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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[En Las Manos Del Ejército: Violencia Y Posguerra En Guatemala]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The fratricide war between sectors of the Mayan population in Guatemala (1962-1996) and the permanent militarization has left sequels printed in the social tissue. In my research, that includes the work of field for La Comisión de la Verdad supported by the Nations United in that country (1997-1998), I was witness of the destruction of confidence bows and solidarity, key components in the support of the communal identity.. My study shows how the persistent militarization produces that the most impoverished sectors from the rural population, look for the Army like the guardian of its communities.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana"size="2"> </font>     <p align="right"><font size="2" face="Verdana"><b>Art&iacute;culo/Testimonio</b></font></p>      <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>En Las Manos Del Ej&eacute;rcito: Violencia Y Posguerra En Guatemala </b><a href="#(1)">(1)</a></font></p>     <p align="center"><font size="3" face="Verdana"><b>In The Army Hands: Violence And Post War In Guatemala </b></font></p> <font face="Verdana"size="2">    <p><b>Marcia Esparza</b></p> Profesora del Departamento de Estudios Puertorrique&ntilde;os y Latinoamericanos, John Jay College of Criminal Justice (CUNY), New York City.E-mail <a href="mailto:mesparza@jjay.cuny.edu">mesparza@jjay.cuny.edu</a> <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>La Guerra muchas veces de car&aacute;cter fraticida entre sectores de la poblaci&oacute;n maya en Guatemala (1962-1996) ha dejado secuelas impresas en el tejido social. En mi investigaci&oacute;n, que incluye el trabajo de campo para la Comisi&oacute;n de la Verdad auspiciada por las Naciones Unidas en ese pa&iacute;s (1997-1998), fui testiga de la destrucci&oacute;n de lazos de confianza y solidaridad, componentes claves en el soporte de la identidad comunal ind&iacute;gena. Mi estudio muestra c&oacute;mo la persistente militarizaci&oacute;n produce que los sectores m&aacute;s empobrecidos de la poblaci&oacute;n rural busquen al Ej&eacute;rcito, como guardi&aacute;n de sus comunidades. </p>     <p><b>Palabras clave:</b> Violencia contempor&aacute;nea, Guatemala, control militar, comunidades maya. </p> <hr size="1">     <p><b>SUMMARY</b></p>     <p>The fratricide war between sectors of the Mayan population in Guatemala (1962-1996) and the permanent militarization has left sequels printed in the social tissue. In my research, that includes the work of field for La Comisi&oacute;n de la Verdad supported by the Nations United in that country (1997-1998), I was witness of the destruction of confidence bows and solidarity, key components in the support of the communal identity.. My study shows how the persistent militarization produces that the most impoverished sectors from <i> the rural population, look for the Army like the guardian of its communities. </i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Key words:</b> Contemporary violence, Guatemala , military control, Maya communities. </p> <hr size="1">      <p><b>Introducci&oacute;n </b></p>     <p>En Guatemala, la guerra entre 1960 y 1996 que cobr&oacute; un car&aacute;cter fraticida entre sectores de la poblaci&oacute;n maya del altiplano, y la violenta militarizaci&oacute;n de la que estos sectores fueron objeto, han dejado profundas secuelas impresas en el tejido social. En mi experiencia de investigaci&oacute;n, que incluye mi trabajo de campo para la Comisi&oacute;n de Esclarecimiento Hist&oacute;rico <a href="#(2)">(2)</a>, o Comisi&oacute;n de la Verdad <a href="#(3)">(3)</a>, auspiciada por las Naciones Unidas en ese pa&iacute;s (1997-1998), fui testigo de la destrucci&oacute;n de lazos de confianza y solidaridad entre campesinos ind&iacute;genas, cohesi&oacute;n clave para la reproducci&oacute;n social de la identidad comunal ind&iacute;gena.</p>     <p>Mis responsabilidades con la Comisi&oacute;n de la Verdad incluyeron tomar testimonios en Santo Tom&aacute;s de Chichicastenango, poblado por el pueblo Maya K&#39ich&eacute;, una de las municipalidades en la regi&oacute;n de El Quich&eacute; <a href="#(4)">(4)</a>. Al poco tiempo de comenzar las entrevistas con las v&iacute;ctimas y con los sobrevivientes de la guerra, detect&eacute; que solamente las comunidades ubicadas al lado este de Chichicastenango solicitaban a la Comisi&oacute;n <a href="#(5)">(5)</a> llegar a sus poblados para la recolecci&oacute;n de testimonios. La solicitud la realizaban organizaciones de base, por lo general de derechos humanos, tales como, el Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), o la Coordinadora de Viudas de Guatemala (Conavigua). </p>      <p>Cuando finalic&eacute; mis obligaciones con las Naciones Unidas, regres&eacute; a Chichicastenango, o Chichi, como los lugare&ntilde;os le llaman, (1999-2000) para explorar por qu&eacute; las comunidades del lado oeste hab&iacute;an rehusado a dar sus testimonios <a href="#(6)">(6)</a>. Los resultados de mi estudio son perturbadores. Este demuestra como en tiempos de paz (luego de la firma del Acuerdo Final de Paz entre el gobierno y la guerrilla, URNG en 1996), el ej&eacute;rcito contin&uacute;a controlando las organizaciones sociales y el ejercicio del poder en algunos sectores de la poblaci&oacute;n de Chichicastenango. </p>       <p>Este ensayo identifica, describe y analiza, a trav&eacute;s de las voces de colaboradores del ej&eacute;rcito, representantes de la iglesia cat&oacute;lica, defensores de derechos humanos y promotores de salud, c&oacute;mo la militarizaci&oacute;n es perpetuada por las autoridades locales y los grupos de base. As&iacute;, se fortalece la polarizaci&oacute;n entre grupos y familias, que apoyan al ej&eacute;rcito y aquellos que est&aacute;n en contra <a href="#(7)">(7)</a>. </p>      <p>Basado en el estudio de un municipio espec&iacute;fico, Chichicastenango, este ensayo intenta demostrar que la persistente militarizaci&oacute;n logra como efecto que los sectores m&aacute;s empobrecidos de la poblaci&oacute;n rural busquen el apoyo del ej&eacute;rcito. Parad&oacute;jicamente, este mismo ej&eacute;rcito fue responsable del genocidio perpetrado, seg&uacute;n la CEH, en contra de los grupos maya-q&#39anjob&#39al, maya-ixil, maya k&#39ich&eacute; y maya-achi (1978-1983). En estas comunidades la autoridad uniformada es percibida, valorada y respetada como guardi&aacute;n de sus comunidades, instituci&oacute;n que los apoya para resolver problemas de infraestructura, como la construcci&oacute;n de un puente. El ej&eacute;rcito ha logrado inculcar una l&oacute;gica militar, es decir, revertir el orden social de las comunidades, donde el poder ind&iacute;gena-civil est&aacute;, gracias al miedo provocado por las masacres y privilegios recibidos por aquellos que asumieron posiciones de autoridad, perpetuamente subordinado al poder militar. </p>      <p><b>1. Militarizaci&oacute;n de mentes y corazones </b></p>       <p>La militarizaci&oacute;n de las comunidades ind&iacute;genas mayas guatemaltecas, durante la guerra de 36 a&ntilde;os (1960-1996), se llev&oacute; a cabo de dos formas: la primera, mediante campa&ntilde;as de contrainsurgencia destinadas a aniquilar el apoyo social <a href="#(8)">(8)</a> a las fuerzas guerrilleras de izquierda, URNG (CEH 1999; REHMI 1998; Figueroa 1991; Jonas 1991; Le Bot 1987). Estas campa&ntilde;as incluyeron las llamadas estrategias de tierra arrasada, bajo las dictaduras de los generales Romeo Lucas Garc&iacute;a (1978-1982) y Efra&iacute;n R&iacute;os Montt (1982-1983), que ocasionaron m&aacute;s de 600 masacres (asesinatos extrajudiciales colectivos), desapariciones forzadas, violaciones sexuales y saqueos de las comunidades. La segunda forma de control social fue el manto de militarizaci&oacute;n impuesto sobre la poblaci&oacute;n rural con el reclutamiento y la cooptaci&oacute;n de campesinos ind&iacute;genas en grupos paramilitares o milicias, las llamadas Patrullas de Autodefensa Civil, o PAC, o Comit&eacute;s Voluntarios de Defensa Civil <a href="#(9)">(9)</a>. </p>       <p>As&iacute;, las PAC emergieron oficialmente en 1982 <a href="#(10)">(10)</a>, aunque sus acciones como grupos paramilitares ya se hac&iacute;an sentir desde antes, en algunos lugares en 1981, como uno de los mecanismos dise&ntilde;ados por el ej&eacute;rcito para militarizar la vida cotidiana de la poblaci&oacute;n rural (CEH 1999, IV; REHMI 1998, I), con diversos efectos sociales en las comunidades del altiplano. Para lograr la participaci&oacute;n activa de grupos de campesinos ind&iacute;genas de apoyo al ej&eacute;rcito, este recurri&oacute; a la manipulaci&oacute;n psicol&oacute;gica del miedo al enemigo interno, ideolog&iacute;a que se debe a la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) surgida en los Estados Unidos durante la Guerra Fr&iacute;a <a href="#(11)">(11)</a>. Para McClintock (1985), la participaci&oacute;n ind&iacute;gena en el control de sus propias comunidades es similar al sistema de seguridad organizado en el siglo XIX y en el per&iacute;odo colonial. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En los ochenta, con el pretexto de traer desarrollo y seguridad al &aacute;rea rural, y as&iacute; lograr la cooperaci&oacute;n de las comunidades, el ej&eacute;rcito guatemalteco sigui&oacute; fielmente la Doctrina de Seguridad Nacional, basada en la ideolog&iacute;a anticomunista estadounidense, en la que la seguridad del Estado y el desarrollo capitalista fueron los ejes privilegiados (McSherry, 1997). De este modo, seg&uacute;n lo establece la Comisi&oacute;n de Esclarecimiento, </p>      <p>es dif&iacute;cil disociar la violencia estructural y la violencia pol&iacute;tica. Lo ocurrido durante el per&iacute;odo del enfrentamiento armado puede resumirse como un proceso donde el radio de exclusi&oacute;n y la noci&oacute;n del &quot;enemigo interno&quot; se volvieron cada vez m&aacute;s amplios para el Estado. El restringir as&iacute; arbitrariamente a la ciudadan&iacute;a y sus derechos democr&aacute;ticos fue justificado con la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN), que se convirti&oacute; en Guatemala en raz&oacute;n de ser del ej&eacute;rcito y en pol&iacute;tica del Estado (CEH, cap. 1: 83). </p>       <p>As&iacute;, todos los hombres adultos, y tambi&eacute;n los ni&ntilde;os, fueron oficialmente reclutados <a href="#(12)">(12)</a> por el ej&eacute;rcito para las Patrullas, con el fin de capturar a todos y todas aquellas personas percibidos como el enemigo interno, o mala gente, seg&uacute;n fue adoptado el concepto localmente <a href="#(13)">(13)</a>. </p>      <p>El reclutamiento de un mill&oacute;n de campesinos ind&iacute;genas para las Patrullas de Autodefensa Civil (CEH 1999; REHMI 1998) signific&oacute; la infiltraci&oacute;n del ej&eacute;rcito en el coraz&oacute;n de la vida comunitaria de sectores del pueblo k&#39ich&eacute; en Chichicastenango. Seg&uacute;n Jim Handy (1984: 276): </p>     <p>A trav&eacute;s de las patrullas civiles, los comisionados militares <a href="#(14)">(14)</a> y el ej&eacute;rcito ten&iacute;an agarradas a las organizaciones de base de las comunidades. Organizaciones de desarrollo aut&oacute;nomas que no fueran controladas por el ej&eacute;rcito fueron decapitadas. El ej&eacute;rcito, siempre obsesionado con el control sobre &aacute;reas rurales, ha alcanzado un nivel de supervisi&oacute;n que sobrepasa el control que se logr&oacute; bajo el gobierno del General Ubico en los 1930 (traducci&oacute;n m&iacute;a). </p>      <p><i><b>Adoctrinamiento psicol&oacute;gico e ideol&oacute;gico: tareas de los patrulleros</b> </i></p>      <p>Las tareas de seguridad realizadas por los patrulleros fueron diversas y, a la vez, clave para que el ej&eacute;rcito pacificara a las comunidades ind&iacute;genas. Los patrulleros &quot;instalaban garitas, retenes y se colocaban en puntos estrat&eacute;gicos como los puentes colgantes y vehiculares, para solicitar documentos de identificaci&oacute;n y permisos a quienes se movilizaban de un lugar a otro&quot; (CEH, cap. 2: 192). La informaci&oacute;n recabada era luego llevada a destacamentos y zonas militares, particularmente a los oficiales de la Direcci&oacute;n de Inteligencia. Los patrulleros ten&iacute;an la facultad de detener a sospechosos y restringir horarios de entrada y salida de las comunidades. Muchas veces la persecuci&oacute;n de sospechosos/as iba mas all&aacute; de sus comunidades, al ser rastreados por patrulleros de sus comunidades o de otras –as&iacute; se logr&oacute; con &eacute;xito la red de informantes insertados en las comunidades–. Seg&uacute;n la CEH, el ej&eacute;rcito buscaba la conformaci&oacute;n de una red de informantes, de c&oacute;mplices, que a &quot;bajo costo&quot; (CEH, cap. 2: 185) participara en aniquilar la base social del movimiento guerrillero y en implantar una mentalidad militarizada (Bar&oacute;, 1994), de obediencia vertical. </p>      <p>Este sistema, ir&oacute;nicamente, fue alternado con una especie de ayuda para el mejoramiento de las comunidades, instaurando una suerte de doble labor. Adem&aacute;s de su trabajo de implantaci&oacute;n militar, los patrulleros tambi&eacute;n fueron utilizados como mano de obra en la reparaci&oacute;n de carreteras. Esta labor dual acarre&oacute; divisiones entre los grupos comunitarios, que estaban polarizados con respecto a su apoyo a las patrullas. Para algunos de mis entrevistados, l os que estaban con el ej&eacute;rcito, con las patrullas, eran los &quot;super machos&quot; <a href="#(15)">(15)</a>. Otro entrevistado por la CEH comenta, &quot;las patrullas cambiaron la mentalidad de la gente, nos trajeron muchos problemas y mucho dolor, no fue cierto que eran para salvar la vida sino para matar a nuestros propios hermanos… nos qued&oacute; dentro mucha violencia que a veces nos sale… todos estamos enfermos por lo que nos mandaron hacer&quot; (CEH, cap. 2: 188, C 2990, 1982, Chichicastenango, Quich&eacute;). Seg&uacute;n otro testimonio sobre la polarizaci&oacute;n, uno de los efectos de la militarizaci&oacute;n por medio de las patrullas se explica de la siguiente forma: &quot;La organizaci&oacute;n de las PAC ocasion&oacute; divisiones en el interior de las comunidades, no s&oacute;lo entre las personas que estaban a favor o en contra de una de las partes del enfrentamiento, sino entre los patrulleros y los pobladores que no quer&iacute;an involucrarse en operaciones armadas&quot; (CEH, cap. 2: 191). </p>      <p><i><b>Complicidad con el ej&eacute;rcito en los cr&iacute;menes cometidos y desarticulaci&oacute;n del poder local </b></i></p>      <p>Los patrulleros participaron en el 18% de las violaciones a los derechos humanos denunciados por la CEH. De estas, 85% fueron realizadas en conjunto con el ej&eacute;rcito, y en el 15% de los abusos, las PAC actuaron aut&oacute;nomamente (CEH, cap. 2: 227). Testimonios recolectados por la CEH (1999) y REHMI (1998) dan cuenta de la extrema crueldad con que arremetieron contra sus propios vecinos, los nuevos l&iacute;deres de las PAC. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tom&aacute;s Xon Tec&uacute;n fue sacado de su casa por los patrulleros civiles, llev&aacute;ndoselo para el cementerio del cant&oacute;n; estando all&iacute; le colocaron los lazos en el cuello, cada extremo del lazo era jalado por tres patrulleros m&aacute;s y otro le acert&oacute; un garrotazo en la cabeza provoc&aacute;ndole desmayo, los patrulleros lo dieron por muerto y lo enterraron, en ese momento la v&iacute;ctima comenz&oacute; a gritar, pero r&aacute;pidamente le echaron tierra sobre el cuerpo y los gritos poco a poco se fueron perdiendo (CEH, cap. 2: 223, C 2836, mayo 1983, Chichicastenango, Quich&eacute;). </p>      <p>Ellos [quienes organizaron las patrullas] ten&iacute;an tres a&ntilde;os de ser comisionados militares y daban &oacute;rdenes a las PAC. Para los rastreos, los mayores de 45 a&ntilde;os se quedaban en la aldea cuid&aacute;ndola y a los j&oacute;venes los llevaban para cometer los asesinatos. Cuando se hac&iacute;an matanzas, el jefe de las PAC obligaba a los j&oacute;venes a comer el cerebro de las v&iacute;ctimas, &eacute;l da el ejemplo y se los come. [&Eacute;l] dec&iacute;a &quot;deben ser hombres y no simples indios&quot;, &eacute;l daba el ejemplo (CEH, cap. 2: 224, C 16073, marzo 1982, Chinique, Quich&eacute;). </p>      <p>Jacques S&eacute;melin (2005) explica esta crueldad como un componente del mecanismo de deshumanizaci&oacute;n, a trav&eacute;s del cual los victimarios logran establecer la barrera psicol&oacute;gica y emocional necesaria para aniquilar a sus v&iacute;ctimas. La arbitrariedad de los jefes de patrulla, la discrecionalidad en cuanto a las sanciones que impon&iacute;an, contribu&iacute;a a esta barrera donde, por parte de los patrulleros, era importante llevar a cabo el deber. Por ejemplo, instruidos por el ej&eacute;rcito, los patrulleros construyeron fosas donde introduc&iacute;an a los desobedientes, y replicaron m&eacute;todos de tortura &quot;aprendidos de los miembros de la instituci&oacute;n armada&quot; (CEH, cap. 2: 211). </p>      <p>O tro de los efectos de las PAC en las comunidades, fue la desarticulaci&oacute;n del poder local tradicional comunitario. Esto se dio con la ca ptaci&oacute;n de l&iacute;deres tradicionales. Seg&uacute;n la CEH, &quot;la desestructuraci&oacute;n de los propios sistemas de autoridad y control ind&iacute;genas posibilitaba la dependencia de las comunidades frente a las estructuras y mandos militares, las hac&iacute;a vulnerable frente a ataques y las reestructuraba en funci&oacute;n de una l&oacute;gica militar&quot; (CEH, cap. 2: 190). De esta forma, autoridades tradicionales, como consejos de ancianos y alcaldes auxiliares, cayeron &quot;ante la implantaci&oacute;n de los jefes de patrulla&quot; (CEH, cap. 2: 196) que impusieron su voluntad por encima de las estructuras de base civil y local. </p>      <p>Ir&oacute;nicamente, la CEH adem&aacute;s establece que el terror vivido condujo a que las comunidades se acercaran a la zona militar o destacamento para solicitar la organizaci&oacute;n de las patrullas en sus comunidades: </p>     <p>Principalmente en las &aacute;reas rurales m&aacute;s alejadas del pa&iacute;s, la &uacute;nica posibilidad que les quedaba a las comunidades era precisamente inscribirse en las patrullas, por lo que en muchos casos las autoridades o l&iacute;deres acud&iacute;an a la zona militar o al destacamento militar m&aacute;s cercano a solicitar su incorporaci&oacute;n. La mayor&iacute;a de testimonios insisten en que la organizaci&oacute;n fue obligatoria y que no ten&iacute;an otra alternativa, pues la vida peligraba si se opon&iacute;an a la participaci&oacute;n en esa agrupaci&oacute;n (CEH, cap. 2, p. 197). </p>     <p>A unque el reporte final de la CEH, Guatemala Memoria del Silencio, expl&iacute;citamente reconoce que las respuestas de las comunidades durante la guerra <a href="#(16)">(16)</a>, en particular a la creaci&oacute;n de las patrullas civiles, no fue, en ning&uacute;n caso, uniforme, escasamente se ha explorado por qu&eacute; algunas comunidades tuvieron m&aacute;s &eacute;xito en rechazar el reclutamiento para las PAC. Si bien es cierto que el miedo a perder a sus familiares y sus bienes materiales, ante los &quot;delincuentes subversivos&quot;, es decir, colaboradores o simpatizantes de la guerrilla, seg&uacute;n la propaganda militar, y el miedo al castigo por no participar fueron los elementos que articularon la organizaci&oacute;n de las PAC, tambi&eacute;n es posible que incentivados por privilegios concedidos por el ej&eacute;rcito, hubiera jefes de patrullas reclutados voluntariamente. En el caso de las comunidades del lado oeste de Chichicastenango, la organizaci&oacute;n de las PAC tom&oacute; fuerza al encontrarse con campesinos k&#39ich&eacute; dispuestos a colaborar y a seguir obedientemente las &oacute;rdenes del ej&eacute;rcito. Mi trabajo de campo indica que en Chichicastenango, las comunidades del lado oeste, las m&aacute;s pobres, marginales y aisladas fueron las m&aacute;s vulnerables a la manipulaci&oacute;n <a href="#(17)">(17)</a>. Estos testimonios hacen referencia a los privilegios obtenidos a trav&eacute;s del ej&eacute;rcito:</p>      <p>las comunidades se acercan a pedir apoyo, por ejemplo, para introducci&oacute;n de agua potable. El ej&eacute;rcito les provee de personal t&eacute;cnico y tuber&iacute;as... mientras espero, se acerca la comunidad de Xatinap... seg&uacute;n el mayor, ellos tienen la capacidad de recursos h umanos. (Representante Oficina de Asuntos Civiles del Ej&eacute;rcito, El Quich&eacute;, julio 2000). </p>      <p>En Guatemala hay que recordar que hay un trauma de guerra, nosotros dejamos de jugar un papel importante pero el ej&eacute;rcito tiene sus estructuras, incluso pagan a su inteligencia, tenemos un compa &ntilde; ero que es promotor de salud, que le dan aceite, arroz, es alimentaci&oacute;n por trabajo. Este se &ntilde; or se va al destacamento todos los finales de mes, &eacute;l dice que cada comunidad tiene su representante… (Defensor Derechos Humanos, El Quich&eacute;, julio 2000). </p>      <p><b>2. Despu&eacute;s de la guerra: en las manos del ej&eacute;rcito </b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una vez que las pr&aacute;cticas genocidas se aquietaron, los grupos de derechos humanos ocuparon espacios p&uacute;blicos para denunciar las masacres, las desapariciones forzadas y las violaciones sexuales perpetradas. Con una enorme fuerza, principalmente las viudas, organizadas en la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala (Conavigua), reclamaron conocer qu&eacute; hab&iacute;a pasado con sus familiares desaparecidos. En la posguerra, aquellas comunidades que resistieron con mayor &eacute;xito el sometimiento militar han logrado reorganizarse en este tipo de organizaci&oacute;n civil, con el fin de identificar los restos de sus familiares, dignificar sus nombres y demandar justicia para los responsables de los cr&iacute;menes. </p>      <p>En otras comunidades, como fue el caso de algunas del lado oeste de Chichicastenango, esto no ha sido posible. En esta zona, la ideolog&iacute;a de la Doctrina de Seguridad Nacional contin&uacute;a perpetuando el miedo colectivo a un supuesto enemigo interno, criminalizando cualquier esfuerzo de organizaci&oacute;n aut&oacute;noma, independiente del ej&eacute;rcito. En las palabras de un informante clave, representante de la iglesia cat&oacute;lica, </p>      <p>[sobre la militarizaci&oacute;n] bueno es una estructura que permanece subterr&aacute;nea que son los representantes de amigos del ej&eacute;rcito, ex-comisionados y ex-jefes de patrullas, que por voluntad propia contin&uacute;an colaborando con el ej&eacute;rcito… (Representante iglesia cat&oacute;lica, Ciudad de Guatemala, mayo 2000). </p>      <p><i><b>El ej&eacute;rcito, guardi&aacute;n de las comunidades ind&iacute;genas</b> </i></p>      <p>A pesar de que durante mi trabajo de campo fue imposible obtener un perfil socio-econ&oacute;mico, es decir, un censo espec&iacute;fico de los cantones, o comunidades –otra evidencia del abandono del Estado a estas comunidades–, las entrevistas confirman que el lado oeste del municipio sufre de precarias condiciones econ&oacute;micas. El estar m&aacute;s alejado de la carretera Interamericana que cruza El Quich&eacute;, limita las posibilidades para el comercio de sus escasos productos agr&iacute;colas o artesanales. Es en estas comunidades donde existe una percepci&oacute;n distorsionada del ej&eacute;rcito, mediada por las precarias condiciones econ&oacute;micas de la poblaci&oacute;n. Un informante, en Chichicastenango, comenta: </p>      <p>...la gente a veces no lo valora, la gente te critica por ser militar, pero ellos no conocen en s&iacute;, cual es la verdadera vida que vive un militar, y cual es el verdadero sentido que te mueve, a ti no te importa si te tienes que tomar un caf&eacute; o son las tres de la ma&ntilde;ana para salir a cumplir una orden militar, nosotros gracias a Dios, yo me siento muy contento porque ahora siento a mis hijos, tengo dos varones, uno se llama Juan y el otro Jos&eacute;, y les cuento mis historias, por supuesto que sin lujos de detalles ellos no me las van a entender, las haza&ntilde;as que vivimos, aguantar fr&iacute;o, pasar fr&iacute;o, dormir bajo de un &aacute;rbol, comer bulbos, para resumirte, conocer las diferentes plantas medicinales que est&aacute;n en Guatemala, conocer lugares bell&iacute;simos que tiene Guatemala, una naturaleza preciosa, una fauna y una flor que es envidiable, te digo fueron 9 a&ntilde;os. Por &uacute;ltimo trabaj&eacute; con asuntos civiles relacionados con los patrulleros civiles, gente muy decidida a colaborar con Guatemala (Chichicastenango, julio 2000). </p>      <p>La permanente relaci&oacute;n entre representantes del ej&eacute;rcito y las comunidades del lado oeste ayuda a crear una imagen redentora de la instituci&oacute;n militar que, ir&oacute;nicamente, contribuy&oacute; a su parcial aniquilamiento. En las palabras de un entrevistado, </p>      <p>desde antes donde se inici&oacute; la patrulla, cuando inicio eso yo soy patojo [ni &ntilde; o] todav&iacute;a, bueno inici&oacute; eso fue en al a&ntilde;o 82-83 cuando hicimos ese servicio [de patrullas], esa organizaci&oacute;n y por el momento ah&iacute; estuve tambi&eacute;n en nuestra comunidad y la verdad esa organizaci&oacute;n tiene cuatro encargados de ese cant&oacute;n y cada quince d&iacute;as vienen esos encargados a hacer pl&aacute;ticas o retroalimentar de parte del ej&eacute;rcito. </p>      <p>Otro informante comenta, </p>     <p>la realidad, pues ah&iacute; nuestros compa&ntilde;eros dicen que la orientaci&oacute;n que da el ej&eacute;rcito es respecto a unas personas a educar a una persona que no robe que no mate, eso es lo &uacute;nico, o sea que no cometan cosas de abuso que no pasen sobre la ley sino que se tiene que trabajar. Si hay un ladr&oacute;n ag&aacute;rrenlo solo amarrado y no lo peguen, eso es lo &uacute;nico, y es una gran ayuda que nos dio el ej&eacute;rcito, porque f&iacute;jese que ah&iacute; con nosotros no hay gentes que asalten, por el momento ni una vez, bueno hay unas mujeres y hombres que roban gallinas, pero eso no es asalto. Por que hay veces que hemos escuchado que en muchos cantones asaltan en sus casas llevan varias cosas y eso es la &uacute;nica ayuda que nos dio el ej&eacute;rcito y todav&iacute;a estamos organizados ahora. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los lugare&ntilde;os perciben que sus propias &quot;deficiencias&quot; (Memmi, 1965) patol&oacute;gicas pueden ser solo corregidas bajo la protecci&oacute;n, el &quot;paternalismo&quot; (Schirmer, 1998: 114) del ej&eacute;rcito y bajo una r&iacute;gida disciplina. Por ejemplo, otro informante se mostr&oacute; agradecido de la experiencia aprendida con las patrullas, por lo que desea que los m&aacute;s peque&ntilde;os tambi&eacute;n aprendan a organizarse, perpetuando as&iacute; la idea de que el ej&eacute;rcito les brinda conocimiento y apoyo: </p>      <p>[Gracias a las patrullas] Se aprende poco a poco […]. Entonces los peque&ntilde;os aprenden. Lo mismo nos pas&oacute; a nosotros cuando ingresamos a nuestros cargos no ten&iacute;amos experiencia y ahora s&iacute; tenemos un poco de m&aacute;s experiencia [de patrulleros] (Chichicastenango, junio 2000). </p>      <p>En el caso de los k&#39ich&eacute; de Chichicastenango, &iquest;por qu&eacute; logra la militarizaci&oacute;n perpetuar esta doctrina en algunas comunidades, mientras que en otras no? Una mirada hist&oacute;rica indica que un elemento articulador y de cambio de gran influencia fue la Teolog&iacute;a de la Liberaci&oacute;n que, mediante el trabajo de la Iglesia Cat&oacute;lica, se implant&oacute; en algunas comunidades de Chichicastenango. El trabajo de Richard Wilson con los q&#39eqchi, en el departamento de Alta Verapaz, tambi&eacute;n muestra que con anterioridad a la guerra, las agencias internacionales de cooperaci&oacute;n solo favorec&iacute;an aquellas aldeas que ten&iacute;an mejor acceso a la carretera principal y a mercados. Esto result&oacute; en que cuando lleg&oacute; la violencia, ellas estaban desprovistas de un elemento de cambio que les permitiera reconocer la importancia de resistir la militarizaci&oacute;n (Wilson, 1995: 209-210). Tal como las comunidades q&#39eqchi, las comunidades del oeste de Chichicastenango eran &quot;generalmente introvertidas, insulares, ensimismadas…&quot; ( <i>Ib&iacute;d. </i>: 209) excepto cuando se establec&iacute;an alianzas con el ej&eacute;rcito. </p>     <p>Un elemento que sirvi&oacute; de contrapeso en este proceso de doble rasero fue, sin duda alguna, la iglesia cat&oacute;lica y la Teolog&iacute;a de la Liberaci&oacute;n. Rowland (1999) afirma que catequistas cat&oacute;licos ayudaron a modelar nuevas luchas sociales lideradas por los sectores marginados <a href="#(18)">(18)</a>. Este fue el elemento catalizador de concienciaci&oacute;n para que la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena participara activamente en la guerra. El mensaje de la Teolog&iacute;a de la Liberaci&oacute;n, que se basa en las ense&ntilde;anzas de Jes&uacute;s, apoy&oacute; la resistencia a la opresi&oacute;n y marginalizaci&oacute;n teniendo de este modo gran influencia en motivar a algunos sectores de la poblaci&oacute;n rural maya a incorporarse a los grupos armados de izquierda. Pero el &eacute;xito de este movimiento no fue rotundo. En unas &aacute;reas tuvo aceptaci&oacute;n mientras que en otras comunidades, el mensaje de esta doctrina no logr&oacute; impactar a la poblaci&oacute;n por diversas razones. </p>     <p>Las comunidades del oeste de Chichicastenango en su mayor&iacute;a est&aacute;n alejadas de la carretera principal, lo que obstaculiz&oacute;, en gran medida el acercamiento de los catequistas de Acci&oacute;n Cat&oacute;lica. En palabras de un entrevistado, &quot;[las comunidades del lado oeste de Chichicastenango] que se resisten al cambio... [son] las m&aacute;s pobres... gente que no tiene acceso, que llegan con cuatro manzanas y dos ajos y cebollas al mercado...&quot; (Representante iglesia cat&oacute;lica, diciembre 1999). La evidencia sugiere que el proceso de toma de consciencia (Freire 1973; Fanon 1967; Bar&oacute; 1994) necesaria para evaluar los efectos negativos de la militarizaci&oacute;n, solo tuvo una resonancia espor&aacute;dica en las comunidades el oeste debido a su aislamiento geogr&aacute;fico. </p>     <p>Una segunda hip&oacute;tesis hist&oacute;rica plausible es que, el lado oeste del municipio tenga una historia de colaboraci&oacute;n con el ej&eacute;rcito, que se remonte a mucho antes de que la violencia llegara a las comunidades del sur de El Quich&eacute; durante la d&eacute;cada de 1970 <a href="#(19)">(19)</a>. De acuerdo con un informante clave, las milicias en Chichicastenango se forman a finales del siglo XIX para pacificar las revueltas por la tenencia de la tierra que se produc&iacute;an en ese entonces. </p>     <p>Para las comunidades del lado oeste, el ej&eacute;rcito, a&uacute;n en tiempos de paz, es percibido como el guardi&aacute;n de sus familias y comunidades. Esta paradoja, donde el subalterno ha internalizado al opresor como su liberador, ha sido ampliamente analizada en la literatura del colonialismo y del poscolonialismo (Fanon 1967; Memmi 1965). Memmi, por ejemplo, ha observado que para explicar esta paradoja psicol&oacute;gica y social, en la que el subalterno reproduce los lazos de dependencia con el dominante, es necesario entender &quot;…que la ideolog&iacute;a de la clase gobernante es adoptada en gran medida por la clase gobernada&quot; (Memmi, 1965: 88, traducci&oacute;n m&iacute;a). Como dice un catequista cat&oacute;lico, de la Di&oacute;cesis del Quich&eacute;: </p>     <p>Me sorprendi&oacute; que durante el d&iacute;a Nacional del Ej&eacute;rcito (junio 30) cuando yo regresaba de Chicha, el desfile militar finalizaba… Entonces vi muchos campesinos ind&iacute;genas, mujeres corriendo detr&aacute;s del ej&eacute;rcito, sin zapatos, muy pobres, marchando detr&aacute;s de los soldados. &iquest;Por qu&eacute; siguen al ej&eacute;rcito? Me pregunto si cambiar&iacute;an de opini&oacute;n, si estuvieran en conocimiento de lo que el ej&eacute;rcito hace (Chichicastenango, junio 2000). </p>     <p>Carentes de un &quot;di&aacute;logo cr&iacute;tico y liberador&quot; (Freire, 1972: 52) con catequistas y vecinos convertidos por la Teolog&iacute;a de la Liberaci&oacute;n, y con una mentalidad colonizadora, donde los valores dominantes, violentos, han sido internalizados, sectores k&#39;ich&eacute; de Chichicastenango del lado oeste hicieron caso a rumores falsos sobre el acecho del enemigo interno a sus comunidades. Siguiendo la l&oacute;gica del miedo y de la desinformaci&oacute;n cr&iacute;tica, buscaron a la instituci&oacute;n que est&aacute; en permanente contacto con ellos para salvaguardarse: el ej&eacute;rcito guatemalteco. Un representante de la Asociaci&oacute;n de Amigos del Ej&eacute;rcito (ex-patrulleros), formada desde 1985, comenta, </p>     <p>– por esto es que yo aprecio a mi ej&eacute;rcito, y contin&uacute;o siendo parte de &eacute;l… S&eacute; que no estoy haciendo nada malo a mi comunidad, s&eacute; que los estoy protegiendo, a mi familia y a mis hijos… </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>– ME: &iquest;Usted no lleva uniforme, a&uacute;n as&iacute; se siente parte del ej&eacute;rcito? </p>     <p>– Es mi esp&iacute;ritu, siento que estoy uniformado. El uniforme en s&iacute; no significa nada para m&iacute;, lo importante es mi esp&iacute;ritu… (Chichicastenango, junio 2000). </p>     <p>Lo cierto es que, a&uacute;n despu&eacute;s del cese oficial del conflicto armado, en estas comunidades, las organizaciones comunales y el poder local siguen bajo el control de la zona militar n&uacute;mero 20. Esta persistente militarizaci&oacute;n limita la creaci&oacute;n de espacios de base de poder p&uacute;blico, donde las necesidades de las comunidades se vean gestionadas independientemente de los intereses de la doctrina militar, al crear un pu&ntilde;o invisible de tenaz control sobre la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena. </p>     <p>El resultado final es la normalizaci&oacute;n de la violencia como m&eacute;todo de resoluci&oacute;n de conflictos, donde linchamientos y amenazas en contra de defensores de derechos humanos, contin&uacute;an produci&eacute;ndose en la posguerra. El ej&eacute;rcito ha logrado transformar algunos valores k&#39;ich&eacute; tradicionales y ha implantado una cultura de militarizaci&oacute;n ( Nordstrom, 1997), donde la obediencia ciega, sin cuestionamientos al autoritarismo es perpetuada. De esta forma, la polarizaci&oacute;n necesaria para que se den enfrentamientos violentos se manifiesta a&uacute;n en tiempos de paz. Tal y como lo ha establecido la literatura sobre genocidio, resulta imprescindible estudiar aquellas condiciones sociales que cimientan las bases para la violencia genocida. Kuper (1981), por ejemplo, ha establecido que en aquellas sociedades con profundas desigualdades y divisiones, es m&aacute;s probable que vuelvan a ocurrir los genocidios o la violencia masiva. La internalizaci&oacute;n de la militarizaci&oacute;n y la violencia, hacen de los maya una poblaci&oacute;n vulnerable a estos hechos destructivos. </p>  <hr size="1">     <p><b>COMENTARIOS</b></p> <a name="(1)"></a>1. Este art&iacute;culo hace parte de la investigaci&oacute;n <i>Historical Memory Project </i> del Departamento de Estudios Puertorrique&ntilde;os y Latinoamericanos del John Jay College of Criminal Justice (CUNY), New York City     <p><a name="(2)"></a>2. Las negociaciones de paz entre el estado guatemalteco y la URNG dieron como resultado diversos acuerdos. Entre ellos, el Acuerdo de Oslo, que a su vez da origen a la Comisi&oacute;n de Esclarecimiento Hist&oacute;rico (CEH) de las violaciones a los derechos humanos y los hechos de violencia que han causado sufrimiento a la poblaci&oacute;n guatemalteca. </p>     <p><a name="(3)"></a>3. Sobre una visi&oacute;n global de las Comisiones de la Verdad, ver Priscila Hayner ( 2001). </p>     <p><a name="(4)"></a>4. El Quich&eacute; fue duramente castigado por las pol&iacute;ticas de tierra arrasada, particularmente durante los a&ntilde;os del genocidio (1978-1983). </p>     <p><a name="(5)"></a>5. Retrospectivamente, muy pocas comunidades llegaron hasta la oficina de la Comisi&oacute;n ubicada en el centro de El Quich&eacute;, en Santa Cruz, m&aacute;s que nada por la falta de dinero para el transporte, particularmente las mujeres, las viudas, que las llevara a entregar sus testimonios. Esto hizo que los investigadores nos moviliz&aacute;ramos y lleg&aacute;ramos a comunidades aisladas del centro, una oportunidad de visitar estas remotas poblaciones que dudosamente se volver&aacute; a repetir. </p>     <p><a name="(6)"></a>6. Ap&eacute;ndice 1, presenta las masacres que fueron documentadas en Chicha. Como se puede apreciar, solo una masacre fue recogida a trav&eacute;s de testimonios en el lado oeste. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="(7)"></a> 7.En su mayor&iacute;a, los trabajos antropol&oacute;gicos (Sanford, 2003, por ejemplo, en Guatemala) enfatizan la multiplicidad de espacios que las v&iacute;ctimas y sobrevivientes fueron capaces de crear durante la guerra para sobrevivir. Mi estudio complementa esta visi&oacute;n, al centrarse en aquellas comunidades que estuvieron limitadas por el peso de la militarizaci&oacute;n, y que incluso, sus l&iacute;deres participaron activamente al lado del ej&eacute;rcito. </p>     <p><a name="(8)"></a>8. Estrategia tambi&eacute;n conocida como &quot;quitarle el agua al pez&quot; bajo el supuesto de que la poblaci&oacute;n civil era el sustento social de la guerrilla. </p>     <p><a name="(9)"></a>9. Para esto se organiz&oacute; la Compa&ntilde;&iacute;a de Asuntos Militares, que a su vez coordin&oacute; la Secci&oacute;n de Asuntos Civiles y Desarrollo Comunitario (S-5). Esta divisi&oacute;n depend&iacute;a directamente del comandante de cada zona militar. Para Chichicastenango, municipio ubicado en la parte sur de El Quich&eacute;, la zona militar #20 estuvo a cargo de la divisi&oacute;n. La misi&oacute;n de la S-5 era gestionar el desarrollo y direcci&oacute;n de las operaciones militares-psicol&oacute;gicas con el prop&oacute;sito de reorganizar el poder local (REHMI 1998). De esta forma, durante la guerra, las unidades S-5 distribuyeron ayuda, medicina y comida a las comunidades ind&iacute;genas. </p>     <p><a name="(10)"></a>10. A partir del inicio del Plan de Campa&ntilde;a Militar, Victoria 82, donde se dan los lineamientos que deben seguir los patrulleros. </p>     <p><a name="(11)"></a>11. Para un minucioso detalle de los or&iacute;genes y aplicaci&oacute;n de la Doctrina de Seguridad Nacional en Latinoam&eacute;rica, ver los trabajos de Patrice J. McSherry, por ejemplo. </p>     <p><a name="(12)"></a>12. Estudios sobre reclutamientos de ni&ntilde;os en guerras, han encontrado que los ni&ntilde;os soldados provienen de los sectores m&aacute;s humildes y pobres de la sociedad. Ver Brett y Specht (2004). </p>     <p><a name="(13)"></a>13. Seg&uacute;n algunos de mis informantes, el enemigo interno reson&oacute; profundamente con elementos culturales k&#39ich&eacute;. Ver el trabajo de Wilson (1995). </p>     <p><a name="(14)"></a>14. Los comisionados militares eran civiles, por lo general ex-soldados, cuya misi&oacute;n era el reclutamiento de j&oacute;venes para el ej&eacute;rcito. Serv&iacute;an como informantes y colaboradores (llamados tambi&eacute;n &quot;orejas&quot; para el ej&eacute;rcito. Esta figura social nace en Guatemala en 1939 (CEH, cap. 1). </p>      <p><a name="(15)"></a>15. Entrevista Saquill&aacute;, 2000, Chichicastenango, El Quich&eacute;. </p>     <p><a name="(16)"></a>16. El tema de los espacios que las comunidades lograron abrir para resistir el terrorismo de Estado ha recibido particular atenci&oacute;n dentro de la literatura antropol&oacute;gica. Ver, por ejemplo, los trabajos de Sanford (2003) y Green (1995). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="(17)"></a>17. Para otro trabajo sobre los efectos del reclutamiento militar en Guatemala, ver la compilaci&oacute;n de Mjoset y Van Holde (2002). En este trabajo se establece que, en el &quot;Tercer Mundo&quot; los sectores m&aacute;s empobrecidos son reclutados incentivados, la mayor parte, por la seguridad econ&oacute;mica y las oportunidades que brinda el ej&eacute;rcito. </p>     <p><a name="(18)"></a>18.  Como resultado de este proceso catalizador surgen una diversidad de asociaciones y organizaciones, tales como, la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica Rural Obrera (ACRO), la Juventud Obrera Cat&oacute;lica (JOC) y el Frente Estudiantil Social Cristiano (FESC), por nombrar algunos (CEH, cap. 1: 140). </p>     <p><a name="(19)"></a>19. Jim Handy (1984) ha encontrado en su investigaci&oacute;n que milicias ind&iacute;genas eran empleadas para suplir demandas liberales del control de la mano de obra y de las tierras. </p> <hr size="1">     <p align="center"><b>Apartado 1: Listado de Masac </b><b>res en Santo Tom&aacute;s de Chichicastenango. </b></p>     <p>Masacres durante <i>la violencia </i> (1978-1983), documentadas por la Comisi&oacute;n de Esclarecimiento Hist&oacute;rico (CEH 1999, X), seg&uacute;n testimonios de v&iacute;ctimas, sobrevivientes y testigos oculares de los hechos. </p>      <p>Comunidades del lado este </p>     <p>Caso 15043, 1980, 25 personas, Chuguexa </p>     <p>Caso 2111, junio 1980, 28 personas, Lacama III </p>     <p>Caso 16272, julio 1980, 60 personas, Agua Escondida </p>     <p>Caso 2871, octubre 1980, 8 personas, Chupol </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Caso 16167, mayo 1981, 28 personas, Lacama III </p>     <p>Caso 16255, agosto 1981, 26 personas, Chuguexa </p>     <p>Caso 2993, octubre 1981, 4 personas, Sacpulub </p>     <p>Caso 2994, noviembre 1981, 4 personas, 4 personas, Tzanimacabaj </p>     <p>Caso 2363, noviembre 1981, 24 personas, Chontol&aacute; </p>     <p>Caso 11512, febrero 1982, n&uacute;mero de v&iacute;ctimas desconocido, Chupol </p>     <p>Caso 2106, marzo 1982, 7 personas, Lacama I </p>     <p>Caso 16274, abril 1982, 13 personas, Agua Escondida </p>     <p>Caso 2854, julio 1982, 50 personas, Chuguexa </p>     <p>Caso 2832, agosto 1982, 5 personas, Chucalibal </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Caso 2899, agosto 1982, 200 personas, Lacama II </p>     <p>Caso 11, septiembre 1982, 43 personas, Chipac&aacute; I </p>     <p>Caso 2996, diciembre 1982, 5 personas, Tzanimacabaj </p>     <p>Comunidades del lado oeste </p>     <p>Caso 2990, agosto 10, 1982, 18 personas, Mactzul</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>1, BAR&Oacute;, M. Ignacio, 1994, <i> Writings for a Liberation Psychology </i>, Londres, Harvard University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0121-4705200700010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. BRETT, Rachel e Irma Specht, 2004, <i> Young Soldiers: Why they Chose to Fight </i>, Boulder , Lynne Publishers. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0121-4705200700010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. COMISI&Oacute;N PARA el Esclarecimiento Hist&oacute;rico (CEH), 1999, <i>Guatemala: Memoria del Silencio </i>, Vols. 1-12, Guatemala, Oficina de Servicios para Proyectos de las Naciones Unidas (UNOPS). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0121-4705200700010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. FANON, Frantz, 1967, <i>The Colonizer and the Colonized </i>, Boston . &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0121-4705200700010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. FEIN, Helen, 1979, <i>Accounting for Genocide. National Responses and Jewish Victimization during the Holocaust </i>, Nueva York, The Free Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0121-4705200700010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. FIGUEROA-IBARRA, Carlos, 1991, <i>El Recurso del miedo: ensayo sobre el Estado y el terror en Guatemala </i>, San Jos&eacute;, Editorial Universitaria Centroamericana-EDUCA. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0121-4705200700010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. FREIRE, Paulo, 1973, <i>Education for Critical Consciousness </i>, Nueva York, The Seabury Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0121-4705200700010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. FREIRE, Paulo, 1972, <i>Pedagogy of the Oppressed </i>, Nueva York, Herder and Herder.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0121-4705200700010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. GREEN, Linda, 1995, &quot; Living in a State of Fear &quot;, en: Carolyn Nordstrom y Antonius Robben, C.G.M. (eds.), <i>Fieldwork under Fire: Contemporary Studies of Violence and Survival </i>, California , University of California Press . &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0121-4705200700010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. HANDY, Jim, 1994, <i>Revolution in the Countryside: Rural Conflict and Agragrian Reform in Guatemala , 1944-1954 </i>, Boulder, Co.: Westview Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0121-4705200700010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. HAYNER, B. Priscilla, 2001, <i>Unspeakable Truths. Confronting State Terror and Atrocity. How Truth Commissions Around the World are Challenging the Past and Shaping the Future </i>, Nueva York, Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0121-4705200700010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. JONAS, Susanne, 1991, &quot;The Battle for Guatemala : Rebels, Death Squads and U.S. Power&quot;, en: <i>Latin American Perspectives Series </i>, No.5, Westview Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0121-4705200700010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. KUPER, Leo, 1981, <i>Genocide: Its Political Use in the Twentieth Century </i>, New Haven , Yale University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0121-4705200700010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. LE BOT, Ivon, 1987, <i>La iglesia y e </i><i>l Movimiento Ind&iacute;gena en Guatemala </i>, Seminario de Integraci&oacute;n Social Guatemalteca (No. 31). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-4705200700010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. MC CLINTOCK, Michael, 1985, <i>The American Connection. State Terror and Popular Resistance In Guatemala </i>, Vol. 2, Londres, Zed Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0121-4705200700010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. MCSHERRY J. Patrice, 1997, <i>Incomplete Transition: Military Power and Democracy in Argentina </i>, Nueva York, St. Martin Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-4705200700010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. MEMMI, Albert, 1965, <i> The Colonizer and the Colonized </i>, Boston , Beacon Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-4705200700010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. MJOSET, Lars y Stephen Van Holde (eds.), 2002, &quot;The Comparative Study of Conscription in the Armed Forces&quot;, en: Comparative Social Research, Vol. 20, Nueva York, JAI, Elsevier Science. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-4705200700010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. NORDSTROM, Carolyn, 1997, <i>A Different Kind of War Story </i>, Philadelphia , University of Pennsylvania Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-4705200700010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. OFICINA DE Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHA), 1998, &quot;Informe Proyecto Interdiocesano de Recuperaci&oacute;n de la Memoria Hist&oacute;rica (REHMI)&quot;, Guatemala: Nunca M&aacute;s, Guatemala, ODHA. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-4705200700010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. ROWLAND, Christopher (ed.), 1999, <i>The Cambridge Companion to Liberation Theology </i>, Cambridge University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-4705200700010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. SANFORD , Victoria , 2003, <i>Buried Secrets. Truths and Human Rights in Guatemala , </i> Nueva York, Palgrave-Macmillan. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-4705200700010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. SCHIRMER, G. Jennifer, 1998, <i>The Guatemalan Military Project: A Violence Called Democracy </i>, University of Pennsylvania Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-4705200700010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. S&Eacute;MELIN, Jacques, 2005, <i>Purifier et Detruire. 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