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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The essay refers to the relationship between globalization and citizenship rights. In the fi rst part, the author presents an approach to the concept of citizenship and then discusses the cosmopolitan theories which assume globalization as the advent of the global civil society. In the last part, the author points out the world levels of inequality to conclude on the restrictive character of some of the new rights in the society of information.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"> <font size="4" face="Verdana"><b>Ciudadan&iacute;a Y Globalizaci&oacute;n</b></font></p>     <p align="center"> <font size="3" face="Verdana"><b>Citizenship And Globalization</b></font></p> <font size="2" face="Verdana">    <p><b>Danilo Zolo </b>     <br>   Profesor de Filosof&iacute;a del Derecho de la Universidad de  Florencia -   Traducido por Luciana Fazio</p> <hr size="1">      <p><b>RESUMEN</b>    <br>   El ensayo trata sobre la relaci&oacute;n que existe entre la globalizaci&oacute;n y los derechos de ciudadan&iacute;a. En una   primera parte el autor presenta una aproximaci&oacute;n al concepto de ciudadan&iacute;a y enseguida polemiza con    las teor&iacute;as cosmopolitas las cuales interpretan la globalizaci&oacute;n como el advenimiento de la sociedad civil   global. En la &uacute;ltima parte, el autor muestra el crecimiento de los niveles de desigualdad en el mundo para concluir sobre el car&aacute;cter restrictivo de varios de los nuevos derechos de la sociedad de la informaci&oacute;n.</p>     <p>  <b>Palabras clave</b>: globalizaci&oacute;n, democracia, desigualdad, ciudadan&iacute;a, derechos sociales, derechos pol&iacute;ticos,    <br>   desarrollo.</p> <hr size ="1">     <p><b>SUMMARY</b>    <br>   The essay refers to the relationship between globalization and citizenship rights. In the fi rst part, the   author presents an approach to the concept of citizenship and then discusses the cosmopolitan theories   which assume globalization as the advent of the global civil society. In the last part, the author points out    the world levels of inequality to conclude on the restrictive character of some of the new rights in the society of information.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  <b>Key words</b>: globalization, democracy, citizenship, social rights, political rights, development.</p> <hr size ="1">     <p><b>1. La ciudadan&iacute;a  en una perspectiva realista </b></p>     <p>En este ensayo me ocupar&eacute; de las relaciones que existen entre los actuales  procesos de globalizaci&oacute;n que tienen lugar a escala planetaria y los llamados  &quot;derechos de ciudadan&iacute;a&quot;. Comenzar&eacute; proponiendo una definici&oacute;n de la noci&oacute;n de  ciudadan&iacute;a para despu&eacute;s presentar algunas cr&iacute;ticas a las teor&iacute;as cosmopolitas y  a las teor&iacute;as federalistas radicales, las cuales, en la actualidad, interpretan  con gran entusiasmo los procesos de globalizaci&oacute;n como el advenimiento de la  &quot;sociedad civil global&quot; y como premisa de una &quot;democracia transnacional&quot;<sup>1</sup>. En seguida me referir&eacute;, en particular, a los derechos sociales, incluido  los de los extranjeros, pero sobre todo a aquellos que considero m&aacute;s  importantes: los &quot;nuevos derechos&quot; en la sociedad informatizada. O sea, el  derecho a la autonom&iacute;a cognitiva de los ciudadanos frente a la creciente  presi&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n en masa que en nuestro presente ha  asumido dimensiones globales.</p>     <p>De entrada, conviene aclarar que entiendo por &quot;ciudadan&iacute;a&quot; y por  &quot;derechos de ciudadan&iacute;a&quot;. Ralf Dahrendorf ha sostenido que en la era de la globalizaci&oacute;n  la gesti&oacute;n pol&iacute;tica de las sociedades industriales avanzadas envuelve el  control de tres variables fundamentales: 1.- la producci&oacute;n de recursos  econ&oacute;mico-financieros; 2.- el mantenimiento de v&iacute;nculos de lealtad y de  cohesi&oacute;n social dentro del sistema pol&iacute;tico y 3.- la tutela de los derechos  subjetivos y de las libertades fundamentales de los ciudadanos.<sup>2</sup> </p>     <p>A partir de estos presupuestos se podr&iacute;a sostener que la perspectiva de  la ciudadan&iacute;a es un intento realista de poner estas tres variables dentro de  una estrategia unitaria, la cual se basa en los siguientes tres enunciados:</p>     <p><i>Primer enunciado.</i> La econom&iacute;a de mercado, <i>rebus sic  stantibus, </i>como mecanismo de producci&oacute;n y de distribuci&oacute;n de los recursos, carece  de alternativas a nivel planetario. El &quot;socialismo real&quot; fracas&oacute; por muchas  razones, pero una de ellas fue seguramente su incapacidad para producir  recursos con una eficiencia igual o superior a la de la econom&iacute;a de mercado y, a&uacute;n  m&aacute;s grave, de distribuirlos y producirlos de acuerdo con criterios m&aacute;s equitativos.</p>     <p>En la actualidad, la l&oacute;gica tendencialmente igualitaria del estatus de  ciudadano, que atribuye derechos a todos los miembros del grupo pol&iacute;tico, debe,  sin embargo, convivir en una tensi&oacute;n conflictiva con la l&oacute;gica selectiva y  competitiva del mercado. No existen atajos jacobinos, plebiscitarios o  neoliberales frente a esta tensi&oacute;n, por lo menos en el marco institucional de  un Estado de derecho.</p>     <p><i>Segundo enunciado</i>.El sentido de pertenencia a  un grupo pol&iacute;tico (esencialmente a un Estado nacional y territorial) es la  condici&oacute;n de la lealtad de los ciudadanos a las instituciones pol&iacute;ticas. En  ausencia de un sentido de pertenencia, que comparta una historia y un destino  com&uacute;n, es inevitable que la l&oacute;gica centr&iacute;fuga de las secesiones o del  particularismo corporativo prevalezca por sobre los v&iacute;nculos del compromiso  pol&iacute;tico.</p>     <p>El sentido de pertenencia es, en segundo lugar, la condici&oacute;n para que se  afirme un sentimiento m&iacute;nimo de solidaridad pol&iacute;tica entre los ciudadanos  pertenecientes a diferentes condiciones sociales. La dimensi&oacute;n de la  solidaridad que se concreta en particular en las instituciones del Estado  social requiere de una disposici&oacute;n de los ciudadanos a contribuir a trav&eacute;s de  la palanca fiscal a los costos de la ciudadan&iacute;a social. La crisis fiscal del <i>Welfare State </i>contempor&aacute;neo se debe,  adem&aacute;s del asistencialismo, de la corrupci&oacute;n de la &quot;partidocracia&quot;<b> </b>y del desperdicio burocr&aacute;tico, al hecho  de que se ha atenuado el sentido de pertenencia civil en presencia de una  crisis de legitimidad de los Estados nacionales.</p>     <p>En tercer lugar, un sentido de identidad colectiva es una de las  condiciones fundamentales para que se desarrollen de modo fisiol&oacute;gico los  procesos auto<b> </b>identitarios a nivel  individual. Si la libertad de los sujetos no es concebida en sentido estrechamente<b> </b>liberal como pura &quot;libertad negativa&quot;,  como simple ausencia de impedimentos y de interferencias respecto a la <i>privacy </i>individual, entonces, el sentido  de pertenencia asume tambi&eacute;n realce como condici&oacute;n de la libertad. La identidad  individual requiere de la protecci&oacute;n de los derechos subjetivos, pero exige  tambi&eacute;n, al mismo tiempo, la inmersi&oacute;n comunicativa del sujeto en el <i>hummus</i> cultural, en el &quot;folclore&quot; del  cual se alimenta el particularismo de cada grupo<sup>3-5</sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Tercer enunciado.</i> La protecci&oacute;n de los derechos fundamentales de los ciudadanos requiere  la elaboraci&oacute;n de una noci&oacute;n no formalista de la ciudadan&iacute;a. En la cultura europea,  con la sola excepci&oacute;n de la sociolog&iacute;a pol&iacute;tica inglesa, el concepto de  &quot;ciudadan&iacute;a&quot; ha denotado la adscripci&oacute;n puramente jur&iacute;dica de un sujeto a un  Estado nacional. Superando esta tradici&oacute;n se tratar&iacute;a de reelaborar y de  enriquecer la noci&oacute;n de ciudadan&iacute;a hasta convertirla en la categor&iacute;a central de  una concepci&oacute;n de la democracia que sea fiel a los principios de la tradici&oacute;n  liberal democr&aacute;tica y, al mismo tiempo, que no sea simplemente un recurso  procedimiental.</p>     <p>Una concepci&oacute;n no formalista pero activa y conflictiva de la ciudadan&iacute;a  permitir&iacute;a percibir el sistema pol&iacute;tico <i>ex  parte populi</i>, a trav&eacute;s del privilegiamiento del punto de vista de la  titularidad de los derechos civiles, pol&iacute;ticos y sociales &ndash; seg&uacute;n la cl&aacute;sica  tripartici&oacute;n propuesta por Thomas M. Marshall<sup>6</sup>- y de sus goces efectivos por parte de las ciudadanas y de los  ciudadanos.</p>     <p><b>2.  Globalizaci&oacute;n, integraci&oacute;n regional y democracia transnacional</b></p>     <p>Una vez que se ha expuesto idea de la ciudadan&iacute;a dentro de esta  perspectiva realista, se debe pasar a examinar cuales son los efectos de la  globalizaci&oacute;n, y tambi&eacute;n de los procesos de integraci&oacute;n regional, en los derechos  de ciudadan&iacute;a.</p>     <p>Pregunt&eacute;monos de entrada sobre el significado de la &quot;globalizaci&oacute;n&quot;<sup>7</sup>. Es evidente que, en la actualidad, en todos los continentes, se ha  desarrollado un ret&iacute;culo de interdependencias que une entre s&iacute; los destinos de  los individuos y de los pueblos. Es un fen&oacute;meno estrechamente conectado al  doble proceso de modernizaci&oacute;n y de secularizaci&oacute;n el cual, tambi&eacute;n con  intensidades diferentes, ha afectado a todas las culturas del globo. Ambos  fen&oacute;menos tienen sus matrices en Occidente y son componentes de una derivaci&oacute;n  cultural de ampl&iacute;simas dimensiones: la occidentalizaci&oacute;n del mundo<sup>8</sup>.</p>     <p>Es, naturalmente, v&aacute;lido preguntarse si este proceso de homologaci&oacute;n de  los modelos existenciales, de los estilos de pensamiento y de las pr&aacute;cticas  productivas puede ser realmente interpretado como una tendencia hacia la  integraci&oacute;n cultural de la sociedad mundial. Esta tendencia, seg&uacute;n algunos  autores, ser&iacute;a el preludio de la formaci&oacute;n de una &quot;sociedad civil global&quot; y de  una &quot;democracia transnacional&quot;<sup>9</sup>. Deber&iacute;amos en raz&oacute;n de ello esperar que los procesos de globalizaci&oacute;n refuercen  en cada uno de los pa&iacute;ses la protecci&oacute;n de los derechos subjetivos de los  ciudadanos y sostengan las instancias democr&aacute;ticas en el terreno de la  ciudadan&iacute;a civil, pol&iacute;tica y social. Pero el optimismo de estas tesis  global&iacute;sticas plantea algunos interrogantes importantes a los cuales quisiera  tratar de ofrecer una respuesta.</p>     <p>En la respuesta es necesario hacer gala de mucho realismo y cautela. Algunos  competentes soci&oacute;logos de la globalizaci&oacute;n, como por ejemplo Mike Featherstone  y Bryan Turner, sostienen que los procesos de globalizaci&oacute;n producen <i>frames </i>de referencia cultural y que es problem&aacute;tico  hablar de una &quot;cultura global&quot;<sup>10-14</sup>. Sostienen que lo que est&aacute; ocurriendo a la escala mundial, &nbsp;es m&aacute;s bien un proceso de &quot;criollizaci&oacute;n&quot;: se  trata de la adopci&oacute;n por parte de una gran cantidad de &quot;poblaciones ind&iacute;genas&quot;  de una cultura extranjera, aquella t&eacute;cnico-cient&iacute;fico-industrial, que no  produce orden ni integraci&oacute;n comunitaria, sino contaminaci&oacute;n, resistencia y  desorden.</p>     <p>En el &aacute;mbito pol&iacute;tico y econ&oacute;mico tampoco parece prudente interpretar  los actuales procesos de globalizaci&oacute;n como la superaci&oacute;n del &quot;sistema de los  Estado&quot; (soberanos) y como el advenimiento de una &quot;sociedad civil global&quot;  tendencialmente homog&eacute;nea, pac&iacute;fica y democr&aacute;tica. Esta interpretaci&oacute;n,  caracter&iacute;stica del federalismo y del pacifismo cosmopolita, incurre probablemente  en una infravaloraci&oacute;n de los factores econ&oacute;micos y financieros dentro la  din&aacute;mica de las relaciones internacionales. Se tiende a descuidar el hecho &ndash;  se&ntilde;alado competentemente, entre los otros, por Joseph Stiglitz<sup>15</sup>- que la creciente diferenciaci&oacute;n de ritmos del &quot;desarrollo humano&quot; en los  diferentes continentes ha sido, en muchas ocasiones y de modo parad&oacute;jico, favorecida  precisamente por los procesos de globalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a internacional. </p>     <p>La misma tendencia de los Estados nacionales a integrarse en unas unidades  regionales m&aacute;s amplias tambi&eacute;n descalifica el optimismo global&iacute;stico. Como ha  observado Hedley Bull<sup>16</sup>, tambi&eacute;n en el caso en el que los actuales Estados europeos renunciaran  a sus soberan&iacute;as para dar vida a un solo Estado de dimensiones  subcontinentales, el resultado final ser&iacute;a un considerable potenciamiento del  particularismo europeo, y no el inicio de una superaci&oacute;n de los intereses  econ&oacute;micos y de las ambiciones internacionales de Europa.</p>     <p><b>3.  Globalizaci&oacute;n, desarrollo econ&oacute;mico y derechos de ciudadan&iacute;a</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A continuaci&oacute;n, me propongo examinar de manera un poco m&aacute;s detallada el  tema de la influencia que los procesos de globalizaci&oacute;n ejercen sobre los  derechos de ciudadan&iacute;a dentro de los sistemas pol&iacute;ticos nacionales.</p>     <p><i>3.1 Mercados globales, desarrollo econ&oacute;mico y derechos  sociales de la ciudadan&iacute;a</i>. El primer tema a  considerar es aquel referente a los efectos de &quot;los mercados globales&quot; sobre  las econom&iacute;as nacionales y, por tanto, sobre la capacidad de los Estados, sobre  todo de aquellos m&aacute;s d&eacute;biles, de invertir una parte de sus recursos en  servicios sociales encaminado al &quot;desarrollo humano&quot; y no simplemente al  desarrollo econ&oacute;mico en t&eacute;rmino del Producto Interno Bruto. </p>     <p>Un enunciado impl&iacute;cito de la ideolog&iacute;a globalista es que los procesos de  integraci&oacute;n de la econom&iacute;a internacional tienden no s&oacute;lo a aumentar la riqueza  total producida, sino tambi&eacute;n a reducir la brecha entre las econom&iacute;as de las  potencias industriales y las econom&iacute;as de los pa&iacute;ses pobres. Pero este  enunciado no parece avalado por los hechos. En realidad, las din&aacute;micas del  desarrollo econ&oacute;mico mundial en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os confirman un  considerable aumento de la productividad durante el &uacute;ltimo medio siglo, y  muestran tambi&eacute;n que la distancia entre los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres y los pa&iacute;ses m&aacute;s  ricos se ha m&aacute;s que duplicado.</p>     <p>&nbsp;La apertura global de los  mercados, incluido de financieros, y sus expansiones sin l&iacute;mites territoriales,  ha tenido el efecto de aumentar la competencia y la productividad, ha  estimulado la circulaci&oacute;n de los ahorros a escala mundial y, por lo tanto, ha  incrementado de modo considerable la riqueza total producida<sup>17</sup>. Es un dato objetivo, sobre el cual no es permitido dudar, que el  consumo global de bienes y de servicios ha aumentado notablemente en los  &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os, como bien demuestran los documentos oficiales de las  Naciones Unidas<sup>18</sup>. En el 2000 el producto interno bruto del planeta fue de 42.000  miliardos de d&oacute;lares, es decir, siete veces superior al de 1950. Seg&uacute;n los  &iacute;ndices cl&aacute;sicos del crecimiento econ&oacute;mico no s&oacute;lo una gran parte de los pa&iacute;ses  del Oeste &ndash;los m&aacute;s industrializados del mundo- han sacado ventaja de la  globalizaci&oacute;n, tambi&eacute;n se han consolidado importantes polos de desarrollo en  pa&iacute;ses como China, India y la Am&eacute;rica   Meridional. Eso ha conducido a un r&aacute;pido aumento del ingreso  individual en una parte considerable de la poblaci&oacute;n&nbsp; mundial.</p>     <p>Sin embargo, en lo que ata&ntilde;e a los efectos de la globalizaci&oacute;n, muchos  autores se&ntilde;alan que la creciente diferenciaci&oacute;n de los ritmos del desarrollo  econ&oacute;mico, y del &quot;desarrollo humano&quot; conexo, en los diversos continentes se ha  visto favorecida en muchos casos tambi&eacute;n por los procesos de integraci&oacute;n global  de la econom&iacute;a. La declaraci&oacute;n optimista sobre el &quot;fin del Tercer Mundo&quot; no  puede esconder el hecho de que la diferenciaci&oacute;n del progreso econ&oacute;mico tambi&eacute;n  dentro del &aacute;rea de los pa&iacute;ses &quot;en v&iacute;as de desarrollo&quot; ha terminado por  multiplicar las diferencias en lugar de introducir una perspectiva de progresiva  integraci&oacute;n econ&oacute;mica y social del planeta. Los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres &ndash;aquellos que  viven con menos de un d&oacute;lar al d&iacute;a-, es decir, una larga franja de la poblaci&oacute;n  mundial, deben pagar el precio mayor de una econom&iacute;a mundial diferenciada y  fragmentada.</p>     <p>El cuadro de la distribuci&oacute;n de la riqueza a escala global es alarmante  tanto por los datos actuales, pero sobre todo por la tendencia en curso. Si  tomamos s&oacute;lo los datos elaborados por instituciones oficiales, las din&aacute;micas  del desarrollo desigual en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os y las actuales disparidades  econ&oacute;micas en t&eacute;rminos generales se presentan a nivel mundial en los siguientes  t&eacute;rminos. En los inicios de los a&ntilde;os sesenta el veinte por ciento m&aacute;s rico de  la poblaci&oacute;n mundial dispon&iacute;a de ingresos treinta veces superiores a los del  veinte por ciento m&aacute;s pobre. Transcurridos m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, el veinte por  ciento m&aacute;s rico goza en la actualidad de ingresos de sesenta y seis veces  superiores a los de la franja m&aacute;s pobre de la poblaci&oacute;n mundial. Esta  proporci&oacute;n es, sin embargo, calculada sobre una base interestatal. Si se tiene  en cuenta tambi&eacute;n las desigualdades distributivas internas en cada pa&iacute;s &ndash;en  Brasil, por ejemplo, al veinte por ciento m&aacute;s rico de la poblaci&oacute;n se le  atribuye cerca del setenta por ciento del ingreso nacional, mientras al 20 por  ciento m&aacute;s pobre se destina menos del dos por ciento-, la disparidad global  aumenta significativamente: el 20% m&aacute;s rico de la poblaci&oacute;n mundial efectiva  recibe una cuota de riqueza por lo menos 150 veces superior a la del 20% m&aacute;s  pobre.</p>     <p>En cuarenta a&ntilde;os, la distancia entre los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres y los m&aacute;s  ricos, calculada en t&eacute;rminos del PIB &ndash;resultados an&aacute;logos se obtienen midiendo  la cuota de participaci&oacute;n en el comercio mundial, el ahorro y las inversiones  internas- tambi&eacute;n se ha m&aacute;s que duplicado<sup>19</sup><a href="#(1)">(1)</a>. Como ha subrayado John Galbraiht, en el prefacio al Informe de  Desarrollo Humano de las Naciones Unidas de 1998, hoy el 20% de la poblaci&oacute;n  mundial m&aacute;s rica acapara el 86% del consumo mundial, mientras el 20% m&aacute;s pobre  consume el 1,3% de todos los bienes y servicios producidos. Las 200 personas  m&aacute;s ricas del mundo disponen de recursos superiores al de los dos mil millones  de personas m&aacute;s pobres. Pero el aspecto m&aacute;s preocupante es que la desigualdad  del ingreso entre los dos extremos de la pir&aacute;mide de la estratificaci&oacute;n social  se encuentra en fuerte aceleraci&oacute;n<sup>20</sup>. Se prev&eacute; que si no cambian dr&aacute;sticamente las tasas actuales del  desarrollo global y las actuales proporciones distributivas, en el 2020 la  brecha entre el cuarto m&aacute;s rico de la poblaci&oacute;n mundial y el cuarto m&aacute;s pobre  ser&aacute; un 300% superior a la actual<sup>21</sup>. </p>     <p>Los te&oacute;ricos liberales sostienen que la brecha entre los pa&iacute;ses ricos y los  pa&iacute;ses pobres puede encontrar una soluci&oacute;n en el largo plazo dentro de los marcos  globales de una econom&iacute;a competitiva, que se libere de los residuos del  mercantilismo y del proteccionismo tradicional y de las nuevas pol&iacute;ticas de  discriminaci&oacute;n tarifaria y no tarifaria, introducidas por el nacionalismo  econ&oacute;mico. Pero, es evidente que no obstante sus profec&iacute;as con base en los  principios liberales, las grandes potencias industriales y los conjuntos  econ&oacute;micos regionales practican complejas estrategias en las cuales se  conjugan, como ha escrito Robert Gilpin<sup>22</sup>, la competencia mercantilista entre Estados, el regionalismo econ&oacute;mico  y el proteccionismo sectorial. Pol&iacute;ticas econ&oacute;micas global&iacute;sticas, que hasta  ahora llegan hasta la &quot;internacionalizaci&oacute;n forzada&quot; de las econom&iacute;as m&aacute;s  d&eacute;biles, conviven con las pr&aacute;cticas propias del nacionalismo econ&oacute;mico. La  apertura de los mercados es m&aacute;xima en los sectores en los que la competencia  global est&aacute; acompa&ntilde;ada por una ventaja de los m&aacute;s fuertes, mientras reina, por  el contrario, el <i>new protectionism</i>,  que discrimina a los pa&iacute;ses m&aacute;s d&eacute;biles, los cuales adem&aacute;s est&aacute;n extenuados por  sus crecientes endeudamientos internacionales.&nbsp;  &nbsp;</p>     <p>Es f&aacute;cil comprender las consecuencias que tiene esto sobre los &quot;derechos  sociales&quot; que los Estados nacionales particulares se empe&ntilde;an en garantizar para  sus propios ciudadanos. De acuerdo con algunos autores, entre ellos Jacques  Barbelet<sup>23</sup>, los &quot;derechos sociales&quot; son simples <i>condicional opportunities</i> y no son verdaderos derechos. Si se  quisiera ser m&aacute;s exactos se les deber&iacute;a llamar &quot;servicios sociales&quot;. Los  derechos sociales se refieren a las expectativas que tienen como objetivo las prestaciones  p&uacute;blicas que consumen una alta cantidad de recursos. Y la definici&oacute;n de los  contenidos y de la cantidad de las prestaciones sociales depende  constantemente, en medida en que no se confronta con los derechos civiles y  pol&iacute;ticos, de la disponibilidad de recursos econ&oacute;micos y financieros  garantizados por el mercado. </p>     <p>En otras palabras, se puede sostener que superado un cierto umbral, los  derechos sociales, y de modo particular, el derecho al trabajo, entran en  conflicto estructural con las exigencias del mercado, mucho antes que los  derechos civiles y pol&iacute;ticos. Hay buenas razones para pensar que hoy, despu&eacute;s  de la victoria planetaria de la econom&iacute;a de mercado y sus propensiones  globalistas, este umbral se haya tornado m&aacute;s r&iacute;gido, de modo particular para  los pa&iacute;ses m&aacute;s d&eacute;biles y, por tanto, m&aacute;s expuestos a las presiones de los  mercados globales. En suma, los potenciales de una violenta conflictividad  internacional son todav&iacute;a contenidas en el encuentro entre la l&oacute;gica  adquisitiva del mercado, del contrato y de la propiedad y la l&oacute;gica  tendencialmente igualitaria de la atribuci&oacute;n de derechos sociales a los ciudadanos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>3.2.- <i>Los derechos de los  extranjeros</i>. Una segunda tensi&oacute;n creciente es la que se manifiesta entre  los derechos de ciudadan&iacute;a y los llamados &quot;derechos cosmopolitas&quot;. Se trata de  una antinomia que opone el particularismo de las legislaciones nacionales a los  procesos de globalizaci&oacute;n en curso en sectores como el sistema econ&oacute;mico  financiero, las comunicaciones de masas, el desarrollo tecnol&oacute;gico y la  ecolog&iacute;a. Seg&uacute;n algunos autores esta tensi&oacute;n se podr&iacute;a dilatar y tornar m&aacute;s  concreta la capacidad de los ciudadanos para obtener el respeto de los propios  derechos a trav&eacute;s del recurso a una autoridad judicial supranacional. Pero esta  posibilidad es remota debido a la presencia de instituciones internacionales  como las Naciones Unidas que han sido modeladas con base en el paradigma  jer&aacute;rquico y centralizado de la Santa   Alianza. </p>     <p>Pero lo que es a&uacute;n m&aacute;s inquietante es que la ret&oacute;rica de la &quot;democracia  transnacional&quot; infravalora uno de los aspectos m&aacute;s caracter&iacute;sticos del proceso  de occidentalizaci&oacute;n del mundo: la migraci&oacute;n en masa de sujetos econ&oacute;mica y  pol&iacute;ticamente muy d&eacute;biles, pero que ejercen una fuerte presi&oacute;n por la igualdad<sup>24</sup>. En lugar de expresar una maduraci&oacute;n en un sentido de pertenencia  cosmopolita, la r&eacute;plica de parte de las ciudadan&iacute;as amenazadas por esta presi&oacute;n  &quot;universalista&quot; se expresa en t&eacute;rminos de una expulsi&oacute;n violenta de los  migrantes o de una negaci&oacute;n de su calidad de sujetos civiles. La misma  dial&eacute;ctica del &quot;ciudadano&quot; y del &quot;extranjero&quot; viene alterada por la impotencia  de los fen&oacute;menos migratorios y de su irreversibilidad objetiva. Seguramente es  ilusorio imaginar que los desequilibrios econ&oacute;micos internacionales puedan quiz&aacute;  no ser resueltos pero, por lo menos, atenuados por pol&iacute;ticas de migraci&oacute;n  impuestas a nivel global. Lo que parece ser m&aacute;s practicable es una estrategia  de los derechos de ciudadan&iacute;a que reconozca a los extranjeros que viven y  trabajan en un determinado pa&iacute;s el derecho a una presencia estable en el  territorio, y que acompa&ntilde;en estos derechos con garant&iacute;as jurisdiccionales  eficaces contra la expulsi&oacute;n. En ciertas condiciones que se definan por parte  de las legislaciones estatales las garant&iacute;as a los extranjeros de adquirir  r&aacute;pidamente la ciudadan&iacute;a civil, pol&iacute;tica y social del pa&iacute;s que los acoge.</p>     <p>3.3 <i>&quot;Aldea global&quot; y autonom&iacute;a  cognitiva individual</i>. La &uacute;ltima tesis que quiero sostener es que en las  sociedades posindustriales &quot;globalizadas&quot;, dominadas por la comunicaci&oacute;n  electr&oacute;nica, disminuye la capacidad de orientaci&oacute;n cognitiva y de auto  identificaci&oacute;n de los sujetos expuestos a la presi&oacute;n simb&oacute;lica de los <i>media</i><sup>25</sup>.</p>     <p>A partir de los primeros a&ntilde;os de la segunda posguerra, la comunicaci&oacute;n  televisiva y, algunas d&eacute;cadas despu&eacute;s, la inform&aacute;tica digital se consolidaron  en Estados Unidos y despu&eacute;s se difundieron r&aacute;pidamente a nivel mundial. El  medio televisivo le dio un gran impulso a la difusi&oacute;n nacional y transnacional  de la publicidad comercial y, por tanto, a la disposici&oacute;n a comprar y a  consumir. Pero, la &quot;revoluci&oacute;n inform&aacute;tica&quot;, favorecida por las tecnolog&iacute;as  satelitales, ha ejercido una influencia todav&iacute;a m&aacute;s profunda sobre los medios  de comunicaci&oacute;n de masa, no s&oacute;lo en los sectores de la emisi&oacute;n televisiva y de  la comunicaci&oacute;n digital, en sentido estrecho, sino en el universo  multimedi&aacute;tico de las pel&iacute;culas, los <i>cartoon</i>,  los videojuegos, los videocasetes, los CD, y en general de la industria  musical, el entretenimiento y el deporte<sup>26</sup>. En particular en la &uacute;ltima d&eacute;cada el proceso de integraci&oacute;n  comunicativa ha sido tan intenso y r&aacute;pido que ha legitimado la idea de un  &quot;globalismo cibern&eacute;tico&quot; capaz de &quot;poner el mundo en red&quot;, es decir, de  implicarlo en una trama global de conexiones inform&aacute;ticas y comunicativas.</p>     <p>Muchos autores recurren a la expresi&oacute;n &quot;cultura global&quot; y recomiendan el  uso del concepto. Sostienen que el archipi&eacute;lago global de la emisi&oacute;n televisiva  que promueve la interacci&oacute;n entre las diferentes civilizaciones y culturas del  planeta est&aacute; favoreciendo el establecimiento de un di&aacute;logo intercultural y de  una pac&iacute;fica integraci&oacute;n de las actitudes intelectuales, de los valores &eacute;ticos  y de las propensiones pol&iacute;ticas. Est&aacute; tomando forma una aut&eacute;ntica <i>koin&eacute;</i> cultural planetaria al tiempo que se  reducen los fen&oacute;menos de &quot;pseudos especificaci&oacute;n&quot; y de un conflicto armado  entre los grupos culturalmente diferenciados<sup>27-29</sup>. La &quot;cultura global&quot; &ndash;una cultura cosmopolita, rica y compleja-  prevalecer&iacute;a sobre los localismos y tribalismos tradicionales y ser&iacute;a, por  tanto, la premisa para la formaci&oacute;n de una <i>global  civil society</i>. En s&iacute;ntesis, ser&iacute;a sobre todo el medio televisivo el art&iacute;fice  de la transformaci&oacute;n que ha hecho del mundo an&aacute;rquico de los Estados soberanos  la &quot;aldea global&quot; profetizada por Marshall Mc Luhan, en la cual se expresa tambi&eacute;n  una &quot;opini&oacute;n p&uacute;blica mundial&quot;.</p>     <p>Pero uno se puede preguntar si los medios de comunicaci&oacute;n de masa se  encuentran en capacidad de producir una aut&eacute;ntica integraci&oacute;n global de las  civilizaciones y de las culturas. Las dudas se refieren sobre todo a la  capacidad de los medios televisivos de favorecer como tal una comunicaci&oacute;n  transparente, sim&eacute;trica e interactiva entre los sujetos que emiten y aquellos  que recepcionan<sup>30-32</sup><a href="#(2)">(2)</a>. Y tambi&eacute;n se refieren a su idoneidad para promover la formaci&oacute;n de una  &quot;esfera p&uacute;blica&quot; que se sustraiga a la influencia de las corporaciones  transnacionales, las cuales, en su mayor&iacute;a, est&aacute;n establecidas en Estados  Unidos y que en su conjunto pertenecen a los pa&iacute;ses de la OCSE, que monopolizan la  emisi&oacute;n televisiva: entre estas se encuentran AOL-Time Warner, Disney,  Bertelsmann, Viacom, Tele-Communications Incorporated, News Corporation, Sony y  Fox. La comunicaci&oacute;n publicitaria difunde mensajes simb&oacute;licos fuertemente  sugestivos por todo el mundo que exaltan el consumo, el espect&aacute;culo, la  competencia, el suceso, la seducci&oacute;n femenina y estimula en general las  pulsiones adquisitivas<sup>33-38</sup>. Estos valores, netamente caracterizados en un sentido individualista,  contradicen la idea misma de una &quot;esfera p&uacute;blica&quot; global. Para Robert Fortner,  por ejemplo, la comunicaci&oacute;n televisiva o cibern&eacute;tica no s&oacute;lo no produce  intimidad civil y la confianza pol&iacute;tica que est&aacute; en la base de las relaciones  org&aacute;nicas de una &quot;aldea&quot;, sino que est&aacute; en el origen de la automatizaci&oacute;n  social de las metr&oacute;polis contempor&aacute;neas, donde las personas viven una al lado  de la otra, sin conocerse y sin ninguna sensibilidad de empat&iacute;a: es el espacio  de la d&eacute;bil o de la debil&iacute;sima solidaridad de la &quot;sociedad tecnotr&oacute;nica&quot;<sup>39,40</sup>.</p>     <p>En segundo lugar, se sostiene que los imponentes flujos comunicativos,  que partiendo de los pa&iacute;ses m&aacute;s industrializados se propagan por el mundo  entero, tienen como efecto una dr&aacute;stica reducci&oacute;n de la complejidad ling&uuml;&iacute;stica  y cultural, de aplanamiento de los universos simb&oacute;licos y de homologaci&oacute;n de  los estilos de vida. Se prev&eacute; que la hegemon&iacute;a de los sistemas de emisiones  occidentales, siempre m&aacute;s refinados y sofisticados en el plano t&eacute;cnico, se  reforzar&aacute;n ulteriormente, antes que atenuarse, con el transcurrir de la  globalizaci&oacute;n. Vendr&aacute;n acelerados, por consiguiente, tambi&eacute;n los procesos de  occidentalizaci&oacute;n no s&oacute;lo cultural sino tambi&eacute;n ling&uuml;&iacute;stica del planeta<sup>41</sup>.</p>      <p><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p>El complejo de estas reflexiones podr&aacute; parecer excesivamente pesimita.  En realidad, su sentido es que la lucha por el derecho y por los derechos s&oacute;lo  puede desplegarse dentro de los sistemas pol&iacute;ticos nacionales. Mi opini&oacute;n es  que los Estados nacionales, en el marco de un amplio pluralismo morfol&oacute;gico,  conservar&aacute;n todav&iacute;a por largo tiempo funciones importantes, que no podr&aacute;n ser absorbidas  por estructuras de agregaci&oacute;n cosmopolita o regional.</p>     <p>En todos los casos en los cuales la forma pol&iacute;tica del Estado moderno  lleva a cabo una relaci&oacute;n &oacute;ptima entre la extensi&oacute;n geopol&iacute;tica y la lealtad  civil, est&aacute; cumpliendo una excelente funci&oacute;n tambi&eacute;n de cara a los excesos del  nacionalismo etnoc&eacute;ntrico. M&aacute;s a&uacute;n cuando se trata de un &quot;Estado de derecho&quot;,  empe&ntilde;ado en la protecci&oacute;n de los derechos fundamentales de los ciudadanos y de  los extranjeros. Tambi&eacute;n lleva a cabo una adecuada funci&oacute;n protectiva cuando protege  la identidad colectiva de los pa&iacute;ses m&aacute;s d&eacute;biles, de los m&aacute;s expuestos a las  presiones de una globalizaci&oacute;n niveladora. Si es verdad que los Estados son por  lo general responsables de la violaci&oacute;n de derechos fundamentales de los  ciudadanos, es cierto tambi&eacute;n que la lucha por la ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica  deber&iacute;a iniciarse sin desv&iacute;os ideol&oacute;gicos o fugas hacia delante. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es necesario distinguir dos cuestiones. De una parte, existe el car&aacute;cter  global de algunos problemas fundamentales que hoy afligen la agenda pol&iacute;tica de  los Estados nacionales y de las instituciones internacionales: la paz, la  defensa de los derechos del hombre, la pobreza, un desarrollo econ&oacute;mico  sostenible y la ecolog&iacute;a. La escala global de estos problemas convierte a los  Estados singulares en impotentes para afrontar y resolver estas cuestiones. De  la otra, hay la tesis seg&uacute;n la cual estos problemas ser&iacute;an solucionables s&oacute;lo  &quot;globalmente&quot;, es decir recurriendo a una autoridad supranacional, cosmopolita  o regional. La&nbsp; primera es un hecho  dif&iacute;cilmente cuestionable. La segunda es una deducci&oacute;n incorrecta. Que los  problemas &quot;globales&quot; requieran de una intensa actividad de coordinaci&oacute;n y de  cooperaci&oacute;n entre los sujetos pol&iacute;ticos nacionales e internacionales que est&aacute;n  implicados es muy distinto a creer en los efectos milagrosos de una  concentraci&oacute;n y centralizaci&oacute;n del poder internacional. </p> <hr size="1">     <p><b>COMENTARIOS</b></p>     <p><a name="(1)"></a>1. En 1994 el 20% m&aacute;s pobre obten&iacute;a el 0,2% del pr&eacute;stamo  comercial internacional, participaba por una cuota de 1,3% de las inversiones  globales y por un 1,1% del comercio.</p>     <p><a name="(2)"></a>2. El car&aacute;cter asim&eacute;trico, selectivo y no interactivo de  la comunicaci&oacute;n televisiva ha sido documentado por la sociolog&iacute;a de las  emisiones y sostenido por las teor&iacute;as del <i>agenda  setting</i>.</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. ZOLO Danilo<i>, Cosm&oacute;polis. Perspectivas y riesgos de un gobierno mundial</i>,  Barcelona, Paidos, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0121-4705200700030000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2.DAHRENDORF Rapf, <i>Quadrare il cerchio</i>, Laterza, Roma-Bari,  1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0121-4705200700030000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. KIMLICKA W., <i>Liberalism, Community and Culture</i>, Oxford,l Oxford University  Press, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0121-4705200700030000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. A. Facchi, <i>I diritti  nell'Europa multiculturale</i>, Bari, Laterza, 2001, pp. 21-36&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0121-4705200700030000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. J. Habermas, <i>Multiculturalismo. Lotte per il  reconoscimento</i>, Mil&aacute;n, Feltrinelli, 1998, pp. 87-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0121-4705200700030000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. MARSHALL T. H., <i>Citizenship and  Social Class</i>, en T. H. Marshall, <i>Class,  Citizenship and Social Development</i>, Chicago, The University of Chicago  Press, 1964.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0121-4705200700030000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. ZOLO Danilo, <i>Globalizaci&oacute;n.  Un mapa de los problemas</i>, Bilbao, Ediciones Mensajero, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0121-4705200700030000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. LATOUCHE Serge, <i>L'occidentalisation  du monde</i>, Par&iacute;s, La   D&eacute;couverte, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0121-4705200700030000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. J. Keane, <i>Global Civil Society?</i>, Cambridge,  Cambride University Press, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0121-4705200700030000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. FEATHERSTONE Mike, Editor, <i>Global  Culture: Nationalism, Globalization and Modernity</i>, Londres, Sage  Publications, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0121-4705200700030000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. B. S. Turner, <i>Citizenship  and Capitalism: The Debate over Reformism</i>, Londres, Allen and Unwin, 1986.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0121-4705200700030000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. R. Robertson, &quot;Glocalization&quot; en M. Featherstone, S. Lash, R.  Robertson, Editores, <i>Global Modernities</i>,  Londres, Sage Publications, 1995, pp. 25-44. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0121-4705200700030000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. N. Perry, <i>Hyper-Reality and Global Culture</i>, Londres, Routledge, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0121-4705200700030000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14 A. D.  Smith, &quot;Toward a Global Culture&quot; en <i>Theory,  Culture and Society</i> N. 7, 1990, pp. 2-3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0121-4705200700030000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. STIGLITZ Joseph E., <i>El malestar de la globalizaci&oacute;n</i>, Bogot&aacute;,  Taurus, 2002. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0121-4705200700030000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. BULL H., <i>The Anarchical Society</i>,  Londres, Macmillan, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0121-4705200700030000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. GALLINO Luciano, <i>Globalizzazione e desiguaglianza</i>,  Roma-Bari, Laterza, 2001, pp. 99-106.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0121-4705200700030000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18.  United Nations Development Programme, <i>Human Development Report 1998</i>, Oxford, Oxford University Press,  1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0121-4705200700030000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. United Nations Development Programme, <i>Human Development Report 1994</i>, Oxford, Oxford University Press,  1992, p. 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0121-4705200700030000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. GALLINO Luciano, <i>Globalizzazione e desiguaglianza</i>,  Roma-Bari, Laterza, 2001, pp. 99-106, pp. 67-94.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0121-4705200700030000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. GIDDENS Anthony, <i>Sociology</i>,  Cambridge, Polity Press, 1993, p. 534.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0121-4705200700030000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. GILPIN Robert, <i>The  Political Economy of Internacional Relations</i>, Princeton, Princeton  University Press, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0121-4705200700030000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. BARBELET J. M., <i>Citizenship</i>,  Open University Press, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0121-4705200700030000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. DEL LAGO A., <i>Non-persone. </i><i>L'esclusione  dei migranti in una societ&agrave; globale</i>, Mil&aacute;n, Feltrinelli, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0121-4705200700030000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. ZOLO Danilo, <i>Il principato democratico</i>,Mil&aacute;n,Feltrinelli, 1995, cap&iacute;tulo quinto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0121-4705200700030000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. BEYNON J.,&nbsp; D.  Dunkerley, Editores, <i>Globalization: the  Reader</i>, Londres, Athlone Press, 2000, pp. 2-3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0121-4705200700030000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. GROEBEL J., R. A. Hinde, Editores, <i>Agression and War. Their Biological and  Social Bases</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1989, p. 33.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0121-4705200700030000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. I.Eibl-Eibesfeldt, <i>The Biology of Peace  and War</i>, Londres, Thames and Hudson, 1979. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0121-4705200700030000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. F. de Walla, <i>Peacemaking among Primates</i>, Cambridge,  Harvard University Press, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0121-4705200700030000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. NOELLE-Neumann E., <i>The Spiral of  Silence</i>, Chicago, Chicago University Press, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0121-4705200700030000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. R. Collins et al,  Editores, <i>Media, Culture and Society. A  Critical Reader</i>, Londres, Sage Publications, 1986. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0121-4705200700030000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. M. E. Mc Combs, D. L.  Shaw, &quot;The Agenda Setting Function of the Mass Media&quot; en <i>Public Opinion Quarterly</i> N. 36, 1972, p. 2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0121-4705200700030000300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. LUHMANN N., <i>&Ouml;ffentliche Meinung</i>,  &quot;Politische Vierteljahres-schrift&quot;, 11 (1970).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0121-4705200700030000300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. R. E. Goodin, <i>Manipulatory Politics, </i>Yale University  Press, New Haven 1980. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0121-4705200700030000300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35 D.D. Nimmo, K.R. Sanders editores, <i>Handbook of Political Communication, </i>Sage Publications, Beverly  Hills, 1981. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0121-4705200700030000300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. T.H. Qualter, <i>Opinion  Control in the Democracies, </i>Macmillan, London, 1985. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0121-4705200700030000300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. R.M. Entman, <i>Democracy without Citizens, </i>Oxford  University Press, New York-Oxford, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0121-4705200700030000300037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. D. Wolton, <i>War Game. L'information et la guerre, </i>Flammarion, Paris, 1991&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0121-4705200700030000300038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. FORTNER R. S., <i>International  Communication. </i><i>History, Conflict and  Control of the Global Metropolis</i>, Belmont, Wadsworth, 1993. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0121-4705200700030000300039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. E. Diodato,  &quot;Impero e globalizzazione&quot; en D. xdella Porta, L. Mosca, Editores, <i>Globalizazzione e movimenti sociali</i>,  Roma, Manifestolibri, 2003, pp. 202-204.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0121-4705200700030000300040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41.NETTLE D., S. Romaine, <i>Voci del silenzio. Sulle tracce delle lingue  in via d'estinzione</i>, Roma, Carocci, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0121-4705200700030000300041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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