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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las Farc: Fuentes De Su Longevidad Y De La Conservación De Su Cohesión]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Farc: Sources Of Their Longevity And Of The Conservation Of Their Cohesion]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyzes the longevity and the cohesion of the principal organization of the guerrilla in Colombia, the Revolutionary Armed Forces of Colombia (FARC). The text initiates with a rapid historical inventory of the FARC and realizes a presentation of signifi cant phenomena in the different organizational phases of this guerrilla group. Ultimately, the article thinks about the strategies of war, the temporality and the relations with the political and social Colombian and international environment, environment that allowed to the FARC to continue as active organization during the last four decades]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>Las Farc: Fuentes De Su Longevidad Y De  La Conservaci&oacute;n De Su Cohesi&oacute;n <a href="#(1)">(1)</a></b></font></p>     <p align="center"><font size="3" face="Verdana"><b>The Farc: Sources Of Their Longevity  And Of The Conservation Of Their Cohesion</b></font></p> <font size="2" face="Verdana">     <p><b>Daniel  P&eacute;caut</b>    <br>   Director de estudios en la &Eacute;cole des Hautes &Eacute;tudes en  Sciences Sociales de Par&iacute;s </p> <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b>    <br>   Este art&iacute;culo tiene como objetivo dar cuenta de la longevidad y la cohesi&oacute;n de la principal organizaci&oacute;n de las guerrillas   en Colombia, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El texto inicia con un r&aacute;pido recuento   hist&oacute;rico de las FARC y realiza una exposici&oacute;n de fen&oacute;menos signifi cativos en las diferentes fases organizativas de este    grupo guerrillero. Al fi nal refl exiona sobre las estrategias de guerra, la temporalidad y las relaciones con el entorno   pol&iacute;tico y social colombiano e internacional, que le han permitido a las FARC mantenerse como organizaci&oacute;n activa   durante las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas.    <br>   <i><b>Palabras clave</b></i>: guerrilla, Colombia, conflicto, organizaci&oacute;n.</p>   <hr size="1">     <p><b>SUMMARY</b>    <br>   This article analyzes the longevity and the cohesion of the principal organization of the guerrilla in Colombia,   the Revolutionary Armed Forces of Colombia (FARC). The text initiates with a rapid historical inventory of the   FARC and realizes a presentation of signifi cant phenomena in the different organizational phases of this guerrilla   group. Ultimately, the article thinks about the strategies of war, the temporality and the relations with the political   and social Colombian and international environment, environment that allowed to the FARC to continue as active   organization during the last four decades.    <br>   <i><b>Key words: </b></i>guerrilla, Colombia, conflict, organization.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este art&iacute;culo tiene un objetivo limitado y espec&iacute;fico:  dar cuenta de la longevidad y la cohesi&oacute;n excepcional de la principal  organizaci&oacute;n de las guerrillas en Colombia, las Fuerzas Armadas Revolucionarias  de Colombia (FARC).</p>     <p>La longevidad tiene m&aacute;s de medio siglo. Las FARC se  constituyeron oficialmente con este nombre en 1966, pero provienen de las  organizaciones de autodefensa que surgieron en los a&ntilde;os 1950 y que, a partir de  1964, se presentan como guerrilla revolucionaria, con el nombre de Bloque Sur.  La adici&oacute;n en 1982 de dos letras para convertirse en FARC-EP (Ej&eacute;rcito Popular)  confirma una vez m&aacute;s su voluntad de llegar al poder utilizando el recurso de la  v&iacute;a militar <a href="#(2)">(2)</a>. En 2007 todav&iacute;a insisten en este proyecto y, con un  n&uacute;mero de efectivos que desde 1990 oscila entre 10.000 y 17.000 combatientes,  han logrado infligir en ciertos momentos reveses espectaculares a la fuerza  p&uacute;blica. Ninguna organizaci&oacute;n guerrillera en el mundo puede ostentar una  continuidad de esta naturaleza, si nos  atenemos a las que poseen un verdadero poder&iacute;o militar.</p>     <p>Su cohesi&oacute;n no es menos sorprendente. No se ha  presentado ninguna escisi&oacute;n de envergadura en lo que tiene que ver con divergencias  pol&iacute;ticas o desacuerdos militares <a href="#(3)">(3)</a>. La organizaci&oacute;n jer&aacute;rquica se ha mantenido. Su  legendario jefe, Manuel Marulanda V&eacute;lez, posee desde el principio un  ascendiente incontrovertido. La conservaci&oacute;n de esta cohesi&oacute;n es a&uacute;n m&aacute;s  sorprendente si tenemos en cuenta que las FARC han extendido de manera  permanente su presencia territorial, han multiplicado los frentes locales, han  manejado recursos financieros considerables y han recurrido a pr&aacute;cticas de  guerra que muchas veces han estado muy pr&oacute;ximas del terror y del bandidismo.  Todas estas circunstancias hubieran podido favorecer su fragmentaci&oacute;n. Pero  nada de eso ha ocurrido.</p>     <p>De manera similar las FARC hubieran podido sufrir  alg&uacute;n debilitamiento en la medida en que, a pesar de su capacidad militar, nunca  han contado con la simpat&iacute;a pol&iacute;tica de sectores amplios de la sociedad por  fuera de algunas zonas rurales. El fracaso en este aspecto tampoco se ha  traducido en rupturas. Desde 1980 solamente dos grupos de alguna significaci&oacute;n  se separaron colectivamente, pero su aventura r&aacute;pidamente se malogr&oacute; <a href="#(4)">(4)</a> . Algunos cuadros subalternos han huido cargando con  su &quot;bot&iacute;n&quot; pero se trata de casos excepcionales. Las deserciones  individuales ordinarias han existido, pero han sido relativamente raras al  menos hasta los &uacute;ltimos tiempos.</p>     <p>La longevidad y la cohesi&oacute;n merecen ser consideradas  con mayor atenci&oacute;n si tenemos en cuenta que el entorno de esta guerrilla ha  sufrido, a su vez, profundas transformaciones. Colombia se ha urbanizado de tal  manera que la poblaci&oacute;n urbana sobrepasa ahora el 70% del total y su nivel de  educaci&oacute;n, aunque muy desigual seg&uacute;n las regiones, ha mejorado en t&eacute;rminos  globales. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas Colombia ha entrado en la era de la  globalizaci&oacute;n con todo lo que esto implica con respecto a las formas de  consumo, de comunicaci&oacute;n y de informaci&oacute;n. En el plano internacional la ca&iacute;da  del muro de Berl&iacute;n hubiera podido sembrar dudas sobre la continuaci&oacute;n de la  lucha armada en una organizaci&oacute;n que se reclamaba del comunismo de la Uni&oacute;n  Sovi&eacute;tica; de hecho, varias organizaciones guerrilleras colombianas, en  particular el M-19 y el EPL <a href="#(5)">(5)</a> se desmovilizaron; sin embargo, las FARC no pusieron  en cuesti&oacute;n la alternativa de la lucha armada y, por el contrario, tomaron la  decisi&oacute;n de darle un nuevo impulso.</p>     <p>Centrado en un aspecto limitado, este art&iacute;culo se ha  construido alrededor de una problem&aacute;tica igualmente limitada, ya que se refiere sobre todo a las  estrategias organizativas de las FARC. Por estrategias organizativas entiendo  las l&oacute;gicas de acci&oacute;n que &eacute;stas ponen en pr&aacute;ctica con base en los  &quot;recursos&quot; que logran adquirir  por diversos medios. Estos recursos pueden ser  tanto de orden econ&oacute;mico como de orden social o pol&iacute;tico e incluyen sentimientos como la  confianza, el resentimiento o las lealtades pol&iacute;ticas. Sin embargo, su  conformaci&oacute;n es inseparable de la utilizaci&oacute;n de la violencia,  independientemente de que &eacute;sta se ejerza  sobre sectores de la poblaci&oacute;n &quot;civil&quot;, de que contribuya a definir  las reglas disciplinarias que se aplican a los combatientes o de que presida la formaci&oacute;n de una visi&oacute;n  &quot;amigo enemigo&quot; que sirva de soporte a las representaciones  pol&iacute;ticas. Los &quot;recursos&quot; y  las &quot;l&oacute;gicas de acci&oacute;n&quot; son inseparables. Los recursos son meramente  potenciales cuando no est&aacute;n puestos al servicio de acciones militares o  pol&iacute;ticas. La utilizaci&oacute;n del t&eacute;rmino &quot;recursos&quot; no implica una  adhesi&oacute;n a las teor&iacute;as cl&aacute;sicas de la acci&oacute;n colectiva en t&eacute;rminos de  &quot;movilizaci&oacute;n de recursos&quot;; por el contrario, la utilizo de forma m&aacute;s  laxa siguiendo la descripci&oacute;n que lleva a cabo C.W. Anderson de la manera como  en los sistemas pol&iacute;ticos que tienen una d&eacute;bil legitimidad, como ocurri&oacute; en  Am&eacute;rica Central en los a&ntilde;os 1960, algunos grupos pueden acceder al estatus de  actores pol&iacute;ticos y participar en la reparticipaci&oacute;n del poder gracias a la  movilizaci&oacute;n de recursos heter&oacute;clitos, tradicionales y modernos, entre los  cuales se encuentra la violencia <sup>1</sup>. F. Escalante Grijalbo ha mostrado la fecundidad de  una perspectiva de este tipo en el caso de M&eacute;xico<sup>2</sup>. Pero, en el  caso colombiano, los recursos no son utilizados solamente para aumentar la  capacidad de influir de los actores en un sistema de competencia, sino que se  inscriben en un campo de conflicto armado en el que la violencia no es un  ingrediente entre otros, sino el ingrediente principal, y es asumido como tal.</p>     <p>Una vez admitida esta problem&aacute;tica, la pregunta  inicial se convierte en la siguiente: &iquest;de qu&eacute; manera las estrategias  organizativas han contribuido a la longevidad y a la cohesi&oacute;n de las FARC? La  respuesta no es simple y podr&iacute;a consistir en la simple descripci&oacute;n de la  rigidez de su organizaci&oacute;n burocr&aacute;tica<sup>3</sup>. Al comienzo, al menos, el funcionamiento de las FARC  fue poco burocr&aacute;tico y no es f&aacute;cil de comprender la manera como posteriormente,  un grupo altamente burocratizado, ha logrado tener alg&uacute;n grado de eficacia para  afrontar la infinita diversidad de situaciones locales y adaptarse a unas  relaciones de fuerza cambiantes <a href="#(6)">(6)</a>.</p>     <p>Hay que considerar m&aacute;s bien la manera como, sin perder  la cohesi&oacute;n, la organizaci&oacute;n puede recurrir, seg&uacute;n las circunstancias y los  lugares, a una diversidad de l&oacute;gicas de acci&oacute;n basadas en una multiplicidad de  recursos. Todos los recursos no son activados al mismo tiempo y de la misma  manera en todas las zonas en las que hacen presencia; cuando algunos fallan  otros lo sustituyen. Recursos como la confianza pol&iacute;tica e, incluso, la  intimidaci&oacute;n, son m&aacute;s susceptibles de desgastarse que el control de las  riquezas regionales; si las FARC s&oacute;lo hubieran contado con los primeros,  hubieran corrido el riesgo de fragmentarse al cabo de muy poco tiempo. <i>A fortiori</i>, esto habr&iacute;a ocurrido si  &uacute;nicamente se hubieran apoyado sobre su capacidad de hacer reconocer, por  amplias fracciones de la poblaci&oacute;n, su aspiraci&oacute;n a &quot;tomar el poder&quot;  o, incluso, solamente de convertirse en un actor pol&iacute;tico cre&iacute;ble: su  reconocimiento siempre ha sido muy precario, pero nunca hab&iacute;a ca&iacute;do tan bajo  como en los &uacute;ltimos tiempos.</p>     <p>Adem&aacute;s la idea de estrategia organizativa no implica  que las FARC obren seg&uacute;n los criterios de una racionalidad preestablecida e  inmutable. La adopci&oacute;n de l&oacute;gicas m&uacute;ltiples de acci&oacute;n no implica necesariamente  que &eacute;stas siempre converjan; la racionalidad que ponen en pr&aacute;ctica es muchas  veces limitada, con mayor raz&oacute;n en el momento en que se ven confrontadas en un  campo de relaciones de fuerza inestable y conformado por actores heter&oacute;clitos.  Cuando es posible, adoptan respuestas adaptadas a las intervenciones de las  fuerzas armadas, pero pueden igualmente,  y con no menos facilidad, hacer frente a las bandas juveniles urbanas, a las  redes de narcotraficantes y, con mayor dificultad, a las organizaciones  paramilitares, que se inspiran en los m&eacute;todos de la guerrilla pero haciendo uso  de una crueldad mucho mayor.</p>     <p>En un campo marcado por una complejidad de esta  naturaleza, la divisi&oacute;n &quot;amigo-enemigo&quot; tiende muy a menudo a perder  su nitidez. Las colusiones entre los  protagonistas alternan con los  antagonismos. Los efectos de resonancia  entre los diversos fen&oacute;menos de violencia est&aacute;n siempre presentes. Los  elementos litigiosos tienden a modificarse en funci&oacute;n de las circunstancias.  Los efectos no previstos son permanentes,</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si a pesar de todo las FARC logran mantener un elevado  nivel de cohesi&oacute;n, eso se debe finalmente sobre todo a dos factores: un  fundamento de sociabilidad compartida y la primac&iacute;a dada a la acci&oacute;n militar  sobre la acci&oacute;n pol&iacute;tica. El fundamento de sociabilidad, vinculado en parte a  la historia de la ocupaci&oacute;n de la regiones de colonizaci&oacute;n y a la memoria real  y m&iacute;tica de los episodios de violencia anteriores, se encuentra en la base de  lo que yo llamo un ethos &quot;campesinista&rdquo;. La primac&iacute;a de la acci&oacute;n militar  permite eludir los debates pol&iacute;ticos internos, fuente habitual de las  divisiones. Estas son las dos tesis que subtienden el conjunto del an&aacute;lisis. Los  l&iacute;mites del an&aacute;lisis no son menos evidentes</p>     <p>El prop&oacute;sito de este ensayo no es de manera alguna  ofrecer una historia de las FARC. Otros autores se han empe&ntilde;ado en construirla  y me remito a ellos. Presentar&eacute;, ciertamente, en un momento preliminar, un  r&aacute;pido recuento hist&oacute;rico; pero, en el resto del texto, no llevar&eacute; a cabo una  periodizaci&oacute;n sistem&aacute;tica; por el contrario, har&eacute; una exposici&oacute;n  &quot;tem&aacute;tica&quot; en la cual har&eacute; referencia de manera deliberada a  fen&oacute;menos significativos en diferentes fases.</p>     <p>Adem&aacute;s, no se tendr&aacute;n en cuenta los  &quot;programas&quot;, las &quot;declaraciones&quot; o los  &quot;comunicados&quot; de las FARC; s&oacute;lo ocasionalmente har&eacute; menci&oacute;n a la  sucesi&oacute;n de los &quot;plenums&rdquo; o de los &quot;congresos&quot;. El lector podr&aacute;  sentirse asombrado por esto pero la omisi&oacute;n es voluntaria, ya que considero que  estos textos tienen una importancia menor. Como lo mencionar&eacute; m&aacute;s adelante, las  FARC nunca han brillado por su inventiva te&oacute;rica. El hecho de pregonar su  ambici&oacute;n de &quot;tomar el poder&quot; les permite poner siempre de presente su  finalidad pol&iacute;tica, pero eso no equivale a la definici&oacute;n de una estrategia  pol&iacute;tica o de un programa de gobierno. Por el contrario, son sus pr&aacute;cticas y  sus acciones las que tienen un sentido pol&iacute;tico.</p>     <p>Finalmente, la limitaci&oacute;n m&aacute;s evidente de este  an&aacute;lisis es que deja de lado casi siempre los dem&aacute;s actores armados y sus  estrategias. Es evidente, obviamente, que las acciones de las FARC s&oacute;lo son  inteligibles si se los tiene en cuenta, ya que &eacute;stas reaccionan tanto como  act&uacute;an: su repliegue territorial relativo desde el a&ntilde;o 2000, frente a los  avances de los paramilitares y de las Fuerzas Armadas, lo pone de presente. Los  recursos de acci&oacute;n se modifican correlativamente. S&oacute;lo considero a los dem&aacute;s  protagonistas bajo el prisma de su impacto sobre las FARC. Mi intenci&oacute;n no ha  sido hacer un estudio de conjunto del conflicto colombiano sino responder a la  doble pregunta planteada al principio relacionada con las estrategias  organizativas de esta guerrilla.</p>     <p><b>1. ALGUNAS OBSERVACIONES GENERALES</b>    <br> Los conflictos que han sacudido a Colombia desde los  a&ntilde;os 1930 son de tipos muy diversos. Algunos pueden ser descifrados claramente  como conflictos sociales, como es el caso de numerosos conflictos agrarios de  los a&ntilde;os 1930 o, m&aacute;s adelante, de los a&ntilde;os 1960. Algunos de &eacute;stos presentan  tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n &eacute;tnica ya que son las poblaciones ind&iacute;genas las que han  cargado con el costo de la expansi&oacute;n de la gran propiedad. Los conflictos de  trabajo asociados a la industrializaci&oacute;n tambi&eacute;n est&aacute;n presentes. Otros  conflictos conllevan un ingrediente religioso, como es el caso de aquellos que  est&aacute;n vinculados al lugar de la Iglesia Cat&oacute;lica en las instituciones, o un  ingrediente regional, como son los provocados por la repartici&oacute;n de los  recursos y de los poderes locales. Casi todos tienen claramente una dimensi&oacute;n  pol&iacute;tica en la medida en que se relacionan con la rivalidad entre los dos  partidos pol&iacute;ticos formados en el siglo XIX; en este caso, entonces, se  comprometen las identidades pol&iacute;ticas colectivas y pueden desembocar en guerras  civiles regionales o nacionales, como fue el caso en los a&ntilde;os 1933-1934 en los  departamentos de Santander y Boyaca y, sobre todo, en los a&ntilde;os 1946-1960,  cuando se presenta el episodio de la <i>Violencia</i> que dio como resultado no menos de 200.000 muertos. Es evidente que estas  diversas dimensiones se combinan a menudo sobre todo en el caso de la Violencia  en la que, m&aacute;s all&aacute; del antagonismo pol&iacute;tico, intervienen intereses econ&oacute;micos  de diversos sectores sociales.</p>     <p>De una manera aparentemente parad&oacute;jica estos diversos  conflictos, incluyendo los conflictos que son fundamentalmente pol&iacute;ticos, se  han desarrollado en el marco de un r&eacute;gimen pol&iacute;tico que se ha reclamado de  manera continua de una legitimidad democr&aacute;tica <a href="#(7)">(7)</a>. Ciertamente, esta &uacute;ltima remite menos a una  concepci&oacute;n compartida de las instituciones que a la existencia de una  pluralidad de fuentes de poder en el dominio econ&oacute;mico y pol&iacute;tico. El  &quot;liberalismo&quot;, del que se reclaman numerosos sectores, hace  referencia no tanto a una convicci&oacute;n pol&iacute;tica como al simple hecho de la pluralidad  y de la competencia en la que &eacute;sta se manifiesta. Por lo dem&aacute;s, las reglas  democr&aacute;ticas han sido burladas de manera frecuente y amplia a trav&eacute;s del  recurso a la fuerza, la adopci&oacute;n de dispositivos de excepci&oacute;n o un clientelismo  que se hace pasar por ciudadan&iacute;a. Pero ning&uacute;n sistema autoritario ha logrado  consolidarse, el civilismo se ha impuesto de manera permanente y los militares,  relegados casi siempre a funciones de polic&iacute;a, no han sido autorizados para  intervenir abiertamente en los debates pol&iacute;ticos. La posibilidades de las  expresiones pol&iacute;ticas diversificadas raramente han sido bloqueadas.</p>     <p>La multiplicidad y la intensidad de los conflictos se  deben sobre todo al hecho de que la unidad nacional nunca se ha consolidado  plenamente y de que el Estado central s&oacute;lo ha dispuesto de una autoridad  precaria y, en cualquier caso, no ha tenido el monopolio de la violencia. La  fragmentaci&oacute;n geogr&aacute;fica del territorio, cruzado por las tres cordilleras de  los Andes, la multiplicidad de los polos urbanos, el movimiento permanente de  ocupaci&oacute;n de nuevas zonas de frontera, han contribuido a esta situaci&oacute;n. Por  consiguiente, los fen&oacute;menos de violencia revisten casi siempre una connotaci&oacute;n  societal, en la cual sin duda el Estado ha estado implicado, bien sea porque  las fracciones pol&iacute;ticas en el poder los favorezcan, o bien sea porque las  carencias de regulaci&oacute;n estatal faciliten su surgimiento. Pero estos fen&oacute;menos  no alcanzar&iacute;an tal magnitud si amplios  sectores de la poblaci&oacute;n no encontraran en ellos el medio de acceder o de  aumentar su poder y si la disputa por la  repartici&oacute;n del poder no se refractara en una diversidad de confrontaciones  locales <sup>4</sup>(P&eacute;caut, 1987). </p>     <p>Desde 1977-1978, los fen&oacute;menos de  violencia han alcanzado un nivel comparable al de la <i>Violencia</i> de los a&ntilde;os 1950. Masacres, homicidios,  desapariciones, secuestros se han generalizado. Para el a&ntilde;o 2006, el n&uacute;mero de  los desplazados se ha estimado en dos o tres millones. Las FARC son uno de los  protagonistas m&aacute;s antiguos de esta situaci&oacute;n,  aunque lejos est&aacute;n de ser los &uacute;nicos, ni tampoco los m&aacute;s importantes.</p>     <p>A diferencia de la <i>Violencia</i>,  el conflicto no se puede descifrar como una &ldquo;guerra civil&rdquo; de car&aacute;cter global <a href="#(8)">(8)</a>. Las FARC, ciertamente, han tratado de imponer  una lectura de este tipo al poner el &eacute;nfasis en una divisi&oacute;n  &quot;amigo-enemigo&quot; entre el &quot;r&eacute;gimen&rdquo; y las fuerzas  insurreccionales, pero esta lectura s&oacute;lo es compartida por sectores  minoritarios. Es verdad tambi&eacute;n que, desde 1994, los grupos paramilitares se  han mostrado decididos a exterminar a la guerrilla y a todos aqu&eacute;llos que  consideran como sus simpatizantes y han creado en algunas regiones una  situaci&oacute;n de guerra civil. Unos y otros producen fragmentos de un  discurso de justificaci&oacute;n pero con una pretensi&oacute;n ideol&oacute;gica muy precaria que  no permite el establecimiento de creencias o de representaciones colectivas. De  hecho, la gran mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n no se identifica con ninguno de estos  dos protagonistas fuera de la ley; aunque debe adaptarse localmente a su  presencia, trata sobre todo de mantenerse al margen del conflicto. &Eacute;ste afecta  sobre todo a regiones perif&eacute;ricas: los habitantes de las grandes ciudades s&oacute;lo  perciben su impacto a trav&eacute;s de los secuestros, las extorsiones o los atentados  m&aacute;s o menos espec&iacute;ficos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El conflicto actual dif&iacute;cilmente se puede definir a  partir de una divisi&oacute;n social, religiosa, &eacute;tnica o regional. Los paramilitares  se han beneficiado sin lugar a dudas del apoyo de los propietarios, de los  comerciantes y de los l&iacute;deres pol&iacute;ticos regionales; han contado tambi&eacute;n con el  apoyo de los narcotraficantes y la tolerancia de muchos militares, pero est&aacute;n  lejos de contar con la simpat&iacute;a de la totalidad de las &eacute;lites  &quot;establecidas&quot;. Los combatientes de base de los dos campos se  diferencian muy poco por su origen social. La religi&oacute;n no tiene influencia  sobre la afiliaci&oacute;n a cualquiera de los dos campos. Las poblaciones ind&iacute;genas  han estado atrapados entre dos fuegos e intentan sobre todo sustraerse al  conflicto. Aunque en algunas regiones los grupos armados antagonistas han  tenido bases relativamente consolidadas, esta situaci&oacute;n no es generalizada y,  desde hace diez a&ntilde;os, las fronteras han cambiado con bastante frecuencia y  muchas de las regiones han ca&iacute;do bajo el dominio de los adversarios.</p>     <p>De todas maneras, la complejidad y la  fluidez del campo de conflicto son de tal naturaleza que es imposible limitarse  a la representaci&oacute;n de una divisi&oacute;n de conjunto. La influencia de los  narcotraficantes es suficiente por s&iacute; misma para enturbiar los esquemas  demasiado simples; como protagonistas de primera magnitud, mantienen  intercambios con todos los dem&aacute;s protagonistas armados, paramilitares y  guerrillas, al igual que con las bandas juveniles urbanas y la delincuencia  ordinaria. La complejidad y la fluidez del campo de conflicto se deben en buena  medida al lugar central que ocupan, a pesar de que no son directamente actores  pol&iacute;ticos. </p>     <p>Las FARC han elaborado un relato  fundador que se ha convertido en una  especie de vulgata en Colombia. Seg&uacute;n este relato, su nacimiento es una  respuesta al ataque lanzado en 1964 contra Marquetalia, una de las zonas de  autodefensa campesinas constituidas bajo la &eacute;gida del Partido Comunista.</p>     <p>La implantaci&oacute;n del Partido Comunista  en algunos medios campesinos se remonta en realidad a los a&ntilde;os 1930. La  organizaci&oacute;n de formas de autodefensa con armamento rudimentario, por lo dem&aacute;s,  es una herencia de los a&ntilde;os de la <i>Violencia</i>.  El traumatismo provocado por este conflicto fratricida y el sentimiento de  humillaci&oacute;n experimentado por los sectores populares que se vieron arrastrados  por las &eacute;lites, constituyen el verdadero trasfondo de la permanencia de los  grupos de autodefensa, a lo cual hay que agregar su frustraci&oacute;n frente al hecho  de que estas mismas &eacute;lites aprovecharon la situaci&oacute;n para destruir las  organizaciones sociales, entre ellas los sindicatos urbanos, y reforzar las  redes clientelistas que sirvieron de fundamento a la repartici&oacute;n del poder  entre los dos partidos tradicionales durante el Frente nacional. Desde el  momento en que la <i>Violencia</i> se  termina, las clases populares constatan que no existe una verdadera reforma que  haya reducido las desigualdades en la repartici&oacute;n de la tierra y que las  estructuras sociales siguen siendo regidas por la ley del m&aacute;s fuerte<sup>5</sup>.    <br>       <br> El ataque del Ej&eacute;rcito contra  Marquetalia se inscribe en el horizonte de la guerra fr&iacute;a y, por lo dem&aacute;s, fue  llevado a cabo con el apoyo de aviadores norteamericanos. La campa&ntilde;a pol&iacute;tica  que condujo a este ataque fue orquestada por el sector m&aacute;s reaccionario del  Frente Nacional en nombre de la necesidad de terminar con lo que se denominaba  &quot;rep&uacute;blicas independientes&quot; comunistas. Sin embargo, desde antes de  esta fecha, en 1961, el Partido Comunista hab&iacute;a adoptado como l&iacute;nea la  &quot;combinaci&oacute;n de todas las formas de lucha&quot;, a trav&eacute;s de la cual  pretend&iacute;a preconizar el recurso a la lucha armada. Esta l&iacute;nea en realidad hac&iacute;a  referencia al mantenimiento de los n&uacute;cleos de autodefensa campesina que  proven&iacute;an de la Violencia. En 1964 se crea un &quot;Bloque Sur&quot; de  guerrilla. Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, y siempre bajo la &eacute;gida del Partido Comunista,  se produce el nacimiento oficial de las FARC, como una forma de reagrupamiento  de los n&uacute;cleos de autodefensa<sup>6</sup>.</p>     <p>En el momento de su nacimiento las  FARC presentan reivindicaciones de reforma agraria que no tienen nada de  revolucionario; se trata sobre todo de permitir el acceso a la tierra de  aquellos que no la poseen, no tanto a trav&eacute;s de una redistribuci&oacute;n de la  propiedad existente sino de la ayuda para la colonizaci&oacute;n de nuevas tierras.</p>     <p>A la salida de su per&iacute;odo de  proscripci&oacute;n el Partido Comunista, modelo de ortodoxia de la l&iacute;nea Mosc&uacute;, se  sit&uacute;a en las ant&iacute;podas del radicalismo ideol&oacute;gico que se apodera en 1960 de una  buena parte de la juventud estudiantil. No son las FARC sino otras  organizaciones guerrilleras las que asumen las consecuencias de esta  radicalizaci&oacute;n: el ELN (Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional) con su inspiraci&oacute;n  guevarista y la influencia de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n <a href="#(15)">(9)</a>; el EPL (Ej&eacute;rcito Popular de  Liberaci&oacute;n) con su orientaci&oacute;n mao&iacute;sta; y, un poco m&aacute;s tarde, el M-19 con su estilo <i>tupamaro</i> y posteriormente con su  vinculaci&oacute;n a una estrategia fundamentalmente militar. En gran medida, estas  organizaciones surgen como reacci&oacute;n a lo que consideran como el  &quot;reformismo&quot; del Partido Comunista y de las FARC, que estigmatizan  con el calificativo de orientaci&oacute;n &ldquo;mamerta&rdquo;.</p>     <p>La &quot;combinaci&oacute;n de todas las  formas de lucha&quot; no remite a un proyecto de toma del poder por las armas.  De conformidad con los viejos esquemas comunistas, los dirigentes del Partido  Comunista s&oacute;lo ven en los campesinos una fuerza complementaria: la revoluci&oacute;n  les parece impensable por fuera del desarrollo de una poderosa clase obrera,  que depende del desarrollo de las fuerzas productivas. Mientras tanto, se  limitan a pregonar en alta voz su antiimperialismo y, para colmar su espera, se  dedican a participar en las elecciones a las asambleas locales, estableciendo  alianzas con fracciones del Partido Liberal. A las acusaciones de  &quot;reformismo&quot; de las que son objeto por parte de las dem&aacute;s  organizaciones revolucionarias, las FARC replican con la denuncia del  &quot;aventurerismo peque&ntilde;o burgu&eacute;s&quot; de estas &uacute;ltimas.</p>     <p>Durante largo tiempo todas las  organizaciones armadas formadas en los a&ntilde;os 1960 permanecen en la periferia.  Sus acciones espor&aacute;dicas y m&aacute;s o menos improvisadas s&oacute;lo preocupan de manera  excepcional a los gobernantes y las instituciones pol&iacute;ticas centrales  permanecen por fuera de su alcance. Hacia 1975, las guerrillas est&aacute;n al borde  del fracaso. El ELN, que hab&iacute;a pasado por una fase de autodestrucci&oacute;n en nombre  de la pureza ideol&oacute;gica <a href="#(10)">(10)</a>, fue pr&aacute;cticamente destruido en 1973  despu&eacute;s de una operaci&oacute;n desafortunada, hasta el punto de que s&oacute;lo le quedaron  40 combatientes. El EPL no hab&iacute;a logrado ganar terreno debido a un dogmatismo  que lo aislaba de la poblaci&oacute;n rural. Las FARC estaban estancadas: en 1967  sufrieron un rev&eacute;s del que tuvieron dificultades en reponerse <a href="#(11)">(11)</a> y s&oacute;lo pudieron reagrupar 700 u 800  combatientes, de hecho combatientes de dedicaci&oacute;n parcial y que dispon&iacute;an de un  armamento muy rudimentario, adquirido gracias al ataque a los puestos de  polic&iacute;a. En 1975 consideran incluso la posibilidad de su desmovilizaci&oacute;n <a href="#(12)">(12)</a>. El M-19, por su parte, se  encontraba a&uacute;n en su fase de gestaci&oacute;n. En s&iacute;ntesis, el destino de las  guerrillas colombianas no parec&iacute;a ser muy diferente al de las dem&aacute;s guerrillas  latinoamericanas, con la diferencia de que no hab&iacute;an tenido que enfrentar una  dictadura.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A comienzos de los a&ntilde;os 1980, el  panorama se transforma bruscamente: los efectivos y la presencia territorial de  todas las organizaciones de guerrilla, incluyendo el ELN, conocen una expansi&oacute;n  r&aacute;pida. Estas organizaciones emprenden operaciones de envergadura. El M-19 da el ejemplo a este respecto con el  enfrentamiento del ej&eacute;rcito en acciones ambiciosas que tienen eco nacional. Las  FARC se transforman igualmente: durante su 7&ordf; &quot;conferencia&quot;,  realizada en 1982 deciden doblar el n&uacute;mero de sus frentes y esbozan un plan  para llegar al poder en ocho a&ntilde;os. Para simbolizar su nueva voluntad ofensiva  agregan a su sigla, como ya se ha dicho, las letras EP (Ej&eacute;rcito Popular). Se  pone fin con ello a las t&aacute;cticas de autodefensa y a las escaramuzas fugaces  contra los puestos de polic&iacute;a. Sin cambiar de nombre, las cuatro principales  organizaciones guerrilleras se convierten en organizaciones de un calibre  completamente diferente.</p>     <p>Las organizaciones guerrilleras  logran captar, a partir de ese momento, recursos financieros considerables, que  provienen en un primer momento de los &ldquo; recaudos&quot; operados sobre diversas  actividades econ&oacute;micas. A este respecto, cada organizaci&oacute;n tiene su  especialidad: la econom&iacute;a petrolera en el caso del ELN, la producci&oacute;n y la  exportaci&oacute;n de banano en el caso del EPL, la coca en el caso de las FARC. Todas  ellas practican la extorsi&oacute;n donde pueden hacerlo, al igual que los secuestros,  cuyo n&uacute;mero crece cada vez m&aacute;s a partir de 1980, hasta alcanzar la cifra de  casi 3000 por a&ntilde;o a comienzos de los a&ntilde;os 2000. Menos  &quot;especializado&quot;, el M-19 recurre tambi&eacute;n a los secuestros y a las  extorsiones y recibe en alg&uacute;n momento contribuciones de los narcotraficantes.  Todas las organizaciones armadas acceden de esta manera al mercado  internacional de las armas.</p>     <p>La situaci&oacute;n pol&iacute;tica que se presenta  en Colombia entre 1977 y 1982 favorece la expansi&oacute;n de las guerrillas.  Inclinado a ver en todas partes la amenaza de la &quot;subversi&oacute;n&quot;, el  gobierno de Julio C&eacute;sar Turbay adopta dispositivos de excepci&oacute;n extremos,  reprime brutalmente todos los movimientos contestatarios y aprueba la  utilizaci&oacute;n de la tortura contra todos los que militan en ellos o, de manera m&aacute;s  simple, contra los defensores de los derechos humanos. Al hacer esto, favorece  el desarrollo de una oposici&oacute;n radical, una parte importante de la cual  alimenta en ese momento una gran simpat&iacute;a con las organizaciones armadas,  principalmente el M-19. La coyuntura centroamericana, caracterizada por las  guerras de El Salvador, Nicaragua y Guatemala, hace que las guerrillas  colombianas se sientan un componente fundamental de una vasta lucha  revolucionaria.</p>     <p>El panorama nacional e internacional  se modifica sin embargo, una vez m&aacute;s, a finales de los a&ntilde;os 1980. El cese al  fuego pactado en 1984 por Belisario Betancur con las organizaciones de  guerrilla, salvo el ELN, dura muy poco, pero conduce a diversos sectores de la  izquierda a tomar distancia de la lucha armada. Las aperturas que el r&eacute;gimen  colombiano presenta desde 1984 y la conmoci&oacute;n de la opini&oacute;n frente al  terrorismo sin precedentes puesto en pr&aacute;ctica por una parte de los  narcotraficantes, desemboca en la convocatoria de una Asamblea Constituyente en  1990. Esta asamblea elabora en 1991 una nueva Carta fundamental que, entre  otras disposiciones, garantiza mucho mejor la protecci&oacute;n de la libertades  individuales y promueve el reconocimiento de los derechos de las minor&iacute;as  &eacute;tnico culturales. La ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n en 1989 y el estancamiento de  los conflictos de Am&eacute;rica Central conmocionan a su vez los esquemas  intelectuales de la izquierda. Las guerrillas no pueden escapar a la  formulaci&oacute;n de un interrogante sobre la continuaci&oacute;n de su lucha. El M-19,  luego el EPL y otras organizaciones <a href="#(13)">(13)</a>, entre ellas una fracci&oacute;n del ELN,  deciden desmovilizarse. &Uacute;nicamente las FARC y el ELN contin&uacute;an en la guerra. A  las antiguas justificaciones de su acci&oacute;n estas dos organizaciones agregan  ahora la denuncia del giro neoliberal tomado por el gobierno a partir de 1990.</p>     <p>Sin embargo estos grupos descubren  r&aacute;pidamente que no tienen que luchar solamente contra las fuerzas armadas y las  instituciones del Estado, sino que tambi&eacute;n se tienen que enfrentar con un  adversario menos visible: los grupos paramilitares. Estos &uacute;ltimos, ciertamente,  no hab&iacute;an esperado hasta 1990 para entrar en acci&oacute;n. En asociaci&oacute;n con los  narcotraficantes, desde 1985 hab&iacute;an golpeado uno a uno a los militantes de  izquierda y a los defensores de los derechos humanos y hab&iacute;an logrado, como  veremos m&aacute;s adelante, exterminar a gran parte de los miembros de una formaci&oacute;n  pol&iacute;tica, la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica, que las FARC y el Partido Comunista hab&iacute;an  creado en 1985. Estos grupos son igualmente responsables, solos o con los  narcotraficantes, del asesinato de l&iacute;deres pol&iacute;ticos de primer plano, entre  ellos tres de los candidatos presidenciales de 1990: el liberal Luis Carlos  Gal&aacute;n, gran favorito, el l&iacute;der de la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica, Bernardo Jaramillo, y el  dirigente desmovilizado del M-19, Carlos Pizarro. En muchos de estos  asesinatos, los narcotraficantes y los paramilitares contaron con la  colaboraci&oacute;n de miembros de las fuerzas del orden y de algunos pol&iacute;ticos.</p>     <p>Una gran parte de lo que ha sido  denominado &quot;guerra sucia&quot; se desarroll&oacute; en las ciudades. La novedad,  a partir de 1994, es que los grupos paramilitares, siempre mezclados con los  narcotraficantes, incluso cada vez m&aacute;s organizados y financiados por estos  &uacute;ltimos, intentan retomar los  territorios en los que las FARC y el ELN se hab&iacute;an implantado. En 1997, estos grupos dispersos crean una  especie de coordinaci&oacute;n con la constituci&oacute;n de las Autodefensas Unidas de  Colombia (AUC) y disponen de diversas ventajas con relaci&oacute;n a las guerrillas: la  financiaci&oacute;n garantizada directamente por los narcotraficantes; la tolerancia  de amplios sectores de las fuerzas del orden, cuando no su apoyo directo; la  solidaridad de los pol&iacute;ticos y de los propietarios regionales; su adaptaci&oacute;n a  los diversos escenarios locales.</p>     <p>Mientras tanto, la econom&iacute;a de la  droga hab&iacute;a hecho posible la emergencia de todo tipo de bandas armadas: los  sicarios a sueldo de los narcotraficantes, las bandas de barrio, las mafias  vinculadas al mundo pol&iacute;tico; y hab&iacute;a propiciado una corrupci&oacute;n que corro&iacute;a  casi todas las instituciones.</p>     <p>Desde entonces, las FARC y el ELN se  encuentran inmersos en un campo conflictivo complejo, fluido, fragmentado y  heterog&eacute;neo. La dimensi&oacute;n pol&iacute;tica de este campo ya no est&aacute; asociada solamente  a una relaci&oacute;n con las instituciones, sino que se replica igualmente en la divisi&oacute;n social.</p>     <p><b>2. LA EXPANSI&Oacute;N GEOGR&Aacute;FICA DE LAS FARC</b>    <br> La decisi&oacute;n de las FARC en 1982 de  multiplicar el n&uacute;mero de sus &quot;frentes&quot; y de sus combatientes se  cumple poco a poco sobre el terreno. De 15 frentes en 1982, las FARC pasan a 40  en 1990 y a m&aacute;s de 60 en 2000. De 2000 en 1982, sus efectivos pasan a 8000 en  1990 y a 17.000 en 2000.<a href="#gr1">Grafico 1</a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El resultado de esto es que su  implantaci&oacute;n desborda r&aacute;pidamente sus zonas de presencia tradicional para  afectar una gran parte del territorio como se puede observar en los mapas que  aparecen a continuaci&oacute;n <a href="#(14)">(14)</a>: </p>     <p align="center"><b>Intensidad de las  actividadese implantaci&oacute;n  de los frentes</b>    <br>     <a name="gr1"></a><img src="img/revistas/anpol/v21n63/v21n63a02gr1.jpg">  </p>     <p>Una expansi&oacute;n de esta naturaleza hace  vano el intento de seguir buscando correlaciones entre tipos de estructura  agraria y zonas de operaci&oacute;n de las FARC. Sin duda, estas &uacute;ltimas siguen  ejerciendo un dominio relativamente estable en las regiones de colonizaci&oacute;n del  sur del pa&iacute;s, como Caquet&aacute;. Pero las regiones de colonizaci&oacute;n se diversifican a  medida que nuevos polos de producci&oacute;n econ&oacute;mica atraen flujos de inmigrantes,  es decir, las &quot;condiciones objetivas&quot; cuentan cada vez m&aacute;s y los  c&aacute;lculos estrat&eacute;gicos se vuelven determinantes, como m&uacute;ltiples trabajos lo han  ampliamente se&ntilde;alado <sup>7, 8, 9</sup>.</p>     <p>Estos c&aacute;lculos estrat&eacute;gicos se  orientan en particular a garantizar para las FARC el control de seis objetivos:</p> <ol>       <li>La Cordillera oriental de los Andes es el objetivo que ha estado en el  primer plano desde el comienzo de los a&ntilde;os 1980, ya que permite controlar el  paso entre el Meta, con presencia tradicional de la guerrilla, y los  alrededores de Bogot&aacute;.</li>       <li>Los polos de acumulaci&oacute;n econ&oacute;mica. Sobre este punto volveremos m&aacute;s  adelante a prop&oacute;sito de los recursos financieros de las FARC.</li>       <li>Los corredores de comunicaci&oacute;n destinados a vincular los bastiones de  las FARC con la ruta de importaci&oacute;n de armas y de salida de la droga. Los m&aacute;s  importantes de estos corredores son los siguientes: a) hasta mediados de los  a&ntilde;os 1990 el que va a Urab&aacute;, desemboca en el Atl&aacute;ntico y, despu&eacute;s de que Urab&aacute;  cae bajo el dominio de los paramilitares, el que va hacia Choc&oacute; con salida a  los dos oc&eacute;anos; b) el valle del Magdalena Medio constituye otro corredor  tradicional; c) el que va desde Caquet&aacute; y Huila hacia la costa pac&iacute;fica pasando  por Cauca y Nari&ntilde;o. La zona de Nari&ntilde;o, Cauca y Valle, comprendida en  Buenaventura y Tumaco, ha adquirido &uacute;ltimamente un valor estrat&eacute;gico cada vez  m&aacute;s grande.</li>       <li>La zona de frontera terrestre. La frontera con Venezuela reviste un  particular inter&eacute;s, lo que explica la aspereza del conflicto en la serran&iacute;a de  Perij&aacute;, en el noroeste, en la regi&oacute;n de Tib&uacute; en Santander del Norte y en el  conjunto del departamento de Arauca. Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la frontera con  el Ecuador, que sirve a la vez de zona de refugio y de ruta de acceso al  Pac&iacute;fico, se ha convertido tambi&eacute;n en el teatro de numerosos enfrentamientos.</li>       <li>Los alrededores de las metr&oacute;polis y de ciertas ciudades secundarias.  Entre 1993 y 2003, el objetivo de la &quot;conquista del poder&quot; se traduce  principalmente en un intento por rodear a Bogot&aacute;, Medell&iacute;n y Cali.</li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Las zonas en crisis econ&oacute;mica y social como por ejemplo la regi&oacute;n de  cultivo del caf&eacute;, celebrada en otra &eacute;poca como modelo de una regi&oacute;n de peque&ntilde;os  y medianos campesinos relativamente pr&oacute;speros, conoce una fase de  descomposici&oacute;n social como consecuencia de la baja de los precios y presenta  unos niveles de violencia que se encuentran entre los m&aacute;s altos de Colombia.</li>     </ol>     <p>En 2002, la actividad de las FARC se  ha seguido concentrando en las zonas de cultivo de coca, las fronteras  terrestres y los corredores que conducen hacia los oc&eacute;anos. Estas zonas han  sido objeto de disputa desde 1997 por los paramilitares. Los departamentos de  Antioquia y Arauca son teatros fundamentales de las operaciones de los grupos  ilegales. El gr&aacute;fico siguiente permite observar la manera como Cauca, Nari&ntilde;o,  Meta, y Choc&oacute; se han convertido tambi&eacute;n, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, en corredores o  polos del cultivo de la coca. No hay motivo para asombrarse al constatar que  estas zonas son aqu&eacute;llas en las que los homicidios son m&aacute;s numerosos, teniendo en cuenta obviamente que se siguen  presentando sobre todo en los centros urbanos. </p>     <p>Entre las organizaciones guerrilleras  las FARC han sido siempre, de lejos, las responsables de la mayor cantidad de  las acciones armadas, salvo a finales de los a&ntilde;os 1980 cuando el ELN ocup&oacute; el  primer rango. En algunas coyunturas, su prop&oacute;sito no ha sido solamente  continuar o preservar su implantaci&oacute;n territorial sino responder globalmente a  las iniciativas militares del gobierno. Adem&aacute;s de una tendencia constante al  crecimiento de sus acciones a partir de 1985 y su multiplicaci&oacute;n en el momento  de los cambios de gobierno, su incremento inusitado en 1990 1991 despu&eacute;s de la  ocupaci&oacute;n por el ej&eacute;rcito de la sede del Secretariado en La Uribe y de nuevo en  1993 1994 despu&eacute;s de que el gobierno Gaviria lanz&oacute; la consigna de &quot;guerra  integral&quot; contra las guerrillas. Al multiplicar las acciones en todo el  pa&iacute;s, las FARC obligan a las fuerzas armadas a dispersarse. De 1995 a 1998  logran infligir reveses espectaculares a varias unidades militares de &eacute;lite.    <br>       <br>   <b>3. LOS RECURSOS SOCIALES: LAS L&Oacute;GICAS DE ENCUADRAMIENTO DE LA POBLACI&Oacute;N</b>    <br> Una manera cl&aacute;sica de explicar la expansi&oacute;n de una  organizaci&oacute;n armada consiste en evocar el apoyo que obtiene de ciertas franjas  de la poblaci&oacute;n, la capacidad de asumir sus reivindicaciones, de canalizar su  movilizaci&oacute;n, de dar forma a sus experiencias y a su memoria, de ofrecer un  cuadro de interpretaci&oacute;n para sus sentimientos de injusticia y de proponer v&iacute;as  para remediarlos.</p>     <p>Para que las FARC hubieran podido reclutar cerca de  17.000 combatientes, fue necesario que dispusieran de s&oacute;lidos anclajes  sociales.</p>     <p>Durante los a&ntilde;os 1960-1970, las FARC sin lugar a dudas  estuvieron directamente vinculadas con sectores rurales de las antiguas y  nuevas zonas de colonizaci&oacute;n. Algunos de estos sectores hab&iacute;an estado inmersos,  desde los a&ntilde;os 1930, en la sociabilidad engendrada por la redes comunistas y  los sindicatos campesinos alrededor del problema de la tierra y casi todos  conocieron posteriormente la experiencia de la <i>Violencia</i><sup>10</sup>.</p>     <p>Expulsados por la fuerza o por la miseria, ansiosos de  sustraerse a la dominaci&oacute;n de los grandes propietarios, obligados algunas veces  a desplazarse como consecuencia de las operaciones militares de represi&oacute;n,  estos colonos hab&iacute;an logrado apoderarse de zonas perif&eacute;ricas, ampliamente  sustra&iacute;das al control del Estado <sup>11</sup>.  Desde comienzos de los a&ntilde;os 1960, algunos de estos desplazamientos hab&iacute;an sido  asimilados por las organizaciones campesinas armadas vinculadas con el Partido  Comunista. Algunos autores han hablado a este respecto de &laquo;colonizaci&oacute;n armada&raquo;.  Aunque el fen&oacute;meno de colonizaci&oacute;n desborda ampliamente esta migraci&oacute;n  controlada, una situaci&oacute;n de relativa &oacute;smosis entre la poblaci&oacute;n y la guerrilla  se impuso en numerosas zonas de implantaci&oacute;n <sup>13</sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los rasgos de aquella &eacute;poca subsisten; no faltan regiones donde existen varias  generaciones sucesivas que han vivido identific&aacute;ndose con las FARC, se han  adherido a sus concepciones de la injusticia y la justicia y les han suministrado  militantes. Frente a la ausencia de instituciones legales, la guerrilla les  aporta igualmente, de manera muy simple, un principio de orden social local:  impone regulaciones colectivas, arregla los litigios interindividuales,  garantiza una cierta estabilidad a los propietarios de tierra a pesar de la  carencia frecuente de t&iacute;tulos de propiedad. Esta actitud se acent&uacute;a cuando  comienzan a difundirse los cultivos de coca, que atraen migrantes en n&uacute;mero  cada vez mayor. La atm&oacute;sfera es, al principio, como la de un <i>Far West</i> y las cifras de los homicidios  se disparan; las reglas impuestas por la guerrilla son por consiguiente bien  acogidas. Tal es la situaci&oacute;n que se ha mantenido durante largo tiempo en una  gran parte de Caquet&aacute; y de Guaviare.  Esta zona ha servido siempre en una buena medida de retaguardia de las  FARC.</p>     <p>Pero surgen igualmente otras periferias, que atraen a  su vez olas de inmigrantes. Varios cientos de miles de campesinos pobres se  instalaron en la parte antioque&ntilde;a de Urab&aacute; donde esperaban sacar provecho de  las bonanzas de las plantaciones bananeras o, incluso, en el valle del  Magdalena Medio. Los flujos se dirigieron despu&eacute;s hacia zonas diversas donde se  desarrollan actividades econ&oacute;micas: agricultura comercial, carb&oacute;n, petr&oacute;leo y,  a partir de 1980, cultivos de coca. El perfil de estos emigrantes es mucho m&aacute;s  heterog&eacute;neo que el de los colonos de 1960: si bien los de origen rural son  siempre mayoritarios tambi&eacute;n hay otros que vienen del mundo urbano, atra&iacute;dos  por la esperanza de encontrar empleo e ingreso. En particular las zonas de cultivo  de coca alimentan a menudo las olas de los reci&eacute;n llegados con la ilusi&oacute;n de un  enriquecimiento r&aacute;pido y surgen all&iacute; los <i>raspachines</i> o recolectores de hojas  de coca, una especie de sub-proletariado heter&oacute;clito.</p>     <p>La guerrilla se encuentra, pues, frente a situaciones  que no son las mismas del proceso de colonizaci&oacute;n de 1960. Los nuevos colonos  ya no est&aacute;n a la b&uacute;squeda de tierras sino de medios para sobrevivir. Sin duda,  las ilusiones de los inmigrantes duran muy poco. Estos polos de producci&oacute;n econ&oacute;mica,  fugaces o no, se caracterizan por una carencia de servicios p&uacute;blicos,  desigualdades flagrantes y un nivel muy elevado de violencia, incluso pol&iacute;tica. </p>     <p>Cuando se trata de actividades econ&oacute;micas legales,  estas circunstancias favorecen la formaci&oacute;n de poderosas organizaciones  sindicales en las que las guerrillas se logran infiltrar hasta tomar incluso  algunas veces su control. De esta manera en las plantaciones bananeras de Urab&aacute;  surgieron entre 1985 y 1991 dos sindicatos, uno vinculado a las FARC, el otro  al EPL, que lograron una transformaci&oacute;n profunda de las condiciones de trabajo <a href="#(15)">(15)</a> pero que r&aacute;pidamente fueron instrumentalizados por  las dos guerrillas que se dejaron arrastrar por una guerra sin cuartel durante  cerca de una d&eacute;cada. En el enclave petrolero de Barrancabermeja, el movimiento  sindical dispon&iacute;a de una larga tradici&oacute;n de combatividad pero las FARC y el ELN  se empe&ntilde;aron en disputarse su hegemon&iacute;a y terminaron por llevarlo a un  conflicto sin salida.</p>     <p>En otros  lugares, donde el campesinado cl&aacute;sico hab&iacute;a sufrido las consecuencias de la  expansi&oacute;n de la gran propiedad y en la zona de colonizaci&oacute;n donde se hab&iacute;a  impuesto la econom&iacute;a ilegal, se han producido espor&aacute;dicamente fuertes  movilizaciones, promovidas e impulsadas igualmente por las guerrillas. Este fue el caso de las marchas masivas de  1987-1988 y, m&aacute;s a&uacute;n, de las inmensas protestas de 1995-1996 contra las  primeras campa&ntilde;as de destrucci&oacute;n de cultivos de coca por aspersi&oacute;n a&eacute;rea. Se  puede hablar a este prop&oacute;sito, ya no de  &oacute;smosis entre la poblaci&oacute;n y las guerrillas, sino de una confluencia  provisional frente a problemas precisos. Una confluencia que sigue siendo  fr&aacute;gil y se deshace r&aacute;pidamente en el momento en que se encuentra con la  recrudescencia de todas las formas de violencia contra los que protestan: la  violencia de la guerrilla que busca aumentar su dominio sobre las  organizaciones sociales a&uacute;n al riesgo de provocar su dislocaci&oacute;n; la violencia  de la fuerza p&uacute;blica que pone en pr&aacute;ctica una represi&oacute;n a menudo ciega; la  violencia de los paramilitares y de otras fuerzas oscuras que no dudan en  exterminar a los militantes.</p>     <p>La guerrilla  puede, ciertamente, organizar una l&oacute;gica de &quot;protecci&oacute;n&quot; que descansa  sobre la imposici&oacute;n de una restricci&oacute;n a cambio de ciertos beneficios. Los  cultivadores de coca dif&iacute;cilmente pueden prescindir de esta protecci&oacute;n. Sin  embargo esta protecci&oacute;n corresponde muy poco al modelo analizado por Diego  Gambetta a prop&oacute;sito de la mafia italiana <sup>14</sup>:  opera en un clima de guerra en el cual la muerte puede ser la sanci&oacute;n del desacuerdo  y no ofrece la posibilidad ni de &quot;<i>voice</i>&quot;  ni de &quot;<i>exit</i>&quot; seg&uacute;n los  t&eacute;rminos de Hirschman. Aunque los habitantes valoran a menudo el hecho de que  la guerrilla administre la justicia, algunos testimonios recientes permiten  establecer que la manera como &eacute;sta es administrada puede suscitar tambi&eacute;n un  sentimiento de injusticia y que, cuando se trata de &quot;justicia penal&quot;,  el recurso expedito a la pena de muerte es percibido m&aacute;s bien como una  imposici&oacute;n del miedo, con el mismo t&iacute;tulo que las medidas expeditas en otros  dominios <a href="#(16)">(16)</a>.</p>     <p>La l&oacute;gica de la  protecci&oacute;n es a&uacute;n m&aacute;s incierta en otras regiones que est&aacute;n bajo la influencia  de la guerrilla; en aquellas donde la econom&iacute;a gira alrededor de la explotaci&oacute;n  del petr&oacute;leo o de la extracci&oacute;n de los minerales, otros grupos, legales e  ilegales, est&aacute;n igualmente presentes para contrarrestar la influencia de la  guerrilla. La situaci&oacute;n no es muy diferente en las regiones de agricultura  comercial. Atrapada entre dos fuegos, la poblaci&oacute;n sabe que no puede contar con  ninguna protecci&oacute;n estable. La guerrilla s&oacute;lo se logra imponer gracias a la  utilizaci&oacute;n de medidas de intimidaci&oacute;n, incluso de terror, a las que responden  las de sus adversarios. M&aacute;s que de &quot;protecci&oacute;n&quot;, se trata del  encerramiento en una situaci&oacute;n hobbesiana en la cual la supervivencia implica  la renuncia a cualquier margen de libertad, pero en provecho de un soberano que  puede de un momento a otro ser desplazado por un soberano rival.</p>     <p>La coerci&oacute;n que  ejercen las FARC aparece as&iacute; claramente cuando, por objetivos coyunturales, se  desencadenan &quot;paros armados&quot; que consisten en bloquear durante varios  d&iacute;as, o incluso varias semanas, el trasporte y el aprovisionamiento de una  zona. Arauca, Putumayo, Caquet&aacute; han sido en diversos momentos teatro de las  operaciones: la poblaci&oacute;n local sufre sus efectos y s&oacute;lo le queda inclinarse  ante el poder de las armas.</p>     <p>De la misma  manera que desconf&iacute;an de cualquier tipo de manifestaci&oacute;n aut&oacute;noma de la  poblaci&oacute;n y hacen lo necesario para canalizarla en su provecho, las FARC  tampoco se adaptan bien a fen&oacute;menos independientes de construcci&oacute;n id&eacute;ntitaria,  como lo muestra su comportamiento con respecto a las poblaciones ind&iacute;genas del  Cauca. Desde hace treinta a&ntilde;os, estas poblaciones ind&iacute;genas han luchado por  recuperar sus derechos sobre vastas tierras indebidamente apropiadas por  grandes propietarios y por la Iglesia Cat&oacute;lica y por afirmar, cada vez m&aacute;s, su  especificidad cultural, la cual ha sido ampliamente reconocida por la  constituci&oacute;n de 1991. Esto no solamente las ha expuesto a las violencias de los  latifundistas sino tambi&eacute;n a la de los frentes de las FARC, implantados en su  regi&oacute;n, que han perpetrado en su contra asesinatos selectivos e, incluso,  masacres. Las organizaciones ind&iacute;genas se han visto obligadas de esta manera a  desarrollar diferentes modos de resistencia frente a las FARC, al igual que  frente al Ej&eacute;rcito y a hacer frente a los paramilitares. La misma dificultad de  las FARC por avalar las afirmaciones id&eacute;ntitarias se manifiesta ahora con  respecto a las poblaciones afrocolombianas de Choc&oacute; y Nari&ntilde;o, cuyos derechos  colectivos sobre los territorios tambi&eacute;n fueron reconocidos en 1991. Las FARC  se establecieron en esos territorios y  multiplicaron en ellos las masacres <a href="#(17)">(17)</a>. Estas zonas se cuentan ahora entre las m&aacute;s expuestas  a las matanzas y a los desplazamientos masivos de los habitantes porque son  tambi&eacute;n apetecidas por los paramilitares, en la medida en que comprenden rutas  esenciales para el tr&aacute;fico de la droga y de las armas.</p>     <p>No es  excepcional tampoco que las FARC, en las zonas que controlan, cometan  exacciones que terminan por provocar la reacci&oacute;n de los habitantes. Esto es lo  que ocurre desde el comienzo de los a&ntilde;os 1980 en la zona de Puerto Boyac&aacute;, en  el Magdalena Medio: en las elecciones locales los habitantes dieron la mayor&iacute;a al  Partido Comunista pero la multiplicaci&oacute;n de los secuestros y la extorsi&oacute;n  indiscriminada, incluso contra los menos favorecidos, terminaron por incitar a  la poblaci&oacute;n a volverse hacia uno de los primeros n&uacute;cleos paramilitares. La  zona es desde entonces uno de los bastiones de estos &uacute;ltimos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ni el t&eacute;rmino de  &quot;protecci&oacute;n&quot; ni el de &quot;coerci&oacute;n&quot; son suficientes, pues,  para describir las relaciones de las FARC con la poblaci&oacute;n. En muchos casos, se  trata simplemente de dominaci&oacute;n por el miedo. Durante los &uacute;ltimos tiempos, para  contrarrestar la implantaci&oacute;n creciente de los paramilitares en su feudo de las  zonas amaz&oacute;nicas de cultivo de coca, las FARC han impulsado censos de los  habitantes y s&oacute;lo han autorizado la permanencia de aquellos cuya fidelidad les  parece garantizada, eliminando los sospechosos<sup>15</sup>.</p>     <p>Es cierto que la  l&oacute;gica de la protecci&oacute;n, incluso la de la coerci&oacute;n, no funciona desde el  momento en que la organizaci&oacute;n ya no tiene el monopolio local. Ahora bien,  desde finales de los a&ntilde;os 1990 el hecho preponderante es m&aacute;s bien la empresa de  reconquista de numerosas regiones, lanzada por los paramilitares. La  competencia entre organizaciones armadas no implica solamente el crecimiento de  las pr&aacute;cticas de violencia, sino que crea una incertidumbre que incita a la  poblaci&oacute;n a adoptar estrategias de retirada, de supervivencia o de fuga. Esto  ocurre de manera mucho m&aacute;s clara cuando la poblaci&oacute;n constata que antiguos  guerrilleros figuran en los rangos de los paramilitares y les sirven de  informantes. Los casos son menos numerosos en las FARC, pero son frecuentes  entre los antiguos militantes del EPL y el ELN. Incluso donde estos  desplazamientos no se han producido, el rumor es suficiente para minar las  eventuales relaciones de confianza con  una guerrilla bastante disminuida.</p>     <p>En s&iacute;ntesis, hay  que matizar la visi&oacute;n seg&uacute;n la cual el encuadramiento de la poblaci&oacute;n por las  FARC se beneficiar&iacute;a de un apoyo estable en las zonas de colonizaci&oacute;n. Incluso  cuando se mantiene, el apoyo puede tener diferentes grados, de la cuasi &oacute;smosis  hasta la obediencia coercitiva. Hay que considerar tambi&eacute;n el desgaste que  ocurre con el tiempo y que se traduce, por ejemplo, en una repugnancia  creciente de los habitantes de las zonas bajo dominio de las FARC, con respecto  a consignas como las de los paros armados o las del boicot de las elecciones.</p>     <p>Existe una  realidad incontrovertible: las FARC conservan hasta el momento su perfil de  guerrilla, si no &quot;campesina&quot;, porque el calificativo le conviene m&aacute;s  acertadamente a una poblaci&oacute;n rural diversificada, s&iacute; de guerrilla  &quot;campesinista&quot;, es decir, que se reclama sobre todo de una poblaci&oacute;n  rural que ha permanecido al margen de la modernizaci&oacute;n y que recluta en ese  vasto vivero la gran mayor&iacute;a de sus combatientes.</p>     <p>Si damos cr&eacute;dito  a un estudio reciente <a href="#(18)">(18)</a>, el 90% de los combatientes de las FARC provienen de  all&iacute;, incluyendo a aquellos cada vez m&aacute;s numerosos, que se han socializado en veredas  o en peque&ntilde;os pueblos. La miseria, la tradici&oacute;n militante, la atracci&oacute;n de las  armas, el gusto por la disciplina, las desavenencias con la familia y, de  manera m&aacute;s sencilla, la socializaci&oacute;n y el encuadramiento por las FARC, son  todos factores que contribuyen a la vinculaci&oacute;n a la lucha armada. Su nivel de  educaci&oacute;n es a menudo d&eacute;bil, incluso pr&oacute;ximo al analfabetismo.</p>     <p>Los propios  comandantes y cuadros de las FARC provienen ampliamente de ese mismo universo  social. Manuel Marulanda es evidentemente la mejor ilustraci&oacute;n y su aura  proviene en parte de su &quot;estilo campesino&quot;, que &eacute;l cuidadosamente  pone en escena. El Secretariado, instancia superior de las FARC, comprend&iacute;a en  2007 otros seis miembros: el &laquo;Mono Jojoy&raquo; no tiene formaci&oacute;n  escolar y no parece haber salido jam&aacute;s del mundo rural; algunos de ellos  hicieron estudios superiores en Colombia (Alfonso Cano, Iv&aacute;n M&aacute;rquez e Iv&aacute;n  R&iacute;os); otros, como Timole&oacute;n Jim&eacute;nez, hicieron cursos en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica  pero, por la fuerza de las circunstancias, su experiencia urbana posterior se  ha limitado al contacto con poblaciones secundarias y, s&oacute;lo de manera  ocasional, con ciudades importantes. Aunque su carrera como militante se ha  desarrollado en Caquet&aacute;, Ra&uacute;l Reyes es el &uacute;nico que posee una gran experiencia  de contactos internacionales, dada su funci&oacute;n de vocero de las FARC.</p>     <p>Seg&uacute;n el estudio  citado arriba, la mitad de los 25 miembros actuales del estado mayor se  clasifican a s&iacute; mismos como rurales. Un porcentaje importante de ellos no  termin&oacute; la escuela primaria y su formaci&oacute;n se llev&oacute; a cabo sobre todo en las  escuelas de cuadros de las FARC.</p>     <p>Esta  homogeneidad social se encuentra en la base del mantenimiento del &quot;ethos  campesinista&quot; y contribuye a explicar la cohesi&oacute;n de la organizaci&oacute;n. La  antig&uuml;edad de los miembros del Secretariado -la mayor parte de ellos se  encuentran en la cumbre de la jerarqu&iacute;a desde hace dos d&eacute;cadas- y de muchos de  los miembros del Estado Mayor, no protege solamente contra las posibilidades de  infiltraci&oacute;n sino contra las disensiones y garantiza tambi&eacute;n una fuerte  autoridad sobre los combatientes de base.</p>     <p>Las FARC se  diferencian en esto de las otras guerrillas. Sobre todo en sus comienzos, el  ELN, el EPL y el M-19 reclutaron una parte importante de sus cuadros entre los  estudiantes de las universidades p&uacute;blicas y los medios urbanos radicalizados.  Estas organizaciones estuvieron as&iacute; expuestas a las controversias dogm&aacute;ticas y  a las divisiones. Las FARC, por su parte, han desconfiado siempre de los  &quot;peque&ntilde;o-burgueses&quot; impacientes y les han impuesto unas pruebas que  los desaniman con mucha frecuencia.</p>     <p>El ethos  campesinista de las FARC ha tenido sin duda que reorientarse en funci&oacute;n de las  mutaciones relativas del mundo rural y de esta manera la separaci&oacute;n con  respecto al mundo urbano se ha atenuado. Las consecuencias de la econom&iacute;a de la  droga tambi&eacute;n tienen su parte. Pero la crisis de la propiedad campesina en realidad  no ha hecho m&aacute;s que agravarse: concentraci&oacute;n de las mejores tierras en manos de  los narcotraficantes, delicuescencia de  la econom&iacute;a del caf&eacute;, impasses del proceso de colonizaci&oacute;n a pesar de la coca o  a causa de ella. El vivero de las organizaciones armadas no se ha pues agotado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo,  tambi&eacute;n en este aspecto, es necesario matizar la constataci&oacute;n. El reclutamiento  de nuevos combatientes se ha vuelto cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil. Mientras se mantuvo  la zona de distensi&oacute;n, muchos j&oacute;venes se incorporaron con la convicci&oacute;n de que  las FARC iban a llegar pronto al poder. Despu&eacute;s de la ruptura de las  negociaciones y de la ofensiva paramilitar y militar, los aspirantes se volvieron  menos numerosos. El porcentaje de los menores en las tropas es cada vez m&aacute;s considerable.  No faltan los casos en los que la guerrilla recurre al reclutamiento forzado, bien  sea ejerciendo presiones sobre las familias, bien sea estableciendo una  coacci&oacute;n sobre los j&oacute;venes adolescentes para que se integren. La moral de los  combatientes est&aacute; lejos de ser siempre estable <a href="#(19)">(19)</a> y las deserciones se hacen cada vez m&aacute;s frecuentes a  pesar de los riesgos que corren. Sobre todo desde el momento en que las FARC se  han visto confinadas a la defensiva y su descr&eacute;dito pol&iacute;tico se ha acentuado.</p>     <p>&quot;Ethos  campesinista&quot; o no, las FARC no ignoran que combaten en un pa&iacute;s en el que  la inmensa mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n se ha concentrado en las ciudades.</p>     <p><b>4. LOS RECURSOS FINANCIEROS: LAS L&Oacute;GICAS DE ACUMULACI&Oacute;N DE PODER</b>    <br> No es suficiente  con que algunos grupos sociales garanticen el sostenimiento, voluntario o  involuntario, de una organizaci&oacute;n de lucha armada para que &eacute;sta se desarrolle y  logre llegar a desafiar militarmente al Estado; es necesario, adem&aacute;s, que  disponga de recursos financieros para alcanzar una capacidad militar  significativa. Ahora bien, las FARC nunca han dispuesto de una ayuda material externa.  En 1975, como hemos visto, est&aacute;n estancadas y a&uacute;n conservan su perfil inicial  de autodefensas. El gran cambio que permite el desbordamiento de sus efectivos  y la expansi&oacute;n territorial est&aacute; ligado al hecho de que sus recursos financieros  conocen un aumento brutal a comienzos de los a&ntilde;os 1980.</p>     <p>Los trabajos de  Paul Collier<sup>16</sup> y de  otros economistas del Banco Mundial sobre los conflictos locales actuales han  difundido, como se sabe, la idea de que la mayor parte de estos conflictos no  responden a &quot;reivindicaciones&quot; sino a oportunidades de  &quot;predaci&oacute;n&quot;. Para Collier, estas oportunidades son particularmente  fuertes cuando se trata de econom&iacute;as que dependen de la exportaci&oacute;n de materias  primas y, m&aacute;s a&uacute;n, de materias primas que pueden f&aacute;cilmente circular como  contrabando. De all&iacute; resulta, seg&uacute;n el autor, que los grupos armados  contestatarios, incluso si mantienen una ret&oacute;rica revolucionaria, tienden a  abandonar sus objetivos pol&iacute;ticos.</p>     <p>&iquest;Es pertinente  este razonamiento en el caso de las FARC? Sus nuevos recursos financieros  proviene sobre todo de tres fuentes: la pr&aacute;ctica sistem&aacute;tica del secuestro, los  recaudos de todo tipo sobre las actividades econ&oacute;micas y la participaci&oacute;n en la  econom&iacute;a de la droga. Los secuestros no tienen nada que ver con la econom&iacute;a de  exportaci&oacute;n, los recaudos, algunas veces, pero no es lo m&aacute;s frecuente; la  econom&iacute;a de la droga, completamente. Estas finanzas alteran la imagen pol&iacute;tica  que las FARC quieren presentar e implican un olvido de los objetivos  revolucionarios.</p>     <p>Seg&uacute;n algunas  estimaciones, en 1995 el secuestro representaba un 30% de los recursos de la  guerrilla. En 2003, seg&uacute;n un informe del  Ministerio de Defensa, el porcentaje se ha reducido a una cifra entre el 8 y el  10%.<b> </b>Esta pr&aacute;ctica no data de 1980  pero durante un largo per&iacute;odo fue  excepcional. La situaci&oacute;n se modifica a comienzos de los a&ntilde;os 1980. Hasta su  desmovilizaci&oacute;n, el M-19 y el EPL llevaron a cabo numerosos secuestros. El ELN  hizo del secuestro uno de sus medios habituales y, m&aacute;s a&uacute;n, a partir de 1990,  no ha vacilado en realizar secuestros colectivos: dos ejemplos c&eacute;lebres son la  retenci&oacute;n de los pasajeros de un avi&oacute;n de la compa&ntilde;&iacute;a Avianca que hab&iacute;a sido  desviado de la ruta y la retenci&oacute;n de los asistentes a una misa celebrada en  Cali. Sin embargo, son las FARC las que llevan a cabo el mayor n&uacute;mero de  secuestros planeados y las que asumen, a finales de los a&ntilde;os 1990, la pr&aacute;ctica  de las &quot;pescas milagrosas&quot; que consisten en secuestrar al azar en  retenes instalados en las carreteras. Para los secuestros en las ciudades  recurren a menudo al servicio de sus milicianos o de la delincuencia com&uacute;n,  incluso &quot;compran&quot; a esta &uacute;ltima las &ldquo;presas&rdquo; m&aacute;s importantes. Entre  1998 y 2003, el total de secuestros anuales sobrepas&oacute; en algunos momentos el  n&uacute;mero de 2000 teniendo en cuenta que no todos son llevados a conocimiento de  la polic&iacute;a. En 2001-2002, cuando se produce el fracaso de las negociaciones con  el gobierno Pastrana, el secuestro se hace  patente y las FARC inventan una nueva categor&iacute;a de v&iacute;ctimas, los  secuestrados &quot;pol&iacute;ticos&quot;. Las guerrillas eufemisan esta pr&aacute;ctica al  calificarlos como &quot;retenciones&quot;. Aunque los narcotraficantes y los  paramilitares recurren algunas veces al secuestro, sobre todo a finales de los  a&ntilde;os 1990, son sobre todo las guerrillas las que lo convierten en una rutina.</p>     <p>El costo de esta  pr&aacute;ctica es el descr&eacute;dito pol&iacute;tico creciente de las FARC y del ELN. El hecho de  que las FARC se financien con una actividad que est&aacute; reconocida como crimen de  guerra es, sin lugar a dudas, un s&iacute;mbolo de la degradaci&oacute;n de la  guerrilla. En cada proceso de  negociaci&oacute;n la renuncia a esta pr&aacute;ctica es una de las condiciones previas  formulada por los voceros del gobierno o de la sociedad civil, y los dirigentes  de la guerrilla se comprometen a no recurrir m&aacute;s a ella, pero la retoman de  manera inmediata. La popularidad del gobierno de Uribe proviene en parte de que  su pol&iacute;tica de &quot;seguridad democr&aacute;tica&quot; se ha traducido en una reducci&oacute;n  considerable de los secuestros cuyo n&uacute;mero, si damos fe a los datos oficiales,  habr&iacute;a ca&iacute;do a menos de 700<b> </b>en 2007.  Pero el &quot;stock&quot; de secuestrados alcanza casi siempre varios  centenares.</p>     <p>Esta pr&aacute;ctica ha  sido un medio de presi&oacute;n en el plano regional: el crecimiento de los secuestros  es el preludio de sus operaciones de avance territorial; su menor intensidad  actual es el signo de su repliegue relativo tanto militar como pol&iacute;tico.</p>     <p>Las pr&aacute;cticas de  extorsi&oacute;n y de chantaje representan<b>, </b>seg&uacute;n  el Ministerio de Defensa, el 40%<b> </b>restante<b> </b>de los recursos financieros de las  FARC. A este prop&oacute;sito s&oacute;lo har&eacute; algunas r&aacute;pidas observaciones. Estas pr&aacute;cticas  no provienen de los a&ntilde;os recientes y han hecho parte muy a menudo de la l&oacute;gica  de &quot;protecci&oacute;n&quot;, sobre todo en las zonas de ganader&iacute;a y de  agricultura comercial, y recaen igualmente sobre los comerciantes y  transportadores. Tambi&eacute;n aqu&iacute; las FARC recurren a eufemismos al hablar de  &quot;tributos&quot; o de &quot;impuestos&quot;. En el cenit de su poder, en el  a&ntilde;o 2000, como si ya ejercieran un doble poder, promulgaron incluso una  &quot;ley&quot;, la ley 002, que pretend&iacute;a generalizar esta  &quot;imposici&oacute;n&quot; a todos los que detentaran un cierto capital. En las  regiones de explotaci&oacute;n minera, donde hab&iacute;an adquirido una gran influencia  sobre las instituciones pol&iacute;ticas locales, no se limitaban a &quot;imponer  impuestos&quot; a las empresas sino que se apropiaban de un porcentaje de los  contratos p&uacute;blicos, de los cuales se han servido muchas veces para conformar una clientela a imagen  de los partidos tradicionales. Los paramilitares han seguido su ejemplo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La participaci&oacute;n  en la econom&iacute;a de la droga constituye ahora la mayor parte de la financiaci&oacute;n  de las FARC. Los estimativos a este  respecto son tambi&eacute;n tan inciertos como los que se hacen de las otras fuentes <a href="#(20)">(20)</a>; pero es indudable que en los &uacute;ltimos anos puede  significar entre el 50% y el 70%</p>     <p>La econom&iacute;a de  la droga se ha desarrollado en Colombia desde finales de los a&ntilde;os 1970. El  territorio colombiano serv&iacute;a en un principio de relevo en la ruta de la coca  que proven&iacute;a de Per&uacute; y Bolivia, acog&iacute;a  los laboratorios y constitu&iacute;a el punto de partida de la ruta de exportaci&oacute;n  hacia los Estados Unidos. Los cultivos se implantaron de manera progresiva y  hacia 1994 Colombia ya se hab&iacute;a convertido, de lejos, en el primer pa&iacute;s  productor de coca: en 2002, la superficie cultivada se estimaba en 169.000 ha.  De manera accesoria, Colombia tambi&eacute;n ha dado lugar para que se desarrollen los  cultivos de amapola. Durante largo tiempo cultivos y laboratorios se instalaron  en zonas controladas por las FARC: aunque estas &uacute;ltimas no eran siempre los  iniciadores, si ofrec&iacute;an en todo caso a los colonos una protecci&oacute;n contra las  incursiones de las fuerzas armadas.</p>     <p>Las FARC  pretendieron en un principio beneficiarse s&oacute;lo del porcentaje -el  &quot;gramaje&quot;- que exig&iacute;an de los cultivadores como contrapartida por la  protecci&oacute;n que les ofrec&iacute;an, no solamente frente a la fuerza p&uacute;blica, sino  tambi&eacute;n frente a los traficantes ya que el desempe&ntilde;o de un rol de  intermediarios les permit&iacute;a contener sus abusos en la fijaci&oacute;n del precio de  compra y obligar a los colonos a mantener una porci&oacute;n de los cultivos dedicada  a productos alimenticios. De hecho las FARC obten&iacute;an su financiaci&oacute;n de las  contribuciones que les entregaban los traficantes como contrapartida por la  implantaci&oacute;n de laboratorios, pistas clandestinas y rutas de exportaci&oacute;n. No ha  sido propiamente un resultado de la casualidad que su dominio se haya ampliado  desde las zonas amaz&oacute;nicas hasta las regiones fronterizas con Venezuela,  Ecuador y Brasil<b>. </b>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os,  las FARC han creado sus propios laboratorios &ndash;los &ldquo;cristalizaderos&rdquo; les proporcionan  ingresos muy superiores a los del &ldquo;gramaje&rdquo;-, tienen algunas  redes para sacar la coca&iacute;na, cobran peajes a las organizaciones de  narcotraficantes y negocian con ellas el precio de compra del producto.<b> </b></p>     <p>Se trata en este caso de recaudos hechos a una  econom&iacute;a de exportaci&oacute;n. Sin embargo, no es probable que se pueda hablar de  actividades de predaci&oacute;n: las FARC se encuentran ampliamente presentes en el  punto de origen de la producci&oacute;n. No es evidente, tampoco, que esta  financiaci&oacute;n, al menos al principio, haya desdibujado los objetivos pol&iacute;ticos;  en todo caso si es claro que ha permitido a la guerrilla afianzar de manera m&aacute;s  s&oacute;lida su dominio territorial sobre la regiones de cultivo, beneficiarse de la  red de importaci&oacute;n de armas y multiplicar en otros lugares los nuevos frentes,  en el marco de una estrategia militar de conquista de m&uacute;ltiples regiones.</p>     <p>La acumulaci&oacute;n  de recursos financieros a partir de estos tres or&iacute;genes, y las pr&aacute;cticas que &eacute;sta  implica, hacen m&aacute;s sorprendente el mantenimiento de la cohesi&oacute;n de las FARC. Se  hubiera podido imaginar que esto se traducir&iacute;a de hecho, siguiendo el  razonamiento de Paul Collier, en la conversi&oacute;n de los guerrilleros al  bandidismo y de sus l&iacute;deres en se&ntilde;ores de la guerra. Y, sin lugar a dudas, no  han faltado en ciertos momentos guerrilleros de base que lucen collares como  cualquier narcotraficante, ni cuadros que se apropian de los pagos de los  rescates o que huyen con un bot&iacute;n; pero estos casos han sido relativamente  excepcionales. Desde 1985, el Secretariado de las FARC se ha preocupado por  centralizar la gesti&oacute;n de los ingresos y por redistribuir parte de ellos a los  frentes m&aacute;s pobres. No se puede afirmar, de manera general, que los jefes  locales hayan adoptado el estilo de los narcotraficantes, aunque s&iacute; parece que ocurre con mayor  frecuencia entre algunos comandantes del Boloque Oriental, el que maneja gran  parte de la econom&iacute;a de la droga. Adem&aacute;s, la desigualdad entre frentes ricos y  frentes pobres se ha agudizado recientemente. </p>     <p>Sin embargo la  participaci&oacute;n de las FARC en la econom&iacute;a de la droga ha tenido un efecto de  mayor envergadura, como es el hecho de enturbiar las l&iacute;neas de conflicto.</p>     <p>La econom&iacute;a de  la droga supone transacciones permanentes con los narcotraficantes que compran  la coca y controlan la ruta de exportaci&oacute;n. Estas transacciones se producen de  manera relativamente rutinaria. Durante a&ntilde;os, los narcotraficantes han  encargado a los &quot;comisionistas&quot; la tarea de negociar con las  guerrillas las condiciones de compra de sus productos. La difusi&oacute;n de los  grupos paramilitares vinculados con los traficantes no ha puesto fin  completamente a estas transacciones. Desde 2004 las FARC, los paramilitares y  los narcotraficantes se reparten de com&uacute;n acuerdo las desembocaduras en la  Costa Pac&iacute;fica de los r&iacute;os del departamento de Nari&ntilde;o. Numerosas son igualmente  las zonas donde las guerrillas vigilan la producci&oacute;n en las partes rurales de  los municipios y la entregan a los paramilitares instalados en los centros  urbanos de esos mismos municipios. Testigos de estas transacciones, las  poblaciones locales, tienen buenas razones para alimentar dudas sobre el  car&aacute;cter pol&iacute;tico del enfrentamiento.</p>     <p>Sin embargo,  estas transacciones ocasionan tambi&eacute;n enfrentamientos sangrientos desde los  a&ntilde;os 1980. Uno de estos enfrentamientos, por lo dem&aacute;s, contribuy&oacute; hacia 1986 a  la formaci&oacute;n del primer grupo paramilitar de envergadura, organizado por  Gonzalo Rodr&iacute;guez Gacha, un aliado del cartel de Medell&iacute;n, responsable de  innumerables asesinatos pol&iacute;ticos <a href="#(21)">(21)</a>. Una d&eacute;cada m&aacute;s tarde, los litigios tomaron la forma  de una guerra sin cuartel: el enfrentamiento entre los paramilitares y las FARC  tuvo como origen el control de las zonas de cultivo de coca. Esta guerra,  marcada por masacres y desplazamientos masivos de los habitantes, compromete  toda la zona donde se encuentran los cultivos ilegales m&aacute;s extensos en el  departamento de Meta, Guaviare, Santander del Norte, Putumayo y Nari&ntilde;o.</p>     <p>La mezcla de  transacciones y de guerra sin cuartel muestra que la econom&iacute;a de la droga  enturbia efectivamente la relaci&oacute;n &quot;amigo-enemigo&quot;. Las FARC se han  convertido en uno de los mayores protagonistas de la econom&iacute;a de la droga. La  detenci&oacute;n en abril de 2001 de &quot;Fernandinho&quot;, uno de los barones  brasile&ntilde;os de la droga, en una regi&oacute;n controlada por las FARC, es una prueba de  ello. Uno de los frentes de las FARC, el Frente 16, instalado en esa regi&oacute;n y  comandado por el &quot;negro Acacio&quot; (muerto en septiembre de 2007) ha  servido de plataforma para el tr&aacute;fico de droga. Por lo dem&aacute;s, a medida que los  paramilitares ganan terreno, la guerrilla tiende cada vez m&aacute;s a organizar sus  propias redes de narcotr&aacute;fico <sup>17</sup>. </p>     <p>La implicaci&oacute;n  de las FARC en la econom&iacute;a de la droga va de la mano con que sienten cada vez  menos la necesidad de obtener el consentimiento de la poblaci&oacute;n. La acumulaci&oacute;n  de recursos financieros es lo que garantiza su autonom&iacute;a como organizaci&oacute;n  militar.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>5. LOS RECURSOS DE VIOLENCIA: LAS L&Oacute;GICAS DE ACCI&Oacute;N MILITAR</b>    <br> Casi desde su  nacimiento las FARC han afirmado que su objetivo es poner fin al sistema del  Frente Nacional y acceder al poder; pero para lograrlo han pensado sobre todo  en la movilizaci&oacute;n de las clases populares. El acceso a importantes fuentes de  financiaci&oacute;n las ha conducido progresivamente a dar prioridad a una estrategia  militar.</p>     <p>El programa de  1982-1983, que preve&iacute;a la toma del poder en ocho a&ntilde;os<sup>18</sup>,  es su primera manifestaci&oacute;n. En 1991, la fuerte respuesta a la ocupaci&oacute;n por el  Ej&eacute;rcito de Casa Verde, la sede de su direcci&oacute;n, constituye una segunda  manifestaci&oacute;n. Pero las conclusiones de la Conferencia de las FARC en 1993 no  dan lugar a dudas. Las FARC ponen el acento en el reagrupamiento de los frentes  en &quot;bloques regionales&quot; (cuya direcci&oacute;n recae en manos de varios de los  miembros del Secretariado),<b> </b>la  formaci&oacute;n de &quot;columnas m&oacute;viles&quot;, la realizaci&oacute;n de ataques locales  masivos y, sobre todo, las operaciones para tomarse las ciudades. La ofensiva  que sigue de 1995 a 1998 demuestra que efectivamente hab&iacute;an alcanzado la capacidad  militar de amenazar el poder.</p>     <p>Todos los  elementos est&aacute;n presentes para llevar a cabo la demostraci&oacute;n. Durante cuatro  a&ntilde;os multiplican las operaciones orientadas a concentrar varios centenares,  incluso un millar de combatientes; atacan con &eacute;xito las bases militares; logran  desarticular batallones de &eacute;lite y se toman moment&aacute;neamente ciudades  secundarias; obligan a la polic&iacute;a a retirarse de numerosas localidades y  destruyen sus instalaciones a menudo con las casas de los alrededores; capturan  m&aacute;s de quinientos militares y polic&iacute;as.  De la guerra de guerrillas, las FARC pasaron a una guerra de movimientos. Las  fuerzas armadas, por su parte, estaban desconcertadas. Obligadas a dispersarse  para hacer frente a numerosas operaciones se ve&iacute;an en dificultades para  contener la ofensiva.</p>     <p>El momento que  las FARC escogieron para lanzar esta ofensiva no se debe a una casualidad, ya  que estaban sacando provecho plenamente de los ingresos asociados al incremento  de los cultivos de coca. En cambio, las instituciones pol&iacute;ticas comenzaron a  tambalearse. Cuestionado por la contribuci&oacute;n del cartel de Cali a su campa&ntilde;a,  el presidente Ernesto Samper se tuvo que enfrentar a la desconfianza abierta de  los Estados Unidos y de una gran parte de las &eacute;lites colombianas y se vio obligado  a reducir su actividad a la supervivencia del d&iacute;a a d&iacute;a. Las fuerzas armadas  jugaron a la espera ante la incertidumbre pol&iacute;tica. En s&iacute;ntesis, las FARC  ten&iacute;an buenas razones para pensar que la ofensiva militar pod&iacute;a llevarlas a las  puertas del poder, si la crisis pol&iacute;tica se prolongaba.</p>     <p>En 1998 esta  ofensiva, sin embargo, comienza a dar signos de agotamiento. La apertura de un  proceso de negociaci&oacute;n con el gobierno de Andr&eacute;s Pastrana no es precisamente la  causa, ya que las FARC cre&iacute;an que pod&iacute;an sacar provecho de &eacute;l para ampliar sus  posiciones. La raz&oacute;n del agotamiento es, sobre todo, como veremos m&aacute;s adelante,  el comienzo simult&aacute;neo de la modernizaci&oacute;n de las fuerzas armadas y de la  contraofensiva paramilitar.</p>     <p>La renuncia de  las FARC a las operaciones militares de envergadura no significa, sin embargo,  que no contin&uacute;en con su ofensiva bajo otras modalidades. Durante esta &eacute;poca  hacen sentir su acci&oacute;n en m&aacute;s de la mitad del territorio colombiano y se  asignan tres objetivos adicionales espec&iacute;ficos: afectar la econom&iacute;a con el  sabotaje de las infraestructuras, crear &quot;zonas liberadas&quot; y rodear  las ciudades para implantarse en ellas.</p>     <p>El ELN participa  tanto como las FARC en los sabotajes. Estos &uacute;ltimos est&aacute;n orientados sobre todo  a los oleoductos, a las centrales hidroel&eacute;ctricas y a la red de transporte de  energ&iacute;a y, por intermedio de los secuestros, a la producci&oacute;n agr&iacute;cola. Estos  sabotajes, sin embargo, perturban m&aacute;s a las poblaciones locales que al conjunto  del pa&iacute;s ya que, en t&eacute;rminos generales, su impacto sobre la evoluci&oacute;n del PIB  es relativamente limitado. El hecho puede asombrar si tenemos en cuenta los  medios de que disponen en ese momento las guerrillas. Algunos analistas ven en  esta moderaci&oacute;n de sus acciones la prueba de que tratan de no destruir los  recursos que contribuyen a su financiaci&oacute;n<sup>19</sup> y, entre ellos, hay quien llegue a la conclusi&oacute;n de que se ha entrado en la  fase de un &quot;sistema de guerra&quot; autosostenida y duradera<sup>20</sup>. Se trata de hip&oacute;tesis cuya validez est&aacute;  por demostrar.</p>     <p>La formaci&oacute;n de  &quot;zonas liberadas&quot; se produjo sobre todo en las regiones de  colonizaci&oacute;n y de cultivo de coca donde los grupos armados ejerc&iacute;an su dominio  desde hac&iacute;a largo tiempo, como los departamentos de Caquet&aacute; y Putumayo, las  regiones fronterizas con Brasil o el departamento de Arauca que linda con  Venezuela. Se trataba, en estos casos, de eliminar todas las huellas de las  instituciones legales y de los pol&iacute;ticos &quot;tradicionales&quot;. Los 42.000  km&sup2; de la zona desmilitarizada en 1998 en el marco del proceso de negociaci&oacute;n  con el gobierno de Andr&eacute;s Pastrana, situadas sobre todo en Meta y Caquet&aacute;, se  inscriben en esta estrategia: las FARC obligan a algunos representantes de la  administraci&oacute;n de justicia y a los &quot; notables&quot; locales a hacer sus  maletas. De 1998 a 2003, hacen lo mismo en otras zonas: se esfuerzan por  controlar a los electores en el momento de las elecciones o de impedirles  participar; amenazan, secuestran o asesinan a los candidatos y a los elegidos  que no les convienen. En 2002, las cifras son las siguientes: 12 alcaldes y 60  concejales municipales son asesinados, 309 alcaldes demandan ser relevados de  sus funciones, 300 se tienen que refugiar en las guarniciones militares o en  las grandes ciudades desde donde deben manejar su administraci&oacute;n a distancia,  600 concejales municipales (sobre un  total de 1200) son objeto de amenazas, 1800 renuncian. 172 municipios se  encuentran sin presencia policial. Un miembro del Secretariado de las FARC  declara en ese momento que en el sur del pa&iacute;s, una &quot;Estado en formaci&oacute;n&quot;  se hab&iacute;a organizado. Efectivamente, las FARC ejercen en esas zonas una  autoridad de hecho. Sin embargo, aunque pueda parecer sorprendente, no intentan  construir all&iacute; las bases de una sociedad alternativa de tipo socialista ni de  instalar los equipos y la infraestructura que hacen falta <a href="#(22)">(22)</a>, ya que consideran que ser&iacute;a prematuro en una  coyuntura de guerra.</p>     <p>Otro objetivo es  tomar el control de las ciudades. Aunque la visi&oacute;n &quot;campesinista&quot;  permanece, las FARC son perfectamente conscientes de que la salida del  conflicto pasa primordialmente por las ciudades. A partir de 1995, sus  operaciones obedecen ampliamente a esta consideraci&oacute;n. El plan es garantizar el  control del acceso: Bogot&aacute;, la capital, constituye el primer objetivo.  Instalados d&eacute;cadas atr&aacute;s en la cordillera oriental de los Andes cuyas  estribaciones llegan incluso hasta la periferia oriental y norte<b> </b>de la capital, las FARC se establecen  igualmente en la parte de Cundinamarca que constituye el acceso por el oeste a  la metr&oacute;poli. Proceden de igual manera alrededor de Medell&iacute;n y de algunas otras  ciudades. De manera complementaria organizan milicias urbanas, las llamadas  &quot;milicias bolivarianas&quot;, reclutadas entre los j&oacute;venes de los barrios  menos favorecidos. La presencia de estas milicias es a menudo bien acogida al  principio por los habitantes que ven en ellas una protecci&oacute;n contra las bandas  de delincuentes. Este es el caso de Medell&iacute;n donde las milicias expulsan de las  comunas a los sicarios vinculados con los carteles de la droga. Estas milicias  ofrecen a la guerrilla posibilidades de  infiltraci&oacute;n menos detectables, a pesar de que son menos disciplinadas.  Por lo dem&aacute;s, en 2001-2002, las FARC no dudan en infiltrar guerrilleros en  algunos barrios de Medell&iacute;n -la Comuna 13- y de Bogot&aacute;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los &eacute;xitos  militares, los avances territoriales, la multiplicaci&oacute;n de las &quot;milicias  urbanas&quot;: todos estos factores contribuyen a alimentar el optimismo de los  dirigentes de las FARC y a facilitar el reclutamiento de combatientes. Sus  efectivos parecen alcanzar el n&uacute;mero de 17.000.</p>     <p>Los resultados  obtenidos deben sin embargo mucho al estado de debilidad en el que se encontraban  las fuerzas armadas. La tradici&oacute;n civilista de Colombia ha contribuido a que  las &eacute;lites s&oacute;lo se hayan preocupado a distancia de las cuestiones de seguridad.  Las carencias de las fuerzas armadas en todos los campos eran patentes. Hasta  1994, la parte del presupuesto consagrada al ej&eacute;rcito y a la polic&iacute;a apenas si  sobrepasaba el 14% y s&oacute;lo representaba  el 2.68% del PIB<sup>21</sup>: un porcentaje de los m&aacute;s bajos de Am&eacute;rica Latina,  m&aacute;s a&uacute;n trat&aacute;ndose de un pa&iacute;s afectado por una violencia tan fuerte. La fuerza  p&uacute;blica s&oacute;lo dispon&iacute;a de algunos helic&oacute;pteros, cerca de treinta en estado de  buen funcionamiento y, adem&aacute;s, no adaptados al nuevo car&aacute;cter del conflicto.  Las tropas estaban compuestas por conscriptos salidos de los medios m&aacute;s  desfavorecidos, desprovistos de entrenamiento, mantenidos en condiciones  precarias y a menudo objeto de malos tratamientos. El esp&iacute;ritu burocr&aacute;tico  prevalec&iacute;a entre los oficiales, a menudo poco motivados y poco inclinados a  asumir riesgos que pudieran afectar su promoci&oacute;n. La coordinaci&oacute;n entre las  diferentes armas era completamente nula al igual que la capacidad de recoger  informaci&oacute;n. Los casos de corrupci&oacute;n no eran excepcionales al igual que los de  violaci&oacute;n de los derechos humanos. Estados unidos hab&iacute;a llegado incluso a  exigir la supresi&oacute;n de algunos batallones implicados en estos abusos y, durante  el gobierno Samper, prefirieron apostar a la modernizaci&oacute;n de la polic&iacute;a.</p>     <p>En 1998 el  avance impresionante de las FARC impone un giro. A pesar del proceso de  negociaci&oacute;n, el gobierno de Pastrana se compromete con la modernizaci&oacute;n de las  fuerzas armadas. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s se adopta el &quot;Plan Colombia&quot;,  financiado conjuntamente por Estados Unidos y Colombia. La ayuda norteamericana  es de hecho muy considerable. Durante los cinco a&ntilde;os siguientes, Colombia  recibe una ayuda providencial de 5.000 millones de d&oacute;lares, que la convierte en  el tercer pa&iacute;s receptor de la ayuda norteamericana, despu&eacute;s de Israel y Egipto.  Estos cr&eacute;ditos est&aacute;n reservados inicialmente a la financiaci&oacute;n de las campa&ntilde;as  de destrucci&oacute;n de los cultivos de droga. No obstante, desde 2002 Estados Unidos  acepta que militares norteamericanos participen en la protecci&oacute;n de los  oleoductos y que cuatrocientos, y luego ochocientos  &quot;consejeros&quot;, se establezcan en Colombia. El Ej&eacute;rcito colombiano se  beneficia de los medios de observaci&oacute;n y de los helic&oacute;pteros que sirven a la  destrucci&oacute;n de los cultivos.    <br>       <br>   Por su lado, el  gobierno procede a un aumento r&aacute;pido del presupuesto de la fuerza p&uacute;blica, que  se dobla durante el gobierno de Pastrana y su crecimiento contin&uacute;a durante el  primer mandato de Uribe hasta alcanzar el porcentaje muy elevado de 6.3% del  PIB en 2007. Los efectivos aumentan paralelamente pero, sobre todo, la parte de  los soldados profesionales. Se crean brigadas m&oacute;viles y se organizan batallones  de alta monta&ntilde;a, el n&uacute;mero de patrullas fluviales se multiplica y su equipo  mejora. Las fuerzas armadas adquieren numerosos helic&oacute;pteros, entre ellos helic&oacute;pteros  de ataque Black Hawks y, en 2007, se dotan de S&uacute;per-Tucanos, aviones de ataque  ligeros construidos en Brasil; reciben, igualmente, aviones telecontrolados y  medios de vigilancia a&eacute;rea. Finalmente, a partir de 2005, la coordinaci&oacute;n de  las operaciones y la informaci&oacute;n mejoran. Todo eso significa que los militares  pueden reaccionar mucho m&aacute;s r&aacute;pido a las acciones de la guerrilla.</p>     <p>Desde mediados  de 1998, las FARC comienzan a sentir el impacto de esta modernizaci&oacute;n y a  experimentar graves p&eacute;rdidas como consecuencia de unas operaciones que todav&iacute;a  compromet&iacute;an a centenares de guerrilleros y que eran detectadas. Y se vieron  as&iacute; obligadas a volver a las t&aacute;cticas habituales de guerrilla. No disponen de  un armamento que les permita hacer frente a los ataques a&eacute;reos, como por  ejemplo misiles tierra aire. A partir de 2003, el Ej&eacute;rcito comienza a aflojar  la tenaza que las FARC hab&iacute;an construido  alrededor de las ciudades, desaloj&aacute;ndolas de Cundinamarca en las  inmediaciones de Bogot&aacute; y de sus posiciones en los alrededores de Medell&iacute;n;  toma posesi&oacute;n de los barrios en los que los guerrilleros se hab&iacute;an infiltrado y  destruye una gran parte de las organizaciones de milicianos, en los dos casos  con el concurso de los paramilitares. En el per&iacute;odo siguiente, comienza a atacar  ciertos bastiones hist&oacute;ricos de las FARC y lanza un plan, llamado &quot;Plan  Patriota&quot;, para alcanzar sus zonas de refugio. En el marco del programa de  &quot;Seguridad Democr&aacute;tica&quot;, el gobierno Uribe garantiza la seguridad de  las carreteras m&aacute;s importantes y establece o restablece los puestos de polic&iacute;a  en todos los municipios, lo cual no impide que en 2005 las FARC promuevan  todav&iacute;a numerosas acciones.    <br>       <br>   La mejora en la  eficacia de las fuerzas armadas est&aacute; lejos de explicar por s&iacute; misma las  dificultades de las FARC, que provienen sobre todo de la intervenci&oacute;n de las  organizaciones paramilitares. No es &eacute;ste el lugar para describir con detalle  este aspecto y nos limitaremos a un breve resumen. A partir de 1994, los grupos  paramilitares emprenden la recuperaci&oacute;n a sangre y fuego de numerosas regiones.  Urab&aacute;, regi&oacute;n eminentemente estrat&eacute;gica puesto que comunica con los dos oc&eacute;anos  y con Panam&aacute;, es la primera que cae. Despu&eacute;s viene el Valle del Magdalena  Medio: la toma de Barrancabermeja a finales de 1999, centro de la refiner&iacute;a  petrolera, marcada por una larga historia del sindicalismo radical y por el  dominio de las FARC y del ELN, constituye un giro decisivo. Despu&eacute;s viene el  turno de muchas otras zonas. Ya se ha mencionado la lucha por el control de los  cultivos de coca. En 2006-2007, la presencia de los grupos paramilitares se  extiende a casi todo el pa&iacute;s, incluyendo la regi&oacute;n amaz&oacute;nica que estaba  dominada por las FARC.</p>     <p>Estos grupos  jam&aacute;s estuvieron verdaderamente unificados. Algunos de ellos, bajo el mando de  Carlos Casta&ntilde;o, uno de los autores de la recuperaci&oacute;n de Urab&aacute; y de C&oacute;rdoba,  pretend&iacute;an mostrar un m&iacute;nimo de coordinaci&oacute;n y se presentaban como Autodefensas  Unidas de Colombia (AUC), con el prop&oacute;sito de aparecer como una organizaci&oacute;n  militar y pol&iacute;tica de contraguerrilla. De hecho, de esta manera logran captar  m&aacute;s f&aacute;cilmente el apoyo de sectores que, por haber organizado por su propia  cuenta mecanismos de autodefensa frente a las guerrillas, estaban dispuestos a  apoyar una organizaci&oacute;n m&aacute;s ofensiva. Sin embargo, la exasperaci&oacute;n con respecto  a los abusos de la guerrilla era tan extendida que el apoyo se extendi&oacute; m&aacute;s  all&aacute; del mundo de los propietarios.</p>     <p>No obstante, la fachada unitaria r&aacute;pidamente se  agriet&oacute;. La diversidad de situaciones regionales era demasiado grande para  hacer posible una convergencia duradera,  sobre todo debido a la diversidad de las relaciones con los  narcotraficantes. El crecimiento de todos los grupos paramilitares fue  financiado desde el comienzo por el narcotr&aacute;fico: el mismo Carlos Casta&ntilde;o,  vinculado desde antes con el cartel de Medell&iacute;n, reconoc&iacute;a desde 2000 que el  narcotr&aacute;fico suministraba el 70% de la financiaci&oacute;n de las AUC. Pero la red de  traficantes propiamente dicha pronto tom&oacute; el control de la mayor parte de los  &quot;bloques&quot; paramilitares. Esta situaci&oacute;n no se interrumpe en 2003  cuando el gobierno Uribe emprende la tarea de negociar la movilizaci&oacute;n de esos  &quot;bloques&quot; ofreci&eacute;ndoles, a trav&eacute;s de la &ldquo;Ley de Justicia y Paz&quot;,  la promesa de penas reducidas. Una buena parte de las grandes redes de  narcotraficantes, que hab&iacute;an permanecido hasta ese momento a distancia del  paramilitarismo, se convierten a &eacute;l con el fin de beneficiarse de estas  medidas. Adem&aacute;s, los paramilitares hab&iacute;an logrado apropiarse de las  instituciones regionales en varias partes del territorio, sobre todo en la  mayor&iacute;a de los departamentos del Atl&aacute;ntico y  hab&iacute;an obtenido un porcentaje importante de los esca&ntilde;os en el Congreso  Nacional &ndash; varios ya est&aacute;n en la c&aacute;rcel y muchos m&aacute;s est&aacute;n procesados- y una  presencia no menos importante en los partidos que apoyan la pol&iacute;tica de Uribe.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde el punto  de vista militar, los paramilitares nunca fueron capaces de enfrentarse con las FARC. Raras han sido las operaciones  en las que lo han hecho directamente. Su superioridad sobre las FARC proviene  de dos recursos.</p>     <p>En primer lugar,  los paramilitares se situaron en las fronteras ambiguas de la ilegalidad y la  legalidad; dispusieron de la tolerancia e, incluso, del apoyo activo de  numerosas unidades militares y policivas satisfechas de disponer as&iacute; de la  fuerza de apoyo de la que ten&iacute;an necesidad para hacer el &quot;trabajo  sucio&quot;: ejecuciones sumarias, informaci&oacute;n, etc. A esta colusi&oacute;n con las  fuerzas armadas se agregaba en numerosos departamentos atl&aacute;nticos el apoyo de  las autoridades regionales elegidas. Todo eso no era m&aacute;s que el preludio de la  metamorfosis directa de los paramilitares en autoridades regionales y de su  penetraci&oacute;n en el Congreso nacional.</p>     <p>En segundo lugar  y, sobre todo, los paramilitares no se limitaron al &quot;trabajo sucio&quot;,  sino que convirtieron el terror en t&aacute;ctica de guerra y lo llevaron mucho m&aacute;s  lejos que las FARC hasta el punto de que son responsables de la mayor parte de  las masacres colectivas y de las atrocidades, que recuerdan la &eacute;poca de la <i>Violencia</i>, y de que practicaron una  forma de &quot;depuraci&oacute;n pol&iacute;tica&quot; a trav&eacute;s de los &quot;desplazamientos  forzados&quot; masivos: recordemos que el n&uacute;mero de desplazados se estima en  dos o tres millones, lo que hace de Colombia uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s afectados  por este fen&oacute;meno. Aunque las FARC tienen all&iacute; su parte, la responsabilidad de  los paramilitares y de sus aliados es muy superior a este respecto.</p>     <p>Bajo la acci&oacute;n  conjunta de militares y de paramilitares se produjo a partir de 2003 un  innegable repliegue territorial de las FARC. Las destrucciones de pueblos y las  &quot;pescas milagrosas&quot; en las carreteras se volvieron cada vez m&aacute;s  raras. La mayor parte de las milicias urbanas se pasaron del lado de los  paramilitares; su principal unidad de &eacute;lite, la columna m&oacute;vil &quot;Te&oacute;filo  Forero&quot; se debilit&oacute; enormemente. Los efectivos disminuyeron: una cifra entre  8.000 y 10000 es hasta el momento la m&aacute;s citada por lo general. Las FARC sufrieron  importantes p&eacute;rdidas de combatientes: 2300 de 1998 a 2001, 5400 de 2002 a 2005  seg&uacute;n las fuentes oficiales <a href="#(23)">(23)</a>. <b></b>Las deserciones han ido en aumento. Seg&uacute;n  las mismas fuentes alcanzan m&aacute;s de mil en el a&ntilde;o 2006 y un cantidad todav&iacute;a  mayor en 2007. Ya los desertores no se  reclutan solo entre los combatientes recientes sino tambi&eacute;n entre los  guerrilleros que llevan diez a&ntilde;os o m&aacute;s en la guerra.</p>     <p>Sin embargo,  hasta los a&ntilde;os 2007-2008 las FARC se pod&iacute;an vanagloriar de haber hecho fracasar  el plan de los militares orientado a matar o a capturar comandantes  importantes, incluso a miembros del Secretariado. Esta no es la situaci&oacute;n desde  hace algunos meses. Varios comandantes de primer plano han sido eliminados,  entre ellos el &quot;Negro Acacio&rdquo;, uno de los hombres clave del tr&aacute;fico de la  droga y &quot;Mart&iacute;n Caballero&quot;, que durante un largo tiempo hab&iacute;a  establecido su dominio en los Montes de Mar&iacute;a. En marzo de 2008, las FARC  sufren dos golpes de un alcance a&uacute;n mucho mayor puesto que, por primera vez,  dos miembros del Secretariado son  eliminados. La muerte de Ra&uacute;l Reyes en  territorio ecuatoriano los priva de quien manejaba los contactos internacionales y, seg&uacute;n parece, garantizaba el v&iacute;nculo entre  el ala m&aacute;s militarista y el ala m&aacute;s pol&iacute;tica. La muerte de Iv&aacute;n R&iacute;os, asesinado  por uno de sus subordinados, revela la tendencia al desmoronamiento de ciertos frentes.</p>     <p>Todo esto  contribuye significativamente a acentuar la desmoralizaci&oacute;n de una organizaci&oacute;n  que, durante quince a&ntilde;os, hab&iacute;a apostado todo a la estrategia militar hasta el  punto de descuidar la acci&oacute;n pol&iacute;tica y de ver que su credibilidad en este  campo se reduc&iacute;a cada vez m&aacute;s.</p>     <p>El balance de la  &quot;guerra contra las droga&quot;, impulsada en el marco del &quot;Plan  Colombia&quot; es, por su parte, muy decepcionante. En siete a&ntilde;os, la  superficie de los cultivos de coca disminuye sin lugar a dudas: de m&aacute;s de  200.000 ha, pasa a menos de 80.000 ha. Pero su dispersi&oacute;n los hace menos  vulnerables y el crecimiento de los rendimientos hace que la producci&oacute;n siga  siendo casi id&eacute;ntica.</p>     <p>Es cierto que,  en contrapartida, el &quot;Plan Colombia&quot; ha sido el punto de partida de una modificaci&oacute;n de las relaciones de fuerza  en el terreno entre la guerrilla y las fuerzas coaligadas para hacerle frente.</p>     <p><b>6. LOS RECURSOS POL&Iacute;TICOS: LA ORTODOXIA COMUNISTA</b>    <br> El hecho de que  las FARC presenten desde finales de los a&ntilde;os 1980 la tendencia a relegar a un  segundo plano la elaboraci&oacute;n de una estrategia propiamente pol&iacute;tica y a eludir  los debates internos a este respecto es uno de los factores, tal vez el  principal, que m&aacute;s ha contribuido al mantenimiento de su cohesi&oacute;n. Aunque  constantemente han asegurado que su objetivo final es la &quot;toma del poder&quot;,  se han cuidado casi siempre de precisar lo que har&iacute;an de ese poder y las  alianzas pol&iacute;ticas que establecer&iacute;an si lograran conquistarlo. Y mucho menos,  como hemos visto, han pretendido innovar en el dominio ideol&oacute;gico y plantearse  como &quot;modelo&quot; para otros movimientos revolucionarios. La ortodoxia  comunista anterior a la ca&iacute;da de la cortina de hierro les ha sido suficiente  como doctrina. Los riesgos de las escisiones &quot;te&oacute;ricas&quot; han sido suprimidos  de esta manera.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Su l&iacute;der  legendario, Manuel Marulanda V&eacute;lez, nunca ha jugado al papel de te&oacute;rico  revolucionario ni de gu&iacute;a inspirado y carism&aacute;tico. M&aacute;s bien ha contribuido a  imponer la visi&oacute;n &quot;campesinista&quot; entre sus allegados <a href="#(24)">(24)</a>. Durante muchos a&ntilde;os, por lo dem&aacute;s, comparti&oacute; la  direcci&oacute;n de las FARC con Jacobo Arenas quien, formado al contacto con el  sindicalismo petrolero de Barrancabermeja, posaba gustoso de te&oacute;rico. Sin  embargo, sus raros escritos son m&aacute;s una muestra de an&aacute;lisis de la coyuntura o  de definici&oacute;n de la estrategia de guerra que de creaci&oacute;n doctrinal. Despu&eacute;s de  su muerte en 1990, el relevo de Arenas no se ha llevado a cabo. En el  Secretariado de las FARC, Ra&uacute;l Reyes y el &quot;Mono Jojoy&quot; (Jorge Brice&ntilde;o  Su&aacute;rez), la principal figura militar, se  han vanagloriado m&aacute;s bien de su desprecio por los &quot;intelectuales&quot;.  Una vulgata marxista-leninista y la historia de los or&iacute;genes de las FARC, en  forma de relato m&iacute;tico, les han parecido  suficientes para justificar su acci&oacute;n.</p>     <p>Hasta mediados  de los a&ntilde;os 1980, las FARC, de todas maneras, no se han preocupado por fijar  ellas mismas una l&iacute;nea pol&iacute;tica. Como ya se ha mencionado, se hab&iacute;an  subordinado expl&iacute;citamente al Partido Comunista colombiano y este hecho los hab&iacute;a  colocado en la posici&oacute;n de tener que seguir las orientaciones del Partido  Comunista de la URSS. Gilberto Vieira, su secretario general de 1947 a 1991, un  abogado formado en la escuela de la Guerra Fr&iacute;a, nunca estuvo dispuesto a  dejarse seducir por la fantasmagor&iacute;a guevarista o mao&iacute;sta. El Partido defend&iacute;a  abiertamente la lucha armada, pero med&iacute;a su influencia con relaci&oacute;n al n&uacute;mero  de huelgas y a los resultados electorales, y no al de las acciones de la  guerrilla.</p>     <p>El equilibrio  entre el Partido y la guerrilla comienza a invertirse a comienzos de los a&ntilde;os  1980 con la decisi&oacute;n de las FARC en 1982-1983 de doblar el n&uacute;mero de sus  frentes. Al aceptar en 1984 el cese al fuego y la apertura de negociaciones con  el gobierno de Belisario Betancur, dan la sensaci&oacute;n de querer transformarse en  actor pol&iacute;tico y, al a&ntilde;o siguiente, dan un paso m&aacute;s en esta direcci&oacute;n al asociarse  al Partido Comunista para crear un partido, la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica (UP), que busca  atraer otras corrientes de la izquierda. Varios comandantes de las FARC ocupan  puestos importantes en esta organizaci&oacute;n. La Uni&oacute;n Patri&oacute;tica gana las  alcald&iacute;as de 25 municipios en las elecciones regionales de 1986 y obtiene unos  resultados muy superiores a los alcanzados habitualmente por el Partido  Comunista, hasta el punto de que parece estar as&iacute; en capacidad de aumentar su  influencia territorial aprovechando el proceso de descentralizaci&oacute;n inaugurado  por la reforma pol&iacute;tica de 1985, que establece la elecci&oacute;n de alcaldes, en  lugar del nombramiento hecho por los gobernadores<sup>22</sup>.</p>        <p>La historia de la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica termina sin embargo  en tragedia. En algunos a&ntilde;os, la mayor parte de sus dirigentes son asesinados:  sus dos primeros presidentes (casi todos elegidos al Congreso), y la mayor  parte de sus elegidos locales. Un gran n&uacute;mero de sus simpatizantes, en  particular los sindicalistas, conocen la misma suerte. Seg&uacute;n fuentes oficiales,  al menos 2500 miembros fueron v&iacute;ctimas de esta sangr&iacute;a. El Partido Comunista  fue particularmente afectado. De un solo golpe, la afirmaci&oacute;n de las FARC  parec&iacute;a justificada: la v&iacute;a legal es una ilusi&oacute;n puesto que las &eacute;lites  colombianas est&aacute;n dispuestas a todo menos a aceptar un cambio, por peque&ntilde;o que  sea. De hecho, preocupados por el proceso de negociaci&oacute;n impulsado por  Belisario Betancur y por los resultados electorales obtenidos por un partido  que les parece una simple cobertura de las FARC, los narcotraficantes, los  pol&iacute;ticos locales, los paramilitares, los miembros de las fuerzas del orden,  los propietarios terratenientes se coaligan para eliminar al nuevo partido.</p>     <p>&iquest;La creaci&oacute;n de  la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica significaba verdaderamente una adhesi&oacute;n a la v&iacute;a pol&iacute;tica?  Muchos &iacute;ndices sugieren que se trataba m&aacute;s bien de una versi&oacute;n actualizada de  la &quot;combinaci&oacute;n de todas las formas de lucha&quot;. Jacobo Arenas, que  hab&iacute;a considerado en alg&uacute;n momento la posibilidad de lanzarse como candidato por  este partido, public&oacute; un libro donde afirmaba que la UP no era m&aacute;s que un  instrumento destinado a dar impulso a la conquista del poder por las armas (J.  Arenas, 1985). Durante el cese al fuego, las FARC continuaron su expansi&oacute;n y,  desde 1987 vuelven a las emboscadas contra la fuerza p&uacute;blica. La UP se pon&iacute;a  muy a menudo al servicio del reclutamiento de combatientes en los medios  urbanos. Tensiones cada vez m&aacute;s vivas surgieron r&aacute;pidamente entre los cuadros  de la guerrilla y los integrantes de ese partido que cre&iacute;an en las posibilidades  de una oposici&oacute;n propiamente pol&iacute;tica al r&eacute;gimen. Entre los supervivientes  algunos se reintegraron a la guerrilla; otros, que consideraban haber sido  utilizados, tomaron distancia con el Partido Comunista.</p>     <p>Un &uacute;ltimo  episodio contribuye a que las FARC digan adi&oacute;s a la pol&iacute;tica&quot;<sup>23</sup>: la ocupaci&oacute;n por el ej&eacute;rcito en noviembre de 1989 de &quot;Casa Verde&quot;,  la sede del Secretariado en La Uribe desde hac&iacute;a 10 a&ntilde;os. Esta sedentaridad  favorec&iacute;a los contactos. Llevada a cabo el d&iacute;a mismo de la elecci&oacute;n de la  Constituyente, la operaci&oacute;n militar da un buen motivo a las FARC para rechazar,  contrariamente al M-19 y al EPL, la negociaci&oacute;n de una eventual participaci&oacute;n  en esta Asamblea. A manera de respuesta, lanzan su primera ofensiva de  envergadura y adoptan una t&aacute;ctica de mayor movilidad y dispersi&oacute;n.</p>     <p>Aunque la opci&oacute;n  por la v&iacute;a militar no excluye el proyecto pol&iacute;tico, &eacute;ste &uacute;ltimo se puede  resumir en la esperanza de una &quot;insurrecci&oacute;n popular&quot; a la manera  salvadore&ntilde;a. Ya en 1985 Jacobo Arenas evocaba esa posibilidad. El exterminio de  la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica le parece ofrecer las condiciones para provocar la reacci&oacute;n  que dar&iacute;a la se&ntilde;al. A partir de all&iacute;, cada manifestaci&oacute;n de protesta popular,  cada huelga, cada crisis pol&iacute;tica hac&iacute;a renacer la esperanza en una sublevaci&oacute;n  general. Ocurre lo mismo cuando se produce en 1998-1999 una recesi&oacute;n econ&oacute;mica  que conlleva una ca&iacute;da del nivel de vida de las clases populares sin precedente  desde 1929. La organizaci&oacute;n de las milicias bolivarianas y, poco despu&eacute;s, de un  movimiento clandestino bolivariano en 1997, y de manera m&aacute;s reciente de un PCCC  (Partido Comunista Clandestino de Colombia), han estado orientados a favorecer  su preparaci&oacute;n. </p>     <p>Las FARC sin  embargo siempre han buscado ejercer una hegemon&iacute;a sobre el conjunto de las guerrillas  y sobre las fuerzas pol&iacute;ticas opuestas al r&eacute;gimen.</p>     <p>Antes de 1990,  cuando a&uacute;n exist&iacute;an otras tres importantes organizaciones de guerrilla (el ELN,  el EPL y el M-19), las FARC afirmaban de manera permanente su supremac&iacute;a. En  1987 una coordinaci&oacute;n entre estas organizaciones fue creada con el nombre de  Coordinadora Guerrillera Sim&oacute;n Bol&iacute;var. Nunca funcion&oacute; verdaderamente debido a  las pretensiones de las FARC de dominarla. Cuando el EPL se desmoviliz&oacute; en 1991  en Urab&aacute;, las FARC persiguieron despiadadamente a sus antiguos miembros, hasta  el punto incluso de arrojarlos en los brazos de los paramilitares. S&oacute;lo las  FARC y el ELN continuaron en el combate, pero las fricciones entre estos grupos  no cesaron. El debilitamiento militar del ELN, como consecuencia de la acci&oacute;n  de los paramilitares, deja a las FARC el cuasi monopolio de la estrategia de  guerra. En estos &uacute;ltimos a&ntilde;os el ELN se comprometi&oacute; en un proceso de  negociaci&oacute;n con el gobierno de Uribe que, aunque no ha dado resultados hasta  ahora, ha sido aprovechado por las FARC para tomar el control de numerosos  n&uacute;cleos de la organizaci&oacute;n rival y para desencadenar contra ella una lucha a  muerte que habr&iacute;a hecho cerca de mil muertos en regiones como Arauca y Nari&ntilde;o <a href="#(25)">(25)</a>.</p>     <p>En el plano pol&iacute;tico las FARC igualmente han querido  someter todas las fuerzas de oposici&oacute;n al r&eacute;gimen; rechazan incluso la idea  misma de &quot;sociedad civil&quot;, que pretenden encarnar bajo la forma de  &quot;sociedad civil en armas&quot;. Este rechazo es parad&oacute;jico porque una  parte de la sociedad civil &quot;organizada&quot; no disimulaba en muchas  ocasiones su simpat&iacute;a con la lucha armada. Al utilizar a la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica,  contribuyeron a su suerte tr&aacute;gica y a&uacute;n siguen desconfiando de todas las  organizaciones de izquierda que pretendan emanciparse de su tutela. Las FARC no  disimulan su hostilidad con respecto a Lucho Garz&oacute;n, antiguo sindicalista  comunista que se convirti&oacute; en alcalde de Bogot&aacute; entre 2003 y 2007 con un  programa socialdem&oacute;crata, ni con respecto al ala reformista del &quot;Polo  Democr&aacute;tico&quot;, el partido que reagrupa a la izquierda desde hace seis a&ntilde;os.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo las  FARC tuvieron dos ocasiones para asumir un lenguaje pol&iacute;tico y presentar en la  escena pol&iacute;tica las perspectivas que le ofrec&iacute;an al pa&iacute;s. La primera es el  proceso de negociaci&oacute;n emprendido en 1982 por el gobierno de Belisario  Betancur. La segunda es el proceso de negociaci&oacute;n llevado a cabo entre 1998 y  2002 por el gobierno de Andr&eacute;s Pastrana. En los dos casos, los gobiernos  hicieron al principio m&uacute;ltiples gestos de buena voluntad. En los dos casos,  igualmente, una parte importante de la opini&oacute;n so&ntilde;aba con un acuerdo. La  responsabilidad del fracaso no incumbe solamente a las FARC: en el primer caso,  la liquidaci&oacute;n de la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica y en el segundo la expansi&oacute;n paramilitar,  prueban que fuerzas poderosas estaban resueltas a bloquear toda aproximaci&oacute;n de  las posiciones. Adem&aacute;s, las FARC se mostraron incapaces de aprovechar la  tribuna de que dispon&iacute;an para hacer proposiciones plausibles y para sostener un discurso o hacer gestos que les  valiera una mayor simpat&iacute;a de la opini&oacute;n. En el momento de la inauguraci&oacute;n  oficial de las negociaciones en 1999 en San Vicente del Cagu&aacute;n, en el coraz&oacute;n  de la zona desmilitarizada de 42.000 km&sup2; que Andr&eacute;s Pastrana les hab&iacute;a  otorgado, Manuel Marulanda se abstuvo de ocupar la silla que le hab&iacute;a sido  reservada al lado de la del Presidente y la negociaci&oacute;n nunca despeg&oacute; verdaderamente.  A San Vicente del Cagu&aacute;n, durante la negociaci&oacute;n, representantes de las &eacute;lites  colombianas fueron a encontrarse con los dirigentes de las guerrillas en el  cuadro de las &quot;mesas tem&aacute;ticas&quot;, al igual que representantes de la  sociedad civil fueron a expresar sus aspiraciones durante las audiencias  p&uacute;blicas: las FARC se comportaron como si se tratara de un congreso del partido  en la antigua Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica,</p>     <p>En varias  ocasiones, desaprovecharon tambi&eacute;n la vocaci&oacute;n que se les ofreci&oacute; de dialogar  con interlocutores exteriores. En 1999, despu&eacute;s de que un alto responsable de  la administraci&oacute;n de los Estados Unidos acabara de establecer contacto con  ellas en Costa Rica, asesinaron tres indigenistas americanos, lo que condujo a  la interrupci&oacute;n de las conversaciones. En enero de 2002, cuando la negociaci&oacute;n  con Andr&eacute;s Pastrana estaba al borde de la ruptura, embajadores europeos se  esforzaron vanamente por renovarlas; pero, inmediatamente despu&eacute;s de la  ruptura, las FARC no vacilaron en hacer una afrenta con el secuestro de la  franco colombiana Ingrid Betancur.</p>     <p>No es pues  sorprendente que estas dos negociaciones se hayan terminado con la acentuaci&oacute;n  de su descr&eacute;dito. Su incapacidad para manejar la palabra pol&iacute;tica aparece a  plena luz. En 1986, las clases medias se separan de ellas; en 2002, la mayor&iacute;a  del pa&iacute;s, como lo demuestra la adhesi&oacute;n masiva a la candidatura de &Aacute;lvaro  Uribe, partidario de la &quot;mano dura&quot; contra las guerrillas. En una y  otra ocasi&oacute;n, la opini&oacute;n imputa el fracaso de las conversaciones<b> </b>&uacute;nicamente a la guerrilla. Las FARC, pues, sin  duda han sacado de estas experiencias otra lecci&oacute;n: son ellas las que salen  perdiendo cuando tratan de comprometerse, incluso parcialmente, con los manejos  pol&iacute;ticos.</p>     <p>Catalogadas como  &quot;organizaci&oacute;n terrorista&quot; por Estados Unidos despu&eacute;s del 11 de  septiembre y, posteriormente, por la Uni&oacute;n Europea, se encuentran ahora  privadas de relaciones oficiales con el exterior.</p>     <p>El aislamiento  no parece inquietarlas demasiado. Si damos fe a los sondeos de opini&oacute;n nunca  han contado, incluso en sus mejores momentos,  con un porcentaje de opini&oacute;n favorable, que ha oscilado entre el 3 y el 5%.  La exasperaci&oacute;n en su contra no es, en cambio, ajena al hecho de que desde hace  cinco a&ntilde;os, &Aacute;lvaro Uribe ha logrado mantener un nivel de favorabilidad que  fluct&uacute;a alrededor del 70%.</p>     <p>&iquest;Las FARC,  implicadas como efectivamente lo est&aacute;n en el tr&aacute;fico de drogas y en muchos  otros tr&aacute;ficos, entre ellos el de seres humanos por intermedio de los  secuestros, siguen siendo una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica revolucionaria? No es  seguro que la pregunta tenga un sentido. En todo caso, recordar que se han  asignado siempre por objetivo la &quot;toma del poder&quot; constituye una respuesta  insuficiente. Hace mucho tiempo que la calificaci&oacute;n de una organizaci&oacute;n ilegal  como &quot;pol&iacute;tica&quot; ya no pasa en Colombia por el enunciado de una  intenci&oacute;n expl&iacute;cita con la sociedad y por la construcci&oacute;n de una ideolog&iacute;a que  le sirva de soporte. En el marco de un conflicto tan complejo, dominio  territorial y manejo del terror son los sustitutos del lenguaje pol&iacute;tico: lo  que se quiere remite a lo que se hace. S&oacute;lo cuentan las &quot;v&iacute;as de  hecho&quot;. En la medida en que esas v&iacute;as de hecho sean lo suficientemente espectaculares,  es decir, en la medida en que lleguen a ser atroces, pueden dar acceso a un  reconocimiento de la calidad de actor &quot;pol&iacute;tico&quot;. Las guerrillas  tienen desde hace muchos a&ntilde;os el saber pr&aacute;ctico acerca de todo esto. Con el  impulso en 2001-2002 de los &quot;secuestros pol&iacute;ticos&quot; y con el  tratamiento inhumano que infringen a las v&iacute;ctimas, se dotan de un medio para  forzar su regreso a la escena pol&iacute;tica llegado el momento. Los grupos  paramilitares y de narcotraficantes lo hacen mejor a&uacute;n: aunque poco hab&iacute;an  so&ntilde;ado con la posibilidad de &quot;hacer pol&iacute;tica&quot;, descubrieron en el a&ntilde;o  2000 que el incremento de las masacres y de los desplazamientos forzados les  abr&iacute;a el camino hacia el reconocimiento implicito<b> </b>de la condici&oacute;n de actor pol&iacute;tico. .</p>     <p><b>CONCLUSI&Oacute;N</b> </p>      <p>Hay que volver  al punto de partida. He hablado de ethos campesinista. Muchos comentaristas han  visto en el reclutamiento fundamentalmente rural de las FARC la fuente de la  temporalidad lenta en la que se inscribe su acci&oacute;n. Varios gobernantes, uno  tras otro, han organizado pol&iacute;ticas alternativas de conciliaci&oacute;n o de  enfrentamiento; algunos han llevado a cabo reformas pol&iacute;ticas de envergadura  como las que aparecen en el texto de la Constituci&oacute;n de 1991; pero siempre se  han encontrado frente a la misma organizaci&oacute;n que parece hacer de la paciencia  una estrategia, como si estuvieran esperando que las instituciones y las  estructuras sociales se desintegren por s&iacute; mismas.</p>     <p>Sin embargo, no  es cierto que la temporalidad campesina sea tan lenta como se pretende. En todo  caso la temporalidad de las FARC es mucho m&aacute;s compleja de lo que parece en una  primera mirada. El mundo campesino &quot;tradicional&quot; en el que  encontraban su punto de apoyo se ha desintegrado ampliamente. La Uni&oacute;n  Sovi&eacute;tica, que durante largo tiempo sirvi&oacute; de fundamento a una temporalidad del  &quot;progreso&quot;, ha desaparecido y el Partido Comunista colombiano, por su  parte, est&aacute; pr&aacute;cticamente liquidado. Mientras tanto, la econom&iacute;a de la droga ha  garantizado a las FARC los medios para su expansi&oacute;n pero tambi&eacute;n para la inserci&oacute;n  en el universo internacional del tr&aacute;fico de drogas y de armas: el tiempo de la  globalizaci&oacute;n no les es ajeno. La pr&aacute;ctica de los secuestros y de la extorsi&oacute;n  a gran escala ha implicado una temporalidad m&aacute;s fragmentada y aleatoria que  hace entrar a la guerrilla en la era del &quot;presentismo&quot;.</p>     <p>No obstante, la  silueta inm&oacute;vil de Manuel Marulanda V&eacute;lez est&aacute; siempre all&iacute; y con ella la  sombra de otra &eacute;poca, porque la persistencia de las FARC debe mucho a las  huellas de la <i>Violencia</i> de los a&ntilde;os  1950. No se trata de que las FARC perpet&uacute;en el estilo de los n&uacute;cleos de  autodefensa campesina de este per&iacute;odo: la droga y el potencial propiamente  militar han modificado profundamente el car&aacute;cter de la lucha guerrillera <a href="#(26)">(26)</a>. Pero la manera como Marulanda y sus pr&oacute;ximos denuncian  las injusticias lleva la marca de la humillaci&oacute;n experimentada medio siglo  antes por amplios sectores, principalmente rurales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando el 7 de  enero de 1999 la voz de Marulanda <a href="#(27)">(27)</a> se levanta frente a una silla vac&iacute;a y un auditorio compuesto por el Presidente de  Colombia y los embajadores, invocando como punto de partida del conflicto que  destroza a este pa&iacute;s desde 1980 la destrucci&oacute;n de sus gallinas y de sus  marranos en 1964 como consecuencia del bombardeo de Marquetalia <a href="#(28)">(28)</a>, nos encontramos frente a una dimensi&oacute;n central de lo  pol&iacute;tico, que aparece all&iacute; a plena luz.</p>     <p>Esta dimensi&oacute;n  no se limita a la demanda de una vasta reforma agraria, incluso si tenemos en  cuenta que esta petici&oacute;n ha sido reiterada a lo largo de d&eacute;cadas <a href="#(29)">(29)</a>. A pesar de las transformaciones del paisaje agrario,  esta demanda se ha mantenido ciertamente en forma casi inalterada haciendo las  veces de carta de identidad pol&iacute;tica de la guerrilla <a href="#(30)">(30)</a>. Esta dimensi&oacute;n no remite tampoco &uacute;nicamente a una  relaci&oacute;n con las instituciones as&iacute; sea de rechazo radical: si las FARC hubieran  sido una organizaci&oacute;n revolucionaria cl&aacute;sica hace largo tiempo que hubieran  tenido que reconocer su fracaso. La dimensi&oacute;n pol&iacute;tica remite de hecho a un  resentimiento anclado en una historia profunda en la que la <i>Violencia</i> es el punto de referencia  principal: la guerra en la que los campesinos fueron actores a pesar de si  mismos y sobre la cual, una vez terminada, las elites impusieron el silencio.  Pero, m&aacute;s all&aacute; de eso, un pasado global en el que muchos colombianos no tuvieron  acceso a una ciudadan&iacute;a de cualquier tipo que fuese.</p>     <p>Aquel d&iacute;a  Marulanda, ausente pero omnipresente, triunf&oacute;. La referencia que hizo en  aquella ocasi&oacute;n a las aves de corral expresa ciertamente una gran &quot;malicia  ind&iacute;gena&quot; ya que es una manera de enga&ntilde;ar al otro ofreci&eacute;ndole una imagen  de s&iacute; que corresponde a sus prejuicios pero que, al hacerlo, lo obliga a no  pasar inadvertido. Pero esta referencia sirve sobre todo para formular un  sentimiento de venganza, en primer lugar, contra la oligarqu&iacute;a, que debe darse  cuenta de su poder y darle un &quot;reconocimiento&quot;, conquistado en ardua  lucha. Venganza, en segundo lugar, contra los voluntaristas izquierdistas y  otros ide&oacute;logos de sal&oacute;n que lo hab&iacute;an considerado durante un largo per&iacute;odo con  conmiseraci&oacute;n mientras ellos, por su parte, se integraban poco a poco al  r&eacute;gimen. Revancha, finalmente, contra todos aquellos que no conocieron la  humillaci&oacute;n pero muchas veces han pretendido reclamarse de ella para ponerla al  servicio de su demagogia.</p>     <p>Sin embargo, las FARC no han tenido &eacute;xito cuando han  contado con el acceso a una tribuna pol&iacute;tica para convertir su resentimiento en  perspectiva pol&iacute;tica. A este respecto, parecen haberse dejado llevar por una  especie de inercia. Y es tal vez en este aspecto que hay que dirigirse a Manuel  Marulanda para tener una explicaci&oacute;n. A los 79 a&ntilde;os, es posible que se sienta  satisfecho con la obra realizada. Se han conocido otros l&iacute;deres revolucionarios  legendarios que, al final de su reinado, han hecho del inmovilismo una virtud  y, al prohibir cualquier tipo de deliberaci&oacute;n entre sus allegados, han cre&iacute;do y  han hecho creer que el monolitismo garantiza la perennidad de su obra.</p>     <p>Cuando se abra  la sucesi&oacute;n, se ver&aacute; m&aacute;s claramente c&oacute;mo las FARC no podr&aacute;n conservar su  cohesi&oacute;n si no vuelven sobre una estrategia m&aacute;s claramente pol&iacute;tica, que no  podr&iacute;a ser distinta a comprometerse en negociaciones, al menos parciales. El  repliegue territorial que han sufrido, la p&eacute;rdida de la moral de sus tropas, su  aislamiento internacional, deber&iacute;an llevarlas hasta este punto <a href="#(31)">(31)</a>. Disponen al menos de una ventaja que podr&iacute;a  ayudarlas a este respecto: el hecho de compartir una visi&oacute;n  &quot;bolivariana&quot; con su poderoso vecino Hugo Ch&aacute;vez y, por su mediaci&oacute;n,  con pa&iacute;ses vecinos.</p>     <p>Las FARC  disponen tambi&eacute;n de un medio de presi&oacute;n para motivar una internacionalizaci&oacute;n  del problema colombiano: los rehenes &quot;pol&iacute;ticos&quot; que a&uacute;n mantienen.  En mayo de 2007, la muerte de 11 de estos rehenes, los diputados regionales del  valle del Cauca, estuvo a punto de arruinar esta posibilidad. Al favorecer, a  partir de diciembre de 2007, la liberaci&oacute;n &quot;unilateral&quot; de algunos de  estos rehenes por intermedio de Hugo Ch&aacute;vez, las FARC han dado una clara se&ntilde;al  de su deseo de orientarse hacia una discusi&oacute;n pol&iacute;tica bajo la &eacute;gida de  diferentes pa&iacute;ses, Venezuela entre ellos, que tendr&iacute;an el rol de  &quot;facilitadores&quot;. S&oacute;lo les queda dar un paso m&aacute;s: la liberaci&oacute;n de  Ingrid Betancur. El &ldquo;Monsieur Marulanda&rdquo;, con que Nicol&aacute;s Sarkozy se dirigi&oacute; al  l&iacute;der hist&oacute;rico de la guerrilla, muestra bien que esta liberaci&oacute;n podr&iacute;a ser un  preludio a una discusi&oacute;n pol&iacute;tica de este tipo. La preocupaci&oacute;n humanitaria,  evidentemente, no es lo que inspira a las FARC pero su inter&eacute;s pol&iacute;tico podr&iacute;a  llevarlas a jugar en el mismo sentido.</p>     <p>Si esta reorientaci&oacute;n se produjera no ser&iacute;a sin dificultad,  ya que supone que &Aacute;lvaro Uribe estimar&iacute;a lo suficientemente disminuida la  capacidad militar de las FARC para comprometerse en un nuevo proceso de  negociaci&oacute;n. La sombra de la justicia internacional pesa ahora sobre la  resoluci&oacute;n de los conflictos. La influencia del paramilitarismo se hace sentir  por todas partes y las &eacute;lites del pa&iacute;s est&aacute;n menos dispuestas que nunca a  reformas profundas.</p>     <p>Pero sobre todo el conflicto ha llegado a tal grado de  degradaci&oacute;n que muchos de los combatientes podr&iacute;an verse tentados a distanciarse  de una eventual reorientaci&oacute;n pol&iacute;tica. Habituados a las pr&aacute;cticas de extorsi&oacute;n  y secuestro, podr&iacute;an f&aacute;cilmente dirigirse hacia el bandidismo. La implicaci&oacute;n  en el tr&aacute;fico de las drogas de muchos de ellos podr&iacute;a llevarlos a descubrir que  finalmente tienen numerosos intereses comunes con los narcotraficantes y  algunos paramilitares.</p>     <p>Lo que podr&iacute;a convencer a algunos dirigentes de las  FARC de intentar una reorientaci&oacute;n pol&iacute;tica es la conciencia de que la  prolongaci&oacute;n del inmovilismo ya no garantiza tampoco el mantenimiento de la  cohesi&oacute;n de la guerrilla y se correr&iacute;a el riesgo, por el contrario, de llevar  finalmente al derrumbamiento de la organizaci&oacute;n en su conjunto.</p> <hr size="1">     <p><b>COMENTARIOS</b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>1. <a name="(1)"></a>Una versi&oacute;n de este art&iacute;culo fue publicada en la  revista <i>H&eacute;rodote</i> No. 123, del cuarto  trimestre de 2006, pp. 9-40. Traducci&oacute;n Alberto Valencia Guti&eacute;rrez, Profesor,  Universidad del Valle, Cali, Colombia.</p>     <p>2. <a name="(2)"></a>Conforme a la manera como ellas mismas se llaman habitualmente, casi  siempre utilizar&eacute; simplemente la sigla FARC, dando por entendido obviamente que  en sus comunicados la organizaci&oacute;n utiliza siempre la sigla completa.</p>     <p>3. <a name="(3)"></a>Algunos de los fundadores del EPL y del M-19 pasaron, ciertamente, por  las FARC pero no permanecieron mucho tiempo en la organizaci&oacute;n.</p>     <p>4. <a name="(4)"></a>Sin embargo, a comienzos de los a&ntilde;os 1980 un grupo apreciable se separ&oacute;  de las FARC, tom&oacute; el nombre de &laquo;Ricardo Franco&rdquo; y se estableci&oacute; en el  departamento del Cauca donde reclut&oacute; m&aacute;s de 300 combatientes y mantuvo lazos  muy estrechos con el M-19. La historia termin&oacute; mal: bajo la sospecha de que se  hab&iacute;an colado informantes en su organizaci&oacute;n, sus dos l&iacute;deres, entre los cuales  se encontraba el hermano de uno de los l&iacute;deres del M-19, ejecutaron a sangre  fr&iacute;a a m&aacute;s de 160 miembros. Muchos de ellos eran adolescentes de origen  ind&iacute;gena. En la misma &eacute;poca, un peque&ntilde;o grupo de las FARC, comandado por  Bernardo Guti&eacute;rrez, se integr&oacute; en el Urab&aacute; a la guerrilla rival del EPL,  contribuyendo as&iacute; a la larga confrontaci&oacute;n local entre las dos organizaciones,  que se mantuvo incluso despu&eacute;s de la desmovilizaci&oacute;n del EPL en 1991 bajo la  forma de masacres rec&iacute;procas (A. F. Suarez, 2007). Trat&aacute;ndose de divisiones esto es muy poco  durante un per&iacute;odo tan largo.</p>     <p>5. <a name="(5)"></a>El M-19 (nombre dado como referencia al 19 de abril de 1970, fecha de  las elecciones presidenciales en las que se supone que el general Rojas  Pinilla, el antiguo &laquo;dictador&raquo;,  perdi&oacute; debido a fraudes de &uacute;ltima hora) nunca intent&oacute; formular un cuerpo  doctrinal preciso. La operaci&oacute;n tr&aacute;gica de la toma del Palacio de Justicia en  1985 contribuy&oacute; a su abandono de la lucha armada. El EPL se reclamaba del mao&iacute;smo y. m&aacute;s en  particular, de su versi&oacute;n albanesa.</p>     <p>6. <a name="(6)"></a>Es cierto que a los comandantes de los frentes les gusta jugar tambi&eacute;n  a los bur&oacute;cratas. Tienen en sus computadores una lista cuidadosa de los  miembros del frente, con fecha de nacimiento, inventario de los castigos  (causas y modalidades, por ejemplo, una guerrillera condenada a cavar 4 m de  una fosa por haberse demorado mucho tiempo en satisfacer sus necesidades), etc.  &quot;Sonia&quot;, capturada y extraditada los Estados Unidos, como responsable  de las finanzas de un frente en el Caquet&aacute;, manten&iacute;a una contabilidad rigurosa.  El decomiso de los computadores ofrece de esta manera informaciones preciosas.</p>     <p>7. <a name="(7)"></a>Las dos &uacute;nicas excepciones se remontan a los a&ntilde;os de  la <i>Violencia</i>: en 1952 Laureano G&oacute;mez  quiso crear un r&eacute;gimen corporativista; en 1953, el General Rojas Pinilla lleg&oacute;  al poder a trav&eacute;s un golpe de Estado. </p>     <p>8. <a name="(8)"></a>Los indicadores utilizados en ciertos trabajos internacionales para  caracterizar las situaciones de guerra civil, por ejemplo mil personas  asesinadas en enfrentamientos armados, no me parecen siempre convincentes.  Conflictos armados o insurrecciones cuyos protagonistas no logran que amplios  sectores de la poblaci&oacute;n admitan que obedecen a una divisi&oacute;n  &quot;amigo-enemigo y obliguen a la poblaci&oacute;n a someterse a ella, no constituye  necesariamente una guerra civil, incluso, si se prolonga en el tiempo. Cuando  adem&aacute;s protagonistas no expl&iacute;citamente pol&iacute;ticos, como los narcotraficantes en  el caso de Colombia juegan un papel esencial, la asimilaci&oacute;n de las estrategias  de violencia a una guerra civil es a&uacute;n m&aacute;s cuestionable. Los fen&oacute;menos mafiosos  responden a otras categor&iacute;as.</p>     <p>9. <a name="(9)"></a>El ELN se ha beneficiado del prestigio de Camilo Torres, el cura que  fue eliminado por el ej&eacute;rcito en 1966, tres meses despu&eacute;s de haberse vinculado  a la guerrilla. Otros curas han combatido en particular en los rangos del ELN,  entre ellos varios de origen espa&ntilde;ol. Uno de ellos, Manuel P&eacute;rez, fue el  principal jefe de esta organizaci&oacute;n en los a&ntilde;os 1980-1990.</p>     <p>10. <a name="(10)"></a>Durante la fase en la que Fabio V&aacute;zquez dirigi&oacute; la organizaci&oacute;n, muchos  de los principales cuadros fueron ejecutados como consecuencia de juicios  expeditos. Manuel P&eacute;rez, el cura espa&ntilde;ol que dirigi&oacute; la organizaci&oacute;n a partir  de los a&ntilde;os 1980, escap&oacute; por suerte de un tal destino.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>11. <a name="(11)"></a>Las FARC perdieron la parte m&aacute;s importante de su armamento y su segundo  comandante fue eliminado.</p>     <p>12. <a name="(12)"></a>Seg&uacute;n el testimonio del ministro de Gobierno de la &eacute;poca las FARC  enviaron una carta en este sentido al Presidente Alfonso L&oacute;pez Michelsen. Los generales,  convencidos de que las FARC estaban al borde de la extinci&oacute;n, disuadieron al  Presidente de aceptarla..</p>     <p>13. <a name="(13)"></a>Entre estas organizaciones se encuentran el &laquo;Frente Quint&iacute;n  Lame&raquo;, creado por las poblaciones ind&iacute;genas para afirmar su autonom&iacute;a, y  algunas guerrillas menores.</p>     <p>14. <a name="(14)"></a>Estos mapas y los gr&aacute;ficos son tomados de los trabajos realizados por  Camilo Echand&iacute;a en el marco del Observatorio para la Paz de la Presidencia de  la Rep&uacute;blica. Le doy las gracias, una vez m&aacute;s, por la generosidad con la que  ofrece acceso a estos datos.</p>     <p>15. <a name="(15)"></a>La competencia entre las dos guerrillas se convierte en una verdadera  guerra de 1985 a 1990, con centenares de muertos.</p>     <p>16. <a name="(16)"></a>Un libro de la periodista Juanita Le&oacute;n (2005) que trata, de hecho,  sobre el per&iacute;odo contempor&aacute;neo, invita a no idealizar estas regulaciones y este  sistema de justicia. Seg&uacute;n los testimonios que ella ha recogido, las FARC  habr&iacute;an realizado un examen de VIH a toda la poblaci&oacute;n del municipio de  Vistahermosa y habr&iacute;an ejecutado a todos aquellos que resultaron positivos.</p>     <p>17. <a name="(17)"></a>Uno de ellos hace parte de los anales del horror. Se trata de la  masacre ocurrida el 2 de mayo de 2002 en la vereda de Bojay&aacute;, disputada entre  los paramilitares y las FARC. Las FARC bombardearon la Iglesia donde se hab&iacute;an  refugiado los habitantes, matando 119 personas entre las cuales se contaban 45  ni&ntilde;os.</p>     <p>18. <a name="(18)"></a>La mayor parte de los datos sobre la composici&oacute;n social de las FARC son  tomados de J.G. Ferro Medina y G. Uribe Ram&oacute;n, 2002. En la medida en que los  autores se basan en las declaraciones de los cuadros de las FARC, los datos  s&oacute;lo pueden ser aproximados. Al menos dan una indicaci&oacute;n de la imagen que las  FARC quieren dar de s&iacute; mismas.</p>     <p>19. <a name="(19)"></a>El Ej&eacute;rcito recientemente recuper&oacute; el diario personal de una joven  holandesa que se hab&iacute;a vinculado a las FARC hace algunos a&ntilde;os. La lasitud y el  desaliento se expresan claramente all&iacute;.</p>     <p>20. <a name="(20)"></a>En 2003, seg&uacute;n un art&iacute;culo de la revista <i>Semana</i> aparecido en 2005, la econom&iacute;a de la droga les habr&iacute;a  reportado $ 11.000 millones de d&oacute;lares. Estas cifras se construyen,  aparentemente, con base en extrapolaciones discutibles y son muy exageradas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>21. <a name="(21)"></a>Al principio &eacute;l habr&iacute;a obrado por venganza  contra las FARC, que le habr&iacute;an robado un cargamento de coca&iacute;na.</p>     <p>22. <a name="(22)"></a>Las FARC construyen igualmente algunas rutas y pistas a&eacute;reas, pero para  responder a sus propias necesidades log&iacute;sticas.</p>     <p>23. <a name="(23)"></a>Cifras del Observatorio para la Paz. Es necesario resaltar que las  p&eacute;rdidas de las fuerzas del orden oscilan entre 1995 y 2002 en seiscientos u ochocientos hombres por a&ntilde;o. La relaci&oacute;n  aproximada de uno a dos entre las p&eacute;rdidas de las fuerzas del orden y las de  las guerrillas ilustra la capacidad de estas &uacute;ltimas.</p>     <p>24. <a name="(24)"></a>Algunos op&uacute;sculos que han aparecido con su firma, se refieren sobre  todo a los a&ntilde;os 1950 y la resistencia en la &eacute;poca de la <i>Violencia</i>. La dimensi&oacute;n &quot;campesinista&quot; se encuentra all&iacute;  presente por todas partes.</p>     <p>25. <a name="(25)"></a>En una carta del 6 de diciembre de 2005 al comandante del ELN, Manuel  Marulanda deplora que los malentendidos entre las dos organizaciones se  manifiesten en el campo de las finanzas, la  organizaci&oacute;n de masas, la compra de armas a precios exorbitantes, el sector  territorial, los desplazamientos a la vista con perjuicio para las masas, la siembra de minas en todas partes [&hellip;.], la  sindicaci&oacute;n de personas y su posterior ejecuci&oacute;n, el hurto de ganados a  campesinos en sus &aacute;reas, la retenci&oacute;n de amigos y de veh&iacute;culos [&hellip;] los cobros  de impuestos por ambas organizaciones a una misma persona&raquo; etc.</p>     <p>26. <a name="(26)"></a>En una entrevista dada en agosto de 2003 a la revista <i>Semana</i>, Plotter, uno de los cuadros de  las FARC que han desertado, subraya que la moral no puede ser la misma cuando  se trata de llevar a cabo acciones ofensivas que cuando se trata sobre todo de  garantizar la vigilancia de los laboratorios de fabricaci&oacute;n de coca&iacute;na. Aunque  todos los frentes no est&aacute;n implicados en el narcotr&aacute;fico, algunos se comportan  como cualquier red de narcotraficantes.</p>     <p>27. <a name="(27)"></a>Recordemos que en el &uacute;ltimo instante Marulanda se excus&oacute; con el pretexto  de tener razones de seguridad: su discurso fue le&iacute;do por uno de los  comandantes.</p>     <p>28. <a name="(28)"></a>La evocaci&oacute;n de las gallinas y de los marranos da el tono a una gran  parte del discurso. Muchos de los comentaristas han querido ver all&iacute; una  costumbre campesina. Otros comentaristas anteriores hab&iacute;an cre&iacute;do detectar en  las entrevistas en que Marulanda se refiere a las guerrillas liberales de 1952,  con las que la guerrilla comunista hab&iacute;a tenido v&iacute;nculos, la huella de una  nostalgia de su afecci&oacute;n a este partido tradicional. En realidad, el l&iacute;der de  las FARC ha mostrado desde 1984, en diversas ocasiones, que desconf&iacute;a mucho m&aacute;s  de lo liberales que de los conservadores.</p>     <p>29. <a name="(29)"></a>Durante el desarrollo de las negociaciones con el gobierno de Pastrana,  la exigencia de reforma agraria figura en primer lugar en el &quot;Programa de  diez puntos&quot; sustentado por la guerrilla. El contenido de esta reforma  recoge lo que aparece enunciado en el nacimiento de la organizaci&oacute;n: dar  &quot;la tierra en forma completamente gratuita a los campesinos que la trabajan  o quieren trabajarla, sobre la base de la confiscaci&oacute;n de la propiedad  latifundista&quot;. Sin embargo, el perfil de los &quot;campesinos&quot; y del  &quot;latifundio&quot; ha cambiado mucho entre un momento y otro.</p>     <p>30. <a name="(30)"></a>Durante el desarrollo de la Octava Conferencia en abril de 1993, las  FARC retoman y actualizan el programa agrario que hab&iacute;an enunciado desde 1964.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>31. <a name="(31)"></a>La Fundaci&oacute;n &quot; Seguridad y  Democracia&quot; presenta en su informe de 2007 muchas indicaciones sobre la  baja en la eficacia militar de las FARC. Durante los primeros 11 meses del a&ntilde;o  s&oacute;lo realizaron 118 secuestros contra m&aacute;s de 900 en 2002. El n&uacute;mero de los ataques contra la fuerza p&uacute;blica ha  disminuido en 42% con relaci&oacute;n a 2002. El n&uacute;mero de sabotajes a la  infraestructura llevados a cabo por las FARC y el ELN ha disminuido en este  mismo lapso en 58%. Las FARC no lograron perturbar de manera importante el  desarrollo de las elecciones locales de octubre de 2007. El balance global de  la pol&iacute;tica de &quot;Seguridad Democr&aacute;tica&quot; no es menos considerable. El  n&uacute;mero de los homicidios a nivel nacional ha retrocedido en cinco a&ntilde;os en 44%;  en Medell&iacute;n, en 85%, en Bogot&aacute; en 37%, en Cali en 36%.</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. ANDERSON Charles W., <i>Politicacs and Economic Change in Latin America, Tge Governing of  Restless Nations, </i>Princeton, D. Van  Nostrand Company, 1967.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0121-4705200800020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. ESCALANTE Grijalbo Fernando,<i> Ciudadanos imaginarios, </i>M&eacute;xico,  El Colegio de M&eacute;xico, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0121-4705200800020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. FERRO Medina J.G. et Uribe R, <i>El  orden de la guerra. las FARC-EP: entre  la organizaci&oacute;n y la pol&iacute;tica, </i>CEJA,  Bogot&aacute;, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0121-4705200800020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. PECAUT  Daniel, <i>L'ordre et la Violence, Evolution  sociopolitique de la Colombie entre 1930 et 1953, </i>Paris, Editions de l'EHESS, 1987. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0121-4705200800020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. S&Aacute;NCHEZ G y Meertens, D. <i>Bandoleros,  gamonales y campesinos, el caso de la violencia en Colombia, </i>Bogot&aacute;, El  Ancora, 2e &eacute;d, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0121-4705200800020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. PIZARRO Le&oacute;ngomez, E, <i>Las FARC  (1949-1966): De la autodefensa a la combinaci&oacute;n de todas las formas de lucha, </i>Bogot&aacute;, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0121-4705200800020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. ECHANDIA Castilla, C, <i>El conflicto armado y las manifestaciones de  violencia en las regiones de Cololmbia, </i>2 vol,  Observatorio de Violencia, Bogot&aacute;, 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0121-4705200800020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. RANGEL Suarez, A, <i>Colombia:  guerra en fin de siglo, </i>Bogot&aacute;, Tercer Mundo, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0121-4705200800020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. SALAZAR, B y Castillo,  Maria del Pilar,<i> La hora de los  dinosaurios, Conflicto y depredaci&oacute;n en Colombia,</i> Cali, CEREC-CIDSE, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0121-4705200800020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. MARULANDA V&eacute;lez, M, <i>Cuadernos de  campa&ntilde;a, </i>Bogot&aacute;, Abej&oacute;n Mono, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0121-4705200800020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. GONZ&Aacute;LEZ Arias, J.J, y Marulanda  &Aacute;lvarez, E, <i>El estigma de las rep&uacute;blicas independientes,  1955-1965, </i>Bogot&aacute;, CINEP, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0121-4705200800020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. RAMIREZ Tob&oacute;n, W, &quot;Guerrilla rural en Colombia: una v&iacute;a a la  colonizaci&oacute;n armada?&quot; en <i>Estado,  Violencia Y Democracia, </i>Bogot&aacute;,  1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0121-4705200800020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. MOLANO, A, <i>Siguiendo el corte, Relatos de guerra y  tierras, </i>Bogot&aacute;, El Ancora, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0121-4705200800020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. GAMBETTA, D, <i>The Sicilian Mafia, The  Business of Private Protection, </i>Cambridge Mass, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0121-4705200800020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. R. VARGAS Meza, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0121-4705200800020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. COLLIER, P, &quot;Economic causes of civil conflict and their  implications for policy&quot;, Banque Mondiale, 15 junio de 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0121-4705200800020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. VARGAS Meza, R., Narcotr&aacute;fico, guerra y pol&iacute;tica antidrogas, Bogot&aacute;,  Acci&oacute;n Andina, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0121-4705200800020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. ARENAS, J,<i> Cese el fuego, Una  historia pol&iacute;tica de las FARC,</i> Bogot&aacute;,  Editorial La Oveja Negra, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0121-4705200800020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. SALAZAR, B y Castillo, Maria del Pilar,<i> La hora de los dinosaurios, Conflicto y depredaci&oacute;n en Colombia,</i> Cali, CEREC-CIDSE, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0121-4705200800020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. RICHANI, N, <i>Sistemas de guerra, La econom&iacute;a pol&iacute;tica del conflicto en  Colombia, </i>Bogot&aacute;, IEPRI, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0121-4705200800020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. GRANADA Camilo, &quot;La evoluci&oacute;n del gasto en seguridad y defensa  en Colombia, 1950-1994&quot;, en M Deas y M.V. Llorente (editores) <i>Reconocer la guerra para construir la paz,</i> Bogot&aacute;, Norma, 1999, p. 537-598.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0121-4705200800020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. S&Aacute;NCHEZ F. y Chac&oacute;n M., <i>&laquo;</i>Conflicto, Estado y Descentralizaci&oacute;n: del progreso social a la disputa armada  por el control local, 1974-2002&raquo;, en Guti&eacute;rrez F, Wills M.E.y S&aacute;nchez G&oacute;mez G. (ed), <i>Nuestra guerra sin nombre: transformaciones del conflicto en Colombia,</i> Bogot&aacute;, Norma, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0121-4705200800020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. VALENCIA, L., <i>Adi&oacute;s a la pol&iacute;tica,  bienvenida a la guerra. Secretos de un malogrado proceso de paz, </i>Bogot&aacute;,  Intermedio, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0121-4705200800020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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