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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La violencia sexual en el marco de conflictos armados: Hacia un entendimiento de su variación(1)(2)]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article focuses on sexual violence against civilians by the combatants. First, it resumes the variation patterns of violence form and extension throughout the different wartime situations. In particular, the absence of sexual violence in some conflicts and by some armed groups is here with documented. After discussing the methodological challenges to compile and analyze the information on sexual violence, it is argued that the topic deserves an extended comparative analysis since there is an ample enough variation across really well documented cases. An evaluation is made about whether the causal mechanisms identified in the literature (often implicit) explain the variation. In the conclusion, an analytical framework scheme is made for the study of sexual violence as part of the violence repertoires of the armed groups and also a suggestion is made about several research designs which can contribute to the academic understanding of sexual violence and other forms of violence.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>La violencia sexual en el marco de conflictos armados: Hacia  un entendimiento de su variaci&oacute;n<a href="#(1)">(1)</a><a href="#(2)">(2)</a><a href="#(2)"></a></b></font></p>     <p align="center"><font size="3" face="Verdana"><b>Sexual  violence during the war: towards an understanding of variation</b> </font></p><font size="2" face="Verdana">     <p> <b>Elisabeth Jean Wood</b> <br /> Department of Political Science, Yale  University, New Haven, Connecticut 06520; and Santa Fe Institute, Santa Fe, New  Mexico 87501; email: <a href="mailto:elisabeth.wood@yale.edu">elisabeth.wood@yale.edu</a></p> <hr size="1" />     <p><b>RESUMEN </b><br />   Este art&iacute;culo se enfoca en  la violencia sexual contra los civiles por parte de los combatientes. Primero  resume los patrones de variaci&oacute;n de la forma y extensi&oacute;n de esta a trav&eacute;s de  varias situaciones de guerra. En particular, se documenta la ausencia de  violencia sexual en algunos conflictos y de parte de algunos grupos armados.  Despu&eacute;s de discutir los retos metodol&oacute;gicos para compilar y analizar la  informaci&oacute;n sobre la violencia sexual, se argumenta que el tema amerita un  amplio an&aacute;lisis comparativo debido a que ocurre una variaci&oacute;n lo  suficientemente amplia a trav&eacute;s de casos bien documentados. Se eval&uacute;a si los  mecanismos de causalidad identificados en la literatura (con frecuencia  impl&iacute;citamente) explican la variaci&oacute;n. En la conclusi&oacute;n, se realiza un esquema  del marco anal&iacute;tico para el estudio de la violencia sexual como parte de los  repertorios de violencia de los grupos armados y se sugieren varias v&iacute;as de  investigaci&oacute;n que pueden contribuir al entendimiento acad&eacute;mico de la violencia  sexual y de otras formas de violencia.<br /> <b>Palabras  claves:</b> Violencia sexual, guerra, actores armados, civiles. <br /> </p>  <hr size="1" />       <p>   <b>SUMMARY</b><br />   This article focuses on sexual violence against civilians by the combatants. First, it resumes the variation patterns  of violence form and extension throughout the different wartime situations. In particular, the absence of sexual  violence in some conflicts and by some armed groups is here with documented. After discussing the methodological  challenges to compile and analyze the information on sexual violence, it is argued that the topic deserves an  extended comparative analysis since there is an ample enough variation across really well documented cases. An  evaluation is made about whether the causal mechanisms identified in the literature (often implicit) explain the  variation. In the conclusion, an analytical framework scheme is made for the study of sexual violence as part of the  violence repertoires of the armed groups and also a suggestion is made about several research designs which can   contribute to the academic understanding of sexual violence and other forms of violence.<br />   <b>Key words:</b> Sexual violence, war, armed actors, civilians.</p><hr size="1" />    <p></p> En todas las guerras se  cometen cr&iacute;menes de violencia sexual pero su ocurrencia var&iacute;a dram&aacute;ticamente. Durante  el conflicto en Bosnia-Herzegovina, las fuerzas Bosnias Serbias cometieron abusos  sexuales de las mujeres Bosnias Isl&aacute;micas tan sistem&aacute;tica y generalizada que se  constituyo en un crimen contra la humanidad bajo derecho internacional. En Ruanda,  el Tribunal Criminal Internacional para Ruanda declar&oacute; la violaci&oacute;n  generalizada de las mujeres Tutsi como una forma de genocidio. Es necesario  tener en cuenta que as&iacute; como la violencia sexual puede ser tan sistem&aacute;tica y  generalizada en ciertos casos, en otros por el contrario es sorprendentemente  limitada, a pesar de que el uso de otros tipos de violencia contra los civiles es  ampliamente desplegada. Aun en algunos casos de conflicto &eacute;tnico, la violencia  sexual es limitada; los conflictos en Israel/Palestina y Sri Lanka son ejemplos  de ello. Parece que algunos grupos armados como los insurgentes de El Salvador  y Sri Lanka proh&iacute;ben eficazmente a sus combatientes ejercer violencia sexual  contra los civiles.       <p> La forma de violencia  sexual tambi&eacute;n varia. En algunos conflictos, toma la forma de esclavitud  sexual; en otros, los agentes del estado ejercen tortura sexual sobre las personas  sospechosas de colaborar con los insurgentes; en otros, los combatientes se  ensa&ntilde;an contra mujeres de grupos considerados enemigos, en particular durante  limpiezas &eacute;tnicas o pol&iacute;ticas; en otros conflictos, los individuos la ejercen  cuando se presenta la oportunidad; y en algunos conflictos se ejercen todas o  casi todas las formas. En algunas guerras, las mujeres que pertenecen a ciertos  grupos en particular son los objetivos; en algunos los hombres tambi&eacute;n lo son.  Algunos actos de violencia sexual en tiempo de guerra son realizados por  individuos; muchos son realizados por grupos.  Algunos actos ocurren en entornos privados, muchos son p&uacute;blicos, en  frente de la familia o de miembros de la comunidad. </p>     <p> En algunos escenarios, la  violencia sexual en el marco de un conflicto armado magnifica algunas pr&aacute;cticas  culturales de violencia sexual previamente existentes; en otros, es durante el  conflicto que se gestan patrones de la violencia sexual antes inexistentes. En  algunos conflictos, los patrones de violencia sexual son sim&eacute;tricos pues todos  los actores de la guerra ejercen la violencia sexual aproximadamente en la  misma medida. Pero en otros, el patr&oacute;n es asim&eacute;trico: un grupo armado usa de  manera prominente la violencia sexual mientras los otros no recurren a ella. Con  frecuencia la violencia sexual suele incrementarse durante el conflicto; en  otros conflictos, se disminuye en algunas regiones.<br />  <br /> La violencia sexual var&iacute;a  en extensi&oacute;n y forma tanto en las guerras civiles como en las guerras entre  estados, en las guerras &eacute;tnicas como en las guerras no &eacute;tnicas, y en los conflictos  secesionistas. Aunque la compilaci&oacute;n de datos sobre este tema representa un  enorme desaf&iacute;o, la variaci&oacute;n no parece responder a reportes inadecuados de  violencia. Hay casos bien documentados tanto en el nivel bajo como en el nivel alto  del espectro de frecuencia de la violencia sexual.  </p>     <p> La variaci&oacute;n de la  violencia sexual no ha sido explicada adecuadamente por la literatura. Los trabajos  in&iacute;ciales enfatizan la ubicuidad de la violencia sexual, con poca atenci&oacute;n a la  variaci&oacute;n de la misma (Brownmiller 1975; Enloe 1983). La literatura existente se  enfoca en la violencia sexual de Bosnia-Herzegovina y Ruanda, y en c&oacute;mo los  defensores de los derechos humanos y los especialistas legales trataron de  responsabilizar bajo del derecho internacional a los autores de la violencia  sexual generalizada. Este articulo hace parte de un esfuerzo compartido de recientes  trabajos acad&eacute;micos que analizan la ocurrencia de la violencia sexual en el  marco de conflictos armados de forma comparada (Enloe 2000; Sharlach 2000;  2001; Green 2004; Bloom (sin datos); y Leiby (en la imprenta)), pero profundiza  significativamente el an&aacute;lisis al incluir casos donde la violencia sexual es  an&oacute;malamente baja o claramente asim&eacute;trica.  </p>     <p> Reconocer la variaci&oacute;n en  la frecuencia y la forma de la violencia sexual durante la guerra tiene  implicaciones pol&iacute;ticas importantes. En particular, si se logra demostrar que hay  grupos armados que no ejercen la violencia sexual contra los civiles, entonces tambi&eacute;n  es posible argumentar que la violaci&oacute;n no es un acto inevitable de la guerra,  como a veces se proclama, y que por el  contrario s&iacute; existen fundamentos importantes para responsabilizar a los grupos  armados que s&iacute; ejercen la violencia sexual. La comprensi&oacute;n de los determinantes  de la variaci&oacute;n de la violencia sexual puede ayudar a los oficiales de las Naciones  Unidas, a los miembros de las organizaciones no gubernamentales, al gobierno, a  los militares y a los l&iacute;deres insurgentes que buscan limitar la violencia  sexual y otras violaciones de las leyes de la guerra. <br />   <br />   De acuerdo con el derecho  internacional, se entiende por violaci&oacute;n la penetraci&oacute;n del ano o la vagina con  cualquier objeto o parte del cuerpo o de cualquier parte del cuerpo de la  v&iacute;ctima o del cuerpo del autor con un &oacute;rgano sexual, por fuerza o por amenaza  de fuerza o de coacci&oacute;n, o tomando ventaja de un ambiente de coacci&oacute;n, o contra  una persona incapaz de dar su genuino consentimiento (ICC 2000, Art&iacute;culo 8(2)  (e) (vi)-1). As&iacute; definida, la violaci&oacute;n puede ocurrir tanto contra hombres como  contra mujeres. La violencia sexual es una categor&iacute;a m&aacute;s amplia que  incluye la violaci&oacute;n, el ataque  sexual sin penetraci&oacute;n, la mutilaci&oacute;n, la esclavitud sexual, la prostituci&oacute;n  forzada, la esterilizaci&oacute;n forzada y el embarazo forzado. La violencia sexual se  diferencia de la categor&iacute;a m&aacute;s amplia de violencia de g&eacute;nero pues esta &uacute;ltima  incluye la violencia que ocurre debido al g&eacute;nero de la victima sin que necesariamente  exista contacto sexual. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Este estudio se enfoca en  la violencia sexual ejercida por los combatientes contra los civiles. Se  discuten primero los patrones de la violencia sexual en distintos conflictos  para demonstrar que var&iacute;an en la forma y extensi&oacute;n. En primer lugar, se pone en  evidencia la ausencia de violencia sexual en algunos conflictos y de parte de algunos  grupos armados. (Vale la pena aclarar que por &quot;ausencia&quot; se quiere decir no  ausente absoluta pero una incidencia muy baja con incidentes muy aislados). Despu&eacute;s  de discutir los retos metodol&oacute;gicos para compilar y analizar la informaci&oacute;n sobre  la violencia sexual, se argumenta que el tema amerita un amplio an&aacute;lisis  comparativo pues su variaci&oacute;n es lo suficientemente amplia a trav&eacute;s de casos bien  documentados como para constituirse en objeto de investigaci&oacute;n. Luego, en un  siguiente ac&aacute;pite, se eval&uacute;a entonces si los mecanismos de causalidad identificados  en la literatura (con frecuencia impl&iacute;citamente) explican la variaci&oacute;n. En la conclusi&oacute;n, se propone  un marco anal&iacute;tico para el estudio de la violencia sexual como parte de los repertorios  de violencia de los grupos armados y se sugieren varias v&iacute;as de investigaci&oacute;n  que pueden contribuir al entendimiento de la violencia sexual y de otras formas  de violencia. </p>     <p> <b>Casos seleccionados  que contrastan el predominio alto, bajo y asim&eacute;trico de la violencia sexual </b> </p>     <p> En esta secci&oacute;n se describen  los patrones de la violencia sexual en varias guerras, incluyendo tanto las guerras  entre Estados como las guerras civiles, los conflictos &eacute;tnicos como los no  &eacute;tnicos, y las guerras en las que la violencia sexual fue ampliamente  practicada y otras donde no fue as&iacute;. Primero se presentan los casos en los que el  predominio de la violencia sexual es alto y luego los conflictos donde su  ocurrencia es baja.  </p>     <p> <i>La Segunda  Guerra Mundial</i> </p>     <p> A medida que el ej&eacute;rcito  sovi&eacute;tico se movi&oacute; hacia el oeste hacia el territorio alem&aacute;n a comienzos de 1945,  un gran n&uacute;mero de mujeres fueron violadas (Naimark 1995, 69-140). En las ofensivas in&iacute;ciales en Rumania y Hungr&iacute;a  las tropas sovi&eacute;ticas practicaron de manera generalizada la violaci&oacute;n de las  civiles (particularmente despu&eacute;s del sitio de Budapest). La pr&aacute;ctica se  intensifico al movilizarse el ej&eacute;rcito a Prusia del Este y Silesia. Aunque mujeres  de diversas etnias fueron violadas a trav&eacute;s del saqueo de pueblos y ciudades,  las alemanas fueron el objetivo m&aacute;s perseguido. En los pueblos de la Prusia del  Este: &quot;era t&iacute;pico que las tropas sovi&eacute;ticas violaran a cada mujer mayor de doce  o trece a&ntilde;os&quot; (Naimark 1995, 72; ver tambi&eacute;n 74). Naimark anota los contrastes  de la conducta &quot;ejemplarizante&quot; de las tropas sovi&eacute;ticas en Bulgaria y la buena  conducta en general hacia los polacos y otros eslavos con el saqueo y la violaci&oacute;n  ocurrida en Alemania y Hungr&iacute;a, ambos grupos no eslavos (1995, 106-07) </p>     <p> Al movilizarse el ej&eacute;rcito  sovi&eacute;tico al oeste, hacia Alemania, tanto la propaganda publicada y distribuida  en todo el trayecto como las &oacute;rdenes militares oficiales alentaron a los  soldados a vengarse y castigar ampliamente a los alemanes en general y no solamente  a los soldados. En v&iacute;speras de la ofensiva en Polonia, las ordenes del Primer  Frente Bielo-ruso inclu&iacute;an, &quot;Desgracia a la tierra de los asesinos. Tendremos  nuestra terrible venganza por todo lo que hicieron&quot;. En la v&iacute;spera de la  traves&iacute;a a trav&eacute;s de Prusia del Este, las ordenes inclu&iacute;an, &quot;En tierra alemana  s&oacute;lo hay un patr&oacute;n - el soldado sovi&eacute;tico, que se convierte a la vez en juez y  verdugo por los tormentos de sus padres y madres, por las ciudades y pueblos  destruidos... 'recuerden que sus amigos no est&aacute;n all&iacute;, ah&iacute; est&aacute;n los allegados de  los asesinos y opresores'&quot; (citado en Naimark 1995, 72). </p>     <p> A medida que el ej&eacute;rcito  sovi&eacute;tico ocupaba a Berl&iacute;n a finales de abril e inicios de mayo de 1945, miles  de mujeres y ni&ntilde;as fueron violadas, a menudo por varios hombres en forma  secuencial, con frecuencia en presencia de familiares o vecinos, algunas veces en  m&aacute;s de una ocasi&oacute;n. Los soldados algunas veces deten&iacute;an a una ni&ntilde;a o mujer durante  algunos d&iacute;as en su casa o en otro lugar para violarlas en forma repetida. A&uacute;n  despu&eacute;s de que la ocupaci&oacute;n se institucionaliz&oacute;, los soldados sovi&eacute;ticos  continuaron violando a las ni&ntilde;as y a las mujeres. La violencia sexual fue gradualmente  disminuyendo a medida que las autoridades de ocupaci&oacute;n se dieron cuenta del costo  que acarreaba este crimen para el proyecto pol&iacute;tico sovi&eacute;tico de la postguerra.  Gradualmente se instituyeron reglas m&aacute;s duras contra la fraternizaci&oacute;n en  general y la violaci&oacute;n en particular.  </p>     <p> Este caso est&aacute; relativamente  bien documentado: los historiadores extraen de un amplio rango de fuentes  incluyendo los reportes de los militares sovi&eacute;ticos y de la polic&iacute;a secreta, los  reportes militares, las memorias y los diarios de los tiempos de guerra y los  registros de los hospitales y de la polic&iacute;a alemana (muchas mujeres si  reportaron los incidentes). Sin embargo, Incluso en este caso la frecuencia de  las violaciones - a&uacute;n en la misma Berl&iacute;n - es dif&iacute;cil de  establecer <a href="#(3)">(3)</a>. El mejor  estimativo parece  provenir de los dos hospitales principales de Berl&iacute;n: miembros del personal  estimaron el n&uacute;mero de v&iacute;ctimas de violaciones entre 95.000 y 130.000 (Beevor  2002, 410). Tomando 100.000 como un estimativo aproximado del n&uacute;mero de  v&iacute;ctimas y 1'500.000 como la cantidad de mujeres en Berl&iacute;n en ese momento  implica el predominio (victimas/poblaci&oacute;n de mujeres) de aproximadamente el 6  por ciento <a href="#(4)">(4)</a>. </p>     <p> Este es un caso poco usual  en el que la respuesta del liderazgo frente a la violencia sexual generalizada  fue registrada. Naimark documenta la tolerancia de la violencia sexual contra  los civiles por parte de la estructura de la comandancia sovi&eacute;tica, desde los  oficiales de campo hasta el mismo Stalin, quien respondi&oacute; a las quejas por  parte de Prusia del Este as&iacute;: &quot;Sermoneamos mucho a nuestros soldados. Dejemos  que tengan un poco de iniciativa propia&quot;, y a los alemanes socialistas les  dijo: &quot;En toda familia hay una oveja negra... No permitir&eacute; que nadie enlode la  reputaci&oacute;n del Ej&eacute;rcito Rojo&quot; (1995, 71). </p>     <p> La violencia sexual de las  tropas sovi&eacute;ticas parece ser un ejercicio de castigo colectivo y parte del  bot&iacute;n del vencedor. &iquest;Ser&iacute;a que las tropas sovi&eacute;ticas promovieron esta violencia  sexual generalizada como retaliaci&oacute;n por la violencia sexual practicada por las  tropas alemanas? La utilizaci&oacute;n de la violencia sexual por parte de las tropas  alemanas que ocupaban la Europa del Este parece haberse generalizado en algunas  &aacute;reas seg&uacute;n recientes investigaciones de archivos recientemente disponibles  (Burds 2009). Seg&uacute;n Wendy Jo Gertjejanssen (2004), los soldados alemanes  violaron a ni&ntilde;as y mujeres de var&iacute;as etnias, incluso jud&iacute;as, a pesar de las  regulaciones que prohib&iacute;an tener relaciones sexuales con mujeres no alemanas <a href="#(5)">(5)</a>.  Gran parte de la violencia sexual parece haber tomado la forma de prostituci&oacute;n  forzada pues las tropas obligaban a muchas ni&ntilde;as y mujeres a servir en prost&iacute;bulos  militares en las ciudades y en los campos. Mientras que algunas de ellas trabajaban  voluntariamente en estos prost&iacute;bulos como una manera de sobrevivir en las  dif&iacute;ciles circunstancias de la ocupaci&oacute;n, otras fueron forzadas a servir bajo  la amenaza de muerte o internamiento. Gertjejanssen (2004, 220) estima que al  menos 50.000 mujeres y ni&ntilde;as sirvieron en los prost&iacute;bulos a lo largo del Reich.  Las autoridades militares alemanas tambi&eacute;n organizaron prost&iacute;bulos en los campos  de trabajo y de concentraci&oacute;n, los que eran frecuentados por prisioneros  favorecidos, guardias y ocasionalmente por oficiales. Algunas ni&ntilde;as y mujeres  fueron forzadas a servir en estos prost&iacute;bulos, otras cuando se les ofreci&oacute; la  posibilidad de internamiento o servicio en los prost&iacute;bulos, escogieron esto  &uacute;ltimo. Las mujeres y ni&ntilde;as en sectores privilegiados de los campos (que retuvieron  sus propias ropas y cabello y que se mezclaban con los guardias) sufr&iacute;an  violaciones ocasionales (Rees 2005, 236-238). La escala de violencia sexual en  los campos de trabajo y de concentraci&oacute;n (aparte de la humillaci&oacute;n de forzarlas  a desvestirse y la violencia contra los homosexuales, que a menudo tomaba la  forma de experimentos m&eacute;dicos) parece haber sido limitado, ya que el n&uacute;mero de  mujeres en los prost&iacute;bulos parece haber sido una peque&ntilde;a fracci&oacute;n del n&uacute;mero  internado en los campos <a href="#(6)">(6)</a>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> La violencia sexual en  forma masiva tambi&eacute;n ocurri&oacute; en el escenario del Pacifico. La &quot;violaci&oacute;n de  Nanjing&quot;, la violencia generalizada de los soldados japoneses ambientada en la  ciudad china de Nanjing durante ocho semanas comenzando en diciembre 13 de  1937, incluy&oacute; una violencia sexual generalizada. Seg&uacute;n Iris Chang (1997) de  20.000 a 80.000 mujeres y ni&ntilde;as fueron violadas y luego ejecutadas; esto es, de  8 a 32 por ciento de las aproximadamente 250.000 civiles femeninas presentes en  el momento de la toma de la ciudad <a href="#(7)">(7)</a>.  Entre ellas hab&iacute;a ni&ntilde;as preadolescentes, mujeres embarazadas, ancianas y monjas  budistas; la mayor&iacute;a fueron ejecutadas posteriormente. La violencia sexual en  Nanjing tambi&eacute;n incluyo varias formas de abuso sexual a hombres, incluyendo  violaci&oacute;n, forzando a los hombres a tener sexo con miembros de la familia o con  muertos y forzando a los hombres c&eacute;libes a tener sexo.  </p>     <p> Como resultado del amplio  rechazo internacional sobre la violencia en Nanjing las fuerzas japonesas se  ingeniaron un sistema militarmente organizado y controlado de prost&iacute;bulos  denominado &quot;mujeres de consuelo&quot; que acompa&ntilde;aba a las fuerzas japonesas (Goldstein  2001, 367) <a href="#(8)">(8)</a>.  De acuerdo con un estudio de 1993 realizado por el gobierno japon&eacute;s que inclu&iacute;a  una revisi&oacute;n de los archivos y entrevistas en tiempos de guerra tanto con  personal militar como con antiguas &quot;mujeres de consuelo&quot;, m&aacute;s de 200.000  mujeres provenientes del Este y Sureste de Asia fueron reclutadas a la fuerza y  mediante enga&ntilde;os para servir como prostitutas, sujetas a violencia inmediata si  se resist&iacute;an. Al establecer las &quot;estaciones de Consuelo&quot; los oficiales  japoneses buscaron &quot;prevenir que los sentimientos anti-japoneses se fermentaran  (sic) como resultado de las violaciones  y otros actos por fuera de la ley practicadas por el personal militar japon&eacute;s  contra los residentes locales en las &aacute;reas de ocupaci&oacute;n, la necesidad de  prevenir la perdida de tropas por enfermedades ven&eacute;reas u otras enfermedades, y  la prevenci&oacute;n del espionaje&quot; (la Oficina de Consejeros del Gabinete Japon&eacute;s de  Asuntos Exteriores 1993, 14)<a href="#(9)">(9)</a>. La mayor&iacute;a de las mujeres de consuelo ten&iacute;an  entre los catorce y dieciocho a&ntilde;os de edad, y en su mayor&iacute;a proven&iacute;an de Corea.  De acuerdo con el Consejo Coreano de Mujeres Reclutadas para la Esclavitud  Sexual por Jap&oacute;n (citado por Hyun-yung 2000, 17-19), tal vez una tercera parte  de ellas muri&oacute; en el transcurso de la Guerra. </p>     <p> <i>Bosnia-Herzegovina </i> </p>     <p> La esclavitud sexual fue  tambi&eacute;n una forma de violencia sexual prominente en el conflicto en la antigua  Yugoslavia a comienzos de los noventas. De acuerdo con una investigaci&oacute;n de la  Uni&oacute;n Europea, aproximadamente 20.000 ni&ntilde;as y mujeres fueron violadas en 1992  solamente en Bosnia-Herzegovina, muchas de ellas mientras se encontraban  detenidas en instalaciones de detenci&oacute;n de diversos tipos (Goldstein 2001, 363;  Enloe 2000, 140). Seg&uacute;n la Comisi&oacute;n de Expertos de las Naciones Unidas  encargados de investigar la violencia en la antigua Yugoslavia, la &quot;vasta  mayor&iacute;a de las v&iacute;ctimas eran Musulmanas Bosnias y la gran mayor&iacute;a de los presuntos  perpetradores eran Serbios Bosnios&quot; (UNSC 1994, Anexo IX.I.C.)<a href="#(10)">(10)</a>. La historia de violencia  en el distrito de Fo&ccedil;a ilustra un patr&oacute;n com&uacute;n en este conflicto (UNSC 1994;  Barkan 2002). Antes del inicio del conflicto, los musulmanes comprend&iacute;an el 58%  de los residentes. De marzo a septiembre de 1992, muchas ni&ntilde;as y mujeres  musulmanas fueron violadas en los bosques, en sus casas, en los centros de  detenci&oacute;n y en apartamentos privados. De los sesenta y tres casos de violaci&oacute;n  y asalto sexual en Fo&ccedil;a compilados por la comisi&oacute;n, cerca del 55% tuvo lugar en  los centros de detenci&oacute;n, incluyendo la escuela local, un gimnasio, las barracas  de los trabajadores de una planta hidroel&eacute;ctrica en construcci&oacute;n. En dichos  centros, los miembros de varias fuerzas Bosnias Serbias entraban, escog&iacute;an  entre las ni&ntilde;as y mujeres all&iacute; presentes y las violaban a todas en las mismas  instalaciones o en apartamentos cercanos. Muchas de las mujeres y ni&ntilde;as soportaron  violaciones en grupo, que se repet&iacute;an por d&iacute;as o por semanas. </p>     <p> La investigaci&oacute;n m&aacute;s  autorizada sobre la violencia sexual en la antigua Yugoslavia fue realizada por  la comisi&oacute;n de las NU (UNSC 1994, ver especialmente el Anexo IX). La comisi&oacute;n se  bas&oacute; en dos fuentes evid&eacute;nciales. La primera fue el an&aacute;lisis de docenas de  miles de alegaciones contenidas en documentos de una gran variedad de fuentes  de las cuales la comisi&oacute;n filtr&oacute; 1.100 casos reportados de violaci&oacute;n y asalto  sexual (eliminando duplicaciones y acusaciones no espec&iacute;ficas), incluyendo 800  v&iacute;ctimas identificadas, 700 nombres de presuntos autores y otros 750 nombres  identificables y 162 sitios de detenci&oacute;n (UNSC 1994, Anexo IX. I. A). Los representantes  de la comisi&oacute;n tambi&eacute;n realizaron entrevistas con 223 personas que fueron  v&iacute;ctimas de/o testigos de violencia sexual en Bosnia-Herzegovina (UNSC 1994,  Anexo IX. A). </p>     <p> La comisi&oacute;n identific&oacute;  varios patrones distintos de violencia sexual, por individuos y grupos peque&ntilde;os  conjuntamente con el saqueo e intimidaci&oacute;n del grupo objetivo, en conjunci&oacute;n  con confrontaciones. En estos contextos, se presentaban con frecuencia la  violaci&oacute;n p&uacute;blica de mujeres seleccionadas en frente de la poblaci&oacute;n reunida  despu&eacute;s de la toma de una aldea; tambi&eacute;n hubo registros de violaciones  practicadas contra algunas mujeres y ni&ntilde;as detenidas o en centros para  refugiados, en sitios con el prop&oacute;sito de violaci&oacute;n y asalto donde todas las  mujeres fueron violentadas frecuentemente, aparentemente con el prop&oacute;sito de  embarazo forzado (a las mujeres se les indico que este era el caso y las  mujeres embarazadas eran detenidas muchas veces hasta llegar a un punto en que  el aborto no era posible), y en los sitios de detenci&oacute;n en donde el prop&oacute;sito era  proveer sexo. **Tambi&eacute;n hubo violencia sexual contra los hombres de varias etnias  (castraci&oacute;n, ser forzados a realizar felaci&oacute;n o de tener sexo frente a los  guardias) en centros y campos de detenci&oacute;n, aunque mucho menos frecuente que la  violaci&oacute;n de mujeres, (los ejemplos dados incluyen los campos administrados por  Serbios, Musulmanes y Croatas).</p>     <p>   La comisi&oacute;n destaca en su  informe c&oacute;mo estas pr&aacute;cticas se ejercieron con el fin de avergonzar y humillar  al enemigo. Esto lo deducen del hecho de que muchos de los asaltos ocurrieron  enfrente de la familia o en p&uacute;blico, porque se escog&iacute;an ni&ntilde;as j&oacute;venes y  v&iacute;rgenes junto con mujeres educadas y miembros prominentes de la comunidad que  sufr&iacute;an asaltos sexuales perpetrados con objetos. M&aacute;s aun, tanto en  instalaciones custodiadas y sin custodiar, muchas v&iacute;ctimas reportaron que los  presuntos autores declararon que les ordenaron violar y asaltar sexualmente a  las v&iacute;ctimas, o que lo estaban haciendo para que las v&iacute;ctimas y sus familias  nunca m&aacute;s desearan retornar a esa &aacute;rea. Tambi&eacute;n cada caso reportado ocurri&oacute; en  conjunci&oacute;n con un esfuerzo para desplazar a la poblaci&oacute;n civil de un grupo  &eacute;tnico objetivo de una regi&oacute;n espec&iacute;fica (UNSC 1994, Anexo IX. I. C). </p>     <p> Por ejemplo, la comisi&oacute;n  entrevist&oacute; a diecinueve mujeres de Kotor Varos, de las cuales seis hab&iacute;an sido  violadas en su mayor&iacute;a por un grupo de guardias en un aserradero que serv&iacute;a  como centro temporal de recopilaci&oacute;n. A una mujer un violador le dijo que &eacute;l  quer&iacute;a probar a una mujer musulmana y que ella deber&iacute;a sentirse honrada; a una  segunda mujer le dijeron que &eacute;l engendrar&iacute;a &quot;bebes Cetnik&quot; con mujeres  musulmanas y croatas; a una tercera mujer el violador le dijo que le hab&iacute;an  ordenado hacer esto (UNSC 1994, Anexo IX. A III. A. 2). </p>     <p> La comisi&oacute;n concluyo que  aunque algunos casos fueron el resultado de acciones de individuos o grupos  peque&ntilde;os actuando por su cuenta, &quot;muchos otros casos parecen ser parte de un  patr&oacute;n general. Estos patrones sugieren s&oacute;lidamente que existe una pol&iacute;tica de  violaci&oacute;n y asalto sexual sistem&aacute;tica, pero esto todav&iacute;a no se ha comprobado&quot; (UNSC  1994, Anexo IX &quot;Conclusiones&quot;). Para llegar a esta conclusi&oacute;n la comisi&oacute;n se  baso en el hecho de que la mayor&iacute;a de los casos (600 de 1.100) ocurrieron  contra personas en detenci&oacute;n, que patrones similares de violencia sexual  ocurrieron en &aacute;reas no contiguas, y que la violencia sexual fue con frecuencia  simult&aacute;nea con la acci&oacute;n o actividad militar para desplazar a determinadas  poblaciones civiles.  </p>     <p> Aunque no se declara expl&iacute;citamente  en el informe, s&iacute; se infiere que la comisi&oacute;n cre&iacute;a que era probable que la  violaci&oacute;n hizo parte de una estrategia de limpieza &eacute;tnica sistem&aacute;tica por parte  de las fuerzas Bosnias Serbias <a href="#(11)">(11)</a>. No se ha encontrado evidencia  directa de que las fuerzas Bosnias Serbias y posiblemente las fuerzas Serbias  planearan una campa&ntilde;a de violencia sexual como parte de la limpieza &eacute;tnica de  las &aacute;reas Serbias de la antigua Yugoslavia, pero esta puede surgir a medida que  los diferentes juicios ante el Tribunal Criminal Internacional para la antigua  Yugoslavia contin&uacute;an.  </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Sierra  Leona</i> </p>     <p> La violencia sexual en  marco del conflicto de Sierra Leona, en contraste con Bosnia-Herzegovina, no  involucraba una selecci&oacute;n &eacute;tnica espec&iacute;fica <a href="#(12)">(12)</a>. De acuerdo con la  Comisi&oacute;n de la Verdad y la Reconciliaci&oacute;n de Sierra Leona la violencia sexual  se realiz&oacute; &quot;indiscriminadamente con mujeres de todas las edades, de cada grupo  &eacute;tnico y de todas las clases sociales&quot; (TRC (Sierra Leona) 2005, capitulo 3b, p&aacute;rrafo  282). La comisi&oacute;n encontr&oacute; que &quot;todas las facciones armadas, en particular el  RUF y el Consejo Revolucionario de las Fuerzas Armadas (Armed Forces  Revolutionary Council), se embarcaron en una estrategia sistem&aacute;tica y  deliberada para violar mujeres y ni&ntilde;as especialmente aquellas entre las edades  de diez y dieciocho a&ntilde;os, con la intenci&oacute;n de sembrar el terror entre la  poblaci&oacute;n, violando mujeres y ni&ntilde;as y rompiendo cada norma y costumbre de la  sociedad tradicional&quot; (TRC (Sierra Leona) 2005, p&aacute;rrafo 298). La comisi&oacute;n observ&oacute;  que algunos grupos armados seleccionaban a mujeres j&oacute;venes y ni&ntilde;as  presumiblemente v&iacute;rgenes (ver tambi&eacute;n HRW 2003), como tambi&eacute;n a aquellas ni&ntilde;as  y mujeres asociadas con otros grupos armados. El asalto sexual a mujeres post-menop&aacute;usicas  quebr&oacute; un tab&uacute; cultural particular contra la actividad sexual en este grupo. En  ocasiones los rebeldes romp&iacute;an otros tab&uacute;s tambi&eacute;n, forzando a los miembros  masculinos de las familias a violar a los miembros femeninos de la familia o a verlos  bailar desnudos o a ser violados por otros (TRC (Sierra Leona) 2005, capitulo  3b, p&aacute;rrafo 292-296; HRW 2003, 35-42). Sin embargo, la comisi&oacute;n no analiz&oacute; los  patrones de violencia sexual en detalle y por consiguiente este caso es menos convincente  que aquel presentado por la comisi&oacute;n para la antigua Yugoslavia, que s&iacute; hac&iacute;a  referencia a patrones espec&iacute;ficos.</p>      <p> La violencia sexual era  generalizada entre desplazados internos por la guerra. Seg&uacute;n un estudio de 991  mujeres desplazadas internamente realizado por los M&eacute;dicos para los Derechos  Humanos (Physicians for Human Rights), el 9% de las mujeres que respondieron  hab&iacute;an sufrido de asalto sexual durante los diez a&ntilde;os de guerra (Amowitz et al.  2002, Tabla 2) <a href="#(13)">(13)</a>. De las mujeres que  respondieron que fueron asaltadas sexualmente, 89% reportaron haber sido violadas  y 33% reportaron haber sufrido de violaci&oacute;n en grupo (Amowitz et al. 2002, Tabla  3). Del abuso de los derechos humanos sufrido por los miembros de los hogares,  40% se aduce que fueron realizados por el Frente Unido Revolucionario (RUF),  34% por grupos no identificados, 16% por rebeldes no espec&iacute;ficos y 4% por  grupos mixtos (Amowitz et al. 2002, Tabla 2). </p>     <p> La violencia sexual en  Sierra Leona fue extremadamente brutal (HRW 2003). Las violaciones en grupo se  practicaron contra v&iacute;ctimas muy j&oacute;venes que tuvieron que soportar la violaci&oacute;n  con combatientes rebeldes alineados esperando turno. Muchas sufrieron la  violencia sexual en varias ocasiones no una. La extrema violencia con la cual  las mujeres y ni&ntilde;as fueron violadas con frecuencia tuvo como resultado sangrado  severo, desgarres de la vagina, ano y tejidos circundantes, sangrado a largo  plazo e incontinencia y algunas veces hasta la muerte <a href="#(14)">(14)</a>. </p>     <p> Una forma particular de  violencia sexual en Sierra Leona fue la detenci&oacute;n de ni&ntilde;as y mujeres, con  frecuencia por prolongados periodos de tiempo sirviendo como esclavas y prestando  servicios sexuales en campos rebeldes o a un rebelde en particular (TRC (Sierra  Leona) 2005, capitulo 3b, 299-311). En algunos casos, se vieron forzadas a  casarse con una persona en particular. De las desplazadas internas que  sufrieron de asalto sexual, 33% de las que respondieron fueron secuestradas,  15% fueron forzadas a servir como esclavas sexuales, y 9% fueron forzadas a  casarse con un captor (Amowitz et al. 2002, Tabla 3). Las fugas fueron  reportadas como muy dif&iacute;ciles y los intentos fueron castigados severamente. Al  final de la guerra algunas &quot;esposas&quot; no quer&iacute;an o no pod&iacute;an dejar a sus esposos <a href="#(15)">(15)</a>. </p>     <p> Otro de los casos en los  cuales la violencia sexual parece ser muy predominante incluye el conflicto  actual en Darfur, Sudan, donde las violaciones ocurren frecuentemente en el  contexto de las campa&ntilde;as de la milicia y de las fuerzas gubernamentales para castigar  a los pueblos que se asocian con grupos rebeldes (Amnist&iacute;a Internacional 2004;  M&eacute;decins Sans Fronti&egrave;res 2005; Comisi&oacute;n Internacional Investigativa (International  Commission of Inquiry) en Darfur 2005).  Durante el genocidio en Ruanda, algunas ni&ntilde;as y mujeres Tutsi (igual que mujeres  Hutu que presuntamente apoyaban a los Tutsis) sufrieron de violaciones y  mutilaciones antes de ser ejecutadas. Las estimaciones del predominio de la violencia  sexual en Ruanda varian ampliamente, pero parece haber razones suficientes que se  amerita su inclusi&oacute;n en la categor&iacute;a de alta predominio (Derechos Africanos  1994; Human Rights Watch 1996; Sharlach 1999). </p>     <p> Dado el alto predominio de violencia  sexual en estos conflictos tan distintos, se podr&iacute;a concluir que la violencia  sexual inevitablemente acompa&ntilde;a a la guerra. No obstante, los siguientes casos  en los cuales los incidentes de violencia sexual son notablemente bajos o  dr&aacute;sticamente asim&eacute;tricos comparado con los casos anteriores demuestran que  esta conclusi&oacute;n es incorrecta.  </p>     <p> <i>Israel/Palestina</i> </p>     <p> En el caso Israel-Palestino,  un conflicto &eacute;tnico caracterizado por el incremento de la separaci&oacute;n de  poblaciones &eacute;tnicamente definidas, la violencia sexual parece ser  extremadamente limitada. El desplazamiento forzado de los palestinos fuera de  algunas &aacute;reas en 1948 fue acompa&ntilde;ado por unos pocos casos documentados de  violaciones (Morris 2004). En la actualidad ni los israelitas ni los palestinos  llevan a cabo asaltos sexuales a pesar de los asesinatos de civiles israelitas  por parte de grupos palestinos y del asesinato de civiles palestinos por parte  de las fuerzas de seguridad israelitas. En diciembre del 2003, se le pregunt&oacute; a  los representantes de tres organizaciones de derechos humanos (dos israelitas y  una palestina) si ellos cre&iacute;an que los asaltos sexuales ocurr&iacute;an en la  actualidad pero no eran informados, o si no se realizaban tales ataques. Ellos  independientemente y un&aacute;nimemente declararon que casi ning&uacute;n caso de asalto  sexual fue reportado y que de haberse presentado, ellos habr&iacute;an sido informados,  pues s&iacute; han recibido informes sobre acoso sexual en casos menores (por ejemplo,  durante las requisas f&iacute;sicas en los puntos de control). Puede ser que el  monitoreo internacional intensivo del conflicto disuada la pr&aacute;ctica de la  violencia sexual, pero ninguno de los lados ha dejado de poner en pr&aacute;ctica sus otras  formas de enfrentamiento a pesar de la condena frecuente por parte de los  actores internacionales. </p>     <p> <i>Sri Lanka</i> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Como en Bosnia-Herzegovina,  Sri Lanka es tambi&eacute;n un caso de un conflicto &eacute;tnico secesionista, pero en Sri  Lanka el nivel de violencia sexual aparece ser significativamente inferior y  altamente asim&eacute;trico. Cuando ha ocurrido generalmente ha sido ejercida por las  fuerzas gubernamentales contra las mujeres asociadas con la insurgencia.  Polic&iacute;as, soldados o fuerzas de seguridad ocasionalmente someten a mujeres y  ni&ntilde;as Tamil a varias formas de violencia sexual, incluyendo violaci&oacute;n en grupo,  y violaci&oacute;n con objetos extra&ntilde;os, despu&eacute;s de su arresto o detenci&oacute;n en puntos  de vigilancia, a veces con la justificaci&oacute;n de que ellas o miembros de su  familia son sospechosos de pertenecer a la insurgencia Tamil (Amnist&iacute;a Internacional  1999; 2002; Fondo para el Desarrollo de las Mujeres de las Naciones Unidas  2005). Varios grupos de derechos humanos reportan que la tortura sexual por  parte de la polic&iacute;a y de las fuerzas gubernamentales contra los detenidos  pol&iacute;ticos y criminales masculinos o femeninos ocurre con frecuencia (Wood  2009). La violencia sexual contra mujeres Tamil por parte de las fuerzas  gubernamentales es una raz&oacute;n por la que las ni&ntilde;as y mujeres ingresan  voluntariamente a las filas insurgentes (Alison 2003). Lo que es  particularmente interesante es la relativa ausencia de violencia sexual contra  los civiles por parte del grupo insurgente Tamil, aunque frecuentemente ocasionen  v&iacute;ctimas civiles durante los ataques a poblaciones no Tamiles, asesinatos de  l&iacute;deres pol&iacute;ticos y militares y forzar a poblaciones no Tamiles a abandonar las  &aacute;reas bajo su control, como en 1990 cuando 90.000 musulmanes fueron forzados a  abandonar la pen&iacute;nsula de Jaffna sin previo aviso (Wood 2009). A pesar del reclutamiento  forzado de ni&ntilde;as como combatientes, el grupo no parece dedicarse al abuso  sexual dentro de sus propias filas (HRW 2004; Fondo de Desarrollo para las  Mujeres de la Naciones Unidas 2005). </p>     <p> <i>El Salvador</i> </p>     <p> La violencia sexual durante  la guerra civil en El Salvador, un conflicto no &eacute;tnico que enfrento a una  insurgencia de izquierda contra un gobierno autoritario, fue unilateral y  bastante inferior en comparaci&oacute;n con Bosnia-Herzegovina y Sierra Leona. Los  soldados gubernamentales y las fuerzas de seguridad ocasionalmente se  involucraron en violencia sexual, incluyendo violaciones m&uacute;ltiples y en grupo  contra algunos sospechosos de apoyar la insurgencia (incluyendo algunos  hombres) detenidos en sitios de detenci&oacute;n tanto oficiales como secretos. Las  fuerzas gubernamentales se involucraron en violencia sexual mientras estaban en  operaciones a comienzos de la guerra. Por ejemplo, de acuerdo con Mark Danner  (1994), algunas de las casi mil personas asesinadas por los militares  salvadore&ntilde;os en el Mozote en 1981 fueron violadas. Dos de las cuatro religiosas  de los EU detenidas y asesinadas por la Guardia Nacional en 1980 fueron  violadas. En el informe final de la Comisi&oacute;n de la Verdad Independiente solo  menciona un caso de violaci&oacute;n realizado por las fuerzas gubernamentales en un  poblado del este de El Salvador en 1981. Sin embargo, el anexo no publicado al  informe de la Comisi&oacute;n informaba detalladamente sobre la violencia sexual (TC  (El Salvador) 1993, Anexos. Vol. II, 8-10, 15). La mayor&iacute;a de los incidentes  reportados tuvieron lugar en los primeros a&ntilde;os de la guerra; todos fueron  reportados como realizados por fuerzas o agentes del estado. La violencia  sexual, por lo general, parece haber cambiado en el transcurso del tiempo con  otras formas de violencia contra los civiles, disminuyendo considerablemente  despu&eacute;s de 1983 en respuesta al condicionamiento de la ayuda militar de los EE.  UU. hacia un mejoramiento en la  protecci&oacute;n de los derechos humanos. Ning&uacute;n incidente de violencia sexual en el  anexo fue atribuido a la fuerza insurgente. En la literatura etnogr&aacute;fica y de  Derechos Humanos que analizan el conflicto hay muy pocos informes de violencia  sexual por parte de las fuerzas insurgentes contra los civiles (Wood 2003, capitulo  4). La violencia sexual en el conflicto salvadore&ntilde;o fue entonces altamente asim&eacute;trica,  distintivamente inferior comparada con otros casos y declin&oacute; con el transcurso  de la guerra. </p>     <p> <i>Resumen  de los patrones observados</i> </p>     <p> La violencia sexual en  estos casos parecen variar sustancialmente en predominio; en forma; en los  grupos objetivos (todas mujeres, ni&ntilde;as y hombres como tambi&eacute;n mujeres, o  personas en particular, o tal vez miembros de grupos &eacute;tnicos); en si es ejercida  por los combatientes de un solo grupo o por todos; si es parte de una  estrategia de guerra; donde ocurre (en lugares de detenci&oacute;n, en la casa, o en  un espacio p&uacute;blico); en duraci&oacute;n; si es realizada por un solo perpetrador o en  grupo; si las v&iacute;ctimas son asesinadas despu&eacute;s de la violaci&oacute;n; y si su  incidencia varia con otras formas de violencia contra civiles o ocurre en  patrones distintivosEn algunas guerras los grupos armados &quot;reflejan&quot; la  pr&aacute;ctica de la violencia sexual, usadando la violencia esta como repuesta del  uso de la violencia sexual por el otro grupo.; en otras guerras, dicha  retaliaci&oacute;n no ocurre. En algunos conflictos la violencia sexual aumenta con el  tiempo, en otros declina. </p>     <p> El tipo de guerra (en el  m&aacute;s amplio nivel) no puede explicar la variaci&oacute;n ni siquiera en estos pocos  casos. La violencia sexual var&iacute;a en predominio y forma tanto en las guerras entre  Estados como en los conflictos civiles, en los conflictos &eacute;tnicos como en los no  &eacute;tnicos, en los genocidios y en los casos de limpieza &eacute;tnica, en los conflictos  secesionistas. Ni tampoco el predominio de la violencia sexual refleja  simplemente la intensidad del conflicto: el predominio de la violencia sexual  en Bosnia-Herzegovina fue extraordinariamente alta comparada con la frecuencia  de violencia letal, mientras que es desproporcionadamente inferior en el  conflicto Israel-Palestina y severamente  asim&eacute;trica en El Salvador y en Sri Lanka. </p>     <p> <i>Retos  para documentar la violencia sexual en tiempos de guerra</i> </p>     <p> Sin embargo, antes de  continuar, es necesario encarar el siguiente problema. Puede ser que la  variaci&oacute;n descrita anteriormente sea simplemente el resultado del conocimiento  inadecuado sobre los patrones emp&iacute;ricos presentes en cada caso. La variaci&oacute;n reportada puede reflejar la  diferente capacidad de realizar adecuadamente monitoreo domestico e  internacional del conflicto m&aacute;s que las diferentes tasas de predominio; adem&aacute;s,  la violencia en algunas regiones parece que genera m&aacute;s atenci&oacute;n internacional  que en otras.  </p>     <p> Aun en tiempo de paz y aun  en pa&iacute;ses con infraestructura bien desarrollada y normas liberales, los retos  metodol&oacute;gicos para recoger la informaci&oacute;n relacionada con la violencia sexual son  serios. Por ejemplo, lo que puede ser legalmente &quot;violaci&oacute;n&quot; var&iacute;a significativamente  en los estados que integran los Estados Unidos dependiendo si se define  estrictamente como la penetraci&oacute;n forzada de la vagina por el pene o m&aacute;s  ampliamente para incluir penetraci&oacute;n anal y vaginal de otros objetos y si la  violaci&oacute;n requiere de coacci&oacute;n o simplemente la falta de consentimiento (Tobach  y Reed 2003, Tablas 5.1 y 5.2). La ambig&uuml;edad en la definici&oacute;n es todav&iacute;a m&aacute;s  amplia en las diferentes sociedades; por ejemplo, las sociedades difieren en s&iacute;  la violaci&oacute;n se considera posible entre esposo y esposa. En algunas culturas,  la penetraci&oacute;n vaginal coactiva puede ser condonada socialmente en situaciones  particulares con el resultado de que un incidente que podr&iacute;a ser considerado  como una violaci&oacute;n, en otras sociedades no sea considerado como tal <a href="#(16)">(16)</a>. </p>     <p> Tambi&eacute;n la variaci&oacute;n puede  reflejar la mayor o menor disposici&oacute;n de las v&iacute;ctimas de reportar los hechos a  trabajadores sociales, la polic&iacute;a, a etn&oacute;grafos o en encuestas. Una de las  razones por la que muchas v&iacute;ctimas no lo hacen, aun en sociedades con normas  sexuales liberales, es por los sentimientos de verg&uuml;enza que el crimen  despierta y por el temor a ser estigmatizadas. En la mayor&iacute;a de las sociedades  las victimas masculinas de violencia sexual son particularmente renuentes a  reportarlo. En las sociedades donde el aborto es ilegal las victimas femeninas  de violaci&oacute;n que abortan son particularmente renuentes a reportar la  violaci&oacute;n.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Estos retos se acrecientan  durante la guerra cuando las encuestas est&aacute;n ausentes generalmente, los  servicios de salud y polic&iacute;a est&aacute;n interrumpidos y las familias y grupos  sociales estas desplazados y dispersos. El miedo a las represalias por reportar  la violencia sexual es mayor en escenarios de guerra, particularmente si el perpetrador  o su grupo est&aacute;n todav&iacute;a presentes. El incremento de la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica  puede intensificar el sesgo partidista en el reporte de las violaciones de  derechos humanos - hasta por organizaciones sin partido- como la violencia y el  desplazamiento pueden aislar algunas poblaciones de los servicios b&aacute;sicos e intensificar  el conteo de los incidentes en otras. La destrucci&oacute;n de la infraestructura  rural puede reforzar el sesgo urbano. Las organizaciones internacionales que  documentan la violaci&oacute;n de los derechos humanos tienden a tener recursos  limitados y como resultado enfocan sus investigaciones en casos particulares. Debido  a que la mayor&iacute;a de las lesiones f&iacute;sicas recibidas en un asalto sexual se  producen en tejidos blandos, la violencia sexual no siempre deja un indicio  observable para los archivos forenses en el largo plazo. En consecuencia la  exhumaci&oacute;n de escenarios de masacres puede que no documente la violencia sexual  a menos que tome la forma de mutilaciones, desmembramientos o que incluya el  uso de armas de fuego, cuchillos u otras armas que dejen evidencias por muchos  a&ntilde;os. </p>      <p> Sin embargo, la  interrupci&oacute;n de la guerra puede tambi&eacute;n incrementar la cantidad de reportes. En  algunos contextos, sea posible de que la violencia sexual en el contexto del  conflicto pol&iacute;tico sea reportada y que el estigma sentido por las v&iacute;ctimas pueda  ser menor y el desplazamiento de su comunidad local pueda flexibilizar las  normas tradicionales y disminuir las posibilidades de represalias. Sea posible  que los servicios de salud est&eacute;n en mayor y no en menor disponibilidad para las  poblaciones que han sido desplazadas a las &aacute;reas urbanas o que se encuentren en  alg&uacute;n campo de refugiados comparado con su lugar de origen. Los grupos de  derechos humanos, las organizaciones de mujeres, y los grupos de servicio  m&eacute;dico puedan tener mayores recursos en tiempos de guerra, para apoyar el  acopio de reportes y patrones facilitando la investigaci&oacute;n por parte de las  comisiones internacionales y los grupos de derechos humanos. Debido al  fortalecimiento de las normas internacionales contra la violencia sexual  durante la guerra, las recientes Comisiones de la Verdad tienden a documentar  la violencia sexual m&aacute;s detalladamente que las comisiones anteriores.  </p>     <p> Las encuestas m&eacute;dicas son  una forma de estimar el predominio de la violencia sexual; los encuestados, por  lo menos en algunas culturas, est&aacute;n dispuestos a responder las preguntas sobre  violencia sexual en un contexto m&eacute;dico y adentro un listado de preguntas sobre  otros aspectos de la salud, si tienen la privacidad suficiente para ello  (Amowitz et al. 2002; Physicians for Human Rights 2002). Sin embargo existen  retos en particular al usar datos m&eacute;dicos para estimar las tasas de ocurrencia  de la violencia, incluyendo la dificultad de estimar dichas tasas en regiones  con alta presencia de refugiados (por ejemplo, los muertos no aparecen en los  muestreos de los campos de refugiados, ver Hagan et al. 2006). </p>     <p> Otro reto, cuando se  analiza la variaci&oacute;n de la violencia sexual en tiempo de guerra, es el hecho de  que los niveles de violencia sexual var&iacute;an en los diversos pa&iacute;ses en tiempos de  paz, haciendo m&aacute;s dif&iacute;cil la interpretaci&oacute;n de la variaci&oacute;n en los tiempos de  guerra.  </p>     <p> La evidencia para la  variaci&oacute;n en tiempos de paz proviene de estudios que utilizan dos metodolog&iacute;as  muy diferentes. El Instituto de Investigaci&oacute;n Interregional de Crimen y  Justicia de las Naciones Unidas (United Nations Interregional Crime and Justice  Research Institute) utiliza las encuestas de victimizaci&oacute;n de cr&iacute;menes en  muchos pa&iacute;ses para compilar y compararlos con las estad&iacute;sticas nacionales sobre  las tasas de asalto sexual reportado. En las capitales de los pa&iacute;ses en  desarrollo, las tasas reportadas de predominio de cinco a&ntilde;os a mediados de los noventas  para asalto sexual vari&oacute; entre 0,83%, el promedio para las tres ciudades con  menor incidencia (Manila, Gaborone y La Paz) y 6,60% para las tres ciudades con  mayor incidencia (Rio de Janeiro, Tirana y Buenos Aires), cerca de ocho veces  m&aacute;s alto (WHO 2002, Tabla 6.1, 151) <a href="#(17)">(17)</a>. En los pa&iacute;ses  industrializados, las tasas anuales de asalto sexual reportado tambi&eacute;n var&iacute;an,  entre 0,13% para los de menor incidencia (el promedio anual para Jap&oacute;n, Irlanda  y Escocia) y 1,03% para los de mayor incidencia (para Suecia, Finlandia e  Inglaterra), siendo nuevamente la tasa m&aacute;s alta ocho veces mayor que las de  baja incidencia (Kesteren et al. 2000, Ap&eacute;ndice 4, Tabla 6, 188-189) <a href="#(18)">(18)</a>. </p>     <p> A pesar de estos retos  emp&iacute;ricos la variaci&oacute;n en la violencia sexual est&aacute; lo suficientemente  documentada a trav&eacute;s de suficientes guerras y grupos armados para sugerir que  es real y no solamente un artefacto sesgado en los reportes y la observaci&oacute;n o  una reflexi&oacute;n de la variaci&oacute;n en los niveles en tiempos de paz. La variaci&oacute;n de  frecuencia entre los conflictos y entre los grupos dentro de un conflicto  parece ser grande, con casos bien documentados en ambos lados del espectro de  frecuencia. En el caso de mayor variaci&oacute;n est&aacute;n algunos de los casos mejor  documentados, por ejemplo, las fuerzas Bosnias Serbias en Bosnia, por lo que es  dif&iacute;cil imaginar una tasa significativamente inferior dados los numerosos casos  mutuamente corroborados por docenas de investigaciones. En el caso de menor  variaci&oacute;n del espectro, es dif&iacute;cil imaginar que una tasa alta de violencia  sexual del conflicto israelita-palestino (en los a&ntilde;os recientes) pase sin ser  reportada, dada la densidad de las organizaciones de derechos humanos no  gubernamentales y la intensidad del escrutinio internacional sobre el  comportamiento de ambas partes. En algunos conflictos el patr&oacute;n de violencia  sexual es altamente asim&eacute;trico, con una proporci&oacute;n alta atribuida a una facci&oacute;n  de la guerra. No solo el predominio varia significativamente tambi&eacute;n lo hace el  patr&oacute;n particular de violencia sexual lo que da una solidez anal&iacute;tica  adicional. Finalmente, para algunos casos (Segunda Guerra Mundial y  Bosnia-Herzegovina, por ejemplo) es evidente que la violencia sexual es mucho  m&aacute;s predominante durante la guerra que antes de ella y en casos donde no es  claro si fue m&aacute;s predominante durante la guerra que durante el tiempo de paz,  la forma de violencia sexual cambio durante la guerra, como es el caso de la  esclavitud sexual en Sierra Leona. </p>     <p> <b><i>Hacia una explicaci&oacute;n de la variaci&oacute;n de  la violencia sexual en tiempos de guerra</i></b> </p>     <p> Varios de los mecanismos  causales que pueden explicar las variaciones observadas aparecen (con  frecuencia solo en forma impl&iacute;cita) en la literatura sobre la violencia sexual  durante la guerra. En esta secci&oacute;n se eval&uacute;a si estos mecanismos de hecho lo  hacen. Las posibles explicaciones de la variaci&oacute;n tambi&eacute;n se presentan en la  literatura reciente sobre los mecanismos de violencia colectiva. </p>     <p> <i>Oportunidad</i> </p>     <p> Una hip&oacute;tesis, con  frecuencia impl&iacute;cita, es que el aumento de la violencia sexual durante la  guerra que se observa frecuentemente refleja el aumento de las oportunidades  para llevarla a cabo. Las instituciones de control social son con frecuencia  m&aacute;s d&eacute;biles durante la guerra, particularmente cuando los combatientes j&oacute;venes  luchan lejos de sus hogares, las comunidades est&aacute;n dispersas en distintas  &aacute;reas, las normas de respeto por los mayores est&aacute;n socavadas por nuevas fuentes  de autoridad como lo son las armas y los grupos armados que saquean las cocinas  en busca de provisiones. Este enfoque implica que el patr&oacute;n de violencia sexual  debe reflejar los de otras formas de violencia (porque la oportunidad para  violar es tambi&eacute;n una oportunidad de matar y saquear), que los combatientes no  tienen como objetivo a civiles de una etnia en particular (a menos que la  oportunidad dependa particularmente en lo &eacute;tnico), y que la violencia sexual es  mayor por parte de los grupos que llevan a cabo saqueos.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Algunos estudios confirman  d&eacute;bilmente estas implicaciones. Neil Mitchell y Tali Gluch (2004) encontraron  que la presencia de la violencia sexual estaba significativamente correlacionada  con la presencia de la guerra. Sin embargo, su conclusi&oacute;n est&aacute; basada solamente  sobre datos de un a&ntilde;o y se apoya en una codificaci&oacute;n bruta de fuentes limitadas  de derechos humanos, principalmente los reportes sobre derechos humanos del  Departamento de Estado. Madeline Morris (1996) encontr&oacute; que la tasa de  violaci&oacute;n por el personal militar masculino de EE. UU., durante la Segunda  Guerra Mundial fue tres a cuatro veces mayor que la tasa de civiles masculinos  de la misma edad (en contraste, las tasas de los militares en tiempos de paz  fueron significativamente inferiores que la tasa de los civiles). La violencia  sexual en algunos conflictos parece variar con otras formas de violencia, la  frecuencia aumentando o disminuyendo en el mismo patr&oacute;n a trav&eacute;s del tiempo y  el espacio.  </p>     <p> En general, sin embargo, la  variaci&oacute;n por oportunidad no cuenta para la variaci&oacute;n observada en la violencia  sexual. Muchos actores armados escogen grupos particulares en patrones que no  se pueden explicar por la oportunidad; tanto en Bosnia-Herzegovina y Ruanda,  los perpetradores ten&iacute;an b&aacute;sicamente acceso a civiles de varias etnias, sin  embargo escogieron unas en particular. La insurgencia salvadore&ntilde;a depend&iacute;a  estrechamente de los residentes en &aacute;reas contiguas para provisiones pero hasta  ahora y seg&uacute;n mi conocimiento no hay casos documentados de violaci&oacute;n de civiles  por parte de los insurgentes. La violencia sexual no siempre var&iacute;a con otras  formas de violencia; las insurgencias de Sri Lanka y El Salvador parecen  limitar estrictamente la violencia sexual pero participan en otras formas de  violencia contra los civiles. Hasta donde s&eacute;, nadie ha comparado  sistem&aacute;ticamente los patrones de las diferentes formas de violencia ejercidas  por el mismo grupo.  </p>     <p> <i>Incentivos</i> </p>     <p> Un enfoque  distinto es argumentar que las experiencias generadas durante la guerra  incrementan los incentivos individuales para involucrarse en la violencia  sexual. Hay varias versiones de este argumento (ver Goldstein 2001 para  considerar las versiones biol&oacute;gicas). Algunos acad&eacute;micos interpretan el  incremento de la violencia sexual durante la guerra como una respuesta al  debilitamiento de las instituciones patriarcales durante la guerra (Brownmiller  1975; Enloe 1983). As&iacute; como se  incrementaron los linchamientos de afroamericanos en el sur de los EE. UU.,  despu&eacute;s de la abolici&oacute;n de la esclavitud tras la Guerra Civil, cuando las  instituciones patriarcales se debilitaron, tambi&eacute;n la violencia para reforzar  los l&iacute;mites de g&eacute;nero se incremento. Los argumentos que se basan en las  relaciones sociales patriarcales implican que la violencia sexual deber&iacute;a predominar  en las guerras en donde las normas tradicionales de g&eacute;nero est&aacute;n m&aacute;s deterioradas.  Pero en muchas guerras civiles, los roles de g&eacute;nero se vuelven menos polarizados  porque las jerarqu&iacute;as de los pueblos son quebradas al dispersarse la poblaci&oacute;n  y al tener que la mujer realizar tareas que usualmente realizan los hombres. No  parece ser el caso de que la violencia sexual aumente cuando las normas  tradicionales est&aacute;n m&aacute;s deterioradas. Contrariamente a la tesis del patriarcado,  en algunos conflictos las relaciones patriarcales son tan debilitadas que hay un  n&uacute;mero significativo de combatientes femeninos en las facciones insurgentes, y  en lugar de las elevadas tasas de violencia sexual pronosticadas, las tasas  parece que fueron m&aacute;s bien muy bajas en al menos dos casos: las insurgencias de  Sri Lanka y El Salvador. Tambi&eacute;n las mujeres algunas veces participaron en la  violencia sexual como en Ruanda, en donde ocasionalmente las mujeres incitaban  a los hombres a la violaci&oacute;n y en la humillaci&oacute;n sexual de hombres detenidos  por las fuerzas de los EE. UU., en Iraq, Guant&aacute;namo y Afganist&aacute;n. Este  argumento tampoco explica la selecci&oacute;n de enemigos civiles como blanco de  violencia sexual (Skjelsbaek 2001). </p>     <p> Un segundo  argumento que s&iacute; explicar&iacute;a la selecci&oacute;n, es el de la venganza: los combatientes  escogen a enemigos civiles como objeto de la violencia para vengar la violencia  sufrida por sus comunidades. Sin embargo, esto no explica por qu&eacute; la violencia  toma la forma sexual en vez de otra. Algunas veces, se dice que la violencia  sexual ocurre en retaliaci&oacute;n por violencia sexual sufrida anteriormente (o supuestamente  sufrida) por personas pertenecientes a la misma comunidad &eacute;tnica, pero -- como lo  han demostrado nuestros casos - algunos grupos armados no responden con  violencia sexual a violencia sexual. </p>     <p> El enfoque de la  masculinidad militarizada (Morris 1996; Goldstein 2001) explica la selecci&oacute;n de  mujeres y hombres enemigos y el uso de violencia sexual. Para persuadir a los  hombres para que peleen y resistan las dificultades de la guerra, las  sociedades educan a algunos de sus miembros para que permanecen inalterables  bajo el fuego, usualmente promocionando el desarrollo de diferencias agudas  entre los g&eacute;neros: para ser hombres, los ni&ntilde;os tienen que convertirse en  guerreros. Los l&iacute;deres persuaden a los soldados que para ser hombres de verdad  tienen que tener una masculinidad militar, con el resultado que los soldados  representan la dominaci&oacute;n del enemigo en amplios t&eacute;rminos de g&eacute;nero y utilizan  la violencia sexual especifica contra la poblaci&oacute;n enemiga. M&aacute;s a&uacute;n, los lazos  entre los miembros de las peque&ntilde;as unidades - la lealtad que permite a los  guerreros pelear bajo las terribles condiciones de la guerra - tambi&eacute;n toman  las formas de g&eacute;nero, reforzando la masculinidad militar del entrenamiento. </p>     <p> Las memorias de  los tiempos de guerra de algunos conflictos (por ejemplo, los recuerdos de los  soldados estadounidenses que sirvieron en Vietnam) ofrecen an&eacute;cdotas de apoyo  para este enfoque. Los tipos de lazos particulares de las peque&ntilde;as unidades  tales como las visitas grupales a los prost&iacute;bulos pueden jugar un papel en la  frecuente ocurrencia de las violaciones en grupo en los tiempos de guerra. Sin  embargo, si este enfoque es para explicar la <i>variaci&oacute;n de la </i>violencia sexual en tiempos de guerra, los ej&eacute;rcitos  deber&iacute;an promover diferentes nociones de masculinidad, con ej&eacute;rcitos que enfatizar&aacute;n  m&aacute;s nociones militaristas de hombr&iacute;a siendo responsables por m&aacute;s altos niveles  de violencia sexual. No conozco las comparaciones sistem&aacute;ticas de los  entrenamientos militares, normas y pr&aacute;cticas a trav&eacute;s de estados militares; la  variaci&oacute;n de la violencia sexual en los establecimientos militares parece ser  significativamente mayor que la sorpresiva limitada variaci&oacute;n aparente de sus entrenamientos.  M&aacute;s aun, el enfoque masculino militar no especifica bien qu&eacute; mecanismos generan  una conexi&oacute;n con la violencia sexual, si los ej&eacute;rcitos inculcan nuevas normas,  proveen incentivos para recompensar sin generar internalizaci&oacute;n de  proclividades, o recluta solamente a las personas atra&iacute;das por las pr&aacute;cticas  militares. De lo que s&eacute;, nadie ha evaluado estas relaciones de forma  sistem&aacute;tica. Existen excepciones obvias a las relaciones argumentadas: la  insurgencia salvadore&ntilde;a, una de las dos guerrillas militarmente m&aacute;s efectivas  en Am&eacute;rica Latina, tiene pocos registros de violencia sexual a pesar de tener una  noci&oacute;n de masculinidad altamente militar. </p>     <p> Tal vez la  variaci&oacute;n de la violencia sexual puede enfocarse mejor por la variaci&oacute;n en la  disciplina militar en vez del entrenamiento y la socializaci&oacute;n. M&aacute;s adelante retomar&eacute;  este tema. </p>     <p> <i>La violencia sexual como instrumento grupal </i> </p>     <p> En las explicaciones  basadas en el incremento de oportunidades e incentivos, la violencia sexual  ocurri&oacute; por razones de gratificaci&oacute;n individual o por ser un producto derivado  del entrenamiento supuestamente necesario. En contraste, algunos grupos armados  promueven (o toleran) la violencia sexual como un medio efectivo hacia grupos  objetivo. Mientras que la violencia sexual estrat&eacute;gica puede que no sea  ordenada expl&iacute;citamente, es (por lo menos) tolerada; si alg&uacute;n castigo ocurre es  simb&oacute;lico y es limitado, claramente para los observadores externos m&aacute;s que para  disuadir. Tal violencia aparece tomar dos formas amplias. La primera es la tortura y/o humillaci&oacute;n sexual de personas  detenidas por un grupo armado. La segunda es la generalizaci&oacute;n de la violencia  sexual como una forma de terror o castigo dirigido a un grupo en especial, que  frecuentemente toma la forma de violaci&oacute;n grupal (y con frecuencia es p&uacute;blica),  usualmente por un periodo extendido de tiempo, m&aacute;s notoriamente como parte de  una campa&ntilde;a de &quot;limpieza &eacute;tnica&quot;, para forzar el desplazamiento de poblaciones  enteras de regiones en particular reclamadas como patria y como parte de  algunos genocidios.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Las condiciones  para la promoci&oacute;n instrumental de la violencia sexual no est&aacute;n bien  identificadas en la literatura. Algunos autores sugieren que las creencias de  algunas culturas en particular ofrecen las condiciones relevantes para ello: cuando  los grupos armados entienden que la violencia sexual es una violaci&oacute;n del honor  de las familias enemigas y de la comunidad enemiga, ellos probablemente  utilizaran la violencia sexual como un arma de guerra (Enloe 2000). Sin embargo,  esto parece predecir significativamente m&aacute;s violencia sexual que la que es de  hecho observada, ya que estas creencias est&aacute;n presentes en muchas sociedades en  donde la violencia sexual masiva no ha ocurrido. M&aacute;s aun, estas amplias  nociones de tendencias culturales no explican los casos donde un actor de la  guerra promueve la violencia sexual mientras el otro no lo hace. Adem&aacute;s, la  mayor&iacute;a de las explicaciones m&aacute;s instrumentales no le han dado el adecuado  tratamiento a la pregunta de si la violencia sexual es de hecho una estrategia  forzada por la jerarqu&iacute;a militar o es m&aacute;s bien una norma que se ha difundido a  trav&eacute;s del grupo, no impuesta desde arriba. Las metas pueden divergir ampliamente entre  los l&iacute;deres de un grupo armado y los miembros individuales (Kalyvas 2003), resultando  en vac&iacute;os potenciales entre las medidas abogadas por la jerarqu&iacute;a superior y  las prioridades de las peque&ntilde;as unidades en campo.  </p>     <p> <i>Sanciones contra la violencia sexual</i> </p>     <p> La efectividad de  la estructura de comando y control de un grupo armado es particularmente  importante para la efectividad de la prohibici&oacute;n de la violencia sexual. El liderazgo  de los grupos armados puede prohibirla por estrategia, por normas o por razones  pr&aacute;cticas (Wood 2009). Si una organizaci&oacute;n aspira a gobernar la poblaci&oacute;n  civil, los l&iacute;deres probablemente intentaran restringir la participaci&oacute;n de los  combatientes en la violencia sexual contra esos civiles (aunque pueden aprobar  este tipo de violencia contra otros grupos de civiles) por temor a socavar el  apoyo para cuando llegue la revoluci&oacute;n. As&iacute; mismo, si un grupo armado depende  de los civiles, los l&iacute;deres probablemente intentar&aacute;n restringir la violencia  sexual contra ellos. </p>     <p> Las razones para  prohibir la violencia sexual pueden reflejar preocupaciones normativas como  tambi&eacute;n restricciones pr&aacute;cticas. Los miembros de un grupo que busca efectuar  una revoluci&oacute;n social se pueden ver a si mismos como los portadores disciplinados  de un nuevo orden social m&aacute;s justo para todos los ciudadanos; la violencia  sexual puede entrar en conflicto con esta imagen de s&iacute; mismos. Una norma contra  la violencia sexual puede tomar una formas espec&iacute;ficas; la violencia sexual que  atraviesa fronteras &eacute;tnicas puede ser entendida por los l&iacute;deres o combatientes  como contaminando al instigador en lugar de humillar al individuo y la comunidad  objetivos. Las nuevas normas sociales contra el uso de formas particulares de  violencia y a favor de otras pueden ser activamente cultivadas por un grupo  armado como un asunto de estrategia o de principios. La insurgencia salvadore&ntilde;a  intent&oacute; transformar el deseo individual de venganza en una aspiraci&oacute;n  generalizada de justicia debido a que la b&uacute;squeda de venganza de los individuos  ten&iacute;a el potencial de socavar la disciplina y obediencia insurgente (Wood  2003). A pesar de la celebraci&oacute;n sistem&aacute;tica del martirio en la b&uacute;squeda de la  victoria, la insurgencia no aval&oacute; misiones suicidas y expl&iacute;citamente prohibi&oacute;  la violencia sexual. En contraste, la insurgencia de Sri Lanka llev&oacute; a cabo  atentados suicidas con bombas y de forma discutible direccion&oacute; los deseos de  venganza hacia ese fin, pero no se involucr&oacute; en violencia sexual hacia los  civiles a pesar de practicar la limpieza &eacute;tnica.  </p>     <p> La dependencia de  aliados internacionales puede tambi&eacute;n restringir la violencia sexual si  aquellos tienen normas concernientes a dicha violencia. Aun si ni el grupo  armado ni su patrocinador se preocupan por la normatividad, pueden tratar de  evitar la cr&iacute;tica de las organizaciones internacionales de los derechos  humanos.  </p>     <p> Un ej&eacute;rcito en el  cual las mujeres comprenden una gran fracci&oacute;n de combatientes puede tambi&eacute;n  estar restringido en la utilizaci&oacute;n de la violencia sexual. Esto se sugiere por  el patr&oacute;n emp&iacute;rico de que las insurgencias con la participaci&oacute;n intensiva de  mujeres en El Salvador, Sri Lanka, y Per&uacute; parecen involucrarse menos en la  violencia sexual. Sin embargo, el mecanismo no es claro y estas insurgencias  comparten otras caracter&iacute;sticas como un grado inusual de disciplina  interna.  </p>     <p> En el caso tanto de  la promoci&oacute;n como de la prohibici&oacute;n de la violencia sexual, si un grupo armado refuerza  efectivamente las estrategias decididas por el liderazgo depende de la  disciplina interna del grupo. El uso de la violencia genera dilemas a los  l&iacute;deres cuyos agentes prefieren un nivel o tipo de violencia distinta a la de  ellos (Mitchell y Gluch 2004; Hoover 2006; Kalyvas 2003). Por ejemplo, cuando  un grupo armado proh&iacute;be la violencia sexual basada en restricciones pr&aacute;cticas,  si los combatientes no sienten ellos mismos la limitaci&oacute;n causal directa de la  restricci&oacute;n, el grado de efectividad de la prohibici&oacute;n depende del grado de  disciplina dentro de la organizaci&oacute;n. Muchos ej&eacute;rcitos probablemente proh&iacute;ben  la violencia sexual pero en la realidad no disciplinan a los soldados que la  ejercen. Sin embargo, bajo algunas raras condiciones, el predominio de la  violencia sexual puede ser menor sin depender de la disciplina jer&aacute;rquica del  grupo armado, simplemente cuando los mismos combatientes han internalizado las  normas contra la violencia sexual o si las unidades peque&ntilde;as comparten dicha norma  y pueden entonces efectivamente hacer cumplir la norma. </p>     <p> <i>Otros mecanismos</i> </p>     <p> La literatura  reciente sobre la violencia durante la guerra ha identificado un n&uacute;mero de  mecanismos dise&ntilde;ados para darle forma a los patrones de violencia. Stathis  Kalyvas (2006) argumenta que el asesinato de civiles refleja los intentos de  los actores armados para disuadir a los civiles de colaborar con su  contraparte. De acuerdo con Jeremy Weinstein (2006), los ej&eacute;rcitos cuyos  miembros tienen f&aacute;cil acceso a los recursos tales como el saqueo de los  recursos naturales abundantes atraer&aacute;n a reclutas oportunistas en vez de  idealistas y ser&aacute; menos probable que se pueda restringir el uso de la violencia  contra civiles comparado con ej&eacute;rcitos que dependen del suministro voluntario de  servicios por parte de los civiles. Charles Tilly (2003) identifico un n&uacute;mero  de mecanismos (tales como la activaci&oacute;n y mantenimiento de l&iacute;mites grupales,  se&ntilde;alizaci&oacute;n espiral y construcci&oacute;n de alianzas entre grupos asociados) que  escalan la violencia. Scott Straus (2006) argumenta que los perpetradores de la  violencia genocida en Ruanda actuaron siguiendo patrones antiguos de obediencia  a la autoridad, apoyados por amenazas coercitivas cre&iacute;bles. Estos mecanismos  pueden contribuir a la explicaci&oacute;n de las variaciones observadas en la  violencia sexual pero no se explican por si mismos. La violencia sexual con frecuencia  tiene el efecto de agudizar los l&iacute;mites grupales y a veces es ejercida por  grupos armados que dependen de recursos saqueables. En los casos donde los  grupos armados implementan efectivamente estrategias ya sea para promover o para  prohibir la violencia sexual, la obediencia a la autoridad juega un papel  importante. Aunque la violencia sexual ocasionalmente puede tomar la forma de  un castigo para los colaboradores del enemigo, parece ser muy rara. En  particular, los mecanismos no explican porque algunos grupos proh&iacute;ben  efectivamente la violencia sexual por parte de los combatientes.  </p>     <p> <b>Conclusi&oacute;n: una agenda para la investigaci&oacute;n</b> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> La literatura sobre  la violencia sexual durante la guerra todav&iacute;a no ha dado una explicaci&oacute;n  adecuada para su variaci&oacute;n a trav&eacute;s de las guerras, los grupos armados y las  unidades. Aunque muchos autores han  hecho una distinci&oacute;n entre la violencia sexual de oportunidad o como estrategia,  los patrones emp&iacute;ricos tienen una amplia variaci&oacute;n, incluyendo guerras en donde  la violencia sexual es sorprendentemente baja de parte de una o m&aacute;s de una de  las partes del conflicto.  </p>     <p> A la luz del an&aacute;lisis comparativo, no entendemos adecuadamente las  condiciones bajo las cuales los grupos armados toman sanciones efectivas contra  sus combatientes que ejercen la violencia sexual o aquellos que pertenecen a  grupos que efectivamente promocionan su uso estrat&eacute;gico. En conclusi&oacute;n  ofrecemos sugerencias para futuras investigaciones sobre los patrones y fuentes  de variaci&oacute;n de la violencia sexual.  </p>     <p> En la  investigaci&oacute;n sobre la violencia sexual, los acad&eacute;micos deben desagregar  nuestro an&aacute;lisis para enfocarse en los tipos distintivos de la violencia sexual  (o combinaciones de ella) ya que los mecanismos subyacentes que generan alto o  bajo predominio pueden ser diferentes para cada tipo. Los principales sub-tipos  deben incluir la tortura sexual (incluyendo a los hombres), esclavitud sexual,  violencia sexual (particularmente la violaci&oacute;n) en el contexto de la limpieza  &eacute;tnica o pol&iacute;tica (violaci&oacute;n y desplazamiento; violaci&oacute;n y genocidio),  violencia sexual (particularmente la violaci&oacute;n) como castigo colectivo y  violaci&oacute;n por oportunidad. Ya se han realizado algunos trabajos sobre estos  lineamientos (ver Enloe 2000; Sharlach 2001; Lilly y Marshall 2000). </p>     <p> Si un grupo  armado ejerza violencia sexual o no, y de qu&eacute; manera, debe ser entendido como una  pregunta sobre el <i>repertorio de violencia</i> de los grupos. El repertorio, un t&eacute;rmino que uso en analog&iacute;a al de repertorio  de acci&oacute;n colectiva de Charles Tilly, quiere decir el conjunto de formas de  violencia (entre ellos asesinato, tortura, violencia sexual, masacre,  desplazamiento forzado, etc) practicado por un grupo armado. Al entender la  violencia sexual como parte de un repertorio sugiere varios caminos de  investigaci&oacute;n. Al enfocarse en la variaci&oacute;n de la violencia sexual, este ensayo  tambi&eacute;n ha demostrado que el repertorio de violencia var&iacute;a a trav&eacute;s de los conflictos  y los grupos armados, y puede variar a trav&eacute;s de las unidades dentro de un  grupo. Espec&iacute;ficamente, el repertorio de  un grupo puede ser constante en el tiempo y el espacio, con incidencia relativa  de diferentes formas de violencia permaneciendo aproximadamente lo mismo. En  otros casos puede que el repertorio no sea constante como cuando ocurre la co-variaci&oacute;n  para algunos pero no para todos los tipos de violencia; por ejemplo, si las  desapariciones y ejecuciones crecen y caen al mismo tiempo pero la violencia  sexual permanece constante. Si el repertorio de un grupo es el producto de su  propia estrategia (en el caso de que tenga una) o si es el producto de su  interacci&oacute;n estrat&eacute;gica y militar con otros grupos de la guerra, probablemente  variara a trav&eacute;s del tiempo y de los eventos (Hoover 2006). </p>     <p> Una implicaci&oacute;n  obvia es que los acad&eacute;micos deben recoger y codificar todos los casos de tipos  de violencia, no s&oacute;lo los casos de violencia letal. Sin embargo, todav&iacute;a no se  entiende la selecci&oacute;n de los temas que subyacen en los datos observados. Por  ejemplo, en el caso de un incidente de violaci&oacute;n, &iquest;Tiene este mayor  probabilidad de ser tenido en cuenta si est&aacute; acompa&ntilde;ado de violencia letal (hay  un cuerpo para ser examinado) o menor probabilidad (los grupos de derechos  humanos puede que solo registren la muerte)?  </p>     <p> Para comprender  el repertorio de violencia, se sugiere que los grupos armados (tanto estatales  como no estatales) deben ser enfocados como organizaciones complejas que (en un  escenario particular, con mayor o menor &eacute;xito) definen las oportunidades,  refuerzan normas especificas, moldean estructuras particulares de incentivos,  abrazan algunas estrategias y condenan otras. Al enfocarse en el porqu&eacute; la  violencia, a veces pero no siempre toma la forma sexual, no se debe asumir que  los combatientes masculinos violaran si tienen la oportunidad; entonces el  aspecto sexual de la violencia debe ser explicado en lugar de presumido. Esta  perspectiva sugiere un enfoque sobre cuatro unidades de an&aacute;lisis y sus interrelaciones:  el liderazgo del grupo armado, su jerarqu&iacute;a, la unidad peque&ntilde;a en la que los  combatientes tienen relaciones frente a frente y el combatiente individual  (Wood 2009)<a href="#(19)">(19)</a>. </p>     <p> La clave para  explicar la variaci&oacute;n observada esta en las condiciones bajo las cuales los  grupos armados, las unidades peque&ntilde;as y los individuos desarrollan sanciones y  normas que efectivamente avalan o restringen la participaci&oacute;n de los  combatientes en la violencia sexual. La distinci&oacute;n entre los liderazgos que  avalan la violencia sexual como una forma efectiva de terror contra o de  castigo de un grupo objetivo y aquellos que no la avalan es por supuesto  esencial. Sin embargo los patrones de violencia tambi&eacute;n dependen de s&iacute; los  grupos armados brindan incentivos efectivos que promuevan la violencia sexual o  sanciones que la proh&iacute;ban. S&iacute; no existen sanciones efectivas ya sea para  promover o desanimar la violencia sexual  (ya sea porque el grupo no tiene una pol&iacute;tica explicita o porque no hay una  forma efectiva de hacer cumplir esa pol&iacute;tica), el grado de participaci&oacute;n de los  combatientes en la violencia sexual depender&aacute; de s&iacute; el grupo tiene acceso a los  civiles (como cuando saquean las cocinas y los campos por alimentos) o no, y de  s&iacute; las peque&ntilde;as unidades promueven las normas prohibitivas o las que avalan la  violencia sexual y si los individuos tienen tales normas. </p>     <p> Las normas y pr&aacute;cticas  no pueden ser asumidas como est&aacute;ticas; m&aacute;s bien ellas deben entenderse como que  progresan durante el curso del conflicto. Los combatientes individuales entran  a un grupo armado con normas, preferencias y pr&aacute;cticas culturales (posiblemente  heterog&eacute;neas) sobre la violencia sexual. La socializaci&oacute;n inicial en su peque&ntilde;a  unidad, los procesos de brutalizaci&oacute;n de presenciar, soportar y ejercer  violencia y la presi&oacute;n para adaptarse a las pr&aacute;cticas en desarrollo de su  unidad puede reformar esas normas, preferencias y pr&aacute;cticas en formas  fundamentales. El alcance de la violencia sexual de oportunidad depende de la  ausencia de sanciones y normas (por parte del grupo armado, de la peque&ntilde;a  unidad, o del individuo) que efectivamente la proh&iacute;ba y de la proximidad de v&iacute;ctimas  potenciales. Si los individuos y las peque&ntilde;as unidades tienen normas que proh&iacute;ben  la violencia sexual, tal vez con la justificaci&oacute;n que est&aacute; contaminando al  perpetrador, la violencia sexual no ocurrir&aacute; aun cuando la unidad tenga acceso  a los civiles y a&uacute;n cuando el grupo armado no castigue a los que la  ejerzan.  </p>     <p> Este enfoque  sugiere un n&uacute;mero de hip&oacute;tesis que pueden guiar las investigaciones acad&eacute;micas.  Primero, cuando los grupos armados dependen de del apoyo (suministros,  inteligencia) de civiles y aspiran a gobernarlos civiles, aquellos no ejercen  la violencia sexual contra esos civiles, si tienen una razonable estructura  efectiva de comando. Por ejemplo, la insurgencias de izquierda, que t&iacute;picamente  tiene intensos procesos de socializaci&oacute;n y estructuras efectivas de comando, generalmente  participan poco en violencia sexual contra los civiles (con algunas  excepciones).  </p>     <p> La segunda, si  las normas que rigen a los combatientes individuales y a las unidades peque&ntilde;as,  ya sea para condenar o aprobar la violencia sexual, son las mismas y tambi&eacute;n  est&aacute;n avaladas por el liderazgo del grupo, la violencia sexual de este grupo  puede ser o muy baja o muy alta, respectivamente. Espec&iacute;ficamente si los grupos  armados refuerzan tab&uacute;s culturales contra el contacto sexual con la posible  poblaci&oacute;n objetivo, la violencia sexual contra la poblaci&oacute;n ser&aacute; baja; en la  ausencia de dichos tab&uacute;s, si los grupos armados promueven la violencia sexual, la  violencia ser&aacute; alta. La violencia sexual (sin contar la humillaci&oacute;n sexual) era  relativamente baja en los campos de trabajo y de concentraci&oacute;n de la Alemania  Nazi. La elevada tasa de matrimonios entre etnias antes del conflicto de  Bosnia-Herzegovina y Ruanda, seg&uacute;n esta hip&oacute;tesis, facilito la propagaci&oacute;n de  la violencia sexual durante los conflictos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Tercero, si un  grupo armado proh&iacute;be la violencia sexual contra una porci&oacute;n en particular de la  poblaci&oacute;n, entre menos efectiva sea la disciplina militar del grupo, ser&aacute; mayor  la probabilidad de que los combatientes participen de la violencia sexual (a  menos que ellos tengan particularmente normas estrictas contra ella). Entonces milicias  poco disciplinadas, ej&eacute;rcitos de proscritos mal entrenados, polic&iacute;a militar mal  entrenada y tropas de servicio mal supervisadas son m&aacute;s propensos a participar  en la violencia sexual que tropas bien entrenadas (en la ausencia de una  pol&iacute;tica que promueva la violencia sexual). Entonces, el reto en conducir una  investigaci&oacute;n sobre la disciplina militar es por supuesto el hacerlo sin la tautolog&iacute;a  del tipo que ocurre cuando se puede inferir una ausencia de disciplina del  patr&oacute;n de violencia contra los civiles. </p>     <p> Este enfoque genera  algunas preguntas tambi&eacute;n. &iquest;En que alcance se puede explicar los patrones de la  violencia sexual debido al rompimiento de la estructura de comando-control, y  en que alcance se debe explicarlos debido a un cambio de normas por parte de  los combatientes? &iquest;Qu&eacute; explica el surgimiento de una estructura organizacional lo  suficientemente fuerte como para reforzar las decisiones estrat&eacute;gicas del  liderazgo, especialmente una prohibici&oacute;n de violencia sexual? &iquest;Cu&aacute;nto y c&oacute;mo es  que las normas de las peque&ntilde;as unidades evolucionan para permitir la violencia  sexual por parte de sus miembros? &iquest;Bajo qu&eacute; condiciones puede una victoria  militar, por una parte, o un empate militar por la otra, contribuir a la violencia  sexual? &iquest;Hasta qu&eacute; punto restringen las normas y el derecho internacional la pr&aacute;ctica  de la violencia sexual? &iquest;Por qu&eacute; los hombres son escogidos como v&iacute;ctimas en  algunos escenarios y en otros no?  </p>     <p> Hay otros  patrones desconcertantes que pueden ser tratados por los investigadores. Los  grupos armados que cuentan con una gran proporci&oacute;n de combatientes femeninas  participan menos en la violencia sexual; las explicaciones potenciales incluyen  la interrupci&oacute;n de las pr&aacute;cticas de unidad masculina en las peque&ntilde;as unidades, el  socavamiento general de los modelos patriarcales que apoyan la violencia sexual,  o una ideolog&iacute;a grupal que anima a las ni&ntilde;as y mujeres a unirse al grupo armado  y a la vez desanima la violencia sexual. Las democracias rara vez participan en  la expansi&oacute;n de la violencia sexual y generalmente castigan la violaci&oacute;n como  gratificaci&oacute;n personal, pero en la pr&aacute;ctica la violencia sexual limitada es  avalada algunas veces. &iquest;Que restringe a las democracias y por qu&eacute; esas  restricciones no proh&iacute;ben todas las formas de violencia sexual?  </p>     <p> Nuevos caminos de  investigaci&oacute;n podr&aacute;n contribuir ampliamente a direccionar el gran enigma de la  variaci&oacute;n en la violencia sexual. </p>     <p> Se necesita mayor  investigaci&oacute;n para documentar mejor la variaci&oacute;n en los patrones de la  violencia sexual a trav&eacute;s de los conflictos, incluyendo los que se analizan en  este documento. En particular, porque los casos fueron escogidos por su nivel  de variaci&oacute;n en la violencia sexual; investigaciones adicionales son necesarias  para estimar la relativa frecuencia de ocurrencia de los diferentes patrones en  el universo real de casos.  </p>     <p> Los acad&eacute;micos no  deben desestimar los &quot;casos negativos&quot; de grupos o conflictos en los cuales la  violencia sexual no ocurre (u ocurre en niveles bajos) ya que estos pueden  ayudar a esclarecer los casos en donde s&iacute; tiene lugar. De inter&eacute;s en particular  son los casos en los cuales un grupo no &quot;refleja&quot; el uso de la violencia sexual  realizada por otro grupo participante en la guerra y en los conflictos donde la  violencia sexual fue anormalmente baja en comparaci&oacute;n con las altas tasas  presentes en conflictos similares. Este ensayo sugiere una distinci&oacute;n clave entre  dichos casos negativos: si la violencia sexual no ocurre gracias a la  efectividad de las sanciones contra ella, normas individuales contra ella,  normas de peque&ntilde;as unidades contra ella o si es porque el grupo tiene poco  acceso a los civiles. En particular, una comparaci&oacute;n de la utilizaci&oacute;n de las  convenciones ideol&oacute;gicas y religiosas o culturales contra la violencia sexual  puede arrojar una luz sobre el car&aacute;cter de muchos grupos armados. Sin embargo,  el establecimiento de la fuerza operativa de tales convenciones presenta retos metodol&oacute;gicos  particulares, principalmente el de c&oacute;mo establecer la fuerza causal de una  norma propuesta o sanci&oacute;n independientemente de la presencia o ausencia  observada de la violencia sexual. </p>     <p> Dicha  investigaci&oacute;n necesita el acceso detallado a las fuentes locales, lo cual no  siempre es posible durante o al final de la guerra. Sin embargo, las guerras  difieren en la disponibilidad de esos documentos y la posibilidad de amplias  investigaciones locales de campo. Afortunadamente, son precisamente estos casos  negativos los que hacen posible las investigaciones locales.  </p>     <p> Para explorar  mejor el peso de cada una de las causas potenciales, los contrastes dentro de los  casos deben ser explorados (por ejemplo contrastes entre los grupos armados, y  entre las unidades del mismo grupo), ya que este m&eacute;todo constituye la forma m&aacute;s  simple de controlar muchas variables que de otra forma ser&iacute;an confusas. Este  enfoque ya est&aacute; demostrando ser muy enriquecedor para el estudio de violencia y  participaci&oacute;n en las guerras civiles, incluyendo Grecia (Kalyvas 2006), Ruanda  (Straus 2006), Per&uacute; (Weinstein 2006) y El Salvador (Wood 2003). Idealmente uno  puede comparar los patrones de violencia sexual (y otras) no s&oacute;lo entre  facciones y a trav&eacute;s del tiempo, sino a trav&eacute;s de sub-unidades de facciones  armadas, clarificando por lo tanto la fuerza causal de factores en distintos  niveles. La extensi&oacute;n en que la violencia sexual var&iacute;a con otras formas de violencia  tambi&eacute;n deber&iacute;a ser analizada como una forma de identificar estrategias y  normas de violencia particulares. Un caso particularmente interesante ser&iacute;a el  caso de las fuerzas estadounidenses en Vietnam, si existieran documentos  relevantes y pudieran ser desclasificados. La comparaci&oacute;n de patrones de violencia  sexual en diferentes colonias del mismo imperio tambi&eacute;n podr&iacute;a ayudar a aclarar  la variaci&oacute;n en este dise&ntilde;o de investigaci&oacute;n. </p>     <p> La din&aacute;mica de los  grupos peque&ntilde;os que conlleva a las normas de la unidad a promover o restringir  la ocurrencia de la violencia sexual parece ser una v&iacute;a de investigaci&oacute;n  prometedora. Los factores relevantes incluyen reclutamiento de individuos que  refrendan las normas grupales y conformidad con las normas una vez que el individuo  forma parte del grupo. Por ejemplo, puede haber diferencias sistem&aacute;ticas entre  los grupos armados que dependen de mercenarios, profesionales de carrera y conscriptos.  En particular, el alcance en que las pr&aacute;cticas de entrenamiento militar  difieren entre los ej&eacute;rcitos en el grado de brutalizaci&oacute;n de los reclutas y en  las actividades para construir los lazos de uni&oacute;n entre los miembros de las  peque&ntilde;as unidades puede ser un camino productivo para exploraciones futuras. La  comparaci&oacute;n de din&aacute;micas de los grupos peque&ntilde;os en otros escenarios donde a  veces se da la violencia sexual de grupo como en las fraternidades, pandillas  urbanas y equipos deportivos, puede ser muy fruct&iacute;fera.  </p>     <p> Una agenda  relacionada que podr&iacute;a ser muy esclarecedora es el estudio de los perpetradores  de la violencia sexual durante la guerra. Aunque esta investigaci&oacute;n ser&iacute;a  dif&iacute;cil de realizar en acuerdo con los principios &eacute;ticos de investigacion,  tampoco es imposible. Scott Straus (2006) pudo entrevistar a un subconjunto  particular de perpetradores del genocidio de Ruanda: aquellos que hab&iacute;an sido  condenados, hab&iacute;an confesado y hab&iacute;an sido sentenciados. Dara Cohen (2008)  entrevist&oacute; excombatientes sobre la violencia sexual en el conflicto en Sierra Leona.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Otra v&iacute;a de  investigaci&oacute;n podr&iacute;a enfocarse m&aacute;s expl&iacute;citamente en los mecanismos de la  din&aacute;mica interactiva. Por ejemplo, los patrones de la violencia sexual pueden  ser fruct&iacute;feramente analizados usando un modelo basado en mecanismos de  retroalimentaci&oacute;n positiva que amplifican las peque&ntilde;as diferencias in&iacute;ciales  entre los grupos, unidades o sitios y resultan en grandes diferencias en el predominio  y la forma de la violencia sexual. Dichos modelos pueden esclarecer la difusi&oacute;n  de normas descentralizadas, que condenan la violencia sexual. Por ejemplo, uno  de estos mecanismos es la venganza escalada: si un miembro de un grupo ejerce  violencia sexual contra un miembro de otro grupo, un miembro del otro grupo  puede tomar represalias en forma tal que puede generar un espiral de violencia  sexual. O los modelos epidemiol&oacute;gicos pueden ser productivos, en los que s&iacute;  algunos miembros de un grupo peque&ntilde;o ejercen la violencia sexual, otros  miembros de ese grupo peque&ntilde;o tambi&eacute;n lo pueden hacer; una vez que el grupo  peque&ntilde;o lo hace otras unidades vecinas tambi&eacute;n lo pueden hacer, llevando a una generalizaci&oacute;n  de la violencia sexual por parte de ese grupo durante la guerra. En ambos casos  los procesos din&aacute;micos que explican la escalada o declinaci&oacute;n de la violencia  sexual estar&aacute;n caracterizados por puntos relevantes de tal forma que  diferencias aparentemente peque&ntilde;as en las causas de la violencia podr&iacute;an ser  responsables de grandes diferencias en las consecuencias.  </p>     <p> La brutalidad  continua en Darfur y en DRC nos recuerda que la violencia sexual sigue siendo un aspecto aterrador de la guerra, uno que  ocasiona gran sufrimiento a los civiles- particularmente a mujeres y ni&ntilde;as-  atrapados en condiciones de inseguridad y terror. A&uacute;n as&iacute;, la violaci&oacute;n no es inevitable en la  guerra, como este an&aacute;lisis de los casos negativos y asim&eacute;tricos ha ilustrado.  La comprensi&oacute;n de los determinantes de la variaci&oacute;n en la violencia sexual  puede servir de ayuda a los oficiales de las Naciones Unidas, a los miembros de  las organizaciones no gubernamentales, a los gobiernos, a los militares y a los  l&iacute;deres insurgentes que buscan limitar la violencia sexual y otras violaciones  de las leyes de la guerra.  </p> <hr size="1" />     <p><b>COMENTARIOS</b></p>     <p>1. <a name="(1)"></a>Agradezco el apoyo a  esta investigaci&oacute;n por parte del Centro MacMillan de  la Universidad de Yale, para Estudios Internacionales y Locales y del Santa Fe  Institute, y la asistencia investigativa por parte de Margaret Alexander, Laia  Balcells, Karisa Cloward, Kade Finnoff, Amelia Hoover, Michele Leiby, Amara  Levy-Moore, Meghan Lynch, Abbey Steele, y Tim Taylor. Agradezco tambi&eacute;n a todas  las personas que hicieron comentarios sobre las versiones anteriores de este  art&iacute;culo en particular Jeffrey Burds, Christian Davenport, Anna Grzymala-Busse,  Amelia Hoover, Magali Sarfatti Larson, Meghan Lynch, Daniel Posner, David  Plotke, Michael Ross, Jessica Stanton, y Jeremy Weinstein. </p>     <p>2. <a name="(2)"></a>Este  art&iacute;culo es una revisi&oacute;n del cap&iacute;tulo &quot;Sexual violence during war: toward an understanding of variation&quot; del libro <i>Order, Conflict,  and Violence </i>(2008), de Ian Shapiro,  Stathis Kalyvas y Tarek Masoud (editores), pp. 321-351, Cambridge University Press, traducida y  publicada en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico</i> con  autorizaci&oacute;n de Cambridge University Press. Se agradece a los profesores Francisco  Guti&eacute;rrez San&iacute;n y Maria Emma Wills la lectura y comentarios sobre la  traducci&oacute;n. </p>     <p>3. <a name="(3)"></a>Las fuentes potenciales para establecer el predominio de  la violencia sexual en Berl&iacute;n son los registros de las mujeres que solicitaban  abortos. Mientras que el aborto fue t&eacute;cnicamente ilegal, las autoridades  suspendieron la ley en el caso de violaci&oacute;n por parte de extranjeros; se  concedieron permisos en casi todos los casos del distrito cuyo registros fueron  analizados por Atina Grossman (1997). Dado que el 90 por ciento de los  embarazos declarados como resultado de violaci&oacute;n fueron abortados (Grossman  1997, 50), el predominio pudo ser estimado si cualquiera de esos distritos  pudiera ser considerado como representativos o si los registros para todos los  distritos hubieran sido preservados. Sin embargo, este no parece ser el caso  (Grossman 1997, 33, fn. 2). </p>     <p>4. <a name="(4)"></a>La incidencia de violaci&oacute;n  (incidentes/poblaci&oacute;n) ser&iacute;a mucho mayor que el predominio (v&iacute;ctimas  /poblaci&oacute;n) dado el patr&oacute;n de violaci&oacute;n grupal y de los m&uacute;ltiples incidentes  sufridos por la misma persona. </p>     <p>5. <a name="(5)"></a>Ver tambi&eacute;n a Friedman (2002, cap&iacute;tulo 2). Los militares  alemanes manejaban la violaci&oacute;n de civiles en el frente oriental con mucha m&aacute;s  indulgencia que en el frente occidental en donde los tribunales militares  impon&iacute;an castigos significativamente m&aacute;s severos (Beck 2002). </p>     <p>6. <a name="(6)"></a>Basado en  la descripci&oacute;n de los prost&iacute;bulos por parte de Gertjejanssen's, se estimo que  el n&uacute;mero debi&oacute; ser entre 1.000 y 10.000. </p>     <p>7. <a name="(7)"></a>Chang utiliz&oacute;  un amplio rango de documentos, incluyendo diarios y reportes de observadores  internacionales que estuvieron presentes en Nanjing durante la violencia, como  otras entrevistas. No es claro como llego Chang a ese estimativo de victimas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>8. <a name="(8)"></a>El sistema  se inicio en 1932, pero se extendi&oacute; ampliamente despu&eacute;s de Nanjing. </p>     <p>9. <a name="(9)"></a>&quot;Sobre el  tema de &quot;mujeres de consuelo&quot; durante la guerra&quot; de la Oficina de Consejero del  Gabinete Japon&eacute;s de Asuntos Exteriores, Agosto 4 de 1993 (E/CN.4/1996/137, 14),  citado en la UNESCO 1998 (Ap&eacute;ndice: 9(a)). El n&uacute;mero preciso de mujeres  forzadas a servir como esclavas sexuales no est&aacute; bien documentado por que los  japoneses destruyeron la mayor&iacute;a de los documentos en 1945. </p>     <p>10. <a name="(10)"></a>Veinte mil  ni&ntilde;as y mujeres comprenden el 2.1% de las mujeres musulmanas de todas las  edades en Bosnia-Herzegovina antes de la guerra (calculado por la Oficina  Federal de Estad&iacute;sticas para 1991). El  Reporte Especial de la Comisi&oacute;n de los Derechos Humanos de las NU (citado por  Salzman 2000, 76) realiz&oacute; inicialmente un estimativo m&aacute;s bajo de 11.900  violaciones, basado en 119 embarazos producto de las violaciones que fueron  abortados en seis centros m&eacute;dicos principales (el reporte asumi&oacute; un tasa de  embarazo despu&eacute;s de la violaci&oacute;n del 1%). Sin embargo, seg&uacute;n lo se&ntilde;ala Salzman,  por una parte muchas mujeres fueron violadas m&aacute;s de una vez y otras no tuvieron  acceso a instalaciones medicas e indujeron el aborto ellas mismas, abandonaron  el beb&eacute; o lo criaron. Por otra parte, muchas mujeres embarazadas que buscaron  el aborto no indicaron que el embarazo fuera originado por una violaci&oacute;n. En  resumen, Salzman argumenta que el n&uacute;mero de embarazos fue significativamente  superior a 119 y coincide con el estimativo de 20.000 (76-77, 63). </p>     <p>11. <a name="(11)"></a>Una de las  razones de que la violencia &eacute;tnica en la antigua Yugoslavia parec&iacute;a  problem&aacute;tica para muchos observadores era la existencia significativa de  matrimonios mixtos antes de la guerra: desde 1981 hasta 1991, el 18,6 por  ciento de los nuevos matrimonios mixtos en Bosnia-Herzegovina eran matrimonios inter-&eacute;tnicos  (cifras del censo de 1991, Enloe 2000, 142). </p>     <p>12. <a name="(12)"></a>En los  testimonios compilados por Human Rights Watch y Physicians for Human Rights,  las v&iacute;ctimas reportaron que los autores quer&iacute;an sexo con una virgen, buscaban  una nueva esposa, enviar un mensaje al gobierno, etc.; pero no reportaron que  los autores declarar&aacute;n el deseo de tener sexo con o de castigar a una persona  de alguna &eacute;tnia o religi&oacute;n en particular.  </p>    <p>13. <a name="(13)"></a>El dise&ntilde;o  del censo combino el muestreo sistem&aacute;tico al azar y el muestreo de grupo en  cuatro locaciones que representan el 91% de la poblaci&oacute;n desplazada localmente.  La tasa estimada de predominio parece ser varias veces m&aacute;s alta que la tasa en  tiempos de paz (el predominio estimado de por vida de violencia sexual no  relacionada con la guerra es de 9.0% Amowitz et al. 2002, 518). </p>     <p>14. <a name="(14)"></a>Ver PHR  2002, capitulo 4 y HRW 2003a, capitulo V. De acuerdo con Physicians for Human Rights,  las ni&ntilde;as y mujeres que fueron v&iacute;ctimas de la mutilaci&oacute;n genital tienen un alto  riesgo de sufrir de trauma genital y complicaciones relacionadas despu&eacute;s de la  violaci&oacute;n (PHR 2002, 49). Human Rights  Watch (2003a, 24) informa que el 90 por ciento de la poblaci&oacute;n femenina de  Sierra Leona fueron v&iacute;ctimas de la mutilaci&oacute;n genital. </p>     <p>15. <a name="(15)"></a>Los matrimonios forzados en el sentido de que las j&oacute;venes  se casaron sin su consentimiento, a menudo a muy temprana edad, eran muy comunes  en Sierra Leona antes de la guerra pero requer&iacute;an del permiso de la familia de  la joven (HRW 2003a, 17, 23-24). </p>     <p>16. <a name="(16)"></a>Por  ejemplo, en algunas sociedades, el acceso sexual a las mujeres es concedido a  invitados, hermanos y otros asociados del esposo (y las mujeres son golpeadas o  asesinadas si se niegan a ello). En algunas sociedades, la transgresi&oacute;n  femenina de las normas sociales (tal y como las mujeres vean artefactos  ceremoniales estrictamente reservados para los hombres) es castigada con la  violaci&oacute;n, en algunos casos de forma grupal en un espacio p&uacute;blico (Rozee 1993,  507-508). </p>     <p>17. <a name="(17)"></a>Para los pa&iacute;ses  en desarrollo, los datos son compilados de encuestas cara a cara en las  ciudades capitales; aparentemente no hay correcci&oacute;n para posibles diferencias  rural-urbana, otra que la variaci&oacute;n del tama&ntilde;o de los hogares. Dado los retos para  compilar datos comparables de violencia sexual, se promedio a trav&eacute;s de las  tres ciudades con el mayor y el menor predominio. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>18. <a name="(18)"></a>Para pa&iacute;ses industrializados, la encuesta son  muestras nacionales y realizadas por tel&eacute;fono (con la excepci&oacute;n de Malta). Las  altas tasas en Suecia y Finlandia probablemente reflejen las altas tasas de  alcoholismo, con una tendencia a la violencia, tasas mayores de reportar el asalto  sexual, y una definici&oacute;n m&aacute;s amplia de  &quot;asalto&quot;. </p>     <p>19. <a name="(19)"></a>Ver Hoover (2006) para el an&aacute;lisis de como los repertorios de violencia pueden  ser comprendidos mediante modelos de los agentes principales en los cuales las  elites (los principales) tienen preferencias distintas a la de los combatientes  (los agentes) por diferentes tipos de violencia.  </p> <hr size="1" />     <p> <b>BIBLIOGRAFIA</b></p>     <!-- ref --><p>1. African Rights. 1994. <i>Rwanda:  Death, Despair and Defiance</i>. London: African Rights. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-4705200900020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Alison, Miranda. 2003. &quot;Cogs in a Wheel? Women in the Liberation Tigers  of Tamil Eelam.&quot; <i>Civil Wars</i> 6 (4):  37-54.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-4705200900020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Amnesty International. 1999. <i>Sri  Lanka: Torture in Custody</i>. <a href="http://www.amnestyusa.org/countries/sri_lanka/reports.do"  target="_blank">www.amnestyusa.org/countries/sri_lanka/reports.do</a>  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-4705200900020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. 2002. Sri Lanka: Rape in Custody. <a href="http://www.amnestyusa.org/countries/sri_lanka/reports.do" target="_blank">www.amnestyusa.org/countries/sri_lanka/reports.do</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-4705200900020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. 2004. <i>Sudan, Darfur: Rape as a  Weapon of War: Sexual Violence and its Consequences</i>. AI: London. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-4705200900020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Amowitz, Lynn L., Chen Reis, Kristina Hare Lyons et al. 2002.  &quot;Prevalence of War-Related Sexual Violence and Other Human Rights Abuses among Internally  Displaced Persons in Sierra Leone.&quot; <i>Journal  of the American Medical Association</i> 287 (4): 513-521. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-4705200900020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Barkan, Joanne. 2002. &quot;As Old as War Itself: Rape in Foca.&quot; <i>Dissent </i>(Winter): 60-66. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-4705200900020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Beck, Birgit. 2002. &quot;Rape: The Military Trials of Sexual Crimes  Committed by Soldiers in the Wehrmach, 1939-1944.&quot; In <i>Home/Front: The Military, War and Gender in 20th Century Germany</i>,  ed. Karen Hagerman and Stefanie Schuler-Springorum. New York: Berg. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-4705200900020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Beevor, Antony. 2002. <i>The Fall of  Berlin 1945. New York: Penguin</i>. Bloom, Mia. N. d. &quot;War and the Politics of  Rape: Ethnic versus Non-Ethnic Conflicts.&quot; Unpublished  manuscript. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-4705200900020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Bloom, Mia. N. d. &quot;War and the Politics of  Rape: Ethnic versus Non-Ethnic Conflicts.&quot; Unpublished manuscript. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-4705200900020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Brownmiller, Susan. 1975. <i>Against Our Will</i>. New York: Ballentine. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-4705200900020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Burds, Jeffrey. 2009. &quot;Sexual Violence in  Europe in World War II, 1939-1945.&quot; <i>Politics  and Society</i> 37. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-4705200900020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Chang, Iris. 1997. <i>The Rape of Nanking: The Forgotten Holocaust of World War II</i>. New  York: Penguin. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-4705200900020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Cohen, Dara Kay. 2008. &quot;Explaining Sexual  Violence during CivilWar: Evidence from Sierra Leone (1991-2002).&quot; <i>Unpublished manuscript</i>, Stanford  University. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-4705200900020000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Danner, Mark. 1994. <i>The Massacre at El Mozote</i>. New York: Vintage Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-4705200900020000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Enloe, Cynthia. 1983. Does <i>Khaki Become You? The Militarization of  Women's Lives</i>. Cambridge, MA: South End Press. 2000. Maneuvers: The  International Politics of Militarizing Women's Lives. Berkeley: University of  California Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-4705200900020000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Friedman, Jonathan C. 2002. <i>Speaking the Unspeakable: Essays on  Sexuality, Gender, and Holocaust Survivor Memory</i>. Lanham, MD: University  Press of America. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-4705200900020000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Gertjejanssen, Wendy Jo. 2004. &quot;Victims,  Heroes, Survivors: Sexual Violence on the Eastern Front During World War II.&quot;  Ph.D. dissertation, University of Minnesota. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-4705200900020000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Goldstein, Joshua A. 2001. <i>War and Gender: How Gender Shapes the War  System and Vice Versa</i>. Cambridge University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-4705200900020000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Green, Jennifer L. 2004. &quot;Uncovering  Collective Rape: A Comparative Study of Political Sexual Violence.&quot; <i>International Journal of Sociology</i> 34  (1): 97-116. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-4705200900020000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Grossman, Atina. 1997. &quot;A Question of  Silence: The Rape of German Women by Occupation Soldiers.&quot; In <i>West Germany under Construction: Politics,  Society, and Culture in the Adenauer Era</i>, ed. Robert G. Moeller. Ann Arbor:  University of Michigan Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-4705200900020000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Hagan, John, Heather Schoenfeld, and Alberto  Palloni. 2006. &quot;The Science of Human Rights, War Crimes, and Humanitarian  Emergencies.&quot; <i>Annual Review of Sociology</i> 32: 329-349. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-4705200900020000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Hoover, Amelia. 2006. &quot;Disaggregating  'Violence' During Armed Conflict: Why and How.&quot; Unpublished manuscript, Yale  University. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-4705200900020000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Human Rights Watch (HRW). 1996. <i>Shattered Lives: Sexual Violence During the  Rwandan Genocide and its Aftermath</i>. New York: HRW. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-4705200900020000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. HRW 2003. &quot;We'll Kill You if You Cry.&quot; <i>Sexual Violence in the Sierra Leone Conflict</i> 15 (1A). New York: HRW. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-4705200900020000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. HRW 2004. <i>Living  in Fear: Child Soldiers and the Tamil Tigers in Sri Lanka</i> 16 (13 C). New  York: HRW. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-4705200900020000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Hyun-Kyung, Chung. 2000. &quot;Your Comfort versus  My Death: Korean Comfort Women.&quot; In <i>War's  Dirty Secret: Rape, Prostitution, and Other Crimes Against Women</i>, ed. Anne  Llewellyn Barstow. Cleveland, OH: The Pilgrim Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0121-4705200900020000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. International Commission of Inquiry on  Darfur. 2005. Report of the International Commission of Inquiry on Darfur to  the United Nations Secretary-General. UN: Geneva. <a href="http://www.un.org/news/dh/sudan/com_inq_darfur.pdf" target="_blank">www.un.org/news/dh/sudan/com_inq_darfur.pdf</a>.  International Criminal  Court (ICC). 2000. Elements of Crimes. UN Doc. PNICC/2000/1/Add.2. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-4705200900020000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Japanese Cabinet Councillors' Office on External Affairs. 1993  (E/CN.4/1996/ 137). In UNESCO, <i>Contemporary  Forms of Slavery: Systematic Rape, Sexual violence during war, Sexual Slavery  and Slavery-like Practices During Armed Conflict</i>, Appendix 9(a)  (E/CN.4/Sub.2/1998/13, 1998). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-4705200900020000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Kalyvas, Stathis. 2003. &quot;The Ontology of  'Political Violence': Action and Identity in Civil Wars.&quot; <i>Perspectives on Politics</i> 1 (3): 475-494.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-4705200900020000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Kalyvas, Stathis. 2006. <i>The Logic of Violence in Civil War</i>. Cambridge University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0121-4705200900020000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Kesteren, J. N. van, P. Mayhew, and P.  Nieuwbeerta. 2000. <i>Criminal Victimisation  in Seventeen Industrialised Countries: Key Findings from the 2000 International  Crime Victims Survey</i>. The Hague: Ministry of Justice, WODC. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-4705200900020000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Leiby, Michele. In press. &quot;Wartime Sexual  Violence in Guatemala and Peru.&quot; <i>International  Studies Quarterly</i>. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-4705200900020000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Lilly, J. Robert, and Pam Marshall. 2000.  &quot;Rape - Wartime.&quot; In <i>The Encyclopedia of  Criminology and Deviant Behavior</i>, ed. Clifton D. Bryant. Oxford:  Brunner-Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-4705200900020000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Medecins Sans Frontieres. 2005. <i>The Crushing Burden of Rape: Sexual Violence  in Darfur</i>. Amsterdam: MSF. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-4705200900020000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Mitchell, Neil, and Tali Gluch. 2004. &quot;The  Principals and Agents of Political Violence and the Strategic and Private  Benefits of Rape.&quot; <i>Paper presented at the  annual meeting of the American Political Science Association</i>, Chicago. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-4705200900020000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Morris, Benny. 2004. <i>The Birth of the Palestinian Problem Revisited</i>, 2nd edn. Cambridge  University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-4705200900020000100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Morris, Madeline. 1996. &quot;By Force of Arms:  Rape, War, and Military Culture.&quot; <i>Duke  Law Journal</i> 45 (4): 651-781. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-4705200900020000100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Naimark, Norman M. 1995. &quot;Soviet Soldiers,  German Women, and the Problem of Rape.&quot; In <i>The  Russians in Germany: A History of the Soviet Zone of Occupation</i>, 1945-1949.  Cambridge, MA: The Belknap Press of Harvard University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-4705200900020000100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Physicians for Human Rights (PHR). 2002. <i>War-Related Sexual Violence in Sierra Leone</i>.  Boston: PHR. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-4705200900020000100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Rees, Laurence. 2005. <i>The Nazis and the &quot;Final Solution</i>.&quot; London: BBC Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-4705200900020000100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Rozee, Patricia D. 1993. &quot;Forbidden or  Forgiven? Rape in Cross-Cultural Perspective.&quot; <i>Psychology of Women Quarterly</i> 17: 499-514. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-4705200900020000100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Salzman, Todd. 2000. &quot;Rape Camps, Forced  Impregnation, and Ethnic Cleansing.&quot; In <i>War's Dirty Secret: Rape, Prostitution, and  Other Crimes Against Women</i>, ed. Anne Llewellyn Barstow. Cleveland, OH: The  Pilgrim Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-4705200900020000100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Sharlach, Lisa. 1999. &quot;Gender and Genocide in  Rwanda: Women as Agents and Objects of Genocide.&quot; <i>Journal of Genocide Research</i> 1 (3): 387-399. 2000. &quot;Rape as  Genocide: Bangladesh, the Former Yugoslavia, and Rwanda.&quot; <i>New Political Science</i> 22 (1): 89-102.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-4705200900020000100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. 2001. &quot;Sexual Violence as Political Terror.&quot;  Ph.D. <i>dissertation</i>, University of  California, Davis. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-4705200900020000100045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. Skjelsbaek, Inger. 2001. &quot;Sexual Violence and  War: Mapping out a Complex Relationship.&quot; <i>European  Journal of International Relations </i>7 (2): 211-237.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-4705200900020000100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. Straus, Scott. 2006. <i>The Order of Genocide: Race, Power, and War in Rwanda</i>. Ithaca, NY:  Cornell University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0121-4705200900020000100047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48. Tilly, Charles. 2003<i>. The Politics of Collective Violence</i>. Cambridge University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-4705200900020000100048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. Tobach, Ethel, and Rachel Reed. 2003.  &quot;Understanding Rape.&quot; In <i>Evolution,  Gender, and Rape</i>, ed. Cheryl Brown Travis. Cambridge, MA: MIT Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0121-4705200900020000100049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50. Truth Commission (TC) for El Salvador. 1993. <i>From Madness to Hope: The 12 Year War in El  Salvador. Report of the Truth Commission for El Salvador. Reprinted in The  United Nations and El Salvador, 1990-19</i>95. The United Nations Blue Books  Series, vol. IV. New York: United Nations. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-4705200900020000100050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51. Truth and Reconciliation Commission (Peru).  2003. Final Report. <a href="http://www.cverdad.org.pe/ingles/ifinal/index.php" target="_blank">www.cverdad.org.pe/ingles/ifinal/index.php</a>. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0121-4705200900020000100051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. Truth and Reconciliation Commission (TCR) of  Sierra Leone. 2005. Final Report. <a href="http://trcsierraleone.org/drwebsite/publish/index.shtml" target="_blank">http://trcsierraleone.org/drwebsite/publish/index.shtml</a>. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-4705200900020000100052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. UNESCO. 1998. <i>Contemporary Forms of Slavery: Systematic Rape, Sexual Slavery and  Slavery-Like Practices During Armed Conflict</i>. 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Wood, Elisabeth Jean. 2003. <i>Insurgent Collective Action and Civil War in  El Salvador</i>. Cambridge University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0121-4705200900020000100057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>58. Wood, Elisabeth Jean. 2009. &quot;Armed Groups and  Sexual Violence: When is Wartime Rape Rare?&quot; <i>Politics and Society </i>37. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-4705200900020000100058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>59. World Health Organization (WHO). 2002.  &quot;Sexual Violence.&quot; <i>Chapter 6 of World  Report on Violence and Health</i>. Geneva: WHO.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0121-4705200900020000100059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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