<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0121-4705</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Análisis Político]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[anal.polit.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0121-4705</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0121-47052008000300001</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Golpes De Estado En Venezuela Durante El Período 1989-2004: Evolución Del Conflicto Y Contexto Sociopolítico]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Coups D'etat In Venezuela During The 1989-2004 Period: Evolution Of Conflict And Sociopolitical Framework]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Martínez Meucci]]></surname>
<given-names><![CDATA[Miguel Ángel]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Simón Bolívar Departamento de Ciencias Sociales ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>09</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>09</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<volume>21</volume>
<numero>64</numero>
<fpage>3</fpage>
<lpage>21</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0121-47052008000300001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0121-47052008000300001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0121-47052008000300001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Los golpes de Estado no son hechos puntuales en la vida política de un país, sino que se encuentran estrechamente vinculados y condicionados por la dinámica social y política de una nación, viniendo a ser la manifestación concreta de ciertos patrones de conflicto ya arraigados en la sociedad. Tal como ha propuesto Jesús De Andrés, la gestación y desarrollo de los golpes de Estado pueden ser estudiadas a través de la identificación de las coyunturas, los procesos enmarcadores y la organización propiamente dicha del golpe como tal. En el presente estudio se sigue esta metodología para caracterizar los tres golpes de Estado que formalmente han tenido lugar en Venezuela durante el período 1989-2004, vinculando su irrupción con la evolución de los patrones de conflicto que han marcado a esta nación durante las últimas dos décadas. Se concluye que mientras los golpes de 1992 modifican el patrón de conflicto, logrando a la postre articular uno nuevo, el golpe del 2002 constituye el resultado frustrado de un movimiento social que surge como respuesta a ese nuevo patrón de conflicto.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Coups d’êtat are not punctual events in the political life of a country, but situations closely linked and conditionate by the social/political dynamic of a nation, so being the practical materialization of patterns of conflict already installed in the society. As proposed by Jesús De Andrés, the origins and performance of coups d’êtat may be studied through the identification of its situations, framing processes and organization. This essay follows that methodology in order to briefly approch the three coup d’êtat that have taken place in Venezuela between 1989 and 2004, linking its irruption with the evolution of the patterns of conflict that signed the nation thoroughout the last two decades. As conclusion, the author thinks that 1992 coups modified the pattern of conflict, even articulating a new one, while the 2002 coup was the frustrated outcome of a social movement that emerged as a response to that new pattern of conflict.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[golpes de Estado]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[patrones de conflicto]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Venezuela]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[coup d’êtat]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[patterns of conflict]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Venezuela]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>Golpes De Estado En Venezuela Durante El  Per&iacute;odo 1989-2004: Evoluci&oacute;n Del Conflicto Y Contexto Sociopol&iacute;tico</b></font></p>     <p align="center"><font size="3" face="Verdana"><b>Coups D'etat In  Venezuela During The 1989-2004 Period: Evolution Of Conflict And Sociopolitical  Framework</b></font></p>     <br> <font size="2" face="Verdana"> <b>Miguel &Aacute;ngel Mart&iacute;nez Meucci</b>     <br>   Tesista en el Doctorado en  Conflicto Pol&iacute;tico y Procesos de Pacificaci&oacute;n de la Universidad Complutense de  Madrid, y profesor contratado en el Departamento de Ciencias Sociales de la  Universidad Sim&oacute;n Bol&iacute;var (Venezuela). <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b>    <br>   Los golpes de Estado no son hechos puntuales  en la vida pol&iacute;tica de un pa&iacute;s, sino que se encuentran estrechamente vinculados  y condicionados por la din&aacute;mica social y pol&iacute;tica de una naci&oacute;n, viniendo a ser  la manifestaci&oacute;n concreta de ciertos patrones de conflicto ya arraigados en la  sociedad. Tal como ha propuesto Jes&uacute;s De Andr&eacute;s, la gestaci&oacute;n y desarrollo de  los golpes de Estado pueden ser estudiadas a trav&eacute;s de la identificaci&oacute;n de las  coyunturas, los procesos enmarcadores y la organizaci&oacute;n propiamente dicha del  golpe como tal. En el presente estudio se sigue esta metodolog&iacute;a para  caracterizar los tres golpes de Estado que formalmente han tenido lugar en  Venezuela durante el per&iacute;odo 1989-2004, vinculando su irrupci&oacute;n con la  evoluci&oacute;n de los patrones de conflicto que han marcado a esta naci&oacute;n durante  las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas. Se concluye que mientras los golpes de 1992 modifican  el patr&oacute;n de conflicto, logrando a la postre articular uno nuevo, el golpe del  2002 constituye el resultado frustrado de un movimiento social que surge como  respuesta a ese nuevo patr&oacute;n de conflicto.     <br>   <b>Palabras clave</b>: golpes de  Estado, patrones de conflicto, Venezuela.</p> <hr size="1">     <p><b>SUMMARY</b>    <br>   Coups  d&rsquo;&ecirc;tat are not punctual events in the political life of a country, but situations  closely linked and conditionate by the social/political dynamic of a nation, so  being the practical materialization of patterns of conflict already installed  in the society. As proposed by Jes&uacute;s De Andr&eacute;s, the origins and performance of  coups d&rsquo;&ecirc;tat may be studied through the identification of its situations,  framing processes and organization. This essay follows that methodology in  order to briefly approch the three coup d&rsquo;&ecirc;tat that have taken place in  Venezuela between 1989 and 2004, linking its irruption with the evolution of  the patterns of conflict that signed the nation thoroughout the last two  decades. As conclusion, the author thinks that 1992 coups modified the pattern  of conflict, even articulating a new one, while the 2002 coup was the  frustrated outcome of a social movement that emerged as a response to that new  pattern of conflict.    <br>   <b>Key words</b>: coup d&rsquo;&ecirc;tat, patterns of conflict, Venezuela.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b>    <br>   Este ensayo plantea una aproximaci&oacute;n a la din&aacute;mica social y pol&iacute;tica  que origin&oacute; la realizaci&oacute;n de los &uacute;ltimos tres golpes de Estado que han tenido  lugar en Venezuela, a saber, los dos que ocurrieron en 1992, a cargo del  movimiento MBR-200 (liderado por el actual presidente de la Rep&uacute;blica, Hugo  Ch&aacute;vez), y el del a&ntilde;o 2002, con la figura de Pedro Carmona Estanga como  principal protagonista. La intenci&oacute;n es estudiar brevemente las  particularidades de dichos acontecimientos, analizando los factores, actores y  circunstancias relativos a los mismos, sin perder de vista el contexto,  significado y trascendencia de esos elementos en el momento en el cual tuvieron  lugar.    <br>   Para ello se realiza una descripci&oacute;n  general de los hechos que consideramos m&aacute;s importantes, antes, durante y  despu&eacute;s de los golpes de Estado, entendidos en su conjunto como un proceso  sociopol&iacute;tico. De igual manera, se intenta <i>esbozar  el patr&oacute;n de conflicto</i> fundamental en cada caso, esto es, la correlaci&oacute;n de  fuerzas sociales que se encontraban confrontadas hasta el punto de generar o  permitir el desarrollo de golpes de Estado. A partir de ah&iacute;, los hechos son  interpretados con el objetivo de <i>identificar  causas y consecuencias de los golpes</i>, atendiendo tanto al papel desempe&ntilde;ado  por los actores como a las estructuras que dieron pie a dichas acciones.    <br>   Asimismo, se busca analizar  la gestaci&oacute;n de los golpes mediante la identificaci&oacute;n de las coyunturas, los  procesos enmarcadores y la organizaci&oacute;n de los mismos, de acuerdo con el  enfoque desarrollado por Jes&uacute;s De Andr&eacute;s<a href="#(1)">(1)</a>,  quien aplica estas categor&iacute;as &ndash;propias del estudio de los movimientos sociales-  al an&aacute;lisis de golpes de estado, en un enfoque que permite considerar  equilibradamente tanto el papel de los actores como la importancia de las  condiciones estructurales. A lo largo del trabajo, pero sobre todo al final del  mismo, se van perfilando las diferentes caracter&iacute;sticas que identificamos entre  los golpes de 1992 y el del a&ntilde;o 2002, as&iacute; como algunos puntos en com&uacute;n.    <br> El presente ensayo constituye  una interpretaci&oacute;n te&oacute;ricamente formal de los hechos relacionados con estos  golpes de estado que consideramos como m&aacute;s importantes. El estilo  predominantemente narrativo que se adopta busca presentar al lector la  concatenaci&oacute;n de los hechos abordados, sin la cual se complicar&iacute;a el estudio  del contexto y los significados de las acciones.</p>     <p><b>ANTECEDENTES. LA DEMOCRACIA DEL PACTO DE PUNTO FIJO Y EL  &quot;CARACAZO&quot;.</b>    <br>   Venezuela  consolid&oacute; un sistema democr&aacute;tico estable a partir de 1958, a trav&eacute;s de la instalaci&oacute;n  de lo que se ha denominado un &quot;sistema populista de conciliaci&oacute;n de las &eacute;lites&quot; <a href="#(2)">(2)</a>.  Los principales sectores sociales de la &eacute;poca (militares, empresarios,  sindicatos, partidos pol&iacute;ticos e Iglesia) pactaron las bases del nuevo sistema  pol&iacute;tico mediante una serie de acuerdos que conocidos bajo la denominaci&oacute;n gen&eacute;rica  de &quot;Pacto de Punto Fijo&quot;. La equidistancia que la joven democracia venezolana  asumi&oacute; entre las dictaduras derechistas del continente y los movimientos subversivos  de izquierda afianz&oacute; su talante moderado, protagonizado por una serie de  gobiernos de perfil predominantemente socialdem&oacute;crata que lograron abrir el  sistema pol&iacute;tico para las mayor&iacute;as.    <br>   Sin embargo, el hecho de que  todo el sistema estuviera sustentado en la abundante renta petrolera constituy&oacute;  su tal&oacute;n de Aquiles. El crecimiento de la poblaci&oacute;n, el endeudamiento interno y  externo del Estado, la creciente burocratizaci&oacute;n, el incremento cuantitativo y  cualitativo de la pobreza, la escasa competitividad y productividad de las  empresas venezolanas y la corrupci&oacute;n de los partidos tradicionales, as&iacute; como  los progresivos desajustes econ&oacute;micos, fueron haciendo que la gente, desde  inicios de la d&eacute;cada de los ochenta, fuera perdiendo confianza en el sistema  hasta extremos alarmantes.    <br>   El derrumbe del muro de  Berl&iacute;n y la supremac&iacute;a indiscutida de los Estados Unidos determina la  configuraci&oacute;n de un per&iacute;odo de transici&oacute;n en la pol&iacute;tica internacional, con  innumerables consecuencias para los pa&iacute;ses del Tercer Mundo. El fin de la  influencia sovi&eacute;tica, el Consenso de Washington y la hegemon&iacute;a del libre  mercado, entre otros, son factores de nuevo cu&ntilde;o que ocasionaron el cambio de los  equilibrios de poder en el &aacute;mbito de las relaciones internacionales.     <br>   En 1988 result&oacute; elegido  presidente, por segunda vez, Carlos Andr&eacute;s P&eacute;rez (AD), quien durante su primer  gobierno (1973-78) fuera uno de los abanderados de la sustituci&oacute;n de  importaciones en Am&eacute;rica Latina, pero que en cambio opt&oacute; en los a&ntilde;os noventa  por una pol&iacute;tica econ&oacute;mica distinta, de corte m&aacute;s liberal. P&eacute;rez implement&oacute; la  apertura a los mercados externos y apost&oacute; por un programa econ&oacute;mico &quot;de  choque&quot;, en vez de uno gradual, al tiempo que implement&oacute; medidas sociales de  car&aacute;cter compensatorio. La introducci&oacute;n de este modelo econ&oacute;mico tom&oacute; por sorpresa  a la sociedad venezolana, dado que P&eacute;rez (quien era conocido por su estilo  populista, su carisma y su fuerte liderazgo en el seno del partido), era  popularmente identificado con la situaci&oacute;n de los a&ntilde;os setenta, de gran bonanza  econ&oacute;mica para Venezuela debido a la crisis mundial de los precios del petr&oacute;leo  en esa d&eacute;cada. Su nueva agenda econ&oacute;mica no fue verdaderamente negociada con  los dem&aacute;s sectores sociales, y ni siquiera dentro de su propio partido.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Las respuestas a estas  medidas, particularmente al aumento del precio de la gasolina, no se hicieron  esperar. En la ma&ntilde;ana del 27 de febrero de 1989, disturbios y saqueos sacud&iacute;an  la ciudad dormitorio de Guarenas, vecina a Caracas. El fen&oacute;meno se extendi&oacute;  como la p&oacute;lvora por otras zonas de la ciudad capital, y para el d&iacute;a siguiente  se registraban graves incidentes en muchas ciudades del pa&iacute;s. Los medios de  comunicaci&oacute;n registraron y transmitieron im&aacute;genes en directo de lo que ocurr&iacute;a  en las zonas m&aacute;s afectadas. La salida del ej&eacute;rcito a la calle para reprimir los  des&oacute;rdenes result&oacute; una medida especialmente severa; las cifras oficiales hablan  de alrededor de 400 muertos, pero cifras extraoficiales hablan de varios miles.    <br> Desde entonces la estabilidad  del reci&eacute;n electo gobierno qued&oacute; seriamente afectada. El acoso de la prensa se  hizo desde entonces incesante, su propio partido no lo apoyaba, las clases  populares resent&iacute;an el peso de la represi&oacute;n del 27 y 28 de febrero y buena  parte del sector industrial rechazaba la nueva necesidad de competir  abiertamente con mercanc&iacute;as extranjeras m&aacute;s baratas que las suyas, al haber perdido  buena parte de la protecci&oacute;n estatal del mercado interno. Si bien el sector  comercial registr&oacute; un auge impresionante, el clima que se viv&iacute;a en general era  de descontento y de deslegitimaci&oacute;n de los partidos y de la pol&iacute;tica en  general.</p>     <p><b>IMPLICACIONES SOCIALES Y POL&Iacute;TICAS DE &quot;EL  CARACAZO&quot;</b>    <br>   Las fechas del 27 y 28 de  febrero de 1989 representan un hito de ruptura en el imaginario colectivo  venezolano. Ese pa&iacute;s de Iberoam&eacute;rica que hab&iacute;a logrado consolidar una importante  y pr&oacute;spera clase media, que se hab&iacute;a distinguido por conquistas sociales de  importancia y por mantener una respetable democracia en medio de feroces  dictaduras que oprim&iacute;an la regi&oacute;n, pas&oacute; s&uacute;bitamente a conocer el miedo a la  divisi&oacute;n social, la represi&oacute;n estatal y la inseguridad ciudadana como hechos  cotidianos. Febrero de 1989 signific&oacute; una repentina y traum&aacute;tica toma de  conciencia de las fallas de un sistema pol&iacute;tico basado en la satisfacci&oacute;n de  los diversos sectores organizados de la sociedad mediante el reparto de la  renta petrolera recaudada por el Estado. La sociedad estaba dominada por unos  partidos pol&iacute;ticos descomunales y aparatosos, cuya influencia directa alcanzaba  casi todas las organizaciones de la vida p&uacute;blica del pa&iacute;s, que hab&iacute;an extendido  sus redes clientelares por todo el Estado, haci&eacute;ndolo ineficiente y  desmesurado. La administraci&oacute;n estatal del recurso petrolero en un sistema  presidencialista hab&iacute;a otorgado a peque&ntilde;os grupos la posibilidad de administrar  un gigantesco poder, dif&iacute;cilmente controlable por la sociedad y por los organismos  de contrapeso que hab&iacute;a en el sistema <a href="#(3)">(3)</a>.     <br>   El pa&iacute;s constat&oacute; de manera  traum&aacute;tica el malestar de amplios sectores de la sociedad que se sent&iacute;an  desfavorecidos, marginados y no representados en el sistema democr&aacute;tico  vigente, que claramente constitu&iacute;an la mayor&iacute;a. Por un lado las clases bajas,  que por una u otra raz&oacute;n pagaban la mayor parte de las consecuencias de un  sistema pol&iacute;tico ineficiente, clientelar, corrupto y rentista. Por otro, las clases  medias, frustradas en sus aspiraciones econ&oacute;micas, tampoco se sent&iacute;an  representadas por los vigentes partidos pol&iacute;ticos y se acostumbraron a ver la  pol&iacute;tica con desprecio y a identificar lo p&uacute;blico con los partidos pol&iacute;ticos,  debido a la omnipresencia de las organizaciones partidistas en todos los  &aacute;mbitos de la vida p&uacute;blica del pa&iacute;s. Tampoco las &eacute;lites manifestaban particular  entusiasmo y adhesi&oacute;n al sistema pol&iacute;tico de aquel momento.     <br> El Estado venezolano se  encontraba adem&aacute;s en medio de una delicada fase de reestructuraci&oacute;n, debido al  proceso de descentralizaci&oacute;n administrativa que preparaba la administraci&oacute;n de P&eacute;rez.  Por primera vez los venezolanos comenzar&iacute;an a elegir nominalmente a sus  autoridades locales m&aacute;s importantes: gobernadores, alcaldes y concejales. Este  proceso puso a prueba la capacidad del ejecutivo nacional para mantener el control  de un proceso de cambios econ&oacute;micos y sociales demasiado acelerado. La presi&oacute;n  de los medios de comunicaci&oacute;n, no s&oacute;lo sobre el ejercicio presidencial de P&eacute;rez  y sus colaboradores, sino tambi&eacute;n con respecto a todo el sistema pol&iacute;tico en  general, era considerable. El clima de malestar general cre&oacute; condiciones  propicias para desencadenar situaciones a&uacute;n m&aacute;s complicadas.</p>     <p><b>1992: DOS GOLPES DE ESTADO &quot;CL&Aacute;SICOS&quot;</b>    <br>   Fue  entonces cuando entr&oacute; en escena Hugo Ch&aacute;vez, un militar recientemente ascendido  al grado de teniente-coronel en el ej&eacute;rcito venezolano. La madrugada del 4 de  febrero de 1992, luego de que P&eacute;rez llegara de la reuni&oacute;n del Foro de Davos en  Suiza, varios componentes militares asaltaron La Casona (residencia del  presidente) y el palacio de Miraflores con varias tanquetas blindadas. Participaron  tambi&eacute;n un par de Brigadas de Paracaidistas que comandaba el propio Ch&aacute;vez,  quien estuvo a cargo de las operaciones en Caracas, mientras que otros  oficiales controlaban exitosamente diversas instalaciones militares en Maracay  (sede oficial del ej&eacute;rcito), Maracaibo (segunda ciudad en importancia en  Venezuela y sede principal de las actividades petroleras) y Valencia (principal  ciudad industrial del pa&iacute;s). Pero las fallas de comunicaci&oacute;n entre los diversos  componentes golpistas y la presencia de un delator en Caracas los condenaron al  fracaso. Adem&aacute;s, las operaciones en Caracas resultaron infructuosas porque el  presidente P&eacute;rez logr&oacute; escapar de Miraflores y dirigirse a la naci&oacute;n a trav&eacute;s  de la televisi&oacute;n en la madrugada, con lo cual demostr&oacute; estar a salvo y continuar  al frente de la presidencia. Horas m&aacute;s tarde los golpistas de Caracas se rindieron.    <br>   Seg&uacute;n los testimonios del  propio Ch&aacute;vez y otros militares rebeldes, &eacute;stos decidieron abortar la intentona  ante por las fallas de comunicaci&oacute;n, algunos errores de coordinaci&oacute;n y la falta  de apoyo popular. El hecho de que nadie en las calles manifestara su apoyo al  golpe fue, seg&uacute;n Ch&aacute;vez, una de las causas de su rendici&oacute;n <a href="#(4)">(4)</a>.  Ciertamente, el golpe tom&oacute; por sorpresa a mucha gente en Venezuela, incluido el  gobierno, ya que los indicios acerca del movimiento subversivo fueron  menospreciados; a pesar de que los informes internos de las Fuerzas Armadas  hab&iacute;an venido dando cuenta de manera reiterativa de la actividad irregular de  ciertos componentes, no se tomaron medidas al respecto. Ya en la ma&ntilde;ana, a  Ch&aacute;vez le dieron la oportunidad de dirigirse al pa&iacute;s por televisi&oacute;n para pedir  la renuncia de aquellos compa&ntilde;eros suyos que todav&iacute;a no se hubieran rendido.  Sus palabras m&aacute;s famosas en aquel momento (&quot;...<i>por ahora</i>, nuestros objetivos no han sido cumplidos [...] asumo la  responsabilidad&quot;) y su imagen quedaron grabadas en el imaginario colectivo  venezolano. En un pa&iacute;s en el que nadie parec&iacute;a asumir la responsabilidad de  nada, ver a un enjuto oficial asumiendo la responsabilidad de su golpe  fracasado cautiv&oacute; la imaginaci&oacute;n de muchos.     <br>   El n&uacute;cleo del movimiento  golpista se hab&iacute;a fundado en 1982, bajo la denominaci&oacute;n de EBR-200 (&quot;...por  Ezequiel Zamora, Bol&iacute;var y Rodr&iacute;guez, en cuanto a la trilog&iacute;a del &aacute;rbol de las  tres ra&iacute;ces. Y adem&aacute;s significa Ej&eacute;rcito Bolivariano Revolucionario y 200 por  el marco del bicentenario de Bol&iacute;var...&quot; <a href="#(5)">(5)</a>),  luego MBR-200. Involucrados en la conspiraci&oacute;n hab&iacute;a tanto civiles como  militares, especialmente algunos conocidos pol&iacute;ticos, militantes de la  izquierda venezolana m&aacute;s radical. El movimiento hab&iacute;a ido logrando ganar  adeptos dentro de las Fuerzas Armadas hasta conformar un grupo notablemente  numeroso <a href="#(6)">(6)</a>,  tanto que el sistema pol&iacute;tico se mostrar&iacute;a luego muy timorato para procesar a  los golpistas por temor a que se produjesen m&aacute;s sublevaciones. Los fallos de la  Corte Marcial que se constituy&oacute; para juzgar a los militares rebeldes fueron  disueltos por la Corte Suprema de Justicia, y el propio Ch&aacute;vez se neg&oacute; a  asistir a los tribunales a reconocer los cargos que se le quer&iacute;an imputar.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> El 27 de noviembre de 1992 se  produjo un nuevo golpe de Estado. Hugo Ch&aacute;vez ha reconocido ser el &quot;promotor&quot;  de la segunda insurrecci&oacute;n, dado que desde la c&aacute;rcel hab&iacute;a seguido en contacto  con los militares rebeldes que no hab&iacute;an sido descubiertos en la primera  intentona <a href="#(7)">(7)</a>.  Esta vez la iniciativa estuvo a cargo, principalmente, del Contralmirante  Hern&aacute;n Gruber Odreman y del General Francisco Visconti, e incluy&oacute; la  participaci&oacute;n de aviones de combate que lanzaron bombas sobre el palacio de  Miraflores y otras zonas de Caracas. Los militares alzados lograron tomar las  instalaciones de emisi&oacute;n de las principales cadenas de TV p&uacute;blicas y privadas,  y lograron transmitir un famoso video en el que unos civiles y militares, fusil  en ristre, afirmaban tener control de la situaci&oacute;n y estar instaurando un nuevo  gobierno. Sin embargo, este golpe tambi&eacute;n fracas&oacute;. Nuevamente la gente se qued&oacute;  en sus casas, contrariamente a lo que esperaban los insurrectos, y por segunda  vez los problemas de comunicaci&oacute;n impidieron que fructificaran sus acciones  armadas. Algunos de los protagonistas fueron arrestados, pero otros, incluido  Visconti, lograron escapar a Per&uacute;, donde el gobierno de Alberto Fujimori les  otorg&oacute; asilo.</p>     <p><b>INTERPRETACI&Oacute;N TE&Oacute;RICA DE LOS GOLPES DE ESTADO DE 1992 EN VENEZUELA</b>    <br>   Los  dos golpes militares de 1992 permiten distinguir la presencia de oportunidades  pol&iacute;ticas, estructuras de movilizaci&oacute;n y procesos enmarcadores, elementos  habitualmente empleados para el estudio de movimientos sociales pero que Jes&uacute;s  De Andr&eacute;s ha adaptado y aplicado al estudio de los golpes de estado.     <br>   Veamos  en primer lugar la coyuntura u oportunidad pol&iacute;tica que facilit&oacute; la ejecuci&oacute;n  de los dos golpes de estado. Las consecuencias que tuvo &quot;El Caracazo&quot; para la  vida social y pol&iacute;tica de Venezuela en los 90 se tradujeron en un ambiente de  gran malestar social con respecto al sistema pol&iacute;tico. La situaci&oacute;n  internacional marcada por los lineamientos del Consenso de Washington, la nueva  agenda econ&oacute;mica que el gobierno de P&eacute;rez implement&oacute; de manera repentina y sin  consensuar pol&iacute;ticamente, el descontento que ello gener&oacute; en muchos sectores  sociales, la consiguiente represi&oacute;n del 27 y 28 de febrero de 1989, y los  cambios significativos en la reestructuraci&oacute;n del Estado (proceso de  descentralizaci&oacute;n) fueron los factores clave que configuraron una coyuntura u oportunidad  pol&iacute;tica muy definida para el desarrollo de los golpes de estado de 1992.     <br>   En  segundo lugar, por proceso enmarcador golpista se entiende el &quot;universo de  significados compartidos y los conceptos mediante los que los individuos  definen su acci&oacute;n. Por tanto hay que definir los esfuerzos estrat&eacute;gicos que, de  forma consciente, organizan una valoraci&oacute;n positiva de la utilizaci&oacute;n de un  golpe de Estado consider&aacute;ndolo leg&iacute;timo, necesario e inevitable&quot;<a href="#(8)">(8)</a>.  Aqu&iacute; hay que distinguir entre los elementos de la opini&oacute;n p&uacute;blica favorable al  golpe (sobre los cuales termina apoy&aacute;ndose el MBR-200) y los del discurso  manejado y promovido por los propios actores del golpe, as&iacute; como calibrar el  grado de vinculaci&oacute;n entre ambos.     <br>   Con respecto al primer  elemento, y tal como ya lo hemos mencionado anteriormente, era notable la  ligereza con que tanto la gente de la calle como miembros de la clase dirigente  y la intelectualidad venezolanas se mostraron, sino proclives, por lo menos  tolerantes con la idea de un golpe de estado como v&iacute;a plausible para intentar  solucionar los males que aquejaban a la democracia venezolana. Reputados pol&iacute;ticos,  periodistas y acad&eacute;micos, coqueteaban con la idea de lograr soluciones de  fuerza, mientras era frecuente escuchar en la calle el discurso que diversos  soci&oacute;logos califican como de &quot;la mano dura&quot;.    <br>   En cuanto al discurso  manejado por los actores del golpe, es posible hacer una caracterizaci&oacute;n  bastante completa. En las entrevistas que el historiador Agust&iacute;n Blanco Mu&ntilde;oz  hizo a Hugo Ch&aacute;vez antes de que &eacute;ste accediera a la presidencia, queda en  evidencia la naturaleza del discurso de los militares golpistas. El MBR-200 es  un movimiento netamente militar, a pesar de sus conexiones con civiles, que  hab&iacute;a venido conspirando desde 1977; esto tiende a condicionar su idea acerca  de la pol&iacute;tica, que considera plausible el uso de la violencia cada vez que sea  &quot;necesario&quot;. A lo largo de las entrevistas, Ch&aacute;vez deja en claro su confianza  en la acci&oacute;n, pac&iacute;fica o violenta, como v&iacute;a de definici&oacute;n y materializaci&oacute;n de  un modelo alternativo a la democracia liberal y a la socialdemocracia, sin considerarse  a s&iacute; mismo comunista ni marxista pero manifestando su abierta simpat&iacute;a hacia el  r&eacute;gimen de Fidel Castro, y autocalific&aacute;ndose de nacionalista y antiimperialista.  Esta cierta ambig&uuml;edad ideol&oacute;gica que expres&oacute; Hugo Ch&aacute;vez durante varios a&ntilde;os le  permitir&iacute;a posteriormente granjearse el apoyo de actores y sectores sociales  muy diversos.     <br>   Ch&aacute;vez dijo frases como las  siguientes, en relaci&oacute;n con el 4F: &quot;Esta era la concepci&oacute;n, crear el vac&iacute;o de  poder, y nosotros mismos llenarlo&quot;<a href="#(9)">(9)</a>;  &quot;...un gobierno o r&eacute;gimen especial, no puede ser un gobierno producto de  elecciones y con acuerdos entre los poderes. Nada que intente superar ese  modelo de democracia liberal, que para nosotros ya muri&oacute;, puede provenir de  elecciones&quot;<a href="#(10)">(10)</a>; &quot;la  democracia es como un mango, si estuviese verde hubiese madurado. Pero est&aacute;  podrida y lo que hay que hacer es tomarla como semilla [...] Hay que revisar a  fondo el concepto de democracia y debemos o&iacute;r todav&iacute;a la voz de Sim&oacute;n  Rodr&iacute;guez: hay que inventar modelos, inventar formas&quot;<a href="#(11)">(11)</a>.  Tambi&eacute;n se&ntilde;al&oacute; al diario <i>Cronista  Comercial</i> de Buenos Aires, el 20 de agosto de 1992, que &quot;todo est&aacute; listo  para una guerra civil en Venezuela&quot;. Ch&aacute;vez tambi&eacute;n admite tomar los  planteamientos del soci&oacute;logo argentino Norberto Ceresole (que particip&oacute; en la  rebeli&oacute;n de Velazco Alvarado en Per&uacute;), quien le busc&oacute; para implementar su idea  de una confederaci&oacute;n sudamericana. El predominio del componente militar en el  MBR-200 es algo que luego se ha manifestado en la composici&oacute;n del gobierno de  Ch&aacute;vez, donde es notable la gran cantidad de cargos p&uacute;blicos otorgados a  miembros del mando castrense.    <br>   Se observa entonces la  presencia de un descontento generalizado con la clase dirigente en particular y  con el sistema pol&iacute;tico y la democracia en general, as&iacute; como un movimiento  gestado en el seno de las Fuerzas Armadas, m&aacute;s radical que cualquier fuerza  pol&iacute;tica presente en el espectro pol&iacute;tico venezolano, suficientemente ambiguo  en el plano ideol&oacute;gico como para capitalizar el amplio descontento social, y dispuesto  a emplear las armas para configurar un orden diferente. Aunque la gente no  apoy&oacute; abiertamente los golpes, entre otras cosas porque &eacute;stos tomaron por  sorpresa a la sociedad venezolana, s&iacute; hubo un proceso de identificaci&oacute;n progresiva,  hasta el punto de que Hugo Ch&aacute;vez logr&oacute; ganar las elecciones presidenciales de  1998. Los actores pol&iacute;ticos que protagonizaron los golpes de 1992 capitalizaron  al m&aacute;ximo una situaci&oacute;n estructural cr&iacute;tica y un discurso generalizado que  desvaloraba la democracia.    <br> Tercero, la estructura de  movilizaci&oacute;n u organizaci&oacute;n del gol<i>pe</i> se gest&oacute; casi por completo dentro de las Fuerzas Armadas, respondiendo por tanto  a una mentalidad t&iacute;picamente castrense. El origen clandestino y militar del  movimiento constituye una caracter&iacute;stica fundamental que ha dejado su impronta  en el estilo de gobierno del presidente Ch&aacute;vez. En los t&eacute;rminos usados por  Panebianco <a href="#(12)">(12)</a>, se  tratar&iacute;a del &quot;modelo originario&quot; que da origen al MVR, partido creado por  Ch&aacute;vez para acceder a la presidencia. El componente civil del movimiento no  jug&oacute; un papel importante durante los golpes, con lo cual recay&oacute; toda su  responsabilidad sobre los componentes militares. Ch&aacute;vez, quien ha sostenido que  contaba con al menos 10% del ej&eacute;rcito en 1992<a href="#(13)">(13)</a>,  hab&iacute;a planteado incorporar a civiles en acciones armadas, copiando la  organizaci&oacute;n de los Batallones de la Dignidad que Noriega hab&iacute;a preparado en  Panam&aacute;<a href="#(14)">(14)</a>,  pero el plan no se materializ&oacute;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>CONSECUENCIAS DE LOS GOLPES MILITARES DE 1992.</b>    <br>   Aunque  no pudieron materializar su objetivo de tomar el poder, los golpes militares de  1992 tuvieron un impacto decisivo en la posterior evoluci&oacute;n del sistema  pol&iacute;tico venezolano. Desde entonces varios procesos terminaron por hacer  colapsar la democracia nacida en 1958 y dar paso a nuevas realidades pol&iacute;ticas.  Podemos enumerar algunas de las consecuencias que se derivaron de dichos golpes  militares.    <br>   En  primer lugar, los golpes fueron la manifestaci&oacute;n m&aacute;s palpable de una situaci&oacute;n  de ingobernabilidad creciente y un elemento crucial en la posterior ca&iacute;da de la  democracia. El sistema pol&iacute;tico resinti&oacute; as&iacute; sus graves carencias en cuanto a  legitimidad y eficacia, su incapacidad para satisfacer las viejas y nuevas  demandas de la sociedad. El hecho de que se produjeran no uno, sino dos golpes,  demostraba el grado de descomposici&oacute;n de las Fuerzas Armadas como tales y de la  p&eacute;rdida de integridad del Estado en su funci&oacute;n de representaci&oacute;n de las fuerzas  democr&aacute;ticas. La clase dirigente demostr&oacute; as&iacute; su ineptitud para ejercer las  funciones de gobierno, tanto para dar respuesta a las necesidades sociales como  para mantener el monopolio leg&iacute;timo de la violencia que compete al Estado.     <br>   En segundo lugar, los  golpistas lograron a la postre encarnar, materializar y capitalizar buena parte  del descontento generalizado. Ante el vac&iacute;o de representaci&oacute;n y participaci&oacute;n pol&iacute;tica,  los protagonistas de los golpes de 1992 fueron considerados como una opci&oacute;n  v&aacute;lida y leg&iacute;tima para gobernar. La identificaci&oacute;n del militar con el orden,  elemento que predominaba en el imaginario colectivo venezolano, oper&oacute; como  catapulta del MBR-200 en su carrera pol&iacute;tica. Se trat&oacute; de un perfecto  acoplamiento entre una coyuntura o situaci&oacute;n estructural propicia y unos  actores pol&iacute;ticos radicales que irrumpieron violentamente en el escenario  pol&iacute;tico venezolano.    <br>   En tercer lugar, la  progresiva legitimaci&oacute;n de los golpes tanto en la opini&oacute;n p&uacute;blica como en el  sistema pol&iacute;tico, dado el sobreseimiento de todos los militares rebeldes y su  progresiva participaci&oacute;n en la pol&iacute;tica nacional, signific&oacute; el retorno del  &quot;hombre fuerte&quot; y las acciones de fuerza a la vida pol&iacute;tica venezolana y su  legitimaci&oacute;n como mecanismo de acci&oacute;n pol&iacute;tica a escala nacional. Si uno de los  principales logros de las varias d&eacute;cadas de democracia en Venezuela hab&iacute;a sido  lograr la implantaci&oacute;n de una cultura c&iacute;vica, especialmente significativa en el  entorno latinoamericano de los a&ntilde;os 60, 70 y 80, los golpes de estado  devolvieron de alg&uacute;n modo a la naci&oacute;n a su turbio pasado.     <br>   En cuarto lugar, los golpes  tuvieron consecuencias importantes para la econom&iacute;a, lo cual contribuy&oacute; a la  muerte del sistema pol&iacute;tico vigente por 40 a&ntilde;os. A pesar de un crecimiento  econ&oacute;mico cercano al 10% del PIB en 1991, los golpes crearon sombr&iacute;as  expectativas en los inversionistas, comerciantes e industriales para los a&ntilde;os  siguientes. El inicio del siguiente gobierno se vio marcado por una crisis  financiera sin precedentes y por las ambig&uuml;edades en la agenda econ&oacute;mica, en  buena medida fruto de la situaci&oacute;n de incertidumbre y precariedad que los  golpes de estado de 1992 ayudaron a generar.    <br> En quinto y &uacute;ltimo lugar, los  golpes significaron el comienzo del fin de la democracia de 1958. El segundo  gobierno de Carlos Andr&eacute;s P&eacute;rez fue el &uacute;nico que no lleg&oacute; a t&eacute;rmino de su  mandato en esos 40 a&ntilde;os, pues fue separado del cargo luego de ser acusado de  malversaci&oacute;n de fondos por el Fiscal general. Los dos golpes de estado influyeron  poderosamente en su precipitada salida del poder y abrieron las puertas a una  inestabilidad casi cr&oacute;nica. El posterior gobierno de Rafael Caldera, quien  hab&iacute;a alegado horas despu&eacute;s del golpe del 4F que dif&iacute;cilmente se pod&iacute;a pedir a  un pueblo hambriento que defendiera la democracia, estuvo marcado por la  permanente zozobra y la descomposici&oacute;n definitiva del sistema pol&iacute;tico. En  resumidas cuentas, y tal como dijo Ch&aacute;vez, refiri&eacute;ndose al 4F: &quot;Sin duda que le  dimos un golpe medular al sistema pol&iacute;tico, al sistema militar&quot;<a href="#(15)">(15)</a>.</p>     <p><b>1998. FIN DE LA DEMOCRACIA &quot;PUNTOFIJISTA&quot; Y ASCENSO  DE HUGO CH&Aacute;VEZ AL PODER.</b>    <br>   En  mayo de 1993, P&eacute;rez destituido de la presidencia y relevado durante 30 d&iacute;as por  el presidente del Congreso, Octavio Lepage, y luego por el historiador Ram&oacute;n J.  Vel&aacute;squez (designado por el propio Congreso) hasta el t&eacute;rmino del per&iacute;odo. En  diciembre result&oacute; electo Rafael Caldera, de 78 a&ntilde;os, vencedor por un escaso  margen de votos y liderando una variopinta coalici&oacute;n de socialistas y  socialcristianos que encabezaba el joven partido <i>Convergencia</i>. Caldera se mostr&oacute; en un primer momento convencido de  la necesidad de cambiar la agenda econ&oacute;mica implementada por P&eacute;rez,  sustituy&eacute;ndola por otra que no tuviera un impacto tan fuerte sobre los sectores  sociales m&aacute;s desprotegidos. Sin embargo, desde un principio el panorama se le  present&oacute; desolador, ya que el volumen y las condiciones de la deuda p&uacute;blica  eran mucho mayores de lo sospechado y el enorme e ineficiente aparato  burocr&aacute;tico del Estado venezolano, herencia de d&eacute;cadas de clientelismo  pol&iacute;tico, ameritaba una modernizaci&oacute;n urgente. Adem&aacute;s, la fractura en el seno  de la instituci&oacute;n militar constitu&iacute;a una seria amenaza para la viabilidad de  todo el sistema democr&aacute;tico. La liberaci&oacute;n de los presos involucrados en los  golpes de 1992, previo sobreseimiento de sus casos, fue una de las primeras  medidas relevantes, que permiti&oacute; a los militares alzados en 1992 entrar de lleno  en la vida pol&iacute;tica nacional.     <br>   Las  reformas econ&oacute;micas que Caldera ten&iacute;a en mente se vieron truncadas a ra&iacute;z de la  quiebra del sistema bancario nacional en 1994, que fue intervenido por el  Estado y paraliz&oacute; la vida econ&oacute;mica nacional por dos a&ntilde;os. El impacto  inflacionario fue notable y merm&oacute; bruscamente el poder adquisitivo de los venezolanos.  Caldera comprendi&oacute; a mitad de su gesti&oacute;n que el peso enorme de las deudas que  lastraban al Estado y la crisis financiera impedir&iacute;an la puesta en marcha de su  programa econ&oacute;mico inicial, y se vio obligado a elaborar un nuevo programa  econ&oacute;mico. A ello habr&iacute;a que sumar la debacle de los precios del petr&oacute;leo  durante los a&ntilde;os 1997 y 1998, cuando el barril lleg&oacute; a cotizarse a US$8.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> La  descomposici&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos tradicionales ya se hab&iacute;a manifestado  claramente en la elecci&oacute;n de 1993, cuando los principales candidatos  compitieron fuera de sus maquinarias. Los principales candidatos fueron Hugo  Ch&aacute;vez, del Movimiento Quinta Rep&uacute;blica (MVR), y Henrique Salas R&ouml;mer,  empresario y exgobernador del estado Carabobo. Mientras que Ch&aacute;vez se iba  revelando como un l&iacute;der carism&aacute;tico, punto de encuentro de una multiplicidad de  fuerzas pol&iacute;ticas principalmente izquierdistas, Salas se present&oacute; una imagen  fr&iacute;a y conservadora. Ch&aacute;vez consigui&oacute; la victoria con cerca de un 55% de los  votos v&aacute;lidos, mientras que Salas obtuvo poco m&aacute;s del 39%. Esta superioridad  fue muy homog&eacute;nea a lo largo del territorio nacional.</p>     <p><b>ARTICULACI&Oacute;N DE UN NUEVO CONFLICTO: POLARIZACI&Oacute;N SOCIAL EN VENEZUELA.</b>    <br>   Sin que ello estuviera contemplado  en la constituci&oacute;n de 1961, Ch&aacute;vez logr&oacute; convocar un refer&eacute;ndum en el cual se  pregunt&oacute; a la poblaci&oacute;n si convocaba la realizaci&oacute;n de una Asamblea  Constituyente. Los votantes aprobaron la propuesta y se dio paso entonces a  unos comicios para nombrar a los miembros de dicha Asamblea, mientras el pa&iacute;s  se manten&iacute;a sumido en un &quot;per&iacute;odo de transitoriedad&quot; durante el cual todos los  cargos p&uacute;blicos fueron considerados provisionales. Los 131 encargados  de redactar la nueva constituci&oacute;n fueron elegidos por la poblaci&oacute;n a trav&eacute;s de  un sistema mayoritario y no proporcional, circunstancia que, unida a la  homog&eacute;nea popularidad con la que contaba Ch&aacute;vez en casi todos los circuitos  electorales, determin&oacute; que sus candidatos lograran m&aacute;s del 90% de la  representaci&oacute;n en la Asamblea Constituyente. As&iacute;, la nueva constituci&oacute;n no se  fund&oacute; sobre un amplio consenso pol&iacute;tico, sino que estuvo hecha a medida de una  parcialidad pol&iacute;tica, circunstancialmente mayoritaria y aglutinada en torno a  un l&iacute;der carism&aacute;tico.    <br>   Con la nueva constituci&oacute;n se suprimi&oacute; la figura del  Senado (circunstancia peculiar en un pa&iacute;s de constituci&oacute;n supuestamente  federal), los altos mandos militares pasaron a ser nombrados directamente por  el presidente y no por el Congreso, se crearon los poderes Ciudadano y  Electoral (aparte de los tradicionales Ejecutivo, Legislativo y Judicial), y el  mandato presidencial pas&oacute; de 5 a&ntilde;os sin reelecci&oacute;n a 6 a&ntilde;os con posibilidad de  reelecci&oacute;n. Todas las ramas del poder p&uacute;blico nacional quedaron tuteladas por el  oficialismo. Con la nueva constituci&oacute;n aprobada en refer&eacute;ndum en diciembre de 1999,  el nuevo Congreso otorg&oacute; al presidente poderes extraordinarios para gobernar en  casi todas las materias por decreto, y a finales del 2001, 48 leyes que  afectaban considerablemente aspectos tales como la propiedad privada o la  libertad de expresi&oacute;n fueron promulgadas por decreto presidencial en pocos d&iacute;as,  sin negociar con la oposici&oacute;n ni permitir que se conocieran previamente.     <br>   Durante ese tiempo, el discurso presidencial se hab&iacute;a  ido haciendo cada vez m&aacute;s duro y pol&eacute;mico, marcado por una ret&oacute;rica sobre la  lucha de clases y que distingu&iacute;a a los venezolanos entre &quot;oligarcas&quot; y  &quot;patriotas&quot;. Obviamente, los oligarcas eran quienes se opon&iacute;an a su proyecto,  mientras que los patriotas eran los que lo apoyaban. Los &quot;oligarcas&quot; se  convirtieron en culpables de todos los males de la sociedad venezolana, y por  lo tanto se hac&iacute;a necesario combatirlos sin descanso. El presidente Ch&aacute;vez  comenz&oacute; a multiplicar sus alocuciones p&uacute;blicas, obligando a menudo que fueran  transmitidas conjuntamente y en directo por todas las emisoras de radio y TV  que operan en el pa&iacute;s, algo que aliment&oacute; su enfrentamiento con los medios de  comunicaci&oacute;n privados, que incrementaron sin cesar el tono de sus cr&iacute;ticas al  gobierno.     <br>   La falta de di&aacute;logo con el sector empresarial y con los  sindicatos (en buena medida todav&iacute;a controlados por Acci&oacute;n Democr&aacute;tica) gener&oacute;  un enorme rechazo al gobierno por parte de &eacute;stos. Los intentos de reformular la  educaci&oacute;n p&uacute;blica, tanto a nivel escolar como universitario, fueron percibidos  como amenazas por los sectores medios de la poblaci&oacute;n, que tem&iacute;an el desarrollo  de una pol&iacute;tica educativa destinada a adoctrinar a los j&oacute;venes. La acelerada  promoci&oacute;n de cuadros militares, mediante la cual se jubilaba a una serie de  miembros del alto mando y se ascend&iacute;a a oficiales fieles al presidente Ch&aacute;vez, as&iacute;  como la asignaci&oacute;n a las Fuerzas Armadas de una serie de tareas que los  llevaban a tener poder en el &aacute;mbito civil, gener&oacute; no pocas inquietudes en el  seno de la instituci&oacute;n castrense. La provisionalidad de cerca del 80% de los  jueces, herencia del &quot;per&iacute;odo de transitoriedad&quot;, tambi&eacute;n generaba  desconfianza. Una parte significativa de la sociedad, constituida  fundamentalmente por la clase media (buena parte de la cual le hab&iacute;a dado su  apoyo en 1998 y 1999) y la clase alta, comenz&oacute; a movilizarse poco a poco para  expresar su rechazo al tipo de gobierno que estaba implementando el presidente,  teniendo como detonante la promulgaci&oacute;n por decreto de 48 decretos-leyes. Desde  entonces, la conflictividad pol&iacute;tica y social en Venezuela comenz&oacute; a cobrar  matices completamente in&eacute;ditos y preocupantes.    <br>   <i>El  conflicto principal que aquejaba a la sociedad venezolana sufri&oacute; por tanto una  importante modificaci&oacute;n</i>. Mientras que los a&ntilde;os noventa estuvieron  marcados por una conflictividad consistente en el progresivo distanciamiento  entre la sociedad en su conjunto y su clase dirigente, a partir de 1998 se fue  configurando un conflicto diferente, que enfrentaba a dos mitades de la  sociedad, encontrando su caldo de cultivo en las diferencias sociales y  econ&oacute;micas y su catalizador en el discurso presidencial. Se trataba de la  confrontaci&oacute;n entre una parte de la sociedad que, sin estar aglutinada bajo una  &uacute;nica bandera pol&iacute;tica y sin contar con un verdadero liderazgo, apostaba claramente  por alguna clase de democracia occidental, y una revoluci&oacute;n que se inici&oacute; &quot;desde  arriba&quot; pero con importante apoyo popular, encabezada por un l&iacute;der carism&aacute;tico  que, a trav&eacute;s de la implantaci&oacute;n de una nueva legalidad, ha ido tomando control  absoluto de todos los poderes constituidos y que en &uacute;ltima instancia somete las  leyes a los dict&aacute;menes del proceso &quot;revolucionario&quot;.    <br>   As&iacute;, la sociedad venezolana ha tendido durante el  gobierno de Ch&aacute;vez a una polarizaci&oacute;n entre dos grupos, mentalidades y orientaciones  geopol&iacute;ticas diferentes. Por un lado est&aacute;n los llamados <i>chavistas</i>, partidarios de Hugo Ch&aacute;vez, que han encontrado en el  actual presidente venezolano la encarnaci&oacute;n de una esperanza, que ven en su  liderazgo la posibilidad de tener una sociedad distinta y mejor, en teor&iacute;a m&aacute;s  igualitaria. Ch&aacute;vez ha sabido captar la sensibilidad de estos sectores  sociales, en su mayor&iacute;a los m&aacute;s pobres y desfavorecidos (aunque no  exclusivamente), que sienten haber recibido poco o nada del sistema, manejando  un lenguaje y un estilo m&aacute;s directos, m&aacute;s pr&oacute;ximos a su forma de sentir y ver  la vida. Siendo m&aacute;s dif&iacute;cil para estos sectores sociales organizarse  pol&iacute;ticamente, dada la precariedad de sus medios de subsistencia, la aparici&oacute;n  de Ch&aacute;vez, ech&aacute;ndose sobre sus hombros todo el peso de un movimiento pol&iacute;tico y  militar creado por &eacute;l mismo, manejando un discurso generador de ilusiones,  aglutinando fuerzas pol&iacute;ticas dispersas e impulsando un proceso de cambios  radicales desde la propia presidencia de la rep&uacute;blica, ha representado la  posibilidad de adherirse a un proyecto pol&iacute;tico que les genera una esperanza de  forma casi repentina. La presencia de un liderazgo arrollador es el motor del  movimiento, y precisamente por el hecho de que el proyecto est&aacute; encarnado en  Ch&aacute;vez, casi toda la orientaci&oacute;n del mismo est&aacute; a su cargo. Se trata de un  liderazgo carism&aacute;tico que alcanza todos los &aacute;mbitos del movimiento, con una fuerte  carga personalista que dif&iacute;cilmente alg&uacute;n militante osa cuestionar. En todo  momento ha prevalecido la postura del l&iacute;der m&aacute;ximo, que con frecuencia es  plenamente compartida por los seguidores en conjunto, pero no siempre por las  organizaciones pol&iacute;ticas y sociales que lo han apoyado.    <br>   Por otro lado, est&aacute;n los sectores sociales que encarnan  la <i>oposici&oacute;n</i>. Compuestos en buena  medida por las clases media y alta, se trata en l&iacute;neas generales de  profesionales, peque&ntilde;os y grandes comerciantes, empresarios, gremios y  sindicatos; personas que en general tienen alguna experiencia de superaci&oacute;n a  partir de su propio trabajo, pero que en su mayor&iacute;a se manten&iacute;an alejados de  los asuntos pol&iacute;ticos. A pesar de que en un principio muchos de ellos apoyaron  a Hugo Ch&aacute;vez, convencidos como estaban de que impondr&iacute;a orden en un sistema  corrupto, poco a poco fueron cambiando de opini&oacute;n a ra&iacute;z del discurso  divisionista del presidente y de sus acciones radicales. A partir de la  promulgaci&oacute;n de las 48 leyes, estos sectores iniciaron protestas cada vez m&aacute;s  nutridas, encabezadas por l&iacute;deres pol&iacute;ticos, empresariales y sindicales.    <br> Sin embargo, est&aacute; claro que estos sectores sociales  estaban lejos de sentirse representados por los pol&iacute;ticos de oposici&oacute;n, puesto  que en general tambi&eacute;n est&aacute;n descontentos con la vieja pol&iacute;tica. La carencia de  un liderazgo bien definido conden&oacute; a estas protestas cada vez m&aacute;s numerosas a  llevar un rumbo err&aacute;tico; ahora bien, el volumen de las manifestaciones deja en  claro que no se trataba de una peque&ntilde;a minor&iacute;a, sino de la mitad de la  poblaci&oacute;n. La movilizaci&oacute;n de los opositores en contra de las medidas del  gobierno de Hugo Ch&aacute;vez tiene todas las caracter&iacute;sticas para ser considerada  como un <i>movimiento social</i>. La falta de  una organizaci&oacute;n formal, de un liderazgo firme y eficaz y de una ideolog&iacute;a  claramente definida, su bajo grado de organizaci&oacute;n, la precariedad de las  alianzas en su seno y la multiplicidad de sus integrantes, as&iacute; como su  movilizaci&oacute;n para conseguir modificar un sistema que se les impon&iacute;a sin previa  negociaci&oacute;n, son todas caracter&iacute;sticas de un movimiento social. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>AGUDIZACI&Oacute;N DEL CONFLICTO. MESES PREVIOS A ABRIL DEL 2002.</b>    <br>   La promulgaci&oacute;n de las 48 leyes gener&oacute; un rechazo considerable,  sobre todo de Fedec&aacute;maras, la federaci&oacute;n de peque&ntilde;os y grandes comerciantes e  industriales de Venezuela, que convoc&oacute; un paro de 24 horas para el 10 de  diciembre del 2001. Mientras el oficialismo lo consider&oacute; un fracaso, la  oposici&oacute;n lo calific&oacute; como un &eacute;xito. El presidente Ch&aacute;vez reaccion&oacute; muy  airadamente ante esa jornada de paro empresarial; ante su discurso desafiante y  el paso amenazador de aviones de combate sobre Caracas &ndash;era el d&iacute;a de la  aviaci&oacute;n militar-, se escucharon cacerolas en son de protesta. Ese d&iacute;a indujo a  algunos colaboradores del presidente a distanciarse del gobierno y marc&oacute; el  inicio de la movilizaci&oacute;n opositora generalizada.    <br>   La primera marcha de protesta de consideraci&oacute;n se  produjo el 23 de enero del a&ntilde;o 2002, aniversario del derrocamiento del dictador  Marcos P&eacute;rez Jim&eacute;nez. Posteriormente, las protestas se fueron haciendo m&aacute;s y  m&aacute;s nutridas. El 27 de febrero, aniversario de los lamentables acontecimientos  de 1989, la Confederaci&oacute;n Nacional de Trabajadores (CTV) convoc&oacute; a una nueva  concentraci&oacute;n. Por aquellos d&iacute;as se comenzaba a gestar un conflicto entre el  gobierno y la petrolera estatal PDVSA, la mayor corporaci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina;  mientras el presidente sosten&iacute;a que la misma estaba manejada por ricachones al  servicio de las multinacionales, la gerencia de la empresa sosten&iacute;a que la  intenci&oacute;n del r&eacute;gimen era politizarla y controlarla. Los medios privados de  comunicaci&oacute;n arreciaban en sus cr&iacute;ticas contra el gobierno, hasta el punto de  que se llegaron a convertir en verdaderos agentes de la oposici&oacute;n. A esas  alturas era ya obvio que el tono con el cual se criticaban las partes hab&iacute;a  perdido el nivel que mantiene en cualquier democracia m&aacute;s o menos estable.    <br>   La situaci&oacute;n se iba tornando cada vez m&aacute;s cr&iacute;tica y la  movilizaci&oacute;n de los partidarios de ambas posturas se incrementaba. Para  contrarrestar las marchas de oposici&oacute;n, el gobierno convoc&oacute; concentraciones de  sus seguidores, a veces los mismos d&iacute;as, o &quot;encadenaba&quot; las emisiones de radio  y TV para transmitir actos y alocuciones presidenciales. La movilizaci&oacute;n  oficialista se llevaba a cabo a trav&eacute;s de los <i>c&iacute;rculos bolivarianos</i>, organizaciones populares con respaldo  gubernamental que tendr&iacute;an por objeto cumplir una funci&oacute;n social en las zonas  populares, pero que la oposici&oacute;n ha considerado como violentos grupos agitadores  al servicio del presidente, encargados de implementar las directrices del r&eacute;gimen  hasta los &aacute;mbitos m&aacute;s rec&oacute;nditos de la sociedad, incluyendo amenazas a determinados  objetivos pol&iacute;ticos (periodistas, pol&iacute;ticos, manifestantes).    <br>   Durante febrero, marzo y abril del 2002 una serie de  oficiales militares se fueron manifestando p&uacute;blicamente y a cuentagotas,  desconociendo la autoridad del gobierno. El primero de ellos fue el coronel  Pedro Soto, pero luego siguieron el contralmirante Carlos Molina Tamayo, el  general Rom&aacute;n G&oacute;mez Ruiz, el teniente-coronel Hugo S&aacute;nchez y otros de menor  graduaci&oacute;n. El grado de tensi&oacute;n interna en la Fuerzas Armadas que estas  manifestaciones revelaban era un claro indicio del nivel de polarizaci&oacute;n que  afectaba a la sociedad venezolana y de que el gobierno estaba perdiendo el  control de la situaci&oacute;n.    <br>   El 5 de marzo los representantes  de Fedec&aacute;maras y la CTV, Pedro Carmona y Carlos Ortega, junto a una  representaci&oacute;n de la Iglesia Cat&oacute;lica, realizaron un acto en el que hac&iacute;an  p&uacute;blico un documento denominado &quot;Acuerdo democr&aacute;tico&quot;, una especie de programa  que planteaba unas directrices con el supuesto objetivo de rescatar la  gobernabilidad, lograr la reactivaci&oacute;n econ&oacute;mica del pa&iacute;s y erradicar la  pobreza. Para entonces estaba claro que los opositores perd&iacute;an las esperanzas  de lograr alguna clase de di&aacute;logo con el gobierno y que encaminar&iacute;an sus  protestas a solicitar la renuncia de Hugo Ch&aacute;vez. El &quot;acuerdo de la Esmeralda&quot;  (sitio donde se firm&oacute;) es la formalizaci&oacute;n de un pacto para hacer frente a un  eventual &quot;vac&iacute;o de poder&quot;. </p>     <p><b>EL 11 DE ABRIL Y EL &quot;CARMONAZO&quot;</b>    <br>   El domingo 7 de abril Ch&aacute;vez anunci&oacute;, de forma poco  ortodoxa el despido de un grupo de gerentes de la petrolera estatal PDVSA. El  hecho contribuy&oacute; a caldear aun m&aacute;s los &aacute;nimos en una situaci&oacute;n de gran  movilizaci&oacute;n social por parte de los grupos de oposici&oacute;n. La CTV convoc&oacute; a la realizaci&oacute;n  de un paro general de 24 horas para el 9 de abril, apoyado por Fedec&aacute;maras. El  paro fue prorrogado a 48 horas, y luego se hizo indefinido. Para el d&iacute;a 11 se  organiz&oacute; una marcha de protesta, que en principio cubrir&iacute;a un trayecto m&aacute;s bien  corto, pero que repentinamente tom&oacute; direcci&oacute;n de Miraflores, el palacio de  gobierno. Nadie ha asumido posteriormente la responsabilidad de desviar la  marcha hacia Miraflores, sino que han achacado tal decisi&oacute;n a la voluntad  espont&aacute;nea de las masas. Pero est&aacute; claro que, tal como ha sucedido en varios pa&iacute;ses,  un r&eacute;gimen puede ser derrocado si un gran volumen de gente descontenta ocupa  por la fuerza el palacio de gobierno. En efecto, aquella marcha contaba con  varios cientos de miles de manifestantes descontentos. Los principales canales  privados de TV, opuestos al r&eacute;gimen de Ch&aacute;vez, dedicaron su programaci&oacute;n del  d&iacute;a 11 a transmitir im&aacute;genes de la enorme marcha opositora, lo cual sin duda  estimul&oacute; el crecimiento de la misma. A mediod&iacute;a, cuando la marcha ya se dirig&iacute;a  hacia el palacio, varios representantes del gobierno convocaron airadamente a  trav&eacute;s del canal del Estado a los &quot;c&iacute;rculos bolivarianos&quot; y dem&aacute;s partidarios  del presidente en general a que se congregaran en los alrededores de  Miraflores. Tal como quedar&iacute;a registrado en las c&aacute;maras de TV, muchos de estos  partidarios portaban armas de fuego, que usaron para disparar en direcci&oacute;n a la  marcha. El palacio de gobierno tambi&eacute;n fue  rodeado con efectivos de la Guardia Nacional, quienes en vez de trazar dos  l&iacute;neas que separaran a opositores y partidarios del gobierno, pr&aacute;cticamente  hicieron una &uacute;nica l&iacute;nea que confrontaba conjuntamente a la marcha de oposici&oacute;n.     <br>   De esta forma, la marcha de  oposici&oacute;n, que a su vez iba custodiada por la Polic&iacute;a Metropolitana (a cargo de  la Alcald&iacute;a de Caracas, a la saz&oacute;n controlada por la oposici&oacute;n), logr&oacute; llegar  hasta tan s&oacute;lo a dos calles del palacio de gobierno, donde ya se pod&iacute;a  establecer contacto visual entre los miembros de cada agrupaci&oacute;n. Minutos antes  de ese momento, el presidente comenz&oacute; a emitir una alocuci&oacute;n en &quot;cadena&quot;; poco  despu&eacute;s, mor&iacute;an o resultaban heridas decenas de personas en el tiroteo. Las  im&aacute;genes en vivo daban a entender que los muertos pertenec&iacute;an la marcha de  oposici&oacute;n. Al impedir la repentina cadena que las im&aacute;genes pudieran ser vistas,  los canales privadas dividieron la pantalla y transmitieron la alocuci&oacute;n  presidencial y el tiroteo, en vivo y al mismo tiempo. El efecto era tremendo,  porque se ve&iacute;a a Ch&aacute;vez hablando con serenidad a un lado, mientras que a dos calles  la gente ca&iacute;a muerta en medio del tiroteo. A continuaci&oacute;n, la se&ntilde;al de los  canales de TV fue suspendida por instrucciones del presidente, quien  efectivamente as&iacute; lo afirm&oacute; en medio de su alocuci&oacute;n. Sin embargo, los canales  que contaban con la posibilidad de emitir por sat&eacute;lite as&iacute; lo hicieron.     <br>   Una supuesta conversaci&oacute;n de  radio mantenida por Ch&aacute;vez y gente del alto mando militar, divulgada por los  medios, dejaba entrever que el presidente hab&iacute;a dado &oacute;rdenes de desplegar el  &quot;Plan &Aacute;vila&quot;, dise&ntilde;ado para hacer frente a una invasi&oacute;n externa e implica sacar  buena parte del ej&eacute;rcito a la calle; de hecho, es lo que hizo Carlos Andr&eacute;s  P&eacute;rez en 1989 para hacer frente al Caracazo y a quien recientemente est&aacute;n  requiriendo tribunales venezolanos por esa raz&oacute;n; pero esta vez, el alto mando  militar no obedeci&oacute;.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Las horas de incertidumbre se  fueron prolongando durante toda la tarde-noche, mientras sucesivas alocuciones  de militares fueron dejando en claro que ya buena parte de &eacute;stos no seguir&iacute;a  &oacute;rdenes del presidente. S&oacute;lo el general Garc&iacute;a Carneiro se moviliz&oacute; en defensa  de Ch&aacute;vez, logrando llevar una columna de tanques desde el Fuerte Tiuna para  rodear el palacio de Miraflores, donde permanec&iacute;a el presidente. Los generales  rebeldes establecieron negociaciones con Ch&aacute;vez en Miraflores para lograr su  renuncia, mientras muchos pol&iacute;ticos de oposici&oacute;n iban pasando por las sedes de  los principales medios de comunicaci&oacute;n. Muchos de los principales funcionarios  del gobierno desaparecieron, temerosos de ser apresados o asesinados. As&iacute;  fueron pasando muchas horas, hasta que en la madrugada el alto mando militar se  dirigi&oacute; a la naci&oacute;n, encabezado por el Inspector General de la Fuerza Armada,  general Lucas Rinc&oacute;n, quien afirm&oacute; en vivo y en directo que &quot;se le solicit&oacute; al  se&ntilde;or presidente de la Rep&uacute;blica la renuncia de su cargo, la cual acept&oacute;&quot;<a href="#(16)">(16)</a>.  Al d&iacute;a siguiente, el 12 de abril del 2002, Pedro Carmona se jurament&oacute; en  Miraflores como presidente frente a un nutrido grupo de empresarios y otras  personalidades, mediante la emisi&oacute;n de un decreto por el que se facultaba a  disolver el Congreso e incluso a destituir a gobernadores y alcaldes, y en el  que se compromet&iacute;a a convocar elecciones en un plazo inferior a un a&ntilde;o. Seg&uacute;n  Carmona, ciertos civiles y sobre todo militares acordaron colocarlo en la  presidencia esa madrugada, lo que obviamente acept&oacute;. Carlos Ortega, l&iacute;der de la  CTV, se mantuvo ajeno a dicho acto.    <br>   Hasta ese momento los hechos  son susceptibles de diversas interpretaciones. Es obvio que exist&iacute;a una  voluntad, compartida por un colectivo enorme, de lograr la salida anticipada de  Ch&aacute;vez del poder mediante su renuncia o la convocatoria de elecciones  anticipadas. La participaci&oacute;n de tanta gente en una marcha sin precedentes que  se dirig&iacute;a a Miraflores para exigir la renuncia del presidente as&iacute; lo  atestigua. Asimismo, el predominio del ejecutivo sobre todas las ramas del  poder p&uacute;blico convenci&oacute; a mucha gente de la imposibilidad de lograr tal  voluntad mediante un procedimiento legal. Se hab&iacute;a generado un movimiento  social de consideraci&oacute;n, plural y variopinto, que expresaba su profundo rechazo  al ejercicio del poder que llevaba a cabo Hugo Ch&aacute;vez, materializado a su vez  mediante paros, huelgas y manifestaciones multitudinarias. Los factores  anteriores son m&aacute;s propios de una rebeli&oacute;n popular que de un golpe de estado.    <br>   Por otra parte, tambi&eacute;n  parece claro que un grupo de personas se dedicaron a planificar e  instrumentalizar esa salida de Ch&aacute;vez del poder, un factor com&uacute;n a golpes de  estado, revoluciones y rebeliones populares, puesto que ninguna acci&oacute;n pol&iacute;tica  es 100% &quot;popular&quot; y espont&aacute;nea. Lo que ya no est&aacute; tan claro es el tipo de  inter&eacute;s que mov&iacute;a a cada uno de estos actores. El curso de los acontecimientos  demostr&oacute; un enorme grado de improvisaci&oacute;n y descoordinaci&oacute;n entre los  principales protagonistas, debido en buena medida a la diferente concepci&oacute;n  acerca de lo que deb&iacute;a suceder luego de la renuncia de Ch&aacute;vez. Apenas Carmona  se jurament&oacute; como presidente, muchos pol&iacute;ticos de oposici&oacute;n, diputados,  gobernadores, alcaldes, periodistas, militares y l&iacute;deres sociales se  desmarcaron del nuevo &quot;gobierno&quot;. En las Fuerzas Armadas se evidenci&oacute; la  divisi&oacute;n que exist&iacute;a entre prochavistas y antichavistas por un lado, y entre  constitucionalistas y golpistas por otro.    <br>   Lo que sin lugar a dudas  constituye una alteraci&oacute;n del orden constitucional (y que dif&iacute;cilmente no  pudiera ser considerada como un golpe de Estado) es la instauraci&oacute;n del mandato  de Carmona; tan es as&iacute; que las disposiciones de su Decreto para tomar el poder  se asemejan abrumadoramente a las que el propio movimiento encabezado por Hugo  Ch&aacute;vez hab&iacute;a plasmado en el &quot;Acta Constitutiva del Gobierno de Emergencia  Nacional&quot; y en los decretos que ten&iacute;an preparados en caso de haber fructificado  su golpe de estado. Carmona asumi&oacute; la responsabilidad de implementar un  gobierno de emergencia que se instaur&oacute; como ajeno a la Constituci&oacute;n, seleccionando  adem&aacute;s sus ministros a partir de un grupo humano muy espec&iacute;fico en t&eacute;rminos  ideol&oacute;gicos y sociales. El propio Carmona dice que &quot;el objetivo era a no dudar,  abrir un brev&iacute;simo per&iacute;odo de facto, respetuoso de los derechos ciudadanos,  para convocar a los noventa d&iacute;as a una primera elecci&oacute;n, la parlamentaria&quot;<a href="#(17)">(17)</a><a href="#_ftn17" name="_ftnref17" title=""> </a>.     <br>   Como elementos que podr&iacute;an  considerarse propios de un golpe de Estado est&aacute;n la manipulaci&oacute;n de las circunstancias  por parte de una &eacute;lite (parte del empresariado y del alto mando militar), la  premeditaci&oacute;n que se infiere a partir de la planificaci&oacute;n previa de un acuerdo  de gobernabilidad (el firmado por Fedec&aacute;maras y la CTV el 5 de marzo anterior),  la amenaza percibida por amplios sectores de la poblaci&oacute;n, la ruptura del orden  constitucional y la r&aacute;pida consecuci&oacute;n de los acontecimientos. Pero, en  cualquier caso, <i>no se trata del golpe de  Estado cl&aacute;sico</i>. Como mencionamos anteriormente, lo sucedido en Venezuela durante  el mes de abril del 2002 tiene mucho en com&uacute;n con el tipo de situaci&oacute;n que ha  tenido lugar en otros pa&iacute;ses, desembocando en la salida de sus presidentes; tal  es el caso de Serbia (octubre 2000), Georgia (noviembre 2003), Ecuador (abril  2005), Kirguizist&aacute;n (marzo 2005), etc.    <br>   La pregunta entonces ser&iacute;a  &iquest;han sido estas situaciones golpes de estado o &quot;revoluciones de terciopelo&quot;? Es  posible que la tradicional &quot;t&eacute;cnica&quot; del golpe de Estado est&eacute; siendo sustituida  por otra diferente luego del derrumbe del muro de Berl&iacute;n, caracterizada por la  movilizaci&oacute;n de grandes colectivos hacia la sede del ejecutivo con el fin de  ocuparla y acabar con la legitimidad de un mandatario, pero en cualquier caso  no es prop&oacute;sito de este trabajo el aclarar dicha interrogante. Nos limitaremos  aqu&iacute; a afirmar que, en caso de vernos obligados a definir la situaci&oacute;n ocurrida  en Venezuela en abril del 2002, nos inclinar&iacute;amos a pensar que efectivamente se  produjo un golpe de Estado, situaci&oacute;n que se habr&iacute;a verificado con mayor claridad  el d&iacute;a 12 (cuando Pedro Carmona se jurament&oacute; como presidente de la Rep&uacute;blica) y  no tanto el 11, cuando la confusi&oacute;n de los hechos dificulta su clasificaci&oacute;n como  &quot;golpe de Estado&quot;, &quot;rebeli&oacute;n popular&quot; o &quot;revoluci&oacute;n de terciopelo&quot;.    <br>   Otro aspecto que contribuye a  hacer m&aacute;s complicada la valoraci&oacute;n es el comportamiento algo vacilante de la  comunidad internacional hacia los acontecimientos de abril en Venezuela.  Durante esos d&iacute;as se celebraba en San Jos&eacute; de Costa Rica una cumbre del Grupo  de R&iacute;o, que emiti&oacute; una declaraci&oacute;n el d&iacute;a 12 de abril, en la cual &quot;condenaba la  interrupci&oacute;n del orden constitucional en Venezuela, generada por un proceso de  polarizaci&oacute;n creciente&quot;, al tiempo que instaba a la &quot;normalizaci&oacute;n de la  institucionalidad democr&aacute;tica en el marco de la Carta Democr&aacute;tica  Interamericana y a dar los pasos necesarios para la realizaci&oacute;n de elecciones  claras y transparentes, en consonancia con los mecanismos previstos por la  Constituci&oacute;n venezolana&quot;<a href="#(18)">(18)</a>.  Sin embargo, no se ped&iacute;a expl&iacute;citamente la reincorporaci&oacute;n de Ch&aacute;vez a su  cargo. La reafirmaci&oacute;n de esa postura un  tanto ambigua se produjo el d&iacute;a 13 de abril a las 9 de la ma&ntilde;ana, cuando los  embajadores de Estados Unidos y Espa&ntilde;a en Venezuela (&eacute;ste &uacute;ltimo en  representaci&oacute;n de la Uni&oacute;n Europea, en virtud de que Espa&ntilde;a ocupaba la  presidencia de la misma para aquel momento) se presentaron en Miraflores para pronunciarse  en los mismos t&eacute;rminos de la Declaraci&oacute;n del Grupo de R&iacute;o del d&iacute;a anterior. El  contexto mundial de &quot;guerra contra el terror&quot; gener&oacute; una polarizaci&oacute;n  internacional en la cual el gobierno <i>chavista</i> se opuso con claridad a los Estados Unidos; esta situaci&oacute;n pudo haber obrado en  contra del gobierno venezolano antes del 11 de abril, pero luego contribuy&oacute; a  que &eacute;ste fuera visto como una v&iacute;ctima de conspiraciones internacionales.    <br>   El  decreto por el cual Pedro Carmona asumi&oacute; inconstitucionalmente la presidencia  de la Rep&uacute;blica fue firmado por numerosos personajes de la vida p&uacute;blica  venezolana. Carmona no decret&oacute; estado de sitio ni tom&oacute; medidas de excepci&oacute;n particularmente  relevantes durante su breve toma del poder; lo m&aacute;s destacable fue la detenci&oacute;n  de algunos miembros del gobierno conducido por Ch&aacute;vez, mientras que la mayor&iacute;a  logr&oacute; ponerse a resguardo de posibles detenciones. Entre los detenidos se  encontraban algunas de las personas que dispararon desde Puente Llaguno en  direcci&oacute;n a la marcha opositora. Ch&aacute;vez termin&oacute; siendo trasladado a la isla de  La Orchila, pero antes, en Turiamo, y seg&uacute;n el propio Carmona relata en su  libro<a href="#(19)">(19)</a>,  Ch&aacute;vez logr&oacute; escribir una nota en la cual negaba el hecho de haber renunciado,  la cual r&aacute;pidamente se difundi&oacute; por fax en toda la Fuerza Armada Nacional. Este  hecho, sumado a la denuncia que algunos renombrados pol&iacute;ticos, juristas y  periodistas hicieron del nuevo gobierno, condujo a varios de los principales  mandos militares a desobedecer a Carmona, iniciar el rescate de Ch&aacute;vez y  devolverlo al poder. Hugo Ch&aacute;vez fue restablecido en la presidencia en la  madrugada del d&iacute;a 14 de abril, gracias a los militares leales, la r&aacute;pida  actuaci&oacute;n de algunos miembros de su gobierno y a las airadas protestas de  muchos de sus seguidores, que se congregaron en torno al Fuerte Tiuna, el  palacio de Miraflores y las sedes de los principales canales de TV para  reclamar la restituci&oacute;n de Ch&aacute;vez a la presidencia. Previamente, en la tarde  del d&iacute;a s&aacute;bado 13 de abril, el vicepresidente Diosdado Cabello (quien hab&iacute;a  logrado comunicarse con CNN para alertar a la comunidad internacional del  derrocamiento de Ch&aacute;vez) hab&iacute;a sido juramentado como presidente provisional para  restablecer el hilo constitucional mientras se rescataba a Ch&aacute;vez de La  Orchila. Durante casi todo el d&iacute;a 13, los canales privados no informaron  pr&aacute;cticamente de nada de lo que estaba sucediendo en el pa&iacute;s, una pol&iacute;tica que  tambi&eacute;n mantuvo el canal del Estado durante todo el d&iacute;a 14. Ello ocasion&oacute; una  brutal ola de rumores durante los d&iacute;as 13 y 14 (s&aacute;bado y domingo,  respectivamente), que mantuvo en vilo a la poblaci&oacute;n del pa&iacute;s, atemoriz&aacute;ndola e  induci&eacute;ndola a mantenerse en sus viviendas.    <br>   Pedro Carmona y otras  personas fueron detenidos e interpelados por una comisi&oacute;n de la Asamblea  Nacional. D&iacute;as despu&eacute;s, y luego de ser acusado entre otros del delito de  rebeli&oacute;n, Carmona logr&oacute; evadirse del arresto domiciliario y pedir asilo en la  embajada de Colombia, solicitud que fue aceptada m&aacute;s tarde, justo el d&iacute;a en que  los colombianos se encontraban votando en las elecciones que llevaron a &Aacute;lvaro  Uribe V&eacute;lez a la presidencia. 4 meses despu&eacute;s, el 14 de agosto del 2002, la  mayor parte de los militares involucrados en los hechos de abril fueron sobrese&iacute;dos  por el Tribunal Supremo de Justicia, el cual sentenci&oacute;  a favor de la versi&oacute;n de los partidarios de Carmona que sosten&iacute;a que hubo un &quot;vac&iacute;o  de poder&quot; luego de que el jefe del alto mando militar, el general Lucas Rinc&oacute;n,  anunciara que Ch&aacute;vez hab&iacute;a renunciado a su cargo. Curiosamente, la tesis del  &quot;vac&iacute;o de poder&quot; es la misma que manejaron los militares rebeldes en el 1992,  con la intenci&oacute;n de llenarlo ellos, tal como qued&oacute; rese&ntilde;ado en p&aacute;ginas  anteriores. L&oacute;gicamente, el descontento del gobierno venezolano con esta sentencia  fue notable, pero al a&ntilde;o siguiente el ejecutivo logr&oacute; impulsar la ampliaci&oacute;n del  n&uacute;mero de magistrados del Tribunal Supremo de Justicia de 20 a 32, luego de lo  cual el TSJ inici&oacute; la revisi&oacute;n de la sentencia que fall&oacute; a favor de la tesis  del vac&iacute;o de poder.</p>     <p><b>CONSECUENCIAS DEL &quot;CARMONAZO&quot;</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   El  golpe del 2002 revel&oacute; la gravedad de la crisis en Venezuela. Desde entonces se  pusieron en marcha diversas iniciativas para lograr que el conflicto venezolano  no alcanzara cotas mayores. La Organizaci&oacute;n de Estados Americanos (OEA), el  Centro Carter y los pa&iacute;ses socios y vecinos iniciaron un juego diplom&aacute;tico con  la finalidad de ayudar a manejar el conflicto. En noviembre del 2003 se instal&oacute;  la Mesa de Negociaci&oacute;n y Acuerdos, mediante la cual se intent&oacute; que gobierno y  oposici&oacute;n solventaran sus diferencias a trav&eacute;s de la mediaci&oacute;n de la OEA, el  PNUD y el Centro Carter. Sin embargo, la conflictividad pol&iacute;tica se mantuvo; en  diciembre se desencaden&oacute; un paro general de la oposici&oacute;n que paraliz&oacute; la  industria petrolera y buena parte de la actividad privada durante dos meses y  solicit&oacute; la renuncia del presidente, quien no cedi&oacute; lo m&aacute;s m&iacute;nimo ante las  demandas de la oposici&oacute;n. El proceso de negociaci&oacute;n termin&oacute; el 29 de mayo del  2003 con la firma de un acuerdo que estipulaba como soluci&oacute;n al conflicto la  realizaci&oacute;n de un referendo revocatorio que finalmente tuvo lugar el 15 de  agosto del 2004, luego de un largo proceso legal y electoral marcado por las  continuas denuncias opositoras de irregularidades y manejos a favor del  gobierno.     <br>   Todo  lo anterior es en cierta medida consecuencia de los acontecimientos de abril  del 2002. La ruptura del orden constitucional fue una alerta que atrajo la  atenci&oacute;n internacional sobre el conflicto venezolano. Fue asimismo un  acontecimiento lamentable que el gobierno ha utilizado para desacreditar a la  oposici&oacute;n en su totalidad, sin hacer distinciones dentro de un movimiento  social tan heterog&eacute;neo, plural y desorganizado. Ch&aacute;vez logr&oacute; captar el apoyo de  buena parte de la izquierda internacional a ra&iacute;z de dicho acontecimiento, y  afianz&oacute; a&uacute;n m&aacute;s su liderazgo dentro de sus seguidores y partidarios. Sirvi&oacute;  tambi&eacute;n para realizar una fuerte purga en el seno de las Fuerzas Armadas, pues  evidenci&oacute; qui&eacute;nes eran contrarios al presidente. El llamado &quot;Carmonazo&quot; dividi&oacute;  a&uacute;n m&aacute;s a los sectores que adversan al presidente Ch&aacute;vez. Los hechos de esos  d&iacute;as contribuyeron a desorientar un movimiento social demasiado heterog&eacute;neo  como para que pueda ser f&aacute;cilmente conducido por un &uacute;nico l&iacute;der.</p>     <p><b>INTERPRETACI&Oacute;N TE&Oacute;RICA DEL GOLPE DEL 2002 EN VENEZUELA Y COMPARACI&Oacute;N CON  1992</b>    <br>   A lo largo de p&aacute;ginas anteriores hemos intentado  describir el contexto de las oportunidades pol&iacute;ticas que se presentaron en los  meses previos a abril del 2002 de cara a la conformaci&oacute;n del movimiento social  opositor al gobierno de Hugo Ch&aacute;vez y la ejecuci&oacute;n del golpe. Queda clara la  existencia de un ambiente de enorme convulsi&oacute;n pol&iacute;tica, debido a la ejecuci&oacute;n  de cambios dr&aacute;sticos en la estructura institucional del pa&iacute;s por parte del  ejecutivo nacional, cambios que posiblemente carecieron de un grado de consenso  suficiente a nivel nacional y que demostraron un manifiesto car&aacute;cter excluyente  de ciertos sectores considerados como &quot;enemigos de la revoluci&oacute;n&quot;. El propio  discurso presidencial giraba en torno a una ret&oacute;rica divisionista de la  poblaci&oacute;n, convirti&eacute;ndose parad&oacute;jicamente en el motor de un proceso de  polarizaci&oacute;n social y en aglutinador de un movimiento social (el opositor) que  de otra manera no se hubiera producido.    <br>   La progresiva implantaci&oacute;n de  una institucionalidad paralela al Estado por parte del ejecutivo, que ten&iacute;a por  objeto el desplazamiento de todo un entramado institucional esencialmente  contrario a los postulados de la &quot;Revoluci&oacute;n Bolivariana&quot;, sirvi&oacute; como detonante  de una amarga polarizaci&oacute;n nacional. La se&ntilde;alada heterogeneidad en el seno de  la oposici&oacute;n se vio asimismo reflejada en los mecanismos de acci&oacute;n pol&iacute;tica que  fueron implementados por sus distintos miembros; la obstrucci&oacute;n de las v&iacute;as legales  para la participaci&oacute;n pol&iacute;tica de importantes sectores sociales, as&iacute; como la indisposici&oacute;n  al di&aacute;logo y a la negociaci&oacute;n por parte de un gobierno radical en sus  planteamientos, que adem&aacute;s contaba con un poder enorme en virtud de los  recientes cambios institucionales, generaron en la pr&aacute;ctica la falta de acuerdo  dentro de la oposici&oacute;n en cuanto a la estrategia m&aacute;s conveniente a seguir para  afrontar tan delicada situaci&oacute;n. Ese desacuerdo en el seno de la oposici&oacute;n ha  sido una constante a lo largo de varios a&ntilde;os, y ha dejado su sello en los  momentos m&aacute;s cr&iacute;ticos. Fue as&iacute; como se present&oacute; la oportunidad pol&iacute;tica para  que, detr&aacute;s de manifestaciones de protesta genuinamente democr&aacute;ticas, tomaran  cuerpo las tesis de aquellos que abogaban por la ruptura de una  institucionalidad que consideraban ileg&iacute;tima y al servicio de una parcialidad  pol&iacute;tica. Existe en ese sentido un cierto paralelismo con las tesis de la insurrectos  de 1992, que, tal como hemos se&ntilde;alado anteriormente y como se desprende de los  documentos anexos, no reconoc&iacute;an la legitimidad del orden pol&iacute;tico vigente para  aquel momento.    <br>   En cuanto a las estructuras  de movilizaci&oacute;n, es posible apreciar que la din&aacute;mica que finalmente llev&oacute; a la  ruptura del orden constitucional en Venezuela estuvo impulsada por una  considerable movilizaci&oacute;n social, que se manifest&oacute; mediante peri&oacute;dicas y  sostenidas marchas de protesta, paros y huelgas protagonizados tanto por los  empresarios como por los sindicatos, reiteradas demostraciones de rechazo a las  pol&iacute;ticas del gobierno por parte de diversas instituciones (gremios  profesionales, universidades, ONG, asociaciones civiles, etc.) y la presi&oacute;n  casi un&aacute;nime de los medios de comunicaci&oacute;n privados. Mientras que antes de los  golpes militares de 1992 el rechazo colectivo al gobierno de Carlos Andr&eacute;s  P&eacute;rez se hab&iacute;a hecho evidente mediante el constante acoso de los medios y la  falta de respaldo de su propio partido, as&iacute; como por el violento estallido que  significaron los saqueos de febrero de 1989, el golpe del 2002 fue precedido por  el ascenso progresivo de un movimiento social que se manifest&oacute; en las calles, en  la prensa, en la TV y a trav&eacute;s de las organizaciones sociales en general.     <br>   Los procesos enmarcadores  que favorecieron el &quot;Carmonazo&quot; tambi&eacute;n han sido descritos a lo largo de este  trabajo. Buena parte de la sociedad venezolana ha percibido al r&eacute;gimen de Hugo  Ch&aacute;vez como una dictadura en ciernes y como el preludio de un Estado  totalitario. La falta de di&aacute;logo y negociaci&oacute;n que demostr&oacute; el gobierno con  respecto a una multiplicidad de organizaciones p&uacute;blicas y privadas, as&iacute; como su  determinaci&oacute;n por cambiarlo todo para adecuarlo a la revoluci&oacute;n bolivariana(desde el nombre de todos los  organismos p&uacute;blicos e incluso de la Naci&oacute;n &ndash;ahora Rep&uacute;blica <i>Bolivariana</i> de Venezuela- hasta la Constituci&oacute;n,  los textos escolares, la selecci&oacute;n de los maestros, los jueces, el C&oacute;digo  Penal, la propiedad, las Fuerzas Armadas, la libertad de prensa, las relaciones  con la Iglesia, la pol&iacute;tica exterior, la industria petrolera, etc.),  r&aacute;pidamente fueron consideradas una grave amenaza, no tanto hacia la existencia  de unos supuestos privilegios por parte de una minor&iacute;a (como suelen argumentar  los portavoces del r&eacute;gimen), sino m&aacute;s bien al sistema democr&aacute;tico y de  libertades en general. El discurso presidencial, siempre beligerante y  divisionista, y la cr&iacute;tica continua por parte de los medios de comunicaci&oacute;n  privados fueron los principales aglutinantes de un proceso enmarcador que dio  pie a un movimiento social de amplio rechazo al gobierno.     <br> Por otra parte, lejos  de dar la impresi&oacute;n de protagonizar una renovaci&oacute;n pol&iacute;tica, el comportamiento  del nuevo <i>establishment</i> a&ntilde;ad&iacute;a a los  males anteriores un radicalismo amenazante que perfilaba un enemigo interno  contra el cual hab&iacute;a que librar una &quot;guerra&quot;. Poco a poco buena parte de la  poblaci&oacute;n se fue convenciendo de que la &quot;revoluci&oacute;n bonita&quot;, como la llamaba el  presidente Ch&aacute;vez, no era sino una verdadera revoluci&oacute;n comunista. Se  generaliz&oacute; as&iacute; la idea de que ese gobierno, que adem&aacute;s contaba con las ventajas  que le otorgaba el hecho de haber elaborado una nueva Constituci&oacute;n, s&oacute;lo abandonar&iacute;a  el poder por la fuerza, asumi&eacute;ndose como leg&iacute;tima una v&iacute;a de facto para deponer  a Hugo Ch&aacute;vez por golpe de Estado o rebeli&oacute;n popular, m&aacute;xime si se tomaba en  cuenta que el propio Ch&aacute;vez hab&iacute;a pretendido recurrir a tales mecanismos en el  pasado. <a href="#tb1">Tabla 1</a></p>     <p align="center"><a name="tb1"></a><img src="img/revistas/anpol/v21n64/v21n64a01tb1.jpg"> </p>     <p><b>Fuente:</b> Elaboraci&oacute;n  propia. Basado en el modelo elaborado por DE ANDRES, Jes&uacute;s (2005): Hacia una teor&iacute;a  del golpe de estado: oportunidades pol&iacute;ticas, procesos enmarcadores y  estructuras de movilizaci&oacute;n.     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>CONCLUSIONES GENERALES</b></p> Las grandes  tensiones estructurales que fueron gener&aacute;ndose a lo largo de las d&eacute;cadas de  democracia <i>puntofijista</i> han  desembocado, a partir del a&ntilde;o cr&iacute;tico de 1989, en una din&aacute;mica progresiva de  polarizaci&oacute;n social, que ha dado como resultado la confrontaci&oacute;n entre dos  visiones sociales antag&oacute;nicas y mutuamente excluyentes.     <br> Hugo Ch&aacute;vez se ha  erigido como l&iacute;der de una visi&oacute;n alternativa a la democracia liberal en  Venezuela, de inspiraci&oacute;n marxista, que combina el protagonismo del Estado con  el anhelo de configurar un nuevo tipo de organizaci&oacute;n social basada en consejos  comunales, y que como principal virtud ha tenido la de saber ganarse la  aceptaci&oacute;n de buena parte de los sectores m&aacute;s desfavorecidos de la sociedad. Los  golpes de Estado protagonizados por Ch&aacute;vez y su logia conspirativa dentro del  ej&eacute;rcito venezolano no contaron en su momento con apoyo popular, pero fueron el  origen de un proyecto pol&iacute;tico que con el tiempo arrastrar&iacute;a millones de  personas hasta llegar al poder por las urnas.    <br> Del otro lado  tenemos un conjunto de sectores sociales que, al menos durante el per&iacute;odo aqu&iacute;  rese&ntilde;ado, han carecido de un liderazgo definido, pero que tienen claros tanto  su rechazo al modelo <i>chavista</i> como su  apuesta por un sistema pol&iacute;tico dem&oacute;crata liberal. Dada la descomposici&oacute;n de  los partidos tradicionales en Venezuela, este sector de la vida pol&iacute;tica y  social venezolana se manifest&oacute;, durante el per&iacute;odo aqu&iacute; rese&ntilde;ado,  fundamentalmente como un <i>movimiento  social</i>, que sin embargo sirvi&oacute; en la pr&aacute;ctica para la materializaci&oacute;n de un  golpe de Estado.     <br> Los golpes de  Estado que han tenido lugar durante los 15 a&ntilde;os rese&ntilde;ados han sido decisivos en  esta din&aacute;mica de polarizaci&oacute;n, pues han evidenciado las tendencias m&aacute;s  profundas de los patrones del conflicto pol&iacute;tico venezolano. Mientras los golpes  de 1992 sirvieron para dar a conocer a un grupo rebelde que ganar&iacute;a popularidad  con el tiempo, logrando rearticular el patr&oacute;n del conflicto venezolano hasta  inducir una polarizaci&oacute;n social significativa, el golpe del 2002 fue una  consecuencia fallida de un movimiento social que surgi&oacute; como respuesta un tanto  desorganizada frente al nuevo patr&oacute;n de conflicto impuesto por el gobierno de  Hugo Ch&aacute;vez. Si el primero contribuy&oacute; la debacle de un sistema pol&iacute;tico  democr&aacute;tico y a la postre sirvi&oacute; para lanzar a la vida p&uacute;blica a una nueva  fuerza pol&iacute;tica de corte pretendidamente revolucionario, el otro constituy&oacute; una  referencia m&aacute;s bien negativa y disgregadora para un conjunto de fuerzas  pol&iacute;ticas dem&oacute;crata liberales que intentan (re)adaptarse a las nuevas  coyunturas pol&iacute;ticas y sociales. <hr size="1">     <p><b>COMENTARIOS</b></p> 1. <a name="(1)"></a>DE  ANDR&Eacute;S Jes&uacute;s, <i>Hacia una teor&iacute;a del golpe  de estado: oportunidades pol&iacute;ticas, procesos enmarcadores y estructuras de  movilizaci&oacute;n</i>, material mimeografiado, empleado por el autor en su curso  &quot;Golpes de Estado y Cambio Pol&iacute;tico&quot;, Doctorado en Conflicto Pol&iacute;tico y  Procesos de Pacificaci&oacute;n de la Universidad Complutense de Madrid, 2005.     <p>2. <a name="(2)"></a>REY Juan Carlos, <i>Problemas  sociopol&iacute;ticos en Am&eacute;rica Latina</i>, Caracas, Facultad de Ciencias Jur&iacute;dicas y  Pol&iacute;ticas, Universidad Central de Venezuela, 1998.</p>     <p>3. <a name="(3)"></a>Para ver  algunas conclusiones en torno a la relaci&oacute;n entre autoritarismo y Estado  petrolero, consultar: TERRY L Karl, <i>The paradox of plenty. Oil booms and  petro-states</i>, Berkeley and Los Angeles, University of  California Press, 1997.</p>     <p>4. <a name="(4)"></a>BLANCO  MU&Ntilde;OZ Agust&iacute;n, <i>Habla el comandante</i>,  Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1998, p. 246.</p>     <p>5. <a name="(5)"></a>BLANCO  MU&Ntilde;OZ Agust&iacute;n, <i>Habla el comandante</i>,  Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1998, p. 58.</p>     <p>6. <a name="(6)"></a>El  Acta Constitutiva del Gobierno de Emergencia que ten&iacute;an preparada en caso de  triunfar fue consultada en CATAL&Aacute; Jos&eacute; Agust&iacute;n &ndash;editor-, <i>Golpes militares en Venezuela, 1945-1992</i>, El Centauro Ediciones,  Caracas, 1998, pp. 129-131. Los decretos que ten&iacute;an preparados  fueron consultados el 24 de noviembre del 2007, en <a href="http://www.analitica.com/bitblioteca/venezuela/4f.asp" target="_blank">http://www.analitica.com/bitblioteca/venezuela/4f.asp</a>  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>7. <a name="(7)"></a>BLANCO  MU&Ntilde;OZ Agust&iacute;n, <i>Habla el comandante</i>,  Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1998, p. 321.</p>     <p>8. <a name="(8)"></a>DE  ANDR&Eacute;S Jes&uacute;s, <i>Hacia una teor&iacute;a del golpe  de estado: oportunidades pol&iacute;ticas, procesos enmarcadores y estructuras de  movilizaci&oacute;n</i>, material mimeografiado, empleado por el autor en su curso  &quot;Golpes de Estado y Cambio Pol&iacute;tico&quot;, Doctorado en Conflicto Pol&iacute;tico y  Procesos de Pacificaci&oacute;n de la Universidad Complutense de Madrid, 2005.</p>     <p>9. <a name="(9)"></a>BLANCO  MU&Ntilde;OZ Agust&iacute;n, <i>Habla el comandante</i>,  Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1998, p. 148.</p>     <p>10. <a name="(10)"></a>BLANCO  MU&Ntilde;OZ Agust&iacute;n, <i>Habla el comandante</i>,  Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1998, p. 168.</p>     <p>11.  <a name="(11)"></a>BLANCO  MU&Ntilde;OZ Agust&iacute;n, <i>Habla el comandante</i>,  Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1998, p. 121.</p>     <p>12.  <a name="(12)"></a>PANEBIANCO Angelo, <i>Modelos de partido</i>, Madrid, Alianza,  1990.</p>     <p>13.  <a name="(13)"></a>BLANCO  MU&Ntilde;OZ Agust&iacute;n, <i>Habla el comandante</i>,  Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1998, p. 149.</p>     <p>14.  <a name="(14)"></a>BLANCO  MU&Ntilde;OZ Agust&iacute;n, <i>Habla el comandante</i>,  Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1998, p. 153.</p>     <p>15.  <a name="(15)"></a>BLANCO  MU&Ntilde;OZ Agust&iacute;n, <i>Habla el comandante</i>,  Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1998, p. 261.</p>     <p>16. <a name="(16)"></a>Sin  embargo, el propio Pedro Carmona, en su libro <i>Mi testimonio ante la historia</i> (2004, Actum), sostiene que nunca  dicha renuncia qued&oacute; registrada por escrito (p. 95). Seg&uacute;n Carmona, Ch&aacute;vez  contempl&oacute; la posibilidad de aceptar asilo en Cuba, que habr&iacute;a sido ofrecido por  Fidel Castro, pero nunca firm&oacute; una renuncia. El presidente de la Conferencia  Episcopal, Baltazar Porras, habr&iacute;a estado intercediendo durante la noche para  que los militares en desobediencia permitieran la salida de Ch&aacute;vez del pa&iacute;s,  cosa que no hicieron.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>17.  <a name="(17)"></a>Carmona  E., Pedro (2004): <i>Mi testimonio ante la  historia</i>, Editorial Actum, Caracas, p. 124.</p>     <p>18.  <a name="(18)"></a>Fuente: <a href="http://www.comunidadandina.org/documentos/dec_int/di12-4-02.htm" target="_blank">http://www.comunidadandina.org/documentos/dec_int/di12-4-02.htm</a> consulta del 24-11-07.</p>     <p>19.  <a name="(19)"></a>Carmona  E., Pedro (2004): <i>Mi testimonio ante la  historia</i>, Editorial Actum, Caracas, p.106.</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p> 1. Ag&uuml;ero,  Felipe (1995): <i>Militares, civiles y  democracia</i>, Alianza, Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0121-4705200800030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 2. &Aacute;lvarez,  &Aacute;ngel E. (1996): <i>El sistema pol&iacute;tico  venezolano. Crisis y transformaciones</i>. Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos,  Facultad de Ciencias Jur&iacute;dicas y Pol&iacute;ticas, Universidad Central de Venezuela,  Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0121-4705200800030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 3. Barrera T, Alberto &amp; Marcano,  Cristina (2006, original de 2004): <i>Hugo Ch&aacute;vez  sin uniforme</i>, Editorial Debate, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0121-4705200800030000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 4. Blanco  M., Agust&iacute;n (1998): <i>Habla el comandante</i>,  Universidad Central de Venezuela, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0121-4705200800030000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5. Blanco  M., Agust&iacute;n  (2006): <i>Habla el que se fue</i>,  Universidad Central de Venezuela, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0121-4705200800030000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 6. Britto  Garc&iacute;a, Luis (2004): <i>Venezuela golpeada.  Mediocracia contra democracia</i>, editorial Hiru, Hondarribia, Espa&ntilde;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-4705200800030000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 7. Brewer  C., Allan, y otros (2004): <i>La guerra de  las salas del TSJ frente al refer&eacute;ndum revocatorio</i>, Editorial Aequitas,  C.A, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0121-4705200800030000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 8. Carmona  E., Pedro (2004): <i>Mi testimonio ante la  historia</i>, Editorial Actum, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-4705200800030000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 9. Carrasquero,  Jos&eacute; Vicente; Maing&oacute;n, Thais; Welsch, Friedrich (2001): <i>Venezuela en  transici&oacute;n: elecciones y democracia 1998-2000</i>, CDB Publicaciones, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-4705200800030000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 10. Carrera Damas, Germ&aacute;n  (2005): <i>El bolivarianismo-militarismo.  Una ideolog&iacute;a de reemplazo</i>, ediciones Ala de Cuervo, Venezuela.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-4705200800030000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 11. Catal&aacute;,  Jos&eacute; Agust&iacute;n -editor- (1998), <i>Golpes  militares en Venezuela, 1945-1992</i>, El Centauro Ediciones, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-4705200800030000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 12. Cottle, Simon  (2006): <i>Mediatized Conflict</i>, Open University  Press, Berkshire, Gran Breta&ntilde;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-4705200800030000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 13. Dahl,  Robert A. (original de 1971, 1991): <i>La  poliarqu&iacute;a</i>, Tecnos, Madrid. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-4705200800030000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 14. De  Andr&eacute;s, Jes&uacute;s (2005): <i>Hacia una teor&iacute;a  del golpe de estado: oportunidades pol&iacute;ticas, procesos enmarcadores y  estructuras de movilizaci&oacute;n</i>, material mimeografiado, empleado por el autor  en su curso &quot;Golpes de Estado y Cambio Pol&iacute;tico&quot;, Doctorado en Conflicto  Pol&iacute;tico y Procesos de Pacificaci&oacute;n de la Universidad Complutense de Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-4705200800030000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 15. Dieterich,  Heinz (2004): <i>La integraci&oacute;n militar del  bloque regional de poder latinoamericano</i>, Instituto Municipal de  Publicaciones de la Alcald&iacute;a de Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-4705200800030000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 16. Dowse, Robert  y Hughes, John (1999): <i>Sociolog&iacute;a Pol&iacute;tica</i>, Alianza, Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-4705200800030000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 17. Dur&aacute;n, Armando (2004): <i>Venezuela en llamas</i>, Debate, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-4705200800030000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 18. Foran, John  (1997): <i>Theorizing revolutions</i>,  Routledge, Londres &amp; Nueva York.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-4705200800030000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 19. Franc&eacute;s,  Antonio y Machado A, Carlos (2002): <i>Venezuela:  la crisis de abril</i>, Ediciones IESA, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-4705200800030000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 20. Garrido,  Alberto (2002): <i>Documentos de la  Revoluci&oacute;n Bolivariana</i>, ediciones del autor, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-4705200800030000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 21. Gott,  Richard (2005, primera edici&oacute;n de 2000): <i>Hugo  Ch&aacute;vez and the Bolivarian Revolution</i>, Verso, Londres.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-4705200800030000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 22. Gu&eacute;dez,  V&iacute;ctor (2004): <i>&Eacute;tica, pol&iacute;tica y  reconciliaci&oacute;n</i>, Criteria Editorial, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-4705200800030000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 23. Harnecker,  Marta (2003): <i>Militares junto al pueblo</i>,  Hermanos Vadell Editores, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-4705200800030000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 24. Hobsbawm,  Eric (2000, original 1973): <i>Revolucionarios</i>,  Editorial Cr&iacute;tica, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-4705200800030000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 25.Huntington,  Samuel P. (1996, edici&oacute;n original 1968): <i>El  orden pol&iacute;tico en las sociedades en cambio</i>,  Paid&oacute;s, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-4705200800030000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 26. Karl, Terry L. (1997): <i>The paradox of plenty. Oil  booms and petro-states</i>, Berkeley and Los Angeles, California: University of  California Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-4705200800030000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 27. Levine, Daniel (1973): <i>Conflict and Political  Change in Venezuela</i>, Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-4705200800030000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 28. Linz, Juan J. (1996): <i>La quiebra de las democracias</i>,  Alianza, Madrid. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-4705200800030000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 29. Linz, Juan J. (2000): <i>Totalitarian and Authoritarian Regimes</i>, Lynne Rienner Publishers,  Boulder, Colorado, EEUU. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-4705200800030000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 30. L&oacute;pez Maya,  Margarita (2005): <i>Del viernes negro al  referendo revocatorio</i>, Alfadil, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-4705200800030000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 31. L&oacute;pez Maya, Margarita;  G&oacute;mez Calca&ntilde;o, Luis; Maing&oacute;n, Thais (1989): <i>De Punto Fijo al Pacto Social</i>,  Fondo Editorial Acta Cient&iacute;fica Venezolana, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-4705200800030000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 32. Malaparte,  Curzio (1931): <i>T&eacute;cnica del Golpe de  Estado</i>, ediciones Ulises, Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-4705200800030000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 33. Mart&iacute;nez  M, Miguel &Aacute;. (2006): &quot;Pactos de &eacute;lites y transici&oacute;n a la democracia en  Venezuela y Colombia&quot;, en revista <i>Politeia</i> N&ordm; 37, 2do semestre de 2006, Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos, Universidad  Central de Venezuela, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-4705200800030000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 34. Moore,  Barrington (1966). <i>Social Origins of Dictatorship and democracy: Lord and  Peasant in the Making of the Modern World</i>, Boston: Beacon.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-4705200800030000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 35. Olivares, Francisco (2006): <i>Las balas de abril</i>, Debate, Caracas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-4705200800030000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 36. Panebianco,  Angelo (1990): <i>Modelos de partido</i>,  Alianza, Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0121-4705200800030000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 37. Paramio,  Ludolfo (2001): &quot;Tiempos del golpismo latinoamericano&quot;, en <i>Historia y Pol&iacute;tica</i>, n&ordm; 5, p&aacute;gs. 7-27.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-4705200800030000100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 38. Rey,  Juan Carlos (1998, primera edici&oacute;n de 1980): <i>Problemas sociopol&iacute;ticos en  Am&eacute;rica Latina</i>, Facultad de Ciencias Jur&iacute;dicas y Pol&iacute;ticas, Universidad  Central de Venezuela, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-4705200800030000100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 39. Rice, E.E.  (editor, 1999):<i> Revolution and  Counter-Revolution</i>, Basil Blackwell, Oxford, Gran Breta&ntilde;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-4705200800030000100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   40. Rom&aacute;n  M, Paloma &amp; Ferri, Jaime (editores, 2002): <i>Los movimientos sociales. Conciencia y acci&oacute;n de una sociedad  politizada</i>, Consejo de la Juventud de Espa&ntilde;a, Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0121-4705200800030000100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   41. Romero,  An&iacute;bal (1996): <i>La miseria del populismo</i>, Panapo, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-4705200800030000100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 42. Romero, Anibal  (1997): <i>Disoluci&oacute;n  social y pron&oacute;stico pol&iacute;tico</i>, Panapo, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-4705200800030000100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 43. Romero, Anibal (1999): <i>Decadencia  y crisis de la democracia</i>, Panapo, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-4705200800030000100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 44. Romero,  Carlos A. (2006): <i>Jugando con el globo.  La pol&iacute;tica exterior de Hugo Ch&aacute;vez</i>, Ediciones B, Venezuela S.A, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-4705200800030000100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 45. Romeva  i Rueda, Ra&uuml;l (2003): <i>Guerra, posguerra y  paz. Pautas para el an&aacute;lisis y la intervenci&oacute;n en contextos posb&eacute;licos o  postacuerdo</i>, Icaria, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-4705200800030000100045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 46. Skocpol, Theda (2006, original de 1979): <i>States and Social Revolutions</i>, Cambridge  University Press, New York.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-4705200800030000100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 47. Tilly,  Charles (1995): <i>Las revoluciones europeas</i>, <i>1492-1992</i>, Cr&iacute;tica, Barcelona. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-4705200800030000100047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 48. Wallensteen, Peter (2002): <i>Understanding Conflict Resolution; War, Peace and the Global System</i>,  The Cromwell Press, Trowbridge, Wiltshire, Gran Breta&ntilde;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-4705200800030000100048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 49. Weber, Max  (1978, primera edici&oacute;n de 1958): <i>Ensayo  sobre metodolog&iacute;a sociol&oacute;gica</i>, Amorrortu, Buenos Aires. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-4705200800030000100049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 50. Welsch, Friedrich; Turner, Frederick T. (2000): <i>Opini&oacute;n p&uacute;blica y elecciones en Am&eacute;rica  Latina</i>. Universidad Sim&oacute;n Bol&iacute;var, CDB Publicaciones, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-4705200800030000100050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Agüero]]></surname>
<given-names><![CDATA[Felipe]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Militares, civiles y democracia]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Álvarez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ángel E.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El sistema político venezolano: Crisis y transformaciones]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios PolíticosFacultad de Ciencias Jurídicas y PolíticasUniversidad Central de Venezuela]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Barrera T]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alberto]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Marcano]]></surname>
<given-names><![CDATA[Cristina]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Hugo Chávez sin uniforme]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Debate]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Blanco M.]]></surname>
<given-names><![CDATA[Agustín]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Habla el comandante]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Central de Venezuela]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Blanco M.]]></surname>
<given-names><![CDATA[Agustín]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Habla el que se fue]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Central de Venezuela]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Britto García]]></surname>
<given-names><![CDATA[Luis]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Venezuela golpeada: Mediocracia contra democracia]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[Hondarribia ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[editorial Hiru]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Brewer C.]]></surname>
<given-names><![CDATA[Allan]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La guerra de las salas del TSJ frente al referéndum revocatorio]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas^eC.A C.A]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Aequitas]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<label>8</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Carmona E.]]></surname>
<given-names><![CDATA[Pedro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Mi testimonio ante la historia]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Actum]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<label>9</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Carrasquero]]></surname>
<given-names><![CDATA[José Vicente]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Maingón]]></surname>
<given-names><![CDATA[Thais]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Welsch]]></surname>
<given-names><![CDATA[Friedrich]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Venezuela en transición: elecciones y democracia 1998-2000]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[CDB Publicaciones]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<label>10</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Carrera Damas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Germán]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El bolivarianismo-militarismo: Una ideología de reemplazo]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-name><![CDATA[ediciones Ala de Cuervo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<label>11</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Catalá]]></surname>
<given-names><![CDATA[José Agustín]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Golpes militares en Venezuela, 1945-1992]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[El Centauro Ediciones]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<label>12</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cottle]]></surname>
<given-names><![CDATA[Simon]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Mediatized Conflict]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[Berkshire ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Open University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<label>13</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dahl]]></surname>
<given-names><![CDATA[Robert A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La poliarquía]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Tecnos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<label>14</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[De Andrés]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jesús]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Hacia una teoría del golpe de estado: oportunidades políticas, procesos enmarcadores y estructuras de movilización]]></source>
<year>2005</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<label>15</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dieterich]]></surname>
<given-names><![CDATA[Heinz]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La integración militar del bloque regional de poder latinoamericano]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-name><![CDATA[Instituto Municipal de Publicaciones de la Alcaldía de Caracas]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<label>16</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dowse]]></surname>
<given-names><![CDATA[Robert]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Hughes]]></surname>
<given-names><![CDATA[John]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Sociología Política]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<label>17</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Durán]]></surname>
<given-names><![CDATA[Armando]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Venezuela en llamas]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Debate]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<label>18</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Foran]]></surname>
<given-names><![CDATA[John]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Theorizing revolutions]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[LondresNueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Routledge]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<label>19</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Francés]]></surname>
<given-names><![CDATA[Antonio]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Machado A]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carlos]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Venezuela: la crisis de abril]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ediciones IESA]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<label>20</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Garrido]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alberto]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Documentos de la Revolución Bolivariana]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[ediciones del autor]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<label>21</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gott]]></surname>
<given-names><![CDATA[Richard]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Hugo Chávez and the Bolivarian Revolution]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-loc><![CDATA[Londres ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Verso]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<label>22</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Guédez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Víctor]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Ética, política y reconciliación]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Criteria Editorial]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<label>23</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Harnecker]]></surname>
<given-names><![CDATA[Marta]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Militares junto al pueblo]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Hermanos Vadell Editores]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<label>24</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hobsbawm]]></surname>
<given-names><![CDATA[Eric]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Revolucionarios]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Crítica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<label>25</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Huntington]]></surname>
<given-names><![CDATA[Samuel P.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El orden político en las sociedades en cambio]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<label>26</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Karl]]></surname>
<given-names><![CDATA[Terry L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The paradox of plenty: Oil booms and petro-states]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Berkeley^eCaliforniaLos Angeles California]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[University of California Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<label>27</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Levine]]></surname>
<given-names><![CDATA[Daniel]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Conflict and Political Change in Venezuela]]></source>
<year>1973</year>
<publisher-name><![CDATA[Princeton University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<label>28</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Linz]]></surname>
<given-names><![CDATA[Juan J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La quiebra de las democracias]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<label>29</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Linz]]></surname>
<given-names><![CDATA[Juan J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Totalitarian and Authoritarian Regimes]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Boulder^eColorado Colorado]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Lynne Rienner Publishers]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<label>30</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[López Maya]]></surname>
<given-names><![CDATA[Margarita]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Del viernes negro al referendo revocatorio]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alfadil]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<label>31</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[López Maya]]></surname>
<given-names><![CDATA[Margarita]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Gómez Calcaño]]></surname>
<given-names><![CDATA[Luis]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Maingón]]></surname>
<given-names><![CDATA[Thais]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[De Punto Fijo al Pacto Social]]></source>
<year>1989</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fondo Editorial Acta Científica Venezolana]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B32">
<label>32</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Malaparte]]></surname>
<given-names><![CDATA[Curzio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Técnica del Golpe de Estado]]></source>
<year>1931</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[ediciones Ulises]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B33">
<label>33</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Martínez M]]></surname>
<given-names><![CDATA[Miguel Á.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA["Pactos de élites y transición a la democracia en Venezuela y Colombia"]]></article-title>
<source><![CDATA[revista Politeia]]></source>
<year>2006</year>
<month>2d</month>
<day>o </day>
<numero>37</numero>
<issue>37</issue>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios Políticos, Universidad Central de Venezuela]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B34">
<label>34</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Moore]]></surname>
<given-names><![CDATA[Barrington]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Social Origins of Dictatorship and democracy: Lord and Peasant in the Making of the Modern World]]></source>
<year>1966</year>
<publisher-loc><![CDATA[Boston ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Beacon]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B35">
<label>35</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Olivares]]></surname>
<given-names><![CDATA[Francisco]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Las balas de abril]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Debate]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B36">
<label>36</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Panebianco]]></surname>
<given-names><![CDATA[Angelo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Modelos de partido]]></source>
<year>1990</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B37">
<label>37</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Paramio]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ludolfo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA["Tiempos del golpismo latinoamericano"]]></article-title>
<source><![CDATA[Historia y Política]]></source>
<year>2001</year>
<numero>5</numero>
<issue>5</issue>
<page-range>7-27</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B38">
<label>38</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rey]]></surname>
<given-names><![CDATA[Juan Carlos]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Problemas sociopolíticos en América Latina]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Facultad de Ciencias Jurídicas y PolíticasUniversidad Central de Venezuela]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B39">
<label>39</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rice]]></surname>
<given-names><![CDATA[E.E.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Revolution and Counter-Revolution]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Basil Blackwell]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B40">
<label>40</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Román M]]></surname>
<given-names><![CDATA[Paloma]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Ferri]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jaime]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los movimientos sociales: Conciencia y acción de una sociedad politizada]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Consejo de la Juventud de España]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B41">
<label>41</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Romero]]></surname>
<given-names><![CDATA[Aníbal]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La miseria del populismo]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Panapo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B42">
<label>42</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Romero]]></surname>
<given-names><![CDATA[Anibal]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Disolución social y pronóstico político]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Panapo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B43">
<label>43</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Romero]]></surname>
<given-names><![CDATA[Anibal]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Decadencia y crisis de la democracia]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Panapo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B44">
<label>44</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Romero]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carlos A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Jugando con el globo: La política exterior de Hugo Chávez]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ediciones B, Venezuela S.A]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B45">
<label>45</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Romeva i Rueda]]></surname>
<given-names><![CDATA[Raül]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Guerra, posguerra y paz: Pautas para el análisis y la intervención en contextos posbélicos o postacuerdo]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Icaria]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B46">
<label>46</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Skocpol]]></surname>
<given-names><![CDATA[Theda]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[States and Social Revolutions]]></source>
<year>2006</year>
<publisher-loc><![CDATA[New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B47">
<label>47</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Tilly]]></surname>
<given-names><![CDATA[Charles]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Las revoluciones europeas, 1492-1992]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Crítica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B48">
<label>48</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Wallensteen]]></surname>
<given-names><![CDATA[Peter]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Understanding Conflict Resolution: War, Peace and the Global System]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Trowbridge^eWiltshire Wiltshire]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[The Cromwell Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B49">
<label>49</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Weber]]></surname>
<given-names><![CDATA[Max]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Ensayo sobre metodología sociológica]]></source>
<year>1978</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Amorrortu]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B50">
<label>50</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Welsch]]></surname>
<given-names><![CDATA[Friedrich]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Turner]]></surname>
<given-names><![CDATA[Frederick T]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Opinión pública y elecciones en América Latina]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Simón BolívarCDB Publicaciones]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
