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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La Construcción De Un "Estado Fallido" En La Política Mundial: El Caso De Las Relaciones Entre Estados Unidos Y Colombia]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Construction Of A "Failed State" In Global Politics: The Case Of Relations Between The United States And Colombia]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyzes the way in which the topic of "failed states" has been building up in the international strategy of the United States and the manner of that construction to have appeared in the relations between the United States and Colombia during the last decade. Our main purpose is to demonstrate that the "failed state" affair and its place in Washington's foreign and defense policy, as well as the preponderance of such a phenomenon within the Colombian-American bonds, have been socially and politically built. It implies that this text assigns an important place to ideas -in this case, the notion of "failed state"- in the actors' identity setting up, in the establishment of their interests and development of policies.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>La Construcci&oacute;n De Un &quot;Estado Fallido&quot; En La Pol&iacute;tica  Mundial: El Caso De Las Relaciones Entre Estados Unidos Y Colombia</b><a href="#(1)">(1)</a></font></p>     <p align="center"><font size="3" face="Verdana"><b>The Construction Of A &quot;Failed State&quot;  In Global Politics: The Case Of Relations Between The United States And  Colombia</b></font></p> <font size="2" face="Verdana">     <p><b>Juan  Gabriel Tokatlian</b>    <br>   Profesor de Relaciones  Internacionales de la  Universidad de San Andr&eacute;s (Argentina) </p> <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b>    <br>   Este trabajo analiza el modo como se  ha ido construyendo el tema de los &quot;estados fallidos&quot; en la estrategia  internacional de Estados Unidos y la manera como tal construcci&oacute;n se manifest&oacute;  en las relaciones entre Estados Unidos y Colombia en la &uacute;ltima d&eacute;cada. La idea  fundamental es demostrar que el asunto del &quot;estado fallido&quot; y su lugar en la  pol&iacute;tica exterior y de defensa de Washington, as&iacute; como la centralidad de dicho  fen&oacute;meno en los v&iacute;nculos colombo-estadounidenses han sido social y  pol&iacute;ticamente construidos. Ello implica que este texto le asigna a las ideas - en  este caso, la noci&oacute;n de &quot;estados fallidos&quot; - un sitio importante en la  constituci&oacute;n de la identidad de los actores, en la fijaci&oacute;n de sus intereses y  en el despliegue de sus pol&iacute;ticas.    <br>   <b>Palabras  clave</b>: Estados Fallidos, Colombia, Estados Unidos, Relaciones Internacionales.</p> <hr size="1">     <p><b>SUMMARY</b>    <br>   This article analyzes the way in which the topic of &quot;failed states&quot; has been building up in the international strategy   of the United States and the manner of that construction to have appeared in the relations between the United   States and Colombia during the last decade. Our main purpose is to demonstrate that the &quot;failed state&quot; affair and    <br>   its place in Washington's foreign and defense policy, as well as the preponderance of such a phenomenon within the   Colombian-American bonds, have been socially and politically built. It implies that this text assigns an important   place to ideas &ndash;in this case, the notion of &quot;failed state&quot;- in the actors' identity setting up, in the establishment of their    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   interests and development of policies.    <br>   <b>Key Words:</b> Failed States, Colombia, United States, international relations.</p> <hr size="1">     <p><b>I.  INTRODUCCI&Oacute;N</b>    <br> Este  ensayo no polemiza respecto a los diferentes enfoques y calificaciones sobre lo  que constituye un &quot;Estado fallido&quot;<sup>1</sup><a href="#(2)">(2)</a>; este  es un concepto que no tiene una definici&oacute;n universal y aceptada<sup>2</sup>. S&iacute;  resulta clave, a los fines del trabajo, entender la evoluci&oacute;n de esta noci&oacute;n y  el modo en que fue, finalmente, apropiada e invocada por los tomadores de  decisi&oacute;n. El ejemplo de las relaciones entre Washington y Bogot&aacute; desde mediados  de los noventa en adelante es utilizado como un estudio de caso en el que se  muestra la forma en que la construcci&oacute;n en torno a la cuesti&oacute;n del &quot;Estado  fallido&quot; fue esencial para legitimar una creciente y masiva intervenci&oacute;n  estadounidense en los asuntos colombianos. </p>     <p>A los  efectos de tal construcci&oacute;n se fue gestando, de manera espont&aacute;nea e  inadvertidamente, una comunidad epist&eacute;mica<sup>3</sup><a href="#(3)">(3)</a><i>sui  generis</i> en torno al tema de los &quot;estados fallidos&quot; en la estrategia  internacional de Estados Unidos. Dicha comunidad compuesta por especialistas  calificados, observadores informados y funcionarios activos fue evolucionando y  cambiando con el tiempo y le otorg&oacute; un sustrato b&aacute;sico bastante homog&eacute;neo al  tratamiento de los &quot;estados fallidos&quot;. La inquietud por esos estados naci&oacute; en  la academia y fue gradualmente llegando al gobierno. En el camino el inter&eacute;s y  la preocupaci&oacute;n se tornaron en atenci&oacute;n y alarma en el seno del ejecutivo en  Washington. Despu&eacute;s sigui&oacute; una lectura de ese fen&oacute;meno como un problema de  seguridad. Esta interpretaci&oacute;n no fue seriamente cuestionada o impugnada por  los expertos y comentaristas. Finalmente, la idea del &quot;Estado fallido&quot; se  cristaliz&oacute; como una amenaza que requer&iacute;a, b&aacute;sicamente, una respuesta m&aacute;s urgente,  categ&oacute;rica y vasta. Este hecho no motiv&oacute;, hasta el momento, al menos en Estados  Unidos, una confluencia de voces no oficiales a favor de un cambio de perspectiva  conceptual y pol&iacute;tica para su comprensi&oacute;n y tratamiento. As&iacute;, tomadores de  decisi&oacute;n, expertos tem&aacute;ticos y comunicadores medi&aacute;ticos han quedado adictos a  los &quot;<i>failed states</i>&quot; y las estrategias para su aproximaci&oacute;n.</p>     <p>La  naturaleza <i>sui generis</i> de esta comunidad epist&eacute;mica deviene del hecho de  que dentro y fuera del &aacute;mbito gubernamental los interesados en el tema fueron  compartiendo, en esencia, un m&eacute;todo com&uacute;n-v&iacute;a indicadores cuantificables y una  mirada concentrada en los s&iacute;ntomas del asunto-y, a pesar de no tener un  prop&oacute;sito manifiesto id&eacute;ntico, fueron, en la pr&aacute;ctica, arribando a un cierto  consenso respecto a la importancia y premura de &quot;hacer algo&quot; frente al auge de  los &quot;estados fallidos&quot;. Una particular combinaci&oacute;n de m&eacute;todo uniforme y  prop&oacute;sito h&iacute;brido fue conduciendo a poner de relieve el reto generado por los  &quot;estados fallidos&quot;. Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en  Estados Unidos facilitaron, de cierto modo, un discurso y una pr&aacute;ctica m&aacute;s  enf&aacute;ticos para hacerles frente. A m&aacute;s de un lustro de aquel tr&aacute;gico evento, la  &quot;mano dura&quot; para su manejo sigue predominando pero ahora matizada con promesas  de incorporar acciones menos militarizadas para afrontar el desaf&iacute;o producido  por los &quot;estados fallidos&quot;. El ejemplo de Colombia demuestra que, hasta el  momento, ese matiz dista de materializarse. En este caso no hay ning&uacute;n  indicador de que la estrategia de &quot;mano dura&quot; haya cambiado-por el contrario,  el modelo punitivo para reconstruir un Estado presumiblemente fracasado se  presenta ahora en Washington como una demostraci&oacute;n de &eacute;xito. Todav&iacute;a no se  escuchan voces cr&iacute;ticas suficientemente audibles que pongan en entredicho ese  arquetipo de reconstrucci&oacute;n estatal. </p>     <p>En  t&eacute;rminos de su estructura y contenido, el ensayo consta de tres secciones. La  primera aborda la cuesti&oacute;n del &quot;Estado fallido&quot; y su evoluci&oacute;n en la pol&iacute;tica  internacional y de seguridad de Estados Unidos. En esa parte se intenta describir  y explicar cu&aacute;ndo, c&oacute;mo, por qu&eacute; y para qui&eacute;n surgi&oacute; el reto de los &quot;estados  fallidos&quot;. Ello permite identificar actores, fuerzas, momentos y posiciones  respecto a este asunto, al tiempo que ayuda a caracterizar la situaci&oacute;n vigente  en esta &aacute;rea tem&aacute;tica.</p>     <p>La segunda secci&oacute;n analiza  concretamente el proceso anual de certificaci&oacute;n en materia de drogas il&iacute;citas  que utiliz&oacute; Estados Unidos en su relaci&oacute;n con Colombia. Si bien los fundamentos  y factores que conducen al fracaso de un Estado son, principalmente, de orden  interno, las variables externas tambi&eacute;n juegan un papel al momento de empujar a  un Estado hacia su desfallecimiento. Esta dimensi&oacute;n no ha sido adecuadamente  estudiada por los especialistas acad&eacute;micos en el tema de los &quot;estados fallidos&quot;<sup>4</sup> y es  notoriamente ignorada por los <i>policymaker</i>s en Washington. En esta parte  se busca exponer c&oacute;mo Estados Unidos aport&oacute;, de manera no deliberada pero s&iacute;  irresponsable, a exacerbar la sensaci&oacute;n de que Colombia era, a finales de los  noventa, un Estado al borde del fracaso. La diplomacia coercitiva  estadounidense de la &eacute;poca llev&oacute; a Bogot&aacute; al filo del precipicio: de ser verdad  que Colombia se estaba transformando en un &quot;Estado fallido&quot; entonces Estados Unidos  contribuy&oacute; crucialmente a ello. </p>     <p>La tercera secci&oacute;n se centra en lo que ha sido  la formulaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n del Plan Colombia de Estados Unidos. Un examen  detallado, que eval&uacute;a tomadores de decisi&oacute;n, analistas, observadores,  audiencias legislativas y documentos oficiales, sugiere que la idea de que  Colombia estaba pr&oacute;xima al desfallecimiento fue muy poderosa y aglutinante para  legitimar la aprobaci&oacute;n del Plan Colombia. El pa&iacute;s no era un &quot;Estado fallido&quot;  pero se lo presentaba, impl&iacute;cita y expl&iacute;citamente, como si lo fuese. El Plan  Colombia ayudar&iacute;a a revertir esa condici&oacute;n alcanzada. Llamativamente, y a pesar  de los resultados negativos de varios aspectos de dicho plan, y ante la falta  de &eacute;xitos internacionales y la multiplicaci&oacute;n de fiascos mundiales, Washington  comenz&oacute; a presentar algunos exiguos logros del Plan Colombia como la evidencia  de que se pod&iacute;a evitar el fracaso estatal. </p>     <p>En ese  contexto, Colombia pas&oacute; a ser, para la administraci&oacute;n del Presidente George W.  Bush un modelo digno de imitaci&oacute;n en otros pa&iacute;ses perif&eacute;ricos, aunque no  existiesen condiciones hist&oacute;ricas, pol&iacute;ticas, culturales para transferir ese  ejemplo a ciertas &aacute;reas; por ejemplo, Asia central. El caso de un &quot;Estado  fallido&quot; que nunca lo fue empez&oacute; a promocionarse como el caso de Estado  efectivo que a&uacute;n hoy no lo es.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por  &uacute;ltimo, el trabajo culmina con una conclusi&oacute;n sint&eacute;tica. En la medida en que no  se genere una coalici&oacute;n interna alternativa en Estados Unidos con una  perspectiva cr&iacute;tica sobre la construcci&oacute;n conceptual del &quot;Estado fallido&quot; el  paradigma y la estrategia vigentes para abordar este fen&oacute;meno continuar&aacute;n  informando la pol&iacute;tica exterior y de defensa de Washington: el resultado previsible  no ser&aacute; la prevenci&oacute;n o reconstrucci&oacute;n de dichos estados sino su mayor  estigmatizaci&oacute;n y eventual ruina. Le cabe a la comunidad acad&eacute;mica en ese pa&iacute;s  un lugar clave para cuestionar y rectificar el uso y abuso de una categor&iacute;a de  an&aacute;lisis que tuvo su origen en c&iacute;rculos intelectuales y no en los pasillos  gubernamentales. </p>     <p><b>II. EL LUGAR DE LOS &quot;ESTADOS FALLIDOS&quot; EN LA ESTRATEGIA  INTERNACIONAL DE ESTADOS UNIDOS: EVOLUCI&Oacute;N, CONSOLIDACI&Oacute;N Y MILITARIZACI&Oacute;N</b>    <br> La reflexi&oacute;n en torno a los &quot;estados  fallidos&quot; surgi&oacute; en el &aacute;mbito acad&eacute;mico estadounidense y europeo, muy vinculado  al caso de &aacute;frica, en el marco regional del proceso de descolonizaci&oacute;n y en el  contexto m&aacute;s amplio de la bipolaridad Este-Oeste<sup>5</sup>. Aquel  incipiente tratamiento durante los setenta de lo que constitu&iacute;a el fracaso de  los estados recientemente independizados estuvo limitado por varios  condicionantes intelectuales y pol&iacute;ticos del momento<sup>6</sup>.</p> En efecto, en t&eacute;rminos profesionales el an&aacute;lisis del &quot;Estado fallido&quot;  resultaba frustrante, por un lado, e irrelevante, por el otro. La frustraci&oacute;n  proven&iacute;a del hecho de que se observaba y evaluaba el fracaso estatal africano a  partir de la noci&oacute;n de Estado predominante en Occidente<sup>7</sup><a href="#(4)">(4)</a>. En ese  sentido, la evoluci&oacute;n de la &quot;estatalidad&quot; africana no cumpl&iacute;a con los  par&aacute;metros de la experiencia de los pa&iacute;ses avanzados del Atl&aacute;ntico norte. La  irrelevancia se originaba en el poco inter&eacute;s de los investigadores por  fen&oacute;menos regresivos como el desplome parcial o completo de un Estado; lo que  prevalec&iacute;a en la comunidad de estudiosos sobre la periferia era la idea de  transici&oacute;n hacia formas superiores que conducir&iacute;an, eventualmente, a su  modernizaci&oacute;n.</p>       <p> En t&eacute;rminos ideol&oacute;gicos, la competencia integral entre Estados Unidos y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica  llevaba a que la mayor&iacute;a de los fen&oacute;menos socio-pol&iacute;ticos-desde los cambios de  gobierno hasta las guerras dom&eacute;sticas-fueran interpretadas en clave de Guerra  Fr&iacute;a; con lo que el desplome estatal (su alcance institucional, su nexo con la  econom&iacute;a pol&iacute;tica internacional, su relaci&oacute;n con pugnas &eacute;tnicas o religiosas,  su v&iacute;nculo con la seguridad regional) no fue objeto de un enfoque m&aacute;s  detallado, matizado y particular<sup>8</sup><a href="#(5)">(5)</a>.      <p>A su vez, la contenci&oacute;n guiaba la pol&iacute;tica exterior y de defensa de  Washington y, en consecuencia, la limitaci&oacute;n al poder de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y  el freno a la expansi&oacute;n del comunismo eran las piedras angulares de dicha  estrategia. Ello tuvo para los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos tres efectos. Primero,  independientemente del tama&ntilde;o, ubicaci&oacute;n y recursos de cada pa&iacute;s, todas las  naciones resultaban importantes por su valor e impacto respecto al conflicto  bipolar<a href="#(6)">(6)</a>. En  este caso, la naturaleza del r&eacute;gimen importaba poco. </p>     <p>Segundo, cada super-potencia garantizaba su &aacute;rea de influencia mediante  un conjunto de compromisos diplom&aacute;ticos, econ&oacute;micos y militares relativamente  s&oacute;lido; lo cual generaba cierta protecci&oacute;n y suficiente predicci&oacute;n. Las grandes  potencias asum&iacute;an determinadas obligaciones y las naciones subordinadas  aceptaban notorias restricciones. Se produc&iacute;a entonces un <i>trade off</i> de autonom&iacute;a por seguridad. En este caso, la cohesi&oacute;n del  Estado en la periferia era secundaria. </p>     <p>Tercero, si bien era evidente una alta inestabilidad en el eje  Este-Oeste la nota elocuente de aquel per&iacute;odo fue la alta confrontaci&oacute;n  Norte-Sur. La conjetura acerca de una eventual guerra nuclear entre los  principales antagonistas produc&iacute;a la sensaci&oacute;n de un holocausto devastador. La  realidad de intervenciones, invasiones, conflictos de baja intensidad,  operaciones armadas quir&uacute;rgicas, maniobras militares encubiertas y disputas  irregulares prolongadas, entre otras, se concretiz&oacute; en la periferia con la  participaci&oacute;n abierta o clandestina de las grandes potencias. En ese caso, el  grado de unidad o fragmentaci&oacute;n de una sociedad perif&eacute;rica resultaba un dato  menor. En resumen, bajo la l&oacute;gica de la contenci&oacute;n el <i>statu quo</i> era  preferible a la reforma, era f&aacute;cil convivir con el autoritarismo sin alentar  mucho a la democracia y el valor instrumental de cada pa&iacute;s era superior a su  valoraci&oacute;n intr&iacute;nseca. </p>     <p>As&iacute; entonces, la cuesti&oacute;n de los &quot;estados fallidos&quot; era un tema ligero,  tanto en la literatura acad&eacute;mica especializada como en las consideraciones  pr&aacute;cticas de las super-potencias. Por lo tanto, era esperable que el fin de la Guerra Fr&iacute;a facilitara  una mayor curiosidad y una mejor interpretaci&oacute;n de esos casos &quot;disfuncionales&quot;  de estatalismo. En el contexto de la Posguerra Fr&iacute;a el asunto del &quot;Estado fallido&quot; se  torn&oacute; un poco m&aacute;s visible (en comparaci&oacute;n a su relativo ocultamiento previo) y  se abord&oacute; de manera menos dogm&aacute;tica (en comparaci&oacute;n a una mirada anterior poco  emp&iacute;rica). Ese entorno, en consecuencia, fue muy importante por que posibilit&oacute;  un impulso fresco para tratar con m&aacute;s detenimiento y sofisticaci&oacute;n la situaci&oacute;n  de un n&uacute;mero elevado de estados perif&eacute;ricos.</p>     <p>En Estados Unidos, particularmente, el resurgimiento del inter&eacute;s  alrededor de los fracasos estatales en la periferia se produjo, en parte, por  una especial conjunci&oacute;n de funcionarios sensibles -en concreto, en el  Departamento de Estado<sup>9</sup><a href="#(7)">(7)</a>- a esta  cuesti&oacute;n, funcionarios con formaci&oacute;n acad&eacute;mica<sup>10, 11</sup><a href="#(8)">(8)</a> preocupados por aquello y acad&eacute;micos<sup>10 - 14</sup> que  ven&iacute;an trabajando m&aacute;s sistem&aacute;ticamente ese problema. El punto geogr&aacute;fico de  referencia volvi&oacute; a ser &aacute;frica, pero la inquietud sobre los potenciales  &quot;estados fallidos&quot; se extendi&oacute; a otros espacios (por ejemplo, Bosnia, en  Europa, Afganist&aacute;n en Asia y Hait&iacute;, en el Caribe).</p>     <p>Esta atenci&oacute;n en torno a los &quot;estados fallidos&quot; se manifest&oacute; en una  coyuntura internacional relativamente optimista. A comienzos de los noventa se  auguraba el tr&aacute;nsito hacia un orden mundial menos contencioso y m&aacute;s pac&iacute;fico en  el que, como resultado del fin de la confrontaci&oacute;n bipolar, los presupuestos  militares fueran menores y la agenda global se centrara en temas ligados a la  superaci&oacute;n de la pobreza, la defensa de los derechos humanos y la protecci&oacute;n  ambiental, entre otros. En ese clima de &eacute;poca empez&oacute; a despuntar un nuevo momento ideal en la pol&iacute;tica mundial<sup>15</sup><a href="#(9)">(9)</a>.  Ello contribuy&oacute; a la paulatina instauraci&oacute;n del derecho a la injerencia por  razones humanitarias<sup>16</sup>. La preocupaci&oacute;n por los &quot;estados fallidos&quot; se  insertaba en una din&aacute;mica en la que la acci&oacute;n humanitaria-concebida m&aacute;s en  l&oacute;gica altruista que de <i>realpolitik</i>-se entend&iacute;a como la respuesta  adecuada para evitar que el fracaso estatal condujera a graves masacres y  potenciales genocidios. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En un sentido m&aacute;s amplio, el despliegue humanitario en un &quot;Estado  fallido&quot; respond&iacute;a a los presupuestos de lo que Barry R. Posen y Andrew L. Ross  llamaron la estrategia de la seguridad cooperativa<sup>17</sup>. En  raz&oacute;n de que la paz era indivisible ello requer&iacute;a de acciones colectivas. A su  vez, debido a que no resultaba posible alcanzar un equilibrio de poder en forma  espont&aacute;nea, deb&iacute;an tomarse medidas espec&iacute;ficas de car&aacute;cter multilateral que  evitaran el recurso a la agresi&oacute;n. Para ello, era necesaria la consolidaci&oacute;n de  las instituciones internacionales como espacios capaces de coordinar los  intereses de diferentes actores. Adem&aacute;s, la pol&iacute;tica exterior de los estados  inclinados por esta perspectiva estrat&eacute;gica tend&iacute;a a enfatizar las componentes  de consulta, colaboraci&oacute;n y consenso. De all&iacute; que el tipo de intervenciones que  se realizaba bajo esta &oacute;ptica estrat&eacute;gica era de preferencia humanitaria y no  ofensiva militarmente. Quiz&aacute;s por un hiato breve a principios de los noventa  esta estrategia inform&oacute;, al menos parcialmente, las pol&iacute;ticas exteriores y de  defensa de las administraciones del saliente Presidente George Bush y del  entrante Presidente William Clinton.</p>     <p>A mediados de los noventa la reflexi&oacute;n sobre los &quot;estados fallidos&quot; se  torn&oacute; m&aacute;s importante en el seno del ejecutivo estadounidense. El fracaso  estatal parec&iacute;a extenderse territorialmente y comprometer objetivos e intereses  m&aacute;s relevantes de Estados Unidos. La atenci&oacute;n burocr&aacute;tica se concentr&oacute; entonces  en la Agencia Central  de Inteligencia (CIA) que cre&oacute; una <i>Task Force </i>con el prop&oacute;sito de  entender los factores de inestabilidad que culminaban en la ca&iacute;da de un &quot;Estado  fallido&quot;, as&iacute; como anticipar la eventualidad de un derrumbe estatal<sup>18, 19</sup><a href="#(10)">(10)</a>. A  partir de ese momento el tema de los &quot;estados fallidos&quot; fue pasando,  gradualmente, del terreno pol&iacute;tico-diplom&aacute;tico al campo militar-estrat&eacute;gico. </p>     <p>Cabe subrayar que este reconocimiento acerca de la relativa importancia  de esta cuesti&oacute;n no condujo a un replanteamiento sustantivo de la comprensi&oacute;n  del mismo. Esto es; no sirvi&oacute; para desarrollar una perspectiva m&aacute;s hist&oacute;rica y  contextual acerca del modo en que fueron evolucionando esos estados, no ayud&oacute; a  redefinir los t&eacute;rminos del debate interno (pol&iacute;tico y burocr&aacute;tico) e  internacional (multilateral o minilateral<sup>20</sup>) sobre  este asunto, no condujo a evitar la estigmatizaci&oacute;n impl&iacute;cita en su uso e  invocaci&oacute;n, y no contribuy&oacute; a repensar la redistribuci&oacute;n de poder a favor de  los estados perif&eacute;ricos como modo de avanzar en la superaci&oacute;n de las deficiencias  estructurales existentes. </p>     <p>Lo que s&iacute; concentr&oacute; la atenci&oacute;n de funcionarios y especialistas fue el  tema de la debilidad<sup>21</sup><a href="#(11)">(11)</a>.  Durante la Guerra Fr&iacute;a,  los problemas fundamentales que afectaban la paz y la seguridad internacionales  derivaban, en gran medida, del poder&iacute;o. La enemistad integral entre Estados  Unidos y la Uni&oacute;n   Sovi&eacute;tica tuvo m&uacute;ltiples dimensiones, pero se expres&oacute; de  manera dram&aacute;tica en la competencia militar, en la carrera armamentista y en la  amenaza nuclear. La eventual confrontaci&oacute;n armada entre los pa&iacute;ses centrales y  el recurso peri&oacute;dico a la fuerza directa por parte de las grandes potencias en  alg&uacute;n pa&iacute;s de la periferia se transformaron en la mayor fuente de incertidumbre  y violencia por d&eacute;cadas. As&iacute; entonces, a mayor poder&iacute;o, m&aacute;s potencial de  inestabilidad<a href="#(12)">(12)</a>.</p>     <p>En la Posguerra   Fr&iacute;a, comenz&oacute; a percibirse, en especial en la comunidad de  seguridad en Washington, que una de las amenazas m&aacute;s preocupantes surg&iacute;a de la  debilidad-es decir; de los estados d&eacute;biles<sup>22</sup><a href="#(13)">(13)</a>. La  proliferaci&oacute;n de lucrativos negocios il&iacute;citos (drogas, armas ligeras, deshechos  t&oacute;xicos, blanqueo de capitales subterr&aacute;neos, tr&aacute;fico de seres humanos, etc.);  la erosi&oacute;n <i>de facto</i> de la soberan&iacute;a  territorial ante actores violentos fuertemente dotados (terroristas, mafias,  etc.); la fractura de sociedades cada vez m&aacute;s empobrecidas; la imposibilidad de  controlar internamente los efectos m&aacute;s nocivos de la globalizaci&oacute;n; y la  p&eacute;rdida de sentido de amplios n&uacute;cleos humanos y vastas culturas se fueron  transformando en fen&oacute;menos que pod&iacute;an culminar en verdaderas implosiones  dom&eacute;sticas y producir millones de v&iacute;ctimas a lo largo y ancho de las naciones  perif&eacute;ricas. Por lo tanto, resultaba que cuanto m&aacute;s d&eacute;bil era un pa&iacute;s, m&aacute;s se  afectaba la paz y la seguridad internas e internacionales. </p>     <p>Sin embargo, ni Estados Unidos ni los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados adoptaron  entonces remedios socio-econ&oacute;micos curativos para revertir esa incuestionable  condici&oacute;n de debilitaci&oacute;n. De hecho, la mirada prevaleciente en los principales  centros de poder se patentiz&oacute; en una aproximaci&oacute;n esquizofr&eacute;nica frente al  Estado en la periferia: desde la perspectiva de la econom&iacute;a se insisti&oacute; en la  necesidad de menos Estado y desde la perspectiva de la seguridad se comenz&oacute; a  enfatizar la importancia de m&aacute;s Estado. Esta dualidad frente al Estado-visto  simult&aacute;neamente como obsoleto y absoluto-s&oacute;lo contribuy&oacute; a atender a los  s&iacute;ntomas del &quot;Estado fallido&quot; m&aacute;s que a sus causas. </p>     <p>En ese contexto, surgi&oacute; en Estados  Unidos (y en varias capitales europeas) un af&aacute;n cuantificador consistente en  identificar un conjunto de variables probables y mensurarlas en forma de &iacute;ndice  para localizar, exactamente, el estado de desfallecimiento en que se encontraba  un &quot;Estado fallido&quot;. As&iacute; entonces, se fue produciendo un mayor acercamiento  entre la comunidad de especialistas y los tomadores de decisi&oacute;n que adoptar&aacute; un  perfil m&aacute;s definido despu&eacute;s de los atentados del 11 de septiembre de 2001<a href="#(14)">(14)</a>. De  este intercambio fueron emanando no s&oacute;lo m&aacute;s contactos entre el mundo acad&eacute;mico  y el pol&iacute;tico, sino tambi&eacute;n una lectura compartida sobre qu&eacute; constituye un  &quot;Estado fallido&quot; y c&oacute;mo hacer frente a este fen&oacute;meno crecientemente importante  para Washington<sup>23</sup><a href="#(15)">(15)</a>. </p>     <p>En esa direcci&oacute;n, se puede observar que, en el &aacute;mbito de la academia y  hacia finales de los noventa, se increment&oacute; la discusi&oacute;n y aument&oacute; la  publicaci&oacute;n sobre los &quot;estados fallidos&quot;. Esta renovada atenci&oacute;n revelaba dos  cosas. Por un lado, una proliferaci&oacute;n de nociones y definiciones aportaban y, a  la vez, oscurec&iacute;an el asunto del &quot;Estado fallido&quot;. Conceptos como Estado  colapsado, fr&aacute;gil, fantasma, inestable, fracturado, an&eacute;mico-entre varios  otros-daban cuenta de las diferencias existentes entre situaciones de debilidad  y desfallecimiento estatal, pero tambi&eacute;n confund&iacute;an porque produc&iacute;an fronteras  artificiales entre un modo estatal y otro<sup>24 - 30</sup>.  Asimismo, muchas de las denominaciones utilizadas parec&iacute;an corresponder m&aacute;s (y  mejor) a los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos que a las estructuras estatales. A su vez, la  centralidad excluyente otorgada al Estado no permit&iacute;a detectar que en muchos  casos el fracaso pleno de las instituciones y de las capacidades ocurr&iacute;a en el  plano regional, provincial, municipal y local. Adem&aacute;s, la riqueza derivada de  la escrupulosidad de ciertas definiciones empa&ntilde;aba, sin embargo, el valor que  tendr&iacute;an (y a&uacute;n tienen) otras nociones sociol&oacute;gicas-guerra civil, revoluci&oacute;n,  etc.--muy pertinentes para explicar el desmoronamiento de un gobierno, la ca&iacute;da  de un r&eacute;gimen o el fin de un Estado.</p>     <p>Por otro lado, la bibliograf&iacute;a sobre &quot;estados fallidos&quot; compart&iacute;a una serie  de denominadores comunes. Independiente de la definici&oacute;n espec&iacute;fica usada, la  mayor&iacute;a de los trabajos coincid&iacute;a, impl&iacute;citamente, en remarcar tres brechas  entre un Estado aparente y otro emp&iacute;rico: una brecha de legitimidad, otra de  capacidad y una &uacute;ltima de soberan&iacute;a. Sint&eacute;ticamente, los &quot;estados fallidos&quot;  carecen bastante de la legitimidad que aducen tener, no disponen de los  atributos y estrategias necesarios para enfrentar la multiplicidad de  dificultades y problemas que afrontan y tienen menos control territorial del  que poseen los estados plenamente constituidos. </p>     <p>Esta convergencia fue generando un relativo consenso entre  especialistas: lo que, en &uacute;ltima instancia, provoca un &quot;Estado fallido&quot;-y lo  que, inversamente, conduce a superarlo-es un asunto que combina capacidad y  voluntad. La incapacidad (por falta de recursos y de aptitud) de gobernar y la  ausencia de voluntad (pol&iacute;tica) propician el derrumbe estatal definitivo. La  confluencia de ambos, entonces, es letal pues culmina, casi inexorablemente, en  un &quot;Estado fallido&quot;. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La carencia interna de estas dos condiciones motiv&oacute;, por otra parte, a  que se argumentara-en especial, entre algunas organizaciones no gubernamentales  (ONGs) y ciertas agencias oficiales<sup>31</sup><a href="#(16)">(16)</a> -que la  eventual soluci&oacute;n al desfallecimiento estatal deb&iacute;a provenir de afuera. Esto, a  su turno, reforzaba, de modo impl&iacute;cito, la concepci&oacute;n acerca de la existencia  de una notable asimetr&iacute;a en la pol&iacute;tica mundial y profundizaba, de hecho, la  desigualdad entre las naciones. El correlato pol&iacute;tico de esta conclusi&oacute;n era  que un &quot;Estado fallido&quot; en ciernes o consumado requer&iacute;a de una alternativa  ex&oacute;gena para su superaci&oacute;n. Lo anterior contribuy&oacute; a fomentar lo que Coyne ha  llamado la &quot;falacia de Nirvana&quot;: la creencia de que ante un &quot;Estado fallido&quot;  uno o varios gobiernos del exterior pueden generar un resultado preferible al  que ocurrir&iacute;a si &eacute;l o ellos no interviniesen<sup>32</sup>. En  esencia, y particularmente desde el &aacute;ngulo de los tomadores de decisi&oacute;n un  &quot;Estado fallido&quot; no era un Estado hostil y pendenciero, sino una mezcla de  Estado inepto e indolente; lo cual lo hac&iacute;a ingobernable. La perturbaci&oacute;n que  produc&iacute;a ese Estado dependiente resultaba la principal fuente de problemas. </p>     <p>Ahora bien, en la segunda parte de los noventa la cuesti&oacute;n de los  &quot;estados fallidos&quot; pas&oacute; a adquirir una relevancia notoria en el dise&ntilde;o y  formulaci&oacute;n de la pol&iacute;tica exterior y de defensa de Estados Unidos-es decir;  mucho antes del 11/9. El modo de identificar la significaci&oacute;n alcanzada surge  al evaluar los principales documentos estrat&eacute;gicos de Washington. Como se sabe la Revisi&oacute;n Cuatrienal  de la Defensa  es el pilar que define la postura general de Estados Unidos y, por los  siguientes cuatro a&ntilde;os, sirve de gu&iacute;a b&aacute;sica para la elaboraci&oacute;n de las  diferentes estrategias espec&iacute;ficas; esto es, la de seguridad nacional, la  militar, la de armas nucleares, etc. Al haber logrado un lugar expl&iacute;cito en los  documentos oficiales el asunto de los &quot;estados fallidos&quot; empez&oacute;,  simult&aacute;neamente, a ocupar un sitio m&aacute;s alto y relevante en el proceso de toma  de decisiones del ejecutivo, tanto entre agencias civiles como militares. </p>     <p>En esa direcci&oacute;n, cabe mencionar que  la Revisi&oacute;n   Cuadrienal de Defensa de 1997 indic&oacute; que &quot;los estados  fallidos o en proceso de serlo pueden crear inestabilidad, conflicto interno y  crisis humanitarias en algunas regiones en las que Estados Unidos tiene  intereses vitales o importantes en juego&quot;<sup>33</sup>. El  problema de los &quot;estados fallidos&quot; tambi&eacute;n se se&ntilde;al&oacute; en la Estrategia Militar  Nacional de 1997<sup>34</sup>. En la Estrategia Nacional  de Seguridad de 1997, y en sus versiones revisadas de 1998 y 1999, se ubic&oacute; el  tema de los &quot;estados fallidos&quot; en la secci&oacute;n correspondiente a las amenazas a  los intereses de Estados Unidos<sup>35</sup>. En ese  &uacute;ltimo a&ntilde;o, en su informe al Congreso el Departamento de Defensa incluy&oacute; a los  &quot;estados fallidos&quot; en la secci&oacute;n de desaf&iacute;os a la seguridad y sosten&iacute;a que &quot;la  comunidad de inteligencia de Estados Unidos piensa que m&aacute;s naciones van a  desfallecer entre ahora y 2015; lo cual producir&aacute; conflicto interno, crisis  humanitarias y una potencial inestabilidad regional&quot;<sup>36</sup>. </p>     <p>En la Estrategia de Seguridad  Nacional de 2000 se explicit&oacute; la importancia de prevenir los conflictos y  asistir a los estados en v&iacute;as de fracaso<sup>37</sup>. Ese  mismo a&ntilde;o el Departamento de Defensa inform&oacute; que hacia el futuro se necesitar&iacute;a  m&aacute;s despliegue de fuerzas especiales; entre otros, para los casos de los  &quot;estados fallidos&quot;<sup>38</sup>.</p>     <p>En este contexto, es importante  tener presente que una comisi&oacute;n especial co-presidida por los senadores Gary  Hart (dem&oacute;crata) y Warren Rudman (republicano) present&oacute; en 2000 su segundo  informe sobre la seguridad nacional de Estados Unidos en el siglo XXI. En dicho  documento se remarc&oacute;: &quot;Hay pa&iacute;ses (tales como M&eacute;xico, Colombia, Rusia y Arabia  Saudita) en los que la estabilidad dom&eacute;stica es, por distintos motivos, muy  importante para los intereses de Estados Unidos. Sin prejuzgar la posibilidad  de un cataclismo interno en ellos, estos pa&iacute;ses deben ser un foco de prioridad  para la planeaci&oacute;n de Estados Unidos de acuerdo a lo que resulte apropiado para  cada situaci&oacute;n. Para casos menos prioritarios Estados Unidos debe ayudar a que  la comunidad internacional desarrolle mecanismos innovadores para manejar el  problema de los estados fallidos&quot;<sup>39</sup>. De  acuerdo a este argumento habr&iacute;a casos cr&iacute;ticos-por su nivel de inestabilidad,  por su valor en t&eacute;rminos de legitimidad y por su significado en materia de  seguridad-que deb&iacute;an ser de responsabilidad exclusiva de Estados Unidos,  mientras los menos prioritarios deb&iacute;an ser abordados de forma m&aacute;s colectiva<a href="#(17)">(17)</a>.</p>     <p>En s&iacute;ntesis, mucho antes del 11/9 el  tema de los &quot;estados fallidos&quot; hab&iacute;a ingresado en la agenda de Estados Unidos.  A principios de los noventa, esa cuesti&oacute;n se insertaba en el contexto de la  aparici&oacute;n de nuevos retos a&uacute;n no transformados en peligro crucial. Inicialmente,  dicho asunto condujo a una mirada pol&iacute;tica que se enmarcaba, a su vez, en la  nueva atenci&oacute;n brindada a &aacute;reas geogr&aacute;ficas y tem&aacute;ticas distintas al fen&oacute;meno  comunista y al antiguo bloque socialista, as&iacute; como a dimensiones diferentes a  las tradicionales de seguridad y defensa. Muy pronto, el componente humanitario  de los fracasos estatales concit&oacute; la preocupaci&oacute;n, tanto en la comunidad  diplom&aacute;tica como en la de seguridad. Para mediados de los noventa se elev&oacute; el  perfil de alarma en Washington en torno a los &quot;estados fallidos&quot;. En la &uacute;ltima  parte de la d&eacute;cada el tema se localiz&oacute; m&aacute;s claramente en el &aacute;mbito militar, ya  no s&oacute;lo como un asunto que pod&iacute;a tener reverberaciones regionales negativas  sino como un desaf&iacute;o progresivo a los intereses concretos de Estados Unidos.</p>     <p>Despu&eacute;s del 11 de septiembre de 2001  se ampli&oacute; y profundiz&oacute; en Estados Unidos la militarizaci&oacute;n de la cuesti&oacute;n de  los &quot;estados fallidos&quot;<a href="#(18)">(18)</a>. Esto  se puede observar en diferentes planos.</p>     <p>Desde el punto de vista de la pol&iacute;tica exterior  y de defensa corresponde ubicar esa cuesti&oacute;n en el marco de la primac&iacute;a. &eacute;sta  denota una estrategia que afirma que un Estado pretende asegurar su lugar en la  c&uacute;spide del sistema mundial y, por ello, no tolera (ni tolerar&aacute;) ning&uacute;n <i>peer  competitor</i>, sea &eacute;ste un aliado tradicional o un nuevo oponente. Una  estrategia de primac&iacute;a entra&ntilde;a, independiente de que Washington est&eacute; bajo un  gobierno republicano o dem&oacute;crata, una postura agresiva en materia externa y de  seguridad porque la l&oacute;gica propia de la primac&iacute;a -asegurar una supremac&iacute;a  completa sin otro competidor de igual talla- requiere un mayor despliegue y m&aacute;s  uso de la fuerza. No se trata de un asunto de (buena o mala) voluntad o de  ideolog&iacute;a (firmemente conservadora o moderadamente liberal) sino de un impulso  derivado, en buena medida, de la enorme asimetr&iacute;a existente en el sistema  mundial. La estrategia de primac&iacute;a supone que los intereses vitales  estadounidense no est&aacute;n suficientemente protegidos con un esquema multilateral  de reglas y compromisos y, por lo tanto, s&oacute;lo la capacidad de acci&oacute;n unilateral  de los Estados Unidos puede asegurar una protecci&oacute;n eficaz. Como consecuencia,  la amenaza, la coerci&oacute;n y la retaliaci&oacute;n se convierten en mecanismos  recurrentes de vinculaci&oacute;n con terceros estados, a&uacute;n con algunos considerados  cercanos. Aquellas priman sobre las pol&iacute;ticas persuasivas o de cooptaci&oacute;n, que  se reservan, cada vez m&aacute;s, para aquellos pa&iacute;ses que han aceptado las opciones  estrat&eacute;gicas y t&aacute;cticas de la super-potencia en lo pol&iacute;tico, lo econ&oacute;mico y lo  militar, tanto en el terreno global como en el campo regional. Si los  instrumentos para prevenir la emergencia de nuevas potencias y anticiparse a  las acciones de contra-partes hostiles son crecientemente militares, es posible  suponer un fuerte impacto sobre el derecho y la democracia en el pa&iacute;s y el  mundo<a href="#(19)">(19)</a>. </p>     <p>En lo que corresponde a los &quot;estados fallidos&quot; su lugar en la estrategia  de primac&iacute;a es relativamente menos significativa--en comparaci&oacute;n a la de  seguridad cooperativa-pero m&aacute;s inquietante por que los desafiantes a la  preponderancia estadounidense podr&iacute;an usar los territorios de dichos estados  para atacar intereses sensibles de Washington. As&iacute; entonces, se iguala &quot;Estado  fallido&quot; con plataforma terrorista. Adem&aacute;s, en el marco de esta estrategia un  &quot;Estado fallido&quot; es una fuente adicional de turbulencia que exige un  tratamiento m&aacute;s expeditivo; es decir, el componente militar m&aacute;s que el  humanitario resulta b&aacute;sico. </p>     <p>Desde la perspectiva de los  documentos estrat&eacute;gicos la cuesti&oacute;n del &quot;Estado fallido&quot; adquiri&oacute; una  singularidad mayor y se lo ubic&oacute; como uno de peligros sensibles. La Revisi&oacute;n Cuadrienal  de 2001 destac&oacute; el reto generado por los estados en proceso de desfallecimiento  y por los territorios donde existen, en general, gobiernos d&eacute;biles: estos  espacios pod&iacute;an &quot;servir de santuario para terroristas y organizaciones  criminales&quot;<sup>40</sup>. A un  a&ntilde;o de los atentados del 11/9 la   Estrategia de Seguridad Nacional de 2002 le otorg&oacute;, desde el  comienzo, un lugar destacado al tema. En efecto, all&iacute; se afirm&oacute; de modo  categ&oacute;rico: &quot;Estados Unidos est&aacute; hoy menos amenazado por estados conquistadores  que por estados en proceso de desfallecimiento&quot;<sup>41, 42</sup>. En  realidad, ese trascendental informe destac&oacute; dos grandes acechanzas  principales-los tiranos (y los &quot;<i>rouge states&quot;</i> donde habitan) con armas  de destrucci&oacute;n masiva y el terrorismo transnacional (especialmente vinculado al  islamismo fundamentalista) de alcance global-y una complementaria-los &quot;estados  fallidos&quot; (desde donde se pueden afectar intereses cruciales de Estados  Unidos). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta atenci&oacute;n en torno a los &quot;estados fallidos&quot; y en v&iacute;as de serlo fue  bienvenida por muchos especialistas en seguridad<sup>43</sup>.  Algunos, como el <i>Center for Strategic and International Studies</i>, en  sociedad con la <i>Association of the U.S. Army</i> desarrollaron en 2002 un <i>Task Framework</i> para lidiar  con situaciones posconflicto y organizaron en 2003 una comisi&oacute;n bipartidista  para analizar el asunto de los &quot;estados fallidos&quot; y presentar recomendaciones  para resolver las emergencias producidas por ellos<sup>44</sup>. En  otros casos, como el del <i>Council on Foreign Relations</i>, se confeccion&oacute; un  informe sobre la estrategia nacional de seguridad en el que se subray&oacute; en siete  ocasiones el problema generado por los &quot;estados fallidos&quot;<sup>45</sup>. </p>     <p>A su  vez, la Estrategia   Nacional para Combatir de Terrorismo de 2003 explicit&oacute; que el  apoyo a los estados d&eacute;biles y pr&oacute;ximos a fracasar se deb&iacute;a llevar a cabo para  desembarazarse del terrorismo<sup>46</sup>. Por su parte, la Estrategia Nacional  Militar de 2004 confirm&oacute; la determinaci&oacute;n de evitar que las organizaciones  terroristas usasen los &quot;estados fallidos&quot; y las &aacute;reas sin gobierno como guarida  de sus acciones violentas<sup>47</sup>. Adicionalmente, la Estrategia Nacional  de Defensa de 2005 destac&oacute; las amenazas provenientes de las &aacute;reas sin gobierno  y los estados d&eacute;biles<sup>48</sup>. La Estrategia Nacional de Inteligencia de ese a&ntilde;o  mencion&oacute; que una de las tareas importantes ser&iacute;a proveer a los <i>policymakers</i> &quot;las se&ntilde;ales de aviso sobre los estados pr&oacute;ximos a fracasar&quot;<sup>49</sup>. </p>     <p>Asimismo, la Revisi&oacute;n Cuadrienal  de Defensa de 2006 retom&oacute; el tema de los &quot;estados fallidos&quot; y se refiri&oacute; a la  importancia de medidas anticipadas para evitar el colapso pol&iacute;tico y social  total de un pa&iacute;s; en ese contexto hizo alusi&oacute;n al Plan Colombia y a la misi&oacute;n  militar desplegada en 2004 en Hait&iacute; como dos ejemplos de acciones preventivas  exitosas<sup>50</sup>. La Estrategia Nacional de Seguridad de ese a&ntilde;o  continu&oacute; identificando a los &quot;estados fallidos&quot; como un desaf&iacute;o que exig&iacute;a  anticipaci&oacute;n, por un lado, y acciones posconflicto, por el otro<sup>51, 52</sup><a href="#(20)">(20)</a>. </p>     <p>Paralelamente, la Estrategia Nacional  para Combatir el Terrorismo de 2006 recalc&oacute; la importancia de c&oacute;mo evitar que  los estados desfallecientes se convirtieran en refugio para grupos terroristas<sup>53</sup>. La Estrategia Nacional de Contra-Inteligencia de  2007 ubic&oacute; como &quot;amenazas severas&quot; conjuntamente al &quot;terrorismo trasnacional,  la proliferaci&oacute;n de armas nucleares, la guerra asim&eacute;trica, los movimientos  extremistas y los estados fallidos&quot;<sup>54</sup>. </p>     <p>La estrategia espec&iacute;fica para la regi&oacute;n  elaborada por el Comando Sur en 2007<a href="#(21)">(21)</a> tambi&eacute;n mencion&oacute; los peligros derivados de &aacute;reas  deficientemente gobernadas<a href="#(22)">(22)</a>. En t&eacute;rminos generales, en todos estos textos el  asunto de los &quot;estados fallidos&quot; se asocia, de un modo u otro, al t&oacute;pico del  terrorismo y, en consecuencia, se afirma un nexo estrecho entre fracaso estatal  y terror letal<sup>55</sup>. </p>     <p>Al  observar el proceso burocr&aacute;tico vinculado a la formulaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n de las  pol&iacute;ticas respecto a los &quot;estados fallidos&quot; se detectan cambios relevantes  despu&eacute;s del 11/9 y, en especial, durante el segundo mandato de George W. Bush.  En primer lugar, crece el n&uacute;mero de agencias civiles y militares, diplom&aacute;ticas  y de seguridad, pol&iacute;ticas y de asistencia ligadas a esta cuesti&oacute;n. En segundo  lugar, se busca una mayor coordinaci&oacute;n de las orientaciones, medidas y acciones  respecto a los &quot;estados fallidos&quot;, tanto en clave preventiva como de  reconstrucci&oacute;n. En tercer lugar, se refuerza el lazo entre la comunidad  acad&eacute;mica y de tomadores de decisi&oacute;n en cuanto a este fen&oacute;meno.</p>     <p>En el &aacute;rea de inteligencia, la CIA, que ven&iacute;a buscando  formular un mejor diagn&oacute;stico sobre los &quot;estados fallidos&quot;, ubic&oacute; en su <i>Office  of Transnational Issues</i> el an&aacute;lisis de asuntos (crisis humanitarias, drogas  il&iacute;citas, etc.) que pudieran vincularse con ese tema. La subdirecci&oacute;n de la  recientemente creada (2005) <i>National Intelligence</i> se vincul&oacute; al  seguimiento al asunto del fracaso estatal. El <i>National Intelligence Council</i> en su informe prospectivo de 2005 destac&oacute; la probabilidad de un escenario  internacional en el que los &quot;estados fallidos&quot; se transformaran en un desaf&iacute;o  cr&iacute;tico; en particular, cuando se combinaran problemas como criminalidad y  drogas (identificando dos ejemplos en Afganist&aacute;n y Colombia)<sup>56</sup>.</p>     <p>En el  &aacute;rea militar, las acciones en territorios en lo que se produc&iacute;an conflictos  internos, hab&iacute;a criminalidad organizada y narcotr&aacute;fico, surg&iacute;an problemas  humanitarios y se manifestaban contingencias menores en t&eacute;rminos del uso de la  fuerza, se localizaban en lo que se conoc&iacute;a como <i>operations other than war</i>.  En ese &aacute;mbito se ubicaban, de hecho, a los casos de &quot;estados fallidos&quot; que  requer&iacute;an el despliegue de efectivos estadounidenses. Muchas operaciones  posteriores al 11/9 se redefinieron en la l&oacute;gica de la &quot;guerra contra el  terrorismo&quot;. El caso colombiano-como veremos m&aacute;s adelante-como el de otros  &quot;estados fallidos&quot; (en &aacute;frica y Afganist&aacute;n), se coloc&oacute; en esta perspectiva. </p>     <p>Tiempo despu&eacute;s, en 2005, a trav&eacute;s de una  directiva del Departamento de Defensa se determin&oacute; que las fuerzas armadas  deb&iacute;an comprometerse en tareas de estabilidad, seguridad, transici&oacute;n y  reconstrucci&oacute;n en diferentes frentes; entre otros, para &quot;establecer y mantener  el orden en estados y regiones&quot;: una forma sutil para que los militares  aportaran a evitar que se produjeran y multiplicaran fracasos estatales<sup>57</sup>. Adicionalmente, en el marco del <i>Defense Advanced  Research Projects Agency</i> del Pent&aacute;gono la cuesti&oacute;n de los &quot;estados  fallidos&quot; pas&oacute; a ser objeto de mayor investigaci&oacute;n y seguimiento. En  particular, Robert Popp, subdirector del <i>Information Exploitation Office</i> le asign&oacute; una importancia crucial a aquel fen&oacute;meno<sup>58, 59</sup>. </p>     <p>En el  &aacute;rea diplom&aacute;tica, en 2004 se cre&oacute; la <i>Office of the Coordinator for Reconstruction and  Stabilization</i> (S/CRS) con el prop&oacute;sito de llevar a cabo tareas en pa&iacute;ses y  regiones vulnerables marcados por conflictos graves-tal el caso de &quot;estados  fallidos&quot;<a href="#(23)">(23)</a>. Las agencias bajo su &aacute;rea de coordinaci&oacute;n incluyen  varias dependencias del departamento de Estado junto al departamento de Defensa  (y dentro de &eacute;l, por ejemplo el <i>Special Operations and Low Intensity  Conflict</i>, el <i>Army War College Peacekeeping and Stability Operations  Institute</i>), el departamento de Justicia, el departamento de Tesoro, la CIA, entre otros. Su primer  coordinador, Carlos Pascual<sup>60</sup><a href="#(24)">(24)</a>, fue posteriormente director del &aacute;rea de estudios de  pol&iacute;tica exterior del <i>Brookings Institutio</i>n y co-autor, con Stephen D.  Krasner, de un ensayo sobre el fracaso estatal en <i>Foreign Affairs</i><sup>61</sup>. A su vez, Krasner,  un reconocido especialista en el tema de los &quot;estados fallidos&quot;<sup>62, 63</sup><a href="#(25)">(25)</a>, es profesor en Stanford University y ha sido el  director del influyente <i>Office of Policy Planning</i> del Departamento de  Estado entre febrero de 2005 y abril de 2007. Cabe destacar que la S/CRS ha recibido ciertas  cr&iacute;ticas al pretender configurarse en una agencia dedicada a lo que se conoce  como <i>nation-building</i><sup>64</sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Asimismo, a partir de 2005 USAID cuenta con un <i>Fragile  State Strategy</i> que, siguiendo un poco m&aacute;s el formato europeo y canadiense,  coloca m&aacute;s atenci&oacute;n a las condiciones de vulnerabilidad socio-econ&oacute;mica (en  comparaci&oacute;n al acento militar) de los pa&iacute;ses d&eacute;biles de la periferia. A su vez,  en 2006 se estableci&oacute; la direcci&oacute;n de <i>Foreign Assistance</i><sup>65</sup><a href="#(26)">(26)</a>, como parte de &quot;<i>transformational  diplomacy</i>&quot;<sup>66</sup><a href="#(27)">(27)</a> anunciada por Condoleezza Rice con el objeto de  mejorar la calidad de la democracia y fortalecer a los estados d&eacute;biles.</p>     <p> De  todo lo anterior se desprenden algunos elementos de consideraci&oacute;n. Primero, el  tema de los &quot;estados fallidos&quot; se transform&oacute; en un asunto de cierta relevancia  en la pol&iacute;tica exterior y de defensa de Estados Unidos: no constituy&oacute; una  cuesti&oacute;n central (como, por ejemplo las armas de destrucci&oacute;n masiva, el  terrorismo transnacional) pero s&iacute; se convirti&oacute; en un fen&oacute;meno de preocupaci&oacute;n  notoria. El consenso en torno a ello fue evidente: especialistas, <i>think-tanks</i>-en  especial, alrededor de Washington-y funcionarios concordaron al respecto y sus  m&eacute;todos (indicadores, variables, hip&oacute;tesis, etc.) de aproximaci&oacute;n al fen&oacute;meno  no difirieron. </p>     <p>Segundo, el tema del &quot;Estado fallido&quot; se  concibi&oacute;, fundamentalmente, en clave de seguridad internacional-esto es; de amenaza  a los intereses globales de Estados Unidos. Sobresali&oacute; una lectura inscripta en  la l&oacute;gica tradicional de la seguridad del Estado y no parec&iacute;a existir una  sensibilidad pr&oacute;xima a lo que se conoce como seguridad humana; seguridad  centrada en las personas<sup>67</sup><a href="#(28)">(28)</a>. En un ambiente marcado por los sucesos del 11/9 la  superaci&oacute;n del fen&oacute;meno de los &quot;estados fallidos&quot; se inscribi&oacute; muy prontamente  en la l&oacute;gica de la &quot;guerra contra el terrorismo&quot;, dejando as&iacute; de lado el  enfoque de principios de los noventa m&aacute;s cercano al humanitarismo, a la  promoci&oacute;n de los derechos humanos y a la preocupaci&oacute;n por la inseguridad de los  ciudadanos. El &quot;Estado fallido&quot; para Washington remite, esencialmente, a un  tipo estatal particular: se trata de un Estado subordinado y tumultuoso que  debe ser estabilizado para que sus efectos no produzcan males mayores. Si el  espacio de los &quot;estados fallidos&quot; sirve para el terrorismo y para los  proliferantes su significaci&oacute;n como peligro crece. A partir de ese momento hay  que aleccionarlos. </p>       <p> Tercero, la atenci&oacute;n, en t&eacute;rminos conceptuales,  burocr&aacute;ticos y recursivos, se coloc&oacute; en la dimensi&oacute;n militar. S&oacute;lo  recientemente y de manera colateral-con pocos recursos y m&aacute;s ret&oacute;rica-se le  asign&oacute; alg&uacute;n papel a la asistencia a los &quot;estados fallidos&quot;, o en v&iacute;as de  serlo, en el campo socio-econ&oacute;mico y pol&iacute;tico-institucional<a href="#(29)">(29)</a>. Sin embargo, los datos concretos muestran que  Estados Unidos brinda-excluyendo a Afganist&aacute;n, Irak, Pakist&aacute;n y la lucha contra  el SIDA-- aproximadamente un d&oacute;lar por persona al a&ntilde;o a los estados m&aacute;s d&eacute;biles  y vulnerables de la periferia<sup>68</sup>. Cabe destacar, asimismo, que no se nota una  inquietud manifiesta en torno al modelo de desarrollo imperante en los pa&iacute;ses  con estados fr&aacute;giles o colapsados y su eventual impacto negativo para ahondar  dicha fragilidad o para obstruir su superaci&oacute;n. Tampoco se distingue alguna  auto-cr&iacute;tica sustantiva frente a la distribuci&oacute;n de poder en el sistema internacional  y su efecto sobre la existencia y perpetuaci&oacute;n de los &quot;estados fallidos&quot;.  Adem&aacute;s la preocupaci&oacute;n en torno a la legitimidad como variable clave para reconstruir  un &quot;Estado fallido&quot; tiende a concebirse desde el &aacute;ngulo de la seguridad-el  m&uacute;sculo militar del Estado a reconstruir es no s&oacute;lo lo primero que se aborda  sino muchas veces lo &uacute;nico que se contempla al momento de superar el fracaso  estatal<sup>69</sup><a href="#(30)">(30)</a>.</p>     <p>Cuarto, la propensi&oacute;n a pensar en soluciones  externas-por medios indirectos o directos de intervenci&oacute;n, de manera anticipada  o despu&eacute;s de la reducci&oacute;n de la conflictividad-gui&oacute; el comportamiento concreto  de Washington hacia los &quot;estados fallidos&quot;. En los inicios de los noventa  predomin&oacute; la acci&oacute;n humanitaria y colectiva; despu&eacute;s del 11/9 pareci&oacute; optarse  por acciones fuertemente militarizadas bajo el paraguas de la acci&oacute;n  preventiva. Los pobres resultados en Afganist&aacute;n y Somalia, para s&oacute;lo nombrar  dos ejemplos de pa&iacute;ses calificados como fallidos, muestra que la  construcci&oacute;n-por la fuerza--de un nuevo y mejor Estado no se concreta en la  forma en que Washington esperaba. En breve, no hay, en c&oacute;digo anglosaj&oacute;n, ni <i>quick  fix</i> ni <i>magic bullet</i>. M&aacute;s a&uacute;n Estados Unidos no es, naturalmente, un  proveedor de orden; puede incluso-y el caso de los &quot;estados fallidos&quot; parece  indicarlo-ser un generador de m&aacute;s desorden. Todo lo cual dificulta responder  positivamente a las tres brechas identificadas en la literatura sobre el tema  del &quot;Estado fallido&quot;: esto es, superar los problemas de legitimidad, capacidad  y soberan&iacute;a. </p>     <p>Quinto, parece existir una coalici&oacute;n <i>de facto</i> que sostiene una visi&oacute;n relativamente compartida sobre los &quot;estados fallidos&quot;.  No ha existido un prop&oacute;sito expreso de mancomunar miradas y prescripciones de  pol&iacute;tica, pero si ha surgido un espacio de interpretaci&oacute;n bastante semejante  sobre el desaf&iacute;o que representa un &quot;Estado fallido&quot;. Especialistas en el tema;  ex funcionarios y tomadores de decisi&oacute;n en &aacute;mbitos de gravitaci&oacute;n; personas y  grupos sensibles a la situaci&oacute;n terrible en la que viven grandes conglomerados  humanos en pa&iacute;ses perif&eacute;ricos; cr&iacute;ticos del papel del Estado de diferente  origen disciplinario y/ pol&iacute;tico; individuos bien intencionados y bur&oacute;cratas  que quieren ampliar su poder corporativo; personajes m&aacute;s liberales o m&aacute;s  conservadores; los que abogan por un neocolonialismo ben&eacute;volo y los que s&oacute;lo  admiten la supremac&iacute;a indisputable de Washington; sectores comprometidos con el  humanitarismo y segmentos militaristas parecen compartir, desde diferentes  &aacute;mbitos estatales y no gubernamentales, y en grandes l&iacute;neas lo se&ntilde;alado en los  puntos anteriores. En el tema de los &quot;estados fallidos&quot; fue emergiendo, en  particular alrededor de Washington, una  comunidad epist&eacute;mica <i>sui generis</i> que, en t&eacute;rminos generales, legitima la  pol&iacute;tica oficial hacia los &quot;estados fallidos&quot; y no propone modificar  profundamente o revertir prontamente la pol&iacute;tica internacional vigente de  Estados Unidos frente a ellos.</p>     <p>En esa direcci&oacute;n, las dos siguientes secciones,  se ocupan de un estudio de caso-el asunto del &quot;Estado fallido&quot; en las  relaciones entre Estados Unidos y Colombia--en el que se espera ahondar m&aacute;s y  comprender mejor los argumentos aqu&iacute; mencionados.</p>     <p>     <br>   <b>III. EL PROCESO ANUAL DE CERTIFICACI&Oacute;N EN MATERIA  DE DROGAS IL&iacute;CITAS Y LA POL&iacute;TICA DE ESTADOS UNIDOS FRENTE A COLOMBIA: APORTANDO  A LA CONSTRUCCI&Oacute;N DE UN &quot;ESTADO FALLIDO&quot;</b>    <br>   En general, la literatura sobre  &quot;estados fallidos&quot; asume que este fen&oacute;meno es de naturaleza end&oacute;gena: el fracaso  estatal se origina en el &aacute;mbito dom&eacute;stico, obedece a variables internas y se  despliega en raz&oacute;n de la din&aacute;mica nacional. Sin duda, factores y fuerzas de  orden interno son b&aacute;sicos y preponderantes en la gradual gestaci&oacute;n y el  desplome eventual de un &quot;Estado fallido&quot;. M&aacute;s a&uacute;n, el principal motor del  desfallecimiento estatal proviene del interior de un pa&iacute;s. Sin embargo, ello no  significa desconocer el papel de actores y asuntos externos en el reforzamiento  de una situaci&oacute;n que puede conducir, finalmente, a un derrumbamiento completo  del Estado. En esa direcci&oacute;n, uno de los ejemplos en el que un elemento ex&oacute;geno  aport&oacute; a la identificaci&oacute;n de que Colombia estaba <i>ad portas</i> de constituirse en un &quot;Estado fallido&quot; fue el proceso  anual de certificaci&oacute;n de Estados Unidos en materia de lucha contra las drogas<sup>70</sup><a href="#(31)">(31)</a>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este proceso ha denotado, en esencia, un modelo de condicionamiento (<i>conditionality</i>) en las relaciones  internacionales. De modo sint&eacute;tico, el condicionamiento manifiesta una  situaci&oacute;n de asimetr&iacute;a en la que unos actores -un estado, un conjunto de  estados, agentes no gubernamentales, organizaciones multinacionales, organismos  supra-gubernamentales, etc.--con mayores atributos de poder hace que un Estado  con menores o escasos recursos de poder dependa de una serie de condiciones del  m&aacute;s poderoso para asegurar su integraci&oacute;n (o no exclusi&oacute;n) a un determinado  esquema regional o mundial en lo pol&iacute;tico (por ejemplo, respecto a la  democracia), lo econ&oacute;mico (por ejemplo, respecto al mercado) y lo militar (por  ejemplo, respecto a la seguridad). </p>       <p>   En ese contexto, el condicionamiento en los asuntos mundiales revela la  existencia de una &quot;regla de juego&quot; sist&eacute;mica; regla que es dise&ntilde;ada por muy  pocos y que se aplica, en la <i>praxis</i>, a muchos. Independiente de la  valoraci&oacute;n que se haga respecto a las intenciones primigenias y a los  resultados finales de dicha pol&iacute;tica es evidente que el condicionamiento indica  la existencia de una profunda desigualdad en las relaciones entre estados. </p>     <p>As&iacute; entonces, el condicionamiento en la pol&iacute;tica internacional significa  la amenaza de una restricci&oacute;n, la p&eacute;rdida de un beneficio o la promesa de un  incentivo por parte de un actor dotado de poder para que un actor carente de  poder&iacute;o modifique su comportamiento en funci&oacute;n de los requerimientos del  primero. Por ejemplo, cuando el Fondo Monetario Internacional (FMI) demanda un  conjunto de pol&iacute;ticas econ&oacute;micas espec&iacute;ficas para el desembolso de su apoyo  financiero a un pa&iacute;s el FMI est&aacute; recurriendo a un tipo de condicionamiento.  Cuando la Uni&oacute;n Europea  prescribe un conjunto de pol&iacute;ticas en materia de derechos humanos para la  entrega de asistencia a un pa&iacute;s o para la incorporaci&oacute;n de un nuevo miembro en  su seno la UE est&aacute;  acudiendo a un tipo de condicionamiento. </p>     <p>Dicho condicionamiento oscila entre la persuasi&oacute;n, la presi&oacute;n y la  punici&oacute;n del agente condicionado para producir un cambio espec&iacute;fico en la  direcci&oacute;n solicitada por el sujeto que apela a &eacute;l<sup>71, 72</sup>. En  s&iacute;ntesis, el objetivo &uacute;ltimo del condicionamiento es generar un cambio en el  comportamiento del agente condicionado que, hipot&eacute;ticamente, no se hubiera  producido de no existir el establecimiento y la exigencia de ciertas  condiciones. </p>       <p> En este sentido, el condicionamiento no se ha reducido a las cl&aacute;usulas  escritas o t&aacute;citas, de origen estadounidense, europeo (Uni&oacute;n Europea) o global  (Naciones Unidas, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional), sobre la  protecci&oacute;n de los derechos humanos, la instauraci&oacute;n de la democracia  representativa, la realizaci&oacute;n de reformas econ&oacute;micas, la ejecuci&oacute;n de la apertura  comercial y financiera, o la superaci&oacute;n de la corrupci&oacute;n, entre otras. El tema  de las drogas il&iacute;citas ha sido tambi&eacute;n objeto de una pol&iacute;tica de  condicionamiento. En este caso, ese condicionamiento ha provenido de la  legislaci&oacute;n anti-narc&oacute;ticos de Estados Unidos y se ha expresado en el  instrumento de la certificaci&oacute;n. </p>     <p>El ejemplo de Colombia entre 1994-1998 en materia de certificaci&oacute;n<sup>73</sup> mostr&oacute; la aplicaci&oacute;n por parte de Estados  Unidos de una diplomacia coercitiva en la pos-Guerra Fr&iacute;a; esto es, la invocaci&oacute;n  concreta y la utilizaci&oacute;n espec&iacute;fica de un vasto instrumental de coacci&oacute;n y  sanci&oacute;n, sin requerir del uso de la fuerza ostensible y directa, con el  prop&oacute;sito de prefijar y modificar la conducta de una contra-parte. Buena parte  del espectro de t&aacute;cticas disponibles para coercer a un gobierno fue  implementada: incapacitaci&oacute;n del ejecutivo, erosi&oacute;n del poder presidencial  mediante la reducci&oacute;n del apoyo de sectores dom&eacute;sticos claves, generaci&oacute;n de  insatisfacci&oacute;n interna, debilitaci&oacute;n del gobierno ante una situaci&oacute;n cr&iacute;tica, entre otros<sup>74</sup>.  </p>     <p>De hecho, Estados Unidos ya  dispon&iacute;a en su legislaci&oacute;n anti-narc&oacute;ticos de un amplio conjunto de medios para  apremiar y extorsionar a Colombia (y a otros pa&iacute;ses que hacen parte, seg&uacute;n  Washington, de la red mundial del fen&oacute;meno de las drogas il&iacute;citas). Por  ejemplo, con base en el <i>Immigration and  Nationality Act </i>de 1952 y el <i>State  Department Basic Authorities Act</i> de 1956, el Departamento de Estado pod&iacute;a  denegar o retirar visas de entrada a Estados Unidos en raz&oacute;n de infracciones o  delitos ligados al asunto de los narc&oacute;ticos. Adem&aacute;s, el <i>Trade Act</i> de 1974 establec&iacute;a no otorgar beneficios comerciales si  un pa&iacute;s no cooperaba con Washington para evitar el ingreso de drogas a  territorio estadounidense. A su vez, en el marco del <i>Caribbean Basin Economic Recovery Act </i>de 1981--la llamada  Iniciativa de la Cuenca  del Caribe--el presidente pod&iacute;a negar ventajas comerciales a aquellos pa&iacute;ses  beneficiados por la ley que no cooperasen con Estados Unidos en materia de  lucha anti-drogas. Asimismo, el <i>Aviation  Drug Trafficking Control Act</i> de 1984 le otorgaba al Departamento de  Transporte el poder de suspender o revocar certificados de ingreso a Estados  Unidos a compa&ntilde;&iacute;as a&eacute;reas<sup>75, 76</sup>.</p>     <p> En ese contexto, entonces, el  proceso anual de certificaci&oacute;n se insertaba en un marco fuertemente sancionador  respecto a las naciones afectadas por el negocio ilegal de los narc&oacute;ticos<a href="#(32)">(32)</a>. Cuando  ese instrumento de evaluaci&oacute;n de los pa&iacute;ses se instaur&oacute; en 1986, el  prohibicionismo estadounidense en materia de drogas il&iacute;citas alcanzaba una de  sus manifestaciones m&aacute;s vehementes en cuatro d&eacute;cadas. La histeria p&uacute;blica, el  ofuscamiento del ejecutivo y la frustraci&oacute;n del legislativo se combinaron para  justificar la instauraci&oacute;n de un recurso discrecional y unilateral como el de  la certificaci&oacute;n. &eacute;ste se produc&iacute;a en un a&ntilde;o cr&iacute;tico en t&eacute;rminos del  endurecimiento de la pol&iacute;tica internacional anti-drogas de Washington. </p>     <p>En efecto, en abril de 1986 el Presidente Ronald Reagan firm&oacute; la Directiva Presidencial  n&uacute;mero 221, declarando que las drogas constitu&iacute;an una amenaza letal a la  seguridad estadounidense y ampliando el papel de los militares en la lucha  anti-narc&oacute;ticos. Meses despu&eacute;s, en julio, el gobierno de Estados Unidos envi&oacute;  una unidad de combate del ej&eacute;rcito con seis helic&oacute;pteros <i>Black Hawks</i> a Bolivia para llevar a cabo la Operaci&oacute;n <i>Blast Furnace</i> dirigida a localizar y destruir laboratorios y centros de  producci&oacute;n de coca&iacute;na. Al poco tiempo, en septiembre, el secretario de Defensa,  Richard Cheney, declar&oacute; que la lucha contra las drogas constitu&iacute;a una misi&oacute;n de  seguridad prioritaria para el Pent&aacute;gono. M&aacute;s adelante, en octubre el Congreso  aprob&oacute; una legislaci&oacute;n draconiana: la <i>International Narcotics Control Act</i> de 1986. Y finalmente, en noviembre de ese a&ntilde;o la <i>National Defense Authorization Act</i> ampli&oacute; la participaci&oacute;n de los militares en  tareas anti-narc&oacute;ticos. </p>       <p>   En s&iacute;ntesis, la certificaci&oacute;n representaba la incorporaci&oacute;n de un nuevo  &quot;garrote&quot; al abundante arsenal represivo de Estados Unidos en el frente externo  anti-narc&oacute;ticos. Washington se auto-adjudic&oacute; el derecho no s&oacute;lo de evaluar  qui&eacute;nes enfrentaban el asunto de las drogas, sino tambi&eacute;n c&oacute;mo lo realizaban y  c&oacute;mo lo deb&iacute;an hacer. La racionalidad subyacente de la pol&iacute;tica de Estados  Unidos era sencilla: el origen del problema de las drogas se ubicaba en los  polos de producci&oacute;n<a href="#(33)">(33)</a>. Ello,  a su vez, coincid&iacute;a con el hecho de que por m&aacute;s de dos d&eacute;cadas la distribuci&oacute;n  del presupuesto federal anti-drogas se hab&iacute;a orientado preferentemente (m&aacute;s del  65%) a combatir la oferta de narc&oacute;ticos y en menor cuant&iacute;a (menos del 35%) a  enfrentar la demanda. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   As&iacute; entonces, el condicionamiento se hizo realidad en el tema de los  narc&oacute;ticos. Nadie, dentro y fuera de Estados Unidos, se opuso seriamente a esta  pol&iacute;tica arbitraria. En gran medida, ello pudo deberse al escaso debate p&uacute;blico  sobre la legislaci&oacute;n respectiva y a la escasa visibilidad de este instrumento  en sus primeros a&ntilde;os de vida. En realidad, durante el segundo lustro de los  ochenta, la l&oacute;gica de la   Guerra Fr&iacute;a continuaba predominando por sobre la racionalidad  de la &quot;guerra contra las drogas&quot;. Apenas 16 pa&iacute;ses eran evaluados anualmente en  materia de su cooperaci&oacute;n con Estados Unidos. Los aliados de Washington, entre  ellos Colombia, siempre eran certificados plenamente. Los enemigos de Estados  Unidos, por ejemplo Ir&aacute;n, eran invariablemente de-certificados a pesar de que  el gobierno de Teher&aacute;n aplicaba cada a&ntilde;o la pena de muerte a cientos de  traficantes. Un pa&iacute;s geopol&iacute;ticamente gravitante en Medio Oriente, como el  L&iacute;bano, era perpetuamente certificado con una dispensa excepcional por motivos  de inter&eacute;s vital estadounidense, aunque ese pa&iacute;s fuese un epicentro clave del  negocio de la hero&iacute;na y del hach&iacute;s<a href="#(34)">(34)</a>. </p>     <p>A partir de los noventa la certificaci&oacute;n se convirti&oacute; en un instrumento  sancionador m&aacute;s pol&iacute;tico y de uso masivo. Terminada la Guerra Fr&iacute;a, la  &quot;guerra contra las drogas&quot; en Am&eacute;rica fue sustituyendo, gradualmente, a la  &quot;guerra contra el comunismo&quot;. A su vez, hasta 1994, Washington evaluaba la  labor anti-drogas con base en criterios relativamente emp&iacute;ricos y mensurables.  Se certificaba o de-certificaba la cooperaci&oacute;n de acuerdo con el n&uacute;mero de  hect&aacute;reas erradicadas, la cantidad de laboratorios destruidos, el total de  personas encarceladas, las tasas de drogas interdictas, entre otros. Desde  1995, se incluy&oacute; el criterio de nivel de narco-corrupci&oacute;n para analizar el  compromiso de un pa&iacute;s contra las drogas<a href="#(35)">(35)</a>. Esto  significaba la inclusi&oacute;n de pautas m&aacute;s subjetivas y caprichosas de evaluaci&oacute;n a  las ya existentes. Concomitantemente, el n&uacute;mero de naciones sometidas a la  evaluaci&oacute;n anual de Estados Unidos lleg&oacute; a 31 en 1996. </p>     <p>Ahora bien, de acuerdo al proceso certificatorio, las consecuencias de  un juicio desfavorable de Estados Unidos eran fuertemente perjudiciales.  Diferentes enmiendas incorporadas durante los noventa al <i>Foreign Assistance Act</i> de 1961 y, durante los ochenta, a la <i>Narcotics Control TradeAct</i> de 1974  precisaban los alcances del proceso de de-certificaci&oacute;n de un pa&iacute;s que no  colaboraba con Washington. </p>       <p>   De modo obligatorio, el ejecutivo deb&iacute;a suspender la asistencia externa  a un pa&iacute;s de-certificado, con excepci&oacute;n de la ayuda relacionada a razones  humanitarias y/o a la lucha anti-narc&oacute;ticos. A su vez, los inversionistas  estadounidenses perd&iacute;an el otorgamiento de garant&iacute;as de la <i>Overseas PrivateInvestment Corporation</i> (OPIC) en cuanto al pa&iacute;s afectado por la  de-certificaci&oacute;n. Paralelamente, el <i>Export-Import Bank</i> (EXIMBANK<i>)</i> de Estados Unidos dejaba de financiar operaciones de exportaci&oacute;n  al pa&iacute;s sancionado. Asimismo, la naci&oacute;n castigada se ve&iacute;a privada de algunos  mecanismos estadounidenses de financiaci&oacute;n en el terreno militar.  Adicionalmente, los delegados estadounidenses ante la banca de cr&eacute;dito  multilateral (Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, etc.) deb&iacute;an  votar negativamente la solicitud de cr&eacute;dito de un pa&iacute;s de-certificado<a href="#(36)">(36)</a>. Finalmente, seg&uacute;n el <i>Crime Control Act</i> de 1990, una naci&oacute;n de-certificada no pod&iacute;a recibir los bienes o dineros  obtenidos a trav&eacute;s de confiscaciones realizadas en Estados Unidos con base en  informaci&oacute;n prove&iacute;da desde el exterior. </p>       <p>   En t&eacute;rminos discrecionales, el ejecutivo pod&iacute;a retirarle a una naci&oacute;n  de-certificada los beneficios derivados del Sistema Generalizado de  Preferencias y, en el caso de Colombia, Per&uacute;, Bolivia y Ecuador, las  preferencias comerciales brindadas por el <i>Andean  TradePreference Act</i> de 1991. En  forma concomitante, la administraci&oacute;n pod&iacute;a incrementar el arancel de ciertos  productos de un pa&iacute;s sancionado con un nivel de 50 % del valor de determinadas  exportaciones. A su vez, una naci&oacute;n de-certificada pod&iacute;a verse afectada por el  retiro de su cuota de venta de az&uacute;car a Estados Unidos. Adem&aacute;s, el ejecutivo  pod&iacute;a suspender el transporte a&eacute;reo del pa&iacute;s de-certificado hacia Estados  Unidos. Por &uacute;ltimo, Washington pod&iacute;a retirar su personal y sus recursos de los  acuerdos para pre-autorizaci&oacute;n aduanera de visitantes de la naci&oacute;n  de-certificada. </p>       <p>   En breve, resultaba evidente que la certificaci&oacute;n era un instrumento de  condicionamiento muy poderoso pues los costos para el pa&iacute;s de-certificado  pod&iacute;an ser, material y simb&oacute;licamente, significativos; m&aacute;s a&uacute;n si se encontraba  en el &aacute;rea de influencia de Estados Unidos y carec&iacute;a de fuentes alternativas  para compensar las eventuales perdidas derivadas de la de-certificaci&oacute;n. </p>     <p>En el caso de Colombia, aliado habitual de Washington en la &quot;guerra  contra las drogas&quot;, la certificaci&oacute;n plena hasta 1994 era rutinaria y  contribu&iacute;a, en parte, a legitimar a los gobiernos de turno (Virgilo Barco,  1986-1990 y C&eacute;sar Gaviria, 1990-1994)<sup>77</sup><a href="#(37)">(37)</a> que  confrontaban diversos desaf&iacute;os provenientes de distintos actores armados<a href="#(38)">(38)</a>. Sin  embargo, ello iba a cambiar durante la presidencia de Ernesto Samper  (1994-1998)<sup>78</sup><a href="#(39)">(39)</a>. </p>     <p>De acuerdo a la filtraci&oacute;n de grabaciones-de la que particip&oacute;, entre  otros, la Embajada  de Estados Unidos en Bogot&aacute;-el presidente electo hab&iacute;a solicitado y recibido  US$ 6 millones de d&oacute;lares del denominado cartel de Cal&iacute;. Lo que comenz&oacute; en  Washington con gestos de desaprobaci&oacute;n se fue transformando en cr&iacute;ticas  ocasionales y despu&eacute;s en ataques persistentes al ejecutivo en Colombia<sup>79</sup><a href="#(40)">(40)</a>. </p>     <p>La expresi&oacute;n que sintetiz&oacute; el malestar creciente en las relaciones  bilaterales fue la del saliente responsable de la <i>Drug Enforcement Agency</i> (DEA) en Bogot&aacute;, Joe Toft, qui&eacute;n antes de dejar Colombia,  asegur&oacute; en un noticiero que el pa&iacute;s se hab&iacute;a convertido en una  &quot;narco-democracia&quot;<sup>80</sup>. De  all&iacute; en m&aacute;s ese r&oacute;tulo pas&oacute; a dominar, en p&uacute;blico y en privado, la forma en que  se identificaba a Colombia en Estados Unidos: &quot;el gobierno de William Clinton  comenz&oacute; a visualizar la posibilidad de una democracia delictiva&quot; en el pa&iacute;s<sup>81</sup>. En  efecto, &quot;de manera creciente, diversos actores en Washington empezaron a  referirse a Colombia como una narco-democracia, un narco-Estado y un paria, en  vez del calificativo de aliado firme que tradicionalmente hab&iacute;a caracterizado  las relaciones entre los dos pa&iacute;ses&quot;<sup>82</sup>. </p>     <p>As&iacute;, John Sweeney de la conservadora <i>Heritage  Foundation</i> llam&oacute; a Colombia la &quot;primera narco-democracia del mundo&quot;, al  tiempo que William J. Bennett, ex Zar Anti-Drogas de la administraci&oacute;n del  Presidente George Bush, y Jesse Helms, senador republicano que presid&iacute;a el  Comit&eacute; de Relaciones Exteriores del Senado, denominaron a Colombia la  &quot;narco-democracia favorita de Estados Unidos&quot;<sup>83, 84</sup>. De  acuerdo al representante republicano Benjamin Gilman, en el marco de un debate  en el Comit&eacute; de Relaciones Internacionales del Congreso y en referencia a  Colombia: &quot;La aterradora posibilidad de un narco-Estado a solo tres horas por  avi&oacute;n de Miami ya no se puede descartar&quot;<sup>85</sup>. Seg&uacute;n  la periodista Diana Schemo del <i>New York  Times</i>, mientras el Presidente Ernesto Samper siguiera en su cargo Colombia  estar&iacute;a &quot;en la lista de pa&iacute;ses paria para Estados Unidos&quot;<sup>86</sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ello facilit&oacute; a que cruzados anti-drogas como el subsecretario de Estado  para Asuntos Internacionales de Narc&oacute;ticos, Robert Gelbard; el director de la DEA, Thomas Constantine; y el  proconsular Embajador de Estados Unidos en Bogot&aacute;, Myles R. R. Frechette, en el  ejecutivo y el senador Jesse Helms, en el legislativo, dominaran la agenda  bilateral y colocaran a la administraci&oacute;n Samper a la defensiva. De all&iacute; en m&aacute;s  la imagen del presidente ser&iacute;a la de una suerte de &quot;desertor&quot; en la &quot;guerra  contra las drogas&quot;. En este caso, se asum&iacute;a, t&aacute;citamente, que la eventual  deserci&oacute;n colombiana en la lucha anti-narc&oacute;ticos ser&iacute;a por razones de voluntad  del mandatario y no por motivos de lo inapropiado de la estrategia aplicada, de  la ineficacia de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y/o de la incapacidad del Estado. En  consecuencia, la presi&oacute;n y el chantaje al ejecutivo redundar&iacute;an en el mejor  cumplimiento de las medidas represivas contra las drogas.</p>     <p>En ese contexto, en 1995 Washington de-certific&oacute; a Siria, Ir&aacute;n, Myanmar,  Nigeria y Afganist&aacute;n y le otorg&oacute; a Colombia una dispensa por raz&oacute;n de seguridad  nacional. Era evidente que Estados Unidos no confiaba en el Presidente Samper  ni esperaba mucho de una estructura institucional altamente penetrada por el  narcotr&aacute;fico, seg&uacute;n el ejecutivo y el legislativo estadounidense. A pesar de la  captura de la c&uacute;pula de Cali<sup>87</sup><a href="#(41)">(41)</a> y de  los esfuerzos represivos contra las drogas, Washington nunca crey&oacute; en el gobierno  de Samper. El dilema de Estados Unidos era c&oacute;mo manejar una elevaci&oacute;n de las  tensiones para empujar, eventualmente, el retiro del mandatario, sin aparecer  interviniendo ostensiblemente en los asuntos internos. Pero a pesar de los  innumerables gestos de hostilidad contra el gobierno, Estados Unidos opt&oacute; por  aplicar acciones simb&oacute;licas contra el ejecutivo sin sanciones dr&aacute;sticas contra  los intereses materiales del pa&iacute;s. La se&ntilde;al, en el simplista y simplificado  esquema estadounidense de &quot;buenos&quot; y &quot;malos&quot;, fue clara: los &quot;enemigos&quot; estaban  enquistados en el Estado, pero en la sociedad a&uacute;n quedaban &quot;amigos&quot; que no  deseaban que en el pa&iacute;s se instaurase una narco-democracia. </p>     <p>As&iacute;, la de-certificaci&oacute;n de Colombia en marzo de 1996 y la p&eacute;rdida de la  visa estadounidense del Presidente Ernesto Samper en julio de ese a&ntilde;o  significaron un salto cualitativo en la diplomacia coercitiva de Estados Unidos<sup>88</sup>:  Washington pretender&iacute;a desde ese momento el aislamiento internacional del  ejecutivo colombiano. En consecuencia, Estados Unidos inici&oacute; en el segundo  semestre de 1996 una creciente presi&oacute;n sobre Bogot&aacute; para impulsar la  reinstauraci&oacute;n de la extradici&oacute;n (que estaba prohibida por la Constituci&oacute;n de  1991), una mayor erradicaci&oacute;n qu&iacute;mica de cultivos il&iacute;citos y una legislaci&oacute;n  anti-drogas m&aacute;s represiva (por ejemplo, en materia de enriquecimiento il&iacute;cito y  lavado de activos). </p>     <p>Washington no se concentraba tanto en un ejecutivo de-certificado, sino  en otros actores pol&iacute;ticos, sociales y econ&oacute;micos. En los pronunciamientos del  Departamento de Estado, en las audiencias sobre Colombia realizadas en el  Congreso estadounidense, en los foros sobre el pa&iacute;s efectuados en Washington y  en los seminarios nacionales en los que participaba el Embajador Frechette, se  repet&iacute;a una y otra vez que Estados Unidos esperaba que las fuerzas internas  impulsaran el debate espec&iacute;fico sobre los asuntos mencionados. A ellos les  correspond&iacute;a presionar al ejecutivo y al legislativo. </p>     <p>El reclamo estaba concretamente dirigido a los poderes f&aacute;cticos de la sociedad:  al establecimiento pol&iacute;tico, a la dirigencia empresarial y al estamento  militar. O ellos se expresaban, orientaban la opini&oacute;n p&uacute;blica y se compromet&iacute;an  realmente con la aprobaci&oacute;n del paquete legislativo y el retorno de la  extradici&oacute;n o Colombia ser&iacute;a nuevamente de-certificada en 1997 y las sanciones  podr&iacute;an ser m&aacute;s concretas. Pero en ese marco no hab&iacute;a ning&uacute;n actor dom&eacute;stico  que pudiera aglutinar y expresar los intereses nacionales: &quot;los gremios  defend&iacute;an sus propios beneficios privados, Samper su permanencia en el  gobierno, los militares su guerra y en esa fragmentaci&oacute;n se afirm&oacute; la capacidad  de chantaje de Washington&quot;<sup>89</sup>.</p>     <p>La pol&iacute;tica de fuerza de Estados Unidos hacia Colombia en el segundo  bienio de Samper pareci&oacute; obedecer a dos l&oacute;gicas distintas pero concurrentes. En  primer lugar, Washington detect&oacute; una notoria inoperancia de las inconsistentes  t&aacute;cticas del empresariado para impulsar la salida del Presidente Ernesto  Samper, as&iacute; como una prolongada &quot;rutinizaci&oacute;n&quot; de la crisis pol&iacute;tica que favorec&iacute;a  la continuidad de su mandato<a href="#(42)">(42)</a>.  Washington sab&iacute;a que un presidente no deja el gobierno por razones de dignidad  sino por motivos de poder. Cuando ello no ocurr&iacute;a nacionalmente, Estados Unidos  se abrogaba esa tarea. En realidad, el caso colombiano demostraba menos &quot;el  ejercicio de una conducta burocr&aacute;tica obnubilada...(que) un modelo de  vinculaci&oacute;n con los 'pa&iacute;ses-problema'&quot;<sup>90</sup> en el  que se pod&iacute;a (y se deb&iacute;a, seg&uacute;n Washington) perforar la soberan&iacute;a de la  contra-parte y amenazar (o castigar) al pa&iacute;s en cuesti&oacute;n sin llegar a una  intervenci&oacute;n directa y dispendiosa<sup>91</sup><a href="#(43)">(43)</a>. </p>     <p>En 1997 <sup>92</sup><a href="#(44)">(44)</a>,  Colombia fue nuevamente de-certificada y en 1998 recibi&oacute; una nueva dispensa por  motivos de seguridad nacional<a href="#(45)">(45)</a>. El  pa&iacute;s continu&oacute; siendo un blanco f&aacute;cil en la lucha contra el crimen organizado  transnacional ligado a los narc&oacute;ticos. M&eacute;xico, por ejemplo, ya era para la  &eacute;poca epicentro de conglomerados mafiosos<sup>93</sup><a href="#(46)">(46)</a>. Sin  embargo, Estados Unidos ten&iacute;a all&iacute; evidentes intereses estrat&eacute;gicos en juego y  no se arriesgaba a presionar al gobierno mexicano excesivamente<sup>94</sup><a href="#(47)">(47)</a>. El  relativo poco valor de Colombia para Washington en aquel momento, sumado a la  enorme vulnerabilidad diplom&aacute;tica de Bogot&aacute;, hac&iacute;an que para Estados Unidos  fuese poco costoso y muy rentable seguir condicionando a Colombia en el frente  de las drogas a trav&eacute;s del proceso certificatorio. </p>     <p>Con una mezcla de necesidad y convencimiento, y en el marco de una  estrategia estadounidense de nuevas exigencias y m&aacute;s chantajes, Samper logr&oacute;,  durante el segundo bienio de su mandato, la reincorporaci&oacute;n de la figura de la  extradici&oacute;n de nacionales en la   Constituci&oacute;n del pa&iacute;s e intensific&oacute; la fumigaci&oacute;n de plant&iacute;os  de coca con el herbicida glifosato. Algunos datos, al respecto, son elocuentes. </p>     <p>En 1994 la estimaci&oacute;n (por parte de Estados Unidos) de las plantaciones  de coca era de 45.000   hect&aacute;reas. Ese a&ntilde;o el total de hect&aacute;reas de coca  fumigadas fue de 3.900. El tama&ntilde;o de los plant&iacute;os fue creciendo en el  cuatrienio mientras la erradicaci&oacute;n qu&iacute;mica y forzada de hect&aacute;reas aument&oacute;  notablemente. Para el per&iacute;odo 1995-1998, el total de hect&aacute;reas de coca  fumigadas alcanz&oacute; a 150.300. Sin embargo, en 1999 Washington estimaba que el  &aacute;rea cultivada de coca llegaba a 122.500<a href="#(48)">(48)</a>. </p>     <p>En 1995, la producci&oacute;n total de coca&iacute;na en Colombia fue de 230 toneladas  m&eacute;tricas, en 1998 subi&oacute; a 435 toneladas m&eacute;tricas y en 1999 lleg&oacute; a 520  toneladas m&eacute;tricas<sup>95</sup>.  Mientras tanto, &quot;cerca de 13 millones de consumidores de drogas en Estados  Unidos gastaron aproximadamente US$ 67 billones de d&oacute;lares en drogas il&iacute;citas  en 1999; lo cual hizo que el mercado estadounidense fuese el m&aacute;s lucrativo del  mundo para los traficantes colombianos&quot;<sup>96</sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En s&iacute;ntesis, al final del gobierno de Ernesto Samper y a pesar de todas  las concesiones hechas a Estados Unidos y de la creciente &quot;mano dura&quot; aplicada  contra el narcotr&aacute;fico y los barones de las drogas<sup>97</sup><a href="#(49)">(49)</a>,  Washington no se pod&iacute;a sentir muy satisfecho por lo que obtuvo-en materia de  lucha anti-narc&oacute;ticos-con su pol&iacute;tica de condicionamiento. </p>     <p>Tampoco se produjeron resultados m&aacute;s satisfactorios en cuanto al  conflicto armado colombiano<sup>98</sup><a href="#(50)">(50)</a>. En 1999<sup>99</sup><a href="#(51)">(51)</a>,  los datos eran expresivos<a href="#(52)">(52)</a>. Durante la d&eacute;cada de los noventa, la violencia  pol&iacute;tica hab&iacute;a producido casi 10 muertos por d&iacute;a. Aproximadamente el 10% de los  municipios del pa&iacute;s se encontraba parcial o totalmente destruido por la guerrilla.  S&oacute;lo en 1998 se cometieron 194 masacres (asesinato colectivo de cuatro o m&aacute;s  personas indefensas) con 1.231 muertos; la mayor&iacute;a de esas masacres fue  cometida por grupos paramilitares, que buscaban contener primero y revertir m&aacute;s  tarde el control territorial de las guerrillas dispersas en el pa&iacute;s. En 1999,  entre el 7% y el 10% de los individuos reclutados por la guerrilla era menor de  edad; 15% al 50% de los paramilitares que operan en la regi&oacute;n del Magdalena  Medio lo eran; y casi 4.700 soldados del ej&eacute;rcito tambi&eacute;n lo eran. Entre 1995 y  1999, se hab&iacute;an producido 9.407 secuestros a manos de los actores armados, de  la criminalidad com&uacute;n y hasta de los cuerpos de seguridad del Estado. En los  noventa, la cifra de homicidios sobrepas&oacute; los 250.000 y el n&uacute;mero de  desplazados internos fue superior a 1.000.000; en el segundo lustro de la  d&eacute;cada se hab&iacute;a producido un &eacute;xodo al exterior de casi 300.000 colombianos. </p>       <p>   Y lo que tambi&eacute;n resultaba dram&aacute;tico era el  hecho de que la estrategia de Washington hacia Bogot&aacute; hab&iacute;a logrado socavar a&uacute;n  m&aacute;s la autoridad y la credibilidad de las instituciones en el pa&iacute;s. Una  consecuencia no prevista, pero tampoco sorprendente, de la diplomacia  coercitiva fue potenciar la sensaci&oacute;n, en Estados Unidos y otras naciones, de  que Colombia iba en camino a constituirse en un &quot;Estado fallido&quot;. Los  componentes de ilegitimidad, incapacidad e impotencia, tan t&iacute;picos de los  enfoques sobre el desfallecimiento estatal, parec&iacute;an presentes al final del  gobierno del Presidente Ernesto Samper. </p>       <p>   As&iacute;, seg&uacute;n Arlene Tickner, &quot;la tendencia a  identificar a la administraci&oacute;n Samper como un paria...tuvo graves  repercusiones dom&eacute;sticas e internacionales en t&eacute;rminos de la legitimidad y  confiabilidad del gobierno colombiano&quot;<sup>100</sup>.  De acuerdo a Socorro Ram&iacute;rez, lo ocurrido internamente en el cuatrienio Samper  y con la agresiva diplomacia estadounidense, &quot;debilit&oacute; profundamente al Estado  colombiano, proyect&oacute; la crisis nacional m&aacute;s all&aacute; de las fronteras, afect&oacute;  gravemente las instituciones, agudiz&oacute; el conflicto armado y favoreci&oacute; su  internacionalizaci&oacute;n. En efecto, el aislamiento interno e internacional al que  fue sometido el gobierno de Samper contribuy&oacute; al desbordamiento de las  m&uacute;ltiples dimensiones de la crisis. Las instituciones pol&iacute;ticas perd&iacute;an la  escasa credibilidad que a&uacute;n dispon&iacute;an, mientras las guerrillas y los  paramilitares aprovechaban la falta de legitimidad del gobierno y el  debilitamiento del Estado para expandirse y fortalecerse aceleradamente&quot;<sup>101</sup>.  Lo anterior, a su turno, fue &quot;persuadiendo a muchos colombianos de que no  exist&iacute;a ya en el pa&iacute;s la capacidad para enfrentar y resolver los problemas  nacionales, la crisis del gobierno y del Estado y, en particular, el conflicto  armado&quot;<sup>102</sup>.</p>       <p>   Para Luis Alberto Restrepo-y al calor del  momento m&aacute;s cr&iacute;tico del cuatrienio (el per&iacute;odo marzo-julio de 1996) en los  v&iacute;nculos entre Bogot&aacute; y Washington-el deterioro de las relaciones  colombo-estadounidenses aislaba mundialmente al pa&iacute;s, amenazaba &quot;la econom&iacute;a  colombiana&quot; y, adicionalmente, debilitaba &quot;el r&eacute;gimen democr&aacute;tico&quot;<sup>103</sup>.  De acuerdo al mismo autor--y reflexionando a una d&eacute;cada de aquel cuatrienio  dram&aacute;tico-el esc&aacute;ndalo nacional e internacional en torno a Samper &quot;sacudi&oacute; la  fe de muchos colombianos en la presidencia, &uacute;ltima instituci&oacute;n estatal en la  que a&uacute;n se refugiaba la confianza ciudadana, y, sumado al desbarajuste  nacional, sumergi&oacute; a las clases altas y medias urbanas en el desaliento. En  1998, la Naci&oacute;n,  y no s&oacute;lo el Estado, se encontraba al borde de un colapso integral&quot;<sup>104</sup>. </p>     <p> Paralelamente, Gabriel Marcella y Donald Schulz  observaban que el tema de la visa del Presidente Samper y las dos  de-certificaciones del pa&iacute;s fueron contraproducente pues terminaron debilitando  a&uacute;n m&aacute;s la capacidad institucional colombiana: &quot;El resultado final fue el  envalentonamiento de los enemigos de la democracia y un colapso mayor del  Estado&quot;<sup>105</sup>.  De acuerdo a Philip McLean ambas cuestiones significaron un golpe a la  legitimidad del mandatario y a la de su gobierno: &quot;En ese punto bajo Colombia  estaba claramente fracasando como Estado&quot;<sup>106</sup>.</p>     <p>Por su parte, y en cuanto al asunto de las drogas, seg&uacute;n Russell  Crandall la expl&iacute;cita narcotizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica estadounidense hacia Bogot&aacute;  entre 1994-98 reflej&oacute; la relaci&oacute;n entre un poder dominante y un actor  subordinado, pretendi&oacute; derrocar al Presidente y finalmente s&oacute;lo logr&oacute; debilitar  a&uacute;n m&aacute;s al Estado colombiano<sup>107</sup>.  Mientras tanto, de acuerdo a Marc Peceny y Michael Durnan, si bien Washington  obtuvo en Colombia victorias t&aacute;cticas en los noventa al presionar por el  desmantelamiento de los carteles de Medell&iacute;n y Cali, una consecuencia no  intencional de las pol&iacute;ticas exigidas y logradas fue el fortalecimiento de las  Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)<sup>108</sup>.</p>     <p>En una l&iacute;nea semejante, Keith Morris, quien  fuera Embajador de Gran Breta&ntilde;a en Colombia entre 1990-94, sostuvo que lo que  ocurri&oacute; a final del gobierno Samper manifestaba algo no premeditado pero  revelador: &quot;los &eacute;xitos de Colombia y Estados Unidos en materia de operaciones  anti-narc&oacute;ticos ahondaron, de hecho, el conflicto interno colombiano al proveerles  a las guerrillas y a los paramilitares de muchos m&aacute;s  dividendos&quot;<sup>109</sup><a href="#(53)">(53)</a>. </p>     <p>Un balance de lo ocurrido entre 1994-1998  muestra dos ganadores netos: los diversos grupos armados avanzaron  significativamente en t&eacute;rminos de expansi&oacute;n territorial, influencia regional y  enriquecimiento material, al tiempo que Estados Unidos impuso un modo de  injerencia cada vez m&aacute;s extendido y aceptado. La sociedad civil desarmada y el  ambiguo Estado colombianos resultaron m&aacute;s vulnerables y debilitados. </p>     <p>En resumen, el condicionamiento establecido a  trav&eacute;s de la amenaza y del uso de la de-certificaci&oacute;n prob&oacute; ser notoriamente  inefectivo en el caso de Colombia<sup>110</sup><a href="#(54)">(54)</a>.  El proceso de certificaci&oacute;n-esa &quot;charada anual que envenena las relaciones  binacionales&quot;, en palabras de Brian Loveman<sup>111</sup>-mostr&oacute;,  en el ejemplo colombiano, la dimensi&oacute;n de su c&iacute;nica politizaci&oacute;n. La diplomacia  coercitiva practicada por Washington hacia Bogot&aacute; fue contra-producente. Sin  propon&eacute;rselo, pero de manera irresponsable, Estados Unidos empuj&oacute; a Colombia en  la direcci&oacute;n de un &quot;Estado fallido&quot;<sup>112 - 115</sup><a href="#(55)">(55)</a>.  En efecto, el abismo al que parec&iacute;a dirigirse Colombia al final del siglo XX-y  al cual fue ayudado por el gobierno de William Clinton--se fue convirtiendo en  una fuente de creciente inseguridad para todos los colombianos y en un problema  de seguridad nacional para Estados Unidos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>IV. ESTADOS UNIDOS Y EL PLAN  COLOMBIA: CONFIGURACI&Oacute;N Y RECONSTRUCCI&Oacute;N DE UN &quot;ESTADO FALLIDO&quot; </b>    <br> En 1993, el prol&iacute;fico coronel retirado  estadounidense Max G. Manwaring suger&iacute;a en cuanto al fortalecimiento de un  Estado d&eacute;bil--como era el caso de Colombia y de otros pa&iacute;ses del mundo andino--que:  &quot;toda pol&iacute;tica, todo programa y toda acci&oacute;n del gobierno afectado y de sus  aliados externos deben contribuir positiva y directamente a desarrollar,  mantener y acrecentar la capacidad y la voluntad del r&eacute;gimen para controlar su  territorio y gobernar a sus ciudadanos de una manera culturalmente aceptable.  Este es el 'paraguas de legitimidad' y la lecci&oacute;n principal para un  Estado-naci&oacute;n vulnerable&quot;<sup>116</sup><a href="#(56)">(56)</a>.  La pol&iacute;tica exterior de Estados Unidos hacia Colombia durante el cuatrienio del  Presidente Ernesto Samper dist&oacute; mucho de contribuir al robustecimiento de un  Estado notoriamente debilitado; al contrario la estrategia desplegada por  Washington hacia Bogot&aacute; exacerb&oacute; la fragilidad estatal. </p>     <p>La llegada al gobierno del Presidente Andr&eacute;s  Pastrana (1998-2002) permiti&oacute; una tenue normalizaci&oacute;n de las relaciones  bilaterales pero ello no signific&oacute; un viraje sustantivo de los v&iacute;nculos entre  Washington y Bogot&aacute;. En realidad se pas&oacute; de un modelo de diplomacia coercitiva  a un esquema de pol&iacute;tica de confinamiento: Estados Unidos comenz&oacute; un escrutinio  a&uacute;n m&aacute;s minucioso del pa&iacute;s, apoy&oacute;--sin muchas expectativas--el proceso de paz  del gobierno con las FARC, se reserv&oacute; la &uacute;ltima palabra para juzgar su  pertinencia y efectividad y principi&oacute; a ponderar planes de contingencia ante la  eventualidad de una mayor turbulencia en el pa&iacute;s<a href="#(57)">(57)</a>. </p>       <p> En esencia, desde 1998 en adelante Colombia se  convirti&oacute;, m&aacute;s expl&iacute;citamente, en un asunto cr&iacute;tico para Estados Unidos. La  administraci&oacute;n empez&oacute; a preocuparse &quot;m&aacute;s por la estabilidad de la democracia  colombiana y las implicaciones de un potencial colapso del Estado colombiano  para la seguridad regional que por el control anti-drogas <i>per se</i>, aunque las dos est&aacute;n estrechamente entrelazadas&quot;<sup>117</sup>. Sin embargo, para Stokes el n&uacute;cleo hist&oacute;rico y recurrente de la estrategia  estadounidense en Colombia era el combate anti-insurgente<sup>118</sup>. </p>     <p>En ese sentido, el potencial establecimiento de un &quot;Estado fallido&quot; en  el coraz&oacute;n de los Andes se fue constituyendo en la idea-fuerza que pareci&oacute;  guiar la pol&iacute;tica hacia Colombia de las administraciones estadounidenses desde  finales de los noventa y durante el inicio del siglo XXI. Esta idea-fuerza  sirvi&oacute; a varios fines: permiti&oacute; identificar un peligro inminente en el  continente, tanto en el seno del gobierno estadounidense como entre los actores  sociales y pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y medi&aacute;ticos interesados en Colombia; facilit&oacute;  un triple compromiso interno entre el ejecutivo y el legislativo, entre dem&oacute;cratas  y republicanos y entre civiles y militares; y precis&oacute; y orient&oacute; la estrategia  internacional de Washington respecto a otros estados en la regi&oacute;n y en el  terreno extra-hemisf&eacute;rico en cuanto a Bogot&aacute;. La s&iacute;ntesis de todo lo anterior  se pudo materializar a trav&eacute;s del llamado Plan Colombia desplegado por Estados  Unidos; una iniciativa que centraba el acento de la acci&oacute;n estatal en el  terreno de la seguridad como el eslab&oacute;n m&aacute;s fr&aacute;gil que deb&iacute;a superarse para no  caer en una situaci&oacute;n de desfallecimiento; obligaba al gobierno en Bogot&aacute; a  tener una estrategia elemental e integral para evitar su desplome y empujaba a  las fuerzas armadas a adoptar una conducta m&aacute;s ofensiva y combativa. </p>       <p>   En diferentes &aacute;mbitos, y con notable intensidad,  la crisis en Colombia empez&oacute; a ocupar un lugar inusitadamente importante<sup>119</sup>.  Por ejemplo, en 1999 y superando el cubrimiento del pa&iacute;s de a&ntilde;os anteriores, 54  peri&oacute;dicos en Estados Unidos publicaron 588 notas sobre el conflicto armado  colombiano<sup>120</sup>.  La imagen prevaleciente en la mayor&iacute;a de los art&iacute;culos era la de un pa&iacute;s  surcado por m&uacute;ltiples enfrentamientos y desaf&iacute;os, con poderosos grupos armados  de distinto signo, con una floreciente industria de los narc&oacute;ticos y con un  Estado rotundamente d&eacute;bil. En ese contexto, Colombia era percibida como un pa&iacute;s  pr&oacute;ximo al desplome completo<sup>121</sup>.  Por lo tanto, el Plan Colombia resultaba &quot;una operaci&oacute;n de rescate de un Estado  en proceso de fracaso (<i>failing state)</i>&quot;<sup>122</sup>.</p>     <p> En  esa direcci&oacute;n, en ciertos c&iacute;rculos acad&eacute;micos y de <i>think-tanks</i> en torno a Washington, creci&oacute; la atenci&oacute;n y la  preocupaci&oacute;n sobre Colombia<sup>123</sup>.  Varios ejemplos apuntaron en ese sentido. El <i>Council on Foreign Relation</i>s y el <i>Inter-American Dialogue</i> presentaron en 2000 un informe en el que  remarcaban persistentemente la naturaleza d&eacute;bil del Estado en Colombia<sup>124</sup>.  Cabe destacar, sin embargo, que el Senador dem&oacute;crata Bob Graham, quien encabez&oacute;  (junto con General Brent Scowcroft) el grupo de reflexi&oacute;n que confeccion&oacute; dicho  informe, se&ntilde;al&oacute; en marzo de ese a&ntilde;o: &quot;El colapso de Colombia resultar&iacute;a en la desestabilizaci&oacute;n  de una importante regi&oacute;n del hemisferio occidental&quot;<sup>125</sup>. Tiempo despu&eacute;s a&ntilde;adi&oacute;: &quot;Qu&eacute; horrenda consecuencia se vivir&aacute; si por raz&oacute;n de una  falta de respuesta al pedido de ayuda en un momento cr&iacute;tico, nosotros fu&eacute;ramos  el principal agente que convirtiera a esta naci&oacute;n (Colombia) con m&aacute;s de medio  siglo de democracia en un Estado fallido&quot;<sup>126</sup>.</p>     <p>Aquella misma debilidad estatal se subrayaba en  2000 en un informe del <i>Institute for the  Study of Diplomacy</i>, de Georgetown University<sup>127</sup>.  Lo propio hac&iacute;a otro informe de 2002 elaborado conjuntamente por el <i>Woodrow Wilson Center for International  Scholars</i>, el <i>United States Institute  of Peace</i> y el <i>International Crisis  Group</i><sup>128</sup>.</p>     <p> Asimismo, seg&uacute;n Stephen Johnson, de la  conservadora <i>Heritage Foundation</i>,  Colombia estaba <i>ad portas</i> de ser &quot;el  primer narco-Estado del mundo a s&oacute;lo tres horas de Estados Unidos&quot;<sup>129</sup>.  Para John P. Sweeny, de la misma fundaci&oacute;n, Colombia-que viv&iacute;a una guerra  civil--estaba &quot;peligrosamente cerca de un colapso interno&quot;<sup>130</sup>.  De acuerdo a Ted Galen Carpenter del libertario Cato <i>Institute</i> Colombia era &quot;un Estado fallido emergente&quot;<sup>131</sup>.  Para Michael Shifter y Vinaj Jawahar del liberal <i>Inter-American Dialogue</i>, la combinaci&oacute;n de problemas y desaf&iacute;os que  viv&iacute;a Colombia &quot;hac&iacute;a que hablar de un Estado fallido sonara, al menos,  plausible&quot;<sup>132</sup><a href="#(58)">(58)</a>.</p>     <p>Algunos ex funcionarios con experiencia en  Colombia utilizaban t&eacute;rminos similares. Seg&uacute;n Philip McLean, quien fuera  responsable de la Oficina  de Asuntos Andinos del Departamento de Estado y estuviera destinado a la  embajada en Bogot&aacute;, la debilidad del Estado era elocuente y se deb&iacute;a evitar su  desmoronamiento definitivo pues ello provocar&iacute;a la llegada de m&aacute;s drogas,  criminalidad e inmigrantes empobrecidos a Estados Unidos<sup>133</sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un lustro despu&eacute;s de su gesti&oacute;n en Bogot&aacute; como  Embajador de Estados Unidos, Myles Frechette sosten&iacute;a que el objetivo central  de Washington deb&iacute;a ser &quot;fortalecer la democracia, no s&oacute;lo prevenir que  Colombia se convirtiese en un Estado fallido&quot;<sup>134</sup>.  Asimismo, especialistas en temas de pol&iacute;tica internacional que poco despu&eacute;s  ser&iacute;an funcionarios importantes del Departamento de Estado, tal el caso de  Richard N. Haass (quien ser&iacute;a <i>Director of  Policy Planning</i> entre 2001-2003), sosten&iacute;a en 2000 que &quot;una Colombia  fallida tendr&iacute;a serias consecuencia en la regi&oacute;n, incluida Estados Unidos&quot;<sup>135</sup>.</p>       <p>   Para los expertos en asuntos de seguridad la  potencialidad de un derrumbe institucional o de un eventual &quot;Estado fallido&quot; en  Colombia no se descartaban. En un informe especial de 2000 de la <i>RAND Corporation</i> para el presidente entrante se  se&ntilde;alaban cuatro casos de posibles escenarios de crisis: Irak, China/Taiw&aacute;n,  Corea del Norte y Colombia. En este &uacute;ltimo ejemplo se indicaba la ausencia de  control estatal en amplios espacios geogr&aacute;ficos, su impacto negativo sobre la  estabilidad regional y su significado como un asunto de seguridad nacional para  Estados Unidos<sup>136</sup><a href="#(59)">(59)</a>.  Angel Rabasa y Peter Chalk de la misma organizaci&oacute;n consideraban que la  combinaci&oacute;n de m&uacute;ltiples fen&oacute;menos de violencia y factores como la perdida de  autoridad gubernamental, el deterioro econ&oacute;mico y la desintegraci&oacute;n social  &quot;podr&iacute;an crear las condiciones para un Estado fallido&quot; en el pa&iacute;s<sup>137</sup>.  A su vez, Kim Cragin y Bruce Hoffman, tambi&eacute;n de la <i>RAND</i>,  enfatizaban la debilidad del Estado como el problema central de Colombia<sup>138</sup>. </p>     <p>En opini&oacute;n de William J. Olson de la <i>National Defense University</i> el pa&iacute;s estaba mostrando &quot;signos de aproximarse a un  colapso social y pol&iacute;tico&quot;<sup>139</sup>.  De acuerdo a Max G. Manwaring del <i>US Army  War College</i>, &quot;Colombia se puede convertir en un Estado fallido con masivos  efectos de derrame&quot; sobre sus vecinos<sup>140</sup>.  Para Gabriel Marcella y Donald Schulz, tambi&eacute;n vinculados al <i>US Army War College</i>, Colombia estaba  &quot;empezando a desplomarse&quot; pero a&uacute;n no era un &quot;Estado fallido&quot;<sup>141, 142</sup>.  Seg&uacute;n el coronel Joseph R. N&uacute;&ntilde;ez, el pa&iacute;s exhib&iacute;a &quot;muchas de las  caracter&iacute;sticas de fracaso pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y social; no obstante, a&uacute;n no ha  desfallecido&quot;<sup>143</sup>.  Por su parte, el coronel retirado John Cope, de la <i>National Defense University</i>, remarcaba la condici&oacute;n de debilidad del Estado en  Colombia<sup>144, 145</sup><a href="#(60)">(60)</a>.</p>     <p> Asimismo,  en algunos art&iacute;culos publicados en las revistas institucionales de las fuerzas  armadas estadounidenses que contienen escritos rigurosos (distinto a las  publicaciones con propaganda castrense o para promocionar la venta de armas),  la imagen de Colombia era inquietante: por ejemplo, era &quot;un pa&iacute;s sin Estado&quot;<sup>146</sup>,  el gobierno hab&iacute;a fracasado &quot;en la provisi&oacute;n de un ambiente legal&quot;<sup>147</sup>;  y ten&iacute;a un &quot;Estado hueco&quot;<sup>148</sup>-expresiones  que, de hecho, apuntaban a la enorme fragilidad estatal y a su cercano desplome<sup>149 - 155</sup>. </p>     <p>Desde el ejecutivo tambi&eacute;n se invocaba el  s&iacute;mbolo del &quot;Estado fallido&quot; al referirse a la urgencia y persistencia del Plan  Colombia-ya sea con respecto a Colombia, como en t&eacute;rminos del &aacute;rea vecina<sup>156</sup><a href="#(61)">(61)</a>.  Por ejemplo, el General James Hill, comandante del <i>US Southern Command</i>, indicaba en 2003 que era imperativo continuar  apoyando a Colombia &quot;porque no podemos darnos el gusto de tener estados  fallidos poblados por narco-terroristas y terroristas internacionales tan  pr&oacute;ximos a nuestro sur&quot;<sup>157</sup>. </p>     <p>Seg&uacute;n el General retirado Barry McCaffrey,  director de la <i>Office of National Drug Control Policy</i> de la Casa Blanca, y  hablando sobre las implicaciones del Plan Colombia: &quot;El tr&aacute;fico de drogas  incrementa el riesgo de que un Estado adquiera el estatus de Estado fallido y  que arruine su medio ambiente. El tr&aacute;fico de drogas socava las instituciones  democr&aacute;ticas de un pa&iacute;s, distorsiona su econom&iacute;a, acrecienta la corrupci&oacute;n y  provoca un total desprecio por los derechos humanos. Est&aacute; en el inter&eacute;s de  Estados Unidos asegurar que estos efectos negativos no surjan en la vecindad de  Colombia al tiempo que se implementa el Plan Colombia&quot;<sup>158</sup>. </p>     <p>Paralelamente, otras agencias oficiales  prefer&iacute;an remarcar la naturaleza d&eacute;bil-no definitivamente fracasada-del Estado  colombiano al analizar el Plan Colombia. As&iacute;, para el administrador asistente  de la <i>Agency for  International Development</i> (USAID), Adolfo A. Franco, el prop&oacute;sito de esa  agencia era &quot;fortalecer las estructuras de un Estado d&eacute;bil como medio para  asegurar el mejoramiento de la seguridad de los ciudadanos colombianos&quot;<sup>159</sup>. </p>     <p>Por su parte, en el legislativo era recurrente  la alusi&oacute;n a la situaci&oacute;n ca&oacute;tica por la que atravesaba el pa&iacute;s y, en ese  sentido, a la proximidad del establecimiento de un &quot;Estado fallido&quot; en los  Andes. As&iacute;, el <i>Speaker </i>de la C&aacute;mara de Representantes,  el republicano J. Dennis Hastert, advert&iacute;a en 1999 que &quot;el colapso de la  democracia en Colombia y el surgimiento de un narco-Estado al sur de nuestra  frontera ser&aacute; una amenaza seria&quot; para Estados Unidos<sup>160</sup>. En 2002, el Senador dem&oacute;crata Russell  Feingold dijo: &quot;El ciclo de violencia y narcotr&aacute;fico que est&aacute; desangrando la  vida del pa&iacute;s conducir&aacute; finalmente al colapso total del Estado, a m&aacute;s  narcotr&aacute;fico y a un eventual respaldo al terrorismo en las ruinas de un Estado  fallido&quot;<sup>161</sup>. </p>     <p>La relevancia alcanzada por el caso de Colombia  era tal que las audiencias sobre el pa&iacute;s en la Subcomisi&oacute;n de Asuntos  Hemisf&eacute;ricos de la C&aacute;mara  de Representantes fueron (junto a las realizados sobre Per&uacute;) las m&aacute;s numerosas  en el per&iacute;odo 2001-05. Del total de audiencias de ese lustro 3 fueron sobre  Colombia<sup>162</sup><a href="#(62)">(62)</a>. </p>     <p>En realidad, en la C&aacute;mara de Representantes y  el Senado, entre dem&oacute;cratas y republicanos, por parte de &quot;halcones&quot; y &quot;palomas&quot;  se urg&iacute;a a aprobar e implementar el Plan Colombia reforzando la percepci&oacute;n de  que el pa&iacute;s viv&iacute;a una situaci&oacute;n limite que exig&iacute;a un apoyo decisivo de  Washington<sup>163</sup>.  De hecho, como muestra Vanessa Barclay Neumann en su tesis doctoral, la noci&oacute;n  de &quot;Estado fallido&quot; fue utilizada por aquellos que abogaban m&aacute;s amplia y  activamente a favor de dicha iniciativa<sup>164</sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Resulta interesante observar como, tiempo  despu&eacute;s, funcionarios, legisladores y comunicadores remarcaban, con mayor  naturalidad, que Colombia estaba en 1999-2004 al borde del desfallecimiento. En  buena medida, se recordaba el pasado de un pa&iacute;s <i>ad portas </i>del fracaso para lograr m&aacute;s apropiaci&oacute;n presupuestaria,  para resaltar que ya se ingresaba en una etapa de mayores logros en la doble  lucha contra el terrorismo y las drogas y para preservar el apoyo al gobierno  colombiano. </p>     <p>M&uacute;ltiples voces se expresaron en esa direcci&oacute;n.  Por ejemplo, en mayo de 2007, en un testimonio ante el Subcomit&eacute; de  Apropiaciones del Senado para Operaciones Estatales y Externas, la Secretaria de Estado,  Condoleezza Rice, afirm&oacute;: &quot;el a&ntilde;o que el Presidente Uribe lleg&oacute; al poder...Colombia  estuvo al borde del fracaso, al borde de ser un Estado fallido&quot;<sup>165</sup><a href="#(63)">(63)</a>. </p>     <p>En su testimonio ante el Comit&eacute; de Servicios  Armados del Senado en marzo de 2007 el comandante del Comando Sur, Almirante  James Stavridis, indic&oacute; que a finales de los noventa el pa&iacute;s estuvo &quot;muy cerca  de convertirse en un verdadero e ingobernable Estado narco-guerrillero&quot;<sup>166</sup>.  Anteriormente, en mayo de 2005, el <i>Speaker</i> Hastert indic&oacute; ante el Comit&eacute; de Relaciones Internacionales de la C&aacute;mara de Representantes,  que &quot;cinco o seis a&ntilde;os atr&aacute;s Colombia estaba al filo de convertirse en un  modelo de Estado fallido y an&aacute;rquico&quot;<sup>167</sup>. En al misma ocasi&oacute;n el Representante Henry Hyde, quien presid&iacute;a dicho comit&eacute;,  sostuvo: &quot;Hoy cuando afrontamos las ramificaciones de un potencial narco-Estado  fallido en Afganist&aacute;n recordamos que Colombia-cuya capital est&aacute; a tres horas de  vuelo de Miami-enfrentaba el mismo destino inaceptable a mediados de los  noventa&quot;<sup>168</sup>.</p>     <p>Dos a&ntilde;os antes, el Representante Porter  Goss-quien despu&eacute;s fuera Director de la   CIA-dijo que &quot;cuatro a&ntilde;os atr&aacute;s la situaci&oacute;n de seguridad en  Colombia era extremadamente inestable a tal punto que algunos afirmaban que  Colombia se estaba transformando en un Estado fallido&quot;<sup>169</sup>.</p>     <p>Algunos analistas y medios de comunicaci&oacute;n  tambi&eacute;n se refer&iacute;an, como parte de un pasado superado, a aquella condici&oacute;n  fallida del Estado colombiano. Michael Shifter y Peter Hakim del <i>Inter-American Dialogue</i> opinaban en 2005  que el sustancial apoyo de Estados Unidos hab&iacute;a &quot;ayudado a prevenir un  escenario de Estado fallido&quot; en Colombia<sup>170</sup>.  Seg&uacute;n Morton Kondracke, editor de <i>Roll Call</i>, el peri&oacute;dico de <i>Capitol  Hill</i>, Colombia es un pa&iacute;s que &quot;cinco a&ntilde;os atr&aacute;s estaba en proceso de tener  un Estado fallido y an&aacute;rquico&quot;<sup>171</sup>.  En 2007 dos editoriales de peri&oacute;dicos influyentes repet&iacute;an la misma idea. Por  un lado, el <i>Washington Post</i> subrayaba  que el Presidente &aacute;lvaro Uribe hab&iacute;a &quot;rescatado a su pa&iacute;s (Colombia) de  alcanzar el estatus de ser casi un Estado fallido&quot;<sup>172</sup>.  Por el otro, el <i>Miami Herald</i> acentuaba que Colombia, antes de la presidencia de Uribe, &quot;estuvo al borde de  convertirse en un Estado fallido&quot;<sup>173</sup>.</p>     <p>Cabe mencionar que recientemente han sido las  propias autoridades colombianas las que han apelado a la condici&oacute;n de &quot;Estado  fallido&quot; del pa&iacute;s con dos prop&oacute;sitos: indicar cu&aacute;nto hab&iacute;a avanzado el pa&iacute;s en su  combate contra las fuentes de inseguridad interna y por qu&eacute; todav&iacute;a el pa&iacute;s  requiere un respaldo persistente y masivo de Washington. Por ejemplo, el  Vicepresidente Francisco Santos asever&oacute; que Colombia estuvo cerca de  &quot;convertirse en Sud&aacute;n&quot;; esto es, transformarse en &quot;un Estado fallido&quot;<sup>174</sup>.  En realidad, el recurso a la exageraci&oacute;n en Bogot&aacute; para alcanzar la atenci&oacute;n y  el respaldo de Washington no son una novedad. Ya en v&iacute;speras-febrero de  2003--del ataque de Estados Unidos a Bagdad el Presidente &aacute;lvaro Uribe hab&iacute;a  afirmado que el conflicto colombiano &quot;es m&aacute;s grave que el mismo conflicto de  Irak&quot;<sup>175</sup>. </p>     <p>En cierta medida, y retomado la noci&oacute;n de John  S. Galbraith sobre las &quot;fronteras turbulentas&quot;<sup>176</sup> para explicar el fen&oacute;meno imperial, el gobierno de  Uribe, en diferentes momentos y con distintos argumentos, ha pretendido atraer  y comprometer m&aacute;s a Washington mostrando el estado convulsionado en que se  encontraba (y se encuentra) el pa&iacute;s. Independiente de los factores que  impulsaban (e impulsan) a Estados Unidos hacia Colombia, la administraci&oacute;n en  Bogot&aacute; ha legitimado, de hecho, una forma de intervenci&oacute;n por invitaci&oacute;n.</p>     <p>En ese sentido, el Plan Colombia dise&ntilde;ado por  Estados Unidos era el ep&iacute;tome de ese modo de intervenci&oacute;n<sup>177</sup>.  Esa iniciativa<a href="#(64)">(64)</a>,  desarrollada a partir de 2000, tuvo desde el inicio una doble racionalidad  consistente en incrementar una pol&iacute;tica anti-narc&oacute;ticos m&aacute;s punitiva y reforzar  una pol&iacute;tica contra-insurgente m&aacute;s frontal en Colombia. A comienzos de siglo  Washington consideraba que Bogot&aacute; viv&iacute;a dos amenazas simult&aacute;neas que, de no  responderse militarmente, podr&iacute;an conducir en el transcurso del lustro a una  situaci&oacute;n de descontrol y derrumbe. </p>     <p>Por un lado, estaba el tenaz fen&oacute;meno de las drogas -a pesar de que entre 1989 y 1999 el pa&iacute;s hab&iacute;a  recibido US$ 1.388 millones de d&oacute;lares por parte de Estados Unidos<sup>178</sup>, el  narcotr&aacute;fico no hab&iacute;a decrecido. Esta especie de &quot;Plan Colombia&quot; <i>junior </i>se orient&oacute; a fortalecer la Polic&iacute;a Anti-narc&oacute;ticos,  a asegurar la fumigaci&oacute;n de cultivos il&iacute;citos y a combatir con m&aacute;s fuerza a los  narcotraficantes: sus resultados fueron, sin embargo, muy magros. Por el otro  lado, la insurgencia se hac&iacute;a m&aacute;s fuerte. Entre 1995  y 1998 el ej&eacute;rcito colombiano sufri&oacute; severos reveses (bajas, capturados,  emboscadas, etc.), luc&iacute;a crecientemente desmoralizado y se encontraba, por lo  general, a la defensiva. </p>     <p>En ese marco, el Plan Colombia fue el componente medular de la  estrategia anti-narc&oacute;ticos y anti-insurgente de Washington hacia Bogot&aacute;<sup>179</sup><a href="#(65)">(65)</a>.  El tr&aacute;nsito del gobierno Clinton a la presidencia de George W. Bush<a href="#(66)">(66)</a>,  por una parte, y el efecto del 11 de septiembre en la administraci&oacute;n  republicana, por otra, condujeron a un viraje m&aacute;s decisivo del Plan Colombia.  Este cambio tuvo dos componentes complementarios: a) el caso colombiano se  politiz&oacute; a&uacute;n m&aacute;s al considerar que la mayor amenaza proven&iacute;a de una insurgencia  econ&oacute;mica, territorial y militarmente fuerte y menos de los <i>drug lords</i> del pasado y b) el ejemplo  colombiano se coloc&oacute; en clave de &quot;guerra contra el terrorismo&quot;<sup>180</sup><a href="#(67)">(67)</a> con lo que se entremezclaban y confund&iacute;an la guerrilla, el narcotr&aacute;fico y el  crimen organizado<sup>181, 182</sup><a href="#(68)">(68)</a>. En el camino, se  sepult&oacute; el dialogo (7/1/99-20/2/02) entre el gobierno de Andr&eacute;s Pastrana y las  Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, al tiempo que se internacionaliz&oacute;  definitivamente el conflicto colombiano mediante una masiva y consentida  intervenci&oacute;n indirecta de Estados Unidos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es importante se&ntilde;alar que en el marco de  los debates que siguieron a la aprobaci&oacute;n del Plan Colombia y d&iacute;as antes de los  atentados del 11/9, la opini&oacute;n p&uacute;blica estadounidense identificaba a la  situaci&oacute;n colombiana como una que podr&iacute;a ameritar el uso de la fuerza. As&iacute;,  ante la pregunta sobre el uso de tropas de Estados Unidos en el exterior el 56  % aprobaba (y el 38 rechazaba) su despliegue ante la eventualidad de que los  narcotraficantes se tomaran Colombia (en el caso de si China invad&iacute;a a Taiw&aacute;n  los porcentajes respectivos eran 41% y 47% y en el caso de que fuerzas &aacute;rabes  invadieran a Israel los datos correspondientes eran 45% y 43%)<sup>183</sup>.</p>     <p>Ahora bien, entre 2000 y 2006 Washington  desembols&oacute; para Bogot&aacute; unos US $ 4.701 millones de d&oacute;lares (aproximadamente el  80% en ayuda militar-policial y el resto en ayuda socio-econ&oacute;mica)<sup>184</sup>; autoriz&oacute; presencia en el pa&iacute;s de hasta 800 militares y 600  contratistas privados de seguridad; convirti&oacute; a Colombia en el primer receptor  continental en t&eacute;rminos de ayuda militar y policial; transform&oacute; al pa&iacute;s en el  quinto receptor mundial (despu&eacute;s de Irak, Afganist&aacute;n, Israel y Egipto) de  asistencia; y destin&oacute; a Bogot&aacute; la segunda embajada m&aacute;s numerosa despu&eacute;s de  Bagdad. Adicionalmente, (y aparte del Plan Colombia) el pa&iacute;s andino pas&oacute; a  ubicarse en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en el tope de los compradores de armamento de  origen estadounidense y a recibir m&aacute;s entrenamiento que todos los pa&iacute;ses del  hemisferio en su conjunto: en efecto, de los 85.820 efectivos entrenados por  Estados Unidos entre 2001-2005 44.918 fueron colombianos<sup>185</sup>.</p>     <p>La pol&iacute;tica de  Washington apuntaba (y a&uacute;n apunta) a que la &quot;guerra contra las drogas&quot;,  estrategia de origen estadounidense, la librasen primordial y frontalmente los  propios colombianos y que la &quot;guerra contra el terrorismo&quot; descansase tambi&eacute;n  sobre los colombianos, acompa&ntilde;ados por una retaguardia estadounidense que  intenta respaldar al Estado colombiano y evitar m&aacute;s soldados propios muertos en  un nuevo teatro de combate. </p>     <p>As&iacute; entonces, si se eval&uacute;a el Plan Colombia en  su dimensi&oacute;n de lucha anti-narc&oacute;ticos el fracaso ha sido estrepitoso<sup>186</sup>. A pesar de que Bogot&aacute; erradic&oacute; qu&iacute;micamente y de manera  forzada unas 690.875   hect&aacute;reas de plantaciones de coca entre 2000-2005, en  2006 hab&iacute;a en el pa&iacute;s 157.200 de hect&aacute;reas con cultivos de coca<a href="#(69)">(69)</a>. Si bien en su primer mandato (2002-2006)<a href="#(70)">(70)</a> el gobierno de &aacute;lvaro Uribe aprob&oacute; la extradici&oacute;n al  extranjero (en su inmensa mayor&iacute;a a Estados Unidos) de 417 personas, el crimen  organizado vinculado a las drogas todav&iacute;a florece y se expande en Colombia. Ya  no hay grandes carteles; el negocio se ha &quot;democratizado&quot; a trav&eacute;s de la  proliferaci&oacute;n de peque&ntilde;os &quot;cartelitos&quot;<sup>187</sup>. M&aacute;s a&uacute;n, en la actualidad se consiguen en Estados Unidos  y los principales mercados consumidores m&aacute;s diversidad de drogas (naturales y  sint&eacute;ticas), a menor precio y con mayor pureza que a finales de los ochenta. </p>     <p>El balance del Plan Colombia en su  componente contra-insurgente arroja datos mixtos. El fortalecimiento militar  del Estado colombiano en el &uacute;ltimo lustro ha sido notorio, al tiempo que la  capacidad ofensiva, el despliegue geogr&aacute;fico y la credibilidad p&uacute;blica de las  fuerzas armadas han crecido. El promedio de secuestros que era cercano a 3.000  en el gobierno de Pastrana descendi&oacute; a unos 1.000 en promedio durante el primer  mandato de Uribe. Sin embargo, es bueno recordar que en la &uacute;ltima d&eacute;cada se  produjeron en el pa&iacute;s unos 24.000 secuestros<sup>188</sup>. </p>     <p>Entre 2000-2006, el Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional  (ELN) se debilit&oacute; seria e inexorablemente, mientras las FARC recibieron duros  golpes y se fueron replegando espacialmente--disminuyendo su potencial de  combate, su capacidad ofensiva y su pr&aacute;ctica de secuestros. Sin embargo, desde  mediados de 2006 en adelante, las FARC parecen elevar sus acciones b&eacute;licas.</p>     <p>En materia de derechos humanos, la  situaci&oacute;n colombiana contin&uacute;a siendo pat&eacute;tica<sup>189</sup><a href="#(71)">(71)</a>: mientras el n&uacute;mero de desplazados internos es cercano a  las 3.000.000 de personas, el n&uacute;mero de asesinados o desaparecidos por fuera de  combate fue de 11.292 en el primer cuatrienio de la administraci&oacute;n Uribe<a href="#(72)">(72)</a>. A su vez, el Estado colombiano no ha recuperado  efectivamente la soberan&iacute;a territorial en los sitios controlados por los grupos  armados de derecha (Autodefensas Unidas de Colombia) ni se ha revertido todav&iacute;a  la impunidad impl&iacute;cita en la legislaci&oacute;n que los beneficia a cambio de su  desmovilizaci&oacute;n<sup>190</sup><a href="#(73)">(73)</a>. </p>     <p>M&aacute;s a&uacute;n, el actual esc&aacute;ndalo de la &quot;parapol&iacute;tica&quot;-la revelaci&oacute;n de un  turbio y delictivo entramado de lazos entre los grupos armados de derecha de  hist&oacute;rica vinculaci&oacute;n con el negocio de las drogas y con sectores  latifundistas, segmentos de las clases dirigentes en el nivel local, miembros  de la elite pol&iacute;tica nacional y numerosos oficiales de las fuerzas armadas-expresa  un nuevo episodio en el ascenso y consolidaci&oacute;n de una nueva clase social  criminal. Ante el dilema de contenerla o dejarse cooptar por ella, el Estado  colombiano opt&oacute; hist&oacute;ricamente por una particular combinaci&oacute;n de represi&oacute;n  selectiva, control parcial y convivencia t&aacute;ctica<a href="#(74)">(74)</a>. En esta oportunidad la Corte Suprema  colombiana ha comenzado una labor decisiva para desentra&ntilde;ar los v&iacute;nculos entre  el paramilitarismo y la pol&iacute;tica en el pa&iacute;s. Los avances parecen auspiciosos  puesto que se han develado, con base en evidencias, los lazos entre figuras  cercanas al ejecutivo y los comportamientos delictivos del paramilitarismo. Sin  embargo, el gran interrogante es hasta d&oacute;nde se llegar&aacute; con este esc&aacute;ndalo en  el que se entrelazan vinculaciones oscuras y criminales que hacen pensar sobre  un gran poder parapol&iacute;tico en avanzado estado de consolidaci&oacute;n; esto es, la  posibilidad del establecimiento de una <i>pax  mafiosa </i>en el pa&iacute;s. He ah&iacute; el dilema: o la democracia colombiana domestica  definitivamente al paramilitarismo o el Estado quedar&aacute; plenamente corro&iacute;do por  &eacute;l. </p>       <p> En este contexto,  en el que el Plan Colombia como estrategia anti-drogas es un rotundo fracaso y  como estrategia anti-insurgente est&aacute; marcada por claroscuros, el caso de  Colombia como arquetipo positivo comienza a difundirse en Estados Unidos. En  efecto, Colombia ser&iacute;a ahora un &quot;modelo&quot; a emular (en la  regi&oacute;n y extra-hemisf&eacute;ricamente) para evitar o superar la condici&oacute;n de &quot;Estados  fallido&quot;. Una combinaci&oacute;n de &quot;mano dura&quot; pol&iacute;tico-militar sin reforma  socio-econ&oacute;mica y con tutelaje diplom&aacute;tico-estrat&eacute;gico de Estados Unidos  constituir&iacute;a la f&oacute;rmula del &eacute;xito. </p>     <p>Distintos comentarios han apuntado en esa direcci&oacute;n. Simb&oacute;licamente fue  otro funcionario de la DEA  quien dio por clausurado el oscuro pasado reciente del pa&iacute;s. En efecto, en  noviembre de 2003, el saliente responsable de esa agencia en Bogot&aacute;, Leo  Arreguin, dijo que Colombia ya &quot;no es una narco-democracia&quot;<sup>191</sup>. Al  poco tiempo comenzaron referencias alentadoras sobre el pa&iacute;s debido a ciertos  cambios en la situaci&oacute;n econ&oacute;mica: se pas&oacute; de ser un &quot;<i>failed state</i>&quot; a un &quot;<i>model  reformer</i>&quot;<sup>192</sup>. Con  base en un informe del Banco Mundial se subrayaba que Colombia se hab&iacute;a  convertido en el segundo pa&iacute;s m&aacute;s exitoso en 2003-04 en crear un clima de  inversi&oacute;n atractivo; algo que no suced&iacute;a desde 1994<sup>193</sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>M&aacute;s adelante fue la pol&iacute;tica anti-drogas de Colombia la que inspir&oacute; los  comentarios acerca de su reproducci&oacute;n en otros pa&iacute;ses. Por ejemplo, en un ensayo  publicado en 2004 por el Army War College el coronel Alan G. Bourque sigiri&oacute;  que el Plan Colombia se ajustara y exportara en Am&eacute;rica del Sur<sup>194</sup>. Por  otro lado, en una audiencia ante el Comit&eacute; de Relaciones Internacionales de la C&aacute;mara de Representantes el  11 de mayo de 2005 el Zar anti-Drogas, John P. Walters, propuso  institucionalizar el &eacute;xito colombiano a lo largo y ancho de los Andes<sup>195</sup>. En ese  a&ntilde;o tambi&eacute;n se desarrollaron contactos de cooperaci&oacute;n de Colombia con  Afganist&aacute;n en materia de lucha anti-narc&oacute;ticos<sup>196</sup>. </p>     <p>Paralelamente, en el &iacute;ndice sobre &quot;estados fallidos&quot; que elaboran la  revista <i>Foreign Policy</i> y la  organizaci&oacute;n <i>Fund forPeace</i> Colombia ocup&oacute; el lugar 14 en  2005, 27 en 2006 y 33 en 2007<sup>197</sup>,  mostrando as&iacute; su alejamiento relativo respecto a los estados ya desfallecidos o  m&aacute;s pr&oacute;ximos a serlo. As&iacute; entonces, en 2007 Colombia se torn&oacute; en un ejemplo de  franca imitaci&oacute;n. As&iacute;, Thomas A. Marks en un art&iacute;culo de <i>Military Review</i> recalc&oacute; las virtudes de lo que llama el &quot;modelo&quot;  anti-insurgente del Presidente Uribe<sup>198</sup>. </p>     <p>De acuerdo al General Peter Pace, actual Jefe del Estado Mayor Conjunto,  y quien como antiguo Comandante del <i>US  Southern Command</i> (8/9/00 al 30/9/01) defendi&oacute; con fuerza el Plan Colombia,  el &quot;modelo&quot; de Colombia debe ahora aplicarse en Afganist&aacute;n&quot;<sup>199</sup>. En esa  direcci&oacute;n el responsable de la DEA  en Kabul, Vincent Balbo, se&ntilde;alaba al <i>New  York Times</i> su esperanza de que la llegada de colaboraci&oacute;n colombiana  resultase estimulante para el gobierno afgano<sup>200</sup>. </p>     <p>Asimismo, Robert L. Charles, quien fuera Subsecretario de Estado para  Asuntos Internacionales de Narc&oacute;ticos y Aplicaci&oacute;n de la Ley (2003-2005), expres&oacute; en  una audiencia de abril de 2007 del Subcomit&eacute; del Hemisferio Occidental de la C&aacute;mara de Representantes  que la &quot;arquitectura del Plan Colombia, que funcion&oacute; bien en la regi&oacute;n andina y  en Colombia puede y debe aplicarse, r&aacute;pidamente y con objetivos precisos, a  Afganist&aacute;n para as&iacute; salvar esa democracia biso&ntilde;a&quot;<sup>201</sup>. No  resulta sorprendente, en ese marco, que William Wood, quien fuera Embajador de  Estados Unidos en Bogot&aacute; desde 2003, fuese recientemente asignado a la embajada  en Kabul. Lo que s&iacute; resulta llamativo es que el caso colombiano tambi&eacute;n pudiese  concebirse como una lecci&oacute;n para Irak<sup>202</sup><a href="#(75)">(75)</a>.</p>     <p>En realidad, existen m&aacute;s elementos de contraste y diferenciaci&oacute;n que  coincidencias y semejanzas entre Colombia, por un lado, y Afganist&aacute;n (&iquest;e  Irak?), por el otro<sup>203</sup>. La  configuraci&oacute;n del &quot;modelo colombiano&quot; para su traslado a situaciones tan  dis&iacute;miles expresa, por un parte, una construcci&oacute;n simb&oacute;lica desproporcionada y,  por otra, una demostraci&oacute;n de miop&iacute;a estrat&eacute;gica por parte de Washington. </p>     <p>Resumiendo, a una d&eacute;cada de vislumbrar en Colombia un &quot;Estado fallido&quot;  en ciernes varios actores decisivos (muchos funcionarios, varios congresistas,  algunos expertos en seguridad, ciertos comunicadores de medios influyentes) en  Estados Unidos parecen dar un giro dr&aacute;stico en su perspectiva del pa&iacute;s. De  manera tan exagerada como antes se planteaba el fallecimiento casi inminente  del Estado ahora se asegura su &eacute;xito pleno<a href="#(76)">(76)</a>. As&iacute;  como se construy&oacute; la imagen de una situaci&oacute;n casi apocal&iacute;ptica en el evento de  que se produjera el hipot&eacute;tico fracaso total del Estado-algo que sirvi&oacute; para  lograr el respaldo bipartidista, c&iacute;vico-militar y medi&aacute;tico al Plan  Colombia-hoy se edifica la percepci&oacute;n de un pa&iacute;s en orden, pujante y  profundamente democr&aacute;tico-algo que no es el reflejo de la coyuntura presente.  El triunfo de los dem&oacute;cratas en la elecciones legislativas de 2006 le introduce  un leve matiz al debate estadounidense en torno a Colombia pero, en esencia, no  cuestiona las premisas b&aacute;sicas del Plan Colombia ni promueve una rectificaci&oacute;n  sustantiva de la pol&iacute;tica de Washington hacia Bogot&aacute;. De ese modo, el mito del  &quot;Estado fallido&quot; rescatado se prolongar&aacute;. </p>     <p><b>V.  A MODO DE BREVE CONCLUSI&Oacute;N</b>    <br> Este trabajo ha intentado mostrar  c&oacute;mo, cu&aacute;ndo, por qu&eacute; y qui&eacute;nes han ido construyendo en los &uacute;ltimos cinco  lustros la noci&oacute;n de &quot;estados fallidos&quot; en la estrategia internacional de  Estados Unidos. Esta idea poco elaborada durante la Guerra Fr&iacute;a comenz&oacute; a  ser epicentro de m&aacute;s atenci&oacute;n con el fin de la contienda bipolar. Estudiosos  del tema empezaron a brindar una reflexi&oacute;n m&aacute;s atenta sobre las deficiencias y  dilemas de los estados de la periferia. Ese incipiente debate acad&eacute;mico  coincidi&oacute; con la coyuntura de la Posguerra Fr&iacute;a en la que, en especial en el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica exterior  estadounidense, surgieron crecientes inquietudes sobre la inestabilidad  generada por la debilidad de muchos estados en el mundo en desarrollo. </p>     <p>La idea de los &quot;estados fallidos&quot;-cuyo referente geogr&aacute;fico inicial se  concentr&oacute; en &aacute;frica-capt&oacute; y facilit&oacute; la interpretaci&oacute;n en torno al endeble  estatalismo perif&eacute;rico. Muy r&aacute;pidamente esta noci&oacute;n fue apropiada a nivel  oficial y se convirti&oacute; en un catalizador de pr&aacute;cticas que legitimaron el  intervensionismo humanitario de la &eacute;poca. En esencia, se concibi&oacute; la cuesti&oacute;n  del &quot;Estado fallido&quot; como un asunto interno que proven&iacute;a de una serie de  defectos dom&eacute;sticos: ineptitud, impericia, impotencia, incapacidad, indolencia;  todo lo cual apuntaba a la ingobernabilidad. La soluci&oacute;n a lo anterior surg&iacute;a,  obviamente, de lo que se hiciera desde afuera.</p>     <p> Desde mediados de los noventa la  cuesti&oacute;n de los &quot;estados fallidos&quot; interes&oacute; y preocup&oacute; cada vez m&aacute;s a la  comunidad acad&eacute;mica (tanto en universidades como en <i>think tanks</i>) y a la  burocr&aacute;tica (tanto civil como militar). El fin de la ilusi&oacute;n de una Posguerra  Fr&iacute;a mundialmente pac&iacute;fica y mayoritariamente pr&oacute;spera coincidi&oacute; con nuevas y  peores crisis en los estados m&aacute;s d&eacute;biles de la periferia. La &uacute;ltima parte de la  d&eacute;cada mostr&oacute; como se iba configurando progresivamente en Estados Unidos una  comunidad epist&eacute;mica <i>sui generis</i> en torno al fen&oacute;meno de los &quot;estados  fallidos&quot;. Se deb&iacute;a &quot;hacer algo&quot; para que no se produjera una proliferaci&oacute;n de  fracasos estatales inmanejables que afectaran a la seguridad internacional. Los  atentados del 11/9 le dieron a dicha comunidad un motivo claro para entender  m&aacute;s y responder mejor dicho fen&oacute;meno. Los <i>policymakers</i> ubicaron ese  asunto en el marco de la &quot;guerra contra el terrorismo&quot;; los especialistas y  observadores no cuestionaron seriamente eso. Bajo esa l&oacute;gica se emprendieron y  desplegaron pol&iacute;ticas de &quot;mano dura&quot; para hacer frente al fracaso inminente o  potencial de algunos estados de la periferia. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El caso de Colombia, en particular,  constituy&oacute; un ejemplo elocuente de lo se&ntilde;alado. En el segundo lustro de los  noventa emergi&oacute; la sensaci&oacute;n en Washington de que el pa&iacute;s estaba al borde de su  desmoronamiento completo. Parad&oacute;jicamente, el recurso a la de-certificaci&oacute;n del  pa&iacute;s no implic&oacute; forz&oacute; un ataque definitivo contra el narcotr&aacute;fico, sino que  contribuy&oacute; al debilitamiento del Estado colombiano<sup>204</sup><a href="#(77)">(77)</a>. Al  recurrir a una diplomacia coercitiva contra Bogot&aacute; el resultado obtenido fue  dram&aacute;tico para la naci&oacute;n andina: en medio de una prolongada crisis interna ganaron  m&aacute;s poder los distintos actores armados, Estados Unidos consolid&oacute; su injerencia  en el pa&iacute;s y el Estado se agriet&oacute; a&uacute;n m&aacute;s.</p>     <p> La situaci&oacute;n generada-a la que  aport&oacute; Estados Unidos-condujo a que se empezara a hablar en c&iacute;rculos pol&iacute;ticos,  militares y oficiales en Washington acerca de Colombia como un &quot;Estado fallido&quot;  en ciernes. En este caso espec&iacute;fico tambi&eacute;n se fue gestando una comunidad  epist&eacute;mica <i>sui generis </i>sobre la condici&oacute;n cuasi fallida del Estado. La  construcci&oacute;n de esa imagen aceler&oacute; el tratamiento y la aprobaci&oacute;n del Plan  Colombia de Estados Unidos. Despu&eacute;s del 11/9 y en medio del fin de la  negociaci&oacute;n entre el gobierno y las FARC, el fantasma de un eventual &quot;Estado  fallido&quot; en el coraz&oacute;n de los Andes fortaleci&oacute; la estrategia estadounidense  para que, a trav&eacute;s del impulso del Plan Colombia, el Estado recuperara  capacidad, legitimidad y soberan&iacute;a. Estas tres dimensiones de la recuperaci&oacute;n  estatal corresponden a las tres brechas que, impl&iacute;citamente, atraviesan la  literatura sobre los &quot;estados fallidos&quot;. Ahora bien, esas brechas exigen algo  m&aacute;s que asistencia militar para su superaci&oacute;n: b&aacute;sicamente es imperativo el  mejoramiento institucional, el desarrollo econ&oacute;mico, la equidad material y la  justicia social.</p>     <p> A pesar de que el Estado no ha  logrado superar plenamente esas brechas Washington pretende presentar hoy el  ejemplo colombiano como el modelo exitoso de un Estado que ha dejado de ser  fallido para ser efectivo. Es evidente que los tomadores de decisi&oacute;n buscan  generar un nuevo consenso, dentro y fuera del ejecutivo, sobre esta percepci&oacute;n  del pa&iacute;s. Internamente, y a pesar de la p&eacute;rdida de control de la C&aacute;mara de Representantes,  el ejeutivo ha logrado preservar un relativo consenso sobre Colombia. No es tan  claro, sin embargo, que internacionalmente, en la regi&oacute;n y el mundo, esta nueva  construcci&oacute;n discursiva sobre Colombia resulte f&aacute;cilmente consentida.</p>     <p> Quiz&aacute;s, sin embargo, esto &uacute;ltimo no  resulte relevante. Hasta que no surja una contra-coalici&oacute;n interna en Estados  Unidos que cuestione el paradigma vigente y genere otro alternativo la  construcci&oacute;n conceptual sobre los &quot;estados fallidos&quot; seguir&aacute; su curso actual.  La tragedia de ello es que posiblemente tambi&eacute;n persistan, uno junto a otro, el  anhelo de una reconstrucci&oacute;n tangible y la lamentable destrucci&oacute;n pr&aacute;ctica de  los &quot;estados fallidos&quot;. En ese sentido, el ejemplo colombiano merece m&aacute;s  estudio y comprensi&oacute;n: la perpetuiaci&oacute;n de la estrategia de Washington puede,  parad&oacute;jicamente, llevar al desfallecimiento tan anunciado de Colombia. </p> <hr size="1">     <p><b>COMENTARIOS</b></p>     <p>1.<a name="(1)"></a> El autor agradece la el apoyo de Luciana Soledad Ledesma para la  realizaci&oacute;n de este trabajo.</p>      <p> 2.<a name="(2)"></a> Alexander Wendt utiliz&oacute; la imagen del &quot;Estado depredador&quot; (<i>ego</i>) para  mostrar como ello facilita la fijaci&oacute;n de la seguridad de la contra-parte (<i>alter</i>)  en t&eacute;rminos de auto-ayuda; lo cual refuerza que la anarqu&iacute;a predomine en las  relaciones entre estados. Su met&aacute;fora  del &quot;Estado depredador&quot;-que contribuye a forjar la identidad y los intereses--puede  ser &uacute;til para entender el lugar del &quot;estado fallido&quot; en la pol&iacute;tica exterior de  una gran potencia. El &quot;Estado fallido&quot; es una suerte de &quot;Estado perturbador&quot;  que aporta, en parte, al establecimiento de la propia identidad y los intereses  al tiempo que justifica la jerarqu&iacute;a en las relaciones internacionales. La idea  del &quot;Estado depredador&quot; remite a la enemistad en la pol&iacute;tica internacional; la  idea del &quot;Estado fallido&quot; refuerza la subordinaci&oacute;n en la pol&iacute;tica mundial. </p>     <p>3. <a name="(3)"></a> Este trabajo adopta la definici&oacute;n de comunidad epist&eacute;mica que utiliza Andreas  Antoniades. Seg&uacute;n &eacute;l, esas comunidades son &quot;<i>thought communities  made up of socially recognized knowledge-based networks, the members of which  share a common understanding of a particular problem/issue or a common  worldview and seek to translate their beliefs into dominant social discourse and  social practice</i>&quot;. </p> 4.  <a name="(4)"></a>En realidad, esta pretensi&oacute;n de equiparar formas estatales tan diferentes ha  producido un &quot;sue&ntilde;o de convergencia y un mito de uniformidad&quot; que ha impedido  comprender la formaci&oacute;n concreta de los estados en la periferia y su car&aacute;cter  espec&iacute;fico e h&iacute;brido.     <p>5. <a name="(5)"></a> Seg&uacute;n Pinar Bilgin y Adam David Morton las ciencias sociales en Estados Unidos  durante la Guerra Fr&iacute;a  se aproximaron a los estados en la periferia desde una perspectiva que, por lo  general, los observaba y representaba como deficientes y fracasados; algo que  a&uacute;n no se ha modificado suficientemente. </p>      <p>6.<a name="(6)"></a>  Por ejemplo, la  naturaleza integral de este enfrentamiento hizo posible que una isla como  Granada en el Caribe-de 130   millas cuadradas y cuyo principal producto de  exportaci&oacute;n era la nuez moscada-fuera por un muy breve lapso de semanas un  referente crucial de la disputa Este-Oeste y hubiese sido invadida en 1983 por  Estados Unidos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>7. <a name="(7)"></a>Helman fue un funcionario de carrera del servicio exterior  y Ratner se hab&iacute;a despe&ntilde;ado en la <i>Office of Legal Advisor</i> del Departamento de  Estado.</p>     <p>8. <a name="(8)"></a>Crocker es un experto en  &aacute;frica del sur, fue Subsecretario de Estado para Asuntos Africanos y est&aacute; ahora  en Georgetown University.</p>     <p>9. <a name="(9)"></a> En efecto, la Resoluci&oacute;n  688/1991 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que estableci&oacute; un  santuario en el Kurdist&aacute;n iraqu&iacute; debido a la represi&oacute;n de Saddam Hussein contra  los kurdos, configur&oacute; un punto de partida significativo del derecho a la  injerencia por razones humanitarias. Diplom&aacute;tica, pol&iacute;tica, militar y  legalmente se intent&oacute; fundamentar la intervenci&oacute;n en los asuntos internos de un  pa&iacute;s. Las sucesivas intervenciones humanitarias en Somalia, Hait&iacute; y Bosnia, por  ejemplo, fueron ep&iacute;tomes de esa tendencia. La intervenci&oacute;n humanitaria no  parec&iacute;a una violaci&oacute;n al principio de no intervenci&oacute;n, sino el resultado de  condiciones que justificaban invocar el llamado a una guerra justa. Sobre la  aplicaci&oacute;n de la tradici&oacute;n de guerra justa como marco de referencia m&aacute;s  adecuado para efectuar intervenciones humanitarias.</p>     <p>10. <a name="(10)"></a> En 1994 el Directorio de Inteligencia de la CIA constituy&oacute; y financi&oacute; el <i>State Failure  Task Force</i>. A esos efectos convoc&oacute; a varios acad&eacute;micos y universidades con  el prop&oacute;sito de desarrollar estudios que permitieran determinar correlaciones  vinculadas a los &quot;estados fallidos&quot; desde mediados de los cincuenta en  adelante. En ese marco, se realizaron diversos encuentros, se efectuaron  distintos estudios y se confeccionaron diferentes indicadores. En la actualidad  el sitio web de este proyecto se ha transformado en <i>Political Instability  Task Foce</i> y su anfitri&oacute;n es el <i>Center for Global Policy</i> de la George Mason  University. El proyecto original de la   CIA se llev&oacute; a cabo a trav&eacute;s de un contrato con <i>Science  Applications International Corporation</i> (SAIC). Esta compa&ntilde;&iacute;a, de unos  44.000 empleados, tiene unos 9.000 contratos con el gobierno; la mayor&iacute;a de  ellos en el &aacute;rea de inteligencia, defensa y seguridad. Solo el a&ntilde;o pasado tuvo  ingresos cercanos a los U.S. 8.000 millones de d&oacute;lares. </p>     <p>11.<a name="(11)"></a> Una buena argumentaci&oacute;n sobre la idea de la debilidad como fuente de  inseguridad internacional la desarroll&oacute; Anthony Lake, Consejero de Seguridad  Nacional de la administraci&oacute;n Clinton entre 1993-1996.</p>     <p>12.<a name="(12)"></a> Algo semejante ocurr&iacute;a con el Tercer Mundo. La existencia de agresivos  reg&iacute;menes autoritarios, de presupuestos de defensa desbordados, carreras  armamentistas regionales, rivalidades vecinales exacerbadas, antagonismos  geopol&iacute;ticos zonales y esquemas de proliferaci&oacute;n nuclear hicieron que la paz en  diversos continentes estuviera en jaque durante lustros. Consecuentemente, la  b&uacute;squeda de la b&uacute;squeda de mayor preponderancia, entendida en t&eacute;rminos  militares, generaba m&aacute;s inseguridad colectiva en el plano regional.</p>     <p>13. <a name="(13)"></a>La noci&oacute;n de Estado d&eacute;bil en el &aacute;mbito de la seguridad fue desarrollada, entre  otros, por Barry Buzan. Para &eacute;l, &quot;<i>Weak states...will refer to the degree of  socio-political cohesion...Weak states either do not have, or have failed to  create, a domestic political and societal consensus of sufficient strength to  eliminate the large-scale use of force as a major and continuing element in the  domestic political life of the nation</i>&quot;. </p>     <p>14. <a name="(14)"></a> Este &iacute;mpetu cuantificador llev&oacute; a que en Estados Unidos la revista <i>Foreign  Policy</i> y la organizaci&oacute;n <i>Fund For Peace</i> acordaron confeccionar y  difundir un <i>Failed States Index</i>. La Agencia para el Desarrollo Internacional de  Estados Unidos (USAID) estableci&oacute; un <i>Conflict Assessment Framework</i> para  contribuir a evaluar, mitigar y resolver disputas en pa&iacute;ses con fuertes  conflictos. Un <i>think-tank</i>, el <i>Center for Strategic and International  Studies</i> conjuntamente con la <i>Association of U.S. Army</i> dearrollaron para el  Departamento de Estado el <i>Essential Tasks Matrix</i>, cuyo prop&oacute;sito era (y  es) servir de gu&iacute;a para situaciones posconflicto. </p>     <p>15.<a name="(15)"></a> Por ejemplo, Purdue University organiz&oacute; entre 1998 y 2001 varias conferencias  sobre <i>Failed States and International Security</i> con el apoyo, entre  otros, del <i>Army War College</i> estadounidense. Sobre las relaciones entre  el gobierno de Estados Unidos y las investigaciones sobre &quot;estados fallidos&quot;</p>     <p> 16.<a name="(16)"></a>  ONGs  vinculadas al tema de los derechos humanos y algunas &aacute;reas de gobierno de  administraciones progresistas en los pa&iacute;ses industrializados convergieron en  varias ocasiones sobre este punto. A ellos hay que sumar, m&aacute;s por conveniencia  que por sensibilidad y de manera menos abierta sino rec&oacute;ndita, a las compa&ntilde;&iacute;as  privadas de seguridad. Durante la d&eacute;cada de los noventa, la globalizaci&oacute;n en  materia tecnol&oacute;gica, el enflaquecimiento del Estado en la periferia, la  prolongaci&oacute;n de las luchas armadas locales a&uacute;n despu&eacute;s del fin del conflicto  Este-Oeste, el envilecimiento de las guerras civiles, y el impulso privatizador  en distintos &aacute;mbitos de la vida p&uacute;blica tanto en los pa&iacute;ses industrializados  como en las naciones en v&iacute;as de desarrollo, fueron alimentando la participaci&oacute;n  de compa&ntilde;&iacute;as privadas de seguridad (anteriormente conocidos como mercenarios)  en las confrontaciones internas. El fen&oacute;meno ha sido agudo en &aacute;frica; en  particular en Angola, Chad, Guinea-Bissau, Etiop&iacute;a, Eritrea, Liberia,  Mozambique, Rep&uacute;blica Popular del Congo, Rwanda, Sierra Leone, Somalia, Sud&aacute;n y  Zaire. Nicaragua en Latinoam&eacute;rica y Afganist&aacute;n en Asia en los ochenta, as&iacute; como  la ex Yugoslavia en Europa durante los noventa y Colombia en los &uacute;ltimos a&ntilde;os,  se sumaron a las experiencias violentas m&aacute;s traum&aacute;ticas con fuerte  participaci&oacute;n de verdaderos ej&eacute;rcitos privados. El auge de estas compa&ntilde;&iacute;as, la  naturaleza de su vinculaci&oacute;n con los estados en que se encuentran establecidas,  la escasez de normas internacionales en este &aacute;mbito y los negativos efectos en  los casos en que operan, han despertado alarma mundial. Los peligros de la  falta de regulaci&oacute;n y control efectivos en este terreno han quedado  elocuentemente expresado en un informe de 2002 del <i>House of Commons</i> brit&aacute;nico sobre las &quot;<i>Private Military Companies</i>&quot; (PMCs): por lo general, no rinden  cuentas a nadie, usurpan la soberan&iacute;a de las naciones m&aacute;s vulnerables  atravesadas por conflictos armados; se involucran en la explotaci&oacute;n econ&oacute;mica  en los pa&iacute;ses donde intervienen; tienen un inter&eacute;s manifiesto-en especial de  lucro-para la perpetuaci&oacute;n de esos conflictos; se convierten en brazos  clandestinos de los gobiernos en los cuales se originan; y generan problemas  morales may&uacute;sculos al legitimar el asesinato pago por encargo (<i>kill for money</i>) en vez de la lucha por  una justa causa. Seg&uacute;n el teniente coronel Eugene B. Smith Estados Unidos debe  usar m&aacute;s las PMCs como parte de su estrategia de seguridad. Para &eacute;l, muchas de  las nuevas misiones militares se derivan de la expansi&oacute;n de los conflictos  &eacute;tnicos, del fracaso del Estado, de los peligros transnacionales (como el  narcotr&aacute;fico) y de las amenazas asim&eacute;tricas (como el terrorismo). Todos estos  fen&oacute;menos presentan riesgos de seguridad para Estados Unidos; riesgos para los  cuales los medios militares gubernamentales ser&iacute;an insuficientes. En ese  contexto, Washington deber&iacute;a, en su criterio, recurrir a m&aacute;s las PMCs para  hacer frente a esos desaf&iacute;os. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>17. <a name="(17)"></a> De alg&uacute;n modo, el caso de Colombia comprueba que esta l&oacute;gica frente a ciertos  &quot;estados fallidos&quot; ha orientado el comportamiento de Estados Unidos.  Posiblemente, hacia el futuro el caso de M&eacute;xico-de continuar deterior&aacute;ndose  debido al auge del crimen organizado-tambi&eacute;n sea tratado con la misma  racionalidad. </p>     <p>18.  <a name="(18)"></a>Es bueno recordar y remarcar que con los atentados terroristas del 11/9 la Posguerra Fr&iacute;a  lleg&oacute; a su fin. Ese hiato de s&oacute;lo una d&eacute;cada (1991-2001) entre la prolongada  Guerra Fr&iacute;a (1947-1990) y un futuro esquema que apenas se atisba, termin&oacute; en  ese momento. La   Posguerra Fr&iacute;a que se instal&oacute; despu&eacute;s de la implosi&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica se  figur&oacute;, inicialmente, con la esperanza de un orden m&aacute;s mesurado, justo y  plural. Se esperaba que prosperidad y estabilidad se entrelazar&iacute;an para gestar  una arquitectura global distinta y mejor al largo per&iacute;odo de disputa  Este-Oeste. Si la primera mitad de los noventa estimul&oacute; la expectativa de un  nuevo orden, la segunda parte de la d&eacute;cada mostr&oacute; que la creciente producci&oacute;n  material en el mundo coexist&iacute;a con una mayor inestabilidad. En ese contexto, el  11/9 signific&oacute; cruzar un umbral de dif&iacute;cil retorno. </p>     <p>19. <a name="(19)"></a> Sin signos de interrogaci&oacute;n y como nota central del n&uacute;mero de abril de 2006, la  revista estadounidense <i>Harpers </i>convoc&oacute; a cuatro expertos  en materia militar para intercambiar opiniones en torno a &quot;<i>American Coup  d'Etat: Military Thinkers Discuss the Unthinkable</i>&quot;. El debate de los  intelectuales insin&uacute;a la aparici&oacute;n de un fen&oacute;meno que dej&oacute; de ser inveros&iacute;mil.  Si bien nadie afirma que haya un golpe de Estado en ciernes en Estados Unidos,  es claro que s&iacute; se asiste a unos de los momentos m&aacute;s complejos y claves en las  relaciones c&iacute;vico-militares en ese pa&iacute;s. Algunos historiadores de los asuntos  castrenses se&ntilde;alan que el ascenso y poder&iacute;o de los militares viene  increment&aacute;ndose desde mediados de los sesenta y adquiri&oacute; m&aacute;s visibilidad y  mayor consolidaci&oacute;n en los noventa. Otros estudiosos, como Andrew Bacevich,  afirman-en la mencionada nota de <i>Harpers</i>--que asistimos a un  &quot;gradual golpe de Estado&quot; inspirado en buena medida por &quot;civiles militaristas&quot;  y dogm&aacute;ticos conservadores. Sea en raz&oacute;n de una creciente autonom&iacute;a corporativa  de los militares frente a los civiles o en virtud de un impulso de algunos  civiles a favor de un mayor rol militar en las cuestiones p&uacute;blicas, lo cierto  es que desde el 11 de septiembre de 2001 se asiste a una paulatina  militarizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica internacional estadounidense; fen&oacute;meno de  imprevisibles consecuencias nacionales. Los datos son significativos: en  t&eacute;rminos de presupuesto, los gastos en defensa externa y seguridad interna (<i>homeland  security</i>) de Estados Unidos son hoy equivalentes a la suma de los  presupuestos militares de todos los pa&iacute;ses del mundo. En la tierra nadie posee  m&aacute;s armas nucleares que EE.UU., ni hay otro pa&iacute;s que haya adoptado como parte  integral de su doctrina el ataque preventivo (incluido el uso de armamento nuclear  contra estados que no lo poseen). En t&eacute;rminos  institucionales, el papel del Pent&aacute;gono se ha elevado notablemente tanto en el  terreno pol&iacute;tico externo como en el burocr&aacute;tico interno. Los comandos  regionales (en particular, los que cubren nuestro hemisferio, el Pac&iacute;fico, el  Medio Oriente y Asia Central) se han transformado en aut&eacute;nticos proc&oacute;nsules  territoriales. Mientras tanto, la influencia corporativa, a expensas del  Departamento de Estado, ha crecido tanto que la legislaci&oacute;n de 2006 permite que  el Departamento de Defensa brinde ayuda militar directa a las fuerzas armadas  de otro pa&iacute;s y estacione grupos de tareas especiales en embajadas  estadounidenses en &quot;pa&iacute;ses inestables&quot; para &quot;desorganizar, capturar o matar&quot;  terroristas. Si a lo anterior agregamos la progresiva delegaci&oacute;n de las  funciones legislativa y judicial en el ejecutivo y de &eacute;ste en el aparato  militar y de seguridad del Estado, entonces la gravitaci&oacute;n de las fuerzas  armadas se torna m&aacute;s preocupante. En t&eacute;rminos militares, el Departamento de Defensa  est&aacute; encaminado hacia una pol&iacute;tica de preponderancia incuestionable y no  parece admitir readecuaci&oacute;n alguna. El plan vigente se conoce como 1-4-2-1:  asegurar la defensa de Estados Unidos, combatir en cuatro regiones diferentes,  someter a dos agresores en esas regiones y vencer a uno de ellos a trav&eacute;s de la  ocupaci&oacute;n territorial y la sustituci&oacute;n del r&eacute;gimen imperante. Ni la experiencia  en Afganist&aacute;n, ni la de Irak han llevado a modificar ese proyecto ambicioso. En t&eacute;rminos ideol&oacute;gicos, las fuerzas armadas, de tradici&oacute;n  conservadora y vertical (como en el resto de pa&iacute;ses), se han identificado con  el partido republicano en Estados Unidos. Varios expertos han mostrado con  encuestas, datos electorales y an&aacute;lisis comparados, que los militares se han  transformado en un grupo pol&iacute;tico-partidista cada vez m&aacute;s din&aacute;mico e  influyente.</p>     <p>20.<a name="(20)"></a> Es  importante mencionar que, a diferencia de la estrategia nacional de seguridad  de 2002, este nuevo documento ha recibido algunas cr&iacute;ticas por su vaguedad  conceptual (por ejemplo, en la identificaci&oacute;n precisa de los enemigos) y por  insistir en las acciones militares preventivas. </p>     <p>21.<a name="(21)"></a> United States Southern Command, <i>Partnership for the Americas</i>,  Washington D.C.: U.S. Government Printing Office, 2007. Corresponde subrayar  que este documento es, sin duda, el plan estrat&eacute;gico  m&aacute;s ambicioso que haya concebido en muchos a&ntilde;os una agencia oficial  estadounidense en relaci&oacute;n con Latinoam&eacute;rica. No s&oacute;lo los instrumentos (por  ejemplo, el Tratado Interamericano de Asistencia Rec&iacute;proca, TIAR, y la Junta Interamericana  de Defensa) y los organismos (por ejemplo, la Organizaci&oacute;n de  Estados Americanos y las Naciones Unidas) multilaterales est&aacute;n notoriamente  ausentes, sino que, adem&aacute;s, las instancias pol&iacute;ticas internas de interlocuci&oacute;n  con el hemisferio (por ejemplo, los departamentos de Estado, Justicia y Tesoro)  se han evaporado en este documento. La misi&oacute;n y la visi&oacute;n del Comando Sur son  desmesuradas: se arroga ser la organizaci&oacute;n l&iacute;der, entre las agencias  existentes, para garantizar &quot;la seguridad, la estabilidad y la prosperidad  en toda Am&eacute;rica&quot;. A las tareas que ya son usuales para responder a los  peligros que enfrenta Estados Unidos se agregan la gestaci&oacute;n y el apoyo de coaliciones  regionales y globales (las denominadas coaliciones de voluntarios) para  operaciones de paz en los planos zonal y mundial, as&iacute; como la identificaci&oacute;n de  &quot;naciones alternativas&quot; para que acepten inmigrantes y establezcan  instalaciones para afrontar el problema de las migraciones masivas. Tambi&eacute;n se  propone negociar &quot;acuerdos de seguridad en todo el hemisferio&quot;,  designar a nuevos pa&iacute;ses con el estatus de aliados extra-OTAN (hoy s&oacute;lo  Argentina lo es) y estimular esfuerzos conjuntos entre actores gubernamentales  y no estatales en labores humanitarias. Para alentar la prosperidad, el  documento destaca la importancia de desarrollar en Am&eacute;rica latina programas de  entrenamiento en el campo de &quot;la seguridad interna&quot; de las naciones e  incrementar el n&uacute;mero de las llamadas Localizaciones de Seguridad Cooperativa  (como las que ya existen en Manta, Ecuador; Reina Beatrix, en Aruba; Hato Rey,  en Curazao, y Comalapa, en El Salvador). Adem&aacute;s, se habla de respaldar la  iniciativa de un batall&oacute;n conjunto de las fuerzas armadas de Am&eacute;rica Central  &quot;para realizar operaciones de estabilizaci&oacute;n&quot; en esa subregi&oacute;n (cabe  recordar que Nicaragua, Honduras, El Salvador y la Rep&uacute;blica Dominicana  enviaron tropas a Irak en 2003), de colaborar en la configuraci&oacute;n de las  &quot;estrategias de seguridad nacional&quot; de los pa&iacute;ses latinoamericanos y  de mejorar la definici&oacute;n del papel del Departamento de Defensa en &quot;los  procesos de desarrollo pol&iacute;tico y socioecon&oacute;mico&quot; de las naciones de la  regi&oacute;n. Se trata, en resumen, de un plan vasto, &aacute;vido e integral, cuya  ejecuci&oacute;n es, al parecer, independiente del futuro pol&iacute;tico-militar en Irak y  Afganist&aacute;n y de la pr&oacute;xima elecci&oacute;n presidencial de 2008 en Estados Unidos.</p>     <p>22. <a name="(22)"></a>Conviene  destacar que esta noci&oacute;n de &aacute;reas sin gobierno-que algunas veces se expresa  como <i>un-governed areas</i>, otras como <i>ill-governed areas</i> y a&uacute;n otras  como <i>under-governed areas</i>-pareciera suplantar en algunos documentos, y  al menos parcialmente, la idea del &quot;<i>failed state</i>&quot;. Esto puede obedecer a  distintas razones: los canadienses, australianos, japoneses y europeos, en  general, han abandonado el t&eacute;rmino y prefieren la expresi&oacute;n &quot;estados fr&aacute;giles&quot;  (<i>fragile states), </i>Naciones Unidas tampoco auspicia esa denominaci&oacute;n, su  car&aacute;cter de estigma ha sido remarcado por algunos analistas y su utilidad  pol&iacute;tica-discursiva parece algo agotada. A su vez, puede indicar un salto  importante en materia de intervenci&oacute;n: la potencial injerencia en un &quot;Estado  fallido&quot; asume la existencia de un Estado y, en consecuencia, debe ce&ntilde;irse, en  cierto modo, a los par&aacute;metros del derecho internacional. La eventual acci&oacute;n en  &aacute;reas sin gobierno podr&iacute;a justificarse ante la total ausencia estatal y, de  paso, dar lugar a formas de &quot;neoprotectorado&quot; sobre esas &aacute;reas. </p>     <p>23.<a name="(23)"></a> Cabe destacar que el <i>Essential Tasks Matrix </i>elaborada por CSIS y AUSA   es el insumo principal de esta oficina para desarrollar sus  objetivos y tareas. </p>     <p>24. <a name="(24)"></a>En una entrevista de 2006 sobre su tarea Pascual destac&oacute; el papel del Comando  Sur en las acciones de su oficina-siendo, en su expresi&oacute;n, el comando regional  con la &quot;relaci&oacute;n m&aacute;s intensa&quot; respecto a la S/CRS durante su gesti&oacute;n.</p>     <p>25.<a name="(25)"></a> Stephen Krasner, como otros expertos en el tema, han sugerido modalidades de  &quot;soberan&iacute;a compartida&quot;-de hecho, formas de &quot;neoprotectorado&quot;--para hacer frente  al fen&oacute;meno del fracaso estatal.</p>     <p>26.<a name="(26)"></a> A  partir de 2006 el cargo pas&oacute; a ser <i>Director of U.S. Foreign assistance and  Administrator of USAID</i>. El primer responsable de esa posici&oacute;n fue Randall  Tobias, un empresario vinculado al afirma farmac&eacute;utica Eli Lilly. Seg&uacute;n una  nota de Emad Mekay de la agencia IPS referente a su nombramiento y a las  funciones a desempe&ntilde;ar, &quot;<i>officials from the State Department say the new  changes will involve a sharper on the spread of democracy and the push not to  have 'failed states' without U.S. intervention</i>&quot;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>27. <a name="(27)"></a>En su anuncio de la nueva &quot;diplomacia transformativa&quot; la Secretaria Rice  nombr&oacute;, expl&iacute;citamente el <i>state failur</i>e como &quot;una gran amenaza global&quot;.</p>     <p>28. <a name="(28)"></a> Sobre seguridad humana ver, entre otros, Comisi&oacute;n de Seguridad Humana, <i>La  seguridad humana-ahora</i>, New York: Naciones Unidas, 2003. Sobre la  importancia de incorporar una mirada desde la perspectiva de la seguridad  humana en cuanto a los &quot;estados fallidos&quot;.</p>     <p>29.<a name="(29)"></a> Como en tantos otros temas de la agenda de seguridad de Estados Unidos ning&uacute;n  pol&iacute;tico ni funcionario desea aparecer como &quot;suave&quot; (<i>soft</i>). Antes era  frente el comunismo y ahora lo es frente al terrorismo. Sin embargo, en este  asunto de los &quot;estados fallidos&quot; no se trata de enemigos sino de contra-partes  ingobernables (producto, en general, de la ineptitud, la indolencia y la  incapacidad, seg&uacute;n los tomadores de decisi&oacute;n). Por ello, junto a la &quot;mano dura&quot;  (derivada del v&iacute;nculo construido entre el &quot;Estadio fallido&quot; y el terrorismo  global) se a&ntilde;ade un brazo asistencial. En este caso, entonces, se manifiesta un  compromiso burocr&aacute;tico: predominio de un enfoque severo con algo de ayuda  elemental.</p>     <p>30.<a name="(30)"></a> El Leviat&aacute;n es quiz&aacute;s la obra m&aacute;s reconocida y citada de Thomas Hobbes. All&iacute;  describi&oacute; y analiz&oacute; las condiciones del orden; se trataba de superar la  situaci&oacute;n del estado de naturaleza en la cual <i>homo homini lupus</i> (el hombre es el lobo del hombre). El Behemoth es  probablemente uno de sus trabajos menos le&iacute;dos y referidos. En ese texto,  Hobbes se concentr&oacute; en los horrores del desorden mediante el estudio de la  guerra civil inglesa de 1640 a 1660. En esencia, buscaba mostrar la mezcla de &quot;injusticia&quot;  y &quot;locura&quot; que deviene de tal circunstancia. Hobbes detalla y explica la  disoluci&oacute;n del poder, los equ&iacute;vocos del Estado, los desaciertos de las  concepciones colectivas y la corrupci&oacute;n extendida del cuerpo pol&iacute;tico. Todo  ello conduce a la anarqu&iacute;a; anarqu&iacute;a que se supera, en gran medida para &eacute;l,  reconstruyendo el Estado. Y en ese sentido, para Hobbes la reconstrucci&oacute;n  estatal no pasa exclusivamente por elevar la capacidad coactiva y disuasiva del  Estado. El sustento del poder pol&iacute;tico no se concentra o limita al ejercicio de  la coerci&oacute;n. Ni siquiera el uso leg&iacute;timo de la fuerza es condici&oacute;n suficiente  para transitar del desorden al orden. Es indispensable observar y comprender  entonces que &quot;el poder del poderoso no se funda sino en la opini&oacute;n y la  creencia del pueblo&quot;. Dicha obediencia, a su vez, se asienta en la medida en  que existan &quot;reglas infalibles&quot; por un lado, y la &quot;ciencia de la equidad y la  justicia&quot; por el otro.</p>     <p>31. <a name="(31)"></a> La noci&oacute;n de &quot;Estado fallido&quot; no fue utilizado en los estudios hist&oacute;ricos,  sociol&oacute;gicos y pol&iacute;ticos en Colombia y sobre el pa&iacute;s hasta la d&eacute;cada de los  noventa. Sin embargo, la idea de un derrumbe potencial del Estado en Colombia  no resultaba tan extravagante. En efecto, una interpretaci&oacute;n del per&iacute;odo de la Violencia (1948-1958),  que produjo unos 160.000 muertos y que ha recibido una amplia aceptaci&oacute;n entre  especialistas en el pa&iacute;s es la de Paul Oquist; quien afirma que lo que vivi&oacute;  Colombia en esa d&eacute;cada fue el colapso parcial del Estado. Seg&uacute;n &eacute;l, tanto la  &quot;simult&aacute;nea evoluci&oacute;n de numerosos conflictos&quot; como la existencia de un Estado  debilitado y excluyente convergieron en la Violencia. En ese  contexto, las &quot;diferentes articulaciones concretas&quot; que llevaron al colapso  parcial estatal fueron: &quot;1) la quiebra de las instituciones pol&iacute;ticas  establecidas; 2) la p&eacute;rdida de legitimidad del Estado para una porci&oacute;n  considerable de la poblaci&oacute;n; 3) las contradicciones dentro del aparato armado del  Estado; y 4) la ausencia f&iacute;sica del Estado en algunas zonas del pa&iacute;s&quot;.</p>     <p>32. <a name="(32)"></a>Es pertinente recordar que en octubre de 1995, el Presidente William Clinton  imparti&oacute; la Orden   Ejecutiva 12978 para responder a la &quot;amenaza excepcional y  desusada&quot; generada por el narcotr&aacute;fico originado en Colombia. Mediante un uso  m&aacute;ximo de esta Orden Ejecutiva se pod&iacute;a llegar--debido al poder brindado a los  departamentos de Justicia, de Estado y de Tesoro--a un potencial bloqueo  comercial y/o financiero del pa&iacute;s. As&iacute; entonces, adem&aacute;s del proceso de  certificaci&oacute;n esta orden le brindaba a Washington otro mecanismo de  condicionamiento que pod&iacute;a invocar en un caso extremo de falta de cooperaci&oacute;n  por parte de Bogot&aacute;. </p>     <p>33. <a name="(33)"></a> En esa direcci&oacute;n, durante la administraci&oacute;n del Presidente William Clinton el  n&uacute;cleo b&aacute;sico de su pol&iacute;tica internacional anti-drogas fue la llamada &quot;<i>kingpin strategy</i>&quot; que consist&iacute;a en descabezar  a los principales l&iacute;deres del negocio de las drogas il&iacute;citas; en particular a  los grandes narcotraficantes colombianos. De all&iacute; entonces, entre otros, el  mayor &eacute;nfasis de la acci&oacute;n represiva en los centros de producci&oacute;n-procesamiento  de drogas en comparaci&oacute;n con los puntos de tr&aacute;nsito-transporte y otras  actividades (lavado de activos, venta de precursores qu&iacute;micos, provisi&oacute;n de  armas ligeras) ligadas al negocio transnacional de los narc&oacute;ticos.</p>     <p>34. <a name="(34)"></a> El proceso anual de certificaci&oacute;n implicaba que el ejecutivo en Estados Unidos  somet&iacute;a al legislativo la lista de los pa&iacute;ses que seg&uacute;n la Casa Blanca cooperaban  o no con Washington en materia de lucha contra las drogas. Las categor&iacute;as eran  tres. Por un lado, &quot;<i>full certification</i>&quot;;  es decir una certificaci&oacute;n plena debido a su esfuerzo de clara cooperaci&oacute;n con  Estados Unidos. Por otro lado, &quot;<i>decertification</i>&quot;;  es decir de-certificaci&oacute;n por no cooperar con Estados Unidos en el campo de los  narc&oacute;ticos. Y finalmente, &quot;<i>vitalnational interests certification</i>&quot;; es  decir, una suerte de &quot;semi-decertificaci&oacute;n&quot; dado que el pa&iacute;s evaluado no  cooper&oacute; suficientemente con Washington y recibe una dispensa excepcional para  no ser objeto de las sanciones contempladas en la de-certificaci&oacute;n.</p>     <p>35. <a name="(35)"></a> Seg&uacute;n la Secci&oacute;n  490 de 1995 que enmend&oacute; la Ley  de Asistencia Externa de 1961 y que eval&uacute;a las consideraciones que debe  contemplar el presidente de Estados Unidos al momento de certificar o  de-certificar a un pa&iacute;s se se&ntilde;ala lo siguiente<i>: &quot;In making the determination described in paragraph (1) (A), the  President shall consider the extent to which a country has...(C) taken legal  and law enforcement measures to prevent and punish public corruption,  especially by senior government officials, that facilitates the production,  processing, or shipment of narcotic and psychotropic drugs and other controlled  substances, or that discourages the investigation or prosecution of such acts</i>&quot;. </p>     <p>36. <a name="(36)"></a> Esto &uacute;ltimo no implicaba el rechazo inmediato del cr&eacute;dito ya que el voto  contrario de Estados Unidos en esas instancias no significaba un veto debido a  que el peso relativo de su participaci&oacute;n en esas entidades era insuficiente  para que su decisi&oacute;n solitaria afectase la aprobaci&oacute;n de los recursos  financieros. No obstante, la se&ntilde;al que enviaba un voto negativo de Washington  resultaba simb&oacute;licamente reveladora.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>37. <a name="(37)"></a> Cabe destacar que desde la parte final de la administraci&oacute;n Gaviria Washington  y Bogot&aacute; comenzaron a transitar lo que llam&eacute; la &quot;l&oacute;gica del precipicio&quot;. Esto  significaba que Estados Unidos mantuviera (y Colombia se consolara con ello) en  t&eacute;rminos ambivalentes un lenguaje duro (interno y privado) y otro de respaldo  (externo y p&uacute;blico) hacia Colombia, mostrando su apoyo ambiguo a las pol&iacute;ticas  anti-narc&oacute;ticos del pa&iacute;s pero empujando a Bogot&aacute; hasta un l&iacute;mite-cercano a la  cornisa de un precipicio-donde lo abandonar&iacute;a (de cara a la comunidad  internacional) por no cumplir la administraci&oacute;n colombiana con la erradicaci&oacute;n  decisiva y definitiva del fen&oacute;meno de las drogas il&iacute;citas y as&iacute; justificar  acciones de marginaci&oacute;n y eventualmente de fuerza contra el pa&iacute;s.</p>     <p>38.<a name="(38)"></a> Conviene recordar que todo Estado procura la obtenci&oacute;n y preservaci&oacute;n de la  legitimidad interna. Para ello aspira a obtener, en el plano externo,  validaci&oacute;n internacional. La certificaci&oacute;n anual de Bogot&aacute; por parte de  Washington era, entre muchos otros, una expresi&oacute;n de dicha validaci&oacute;n. </p>     <p>39. <a name="(39)"></a>Dado que Colombia hab&iacute;a ocupado un lugar central en el asunto de las drogas y  que, en general, Bogot&aacute; hab&iacute;a cooperado significativamente con Washington en la  lucha contra los narc&oacute;ticos, los gobiernos de Colombia durante los ochenta y  principios de los noventa consiguieron establecer una especie de  &quot;eslabonamiento&quot; (<i>linkage</i>) tem&aacute;tico  positivo. Esto es, gracias a la aplicaci&oacute;n de pol&iacute;ticas represivas contra el  fen&oacute;meno de las drogas, Colombia obtuvo beneficios y concesiones de parte de  Estados Unidos-tal el caso de los montos de asistencia anti-narc&oacute;ticos y el  otorgamiento de preferencias comerciales. Durante el gobierno de Samper se  produjo lo que Gaddis, pensando en la pol&iacute;tica entre Estados Unidos y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica  llam&oacute; el &quot;eslabonamiento inverso&quot; (<i>reverse  linkage</i>). Estados Unidos us&oacute; su arsenal de &quot;garrotes y zanahorias&quot; para  condicionar su respaldo al pa&iacute;s y exigir un enfrentamiento integral de Bogot&aacute;  contra el narcotr&aacute;fico. Sobre el <i>reverse  linkage</i> en las relaciones entre Washington y Mosc&uacute; durante la Guerra Fr&iacute;a.</p>     <p>40. <a name="(40)"></a>Una evaluaci&oacute;n de las distintas interpretaciones en Colombia y Estados Unidos  sobre el recurso de la certificaci&oacute;n y su lugar en la pol&iacute;tica exterior de  Washington hacia Bogot&aacute;.</p>     <p>41.  <a name="(41)"></a>A&ntilde;os m&aacute;s tarde se produjo un acuerdo sin precedentes entre la justicia  estadounidense y los Rodr&iacute;guez Orejuela, jefes visibles del cartel de Cali. En  efecto, 29 miembros de la familia Rodr&iacute;guez Orejuela firmaron en septiembre de  2006 un acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos: aceptaron su  culpabilidad, pagar&aacute;n una condena de 30 a&ntilde;os y se dispon&iacute;an a entregar US$  2.100 millones de d&oacute;lares. A cambio Washington se comprometi&oacute; a dejar en paz a  toda la familia.</p>     <p>42. <a name="(42)"></a>Samper logr&oacute; sortear con  &eacute;xito un juicio pol&iacute;tico durante su gesti&oacute;n.</p>     <p>43. <a name="(43)"></a>Una d&eacute;cada despu&eacute;s, y a  los efectos de analizar la inserci&oacute;n internacional del pa&iacute;s, Rodrigo Pardo  retom&oacute; y expandi&oacute; esta noci&oacute;n de Colombia como &quot;pa&iacute;s-problema&quot;.</p>     <p>44. <a name="(44)"></a>En ese a&ntilde;o la intensidad  del conflicto armado era tal que algunos observadores comparaban a Colombia con  Bosnia. </p>     <p>45. <a name="(45)"></a> A  la notable estigmatizaci&oacute;n de Samper que hicieron miembros del ejecutivo y del  legislativo estadounidenses en la primera parte de su gobierno, sigui&oacute; la  cancelaci&oacute;n de visas de entrada a varios civiles y militares colombianos y el  uso de un lenguaje displicente y ofensivo hacia legisladores, jueces,  empresarios, personalidades y cuerpos de seguridad en Colombia en la segunda  parte de su administraci&oacute;n. Estados Unidos parec&iacute;a encaminado, en 1997-98, a deslegitimar a una  buena parte del <i>establishment</i> colombiano.</p>     <p>46.<a name="(46)"></a> En mayo de 1997 se  difundi&oacute; el informe sobre el tema de las drogas elaborado por el Grupo de Contacto  de Alto Nivel mexicano-estadounidense. Resultaba evidente el prop&oacute;sito de este  documento oficial de atenuar el papel de M&eacute;xico en el negocio de los  narc&oacute;ticos. Por ejemplo, y a pesar del desarrollo durante varios lustros de  este emporio, se indicaba que era &quot;imposible calcular la cantidad de dinero que  en forma colectiva se lava en M&eacute;xico y Estados Unidos&quot;. Seg&uacute;n el texto,  &quot;cuantificar la dimensi&oacute;n econ&oacute;mica del problema del narcotr&aacute;fico en M&eacute;xico  requiere de sistemas y metodolog&iacute;as adecuadas&quot;. El caso de M&eacute;xico parec&iacute;a &uacute;nico  en su g&eacute;nero: en efecto, se afirmaba que los narcotraficantes mexicanos &quot;no han  logrado reflejar su poder econ&oacute;mico en un poder pol&iacute;tico equivalente&quot;. A pesar  del crecimiento del crimen organizado en el pa&iacute;s y sus lazos transnacionales,  se aseveraba que los grupos mexicanos &quot;carecen de infraestructura y de  organizaci&oacute;n necesaria para efectuar, por s&iacute; mismas, operaciones de magnitud  internacional&quot;. Ello parec&iacute;a obedecer a una raz&oacute;n cultural distintiva-lo que  diferenciaba a M&eacute;xico de otros casos (&iquest;Colombia?): &quot;una organizaci&oacute;n mexicana  dif&iacute;cilmente podr&iacute;a insertarse en esquemas culturales ajenos a los suyos con la  facilidad con que lo hacen las organizaciones de otros pa&iacute;ses que conocen y  fundamentan sus operaciones en su propio contexto&quot;. M&aacute;s a&uacute;n el informe contiene  errores sorprendentes: en la p&aacute;gina 84 se dice que Amado Carrillo Fuentes  (conocido por su sobrenombre, &quot;Se&ntilde;or de los Cielos&quot;) &quot;es el narcotraficante  colombiano m&aacute;s poderoso&quot;. Como se sabe Carrillo Fuentes naci&oacute; en Sinaloa en  diciembre de 1955 y muri&oacute; en la ciudad de M&eacute;xico en julio de 1997.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>47.<a name="(47)"></a> Sin embargo, como  indicaba Bruce Bagley, &quot;la hipocres&iacute;a que hay detr&aacute;s de la decisi&oacute;n de  certificar a M&eacute;xico y de-certificar a Colombia socava la credibilidad,  legitimidad y confiabilidad de los Estados Unidos como socio en la guerra  contra las drogas&quot;. </p>     <p>48.<a name="(48)"></a>  Estas cifras para los  a&ntilde;os correspondientes se pueden consultar en los informes anuales del  Departamento de Estado. Ver, al respecto, los respectivos <i>International Narcotics Control  Strategy Report</i>.</p>     <p>49.<a name="(49)"></a> Al decir de Bagley, &quot;En  la pr&aacute;ctica, m&aacute;s que restringir el auge del tr&aacute;fico de drogas de la naci&oacute;n, las  muertes, extradiciones o encarcelamientos de los jefes de los principales  carteles crearon s&oacute;lo interrupciones temporales y relativamente menores en el  flujo del contrabando de drogas de Colombia a los mercados de Estados Unidos y  Europa. De hecho, el vac&iacute;o que dej&oacute; el aniquilamiento parcial  de los carteles de Cali y Medell&iacute;n fue r&aacute;pidamente llenado por el surgimiento y  proliferaci&oacute;n de montones de organizaciones de narcotr&aacute;fico o 'cartelitos' por  toda Colombia, m&aacute;s peque&ntilde;as y menos notorias (aunque igualmente violentas), las  cuales se involucraron tanto en el tr&aacute;fico de coca&iacute;na como en el comercio m&aacute;s  lucrativo y de veloz expansi&oacute;n de la hero&iacute;na&quot;. </p>     <p>50.<a name="(50)"></a>  Seg&uacute;n Wallensteen y Sollenberg, en la etapa 1989-1998 existieron 108 conflictos  desplegados en 73 sitios: en 1989 hubo 47 conflictos y en 1998 persist&iacute;an 36  conflictos. Paralelamente, mientras se produjeron 3 conflictos internacionales  en 1989 y 2 en 1998, los conflictos internos fueron 44 en 1989, se elevaron a  54 en 1992 y decrecieron a 34 en 1998. A su vez, de los 108 conflictos  se&ntilde;alados, 75 se terminaron a finales de 1998: 21 concluyeron con acuerdos de  paz, 24 con la victoria de una de las partes y 30 conocieron compromisos de  cese al fuego o vieron el descenso de los niveles de violencia. De los 26 conflictos m&aacute;s  agudos en 1998, 16 se hab&iacute;an iniciado durante la Guerra Fr&iacute;a. Para  1998, los conflictos m&aacute;s intensos, por el n&uacute;mero de v&iacute;ctimas fueron Yugoslavia  en Europa, Afganist&aacute;n y Sri Lanka en Asia, Argelia, Angola, Burundi, Congo,  Eritrea/Etiop&iacute;a, Guinea Bissau, Rwanda, Sierra Leone y Sud&aacute;n en &aacute;frica. Colombia en Am&eacute;rica era,  indudablemente, el conflicto m&aacute;s desgarrador y degradado.</p>     <p>51.<a name="(51)"></a> En ese a&ntilde;o en Estados  Unidos comenzaron referencias acerca de la posibilidad de que Colombia se  volviera como los balcanes, transform&aacute;ndose en una suerte de Yugoslavia del  hemisferio occidental.</p>     <p>52.<a name="(52)"></a> Los datos mencionados  provienen de informes p&uacute;blicos colombianos e internacionales. Las cifras  proceden de documentos oficiales de entidades tales como la Procuradur&iacute;a, la Fiscal&iacute;a, la Defensor&iacute;a del Pueblo y  la Canciller&iacute;a,  as&iacute; como de organizaciones no gubernamentales colombianas como Fundaci&oacute;n Pa&iacute;s  Libre y la   Comisi&oacute;n Colombiana de Juristas y de instituciones del  exterior como <i>Amnesty International</i>, <i>Human Rights Watch</i>, entre otras.</p>     <p>53. <a name="(53)"></a>Adicionalmente, seg&uacute;n Keith Morris, &quot;<i>The scandal of Cali cartel drug money financing Samper's  election campaign gave the US a lever to press him to intensify Colombian  anti-narcotics policy, stiffen the legislation and bring back extradition. To  achieve this, pressure was stepped up further by decertifying Colombia in 1996  and 1997. This at a time when Colombia was losing more lives in the struggle  than any other country and making in proportion to its Gross Domestic Product a  much greater effort than the US itself. Decertification demoralised the  Colombian law enforcement agencies, encouraged the guerrillas and  paramilitaries, and discouraged investment. The economy went into its first  recession for 70 years</i>.&quot;</p>     <p>54. <a name="(54)"></a>Despu&eacute;s del fiasco de la  de-certificaci&oacute;n de Colombia surgieron voces cr&iacute;ticas dentro y fuera de Estados  Unidos respecto al proceso de certificaci&oacute;n. Se lo consideraba, en esencia, un  recurso diplom&aacute;tico ineficaz y arbitrario. Ello condujo a su reforma. Sin  embargo, los cambios han sido m&aacute;s aparentes que sustantivos.</p>     <p>55.<a name="(55)"></a> En Colombia, la tesis de que el pa&iacute;s constitu&iacute;a un &quot;Estado fallido&quot; no ten&iacute;a  mucho eco. Ver, POSADA Carb&oacute; Eduardo, &iquest;Ciudadanos de un estado fracasado?, en www.ideaspaz.org/articulos/download/c07_estado_fracasado.pdf (accesado el 20 de Junio de 2007). En cambio, la idea de alg&uacute;n tipo de  eventual colapso estatal fue explorada; en especial al evaluar la segunda parte  de los noventa. Seg&uacute;n Eduardo Pizarro Leong&oacute;mez, quien en diferentes ocasiones  cuestion&oacute; la calificaci&oacute;n de Colombia como &quot;Estado fracasado&quot;, para 1998 &quot;el  Estado colaps&oacute; parcialmente en sus funciones estrat&eacute;gicas de seguridad y  justicia&quot;; lo cual le permiti&oacute; a las FARC una significativa expansi&oacute;n  territorial. PIZARRO Leong&oacute;mez Eduardo, &quot;Las FARC-EP: &iquest;Repliegue  estrat&eacute;gico, debilitamiento o punto de inflexi&oacute;n?&quot;, en Instituto de Estudios  Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales, <i>Nuestra guerra sin nombre: Transformaciones  del conflicto en Colombia</i>, Bogot&aacute;: Editorial Norma/IEPRI,  Universidad Nacional de Colombia, 2006, p. 192. Por su parte, de acuerdo a Ann  Mason el pa&iacute;s no estaba &quot;en peligro de colapso inminente pero todo apunta a que  el Estado s&iacute; ha fracaso parcialmente&quot;. MASON Ann, &quot;Exclusividad, autoridad y  estado&quot;, en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico</i>, No. 47, IEPRI, Septiembre-Noviembre 2002,  p. 71. A  mi entender, el legado dejado por la administraci&oacute;n Samper y los efectos  derivados de la narco-diplomacia entre Estados Unidos y Colombia a finales de  los noventa indicaban lo siguiente: &quot;Colombia no constituye un ejemplo de pa&iacute;s  'paria' (<i>pariah</i>) como Libia,  'villano' (<i>rogue</i>) como Irak,  'forajido' (<i>outlaw</i>) como Corea del  Norte, 'fan&aacute;tico' (<i>backlash</i>) como  Ir&aacute;n, ni 'rufi&aacute;n' (<i>outcast</i>) como  Yugoslavia; denominaciones dadas por Estados Unidos a los adversarios contra  quienes ha utilizado directa o indirectamente, abierta o encubiertamente, la  fuerza. Tampoco  Colombia es un pa&iacute;s peque&ntilde;o y anarquizado como Hait&iacute;, Rwanda o Somalia, donde  Washington y sus aliados m&aacute;s pr&oacute;ximos intervinieron con tropas para estabilizar  situaciones. Colombia representa m&aacute;s bien un pa&iacute;s intermedio importante,  formalmente democr&aacute;tico pero sin imperio de la ley en el que el Estado tiende a  colapsar en medio de un vertiginoso proceso de globalizaci&oacute;n&quot;.</p>     <p>56. <a name="(56)"></a>La noci&oacute;n de &quot;<i>Gray Area Phenomenon</i>&quot; fue desarrollada  por Peter Lupsha y retomada por Manwaring. Ella remite a &quot;una amenaza a la  estabilidad del Estado-naci&oacute;n por parte de actores no estatales y de procesos  no gubernamentales&quot; y se manifiesta cuando &quot;inmensas regiones o &aacute;reas urbanas&quot;  pasan &quot;del control leg&iacute;timo de los gobiernos a nuevos poderes, mitad pol&iacute;ticos,  mitad criminales&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>57. <a name="(57)"></a>Para 1998-1999 resultaba  evidente que hab&iacute;a un intento por ablandar  a la opini&oacute;n p&uacute;blica colombiana frente a una mayor injerencia de Estados  Unidos. Ello con el prop&oacute;sito de alcanzar la aceptaci&oacute;n interna de un rol  decisivo de Washington en los asuntos dom&eacute;sticos. Tambi&eacute;n fue notorio en Latinoam&eacute;rica el uso de  incentivos y presiones con un doble objetivo: &quot;cercar&quot; el conflicto solicitando  que se desplegasen m&aacute;s fuerzas armadas a las distintas fronteras alrededor del  pa&iacute;s-creando un &quot;cord&oacute;n sanitario&quot; militar en torno a Colombia--y &quot;convencer&quot; a  los vecinos m&aacute;s pr&oacute;ximos que la creciente presencia de Estados Unidos en  Colombia ser&iacute;a un fen&oacute;meno irreversible-encapsulando diplom&aacute;ticamente el  conflicto armado y librando su manejo al control discrecional de Washington.  Mientras tanto, se fue dise&ntilde;ando el Plan Colombia que significaba, en breve, un  programa comprehensivo de activa y masiva intervenci&oacute;n indirecta. </p>     <p>58. <a name="(58)"></a>Para los autores, y antes de evaluar la pol&iacute;tica del Presidente &aacute;lvaro  Uribe (2002-2010), resultaba &quot;&uacute;til considerar qu&eacute; cerca de convertirse en un  Estado fallido estuvo Colombia&quot;; un pa&iacute;s &quot;al borde de la anarqu&iacute;a&quot;.</p>     <p>59. <a name="(59)"></a>Carlucci fue sub-director de la CIA durante la administraci&oacute;n  Carter y Consejero de Seguridad Nacional y Secretario de Defensa durante la  administraci&oacute;n Reagan. Hunter fue embajador ante la OTAN durante la  administraci&oacute;n Clinton. Khalilzad fue embajador en Afganist&aacute;n entre 2003 y 2005  y es actualmente embajador en Irak.</p>     <p>60. <a name="(60)"></a>Cabe mencionar que en un interesante reciente texto el autor  subraya que Estados Unidos debe concentrar su atenci&oacute;n en materia de seguridad  regional en lo que &eacute;l denomina &quot;<i>southern  geographic approach...(encompassing) Mexico, the Caribbean archipelago, the  mainland in Central America, and northern South America. This is zone marked  today by relatively weak democratic governance, violent crime, public forces  unable to police their sovereign territory fully, resulting in porous borders,  coastlines, and ungoverned spaces, and serious transnational problems (such as  smuggling, weather, and environment) that threaten these countries as well as  the United States. There are two main land, sea, and air corridors that  originate in northern South America and run northwest to the United  States...(Thus) the design of this defense-in-depth must encompass the Caribbean  Sea and its border areas, including Mexico, the Central American and Caribbean  nations, Colombia, and Venezuela. It is important that this sector be viewed as  a geoestrategic whole rather than a collection of bilateral relationships</i>&quot;. </p>     <p>61. <a name="(61)"></a> Cabe mencionar que en el informe cuadrienal de Septiembre de 2001 se destacaban  los &quot;<i>increasing challenges and threats  emanating from the territories of weak and failing states</i>&quot; que se ubican,  entre otros, &quot;<i>in Latin America</i>&quot;. En  ese sentido, se consignaba espec&iacute;ficamente que: &quot;<i>While the Western Hemisphere remains largely at peace, the danger  exists that crises or insurgencies, particularly within the Andean region,  might spread across borders, destabilize neighbouring states, and place U.S.  economic and political interests at risk</i>&quot;. </p>     <p>62. <a name="(62)"></a>El dato es m&aacute;s significativo si se compara la  ca&iacute;da de audiencias sobre la regi&oacute;n y sus pa&iacute;ses entre el per&iacute;odo 1981-85 (130  audiencias) y el per&iacute;odo 2001-05 (30 audiencias) y si se tiene en cuenta que en  el primer per&iacute;odo mencionado no hubo ning&uacute;n <i>hearing</i> sobre Colombia en esa Subcomisi&oacute;n espec&iacute;ficamente dedicado a los asuntos del  continente. </p>     <p>63. <a name="(63)"></a>Cabe destacar que en el  caso de Rice, as&iacute; como de otros funcionarios, legisladores y especialistas las  ponencias escritas que presentan a las audiencias del Senado y de la C&aacute;mara de Representantes no  incluyen expresiones fuertes, estigmatizadoras o descalificaciones de Colombia.  Sin embargo, al iniciarse el proceso de preguntas y respuestas, y con el  prop&oacute;sito de enfatizar un determinado argumento, muchos recurren a la figura  del &quot;Estado fallido&quot;, entre otras, para referirse a la situaci&oacute;n deplorable o  peligrosa en la que se encontraba (o encuentra) el pa&iacute;s. </p>     <p>64.<a name="(64)"></a> Al final del gobierno del Presidente Virgilio Barco (1986-1990) y ante el  crecimiento del fen&oacute;meno de las drogas y de la violencia, el mandatario  colombiano present&oacute; el Programa Especial de Cooperaci&oacute;n (PEC) de US $ 1.774  millones de d&oacute;lares. El prop&oacute;sito principal del PEC fue fortalecer el Estado  colombiano y lograr el apoyo de las naciones m&aacute;s desarrolladas en la lucha  anti-narc&oacute;ticos. El pa&iacute;s aportaba el 33.2% (US $ 590 millones de d&oacute;lares) y a la  comunidad internacional se le solicitaba el 66.8% (US $ 1.184 millones de  d&oacute;lares). El Plan Colombia originario de la administraci&oacute;n del Presidente  Andr&eacute;s Pastrana (1998-2002) fue cuatro  veces m&aacute;s abultado que el PEC; ahora el pa&iacute;s aportaba el 53% de los US $ 7.500  millones de d&oacute;lares del Plan y las naciones m&aacute;s industrializadas el 47%  restante. Estados Unidos respondi&oacute; con su propio Plan Colombia;  inicialmente con un monto de US $ 1.319 millones de d&oacute;lares.</p>     <p>65.  <a name="(65)"></a>Un acad&eacute;mico canadiense, Stephen J. Randall, que ha estudiado por muchos a&ntilde;os a  Colombia, afirm&oacute; que el Plan Colombia apuntaba, n&iacute;tidamente, al fortalecimiento  de una estrategia de fuerza frente a los grupos armadas que se fortalec&iacute;an con  los dineros de la econom&iacute;a il&iacute;cita de las drogas. No obstante, advert&iacute;a: &quot;Una  soluci&oacute;n militar puede que tenga &eacute;xito a corto plazo, aunque la historia sea  fiel testigo de los contados &eacute;xitos de los conflictos de contrainsurgencia  despu&eacute;s de la Segunda   Guerra Mundial. A largo plazo, sin embargo, no hay duda de  que la estabilidad pol&iacute;tica colombiana depende de la capacidad que tenga el  Estado de proveer seguridad, de apoyar el desarrollo econ&oacute;mico, de facilitar  una distribuci&oacute;n equitativa del ingreso y la riqueza y de recuperar la  confianza del ciudadano corriente&quot;.</p>     <p>66. <a name="(66)"></a>Al inicio de la  administraci&oacute;n Bush exist&iacute;a un n&uacute;mero significativo de funcionarios que se  caracterizaba por una particular &quot;mano dura&quot; contra las drogas. Por  ejemplo, John Ashcroft (Secretario de Justicia), Asa Hutchinson (Director de la DEA) y John Walters (Zar  anti-Drogas) constitu&iacute;an una especie de extremistas morales que estaban a favor  de una vigorosa &quot;guerra contra las drogas&quot; centrada en el combate de la oferta  de narc&oacute;ticos. Por otro lado, estaban personas con pasados turbios en cuanto al  narcotr&aacute;fico; tal el caso de John Negroponte (Embajador ante Naciones Unidas),  Otto Reich (Subsecretario para Asuntos Hemisf&eacute;ricos del Departamento de  Estado), Elliot Abrams (Director para la Democracia, los Derechos Humanos y las  Operaciones Internacionales del Consejo de Seguridad Nacional) y Richard  Armitage (Subsecretario de Estado). Los tres primeros hab&iacute;an estado  involucrados en el &quot;<i>Iran-contra gate</i>&quot;;  un s&oacute;rdido entramado de intrecambio de armas por drogas en el que participaron,  entre otros, narcotraficantes colombianos. Armitage-quien estuvo vinculado a la CIA en los setenta y al  Departamento de Defensa en los ochenta-hab&iacute;a propuesto en su momento el uso de  hero&iacute;na para debilitar la capacidad de combate de los comunistas en Indochina y  Afganist&aacute;n. A su vez, hab&iacute;a cruzados en el manejo de la cuesti&oacute;n de las drogas  il&iacute;citas, como fue el caso de Roger Noriega (Embajador ante la Organizaci&oacute;n de  Estados Americanos): su mayor m&eacute;rito fue haber sido la mano derecha del  ultra-conservador Senador republicano Jesse Helms, quien encabez&oacute; hasta mayo de  2001 la poderosa Comisi&oacute;n de Asuntos Exteriores del Senado. Por ultimo, hab&iacute;a  guerreros militantes como Richard Cheney (Vicepresidente) quien en su condici&oacute;n  de legislador fue un ac&eacute;rrimo defensor de Oliver North y el esc&aacute;ndalo  Ir&aacute;n-contras y despu&eacute;s, como Secretario de Defensa de George Bush, fue el  arquitecto del &quot;bloqueo mar&iacute;timo&quot; de Colombia en enero de 1990-una operaci&oacute;n  naval que sigui&oacute; a la ocupaci&oacute;n militar de Panam&aacute; por parte de Estados Unidos  en diciembre de 1989. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>67. <a name="(67)"></a>El &eacute;nfasis pertinaz de  Estados Unidos en la &quot;guerra contra el terrorismo&quot; ha sido, a su vez, utilizado  por los cuerpos de seguridad colombianos para sus propios prop&oacute;sitos. Por  ejemplo, &quot;<i>Colombian authorities claim to  have dismantled an extensive counterfeit passport ring in January 2006 that  allegedly supplied an unknown number of Pakistanis, Egyptians, Jordanians, Iraquis,  and other purported to be working with al-Qaeda with Colombian, Portuguese,  German, and Spanish citizenship, enabling them to travel freely in the United  States and Europe. Bogota also mentioned that the network had ties to Hamas  militants. In contrast, U.S. Justice Department and Department of Homeland  Security officials expressed surprise at Bogota's announcement while  emphatically disputing its claim...(Thus, Colombians) have played on U.S.  concerns by moving to curry favor with the U.S. to further their own domestic  agendas and international standing in the context of the Bush administration's  war on terrorism...Based on evidence, this latest attempt by Bogota is a case in  point in that it likely represents an effort to enhance its position in the eyes  of Washington and the international community in its longstanding war with FARC  guerrillas</i>&quot;. </p>      <p>68. <a name="(68)"></a>De acuerdo a Andrew  Feickert, &quot;las operaciones militares estadounidenses en Afganist&aacute;n, &aacute;frica,  Filipinas y Colombia hacen parte de la guerra contra el terrorismo iniciada por  Estados Unidos.&quot; Andrew Feickert, &quot;U.S. Military Operations in  the Global War on Terrorism: Afghanistan, Africa, the Philippines, and  Colombia&quot;, en <i>CRS Report for Congress</i>, Febrero 2005, p. i. Por ello,  Colombia es uno de los sitios de despliegue m&aacute;s importantes de las <i>U.S. Special Operations Forces</i>. Ver, al  respecto, FEICKERT Andrew, &quot;U.S. Special Operations Forces (SOF): Background  and Issues for Congress&quot;, en <i>CRS Report for Congress</i>, Abril  2006. De manera expl&iacute;cita, el General Gary D. Speer, comandante interno del  Comando Sur, se&ntilde;alaba el 11 de Abril de 2002: &quot;<i>While Southern Command's priority since September 11 has been on the  planning and coordination necessary to execute the global war on terrorism,  everything we are doing in Colombia and in the region supports that end</i>.&quot;</p>      <p>69. <a name="(69)"></a>Estas cifras para los a&ntilde;os respectivos se pueden consultar en los informes  anuales del Departamento de Estado, <i>International Narcotics Control Strategy  Report</i>.</p>      <p>70. <a name="(70)"></a> El Presidente  Uribe fue re-electo en 2006. Obtuvo en la primera vuelta el 62% de los votos. La  abstenci&oacute;n se ubic&oacute; en el 55%. </p>      <p>71. <a name="(71)"></a> El informe anual del Departamento de Estado de Estados Unidos indic&oacute; en 2006  respecto a Colombia: &quot;<i>The following  societal problems and governmental human rights abuses were reported during the  year: unlawful and extrajudicial killings; forced disappearances; insubordinate  military collaboration with criminal groups; torture and mistreatment of  detainees; overcrowded and insecure prisons; arbitrary arrest; high number of  pretrial detainees some of whom were held with convicted prisoners; impunity;  an inefficient judiciary subject to intimidation; harassment and intimidation  of journalists; unhygienic conditions at settlements for displaced persons,  with limited access to health care, education, or employment; corruption;  harassment of human rights groups; violence against women, including rape;  child abuse and child prostitution; trafficking in women and children for the  purpose of sexual exploitation; societal discrimination against women,  indigenous persons, and minorities; and illegal child labor. Illegal armed  groups committed the majority of human rights violations. Despite a unilateral cease-fire  declared by the AUC in 2002 and a nationwide demobilization, renegade  paramilitary members committed the following criminal acts and human rights  abuses: political killings and kidnappings; forced disappearances; torture;  interference with personal privacy and with the political system; forced  displacement; suborning and intimidation of judges, prosecutors, and witnesses;  infringement on citizens' privacy rights; restrictions on freedom of movement;  recruitment and employment of child soldiers; and harassment, intimidation, and  killings of human rights workers, journalists, teachers, and trade unionists.  The FARC and ELN committed the following human rights violations: political  killings; killings of off-duty members of the public security forces and local  officials; kidnappings and forced disappearances; massive forced displacements;  suborning and intimidation of judges, prosecutors, and witnesses; infringement  on citizens' privacy rights; restrictions on freedom of movement; widespread  recruitment of child soldiers; attacks against human rights activists;  harassment, intimidation, and killings of teachers and trade unionists</i>&quot;. </p>      <p>72. <a name="(72)"></a> Comisi&oacute;n Colombiana de  Juristas, <i>Colombia 2002-2006: Situaci&oacute;n de derechos humanos y derecho humanitario</i>,  Bogot&aacute;: Comisi&oacute;n Colombiana de Juristas, Enero 2007. El dato de  asesinados o desaparecidos por fuera de combate indica que al momento de  iniciarse (agosto de 2002) el mandato del Presidente Uribe el total por d&iacute;a de  asesinados o desaparecidos por fuera de combate era de 9.0 y al terminar su  primer cuatrienio (agosto de 2006) ese total se ubic&oacute; en 7.8. </p>      <p>73. <a name="(73)"></a> En realidad, el  paramilitarismo sigue disponiendo de una &quot;soberan&iacute;a <i>de facto</i>&quot; en el pa&iacute;s.  Seg&uacute;n Thomas Blom Hansen y Finn Stepputat ese tipo de soberan&iacute;a es un &quot;<i>right  over life (to protect or to kill with impunity)</i>&quot;. </p>      <p>74.<a name="(74)"></a>  Una sint&eacute;tica vuelta al  pasado nos puede dar pistas acerca de los potenciales escenarios que hoy  enfrenta el pa&iacute;s. En 1978 lleg&oacute; al gobierno el Presidente Julio C&eacute;sar Turbay  Ayala (1978-1982). Una serie de informaciones y filtraciones  pusieron al mandatario en la defensiva en materia de lucha contra los  narc&oacute;ticos; fen&oacute;meno que comenzaba a emerger con fuerza. Por un lado, el  conocido programa televisivo &quot;<i>60 Minutes</i>&quot;  de la cadena <i>CBS</i> devel&oacute; un llamado  Memorando Bourne (Peter Bourne era el Consejero Especial para Asuntos de Salud  en la presidencia de Jimmy Carter) en el que se indicaba que personas cercanas  a Turbay, y &eacute;l mismo ten&iacute;an presuntamente conexiones con grupos dedicados al  tr&aacute;fico de drogas. Por otro lado, en 1980 el <i>Washington Post</i> inform&oacute;-con base en datos provistos por  funcionarios estadounidenses en Bogot&aacute;-que posiblemente el 10% del Congreso  hab&iacute;a sido elegido con dineros del narcotr&aacute;fico. En parte por convicci&oacute;n  personal y en parte por presi&oacute;n externa, Turbuy orden&oacute; desplegar un frontal  ataque contra el negocio de las drogas; en aquel momento centrado en torno a la  marihuana. Autoriz&oacute; el derribamiento de aviones, militariz&oacute; con m&aacute;s de 10.000  efectivos el departamento (provincia) de la Guajira-contiguo a Venezuela-para acabar con la  producci&oacute;n de marihuana, ensay&oacute; el uso del <i>paraquat</i> para erradicar esos cultivos, firm&oacute; un tratado de extradici&oacute;n que permit&iacute;a el  env&iacute;o de nacionales a Estados Unidos y se opuso con vehemencia a cualquier  iniciativa a favor de la legalizaci&oacute;n de la marihuana. Ninguna de estas  acciones tuvo un efecto decisivo sobre el fen&oacute;meno de las drogas. Sin embargo, Bogot&aacute; y  Washington parecieron, en la &eacute;poca, satisfechos: no m&aacute;s cr&iacute;ticas a Colombia a  la espera de que se limpiara la casa del &quot;flagelo&quot; de los narc&oacute;ticos. Lo  que de hecho sigui&oacute; fue el despegue del procesamiento de coca en coca&iacute;na en el  pa&iacute;s, una feroz campa&ntilde;a del narcotr&aacute;fico contra funcionarios judiciales,  figuras p&uacute;blicas, representantes de la oposici&oacute;n, campesinos en zonas de  conflicto y civiles indefensos, al tiempo que el Estado aplicaba la  extradici&oacute;n, involucraba a las fuerzas armadas en labores anti-narc&oacute;ticos e  iniciaba programas sostenidos de fumigaci&oacute;n utilizando el glifosato. En medio  de toda esta compleja din&aacute;mica de violencia criminal, coerci&oacute;n gubernamental y retaliaci&oacute;n  de los &quot;narcos&quot;, se produc&iacute;an, epis&oacute;dicamente, intentos de di&aacute;logo (en 1983 el  cartel de Medell&iacute;n le transmiti&oacute; ofertas al gobierno a trav&eacute;s de encuentros en  Panam&aacute; con el Procurador General de la Naci&oacute;n, Carlos Jim&eacute;nez G&oacute;mez, y el ex Presidente,  Alfonso L&oacute;pez Michelsen) y propuestas de mediaci&oacute;n (en 1989 los  narcotraficantes propusieron que una &quot;Comisi&oacute;n de Notables&quot; auspiciara  contactos con el gobierno). La intermitente &quot;guerra contra las drogas&quot; sigui&oacute; su curso  sin resolver el n&uacute;cleo del problema: un monumental emporio il&iacute;cito que se  alimentaba de una prohibici&oacute;n cada vez menos eficaz. A&ntilde;os despu&eacute;s la historia  pareci&oacute; revivirse. En 1994, lleg&oacute; al gobierno el Presidente Ernesto Samper  Pizano. Una nueva serie de acontecimientos y destapes volvieron  a colocar a un mandatario colombiano a la defensiva. Por un lado, estaban revelaciones  sobre los 6 millones de d&oacute;lares del cartel de Cali para su campa&ntilde;a electoral.  Por otro lado, de acuerdo con la   Fiscal&iacute;a colombiana, que inici&oacute; un vasto proceso judicial al  respecto, aproximadamente 65% del Congreso habr&iacute;a sido electo con dineros del  narcotr&aacute;fico. En ese contexto, Washington inici&oacute; un proceso de acorralamiento  pol&iacute;tico del ejecutivo. Como se mostr&oacute; esta estrategia  debilit&oacute; al Estado colombiano al someter a la presidencia a un enorme  descr&eacute;dito y deslegitimaci&oacute;n. Lo que sigui&oacute; despu&eacute;s de 1998 fue el gradual  languidecimiento de la estrategia judicial orientada a quebrar el v&iacute;nculo entre  la pol&iacute;tica y las drogas-algo que Estados Unidos no objet&oacute; fuertemente. As&iacute; entonces, una  consecuencia no deseada pero inevitable de lo anterior fue que los narc&oacute;ticos  siguieron siendo el combustible que alimentaba el poder de fuego de los  distintos grupos armados. Con ello pudo crecer a&uacute;n m&aacute;s el lazo entre el  paramilitarismo, expresi&oacute;n pol&iacute;tico-militar de una derecha cada vez m&aacute;s  aut&oacute;noma y decidida a combatir a las guerrillas de las FARC y el ELN, y  sectores pol&iacute;ticos, empresariales y de seguridad en el plano regional. Para  buena parte del <i>establishment</i> colombiano lo prioritario era derrotar a la insurgencia. Llegamos as&iacute; a la tercera  vez que se repite esta historia en Colombia. En 2002 se inaugur&oacute; el gobierno  del Presidente &aacute;lvaro Uribe. Su abrumadora victoria electoral, su determinaci&oacute;n  de confrontar militarmente a las FARC, su decisi&oacute;n de atacar con firmeza al  narcotr&aacute;fico, su resoluci&oacute;n para negociar con las Auto-Defensas Unidas de  Colombia (AUC) y su f&eacute;rreo alineamiento con Estados Unidos colocaron en un muy  distante segundo plano las dudas que en el pa&iacute;s expresaban sectores de la  oposici&oacute;n respecto al real desmantelamiento de la estructura paramilitar. Dos  indicaciones pasaron relativamente inadvertidas en su momento y no opacaron la  re-elecci&oacute;n de Uribe en 2006. Por un lado, el l&iacute;der  paramilitar Salvatore Mancuso indic&oacute; que el 35% del Congreso electo en 2002  estaba constituido por amigos del paramilitarismo. Por otro lado, la <i>National Security Archives</i>, un grupo de investigaci&oacute;n no gubernamental que trabaja  en George Washington University logr&oacute; que se de-clasificara un documento de  1991 de la <i>Defense Intelligence Agency</i> (DIA), una unidad del  Departamento de Defensa estadounidense, en el que se mencionan 104 nombres de  figuras prominentes con nexos con el entonces cartel de Medell&iacute;n: el n&uacute;mero 82  era &aacute;lvaro Uribe.</p>      <p>75. <a name="(75)"></a>A  ra&iacute;z del viaje de marzo de 2007 por Am&eacute;rica Latina del Presidente Bush y ante  el hecho de que &quot;ocho a&ntilde;os atr&aacute;s (Colombia) era considerado un Estado  fallido&quot;--y hoy estuviese superando ese estatus asignado por distintos sectores  en Estados Unidos--, Massimo Calabresi de la revista <i>Time</i> se preguntaba acerca de las ense&ntilde;anzas de este ejemplo para  Irak.</p>      <p>76. <a name="(76)"></a>Es importante  se&ntilde;alar que ni los m&aacute;s reputados &quot;colombian&oacute;logos&quot; (especialistas en Colombia)  en Estados Unidos ni las ONGs que trabajan en Washington sobre derechos humanos  y cuestiones de seguridad en Colombia comparten esta festiva interpretaci&oacute;n  sobre el pa&iacute;s.    </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>77. <a name="(77)"></a> De hecho el pa&iacute;s viv&iacute;a-y  a&uacute;n vive-lo que llam&eacute; un &quot;dilema estrat&eacute;gico&quot;: eludir la confrontaci&oacute;n contra  el negocio de las drogas y de los grupos que han usufructuado de ese il&iacute;cito  debilita internacionalmente a Colombia; asumir un combate decisivo contra ese  emporio y sus mayores beneficiarios lo debilita internamente.</p>  <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. WENDT Alexander, &quot;Anarchy is What the States Make of It: The Social  Construction of Power Politics&quot;, en <i>International Organization</i>, Vol.  46, No. 2, 1992. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000245&pid=S0121-4705200800030000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2.  ROTBERG Robert I. (ed.), <i>When States Fail. Causes and Consequences</i>,  Princeton: Princeton University Press, 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000246&pid=S0121-4705200800030000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 3. ANTONIADES Andreas, &quot;Epistemic Communities, Epistemes,  and the Construction of (World) Politics&quot;, en <i>Global Society</i>, Vol.  17, No. 1, 2003, p. 26. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000247&pid=S0121-4705200800030000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4.  HUNTER Wade Robert, &quot;Failing States and  Cumulative Causation in the World System&quot;, en <i>International Political Science  Review</i>, Vol. 26, No. 1, 2005. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000248&pid=S0121-4705200800030000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5.  DUNN  John (ed.), <i>West African States; Failure and Promises</i>, Cambridge:  Cambridge University Press, 1978. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000249&pid=S0121-4705200800030000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6.   MIGDAL Joel S., <i>Strong  Societies and Weak States: State-Society Relations and State Capabilities in  the Third World</i>, Princeton: Princeton University Press, 1988. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000250&pid=S0121-4705200800030000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. BADIE Bertrand, <i>The Imported State: The Westernization of the  Political Order</i>, Stanford: Stanford University Press, 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000251&pid=S0121-4705200800030000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. BILGIN Pinar y Adam David Morton,  &quot;Historicising Representations of 'Failed States': Beyond the Cold War  Annexation of the Social Sciences?&quot;, en <i>Third World Quarterly</i>, Vol. 23,  No. 1, 2002. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000252&pid=S0121-4705200800030000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9.  HELMAN  Gerald B. y Steven R. Ratner, &quot;Saving Failed States&quot;, en <i>Foreign Policy</i>, No.  89, Invierno 1992-1993. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000253&pid=S0121-4705200800030000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 10. CROCKER  Chester A., &quot;Engaging Failed States&quot;, en <i>Foreign Affairs</i>, Vol. 82, No. 5,  Septiembre-Octubre 1993. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000254&pid=S0121-4705200800030000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. CROCKER Chester A., Fen Olster Hampson (eds.), <i>Managing  Global Chaos: Sources of and Responses to International Conflict</i>,  Washington D.C.: U.S. Institute of Peace Press, 1996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000255&pid=S0121-4705200800030000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 12. ZARTMAN  I. William, <i>Ripe for Resolution: Conflict and Intervention in Africa</i>, New  York: Oxford University Press, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000256&pid=S0121-4705200800030000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 13. I. William Zartman (ed.), <i>Collapsed  States: The Disintegration and Restoration of Legitimate Authority,</i> Boulder: Lynne Rienner Publishers, 1995. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000257&pid=S0121-4705200800030000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 14. ZARTMAN I. William, <i>Cowardly  Lions: Missed Opportunities to Prevent Deadly Conflict and State Collapse</i>,  Boulder: Lynne Rienner Publishers, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000258&pid=S0121-4705200800030000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Mona Fixdal y Dan  Smith, &quot;Humanitarian Intervention and Just War&quot;, en <i>Mershom International Studies  Review</i>, Vol. 42, Sup. 2, Noviembre 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000259&pid=S0121-4705200800030000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16.  RAM&Oacute;N Chornet Consuelo, <i>&iquest;Violencia  necesaria? La intervenci&oacute;n humanitaria en derecho internacional,</i> Madrid:  Editorial Trotta, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000260&pid=S0121-4705200800030000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17.  POSEN  Barry R. y Andrew L. Ross, &quot;Competing Visions of U.S. Grand Strategy&quot;, en <i>International  Security</i>, Vol. 21, No. 3, 1996/1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000261&pid=S0121-4705200800030000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. <a href="http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=4914" target="_blank">http://www.globalresearch.ca/index.php</a> (accesado el 10 de Junio de 2007). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000262&pid=S0121-4705200800030000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. <a href="http://www.saic.com/natsec/policy.html" target="_blank">http://www.saic.com/natsec/policy.html</a> (accesado el 10 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000263&pid=S0121-4705200800030000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 20. KHALER Miles, &quot;Multilateralism with Small and Large Numbers&quot;, en <i>International  Organization</i>, Vol. 46, No. 3, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000264&pid=S0121-4705200800030000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21.  LAKE Anthony, <i>6  Nightmares: Real Threats in a Dangerous World and How America Can Meet Them</i>,  Boston: Little, Brown and Company, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000265&pid=S0121-4705200800030000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. BUZAN Barry, <i>People, States, and Fear: An  Agenda for International Security Studies in the Post-Cold War Era</i>,  Boulder: Lynne Rienner Publishers, 1991, pp. 97 y 99.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000266&pid=S0121-4705200800030000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 23. GOLDIN Natalia A., &quot;Los <i>failed states</i> en la estrategia nacional de  los Estados Unidos&quot; (Tesis de Licenciatura, Universidad de San Andr&eacute;s,  Victoria, 2005). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000267&pid=S0121-4705200800030000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24.  DORFF  Robert H., &quot;Democratization and Failed State: The Challenge of  Ungovernability&quot;, en <i>Parameters</i>, Vol. XXVI, No. 2,  Verano 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000268&pid=S0121-4705200800030000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. BUNKER Robert J., &quot;Failed-State Operational Environment Concepts&quot;,  en <i>Military Review</i>, Vol. LXXVII, No. 5, Septiembre-Octubre 1997. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000269&pid=S0121-4705200800030000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. NORTON  Richard J. y James F. Miskel, &quot;Spotting Trouble Identifying Faltering and  Failing States&quot;, en <i>Naval War College Review</i>, Vol. 50,  No. 2, Primavera 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000270&pid=S0121-4705200800030000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. WOODWARD Susan, &quot;Failed States: Warlordism and 'Tribal'  Warfare&quot;, en <i>Naval War College Review</i>, Vol. 52, No. 2, Primavera 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000271&pid=S0121-4705200800030000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 28. GROS  Jean-Germain, &quot;Towards a Taxonomy of Failed States in the New World Order:  Decaying Somalia, Liberia, Rwanda, and Haiti&quot;, en <i>Third World Quarterly</i>,  Vol. 17, No. 3, Septiembre 1996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000272&pid=S0121-4705200800030000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. LANGFORD Tonya, &quot;Things Fall Apart: State  Failure and the Politics of Intervention&quot;, en <i>International Studies Review</i>,  Vol. 1, No. 1, Primavera 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000273&pid=S0121-4705200800030000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 30. RENO William, &quot;Economic Motivations of Warfare  in Collapsed States&quot;, en <i>National Strategic Forum</i>, Vol. 10,  No. 2, Invierno 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000274&pid=S0121-4705200800030000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 31. SMITH  Eugene B., &quot;The New <i>Condottieri</i> and U.S. Policy: The Privatization of  Conflict and Its Implications&quot;, en <i>Parameters</i>, Vol. XXXII, No. 4,  Invierno 2002-2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000275&pid=S0121-4705200800030000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32.  COYNE  Christopher J., &quot;Reconstructing Weak and Failed States: Foreign Intervention  and the Nirvana Fallacy&quot;, en <i>Foreign Policy Analysis</i>, Vol. 2,  No. 4, Octubre 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000276&pid=S0121-4705200800030000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 33. Department of Defense, <i>Quadrennial Defense Review</i>,  Washington D.C.: U.S. Government Printing Office, 1997, p. 5. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000277&pid=S0121-4705200800030000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 34. Department of Defense, <i>National Military Strategy</i>,  Washington D.C.: U.S. Government Printing Office, 1997. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000278&pid=S0121-4705200800030000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 35. 1997, 1998 y 1999, The White House, <i>A National  Security Strategy for a New Century</i>, Washington D.C.: U.S.  Government Printing Office. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000279&pid=S0121-4705200800030000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 36. COHEN  William, <i>Annual Report to the President of the Congress</i>, Washington  D.C.: U.S. Printing Office, 1999, p. 2. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000280&pid=S0121-4705200800030000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 37. The  White House, <i>A National Security Strategy for a Global Age</i>, Washington  D.C.: U.S. Government Printing Office, 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000281&pid=S0121-4705200800030000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 38. Department of Defense<b>, </b><i>United States Special Operations Forces  Posture Statement</i>, Washington D.C.: U.S. Government Printing Office,  2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000282&pid=S0121-4705200800030000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39.  Hart-Rudman Commission, <i>The United States Commission on National  Security. 21st Century</i>, Washington D.C.: U.S. Government  Printing Office, 2000, p. 13. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000283&pid=S0121-4705200800030000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40.  U.S. Department of Defense, <i>Quadrennial Defense Review Report</i>,  Washington D.C.: US Government Printing Office, Septiembre 2001, p. 5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000284&pid=S0121-4705200800030000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41.  The White House, <i>The National Security Strategy of the United States of America</i>, Washington  D.C.: U.S. Government Printing Office, Septiembre de 2002, p. 1. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000285&pid=S0121-4705200800030000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Uni&oacute;n Europea, <i>Estrategia de seguridad europea. Una Europa segura en un mundo mejor</i>,  Bruselas: Uni&oacute;n Europea, 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000286&pid=S0121-4705200800030000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 43. RICE  Susan E., &quot;The New National Security Strategy: Focus on Failed States&quot;, en <i>The  Brookings Institution Policy Brief</i>, No. 116, Febrero 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000287&pid=S0121-4705200800030000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. The Commission of Post-Conflict Reconstruction, <i>Play to Win</i>,  Arlington: CSIS/AUSA, Enero 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000288&pid=S0121-4705200800030000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. KORB  Lawrence J. (director de proyecto), <i>A New National Security Strategy in an Age of  Terrorism, Tyrants, and Weapons of Mass Destruction. Three Options Presented as  Presidential Speeches,</i> New York: Council on Foreign Relations, Mayo  2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000289&pid=S0121-4705200800030000500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 46. The White House, <i>National Strategy for Combating Terrorism</i>, Washington D.C.:  U.S. Government Printing Office, Febrero 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000290&pid=S0121-4705200800030000500046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47.  Joint Chiefs of Staff, <i>The National Military of Strategy of the  United States of America. A Strategy for Today; A Vision for Tomorrow,</i> Washington D.C.: U.S. Government Printing Office, 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000291&pid=S0121-4705200800030000500047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 48. Department of Defense, <i>The National Defense Strategy of the United  States of America</i>, Washington D.C.: U.S. Government Printing Office,  Marzo 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000292&pid=S0121-4705200800030000500048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49.  Office of the Director of National Intelligence, <i>The National Intelligence  Strategy of the United States of America. Transformation Through Integration  and Innovation</i>, Washington D.C.: U.S. Government Printing Office,  Octubre 2005, p. 8. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000293&pid=S0121-4705200800030000500049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50.  Department  of Defense, <i>Quadrennial Defense Review Report</i>, Washington D.C.: U.S.  Government Printing Office, Febrero 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000294&pid=S0121-4705200800030000500050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51.  The  White House, <i>The National Security Strategy of the United States of America</i>,  Washington D.C.: U.S. Government Printing Office, Septiembre 2006. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000295&pid=S0121-4705200800030000500051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. KORB Lawrence y Caroline  Wadhams, &quot;A Critique of the Bush Administration's National Security Strategy&quot;,  en <i>The Stanley Foundation Policy Analysis Brief</i>, Junio 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000296&pid=S0121-4705200800030000500052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53.  The  White House, <i>National Strategy for Combating Terrorism</i>, Washington D.C.:  U.S. Government Printing Office, Septiembre 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000297&pid=S0121-4705200800030000500053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>54.  Office of Director of National Intelligence, <i>The National  Counterintelligence Strategy of the United States of America</i>,  Washington D.C.: U.S. Government Printing Office, Marzo 2007. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000298&pid=S0121-4705200800030000500054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>55.   PATRICK Stewart,  &quot;Weak States and Global Threats: Fact or Fiction?&quot;, en <i>The Washington Quarterly</i>,  Vol. 29, No. 2, Primavera 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000299&pid=S0121-4705200800030000500055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>56.  National Intelligence Council, <i>Mapping the Global Future</i>,  Washington D.C.: U.S. Government Printing Office, Enero 2005. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000300&pid=S0121-4705200800030000500056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>57. &quot;Department of Defense Directive 300.05 on Military Support for Stability,  Security, Transition, and Reconstruction (SSTR) Operations&quot;, en <a href="http://www.dtic.mil/whs/directives/corres/pdf/300005p.pdf" target="_blank">www.dtic.mil/whs/directives/corres/pdf/300005p.pdf</a> (accesado el 14 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000301&pid=S0121-4705200800030000500057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 58.  Robert Popp, &quot;<i>failed states have cultures and world views that are  vastly different from those of the United States...they pose an acute risk to US  national security</i>&quot;. en <a href="http://www.darpa.mil/darpatech2005/presentations/ixo/popp.pdf" target="_blank">www.darpa.mil/darpatech2005/presentations/ixo/popp.pdf</a> (accesado el 15 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000302&pid=S0121-4705200800030000500058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>59. POPP Robert, &quot;Utilizing Social Science Technology to  Understand and Counter the 21st Century Strategic Threat&quot;, en <a href="http://www.darpa.mil/darpatech2005/presentations/ixo/popp.pdf" target="_blank">www.darpa.mil/darpatech2005/presentations/ixo/popp.pdf</a> (accesado el 15 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000303&pid=S0121-4705200800030000500059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>60. &quot;An Interview with  Carlos Pascual&quot;, en <i>Joint Forces Quarterly</i>, No. 42,  Tercer Cuatrimestre 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000304&pid=S0121-4705200800030000500060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 61. KRASNER  Stephen D. y Carlos Pascual, &quot;Addressing State Failure&quot;, en <i>Foreign  Affairs</i>, Vol. 84, No. 4, Julio-Agosto 2005. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000305&pid=S0121-4705200800030000500061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>62. KRASNER Stephen D., &quot;Sharing Sovereignty:  New Institutions for Collapsed and Failing States&quot;, en <i>International Security</i>,  Vol. 29, No. 4, Oto&ntilde;o 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000306&pid=S0121-4705200800030000500062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>63. FEARON James  D. y David D. Laitin, &quot;Neotrusteeship and the Problem of Weak States&quot;, en <i>International  Security</i>, Vol. 28, No. 4, Primavera 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000307&pid=S0121-4705200800030000500063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 64. LOGAN  Justin y Christopher Preble, &quot;Failed State and Flawed Logic: The Case Against a  Standing Nation-Building Office&quot;, en <i>CATO Policy Analysis</i>, No. 560,  Enero 2006. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000308&pid=S0121-4705200800030000500064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>65. <a href="http://www.commondreams.org/headlines06/0120-08.htm" target="_blank">www.commondreams.org/headlines06/0120-08.htm</a> (accesado el 15 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000309&pid=S0121-4705200800030000500065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>66. <a href="http://www.state.gov/secretary/rm" target="_blank">www.state.gov/secretary/rm</a> (accesado el 15 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000310&pid=S0121-4705200800030000500066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>67.  BOAS Morten y  Kathleen M. Jennings, &quot;Insecurity and Development: The Rhetoric of a 'Failed  State'&quot;, en <i>European Journal of Development Research</i>, Vol. 17, No. 3,  Septiembre 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000311&pid=S0121-4705200800030000500067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 68. PATRICK  Stewart y Kaysie Brown, &quot;Fragile States and US Foreign Assistance: Show Me the  Money&quot;, en <i>Center for Global Development Working Paper</i>, No. 96, Agosto  2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000312&pid=S0121-4705200800030000500068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>69. HOBBES Thomas, <i>Behemoth or The Long Parliament</i>,  Chicago: University of Chicago Press, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000313&pid=S0121-4705200800030000500069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>70.  OQUIST Paul, <i>Violencia,  conflicto y pol&iacute;tica en Colombia</i>, Bogot&aacute;: Biblioteca Banco Popular,  1978, p. 255. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000314&pid=S0121-4705200800030000500070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>71.  SMITH Karen E., &quot;The Use of Political  Conditionality in the EU's Relations with Third Countries: How Effective?&quot;, en <i>European  Foreign Affairs Review</i>, Vol. 3 , No. 2, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000315&pid=S0121-4705200800030000500071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 72. DIJKSTRA A. Geske,  &quot;The Effectiveness of Policy Conditionality: Eight Country Experiences&quot;, en <i>Development  and Change</i>, Vol. 33, No. 2, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000316&pid=S0121-4705200800030000500072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>73.  TOKATLIAN Juan  Gabriel, E<i>n el l&iacute;mite: La (torpe) norteamericanizaci&oacute;n de la guerra contra las  drogas</i>, Bogot&aacute;: Editorial Norma/CEREC, 1997, pp. 139-157.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000317&pid=S0121-4705200800030000500073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 74. BYMAN Daniel  y Matthew Waxman, <i>The Dynamics of Coercion: American Foreign Policy and the Limits of  Military Might</i>, Cambridge: Cambridge University Press, 2002, pp.  48-86.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000318&pid=S0121-4705200800030000500074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>75.  Committee on Foreign Affairs, U.S. House of Representatives, <i>Compilation  on Narcotics Laws, Treaties, and Executive Documents</i>, Washington  D.C.: U.S. Government Printing Office, Junio 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000319&pid=S0121-4705200800030000500075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 76. Committee on Foreign  Affairs, U.S. House of Representatives, <i>International Narcotics Control and United  States Foreign Policy: A Compilation of Laws, Treaties, Executive Documents,  and Related Materials</i>, Washington D.C., U.S. Government Printing  Office, Diciembre 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000320&pid=S0121-4705200800030000500076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>77. TOKATLIAN  Juan Gabriel, <i>Drogas, dilemas y dogmas: Estados Unidos y la narcocriminalidad organizada  en Colombia</i>, Bogot&aacute;: Tercer Mundo Editores/Centro de Estudios  Internacionales, Universidad de los Andes, 1995, p. 54. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000321&pid=S0121-4705200800030000500077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>78. LEWIS  Gaddis John, <i>Strategies of Containment: A Critical Appraisal of Postwar American  National Security Policy,</i> New York: Oxford University Press, 1982. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000322&pid=S0121-4705200800030000500078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>79. Alexandra Gu&aacute;queta, &quot;Las relaciones  USA-Colombia: Una nueva lectura&quot;, en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico</i>, No. 43, IEPRI, Mayo-Agosto  2001. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000323&pid=S0121-4705200800030000500079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>80.  GUTKIN  Steven, &quot;DEA Agent Attacks Colombia as Narco-Democracy&quot;, en <i>The  Washington Post</i>, 1 de Octubre de 1994, p. 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000324&pid=S0121-4705200800030000500080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>81.  Informe de la   Comisi&oacute;n Colombia-Estados Unidos, &quot;Colombia: Una nueva  sociedad en un mundo nuevo&quot;, en TOKATLIAN Juan Gabriel (comp.), <i>Colombia  y Estados Unidos: Problemas y perspectivas</i>, Bogot&aacute;: Tercer Mundo  Editores/IEPRI, Universidad Nacional/COLCIENCIAS, 1998, p. 27.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000325&pid=S0121-4705200800030000500081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 82. TICKNER  Arlene B., &quot;Colombia es lo que los actores hacen de ella: Una (re)lectura de la  pol&iacute;tica exterior colombiana hacia los Estados Unidos&quot;, en ARDILA Martha, Diego  Cardona y Arlene B. Tickner (eds.), <i>Prioridades y desaf&iacute;os de la pol&iacute;tica  exterior colombiana</i>, Bogot&aacute;: Friedrich Ebert Stiftung/Hans Siedel  Stiftung, 2002, p. 357.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000326&pid=S0121-4705200800030000500082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 83. SWEENEY  John, &quot;Colombia's Narco-Democracy Threatens Hemispheric Security&quot;, en <i>The  Heritage Foundation Backgrounder</i>, No. 1028, 21 de Marzo de 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000327&pid=S0121-4705200800030000500083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 84. BENNETT  William J. y Jesse Helms, &quot;Colombia, America's Favorite Narco-Democracy&quot;, en <i>The  Wall Street Journal</i>, 4 de Abril de 1995, p. 20.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000328&pid=S0121-4705200800030000500084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 85. <a href="http://commdocs.house.gov/committees/intlrel/hfa48119.000/hfa48119_0f.htm" target="_blank">commdocs.house.gov/committees/intlrel/hfa48119.000/hfa48119_0f.htm</a> (accesado  el 10 de junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000329&pid=S0121-4705200800030000500085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>86.  SCHEMO  Diana Jean, &quot;Colombia Cited For a 2d Year For Drug Trade&quot;, en <i>The  New York Times</i>, 1 de Marzo de 1997, p. 6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000330&pid=S0121-4705200800030000500086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>87.  <a href="http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=96681" target="_blank">www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=96681</a> (accesado el 12 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000331&pid=S0121-4705200800030000500087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>88. PARDO Rodrigo, &quot;Colombia y Estados Unidos: Intoxicados por  las drogas&quot;, en RAM&iacute;REZ Socorro y Luis Alberto Restrepo (coords.), <i>Colombia:  Entre la inserci&oacute;n y el aislamiento. La pol&iacute;tica exterior colombiana en los  a&ntilde;os noventa,</i> Bogot&aacute;: Siglo del Hombre Editores, 1997, p. 315.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000332&pid=S0121-4705200800030000500088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>89.  VARGAS  Meza Ricardo, <i>Drogas, m&aacute;scaras y juegos: Narcotr&aacute;fico y conflicto armado en Colombia</i>,  Bogot&aacute;: Tercer Mundo Editores/TNI/Acci&oacute;n Andina, 1999, p. 138.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000333&pid=S0121-4705200800030000500089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 90. TOKATLIAN  Juan Gabriel, &quot;Diplomacia coercitiva, narcotr&aacute;fico y crisis: &iquest;El deterioro  irreversible de las relaciones entre Estados Unidos y Colombia?&quot;, en LEAL  Buitrago Francisco (ed.), <i>Tras las huellas de la crisis pol&iacute;tica</i>,  Bogot&aacute;: Tercer Mundo Editores, FESCOL/IEPRI, Universidad nacional de Colombia,  1996, p. 185.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000334&pid=S0121-4705200800030000500090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  91.  PARDO Garc&iacute;a-Pe&ntilde;a Rodrigo, &quot;Un pa&iacute;s problema en un mundo intervensionista&quot;, en   LEAL Buitrago Francisco (ed.), <i>En la encrucijada: Colombia en  el siglo XXI</i>, Bogot&aacute;: Editorial Norma/CESO, Universidad de los  Andes, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000335&pid=S0121-4705200800030000500091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 92. CARRIGAN Ann y Robert O. Weiner, &quot;As It Civil War  Intensifies, Colombia Emerges as the Bosnia of South America&quot;, en <i>The  Washington Post</i>, 17 de Agosto de 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000336&pid=S0121-4705200800030000500092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>93.   Estudio-Diagn&oacute;stico Conjunto, <i>M&eacute;xico y  Estados Unidos ante el problema de las drogas</i>, M&eacute;xico D.F.: Secretaria de  Relaciones Exteriores, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000337&pid=S0121-4705200800030000500093&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>94. Bruce M. Bagley, &quot;Hablando duro. La pol&iacute;tica  internacional antinarc&oacute;ticos de los Estados Unidos en los a&ntilde;os noventa&quot;, en TOKATLIAN Juan Gabriel (comp.), <i>Colombia  y Estados Unidos: Problemas y perspectivas</i>, Bogot&aacute;: Tercer Mundo Editores/IEPRI, Universidad Nacional/COLCIENCIAS, 1998, p. 114.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000338&pid=S0121-4705200800030000500094&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 95. United  Nations Office for Drug Control and Crime Prevention (UNODCCP), <i>Global  Illicit Drug Trends</i>, New York: UN, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000339&pid=S0121-4705200800030000500095&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>96.  BAGLEY  Bruce Michael, &quot;Narcotr&aacute;fico, violencia pol&iacute;tica y pol&iacute;tica exterior de Estados  Unidos hacia Colombia en los noventa&quot;, en <i>Colombia Internacional</i>, Nos.  49-50, Febrero 2001, p. 8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000340&pid=S0121-4705200800030000500096&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>97.  BAGLEY  Bruce Michael, &quot;Narcotr&aacute;fico, violencia pol&iacute;tica y pol&iacute;tica exterior de Estados  Unidos hacia Colombia en los noventa&quot;, en <i>Colombia Internacional</i>, Nos.  49-50, Febrero 2001, p. 11.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000341&pid=S0121-4705200800030000500097&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>98.  WALLENSTEEN Peter y Margareta Sollenberg, &quot;Armed Conflicts, 1989-1998&quot;, en <i>Journal  of Peace Research,</i> Vol. 36, No. 5, Septiembre 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000342&pid=S0121-4705200800030000500098&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 99. PADGET Tim, &quot;The Backyard  Balkans&quot;, en <i>Time</i>, 18 de enero de 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000343&pid=S0121-4705200800030000500099&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>100. TICKNER Arlene B., &quot;La guerra contra las drogas: Las relaciones Colombia-Estados Unidos durante la administraci&oacute;n Pastrana&quot;, en ESTRADA &aacute;lvarez Jairo (ed.), <i>Plan  Colombia: Ensayos cr&iacute;ticos</i>, Bogot&aacute;: Universidad Nacional de  Colombia, 2001, p. 221.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000344&pid=S0121-4705200800030000500100&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 101. RAM&iacute;REZ  Socorro, &quot;La internacionalizaci&oacute;n del conflicto y de la paz en Colombia&quot;, en  Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), <i>El  plan Colombia y la internacionalizaci&oacute;n del conflicto</i>, Bogot&aacute;:  Editorial Planeta, 2001, p. 21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000345&pid=S0121-4705200800030000500101&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>102.  RAM&iacute;REZ  Socorro, <i>Intervenci&oacute;n en conflictos internos: El caso colombiano, 1994-2003</i>,  Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia, 2004, p. 193.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000346&pid=S0121-4705200800030000500102&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 103. RESTREPO  Luis Alberto, &quot;El ejecutivo en la crisis: Dimensiones, antecedentes y  perspectivas&quot;, en LEAL Buitrago Francisco (ed.), <i>En la encrucijada: Colombia en  el siglo XXI</i>, Bogot&aacute;: Editorial Norma/CESO, Universidad de los  Andes, 2006, p.  51.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000347&pid=S0121-4705200800030000500103&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 104. RESTREPO Luis Alberto, &quot;&iquest;Hacia el  reino de los 'caudillos ilustrados'? Los gobiernos colombianos como  actores pol&iacute;ticos&quot;, en LEAL Buitrago Francisco (ed.), <i>En la encrucijada: Colombia en  el siglo XXI</i>, Bogot&aacute;: Editorial Norma/CESO, Universidad de los  Andes, 2006, p. 37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000348&pid=S0121-4705200800030000500104&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 105. MARCELLA Gabriel y Donald Schulz,  &quot;Las tres guerras de Colombia. Estrategia de Estados Unidos en la  encrucijada&quot;, en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico</i>, No. 37, IEPRI, Mayo-Agosto 1999, p. 39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000349&pid=S0121-4705200800030000500105&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 106. MCLEAN  Philip, &quot;Colombia: Failed, Failing or Just Weak?&quot;, en <i>The Washington Quarterly</i>,  Vol. 25, No. 3, Verano 2002, p. 129.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000350&pid=S0121-4705200800030000500106&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>107.  CRANDALL  Russell, &quot;Explicit Narcotization: U.S. Policy toward Colombia during the Samper  Administration&quot;, en <i>Latin American Politics and Society</i>,  Vol. 43, No. 3, Oto&ntilde;o 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000351&pid=S0121-4705200800030000500107&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 108. PECENY  Marc y Michael Durnan, &quot;The FARC's Best Friend: U.S. Antidrug Policies and the  Deepening of Colombia's Civil War in the 1990s&quot;, en <i>Latin American Politics and  Society</i>, Vol. 48, No. 2, Verano 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000352&pid=S0121-4705200800030000500108&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>109. <a href="http://www.senliscouncil.net/modules/events/lisbon/18_keith" target="_blank">www.senliscouncil.net/modules/events/lisbon/18_keith</a> (accesado el 24 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000353&pid=S0121-4705200800030000500109&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   110. AYLING  Julie, &quot;Conscription in the War on Drugs: Recent Reforms to the U.S. Drug  Certification Process&quot;, en <i>International Journal of Drug Policy</i>,  Vol. 16, No. 6, Diciembre 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000354&pid=S0121-4705200800030000500110&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 111. LOVEMAN  Brian, &quot;Preface&quot;, en Brian Loveman (ed.), <i>Addicted to Failure: U.S. Security Policy in  Latin America and the Andean Region</i>, Lanham: Rowman &amp;  Littlefield Publishers, 2006, p. XX.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000355&pid=S0121-4705200800030000500111&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 112.  POSADA Carb&oacute; Eduardo, &iquest;Ciudadanos de un estado fracasado?, en <a href="http://www.ideaspaz.org/articulos/download/c07_estado_fracasado.pdf" target="_blank">www.ideaspaz.org/articulos/download/c07_estado_fracasado.pdf</a> (accesado el 20 de Junio de 2007). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000356&pid=S0121-4705200800030000500112&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 113. PIZARRO Leong&oacute;mez Eduardo, &quot;Las FARC-EP: &iquest;Repliegue  estrat&eacute;gico, debilitamiento o punto de inflexi&oacute;n?&quot;, en Instituto de Estudios  Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales, <i>Nuestra guerra sin nombre: Transformaciones  del conflicto en Colombia</i>, Bogot&aacute;: Editorial Norma/IEPRI,  Universidad Nacional de Colombia, 2006, p. 192. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000357&pid=S0121-4705200800030000500113&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 114. MASON Ann, &quot;Exclusividad, autoridad y  estado&quot;, en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico</i>, No. 47, IEPRI, Septiembre-Noviembre 2002,  p. 71.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000358&pid=S0121-4705200800030000500114&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 115. TOKATLIAN  Juan Gabriel, <i>Globalizaci&oacute;n, narcotr&aacute;fico y violencia: Siete ensayos sobre Colombia</i>,  Buenos Aires/Bogot&aacute;: Editorial Norma, 2000, p. 52.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000359&pid=S0121-4705200800030000500115&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>116.  MANWARING  Max G., &quot;Beyond the Cold War: Toward a Theory of Engagement to Confront Gray  Area Phenomenon&quot;, en MANWARING Max G. (ed.) <i>Gray Area Phenomena: Confronting the New  World Disorder</i>, Boulder: Westview Press, 1993, p. 67.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000360&pid=S0121-4705200800030000500116&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>117.  BAGLEY  Bruce Michael, &quot;Narcotr&aacute;fico, violencia pol&iacute;tica y pol&iacute;tica exterior de Estados  Unidos hacia Colombia en los noventa&quot;, en <i>Colombia Internacional</i>, Nos.  49-50, Febrero 2001, p. 27. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000361&pid=S0121-4705200800030000500117&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 118. Doug Stokes, &quot;'Iron Fists in Iron Gloves': The Political Economy of US  Terrorcracy in Colombia&quot;, en <i>British Journal of Politics and International  Relations</i>, Vol. 8, No. 3, Agosto 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000362&pid=S0121-4705200800030000500118&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>119.  GARC&iacute;A Andelfo, &quot;Plan Colombia y  ayuda estadounidense: Una fusi&oacute;n traum&aacute;tica&quot;, en Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), <i>El  plan Colombia y la internacionalizaci&oacute;n del conflicto</i>, Bogot&aacute;:  Editorial Planeta, 2001. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000363&pid=S0121-4705200800030000500119&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>120.  ROJAS Rivera Diana Marcela y Adolfo  Le&oacute;n Atehort&uacute;a Cruz, &quot;Ecos del proceso de paz y el plan Colombia en la prensa norteamericana&quot;,  en Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), <i>El  plan Colombia y la internacionalizaci&oacute;n del conflicto</i>, Bogot&aacute;:  Editorial Planeta, 2001.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000364&pid=S0121-4705200800030000500120&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>121. &quot;Congress Must Act Now in Colombia&quot;, en <i>The Los Angeles Times</i>, 27 de Marzo  de 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000365&pid=S0121-4705200800030000500121&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 122. MARQUIS  Christopher, &quot;Facing Facts: Aid to Colombia; America Gets Candid About What  Colombia Needs&quot;, en <i>The New York Times</i>, 25 de Febrero  de 2001, s. 4, p. 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000366&pid=S0121-4705200800030000500122&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 123. Daniel W. Christman y John G. Heimann  (co-presidentes), Julia Sweig (directora de proyecto), <i>Andes 2020: A New Strategy for  the Challenges of Colombia and the Region</i>, New York: Council on  Foreign Relations, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000367&pid=S0121-4705200800030000500123&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>124.  GRAHAM  Bob y Brent Scowcroft (co-presidentes), Michael Shifter (director de proyecto), <i>Toward  Greater Peace and Security in Colombia: Forging a Constructive U.S. Foreign  Policy</i>, New York: Council on Foreign Relations, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000368&pid=S0121-4705200800030000500124&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 125. &quot;Tire y afloje por la ayuda en Estados Unidos&quot;, en <i>El Tiempo</i>, 22 de  Marzo de 2000, p. 4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000369&pid=S0121-4705200800030000500125&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 126.  Bob Graham del 21 de Junio de 2000 en <a href="http://www.ciponline.org/colombia/062138.htm" target="_blank">www.ciponline.org/colombia/062138.htm</a> (accesado el 25 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000370&pid=S0121-4705200800030000500126&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 127. Schlesinger Working Group Report (preparado por Alexandar D. Javonic),  &quot;Colombia at Crossroads&quot;, Georgetown University, Primavera 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000371&pid=S0121-4705200800030000500127&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>128. Woodrow Wilson Center for International Scholars, United States Institute of  Peace e International Crisis Group (Gary Bland, rapporteur), <i>Peace  and Security in Colombia</i>, Washington D.C.: The Wilson Center, 2002.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000372&pid=S0121-4705200800030000500128&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 129. JOHNSON  Stephen, &quot;Fighting Colombia's Drug Trade&quot;, en <i>The Washington Times</i>,  30 de Agosto de 2000, p. 12.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000373&pid=S0121-4705200800030000500129&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>130.  SWEENEY  John P., &quot;Tread Cautiously in Colombia's Civil War&quot;, en <i>The Heritage Foundation  Backgrounder</i>, No. 1264, Marzo de 1999, p. 2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000374&pid=S0121-4705200800030000500130&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 131. <a href="http://www.cato.org/events/transcripts/010313et.pdf" target="_blank">www.cato.org/events/transcripts/010313et.pdf</a> (accesado el 22 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000375&pid=S0121-4705200800030000500131&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 132. SHIFTER  Michael y Vinay Jawahar, &quot;State Building in Colombia: Setting Priorities  Straight&quot;, en <i>Journal of International Affairs</i>, Vol. 58, No. 1, Oto&ntilde;o 2004,  p. 143. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000376&pid=S0121-4705200800030000500132&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 133. MCLEAN  Philip, &quot;Colombia: Failed, Failing or Just Weak?&quot;, en <i>The Washington Quarterly</i>,  Vol. 25, No. 3, Verano 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000377&pid=S0121-4705200800030000500133&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 134. FRECHETTE  Myles, &quot;In Search of the Endgame: A Long-Term Multilateral Strategy for  Colombia&quot;, en <i>The North-South Agenda Papers</i>, No. 62, Febrero de 2003, p. 4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000378&pid=S0121-4705200800030000500134&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>135.  HAASS  Richard N., &quot;Foreign Policy in the Age of Primacy: An Overview&quot;, en <i>The  Brookings Review</i>, Vol. 18, No. 4, Oto&ntilde;o 2000, p. 6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000379&pid=S0121-4705200800030000500135&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 136. CARLUCCI  Frank, Robert Hunter y Zalmay Khalilzad (co-presidentes), <i>Taking Charge: A Bipartisan  Report to the President Elect on Foreign Policy and National Security</i>,  Santa Monica: RAND Corporation, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000380&pid=S0121-4705200800030000500136&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 137. RABASA  Angel y Peter Chalk, <i>Colombian Labyrinth: The Synergy of Drugs and  Insurgency and Its Implications for Regional Stability</i>, Santa  Monica: RAND Corporation, 2001, p. 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000381&pid=S0121-4705200800030000500137&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 138. CRAGIN  Kim y Bruce Hoffman, <i>Arms Trafficking and Colombia</i>,  Santa Monica: RAND Corporation, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000382&pid=S0121-4705200800030000500138&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 139. OLSON  William J., &quot;Intelligence Problems as They Relate to International Crime  Organizations and Drug Trafficking&quot;, en Carolyn W. Pumphrey (ed.), <i>Transnational  Threats: Blending Law Enforcement and Military Strategies</i>, Carlisle:  Strategic Studies Institute, Noviembre 2000, p. 63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000383&pid=S0121-4705200800030000500139&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 140. MANWARING  Max G., <i>U.S. Security Policiy in the Western Hemisphere: Why Colombia, Why Now  and What Is to Be Done?</i>, Carlisle: Strategic Studies Institute,  Junio 2001. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000384&pid=S0121-4705200800030000500140&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 141. MARCELLA Gabriel y Donald Schulz,  &quot;Las tres guerras de Colombia. Estrategia de Estados Unidos en la  encrucijada&quot;, en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico</i>, No. 37, IEPRI, Mayo-Agosto 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000385&pid=S0121-4705200800030000500141&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>142. MARCELLA  Gabriel, <i>The United States and Colombia: The Journey from Ambiguity to Strategic  Clarity</i>, Carlisle: Strategic Studies Institute, Mayo 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000386&pid=S0121-4705200800030000500142&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 143. N&Uacute;&Ntilde;EZ  Joseph R., <i>Fighting the Hobbesian Trinity in Colombia: A New Strategy for Peace</i>,  Carlisle: Strategic Studies Institute, Abril 2001. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000387&pid=S0121-4705200800030000500143&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 144. COPE  John, &quot;Colombia's War: Toward a New Strategy&quot;, en <i>Strategic Forum</i>, No.  194, Octubre 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000388&pid=S0121-4705200800030000500144&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>145. COPE John A., &quot;A Prescription for Protecting the Southern Approach&quot;, in <i>Joint  Forces Quarterly</i>, No. 42, Tercer Cuatrimestre 2006, pp. 18-19. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000389&pid=S0121-4705200800030000500145&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>146.  ROSKIN  Michael G., &quot;Crime and Politics in Colombia: Consideration for U.S.  Involvement&quot;, en <i>Parameters</i>, Vol. XXXI, No. 4, Invierno 2001-02, p. 126. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000390&pid=S0121-4705200800030000500146&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>147.  MENDEL  William W., &quot;Colombia's Threats to Regional Security&quot;, en <i>Military Review</i>,  Mayo-Junio 2001, p. 2. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000391&pid=S0121-4705200800030000500147&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>148.  FRANCO  George H., &quot;Their Darkest Hour: Colombia's Government and the  Narco-Insurgency&quot;, en <i>Parameters</i>, Vol. XXX, No. 2,  Verano 2000, p. 85. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000392&pid=S0121-4705200800030000500148&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 149. ROBERTS Lee C., &quot;United States  Strategy in Colombia: New Opportunities&quot; (Naval War College, 2003). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000393&pid=S0121-4705200800030000500149&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>150. Michael S.  Stough, &quot;Tightening the Screws: Restoring Security in Colombia&quot; (National War  College, 2002).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000394&pid=S0121-4705200800030000500150&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 151. Daniel Rogers, &quot;Colombia and the United States: Providing for  Their Common Defense&quot; (National War College, 2002). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000395&pid=S0121-4705200800030000500151&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>152. Juan A. Alsace, &quot;All Bush's  Horses and All Bush's Men: How Far Should the United States Go to Help Put  Colombia Back Together Again?&quot; (National War College, 2003).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000396&pid=S0121-4705200800030000500152&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 153. Bryan P.  Hernandez, &quot;U.S. Military Intervention in Colombia: Strategic and Operational  Planning Considerations&quot; (US Army Command and General Staff College, 2003).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000397&pid=S0121-4705200800030000500153&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 154. Stephen P. Weiler, &quot;Colombia: Gateway to Defeating Transnational Hell in the  Western Hemisphere&quot; (Army War College, 2004).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000398&pid=S0121-4705200800030000500154&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 155. Mark Campsey, &quot;Balancing U.S.  Strategy in Colombia&quot; (Army War College, 2005). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000399&pid=S0121-4705200800030000500155&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>156. U.S. Department of Defense, <i>Quadrennial Defense Review Report</i>,  Washington D.C.: US Government Printing Office, Septiembre 2001, p. 5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000400&pid=S0121-4705200800030000500156&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 157. <a href="http://www.ciponline.org/colombia/030910hill.htm" target="_blank">www.ciponline.org/colombia/030910hill.htm</a> (accesado el 25 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000401&pid=S0121-4705200800030000500157&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 158. <a href="http://www.ciponline.org/colombia/112001.htm" target="_blank">www.ciponline.org/colombia/112001.htm</a> (accesado el 25 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000402&pid=S0121-4705200800030000500158&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 159. <a href="http://www.ciponline.org/colombia/031029fran.htm" target="_blank">www.ciponline.org/colombia/031029fran.htm</a> (accesado el 25 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000403&pid=S0121-4705200800030000500159&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 160. POMPER  Miles A., &quot;Hastert Leads the Charge in Colombia Drug War&quot;, en <i>CQ  Weekely</i>, 11 de Septiembre de 1999, p. 2090. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000404&pid=S0121-4705200800030000500160&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 161.  <a href="http://www.ciponline.org/colombia/02062101.htm" target="_blank">www.ciponline.org/colombia/02062101.htm</a> (accesado el 25 de junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000405&pid=S0121-4705200800030000500161&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 162. DA FONSECA Carlos, &quot;Fora  dos Radares de Washington: As relacoes Estados Unidos-Am&eacute;rica Latina e a  questao do 'd&eacute;ficit de atencao'&quot;, en <i>Pol&iacute;tica  Externa</i>, Vol. 15, No. 3, Diciembre-Febrero 2006-07.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000406&pid=S0121-4705200800030000500162&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 163. Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), <i>El  plan Colombia y la internacionalizaci&oacute;n del conflicto</i>, Bogot&aacute;:  Editorial Planeta, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000407&pid=S0121-4705200800030000500163&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 164. BARCLAY  Neumann Vanessa (-Peat), &quot;The (In)Coherence of U.S. Foreign Policy in Colombia.  Disentangling the Maze of Drug Control: Is Plan Colombia the Panacea?&quot; (Tesis  Doctoral, Universidad de Ginebra, Ginebra, 2004). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000408&pid=S0121-4705200800030000500164&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>165.  <a href="http://gregg.senate.gov/public/index.cfm?FuseAction=PressRoom.PressReleases&amp;ContentRecord_id=77959441-802a-23ad-4961-d103a573ce4b&amp;Region_id=&amp;Issue_id=" target="_blank">http://gregg.senate.gov/public/index.cfm</a> (accesado el 26 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000409&pid=S0121-4705200800030000500165&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 166. <a href="http://www.southcom.mil/appssc/news.php?storyId=181" target="_blank">www.southcom.mil/appssc/news.php?storyId=181</a> (accesado el 26 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000410&pid=S0121-4705200800030000500166&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 167. <a href="http://www.internationalrelations.house.gov/archives/109/has051105.pdf" target="_blank">www.internationalrelations.house.gov/archives/109/has051105.pdf</a> (accesado el 26 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000411&pid=S0121-4705200800030000500167&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 168. <a href="http://www.internationalrelations.house.gov/archives/109/hyde051105.pdf" target="_blank">www.internationalrelations.house.gov/archives/109/hyde051105.pdf</a> (accesado el 26 de Junio de 2007). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000412&pid=S0121-4705200800030000500168&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 169. <a href="http://www.ciponline.org/colombia/030708goss.htm" target="_blank">www.ciponline.org/colombia/030708goss.htm</a> (accesado el 26 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000413&pid=S0121-4705200800030000500169&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 170. SHIFTER  Michael y Peter Hakim, &quot;Bush Got Nada&quot;, en <i>The Los Angeles Times</i>, 13 de  Noviembre de 2005, p. 11. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000414&pid=S0121-4705200800030000500170&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 171. KONDRACKE  Morton, &quot;US Has Scored Bipartisan Successes in the War for Colombia&quot;, en <i>San  Gabriel Valley Tribune</i>, 10 de Marzo de 2005. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000415&pid=S0121-4705200800030000500171&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>172.  &quot;Assault on an Ally&quot;, en <i>The Washington Post</i>, 6 de Mayo de  2007, p. 18.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000416&pid=S0121-4705200800030000500172&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 173. &quot;Congress Should OK Aid to Colombia&quot;, en <i>The Miami Herald</i>, 23 de Abril de  2007, p. 12. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000417&pid=S0121-4705200800030000500173&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 174. ROMERO  Simon, &quot;Bush Heads to Colombia as Scandal Taints Alliance&quot;, en <i>The  New York Times</i>, 11 de Marzo de 2007, p. 4. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000418&pid=S0121-4705200800030000500174&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>175.  &quot;Presidente &aacute;lvaro Uribe pide apoyo ciudadano y solidaridad internacional para  derrotar al terrorismo&quot;, en <i>El Tiempo,</i> 10 de Febrero de 2003,  p. 5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000419&pid=S0121-4705200800030000500175&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 176. GALBRAITH  John S., &quot;The Turbulent Frontier as a Factor in British Expansion&quot;, en <i>Comparative  Studies in Society and History</i>, Vol. 2, No. 2, Enero 1960.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000420&pid=S0121-4705200800030000500176&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 177. TOKATLIAN  Juan Gabriel, &quot;El Plan Colombia: &iquest;Un modelo de intervenci&oacute;n?&quot;, en <i>Revista  CIDOB d'Afers Internacionals</i>, Nos. 54-55, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000421&pid=S0121-4705200800030000500177&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>178.  SERAFINO Nina  M., &quot;Colombia: U.S. Assistance and Current Legislation&quot;, en <i>CRS  Report to Congress</i>, Junio 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000422&pid=S0121-4705200800030000500178&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 179. RANDALL Stephen J., &quot;El problema de la  seguridad en las relaciones Colombia-Estados Unidos: Perspectivas en  transici&oacute;n&quot;, en CARDONA C. Diego, Bernard Labatut, St&eacute;phanie Lavaux y Ruben S&aacute;nchez  D. (eds.), <i>Encrucijadas de la seguridad en Europa y las Am&eacute;ricas</i>, Bogot&aacute;:  CEPI, Universidad del Rosario, 2004, pp. 260-261.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000423&pid=S0121-4705200800030000500179&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>180. ZAMBELIS Chris, &quot;Al-Qaeda in the Andes: Spotlight on  Colombia&quot;, in <i>The Jamestown Foundation Terrorism Monitor</i>, Vol. IV, No. 7,  Abril 2006, p. 6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000424&pid=S0121-4705200800030000500180&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>181. FEICKERT Andrew, &quot;U.S. Special Operations Forces (SOF): Background  and Issues for Congress&quot;, en <i>CRS Report for Congress</i>, Abril  2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000425&pid=S0121-4705200800030000500181&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>182. <a href="http://www.ciponline.org/colombia/02041105.htm" target="_blank">www.ciponline.org/colombia/02041105.htm</a> (accesado el 25 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000426&pid=S0121-4705200800030000500182&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 183. &quot;The View Before 9/11. America's Place in the World&quot; (New York: Council on  Foreign Relations/Pew Research Center, 2001). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000427&pid=S0121-4705200800030000500183&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>184.  <a href="http://www.ciponline.org/colombia/aidtable.htm" target="_blank">www.ciponline.org/colombia/aidtable.htm</a> (accesado el 27 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000428&pid=S0121-4705200800030000500184&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 185. ISACSON Adam,  Joy Olson y Lisa Haugaard, <i>Below the Radar: U.S. Military Programs with  Latin America, 1997-2007</i>, Washington D.C.: LAWGEF/CIP/WOLA, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000429&pid=S0121-4705200800030000500185&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 186. VEILLETTE Connie, &quot;Plan Colombia: A  Progress Report&quot;, en <i>CRS Report For Congress</i>, Enero  2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000430&pid=S0121-4705200800030000500186&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 187. BAGLEY  Bruce Michael, &quot;Narcotr&aacute;fico, violencia pol&iacute;tica y pol&iacute;tica exterior de Estados  Unidos hacia Colombia en los noventa&quot;, en <i>Colombia Internacional</i>, Nos.  49-50, Febrero 2001, p. 11.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000431&pid=S0121-4705200800030000500187&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>188.  <a href="http://www.eltiempo.com/justicia/2007-07-01/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3619567.html" target="_blank">www.eltiempo.com/justicia/2007-07-01/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3619567.html</a> (accesado el 1 de Julio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000432&pid=S0121-4705200800030000500188&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>189.  <a href="http://www.state.gov/g/drl/rls/hrrpt/2006/78885.htm" target="_blank">www.state.gov/g/drl/rls/hrrpt/2006/78885.htm</a> (accesado el 1 de Julio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000433&pid=S0121-4705200800030000500189&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>190. BLOM Hansen Thomas y Finn  Stepputat, &quot;Sovereingty Revisited&quot;, en <i>Annual Review of Anthropology</i>,  Vol. 35, 2006, p. 2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000434&pid=S0121-4705200800030000500190&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>191.  <a href="http://www.semana.com/noticias-nacion/colombia-no-narcodemocracia/74345.aspx" target="_blank">www.semana.terra.com.co/opencms/opencms/semana/articulo/.html?=74345</a> (accesado el 28 de Junio  de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000435&pid=S0121-4705200800030000500191&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>192.  BEITH  Malcolm (con Mark Duffy), &quot;A Flowering Basketcase. From Failed State to Model  Reformer in Just a Few Years, Can it be Colombia?, en <i>Newsweek</i> (edici&oacute;n  internacional), 27 de Septiembre de 2004.  <a href="http://www.msnbc.msn.com/id/6038231/site/newsweek/" target="_blank">www.msnbc.msn.com/id/6038231/site/newsweek/</a> (accesado el 28 de Junio de 2007). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000436&pid=S0121-4705200800030000500192&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 193. The World Bank, <i>Doing Business in 2005: Removing Obstacles to Growth</i>,  Washington D.C.: The World Bank, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000437&pid=S0121-4705200800030000500193&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>194.  BOURQUE Alan G., &quot;Changing US Strategy in South America: Adjusting and  Exporting Plan Colombia&quot; (Army War College, 2004). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000438&pid=S0121-4705200800030000500194&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 195. <a href="http://www.whitehousedrugpolicy.gov/NEWS/" target="_blank">www.whitehousedrugpolicy.gov/NEWS/</a> (accesado el 28 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000439&pid=S0121-4705200800030000500195&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>196.  SCARBOROUGH  Rowan, &quot;Colombia Helps Afghanistan Wage Drug War&quot;, en <i>The Washington Times</i>,  25 de Agosto de 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000440&pid=S0121-4705200800030000500196&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 197.  <a href="http://www.fundforpeace.org/" target="_blank">www.fundforpeace.org</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000441&pid=S0121-4705200800030000500197&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>198.  MARKS  Thomas A., &quot;A Model Counterinsurgency: Uribe's Colombia (2002-2006) vs FARC&quot;,  en <i>Military Review</i>, Marzo-Abril 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000442&pid=S0121-4705200800030000500198&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>199. <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/01/19/AR2007011901948.html" target="_blank">www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/01/19/AR2007011901948.html</a> (accesado el 28 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000443&pid=S0121-4705200800030000500199&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>200. <a href="http://www.nytimes.com/2007/05/16/world/asia/16drugs.html?ex=1336968000&amp;en=571096355dd32cfb&amp;ei=5088&amp;partner=rssnyt&amp;emc=rss" target="_blank">www.nytimes.com/2007/05/16/world/asia/16drugs.html</a> (accesado el 28 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000444&pid=S0121-4705200800030000500200&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 201. <a href="http://www.foreignaffairs.house.gov/110/cha042407.htm" target="_blank">www.foreignaffairs.house.gov/110/cha042407.htm</a> (accesado el 28 de Junio de 2007). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000445&pid=S0121-4705200800030000500201&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  202. <a href="http://www.time.com/time/world/article/0,8599,1598146,00.html" target="_blank">www.time.com/time/world/article/0,8599,1598146,00.html</a> (accesado el 28 de Junio de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000446&pid=S0121-4705200800030000500202&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>203.  PUENTES Mar&iacute;n Angela  Mar&iacute;a, <i>El opio de los talib&aacute;n y la coca  de las FARC: Transformaciones de las relaciones entre actores armados y  narcotr&aacute;fico en Afganist&aacute;n y Colombia</i>, Bogot&aacute;: UNIANDES/CESO, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000447&pid=S0121-4705200800030000500203&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>204.  TOKATLIAN  Juan Gabriel, <i>Globalizaci&oacute;n, narcotr&aacute;fico y violencia: Siete ensayos sobre Colombia</i>,  Buenos Aires/Bogot&aacute;: Editorial Norma, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000448&pid=S0121-4705200800030000500204&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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