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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Globalización y desarrollo: ¿Cómo opera la correlación?]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Globalization And Development: How Does The Correlation Operate?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This text presents a reflection on the impact of globalization over development studies. How has globalization influenced development and why has the academic preponderance conferred to globalization distorted development appraisal? Can development be thought again within a globalization context or we should rather speak of globalized and globalizing countries instead of developed and developing countries? How can development proposals be articulated in such a complex scenario as the one we are facing in the outset of the XXI century?]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <br>     <p align="right"><font face="Verdana"size="2"><b>Internacional</b></font></p>    <br>     <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>Globalizaci&oacute;n y desarrollo:     <br>&iquest;C&oacute;mo opera la correlaci&oacute;n?</b></font></p>     <br>    <p align="center"><font size="3" face="Verdana"><b>Globalization And Development:     <br>How Does The Correlation Operate?</b></font></p> <font face="Verdana"size="2">    <br>     <p><b>Hugo Fazio Vengoa</b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Profesor Titular del Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad de los Andes.</p> <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>El texto reflexiona sobre la contundencia del impacto que ha tenido la globalizaci&oacute;n sobre los estudios del desarrollo. &iquest;C&oacute;mo ha incidido la globalizaci&oacute;n en el desarrollo y porqu&eacute; la centralidad que el saber acad&eacute;mico le ha concitado a la globalizaci&oacute;n ha distorsionado la valoraci&oacute;n misma del desarrollo? &iquest;Puede volver a pensarse el desarrollo en un contexto de globalizaci&oacute;n o m&aacute;s bien en lugar de pa&iacute;ses desarrollados y en v&iacute;as de desarrollo deber&iacute;amos acu&ntilde;ar los t&eacute;rminos de pa&iacute;ses &quot;globalizados&quot; y &quot;en v&iacute;as de globalizaci&oacute;n&quot;? &iquest;C&oacute;mo se pueden rearticular propuestas de desarrollo en un escenario tan complejo como el que se vive en los inicios de este siglo XXI? </p> <b>Palabras clave: </b> desarrollo, globalizaci&oacute;n, historia. <hr size="1">     <p><b>SUMMARY</b></p>     <p>This text presents a reflection on the impact of globalization over development studies. How has globalization influenced development and why has the academic preponderance conferred to globalization distorted development appraisal? Can development be thought again within a globalization context or we should rather speak of globalized and globalizing countries instead of developed and developing countries? How can development proposals be articulated in such a complex scenario as the one we are facing in the outset of the XXI century? </p>     <p><b>Key words: </b> development, globalization, history. </p>  <hr size="1">      <p>A finales de la d&eacute;cada de los ochenta, en sincron&iacute;a con el remes&oacute;n sist&eacute;mico que produjo la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n, los estudios sobre el desarrollo entraron en barrena; comenzaron a experimentar grandes dificultades para seguirse definiendo como un campo del conocimiento y muchas de sus propuestas empezaron a quedar en el vac&iacute;o. Esta situaci&oacute;n, en parte, obedeci&oacute; a la fragilidad de muchos de sus referentes y a la cada vez m&aacute;s complicada puesta en marcha de sus propuestas. </p>     <p>Pero, en esta p&eacute;rdida de cohesi&oacute;n tambi&eacute;n intervino un conjunto de situaciones que alteraron la atm&oacute;sfera y el escenario en el que se debat&iacute;a el desarrollo. Algunas respond&iacute;an a nuevas tendencias intelectuales, entre ellas la cr&iacute;tica -desde posiciones posmodernistas, posmarxistas y posestructuralistas- a las grandes construcciones te&oacute;ricas que conformaban el n&uacute;cleo central de este pensamiento. En esta p&eacute;rdida de consistencia tambi&eacute;n incidi&oacute; la reorientaci&oacute;n experimentada por buena parte de esta literatura para encontrar explicaciones y respuestas a graves problemas m&aacute;s circunstanciales que experimentaban las naciones en desarrollo, tales como la deuda externa, la pobreza, el impacto medioambiental, etc.. </p>     <p>En este <i>impasse </i> en que entraron los estudios sobre el desarrollo tambi&eacute;n participaron algunas grandes transformaciones que estaban sacudiendo al entonces llamado Tercer Mundo, sobre todo el &eacute;xito alcanzado por varios pa&iacute;ses del Asia-Pac&iacute;fico, situaci&oacute;n que se tradujo en un privilegiamiento de los estudios de &aacute;rea, por zonas geogr&aacute;ficas - que se procediera a acometer comparaciones entre las cada vez m&aacute;s dis&iacute;miles trayectorias de desarrollo entre pa&iacute;ses de las distintas regiones- y a que se rompiera el consenso antes existente en torno al &quot;Tercer Mundo&quot;, como escenario global para el desarrollo. </p>     <p>Una conmoci&oacute;n en ning&uacute;n caso menor le correspondi&oacute; a la severidad de las pol&iacute;ticas de ajuste, aplicadas en Asia, &Aacute;frica y Am&eacute;rica Latina, que se tradujeron en una progresiva economizaci&oacute;n y mercantilizaci&oacute;n de los temas conexos al desarrollo. Por &uacute;ltimo, intervino el estruendoso fracaso del socialismo real, principal sistema conocido alternativo al capitalismo, que pareci&oacute; demostrar la inviabilidad de los esquemas diferentes al imperante en el entonces llamado &quot;Primero Mundo&quot;. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si bien es innegable el importante papel desempe&ntilde;ado por este conjunto de situaciones en el desgaste de los estudios sobre el desarrollo, no es exagerado sostener que nada sacudi&oacute; tanto sus cimientos epistemol&oacute;gicos como la intensificaci&oacute;n que experiment&oacute; la globalizaci&oacute;n, proceso de larga data, pero que registr&oacute; una profunda transformaci&oacute;n a partir de los sesenta y una fuerte aceleraci&oacute;n precisamente a partir de los a&ntilde;os ochenta. </p>     <p>Desde un punto de vista general, se puede decir que desde dos &aacute;ngulos la globalizaci&oacute;n estremeci&oacute; las propuestas y el pensamiento sobre el desarrollo. De una parte, porque las diferentes posturas acad&eacute;micas, intelectuales y pol&iacute;ticas que se han asumido frente a la globalizaci&oacute;n comportan en su esencia misma una concepci&oacute;n sobre el desarrollo. El choque de vagones entre estas distintas lecturas de la globalizaci&oacute;n no ha sido otra cosa que un enfrentamiento en torno a diferentes concepciones sobre el desarrollo, posible y/o anhelado&quot;. De la otra, porque la globalizaci&oacute;n &quot;desnacionaliz&oacute;&quot; el problema del desarrollo. Toda la experiencia hist&oacute;rica reciente parece demostrar la impracticabilidad e inviabilidad de las tentativas de desarrollo autocentrado. </p>     <p>Es rigor, cuando se re&uacute;ne este &uacute;ltimo par de condiciones se puede observar que la mayor intensificaci&oacute;n de estas tendencias en el transcurso de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha ido creando un escenario en el cual el desarrollo ha quedado incluido dentro de las din&aacute;micas mismas de la globalizaci&oacute;n<sup>1</sup>. Dada la contundencia del impacto que ha tenido la globalizaci&oacute;n sobre el desarrollo, varias preguntas se agolpan inmediatamente en la mente. &iquest;C&oacute;mo ha incidido la globalizaci&oacute;n en el desarrollo y porqu&eacute; la centralidad que el saber acad&eacute;mico le ha concitado a la globalizaci&oacute;n ha distorsionado la valoraci&oacute;n misma del desarrollo? &iquest;Puede volver a pensarse el desarrollo en un contexto de globalizaci&oacute;n o m&aacute;s bien en lugar de pa&iacute;ses desarrollados y en v&iacute;as de desarrollo deber&iacute;amos acu&ntilde;ar los t&eacute;rminos de pa&iacute;ses &quot;globalizados&quot; y &quot;en v&iacute;as de globalizaci&oacute;n&quot;? Por &uacute;ltimo, &iquest;C&oacute;mo se pueden rearticular propuestas de desarrollo en un escenario tan complejo como el que se vive en los inicios de este siglo XXI? </p>     <p>No es f&aacute;cil responder a estos interrogantes. M&aacute;s a&uacute;n, cuando el desencanto y la frustraci&oacute;n, tal como la expresan millares de personas en estos inicios del siglo XXI, confirman la importancia de tratar imaginativamente de responder a estas preguntas. El problema, sin embargo, es mucho m&aacute;s complejo que la simple inclusi&oacute;n de nuevos indicadores de &quot;felicidad&quot; o de solidaridad cuando se quiere promover un verdadero desarrollo. Pero tampoco se puede caer en la postura contraria y reducir toda la cuesti&oacute;n a una reconsideraci&oacute;n de los viejos conceptos o a someter a cr&iacute;ticas las incongruencias que encierra el actual pensamiento &quot;&uacute;nico&quot;. M&aacute;s importante es, a nuestro modo de ver, el hecho de considerar que la perspectiva anal&iacute;tica por la cual se opte se convierte, por regla general, en una gu&iacute;a orientadora argumentativa que incluye de antemano sus posibles respuestas. </p>     <p>As&iacute;, por ejemplo, el procedimiento m&aacute;s usual ha consistido en mostrar los cambios que en el mundo habr&iacute;a entra&ntilde;ado la globalizaci&oacute;n para, de ah&iacute;, inferir el impacto que esta din&aacute;mica ha generado sobre el desarrollo<sup>2</sup>. Un procedimiento tal, a nuestro modo de ver, adolece de varias fallas. Primero, no especifica cuales y en qu&eacute; contexto ciertos factores han potenciado estas transformaciones, a no ser los que se derivan de la l&oacute;gica argumentativa de la misma globalizaci&oacute;n. Segundo, cuando se emprende un an&aacute;lisis en t&eacute;rminos de la misma globalizaci&oacute;n, esta din&aacute;mica se convierte en un argumento auto referencial, lo que conduce a que se termine privilegiando o reconociendo como v&aacute;lidas s&oacute;lo aquellas variables que se pueden explicar o que se inscriben dentro de sus mismos t&eacute;rminos. Por &uacute;ltimo, pero no por ello menos importante, la globalizaci&oacute;n comporta unas determinadas velocidades y cadencias de tiempo y se despliega dentro de ciertas espacialidades, a veces, preexistentes y otras que ella misma construye, lo cual invariablemente conduce a que se opte por unas lecturas -econ&oacute;mica, social, pol&iacute;tica y cultural- que se ubican dentro de ese registro espacio temporal (la celeridad, el cambio, los avances cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos) y que desestime todo aquello que se reproduce dentro de otros planos de tiempo y espacio (v. gr., el &quot;atavismo&quot; de lo local o el reforzamiento de las identidades). </p>     <p>Dada las insuficiencias que comportan enfoques de este tipo, consideramos necesario se&ntilde;alar de antemano nuestro punto de vista, el cual, se inscribe dentro de una perspectiva que hemos definido como <i>historia global </i><sup>3</sup>, pero que, por ser una mirada que se sit&uacute;a en una escala muy amplia de observaci&oacute;n, debe compactarse con otra m&aacute;s espec&iacute;fica, la que puede definirse como una <i>econom&iacute;a pol&iacute;tica neobraudeliana </i>. </p>     <p>Nos inclinamos por una perspectiva de econom&iacute;a pol&iacute;tica por la necesidad de articular argumentativamente las transformaciones econ&oacute;micas del per&iacute;odo con las principales din&aacute;micas pol&iacute;ticas y sociales que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas han sacudido al mundo. A nuestro modo de ver, s&oacute;lo desde este &aacute;ngulo se puede crear un marco de observaci&oacute;n que le otorgue inteligibilidad tanto a la globalizaci&oacute;n como al desarrollo. Entendemos que la uni&oacute;n de ambos fen&oacute;menos no es un asunto f&aacute;cil, m&aacute;s aun cuando, como ha demostrado Saskia Sassen, m&aacute;s all&aacute; de recurrir a la habitual medici&oacute;n de factores que trascienden las fronteras, la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la globalizaci&oacute;n debe demostrar los niveles, as&iacute; como el lugar, que ocupa la transnacionalizaci&oacute;n en la nueva geograf&iacute;a econ&oacute;mica transnacional<sup>4</sup>. </p>     <p>La pertinencia que representa un enfoque en t&eacute;rminos de econom&iacute;a pol&iacute;tica tambi&eacute;n puede justificarse desde otro &aacute;ngulo: una de las constantes de la globalizaci&oacute;n es que pone en competencia a los distintos sistemas sociales y, en ese sentido, un enfoque que privilegie esta variable debe propender por reinsertar las complejas interrelaciones entre h&aacute;bitos, pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas y formas culturales con los elementos propiamente econ&oacute;micos. </p>     <p>Al mismo tiempo, esta perspectiva de econom&iacute;a pol&iacute;tica debe inscribirse dentro de unos referentes neobraudelianos porque, a nuestro modo de ver, tres tesis del historiador galo resultan de gran importancia cuando se quiere descifrar la interrelaci&oacute;n que existe entre la globalizaci&oacute;n y el desarrollo. La primera consiste en que Braudel acometi&oacute; su estudio sobre el capitalismo a partir de un esquema tridimensional, es decir, reuniendo en un mismo enfoque tres capas y din&aacute;micas, cada una de las cuales dispone de una determinada cobertura espacial y una manifiesta cadencia temporal, de cuya interacci&oacute;n se desprenden los modos espec&iacute;ficos del desarrollo econ&oacute;mico. </p>     <p>La primera es lo que el autor denomina como <i>vida material </i>, es decir, aquel &aacute;mbito en el que se desenvuelven cotidianamente las actividades de las comunidades. La segunda est&aacute; representada por la econom&iacute;a de mercado, o sea, aquella espacialidad en la cual diferentes comunidades entran en un proceso natural de intercambio entre s&iacute;. Por &uacute;ltimo, el capitalismo, el cual desde sus or&iacute;genes ha tenido una vocaci&oacute;n global<sup>5</sup>. &quot;&iquest;Los Fugger o los Welser acaso no eran firmas transnacionales?&quot;, se preguntaba Braudel en este c&eacute;lebre texto. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El reconocimiento de la existencia e interpenetraci&oacute;n de estos tres estratos de la econom&iacute;a representa, a nuestro modo de ver, una alta importancia anal&iacute;tica, m&aacute;s a&uacute;n cuando la mayor parte de la literatura especializada los ha olvidado u omitidos en sus estudios sobre el desarrollo. Uno de los grandes m&eacute;ritos de esta perspectiva braudeliana ha consistido en haber demostrado que la vida material y la econom&iacute;a popular constituyen aquel sustrato donde se desenvuelve la reproducci&oacute;n de las condiciones de vida. En ese sentido, la vida material no constituye un &aacute;mbito circular, repetitivo y perif&eacute;rico, opuesto a los sectores m&aacute;s m&oacute;viles y modernos (mercado y capitalismo), sino un importante y necesario complemento. No est&aacute; dem&aacute;s recordar que para Braudel, ning&uacute;n elemento de &quot;lo social&quot; se puede explicar de manera unidimensional, si no que debe entenderse como un &quot;conjunto de conjuntos&quot;. &quot;La historia econ&oacute;mica del mundo, es la historia del mundo entero, pero visto desde un solo observatorio, el de la econom&iacute;a. Elegir este observatorio es privilegiar una forma de explicaci&oacute;n unilateral y peligrosa&quot;<sup>6</sup>. </p>     <p>A partir de estos presupuestos, se puede inferir que el desarrollo debe pensarse como una necesaria compenetraci&oacute;n entre estos distintos niveles y no puede focalizarse exclusivamente en s&oacute;lo uno de ellos, como ocurre, por regla general, cuando los economistas pretenden monopolizar el tema o, en particular, cuando se refieren a la globalizaci&oacute;n en su vertiente econ&oacute;mica. Esta perspectiva braudeliana, en s&iacute;ntesis, es un adecuado correctivo al excesivo eurocentrismo y ayuda a romper con la linealidad del desarrollo dentro del tr&iacute;ptico, progreso, excepcionalismo occidental y modernizaci&oacute;n. </p>     <p>De la anterior premisa se derivan otras dos: de una parte, la larga duraci&oacute;n braudeliana constituye un adecuado enfoque que permite incluir a los sectores tradicionalmente marginados y sus resistencias en la historia no s&oacute;lo como periferia y objeto, sino tambi&eacute;n como sujeto<sup>7</sup> . No est&aacute; dem&aacute;s recordar que toda historia lineal ha sido siempre una historia de exclusiones. La historia total propuesta por Braudel es un enfoque que procura compilar la historia de todos los hombres y mujeres en su globalidad, es decir, incluyendo la totalidad de espacios, culturas y grupos sociales. </p>     <p>La larga duraci&oacute;n y la correspondiente dial&eacute;ctica de las duraciones permiten tambi&eacute;n entender las singularidades de las distintas trayectorias hist&oacute;ricas y las resonancias y los encadenamientos que se presentan en nuestro presente entre los distintos itinerarios de modernidad. El tiempo, como ense&ntilde;aba Braudel, es multidimensional, se descompone en variadas duraciones y cuando se acomete el estudio de la experiencia de un pa&iacute;s es tanto m&aacute;s plural porque alude a la coexistencia de una amplia gama de realidades temporales, las cuales en determinadas coyunturas se aceleran y en otras se ralentizan. </p>     <p>Es la convivencia entre dis&iacute;miles estratos de tiempos lo que explica la existencia de diferentes trayectorias de modernidad y, por ende, tambi&eacute;n de dis&iacute;miles itinerarios de desarrollo, tal como lo ha sostenido G. Therborn cuando distingue cuatro rutas b&aacute;sicas hacia la modernidad. Como se&ntilde;ala el mencionado autor, estas trayectorias son en realidad pasajes a la modernidad existentes hist&oacute;ricamente, sintetizados en diferentes momentos cruciales: las revoluciones francesa e industrial, la independencia del continente americano, la t&iacute;pica doble experiencia colonial de la conquista de Bengala y la independencia de la India , y en cuarto lugar, la restauraci&oacute;n Meiji japonesa. La singularidad de un pa&iacute;s como Rusia consisti&oacute; en que a partir de Pedro el Grande, el vasto imperio reprodujo elementos de la cuarta ruta, pero inscritos dentro de la primera<sup>8</sup>. </p>     <p>De la otra, en una perspectiva neobraudeliana los sures o periferias tambi&eacute;n participan en la construcci&oacute;n del mundo moderno. Claro est&aacute; que esta postura incluyente requiere de un radical cambio de perspectiva, tal como lo ha venido realizando Fern&aacute;ndez-Armesto, a partir de su extraordinario libro <i>Millenium </i>, una de cuyas tesis centrales es esbozada de la siguiente manera: &quot; La imagen tradicional de un mundo extra europeo pasivo, que esperaba, retirado o en decadencia, con un desarrollo estancado o detenido, la marca de la fuerza &uacute;nica y vital de Europa, es una imagen que debemos descartar a favor de una m&aacute;s fluida&quot;<sup>9</sup>. </p>     <p>Sin embargo, para una adecuada comprensi&oacute;n del papel del sur, no s&oacute;lo se debe optar por una visi&oacute;n m&aacute;s fluida, que destaque las m&uacute;ltiples interconexiones existentes, tambi&eacute;n debe entenderse a trav&eacute;s del rol desempe&ntilde;ado por el sur en el mismo desarrollo del norte. S&oacute;lo mediante esta inclusi&oacute;n de la &quot;periferia&quot; en la historia de la modernidad podemos entender la doble v&iacute;a en la relaci&oacute;n que ha entretejido Europa con el resto del mundo. Fue precisamente el &quot;resto&quot; el que ayud&oacute; a sufragar el desarrollo econ&oacute;mico y tecnol&oacute;gico de Europa, al tiempo que quedaban privados de recursos para su desarrollo econ&oacute;mico interno<sup>10</sup>. </p>     <p>Pero este enfoque debe ser neobraudeliano, porque en algunos puntos disentimos con Braudel. Mientras para el historiador franc&eacute;s, el espacio ralentizaba la duraci&oacute;n, para nosotros la globalizaci&oacute;n temporaliza el espacio. Pero tambi&eacute;n porque para Braudel la importante relaci&oacute;n entre las distintas temporalidades, enfoque que permite distinguir las diferentes velocidades, aceleraciones y retrasos, as&iacute; como comprender la complejidad temporal del cambio hist&oacute;rico, las interpreta geom&eacute;tricamente, como una acumulaci&oacute;n de pisos en un edificio, cuando, en rigor, se deben analizar topol&oacute;gicamente. </p>     <p>En s&iacute;ntesis, una perspectiva neobraudeliana invita a acometer una <i>historia estructural </i>, en donde entren en juego las ideas, las instituciones y las fuerzas materiales, de cuya dial&eacute;ctica se puede desprender una amplia variedad de itinerarios de desarrollo, y donde coexisten varios niveles de agentes, pr&aacute;cticas y din&aacute;micas, perspectiva que allana el camino para entender la diversidad, la desigualdad, las contradicciones y las relaciones de poder como elementos consustanciales de esta compleja realidad mundial. </p>     <p>Una historia estructural se diferencia sustancialmente de los an&aacute;lisis hist&oacute;rico funcionalistas, tan en boga hoy en d&iacute;a, e inherentes adem&aacute;s a la mayor parte de las teor&iacute;as sobre el desarrollo, y a las corrientes explicativas de la globalizaci&oacute;n<sup>11</sup>, donde los diferentes componentes se conciben en referencia a un principio, al cual se le conceden rasgos de universalidad, como ocurre con la mayor parte de los neoinstitucionalistas, para quienes la adecuada o insuficiente existencia de marcos institucionales explicar&iacute;a la expansi&oacute;n o el anquilosamiento del mercado, como si este &uacute;ltimo fuera una actividad eminentemente natural en la historia y en las sociedades. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una historia estructural tambi&eacute;n se diferencia de los enfoques funcionalistas desde otro &aacute;ngulo: no presupone que la historia comporte un esquema universal, representado en una flecha de tiempo, linealidad en la cual se reproducir&iacute;an determinadas leyes universales de desarrollo, ll&aacute;mense modos de producci&oacute;n o estadios en el desarrollo. La historia estructural parte del reconocimiento de que cualquier <i>personalidad hist&oacute;rica colectiva </i> es el resultado de la manera como se estructura un conjunto societal, el cual se conforma por una densa pluralidad de tiempos y secuencias espaciales en interacci&oacute;n, conjunto que articula unas l&oacute;gicas propias de continuidad y discontinuidad y coyunturas de ralentizaci&oacute;n, mutaci&oacute;n y crisis, en retroalimentaci&oacute;n permanente con otras <i>personalidades hist&oacute;ricas colectivas </i>. </p>     <p>En una historia estructural la coherencia del conjunto se encuentra determinada por las cadencias temporales de sus distintos componentes. Estas interacciones as&iacute; como la consistencia del conjunto se definen por el curso mismo de la historia, raz&oacute;n por la cual el an&aacute;lisis hist&oacute;rico estructural privilegia la historicidad del proceso, perspectiva que explica la importancia del adecuado uso de la periodizaci&oacute;n. Una periodizaci&oacute;n, empero, no consiste en simples conjeturas sobre las eventuales fronteras temporales, sino que representa una perspectiva de an&aacute;lisis que excede la l&oacute;gica formal de la causalidad (explicaci&oacute;n en t&eacute;rminos de antecedentes, causas, efectos y consecuencias) porque debe adem&aacute;s descifrar el c&uacute;mulo de fen&oacute;menos que incluye en t&eacute;rminos de resonancia o de correlaci&oacute;n, es decir, estableciendo enlaces diferenciados entre los distintos acontecimientos. </p>     <p>&iquest;D&oacute;nde se ubica el momento axial que explicar&iacute;a los marcos cronol&oacute;gicos de esta periodizaci&oacute;n, as&iacute; como de la compenetraci&oacute;n entre globalizaci&oacute;n y desarrollo? A nuestro modo de ver, esta se ubica en el tr&aacute;nsito en la historia mundial y la naciente historia global. Esta &uacute;ltima, que se representa como el entrelazamiento de la diacron&iacute;a de los entramados hist&oacute;ricos particulares con la sincron&iacute;a de la contemporaneidad globalizada, denota la puesta en escena de una intensa concordancia de un sinn&uacute;mero de temporalidades relativas. Es dentro de esta perspectiva, en la cual se entreteje una historia global, como podemos entender el papel desempe&ntilde;ado, desde finales de la d&eacute;cada de los sesenta, coyuntura en la cual comenz&oacute; a sobreponerse este tipo de historia, por la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la globalizaci&oacute;n en la transmutaci&oacute;n del desarrollo y del pensamiento sobre el desarrollo. </p> <b>Los antecedentes </b>     <p>Ha sido un lugar com&uacute;n en la literatura especializada situar los inicios del pensamiento sobre el desarrollo en el discurso de posesi&oacute;n de Harry Truman como presidente de Estados Unidos, el 20 de enero de 1949. En aquella ocasi&oacute;n, Truman declar&oacute;: &quot;Lo que tenemos en mente es un programa de desarrollo basado en los conceptos del trato justo y democr&aacute;tico (…) Producir m&aacute;s es la clave para la paz y la prosperidad. Y la clave para producir m&aacute;s es una aplicaci&oacute;n mayor y m&aacute;s vigorosa del conocimiento t&eacute;cnico y cient&iacute;fico moderno&quot;. El trasfondo ideol&oacute;gico de esta preocupaci&oacute;n era evidente: el prop&oacute;sito fundamental consist&iacute;a en crear las condiciones para reproducir los rasgos b&aacute;sicos de las sociedades avanzadas en las naciones en desarrollo<sup>12</sup>. </p>     <p>Pero lo que no se debe olvidar, pero que de manera corriente ha omitido buena parte de la literatura especializada, y sobre todo su vertiente modernizadora, es que esta defensa del desarrollo en las naciones pobres constitu&iacute;a simplemente un ingrediente m&aacute;s de una estrategia de mucho mayor calado. En efecto, el tema del desarrollo ocup&oacute; el cuarto punto en el discurso de Truman. Los tres primeros estaban dedicados al apoyo norteamericano a la ONU , al plan Marshall y a la OTAN. Esta clasificaci&oacute;n jer&aacute;rquica demuestra que, desde sus inicios, las sistem&aacute;ticas preocupaciones norteamericanas sobre el desarrollo han constituido un elemento que integraba el vasto designio estrat&eacute;gico global de Washington, donde los ejes fundamentales lo conformaban la lucha contra el comunismo ( la OTAN ) y la apertura de la econom&iacute;a mundial (el Plan Marshall). La concatenaci&oacute;n de estos elementos es lo que nos lleva a afirmar que para hacer inteligible la evoluci&oacute;n del desarrollo se deba acometer una <i>historia estructural </i>, en donde intervienen las ideas, las instituciones y las fuerzas materiales. </p>     <p>Estas &uacute;ltimas experimentaron grandes cambios precisamente durante esas d&eacute;cadas. Los a&ntilde;os comprendidos entre 1945 y finales de la d&eacute;cada de los sesenta constituyeron un momento muy particular. De una parte, surgieron s&oacute;lidos visos de mundialidad pol&iacute;tica, bajo el ropaje de la guerra fr&iacute;a, y econ&oacute;mica, a trav&eacute;s del crecimiento del comercio internacional y de la movilidad de los flujos financieros. Pero, no obstante estas trazas de mundialidad, nunca fueron tan fuertes y poderosos el Estado y lo nacional, como en las d&eacute;cadas inmediatas de la posguerra. Debido a esta parad&oacute;jica situaci&oacute;n, el per&iacute;odo en cuesti&oacute;n constituy&oacute; un estadio bisagra, coyuntura en la cual se comenz&oacute; a dejar atr&aacute;s la anterior configuraci&oacute;n propiamente internacional y empez&oacute; a prefigurarse una nueva etapa de m&aacute;s globalizaci&oacute;n, aun cuando se representara todav&iacute;a bajo el ropaje de la mundialidad. </p>     <p>Los rasgos generales de este per&iacute;odo se pueden resumir en los siguientes aspectos: el sistema capitalista estaba ingresado en una nueva fase de su desarrollo, caracterizado por el mayor dinamismo que estaban comenzado a tener los procesos de naturaleza internacional, los cuales cumpl&iacute;an una funci&oacute;n agregadora de las dis&iacute;miles econom&iacute;as nacionales. La creaci&oacute;n del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, el GATT, e inclusive la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas fueron fieles testimonios de esta transformaci&oacute;n. </p>     <p>Estas organizaciones de Bretton Woods reafirmaron la preeminencia norteamericana, porque el d&oacute;lar, como principal unidad de referencia, permitir&iacute;a a Estados Unidos mantener un permanente d&eacute;ficit de balanza de pagos, financiar sus bases militares en el extranjero, disponer de un importante volumen de ayuda exterior y facilitar inversiones extranjeras directas. Para los dem&aacute;s pa&iacute;ses, esta preeminencia del d&oacute;lar y de las pol&iacute;ticas de acompa&ntilde;amiento otorgaba un marco de estabilidad en la medida en que garantizaba grandes flujos de bienes y capitales a sus respectivos mercados, as&iacute; como facilidades para colocar sus productos en el gran mercado norteamericano. </p>     <p>Esta internacionalizaci&oacute;n traspas&oacute; las fronteras nacionales y vincul&oacute; a pueblos y civilizaciones diversas para comenzar a situarlos dentro de su propia racionalidad. La mundializaci&oacute;n, sin embargo, no pudo transformar totalmente el espacio mundial porque chocaba con varios procesos que manten&iacute;an el perfil de la anterior configuraci&oacute;n. </p>     <p>Los Estados segu&iacute;an siendo la articulaci&oacute;n principal de la vida internacional. La creaci&oacute;n de nuevas instituciones que ten&iacute;an una vocaci&oacute;n universal se constru&iacute;an con base en acuerdos interestatales, y en los Estados, por tanto, reca&iacute;a la legitimidad de las mismas. La tarea de reconstruir las econom&iacute;as nacionales en la mayor&iacute;a de las naciones desarrolladas, duramente golpeadas por la segunda conflagraci&oacute;n b&eacute;lica, as&iacute; como la necesidad de conformar nuevos pactos sociales que impidieran que se amplificara el descontento social latente en los pa&iacute;ses desarrollados, llev&oacute; a que se fortaleciera el capitalismo dentro de una modalidad &quot;nacional&quot;, que estimulaba el desarrollo econ&oacute;mico b&aacute;sicamente dentro de las fronteras territoriales de los Estados y favorec&iacute;a principalmente el crecimiento econ&oacute;mico interno. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La universalizaci&oacute;n de esta modalidad capitalista enfrentaba un serio obst&aacute;culo debido a que coexist&iacute;a con otros dos modelos de desarrollo que, desde una posici&oacute;n de mayor debilidad, pretend&iacute;an competir su liderazgo y hegemon&iacute;a: las estrategias desarrollistas entre las naciones del Tercer Mundo y el modelo sovi&eacute;tico en los pa&iacute;ses del Este. Al igual que el prevaleciente en las naciones industrializadas, estos modelos predominantes en el Este y en el Sur se estructuraban sobre bases nacionales y conceb&iacute;an el desarrollo a trav&eacute;s de una controlada vinculaci&oacute;n de sus econom&iacute;as con la econom&iacute;a mundial. </p>     <p>Por &uacute;ltimo, el surgimiento de dos superpotencias con pretensiones hegem&oacute;nicas a escala mundial se convirti&oacute; en un freno a la tendencia hacia una globalizaci&oacute;n m&aacute;s densa porque al centrar la actividad internacional en torno a la lucha intersist&eacute;mica, catalizada por el poder&iacute;o econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y militar de los grandes Estados, comprimi&oacute; la mundialidad a la que ten&iacute;a lugar dentro de los respectivos bloques. </p>     <p>Pero fue, en efecto, a trav&eacute;s de los intersticios de esta internacionalizaci&oacute;n mundializada como comenz&oacute; a intensificarse la globalizaci&oacute;n. De una parte, por la misma guerra fr&iacute;a, en la medida en que este sistema de bloques entra&ntilde;aba una ruptura con respecto al viejo orden interestatal. &quot;Las fronteras de la violencia se extendieron m&aacute;s all&aacute; del Estado-naci&oacute;n, implicando grupos de pa&iacute;ses. Los bloques, m&aacute;s que los Estados, se convirtieron en &aacute;mbitos de poder delimitados por fronteras (...) Lo internacional se convirti&oacute; en nacional dentro de los bloques, lo que proporcion&oacute; el marco para el desarrollo de un sistema de organismos multilaterales que regulasen las relaciones econ&oacute;micas globales y para el surgimiento de la sociedad civil transnacional, al menos en Europa occidental&quot;<sup>13</sup>. Eric Hobsbawm, al respecto, ha sugerido una idea adicional, cuando escribe: &quot;Fue la guerra fr&iacute;a la que les incit&oacute; a adoptar una perspectiva a m&aacute;s largo plazo, al convencerlos de que ayudar a sus futuros competidores a crecer lo m&aacute;s r&aacute;pido posible era la m&aacute;xima urgencia pol&iacute;tica. Se ha llegado a arg&uuml;ir que la guerra fr&iacute;a fue el principal motor de la expansi&oacute;n econ&oacute;mica mundial&quot;<sup>14</sup>. </p>     <p>A nivel econ&oacute;mico, la transmutaci&oacute;n de lo internacional en global fue mucho m&aacute;s evidente. El nervio central del desarrollo econ&oacute;mico mundial en la d&eacute;cada de los cincuenta estaba conformado por la poderosa econom&iacute;a norteamericana. Por razones geopol&iacute;ticas (lucha contra el comunismo) y econ&oacute;micas (ampliaci&oacute;n de nuevos mercados), Estados Unidos estimul&oacute; la r&aacute;pida recuperaci&oacute;n de lo que ser&iacute;an sus dos principales socios: Jap&oacute;n y Alemania. Hab&iacute;a, sin embargo, una diferencia de fondo entre la econom&iacute;a norteamericana y las de sus principales contendores: mientras la primera se orientaba prioritariamente en direcci&oacute;n al mercado interno, las otras dos anclaron su desarrollo en el fomento de las exportaciones, para lo cual se beneficiaron de sus entonces bajos costos laborales y un creciente aumento de la productividad en la producci&oacute;n de bienes que gozaban de una alta demanda. </p>     <p>Con su gran crecimiento exportador, Alemania y Jap&oacute;n participaron de la conformaci&oacute;n de importantes bloques econ&oacute;micos regionales, institucional, el primero, dentro de los marcos del mercado com&uacute;n europeo y despu&eacute;s de las comunidades europeas, e informal el segundo, puesto que el pa&iacute;s del Sol Naciente simplemente involucr&oacute; a varios pa&iacute;ses del Sudeste asi&aacute;tico en sus redes comerciales financieras y productivas, procesos que ayud&oacute; a redoblar de dinamismo a sus respectivas econom&iacute;as. Con este importante potencial, las dos &quot;potencias mercaderes&quot; no s&oacute;lo le arrebataron significativas porciones del mercado internacional a Estados Unidos, sino que tambi&eacute;n lo terminaron desplazando en varios de los sectores m&aacute;s rentables de su econom&iacute;a dom&eacute;stica. </p>     <p>Esta nueva realidad geoecon&oacute;mica se tradujo, en el breve tiempo, en un poderoso est&iacute;mulo para que las corporaciones manufactureras estadounidenses prefirieran colocar una parte creciente de sus inversiones en las econom&iacute;as de las nuevas potencias mercaderes. Fue esta situaci&oacute;n la que condujo al inicio de los grandes d&eacute;ficit de cuenta corriente en Estados Unidos y los correspondientes super&aacute;vit en Jap&oacute;n y Alemania, situaci&oacute;n que se resolvi&oacute; coyunturalmente con grandes endeudamientos por parte de la potencia del Norte y, a m&aacute;s largo plazo, mediante una dr&aacute;stica devaluaci&oacute;n de la divisa norteamericana, con lo cual Jap&oacute;n y Alemania tuvieron que entrar a asumir el costo de sostener la econom&iacute;a mundial<sup>15</sup> . </p>     <p>En resumen, la exacerbaci&oacute;n de la competici&oacute;n entre estos tres pa&iacute;ses no s&oacute;lo estimul&oacute; un mayor crecimiento del comercio internacional (9,2% y 13,1% entre 1953-1963 y 1973-1973) por encima de la producci&oacute;n mundial (6,7% y 8,0% en los mismos a&ntilde;os), tambi&eacute;n supuso un radical cambio en la esfera financiera mundial, lo cual prefigur&oacute; la creaci&oacute;n de las condiciones para el despegue de la globalizaci&oacute;n financiera. El sistema monetario se flexibiliz&oacute;, se concentr&oacute; en las actividades a corto plazo, le imprimi&oacute; una veloz aceleraci&oacute;n a la rotaci&oacute;n del capital, dinamiz&oacute; las relaciones econ&oacute;micas internacionales, y se orient&oacute; hacia otras actividades lucrativas, las cuales no siempre eran productivas. Los Estados no tan s&oacute;lo perdieron el control sobre el capital, sino que se vieron obligados a empezar a competir por atraerlos y conservarlos. </p>     <p>Pero se observa un error muy recurrente en cierta literatura cuando se identifican estos procesos con la globalizaci&oacute;n. Como acertadamente escribe Eric Hobsbswm, &quot;La edad de oro de la econom&iacute;a segu&iacute;a siendo m&aacute;s internacional que transnacional. El comercio rec&iacute;proco entre pa&iacute;ses era cada vez mayor&quot;<sup>16</sup>. Este fue un per&iacute;odo de mundialidad que entrelazaba una consolidaci&oacute;n de los proyectos nacionales con el despliegue de nuevas formas de interdependencia, las cuales se realizaban internacionalmente. El crecimiento &uacute;ltimo de la edad de oro repos&oacute; fundamentalmente en el aumento de la demanda interna, situaci&oacute;n que estimul&oacute; los intercambios productivos y permiti&oacute; que el comercio internacional simplemente se aproximara a los niveles que hab&iacute;a alcanzado antes de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, se puede vislumbrar en estas din&aacute;micas un nuevo potencial para que las pr&aacute;cticas internacionalizadas derivaran con el tiempo en un formato nuevo, en una globalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a, proceso que como tal s&oacute;lo debuta en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XX. </p>     <p>En medio de este contexto, floreci&oacute; el pensamiento del desarrollo, el cual, independientemente de las diferencias que exist&iacute;an en el mayor o menor &eacute;nfasis en determinados aspectos, era un fiel reflejo de las transformaciones estructurales que experimentaba la econom&iacute;a mundial, as&iacute; como de la l&oacute;gica de actuaci&oacute;n de sus principales agentes. </p>     <p>Los rasgos generales de este pensamiento se pueden resumir en los siguientes puntos: primero, en todas sus versiones, las propuestas modernizantes (as&iacute; era como se conceptuaba el desarrollo en esos a&ntilde;os) compart&iacute;an una visi&oacute;n optimista de la historia, de un progreso, una flecha de tiempo. Este progreso ven&iacute;a determinado por la experiencia de los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados, pues s&oacute;lo ah&iacute; se hab&iacute;an alcanzado un estadio superior: la sociedad de consumo masivo. Modernizarse no s&oacute;lo era deseable, tambi&eacute;n era posible siempre y cuando se siguieran los caminos se&ntilde;alados por las experiencias m&aacute;s exitosas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La industrializaci&oacute;n era el pivote de la modernizaci&oacute;n y el Estado deb&iacute;a apoyar la consolidaci&oacute;n de este sector de la econom&iacute;a mediante subsidios, protecci&oacute;n a los sectores m&aacute;s sensibles y el establecimiento de una adecuada pol&iacute;tica de cambio. En paralelo a la industrializaci&oacute;n, pero en una posici&oacute;n subalterna, se suger&iacute;a emprender una reforma agraria, a la cual se le asignaban tareas no menores, pero s&iacute; m&aacute;s contingentes: expansi&oacute;n del mercado interno, est&iacute;mulo a la acumulaci&oacute;n, la modernizaci&oacute;n del campo y freno a las situaciones sociales disruptivas. </p>     <p>Era com&uacute;n para todas estas concepciones que el desarrollo se pensara en t&eacute;rminos nacionales, en la medida en que era menester construir un sector social moderno, capaz de sostener la propuesta modernizadora y al Estado se le reconoc&iacute;a un papel fundamental en el impulso modernizador. Este era el principal instrumento que deb&iacute;a garantizar el tr&aacute;nsito a la sociedad moderna. El car&aacute;cter estado c&eacute;ntrico y nacional del desarrollo no se contradec&iacute;a con los atisbos de mundialidad que experimentaba el mundo. En realidad, los Estados desempe&ntilde;aron un importante papel en el proceso de adaptaci&oacute;n de los espacios nacionales a las l&oacute;gicas de acumulaci&oacute;n imperantes y, de esa manera, crearon importantes premisas para una mayor sincronizaci&oacute;n de las econom&iacute;as nacionales con ciertas din&aacute;micas mundiales. </p>     <p>Subsist&iacute;an, empero, divergencias en algunos aspectos, como, por ejemplo, la escuela estructuralista latinoamericana, la cual pon&iacute;a en duda la teor&iacute;a convencional del comercio internacional, dado que cuestionaba la tesis de que las ventajas comparativas permit&iacute;an a los pa&iacute;ses exportadores de materias primas mejorar sus t&eacute;rminos de intercambio<sup>17</sup>. Lo mismo puede decirse de la corriente de la dependencia, la cual propon&iacute;a una ruptura radical (revolucionaria), un desenganche con el sistema imperante. Ambas, sin embargo, suger&iacute;an como soluci&oacute;n la construcci&oacute;n de un sector econ&oacute;mico moderno, bajo la conducci&oacute;n de un poderoso Estado, y el est&iacute;mulo a la consolidaci&oacute;n de sectores sociales igualmente modernos. En este sentido, no obstante la radicalidad de sus propuestas, terminaban compartiendo muchos de los principios fundamentales antes expuestos<sup>18</sup>. Tambi&eacute;n se presentaban variaciones en otro sentido. La conformaci&oacute;n de un sector social moderno constitu&iacute;a una prioridad y cuando no fuese posible alcanzar esta situaci&oacute;n por medios democr&aacute;ticos, entonces se pod&iacute;a recurrir a medidas autoritarias. La justificaci&oacute;n de la ola militar en Am&eacute;rica Latina fue una clara demostraci&oacute;n de ello. </p> <b>La intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n y el nuevo contexto para el desarrollo </b>     <p>Con las transformaciones sist&eacute;micas que tuvieron lugar a finales de los sesenta se dio inicio a un nuevo per&iacute;odo, el cual, <i>grosso modo </i>, se extiende hasta nuestro presente. Durante este per&iacute;odo la globalizaci&oacute;n se ha intensificado y se ha desenvuelto en tres direcciones fundamentales, las cuales se retroalimentan mutuamente: de una parte, la globalizaci&oacute;n se ha convertido en un proceso central que ha entrado a definir el <i>contexto hist&oacute;rico </i>, en el cual tienen lugar las actuales actividades humanas y, de la otra, se ha transmutado en un conjunto de din&aacute;micas en las cuales se expresan y realizan muchas de las transformaciones que se despliegan en los m&aacute;s variados &aacute;mbitos sociales. Por &uacute;ltimo, pero no por ello menos importante, la globalizaci&oacute;n se ha convertido en una forma de representaci&oacute;n y de entendimiento del mundo. </p>     <p>Este triple movimiento de la globalizaci&oacute;n es lo que permite entender un rasgo particular del momento que nos ha correspondido vivir. La globalizaci&oacute;n, como se ha profusamente demostrado, no es un fen&oacute;meno nuevo, es un proceso que contiene una alta densidad hist&oacute;rica<sup>19</sup>, pero ha sido s&oacute;lo en nuestro presente cuando ha dado un salto cualitativo que ha hecho que sus manifestaciones actuales sean esencialmente diferentes de las anteriores. Si existe la convicci&oacute;n de que nuestro mundo es diametralmente distinto de los que nos antecedieron, ello obedece a que con esta intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n el mundo ha ingresado a una etapa cualitativamente diferente en su desarrollo. </p>     <p>En esta idea, que sintetiza una de las principales particularidades del mundo actual, un papel muy importante le ha correspondido a los imaginarios y a las nuevas formas de representaci&oacute;n del mundo, situaci&oacute;n que se inici&oacute; a finales de los sesenta con los viajes al espacio que permitieron ver, por vez primera, la esfericidad de la tierra y con los primeros grandes eventos transmitidos por televisi&oacute;n en directo, pero se acentu&oacute; a finales la d&eacute;cada de los ochenta, momento que, de acuerdo con Roland Robertson, comenz&oacute; a aparecer una conciencia global<sup>20</sup>. </p>     <p>Como contexto hist&oacute;rico, esta intensa globalizaci&oacute;n, cuyos inicios se remontan un poco m&aacute;s atr&aacute;s, a finales de la d&eacute;cada de los sesenta, momento de inflexi&oacute;n en el cual se empieza a presentar el tr&aacute;nsito de la mundialidad a la globalidad, podemos dividirla esquem&aacute;ticamente en cuatro ciclos o subper&iacute;odos, los cuales se ligan y retroalimentan mutuamente<sup>21</sup> Cada uno de estos ciclos posee particularidades propias, pero todos tienen en com&uacute;n el hecho de inscribirse dentro de un gran marco de intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n. Ninguno de ellos constituye una ruptura con respecto al ciclo inmediatamente anterior. Sus &eacute;nfasis diferenciados pueden interpretarse como simples variaciones y vicisitudes en torno a un mismo tema. </p>     <p>El primero constituy&oacute; una fase que hemos denominado como globalizaci&oacute;n <i>planetarizada </i>, abarca los a&ntilde;os comprendidos entre finales de la d&eacute;cada de los sesenta (&quot;mayo del 68&quot; ) y los primeros a&ntilde;os de los setenta (fin de la convertibilidad del d&oacute;lar y la primera crisis del petr&oacute;leo) hasta 1989. Definimos este ciclo como planetarizado porque la globalizaci&oacute;n s&oacute;lo tiene lugar en una dimensi&oacute;n mundializada, representada como una gran macro espacialidad que recubre el globo (v. gr., la divisi&oacute;n Este-Oeste); porque a&uacute;n predomina una determinada forma de anclaje de las relaciones con respecto al territorio; y porque tambi&eacute;n se proyect&oacute; en nuevas condiciones el predominio de los esquemas tradicionales de ejercicio del poder, tanto a nivel econ&oacute;mico como pol&iacute;tico, pero, a diferencia de los ciclos anteriores, durante esta fase de la globalizaci&oacute;n, estas tendencias se realizaron en lo fundamental dentro de una dimensi&oacute;n planetaria. </p>     <p>Fue, en el fondo, un per&iacute;odo de extendida globalizaci&oacute;n, pero con manifestaciones todav&iacute;a dispares en cuanto a su alcance en los distintos &aacute;mbitos y confines del globo. No obstante las diferencias que asum&iacute;a este formato en las distintas regiones del planeta, fue durante este ciclo cuando se asisti&oacute; a una mayor intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n en la medida en que las transformaciones sociales, econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y culturales empezaron a crear regularidades en las estrategias de cambio en todas partes del mundo –consolidaci&oacute;n del tiempo mundial- y se exacerb&oacute; la competencia entre los distintos sistemas sociales dentro de una l&oacute;gica globalizante. Algunos, como los pa&iacute;ses socialistas europeos no pudieron adaptarse a las nuevas formas de competici&oacute;n y simplemente sucumbieron; otros principalmente entre las naciones del sur, con sus innumerables flaquezas y disfuncionalidades, capitularon cuando sobrevino la crisis de la deuda externa y se vieron impulsados a reorientar sus esquemas de acumulaci&oacute;n y desarrollo a trav&eacute;s de la inserci&oacute;n en la econom&iacute;a mundial; los &uacute;ltimos, las naciones desarrolladas tuvieron, no sin dolor, que aprender a asimilar el cambio hacia nuevos esquemas de acumulaci&oacute;n m&aacute;s acordes con la naturaleza de un mundo que ya no reconoc&iacute;a las viejas fronteras ni respetaba las tradiciones heredadas. </p>     <p>Durante esta fase entr&oacute; en escena un actor el cual, desde ese momento, comenz&oacute; a desempe&ntilde;ar un importante papel en la reorganizaci&oacute;n del planeta: el globalismo del mercado, es decir, aquel conjunto de agentes, como las empresas transnacionales, entre otros, que act&uacute;an directamente en un plano global y que generan procesos moleculares de acumulaci&oacute;n del capital tanto espacial como temporal. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El segundo ciclo se representa como una globalizaci&oacute;n <i>sincronizada </i>(1989-2001). Su particularidad consiste en que conjuga las heterog&eacute;neas tendencias globalizantes anteriores pero las ubica dentro de un gran movimiento envolvente. Es, en ese sentido, que se puede afirmar que esta fase multiplica en nuevas condiciones el despliegue de la globalizaci&oacute;n. Este ha sido, por tanto, un breve pero fundamental momento hist&oacute;rico que se inici&oacute;, por coincidencia casi numerol&oacute;gica, luego de la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n (9/11) y perdur&oacute; sin mayores sobresaltos hasta el ataque terrorista contra las Torres Gemelas en Nueva York (11/9). </p>     <p>Durante esta fase se interiorizaron y proyectaron en nuevas condiciones las tendencias de la fase anterior, con la diferencia de que estas distintas manifestaciones globalizantes acentuaron su desterritorializaci&oacute;n, se sincronizaron, se retroalimentaron mutuamente y adquirieron una dimensi&oacute;n propiamente planetaria, en raz&oacute;n de que desaparecieron muchas de las anteriores &quot;fronteras&quot; (v. gr., el mundo socialista, las ecol&oacute;gicas), las cuales obstaculizaban la continua expansi&oacute;n de estas tendencias, al tiempo que se construyeron nuevos tipos de emplazamientos, bajo la f&oacute;rmula de los mercados segmentados dentro de los circuitos de las empresas transnacionales, los procesos de integraci&oacute;n o de los circuitos transnacionalizados. </p>     <p>A nivel temporal, las distintas manifestaciones globalizantes quedaron inscritas dentro de un gran movimiento envolvente y se proyectaron por todo el mundo a trav&eacute;s de toda la d&eacute;cada de los a&ntilde;os noventa. Este movimiento envolvente fue fundamentalmente econ&oacute;mico y consisti&oacute; en un acortamiento dram&aacute;tico de la distancia entre el mercado mundial y los asuntos internacionales<sup>22</sup>. Con esta radical transformaci&oacute;n espacio temporal entraron en desuso muchas de las viejas categor&iacute;as geogr&aacute;ficas que jerarquizaban el mundo a partir de un n&uacute;cleo, una semiperiferia y una periferia o una divisi&oacute;n internacional del trabajo. En las nuevas formas de compenetraci&oacute;n de la econom&iacute;a mundial participan algunos polos, ciudades y regiones de distintas partes del planeta, independientemente de sus niveles de desarrollo, mientras otros pasan a una situaci&oacute;n de exterioridad con respecto al sistema. </p>     <p>Como producto de esta sincronizaci&oacute;n y del indefectible cierre de un intenso per&iacute;odo fue que a inicios de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os noventa se populariz&oacute; la idea de que la globalizaci&oacute;n representaba un fen&oacute;meno singular, in&eacute;dito en la historia, y que estaba dando origen a una nueva era en la historia de la humanidad. Lo cierto es que a ra&iacute;z de estas transformaciones se ingres&oacute; en una nueva fase en el desarrollo de las tendencias globalizadoras, m&aacute;s intensas, m&aacute;s sistematizadas, que las que hab&iacute;an tenido lugar en &eacute;pocas anteriores, y mucho m&aacute;s abarcadoras y sincronizadas. La fuerza que adquiri&oacute; la globalizaci&oacute;n durante este ciclo es lo que revela su nuevo rostro: se convirti&oacute; en una representaci&oacute;n, es decir, en una manera de entender el mundo y sus elementos, en un <i>contexto hist&oacute;rico </i>y tambi&eacute;n en una pr&aacute;ctica inquebrantable. Fue precisamente durante esta d&eacute;cada cuando se solidific&oacute; el poder del globalismo del mercado. </p>     <p>Con el 11 de septiembre se dio inicio a un ciclo que se puede definir como una <i>colisi&oacute;n de globalizaciones </i>, porque las tendencias que ven&iacute;an despleg&aacute;ndose desde los ciclos inmediatamente anteriores se proyectan todav&iacute;a durante esta fase, pero con grandes diferencias. La primera consiste en que se fragment&oacute; el movimiento envolvente en el que antes se ubicada la globalizaci&oacute;n, estall&oacute; su unidad temporal, circunstancia que ha obedecido a que, adem&aacute;s del desvanecimiento de los &uacute;ltimos referentes universalistas (v. gr., el neoliberalismo), se intensificaron sus manifestaciones no econ&oacute;micas, las cuales no s&oacute;lo asumieron formas de expresi&oacute;n distintas a aquellas, sino que tambi&eacute;n reprodujeron alcances diferenciados. </p>     <p>Mientras en los dos ciclos anteriores lo econ&oacute;mico realizaba en lo fundamental la convergencia entre el sentido, la direccionalidad y el poder, en estas nuevas circunstancias, los factores econ&oacute;micos perdieron esa capacidad aglutinadora, lo que explica que tanto el sentido, la direccionalidad y el poder, as&iacute; como las otras condiciones y manifestaciones globalizantes empezaran a transitar por dis&iacute;miles y laber&iacute;nticas galer&iacute;as. </p>     <p>De la otra, durante este ciclo, no s&oacute;lo sufrieron un rev&eacute;s los referentes que antes convocaban, sino que tambi&eacute;n se acentu&oacute; la tendencia por parte de numerosos actores por revertir muchas de las preferencias y predisposiciones anteriores, lo cual se ha traducido en una mayor competencia por la direccionalidad anhelada de la globalizaci&oacute;n. Esto ha sido el producto de que el miedo, el riesgo y la incertidumbre se han convertido en constantes que han empezado a acompa&ntilde;ar el despliegue mismo de la globalizaci&oacute;n y, dentro de este contexto, la inseguridad generada por el 11 de septiembre no hizo m&aacute;s que exacerbar. </p>     <p>Por &uacute;ltimo, se pudo percibir un cambio paradigm&aacute;tico que alter&oacute; la balanza entre la libertad y la seguridad en favor de este &uacute;ltimo. Como corolario de todo ello, se asisti&oacute; a un reposicionamiento del Estado (nacional, en ocasiones, y transnacional y cooperante, en otras), el cual tuvo que volver a entrar a competir con el globalismo del mercado en la orientaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n anhelada. Se cre&oacute; as&iacute; un escenario in&eacute;dito de competencia entre los agentes transnacionales del mercado y los redimensionados Estados, los cuales, en sus distintas constelaciones, nacionales o supranacionales, pretendieron reapropiarse de lo global para encauzarlo bajo una f&oacute;rmula universal, que pueda ser controlada por ellos mismos (v. gr., los presagios de Bush de llevar la democracia y la econom&iacute;a de mercado hasta el &uacute;ltimo rinc&oacute;n del planeta a lomo de la guerra preventiva). </p>     <p>Todo permite prever que hacia finales del primer lustro del nuevo siglo ha comenzado a debutar un nuevo ciclo, cuyas din&aacute;micas principales se est&aacute;n sobreponiendo a las tendencias catalizadas por el 11 de septiembre y redimensionando algunos elementos que germinaron a finales de la d&eacute;cada de los sesenta, pero que, desde entonces, han tenido expresiones err&aacute;ticas, con momentos de esplendor y otros de decadencia. Todav&iacute;a es temprano para presentar de manera cabal el sentido intr&iacute;nseco de esta fase, pero ciertos hechos permiten ilustrar algunas tendencias. </p>     <p>Este nuevo ciclo de la intensa globalizaci&oacute;n se puede definir como de <i>resonancia de m&uacute;ltiples temporalidades </i> y, en sus rasgos m&aacute;s generales, aun cuando comporte elementos propios, se inscribe dentro de los lineamientos catalizados por la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n, algunos de los cuales se encontraban en estado latente. El m&aacute;s importante de todos ellos ha sido la reemergencia de nuevos movimientos sociales de alcance global, lo que permite presuponer que una nueva sociedad civil est&aacute; ingresando en la escena pol&iacute;tica global, la cual se est&aacute; emancipando de la racionalidad estatal nacional y que, por tanto, est&aacute; tambi&eacute;n contribuyendo a mermar la anterior hegemon&iacute;a que detentaban los agentes del globalismo del mercado. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otro elemento de significaci&oacute;n que comporta esta emergente sociedad civil consiste en que ha entrado a disputarle al Estado la pretensi&oacute;n de orientar la globalidad, pero no para realizarla bajo las banderas de la universalizaci&oacute;n, sino de manera cosmopolita, adherida fuertemente a las expresiones locales<sup>23</sup>. Estas nuevas indicaciones sociales y pol&iacute;ticas no obedecen &uacute;nicamente a una coyuntura sincr&oacute;nica globalizadora. Su car&aacute;cter m&aacute;s innovador consiste en que est&aacute; dando lugar a un escenario que redimensiona lo local dentro de lo global y donde, por tanto, las trayectorias diacr&oacute;nicas encuentran un nuevo terreno abonado para manifestarse y procurar realizar sus demandas e intereses. </p>     <p>En s&iacute;ntesis, esta somera presentaci&oacute;n que hemos realizado sobre la globalizaci&oacute;n como contexto hist&oacute;rico permite entender varios componentes de este proceso: primero, la calidad de las transformaciones que han entrado a modificar el panorama mundial. Segundo, la dificultad que se experimenta cuando se quiere aprehender la esencia misma de la globalizaci&oacute;n, por cuanto este es un proceso muy pl&aacute;stico y el&aacute;stico, el cual permanentemente altera sus expresiones. Tercero, la amplia gama de agentes que son potenciados por la misma globalizaci&oacute;n, los cuales, a su vez, entran a competir por la direccionalidad del proceso. Por &uacute;ltimo, las disimilitudes espaciales y temporales de los principales agentes: el globalismo del mercado se desenvuelve en un escenario propiamente global y requiere para su existencia de un tiempo en permanente cambio, el Estado, con alcances territorializados, se realiza a trav&eacute;s del tiempo de la pol&iacute;tica y los movimientos sociales, en tanto que expresiones m&aacute;s enraizadas localmente, se hacen portadores de la densidad hist&oacute;rica de sus respectivas colectividades. En resumidas cuentas, podemos concluir que el actual contexto hist&oacute;rico, catalizado por la globalizaci&oacute;n, no es s&oacute;lo un ambiente donde se desenvuelve un conjunto de situaciones econ&oacute;micas, sociales, pol&iacute;ticas, culturales ideol&oacute;gicas e imaginarias, es, ante todo, un modelador de la pol&iacute;tica global y, de suyo, de la misma globalizaci&oacute;n. </p> <b>Globalizaci&oacute;n y desarrollo: el peso del globalismo </b>     <p>Hasta aqu&iacute;, hemos visto la manera como la intensificada globalizaci&oacute;n se ha convertido en el tel&oacute;n de fondo de este nuevo entramado hist&oacute;rico. Dec&iacute;amos anteriormente que otra de sus caracter&iacute;sticas consiste en ser un conjunto de din&aacute;micas nuevas que han modelado profundas transformaciones en todos los &aacute;mbitos sociales. Pero &iquest;Cu&aacute;l es esta dimensi&oacute;n de la globalizaci&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo se expresa? y &iquest;En que medida y c&oacute;mo ha entrado a redefinir la naturaleza del desarrollo? </p>     <p>En un art&iacute;culo anterior<sup>24</sup>, realiz&aacute;bamos un balance sobre la literatura especializada que se ha producido en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas sobre la globalizaci&oacute;n. En dicho trabajo, aglutinamos el pensamiento acumulado sobre la materia en cuatro vertientes interpretativas principales, las cuales sintetizamos en la globalizaci&oacute;n como interconexi&oacute;n, la globalizaci&oacute;n como compresi&oacute;n espacio temporal, la globalizaci&oacute;n como representaci&oacute;n del mundo y la globalizaci&oacute;n como transformaci&oacute;n hist&oacute;rica. </p>     <p>Es, a nuestro modo de ver, est&aacute; &uacute;ltima la que mejor da cuenta de la naturaleza de este fen&oacute;meno, porque incorpora los presupuestos m&aacute;s relevantes de los tres enfoques anteriores, la que de modo m&aacute;s preciso permite entender la cambiante naturaleza que ha experimentado la globalizaci&oacute;n y el desarrollo e incluso porque sugiere elementos nuevos para imaginar el mundo de cara a las profundidades del siglo XXI. </p>     <p>Recapitulando brevemente, se puede se&ntilde;alar que, como transformaci&oacute;n hist&oacute;rica, la intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n se identifica con un entorno hist&oacute;rico, pero este no es simplemente un nuevo contexto, sino ante todo un cambio de &eacute;poca, cuyos principales contornos estar&iacute;an conformados por la constituci&oacute;n de contextos posnacionales<sup>25</sup>. Es precisamente esta manera de entender la globalizaci&oacute;n la que permite pensar el desarrollo como una perspectiva hist&oacute;rico estructural, que pone en juego la dial&eacute;ctica entre las ideas, los agentes y las fuerzas materiales. </p>     <p>Varios son los aspectos novedosos que encierra esta concepci&oacute;n. De una parte, considera la necesidad de un cambio de paradigma para explicar las situaciones, articulaciones y representaciones de esta nueva era hist&oacute;rica. De la anterior que se articulaba en torno a la naci&oacute;n, el territorio, la sociedad y el Estado nacional se impone la necesidad de construir una perspectiva que de cuenta del mundo como un entramado unitario. De la otra, asume que uno de los rasgos del mundo actual consiste en la compresi&oacute;n del espacio por el tiempo, pero no pretende identificar esta transformaci&oacute;n con una pr&aacute;ctica que se ci&ntilde;e y deriva &uacute;nicamente de la experiencia de Occidente, pues, en un mundo globalizado, existen numerosas trochas para comprimir en el tiempo el mentado desarrollo. Pero tambi&eacute;n, estos &uacute;ltimos, en varios aspectos, son los que le muestran a los primeros la imagen de su propio futuro. </p>     <p>&iquest;C&oacute;mo esta intensificada globalizaci&oacute;n ha transformado el pensamiento y la pr&aacute;ctica del desarrollo? Varios elementos se deben tomar en consideraci&oacute;n. El primero, en lo que ata&ntilde;e al mundo de ideas, consiste en que, sin que su naturaleza se corresponda con lo que generalmente se sostiene, la intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n ha sido un poderoso est&iacute;mulo para la amplia difusi&oacute;n y aceptaci&oacute;n de todos aquellas concepciones que sostienen que el mundo se est&aacute; integrando y, por tanto, que todos los pa&iacute;ses tienen que adaptarse a unas nuevas circunstancias planetarias. As&iacute; ocurre, en efecto, con aquellos analistas que insisten en definir la globalizaci&oacute;n como una intensificaci&oacute;n de las interconexiones, de lo cual infieren que, en estas coordenadas, los Estados y las sociedades deben aumentar sus niveles de competitividad internacional. Es decir, a medida que se ha ido intensificando la globalizaci&oacute;n se ha asistido a un momento particular en el cual grandes conjuntos de ideas han contribuido a estructurar y a orientar las din&aacute;micas globalizantes y a adaptar a los distintos colectivos en torno a estas pr&aacute;cticas. </p>     <p>A este pensamiento, aunado a los altos niveles de compenetraci&oacute;n de la econom&iacute;a mundial, le ha correspondido un papel de primer orden en las grandes transformaciones que han sacudido al mundo en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. De una parte, porque con base en &eacute;l se ha procedido a las poderosas reconversiones en gran parte del Sur, en los antiguos pa&iacute;ses socialistas, y tambi&eacute;n de no pocas naciones del Norte. </p>     <p>Entre los primeros, las pol&iacute;ticas de ajuste patrocinadas por el FMI y el Banco Mundial como medidas para salir de la crisis, adem&aacute;s de restablecer en su momento los grandes equilibrios macroecon&oacute;micos, propiciaron en todas estas regiones el establecimiento de un nuevo patr&oacute;n de acumulaci&oacute;n, el cual se caracteriz&oacute; por la adaptaci&oacute;n de estas econom&iacute;as a las normas prevalecientes en torno a un capitalismo que desplegaba su vocaci&oacute;n transnacional. Con estas reformas, Am&eacute;rica Latina, buena parte de Asia y del continente africano no s&oacute;lo se sincronizaron sino que tambi&eacute;n se adaptaron de modo m&aacute;s penetrante a un tiempo y a unas espacialidades globales. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un elemento no siempre destacado fue el papel jugado por la reconversi&oacute;n de los antiguos pa&iacute;ses socialistas en la legitimaci&oacute;n de la democracia de mercado en todo el mundo, parte integrante del imaginario del tiempo mundial, por el que ha propugnado el discurso neoliberal. Si la democracia fue percibida como una consecuencia natural del derrumbe del comunismo, en la medida en que la casi totalidad de estos pa&iacute;ses puso r&aacute;pidamente en pr&aacute;ctica los principios y las instituciones de la democracia, la reconversi&oacute;n de la econom&iacute;a demostraba el rotundo fracaso de las estrategias planificadoras y la imposibilidad de cualquier pa&iacute;s de resistirse a la fuerza del mercado. De aqu&iacute; naci&oacute; la asociaci&oacute;n entre democracia y mercado, la <i>democracia de mercado </i>, que en su pretensi&oacute;n universalizante comenz&oacute; a ecualizar a todo el planeta (tiempo mundial neoliberal), y al eliminar los obst&aacute;culos econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos e institucionales al libre desarrollo del mercado universaliz&oacute;, expandi&oacute; y aceler&oacute; la intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica. </p>     <p>De tal suerte, los referentes impl&iacute;citos y expl&iacute;citos de estas reconversiones alimentaron una in&eacute;dita sincronicidad de situaciones an&aacute;logas a lo largo y ancho del mundo, en la medida en que contribuyeron a develar la intimidad de los distintos sistemas sociales y, en ese sentido, forzaron a las distintas naciones a ajustarse en torno a ciertos patrones comunes. </p>     <p>M&aacute;s importante a&uacute;n, este pensamiento ha sido una de las principales expresiones de un nuevo y poderoso agente mundial -el globalismo del mercado-, el cual sintetiza dos din&aacute;micas fuertemente compenetradas: la consolidaci&oacute;n de los agentes supranacionales y transnacionales globalizantes (empresas y corporaciones transnacionales, bancos, organismos econ&oacute;micos y financieros multilaterales, agencias evaluadoras de riesgos, etc.)<sup>26</sup>, y la emergencia de polos exitosos de acumulaci&oacute;n, es decir, conjuntos de empresas e instituciones que no siempre se inscriben en una dimensi&oacute;n territorial, pero que funcionan seg&uacute;n normas mundiales, muy abiertas hacia el resto del mundo en t&eacute;rminos de flujos de productos, tecnolog&iacute;a, capitales e informaci&oacute;n<sup>27</sup>. Este doble proceso ha redundado en la consolidaci&oacute;n de &quot;redes transnacionales de poder&quot;. </p>     <p>En el nuevo escenario que se impone desde los noventa, se asiste a un entramado el cual consiste en la emergencia y consolidaci&oacute;n de polos de acumulaci&oacute;n, y ya no en el florecimiento de ciertas econom&iacute;as nacionales. Este cambio invalida cualquier intento de pensar en una nueva o remozada divisi&oacute;n internacional del trabajo, porque con los polos exitosos se recrea un esquema de tipo transnacional en el cual entran a competir, en condiciones m&aacute;s o menos an&aacute;logas, productores de diferentes pa&iacute;ses con productos an&aacute;logos por los mismos mercados. Los polos exitosos entran, por tanto, a cuestionar la metodolog&iacute;a que sugiere que lo que cuenta es la competitividad entre pa&iacute;ses, Estados o bloques, por cuanto su misma raz&oacute;n de ser, es el hecho de ser parte constitutiva de poderosas redes transnacionales imbricadas en las din&aacute;micas globalizantes. </p>     <p>A nivel de los espacios nacionales, el globalismo del mercado ha desencadenado cuatro tipos de procesos, congruentes los unos con los otros. Primero, ha supeditado al &quot;resto&quot; de los sectores econ&oacute;micos nacionales a su l&oacute;gica de funcionamiento en la medida en que se erige en el principal motor de la econom&iacute;a transnacionalizada y porque representa el eslab&oacute;n principal que articula el espacio interno con las din&aacute;micas globales y transmite las normas globales al &aacute;mbito propiamente nacional. Esta centralidad del globalismo del mercado ha tenido dos derivaciones igualmente importantes: de una parte, ha acentuado la dualizaci&oacute;n de las econom&iacute;as nacionales entre un sector moderno globalizado o transnacionalizable y otro &quot;tradicional&quot;, nacional y en ocasiones disfuncional en relaci&oacute;n con el primero. De la otra, con independencia de si los bienes y servicios que se intercambian en el espacio nacional cuentan con la participaci&oacute;n de los polos transnacionales, en la econom&iacute;a nacional tambi&eacute;n se empieza a responder a unos est&aacute;ndares globalizados de calidad y costo, lo que acent&uacute;a la importancia de las tendencias sincronizadoras, situaci&oacute;n que globaliza, en condici&oacute;n de dependencia, a los sectores &quot;tradicionales&quot;. </p>     <p>La centralidad que ocupa este discurso ha conducido a que se opte por la consolidaci&oacute;n de los polos exitosos como motor de los procesos de crecimiento, acumulaci&oacute;n y desarrollo y que el resto de los sectores dom&eacute;sticos tengan que adoptar los criterios de rentabilidad y calidad globales. La suscripci&oacute;n de los tratados de libre comercio son un buen testimonio de esto porque, adem&aacute;s, producen un &quot;amarre&quot; del modelo a la l&oacute;gica del globalismo del mercado, con lo cual se torna muy dif&iacute;cil ensayar f&oacute;rmulas diferentes de desarrollo. </p>     <p>La aceptaci&oacute;n de la vitalidad de los polos explica igualmente el papel que le ha correspondido desempe&ntilde;ar a la descentralizaci&oacute;n en el proceso de modernizaci&oacute;n, pues existe un deliberado esfuerzo por permitir una mayor y mejor articulaci&oacute;n entre lo local y lo regional (&aacute;mbitos predilectos de actuaci&oacute;n de los polos transnacionales) con lo global, haci&eacute;ndole un &quot;esguince&quot; al espacio nacional, con lo cual se deja fuera de juego al Estado y se mina su capacidad de negociaci&oacute;n<sup>28</sup>. </p>     <p>Segundo, los polos exitosos han transformado el tejido econ&oacute;mico social y pol&iacute;tico de los distintos pa&iacute;ses en la medida en que operativizan una recomposici&oacute;n que favorece a los espacios urbanos, los cuales se convierten en los principales lugares de producci&oacute;n, consumo, estilos de vida y de decisi&oacute;n. Un elemento muy particular de este esquema consiste en que estos espacios urbanos no pueden actuar por s&iacute; solos. Su existencia es posible en la medida en que hagan parte de una red global de centros urbanos, lo que los lleva a convertirse en sitios estrat&eacute;gicos para las operaciones econ&oacute;micas globales. Tal como ha sostenido Saskia Sassen, por definici&oacute;n, la ciudad global es parte de una red de ciudades<sup>29</sup>. </p>     <p>Tercero, dif&iacute;cil es encontrar un agente distinto al globalismo del mercado que haya hecho m&aacute;s en favor de la transformaci&oacute;n de la democracia de mercado en algo similar a una pol&iacute;tica de desarrollo. Valga recordar que el armaz&oacute;n de la democracia de mercado est&aacute; conformado por la sociedad de mercado, es decir, por aquel tipo de organizaci&oacute;n social que extiende la esfera comercial a sectores que se encontraban parcial o totalmente excluidos<sup>30</sup>. </p>     <p>Este &uacute;ltimo punto constituye uno de los principales problemas a que da lugar la globalizaci&oacute;n, pues el problema de fondo consiste en saber si la entrada en competencia de los sistemas sociales es de una naturaleza tal que valoriza el capital no mercantil de las sociedades y, de ese modo, incrementa el debate general sobre el contenido social y cultural de las distintas sociedades, o si, por el contrario, cuando se toman en cuenta los sistemas sociales en la competici&oacute;n se les debe considerar simplemente como costos. La primera hip&oacute;tesis permite suponer que se vive en sociedades de econom&iacute;as de mercado, es decir, en sociedades que estiman indispensable preservar los espacios no mercantiles, al lado de un mercado aceptado por todos. La segunda conduce a una sociedad de mercado, o sea, a una sociedad donde el v&iacute;nculo social ser&aacute; exclusivamente mercantil. Este es uno de los dilemas centrales que plantea la globalizaci&oacute;n<sup>31</sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La sociedad de mercado, por el que procura este globalismo, se articula en torno a la creciente mercantilizaci&oacute;n de las m&aacute;s variadas actividades sociales como en la proclividad por representar la esfera social como un mercado. La sociedad de mercado se ha convertido en un componente tan avasallante que tanto los Estados como las sociedades y los individuos tienden a referenciar sus actividades en el mercado. Este mercado, sin embargo, tiene una doble fisonom&iacute;a: es, de un lado, una instituci&oacute;n que ha remodelado en profundidad los paisajes nacionales, pero, de la otra, y esto es quiz&aacute; lo m&aacute;s importante, sus normas y criterios corresponden a los del mercado global, o sea, a los que establece el mismo globalismo del mercado. </p>     <p>Cuarto, el globalismo del mercado constituye la quinta esencia de la competitividad internacional, transnacional y global. La acentuaci&oacute;n de la competitividad exhibe de manera muy evidente las fortalezas y debilidades de las distintas sociedades, lo cual permite entender la manera como la intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n descubre la intimidad de las sociedades y las obliga a reacomodarse para adaptarse a los par&aacute;metros de esa misma competitividad. Ello significa que en un mundo como el actual la competitividad no es s&oacute;lo un asunto de indicadores econ&oacute;micos. En realidad, son los sistemas sociales los que entran en competencia. Todo pa&iacute;s debe ajustarse a unos indicadores de buena gesti&oacute;n del desarrollo, entre los cuales se encuentran la existencia de un adecuado marco legal que otorgue previsibilidad a los agentes econ&oacute;micos transnacionales, fiabilidad en la informaci&oacute;n, transparencia, Estado de derecho, mano de obra calificada, etc. </p>     <p>Esta concurrencia de pr&aacute;cticas y de marcos institucionales a que da lugar el globalismo del mercado muestra otra constante de la actual globalizaci&oacute;n la cual tiene una influencia directa en las opciones de desarrollo. En cuanto a su expresi&oacute;n temporal, el globalismo del mercado, y por ende, la manera como usualmente se entiende la competitividad, s&oacute;lo reconoce una dimensi&oacute;n del tiempo: la vertiginosa duraci&oacute;n del cambio, inscrito en un presente inmediato, que no es otro que el tiempo del mercado. El tiempo hist&oacute;rico, la densidad temporal, es desde&ntilde;ado porque para los agentes del globalismo del mercado carecen de importancia los itinerarios hist&oacute;ricos y los diferentes estadios de desarrollo<sup>32</sup>, en raz&oacute;n de que la expansi&oacute;n del mercado sincroniza y de esa manera anula la historicidad. </p>     <p>Cuando el mercado se convierte en el principio organizativo de la vida social, cambia no s&oacute;lo la econom&iacute;a sino tambi&eacute;n la cultura y la forma de hacer pol&iacute;tica, dado que el mercado se convierte en el principio rector a partir del cual se redefine el conjunto de relaciones sociales. Con la implantaci&oacute;n de la sociedad de mercado, la democracia y la libertad, por tanto, se empiezan a entender b&aacute;sicamente dentro de la acepci&oacute;n neoliberal del t&eacute;rmino en la medida en que se propende por el desmonte de la mayor parte de las regulaciones, se ampl&iacute;a la esfera de acci&oacute;n de la libre iniciativa individual, se personalizan e individualizan las preferencias y se termina admitiendo que las expectativas p&uacute;blicas e individuales deben realizarse a trav&eacute;s del consumo. </p>     <p>En la medida en que muestren capacidad para adaptarse a las contingencias de este tiempo de voraginoso cambio, todos los agentes, en principio, se encuentran ante las mismas condiciones. El consenso que el globalismo del mercado ha logrado imponer sobre esta noci&oacute;n de tiempo constituye una de sus grandes fortalezas porque, a partir de esta interpretaci&oacute;n, reconceptualiza las distintas experiencias, estimula la adaptaci&oacute;n de los distintos colectivos en torno a este tiempo sincronizado, con lo cual ampl&iacute;a el campo de acci&oacute;n del mercado y reacondiciona todos los espacios, incluso los m&aacute;s territorializados, para que se conviertan en lugares que act&uacute;an de acuerdo con la l&oacute;gica del globalismo del mercado. </p>     <p>En esta adaptaci&oacute;n al tiempo del mercado y de la correspondiente sincronizaci&oacute;n otro procedimiento ha entrado en juego: el desmedido &eacute;nfasis en la flexibilidad. Se arranca siempre del supuesto de que los viejos modelos econ&oacute;micos basados en la producci&oacute;n a gran escala adolec&iacute;an de una importante falla: su rigidez. Funcionaban relativamente bien cuando hab&iacute;a estabilidad econ&oacute;mica y se expand&iacute;an los mercados, pero mostraban su malformaci&oacute;n cuando deb&iacute;an adaptarse a los cambios en los ciclos econ&oacute;micos, cuando variaban los gustos o cuando simplemente se incrementaba la competencia. En este proceso de ajuste a un tiempo mundial, la flexibilidad en los distintos &aacute;mbitos (producci&oacute;n, trabajo, mercados, consumo, ahorro, educaci&oacute;n, identidades, etc.) ha sido interpretada como un remedio a los males que comportaba el exceso de rigidez. </p>     <p>Si bien en torno a esta idea de tiempo se presenta una lucha de poder, somos de la opini&oacute;n de que esta tendencia escapa al discurso y se ha convertido en una constante inmanente al mundo de hoy. Esto es lo que sugiere la importancia de la sincronicidad, es decir, de aquellas horizontalidades temporales que entrecruzan a los distintos colectivos humanos. </p>     <p>Llegado a este punto es pertinente destacar tambi&eacute;n lo que el globalismo del mercado esconde. No es del todo cierto que se est&eacute; asistiendo a la conformaci&oacute;n de una espacialidad o una temporalidad global &uacute;nica, un mundo plano, como sugiere Friedmann. M&aacute;s bien lo que ocurre es que el espacio y el tiempo se han convertido en escenarios de competencia entre distintos actores en su af&aacute;n de reconfigurar o de perpetuar el poder. El globalismo del mercado promueve una idea de tiempo &quot;urgente&quot;, el cual carecer&iacute;a tanto de una proyecci&oacute;n de futuro como de profundidad hist&oacute;rica. </p>     <p>Este sentimiento de vivir la urgencia o la inmersi&oacute;n en el tiempo presente se explicar&iacute;a porque hasta hace no mucho nos enfrent&aacute;bamos a un mundo que se estructuraba en torno al tiempo de la pol&iacute;tica lo que implicaba constantes referencias al pasado para el manejo del presente y manten&iacute;a el objetivo de proyecci&oacute;n hacia el futuro. El predominio del presente acent&uacute;a el individualismo porque rompe con la solidaridad entre generaciones y entre los individuos de una misma generaci&oacute;n. Con los cambios econ&oacute;micos, tecnol&oacute;gicos y comunicacionales de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y por el importante rol que le ha correspondido al globalismo del mercado, se ha asistido a una gran transformaci&oacute;n cultural que ha desplazado el tiempo de la pol&iacute;tica como vector estructurador por el tiempo de la econom&iacute;a y, sobre todo, del mercado, el cual a partir de la velocidad del consumo, de la producci&oacute;n, de los intercambio y los beneficios desvincula el presente del pasado, transforma todo en presente e involucra los anhelos futuros en la inmediatez. </p>     <p>La hipermovilidad a que dan lugar el liberalizado mercado, la financiarizaci&oacute;n de econom&iacute;a y la acelerada renovaci&oacute;n de las nuevas tecnolog&iacute;as es un asunto muy real y existe de manera evidente. Equivocados estar&iacute;amos nosotros si pretendi&eacute;ramos negar su existencia o minimizar su importancia. Pero lo que s&iacute; se puede cuestionar es que cuando s&oacute;lo se destaca esta dimensi&oacute;n del problema se pierde de vista la estrecha relaci&oacute;n que sigue existiendo entre el poder pol&iacute;tico y el econ&oacute;mico, as&iacute; como las temporalidades propias de los &aacute;mbitos locales y de los globales. En este punto se debe recordar que, no obstante los elementos de novedad que comporta este discurso, la historia ha extensamente documentado que no existe acumulaci&oacute;n de capital sin una correspondiente acumulaci&oacute;n de poder. A lo largo de los siglos esta correspondencia se ha hecho simplemente m&aacute;s expansiva, m&aacute;s abarcadora espacialmente y, en ese sentido, se ha tornado m&aacute;s difusa la correlaci&oacute;n entre poder pol&iacute;tico y acumulaci&oacute;n de capital, pero no por ello menos efectiva<sup>33</sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por &uacute;ltimo, otra de las grandes fortalezas del globalismo del mercado ha consistido en reconstruir los espacios sociales, mediante el est&iacute;mulo para que emerjan unas clases transnacionales en cuanto a sus motivaciones y funcionamiento. Esta situaci&oacute;n es lo que explica el acentuado dualismo de muchas de las sociedades latinoamericanas. Esta duplicidad, sin embargo, ya no se expresa tanto en t&eacute;rminos de clases, aun cuando este tipo de contradicciones siga subsistiendo, como con respecto a la escasa capacidad de muchos para acceder a los circuitos globalizados. Los espacios nacionales se dualizan socialmente y todos ellos comportan un primer y un segundo mundo. Quienes ocupan el primer mundo se sit&uacute;an en una dimensi&oacute;n temporalizada mientras los segundos quedan inscritos en una dimensi&oacute;n m&aacute;s territorial. </p>     <p>&iquest;Cu&aacute;l es la lectura del desarrollo que se desprende de la l&oacute;gica de actuaci&oacute;n del globalismo del mercado? En general, este arranca del supuesto de que en su esencia la &quot;apertura al mundo&quot; constituye la &uacute;nica propuesta de desarrollo posible. Del globalismo del mercado han surgido dos corrientes principales de pensamientos sobre el desarrollo: la teor&iacute;a de la interdependencia y el neoliberalismo. </p>     <p>La primera fue un pensamiento nacido en los Estados Unidos como respuesta a la alta difusi&oacute;n y aceptaci&oacute;n que en los a&ntilde;os setenta alcanz&oacute; la teor&iacute;a de la dependencia. La interdependencia ha sostenido que el Estado no es el &uacute;nico agente en la vida internacional, pues otros actores tambi&eacute;n act&uacute;an en este plano. El Estado deja de ser percibido como un actor unitario porque se sostiene que, al interior del mismo, existe una multiplicidad de agentes que poseen diversos grados de influencia y disponen de variadas motivaciones en sus acciones. Pero lo m&aacute;s importante consiste en que la interdependencia centra su atenci&oacute;n en el hecho de que en el mundo actual se han construido s&oacute;lidas y densas relaciones econ&oacute;micas y comerciales que, al tiempo que debilitan la capacidad del Estado para defender sus propios intereses nacionales, convierten al respectivo pa&iacute;s en un nudo de confluencia de variados procesos transnacionales. La interdependencia, en s&iacute;ntesis, redimensiona el papel del comercio internacional y de la apertura en el est&iacute;mulo al desarrollo, procura diluir las categor&iacute;as de pa&iacute;ses desarrollados y en desarrollo (de ah&iacute; que se popularizara la bella y as&eacute;ptica expresi&oacute;n de &quot;pa&iacute;ses emergentes&quot;), al reubicarlos desigualmente en una interdependencia multilateral y argumenta en torno a la necesidad de una participaci&oacute;n m&aacute;s activa de todos los pa&iacute;ses en los nuevos esquemas transnacionales de acumulaci&oacute;n. </p>     <p>La segunda, el neoliberalismo, recuerda a la lejan&iacute;a la anteriormente popularizada teor&iacute;a de la modernizaci&oacute;n, en la medida en que constituye una abstracci&oacute;n de deseabilidad y condicionalidad a partir de la cual se analizan las distintas experiencias hist&oacute;ricas, se reconoce un solo camino para el progreso, en donde la econom&iacute;a internacional prevalece sobre la nacional, la l&oacute;gica de las empresas a la del Estado, el crecimiento y la competitividad de los sectores modernos por encima de los tradicionales. El neoliberalismo contiene un recetario que precisa como se debe estimular el crecimiento y el desarrollo entre las naciones atrasadas. El neoliberalismo, al igual que su antecesora, la teor&iacute;a de la modernizaci&oacute;n, prescribe desde Occidente la introducci&oacute;n de un modelo nuevo para las naciones en desarrollo. </p>     <p>A pesar de las similitudes que existen entre las viejas teor&iacute;as de la modernizaci&oacute;n y el neoliberalismo, subsisten, empero, significativas diferencias. La m&aacute;s importante es que la primera argumentaba la necesidad de crear un poderoso Estado mediante un equilibro entre los sectores p&uacute;blico y privado, pero, desde la d&eacute;cada de los a&ntilde;os ochenta, con el ascenso del neoliberalismo se ha respaldado b&aacute;sicamente el desarrollo del sector privado, el mercado y las estrategias de desregulaci&oacute;n de la econom&iacute;a<sup>34</sup>. </p>     <p>En s&iacute;ntesis, las transformaciones que acabamos se resumir y que se organizan en torno al globalismo del mercado, constituyen pr&aacute;cticas que ninguna estrategia de desarrollo puede, hoy por hoy, desconocer. Pero s&iacute; se presenta un serio problema cuando se piensa que estas din&aacute;micas constituyen la esencia del mundo actual y de la globalizaci&oacute;n y, por ende, del &uacute;nico desarrollo posible. Del neoliberalismo, y su corolario, el ajuste no pueden inferirse pol&iacute;ticas de desarrollo porque, &quot;como lo indican sus propias denominaciones, no tienen como fundamento los problemas del desarrollo de las naciones y pueblos, sino la adaptaci&oacute;n de los espacios econ&oacute;micos nacionales a las exigencias de funcionamiento y de coherencia del espacio econ&oacute;mico internacional, es decir, en &uacute;ltima instancia, tambi&eacute;n a los criterios internacionales de la valorizaci&oacute;n del capital&quot;<sup>35</sup>. Por &uacute;ltimo, pero no menos importante, porque las uniformidades por las que boga &quot;constituyen hoy el sello imperial de la negaci&oacute;n de la belleza y de la complejidad del mundo&quot;<sup>36</sup>. </p> <b>Esbozo para un desarrollo alternativo en la historia global </b>     <p>Una manera m&aacute;s precisa y distinta de entender la globalizaci&oacute;n que la que promueve el globalismo del mercado es volviendo a la idea de que en la actualidad se est&aacute; asistiendo a una particular y radicalizada comprensi&oacute;n del tiempo y del espacio, la cual ha dado lugar al surgimiento de un entramado que hemos definido como una historia global. De ello se infiere que lo que, en efecto, ha cambiado ha sido la manera c&oacute;mo las relaciones sociales se sit&uacute;an en distintas dimensiones espacio temporales. Sin entrar a negar los elementos antes se&ntilde;alados por el globalismo del mercado, la globalizaci&oacute;n no consiste simplemente en el surgimiento de espacialidades m&aacute;s grandes y sincr&oacute;nicas (mundiales) que enlazan a las m&aacute;s peque&ntilde;as (nacionales, regionales y/o locales) con las diacr&oacute;nicas. Alude a formas complejas de entrelazamiento que se producen entre todas ellas. </p>     <p>La manera como se compenetran no sigue solamente una secuencia vertical y/o jer&aacute;rquica, de mayor a menor o de menor a mayor, sino que tambi&eacute;n da lugar a la aparici&oacute;n de relaciones transversales y horizontales. Sin duda que ello explica uno de los grandes problemas que enfrenta cualquier an&aacute;lisis que se proponga determinar la naturaleza de la globalizaci&oacute;n: estas distintas escalas espaciales y temporales se entrecruzan sin que ninguna de ellas asuma una posici&oacute;n de liderazgo, que configure un mapa valorativo y les de un sentido a las otras. En su representaci&oacute;n espacial, la globalizaci&oacute;n se expresa como una desordenada y ca&oacute;tica concatenaci&oacute;n de estas dis&iacute;miles espacialidades, las cuales son portadoras de distintos grados de intensidad, cobertura y radio de acci&oacute;n y se despliegan diferenciadamente en sus expresiones temporales. </p>     <p>En su dimensi&oacute;n temporal, la globalizaci&oacute;n alude a la separaci&oacute;n del tiempo del lugar, la transformaci&oacute;n del tiempo universal en una dimensi&oacute;n social, su pluralizaci&oacute;n en distintas duraciones, la alteraci&oacute;n en la manera como se relacionan los individuos con sus h&aacute;bitat tradicionales al incorporarse a las nuevas espacialidades temporalizadas. Al igual que ocurre con el espacio que desde el advenimiento de la modernidad se ha fragmentado en m&uacute;ltiples dimensiones, muchas de ellas disociadas con respecto al lugar, el tiempo se ha convertido en una categor&iacute;a social plena que ha hecho posible profundas alteraciones en el funcionamiento de las sociedades. </p>     <p>El &eacute;nfasis en esta dimensi&oacute;n de la globalizaci&oacute;n sugiere perspectivas nuevas para emprender an&aacute;lisis sobre los temas del desarrollo. Primero, porque cuando se sostiene que el n&uacute;cleo de la globalizaci&oacute;n consiste en una compresi&oacute;n del espacio por el tiempo, se est&aacute; optando por una lectura que sobrepasa el anterior pensamiento economicista, pues se destaca que la globalizaci&oacute;n es un fen&oacute;meno multidimensional, que se expresa con diferentes ritmos, intensidades y alcances en la totalidad de &aacute;mbitos sociales y, por tanto, s&oacute;lo puede explicarse en t&eacute;rminos globales. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La interpretaci&oacute;n predominante sobre la acumulaci&oacute;n en condiciones de globalizaci&oacute;n puede ayudar a ilustrar este punto. El economicismo del globalismo del mercado tiende a ver en la acumulaci&oacute;n simplemente un proceso t&eacute;cnico de reproducci&oacute;n ampliada del capital. Lo que usualmente se olvida es que la acumulaci&oacute;n es tambi&eacute;n un proceso de diferenciaci&oacute;n social, de reproducci&oacute;n de las desigualdades y de disimilitud en t&eacute;rminos de poder entre las cosas y las personas. </p>     <p>Segundo, cuando se habla de compresi&oacute;n espacio temporal se despliega una perspectiva que va m&aacute;s all&aacute; de la concepci&oacute;n del globalismo del mercado que se aferra a la contraposici&oacute;n entre lo local y lo global, la cual le asignaba al primero el sentido de continuidad y al segundo el de cambio. La globalizaci&oacute;n no es una macro estructura que extiende sus tent&aacute;culos por encima de las naciones, sino que se realiza global y localmente al mismo tiempo. &quot; La globalizaci&oacute;n –escribe Beck- no significa precisamente lo que parece significar: globalizaci&oacute;n. Significa, antes que nada, localizaci&oacute;n. En las circunstancias actuales, en que el mundo se ha vuelto global, en el que los viejos ordenamientos y fronteras ya no tienen la fuerza, el lugar adquiere una nueva trascendencia e importancia. Es, pues, esencial esta visi&oacute;n dial&eacute;ctica de la globalizaci&oacute;n como glocalizaci&oacute;n&quot;<sup>37</sup>. Con la intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n entra a convivir una pluralidad de tiempos, los cuales en determinados puntos se concatenan, confluyen y/o colisionan. </p>     <p>Otro aspecto novedoso de esta concepci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n consiste en que permite identificarla como un proceso, historizarla, es decir, aprehender las singularidades, din&aacute;micas y diferencias de cada una de sus etapas. Y, en ese sentido, permite pensar m&aacute;s all&aacute; de la l&oacute;gica del globalismo del mercado porque no es en este &uacute;ltimo donde est&aacute; contenida la clave misma de la globalizaci&oacute;n. El globalismo del mercado es una realidad a la que nadie puede sustraerse, pero reconocer su existencia no significa aceptar la universalidad de su discurso y de sus pr&aacute;cticas. </p>     <p>Por &uacute;ltimo, como transformaci&oacute;n hist&oacute;rica la globalizaci&oacute;n muestra que, a diferencia del globalismo del mercado que equipara globalizaci&oacute;n con interdependencia, se sostiene que se est&aacute; presentando una superaci&oacute;n del espacio por el tiempo, con lo cual la globalizaci&oacute;n se identifica con un proceso de interioridad del mundo y, por ende, de la totalidad de espacios sociales, incluido los m&aacute;s localizados. De ello se puede inferir que la intensificaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n ha derivado en el surgimiento de un espacio social global, donde se realizan las nuevas formas mundiales de espacializaci&oacute;n de la econom&iacute;a. </p>     <p>Es precisamente este &uacute;ltimo punto, es decir, la emergencia de un espacio social global, lo que le ha dado un vuelco al funcionamiento del capitalismo y nos permite entender la materialidad de las transformaciones del mundo actual. El capitalismo dej&oacute; de ser un sistema que se desarrolla y organiza dentro de un espacio territorial espec&iacute;fico, para despu&eacute;s expandirse, como ocurri&oacute; entre los siglos XV y gran parte del XX. Hoy en d&iacute;a el capitalismo es global en sus mismos fundamentos<sup>38</sup>. </p>     <p>Este espacio social &uacute;nico que sustenta la globalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a tiene una importancia mayor en cualquier tentativa de repensar el desarrollo, pues las nuevas jerarqu&iacute;as ya no son geogr&aacute;ficas, en el sentido que existir&iacute;a un centro, una semiperiferia y una periferia, tal como sosten&iacute;an Braudel<sup>39</sup> o Wallerstein<sup>40</sup>, para los siglos XVI y XX, sino sociales, dentro del marco de un espacio social mundial, por cuanto la globalizaci&oacute;n se realiza en las distintas espacialidades, incluidas las m&aacute;s localizadas. </p>     <p>Esto nos lleva al siguiente punto: el globalismo del mercado nos mostr&oacute; la fuerza que hoy en d&iacute;a tienen los elementos sincronizadores (polos exitosos, organizaciones multilaterales, la competitividad, la flexibilidad), un enfoque que realza la dimensi&oacute;n hist&oacute;rica, y la pluralizaci&oacute;n de los ambientes espacio temporales, nos muestra la vitalidad que siguen teniendo los factores diacr&oacute;nicos en este mundo global. No est&aacute; dem&aacute;s recordar a Castells quien ha sostenido que &quot;para que una sociedad pueda anclarse en su especificidad y en su autonom&iacute;a social y cultural, jugando al mismo tiempo la estrategia del desarrollo informacional, hace falta un ancla identitaria, sin la cual la sociedad se fragmenta en individuos-redes. Pero no es una fuerza productiva directa. En cierto sentido, es el elemento de construcci&oacute;n identitario de una sociedad o de grupos sociales, o de individuos para no ser simplemente &aacute;tomos en las redes&quot;<sup>41</sup>. </p>     <p>Es aqu&iacute; donde la historia global entra a jugar de manera poderosa como explicaci&oacute;n y verificaci&oacute;n: de una parte, porque con la intensificada globalizaci&oacute;n la adaptabilidad de unos y otros colectivos difiere en raz&oacute;n de la densidad de su trayectoria historia. As&iacute;, por ejemplo, es m&aacute;s d&uacute;ctil un sistema econ&oacute;mico extravertido donde previamente existieron pr&aacute;cticas en tal sentido (v. gr., la Rep&uacute;blica Checa ) que donde no (Rusia). La densidad hist&oacute;rica, de tal suerte, se convierte en un factor central que permite realizar la sincronicidad, sin mayores situaciones disruptivas. </p>     <p>Por &uacute;ltimo, por el grado de susceptibilidad que puedan tener frente a factores externos. Sin pretender que las dificultades socioecon&oacute;micas y pol&iacute;ticas en los pa&iacute;ses de la Comunidad Andina obedezcan a factores externos, es evidente que en la mayor parte de ellos el contagio se ha amplificado como resultado de un alto grado de exposici&oacute;n no controlada frente a din&aacute;micas externas similares. </p>     <p>En s&iacute; se puede concluir que en condiciones de intensificada globalizaci&oacute;n no es cierto que exista s&oacute;lo una posibilidad de desarrollo. Con la globalizaci&oacute;n se transforman pero no se extinguen las trayectorias de las sociedades. Se asiste a un entrelazamiento de la diacron&iacute;a de los entramados hist&oacute;ricos particulares con la sincron&iacute;a de la contemporaneidad globalizada. La globalizaci&oacute;n, por tanto, puede convertirse en una creadora de oportunidades de desarrollo, pero siempre y cuando se comprenda su cambiante naturaleza y sus complicadas reglas de juego. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para que la globalizaci&oacute;n se pueda convertir en una oportunidad para el desarrollo se debe repensar esta relaci&oacute;n a partir de dos categor&iacute;as hist&oacute;rico-antropol&oacute;gicas, que son las que tematizan, en &uacute;ltima instancia, el tiempo hist&oacute;rico: los espacios de experiencia y los horizontes de expectativas. Como ense&ntilde;a Koselleck<sup>42</sup>, la experiencia es un pasado presente espacial que re&uacute;ne simult&aacute;neamente muchos estratos de tiempo, pues &quot;evoca posibilidades de recorridos de acuerdo con m&uacute;ltiples itinerarios, sobre todo de reuni&oacute;n y de estratificaci&oacute;n en una estructura en capas que hace que el pasado acumulado de este modo escape a la simple cronolog&iacute;a&quot;<sup>43</sup>. </p>     <p>El horizonte es aquella l&iacute;nea siempre distante que abre en el futuro el despliegue de un hipot&eacute;tico espacio de experiencia. La modernidad dentro de esta perspectiva ha sido concebida como un tiempo nuevo donde las expectativas se alejan de las experiencias hechas anteriormente. En condiciones como las actuales, cuando ha entrado a debutar una historia global, el divorcio entre experiencias y expectativas ya no es sostenible, porque se desvaneci&oacute; la linealidad a la que nos hab&iacute;a acostumbrado la modernidad. El desarrollo debe por tanto pensarse como una rearticulaci&oacute;n y sincronizaci&oacute;n entre experiencias y expectativas, es decir, como espacios de expectativas que se horizontalizan. Tiene que ser un desarrollo, dentro de una perspectiva hist&oacute;rica no lineal, que recupere todo aquello que deliberadamente ha sido olvidado. Como en su momento escrib&iacute;a Fontana para la historia &quot;Al proponer las formas de desarrollo econ&oacute;mico y social actuales como el punto culminante del progreso –como el &uacute;nico punto de llegada posible, pese a sus deficiencias y a su irracionalidad-, hemos escogido de entre todas las posibilidades abiertas a los hombres del pasado tan s&oacute;lo aquellas que conduc&iacute;an a este presente y hemos menospreciado las alternativas que algunos propusieron, sin detenernos a explorar las posibilidades de futuro que conten&iacute;an&quot;<sup>44</sup>. Tiene que ser tambi&eacute;n un desarrollo que restituya la diacron&iacute;a en la sincron&iacute;a del mundo globalizado. En s&iacute;ntesis, las pol&iacute;ticas m&aacute;s eficaces de desarrollo son aquellas que conjugan los factores de la modernidad con los elementos sociales y culturales propios. </p> <hr size="1">     <p><b>BIBLIOGRAFIA</b></p>     <!-- ref --><p>1. Shaw Timothy m., &quot;Globalisation(s) and Anti-globalisation(s): Implications for Development Studies&quot; en <i>The European Journal of Development Research </i>, Londres, Volumen 13 N. 2, diciembre de 2001. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-4705200700020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. CEPAL, <i>Globalizaci&oacute;n y desarrollo </i>, Santiago, CEPAL, 2002. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-4705200700020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Fazio Vengoa Hugo, &quot;La historia global: &iquest;encrucijada de la contemporaneidad?&quot; en <i>Revista de Estudios Sociales </i> N. 23, abril de 2006. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-4705200700020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Sassen Saskia, <i>Los espectros de la globalizaci&oacute;n </i>, Buenos Aires, FCE, 2003, p. 17. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-4705200700020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Braudel Fernand, <i>La din&aacute;mica del capitalismo </i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1997. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-4705200700020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Fernand Braudel, <i>Civilisation mat&eacute;rielle, &eacute;conomie et capitalisme XV-XVIII si&egrave;cle </i>, Par&iacute;s, volumen tercero, Armand Collin, 1979, p. 11. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-4705200700020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Ferro Marc, <i>La colonizaci&oacute;n. Una historia global </i>, M&eacute;xico, Siglo XXI, 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-4705200700020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Therborn G&ouml;ran, <i>Europa hacia el siglo XXI </i>, M&eacute;xico, Siglo XXI, 1999, pp. 11-13. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-4705200700020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Felipe Fern&aacute;ndez-Armesto, <i>Millennium </i>, Barcelona, Planeta, 1995, pp. 211-212. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-4705200700020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Gruzinski Serge, <i>Les quatre parties du monde. Histoire d'une mondialisation </i>, Par&iacute;s, Editions La Martini&egrave;re , 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-4705200700020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. O'Rourke Kevin H y Jeffrey G. Williamson, <i>Globalization and History </i>, Cambridge , Mit Press, 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-4705200700020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Escobar Arturo, <i>La invenci&oacute;n del Tercer Mundo. Construcci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n del desarrollo </i>, Bogot&aacute;, Norma, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-4705200700020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Kaldor Mary, <i>La sociedad civil global </i>, Tusquets, Barcelona, 2004, pp. 154-155. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-4705200700020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Hobsbawm Eric, <i>Historia del siglo XX </i>, Barcelona, Cr&iacute;tica, 1997, p. 278. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-4705200700020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Brenner Robert, <i>Turbulencias en la econom&iacute;a mundial </i>, Santiago, Lom, 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-4705200700020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Hobsbawm Eric, <i>Historia del siglo XX </i>, Barcelona, Cr&iacute;tica, 1997, p. 279. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-4705200700020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Adda Jacques, <i>La mondialisation de l'&eacute;conomie </i>, Par&iacute;s, La D&eacute;couverte , tomo primero, primera parte. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0121-4705200700020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Peemans Jean Philippe, <i>Le d&eacute;veloppement des peuples face &agrave; la modernisation du monde. Les th&eacute;ories du d&eacute;veloppement face aux histoires du d&eacute;veloppement &laquo;&nbsp;r&eacute;el&nbsp;&raquo; dans la seconde moiti&eacute; du XX&egrave;me si&egrave;cle </i>, Louvain La Neuve , Academia Bruylant, 2002. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-4705200700020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Giovagnoli Agostino, <i>Storia e globalizzazione </i>, Bari, Laterza, 2005. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-4705200700020000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Robertson Roland, <i>Globalization </i>, Londres, Sage, 1992. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-4705200700020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Fazio Vengoa Hugo, <i>La globalizaci&oacute;n en su historia </i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional, 2002. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0121-4705200700020000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Aart Scholte Jan, <i>Globalization. A critical introduction </i>, Nueva York, St. Martin Press, 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-4705200700020000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Beck Ulrich, <i>La mirada cosmopolita </i>, Barcelona, Paid&oacute;s, 2005. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-4705200700020000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Fazio Vengoa Hugo, &quot;Globalizaci&oacute;n y relaciones internacionales en el entramado de un naciente tiempo global&quot; en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico </i>, N. 53, enero-abril, 2006. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-4705200700020000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Habermas J&uuml;rgen, <i>El Occidente escindido </i>, Madrid, Editorial Trotta, 2006, p. 114. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-4705200700020000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Falk Richard, <i>La globalizaci&oacute;n depredadora. Una cr&iacute;tica </i>, Madrid, Siglo XXI, 2002, p. 75. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-4705200700020000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Peemans Jean Philippe, &quot;L'utopie globalitaire&quot; en <i>Nouveaux Cahiers de l'IUED </i>, Ginebra, N. 5, 1996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-4705200700020000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Mittelman James, <i>El s&iacute;ndrome de la globalizaci&oacute;n. Transformaci&oacute;n y resistencia </i>, M&eacute;xico, Siglo XXI, 2002, p. 65. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-4705200700020000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Sassen Saskia, <i>La ville globale </i>, Par&iacute;s, Descartes, 1996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-4705200700020000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. La&iuml;di Zaki, <i>Le sacre du pr&eacute;sent </i>, Par&iacute;s, Flammarion, 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-4705200700020000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. La&iuml;di Zaki <i>, La grande perturbation </i>, Par&iacute;s, Flammarion, 2004, p. 46. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-4705200700020000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Friedman Thomas, <i>La tierra es plana. Breve historia del mundo globalizado del siglo XXI, </i>Madrid, Ediciones Mart&iacute;nez Roca, 2006. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-4705200700020000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33.<i> </i>Arrighi Giovanni, <i>El largo siglo XX, </i> Madrid, Akal, 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-4705200700020000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Slater David, &quot;Itinerarios de la Teor&iacute;a del Desarrollo. Capitalismo, socialismo y despu&eacute;s&quot;, en <i>Nueva Sociedad </i> N&ordm; 137, Caracas, mayo-junio, 1995, pp. 37-38. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-4705200700020000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Peemans Jean Philippe, &quot;L'utopie globalitaire&quot; en <i>Nouveaux Cahiers de l'IUED </i>, Ginebra, N. 5, 1996, p. 16. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-4705200700020000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Zolo Danilo, <i>Globalizaci&oacute;n. Un mapa de los problemas </i>, Bilbao, Ediciones Mensajero, 2006, p. 156. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-4705200700020000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Beck Ulrich, <i>Libertad o capitalismo. conversaciones con Johannes Willms </i>, Barcelona, Paid&oacute;s, 2002, p. 179. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0121-4705200700020000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Hoogvent Ankie, <i>Globalization and the postcolonial world. The new political economy of development </i>, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2001, p. 131. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-4705200700020000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Helleiner Eric, &quot;Reflexiones braudelianas sobre globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica: el historiador como pionero&quot; en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico </i>N. 39, enero-abril, 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0121-4705200700020000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Wallerstein Immanuel, <i>El moderno sistema mundial </i>, M&eacute;xico, Siglo XXI, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-4705200700020000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Castells Manuel, &quot;El poder de la identidad&quot;, <i>El Pa&iacute;s </i>, 18 de febrero de 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0121-4705200700020000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Koselleck Reinhart, <i>Futuro pasado. Para una sem&aacute;ntica de los tiempos hist&oacute;ricos </i>, Barcelona, Paid&oacute;s, 1993, pp. 333-357. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-4705200700020000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Ricœur Paul, &quot;Hacia una hermen&eacute;utica de la conciencia hist&oacute;rica&quot; en Fran&ccedil;oise Perus, Compiladora, <i>Historia y literatura </i>, M&eacute;xico, Instituto Mora, 2001, p. 72. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0121-4705200700020000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Fontana Joseph, <i>La historia de los hombres </i>, Barcelona, Cr&iacute;tica, 2001, p. 358. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-4705200700020000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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