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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LAS DOS TRÍADAS DEBEJARANO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article discusses the "two triads" that Bejarano has proposed in order to describe present economic theory. The first triad refers to the realism, pertinence and relevance of the theory. The second triad to its political, institutional and moral dimension. The article centers its attention on this second triad, arguing that the theory is not apolitical, uninstitutional and amoral as Bejarano states. The critical examination of Bejarano's proposition is supported on thesis of Walras, Marshall, Hicks, Vickrey, Samuelson and Arrow.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[teoría económica]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>LAS DOS TR&Iacute;ADAS DEBEJARANO </b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="right"><b>Jorge Iv&aacute;n Gonz&aacute;lez </b></p>     <p>Profesor Universidad Nacional. e-mail: <a href="mailto:jivangonzalez@cable.net.co">jivangonzalez@cable.net.co</a>. Agradezco los comentarios de Alberto Supelano y Mauricio P&eacute;rez. Este art&iacute;culo se recibi&oacute; el 5 de diciembre de 2001 y fue aprobado en el Comit&eacute; Editorial del 16 de abril de 2002. </p><hr>     <p><b>Resumen </b></p>     <p><i>El art&iacute;culo diseute "dos tr&iacute;adas" que propone Bejarano para calificar a la teor&iacute;a econ&oacute;mica actual. La primera tr&iacute;ada tiene que ver con el realismo, la pertinencia y la relevancia de la teor&iacute;a. Y la segunda tr&iacute;ada con sus dimensiones pol&iacute;tica, institucional y moral. El art&iacute;culo centra la atenci&oacute;n en esta segunda tr&iacute;ada, argumentando que la teor&iacute;a no es apol&iacute;tica, ainstitucional y amoral como afirma Bejarano. El examen cr&iacute;tico de la posici&oacute;n de Bejarano se sustenta en algunas de las tesis de: Walras, Marshall, Hicks, vickrey, Samuelson y Arrow. </i></p>     <p><b>Palabras clave</b>: teor&iacute;a econ&oacute;mica, corriente neocl&aacute;sica, pensamiento econ&oacute;mico positivo, pensamiento econ&oacute;mico normativo. </p>     <p><b>Abstract </b></p>     <p><i>This article discusses the "two triads" that Bejarano has proposed in order to describe present economic theory. The first triad refers to the realism, pertinence and relevance of the theory. The second triad to its political, institutional and moral dimension. The article centers its attention on this second triad, arguing that the theory is not apolitical, uninstitutional and amoral as Bejarano states. The critical examination of Bejarano's proposition is supported on thesis of Walras, Marshall, Hicks, Vickrey, Samuelson and Arrow. </i></p>     <p><b>Key words:</b> economic theory, Neoclassical approach, positive economic thought, normative economic thought. </p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Agradezco a la Facultad de Ciencias Econ&oacute;mica la invitaci&oacute;n que me hizo para participar en la c&aacute;tedra Jes&uacute;s Antonio Bejarano, en el segundo aniversario de su muerte. El t&iacute;tulo de la conferencia hace referencia a dos tr&iacute;adas de adjetivos que utiliz&oacute; Bejarano &#91;1999a, 82-84&#93; <sup><a name="nr1"></a><a href="#1">1</a></sup> para calificar a la teor&iacute;a econ&oacute;mica actual. La teor&iacute;a que tenemos, dec&iacute;a, "no es realista", "tampoco es pertinente" y, adem&aacute;s, retomando a Joan Robinson, es "irrelevante". Y agrega, con profundo eseepticismo, que es "apol&iacute;tica", "ainstitucional" y "amoral". La reflexi&oacute;n de Bejarano se mueve indistintamente en los niveles positivo y normativo. El autor no nos dice de manera expl&iacute;cita cu&aacute;les son los v&iacute;nculos entre la primera tr&iacute;ada, relacionada con el m&eacute;todo positivo (el no realismo, la 110 pertinencia, y la irrelevancia), y la segunda tr&iacute;ada, que hace referencia a los aspectos normativos (apoliticidad, ainstitucionalidad y amoralidad). </p>     <p>En el art&iacute;culo proceder&eacute; de la siguiente manera. Primero, pongo en evidencia el significado que Bejarano le atribuye a cada categor&iacute;a. Segundo, muestro que los calificativos negativos de Bejarano ocultan la riqueza de un debate apasionante que siempre ha estado presente, y que a mi modo de ver no  da pie para que la teor&iacute;a econ&oacute;mica neocl&aacute;sica merezca adjetivos tan taxativos. y en tercer lugar, hago una brev&iacute;sima reflexi&oacute;n sobre el quehacer actual de la teor&iacute;a econ&oacute;mica, con el &aacute;nimo de explotar al m&aacute;ximo el tenue halo de optimismo que se desprende del texto de Bejarano. </p>     <p><b>1. LAS DOS TR&Iacute;ADAS DE BEJARANO </b></p>     <p>La primera tr&iacute;ada de Bejarano est&aacute; directamente relacionada con el m&eacute;todo. Nos dice que la teor&iacute;a econ&oacute;mica no es realista porque </p>     <p>    <blockquote>... se concentra en problemas l&oacute;gicos derivados de una estructura axiom&aacute;tica que nada tiene que ver con la realidad, as&iacute; algunos profesores sigan insistiendo en que para acercarse a ella basta manipular supuestos. La falta de realismo de la teor&iacute;a es hoy reconocida universalmente. Mas aun, desde las grandes pol&eacute;micas de los a&ntilde;os cincuenta y sesenta, se admite que las tipificaciones de los mercados, las empresas, los consumidores, que deseriben los libros de texto, no son deseripciones realistas sino meras ficciones, si ustedes quieren metodo l&oacute;gicas; construcciones anal&iacute;ticas que se necesitan para explicar la asignaci&oacute;n de recursos y el equilibrio general pero que nada aportan a la comprensi&oacute;n de c&oacute;mo funciona realmente el mundo &#91;Bejarano 1999a, 84&#93;. </blockquote></p>     <p>La teor&iacute;a econ&oacute;mica no es pertinente </p>     <p>    <blockquote>.. en el sentido de que para los grandes problemas que enfrenta la econom&iacute;a de hoy, no hay una explicaci&oacute;n satisfactoria: por ejemplo, apenas estamos dando los primeros balbuceos para incorporar la econom&iacute;a ambiental, apenas atisbamos una teor&iacute;a coherente sobre las fallas de mercado o sobre los bienes p&uacute;blicos. En definitiva, para los grandes problemas del mundo actual, la teor&iacute;a que tenemos -aun si fuera realista-no es &uacute;til para resolver los problemas principales aunque, por supuesto, sirve para abordar algunos problemas peque&ntilde;os &#91;Bejarano 1999a, 84&#93;. </blockquote></p>     <p>Y, finalmente, es irrelevante </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <blockquote>... en tanto la teor&iacute;a disponible se ocupa del 5 por ciento de la realidad mientras que carecemos de teor&iacute;a para el 95 por ciento restante; por ejemplo, todo el proceso de asignaci&oacute;n de recursos es un proceso que deseansa en el supuesto de competencia perfecta, pero resulta que -como tambi&eacute;n se ha mostrado suficientemente-apenas el 5 por ciento de las actividades normales de la econom&iacute;a se realiza en condiciones de competencia y el 95 por ciento no. Y parece imposible elaborar una teor&iacute;a de la asignaci&oacute;n de recursos en condiciones no competitivas &#91;Bejarano 1999a, 84&#93;. </blockquote></p>     <p>La segunda tr&iacute;ada tiene que ver con las implicaciones &eacute;ticas y pol&iacute;ticas. La teor&iacute;a es apol&iacute;tica porque </p>     <p>    <blockquote>... el individualismo metodol&oacute;gico del programa walrasiano y la proposici&oacute;n positivista de la teor&iacute;a econ&oacute;mica terminaron por expulsar la pol&iacute;tica de la econom&iacute;a desde el punto de vista del n&uacute;cleo y fue incapaz de tender un puente, desde el punto de vista pr&aacute;ctico, al proceso pol&iacute;tico &#91;Bejarano1999a,82&#93;. </blockquote></p>     <p>Es ainstitucional porque </p>     <p>    <blockquote>... en la medida en que la teor&iacute;a microecon&oacute;mica y el programa walrasiano concentraron su atenci&oacute;n en la asignaci&oacute;n generalizada de recursos y no espec&iacute;ficamente en los problemas del intercambio, result&oacute; en una econom&iacute;a ainstitucional &#91;Bejarano 1999a, 83&#93;. </blockquote></p>     <p>Es amoral</p>      <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>... no en el sentido de inmoral sino en el sentido de que la econom&iacute;a es incapaz de proporcionar un marco &eacute;tico basado en conceptos de inter&eacute;s com&uacute;n, de inter&eacute;s p&uacute;blico, derivados de la propia teor&iacute;a econ&oacute;mica, y no de criterios pol&iacute;ticos e ideol&oacute;gicos &#91;Bejarana 1999a, 83&#93;. </blockquote></p>     <p>Bejarano no deriva de manera expl&iacute;cita la tr&iacute;ada normativa de la tr&iacute;ada positiva. Y, a la inversa, tampoco pone en evidencia las limitaciones del an&aacute;lisis positivo que podr&iacute;an desprenderse de una posici&oacute;n &eacute;tica. Los v&iacute;nculos propuestos por Bejarano son tenues e impl&iacute;citos. Por ejemplo, podr&iacute;a decirse que la irrelevancia crea condiciones propicias para la amoralidad. Pero este tipo de aproximaci&oacute;n no es expl&iacute;cito. Bejarano no se preocupa por demostrar de una manera sistem&aacute;tica los v&iacute;nculos l&oacute;gicos que pudieran existir entre una tr&iacute;ada y la otra.<sup><a name="nr2"></a><a href="#2">2</a></sup> </p>     <p>La primera dificultad que plantea la lectura del texto de Bejarano es el objeto de la cr&iacute;tica. La argumentaci&oacute;n de Bejarano puede ser pertinente, y se aplica de manera leg&iacute;tima, a ciertas expresiones del programa de investigaci&oacute;n neowalrasiano, como la teor&iacute;a del ciclo real de los negocios,<sup><a name="nr3"></a><a href="#3">3</a></sup>,pero pierde fuerza cuando se generaliza. En alguna parte Bejarano &#91;l999a, 82&#93; explicita que su cr&iacute;tica se refiere al "programa walrasiano-keynesiano". Pero a lo largo del articulo abundan generalizaciones que se ref1ejan en frases como "la economia", "la teor&iacute;a microecon&oacute;mica", "la economia es incapaz", "la teor&iacute;a econ&oacute;mica", ete., que transmiten la sensaci&oacute;n de que se est&aacute; haciendo una cr&iacute;tica al conjunto de la teor&iacute;a econ&oacute;mica y no s&oacute;lo a expresiones estrechas del programa de investigaci&oacute;n neowalrasiano.</p>     <p>El objeto de la cr&iacute;tica de Bejarano podr&iacute;a aclararse releyendo el texto que eseribi&oacute; hace veinte a&ntilde;os &#91;Bejarano 1981&#93;. En estas p&aacute;ginas el autor centra la atenci&oacute;n en lo que he llamado la primera tr&iacute;ada, destacando la falta de realismo y la no pertinencia de la teor&iacute;a del equilibrio general. Bejarano critica con especial &eacute;nfasis las aproximaciones de Walras, de Arrow y de Hahn. Y en el campo de la macroeconom&iacute;a muestra su desacuerdo con la s&iacute;ntesis neocl&aacute;sica, y con los an&aacute;lisis de Friedman <sup><a name="nr4"></a><a href="#4">4</a></sup>Expresa su simpat&iacute;a por la relectura de Keynes que proponen Clower &#91;1960; 1965&#93; Y Leijonhufvud &#91;1%8 &#93. Claramente, muestra que es necesario explicitar el papel de las instituciones, y la presencia de fen&oacute;menos como el monopolio, los rendimientos crecientes, la rigidez de precios, etc., que desenmasearan la naturaleza "metaf&iacute;sica" de los supuestos de la teor&iacute;a neowalrasiana. Bejarano termina el art&iacute;culo manifestando su confianza en que la obra de Sraffa puede convertirse en el punto de partida para construir un paradigma alternativo.<sup><a name="nr5"></a><a href="#5">5</a></sup> A pesar de que Bejarano menciona diferencias relevantes que se presentan entre los autores neowalrasianos, considera que a esta diversidad de enfoques subyacen los problemas metodol&oacute;gicos de la primera tr&iacute;ada. El art&iacute;culo de Cata&ntilde;o &#91;1999&#93; tambi&eacute;n ayuda a entender cu&aacute;l es el centro de la cr&iacute;tica de Bejarano. Cata&ntilde;o recuerda que "... siguiendo la tradici&oacute;n inglesa, Bejarano identifica el paradigma neocl&aacute;sico con la "revoluci&oacute;n marginalista, cuya s&iacute;ntesis es Marshall" &#91;Cata&ntilde;o 1999, 154&#93;. As&iacute; que el objeto de atenci&oacute;n de Bejarano ser&iacute;a la econom&iacute;a neocl&aacute;sica. </p>     <p>Bejarano &#91;1984; 1999&#93; se preocup&oacute; por hacer la distinci&oacute;n entre el libro de texto y el art&iacute;culo de revista. El economista que argumenta de manera simplista en el libro de texto, suele ser m&aacute;s cuidadoso y preciso en el art&iacute;culo de revista. as&iacute; que las dos tr&iacute;adas son m&aacute;s aplicables a los manuales de divulgaci&oacute;n y a los libros de texto que a la teor&iacute;a neowalrasiana, tal y como ha sido presentada por los te&oacute;ricos en los art&iacute;culos de las revistas y en los libros acad&eacute;micos. La diferencia entre el libro de texto y el art&iacute;culo de revista no es expl&iacute;cita en Bejarano &#91;1999&#93;, y &eacute;sta es otra raz&oacute;n m&aacute;s para pensar que la cr&iacute;tica formulada a trav&eacute;s de las dos tr&iacute;adas no se reduce al libro de texto sino que tiene pretensiones m&aacute;s amplias. Y si ello es as&iacute;, las dos tr&iacute;adas de Bejarano pierden fuerza cuando la econom&iacute;a se observa desde un &aacute;ngulo que va un poco m&aacute;s all&aacute; de las presentaciones simplistas del programa neowalrasiano. M&aacute;s aun, creo que las dos tr&iacute;adas dif&iacute;cilmente son aplicables a Walras y, mucho menos, a Marshall. Traigo a colaci&oacute;n una afirmaci&oacute;n de Clower y Howitt &#91;1995, 29&#93;, quienes consideran que "... por su forma de pensar y su marco conceptual, Walras, as&iacute; como su contempor&aacute;neo Alfred Marshall estaban mucho m&aacute;s cerca de los economistas cl&aacute;sicos (desde Smith hasta J. S. Mili) que de los neowalrasianos". La preocupaci&oacute;n de Bejarano es explicable porque la ense&ntilde;anza de la econom&iacute;a y los libros de texto suelen poner en primera l&iacute;nea las presentaciones m&aacute;s simplistas y maniqueas del programa de investigaci&oacute;n neowalrasiano. Pero esta desviaci&oacute;n de los manuales no justifica las aseveraciones que hace Bejarano contra "la teor&iacute;a econ&oacute;mica". </p>     <p>Desde el punto de vista de la pedagog&iacute;a y de la ense&ntilde;anza de la diseiplina, la desealificaci&oacute;n generalizante tiene dos inconvenientes: primero, alimenta la trampa de las versiones simplistas del programa de investigaci&oacute;n neowalrasiano y, segundo, oculta la riqueza y las pol&eacute;micas apasionantes que subyacen a la construcci&oacute;n del pensamiento econ&oacute;mico. La trampa consiste en aceptar que las reglas de juego impuestas por las lecturas estrechas de Walras definen el m&eacute;todo de la econorn&iacute;a. En cierta forma, Bejarano cae en la trampa. La apreciaci&oacute;n de Benetti y Cartelier &#91;1995,218&#93;, seg&uacute;n la cual los economistas han eseogido aquellas relaciones sociales que "se presentan bajo <i>una forma cuantitativa</i>" es una manifestaci&oacute;n del esp&iacute;ritu reduccionista que no contribuye a superar la trampa sino que, incluso, la agranda. En su comentario a la obra de Bejarano, Cata&ntilde;o &#91;1999, 163&#93; afirma que "los fen&oacute;menos econ&oacute;micos son en esencia tambi&eacute;n num&eacute;ricos" y, por tanto, "debemos aceptar que las matem&aacute;ticas son un instrumento necesario e ineludible de la econom&iacute;a" &#91;p. 164&#93;. Y es cierto que para algunos autores, como Debreu, las matem&aacute;ticas son ineludibles<sup><a name="nr6"></a><a href="#6">6</a></sup> Pero para otros, como Marshall, las matem&aacute;ticas tienen una funci&oacute;n limitada, y no son ineludibles. Si "los problemas econ&oacute;micos no son mec&aacute;nicos, sino que tienen que ver con la vida org&aacute;nica y el crecimiento" &#91Marshall 1898, 44&#93, las matem&aacute;ticas apenas son una herramienta m&aacute;s. </p>     <p>     <blockquote>Las aplicaciones m&aacute;s &uacute;tiles de las matem&aacute;ticas en la econom&iacute;a son aquellas cortas y simples, que utilizan pocos s&iacute;mbolos; que pretenden ilum&iacute;nar claramente algunas partes peque&ntilde;as del gran movim&iacute;ento econ&oacute;m&iacute;co, sin la pretensi&oacute;n de representar la totalidad de sus infinitas complejidades &#91;Marshall1898, 39&#93;.</blockquote></p>      <p>Las complejidades de la econom&iacute;a son de tal naturaleza que no se pueden captar a trav&eacute;s de las matem&aacute;ticas, "en los &uacute;ltimos estadios de la econom&iacute;a, cuando nos estamos aproximando a las condiciones de la vida, las analog&iacute;as biol&oacute;gicas sonpreferibles a las mec&aacute;nicas" &#91;Marshall1898, 43&#93;.<sup><a name="nr7"></a><a href="#7">7</a></sup> y concluye, "la Meca del economista es la biolog&iacute;a econ&oacute;mica m&aacute;s que la din&aacute;mica econ&oacute;mica" &#91;Marshall1898, 43&#93;.</p>     <p>Sin duda, Walras &#91;1926, 43&#93; defiende el uso de las matem&aacute;ticas, pero no las considera ineludibles, La matem&aacute;tica es relevante para la realizaci&oacute;n de las demostraciones l&oacute;gicas, pero no son absolutamente necesarias. Puesto que Walras no es tan reduccionista como algunos de sus seguidores, la cr&iacute;tica debe ser m&aacute;s matizada. Si Walras y, mucho m&aacute;s, Marshall piensan que el uso de las matem&aacute;ticas es eludible, &iquest;por qu&eacute; enfocar la cr&iacute;tica hacia all&aacute;? No es pertinente actuar como aquellos iconoclastas que se ven en la obligaci&oacute;n de construir im&aacute;genes para despu&eacute;s poder expresar su furia destruy&eacute;ndolas, </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si se le hace el quite a la trampa reduccionista, la teor&iacute;a neocl&aacute;sica ya no admite los calificativos de apol&iacute;tica, amoral y ainstitucionaL Y, en cuanto al m&eacute;todo, una vez que el horizonte se ampl&iacute;a, las cr&iacute;ticas de irrealismo, falta de pertinencia e irrelevancia pueden ser examinadas en un contexto global que las hace menos taxativas, en el que las limitaciones metodol&oacute;gicas de la aproximaci&oacute;n positiva no se reflejan l&oacute;gicamente en el campo normativo. </p>     <p><b>2. WALRAS, MARSHALL, HICKS, VICKREY, ARROW y SAMUELSON </b></p>     <p>Durante el siglo xx, la teor&iacute;a econ&oacute;mica mantuvo la tensi&oacute;n entre el desarrollo de un m&eacute;todo cient&iacute;fico y la consolidaci&oacute;n de la perspectiva moral tan cara a los economistas cl&aacute;sicos.<sup><a name="nr8"></a><a href="#8">8</a></sup> A continuaci&oacute;n menciono algunos trabajos que me parecen bastante dicientes de que la preocupaci&oacute;n n&oacute;rmativa siempre ha estado presente y que la calificaci&oacute;n de apol&iacute;tica, amoral y ainstitucional no es pertinente. Las referencias a la primera tr&iacute;ada ser&aacute;n m&aacute;s marginales,</p>      <p>En la primera lecci&oacute;n de <i>elementos de Econom&iacute;a Pura</i>, Walras trae a colaci&oacute;n la definici&oacute;n que hace Adam Smith &#91;1776&#93; de la econom&iacute;a pol&iacute;tica en <i>La Riqueza de las Naciones</i>.    <p>     <p>     <blockquote>La econom&iacute;a pol&iacute;tica, considerada como una rama de la ciencia del estadista o legislador, tiene dos objetivos distintos: primero, ofrecer un ingreso pleno, o de subsistencia para la poblaci&oacute;n; o m&aacute;s espec&iacute;ficamente, incentivar a las personas para que obtengan tal ingreso por ellas mismas; segundo, garantizar que el Estado, o la Naci&oacute;n, dispongan de los recursos suficientes para suministrar los servicios p&uacute;blicos, Se busea, entonces, que aumente la riqueza, tanto del pueblo,como del soberano (Smith1776, citado por Walras &#91;1926,51-52&#93;). </blockquote></p>     <p>Walras &#91;1926, 53&#93; considera que esta definici&oacute;n es "incompleta". Le incomoda que Smith defina la econom&iacute;a pol&iacute;tica por su aplicabilidad, sin tratar de entender los elementos que constituyen su naturaleza cient&iacute;fica. Valras diferencia la ciencia, el arte y las instituciones. A la ciencia le corresponde el estudio de la econom&iacute;a pura. La tarea de la ciencia econ&oacute;mica es deseubrir aquellos principios b&aacute;sicos que son irrefutables. As&iacute; como en las ciencias naturales decimos que un objeto cae por la fuerza de la gravedad, en el campo de la teor&iacute;a econ&oacute;mica pura debemos afirmar con igual certeza que si la demanda de un bien excede la oferta, el precio sube. El arte, o la industria, tiene que ver con las transformaciones, con la relaci&oacute;n del hombre y la naturaleza. Las instituciones, dice Walras, tienen que ver con las relaciones que los hombres establecen entre s&iacute; <sup><a name="nr9"></a><a href="#9">9</a></sup> Adam Smith se mueve en el mundo del arte pensando equivocadamente que est&aacute; proponiendo verdades en el campo de la ciencia. </p>     <p>    <blockquote>La definici&oacute;n de Smith es incompleta, porque no menciona el objetivo de la econom&iacute;a pol&iacute;tica como ciencia en sentido estricto.  Afirmar que el prop&oacute;sito de la econom&iacute;a pol&iacute;tica es ofrecer un ingreso suficiente y garantizarlr al Estado los ingresos adecuados, es como decir que el fin de la geometr&iacute;a es construir casas resistentes y que el prop&oacute;sito de la astronom&iacute;a es navegar con seguridad en alta mar. En otras palabras Smith define la ciencia por sus aplicaciones &#91V'alras1926, 53&#93. </blockquote></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s de mencionar la distinci&oacute;n walrasiana entre ciencia, arte e instituciones, vuelvo a las dos tr&iacute;adas de Bejarano. La primera tr&iacute;ada tiene implicaciones diferentes seg&uacute;n se trate de la ciencia, el arte o las instituciones. Sin duda, en el nivel de la ciencia, el modelo Walrasiano no es realista, porque como el propio Valras lo reconoce, la competencia perfecta es una condici&oacute;n exigente, como la que reina en el laboratorio.<sup><a name="nr10"></a><a href="#10">10</a></sup> Cuando nos movemos del campo de la ciencia pura, hacia los mundos del arte y de las instituciones, el calificativo de no realista va siendo menos apropiado. Walras no pide que la teor&iacute;a sea realista en el mundo de la ciencia, pero s&iacute; aspira a que lo sean en el campo del arte. Tiene raz&oacute;n Bejarano cuando afirma que la teor&iacute;a neocl&aacute;sica no es realista. Pero esta apreciaci&oacute;n tambi&eacute;n es compartida por Walras y los neoWalrasianos. Bejarano simplemente hace eco de una percepci&oacute;n que es expl&iacute;cita en la teor&iacute;a neocl&aacute;sica, </p> 	    <p>La irrelevancia y la no pertinencia llevan a la diseusi&oacute;n cl&aacute;sica planteada por Friedman &#91;1953&#93;. Este art&iacute;culo suele leerse desde una &oacute;ptica muy cerrada, porque toda la atenci&oacute;n se centra en el v&iacute;nculo que existe entre irrealismo y certeza predictiva: aunque los supuestos no sean realistas, la teor&iacute;a es relevante porque puede hacer uso de su capacidad predictiva. Pero esta aproximaci&oacute;n es recortada, Friedman va m&aacute;s all&aacute; y muestra que hay una interacci&oacute;n permanente entre los supuestos, la historia, la cultura, la autobiograf&iacute;a, etc.<sup><a name="nr11"></a><a href="#11">11</a></sup>, Los supuestos s&iacute; importan. Y todav&iacute;a m&aacute;s, importa la forma como se han construido y la manera como se van renovando a lo largo del tiempo. Friedman est&aacute; preocupado por la relevancia y la pertinencia de la teor&iacute;a, especialmente cuando se aplica al campo de las pol&iacute;ticas fiseal y monetaria. En este aspecto Friedman se diferencia de Samuelson y de Walras,</p>      <p>Estas breves reHexiones sobre la primera tr&iacute;ada tocan aspectos metodol&oacute;gicos que no profundizar&eacute; en el resto del art&iacute;culo. A continuaci&oacute;n me centrar&eacute; en la segunda tr&iacute;ada. </p> </font>    <p><font size="2" face="Verdana">Aun en el examen de los elementos de econom&iacute;a pura, Walras explicita con mucha fuerza la dimensi&oacute;n institucional. Y, entonces, ni siquiera en el campo de la econom&iacute;a pura, la econom&iacute;a de Walras es apol&iacute;tica, amoral, ainstitucional. Mucho menos en las esferas del arte y de las instituciones. Dice Walras que la riqueza social existe porque los bienes son &uacute;tiles y eseasos, El intercambio de mercanc&iacute;as a un precio determinado tiene sentido  cuando el bien es &uacute;til y eseaso. No decimos que un pa&iacute;s es rico porque dispone de aire abundante, La eseasez, continua Walras, lleva necesariamente a explicitar las relaciones de propiedad. Y "la apropiaci&oacute;n de las cosas por las personas o la distribuci&oacute;n de la riqueza social entre los hombres en una sociedad es un fen&oacute;meno moral y no un fen&oacute;meno industrial, porque se trata de una relaci&oacute;n entre personas"&#91; Walras 1926, 77&#93;. Un poco m&aacute;s adelante afirma que "el modo de apropiaci&oacute;n depende de las decisiones humanas, y si estas decisiones son buenas o malas, el modo de apropiaci&oacute;n ser&aacute; bueno o malo" &#91;Walras 1926, 77&#93;. Si no hay apropiaci&oacute;n, el intercambio no tiene sentido. La eseasez relativa, que tiene un impacto claro en la determinaci&oacute;n del precio, est&aacute; &iacute;ntimamente ligada a la manera como se distribuye la riqueza. La forma como se realiza la apropiaci&oacute;n configura las caracter&iacute;sticas de la sociedad. As&iacute; que la preocupaci&oacute;n de Walras por encontrar los elementos sustantivos de la econom&iacute;a pura no deseonoce la relaci&oacute;n intr&iacute;nseca que los precios tienen con la propiedad, ni la forma como &eacute;sta incide en la organizaci&oacute;n de las sociedades. Termino la referencia a Walras, recordando su frase, "entre el hecho objetivo y el derecho, hay espacio para la teor&iacute;a moral" &#91;Walras 1926, 78&#93;. </font></p> <font face="Verdana" size="2">    <p>Tal y como lo se&ntilde;ala Cata&ntilde;o &#91;1999&#93;, la lectura que hace Bejarano de Marshall est&aacute; muy influenciada por la diseusi&oacute;n planteada por Sraffa a medianos de los a&ntilde;os veinte sobre las curvas de oferta y las caracter&iacute;sticas del equilibrio parcial.<sup><a name="nr12"></a><a href="#12">12</a></sup>, Pero esta lectura de Marshall no destaca aspectos relevantes de su obra que, en el mismo sentido en que he argumentado a prop&oacute;sito de Walras, ponen en evidencia dimensiones complejas directamente relacionadas con la organizaci&oacute;n de la sociedad y de los mercados. Y tambi&eacute;n en Marshall, como en el caso de Walras,las preguntas b&aacute;sicas sobre las dimensiones &eacute;tica e institucional son constitutivas de la teor&iacute;a. No se trata, entonces, de la reHexi&oacute;n moral de ciudadanos bondadosos, sino de la preocupaci&oacute;n de te&oacute;ricos que en el proceso de fundamentaci&oacute;n de los principios esenciales de la diseiplina no pueden dejar por fuera el estudio de la organizaci&oacute;n social, ni el examen normativo.</p>      <p> Destaco, y casi que apenas con el &aacute;nimo de ilustrar los argumentos, algunos aspectos que me parecen indicativos de la perspectiva de la reflexi&oacute;n marshalliana. El primero tiene que ver con la ense&ntilde;anza de la econom&iacute;a. En el documento presentado ante el Senado de la Universidad de Cambridge pidiendo la creaci&oacute;n de una eseuela de econom&iacute;a, Marshall &#91;1902, 166&#93; afirma: "por urgente que sea estudiar las causas de la &acute;riqueza de las naciones&acute; en conexi&oacute;n con la estabilidad pol&iacute;tica, es todav&iacute;a m&aacute;s urgente, estudiadas en relaci&oacute;n con la calidad de vida". En sus an&aacute;lisis sobre la teor&iacute;a de la utilidad, Marshall no puede dejar de lado las consideraciones sobre el "arte de vivir" que, finalmente, incide en la cantidad de bienes demandados. </p>     <p>En el anexo 1 de los Principios, titulado <i>La Teor&iacute;a del Valor de Ricardo</i>, Marshall &#91;1920,670-676&#93; repasa las cr&iacute;ticas que le hace Jevons &#91;1879&#93;a la teor&iacute;a objetiva del valor de Ricardo &#91;1817&#93;. En contra de Ricardo, Jevons defiende la teor&iacute;a subjetiva del valor. Despu&eacute;s de considerar los argumentos de uno y otro, Marshall llega a la conclusi&oacute;n de que no vale la pena tomar una posici&oacute;n radical, a favor o en contra, de las teor&iacute;as objetiva y subjetiva del valor. Marshall piensa que la eseritura confusa de Ricardo impide que Jevons se percate de que en Ricardo tambi&eacute;n hay una teor&iacute;a subjetiva del valor. Jevons, continua Marshall, se equivoca cuando dice "reflexiones e investigaciones constantes me han llevado a formular una nueva opini&oacute;n: <i>el valor depende enteramente de la utilidad'</i> &#91;Jevons 1879, 1&#93;. Para Marshall el error de Jevons radica en pensar que la aproximaci&oacute;n subjetiva al valor es nueva, deseonociendo que ya estaba presente en Ricardo. Marshall propone articular los dos lados de la reflexi&oacute;n. Por el lado de la oferta, el an&aacute;lisis de los costos de producci&oacute;n requiere una teor&iacute;a objetiva del valor. Pero por el lado de la demanda, la conducta del consumidor, est&aacute; determinada por la utilidad. Y, como Bentham, Marshall tambi&eacute;n "monetiza" la felicidad.<sup><a name="nr13"></a><a href="#13">13</a></sup>, Marshall intenta conciliar las teor&iacute;as subjetiva y objetiva del valor a partir de la siguiente f&oacute;rmula de compromiso: </p>     <p>     <blockquote>La utilidad determina la cantidad que es ofrecida; la cantidad ofrecida determina el costo de producci&oacute;n; el costo de producci&oacute;n determina el valor, porque determina el precio de oferta que se requiere para que los productores contin&uacute;en trabajando &#91;Marshall 1920, 674&#93;. </blockquote> </p>     <p>La secuencia de Marshall parte de la utilidad, pasa por el costo de producci&oacute;n y termina en el valor. La teor&iacute;a del valor est&aacute; amarrada a la teor&iacute;a de la utilidad y como &eacute;sta tiene que ver con el arte de vivir, es necesario considerar de manera expl&iacute;cita la forma como se monetiza la felicidad. Pero como la conversi&oacute;n del ingreso en bienestar es un asunto tan complejo, piensa Marshall que se requerir&iacute;a de otro tratado, distinto a Los <i>Principios,</i> para analizar de qu&eacute; manera los postulados de la ciencia econ&oacute;mica se aplican al "arte de vivir".</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los fabricantes pueden continuar trabajando porque el precio al que cierra el mercado es un incentivo suficiente para elaborar los planes de producci&oacute;n que garantizan que haya bienes en la ronda de mercado siguiente. El plan de producci&oacute;n y los aspectos institucionales que implica son inherentes a la teor&iacute;a de Marshall. Los ajustes v&iacute;a cantidades incorporan la dimensi&oacute;n intertemporal e institucional de manera expl&iacute;cita. </p>     <p>Ya hice referencia a algunos textos de Marshall en los que el autor destaca la relevancia que tiene la biolog&iacute;a en la interpretaci&oacute;n de las interacciones econ&oacute;micas. Es importante recurrir a la biolog&iacute;a, porque con el paso del tiempo, los agentes econ&oacute;micos y la, intcracciones que establecen van cambiando de manera irreversible.<sup><a name="nr14"></a><a href="#14">14</a></sup>, La visi&oacute;n del mundo que tienen los agentes econ&oacute;micos se modifica permanentemente, Estas transformaciones del sujeto que decide no pueden ser captadas por las matem&aacute;ticas. La propuesta metodol&oacute;gica de Marshall no se consolid&oacute;, y a pesar de su insistencia en la importancia de la biolog&iacute;a sus dise&iacute;pulos continuaron haciendo uso de los instrumentos de la mec&aacute;nica cl&aacute;sica,.<sup><a name="nr15"></a><a href="#15">15</a></sup>, </p>     <p> Un componente sustantivo de la funci&oacute;n de producci&oacute;n de Marshall es el tiempo. A medida que van entrando los insumos, van saliendo los productos, en un proceso en el que las expectativas cambian, los precios se modifican y los planes de producci&oacute;n se alteran. La forma como Marshall presenta su funci&oacute;n de producci&oacute;n no tiene nada que ver con las versiones de est&aacute;tica comparativa de los libros de texto. Shackle &#91;1972&#93; dedica varias p&aacute;ginas, primero a expresar su admiraci&oacute;n por Marshall y, despu&eacute;s, a mostrar que de la visi&oacute;n intertemporal de la funci&oacute;n de producci&oacute;n de Marshall se derivan conclusiones revolucionarias en la concepci&oacute;n del m&eacute;todo de la econom&iacute;a. Si hay futuro e incertidumbre, se requieren instituciones que garanticen una m&iacute;nima estabilidad. Este Marshall, que no tiene nada que ver con el de los libros de texto, no es ainstitucional. Tampoco es amoral. </p>     <p>En sus mordaces cr&iacute;ticas a la Ley de Pobres, Marshall &#91;1892a, 1892b&#93; muestra que los defensores de la caridad olvidan que el n&uacute;mero de pobres puede reducirse si se busea que las condiciones econ&oacute;micas sean m&aacute;s favorables para todos. Pone en tela de juicio la dicotom&iacute;a entre la &eacute;tica y la econom&iacute;a subyacente a la Ley de Pobres. Considera que los elementos &eacute;ticos y econ&oacute;micos "est&aacute;n tan &iacute;ntimamente mezclados que es in&uacute;til pretender considerar, as&iacute; sea provisionalmente, el uno sin hacer referencia al otro" &#91;Marshall 1892a, 186&#93;. La Ley de Pobres, dice, es "la m&aacute;s seria amenaza que ha tenido Inglaterra". Llega a esta conclusi&oacute;n despu&eacute;s de considerar dos formas de acci&oacute;n alternativas. La primera busea actuar sobre las condiciones que inciden en el empleo y en el ingreso, Y la segunda, que corresponde al esp&iacute;ritu de la Ley de Pobres, centra la atenci&oacute;n en la caridad, lo que lleva a que "cada naci&oacute;n tenga el n&uacute;mero de pobres que haya eseogido pagar" &#91;Marshall 1982a, 186&#93;. Marshall, que se inclina por el primer tipo de acci&oacute;n, pone en evidencia las inconsistencias de la Ley de Pobres, tanto en su formulaci&oacute;n conceptual, como en la forma de aplicada. </p>     <p>Frente a la magnitud y heterogeneidad de la obra de Marshall, se vuelve difusa la distinci&oacute;n entre ciencia, arte e instituciones. Y como los diferentes niveles se traslapan, habr&iacute;a que hacer un examen muy cuidadoso para determinar a qu&eacute; aspectos del m&eacute;todo de Marshall se les aplican los calificativos de la primera tr&iacute;ada. </p>     <p>En el estudio de los aspectos metodol&oacute;gicos, es muy iluminador el art&iacute;culo que escribe sehumpeter &#91;1930&#93; rese&ntilde;ando una nueva edici&oacute;n del Ciclo de los Negocios de Mitchell &#91;1913&#93;. sehumpeter compara los m&eacute;todos de Marshall y de Mitchell. Le critica a Mitchell el excesivo &eacute;nfasis que pone en los hechos factuales, y lo invita a iluminar el dato con un armaz&oacute;n te&oacute;rico como el de Marshall, cuya obra la considera "el mejor tratado de nuestros d&iacute;as".<sup><a name="nr16"></a><a href="#16">16</a></sup>,  Retornando las preocupaciones de Bejarano, podr&iacute;a decirse que por su af&aacute;n de realismo, Mitchell no desarrolla un marco te&oacute;rico apropiado que le permita ordenar los numerosos hechos factuales.<sup><a name="nr17"></a><a href="#17">17</a></sup>, </p>     <p>Retornando la c&eacute;lebre sentencia de Robbins,<sup><a name="nr18"></a><a href="#18">18</a></sup>,  en la que se establece una distinci&oacute;n entre el economista como cient&iacute;fico y el economista como ciudadano, Bejarano aspira a que los economistas podamos "decir algo sobre la moral desde nuestra propia ciencia y no s&oacute;lo en calidad de ciudadanos". Walras y, sobre todo, Marshall, cumplen con este requisito.,</p>  </font>    <p><font size="2" face="Verdana">No me voy a referir a las dos grandes obras de Keynes &#91;1930; 1936&#93;, <i>El Tratado, y La Teor&iacute;a General,</i> sino a la interpretaci&oacute;n hicksiana y a la llamada s&iacute;ntesis neocl&aacute;sica, que ser&iacute;a la estructura b&aacute;sica del n&uacute;cleo duro o de la corriente principal. Hicks no se cans&oacute; de recordar que su art&iacute;culo de 1937 no era una presentaci&oacute;n completa de la <i>Teor&iacute;a General,</i> sino una aproximaci&oacute;n muy parcial. Digamos, en gracia de diseusi&oacute;n, que al Hicks del 37 le cabe los calificativos de las dos tr&iacute;adas de Bejarano. Pero cuando nos salimos de este art&iacute;culo,<sup><a name="nr19"></a><a href="#19">19</a></sup>,  nos encontramos con un gran pensador, para quien las instituciones son importantes.</font></p> 	 <font face="Verdana" size="2">    <blockquote>       <p>El dinero no es un mecanismo; es una instituci&oacute;n humana, y, por cierto, una de las m&aacute;s sobresalientes. Incluso las formas m&aacute;s simples del dinero &ndash;hasta la acu&ntilde;aci&oacute;n de metales&ndash; necesitan para funcionar una cierta confianza mutua. A medida que esta confianza aumenta (en c&iacute;rculos que van ampli&aacute;ndose m&aacute;s y m&aacute;s), las formas de dinero que pueden ser utilizadas son m&aacute;s y m&aacute;s sutiles, m&aacute;s econ&oacute;micas, pero tambi&eacute;n m&aacute;s fr&aacute;gilcs. Para las etapas primitivas, las teor&iacute;as mec&aacute;nicas (como la teor&iacute;a cuantitativa) nos dan una visi&oacute;n aproximada razonable de c&oacute;mo funciona el dinero; pero la sutileza de los hechos monetarios es creciente y a la teor&iacute;a le es dificil estar a la altura de esta evoluci&oacute;n &#91;Hicks 1966,79&#93;. </p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta perspectiva de Hicks recuerda a la de Bentham, quien asocia la circulaci&oacute;n monetaria a la confianza y a los h&aacute;bitos. </p> </font>    <blockquote>       <p><font size="2" face="Verdana">El cr&eacute;dito del papel moneda es consecuencia de un estado de &aacute;nimo de la opini&oacute;n p&uacute;blica que, por<i>el ejemplo y la costumbre generalizada,</i> se fortifica a tal grado que llega un momento en que nadie piensa en convertido en dinero en efectiva; hablando en sentido abstracto, todo el mundo puede saber que el volumen existente no tiene una base s&oacute;lida, pero esta reflcxi&oacute;n ideal no interfiere en las transacciones comunes de la vida, y la deseonfianza no est&aacute; ligada con este o aquel pedazo de papel en particular. Se recibe en la misma forma que se da. Si otros han tenido confianza en &eacute;l, del mismo modo, nosotros podemos tambi&eacute;n confiar. Implica un esfuerzo, un movimiento de locomoci&oacute;n y una p&eacute;rdida de tiempo ir al banco a cambiado &#91;Bentham 1801, 135, subrayado m&iacute;o&#93;. </font></p> </blockquote> <font face="Verdana" size="2">    <p>En su art&iacute;culo cl&aacute;sico del 35, Hicks realiza el ejercicio admirable de aplicar la teor&iacute;a de la utilidad al dinero. En sus palabras, se trata de extender la revoluci&oacute;n marginalista a la teor&iacute;a del dinero. Una interpretaci&oacute;n que consolida Arrow &#91;1951a; 1964; 1974&#93; Y que se convierte en el fundamento de la teor&iacute;a neocl&aacute;sica del dinero. Al final del art&iacute;culo del 35, Hicks explica la diferencia entre dos tipos de ahorradores: los sensibles y los insensibles. Los insensibles son los pequenos ahorradores que no est&aacute;n muy pendientes de los cambios 'de la tasa de inter&eacute;s, porque dados los pocos recursos que manejan, perciben como muy elevados los costos de mover dinero de un lado para el otro. Los sensibles son los especuladores y los grandes tesoreros, que est&aacute;n dispuestos a pasar el dinero de un lado al otro, en funci&oacute;n de peque&ntilde;as modificaciones de la tasa de inter&eacute;s. Y de manera prof&eacute;tica, Hicks termina su art&iacute;culo con esta frase que tiene un alto contenido pol&iacute;tico e institucional: </p> </font>    <blockquote>    <p><font size="2" face="Verdana">Si quien preserva la estabilidad del capitalismo es la gente insensible, en buena medida porque para &eacute;sta el coste de transferir activos es demasiado elevado relativamente al volumen de activos que controla, entonces el desarrollo del capitalismo, al hacer bajar estos costes, ser&aacute; probablemente una causa directa de fluctuaciones crecientes. El desarrollo del capitalismo hace bajar aquellos costes de dos maneras: mediante avances t&eacute;enicos (de los que los bancos son un ejemplo) e introduciendo un esp&iacute;ritu m&aacute;s "capitalista" que, al atender m&aacute;s ampliamente al beneficio, reduce los costes subjetivos. Al hacer esto, el capitalismo se convierte en su propio enemigo porque pone en peligro la estabilidad, sin la cual se derrumbar&iacute;a &#91;lHicks 1935, 104&#93;. </font></p> </blockquote> <font face="Verdana" size="2">    <p>Gracias al desarrollo de la tenolog&iacute;a, el peque&ntilde;o ahorrador tiene incentivos suficientes para actuar como un especulador. Basta con llamar por tel&eacute;fono para mover dinero de un sitio al otro. A medida que el sistema financiero se va sofisticando m&aacute;s, se hace m&aacute;s fr&aacute;gil. Esta paradoja ha sido estudiada por autores contempor&aacute;neos como Tobin &#91;1967;1980;1998&#93  y Triffin&#91;1989&#93;. </p>     <p>En su <i>Teor&iacute;a de la Historia Econ&oacute;mica;</i>, Hicks &#91;1969, 34&#93; expresa un principio  que refleja muy bien la preocupaci&oacute;n de la teor&iacute;a institucional: "Aun el m&aacute;s simple intercambio es una especie de contrato". El texto de Hicks est&aacute; lleno de apreciaciones de corte institucional. Por ejemplo recuerda que Montaigne al deseribir la visita que hizo a la ciudad de Urbino en 1851, dec&iacute;a: "era s&aacute;bado porque en la plaza hab&iacute;a mercado". Las relaciones sociales que rodean el mercado son tan intensas, que la evidencia del s&aacute;bado est&aacute; dada por el mercado, y no al contrario. Para Hicks es claro que el mercado no se reduce al acto de compra y venta, sino que se recrea en las dimensiones espacial, temporal y cultural, fijada por las comunidades implicadas. </p>     <p>Hasta ahora me he referido &uacute;nicamente a tres autores: Walras, Marshall y Hicks que han sido considerados los fundadores de la teor&iacute;a convencional, a la que Bejarano le aplica sus seis calificativos. No menciono los trabajos de los viejos institucionalistas (veblen, Commons y Mitchell) porque contra ellos no va dirigida la cr&iacute;tica de Bejarano. Sin entrar en los detalles, me parece importante hacer expl&iacute;cito el significado que Commons &#91;1934; 1936&#93; le atribuye al "valor razonable". Commons &#91;1936,237&#93; piensa que la economia debe avanzar hacia la construcci&oacute;n de una teor&iacute;a del "valor razonable", que incluya de manera integrada la &eacute;tica, el bienestar p&uacute;blico y los intereses nacionales. </p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La teor&iacute;a del valor razonable puede ser sintetizada, en su aplicaci&oacute;n pragm&aacute;tica, como una teor&iacute;a del progreso social a trav&eacute;s de una personalidad, controlada, liberada y ampliada mediante la acci&oacute;n colectiva. No es una personalidad individualista. Es una personalidad institucionalizada &#91;Commons 1934, 874&#93;. </p></blockquote>     <p>La noci&oacute;n de razonabilidad, que los te&oacute;ricos de la justicia de mediados del siglo xx van a explotar desde diversos puntos de vista, es asimilada de diversas maneras por economistas como Vickrey, Samuelson y Arrow. Lo razonable es diferente de lo racional. Lo racional es lo &oacute;ptimo, lo razonable es lo sub&oacute;ptimo. Ambos conceptos parten del individualismo metodol&oacute;gico, pero lo razonable obliga a que el individuo se piense en relaci&oacute;n con los otros. Y mostrar&eacute; que estos tres autores introducen en el corpus de su teor&iacute;a, no en el margen, lo razonable, lo que hace que tales aproximaciones sean, en el sentido m&aacute;s sustantivo, pol&iacute;ticas, morales e institucionales.<sup><a name="nr20"></a><a href="#20">20</a></sup>, </p>     <p>El trabajo de Vickrey &#91;1945&#93; busea explicitar, desde la funci&oacute;n de utilidad m&aacute;s b&aacute;sica, las implicaciones normativas que le son constitutivas. Lo normativo no es <i>ad hoc.</i> Es sustancial. El autor busea que el conflicto entre equidad e incentivos sea expl&iacute;cito desde el coraz&oacute;n de lo que Walras llamar&iacute;a la econom&iacute;a pura. Esta pieza maestra, dice Arrow &#91;1994&#93;, es una formulaci&oacute;n temprana del velo de la ignorancia rawlsiano, y de la justicia como equiproporcionalidad de Harsanyi. </p>     <blockquote>    <p>Desde el punto de vista te&oacute;rico, la aproximaci&oacute;n a la medici&oacute;n de la utilidad marginal a trav&eacute;s de la "elecci&oacute;n bajo riesgo" tiene la ventaja de que ofrece un v&iacute;nculo directo con las cuestiones relacionadas con la distribuci&oacute;n del ingreso y con la forma como se deben ir graduando los impuestos progresivos, especialmente cuando estos problemas se plantean desde la perspectiva de la maximizaci&oacute;n de la utilidad agregada. Si la utilidad se define como la cuantificaci&oacute;n de la expectativa matem&aacute;tica que maximiza la decisi&oacute;n individual bajo condiciones de riesgo, entonces la maximizaci&oacute;n de la utilidad agregada del conjunto de la poblaci&oacute;n es equivalente a escoger la distribuci&oacute;n del ingreso que tal individuo eseoger&iacute;a si se le preguntase de cu&aacute;l de las variantes de la econom&iacute;a quisiese llegar a ser miembro, asumiendo que una vez que seleccione una econom&iacute;a particular con una distribuci&oacute;n del ingreso dada, &eacute;l tiene la misma probabilidad de estar all&iacute; que cualquiera de sus miembros &#91;Vickrey 1945,25&#93;. </p></blockquote>     <p>Esta frase de Vickrey pone en evidencia: i) que la funci&oacute;n de utilidad debe involucrar el tiempo; ii) que el riesgo es inherente a cualquier enfoque intertemporal, iii) que la utilidad individual est&aacute; ligada de manera directa a la distribuci&oacute;n del ingreso y a las modalidades del sistema tributario, iv) que el proceso de agregaci&oacute;n de las utilidades individuales debe estar mediado por una funci&oacute;n de probabilidad; v) que la elecci&oacute;n individual bajo condiciones de riesgo, teniendo en mente la sociedad que la persona quisiera, obliga a cada individuo a ponerse en los zapatos del otro, as&iacute; que la percepci&oacute;n individual de la utilidad del otro se convierte en un elemento constitutivo de la funci&oacute;n de utilidad; vi) todas las personas que participan tienen las mismas oportunidades. Por lo menos, los puntos iii), v) y vi) tienen implicaciones &eacute;ticas expl&iacute;citas. </p>     <p>En este art&iacute;culo, as&iacute; como en sus trabajos sobre impuestos, evaluaci&oacute;n de proyectos y subastas, Vickrey reconoce que la soluci&oacute;n entre igualdad e incentivos no puede conseguirse a trav&eacute;s de la optimizaci&oacute;n racional, sino mediante la b&uacute;squeda del acuerdo razonable. </p>     <p>El trabajo de Arrow &#91 1951b&#93; formaliza los problemas b&aacute;sicos de la elecci&oacute;n social y se constituye en el estudio pionero sobre las dificultades que se presentan al pasar de la elecci&oacute;n individual a la elecci&oacute;n colectiva. No dudo en calificar de &eacute;tica esta obra, que refleja el conflicto que viven las sociedades liberales que busean mejorar el bienestar colectivo, sin sacrificar la libre iniciativa. Las preocupaciones de Arrow son las mismas que animan los grandes trabajos de Hayek &#91;1944; 1948; 1952&#93; de la &eacute;poca: c&oacute;mo evitar que el af&aacute;n de justicia no derive en el totalitarismo. Frente a este trabajo magistral de Arrow, a quien Bejarano no dudar&iacute;a de incluir en la corriente principal, no tienen ninguna validez los calificativos de la segunda tr&iacute;ada. A pesar de que las obras de Hayek y de Arrow est&eacute;n motivadas por la misma preocupaci&oacute;n, Bejarano no da importancia a &eacute;ste y a otros trabajos de Arrow, que tienen dimensiones &eacute;ticas de proporciones similares a las de Hayek. Vuelvo a la trampa. Bejarano cae en la trampa y centra toda la atenci&oacute;n en el modelo de equilibrio Arrow-Debreu, que es apenas uno de los seis tomos de las obras eseogidas de Arrow. &iquest;Y es que acaso los cinco tomos restantes, donde el autor estudia los conflictos, los problemas de racionalidad, la &eacute;tica m&eacute;dica, la incertidumbre, el riesgo, etc., no son tambi&eacute;n piezas centrales de la teor&iacute;a neocl&aacute;sica? </p>     <p>En Los <i>limites de la Organizaci&oacute;n,</i> Arrow &#91;1974&#93; incluye de manera expl&iacute;cita los aportes de Simon &#91;1945; 1957&#93;, para quien el an&aacute;lisis de la eficiencia de las administraciones debe realizarse a partir de la sicolog&iacute;a social. El proceso de elecci&oacute;n es din&aacute;mico porque los individuos deciden entre "cursos de acci&oacute;n" alternativos. La racionalidad que anima las decisiones en la empresa y la sociedad es limitada, lo que nos lleva a movemos en el mundo de los sub&oacute;ptimos.<sup><a name="nr21"></a><a href="#21">21</a></sup>,  As&iacute; que Arrow, uno de los grandes te&oacute;ricos del equilibrio general, reconoce la validez de la racionalidad limitada. Las decisiones en la familia, la empresa y la sociedad no responden a la racionalidad optimizadora, porque esta genera situaciones de imposibilidad, sino a din&aacute;micas sub&oacute;ptimas. </p>     <p>Bejarano tambi&eacute;n acepta que Samuelson es otro de los grandes pensadores de la teor&iacute;a neocl&aacute;sica. &Eacute;l se propone pensar el equilibrio general introduciendo los bienes p&uacute;blicos &#91;Samuelson 1954; 1958; 1969&#93;. Es decir, los bienes que no admiten exclusi&oacute;n ni rivalidad. Si no hay exclusi&oacute;n ni rivalidad, la persona no revela sus preferencias y, entonces, los precios no operan. Al mencionar a Walras dec&iacute;a que para &eacute;l los bienes que constituyen la riqueza social son escasos y &uacute;tiles. Desde la perspectiva de la persona individual, el bien p&uacute;blico puro d&eacute;ja de ser eseaso, con el grave inconveniente de que ya no es posible la valoraci&oacute;n a trav&eacute;s de los precios. Frente a bienes p&uacute;blicos como la salud, la justicia, la sostenibilidad ambiental, la educaci&oacute;n, ete., el mecanismo de los precios deja de ser pertinente. A Samuelson &#91 1969, 109&#93; no se le eseapa el conflicto entre "bienes privados puros en los cuales los mecanismos de mercado operan de manera &oacute;ptima &#91;...&#93;, versus el amplio campo de los bienes p&uacute;blicos, que es el de las externalidades del consumo". </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El reto de Samuelson es ampliar el horizonte del modelo de el equilibrio general,de tal manera que tambi&eacute;n incluya los bienes p&uacute;blicos. y en este ejercicio, que toca las ra&iacute;ces de la teor&iacute;a b&aacute;sica, Samuelson se tropieza inevitablemente con la pregunta por la justicia.<sup><a name="nr22"></a><a href="#22">22</a></sup>, Puesto que los precios de los bienes p&uacute;blicos no se forman en el mercado, Samuelson construye una "seudo funci&oacute;n" de demanda, en la que los "precios" de los bienes p&uacute;blicos tienen que ser asemejados a los impuestos y a las tarifas. La funci&oacute;n de demanda es incompleta por que frente al bien p&uacute;blico la persona no puede revelar sus preferencias. Samuelson reconoce que el acercamiento a trav&eacute;s de los impuestos y las tarifas es muy imperfecto. El problema radica en que los impuestos, m&aacute;s que las tarifas, reflejan la capacidad de pago del individuo. El monto de impuestos que paga cada persona es diferente. Al tratar de asimilar el impuesto a una forma de precio, se termina en una especie de personalizaci&oacute;n del precio. En <i>Elementos de Econom&iacute;a Pura,</i> Walras defIne las condiciones bajo las cuales, los procesos de <i>t&aacute;tonnement</i> conducen a que haya un solo precio de equilibrio para cada bien. El vector de precios resultante es impersonal ya que nace de las condiciones del mercado. En cambio, el vector de "precios" de los bienes p&uacute;blicos es funci&oacute;n de los impuestos, o de la tarifa, que cada persona pague. y hay tantos precios como personas. Una vez que ha llegado a este callej&oacute;n sin salida, a Samuelson no le queda m&aacute;s remedio que abordar el tema de la justicia. La explicitaci&oacute;n de los criterios distributivos, del monto del impuesto y de quien lo paga, es una condici&oacute;n inherente a la formaci&oacute;n de los precios de los bienes p&uacute;blicos. Samuelson acepta que detr&aacute;s de toda tasa impositiva hay un criterio impl&iacute;cito de justicia redistributiva. Y tambi&eacute;n es conseiente de que al introducir el terna de la normatividad subyacente al tributo, debe indagar por la forma como se pasa de la elecci&oacute;n individual a la elecci&oacute;n colectiva, pque en una sociedad liberal no hay impuesto sin representaci&oacute;n. </p>     <p>A lo largo de la exposici&oacute;n he tratado demostrar que en la teor&iacute;a neocl&aacute;sica s&iacute; hay una preocupaci&oacute;n expl&iacute;cita por los aspectos pol&iacute;ticos, morales e institucionales. Los autores mencionados se refirieren a estos temas fundamentalmente porque no los pueden dejar de lado. As&iacute; lo quisieran, no pueden deseonocer la naturaleza social de la econom&iacute;a. La reflexi&oacute;n de Walras es interesante por esta raz&oacute;n. El autor indaga por los aspectos constitutivos de la "econonom&iacute;a pura", y en el camino se da cuenta que una dimensi&oacute;n sustancial de la teor&iacute;a econ&oacute;mica es la propiedad. Y acepta que el tema de la propicdad obliga a cxplicitar lo moral y lo institucional. Es cierto que Walras no hace un tratamiento sistem&aacute;tico de estos temas, y por ello ser&iacute;a un error considerarlo un institucionalista, o un fil&oacute;sofo moral. Pero el hecho de que Walras no haga un an&aacute;lisis profundo de las instituciones no significa que sea ainstitucional. Los autores que he comentado abordan los aspectos morales, institucionales y pol&iacute;ticos con intensidades y grados de formalizaci&oacute;n anal&iacute;tica muy heterog&eacute;neos. Mientras que un texto como el de Arrow &#91;1951b&#93; dialoga directamente con la fIlosof&iacute;a moral, otros trabajos, como el de Walras &#91;1926&#93;, tienen alcances m&aacute;s limitados, sin que por ello sean ainstitucionales, o amorales. </p>     <p>El repaso de estos autores es suficiente para mostrar que aun quienes hacen parte de lo que podr&iacute;amos llamar la corriente principal en econom&iacute;a, de diversas maneras han involucrado la dimensi&oacute;n normativa en el corpus b&aacute;sico de su teor&iacute;a. Y, por tanto, la segunda tr&iacute;ada de Bejarano &uacute;nicamente tendr&iacute;a validez en el caso de interpretaciones muy miopes. Y, reitero, la denuncia de Bejarano adquiere especial inter&eacute;s en el campo de la ense&ntilde;anza de la econom&iacute;a porque, por razones complejas que eseapan a los prop&oacute;sitos de este ensayo, los curr&iacute;cula se han convertido en el medio m&aacute;s efectivo para reproducir los manuales propagand&iacute;sticos de la m&aacute;s estrecha y sesgada lectura del pensamiento neo cl&aacute;sico. </p>     <p><b>3. COMPARTIENDO UNA ESPERANZA </b></p>      <p>Bejarano &#91;1997&#93; no cree que en la econom&iacute;a contempor&aacute;nea exista un paradigma que domine a los dem&aacute;s. Y nos invita a "la b&uacute;squeda de una teor&iacute;a que tenga m&aacute;s sustancia, aunque se sacrifique un poco de la elegancia formal". Comparto esta intenci&oacute;n y este llamado. Se trata de libernos, en palabras de Sen &#91;1997&#93;, de la "tiran&iacute;a" de los ordenamientos completos. </p>     <p>Pero complementar&iacute;a el llamado de Bejarano con una invitaci&oacute;n a una lectura retrospectiva con lentes institucionales. No creo que el pensamiento institucional se limite a los "viejos" (Veblen, Commons y Mitchell) y a los "nuevos" (Coase, North y Williamson) institucionalistas. La teor&iacute;a econ&oacute;mica del siglo <font size="-1">XX</font>, aun la m&aacute;s ortodoxa, ha vivido la tensi&oacute;n entre el desarrollo de la ciencia y la comprensi&oacute;n de las instituciones, en el lenguaje de Walras. En lugar de deslumbramos por la moda que nos trata de imponer el nuevo institucionalismo, en las versiones simplistas de los funcionarios medios de la banca internacional, y de los remozados libros de texto, debemos releer a los grandes maestros con otros ojos y, sin duda, encontraremos unas vetas inexploradas que nos dar&aacute;n elementos m&aacute;s s&oacute;lidos para atender la invitaci&oacute;n de Bejarano a busear una teor&iacute;a econ&oacute;mica con m&aacute;s "sustancia". </p>       <p>NOTAS AL PIE</p>     <p><a href="#nr1">1</a><a name="1"></a> Ponencia presentada en el XI Congreso de Estudiantes de Econom&iacute;a, Tunja, septiembre de 1996. </p>      <p><a href="#nr2">2</a><a name="2"></a> El trabajo de Lozano &#91;2001&#93; ofrece una visi&oacute;n de conjunto de las preocupaciones de Bejarano en estas &aacute;reas.</p>     <p><a href="#nr3">3</a><a name="3"></a> Entre los trabajos representativos de la teor&iacute;a del ciclo real de los negocios se des tacan: Barro &#91;1974; 1977; 1978; 1979; 1984; 1989; 1990; 1996; 1997&#93;; Barro y Sala-i-Martin &#91;1992a; 1992b; 1995&#93;; Barro y King &#91;1984&#93;; Kydland y Preseott &#91;1977; 1980&#93;; Lucas &#91;1975;1983;1987&#93;; Plosser &#91;1987&#93;; Sala-i-Marti &#91;1994;1997&#93;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#nr4">4</a><a name="4"></a> "Las haza&ntilde;as intelectuales de la teor&iacute;a del crecimiento neoct&iacute;sico y la elegancia en  el establecimiento de las condicioncs de estabilidad sin incluir factores institucionales no deja de ser una haza&ntilde;a del arte abstracto sin mayor relevancia para la realidad observada. Entre tanto, la pol&iacute;tica econ&oacute;mica recomendada seguir&aacute; chocando  con la tozuda realidad de los precios r&iacute;gidos y con la rigidez de las estructuras oligop&oacute;licas a los cambios en la demanda" &#91;Bejarano 1981, 72&#93;. </p>     <p><a href="#nr5">5</a><a name="5"></a> "Lo que emerge de la obra de Sraffa es un nuevo paradigma que en los t&eacute;rminos de Dobb, cuestiona la estructura subyacente total de la teor&iacute;a neoclasica y conduce a una reubicaci&oacute;n  de las preguntas pertinentes  que debe responder a un a teoria  de la economia &#91...&#93. La posici&oacute;n de Sraffa constituye entonces la &uacute;nica posici&oacute;n posible &#91...&#93. La reconstrucci&oacute;n de conjunto de todas las cat egorias econ&oacute;micas, la reformulaci&oacute;n de los problemas , en fin, la reorientaci&oacute;n a fondo del diseurso econ&oacute;mico ya ha comenzado. Habra solo que implorar para que no se produzca una nueva "sintesis" que haga de Sraffa un " casao especial "o en todo caso, con que el contrato de Keynes, Sraffa haya ganado la guerra te&oacute;rica y Friedman la guerra politica" &#91 Bejarano 1981, 74-75&#93      <p><a href="#nr6">6</a><a name="6"></a> En las primeras p&aacute;ginas de su art&iacute;culo, P&eacute;rez &#91;1999&#93; pone en evidencia la importancia que Debreu le atribuye al uso de las matem&aacute;ticas en econom&iacute;a.</p>     <p><a href="#nr7">7</a><a name="7"></a> "En cada primavera las hojas de los &aacute;rboles crecen, alcanzan su pleno desarrollo, y  una vez alcanzado su zenith decaen; entre tanto, el &aacute;rbol est&aacute; creciendo: a&ntilde;o tras a&ntilde;o hasta alcanzar su zenith, para despu&eacute;s decaer. Y aqu&iacute; encontramos una :analog&iacute;a de la biolog&iacute;a con las oseilaciones del valor de las mercanc&iacute;as y de los servicios alrededor de centros que est&aacute;n avanzando, o quiz&aacute;s oseilando en largos per&iacute;odos" &#91;Marshall 1898,43&#93;.</p>     <p><a href="#nr8">8</a><a name="8"></a> Los cl&aacute;sicos ten&iacute;an una visi&oacute;n amplia del pensamiento econ&oacute;mico, en la que los v&iacute;nculos con la filosof&iacute;a moral son evidentes. De todas maneras, "Dada la naturaleza de la econornia, no es sorprendente que desde sus or&iacute;genes hayan convivido dos perspectivas: de un lado, la que pone &eacute;nfasis en las relaciones &eacute;ticas y, del otro, la que se basa en la ingenier&iacute;a" &#91;Sen 1987, 6&#93;.</p>     <p><a href="#nr9">9</a><a name="9"></a> P&eacute;rez &#91;1999&#93; explica las diferencias entre la ciencia y el arte en el pensamiento de  Mill. </p>     <p><a href="#nr10">10</a><a name="10"></a> Samuelson &#91;1947&#93; tambi&eacute;n reconoce que la teor&iacute;a no tiene que ser realista. M&aacute;s aun, ni siquiera tiene que ser verdadera. Esta apreciaci&oacute;n es clara en la definici&oacute;n que hace Samuelson del <i>teorema significativo.</i> "Para m&iacute; un <i>teorema significativo</i> es, simplemente, <i>una hip&oacute;tesis; acerca de datos emp&iacute;ricos que podr&iacute;an ser refutados &uacute;nicamente bajo condiciones ideales. Un teorema s&iacute;nificativo puede ser falso. Puede ser v&aacute;lido pero de importancia trivial. Su validez puede ser indeterminaday pr&aacute;ticamente dificil o imposible de determinar</i>. As&iacute;, con los datos existentes, puede ser imposible constatar la hip&oacute;tesis de que la  demanda de sal tiene una elasticidad de -1.0.Y,no obstante, esta hip&oacute;tesis es significativa, ya que bajo circunstancias ideales podr&iacute;a disenarse un experimento que llevara a refutarla" &#91;Samuelson 1947, p. 4, subrayado m&iacute;o&#93. Para Samuelson basta con que el desarrollo de la argumentaci&oacute;n sea consecuente con los supuestos. </p>     <p><a href="#nr11">11</a><a name="11"></a> Si queremos hacer un uso efectivo de esos modelos abstractos y de su material deseriptivo, debemos hacer una exploraci&oacute;n comparativa de los criterios con el fin de determinar cu&aacute;l es el mejor modelo para interpretar el problema particular, cu&aacute;les circunstancias del modelo te&oacute;rico se identifican mejor con los fen&oacute;menos observados y, finalmente, cu&aacute;les caracter&iacute;sticas del problema o de las circunstancias tienen el mayor efecto sobre la confiabilidad de las predicciones producidas por un modelo o una teor&iacute;a espec&iacute;fica. El progreso en la econom&iacute;a positiva requiere no s&oacute;lo que se pongan a prueba y que se mejoren las hip&oacute;tesis existentes, si no tambi&eacute;n que se construyan nuevas hip&oacute;tesis. Desde el punto de vista formal es muy poco lo que podemos decir al respecto. La construcci&oacute;n de hip&oacute;tesis es un acto creativo de inspiraci&oacute;n, intuici&oacute;n e invenci&oacute;n; su esencia radica en la posibilidad de ver algo nuevo a partir de los instrumentos familiares. Este proceso debe ser diseutido a partir de categor&iacute;as sicol&oacute;gicas y no l&oacute;gicas. Debe ser estudiado en las autobiograf&iacute;as y en las biograf&iacute;as y no en los tratados sobre el m&eacute;todo cientiftco. Debe ser promovido mediante la persuasi&oacute;n y el ejemplo y no a trav&eacute;s de silogismos o teoremas" (Friedman 1953,42-43&#93;. </p>     <p><a href="#nr12">12</a><a name="12"></a> Esta preferencia por Sraffa ya era expl&iacute;cita en Bejarano (1981&#93;. </p>     <p><a href="#nr13">13</a><a name="13"></a> "Si la moneda que mide la felicidad causada por dos eventos es igual, entonces es de esperar que no haya una gran diferencia entre la cantidad  de felicidad experimentada en cada uno de los dos casos" &#91Marshall 1890, 152&#93;. Y en la octava edici&oacute;n de los <i>Principios</i>, dice que "el deseo por la utilidad que le proporciona un bien a la persona normalmente se mide por el precio monetario que ella desea pagar" &#91; Marshall 1920, 175&#93;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#nr14">14</a><a name="14"></a> "Desde el inicio de su carrera, Marshall comenz&oacute; a ver las limitaciones que tiene el razonamiento mecanicista en la econom&iacute;a. En particular, en sus investigaciones sobre los rendimientos crecientes, se dio cuenta de que los movimientos, hacia arriba o hacia bajo,de la curva de oferta de largo plazo son irreversible" &#91;Hodgson 1993, 407&#93;. </p>     <p><a href="#nr15">15</a><a name="15"></a> "En este art&iacute;culo muestro que aunque Marshall reconoci&oacute; el valor que tiene para la econom&iacute;a la met&aacute;fora biol&oacute;gica, la influencia spenceriana impidi&oacute;, al menos parcialmente, el desarrollo de un adecuado an&aacute;lisis evolutivo. Despu&eacute;s de la muerte de Marshall sus seguidores reemplazaron con suma facilidad los elementos biol&oacute;gicos presentes en el sistema por nociones m&aacute;s cercanas a la mec&aacute;nica newtoniana" &#91;Hodgson 1993,406&#93;. </p>     <p><a href="#nr16">16</a><a name="16"></a>  La admiraci&oacute;n de sehumpeter por Marshall la reitera a&ntilde;os despu&eacute;s &#91;sehumpeter 1941, 135&#93;. Dice que la obra de Marshall "nunca pasar&aacute;", aunque reconoce que ha sido superada en varios aspectos. </p>     <p><a href="#nr17">17</a><a name="17"></a> 17 Coase &#91;1937&#93; considera que los viejos institucionalistas como Commons y Mitchell, siendo "hombres de gran estatura intelectual", eran "anti-te&oacute;ricos".</p>     <p><a href="#nr18">18</a><a name="18"></a> La reflexi&oacute;n sobre Robbins y la interpretaci&oacute;n de Bejarano es analizada por P&eacute;rez &#91;1999&#93;.</p>      <p><a href="#nr19">19</a><a name="19"></a> Atr&aacute;s comentaba que Bejarano &#91;1981&#93; comparte la ruptura con la s&iacute;ntesis neocl&aacute;sica propuesta por Clower y Leijonhufvud. No creo que sea necesario ir hasta Leijonhufvud, para encontrar una lectura m&aacute;s integral de Keynes. El enfoque amplio se encuentra en el propio Hicks, siempre y cuando nos coloquemos por fuera del art&iacute;culo del 37.</p>      <p><a href="#nr20">20</a><a name="20"></a> Sen &#91;1997&#93; muestra la diferencia entre maximizaci&oacute;n y optimizaci&oacute;n. Relaciona la maximizaci&oacute;n con lo sub&oacute;ptimo y lo razonable, y la optimizaci&oacute;n con lo &oacute;ptimo y lo racional. </p>     <p><a href="#nr21">21</a><a name="21"></a> "Cualquier decisi&oacute;n es un asunto de compromiso. La alternativa finalmente escogida nunca permite el logro perfecto o completo de los objetivos; tan s&oacute;lo es la mejor s&oacute;luci&oacute;n posible en determinadas circunstancias" &#91;Simon 1945, 5&#93;. Esta manera de presentar el problema ser&aacute; formalizada posteriormente a trav&eacute;s del equilibrio de Nash &#91;1950; 1951&#93;. "Verdaderamente &ndash;y como va siendo cada vez m&aacute;s evidente&ndash; es precisamente en el mundo real donde el comportamiento humano es intencionalmente racional, pero s&oacute;lo de manera limitada, lo que abre el espacio para el desarrollo de una teor&iacute;a genuina de la organizaci&oacute;n y de la administraci&oacute;n" &#91;Simon 1945,88&#93;. </p>     <p><a href="#nr22">22</a><a name="22"></a> Desarrollo esta idea de manera m&aacute;s extensa en Gonz&aacute;lez &#91;2001&#93;. </p><hr> <b>    <p>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </p></b>  </font>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana"> &#91;1&#93;. Arnott, R., Arrow, K., Atkinson, A., Dreze, J., (ed.) (1994). <i>Public Economics. Selected papers by William Vickrey</i> , Cambridge University Press, Cambridge.  </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0121-4772200200010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;2&#93;. Arrow, Kenneth. (1951a). "Alternative Approaches to thc Theory of Choice in Risk-Taking Situations", Econometrica, vol.19,n.4, 404-437. Reproducido en Arrow, K. (1984,5-41). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-4772200200010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;3&#93;. Arrow, Kenneth. (1951b). <i>Social Choice and Individual Values,</i> Wiley, NewYork, 1963,1-91.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-4772200200010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;4&#93;. Arrow, Kenneth. (1964)."The Role of Securities in the Optimal Allocation of Risk- Bearing", <i>Review of Economic Studies,</i> vol. 31, n. 2,91-96. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-4772200200010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;5&#93;. Arrow, Kenneth. (1974).<i>The Limits of Organization,</i> Norton, New York-London.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-4772200200010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;6&#93;. Arrow, Kenneth. (1984). <i>Collected Papers of Kennet Arrow.Individual Choice under Certainty and Uncertainty,</i> vol. 3, Belknap Press, Harvard University Press, Cambridge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-4772200200010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;7&#93;. Arrow, Kenneth. (1994). "Social Choice and Allocation Mechanisms. Introduction", en Arnott, R. <i>et al</i> (1994, 13-14).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-4772200200010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;8&#93;. Barro, Robert. (1974). "Are Government Bonds Net Wealth?", <i>Journal of Political Economy,</i> vol. 82,n. 6, 1095-1117.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-4772200200010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;9&#93;. Barro, Robert. (1977)."Unanticipated Money Growth and Unemployment in the United States", <i>American Economic Review,</i> vol. 67,n. 2, 101-115. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-4772200200010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;10&#93;. Barro, Robert. (1978). "Unanticipated Money, Output and the Price Level in the United States", <i>Journal of Political Economy,</i> vol. 86,n. 4, 549-580. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-4772200200010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;11&#93;. Barro, Robert. (1979). "Unanticipated Money Growth and Unemployment in the United States: Reply", <i>American Economic Review,</i> vol. 69, n. 5, 1004-1009. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-4772200200010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;12&#93;. Barro, Robert. (1984). "Rational Expectations and Macroeconornics in 1984".<i>American Economic Review,</i> vol. 74, n. 2, 179-182.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-4772200200010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">&#91;13&#93;. Barro,Robert.(1989)."The Neoclassical Approach to Fiscal Policy",en Barro,R.(ed.)<i>Modern Business cycle Theory,</i> Harvard University Press, Cambridge.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-4772200200010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;14&#93;. Barro,Robert.(1990)."Government Spending in a Simple Model of Endogenous Growth",<i>Journal of Political Economy,</i> vol. 98,n. 5,S103-S125.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-4772200200010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;15&#93;. Barro, Robert. (1996). <i>Reflections on Ricardian Equivalence,</i>Working Paper Series, n. 5502, National Bureau of Economic Research, NBER, Washington.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-4772200200010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">&#91;16&#93;. Barro, Robert. (1997). <i>Determinants of Economic Growth. A cross-Country Empirical Study,</i> MIT Press, Cambridge.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-4772200200010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;17&#93;. Barro,Robert yKing,Robert. (1984)."Time-Separable Preferences and Intertemporal-Substitution Models of Business Cycles",<i>Quarterly Journal of Economics,</i>vol. 99,n.4, 817-839.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-4772200200010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;18&#93;. Barro, Robert y Sala-i-Martin, Xavier. (1992a). "Convergence", <i>Jourrnal of Political Economy,</i> vol. 100,n. 2,223-251.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-4772200200010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">&#91;19&#93;. Barro, Robert y Sala-i-Martin, Xavier. (1992b). "Public Finance in Models of Economic Growth", <i>Review of Economic Studies,</i> vol. 59,n. 4, 645-661.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-4772200200010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;20&#93;. Barro, Robert y Sala-i-Martin, Xavier. (1995).<i>Economic Growth,</i> McGraw Hill, New York. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-4772200200010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">&#91;21&#93;. Bejarano, Jes&uacute;s.(1981)."Cinco Puntos Cr&iacute;ticos en la Teor&iacute;a Neocl&aacute;sica de los Precios", <i>Revista Universidad</i>  EAFIT, 64-76.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-4772200200010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;22&#93;. Bejarano, Jes&uacute;s.(1984)."Los L&iacute;mites del Conocimiento Econ&oacute;mico y sus Implicaciones Pedag&oacute;gicas ", <i>Cuadernos de Econom&iacute;a,</i> vol. 6, n. 6,  35-60. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-4772200200010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;23&#93;. Bejarano,  Jes&uacute;s. (1997). "La Investigaci&oacute;n Econ&oacute;mica en Colombia", <i>Cuadernos de  Econom&iacute;a,</i> vol. 16,n.  27,  219-243. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-4772200200010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;24&#93;. Bejarano, Jes&uacute;s.(1999a)."Los Nuevos Dominios de la Ciencia Econ&oacute;mica" <i>Cuadernos de Econom&iacute;a,</i> vol.18, n.31, 77-92.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-4772200200010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;25&#93;. Bejarano, Jes&uacute;s. (1999b). "Evaluaci&oacute;n del Estado de la Disciplina Econ&oacute;mica en  Colombia: Un Enfoque Institucional", en Bejarano,  J. (comp.) <i>Hac&iacute;a d&oacute;nde va la Cienc&iacute;a Econ&oacute;mim en Colombia.</i> Siete Ensayos Exploratorios, Tercer Mundo, COLCIENCIAS, Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, 3-49. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-4772200200010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;26&#93;. Benetti, Carlo y Cartelier, Jean. (1995)." L ' " Economie comme Science: la Permanence d'une Conviction Mal Partag&eacute;e", en D'Autume, A. y Cartelier, J. (1995,  216-232).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-4772200200010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;27&#93;. Bentham, Jeremy. (1801). "La verdadera alarma. un punto de vista sobre el papel moneda, sus buenos y malos efectos, sus remedios y su relaci&oacute;n con la riqueza real", en <i>Escritos Econ&oacute;micos. Jeremy Bentham,</i> FCE, M&eacute;xico, 1965, 73-156. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-4772200200010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;28&#93;. Cata&ntilde;o, Jos&eacute; F&eacute;lix. (1999)."La Teor&iacute;a Econ&oacute;mica seg&uacute;n Jes&uacute;s A Bejarano", <i>Cuadernos de Econom&iacute;a,</i> vol. 18,n. 31, 151-172.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-4772200200010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;29&#93;. Clower, Robert. (1960)."Keynes and the Classics: A Dynamical Perspective", <i>Quarterly journal of Economics,</i> vol. 74, n. 2,318-323.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-4772200200010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;30&#93;. Clower, Robert. (1965). " The Keynesian Counter-Revolution: A Theoretical Appraisal ", en Clower, Robert., (ed.) <i>Monetary Theory,</i> Penguin.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0121-4772200200010000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;31&#93;. Clower, Robert y Howitt, Peter. (1995). "Les Fondements de l&acute;Economie", en  D'Autume, A, y Cartelier, J. (1995, 18-37 ).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-4772200200010000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;32&#93;. Coase, Ronald. (1937)." The Nature of the Firm", <i>Economica,</i> vol. 4, n. 16, 386-405. Reproducido en Coase, R., 1988. <i>The Firm, the Market, and the Law,</i> University of Chicago Press, Chicago, 33-55. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-4772200200010000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;33&#93;. Commons, John. (1934).<i> lnstitutional Economics. lts Place in Political Economy,</i> Transactions Publishers, New Brunswick, 2 voL, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-4772200200010000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;34&#93;. Commons, John. (1936)."lnstitutional Economics", <i>American Economic  Review,</i> vol. 26, n. 1, 237-249.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0121-4772200200010000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;35&#93;. D'Autume, Antoine y Cartelier, Jean, ed. (1995).<i>L'Economie Devient-Elle une Science Dure?,</i> Economica, Paris.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-4772200200010000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;36&#93;. Fischer, Stanley, ed. (1980) <i>Rational Expectations and Economic Policy,</i> University of Chicago Press, Chicago. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-4772200200010000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;37&#93;. Friedman, Milton. (1953)."The Methodology of Positive Economics",<i> en Essays in positive Economics,</i> University of Chicago Press, Chicago, 3-43. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-4772200200010000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;38&#93;. Gonz&aacute;lez, Jorge I.(2001). <i>Decentralizaci&oacute;n, Revelaci&oacute;n de Preferencias, Elecci&oacute;n Social y Equidad,</i> Universidad Nacional, COLCIENCIAS, Bogot&aacute;, mimeo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-4772200200010000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;39&#93;. Harsanyi,John. (1953)."Cardinal Utility in Welfare Economics and in the Theory of Risk-Taking", <i>Journal of Political Economy,</i> vol. 61, 434-435. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-4772200200010000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;40&#93;. Harsanyi,John ..(1955)."Cardinal Welfare, Individualistic Ethics and Interpersonal Comparisons of Welfare", <i>Journal of Political Economy,</i> vol. 63, 309-321.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-4772200200010000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;41&#93;. Hayck, Friedrich von. (1944).<i>The Road to Serfdom,</i> Routledge, London, 1991. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-4772200200010000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;42&#93;. Hayek, Friedrich von. (1948).<i>lndividualism and Economic Order,</i> University of Chicago Press, Chicago, 1980. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-4772200200010000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;43&#93;. Hayck, Friedrich von. (1952).<i> The Coun-ter-Revolution of Science Studies on the Abuse of Reason,</i> Llberty Fund, Indianapolis, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-4772200200010000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;44&#93;. Hicks, John. (1935)."Una sugerencia para simplificar la Teor&iacute;a Monetaria", en <i>Ensayos Crit&iacute;cos sobre Teoria Monetaria,</i> Ariel,Barcelona, 1975,82-105.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-4772200200010000200044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;45&#93;. Hicks,John. (1937)."Mr.Keynes and the 'Classics';A Suggested Interpretation ",Econometrica, vol. 5, n. 2, 147-159. Reproducido como "Keynes y los Cl&aacute;sicos", en <i>Ensayos Cr&iacute;ticos sobre Teor&iacute;a Monetaria,</i> Ariel, Barcelona, 1975, 152 169.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-4772200200010000200045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;46&#93;. Hicks, John. (1966). "Las Dos Tr&iacute;adas", en <i>Ensayos Cr&iacute;ticos sobre Teor&iacute;a Monetaria,</i> Ariel, Barcelona,  1975,  15-81.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-4772200200010000200046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;47&#93;. Hicks,John. (1969). <i>.Una Teor&iacute;a de la Historia Econ&oacute;mica,</i> Orbis, Espa&ntilde;a, 1974.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-4772200200010000200047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;48&#93;. Hodgson, Geoffrey. (1993)."The Mecca of Alfred Marshall ", <i>Economic journal,</i> vol. 103,n. 417, 406-415. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-4772200200010000200048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;49&#93;. Jevons, William. (1879) <i>The Theory of Political Economy,</i> 2. ed., McMillan, London.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-4772200200010000200049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;50&#93;. Keynes, John Maynard. (1930). A <i>Treatise on Monrey,</i> The Collected Writings of John Maynard Keynes, McMillan, London. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0121-4772200200010000200050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;51&#93;. Keynes, John Maynard. (1936). ,<i>Teor&iacute;a General de la Ocupaci&oacute;n, el Inter&eacute;s y el Dinero,</i> Fondo de Cultura Econ&oacute;mica,    M&eacute;xico, 1976.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-4772200200010000200051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;52&#93;. Kydland, Finn, y Prescott, Edward. (1977). "Rules Rather than Discretion. The Inconsistency of Optimal Plans", <i>Journal of Political Economy,</i> vol. 85, junio, 473-491. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0121-4772200200010000200052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;53&#93;. Kydland, Finn, y Prescott, Edward. (1980)."A Competitive Theory of Fluctuations and the Feasability and Desirability of Stabilization Policy", en Fischer, Stanley., ed. (1980). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-4772200200010000200053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;54&#93;. Leijonhufvud, Axel. (1968). <i>On Keynesian Economics and the Economics of Keynes: A Study of Monetary Theory,</i> Oxford University Press, New York.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0121-4772200200010000200054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;55&#93;. Lozano, Jaime. (2001). <i>Etica, Instituciones y Econom&iacute;a: el Rompembezas de Bejarano,</i> Tesis de grado, Magister de Econom&iacute;a, Universidad Nacional, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-4772200200010000200055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;56&#93;. Lucas, Robert. (1975). "An Equilibrium Model of the Business Cycle",<i>Journal of Political Economy,</i> vol. 83,n. 6,  1113-1144. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0121-4772200200010000200056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;57&#93;. Lucas, Robert. (1983).Studies in the Business- Cycle Theory, MIT Press, Cambridge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-4772200200010000200057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;58&#93;. Lucas, Robert. (1987).  <i>Models of Business Cycles,</i> Blackwell, London. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0121-4772200200010000200058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;59&#93;. Margolis, Julius y Guitton,  Henri (ed) (1969) <i>Public Economics. An Analys  of Public Production and Consumption and their Relations to the Private Sectors,</i> McMillan, London. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-4772200200010000200059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;60&#93;. Marshall, Alfred. (1890).<i>Principles of Economics,</i> vol. 1, l' edici&oacute;n, Cambridge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0121-4772200200010000200060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;61&#93;. Marshall, Alfred. (1892a). "The Poor Law in Relation to State-Aided Pensions", <i>Economic Journal,</i> vol. 2, n. 5,  186-191. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-4772200200010000200061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;62&#93;. Marshall, Alfred. (1892b). "Poor-Law Reform", <i>Economic Journal,</i> vol. 2, n. 6, 371-379.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0121-4772200200010000200062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;63&#93;. Marshall, Alfred. (1898). "Distribution and Exchange", Economic journal, vol. 8, n. 29, 37-59.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0121-4772200200010000200063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;64&#93;. Marshall, Alfred. (1902)."A Plea for the Creation of a Curriculumin Economics and Associated Branches of Political Science", en <i>Marshall's Principles of Economics. Editorial Notes,</i> vol. 2, Royal Economic Society, London, 1961, 161-181. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0121-4772200200010000200064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;65&#93;. Marshall, Alfred. (1920). <i>Principles of Economics. An Introductory Volume,</i> eighth edition, McMillan, London, 1956. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0121-4772200200010000200065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;66&#93;. Mitchell, Wesky. (1913). <i>Business Cycles: The Problem and its Setting,</i> New York, 1927.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0121-4772200200010000200066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;67&#93;. Nash, John. (1950). "The Bargaing Problem", <i>Econometrica,</i> vol. 18,n.2, 155-162. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0121-4772200200010000200067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;68&#93;. Nash, John. (1951). "Non - Cooperative Games", <i>Annals of mathematics,</i> vol. 54, n. 2, 286-295. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0121-4772200200010000200068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">&#91;69&#93;. P&eacute;rez, Mauricio. (1999). "El Profesor  Bejarano y la Corriente Principal de la Econom&iacute;a", <i>Cuadernos de Econom&iacute;a,</i> vol. 18, n.31, 199-218. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0121-4772200200010000200069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;70&#93;. Plosser, Charles. (1987)."Fiscal Policy and the Term Structure ", <i>Journal of Monetary Economy,</i> vol 20,n. 2, 343-367. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0121-4772200200010000200070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;71&#93;. Ricardo, David. (1817). <i>On the Principles 0f Political Economy and Taxation,</i> Murray, London. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0121-4772200200010000200071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;72&#93;. Sala-i-Martin, Xavier. (1994). <i>Apuntes de Crecimiento Econ&oacute;mico,</i> Antoni Bosch, Barcelona. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0121-4772200200010000200072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;73&#93;. Sala-i-Martin, Xavier. (1997). "I Just Ran Two Million Regressions ", <i> American Economic Review,</i> vol. 87, n. 2,  178-183. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0121-4772200200010000200073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;74&#93;. Samuelson, Paul. (1947). <i>Foundations of Economic  Analysis,</i> Harvard University Press, Cambridge, 1983. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0121-4772200200010000200074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;75&#93;. Samuelson, Paul. (1954). " The Pure Theory of Public Expenditures ", <i>Review of economics and Statisties,</i> vol. 36, n. 4, 387-389. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0121-4772200200010000200075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;76&#93;. Samuelson, Paul. (1958). " Aspects of Public Expenditure Theories", <i>Review of Economics and Statities,</i> vol. 40, n. 4, 332-338. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0121-4772200200010000200076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;77&#93;. Samuelson, Paul. (1969). " Pure Theory of Public Expenditure and Taxation ", en Margolis,J. y Guitton, H. (1969, 98-123). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0121-4772200200010000200077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;78&#93;. Schumpeter, Joseph. (1930). "Mitchell's Business Cycles ", <i>Quarterly journal of Economics,</i> vol. 45, n. 1, 150-172. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0121-4772200200010000200078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;79&#93;. Schumpeter, Joseph. (1941). "Alfred Marshall's Principles: A Semi-Centennial Appraisal", <i>American Economics Review,</i> vol. 31, n. 2, 236-248. Reproducido como " Alfred Marshall (1842-1924). Los "Principles" de Alfred Marshall. Valoraci&oacute;n de la Obra en su Cincuentenario", en Schumpeter, J. ( 1951,133-158 ). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0121-4772200200010000200079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;80&#93;. Schumpeter, Joseph. ( 1951 ).<i> Diez Grandes Economistas:</i> De Marx a Keynes, Alianza, Madrid, 1983. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0121-4772200200010000200080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;81&#93;. Sen, Amartya. ( 1987 ). <i>.On Ethics and Economics,</i> Blackwell, Oxford. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0121-4772200200010000200081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;82&#93;. Sen, Amartya. ( 1997 ). "Maximization and the Act of Choice", <i>Econometrica,</i> vol. 65, 4,745-779. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0121-4772200200010000200082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;83&#93;. Shackle, George Lennox Sharman. ( 1972 ).<i> Epistemics and Economics. A critique of Economic Doctrines,</i> Transaction Publishers, New Brunswick, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0121-4772200200010000200083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;84&#93;. Simon, Herbert. (1945 ).<i> Administrative Bebavior. 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(1776 ). <i>Investigaci&oacute;n sobre la Naturaleza y Camas de la Riqueza de las Naciones,</i> Alianza, Madrid, 1994. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0121-4772200200010000200086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;87&#93;. Tobin, James. (1967 ). "Major Issues in the Regulation of Financial Institutions: Comment",<i>Journal of Political Economy,</i> vol. 75, n. 4, 508-509. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0121-4772200200010000200087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;88&#93;. Tobin, James. (1980 ). <i>Acumulaci&oacute;n de activos y actividad econ&oacute;mica,</i> Alianza, Madrid, 1986. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0121-4772200200010000200088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;89&#93;. Tobin, James. (1998 ). "Entrevista a James Tobin", <i>Le Monde,</i> noviembre 17. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0121-4772200200010000200089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;90&#93;. Triffin, Robert. (1989 ). <i>Le D&eacute;s&eacute;quilibre Mon&eacute;taire Mondial,</i> Universit&eacute; Catholique de Louvain, Louvan la Neuve, mimeo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0121-4772200200010000200090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;91&#93;. Vickrey, William. (1945 ). "Measuring Marginal Utility by Reactions to Risk",<i> Econometrica,</i> vol. 13, n. 4, 319-333. Reproducido en Arnott, R., <i>et al.</i> (1994, 15-28). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0121-4772200200010000200091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;92&#93;. Walras, L&eacute;on. (1926). <i>Elements of Pure Economics or The Theory of Social Wealth,</i> Edition d&eacute;finitive, Orion, Philadelphia, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0121-4772200200010000200092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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