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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Globalización y relaciones internacionales en el entramado de un naciente tiempo global]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[What is globalization and how can the transformations it has produced worldwide be interpreted? This article suggests that to understand the roots of the current changes one must consider the concept of globalization and how this process is bringing about change in the world. The transformations taking place in the field of international relations suggest that it is time to replace the idealized or normalized Westphalian world view with a more encompassing perspective, one that is richer and more complex, such as that of globalized social formation, which, as well as making evident the historical ties between distant nations, alludes to the rise of the "national/international" as a transnational social dimension.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana"size="2">     <p align=right> <b>Art&iacute;culo/Estudios</b></p>      <p>    <center><b><font size="4">Globalizaci&oacute;n y relaciones internacionales en el entramado de un naciente tiempo global</font></b></center></p>      <p>    <center><b><font size="3">Globalization and international relations in the framework of a global nascent time</font></b></center></p>     <p>&nbsp;</p>      <p><b>Hugo Fazio Vengoa</b></p>     <p>Profesor titular del Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia y del Departamento de Historia de la Universidad de los Andes.</p>  <hr size="1">      <p><b>RESUMEN </b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Qu&eacute; es la globalizaci&oacute;n y c&oacute;mo se pueden interpretar las transformaciones que ha producido en el escenario mundial?. El presente art&iacute;culo propone que para aprehender la radicalidad de los cambios actuales se debe recurrir a la noci&oacute;n de globalizaci&oacute;n y a la manera como este proceso ha entra&ntilde;ado un cambio en el panorama mundial. Las transformaciones que tienen lugar en el campo de las relaciones internacionales sugieren que ya es hora de sustituir aquellas perspectivas que conceb&iacute;a el mundo pasado y/o presente a partir de un idealizado o normativo sistema westfaliano por una representaci&oacute;n m&aacute;s abarcadora, rica y compleja como puede ser el de una <i>formaci&oacute;n social globalizada </i>, la cual, adem&aacute;s, de poner en evidencia las articulaciones hist&oacute;ricas de los espacios nacionales con lugares distantes, alude a la realizaci&oacute;n de lo &quot;nacional/internacional&quot; como una dimensi&oacute;n espacial transnacional. </p>      <p><b>Palabras claves:</b> Globalizaci&oacute;n, Relaciones Internacionales, Sociedad. </p>      <p><b>&nbsp; </b></p>  <hr size="1">      <p><b>SUMMARY </b></p>     <p>What is globalization and how can the transformations it has produced worldwide be interpreted? This article suggests that to understand the roots of the current changes one must consider the concept of globalization and how this process is bringing about change in the world. The transformations taking place in the field of international relations suggest that it is time to replace the idealized or normalized Westphalian world view with a more encompassing perspective, one that is richer and more complex, such as that of globalized social formation, which, as well as making evident the historical ties between distant nations, alludes to the rise of the &quot;national/international&quot; as a transnational social dimension.</p>      <p><b>Key words:</b></p> globalization, international relations, society.      <p><b>&nbsp; </b></p> <hr size="1">      <p>Grandes dificultades experimentan quienes en la actualidad se dedican al estudio de la realidad internacional; su campo de estudio, es decir, lo que de modo corriente se conoce como &quot;lo internacional&quot; o, simplemente, las relaciones internacionales, se ha convertido en una trama borrosa, confusa, e incluso, algunas de sus p&aacute;ginas, a veces, inasibles. Las anteriores certidumbres sobre sus pr&aacute;cticas se han vuelto inciertas. Si hasta hace poco lo internacional se refer&iacute;a a lo externo, a los juegos y din&aacute;micas en el sistema de Estados, a la colisi&oacute;n de los &quot;intereses nacionales&quot; entre distintos actores, etc., en la actualidad, estas pr&aacute;cticas obviamente no han desaparecido, siguen manifest&aacute;ndose, y a veces incluso con gran intensidad, como ha ocurrido luego de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, pero recubren tan s&oacute;lo un peque&ntilde;o pliegue del acontecer mundial. </p>      <p>Este cambio en la naturaleza de las llamadas relaciones internacionales ha tra&iacute;do aparejado otro problema en ning&uacute;n caso menor: el aparato anal&iacute;tico y categorial del que se dispone en los estudios internacionales, resulta insuficiente e ineficaz, raz&oacute;n por la cual urge emprender un cambio de perspectiva para poder dar cuenta de su naturaleza. El problema es enorme porque no se trata simplemente de trabajar sobre nuevos t&oacute;picos o nuevos derroteros de lo internacional; el asunto no consiste en sumarle temas adicionales a la agenda. La cuesti&oacute;n es que la calidad de las transformaciones que ha experimentado el mundo en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha sido tan profunda, que por lo general los nuevos enfoques que han madurado siguiendo las trayectorias convencionales de los estudios internacionales se quedan a medio camino cuando intentar dar cuenta de sus particularidades <sup>1, 2</sup>. </p>      <p>Claro que tampoco mejor suerte han corrido los intentos de algunos te&oacute;ricos de las relaciones internacionales por trascender los viejos presupuestos sobre los cuales se construy&oacute; este campo del saber. Tampoco ellos han podido desarrollar nuevos enfoques que permitan superar las insuficiencias que pretenden atacar. Por lo general, han recurrido a la estrategia de simplificar y reducir a un vulgar esquematismo las interpretaciones tradicionales –sobre todo el realismo- con el &aacute;nimo de justificar la novedad de sus enfoques. De esta manera, han encapsulado los anteriores paradigmas dentro de un supuesto &quot;territorialismo metodol&oacute;gico&quot;, por la centralidad que estos le acordaban a los juegos geopol&iacute;ticos y a los Estados, para vanagloriarse de trascenderlos mediante el recurso a una metodolog&iacute;a desterritorializada. Este procedimiento ha terminado suscitando m&aacute;s confusiones que aclaraciones, porque se centran en la cr&iacute;tica de su punto m&aacute;s d&eacute;bil –el sistema westfaliano-, con lo cual no s&oacute;lo no aportan nada nuevo en la comprensi&oacute;n de lo internacional en el pasado, sino que tampoco logran construir nuevas v&iacute;as para interpretar el presente mundial y menos a&uacute;n para posicionar este campo del saber de cara al futuro<sup>3</sup>. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como bien saben y han demostrado quienes profusamente han trabajado el tema de la globalizaci&oacute;n, el territorio no ha muerto <sup>4</sup>. Lo que ocurre es que la organizaci&oacute;n espacial ya no puede interpretarse como un fen&oacute;meno unidimensional, ni bidimensional sino pluridimensional. En las actuales relaciones internacionales concurren numerosas l&oacute;gicas espaciales y temporales, con fronteras discontinuas, lo cual redimensiona la importancia de analizar estas din&aacute;micas y sus interacciones. </p>      <p>Ante esta disyuntiva, vale, entonces, preguntarse , &iquest;qu&eacute; ha cambiado? y &iquest;a partir de qu&eacute; premisas se puede emprender una nueva interpretaci&oacute;n de &quot;lo internacional&quot;? A nuestro modo de ver, un nuevo derrotero que permita dar cuenta la esencia de estos radicales cambios se puede sintetizar en pocas palabras: la intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n. Dif&iacute;cil, por no decir improbable, es encontrar &aacute;mbito, din&aacute;mica social o regi&oacute;n del planeta adonde no se extiendan los tent&aacute;culos de la globalizaci&oacute;n o donde no se perciban sus r&eacute;plicas directas o indirectas. Cual genio, liberado de la botella donde se encontraba encerrado, la globalizaci&oacute;n, precedentemente confinada a determinados sectores (v, gr., la econom&iacute;a), a precisos radios de acci&oacute;n (el mundo atl&aacute;ntico) y a la imprecisa volubilidad de determinados actores (las grandes potencias) <sup>5</sup>, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XX se emancip&oacute; y se convirti&oacute; en una fuerza causada y causante <sup>6</sup>, que ha entrado a remodelar la vida en el planeta. </p>      <p>Sin que se le pueda atribuir ninguna misi&oacute;n o pretensi&oacute;n teleol&oacute;gica, como podr&iacute;a ser el horizonte de una econom&iacute;a-mundo, una sociedad-mundo, una pol&iacute;tica-mundo o una cultura-mundo o una linealidad de menor a mayor en su desarrollo, cuando alcanza niveles tan elevados de intensificaci&oacute;n, l a globalizaci&oacute;n llega para quedarse. En este plano se observa una de las diferencias de fondo entre el contexto globalizante que existi&oacute; a finales del siglo XIX y el actual. El anterior se expresaba a trav&eacute;s de la internacionalizaci&oacute;n y era, por tanto, reversible. No desmiente su naturaleza el hecho de que al iniciar el siglo XX, el mundo entrara en un ciclo de desglobalizaci&oacute;n. El actual, por el contrario, no s&oacute;lo ha trascendido los marcos de la internacionalizaci&oacute;n, para asumir una fisonom&iacute;a m&aacute;s compleja, sino que ha alcanzado unos niveles de compenetraci&oacute;n tan elevados, que ning&uacute;n evento ni la acci&oacute;n de ning&uacute;n Estado puede aminorar o detener su marcha. Incluso el 11 de septiembre, acontecimiento que algunos autores interpretaron como la finalizaci&oacute;n de la incontrolada globalizaci&oacute;n <sup>7</sup>, result&oacute; ser un poderoso acelerador de la misma. La globalizaci&oacute;n, entre otros, acab&oacute; con uno de los monopolios m&aacute;s preciados de los Estados: la seguridad. Con posterioridad a los sucesos de Nueva York y Washington es cierto que se aminor&oacute; el ritmo de la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica, pero se incrementaron sus manifestaciones sociales, pol&iacute;ticas y culturales <sup>8</sup>. As&iacute;, por ejemplo, desde ese fat&iacute;dico 11 de septiembre, el tema de la seguridad no ha dejado de cambiar. Detr&aacute;s la destrucci&oacute;n de las Torres Gemelas se encontraba Al Qaeda, red que actuaba desde Afganist&aacute;n, ten&iacute;a una cabeza visible y dispon&iacute;a de una red de financiamiento. Durante el 11 de marzo espa&ntilde;ol la ecuaci&oacute;n se volvi&oacute; m&aacute;s compleja porque quienes pusieron las bombas no eran fuerzas extranjeras, sino inmigrantes magreb&iacute;es.</p>       <p><i>Pero las bombas suicidas de Londres dan una vuelta m&aacute;s a la tuerca porque, como ahora se sabe, los terroristas no eran turistas del terror ni inmigrantes recientes, sino ciudadanos brit&aacute;nicos, algunos de segunda generaci&oacute;n.    <br> Estos hombres actuaron por su cuenta o coordin&aacute;ndose en c&eacute;lulas peque&ntilde;as y casi autosuficientes, con poco o nulo contacto directo (financiero, log&iacute;stico) con Al Qaeda, pero intensamente motivadas por la ideolog&iacute;a del radicalismo isl&aacute;mico globalizado a trav&eacute;s de una v&iacute;a de comunicaci&oacute;n, Internet, que apenas comenzaba a desarrollarse en el ya remot&iacute;simo siglo XX&quot; <sup>9</sup>.</i> </p>      <p>Por ello consideramos que para aprehender la radicalidad de los cambios actuales se debe recurrir a la noci&oacute;n de globalizaci&oacute;n y a la manera como este proceso ha entra&ntilde;ado un cambio en el panorama mundial. Por parad&oacute;jico que pueda parecer, fue en el &aacute;rea de los estudios internacionales, cuyo campo es sin duda el m&aacute;s entreverado con la globalizaci&oacute;n, donde de manera m&aacute;s tard&iacute;a se tom&oacute; conciencia de los cambios radicales que la globalizaci&oacute;n estaba ocasionando. La centralidad que habitualmente estos an&aacute;lisis le han acordado al Estado, a la diplomacia, a lo pol&iacute;tico, a la soberan&iacute;a, a la territorialidad, a la negociaci&oacute;n intergubernamental, etc., as&iacute; como la persistencia de una visi&oacute;n simplificada de la globalizaci&oacute;n, la cual, a lo sumo, ha sido identificada con interdependencia <sup>10</sup>, explica en alto grado que se tardara en avanzar en la comprensi&oacute;n de que &eacute;ste es un fen&oacute;meno polivalente que atraviesa indistintamente todos los ambientes sociales y transforma la naturaleza de &quot;lo internacional&quot;. </p>      <p>La globalizaci&oacute;n como interconexi&oacute;n </p>      <p>Pero, &iquest;qu&eacute; es la globalizaci&oacute;n y c&oacute;mo se pueden interpretar las transformaciones que ha producido en el escenario mundial? En los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os se han acumulado diferentes aproximaciones al concepto y de cada una de ellas se infieren distintas cualidades del fen&oacute;meno, as&iacute; como dis&iacute;miles lecturas sobre el mundo presente y del campo de lo internacional. La m&aacute;s usual, la primera en consolidarse y que ha resultado ser la &quot;pol&iacute;ticamente m&aacute;s conveniente&quot;, ha consistido en identificarla con un incremento en las interconexiones entre los distintos colectivos humanos <sup>11</sup>. </p>      <p>Los or&iacute;genes de esta lectura, muy econ&oacute;mica en sus enunciados, se remontan a los ochenta cuando apareci&oacute; una nueva literatura sobre las formas de gesti&oacute;n de las firmas multinacionales y su inevitable inserci&oacute;n en la econom&iacute;a mundial. Hace algunos a&ntilde;os, Robert Boyer <sup>12</sup></a>sosten&iacute;a que esta primera tesis sobre la globalizaci&oacute;n se articul&oacute; en torno a cuatro acepciones que algunos economistas y estudiosos de las empresas le dieron al t&eacute;rmino. Algunos expertos en gesti&oacute;n empresarial recurrieron a este concepto para evidenciar la creciente interpenetraci&oacute;n de los mercados en la esfera mundial y la carencia que experimentaban las compa&ntilde;&iacute;as multinacionales para impulsar una adecuada estrategia de cara a los nuevos imperativos de la realidad planetaria. Otros la asociaron con una nueva forma de gesti&oacute;n de la empresa multinacional, la cual se integraba a escala mundial, e identificaron la globalizaci&oacute;n con el surgimiento de un mundo sin fronteras. Los terceros se refer&iacute;an al hecho de que dada la extrema movilidad de la empresa transnacional, los espacios nacionales deb&iacute;an ajustarse a las exigencias del medio externo. En este sentido, la globalizaci&oacute;n implicaba la superposici&oacute;n de las empresas multinacionales sobre los Estados en la definici&oacute;n de las reglas del juego prevalecientes en el sistema internacional. Por &uacute;ltimo, la globalizaci&oacute;n pas&oacute; a mostrar una nueva configuraci&oacute;n de la econom&iacute;a internacional la cual se caracterizaba por la emergencia de una econom&iacute;a globalizada en la que las econom&iacute;as nacionales se descompon&iacute;an para despu&eacute;s rearticularse en un sistema que operaba directamente a escala planetaria. La globalizaci&oacute;n como interconexi&oacute;n, por tanto, fue la manera como los especialistas en administraci&oacute;n y <i>marketing </i> percib&iacute;an el mundo en el que se planteaba una gesti&oacute;n empresarial adaptada a la complejidad del medio competitivo con el objetivo de maximizar los beneficios y consolidar la participaci&oacute;n de las empresas en el mercado mundial. </p>      <p>En general, mientras prim&oacute; esta concepci&oacute;n, particularmente en los ochenta y el primer lustro de los noventa, la globalizaci&oacute;n se entend&iacute;a como una din&aacute;mica fundamentalmente econ&oacute;mica y que a lo m&aacute;s pod&iacute;a producir consecuencias o r&eacute;plicas en los otros &aacute;mbitos sociales, sin que su esencia se realizara en estos planos. As&iacute;, por ejemplo, Eric Hobsbawm, insist&iacute;a en que &quot;l a globalizaci&oacute;n es un proceso que simplemente no se aplica a la pol&iacute;tica (…) pol&iacute;ticamente hablando, el mundo sigue siendo pluralista, dividido en Estados territoriales&quot; <sup>13</sup></a>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hasta la fecha, esta tesis sigue siendo la m&aacute;s difundida sobre la globalizaci&oacute;n. No es gratuito, por tanto, que buen n&uacute;mero de analistas sociales, en su mayor&iacute;a economistas, sigan definiendo la globalizaci&oacute;n como &quot;un proceso de creciente libertad e integraci&oacute;n mundial de los mercados de trabajo, bienes, servicios, tecnolog&iacute;a y capitales&quot;, din&aacute;mica cuyos l&iacute;deres son los mercados, sus agentes fundamentales son las empresas multinacionales, los factores que determinan su expansi&oacute;n son las nuevas tecnolog&iacute;as en el transporte y en las telecomunicaciones y la liberalizaci&oacute;n de los intercambios de bienes, servicios y capitales tanto a trav&eacute;s de negociaciones multilaterales como por decisiones unilaterales y bilaterales <sup>14</sup>. </p>      <p>Esta definici&oacute;n de la globalizaci&oacute;n, por tanto, se ha utilizado para describir la creciente interacci&oacute;n e integraci&oacute;n que se produce entre los pueblos a ra&iacute;z de las facilidades que existen para que las ideas, las im&aacute;genes, los productos y el dinero fluyan a trav&eacute;s de las fronteras como resultado de los crecientes avances tecnol&oacute;gicos y de la expansi&oacute;n del mercado. Esta definici&oacute;n encierra tres grandes virtudes: primero, destaca la importancia que en nuestro presente tiene el incremento de los flujos transfronterizos y otras formas de interdependencia (mayor crecimiento del comercio que la producci&oacute;n, inusitada expansi&oacute;n de los flujos financieros); segundo, muestra la manera c&oacute;mo la competitividad, procedimiento sin duda bastante m&aacute;s complejo y direccionado que la legendaria competencia <sup>15</sup></a>, aceita la compenetraci&oacute;n entre los distintos colectivos, lo que ha redundado en una mayor densificaci&oacute;n de las relaciones econ&oacute;micas y culturales a nivel internacional y en el surgimiento de nichos productivos y de servicio globales; por &uacute;ltimo, destaca la manera como, a partir de la econom&iacute;a, el liberalizado mercado ha penetrado todos los &aacute;mbitos sociales y ha entrado a participar en la recomposici&oacute;n del conjunto de las relaciones sociales. </p>      <p>No obstante sus aciertos, esta interpretaci&oacute;n tambi&eacute;n reproduce una serie de incongruencias, las cuales, debido a su amplia difusi&oacute;n, han impedido que el concepto de globalizaci&oacute;n haya podido convertirse en una adecuada categor&iacute;a social. En primer lugar, por su car&aacute;cter normativo, abstracci&oacute;n de deseabilidad y condicionalidad a partir de la cual se analizan las distintas experiencias hist&oacute;ricas, de manera an&aacute;loga a la anteriormente popularizada teor&iacute;a de la modernizaci&oacute;n <sup>16</sup></a>. Pero tambi&eacute;n por su alto grado de permeabilidad para convertirse en un recurso discursivo. A partir de esta tesis se ha reproducido una pr&eacute;dica que se basa en el supuesto de que los Estados y las sociedades tienen que aumentar su competitividad internacional, es decir, deben actuar en favor de aquellos actores econ&oacute;micos internos que disponen de condiciones para internacionalizar sus actividades y hacer, de esa manera, atractivos sus respectivos pa&iacute;ses, suscitando as&iacute; la atenci&oacute;n de los grandes inversionistas y de las empresas transnacionales. </p>      <p>La globalizaci&oacute;n, de tal suerte, se convierte en un objetivo que todos deben perseguir si no quieren desaparecer o verse confinados a la periferia: para definirse como <i>global players </i>, las empresas, las sociedades y los Estados deben someterse a las normas de la competitividad internacional y de esa manera deben procurar mantenerse en el pelot&oacute;n de punta de la econom&iacute;a globalizada. De este modo, en esta interpretaci&oacute;n se esconde una importante condici&oacute;n pol&iacute;tico-ideol&oacute;gica: sustituye la tradicional divisi&oacute;n entre izquierda y derecha, y presupone una nueva segmentaci&oacute;n, en la cual la globalizaci&oacute;n act&uacute;a como juez y parte: la divisi&oacute;n entre globalizados y no globalizados, versi&oacute;n remozada de la contraposici&oacute;n entre modernidad y tradici&oacute;n. </p>      <p>El car&aacute;cter ideol&oacute;gico que comporta esta lectura de la globalizaci&oacute;n se visualiza igualmente en su entramado con el neoliberalismo, debido a que arranca del supuesto –por cierto, nunca demostrado- de que la empresa capitalista constituye un generador de bienestar, la competitividad del mercado maximiza la eficiencia econ&oacute;mica y garantiza la libertad individual y la solidaridad social, lo que en un contexto de Estado m&iacute;nimo se convierte en una garant&iacute;a para la profundizaci&oacute;n de la democracia. </p>      <p>Adem&aacute;s, el entrecruzamiento con el neoliberalismo permite diluir y, en ese sentido, esconder las asimetr&iacute;as y las relaciones de poder que subyacen a estas mismas pr&aacute;cticas. Una buena ilustraci&oacute;n de este contubernio entre globalizaci&oacute;n como intensificaci&oacute;n de las interconexiones y el neoliberalismo lo observamos en palabras de Joseph Piqu&eacute;, cuando escribe:</p>       <p><i>&quot;Aunque pueda parecer parad&oacute;jico, la globalizaci&oacute;n ayuda a todos los pa&iacute;ses en pie de igualdad, puesto que ayuda a diluir el poder que ciertos pa&iacute;ses, o bloques de ellos, hayan podido tener en el pasado, neutralizando as&iacute; esquemas de dependencia que tan nocivos han sido hist&oacute;ricamente. Con la internacionalizaci&oacute;n de las econom&iacute;as y el progreso de la tecnolog&iacute;a, las distancias geogr&aacute;ficas se acortan, los mercados se ampl&iacute;an, las posibilidades de elecci&oacute;n aumentan en consecuencia y las relaciones cautivas, por tanto, se debilitan. En el fondo, la globalizaci&oacute;n nos hace m&aacute;s libres puesto que permite elegir con absoluta independencia a nuestros socios comerciales, financieros e, incluso, tecnol&oacute;gicos&quot;</i><sup>17</sup></p>      <p>Igualmente importante es el hecho de que con la difusi&oacute;n alcanzada por este tipo de interpretaciones sobre la globalizaci&oacute;n se busca promover valores de libertad econ&oacute;mica y libertad pol&iacute;tica, es decir, la implantaci&oacute;n de los principios organizadores de una democracia de mercado, conjunto de valores a partir de cuya aplicaci&oacute;n se establecen nuevas formas de jerarqu&iacute;as, de acuerdo con el grado de arraipgo de estos principios en las distintas sociedades<sup>18</sup>. </p>      <p>Sin duda que la amplia divulgaci&oacute;n de esta interpretaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n en importantes medios econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos obedece a que es una visi&oacute;n fuertemente ideologizada que despersonaliza los intereses subyacentes en estas pr&aacute;cticas neoliberales e identifica el futuro con el incremento de este tipo de compenetraciones, de lo cual se infiere que quien no asuma los retos de la globalizaci&oacute;n, es decir, de la apertura y la integraci&oacute;n a los mercados, se queda atrapado en un pasado decadente. </p>      <p>Esta interpretaci&oacute;n adolece adem&aacute;s de otro tipo de insuficiencias. De una parte, la globalizaci&oacute;n no es nada distinto a un nuevo vocablo acu&ntilde;ado para designar viejas pr&aacute;cticas, como la internacionalizaci&oacute;n, es decir, el aumento de la extensi&oacute;n geogr&aacute;fica de las actividades a trav&eacute;s de las fronteras nacionales, la interdependencia, o sea, la codependencia que existe entre dos o m&aacute;s agentes internacionales y, en una versi&oacute;n, un poco m&aacute;s moderna, la transnacionalizaci&oacute;n, la cual denota que los flujos que se producen a trav&eacute;s de la articulaci&oacute;n de nexos, pero sin rebasar o anular las fronteras. Esta indefinici&oacute;n conceptual impide entender los nuevos aspectos que comportan las actuales formas de compenetraci&oacute;n. Es sintom&aacute;tico que importantes estudiosos de la realidad contempor&aacute;nea, como el antrop&oacute;logo Ulf Hannerz, que se han quedado con esta acepci&oacute;n del t&eacute;rmino hayan terminado experimentando un desencanto con la utilidad del concepto: </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>&quot; Me incomoda tambi&eacute;n, en cierto modo, el uso m&aacute;s bien prodigioso que se ha hecho del t&eacute;rmino globalizaci&oacute;n para describir cualquier proceso o relaci&oacute;n que de alguna forma atraviesa los l&iacute;mites de un Estado. Es evidente que la mayor&iacute;a de estos procesos y relaciones no se extienden a lo largo y ancho del mundo. El t&eacute;rmino transnacional es en cierto modo m&aacute;s humilde y a menudo m&aacute;s adecuado para fen&oacute;menos que pueden tener una escala y distribuciones variables, incluso cuando tienen como caracter&iacute;stica com&uacute;n el que no ocurran dentro de un Estado&quot;</i><sup>19</sup> </p>      <p>Igualmente no permite precisar la calidad de los cambios que se han presentado en el conjunto de las relaciones sociales, puesto que es una perspectiva unidimensional que representa un determinismo economicista, perpet&uacute;a la contraposici&oacute;n entre lo global y lo local, como si se mantuvieran como espacialidades diferenciadas, e identifica la globalizaci&oacute;n s&oacute;lo con situaciones mensurables, como el incremento del comercio exterior, de los flujos de capital y, en el mejor de los casos, la masificaci&oacute;n de los bienes culturales. </p>      <p>Pero tambi&eacute;n es un enfoque que desatiende las dis&iacute;miles y poderosas l&oacute;gicas de poder que se reproducen dentro de estas din&aacute;micas, porque como supuestamente carecer&iacute;a de un centro neur&aacute;lgico nadie se encuentra en condiciones de controlarla, direccionarla o beneficiarse; tampoco precisa los actores interesados en este tipo de evoluciones, exime de antemano de cualquier tipo de responsabilidad y sirve, adem&aacute;s, de excelente coartada <sup>20</sup>. </p>      <p>Por &uacute;ltimo, pero no por ello menos importante, sus incongruencias obedecen a su escaso nivel de historizaci&oacute;n. Se mantiene apegada a una concepci&oacute;n &quot;nacional&quot; de la globalizaci&oacute;n, es decir, no s&oacute;lo elude el an&aacute;lisis de las grandes transformaciones del mundo actual, sino que reproduce una visi&oacute;n dicot&oacute;mica entre el adentro y el afuera, como si simplemente se estuviera asistiendo a una mayor intensificaci&oacute;n de flujos entre partes dispersas, cuando precisamente esto &uacute;ltimo es lo que se ha revolucionado con la intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n. </p>      <p>En lo que respecta a las relaciones internacionales, la identificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n con el simple aumento de las interconexiones, ha servido de nuevo marco legitimador de las tesis realistas y neorrealista sobre los estudios internacionales porque como alude a una intensificaci&oacute;n de los intercambios entre unidades separadas, permite suponer que la relaci&oacute;n entre las unidades (dentro/afuera) sigue siendo m&aacute;s o menos la misma que antes, no obstante la intensificaci&oacute;n experimentada por el proceso globalizador. Tambi&eacute;n legitima este enfoque predominante sobre lo internacional porque los realistas ven la situaci&oacute;n internacional como una especie de mercado en el que los Estados compiten en la persecuci&oacute;n de sus propios intereses, mientras la &quot;mano invisible&quot; diplom&aacute;tica produce orden y estabilidad <sup>21</sup>. Cuando se arranca de esta visi&oacute;n simplificada y normativa de la globalizaci&oacute;n, el estudio de la naturaleza de las relaciones internacionales puede seguir inscrito dentro de los mismos esquemas referenciales anteriormente existentes. No es casual, por tanto, que autores como Huntington naden a sus anchas en esta concepci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n, porque siguen entendiendo el mundo a partir de una presunta existencia de unidades compartimentarizadas<sup>22</sup></a>. </p>      <p>Esta concepci&oacute;n, en s&iacute;ntesis, aun cuando mantiene todav&iacute;a altos los niveles de popularidad, sobre todo en raz&oacute;n de la afinidad que mantiene con los actuales centros de poder, est&aacute; condenada a desaparecer. No tanto por las incongruencias que reproduce y por la estrechez de miras de su enfoque, sino porque, como sostiene Kosellek, &quot;puede que la historia – a corto plazo- sea hecha por los vencedores, pero los avances en el conocimiento de la historia –a largo plazo- se deben a los vencidos&quot;<sup>23</sup>. A medida que no ha logrado materializar las expectativas que en su momento despert&oacute;, esta interpretaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n ha ido perdiendo adeptos y ha allanado el camino para el surgimiento de contracorrientes discursivas, una de las cuales est&aacute; representada por los movimientos alterglobalizaci&oacute;n. </p>      <p>La globalizaci&oacute;n como compresi&oacute;n espacio temporal </p>      <p>Una segunda corriente de interpretaci&oacute;n, menos extendida en sus or&iacute;genes a finales de los ochenta que la anterior, pero que con el tiempo ha concitado numerosos adeptos entre los cient&iacute;ficos sociales, y que ha servido de sustento para la emergencia de nuevos enfoques, que comentaremos m&aacute;s adelante, ha tenido por mentores al soci&oacute;logo brit&aacute;nico Anthony Giddens y al ge&oacute;grafo David Harvey, quienes han demostrado que las transformaciones econ&oacute;micas identificadas con la globalizaci&oacute;n constituyen simplemente los aspectos m&aacute;s visibles de mutaciones mucho m&aacute;s profundas que han ocurrido en el curso de los &uacute;ltimos decenios, como han sido el advenimiento de una nueva forma de modernidad y la creaci&oacute;n de contextos de experiencia social que reubican en la cotidianidad lo personal, lo local y lo global. </p>      <p>Estas perspectivas se articulan en torno a la idea de que se asiste a una particular y radicalizada comprensi&oacute;n del tiempo y del espacio. L a globalizaci&oacute;n es, de acuerdo con Anthony Giddens, &quot;la intensificaci&oacute;n de relaciones sociales por todo el mundo, de tal manera que los acontecimientos locales est&aacute;n configurados por acontecimientos que ocurren a muchos kil&oacute;metros de distancia y viceversa&quot; <sup>24</sup>, situaci&oacute;n que ha permitido que el espacio y el tiempo se desconecten del lugar y que a las relaciones directas se conjuguen con relaciones &quot;fantasmag&oacute;ricas&quot;, es decir, las que tienen lugar entre ausentes, o para decirlo en palabras del mismo Giddens</p>      <p><i>&quot;la globalizaci&oacute;n ata&ntilde;e a la intersecci&oacute;n de presencia y ausencia, el entrelazamiento de los hechos sociales y las relaciones sociales &#39;a la distancia&#39; con las contextualidades locales. Deber&iacute;amos entender la extensi&oacute;n global de la modernidad como una relaci&oacute;n progresiva entre distanciamiento y mutabilidad cr&oacute;nica de las circunstancias y los compromisos locales&quot;</i><sup>25</sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>David Harvey <sup>26</sup>, por su parte, sostiene que con la globalizaci&oacute;n se ha producido una transformaci&oacute;n de naturaleza civilizatoria, cuyo n&uacute;cleo se sintetiza en la compresi&oacute;n del espacio por el tiempo, situaci&oacute;n que explica el acortamiento de los horizontes temporales, la reproducci&oacute;n de experiencias sociales en distintas dimensiones espacio temporales, la sincronizaci&oacute;n de los cambios en los distintos &aacute;mbitos sociales, con lo cual las explicaciones en t&eacute;rminos de causas y efectos entran a representarse como resonancias. </p>      <p>Entre los aportes m&aacute;s significativos que ha supuesto esta aproximaci&oacute;n a la discusi&oacute;n sobre la globalizaci&oacute;n encontramos que ha permitido superar la tesis fuertemente difundida que alimentaba la contraposici&oacute;n entre lo local a lo global, y que le asignaba al primero el sentido de continuidad (inmovilismo) y al segundo el de cambio (innovaci&oacute;n). En s&iacute;, la globalizaci&oacute;n existe en la medida en que subsisten &aacute;mbitos que la anulan y contrarrestan. Sin la naci&oacute;n o lo local y sus l&iacute;mites territorializados, con espacialidades y temporalidades que le son consustanciales, no podr&iacute;a existir la globalizaci&oacute;n. Si estuvi&eacute;semos frente a una real econom&iacute;a mundo no existir&iacute;a la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica, porque la espacialidad econ&oacute;mica mundial ser&iacute;a una y homog&eacute;nea. De la misma manera se presenta esta relaci&oacute;n dial&eacute;ctica en ocasiones y en otras simbi&oacute;tica en el plano social, cultural y pol&iacute;tico. Esta es una de las premisas que explican el &eacute;xito democr&aacute;tico alcanzado por los pa&iacute;ses de la Europa Centro Oriental. Su adaptaci&oacute;n al tiempo global, por ejemplo a trav&eacute;s del establecimiento democr&aacute;tico, fue posible porque coincidi&oacute; con un retorno a la soberan&iacute;a <sup>27</sup> y no en una superaci&oacute;n de la misma. </p>      <p>En s&iacute; la globalizaci&oacute;n existe porque subsisten m&uacute;ltiples espacialidades y temporalidades, algunas de ellas construidas por las mismas tendencias globalizadoras, que acent&uacute;an las diferencias, las oposiciones y las inclusiones. Ello se convierte en un nuevo elemento diferenciador de los espacios nacionales y subnacionales de acuerdo con el grosor y las formas de articulaci&oacute;n que cada uno de ellos tenga con relaci&oacute;n a los circuitos globalizados. De esta tesis se infiere que con la intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n las fronteras no desaparecen, sino que se reconstituyen de manera m&aacute;s fluida. La demostraci&oacute;n de este &uacute;ltimo punto ha sido uno de los mayores m&eacute;ritos del trabajo de Saskia Sassen, quien, desde su legendario trabajo sobre la ciudad global <sup>28</sup>, viene confirmando que el factor fundamental de las mismas consiste en la conformaci&oacute;n de una red global de ciudades, lo que las lleva a convertirse en sitios estrat&eacute;gicos para las operaciones econ&oacute;micas globales. No existen entidades tales como una ciudad global por s&iacute; sola –como es el caso de la capital de un imperio. Por definici&oacute;n, la ciudad global es parte de una red de ciudades <sup>29</sup>. </p>      <p>Tambi&eacute;n tienen el m&eacute;rito de haber demostrado que la globalizaci&oacute;n es un fen&oacute;meno multidimensional, que se expresa con diferentes ritmos, intensidades y alcances en la totalidad de &aacute;mbitos sociales. De ello se infiere que si la globalizaci&oacute;n es polivalente, s&oacute;lo puede explicarse en t&eacute;rminos globales. Por &uacute;ltimo, al identificar la globalizaci&oacute;n como un producto de la modernidad permite historizarla, es decir, aprehender las singularidades, din&aacute;micas y diferencias de cada una de sus etapas, y comprender el momento de grandes redefiniciones en que se encuentran las sociedades presentes. </p>      <p>A partir de este tipo de concepciones, la globalizaci&oacute;n alude a cambios en la escala de la organizaci&oacute;n social moderna, por medio de la cual se encuentran en proceso de reacomodo los principios sustentadores de la vida social. Quiz&aacute;, su aspecto m&aacute;s innovador consiste en que a diferencia del enfoque que sugiere que la globalizaci&oacute;n implica un aumento de los flujos transfronterizos, cuando se habla de un a superaci&oacute;n del espacio por el tiempo se referencia una globalizaci&oacute;n no como interdependencia, sino como un proceso interior al mundo y a la totalidad de espacios sociales, incluido los m&aacute;s localizados. </p>      <p>En lo que respecta al campo de lo internacional, esta tesis ha profanado las usuales estratificaciones y compartimentarizaciones de las relaciones internacionales (dentro/afuera, soberan&iacute;a, disimilitudes en t&eacute;rminos de poder, etc.). Pero la perspectiva no s&oacute;lo apunta a socavar estas hoy por hoy obsoletas distinciones , m&aacute;s importante es que ha entrado a cuestionar la mera posibilidad de mantener los presupuestos ontol&oacute;gicos sobre los cuales discurre el discurso imperante sobre lo internacional. </p>      <p>Esta nueva subjetivaci&oacute;n de la temporalidad demuele, por tanto, otra importante frontera de la vieja dicotom&iacute;a del adentro/afuera en la medida en que al comprimirse el tiempo, las anteriores duraciones nacionales, estructuradas en torno al crecimiento, la modernizaci&oacute;n y la historia (articulaci&oacute;n entre el pasado y presente), que se contrapon&iacute;an al repetitivo y tambi&eacute;n ca&oacute;tico tiempo internacional, comienzan a ser subsumidos, sin desaparecer, por una temporalidad que desde lo global reubica y les otorga un sentido a las expresiones regionales, nacionales y locales. En este sentido, la globalizaci&oacute;n se asimila a un &quot;proceso revolucionario&quot; <sup>30</sup> que rearticula de otra manera la distinci&oacute;n nacional/internacional. </p>      <p>Si bien f&aacute;cilmente se puede compartir la mayor parte de los presupuestos de estos enfoques, somos de la opini&oacute;n de que uno de los puntos d&eacute;biles de esta tesis es la asociaci&oacute;n impl&iacute;cita, y en ocasiones expl&iacute;cita, entre la globalizaci&oacute;n y la universalizaci&oacute;n de las instituciones y pr&aacute;cticas propias de la modernidad occidental, con lo cual no s&oacute;lo se desconocen otros desarrollos de modernidad <sup>31</sup>, distintos al europeo y norteamericano, sino que la globalizaci&oacute;n, y por ende tambi&eacute;n la correspondiente planetarizaci&oacute;n, quedan subsumidas en la experiencia de la modernidad de Occidente. Lo que lleva particularmente a Giddens a pensar as&iacute; es la suposici&oacute;n de que la globalizaci&oacute;n es directamente &quot;consecuencia de la modernidad&quot;<sup>32</sup>. La misma cr&iacute;tica se le puede hacer a David Harvey, cuando sostiene que &quot;l os medios y experiencias modernos atraviesan todas las fronteras geogr&aacute;ficas y &eacute;tnicas, de clase y nacionalidad, religiosas e ideol&oacute;gicas; en este sentido, puede afirmarse que la modernidad une a toda la humanidad&quot; <sup>33</sup>. </p>      <p>La modernidad, y de suyo la globalizaci&oacute;n, tal como la entienden estos autores, constituye el trasvase de la experiencia de Occidente al resto del mundo, cuando se puede en realidad sostener algo diferente: con la globalizaci&oacute;n intensa se sincronizan m&uacute;ltiples trayectorias divergentes de modernidad que entran en resonancia. Compartimos, m&aacute;s bien, la idea de Hennerz, quien sostiene que aunque la globalizaci&oacute;n se identifica como una parte importante de la modernidad, a menudo resulta obvio, aunque sea impl&iacute;citamente, que el &aacute;rea donde los te&oacute;ricos se mueven a sus anchas contin&uacute;a siendo el mundo Occidental.</p>      <p><i> &quot;Los que tratan la modernidad en general –o ideas abstractas relacionadas con ellas, como la sociedad del conocimiento o la sociedad de la informaci&oacute;n- quiz&aacute; debieran imponerse como una obligaci&oacute;n el tratar de prestar un poco de verdadera atenci&oacute;n a las implicaciones que tiene lo que ellos dicen para las personas situadas en los l&iacute;mites del ec&uacute;mene global: no s&oacute;lo limitarse a ver si sus propuestas se confirman, sino sopesar tambi&eacute;n las consecuencias de las desigualdades de distribuci&oacute;n que est&aacute;n surgiendo. Una de las grandes ventajas de la concepci&oacute;n de la modernidad como civilizaci&oacute;n es que presta atenci&oacute;n a las asimetr&iacute;as globales, a las relaciones centro-periferia. Al principio la modernidad no estaba en todas partes, y si bien se ha extendido por todas partes, o por lo menos hace que su presencia se sienta en todas partes, las condiciones bajo las que se produce esta presencia son muy variables&quot;  </i><sup>34</sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La otra insuficiencia de esta tesis, derivada de una lectura de la globalizaci&oacute;n desde y para Occidente, consiste en la metamorfosis que experimenta para convertirse en un discurso neoliberal de izquierda en la medida en que como asume que la globalizaci&oacute;n es consecuencia de la modernidad occidental se debe propender por una nueva s&iacute;ntesis entre el Estado nacional y la econom&iacute;a mundial a trav&eacute;s de la internacionalizaci&oacute;n del primero para ajustarlo a los imperativos del segundo <sup>35</sup>. </p>      <p>Por &uacute;ltimo, conviene dedicar unas cuantas l&iacute;neas a las tesis de David Held, quien, a partir de una reflexi&oacute;n inspirada en Giddens, ha desarrollado una perspectiva hist&oacute;rico-estructural de la globalizaci&oacute;n, a partir de la cual la define como &quot;un proceso (o una serie de procesos) que engloba una transformaci&oacute;n en la organizaci&oacute;n espacial y las transacciones sociales, evaluada en funci&oacute;n de su alcance, intensidad, velocidad y repercusi&oacute;n, y que genera flujos y redes transcontinentales o interregionales de actividad, interacci&oacute;n y del ejercicio del poder&quot;. En contra de las interpretaciones deterministas, Held propugna por una concepci&oacute;n abierta del cambio global y rechaza todo tipo de concepci&oacute;n fija o singular del mundo globalizado <sup>36</sup></a>. </p>      <p>De acuerdo con las tesis del polit&oacute;logo brit&aacute;nico, con la globalizaci&oacute;n se estar&iacute;a produciendo un trasvase de las formaciones pol&iacute;ticas nacionales a &aacute;mbitos globales, dada la constituci&oacute;n de circuitos, redes e instituciones que apuntan a la aparici&oacute;n de una democracia cosmopolita, las cuales adem&aacute;s est&aacute;n redefiniendo la soberan&iacute;a y la ciudadan&iacute;a <sup>37</sup>. Igualmente destaca la manera como ha cambiado el poder, el cual se ha expandido y se ejerce de formas distintas. En condiciones de intensa globalizaci&oacute;n el poder ya no reside en los lugares en los cuales se ejerce de modo inmediato <sup>38</sup> En raz&oacute;n de estos cambios, Held defiende el avance hacia un esquema de interdependencia pol&iacute;tica, &quot;el sistema de la ONU&quot;, es decir, aquel foro internacional creado al finalizar la segunda guerra mundial, que supuso la igualdad de los Estados, sirvi&oacute; de marco para la descolonizaci&oacute;n, para la puesta en marcha de las reformas de las instituciones internacionales y &quot;m&aacute;s a&uacute;n, suministr&oacute; una concepci&oacute;n valiosa, a pesar de todas sus limitaciones, de un nuevo orden mundial basado en el acuerdo de los gobiernos y, en circunstancias propicias, de una entidad supranacional en defensa de los derechos humanos en los asuntos mundiales&quot; <sup>39</sup>. El problema que presenta esta interpretaci&oacute;n es que a su manera tambi&eacute;n identifica la globalizaci&oacute;n con la constituci&oacute;n de una institucionalidad global, sobrepuesta a los Estados, y derivada de la experiencia de Occidente. Cuando en realidad, la globalizaci&oacute;n pol&iacute;tica constituye un escenario barrocamente constituido a trav&eacute;s de entrecruzamientos que vinculan el antiguo y el nuevo mundo, que articulan las l&oacute;gicas de los Estados, con las de los mercados y de las sociedades y que concatenan las expresiones locales, nacionales, regionales y transnacionales y globales. </p>      <p>La globalizaci&oacute;n como representaci&oacute;n </p>     <p>Una tercera corriente explicativa, en buena parte derivada de la anterior, se organiza en torno a la idea de que la globalizaci&oacute;n es tanto una sociolog&iacute;a de las interdependencias planetarias como una fenomenolog&iacute;a de un mundo nuevo. Algunos de los aspectos m&aacute;s destacado por algunos de estos autores consiste en la idea de que la globalizaci&oacute;n es una manera de ser y de vivir en el mundo, situaci&oacute;n peculiar que resulta de la tendencia hacia la sincronizaci&oacute;n y la uniformizaci&oacute;n de determinadas actividades en el mundo, del hecho de que est&eacute;n surgiendo ciertos elementos propios de una vida cotidiana mundial (&quot;somos ciudadanos mundiales porque el mundo penetr&oacute; en nuestra vida cotidiana&quot; <sup>40</sup>) y una convivencia emotiva <sup>41</sup>, as&iacute; como el impacto que produce una producci&oacute;n discursiva asociada con la inmediatez. </p>      <p>Zaki La&iuml;di sostiene que como representaci&oacute;n del mundo, la globalizaci&oacute;n se expresa como un imaginario social, algunos de cuyos componentes son: primero, las semejanzas en el mundo, es decir, el hecho de que por todas partes se encuentren formas de modernidad, estilos de vida m&aacute;s y m&aacute;s cercanos, que han acabado con la alteridad radical. Segundo, el imaginario de la vida cotidiana mundial, para el cual el sentido de las cosas se alimenta del instante presente, de la inmediatez. Tercero, los medios de comunicaci&oacute;n que, entre otras, posibilitan la globalizaci&oacute;n de los afectos con lo cual la emoci&oacute;n se convierte en un vector para la comunicaci&oacute;n intercultural <sup>42</sup> Cuarto, el mercado, el cual se realiza en la analog&iacute;a comercial, pero tambi&eacute;n en un determinado radicalismo: la libre elecci&oacute;n el cual se encuentra inexorablemente ligado el principio del relativismo. La libre elecci&oacute;n significa que se debe elegir con base en la maximizaci&oacute;n de las preferencias personales. La sociedad se identifica a un mercado al punto de volverse tenue la diferencia entre esta y el mercado. De ello resulta que por imaginario social, se entiende el encadenamiento de hechos com&uacute;nmente admitidos e identificables (por ejemplo, la interdependencia de las econom&iacute;as), con representaciones contradictorias de esos hechos sociales (la interdependencia reduce la autonom&iacute;a de los Estados, pero aumenta las elecciones de los individuos), amplifica estos hechos en el espacio (la globalizaci&oacute;n distorsiona la soberan&iacute;a de los Estados) y en el tiempo (ingreso a una era totalmente nueva) <sup>43</sup></a>. </p>      <p>Martin Shaw sintetiza adecuadamente esta concepci&oacute;n, cuando escribe:</p>       <p><i>&quot;Dentro de lo global se ubican no s&oacute;lo los conceptos transformados de tiempo y espacio, sino tambi&eacute;n los nuevos significados sociales que han derivado de ellos. Propongo entender esto como el desarrollo de una &quot;conciencia com&uacute;n de la sociedad humana a escala mundial&quot;. Nos referimos a una conciencia creciente de la totalidad de las relaciones sociales humanas como amplio marco constitutivo de todas las relaciones. Entendemos que la sociedad, de modo paulatino, queda conformada b&aacute;sicamente por este marco incluyente, m&aacute;s que por tribus, naciones o comunidades religiosas distintas, aunque todas ellas contin&uacute;en, de manera compleja y solapada, dentro de la sociedad global&quot; </i><sup>44</sup> </p>      <p>Todos estos autores tienen en com&uacute;n el hecho de entender por globalizaci&oacute;n tanto un espacio de experiencia como un horizonte de expectativas, que existe cada vez m&aacute;s como un horizonte cultural en el que, en diversas medidas, se forja nuestra existencia <sup>45</sup></a>. Designa, por tanto, una nueva manera de posicionarse frente a las cosas y al mundo. El eje que denota la articulaci&oacute;n de esta representaci&oacute;n consiste en la emergencia de un referente planetario, el cual, como se&ntilde;ala Fulvio Attin&agrave; cobra vigencia &quot;cuando los hombres y mujeres que hablan diferentes lenguas reflexionan conjuntamente sobre las oportunidades de la globalizaci&oacute;n y tambi&eacute;n sobre los deberes morales comunes que &eacute;sta les impone, se est&aacute; dando un paso adelante decisivo en el camino de construir una identidad colectiva m&aacute;s amplia que la identidad nacional en las que nos hemos educado en los &uacute;ltimos siglos&quot;<sup>46</sup>. En este sentido, esta representaci&oacute;n del mundo simboliza la emergencia de una naciente memoria global com&uacute;n, en la cual un papel destacado le ha correspondido a acontecimientos planetarios como la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n, la muerte de Lady Di, el advenimiento del a&ntilde;o 2000, el 11 de septiembre de 2001, etc. </p>      <p>&iquest;Qu&eacute; factores se esconden detr&aacute;s del surgimiento de estas nuevas formas de representaci&oacute;n globales? Dos circunstancias han sido destacadas por esta literatura. La primera consiste en que la nueva estructura de la temporalidad y la aceleraci&oacute;n de im&aacute;genes e informaci&oacute;n medi&aacute;tica destruye el espacio y borra la distancia temporal. El pasado es absorbido por el presente. &quot;El sentido de continuidad hist&oacute;rica o, respectivamente, de discontinuidad hist&oacute;rica, que dependen de un antes y un despu&eacute;s, ceden lugar a la simultaneidad de todos los tiempos y espacios prontamente accesibles en el presente&quot; <sup>47</sup>. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La segunda se expresa en la conformaci&oacute;n de sociedades de mercado, es decir, aquel tipo de organizaci&oacute;n social que descansa en la generalizaci&oacute;n de la verdad de los precios en el sector mercantil, la extensi&oacute;n de la esfera comercial a sectores que se encontraban parcial o totalmente excluidos, la infiltraci&oacute;n creciente de esta l&oacute;gica en la construcci&oacute;n y el reconocimiento de las identidades profesionales, la penetraci&oacute;n del imaginario mercantil en las relaciones sociales y el desarrollo de la l&oacute;gica comercial en la regulaci&oacute;n de los bienes p&uacute;blicos no transables <sup>48</sup>. Esta sociedad de mercado se articula, por tanto, en torno a la creciente mercantilizaci&oacute;n de las actividades sociales como en la proclividad por representarse la esfera social como un mercado. Los dos factores convergen en un punto: la mayor parte de las representaciones contempor&aacute;neas se realizan en el contexto de la econom&iacute;a de mercado. </p>      <p>El papel de estos imaginarios y sus representaciones no pueden ser minimizados porque ayudan a conformar el mundo global, no obstante el hecho de que sus asideros en ocasiones sean frugales. M&aacute;s a&uacute;n. Como representaci&oacute;n la globalizaci&oacute;n posibilita un reencantamiento del mundo en la medida en que potencia el surgimiento de una conciencia que permite hacer de la globalizaci&oacute;n no una fatalidad, sino una oportunidad cosmopolita. La globalizaci&oacute;n, en esta acepci&oacute;n, se convierte en una forma de trascendencia. Cuando se conceptualiza en t&eacute;rminos de trascendencia, la globalizaci&oacute;n altera no s&oacute;lo la identidad de las unidades con el sistema, sino que tambi&eacute;n las condiciones de existencia de los objetos y los campos en los cuales las unidades y el sistema se encuentran <sup>49</sup>. Trascendencia significa que l o global se convierte en algo m&aacute;s que la mera suma de las partes, y que estas tambi&eacute;n son algo m&aacute;s que meros intervalos de la globalidad. </p>      <p>Como sugestivamente ha escrito el historiador brit&aacute;nico Timothy Garton Ash, luego de los sucesos del 7 de julio de 2005, las relaciones internacionales se representan de una manera diferente porque los hechos que ocurren en lugares remotos, como Jartum o Kandahar, nos afectan de manera directa; a veces fatal, mientras nos dirigimos al trabajo, sentados en el metro. Ya no existe una cosa llamada pol&iacute;tica exterior. Esta es tal vez la lecci&oacute;n m&aacute;s importante que nos ense&ntilde;a Londres <sup>50</sup>. </p>      <p>La globalizaci&oacute;n como transformaci&oacute;n hist&oacute;rica </p>      <p>Por &uacute;ltimo, la cuarta corriente explicativa de la globalizaci&oacute;n identifica la intensificaci&oacute;n de este proceso con una transformaci&oacute;n hist&oacute;rica; no con un simple nuevo entorno hist&oacute;rico, sino con un cambio de &eacute;poca, cuyos principales contornos estar&iacute;an conformados por la constituci&oacute;n de contextos posnacionales. O, para decirlo en otras palabras, sugiere que la intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n denota la entrada del mundo en su conjunto, y no s&oacute;lo una regi&oacute;n del planeta, en una &quot;segunda modernidad&quot; <sup>51</sup> o en una &quot;modernidad mundo&quot; <sup>52</sup>. </p>      <p>Un aspecto llamativo de esta concepci&oacute;n radica en que plantea la necesidad de un cambio de paradigma para explicar las situaciones, articulaciones y representaciones de esta nueva era hist&oacute;rica. De la anterior que se articulaba en torno a la naci&oacute;n, el territorio, la sociedad y el Estado nacional se impone la necesidad de construir una perspectiva que de cuenta del mundo como un entramado unitario. </p>      <p>Esta tesis incorpora varios elementos de las perspectivas anteriores. De la primera recupera el papel reconfigurador que ha asumido el liberalizado mercado y la acentuaci&oacute;n de la competitividad, quintaesencia de la reorganizaci&oacute;n planetaria en el tiempo presente <sup>53</sup>, din&aacute;mica que es entendida como una acentuaci&oacute;n de la sincronizaci&oacute;n de las dis&iacute;miles experiencias hist&oacute;ricas nacionales y/o regionales, como un descubrimiento de la intimidad de los distintos colectivos humanos y la exacerbaci&oacute;n de la competici&oacute;n entre los distintos sistemas sociales. De la segunda incorpora la tesis de la multiplicaci&oacute;n de &aacute;mbitos espacio temporales que convergen, se encadenan y sincronizan, as&iacute; como las transformaciones cualitativas que experimenta la modernidad en su versi&oacute;n actualizada. Por &uacute;ltimo, de la tercera integra la proposici&oacute;n de entender el papel que desempe&ntilde;an las representaciones que se derivan de la globalizaci&oacute;n, as&iacute; como asumir la experiencia global desde distintos niveles de enunciaci&oacute;n. </p>      <p>La integraci&oacute;n de este conjunto de presupuestos, articulados en torno a la idea de que se estar&iacute;a asistiendo a un cambio civilizatorio, supone un radical cambio de perspectiva sobre la naturaleza del escenario de lo internacional porque obliga a reconsiderar este campo desde una &oacute;ptica nueva en la cual se conjugan dos tipos de elementos: de una parte, los de transformaci&oacute;n, es decir, aquellos cambios que se expresan en la profundizaci&oacute;n de una pol&iacute;tica global y en el advenimiento de una sociedad global. </p>      <p>A diferencia de la tesis de David Held que antes coment&aacute;bamos sobre la globalizaci&oacute;n pol&iacute;tica, la pol&iacute;tica global no se refiere a la conformaci&oacute;n de una supraestatalidad de tipo transnacional, una especie de Estado mundial, sino a una pol&iacute;tica entendida, de acuerdo con Mary Kaldor, como la interrelaci&oacute;n entre las instituciones del gobierno global, o sea, los grupos, redes y movimientos que comprenden los mecanismos a trav&eacute;s de los que los individuos negocian y renegocian contratos sociales o pactos pol&iacute;ticos a escala global. &quot;Es decir, un sistema de relaciones entre estados o grupos de estados ha sido suplantado por un entramado pol&iacute;tico m&aacute;s complejo, que implica a una serie de instituciones e individuos, y en el que hay un lugar, quiz&aacute; peque&ntilde;o, para la raz&oacute;n y el sentimiento individual y no s&oacute;lo para el inter&eacute;s del Estado o bloque&quot; <sup>54</sup>. </p>      <p>La sociedad global, por su parte, no debe entenderse como la constituci&oacute;n de una colectividad homog&eacute;nea, pues de hecho ninguna sociedad lo es ni lo ha sido; ni siquiera lo fueron las llamadas sociedades socialistas que ten&iacute;an como prop&oacute;sito fundamental alcanzar una completa igualdad social. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>&quot;La sociedad global es y continuar&aacute; siendo un todo poblado de provincias y naciones, pueblos y &eacute;tnicas, lenguas y dialectos, sectas y religiones, comunidades y sociedades, culturas y civilizaciones. Las diversidades que florecieron en el &aacute;mbito de la sociedad nacional, cuando &eacute;sta absorbi&oacute; feudos, burgos y tribus, etnias y naciones pueden tanto desaparecer como transformarse y desaparecer en el &aacute;mbito de la sociedad global. Los horizontes abiertos por la globalizaci&oacute;n comportan la homogeneizaci&oacute;n y la diversificaci&oacute;n, la integraci&oacute;n y la contradicci&oacute;n&quot;</i><sup>55</sup> </p>      <p>La particularidad de la sociedad global consiste en que, a diferencia de los sistemas nacionales hasta hoy conocidos, que se consideraban normativos, que se pensaban en t&eacute;rminos de una totalidad que coordinaba y adaptaba todos los aspectos de la existencia humana a trav&eacute;s de mecanismos econ&oacute;micos, poder pol&iacute;tico y patrones culturales, esta se sit&uacute;a en niveles diferenciados de compenetraci&oacute;n entre las dis&iacute;miles espacialidades globalizantes <sup>56</sup> </p>      <p>De otra parte, intervienen los factores de trascendencia, entre los cuales se cuenta la realizaci&oacute;n de lo &quot;internacional&quot; en los variados intersticios espacio temporales global. En t&eacute;rminos de trascendencia, esta interpretaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n le asigna un nuevo contenido al adjetivo global, revolucionando todas las perspectivas anteriores. Lo &quot;global&quot; no alude a una forma de planetarizaci&oacute;n, sea bajo la f&oacute;rmula de la internacionalizaci&oacute;n, la interdependencia o la transnacionalizaci&oacute;n; presupone asumir lo mundial como una din&aacute;mica interna al planeta. </p>      <p>Si el mundo est&aacute; ingresando en una nueva modernidad, las relaciones internacionales no representan v&iacute;nculos entre partes, sino que escenifican unas nacientes y globalizadas relaciones internas mundiales. Esta perspectiva es sugestiva en su misma fundamentaci&oacute;n porque cuando se asume el mundo como un todo, el entendimiento del sentido de cambio de &eacute;poca exhorta al desarrollo de una perspectiva anal&iacute;tica nueva que permita captar las articulaciones que tienen lugar en el interior de esta globalidad mundial. Ello no significa que las naciones, regiones y localidades desaparezcan, o pierdan su relevancia, sino que se sincronizan barrocamente, con diferentes ritmos e intensidades, en torno a un c&uacute;mulo de patrones globales. </p>      <p>Esta perspectiva introduce tres elementos de novedad con respecto a las tesis antes citadas. En primer lugar, asume que uno de los rasgos del mundo actual consiste en la compresi&oacute;n del espacio por el tiempo, pero no pretende identificar esta transformaci&oacute;n con una pr&aacute;ctica que se ci&ntilde;e y deriva &uacute;nicamente de la experiencia de Occidente. Es decir, sin entrar a cuestionar o negar las asimetr&iacute;as que se presentan entre las distintas regiones del planeta, con el advenimiento de esta &quot;modernidad-mundo&quot;, Occidente ha perdido no s&oacute;lo el monopolio en la producci&oacute;n de sentido, sino que las naciones desarrolladas dejaron de marcar el rumbo a los pa&iacute;ses menos desarrollados. </p>      <p>Si bien todos los colectivos humanos han entrado a compartir un mismo horizonte espacio temporal, entre Occidente y el resto subsiste una enorme diferencia. Esta disimilitud la expres&oacute;, hace ya algunos a&ntilde;os, Marcello Veneziani, en los siguientes t&eacute;rminos: &quot; Occidente dej&oacute; de ser una categor&iacute;a espacial para transformarse en una categor&iacute;a temporal, confundida con el concepto de modernidad, lo que implicaba un presente que transformaba con rapidez y, expulsando el pasado, entraba a modelar el futuro&quot; <sup>57</sup> Al transformarse en una categor&iacute;a temporal, Occidente se convirti&oacute; en un &quot;localismo globalizado&quot; que propaga una serie de elementos (tecnolog&iacute;a, ciencia, estructura econ&oacute;mica industrial, urbanizaci&oacute;n, etc.), pero en condiciones en que ninguno de ellos realiza su esencia. </p>      <p>Mientras las temporalidades anteriores se defin&iacute;an espacialmente, esta &uacute;ltima se fundamenta en su mismo horizonte temporal. La mayor densidad que sigue teniendo Occidente en lo que podr&iacute;a llamar el tiempo global radica precisamente en que mientras gran parte del resto del planeta ha seguido inscrito en una dimensi&oacute;n espacial, Occidente se desterritorializ&oacute; y se transform&oacute; en una categor&iacute;a temporal, lo cual ha dado origen a otra serie de importantes transformaciones. Entre estas se observa que la historia, como proceso, se ha autonomizado y ha entrado a redefinir tanto a Occidente como al tiempo global. No es gratuito que precisamente en estas coordenadas se comenzara a evidenciar algo que hasta hace poco tiempo atr&aacute;s hubiera sido impensable: la ampliaci&oacute;n de la brecha de recorrido hist&oacute;rico y de perspectivas entre Estados Unidos y Europa <sup>58</sup>. </p>      <p>Llevando esta tesis a un punto m&aacute;s extremo, se puede generalizar que el mundo desarrollado dej&oacute; de indicarles el camino a los pa&iacute;ses en desarrollo, pues, en un mundo globalizado, existen numerosas trochas para comprimir en el tiempo el mentado desarrollo. Pero tambi&eacute;n, estos &uacute;ltimos, en varios aspectos, son los que le muestran a los primeros la imagen de su propio futuro <sup>59</sup></a>. </p>      <p>Lo que antes se interpretaba como consecuencia del atraso, a partir de esta perspectiva puede comenzar a interpretarse como una fortaleza. Una condici&oacute;n de existencia paradigm&aacute;tica de Am&eacute;rica Latina ha consistido en que la tradici&oacute;n y la modernidad han convivido en t&eacute;rminos incluyentes <sup>60</sup>, facilitando la adaptaci&oacute;n a un mundo globalizado. Como se&ntilde;ala Hennerz </p>      <p><i>&quot;los europeos occidentales y los norteamericanos pueden encapsularse culturalmente y continuar siendo b&aacute;sicamente metropolitanos locales en vez de convertirse en cosmopolitas (…) Para lo que no son europeos occidentales o norteamericanos, o para los que no viven la vida cotidiana en alg&uacute;n enclave de la cultura occidental, es m&aacute;s probable que la vivencia de una cultura transnacional sea en s&iacute; misma una experiencia cultural diferente&quot;</i><sup>61</sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En segundo lugar, las tres tesis anteriores tienen impl&iacute;citamente en mente la idea de que con la intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n se estar&iacute;a asistiendo a un desbordamiento de las naciones y en su entrecruzamiento tendr&iacute;a lugar la constituci&oacute;n de un mundo global. La globalizaci&oacute;n asumir&iacute;a una direccionalidad, hacia la cual todas las naciones inexorablemente estar&iacute;an avanzando. Reproducen el mismo defecto de todas las tesis que arrancan de la analog&iacute;a interna que al transferir mediante una especie de <i>spill over </i>(desbordamiento) al plano externo los elementos propios de funcionamiento de las sociedades, desconocen las especificidades de lo &quot;externo&quot; o, mejor dicho, de lo global. Pasan por alto el hecho de que la globalizaci&oacute;n ha tenido ritmos y alcances diferenciados. Entender la globalizaci&oacute;n como transformaci&oacute;n hist&oacute;rica sugiere que a medida en que este proceso se ha consolidado, la globalizaci&oacute;n se ha &quot;autonomizado&quot; de determinados campos y actores y ha comenzado a &quot;gobernarse&quot; por din&aacute;micas externas a ella (v. gr., los desarrollos tecnol&oacute;gicos), pero tambi&eacute;n por procedimientos que a veces ella misma constituye (anulaci&oacute;n de las distancias). Precisamente en ello radica la dificultad para comprender la globalizaci&oacute;n por ser una indeterminada realidad mundial que no se encuentra sujeta a ning&uacute;n tipo de determinismo, causalidades ni de leyes; es, como dec&iacute;amos antes, &quot;causada y causante&quot;. </p>      <p>En tercer lugar, suponer que la globalizaci&oacute;n ha entra&ntilde;ado una transformaci&oacute;n hist&oacute;rica obliga a modificar las aproximaciones usuales que han gobernado las ciencias sociales. No por prurito acad&eacute;mico, sino porque la misma realidad se encuentra en un voraginoso proceso de transformaci&oacute;n. E s un hecho que la historia en el mundo avanza m&aacute;s r&aacute;pido que los estudios sociales, raz&oacute;n por la cual estos se encuentran permanentemente desfasados con respecto a la calidad de los cambios que tienen lugar en el escenario mundial. Jes&uacute;s Mart&iacute;n Barbero, en el pr&oacute;logo al libro de Milton Santos <i>Por otra globalizaci&oacute;n. Del pensamiento &uacute;nico a la conciencia universal </i><sup>62</sup>, de manera sugestiva escribi&oacute;: &quot;Es por falta de categor&iacute;as anal&iacute;ticas y de historia que (…) seguimos mentalmente anclados en el tiempo de las relaciones internacionales, cuando lo que hoy necesitamos pensar es el mundo, es decir, el paso de la internacionalizaci&oacute;n a la mundializaci&oacute;n&quot;. </p>      <p>El problema de fondo que plantea una perspectiva como esta de la globalizaci&oacute;n es que exige emprender una renovaci&oacute;n en la mirada de los asuntos sociales, en alguna medida similar, al revolucionario cambio de perspectiva que introdujeron los pintores renacentistas italianos, perspectiva que permit&iacute;a evitar los enga&ntilde;os &oacute;pticos, dio vida al &#39;punto de fuga&#39; en el horizonte que es lo que permite captar las distintas dimensiones del objeto, independientemente del &aacute;ngulo desde el cual se visualice. Con la globalizaci&oacute;n se presenta un desaf&iacute;o similar. La mayor parte de las lecturas de la globalizaci&oacute;n que antes hemos comentado no convergen en un punto el cual pueda ser identificado como el n&uacute;cleo de este proceso. Las miradas se diseminan por fen&oacute;menos particulares, y no siempre se corresponden los unos con los otros. Por esta raz&oacute;n, consideramos que trabajar sobre el tema de la globalizaci&oacute;n lleva a emprender una renovaci&oacute;n de la perspectiva que, reconociendo debidamente el car&aacute;cter diferenciado que tiene cada uno de estos campos, proporcione una representaci&oacute;n que permita captar la multidimensionalidad del fen&oacute;meno. Y es en este punto que las perspectivas antes se&ntilde;aladas se quedan a medio camino; terminan reduciendo el problema a un aspecto singular, cuando su naturaleza s&oacute;lo se puede aprehender en t&eacute;rminos igualmente globales. </p>      <p>Para comprender los pliegues de esta transdisciplinariedad tem&aacute;tica se requiere recurrir a un paradigma no est&aacute;tico, sino din&aacute;mico, que permita aprehender los distintos presupuestos en los que se desenvuelve esta intimidad del mundo. No se puede seguir apegado a una divisi&oacute;n disciplinar y analizar, por ejemplo, el Estado (asunto politol&oacute;gico que sigue inscrito en una dimensi&oacute;n territorial) y el mercado (din&aacute;mica econ&oacute;mica desterritorializada), para despu&eacute;s establecer relaciones de convergencia o causalidad entre ellos. Un enfoque tal diluye y distorsiona las compenetraciones estrat&eacute;gicas que est&aacute;n redefiniendo tanto la pol&iacute;tica como la econom&iacute;a. </p>      <p>Son estas preocupaciones, as&iacute; como la envergadura de los problemas del mundo actual, lo que ha llevado a estudiosos, como el soci&oacute;logo alem&aacute;n Ulrich Beck, a proponer el tr&aacute;nsito del anterior nacionalismo metodol&oacute;gico hacia un nuevo cosmopolitismo metodol&oacute;gico.</p>       <p><i>&quot;Desde la perspectiva del cosmopolitismo metodol&oacute;gico se ve con claridad s&uacute;bita que lo nacional y lo internacional no pueden diferenciarse n&iacute;tidamente para constituir unidades homog&eacute;neas separadas las unas de las otras. De esta manera, el contenedor de poder del Estado nacional se rompe desde dentro y desde fuera y surge una nueva &oacute;ptica, una nueva perspectiva espaciotemporal, nuevas coordenadas de lo social y pol&iacute;tico, una nueva figura del mundo, que justifica un nuevo concepto para esta &eacute;poca, a saber, el de la Segunda Modernidad&quot;</i><sup>63</sup>. </p>      <p>Es, en particular, a partir de esta &uacute;ltima perspectiva como se puede comprender de manera m&aacute;s cabal la forma como la globalizaci&oacute;n se ha convertido en un componente central de los estudios internacionales. Es indudable que hasta hace poco el concepto &quot;relaciones internacionales&quot; era una noci&oacute;n lo suficientemente abarcadora como para explicar la casi totalidad de situaciones que ten&iacute;an lugar en el campo de lo &quot;externo&quot;. Sin embargo, en la actualidad, no s&oacute;lo los Estados perdieron el monopolio de la actuaci&oacute;n en el plano exterior; tambi&eacute;n se ha asistido a una profunda transformaci&oacute;n en aquella frontera sobre la que se asienta toda la l&oacute;gica discursiva sobre lo internacional: lo &quot;interno&quot; en contraposici&oacute;n con lo &quot;externo&quot;. No es cierto que la dicotom&iacute;a interno/externo est&eacute; desapareciendo. El problema es que dej&oacute; de detentar la centralidad que antes tuviera. Lo internacional ya no se realiza &uacute;nicamente a partir de esta frontera, sino que debe incorporar dial&eacute;cticamente estas dos vibraciones (lo nacional y lo internacional), no como polos opuestos, sino como entrelazamientos compenetrados, que en su contradicci&oacute;n, producen nuevas s&iacute;ntesis. Algunos eventos hist&oacute;ricos comienzan a avalar esta perspectiva. En los pa&iacute;ses europeos los asuntos comunitarios dejaron de ser asuntos externos para asumirse como internos lo cual ha supuesto el fin del monopolio que en este campo le correspond&iacute;a al gobierno central. </p>      <p>Las transformaciones que tienen lugar en el campo de las relaciones internacionales sugieren que ya es hora de sustituir aquellas perspectivas que conceb&iacute;a el mundo pasado y/o presente a partir de un idealizado o normativo sistema westfaliano por una representaci&oacute;n m&aacute;s abarcadora, rica y compleja como puede ser el de una <i>formaci&oacute;n social globalizada </i>, la cual, adem&aacute;s, de poner en evidencia las articulaciones hist&oacute;ricas de los espacios nacionales con lugares distantes, alude a la realizaci&oacute;n de lo &quot;nacional/internacional&quot; como una dimensi&oacute;n espacial transnacional. </p>      <p>El concepto de formaci&oacute;n social globalizada comporta adem&aacute;s otra particularidad: en su representaci&oacute;n planetaria destaca las complejas interpenetraciones de las partes, no como fragmentos (v. gr., naciones), sino como segmentos que se compenetran. Tambi&eacute;n designa que lo &quot;nacional&quot;, &quot;regional&quot; o &quot;local&quot; constituyen realidades localizadas, pero cuyos nodos se encuentran deslocalizados, porque constituyen segmentos de una totalidad abarcadora. En una formaci&oacute;n social globalizada el todo es m&aacute;s que la suma de las partes, porque los intersticios y redes que compenetran los distintos segmentos tambi&eacute;n constituyen formas de realizaci&oacute;n de lo global. </p>      <p>En una formaci&oacute;n social globalizada el poder ya no reside ni en los lugares de donde emana ni en los cuales se ejerce de modo inmediato, situaci&oacute;n que se explica por el hecho de que el poder ha abandonado su condici&oacute;n territorializada, se encuentra diseminado por la totalidad de intersticios que comunican y compenetran los distintos segmentos y asume una representaci&oacute;n m&aacute;s <i>soft </i>, pero no por ello menos efectiva. S&oacute;lo as&iacute; se entiende que el territorio haya dejado de ser una condici&oacute;n suficiente para la realizaci&oacute;n del poder. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es, por tanto, entendiendo la globalizaci&oacute;n como una transformaci&oacute;n hist&oacute;rica, que ha puesto los cimientos de una nueva era, como podemos entender la conversi&oacute;n del mundo en una categor&iacute;a hist&oacute;rica. Esta &uacute;ltima perspectiva es, a nuestro modo de ver, la que mejor permite dar cuenta de la radicalidad de los cambios que ha registrado la historia presente. Sin entrar a discutir si nos encontramos frente a una modernidad radicalizada, una segunda modernidad, o una modernidad-mundo, consideramos que el sello distintivo de nuestra &eacute;poca es el advenimiento de un tiempo global, como representaci&oacute;n de una historia global y de una naciente sociedad global. </p>      <p>El tiempo global representa la transformaci&oacute;n del mundo en una categor&iacute;a hist&oacute;rica. La gran diferencia entre el tiempo mundial que debut&oacute; a mediados del siglo XIX y el tiempo global, era que el primero se configuraba espacialmente, y este se realiza temporalmente. El anterior se configuraba en torno a un n&uacute;cleo, una semiperiferia, y una periferia, es decir, reconoc&iacute;a una interpenetraci&oacute;n espacial, mientras que el actual temporaliza estas dimensiones y los n&uacute;cleos, semiperiferias y periferias subsisten sin que medie ninguna relaci&oacute;n espacial de naturaleza territorial. El anterior se representaba como una comunidad de Estados mientras el actual como una sociedad civil mundial, heterog&eacute;nea, y multicentrada. </p>      <p>Cuando hablamos de una pol&iacute;tica global o de una sociedad civil global no estamos aludiendo a una metaestructura que recubre al mundo, sino a un entrelazamiento sincr&oacute;nico y en ocasiones tambi&eacute;n dial&eacute;ctico entre dimensiones aparentemente contradictorias. Es la institucionalidad democr&aacute;tica forjada durante dos siglos lo que explica la solidez de la democracia chilena con respecto a la boliviana. Pero tambi&eacute;n es la concordancia de la democracia con el reencuentro de la soberan&iacute;a lo que explica el &eacute;xito cosechado por los pa&iacute;ses de la Europa Centro Oriental. Como acertadamente se&ntilde;ala Jos&eacute; Subirats, l os te&oacute;ricos de la democracia cosmopolita tienen raz&oacute;n cuando se&ntilde;alan la creciente multiplicidad de conexiones que existen entre las personas, y que embrionariamente permitir&iacute;an hablar de sociedad civil transnacional, generando identidades m&uacute;ltiples y compartidas en un mismo individuo o colectividad. Pero tambi&eacute;n es cierto que se necesita complementar la tradici&oacute;n liberal e individual de derechos con otros aspectos que expliquen los lazos que siguen uniendo y vinculando ciertos individuos con otros, a partir de elementos (no siempre coincidentes) como la lengua, la tradici&oacute;n compartida, un territorio com&uacute;n, la religi&oacute;n, o la voluntad repetidamente manifestada de pertenencia.</p>       <p><i>&quot;No tiene por qu&eacute; ser una situaci&oacute;n est&aacute;tica, ni resistente a la modernizaci&oacute;n o a la contaminaci&oacute;n cosmopolita como a veces se argumenta. Esas ideas, valores y sentimientos compartidos, var&iacute;an y se modifican, generando mixturas y ensamblajes muy variados, pero no por ello forzosamente disolventes. En muchos casos, como argument&oacute; Manuel Castells, s&oacute;lo desde esa identidad percibida y sentida toma significado el cambio global&quot;</i><sup>64</sup></p>      <p>El tiempo global, corolario que sintetiza la concordancia entre globalizaci&oacute;n y modernidad-mundo, es una matriz, pero no un sistema en el sentido en que sus diferentes componentes y flujos no constituyen un todo r&iacute;gido. Sus principales caracter&iacute;sticas se pueden resumir en: se representa barrocamente pues en &eacute;l confluyen elementos premodernos, modernos y posmodernos; reconoce una pluralidad de temporalidades, con diferentes ritmos e intensidades, como, por ejemplo, el tiempo de la pobreza o del medio ambiente que se vehiculiza en la <i>longue dur&eacute;e </i>, mientras que la tecnolog&iacute;a se despliega a alta velocidad, &quot;arritmia que crean en las l&iacute;neas imaginarias de fractura unos espacios crispados de fricci&oacute;n&quot; <sup>65</sup>; se distingue por la aceleraci&oacute;n, la cual exacerba el cambio como producto de los mayores niveles de intimidad, que permite compararse y ser comparado y contamina las distintas formas de existencia; en el tiempo global coexisten el cambio con la permanencia, cuyo corolario es un entretejimiento de lo diacr&oacute;nico con lo sincr&oacute;nico; se acent&uacute;a la presentizaci&oacute;n, la cual se configura a partir del predominio del tiempo del mercado y de la asiduidad de los medios de comunicaci&oacute;n y de la moderna tecnolog&iacute;a; se refuerzan los encadenamientos, los cuales no se representan como una flecha del tiempo, sino que se personifican en la convergencia de dis&iacute;miles trayectorias de modernidad y que, como producto de los entrelazamientos, concurren din&aacute;micas que rompen con la secuencialidad de las causas y los efectos; se acent&uacute;a la sincronizaci&oacute;n, que articula diacron&iacute;a (los dis&iacute;miles itinerarios hist&oacute;ricos) con la sincron&iacute;a (la convergencia de experiencias que producen nuevas s&iacute;ntesis); por &uacute;ltimo, tienen lugar resonancias, es decir, r&eacute;plicas, cuyas ondas penetran y transforman las viejas fronteras entre los distintos &aacute;mbitos sociales y entre los diferentes colectivos humanos. El tiempo global, en resumen, no es una flecha del tiempo universal sino una nueva cartograf&iacute;a de las relaciones internas al mundo. </p>  <hr size="1">      <p><b>REFERENCIAS</b></p>      <!-- ref --><p>1. ROSENAU James N., &quot;Cambio y complejidad: desaf&iacute;os para la comprensi&oacute;n en el campo de las relaciones internacionales&quot; en An&aacute;lisis Pol&iacute;tico N. 32, septiembre-diciembre de 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0121-4705200600010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2.Rosenau James N., &quot;La globalizaci&oacute;n y el conflicto dom&eacute;stico violento&quot;, en Ann Mason y Luis Javier Orjuela, Editores, La crisis pol&iacute;tica colombiana. M&aacute;s que un conflicto armado y un proceso de paz , Uniandes, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0121-4705200600010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. ROSEMBERG Justin, Contra la ret&oacute;rica de la globalizaci&oacute;n , Bogot&aacute;, El Ancora, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0121-4705200600010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. ALTVATER Elmar y BIRGIT Mahnkopf, Las limitaciones de la globalizaci&oacute;n. Econom&iacute;a, ecolog&iacute;a y pol&iacute;tica de la globalizaci&oacute;n , M&eacute;xico, Siglo XXI, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0121-4705200600010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. FAZIO Vengoa Hugo, La globalizaci&oacute;n en su historia , Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0121-4705200600010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. DOLLFUS Olivier, La mundializaci&oacute;n , Barcelona, Bellaterra, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0121-4705200600010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. HALLIDAY Fred, &quot;Aftershocks that hill eventually shake us all&quot;, The Observer , 10 de marzo de 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0121-4705200600010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. FAZIO Vengoa Hugo, El mundo en los inicios del siglo XXI &iquest;Hacia una formaci&oacute;n social global? , Bogot&aacute;, IEPRI y CESO-Uniandes, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0121-4705200600010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. KRAUZE Enrique, &quot;&iquest;Qu&eacute; piensan los terroristas?&quot;, El Pa&iacute;s , 22 de julio de 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0121-4705200600010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. NYE Joseph, Paradojas del poder americano , Barcelona, Paid&oacute;s, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0121-4705200600010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. LECHNER Frank J. y John Boli, The Globalization Reader , Oxford , Blackwell, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0121-4705200600010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. BOYER Robert, &quot;Les mots et les r&eacute;alit&eacute;s&quot; en Varios Autores, Mondialisation au-del&agrave; des mythes , Par&iacute;s, La D&eacute;couverte , 1997, p. 65.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0121-4705200600010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. HOBSBAWM Eric, Entrevista sobre el siglo XXI , Barcelona, Cr&iacute;tica, 2001, p. 61.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0121-4705200600010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. DE LA DEHESA Guillermo , Comprender la globalizaci&oacute;n , Madrid, Alianza, 2000, pp. 17-19.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-4705200600010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. MITTELMAN James H., El s&iacute;ndrome de la globalizaci&oacute;n. Transformaci&oacute;n y resistencia , M&eacute;xico, Siglo XXI, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0121-4705200600010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. PEEMANS Jean-Philippe, Le d&eacute;veloppement des peuples face &agrave; la modernisation du monde. The th&eacute;ories du d&eacute;veloppement face aux histoires du d&eacute;veloppement r&eacute;el dans la seconde moiti&eacute; du Xxeme siecle , Academia Bruylant y L&#39;Harmatthan, Louvain-La-Neuve, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-4705200600010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. PIQU&Eacute; Joseph, &quot;Espa&ntilde;a-1989-1998&quot;: del &quot;desastre&quot; a la plena integraci&oacute;n europea&quot; en Econom&iacute;a Exterior N. 8, Madrid, primavera de 1999, p. 26.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-4705200600010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. SASSEN Saskia, &iquest;Perdiendo el control? La soberan&iacute;a en la era de la globalizaci&oacute;n , Barcelona, Ediciones Bellaterra, 2001, p. 35.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-4705200600010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. HANNERZ Ulf, Conexiones transnacionales. Cultura, gente, lugares , Valencia, C&aacute;tedra, 1998, p. 20.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-4705200600010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. LUTTWAK Edward, El turbocapitalismo , Barcelona, Cr&iacute;tica, 2000, p. 199.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-4705200600010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. RIORDAN Shaun, Adi&oacute;s a la diplomacia , Madrid, Siglo XXI, 2005, p. 37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-4705200600010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. HUNTINGTON Samuel, El choque de las civilizaciones , Barcelona, Paid&oacute;s, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-4705200600010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. KOSELLECK Reinhart, Los estratos del tiempo: estudios sobre la historia , Barcelona, Paid&oacute;s, 2001, p. 83.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-4705200600010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. GIDDENS Anthony, Las consecuencias de la modernidad , Madrid, Alianza, 1999, p. 68.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-4705200600010000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. GIDDENS Anthony, La modernidad y la identidad del yo , Barcelona, Pen&iacute;nsula, 1995, p. 22.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-4705200600010000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. HARVEY David, La condici&oacute;n de la posmodernidad , Buenos Aires, Amorrortu, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-4705200600010000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. LA&Iuml;DI Zaki, &quot;D&eacute;mocratie, monde arabe et dominos&quot; en Le Monde , 21 de julio de 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-4705200600010000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. SASSEN Saskia, La ville globale , Par&iacute;s, Descartes, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-4705200600010000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. SASSEN Saskia, &quot;Ciudades en la econom&iacute;a global: enfoques te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos&quot; en Patricio Navia y Marc Zimmerman, Coordinadores, Las ciudades latinoamericanas en el nuevo (des)orden mundial , M&eacute;xico, Siglo XXI, 2004, pp. 42-43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-4705200600010000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. GIDDENS Anthony, Un mundo desbocado . Los efectos de la globalizaci&oacute;n en nuestras vidas , Madrid, Taurus, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-4705200600010000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. THERBORN G&ouml;ran, Europa hacia el siglo XXI , M&eacute;xico, Siglo XXI, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-4705200600010000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. ROBERTSON Roland, &quot;Glocalizaci&oacute;n: tiempo-espacio y homogeneidad- heterogeneidad&quot;, en Zona Abierta 92/93, Madrid, 2000, p. 221.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-4705200600010000300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. HARVEY David, La condici&oacute;n de la posmodernidad , Buenos Aires, Amorrortu, 1998, p. 25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-4705200600010000300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. HANNERZ Ulf, Conexiones transnacionales. Cultura, gente, lugares , Valencia, C&aacute;tedra, 1998, pp.20-94-95.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-4705200600010000300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. GIDDENS Anthony, La Tercera V&iacute;a y sus cr&iacute;ticos , Madrid, Taurus, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-4705200600010000300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. HELD David, Anthony Mc Grew, David Goldblatt y Jonathan Perraton, Global Transformations. Politics, economics and culture , Stanford, Stanford University Press, 1999, p. 16.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-4705200600010000300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. HELD David y Anthony McGrew, Globalizaci&oacute;n/antiglobalizaci&oacute;n. Sobre la reconstrucci&oacute;n del orden mundial , Barcelona, Paid&oacute;s, 2003 .&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-4705200600010000300037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. HELD David y Anthony Mc Grew, The Global Transformations Reader. An introduction to the globalization debate , Polity Press, Cambridge , 2000, p. 8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-4705200600010000300038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. HELD David, La democracia y el orden global. Del Estado moderno al gobierno cosmopolita , Barcelona, Paid&oacute;s, 1996, p. 116.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-4705200600010000300039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. ORTIZ Renato, Otro territorio , Bogot&aacute;, Convenio Andr&eacute;s Bello, p. 15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-4705200600010000300040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. AUG&Eacute; Marc, Ficciones de fin de siglo , Barcelona, Gedisa, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-4705200600010000300041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. RUSSELL Hochschild Arlie, &quot;Las cadenas mundiales de afecto y asistencia y la plusval&iacute;a del amor&quot; en Anthony Giddens y Hill Hutton, Editores, En el l&iacute;mite. La vida en el capitalismo global, Barcelona, Tusquets, 2001 .&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-4705200600010000300042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. LA&Iuml;DI Zaki, La grande perturbation , Par&iacute;s, Flammarion, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-4705200600010000300043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. SHAW Martin, The Global State , Cambridge University Press, 2000, p. 12.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0121-4705200600010000300044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. TOMLINSON John, Globalizaci&oacute;n y cultura , M&eacute;xico, Oxford University Press, 2000, p. 35.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-4705200600010000300045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. ATTIN&Agrave; Fulvio, El sistema pol&iacute;tico global. Introducci&oacute;n a las relaciones internacionales, Barcelona , Paid&oacute;s, 2001, pp. 11.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-4705200600010000300046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. HUYSSEN Andreas, En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalizaci&oacute;n , M&eacute;xico, FCE, 2002, p. 153.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-4705200600010000300047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48. LA&Iuml;DI Zaki, Le sacre du pr&eacute;sent , Par&iacute;s, Flammarion, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0121-4705200600010000300048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. BARTELSON Jens, &quot;Three concepts of globalization&quot;, en International Sociology vol. 15 N. 2, junio de 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-4705200600010000300049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50. GARTON Ash Timothy, &quot;Las lecciones de Londres&quot;, El Pa&iacute;s , 11 de julio de 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-4705200600010000300050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51. BECK Ulrich, &iquest;Qu&eacute; es la globalizaci&oacute;n? , Barcelona, Paid&oacute;s, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-4705200600010000300051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. ORTIZ Renato, La mundializaci&oacute;n de la cultura , Bogot&aacute;, Convenio Andr&eacute;s Bello, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-4705200600010000300052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. BRENNER Robert, Turbulencias en la econom&iacute;a mundial , Santiago, Lom, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-4705200600010000300053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>54. KALDOR Mary, La sociedad civil global , Tusquets, Barcelona, 2004, p. 107.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-4705200600010000300054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>55. IANNI Octavio, La era del globalismo , M&eacute;xico, siglo XXI, 1999, p. 85.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-4705200600010000300055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>56. BAUMAN Zigmunt, La globalizaci&oacute;n. Consecuencias humanas , Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1999, pp. 49-50.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-4705200600010000300056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>57. VENEZIANI Marcello, Processo al Occidente: la societ&agrave; globale e i suoi nemici , Milano, Sugarco, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-4705200600010000300057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>58. KROES Rob, Ciudadan&iacute;a y globalizaci&oacute;n. Europa frente a Norteam&eacute;rica , Madrid, C&aacute;tedra, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-4705200600010000300058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>59. BECK Ulrich, La crisis de la sociedad global , M&eacute;xico, Siglo XXI, 2002, p. 5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-4705200600010000300059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>60. GARC&Iacute;A Canclini N&eacute;stor, Culturas h&iacute;bridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad , M&eacute;xico, Grijalbo, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-4705200600010000300060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>61. HANNERZ Ulf, Conexiones transnacionales. Cultura, gente, lugares , Valencia, C&aacute;tedra, 1998, p. 20-174. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-4705200600010000300061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>62. SANTOS Milton, Por otra globalizaci&oacute;n. Del pensamiento &uacute;nico a la conciencia universal Bogot&aacute;, Convenio Andr&eacute;s Bello, 2004, p. 9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-4705200600010000300062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>63. BECK Ulrich, Poder y contrapoder en la era global , Barcelona, Paid&oacute;s, 2004, p. 87.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-4705200600010000300063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>64. SUBIRATS Jos&eacute;, &quot;Cosmopolitismo insuficiente, nacionalismo obsoleto&quot;, El Pa&iacute;s , 26 de junio de 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0121-4705200600010000300064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>65. CORM Georges, La fractura imaginaria. Las falsas ra&iacute;ces del enfrentamiento entre Oriente y Occidente , Barcelona, Tusquets, 2004, p. 165. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-4705200600010000300065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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