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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA REPRESIÓN POLÍTICA ES APENAS UNA DE LAS EXPRESIONES DE LA CRIMINALIDAD DE ESTADO: ENTREVISTA A IVÁN CEPEDA CASTRO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this interview, the Democratic Pole Congressman Ivan Cepeda, associated with extreme levels of violence by the state against civilians of the absence or incompleteness of the democratization process in Colombia, for example, land reform, and uneven development deformed and the absence of mechanisms to ensure the exercise of political opposition, through debate civilized, tolerant and peaceful through which would avoid these extreme forms of violence against social movements. Cepeda purposely repeatedly suggests that the use of the term repression involves an implicit reduction of the amount of damage against civilians committed by the state.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font size="4" face="Verdana">    <p align="center"><b>LA REPRESI&Oacute;N POL&Iacute;TICA ES APENAS UNA DE LAS EXPRESIONES DE LA CRIMINALIDAD DE ESTADO: ENTREVISTA A IV&Aacute;N CEPEDA CASTRO<a href="#1" name="s1">(1)</a></b></p>     <p align="center"><b>POLITICAL REPRESSION IS JUST ONE OF THE EXPRESSIONS OF STATE CRIME: INTERVIEW IV&Aacute;N CEPEDA CASTRO</b></p></font> <font size="2" face="Verdana">    <p><b>Jenniffer Vargas<sup>1</sup></b></p>     <p><sup>1</sup>Magister en Estudios Pol&iacute;ticos, investigadora del Grupo</p>     <p><b>Fecha de Recepci&oacute;n:</b> 03/08/2012    <br> <b>Fecha de Aprobaci&oacute;n:</b> 12/08/2012</p></font> <hr size="1"> <font size="3" face="Verdana">    <p><b>RESUMEN</b></p></font> <font size="2" face="Verdana">    <p>En esta entrevista el congresista e investigador social, Iv&aacute;n Cepeda, asocia los niveles extremos de violencia ejercida por parte del Estado contra los civiles a la ausencia o incompletitud del proceso de democratizaci&oacute;n en Colombia â€“por ejemplo la reforma agraria-; al desarrollo desigual y deforme y a la ausencia de mecanismos que garanticen el ejercicio de la oposici&oacute;n pol&iacute;tica, mediante el debate civilizado, tolerante y tranquilo a trav&eacute;s de los cuales se evitar&iacute;an esas formas de violencia extrema contra los movimientos sociales. Cepeda, a prop&oacute;sito, sugiere repetidas veces que el uso del t&eacute;rmino represi&oacute;n implica una reducci&oacute;n impl&iacute;cita de la magnitud del da&ntilde;o cometido contra los civiles por parte del Estado.</p>     <p><b>Palabras Clave:</b> Represi&oacute;n, Estado, Violencia, Colombia, Entrevista.</p></font> <hr size="1"> <font size="3" face="Verdana">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>SUMMARY</b></p></font> <font size="2" face="Verdana">    <p>In this interview, the Democratic Pole Congressman Ivan Cepeda, associated with extreme levels of violence by the state against civilians of the absence or incompleteness of the democratization process in Colombia, for example, land reform, and uneven development deformed and the absence of mechanisms to ensure the exercise of political opposition, through debate civilized, tolerant and peaceful through which would avoid these extreme forms of violence against social movements. Cepeda purposely repeatedly suggests that the use of the term repression involves an implicit reduction of the amount of damage against civilians committed by the state.</p>     <p><b>Keywords:</b> Repression, State Violence, Colombia, Interview.</p></font> <hr size="1"> <font size="3" face="Verdana">    <p><b>1. &iquest;Podr&iacute;a esbozar un panorama general de la violencia ejercida contra los movimientos sociales en Colombia en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os? &iquest;C&oacute;mo evaluar&iacute;a en ese contexto las pol&iacute;ticas del Estado?</b></p></font> <font size="2" face="Verdana">    <p>Esta es una pregunta que tiene un amplio espectro. B&aacute;sicamente las formas de violencia en Colombia se han dado a partir de cuatro registros esenciales que se han intensificado y desarrollado en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas. De una parte, est&aacute; el conflicto armado que se remonta a mediados de la d&eacute;cada de 1960 y que ha tenido m&uacute;ltiples expresiones de violencia. De otra parte, se registra la violencia de &iacute;ndole econ&oacute;mica y usurpatoria que b&aacute;sicamente ha girado en torno al despojo de territorios, tierras y determinado tipo de riqueza. Es una violencia que podemos calificar como la violencia del despojo. En tercer lugar, Â la violencia que debe ser catalogada como violencia de Estado o criminalidad de Estado, que tiene expresiones de diversa &iacute;ndole y de distinto grado. Y por &uacute;ltimo, toda la violencia que gira en torno al fen&oacute;meno del narcotr&aacute;fico, que a diferencia de lo que se piensa com&uacute;nmente es una violencia que yo creo tiene connotaciones pol&iacute;ticas y que no es simplemente una violencia de orden com&uacute;n o no se trata simplemente de lo que se ha llamado crimen organizado, tanto porque el narcotr&aacute;fico es un fen&oacute;meno en el que est&aacute;n involucradas fuerzas pol&iacute;ticas y sectores muy poderosos, c&oacute;mo tambi&eacute;n por el hecho de que el narcotr&aacute;fico ha sido funcional a determinadas circunstancias y correlaciones pol&iacute;ticas en el pa&iacute;s. As&iacute; que en esos cuatro registros que no aparecen en forma pura ni aislada, sino que se dan de una abigarrada mezcla en la realidad regional y nacional, se han desarrollado distintas estrategias contra los movimientos sociales, contra los pueblos y comunidades &eacute;tnicas, contra el campesinado o contra las fuerzas opositoras.</p>     <p>Se trata de una violencia que ha venido ascendiendo y se ha venido haciendo cada vez m&aacute;s compleja tanto por sus manifestaciones como por su intensidad. En los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os hemos visto surgir formas de violencia que no exist&iacute;an en el pasado, y que se han definido a partir de estrategias que van m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras. Se debe recordar que en los &uacute;ltimas d&eacute;cadas en el continente aparecieron reg&iacute;menes dictatoriales que aplicaron una serie de m&eacute;todos y modelos represivos totalitarios que eran abiertamente contrarios a cualquier forma democr&aacute;tica o del Estado de derecho. Muchos de los m&eacute;todos que se aplicaron en Colombia estuvieron imbricados en esas l&oacute;gicas transnacionales. Se habla, por ejemplo, de la Doctrina de la Seguridad Nacional â€“en su forma cl&aacute;sica y en sus versiones m&aacute;s actualizadas- y de su componente esencial, la doctrina del enemigo interno. En estas d&eacute;cadas Â hemos visto c&oacute;mo esas doctrinas se desarrollaron en nuestro pa&iacute;s, y no solamente se desarrollaron como algo que se implant&oacute; desde afuera, sino tambi&eacute;n enriqueci&eacute;ndose, y esto es triste decirlo, con la propia experiencia aut&oacute;ctona. No es cierto que el paramilitarismo o que la tortura o que la desaparici&oacute;n forzada hubieran sido simplemente exportadas a Colombia, en nuestro pa&iacute;s hubo violencia sistem&aacute;tica mucho antes de que esas doctrinas comenzar&aacute;n a estar en su apogeo, y muchas de esas ense&ntilde;anzas impartidas en la Escuela de las Am&eacute;ricas â€“donde se formaron generaciones enteras de la oficialidad de la Fuerza P&uacute;blica- se vieron enriquecidas por la experiencia local; por formas de paramilitarismo local, por variadas modalidades de represi&oacute;n, de persecuci&oacute;n, de asesinatos colectivos, de desplazamiento forzado que ya exist&iacute;an ac&aacute; en Colombia. Quiero recordar en este caso una obra que se enfoca en eso, <i>Un cad&aacute;ver insepulto</i> del escritor Arturo Alape, que nos llama la atenci&oacute;n sobre el hecho de que en Colombia exist&iacute;a la desaparici&oacute;n forzada antes de que &eacute;sta se convirtiera en un fen&oacute;meno tan recurrente en pa&iacute;ses como Argentina, Chile y Paraguay. La desaparici&oacute;n de personas ya exist&iacute;a desde la d&eacute;cada de 1950 en Colombia, antes de que el escritor Fernando Savater â€“uno de los autores del c&eacute;lebre informe de la Comisi&oacute;n de la Verdad en Argentina- afirmara que a Latinoam&eacute;rica le cab&iacute;a el triste aporte del vocablo &quot;desaparici&oacute;n forzada&quot; a la lengua universal.</p>     <p>A partir de los a&ntilde;os ochenta del siglo XX se hicieron recurrentes en Colombia las torturas, las desapariciones forzadas, el uso del estado de sitio (que se trataba ret&oacute;ricamente como una figura excepcional, pero que era en realidad una situaci&oacute;n permanente desde el Frente Nacional), el paramilitarismo convertido en una pr&aacute;ctica de Estado y no simplemente en fen&oacute;meno local de justicia privada o de autodefensa, la ampliaci&oacute;n del desplazamiento forzado al punto de convertirse en un fen&oacute;meno de despoblamiento pr&aacute;cticamente de regiones del pa&iacute;s, la pr&aacute;ctica met&oacute;dica del secuestro... Todos esos factores a partir de esa tr&aacute;gica d&eacute;cada de nuestra historia contempor&aacute;nea, de la imbricaci&oacute;n de todas esas formas de violencia, fue una especie de momento de mezcla, de articulaci&oacute;n de distintas expresiones de violencia: fueron los a&ntilde;os en los que vimos aparecer y desarrollarse en toda su magnitud destructiva ciertas formas de violencia. &iquest;Por qu&eacute;? Porque Colombia estaba ingresando al mercado internacional, porque se estaban produciendo cambios, como lo han se&ntilde;alado algunos autores, en la democracia local, la posibilidad de elegir por primera vez a dignatarios como alcaldes, gobernadores; el surgimiento en el pa&iacute;s-despu&eacute;s del marasmo pol&iacute;tico que fue el Frente Nacional- del debate p&uacute;blico como un hecho significativo. Todos esos factores contribuyeron a que esa d&eacute;cada fuera esencial para dinamizar no solamente las fuerzas y actitudes democr&aacute;ticas sino tambi&eacute;n las actitudes y comportamientos contrarios precisamente a esa democratizaci&oacute;n, y creo que por eso, esos a&ntilde;os son tan definitivos y por eso fueron de extrema violencia. La muerte de figuras que iban a renovar el espectro pol&iacute;tico, el cruento ocaso de movimientos pol&iacute;ticos como la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica, la violencia antisindical que empez&oacute; a ser practicada de manera m&aacute;s selectiva y sistem&aacute;tica durante esos a&ntilde;os, la masacre que se convirti&oacute; en el m&eacute;todo de terror por excelencia, como la puesta en escena de la crueldad en masa para provocar el despoblamiento. En fin, todas esas estrategias adquirieron a partir de ese momento, un protagonismo, hicieron una irrupci&oacute;n en el pa&iacute;s que buscaba democratizarse.</p>     <p>As&iacute; que creo que lo que hemos visto en estos veinte a&ntilde;os es el desarrollo de esas estrategias. El hecho de que la criminalidad en masa se haya asimilado como un comportamiento cotidiano, los cr&iacute;menes de lesa humanidad, los cr&iacute;menes de guerra, el genocidio, el hecho de que el conflicto armado cada vez, haya adquirido manifestaciones m&aacute;s omnipresentes y m&aacute;s degradadas como se ha dicho muchas veces, que han trasgredido las fronteras, la aparici&oacute;n de las v&iacute;ctimas de una manera masiva en el pa&iacute;s, todos esos son fen&oacute;menos que a mi modo de ver son propios de estas &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas y que han afectado gravemente a los movimientos sociales. Por darle una figura, hemos visto en estos &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os una especie de historia del Ave F&eacute;nix en Colombia, es decir, de un constante renacer de los movimientos sociales que han sido exterminados no una sola sino varias veces en el trascurso de pocos a&ntilde;os. Existen organizaciones que han padecido el exterminio y que han tenido que renacer de sus cenizas, lo hemos visto en varios casos de organizaciones sindicales y campesinas. El movimiento campesino por ejemplo, ha sido pr&aacute;cticamente exterminado y ha resurgido de esas cenizas y ha sido exterminado precisamente a ra&iacute;z de los intentos de reforma agraria, hablemos de la ANUC por ejemplo, como movimiento social, o tambi&eacute;n del caso de organizaciones ind&iacute;genas. Y tambi&eacute;n podr&iacute;amos hablar de regiones Â del pa&iacute;s donde hemos visto esas circunstancias: el Meta, Antioquia, La Costa Caribe donde constatamos olas de violencia que todo lo arrasan y despu&eacute;s de determinado tiempo un resurgir, eso lo hemos encontrado en muchas partes del pa&iacute;s. As&iacute; que en el caso de los movimientos sociales, de los partidos de oposici&oacute;n, de los organismos de derechos humanos, hemos estado asistiendo a eso que yo llamar&iacute;a una l&oacute;gica del Ave F&eacute;nix, es decir, por una parte una c&iacute;clica destrucci&oacute;n de esos procesos, pero tambi&eacute;n de alguna manera, de su resurgimiento. Y en eso, tal vez, podr&iacute;a advertirse un aspecto distintivo de la realidad colombiana, es decir, en otras partes esos procesos han sido avasalladores, han acabado con los movimientos sociales. En Colombia hemos visto una gran resistencia, una gran capacidad de adaptarse en medio de muy dif&iacute;ciles y adversas circunstancias para volver a echar ra&iacute;ces. Ha sido una especie de rasgo de estas &uacute;ltimas d&eacute;cadas.</p>     <p>Y al mismo tiempo, al lado de todo este escenario, tambi&eacute;n el surgimiento de un marco legal y constitucional que le ha hecho frente a estas circunstancias, como la Constituci&oacute;n de 1991, ha sido en parte una reacci&oacute;n a esto con su carta de derechos, con sus instancias e instituciones nuevas, con sus procedimientos en justicia, con su filosof&iacute;a de los derechos humanos. La carta constitucional de 1991 dir&iacute;a que es una reacci&oacute;n a todas esas formas de violencia y es la b&uacute;squeda de un ant&iacute;doto a ellas. Y considero que hemos visto tambi&eacute;n, en estos &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os, otras expresiones de la reacci&oacute;n contra esas formas de violencia: la b&uacute;squeda de la Paz, la adopci&oacute;n paulatina del derecho humanitario como herramienta para contrarrestar el conflicto armado y de pensar sus estragos; el sentimiento y la realidad de que Colombia no est&aacute; sola en esta materia con el surgimiento de un sistema internacional de derechos humanos y la presencia de organismos internacionales que observan la situaci&oacute;n de derechos humanos en el pa&iacute;s y del sistema interamericano. En fin, se trata de una realidad contradictoria, al mismo tiempo en que hemos visto ese recrudecimiento, la sofisticaci&oacute;n de la violencia, la constante persecuci&oacute;n y a veces el exterminio de los movimientos sociales; tambi&eacute;n hemos constatado la reacci&oacute;n que ha permitido, mal que bien, ir creando la conciencia y el marco legal contra eso. Algo que no es irreversible por supuesto. Se debe evitar que ese proceso en el que se ha avanzado t&iacute;midamente en estos a&ntilde;os sufra una traum&aacute;tica involuci&oacute;n.</p></font> <font size="3" face="Verdana">    <p><b>2. &iquest;C&oacute;mo explica los extraordinarios niveles de violencia ejercidos contra los movimientos sociales y, m&aacute;s en general, contra la poblaci&oacute;n civil en Colombia?</b></p></font> <font size="2" face="Verdana">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esa es una pregunta dif&iacute;cil. Dir&iacute;a que en parte tiene que ver con que en Colombia por determinadas circunstancias pol&iacute;ticas, socioecon&oacute;micas y culturales, no hemos hecho determinado tipo de procesos necesarios para precisamente evitar esas formas de violencia extrema contra los movimientos sociales. El proceso de democratizaci&oacute;n en Colombia siempre ha sido incompleto y yo dir&iacute;a que en algunos casos no se ha comenzado a hacer. Muchos especialistas, historiadores, polit&oacute;logos han mencionado y demostrado que Colombia no ha cumplido con ciertos procesos indispensables, que algunos llaman inmanentes o necesarios de la modernidad, o reformas liberales que son fundamentales. Una de ellas, tal vez de las m&aacute;s importantes, la reforma del mundo rural, la reforma agraria y la revoluci&oacute;n democr&aacute;tica del campo. Colombia es un pa&iacute;s que no ha hecho ese proceso necesario que se ha cumplido en otros pa&iacute;ses. Gran parte de la violencia contra los movimientos sociales viene del mundo rural y cuenta con la indiferencia del mundo urbano. El no haber realizado la distribuci&oacute;n o redistribuci&oacute;n de la propiedad agraria, la democratizaci&oacute;n del uso del suelo, y la democratizaci&oacute;n de la vida pol&iacute;tica en extensas regiones rurales tiene explicaciones que van m&aacute;s all&aacute; de esta pregunta. Pero podr&iacute;amos afirmar que la ausencia de la reforma agraria ha significado un constante despojo y colonizaci&oacute;n violenta de territorios, el uso de la tierra y del territorio que ha ido siempre por los caminos de la ilegalidad. Por medio de diversas modalidades: sea a trav&eacute;s del despojo, de la siembra de la coca, de la explotaci&oacute;n del narcotr&aacute;fico de muchos territorios en el pa&iacute;s, sea por el control territorial que han ejercido los grupos armados ilegales, de la concesi&oacute;n monopol&iacute;stica de las riquezas naturales a los conglomerados nacionales o extranjeros.</p>     <p>Otro hecho: el Estado ha tenido un desarrollo, que yo caracterizar&iacute;a como Â desigual y deforme. Hay ciertos aspectos del Estado, de su institucionalidad, de su presencia, que se han privilegiado a otros. Se ha privilegiado colonizar el territorio por parte del Estado a trav&eacute;s de sus instituciones de fuerza y no de las instituciones que pueden generar procesos m&aacute;s democr&aacute;ticos. Vemos que la presencia de la Iglesia -si bien &eacute;sta no es una instituci&oacute;n estatal-ha tenido casi el valor de la institucionalidad estatal, la presencia del cura y del soldado m&aacute;s que la presencia del Juez, y del maestro, han sido siempre constantes en nuestros territorios rurales m&aacute;s apartados de los centros de poder. Y esa presencia que se ha mezclado con la situaci&oacute;n de inequidad y de la distribuci&oacute;n profundamente inequitativa de la tierra, de sus productos y de las formas para explotarla, trabajarla, siempre ha sido proclive a mantener el <i>status quo</i>.</p>     <p>Un tercer problema: la ausencia de mecanismos que garanticen el ejercicio de la oposici&oacute;n pol&iacute;tica, mediante el ejercicio del debate civilizado, tolerante y tranquilo. En Colombia es muy reciente el reconocimiento de la oposici&oacute;n pol&iacute;tica de izquierda y es muy reciente el hecho de que la oposici&oacute;n pueda tener una m&iacute;nima posibilidad de expresi&oacute;n p&uacute;blica. No ha sido siempre as&iacute;. Hasta los a&ntilde;os setenta ten&iacute;amos un r&eacute;gimen bipartidista que actuaba por el mecanismo de la clientela y de la repartici&oacute;n burocr&aacute;tica del Estado. As&iacute; que es muy reciente el hecho de que podamos hablar de un sistema en el cual existe verdaderamente un ejercicio de la oposici&oacute;n, y de la oposici&oacute;n de izquierda para decirlo de una manera m&aacute;s clara. Eso ha significado tambi&eacute;n determinadas formas de actuaci&oacute;n, de represi&oacute;n, de persecuci&oacute;n pol&iacute;tica, que se ha hecho evidente en muchos momentos. No solamente el exterminio de l&iacute;deres, de procesos pol&iacute;ticos y de organizaciones pol&iacute;ticas. El conflicto armado tiene ah&iacute; uno de sus motivos esenciales. Hay que recordar que las FARC siempre traen a colaci&oacute;n como uno de las razones de su alzamiento en armas el hecho de que la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica haya significado un proceso fallido y haya significado un derramamiento de sangre.</p>     <p>Entonces llamo la atenci&oacute;n sobre esos tres factores. Podr&iacute;amos a&ntilde;adir muchos otros: la manera como han sido implantados en Colombia los modelos econ&oacute;micos, la explotaci&oacute;n de los recursos naturales, en fin. Pero a mi modo de ver esas tres son tareas pendientes de nuestra historia contempor&aacute;nea que han provocado el surgimiento alternativo de protestas de desobediencia civil, de reacci&oacute;n de los movimientos sociales, y han hecho que en m&uacute;ltiples momentos y rincones de nuestro territorio se hayan producido reacciones sociales organizadas contra ese tipo de fen&oacute;menos. Ahora dicho eso, tambi&eacute;n existe un fen&oacute;meno que pesa aqu&iacute; y es que un pa&iacute;s que tiene un conflicto armado y al mismo tiempo un r&eacute;gimen precariamente democr&aacute;tico genera una mezcla explosiva por varias razones que se deben analizar. En efecto, el conflicto armado transgrede permanentemente las fronteras del debate pol&iacute;tico legal, o igual los linderos pol&iacute;ticos de la legalidad entran en ese otro espacio que es el conflicto armado. Esa relaci&oacute;n se presta para muchas cosas, bien sea para instrumentar los movimientos sociales, algo que ser&iacute;a ingenuo negar, pero tambi&eacute;n lo otro, utilizar permanentemente como cuartada para la represi&oacute;n y para fines econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos la hip&oacute;tesis de que cualquier persona que levante la mano y diga no estoy de acuerdo, es de inmediato un aliado, o un infiltrado de la guerrilla o de cualquier grupo. Esta &uacute;ltima ha sido una tesis que se ha utilizado a lo largo de los a&ntilde;os para acabar pr&aacute;cticamente con la oposici&oacute;n pol&iacute;tica, y que le ha cerrado la puerta a una oposici&oacute;n que pudiera tener un espacio civilista.</p>     <p>Entonces esa &quot;zona gris&quot; ha permitido el ejercicio de la violencia y su justificaci&oacute;n p&uacute;blica. Pienso que es trascendental que en Colombia se reconozca la legitimidad de la acci&oacute;n pol&iacute;tica de la oposici&oacute;n, de los movimientos sociales, de los activistas de derechos humanos, de los periodistas cr&iacute;ticos sin amalgamar eso necesariamente con aspectos del conflicto armado. Este es un paso que no se ha dado en Colombia hoy.</p>     <p>La condici&oacute;n permanente de conflicto armado y su prolongada duraci&oacute;n â€“m&aacute;s de cinco d&eacute;cadas- ha logrado que se naturalice la convicci&oacute;n de que cualquier forma de oposici&oacute;n pol&iacute;tica debe ser de inmediato percibida como peligrosa, y por tanto debe ser estigmatizada.</p></font> <font size="3" face="Verdana">    <p><b>3. &iquest;C&oacute;mo desarrollar&iacute;a la categor&iacute;a de crimen de Estado? &iquest;En qu&eacute; sentido es diferente de la de represi&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo explica los niveles de crimen de Estado cometidos en Colombia?</b></p></font> <font size="2" face="Verdana">    <p>Primero habr&iacute;a que ubicarlos en una especie de constelaci&oacute;n conceptual para poder entenderlos bien. De una parte, sostengo que la criminalidad de Estado es una subcategor&iacute;a de cr&iacute;menes que son de una &iacute;ndole mayor, yo hablar&iacute;a de unos cr&iacute;menes que son propios del poder pol&iacute;tico, podr&iacute;amos llamarlos cr&iacute;menes del Poder, si se quiere aceptar ese tipo de connotaci&oacute;n, porque el poder puede ser ejercido de una forma democr&aacute;tica, puede ser ejercido a trav&eacute;s de unos mecanismos y principios que se ci&ntilde;en a los valores democr&aacute;ticos, o tambi&eacute;n puede ser ejercido como ha ocurrido lamentablemente muchas veces de una manera autoritaria, arbitraria, o abiertamente criminal. Existen modalidades de criminalidad que son emp&iacute;ricamente demostrables en Colombia, que se extienden a trav&eacute;s de toda nuestra historia republicana. Cr&iacute;menes que han sido cometidos con objetivos de acumulaci&oacute;n de riqueza, o de reproducci&oacute;n de riqueza; cr&iacute;menes que han sido cometidos con el fin de instaurar, sostener, ampliar el poder pol&iacute;tico a trav&eacute;s del Estado o a trav&eacute;s de instancias privadas. Desde una especie de conceptualizaci&oacute;n de car&aacute;cter sociol&oacute;gico o pol&iacute;tico, en esa gran categor&iacute;a de cr&iacute;menes de poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico se encuentran ubicados, a mi juicio, como categor&iacute;a central, protag&oacute;nica, la de los cr&iacute;menes de Estado. Ahora bien, desde una perspectiva jur&iacute;dica lo que llamamos cr&iacute;menes de Estado son cr&iacute;menes que tienen la forma de cr&iacute;menes de lesa humanidad, de cr&iacute;menes de guerra y de cr&iacute;menes como el genocidio, y graves violaciones a los derechos humanos. Es decir, cr&iacute;menes que han sido ya definidos por el derecho internacional como aquellos que se cometen con dos grandes rasgos. El primero es que son cr&iacute;menes de sistema y otro es que son de car&aacute;cter generalizado. Por crimen de sistema se entiende que esos cr&iacute;menes tienen una intervenci&oacute;n de aparatos -en este caso de aparatos institucionales- que act&uacute;an de una manera combinada o escalonada en determinados procesos bajo patrones comunes de acci&oacute;n. En este caso puede tratarse de grupos de agentes estatales que o bien ejecutan acciones criminales de acuerdo a patrones que se inscriben en la propia legalidad, o de aparatos que se mueven de manera encubierta desde el seno de la institucionalidad, o igualmente que utilizan o son conniventes con grupos de particulares que han sido creados generando la apariencia de estar desligados del Estado. Un rasgo de la sistematicidad de la criminalidad estatal es que, por ejemplo, instituciones o grupos de agentes de los tres poderes p&uacute;blicos o de los niveles nacional y local, est&eacute;n involucrados de alguna forma. Como argumento recurrente contra la definici&oacute;n de esta clase de criminalidad se emplea con frecuencia el argumento de que no se puede aseverar que absolutamente todos los agentes estatales â€“o incluso que la mayor&iacute;a- act&uacute;en en la ejecuci&oacute;n de violaciones de derechos humanos. A menudo se argumenta que el hecho de que en Colombia se produzcan sentencias condenatorias de car&aacute;cter penal y civil sobre estos hechos, demuestra que no hay tal criminalidad estatal. No es as&iacute;. Las pr&aacute;cticas criminales de car&aacute;cter sistem&aacute;tico se definen de acuerdo a qu&eacute; tipo de instituciones, niveles institucionales o responsables dentro de las instituciones est&aacute;n involucrados; cu&aacute;l es el rango jer&aacute;rquico y mando que tienen los funcionarios; cu&aacute;l es su capacidad de decisi&oacute;n y de dominio sobre las actuaciones delictivas; qu&eacute; grado de r&eacute;plica tienen en otros poderes p&uacute;blicos. Ahora, cuando se afirma que son cr&iacute;menes generalizados nos referimos al hecho de que ocurren una cantidad y calidad significativas de violaciones de derechos humanos, durante per&iacute;odos de tiempo determinados. Estamos hablando de que esos son cr&iacute;menes que se cometen con una continuidad en el tiempo y con un car&aacute;cter cuantitativo y cualitativo determinado. Por ejemplo, el crimen de genocidio que no es necesariamente el exterminio de la totalidad de miembros de un grupo. El genocidio puede presentarse â€“y as&iacute; lo reconoce el derecho internacional- cuando se ejecuta la destrucci&oacute;n parcial de miembros de una colectividad, cuando se eliminan las cabezas visibles de cierto grupo estamos ante la posibilidad de su desaparici&oacute;n o desconfiguraci&oacute;n. As&iacute; que el grado de generalidad de un crimen no se desprende del car&aacute;cter masivo de las violaciones de derechos humanos. Significa que se presenta un tal grado de violencia que implica un determinado tipo de cambios en el orden social, en el tejido social, y que deja una huella profunda. En Colombia, tristemente se da toda la variedad de los cr&iacute;menes que se cometen en el planeta: cr&iacute;menes de lesa humanidad, cr&iacute;menes de guerra -que se comenten en el contexto del conflicto armado-, pr&aacute;cticas genocidas, graves violaciones de derechos humanos.</p>     <p>La represi&oacute;n es un grado-y aqu&iacute; vuelvo a la constelaci&oacute;n conceptual de la que habl&eacute; al inicio- de la acci&oacute;n criminal del Estado. Si la categor&iacute;a es cr&iacute;menes del poder pol&iacute;tico, el subgrupo es cr&iacute;menes de Estado, pues habr&iacute;a una especie dentro de esa categorizaci&oacute;n que consiste en el ejercicio de las formas de Â represi&oacute;n pol&iacute;tica. Reprimir a una organizaci&oacute;n implica limitar su espectro, significa reducir su capacidad, neutralizar el radio de su acci&oacute;n pol&iacute;tica, constre&ntilde;ir, m&aacute;s no eliminar. La represi&oacute;n limita y censura. Por supuesto, hay represiones que son brutales, pero que de todas maneras no implican el exterminio. Dif&iacute;cilmente podr&iacute;a decirse que la conquista y colonizaci&oacute;n de territorios en los albores de la modernidad y del capitalismo reprimieron a poblaciones nativas, o que el Nazismo, el Fascismo y el Estalinismo simplemente reprim&iacute;an a los opositores. Lo que hicieron fue inventar formas de concentraci&oacute;n, de dominaci&oacute;n y f&aacute;bricas de eliminaci&oacute;n masiva de poblaciones enteras. En Colombia no tenemos esos campos de concentraci&oacute;n, pero s&iacute; hemos tenido formas muy sofisticadas de eliminaci&oacute;n del opositor, en las cuales no solo se quiere poner al opositor (por dar alg&uacute;n nombre a los sectores de los que estamos hablando) en una condici&oacute;n de limitaci&oacute;n de su fuerza, de reducci&oacute;n, sino realmente de avasallamiento, de eliminaci&oacute;n, de poner fuera del escenario pol&iacute;tico a fuerzas sociales. La represi&oacute;n pol&iacute;tica ha sido factor constante en la historia del pa&iacute;s porque ha integrado esta forma mucho m&aacute;s vasta de acci&oacute;n que es la criminalidad de Estado. En nuestro pa&iacute;s ha tenido m&uacute;ltiples manifestaciones que han ido desde el ejercicio de ciertas formas de violencia, hasta la puesta en obra de la represi&oacute;n de car&aacute;cter legal, de la censura de opini&oacute;n, del recorte de derechos, hasta el amordazamiento de los opositores. Dependiendo de qu&eacute; periodo pol&iacute;tico estemos hablando, podr&iacute;amos ubicar ciertas modalidades: las pol&iacute;ticas de la Doctrina de la Seguridad Nacional, los frecuentes per&iacute;odos del llamado Estado de Sitio, la etapa del Estatuto de Seguridad, los dos cuatrienios de la Seguridad Democr&aacute;tica. En cada uno de esos momentos hubo modalidades espec&iacute;ficas de ese tipo de acci&oacute;n.</p>     <p>La represi&oacute;n pol&iacute;tica es apenas una de las expresiones de la criminalidad de Estado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>&iquest;C&oacute;mo explicar los niveles de la criminalidad de Estado practicada en Colombia?</b></p>     <p>Como dije, cada modelo pol&iacute;tico y econ&oacute;mico que ha sido implantado en Colombia ha tenido en su base un modelo espec&iacute;fico de criminalidad de Estado. Por la ausencia de reformas esenciales de las que hemos hablado, en nuestra sociedad ha sido posible aplicar la &quot;Doctrina del Shock&quot; â€“tal y como la define la soci&oacute;loga Naomi Klein-. Esto quiere decir que para entrar en un ciclo bien sea del modelo capitalista, o del modelo restrictivo de las libertades p&uacute;blicas, la condici&oacute;n previa ha sido debilitar o aniquilar las posiciones de oposici&oacute;n pol&iacute;tica. En el contexto del conflicto armado, que repito ha servido de pretexto y de espacio de definici&oacute;n del poder en Colombia, se han utilizado esas din&aacute;micas, se han ido nutriendo y fortaleciendo las unas a las otras, tanto aquellas que vienen de la pol&iacute;tica como aquellas en las que se utiliza el conflicto armado como pretexto.</p>     <p>Para entender la l&oacute;gica de la violencia oficial, se puede hacer un ejercicio estad&iacute;stico del cual se desprende que los picos de las l&iacute;neas ascendentes de los asesinatos contra l&iacute;deres pol&iacute;ticos y sociales se ubican en los momentos de definici&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica: implantaci&oacute;n de nuevos modelos de comercio, apertura econ&oacute;mica, privatizaci&oacute;n de empresas estatales, inauguraci&oacute;n de proyectos de explotaci&oacute;n de riqueza natural, di&aacute;logos de paz, elecci&oacute;n popular de autoridades locales, procesos judiciales sobre cr&iacute;menes de lesa humanidad, etc&eacute;tera. En efecto, el comienzo de la elecci&oacute;n de alcaldes, a comienzos de la d&eacute;cada de 1980, fue uno de los per&iacute;odos m&aacute;s cruentos de la violencia pol&iacute;tica; la implantaci&oacute;n del modelo aperturista y de la privatizaci&oacute;n del Estado, a comienzos de la d&eacute;cada de 1990, arroj&oacute; estad&iacute;sticas Â muy cuantiosas en las violaciones de los derechos humanos; los procesos de paz, como aquellos de los mediados de la d&eacute;cada de 1980 que antecedieron a la adopci&oacute;n de la nueva constituci&oacute;n, estuvieron marcados por el incremento en las cifras de los hechos cruentos. Esas circunstancias muestran c&oacute;mo se ha reaccionado frente a quienes est&aacute;n en torno a esos procesos, que fungen como negociadores, que promueven la paz, la democratizaci&oacute;n de las instituciones, que enfrentan modelos econ&oacute;micos de privatizaci&oacute;n de la tierra o de las empresas de servicios p&uacute;blicos, que buscan justicia o que act&uacute;an desde el poder judicial, que investigan hechos de corrupci&oacute;n desde la academia o los medios de comunicaci&oacute;n. Los picos de esa curva estad&iacute;stica de la violencia trae a la memoria a&ntilde;os de ingrata recordaci&oacute;n, como 1985, 1989, 1994 &oacute; 2003. Algo similar ocurre con la cronolog&iacute;a de ciertos tipos de violencia. &iquest;Cu&aacute;ndo comienza a practicarse en forma masiva la desaparici&oacute;n forzada? En el per&iacute;odo en el que se aplica â€“tanto en el continente como en nuestro pa&iacute;s- un modelo de seguridad que parte de la premisa que es necesario &quot;despejar el terreno&quot; para la aplicaci&oacute;n de una nueva doctrina que va a transformar el mercado y el Estado. En cada uno de esos contextos, regiones, procesos pol&iacute;ticos y socioecon&oacute;micos, se deber&iacute;a hacer la microhistoria de la violencia de Estado y de la pol&iacute;tica de los gobiernos para entender bien de qu&eacute; estamos hablando.</p>     <p><b>&iquest;C&oacute;mo explicar esos problemas de acci&oacute;n colectiva entre poderes, entidades del Estado, al momento de participar en un crimen de Estado?</b></p>     <p>Pienso que acerca de esta cuesti&oacute;n habr&iacute;a que hacer una precisi&oacute;n. Creo que la Fuerza P&uacute;blica y su conducci&oacute;n por el Poder Ejecutivo han jugado en esto un papel determinante. Sabemos que en Colombia si bien la acci&oacute;n de los militares a veces a desbordado los l&iacute;mites de la Constituci&oacute;n y a veces no se ha ce&ntilde;ido a la conducci&oacute;n civil, se puede afirmar que el poder civil s&iacute; ha ejercido el control del estamento militar, y ha dise&ntilde;ado pol&iacute;ticas que han guiado la conducci&oacute;n del orden p&uacute;blico. El hecho de que en Colombia se libre un conflicto armado ha posibilitado que Ej&eacute;rcito y Polic&iacute;a trastoquen sus roles, que la Polic&iacute;a haya participado en la guerra y que el Ej&eacute;rcito en el mantenimiento del orden p&uacute;blico. Este intercambio de roles ha sido pernicioso, pues como se sabe, ha desnaturalizado el car&aacute;cter de ambas instituciones y las ha convertido en cuerpos en los que se ha perdido cualquier noci&oacute;n de proporcionalidad en el uso de la fuerza. Otro tanto se puede afirmar de los organismos de inteligencia del Estado y los aparatos de seguridad del Estado se han puesto al servicio de determinados fines. Bajo la realidad o el pretexto del conflicto armado, han terminado convertidos en aparatos de polic&iacute;a pol&iacute;tica. En este campo hay un factor muy eficiente de la criminalidad de Estado. Esto se articula con din&aacute;micas del poder pol&iacute;tico local y nacional, de la manera en c&oacute;mo se ha estructurado ese poder (clientelismo, nepotismo, autoritarismo). El hecho de que el Poder Legislativo no haya cumplido el papel de ser una representaci&oacute;n popular, sino una representaci&oacute;n de intereses, el hecho del presidencialismo como una instituci&oacute;n muy fuerte que ha limitado y destruido la independencia del Poder Legislativo, el hecho de que el Poder Judicial no haya tenido la suficiente independencia, todo eso ha permitido que cosas que parecen como imposibles, es decir, que la voluntad de miles de funcionarios confluya en prop&oacute;sitos criminales, o en el encubrimiento y la impunidad de esos hechos se haya convertido en la normalidad del ejercicio del poder. Por eso, es claramente absurdo decir que todos los agentes del Estado han violado los Derechos Humanos o el Derecho Humanitario. Para que exista criminalidad de Estado basta que los n&uacute;cleos conductores de la pol&iacute;tica del Estado est&eacute;n al servicio de prop&oacute;sitos y pr&aacute;cticas criminales.</p>     <p>Ahora en esto es muy importante el tiempo y la continuidad. Si Colombia fuera un pa&iacute;s que ha vivido un episodio de violencia de cinco a&ntilde;os, en el cual hemos tenido una situaci&oacute;n muy concreta delimitada en el tiempo y en el espacio de la violencia, podr&iacute;amos pensar que es il&oacute;gico creer que una instituci&oacute;n que tiene veinte a&ntilde;os tenga el mismo patr&oacute;n de comportamiento durante toda esa etapa. Pero en Colombia tenemos un conflicto armado de cincuenta a&ntilde;os, es decir, que hemos padecido un devenir en el que la violencia institucional se ha trasmitido de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n de funcionarios del Estado. Me pregunto por ejemplo &iquest;c&oacute;mo ha ocurrido lo que ha ocurrido en el DAS con relaci&oacute;n al sistema de espionaje que se instal&oacute; en los dos pasados gobiernos? Lo que llamamos alegremente en Colombia &quot;las chuzadas&quot;, se trata de cientos de funcionarios del Estado implicados en el espionaje meticuloso de cerca de trescientos ciudadanos. Los recursos que se requieren para esto son formidables, el entrenamiento de estas personas, la capacidad de transgredir la ley, de actuar sin &oacute;rdenes judiciales simplemente por designios de sus superiores. Eso significa, ni m&aacute;s ni menos, que esas personas no han actuado de la noche a la ma&ntilde;ana as&iacute;. Han recibido una formaci&oacute;n y seguramente existe una memoria institucional que ha permitido todo esto. Debe tomarse en cuenta adem&aacute;s que el DAS es un organismo que desde el momento de su creaci&oacute;n hasta el momento de su clausura fue una instituci&oacute;n profundamente permeada por ilegalidades y actuaciones criminales. Desde la &eacute;poca en que se acusaba a sus funcionarios de estar implicados en los magnicidios de los ochenta, pasando por la responsabilidad de funcionarios del DAS en el surgimiento del paramilitarismo y del narcotr&aacute;fico, hasta el d&iacute;a de hoy con el esc&aacute;ndalo que determin&oacute; su desaparici&oacute;n. Es m&aacute;s, el DAS surgi&oacute; de la necesidad de acabar con un organismo de seguridad del Estado que estaba implicado en cr&iacute;menes de Estado; sustituy&oacute; a otra instituci&oacute;n desacreditada, el Servicio de Inteligencia de Colombia, SIC. Podr&iacute;amos hacer la historia de muchas otras instituciones. Esa misma par&aacute;bola ha sido recorrida por otros organismos de inteligencia tristemente c&eacute;lebres: el F2 â€“el organismo de inteligencia de la Polic&iacute;a-, la Vig&eacute;sima Brigada del Ej&eacute;rcito, encargada de labores de inteligencia. Tambi&eacute;n podr&iacute;amos preguntar cu&aacute;l fue el papel que cumpli&oacute; la Primera Divisi&oacute;n del Ej&eacute;rcito en el surgimiento del conteo de los cuerpos, la pr&aacute;ctica de &quot;legalizar&quot; numerosas ejecuciones de civiles para mostrar resultados operativos, o para llamarla en el lenguaje actual &quot;los falsos positivos&quot;. Esta modalidad de cr&iacute;menes de lesa humanidad no surgi&oacute; simplemente del modelo de seguridad democr&aacute;tica.</p>     <p>Todo tiene su historia. Ser&iacute;a necesario hacer una historia de todas estas formas de violencia para entenderlas como parte de una genealog&iacute;a. Por eso, desde mi punto de vista debi&eacute;ramos hablar m&aacute;s de criminalidad de Estado que de cr&iacute;menes de Estado. Habr&iacute;a que hacer el mismo ejercicio que hizo el pensador italiano Enzo Traverso (<i>La violencia nazi. Una genealog&iacute;a europea</i>), para quien la historia del genocidio que hicieron los nazis en sus campos de exterminio no es el resultado simple de una ocurrencia macabra o un golpe de talento criminal, sino el resultado de una historia de la violencia de Estado que tuvo sus or&iacute;genes en la manera como las potencias europeas hicieron la colonizaci&oacute;n de &Aacute;frica y Asia. La idea de crear campos de concentraci&oacute;n no naci&oacute; con el nacional socialismo, ya ven&iacute;a desde el momento en que fueron eliminados los ind&iacute;genas en las nacientes colonias. La idea de convertir las reservaciones ind&iacute;genas no en lugares de protecci&oacute;n, sino en lugares destinados a concentrarlos y eliminarlos. Todo eso es parte de la historia universal del genocidio.</p>     <p>En Colombia eso se ha repetido por supuesto. El &quot;falso positivo&quot; no surgi&oacute; simplemente como obra de una pol&iacute;tica de recompensas. No, ya ten&iacute;a una historia muy larga. Igual que el paramilitarismo. Es muy dif&iacute;cil entender la historia del paramilitarismo sin el concurso del Estado, no solo porque los grupos y las estructuras paramilitares surgieron como parte de normas que se crearon expl&iacute;citamente con ese fin. Es incomprensible la l&oacute;gica tanto territorial, como de violencia que acompa&ntilde;&oacute; a los grupos paramilitares en muchas partes del pa&iacute;s sin tomar en consideraci&oacute;n la estructura estatal. E igual con la llamada parapol&iacute;tica.</p>     <p>As&iacute; que algo que aparece a primera vista como il&oacute;gico y absurdo que miles de funcionarios act&uacute;en con un mismo prop&oacute;sito criminal es perfectamente comprensible en un pa&iacute;s que tiene esa historia de violencia como la que tiene Colombia. En los debates que hemos tenido muchas veces con los funcionarios de Gobierno, he hecho la siguiente reflexi&oacute;n: es profundamente ingenuo pensar que en un pa&iacute;s en el que se ha desarrollado un conflicto armado como el que hemos tenido, el Estado no haya creado y desarrollado ciertas formas de comportamiento institucional que est&aacute;n destinadas a eso, a reaccionar violentamente para constre&ntilde;ir, acabar, para desarraigar cierto tipo de formas de oposici&oacute;n ilegales, pero tambi&eacute;n legales. Esto sin hablar de c&oacute;mo ha sido dispuesto el orden institucional para cumplir fines privados. N&oacute;tese que en las anteriores reflexiones no he incluido esos otros aspectos cruciales que se relacionan con c&oacute;mo los organismos estatales han reaccionado violentamente para mantener cadenas de corrupci&oacute;n o procesos de acumulaci&oacute;n de riqueza legal o ilegal.</p></font> <font size="3" face="Verdana">    <p><b>4. &iquest;Podr&iacute;a hablar de la trayectoria y las luchas de las organizaciones de v&iacute;ctimas a las que ha estado asociado?</b></p></font> <font size="2" face="Verdana">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Considero que es trascendental para la democracia en Colombia que se reconozca la realidad de la criminalidad de Estado. Creo que nuestra historia, nuestra memoria, no estar&aacute; completa hasta que no se reconozca la responsabilidad, la verdad que corresponde en esta violencia al Estado, a los poderes. Porque esa es una verdad oculta, es una verdad desfigurada, minimizada, negada en un comienzo, pero tambi&eacute;n negada permanentemente. Hoy estamos asistiendo a nuevas formas de negacionismo. En otras partes primero viene la negaci&oacute;n y luego el revisionismo. En Colombia no. Aqu&iacute; tenemos un ciclo permanente de revisi&oacute;n y de negaci&oacute;n de la realidad. Se niega unas veces el conflicto armado, se niega la existencia de las v&iacute;ctimas, despu&eacute;s se niegan ciertas formas de violencia... Entonces el camino que han recorrido las v&iacute;ctimas del Estado es el de intentar, y conseguir paulatinamente ese reconocimiento. Primero un reconocimiento muy mezquino, el simple reconocimiento de su existencia, pero despu&eacute;s un reconocimiento pleno que quiere decir, no solamente reconocer que hay agentes del Estado que cometen hechos particulares de actuaci&oacute;n violenta en circunstancias particulares-la tesis de &quot;las manzanas podridas&quot;- sino el hecho de que ha existido y existe la criminalidad de Estado, que hay instituciones, patrones, planes, Â comportamientos y pol&iacute;ticas que responden a tal realidad. Esa es el debate que tenemos hoy.</p>     <p>Una verdad que mucha gente sensata no es capaz de desconocer hoy es la enorme evidencia de los cr&iacute;menes que cometen los agentes del Estado. Pero en la actualidad es todav&iacute;a dif&iacute;cil que la opini&oacute;n p&uacute;blica reconozca la criminalidad de Estado, el car&aacute;cter sistem&aacute;tico y masivo de las formas de la violencia oficial. Esa es una tarea actual.</p>     <p><b>&iquest;C&oacute;mo fue el proceso con la fundaci&oacute;n Manuel Cepeda Vargas y la reclamaci&oacute;n ante la Corte Interamericana de DDHH sobre el caso de su padre?</b></p>     <p>B&aacute;sicamente se trata de un caso individual que ha logrado ser investigado hasta un punto significativo de sus or&iacute;genes y de sus consecuencias y que ante la ausencia de la debida actuaci&oacute;n de la justicia en Colombia ha sido llevado a una instancia internacional que adopt&oacute; una sentencia que ha tenido repercusiones concretas y que, a mi modo de ver, muestra la importancia del sistema interamericano que hoy es tan fuertemente atacado.</p>     <p>El camino de ese proceso ha sido vencer la inoperancia de las instituciones del Estado. La impunidad es otro aspecto fundamental de la criminalidad de estatal. Los agentes del Estado act&uacute;an en forma criminal, pero tambi&eacute;n dejan de actuar, o act&uacute;an para que no haya justicia. Ante esa condici&oacute;n de impunidad, las v&iacute;ctimas requieren cumplir el rol que no cumplen las instituciones del Estado. Hemos hecho en buena parte el trabajo que no han hecho las instituciones de tal forma que logramos demostrar las causas del uno de los homicidios del genocidio contra la UP, as&iacute; como avanzar significativamente en la identificaci&oacute;n individual de sus responsables. De esta forma, la controversia sobre el caso del asesinato del senador Manuel Cepeda ha finiquitado en algunos de sus aspectos: se trata de un crimen de Estado reconocido oficialmente. No es solo el caso de un parlamentario asesinado, sino el de un parlamentario asesinado perteneciente a un partido pol&iacute;tico que ha sido exterminado.</p>     <p><b>&iquest;La Fundaci&oacute;n surge a partir de ese hecho?</b></p>     <p>S&iacute;, a partir de ese hecho y se propone en un primer momento su esclarecimiento. En un segundo momento se integra a la corriente del esclarecimiento del genocidio de la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica, y en un tercer momento de la criminalidad estatal en Colombia. Ese es el sentido de ese movimiento y de su reflexi&oacute;n.</p>     <p><b>&iquest;Y el Movimiento de V&iacute;ctimas de Cr&iacute;menes de Estado?</b></p>     <p>Es una coalici&oacute;n de organizaciones que tiende a ser un movimiento social. Responde a esa vocaci&oacute;n. no es un grupo, no es un partido pol&iacute;tico, pero tiene caracter&iacute;sticas que lo hacen acercarse cada vez m&aacute;s a la de un movimiento social, es decir, tiene una conciencia de s&iacute; mismo como fuerza social que no act&uacute;a dentro de la institucionalidad sino en el espacio de la opini&oacute;n p&uacute;blica, que act&uacute;a a trav&eacute;s de v&iacute;as y procesos jur&iacute;dicos, pol&iacute;ticos, comunicativos; y que provoca cambios en la normatividad, en la conceptualizaci&oacute;n de la realidad, en la correlaci&oacute;n de fuerzas. El MOVICE es una heterog&eacute;nea conjunci&oacute;n de actores sociales, individuos, familias, asociaciones que se han acercado por el hecho de haber sido v&iacute;ctimas de la violencia estatal. En el Movimiento confluyen partidos pol&iacute;ticos, sindicatos, pueblos ind&iacute;genas, ligas campesinas, desplazados. Es una conjunci&oacute;n de muchas personas y organizaciones distintas, que tienen como factor com&uacute;n reconocerse la condici&oacute;n de v&iacute;ctimas de una forma de criminalidad, y que han elaborado sobre esto una visi&oacute;n que da cuenta del significado de ella y de su superaci&oacute;n hist&oacute;rica.</p>     <p>La comprensi&oacute;n de que esa cadena criminal no responde a la noci&oacute;n de hechos puntuales, sino de un estado de cosas tiene serias consecuencias. Una de ellas en que no se trata de asuntos del pasado, o de &quot;v&iacute;ctimas del pasado&quot;, y por ende que la memoria de las v&iacute;ctimas es una reflexi&oacute;n sobre un proceso continuo. No necesitamos rememorar la masacre de las Bananeras de 1928 para entender de qu&eacute; estamos hablando. Existe una realidad omnipresente. M&aacute;s all&aacute; de hechos puntuales, estamos hablando de relaciones criminales. La impunidad es un estado de cosas que podr&iacute;amos caracterizar como parte de esas relaciones. La impunidad no significa solo que no haya justicia y que los jueces no adopten decisiones que satisfagan la aspiraci&oacute;n de justicia. La impunidad se mantiene tambi&eacute;n en forma activa a trav&eacute;s de la acci&oacute;n criminal que garantiza que no va a quedar rastro, que no va a ser posible â€“ni siquiera con la acci&oacute;n de los jueces- restaurar la justicia, de la constante negaci&oacute;n de la memoria, de la manipulaci&oacute;n de la opini&oacute;n y la reconstrucci&oacute;n historiogr&aacute;fica. Entonces ese estado de cosas, esas relaciones de &iacute;ndole criminal, hacen parte de la manera en que se ha ejercido el poder pol&iacute;tico en Colombia. Son parte de las tecnolog&iacute;as del poder.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por estas razones, comprendemos que la verdad, la justicia y la reparaci&oacute;n - lo que el derecho internacional designa como los derechos de las v&iacute;ctimas- como formas de acci&oacute;n democr&aacute;tica, como el ant&iacute;doto a esa forma de ser del poder pol&iacute;tico, que en nuestro pa&iacute;s se presenta como democr&aacute;tico, pero que en realidad tiene rasgos y or&iacute;genes autoritarios.</p>     <p>El Movimiento de V&iacute;ctimas sostiene que se debe cuestionar a fondo la noci&oacute;n de democracia que se sustenta en la idea de cierto tipo de procesos o formas de representaci&oacute;n o expresi&oacute;n p&uacute;blica. En este orden de ideas, considero que la democracia es incompatible con la criminalidad estatal. Aquello que ha demostrado la historia del pa&iacute;s es que ciertas formas de la llamada Â democracia representativa o participativa no han sido incompatibles con el genocidio, con la violencia arbitraria ejercida por parte del Estado, con la criminalidad estatal. La conclusi&oacute;n de tal perspectiva es la siguiente: un aspecto esencial para la construcci&oacute;n de una democracia aut&eacute;ntica es la abolici&oacute;n de los cr&iacute;menes de lesa humanidad; ese es un presupuesto b&aacute;sico. El genocidio y la democracia no pueden ser conceptos compatibles.</p>     <p><b>&iquest;C&oacute;mo se ha desarrollado la interfaz entre las v&iacute;ctimas y el Estado?</b></p>     <p>La respuesta m&aacute;s obvia es que esa relaci&oacute;n est&aacute; marcada por la desconfianza que se ha ido acumulando a trav&eacute;s de a&ntilde;os de impunidad, de manipulaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas. A la ausencia de actuaci&oacute;n en favor de sus derechos, se han sumado la persecuci&oacute;n y la deslegitimaci&oacute;n.</p>     <p>En ocasiones a las v&iacute;ctimas se les ha intentado presentar como parte de los agresores y ante sus exigencias de justicia se les ha llevado a estrados judiciales. Asimismo, a menudo se ha empleado una especie de presunci&oacute;n de culpabilidad que hace que la v&iacute;ctima deba demostrar que las agresiones de las que ha sido objeto no han sido justificadas. Pese a ello, las organizaciones de v&iacute;ctimas han exigido el di&aacute;logo con las autoridades como un derecho, y han mostrado su voluntad de participar en procesos de interlocuci&oacute;n con las instancias estatales incluso en medio de m&uacute;ltiples dificultades, y de condiciones inequitativas. Tales procesos de interlocuci&oacute;n se hacen con la aprensi&oacute;n de que dicha participaci&oacute;n se preste para legitimar contextos en los que se generen retrocesos en materia del ejercicio de los derechos de las v&iacute;ctimas. Ante todo, la interlocuci&oacute;n ha sido un aprendizaje en contextos de debate opini&oacute;n p&uacute;blica, del debate con los funcionarios del Estado, de la discusi&oacute;n sobre visiones.</p>     <p>En segundo lugar dir&iacute;a que las v&iacute;ctimas han llegado poco a poco al convencimiento de que no basta con la interlocuci&oacute;n, con ser consultadas, con estar presentes en espacios institucionales, incluso que no basta con la propia justicia, que no basta con que se profieran sentencias judiciales. Es necesario que se produzcan procesos en los que los sectores organizados de las v&iacute;ctimas tomen decisiones y sean gobierno. Este es un planteamiento de car&aacute;cter estrictamente pol&iacute;tico. En este sentido, considero que cuando desde las instituciones estatales o los partidos se acusa a las v&iacute;ctimas de &quot;politizar&quot; los debates se est&aacute; queriendo imponer la idea de que los lugares en la toma de decisiones entre el Poder y quienes lo han padecido no son intercambiables.</p>     <p>Llega el momento en el que se agota la paciencia frente a la esterilidad de esos espacios y se ha llegado a la conclusi&oacute;n de que es necesario el ejercicio de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica, el ejercicio del gobierno. Y as&iacute; ha sido por ejemplo en mi caso particular. Llegu&eacute; a la conclusi&oacute;n de que no era suficiente el trabajo por fuera de las instituciones sino que era imperativo asumir posiciones en las instituciones. Ese planteamiento es visto desde ciertas instancias como contraproducente e incluso peligroso. Se dice que eso es politizar el trabajo de las v&iacute;ctimas, de los movimientos sociales. Por el contrario, pienso que eso no es un defecto o un se&ntilde;alamiento negativo de lo que hacemos. Soy del criterio que parte necesaria de la transformaci&oacute;n democr&aacute;tica que requiere el pa&iacute;s, Â es que se politicen los movimientos sociales en el mejor sentido de la palabra. Naturalmente, no en el sentido de que se ideologicen, copien una serie de dogmas por fuera de un an&aacute;lisis de la realidad, adopten acr&iacute;ticamente los prejuicios que se convierten en bandera u opten por los vicios con los que lamentablemente se ha participado en pol&iacute;tica. El sentido de tal afirmaci&oacute;n es que los movimientos sociales pueden y deben tener aspiraciones pol&iacute;ticas, de que lleguen a la conclusi&oacute;n de que no se trata de acatar las reglas de la interlocuci&oacute;n sino de poner las reglas de la interlocuci&oacute;n. Considero que en esta direcci&oacute;n se debe llegar al punto en que no se tenga que exigir la interlocuci&oacute;n y la consulta, sino en que los sectores v&iacute;ctimas creen las leyes, y dise&ntilde;en los procesos administrativos. Eso lo estamos intentando ya en varias partes y lo estamos consiguiendo para cambiar la realidad.</p></font> <font size="3" face="Verdana">    <p><b>5. &iquest;C&oacute;mo explica el comportamiento diferencial de las agencias del Estado frente a la movilizaci&oacute;n social y las v&iacute;ctimas?</b></p></font> <font size="2" face="Verdana">    <p>Para responder se debe distinguir varios momentos. Uno, el m&aacute;s frecuente en muchas &eacute;pocas de nuestra historia, ha sido coartar, sencillamente impedir la movilizaci&oacute;n social; la simple y llana negaci&oacute;n de los derechos y libertades pol&iacute;ticas, desde la censura, la judicializaci&oacute;n, la prohibici&oacute;n de toda protesta, del disentimiento y de la oposici&oacute;n a trav&eacute;s de m&uacute;ltiples formas, de leyes particulares de seguridad, Â del Estado de Sitio, de la acci&oacute;n represiva del Estado, del discurso p&uacute;blico que estigmatiza, de la infiltraci&oacute;n, en fin. Ese es un per&iacute;odo que ha sido muy largo en nuestra historia. Dir&iacute;a que es relativamente reciente el hecho de que la movilizaci&oacute;n social se permita con cierta naturalidad. Aunque en esto sea imprescindible introducir siempre precisiones. Aun hoy en Colombia en ciertas regiones del pa&iacute;s hay verdaderos estados autocr&aacute;ticos. La aceptaci&oacute;n de la movilizaci&oacute;n ha tenido variaciones. Ahora se intenta desacreditar utilizando la coartada del terrorismo y del conflicto armado.</p>     <p>Por otra parte, desde ciertos niveles e instancias estatales se ha intentado sustituir los movimientos sociales. Esta es una modalidad m&aacute;s reciente que busca cambiar la negaci&oacute;n abierta del derecho a la movilizaci&oacute;n por mecanismos m&aacute;s sutiles para neutralizarla. Se enfrenta a pos movimientos realmente existentes con otros creados o auspiciados con el &uacute;nico fin de convertirlos en leg&iacute;timos interlocutores. Sin duda, para el poder pol&iacute;tico es m&aacute;s f&aacute;cil la interlocuci&oacute;n con instancias que ha creado que lidiar con los genuinos representantes de los sectores que buscan reivindicar sus derechos. Eso tiene muchas variables: dividir los movimientos, cooptar una parte de los movimientos y convertirlos en esa prolongaci&oacute;n del poder, sustituir organizaciones, clonar organizaciones, etc&eacute;tera. Algo que es concordante con la l&oacute;gica del neoliberalismo. El neoliberalismo no es solamente una fase privatizadora, salvaje del capitalismo. Se trata de una figura proteica del capitalismo, una manera de clonar los derechos, de presentar las violaciones como derechos, de sustituir la realidad por la apariencia. El estilo neoliberal de tratar a la oposici&oacute;n no es solamente impedir las marchas, es al mismo tiempo crear la apariencia de la movilizaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No obstante, a pesar de esas tradiciones, a partir de la adopci&oacute;n de la Constituci&oacute;n de 1991 han surgido un conjunto de instituciones encargadas en el Estado de velar por los derechos de los ciudadanos: la Corte Constitucional, la Defensor&iacute;a del Pueblo y los &oacute;rganos de control, las personer&iacute;as. Dichas instituciones han permitido el surgimiento de nuevas modalidades de interlocuci&oacute;n y han abierto canales para tramitar la exigencia de derechos. De igual modo, en ciertas niveles del Estado han surgido corrientes â€“que yo calificar&iacute;a de democr&aacute;ticas- que han permitido avances. Un ejemplo destacado de ello, es la forma en que muchos jueces y fiscales han realizado su labor, incluso a un alto precio.</p></font> <font size="3" face="Verdana">    <p><b>6. &iquest;C&oacute;mo explica las bruscas variaciones regionales en punto a violencia contra la movilizaci&oacute;n social y la poblaci&oacute;n?</b></p></font> <font size="2" face="Verdana">    <p>Sobre este asunto han de valorarse las l&oacute;gicas de econom&iacute;a pol&iacute;tica, de cultura local de formaci&oacute;n del Estado que hacen de las realidades regionales historias disimiles, de diverso grado de desarrollo del conflicto armado. El caso de Antioquia, por ejemplo, es el de un departamento que tiene un relativo desarrollo industrial en algunas de sus zonas, en donde se han dado luchas en torno a la tierra y a cierto tipo de recursos, con la existencia de sectores sindicalizados agremiados de determinada forma, con una cultura pol&iacute;tica desde mi punto de vista que tiene ciertos niveles de pluralidad y tambi&eacute;n en medio de un ambiente cultural que tiene facetas muy conservadoras. Un departamento con fuerte presencia de las estructuras paramilitares, las redes del narcotr&aacute;fico y las organizaciones guerrilleras. En el caso de los Llanos Orientales otro escenario, en donde existe una colonizaci&oacute;n campesina que es producto del desarrollo del conflicto armado en otros lugares del pa&iacute;s, con recursos naturales muy significativos, con la posibilidad de la explotaci&oacute;n de la amazonia, en fin, con una presencia hist&oacute;rica de la guerrilla que tambi&eacute;n ha condicionado los procesos pol&iacute;ticos que se han dado all&iacute;. Como lo dije al comienzo de la entrevista en cada caso local o regional se requiere entender en qu&eacute; forma se han mezclado los cuatro registros de la violencia a los cuales me refer&iacute;.</p></font> <font size="3" face="Verdana">    <p><b>7. &iquest;Qu&eacute; impactos han tenido todas estas din&aacute;micas sobre la movilizaci&oacute;n social?</b></p></font> <font size="2" face="Verdana">    <p>El impacto ha sido alto y de un gran costo. Costo no solo material, f&iacute;sico, econ&oacute;mico, en vidas, en generaciones enteras, en l&iacute;deres, en un gran atraso pol&iacute;tico. Ese tipo de criminalidad ha impedido en buena parte que Colombia llegue a ser un pa&iacute;s democr&aacute;tico y que haya otras formas de actuar p&uacute;blicamente.</p>     <p>Esas formas de violencia, entre las que se encuentra la criminalidad de Estado, han sido un componente esencial que ha impedido a Colombia ser un pa&iacute;s democr&aacute;tico, imposibilitado el desarrollo nacional. Las modalidades de la criminalidad estatal y de la violencia del conflicto armado se han retroalimentado las unas a las otras. La criminalidad de Estado ha sido una forma de prolongar el conflicto armado, el conflicto armado se ha expresado a trav&eacute;s de la criminalidad de Estado.</p>     <p><b>Escuch&eacute; una conversaci&oacute;n en la que se mencionaba que al parecer los movimientos sociales en Colombia ahora son movimientos de v&iacute;ctimas.</b></p>     <p>Creo que esa aseveraci&oacute;n muestra los niveles de omnipresencia de la violencia. Que un discurso pol&iacute;tico adquiera la forma de la exigencia del respeto al derecho a la vida es un indicativo de que la violencia se ha convertido en la forma predominante de las relaciones pol&iacute;ticas. Cuando hay que apelar a esas categor&iacute;as es porque efectivamente la violencia ha permeado todos los espacios y formas de expresi&oacute;n p&uacute;blica. C&oacute;mo se valora esa circunstancia, depende de qu&eacute; valor se le otorga a las categor&iacute;as de v&iacute;ctima, verdad, justicia y reparaci&oacute;n. Si esa valoraci&oacute;n circunscribe tales conceptos a reivindicaciones de &iacute;ndole individual que despolitiza los contenidos democr&aacute;ticos de esas nociones, se corre el riesgo precisamente de banalizar la acci&oacute;n pol&iacute;tica. Para mi la verdad, la memoria hist&oacute;rica, la justicia, la reparaci&oacute;n, tienen sentido cuando adem&aacute;s de ser un aspecto de derechos individuales se convierten en problemas y procesos de car&aacute;cter social. Esclarecer el fondo de la violencia en Colombia, reivindicar la verdad y la memoria hist&oacute;rica, tienen un democr&aacute;tico. No solo se trata de una especie de catarsis para las personas que han sufrido la violencia. No solo se trata de actos de car&aacute;cter sanatorio, sino de un problema pol&iacute;tico. Si los movimientos sociales que se consideran v&iacute;ctimas reducen esa condici&oacute;n a buscar una indemnizaci&oacute;n econ&oacute;mica, a contentarse con un perd&oacute;n simple y llano que no tenga una trascendencia pol&iacute;tica, no creo que se avance mucho hacia la democracia.</p></font> <font size="3" face="Verdana">    <p><b>8. &iquest;Cu&aacute;les son en la actualidad los principales desaf&iacute;os estrat&eacute;gicos de las v&iacute;ctimas y de sus asociaciones?</b></p></font> <font size="2" face="Verdana">    <p>Estoy convencido de que hacer que ciertos procesos se conviertan en universales e irreversibles. Volviendo a lo que dec&iacute;amos antes, s&iacute; entendemos la verdad, la justicia y la reparaci&oacute;n como un proceso pol&iacute;tico, entonces conseguir que esos derechos se hagan realidad, debiera significar un cambio cualitativo en la sociedad. Una meta esencial en Colombia es construir la paz. No solo como ausencia de la violencia, y como la eliminaci&oacute;n de toda forma de crimen contra la humanidad. Este postulado incluye la comprensi&oacute;n de que la historia que ha hecho posible la guerra y la criminalidad tiene una l&oacute;gica: una historia que debemos comprender, precisamente para superarla y para crear los mecanismos, los dispositivos sociales que hagan in&uacute;til e imposible que eso se repita, y ese es un proceso de construcci&oacute;n muy lento pero imperativo. Colombia no podr&aacute; ser un pa&iacute;s viable sino construye tales procesos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>&iquest;Frente a le ley de v&iacute;ctimas y de tierras que retos concretos existen?</b></p>     <p>Creo que la aplicaci&oacute;n de esta norma es una oportunidad para avanzar en los objetivos que he enunciado. No obstante, es necesario evitar que se establezca la idea de que con las v&iacute;ctimas ya ha quedado saldada la deuda hist&oacute;rica. Ni un modelo asistencialista de reparaci&oacute;n ni una limitada restituci&oacute;n de tierras podr&aacute;n resolver los problemas que han hecho de las diversas formas de criminalidad un componente de las relaciones pol&iacute;ticas en nuestra sociedad. Eso tan solo ser&aacute; posible con transformaciones esencial y estructuralmente democr&aacute;ticas.</p></font> <hr size="1"> <font size="3" face="Verdana">    <p><b>COMENTARIOS </b></p></font> <font size="2" face="Verdana">    <p><a href="#s1" name="1">1</a>. La entrevista fue realizada para el programa &quot;Investigaciones en torno a la macroestabilidad pol&iacute;tica y econ&oacute;mica y la violencia persistente en Colombia&quot;, en el marco de la Convocatoria Bicentenario - Programas Nacionales de Investigaci&oacute;n - 9747 de la Universidad Nacional de Colombia.</p></font>       ]]></body>
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