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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Decisiones y narcos: Discusiones recientes en torno a los hechos del palacio de justicia]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Decisions and narcos: Recent arguments in connection with the events of the colombian courthouse.]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The present article verses on the recent bibliographic productions about the events that took place at the Colombian Courthouse, in November 1985. The text debates aspects on which the topic has been centered: the origin of decisions and the presumed participation of narcos, the transcendence, significance, magnitude, and impact in collective memory.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>Decisiones y narcos.  Discusiones recientes en torno a los hechos del palacio de justicia .</b></font><a href="#1" name="s1">(1)</a></p>     <p align="center"><font size="3" face="Verdana"><b>Decisions and  narcos. Recent arguments in connection with the events of the colombian  courthouse.</b></font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"><b>Adolfo Le&oacute;n Atehort&uacute;a Cruz</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Historiador, Doctor en Sociolog&iacute;a Profesor Titular Departamento de Ciencias Sociales Universidad Pedag&oacute;gica Nacional</font></p>  <hr size="1">      <p><font size="3" face="Verdana"><b>RESUMEN</b></font>      <p><font size="2" face="Verdana">El presente art&iacute;culo trata sobre las producciones bibliogr&aacute;ficas recientes sobre los hechos del Palacio de Justicia de noviembre de 1985 en Colombia. El texto debate los aspectos sobre los cuales se ha centrado el tema: el origen de las decisiones y la participaci&oacute;n presunta de los narcos. La trascendencia, el significado, la magnitud de su ocurrencia, su impacto en la memoria.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>Palabras clave:</b> Justicia, violencia, Colombia, narcotr&aacute;fico. </font></p> <hr size="1">      <p><font size="3" face="Verdana"><b>SUMMARY</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">The present article verses on the recent bibliographic productions about the events that took place at the Colombian Courthouse, in November 1985. The text debates aspects on which the topic has been centered: the origin of decisions and the presumed participation of narcos, the transcendence, significance, magnitude, and impact in collective memory.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>Key words:</b> Justice, violence, Colombia, drug trafficking. </font></p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3" face="Verdana"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> No todos los datos acerca del pasado son hechos hist&oacute;ricos, ni son tratados como tales por el historiador, advierte E. H. Carr (1978: 13). Pero hay sucesos, como aquellos del Palacio de Justicia en los aciagos d&iacute;as del 6 y 7 de noviembre de 1985, que el historiador o el soci&oacute;logo no pueden eludir como objeto de su &aacute;mbito disciplinario. Las &quot;dos tomas&quot;, seg&uacute;n algunos autores (Pe&ntilde;a, 1987), &quot;los asaltos&quot;, seg&uacute;n otros (V&aacute;lez, 1986 y Atehort&uacute;a y V&aacute;lez, 2005), entran por la puerta grande de la historia contempor&aacute;nea de Colombia como logr&oacute; hacerlo en igual forma el asesinato de Jorge Eli&aacute;cer Gait&aacute;n en aquel 9 de abril de 1948. Fue tal su trascendencia, su significado, la magnitud de su ocurrencia, su impacto en la memoria, que ganaron uno y otro la categor&iacute;a de &quot;hist&oacute;ricos&quot; y se dispusieron de inmediato a la &quot;refracci&oacute;n&quot; del analista, del historiador, del estudioso de las ciencias sociales. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Si bien la discusi&oacute;n sobre lo acaecido fue opacada por la dram&aacute;tica explosi&oacute;n del Volc&aacute;n Nevado del Ru&iacute;z, la producci&oacute;n bibliogr&aacute;fica se ocup&oacute; con bastante premura de los hechos y sus revelaciones. Las interpretaciones, las elaboraciones, como dir&iacute;a Schaff (1974: 273), entraron a la escena para convertir el acontecimiento en &quot;cosa para todos&quot;.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Casi instant&aacute;neas, las primeras producciones bibliogr&aacute;ficas incurrieron en superficiales construcciones factuales, apresuradas deducciones e improvisadas hip&oacute;tesis. En algunas prim&oacute; la necesidad exclusiva de reconstruir los hechos, de contribuir con las denuncias, de endilgar responsabilidades y de presentar testimonios que se consideraban claves para esclarecer y descifrar lo sucedido. Se intentaron primitivas organizaciones del amplio espectro informativo que circul&oacute; desde un principio en torno a los hechos, y se resalt&oacute; la personalidad de los inmolados. A pesar de sus limitaciones, abrieron el panorama y aportaron sus primeras luces en la b&uacute;squeda de la verdad. Estas creaciones fueron inicialmente albergadas por los medios de prensa (Forero, Correa, 1985), pero pasaron r&aacute;pidamente a la categor&iacute;a de libros independientes. Entre ellos sobresalen La justicia en llamas (Hern&aacute;ndez, 1985), Treinta horas de horror (Mar&iacute;n, 1985) y, poco despu&aacute;s, Â¡Que cese el fuego! El testimonio (Salgado y Rojas, 1986). </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Otras publicaciones empezaron a formar parte del juicio pol&iacute;tico que nunca prosper&oacute; (Uribe, 1985; Caballero, 1986), de los argumentos de los militares para explicar o justificar su acci&oacute;n (Vega, 1985; Samudio, 1986), o surgieron como an&aacute;lisis, disertaci&oacute;n o respuesta frente a las indagaciones retomadas con motivo del primer aniversario o gracias a la aparici&oacute;n de los primeros documentos oficiales del Tribunal Especial y la Procuradur&iacute;a General de la Naci&oacute;n (Hern&aacute;ndez, Laverde, Rey, 1986). A decir verdad, gruesa parte de dicha literatura fue olvidada en la frondosa selva de papel que empez&oacute; a cubrir los hechos del Palacio de Justicia y aquella que se despleg&oacute; poco m&aacute;s tarde con la acci&oacute;n de los grupos paramilitares. Algunas, incluso, fueron escritas para un debate concreto o quedaron como constancia hist&oacute;rica. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> El Informe sobre el Holocausto del Palacio de Justicia, rendido por los Magistrados Jaime Serrano Rueda y Carlos Upegui Zapata, integrantes del Tribunal Especial de Instrucci&oacute;n (1986), as&iacute; como la denuncia del Procurador Carlos Jim&aacute;nez G&oacute;mez ante la C&aacute;mara de Representantes titulada El Palacio de Justicia y el Derecho de Gentes (1986), removieron el debate y abrieron paso a las primeras deducciones y conclusiones argumentadas sobre los hechos y la violaci&oacute;n de derechos. Uno y otro informe se convirtieron en referencia de primera mano para el conocimiento interno y hasta entonces m&aacute;s o menos secreto de las investigaciones. El documento de los Magistrados, sin embargo, enumer&oacute; m&aacute;s dudas de las que aclar&oacute;; no estableci&oacute; responsabilidades de ning&uacute;n tipo y no se atrevi&oacute; a decidir con respecto a las desapariciones ocurridas. El informe del Procurador, por su parte, dej&oacute; en claro la existencia de excesos por parte de la Fuerza P&uacute;blica en su intento por recuperar la instalaci&oacute;n asaltada: el Derecho de Gentes hab&iacute;a sido masacrado en el Palacio de Justicia. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> A continuaci&oacute;n, no faltaron las obras de denuncia. Manuel Vicente Pe&ntilde;a public&oacute;, por primera vez, el contenido exacto de diversos casetes que no pocos periodistas tuvieron en sus manos pero que no osaron divulgar (Pe&ntilde;a, 1987). Con ellos se dieron a conocer las grabaciones de las comunicaciones que los militares se cruzaron para la recuperaci&oacute;n o &quot;retoma&quot; del Palacio y se concluy&oacute; en torno a la negligencia e irrespeto demostrados para salvaguardar la vida de los rehenes. Una sola de las grabaciones es bastante indicativa:</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Env&iacute;o dos cargas m&aacute;s de 15 libras (...) para que ampl&iacute;e el roto por encima del objetivo (...) La idea es localizar a los chusmeros y en la oficina inmediatamente de encima, si es posible, colocar la carga para abrir un roto y por ese roto aventarles granadas y fum&iacute;guelos y lo que sea...</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"> No nos pongamos a reparar en gastos de municiones ni en los destrozos que haya que ocasionar. Se quiere que haya acci&oacute;n (...)        </font></p>          <p><font size="2" face="Verdana"> El primer escrito desde la academia, con amplia difusi&oacute;n gracias a El Espectador, fue aportado por Humberto V&aacute;lez (1986) con una tesis sugestiva: a falta de uno, se presentaron tres asaltos al Palacio de Justicia; el de los guerrilleros, la respuesta de los militares, y el consentimiento y aplauso de un sector dirigente del establecimiento, que respald&oacute; sin discusi&oacute;n el tipo de respuesta. Pocos meses despu&aacute;s, un c&uacute;mulo de trabajos iniciales se present&oacute; en el II Simposio sobre la Violencia, realizado en Chiquinquir&aacute; en 1986. Entre las exposiciones sobresali&oacute; aquella de Juan Manuel L&oacute;pez Caballero, publicada en 1987, quien cre&oacute; una fundaci&oacute;n para el esclarecimiento de los hechos del Palacio de Justicia. La serie se remat&oacute; en el VI Congreso Colombiano de Historia, reunido en Ibagu&aacute;, Universidad del Tolima, con una conferencia central de Humberto V&aacute;lez y Adolfo Atehort&uacute;a, con la cual se entreg&oacute; el primer avance de una investigaci&oacute;n que los autores pretend&iacute;an realizar con el apoyo de Colciencias (V&aacute;lez y Atehort&uacute;a, 1987). Los resultados finales se condensaron en el libro Militares, guerrilleros y autoridad civil. El caso del Palacio de Justicia (1993) que no logr&oacute;, por su reducido tiraje y el estrecho &aacute;mbito acad&aacute;mico en que circul&oacute;, una difusi&oacute;n nacional. El texto plante&oacute; como hip&oacute;tesis el enfrentamiento de dos militarismos en el Palacio de Justicia: el de los militares y el de los guerrilleros; dos militarismos incubados en la historia de la sociedad civil y en la historia de las relaciones entre civiles y militares en materias asociadas con el manejo del orden p&uacute;blico:</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> El Palacio de Justicia fue una historia al desnudo, una representaci&oacute;n teatral en espacio p&uacute;blico en la que los actores se sobreactuaron natural y espont&aacute;neamente como si nadie los estuviese mirando (...) Que todo se hac&iacute;a para &quot;defender la democracia, maestro&quot;, dijo uno; que &quot;todav&iacute;a hay hombres dispuestos a morir por una causa&quot; core&oacute; el otro. Y el pa&iacute;s, at&oacute;nito, los escuch&oacute; (V&aacute;lez y Atehort&uacute;a, 1993: 291).</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> En medio del fuego, los civiles, inocentes y atrapados, pagaron la factura.    </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"> Dentro de temas m&aacute;s generales, otros autores acad&aacute;micos incluyeron lo sucedido en el Palacio de Justicia dentro de sus obras m&aacute;s amplias. Alfredo V&aacute;squez Carrizosa le abri&oacute; un cap&iacute;tulo al tema en su libro Betancur y la crisis nacional (1986); Roc&iacute;o V&aacute;lez lo refiri&oacute; en El di&aacute;logo y la paz (1988), en tanto Socorro Ram&iacute;rez y Luis A. Restrepo trataron el asunto en Actores en conflicto por la paz (1988). Otras investigaciones se ocuparon del comportamiento de los medios de comunicaci&oacute;n frente a la &quot;toma&quot; (Pinz&oacute;n, 1986) y algunos m&aacute;s criticaron el vago contenido del informe suscrito por el Tribunal de Instrucci&oacute;n (Valencia, 1989). </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Para entonces, la verdad ya se abr&iacute;a paso. Algunos negociantes vend&iacute;an a bajo costo las copias del reservado expediente judicial u ofrec&iacute;an contactos con &quot;pruebas definitivas&quot;; se brindaron grabaciones de actores y testigos que hab&iacute;an callado ante los jueces con el compromiso de publicarlas bajo ciertas condiciones; se abri&oacute; una especie de &quot;mercado de la verdad&quot; con precios de feria. Eduardo Uma&ntilde;a Mendoza, apoderado civil de algunos familiares de las v&iacute;ctimas, le cerr&oacute; el paso al negocio y a la hipocres&iacute;a, y ofreci&oacute; sin inter&aacute;s toda su inteligencia, participaci&oacute;n y colaboraci&oacute;n a los investigadores judiciales y acad&aacute;micos.  </font></p>        <p><font size="2" face="Verdana"> A partir de 1988, el periodismo de investigaci&oacute;n jug&oacute; un papel trascendental para presentar a la opini&oacute;n las m&aacute;s completas versiones sobre el desenlace oculto de la trama. Se abord&oacute; con seriedad el estudio de las fuentes, se escuch&oacute; a los actores y sobrevivientes y se acudi&oacute; a los datos que arrojaban los procesos jur&iacute;dicos. Noches de humo (Behar, 1988) y Noche de Lobos (Jimeno, 1989) mostraron, con dolor, dantescas escenas construidas con base en el testimonio de la &uacute;nica sobreviviente del M-19, la primera, y de las mil voces que hablaron ante los jueces sobre su experiencia como rehenes, el segundo. Las obras de Olga Behar y Ram&oacute;n Jimeno, nutridas con una narrativa dial&aacute;ctica y amena, lograron convertirse en textos de obligada lectura para todo aquel interesado en descifrar los episodios desde cualquier &aacute;ngulo y en cualquier tiempo. Se obtuvo, gracias a ellos, una visi&oacute;n de conjunto, descarnada y cr&iacute;tica, sobre los hechos del Palacio de Justicia.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Los a&ntilde;os noventa no vieron muchas publicaciones en torno a lo sucedido el 6 y 7 de noviembre de 1985. Una referencia particular en la historia del M-19 (Villamizar, 1995) y, tal vez la m&aacute;s significativa, la de Ana Carrigan (1997), quien volvi&oacute; sobre lo acaecido para arrojar luz en algunas de las dudas. Con una mirada desde afuera, vincul&oacute; el hecho a la flamante historia latinoamericana:  </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> La tragedia del Palacio de Justicia provee un microcosmos en el cual las tres figuras m&iacute;ticas que aparecen en cada conflicto latinoamericano de los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os -el rebelde, el general y el presidente, ejecutan sus roles sin sacar provecho de lo usual, sino es la de protegerse y camuflarse.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Las producciones bibliogr&aacute;ficas recientes acerca de lo sucedido en el Palacio de Justicia cambiaron el panorama de la discusi&oacute;n. De hecho, los juicios de responsabilidad, as&iacute; como las investigaciones disciplinarias y judiciales, giraron tambi&aacute;n sobre la cabeza de los uniformados. Al empezar los noventa, la Corte Suprema de Justicia decidi&oacute; cursar investigaci&oacute;n penal contra el General V&iacute;ctor Delgado Mallarino, mientras la Procuradur&iacute;a Delegada para las Fuerzas Militares orden&oacute; la destituci&oacute;n del General Arias Cabrales y abri&oacute; indagaci&oacute;n contra otros mandos. Al explicar la decisi&oacute;n, Alfonso G&oacute;mez M&aacute;ndez (1990) esgrimi&oacute; la posici&oacute;n que, en adelante, asumi&oacute; el poder judicial:</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Se romper&iacute;a el Estado de Derecho si se impusiera la tesis que ahora parece esgrimirse de que toda acci&oacute;n enmarcada en el cumplimiento del deber, por este solo hecho, estar&iacute;a exenta de cualquier examen judicial o disciplinario (...) Ni la tortura, ni la privaci&oacute;n ilegal de la libertad, ni la desaparici&oacute;n de personas pueden aceptarse sobre las bases de una â€˜raz&oacute;n de estadoâ€™. Tampoco se puede justificar, por la misma raz&oacute;n, que no se tomen, en situaciones de conflicto e incluso de guerra, todas las medidas para salvar la vida de los rehenes no comprometidos en la contienda.   </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"> Entre vaivenes, contradicciones, recursos y retrocesos, los procesos judiciales empezaron a desgranarse tard&iacute;a y paulatinamente. Durante los a&ntilde;os 2007 y 2008, la Fiscal&iacute;a General de la Naci&oacute;n orden&oacute; la detenci&oacute;n  de los coroneles retirados S&aacute;nchez Rubiano y Plazas Vega, del Capit&aacute;n Oscar William V&aacute;squez y de otros militares; se orden&oacute; investigar al General Rafael Samudio y vincular al General Iv&aacute;n Ram&iacute;rez, Comandante del Batall&oacute;n Charry Solano, junto a varios de sus entonces subalternos.   </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> El tema del Palacio volvi&oacute; a estar sobre la mesa. La nueva bibliograf&iacute;a no se propuso, entonces, esclarecer lo sucedido, palmo a palmo, ni hurgar en responsabilidades directas por acci&oacute;n u omisi&oacute;n. Los autores fueron actores en su propia defensa (Plazas Vega, 2000); las producciones, breves referencias en un relato m&aacute;s universal (Grabe, 2000), o justificaciones de otras conductas delictivas (Aranguren/Casta&ntilde;o, 2001). Con dichas publicaciones se retorn&oacute; a la discusi&oacute;n de dos elementos fundamentales: la toma de las decisiones, en cuanto ello exoneraba o remit&iacute;a a la responsabilidad de los protagonistas estatales, y la participaci&oacute;n o influencia de los narcotraficantes en el asalto perpetrado por el M-19. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> La bibliograf&iacute;a se convirti&oacute;, entonces, en un escenario para disputar lo mismo sobre lo cual se litigaba en las investigaciones judiciales y se debat&iacute;a en la pol&iacute;tica nacional. Colocar toda la decisi&oacute;n de lo actuado en cabeza del Presidente de la Rep&uacute;blica, exim&iacute;a de responsabilidad a los militares; vincular a los narcos y, m&aacute;s concretamente, a Pablo Escobar en los asaltos contra el Palacio de Justicia, equival&iacute;a a desvirtuar cualquier sentido revolucionario del M-19 y, por esa v&iacute;a, a procurar la deslegitimaci&oacute;n de los acuerdos de paz alcanzados con el grupo en su momento, desprestigiar a sus militantes ahora en la legalidad y promover su condena judicial o su derrota electoral. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> En este orden se ubicaron los textos de Astrid Legarda (2005), basado en el relato de John Jairo Vel&aacute;squez V&aacute;squez, alias &quot;Popeye&quot;, Virginia Vallejo (2007), contando las experiencias de su propia vida al lado de Pablo Escobar, y de Catalina Guzm&aacute;n (2010), transcribiendo las narraciones de la hermana del mismo capo, Alba Marina Escobar. La explicaci&oacute;n cr&iacute;tica y autocr&iacute;tica desde lo que quedaba del M-19 la rindi&oacute; Gustavo Petro (Petro y Maya, 2006), la defensa del gobierno en los infaustos d&iacute;as de la toma la asumi&oacute; Jaime Castro (2009), mientras las v&iacute;ctimas y el proceso judicial mismo hablaron con la pluma ilustre de Germ&aacute;n Castro Caicedo (2008). En el interregno, un libro de dos periodistas sensibles e informadas (Echeverry y Hanssen, 2005), un nuevo texto de Atehort&uacute;a y V&aacute;lez (2005) para &quot;resolver las preguntas que una nueva generaci&oacute;n de j&oacute;venes estudiantes formulaba ante los hechos&quot; y, por supuesto, los informes preliminares y el final de la Comisi&oacute;n de la Verdad (2009), con m&aacute;s posiciones que nuevas revelaciones pero, sin duda, un paso adelante para obtener claridad sobre lo sucedido.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> El presente art&iacute;culo vuelve a continuaci&oacute;n sobre los hechos del Palacio de Justicia, para entablar un debate frente a las producciones recientes en los aspectos sobre los cuales se ha centrado el tema: el origen de las decisiones y la participaci&oacute;n presunta de los narcos.</font></p>        <p><font size="3" face="Verdana"><b> 1.	PODER CIVIL Y PODER MILITAR</b></font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"> Pocos d&iacute;as despu&aacute;s de los hechos, el autor del presente ensayo dialog&oacute; ampliamente con Estanislao Zuleta -quien se desempe&ntilde;aba a la saz&oacute;n como asesor cercano al Presidente- y le indag&oacute;, junto con Humberto V&aacute;lez, las razones por las cuales Betancur no hab&iacute;a detenido la marcha del operativo militar  para salvar la vida de los rehenes. -&quot;Cuando se enter&oacute; de la magnitud del hecho ya no pod&iacute;a hacerlo, respondi&oacute; Zuleta, a los militares no los paraba nadie. Y si lo hubiera intentado, los tanques se habr&iacute;an volteado para apuntar al Palacio de Nari&ntilde;o. Belisario tuvo que decidir, probablemente, entre salvar a unos magistrados o salvar la democracia&quot;. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> En parte, la explicaci&oacute;n de Estanislao fue seguida por el expresidente Lleras Restrepo. Su experiencia como gobernante, escribi&oacute;, le indicaba que, una vez iniciada, Belisario ya no pod&iacute;a detener la operaci&oacute;n militar. Es m&aacute;s: no tuvo tiempo para tomar decisi&oacute;n alguna (Lleras, 1986). Lo propio resalt&oacute; el procurador Jim&aacute;nez G&oacute;mez: &quot;iniciado el proceso militar de restablecimiento institucional, no ser&iacute;a posible detenerlo&quot; (Jim&aacute;nez, 1986). La acepci&oacute;n del segundo inciso fue compartida tambi&aacute;n por Enrique Caballero pero con otra variante: ante la imposibilidad real de salvar a un grupo eminent&iacute;simo de ciudadanos, el Presidente se hab&iacute;a visto en la necesidad de salvar al conjunto de la sociedad (Caballero, 1986). Para Zuleta, Betancur prefiri&oacute; evitar un golpe de Estado; para Caballero, Betancur evit&oacute; que el M-19 se tomara el poder.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Jaime Castro ha vuelto sobre el tema de las decisiones con un t&iacute;tulo sugestivo: no hubo &quot;ni golpe de Estado, ni vac&iacute;o de poder&quot; (Castro J., 2009). De acuerdo en lo fundamental con los t&aacute;rminos de su afirmaci&oacute;n, este ensayo matiza y precisa, sin embargo, algunas realidades factuales: </font></p>        <p><font size="2" face="Verdana"> La noche del 7 de noviembre, Belisario le dijo al pa&iacute;s que colocaba sobre sus hombros toda la responsabilidad por las decisiones tomadas, por las pol&iacute;ticas y las t&aacute;cnicas, por las generales y las espec&iacute;ficas. Con esa conducta busc&oacute;, ante todo, producir un efecto de verdad al proyectar sobre la opini&oacute;n p&uacute;blica una s&oacute;lida imagen de solidaria cohesi&oacute;n en las relaciones entre la autoridad civil y los mandos militares. No obstante, en los meses subsiguientes Betancur empez&oacute; a distanciarse de sus declaraciones iniciales. En un principio lo hizo con prudencia. Dijo que &aacute;l hab&iacute;a cumplido cabalmente con sus deberes constitucionales como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, pero que quedaban responsabilidades concretas ubicadas en los mandos operativos. En un segundo momento puntualiz&oacute; que todas las decisiones concretas las hab&iacute;an tomado los militares. A&uacute;n m&aacute;s: aunque reconoci&oacute; la oportunidad de los informes suministrados por el Ministro de Defensa, los calific&oacute; despu&aacute;s como insuficientes, sobre todo cuando los hab&iacute;a confrontado con la informaci&oacute;n obtenida posteriormente.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> La Constituci&oacute;n anterior a 1991, como ocurre con la actual, asignaba al presidente de la Rep&uacute;blica el manejo del orden p&uacute;blico y a la fuerza p&uacute;blica la aplicaci&oacute;n de sus orientaciones. En este sentido, tanto antes como ahora, los militares pueden tomar decisiones t&aacute;cnicas de t&aacute;ctica militar, pero no pueden ni deben extralimitar o enajenar sus acciones de las directrices y par&aacute;metros definidos por el presidente de la Rep&uacute;blica en consonancia con la Carta Magna. Si esto sucede, redefinen las determinaciones gubernamentales mediante una nueva decisi&oacute;n pol&iacute;tica y se ubican fuera de la ley. Por lo tanto, seg&uacute;n la l&oacute;gica del texto constitucional, el Presidente debe tomar las decisiones pol&iacute;ticas en los distintos niveles del orden p&uacute;blico y le corresponde a los militares aplicarlas con decisiones t&aacute;cnicas que las posibiliten. En el caso del Palacio de Justicia, Betancur pudo haber tomado la decisi&oacute;n general de soluci&oacute;n militar, pero se desprendi&oacute; de la decisi&oacute;n pol&iacute;tica asociada a la forma de conducci&oacute;n del operativo militar. Esta decisi&oacute;n fue arrogada por los mandos militares, incluso antes de que el propio Betancur tomara, en forma expresa, la decisi&oacute;n general. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> No se trata, simplemente, del &quot;reproche hist&oacute;rico&quot; que la Comisi&oacute;n de la verdad le plantea a Betancur por no haber asumido el mando del operativo militar. En realidad, ello era potestativo. Nuestra afirmaci&oacute;n es m&aacute;s concreta: visible y audible para los colombianos la forma absurda como se adelantaba el operativo de rescate, el presidente no se inmut&oacute; ante las circunstancias, aunque ellas trastornaran la orden general impartida. Impasible, Betancur debi&oacute; ver, por lo menos, el Palacio en llamas. Fue esta la forma como las armas reemplazaron al Estado de Derecho.     </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> He aqu&iacute; nuestra hip&oacute;tesis; los hechos del Palacio de Justicia revelaron la condici&oacute;n de los militares como actor pol&iacute;tico con suficiente capacidad para influir y hasta para definir, seg&uacute;n las coyunturas de los distintos gobiernos, las pol&iacute;ticas de orden p&uacute;blico y sus aplicaciones concretas. No hubo &quot;amenazas&quot; ni &quot;vac&iacute;os de poder&quot;, no hubo &quot;golpes de estado&quot; (Ram&iacute;rez, 1997: 321); simplemente, los militares reivindicaron el car&aacute;cter de actor pol&iacute;tico que en diversas coyunturas hist&oacute;ricas hab&iacute;an ostentado.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> &iquest;Por qu&aacute; no pudo Betancur ordenar la suspensi&oacute;n del operativo militar como, con insistencia, lo demandaba el Presidente de la Corte e incluso un grupo minoritario del gabinete ministerial?<a href="#2" name="s2">(2)</a>  En realidad, no quiso intentarlo siquiera. Rechaz&oacute; las demandas del grupo insurgente y se acogi&oacute; exclusivamente a los an&aacute;lisis t&aacute;cticos de los militares, seg&uacute;n los cuales ser&iacute;an graves las consecuencias si se adoptaba esa medida permitiendo el respiro y fortalecimiento de los asaltantes en sus posiciones. Por eso el presidente decidi&oacute; que s&oacute;lo ordenar&iacute;a la suspensi&oacute;n del operativo militar si los guerrilleros se rend&iacute;an incondicionalmente. Con una subordinaci&oacute;n tan estrecha al Â«criterio t&aacute;cnicoÂ» de los militares, poco o nada pod&iacute;a esperar el sector minoritario de ministros que demandaba cierto tipo de contactos con los guerrilleros. Lo &uacute;nico que lograron fue una peque&ntilde;a apertura en la cerrada decisi&oacute;n del presidente de no negociar: se enviar&iacute;an, cuando menos, algunos mensajes solicitando a los guerrilleros la libertad de los rehenes y su rendici&oacute;n. Sin embargo, de acuerdo con la versi&oacute;n del Coronel Plazas Vega, &quot;quienes ten&iacute;an la responsabilidad de la operaci&oacute;n militar, s&oacute;lo el d&iacute;a 8 de noviembre, al leer las noticias de prensa, se enteraron de que hab&iacute;a existido la posibilidad de di&aacute;logo con la subversi&oacute;n&quot; (Plazas Vega, 2000: 196).</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"> En sus declaraciones ante los jueces, los militares han proyectado una imagen de elevada coherencia con las decisiones del presidente, y de decidida subordinaci&oacute;n a la autoridad civil. Para el General Rafael Samudio, el presidente Betancur no s&oacute;lo aprob&oacute; la necesidad del operativo sino tambi&aacute;n sus formas particulares de conducci&oacute;n. Los militares han enfatizado, adem&aacute;s, que durante el desarrollo de las acciones se ci&ntilde;eron tan estrictamente a las instrucciones del Presidente que hab&iacute;an llegado a decidir pausas prolongadas, sin la presi&oacute;n de las tropas, con la esperanza de que los guerrilleros permitiesen la salida de los rehenes. Es m&aacute;s: que de no haber sido por su estricta sujeci&oacute;n al poder civil, t&aacute;cnicamente habr&iacute;an podido recuperar el Palacio en cuesti&oacute;n de pocas horas.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> El General Arias Cabrales lleg&oacute; a declarar, en contra de todas las evidencias emp&iacute;ricas, que hab&iacute;a ordenado la suspensi&oacute;n temporal del fuego para facilitarle al delegado de la Cruz Roja el cumplimiento de la misi&oacute;n encomendada por el Presidente y que, en varias oportunidades, hab&iacute;a buscado el di&aacute;logo con los asaltantes a trav&aacute;s de los llamados a viva voz, sin obtener respuesta positiva. El Ministro de Defensa Vega Uribe se&ntilde;al&oacute;, a su vez, que personalmente le hab&iacute;a manifestado al Presidente Betancur que, aunque se tomasen todo tipo de precauciones, continuaban vigentes los riesgos inherentes a todo operativo militar, raz&oacute;n por la cual no pod&iacute;a asegurar que, en esta ocasi&oacute;n, no se registrasen muertos.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> En concepto de los altos mandos, frente a la agresi&oacute;n de que fue objeto la rama jurisdiccional del poder p&uacute;blico se hizo necesaria la intervenci&oacute;n autom&aacute;tica de las Fuerzas Armadas. Pero, aunque los altos Generales tomaron decisiones concretas de t&aacute;ctica militar, todo se hizo de acuerdo con las &oacute;rdenes e instrucciones recibidas del se&ntilde;or Presidente. Las acciones militares se desarrollaron, seg&uacute;n los uniformados, en forma met&oacute;dica y progresiva, consumiendo plazos muy superiores al tiempo t&aacute;cnicamente necesario para recuperar el edificio.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Desafortunadamente, en el caso de los militares sus comportamientos discursivos se quedaron a la zaga de sus conductas efectivas. De nuevo se evidenci&oacute; que los celos constitucionalistas de los Generales serv&iacute;an m&aacute;s para velar y justificar conductas efectivas que para hacer cumplir la Constituci&oacute;n.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> En primer lugar, se hizo un despliegue desproporcionado e inaudito de fuerza en una acci&oacute;n en la que se emplearon m&aacute;s de mil hombres para someter a tres decenas y media de guerrilleros. En segundo lugar, m&aacute;s se demoraron los tanques de guerra en irrumpir a la Plaza de Bol&iacute;var que en marchar escaleras arriba para derribar con espectacularidad la puerta met&aacute;lica de la entrada principal. Pero, en tercer lugar, no hubo planificaci&oacute;n alguna. Por el contrario, aspectos concretos de la operaci&oacute;n militar, en sus inicios, se confiaron a un aparecido civil sin el nexo, la disciplina, ni la rigurosa organizaci&oacute;n castrense que han debido presumirse como indispensables. Recu&aacute;rdese al &quot;rambo criollo&quot; Jorge Arturo Sarria (Cf. Jimeno, 1989 y Atehort&uacute;a y V&aacute;lez, 2005)<a href="#3" name="s3">(3)</a> . El desembarco a&aacute;reo, por otro lado, fue improvisado y fatal, como desarticulado y tr&aacute;gico fue el rescate de rehenes. Y cuarto, no s&oacute;lo se masacr&oacute; al Derecho de Gentes, se incurri&oacute; en delitos de lesa humanidad contra civiles inocentes.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> De acuerdo con el derrotero factual y cronol&oacute;gico de los acontecimientos, las decisiones abordaron el siguiente periplo: </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Primero. Inmediatamente despu&aacute;s de iniciado el asalto al Palacio de Justicia por parte del M-19, los mandos militares, movidos por automatismos inherentes a su configuraci&oacute;n hist&oacute;rico-institucional y sin que le pidiesen autorizaci&oacute;n a poder civil alguno, decidieron y pusieron en marcha los operativos militares de r&aacute;plica. Se orden&oacute; as&iacute; la respuesta armada con el personal de seguridad m&aacute;s pr&oacute;ximo al Palacio, se orden&oacute; la inmediata presencia de los tanques y de la artiller&iacute;a y se dispuso la acci&oacute;n helicotransportada. Por supuesto, la posibilidad de enfrentar y derrotar en la Plaza Mayor de Bogot&aacute; a su principal &aacute;mulo y enemigo del momento, as&iacute; como las sospechas e informaciones previas sobre la preparaci&oacute;n del asalto, debieron jugar cierto papel en la decisi&oacute;n.   </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> Segundo. En un primer instante, estupefacto ante la magnitud y peligros que vislumbraba el hecho, el Presidente Betancur emiti&oacute; una orden general y ambigua: &quot;restablecer el orden&quot; y movilizar al batall&oacute;n Guardia Presidencial &quot;para apoyar a las autoridades de Polic&iacute;a&quot;. No se refiri&oacute; en particular al Palacio de Justicia y no traz&oacute; orientaciones t&aacute;cnicas espec&iacute;ficas. Con su silencio u omisi&oacute;n, aprob&oacute; la confrontaci&oacute;n militar del asalto. M&aacute;s adelante, con el paso del tiempo y en menos de dos horas, ratific&oacute; en forma t&aacute;cita y expresa la decisi&oacute;n de soluci&oacute;n armada del conflicto. T&aacute;cita, cuando se neg&oacute; a pasarle al tel&aacute;fono al presidente de la Corte, Alfonso Reyes Echand&iacute;a, y expresa, cuando lo afirm&oacute; en pleno gabinete ministerial tras conocer las exigencias b&aacute;sicas del M-19, sobre todo aquella relacionada con su presentaci&oacute;n ante la Corte Suprema de Justicia para ser juzgado por presunta traici&oacute;n a la causa de la paz, la cual escuch&oacute; y ley&oacute; &quot;varias veces&quot;. Para entonces, los tanques &quot;ya hab&iacute;an ingresado al Palacio&quot; (Castro J., 2009: 166 y 183), un hecho que, seg&uacute;n dijo Betancur a la &quot;Comisi&oacute;n de la verdad&quot;, no le fue consultado. La decisi&oacute;n de no negociar y de no cancelar el operativo militar se hizo irreversible.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Tercero. En las horas siguientes, Betancur se neg&oacute; a modificar su decisi&oacute;n ignorando incluso las intervenciones que ministros como Enrique Parejo sustentaron. Por el contrario, obedeciendo el mandato del presidente, la Ministra de Comunicaciones, Noem&iacute; San&iacute;n, orden&oacute; interrumpir las transmisiones radiales con la amenaza de recurrir al Ej&aacute;rcito para tomar las emisoras; curiosamente, el medio m&aacute;s importante por el que se informaban Betancur y sus ministros. En efecto, el primer mandatario no fue informado por los militares sobre los distintos aspectos de la din&aacute;mica global del operativo en el Palacio de Justicia ni sobre sus m&aacute;s trascendentales desarrollos concretos; todo indica que tampoco hizo exigencias espec&iacute;ficas a ese respecto. Sin duda, la m&aacute;s clara de las decisiones pol&iacute;ticas de los militares ocurri&oacute; con ocasi&oacute;n del mensaje enviado a trav&aacute;s del Consejero Arciniegas, casi al final del asalto, del cual ni el presidente ni los ministros recibieron noticia alguna.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> As&iacute; las cosas y a&uacute;n bajo el supuesto de que el presidente Betancur hubiese definido aut&oacute;nomamente la soluci&oacute;n militar, &aacute;sta fue una determinaci&oacute;n a posteriori que, no obstante, result&oacute; congruente con las decisiones optadas por los mandos militares. Uno y otros, en niveles distintos, tomaron decisiones pol&iacute;ticas. El presidente, por su parte, no se involucr&oacute;, tampoco, en las decisiones espec&iacute;ficas del operativo ni pregunt&oacute; por su desarrollo. No inquiri&oacute;, finalmente, sobre el ingreso del Delegado de la Cruz Roja que en Consejo de Ministros se dispuso, ni averigu&oacute; la suerte de los magistrados ni de las personas que se conduc&iacute;an a la Casa del Florero; no se le particip&oacute; en forma debida sobre lo que suced&iacute;a pero tampoco exigi&oacute; informaciones. En muchos aspectos, gruesos y sencillos, se limit&oacute; a esperar el desenlace del operativo como si se tratase de un espectador m&aacute;s.  </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Al segundo d&iacute;a del asalto, en sus postrimer&iacute;as, los militares esperaban con temor y desespero una orden contraria a su acci&oacute;n desde la presidencia. Obstaculizaron al extremo el ingreso al Palacio del Delegado de la Cruz Roja pero hicieron, al menos, la pantomima de obedecer el mandato emitido en este sentido por el Presidente. Sus preocupaciones quedaron registradas en las grabaciones: </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Sigue siendo cr&iacute;tico el tiempo para dar por cumplida la misi&oacute;n y tomado totalmente el objetivo (...) les pido, les exijo m&aacute;ximo esfuerzo, estamos contra el tiempo (...) Entiendo que no han llegado los de la Cruz Roja, por consiguiente estamos en toda libertad de operaci&oacute;n y jugando contra el tiempo. Por favor, apure a consolidar y acabar con todo y consolidar el objetivo (...) Dilate un poquito el acceso de Mart&iacute;nez (Delegado de la Cruz Roja) (Citado por Atehort&uacute;a y V&aacute;lez, 2005: 108-109). </font></p>        <p><font size="2" face="Verdana"> En conclusi&oacute;n, cualquiera que haya sido el nivel de definici&oacute;n de la soluci&oacute;n militar, ya sea que los militares la hubiesen decidido antes del medio d&iacute;a y el presidente dos horas m&aacute;s tarde, algo queda claro: las decisiones concretas que tomaron los mandos militares no fueron meras definiciones t&aacute;cnicas, de t&aacute;ctica castrense. Por el contrario, la forma particular de conducci&oacute;n brindada a la soluci&oacute;n militar, tuvo en el fondo una manifiesta decisi&oacute;n pol&iacute;tica tomada por los altos mandos, con la cual fue complaciente y coherente el jefe del gobierno. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Aunque los militares obraron como actor pol&iacute;tico -a lo cual estaban hist&oacute;ricamente acostumbrados-, fueron secundados por el Presidente, quien comparti&oacute; y legitim&oacute; la ciega orden de recuperar el Palacio de Justicia. No hubo, entonces, &quot;ni golpe de Estado&quot;, &quot;ni vac&iacute;o de poder&quot;. Los militares obraron como lo hab&iacute;an hecho durante el gobierno de Turbay bajo la sombra del llamado &quot;Estatuto de Seguridad&quot;; como lo hicieron, tambi&aacute;n, en el ataque al campamento del M-19 en Yarumales que, en vigencia de la tregua y en pleno &quot;proceso de paz&quot; el Presidente s&oacute;lo vino a detener d&iacute;as despu&aacute;s. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> Desde el 9 de abril de 1948, o quiz&aacute;s desde la facultad que L&oacute;pez Pumarejo les otorg&oacute; en 1944 para juzgar civiles, los militares se hab&iacute;an atribuido espacios para la intervenci&oacute;n en pol&iacute;tica, sin perder su investidura castrense y sin recibir la oposici&oacute;n de los civiles. El c&aacute;lebre discurso de Alberto Lleras en la apertura del Frente Nacional les confirm&oacute;, incluso, cierto grado de autonom&iacute;a (Cf. Atehort&uacute;a, 2010).     </font></p>       <p><font size="3" face="Verdana"><b>2.	&iquest;NARCOS EN EL PALACIO DE JUSTICIA?</b></font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"> John Jairo Vel&aacute;squez, el conocido Â«PopeyeÂ», uno de los pistoleros de Pablo Escobar, relata que Iv&aacute;n Marino Ospina y &Aacute;lvaro Fayad llegaron a la hacienda N&aacute;poles para contarle a Escobar un ambicioso proyecto que ten&iacute;an en mente. Consist&iacute;a en un espectacular operativo en plena plaza de Bol&iacute;var para denunciar a Belisario. Escobar solicit&oacute; detalles y Fayad habl&oacute; en concreto del Palacio de Justicia. A Pablo Escobar se le pidi&oacute; Â«un mill&oacute;n de d&oacute;laresÂ» argumentando la necesidad de Â«traer fusiles de Nicaragua y explosivos C-4Â». Pablo Escobar ofreci&oacute; entonces un avi&oacute;n para trasladar las armas y los explosivos, y les propuso Â«aprovechar esa entrada al palacio para darle un golpe fuerte a la extradici&oacute;nÂ» (Legarda, 2005: 65 a 70).</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> El narcotraficante ofreci&oacute;, entonces, dos millones de d&oacute;lares y cinco m&aacute;s al t&aacute;rmino del operativo, si dos de sus hombres acompa&ntilde;aban al M-19 para quemar los expedientes de todos aquellos que podr&iacute;an ser extraditados y asesinar a varios magistrados por traidores a la patria. Ospina objet&oacute; la idea de vincular a sus hombres, pero Escobar les pidi&oacute; cumplir el objetivo. El capo decidi&oacute; financiar la operaci&oacute;n con dinero y armas de la mafia y prometi&oacute; al M-19 una cantidad inimaginable si lograba poner fin a la extradici&oacute;n. Los guerrilleros recibieron dinero para la toma, el env&iacute;o de veinte fusiles y gran cantidad de munici&oacute;n financiada por Escobar.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"> &lt;&lt;A travÃ©s de la cafeter&iacute;a -acusa Popeye- gran cantidad de alimentos se ven&iacute;an almacenando&gt;&gt;. Remata que Ospina y Bateman se refugiaron en la infraestructura del capo luego de la toma, y que Escobar pag&oacute; los dos millones de d&oacute;lares prometidos, adicionales a los &lt;&lt;Acuarenta millones recibidos anteriormente&gt;&gt;. Los entreg&oacute; a Iv&aacute;n Marino Ospina &lt;&lt;Aen un carro que ten&iacute;a una caleta donde se encontraba escondido el dinero&gt;&gt;. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Las inconsistencias en el relato de &lt;&lt;APopeye&gt;&gt; son f&aacute;ciles de detectar:</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">-  Iv&aacute;n Marino Ospina hab&iacute;a muerto cuando se inici&oacute; la planeaci&oacute;n de la toma del Palacio de Justicia. No tuvo conocimiento de los hechos. Por consiguiente, le era imposible asistir a una reuni&oacute;n en la hacienda N&aacute;poles para solicitar apoyo y mucho menos recibir dinero de la mafia. En ello, peca tambi&eacute;n la versi&oacute;n de Alba Marina Escobar (op. cit: 224) </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">-  Jaime Bateman muri&oacute; en un accidente a&eacute;reo en 1.983. Ni siquiera alcanz&oacute; a firmar los acuerdos de Corinto y El Hobo con el gobierno de Betancur. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a refugiarse con Ospina &lt;&lt;en la infraestructura de Escobar&gt;&gt;, luego del asalto al Palacio de Justicia, si ambos estaban muertos? </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">-  Las armas utilizadas en el operativo del Palacio fueron tra&iacute;das, en gran parte, de los frentes rurales del sur. Las piezas procesales de la investigaci&oacute;n judicial as&iacute; lo se&ntilde;alan y fue reafirmado, adem&aacute;s, por la &uacute;nica sobreviviente del M-19 inmediatamente despu&eacute;s de los hechos (Behar, 1988). Las armas de procedencia nicaragÃ¼ense son s&oacute;lo seis y perfectamente podr&iacute;an estar desde hace muchos a&ntilde;os en Colombia, en las monta&ntilde;as del Cauca. Los explosivos fueron hurtados por el M-19 en canteras de Cundinamarca, hecho procesalmente probado y constatable, incluso, con una revisi&oacute;n de prensa. No hubo explosivos tra&iacute;dos del exterior. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">-  La existencia de alimento almacenado en la cafeter&iacute;a no es m&aacute;s que la reproducci&oacute;n del triste rumor que cobr&oacute; la vida a sus empleados. Al realizar la inspecci&oacute;n a sus congeladores, una vez culminada la operaci&oacute;n en el Palacio, las autoridades comprobaron la falsedad de la acusaci&oacute;n: no exist&iacute;a tal almacenamiento y sus refrigeradores s&oacute;lo daban cabida, cuando m&aacute;s, a 100 unidades de reservas de leche. El Tribunal Especial de Instrucci&oacute;n dijo al respecto:  </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Todas estas informaciones resultaron falsas, producto alegre de la imaginaci&oacute;n. Nos detenemos en el examen del tema porque interesa restablecer la buena opini&oacute;n que merecen gentes honorables y correctas que se encontraban al servicio del restaurante, quienes no tuvieron vinculaci&oacute;n alguna con los guerrilleros del M-19 y en nada pueden verse comprometidos en los acontecimientos criminales que horrorizaron al pa&iacute;s. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">-  Con respecto al operativo, la austeridad econ&oacute;mica del M-19 es bastante deducible. No pudieron obtener cohetes antitanque ni morteros, no prepararon distractores ni contenci&oacute;n alguna contra el desplazamiento militar desde sus instalaciones regulares hasta el Palacio de Justicia y tuvieron que correr el riesgo de hurtar automotores y explosivos para ejecutar la acci&oacute;n. La casa econ&oacute;mica tomada en renta como sede del operativo, no result&oacute; la m&aacute;s adecuada ni la m&aacute;s segura; el destacamento tuvo que abordar los veh&iacute;culos de transporte a la vista del vecindario. Las bombas fueron todas de fabricaci&oacute;n casera, &quot;sombreros vietnamitas&quot;, klaymore y similares, algunos de los cuales tampoco detonaron. Los radios fueron adquiridos entre los m&aacute;s baratos del mercado de Â«San AndresitoÂ» pocos d&iacute;as antes del operativo y finalmente no sirvieron. Acudieron al apoyo financiero del grupo armado Â«Ricardo FrancoÂ», y pusieron en peligro la acci&oacute;n cuando los planos confiados a ellos cayeron en poder de las autoridades. Algunos dirigentes, seg&uacute;n afirmaron sus familiares tiempo despu&eacute;s, hab&iacute;an vendido bienes personales para financiar la operaci&oacute;n.  </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Contraria a la versi&oacute;n de Â«PopeyeÂ», Carlos Casta&ntilde;o ofrece otra en su libro Â«Mi confesi&oacute;nÂ». Quien se present&oacute; a la hacienda N&aacute;poles fue Pizarro. Quien financi&oacute; y aport&oacute; la dinamita fue Escobar y quien concedi&oacute; el armamento fue su hermano Fidel Casta&ntilde;o. Pizarro pidi&oacute; Â«un mill&oacute;n de d&oacute;lares por asesinar a los magistradosÂ» y Â«un mill&oacute;n de d&oacute;lares por quemar los expedientesÂ». Agrega Casta&ntilde;o que fue Guido Parra, el abogado de Escobar, quien le explic&oacute; a Pizarro la ubicaci&oacute;n de los expedientes en contra del capo y qu&eacute; deb&iacute;an quemar. Otro narco replic&oacute;, entonces, que incluyeran los propios y pag&oacute; trescientos mil d&oacute;lares m&aacute;s (Aranguren, 2001: 40 a 43).  </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Desde luego, algunas de las objeciones al testimonio de Â«PopeyeÂ» pueden aplicarse a la versi&oacute;n de Casta&ntilde;o. Los planos del Palacio de Justicia, adem&aacute;s, fueron adquiridos desde un principio por Luis Otero, el comandante general del operativo. Carlos Pizarro no particip&oacute; en la planeaci&oacute;n directa de la acci&oacute;n y no era, para la fecha, el comandante m&aacute;ximo del M-19. Su labor estaba concentrada en las monta&ntilde;as del Cauca con la creaci&oacute;n del Â«Batall&oacute;n Am&eacute;ricaÂ» y la preparaci&oacute;n de un asalto a la ciudad de Cali. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">El se&ntilde;alamiento de Virginia Vallejo, coincidente con las versiones de &quot;Popeye&quot; y Alba Marina, la hermana de Escobar (2010: 223), apunta al voluminoso pago del capo para que el M-19 quemara sus expedientes con la toma (2007: 94 a 96). El argumento se cae por sustracci&oacute;n de materia: en la Corte no hab&iacute;a un solo expediente contra Pablo Escobar. Tan solo cursaba all&iacute; la demanda contra la ley aprobatoria del Tratado de Extradici&oacute;n, sobre lo cual exist&iacute;an copias en el Ministerio de Justicia y en la Canciller&iacute;a (Castro G., 2008: 291).  </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">A&uacute;n as&iacute;, es preciso aclarar, tambi&eacute;n, que no hubo uno sino varios incendios en el Palacio de Justicia:  </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">La m&aacute;s certera deducci&oacute;n indica que las primeras llamas se gestaron en el s&oacute;tano, debido a las cargas colocadas por el M-19 para prevenir el ingreso de los tanques. Estas explosiones, unidas a los disparos del primer Â«Urut&uacute;Â» que logr&oacute; acceso e hizo blanco sobre varios veh&iacute;culos estacionados en el parqueadero, dieron lugar a las primeras llamaradas. No obstante, no fue &eacute;sta la chispa de donde brot&oacute; el incendio general del Palacio. Sin ligaz&oacute;n con ella, grandes bocanadas de fuego y humaredas negras fueron percibidas en puntos muy diversos y distantes, como la secretar&iacute;a de la Corte o el auditorio contiguo a la biblioteca, cuando los militares dominaban ya el sector. Para la Comisi&oacute;n de la verdad, el incendio que destruy&oacute; casi totalmente el edificio, pudo tener su origen en las numerosas y poderosas cargas explosivas, los disparos de rockets al interior y desde la parte externa del Palacio de Justicia o, incluso, granadas de fusil que fueron disparadas contra una barricada compuesta por escritorios, sillas y enseres de oficina en el cuarto piso (Comisi&oacute;n de la verdad, 2009: 96 - 98).  </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Independientemente de cualquier pol&eacute;mica, algunas situaciones dejan mucho qu&eacute; pensar:  </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">-  En primer lugar, el Palacio de Justicia era la fortificaci&oacute;n cuya dominaci&oacute;n absoluta pretend&iacute;a conseguir el M-19, su propia &quot;madriguera&quot;. En consecuencia, resulta il&oacute;gico que premeditada o conscientemente intentaran prenderle fuego. Por el contrario, los doctores Hernando Tapias Rocha y Samuel Buitrago Arango, entre otros, pudieron apreciar que &quot;algunos guerrilleros&quot; pretend&iacute;an &lt;&lt;aplacar el fuego&gt;&gt; &lt;&lt;con las mangueras que se encontraban en las paredes de las escaleras&gt;&gt;. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">-  Si seguimos la sencilla y desprevenida declaraci&oacute;n del bombero Manuel Beltr&aacute;n Garc&iacute;a, es inquietante encontrar un gran contraste de conductas: </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Nos retiramos porque el tiroteo del Ej&eacute;rcito era indescriptible (...) Nos retiramos sin que la labor se hubiera concluido, se o&iacute;an voces de oficiales del ej&eacute;rcito que dec&iacute;an que para qu&eacute; apag&aacute;bamos eso, que el objeto de ellos era quemar eso para que la gente que estaba adentro saliera. Si no hubi&eacute;ramos sido interrumpidos por la balacera, pues hubi&eacute;ramos apagado completamente el incendio.  </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">-  El cohete AT-M72AZ o Â«rocketÂ», utilizado indiscriminadamente por las Fuerzas Militares dentro del Palacio, es un arma antitanque de alto poder explosivo, con una temperatura de detonaci&oacute;n que oscila -seg&uacute;n criterio del Departamento de Criminal&iacute;stica- entre los 1.5 y los 4.0 grados cent&iacute;grados. Su disparo genera adem&aacute;s un fogonazo de retroceso que puede alcanzar 15 metros de largo y 8 de ancho, con un &aacute;ngulo de abertura cercano a los 3 grados. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">-  En un momento determinado del operativo, fueron captadas las siguientes palabras en la comunicaci&oacute;n interna de los militares: </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">ARCANO 5: &iquest;Dispone de granadas incendiarias? Cambio. RPT (Repita) ARCANO 5: Granadas incendiarias. Cambio. Le respondo en tres minutos. ARCANO 5: QAP. (Quedo Pendiente). </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">La conclusi&oacute;n final de la Comisi&oacute;n de la verdad, luego de un medular an&aacute;lisis t&eacute;cnico, es tajante: </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Las declaraciones, peritajes y documentos militares de planeaci&oacute;n estrat&eacute;gica y t&aacute;ctica, sugieren que el Ej&eacute;rcito pudo tener responsabilidad en el tercer incendio del Palacio de Justicia, el devastador, por la falta de previsi&oacute;n durante la operaci&oacute;n militar sobre los efectos del armamento utilizado, as&iacute; como por la persistencia en el uso de ciertas armas, a pesar de la evidencia del efecto nefasto que produjo la conflagraci&oacute;n en la edificaci&oacute;n. (Comisi&oacute;n de la verdad, op. Cit: 168) </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Pleg&aacute;ndose en parte a la versi&oacute;n de Popeye, Jaime Castro (2009: 43 a 46) retoma argumentos que igual pueden diluirse:  </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">El hecho de que el M-19 incluyera en su Â«Demanda ArmadaÂ» alguna referencia al Tratado de Extradici&oacute;n, no puede asumirse como plena prueba de su alianza con narcotraficantes. El rechazo al tratado fue asumido por la izquierda, en general, al considerarlo lesivo para la soberan&iacute;a nacional. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Declaraciones de Ivan Marino Ospina en apoyo a ciertas amenazas de &quot;los extraditables&quot; deben interpretarse en el marco de un tirante encuentro sostenido con el Presidente Betancur en M&eacute;xico, el 5 de diciembre de 1984. Sus palabras, por cierto, le ocasionaron su destituci&oacute;n como jefe m&aacute;ximo del M-19.  </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Las intimidaciones que los magistrados recibieron por cuenta de Â«los extraditablesÂ» o el hecho de que el asalto hubiese ocurrido contra la Corte un d&iacute;a antes de que &eacute;sta estudiase la ponencia referente a la exequibilidad del Tratado de Extradici&oacute;n, y de que decidiera sobre ocho resoluciones pendientes de tal aplicaci&oacute;n, son desvirtuables. Por un lado, se sabe que el operativo estuvo planeado desde octubre y que fueron circunstancias ajenas a la decisi&oacute;n del M-19 las que llevaron a su aplazamiento. La citaci&oacute;n a la plenaria que habr&iacute;a de discutir la exequibilidad del Tratado de Extradici&oacute;n no se hab&iacute;a efectuado, seg&uacute;n lo constat&oacute; el Tribunal Especial de Instrucci&oacute;n, y el magistrado Pati&ntilde;o Roselli se hab&iacute;a reservado exclusivamente la atribuci&oacute;n de elaborar el orden del d&iacute;a de las sesiones, sin dar cuenta de ello a sus colegas ni al personal de secretar&iacute;a para evitar filtraciones que llegaran a quienes los amenazaban. Ni siquiera los propios magistrados conoc&iacute;an, entonces, cu&aacute;ndo habr&iacute;a de llevarse a cabo la sesi&oacute;n que abordar&iacute;a el tema de la extradici&oacute;n. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">De igual forma, si los guerrilleros tomaron como objetivo central el cuarto piso y como &quot;rehenes fundamentales&quot; a los magistrados de la Sala Constitucional, no es por s&iacute; mismo una &quot;evidencia&quot; de la presencia del narcotr&aacute;fico (Plazas Vega, 2000: 113). La raz&oacute;n se encuentra en su &quot;demanda armada&quot; y en el prop&oacute;sito de juzgar all&iacute; al presidente Betancur. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Las &quot;pruebas contundentes&quot; de Jaime Castro (2009: 43) son los discursos de &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez que presume basados &quot;seguramente en indicios y documentos que conoci&oacute; como jefe de Gobierno&quot; y un testimonio de Yesid Reyes que presupone conocimiento &quot;de algo grave que va a pasar&quot; por parte de elementos de la mafia, pero no necesariamente su compromiso, colaboraci&oacute;n o financiaci&oacute;n en el operativo concreto. Como se sabe, el mismo M-19 anunci&oacute; p&uacute;blicamente la realizaci&oacute;n de una operaci&oacute;n &quot;espectacular&quot; que &quot;asombrar&iacute;a al mundo&quot; (Grabe, 2000: 253 y Plazas Vega, 2000: 79).   </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">El argumento del exministro Castro se contradice en su propio texto. Si el prop&oacute;sito del M-19 con la toma del Palacio era conquistar el poder, &quot;convertir el asalto en el detonante de la insurrecci&oacute;n popular&quot; , promover un &quot;nuevo Bogotazo&quot; que pondr&iacute;a fin a la guerra y llevar&iacute;a al pueblo al poder&quot; (Castro, 2009: 69, 76); si en el Manifiesto que divulgaron el d&iacute;a de la toma est&aacute; claro que &quot;iban por el poder&quot; y que la demanda armada era un &quot;acto del nuevo gobierno&quot;, &iquest;qu&eacute; sentido ten&iacute;a entonces quemar unos expedientes para evitar extradiciones que el nuevo poder no conceder&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; sentido asesinar unos magistrados que el nuevo gobierno revolucionario podr&iacute;a remover? Es la misma contradicci&oacute;n en que incurre el Coronel Plazas Vegas (2000: 108 y 291): &iquest;para qu&eacute; dar la vida por unos expedientes si el objetivo era la muerte de Betancur y la toma del poder con un golpe de Estado que se iniciaba ya en el Palacio de Justicia?   </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Con respecto a los dem&aacute;s eventos, las propias instancias oficiales empezaron a viciarlos. En sustentados informes, tanto el Tribunal Especial de Instrucci&oacute;n, como la Procuradur&iacute;a General de la Naci&oacute;n, absolvieron al M-19 de toda conexi&oacute;n o apoyo con los narcotraficantes colombianos. Seg&uacute;n el Tribunal, no existieron evidencias de participaci&oacute;n de movimientos distintos al M-19 en el planeamiento y ejecuci&oacute;n de la toma del Palacio de Justicia y tampoco hubo prueba alguna que los vinculara con las amenazas inferidas a los magistrados por los narcotraficantes o extraditables. El procurador Carlos Jim&eacute;nez G&oacute;mez, a su turno, esgrimi&oacute; una tesis similar al se&ntilde;alar la carencia absoluta de pruebas que permitiesen pensar en una &lt;&lt;relaci&oacute;n o nexo causal entre la ocupaci&oacute;n del Palacio y las amenazas recibidas por Magistrados y Consejeros&gt;&gt;. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">&iquest;Qu&eacute; sentido ten&iacute;a para la mafia ejecutar a unos magistrados que no hab&iacute;an fallado todav&iacute;a los procesos sobre los cuales guardaban inter&eacute;s? &iquest;Qu&eacute; sentido ten&iacute;a quemar los expedientes si de ellos existe copia en los juzgados de instrucci&oacute;n en el pa&iacute;s, o en Estados Unidos si se trata de la extradici&oacute;n? Retrasar las decisiones unos cuantos d&iacute;as, ser&iacute;a un absurdo para semejante operativo, m&aacute;xime cuando en ese momento los grandes capos ni siquiera estaban detenidos y sus procesos no se hallaban en la Corte. En realidad, solo hab&iacute;an trece detenidos con extradici&oacute;n pendiente y sobre ello respondi&oacute; el Ministro de Justicia a El Tiempo el 10 de enero de 1986: &quot;Ninguno de los trece extraditables detenidos va a ser dejado en libertad por la destrucci&oacute;n de procesos en el Palacio de Justicia&quot;. Por el contrario, el gobierno procedi&oacute; conforme era previsible y los restableci&oacute; con reglamentaciones jur&iacute;dicas excepcionales. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">He all&iacute; la pregunta m&aacute;s contundente para verificar lo insulso que resulta colocar como enorme ganancia para los narcos la quema de sus procesos de extradici&oacute;n: &iquest;Cu&aacute;ntos y cu&aacute;les capos del narcotr&aacute;fico en Colombia se beneficiaron con la justicia o dejaron de ser extraditados a Estados Unidos, gracias al asalto del Palacio de justicia y a la quema de sus expedientes?   </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Con todo, ello no excluye la posibilidad de que existiera una relaci&oacute;n entre Escobar y el M-19, que es aquello sobre lo cual recaba la Comisi&oacute;n de la verdad:   </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">-  Escobar estableci&oacute; relaciones con el M-19 a partir de las acciones y negociaciones que condujeron a la liberaci&oacute;n de Martha Nieves Ochoa, secuestrada por la organizaci&oacute;n guerrillera. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">-  A ra&iacute;z de estas negociaciones, Iv&aacute;n Marino Ospina s&iacute; permaneci&oacute; algunos d&iacute;as en la hacienda N&aacute;poles. El propio Escobar lo reconoci&oacute; al periodista Germ&aacute;n Castro Caicedo y agreg&oacute;, adem&aacute;s, que en se&ntilde;al de buena voluntad el guerrillero le obsequi&oacute; una subametralladora de fabricaci&oacute;n sovi&eacute;tica, a la cual nunca pudo conseguirle munici&oacute;n la mafia (Cf. G. Caicedo, 1996).  </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">-  El M-19, ha dicho Gustavo Petro (2006: 69), cay&oacute; en la espiral del narcotr&aacute;fico y no pudo ser ajeno a su influencia, pero, en el caso concreto del Palacio de Justicia, no es verificable hasta el momento una influencia radical y menos a&uacute;n la compra burda del operativo. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">En conclusi&oacute;n, es cierto que el M-19 ten&iacute;a v&iacute;nculos con Pablo Escobar y con algunos grandes capos del narcotr&aacute;fico en Colombia; es cierto que en diversos momentos Pablo Escobar le prest&oacute; apoyo decisivo al M-19, incluida la b&uacute;squeda del accidentado avi&oacute;n en que viajaba Jaime Bateman a Panam&aacute;; es cierto que la relaci&oacute;n se dio en diferentes t&eacute;rminos que abarcaron la colaboraci&oacute;n financiera o en infraestructura. Pero todo ello, que censura de hecho al M-19, no significa que para el operativo concreto del Palacio de Justicia, hasta donde el proceso judicial por los hechos permite rastrearlo, los capos del narcotr&aacute;fico en Colombia hubieran prestado sus aporte ideol&oacute;gico, financiero o militar para lograr la quema de sus expedientes. Tal como piensa Alfonso G&oacute;mez M&eacute;ndez, &quot;de ah&iacute; a decir que el operativo era para sacar unos expedientes es una peripecia&quot; (Castro G., 1996: 290). </font></p> <hr size="1">     <p><font size="3" face="Verdana"><b>COMENTARIOS </b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s1" name="#1">1</a>. Una vez m&aacute;s, a la memoria de   Cristina del Pilar Guar&iacute;n Cort&aacute;s,   detenida, torturada y desaparecida,   v&iacute;ctima inocente en los hechos del Palacio de Justicia.   Licenciada en Ciencias Sociales de la Universidad Pedag&oacute;gica Nacional</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s2" name="#2">2</a>.La hip&oacute;tesis aqu&iacute; expuesta se ha planteado, grosso modo, en V&eacute;lez y Atehort&uacute;a (1993 y 2005). Corresponde, por tanto, a los dos autores.  </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s3" name="#3">3</a>.Hecho cierto y procesalmente probado, la presencia de Sarria es, sin embargo, expresamente omitida en su libro por el Coronel Plazas Vega (2000: 170).</font></p>  <hr size="1">     <p><font size="3" face="Verdana"><b>REFERENCIAS</b></font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">1. Aranguren, Mauricio (2001). Mi confesi&oacute;n: Carlos Casta&ntilde;o revela sus secretos. Bogot&aacute;, Editorial Oveja Negra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0121-4705201100010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">2. Atehort&uacute;a, Adolfo (2010). De L&oacute;pez Pumarejo a Rojas Pinilla: Partidos, Violencia y Ej&eacute;rcito. Bogot&aacute;, Universidad Militar Nueva Granada.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0121-4705201100010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">3. Atehort&uacute;a, Adolfo y V&eacute;lez, Humberto (1987). Palacio de Justicia, Historia y Militarismos. Ibagu&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0121-4705201100010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->. </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">4. ----- (2003). Militares, guerrilleros y autoridad civil. El caso del Palacio de Justicia. Cali, Universidad del Valle - Universidad Javeriana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0121-4705201100010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">5. ----- (2005). &iquest;Qu&eacute; pas&oacute; en el Palacio de Justicia? Cali, Regi&oacute;n-Universidad del Valle.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0121-4705201100010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">6. Behar, Olga (1988). Noches de humo. Bogot&aacute;, Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0121-4705201100010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">7. Caballero Calder&oacute;n, Enrique (1986). &quot;A la sombra de los informes&quot;, en El Espectador, junio 26.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0121-4705201100010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">8. Caicedo, Ricardo y Guti&eacute;rrez, Olga Beatr&iacute;z (1990). Una radio en dos tomas: lo que dijo Caracol en los hechos del Palacio de Justicia. Bogot&aacute;, Pontificia Universidad Javeriana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0121-4705201100010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">9. Carr, E. H. (1978). &iquest;Qu&eacute; es la historia?. Barcelona, Seix Barral.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-4705201100010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">10. Carrigan, Ana (1997). The Palace of Justice: a colombian tragedy. New York, Four Walls Eight Windows.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-4705201100010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">11. Castro Caicedo, Germ&aacute;n (1996). En secreto. Bogot&aacute;, Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-4705201100010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">12. ----- (2008). El Palacio sin m&aacute;scara. Bogot&aacute;, Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-4705201100010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">13. Castro Castro, Jaime (2009). Palacio de Justicia: ni golpe de Estado, ni vac&iacute;o de poder. Bogot&aacute;, Grupo Editorial Norma.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-4705201100010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">14. Comisi&oacute;n de la verdad sobre los hechos del Palacio de Justicia: Jorge An&iacute;bal G&oacute;mez Gallego, Jos&eacute; Roberto Herrera Vergara y Nilson Pinilla Pinilla (2009). Informe final. En <a href="http://www.verdadpalacio.org.co/" target="_blank">http://www.verdadpalacio.org.co/</a> </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-4705201100010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">15. Correa, Hernando (1985). &quot;El asalto al Palacio de Justicia: &iquest;locura o victoria?&quot;, en Consigna, Bogot&aacute;, Vol. 9, No. 287, noviembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-4705201100010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">16. Delgado, Germ&aacute;n y Rojas, Jorge Enrique (1986) Â¡Que cese el fuego! El testimonio. Bogot&aacute;, Ariel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-4705201100010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">17. Echeverry, Adriana y Hanssen, Ana Mar&iacute;a (2005). Holocausto en el silencio: veinte a&ntilde;os en busca de la verdad. Bogot&aacute;, Planeta, Semana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-4705201100010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">18. Forero, Mike (1985). &quot;Lo del Palacio de Justicia fue as&iacute;&quot;, en El Espectador, diciembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-4705201100010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->   </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">19. G&oacute;mez M&eacute;ndez, Alfonso (1990). Intervenci&oacute;n del Procurador General de la Naci&oacute;n en Plenaria del Senado, noviembre 14 de 1990, difundida por la Cadena Radial Caracol.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-4705201100010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">20. Grabe, Vera (2000). Razones de vida. Bogot&aacute;, Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-4705201100010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">21. Guzm&aacute;n, Catalina/Escobar, Alba Marina (2010). El otro Pablo. La historia &iacute;ntima de narcotraficante que dobleg&oacute; a Colombia, contada por su hermana. Bogot&aacute;, Semana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-4705201100010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">22. Hern&aacute;ndez, Germ&aacute;n (1985). La justicia en llamas. Bogot&aacute;, Carlos Valencia editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-4705201100010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">23. ------ (1986). &quot;El Palacio de Justicia un a&ntilde;o despu&eacute;s: el misterio de los desaparecidos&quot;, en, El Espectador, noviembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-4705201100010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">24. Jim&eacute;nez G&oacute;mez, Carlos (1986). El Palacio de Justicia y el Derecho de Gentes. Bogot&aacute;, Procuradur&iacute;a General de la Naci&oacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-4705201100010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">25. Jimeno, Ram&oacute;n (1989). Noche de lobos. Bogot&aacute;, Presencia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-4705201100010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">26. Laverde, Jos&eacute; (1986). La patria y la justicia en llamas. Armenia, AAS publicidad.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-4705201100010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">27. Legarda, Astrid (2005). El verdadero Pablo: sangre, traici&oacute;n y muerte. Bogot&aacute;, Ediciones Dipon - Gato Azul.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-4705201100010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">28. L&oacute;pez Caballero, Juan Manuel (1987). El Palacio de Justicia. Defensa de nuestras instituciones. Bogot&aacute;, Retina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-4705201100010000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>        <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">29. Lleras Restrepo, Carlos (1986). &quot;Los hechos del Palacio de Justicia&quot;, en Nueva Frontera, junio 20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-4705201100010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">30. Mar&iacute;n, F&eacute;lix (1986?). 30 horas de horror. Bogot&aacute;, Publicaciones laureles.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-4705201100010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">31. Pe&ntilde;a, Manuel Vicente (1987). Las dos tomas. Bogot&aacute;, Fundaci&oacute;n Ciudad Abierta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-4705201100010000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">32. Petro, Gustavo y Maya, Maure&eacute;n (2006). Prohibido olvidar: dos miradas sobre la toma del Palacio de Justicia. Bogot&aacute;, Casa Editorial Pisando Callos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-4705201100010000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">33. Pinz&oacute;n, Carmen (1988). El comportamiento de los medios de comunicaci&oacute;n frente a la toma del Palacio de Justicia. Bogot&aacute;, Talleres de Editorial Presencia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-4705201100010000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">34. Polan&iacute;a, San&iacute;n (1995). Mateo Ordaz en el Holocausto. Bogot&aacute;, Litu Alex.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-4705201100010000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">35. Plazas Vega, Luis Alfonso (2000). La batalla del Palacio de Justicia. Bogot&aacute;, Intermedio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-4705201100010000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">36. Ram&iacute;rez, Socorro y Restrepo, Luis Alberto (1988). &quot;El derrumbe de la paz: el Palacio de Justicia y Tacuey&oacute;&quot;, en Actores en conflicto por la paz. Bogot&aacute;, Siglo XXI, Cerec.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-4705201100010000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">37. Ram&iacute;rez, Bernardo (1997). La pasi&oacute;n de gobernar. Bogot&aacute;, Tercer Mundo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-4705201100010000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">38. Restrepo, Laura (1986). Historia de una traici&oacute;n. Bogot&aacute;, Plaza y Jan&eacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-4705201100010000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">39. Rey, Ernesto (1986). La desintegraci&oacute;n de la Corte Suprema de Justicia. Bogot&aacute;: Universidad Libre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-4705201100010000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">40. Salgado, Germ&aacute;n y Rojas, Jorge Enrique (1986) Â¡Que cese el fuego! El testimonio. Bogot&aacute;, Ariel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-4705201100010000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">41. Samudio Molina, Rafael (1986). El rescate del Palacio de Justicia, un mandato constitucional. Bogot&aacute;, Intervenci&oacute;n ante la C&aacute;mara de Representantes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0121-4705201100010000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">42. Schaff, Adam (1974). Historia y Verdad. Barcelona, Grijalbo </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0121-4705201100010000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">43. Serrano, Jaime y Upegui, Carlos (1986). Informe sobre el holocausto del Palacio de Justicia (noviembre 6 y 7 de 1985). Tribunal Especial de Instrucci&oacute;n. Bogot&aacute;, Diario Oficial, No. 37.509, junio 17 de 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0121-4705201100010000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">44. Uribe Rueda, &Aacute;lvaro (1985). Palacio de Justicia. Juicio de responsabilidades. Bogot&aacute;, Fondo de Publicaciones C&aacute;mara de Representantes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0121-4705201100010000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">45. Valencia, Hernando (1987). &quot;Vida, pasi&oacute;n y muerte del Tribunal Especial de Instrucci&oacute;n, en, An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 2, Bogot&aacute;, Universidad Nacional - IEPRI, septiembre-diciembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0121-4705201100010000500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">46. Vallejo, Virginia (2007). Amando a Pablo, odiando a Escobar. Bogot&aacute;, Editorial Grijalbo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0121-4705201100010000500046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">47. V&aacute;squez C., Alfredo (1986) &quot;D&iacute;a 6 de noviembre, 11:40 A.M. Un comando del M-19 ocupa el Palacio de Justicia en Bogot&aacute;&quot;, en Betancur y la crisis nacional. Bogot&aacute;, Aurora, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0121-4705201100010000500047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">48. Vega Uribe, Miguel (1985). Las Fuerzas Armadas de Colombia y la defensa de las instituciones democr&aacute;ticas. Bogot&aacute;, Intervenci&oacute;n ante el Congreso de la Rep&uacute;blica, noviembre 12, Ministerio de Defensa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0121-4705201100010000500048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">49. V&eacute;lez, Humberto (1986) &quot;El triple asalto al Palacio de Justicia o la l&oacute;gica de la fuerza bruta&quot;, en, 6 de noviembre, Nos. 2, 3 y 4. Bogot&aacute;. Reproducido tambi&eacute;n por El Espectador, 6, 7, 8 y 9 de noviembre de 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0121-4705201100010000500049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">50. V&eacute;lez Roc&iacute;o (1988). &quot;Palacio de Justicia&quot;, en El di&aacute;logo y la paz. Mi perspectiva. Bogot&aacute;, Tercer Mundo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0121-4705201100010000500050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">51. Villamizar, Dar&iacute;o (1995). Aquel 19 ser&aacute;. Bogot&aacute;, Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0121-4705201100010000500051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </font></p>        ]]></body><back>
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