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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[SOLUCIÓN POLÍTICA NEGOCIADA: OPORTUNIDAD PARA LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA SOCIEDAD]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This essay seeks.to propose, by presenting the origin and persistence of the civil war in Colombia and its present intensification and degradation, that the political negotiation option can be, before it is too late, the opportunity to construct a modern democracy based on a consistent development of the expansion of the individuals real liberties as well as of social equality and justice.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2"> <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>SOLUCI&Oacute;N POL&Iacute;TICA NEGOCIADA: OPORTUNIDAD PARA LA DEMOCRATIZACI&Oacute;N DE LA SOCIEDAD</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="right"><b>Jaime Zuluaga Nieto*</b></p>     <p>* Profesor Asociado, Universidad Nacional de Colombia</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p><i>Mostrando el origen y persistencia de la guerra civil en Colombia y describiendo las modalidades de su intensificaci&oacute;n y degradaci&oacute;n actuales, este artlculo propone que la opci&oacute;n de la negociaci&oacute;n pol&iacute;tica antes que sea tarde, puede ser la oportunidad para construir una democracia moderna fundada en un desarrollo consistente en la expansi&oacute;n de las libertades reales de los individuos la equidad y la justicia social.</i></p>     <p><b>Abstract</b></p>     <p><i>This essay seeks.to propose, by presenting the origin and persistence of the civil  war in Colombia and its present intensification and degradation, that the political negotiation option can be, before it is too late, the opportunity to construct a modern democracy based on a consistent development of the expansion of the individuals real liberties as well as of social equality and justice.</i></p><hr />     <p>Colombia atraviesa por una guerra civil que tiene sus especificidades y tambi&eacute;n elementos comunes con otras. Esta guerra es un aspecto nodal de la actual situaci&oacute;n nacional y la manera de resolverla definir&aacute; el curso de nuestra historia inmediata. La soluci&oacute;n pol&iacute;tica negociada puede ser una oportunidad para la democratizaci&oacute;n, dados los problemas pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sociales asociados con el conflicto; si se intenta la salida militar, podemos derivar en el establecimiento de un r&eacute;gimen con fuertes ras gos autoritarios. El momento es complejo: expansi&oacute;n, intensificaci&oacute;n y degradaci&oacute;n de la guerra interna, en la que participan de un lado las Fuerzas Armadas y los grupos paramilitares y las organizaciones guerrilleras, del otro; crisis humanitaria, expansi&oacute;n de la econom&iacute;a del narcotr&aacute;fico y clima de violencia generalizada; escalamiento de la confrontaci&oacute;n en medio de las conversaciones de paz. La guerra y la paz se internacionalizan, crecen la injerencia estadounidense, a trav&eacute;s del Plan Colombia, y la presencia europea, que enfatiza en el apoyo pol&iacute;tico. Esta situaci&oacute;n ha servido para activar entre diversos sectores y fuerzas econ&oacute;micas, sociales y pol&iacute;ticas el debate en torno al modelo de sociedad que se aspira a tener y al papel que les corresponde desempe&ntilde;ar en su construcci&oacute;n. La opci&oacute;n de la negociaci&oacute;n puede ser la oportunidad para construir una democracia moderna fundada en un desarrollo consistente en la expansi&oacute;n de las libertades reales de los individuos, la equidad y la justicia social.</p>     <p>Colombia es un pa&iacute;s en guerra civil. Y como todas las guerras, la nuestra tiene elementos comunes con otras y a la vez especificidades. El estudio de sus caracter&iacute;sticas se justifica desde una doble perspectiva: la acad&eacute;mica, para aportar en la comprensi&oacute;n de un fen&oacute;meno que est&aacute; influyendo de manera decisiva en el curso de nuestra historia; la pol&iacute;tica, porque resulta indispensable conocerlo en sus complejidades y din&aacute;micas, para poder dise&ntilde;ar las pol&iacute;ticas que permitan su adecuada resoluci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La guerra interna es un elemento nodal en la actual situaci&oacute;n nacional. La forma como se afronte y se supere definir&aacute; el curso de nuestra historia inmediata. Si se opta por una soluci&oacute;n pol&iacute;tica negociada, mediante la adopci&oacute;n de un nuevo contrato social que establezca reformas democr&aacute;ticas, habremos logrado 'hacer del vicio virtud' y avanzar en la profundizaci&oacute;n de la democracia; si se opta por la soluci&oacute;n militar, podemos derivar en el establecimiento de un r&eacute;gimen con fuertes rasgos autoritarios, que preserve las actuales estructuras de exclusi&oacute;n e in equidad, justificado en la necesidad de derrotar militarmente a la insurgencia y de acabar con el crimen organizado.</p>     <p>En este momento convergen varios procesos, que le confieren a la situaci&oacute;n una particular complejidad y, a la vez, una potencialidad significativa de cambio. Se trata de la expansi&oacute;n, intensificaci&oacute;n y degradaci&oacute;n de la guerra interna, en la que participan de un lado las Fuerzas Armadas y los grupos paramilitares y las organizaciones guerrilleras, del otro; se trata tambi&eacute;n de la crisis humanitaria, de la expansi&oacute;n de la econom&iacute;a del narcotr&aacute;fico y del clima de violencia generalizada, caracterizado por la presencia de las m&uacute;ltiples formas que ella adquiere, desde una violencia social difusa, hasta la que producen el crimen organizado y el narcotr&aacute;fico.</p>     <p>Entre tanto, avanza el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolu ionarias de Colombia Ej&eacute;rcito del Pueblo, Farc-Ef en medio de fuertes controversias sobre la forma como lo est&aacute;n conduciendo el gobierno y la guerrilla y en medio del escepticismo cada vez mayor acerca de su viabilidad. Al tiempo, se intenta iniciar las negociaciones con el Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional, ELN.</p>     <p>Se trata tambi&eacute;n de los efectos de los cambios que se produjeron al final del siglo veinte en el modelo de desarrollo y en el sistema pol&iacute;tico, que han alterado las relaciones entre los diferentes sectores de las elites econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas y abierto nuevos espacios para la participaci&oacute;n y la acci&oacute;n pol&iacute;tica. A todo ello se suma el hecho de que la econom&iacute;a atraviesa por la m&aacute;s fuerte recesi&oacute;n de los &uacute;ltimos setenta a&ntilde;os.</p>     <p>Esta convergencia de procesos, que pareciera conducir a un callej&oacute;n sin salida, ha servido para activar el debate entre diversas fuerzas econ&oacute;micas, sociales y pol&iacute;ticas que controvierten en torno al modelo de sociedad que se aspira a construir, e incluso, ha contribuido a la generaci&oacute;n de nuevos movimientos pol&iacute;ticos. Las fuerzas sociales y pol&iacute;ticas han avanzado poco a poco en la definici&oacute;n de sus posiciones y del papel que esperan desempe&ntilde;ar en el momento actual. Pocas veces en nuestro pasado reciente se dio un ambiente tan politizado como el actual. Sin duda, nos encontramos en una <i>coyuntura de cambio</i> que puede marcar una inflexi&oacute;n en el curso de nuestra historia.</p>     <p>En este ensayo me detengo en el an&aacute;lisis de los rasgos m&aacute;s relevantes de la guerra interna, de algunos de los aspectos pol&iacute;ticos y sociales asociados con ella, y en las perspectivas de su resoluci&oacute;n.</p>     <p><font face="verdana" size="3"><b>ALGUNOS RASGOS DE LA GUERRA EN COLOMBIA</b></font></p>     <p>Las naciones latinoamericanas han sido el escenario de muchas guerras, tanto civiles como internacionales. Pero la guerra civil colombiana es una de las m&aacute;s complejas que cualquier naci&oacute;n americana haya conocido en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os. Su origen se remonta al conflicto armado planteado por las guerrillas que surgieron en los a&ntilde;os sesenta y que se propusieron, desde entonces, la sustituci&oacute;n del Estado para la construcci&oacute;n de un nuevo orden sociopol&iacute;tico.<sup><a name="nr1"></a><a href="#1">1</a></sup> Guerrillas que nacieron, al Igual que otras en muchos pa&iacute;ses latinoamericanos, bajo el influjo del triunfo insurgente en Cuba en 1959, del ascenso de las luchas de liberaci&oacute;n nacional en Asia y &aacute;frica y de la divisi&oacute;n del Movimiento Comunista Internacional.<sup><a name="nr2"></a><a href="#2">2</a></sup> En la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses fueron un fen&oacute;meno epis&oacute;dico, pero en Colombia no desaparecieron: sobrevivieron durante a&ntilde;os a la marginalidad pol&iacute;tica y a los reveses militares y algunas de ellas entraron, desde la d&eacute;cada del ochenta, en una din&aacute;mica de consolidaci&oacute;n y crecimiento.</p>     <p>Aunque la violencia pol&iacute;tica ha estado presente desde mediados del siglo veinte, no se puede presumir continuidad entre la violencia del a&ntilde;o cuarenta y el conflicto armado de los a&ntilde;os sesenta y setenta y de la guerra de hoy. Si bien hay elementos de continuidad que hacen a las guerrillas herederas de una centenaria tradici&oacute;n guerrera, hay tambi&eacute;n una ruptura fundamental entre la violencia interpartidista y el conflicto armado posterior: no se trata de la rotaci&oacute;n en el poder de las &eacute;lites siempre dominantes, sino del sue&ntilde;o de construcci&oacute;n de poder popular a partir de las armas. Y en la historia posterior de este sue&ntilde;o, que subsisti&oacute; en medio de la marginalidad, entre el romanticismo &eacute;pico alimentado por la revoluci&oacute;n cubana y la sangrienta resoluci&oacute;n de sus conflictos internos, hay un momento de inflexi&oacute;n a lo largo de los a&ntilde;os ochenta, determinado por los procesos de paz desarrollados a partir de 1982, la consolidaci&oacute;n de la econom&iacute;a del narcotr&aacute;fico, el derrumbe catastr&oacute;fico del llamado campo socialista -que puso fin a la guerra fr&iacute;a- y la expansi&oacute;n del fen&oacute;meno paramilitar.<sup><a name="nr3"></a><a href="#3">3</a></sup> Desde esta d&eacute;cada, las guerrillas entraron en una din&aacute;mica de crecimiento sostenido.</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>La guerra: s&iacute;ntoma de la carencia de institucionalidad democr&aacute;tica</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> La guerra no es simplemente el resultado de la voluntad pol&iacute;tica de unos cuantos actores que, a pesar del derrumbe del modelo socialista, persisten tercamente en el prop&oacute;sito de sustituir al Estado y de construir un nuevo orden, mediante el recurso a las armas. En su origen, las guerrillas tuvieron ra&iacute;ces sociales y pol&iacute;ticas relacionadas fundamentalmente con el problema agrario, no resuelto a lo largo de nuestra historia, y con la existencia de un sistema pol&iacute;tico excluyente.<sup><a name="nr4"></a><a href="#4">4</a></sup> Si las guerrillas se consolidaron y fortalecieron, eso obedeci&oacute; a que encontraron condiciones propicias para conseguirlo, as&iacute; ellas no fueran suficientes para alcanzar el triunfo pol&iacute;tico y militar, como s&iacute; ocurri&oacute; en Cuba y en Nicaragua.<sup><a name="nr5"></a><a href="#5">5</a></sup> No es del caso en esta oportunidad detenernos en el an&aacute;lisis de este aspecto. Baste se&ntilde;alar que la guerra en Colombia "es un s&iacute;ntoma de la carencia de una institucionalidad democr&aacute;tica",<sup><a name="nr6"></a><a href="#6">6</a></sup> producto, entre otras cosas, de la ausencia de referentes que permitieran la construcci&oacute;n de la unidad simb&oacute;lica de la naci&oacute;n, de procesos reformistas que posibilitaran el acceso de los sectores populares a los beneficios del crecimiento econ&oacute;mico y de la ciudadan&iacute;a; producto de la presencia de un sistema pol&iacute;tico que ha bloqueado el desarrollo de una democracia moderna; producto de elevados niveles de inequidad y exclusi&oacute;n y de la existencia de un Estado incapaz de regular los conflictos sociales<sup><a name="nr7"></a><a href="#7">7</a></sup> No se trata aqu&iacute; de las &lsquo;causas objetivas' de la existencia de la insurgencia, como en su momento lo formulara el presidente Betancur;<sup><a name="nr8"></a><a href="#8">8</a></sup> sino de las condiciones que han alimentado la guerra y le han permitido reproducirse. Especialmente la inequ&iacute;dad.<sup><a name="nr9"></a><a href="#9">9</a></sup> que cuando se percibe no como una fatalidad de la historia, sino como la expresi&oacute;n de una injusticia, alimenta el esp&iacute;ritu de rebeld&iacute;a, como lo se&ntilde;ala Hannah Arendt.</p>     <p>El problema de fondo que afronta Colombia es el de atacar en sus ra&iacute;ces la guerra social que subyace a la guerra entre las guerrillas y el Estado, mediante la construcci&oacute;n democr&aacute;tica de la sociedad.<sup><a name="nr10"></a><a href="#10">10</a></sup> Y la guerra es un obst&aacute;culo para ello, en la medida en que niega las posibilidades de convivencia pac&iacute;fica requeridas para avanzar en acuerdos que permitan lo siguiente: desbloquear la democracia, implantar la justicia distributiva de la propiedad, de la riqueza y de los bienes p&uacute;blicos; superar las condiciones de inequidad imperantes y la situaci&oacute;n de marginalidad cultural, social y pol&iacute;tica del campesinado y de los pobres que habitan en las ciudades; legitimar e institucionalizar el Estado, en su condici&oacute;n de representante del bien com&uacute;n.</p>     <p>La guerra contribuye al debilitamiento de los actores sociales y pol&iacute;ticos, pues dificulta su organizaci&oacute;n e interfiere su acci&oacute;n en muchos casos. Adem&aacute;s, cuando existe una d&eacute;bil identificaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n con los actores armados, como ocurre en Colombia, estos la someten a sus dictados, por la v&iacute;a de la intimidaci&oacute;n o el terror.<sup><a name="nr11"></a><a href="#11">11</a></sup></p>     <p>En s&iacute;ntesis, la cuesti&oacute;n no se reduce a la urgencia de poner fin a la guerra. Es necesario erradicar las condiciones que la han alimentado. Como quiera que la guerra es un obst&aacute;culo para avanzar en esa direcci&oacute;n, se impone un acuerdo de paz que detenga la confrontaci&oacute;n armada, que haga viable la convivencia pac&iacute;fica y que posibilite avanzar en un nuevo contrato social para la construcci&oacute;n de una democracia incluyente en lo pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y social.<sup><a name="nr12"></a><a href="#12">12</a></sup> Tal es el camino hacia una &lsquo;paz positiva',<sup><a name="nr13"></a><a href="#13">13</a></sup> en la que los diferentes proyectos de sociedad se confronten pol&iacute;ticamente y los conflictos se tramiten y transformen en procedimientos civilistas.</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>Guerrillas aut&oacute;nomas</b></font></p>     <p>A diferencia de otros movimientos guerrilleros que existieron en el con tinente, como el Frente Farabundo Mart&iacute; para la Liberaci&oacute;n Nacional, FMLN, en El Salvador y la Uni&oacute;n Revolucionaria Nacional de Guatemala, URNG, que dependieron estrechamente de variables y apoyos inter nacionales, la guerrilla colombiana es bastante autonoma en relaci&oacute;n con esas relaciones. As&iacute; lo se&ntilde;ala el crecimiento que tuvo en las etapas posteriores al derrumbe catastr&oacute;fico del llamado <i>campo socialista</i> y a la crisis econ&oacute;mica de Cuba. Si bien es cierto que guerrillas como el ELN y el EPL contaron en sus primeras etapas con el apoyo pol&iacute;tico y financiero de Cuba y la Rep&uacute;blica Popular de China, respectivamente, ese apoyo nunca fue decisivo y ya hace tiempo que dej&oacute; de existir. Esta autonom&iacute;.a las ha hecho poco permeables a presiones internacionales, factor que dificulta la colaboraci&oacute;n de la comunidad internacional en la b&uacute;squeda de la paz.</p>     <p>Desde los a&ntilde;os ochenta, las guerrillas desarrollaron nuevos mecanismos de financiamiento, que les han permitido incrementar de manera significativa sus recursos, aumentar el n&uacute;mero de combatientes y modernizar y homogeneizar su armamento. Estos recursos provienen, en orden de importancia, de la apropiaci&oacute;n de excedentes del narcotr&aacute;fico, de la extorsi&oacute;n, del secuestro de civiles, del desv&iacute;o de recursos de los municipios y de los rendimientos de sus propias inversiones.<sup><a name="nr14"></a><a href="#14">14</a></sup> Es muy dif&iacute;cil cuantificar sus ingresos, pero su magnitud es alta, lo que ha relevado a estos grupos de la necesidad que tiene toda guerrilla de ganarse el apoyo de la poblaci&oacute;n y ha posibilitado un crecimiento militar que excede el de sus respaldos pol&iacute;ticos. De esta manera, su fortaleza militar es a la vez su gran debilidad: la necesidad de sostener y reproducir el aparato militar, les ha conducido a llevar la pr&aacute;ctica de los secuestros a l&iacute;mites nunca conocidos por otras guerrillas<sup><a name="nr15"></a><a href="#15">15</a></sup> y a la extorsi&oacute;n en gran escala, con lo que minan su precaria legitimidad y reducen a&uacute;n m&aacute;s sus posibilidades de ganar el apoyo de amplios sectores de la poblaci&oacute;n.<sup><a name="nr16"></a><a href="#16">16</a></sup></p>     <p>Estas fuentes de financiamiento le confieren a las guerrillas, como he se&ntilde;alado, una particular autonom&iacute;a en relaci&oacute;n con variables internacionales y tambi&eacute;n con algunos factores internos. Pero ello no permite colegir que las guerrillas son simplemente grupos armados que subsisten y crecen gracias a los elevados recursos que obtienen de estas fuentes de financiamiento. Si bien estas fuentes han sido y son importantes, las guerrillas nutren sus fuerzas fundamentalmente de la debilidad del Estado, de la desorganizaci&oacute;n social, sobre todo la que prevalece en las zonas de frontera agr&iacute;cola-, y de los efectos de la crisis que afronta el sector rural, como resultado de un modelo de desarrollo excluyente, carente de pol&iacute;ticas de largo alcance, que apunten al desarrollo de la sociedad rural, en condiciones de equidad e inclusi&oacute;n &#91;v&eacute;ase Machado 1998&#93;.</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>Guerras regionalizadas</b></font></p>     <p>Las guerrillas han planteado siempre su vocaci&oacute;n de lucha por la conquista del poder nacional y en ese sentido su guerra contra el Estado es nacional, aunque en la pr&aacute;ctica siempre haya tenido contornos regionales.<sup><a name="nr17"></a><a href="#17">17</a></sup> Estos contornos han estado determinados por la diversidad de conflictos subyacentes a la confrontaci&oacute;n armada<sup><a name="nr18"></a><a href="#18">18</a></sup> y por la relaci&oacute;n entre los poderes regionales y el poder nacional, entre las &eacute;lites regionales y nacionales. M&aacute;s que de la guerra frontal, se trata de un conjunto de guerras regionales. No es lo mismo la guerra en el Suroriente del pa&iacute;s, que en la regi&oacute;n urabaense, en el Magdalena Medio o en Arauca. En el Suroriente, hay latifundio ganadero y colonizaci&oacute;n de frontera, extensos cultivos de uso il&iacute;cito y presencia tradicional de las Farc-EP; la&prime; econom&iacute;a pol&iacute;tica&prime; de la guerra se basa en la apropiaci&oacute;n que hace la guerrilla de parte de los excedentes del narcotr&aacute;fico y en la regulaci&oacute;n del mercado de la materia prima, lo que se traduce en una cooperaci&oacute;n de facto entre guerrilla y narcotr&aacute;fico, que hace posible el funcionamiento de la narcoeconom&iacute;a. Esta cooperaci&oacute;n explica la ausencia de paramilitarismo en algunas localidades de la regi&oacute;n. En contraste, en Urab&aacute;, el paramilitarismo es fuerte y est&aacute; asociado al narcolatifundio<sup><a name="nr19"></a><a href="#19">19</a></sup> y a la exportaci&oacute;n de la droga. Los paramilitares convirtieron esta regi&oacute;n en &prime;laboratorio para la pr&aacute;ctica del terror&prime;, como medio para debilitar la base social de la guerrilla. Las masacres, el desplazamiento forzado y la coacci&oacute;n le permitieron controlar partes del territorio antes dominado por las Farc-EP, empresa en la que contaron con la complicidad activa o pasiva de las Fuerzas Armadas.<sup><a name="nr20"></a><a href="#20">20</a></sup> La disputa por este territorio tiene que ver con la importancia estrat&eacute;gica del golfo, en su calidad de puerta de salida al mercado negro de armas del Caribe, la exportaci&oacute;n de droga y la entrada de contrabando.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El car&aacute;cter regionalizado de la guerra tiene importancia para la construcci&oacute;n de la soluci&oacute;n pol&iacute;tica negociada. Si se aspira a desactivar la l&oacute;gica de la guerra, no se pueden dejar de lado las especificidades regionales, aunque la negociaci&oacute;n deba ser nacional, pues los actores que en ella participan son nacionales. Esto implica que la negociaci&oacute;n pol&iacute;tica debe articular la negociaci&oacute;n de nivel nacional con las negociaciones regionales.</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>La guerra y la econom&iacute;a e intereses del narcotr&aacute;fico</b></font></p>     <p>La expansi&oacute;n y consolidaci&oacute;n de la econom&iacute;a del narcotr&aacute;fico alter&oacute; el contexto nacional. El poder corruptor del narcotr&aacute;fico penetr&oacute; las instituciones del Estado y los partidos pol&iacute;ticos. Adem&aacute;s, se enquist&oacute; en organizaciones de la sociedad. Con ello ha aumentado la tradicional desconfianza de la sociedad hacia el Estado, ha debilitado las fronteras entre lo legal y lo ilegal y ha potenciado el complejo de violencias presentes en la sociedad.<sup><a name="nr21"></a><a href="#21">21</a></sup> Probablemente, el efecto m&aacute;s duradero y perverso de la expansi&oacute;n y consolidaci&oacute;n de la econom&iacute;a del narcotr&aacute;fico es la mutaci&oacute;n de valores que ha inducido: el enriquecimiento f&aacute;cil, la contemporizaci&oacute;n con la ilegalidad y la desvalorizaci&oacute;n de la vida.</p>     <p>Los intereses de la econom&iacute;a del narcotr&aacute;fico inciden en la naturaleza y din&aacute;mica de la guerra interna y le confieren una dimensi&oacute;n intr&iacute;nsecamente internacional, que ha propiciado una mayor injerencia de Estados Un&iacute;dos.<sup><a name="nr22"></a><a href="#22">22</a></sup> De hecho, el Plan Colombia, el m&aacute;s ambicioso programa de &prime;ayuda&prime; militar estadounidense en Am&eacute;rica Latina, despu&eacute;s de su intervenci&oacute;n en el conflicto centroamericano, se presenta ante todo como una estrategia antinarc&oacute;ticos. Este Plan convierte a Colombia en el laboratorio de las nuevas estrategias de intervenci&oacute;n de Estados Unidos en Am&eacute;rica Latina en la posguerra fr&iacute;a: se trata de derrotar al narcotr&aacute;fico y por esa v&iacute;a dejar sin financiamiento a las guerrillas. Pero el Plan deja de lado la estructura internacional del negocio y se orienta a afectar, <i>manumilitari</i> y con fumigaciones, las zonas de cultivos de uso il&iacute;cito, que son en su mayor&iacute;a de presencia guerrillera. Rota la relaci&oacute;n narcotr&aacute;fico-insurgencia se podr&aacute; garantizar la estabilidad nacional y la seguridad continental amenazada por el desbordamiento del conflicto colombiano. Los enem&iacute;gos a derrotar son el narcotr&aacute;fico, la insurgencia, los paramilitares y la delincuencia com&uacute;n.<sup><a name="nr23"></a><a href="#23">23</a></sup> identificados seg&uacute;n el diagn&oacute;stico que fundamenta el Plan como la causa de los problemas de Colombia. La &prime;inversi&oacute;n social&prime; se orienta a paliar los efectos de las fumigaciones y de la acci&oacute;n militar sobre las poblaciones afectadas. El Plan es una nueva modalidad de intervenci&oacute;n en la guerra: liga la lucha antinarc&oacute;ticos con la acci&oacute;n contrainsurgente y ofrece tratamiento de fuerza a problemas de naturaleza social y econ&oacute;rn&iacute;ca.<sup><a name="nr24"></a><a href="#24">24</a></sup></p>     <p>Pero adem&aacute;s, la econom&iacute;a de la droga ha favorecido la agudizaci&oacute;n de la guerra de dos maneras. Una, mediante el debilitamiento de las instituciones estatales, como resultado de su corrupci&oacute;n o de la capacidad intimidatoria de las organizaciones armadas al servicio del narcotr&aacute;fico. Ese debilitamiento ampl&iacute;a los espacios abiertos a la acci&oacute;n de los actores armados, as&iacute; como a las transacciones ilegales o para legales entre los particulares, todo lo cual contribuye al escalamiento de las violencias, incluida la pol&iacute;tica.</p>     <p>La otra forma en que se favorece la guerra consiste en que, de manera directa, los intereses del narcotr&aacute;fico juegan en los dos polos de la confrontaci&oacute;n armada. En el polo estatal, apoyando a trav&eacute;s de sus organizaciones y de grupos paramilitares la acci&oacute;n contra insurgente de las Fuerzas Armadas, en algunas regiones del pa&iacute;s. Los casos proverbiales son los de Urab&aacute; y el Magdalena Medio, pero no se agotan ah&iacute;. Es un apoyo que obedece a la defensa de intereses inmediatos de los narcotraficantes, pero tambi&eacute;n, tiene una perspectiva de largo plazo, pues, en tanto son elites econ&oacute;micas emergentes que aspiran a consolidar sus capitales, reconocen en las guerrillas a un enemigo. En el polo insurgente, el juego consiste en contribuir al financiamiento de las guerrillas, mediante el pago de &prime;impuestos&prime;<sup><a name="nr25"></a><a href="#25">25</a></sup> en las zonas que estas controlan, para garantizar el funcionamiento del negocio.</p>     <p>La econom&iacute;a e intereses del narcotr&aacute;fico y esta compleja relaci&oacute;n de cooperaci&oacute;n-conflicto del narcotr&aacute;fico con sectores del Estado y con las guerrillas son factores que han contribuido de manera decisiva a la consolidaci&oacute;n y expansi&oacute;n del paramilitarismo y a la desinstitucionalizaci&oacute;n de la guerra y del pa&iacute;s.</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>El paramilitarismo: dos polos, tres actores armados</b></font></p>     <p>La multiplicidad de agentes colectivos de la violencia y la magnitud y caracter&iacute;sticas del paramilitarismo son especificidades de la situaci&oacute;n colomb&iacute;ana.<sup><a name="nr26"></a><a href="#26">26</a></sup> Fuerzas Armadas estatales, guerrillas, milicias de diverso tipo, organizaciones armadas al servicio del narcotr&aacute;fico y paramilitares conforman un amplio espectro de organizaciones que hacen de la violencia su medio de acci&oacute;n. Entre ellos, los paramilitares son, despu&eacute;s de las Fuerzas Armadas y las guerrillas, los actores directamente involucrados en la guerra interna m&aacute;s relevantes. Tienen una importancia que nunca lograron organizaciones de este tipo, en los conflictos armados ocurridos en otros pa&iacute;ses latinoamericanos.</p>     <p>Sus or&iacute;genes son diversos y su universo heterog&eacute;neo. El paramilitarismo en Colombia no es nuevo. Los antecedentes m&aacute;s pr&oacute;ximos a su versi&oacute;n del final del siglo son los 'p&aacute;jaros' de la Violencia, que contaron con la complicidad abierta de los poderes regionales pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos, y religiosos. Algunos grupos son el resultado de la aplicaci&oacute;n de la doctrina de la Seguridad Nacional, prevaleciente durante la guerra fr&iacute;a. De all&iacute; las estrechas relaciones con sectores de las Fuerzas Armadas, que encontraron en el paramilitarismo rural y en el sicariato urbano un medio de acci&oacute;n contrainsurgente; otros son organizados por narcotraficantes, devenidos algunos de ellos grandes propietarios de tierra; otros son organizados por ganaderos, agricultores y comerciantes, para protegerse del asedio de las guerrillas y/o de la delincuencia com&uacute;n.<sup><a name="nr27"></a><a href="#27">27</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Elemento com&uacute;n a todos esos grupos de paramilitares es su vocaci&oacute;n contrainsurgente. El acelerado crecimiento que han tenido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, mayor que el experimentado por las guerrillas, se explica por los recursos que reciben del narcotr&aacute;fico y de sectores de las elites regionales, por la complicidad activa o pasiva de sectores de las Fuerzas Armadas, por la impunidad de la que gozaron hasta hace poco, por la extensi&oacute;n del &prime;narcolatifundio&prime; y por los abusos de las guerrillas contra la poblaci&oacute;n.<sup><a name="nr28"></a><a href="#28">28</a></sup></p>     <p>El pararmilitarismo es una expresi&oacute;n regional. Pero desde 19~7, un sec~or de los paramilitares, liderado por las Autodefensas Campesinas de Cordaba y Urab&aacute;, ACCU, cre&oacute; las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC. Busca consolidar una coordinaci&oacute;n nacional, ha definido una estrategia contrainsurgente y se ha dotado de un discurso pol&iacute;tico de defensa del Estado Social de Derecho y de la seguridad, ante la incapacidad del Estado y de sus Fuerzas Armadas para hacerlo, y de la amenaza que significa la expansi&oacute;n insurgente, seg&uacute;n afirma en sus documentos &#91;v&eacute;ase Cubides 1999&#93;. Busca el reconocimiento pol&iacute;tico y, en el evento de una negociaci&oacute;n de paz, exige que le traten en la forma en que sean tratadas las guerrillas. Su forma de acci&oacute;n es el terror, ejercido mediate masacres indiscriminadas de pobladores civiles -seg&uacute;n ellos, guerrilleros vestidos de civil- , y los asesinatos selectivos de dirigentes sociales y pol&iacute;ticos. No se trata de grupos rebeldes con un proyecto alternativo de sociedad, sino de una fuerza que se pretende complementaria a las del Estado. De hecho, en algunas zonas de conflicto, sectores de las Fuerzas Armadas delegaron en estos grupos la acci&oacute;n contrains~rgente. Los ejemplos de los &uacute;ltimos a&ntilde;os son Urab&aacute; y el Magdalena Medio, donde la pasividad de las Fuerzas Armadas contrast&oacute; con la agresividad de estas agrupaciones, que durante a&ntilde;os pudieron actuar impunemente provocando un verdadero ba&ntilde;o de sangre, que gener&oacute; intensos procesos de desplazamlento. As&iacute; silenciaron a la poblaci&oacute;n y debilitaron las bases sociales de la guerrilla.<sup><a name="nr29"></a><a href="#29">29</a></sup> La llamada &prime;pacificaci&oacute;n&prime; de Urab&aacute; se convirti&oacute; en el paradigma de la acci&oacute;n paramilitar y de la complicidad de sectores de las Fuerzas Armadas, el Estado y la sociedad, con el recurso al terror para recuperar zonas antes controladas por la insurgencia.</p>     <p>Los paramilitares son los principales responsables de las masacres y del desplazamiento forzado de la poblaci&oacute;n.<sup><a name="nr30"></a><a href="#30">30</a></sup> Como lo hemos dicho, son un fen&oacute;meno predominantemente regional, heterog&eacute;neo, al servicio de intereses privados. Las guerrillas los definen como un instrumento de la estrategia contrainsurgente del Estado, pero el fen&oacute;meno es mucho m&aacute;s con:plejo. Es necesario volver sobre la tesis de que la guerra en Colombia es bipolar, entre el Estado y las guerrillas. La presencia de grupos para militares no le confiere naturaleza multipolar, como quiera que estas agrapaciones se declaran defensoras del Estado y no aspiran a sustituirlo, sino a reforzarlo y a suplir las carencias de las Fuerzas Armadas. Son, entonces, dos polos pero tres actores armados.<sup><a name="nr31"></a><a href="#31">31</a></sup> en un polo est&aacute;n las Fuerzas Armadas y los paramilitares y en el otro, las guerrillas. Que Fuerzas armsdas y paramilitares se ubiquen en el mismo polo del conflicto no significa que sean lo mismo, como sostienen las guerrillas, o que los paramilitares sean una estructura dependiente de las fuerzas estatales. Por supuesto, existen v&iacute;nculos desde sus or&iacute;genes, pero el fortalecimiento de los paramilitares agrupados en las AUC, sus logros en la lucha contrainsurgente y los apoyos de sectores de las elites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas y de otros sectores de la poblaci&oacute;n les confiere autonom&iacute;a, en el marco de lo, que puede ser un proyecto pol&iacute;tico de extrema derecha. La comprensi&oacute;n de estos niveles de autonom&iacute;a es esencial para entender su l&oacute;gica de acci&oacute;n y en t&eacute;rminos de dise&ntilde;ar pol&iacute;ticas adecuadas para enfrentarlos.</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>Un contexto de violencia generalizada</b></font></p>     <p>La guerra en Colombia se desenvuelve en un contexto de violencia gene ralizada,<sup><a name="nr32"></a><a href="#32">32</a></sup>  en el que esta se manifiesta de diversas formas: como violencia pol&iacute;tica, como violencia econ&oacute;mica y como violencia social.<sup><a name="nr33"></a><a href="#33">33</a></sup> La violencia pol&iacute;tica interact&uacute;a con las otras dos formas. Los efectos de esta situaci&oacute;n son diversos. La violencia se ha banalizado, se ha incorporado a la existencia cotidiana y la capacidad de respuesta y censura social se ha reducido. Se han ampliado los espacios abiertos para el ejercicio de la &prime;justicia privada&prime; y se ha debilitado la confianza en la capacidad del Estado para tramitar pac&iacute;ficamente los conflictos, con lo que se ha fortalecido el 'mercado de la violencia&prime;.<sup><a name="nr34"></a><a href="#34">34</a></sup> Las interacciones entre la violencia pol&iacute;tica y las otras formas de violencia han debilitado al extremo las fronteras entre el delito pol&iacute;tico y el com&uacute;n, al punto de que en algunos casos resulta dif&iacute;cil establecer las autor&iacute;as de los secuestros o de los atentados: bien pueden provenir de organismos de seguridad, de paramilitares, de guerrillas o de delincuentes comunes. Por &uacute;ltimo, la banalizaci&oacute;n de la violencia y la confusi&oacute;n entre la violencia pol&iacute;tica y las otras son factores que han agravado el proceso de desinstitucionalizaci&oacute;n de la sociedad y han afectado la credibilidad en el proyecto &eacute;tico-pol&iacute;tico de los insurgentes.</p>     <p>Adem&aacute;s de la inquietante tasa de homicidios, una de las m&aacute;s altas del mundo, preocupa el hecho de que solamente entre el 15 por ciento y el20 por ciento de los homicidios sean atribuibles a la violencia pol&iacute;tica: el porcentaje restante es producido por la violencia econ&oacute;mica -crimen organizado y delincuencia com&uacute;n- y por la violencia social-conflictos &iacute;nterpersonales-, lo que denota un elevado grado de desvalorizaci&oacute;n de la vida e ineficacia, tanto del Estado como de la sociedad, para desarrollar unas instituciones y unos pactos sociales que hagan viable la resoluci&oacute;n pac&iacute;fica de los conflictos. El incremento de las v&iacute;ctimas de la llamada &prime;limpieza social&prime;, practicada sobre todo en centros urbanos, para eliminar a las personas consideradas 'indeseables' o que son percibidas como amenaza para las comunidades -indigentes, prostitutas, homosexuales, etc&eacute;tera-, es expresi&oacute;n de los niveles de intolerancia e insolidaridad a los que se ha llegado, as&iacute; como de la profundidad del proceso de desinstitucionalizaci&oacute;n. Los autores de estos cr&iacute;menes son grupos que generalmente cuentan con el apoyo t&aacute;cito de las comunidades y en los que es frecuente encontrar miembros de la fuerza p&uacute;blica.</p>     <p>En el fondo, toda violencia tiene una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica, en tanto que hay rechazo o desconocimiento del Estado como espacio p&uacute;blico para la regulaci&oacute;n de los conflictos.<sup><a name="nr35"></a><a href="#35">35</a></sup> De all&iacute; que, aunque no se pueda afirmar que existen relaciones de causalidad entre la violencia pol&iacute;tica y las otras formas, ellas se refuerzan mutuamente al debilitar la capacidad reguladora del Estado y propiciar comportamientos individuales y colectivos al margen de la normatividad. A la vez, la d&eacute;bil presencia del Estado y la inoperancia de la justicia alimentan estas expresiones violentas. La violencia pol&iacute;tica es el contexto en el que se reproducen las otras formas de violencia.<sup><a name="nr36"></a><a href="#36">36</a></sup> por lo que un acuerdo de paz que ponga fin a la confrontaci&oacute;n armada es un elemento clave para avanzar en la reducci&oacute;n de algunas de las otras expresiones violentas.</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>Guerra del presente, agenda de dos &eacute;pocas</b></font></p>     <p>La guerra en Colombia obedece a problemas propios de la guerra fr&iacute;a y a los que corresponden al periodo de la posguerra fr&iacute;a, al final del siglo veinte. Su agenda es dual: nos remite a las carencias de nuestra institucionalidad democr&aacute;tica, para cuya superaci&oacute;n son imperativas reformas de orden pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y social, que permitan avanzar en la construcci&oacute;n de una democracia moderna. Y tambi&eacute;n nos remite a las prioridades de la agenda de la globalizaci&oacute;n: narcotr&aacute;fico, derechos humanos, medio ambiente, migraciones, corrupci&oacute;n y gobernabilidad democr&aacute;tica. El reto hist&oacute;rico consiste en transitar del siglo diecinueve al siglo veintiuno, para lograr una sociedad democr&aacute;tica viable, en la que la justicia social y la equidad garanticen una paz duradera y sostenible.</p>     <p><font face="verdana" size="3"><b>COYUNTURA DE OPORTUNIDAD PARA CONSTRUIR LA DEMOCRACIA</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A partir de la tesis de que el problema de fondo es la construcci&oacute;n de la democracia y de que la guerra es una expresi&oacute;n sintom&aacute;tica de las carenÂ­cias de la institucionalidad democr&aacute;tica,<sup><a name="nr37"></a><a href="#37">37</a></sup> es indispensable interrogarse sobre las carencias m&aacute;s relevantes que operan como factores que han favorecido la reproducci&oacute;n de la guerra.</p>     <p>La construcci&oacute;n democr&aacute;tica de la sociedad solo ser&aacute; posible si hacemos de esta el objeto de un acuerdo nacional. Hoy contamos con condiciones m&aacute;s favorables para alcanzarlo, que hace veinte a&ntilde;os, cuando se iniciaron los esfuerzos por lograr una paz negociada. La gravedad de la situaci&oacute;n y los cambios experimentados por la sociedad en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas han hecho que amplios sectores de la sociedad acepten la necesidad de reformas democr&aacute;ticas, aunque subsistan fuertes desacuerdos en torno a su alcance y a su contenido.<sup><a name="nr38"></a><a href="#38">38</a></sup> Adem&aacute;s, la nueva situaci&oacute;n mundial, la desideologizaci&oacute;n de los conflictos y la mayor interdependencia de los procesos pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sociales en el contexto de la globalizaci&oacute;n favorecen reformas orientadas a garantizar la estabilidad institucional y la gobernabilidad democr&aacute;tica. Veamos algunos de los cambios recientes.</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>Una sociedad en transformaci&oacute;n</b></font></p>     <p>La cr&iacute;tica situaci&oacute;n que afrontamos se presenta en un pa&iacute;s en el que nunca el Estado logr&oacute; el control de la sociedad y del territorio y en el que la modernizaci&oacute;n de sus estructuras econ&oacute;micas y sociales no condujo a la construcci&oacute;n de una democracia moderna. Dos partidos, el Liberal y el Conservador, controlan el gobierno desde mediados del siglo pasado y las elites econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas no se vieron obligadas a abrir los espacios del poder a la participaci&oacute;n de las clases subalternas. No ha conocido ni re&iacute;orrnismos, ni populismos como los que se dieron en otros pa&iacute;ses del Cont&iacute;nente.<sup><a name="nr39"></a><a href="#39">39</a></sup> La exclusi&oacute;n y la inequidad han sido una constante de los sistemas pol&iacute;tico y econ&oacute;mico y con ellas, la existencia de unas elites profundamente retardatarias que no han tenido que renunciar a privilegios para conservar su hegemon&iacute;a.</p>     <p>En la d&eacute;cada del noventa, se produjeron cambios en el modelo de desarrollo y en el sistema pol&iacute;tico, sin que se alteraran sustancialmente las condiciones de inequidad y exclusi&oacute;n. La globalizaci&oacute;n condujo a la apertura internacional y se dej&oacute; atr&aacute;s el antiguo modelo sustitutivo de importaciones con protecci&oacute;n estatal. Los resultados de esta apertura han sido, hasta ahora, m&aacute;s negativos que positivos.<sup><a name="nr40"></a><a href="#40">40</a></sup> Por otra parte, en 1991 se adopt&oacute; una nueva Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica que consagr&oacute; el Estado Social de Derecho y la democracia participativa. Pero el cambio institucional no bast&oacute; para poner fin a la guerra in terna y desbloquear la democracia, aunque abri&oacute; nuevos espacios de participaci&oacute;n. Sin embargo, estas dos reformas consagraron un conflicto estructural entre el modelo de desarrollo que demanda menos Estado y el sistema pol&iacute;tico que demanda m&aacute;s Estado.</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>Las elites fracturadas</b></font></p>     <p>Una consecuencia de estos cambios fue la fractura de las elites econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas, que hab&iacute;an ejercido su dominaci&oacute;n sobre la base de acuerdos tanto sobre el modelo de desarrollo, primero, como sobre el sistema pol&iacute;tico, despu&eacute;s, a partir del establecimiento del Frente Nacional. Esos acuerdos no existen m&aacute;s y hay una clara oposici&oacute;n de intereses entre fracciones de las elites, lo que agrega otro elemento de complejidad a las dif&iacute;ciles condiciones de gobernabilidad existentes. El potencial transformador de todo proceso de cambio se articula inevitablemente con la fragilidad institucional, factor determinante de la vulnerabilidad de los procesos. En las sociedades en cambio, las instituciones son m&aacute;s vulnerables, porque perviven las pr&aacute;cticas antiguas y a&uacute;n no se consolidan las nuevas. En el caso de Colombia, esta vulnerabilidad es mayor, dadas las tradicionales condiciones de debilidad institucional.</p>     <p>Este es el tel&oacute;n de fondo sobre el que se han configurado nuevos equilibrios pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sociales en las regiones. La lista ser&iacute;a larga de enunciar, pero los casos m&aacute;s visibles son el Urab&aacute; antioque&ntilde;o, C&oacute;rdoba, el Magdalena Medio, entre otros. Tambi&eacute;n se han producido cambios significativos en las relaciones entre las elites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas regionales y nacionales. Algunas de aquellas no se sienten interpretadas por las nacionales, en aspectos tan cruciales en la coyuntura como la pol&iacute;tica de paz. Expresiones como la de &quot;nos traicionaron&quot;, al referirse a la pol&iacute;tica de paz del actual gobierno, denotan mucho m&aacute;s que un desencanto: un conflicto profundo de intereses entre una mirada que privilegia el inter&eacute;s nacional y otra que privilegia los intereses de los sectores dominantes regionales. Y desde luego, hay una &prime;econom&iacute;a de guerra&prime; que tiene que ver con los desplazamientos forzados, con la apropiaci&oacute;n de tierras valorizables. En fin, no es azaroso que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se haya producido una contrarreforma agraria, en la que los narcotraficantes y otros empresarios han adquirido tierras.<sup><a name="nr41"></a><a href="#41">41</a></sup></p>     <p>Los intereses en juego y la fragilidad institucional se manifiestan en los cr&iacute;ticos niveles de corrupci&oacute;n. Esta se ha favorecido por la hegemon&iacute;a bipartidista durante siglo y medio, por la ausencia de una eficaz oposici&oacute;n y por la inexistencia de una &eacute;tica de lo p&uacute;blico. El Estado ha sido mucho m&aacute;s un bot&iacute;n de la pol&iacute;tica partidista que espacio de representaci&oacute;n de los intereses comunes. La corrupci&oacute;n se ha visto agravada por la influencia de la econom&iacute;a de la droga, pero no es solamente un problema ligado a la preeminencia del narcotr&aacute;fico en la sociedad. Tal vez no sea exagerado afirmar que tiene mucho m&aacute;s que ver con las pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas y los rasgos del sistema pol&iacute;tico, que han permitido, por ejemplo, que los procesos de privatizaci&oacute;n impulsados por el cambio de modelo de desarrollo se hayan convertido en otra cantera pr&aacute;cticamente inagotable de pr&aacute;cticas corruptas. Uno de los resultados de esta situaci&oacute;n es el fortalecimiento de la tradicional desconfianza hacia el Estado.</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>Guerrerosy poblaci&oacute;n civil</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Todas estas circunstancias, agravadas en el momento actual por la profundidad de la recesi&oacute;n econ&oacute;mica, constituyen un medio ambiente favorable a la reproducci&oacute;n y crecimiento de los grupos armados ilegales de todo tipo. No es sorprendente que centenares de j&oacute;venes en las zonas rurales se enrolen en las filas de uno u otro grupo, que a sus ojos aparecen como verdaderos ej&eacute;rcitos profesionales que ofrecen una alternativa de subsistencia. Las posiciones pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas cuentan cada vez menos: de hecho, los paramilitares pagan sueldo a sus integrantes. Y las guerrillas hace tiempo que dejaron de incorporar combatientes que tuvieran previos procesos de formaci&oacute;n pol&iacute;tica. Se entiende por tanto la facilidad con la que se pasa de un bando a otro, sobre todo, de la guerrilla al pararnilitarismo.<sup><a name="nr42"></a><a href="#42">42</a></sup> La reproducci&oacute;n y el crecimiento de los grupos han implicado cambios en la forma de relacionarse con la poblaci&oacute;n: el apoyo, m&aacute;s que a trav&eacute;s de la persuasi&oacute;n, lo conquistan a trav&eacute;s de la coacci&oacute;n. Los pobladores se ven obligados a aceptar al grupo armado, a colaborar con &eacute;l, so pena de ser tratados como objetivo militar. Es una relaci&oacute;n perversa, porque con la movilidad relativamente alta de las hegemon&iacute;as locales ejercidas por estos grupos, los pobladores tienen que ingeni&aacute;rselas para colaborar con todos y desarrollan un comportamiento oportunista que no tiene nada que ver con proyectos pol&iacute;ticos, pero s&iacute; con un aspecto vital: conservar la vida. Poco a poco se les han arrebatado la libertad y la palabra. En medio del fuego cruzado, el silencio y la sumisi&oacute;n son la posibilidad de sobrevivir&hellip; al menos mientras otro grupo no desplace al que hoy ejerce la hegemon&iacute;a.</p>     <p>El escenario de la guerra es rural, pero ya no es marginal. Se ha acercado a las ciudades yen no pocas de ellas operan milicias. Desde hace a&ntilde;os las guerrillas les pasan la cuenta de cobro a las multinacionales y a las &eacute;lites, mediante el &prime;boleteo&prime; y el secuestro. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, ampliaron su &prime;base tributaria&prime; y hoy boletean y secuestran a sectores de clases medias, en la ciudad y en el campo. Las llamadas &prime;pescas milagrosas&prime;<sup><a name="nr43"></a><a href="#43">43</a></sup> &prime;democratizaron&prime; la pr&aacute;ctica del secuestro: cualquiera puede ser objeto de &eacute;l. Por su parte, los paramilitares golpean con sus cr&iacute;menes selectivos en las ciudades a l&iacute;deres sindicales, dirigentes pol&iacute;ticos y sociales, defensores de los derechos humanos, luchadores por la paz, acad&eacute;micos. Y asesinan colectivamente a centenares de pobladores civiles de las zonas rurales. A miles, los obligan a abandonar sus tierras y a los m&aacute;s, los someten con el terror. Los paramilitares tambi&eacute;n boletean y secuestran a los pobladores, en particular, a aquellos que se han visto obligados a 'contribuir' financieramente con la guerrilla. La sensaci&oacute;n de inseguridad y la incapacidad del Estado para controlar la situaci&oacute;n alimenta una peligrosa tendencia a la polarizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n y ha estimulado las posiciones de quienes se inclinan por una salida militar.</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>Formas de resistencia civil</b></font></p>     <p>En medio de la guerra y en parte como respuesta a su expansi&oacute;n y degradaci&oacute;n, se han producido diversas formas de resistencia de la po blaci&oacute;n civil. Han surgido centenares de organizaciones de desplazados, que tratan de afrontar el desarraigo y la p&eacute;rdida de sus referentes de manera colectiva. Decenas de comunidades han recurrido a la aci&oacute;n colectiva, para demandar a todos los grupos en armas el respeto a sus tierras y a sus poblados y el derecho a no comprometerse con ninguno de los bandos. Las llamadas Comunidades de paz reivindican la territorialidad, para sustraerla a los efectos de la confrontaci&oacute;n armada. Otras incluso se han enfrentado con &prime;armas&prime; rudimentarias a sus agresores, para evitar la ocupaci&oacute;n de sus aldeas. Los ind&iacute;genas se resisten a aceptar los &oacute;rdenes que en aras de la guerra pretenden imponerles. Es alta la cuota de sacrificio en vidas humanas que han tenido que pagar para defender los principios de multietnicidad y multiculturalidad, hoy vueltos mandato constitucional. Es una lucha desigual, que frecuentemente termina en tragedias colectivas, pero es una lucha que no cesa y que se expande tambi&eacute;n, aunque a un ritmo inferior al de la guerra. Son expresiones de &prime;toma de palabra&prime;, de toma de posesi&oacute;n de nuevos espacios de la pol&iacute;tica, que se convierten en esce~anos de confrontaci&oacute;n, ante la dial&eacute;ctica de la guerra, que busca destruir lo que no logra dominar.</p>     <p>La expansi&oacute;n de la guerra y la progresiva afectaci&oacute;n de la po~laci&oacute;n civil han sido decisivos para la emergencia de un movimiento ciudadano que propugna por la soluci&oacute;n negociada, el cese al fuego y el respeto del derecho internacional humanitario. En el convergen las iglesias y organizaciones empresariales, sindicales, acad&eacute;micas y sociales de diverso tipo. Mas all&aacute; de estos puntos de convergencia, el movimiento ciudadano por la paz est&aacute; atravesado por una sene de conflictos, que se sintetizan en el tipo de paz que se quiere alcanzar. Para unos, se trata del silenciamiento de los fusiles, de la entrega de armas y de la desmovilizaci&oacute;n de los guerrilleros, que pasar&iacute;an a actuar en la legalidad pol&iacute;tica; para otros, la paz es mucho m&aacute;s qu~ ~so: es la transformaci&oacute;n de las estructuras sociales, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas, de manera que eso permita poner fin a una historia de exclusi&oacute;n e inequidad, &uacute;nica forma de sentar las bases de una paz sostenible. Asociado con estos aspectos, esta el del papel de la llamada sociedad civil, en la negociaci&oacute;n. Para unos, la sociedad no tiene cabida en esa negocraci&oacute;n, que debe estar en manos del gobierno y de los alzados en arma:, en acuerdo con la concepci&oacute;n de que la paz es simplemente la ausencia de guerra; para otros, la sociedad debe participar proponiendo y decidiendo sobre el contenido de las reformas que se deben adoptar. Este nuevo campo de expresi&oacute;n pol&iacute;tica, ofrece la ventaja de haber propiciado el acercamiento entre sectores que hasta hace poco no se encontraban compartiendo espacios y objetivos. En ese sentido, ha sido una escuela de democracia en medio de la guerra y una manera de responder con la movilizaci&oacute;n masiva al terror y a la in timidaci&oacute;n, pr~pias de toda guerra. Son tomas de palabra que testimonian la resistencia de una sociedad que no se resigna a dejarse derrotar por la fuerza de las armas; es tambi&eacute;n el soporte de una empresa transformadora de la sociedad, a partir de la necesidad de superar la guerra civil.</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>Construir la salida al laberinto nacional</b></font></p>     <p>La coyuntura de oportunidad debe ser el momento para avanzar, sumult&aacute;neamente, en la superaci&oacute;n de la guerra y en unas transformaciones pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y sociales que permitan la construcci&oacute;n de una democracia moderna, fundada en la justicia SOCIal y la equidad. La experiencia internacional evidencia que la paz duradera y sostenible solo se logra mediante la profundizaci&oacute;n de la democracia.<sup><a name="nr44"></a><a href="#44">44</a></sup></p>     <p>La profundizaci&oacute;n de la democracia no se agota en los cambios relativos al r&eacute;gimen pol&iacute;tico y al Estado, sino que comprende tambi&eacute;n aspectos econ&oacute;micos, sociales y culturales, favorables a un reordenamiento de la sociedad y del Estado, orientado a garantizar a todos el acceso a los beneficios del desarrollo y de la ciudadan&iacute;a. En ese sentido, la agenda de paz debe ser el resultado de un acuerdo nacional, que comprometa a la sociedad en su conjunto: partidos y movimientos pol&iacute;ticos, organizaciones sociales de diversa &iacute;ndole -juveniles, gremios empresariales, sindicatos, grupos de mujeres, &eacute;tnicos, ambientalistas, etc&eacute;tera-, gobierno y grupos guerrilleros. La viabilidad de un acuerdo de paz de esta naturaleza depende de la solidez del compromiso de todos estos sectores con su contenido, lo que presupone su activa participaci&oacute;n en la definici&oacute;n del mismo.</p>     <p>Los aspectos relativos a la superaci&oacute;n de la guerra, en lo que concierne al cese temporal y/o definitivo de la confrontaci&oacute;n armada, los mecanismos para la integraci&oacute;n de una sola fuerza armada, los medios y garant&iacute;as para la acci&oacute;n pol&iacute;tica de los insurgentes y la determinaci&oacute;n de los instrumentos para aplicaci&oacute;n y verificaci&oacute;n del cumplimiento de los acuerdos forman parte de la agenda de la mesa de negociaci&oacute;n entre el gobierno y las guerrillas.</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>La formaci&oacute;n de los consensos b&aacute;sicos</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se ha avanzado en la delimitaci&oacute;n de los primeros consensos b&aacute;sicos. Entiendo por estos consensos, los puntos de convergencia, aun en su enunciado general, entre diversos sectores de la sociedad, el gobierno y las guerrillas sobre las reformas asociadas a la posibilidad de la construcci&oacute;n de una paz sostenible y sobre los procedimientos que se deben seguir para poner fin a la guerra y para su regulaci&oacute;n, mientras acaba. Estos consensos se han construido en tres escenarios diferentes:</p> <ul>    <p>1. Mesa de negociaciones entre el gobierno y las Farc-Ef en la que se acord&oacute;, en mayo de 1999, la <i>Agenda com&uacute;n por el cambio hacia una Nueva Colombia.</i> <sup><a name="nr45"></a><a href="#45">45</a></sup></p>    </ul> <ul>    <p>2. Encuentros entre sectores de la llamada sociedad civil y el ELN, en los que se defini&oacute; la Agenda de la Convenci&oacute;n Nacional por la Paz,46 que fue posteriormente avalada por la administraci&oacute;n Pastrana.</p>    </ul> <ul>    <p>3. Eventos de diversa &iacute;ndole -foros, seminarios, congresos, encuentros, etc&eacute;tera-, convocados en los &uacute;ltimos a&ntilde;os por diferentes sectores de la sociedad y por las organizaciones e iniciativas ciudadanas de paz.</p>    </ul>     <p>Los consensos b&aacute;sicos giran en torno a la soluci&oacute;n pol&iacute;tica negociada de la guerra, a la urgencia de llegar a acuerdos en materia de derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario, a la necesidad de construir la paz, sobre la base de reformas orientadas a superar la pobreza, la inequidad y a profundizar la democracia:<sup><a name="nr47"></a><a href="#47">47</a></sup> en torno tambi&eacute;n a la importancia de la participaci&oacute;n de la llamada sociedad civil en la definici&oacute;n de los contenidos de las reformas y a la conveniencia de la cooperaci&oacute;n internacional en la construcci&oacute;n de la paz.</p>     <p>El desbloqueo de la democracia exige un contrato social y el establecimi ento de un modelo de desarrollo fundado en la expansi&oacute;n de las capacidades de la gente, que haga posible para todos, en condiciones de equidad, el acceso a los beneficios del crecimiento y de la ciudadan&iacute;a.<sup><a name="nr48"></a><a href="#48">48</a></sup> Al respecto, enuncio en seguida algunos de los campos problem&aacute;ticos que contr&iacute;buyen a la reproducci&oacute;n de las condiciones de inequidad. Su enunciado no implica una jerarquizaci&oacute;n, ni agota el espectro de las reformas posibles y necesarias. Pretende simplemente ilustrar los espacios que se han abierto, en medio de la compleja situaci&oacute;n que afrontamos, para buscar caminos que permitan hacer de la b&uacute;squeda de la paz una empresa de construcci&oacute;n de una sociedad com&uacute;n y compartida &#91;Corredor 1999,43&#93;.</p>     <p><i><b>Fortalecer el Estado Social de Derecho</b></i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las guerrillas invocaron el car&aacute;cter excluyente del r&eacute;gimen pol&iacute;tico como uno de los argumentos para legitimar su recurso a las armas, en momentos en los que se pasaba de la dictadura militar de Rojas Pinilla (1953-1957) y se reternaba a la democracia frentenacionalista, que formaliz&oacute; la hegemon&iacute;a bipartidista y la exclusi&oacute;n de las minor&iacute;as y de la oposicion. Entre los avances m&aacute;s notables de la Constituci&oacute;n del 91 se encuentran la consagraci&oacute;n del Estado Social de Derecho, de la democracia participativa y del multipartidismo. Entonces se dio por zanjado definitivamente el problema planteado por las guerrillas en los a&ntilde;os sesenta. Sin embargo, es m&aacute;s lo consignado en el texto, que lo convertido en pr&aacute;ctica social. Resulta indispensable establecer los instrumentos necesarios para hacer efectivo el predominio de lo social y la igualdad de oportunidades. Pero este es un campo de debate y confrontaci&oacute;n entre los partidarios del Estado Social de Derecho y los tributarios del llamado &prime;pensamiento &uacute;nico&prime;, que rinden culto a la potencialidad reguladora del mercado. Lo complejo en nuestro caso es que a la insuficiencia de los desarrollo: institucionales se suman la d&eacute;bil tradici&oacute;n de cultura pol&iacute;tica democr&aacute;t&iacute;ca- sin la cual es dif&iacute;cil consolidar la democracia- y la debilidad de los partidos y de la sociedad civil.<sup><a name="nr49"></a><a href="#49">49</a></sup></p>     <p>La precariedad de la participaci&oacute;n, a pesar de los indiscutibles avances de la &uacute;ltima d&eacute;cada, tiene que ver con la escasa tradici&oacute;n de participaci&oacute;n pol&iacute;tica y con la debilidad de la sociedad civil. Pero tambi&eacute;n con las trabas institucionales, por lo que en este campo es imperiosa una labor de &prime;ingenier&iacute;a institucional&prime; que propicie la participaci&oacute;n y por esta v&iacute;a coadyuve al fortalecimiento de la sociedad civil.</p>     <p><i><b>Una justicia democr&aacute;tica</b></i></p>     <p>La construcci&oacute;n de la paz requiere de la existencia del Estado Social de Derecho. Pilares de este tipo de Estado son el acatamiento de las reglas del juego democr&aacute;ticamente establecidas en el contrato social, el monopolio estatal de la violencia, el respeto de la ley, con lo que se logra que la coacci&oacute;n estatal sea limitada por el reconocimiento y respeto de los derechos de los ciudadanos, y, por &uacute;ltimo, que la acci&oacute;n estatal se oriente a garantizar condiciones de equidad y justicia social. El funcionamiento de un Estado de esta naturaleza requiere de la existencia de un sistema de justicia independiente y democr&aacute;tico. En la experiencia hist&oacute;rica de la construcci&oacute;n de los Estados europeos, la paz fue un requisito para la consolidaci&oacute;n de un sistema de justicia de ese tipo. En el caso de Colombia, no hay monopolio estatal de la violencia y no existe un sistema de justicia democr&aacute;tico, sin que se desconozcan los avances que en esta materia se han dado a partir de 1991. Reforma y fortalecimiento de la justicia son indispensables para la construcci&oacute;n de la paz y afrontamos el reto de asumir, simult&aacute;neamente, las tareas de pacificaci&oacute;n de la sociedad, garantizar los derechos ciudadanos, la participaci&oacute;n democr&aacute;tica y la justicia social, con conciencia de que en un contexto de guerra, las exigencias de la paz pueden entrar en conflicto con los imperativos del derecho o de la acci&oacute;n militar.<sup><a name="nr50"></a><a href="#50">50</a></sup> En particular, se requiere superar los elementos autoritarios y de excepcionalidad, presentes en el sistema judicial y limitar el fuero castrense.</p>     <p><i><b>Reformar el sistema de partidos y electoral, rodear de garant&iacute;as la oposici&oacute;n y las minor&iacute;as</b></i></p>     <p>Colombia no logr&oacute; superar la hegemon&iacute;a bipartidista de m&aacute;s de siglo y medio, a pesar del cambio institucional de 1991. La experiencia hist&oacute;rica muestra que los procesos de transici&oacute;n a la democracia son reversibles o en todo caso, lentos. Las normas y las pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas no cambian de un d&iacute;a para otro.<sup><a name="nr51"></a><a href="#51">51</a></sup> En nuestro caso, inciden los rasgos de la cultura pol&iacute;tica, la tradici&oacute;n de sectarismo e intolerancia, las regulaciones del sistema de partidos y de los procesos electorales, las limitaciones v falencias de los sectores que se autodefinen como alternativas al bipartidismo y la guerra mterna. En este campo, la &prime;ingenier&iacute;a institucional' tiene a&uacute;n mucho por hacer, para establecer normas que favorezcan el fortalecimiento de los partidos pol&iacute;ticos, rodee de garant&iacute;as el ejercicio de la oposici&oacute;n y cree condiciones de sostenibilidad de los partidos y movimientos minoritarios, a los que, seg&uacute;n Meta Spencer, es necesario proteger de los ataques de las mayonas. Hay que cerrarle las puertas a mecanismos como la &prime;operaci&oacute;n avispa&prime;, que desconoce la circunscripci&oacute;n nacional y militancia m&uacute;ltiple, que mduce la fragmentaci&oacute;n partidista; es necesario establecer temporalmente sistemas de favorabilidad. bajo condiciones espec&iacute;ficas, para la acci&oacute;n pol&iacute;tica de las minor&iacute;as. Esto &uacute;ltimo, a m&aacute;s de ser un instrumento de fortalecimiento de los partidos pol&iacute;ticos, es opci&oacute;n ante el recurso a las armas que utiliza la oposici&oacute;n de izquierda armada.</p>     <p><i><b>Los problemas del sector rural</b></i></p>     <p>Los problemas del sector rural tienen que ver con la incapacidad del modelo de desarrollo para resolver las inequidades y la injusticia social. Pero adem&aacute;s, con el hecho de que en el reciente proceso de modernizaci&&oacute;n de la econom&iacute;a y de la sociedad se le haya dado al sector un tratamiento residual y se hay desconocido su potencial estrat&eacute;gico para alcanzar objetivos de crecimiento econ&oacute;mico, equidad, justicia social y sostenibilidad.<sup><a name="nr52"></a><a href="#52">52</a></sup> No es azaroso que, a pesar de ser la nuestra una sociedad predominantemente urbana, sea el campo el escenario dominante de la guerra: en &eacute;l se sintetizan una tradici&oacute;n de luchas armadas, la descomposici&oacute;n de las.econom&iacute;as campesinas por la v&iacute;a de la expropiaci&oacute;n violenta, unas pol&iacute;ticas de colonizaci&oacute;n m&aacute;s orientadas a ocultar los problemas sociales que a resolverlos, niveles de pobreza e inequidad e injusticia social extremos, alIado de un importante desarrollo multisectorial; el desarrollo de la econom&iacute;a il&iacute;cita del narcotr&aacute;fico, la ausencia de Estado en la regulaci&oacute;n de conflictos sociales o provisi&oacute;n de bienes y servicios p&uacute;blicos, o su presencia fundamentalmente represiva.</p>     <p>Estos problemas son solubles en forma duradera a partir de cambios en el modelo de desarrollo que, como hemos dicho, se orienten a una redistribuci&oacute;n del poder y de la riqueza, de manera que todos los habitantes tengan acceso a bienes y servicios y se permita el desarrollo de sus capacidades. La situaci&oacute;n remite a una serie de problemas que afectan, algunos de ellos, al conjunto de los pobladores rurales y de las actividades econ&oacute;micas que en &eacute;l se desarrollan: la seguridad. la preservaci&oacute;n del medio ambiente y el desarrollo de la productividad. La cuesti&oacute;n de las tierras -reforma agraria- y la relocalizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n est&aacute;n m&aacute;s circunscritas a determinados sectores de poblaci&oacute;n, pero tienen una relevancia pol&iacute;tica alta en la resoluci&oacute;n de la guerra.</p>     <p><i><b>Reforma agraria</b></i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las guerrillas, especialmente las Farc-EP, invocan la cuesti&oacute;n de las tierras como uno de los factores que justifican su recurso a las armas. Durante a&ntilde;os se habl&oacute; de que esta tozuda tesis era un anacronismo. Pero la expansi&oacute;n de la guerra, el paramilitarismo, la narcoeconom&iacute;a  la destrucci&oacute;n de las econom&iacute;as campesinas, por la equivocada pol&iacute;tica antinarc&oacute;ticos, modific&oacute; sustancialmente los referentes del sector rural y de lo que tradicionalmente se identific&oacute; como problema agrario. Hoy se acepta, como punto de partida, la necesidad de resolver un problema hist&oacute;rico de tierras, pospuesto por las ilusiones de una colonizaci&oacute;n sin perspectivas de integraci&oacute;n eficiente al mercado: y en consecuencia, la necesidad de relocalizaci&oacute;n de significativos contingentes de poblaci&oacute;n, En ese sentido, mantiene vigencia la tesis de la urgencia de una reforma agraria. El desarrollo multisectorial de la econom&iacute;a rural y el menor peso relativo del sector agropecuario en la econorrua nacional y en la estructura de poder han contribuido a que la insistencia en la reforma no despierte las resistencias del pasado. Al fin y al cabo, piensan algunos, para eso est&aacute;n las tierras de los narcotraficantes.</p>     <p>Articulados a la reforma agraria se encuentran los problemas de productividad y competitividad del sector. No se trata de entregar tierras para que en el mediano plazo contribuyan a agudizan la construcci&oacute;n de la propiedad, sino de ofrecer tierras con capacidad productiva, integradas al mercado, y el adecuado soporte en cr&eacute;ditos y asistencia t&eacute;cnica.</p>     <p><i><b>Cultivos de uso il&iacute;cito</b></i></p>     <p>Si el narcotr&aacute;fico ha estado en el centro de las preocupaciones de la presencia estadounidense en la guerra colombiana, no ha ocurrido igual con la poblaci&oacute;n obligada por los determinantes de un modelo de desarrollo a cultivar los &uacute;nicos productos que tienen un mercado asegurado y precios adecuados. Centenares de miles de campesinos son criminalizados por esta actividad, cuya resoluci&oacute;n pasa por los centros de poder internacional, pero tambi&eacute;n por la redistribuci&oacute;n de poder, de tierras y de ingresos.<sup><a name="nr53"></a><a href="#53">53</a></sup></p>     <p>El fortalecimiento de la equivocada pol&iacute;tica antinarc&oacute;ticos a trav&eacute;s del Plan Colombia, que ataca exclusivamente la oferta por la v&iacute;a de las fumigaciones, se convierte hoy en la mayor amenaza para la intensificaci&oacute;n y extensi&oacute;n de la guerra. Ante esta evidencia, aunque sigue siendo objeto de controversia, se abre paso la posici&oacute;n que sostiene la necesidad de una revisi&oacute;n global de la pol&iacute;tica y la definici&oacute;n de un nuevo papel de la comunidad internacional, sobre la base de la aplicaci&oacute;n del principio de corresponsabilidad y del reconocimiento de que la cuesti&oacute;n de los cultivos de uso il&iacute;cito es un problema fundamentalmente social.<sup><a name="nr54"></a><a href="#54">54</a></sup></p>     <p><i><b>Recursos naturales</b></i></p>     <p>En materia de recursos naturales, punto especialmente sensible para las conversaciones con el ELN, en lo relativo a la explotaci&oacute;n de hidrocarburos, se requiere definir una pol&iacute;tica que contemple aspectos ecol&oacute;gicos, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos. En lo ecol&oacute;gico, es indispensable orientarse con criterios de sostenibilidad, que implican una graduaci&oacute;n de las explotaciones, para evitar un agotamiento prematuro de los recursos; mantener una reserva estrat&eacute;gica, destinada a suplir las necesidades nacionales y prever los reemplazos de los recursos energ&eacute;ticos no renovables, por renovables. En lo econ&oacute;mico, no se pueden olvidar los determinantes de la mundializaci&oacute;n de la econom&iacute;a, lo que demanda, en relaci&oacute;n con la producci&oacute;n de petr&oacute;leo y otras fuentes energ&eacute;ticas, negociar de acuerdo con las condiciones del mercado mundial y establecer los mecanismos que le permitan al Estado apropiarse del excedente de los beneficios del negocio.<sup><a name="nr55"></a><a href="#55">55</a></sup> Pocos campos como &eacute;ste para afrontar la cuesti&oacute;n de la articulaci&oacute;n adecuada de los intereses nacionales en la econom&iacute;a mundializada.</p>     <p><i><b>Reordenamiento territorial</b></i></p>     <p>Al referirme a los rasgos de la guerra, advert&iacute; sobre su car&aacute;cter reg&iacute;onal&iacute;zado. Uno de los sustratos del conflicto es el choque inmanente entre las regiones y las artificiales divisiones administrativas impuestas por los proyectos nacionales oficiales. Desde esta perspectiva, es indispensable darle curso al pospuesto proyecto de reordenamiento territorial, previsto en la Constituci&oacute;n de 1991, de tal manera que sea posible un nuevo mapa en el que se agrupen las unidades territoriales, seg&uacute;n afinidades culturales, econ&oacute;micas, hist&oacute;ricas y geogr&aacute;ficas.<sup><a name="nr56"></a><a href="#56">56</a></sup> Punto &aacute;lgido, en el que se concentran los conflictos, por las hegemon&iacute;as pol&iacute;ticas departamentaes y los mecanismos de ejercicio cliente lista de la pol&iacute;tica. Pero elemento indispensable para avanzar en la construcci&oacute;n de una s&oacute;lid~ id.entidad nacional, a partir del reconocimiento de las Identidades territoriales, de su unidad y de la autonom&iacute;a territorial.<sup><a name="nr57"></a><a href="#57">57</a></sup></p>     <p>Estos son, brevemente enunciados, algunos de los campos problem&aacute;ticos que el acuerdo de paz deber&aacute; resolver, como lo he se&ntilde;alado, mediante la participaci&oacute;n y el compromiso activo de diversos sectores. sociales. La resoluci&oacute;n de la guerra es un problema pol&iacute;tico, de distribuci&oacute;n de poderes. Se trata de aprovecharla para que esa distribuci&oacute;n de poderes se oriente a la profundizaci&oacute;n de la democracia. Tarea dif&iacute;cil, para cuya realizaci&oacute;n ser&aacute; necesario vencer resistencias. Muchas de ellas aun no se han manifestado, pero seguramente emerger&aacute;n, una vez se acerquen las. posibilidades de una negociaci&oacute;n hacia la construcci&oacute;n de una paz positiva.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="verdana" size="3"><b>ENTRE LA NEGOCIACI&Oacute;N Y LA GUERRA: PERSPECTIVAS DE LOS PROCESOS DE PAZ</b></font></p>     <p>El presidente Pastrana abri&oacute;, en 1998 una nueva etapa en el ya largo recorrido de las negociaciones de paz<sup><a name="nr58"></a><a href="#58">58</a></sup>, al establecer la zona de distensi&oacute;n en el suroriente del pa&iacute;s, para adelantar las negociaciones con las Farc- EP. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, los resultados son inquietantes. El escepticismo Ciudadano en torno al proceso es grande, as&iacute; como las cr&iacute;ticas al comportamiento de las Farc-EP en la zona de distensi&oacute;n y al gobierno, por la forma como ha conducido su pol&iacute;tica de paz. Las perspectivas de la negociaci&oacute;n con el ELN son inciertas. Tan solo a fines del 2000, con la colaboraci&oacute;n de la Comisi&oacute;n Facilitadora Civil y el Grupo de Pa&iacute;ses Amigos,<sup><a name="nr59"></a><a href="#59">59</a></sup> fue posible llegar a un preacuerdo entre el gobierno y el ELN, para establecer una zona de encuentro, en la que se desarrollar&iacute;an la Convenci&oacute;n Nacional por la Paz y la mesa de negociaci&oacute;n con el gobierno. Pero la oposici&oacute;n de sectores de la poblaci&oacute;n de los municipios comprendidos en esa zona, oposici&oacute;n alentada y respaldada por los paramilitares, ha impedido su concreci&oacute;n.</p>     <p>&iquest;Cu&aacute;les son las perspectivas del proceso de paz? La respuesta no es f&aacute;cil y no depende solamente de actores y de variables nacionales.</p>     <p><b>&iquest;Internacionalizaci&oacute;n de la guerra o de la paz?</b></p>     <p>Estados Unidos ha estado siempre presente en la guerra interna. Pero la situaci&oacute;n ha cambiado con la aprobaci&oacute;n del Plan Colombia, que compromete mil trescientos millones de d&oacute;lares, cuyo destino en su mayor parte es para organizar batallones militares antinarc&oacute;ticos, Por ese camino se ligan la lucha contra la droga y la lucha contrainsurgente y se asignan recursos a un Ej&eacute;rcito que sigue cuestionado por sus v&iacute;nculos con los paramilitares.<sup><a name="nr60"></a><a href="#60">60</a></sup> Este Plan ha provocado el rechazo de las guerrillas y de los sectores vinculados a los movimientos de paz, que lo consideran un instrumento para el escalamiento de la guerra.<sup><a name="nr61"></a><a href="#61">61</a></sup></p>     <p>&uacute;ltimamente, la guerra interna es percibida por los Estados Unidos como una amenaza para la estabilidad de los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, algunos de los cuales afrontan graves crisis de gobernabilidad. Esta percepci&oacute;n y la profundidad de la crisis humanitarias,<sup><a name="nr62"></a><a href="#62">62</a></sup> que llev&oacute; a las Naciones Unidas a abrir una Oficina de Derechos Humanos en Colombia hace ya cuatro a&ntilde;os, el desbordamiento de las violencias,<sup><a name="nr63"></a><a href="#63">63</a></sup> el fortalecimiento de la econom&iacute;a de la droga y la incapacidad del Estado para controlar esta situaci&oacute;n, que se asemeja cada vez m&aacute;s a la de algunas naciones afri~anas que se desangran en un conflicto sin sentido y sin fin, hacen que el nesgo de una &prime;intervenci&oacute;n humanitaria&prime; en el mediano plazo no se descarte. Sin duda, Colombia est&aacute; en el ojo del hurac&aacute;n de la comunidad internacional. En todos los puntos prioritarios de su agenda ocupa un sitio destacado: narcotr&aacute;fico, derechos humanos, medio ambiente, corrupci&oacute;n, etc&eacute;tera.</p>     <p>Se est&aacute; perfilando otra dimensi&oacute;n de la internacionalizaci&oacute;n de la situaci&oacute;n colombiana. La Uni&oacute;n Europea se distanci&oacute; del Plan Colombia y propuso alternativas de cooperaci&oacute;n para el fortalecimiento de la democracia y el desarrollo social e invoc&oacute; el principio de corresponsabilidad, para enfrentar el problema de la econom&iacute;a de la droga, con una pol&iacute;tica diferente a la estadounidense. En el proceso con el ELN, por pnmera vez en la historia de los procesos de paz, una Comisi&oacute;n de Pa&iacute;ses Amigos cumple funciones de acompa&ntilde;amiento y facilitaci&oacute;n. Hay en marcha una internacionalizaci&oacute;n positiva de la b&uacute;squeda de la paz, que se inspira en la convicci&oacute;n de que lo que necesita Colombia es respaldo pol&iacute;tico, m&aacute;s que cooperaci&oacute;n militar. Balance necesario frente a la inevitable presencia de Estados Unidos en el proceso de paz.</p>     <p><font face="verdana" size="2"><b>Soluci&oacute;n negociada: la alternativa menos costosa para la sociedad</b></font></p>     <p> Como en todas las guerras de final del siglo veinte, la mayor parte de las v&iacute;ctimas son civiles<sup><a name="nr64"></a><a href="#64">64</a></sup> y el conflicto se degrada cada vez m&aacute;s.<sup><a name="nr65"></a><a href="#65">65</a></sup> Este hecho ha provocado una polarizaci&oacute;n creciente entre los defensores de la soluci&oacute;n negociada y quienes propugnan por una soluci&oacute;n militar, La soluci&oacute;n negociada es a&uacute;n incierta en este clima de polarizaci&oacute;n y de escalamiento de la guerra. Se puede optar por ella o por el escalamiento de la guerra, en procura de una r&aacute;pida definici&oacute;n militar. Los costos de esta &uacute;ltima opci&oacute;n, en una guerra como la colombiana, tan profundamente degradada y atravesada por m&uacute;ltiples actores y formas de violencia, ser&iacute;an muy altos en t&eacute;rminos humanos, sociales y pol&iacute;ticos. Y muy seguramente exigir&iacute;a el recurso a formas autoritarias.</p>     <p>En esta situaci&oacute;n, la soluci&oacute;n pol&iacute;tica negociada es la menos costosa para la sociedad. Las guerrillas parecen entender que un proyecto socialista en el mundo globalizado de hoyes inviable, pero eso no significa que hayan renunciado a su aspiraci&oacute;n de llegar al poder. Est&aacute;n dispuestas a negociar, siempre que esa negociaci&oacute;n les allane el camino para compartir el poder<sup><a name="nr66"></a><a href="#66">66</a></sup> y que se aprueben reformas econ&oacute;micas, sociales y pol&iacute;ticas. Lo importante es que, por primera vez, aceptan incluir estas reformas en un horizonte democr&eacute;tico.<sup><a name="nr67"></a><a href="#67">67</a></sup> El llegar a acuerdos en esta materia demanda que del lado del &prime;establecimiento&prime; exista tambi&eacute;n la disposici&oacute;n para entrar en una negociaci&oacute;n de esa naturaleza. Es el camino de un pulso prolongado, complejo y posible, pero que, como he sostenido, no se puede limitar a las c&uacute;pulas gubernamental y guerrillera. El gran reto y a la vez la mejor garant&iacute;a para avanzar por el camino de la soluci&oacute;n negociada es la participaci&oacute;n activa de la sociedad, con su diversidad de intereses y de proyectos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si queremos dar el salto del siglo diecinueve al veintiuno, la agenda que se debe trabajar es la de la profundizaci&oacute;n de la democracia, a trav&eacute;s de mecanismos de di&aacute;logo, definici&oacute;n de acuerdos y validaci&oacute;n de los mismos. La construcci&oacute;n de una paz positiva, duradera y sostenible pasa inevitablemente por estos espacios, que se constituyen en s&iacute; mismos en un ejercicio civilista y democr&aacute;tico. Y para el desarrollo de este ejercicio habr&aacute; que acordar la forma de reducir la intensidad de la guerra y de establecer una tregua que posibilite la amplia participaci&oacute;n ciudadana en el proceso. La democracia no es compatible con la guerra. En esa tarea, Colombia necesita el apoyo de la comunidad internacional, sin la cual ser&aacute; dif&iacute;cil un alto al fuego, que permita crear las condiciones requeridas para adelantar los debates y alcanzar acuerdos que permitan dise&ntilde;ar la sociedad que queremos, que muy seguramente ser&aacute; una democracia moderna, fundada en un desarrollo consistente en la expansi&oacute;n de las libertades reales de los individuos &#91;Sen 2000, 13&#93;, la equidad y la justicia social.</p>     <p>NOTAS AL PIE</p>     <p><a href="#nr1">1</a><a name="1"></a>   El concepto com&uacute;nmente utilizado para referirse a la confrontaci&oacute;n armada en Colombia es el de <i>conflicto armado interno.</i> A mi juicio, este concepto es hoy insuficiente para dar cuenta de la naturaleza, magnitud y din&aacute;mica de la confrontaci&oacute;n armada en curso. El Instituto de Investigaciones sobre la Paz, de Estocolmo, utiliza el concepto de collflicto armado para referirse a situaciones en las que la oposici&oacute;n de intereses, propia de todo conflicto, tiene expresiones pol&iacute;ticas y, epis&oacute;dicamente, armadas, que provocan en un ano m&aacute;s de mil muertes. Si la diferencia entre conflicto armado y guerra es de continuidad, magnitud e intensidad de la confrontaci&oacute;n armada, lo que hubo desde los sesenta hasta bien entrados los ochenta fue conflicto armado y lo que hay ahora es una guerra. El tr&aacute;nsito del conflicto a la guerra se produjo desde la d&eacute;cada de los ochenta, en una din&aacute;mica en la que se fueron configurando los rasgos m&aacute;s relevantes de la guerra: diversidad de actores armados, disputa pol&iacute;tica y territorial, creciente afectaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n civil-violaci&oacute;n de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario-, y altos niveles de desplazamiento de la poblaci&oacute;n. David Charles-Philippe &#91;2000&#93; trata la diferencia entre conflicto y guerra. Adem&aacute;s, un an&aacute;lisis de las guerras civiles contempor&aacute;neas y de la necesidad de una conceptualizaci&oacute;n m&aacute;s amplia para aprehenderlas se encuentra en Waldmann y otros &#91;1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr2">2</a><a name="2"></a>   Distingo las guerrillas de la posviolencia partidista, de las que existieron en el per&iacute;odo anterior y que estuvieron asociadas a la pugna liberal-conservadora, para la rotaci&oacute;n en el poder, pero no para su sustituci&oacute;n por un nuevo poder popular o revolucionario. Las que surgieron a partir de los a&ntilde;os sesenta luchan para sustituir al Estado. Incluyo aqu&iacute; a las Farc-EP que, aunque tuvieron su origen inmediato en un movimiento campesino de autodefensa y no se propon&iacute;an en ese entonces la toma del poder por la v&iacute;a de las armas, estaban inscritas en la  estrategia del Partido Comunista para la 'conquista del poder' mediante la combinaci&oacute;n de todas las formas de lucha. Las Farc nacieron en 1964, en el sur del pa&iacute;s; el ELN, en 1965, en el nororiente; el Ej&eacute;rcito Popular de Liberaci&oacute;n, EPL, en 1967, en el sur de la Costa Atl&aacute;ntica. Todas estas guerrillas son tributarias de la izquierda marxista y se alinderaron, en su orden, en turno a las posiciones de los gobiernos de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, Cuba y China. A partir de los setenta, el mov&iacute;miento guerrillero se diversifica a&uacute;n m&aacute;s, con el nacimiento de las guerrillas ur banas: el Movimiento 19 de Abril, M19, que reivindica la democracia, y el ef&iacute;mero Movimiento de Autodefensa Obrera, ADO. Posteriormente, en 1985, el espectro guerrillero se ampli&oacute; con el Movimiento Armado Quint&iacute;n Lame, MAQL, de car&aacute;cter indigenista y con presencia regional; como fruto de las divisiones de las Farc-EP, el EPL y el ELN, existieron desde la d&eacute;cada del 80 otras guerrillas: el grupo Ricardo Franco, el Partido Revolucionario Socialista, PRS, y la Corriente de Renovaci&oacute;n Socialista, CRS, respectivamente. El M19, el EPL, el MAQL, el PRS y la CRS suscribieron sendos acuerdos de paz, entre 1990 y 1994; abandonaron las armas y se incorporaron a la lucha pol&iacute;tica legal. Un an&aacute;lisis de! surgimiento de las guerrillas y de los procesus de paz de los a&ntilde;os noventa se encuentra en Zuluaga &#91;1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr3">3</a><a name="3"></a> V&eacute;ase a este respecto Palacios &#91;1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr4">4</a><a name="4"></a> Las Farc-EP se originan en el ataque militar a las zonas de 'autodefensas campesinas', que se hab&iacute;an formado a mediados del siglo veinte, para defender las tierras apropiadas por los campesinos, como resultado de sus luchas. El ELN fue el fruto de una decisi&oacute;n pol&iacute;tica, adoptada pur un grupo integrado en su mayor&iacute;a por estudiantes universitarios, de replicar en Colombia la experiencia del 'foco insurgente' de la revoluci&oacute;n cubana. En la 11 Declaraci&oacute;n de La Habana se sosten&iacute;a que no era necesario esperar a que se dieran las condiciones objetivas, que el &lsquo;foco' pod&iacute;a crearlas, tesis que anim&oacute; el voluntarismo guerrillero de la &eacute;poca. El EPL es tambi&eacute;n producto de una decisi&oacute;n adoptada por el Partido Comunista Marxista-Leninista, de crear un n&uacute;cleo guerrillero rural, para el desarrollo de la guerra popular. Pero a diferencia del ELN. que no busc&oacute; articular los movimientos campesinos a la lucha guerrillera, el EPL intent&oacute; organizar a los col unos de C&oacute;rdoba, a partir de sus reivindicaciones, y movilizarlos en la acci&oacute;n insurgente armada. Pero ni el ELN ni el EPL nacieron de un movimiento social. Dos narraciones ilustran este aserto: <i>El guerrillero invisible,</i> de Walter Broderick, y <i>Para reconstruir los sue&ntilde;os (una historia del EPL)</i>, de &aacute;lvaro Villarraga y Nelson Plazas. Para el estudio del nacimiento de las Farc-EP, cons&uacute;ltese Pizarro &#91;1991&#93;.</p>     <p><a href="#nr5">5</a><a name="5"></a> Un an&aacute;lisis de los factores que hicieron posible la consolidaci&oacute;n y expansi&oacute;n de las guerrillas en Colombia se encuentra en Pizarro &#91;1996&#93;.</p>     <p><a href="#nr6">6</a><a name="6"></a> La frase es de Marco Palacios.</p>     <p><a href="#nr7">7</a><a name="7"></a> Marco Palacios considera que "el principal problema pol&iacute;tico de Colombia no es encontrar la paz sino construir la democracia", por lo que es necesario realizar reformas pol&iacute;ticas, sociales y econ&oacute;micas como contenido de un acuerdo nacional para poder consolidar una &lsquo;paz positiva' &#91;Palacios 1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr8">8</a><a name="8"></a> El presidente Belisario Betancur (1982-1986) propuso una audaz pol&iacute;tica de paz, fundada en el reconocimiento de las 'causas objetivas' que justificaban la existencia de la insurgencia armada y en la aceptaci&oacute;n de las guerrillas como interlocutoras en la definici&oacute;n del <i>corpus</i> de reformas que era necesario adelantar para acabar con la guerra.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#nr9">9</a><a name="9"></a> Alfredo Sarmiento encontr&oacute; una correlaci&oacute;n positiva entre inequidad y violencia: "Dada la existencia de la violencia, el factor m&aacute;s importante para incrementarla en los a&ntilde;os 90 ha sido la inequidad" &#91;Sarmiento 1991, 61&#93;.</p>     <p><a href="#nr10">10</a><a name="10"></a> En una conferencia dictada por el autor a oficiales de las Fuerzas Armadas en 1999, uno de ellos manifestaba: "aun si logr&aacute;ramos derrotar a las guerrillas, nada sacar&iacute;amos con ello. En diez a&ntilde;os habr&iacute;a otras guerrillas tanto o m&aacute;s fuertes que &eacute;stas, si no se transforman las condiciones de vida en el campo".</p>     <p><a href="#nr11">11</a><a name="11"></a> Para un an&aacute;lisis del recurso al terror en la situaci&oacute;n colombiana se puedeconsultar Lair &#91;1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr12">12</a><a name="12"></a> Ya en 1933, uno de los m&aacute;s esclarecidos dirigentes liberales, Alfonso L&oacute;pez Pumarejo, afirmaba que "los principales yerros y vicios de nuestra democracia surgen, en mi sentir, de una falla fundamental en las relaciones de las clases directoras del pa&iacute;s y las masas populares. La facilidad y la costumbre de consntuir gobiernos de casta ha venido desligando a las primeras de las segundas. No encuentro en la historia nacional el ejemplo de un per&iacute;odo de gobierno que no se haya constituido como una oligarqu&iacute;a, m&aacute;s o menos disimulada, o que, no haya derivado hacia esa forma de mando" &#91;citado en Ram&iacute;rez 2000&#93;. Ram&iacute;rez sostiene que a lo largo de nuestra historia republicana se ha aplazado "la tarea hist&oacute;rica para construir un contrato social que integrara, dentro de las posibilidades reales de la inclusi&oacute;n capitalista, los intereses particulares y contrapuestos de la sociedad colombiana" &#91;37&#93;.</p>     <p><a href="#nr13">13</a><a name="13"></a> Bobbio &#91;1996&#93; distingue entre paz negativa y paz positiva y entiende esta &uacute;ltima como el resultado de un acuerdo que pone fin a la confrontaci&oacute;n b&eacute;lica y que posibilita el tr&aacute;mite pacifico de los conflictos, a partir de las normas convenidas.</p>     <p><a href="#nr14">14</a><a name="14"></a> Un estudio del Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n estima que los ingresos de las guerrillas entre 1991 y 1996 fueron de &quot;3,6 billones de 1995 o e15,3 por ciento del PIB. Las participaciones son en su orden: 45 por ciento, el narcotr&aacute;fico; la extorsi&oacute;n, el27 por ciento, y el secuestro, el22 por ciento de sus ingresos. Los 7,3 por ciento restantes (sic) fueron obtenidos mediante el desv&iacute;o de recursos, rendimientos de las inversiones y otros&quot;&#91;DNP 1998, 76&#93;.</p>     <p><a href="#nr15">15</a><a name="15"></a> Las guerrillas son responsables de aproximadamente el 40 por ciento de los cerca de 3.000 secuestros anuales que hay en Colombia.</p>     <p><a href="#nr16">16</a><a name="16"></a> En una conversaci&oacute;n del autor de estas notas con Carlos Pizarro en el campamento de Santo Domingo, el entonces comandante del M19 le expresaba que uno de los factores que lo llevaban a abandonar la guerra era &quot;su resistencia a financiarse de los secuestros y del &lsquo;tubo' &quot;&#91;entrevista con CarIos Pizarro, Santo Domingo, Canea, 1989&#93;.</p>     <p><a href="#nr17">17</a><a name="17"></a> En una reflexi&oacute;n sobre los procesos de descentralizaci&oacute;n Dar&iacute;o I. Restrepo sostiene que "la guerra en Colombia nunca ha sido nacional, siempre ha sido terr&iacute;tonal" y que se ha orientado al control de territorios que le permitan despu&eacute;s entrar a negociar el equilibrio de fuerzas a nivel nacional &#91;Restrepo 2000&#93;.</p>     <p><a href="#nr18">18</a><a name="18"></a> Se reconoce la importancia de que en el curso de la guerra en algunas regiones han tenido conflictos entre las comunidades y los macroproyectos de desarrollo. Son los casos de la Represa de Urr&aacute; en el Noroccidente y de las exploraciones petroleras en el Nororiente, adem&aacute;s de otros. Una aproximaci&oacute;n a esta dimensi&oacute;n se encuentra en Mandato Ciudadano &#91;2000&#93;, en particular en los art&iacute;culos que all&iacute; se incluyen de Libardo Sarmiento, Dar&iacute;o I. Restrepo y Dar&iacute;a Fajardo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#nr19">19</a><a name="19"></a> Cerca de cuatro millones de hect&aacute;reas en todo el pa&iacute;s son propiedad de los narcotraficantes. Las implicaciones son m&uacute;ltiples, entre ellas, el relevo de &eacute;lites y los cambios en las relaciones de poder local y regional. Los narcolatifundistas financian el paramilitar&iacute;smo y aceleran el proceso de privatizaci&oacute;n de la seguridad y de desinstitucionalizaci&oacute;n del Estado. El crecimiento del narcolatifundio se puede consultar en Reyes &#91;1997&#93;.</p>     <p><a href="#nr20">20</a><a name="20"></a> Un an&aacute;lisis detallado de las dimensiones regionales del conflicto se encuentra en Vargas &#91;1999&#93; y un estudio de caso para analizar la relaci&oacute;n elites locales-narÂ­cotraficantes-paramilitares se encuentra en Romero &#91;1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr21">21</a><a name="21"></a> Sobre el impacto de la econom&iacute;a de la droga en la sociedad colombiana se puede consultar a Pecaut &#91;1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr22">22</a><a name="22"></a> V&eacute;ase a este respecto Thuomi &#91;1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr23">23</a><a name="23"></a> V&eacute;ase el an&aacute;lisis que hace del Plan Colombia el Observatorio para la Paz &#91;2000&#93;.</p>     <p><a href="#nr24">24</a><a name="24"></a> Un an&aacute;lisis de esta estrategia se encuentra en Vargas &#91;1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr25">25</a><a name="25"></a> Las guerrillas, en particular las Farc-EP cobran a los narcotraficantes en sus zonas de influencia por el acceso al mercado de la materia prima para la producci&oacute;n de la coca&iacute;na, por permitir el funcionamiento de laboratorios, la entrada y salida de aviones, etc&eacute;tera. Este complejo &prime;sistema tributario&prime; se ha convertido desde los a&ntilde;os noventa en su m&aacute;s importante fuente de financiamiento.</p>     <p><a href="#nr26">26</a><a name="26"></a> V&eacute;ase a este respecto Waldmann &#91;1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr27">27</a><a name="27"></a> En 1981, los narcotraficantes crearon el MAS-Muerte a Secuestradores-, para enfrentar los secuestros de la guerrilla. A ra&iacute;z de la amnist&iacute;a decretada por el gobierno de Betancur (1982-1986) y de las treguas con las Farc, el M19 y el EPL, sectores de las Fuerzas Militares y de la Polic&iacute;a apoyaron la formaci&oacute;n de grupos paramilitares para enfrentar el crecimiento de la guerrilla. En Puerto Boyac&aacute;, desde 1983, el paramilitarisrno fue una manera de enfrentar los abusos de las Farc con la poblaci&oacute;n, en una coalici&oacute;n de facto entre militares, ganaderos y narcotraficantes. El paramilitarismo tambi&eacute;n ha estado asociado al control de la zona esmerald&iacute;fera en la que, desde siempre, se instaur&oacute; una orden regulado por la violencia ejercida por grupos de particulares. Tal fue el caso de las bandas de &prime;El Mejicano&prime;, Gonzalo Rodr&iacute;guez Gacha, y las de V&iacute;ctor Carranza. V&eacute;ase al respecto Pardo &#91;1996, 39-68&#93;&#93; y Medina &#91;1990&#93;.</p>     <p><a href="#nr28">28</a><a name="28"></a> Sobre su crecimiento y articulaciones con sectores de las elites regionales y de las Fuerzas Armadas, v&eacute;ase Cubides &#91;1999&#93;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#nr29">29</a><a name="29"></a> Mientras las acciones contra la guerrilla que eran iniciativa de las Fuerzas Armadas se incrementaron, apenas si se registraron enfrentamientos con los paramilitares a lo largo de la d&eacute;cada del noventa. En los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os, la situaci&oacute;n comenz&oacute; a cambiar. Ahora se registran enfrentamientos con estos grupos, pero sin duda son a&uacute;n insuficientes. Seg&uacute;n el Ministerio de Defensa, entre 1997 y octubre de 2000 hab&iacute;an sido abatidos 150 paramilitares. V&eacute;ase Ministerio de Defensa &#91;2000,24&#93;.</p>     <p><a href="#nr30">30</a><a name="30"></a> Seg&uacute;n la Defensor&iacute;a del Pueblo, son los autores del 77 por ciento de las masacres ocurridas en el a&ntilde;o 2000.</p>     <p><a href="#nr31">31</a><a name="31"></a> El Ministerio de Defensa sostiene que los efectivos de las &prime;autodefensas&prime; pasan de 8.000 y que,en &quot;en los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os &#91;crecieron&#93; en un 81%&quot;. A&ntilde;ade que &quot;por su participaci&oacute;n directa y continua en las hostilidades, estos grupos deben ser considerados como parte del conflicto armado interno&quot;. Sostiene igualmente que &quot;los grupos de autodefensa ilegales son perseguidos por el Estado&quot; &#91;2000, 10 y 11&#93;.</p>     <p><a href="#nr32">32</a><a name="32"></a> Una muestra de la magnitud de la violencia es el n&uacute;mero de homicidios. En el 2000, hubo m&aacute;s de 26.000 muertes violentas, un 7 por ciento m&aacute;s que en 1999. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes ha estado entre 67 y 70. La media regional para Am&eacute;rica Latina y el Caribe entre 1985-1995 fue de 14. V&eacute;ase Bourguignon &#91;20&#93;. Se destacan en segundo orden los delitos contra el patrimonio econ&oacute;mico, que representan elBO por ciento de la criminalidad total. La criminalidad global fue en 1995 de 4.800 delitos por cada 100 mil habitantes, igualmente elevada en relaci&oacute;n con los est&aacute;ndares internacionales. V&eacute;ase Rubio &#91;1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr33">33</a><a name="33"></a> Estas categor&iacute;as han sido recientemente propuestas en el estudio del Banco Mundial sobre Paz y Desarrollo. Cada una de ellas se define en funci&oacute;n de su objetivo: &quot;tomar o mantener, por la fuerza el poder pol&iacute;tico, econ&oacute;mico o social&quot;. V&eacute;ase al respecto Solimano y otros &#91;1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr34">34</a><a name="34"></a> Las elevadas tasas de impunidad tienen que ver con la ineficiencia del sistema de justicia y con la desconfianza de los pobladores, que se abstienen de denunciar los hechos delictivos.</p>     <p><a href="#nr35">35</a><a name="35"></a> Sobre esta perspectiva, se puede consultar Gonz&aacute;lez &#91;1993&#93;.</p>     <p><a href="#nr36">36</a><a name="36"></a> V&eacute;ase al respecto Pecaut &#91;199&iacute;&#93; y S&aacute;nchez &#91;1998&#93;.</p>     <p><a href="#nr37">37</a><a name="37"></a> V&eacute;ase al respecto Palacios &#91;1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr38">38</a><a name="38"></a> Charles Bergquist, en un reciente ensayo en el que compara la Guerra de los Mil D&iacute;as con la que hoy afrontamos, sostiene que existen condiciones propicias para avanzar por el camino de las reformas democr&aacute;ticas, dado que sectores de las clases dirigentes aceptan esta perspectiva &#91;Bergquist 2001&#93;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#nr39">39</a><a name="39"></a>V&eacute;ase Pecaut &#91;2000&#93;.</p>     <p><a href="#nr40">40</a><a name="40"></a> Seg&uacute;n la Misi&oacute;n Rural &quot;la brecha urbano-rural se ha incrementado y la desigualdad es abrumadora, el 10% m&aacute;s rico del campo recibe 30 veces m&aacute;s ingreso que el 10% m&aacute;s pobre&quot; Echeverri &#91;1998,5&#93;. El 72 por ciento de la poblaci&oacute;n es pobre y el 1,3 por ciento de los propietarios posee el48 por ciento de las tierras.</p>     <p><a href="#nr41">41</a><a name="41"></a> Deber&iacute;an investigarse los cambios en la estructura de la tenencia de la tierra en las zonas de conflicto. As&iacute; como se tienen indicios de la expansi&oacute;n del &prime;narcolatifundio&prime;, convendr&iacute;a conocer lo que haya sucedido con compras de tierras realizadas por otras personas no vinculadas al narcotr&aacute;fico. Igualmente convendr&iacute;a explorar lo que ha sucedido con la propiedad rural en zonas de megaproyectos de desarrollo y conflicto armado. Todo ello contribuir&iacute;a a tener una visi&oacute;n m&aacute;s precisa de los intereses en juego, a nivel local y nivel regional.</p>     <p><a href="#nr42">42</a><a name="42"></a> Son muchos los casos conocidos de guerrilleros que desertan y que se pasan al bando contrario. El m&aacute;s fuerte fue el de un frente del EPL que se entreg&oacute; colectivamente y se enlist&oacute; en las filas de las ACCU.</p>     <p><a href="#nr43">43</a><a name="43"></a> Las Farc EP inventaron las &prime;pescas milagrosas&prime;, pero hoy las practican todos los grupos insurgentes. Mediante retenes en las carreteras o en las ciudades, secuestran indiscriminadamente y luego cobran rescate en funci&oacute;n de los ingresos de los secuestrados. Esta pr&aacute;ctica ha generado un fen&oacute;meno de &prime;autosecuestro colectivo&prime; en algunas ciudades, ante el temor de los habitantes de salir de ellas por v&iacute;a terrestre.</p>     <p><a href="#nr44">44</a><a name="44"></a>  Abundan los an&aacute;lisis en los que se reconoce que la tarea de fondo para este tr&aacute;nsito del siglo diecinueve al siglo veintiuno est&aacute; asociada a la democratizaci&oacute;n de la sociedad. Son diferentes las perspectivas te&oacute;ricas que posibilitan esta aproximaci&oacute;n: desde los que invocan las&prime; causas estructurales de la violencia&prime;, en la perspectiva de Galtung, hasta quienes desconocen cualquier relaci&oacute;n de causalidad entre pobreza y violencia, por ejemplo.</p>     <p><a href="#nr45">45</a><a name="45"></a>  La <i>Agenda com&uacute;n por el cambio hacia una Nueva Colombia</i> se estructura en doce puntos: soluci&oacute;n pol&iacute;tica negociada; protecci&oacute;n de los derechos humanos como responsabilidad del Estado; pol&iacute;tica agraria integral; explotaci&oacute;n y conservaci&oacute;n de los recursos naturales; estructura econ&oacute;mica y social; reformas a la justicia, lucha contra la corrupci&oacute;n y el narcotr&aacute;fico; reforma pol&iacute;tica para la ampliaci&oacute;n de la democracia; reformas del Estado; acuerdos sobre Derecho Internacional Humanitario; fuerzas militares; relaciones internacionales; formalizaci&oacute;n de los acuerdos. Estos puntos retoman propuestas de las Farc-EP que aparecen en la <i>Plataforma para un gobiemo de reconstrucci&oacute;n y reconciliaci&oacute;ll nacional,</i> de la agenda acordada en las fallidas negociaciones de Tlaxcala y de las formuladas en diversos foros de sectores pol&iacute;ticos y sociales. Con excepci&oacute;n del primero y el &uacute;ltimo punto, los restantes se orientan a una recomposici&oacute;n de la sociedad y del Estado.</p>     <p><a href="#nr46">46</a><a name="46"></a> El ELN propuso la Convenci&oacute;n Nacional por la Paz, para ser desarrollada con sectores de la sociedad civil, con el objeto de avanzar en la definici&oacute;n de consensos en torno a las reformas de la sociedad v del Estado. Esta iniciativa fue acogida en el Acuerdo de Puerta del Cielo, en Maguncia, en junio de 1998. La agenda de la Convenci&oacute;n se agrup&oacute; en cinco bloques tem&aacute;ticos: 1. Derechos humanos, justicia, impunidad, Derecho Internacional Humanitario, conflicto e insurgencia. 2. Recursus naturales y pol&iacute;tica energ&eacute;tica. 3. Democracia, Estado, Fuerzas Armadas y corrupci&oacute;n. 4. Econom&iacute;a y problemas sociales. 5. Cultura e identidad, naci&oacute;nregi&oacute;n, ordenamiento territorial, problema agrario y narcotr&aacute;fico. Esta agenda se ratific&oacute; en el Encuentro por un Consenso Nacional por la Paz de Colombia, celebrado en Ginebra, Suiza. en julio de 2000.</p>     <p><a href="#nr47">47</a><a name="47"></a> Ser&iacute;a interminable el enunciado de eventos convocados por gremios empresariales, sindicatos, organizaciones sociales, iglesias, universidades y dem&aacute;s, en los que se han discu tido los problemas a tra tar en los procesos de paz y las propuestas de reformas. Pero hay que destacar, en relaci&oacute;n con esas iniciativas y con las organizaciones ciudadanas de paz, el documento pionero de la Conferencia Episcopal y la Comisi&oacute;n de Conciliaci&oacute;n Nacional, que, previas consultas abiertas, defini&oacute; como eje de paz la justicia social; las iniciativas de participaci&oacute;n desarrolladas por la Red de Iniciativas por la Paz y contra la Violencia, Redepaz; las declaraciones de las dos Plenarias Nacionales de la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz; el Mandato Ciudadano por la Paz la Vida y la Libertad y los resultados del trabajo de las Mesas Ciudadanas; las conclusiones de los dos Congresos Nacionales de la Red de Universidades por la Paz y la Convivencia; las conclusiones del Encuentro Internacional sobre Paz, Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, celebrado en Costa Rica, en octubre de 2000, convocado por la convergencia Paz Colombia.</p>     <p><a href="#nr48">48</a><a name="48"></a> Para el desarrollo de esta concepci&oacute;n se puede consultar Corredor &#91;1999&#93;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#nr49">49</a><a name="49"></a> V&eacute;ase al respecto Lipset &#91;1996&#93;.</p>     <p><a href="#nr50">50</a><a name="50"></a> En Europa, esta construcci&oacute;n se produjo a lo largo de varios siglos y en etapas diferentes: la pacificaci&oacute;n interna fue tarea del Estado Absolutista; a partir de ella se avanz&oacute; en el reconocimiento y la garant&iacute;a de los derechos ciudadanos, el Estado de Derecho, que sirvi&oacute; de fundamento a las luchas por el sufragio universal y la participaci&oacute;n democr&aacute;tica; el Estado Democr&aacute;tico y finalmente, en el siglo veinte, al Estado Social de Derecho se propuso el logro de la equidad social. Para un an&aacute;lisis de estos procesos se puede consultar Orozco y G&oacute;mez &#91;1997&#93; y Garcia y Uprimny &#91;1999.&#93;</p>     <p><a href="#nr510">51</a><a name="51"></a> V&eacute;ase Lipse &#91;1996&#93;.</p>     <p><a href="#nr52">52</a><a name="52"></a> V&eacute;ase al respecto Echeverri &#91;1998&#93;.</p>     <p><a href="#nr53">53</a><a name="53"></a> Un an&aacute;lisis de los determinantes de los cultivos de uso il&iacute;cito se encuentra en Puyana &#91;2000&#93;.</p>     <p><a href="#nr54">54</a><a name="54"></a> Para consultar un tratamiento de soluciones posibles, v&eacute;ase Vargas &#91;1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr55">55</a><a name="55"></a> Una fonnulaci&oacute;n amplia de estos puntos se encuentra en &aacute;lvarez &#91;2000&#93;.</p>     <p><a href="#nr56">56</a><a name="56"></a> V&eacute;ase Fals Borda &#91;1996&#93;.</p>     <p><a href="#nr57">57</a><a name="57"></a> V&eacute;ase Borja &#91;2000&#93;.</p>     <p><a href="#nr58">58</a><a name="58"></a> El primer proceso de paz se dio durante la administraci&oacute;n Betancur (1982-1986) Y su resultado fue una precaria tregua armada con las Farc-EP, el M19 y el EPL. El presidente Barco (1986-1990) retom&oacute; el camino de las negociaciones con el M19, en 1998 y lo llev&oacute; hasta la desmovilizaci&oacute;n de esta.agrupaaon. En 1991, se desmovilizaron el EPL, MAQL y el PRTy en 1994 la Comente de Renovaci&oacute;n Socialista, CRS, durante la administraci&oacute;n de C&eacute;sar Gaviria. Desde entonces, no hablan vuelto a darse negociaciones de paz. Un an&aacute;lisis de estos procesos se encuentra en Zuluaga &#91;1996&#93;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#nr59">59</a><a name="59"></a> La Comisi&oacute;n Facilitadora fue iniciativa de sectores civiles y pol&iacute;ticos; la de Pa&iacute;ses Amigos se acord&oacute; entre el gobierno y el ELN y la integran Francia, Suiza, Suecia, Espa&ntilde;a y Cuba.</p>     <p><a href="#nr60">60</a><a name="60"></a> El antiguo subsecretario de Estado para los Derechos Humanos, Harold Koh, ha insistido en la necesidad de que las Fuerzas Armadas respeten los Derechos Humanos yque el Ej&eacute;rcito rompa los v&iacute;nculos con los paramilitares. La Oficina de la Alta Comisionada de Las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha se&ntilde;alado reiteradamente la responsabilidad estatal por acci&oacute;n u omisi&oacute;n en la crisis humanitaria.</p>     <p><a href="#nr61">61</a><a name="61"></a> La oposici&oacute;n al Plan contribuy&oacute; a gestar Paz Colombia, convergencia de las organizaciones paz y de organizaciones sociales y pol&iacute;ticas que respaldan la soluci&oacute;n pol&iacute;tica negociada. Paz Colombia considera al Plan Colombia como un plan de guerra, ineficaz para la lucha contra el narcotr&aacute;fico, que puede imprimirle una nueva din&aacute;mica de escalamiento a la guerra interna. Propone la concertaci&oacute;n de un nuevo Plan que enfatice en soluciones sociales al problema econ&oacute;mico y social de los cultivos de uso il&iacute;cito y que se dise&ntilde;e en concertaci&oacute;n con las comunidades.</p>     <p><a href="#nr62">62</a><a name="62"></a> Colombia es uno de los diez pa&iacute;ses del mundo que tienen peor situaci&oacute;n en derechos humanos.</p>     <p><a href="#nr63">63</a><a name="63"></a> En el a&ntilde;o 2000, hubo 28.000 homicidios, m&aacute;s de 500 masacres, 350.000 desplazados, 14 muertes diarias por la violencia sociopol&iacute;tica, m&aacute;s de 3.000 secuestros, adem&aacute;s de desapariciones y ejecuciones extrajudiciales. Centenares de dirigentes pol&iacute;ticos, defensores de derechos humanos, acad&eacute;micos, luchadores por la paz fueron asesinados u obligados a abandonar el pa&iacute;s. </p>     <p><a href="#nr64">64</a><a name="64"></a> Seg&uacute;n Charles-Philippe David, es caracter&iacute;stico de las,guerras civiless que el mayor n&uacute;mero de v&iacute;ctimas se produzcan entre la poblaci&oacute;n civil. El 90% de las victimas de las guerras de los a&ntilde;os 90 han sido civiles" &#91;2000,137&#93;.</p>      <p><a href="#nr65">65</a><a name="65"></a> Sostiene Waldmann que &quot;lo que hoy en d&iacute;a predomina es la tendencia a la descomposici&oacute;n y a la destrucci&oacute;n sin l&iacute;mites, el principio de <i>anythmg goes</i>, como m&eacute;todo de guerra&quot; &#91;Waldmann y Reinares 1999, 39&#93;.</p>     <p><a href="#nr66">66</a><a name="66"></a> Para hacer viable una negociaci&oacute;n de paz, se requiere que los implicados perciban que con la negociaci&oacute;n ganan algo o que al menos no pierden; se requiere tambi&eacute;n contar con los actores relevantes y respetar sus intereses fundamentales. Es esto lo que se ha ido configurando en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en Colombia. A prop&oacute;sito de las condiciones para la negociaci&oacute;n de guerras civiles, v&eacute;ase Krumwiede &#91;1999&#93;.</p>     <p><a href="#nr67">67</a><a name="67"></a> Al igual que en otras guerras civiles contempor&aacute;neas, en las que la soluci&oacute;n pol&iacute;tica ha pasado por el camino de la democratizaci&oacute;n de las sociedades &#91;v&eacute;ase Krumwiede 1999&#93;.</p><hr>     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>&#91;1&#93; &Aacute;lvarez, Carlos Guillermo. 2000. <i>Econom&iacute;a y pol&iacute;tica petrolera</i>, Uso-Indepaz-Universidad Nacional, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-4772200100010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;2&#93; Arendt, Hannah. 1976. <i>Sobre la violencia</i>, Taurus, Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0121-4772200100010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;3&#93; Bergquist, Charles. 2001.&quot;Comparaci&oacute;n entre la guerra de los Mil D&iacute;as y la crisis contempor&aacute;nea&quot;, S&aacute;nchez, Gonzalo y Aguilera, Mario, editores, <i>Memoria de un pa&iacute;s en guerra. Los Mil D&iacute;as 1899-1902,</i> Planeta-Un&iacute;jus-Iepri, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0121-4772200100010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;4&#93; Bobb&iacute;o, Norberto. 1996. &quot;Paz: el problema de la definici&oacute;n&quot;, <i>Antolog&iacute;a</i>, FCE, M&eacute;xico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0121-4772200100010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;5&#93; Borja, Miguel. 2000. &quot;La regi&oacute;n y la naci&oacute;n en la sociedad global: entre comunidades reales y comunidades imaginadas&quot; , <i>Colombia, cambio de siglo,</i> Iepri. Planeta, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0121-4772200100010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;6&#93; Bourguignon, Fran&ccedil;ois. &quot;Criminalidad, violencia y desarrollo inequitativo&quot;. <i>Planeaci&oacute;n y Desarrollo.</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0121-4772200100010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;7&#93; Broder&iacute;ck, Walter. 2000. <i>El guerrillero invisible,</i> C&iacute;rculo de Lectores, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0121-4772200100010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;8&#93; Corredor, Consuelo.1999. &quot;El problema de la pobreza: una reflexi&oacute;n conceptual&quot;, Corredor, Consuelo, editora, <i>Pobreza y desigualdad. Reflexiones conceptuales y medici&oacute;n,</i> Cinep, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0121-4772200100010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;9&#93; Cubides, Fernando. 1999. &quot;Colombie: la violence des pararnilitaires&quot;, <i>Probl&eacute;mes d'Am&eacute;rique Latine.</i>34, Nueva Serie, julio-septiembre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0121-4772200100010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;10&#93; Cubides, Fernando. 1999. &quot;Los paramilitares y su estrategia&quot;, Deas, Malcom y Llorente, Maria V., compiladores, <i>Reconocer la guerra para construir la paz,</i> Ediciones Uniandes, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0121-4772200100010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;11&#93; David, Charles-Philippe. 2000. <i>La guerre et la paix. Approche contemporaines de la securit&eacute; et de la strat&eacute;gie,</i> Presses de Sciences Po, Par&iacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0121-4772200100010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;12&#93; Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n, DNP 1998. <i>La paz, el desaf&iacute;e para el desarrollo,</i> DNP-TM Editores, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0121-4772200100010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;13&#93; Echeverri, Rafael. 1998.<i> Colombia en transici&oacute;n. De la crisis a la convivencia: una visi&oacute;n desde lo rural,</i> IICA-TM, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0121-4772200100010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;14&#93; Fals Borda, Orlando. 1996. <i>Regi&oacute;n e historia. Elementos sobre ordenamiento y equilibrio territorial en Colombia,</i> Iepri-TM, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0121-4772200100010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;15&#93; Garc&iacute;a, Mauricio y Upr&iacute;mny, Rodrigo. 1999. &quot;El nudo gordiano de la justicia y la guerra en Colombia&quot;, Camacho, Alvaro y Leal, Francisco, compiladores, <i>Amar la paz es desarmar la guerra,</i> Iepri-Fescol-Cerec, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0121-4772200100010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;16&#93; Gonz&aacute;lez, Fern&aacute;n. 1993. &quot;Espacio p&uacute;blico y violencias privadas&quot;, Jimeno, Myriam. <i>Conflicto social y violencia. Notas para una discusi&oacute;n,</i> Ic&aacute;nIfea, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0121-4772200100010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;17&#93; Krumwiede, Heinrich-W .&quot;Posibilidades de pacificaci&oacute;n de las guerras civiles: preguntas e hip&oacute;tesis&quot;, Waldmann, Peter y Reinares, Fernando, <i>Sociedades en guerra civil.</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0121-4772200100010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;18&#93; Lair , Erie. 1997. &quot;El terror: recurso estrat&eacute;gico de los actores armados. Reflexiones en torno al conflicto colombiano&quot;, Iepr&iacute;, <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico,</i> 37, Universidad Nacional, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0121-4772200100010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;19&#93; Lipset, Seymour M. 1996. &quot;Repensando los requisitos sociales de la democracia&quot;, <i>La Pol&iacute;tica. Revista de estudios sobre el Estado y la sociedad,</i> 2, Barcelona, segundo semestre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0121-4772200100010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;20&#93; Machado, Absal&oacute;n. 1998. <i>La cuesti&oacute;n agraria en Colombia a fines del milenio,</i> El Ancora editores, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0121-4772200100010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;21&#93; Medina, Carlos. 1990. &quot;Autodefensas, paramilitares y narcotr&aacute;fico en Colombia. Origen, desarrollo y consolidaci&oacute;n. El caso Puerto Boyac&aacute;&quot;, <i>Documentos Period&iacute;sticos,</i> Bogot&aacute;, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0121-4772200100010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;22&#93; Ministerio de Defensa Nacional. 2000. <i>Los grupos ilegales de Autodefensa en Colombia,</i> informe, Bogot&aacute;, diciembre&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0121-4772200100010001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;23&#93; Observatorio para la Paz. 2000. &quot;Plan Colombia: juego de m&aacute;scaras&quot;, Mandato Ciudadano por la Paz, la Vida y la Libertad, <i>Cultivos il&iacute;citos, narcotr&aacute;fico y agenda de paz,</i> Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0121-4772200100010001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;24&#93; Orozco, Iv&aacute;n y G&oacute;mez, Juan Gabriel. 1997. <i>Los peligros del nuevo constitucionalismo en materia criminal,</i> Iepri - Ministerio de Justicia, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0121-4772200100010001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;25&#93; Palacios, Marco. 1999. &quot;La soluci&oacute;n pol&iacute;tica al conflicto armado, 1982-1997&quot;, Camacho, Alvaro y Leal, Francisco, compiladores, <i>Armar la paz es desarmar la guerra,</i> Iepri-Fescol-Cersr, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0121-4772200100010001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;26&#93; Palacios, Marco. 1999. &quot;Agenda para la democracia y negociaci&oacute;n con las guerrillas&quot;, Leal, Francisco, editor, <i>Los laberintos de la guerra, utop&iacute;as e incertidumbres sobre la paz,</i> TM Editores-Uniandes, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0121-4772200100010001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;27&#93; Pardo, Rafael. 1996. <i>De primera mano, Colombia 1986-1994: entre conflictos y esperanzas,</i> Editorial Norma, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0121-4772200100010001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;28&#93; Pecaut, Daniel. 1997. &quot;Presente, pasado y futuro de la violencia&quot; ,<i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico,</i> 30, Iepri Universidad Nacional, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0121-4772200100010001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;29&#93; Pecaut, Daniel. 1999. &quot;Colombie: une paix insaisissable&quot;, <i>Probl&eacute;mes d'Am&eacute;rique Latine,</i> 34, Par&iacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0121-4772200100010001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;30&#93; Pecaut, Daniel. 2000. &quot;La Colombie pris en otage&quot;, <i>Sprint,</i> Par&iacute;s, diciembre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0121-4772200100010001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;31&#93; Pizarro, Eduardo. 1991. <i>Las Farc (1949-1966). De la autodefensa  a la combinaci&oacute;n.de todas las formas de lucha,</i> TM Editores - Iepri, Universidad Nacional, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0121-4772200100010001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;32&#93; P&iacute;zarro, Eduardo. 1996. <i>Insurgencia sin revoluci&oacute;n,</i> TM Editores-Iepri, Universidad Nacional, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0121-4772200100010001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;33&#93; Puyana, Aura Mar&iacute;a. 2000. &quot;Cultivos il&iacute;citos y paz: hacia una agenda de la sociedad civil&quot;, Mandato Ciudadano por la Paz, la Vida y la Libertad, <i>Cultivos Il&iacute;citos, narcotr&aacute;fico y agenda de paz,</i> Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0121-4772200100010001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;34&#93; Ram&iacute;rez, William. 2000. &quot;Violencia, guerra civil, contrato social&quot;, <i>Colombia, cambio de siglo, balances y perspectivas,</i> Iepri, Universidad Nacional de Colombia, Planeta, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0121-4772200100010001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;35&#93; Restrepo, Dar&iacute;o I. 2000. &quot;Colombia entre la guerra y la paz: descentralizaci&oacute;n o desintegraci&oacute;n del estado&quot;, Mandato Ciudadano por la Paz, la Vida y la Libertad, <i>Conversaciones de Paz. Las claves territoriales de la guerra y la paz,</i> Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0121-4772200100010001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;36&#93; Reyes, Alejandro. 1997 &quot;La compra de tierras por narcotraficantes en Colombia&quot;, Thuomi, Francisco, compilador, <i>Drogas ilicitas en Colombia: su impacto econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y social,</i> DNE y UNDCP, Ariel, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0121-4772200100010001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;37&#93; Romero, Mauricio. 1999. &quot;C&oacute;rdoba, latifundio y narcotr&aacute;fico&quot;, <i>An&aacute;lisis. Documentos Ocasionales,</i> Cinep, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0121-4772200100010001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;38&#93; Rubio, Mauricio. 1999. <i>Crimen e impunidad. Precisiones sobre la Violencia,</i> TM Editores - Cede, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0121-4772200100010001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;39&#93; S&aacute;nchez, Gonzalo. 1998. &quot;Violencias, contrainsurgencia y sociedad civil en la Colombia contempor&aacute;nea&quot;,<i> Desaf&iacute;os de la democracia en la regi&oacute;n andina,</i> Comisi&oacute;n Andina de Juristas, Lima.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0121-4772200100010001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;40&#93; Sarmiento, Alfredo.1991. &quot;Violencia y equidad&quot;, <i>Planeaci&oacute;n &amp; Desarrollo, XXX, 3,</i> Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0121-4772200100010001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#091;41&#093; Sen, Amartya. 2000. <i>Un nouveau mod&eacute;le &eacute;conomique. D&eacute;veloppment, Justice, Libert&eacute;</i>, Editions Odile Jacob, Par&iacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0121-4772200100010001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;42&#93; Solimano, Andr&eacute;s; S&aacute;ez, Felipe; Moser, Caroline y L&oacute;pez Cecilia, editores.1999. <i>Ensayos sobre paz y desarrollo. El caso de Colombia y la experiencia internacional,</i> TM Editores, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0121-4772200100010001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;43&#93; Thuomi, Francisco. 1999. &quot;Las drogas ilegales y relaciones exteriores de Colombia: una visi&oacute;n desde el exterior&quot;, <i>Las drogas: una guerra fallida. Visiones cr&iacute;ticas,</i> Iepri, Universidad Nacional, TM Editores, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0121-4772200100010001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;44&#93; Vargas, Ricardo. 1999. <i>Drogas, m&aacute;scaras y juegos: Narcotr&aacute;fico y conflicto armado en Colombia,</i> TM Editores-TNI Acci&oacute;n Andina, Bogota.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0121-4772200100010001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;45&#93; Villarraga, &Aacute;lvaro y Plazas, Nelson. 1994. <i>Para reconstruir los sue&ntilde;os (una historia del EPL),</i> Fondo Editorial para la Paz, Bogota.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0121-4772200100010001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;46&#93; Waldmann, Peter. 1999. &quot;Din&aacute;micas inherentes a la violencia pol&iacute;tica desatada&quot;, Waldmann, Peter y Reinares, Fernando, compiladores, <i>Sociedades en guerra civil. Conflictos violentos de Europa y Am&eacute;rica Latina,</i> Paid&oacute;s, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0121-4772200100010001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;47&#93; Zuluaga, Jaime. 1996. &quot;Antecedentes y perspectivas de la pol&iacute;tica de paz&quot;, Sa&uacute;l Franco, compilador, <i>Colombia contempor&aacute;nea,</i> Ecoe - Iepr&iacute;, Universidad Nacional, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0121-4772200100010001000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;48&#93; Zuluaga, Jaime. 1999. &quot;De guerrillas a movimientos pol&iacute;ticos (an&aacute;lisis de la experiencia colombiana: el caso del M19)&quot;, Pe&ntilde;aranda, Ricardo y Guerrero, Javier, compiladores,<i> De las Armas a la pol&iacute;tica,</i> TM-Iepri, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S0121-4772200100010001000048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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