonar el terreno seguro del derecho positivo. Y este terreno, el &uacute;nico que ten&iacute;a una base en el derecho positivo, era el derecho de guerra. </p>      <p>Es sumamente instructiva, en este contexto, la lectura de los debates en las sesiones del Tribunal, porque se puede notar c&oacute;mo los fiscales y jueces, los excelentes juristas que eran, buscaban &quot;agarrarse&quot; de este concepto, considerado salvador, siempre que se trataba de los puntos de referencia no para una condena moral sino jur&iacute;dicamente s&oacute;lida. No hay que olvidar tampoco que, pocos d&iacute;as antes de los Acuerdos de Londres, los jefes de gobierno de los aliados reunidos en Potsdam, hablaron de la necesidad de juzgar solamente a los &quot;principales criminales de guerra nazis&quot;, y que el nombre oficial del proceso de Nuremberg era &quot;Juicio contra los principales criminales de guerra ante el Tribunal Militar Internacional&quot;. Otro ejemplo muy revelador de la inseguridad conceptual existente en Nuremberg en cuanto a los &quot;cr&iacute;menes contra la humanidad&quot; lo ofrece el escrito de la acusaci&oacute;n, en el cual tambi&eacute;n se insiste en confundir cr&iacute;menes de guerra y cr&iacute;menes contra la humanidad. La misma sentencia resume todos los cr&iacute;menes contra la humanidad bajo el concepto de crimen de guerra. Si bien los jueces constatan que muchos de los cr&iacute;menes nazis, especialmente la persecuci&oacute;n de los jud&iacute;os y otras personas civiles, se hab&iacute;an cometido antes de la guerra, para la condena los tomaron en cuenta solamente en la medida en que se pudo establecer un nexo entre estos cr&iacute;menes y la preparaci&oacute;n o ejecuci&oacute;n de la guerra. Excluye <i>expressis verbis </i> la posibilidad de que se tratara de &quot;cr&iacute;menes contra la humanidad&quot; si no se daba este nexo<sup>5</sup>. </p>      <p>En esta perspectiva, el inciso c) del art&iacute;culo 6 del estatuto del Tribunal, y tambi&eacute;n el cap&iacute;tulo titulado &quot;cr&iacute;menes contra la humanidad&quot; en el alegato hubieran sido simplemente superfluos. Y de hecho, el Tribunal en su sentencia hizo esfuerzos casi acrob&aacute;ticos de subsumir todos los cr&iacute;menes nazis a la categor&iacute;a de los cr&iacute;menes de guerra. El ejemplo m&aacute;s apropiado para demostrar lo absurdo a que se lleg&oacute; para inflar la idea de los cr&iacute;menes de guerra, era la sentencia contra Julius Streicher, quien fue condenado a la pena de muerte. Streicher, un peque&ntilde;o profesor de un colegio de Nuremberg, se hizo grande con la subida de los nazis, convirti&eacute;ndose en uno de los propagandistas m&aacute;s repulsivos del r&eacute;gimen, con un antisemitismo vociferante que hasta caus&oacute; disgusto a algunos nazis. No particip&oacute;, sin embargo, en la guerra, ya que probablemente era indispensable en su ardua labor de propaganda antisemita. No se conoc&iacute;a muerte de alguna persona provocada por sus propias manos, mucho menos en un contexto de guerra. Su crimen era la permanente incitaci&oacute;n al exterminio de los jud&iacute;os, antes y durante la guerra, pero sin una relaci&oacute;n inmediata con las acciones de la guerra. La sentencia tuvo que basarse, en este caso ejemplar, en el crimen contra la humanidad. Se hizo as&iacute;, pero no sin agregar, en la &uacute;ltima frase, que Streicher tambi&eacute;n particip&oacute;, con su propaganda, en la preparaci&oacute;n de la guerra. </p>      <p>Es cierto entonces, lo que ya anot&oacute; el juez franc&eacute;s en el Tribunal, Donnedieu de Vabres, cuando observ&oacute; lo siguiente: &quot;el concepto de los cr&iacute;menes contra la humanidad, que el Estatuto hab&iacute;a dejado entrar por una puerta peque&ntilde;a, se diluy&oacute; a trav&eacute;s de la sentencia&quot;<sup>6</sup>. </p>      <p>Es cierto tambi&eacute;n, por otro lado, lo que m&aacute;s tarde observ&oacute; Hannah Arendt, que la idea de los &quot;cr&iacute;menes contra la humanidad&quot; poco entraba en la fundamentaci&oacute;n de la sentencia, pero s&iacute; tuvo peso en la extensi&oacute;n de la pena. Sin querer decirlo en su argumentaci&oacute;n jur&iacute;dica, los jueces expresaron, por la condena a muerte para Streicher, lo que realmente significaba esta permanente incitaci&oacute;n al genocidio: un crimen contra la humanidad. </p>      <p>Desde el punto de vista del resultado, la condena de los altos responsables nazis, es decir, la cuenta final con el r&eacute;gimen nazi a nivel simb&oacute;lico, despu&eacute;s de su derrota militar, todo este problema de los cr&iacute;menes de guerra o contra la humanidad es de poca importancia. Pero desde la perspectiva del desarrollo del derecho de derechos humanos es lo que realmente interesa en el Proceso de Nuremberg. Porque una condena basada exclusivamente en el derecho de guerra no habr&iacute;a sido un avance, en t&eacute;rminos de jurisdicci&oacute;n material, en relaci&oacute;n con el status anterior. </p>      <p>Para el derecho de guerra, por ejemplo, no interesaba lo que los nazis hac&iacute;an con los propios ciudadanos alemanes - y los jud&iacute;os en Alemania eran ciudadanos alemanes. De hecho, el futuro fiscal supremo por parte de Estados Unidos en Nuremberg, Robert Jackson, dec&iacute;a en los debates anteriores al Proceso: &quot;El trato que el gobierno alem&aacute;n da a sus propios ciudadanos, [...] no nos tiene que importar a nosotros m&aacute;s que lo que nuestros asuntos tocan a cualquier otro gobierno&quot;<sup>7</sup>. </p>      <p>Pero el mismo Jackson, en su discurso de apertura en Nuremberg dijo exactamente lo contrario: &quot;El trato que un gobierno da a su propio pueblo, normalmente no se considera como asunto que concierne a otros gobiernos o la comunidad internacional de los estados. El maltrato, sin embargo, de alemanes por alemanes durante el nazismo traspas&oacute;, como se sabe ahora, en cuanto al n&uacute;mero y a las modalidades de crueldad, todo lo que la civilizaci&oacute;n moderna puede tolerar. Los dem&aacute;s pueblos, si callaran, participar&iacute;an de estos cr&iacute;menes, porque el silencio ser&iacute;a consentimiento&quot;<sup>8</sup>. </p>      <p>S&oacute;lo distan pocos meses entre estas dos frases, pero en la historia de los derechos humanos los separa toda una &eacute;poca, en la cual naci&oacute; el derecho internacional de derechos humanos. Aqu&iacute;, y s&oacute;lo aqu&iacute; radica el avance que conlleva el proceso de Nuremberg. T&iacute;midamente, pero s&iacute; notablemente, se abri&oacute; paso a la idea de que hay derechos universales del hombre que ning&uacute;n gobierno puede pisotear libremente, sea en tiempos de guerra o de paz, sea en contra de sus propios ciudadanos o los de otra naci&oacute;n. Lo que se pudo observar en Nuremberg, era el penoso proceso del nacimiento de una nueva idea de derecho, a partir de los cascarones del derecho de guerra. Todav&iacute;a, hay que decirlo, asistimos a este proceso de nacimiento. Es tiempo de completarlo, puesto que las herramientas del derecho internacional de las cuales disponemos hoy, son mucho m&aacute;s eficaces que en los tiempos de Nuremberg. Porque los recelos con que los jueces de Nuremberg aplicaron la categor&iacute;a de los cr&iacute;menes contra la humanidad se nutr&iacute;an de motivos nobles, hay que repetirlo. No quisieron aplicar normas que para los acusados tal vez no eran reconocibles, no quisieron violar el principio del <i>nullum crimen sine lege </i>. Sus dudas y vacilaciones en la aplicaci&oacute;n del concepto revolucionario de los &quot;cr&iacute;menes contra la humanidad&quot; los honra. Estas ambig&uuml;edades defin&iacute;an el reto que el proceso de Nuremberg significaba para la posguerra: definir claramente los cr&iacute;menes contra la humanidad, ponerlas en relaci&oacute;n con el concepto de derechos humanos y crear las condiciones en el derecho penal para que los criminales de derechos humanos pudiesen ser juzgados sobre un fundamento jur&iacute;dico preciso.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>II. La responsabilidad penal internacional de cr&iacute;menes de derechos humanos. El problema de la impunidad </b></p>      <p>Este legado de Nuremberg se puede precisar en tres elementos. Se trataba de: </p>      <p>1. Definir los &quot;cr&iacute;menes contra la humanidad&quot; con independencia de situaciones de guerra.</p>      <p>2. Extender el principio de la responsabilidad individual, fundamental para el derecho penal, al &aacute;mbito de los &quot;cr&iacute;menes de lesa humanidad&quot;, incluyendo el principio de la obligaci&oacute;n de la persecuci&oacute;n penal.</p>      <p>3. Crear las instancias adecuadas para sancionar a nivel internacional, de manera independiente y legalmente v&aacute;lida, estos cr&iacute;menes, en caso que los sistemas nacionales fallaran con esta obligaci&oacute;n. L&oacute;gicamente, una jurisdicci&oacute;n penal internacional ser&iacute;a parte de estas previsiones, por lo menos como &uacute;ltima ratio. </p>      <p>Veamos c&oacute;mo la comunidad internacional asumi&oacute; estas tres tareas. </p>      <p>En el campo de la definici&oacute;n jur&iacute;dica los avances se dieron con rapidez. Ya en los procesos contra grupos de responsables nazis que las autoridades americanas llevaron a cabo en la misma ciudad de Nuremberg, una vez terminado el proceso principal, se precis&oacute; que hab&iacute;a &quot;principios generales de derecho&quot; que &quot;pertenec&iacute;an a los c&oacute;digos de todas las naciones civilizadas&quot;, aplicables tambi&eacute;n para los responsables nazis. Mediante su r esoluci&oacute;n 95 (I) del 11 de diciembre de 1946 la Asamblea General de las Naciones Unidas salud&oacute; la sentencia del Tribunal de Nuremberg y los principios inherentes en ella. La Comisi&oacute;n de Derecho Internacional los codific&oacute; el 29 de julio de 1950 como los &quot;Principios de Nuremberg&quot;, fundamentales hasta hoy en la lucha contra la impunidad. A estos primeros pasos se un&iacute;an varios instrumentos internacionales m&aacute;s, de manera que ya no cabe duda hoy que en teor&iacute;a los cr&iacute;menes de lesa humanidad son castigables. Los jueces de La Haya no tienen porqu&eacute; probar que una masacre contra una etnia diferente es parte de la guerra. El crimen del genocidio y otras atrocidades, incluso la tortura y la violaci&oacute;n sexual masiva con fines pol&iacute;ticos son punibles seg&uacute;n el derecho internacional. Pero no solamente punibles. El principio de legalidad del derecho penal a nivel nacional se tradujo tambi&eacute;n a nivel internacional en el principio de la persecuci&oacute;n obligatoria de estos cr&iacute;menes, el cual qued&oacute; expl&iacute;citamente establecido, ya desde la Convenci&oacute;n contra el Genocidio. La responsabilidad personal y la obligaci&oacute;n de perseguir (y castigar) son dos caras de la misma moneda. </p>      <p><b>III. Jurisdicci&oacute;n penal nacional e internacional </b></p>      <p>>Mucho menos claro es, lamentablemente, qui&eacute;nes son los portadores de esta obligaci&oacute;n. En principio, hay tres instancias posibles para cumplir con la obligaci&oacute;n de sancionar los cr&iacute;menes contra los derechos humanos. </p>      <p><b>1. La justicia de los estados nacionales </b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Obviamente, cada Estado es responsable por el respeto de los derechos humanos en su territorio, y, en caso de violaciones a estos derechos, del castigo a los culpables. Dado que las violaciones de derechos humanos, en el sentido estricto del concepto, son cometidos por los agentes del Estado mismo, la ineficacia del Estado nacional en la persecuci&oacute;n de estos cr&iacute;menes tiene car&aacute;cter sistem&aacute;tico. Los mismos estados violadores ser&iacute;an los responsables del castigo. Abundan muchos ejemplos de que esto no funciona. </p>      <p>  En un estado con una clara separaci&oacute;n de poderes, por otro lado, s&iacute; es posible - y tampoco faltan los ejemplos - que la justicia castigue, por ejemplo, agentes del Ejecutivo. Cuando se generalizan las violaciones de derechos humanos, sin embargo, normalmente el sistema judicial tampoco escapa a los mecanismos de presi&oacute;n que llevan a la impunidad. </p>      <p>  Y no siempre el sistema judicial resiste las presiones del Ejecutivo. En la Alemania de los a&ntilde;os anteriores a la toma de poder por los nazis, el sistema judicial estaba ya impregnado por la ideolog&iacute;a nazi, a tal punto que los jueces y fiscales se pod&iacute;an considerar un baluarte del nuevo Estado sin que este hubiera precisado de mucha presi&oacute;n. En las primeras semanas del nuevo r&eacute;gimen, en 1933, en la revista de la Asociaci&oacute;n Alemana de Jueces se public&oacute; un juramento macabro que rezaba: &quot;Juramos por el Dios eterno, juramos por el esp&iacute;ritu de nuestros muertos, juramos por todas las v&iacute;ctimas de una justicia antinacional, juramos por el alma del pueblo alem&aacute;n que seguiremos a nuestro F&uuml;hrer (l&iacute;der) en su camino como juristas alemanes, hasta el fin de nuestros d&iacute;as&quot; <sup>9</sup>. </p>      <p>  Sin duda, un sometimiento tan aparatoso del poder judicial a la ideolog&iacute;a del poder es la excepci&oacute;n. Pero incluso cuando los jueces mantienen m&aacute;s independencia, las circunstancias de un r&eacute;gimen dictatorial pocas veces permiten que el poder judicial act&uacute;e firmemente contra los abusos del poder. No es circunstancial el hecho de que la impunidad de los cr&iacute;menes de derechos humanos sea un fen&oacute;meno global, reconocido como s&iacute;ntoma y causa a la vez de la repetici&oacute;n de violaciones de derechos humanos. Igualmente son bien conocidos los mecanismos principales de esta situaci&oacute;n de impunidad: las amnist&iacute;as e indultos en el &aacute;rea legal, los fueros privativos en el &aacute;rea de la administraci&oacute;n de justicia, la corrupci&oacute;n, la falta de mecanismos de control administrativo y popular en lo que concierne a la sociedad. <sup>10 - 14</sup></p>      <p>En este contexto hay que valorar el principio de la &quot;complementaridad&quot; de la Corte Penal Internacional con las jurisdicciones penales nacionales destacado en el pre&aacute;mbulo y el art&iacute;culo 1 del Estatuto de la CPI. Este principio, a veces criticado por limitar las facultades de la CPI , al contrario es un incentivo para que los sistemas de justicia nacionales ajusten su jurisprudencia a los est&aacute;ndares internacionales. </p>      <p><b>2. La justicia de otros estados (derecho penal universal) </b></p>      <p>  Ante el incumplimiento de los estados nacionales en sancionar los cr&iacute;menes cometidos en el &aacute;mbito de su jurisdicci&oacute;n por sus propios agentes, existe la posibilidad de que otros estados asuman esta tarea. Conforme a los principios del &quot;derecho penal universal&quot;, cada Estado tiene jurisdicci&oacute;n en determinados casos, incluidos gran parte de los cr&iacute;menes de lesa humanidad. Algunos tratados internacionales proveen incluso una obligaci&oacute;n de los estados miembros de perseguir los actos que contravienen lo convenido en estos tratados. Los m&aacute;s conocidos son sin duda los casos de las convenciones de Ginebra y &uacute;ltimamente la Convenci&oacute;n contra la Tortura. La idea, muy antigua, subyacente a este principio de justicia universal es la figura del <i>hostis humani generis </i>, del enemigo com&uacute;n de la humanidad que, por lo tanto, permit&iacute;a e incluso obligaba a todos los estados a perseguirlo, como en el caso de la pirater&iacute;a. Sin em bargo, hasta los a&ntilde;os noventa del siglo XX, este principio casi no se aplicaba en materias propias de la defensa de los derechos humanos. La excepci&oacute;n fue la justicia de Estados Unidos, bas&aacute;ndose en el &quot;Alien Tort Act&quot; norteamericano de 1789, pero all&iacute; tambi&eacute;n los casos que la literatura conoce son muy contados. Hay que destacar, pese a lo dicho, la vigencia, desde 1992, del &quot;Torture Victim Protection Act&quot; en Estados Unidos, que permite a las v&iacute;ctimas de tortura interponer queja contra un torturador de cualquier nacionalidad que se encuentre en el territorio de Estados Unidos<sup>15 - 20</sup><a href="#(2)">(2)</a>. </p>      <p>En 1995, resum&iacute; las posibilidades de la &quot;justicia universal&quot; en los siguientes t&eacute;rminos, que a la luz de los diez a&ntilde;os pasados desde entonces ilustran bien los asombrosos cambios que se han dado en la materia, para bien y para mal:</p>      <p> <i>&quot;Estados Unidos, por otra parte, es tambi&eacute;n el ejemplo para graficar el peligro de abuso de este instrumento, cuando una naci&oacute;n poderosa se toma el derecho de decidir ella misma su jurisdicci&oacute;n sobre ciudadanos de otros pa&iacute;ses que supuestamente violan las leyes de Estados Unidos. Si bien el derecho penal universal tiene ra&iacute;ces antiguas en la historia del derecho, en la pr&aacute;ctica de la protecci&oacute;n de los derechos humanos hasta ahora no se ha demostrado su eficiencia. No es de descartar, sin embargo, la posibilidad de que la relevancia de este principio crezca en el contexto de la tercera de las tres instancias aqu&iacute; consideradas, las cortes penales internacionales.&quot; </i></p>      <p>El peligro del abuso de la jurisdicci&oacute;n &quot;universal&quot; de un pa&iacute;s potente obviamente ha aumentado de manera inesperada. La captura de &quot;enemigos&quot; en todo el mundo por medios ilegales o por lo menos muy cuestionables, su traslado al territorio de Guant&aacute;namo y confinamiento permanente sin ninguna garant&iacute;a judicial son trasgresiones de normas b&aacute;sicas de derecho internacional inimaginables en 1995. Por otro lado, 1995 fue tambi&eacute;n el a&ntilde;o en que se conocieron las terribles confesiones del ex-capit&aacute;n de corbeta de la armada argentina Francisco Scilingo<sup>21</sup>que, contrario a sus expectativas, dieron inicio a un proceso contra &eacute;l en Espa&ntilde;a, a su detenci&oacute;n y finalmente su condena en ese pa&iacute;s, en 2005, con base en la jurisdicci&oacute;n universal espa&ntilde;ola. En los siguientes a&ntilde;os se iniciaron solamente en Espa&ntilde;a m&aacute;s de cien procesos por cr&iacute;menes cometidos por ciudadanos extranjeros, en el extranjero, y contra extranjeros, siendo el m&aacute;s famoso el juicio contra Pinochet. &Eacute;ste, si bien no se logr&oacute; llevar al ex-dictador ante un tribunal espa&ntilde;ol, radic&oacute; como ning&uacute;n otro la jurisdicci&oacute;n universal como mecanismo leg&iacute;timo y legal, e indirectamente llev&oacute; a la justicia chilena a cambiar de rumbo en la definici&oacute;n de la situaci&oacute;n legal de Pinochet y otros responsables de cr&iacute;menes de lesa humanidad. B&eacute;lgica fue otro pa&iacute;s que avanz&oacute; mucho en la aplicaci&oacute;n del principio de la jurisdicci&oacute;n universal, inici&aacute;ndose juicios contra violadores de dictaduras africanas, entre otros. Pero B&eacute;lgica fue tambi&eacute;n el pa&iacute;s donde la jurisdicci&oacute;n universal lleg&oacute; a ser frenada bruscamente por tocar los l&iacute;mites de la carga pol&iacute;tica de estos procesos que ya no parecieron soportables a los legisladores del pa&iacute;s (caso Scharon y otros) <sup>22</sup>. En Alemania donde en el contexto de la adopci&oacute;n del sistema legal al Estatuto de Roma se promulg&oacute;, en 2002, un &quot;c&oacute;digo penal de derecho internacional&quot; (&quot;V&ouml;lkerstrafgesetzbuch&quot;), hasta la fecha ning&uacute;n juicio lleg&oacute; a pasar la etapa de preliminares. Una denuncia penal contra Donald Rumsfeld por responsabilidades que no son consideradas por la justicia estadounidense, no fue admitida por la fiscal&iacute;a alemana. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las experiencias con la jurisdicci&oacute;n penal universal se han multiplicado desde 1995 de manera sorprendente, desmintiendo el escepticismo formulado hace diez a&ntilde;os con base en las experiencias anteriores. Los problemas y ambig&uuml;edades del instrumento tambi&eacute;n se han visto con mayor claridad, pero el principio como tal se ha afirmado y ha producido sin duda efectos sanos. Quedar&iacute;a pendiente dise&ntilde;ar un marco normativo coherente para el desarrollo de esas jurisdicciones universales a nivel nacional. Lo interesante en este auge de la aplicaci&oacute;n de principios de derecho internacional por cortes nacionales es que se dio paralelamente al desarrollo de otra jurisdicci&oacute;n con la misma finalidad, la de las cortes penales internacionales. Las que podr&iacute;an parecer, a primera vista, tendencias opuestas o competidoras, en realidad se han mostrado complementarias y mutuamente alentadoras. </p>      <p><b>3. Las Cortes Penales Internacionales. </b></p>      <p>  Como muchas veces se ha dicho, en todos los a&ntilde;os que pasaron entre el final del proceso de Nuremberg (1 de octubre de 1946) y el comienzo de los trabajos de la Corte Penal Internacional para los cr&iacute;menes cometidos en la Ex-Yugoslavia , en 1993, no hubo ni un ejemplo m&aacute;s de una Corte Penal Internacional para criminales de derechos humanos que hubiera cumplido con la promesa de Nuremberg de una nueva era en el derecho penal internacional. Incluso los dem&aacute;s criminales nazis que no salieron impunes fueron condenados por cortes nacionales de distintos estados, o, en el caso alem&aacute;n, durante los primeros a&ntilde;os de gobierno militar, por cortes de los Aliados. La idea de que en Nuremberg se hab&iacute;a dado luz a una Corte Penal Internacional que corresponder&iacute;a al car&aacute;cter, reconocido tambi&eacute;n como internacional, del crimen contra la humanidad, empez&oacute; poco a poco a desvanecerse. </p>      <p><b>El proceso contra Adolfo Eichmann, 1961 </b></p>      <p>  El ejemplo m&aacute;s dram&aacute;tico que permite hacer visible este cambio de actitud fue el proceso que era, sin la menor duda, entre todos los procesos contra criminales nazis en el mundo, el m&aacute;s resonado y m&aacute;s importante: el juicio que se abri&oacute; el 11 de abril de 1961, quince a&ntilde;os despu&eacute;s de Nuremberg, en Jerusal&eacute;n contra Adolfo Eichmann, uno de los organizadores m&aacute;s destacados del exterminio de los jud&iacute;os europeos. Lo notable de este proceso, por cierto, no es lo que internacionalmente ha despertado m&aacute;s inter&eacute;s, el secuestro de Eichmann en Argentina para ser procesado en Israel. Ante la magnitud del crimen en cuesti&oacute;n y la falta de justicia en el lugar donde se hab&iacute;a instalado, la cuesti&oacute;n de la legalidad de este procedimiento es de poca relevancia. Pero el proceso de Jerusal&eacute;n puso al descubierto con suma claridad el estado todav&iacute;a insatisfactorio del tratamiento judicial de estos cr&iacute;menes en el mundo. </p>      <p>La lectura del escrito de acusaci&oacute;n contra Eichmann da la impresi&oacute;n de que en realidad se llevaron dos procesos paralelos contra la misma persona. Casi todos los actos criminales que se le incriminan, aparecen dos veces: primero como &quot;cr&iacute;menes contra el pueblo jud&iacute;o&quot;, y en seguida como &quot;cr&iacute;menes contra la humanidad&quot;. &iquest;Qu&eacute; quer&iacute;an demostrar los fiscales israel&iacute;es con esta duplicaci&oacute;n de la acusaci&oacute;n? Consideraban como la garant&iacute;a de su jurisdicci&oacute;n territorial los cr&iacute;menes de Eichmann contra los jud&iacute;os como tales, como miembros de un pueblo espec&iacute;fico que despu&eacute;s se hab&iacute;a constituido en pueblo con un Estado y territorio propios y que por lo tanto ejerc&iacute;a con pleno derecho la jurisdicci&oacute;n sobre Eichmann. Por otro lado no pudieron dejar de lado el aspecto general del crimen, su calidad de genocidio porque el exterminio de los jud&iacute;os fue llevado a cabo por motivos de discriminaci&oacute;n racial, nacional, religiosa y pol&iacute;tica. La corte nacional de Israel, no obstante, no quiso, por varios motivos, basar la sentencia exclusivamente en la calificaci&oacute;n de los cr&iacute;menes de Eichmann como cr&iacute;menes contra la humanidad. </p>      <p>  Si bien esto se explica dentro del proceso hist&oacute;rico del Estado de Israel, la insuficiencia de este procedimiento desde el punto de vista de los derechos humanos universales fue destacada ya en su momento por varios observadores del proceso. El entonces presidente del Consejo Mundial de Jud&iacute;os, Nahum Goldmann, por ejemplo, pidi&oacute; al gobierno de Israel instalar una corte internacional, compuesta por jueces de varios pa&iacute;ses, para el juicio de Eichmann. En el mismo sentido se pronunci&oacute; el fil&oacute;sofo alem&aacute;n Karl Jaspers cuando declar&oacute;: &quot;El crimen cometido contra los jud&iacute;os es a la vez un crimen contra la humanidad. La sentencia en este caso s&oacute;lo la puede dictaminar una instancia que represente a la humanidad entera&quot;<sup>23</sup>. </p>      <p>  Con esto, Jaspers de ninguna manera intent&oacute; cuestionar la competencia de la Corte de Jerusal&eacute;n. Lo que ve&iacute;a era, por contrario, la p&eacute;rdida de una oportunidad &uacute;nica de hacer ver a toda la humanidad el car&aacute;cter singular de los cr&iacute;menes nazis que amenazaban no s&oacute;lo uno o varios pueblos sino que, por su intenci&oacute;n desenmascarada de exterminio de una parte de la humanidad, abri&oacute; la posibilidad del exterminio de la humanidad como tal. </p>      <p>  Jaspers propuso que Israel tuviera pendiente la sentencia en el caso Eichmann hasta que el mundo, por una instancia adecuada, asumiera su obligaci&oacute;n de procesar a este perpetrador ejemplar de cr&iacute;menes contra la humanidad. Hannah Arendt precis&oacute; el punto de vista de Jaspers con su comentario de que el verdadero horror del crimen de Eichmann y de los dem&aacute;s criminales nazis no era la mera cantidad de muertos que hab&iacute;an producido. Pidi&oacute; el juicio de ellos por la humanidad entera porque hab&iacute;an atentado contra las normas b&aacute;sicas de la convivencia humana <sup>24</sup>. </p>      <p>  Creo que aqu&iacute; estamos llegando a la esencia de lo que significa la idea de los derechos humanos y de su protecci&oacute;n: como bien dice la expresi&oacute;n castellana - que no existe en otros idiomas de la misma manera - se trata de cr&iacute;menes &quot;de lesa humanidad&quot;. Si no se les sanciona, est&aacute; en riesgo la vida humana como tal. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En ese sentido podr&iacute;amos denominar al proceso contra Eichmann, siguiendo a Jaspers y Arendt, como un tribunal internacional fallido. En el proceso hist&oacute;rico contra Eichmann en Jerusal&eacute;n la utop&iacute;a de una Corte Internacional, mejor dicho, de una corte de la humanidad, apareci&oacute; en la que ser&iacute;a la &uacute;ltima vez en mucho tiempo. Las condiciones espec&iacute;ficas de la situaci&oacute;n en Israel, y las circunstancias generales de la Guerra Fr&iacute;a no permitieron que se dieran pasos en direcci&oacute;n de esta utop&iacute;a de la &eacute;poca, a pesar de que la misma visi&oacute;n estaba prevista concretamente en varios tratados internacionales, tal como en la Convenci&oacute;n contra el Genocidio. No obstante, parece que la idea de una Corte Internacional para sancionar los cr&iacute;menes de lesa humanidad nunca desapareci&oacute; por completo de la conciencia humana. No se explicar&iacute;a, si fuera as&iacute;, que durante las terribles masacres en la Ex-Yugoslavia , fuera posible, en un lapso tan breve, instalar una Corte Internacional por parte de la ONU , para juzgar los cr&iacute;menes cometidos en el territorio de lo que era Yugoslavia. En todos los a&ntilde;os anteriores, la labor paciente en comisiones y subcomisiones, las firmas de convenios y tratados, los viajes de visitadores y delegaciones para salvaguardar los derechos humanos hab&iacute;an mostrado que la protecci&oacute;n de los derechos humanos, en &uacute;ltima instancia requer&iacute;a, como la protecci&oacute;n de todos los dem&aacute;s derechos, de una instancia de justicia. No se puede elaborar un sistema internacional de protecci&oacute;n de derechos humanos a trav&eacute;s de tratados y convenios cada vez m&aacute;s expl&iacute;citos y dejar todo el edificio sin el techo de la instancia judicial. </p>      <p><b> Corte Penal Internacional para exYugoslavia (ICTY) y Corte Penal Internacional para Ruanda (ICTR) </b></p>      <p>  En esta perspectiva, la creaci&oacute;n de la Corte Penal Internacional para la ex-Yugoslavia (ICTY), y poco despu&eacute;s de una corte similar para Ruanda, parece un paso inevitable, un paso importante, si bien todav&iacute;a imperfecto. Antes de todo, el paso se hizo por la puerta falsa: la creaci&oacute;n de las cortes por medio de una resoluci&oacute;n del Consejo de Seguridad en vez de hacerlo por un tratado internacional era tan ins&oacute;lito como el marco legal de las cortes dentro del cap&iacute;tulo VII de la Carta de Naciones Unidas que trata no de justicia sino de las medidas para mantener la paz. Sorprende que la gran mayor&iacute;a de expertos en derecho internacional aceptara estos procedimientos, quiz&aacute;s porque no hab&iacute;a una alternativa pr&aacute;ctica, y seguramente porque el Estatuto de la Corte le garantiza la plena independencia, tambi&eacute;n en relaci&oacute;n a su organismo creador, el Consejo de Seguridad. </p>      <p>  A pesar de todo esto, durante mucho tiempo prevalec&iacute;a en la opini&oacute;n p&uacute;blica mundial un escepticismo grande frente a estas cortes &quot; <i>ad-hoc </i>&quot;. El espacio de maniobra de estas cortes sin polic&iacute;a judicial parec&iacute;a muy reducido. Su relaci&oacute;n con el Consejo de Seguridad segu&iacute;a siendo motivo de sospecha de que aqu&iacute; solamente se hab&iacute;a creado otro instrumento m&aacute;s de las grandes potencias que dominan el Consejo de Seguridad, para garantizar sus intereses pol&iacute;ticos en los conflictos de los Balcanes y en &Aacute;frica. Las sospechas se nutr&iacute;an a&uacute;n m&aacute;s con la actitud ambigua de las Naciones Unidas y de la OTAN en Yugoslavia, cuando sus tropas se negaban a cumplir con su rol policial a favor de las &oacute;rdenes de la Corte Penal Internacional. &iquest;Ser&iacute;a la Corte s&oacute;lo un instrumento represivo m&aacute;s dentro del dise&ntilde;o sospechoso de un &quot;Nuevo orden mundial&quot; al servicio de los poderes hegem&oacute;nicos del Norte?<sup>25</sup><a href="#(3)">(3)</a>. </p>      <p>  Pasados los tres a&ntilde;os de existencia, en 1995, el balance del trabajo de la corte para la Ex-Yugoslavia superaba las expectativas m&aacute;s optimistas, gracias en buena parte a la labor firme y tenaz del primer procurador de la corte, Richard Goldstone. Goldstone, anteriormente juez de la Corte Suprema de Sud&aacute;frica, supo usar h&aacute;bilmente los poderes que le dio el Estatuto del ICTY<sup>26</sup><a href="#(4)">(4)</a>. Estos estatutos, que hacen referencia expresa a los principios de justicia formulados en Nuremberg, y a los dem&aacute;s instrumentos de derecho internacional creados en las d&eacute;cadas posteriores, resultaron un buen fundamento no s&oacute;lo para la labor de la corte &quot;ad-hoc&quot; sino tambi&eacute;n para una futura corte penal permanente. </p>      <p>  Bajo la conducci&oacute;n de Richard Goldstone y de sus sucesores, la Corte gan&oacute; prestigio y son pocas las voces que ahora le reprochar&iacute;an parcialidad o manipulaci&oacute;n por intereses pol&iacute;ticos. Fue su criterio independiente lo que le permiti&oacute; atravesar, m&aacute;s o menos a salvo, por los momentos de crisis que no se hicieron esperar, primero cuando en los acuerdos de Dayton la cooperaci&oacute;n con la corte fuera impuesta a los partes del conflicto - sin que esto significara un apoyo incondicional a la labor de la Corte por los poderes de la OTAN ; y m&aacute;s tarde, cuando se abort&oacute; la investigaci&oacute;n de la fiscal Del Ponte sobre las violaciones al DIH cometidos por las fuerzas de la misma OTAN durante la guerra de Kosovo. Pese a que el ICTY fue creado por el Consejo de Seguridad como instrumento para un determinado fin pol&iacute;tico, los jueces y fiscales de la corte sab&iacute;an, por regla general, mantener la corte al margen de los juegos pol&iacute;ticos, convirtiendo su apego a la estricta normatividad jur&iacute;dica, o sea a lo apol&iacute;tico, en un factor pol&iacute;tico que pronto se tuviera que tomar en cuenta en la soluci&oacute;n del conflicto, gustara o no a los diplom&aacute;ticos. Por primera vez en medio siglo, la justicia hab&iacute;a regresado al escenario de cr&iacute;menes contra la humanidad. </p>      <p>  A&uacute;n as&iacute;, con un balance mejor de lo que se pod&iacute;a esperar, el paso que se ha dado en La Haya con el ICTY y su &oacute;rgano paralelo, el Tribunal Criminal Internacional para la guerra de Ruanda (ICTR), quedaba chico ante las exigencias y esperanzas generados por el Tribunal Internacional Militar en Nuremberg. En 1995, lo &uacute;nico que se vislumbraba de una corte penal internacional permanente y universal eran las versiones un poco m&aacute;s avanzadas de un borrador de estatuto de una Corte Penal Internacional permanente, presentadas por la Comisi&oacute;n de Derecho Internacional de la ONU. Por lo que se conoc&iacute;a de estos borradores, las competencias de una posible Corte Internacional iban a ser menores que las competencias que se dieron a las cortes <i>ad-hoc </i> para Yugoslavia y Ruanda. Estim&aacute;bamos en la conferencia: &quot;Grande es todav&iacute;a el temor de los gobiernos del mundo ante una justicia internacional independiente. Y lo que nosotros admiramos como conducta independiente en la corte para la Ex-Yugoslavia , para muchos gobiernos simplemente es un peligro que no quieren fomentar.&quot; </p>      <p><b> La Corte Penal Internacional </b></p>      <p>Sin embargo, como hemos visto, el clamor por una corte penal internacional, independiente, con jurisdicci&oacute;n material para los cr&iacute;menes de guerra y de lesa humanidad conforme a los principios de Nuremberg, nunca hab&iacute;a desaparecido por completo del debate. En principio, hab&iacute;a dos caminos para realizar una corte: institucionalizarla como &oacute;rgano de las Naciones Unidas, o mediante un convenio. Lo primero, sin duda la soluci&oacute;n de m&aacute;xima autoridad para la corte, significaba modificar la Carta de Naciones Unidas, tarea ut&oacute;pica entonces como hoy porque requiere dos tercios de los votos en la Asamblea General, m&aacute;s la aprobaci&oacute;n de todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Las resistencias de no pocos estados y el amplio escepticismo que se vio tambi&eacute;n en la conferencia de Nuremberg, sin embargo, no desanim&oacute; a una gran coalici&oacute;n de ONGs de derechos humanos nacionales e internacionales de seguir abogando por la corte. Aun as&iacute; fue grande la sorpresa cuando en diciembre de 1996 una mayor&iacute;a de los estados decidi&oacute;, en la Asamblea General, convocar una Conferencia de Estados para mediados del 1998 en Roma, con el fin de „establecer una Corte Penal Internacional&quot;. La decisi&oacute;n para muchos era temeraria y hasta contraproducente en vista de los riesgos inherentes a un fracaso de dicha conferencia, considerando el poco tiempo de preparaci&oacute;n que quedaba y la falta de consenso. </p>      <p>La sorpresa se hizo a&uacute;n m&aacute;s evidente cuando la convocatoria fue atendida por nada menos que 162 gobiernos, adem&aacute;s de muchas organizaciones intergubernamentales, ONGs y organismos de la ONU. No cabe aqu&iacute; volver a contar los pormenores de la conferencia de Roma <sup>27</sup>, pero los participantes coinciden en que las negociaciones fueron marcadas, desde el comienzo hasta el final, por la divergencia de visiones de un amplio grupo de pa&iacute;ses de opiniones afines ( <i>like-minded countries </i>) que abogaban por una corte fuerte e independiente, y un grupo menor pero que inclu&iacute;a a poderes grandes como Estados Unidos, Rusia, China e India, quienes no quer&iacute;an que se tocara el principio de soberan&iacute;a de los estados, dejando a la corte sin poder real. Lo interesante en los debates de Roma fue ver que la idea de una instancia judicial a nivel mundial, independiente y efectiva, hab&iacute;a ganado muchos adeptos no s&oacute;lo en Europa y Am&eacute;rica Latina sino tambi&eacute;n entre los peque&ntilde;os pa&iacute;ses del &quot;Tercer Mundo&quot;. La idea de una justicia universal se hab&iacute;a ya universalizado. Como bien lo dec&iacute;a el gobierno colombiano al presentarlo a los pocos d&iacute;as de adoptarse en 1998, &quot;el estatuto de la Corte Penal Internacional expedido el 17 de julio de este a&ntilde;o [1998] en Roma, puede verse entonces, como un paso definitivo en el proceso de cosmopolitizaci&oacute;n y universalizaci&oacute;n de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario, que confiere amplios mecanismos coercitivos para hacer efectivas las prohibiciones que hasta ahora se hab&iacute;an generosamente desarrollado, pero que carec&iacute;an de la posibilidad real de hacerse cumplir y por tanto, de impedir que sus autores quedaran en la impunidad&quot;<sup>28</sup><a href="#(5)">(5)</a>. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Firmaron el  estatuto en Roma 120 estados, una cifra que pocos hab&iacute;an esperado al comienzo de la conferencia. Una de las concesiones a los opositores del estatuto hab&iacute;a sido el n&uacute;mero bastante alto (60) de ratificaciones necesarias para su entrada en vigencia. Nuevamente se dio la sorpresa de que esta cifra se logr&oacute; a los dos a&ntilde;os de la aprobaci&oacute;n del estatuto, de manera que entr&oacute; en vigencia ya el 1 de julio de 2000. En junio de 2005 eran 139 los estados signatarios del estatuto, y 99 Estados, es decir, m&aacute;s de la mitad de los miembros de la ONU lo hab&iacute;an ratificado, y esperaban a M&eacute;xico como el Estado cien en ratificarlo<sup>29</sup>. </p>      <p>Mientras tanto, la corte se hab&iacute;a constituido, el presidente y los jueces hab&iacute;an sido elegidos, el fiscal hab&iacute;a sido nombrado y hab&iacute;a iniciado sus primeras investigaciones. La CPI se ha convertido en un tema debatido en todo el mundo, mucho m&aacute;s all&aacute; de los c&iacute;rculos de abogados y defensores de derechos humanos. Lo muestran no solamente la prensa de muchos pa&iacute;ses sino tambi&eacute;n su entrada, por la puerta grande, a las pantallas de Hollywood en la pel&iacute;cula de suspenso &quot;<i>The Interpreter</i>&quot;. </p>      <p>En contraste con estos avances tan importantes como inesperados, el gobierno de Estados Unidos, que hab&iacute;a impulsado las cortes <i>ad-hoc </i> de la Ex-Yugoslavia y de Ruanda, y que hab&iacute;a pertenecido al grupo de pa&iacute;ses que convocaron la conferencia de Roma, en la conferencia misma comenz&oacute; a dar marcha atr&aacute;s. Presionado por una fracci&oacute;n militante del Congreso, Clinton dispuso que la delegaci&oacute;n de Estados Unidos no aprobar&iacute;a el estatuto. La l&iacute;nea dura cobr&oacute; mucho m&aacute;s fuerza con el nuevo gobierno de George W. Bush quien retir&oacute;, en un paso in&eacute;dito, la firma que Clinton por motivos t&aacute;cticos hab&iacute;a dado en el &uacute;ltimo d&iacute;a de su gobierno. </p>      <p>Mucho se ha debatido sobre los verdaderos motivos de la posici&oacute;n norteamericana. Se ha tratado en muchos escritos de convencer a los legisladores y funcionarios de gobierno de Estados Unidos de que se equivocan en su temor hacia la CPI , que el caso de que un funcionario estadounidense pueda ser llevado a la Corte es irreal, y que su lectura del estatuto es err&oacute;nea. Pero la posici&oacute;n del gobierno y el Congreso de Estados Unidos no se debe a un error de interpretaci&oacute;n sino a una opci&oacute;n clara: no se acepta ni siquiera la m&aacute;s remota y te&oacute;rica posibilidad de que un ciudadano estadounidense pueda ser juzgado por un tribunal que no sea nacional. En una conferencia dada en septiembre de 2002 en el <i>Aspen Institute </i> en Berl&iacute;n, el entonces viceministro en el ministerio de Defensa y hoy controvertidoembajador ante las Naciones Unidas, James Bolton, expuso con autoridad y claridad la posici&oacute;n de su gobierno: &quot; <i>For a number of reasons, the United States decided that the ICC had unacceptable consequences for our national sovereignty. </i><i>Specifically, the ICC is an organization whose precepts go against fundamental American notions of sovereignty, checks and balances, and national independence. It is an agreement that is harmful to the national interests of the United States , and harmful to our presence abroad </i>&quot;<sup>30, 31</sup>. </p>      <p>Lo que los promotores de la corte defendieron como requisito imprescindible de una justicia despolitizada, la facultad del fiscal de actuar con independencia, es para Estados Unidos una de las principales piedras en el camino: &quot; <i>Indeed, the supposed ‘independence&#39; of the Prosecutor and the Court from ‘political&#39; pressures (such as the Security Council) is more a source of concern than an element of protection. […] True political accountability is almost totally absent from the ICC </i>&quot;. &quot;Responsabilidad pol&iacute;tica&quot; equivalente a un control por organismos si no de Estados, por lo menos controlables por ellos. Frente a la independencia judicial, esta es una disyuntiva determinante en la disputa alrededor de la CPI entre Estados Unidos y los pa&iacute;ses que apoyan la Corte , y todos los organismos de derechos humanos. </p>      <p>Las medidas diplom&aacute;tico-legales tomadas desde la aprobaci&oacute;n del Estatuto de Roma demuestran que Estados Unidos busca imponer sus criterios frente a la Corte incluso cuando el costo pol&iacute;tico es incalculable. Las medidas m&aacute;s agresivas tomadas son la imposici&oacute;n de convenios bilaterales de no-extradici&oacute;n (Bilateral Immunity Agreements - BIA) con - hasta mediados de 2005, seg&uacute;n fuentes americanas - unos cien gobiernos, sean ellos partes del estatuto o no. Seg&uacute;n la ley interna que rige estos convenios, solo gobiernos que firman tales acuerdos pueden ser receptores de ayuda militar (con algunas excepciones para limitar el da&ntilde;o pol&iacute;tico). En los casos en que un gobierno parte del estatuto firma un convenio de esta naturaleza, c&oacute;mo fue el caso, por ejemplo, de Colombia, viola el estatuto. De los 99 gobiernos que ratificaron el Estatuto de Roma, unos 30 habr&iacute;an firmado un convenio de no-extradici&oacute;n con Estados Unidos. Todav&iacute;a no queda claro c&oacute;mo las partes que constituyen la CPI , representadas en la &quot;Asamblea de Estados&quot;, resolver&aacute;n esta contradicci&oacute;n. </p>      <p>En el campo interno, Estados Unidos se ha servido de una legislaci&oacute;n llamada &quot;Ley protectora de los soldados americanos&quot; (American Servicemen Protection Act - ASPA) que proh&iacute;be a las autoridades estadounidenses cualquier forma de cooperaci&oacute;n con la CPI , y condiciona la participaci&oacute;n de Estados Unidos en misiones internacionales con la garant&iacute;a formal de no-extradici&oacute;n bajo ninguna circunstancia, e incluso delega al Presidente el poder de tomar &quot;todas las medidas necesarias&quot; para lograr la libertad de un funcionario estadounidense en caso que se encuentre en poder de la Corte. Esta &uacute;ltima previsi&oacute;n le ha merecido al ASPA en Holanda el sobrenombre de &quot;Bomb-The-Hague-Act&quot;. </p>      <p>Obviamente esta pol&iacute;tica extremadamente agresiva contra la CPI est&aacute; en contradicci&oacute;n chocante con las tesis norteamericanos de 1945. Todos los miembros del Tribunal de Nuremberg que est&aacute;n con vida se han pronunciado en t&eacute;rminos cr&iacute;ticos sobre la pol&iacute;tica de Estados Unidos hacia la CPI. El ex-fiscal de Nuremberg y especialista en derecho internacional Benjam&iacute;n Ferencz lleg&oacute; incluso a La Haya para izar frente a la Corte , a t&iacute;tulo personal, la bandera de rayas y estrellas que no estaba presente de manera oficial. En su breve discurso rescat&oacute; los principios desarrollados en Nuremberg, con participaci&oacute;n prominente de Estados Unidos, de una justicia internacional basada en la ley, imparcial e independiente. &quot;La ley no es una calle de direcci&oacute;n &uacute;nica&quot;, exclam&oacute;, exhortando a su gobierno a ser coherente con su actitud en Nuremberg. &quot;Como los alemanes ten&iacute;an que aprender durante la &eacute;poca nazi - continu&oacute; - la doctrina ‘My country right or wrong&#39; (mejor: &quot;Tenga raz&oacute;n o no - es mi pa&iacute;s&quot;) es una receta para llegar al desastre&quot;. </p>      <p>A pesar de toda la animadversi&oacute;n de Estados Unidos y otros pa&iacute;ses, como China o Rusia, que se escudan bajo la arremetida estadounidense sin pronunciarse en t&eacute;rminos tan agresivos, la Corte Penal Internacional ya es un hecho. Ha dado sus primeros pasos reales que revelan que ni para unos ni para otros es perfectamente previsible el rumbo que este experimento novedoso en la historia de la humanidad va a tomar. Tres ejemplos de acciones que provienen de o implican a la Corte ilustran el potencial pero tambi&eacute;n los problemas inherentes al organismo. </p>      <p><b>El caso de Uganda </b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En julio de 2003, el reci&eacute;n nombrado fiscal, el argentino Luis Moreno Ocampo, quien hab&iacute;a tenido a su cargo en Argentina la acusaci&oacute;n en el proceso de la Junta , abri&oacute; investigaci&oacute;n contra el l&iacute;der del Lord&#39;s Resistance Army, un grupo rebelde conocido por su extrema crueldad. Lo hizo a pedido del presidente de Uganda, conforme con el estatuto que provee los pedidos de gobiernos partes del estatuto como uno de los caminos regulares para iniciar una investigaci&oacute;n. </p>      <p>Casi dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, voceros del mismo gobierno de Uganda propusieron al Fiscal abandonar la investigaci&oacute;n porque el gobierno estaba en negociaciones prometedoras con el Lord&#39;s Resistance Army, que no deber&iacute;an ser obstaculizadas por una investigaci&oacute;n penal por parte de la Corte. Obviamente , este procedimiento pone a la Corte frente a un dilema profundo: si acepta la propuesta, se presta a ser pe&oacute;n en juegos pol&iacute;ticos que ella no controla, se deja politizar sin quererlo y sienta un precedente que puede desgastar su capital m&aacute;s importante, su buena fama de regirse por la ley y nada m&aacute;s. Si no cumple con el pedido, se gana la imagen de ser insensible a las exigencias de la paz, de perseguir un legalismo inflexible e irracional, y posiblemente pierde el apoyo de gobiernos en situaciones similares. El Fiscal parece haber optado por una reacci&oacute;n muy prudente, insistiendo en el reglamento y buscando una salida al ofrecer una suspensi&oacute;n de la investigaci&oacute;n que le dejar&iacute;a abierta la posibilidad de retomarla en el momento que le parezca oportuno. </p>      <p>Evidentemente, el caso se sit&uacute;a en un debate mucho m&aacute;s profundo y discutido no solamente en Uganda acerca del rol de la justicia en procesos de paz. El pragmatismo de las teorizaciones de resoluci&oacute;n de conflictos, con su premisa de que todas las partes en conflicto tienen igual derecho y tienen que salir con las caras limpias de la negociaci&oacute;n, choca con el principio de la filosof&iacute;a de los derechos humanos que enfatiza en la probable perpetuaci&oacute;n de cr&iacute;menes no sancionados y ve en la independencia del sistema judicial una garant&iacute;a, si no para todo conflicto actual, por lo menos para conflictos futuros. En el caso concreto, organizaciones de derechos humanos ya han pedido al Fiscal no ceder a presiones pol&iacute;ticas sino resguardar el principio de independencia de la v&iacute;a jur&iacute;dica. Ardua tarea de enorme responsabilidad para el Fiscal al sentar un precedente conciliando estas exigencias no necesariamente tan contradictorias. </p>      <p><b>El caso de Colombia </b></p>      <p>Paralelamente a sus conversaciones con los enviados de Uganda, el Fiscal, vali&eacute;ndose de los art&iacute;culos 15 y 53 del estatuto, se puso a redactar una carta al embajador colombiano ante la CPI , en la cual advierte al representante de Colombia que &quot;en virtud de la ratificaci&oacute;n del Estatuto de Roma por el Estado Colombiano, la Corte Penal Internacional tiene jurisdicci&oacute;n sobre los cr&iacute;menes definidos en el Estatuto de Roma que hayan sido cometidos en Colombia o por nacionales colombianos a partir del primero de noviembre de 2002&quot;. Agrega que no solamente tiene la facultad sino la obligaci&oacute;n de informarse sobre denuncias que le llegaron acerca de cr&iacute;menes de lesa humanidad, despejando de paso un malentendido cultivado en Colombia acerca de los alcances de la invocaci&oacute;n por parte de Colombia del art&iacute;culo 124 al ratificar el estatuto, el cual extiende por siete a&ntilde;os la impunidad en materia de cr&iacute;menes de guerra, pero no as&iacute; para los cr&iacute;menes de lesa humanidad y genocidio. Adem&aacute;s de mostrarse preocupado por los persistentes patrones de hechos que podr&iacute;an ser cr&iacute;menes seg&uacute;n el Estatuto de Roma, la Fiscal&iacute;a tambi&eacute;n pidi&oacute; informaci&oacute;n &quot;de los tantos anteproyectos de ley que han sido discutidos recientemente y se refieren a la creaci&oacute;n de medidas para investigar y castigar a los l&iacute;deres de grupos ilegales que hayan cometido cr&iacute;menes graves&quot;, agregando que &quot;tales iniciativas son claramente de gran inter&eacute;s para la Fiscal&iacute;a &quot;. </p>      <p>La carta no s&oacute;lo tiene inter&eacute;s e importancia desde la perspectiva de Colombia respecto a la cual se&ntilde;ala con bastante claridad los l&iacute;mites de proyectos (de impunidad) en discusi&oacute;n en el contexto con los &quot;procesos de desmovilizaci&oacute;n&quot; de los grupos paramilitares. No parece casualidad la coincidencia de la carta a Colombia con el procedimiento hacia Uganda. Con la carta, confidencial pero ya en manos de los medios de comunicaci&oacute;n, el Fiscal deja claro que examina cada caso de acuerdo con su propia l&oacute;gica y que desde el caso de Uganda no se puede sospechar que est&eacute; inclinado a favorecer la impunidad. A la vez la carta abre un campo de acci&oacute;n para la Corte que se sit&uacute;a por debajo de las medidas de investigaci&oacute;n propia. Pedir de manera oficial informaci&oacute;n sobre determinados asuntos para examinar la posibilidad o necesidad de iniciar una investigaci&oacute;n, bien podr&iacute;a ser un mecanismo de cierta eficacia para advertir a un gobierno que corre &quot;peligro&quot; de una investigaci&oacute;n formal. </p>      <p><b>El caso de Darfur</b> </p>      <p>Las masacres continuas en la regi&oacute;n de Darfur en Sud&aacute;n occidental han enfrentado una vez m&aacute;s a la &quot;comunidad internacional&quot; y en particular a la ONU con una situaci&oacute;n de cr&iacute;menes masivos de lesa humanidad (sin entrar en el debate de si se trata de genocidio, irrelevante en la opini&oacute;n de este autor) y el reto de tomar medidas para terminar las agresiones. Una de las propuestas ha sido, desde los primeros momentos, referir el caso a la CPI. Como Sud&aacute;n no es parte del Estatuto de Roma, la Corte no puede actuar, como en el caso de Colombia, por su propia autor&iacute;a. El &uacute;nico camino previsto en el Estatuto para que la Corte act&uacute;e en casos que se desarrollan en pa&iacute;ses fuera de su jurisdicci&oacute;n territorial, es mediante una resoluci&oacute;n del Consejo de Seguridad. Es el mismo mecanismo que se usaba en la creaci&oacute;n del ICTY y del ICTR, y de hecho Estados Unidos propuso la creaci&oacute;n de un nuevo tribunal <i>ad-hoc </i> para Darfur. Ante la existencia de la CPI , la propuesta fue entendida y rechazada por una mayor&iacute;a de estados que ve&iacute;an en ella m&aacute;s que una soluci&oacute;n para Darfur, un intento de debilitar y desautorizar la CPI. Finalmente , Estados Unidos cedi&oacute;, absteni&eacute;ndose junto con China, Brasil y Algeria, en el voto de la resoluci&oacute;n 1593 mediante la cual el Consejo de Seguridad decidi&oacute; a fines de marzo de 2005 referir la situaci&oacute;n de Darfur al Fiscal de la CPI , vali&eacute;ndose de sus facultades expresadas en el cap&iacute;tulo VII de la Carta, es decir, por el mjismo mecanismo con que hab&iacute;a creado el ICTY y el ICTR. </p>      <p>El lenguaje de la resoluci&oacute;n muestra las marcas de la complicada negociaci&oacute;n que la hab&iacute;a hecho posible. Repite, como concesi&oacute;n a Estados Unidos, la exenci&oacute;n de una posible persecuci&oacute;n de todos los participantes en operaciones internacionales en Sud&aacute;n. Hace varias referencias al Estatuto de Roma, concesi&oacute;n esta vez de Estados Unidos, pero evita citar el art. 13 que es el que faculta el Consejo de Seguridad para tomar medidas como la de remitir la situaci&oacute;n de Darfur a la Corte. En vez de ello, invoca el art. 16, como advertencia velada, que permite al Consejo de Seguridad suspender una investigaci&oacute;n del Fiscal. </p>      <p>Sin embargo, lo importante para el futuro de la CPI es el hecho que, apenas iniciada la labor de la Fiscal&iacute;a , se recibe un primer caso v&iacute;a el Consejo de Seguridad, un mecanismo que no se consideraba la regla de los procedimientos de la Corte sino m&aacute;s bien la excepci&oacute;n. La resoluci&oacute;n obliga al gobierno de Sud&aacute;n, que no forma parte del Estatuto de Roma, a cooperar plenamente con la CPI. El principio de adhesi&oacute;n voluntaria a la Corte mediante la ratificaci&oacute;n del Estatuto, que es el que distingue a la CPI de las cortes <i>ad-hoc </i> desde Nuremberg hasta el ICTR, se ve desde la fase inicial complementado por la coerci&oacute;n. De esta manera, la corte se viste de m&aacute;s autoridad y ve reforzado su v&iacute;nculo con el ente m&aacute;s poderoso de Naciones Unidas. Los gobiernos del mundo han de aprender que la no-adhesi&oacute;n a la Corte no les exime autom&aacute;ticamente de la posibilidad de tener que rendir cuentas ante ella. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero el precio de este incremento de &quot;garras&quot; es el sabor a politizaci&oacute;n, a ser un instrumento de las grandes potencias que determinan las decisiones del Consejo de Seguridad, m&aacute;s a&uacute;n cuando al mismo tiempo que Sud&aacute;n se ve obligado a cooperar con la CPI , Estados Unidos y otros &quot;cooperantes&quot; en la operaci&oacute;n vuelven a insistir en su propia inmunidad. </p>      <p>Los tres casos discutidos que se han producido en 2005, al poco tiempo de iniciarse de verdad la labor de la Corte , marcan puntos de importancia estrat&eacute;gica en el desarrollo de la institucionalidad de la CPI. Son retos complejos para Corte, cuya soluci&oacute;n determinar&aacute; si se podr&aacute; ganar en la pr&aacute;ctica el reconocimiento y la legitimidad que grandes sectores en todo el mundo le han prestado desde el comienzo. </p>      <p><b> IV. Derecho Penal y protecci&oacute;n de los Derechos Humanos:    <br>   El problema de la funci&oacute;n social y pol&iacute;tica del castigo en el contexto de la protecci&oacute;n de los derechos humanos. </b></p>      <p><b>Venganza, derecho y rehabilitaci&oacute;n </b></p>      <p>&quot;La justicia es un derecho humano.&quot; Con estas palabras, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Jos&eacute; Ayala Lasso, comenz&oacute; su discurso en una conferencia celebrada en 1995, en conmemoraci&oacute;n de los 50 a&ntilde;os del proceso de Nuremberg<sup>32</sup>. El fiscal de La Haya , Richard Goldstone, precis&oacute;: &quot;La justicia no es solamente una cuesti&oacute;n del castigo de criminales de guerra y de derechos humanos. Es tambi&eacute;n una cuesti&oacute;n del reconocimiento de los sufrimientos de las v&iacute;ctimas. Y para los afectados, en muchos casos, este reconocimiento es una parte esencial de su proceso de rehabilitaci&oacute;n&quot;<sup>33</sup>. Estas palabras de dos altos funcionarios del sistema de protecci&oacute;n de derechos humanos de la ONU van al n&uacute;cleo del debate sobre la impunidad de cr&iacute;menes de derechos humanos que es adelantado, desde hace muchos a&ntilde;os, ante todo por organizaciones no- gubernamentales en el &aacute;rea de derechos humanos. Todav&iacute;a no son frecuentes palabras tan claras por parte de funcionarios de la ONU. </p>      <p>  Cuando pedimos castigo para los perpetradores de cr&iacute;menes de derechos humanos, con frecuencia se nos pregunta si no somos capaces de perdonar y de reconciliarnos. Tenemos que defendernos contra la sospecha de que buscamos en realidad venganza, un discurso que tambi&eacute;n tiene precedentes ya en los debates en torno al Proceso de Nuremberg. Frente a este discurso antivenganza que nos pide prescindir de la venganza mientras nos niega el derecho, hay que poner en claro algunos hechos elementales de la historia de la humanidad, y del derecho en particular. Es cierto que la pr&aacute;ctica de la venganza pertenece a un estado primitivo de la historia de la humanidad, cuando el ejercicio de la venganza era probablemente el &uacute;nico medio para lograr la restituci&oacute;n de un equilibrio social entre clanes, roto por un acto que gravemente pon&iacute;a en peligro la convivencia, como lo es un asesinato. Result&oacute;, a lo largo de la historia, y con un desarrollo cada vez m&aacute;s diferenciado de las sociedades, que este recurso de la venganza se volvi&oacute; da&ntilde;ino para ambas partes, tanto para el perpetrador con su grupo familiar como para la v&iacute;ctima y los suyos. Surgieron instancias mediadoras que se convirtieron en un sistema separado de las partes interesadas, y finalmente, en las sociedades altamente diferenciadas, surgi&oacute; el complejo sistema judicial tal como lo conocemos. </p>      <p>  La justicia como subsistema de la sociedad reemplazaba al ejercicio privado de la venganza. Pero no nos equivoquemos sobre la subsistencia de profundos sentimientos en la conciencia y subconciencia popular sobre la relaci&oacute;n entre el dolor sufrido y el castigo como recurso para borrar ese dolor<sup>34</sup>. </p>      <p>  La ambig&uuml;edad sem&aacute;ntica de la palabra &quot;pena&quot;, que se mantiene en los otros idiomas latinos, y que amalgama los conceptos de &quot;dolor&quot; y de &quot;castigo&quot;, nos debe advertir sobre esta estructura compleja y profunda del pensar humano. La idea cristiana del sufrimiento de Cristo como sufrimiento representativo necesario para la salvaci&oacute;n de toda la humanidad, o tambi&eacute;n la imaginaci&oacute;n medieval del purgatorio, son expresiones de este mito en nuestra cultura. Existen otros equivalentes en otras culturas del mundo. Cuando la justicia no cumple con su tarea de restituir la parte da&ntilde;ada en su derecho leg&iacute;timo, el regreso a la venganza como una expresi&oacute;n primitiva de la necesidad de purgar el dolor injusto por la pena justa recobra fuerza y queda como posibilidad y peligro. </p>      <p>  En un sistema de derecho, la venganza no solamente es da&ntilde;ina sino tambi&eacute;n ileg&iacute;tima<a href="#(6)">(6)</a>. La sociedad no la va a tolerar. Otra situaci&oacute;n se da cuando el derecho, de manera generalizada y obvia, falla en su funci&oacute;n y se niega a hacer justicia a las v&iacute;ctimas de graves violaciones. &iquest;Qui&eacute;n denegar&iacute;a, en estos casos, a las v&iacute;ctimas la legitimidad de la venganza como &uacute;ltimo recurso? A pesar de esto, los casos en que las v&iacute;ctimas realmente ejercen un acto de venganza contra sus victimarios, son pr&aacute;cticamente nulas<a href="#(7)">(7)</a>. Los pocos ejemplos que se conocen, tienen normalmente m&aacute;s el car&aacute;cter de una demostraci&oacute;n p&uacute;blica que de un acto personal de venganza<sup>35</sup><a href="#(8)">(8)</a>. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  En realidad, el tab&uacute; de la venganza que la civilizaci&oacute;n moderna ha pronunciado, nadie lo ha interiorizado mejor que aquellos que m&aacute;s razones tendr&iacute;an para transgredirlo: las v&iacute;ctimas del terrorismo de estado. El problema real de las v&iacute;ctimas no es, como dan testimonio muchos estudios psicol&oacute;gicos, la inclinaci&oacute;n a la venganza, sino todo lo contrario, la supresi&oacute;n demasiada r&iacute;gida del deseo inconsciente de venganza, que es una reacci&oacute;n definitivamente humana, en t&eacute;rminos antropol&oacute;gicos. El psicoterapeuta David Becker, quien durante muchos a&ntilde;os ha atendido a v&iacute;ctimas de la tortura y de otras atrocidades en Chile, en su libro, acertadamente titulado &quot;Sin odio no hay reconciliaci&oacute;n&quot;, relata el sue&ntilde;o de un paciente torturado. En su sue&ntilde;o, el paciente hab&iacute;a cambiado de rol y debi&oacute; dar la orden de torturar a su propio torturador. Ni siquiera en el sue&ntilde;o pudo hacerlo, se despert&oacute; vomitando <sup>36</sup>. Lo m&aacute;s frecuente es que las v&iacute;ctimas viertan sus sentimientos de agresi&oacute;n no contra sus victimarios sino contra s&iacute; mismos y los suyos. La renuncia prematura al deseo de venganza, ante la falta de justicia, es el verdadero problema que hay con la venganza. </p>      <p>  La salida del trauma sufrido por la v&iacute;a de la autodestrucci&oacute;n era muy frecuente tambi&eacute;n entre las v&iacute;ctimas del nazi-fascismo en Europa. Baste recordar la vida y las reflexiones de Primo Levi, el escritor jud&iacute;o-italiano que sobrevivi&oacute; a Auschwitz, y que d&eacute;cadas despu&eacute;s se suicid&oacute;. En uno de sus libros, que reflejan la experiencia extrema del campo de concentraci&oacute;n, describe la destrucci&oacute;n humana que crea el &quot;gran pecado&quot;, como llama a los cr&iacute;menes nazis. Incluso despu&eacute;s del t&eacute;rmino del r&eacute;gimen nazi, este crimen se perpet&uacute;a de mil maneras, escribe Levi, &quot;contra la voluntad de todos, como deseo de venganza, como transigencia moral, como denegaci&oacute;n de la realidad, como fatiga y resignaci&oacute;n&quot;<sup>37</sup>. Para Levi, todas estas reacciones quedaban en el mismo plan que la venganza, y en realidad eran mucho m&aacute;s frecuentes. La resignaci&oacute;n y la negaci&oacute;n son solamente formas invertidas o perversas de venganza, otras reacciones insanas ante el crimen que no es alcanzado por la justicia. </p>      <p>  La justicia es realmente el remedio que mejor puede sanar las torsiones ps&iacute;quicas que miles y millones de v&iacute;ctimas han sufrido. Ella es, como lo dijo Richard Goldstone y lo saben los terapeutas cl&iacute;nicos, la medicina que requieren los pisoteados y humillados por atropellos contra su dignidad humana en todo el mundo <sup>38</sup>. Aqu&iacute; reside el sentido profundamente humano del clamor por la justicia y de la lucha contra la impunidad. </p>      <p><b>Castigo y disuasi&oacute;n </b></p>      <p>  Si el castigo sirve para la disuasi&oacute;n de posibles criminales, es un interrogante sin soluci&oacute;n desde los inicios de la jurisprudencia. Las respuestas siempre han sido muy contradictorias, y lo ser&aacute;n tambi&eacute;n en el futuro, porque dependen tanto, o tal vez m&aacute;s, de la filosof&iacute;a de la naturaleza humana y de la visi&oacute;n de una sociedad que uno tiene que de datos emp&iacute;ricos. Para el pionero de la moderna filosof&iacute;a del derecho, el italiano Cesare Beccaria, en su libro &quot;Dei delitti i delle pene&quot; (1764), el castigo era necesario para que los hombres &quot;sientan&quot; la obligaci&oacute;n de &quot;no volver al estado primitivo de guerra permanente&quot; y resistan a &quot;aquel principio universal de la disoluci&oacute;n, que domina en todo el mundo f&iacute;sico y moral&quot;, una vez que la humanidad haya alcanzado el estado de las leyes, que para Beccaria eran &quot;las condiciones que se impusieron hombres independientes y aislados para convivir en sociedad&quot;<sup>39</sup>. </p>      <p>  Se notar&aacute; aqu&iacute; una filosof&iacute;a del hombre bastante pesimista, la visi&oacute;n Hobbesiana del &quot;homo homini lupus&quot;, es decir que el hombre es lobo para los otros hombres. Desde una antropolog&iacute;a m&aacute;s optimista, se puede llegar a conclusiones bien distintas. Esto no nos corresponde dirimirlo aqu&iacute;. Lo cierto es que en el &aacute;mbito de la &quot;macrocriminalidad&quot; de los grandes cr&iacute;menes de Estado contra la humanidad, la base emp&iacute;rica para decidir sobre el &eacute;xito de la disuasi&oacute;n por el castigo, no existe, simplemente porque casi no hay ejemplos del castigo a criminales contra la humanidad. </p>      <p>  Pero el efecto disuasivo no es el &uacute;nico que es necesario discutir en el contexto de la problem&aacute;tica del castigo. Hay otros efectos probablemente m&aacute;s importantes. En un sistema pol&iacute;tico en que el poder judicial tiene la &uacute;ltima palabra, la justicia tiene tambi&eacute;n la funci&oacute;n de mantener intacto y vigente un sistema de valores. Si la justicia falla sistem&aacute;ticamente contra los valores b&aacute;sicos de la sociedad, &eacute;stos quedan irreconocibles, primero para los perpetradores, que pierden su mala conciencia, y despu&eacute;s para las v&iacute;ctimas, que pierden su fe. </p>      <p>  En un Estado moderno de derecho, hasta ahora, y pese a muchos deseos de tener otros mecanismos tal vez m&aacute;s humanos, el castigo judicial es el recurso m&aacute;s v&aacute;lido que tiene la sociedad para declarar lo que considera justo e injusto. Mientras esto sea as&iacute;, la condena judicial con su castigo correspondiente, o tambi&eacute;n la falta de condena, tienen un valor de orientaci&oacute;n imprescindible. Un crimen sin castigo tarde o temprano perder&aacute; su car&aacute;cter de crimen. Si analizamos bien los pocos testimonios disponibles de perpetradores de graves violaciones de derechos humanos bajo sistemas de terrorismo de Estado, en Am&eacute;rica Latina o en otras partes del mundo -por ejemplo en la Alemania nazi-, podemos observar la importancia de esta funci&oacute;n orientadora de la justicia y de la pena <sup>40</sup>. Para m&iacute; resulta mucho m&aacute;s importante, desde el punto de vista de la prevenci&oacute;n, que el efecto disuasivo. </p>      <p><b>  Verdad y justicia </b></p>      <p>  Encontrar la verdad es una funci&oacute;n esencial, pero obviamente no la &uacute;nica funci&oacute;n del sistema judicial. Los jueces no son profetas ni sabios superiores. Sus sentencias son llamados tambi&eacute;n &quot;veredictos&quot;, pero la fuerza de la verdad que dicen, no radica en una calidad superior de la raz&oacute;n o del criterio de los jueces, ni siquiera se basa necesariamente en la veracidad objetiva de los veredictos judiciales, si bien es cierto que un n&uacute;mero elevado de faltas contra la veracidad le quita credibilidad a los juzgados. En &uacute;ltima instancia la fuerza de la verdad pronunciada por un juez queda en las consecuencias que ese veredicto tiene sobre los afectados: el acusado y el acusador. La investigaci&oacute;n judicial de la verdad normalmente est&aacute; relacionada con la necesidad de dictaminar una sentencia. Esta es su finalidad y su raz&oacute;n de ser. Ante las cortes, la b&uacute;squeda de la verdad se da necesariamente en el marco de la b&uacute;squeda de la justicia. En este hecho sencillo queda lo conflictivo y hasta explosivo de la b&uacute;squeda de la verdad en los reg&iacute;menes represivos e incluso en los reg&iacute;menes de transici&oacute;n. Con frecuencia se ha podido observar que un gobierno, ante la presi&oacute;n interna e internacional, est&aacute; dispuesto a admitir que se busque la verdad de lo ocurrido. Pocas veces, en cambio, aceptan las consecuencias de la verdad encontrada, el clamor por la justicia. Se encuentran mil pretextos para evitar que los culpables aparezcan ante la justicia, y si no se puede evitar, no faltan los mecanismos para que salgan impunes. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como una f&oacute;rmula m&aacute;gica, ante este dilema (para los gobiernos, no para las v&iacute;ctimas) surgieron, con distintos apelativos, las &quot;Comisiones de Verdad&quot;, primero en casi toda Am&eacute;rica Latina <sup>41, 42</sup>, y despu&eacute;s con bastante &iacute;mpetu tambi&eacute;n en Sud&aacute;frica. La intenci&oacute;n de estas comisiones es siempre la misma: compuestas por personalidades de alto prestigio moral, las comisiones de la verdad deben pronunciarse para recomponer el orden moral de la sociedad. Se sienta un hito de distancia con el pasado, y se espera que este acto simb&oacute;lico satisfaga los reclamos de las v&iacute;ctimas. En los casos en que esto ha funcionado bien, de hecho se ha producido un momento de rehabilitaci&oacute;n moral y p&uacute;blico para las v&iacute;ctimas. Sin embargo, para ellas y para la sociedad entera, queda un problema sin resolver en las comisiones de verdad: la separaci&oacute;n de verdad y justicia. </p>      <p>  Sin menospreciar el valor de algunas de estas comisiones, no se puede dejar de lado tampoco su efecto contrario a la rehabilitaci&oacute;n. Si la verdad queda establecida, y si esta verdad es una verdad terrible, una verdad de cr&iacute;menes atroces, de culpas enormes, la falta de justicia queda a&uacute;n m&aacute;s visible y m&aacute;s sentida. Si a pesar de ser p&uacute;blica la culpa, los culpables pueden seguir como si nada hubiera pasado (seg&uacute;n la famosa expresi&oacute;n de los represores argentinos), la continuaci&oacute;n del poder y del potencial represivo queda tanto m&aacute;s evidente y amenazador. Si la verdad es s&oacute;lo para la historia, hace sentir a&uacute;n m&aacute;s el dolor de la injusticia. En el largo plazo las normas morales, por su parte, no pueden ser protegidas solamente por la indignaci&oacute;n p&uacute;blica. Perder&aacute;n su fuerza normativa en la medida en que no son tambi&eacute;n aplicadas por medio de la sanci&oacute;n judicial. A diferencia de muchos recursos materiales, el recurso simb&oacute;lico de la justicia no se gasta con el uso. Al contrario, s&oacute;lo con el uso permanente recupera su fuerza y vigencia. </p>      <p>  En este sentido, el problema del castigo, el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n, de ninguna manera es un problema privado entre v&iacute;ctimas y victimarios. Lo que se ha violado, no solamente es el alma y cuerpo de la v&iacute;ctima, son los derechos de todos nosotros los que se violan en un individuo violado. &quot;El delincuente es llevado a la corte penal, no porque ha da&ntilde;ado a determinadas personas, tal como en el caso de la justicia civil, sino porque su delito pone en peligro la comunidad como entidad entera,&quot; anot&oacute; Hannah Arendt en relaci&oacute;n al proceso de Nuremberg. </p>      <p>Si esto es as&iacute; incluso para un criminal &quot;com&uacute;n&quot;, m&aacute;s lo es para el caso de cr&iacute;menes cometidos por agentes del Estado, en nombre de la sociedad entera. Tan nefasto parec&iacute;a a Hannah Arendt la agresi&oacute;n del terrorismo de Estado nazi contra la humanidad, que no vacil&oacute; en decir que &quot;es necesario acusar estos cr&iacute;menes ante la justicia, incluso si la parte da&ntilde;ada - las v&iacute;ctimas - est&aacute; dispuesta a perdonar y olvidar.&quot; Porque el da&ntilde;o simb&oacute;lico a la norma de los valores, no pertenece a una relaci&oacute;n particular entre v&iacute;ctimas y victimarios, es asunto de toda la sociedad. En el caso de los cr&iacute;menes de Estado, este asunto es m&aacute;s grave a&uacute;n. El crimen cometido en nombre de la sociedad s&oacute;lo puede ser sancionado por la instancia que la sociedad ha creado para tal fin: la justicia. La usurpaci&oacute;n de la justicia por el r&eacute;gimen represivo s&oacute;lo puede ser reparada por la misma justicia. Los que luchamos por los derechos humanos, sabemos de la paradoja que queda escondida aqu&iacute;: perseguidos, calumniados o amenazados por las instancias del Estado, volvemos con m&aacute;s terquedad y obstinaci&oacute;n a dirigirnos a ese mismo Estado para reclamar justicia. Lo que a veces parece un acto desesperado, en realidad es la &uacute;nica esperanza que tenemos: que del Estado real del presente se desenvuelva el Estado de derecho, en el que todos compartamos derechos y deberes ciudadanos, responsabilidades y responsabilidad. </p>      <p>  A un lector alem&aacute;n que busc&oacute; escamotear la culpa de los criminales nazis tras el sistema generalizado e impersonal de injusticia que significaba el nazifascismo, Primo Levi, contestaba que incluso en medio de la barbarie inconcebible del campo de exterminaci&oacute;n de Auschwitz le quedaba clara la &quot;necesidad de responder personalmente cada uno por su culpa y sus errores, porque si no se extinguir&iacute;a la huella de la civilizaci&oacute;n de la faz de la tierra, tal como sucedi&oacute; en el imperio del nazismo&quot;<sup>43</sup>. </p>  <hr size="1">      <p><b>COMENTARIOS</b></p>      <p><a name="(1)">1.</a> Los t&eacute;rminos &quot;humanity&quot;, &quot;humanit&eacute;&quot; y tambi&eacute;n &quot;humanidad&quot; tienen por los menos dos significados muy distinguibles: uno que se refiere al g&eacute;nero humano como entidad, y otro que apunta a un comportamiento supuestamente caracter&iacute;stico del ser humano, el humanismo, lo humanitario etc. En otros idiomas, tal como el alem&aacute;n, los dos conceptos sem&aacute;nticos corresponden a dos palabras diferentes, lo que obliga a los traductores a tomar una decisi&oacute;n. Sin embargo, en la edici&oacute;n oficial de los documentos del Tribunal Internacional de Nuremberg, en distintos lugares se usan ambos t&eacute;rminos (&quot;Verbrechen gegen die Menschheit&quot; y &quot;Verbrechen gegen die Menschlichkeit&quot;) sin discriminaci&oacute;n. Err&oacute;neamente, el t&eacute;rmino que ha quedado de uso en alem&aacute;n es el de &quot;Verbrechen gegen die Menschlichkeit&quot;, es decir &quot;crimen contra lo humanitario&quot;, lo que Hannah Arendt con raz&oacute;n critic&oacute; como absolutamente inadecuado al verdadero car&aacute;cter y tama&ntilde;o del holocausto (Arendt Hannah, <i>Eichmann in Jerusalem. A Report on the Banality of Evil </i>, New York/London, 1963. ). Recu&eacute;rdese, por lo dem&aacute;s, que el t&eacute;rmino &quot;cr&iacute;menes contra la humanidad&quot; tampoco ten&iacute;a una tradici&oacute;n larga o elaborada en la historia del derecho internacional. Surge por primera vez en el contexto de los esfuerzos -frustrados- despu&eacute;s de la primera guerra mundial de sancionar el genocidio del pueblo armenio cometido por el gobierno turco.</p>      <p><a name="(2)">2.</a> El caso m&aacute;s conocido de enjuiciamiento a un ciudadano extranjero perseguido en Estados Unidos por un crimen de derechos humanos cometido contra una persona que no tiene la ciudadan&iacute;a norteamericana es el del torturador paraguayo Pe&ntilde;a Irala, denunciado por los familiares de otro ciudadano paraguayo, el Sr. Filartiga. Amplia discusi&oacute;n de este caso y de otros pocos que existen en Estados Unidos.</p>      <p><a name="(3)">3.</a> El autor, co-presidente del Pacific Asia Resource Center, recuerda que el mismo gobierno de Estados Unidos, que despu&eacute;s propulsar&iacute;a la creaci&oacute;n de la Corte Penal Internacional para la ex-Yugoslavia, durante d&eacute;cadas se neg&oacute; a firmar la Convenci&oacute;n contra el Genocidio, de 1948, justamente por temores relacionados con la creaci&oacute;n de una Corte Penal Internacional, prevista por esa Convenci&oacute;n. </p>      <p><a name="(4)">4.</a> Su ponencia en la conferencia de Nuremberg de 1995 fue publicada en espa&ntilde;ol. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="(5)">5.</a> El gobierno colombiano firm&oacute;, como la mayor&iacute;a de los estados latinoamericanos, el Estatuto de Roma. (Colombia no firm&oacute; en la conferencia de Roma sino el 10 de diciembre de 1998). </p>      <p><a name="(6)">6.</a> No faltan los ejemplos que demuestran la sensibilidad popular frente a este nexo entre la disposici&oacute;n de suprimir el deseo de venganza y la existencia de un sistema judicial operante y eficaz. Pero si el funcionamiento del sistema judicial se aleja demasiado de lo que la opini&oacute;n popular percibe como &quot;la justicia&quot;, r&aacute;pidamente se pueden abrir abismos de desconfianza que nos remiten a la persistencia del deseo de venganza y de la disposici&oacute;n de reivindicar el derecho a &quot;hacer justicia&quot; por parte de la poblaci&oacute;n misma. Recordemos que en B&eacute;lgica, durante algunos meses del a&ntilde;o 1996, la aparente falla de la administraci&oacute;n judicial en investigar cabalmente un esc&aacute;ndalo de abuso sexual de menores llev&oacute; a la manifestaci&oacute;n p&uacute;blica m&aacute;s concurrida de la historia del pa&iacute;s. El auge de pr&aacute;cticas de linchamiento en muchos pa&iacute;ses, incluso de Am&eacute;rica Latina como Guat emala o Per&uacute;, entre otros, tambi&eacute;n se puede entender como reacci&oacute;n, retroceso, frente a la falta de procurar justicia de los sistemas judiciales. </p>      <p><a name="(7)">7.</a> El m&eacute;dico argentino Jorge Berg&eacute;s, tristemente conocido por su participaci&oacute;n activa en actos de tortura, secuestro y desaparici&oacute;n de menores (ver su &quot;retrato&quot; en la &quot;Galer&iacute;a de represores&quot; que public&oacute; el mensuario Madres de Plaza de Mayo en junio de 1995), sufri&oacute; un atentado en abril de 1986. Lo que en un primer momento fue considerado un acto de venganza por la impunidad de la que goza este m&eacute;dico criminal, despu&eacute;s aparec&iacute;a como un ajuste de cuentas entre distintas facciones de represores. Ante la justicia, el atentado no fue esclarecido. </p>      <p><a name="(8)">8.</a> Tal el caso de dos de los atentados m&aacute;s espectaculares de entre las dos guerras mundiales, el del oficial ucraniano Simon Petljura, abaleado por el jud&iacute;o Schalom Schwartzbard, y el del militar turco Taalat Bey, asesinado por el armenio Tindelian. Ambas v&iacute;ctimas eran responsables de matanzas genocidas contra los pueblos jud&iacute;os y armenios, respectivamente, y hab&iacute;an quedado sin castigo. El autor del atentado de Petljura, Simon Schwartzbard, revel&oacute; con bastante precisi&oacute;n los nexos entre falta de justicia, venganza y memoria p&uacute;blica discutidos aqu&iacute;, cuando declarara que &quot;La sangre del asesino Petlioura recordar&aacute; los sufrimientos del pueblo jud&iacute;o, desamparado y abandonado&quot;.</p>  <hr size="1">      <p><b>REFERENCIAS</b></p>      <!-- ref --><p>1. N&uuml;rnberger Menschenrechtszentrum (ed.), <i>Von N&uuml;rnberg nach Den Haag </i>, Hamburg 1996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-4705200500030000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Lee Roy (ed.), <i>The International Criminal Court. The Making of the Rome Statute. Issues, Negotiations, Results </i>, La Haya , 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-4705200500030000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Bassiouni Cherif, <i>Crimes Against Humanity in International Criminal Law </i>, Dordrecht, Boston-London, 1992, pp. 165 ss.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-4705200500030000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Arendt Hannah, <i>Eichmann in Jerusalem. A Report on the Banality of Evil </i>, New York/London, 1963. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-4705200500030000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. <i>Der Proze&szlig; gegen die Hauptkriegsverbrecher vor dem Internationalen Milit&auml;rgerichtshof N&uuml;rnberg </i>, N&deg; 14, November 1945 - 1. Oktober 1946, N&uuml;rnberg 1947, tomo I, p. 285. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-4705200500030000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Citado por Hannah Arendt en: <i>Eichmann in Jerusalem </i>, <i>Ob. Cit </i>. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-4705200500030000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Reinhard Merkel, <i>Das Recht des N&uuml;rnberger Prozesses, en: N&uuml;rnberger Menschenrechtszentrum </i>(Hg.): Von N&uuml;rnberg nach Den Haag, Hamburg 1996, p. 81. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-4705200500030000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. <i>Der Proze&szlig; gegen die Hauptkriegsverbrecher vor dem Internationalen Milit&auml;rgerichtshof N&uuml;rnberg </i>, N&deg; 14, November 1945 - 1. Oktober 1946, N&uuml;rnberg 1947, tomo II, p. 150. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-4705200500030000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. <i>Deutsche Richter-Zeitung </i>, 1933, p. 265, 272, citado en: Bundesminister der Justiz (Hg.), <i>Im Namen des Deutschen Volkes. Justiz und Nationalsozialismus </i>, K&ouml;ln 1989, p. 89. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-4705200500030000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. <i>Tribunal Permanente de los Pueblos: Proceso a la impunidad de cr&iacute;menes de lesa humanidad en Am&eacute;rica Latina 1989 - 1991 </i>, Bogot&aacute;, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-4705200500030000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 11. Roht-Arriaza Naomi (ed.), <i>Impunity and Human Rights in International Law and Practice </i>, Oxford-New Cork, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-4705200500030000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Secretario General de Naciones Unidas para el tema de la impunidad, Orentlicher Diane F., &quot;Addressing Gross Human Rights Abuses: Punishment and Victim Compensation&quot;, en Louis Henkin/John Hargrove (eds.), <i>Human Rights: An Agenda for the Next Century </i>, Studies in Transnational Legal Policies, N&deg; 26.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-4705200500030000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Huhle Rainer: &quot;Demokratisierung mit Menschenrechtsverbrechern? Die Debatte um die Sanktion von Menschenrechtsverbrechen in den lateinamerikanischen Demokratien&quot;, en Nolte Detlef (ed.), <i>Lateinamerika im Umbruch? </i>, Hamburg, 1991, pp. 75-108.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-4705200500030000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Ambos Kai, <i>Straflosigkeit von Menschenrechtsverletzungen. Zur &quot;impunidad&quot; in s&uuml;damerikanischen L&auml;ndern aus v&ouml;lkerstrafrechtlicher Sicht </i>, Freiburg, 1996; Nolte Detlef (ed.), <i>Vergangenheitsbew&auml;ltigung in Lateinamerika </i>,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-4705200500030000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15.  Lillich Richard, &quot;Damages for gross violations of international human rights awarded by US courts&quot;, en <i>Human Rights Quarterly </i>, No. 15, mayo 1993, pp. 207-229.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0121-4705200500030000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Lillich Richard,&quot;Damages for gross violations of international human rights. US courts&#39; cases and a proposed international convention for the redress of human rights violations&quot;, en <i>Torture </i>, vol. 6 N&deg;. 3, 1996, pp. 56-57.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-4705200500030000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 17. Studies in Transnational Legal Policies </i>, N&deg; 26, Washington , 1994, pp. 477 - 511. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0121-4705200500030000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Rigaux Fran&ccedil;ois, &quot;Impunit&eacute;, crimes contre l&#39;humanit&eacute; et juridiction universelle&quot;, en Ligue internationale pour les droits et la lib&eacute;ration des peuples (ed.), <i>Impunity, Impunidad, Impunit&eacute; </i>, Ginebra, 1993, pp.71-83 (78s). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-4705200500030000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Scharf Michael P., &quot;Swapping Amnesty for Peace: Was There a Duty to Prosecute International Crimes in Haiti?&quot;, en <i>Texas International Law Journal </i>, vol. 31:1, 1996, pp.1-41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0121-4705200500030000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Gibney Mark, <i>The Odyssey of General Suarez-Mason and the Implementation of Human Rights </i>, Paper para el XV Congreso Mundial de la &quot;International Political Science Association&quot; en Buenos Aires, 1991. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-4705200500030000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Horacio Verbitsky, <i>El vuelo </i>, Buenos Aires, 1995. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0121-4705200500030000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Ratner Steven, &quot;Belgium&#39;s War Crimes Statute: A Postmortem&quot;, en <i>American Journal of International Law </i>97, 2003, pp. 888ss. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-4705200500030000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Jaspers Karl, &quot;Entrevista de Fran&ccedil;ois Bondy&quot;, en <i>Der Monat </i>, N&deg; 152, mayo 1961, p. 16. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0121-4705200500030000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Arendt Hannah, <i>Eichmann in Jerusalem. A Report on the Banality of Evil </i>, New York/London, 1963. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-4705200500030000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Time to Watch the Watchers&quot;, en <i>Third World Resurgence </i>, N&deg; 52, 1994, pp. 39-42. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0121-4705200500030000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Goldstone Richard, &quot;Cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de Nuremberg: Un nuevo Tribunal Penal Internacional para criminales que atentan contra los Derechos Humanos&quot;, en <i>Memoria </i>, N&deg; 8, 1996, pp. 4-11. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-4705200500030000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Lee Roy (ed.), <i>The International Criminal Court. The Making of the Rome Statute. Issues, Negotiations, Results </i>, La Haya 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0121-4705200500030000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Presidencia de la Rep&uacute;blica , Consejer&iacute;a Presidencial para los Derechos Humanos, <i>Estatuto de la Corte Penal Internacional </i>, Bogot&aacute;, 1998, p. 8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0121-4705200500030000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Tr&aacute;mite legislativo de ratificaci&oacute;n termin&oacute; el 21 de junio con la aprobaci&oacute;n del Senado mexicano.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0121-4705200500030000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Sewall Sarah B. y Kaysen Carl (eds.), <i>The United States and the International Criminal Court, Ob. Cit. </i> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0121-4705200500030000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Bolton John R., <i>Under Secretary for Arms Control and International Security, </i> Remarks at the Aspen Institute Berlin, Germany, 16 de septiembre, 2002. (Remarks as delivered). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0121-4705200500030000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Ayala Lasso Jos&eacute;, &quot;La justicia es un derecho humano&quot;, en <i>Memoria, </i>N&deg; 8, Centro de Derechos Humanos de Nuremberg, 1996, pp. 22-23. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0121-4705200500030000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Goldstone Richard, &quot;Cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de Nuremberg: un nuevo Tribunal Penal Internacional para criminales que atentan contra los Derechos Humanos&quot;, en <i>Memoria, </i> N&deg; 8, 1996, p. 4-11. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0121-4705200500030000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Panikkar Raimon, <i>Myth, Faith and Hermeneutics </i>, New York , Ramsay, Toronto , 1979. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0121-4705200500030000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Arendt Hannah, <i>Eichmann in Jerusalem. A Report on the Banality of Evil </i>, New York/London, 1963. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0121-4705200500030000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Becker David, <i>Ohne Ha&szlig; keine Vers&ouml;hnung. </i><i>Das Trauma der Verfolgten </i>, Freiburg 1992, p. 249. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0121-4705200500030000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Levi Primo, <i>Die Atempause </i>, (Orig. &quot;La tregua&quot;, 1962), M&uuml;nchen 1988, p.13s. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0121-4705200500030000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Rojas Paz, &quot;Cr&iacute;menes de lesa humanidad e impunidad. La mirada medica psiqui&aacute;trica&quot;, en Codepu (ed.), <i>Persona, Estado, Poder. Estudios sobre Salud Mental </i>, volumen II, Santiago 1996, p.197-222. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0121-4705200500030000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Cesare Beccaria, <i>&Uuml;ber Verbrechen und Strafen </i> (Dei delitti i delle pene, 1764), Frankfurt 1988, p.58. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0121-4705200500030000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Horacio Verbitsky en su libro <i>El vuelo, </i> Buenos Aires, 1995. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0121-4705200500030000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Hayner Priscilla, <i>Unspeakable Truths. Facing the Challenge of Truth Commissions </i>, New York-London, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0121-4705200500030000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. &quot;Las Comisiones de Verdad en Am&eacute;rica Latina&quot;, en <i>Memoria, </i> N&deg; 7, 1995, pp. 5 - 19 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0121-4705200500030000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Levi Primo, <i>Die Untergegangenen und die Geretteten </i> (Orig. I sommersi e i salvati, 1986), M&uuml;nchen 1990, p. 182. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0121-4705200500030000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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