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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los Paramilitares y Lo no negociable. Las emociones y los límites de la racionalidad]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The central thesis of this article is that the results of peace negotiation, conceived in strategic rationality, depend on factors that cannot be guaranteed. The author refers to emotional states as influencing factors: compassion, shame, indignation, or resentment. Because of their structure and cognitive content, these emotions must be kept in mind if one purports to achieve lasting peace. The article in divided into three parts. One, a description of the emotions based on Elster’s reflections in Rationality and the Emotions (1996) and Strong Feelings: Emotion, Addiction and Human Behavior (1999), with the objective of specifying the role that emotions play in making practical decisions. Two, it describes the general characteristics of the current peace negotiation in Colombia, based on criteria that allow this to be classified as an accord of instrumental rationality (in the Hobbesian sense). Three, it assesses the possible effects that awareness or ignorance of the emotions could have on rational negotiation, in particular the efficacy and validity of the legal considerations that guide the negotiation process.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana"size="2">      <p align=right> <b>Art&iacute;culo/Coyuntura</b></p>      <p>    <center><b><font size="4">Los Paramilitares y Lo no negociable. Las emociones y los l&iacute;mites de la racionalidad<a href="#(1)">(1)</a></font></b></center></p>      <p>    <center><b><font size="3">The political reform in Equator in a callejon without exit</a></font></b></center>      <p><b>Rodolfo Arango </b></p>      <p>Profesor de la Facultad de Derecho, Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales, Universidad Nacional de Colombia. </p>  <hr size="1">      <p><b>RESUMEN </b></p>      <p>La tesis central de este art&iacute;culo es que la negociaci&oacute;n de paz concebida desde la racionalidad estrat&eacute;gica depende en sus resultados de factores que ella misma no est&aacute; en capacidad de asegurar. El autor se refiere a factores como las emociones morales, a saber, la compasi&oacute;n, la verg&uuml;enza, la indignaci&oacute;n o el resentimiento. Estas emociones, por su estructura y contenido cognitivo, deben ser tenidas en cuenta si a lo que se pretende llegar es a una paz duradera. La exposici&oacute;n se divide en tres partes. Primero se caracterizan las emociones a partir de las reflexiones de Elster –en &quot;Rationality and the Emotions&quot; (1996) y &quot;Sobre las pasiones. Emoci&oacute;n, adicci&oacute;n y conducta humana&quot; (2001)–, con el prop&oacute;sito de precisar las funciones generales que desempe&ntilde;an las emociones en la toma de decisiones pr&aacute;cticas. Segundo, se describe a grandes rasgos el proceso de negociaci&oacute;n de paz actualmente vigente en Colombia, y ello a partir de unos criterios que permiten clasificarlo como un acuerdo de racionalidad instrumental (en sentido Hobbesiano). Por &uacute;ltimo, se eval&uacute;an los posibles efectos que para los resultados de la negociaci&oacute;n puede tener la incorporaci&oacute;n o el desconocimiento de las emociones en dicha negociaci&oacute;n racional, en particular la eficacia y validez de las normas jur&iacute;dicas que gu&iacute;an la negociaci&oacute;n. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras claves:</b> Negociaci&oacute;n, derechos humanos, racionalidad. </b></p>      <p><b>&nbsp; </b></p>  <hr size="1">      <p><b>SUMMARY </b></p>      <p>The central thesis of this article is that the results of peace negotiation, conceived in strategic rationality, depend on factors that cannot be guaranteed. The author refers to emotional states as influencing factors: compassion, shame, indignation, or resentment. Because of their structure and cognitive content, these emotions must be kept in mind if one purports to achieve lasting peace. The article in divided into three parts. One, a description of the emotions based on Elster’s reflections in Rationality and the Emotions (1996) and Strong Feelings: Emotion, Addiction and Human Behavior (1999), with the objective of specifying the role that emotions play in making practical decisions. Two, it describes the general characteristics of the current peace negotiation in Colombia, based on criteria that allow this to be classified as an accord of instrumental rationality (in the Hobbesian sense). Three, it assesses the possible effects that awareness or ignorance of the emotions could have on rational negotiation, in particular the efficacy and validity of the legal considerations that guide the negotiation process.</p>      <p><b>Key words:</b> negotiation, human rights, rationality.      <p>&nbsp;</p>  <hr size="1">      <p><b>Introducci&oacute;n </b></p>      <p>Intuimos que las emociones son determinantes para la convivencia pac&iacute;fica. No obstante, sabemos que su estudio ha sido un t&oacute;pico descuidado por algunas disciplinas sociales, como lo comenta Jon Elster en relaci&oacute;n con la econom&iacute;a<sup>1</sup>. Ello vale tambi&eacute;n para el derecho y la teor&iacute;a pol&iacute;tica. </p>      <p>La tesis central que deseo defender es que la negociaci&oacute;n de paz concebida desde la racionalidad estrat&eacute;gica depende en sus resultados de factores que ella misma no est&aacute; en capacidad de asegurar. Me refiero a factores como las emociones morales, a saber, la compasi&oacute;n, la verg&uuml;enza, la indignaci&oacute;n o el resentimiento. Estas emociones, por su estructura y contenido cognitivo, deben ser tenidas en cuenta si a lo que se pretende llegar es a una paz duradera. Hoy, m&aacute;s que nunca, ellas se ven reflejadas en el derecho internacional de los derechos humanos, en la forma de un l&iacute;mite a la tolerancia de ciertas conductas que no puede ser desconocido. Este l&iacute;mite a la tolerancia se constituye en la pr&aacute;ctica en un l&iacute;mite al poder de negociaci&oacute;n pol&iacute;tica, como es evidente en los pronunciamientos de Tribunales Internacionales que buscan impedir la impunidad de autores de delitos atroces, entre ellos, los delitos de guerra, genocidio y lesa humanidad, incorporados a la legislaci&oacute;n penal internacional por el Tratado de Roma. La condena mundial a graves violaciones de derechos humanos refleja el m&iacute;nimo de sensibilidad que la humanidad no est&aacute; dispuesta a negociar con el fin de superar el conflicto armado. </p>      <p>Cabe advertir que las siguientes ideas hacen parte de una investigaci&oacute;n sobre derechos humanos como l&iacute;mite a la democracia en la cual se analiza la Ley de Justicia y Paz<sup>2</sup>. En esta ley se plasman las condiciones de negociaci&oacute;n entre el Gobierno y los grupos armados en proceso de desmovilizaci&oacute;n, en particular los paramilitares. La mencionada investigaci&oacute;n explora desde la filosof&iacute;a, la psicolog&iacute;a moral y el derecho las restricciones discursivas al acuerdo racional en el contexto de procesos de paz. Ella se inspira en la reflexi&oacute;n de Richard Rorty, seg&uacute;n la cual el estudio de las emociones puede aportar m&aacute;s a la defensa de los derechos humanos que el legado de doscientos a&ntilde;os de racionalidad <sup>3</sup>. Sin necesidad de concebir las emociones y la racionalidad como t&eacute;rminos excluyentes, la presente reflexi&oacute;n explora algunas de las funciones que cumplen las emociones en la toma de decisiones pol&iacute;ticas (o en ejercicio de la voluntad pol&iacute;tica), bien sea como l&iacute;mite o como gu&iacute;a de acuerdos racionales y juicios pr&aacute;cticos en general. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La exposici&oacute;n se divide en tres partes. Primero se caracterizan las emociones a partir de las reflexiones de Elster –en &quot;Rationality and the Emotions&quot; (1996) y &quot;Sobre las pasiones. Emoci&oacute;n, adicci&oacute;n y conducta humana&quot; (2001)–, con el prop&oacute;sito de precisar las funciones generales que desempe&ntilde;an las emociones en la toma de decisiones pr&aacute;cticas. Segundo, se describe a grandes rasgos el proceso de negociaci&oacute;n de paz actualmente vigente en Colombia, y ello a partir de unos criterios que permiten clasificarlo como un acuerdo de racionalidad instrumental (en sentido Hobbesiano). En la presente oportunidad, el an&aacute;lisis se limita al marco normativo –Ley de Justicia y Paz– de la negociaci&oacute;n, quedando pendiente el an&aacute;lisis de las posiciones asumidas por los actores en conflicto de cara al cumplimiento de los acuerdos. Por &uacute;ltimo, en un tercer apartado, se eval&uacute;an los posibles efectos que para los resultados de la negociaci&oacute;n puede tener la incorporaci&oacute;n o el desconocimiento de las emociones en dicha negociaci&oacute;n racional, en particular la eficacia y validez de las normas jur&iacute;dicas que gu&iacute;an la negociaci&oacute;n. </p>      <p>1. Emociones</p>      <p>Las emociones, al igual que las creencias y los deseos, pueden concebirse bien como estados que acaecen o como disposiciones mentales para que tales estados tengan lugar <sup>4</sup>. En ese sentido, se habla de emociones que ocurren, o de disposiciones mentales que se tienen frente a ciertos eventos. S&oacute;lo algunas emociones, y en alguna medida, est&aacute;n bajo el control de la voluntad <sup>5</sup>. No lo est&aacute;n, por ejemplo, las fobias a murci&eacute;lagos o ara&ntilde;as. Pero la rabia o el miedo s&iacute; que pueden ser objeto de control de la voluntad. Adem&aacute;s, las emociones son intencionales, esto es, recaen sobre algo, tienen un objeto intencional. Elster recuerda aqu&iacute; la advertencia de Hume, seg&uacute;n la cual no debemos confundir la causa y el objeto de la emoci&oacute;n: si recibo malas noticias por email puede que reaccione poni&eacute;ndome de mal genio con mi familia <sup>6</sup>. </p>      <p>Emociones complejas –en t&eacute;rminos de Hume–, como la indignaci&oacute;n, se diferencian de las simples, como el dolor, porque requieren de un procesamiento cognitivo previo. Antes de expresar mi disgusto hacia alguien que me empuja, debo cerciorarme que lo ha hecho intencionalmente; antes de que el marido haga una escena de celos, debe conocer la causa de la permanencia de su esposa en el trabajo. Las emociones pueden tener igualmente consecuencias cognitivas: ellas pueden conducir a la reevaluaci&oacute;n de la situaci&oacute;n que las caus&oacute; inicialmente <sup>7</sup>. </p>      <p>Por otra parte, Elster nos recuerda que las emociones, en lenguaje psicol&oacute;gico, tienen una valencia positiva o negativa. A diferencia del dolor o la tristeza, el amor es una disposici&oacute;n altamente deseable. Su valencia es positiva <sup>8</sup>. Queremos que siempre este presente, mientras que deseamos que el dolor se mantenga ausente, lo que por supuesto no cuenta para el s&aacute;dico. </p>      <p>Adem&aacute;s de su manifestaci&oacute;n, intencionalidad, antecedentes cognitivos y valencia, la mayor&iacute;a de las emociones se asocia con la tendencia a la acci&oacute;n <sup>9</sup>: el envidioso desea destruir el objeto de la envidia o, si no puede, a su due&ntilde;o; cuando siento verg&uuml;enza, deseo salir corriendo. Por otra parte, las emociones se expresan fisiol&oacute;gica o fison&oacute;micamente: tengo dolor de est&oacute;mago antes de la conferencia o sonr&iacute;o ante el comentario mordaz. </p>      <p>Especial inter&eacute;s para el tema que nos ocupa reviste la relaci&oacute;n entre emociones y normas sociales. Esta relaci&oacute;n es descrita por Elster en sus obras (1996, 1389 s.; 2001, 98 ss.). Las normas sociales –entre las que podr&iacute;amos incluir las normas del derecho– son definidas por &eacute;l como exigencias de un comportamiento (i) no orientado por sus resultados, (ii) aplicable tanto a todos como a uno mismo, (iii) sustentado mediante la sanci&oacute;n por parte de otros, (iv) y basado en emociones internalizadas <sup>10</sup>. Las normas sociales son &quot;sociales&quot; por las caracter&iacute;sticas ii –ser aplicables a los otros y a uno mismo– y iii –ser sancionadas por otros–; y, son adem&aacute;s &quot;normas&quot; en virtud de i –o sea, su exigibilidad no depende de los resultados–. En cuanto a las emociones internalizadas, si bien no parecen ser parte necesaria de la norma social, ellas s&iacute; refuerzan las sanciones externas impuestas por otros y parecen ser indispensables en para su desempe&ntilde;o o eficacia. </p>      <p>En este orden de ideas, las emociones pueden reforzar el cumplimiento de normas sociales. Este aspecto, sin embargo, no ha sido suficientemente apreciado por economistas y soci&oacute;logos cuando explican las normas sociales en t&eacute;rminos de utilidad social o racionalidad individual <sup>11</sup>. Cuando se escoge rechazar como ofensivo al avivato, la verg&uuml;enza puede inducirlo a cooperar en la soluci&oacute;n de problemas colectivos. La verg&uuml;enza puede tambi&eacute;n inducir las personas a ser m&aacute;s cuidadosas con los ni&ntilde;os y las personas mayores <sup>12</sup>. </p>      <p>Por su parte, las normas sociales pueden regular emociones y sus efectos. En la medida que caigan bajo el poder de la voluntad, las emociones pueden ser objeto de normas sociales. Es el caso de las normas que sancionan la risa en un funeral. Algo diferente sucede con las emociones no gobernadas por la voluntad. De &eacute;stas se espera que no sean objeto de regulaci&oacute;n normativa. Deb&iacute;an poder fluir libremente, como el j&uacute;bilo o la tristeza. Pero ello no siempre sucede. Las personas sienten verg&uuml;enza al no sentirse felices el d&iacute;a de su matrimonio. La ausencia o presencia de emociones en ciertas situaciones genera otras emociones en nosotros y en terceros. Al respecto y frente al conflicto en Colombia, la relaci&oacute;n entre tres emociones reviste especial inter&eacute;s. Se trata de la envidia, la indignaci&oacute;n y el resentimiento. Estas emociones nos remiten a la relaci&oacute;n entre emoci&oacute;n y cognici&oacute;n, as&iacute; como al problema de la justificaci&oacute;n de las emociones <sup>13</sup>. </p>      <p>La idea b&aacute;sica es la siguiente. En sociedades con altos &iacute;ndices de desigualdad e inequidad, la emoci&oacute;n de la envidia es aun m&aacute;s com&uacute;n que en sociedades igualitarias. En t&eacute;rminos de Elster, &quot;la experiencia de la envidia –el querer algo que otro tiene– y la verg&uuml;enza por la envidia puede desencadenar varias reacciones&quot; <sup>14</sup>. El individuo o grupo que la siente puede apaciguar la emoci&oacute;n mediante una estrategia cognitiva, como cuando el individuo vencido en un concurso de m&eacute;ritos para ascender a un puesto se dice a si mismo que el ganador lo consigui&oacute; mediante una conducta servil y maliciosa <sup>15</sup>. Esta justificaci&oacute;n desencadena una emoci&oacute;n de indignaci&oacute;n justa, que bien puede mantenerse abiertamente y sin verg&uuml;enza. Ahora bien, la efectividad de la estrategia cognitiva depende de la frecuencia e intensidad de la emoci&oacute;n. La envidia puede ser m&aacute;s intensa en peque&ntilde;os pueblos que en ciudades con anonimato y gran movilidad social <sup>16</sup>. As&iacute;, es posible &quot;esperar una gran dosis de envidia siempre que se den las condiciones para que aparezca la emoci&oacute;n y no existan fuertes normas que se le opongan y la contrarresten&quot; (ibidem). </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La relaci&oacute;n emoci&oacute;n y cognici&oacute;n nos lleva al problema de justificar las emociones que sentimos mediante la formaci&oacute;n de conceptos que pueden afectar a la emoci&oacute;n. Los ciudadanos de sociedades modernas responsabilizan por lo general al desempleado de su propia situaci&oacute;n. Para Elster, esta creencia puede proceder m&aacute;s de nuestra necesidad de justificar el rechazo que hacemos de &eacute;l que del hecho de contar con los datos necesarios para apreciar en forma imparcial su situaci&oacute;n. A su juicio, la carencia de una categorizaci&oacute;n conceptual adecuada puede impedir la reelaboraci&oacute;n cognitiva de emociones provocadas por otras emociones <sup>17</sup>. </p>      <p>Para terminar este primer apartado, es relevante mencionar la relaci&oacute;n entre emociones y elecci&oacute;n racional, aspecto central de la negociaci&oacute;n y del acuerdo racionales. La pregunta crucial consiste en determinar cu&aacute;l es el papel que juegan las emociones en la toma de decisiones pr&aacute;cticas. Por una parte, es ampliamente aceptado que las emociones interfieren la racionalidad <sup>18</sup>; son como &quot;arena en que se ha introducido la maquinaria de la acci&oacute;n&quot;. No obstante, recientemente las emociones han adquirido una valencia positiva con respecto a la optimizaci&oacute;n de la racionalidad de las elecciones. En este sentido, las emociones pueden tener un contenido cognitivo (como en las teor&iacute;as de Martha Nussbaum, Patricia Greenspann o Robert Solomon) que coloca l&iacute;mites a la acci&oacute;n estrat&eacute;gica. Veamos entonces, en forma sint&eacute;tica, las consecuencias que puede traer el desconocimiento de las emociones en la toma de decisiones racionales.</p>      <p>En cuanto a la necesidad de congelar las emociones al momento de decidir racionalmente, tal convicci&oacute;n obedece fundamentalmente a que las emociones acaecen en forma sorpresiva y sus efectos son imprevisibles. As&iacute;, el elemento de sorpresa que acompa&ntilde;a muchas emociones positivas, por definici&oacute;n, no se deja planificar. Por su parte, las personas no parecen ser buenas en anticipar el impacto de experiencia viscerales negativas. El estudiante que copia tal vez no lo habr&iacute;a hecho si hubiera previsto lo mal que se siente cuando es descubierto en el enga&ntilde;o <sup>19</sup>. Incluso las pruebas cl&iacute;nicas que Antonio Damasio <sup>20</sup> presenta para mostrar la correlaci&oacute;n entre emociones y racionalidad, lo &uacute;nico que muestran es que la capacidad emocional es determinante para excluir decisiones irracionales, mas no para hacer la mejor elecci&oacute;n entre opciones racionales diversas. </p>      <p>No obstante lo anterior, Elster se declara relativamente optimista frente a la posibilidad de explorar el rol positivo que pueden cumplir las emociones para la toma de decisiones racionales. A su juicio, una acci&oacute;n es racional si satisface tres condiciones de optimalidad: (i) la acci&oacute;n tiene que ser el mejor medio para realizar los deseos del agente, dadas sus creencias acerca de la relaci&oacute;n medios/fines y otros factores f&aacute;cticos; (ii) tales creencias deben ser &oacute;ptimas, seg&uacute;n la informaci&oacute;n de que dispone el agente; (iii) la cantidad de informaci&oacute;n (o de recursos destinados a adquirir la informaci&oacute;n) debe ellas misma ser igualmente &oacute;ptima, dadas las creencias iniciales del agente en relaci&oacute;n a los costos y beneficios de la adquisici&oacute;n de la informaci&oacute;n y de la importancia que la decisi&oacute;n tiene para &eacute;l mismo <sup>21</sup>. En este sentido, las emociones pueden cumplir un papel positivo en este esquema de decisi&oacute;n racional. Ellas pueden contribuir al bienestar de m&uacute;ltiples maneras. Como estados mentales que acaecen, las emociones pueden ser fuente de felicidad o infelicidad. Como disposiciones emocionales, ellas pueden favorecer o no la ocurrencia de un evento o incidir en la direcci&oacute;n de un encuentro. Si las personas saben que soy irascible, tender&aacute;n a evitarme. Por ello la idea de moldear el car&aacute;cter incluye el intento de enfocar las disposiciones emocionales de forma que disfrutemos m&aacute;s la vida y suframos menos. Pasemos ahora a analizar el proceso de negociaci&oacute;n racional actualmente existente entre los paramilitares y el gobierno colombiano para establecer el papel que juegan y que pudieran llegar a jugar las emociones en la discusi&oacute;n y el acuerdo racionales. </p>      <p><b>2. Negociaci&oacute;n de paz </b></p>      <p>El proceso de negociaci&oacute;n entre el gobierno colombiano y las fuerzas paramilitares, cuyo reflejo m&aacute;s concreto es la Ley de Justicia y Paz, puede describirse mediante una racionalidad instrumental con arreglo a fines (en sentido weberiano). La anhelada paz se persigue mediante el otorgamiento de beneficios a los desmovilizados de grupos armados que colaboren con el esclarecimiento de los hechos y de la responsabilidad penal por los delitos cometidos. Las penas privativas de la libertad van de 5 a 8 a&ntilde;os en centros de reclusi&oacute;n especiales. Los paramilitares, por su parte, se comprometen a desmontar sus aparatos militares, a entregar las armas, a colaborar con la justicia y a reinsertarse a la vida civil. Adem&aacute;s, deben resarcir, en lo posible, el da&ntilde;o causado a las v&iacute;ctimas. Se pretende as&iacute; satisfacer el derecho a la verdad de las v&iacute;ctimas y conciliarlo con la dosis de reconciliaci&oacute;n que es necesaria para alcanzar el objetivo supremo de la paz. </p>      <p>En este orden de ideas, es posible se&ntilde;alar cinco caracter&iacute;sticas que describen, a grandes rasgos, el proceso de negociaci&oacute;n entre el Estado y los paramilitares: </p>      <p>1) La diversidad de m&oacute;viles de los actores en el proceso de negociaci&oacute;n es evidente. Los jefes paramilitares buscan su no extradici&oacute;n, mientras que el Estado pretende asegurar la paz. Ello explica lo abrupto y accidentado del proceso. La negociaci&oacute;n depende de prop&oacute;sitos divergentes que se ven afectados diversamente en cada nueva situaci&oacute;n. Por su parte, los muchos excluidos del proceso, incluso los mismos combatientes pero principalmente las v&iacute;ctimas, son ignoradas e, incluso, las asociaciones que las agrupan son tildadas de moralistas o de verdugos del proceso de paz. </p>      <p>2) El proceso de negociaci&oacute;n muestra una suboptimalidad de los medios de la ley para alcanzar el objetivo en ella declarado. La falta de condiciones necesarias para conocer la verdad, el no desmantelamiento de los ej&eacute;rcitos privados y la no afectaci&oacute;n de todos los bienes de los paramilitares para reparar a las v&iacute;ctimas, son medios inadecuados para asegurar la reconciliaci&oacute;n y la paz. El sofisma de la no obligaci&oacute;n de confesar para recibir beneficios; los proyectos de ley para sanear r&aacute;pidamente t&iacute;tulos de tierras que actualmente cursa en el Congreso; o la participaci&oacute;n en pol&iacute;tica de paramilitares antes de regularizar su situaci&oacute;n jur&iacute;dica, son algunas de las medidas contraproducentes para el logro de la paz. </p>      <p>3) El proceso tambi&eacute;n carece de transparencia e informaci&oacute;n confiable sobre la influencia de los grupos desmovilizados y de su situaci&oacute;n jur&iacute;dica: hoy en d&iacute;a los principales miembros de los paramilitares hacen proselitismo armado, ejercen control territorial en ciudades y regiones, y son due&ntilde;os de actividades econ&oacute;micas como el robo de gasolina, el chance, la prestaci&oacute;n de la salud, el contrabando; por otra parte, las interpretaciones de la ley de justicia y paz que ofrece el Gobierno o el Fiscal, pese a no ser vinculantes para los jueces, dan una sensaci&oacute;n de dureza a la ley que, en verdad, ella no tiene. Esto porque ignora el principio constitucional fundamental de que, en caso de duda, prima la interpretaci&oacute;n m&aacute;s favorable al acusado. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>4) La falta de credibilidad el proceso, en particular por parte de las v&iacute;ctimas, tambi&eacute;n es un hecho evidente. A ello contribuye el poder de amedrantamiento que los paramilitares a&uacute;n conservan en todas las regiones. Prueba de falta de credibilidad en el proceso de negociaci&oacute;n ha sido el bajo nivel de respuesta y el rechazo al proceso por parte de los dos millones de desplazados. La falta de credibilidad tambi&eacute;n afecta a los principales beneficiarios de la Ley de Justicia y Paz, a saber, las cabecillas del paramilitarismo. Su reciente huelga por el cambio de las condiciones del juego ante el traslado de &quot;Don Berna&quot; a C&oacute;mbita y luego a la c&aacute;lida Itagu&iacute;, hacen evidente su desconfianza en el proceso. </p>      <p>5) Finalmente, el proceso de negociaci&oacute;n recae sobre asuntos que est&aacute;n fuera del control de los negociadores. La estabilidad de los acuerdos depende &iacute;ntegramente de decisiones externas. Me refiero a las peticiones de extradici&oacute;n de Estados Unidos y a los fallos de la justicia internacional. Es el caso, por ejemplo, de las recientes decisiones de la Corte Penal Internacional y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de Mapirip&aacute;n. </p>      <p>Descrito en t&eacute;rminos generales el contexto de la negociaci&oacute;n de paz, corresponde ahora evaluar si en &eacute;l son contempladas adecuadamente las emociones morales como factores relevantes para la estabilidad de los acuerdos racionales. Para ello la fenomenolog&iacute;a de las emociones ofrecida por la reflexi&oacute;n de Elster –pese a mantenerse bajo el marco de una racionalidad instrumental con arreglo a fines– resulta de especial inter&eacute;s. </p>      <p>3. Emociones en la negociaci&oacute;n </p>      <p>Recordemos los elementos presentes en una fenomenolog&iacute;a de las emociones. Las emociones son estados o disposiciones mentales, intencionales, con antecedentes cognitivos, valencia y tendencia a la acci&oacute;n. Adem&aacute;s, la relaci&oacute;n entre emociones y normas sociales resulta determinante a la hora de apreciar la eficacia –e incluso la validez– de las normas jur&iacute;dicas que enmarcan el proceso de negociaci&oacute;n. Veamos como se aplica el baremo cr&iacute;tico de las emociones morales al proceso de negociaci&oacute;n y la funci&oacute;n cr&iacute;tica que ellas pueden cumplir en la toma de decisiones pol&iacute;ticas. </p>      <p>1) Las emociones morales, en particular la indignaci&oacute;n y la compasi&oacute;n por parte de las v&iacute;ctimas de los cr&iacute;menes ordenados por las cabecillas de los grupos armados, no han sido apreciadas adecuadamente en el proceso. El resarcimiento econ&oacute;mico no contrarresta la indignaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas y de la comunidad internacional por las masacres cometidas. Ello porque la verdad no es un objetivo de la ley, pese a la ret&oacute;rica en ella empleada. A tal extremo llega el sarcasmo oficial que cuando se insiste en la necesidad de exigir la verdad so pena de perder los beneficios se responde que la ley es producto de una negociaci&oacute;n de paz y no del sometimiento a la justicia. Con ello el sentimiento m&iacute;nimo de justicia, la certidumbre de lo sucedido a los seres queridos, se diluye en las razones de conveniencia nacional. </p>      <p>2) Mientras que es evidente una clara desproporci&oacute;n entre las penas establecidas en la ley y la gravedad de los delitos y da&ntilde;os infligidos, no existe ninguna garant&iacute;a ni incentivo efectivo que mueva a los paramilitares a desmantelar sus aparatos de dominaci&oacute;n pol&iacute;tico-militar. La prensa del 17 de octubre de 2005 (El Tiempo, p. 1-4) informa que seg&uacute;n datos de los tribunales del pa&iacute;s, no existen procesos penales pendientes contra los 9.500 autodefensas reportados por el Gobierno, pese a los cientos de masacres cometidas y a los cerca de 2 millones de personas desplazadas por la violencia. Tampoco se entiende c&oacute;mo sea posible descontar el tiempo de reclusi&oacute;n en la zona de desmovilizaci&oacute;n hasta por a&ntilde;o y medio de la pena privativa de la libertad, cuando la velocidad del procesamiento judicial depende de la intenci&oacute;n de los propios procesados. </p>      <p>3) Emociones morales como la compasi&oacute;n, indignaci&oacute;n y la verg&uuml;enza son las grandes ausentes en el proceso de negociaci&oacute;n. El colocarse en la situaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas y sentir con ellas no ha sido un objetivo de la ley. Por el contrario, la ley y su ret&oacute;rica de derechos a la verdad, la justicia y la reparaci&oacute;n, han invisibilizado a las v&iacute;ctimas. Las v&iacute;ctimas son irrelevantes para la ley en la medida en que los victimarios no son llamados a confesar y revelar la verdad de lo sucedido a cambio del otorgamiento de beneficios. El derecho a la verdad real queda escamoteado por la verdad procesal de lo que buenamente se sirvan relatar en versi&oacute;n libre los victimarios que se acojan a la ley de alternatividad penal. El derecho a la defensa de los victimarios es defendido como absoluto, mientras que el derecho de las v&iacute;ctimas a la verdad es visto como relativo. </p>      <p>4) En t&eacute;rminos de negociaci&oacute;n de paz, los acuerdos entre el Estado y los paramilitares lo que han aumentado es la indignaci&oacute;n latente en millones de personas afectadas por masacres y desplazamiento. A tal extremo llega la letra menuda de la ley que ella obliga a las v&iacute;ctimas a compadecer al proceso penal, ya que al no hacerlo el juez pueda obligado a conceder la pena alternativa al victimario (par&aacute;grafo 2 del art&iacute;culo 23). Se deja as&iacute; en manos de los paramilitares la posibilidad de intimidar a las v&iacute;ctimas para que no concurran a la conciliaci&oacute;n. </p>      <p>5) Ante la dificultad de individualizar las conductas –la desmovilizaci&oacute;n se hizo sin identificaci&oacute;n de los alias y de las armas utilizadas por cada uno de los combatientes desmovilizados, como lo denunciara en su momento el director de American Watch– la Ley de Justicia y Paz da al Gobierno Nacional la facultad discrecional de certificar a los beneficiarios de declaratorias de inhibici&oacute;n, preclusi&oacute;n de la investigaci&oacute;n o cesaci&oacute;n del procedimiento (art&iacute;culo 70 de la Ley ). Se asegura as&iacute; la impunidad total para gran parte de la tropa, lo cual resulta de seguro econ&oacute;mico para el proceso penal, pero costoso en t&eacute;rminos de impunidad y peligrosidad social de quienes, sin aceptar ninguna verg&uuml;enza p&uacute;blica como sanci&oacute;n por sus actos, saldr&aacute;n fortalecidos y premiados por su conducta antijur&iacute;dica. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>6) En Colombia se pretende llegar a la paz, esto es a la concordia y la reconciliaci&oacute;n, por v&iacute;a de la acci&oacute;n estrat&eacute;gica de algunos actores del conflicto, desconociendo que un discurso racional pr&aacute;ctico exige actitudes comunicativas que impiden la exclusi&oacute;n de otras personas tambi&eacute;n afectadas. Tal distorsi&oacute;n de la ley y de los acuerdos de paz se ve reforzada por el modelo transaccional de justicia penal. En este novel enfoque, propio del Estado negociante y encubridor (ser sentencia de Mapirip&aacute;n y la multiplicidad de sentencias condenatorias que se avecinan en la Corte Interamericana contra Colombia), quedan tendidas en el camino las esperanzas de paz de millones de colombianos. </p>      <p>7) La ausencia de emociones morales en el proceso de negociaci&oacute;n ser&iacute;a recordada y exigida tarde o temprano por los Tribunales Internacionales de Derechos Humanos. De tal forma se reivindicar&aacute; la importancia de la memoria para combatir el genocidio y la masacre<sup>22</sup>. Dos recientes antecedentes as&iacute; lo dejan entrever. Mientras que la Corte Penal Internacional ha solicitado la detenci&oacute;n de cinco rebeldes ugandeses sindicados de delitos de lesa humanidad que hacen parte del proceso de negociaci&oacute;n de paz en su pa&iacute;s, en reciente fallo de condena contra Colombia en el caso de Mapirip&aacute;n, la Corte Interamericana de Derecho Humanos ha reiterado su jurisprudencia constante    <br>  <i> &quot;en el sentido de que ninguna ley ni disposici&oacute;n de derecho interno puede impedir a un Estado cumplir con la obligaci&oacute;n de investigar y sancionar a los responsables de violaciones de derechos humanos. En particular, son inaceptables las disposiciones de amnist&iacute;a, las reglas de prescripci&oacute;n y el establecimiento de excluyentes de responsabilidad que pretendan impedir la investigaci&oacute;n y sanci&oacute;n de los responsables de las violaciones graves de los derechos humanos – como las del presente caso, ejecuciones y desapariciones&quot; <sup>23</sup>. Hasta aqu&iacute; la cita de la CIDH en el caso de Mapirip&aacute;n.</i> </p>      <p>8) Finalmente es importante mostrar c&oacute;mo el conflicto se ha venido trasladado del campo militar al campo sem&aacute;ntico. El art&iacute;culo 73 de la Ley de Justicia y Paz borra la distinci&oacute;n entre delincuentes por convicci&oacute;n y delincuentes comunes al ampliar la concepci&oacute;n com&uacute;n del delito de sedici&oacute;n. Al hacerlo, quienes eran funcionales a los intereses antisubversivos del Estado, a saber, los paramilitares, resultan ahora con la calidad de delincuentes pol&iacute;ticos, cuyos delitos pueden ser objeto de indulto y amnist&iacute;a. Estamos, entonces, con la guerra sem&aacute;ntica, ante la inminente eliminaci&oacute;n del pensamiento liberal y su doctrina de la tolerancia a las ideas ajenas, en el camino de un integrismo valorativo en aras de la &quot;democracia militante&quot; de impredecibles consecuencias. </p>      <p><b>Conclusiones </b></p>      <p>La creciente sensibilizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n mundial frente a la violaci&oacute;n de derechos humanos ha convertido a las emociones morales en una condici&oacute;n normativa para el &eacute;xito y estabilidad de los procesos de negociaci&oacute;n. </p>      <p>Esta transformaci&oacute;n cultural, lo que Rabossi y Rorty no dudan en llamar la cultura de los derechos humanos, pone un l&iacute;mite normativo a la racionalidad instrumental como forma de llegar a acuerdos pol&iacute;ticos en las negociaciones de paz. Tal l&iacute;mite se toma en serio el contenido cognitivo de las emociones, en particular de las emociones morales. </p>      <p>La estabilidad de cualquier acuerdo de paz depende entonces en un inteligente dise&ntilde;o entre emociones y normas sociales de forma que se asegure la eficacia del derecho y con ello su validez. </p>      <p>Quiz&aacute;s la formulaci&oacute;n m&aacute;s precisa de la elevada sensibilidad por los derechos humanos y su irrenunciablidad en los procesos de negociaci&oacute;n de paz sea el criterio de intolerancia frente a la degradaci&oacute;n humana producto de actos atroces. Este criterio se ve reflejado en la f&oacute;rmula de Radbruch &quot;la ley extremadamente injusta no es derecho&quot; <sup>24</sup>. Sin necesidad de abrazar un cognitivismo valorativo positivo, basta aceptar un cognitivismo contraf&aacute;ctico que asegure la identificaci&oacute;n de actos que, por herir con tal intensidad las emociones morales, no son susceptibles de disposici&oacute;n racional en procesos de negociaci&oacute;n. En este sentido, la adecuada valoraci&oacute;n del papel de las emociones morales en la toma de decisiones pr&aacute;cticas se muestra como una condici&oacute;n necesaria para la racionalidad y el &eacute;xito de cualquier proceso de paz. </p>  <hr size="1">      <p><b>COMENTARIOS</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <a name="(1)">1.</a> Ponencia presentada en el Seminario Internacional de Investigaci&oacute;n en Ciencias Sociales y Estudios Pol&iacute;ticos: &quot; Negociaci&oacute;n, discusi&oacute;n racional y acuerdos &quot;, Universidad Nacional de Colombia , Octubre 18-21 de 2005. </p>      <p>&nbsp;</p>  <hr size="1">      <p><b>REFERENCIAS</b></p>      <!-- ref --><p>1. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, pp. 1386-1397.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0121-4705200600010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Ley 975 de 2005. Ver Arango Rodolfo, Proyecto de investigaci&oacute;n &quot;Derechos Humanos como l&iacute;mite a la democracia – An&aacute;lisis filos&oacute;fico de la Ley de Justicia y Paz&quot;, Bogot&aacute;, CESO, Universidad de los Andes, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0121-4705200600010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. RORTY Richard, &quot;Derechos humanos, racionalidad y sentimentalidad&quot;, en Shute, St./Hurley, S. (eds.), De los derechos humanos , Madrid, Trotta, 1998, pp. 117-136.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0121-4705200600010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 1387.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0121-4705200600010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 1387.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0121-4705200600010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 1387.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0121-4705200600010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 1388.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0121-4705200600010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 1388.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0121-4705200600010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 1388.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0121-4705200600010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 1389.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0121-4705200600010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 1390.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0121-4705200600010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 1390.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0121-4705200600010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. ELSTER Jon, Sobre las pasiones. Emoci&oacute;n, adicci&oacute;n y conducta humana, Barcelona et al, Paid&oacute;s, 2001, pp. 107 ss .&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0121-4705200600010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 107.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0121-4705200600010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 107.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0121-4705200600010000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 108.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0121-4705200600010000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 108.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0121-4705200600010000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. &quot;Emotions, Rationality, and Mind/Body&quot;, en Anthony Hatzimoysis (ed.), Philosophy and the Emotions , Cambridge , UK , Cambridge University Press, 2003, pp. 113-125.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0121-4705200600010000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 1393.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0121-4705200600010000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Damasio Antonio, Descartes&#39; Error: Emotion, Reason, and the Human Brain , New York , Avon Books, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0121-4705200600010000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. ELSTER Jon, &quot;Rationality and the Emotions&quot;, en The Economic Journal , N&deg; 106, septiembre, 1996, p. 1391.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0121-4705200600010000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. MINOW Martha, &quot;The Work of Re-Membering: After Genocide and Mass Atrocity&quot;, en Fordham International Law Journal , N&deg; 23, 1999, pp. 429-439.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0121-4705200600010000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Corte Interamericana de Derechos Humanos, Caso de la &quot;Masacre de Mapirip&aacute;n&quot; vs. Colombia, Sentencia de 15 septiembre de 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0121-4705200600010000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. RADBRUCH Gustav, &quot;Arbitrariedad legal y derecho supralegal&quot;, en El hombre en el derecho , Buenos Aires, Desalma, 1980, pp. 127-141. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0121-4705200600010000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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