<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0121-4705</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Análisis Político]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[anal.polit.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0121-4705</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0121-47052011000200003</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LAS CIRCUNSCRIPCIONES ESPECIALES: ¿UNAS INSTITUCIONES OBSOLETAS?]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Basset]]></surname>
<given-names><![CDATA[Yann]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad del Rosario  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Bogotá ]]></addr-line>
<country>Colombia</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<volume>24</volume>
<numero>72</numero>
<fpage>43</fpage>
<lpage>59</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0121-47052011000200003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0121-47052011000200003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0121-47052011000200003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[El artículo parte de una doble constatación empírica: en primer lugar, las circunscripciones especiales vuelven el proceso electoral colombiano en general cada vez más difícil de entender para los electores y complicado de manejar para las autoridades. En segundo lugar, los resultados que arrojaran ya no favorecen tanto a los movimientos sociales indígena y afrocolombiano como se supone que lo hacen, en particular desde la reforma política de 2003. Se analizan las razones de esta situación, y se propone un debate al respecto. El autor considera que si se adaptan correctamente los mecanismos de discriminación positiva, los movimientos indígenas y afrocolombiano ganarían en competir en circunscripción nacional en el marco de un partido único para cada uno, en el cual las diferencias internas se resolverían a través del voto preferente. De esta manera, si abandonan las circunscripciones especiales, estas minorías podrían aprovechar los mecanismos de la reforma política en vez de sufrir sus efectos como pasa actualmente. Esto no solo mejoraría sus representaciones políticas, sino que además, les permitiría consolidarse como movimientos de cara a la opinión pública.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The article is based on a double empirical finding: firstly, special constituencies make the colombian electoral process in general increasingly difficult to understand for voters and hard to manage for the authorities. Secondly, the results they get do not help indigenous and afrocolombian social movements as they are supposed to do, especially since the political reform of 2003. The paper discusses the reasons for this situation and proposes a debate on it. The author considers that if the mechanisms of positive discrimination are correctly adapted, the indigenous and afrocolombian movements would gain competing in national constituency within the framework of a single party for each one, in which internal differences would be resolved by preferential vote. In this way, if they leave the special constituencies, these minorities could benefit political reform rather than suffer its effects, which is what happens now. This would not only improve their political representations, but also allows them to consolidate as movements towards public opinion.]]></p></abstract>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>LAS  CIRCUNSCRIPCIONES ESPECIALES: &iquest;UNAS INSTITUCIONES OBSOLETAS?</b></font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"><b>Yann Basset</b></font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Doctor en ciencia pol&iacute;tica. Profesor de la Facultad de Ciencia Pol&iacute;tica y Gobierno y de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, Bogot&aacute;, Colombia. Investigador del Centro de Estudios Pol&iacute;ticos e internacionales. Director del Observatorio de Procesos Electorales. <a href="mailto:yann.basset@urosario.edu.co">yann.basset@urosario.edu.co</a></font></p>  <hr size="1">      <p><font size="3" face="Verdana"><b>RESUMEN</b></font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">El art&iacute;culo parte de una doble constataci&oacute;n emp&iacute;rica:  en primer lugar, las circunscripciones especiales vuelven el proceso electoral  colombiano en general cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil de entender para los electores y  complicado de manejar para las autoridades. En segundo lugar, los resultados  que arrojaran ya no favorecen tanto a los movimientos sociales ind&iacute;gena y  afrocolombiano como se supone que lo hacen, en particular desde la reforma  pol&iacute;tica de 2003. Se analizan las razones de esta situaci&oacute;n, y se propone un  debate al respecto. El autor considera que si se adaptan correctamente los  mecanismos de discriminaci&oacute;n positiva, los movimientos ind&iacute;genas y  afrocolombiano ganar&iacute;an en competir en circunscripci&oacute;n nacional en el marco de un  partido &uacute;nico para cada uno, en el cual las diferencias internas se resolver&iacute;an  a trav&eacute;s del voto preferente. De esta manera, si abandonan las  circunscripciones especiales, estas minor&iacute;as podr&iacute;an aprovechar los mecanismos  de la reforma pol&iacute;tica en vez de sufrir sus efectos como pasa actualmente. Esto  no solo mejorar&iacute;a sus representaciones pol&iacute;ticas, sino que adem&aacute;s, les  permitir&iacute;a consolidarse como movimientos de cara a la opini&oacute;n p&uacute;blica.</font></p>  <hr size="1">      <p><font size="3" face="Verdana"><b>SUMMARY</b></font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">The article is based on a double  empirical finding: firstly, special constituencies make the colombian electoral  process in general increasingly difficult to understand for voters and hard to  manage for the authorities. Secondly, the results they get do not help  indigenous and afrocolombian social movements as they are supposed to do,  especially since the political reform of 2003. The paper discusses the reasons  for this situation and proposes a debate on it. The author considers that if  the mechanisms of positive discrimination are correctly adapted, the indigenous  and afrocolombian movements would gain competing in national constituency  within the framework of a single party for each one, in which internal  differences would be resolved by preferential vote. In this way, if they leave  the special constituencies, these minorities could benefit political reform  rather than suffer its effects, which is what happens now. This would not only  improve their political representations, but also allows them to consolidate as  movements towards public opinion.</font></p>  <hr size="1">      <p><font size="3" face="Verdana"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Como ya se ha vuelto costumbre en Colombia, el  escrutinio de marzo de 2010 hizo resurgir las inquietudes y los debates acerca  de la complejidad del tarjet&oacute;n. Los medios registraron profusamente las  numerosas quejas de los votantes que se perdieron entre las sutilezas del voto  preferente, de las circunscripciones especiales, de los votos simult&aacute;neos a  Senado, C&aacute;mara de Representantes, Parlamento Andino, sin mencionar las  consultas internas de los partidos. Al final del proceso, seg&uacute;n la  Registradur&iacute;a Nacional del Estado Civil, se computaron m&aacute;s de 1 mill&oacute;n y medio  de votos anulados al Senado, sobre 13 millones de sufragios. Es decir que m&aacute;s  de uno de cada diez votantes no supo expresar correctamente su sufragio, y en  consecuencia, no pudo hacer valer su voto. A&uacute;n admitiendo que cierta proporci&oacute;n  de estos votos fueron anulados intencionalmente, como seÃ±al de inconformidad o de  indiferencia, fen&oacute;meno que suele ocurrir en cualquier elecci&oacute;n, el hecho de  llegar a m&aacute;s de 10% de votos anulados no deja de ser preocupante e ins&oacute;lito.  Sencillamente, arroja un manto de duda sobre la efectividad del derecho al  sufragio de los colombianos, la misma base de la democracia moderna.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">El hecho de mandar al banquillo de los acusados el  nuevo tarjet&oacute;n, tal como se diseÃ±a desde la reforma pol&iacute;tica de 2003, parece <i>a priori </i>acertado. En las elecciones al  Senado de 2002, las &uacute;ltimas de este tipo que se hicieron con el antiguo sistema  electoral, los votos anulados fueron apenas 350.000, es decir, menos de 3,5%  del total de votos sufragados. En 2006, con el nuevo sistema, saltaron a  1.200.000, representando 11% del total, un nivel muy elevado que como vimos, sigui&oacute;  aumentando en 2010.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Por otra parte, en la presente ocasi&oacute;n, el tarjet&oacute;n  recibi&oacute; a&uacute;n m&aacute;s cr&iacute;ticas que en 2006 porque le fue imputado en parte el atraso  y las dificultades del ca&oacute;tico proceso de conteo. El computo del voto  preferente, de las circunscripciones especiales, y de las consultas, tom&oacute; mucho  m&aacute;s tiempo de lo previsto, y no hay dudas de que con el antiguo sistema, a  pesar de sus m&aacute;s de 300 listas al Senado, el recuento hubiera quedado mucho m&aacute;s  f&aacute;cil y r&aacute;pido.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">En este contexto, se escucharon dos tipos de  propuestas. Unas consistir&iacute;an en radicalizar la reforma pol&iacute;tica con la  supresi&oacute;n del voto preferente. En esta perspectiva, los colombianos se ver&iacute;an  invitados a votar solamente por un partido, que armar&iacute;a su lista cerrada y  bloqueada de candidatos sin intervenci&oacute;n de los electores, o mediante una  elecci&oacute;n interna previa. Con este sistema, el cumplimiento con el deber  electoral y el proceso de conteo se ver&iacute;an considerablemente simplificados. No  obstante, esta propuesta tiene dos tipos de inconvenientes. En primer lugar,  tiene pocas posibilidades de ser llevada a la pr&aacute;ctica, ya que los congresistas  que votar&iacute;an tal reforma han mostrado su apego al voto preferente. Pedirles una  reforma que lo suprimiera ser&iacute;a como invitarles a que cometan un suicidio  pol&iacute;tico. En segundo lugar, tal reforma romper&iacute;a tan radicalmente con la cultura  pol&iacute;tica de Colombia, en la cual los electores est&aacute;n acostumbrados a votar por  personas m&aacute;s que por partidos, que generar&iacute;a probablemente confusi&oacute;n y frustraciones.  Por lo tanto, a&uacute;n si pensamos que es deseable &quot;despersonalizar&quot; las elecciones  al Congreso, la supresi&oacute;n del voto preferente puede parecer un remedio de  choque cuyos efectos secundarios podr&iacute;an resultar peligrosos, acentuando las  distancias entre el &quot;pa&iacute;s pol&iacute;tico&quot; y el &quot;pa&iacute;s nacional&quot;.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Las otras propuestas, al contrario, si no siempre pretenden  volver al antiguo sistema, consisten en confortar la l&oacute;gica &quot;personalizada&quot; con  la cual se votaba antes. Es el caso del llamado a incluir fotos o nombres de  los candidatos en el tarjet&oacute;n. La reforma pol&iacute;tica de 2003 fue diseÃ±ada para  que los colombianos, tanto los pol&iacute;ticos como los electores, vuelvan a tomar en  cuenta la l&oacute;gica partidista al lado de la l&oacute;gica personal. Desde este punto de  vista, la propuesta, adem&aacute;s de sus dificultades pr&aacute;cticas, representar&iacute;a un  retroceso. La introducci&oacute;n de un sistema de elecciones internas para constituir  las listas en la eventualidad de la supresi&oacute;n del voto preferente tambi&eacute;n  participa de esta l&oacute;gica de contra-reforma. Transferir&iacute;a en buena parte la  importancia de la contienda a las internas partidarias, que se jugar&iacute;an de  manera uninominal, es decir, sobre un modo cercano a la manera en que se  desarrollaban de hecho las elecciones legislativas antes de la reforma  pol&iacute;tica.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Por otra parte, la vuelta llana y simple al antiguo  sistema, implicar&iacute;a abandonar unos valiosos esfuerzos para reconstruir el  sistema partidario colombiano. La reforma pol&iacute;tica de 2003 ya dio muestras  claras de eficacia en su prop&oacute;sito de crear un sistema partidario m&iacute;nimamente  coherente, que se manifiesta en la dr&aacute;stica reducci&oacute;n del n&uacute;mero de partidos en  competici&oacute;n. El sistema actualmente vigente para la elecci&oacute;n de las  corporaciones, lista &uacute;nica por partido con voto preferente, parece tener la  gran virtud de combinar dos cualidades que no siempre se compatibilizan: es a  la vez racional y razonable. Es racional en la medida en que permite una  objetiva racionalizaci&oacute;n del sistema partidario, y es razonable en la medida en  que logra este objetivo sin romper tajantemente con los h&aacute;bitos de los  electores y de los mismos pol&iacute;ticos, apegados a un voto personalizado. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">As&iacute;, los avances obtenidos hasta ahora nos previenen  contra un nuevo cambio de las reglas de asignaci&oacute;n de curules en los &oacute;rganos  colegiales de representaci&oacute;n pol&iacute;tica.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Ahora bien, se seÃ±al&oacute; que existe en el tarjet&oacute;n una  fuente de confusi&oacute;n mucho m&aacute;s importante que el voto preferente, y que bien  podr&iacute;a explicar una proporci&oacute;n sustancial de los votos anulados: las  circunscripciones especiales<a href="#1" name="s1">(1)</a>.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Pr&aacute;cticamente, la existencia de estas circunscripciones  aÃ±ade una parte B en el tarjet&oacute;n del Senado, y unas B y C en los de la C&aacute;mara  (para la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena y la de negritudes). La presencia de estas  partes multiplican los posibles casos de votos anulados, ya que un tarjet&oacute;n  marcado en dos partes cae autom&aacute;ticamente en esta categor&iacute;a. Como los  tarjetones son destruidos una vez contado, no hay manera de averiguar cu&aacute;l es  la proporci&oacute;n de votos anulados que se deben a una marca en varias partes, es  decir, directamente atribuible a la existencia de las circunscripciones  especiales. Sin embargo, los testimonios de los jurados parecen indicar que se  trata de un n&uacute;mero elevado. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">As&iacute; las cosas, uno puede pensar que sin la presencia de  las circunscripciones especiales, se simplificar&iacute;a considerablemente el diseÃ±o  del tarjet&oacute;n, se limitar&iacute;an los votos anulados, se facilitar&iacute;a el trabajo  pedag&oacute;gico de la Registradur&iacute;a y de los partidos pol&iacute;ticos, y finalmente, se acelerar&iacute;a  el conteo por parte de los jurados. Sin las circunscripciones especiales, el  tarjet&oacute;n se har&iacute;a mucho m&aacute;s simple y entendible, y se suprimir&iacute;a probablemente  una fuente importante de votos anulados. Esto parece particularmente evidente  en el caso de la C&aacute;mara de Representantes. El diseÃ±o actual del tarjet&oacute;n para  las elecciones a esta corporaci&oacute;n result&oacute; en efecto particularmente confuso en  la medida en que la parte A de las circunscripciones ordinarias ocupaba un  espacio muy limitado. El espacio estuvo copado en buena medida por la parte C  de la circunscripci&oacute;n de negritudes, a la cual se presentaron una cantidad  impresionante de listas, que en la mayor&iacute;a de los casos, multiplicaba por 10 las  de la misma circunscripci&oacute;n ordinaria. En estas condiciones, no resulta  sorprendente la confusi&oacute;n de los electores. Uno no puede dejar de pensar que  las circunscripciones especiales han tenido efectos perversos sobre el voto en  general. Puesto el tema en t&eacute;rminos normativos, y por ende, inevitablemente  pol&eacute;micos, podemos preguntarnos si es leg&iacute;timo hipotecar el derecho al voto de  1 mill&oacute;n y medio de colombianos, cuyos votos fueron anulados, para garantizar  que 200.000 ind&iacute;genas y 500.000 afrocolombianos puedan expresarse en  circunscripciones especiales<a href="#2" name="s2">(2)</a>.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Aunque no se puede minimizar la importancia del  problema, esta manera de plantearlo es obviamente delicada. Muy probablemente,  los movimientos ind&iacute;gena y afrocolombiano la rechazar&iacute;an como un ataque a un  derecho adquirido y garantizado por la Constituci&oacute;n de 1991. Despu&eacute;s de todo,  si solo se tratara de resolver el problema de los votos anulados, un simple  cambio en el diseÃ±o del tarjet&oacute;n bastar&iacute;a, y no habr&iacute;a ninguna necesidad de  suprimir las circunscripciones especiales<a href="#3" name="s3">(3)</a>.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Este art&iacute;culo habr&iacute;a errado en alcanzar su cometido si  pudiera ser interpretado como una propuesta <i>en  contra</i> del movimiento ind&iacute;gena y/o afrocolombiano. Si empezamos por la  premisa de que las circunscripciones especiales son el &uacute;nico mecanismo capaz de  garantizar una representaci&oacute;n m&iacute;nima de estos sectores sociales, su existencia  es evidentemente una cuesti&oacute;n de principio. No obstante, podemos perfectamente  imaginar otros mecanismos tan o m&aacute;s eficaces desde este punto de vista, y que  no tengan el inconveniente de complicar in&uacute;tilmente el proceso electoral. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">As&iacute;, en una primera parte de este trabajo,  discutiremos esta premisa examinando si las circunscripciones especiales cumplen  con su funci&oacute;n, a saber, ser un mecanismo de discriminaci&oacute;n positiva que permita  a los movimientos ind&iacute;gena y afrocolombiano obtener una representaci&oacute;n pol&iacute;tica  en el Congreso que no hubieran podido obtener sin ellas<a href="#4" name="s4">(4)</a>. A  continuaci&oacute;n, mostraremos que si bien han tenido &eacute;xito en este prop&oacute;sito en un  primer momento, se han vuelto un mecanismo perjudicial para los mismos  movimientos ind&iacute;gena y afrocolombiano desde muchos puntos de vista. Sobre la  base de este diagn&oacute;stico, entraremos a discutir otro posible mecanismo que,  creemos, podr&iacute;a permitir a los movimientos sociales ind&iacute;gena y afrocolombiano  recuperar el terreno recientemente perdido en el &aacute;mbito electoral.</font></p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>LOS LOGROS DE  LAS CIRCUNSCRIPCIONES ESPECIALES</b></font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Con este objetivo, nos enfocaremos en un primer  momento en el an&aacute;lisis de los efectos de la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena al Senado,  que es la que ha tenido mayor continuidad y visibilidad desde la Constituyente  de 1991<a href="#5" name="s5">(5)</a>. En  este empeÃ±o nos fundamentaremos en particular sobre los estudios muy completos  que hicieron Virginie Laurent y Ricardo PeÃ±aranda sobre la actuaci&oacute;n del  movimiento ind&iacute;gena en las elecciones hasta 2002<a href="#6" name="s6">(6)</a>.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">La presencia del movimiento ind&iacute;gena en el Congreso se  remonta a la Asamblea Nacional Constituyente electa en 1990. Portadas por los anhelos  de renovaci&oacute;n que animaban entonces la opini&oacute;n p&uacute;blica, las organizaciones  ind&iacute;genas decidieron involucrarse en el proceso electoral, logrando la elecci&oacute;n  de Francisco Rojas Birry para la ONIC<a href="#7" name="s7">(7)</a> y la  de Lorenzo Muelas para AICO<a href="#8" name="s8">(8)</a>. Adem&aacute;s,  los acuerdos de paz con el Movimiento Quint&iacute;n Lame reservaron un escaÃ±o en la  Asamblea a este grupo que fue ocupado por Alfonso PeÃ±a.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">As&iacute;, en esta ocasi&oacute;n, dos representantes ind&iacute;genas  fueron electos mientras todav&iacute;a no reg&iacute;a la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena, que ser&iacute;a  creada por la misma Constituyente. No obstante, es cierto que las  circunstancias que permitieron estos resultados favorables al movimiento  ind&iacute;gena son tributarias del contexto pol&iacute;tico, y por lo tanto, dif&iacute;cilmente  repetibles. La circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena permiti&oacute; garantizar que este &eacute;xito no  quedase sin maÃ±ana, reservando en el Senado dos curules para que sean ocupadas  por candidatos ind&iacute;genas designados por organizaciones ind&iacute;genas y electos  posteriormente por voto popular.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Si observamos la evoluci&oacute;n del caudal de voto a favor  de los candidatos ind&iacute;genas al Senado desde la constituyente hasta 2002,  constatamos un aumento continuo. De los 45.000 votos que obtuvieron en conjunto  Rojas y Muelas en 1990, pasamos a m&aacute;s de 220.000 votos para el conjunto de los  candidatos ind&iacute;genas en 2002 (gr&aacute;fico 1).</font></p>      <p align="center"><font size="3" face="Verdana"><b>Gr&aacute;fico 1: Voto para candidatos ind&iacute;genas al Senado<a href="#9" name="s9">(9)</a></b></font></p>      <p align="center"><img src="img/revistas/anpol/v24n72/v24n72a03image001.gif"> </p>      <p><font size="2" face="Verdana">Asentados sobre este importante caudal, los  movimientos ind&iacute;genas pudieron entrar a disputar con &eacute;xito curules adicionales en  circunscripci&oacute;n nacional, adem&aacute;s de las dos otorgadas por la circunscripci&oacute;n  ind&iacute;gena. Desde las mismas elecciones de 1991, Floro Tunubal&aacute;, conquist&oacute; una  tercera curul para la AICO en circunscripci&oacute;n nacional, superando en votos a  sus dos colegas que se presentaban en la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena para ASI<a href="#10" name="s10">(10)</a>, y la  ONIC. Â </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Este &eacute;xito alent&oacute; los partidos ind&iacute;genas a presentar  candidatos en la circunscripci&oacute;n nacional. En 1994, Floro Tunubal&aacute; intent&oacute;  reeditar su estrategia de las elecciones anteriores, imitado por Francisco  Rojas Birry y Jesus PiÃ±acu&eacute;, ambos de la ASI. Sin embargo, en esta ocasi&oacute;n, la  divisi&oacute;n del voto ind&iacute;gena en tres candidaturas en circunscripci&oacute;n nacional no  permiti&oacute; obtener la tercera curul a pesar de que el caudal total del voto  ind&iacute;gena segu&iacute;a creciendo.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">En consecuencia, en 1998, los candidatos ind&iacute;genas se  replegaron sobre la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena. Jesus PiÃ±acu&eacute; fue el &uacute;nico que  insisti&oacute; en presentarse en circunscripci&oacute;n nacional, con una estrategia de  coalici&oacute;n con movimientos no ind&iacute;genas que result&oacute; exitosa. PiÃ±acu&eacute; no solo  recuper&oacute; la tercera curul ind&iacute;gena perdida en 1994, sino que adem&aacute;s, la logr&oacute;  con el mejor resultado nunca alcanzado entonces por un candidato ind&iacute;gena,  pasando los 60.000 votos. Lo mismo ocurri&oacute; en 2002, cuando PiÃ±acu&eacute; obtuvo la  reelecci&oacute;n en circunscripci&oacute;n nacional con m&aacute;s de 80.000 votos, mientras los  votos en circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena segu&iacute;an aumentando de manera muy importante.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">De esta manera, si cort&aacute;ramos la pel&iacute;cula en 2002, no  quedar&iacute;a mayor duda de que la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena al Senado ha sido un incentivo  valioso para el movimiento ind&iacute;gena. Ha tendido a atraer cada vez m&aacute;s  electores, y ha podido posicionar l&iacute;deres ind&iacute;genas cuyo reconocimiento les  permiti&oacute; incluso pasar a competir con &eacute;xito en circunscripci&oacute;n nacional.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">En rigor, hasta 2002, el &uacute;nico argumento que podr&iacute;amos  esgrimir en contra de la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena ser&iacute;a que esta pod&iacute;a ser  suprimida porque ya hab&iacute;a cumplido su cometido, y porque los candidatos  ind&iacute;genas ya eran capaces de competir en condiciones &quot;normales&quot;. No obstante,  este argumento no ser&iacute;a del todo convincente. El caso de Jesus PiÃ±acu&eacute; en  particular, merecer&iacute;a ser discutido. Candidato de la ASI a la C&aacute;mara en 1991,  fue elegido por Antonio Navarro Wolf como compaÃ±ero de f&oacute;rmula para competir en  las presidenciales de 1994, lo que le dio cierta visibilidad al nivel nacional  que intent&oacute; capitalizar sin &eacute;xito en las legislativas de 1994, esta vez, como  candidato al Senado. A pesar de estos fracasos, PiÃ±acu&eacute; insisti&oacute; con su  estrategia de alianzas con fuerzas no ind&iacute;genas en las elecciones al Senado en  1998, y recibi&oacute; el apoyo del gobernador del Valle Gustavo &Aacute;lvarez Gardeaz&aacute;bal,  que el mismo PiÃ±acu&eacute; hab&iacute;a apoyado para su elecci&oacute;n el aÃ±o anterior. Esta  alianza es la que le permiti&oacute; a PiÃ±acu&eacute; el &eacute;xito de 1998, y su reedici&oacute;n en  2002. Este caso tender&iacute;a a mostrar que los candidatos ind&iacute;genas pueden lograr  mejores resultados en alianza con fuerzas no ind&iacute;genas, cuando la  circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena, al contrario, los conducir&iacute;a a cierta marginalizaci&oacute;n.  No obstante, este tipo de alianza es claramente resistido por buena parte del  movimiento ind&iacute;gena, en particular, por el comprensible temor de que el  proyecto del movimiento se vea &quot;recuperado&quot; por pol&iacute;ticos &quot;tradicionales&quot;. No  nos compete examinar ac&aacute; si estos temores son justificados o no, basta  reconocer que si aceptamos en aras de la discusi&oacute;n que el movimiento ind&iacute;gena  tiene que presentar candidaturas &quot;propias&quot;, sin hacer alianzas con fuerzas no  ind&iacute;genas, la competici&oacute;n en circunscripci&oacute;n nacional segu&iacute;a siendo muy dif&iacute;cil  en 2002, y por lo tanto, la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena permanec&iacute;a como una  garant&iacute;a importante para la representaci&oacute;n del movimiento ind&iacute;gena. </font></p>      <p><font size="3" face="Verdana"><b>LA REFORMA  POL&Iacute;TICA Y EL AGOTAMIENTO DEL MECANISMO</b></font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Como lo vamos a constatar, el panorama cambia  considerablemente despu&eacute;s de 2002. En 2006, como lo muestra el gr&aacute;fico 1, el  voto a favor de los candidatos ind&iacute;genas registr&oacute; una fuerte ca&iacute;da para  ubicarse a poco m&aacute;s de 80.000 votos, apenas un tercio del total alcanzado en  2002. Francisco Rojas y Floro Tunubal&aacute;, quienes se presentaron entonces en  circunscripci&oacute;n nacional para el Polo Democr&aacute;tico Alternativo, solo  consiguieron unos insuficientes 11.000 y 5.000 votos respectivamente. Los otros  candidatos se replegaron en la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena, y lograron un caudal  muy limitado de sufragios. Para la ASI, fue reelecto Jesus PiÃ±acu&eacute;, aunque solo  con 24.000 votos, muy lejos de los 80.0000 logrados cuatro aÃ±os antes. Por su  parte, AICO obtuvo la segunda curul de la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena para Ernesto  Ramiro Estacio, con menos de 10.000 votos. Con este resultado, este &uacute;ltimo  pasaba a ser el senador ind&iacute;gena electo con menos votos desde la Constituyente.  El resultado no dejaba de ser preocupante para el movimiento ind&iacute;gena. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">En 2010, si la votaci&oacute;n ind&iacute;gena parece recuperarse un  poco para ubicarse cerca de los 100.000 votos, seguimos lejos de los resultados  alcanzados en 2002, incluso si tomamos en cuenta para esta fecha &uacute;nicamente los  datos de la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Consideramos que la raz&oacute;n de la ruptura de tendencia se  relaciona con la reforma pol&iacute;tica de 2003. Al promover el agrupamiento de las  listas mediante el mecanismo de la lista &uacute;nica por partido y el umbral, ella  hizo virtualmente imposible que el movimiento ind&iacute;gena pudiera conquistar una  curul en circunscripci&oacute;n nacional como lo hab&iacute;a logrado anteriormente en varias  oportunidades. Con el umbral, le quedaba muy dif&iacute;cil a cualquier partido ind&iacute;gena  presentar una lista propia en circunscripci&oacute;n nacional. En este contexto, los  candidatos ind&iacute;genas estuvieron confrontados a un dilema: o saltaban a una  lista de un partido no ind&iacute;gena en circunscripci&oacute;n nacional, o se replegaban en  la lista de un partido ind&iacute;gena en la circunscripci&oacute;n especial. Los casos de  Francisco Rojas y Floro Tunubal&aacute; en 2006 demostraron que la primera alternativa  resultaba dif&iacute;cil, pues el candidato ind&iacute;gena ten&iacute;a que competir con sus nuevos  copartidarios en el voto preferente, y adem&aacute;s, vencer la posible reticencia de  su electorado a votar por un partido no ind&iacute;gena. En consecuencia, solo qued&oacute;  el repliegue sobre la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena, estrategia elegida por todos  los candidatos que aspiraron a representar el movimiento ind&iacute;gena en 2010.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Por su parte, el declive de votos en la misma  circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena no puede ser explicado directamente por la reforma  pol&iacute;tica, pero probablemente tenga relaci&oacute;n con la nueva escena pol&iacute;tica que  suscit&oacute;. Los partidos pol&iacute;ticos nacionales volvieron a tener peso en el debate  nacional y pudieron atraer de nuevo la atenci&oacute;n de un electorado  &quot;independiente&quot; que posiblemente, en la situaci&oacute;n anterior, optaba por  candidaturas ind&iacute;genas.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">En estas circunstancias, podr&iacute;amos pensar que la  circunscripci&oacute;n especial se vuelve a&uacute;n m&aacute;s necesaria que antes, no obstante,  ser&iacute;a probablemente una manera muy limitada de ver el problema. La perspectiva  cambia si observamos los efectos de los mecanismos de la reforma pol&iacute;tica de  manera global. Estos fueron diseÃ±ados para promover la agrupaci&oacute;n de candidatos  en partidos m&aacute;s fuertes. Desde esta perspectiva, han tenido un &eacute;xito innegable  en la circunscripci&oacute;n nacional. El problema radica en el hecho de que los incentivos  que proporcionan, no alcanzan a tener el mismo efecto en la circunscripci&oacute;n  ind&iacute;gena por el pequeÃ±o tamaÃ±o de la misma, que solo elige dos curules. Las  listas propuestas por los partidos ind&iacute;genas en la circunscripci&oacute;n especial  solo tienen dos candidatos elegibles, y queda de hecho muy dif&iacute;cil que los dos  salgan electos en la misma lista, ya que los votos de la lista tendr&iacute;an que  duplicar los de la lista que obtiene el segundo puesto. Por lo tanto, dos  candidatos que tienen buenas posibilidades de salir electos est&aacute;n incitados a  presentarse en listas distintas y solo buscar&aacute;n como compaÃ±eros de lista  candidatos testimoniales<a href="#11" name="s11">(11)</a>. As&iacute;,  la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena sigue funcionando virtualmente con las reglas antiguas.  Hasta ahora, los dos candidatos individualmente m&aacute;s votados han salido siempre  electos. Los incentivos para la agrupaci&oacute;n son pr&aacute;cticamente nulos. Los  partidos ind&iacute;genas no se han visto beneficiados con los efectos positivos de la  reforma pol&iacute;tica, y todo esto sucedi&oacute; mientras los partidos que compiten en  circunscripci&oacute;n nacional se empoderaban siempre y cuando lograban alcanzar un  tamaÃ±o cr&iacute;tico inalcanzable para los partidos ind&iacute;genas actuales.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Recordemos que los defectos atribuidos al antiguo  sistema se enfocaban al hiper-fraccionalismo en el cual hab&iacute;an ca&iacute;do los  partidos pol&iacute;ticos mediante el sistema de listas m&uacute;ltiples: la famosa  &quot;operaci&oacute;n avispa&quot;. Desde este punto de vista, el movimiento ind&iacute;gena no ha  sido la excepci&oacute;n. Las candidaturas ind&iacute;genas tambi&eacute;n se multiplicaron en el  tiempo. Desde las 2 candidaturas ind&iacute;genas a la Constituyente, hab&iacute;amos pasado  en 2002 a por lo menos 11 candidaturas, 10 de ellas en la circunscripci&oacute;n  ind&iacute;gena. Esto parece indicar que la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena conoci&oacute; su propia  operaci&oacute;n avispa. Ser&iacute;a sin duda exagerado atribuir estas divisiones solamente al  modo de escrutinio. De hecho, las divisiones en el seno del movimiento ind&iacute;gena  se remiten por lo menos a los aÃ±os 1970, mucho antes de su incursi&oacute;n en las  elecciones y tienen razones ideol&oacute;gicas y de estrategias divergentes. Sin  embargo, lo cierto es que la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena no permiti&oacute; que la  reforma pol&iacute;tica operara a pleno sobre los partidos ind&iacute;genas despu&eacute;s de 2002.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Si comparamos el n&uacute;mero de candidaturas en 2002 y  2006, pareciera haberse moderado el fraccionalismo. Se presentaron en esta  &uacute;ltima ocasi&oacute;n cuatro candidatos agrupados en dos partidos, ASI y AICO, cada  uno de estos &uacute;ltimos obteniendo una curul (como vimos, algunos candidatos  ind&iacute;genas se hab&iacute;an presentado en circunscripci&oacute;n nacional sin &eacute;xito). Sin  embargo, en 2006, se revirti&oacute; la tendencia con la presentaci&oacute;n de cinco listas  (ASI, AICO, el Polo Democr&aacute;tico Alternativo, el MSI<a href="#12" name="s12">(12)</a>, adem&aacute;s  del Partido de Integraci&oacute;n Nacional que present&oacute; una lista sin voto preferente).  En el mismo tiempo, el n&uacute;mero de partidos segu&iacute;a reduci&eacute;ndose en  circunscripci&oacute;n nacional y los candidatos ind&iacute;genas desaparec&iacute;an de las listas  en la misma.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Estos datos apuntan tambi&eacute;n hacia otro peligro para el  movimiento ind&iacute;gena: si antes de la reforma, los partidos ind&iacute;genas pod&iacute;an  entrar a disputar con &eacute;xito curules adicionales en circunscripci&oacute;n nacional, en  la situaci&oacute;n actual, vemos al contrario que los partidos nacionales est&aacute;n  incursionando en la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena. En 2010, estuvieron muy cerca de  conquistar una curul en detrimento de los partidos ind&iacute;genas. De hecho, esto ya  pas&oacute; en el caso de las circunscripciones especiales a la C&aacute;mara como lo veremos  m&aacute;s abajo. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Resumi&eacute;ndonos, la reforma pol&iacute;tica ha tenido  consecuencias nefastas para los partidos ind&iacute;genas. No solo les resulta ya casi  imposible competir en circunscripci&oacute;n nacional, sino que adem&aacute;s, se ven  amenazados en la misma circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena. En esta situaci&oacute;n, el porvenir  se ve cada vez m&aacute;s sombr&iacute;o. Mientras los partidos pol&iacute;ticos nacionales se  fortalecen gracias a las nuevas reglas que rigen en la circunscripci&oacute;n  nacional, los partidos ind&iacute;genas se ven relegados a la circunscripci&oacute;n  ind&iacute;gena, no benefician del incentivo a favor de la uni&oacute;n que propician las  nuevas reglas, y en consecuencia, est&aacute;n condenados a perder cada vez m&aacute;s peso y  visibilidad social. El resultado es que los candidatos ind&iacute;genas re&uacute;nen cada  vez menos votos, y los partidos ind&iacute;genas se ven amenazados de sustituci&oacute;n por  los partidos nacionales. Lo m&aacute;s preocupante es sin duda la perdida de  visibilidad que sufren con respecto a &eacute;stos &uacute;ltimos. Esta lleg&oacute; a tales  extremos que el voto en blanco gan&oacute; por mayor&iacute;a absoluta en la circunscripci&oacute;n  ind&iacute;gena en 2006<a href="#13" name="s13">(13)</a>. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">En conclusi&oacute;n, en el marco de las nuevas reglas, lo  anterior nos muestra que la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena al Senado se ha vuelto una  suerte de trampa marginalizadora. Si pudo jugar un papel positivo desde el  punto de vista del movimiento ind&iacute;gena hasta 2002, sucede todo lo contrario  desde entonces. Obviamente, la circunscripci&oacute;n especial funciona con mayor  raz&oacute;n como una garant&iacute;a de que a pesar de la p&eacute;rdida de peso electoral, el  movimiento siga obteniendo dos curules en el Senado. Sin embargo, este  trasfondo no deja de ser problem&aacute;tico para los representantes ind&iacute;genas. Los  electos de los aÃ±os 1990 como Lorenzo Muelas, Francisco Rojas Birry, Floro  Tunubal&aacute;, o Jesus PiÃ±acu&eacute;, beneficiaban de cierto reconocimiento p&uacute;blico por  sus resultados electorales, mientras los electos de las &uacute;ltimas contiendas son  escasamente conocidos. Desde luego, esto no nos dice nada sobre la calidad  objetiva del trabajo de los unos y de los otros en el Congreso, pero s&iacute; sobre  sus capacidades respectivas a lograr defenderlos frente a sus colegas  congresistas y sobre el peso que puedan tener en las deliberaciones.</font></p>      <p><font size="3" face="Verdana"><b>REVERTIR LA  TENDENCIA AL DECLIVE</b></font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">&iquest;Es posible que el movimiento ind&iacute;gena revierta la  tendencia y recobre la vitalidad perdida? La respuesta dif&iacute;cilmente podr&iacute;a ser  positiva si no se adapta a las nuevas reglas en vez de seguir sufri&eacute;ndolas,  aunque la tarea no es nada f&aacute;cil. En esta perspectiva, podemos preguntarnos qu&eacute;  pasar&iacute;a sin la existencia de la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena. Obviamente, esta  pregunta contra-factual solo puede tener una respuesta muy especulativa. Sin  embargo, la experiencia de la reforma pol&iacute;tica en la circunscripci&oacute;n nacional y  los resultados previos de las candidaturas ind&iacute;genas nos dan indicaciones al  respecto. </font></p>      <p>S<font size="2" face="Verdana">i nos fundamentamos sobre los resultados obtenidos en  2006 y 2010, los partidos ind&iacute;genas no pasar&iacute;an el umbral de la circunscripci&oacute;n  nacional, y perder&iacute;an toda representaci&oacute;n. Sin embargo, esto solo es cierto si  miramos los partidos ind&iacute;genas tal como existen y funcionan hoy d&iacute;a. Precisamente,  las nuevas reglas incitar&iacute;an con toda probabilidad los partidos ind&iacute;genas a  unirse pragm&aacute;ticamente en una lista con voto preferente en circunscripci&oacute;n  nacional, lo que permitir&iacute;a sumar fuerzas, guardando al mismo tiempo las  diferencias de tendencias en el seno del movimiento<a href="#14" name="s14">(14)</a>.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Mir&aacute;ndolo con cuidado, la lista &uacute;nica con voto  preferente podr&iacute;a constituir un poderoso mecanismo de uni&oacute;n del movimiento  ind&iacute;gena. Repasando la historia del mismo, uno se da cuenta que la mayor parte  de los partidos ind&iacute;genas se crearon por un proceso de escisiones sucesivas que  se daban en buena parte alrededor de disputas sobre las candidaturas a adoptar  para las elecciones. En una lista &uacute;nica con voto preferente presentada en  circunscripci&oacute;n nacional (que puede agrupar hasta 100 candidatos), estas  discusiones no tendr&iacute;an por qu&eacute; darse. Cada partido ind&iacute;gena actual, cada  regi&oacute;n, cada pueblo, cada tendencia podr&iacute;a tener a su candidato en la lista  &uacute;nica, y movilizarse a su favor sin dejar por esto de trabajar para el conjunto  de la lista. En otras palabras, se trata del perfecto mecanismo para lograr la  unidad sin renunciar a la diversidad que tiene tanta importancia para el  movimiento ind&iacute;gena. Asentado sobre este mecanismo, &eacute;ste lograr&iacute;a incluso con  m&aacute;s facilidad armar un programa m&iacute;nimo de conjunto, que podr&iacute;a adquirir mayor  visibilidad social. Adem&aacute;s, este proceso de uni&oacute;n en la diversidad permitir&iacute;a  que el movimiento ind&iacute;gena pudiera defenderse con mayor facilidad de tentativas  de intrusi&oacute;n de partidos y pol&iacute;ticos no ind&iacute;genas en su seno si sus bases  sienten que no los representa.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Repitamos que el &eacute;xito de esta f&oacute;rmula no est&aacute; del  todo garantizado. Despu&eacute;s de todo, a&uacute;n si ASI, AICO y el MIC hubieran presentado  sus candidatos de 2010 en una lista &uacute;nica en circunscripci&oacute;n nacional, con las  votaciones actuales, hubieran quedado muy por debajo del umbral, incluso si le  sumamos los candidatos ind&iacute;genas del PDA y el voto a la circunscripci&oacute;n  ind&iacute;gena del PIN. Para que la propuesta fuera realmente rentable, el movimiento  ind&iacute;gena tendr&iacute;a que recobrar la fuerza electoral que ten&iacute;a en 2002. Sin embargo,  esto no es imposible si tomamos en cuenta que el techo electoral de 2002 fue  alcanzado en parte porque este aÃ±o fue el m&aacute;s prol&iacute;fico en candidatura. El  actual nivel electoral del movimiento ind&iacute;gena se obtiene sumando solamente 11  candidaturas individuales con votos preferentes en cinco listas. Con una lista  grande tal como las de la circunscripci&oacute;n nacional, el movimiento ind&iacute;gena se  beneficiar&iacute;a de un efecto de oferta, podr&iacute;a movilizar de manera mucho m&aacute;s  amplia sobre todo el territorio, e incluso generar una potente corriente de  opini&oacute;n favorable m&aacute;s all&aacute; del electorado ind&iacute;gena<a href="#15" name="s15">(15)</a>.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Con todas estas especulaciones, el riesgo de no  alcanzar el umbral sigue siendo muy fuerte, por lo cual un mecanismo de  discriminaci&oacute;n positiva permanece necesario si se trata de conservar una  representaci&oacute;n especial del movimiento ind&iacute;gena. Ahora bien, el ejercicio nos  muestra que podemos perfectamente imaginar un mecanismo distinto a la  circunscripci&oacute;n especial. Por ejemplo, podemos pensar en un umbral m&aacute;s bajo  para un partido ind&iacute;gena &uacute;nico debidamente reconocido por las autoridades  ind&iacute;genas y las autoridades electorales. Otra soluci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s clara consistir&iacute;a  en garantizar los dos escaÃ±os actualmente otorgados en circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena  a los dos candidatos ind&iacute;genas m&aacute;s votados de la lista del partido ind&iacute;gena,  sin prejuicio de la posibilidad de obtener m&aacute;s curules para la lista en caso de  pasar el umbral y obtener el caudal de voto suficiente. De este modo, se  preservar&iacute;a la discriminaci&oacute;n positiva a favor del movimiento ind&iacute;gena sin que  esto resulte en una circunscripci&oacute;n especial con los efectos perversos que  tiene tanto para los partidos ind&iacute;genas como para el proceso electoral en  general. Se tratar&iacute;a en suma de otorgar al movimiento ind&iacute;gena un mecanismo de  partido especial en vez de una circunscripci&oacute;n especial, mecanismo que resultaba  impensable en el momento en que se redact&oacute; la Constituci&oacute;n de 1991 por el  sistema electoral vigente, pero que bien valdr&iacute;a la pena pensar en el contexto  de las nuevas reglas. As&iacute; el movimiento ind&iacute;gena podr&iacute;a conservar la ventaja de  la circunscripci&oacute;n especial (las dos curules garantizadas) sin sufrir sus  inconvenientes (divisiones internas, perdida de visibilidad social y de apoyo  electoral, imposibilidad de lograr m&aacute;s curules, competencia de los partidos  nacionales, etc.) <a href="#16" name="s16">(16)</a>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3" face="Verdana"><b>APUNTES SOBRE  LAS CIRCUNSCRIPCIONES ESPECIALES A LA C&Aacute;MARA</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Los problemas de las circunscripciones especiales son  a&uacute;n m&aacute;s evidentes en la C&aacute;mara que en el Senado. A falta de espacio,  plantearemos el panorama de manera mucho m&aacute;s breve que en el caso del Senado  antes de examinar cuales ser&iacute;an los resultados previsibles de un escenario  parecido al que propusimos para el Senado.</font></p>     <p><font size="3" face="Verdana"><i>La  circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena a la C&aacute;mara</i></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Antes de 2002, el movimiento ind&iacute;gena no benefici&oacute; de  una circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena a la C&aacute;mara. Sin embargo, los partidos ind&iacute;genas  presentaron candidatos con ciertos &eacute;xitos, en particular en Bogot&aacute;, Cauca,  NariÃ±o, y los departamentos amaz&oacute;nicos. En 1991, se presentaron 5 candidatos avalados  por AICO y ASI, y fue electo Jos&eacute; Narciso Jamioy para la primera en Bogot&aacute; con  unos 15.000 votos. En 1994, las candidaturas ind&iacute;genas fueron 6, pero ninguna result&oacute;  exitosa. En 1998, el n&uacute;mero de candidaturas subi&oacute; a 14, y ASI logr&oacute; la elecci&oacute;n  de dos de sus miembros en Guain&iacute;a y Vaup&eacute;s respectivamente.Â </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En 2002, la introducci&oacute;n de la circunscripci&oacute;n  especial para el movimiento ind&iacute;gena cambi&oacute; el panorama. Los candidatos se  concentraron en la meta de conquistar la curul otorgada en esta circunscripci&oacute;n  especial, que atrajo 8 candidaturas. El candidato de la AICO Lorenzo Almendra  fue electo con m&aacute;s de 70.000 votos, resultado tan alto que por s&iacute; solo, casi  iguala la cantidad de votos obtenida por todos los candidatos ind&iacute;genas juntos en  1998. Los votos sumados de todos los candidatos a la circunscripci&oacute;n especial  alcanzaron el resultado in&eacute;dito de 207.317 votos, resultado coherente con lo  observado en el caso del Senado a la misma fecha. 2002 fue verdaderamente el  aÃ±o cumbre del desempeÃ±o electoral del movimiento ind&iacute;gena. Sin embargo, esta  concentraci&oacute;n de las candidaturas en la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena result&oacute; en la  obtenci&oacute;n de una solo curul. Los 8 candidatos que eligieron competir en  circunscripciones ordinarias no lograron curules, obteniendo apenas 45.000  votos entre todos. Llama la atenci&oacute;n en particular el pobre resultado de los  candidatos ind&iacute;genas en los departamentos amaz&oacute;nicos y en Bogot&aacute;, que alguna  vez dieron curules a los partidos ind&iacute;genas. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">As&iacute;, los datos de 2002 son contundentes. A pesar de  que se triplic&oacute; la votaci&oacute;n ind&iacute;gena, la representaci&oacute;n alcanzada fue la mitad  de 1998. La circunscripci&oacute;n especial signific&oacute; para el movimiento ind&iacute;gena un  &quot;despilfarro de votos&quot; que hubieran podido servir a elegir m&aacute;s candidatos en  circunscripciones ordinarias en vez de entrar a resolver la disputa para una  curul asegurada.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Los efectos propios de la reforma pol&iacute;tica, en cambio,  no llegaron a ser tan perjudicial que en el caso del Senado, en particular porque  los candidatos ind&iacute;genas sol&iacute;an ser electos en departamentos pequeÃ±os que  tienen asignado un pequeÃ±o n&uacute;mero de curules. En estos departamentos, los  efectos de la reforma no son tan importantes por las razones ya expuestas. En  la circunscripci&oacute;n especial, queda claro que la reforma pol&iacute;tica no proporciona  ning&uacute;n incentivo claro para la constituci&oacute;n de partidos unificados ya que la  circunscripci&oacute;n es uninominal.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En 2006, AICO y ASI presentaron 8 listas en  circunscripciones ordinarias, que reunieron en total unos 45.000 votos, m&aacute;s o  menos lo mismo que en 2002, con resultados id&eacute;nticos: ning&uacute;n candidato ind&iacute;gena  result&oacute; electo por v&iacute;a ordinaria. La circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena, en cambio,  registr&oacute; una fuerte ca&iacute;da de votos, que solo alcanzaron 75.000. Adem&aacute;s, los  candidatos de las organizaciones ind&iacute;genas fueron vencidos por Orsinia Polanco,  que se present&oacute; por el Polo Democr&aacute;tico Alternativo. Es de notar que en esta  oportunidad tambi&eacute;n, la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena atrajo votos que hubieran  podido ser decisivos en Cauca o Guain&iacute;a, departamentos en los cuales las listas  de ASI estuvieron muy cerca de obtener una curul. Adem&aacute;s, en este &uacute;ltimo  departamento, la presencia de dos listas de organizaciones ind&iacute;genas dividi&oacute; el  voto.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El caso de 2010 finalmente, resulta un poco  particular. En esta oportunidad, la ASI hizo una alianza con el movimiento de  Sergio Fajardo para las elecciones a la C&aacute;mara de Representantes, lo que  explica la presencia de listas suyas en muchos departamentos, y la obtenci&oacute;n de  una curul en circunscripci&oacute;n ordinaria para Antioquia. Sin embargo, no cabe  duda que este resultado no es representativo del voto ind&iacute;gena. De hecho, la  jugada de ASI provoc&oacute; muchos debates y divisiones en el seno del partido<a href="#17" name="s17">(17)</a>. AICO  por su parte, solo present&oacute; listas en Vichada y Guain&iacute;a, con resultados  marginales. De este modo, la presencia ind&iacute;gena en las circunscripciones  ordinarias fue inexistente o diluida. En cuanto a la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena, El  Polo Democr&aacute;tico Alternativo volvi&oacute; a ganar la curul, esta vez, para Hernando  Hern&aacute;ndez qui&eacute;n super&oacute; la saliente Orsinia Polanco por pocos votos dentro de la  lista, mientras los candidatos de ASI y AICO quedaban lejos atr&aacute;s. El total de  voto de las tres listas fue un poco m&aacute;s importante que el de 2006, superando  los 90.000. Sin embargo, como ya lo mencionamos, el ganador de la  circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena fue el voto blanco, con m&aacute;s de 110.000 votos, por lo  cual la curul queda pendiente de la decisi&oacute;n del Consejo Nacional Electoral.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">As&iacute;, si los candidatos ind&iacute;genas obtuvieron dos  curules a la C&aacute;mara en 1998, antes de la creaci&oacute;n de la circunscripci&oacute;n  ind&iacute;gena, su representaci&oacute;n qued&oacute; reducida a la misma desde entonces,  independientemente del nivel total de voto. Los resultados de 2010 son de  dif&iacute;cil interpretaci&oacute;n, pero si razonamos en base a los de 2006, no queda mayor  duda de que la supresi&oacute;n de la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena y su reemplazo por una  lista ind&iacute;gena &uacute;nica con voto preferente en cada departamento permitir&iacute;an  lograr una mayor representaci&oacute;n del movimiento ind&iacute;gena. Si las listas se unen  y si los votos que se dirig&iacute;an antes a la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena se reportan  sobre una lista &uacute;nica en cada departamento, el movimiento ind&iacute;gena podr&iacute;a  obtener varias curules en base al voto actual, sin mecanismos particulares de  discriminaci&oacute;n positiva, particularmente en los departamentos amaz&oacute;nicos y en  el Cauca<a href="#18" name="s18">(18)</a>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3" face="Verdana"><i>La  circunscripci&oacute;n de negritudes a la C&aacute;mara</i></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El caso de la circunscripci&oacute;n de negritudes plantea  problemas en parte distintos a las ind&iacute;genas, que incluso cuestionan la  separaci&oacute;n anal&iacute;tica que hicimos entre cr&iacute;ticas de principios y de oportunidad  a la circunscripci&oacute;n especial. Â </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En primer lugar, si nos fijamos en el censo de 2005,  los afrocolombianos representar&iacute;an m&aacute;s de 10% de la poblaci&oacute;n total del pa&iacute;s,  mientras que los ind&iacute;genas son menos de 4%. Esto implica que la circunscripci&oacute;n  de negritudes se dirige a una poblaci&oacute;n mucho m&aacute;s amplia, pero tambi&eacute;n mucho  m&aacute;s diversa. La consecuencia es que las organizaciones del movimiento ind&iacute;gena,  que compiten en el marco de sus respectivas circunscripciones especiales,  pretenden representar a un p&uacute;blico relativamente bien delimitado, mientras el  movimiento afrocolombiano aparece mucho m&aacute;s dividido sobre la misma cuesti&oacute;n de  determinar a qui&eacute;n se tiene que representar.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Algunas de las organizaciones afrocolombianas de mayor  tradici&oacute;n buscan ser portavoces de comunidades espec&iacute;ficas, que viven en los  territorios colectivos reconocidos por la ley 70 de 1993, particularmente en el  Pac&iacute;fico colombiano. Otras pretenden desarrollar una &quot;conciencia &eacute;tnica&quot;  afrocolombiana a nivel nacional que no comparte necesariamente el conjunto de  la poblaci&oacute;n afrocolombiana hoy d&iacute;a. Finalmente, otras m&aacute;s pretenden  representar a los afrocolombianos en general sin plantearse el problema de la existencia  de un movimiento social afrocolombiano con demandas espec&iacute;ficas. As&iacute;, el  movimiento afrocolombiano se encuentra atravesado por tensiones en cuanto a la  misma definici&oacute;n del p&uacute;blico a representar, que tienen consecuencias pr&aacute;cticas  mucho m&aacute;s graves que en el caso ind&iacute;gena<a href="#19" name="s19">(19)</a>.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Las posiciones oscilan entre dos extremas dif&iacute;ciles de  llevar a la pr&aacute;ctica. Una posici&oacute;n muy estricta llevar&iacute;a a considerar que la  circunscripci&oacute;n especial tiene que representar &uacute;nicamente a las organizaciones  &quot;comprometidas&quot; con las reivindicaciones del movimiento social afrocolombiano.  La posici&oacute;n inversa, muy pragm&aacute;tica, considera que la circunscripci&oacute;n especial  concierne a la poblaci&oacute;n afrocolombiana en general.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">A favor de la primera posici&oacute;n, podr&iacute;amos argumentar  que siempre han existido representantes afrocolombianos en el Congreso por las  circunscripciones ordinarias, electos de la mano de los partidos  &quot;tradicionales&quot;<a href="#20" name="s20">(20)</a>. La circunscripci&oacute;n  especial solo tiene sentido si se trata de hacer emerger unos lideres  distintos, comprometidos con la tem&aacute;tica afrocolombiana. Sin embargo, los  adeptos de la segunda posici&oacute;n responder&aacute;n que queda imposible discriminar <i>a priori</i> las candidaturas sobre la base  de un programa. Solo las urnas pueden decir qui&eacute;nes son los &quot;verdaderos&quot;  representantes de los afrocolombianos. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Como en el caso ind&iacute;gena, la ley precisa que los  candidatos a la circunscripci&oacute;n especial de negritudes tienen que ser avalados  por organizaciones afrocolombianas reconocidas como tales por el Ministerio del  Interior. Sin embargo, en la pr&aacute;ctica, dicho ministerio ha sido muy generoso en  cuanto al reconocimiento de organizaciones afrocolombianas. Por esta raz&oacute;n, la  posici&oacute;n pragm&aacute;tica es la que ha ido ganando terreno de hecho, empujando la  circunscripci&oacute;n de negritudes a resultados que hoy d&iacute;a empeÃ±an muy seriamente su  legitimidad. La otra tendencia considera que con esto, se desvirt&uacute;a el esp&iacute;ritu  de la constituci&oacute;n de 1991 que preve&iacute;a las circunscripciones especiales para  una poblaci&oacute;n espec&iacute;fica. Sin embargo, no ha podido hasta ahora imponer su  legitimidad como portavoz de esta poblaci&oacute;n.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En realidad, como lo vemos, el problema radica en un  conflicto acerca de la existencia misma de un movimiento social afrocolombiano  representando una minor&iacute;a claramente delimitada y consciente. Este debate nos  conducir&iacute;a a la cuesti&oacute;n de la legitimidad de principios de la circunscripci&oacute;n  especial. Ya vimos que este debate puede ser dejado en suspenso en la pr&aacute;ctica  para los ind&iacute;genas, pero vamos a ver ahora que esto queda mucho m&aacute;s dif&iacute;cil en  el caso afrocolombiano.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Â En 1994, cuando  se estren&oacute; la circunscripci&oacute;n de negritudes, se presentaron 12 candidatos, de  los cuales fueron electos Zulia Mena, con 39.109 votos, y Agust&iacute;n Valencia  Mosquera, con 13.935. El total de voto a la circunscripci&oacute;n apenas pas&oacute; los 130.000  votos. Ambos representantes pueden ilustrar las posiciones que distinguimos m&aacute;s  arriba: Si la primera era una activista chocoana reconocida, electa por el  Movimiento Organizaci&oacute;n de Barrios Populares de Quibd&oacute;, el segundo no se  destacaba por un compromiso particular con el movimiento afrocolombiano, y era  acusado por los activistas afrocolombianos de ser un pol&iacute;tico &quot;tradicional&quot;,  aunque eso s&iacute;, afrocolombiano. Â </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Como vimos, la circunscripci&oacute;n de negritudes fue  interrumpida hasta 2002 por problemas legales. En esta ocasi&oacute;n, los electos  fueron Maria Isabel Urrutia, con 40.968 votos, y Wellington Ortiz, con 30.928.  Ambos eran personas reconocidas como deportistas de primer nivel, pero no tanto  como activistas del movimiento afrocolombiano. El total de votos fue de poco  m&aacute;s de 150.000, apenas m&aacute;s que en 1994, sin embargo, entretanto, el n&uacute;mero de  candidaturas explot&oacute; para pasar de 12 a 21.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">En 2006, ya con la reforma pol&iacute;tica, las candidaturas  pasaron a 27 listas, la mayor&iacute;a de las cuales presentaban dos candidatos, para  unos votos que todav&iacute;a no pasaron de 190.000. Maria Isabel Urrutia fue  reelecta, junto con Silfredo Morales, pero las listas de ambos obtuvieron menos  de 10.000 votos. El segundo electo era un ex alcalde de Mar&iacute;a La Baja, Bol&iacute;var,  que enfrenta actualmente varias investigaciones por malversaciones durante su  mandato en este municipio.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">De esta manera, la circunscripci&oacute;n especial de  negritudes empujaba hasta la caricatura algunos problemas ya vistos en el  &uacute;ltimo periodo del caso ind&iacute;gena: la multiplicaci&oacute;n de las candidaturas en una  versi&oacute;n reducida de la antigua &quot;operaci&oacute;n avispa&quot; de los partidos nacionales en  los aÃ±os 1990, y la intrusi&oacute;n de organizaciones que los activistas consideraban  exteriores al movimiento social afrocolombiano, que presentaban pol&iacute;ticos con  cierto arraigo local o figuras medi&aacute;ticas. Sin embargo, queda claro que estos  problemas se encuentran en un modo agravado en el caso de las negritudes por  las profundas divisiones del movimiento social afrocolombiano e incluso las  dudas sobre su misma existencia o sus fronteras. A&uacute;n si adoptamos el punto de  vista de los activistas &quot;puristas&quot;, tendr&iacute;amos que concluir que la competici&oacute;n  para la circunscripci&oacute;n especial ha dividido a los afrocolombianos antes mismo  de la consolidaci&oacute;n de un movimiento social que los representara.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En esta perspectiva, cabe decir que los resultados  caricaturales de las elecciones de 2010 solo son la &uacute;ltima etapa de un proceso  antiguo. Como ya lo mencionamos, 67 listas se disputaron un poco m&aacute;s de 400.000  votos en esta &uacute;ltima ocasi&oacute;n (a los cuales hay que aÃ±adir unos 120.000 votos  blancos). Si la circunscripci&oacute;n de negritudes logr&oacute; duplicar los votos con  respecto a 2006, el perfil de los electos confirma las tendencias previas, con  un elemento adicional: los dos pol&iacute;ticos electos, Yahir AcuÃ±a y Heriberto  Arrechea, no solo se encontrar&iacute;an alejados del movimiento social  afrocolombianos, sino que adem&aacute;s, est&aacute;n cuestionados por la prensa que les  acusa de ser &quot;cuotas&quot; respectivas de dos de los personajes m&aacute;s controvertidos  de la pol&iacute;tica colombiana, Enilse L&oacute;pez &quot;la gata&quot; en Sucre por el primero, y  Juan Carlos Mart&iacute;nez en el Valle por el segundo.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Ser&iacute;a f&aacute;cil culpar al Ministerio del Interior del  funcionamiento deficiente de la circunscripci&oacute;n de negritudes, acus&aacute;ndolo de  organizar una feria de avales, incluso con evidentes intereses pol&iacute;ticos<a href="#21" name="s21">(21)</a>. As&iacute;,  muchos observadores consideran hoy que la mayor&iacute;a de las organizaciones  afrocolombianas reconocidas que compiten en la circunscripci&oacute;n de negritudes son  en realidad organizaciones &quot;de papel&quot;, detr&aacute;s de las cuales se esconde la  maquinaria de un pol&iacute;tico &quot;tradicional&quot; que simplemente, ha encontrado m&aacute;s  rentable presentarse como candidato a la circunscripci&oacute;n de negritudes que en las  circunscripciones ordinarias. Sin embargo, la cosa no es simple. Ninguna de las  organizaciones existentes puede reivindicar una legitimidad tal que le permita  imponer su visi&oacute;n de cu&aacute;les son los criterios pertinentes para avalar una  organizaci&oacute;n afrocolombiana, y mal har&iacute;a el Ministerio en pretender sustituirse  a ellas en esta tarea. Se ver&iacute;a autom&aacute;ticamente acusado de discriminaci&oacute;n por  unas organizaciones l&oacute;gicamente hipersensibilizadas al tema.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En todo caso, en cuanto a la circunscripci&oacute;n especial  de negritudes a la C&aacute;mara, el diagn&oacute;stico puede ir en dos v&iacute;as seg&uacute;n el punto  de vista que adoptemos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Si nos posicionamos en la perspectiva pragm&aacute;tica antes  definida, la circunscripci&oacute;n es simplemente in&uacute;til, y m&aacute;s a&uacute;n, constituye una  ventaja cuestionable para pol&iacute;ticos que a todas luces, deber&iacute;an competir en  circunscripciones departamentales. Los ejemplos de afrocolombianos electos al  Congreso, tanto al Senado como a la C&aacute;mara, son bastante numerosos y antiguos  para concluir que no se necesitan mecanismos de discriminaci&oacute;n positiva.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Si nos posicionamos en la perspectiva de consolidar un  movimiento social afrocolombiano con reivindicaciones espec&iacute;ficas y representaci&oacute;n  pol&iacute;tica propia, la circunscripci&oacute;n especial ya no es solamente in&uacute;til, sino  francamente contra-producente. Genera divisiones entre los activistas realmente  comprometidos del movimiento, y sobre todo, promueve la confusi&oacute;n con figuras  ajenas al mismo.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Una vez m&aacute;s, si en aras de la discusi&oacute;n, nos ubicamos  en la segunda perspectiva, la estrategia a adoptar no se puede fundamentar en  la circunscripci&oacute;n especial de negritudes a la C&aacute;mara. En primer lugar, porque  se trata de construir un movimiento de alcance nacional<a href="#22" name="s22">(22)</a>,  para el cual la competici&oacute;n en el Senado parece un terreno m&aacute;s natural que la  C&aacute;mara. En segundo lugar porque este espacio de competici&oacute;n vuelve virtualmente  imposible la estructuraci&oacute;n de un movimiento unido sobre algunos grandes  principios esenciales, lo que s&iacute; ser&iacute;a factible compitiendo bajo las reglas de  la reforma pol&iacute;tica en circunscripci&oacute;n ordinaria.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En el caso del movimiento afrocolombiano, competir al  Senado bajo la modalidad de una lista &uacute;nica con voto preferente probablemente  no permitir&iacute;a obtener resultados positivos inmediatos dadas las divisiones y la  desorganizaci&oacute;n actual del movimiento. A lo mejor, podr&iacute;amos esperar que permita  desencadenar un proceso centr&iacute;peto que pueda tener efectos de arrastre  virtuosos a la C&aacute;mara o en elecciones locales en un primer tiempo. En todo  caso, en las actuales circunstancias, parece la &uacute;nica manera de dar visibilidad  y cohesi&oacute;n a trav&eacute;s de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica a un movimiento social cuya  misma existencia est&aacute; en juego. </font></p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>CONCLUSI&Oacute;N: LA  IMPORTANCIA DEL DEBATE SOBRE LAS CIRCUNSCRIPCIONES ESPECIALES</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Hemos mostrado que las circunscripciones especiales  arrojan resultados contraproducentes para los movimientos sociales ind&iacute;gena y  afrocolombiano, sobre todo desde la reforma pol&iacute;tica de 2003: los dividen, los  a&iacute;slan de las din&aacute;micas pol&iacute;ticas nacionales, y finalmente, les hacen perder  visibilidad y credibilidad promoviendo una confusi&oacute;n con pol&iacute;ticos o partidos ajenos  a ellos, que &uacute;ltimamente, han entrado a competir con &eacute;xitos crecientes con los  candidatos de estos movimientos. Desde este punto de vista, el peligro para  ellos llega incluso m&aacute;s all&aacute; de sus representaciones pol&iacute;ticas para apuntar a  su mismo peso en el debate p&uacute;blico.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En este art&iacute;culo, hemos examinado varios posibles  mecanismos alternativos que sugieren que las circunscripciones especiales no  son el &uacute;nico mecanismo posible para garantizar una representaci&oacute;n de estos  movimientos. Hemos visto que con dispositivos de discriminaci&oacute;n positiva  adaptados, estos movimientos pueden obtener resultados mejores que con las  circunscripciones especiales actuales compitiendo. Muchas otras soluciones a la  trampa de las circunscripciones especiales son pensables.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">No hemos mencionado los obst&aacute;culos jur&iacute;dicos que supondr&iacute;a  cualquier cambio en la materia, aunque somos conscientes de que no son de poca  monta. En este sentido, una reforma de las circunscripciones especiales solo se  podr&iacute;a llevar a cabo si recoge un alto grado de acuerdo en la esfera pol&iacute;tica y  la opini&oacute;n p&uacute;blica, que solo podr&iacute;a lograrse a su vez si existen consensos  suficientemente amplios en los mismos movimientos ind&iacute;gena y afrocolombiano al  respecto. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Esto es sin lugar a duda una garant&iacute;a afortunada para  los movimientos ind&iacute;gena y afrocolombianos. No obstante, vistos los resultados  electorales recientes, esta discusi&oacute;n nos parece urgente. En el curso de este  art&iacute;culo, hemos procurado evitar el tema de la legitimidad de las  circunscripciones especiales sobre el plano de los principios, y seÃ±alado que hab&iacute;a  suscitado hasta ahora pocos debates, por lo menos, por fuera de los movimientos  sociales interesados. Sin embargo, los resultados electorales de las elecciones  al Congreso de 2010 son de naturaleza a suscitar cada vez m&aacute;s cr&iacute;ticas al  respecto, desde afuera de estos movimientos. La baja votaci&oacute;n general en estas  circunscripciones, la multiplicaci&oacute;n de candidaturas, la cantidad cada vez m&aacute;s  baja de los votos de los elegidos, los cuestionamientos hacia la  representatividad o a veces la probidad de los mismos, la intrusi&oacute;n de los  partidos nacionales, el nivel de voto blanco, y por fin, las presunciones de  que los votos anulados provienen de la confusi&oacute;n suscitada por la existencia de  las circunscripciones especiales, podr&iacute;an hacer de ellas el blanco de un rechazo,  esta vez, apuntando a su mismo principio.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En esta perspectiva, al vincular su destino a sus  representaciones pol&iacute;ticas a trav&eacute;s de las circunscripciones especiales, los  movimientos sociales ind&iacute;gena y afrocolombiano tienen mucho que perder. Por esta  raz&oacute;n, nos parece esencial que ellos mismos entren en este debate, antes de que  las tendencias analizadas ac&aacute; se vuelvan irreversibles. Ser&iacute;a adem&aacute;s un ejemplo  de ejercicio democr&aacute;tico para los mismos partidos nacionales.</font></p> <hr size="1">     <p><font size="3" face="Verdana"><b>COMENTARIOS</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s1" name="1">1</a>. Precisamos  que en este trabajo, entenderemos por circunscripciones especiales la  circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena al Senado, y las ind&iacute;genas y de negritudes a la C&aacute;mara  de Representantes. Dejamos por fuera el caso de la circunscripci&oacute;n de los  Colombianos en el extranjero a la C&aacute;mara, que es un caso particular (sin ella,  los Colombianos en el extranjero no podr&iacute;an ejercer su derecho al voto ya que  el escrutinio a la C&aacute;mara se hace en circunscripciones departamentales).  Tampoco nos interesaremos al caso de la curul reservada a las &quot;minor&iacute;as  pol&iacute;ticas&quot; en la C&aacute;mara, que no supone la creaci&oacute;n de una circunscripci&oacute;n  especial.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s2" name="2">2</a>. Sobre la base  del n&uacute;mero de sufragantes a las circunscripciones especiales para la C&aacute;mara de representantes  en 2010 seg&uacute;n la Registradur&iacute;a Nacional del Estado Civil, incluido el voto  blanco.</font></p>        <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s3" name="3">3</a>. En el momento  en que escribimos, la Registradur&iacute;a est&aacute; precisamente trabajando en un nuevo  diseÃ±o que posiblemente contribuir&iacute;a en solucionar el problema. No obstante, la  cantidad de lista que se presentan a la circunscripci&oacute;n especial de negritudes  a la C&aacute;mara en particular dificulta considerablemente este prop&oacute;sito. El nuevo  diseÃ±o propuesto puede ser eficaz para las elecciones locales, pero  dif&iacute;cilmente para las legislativas, a menos de presentar tarjetones distintos  opcionales para las circunscripciones especiales (como en el caso de las  internas partidistas).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s4" name="4">4</a>. En  el marco de este an&aacute;lisis, no nos interesa entrar en el debate sobre la  legitimidad de estos mecanismos de discriminaci&oacute;n positiva, que parecen ampliamente  aceptados en Colombia. Su cr&iacute;tica abierta de principio es escasa a nuestro  conocimiento. Aclaremos en todo caso que este trabajo no pretende ser una  cr&iacute;tica de principio de las circunscripciones especiales, sino una cr&iacute;tica de <i>oportunidad </i>para los que son  supuestamente sus beneficiarios.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s5" name="5">5</a>. En  cuanto a la C&aacute;mara de Representantes, la circunscripci&oacute;n especial para las  negritudes fue implementada por primera vez en las elecciones de 1994, no  obstante, la ley que la reglamentaba fue posteriormente declarada inexequible.  Fue revivida para las elecciones de 2002, mediante una nueva ley que otorg&oacute; dos  cupos de representantes a la circunscripci&oacute;n especial para negritudes, uno m&aacute;s  para la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena, uno para los colombianos en el exterior, y  uno para las &quot;minor&iacute;as pol&iacute;ticas&quot;.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s6" name="6">6</a>. Laurent,  2005, PeÃ±aranda, 2009. Remitimos el lector deseoso de profundizar en el tema  del movimiento ind&iacute;gena en Colombia a estos dos trabajos. Las cifras  electorales que citamos para elecciones anteriores a 2006 est&aacute;n tomadas de  ellos, para las de 2006 en adelante, utilizamos los resultados de la  Registradur&iacute;a Nacional de Estado Civil.Â Â  </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s7" name="7">7</a>. Organizaci&oacute;n  Nacional Ind&iacute;gena de Colombia</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s8" name="8">8</a>. Autoridades  Ind&iacute;genas de Colombia</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s9" name="9">9</a>. Para  que los datos sean comparables, no se computaron los votos blancos de la  circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena en 2006 y 2010.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s10" name="10">10</a>. Alianza  Social Ind&iacute;gena</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s11" name="11">11</a>. Dicho  de otro modo, el efecto proporcional desaparece en circunscripciones pequeÃ±as y  particularmente en una de dos escaÃ±os que tiende a un sistema &quot;binominal&quot; que  suele favorecer la segunda minor&iacute;a en detrimento de la primera (Nohlen, 2004,  en particular p. 56 y siguientes). Esto tal vez se entienda mejor con un  ejemplo. Si se presentan 4 candidatos en la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena, de los  cuales 3 pueden aspirar seriamente a ganar una curul. Cada uno de estos 3  tendr&iacute;a incentivos para constituir una lista junto con el cuarto candidato que  puede aportar votos a la lista sin amenazar su primer puesto, pero no para  aliarse con otro de los 3.     <br>     Pongamos que los  resultados dan:    <br>     Candidato A. 50.000  votos    <br>     Candidato B. 45.000  votos    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     Candidato C. 40.000  votos    <br>     Candidato D. 20.000  votos    <br>     Si las listas  fueron constituidas como (A+B) y (C+D). Los candidatos electos son A y C.    <br>     Si las listas  fueron constituidas como (A+C) y (B+D). Los candidatos electos son A y B.    <br>     Si las listas  fueron constituidas como (A+D) y (B+C). Los candidatos electos son B y A.    <br>     Imaginando que  los candidatos fueron capaces de anticipar los resultados con 5.000 votos de  margen, ninguno de los tres candidatos con perspectivas de victoria tuvo  incentivo para aliarse con otro de estos. A rechazar&iacute;a una alianza con B ya que  existe un riesgo de que B lo supere. Podr&iacute;a hacerla con C con mayor seguridad  pero no le interesa a C ya que quedar&iacute;a imposible para &eacute;l salir electo frente a  B si este consigue alianza con un pequeÃ±o candidato como D. La alianza B+C  asegura una curul para uno de los dos. Sin embargo, para B, resulta m&aacute;s seguro  ir con D porque C lo podr&iacute;a superar.    <br>     El resultado es  que A, B y C trataran probablemente de presentarse en tres listas distintas,  intentando todos atraer a D en ella.    <br>     En la  circunscripci&oacute;n nacional, esta peculiar versi&oacute;n del dilema del prisionero se  diluye por la magnitud de la circunscripci&oacute;n. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s12" name="12">12</a>. Movimiento  Social e Ind&iacute;gena</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s13" name="13">13</a>. En  una interpretaci&oacute;n estricta de la ley electoral, esto hubiera debido conducir a  repetir el escrutinio para la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena con otros candidatos.  Sin embargo, esto era virtualmente imposible sin repetir todo el escrutinio. Al  repetir solo el voto para la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena, votantes que ya hab&iacute;an  votado la primera vez en circunscripci&oacute;n nacional hubieran podido expresarse  una segunda vez en circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena. Frente a este dilema, el Consejo  Nacional Electoral decidi&oacute; cortar por lo sano validando el escrutinio a la  circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena, con el argumento que parte del voto en blanco no era  necesariamente propio de la circunscripci&oacute;n especial. Si podemos considerar la  decisi&oacute;n como pol&iacute;ticamente razonable, no deja de ser problem&aacute;tica  jur&iacute;dicamente. Se puede notar por otra parte que esta situaci&oacute;n se repiti&oacute; en  2010 para la circunscripci&oacute;n ind&iacute;gena a la C&aacute;mara.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s14" name="14">14</a>. Esto  puede parecer ut&oacute;pico, sin embargo, &iquest;Qui&eacute;n hubiera pensado posible que la  tradicionalmente muy dividida izquierda colombiana hubiera podido agruparse en  un partido &uacute;nico antes de la reforma pol&iacute;tica de 2003? &iquest;Qui&eacute;n hubiera apostado  que tantos barones regionales se hubieran unido a formar el nuevo partido de la  U que demuestra actualmente una salud insolente? &iquest;Y qu&eacute; decir de Antanas  Mockus, Enrique PeÃ±alosa, y Luis Eduardo Garz&oacute;n, que se enfrentaron tantas  veces en las urnas para la alcald&iacute;a de Bogot&aacute; y resultan hoy d&iacute;a unidos en un  partido nuevo que ha llamado poderosamente la atenci&oacute;n de una parte del  electorado urbano? &iquest;Por qu&eacute; pensar que los ind&iacute;genas no pueden lograr el m&iacute;nimo  de coordinaci&oacute;n que tantas otras fuerzas pol&iacute;ticas lograron gracias a la  reforma pol&iacute;tica?</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s15" name="15">15</a>. En  realidad, los candidatos ind&iacute;genas siempre se beneficiaron de un voto urbano no  necesariamente ind&iacute;gena (NiÃ±o, 2010). Sin embargo, en las circunstancias  actuales, este caudal de voto parece en franca disminuci&oacute;n despu&eacute;s de la  reforma pol&iacute;tica, precisamente por el proceso de marginalizaci&oacute;n que hemos  descrito que los pone en desventaja con respecto a los partidos nacionales.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s16" name="16">16</a>. Se podr&iacute;a  argumentar que la obligaci&oacute;n para los candidatos ind&iacute;genas que se quieran  presentar como tales de competir en un partido &uacute;nico es anti pluralista y  eventualmente autoritaria. No obstante, el voto preferente hace que este  partido &uacute;nico ser&iacute;a por naturaleza muy flexible. Se podr&iacute;a concebir en realidad  de manera instrumental, como una simple instancia de representaci&oacute;n de las  organizaciones sociales ind&iacute;gena, lo que de hecho, esta en el esp&iacute;ritu de la  discriminaci&oacute;n positiva introducida en 1991. A t&iacute;tulo comparativo, el  Movimiento al Socialismo (MAS) boliviano se concibi&oacute; en sus or&iacute;genes no como  partido sino como un &quot;Instrumento Pol&iacute;tico para la Soberan&iacute;a Popular&quot; que  agrupaba varias organizaciones sociales con el fin de tener representaci&oacute;n  pol&iacute;tica (v&eacute;ase Do Alto, 2007. Con la diferencia notable que el MAS ten&iacute;a desde  el principio sectores no ind&iacute;genas en su seno). </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s17" name="17">17</a>. Durante  la campaÃ±a, se debati&oacute; incluso la posibilidad de cambiar el nombre de la  Alianza Social Ind&iacute;gena a &quot;Alianza Social Independiente&quot;.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s18" name="18">18</a>. Aunque ah&iacute;  tambi&eacute;n, no es imposible imaginar un mecanismo de discriminaci&oacute;n positiva que  reserve una curul al partido como garant&iacute;a, sin necesidad de circunscripci&oacute;n  especial, por ejemplo, otorg&aacute;ndola autom&aacute;ticamente al candidato m&aacute;s votado en  el departamento donde la lista obtuvo el mayor porcentaje.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s19" name="19">19</a>. Sobre el  movimiento social afrocolombiano y sus antecedentes, v&eacute;ase Agudelo, 2005. Sobre  el desempeÃ±o electoral de los afrocolombianos y la experiencia de la  circunscripci&oacute;n de negritudes, VV.AA., 2007.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s20" name="20">20</a>. La  presencia de congresistas afrocolombianos se remonta incluso al siglo XIX con  Lu&iacute;s Antonio &quot;el negro&quot; Robles, qui&eacute;n lleg&oacute; a ser director nacional del Partido  Liberal. A lo largo del siglo XX, el Partido Liberal siempre ha tenido la  preferencia de los votantes afrocolombianos, y ha avalado candidatos entre  ellos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s21" name="21">21</a>. Una  de las razones que lleva a organizaciones exteriores al movimiento  afrocolombiano a competir en la circunscripci&oacute;n especial, es que no solamente  est&aacute;n en juego dos curules m&aacute;s f&aacute;ciles de alcanzar que en las circunscripciones  departamentales, sino tambi&eacute;n y sobre todo el reconocimiento de una  organizaci&oacute;n pol&iacute;tica con personalidad jur&iacute;dica, que podr&aacute; distribuir avales en  otras elecciones. Este premio se ha vuelto tan apetecible como las mismas  curules despu&eacute;s de la reforma pol&iacute;tica, que vuelve m&aacute;s dif&iacute;cil la permanencia  de la personalidad jur&iacute;dica de un partido.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#s22" name="22">22</a>. Esto  no va en contra de la idea de que el movimiento adopte como prioridad llevar a  la agenda pol&iacute;tica los problemas de las poblaciones afrocolombianas que viven  en los territorios colectivos reconocidos por la ley 70.</font></p> <hr size="1">     <p><font size="3" face="Verdana"><b>REFERENCIAS</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">1. Agudelo, Carlos. <i>Retos  del multiculturalismo en Colombia. Pol&iacute;tica y poblaciones negras</i>. Medell&iacute;n  : La Carreta, 2005.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0121-4705201100020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">2. Do Alto, Herv&eacute;. &quot;El MAS-IPSP boliviano, entre la  protesta callejera y la pol&iacute;tica institucional&quot;. En Monasterios, Karin,  Stefanoni, Pablo, y Do Alto, Herv&eacute;. <i>Reinventando  la naci&oacute;n en Bolivia</i>. La Paz: CLACSO-Plural, 2007. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-4705201100020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">3. Laurent, Virigine. <i>Comunidades  ind&iacute;genas, espacios pol&iacute;ticos y movilizaci&oacute;n electoral en Colombia, 1990-1998</i>.  Bogot&aacute;: IFEA-ICANH, 2005.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-4705201100020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">4. NiÃ±o, Diego. <i>An&aacute;lisis  electoral y caracterizaci&oacute;n de los votantes de los partidos indigenistas en los  comicios de Senado 1991-2006</i>. Bogot&aacute;: tesis de grado del Instituto de Altos  Estudios para el Desarrollo, sin publicar, 2010.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-4705201100020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">5. Nohlen, Dieter. <i>Sistemas  electorales y partidos pol&iacute;ticos</i>. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2004.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-4705201100020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">6. PeÃ±aranda, Ricardo. <i>Organizaciones ind&iacute;genas y participaci&oacute;n pol&iacute;tica en Colombia</i>.  Bogot&aacute;: IEPRI â€“ La Carreta, 2009.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-4705201100020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">7. VV.AA. <i>Estudios  sobre la participaci&oacute;n pol&iacute;tica de la poblaci&oacute;n afrodescendiente</i>: <i>la experiencia en Colombia</i>. San Jos&eacute; de  Costa Rica: Instituto Interamericano de Derechos Humanos, 2007. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-4705201100020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Agudelo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carlos]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Retos del multiculturalismo en Colombia.: Política y poblaciones negras]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-loc><![CDATA[Medellín ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[La Carreta]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Do]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alto, Hervé]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA["El MAS-IPSP boliviano, entre la protesta callejera y la política institucional".]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Monasterios]]></surname>
<given-names><![CDATA[Karin]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Stefanoni]]></surname>
<given-names><![CDATA[Pablo]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Do Alto]]></surname>
<given-names><![CDATA[Hervé]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Reinventando la nación en Bolivia.]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[La Paz ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[CLACSO-Plural]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Laurent]]></surname>
<given-names><![CDATA[Virigine]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Comunidades indígenas, espacios políticos y movilización electoral en Colombia, 1990-1998.]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[IFEA-ICANH]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Niño]]></surname>
<given-names><![CDATA[Diego]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Análisis electoral y caracterización de los votantes de los partidos indigenistas en los comicios de Senado 1991-2006.]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Nohlen]]></surname>
<given-names><![CDATA[Dieter]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Sistemas electorales y partidos políticos.]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Peñaranda]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ricardo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Organizaciones indígenas y participación política en Colombia.]]></source>
<year>2009</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[IEPRI - La Carreta]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="book">
<collab>VV.AA</collab>
<source><![CDATA[Estudios sobre la participación política de la población afrodescendiente: la experiencia en Colombia.]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[San José de Costa Rica ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Instituto Interamericano de Derechos Humanos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
