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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EQUILIBRIO GENERAL NO COMPETITIVO CON FORMACIóN ENDóGENA DE PRECIOS]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article presents an equilibrium concept that, contrary to the traditional walrasian one, allows for the unbalance between supply and demand in different markets, making easier the analysis of those situations in which they differ persistently, as in the case of the labor market. Furthermore, the process of price setting becomes endogenous and it is shown that an equilibrium with endogenous price setting is a particular case of an equilibrium of fixed prices. Toward the end some examples are presented which help us to sustain these arguments.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>EQUILIBRIO GENERAL NO COMPETITIVO CON FORMACI&Oacute;N END&Oacute;GENA DE PRECIOS</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="right"><b> Edgar Villa, Juli&aacute;n Ar&eacute;valo y Ang&eacute;lica Castro *</b></p>     <p> * E. Villa es estudiante del doctorado en Econom&iacute;a en la Universidad de Boston; J. Ar&eacute;valo es estudiante de la Maestr&iacute;a en Teor&iacute;a y Pol&iacute;tica Econ&oacute;mica en la Universidad Nacional de Colombia y A.  Castro es estudiante del Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a de la Universidad de Los Andes. Este art&iacute;culo se recibi&oacute; el 25 de agosto del 2000 y fue aprobado por el Comit&eacute; Editorial el 15 de septiembre de 2000.</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p> En este art&iacute;culo se presenta una concepci&oacute;n de equilibrio que, a diferencia de la tradicional walrasiana, permite el desbalance entre oferta y la demanda en los diferentes mercados facilitando el an&aacute;lisis de situaciones en las cuales estas difieren persistentemente, como en el caso del mercado laboral. De igual forma, se hace end&oacute;geno el proceso de formaci&oacute;n de precios y se muestra que un equilibrio con formaci&oacute;n de precios end&oacute;gena es un caso particular de un equilibrio de precio fijo. Hacia el final se presentan algunos ejemplos que ayudan a sustentar estos argumentos.</p>     <p> <b>Palabras claves:</b> modelo, precios, equilibrio no walrasiano.</p>     <p><b>Abstract</b></p>     <p> This article presents an equilibrium concept that, contrary to the traditional walrasian one, allows for the unbalance between supply and demand in different markets, making easier the analysis of those situations in which they differ persistently, as in the case of the labor market. Furthermore, the process of price setting becomes endogenous and it is shown that an equilibrium with endogenous price setting is a particular case of an equilibrium of fixed prices. Toward the end some examples are presented which help us to sustain these arguments.</p>     <p><b>Keywords:</b> model, prices, equilibrium  non-walrasian.</p><hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="3"><b>1. INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>     <p> En la concepci&oacute;n tradicional walrasiana se define un equilibrio como un sistema de precios a los cuales las ofertas y demandas agregadas de todos los agentes se igualan simult&aacute;neamente, dado que cada uno de los consumidores y productores est&aacute;n maximizando utilidad y beneficios a esos precios, sobre sus restricciones presupuestarias y tecnol&oacute;gicas, respectivamente. La consistencia de las acciones de todos los agentes se alcanza &lsquo;&uacute;nicamente’ por medio de ajustes de precios de la siguiente manera: todos los agentes reciben una &lsquo;se&ntilde;al de precios’ -un precio por mercado que suponen que est&aacute; dada, y que podr&aacute; inter­ cambiar o transar lo que deseen a ese sistema de precios.<sup><a name="nr1"></a><a href="#1">1</a></sup> As&iacute;, los agentes forman sus funciones (o correspondencias) de demandas y ofertas walrasianas en funci&oacute;n &uacute;nicamente de la se&ntilde;al de precios. Las transacciones deseadas por ellos y que se pueden llevar a cabo en equilibrio, coinciden con las demandas y ofertas agregadas a ese sistema de precios de equilibrio. Ning&uacute;n tipo de racionamiento se experimentar&iacute;a ya que a los precios de equilibrio las demandas y ofertas agregadas coinciden en todos los mercados.</p>     <p> Deben se&ntilde;alarse dos caracter&iacute;sticas del modelo walrasiano: i) todos los agentes reciben una se&ntilde;al de precios y toman decisiones racionales sobre las cantidades que desean comprar y vender a esos precios; ning&uacute;n agente env&iacute;a una se&ntilde;al de cantidades al mercado; y ii) en el modelo walrasiano las se&ntilde;ales de precios enviadas por el mercado a veces se han interpretado como se&ntilde;ales que env&iacute;a un agente ficticio de mercado llamado &lsquo;subastador’ que representa la famosa &lsquo;mano invisible’. Sin embargo, tal como hab&iacute;a observado Arrow:     <blockquote>    <p> &#91; ... &#93; existe un vac&iacute;o l&oacute;gico en la formulaci&oacute;n usual de la teor&iacute;a de las econom&iacute;as perfectamente competitivas, que consiste en que no existe una decisi&oacute;n racional con respecto a los precios como si ocurre con las cantidades; &#91;y m&aacute;s espec&iacute;ficamente&#93; se supone que cada individuo participante en la econom&iacute;a toma como dados los precios y determina su elecci&oacute;n &#91;&oacute;ptima&#93; para comprar y vender lo que desea; pero no existe nadie cuyo trabajo sea tomar una decisi&oacute;n sobre el precio &#91;Arrow 1959&#93;.</p> </blockquote>      <p> Es por esto que el agente de mercado llamado subastador es tan s&oacute;lo una figura ficticia (no aparece expl&iacute;citamente en la formulaci&oacute;n del modelo tal como Debreu &#91;1959&#93; lo expone por ejemplo), que trata de simplificar, aunque en dicho proceso oculte, el verdadero proceso de formaci&oacute;n de precios por parte de los agentes.<sup><a name="nr2"></a><a href="#2">2</a></sup></p>     <p> Sin embargo, esta concepci&oacute;n walrasiana es s&oacute;lo una clase de equilibrio que no debe ser el &uacute;nico marco de an&aacute;lisis para el estudio de los mercados, ya que es claro que pueden existir muchos de &eacute;tos donde permanentemente oferta y demanda agregada no est&eacute;n balanceadas. Una situaci&oacute;n en la cual oferta y demanda agregada no se igualen a un precio dado se ha considerado una situaci&oacute;n de &lsquo;desequilibrio’ en la tradici&oacute;n walrasiana. No obstante, en la teor&iacute;a no walrasiana que estudiaremos, dicha situaci&oacute;n se trata de interpretar como un <i>equilibrio con racionamiento.</i> Un equilibrio no walrasiano puede verse como una generalizaci&oacute;n (no una negaci&oacute;n) del concepto de equilibrio tradicional walrasiano. Cuando se modela una situaci&oacute;n con excesos de demanda u oferta como un equilibrio con racionamiento se puede estudiar por ejemplo el caso del desempleo involuntario &#91;Malinvaud 1977&#93;, donde se pone de manifiesto que en el mercado de trabajo la oferta agregada excede a la demanda, lo que significa que algunos agentes est&aacute; racionados, es decir, desempleados.</p>     <p> La teor&iacute;a no walrasiana toma muy en serio el problema l&oacute;gico se&ntilde;alado arriba por Arrow y su prop&oacute;sito es construir una teor&iacute;a consistente del funcionamiento de econom&iacute;as descentralizadas cuando la idea de balance en todos los mercados (igualdad entre oferta y demanda agregada) no se asume axiom&aacute;tica­ mente &#91;B&eacute;nassy 1982, 1986&#93;. Un resultado adicional inmediato es que el racionamiento puede aparecer y que las se&ntilde;ales de cantidades tendr&aacute; que ser introducidas junto con las se&ntilde;ales de precios. El utilizar este conjunto de se&ntilde;ales aumentado permite generalizar el concepto de equilibrio walrasiano en varias direcciones &#91;B&eacute;nassy 1990&#93;:</p>     <blockquote>    <p> i) Pueden considerarse esquemas de formaci&oacute;n de precios m&aacute;s generales, desde rigidez total a flexibilidad total, con formas intermedias de competencia imperfecta.</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p>ii) La teor&iacute;a de la oferta y demanda debe ser sustancialmente modificada para tomar en cuenta las se&ntilde;ales de cantidades. Se obtiene una teor&iacute;a de la demanda efectiva, generalizando la demanda walrasiana que s&oacute;lo tiene en cuenta se&ntilde;ales de precios.</p> </blockquote>     <blockquote>    <p> iii) Debe modificarse tambi&eacute;n la teor&iacute;a de precios en una forma que integre la posibilidad de mercados no balanceados, la presencia de se&ntilde;ales de cantidades, y que los agentes mismos sean responsables de la formaci&oacute;n de precios. </blockquote>     <blockquote>    <p> iv) Finalmente, las expectativas, que en la tradici&oacute;n walrasiana s&oacute;lo involu­ cran precios, ahora deben incorporar tambi&eacute;n se&ntilde;ales de cantidades.</p> </blockquote>     <p><b>1.1  La utilidad del equilibrio no-walrasiano</b></p>     <p> El concepto de equilibrio no walrasiano o equilibrio con racionamiento es claramente una generalizaci&oacute;n del concepto de equilibrio walrasiano. Pero esto no implica, <i>per se,</i> que sea m&aacute;s relevante. Sin embargo, se pueden examinar diferentes contextos en los cuales existen razones para que el equilibrio no­ walrasiano sea importante:</p>     <p>    <blockquote>i. Pueden existir muchos mercados que persistentemente no balanceen oferta y demanda agregada, limitando el alcance del equilibrio walrasiano.</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p>ii. Existen econorn&iacute;as centralmente planeadas donde la determinaci&oacute;n de los precios no se deja a las fuerzas del mercado<sup><a name="nr3"></a><a href="#3">3</a></sup> sino que los precios se determinan por una autoridad central para un per&iacute;odo dado. En tales eco nom&iacute;as la teor&iacute;a no walrasiana resulta una herramienta de an&aacute;lisis &uacute;til.</p></blockquote>     <blockquote>    <p>iii. Varios desarrollos te&oacute;ricos en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os en organizaci&oacute;n industrial, econom&iacute;a laboral, mercados financieros y crediticios apuntan a la posibilidad de que los mercados no se balanceen, debido a consideraciones de la formaci&oacute;n de precios en contextos estudiados por la teor&iacute;a de juegos o de imperfecciones en la informaci&oacute;n, como de informaci&oacute;n asim&eacute;trica. Por tanto, se necesita una teor&iacute;a que acomode en un fonnato de equilibrio general la posibilidad de estas situaciones de des balance de los mercados.</p> </blockquote>     <p>    <blockquote> iv. Aunque gran parte de la literatura macroecon&oacute;mica moderna se ha desarrollado tratando de mostrar c&oacute;mo las fluctuaciones de empleo y producto pueden hacerse consistentes con mercados que se balancean continuamente, hay importante evidencia emp&iacute;rica que apunta a que las predicciones del modelo de ciclo real son contra f&aacute;cticas &#91;Mankiw 1989, Romer 1996&#93;.</blockquote></p>     <p><b>1.2 Antecedentes y alcance de la teor&iacute;a no walrasiana</b></p>     <p> Una motivaci&oacute;n continua y temprana de esta teor&iacute;a ha sido el deseo de dar una micro fundamentaci&oacute;n seria a la macroeconom&iacute;a. Cuando empez&oacute; esta agenda de investigaci&oacute;n exist&iacute;a una divisi&oacute;n profunda entre la microeconom&iacute;a y la macroeconom&iacute;a; adem&aacute;s de la divisi&oacute;n entre los enfoques de competencia perfecta e imperfecta.</p>     <p>La microeconorr&uacute;a de la competencia perfecta fue construida sobre unos principios rigurosos en un formato de equilibrio general y culmin&oacute; con la noci&oacute;n de equilibrio walrasiano en su formulaci&oacute;n moderna &#91;Arrow-Debreu 1954, Debreu 1959&#93;. De otra parte, la competencia imperfecta exceptuando el trabajo seminal de Negishi &#91;1961&#93;, fue tratada en un modelo de equilibrio parcial marshalliano en la l&iacute;nea del trabajo de Cournot &#91;1838&#93;, Bertrand &#91;1883&#93; y Chamberlin &#91;1933&#93;. Por otra parte, la macroeconorr&uacute;a hab&iacute;a sido dominada por el paradigma ke­ ynesiano, particularmente en su versi&oacute;n Is-LM &#91;Keynes 1936 y Hicks 1937&#93;. Era claro en esos tiempos que el modelo keynesiano no ten&iacute;a microfundamentos y que su largo y persistente empleo por parte de los economistas, a diferencia del modelo walrasiano, era su capacidad de tratar problemas como el desempleo involuntario y las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas que se necesitaban para corregirlo.</p>     <p> Varios autores trataron de cerrar la brecha entre la microeconom&iacute;a y la macroeconom&iacute;a keynesiana. Los primeros trabajos que se realizaron fueron los de Patinkin &#91;1956&#93;, Clower &#91;1965&#93; y Leijonhufvud &#91;1968&#93; enfatizando que el paradigma keynesiano s&oacute;lo tendr&iacute;a sentido en un mundo donde los agentes tuvieran &lsquo;restricciones en cantidades’ (por ejemplo, desempleo involuntario en mercados laborales) y donde los ajustes en cantidades reemplazar&iacute;an en fonna parcial los ajustes en precios (como en las diversas versiones de los multiplicadores keynsianos). Posteriormente Barro y Grossman &#91;1971, 1976&#93; formularon el primer modelo de equilibrio general donde los precios eran dados ex&oacute;genamente a un nivel donde los mercados no necesariamente se balanceaban, pero segu&iacute;an asumiendo el supuesto walrasiano de que los agentes eran precio aceptantes. En este punto del tiempo era obvio que faltaba un modelo de equilibrio general tipo Arrow-Debreu que pudiera acomodar la formaci&oacute;n end&oacute;gena de precios de forma racional.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Siguiendo a B&eacute;nassy &#91;1993&#93; el objetivo primordial del programa de investigaci&oacute;n no walrasiano era el de cerrar las brechas que exist&iacute;an entre la teor&iacute;a del equilibrio walrasiano, la macroeconom&iacute;a keynesiana y la competencia imperfecta generando un formato de an&aacute;lisis que pudiera fusionar estas tres l&iacute;neas de trabajo utilizando lo m&aacute;s interesante de cada una, as&iacute;: i) del paradigma walrasiano se mantuvo su enfoque de equilibrio general,  ii) del keynesiano la posibilidad del imbalance de los mercados, las se&ntilde;ales de cantidades y ajustes parciales en cantidades, y iii) del paradigma de la competencia imperfecta la formalizaci&oacute;n expl&iacute;cita de la formaci&oacute;n de precios por parte de los agentes internos al sistema. Espec&iacute;ficamente, esta s&iacute;ntesis entre las tres l&iacute;neas de pensamiento se alcanz&oacute; a trav&eacute; de una generalizaci&oacute;n de la teor&iacute;a walrasiana permitiendo, primero, que los agentes reaccionaran ante se&ntilde;ales de cantidades as&iacute; como ante se&ntilde;ales de precios, y segundo, haciendo end&oacute;gena la formaci&oacute;n de precios a trav&eacute; de una maximizaci&oacute;n expl&iacute;cita de los agentes.</p>     <p> Generalizar el modelo walrasiano para admitir el imbalance de los mercados no fue la &uacute;nica posibilidad de reconciliar la microeconom&iacute;a con la macroeconom&iacute;a. A principio de los a&ntilde;os 70, particularmente en Estados Unidos, apareci&oacute; un nuevo pensamiento macroecon&oacute;mico denominado la Nueva Macroeconom&iacute;a Cl&aacute;sica que tom&oacute; la direcci&oacute;n contraria, rechazando en cierta forma el keynesianismo y la competencia imperfecta, construyendo modelos rnacroecon&oacute;micos basados en el balance de los mercados en todo momento. Este pensamiento ha tenido un gran &eacute;xito, basado en el hecho de que combin&oacute; la hip&oacute;tesis del balance de los mercados con la hip&oacute;tesis popular de las expectativas racionales &#91;Muth 1961&#93;. Es claro ahora que la caracter&iacute;stica primordial de la Nueva Macroeconom&iacute;a Cl&aacute;sica no es tanto la hip&oacute;tesis de las expectativas racionales sino la hip&oacute;tesis walrasiana del balance general de los mercados en todo momento.</p>     <p><b>1.3 El enfoque de equilibrio general y el rol del dinero</b></p>     <p> Se debe enfatizar el hecho de que el enfoque es de equilibrio general, desagregando consumidores y productores, y no utilizando un agente representativo tipo Robinson Crusoe. Aunque con un agente representativo se pueden obtener ciertas conclusiones interesantes &#91;Romer 1996&#93;, s&oacute;lo cuando se trabaja de sagregadamente se pueden entender los microfundamentos subyacentes. El enfoque de equilibrio general permite mostrar las interrelaciones de los mercados bajo rigideces nominales de algunos precios, las extemalidades o <i>spillover effects</i> que sufren algunos mercados y que en un enfoque de equilibrio parcial no se podr&iacute;an analizar.</p>     <p> Muchos modelos walrasianos de equilibrio general no involucran expl&iacute;citamente el ambiente institucional en el que se lleva a cabo el intercambio entre agentes. En el modelo inicial de Walras, &eacute;l mismo se refiri&oacute; a econom&iacute;as de trueque con un mercado para cada par de bienes. Sin embargo, el dinero considerado expl&iacute;citamente, a parte de ser m&aacute;s realista, permite entender m&aacute;s f&aacute;cilmente el intercambio y la idea de racionamiento que definiremos. Para ser precisos debemos definir lo que signi­ fica una econom&iacute;a de trueque y una econom&iacute;a monetaria.</p>     <p> Seguiremos a dower &#91;1967&#93; que da el criterio para distinguir una de otra: este es, la relaci&oacute;n de intercambio de la econom&iacute;a, es decir, la lista de los pares de bienes que pueden ser intercambiados directamente uno por el otro. Para cada par corresponde un mercado. En este formato para una econom&iacute;a de trueque corresponde una relaci&oacute;n de intercambio m&aacute;xima: cada bien puede ser intercambiado por cualquier otro. De otra parte, en una econom&iacute;a monetaria, s&oacute;lo un bien: el dinero, puede ser intercambiado por cualquier mercanc&iacute;a y los dem&aacute;s bienes no pueden ser intercambiados entre ellos. En una econom&iacute;a monetaria existen tantos mercados como bienes no monetarios, uno para cada bien. Esto se ha denominado popularmente la &lsquo;restricci&oacute;n de dower’ que significa que los bienes no se intercambian por bienes, s&oacute;lo el dinero se intercambia por bienes. As&iacute; el dinero es el medio de intercambio, reserva de valor y numerario de la econom&iacute;a.</p>     <p> Vale mencionar que Clower &#91;1965&#93; introdujo la &quot;hip&oacute;tesis de la decisi&oacute;n dual&quot;. Para este autor al no incluir el dinero en los modelos tradicionales de trueque los planes de compra y venta de los individuos se dan simult&aacute;eamente en un s&oacute;lo plan, a trav&eacute; del intercambio de bienes y/o servicios. Clower denomin&oacute; este hecho como &quot;hip&oacute;tesis de la decisi&oacute;n unificada&quot;. En una econom&iacute;a monetaria los individuos separan sus decisiones en dos partes: ofrecen servicios o bienes por un lado, con los cuales reciben dinero, lo que les permite, por otro lado, tomar sus decisiones de compra. Es decir, se discriminan las acciones de compra y venta. Clower se refiri&oacute; a este caso como &quot;hip&oacute;tesis de la decisi&oacute;n dual&quot;.</p>     <p> Este art&iacute;culo no es un tratamiento exhaustivo del tema, es m&aacute;s expositivo sobre las ideas b&aacute;sicas de la teor&iacute;a y es por ello que nos limitaremos a econom&iacute;as de intercambio puro. El lector interesado en un tratamiento detallado debe consultar las obras de B&eacute;nassy &#91;1986, 1990, 1993&#93;. En la segunda parte de este art&iacute;culo se presentar&aacute; la caracterizaci&oacute;n de un equilibrio donde no necesariamente los mercados se balancean y se analizar&aacute; c&oacute;mo un sistema de precios diferente al del equilibrio walrasiano genera racionamiento en una econom&iacute;a. La tercera parte est&aacute; orientada a hacer end&oacute;geno el proceso de formaci&oacute;n de precios, tarea que ser&aacute; asignada al oferente de cada bien, para lo cual trabajaremos en un escenario de competencia monopolistica.<sup><a name="nr4"></a><a href="#4">4</a></sup> &lsquo; Aqu&iacute; se analizar&aacute; el enfoque de curva de demanda objetiva, para finalmente observar la racionalidad econ&oacute;mica de la rigidez nominal de precios. Para terminar se presentar&aacute; las conclusiones.</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>2.EQUILIBRIO NO WALRASIANO</b></font></p>    <p> En esta parte se presentar&aacute; un modelo de equilibrio general no walrasiano o con racionamiento, o a veces denominado equilibrio de precio fijo, donde mostraremos que un esquema de racionamiento es fundamental para la definici&oacute;n del equilibrio. Seguidamente se dar&aacute; una definici&oacute;n de equilibrio m&aacute;s general que la walrasiana, y hacia el final haremos el desarrollo ,de algunos ejemplos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>2.1 Presentaci&oacute;n del modelo</b></p>     <p> Consideramos una econom&iacute;a monetaria de intercambio puro conformada por <i>n</i> hogares notados por  <i>i</i>= 1,&hellip; , n y <i>l</i>  bienes diferentes al dinero notados por <i>h</i> =1, &hellip;, <i>l</i>. El dinero act&uacute;a como m&eacute;dio de intercambio, reserva de valor y numerario (su precio es igual a la unidad). El precio de cada bien esta dado por <i>p<sub>h</sub></i>. Denominamos &omega;<sub>i</sub> la dotaci&oacute;n inicial de bienes del hogar <i>i,</i> y m<sub>¡</sub> su dotaci&oacute;n inicial de dinero. Las compras netas del hogar <i>i</i> del <i>h</i>-&eacute;imo bien <i>(Z<sub>ih</sub>)</i> son iguales a sus compras de este bien <i>(d<sub>ih</sub>),)</i> menos sus ventas del mismo (<i>S<sub>ih</sub>)</i></p>     <p><a name="v20n3501e0"></a></p> <table align="center" width=580 border=0> <tbody><tr> <td><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e0.jpg"></td> <td width="16">(1) </p></td></tr> </tbody> </table></td>                                                       <p> De esta forma, podemos llamar <i>Z<sub>i</sub></i> el vector de transacciones netas del hogar <i>i</i> y determinar sus tenencias finales de bienes <i>(X<sub>i</sub>)</i> y dinero <i>(m<sub>i</sub>)</i></p>     <p><a name="v20n3501e1"></a></p> <table align="center" width=580 border=0> <tbody><tr> <td><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e1.jpg"></td> <td width="16">(2) </p></td></tr> </tbody> </table></td>                                                       <p> Asumiendo que cada consumidor tiene una funci&oacute;n de utilidad que depende positivamente de las tenencias finales de dineros<sup><a name="nr5"></a><a href="#5">5</a></sup> y bienes, el problema normal de los consumidores en la teor&iacute;a walrasiana es:</p>     <p alig align="center">><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e2.jpg" />     <p> donde asumimos <i>u<sub>i</sub></i> continua y c&oacute;ncava en sus argumentos. En el modelo walrasiano, el vector de precios de equilibrio <i>p*</i> es aqu&eacute;l para el cual todos los mercados se balancean, es decir,</p>     <p alig align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e3.jpg" />     <p><b>2.2 Demandas, transacciones y esquemas de racionamiento</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Dado que trabajaremos con un nuevo concepto de equilibrio en el cual los mercados no se balancean, es necesario hacer una distinci&oacute;n entre demandas (y ofertas) y transacciones, definiendo las primeras como las compras (y ventas) que los consumidores &lsquo;desean realizar’, notadas como<img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e4.jpg" />, las segundas scomo las transacciones &lsquo;realizables’, las cuales denotaremos como d*<sub>ih</sub> y s*<sub>ih</sub>. <b>Definici&oacute;n 1 (Demandas netas y transacciones netas)</b></p>     <p>i) La demanda neta de un consumidor i del h-&eacute;ismo bien es     <p ali align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e5.jpg" /></p>     <p>ii)La <i>transacci&oacute;n neta</i> de un consumidor <i>i</i> del h-&eacute;imo bien es <i>Z*<sub>i.h</sub></i> = <i>d*<sub>i.h</sub></i> &minus;<i>S*<sub>i.h</sub></i></p>     <p>La inclusi&oacute;n del dinero en la funci&oacute;n de utilidad siempre ha sido controversial y no existe acuerdo   un&aacute;nime sobre si se debe realizar, sobre todo cuando se busca entender el valor del dinero. Sin  embargo, se puede interpretar en una econom&iacute;a monetaria, como mayor disponibilidad de tiempo   para el trabajo (o para el ocio), debido a la facilidad para realizar transacciones que este genera por su caracter&iacute;stica de medio de pago. Para una discusi&oacute;n acerca del valor del dinero en equilibrio general ver Hahn &#91;1965, 1982&#93;Lozano-Vi1la-Monsalve &#91;1997a, 1997b&#93;.</p>     <p> Las primeras son se&ntilde;ales que los agentes env&iacute;an al mercado (es decir, a los otros agentes) antes de llevar a cabo cualquier intercambio y por lo tanto no se balancean necesariamente. Las segundas son los intercambios realizados en el mercado y por tanto est&aacute; sujetas a todas las identidades contables tradicionales. Como es de esperarse, por ser una identidad contable, las transacciones netas agregadas siempre se balancear&aacute; ya que toda compra para un agente es una venta para otro, y viceversa. De esta forma tenemos</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e6.jpg" />     <p> Por lo tanto</p>     <p><a name="v20n3501e7"></a></p> <table align="center" width=580 border=0> <tbody><tr> <td><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e7.jpg"></td> <td width="16">(3) </p></td></tr> </tbody> </table></td>                                                       <p> Sin embargo, las demandas netas pueden no balancearse debido a que no existe nada que garantice que los deseos de compra y venta entre los agentes se igualen. Lo que puede resultar en</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="v20n3501e8"></a></p> <table align="center" width=580 border=0> <tbody><tr> <td><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e8.jpg"></td> <td width="16">(4) </p></td></tr> </tbody> </table></td>                                                       <p> De esta forma, habr&aacute; agentes para los cuales sus transacciones netas sean inferiores a sus demandas netas</p>     <p aling align="center"> <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e9.jpg" />     <p> A aquellos agentes que no satisfacen su oferta o demanda les llamaremos raionadas, as&iacute;, un demandante racionado es aquel cuya compra es menor que su demanda, y un oferente racionado es aquel cuya venta es menor que su oferta. Por lo tanto, es necesario describir un esquema de racionamiento que se aplique a esta econom&iacute;a.</p>     <p> Una vez que exista la posibilidad de que las demandas deseables no se balan­ ceen agregadamente como en &#91;4&#93; debe existir un mecanismo o proceso de intercambio que compatibilice las transacciones para satisfacer &#91;3 &#93;. En la vida real esto se puede lograr a trav&eacute;s de muchos procedimientos, como racionamiento uniforme, racionamiento proporcional, sistemas de prioridad, etc., dependiendo del esquema particular de organizaci&oacute;n de cada mercado. Denominaremos un <i>esquema de racionamiento</i> la representaci&oacute;n matem&aacute;tica del proceso de intercambio en el <i>b</i>-&eacute;imo mercado. Un esquema de racionamiento convierte demandas y ofertas posiblemente inconsistentes en transacciones consistentes.</p>     <p><b> Definici&oacute;n 2 (Esquema de racionamiento)</b></p>     <p> Un <i>esquema de racionamiento</i> en el mercado <i>h</i> se describe por el conjunto de <i>n</i> funciones</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e10.jpg" />      <p>para todo <i>Z<sub>i,h</sub></i>,&hellip;,<i>Z<sub>n,h</sub></i>.  Normalmente se supone que <i>F<sub>i,h</sub></i> es una funci&oacute;n continua, no decreciente en <i>Z<sub>i,h</sub></i>&lsquo; no creciente en sus otros argumentos. Desde luego, el esquema de racionamiento que se aplica debe cumplir con ciertas caracter&iacute;sticas, a saber:</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>i. <i>Regla del lado corto:</i> Las transacciones siempre son determinadas por la parte del mercado que tiene menores deseos de transar. Esto se conoce como la regla del lado corto. En la Figura<a href="#v20n3501e11">1</a>, las curvas <i>eb</i> y <i>dbc</i> representan las funciones de oferta y demanda de los agentes respectivamente, y las l&iacute;neas fuertes representan las transacciones que se realizan en la econom&iacute;a, esto es, si la oferta es mayor que la demanda, esta &uacute;ltima determina el nivel de transacciones, mientras que si es mayor la demanda, es la oferta la que determina este nivel. Por ejemplo, al nivel de precios <i>P<sub>1</sub></i>, los oferentes quisieran vender hasta <i>Y<sub>2</sub></i>, sin embargo, a este nivel de precios, los demandantes s&oacute;lo quisieran comprar hasta <i>Y<sub>1</sub></i>. Como los deseos de estos &uacute;ltimos son menores (lado corto del mercado), ellos son los que determinan las transacciones de la econom&iacute;a, Podemos generalizar diciendo que cuando el precio se ubica por encima del nivel de precios de equilibrio walrasiano (<i>P<sub>E</sub></i>) los demandantes determinan las transacciones. Si este precio se encuentra por debajo, son los oferentes los que las determinan.</blockquote></p>     <p><a name="v20n3501e11"></a></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e11.jpg" />     <p><a name="v20n3501e11"></a></p>     <blockquote>ii.  <i>Intercambio vuntario.</i> Ning&uacute;n agente puede ser forzado a intercambiar m&aacute;s de lo que quiere, o a cambiar el signo de sus transacciones. Esta propiedad se puede expresar algebraicamente como <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e12.jpg" />. Supondremos que esta propiedad siempre se satisface.</a></blockquote>     <blockquote><i>iii.  Mercados eficientes.</i> Llamamos un mercado eficiente a aqu&eacute;l que no permite la presencia de oferentes y demandantes del mismo bien que queden racionados en sus transacciones simult&aacute;eamente. Este supuesto implica que hay suficiente informaci&oacute;n en el mercado tal que si existe un agente racionado en sus ventas y otro en sus compras del mismo bien, &eacute;tos logran conocerse y llevar a cabo un intercambio mutuamente beneficioso.</blockquote>     <blockquote> <i> iv.No manipulabilidad.</i> Consideramos que los agentes no pueden alterar las restricciones a las cuales se enfrentan. Formalmente,</blockquote>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e13.jpg" />     <p> donde <i>d<sub>i,h</sub></i> y <i>S<sub>i,h</sub></i> son las restricciones <i>percibidas en cantidades</i> que enfrenta el agente <i>i,</i> y son determinadas por todos los agentes excepto <i>i</i> de la siguiente</p>.     <p>forma <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e14.jpg" /> son todas las  demanda netas en el mercado <i>h</i> excepto la del agente <i>i</i>. Estas restricciones en cantidades <i>d<sub>i,h</sub></i> y <i>S<sub>i,h</sub></i> representan las cantidades m&aacute;ximas que el agente <i>i</i> puede comprar y vender, respectivamente, en el mercado <i>h.</i> Podemos notar que estas restricciones se relacionan naturalmente con la idea de una curva de demanda objetiva como veremos, ya que la demanda objetiva para un vector de precios representa precisamente la cantidad m&aacute;xima que un formador de precios puede vender a ese precio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En las figuras <a href="#v20n3501e15">2</a> y <a href="#v20n3501e16">3</a> se observa la condici6n de no manipulabilidad. En la pri­ mera, el agente <i>i</i> puede vender o comprar tanto como las restricciones que enfrenta le permitan, mientras en la segunda, el agente <i>i</i> puede comprar o vender m&aacute;s all&aacute; de sus restricciones manipulando el esquema de racionamiento.</p> <a name="v20n3501e15"></a></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e15.jpg" /> <a name="v20n3501e15"></a></p> <a name="v20n3501e16"></a></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e16.jpg" /> <a name="v20n3501e16"></a></p>     <p> Un esquema de racionamiento frecuente es el de <i>fila de espera,</i> donde los agentes se ordenan de menor a mayor de acuerdo a sus deseos de transar, directamente proporcional al tiempo que llevan haciendo fila, y a cada uno, en orden, se le da una cantidad que corresponde al m&iacute;nimo entre lo que desea y lo que los agentes anteriores a &eacute;l le han dejado. Formalmente:</p>     <p aling align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e17.jpg" /> si es demandante, o,      <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e18.jpg" /> si es oferente.     <p> Ahora bien, las funciones <i>G<sub>i</sub></i> que definen las demandas y ofertas m&aacute;ximas (restricciones percibidas en cantidades) que puede llevar a cabo el <i>i</i>-&eacute;simo agente se definen a su vez por medio del esquema de racionamiento de la siguiente forma</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e19.jpg" />     <p>Por la propiedad de intercambio voluntario tenemos que <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e20.jpg" /> y por tanto <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e21.jpg" />  Diremos que el esquema de racionamiento en el mercado <i>h</i> es no manipulable si se puede escribir para cada agente <i>i</i> = 1,&hellip;, n,</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e22.jpg" />     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> o equivalentemente seg&uacute;n las definiciones que hemos dado:</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e23.jpg" />     <p> o en forma m&aacute;s complacta <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e24.jpg" />     <p> Despu&eacute; de haber presentado el modelo b&aacute;sico, y haber mostrado las caracter&iacute;sticas del esquema de racionamiento, podemos entrar a definir un equilibrio no-walrasiano.</p>     <p><b>2.3 Demandas efectivas y equilibrio no-walrasiano</b></p>     <p> En la teor&iacute;a walrasiana las demandas y ofertas de los consumidores provienen de maximizar la utilidad sujeta a su restricci&oacute;n presupuestaria y resultan ser funciones (o correspondencias) en funci&oacute;n s&oacute;lo de los precios y las dotaciones iniciales, Sin embargo, los consumidores pueden percibir unas <i>restricciones en cantidades</i> que modifican sus demandas y ofertas. Por ello necesitamos modificar la noci&oacute;n de demanda y oferta para incorporar estas restricciones en cantidades. Al problema tradicional de maximizaci&oacute;n de utilidad del consumidor <i>i</i> se le debe agregar una restricci&oacute;n adicional, que consiste en limitar sus demandas netas a las restricciones percibidas de cantidades en los dem&aacute;s mercados <i>S<sub>i,k</sub></i>,<i>, d<sub> i,k</sub></i> .</p>     <p>As&iacute;, se pueden integrar los efectos de los dem&aacute;s mercados en la determinaci&oacute;n de la demanda efectiva del mercado <i>h</i>, es decir, se deben tener en cuenta los <i>spillover effects</i>  entre mercados. De esta forma.</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e25.jpg" />     <p> Bajo concavidad estricta de u, la soluci&oacute;n a este problema es &uacute;nica, de modo que resulta ser una funci&oacute;n de demanda que depende tanto de los precios como de las restricciones en cantidades y que la denotaremos <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e26.jpg" /> Esta funci&oacute;n la llamaremos funci&oacute;n de &quot;demanda neta efectiva&quot; del consumidor <i>i</i> en el mercado <i>h</i>. Repitiendo el procedimiento para todo mercado generamos <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e27.jpg" /> el vector de demandas netas efectivas del consumidor <i>i</i> para <i>h</i>= 1,&hellip;<i>l</i>.</p>     <p> Sin embargo, en el sistema con racionamiento que hemos considerado, un consumidor no puede escoger directamente el nivel de su demanda neta efectiva, ya que va a ser determinada en cada mercado por las demandas netas efectivas anunciadas por los dem&aacute;s consumidores. De otra forma, bajo un esquema de racionamiento, las transacciones netas que el consumidor puede realizar dependen de las demandas netas efectivas que los dem&aacute;s consumidores han anunciado. El siguiente resultado muestra la funci&oacute;n de transacciones netas &oacute;ptimas que puede realizar un consumidor bajo no manipulabilidad del esquema de racionamiento.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b> Lema 1 (Transacciones netas &oacute;ptimas de un consumidor)</b></p>     <p> Si <i>u<sub>i</sub></i> es c&oacute;ncava estricta en <i>x<sub>i</sub></i> y c&oacute;ncava en <i>m<sub>i</sub></i> entonces bajo no manipulabilidad del esquema de racionamiento para cualquier (<i>P,d<sub>i</sub>.,s<sub>i</sub></i>) tenemos que</p>     <p><a name="v20n3501e28"></a></p> <table align="center" width=580 border=0> <tbody><tr> <td><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e28.jpg"></td> <td width="16">(5) </p></td></tr> </tbody> </table></td>                                                       <p>o en forma m&aacute;s compacta</p>     <p alin align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e29.jpg" />     <p> Prueba. Ver B&eacute;nassy &#91;1986&#93;.</p>     <p>Notemos que la funci&oacute;n en &#91;5&#93; tiene una &uacute;nica soluci&oacute;n si ,<img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e30.jpg" /> es interior al intervalo <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e31.jpg" /> pero tiene infinitas soluciones si <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e30.jpg" />  es igual a &minus;<i>S<sub>i,h</sub></i> o  <i>d<sub>i,h</sub></i>  Adem&aacute;s, la funci&oacute;n vectorial <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e32.jpg" /> revela cuando un consumidor esta restringido ya que</p>     <p>Consumidor <i>i</i> esta <i>restringido en su demanda</i> del bien <i>h</i> si y s&oacute;lo si <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e33.jpg" /></p>      <p> Consumidor <i>i</i> esta <i>restringido en su oferta</i> del bien <i>h</i> si y s&oacute;lo si <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e34.jpg" /></p>     <p> Por tanto un consumidor anunciando su demanda efectiva al mercado env&iacute;a una se&ntilde;al de imbalance para el mercado si el consumidor se encuentra <i>restringido</i> en su demanda <i>u</i> oferta del bien. Tal tipo de se&ntilde;al es bastante &uacute;til para evitar equilibrios triviales donde nadie intercambiar&iacute;a porque nadie env&iacute;a una se&ntilde;al que muestre sus deseos de intercambiar.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Ahora definiremos precisamente lo que significa un equilibrio no walrasiano.</p>     <p><b>Definici&oacute;n 3 (Equilibrio no walrasiano)</b></p>     <p> Un equilibrio no walrasiano<sup><a name="nr6"></a><a href="#6">6</a></sup> o con racionamiento o de precio fijo (equilibrio K), asociado con un sistema de precios <i>p</i> y esquema de racionamiento representado por las funciones <i>F<sub>i</sub></i> donde <i>i</i>= 1, &hellip;, <i>n,</i> es un conjunto de demandas netas efectivas<img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e35.jpg" />, transacciones netas <i>z<sub>i</sub>*</i> y restricciones en cantidades percibidas <i>d<sub>i</sub></i> y <i>s<sub>i</sub></i> tales que</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e36.jpg" />     <p> Cabe anotar que el equilibrio no walrasiano, a diferencia del walrasino, es. v&aacute;lido para todos los sistemas de precios positivos y esquemas de racionamiento no manipulables y de intercambio voluntario, es decir, es v&aacute;lido incluso para sistemas de precios donde oferta y demanda efectivas no se balancean.</p>     <p> La existencia de un equilibrio no walrasiano para <i>cualquier p</i> positivo y esquema de racionamiento que satisfacen intercambio voluntario y no manipulabilidad fue realizada por B&eacute;nassy &#91;1982&#93;. Los datos ex&oacute;genos son el sistema de precios y los esquemas de racionamiento <i>F<sub>i,b</sub></i></p>     <p><b> Teorema 1 (Existencia de un equilibrio no-walrasiano)</b></p>     <p> Si se satisface que <i>p<sub>b</sub></i>&gt; 0 para todo <i>h,</i> <i>u,<sub>i</sub></i> funci&oacute;n continua, c&oacute;ncava en <i>xi</i>, <i>mi</i> y estrictamente c&oacute;ncava en <i>xi,</i> para todo <i>i</i> y <i>F<sub>i</sub></i> es continua y no manipulable, entonces un equilibrio no walrasiano existe para <i>p</i> y &#91;<i>Fi</i> &#93; , <i>i</i> = 1, &hellip;,<i>n</i> dados. Prueba: Ver B&eacute;nassy &#91;1986&#93;.</p>     <p> Schulz &#91;1983&#93; mostr&oacute; que dado un sistema de precios positivo y esquema de racionamiento, el equilibrio no walrasiano es <i>&uacute;nico</i> dado que los <i>spillver effets</i> de un mercado en otro son menores a un ciento por ciento en t&eacute;rminos de valor (Ver B&eacute;nassy &#91;1993&#93;). As&iacute;, bajo la condici&oacute;n de Schulz denotaremos como <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e37.jpg" />respectivamente los valores de <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e38.jpg" />  de un equilibrio no walrasiano en funci&oacute;n del vector de precios <i>p</i> asociado.</p>     <p> Veamos una ilustraci&oacute;n geom&eacute;trica simple de un equilibrio no walrasiano en una caja de Edgeworth, con una mercanc&iacute;a <i>X</i> en las abscisas y el dinero <i>M</i> en las ordenadas, como se ilustra en la figura <a href="#v20n3501e39">4</a>. Las dotaciones iniciales es el punto &omega; y la relaci&oacute;n de precios es la recta <i>DC</i>. El agente A es un demandante neto del bien <i>x,</i> ya que desea m&aacute;s de lo que tiene, mientras B &lsquo;es un oferente neto del mismo bien, ya que desea menos de 10 que tiene. Sin embargo sus demandas netas efectivas no se balancean, debido a que lo que quiere vender B es mayor que a lo que quiere comprar A. Por el esquema de racionamiento y bajo no manipulabilidad, eficiencia e intercambio voluntario el consumidor A satisface su demanda efectiva del bien X <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e40.jpg" /> mientras que B queda racionado en sus ventas del bien X <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e41.jpg" /></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="v20n3501e39"></a></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e39.jpg" />     <p><a name="v20n3501e39"></a></p>     <p><b>Ejemplo 1 (Equilibrio walrasiano y no walrasiano en una econom&iacute;a monetaria de intercambio puro)</b></p>     <p> Consideremos una econom&iacute;a monetaria de intercambio puro conformada por una mercanc&iacute;a <i>X</i>, y el dinero <i>M</i> cuyo precio es la unidad por ser el numerario <i>(p<sub>m</sub> = 1)</i>. Consideremos dos agentes A y B. Las preferencias de los dos agentes est&aacute; representadas por las siguientes funciones de utilidad</p>     <p> <i>u<sup>A</sup></i> (<i>x<sup>A</sup></i>,<i>m<sup>A</sup>)</i> = 2(<i>x<sup>A</sup>)</i><sup>&frac12;</sup> + (<i>m<sup>A</sup></i>)<sup>&frac12;</sup></p>     <p> <i>u<sup>B</sup></i> (<i>x<sup>B</sup></i>,<i>m<sup>B</sup>)</i> = (<i>x<sup>B</sup>)</i><sup>&frac12;</sup> + 2(<i>m<sup>B</sup></i>)<sup>&frac12;</sup></p>     <p> Las dotaciones iniciales de los dos agentes son</p>     <p>&omega;<i><sup>A</sup></i> = (0,1),     &omega;<i><sup>B</sup></i> = (1,0)     <p><i> a. Encontremos el equilibrio walrasiano para esta econom&iacute;a</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Calculamos las demandas Marshallianas tradicionales de X y M de los dos agentes.</p>     <p>El problema del agente A es</p>     <p aling align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e42.jpg" />     <p> Como la funci&oacute;n de utilidad es c&oacute;ncava entonces el problema lo podemos solucionar por los multiplicadores de Lagrange. La funci&oacute;n de Lagrange correspondiente al agente A es</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e43.jpg" />     <p> Por las condiciones de primer orden se obtiene que</p>     <p aling align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e44.jpg" />     <p> Reemplazando este par de ecuaciones en la restricci&oacute;n presupuestaria de A, se obtienen sus funciones de demanda</p>     <p aling align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e45.jpg" />     <p> El problema del agente B es</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ali align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e46.jpg" />     <p>sujeto a   <i>p<sub>x</sub>x<sup>B</sup> + m<sup>B</sup> = p<sub>x</sub></i></p>     <p> La funci&oacute;n de Lagrange correspondiente al problema del agente B es</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e47.jpg" />     <p> Por las condiciones de primer orden se obtiene que</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e48.jpg" />     <p> Reemplazando estas dos ecuaciones en la restricci&oacute;n presupuestaria de B se obtienen sus funciones de demanda</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e49.jpg" />     <p> Calculemos el precio del equilibrio walrasiano <i>p<sub>x</sub></i> a trav&eacute; de los excesos de demanda. Por la ley de Walras dado que <i>p<sub>m</sub></i> = 1 entonces basta ver cuando <i>z<sub>x</sub>(p<sub>x,</sub></i> 1) = 0, es decir,</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e50.jpg" />     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Esto implica que la relaci&oacute;n de precios del equilibrio walrasiano es <i>p<sub>x</sub></i> = 1 o equivalentemente en precios relativos (<i>P<sub>x</sub> P<sub>m</sub></i> ) = 1. A estos precios de equilibrio, las demandas de A y B por <i>X</i> y  <i>M</i> son</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e51.jpg" />     <p> Con las cu&aacute;les las utilidades obtenidas son</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e52.jpg" />     <p> Este equilibrio walrasiano es &uacute;nico en este ejemplo, como se ve en la figura <a href="#v20n3501e53">5</a>.</p>     <p><a name="v20n3501e53"></a></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e53.jpg" />     <p><a name="v20n3501e53"></a></p>     <p> Notemos como en este ejemplo, para el nivel de precios <i>p<sub>x</sub></i> = 1 , ninguno de los dos agentes queda racionado, tal como ocurre en todo equilibrio walrasiano. Aqu&iacute; tanto sus demandas netas como sus transacciones netas son iguales.</p>     <p><i>b. Encontremos dos equilibrios no walrasianos para esta economi&iacute;a de intercambio puro</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Supongamos que el precio del bien X es fijado ex&oacute;genamente a los niveles <i>p<sub>x</sub></i> = 1/2, <i>p<sub>x</sub></i> = 2.</p>     <blockquote> &bull;Encontremos el equilibrio no walrasiano para <i>p<sub>x</sub></i> = 1/2. En este caso evaluando las demandas obtenemos</blockquote>     <p><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e54.jpg" />     <p> Sin embargo estas demandas para el consumidor A, representadas en la figura 6 por A, no son las demandas efectivas, ya que el consumidor A deber&iacute;a tener en cuenta que sus demandas no son factibles, es decir, las restricciones de cantidades. As&iacute; las demandas efectivas del consumidor A y que se representan en la figura <a href="#v20n3501e55">6</a>   por A&lsquo; son <i>x<sup>A&lsquo;</sup></i> = l, mA&lsquo;= 1/2.</p>     <p><a name="v20n3501e55"></a></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e55.jpg" />     <p><a name="v20n3501e55"></a></p>     <p> Las transacciones que A puede llevar a cabo las determina el lado corto de la demanda y as&iacute; A quedar&aacute; racionado y B no. El consumidor A obtendr&aacute; s&oacute;lo 2/3 de cada bien mientras que B obtendr&aacute; lo que desea, es decir, 1/3 de cada bien.</p>     <p>&bull; El equilibrio no walrasiano para <i>p<sub>x</sub></i> = 2. Evaluando las demandas obtenemos:</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e56.jpg" />     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Similar al caso anterior, estas demandas para el consumidor B, representadas en la figura por B, no son las demandas efectivas, ya que el consumidor B deber&iacute;a tener en cuenta las restricciones de cantidades. As&iacute; las demandas efectivas del consumidor B y que se representan en la figura <a href="#v20n3501e57">7</a>  por B&lsquo; son <i>x<sup>B</sup>&lsquo;</i> = 1/2, <i>m<sup>B</sup>&lsquo;</i> = 1.</p>     <p><a name="v20n3501e57"></a></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e57.jpg" />     <p><a name="v20n3501e57"></a></p>     <p> Las transacciones que el consumidor B puede llevar a cabo las determina el lado corto de la demanda y as&iacute; B quedar&aacute; racionado y A no. El consumidor B obtendr&aacute; s&oacute;lo 2/3 de cada bien mientras que A obtendr&aacute; lo que desea, es decir, 1/3 de cada bien.</p>     <p> Hasta aqu&iacute; hemos mostrado tres casos en los que se trabaja con la metodolog&iacute;a de equilibrio no walrasiano expuesta arriba. En dos casos obtuvimos equilibrio con racionamiento y en el tercero se obtuvo el equilibrio walrasiano. Sin embargo en ninguno de los tres casos hemos determinado un mecanismo de formaci&oacute;n de precios sino que los hemos fijado ex&oacute;genamente y todos los agentes han actuado como <i>precio-aceptantes</i>. En la siguiente secci&oacute;n se hace end&oacute;geno el proceso de formaci&oacute;n de precios.</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>3. EQUILIBRIO NO WALRASIANO CON FORMACI&Oacute;N END&Oacute;GENA DE PRECIOS</b></font></p>     <p> El problema que a&uacute;n no hemos enfrentado es el de la formaci&oacute;n de precios. Hasta ahora hemos supuesto que los agentes son precio aceptantes y no se ha hecho expl&iacute;cito un mecanismo apropiado de formaci&oacute;n de precios. El supuesto de que los agentes son precio aceptantes dentro de la tradici&oacute;n walrasiana ha llevado a la interpretaci&oacute;n de que la formaci&oacute;n de precios recae en un agente de mercado ficticio llamado el subastador. Tal como se&ntilde;al&oacute; Arrow &#91;1959&#93; &quot;se supone que cada individuo participante en la econom&iacute;a toma como dados los precios y determina su elecci&oacute;n &#91; &oacute;ptima&#93; para comprar y vender lo que desea; <i>pero no existe nadie</i> cuyo trabajo sea tomar una decisi&oacute;n sobre el precio&quot;. Ese problema l&oacute;gico de la formaci&oacute;n de precios ha generado la inclusi&oacute;n del subastador como remedio te&oacute;rico, pero como bien se&ntilde;ala Hahn &#91;1987&#93; este artificio es producto realmente de una &lsquo;laguna te&oacute;rica&lsquo; &quot;el postulado de un subastador evita entender &#91; &hellip; &#93; como los precios se cambian realmente. Ha permitido a los te&oacute;ricos ignorar el papel de la <i>competencia monopol&iacute;stica</i> en el proceso de la formaci&oacute;n de precios&quot;. A&ntilde;ade adem&aacute;s que &quot;el subastador es un <i>deux ex machina</i> coordinador y que <i>oculta lo que es central&lsquo;</i>.</p>     <p> Estas cr&iacute;ticas a la interpretaci&oacute;n del subastador como fonnador de precios en la teor&iacute;a del equilibrio general competitivo (cr&iacute;ticas realizadas por parte de los mismos te&oacute;ricos que contribuyeron a su construcci&oacute;n), permite entender el gran reto de incorporar end&oacute;genamente la formaci&oacute;n de precios. A pesar de &eacute;to no es f&aacute;cil deshacerse del agente de mercado ficticio, tal como Hahn &#91;1987&#93; se&ntilde;ala: &quot;existen dificultades te&oacute;ricas formidables que se deben enfrentar para eliminar al subastador. Ya sea que pensemos que los precios se formen por medio de un proceso de negociaci&oacute;n o de competencia monopol&iacute;stica o en alg&uacute;n proceso de subasta, <i>consideraciones estrat&eacute;gicas,</i>  es decir, herramientas de teor&iacute;a de juegos, <i>se han de requerir&quot;</i>, Esto es inevitable, ya que la tarea impl&iacute;cita del subastador en los modelos walrasianos es evitar que los agentes entren en consideraciones estrat&eacute;gicas con respecto a la formaci&oacute;n de precios. As&iacute;, no es de extra&ntilde;ar que se utilicen herramientas de la teor&iacute;a de juegos para entender y formalizar la formaci&oacute;n de precios en equilibrio general.</p>     <p><b> 3.1. Competencia monopol&iacute;stica y curva de demanda objetiva.</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Tal como se se&ntilde;al&oacute; arriba, existen <i>a priori</i> muchas formas de tratar de hacer en­ d&oacute;gena la formaci&oacute;n de precios. Por eso la forma que expondremos es tan s&oacute;lo una posibilidad, quiz&aacute;s la m&aacute;s f&aacute;cil de modelar este problema fundamental del equilibrio general: trabajaremos en un escenario de competencia monopol&iacute;stica. Aqu&iacute; es importante entender que la competencia monopol&iacute;stica permite mantener la idea de mercanc&iacute;a tipo Arrow-Debreu. Las mercanc&iacute;as son caracterizadas, al igual que en el modelo Arrow-Debreu, por sus propiedades f&iacute;sicas, espaciales y temporales pero incluyendo adem&aacute;s una cuarta caracter&iacute;stica, que consiste en diferenciar los productos de acuerdo al agente que los vende o los demande, es decir, mercanc&iacute;as con caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas iguales, ofrecidas en el mismo lugar y en la misma fecha, se consideran mercanc&iacute;as diferentes si son ofrecidos o demandadas por agentes distintos. As&iacute;, sea H<sub>i</sub> el subconjunto (posiblemente vac&iacute;o) de mercanc&iacute;as cuyos precios son determinados por el agente <i>i</i>. Como las mercanc&iacute;as se diferencian por el agente que fija su precio podemos concluir que los conjuntos H<sub>i</sub> son disjuntos:</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e58.jpg" />     <p> donde cada formador de precio est&aacute; s&oacute;lo en su lado del mercado. Subdividiendo el conjunto H<sub>i</sub> en H<sub>i</sub><sup>s</sup> (mercanc&iacute;as ofrecidas por <i>i</i>) y H<sub>i</sub><sup>d</sup> (mercancias demandadas por <i>i</i>). El agente <i>i</i> aparece formalmente como un monopolista en los mercados <i>h</i> &isin; H<sub>i</sub><sup>s</sup>, y como monopsonista en los mercados <i>h</i> &isin; H<sub>i</sub><sup>d</sup>. Consecuentemente, las restricciones que percibe el agente <i>i</i> toman la forma sencilla</p>      <p><a name="v20n3501e59"></a></p> <table align="center" width=580 border=0> <tbody><tr> <td><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e59.jpg"></td> <td width="16">(6) </p></td></tr> </tbody> </table></td>                                                      <p><a name="v20n3501e59a"></a></p> <table align="center" width=580 border=0> <tbody><tr> <td><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e59a.jpg"></td> <td width="16">(7) </p></td></tr> </tbody> </table></td>      <p> La idea b&aacute;sica que presentaremos es que el agente <i>i</i> utiliza los precios que &eacute;l controla para <i>manipular sus restriciones</i>. Sea <i>p<sub>i</sub></i> el conjunto de precios que controla el agente <i>i</i></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e60.jpg" />     <p> Para formular el problema de la elecci&oacute;n &oacute;ptima de precios por parte del agente i necesitamos conocer c&oacute;mo cambian las restricciones percibidas por el agente en &#91;6&#93; y &#91;7&#93; cuando cambia <i>P<sub>i</sub></i>. Es decir, necesitamos construir la curva de demanda que enfrenta el agente <i>i</i>. Desde luego, construir estas curvas de demanda no es tarea f&aacute;cil. El primer enfoque con el que se trat&oacute; de trabajar fue el de &lsquo;curva de demanda subjetiva&lsquo; &#91;B&eacute;nassy 1976, 1977, Grandmont y Laroque 1976, Negishi 1978, 1979, Hahn 1987. Este enfoque consist&iacute;a en estimar una curva de demanda vinculada a la pareja ordenada precio-cantidad corrientes (que hace parte de la curva de demanda verdadera) y a partir de este punto se hac&iacute;an conjeturas para derivar la curva de demanda. El problema con esta metodolog&iacute;a es que permite la existencia de infinitas curvas generando multiplicidad de equilibrios como se ilustra en la figura <a href="#v20n3501e61">8</a>.</p>     <p><a name="v20n3501e61"></a></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e61.jpg" />     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="v20n3501e61"></a></p>     <p> Debido a este problema apareci&oacute; el enfoque de la &quot;curva de demanda objetiva&quot;.<sup><a name="nr7"></a><a href="#7">7</a></sup> Para entender este enfoque debemos adelantar que la estructura de equilibrio que se busca es la de un equilibrio de Nash en precios, que corresponde impl&iacute;citamente a la idea de que existen muchos formadores de precios como en el caso de competencia monopol&iacute;stica. Cada agente escoge su propio vector <i>P<sub>i</sub></i> tomando como dado los precios elegidos de los dem&aacute;s y que denotaremos <i>p<sub>i</sub></i></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e62.jpg" />     <p>La idea detr&aacute;s de la aproximaci&oacute;n de la curva de demanda objetiva es que el agente conoce la econom&iacute;a suficientemente bien para poder computar las restricciones de cantidades que enfrentar&iacute;a en toda circunstancia. En particular, debe ser capaz de computar <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e63.jpg" /> en &#91;6&#93; y &#91;7&#93; para cualquier <i>p</i> = (<i>pi,</i> <i>p.i</i>). Ve&iacute;amos en la secci&oacute;n 2.3 que bajo unicidad del equilibrio no walrasiano (condici&oacute;n de Schulz) pod&iacute;amos computar las demandas, ofertas y estas restricciones de cantidades <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e64.jpg" /> en funci&oacute;n del vector <i>p</i> = (<i>pi,</i> <i>p.i</i>). En particular los valores de <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e65.jpg" />  eran denotadas <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e66.jpg" /> respectivamente y por tanto la curva de demanda <i>objetiva</i> para el bien <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e67.jpg" /> es:</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e68.jpg" />     <p> y sim&eacute;tricamente la curva de oferta <i>objetiva</i> para el bien <i>h</i> &isin; H<sub>i</sub><sup>d</sup> es:</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e69.jpg" />     <p> Observemos que estas ecuaciones son an&aacute;logas a las ecuaciones &#91;6&#93; y &#91;7&#93; pero con la diferencia de que las restricciones est&aacute; en funci&oacute;n de los precios. Luego de precisar lo que es la curva de demanda y oferta objetiva que enfrenta un formador de precios estamos en posici&oacute;n de definir un equilibrio general no competitivo con formaci&oacute;n end&oacute;gena de precios.</p>     <p><b>3.2 Formaci&oacute;n de precios y equilibrio de Nash</b></p>     <p> Antes de definir un equilibrio con fonnaci&oacute;n de precios necesitamos hacer ex­ pl&iacute;cito el problema que enfrenta un formador de precios. Una vez que se supone que el agente <i>i</i> conoce la funciones<img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e70.jpg" /> de (6&lsquo;) y (7&lsquo;) el problema de escoger &oacute;ptimamente el precio <i>p<sub>i</sub></i> por parte del agente <i>i</i> es:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e71.jpg" />     <p>Lo que da el precio &oacute;ptimo del agente <i>i</i> como funci&oacute;n de los dem&aacute;s precios escogidos por los dem&aacute;s agentes, es decir, es la mejor respuesta en precios a los precios escogidos de los dem&aacute;s agentes dada sus restricciones en cantidades.</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e72.jpg" />     <p> Ahora si podemos definir el equilibrio con formaci&oacute;n de precios:</p>     <p><b> Definici&oacute;n 4 (Equilibrio no-walrasiano con formaci&oacute;n de precios)</b></p>     <p> Un equilibrio con formaci&oacute;n de precios est&aacute; caracterizado por un conjunto de precios <i>pi*</i>, demandas efectivas netas <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e73.jpg" />  transacciones netas <i>z</i><sup>&bull;</sup><sub><i>i</i></sub> y restricciones de cantidades <i>s<sub>i</sub></i>, <i>d<sub>i</sub></i> tal que:</p>     <p>i) <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e74.jpg" /> para todo <i>i</i></p>     <p> ii) <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e75.jpg" /> forman un <i>equilibrio no walrasiano</i> para el vector de precios <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e76.jpg" /> es decir, son iguales a <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e77.jpg" /> <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e78.jpg" /></p>     <p> Veiamos m&aacute;s arriba las condiciones bajo las cuales un equilibrio no walrasiano existe para un vector de precios positivos. Sin embargo, la existencia de un <i>equilibrio no walrasiano con formaci&oacute;n de preios</i> no es lo mismo. B&eacute;nassy &#91;1988&#93; defini&oacute; la curva de demanda y aferra objetiva tal como la hemos presentado y prob&oacute; la existencia de un equilibrio no walrasiano con formaci&oacute;n de precios para una &lsquo;econom&iacute;a con producci&oacute;n&lsquo; por lo que se sale del alcance de este art&iacute;culo. Las condiciones que utiliz&oacute; no son tan restrictivas y b&aacute;sicamente la prueba es aplicar como siempre un teorema de punto fijo a las correspondencias de precios. Los supuestos que utiliz&oacute; fueron la continuidad de la funci&oacute;n<img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e79.jpg" /> para todo <i>i</i>, la convexidad de la correspondencia <img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e80.jpg" />, y que los precios de reserva de los consumidores estuvieran acotados.</p>     <p> Podemos representar geom&eacute;tricamente un equilibrio no walrasiano con formaci&oacute;n de precios. Consideremos de nuevo una econom&iacute;a de intercambio puro con una mercanc&iacute;a y dinero y dos consumidores A y B. En una caja de Edgewonh se puede representar esta econom&iacute;a como en la figura  <a href="#v20n3501e81">9</a> .</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="v20n3501e81"></a></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e81.jpg" />     <p><a name="v20n3501e81"></a></p>     <p> El punto &omega; representa las dotaciones iniciales de los consumidores y las lineas punteadas representan los precios del equibrio walrasiano denotado <i>p*</i> y las curvas de indiferencia de los dos consumidores en dicho equilibrio. S1 suponemos ahora que es el consumidor <b>B</b>, el vendedor en este caso, el que fija el precio del bien <b>X</b>, la curva de demanda objetiva que &eacute;l enfrenta es simplemente la curva de demanda del consumidor <b>A</b> y que gr&aacute;ficamente corresponde a todos los puntos de tangencia entre las diferentes rectas presupuestarias y  sus curvas de indiferencia. Como se puede observar el consumidor <b>B</b> establecera un precio para el bien <b>X</b> por encima del walrasiano, ya que en el punto <b>B’</b> el consumidor <b>B</b> obtiene una mayor utilidad que en el equilibrio walrasiano. La recta que pasa por ro y <b>B&lsquo;</b> y que denotamos <i>p<sub>B</sub></i> es el precio &oacute;ptimo que fija el consumidor <b>B</b>.</p>     <p><b> Ejemplo 2 (Equilibrio no-walrasiano con formaci&oacute;n de precios en una econom&iacute;a monetaria de intercambio puro)</b></p>     <p> Consideremos de nuevo la econom&iacute;a monetaria de intercambio puro del ejemplo 1. Sea el consumidor B el formador de precios de la mercanc&iacute;a <b>X</b> y enfrenta la curva de demanda del consumidor <b>A</b> dad por  <i>x<sup>A</sup></i>(<i>p<sub>x</sub>,p<sub>m</sub></i>) y  <i>m<sup>A</sup></i>(<i>p<sub>x</sub>,p<sub>m</sub></i>) encontradas m&aacute;s arriba.</p>     <p> Suponiendo que <i>p<sub>m</sub></i> = 1, el problema del consumidor <b>B</b> es:</p>     <p><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e82.jpg" />     <p> Reemplazando estas restricciones en la funci&oacute;n de utilidad el problema resulta ser:</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e83.jpg">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Como el objetivo de <b>B</b> es encontrar el precio <i>p<sub>x</sub></i> que le maximiza sus beneficios, hallamos primero la condici&oacute;n de primer orden respecto a esta variable.</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e84.jpg" />     <p>Igualando a cero y desarrollando obtenemos</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e85.jpg" />     <p> despejando se llega al polinomio en <i>p<sub>x</sub></i></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e86.jpg" />     <p> resolviendo esta expresi&oacute;n obtenemos como resultado <i>p<sub>x</sub></i> = 2 . No es dif&iacute;cil demostrar que</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e87.jpg" />      <p> Hab&iacute;amos mostrado m&aacute;s arriba dos equilibrios no walrasianos para la econom&iacute;a del ejemplo 1, donde uno de ellos era cuando <i>p<sub>x</sub></i> = 2, precisamente el que obtenemos aqu&iacute;. Por tanto, el equilibrio con formaci&oacute;n de precios es el equilibrio no walrasiano encontrado m&aacute;s arriba con la particularidad de que el consumidor <b>B</b> escogi&oacute; &oacute;ptimamente el precio del bien <b>X</b>. Sabemos que en este equilibrio no walrasiano el consumidor <b>B</b> era el que quedaba racionado ya que las transacciones que el consumidor <b>B</b> pod&iacute;a llevar a cabo las determinaba el lado corto de la demanda haciendo que &eacute;l obtuviera s&oacute;lo 2/3 de cada bien mientras que <b>A</b> pod&iacute;a obtener lo que desea, es decir, 1/3 de cada bien.</p>     <p> Resumiendo, el equilibrio no walrasiano con formaci&oacute;n de precios es</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v20n35/v20n3501e88.jpg" />     <p> En este equilibrio la utilidad alcanzada para ambos consumidores es <i>u<sup>A</sup></i>(1/3, 1/3) = 1.7321 y  <i>u<sup>B</sup></i> (2/3, 2/3) = 2.449. Este resultado tiene una intuici&oacute;n muy sencilla: el consumidor <b>B</b>, que es el que quiere vender el bien <b>X</b>, puede fijar un precio suficientemente alto para compensar el racionamiento que va a experimentar. De hecho, la utilidad que el consumidor <b>B</b> obtiene en el equilibrio no  walrasiano con <i>p<sup>x</sup></i> = 2 es mayor a la utilidad que podr&iacute;a obtener en el equilibrio walrasiano con <i>p<sup>x</sup></i>=  ya que en este equilibrio <i>u<sup>B</sup></i>(1/5, 4/5) = 2.22.</p>     <p> Es interesante notar que a pesar de que existan excesos de demanda en el equilibrio no walrasiano con <i>p<sub>x</sub></i> = 2, el precio del bien <b>X</b> no va a cambiar como se esperaria que ocurriese en un contexto walrasiano. Esto es lo que explica la <i>rigidez nominal</i> de los preios que tanto &eacute;nfasis han hecho autores de pensamiento neo-keynesiano.</p>     <p>De hecho, por la definici&oacute;n del equilibrio general no competitivo con formaci&oacute;n de precios que hemos dado, que no es m&aacute;s que un equilibrio de Nash, podemos argumentar. que en el caso general, en que los precios no coincidan con el equilibrio walrasiano, los fijadores de precios a pesar de estar en presencia de excesos de demanda, no van a cambiar los precios.</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>CONCLUSIONES</b></font></p>     <p>En este an&iacute;culo mostramos el funcionamiento de una econom&iacute;a monetaria de  intercambio puro cuando no se supone axiom&aacute;ticamente la igualdad entre  oferta y demanda agregada de todos los mercados, para lo cual fue necesario  dar una definici&oacute;n de equilibrio con racionamiento que cobijara los casos en los  que oferta y demanda agregada no coincid&iacute;an pero que permitiera entender dicha situaci&oacute;n como un equilibrio. Esto permiti&oacute; generalizar el modelo de equilibrio general walrasiano.</p>     <p>De igual forma, se relaj&oacute; el supuesto walrasiano de que &lsquo;todos’ los agentes son precio-aceptantes modelando la formaci&oacute;n de precios expl&iacute;citamente en un  contexto de competencia monopol&iacute;stica o monopson&iacute;stica. Para lo cual definimos la curva de la demanda u oferta que enfrenta el formador de precios y definimos un equilibrio no walrasiano con formaci&oacute;n de precios como un &lsquo;equilibrio de Nash en precios’.</p>     <p>Con la definici&oacute;n de equilibrio no walrasiano con formaci&oacute;n de precios como un equilibrio de Nash, se puede entender claramente la rigidez nominal de precios en un escenano de equilibrio general, a diferencia de las teor&iacute;as basadas en  costos de men&uacute; &#91;Mankiw 1985&#93;y fallos de coordinaci&oacute;n &#91;Cooper y John 1988&#93;, donde no s&oacute;lo las condiciones para la rigidez son bastante fuenes sino que  adem&aacute;s son estudiadas en un escenario de equilibrio parcial. Cabe agregar que las aplicaciones macroecon&oacute;micas de estos equilibrios en t&oacute;picos como el ciclo  real, el desempleo involuntario, el crecimiento econ&oacute;mico, etc. tienen consecuencias cruciales para la teor&iacute;a y la pol&iacute;tica econ&oacute;mica, El lector interesado deber&iacute;a consultar el trabajo de Malinvaud &#91;1977&#93; y B&eacute;nassy &#91;1986,1990,1995&#93;.</p>     <p> Por &uacute;ltimo, es imponante esta l&iacute;nea de trabajo porque reconcilia la microeconom&iacute;a y la macroeconom&iacute;a. M&aacute;s aun, liga de forma importante la aproximaci&oacute;n de equilibrio general con la competencia imperfecta.</p>     <p><b> NOTAS AL PIE</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#nr1">1</a><a name="1"></a>  As&iacute;, se podr&iacute;a decir que los agentes adem&aacute;s de conocer las caracter&iacute;sticas de las mercanc&iacute;as que desean vender o comprar, s&oacute;lo necesitan conocer el sistema de precios para coordinarse. De manera que los requerimientos de informaci&oacute;n son m&iacute;nimos.</p>     <p><a href="#nr2">2</a><a name="2"></a> Ver Hahn (1987) para una discusi&oacute;n sobre las interpretaciones que ha tenido esta figura ficticia en la literatura.</p>     <p><a href="#nr3">3</a><a name="3"></a> El modelo walrasiano se ha interpretado tanto como modelo descentralizado as&iacute; como modelo centralmente planeado. La interpretaci&oacute;n en cada caso depende de c&oacute;mo se interprete al agente de mercado ficticio: i) como modelo descentralizado, el subastador representa las fuerzas del mercado; y ii) como modelo centralmente planeado, el subastador representa un &lsquo;planeador ben&eacute;­ volo’. Ambas opciones est&aacute; presentes en la literatura, y no se podr&iacute;a decir, <i>a priori,</i> cu&aacute;l de ellas es la correcta. Sin embargo, la de modelo centralmente planeado que proviene de Lange (1936) ha venido perdiendo relevancia por toda la literatura sobre dise&ntilde;o de mecanismos originada en el trabajo seminal de Hurwicz (1972, 1987).</p>     <p><a href="#nr4">4</a><a name="4"></a> A este respecto debemos tener en cuenta que el modelo tambi&eacute;n permite la formaci&oacute;n de los precios por el lado de la demanda, as&iacute; podr&iacute;a hablarse de competencia monopson&iacute;stica.</p>     <p><a href="#nr5">5</a><a name="5"></a> La inclusi&oacute;n del dinero en la funci&oacute;n de utilidad siempre ha sido controversial y no existe acuerdo un&aacute;ime sobre si se debe realizar, sobre todo cuando se busca entender el valor del dinero. Sin embargo, se puede interpretar en una econon&uacute;a monetaria, como mayor disponibilidad de tiempo para el trabajo (o para el ocio), debido a la facilidad para realizar transacciones que este genera por su caracter&iacute;stica de medio de pago. Para una discusi&oacute;n acerca del valor del dinero en equilibrio general ver Hahn (1965, 1982) y Lozano- Vil1a-Monsalve (1997a, 1997b).</p>     <p><a href="#nr6">6</a><a name="6"></a> Debemos notar que no es la &uacute;nica definici&oacute;n de equilibrio no walrasiano o con racionamiento. Existe una definici&oacute;n alternativa dada por Dr&eacute;ze (1975). Ver B&eacute;nassy (1990, 1993) para este caso alternativo.</p>     <p><a href="#nr7">7</a><a name="7"></a> Cabe anotar que los enfoques de curvas de demanda subjetiva y objetiva no son antag&oacute;nicos, de hecho la estimaci&oacute;n de la curva de demanda a trav&eacute; del primer enfoque puede generar el mismo resultado que a trav&eacute; del segundo. La diferencia est&aacute; en que las curvas de demanda objetiva se pueden entender como informaci&oacute;n completa por parte de los agentes formadores de precios cuando no se puede aprender m&aacute;s sobre la demanda, mientras que las curvas de demanda subjetivas son tan s&oacute;lo conjeturas que tienen los agentes y que pueden ser actualizadas a trav&eacute; de un <i>proceso de aprendizaje,</i> por parte de los agentes hasta que este proceso converja a la curva de demanda objetiva. Sin embargo, estos procesos de aprendizaje a&uacute;n no se han forrnalizado para entenderlos formalmente.</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></font></p>     <!-- ref --><p>&#91;1&#93; Arrow, K. J. (1959). &quot;Towards a Theory of Price Adjustment&quot;, <i>The Allocation of Economic Resources,</i> M, Abromowitz (ed.), Stanford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000261&pid=S0121-4772200100020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;2&#93; Arrow, K. J. y Debreu. G. (1954). &quot;Existence of an Equilibrium for a Competitive Economy&quot;, <i>Mathematical Economics Twenty papers of Gerard Debreu.</i> Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000262&pid=S0121-4772200100020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;3&#93; Arrow, K. y Intriligator, M. (1987). <i>Handbook of Mathematical and Economic Theory,</i> vol. III. North Holland&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000263&pid=S0121-4772200100020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;4&#93; Barro, R y Grossman, H. (1971). &quot;A General Disequilibrium Model of Income and Employment&quot;. <i>American Economic Review</i> 61, 82-93.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000264&pid=S0121-4772200100020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;5&#93; Barro, R y Grossman, H. (1976). <i>Money, employment and inflation.</i> Gunbridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000265&pid=S0121-4772200100020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;6&#93; B&eacute;nassy, J. P. (1976). &quot;The Disequilibrium Approach to Monopolistic Price Setting and General Monopolistic Equilibrium&quot;, <i>Review of Economic Studies</i> 43,69, 81.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000266&pid=S0121-4772200100020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;7&#93; B&eacute;nassy, J. P. (1977). &quot;A Neo-Keynesian Modd of Price and Quantity Determination in Disequilibria&quot;, <i>Equilibrium and Disequilibrium in Economic Theory,</i> Schwodiauer (ed.) Reidel Publ, Boston, Massachusetts.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000267&pid=S0121-4772200100020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;8&#93; B&eacute;nassy, J. P. (1982). <i>The Economics of Market Disequilibria.</i> Academic Press, New York.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000268&pid=S0121-4772200100020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;9&#93; B&eacute;nassy, J. P. (1986). <i>Macroeconomics: An Introduction to the Non-Walrasian Approach.</i> Centre National de la Recherche Scientifique. Par&iacute;s, Francia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000269&pid=S0121-4772200100020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;10&#93; B&eacute;nassy, J. P. (1988). &quot;The Objective Demand Curve in General Equilibrium with Price Makers&quot;, <i>Economic journal</i> (Supplement) 98 (390), 37-49.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000270&pid=S0121-4772200100020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;11&#93; B&eacute;nassy,J. P. (1990). &quot;Non Walrasian Equilibria, Money and Macroeconomics&quot;, <i>Friechnan y Hahn</i> (1990).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000271&pid=S0121-4772200100020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;12&#93; B&eacute;nassy, J. P. (1993). &quot;Non Clearing Markets: Microeconomic Concepts and Macroeconomic Applications&quot;, <i>Journal of Economic Literature,</i> vol. XXI, junio, 732-761.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000272&pid=S0121-4772200100020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;13&#93; B&eacute;nassy, J. P. (1995). Classical and Keynesian Features in Macroeconomic Models with Imperfect Competition&quot;, en Dixon y Rankin (1995).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000273&pid=S0121-4772200100020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;14&#93; Bertrand, J. (1883). &quot;Theorie mathematique de la richesse sociale&quot;, Book Review, <i>Journal des Savants</i> 67.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000274&pid=S0121-4772200100020000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;15&#93; Clower, R W. (1965). &quot;La contrarrevoluci&oacute;n keynesiana: una valoraci&oacute;n te&oacute;rica&quot;, en Hahn y Brechling (1965).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000275&pid=S0121-4772200100020000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;16&#93; Clower, R W. (1967). &quot;A reconsideration of the microfoundations of monetary theory&quot;, <i>Western Economic Journal</i> 6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000276&pid=S0121-4772200100020000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;17&#93; Cooper, R y John, A. (1988). &quot;Coordinating Coordination Failures in Keynesian Models&quot;, <i>Quaterly Journal of Economics</i> 103, 441-463.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000277&pid=S0121-4772200100020000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;18&#93; Cournot, A. (1838). <i>Researches into the mathematical principles of the theory of wealth.</i> New York Kelly.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000278&pid=S0121-4772200100020000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;19&#93; Chamberlin, E.(1933). <i>The Theory of Monopolistic competition.</i> Harvard University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000279&pid=S0121-4772200100020000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;20&#93;  Debreu, G. (1959). <i>Theory of Value: An Axiamatic Analysis of Economic Equilibrium.</i> Yale University.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000280&pid=S0121-4772200100020000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;21&#93; Dreze, J. H. (1975). &quot;Existence of an Exchange Equilibrium under Price Rigidities&quot;, <i>International Economic Review</i> 16, 301,320&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000281&pid=S0121-4772200100020000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;22&#93; Dixon, H. D. y Rankin, Neil. (1995). <i>The New Macroeconomics: Imperfect Markets and Policy Effectiveness.</i> Cambridge University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000282&pid=S0121-4772200100020000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;23&#93; Friedman, B. M. y Hahn, F. H. (1990). <i>Handbook of  Monetary Economics,</i> vol. I, Elsevier Science Publishers, B.V.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000283&pid=S0121-4772200100020000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;24&#93; Grandmont, J. M., y Laroque, G. (1976). &quot;On Keynesian Temporary Equilibria&quot;, <i>Review of Economic Studies</i> 43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000284&pid=S0121-4772200100020000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;25&#93; Hahn, F. H. (1965). &quot;On Some Problems in Proving the Existence of Equilibrium in a Monetary Economy&quot;, en Hahn y Brechling (1965).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000285&pid=S0121-4772200100020000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;26&#93; Hahn, F. H. (1982). <i>Money and Inflation.</i> Basil Blackwell.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000286&pid=S0121-4772200100020000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;27&#93; Hahn, F. H. (1987). &quot;Auctioneer&quot;, <i>The New Palgrave: A Dictianary of Economics.</i> J. Eatwell, M. Milgate y P. Newman (editores).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000287&pid=S0121-4772200100020000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;28&#93; Hahn, F. H. Y Brechling, T. (editores), (1965). <i>The Theory of Interst Rates.</i> Macmillan, Londres.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000288&pid=S0121-4772200100020000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;29&#93; Hicks, J.(1937). &quot;Mr. Keynes and the classics: a suggested interpretation&quot;, <i>Econometrica 5.</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000289&pid=S0121-4772200100020000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;30&#93; Hurwicz, L. (1972). &quot;On Informationally Decentralized System&quot;, en Radner y McGuire (1972).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000290&pid=S0121-4772200100020000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;31&#93; Hurwicz, L.(1987). &quot;Incentives Aspects of Decentralization&quot;, en Arrow y Intriligator (1987).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000291&pid=S0121-4772200100020000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;32&#93; Keynes, J. M.(1936). <i>La Teor&iacute;a General del Empleo, Inter&eacute;s y Dinero.</i> Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000292&pid=S0121-4772200100020000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;33&#93; Leinjonhufvud, A.(1968). <i>On Keynesian. Economics and the Economics of Keynes.</i> New York: Oxford University Press&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000293&pid=S0121-4772200100020000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;34&#93; Lozano, F., Villa, E. y Monsalve, S. (1997a). &quot;El dinero en el modelo Arrow-Debreu bajo incertidumbre&quot;. <i>Lecturas de Econom&iacute;a</i> 47. Universidad de Antioquia, 65-99.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000294&pid=S0121-4772200100020000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;35&#93; Lozano, F., Villa, E. y Monsalve, S.(1997b). &quot;El Modelo de generaciones traslapadas como modelo monetario&quot;, <i>cuadernos de Econom&iacute;a</i> 27, Universidad Nacional, 91-111.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000295&pid=S0121-4772200100020000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;36&#93; Malinvaud, E. (1977). <i>The Theory of.Unemployment Reconosidered</i>. Oxford: Basil Blackwel.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000296&pid=S0121-4772200100020000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;37&#93; Mankiw, G. (1985). &quot;Small Menu Costs and Large Business Cycles: A Macroeconomic Model of Monopoly&quot;, en Mankiw y Romer (1985).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000297&pid=S0121-4772200100020000100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;38&#93; Mankiw, G.(1989). &quot;Real Business Cycles: A New Keynesian Perspective&quot;, <i>Journal of Economic Perspectives</i> 3, 79, 90&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000298&pid=S0121-4772200100020000100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;39&#93; Mankiw, G. y Romer, D. (editores) (1985). <i>New Keynesian Economics,</i> vol I. MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000299&pid=S0121-4772200100020000100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;40&#93; Mankiw, G. y Romer, D. (1991). <i>New Keynesian Economics.</i> MIT Press. Cambridge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000300&pid=S0121-4772200100020000100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;41&#93; Monsalve, S. (editor), (1999). <i>Introducci&oacute;n a los conceptos de equilibrio en econom&iacute;a.</i> Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000301&pid=S0121-4772200100020000100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;42&#93; Muth, J. (1961). &quot;Rational expectations and the theory of price movements&quot;, <i>Econometrica</i> 29.315-335.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000302&pid=S0121-4772200100020000100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;43&#93; Negishi, T. (1961). &quot;Monopolistic Competition and General Equilibrium&quot;, <i>Review of Economic Studies</i> 28, 196, 201.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000303&pid=S0121-4772200100020000100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;44&#93; Negishi, T. (1978). <i>&quot;Existence of an underemployment equilibrium&quot;</i> en Schwodiauer, G. (1978).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000304&pid=S0121-4772200100020000100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;45&#93; Negishi, T.(1979). <i>Microeconomic Foundatins of Keynesian Macroeconomics.</i> North Holland.: New York.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000305&pid=S0121-4772200100020000100045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;46&#93; Patinkin, D.(1956). <i>Money, Interest and Prices.</i>. Harper &amp; Row.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000306&pid=S0121-4772200100020000100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;47&#93; Radner, R. y McGuire, C. (editores) (1972). <i>Decision and Organization.</i> North Holland&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000307&pid=S0121-4772200100020000100047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;48&#93; Romer, D. (1996). <i>Advanced Macroeconomics.</i> McGraw Hill.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000308&pid=S0121-4772200100020000100048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;49&#93; Schulz, W. (1983). &quot;On the global uniqueness of fix price equilibria&quot;, <i>Econometrica</i> 51, 47-68.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000309&pid=S0121-4772200100020000100049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;50&#93; Schwodiauer, G. (editor), (1978). <i>Equilibrium and Disequilibrium in Economic Theory, Dordrecht: Reidel.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000310&pid=S0121-4772200100020000100050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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