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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Una Sociología De La Globalización]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In its introduction, the text presents the basis for a sociology of globalization at affi rming that such a phenomenon is comprehensible not only in terms of interdependency and formation of exclusively global institutions but in regard to something within what is national. After overcoming a methodological nationalism it becomes possible to approach a growing number of cases of localization of what is global and others of denationalization of what is national which, meanwhile, opens a wide range of research possibilities in social sciences. Then, a study of global cities as a convenient space to test theoretical assumptions of such a sociology is undertaken since, in those cities, a new transnational geography serving as a space for new transnational politics emerges.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"> <font size="4" face="Verdana"><b>Una Sociolog&iacute;a De La Globalizaci&oacute;n<a href="#(1)">(1)</a></b></font></p>     <p align="center"><font size="3" face="Verdana"><b>A Sociology Of Globalization</b></font></p>  <font size="2" face="Verdana">    <p><b>Saskia  Sassen</b> </p>     <p>Profesora de Sociolog&iacute;a en la Universidad de Chicago y en la London School of Economics.</p>  <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>El texto presenta en la introducci&oacute;n las bases para una  sociolog&iacute;a de la globalizaci&oacute;n en la que se afirma que dicho fen&oacute;meno es  comprensible en t&eacute;rminos no s&oacute;lo de la interdependencia y la formaci&oacute;n de  instituciones exclusivamente globales sino en relaci&oacute;n a algo que tambi&eacute;n  reside en el interior de lo nacional. Al superar el nacionalismo metodol&oacute;gico, es posible  entonces abordar un n&uacute;mero creciente de casos de localizaci&oacute;n de lo global y de  desnacionalizaci&oacute;n de lo nacional que, a su vez, abre para las ciencias  sociales una amplia gama de posibilidades de investigaci&oacute;n. A continuaci&oacute;n, se  aborda el estudio de las ciudades globales como un espacio propicio para poner  a prueba los presupuestos te&oacute;ricos de esta sociolog&iacute;a en la medida en que, a  trav&eacute;s de aquellas, se crea una nueva geograf&iacute;a transnacional que al mismo  tiempo constituye el espacio para una nueva pol&iacute;tica transnacional.</p>     <p> <b>Palabras clave:</b> sociolog&iacute;a-globalizaci&oacute;n, econom&iacute;a global, pol&iacute;tica  transnacional, ciudades globales.<b> </b></p> <hr size="1">     <p><b>SUMMARY</b></p>     <p>In its introduction, the text presents the basis for a sociology of globalization at affi rming that such a  phenomenon is comprehensible not only in terms of interdependency and formation of exclusively  global institutions but in regard to something within what is national. After overcoming a methodological    nationalism it becomes possible to approach a growing number of cases of localization of what is global and others of denationalization of what is national which, meanwhile, opens a wide range of research possibilities  in social sciences. Then, a study of global cities as a convenient space to test theoretical assumptions of such  a sociology is undertaken since, in those cities, a new transnational geography serving as a space for new transnational politics emerges.     <p><b>Key words</b>: sociology-globalization, global economy, transnational politics, global cities. <hr size="1">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>Los  procesos transnacionales como la globalizaci&oacute;n pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y cultural  enfrentan a las ciencias sociales con una serie de desaf&iacute;os te&oacute;ricos y  metodol&oacute;gicos. Estos desaf&iacute;os surgen debido a que lo global (ya sea una  instituci&oacute;n, un proceso, una pr&aacute;ctica discursiva o un imaginario) trasciende el  marco exclusivo del Estado-naci&oacute;n y al mismo tiempo habita parcialmente los  territorios y las instituciones nacionales. Vista de esta manera, la  globalizaci&oacute;n no se limita ya a la noci&oacute;n convencional que la define como un  proceso de formaci&oacute;n de instituciones exclusivamente globales y de  interdependencia creciente entre los estados-naci&oacute;n del mundo. Si lo global, en  efecto, reside en parte en el interior de lo nacional, resulta evidente que la globalizaci&oacute;n,  en sus distintas modalidades, compromete de manera directa dos supuestos clave  de las ciencias sociales. El primero de ellos es la concepci&oacute;n impl&iacute;cita o  expl&iacute;cita del Estado-naci&oacute;n como contenedor de los procesos sociales. El  segundo es la correspondencia impl&iacute;cita entre el territorio nacional y lo  nacional como caracter&iacute;stica, es decir, que si un proceso o fen&oacute;meno social se  da en una instituci&oacute;n o en un territorio nacional se asume que debe ser de  car&aacute;cter nacional. Ambos supuestos describen condiciones que han mantenido su  validez, aunque nunca absoluta, durante gran parte de la historia del Estado  moderno (en especial desde la Primera Guerra Mundial) y que en buena medida  subsisten. Lo que ha cambiado en la actualidad es que dichos supuestos se est&aacute;n  desarticulando, parcialmente pero con intensidad. Por otra parte, tambi&eacute;n es  diferente el alcance de esa desarticulaci&oacute;n.</p>      <p>Cuando se abandona la consideraci&oacute;n de la  globalizaci&oacute;n en t&eacute;rminos de la interdependencia y la formaci&oacute;n de instituciones  exclusivamente globales para concebirla como algo que tambi&eacute;n reside en el  interior de lo nacional, se abre el campo para una amplia gama de posibilidades  de investigaci&oacute;n hasta hoy casi inexploradas. Los supuestos relativos al  Estado-naci&oacute;n como contenedor de los procesos sociales siguen siendo &uacute;tiles  para gran parte de los temas que estudian las ciencias sociales y, en efecto,  han permitido que aquellos que se dedican a estas ciencias desarrollen m&eacute;todos  de an&aacute;lisis eficaces y obtengan los conjuntos de datos necesarios. Sin  embargo, dichos supuestos no resultan &uacute;tiles para responder una serie creciente  de interrogantes acerca de la globalizaci&oacute;n. Tampoco lo son para explicar la  amplia variedad de procesos transnacionales que las ciencias sociales deben  comenzar a investigar y teorizar, ni para desarrollar los instrumentos  anal&iacute;ticos necesarios. La premisa cr&iacute;tica que organiza el presente trabajo no  reside ni en los m&eacute;todos ni en los marcos conceptuales basados en el supuesto  de que el Estado-naci&oacute;n es una unidad cerrada con autoridad exclusiva sobre su  territorio. Dicha premisa podr&iacute;a formularse de la siguiente manera: el hecho de  que un proceso o entidad se encuentre dentro del territorio de un Estado  soberano no necesariamente supone que sea un proceso o entidad nacional, o una  entidad extranjera tradicionalmente autorizada (embajadas, turistas  extranjeros, etc.); en cambio, puede tratarse de una localizaci&oacute;n de lo global,  o &ndash;concepto un poco m&aacute;s complejo&ndash; de una entidad nacional que ha sido  desnacionalizada, como podr&iacute;a ser el caso, por ejemplo, de un componente del  capital nacional que ha sido desnacionalizado. Aunque la mayor&iacute;a de los  procesos y de las entidades que se encuentran en el interior de lo nacional son  nacionales, se hace cada vez m&aacute;s necesaria la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica para  determinar si todos ellos lo son, ya que existe un n&uacute;mero creciente de casos de  localizaci&oacute;n de lo global y de desnacionalizaci&oacute;n de lo nacional. Una parte de  los fen&oacute;menos que hoy siguen codific&aacute;ndose como nacionales podr&iacute;an ser ejemplos  de esa localizaci&oacute;n y desnacionalizaci&oacute;n. Generar las especificaciones te&oacute;ricas  y emp&iacute;ricas que permitan incorporar estas condiciones es una labor ardua que  debe ser emprendida de manera colectiva, en la medida en que en lo que respecta  a estas din&aacute;micas cada pa&iacute;s tiene m&uacute;ltiples especificidades.</p>      <p>El objetivo de este libro es hacer un aporte  a esa labor colectiva a trav&eacute;s de una cartograf&iacute;a del terreno anal&iacute;tico que nos  permita un estudio m&aacute;s complejo de la globalizaci&oacute;n &ndash;un terreno anal&iacute;tico que  puede incorporar y a la vez superar las nociones centradas en la  interdependencia creciente entre pa&iacute;ses y la formaci&oacute;n de instituciones  exclusivamente globales&ndash;. Por lo tanto, parte de la investigaci&oacute;n est&aacute; abocada  a detectar esa din&aacute;mica globalizadora en el interior del espesor institucional  y social de lo nacional, donde se mezclan elementos nacionales y no nacionales.  Cuando se enmarca lo global de esta manera, es posible utilizar gran parte de  las t&eacute;cnicas de investigaci&oacute;n y los conjuntos de datos existentes en las  ciencias sociales, que han sido desarrollados en funci&oacute;n de lo nacional o de lo  subnacional; pero tal uso es posible s&oacute;lo con la condici&oacute;n de generar nuevos  marcos conceptuales para interpretaciones que no den por sentado que el  Estado-naci&oacute;n es un sistema cerrado y excluyente. Tanto las encuestas  realizadas en f&aacute;bricas que forman parte de cadenas de producci&oacute;n  internacionales, como las entrevistas individuales para vislumbrar el  imaginario sobre la globalidad, o las etnograf&iacute;as de los centros financieros  internacionales, todas ellas son herramientas que expanden el terreno anal&iacute;tico  para comprender los procesos globales. Tal expansi&oacute;n del terreno anal&iacute;tico para  el estudio de la globalizaci&oacute;n abre el campo de investigaci&oacute;n de las ciencias  sociales en general y, en particular, de las cuestiones de &iacute;ndole m&aacute;s  sociol&oacute;gica o antropol&oacute;gica.</p>     <p>&iquest;Qu&eacute; es entonces lo que se intenta designar  con el t&eacute;rmino &quot;globalizaci&oacute;n&quot;? En este trabajo, se trata de dos din&aacute;micas  diferenciadas. Por un lado, la formaci&oacute;n de procesos y de instituciones  expl&iacute;citamente globales, como por ejemplo la Organizaci&oacute;n Mundial de Comercio,  los mercados financieros internacionales, el nuevo cosmopolitismo y los  Tribunales Internacionales de Cr&iacute;menes de Guerra. Las pr&aacute;cticas y las modalidades  organizativas mediante las cuales operan estas entidades expl&iacute;citamente  globales constituyen lo que se conoce t&iacute;picamente como global. Aunque en parte  se dan a nivel nacional, se trata en gran medida de formaciones globales nuevas  y concretas.</p>      <p>Por otro lado, se encuentran los procesos que  no pertenecen necesariamente a la escala global y que, sin embargo, forman  parte de la globalizaci&oacute;n. Dichos procesos est&aacute;n inmersos en territorios y  dominios institucionales que en gran parte del mundo, si bien no en todos los  casos, se consideran nacionales. Aunque localizados en &aacute;mbitos nacionales, o  incluso subnacionales, estos procesos forman parte de la globalizaci&oacute;n porque  incorporan redes o entidades transfronterizas que conectan m&uacute;ltiples procesos y  a actores locales o &quot;nacionales&quot;, o bien porque se trata de cuestiones o  din&aacute;micas que se registran en un n&uacute;mero cada vez mayor de pa&iacute;ses o ciudades. Es  posible mencionar aqu&iacute; las redes transfronterizas de activistas dedicados a  alguna causa local espec&iacute;fica que tambi&eacute;n se da en escala global, como es el  caso de organizaciones de defensa del medio ambiente o de defensa de los  derechos humanos. Tambi&eacute;n quiero se&ntilde;alar que en la actualidad ciertos aspectos  espec&iacute;ficos de la labor de los estados nacionales forman parte de la  globalizaci&oacute;n; ejemplo de ello son las pol&iacute;ticas monetarias y fiscales  impuestas por el FMI y por los Estados Unidos como parte de la constituci&oacute;n de  los mercados financieros internacionales. Otro ejemplo de esta din&aacute;mica es el  hecho de que los tribunales nacionales hayan comenzado a utilizar instrumentos  internacionales (como las declaraciones sobre los derechos humanos, las normas  ambientales internacionales o las reglas de la Organizaci&oacute;n Mundial de  Comercio) para resolver cuestiones que antes habr&iacute;an resuelto exclusivamente  con instrumentos jur&iacute;dicos nacionales. Asimismo, pueden incluirse condiciones  emergentes m&aacute;s difusas, que examinaremos en este libro bajo la noci&oacute;n de  globalidades no-cosmopolitas. Es el caso de algunos tipos de actividad pol&iacute;tica  y de imaginarios que se centran en cuestiones y en causas locales, pero que a  la vez forman parte de redes globales orientadas hacia los mismos objetivos y  con participantes cada vez m&aacute;s conscientes de pertenecer a estas redes  globales, en las que comparten problem&aacute;ticas locales. Se trata de modalidades  de lo global que se constituyen a nivel horizontal, sin participaci&oacute;n en  organizaciones que las integren en jerarqu&iacute;as mundiales verticales, como es el  caso, por ejemplo, de la Organizaci&oacute;n Mundial de Comercio. </p>     <p>Cuando las ciencias sociales estudian la  globalizaci&oacute;n, lo m&aacute;s t&iacute;pico es que no se concentren en este segundo tipo de  procesos e instituciones, sino m&aacute;s bien en los fen&oacute;menos manifiestamente  globales. En este sentido, ellas han realizado aportes importantes al estudio  de lo global al establecer que existen m&uacute;ltiples globalizaciones y que la forma  dominante de la globalizaci&oacute;n &ndash;la econom&iacute;a global corporativa&ndash; es s&oacute;lo una de  ellas. En ciencias pol&iacute;ticas, y especialmente en el campo de las relaciones  internacionales, existe un concepto can&oacute;nico, y muy arraigado, de lo  internacional, seg&uacute;n el cual el Estado-naci&oacute;n es un actor clave.</p>      <p>La fuerza de este canon genera dificultades cuando se  trata de incorporar la posibilidad de formaciones globales que no pasan por el  sistema interestatal &ndash;el marco t&iacute;pico para ese canon&ndash; y que se dan en  diferentes escalas, incluso en escala subnacional. Lo mismo sucede con la  sociolog&iacute;a. Sus m&eacute;todos de investigaci&oacute;n y los datos recabados se sustentan en  gran medida sobre el tipo de entidad cerrada que representa el Estado-naci&oacute;n,  especialmente en el caso de la sociolog&iacute;a de car&aacute;cter m&aacute;s cuantitativo, que ha  generado m&eacute;todos cada vez m&aacute;s complejos basados en la posibilidad de obtener la  delimitaci&oacute;n del marco anal&iacute;tico &ndash;el Estado-naci&oacute;n, una empresa nacional, un  hogar definido en t&eacute;rminos del censo nacional&ndash;. Pese a que tiene m&eacute;todos e  hip&oacute;tesis muy diferentes, tambi&eacute;n la econom&iacute;a aplicada se encuentra  condicionada de manera similar, ya que sus datos tambi&eacute;n presuponen la  delimitaci&oacute;n de la realidad que subyace a la categor&iacute;a anal&iacute;tica. Por otro  lado, y aunque mantienen nociones parecidas acerca del Estado-naci&oacute;n, las  vertientes m&aacute;s historicistas de la sociolog&iacute;a han realizado importantes aportes  al estudio de los sistemas internacionales, como los trabajos sobre el  sistema-mundo y los movimientos migratorios transfronterizos.</p>      <p>La geograf&iacute;a econ&oacute;mica y pol&iacute;tica ha  contribuido al estudio de lo global m&aacute;s que cualquier otra ciencia social, especialmente  gracias a su posici&oacute;n cr&iacute;tica respecto de la noci&oacute;n de escalas. En efecto, ella  reconoce el car&aacute;cter hist&oacute;rico de las escalas y, por lo tanto, presenta una  resistencia a la cosificaci&oacute;n y a la naturalizaci&oacute;n de la escala nacional, tan  presente en la mayor&iacute;a de las ciencias sociales. Los antrop&oacute;logos, por su  parte, han aportado el estudio de las fuerzas m&uacute;ltiples y particulares que  componen esta din&aacute;mica, con lo que advierten de manera indirecta lo arriesgado  que ser&iacute;a emplear un m&eacute;todo anal&iacute;tico basado exclusivamente en el hecho de  m&uacute;ltiples escalas, m&aacute;s all&aacute; de la escala nacional, sin contemplar la  complejidad de los &aacute;mbitos.</p>      <p>Sin &aacute;nimo de generalizar, parecer&iacute;a que las  herramientas anal&iacute;ticas e interpretativas de estas dos disciplinas poseyeran una  ventaja para el estudio de lo global, ya sea en el marco de su definici&oacute;n  convencional como situaci&oacute;n de interdependencia en escala global, o en el de un  enfoque m&aacute;s complejo que incluye escalas subnacionales, como el adoptado en  este libro. A pesar del progreso logrado en ciencias sociales, a&uacute;n queda mucho  por hacer. Parte del trabajo pendiente ser&iacute;a se&ntilde;alar una distinci&oacute;n entre: a)  las diversas escalas que se configuran mediante los procesos y las pr&aacute;cticas  globales; y b) los contenidos espec&iacute;ficos y la ubicaci&oacute;n institucional de esta  globalizaci&oacute;n de escalas m&uacute;ltiples.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El  enfoque adoptado en esta obra trae aparejadas algunas consecuencias  conceptuales y metodol&oacute;gicas. La m&aacute;s importante reside en que incorpora la  necesidad de estudiar exhaustivamente las formaciones y los procesos  nacionales y subnacionales, as&iacute; como tambi&eacute;n su recodificaci&oacute;n como instancias  de lo global. Esto significa que es posible utilizar gran parte de los  conjuntos de datos y las tecnolog&iacute;as de investigaci&oacute;n existentes, pero ubicando  los resultados en marcos conceptuales diferentes, con nuevas categor&iacute;as que no  presupongan la t&iacute;pica dualidad entre lo nacional y lo global, o lo local y lo  global. Entre dichas categor&iacute;as pueden mencionarse las comunidades de  inmigrantes o de profesionales transnacionales, las ciudades globales, las  cadenas de producci&oacute;n internacional y la compresi&oacute;n espacio-temporal. En parte,  esta terminolog&iacute;a surge de la necesidad de dar nombre a ciertas condiciones que  son nuevas, o que meramente han adoptado nuevas modalidades, o que se han  vuelto visibles gracias a la alteraci&oacute;n de las configuraciones anteriores.  Tambi&eacute;n es posible utilizar categor&iacute;as anal&iacute;ticas preexistentes, pero de manera  distinta a como se utilizaron originalmente. En principio, los resultados  anal&iacute;ticos de la reorganizaci&oacute;n conceptual mencionada pueden incorporarse a  categor&iacute;as sociol&oacute;gicas muy reconocidas, como las de raza, g&eacute;nero, ciudad,  inmigraci&oacute;n, Estado y conectividad social. Por su parte, la categor&iacute;a de  desnacionalizaci&oacute;n que se emplea en este trabajo, postulada en Sassen (1996;  2006), capta uno de los efectos cada vez m&aacute;s comunes de la interacci&oacute;n entre lo  nacional y lo global. Dos elementos cr&iacute;ticos de esta interacci&oacute;n son la  naturaleza altamente institucionalizada y la densidad sociocultural de lo  nacional, de lo que se desprende que las estructuraciones de lo global dentro  de lo nacional implican una desnacionalizaci&oacute;n de ciertos componentes  particulares de lo nacional, aunque ella resulte parcial, espec&iacute;fica y, a  menudo, muy especializada.</p>     <p><b>Ciudades globales: la recuperaci&oacute;n del lugar y las  pr&aacute;cticas sociales </b></p>     <p>  Las im&aacute;genes que dominan el discurso sobre la  globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica son la hipermovilidad, la capacidad de comunicaci&oacute;n  global y la neutralizaci&oacute;n del territorio y de la distancia. Se tiende a tomar  como un hecho la existencia de un sistema econ&oacute;mico global y a considerarlo  como una funci&oacute;n del poder de las empresas multinacionales y las comunicaciones  globales, y como resultado de ello el &eacute;nfasis se coloca en el poder y en los  atributos t&eacute;cnicos de la econom&iacute;a global corporativa. Ahora bien, las  investigaciones sociol&oacute;gicas deber&iacute;an ir m&aacute;s all&aacute; de lo que se da como un hecho  y de los meros atributos, y examinar el proceso de formaci&oacute;n de esas condiciones  y sus consecuencias.</p>      <p>Las nuevas tecnolog&iacute;as inform&aacute;ticas y el  poder de las empresas transnacionales contienen facultades de operaci&oacute;n,  coordinaci&oacute;n y control global que deben producirse de alg&uacute;n modo. Cuando se  estudia el proceso de producci&oacute;n de dichas facultades, se agrega una dimensi&oacute;n  muchas veces desatendida en el discurso sobre la globalizaci&oacute;n. El enfoque se  desplaza hacia las <i>pr&aacute;cticas </i>que constituyen lo que se entiende por  &quot;globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica&quot; y &quot;control global&quot;, es decir, hacia la labor de  producir y reproducir la organizaci&oacute;n y la administraci&oacute;n de un sistema de  producci&oacute;n global y de un mercado global de capitales, ambos marcados por la  concentraci&oacute;n econ&oacute;mica. Este an&aacute;lisis de la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica centrado  en las pr&aacute;cticas recupera las categor&iacute;as de lugar y de procesos de trabajo,  categor&iacute;as que suelen soslayarse en los estudios centrados en la hipermovilidad  del capital y el poder de las empresas multinacionales. La elaboraci&oacute;n de  dichas categor&iacute;as no niega la centralidad de la hipermovilidad y del poder  empresarial, sino que trae a primer plano el hecho de que muchos de los  recursos necesarios para la actividad econ&oacute;mica global carecen de dicha  hipermovilidad y, en efecto, se encuentran profundamente inmersos en alg&uacute;n territorio,  como las ciudades globales y las zonas francas de exportaci&oacute;n. </p>         <p>   &iquest;Por qu&eacute; es importante recuperar las  categor&iacute;as de lugar y de proceso de producci&oacute;n para el an&aacute;lisis de la econom&iacute;a  global, sobre todo en los casos de las grandes ciudades? Porque dichas  categor&iacute;as permiten observar la multiplicidad de econom&iacute;as y culturas del  trabajo donde se inserta el sistema econ&oacute;mico global, as&iacute; como tambi&eacute;n  recuperar los procesos concretos y localizados que materializan la  globalizaci&oacute;n y afirmar que el multiculturalismo de las grandes urbes forma  parte de ese fen&oacute;meno tanto como el mercado financiero internacional. Por  &uacute;ltimo, el lugar y los procesos de trabajo nos permiten describir los  caracteres espec&iacute;ficos de una geograf&iacute;a de territorios estrat&eacute;gicos a escala global.  En el presente trabajo, dicho fen&oacute;meno se define como una &quot;nueva geograf&iacute;a de  la centralidad&quot;, y uno de los interrogantes que se plantean consiste en saber  si esta nueva geograf&iacute;a transnacional tambi&eacute;n constituye el espacio para una  nueva pol&iacute;tica transnacional. Por otro lado, en tanto el an&aacute;lisis econ&oacute;mico de  las ciudades globales recupera la gran variedad de empleos y culturas del  trabajo que forman parte de la econom&iacute;a global, pese a que no son reconocidos  como tales, dicho an&aacute;lisis permite examinar la posibilidad de que existan  nuevas formas de desigualdad derivadas de la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica. Asimismo,  permite detectar un nuevo tipo de actividad pol&iacute;tica entre los trabajadores que  tradicionalmente se encuentran en desventaja; es decir, permite comprender en  t&eacute;rminos emp&iacute;ricos si el operar en la geograf&iacute;a econ&oacute;mica transnacional de las  ciudades globales representa alg&uacute;n beneficio para dichos trabajadores. En este  caso, la actividad pol&iacute;tica estar&iacute;a sustentada por la participaci&oacute;n en la  econom&iacute;a global de aquellos que realizan los &quot;otros&quot; trabajos, como los obreros  fabriles de una zona franca de Asia, los trabajadores explotados de la  industria textil de Los &Aacute;ngeles o el personal de limpieza de los edificios de  Wall Street. </p>         <p>   Una pregunta sociol&oacute;gica espec&iacute;fica que  organiza el an&aacute;lisis de estas cuestiones es si realmente se est&aacute;n formando  nuevas configuraciones en medio de las viejas condiciones sociales. El poder,  la movilidad del capital, las desventajas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas, el desamparo  de los sin techo y las pandillas son fen&oacute;menos que han existido por siglos y  que preceden a la globalizaci&oacute;n actual. Habr&iacute;a que preguntarse, por tanto, si a  partir de la d&eacute;cada de 1980 fen&oacute;menos tales como el poder, la movilidad, la  desigualdad, el desamparo, la clase profesional, las pandillas o la pol&iacute;tica  adquieren modalidades &ndash;aunque s&oacute;lo sea en algunos de sus componentes&ndash; que  permitan distinguirlos de modo suficiente de los fen&oacute;menos anteriores y, como  consecuencia, especificarlos como nuevos, aun cuando en t&eacute;rminos generales esto  sea dif&iacute;cil de establecer. </p>         <p>   En  este cap&iacute;tulo se intentar&aacute; responder dichos interrogantes. El primer apartado  examina la posibilidad de que la ciudad (como un tipo de territorio complejo)  haya vuelto a convertirse, como lo fue a comienzos del siglo anterior, en un  prisma a trav&eacute;s del cual se pueden observar los procesos importantes que est&aacute;n  desestabilizando los alineamientos existentes. En el segundo apartado se  analiza el rol del lugar y de los procesos de producci&oacute;n en la econom&iacute;a global.  A partir de esta recuperaci&oacute;n de actividades territorializadas para la econom&iacute;a  global, el tercer apartado postula la formaci&oacute;n de nuevas geograf&iacute;as  transfronterizas de la centralidad y la marginalidad, constituidas por dichos  procesos territoriales de la globalizaci&oacute;n. El cuarto apartado examina hasta  qu&eacute; punto estos tipos de procesos indican la formaci&oacute;n de un nuevo orden  socioespacial en las ciudades globales. En el quinto apartado se describen  algunas de las localizaciones de lo global, con especial atenci&oacute;n en las  mujeres inmigrantes residentes en las ciudades globales. Por &uacute;ltimo, en el  apartado final se propone una noci&oacute;n de la ciudad global como nexo donde todas  estas tendencias se re&uacute;nen y producen nuevos alineamientos pol&iacute;ticos. </p>     <p><b>El retorno de la ciudad como prisma para la teor&iacute;a social </b></p>         <p>   La ciudad tiene una larga historia como espacio  estrat&eacute;gico para la exploraci&oacute;n de los grandes temas de la sociedad y la  sociolog&iacute;a. Pero no siempre ha sido un espacio con capacidad heur&iacute;stica, es  decir, la capacidad de producir conocimiento sobre las principales  transformaciones de una &eacute;poca hist&oacute;rica. S&iacute; la tuvo durante la primera mitad  del siglo xx, cuando su estudio fue central para la sociolog&iacute;a, como puede  comprobarse en la obra de Simmel, Weber, Benjamin, y, sobre todo, en la escuela  de Chicago con Park y Wirth, quienes recibieron una fuerte influencia de la  sociolog&iacute;a alemana (habr&iacute;a que incluir tambi&eacute;n a Lefebvre, si bien pertenece a  una &eacute;poca posterior). Estos soci&oacute;logos se hallaban ante procesos de una  magnitud descomunal, como la industrializaci&oacute;n, la urbanizaci&oacute;n, la alienaci&oacute;n  y ante una nueva configuraci&oacute;n cultural que denominaron &quot;urbanidad&quot;. El estudio  de las ciudades no se limitaba al estudio de lo urbano, sino que abarcaba los  principales procesos sociales de la &eacute;poca. Desde entonces, el estudio de las  ciudades y la sociolog&iacute;a urbana fueron perdiendo su posici&oacute;n privilegiada como  productores de categor&iacute;as anal&iacute;ticas importantes y como prismas de la  disciplina, lo que encuentra su explicaci&oacute;n en muchos motivos, principalmente  relacionados con ciertos avances en el m&eacute;todo y en los datos de la sociolog&iacute;a  en general. Un fen&oacute;meno cr&iacute;tico fue el hecho de que las ciudades dejaron de ser  el punto de apoyo para las transformaciones hist&oacute;ricas y, por lo tanto, el  espacio estrat&eacute;gico para la investigaci&oacute;n de procesos no urbanos. La sociolog&iacute;a  urbana comenz&oacute; a interesarse cada vez m&aacute;s por lo que luego se denomin&oacute; la  &quot;problem&aacute;tica social&quot;. </p>         <p>   Hoy en d&iacute;a, en el comienzo de un nuevo siglo,  la ciudad resurge como espacio estrat&eacute;gico para entender tendencias cr&iacute;ticas en  la reconfiguraci&oacute;n del orden social. Tanto la ciudad como la regi&oacute;n  metropolitana constituyen lugares estrat&eacute;gicos para la materializaci&oacute;n de  ciertas tendencias macrosociales importantes y, por lo tanto, se pueden  constituir en objeto de estudio. Entre las tendencias mencionadas se encuentra  la globalizaci&oacute;n, el auge de las nuevas tecnolog&iacute;as inform&aacute;ticas, la  intensificaci&oacute;n de las din&aacute;micas transnacionales y translocales y una mayor  presencia y voz de instancias espec&iacute;ficas de diversidad sociocultural. Cada una  de estas tendencias tiene sus propias condicionalidades, sus propios contenidos  y sus propias consecuencias. Su fase urbana es apenas una fase en una  trayectoria a menudo compleja y multiterritorial. Ahora bien, &iquest;es posible que,  como a principios del siglo XX, el estudio sociol&oacute;gico de las ciudades produzca  material intelectual y herramientas de an&aacute;lisis &uacute;tiles para entender las  transformaciones sociales profundas que est&aacute;n en marcha hoy en d&iacute;a? Resulta  fundamental descubrir si dichas transformaciones contienen instancias urbanas  lo bastante complejas y polivalentes como para posibilitar la construcci&oacute;n de  un objeto de estudio. En el presente trabajo se considera que la fase urbana de  los procesos mencionados los hace pasibles de ser estudiados &quot;en concreto&quot;, es  decir, de un modo que no ser&iacute;a posible en otras fases de sus trayectorias: por  ejemplo, el centro financiero es m&aacute;s concreto que la red electr&oacute;nica por la que  circulan los capitales, as&iacute; como lo es un barrio segregado cuando se lo compara  con la idea de racismo. </p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Al mismo tiempo, la actual tendencia hacia  una especie de urbanizaci&oacute;n de importantes din&aacute;micas globales, aun cuando sea  parcial, reposiciona a la ciudad como objeto de estudio. Y, una vez m&aacute;s, se  plantea la pregunta: &iquest;de qu&eacute; se habla hoy en d&iacute;a cuando se usa el t&eacute;rmino  &quot;ciudad&quot;? Hace tiempo que la idea de ciudad es un concepto debatible, tanto en  los textos de otras &eacute;pocas (Lefebvre, 1974; Castells, 1977; Harvey, 1982) como  en las obras m&aacute;s recientes (Brenner, 1998; Lloyd, 2005; Paddison, 2001;  Drainville, 2004; Satler 2006). En la actualidad, se est&aacute; dando una  desarticulaci&oacute;n parcial del espacio nacional y de la jerarqu&iacute;a tradicional de  escalas centrada en lo nacional, donde la ciudad quedaba anidada entre lo local  y lo regional. Esta desarticulaci&oacute;n, aunque sea parcial, dificulta una  conceptualizaci&oacute;n de la ciudad dentro de dicha jerarqu&iacute;a anidada.  Hist&oacute;ricamente, las grandes ciudades constituyen nodos donde se entrecruzan diversos  procesos en concentraciones muy pronunciadas. En el contexto de la  globalizaci&oacute;n, muchos de esos procesos operan a escala global y atraviesan las  fronteras hist&oacute;ricas, con la correspondiente complejidad que esto agrega. </p>         <p>   Las  ciudades emergen como una instancia territorial o escalar dentro de una  din&aacute;mica transurbana <a href="#(2)">(2)</a>. Aqu&iacute; no  se concibe a las ciudades como unidades cerradas, sino como estructuras  complejas donde se puede articular una variedad de procesos transfronterizos  que son reconstituidos como condiciones parcialmente urbanas (Sassen, 2001). Es  m&aacute;s, las ciudades globales no pueden ubicarse con facilidad dentro de una  jerarqu&iacute;a escalar, por debajo de lo nacional, lo regional y lo global, ya que  son uno de los espacios de lo global, donde dicha escala se inserta  directamente, con frecuencia pasando por alto lo nacional. Es posible que  algunas ciudades hayan tenido esta capacidad mucho antes de la &eacute;poca actual,  pero hoy en d&iacute;a las condiciones se han multiplicado y amplificado al punto de  que pueden ser consideradas generadoras de una nueva fase urbana, diferente en  t&eacute;rminos cualitativos. </p>         <p>   Varios  te&oacute;ricos sociales (como Giddens, 1990;Taylor, 1996; Brenner, 1998; 2004; Beck,  2006; Robinson, 2005) han analizado el &quot;estatismo&quot; que caracteriza a las  ciencias sociales en general y que se ha transformado en obst&aacute;culo para la  producci&oacute;n te&oacute;rica sobre lo global. Dicho estatismo supone expl&iacute;cita o  impl&iacute;citamente que el Estado-naci&oacute;n es el &uacute;nico contenedor de los procesos  sociales. A ello agrego dos nociones ya examinadas en el cap&iacute;tulo anterior: la  correspondencia impl&iacute;cita entre el territorio nacional y la escala nacional y,  por ende, la noci&oacute;n de que lo nacional y lo no nacional son dos condiciones que  se excluyen mutuamente. Estos supuestos funcionan bien para muchos de los temas  que estudian las ciencias sociales, pero no sirven para dar cuenta de una  cantidad cada vez mayor de situaciones generadas por la globalizaci&oacute;n y por la  variedad de procesos transnacionales que los estudiosos de las ciencias  sociales abordan hoy en d&iacute;a. Adem&aacute;s, tampoco sirven para desarrollar las  t&eacute;cnicas de investigaci&oacute;n necesarias. En efecto, si bien describen situaciones  presentes en la historia del Estado moderno desde la Primera Guerra Mundial, o  incluso antes, hoy asistimos a su desarticulaci&oacute;n parcial. Este fen&oacute;meno  reviste especial importancia para el an&aacute;lisis y la producci&oacute;n te&oacute;rica  planteados en este libro acerca de importantes transformaciones sociales, como  la globalizaci&oacute;n, y para la posibilidad de concentrarse en la ciudad con el fin  de captar algunas de las caracter&iacute;sticas emp&iacute;ricas fundamentales de dichas  transformaciones. Adem&aacute;s, acarrea ciertas consecuencias interesantes para la  ciudad como objeto de estudio. </p>         <p>   Cuando la producci&oacute;n te&oacute;rica y las  investigaciones se centran en la ciudad, es posible hacer un corte a trav&eacute;s de  ese estatismo y rescatar la reconfiguraci&oacute;n de las jerarqu&iacute;as espaciales que se  est&aacute;n dando en la actualidad. Varias disciplinas muestran inter&eacute;s en la ciudad  como espacio para la investigaci&oacute;n de las principales din&aacute;micas contempor&aacute;neas,  cada una con sus propias herramientas anal&iacute;ticas. Pero las herramientas  tradicionales de la sociolog&iacute;a y de la teor&iacute;a social, incluso de la sociolog&iacute;a  urbana, s&oacute;lo dan cuenta de algunos aspectos de estas tendencias, con la  salvedad de una de las primeras generaciones de te&oacute;ricos de la sociolog&iacute;a  urbana (Castells, 1989; Rodr&iacute;guez y Feagin, 1986; Gottdiener, 1985; Timberlake,  1985; Chase-Dunn, 1984; King, 1990; Zukin, 1991; Sassen-Koob, 1982; 1984, por  citar algunos) que se propuso de manera expl&iacute;cita analizar esas nuevas  condiciones y especificarlas en el plano emp&iacute;rico. Hoy en d&iacute;a, esta rama de la  sociolog&iacute;a sigue siendo peque&ntilde;a, pero est&aacute; creciendo a gran velocidad. Sin  embargo, otras ramas de la sociolog&iacute;a recurren tradicionalmente a la instancia  urbana para construir un objeto de estudio, incluso de car&aacute;cter no urbano. Esto  ocurre tambi&eacute;n porque las ciudades son territorios donde interact&uacute;an tendencias  importantes, y a menudo complejas, lo que rara vez sucede en otros &aacute;mbitos. En  la actualidad, todo esto es v&aacute;lido para el estudio de lo global en sus  localizaciones urbanas <a href="#(3)">(3)</a>. </p>         <p>   Adem&aacute;s  del desaf&iacute;o al estatismo, la sociolog&iacute;a enfrenta el reto de recuperar la noci&oacute;n  de lugar en el contexto de la globalizaci&oacute;n, las telecomunicaciones y la  proliferaci&oacute;n de las din&aacute;micas transnacionales y translocales. Tal vez sea una  de las iron&iacute;as de este nuevo siglo el hecho de que los viejos interrogantes de  la escuela de sociolog&iacute;a urbana de Chicago hayan resurgido como elementos  prometedores y estrat&eacute;gicos para comprender ciertas cuestiones fundamentales de  la actualidad. Podr&iacute;a preguntarse si sus m&eacute;todos servir&iacute;an m&aacute;s que otros para  recuperar la categor&iacute;a de lugar (Park y Burgess, 1925;Suttles, 1968; v&eacute;ase  tambi&eacute;n Duncan, 1959), en un momento en el que las fuerzas dominantes, como la  globalizaci&oacute;n y las telecomunicaciones, parecen indicar que el lugar y las  peculiaridades de lo local ya no son importantes. Robert Park y los integrantes  de la escuela de Chicago defin&iacute;an las &quot;&aacute;reas naturales&quot; como zonas geogr&aacute;ficas  determinadas por fuerzas subculturales no planificadas. Esta rama de la  sociolog&iacute;a urbana, que realiz&oacute; su trabajo de campo en el marco de la ecolog&iacute;a  humana, aport&oacute; muchos estudios interesantes sobre las distintas &quot;&aacute;reas  naturales&quot; de Chicago, con una cartograf&iacute;a de su distribuci&oacute;n y una descripci&oacute;n  de su complementariedad funcional <a href="#(3)">(4)</a>. </p>         <p>   Sin  embargo, las categor&iacute;as de esa vieja escuela no son suficientes <a href="#(5)">(5)</a>. Algunas  de las principales condiciones actuales de las ciudades, como la instancia  urbana de las din&aacute;micas no urbanas, ponen en cuesti&oacute;n las formas tradicionales  de producci&oacute;n te&oacute;rica y de an&aacute;lisis emp&iacute;rico urbano. El trabajo de campo es un  paso necesario para captar muchos de los aspectos de la condici&oacute;n urbana, incluso  aquellos que se relacionan con las tendencias examinadas en este cap&iacute;tulo. Sin  embargo, dar por sentada la complementariedad o la funcionalidad de las  diversas &aacute;reas urbanas significa retrotraerse a la noci&oacute;n de ciudad como  espacio cerrado, cuando en realidad lo que se busca es concebir a la ciudad  como uno m&aacute;s entre los lugares donde se entrecruzan diversos procesos  transfronterizos para producir determinadas formaciones socioespaciales. Es  m&aacute;s, para recuperar esta categor&iacute;a de lugar o territorio no basta con las  t&eacute;cnicas de investigaci&oacute;n de la vieja escuela de Chicago, ni tampoco con las de  la nueva llamada escuela de Los &Aacute;ngeles (v&eacute;ase la pol&eacute;mica en <i>Cities and  communities </i>1, 1 [2002] y en <i>Progressive geography</i>, 2007;Soja, 2000;  Dear, 2002; v&eacute;ase tambi&eacute;n David A. Smith, 1995). No obstante, es indudable que  resulta necesario regresar a la profundidad de los an&aacute;lisis de la escuela de  Chicago sobre las zonas urbanas, as&iacute; como a su proyecto de producir  cartograf&iacute;as detalladas de los fen&oacute;menos que all&iacute; se observan. El tipo de  etnograf&iacute;a que realizan Duneier (1999), Wright (1997),Lloyd (2005),Klinenberg  (2002), Small (2004) y los autores de Burawoy <i>et al</i>.(2000), as&iacute; como el  tipo de an&aacute;lisis espacial desarrollado por Sampson y Raudenbush (2004), son  excelentes ejemplos de c&oacute;mo usar varias t&eacute;cnicas asociadas con dicha escuela y  a la vez trabajar con un marco conceptual basado en supuestos diferentes. </p>         <p>   Sin embargo, eso es apenas una parte del reto  que representa recuperar la categor&iacute;a de lugar o de territorio. La gran ciudad  de hoy es el espacio estrat&eacute;gico para una amplia gama de operaciones nuevas, de  car&aacute;cter pol&iacute;tico, econ&oacute;mico, &quot;cultural&quot; y subjetivo (Anderson, 1990;Lloyd,  2005;AbuLughod, 1994;Miles, 2000; Yuval-Davis, 1999; Nashashibi, 2007; Clark y  Hoffman-Matinot, 1998; Allen <i>et al</i>., 1999; Fincher y Jacob, 1998; Krause  y Petro, 2003; Bartlett, 2007; Hagedorn, 2006). La ciudad global constituye uno  de los nexos donde se materializan y se vuelven concretas nuevas  reivindicaciones pol&iacute;ticas. El debilitamiento del poder nacional genera la  posibilidad de nuevas formas de poder y de pol&iacute;tica a nivel subnacional. Es  m&aacute;s, en tanto se va fracturando el &aacute;mbito nacional como contenedor de los  procesos sociales, en sus m&uacute;ltiples modalidades (v&eacute;anse Taylor, 1995; Sachar,  1990; Garc&iacute;a, 2002; Parsa y Keivafi, 2002), se abren nuevas posibilidades para  una geograf&iacute;a pol&iacute;tica transfronteriza que vincule los espacios subnacionales y  en la que las ciudades tienen un papel protag&oacute;nico. Esto abre un interrogante  acerca del surgimiento de un nuevo tipo de pol&iacute;tica transnacional que se  localizar&iacute;a en dichas ciudades. </p>         <p>   La inmigraci&oacute;n, por ejemplo, es uno de los  principales procesos que han comenzado a constituir una nueva econom&iacute;a pol&iacute;tica  transnacional, tanto en el nivel macro de los mercados laborales globales como  en el nivel micro de las estrategias de supervivencia translocales de los  hogares. Se trata de un proceso inmerso en gran medida dentro de las ciudades,  ya que la mayor&iacute;a de los inmigrantes se concentra en las grandes urbes, sobre  todo en pa&iacute;ses desarrollados como los Estados Unidos, el Jap&oacute;n y las naciones  de Europa Occidental (Castles y Miller, 2003; Bhachu, 1985;Iredale <i>et al</i>.,  2002;Tsuda, 1998),aun cuando crezca el flujo hacia la peque&ntilde;a ciudad y los  suburbios (Light, 2006; Buntin, en prensa). Seg&uacute;n algunos autores (Castles y  Miller, 2003; Sassen, 1998: parte i; Ehrenreich y Hochschild, 2003; Skeldon,  1997; Samers, 2002), la inmigraci&oacute;n es uno de los procesos constitutivos de la  globalizaci&oacute;n actual, aunque la mayor&iacute;a de los estudios sobre la econom&iacute;a  global no lo reconocen ni lo representan como tal. Y la ciudad constituye uno  de los lugares clave para el estudio emp&iacute;rico de los flujos migratorios  transnacionales y las estrategias de supervivencia de los migrantes y sus  hogares. </p>         <p>   El capital global y la nueva fuerza laboral  inmigrante son dos importantes actores transnacionales, con alg&uacute;n paralelismo  en gran parte de sus trayectorias pero que se sit&uacute;an en posiciones opuestas  cuando se encuentran en las ciudades globales (Sassen, 1998: cap. 1; Ehrenreich  y Hochschild, 2003; v&eacute;ase tambi&eacute;n Bonilla <i>et al</i>., 1998; Cordero-Guzm&aacute;n <i>et  al</i>., 2001). Para investigar estas nuevas formaciones pol&iacute;ticas y teorizar  sobre &nbsp;ellas ser&aacute; necesario un enfoque  que se aleje de los an&aacute;lisis m&aacute;s tradicionales sobre las &eacute;lites pol&iacute;ticas, la  pol&iacute;tica partidaria local, las asociaciones barriales, las comunidad inmigrante  y otras entidades similares, que la sociolog&iacute;a ha empleado hasta ahora para  conceptualizar el panorama pol&iacute;tico de las ciudades y las regiones  metropolitanas. </p>     <p><b>Las categor&iacute;as de lugar y de producci&oacute;n en la econom&iacute;a  global </b></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   La  globalizaci&oacute;n puede desconstruirse en t&eacute;rminos de los lugares estrat&eacute;gicos  donde se materializan los procesos globales y los v&iacute;nculos que los conectan.  Entre dichos lugares se encuentran las zonas francas de exportaci&oacute;n, los  centros bancarios &quot;offshore&quot; y, en un nivel mucho m&aacute;s complejo, las ciudades  globales. Esto produce una serie de geograf&iacute;as espec&iacute;ficas de la globalizaci&oacute;n  y subraya el hecho de que el fen&oacute;meno no abarca todo el planeta <a href="#(6)">(6)</a>. Es m&aacute;s,  se trata de geograf&iacute;as cambiantes, que en ciertos casos han sufrido cambios a  lo largo de los siglos y, en una nueva fase, a partir de 1980 <a href="#(7)">(7)</a>.  En su etapa m&aacute;s reciente, estas geograf&iacute;as tambi&eacute;n han incorporado el espacio  digital. </p>         <p>   La  geograf&iacute;a de la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica contiene simult&aacute;neamente una din&aacute;mica  de dispersi&oacute;n y una din&aacute;mica de centralizaci&oacute;n, lo que s&oacute;lo ha comenzado a  reconocerse de un tiempo a esta parte (Friedmann, 1986; Friedman y Wolff, 1982;  Sassen, 1982, 1984). As&iacute;, se han reconocido las fuertes tendencias hacia la dispersi&oacute;n  de las actividades econ&oacute;micas a nivel metropolitano, nacional y global, pero lo  que s&oacute;lo ahora comienza a advertirse es que muchas de esas tendencias tambi&eacute;n  han aumentado la necesidad por parte de las empresas de nuevas formas de  centralizaci&oacute;n territorial para las operaciones de control y gesti&oacute;n de primera  l&iacute;nea <a href="#(8)">(8)</a>.  &nbsp;Por lo tanto, la dispersi&oacute;n  espacial de la actividad econ&oacute;mica posibilitada por las telecomunicaciones  contribuye a una expansi&oacute;n de las funciones centralizadas, cuando se da en el  marco de la concentraci&oacute;n del control, la propiedad y la apropiaci&oacute;n de la  renta que caracteriza a las grandes empresas en el sistema econ&oacute;mico actual <a href="#(9)">(9)</a>. </p>         <p>   Los mercados nacionales y globales, as&iacute; como  las organizaciones transnacionales, necesitan lugares centrales donde se  realice el trabajo m&aacute;s complejo del manejo de la globalizaci&oacute;n <a href="#(10)">(10)</a>. Es m&aacute;s,  el sector inform&aacute;tico tambi&eacute;n requiere una enorme infraestructura f&iacute;sica de  nodos estrat&eacute;gicos con una hiperconcentraci&oacute;n de instalaciones. Resulta  indispensable trazar una diferencia entre la capacidad de transmisi&oacute;n y  comunicaci&oacute;n global y las condiciones que la posibilitan. </p>         <p>   Por  &uacute;ltimo, incluso los sectores inform&aacute;ticos m&aacute;s avanzados poseen un proceso de  producci&oacute;n ligado al menos en parte al territorio, ya que &ndash;aunque sus productos  sean hiperm&oacute;viles&ndash; requieren una combinaci&oacute;n de recursos determinados. En otro  trabajo (Sassen, 2006a: caps. 5 y 7) desarrollo la tesis de que el sector  financiero se encuentra cada vez m&aacute;s centrado en la transactividad, debido a  las redes electr&oacute;nicas a trav&eacute;s de las cuales funciona, y, por esa misma raz&oacute;n,  es cada vez m&aacute;s dependiente del mundo concreto de los centros financieros. La  raz&oacute;n de ello reside en que los centros financieros contienen todos los  recursos y los talentos para manejar la velocidad y la gran cantidad de  transacciones, as&iacute; como las culturas t&eacute;cnicas especializadas para interpretar,  de manera instant&aacute;nea, cu&aacute;l es una buena inversi&oacute;n o compra y cu&aacute;l no lo es. </p>         <p>   En suma, la nueva topograf&iacute;a econ&oacute;mica que el  espacio electr&oacute;nico est&aacute; generando es apenas una instancia o fragmento de una  cadena econ&oacute;mica aun m&aacute;s amplia inserta, en buena medida, dentro de espacios no  electr&oacute;nicos. No existe ninguna industria o empresa absolutamente virtual.  Incluso los sectores m&aacute;s avanzados de la industria informatizada, como el  sector financiero, se instalan s&oacute;lo parcialmente en el espacio virtual. Lo  mismo sucede con los sectores de producci&oacute;n de bienes digitales, como el dise&ntilde;o  de <i>software</i>. La digitalizaci&oacute;n creciente de las actividades econ&oacute;micas  no ha eliminado la necesidad de contar con centros comerciales y financieros  importantes a nivel internacional, o con centros del tipo de Silicon Valley,  con todos los recursos materiales que ellos concentran, desde la  infraestructura inform&aacute;tica de vanguardia hasta el talento de los recursos  humanos (Castells, 1989; Graham y Marvin, 1996; Sassen, 1984; 2006a: caps. 5, 7  y 8) <a href="#(11)">(11)</a>. </p>         <p>   En  estudios anteriores he caracterizado a las ciudades de la &eacute;poca actual como  espacios de <i>producci&oacute;n </i>para las principales industrias de la informaci&oacute;n,  a fin de recuperar la &quot;infraestructura&quot; de actividades, empresas y empleos  necesarios para el funcionamiento de la econom&iacute;a empresarial avanzada <a href="#(12)">(12)</a>. En  general, se describe a dichas industrias en funci&oacute;n de la hipermovilidad de sus  productos y del alto grado de especializaci&oacute;n de sus profesionales, pero se  dejan de lado los procesos de trabajo y la infraestructura de instalaciones y  trabajos no calificados que &eacute;stas requieren. Un an&aacute;lisis detallado de las  econom&iacute;as urbanas de servicios demuestra que existe una articulaci&oacute;n  considerable de empresas, industrias y trabajadores que a primera vista pueden  parecer ajenos a una econom&iacute;a urbana dominada por el mercado financiero y los servicios  especializados, pero que, en realidad, cumplen una serie de funciones  integrales para dicha econom&iacute;a. Sin embargo, esta articulaci&oacute;n se da en  condiciones de una segmentaci&oacute;n profunda en materia social, de ingresos y, con  frecuencia, &eacute;tnica o racial (Sassen, 2001: caps. 8 y 9). </p>         <p>   Para  el funcionamiento cotidiano del complejo de servicios altamente especializados,  existe una gran proporci&oacute;n de empleos manuales y mal remunerados que en gran  parte son ocupados por las mujeres y los inmigrantes. Aunque estos trabajadores  y sus puestos de trabajo nunca son representados como componentes de la  econom&iacute;a global, en realidad forman parte de la infraestructura necesaria para  implantar y manejar el sistema econ&oacute;mico global, incluso en el caso de  formaciones avanzadas como el sector financiero internacional <a href="#(13)">(13)</a>. Resulta  mucho m&aacute;s f&aacute;cil identificar como propios de un sistema econ&oacute;mico avanzado a los  componentes de &eacute;lite de la econom&iacute;a empresarial (encarnada por los grandes  edificios que simbolizan el conocimiento experto, la precisi&oacute;n y la <i>techn&eacute;</i>)  que a los transportistas o a otros trabajadores de servicios industriales, a  pesar de que estos &uacute;ltimos constituyen una parte irremplazable del sistema <a href="#(14)">(14)</a>. Aqu&iacute; se  detecta una din&aacute;mica de valorizaci&oacute;n que genera una creciente desigualdad entre  estos dos mundos de la econom&iacute;a de servicios avanzados. </p>         <p>   Abordar  estas cuestiones desde la sociolog&iacute;a implica trabajar con distintos sistemas de  representaci&oacute;n y construir espacios de intersecci&oacute;n. Hay fases en el an&aacute;lisis  en que se entrecruzan dos sistemas de representaci&oacute;n diferentes que a menudo se  interpretan como espacios del silencio o la ausencia, y constituye un reto  descubrir qu&eacute; sucede en ellos, qu&eacute; operaciones (anal&iacute;ticas, de poder, de  sentido) tienen lugar all&iacute;. Una versi&oacute;n de esos espacios de intersecci&oacute;n son lo  que he llamado &quot;zonas fronterizas anal&iacute;ticas&quot; (Sassen, 2006a: cap. 8). &iquest;Por qu&eacute;  &quot;fronterizas&quot;? </p>         <p>   Porque  son espacios constituidos por discontinuidades: en ellos, la discontinuidad no  se reduce a una mera l&iacute;nea divisoria, sino que adquiere un territorio. Gran  parte de mi trabajo sobre las ciudades y la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica se centra  en esas discontinuidades y se propone reconstruirlas anal&iacute;ticamente como  terrenos fronterizos (que, en su mayor&iacute;a, no tienen nada que ver con la  frontera geogr&aacute;fica de un pa&iacute;s) m&aacute;s que como l&iacute;neas divisorias. As&iacute; se produce  un terreno en el que las discontinuidades pueden reconstituirse en t&eacute;rminos de  operaciones econ&oacute;micas cuyas propiedades no son s&oacute;lo una caracter&iacute;stica de los  espacios que se encuentran a ambos lados de una l&iacute;nea divisoria, sino tambi&eacute;n,  y lo que es m&aacute;s importante, una caracter&iacute;stica de la discontinuidad misma, ya  que &eacute;sta se considera como un componente o parte integral del sistema  econ&oacute;mico. </p>     <p><b>Una nueva geograf&iacute;a de centros y m&aacute;rgenes </b></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El auge del sector inform&aacute;tico y la expansi&oacute;n de la  econom&iacute;a global, dos fen&oacute;menos entrelazados de manera inextricable, han  contribuido a generar una nueva geograf&iacute;a de la centralidad y la marginalidad,  que en parte reproduce las desigualdades ya existentes, pero que tambi&eacute;n surge  de una din&aacute;mica espec&iacute;fica de las formas actuales de crecimiento econ&oacute;mico.  Dicha geograf&iacute;a adopta m&uacute;ltiples formas y opera en muchos campos, desde la  distribuci&oacute;n de las instalaciones necesarias para las telecomunicaciones hasta  la estructura econ&oacute;mica y laboral. Las ciudades globales acumulan concentraciones  inmensas de poder econ&oacute;mico, mientras que otras ciudades que en su momento  fueron centros industriales importantes hoy sufren una decadencia  desproporcionada. Los centros de las ciudades y las zonas comerciales de las  &aacute;reas metropolitanas reciben inversiones enormes en materia inmobiliaria y de  comunicaciones, mientras que las &aacute;reas urbanas y metropolitanas de bajos  ingresos son privadas de recursos. Los trabajadores altamente calificados del  sector empresarial reciben aumentos extraordinarios en sus remuneraciones,  mientras que los ingresos de los trabajadores semicalificados o no calificados  se desploman. Los servicios financieros generan ganancias excepcionales,  mientras que el sector industrial de peque&ntilde;as empresas apenas sobrevive <a href="#(15)">(15)</a>. </p>         <p>   La  m&aacute;s poderosa de estas nuevas geograf&iacute;as de la centralidad a escala global es la  que vincula a los principales centros comerciales y financieros del mundo:  Nueva York, Londres, Tokio, Par&iacute;s, Frankfurt,Zurich,Amsterdam,Los  &Aacute;ngeles,Sidney y Hong Kong, entre otros. Sin embargo, en la actualidad dicha  geograf&iacute;a tambi&eacute;n incluye otras ciudades, como Shanghai, Bangkok, Taipei, San  Pablo y M&eacute;xico d. f. Se ha registrado un aumento considerable en la intensidad  y la magnitud de las transacciones entre esas ciudades, en especial a trav&eacute;s de  los mercados financieros, el comercio de servicios y las inversiones (v&eacute;ase  Sassen, 2006b: cap. 2) <a href="#(16)">(16)</a>. Al  mismo tiempo, se ha producido un incremento en la desigualdad con respecto a la  concentraci&oacute;n de recursos y actividades estrat&eacute;gicas entre cada una de esas  ciudades y las dem&aacute;s ciudades del mismo pa&iacute;s <a href="#(17)">(17)</a>. Paralelamente  a estas nuevas redes jer&aacute;rquicas globales y regionales de las ciudades, existe  un vasto territorio que se est&aacute; volviendo cada vez m&aacute;s perif&eacute;rico y que est&aacute;  quedando cada vez m&aacute;s excluido de los principales procesos que alimentan el  crecimiento econ&oacute;mico en la nueva econom&iacute;a global. Se observa una decadencia y  una p&eacute;rdida de funciones en los centros industriales y en las ciudades  portuarias que antes eran importantes, no s&oacute;lo en los pa&iacute;ses subdesarrollados,  sino tambi&eacute;n en las econom&iacute;as m&aacute;s avanzadas. Algo similar sucede con la  valoraci&oacute;n de los insumos laborales: la sobrevaloraci&oacute;n de los servicios  especializados y de los trabajadores profesionales ha signado a las &quot;otras&quot;  actividades econ&oacute;micas y a los &quot;otros&quot; trabajadores como innecesarios o  irrelevantes para las econom&iacute;as avanzadas. </p>         <p>   Existen  otras formas de demarcaci&oacute;n segmentada para se&ntilde;alar lo que es y lo que no es  una instancia de la nueva econom&iacute;a global. El discurso dominante sobre la  globalizaci&oacute;n, por ejemplo, reconoce que la presencia de empresas o de personal  extranjero ha creado una clase internacional de trabajadores profesionales y  varios &aacute;mbitos comerciales sumamente internacionalizados. Lo que no se reconoce  es la posibilidad de que esa econom&iacute;a tambi&eacute;n contenga trabajadores manuales o  deservicios mal remunerados, que componen una fuerza laboral igualmente  internacionalizada, ni que muchos componentes de las comunidades inmigrantes  tambi&eacute;n constituyan &aacute;mbitos comerciales internacionalizados. Esos procesos  siguen interpret&aacute;ndose en t&eacute;rminos de la inmigraci&oacute;n mediante un discurso arraigado  en un per&iacute;odo hist&oacute;rico anterior, lo que indica que ciertas representaciones de  lo global o de lo transnacional no se reconocen como tales o resultan  conflictivas. Entre ellas se encuentra la inmigraci&oacute;n, as&iacute; como la  multiplicidad de &aacute;mbitos laborales a los que &eacute;sta contribuye en las grandes  ciudades, que con frecuencia se subsume bajo la noci&oacute;n de econom&iacute;a &eacute;tnica o  econom&iacute;a informal. Podr&iacute;a conjeturarse que muchos de los fen&oacute;menos que a&uacute;n se  narran con el lenguaje de la inmigraci&oacute;n y la etnicidad en realidad son una  serie de procesos relacionados, por un lado, con la globalizaci&oacute;n de la  formaci&oacute;n de identidades y la actividad econ&oacute;mica y cultural y, por otro lado, con  la racializaci&oacute;n cada vez m&aacute;s pronunciada de la segmentaci&oacute;n laboral. As&iacute;, los  elementos inmigrantes de los procesos de producci&oacute;n de la econom&iacute;a global  avanzada y basada en la informaci&oacute;n no se reconocen como parte de dicha  econom&iacute;a. La inmigraci&oacute;n y la etnicidad se constituyen como alteridad. Al  concebir estos fen&oacute;menos como un conjunto de procesos mediante el cual los  elementos globales se localizan, el mercado laboral internacional se constituye  y las culturas de distintas partes del mundo se desterritorializan para luego  reterritorializarse, dichos fen&oacute;menos quedan colocados en el centro de la  cuesti&oacute;n &ndash;junto con la internacionalizaci&oacute;n del capital&ndash; como aspectos fundamentales  de la globalizaci&oacute;n. </p>         <p>   Ahora  bien, &iquest;c&oacute;mo han surgido estos nuevos procesos de valoraci&oacute;n y desvaloraci&oacute;n,  con las desigualdades que generan? En el pr&oacute;ximo apartado se intentar&aacute;  responder esta pregunta. </p>     <p><b>Los elementos de un nuevo orden socioespacial </b></p>         <p>   La implantaci&oacute;n de los procesos globales en las grandes  ciudades ha generado una expansi&oacute;n importante del sector internacionalizado de  la econom&iacute;a urbana, que a su vez ha impuesto un conjunto de criterios nuevos  para la valorizaci&oacute;n de las actividades y de los productos econ&oacute;micos. Esto  tiene efectos devastadores en muchos sectores de la econom&iacute;a urbana, ya que no  se trata de una simple transformaci&oacute;n cuantitativa, sino que se detectan los  elementos de un nuevo r&eacute;gimen econ&oacute;mico. La tendencia hacia la polarizaci&oacute;n  adopta formas distintivas en: 1) la organizaci&oacute;n espacial de la econom&iacute;a  urbana, 2) las estructuras para la reproducci&oacute;n social, y 3) la organizaci&oacute;n  del proceso de trabajo. En dichas tendencias hacia diversos tipos de  polarizaci&oacute;n residen las condiciones para la creaci&oacute;n de una nueva forma de  pobreza y marginalidad urbana centrada en el trabajo (no en el desempleo), as&iacute;  como para la instauraci&oacute;n de nuevas formaciones de clase. </p>         <p>   El ascenso de la econom&iacute;a de servicios  especializados, y en especial el nuevo complejo financiero, genera lo que  podr&iacute;a interpretarse como un nuevo r&eacute;gimen econ&oacute;mico, ya que a pesar de  constituir apenas una parte de la econom&iacute;a urbana, este sector se impone sobre  los otros componentes de dicha econom&iacute;a. La imposici&oacute;n se manifiesta, por  ejemplo, en la gran rentabilidad de la actividad financiera y en la  desvalorizaci&oacute;n de la actividad industrial y de los servicios de poco valor  agregado. La enorme rentabilidad que caracteriza a muchos de los sectores m&aacute;s  importantes en el sistema econ&oacute;mico actual surge de una combinaci&oacute;n compleja de  nuevas tendencias, a saber: el desarrollo de tecnolog&iacute;as que posibilitan la  hipermovilidad del capital a escala global y la desregulaci&oacute;n de los mercados  que permite implementar esa hipermovilidad; innovaciones financieras, como la  titulizaci&oacute;n, mediante las cuales se puede licuar el capital il&iacute;quido para que  &eacute;ste circule y genere ganancias adicionales. A esto hay que agregar el  crecimiento en la demanda de servicios para la empresa en todos los sectores,  con el correspondiente incremento en la complejidad y la especializaci&oacute;n de  dichos servicios, que ha ayudado a valorizarlos, incluso en exceso, como lo  demuestran los aumentos salariales extraordinarios que, desde comienzos de la  d&eacute;cada de 1980, beneficiaron a los profesionales y a los directivos de las  empresas de primera l&iacute;nea. La globalizaci&oacute;n aporta una mayor complejidad a  estos servicios, enfatiza su car&aacute;cter estrat&eacute;gico y aumenta su atractivo, con  lo que contribuye a su sobrevaloraci&oacute;n. </p>         <p>   La presencia de una masa cr&iacute;tica de empresas  con capacidad de generar ganancias exorbitantes contribuye a elevar el precio  del espacio comercial, los servicios industriales y otros insumos comerciales,  lo que vuelve precaria la supervivencia de las empresas de mediana o baja  rentabilidad. A pesar de que estas &uacute;ltimas son esenciales para el  funcionamiento de la econom&iacute;a urbana, incluso de los sectores m&aacute;s avanzados, y  para las necesidades cotidianas de la poblaci&oacute;n, su viabilidad econ&oacute;mica se ve  amenazada, en un contexto en que el sector financiero y de servicios  especializados puede obtener ganancias extraordinarias. Los precios elevados y  la renta cuantiosa del sector internacionalizado y sus actividades  complementarias, como los restaurantes y los hoteles de primer nivel, hacen que  para los dem&aacute;s sectores resulte cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil competir por el espacio y  las inversiones. Es m&aacute;s, muchos de &eacute;stos han sufrido un deterioro y/o un  desplazamiento considerable, como sucede por ejemplo cuando las tiendas de  barrio adaptadas a las necesidades locales se ven reemplazadas por <i>boutiques </i>y restaurantes de primera l&iacute;nea destinados a las nuevas &eacute;lites urbanas de  altos ingresos. </p>         <p>   Siempre  ha existido desigualdad en la rentabilidad de distintos sectores de la  econom&iacute;a, pero lo que se observa hoy tiene una magnitud nunca vista y est&aacute;  generando distorsiones enormes en el funcionamiento de diversos mercados, desde  el inmobiliario hasta el laboral. La polarizaci&oacute;n entre las empresas y los  hogares en la organizaci&oacute;n espacial de la econom&iacute;a, por ejemplo, contribuye a  informalizar una variedad cada vez mayor de actividades econ&oacute;micas en las  econom&iacute;as urbanas avanzadas. Cuando las empresas de rentabilidad baja o  moderada producen bienes y servicios cuya demanda contin&uacute;a existiendo, e  incluso crece, en un contexto donde otros sectores importantes de la econom&iacute;a  obtienen ganancias excepcionales, con frecuencia no pueden competir, aun cuando  tengan mercado para sus productos. En general, una de las pocas maneras de  sobrevivir bajo estas condiciones es comenzar a funcionar informalmente, por  ejemplo, ocupando espacios no aptos para uso comercial o industrial por  cuestiones de zonificaci&oacute;n, como los s&oacute;tanos en las zonas residenciales, o por  cuestiones de salubridad p&uacute;blica, de seguridad, de prevenci&oacute;n de incendios,  etc. (Sassen, 2001: cap. 9). En los sectores de rentabilidad baja, las nuevas  empresas a veces s&oacute;lo pueden lanzarse al mercado si funcionan informalmente,  incluso cuando la demanda es fuerte. Otra opci&oacute;n para las empresas de baja  rentabilidad es la tercerizaci&oacute;n de algunas de sus tareas, que acaban en manos  de entidades informales <a href="#(18)">(18)</a>. </p>         <p>   Esta  creciente polarizaci&oacute;n acarrea a su vez una recomposici&oacute;n en los empleos, en  algunos elementos de la reproducci&oacute;n social y en el consumo. Si bien los  estratos sociales intermedios todav&iacute;a constituyen la mayor&iacute;a, las condiciones  que contribuyeron a la expansi&oacute;n de su poder pol&iacute;tico-econ&oacute;mico en la  posguerra (que tuvo un rol central en el crecimiento econ&oacute;mico de la  producci&oacute;n y el consumo masivo) se han visto desplazadas por nuevas fuentes de  crecimiento. El desarrollo acelerado de los sectores con una gran concentraci&oacute;n  de puestos de trabajo muy bien y muy mal remunerados ha reestructurado el  consumo, lo que a su vez tiene un efecto sobre la organizaci&oacute;n del trabajo y  los tipos de empleos que se generan. El crecimiento de la fuerza laboral  altamente remunerada, junto con la aparici&oacute;n de nuevas formas culturales, ha  producido un proceso de elitizaci&oacute;n de alto poder adquisitivo, que descansa, en  &uacute;ltima instancia, en la disponibilidad de una enorme oferta de trabajadores mal  remunerados. En buena medida, las necesidades de consumo de los habitantes con  ingresos bajos en las grandes ciudades son satisfechas por establecimientos  industriales y minoristas que no tienen gran tama&ntilde;o, dependen de la mano de  obra familiar y con frecuencia violan las normas b&aacute;sicas de salubridad y  seguridad laboral. Las prendas de vestir producidas a bajo costo en talleres  locales de trabajo esclavo, por ejemplo, pueden competir con las importadas de  Asia. Existe una oferta cada vez mayor y variada de productos y servicios para  la poblaci&oacute;n de bajos recursos, desde los muebles econ&oacute;micos fabricados en  s&oacute;tanos hasta los taxis informales y las guarder&iacute;as instaladas en hogares de  familia. Este complejo de tendencias asume sus modalidades m&aacute;s extremas en las  ciudades globales. </p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Una manera de conceptualizar la  informalizaci&oacute;n en las econom&iacute;as urbanas avanzadas es situarla como el  equivalente sist&eacute;mico de lo que se denomina desregulaci&oacute;n en el nivel superior  de la econom&iacute;a (v&eacute;ase Sassen, 1998:cap. 8).La desregulaci&oacute;n creciente de las  industrias de servicios avanzados y la informalizaci&oacute;n creciente de los  sectores con baja rentabilidad se pueden concebir como ajustes que se dan en un  contexto de tensi&oacute;n en aumento entre las nuevas tendencias econ&oacute;micas y las  viejas regulaciones (Venkatesh, 2006; Buechler, 2007) <a href="#(19)">(19)</a>. </p>         <p>   El  conjunto de estas tendencias constituye nuevas geograf&iacute;as de la centralidad y  la marginalidad, que atraviesan la vieja divisi&oacute;n entre pa&iacute;ses ricos y pobres.  Esta nueva geograf&iacute;a de los centros y los m&aacute;rgenes que se evidencia en las  grandes ciudades, tanto de pa&iacute;ses desarrollados como de naciones en v&iacute;as de  desarrollo, no s&oacute;lo contribuye a reforzar las desigualdades existentes, sino  que pone en marcha todo un espectro de nuevas din&aacute;micas de la desigualdad. </p>         <p>   &nbsp;</p>         <p>   <b>Las localizaciones de lo global </b></p>         <p>   La globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica debe entenderse tambi&eacute;n en  t&eacute;rminos de sus m&uacute;ltiples localizaciones, y no s&oacute;lo en t&eacute;rminos de los procesos  amplios y extendidos que se dan a nivel macroecon&oacute;mico y dominan las  descripciones m&aacute;s corrientes del fen&oacute;meno. Es m&aacute;s, hace falta destacar que  algunas de esas localizaciones generalmente no se codifican como procesos  relacionados con la econom&iacute;a global. La ciudad global puede concebirse como una  instancia estrat&eacute;gica de localizaciones m&uacute;ltiples. </p>         <p>   En este apartado, analizo localizaciones de  lo global generalmente no reconocidas como tales. Muchas de &eacute;stas se dan en un  contexto de transici&oacute;n demogr&aacute;fica en dichas ciudades, donde una buena  proporci&oacute;n de los trabajadores que all&iacute; residen son inmigrantes y mujeres, con  frecuencia pertenecientes a minor&iacute;as &eacute;tnicas. En estas ciudades se percibe una  expansi&oacute;n de los empleos mal remunerados que no encaja con la imagen dominante  de la globalizaci&oacute;n, pero que forma parte de dicho proceso. Uno de los  factores que generan la desvalorizaci&oacute;n de dichos trabajadores y su cultura del  trabajo, as&iacute; como la &quot;legitimaci&oacute;n&quot; de ese proceso, es precisamente su  inserci&oacute;n en la transici&oacute;n demogr&aacute;fica de las grandes ciudades, con la  consiguiente invisibilidad de esos actores. </p>         <p>   Esto puede interpretarse como una ruptura de  la din&aacute;mica tradicional por la que la pertenencia a un sector de la econom&iacute;a en  auge creaba las condiciones para la formaci&oacute;n de una &quot;aristocracia obrera&quot; y de  sindicatos fuertes, lo que fue parte de la historia de las econom&iacute;as  industrializadas de Occidente. La dupla &quot;mujeres e inmigrantes&quot; viene a  reemplazar a la categor&iacute;a de los trabajadores que ganan un salario &quot;familiar&quot;,  es decir, que les permite mantener (y generar) la categor&iacute;a &quot;mujeres y ni&ntilde;os&quot;  del fordismo industrial (Sassen, 1998: cap. 5; Ehrenreich y Hochschild, 2003;  Parennas, 2002) <a href="#(20)">(20)</a>. Una de  las localizaciones de estas din&aacute;micas de la globalizaci&oacute;n es el proceso de  reestructuraci&oacute;n econ&oacute;mica de las ciudades globales. La polarizaci&oacute;n  sociecon&oacute;mica que este proceso acarrea ha causado la desvalorizaci&oacute;n y la  destrucci&oacute;n del salario familiar, junto con el gran aumento en la demanda de  trabajadores para empleos de salario bajo que ofrecen escasas posibilidades de  progreso, y pocas protecciones, en un contexto en que, al mismo tiempo, se da  un auge en la concentraci&oacute;n urbana de riqueza y poder. El par &quot;mujeres e  inmigrantes&quot; se transforma en una fuerza laboral que facilita la imposici&oacute;n de  salarios bajos y la falta de poder en un contexto de gran demanda de ese tipo  de mano de obra para ocupar empleos en sectores con altos niveles de  crecimiento. As&iacute; se quiebra el nexo hist&oacute;rico que habr&iacute;a otorgado cierta  capacidad de negociaci&oacute;n a los trabajadores y se &quot;legitima&quot; esta ruptura desde  el plano cultural en una sociedad que desvaloriza a los trabajadores  inmigrantes y a las mujeres. </p>         <p>   Otra  localizaci&oacute;n que rara vez se asocia con los procesos globales es la  informalizaci&oacute;n, que reintroduce las categor&iacute;as de comunidad y hogar como  espacios econ&oacute;micos importantes de las ciudades globales. Dentro de este  contexto, la informalizaci&oacute;n podr&iacute;a ser un equivalente de bajo costo y con  frecuencia feminizado para la desregulaci&oacute;n en el estrato superior del sistema.  La informalizaci&oacute;n, al igual que la desregulaci&oacute;n (por ejemplo, financiera),  aporta flexibilidad, reduce las &quot;cargas&quot; de la regulaci&oacute;n y disminuye los  costos, en especial los costos laborales. Cuando el proceso se da en las  grandes urbes de los pa&iacute;ses desarrollados (como Nueva York, Londres, Par&iacute;s o  Berl&iacute;n) es posible concebirlo como una degradaci&oacute;n de una variedad de  actividades para las que existe una demanda concreta, pero a la vez una  desvalorizaci&oacute;n y una competencia enorme, ya que los costos de entrada son  bajos y existen pocas formas alternativas de empleo. La v&iacute;a informal  constituye un modo de producir y distribuir bienes y servicios con mayor  flexibilidad y menores costos, lo que a su vez deval&uacute;a aun m&aacute;s este tipo de  actividades. Los inmigrantes y las mujeres son actores importantes en las  nuevas econom&iacute;as informales de estas ciudades. De hecho, absorben los costos de  la informalizaci&oacute;n (v&eacute;anse Sassen, 1998: cap. 8, y Buechler, 2007). </p>         <p>   La reconfiguraci&oacute;n de los espacios econ&oacute;micos  relacionada con la globalizaci&oacute;n en las grandes ciudades ha tenido efectos  diferenciados en las mujeres y en los hombres, en las culturas del trabajo  femeninas y en las masculinas, y en las formas de poder y de potenciaci&oacute;n  centradas en lo masculino y en lo femenino. La reestructuraci&oacute;n del mercado  laboral acarrea un desplazamiento de algunas de sus funciones hacia el hogar o  la comunidad. La mujer y el hogar surgen como entidades que deben incluirse en la  teorizaci&oacute;n sobre las formatos sociales que emergen de estas din&aacute;micas  econ&oacute;micas, y se&ntilde;alan un contraste marcado con el fordismo y con la &eacute;poca del  auge de la producci&oacute;n en masa, que, por lo general, hab&iacute;an desplazado al  trabajo pago fuera del hogar. </p>         <p>   No obstante sus caracter&iacute;sticas sumamente  negativas, estas transformaciones tienen posibilidades, aunque limitadas, para  la autonom&iacute;a y la potenciaci&oacute;n de las mujeres. Una pregunta posible, por  ejemplo, es si el crecimiento de la informalizaci&oacute;n en las econom&iacute;as urbanas  avanzadas reconfigura algunas de las relaciones econ&oacute;micas entre los hombres y  las mujeres. Este proceso conlleva un resurgimiento del barrio y del hogar como  espacios de actividad econ&oacute;mica, lo que presenta sus propias posibilidades  din&aacute;micas para las mujeres. La degradaci&oacute;n econ&oacute;mica crea &quot;oportunidades&quot; para  las trabajadoras y las emprendedoras de bajos ingresos, y con ello reconfigura  algunas de las jerarqu&iacute;as laborales y dom&eacute;sticas en que se encuentran inmersas  dichas mujeres. Esto resulta m&aacute;s que evidente en el caso de las mujeres  inmigrantes que provienen de pa&iacute;ses con culturas tradicionales fuertemente  masculinas. Existe una gran cantidad de material publicado acerca de los  efectos que sobre las relaciones de g&eacute;nero tiene el trabajo asalariado de las  inmigrantes y su mayor acceso a otros dominios p&uacute;blicos (Fern&aacute;ndez Kelly y  Shefner, 2005;Kofman <i>et al</i>., 2000; Ribas-Matteos, 2005; Buechler,  2007). </p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Bajo estas condiciones, las mujeres  inmigrantes obtienen mayor autonom&iacute;a e independencia personal, mientras que los  hombres pierden terreno. Ellas logran un mayor control sobre las cuestiones del  presupuesto hogare&ntilde;o y sobre otras decisiones dom&eacute;sticas, adem&aacute;s de la  posibilidad de ejercer m&aacute;s presi&oacute;n para que los hombres las ayuden con las tareas  del hogar. Asimismo, el acceso a los servicios p&uacute;blicos y a otros recursos de  ese tipo les da la oportunidad de surgir como la cara p&uacute;blica del hogar, y por  tanto como actores p&uacute;blicos. Es m&aacute;s, en general son ellas las integrantes del  hogar que median en este proceso de incorporaci&oacute;n en la sociedad. Es probable  que algunas mujeres se beneficien m&aacute;s que otras con estas circunstancias: hace  falta investigar m&aacute;s para determinar cu&aacute;les son los efectos de la clase social,  la educaci&oacute;n y el nivel de ingresos en estos resultados diferenciados por  g&eacute;nero (v&eacute;ase, por ejemplo, Chesney-Lind y Hagedorn, 1999). En suma, adem&aacute;s de  la potenciaci&oacute;n relativa de la mujer en el hogar gracias al trabajo asalariado,  se observa una mayor participaci&oacute;n de las mujeres en la esfera p&uacute;blica y un  posible surgimiento como actores de dicha esfera. </p>         <p>   Las mujeres inmigrantes desempe&ntilde;an un papel  p&uacute;blico activo en dos campos principales: las instituciones de asistencia  p&uacute;blica y privada y la comunidad &eacute;tnica o de inmigrantes. La incorporaci&oacute;n de  la mujer al proceso migratorio refuerza las probabilidades de radicaci&oacute;n en la  ciudad y genera una mayor participaci&oacute;n de los inmigrantes en sus comunidades y  frente al Estado (Chinchilla y Hamilton, 2001). Hondagneu-Sotelo (1994), por  ejemplo, se&ntilde;ala que las mujeres inmigrantes adoptan un rol m&aacute;s activo en la  esfera p&uacute;blica y social, lo que fortalece su posici&oacute;n en el hogar y en el  proceso de radicaci&oacute;n. Las mujeres son m&aacute;s activas en los procesos de  construcci&oacute;n de la comunidad y en la pol&iacute;tica comunitaria, y se ubican de  manera distinta a los hombres en relaci&oacute;n con el Estado y con la econom&iacute;a, en  el m&aacute;s amplio sentido (Moghadan, 2005). Son ellas quienes probablemente lidian  con la vulnerabilidad jur&iacute;dica de sus familias en el proceso de obtenci&oacute;n de  servicios p&uacute;blicos y sociales. Esta mayor participaci&oacute;n femenina insin&uacute;a la  posibilidad de que se constituyan como actores m&aacute;s visibles y en&eacute;rgicos, con lo  que tambi&eacute;n se volver&iacute;a m&aacute;s visible el papel que desempe&ntilde;an en el mercado  laboral. La condici&oacute;n de las mujeres dentro de las ciudades globales combina,  en gran medida, dos din&aacute;micas diferentes. Por un lado, ellas integran una clase  de trabajadores invisibles y sin poder al servicio de los sectores estrat&eacute;gicos  de la econom&iacute;a global (Ehrenreich y Hochschild, 2003). Esta invisibilidad evita  que constituyan el equivalente contempor&aacute;neo (cualquiera fuera &eacute;ste) de la  &quot;aristocracia obrera&quot; que caracteriz&oacute; a las formas anteriores de organizaci&oacute;n  econ&oacute;mica, en las que los empleados de bajos ingresos que trabajaban en los  sectores de avanzada se ve&iacute;an potenciados por el mismo hecho de trabajar all&iacute;  y, por ejemplo, contaban con la posibilidad de sindicalizarse. Por otro lado,  el acceso a los salarios (aunque sean bajos), la proporci&oacute;n creciente de  mujeres en la fuerza laboral y la feminizaci&oacute;n de las oportunidades comerciales  producida por la informalizaci&oacute;n alteran las jerarqu&iacute;as de g&eacute;nero en las que  estas mujeres se encuentran inmersas (Buechler, 2007) <a href="#(21)">(21)</a>.</p>     <p><b>La ciudad global: un nexo para los nuevos alineamientos  pol&iacute;tico-econ&oacute;micos </b></p>         <p>   Como se analiz&oacute; en el primer cap&iacute;tulo, el car&aacute;cter  estrat&eacute;gico de las ciudades globales como territorio para la valorizaci&oacute;n de  las nuevas formas de capital global otorga car&aacute;cter estrat&eacute;gico a las  instancias de localizaci&oacute;n que venimos describiendo, cuyos protagonistas son  trabajadores sin poder y a menudo invisibles, pero que poseen el potencial de  crear una nueva pol&iacute;tica transnacional. </p>         <p>   En  general, los an&aacute;lisis sobre la globalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a privilegian como  tema la reconstituci&oacute;n del capital como entidad globalizada y hacen hincapi&eacute; en  el car&aacute;cter vanguardista de dicha reconstituci&oacute;n. Al mismo tiempo, no  contemplan en absoluto otro elemento fundamental de esta transnacionalizaci&oacute;n,  que para algunos autores constituye la contracara del capital global: se trata  de la transnacionalizaci&oacute;n de la mano de obra, m&aacute;s all&aacute; de la clase  profesional. En la actualidad, a&uacute;n se usa el discurso sobre la inmigraci&oacute;n y su  marco te&oacute;rico para describir este proceso <a href="#(22)">(22)</a>. Asimismo,  dichos an&aacute;lisis pasan por alto la transnacionalizaci&oacute;n en la formaci&oacute;n de  identidades y lealtades dentro de diversos segmentos de la poblaci&oacute;n que  rechazan de manera expl&iacute;cita el imaginario de la naci&oacute;n como comunidad. Esto  genera nuevas nociones de pertenencia y nuevos lazos solidarios. Las grandes  ciudades se alzan como espacios estrat&eacute;gicos, tanto para la  transnacionalizaci&oacute;n de la mano de obra como para la formaci&oacute;n de identidades  transnacionales. En este sentido, constituyen un territorio para un nuevo tipo  de operaciones pol&iacute;ticas. </p>         <p>   Las  ciudades son el terreno donde es posible que interact&uacute;en personas de distintos  pa&iacute;ses y donde se re&uacute;na una multiplicidad de culturas. El car&aacute;cter  internacional de las grandes urbes yace no s&oacute;lo en su infraestructura de  telecomunicaciones y empresas multinacionales, sino tambi&eacute;n en la gran  diversidad de &aacute;mbitos culturales donde se encuentran los trabajadores. Ya no es  posible pensar en los centros comerciales y financieros internacionales  simplemente en t&eacute;rminos de la infraestructura y la cultura empresarial. Hoy en  d&iacute;a, las ciudades globales constituyen en parte el espacio del poscolonialismo  y, en efecto, contienen las condiciones para la formaci&oacute;n de un discurso  poscolonialista (v&eacute;anse Hall, 1991; King, 1990; Ribas-Matteos, 2005; Tsuda,  1999) <a href="#(23)">(23)</a>. </p>         <p>   La gran urbe occidental de la actualidad concentra la  diversidad. En sus espacios est&aacute; inscrita la cultura empresarial dominante,  pero tambi&eacute;n otras culturas e identidades m&uacute;ltiples. El deslizamiento es  evidente: la cultura dominante puede abarcar s&oacute;lo una parte de la ciudad <a href="#(24)">(24)</a>. Y si  bien el poder empresarial identifica a estas culturas e identidades m&uacute;ltiples  con la &quot;alteridad&quot;, y as&iacute; las deval&uacute;a, ellas permanecen omnipresentes. Con la  inmigraci&oacute;n, por ejemplo, llega una variedad de culturas originalmente locales  que ahora forman parte de grandes ciudades cuyas &eacute;lites se consideran  &quot;cosmopolitas&quot; por trascender lo local. Hoy en d&iacute;a, existe un inmenso abanico  de culturas originales de un pa&iacute;s o pueblo en particular que se han  reterritorializado en unas pocas ciudades, como Nueva York, Los &Aacute;ngeles, Par&iacute;s,  Londres y, m&aacute;s recientemente, Tokio, generando una variedad de nuevos tipos de  cosmopolitismo <a href="#(25)">(25)</a>. </p>         <p>   Es  m&aacute;s, este modo de narrar el fen&oacute;meno de la migraci&oacute;n en la &eacute;poca de la  posguerra capta la continua influencia del colonialismo y de las formas  imperiales poscoloniales en los principales procesos de globalizaci&oacute;n, en  especial los que vinculan a los pa&iacute;ses de origen y los pa&iacute;ses receptores de los  inmigrantes. Si bien la g&eacute;nesis y los contenidos espec&iacute;ficos de su  responsabilidad podr&aacute;n variar seg&uacute;n el caso y el per&iacute;odo, los principales  pa&iacute;ses receptores no son espectadores inocentes (Sassen, 1988, 1999). La  centralidad de la ciudad global en los procesos migratorios, incluido su rol  como frontera poscolonial, genera una apertura econ&oacute;mica y pol&iacute;tica  transnacional para la formaci&oacute;n de nuevas reivindicaciones y, por lo tanto, de  nuevos derechos, sobre todo relacionados con el lugar, as&iacute; como para la  constituci&oacute;n de la &quot;ciudadan&iacute;a&quot; (para una variedad de puntos de vista, v&eacute;anse  por ejemplo Hamilton y Chinchilla, 2001;Farrer, 2007; Stasiulis y Yuval-Davis,  1995). En efecto, la ciudad aparece como el espacio para las nuevas  reivindicaciones: por un lado, por parte del capital global, que la emplea como  &quot;recurso organizativo&quot; y, por otro lado, por parte de los sectores  desfavorecidos de la poblaci&oacute;n urbana, que con frecuencia constituyen un actor  tan internacionalizado como lo es el capital. </p>         <p>   Veo aqu&iacute; un tipo de apertura pol&iacute;tica que  contiene a la vez una capacidad unificadora transfronteriza y una capacidad de  generar conflictos cada vez m&aacute;s profundos dentro de las fronteras nacionales.  El capital global y la mano de obra inmigrante son dos instancias de  transnacionalizaci&oacute;n con propiedades unificadoras internas en cada una de  ellas, pero que en las ciudades globales se encuentran en conflicto. Como ya se  ha dicho, estas ciudades son el espacio para la sobrevaloraci&oacute;n del capital  empresarial y la subvaloraci&oacute;n de los trabajadores en situaci&oacute;n de desventaja.  Tanto el funcionamiento como la organizaci&oacute;n de los sectores de avanzada de  dicho capital han adquirido un car&aacute;cter global. Y gran parte de los  trabajadores desfavorecidos de dichas ciudades son mujeres, inmigrantes y  personas de color, grupos que a su manera desbordan lo nacional, en parte  porque no han sido acogidos plenamente por la naci&oacute;n, incluso si son ciudadanos  (v&eacute;anse, por ejemplo, Chatterjee, 1993: caps. 1, 6 y 7; Crenshaw <i>et al</i>.,  1996; Geddes, 2003; Schiffauer <i>et al</i>., 2006). En este contexto, las  ciudades globales son territorios estrat&eacute;gicos para las operaciones pol&iacute;ticas y  econ&oacute;micas de ambos actores: el capital global y la amalgama de grupos  minoritarios desfavorecidos. </p>         <p>   Si se establece una comparaci&oacute;n con lo que  ocurre en la ciudad provincial o en el suburbio, en las ciudades globales es  menos probable que el v&iacute;nculo entre las personas y el territorio est&eacute; mediado  por el Estado-naci&oacute;n o por la &quot;cultura nacional&quot;. Se observa una  desarticulaci&oacute;n entre la identidad y las fuentes tradicionales de identidad,  como la naci&oacute;n o la aldea (Yaeger, 1996; Nashashibi, 2007). Este desanclaje en  el proceso de formaci&oacute;n de la identidad crea nuevas nociones de comunidad de  pertenencia y de titularidad de derechos. A su vez, tambi&eacute;n se puede pensar en  las consecuencias pol&iacute;ticas de la transnacionalizaci&oacute;n estrat&eacute;gica del espacio  en t&eacute;rminos de formaci&oacute;n de nuevas reivindicaciones sobre ese espacio. La  globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica ha configurado, al menos en parte, la aparici&oacute;n de  nuevas reivindicaciones, especialmente visibles en el caso del capital global <a href="#(26)">(26)</a>. </p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Las  empresas extranjeras y la nueva clase de profesionales transnacionales tienen  cada vez m&aacute;s derecho a operar en estas ciudades gracias a la desregulaci&oacute;n  progresiva de las econom&iacute;as nacionales. &Eacute;stos son algunos de los nuevos &quot;usuarios  de la ciudad&quot; (Martinotti, 1993), que han marcado profundamente el paisaje  urbano. En el otro extremo est&aacute;n aquellos que emplean la violencia pol&iacute;tica  urbana para expresar sus reivindicaciones sobre la ciudad, ya que carecen de la  legitimidad <i>de facto </i>de que s&iacute; gozan los anteriores (Body-Gendrot, 1999;  Hagedorn, 2006); se trata aqu&iacute; de demandas dirigidas hacia la ciudad misma por  actores que buscan el reconocimiento de sus derechos a la ciudad <a href="#(27)">(27)</a>. Con  esto se hace evidente que la falta de poder no elimina la posibilidad de ser un  actor pol&iacute;tico. Para referirme a esta posibilidad utilizo el t&eacute;rmino  &quot;presencia&quot;: en efecto, dentro de un espacio estrat&eacute;gico como la ciudad global,  los habitantes desfavorecidos que se describen en este apartado no son  simplemente marginales, sino que adquieren presencia en un proceso pol&iacute;tico m&aacute;s  amplio que trasciende los l&iacute;mites de las estructuras pol&iacute;ticas formales. Esta  presencia se&ntilde;ala la posibilidad de una nueva pol&iacute;tica, cuya configuraci&oacute;n  depender&aacute; de los proyectos y las pr&aacute;cticas espec&iacute;ficas de diversas comunidades  (Drainville, 2004; Bartlett, 2007). En tanto el sentido de pertenencia a dichas  comunidades no se subsume en lo nacional, podr&iacute;a nacer una pol&iacute;tica  transnacional pero centrada en espacios locales concretos. </p>     <p><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></p>         <p>   Las grandes urbes del mundo son el territorio donde  m&uacute;ltiples procesos de globalizaci&oacute;n adquieren un car&aacute;cter concreto y  localizado. Estas instancias localizadas constituyen en buena medida la  globalizaci&oacute;n. Si se considera adem&aacute;s que las grandes ciudades tambi&eacute;n  concentran una proporci&oacute;n cada vez mayor de grupos demogr&aacute;ficos en situaci&oacute;n de  desventaja (como los inmigrantes en Europa y los Estados Unidos, los  afroamericanos y los hispanos en los Estados Unidos, las masas de habitantes de  las villas y los barrios pobres en las megal&oacute;polis del sur global), se puede  postular que &eacute;stas se han convertido en un territorio estrat&eacute;gico para todo un  espectro de conflictos y contradicciones. A partir de esto es posible concebir  a las ciudades como uno de los espacios donde se materializan las  contradicciones de la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica. Por un lado, poseen una  concentraci&oacute;n desproporcionada de poder empresarial y son el terreno clave para  la sobrevaloraci&oacute;n de la econom&iacute;a corporativa; por otro lado, poseen una  concentraci&oacute;n desproporcionada de habitantes en situaci&oacute;n de desventaja y son  el terreno clave para la subvaloraci&oacute;n de dichos habitantes. Esta presencia  conjunta se da en un contexto donde: a) la transnacionalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a  ha crecido y ha convertido a las ciudades en espacios cada vez m&aacute;s estrat&eacute;gicos  para el capital global, y b) los habitantes marginados van ganando presencia  pol&iacute;tica y est&aacute;n haciendo o&iacute;r sus demandas a la ciudad. La creciente distancia  entre estos dos actores destaca aun m&aacute;s su presencia conjunta en las ciudades  globales. </p>         <p> El espacio conformado por la red mundial de  ciudades globales, con su nuevo potencial pol&iacute;tico y econ&oacute;mico, tal vez sea uno  de los espacios m&aacute;s estrat&eacute;gicos para la formaci&oacute;n de nuevos tipos de  identidades y comunidades, incluso transnacionales. Se trata de un espacio que  se centra en el territorio y se inserta en lugares determinados y estrat&eacute;gicos,  pero que a la vez tiene car&aacute;cter transterritorial porque vincula ciudades que  no comparten una proximidad geogr&aacute;fica, pero cuyas transacciones mutuas van  aumentando r&aacute;pidamente. En este contexto, surge la posibilidad de un espacio  para una nueva pol&iacute;tica transnacional, inserta al menos parcialmente en la  pol&iacute;tica de la cultura y la identidad, pero a la vez superadora de &eacute;sta. El  an&aacute;lisis presentado en este cap&iacute;tulo indicar&iacute;a que s&iacute;, en tanto la centralidad  del lugar en el contexto de los procesos globales genera una apertura econ&oacute;mica  y pol&iacute;tica transnacional para la formaci&oacute;n de nuevas reivindicaciones e incluso  de nuevos derechos, sobre todo relacionados con el lugar. Esto podr&iacute;a tambi&eacute;n  contribuir a la formaci&oacute;n de nuevos tipos de &quot;ciudadan&iacute;a&quot; y a una diversidad  de pr&aacute;cticas ciudadanas. Tanto la creciente desnacionalizaci&oacute;n del espacio  urbano como las nuevas reivindicaciones por parte de actores transnacionales y  de actores localizados transforman a la ciudad global en una zona fronteriza  para un nuevo tipo de alineamiento pol&iacute;tico-econ&oacute;mico.</p> <hr size="1">     <p><b>COMENTARIOS</b></p>     <p><a name="(1)"></a>1. Traducido por Mar&iacute;a Victoria Rodila  Art&iacute;culo reproducido con autorizaci&oacute;n del autor. Publicaci&oacute;n original: Sassen Saskia, <i>Una sociolog&iacute;a de la globalizaci&oacute;n</i> - 1a  ed. - Buenos Aires: katz, 2007. ISBN 978-987-1283-39-2     <p><a name="(2)"></a>2. He teorizado esto en  t&eacute;rminos de la red de ciudades globales, donde el crecimiento econ&oacute;mico de  &eacute;stas es, en parte, una funci&oacute;n de dicha red. Por ejemplo, el crecimiento de  los centros financieros de Nueva York y Londres se ve impulsado por los flujos  de la red mundial de centros financieros, flujos que han aumentado much&iacute;simo  con la desregulaci&oacute;n de las econom&iacute;as nacionales. Las ciudades que ocupan las  posiciones m&aacute;s elevadas de esta jerarqu&iacute;a global concentran las capacidades  para maximizar su captaci&oacute;n de la renta, por as&iacute; decirlo. </p>     <p><a name="(3)"></a>3. Varias  disciplinas han realizado aportes significativos en este sentido. Entre ellas  se encuentran la antropolog&iacute;a (Bestor, 2001; Low, 2001), la geograf&iacute;a econ&oacute;mica  (Knox y Taylor, 1995; Short y Kim, 1999) y los estudios culturales (Palumbo-Liu,  1999; Krause y Petro, 2003). Todas ellas han desarrollado una &nbsp;extensa producci&oacute;n intelectual en materia de  fen&oacute;menos urbanos. &Uacute;ltimamente, algunos economistas (como Glaeser y Gottlieb,  2006; Fujita <i>et al</i>., 2004) han comenzado a estudiar la econom&iacute;a urbana y  la econom&iacute;a regional con premisas que difieren de la vieja tradici&oacute;n de  econom&iacute;a urbana, que ha perdido vigor y poder de persuasi&oacute;n. </p>     <p><a name="(4)"></a>4. Vemos esto  en los primeros trabajos de la escuela de Chicago, como <i>The Taxi Dance Hall </i>y <i>The Gold Coast and the slum, </i>pero tambi&eacute;n en trabajos posteriores (v&eacute;ase  Suttles, 1968).</p>     <p><a name="(5)"></a>5. La  globalizaci&oacute;n, el auge de las nuevas tecnolog&iacute;as inform&aacute;ticas, la  intensificaci&oacute;n de las din&aacute;micas transnacionales y translocales y el  fortalecimiento en la presencia y la voz de ciertos tipos espec&iacute;ficos de  diversidad sociocultural son fen&oacute;menos que se encuentran a la vanguardia del  cambio social. Por eso, la sociolog&iacute;a debe incorporarlos a sus an&aacute;lisis en un  grado mucho mayor que hasta ahora. Al mismo tiempo, es importante destacar que  dichas tendencias no abarcan la mayor&iacute;a de las condiciones sociales. Por el  contrario, la mayor parte de las realidades sociales de la actualidad  probablemente correspondan a tendencias anteriores y m&aacute;s conocidas que  contin&uacute;an existiendo. Por eso, gran parte de la tradici&oacute;n y los subcampos  sociol&oacute;gicos conservar&aacute;n su importancia y seguir&aacute;n constituyendo el n&uacute;cleo de  la disciplina. Es m&aacute;s, existen motivos de sobra para explicar por qu&eacute; la mayor  parte de la sociolog&iacute;a urbana no logra dar cuenta de las caracter&iacute;sticas y las  consecuencias de estas tres tendencias en sus instancias urbanas: los conjuntos  de datos actuales sobre las ciudades resultan insuficientes para abordar estas  tendencias a nivel urbano. Sin embargo, aunque dichas tendencias s&oacute;lo afecten parcialmente  a la condici&oacute;n urbana y no se limiten a ella, resultan estrat&eacute;gicas en tanto la  determinan de manera novedosa y, a su vez, la transforman en un espacio clave  de investigaci&oacute;n. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="(6)"></a>6. La  globalizaci&oacute;n es un proceso que tambi&eacute;n genera diferenciaciones, pero &eacute;stas son  de una naturaleza muy distinta a las que surgen de nociones diferenciadoras  como la de cultura nacional, sociedad nacional o car&aacute;cter nacional. El mundo  empresarial de hoy en d&iacute;a, por ejemplo, tiene una geograf&iacute;a global, pero no  est&aacute; presente en todas partes del planeta: de hecho, ocupa espacios muy  definidos y estructurados. Adem&aacute;s, se diferencia cada vez m&aacute;s de los segmentos  no empresariales que tambi&eacute;n constituyen las econom&iacute;as de los espacios locales  (como la ciudad de Nueva York) o los pa&iacute;ses donde opera. La homogeneizaci&oacute;n se  da en ciertas l&iacute;neas que atraviesan las fronteras nacionales, pero dentro de  dichas fronteras existe una diferenciaci&oacute;n marcada. </p>     <p><a name="(7)"></a>7. Es  necesario reconocer las condiciones hist&oacute;ricas espec&iacute;ficas de los distintos conceptos  de lo &quot;internacional&quot; y lo &quot;global&quot;. Existe una tendencia a concebir la  internacionalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a como un proceso que opera en el centro,  inmerso en el poder de las empresas multinacionales de la actualidad o de las  compa&ntilde;&iacute;as coloniales del pasado. Sin embargo, se podr&iacute;a observar que las  econom&iacute;as de muchos pa&iacute;ses perif&eacute;ricos est&aacute;n profundamente internacionalizadas  debido a los altos niveles de inversi&oacute;n extranjera en muchos sectores  econ&oacute;micos y a la gran dependencia de los mercados globales para la obtenci&oacute;n  de moneda fuerte. Lo que poseen los pa&iacute;ses centrales es una concentraci&oacute;n  estrat&eacute;gica de empresas y mercados que operan a escala global, as&iacute; como un gran  poder y una gran capacidad de control y coordinaci&oacute;n global. Se trata de una configuraci&oacute;n  de lo internacional que difiere mucho de aquella que est&aacute; presente en los  pa&iacute;ses perif&eacute;ricos. </p>       <p><a name="(8)"></a>8. &Eacute;ste es  uno de los conceptos centrales del modelo de ciudad global que propongo (v&eacute;ase  Sassen, 2001: &quot;Prefacio a la nueva edici&oacute;n&quot; y cap. 1). </p>      <p><a name="(9)"></a>9. Desde una  perspectiva m&aacute;s conceptual, podr&iacute;a preguntarse si un sistema econ&oacute;mico con  semejante tendencia hacia la concentraci&oacute;n puede funcionar en una econom&iacute;a del  espacio carente de puntos de aglomeraci&oacute;n f&iacute;sica. Es decir, &iquest;el poder, en este  caso econ&oacute;mico, tiene un correlato espacial?</p>     <p><a name="(10)"></a>10. Los  servicios al productor, y m&aacute;s espec&iacute;ficamente los servicios financieros y los  servicios empresariales avanzados, constituyen un sector que produce los  insumos organizativos necesarios para la implantaci&oacute;n y la gesti&oacute;n de los  sistemas econ&oacute;micos globales (Sassen, 2001: caps. 2-5). Los servicios al  productor tienen un car&aacute;cter intermedio, ya que son comprados por las empresas,  y se relacionan con asuntos financieros, jur&iacute;dicos y administrativos de &iacute;ndole  general, como los servicios de innovaci&oacute;n y desarrollo de productos, dise&ntilde;o,  administraci&oacute;n, recursos humanos, tecnolog&iacute;a de producci&oacute;n, mantenimiento,  transporte, comunicaciones, distribuci&oacute;n mayorista, publicidad, limpieza,  seguridad y almacenamiento. Algunos elementos centrales del sector de servicios  al productor tienen un mercado mixto, compuesto por empresas y consumidores  directos, como es el caso de los seguros, las asociaciones de profesionales y  los servicios bancarios, financieros, inmobiliarios, jur&iacute;dicos y contables. La  obra m&aacute;s abarcadora sobre el tema es la de Bryson y Daniels (2006). </p>      <p><a name="(11)"></a>11. La  inform&aacute;tica y la globalizaci&oacute;n se han transformado en dos de las fuerzas  fundamentales que reconfiguran la organizaci&oacute;n del espacio econ&oacute;mico. Esta  reconfiguraci&oacute;n ata&ntilde;e tanto a la digitalizaci&oacute;n de una cantidad cada vez mayor  de actividades econ&oacute;micas como a los cambios en la geograf&iacute;a del ambiente  construido para la actividad econ&oacute;mica. Ya sea en el espacio virtual o en el  ambiente construido, esta reconfiguraci&oacute;n acarrea ciertos cambios organizativos  y estructurales. </p>      <p><a name="(12)"></a>12. En  t&eacute;rminos metodol&oacute;gicos, &eacute;sta es una manera de abordar la cuesti&oacute;n de la unidad  de an&aacute;lisis para el estudio de los procesos econ&oacute;micos contempor&aacute;neos. La  categor&iacute;a de &quot;econom&iacute;a nacional&quot; resulta problem&aacute;tica porque existe un alto  grado de internacionalizaci&oacute;n econ&oacute;mica, mientras que la categor&iacute;a de &quot;econom&iacute;a  mundial&quot; resulta problem&aacute;tica porque en esa escala no puede realizarse un  estudio emp&iacute;rico detallado. Las ciudades con un alto grado de  internacionalizaci&oacute;n, como Nueva York o Londres, ofrecen la posibilidad de  examinar los procesos de globalizaci&oacute;n con gran detalle dentro de un &aacute;mbito determinado  y en todos sus aspectos, m&uacute;ltiples y a veces contradictorios. King (1990)  se&ntilde;ala que es necesario diferenciar lo internacional de lo global y, en muchos  sentidos, el concepto de &quot;ciudad global&quot; cumple ese objetivo. </p>      <p><a name="(13)"></a>13. Para este  tipo de an&aacute;lisis resultan &uacute;tiles como herramienta metodol&oacute;gica las nociones de  circuitos de distribuci&oacute;n e instalaci&oacute;n de las operaciones econ&oacute;micas. Estos  circuitos permiten, por un lado, seguir el hilo de la actividad econ&oacute;mica en  ciertos terrenos que escapan a las representaciones dominantes y cada vez m&aacute;s  estrechas de la &quot;econom&iacute;a avanzada&quot; y, por otro lado, traspasar las fronteras  de los espacios socioculturales discontinuos. </p>      <p><a name="(14)"></a> 14. El  siguiente fen&oacute;meno sirve como ejemplo de lo expuesto. En 1987, cuando se  produjo la primera crisis burs&aacute;til grave tras a&ntilde;os de crecimiento considerable,  se publicaron muchos art&iacute;culos period&iacute;sticos sobre el desempleo masivo y  repentino que afectaba a los profesionales de Wall Street con ingresos  elevados. Pero lo que no se advirti&oacute;, porque no ten&iacute;a cabida en la  representaci&oacute;n dominante del sector, fue la desocupaci&oacute;n que afect&oacute; a las  secretarias y a los trabajadores manuales de la zona; por ejemplo, el derrumbe  del mercado de valores gener&oacute; un nivel de desempleo muy concentrado en la  comunidad dominicana del norte de Manhattan, donde viv&iacute;an muchos de los  trabajadores de limpieza y mantenimiento de Wall Street. </p>      <p><a name="(15)"></a>15. Existe  gran cantidad de fuentes que documentan uno o m&aacute;s de estos fen&oacute;menos. Para el  inicio de este proceso, v&eacute;ase Fainstein <i>et al</i>.(1993); para datos  corrientes, v&eacute;ase Sassen (2006b: cap. 6), y para datos sobre varios pa&iacute;ses,  Sassen (2001: cap. 8). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="(16)"></a>16. Que esto  haya contribuido a la formaci&oacute;n de sistemas urbanos transnacionales es objeto  de debate. El crecimiento del mercado global de finanzas y servicios  especializados, la necesidad de redes de servicios transnacionales causada por  el incremento marcado en la inversi&oacute;n extranjera, la disminuci&oacute;n de la  importancia del gobierno para la regulaci&oacute;n de la actividad econ&oacute;mica  internacional y el correspondiente ascenso de otros campos institucionales  (como los mercados globales y las oficinas empresariales) son fen&oacute;menos que  apuntan a la existencia de entidades econ&oacute;micas transnacionales con sede en m&aacute;s  de un pa&iacute;s. Estas ciudades no se limitan a competir entre s&iacute; por la  participaci&oacute;n en el mercado, como con frecuencia se afirma o se supone. En  realidad, existe una divisi&oacute;n del trabajo que incorpora ciudades de m&uacute;ltiples  pa&iacute;ses y, en ese sentido, puede hablarse de un sistema global (por ejemplo,  financiero) a diferencia de un sistema simplemente internacional (v&eacute;ase Sassen,  2001: caps. 1-4, 7). Aqu&iacute; se puede observar la formaci&oacute;n incipiente de un  sistema urbano transnacional. </p>     <p><a name="(17)"></a>17. Asimismo,  la orientaci&oacute;n marcada hacia los mercados mundiales que se evidencia en esas  ciudades abre ciertos interrogantes respecto de la articulaci&oacute;n con los  estados-naci&oacute;n, las regiones y las estructuras sociales y econ&oacute;micas m&aacute;s  amplias de dichas ciudades. En general, las ciudades se encuentran profundamente  insertas en las econom&iacute;as de sus regiones y con frecuencia reflejan las  caracter&iacute;sticas de dichas regiones. Sin embargo, las urbes m&aacute;s estrat&eacute;gicas de  la econom&iacute;a global tienden a desconectarse parcialmente de sus regiones. Esta  afirmaci&oacute;n entra en conflicto con una premisa fundamental de la teor&iacute;a  tradicional sobre los sistemas urbanos, a saber: que estos sistemas promueven  la integraci&oacute;n territorial de la econom&iacute;a regional y lo nacional. </p>     <p><a name="(18)"></a>18. En  t&eacute;rminos m&aacute;s generales, se observa la formaci&oacute;n de un nuevo tipo de  segmentaci&oacute;n en el mercado laboral, con dos caracter&iacute;sticas notables. Por un  lado, se distingue un debilitamiento en el rol de las empresas para la  estructuraci&oacute;n de las relaciones laborales, que quedan a merced del mercado.  Por otro lado, se evidencia una reestructuraci&oacute;n en el mercado laboral  relacionada con el desplazamiento de sus funciones hacia los hogares o hacia la  comunidad. Para un an&aacute;lisis definitorio de estas cuestiones, v&eacute;anse Mingione  (1994) y Venkatesh (2006). </p>     <p><a name="(19)"></a>19. Al  establecer un v&iacute;nculo entre la informalizaci&oacute;n y el crecimiento econ&oacute;mico,  busco situar al an&aacute;lisis m&aacute;s all&aacute; de la idea de que la aparici&oacute;n de sectores  informales en ciudades como Nueva York y Los &Aacute;ngeles es producto de la presencia  de inmigrantes, quienes supuestamente son propensos a replicar las estrategias  de supervivencia t&iacute;picas de los pa&iacute;ses del Tercer Mundo. Otro efecto de este  v&iacute;nculo es situar el an&aacute;lisis m&aacute;s all&aacute; de la noci&oacute;n de que los principales  factores de informalizaci&oacute;n en la fase actual de las econom&iacute;as avanzadas son el  desempleo y la recesi&oacute;n. Este enfoque se&ntilde;ala algunas caracter&iacute;sticas del  capitalismo avanzado que en general no se consideran. Para una antolog&iacute;a  excelente de trabajos actuales sobre la econom&iacute;a informal en distintos pa&iacute;ses,  v&eacute;ase Komlosy <i>et al</i>.(1997), y para un an&aacute;lisis sobre patrones  estructurales y de coyuntura, v&eacute;ase Tabak y Chrichlow (2000).</p>     <p> <a name="(20)"></a>20. En este  caso m&aacute;s reciente se evidencia con mayor fuerza que en el caso del contrato  fordista la importancia econ&oacute;mica de estos actores, que en el contrato fordista  quedaba velada o amortiguada por la existencia del salario familiar. </p>     <p><a name="(21)"></a>21. Otra  instancia importante de localizaci&oacute;n de las din&aacute;micas globalizadoras es el  surgimiento de un nuevo estrato de mujeres profesionales. En otros trabajos  examino los efectos del incremento de mujeres profesionales de primera l&iacute;nea en  la reurbanizaci&oacute;n de la vida familiar de la clase media y en la elitizaci&oacute;n de  las zonas residenciales y las zonas comerciales de las ciudades globales (v&eacute;ase  Sassen, 2001: cap. 9).     <p><a name="(22)"></a>22. Cada vez  con m&aacute;s frecuencia, dicho discurso concibe a la inmigraci&oacute;n como un proceso  devaluado, en tanto se centra en las personas provenientes de pa&iacute;ses m&aacute;s pobres  en busca de una vida mejor, que supuestamente s&oacute;lo el pa&iacute;s receptor puede  ofrecerles. En este sentido, el discurso sobre la inmigraci&oacute;n contiene una  valorizaci&oacute;n impl&iacute;cita de los pa&iacute;ses receptores y una desvalorizaci&oacute;n de los  pa&iacute;ses de origen. </p>       <p><a name="(23)"></a>23. Resulta  interesante preguntarse por la naturaleza de la internacionalizaci&oacute;n en las  ciudades de las antiguas colonias. El an&aacute;lisis de King (1990: 78) sobre las  condiciones hist&oacute;ricas distintivas y diferentes en las que se construy&oacute; el  concepto de lo &quot;internacional&quot; reviste gran importancia. All&iacute;, el autor  demuestra que durante el per&iacute;odo imperial, algunos de los principales centros  coloniales ten&iacute;an un grado mucho mayor de internacionalizaci&oacute;n que las  metr&oacute;polis. El concepto actual de internacionalizaci&oacute;n se considera arraigado  en la experiencia del centro. Esto se&ntilde;ala un punto ciego en los an&aacute;lisis  contempor&aacute;neos, que Hall capta a la perfecci&oacute;n al observar que la cr&iacute;tica poscolonial  y posimperialista actual surge en los antiguos centros de los imperios, pero  nada dice sobre una serie de condiciones presentes hoy en las ciudades o en los  pa&iacute;ses que fueron coloniales (en cuanto a la especificidad de la &eacute;poca  colonial, ve&aacute;nse Spivak, 1999; Mbembe, 2001; Mamdami, 1996). Otro de estos  puntos ciegos es la falta de reconocimiento de la interacci&oacute;n entre la  internacionalizaci&oacute;n del capital iniciada con el colonialismo y los grandes  movimientos migratorios internacionales hacia el centro desde esos antiguos  territorios coloniales o hacia los nuevos territorios neocoloniales, como en el  caso de los Estados Unidos y, m&aacute;s recientemente, del Jap&oacute;n (Sassen, 1988). </p>      <p><a name="(24)"></a>24. Dicho  &quot;deslizamiento&quot; o resistencia puede adoptar distintas formas. La cultura global  de masas homogeneiza y es capaz de absorber una inmensa variedad de elementos  culturales locales, pero &eacute;ste es un proceso que no se completa nunca. Mi  an&aacute;lisis sobre los datos del sector de la industria electr&oacute;nica demuestra que  el empleo en los sectores m&aacute;s avanzados de la econom&iacute;a ya no garantiza la  pertenencia a una &quot;aristocracia obrera&quot;. Las mujeres del Tercer Mundo que  trabajan en zonas francas de exportaci&oacute;n, por ejemplo, no han adquirido mayor  capacidad de negociaci&oacute;n: el capitalismo puede aprovechar la diferencia. Otro  ejemplo es el de los inmigrantes &quot;ilegales&quot;, en que se observa que la  existencia de fronteras nacionales genera y a la vez criminaliza la diferencia.  Las diferenciaciones de este tipo son centrales para la formaci&oacute;n del  sistema-mundo (Wallerstein, 1990). </p>      <p><a name="(25)"></a>25. Actualmente, en Tokio hay varias concentraciones de inmigrantes legales e  ilegales, en su mayor&iacute;a obreros, que provienen de China, Bangladesh, Pakist&aacute;n o  las Filipinas. Dado el car&aacute;cter cerrado de la legislaci&oacute;n y de la cultura  japonesa en materia de inmigraci&oacute;n, se trata de un fen&oacute;meno muy notable. Ahora  bien, &iquest;puede describirse como una mera consecuencia de la pobreza en los pa&iacute;ses  de origen? Esa explicaci&oacute;n no es suficiente, ya que la pobreza existe hace a&ntilde;os  en dichos pa&iacute;ses. Se podr&iacute;a afirmar que la internacionalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a  japonesa, con sus formas espec&iacute;ficas de inversi&oacute;n en esos pa&iacute;ses y su creciente  influencia cultural a partir de la d&eacute;cada de 1980, ha tendido puentes entre  ellos y el Jap&oacute;n y ha servido para reducir la distancia subjetiva con dicho  pa&iacute;s (v&eacute;anse Sassen, 2001: 307-315; Tsuda, 2003; Komai, 1995;Farrer, 2007). </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="(26)"></a>26. Para una  combinaci&oacute;n diferente de estos elementos, v&eacute;ase Dunn (1994) y Drainville  (2004). </p>     <p><a name="(27)"></a>27. Body-Gendrot (1999) demuestra que la ciudad sigue siendo un terreno de conflicto,  caracterizado por la aparici&oacute;n de nuevos actores cada vez m&aacute;s j&oacute;venes. Es un  terreno donde las dificultades y las limitaciones institucionales del gobierno  para responder a las demandas de igualdad generan desorden social. Para  Body-Gendrot, la violencia pol&iacute;tica urbana no deber&iacute;a interpretarse como una  ideolog&iacute;a coherente sino como un elemento temporal de estrategia pol&iacute;tica que  permite a los actores m&aacute;s vulnerables entrar en contacto con los detentadores  del poder en t&eacute;rminos un poco m&aacute;s favorables para los d&eacute;biles.</p> <hr size="1"> <b>BIBLIOGRAFIA</b>     <!-- ref --><p>1. Arrighi, Giovanni (1999), &quot;Globalization and  historical macrosociology&quot;, en Abu-Lughod (ed.), <i>Sociology for the  twenty-first century</i>, Chicago, University of Chicago Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0121-4705200700030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Arrighi, Giovanni  (1994), <i>The long twentieth century</i>, Nueva York, Verso [trad. esp.: <i>El  largo siglo xx</i>, Madrid, Ediciones Akal, 1999].&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0121-4705200700030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Arrighi, Giovanni y Beverly Silver (1999), <i>Chaos  and governance in the modern world system</i>, Minneapolis, University of  Minnesota Press [trad. esp.: <i>Caos y orden en el sistema-mundo moderno</i>,  Madrid, Ediciones Akal, 2001]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0121-4705200700030000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Bauchner, Joshua S. (2000), &quot;State sovereignty and the  globalizing effects of the Internet: A case study of the privacy debate&quot;, <i>Brooklyn  Journal of International Law</i>, N&ordm; 26,pp. 689-722. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0121-4705200700030000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Beck,  Ulrich (2000), <i>What is globalization?</i>, Cambridge, Reino Unido, Malden,  ma, Polity Press [trad. esp.: <i>&iquest;Qu&eacute; es la globalizaci&oacute;n?</i>: <i>falacias del  globalismo, respuestas a la globalizaci&oacute;n</i>, Barcelona, Paid&oacute;s Ib&eacute;rica,  1998]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0121-4705200700030000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Bennett, W. Lance (2003), &quot;Communicating global  activism: Strengths and vulnerabilities of networked politics&quot;, <i>Information,  Communication &amp; Society</i>, N&ordm; 6,pp. 143-168. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0121-4705200700030000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Bourdieu, Pierre (1977), <i>Outline of a theory of  practice</i>, Cambridge, Cambridge University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0121-4705200700030000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Bourgois, Philippe (1995), <i>In search of respect:  Selling crack in El Barrio</i>, Cambridge, Cambridge University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-4705200700030000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Bowker, Geoffrey C. y Susan Leigh Star (1999), <i>Sorting  things out: Classification and its consequences</i>, Cambridge, ma, mit Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0121-4705200700030000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Boyd, M. (1989), &quot;Family and personal networks in  international migration: Recent developments and new agendas&quot;, <i>International  Migration Review</i>, N&ordm; 23(3), pp. 638-670. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-4705200700030000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Boyle, James (1997), <i>Foucault in cyberspace:  Surveillance, sovereignty, and hard-wired censors</i>, Washington, d.c.,  College of Law, American University. Disponible en:  <a href="http://www.law.duke.edu/boylesite/foucault.htm" target="_blank">http://www.law.duke.edu/boylesite/foucault.htm</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-4705200700030000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Braudel, Fernand (1984), <i>The perspective of the  world</i>, Nueva York, Harper and Row. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-4705200700030000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Brenner, Neil (1999), &quot;Beyond state-centrism? Space,  territoriality, and geographical scale in globalization studies&quot;, <i>Theory and  Society</i>, N&ordm; 28(1), pp. 39-78. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-4705200700030000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Brenner, Neil (1998), &quot;Global cities, glocal states: Global city  formation and state territorial restructuring in contemporary Europe&quot;, <i>Review  of International Political Economy</i>, N&ordm; 5 (2), pp. 1-37. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-4705200700030000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Briggs, Vernon M. (1992), <i>Mass immigration and the  national interest</i>, Armonk, ny, M. E. Sharpe.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-4705200700030000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Budd, Leslie (1995), &quot;Globalization, territory, and  strategic alliances in different financial centers&quot;, <i>Urban Studies</i>, N&ordm;  32(2), pp. 345-360.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-4705200700030000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Campos, Ricardo y Frank Bonilla (1982), <i>Bootstraps  and enterprise zones: The underside of late capitalism in Puerto Rico and the  United States</i>, Beverly Hills, ca, Sage. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-4705200700030000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Castells,  Manuel (1989), <i>The informational city: Information technology, economic  restructuring, and the urban-regional process</i>, Oxford, Basil Blackwell  [trad. esp.: <i>La ciudad informacional</i>: <i>tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n</i>, <i>reestructuraci&oacute;n econ&oacute;mica y el proceso urbano-regional</i>, Madrid,  Alianza, 1995]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-4705200700030000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Castells,  Manuel (1983), <i>The city and the grassroots: A cross-cultural theory of urban social  movements</i>, Berkeley, University of California Press [trad. esp.: <i>La  ciudad y las masas</i>: <i>sociolog&iacute;a de los movimientos sociales urbanos</i>,  Madrid, Alianza, 1986]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-4705200700030000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Castells,  Manuel (1977), <i>The urban question: A marxist approach</i>,  Cambridge, ma, mit Press [trad. esp.: <i>La cuesti&oacute;n urbana</i>, Madrid, Siglo  xxi, 1979].&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-4705200700030000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Drainville, Andre C. (2004), <i>Contesting  globalization: Space and place in the world economy</i>, Londres, Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-4705200700030000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Feldbauer, Peter, Erich Pilz, Dieter R&uuml;nzler e Irene  Stacher (1993), <i>Megast&auml;dte: Zur Rolle von Metropolen in der Weltgesellschaft</i>,  Viena, Bohlau. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-4705200700030000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Ferguson, Yale H. y Barry R. Jones (eds.) (2002), <i>Political  space. Frontiers of change and governance in a globalizing world</i>, Albany,  ny, suny Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-4705200700030000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Friedman, Elisabeth Jay (2005), &quot;The reality of  virtual reality: The internet and gender equality advocacy in Latin America&quot;, <i>Latin  American Politics and Society</i>, N&ordm; 47,pp. 1-34. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-4705200700030000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Friedmann, John (1995), &quot;World city formation: An  agenda for research and action&quot;, en Paul L. Knox y Peter J. Taylor, <i>World  cities in a world system</i>, Cambridge, Cambridge University Press, pp. 21-47.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-4705200700030000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Friedmann, John y Wolff Goetz (1982), &quot;World city  formation: An agenda for research and action&quot;, <i>International Journal of  Urban and Regional Research</i>, N&ordm; 15(1), pp. 269-283. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-4705200700030000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">27. Garrett, Geoffrey (1998), &quot;Global markets and national  politics: Collision course or virtuous circle&quot;, <i>International Organization</i>,N&ordm;  52,pp. 787-824. <i>Globalization and World  Cities-study group and network </i>&quot;gawc&quot;. Disponible  en: <a href="http://www.lboro.ac.uk/gawc/" target="_blank">http://www.lboro.ac.uk/gawc/</a> </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-4705200700030000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Giddens,  Anthony (1984), <i>The constitution of society</i>, Berkeley, University of  California Press [trad. esp.: <i>La constituci&oacute;n de la sociedad: bases para la  teor&iacute;a de la estructuraci&oacute;n</i>, Buenos Aires, Amorrortu, 1997]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-4705200700030000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Giddens,  Anthony (1987), <i>The nation-state and violence</i>,  Berkeley, University of California Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-4705200700030000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Giddens,  Anthony (1990), <i>The consequences of modernity</i>,  Oxford, Polity Press [trad. esp.: <i>Consecuencias de la modernidad</i>,  Madrid, Alianza, 1997]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-4705200700030000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Gottdiener, M. (1985), <i>The social production of  urban space</i>, Austin, University of Texas Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-4705200700030000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Graham, S. (ed.), (2003), <i>The cybercities reader</i>,  Londres, Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-4705200700030000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Graham, S. y S. Marvin (1996), <i>Telecommunications  and the city: Electronic spaces, urban places</i>, Londres, Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-4705200700030000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Gugler, Josef (2004), <i>World cities beyond the West:  Globalization, development, and inequality</i>, Cambridge, Cambridge University  Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-4705200700030000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Hagedorn, John M. (ed.) (2006), <i>Gangs in the global  city: Exploring alternatives to traditional criminology</i>, Chicago,  University of Illinois Press.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-4705200700030000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Hagedorn, John M (2002), &quot;Gangs and the informal economy&quot;, en C.  Ronald Huff (ed.), <i>Gangs in America iii</i>, Thousand Oaks, ca, Sage  Publications.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-4705200700030000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Hall, Stuart (1988), &quot;Brave new world&quot;, <i>Marxism  today</i>, 24-29 de octubre. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-4705200700030000100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Hall, Stuart   (1991), <i>Myths of Caribbean identity</i>,  Coventry, Reino Unido, Centre for Caribbean Studies, University of Warwick.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0121-4705200700030000100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Hardt,  Michael y Antonio Negri (2000), <i>Empire</i>, Cambridge, Harvard University  Press [trad. esp.: <i>Imperio</i>, Barcelona, Paid&oacute;s Ib&eacute;rica, 2002]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-4705200700030000100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Harvey, David (1989), <i>The condition of  postmodernity</i>, Oxford, Blackwell. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-4705200700030000100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Harvey, David (1982), <i>The limits to capital</i>, Oxford, Basil  Blackwell. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-4705200700030000100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Harvey, David (1973), <i>Social justice and the city</i>,  Baltimore, md, Johns Hopkins University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0121-4705200700030000100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43.   H&auml;ussermann, Hartmut y Walter Siebel (1987), <i>Neue  Urbanit&auml;t</i>, Frankfurt del Main, Suhrkamp. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-4705200700030000100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Helleiner, Eric (1999), &quot;Sovereignty, territoriality,  and the globalization of finance&quot;, en David Smith, Dorothy Solinger y Steven  Topik (eds.), <i>States and sovereignty in the global economy</i>, Londres,  Routledge, pp. 138-157. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-4705200700030000100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. Klinenberg, Eric (2003), <i>Heat wave: A social  autopsy of disaster in Chicago (Illinois)</i>, Chicago, il, University of  Chicago Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-4705200700030000100045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. Korbin, Stephen J. (2001), &quot;Territoriality and the  governance of cyberspace&quot;, <i>Journal of International Business Studies</i>, N&ordm;  32, 687-704. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-4705200700030000100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. Laguerre, Michel S. (2000), <i>The global ethnopolis:  Chinatown, Japantown and Manilatown in American Society</i>, Londres,  Macmillan. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-4705200700030000100047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48. Lebert, Joanne (2003), &quot;Writing human rights activism:  Amnesty International and the challenges of information and communication  technologies&quot;, en Martha McCaughey y Michael Ayers (eds.), <i>Cyberactivism:  Online activism in theory and practice</i>, Londres, Routledge, pp. 209-232. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-4705200700030000100048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. Lefebvre, H. (1991), <i>The production of space</i>,  Oxford, Blackwell. Lessig, Lawrence (1999), <i>Code and other laws of  cyberspace</i>, Nueva York, Basic Books [trad. esp.: <i>El c&oacute;digo y otras leyes  del ciberespacio</i>, Madrid, Taurus, 2001]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-4705200700030000100049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50. Lloyd, Richard (2005), <i>Neobohemia: Art and commerce  in the postindustrial city</i>, Nueva York, Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-4705200700030000100050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51. Martinotti,  G. (1993), <i>Metropolis</i>, Bolonia, Il Mulino. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-4705200700030000100051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. Paddison, Ronan (ed.) (2001), <i>Handbook of urban  studies</i>, Thousand Oaks, ca, Sage Publications. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-4705200700030000100052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. Parr J.B.y L.Budd (2000), &quot;Financial services and the  urban system: An exploration source&quot;, <i>Urban Studies</i>, N&ordm; 37,pp. 593-610. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-4705200700030000100053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>54. Robinson, William (2004), <i>A theory of global  capitalism: Transnational production, transnational capitalists, and the  transnational state</i>, Baltimore, md, Johns Hopkins University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-4705200700030000100054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>55. Rodr&iacute;guez, N&eacute;stor y Joe Feagin (1986), &quot;Urban  specialization in the world system: An investigation of historical cases&quot;, <i>Urban  Affairs Quarterly</i>, N&ordm; 22(2), pp. 187-220. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-4705200700030000100055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>56. Rutherford, Jonathan (2004), <i>A tale of two global  cities: Comparing the territories of telecommunications developments in Paris  and London</i>, Aldershot, Reino Unido, Ashgate. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-4705200700030000100056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>57. Samers, Michael (2002), &quot;Immigration and the global  city hypothesis: Towards an alternative research agenda&quot;, <i>International  Journal of Urban and Regional Research</i>, N&ordm; 26(2), pp. 389-402. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-4705200700030000100057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>58. Sassen, Saskia (2006a), <i>Territory, authority,  rights: From medieval to global assemblages</i>, Princeton, nj, Princeton  University Press [edici&oacute;n espa&ntilde;ola en preparaci&oacute;n: <i>Territorio, autoridad,  derechos. De los ensamblajes medievales a los globales</i>, Buenos  Aires/Madrid, Katz Editores]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0121-4705200700030000100058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>59. Sassen, Saskia (2006b), <i>Cities in a world economy</i>, 3&ordf; ed.,  Londres/Thousand Oaks, Sage/Pine Forge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-4705200700030000100059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>60. Sassen, Saskia (2005), &quot;Electronic markets and activist networks:  The weight of social logics in digital formations&quot;, en Robert Latham y Saskia  Sassen (eds.), <i>Digital formations: It and new architectures in the global  realm</i>, Princeton, Princeton University Press, pp. 54-88. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0121-4705200700030000100060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>61. <i>The global city</i> (2001), <i>The global city</i>, 2&ordf; ed.,  Princeton, Princeton University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-4705200700030000100061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>62. <i>The global city</i> (1999), <i>Guests and aliens</i>, Nueva York, New  Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0121-4705200700030000100062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>63. <i>The global city</i> (1998), <i>Globalization and its discontents:  Essays on the new mobility of people and money</i>, Nueva York, New Press  [trad. esp.: <i>Los espectros de la globalizaci&oacute;n</i>, Buenos Aires, 2003]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-4705200700030000100063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>64. Sassen, Saskia  (1996), <i>Losing control? Sovereignty in an age of globalization</i>, Nueva  York, Columbia University Press [trad. esp.: <i>&iquest;Perdiendo el control?: la  soberan&iacute;a en la era de la globalizaci&oacute;n</i>, Barcelona, Edicions Bellaterra,  2001]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0121-4705200700030000100064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>65. Sassen, Saskia  (1991), <i>The global city</i>, Princeton, Princeton University Press [trad.  esp.: <i>La ciudad global</i>, Buenos Aires, Eudeba, 1999]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-4705200700030000100065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>66. Sassen, Saskia  (1988), <i>The mobility of labor and capital: A study in international  investment and labor flow</i>, Cambridge, Cambridge University Press [trad.  esp.: <i>Movilidad trabajo y capital: estudio sobre la corriente internacional  de la inversi&oacute;n y del trabajo</i>, Madrid, Ministerio de Trabajo y Asuntos  Sociales, 1993]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0121-4705200700030000100066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>67. Sassen-Koob, Saskia (1982), &quot;Recomposition and  peripheralization at the core&quot;, <i>Contemporary Marxism</i>, N&ordm; 5,pp. 88-100. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-4705200700030000100067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>68. Sassen-Koob, Saskia (1984), &quot;The new labor demand in global cities&quot;, en  M. P. Smith (ed.), <i>Cities in transformation</i>, Beverley Hills, ca, Sage,  pp. 139-171. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0121-4705200700030000100068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>69. Savitch, H. V. (1996), &quot;Cities in a global era: A new  paradigm for the next millenium&quot;, en M. Cohen, B. Ruble, J. Tulchin y A.  Garland (eds.), <i>Preparing for the urban future: Global pressures and local  forces</i>, Washington, d.c., Woodrow Wilson Center Press (distribuido por John  Hopkins University Press). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-4705200700030000100069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>70. Smith, David A. (l995), &quot;The new urban sociology meets  the old: Re-reading some classical human ecology&quot;, <i>Urban Affairs Review</i>,N&ordm;  30(3), pp. 432-457. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0121-4705200700030000100070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>71. Smith, David A. y Michael Timberlake (2002),  &quot;Hierarchies of dominance among world cities: A network approach&quot;, en Saskia  Sassen (ed.), <i>Global networks/linked cities</i>, Nueva York y Londres,  Routledge, pp. 117-141. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0121-4705200700030000100071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>72. Smith, David A., Dorothy Solinger y Steven C. Topik  (eds.) 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Cohen, B.  Ruble, J. Tulchin y A. Garland (eds.), <i>Preparing for the urban future:  Global pressures and local forces</i>, Washington, d.c., Woodrow Wilson Center  Press (distribuido por John Hopkins University Press). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0121-4705200700030000100076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>77. Suttles, G. D. (1968), <i>The social order of the slum</i>,  Chicago, University of Chicago Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0121-4705200700030000100077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>78. Swyngedouw, Erik (1997), &quot;Neither global nor local:  Glocalization and the politics of scale&quot;, en Kevin Cox (ed.), <i>Spaces of  globalization: Reasserting the power of the local</i>, Nueva York, Guilford  Press, pp. 137-166. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0121-4705200700030000100078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>79. Taylor, Peter (2000), &quot;World cities and territorial  states under conditions of contemporary globalization&quot;, <i>Political Geography</i>,  N&ordm; 19(5), pp. 5-32. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0121-4705200700030000100079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>80. Taylor, Peter (1996), &quot;Embedded statism and the social sciences:  Opening up to new spaces&quot;, <i>Environment and Planning A</i>, N&ordm; 28(11), pp.  1917-1928. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0121-4705200700030000100080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>81. Taylor, Peter (1995), &quot;World cities and territorial states: The  rise and fall of their mutuality&quot;, en Peter Taylor y P. L. Knox (eds.), <i>World  cities in a world-system</i>, Cambridge, Cambridge University Press, pp. 28-62. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0121-4705200700030000100081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>82. Taylor, Peter   (2004), <i>World city network: A global urban  analysis</i>, Londres, Routledge.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0121-4705200700030000100082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>83. Taylor, Peter, D. R. F. Walker y J. V. Beaverstock  (2002), &quot;Firms and their global service networks&quot;, en Saskia Sassen (ed.), <i>Global  networks/linked cities</i>, Nueva York y Londres, Routledge, pp. 93-115. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0121-4705200700030000100083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>84. Wallerstein, Immanuel (1990), &quot;Culture as the ideological  battleground of the modern world-system&quot;, en Mike Featherstone (ed.), <i>Global  culture: Nationalism, globalization, and modernity</i>, Londres, Newbury Park. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0121-4705200700030000100084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>85. Wallerstein, Immanue (1974), <i>The modern world-system</i>, Nueva York,  Academic Press [trad. esp.: <i>El moderno sistema mundial</i>, Madrid, Siglo  xxi, 1979].&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0121-4705200700030000100085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>86. Walton, J. (1982), &quot;The international economy and  peripheral urbanization&quot;, en N. I. Fainstein y S. S. 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Wright, Erik Olin (1979), <i>Class, crisis, and the  state</i>, Nueva York, Verso [trad. esp.: <i>Clase</i>, <i>crisis y Estado</i>,  Madrid, Siglo xxi, 1983]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0121-4705200700030000100088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>89. Wright, Erik Olin (1985), <i>Classes</i>, Nueva York, Verso [trad. esp.: <i>Clases</i>, Madrid,  Siglo xxi, 1994]. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0121-4705200700030000100089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>90. Wright, T. (1997), <i>Out of place</i>, Albany, ny,  State University of New York Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0121-4705200700030000100090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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