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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>La pasi&oacute;n por la historia regional.</b></font></p>     <p align="center"><font size="3" face="Verdana"><b>Zuluaga G&oacute;mez, V&iacute;ctor. El Camino del Quind&iacute;o y las Guerras Civiles: Cartago, Boqu&iacute;a, Salento, Ibagu&eacute;. Pereira, Buda, 2010, 202 p&aacute;gs.</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>Miguel Borja</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Profesor de la Escuela Superior de Administraci&oacute;n P&uacute;blica. Catedr&aacute;tico de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Colombia. Investigador del IEPRI. Autor de varios libros sobre la geohistoria nacional.</font></p> <hr size="1">      <p><font size="2" face="Verdana">De nuevo, el maestro V&iacute;ctor Zuluaga entrega a sus lectores una obra esencial para comprender las din&aacute;micas de la guerra y la sociedad en la Colombia regional en la geograf&iacute;a del Antiguo Caldas. Espacio geohist&oacute;rico cardinal para la construcci&oacute;n y consolidaci&oacute;n de la naci&oacute;n colombiana: territorio donde se forj&oacute; la Colombia moderna a partir de los procesos de la colonizaci&oacute;n desarmada que habr&iacute;an de dar lugar a la primera econom&iacute;a exitosa del pa&iacute;s: la producci&oacute;n cafetera.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Zuluaga es profesor e investigador de la Universidad Tecnol&oacute;gica de Pereira y ha realizado publicaciones sobre la historia de los pueblos ind&iacute;genas de Colombia, de la comunidad ind&iacute;gena Cham&iacute;, de los pueblos ind&iacute;genas del &aacute;rea cafetera y del Choc&oacute;, de la Conquista en la regi&oacute;n, de la historia de Pereira, de Marulanda, etc... Una serie de obras que han brindado a los lectores una mirada sobre el pasado y el presente regional y, en su conjunto, se consolidan como una diversidad de historias: la ind&iacute;gena, la del poblamiento, la de la g&eacute;nesis de las ciudades, la de la cotidianidad, la de la sociedad y la econom&iacute;a, en fin, una historia integral de este espacio. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Ampliamente conocido en los medios acad&eacute;micos y culturales, Zuluaga es un historiador cuyas investigaciones dan cuenta de las din&aacute;micas hist&oacute;ricas de la regi&oacute;n y han articulado nuevas y diferentes miradas sobre los territorios de sus estudios, hasta incluso revisar los mitos comunes sobre la fundaci&oacute;n de la ciudad de Pereira. Basado en fuentes documentales de primera mano, esto es, fuentes primarias, revis&oacute; las narrativas tradicionales sobre un supuesto acto de generosidad (la donaci&oacute;n de terrenos por parte de un terrateniente), para demostrar c&oacute;mo esa tesis no era sino un infundio, pues consisti&oacute;, por el contrario, en una expropiaci&oacute;n de tierras realizada por Guillermo Pereira Gamba, con el fin de valorizar un latifundio adyacente al &aacute;rea actual de la ciudad: â€œLos terrenos en donde se levant&oacute; la ciudad no eran terrenos bald&iacute;os ni pertenec&iacute;an a la familia Pereira. Eran terrenos â€œrealengosâ€ cuyos propietarios eran cartagÃ¼e&ntilde;os como los Pereira, que en su momento hicieron la reclamaci&oacute;n ante la Naci&oacute;n, por haber repartido tierras que eran propiedad privadaâ€<a href="#1" name="s1">(1)</a>.  De este modo, Zuluaga derrumba la historia oficial de la ciudad y lo realiza a partir de fuentes del archivo Municipal de Salento, el Hist&oacute;rico de Cartago y el Central del Cauca (Popay&aacute;n); asimismo, se fundamenta en el archivo General de Indias (Sevilla (Espa&ntilde;a)) y en el General de la Naci&oacute;n (Bogot&aacute;).</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">En su libro, el autor recrea la historia del camino del Quind&iacute;o, trayecto entre Cartago e Ibagu&eacute;. Su texto se centra en la parte occidental de la cordillera Central y su an&aacute;lisis cubre un lapso aproximado de cinco siglos. La historiograf&iacute;a de Zuluaga es, por ende, de tiempos estructurales, de tiempos geogr&aacute;ficos, de acuerdo con las nociones de Fernand Braudel. Asimismo, es una historia tejida con los par&aacute;metros de la geohistoria, pues cruza en su hilo narrativo sociedad, espacio y tiempo. Este entrelazamiento le permite superar las visiones tradicionales de una historiograf&iacute;a heredera de las memorias de los viajeros del siglo XIX que recorrieron el &aacute;rea (Humboldt, Boussingault e Isaac Holton, entre los m&aacute;s destacados). La estrategia geohist&oacute;rica le posibilita al autor transponer el tratamiento tradicional de los temas de la colonizaci&oacute;n antioque&ntilde;a, usualmente una historia exeg&eacute;tica que oblitera las tensiones y dificultades de dicho proceso, a excepci&oacute;n de los meritorios trabajos de Olga Cadena y Otto Morales Ben&iacute;tez. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">El texto de Zuluaga muestra las tensiones entre los colonizadores y los due&ntilde;os de latifundios, entre los propietarios coloniales de la tierra (desafortunadamente validados por la primera Rep&uacute;blica) y, en la orilla de enfrente, los arrojados de todos los espacios, los sin tierra, los campesinos colonizadores llegados desde Antioquia, el Cauca, Boyac&aacute; y Cundinamarca, hacia el Viejo Caldas. Campesinos que valorizaron con su sudor una amalgama de latifundios mal demarcados, &aacute;mbito de la violencia y la guerra. La vida campesina en el &aacute;rea se troc&oacute; en una fuente de renta de la tierra, de valorizaci&oacute;n de bald&iacute;os, de ganancias f&aacute;ciles para unas pocas familias con &iacute;nfulas cortesanas. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">El camino del Quind&iacute;o era central en la articulaci&oacute;n del espacio nacional, de acuerdo con la visi&oacute;n de los dirigentes pol&iacute;ticos de la Colonia y la Rep&uacute;blica. Su consolidaci&oacute;n fue un punto de la mayor consideraci&oacute;n en los planes de quienes miraban m&aacute;s all&aacute; de sus intereses provinciales y buscaban consolidar la unidad en la Colonia y la unidad nacional durante la Rep&uacute;blica. Sin embargo, a pesar de la importancia que se le otorgaba, hasta bien entrado el siglo XIX no fue m&aacute;s que una trocha habitualmente tapada por la naturaleza.</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">En su narrativa hist&oacute;rica, el autor muestra c&oacute;mo durante el siglo XIX s&oacute;lo se encontraban tres fundaciones en las &aacute;reas circundantes al camino del Quind&iacute;o: San Sebasti&aacute;n de la Balsa, Valdecillas y Boqu&iacute;a (posteriormente Salento). Para la fundaci&oacute;n de estas poblaciones se tuvo en cuenta los intereses del poder militar, pues los gobiernos generales quer&iacute;an a toda costa tener presencia y dominio sobre el camino. Con este prop&oacute;sito, se fundaron establecimientos penitenciarios y se encarg&oacute; a los presos el mantenimiento del camino. Prueba de que durante el siglo XIX la organizaci&oacute;n territorial estaba determinada, entre otras cosas, por los intereses del poder militar y del poder nacional, que vislumbraron la trascendencia del camino del Quind&iacute;o en las din&aacute;micas sociales y econ&oacute;micas, y de la guerra.  </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana">Zuluaga muestra la trayectoria hist&oacute;rica del camino del Quind&iacute;o, que de ser una ruta de indios, lleg&oacute; a ser un camino nacional. La tem&aacute;tica de los caminos de indios en Colombia es un cap&iacute;tulo casi in&eacute;dito de la  historiograf&iacute;a patria. Quiz&aacute;s por esto no se han encontrado indicios de caminos de la extensi&oacute;n y la complejidad de los caminos del Per&uacute;. El autor ahonda en la pol&eacute;mica actual de los historiadores, divididos en dos grupos frente a la existencia o no de caminos importantes en la geograf&iacute;a de los pueblos indios antes y durante la Colonia. Algunos consideran que s&iacute; exist&iacute;an, pues eran necesarios para los intercambios comerciales entre las diferentes tribus; otros, afirman que no superaban los l&iacute;mites de las antiguas provincias de los distintos pueblos ind&iacute;genas. El autor indica que en el caso de San Agust&iacute;n y en el de la Sierra Nevada de Santa Marta, se puede constatar la existencia de una red de caminos. Se&ntilde;ala que en la regi&oacute;n del Viejo Caldas y las zonas aleda&ntilde;as, existen relaciones de los cronistas espa&ntilde;oles dando cuenta de la existencia de caminos. As&iacute;, las cr&oacute;nicas de Sardela y Sarmiento, hablan de la existencia de puentes y caminos que un&iacute;an a las distintas provincias de los ind&iacute;genas. Estos caminos no fueron descubiertos por los conquistadores; Robledo no pudo cruzar la Cordillera Central, pero es sabido que los pijaos constantemente la atravesaban. Se vislumbra la relevancia geoestrat&eacute;gica de los caminos ind&iacute;genas en las guerras de resistencia, un campo de estudio novedoso. (15 y ss.) </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Frente a las necesidades del centro del imperio colonial ubicado en Santaf&eacute; de Bogot&aacute; de comunicarse con Cartago La Antigua (hoy Pereira) y Popay&aacute;n, los espa&ntilde;oles exploraron diversas posibilidades parta establecer un camino que permitiera superar las dificultades que implicaba el cruce de la Cordillera por el P&aacute;ramo de Herveo, o los obst&aacute;culos del camino que comunicaba a Popay&aacute;n con el Huila, el llamado camino de Guanacas. Este &uacute;ltimo, un camino llamado por los espa&ntilde;oles P&aacute;ramo Bellaco debido a que si los caminantes no se mor&iacute;an de fr&iacute;o, eran atacados por los ind&iacute;genas.(20) En suma, la resistencia ind&iacute;gena tuvo como uno de sus baluartes, el conocimiento y el manejo de los entornos naturales.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">En su af&aacute;n por construir el camino, los espa&ntilde;oles fundaron la ciudad de Ibagu&eacute; en el a&ntilde;o de 1550, poblamiento dirigido por Andr&eacute;s L&oacute;pez de Galarza. Francisco Trejo organiz&oacute; una expedici&oacute;n y cruz&oacute; la cordillera Central hasta llegar a Cartago La Antigua. A partir de entonces, comerciantes espa&ntilde;oles y funcionarios reales comenzaron a transitar entre las dos ciudades, a pesar de los ataques sin tregua de los pijaos. Un tal Pedro S&aacute;nchez sali&oacute; de Cartago en el a&ntilde;o de 1584 y, despu&eacute;s de llegar al Quind&iacute;o, encontr&oacute; el camino utilizado por los pijaos, lo que le permiti&oacute; invadir ese territorio y realizar una de las primeras masacres en la regi&oacute;n: asesinatos, torturas y robos se sucedieron luego a granel.(21,22) Zuluaga narra c&oacute;mo el camino del Quind&iacute;o fue inicialmente un escenario de las guerras entre ind&iacute;genas, posteriormente entre conquistadores e ind&iacute;genas y entre colonizadores y terratenientes y, m&aacute;s tarde, un campo de Marte para los actores de las guerras civiles del siglo XIX.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">El autor centra sus an&aacute;lisis en la relaci&oacute;n entre la g&eacute;nesis del camino del Quind&iacute;o y las din&aacute;micas de las guerras civiles durante el siglo XIX: espacio y conflicto armado. Plantea una axial y novedosa hip&oacute;tesis: durante el siglo XIX no hubo asentamientos de colonos de manera significativa a la vera del camino, debido a la presencia continua de tropas gubernamentales o rebeldes, hostiles a los colonos.(10) De hecho, el &aacute;rea estudiada formaba parte del espacio geohist&oacute;rico de las guerras del siglo XIX: contiene la frontera geoestrat&eacute;gica del Estado del Cauca, la que se form&oacute; alrededor de la actual ciudad de Cartago con teatros b&eacute;licos cardinales como el sitio de Santa B&aacute;rbara, Piedra de Moler, Cerritos, y los territorios entre Manizales, Cartago y Pereira.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">El camino del Quind&iacute;o era la ruta privilegiada de los actores armados con asiento en los n&uacute;cleos geopol&iacute;ticos del Cauca y Antioquia y el centro del pa&iacute;s. Para la &eacute;poca, el tramo entre Cartago y aldeas como Valdecilla se constituy&oacute; en un escenario b&eacute;lico para los protagonistas de los conflictos armados. La construcci&oacute;n de la v&iacute;a y la consolidaci&oacute;n del dominio sobre ella y su vereda constitu&iacute;an un hecho geoestrat&eacute;gico de la mayor importancia: puerta de entrada a los principales escenarios de la guerra, ruta inevitable para la expansi&oacute;n territorial de los conflictos militares cuando se buscaba extender la llama de la guerra. Esto explica, en parte, que fuera declarado como camino nacional en el a&ntilde;o de 1850, y que el Gobierno General de la Federaci&oacute;n estimulara el poblamiento de su vereda con la donaci&oacute;n de tierras bald&iacute;as. Fue, por consiguiente, una ruta geoestrat&eacute;gica para los gobiernos generales y los federales de los Estados aleda&ntilde;os, una de cuyas metas era la consolidaci&oacute;n y dominio del camino.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">El autor entreteje las relaciones entre guerra y poblamiento para demostrar c&oacute;mo la lucha armada determin&oacute; la orientaci&oacute;n del poblamiento regional en los entornos del camino, configurado como una ruta de guerra, permanentemente impactada por los conflictos armados y contenedor de santuarios militares. El camino del Quind&iacute;o fue la ruta central de quienes llevaban la guerra del oriente al occidente del pa&iacute;s y viceversa. Por all&iacute; desfilaron las tropas liberales de Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, Jos&eacute; Mar&iacute;a Obando, Juli&aacute;n Trujillo y las conservadoras del Padre de la Patria y del general Casabianca. Igualmente, el libro, al par de los hechos b&eacute;licos, registra la vida cotidiana de las poblaciones, los intercambios comerciales, los problemas de la propiedad de la tierra, la construcci&oacute;n de los poblados y la implantaci&oacute;n de las instituciones. Tambi&eacute;n dirige su mirada sobre los efectos colaterales de los enfrentamientos militares, en especial sobre la econom&iacute;a, la cual termina siendo una econom&iacute;a de guerra, caracter&iacute;stica explicativa de por qu&eacute; la vereda del camino del Quind&iacute;o no tuvo en la &eacute;poca un desarrollo urbano. Igualmente, en desarrollo de su tesis principal, registra c&oacute;mo las guerras civiles del siglo XIX fueron el principal obst&aacute;culo para que campesinos procedentes de Antioquia o de otros estados colonizaran la regi&oacute;n entre Cartago e Ibagu&eacute;, a orillas de los distintos ramales del camino. (54) </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Zuluaga dilucida c&oacute;mo en la regi&oacute;n se forja una econom&iacute;a para la guerra, por una parte, y una pol&iacute;tica para la guerra, por la otra. Se conforma una serie de imaginarios derivados en dos subculturas enfrentadas no s&oacute;lo en el terreno de las luchas por el poder, sino tambi&eacute;n en el de la guerra: se da una interrelaci&oacute;n entre guerra y pol&iacute;tica que torna dif&iacute;cil distinguir si es la guerra una continuaci&oacute;n de la pol&iacute;tica, o la pol&iacute;tica una continuaci&oacute;n de la guerra. All&iacute; liberales y conservadores se enfrentan en forma tal que el Derecho de Gentes es desconocido en nombre de la patria y la religi&oacute;n. Se reduce a prisi&oacute;n a los rivales contrarios debido a sus ideas pol&iacute;ticas: â€œOrdeno a usted que proceda inmediatamente a reducir a prisi&oacute;n a cada individuo que est&eacute; caracterizado en esa aldea como conservadorâ€, reza una orden emitida en Cartago el 5 de enero de 1864. (79)  </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">La obra literaria de Zuluaga no se pierde en el laberinto de las relaciones monocausales, sino que estudia al un&iacute;sono los diversos &aacute;mbitos de la vida social: las din&aacute;micas de construcci&oacute;n de los estados aldeanos, de las instituciones culturales como las escuelas de primeras letras, la iglesia, la econom&iacute;a, los n&uacute;cleos societales, las tensiones pol&iacute;ticas, las luchas de clases entre terratenientes y campesinos, entre ilustrados y no ilustrados, etc. El libro proporciona una serie de censos sobre la propiedad urbana y rural, su extensi&oacute;n, valor para la &eacute;poca, procedencia, n&uacute;mero de bestias y otros medios de producci&oacute;n. Estos datos permitir&aacute;n la realizaci&oacute;n de ejercicios de macro y microeconom&iacute;a aldeana del siglo XIX. El lector es informado sobre la formaci&oacute;n econ&oacute;mica y social de una regi&oacute;n dominada por una econom&iacute;a agraria de subsistencia. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Esta obra enriquece el acervo hist&oacute;rico nacional con nuevas herramientas te&oacute;ricas y desde un espacio espec&iacute;fico: el regional. El autor enlaza con maestr&iacute;a la historia regional con la nacional, al establecer relaciones entre las guerras civiles y los caminos de la patria. Escrito con un estilo sobrio, es un texto agradable para el lector por la documentaci&oacute;n precisa y colorida; con informaci&oacute;n de inter&eacute;s para el p&uacute;blico en general, y especializada para los estudiosos de la tem&aacute;tica. </font></p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3" face="Verdana"><b> COMENTARIOS </b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s1" name="#1">1</a>. Zuluaga, V&iacute;ctor. La nueva historia de Pereira: Fundaci&oacute;n. Pereira, Litoformas, 2005, p. 16.</font></p>       ]]></body>
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